Adolfo Bioy Casares

Borges

2006diarioesePubLibre

Grandísimo narrador y testigo privilegiado de la vida literaria de su tiempo. Adolfo Bioy Casares preparó, poco antes de su muerte, a partir de los exhaustivos diarios que llevó durante más de medio siglo, un libro extraordinario sobre su amistad con Jorge Luis Borges, una de las más emblemáticas de la literatura contemporánea. El presente volumen —a cargo de Daniel Martino— recoge en su totalidad esa obra.

Por sus páginas desfilan las ideas más asombrosas de Borges, esenciales para la comprensión de sus escritos, conjugadas con una detallada descripción de su vida cotidiana, sus amores, su angustia ante el progreso de su ceguera o sus apasionadas posiciones en la controversia literaria y política. Casi en cada línea aflora un comentario inesperado, un detalle desconocido, un dato revelador tamizado por la diligente lucidez de Bioy. La mordacidad de los diálogos, verdaderas lecciones de teoría y práctica literaria, no respeta jerarquías, prestigios ni parentescos: aparecen desde señoras de sociedad, políticos, amigos, Victoria Ocampo, Perón o Gardel, hasta Shakespeare, Dante, Cervantes, Victor Hugo, Lorca o Faulkner, ensalzados o destruidos con ironía, inteligencia y humor. De la agudeza del conjunto surge un Borges insospechado en la intimidad, contradictorio, vulnerable, a menudo melancólico, siempre brillante. Como la «Vida del Doctor Samuel Johnson» de Boswell, el «Borges» de Bioy constituye un documento fundamental sobre el genial escritor argentino y también la biografía definitiva de una relación que cambió el curso de nuestras letras.


Adolfo Bioy Casares

ePub r2.4

Titivillus 04.10.2025


Título original: Borges

Adolfo Bioy Casares, 2006

Editor digital: Titivillus

ePub base r2.1


Adolfo Bioy Casares nació en Buenos Aires el 15 de septiembre de 1914. Fue un maestro del cuento y de la novela breve. La agudeza de su inteligencia, el tono satírico de su prosa y una suerte de cualidad visionaria de su imaginación le permitieron unir la alta literatura con la aceptación popular, singularmente entre los jóvenes. «La invención de Morel» (1940) anticipó en casi medio siglo la aparición de la realidad virtual; uno de sus primeros cuentos, «Los milagros no se recuperan», sugiere la existencia de clones humanos; «Diario de la guerra del cerdo» (1969) resultó un inesperado precursor de las revueltas estudiantiles. Entre sus novelas también cabe destacar las extraordinarias El sueño de los héroes (1954) y Dormir al sol (1973).

Entre sus cuentos brillan relatos clásicos como «En memoria de Paulina» o «El lado de la sombra». Amigo entrañable de Jorge Luis Borges, formó con él una sociedad que cambiaría el rumbo de la literatura en castellano. Juntos escribieron varios volúmenes de cuentos bajo el seudónimo H. Bustos Domecq y dirigieron para Emecé la célebre colección de novelas policiales «El séptimo círculo», entre otros trabajos. Su influencia recíproca se reflejó a lo largo del tiempo en sus obras individuales, que tendieron progresivamente hacia una serena perfección.

En 1990 fue distinguido con el premio Cervantes de literatura. Murió en Buenos Aires el 8 de marzo de 1999.


Whatever is mine in this book is inscribed

to Dario and Giovanni Martina,

in memoriam.

D. M.


Prendre le repas du soir avec Borges est une des coutumes les plus douces de ma vie. Elle me permet de croire que je connais davantage Borges que mes autres amis, car l’heure du dîner est surtout l’heure de la conversation.

SILVINA OCAMPO,

«Images de Borges» (1964)

Tres amigos que se ven con alguna regularidad acaban por elaborar un dialecto burlesco, una tradición de espléndidas alusiones.

BORGES,

«Una vindicación de Mark Twain» (1935)

Prendre le repas du soir avec Borges est une des coutumes les plus douces de ma vie. Elle me permet de croire que je connais davantage Borges que mes autres amis, car l’heure du dîner est surtout l’heure de la conversation.

SILVINA OCAMPO,

«Images de Borges» (1964)

Tres amigos que se ven con alguna regularidad acaban por elaborar un dialecto burlesco, una tradición de espléndidas alusiones.

BORGES,

«Una vindicación de Mark Twain» (1935)


Aun a los narradores de relatos fantásticos les llega la hora de entender que la primera obligación del escritor consiste en conmemorar […] más que nada, a las pocas personas que el destino mezcló […] a su vida o siquiera a sus recuerdos.

Aun a los narradores de relatos fantásticos les llega la hora de entender que la primera obligación del escritor consiste en conmemorar […] más que nada, a las pocas personas que el destino mezcló […] a su vida o siquiera a sus recuerdos.

BIOY CASARES,

«El héroe de las mujeres».

Escritos a lo largo de más de cincuenta años, los diarios de Bioy Casares —de los que procede este libro— conforman un vasto universo donde los apuntes de las conversaciones con Borges conviven con el testimonio de la vida cotidiana y el frecuente examen de cuestiones de conducta. Porque representan la madurez estilística de su autor y presuponen la adopción de un ideal de perfección para maestros, que «acoge lo superfluo y la digresión», no es casual que comiencen en 1947. Durante la década anterior, las severidades de la literatura deliberada habían impuesto a las ficciones de Bioy un estudiado distanciamiento ajeno a la confidencia; sus diarios, en cambio, corresponden al impulso que aparece en los últimos cuentos de La trama celeste y en El sueño de los héroes donde, seguro de haber «aprendido lo suficiente en la profesión de escritor», presta atención creciente a la caracterización psicológica, abunda en digresiones y alcanza en la prosa su fluidez coloquial definitiva.

Las primeras entradas ya contienen anotaciones que Borges incluye: en un mismo movimiento, las tendencias que consentían y propiciaban la actividad del diarista, también la volvían, desde una mirada nada discipular, hacia el interlocutor inmediato. A este impulso, propio del progreso de su estilo, contribuía, sin duda, el ejemplo de la Vida de Samuel Johnson de Boswell, especialmente después de la edición de una Suma de Johnson, prologada y anotada por Bioy entre 1944 y 1946, destinada a una colección, luego frustrada, de antologías de autores clásicos proyectada junto a Borges.

En septiembre de 1946 terminó Bioy su prólogo a la Suma; en 1947 empezó a registrar las «interminables, exaltadas conversaciones» con Borges, afanes en los que perseveró, calladamente, durante casi cuarenta años. Desde 1987 publicó fragmentos de esas charlas, que aspiraba a reunir, según anunció en 1990, en un libro donde Borges aparecería «riéndose de las cosas que él mismo respetaba, hablando como un amigo íntimo». En 1996, dentro de nuestro plan de edición de sus papeles privados, acordamos realizarlo: examiné sus diarios, sus cuadernos de apuntes, sus libretas y su correspondencia, y, durante 1997 y 1998 revisamos, organizamos y corregimos el texto, que leímos íntegramente en su versión final no menos de dos veces antes del adverso milagro de 1999.

«Lo que podría hacer —explicó alguna vez Bioy— es sólo contar cómo lo vi yo, cómo fue conmigo. Corregir algunos errores que se cometieron sobre él, defender a Borges y, sobre todo, defender la verdad». Ojalá esta edición sea fiel a ese propósito.

DANIEL MARTINO


Para aliviar el peso del aparato crítico se ha recurrido a un sistema de citación abreviada y, para que la consulta no se imponga a la lectura, muchas de las notas han sido separadas del texto y ordenadas, «recatadas y sólo presentes cuando se las busca», como pedía Groussac, bajo la forma de un «índice de nombres propios y glosario» que se hallará al final de la obra. Allí se explican cuestiones de índole principalmente rioplatense: por regla general, no se menciona a extranjeros, salvo que hayan residido en la Argentina; del mismo modo, sólo se aclaran los nombres originales en el caso de films proyectados en la Argentina o de libros citados según alguna edición de habla hispana en particular.

CITACIÓN ABREVIADA

Asúmase la publicación en Buenos Aires, salvo indicación en contrario.

1. De obras de Borges (de su autoría exclusiva o en colaboración).

Asúmase la autoría de Borges en el caso de ensayos, reseñas, poemas o cuentos cuya citación se reduzca a aclarar, entre (), el año de publicación, sin indicar autor ni obra que los recoge; la de volúmenes se realiza conforme a las siguientes abreviaturas:

2. De obras de Bioy Casares. Se realiza conforme a las siguientes abreviaturas:

3. De publicaciones periódicas. Se realiza indicando «Publicación, n.º (año): páginas», conforme a las siguientes abreviaturas:

Los Anales de Buenos Aires.

Boletín de la Academia Argentina de Letras.

Clarín.

Crisis.

Ficción.

El Gato Negro.

El Hogar.

Revista de La Biblioteca. 2a época (1957-60).

Cahiers de L’Herne (Paris), n.º 4 (1964).

La Nación.

La Prensa.

Marcha (Montevideo).

Martín Fierro. 2a época (1924-7).

Nosotros. 2a época (1936-43).

Panorama.

Primera Plana.

Proa. 1ª época (1922).

Proa. 2ª época (1922).

Sur.

Sintesis.

Todo es Historia.

4. De obras de referencia. Se realiza indicando «AUTOR (año): páginas», conforme a las siguientes abreviaturas:

TRADUCCIONES

Donde ha sido necesario traducir expresiones, poemas o fragmentos de prosa citados en el texto, se invocan, en lo posible, versiones del propio Borges o de su círculo inmediato. Cuando es así, su origen se indica según las abreviaturas: B (Borges, en obras publicadas por él), Ba (Ricardo Baeza), Br (Borges en reportajes), BC (Bioy Casares), B-BC (Borges y Bioy Casares) y SO (Silvina Ocampo).


Creo que mi amistad con Borges procede de una primera conversación, ocurrida en 1931 o 32, en el trayecto entre San Isidro y Buenos Aires, Borges era entonces uno de nuestros jóvenes escritores de mayor renombre y yo un muchacho con un libro publicado en secreto. Ante una pregunta sobre mis autores preferidos, tomé la palabra y, desafiando la timidez, que me impedía mantener la sintaxis una frase entera, emprendí el elogio de la prosa desvaída de un poetastro que dirigía la página literaria de un diario porteño. Quizás para renovar el aire, Borges amplió la pregunta:

—De acuerdo —concedió—, pero fuera de Fulano, ¿a quién admira, en este siglo o en cualquier otro?

—A Gabriel Miró, a Azorín, a James Joyce —contesté.

¿Qué hacer con una respuesta así? Por mi parte no era capaz de explicar qué me agradaba en los amplios frescos bíblicos y aun eclesiásticos de Miró, en los cuadritos aldeanos de Azorín ni en la gárrula cascada de Joyce, apenas entendida, de la que se levantaba, como irisado vapor, todo el prestigio de lo hermético, de lo extraño y de lo moderno. Borges dijo algo en el sentido de que sólo en escritores entregados al encanto de la palabra hallan los jóvenes literatura en cantidad suficiente. Después, hablando de la admiración por Joyce, agregó:

—Claro. Es una intención, un acto de fe, una promesa. La promesa de que les gustará —se refería a los jóvenes— cuando lo lean.

De aquella época me queda un vago recuerdo de caminatas entre casitas de barrios de Buenos Aires o entre quintas de Adrogué y de interminables, exaltadas conversaciones sobre libros y argumentos de libros. Sé que una tarde, en los alrededores de la Recoleta, le referí la idea del «Perjurio de la nieve», cuento que escribí muchos años después, y que otra tarde llegamos a una vasta casa de la calle Austria, donde conocí a Manuel Peyrou y reverentemente oímos en un disco La mauvaise prière, cantada por Damia.

En 1935 o 36 fuimos a pasar una semana a una estancia en Pardo, con el propósito de escribir en colaboración un folleto comercial, aparentemente científico, sobre los méritos de un alimento más o menos búlgaro[1]. Hacía frío, la casa estaba en ruinas, no salíamos del comedor, en cuya chimenea crepitaban llamas de eucaliptos. Aquel folleto significó para mí un valioso aprendizaje; después de su redacción yo era otro escritor, más experimentado y avezado. Toda colaboración con Borges equivalía a años de trabajo. Intentamos también un soneto enumerativo[2], en cuyos tercetos no recuerdo cómo justificamos el verso

los molinos, los ángeles, las eles

los molinos, los ángeles, las eles

y proyectamos un cuento policial —las ideas eran de Borges— que trataba de un doctor Preetorius, un alemán vasto y suave, director de un colegio, donde por medios hedónicos (juegos obligatorios, música a toda hora) torturaba y mataba a niños[3]. Este argumento es el punto de partida de toda la obra de Bustos Domecq y Suárez Lynch.

Entre tantas conversaciones olvidadas, recuerdo una de esa remota semana en el campo. Yo estaba seguro de que para la creación artística y literaria era indispensable la libertad total, la libertad idiota, que reclamaba uno de mis autores, y andaba como arrebatado por un manifiesto, leído no sé dónde, que únicamente consistía en la repetición de dos palabras: Lo nuevo[4], de modo que me puse a ponderar la contribución a las artes y a las letras, del sueño, de la irreflexión, de la locura. Me esperaba una sorpresa. Borges abogaba por el arte deliberado, tomaba partido con Horacio y con los profesores, contra mis héroes, los deslumbrantes poetas y pintores de vanguardia. Vivimos ensimismados, poco o nada sabemos de nuestro prójimo. En aquella discusión Borges me dejó la última palabra y yo atribuí la circunstancia al valor de mis razones, pero al día siguiente, a lo mejor esa noche, me mudé de bando y empecé a descubrir que muchos autores eran menos admirables en sus obras que en las páginas de críticos y de cronistas, y me esforcé por inventar y componer juiciosamente mis relatos.

Por dispares que fuéramos como escritores, la amistad cabía, porque teníamos una compartida pasión por los libros. Tardes y noches conversamos de Johnson, de De Quincey, de Stevenson, de literatura fantástica, de argumentos policiales, de L’Illusion Comique, de teorías literarias, de las contrerimes de Toulet, de problemas de traducción, de Cervantes, de Lugones, de Góngora y de Quevedo, del soneto, del verso libre, de literatura china, de Macedonio Fernández, de Dunne, del tiempo, de la relatividad, del idealismo, de la Fantasía metafísica de Schopenhauer, del neo-criol de Xul Solar, de la Crítica del lenguaje de Mauthner.

En 1936 fundamos la revista Destiempo. El título indicaba nuestro anhelo de sustraernos a supersticiones de la época. Objetábamos particularmente la tendencia de algunos críticos a pasar por alto el valor intrínseco de las obras y a demorarse en aspectos folklóricos, telúricos o vinculados a la Historia literaria o a las disciplinas y estadísticas sociológicas. Creíamos que los preciosos antecedentes de una escuela eran a veces tan dignos de olvido como las probables, o inevitables, trilogías sobre el gaucho, la modista de clase media, etcétera.

La mañana de septiembre en que salimos de la imprenta de Colombo, en la calle Hortiguera, con el primer número de la revista, Borges propuso, un poco en broma, un poco en serio, que nos fotografiáramos para la Historia. Así lo hicimos en una modesta galería de barrio. Tan rápidamente se extravió esa fotografía, que ni siquiera la recuerdo. Destiempo reunió en sus páginas a escritores ilustres y llegó al número 3.

En muy diversas tareas he colaborado con Borges: hemos escrito cuentos policiales y fantásticos de intención satírica, guiones para el cinematógrafo, artículos y prólogos; hemos dirigido colecciones de libros, compilado antologías, anotado obras clásicas. Entre los mejores momentos de mi vida están las noches en que anotamos Urn Burial, Christian Morals y Religio Medici de sir Thomas Browne y la Agudeza y arte de ingenio de Gracián y aquellas otras, de algún invierno anterior, en que elegimos textos para la Antología fantástica y tradujimos a Swedenborg, a Poe, a Villiers de L’Isle-Adam, a Kipling, a Wells, a Beerbohm.

¿Cómo evocar lo que sentí en nuestros diálogos de entonces? Comentados por Borges, los versos, las observaciones críticas, los episodios novelescos de los libros que yo había leído aparecían con una verdad nueva y todo lo que no había leído, como un mundo de aventuras, como el sueño deslumbrante que por momentos la vida misma llega a ser.

Me pregunto si parte del Buenos Aires de ahora que ha de recoger la posteridad no consistirá en episodios y personajes de una novela inventada por Borges. Probablemente así ocurra, pues he comprobado que muchas veces la palabra de Borges confiere a la gente más realidad que la vida misma.


Miércoles, 21 de mayo. Empecé el diario. Llegaron de Emecé Eran siete, Lord Jim y Las rejas de hierro.

Domingo, 28 de diciembre. En Pardo. Conversación con Silvina. Dice que cada uno de nosotros tiene un tema, al que siempre vuelve: Borges, la repetición infinita; ella, los diarios proféticos; yo, la evasión a unos pocos días de felicidad, que eternamente se repiten: La invención de Morel, “El perjurio de la nieve”, la novela (o cuento) que ahora escribo (de los tres días y tres noches de Carnaval). Le conté que referí a Borges “El otro laberinto”, en una versión muy tosca, hacia 1935, mientras caminábamos por la calle Vicente López, cerca del cementerio de la Recoleta; él me habló de Berkeley Square, film basado en The Sense of the Past, después empecé —y abandoné— la novela «Pasado mortal», en dos o tres meses de 1945, escribí «El otro laberinto[5]».

Lunes, 29 de diciembre. Conversación con Silvina sobre Borges. Me dijo que yo escribo mejor, con mayor naturalidad. Esto demuestra cómo está cegada en mi favor. Le leí un artículo de Borges sobre Pascal[6], Convino en que está admirablemente escrito. Leyéndolo sentí lo lejos que estoy de saber pensar bien, amplia y justamente; de saber construir las frases; de tener una inventiva enérgica y feliz. La de este artículo es la prosa —aireada, tranquila— que Borges debería cultivar.


Sábado, 3 de enero. En Pardo. A la tarde leí a mis padres «La fiesta del Monstruo[7]» (ya lo habían leído). Me parece que no se aburrieron.

Lunes, 12 de enero. Vuelta a Buenos Aires. Come en casa Borges. Me cuenta que a la tarde estuvieron en Sur Sabato y González Lanuza y que él de pronto comprendió que los aborrecía y se fue.

Martes, 13 de enero. Comen en casa Angélica Ocampo, Bianco y Borges. Borges me dice que leyó De Francesca a Beatrice y el epílogo de Ortega y Gasset[8], y que ambos son una vergüenza: «Naturalmente, Victoria y Ortega sostienen que no se puede leer el Dante porque los comentadores se interponen entre él y nosotros: las notas impiden la lectura[9]. ¿Qué hacía Victoria sino otro comentario? Tal vez las biografías y los ensayos sustituyan a los clásicos; tal vez las notas sean indispensables». Después, hablando de la idea de un libro y de los sucesivos borradores, agrega: «El libro es la sombra de algo que está en la mente del autor y que el autor no conoce claramente: esa sombra llega a ser y lo otro desaparece. La obra llega a ser lo real y la idea va quedando como un vestigio de la obra, progresivamente más irreal. Al ver los poemas tempranos de Yeats —buenos al cabo de veinte años, tras muchas correcciones—, he pensado que los escribió para llegar a esta forma: son poemas que han necesitado toda la vida del autor para llegar a la forma perfecta. Tal vez no haya, en la mente de los poetas, poemas malos; tal vez en casi todos los poemas malos habrá un poema bueno, que movió a escribir al autor. Yeats empezó a escribir los suyos porque confusamente los adivinaba como son ahora, como quedaron después de las últimas correcciones; los poemas malos serían poemas no concluidos».

Miércoles 14 al domingo 18 de enero. En Buenos Aires, trabajando las mañanas y las noches con Borges, Borges recordó la conversación de Sabato y González Lanuza, ambos admirados con los capítulos de la novela de Sabato publicados en Sur[10]. Sabato habría preguntado si no sería demasiado fuerte. Borges me dice: «Muchos autores viven en el temor de que sus escritos sean demasiado fuertes y el peligro inevitable es que sean demasiado débiles».


[Enero a junio. Silvina Ocampo y Bioy Casares viajan a los Estados Unidos y a Europa].

Martes, 5 de julio. Borges anda muy ocupado con sus clases. No lee en público; habla. Ha dictado un curso sobre escritores norteamericanos; dicta uno sobre escritores ingleses modernos, otro sobre místicos, otro sobre literatura inglesa. Dio en el Rosario una conferencia sobre literatura fantástica; dará, en la ciudad de Córdoba, otra sobre Dante; en otra parte una sobre Martín Fierro. Interviene en debates públicos; improvisa en banquetes.

Jueves, 21 de julio. Hoy, por primera vez, oí una conferencia de Borges. Habló sobre George Moore. Habló tan naturalmente que me hizo pensar que la dificultad de hablar en público debía de ser ficticia. No habla con énfasis de orador: conversa, razonando libre e inteligentemente.

Viernes, 22 de julio. En Buenos Aires. Come en casa Borges. Después de comer, vino Susana Soca: una especie de fantasma abúlico, con manía expositiva, evidente debilidad de juicio, dificultad casi penosa para hablar y extraña pronunciación (¡carasho!)[11]. Cuando se iban, en un aparte demasiado cercano, Borges me confió: «Es una opa. No por lo que dice. La inteligencia no está en lo que las personas dicen: es una cuestión facial. Todo el mundo dice las estupideces de Schopenhauer».

Julio. La madre de Borges creía que a Estela Canto le interesaba en particular el male element o, como decía mi suegra, el male elephant.

Borges accionaba con la taza sobre la elegantísima Ema Risso Platero; ésta exclamó: «Una sola gota de café sobre Marcel Rochas y te mato». (El vestido era de la casa Marcel Rochas).

En Buenos Aires, las mujeres se habían puesto a escribir. Una señora le dijo a Borges: «Antes de Victoria, esto no se usaba».

«No me gusta este señor —decía Norah Borges de un viejo vecino de Palermo— porque es débil y sanguinario. Lo imagino sólo en su casa, tocando un tamborcito y gritando: “¡A degüello! ¡A degüello!”».

Según Borges, cuando Ibarra señalaba un error en un autor famoso, añadía: «El genio no está para pavadas».

Un rematador, según Borges, decía: «Es uno de esos tipos que llevan pantalones como ventilador».

Por teléfono, leo a Borges una frase de Anderson Imbert en un artículo sobre la Celestina[12]: «Yo lo admiro a Fernando de Rojas por la violencia con que le abre las braguetas al mundo». Al rato, Borges llama para preguntarme cómo era la frase. Cuando se la leo, comenta: «Ah, dice mundo. Yo creí que decía vida. Hubiera sido otro error. Pero, sin embargo, mundo está mal. Sin duda, quiso escribir vida o realidad, pero eran palabras femeninas. Sin duda, escribió vida y a la semana advirtió el error y corrigió». Del mismo dice: «¿Lo conocés? Es una persona muy inculta. Viéndolo, uno piensa, como decía no sé quién, que tiene menos porvenir en la literatura que un malevo con anteojos negros».

Escribiendo los cuentos de Bustos Domecq, creímos descubrir que los personajes se definen por la manera de hablar: si el autor imagina cómo hablan, los conoce, no se equivoca sobre su psicología, Borges opina que una prueba de esto se encuentra en el Martín Fierro a pesar de que en todo libro los episodios son como adjetivos, a pesar de que los episodios del Martín Fierro describen al héroe como un hombre pendenciero y sanguinario, si dijésemos que Martín Fierro es un simple Juan Moreira u Hormiga Negra cualquier argentino nos desmentiría. Hay una nobleza estoica en el tono del libro, o de lo mejor del libro, que ha creado el personaje; y las circunstancias de su biografía —o las intenciones del autor— se dejan de lado o se olvidan.

Con Borges inventamos estas frases:

«Señorita, su nariz brilla como si nosotros tuviéramos anteojos negros».

«Usted se da buena vida, don Sopa Seca».

«A usted no lo desvela el detalle del calzado, don Dedo Gordo».

«Usted no me va a negar que le gusta la sociedad de las damas, don Pellizco».

«No lo recuerdo al señor. Me parece un desconocido visto de atrás».

También dimos en inventar este tipo de frases[13]:

EN MENOS QUE trepa un cerdo

pongo un huevo

suda un negro

crece un callo

caga un feo

robo un queso

meto un dedo

cuento un dedo

baila un conde

suena un pedo

mata un hongo

nace un chino

trago un bollo

huelo un queso

trago un pelo

calzo un gorro

duermo un rato

baja un corto

tarda un rengo

mira un tuerto

encuentro un bizco

olvido un pedo

afeito a un calvo

pido un queso

pasa un año.

Frase para Gervasio Montenegro: «Esa noche, cuando entré en mi cuarto, tuve la sorpresa de recibir un solo balazo».

Con Borges y Silvina inventamos este juego: decir:

«Qué deliciosas uvas, tienen gusto a queso de chancho».

«Qué agua más agradable, parece bizcochitos secos».

«Trajeron un champagne tan rico que parecía queso de garbanzos».

Caminábamos con Borges por un barrio de quintas, en Mar del Plata, y de pronto sentí un olor que me conmovió. Borges me dijo que los recuerdos que más nos emocionan son los de olores y gustos, porque suelen estar rodeados de abismos de olvido: hay que oler el mismo olor para recordar un olor, hay que sentir el mismo gusto para recordar un gusto (no ocurre así con imágenes y sonidos). ¡Con qué emoción volvemos a oler el mismo olor que por última vez olimos en tiempos lejanos, en lugares a los que nunca volveremos! (Comparar con Proust, À la recherche du temps perdu, I, 1, in fine).

Borges le contó a Martínez Estrada que habíamos recibido anónimos por la Antología poética. Martínez Estrada le dijo que «ya se sabe, todos los anónimos están escritos por Manuel Gálvez o por Ramón Doll, y que nadie está libre —ni Enrique Larreta».

Borges, de una lista de obras de Hugh Walpole incluibles en nuestra colección de novelas («La Puerta de Marfil»), quiso omitir The Killer and the Slain, por grosera e inconclusa (en el sentido de terminación). Yo le dije que sería la última que excluiría: su argumento deja un agradable dibujo en la mente del lector.

Nos confesamos uno a otro que cuanto interlocutor nos hablaba de la Antología de la literatura fantástica nos preguntaba por qué no habíamos incluido «El síncope blanco» de Quiroga, y que para no decirles que ese cuento nos parecía una estupidez, simulábamos no conocerlo, y tomábamos nota para la inclusión en futuras ediciones. ¿Cómo ese cuento, que es una ostensible estupidez, pudo gustar tanto? Creo que las razones son: poca experiencia de la gente de aquí en la literatura fantástica; basta la idea de una especie de estación ferroviaria de la otra vida. El lector imagina sobre ese dato y prescinde de las torpes particularidades de la lectura.

Lunes, 25 de julio. Anoche Borges dio una excelente conferencia sobre Swedenborg. Después conversamos un rato —Borges, Estela Canto, Marta Mosquera, Wilcock, Silvina y yo— en un café de la calle Santa Fe, entre Libertad y Cerrito. Referí, como tantas veces, el apócrifo origen bestial de los apodos el Gallo y el Pollo[14]. Borges contó el caso del comisario Bertoni. Se decía que hombres como el comisario Bertoni se habían acabado, que ya no habría más funcionarios con ese sentido del deber, de la justicia y de la responsabilidad. Una anécdota ilustraba estas prendas del comisario. Junto a la comisaría había un baldío y allá pastaba una potranca a la que le había echado el ojo un muchacho del barrio, un mozo pierna. Una madrugada, en la seguridad de que no habría nadie, el mozo se le acercó sigilosamente, la volteó y se la cogió. Bertoni, que no era sonso y que estaba en todo, había maliciado las intenciones del joven vecino y esa mañana había madrugado más de lo habitual. Desde el alero de la comisaría, donde mateaba, sigilaba el potrerito. En el momento oportuno se apareció en el lugar del hecho y sorprendió al mozo. Con aquel sentido del deber y de la responsabilidad que ya no volverá a verse, le dijo al mozo: «Bajate los pantalones» y ahí no más le rompió el culo. Borges recordó riendo que también en la Biblia se dice que hay que matar con la misma arma a la persona y al animal[15].

BORGES: «Casi todas las personas deben de sentir que tienen algo que expresar aunque —seguramente— ese mensaje secreto[16] es ilusorio. Por ejemplo: ¿qué podría revelar Ureña?».

Martes, 26 de julio. No pude asistir a la conferencia de Borges sobre Schopenhauer, por estar levemente resfriado; la conferencia que más me interesaba.

Jueves, 4 de agosto. Conferencia de Borges sobre Max Nordau.

Lunes, 8 de agosto. El poeta cordobés Sosa López habló a Borges de un tío suyo (de Sosa López), que había pasado casi toda la vida en el campo. De visita en la ciudad de Córdoba, un día que paseaba en tranvía con el padre de Sosa López, explicó al guarda: “Yo soy hermano de este señor”.

Borges y Sosa López hablaban de Ulyses Petit de Murat. Sosa López, refiriéndose a la cara risueña de Ulyses, dijo: “Terminamos por comprender que su cara sonriente es la puerta del cinematógrafo, afable y cerrada para todos sus amigos”.

A la noche, escribí (hasta las doce) con Borges, para la antología de los gauchescos, la noticia biográfica sobre Lussich.

Domingo, 21 de agosto. Para celebrar mi vuelta a la salud, curado de paperas, vinieron a comer, y trajeron champagne, Borges, Peyrou, Marta Mosquera y Estela Canto. El anfitrión reservaba una sorpresa a esos amigos (salvo a Borges, que ya la había visto): su barba roja, crecida durante la enfermedad y que mañana será modestamente podada (y abolida). Brindamos por nosotros y por gente absurda, como Sigfrido Radaelli y Rene Lafleur. Bailamos tangos, aun Borges. Estela dijo que, cuando Cecilia Ingenieros daba una vuelta en sus danzas, las personas que la querían temblaban.

Borges dijo que un imitador poco inteligente, inspirado por títulos como El ingenioso hidalgo don Miguel de Cervantes Saavedra, The Innocence of G. K. Chesterton, o À la recherche de Marcel Proust[17], podría escribir William Shakespeare, Prince of Denmark.

Miércoles, 24 de agosto. Para festejar el cumpleaños de Borges, vinieron a comer Wilcock, Estela, Marta Mosquera, Haydée Lange, Peyrou, Elsa Molsser y, por cierto, Borges. Haydée y Estela, muy borrachas. Elsa Molsser cantó admirablemente canciones francesas, norteamericanas, inglesas, alemanas (de la Opera de Tres Centavos, etcétera). Alegría, pero también sensación de impeding disaster, debido a Haydée, que, como un ancient mariner[18] quería cantar tangos y hacía comentarios hoscos sobre el canto de Elsa.

Miércoles, 31 de agosto. Es evidente que Borges está enojado con Silvina. Preocupado por esto. Melancolía ante la actitud de Borges.

Jueves, 1.º de septiembre. Como, en casa, con Silvina; hablamos melancólicamente de su pelea con Borges. Silvina quería enojarse con Estela, porque tal vez así Borges comprendería su inocencia. Le dije que era inútil: Estela es irresponsable. Más tarde llegó Marta Mosquera, que había comido con Borges, a buscar al perro de Silvina, Constantino, para sacarlo a pasear.

Lunes, 3 de septiembre, A la mañana, a la casa de Borges, a escribir algo para Emecé. Borges abundaba en anécdotas de su reciente viaje a Montevideo[19]; cuando por fin pude proponerle trabajar, dijo que era tarde y que quería ir a una peluquería. Salimos juntos. A las pocas cuadras me dijo: «La peluquería se va a convertir, muy pronto, en la esquina próxima, en Estela».

Almorcé en casa de mis padres; inmediatamente después fui a lo de Borges, que estaba en una peluquería; volvió; escribimos; a las tres y media fuimos a Emecé; después fui a casa de mis padres, a despedirme de mi madre que partió para Córdoba; después, a la conferencia de Borges sobre Joyce; a mi lado, Estela. Borges declaró que el Ulysses era prácticamente intraducible al español y al francés, idiomas de palabras polisilábicas y sin palabras compuestas.

Martes, 6 de septiembre, A la mañana, trabajo con Borges. Me cuenta que, al pasar junto a la sala en que Wally Zenner dicta su clase de arte dramático, oyó las palabras: «¡Vigor, Carmuega!». Esta frase fue transformándose hasta parar en el siguiente soneto:

¡Vigor, vigor, vigor, vigor Carmuega!

Vigora tu apocado sentimiento,

tu floja carne y tu arrastrado acento.

Vigor y más vigor. ¡Vigor, Carmuega!

Carmuega hoy, mañana de Noruega

Peer Gynt serás y ¿cómo, sin aliento,

vigor tendrás para dar voz al viento

si te falta vigor, feble Carmuega?

Hoy apenas te sobra bizarría

para rodar de la camilla al suelo

y agitar, tant soit peu, la otra muleta.

¡Vigórate, gigante de afonía!

¡Que tu yacente voz logre del cielo

vigor para ser brazo, arco, saeta!

Miércoles, 7 de septiembre. A la mañana, trabajo con Borges en una contratapa para Emecé.

Sábado, 10 de septiembre, A la tarde, en tren, solo, a Lomas de Zamora, a oír la conferencia de Borges sobre Goethe. Allí, breves momentos con él y con Estela. Borges, fraternal y agradecido. Me invitaron a comer allí con el presidente del Centro donde ocurrió la conferencia; no pude aceptar, porque tenía gente a comer en casa. Borges me propuso como conferenciante. Más entusiasmo en él que en los directores del Centro. Caminamos unas cuadras por la calle Almirante Brown, con Borges y Estela y vagos personajes locales.

En la conferencia dijo[20]: «A imitación de las religiones, las literaturas de cada país tienen su libro o su autor canónico. Italia, y acaso el mundo, a Dante; Inglaterra, a Shakespeare; España, a Cervantes; Francia, a Racine, Hugo o Baudelaire; nosotros, acaso a Hernández; Alemania, a Goethe. El caso de Italia es justo y benéfico; tal vez Dante sea el más extraordinario de los autores y el estudio de la Divina Comedia comporte el de la teología cristiana, el de las literaturas clásicas (y, en particular, el de Virgilio), etcétera. Shakespeare es un caso curioso ya que se trata de un autor que, por razones de época, no podía verse a sí mismo como literato. El teatro, entonces, estaba al margen de la literatura; era una actividad análoga a la actual composición de libretos para el cinematógrafo; los contemporáneos de Ben Jonson se mofaron de éste porque publicó sus piezas y las tituló Obras (la palabra les parecía presuntuosa para un género tan humilde). Tal vez esa libertad, surgida del desdén que Shakespeare sentía por su trabajo, le permitía volcarse enteramente en él y lograr sus bruscas y prodigiosas iluminaciones. El caso de Cervantes y del Quijote es más discutible; Don Quijote es una de las personas más vívidas y también más queribles y más nobles de la literatura: estéticamente, la elección es inobjetable. Por sus resultados sobre sus lectores —que, en los casos de estos libros máximos, son todas las personas que hablan el idioma— la elección no es tan feliz, ya que la actividad crítica que permite el libro es pobre; la prueba de este aserto, los cervantistas: gente ocupada en gramática y paremiología. Tampoco es demasiado feliz la elección del Martín Fierro para nosotros, si bien del tono general de la obra se desprende una nobleza que sentimos como una buena posibilidad de nuestra alma (no desmentida por algunos episodios en que el personaje aparece pendenciero y sanguinario, y que se nos olvidan). El estudio del Martín Fierro nos ocupará en miserias como la de averiguar quiénes poblaban las estancias de la frontera o en determinar si se dice contramilla o cantramilla, o en algún otro problema de la terminología de los aperos. En cuanto a la elección de Goethe —aunque en su país hay escritores mayores: Schopenhauer, Nietzsche, Heine— es acertadísima por razones que ya se verán. Goethe se ocupó de muchos temas; como filósofo defrauda un poco: cuando Schopenhauer trató de explicarle el idealismo, nada consiguió. Goethe confiesa que intentó la lectura de Kant pero que después de pocas páginas de la Crítica de la razón pura comprendió que el libro, aunque admirable, no lo mejoraba y dejó de leer. De Spinoza, “ese hombre excelente” que tanto influyó en él, sólo pudo leer, desordenadamente, algunas páginas; lo comprendió, trató de comprender el pensamiento de Spinoza, casi de ser Spinoza, y se conformó con eso. En botánica estudió las plantas fanerógamas; en cuanto a las criptógamas, tan parecidas entre sí y tan numerosas, él, como admirador de las formas claras, llegó a mirarlas con verdadera aversión. Creía que bastaba estudiar el proceso que ocurría en una planta, imaginarlo bien, imaginarlo casi como lo había imaginado Dios al crearla; así conocería uno todas las plantas. Quería estudiar la Naturaleza, pero los experimentos le repugnaban; eran como las preguntas intencionadas de un interrogatorio. Por eso desdeñaba a Newton y a sus discípulos. Habían investigado la luz por medio de experimentos, de hendijas, de prismas, y ¡hasta en un cuarto oscuro! No era extraordinario que hubieran llegado a resultados tan absurdos como descomponer la luz en los colores del espectro solar. Había colores más claros y colores más oscuros; el celeste más claro que el azul; el rosado, que el rojo. La luz es más clara que todos los colores y sería absurdo encontrarlos en ella; equivaldría a encontrar oscuridad en la luz. Llevó a las letras la idea de que bastaba imaginar algo perfectamente para conocerlo. Muy joven, escribió Shakespeare und kein Ende, Shakespeare infinitamente, un vehemente elogio, aunque sólo conocía unas pocas piezas del autor. Cuando hizo representar, años después, Hamlet o Macbeth introdujo cambios en los textos. Creía que, en el arte, la imitación de la Naturaleza era errónea: siempre se descubrirían deficiencias. No hizo literatura realista o naturalista; no examinó censos sobre lo que hacía, por ejemplo, un criminal en la noche del asesinato; trataba de imaginarse en las situaciones. En sus novelas, personajes alemanes llevan nombres italianos. En el teatro impuso a los actores reglas severísimas: no debían mirarse entre ellos al hablar; sólo debían mirar al público; siempre debían estar de frente al público (un perfil, con un solo ojo, una sola oreja, media nariz y medía boca era algo monstruoso), Los actores no debían representar sino recitar. Imponía detenciones, por medio de centinelas, a quienes no observaban estas reglas. Cuando el príncipe de Weimar quiso ver en el teatro un perro amaestrado, Goethe señaló un letrero que decía: “No se admiten perros”. El príncipe insistió y Goethe abandonó la dirección del teatro. No buscaba el énfasis, sino la exactitud. “Si llovizna —decía— no agregaré truenos”. Hay admirables metáforas para el poniente; él escribió “la hora en que las cosas cercanas se alejan”[21]: no será muy prodigioso pero es muy justo. Cuando viejo fue a Italia —aunque trataba de comprender a todos los pueblos no viajaba; viajar le parecía una suerte de experimento— y se enamoró de una muchacha joven, a la que ayudó pecuniariamente; además, para congraciarse con ella, conversaba largamente con la madre. Todo esto, sin adornos, sin mejorar su papel, es el asunto de las Elegías romanas, un bellísimo poema. Conoció a los poetas persas a través de malas traducciones alemanas; los comprendió; advirtió que lo esencial en ellos era la intemporalidad; escribió el Diván de Oriente y Occidente, escribió poemas chinos, poemas persas y poemas árabes. No le molestó parecer un imitador; fue algo más: fue un poeta chino, un poeta persa, un poeta árabe. Trató de imaginar lo que esos hombres lejanos habían sentido, trató de ser ellos. Por eso puede decirse que, como San Pablo, fue todo para todos los hombres[22]. No era un apasionado ni un fanático, las guerras napoleónicas fueron, en Alemania, guerras por la independencia nacional, que despertaron mucho fervor patriótico: Goethe no tuvo inconveniente en entrevistarse con Napoleón. Por todo esto, para un pueblo fanático como es el alemán, la elección de Goethe como autor nacional es acertadísima».

Domingo, 11 de septiembre. A la noche, Borges, Estela Canto, Bianco, Pezzoni. Con Borges redactamos una contralapa para Emecé: ex nihilo.

Jueves, 15 de septiembre. Por mi cumpleaños, visitas de Borges, de Drago, de Julia Bullrich, de Marta Mosquera, y de mi padre. Con Borges hablamos de Goethe. Cuando Schopenhauer le explicó el idealismo, le dijo que si los hombres no existieran no existiría la luz; Goethe repuso: «Si no existiera la luz, usted no existiría». Borges agregó: «Tal vez lo que dijo fue: “Si no existiera la luz (o si no hubiera luz) yo no lo vería a usted”». Aseguró que Goethe pensaba que los nombres alemanes eran tan poco poéticos que en el Wilhelm Meister, fuera del nombre del héroe, no hay nombres alemanes.

Leí en Croce (La poesía) el párrafo sobre el bárbaro que murió por Ravena, que originó «Historia del guerrero y la cautiva» de Borges. En ese párrafo está implícita.

Viernes, 23 de septiembre. Visita a Emecé, por la tarde. Nos encargan una segunda serie de Los mejores cuentos policiales; siempre los libros menos interesantes son los que podemos ejecutar.

Lunes, 26 de septiembre. Comí en casa, sólo con Silvina. Después de comer llegó Borges con Emita Risso Platero. Borges, algo irritado (no sé por qué).

Octubre. Borges estaba en la peluquería; dos peluqueros conversaban: «¿Presentaste la solicitud? Tenés que presentarla. Si no, no te dan la libreta», dijo uno, prodigando ademanes y visajes. El otro le contestó con impávido menosprecio: «Qué solicitud ni solicitud. Vos querés que la presente porque sos un petiso clavo. Cara de puto».

Noviembre. A los cinco años de edad, Luis, el sobrino de Borges, desesperaba a su hermano Miguel Jorge, de tres años, diciéndole: «Vos no sos Miguel Jorge».

Cuando Borges decía algo que la molestaba, Elva de Lóizaga comentaba: «Macanas fritas».

Según Borges: Error de un conferenciante; o La filosofía y la ciencia; o La retórica vencida por la verdad. «¿Qué ocurriría en el mundo si no existiera el español?» —preguntó, inspirado, el orador; él mismo contestó en seguida: «la gente tendría que hablar en otros idiomas».

Diciembre. Una noche que estaban en casa Estela, Sabato y Borges, una invitada dejó ver, perorando en tono magistral —es profesora— y suficiente, de persona que sabe de qué habla, que ella creía que penis erat hirsutus. Todos se burlaron. Sabato aseguró que la anécdota no saldría de casa, o que a lo más se la comunicaríamos a Peyrou, que también guardaría el secreto y que, a lo más, la comunicaría a la gente de La Prensa, que es un grupo cerrado, de unas tres mil personas, que guardarían el secreto y, a lo más, la comunicarían a la gente de la oposición, que no llegaba a ser el cuarenta por ciento del país. Por lo menos, concluyó, no hay riesgo de que el peronismo se entere. Borges y yo la consolábamos, con verdadera ternura y en tono de broma. Tal vez por culpa de nosotros dos y acaso también de Estela, que esa tarde repelió con impaciencia sus argumentos en favor de la castidad y le dijo que lo que necesitaba para desarrollarse intelectualmente era tener relaciones con un hombre, la mujer se puso a llorar y la reunión acabó dramáticamente.

Viernes, 23 de diciembre. De una carta de Borges: Diálogo sorprendido (o inventado) por Marta Mosquera: ELLA (una especie de Estela Canto): «¡El número, señor, el número!». EL (tal vez el doctor Kuno Fingermann o un mucamo parecido al doctor K. F.): «Ya lo olvidé adentro de la cabeza».


[Enero a marzo. Bioy Casares y Silvina Ocampo en Mar del Plata y Pardo].

Febrero. La madre de Borges hablaba de la otra vida con una sirvienta. La sirvienta: «Es claro, la religión dice que hay otra vida. Pero no sabemos cómo es. (En un tono de esperanza). Si una pudiera seguir trabajando…»[23].

Viernes 10 al sábado 25 de febrero. En Pardo. Borges llegó aquí el viernes 10, con Estela Canto. Hasta el domingo trabajamos en el resumen del argumento para un film, El paraíso de los creyentes (que habíamos comenzado en Buenos Aires, uno o dos años antes). El domingo a la tarde, después del té, empezamos a escribir el libreto. Nos propusimos escribir once páginas por día; en los primeros días superamos ampliamente esa medida; el lunes 20 habíamos concluido el trabajo (noventa y siete páginas).

El martes, al advertir el deseo de Borges por iniciar otro trabajo en colaboración —por ejemplo, una pieza de teatro—, le conté el argumento para una comedia cinematográfica o teatral que se me había ocurrido en Buenos Aires, durante los últimos días de filmación del Crimen de Oribe[24] Le gustó mucho. La idea es ésta: Dos enamorados largamente se despiden. Después se descubre que están en el proceso de filmación de una película. Por ejemplo, Othello o Carina. Después, se verá que esos enamorados son tenidos por todos sus amigos como el ejemplo de los enamorados, como la pareja perfecta. Ellos mismos se consideran así; sueñan con irse al campo, como a una isla; entre gente, viven como en el campo o como en una isla; no ven a casi nadie; hablan mal de todas las personas e insisten en la felicidad de su aislamiento; uno de ellos aprovecha eso para ejercer su ánimo posesivo y dominante; el otro, por necesidad de imitación o, acaso, para no querer menos, para no defraudar, inicia también sus exigencias. Los celos y los controles se propagan. Uno de ellos se entera de que existe una vasta compañía, una especie de agencia de matrimonios, que se encarga de solucionar estas situaciones, de alterar la vida de personas y de parejas presas en situaciones así; habla con un señor de la compañía, que promete intervenir: encontrará medios de alejar al otro enamorado; enamorarlo, etcétera. (Habrá que decidir qué conviene más: que inicie la gestión el hombre o la mujer). Después se descubre que la otra parte ha encargado a la misma compañía —a la misma persona de esa compañía— idéntica misión: también ella quiere verse libre. Una muchacha que pasa parece la imagen de la felicidad: no poder seguirla, no poder irse con ella, la prueba de estar en el más terrible cautiverio. Poco a poco, ambos enamorados comprenden que el error de buscar la libertad y nuevas relaciones no era menor que el de exagerar, enfatizar, la relación de ellos dos. Toda nueva relación tenderá a parecerse a ésta, pero será con personas desconocidas y que no lo conocen a uno; habría que aprender todo de nuevo y seguir de nuevo el proceso que los llevó a esta situación; mejor seguir como antes: más tranquilo, más casero. Además, tanto se han hecho sufrir, que mutuamente se miran con mucha ternura. Y en cuanto a la libertad de estar solos, de vivir solos, ya no podrían soportarla; están acostumbrados a la intensidad dramática del amor y sentirían un vacío de propósitos en la vida que los desanimaría de seguir viviendo… También se descubre que el agente de la vasta compañía es, él solo, la vasta compañía, y que también está preso en una situación similar y en gran necesidad de que alguien intervenga y lo salve…

Se quedaron hasta el viernes. Borges estaba tan contento que continuamente exclamaba: «Pero, ¡qué lindo es escribir!». Algo muy curioso: cuando quisimos describirnos, uno a otro, a Larrain (uno de los personajes), encontramos, al mismo tiempo, la persona a quien lo imaginábamos parecido: Ernest Hemingway.

Puedo decir sin vanidad que he colaborado inteligentemente, inventivamente, en la redacción del nuevo argumento para un film; hace dos años (¿o uno?), embrutecido por mi vida con las mujeres, el tenis, el poco sueño, mi colaboración en Los orilleros se redujo a correr a la zaga de Borges. Estos días que pasamos en la estancia, a pesar de que estuve continuamente con resfrío de heno, a veces nervioso e irritado, frecuentemente cansado y deprimido, me dejarán un excelente recuerdo: el de los primeros días, de intenso y exaltado trabajo de invención y de redacción.

Las hermosas actitudes de asombro de algunos animales —perros, caballos— están originadas, tal vez, en la pobreza de su vista. Cuando Borges estaba escribiendo en su mesita de pino y yo entraba en el cuarto, se erguía, enorme y asombrado, como un caballo o un león marino, y me miraba.

Marzo. Estela quería que Borges se acostara con ella. Una tarde, en la calle, se lo dijo brutalmente: «Nuestras relaciones no pueden seguir así. O nos acostamos o no vuelvo a verte». Borges se mostró muy emocionado, exclamó: «Cómo, ¿entonces no me tenés asco?» y le pidió permiso para abrazarla. Llamó a un taxi. Ordenó al chofer: «A Constitución» y agregó, para Estela: «Vamos a comer a Constitución. We must celébrate».

Borges estaba muy enamorado de Silvina Bullrich. Un día, ésta le preguntó: «¿Qué hiciste anoche, cuando volviste del Tigre?». BORGES: «Fui caminando a casa, pero pasé frente a la tuya; tenía que pasar frente a tu casa esa noche». Silvina le preguntó a qué hora había pasado. BORGES: «A las doce». SILVINA: «A esa hora yo estaba en mi cuarto, en mi cama, con un amante».

Borges y Amorim hicieron juntos un viaje en automóvil por el interior de la Banda Oriental; anduvieron por Sant’Anna do Livramento[25], cruzaron la frontera y visitaron algunos pueblos del Brasil. En ese tiempo había habido incidentes entre contrabandistas de un país y la policía del otro; Amorim advirtió, o creyó advertir, cierta animosidad contra ellos —como uruguayos, o casi uruguayos— en los pueblos brasileros. En cuanto cruzaron de vuelta la frontera —perceptible por unos mojones, en medio de una desierta inmensidad en que el hombre podía sentir con alguna emoción su vínculo con la naturaleza (tan grande, tan ciega, tan indómita)—. Amorim se puso de pie en el automóvil en marcha, se encaró con el Brasil y, acompañando sus gritas con un ademán enérgico, lo insultó procazmente.

[Jueves 29 de abril al jueves 4 de mayo. Bioy Casares en Punta del Este].

Sábado, 10 de junio. Tardamos demasiado tiempo en advertir que nuestra amiga era mentirosa. Nos decía que en Italia había pasado hambre; conociendo a su madre y a su hermano, esto parece improbable. Muchas veces la habrían violado. Cuando tenía doce años todas las noches recibían en su casa unas visitas que la violaban; según otra versión, los violadores eran hijos de chacareros y todo habría ocurrido en el campo. En una ocasión, en el cinematógrafo, al ver a un hombre viajando en el techo de un furgón ferroviario, le dijo a Borges que así viajaba ella en Italia. «¿Y por qué no entrabas en el vagón?» —preguntó Borges—. «Porque en el vagón siempre estaban violando a una mujer».

BIOY: «A veces, al tratar con editores, me siento como un sirviente lleno de resentimiento contra sus amos. Digo cosas desagradables y, como si temiera haberme excedido, las compenso con adulaciones. El resultado es lamentable». BORGES: «Te comprendo. Hablar con una persona es adularla; uno quisiera escupirla en la cara».

Miércoles, 28 de junio. Borges regresó ayer de Tucumán. Cuenta que, recorriendo la ciudad con unos profesores, llegaron a un triste barrio de ranchos de paja, del otro lado de las vías. Uno de los profesores dijo: «Este barrio es muy peligroso. Hay muchos malevos» y aclaró a continuación que no había verdadero peligro de ser atacado por ladrones o asesinos, sino por homosexuales; «Todos los malevos son homosexuales». Ante la sorpresa de Borges, el doctor explicó: «La bicicleta excita al malevo. El movimiento, usted comprende. Además, el malevaje es muy inclinado al ciclismo. Si uno va en bicicleta y ve a otro de a pie, se ofrece a llevarlo. Los dos se excitan, dejan la bicicleta… Una vez, con el doctor X, vimos a dos malevos en una acequia. El doctor me dijo: “No hay por qué escandalizarse. Total, a todos nos gusta”».

Le dijeron también que los malevos ya no quieren saber nada de tangos; cantan boleros. El gaucho, por su parte, canta:

—¿Qué querís que te traiga

de Cafayate?

—Un burrito cargado

de chocolate.

¡En esta copla está toda la alegría del gaucho del Norte!

Comentó que la expresión raíces de las montañas, empleada irónicamente por un escritor escandinavo del siglo XIII, había sido recogida con ingenuidad, por su valor poético, por William Morris, en el siglo XIX[26].

Me habló de Gottsched, un Boileau alemán de la primera mitad del siglo XVIII. Después de tratar de las unidades de acción y de lugar, explica la de tiempo. BORGES: «La acción, dice, debe ocurrir en diez horas del día, porque la noche es para dormir»[27].

Recordábamos que, en The Wrecker; de ciertos días en el mar Stevenson dice que son unforgettable, unrememberable[28]. Llamó el teléfono: era Pezzoni. BORGES: «Ese muchacho es un sonso. Bianco también. Claro que escribió Las ratas; pero no hay que ser tan pesimista como para afirmar que ese libro es bueno».

Lunes, 10 de julio. Comen en casa Borges y Sabato; éste, groseramente elocuente, con indiferencia a la escasa calidad de lo que dice. Con Borges hablamos de la insensibilidad de la gente que nos rodea para apreciar los momentos épicos en las piezas literarias; las anécdotas épicas de las sagas que él ha narrado no tienen eco; Stevenson es considerado más superficial que Camus; Torre Nilsson no advertía el sentido de algunas escenas épicas en nuestro film Los orilleros, en que el canalla, por ejemplo, se sobrepone a su canallada y por valor y por generosidad llega a enfrentarse, de igual a igual, con el héroe; escenas inspiradas acaso en algunas de Shaw, que no ocupan ningún lugar en la fama de Shaw (humorista, viejo malcriado y paradójico) y que debían ocupar, según nuestra opinión, un lugar principal.

Martes, 11 de julio. Come en casa Borges. Comentamos el carácter de Sabato. Según Borges, lo que está mal en él es que su conversación es demasiado anecdótica; se parece demasiado poco al pensamiento. BORGES: «¿Y por qué íbamos a compartir su indignación contra esa señora que pretendió corregirle un diálogo? ¿Quién escribe siempre tan perfectamente que nunca convenga corregirlo? ¿Quién puede estar completamente seguro de que el interlocutor lo cree infalible?».

Me cuenta que en Alemania, en el siglo XVIII, cuando leyeron Robinson Crusoe hubo gran entusiasmo y todos los literatos se pusieron a componer Robinsonaden: «Había dos posibilidades: escribir el caso de un solitario que vuelve a crear toda una filosofía y nuestra civilización o el de uno que construye utensilios y una cabaña —nuevamente el libro de Defoe—. Lo primero no se les ocurrió; lo segundo no podía repetirse infinitamente. Empezaron así a discurrir Robinsones en parejas, en tríos, en multitudes; pasaron de islas solitarias a países. Ridiculamente llegaron a otra forma insigne de narración; a las utopías».

[Viernes 21 de julio al miércoles 23 de agosto. Bioy Casares en Alta Gracia (Córdoba), con su madre].

Viernes, 25 de agosto. Come en casa Borges. Me dice que una señora ya tembleque y desvaída, hablando con lentitud e indecisión le confesó: «El único hombre que me ha entendido es Martín Soulés». Comentamos la dificultad de legar esta frase a la posteridad: sólo para unas personas de Buenos Aires y de esta época el nombre de Martín Soulés es inmediatamente identificable; muy pronto nadie recordará a ese sombrerero de señoras.

Me cuenta su viaje por Resistencia, Corrientes, Posadas y (tal vez) Encarnación del Paraguay. Los lugares donde bailaban los obreros, en Posadas, se llaman bailantas.

Miércoles, 30 de agosto. Comen en casa Borges, un mozo uruguayo de apellido Praderio y Helena Artayeta; después llega Marta Mosquera. Se habló del libro de Kravchenko, sobre Rusia[29]. El mozo Praderio, mordiendo delicadamente un trozo de pan tostado, declaró que todas esas descripciones, de torturas, de delaciones, de opresiones, de campos de concentración, carecen de interés: «O uno admite que la filosofía de Hegel y de Marx es verdadera, y todo lo que pasa en Rusia es justificado, o uno niega el fundamento de esa filosofía y sin necesidad de libros enojosos comprende que los comunistas se hallan en un peligroso error. Innecesario decir —agregó, ocultando un bostezo— que la segunda posición es la mía». Se habló de religión, Helena: «Ustedes dicen que no creen en Dios, que no son católicos, pero yo quisiera que me explicaran qué razón pueden tener, en el momento de la muerte, para no arrepentirse de todos los pecados e ir directamente al cielo».

Viernes, 8 de septiembre. Comen en casa Wilcock y Borges. Con Borges trabajamos escribiendo noticias para libros del «Séptimo Círculo».

Sábado, 9 de septiembre, A la noche, fiesta en casa en honor de Delfina Mitre, en viaje a Europa: entre otros, Estela Canto, Marta Mosquera, Borges, Pepe Bianco, Wilcock, Alberto Gainza y Peyrou. Estela llama a Delfina «la mística práctica».

Viernes, 15 de septiembre. Por la noche, para celebrar mi cumpleaños, comen en casa Borges, Estela y Wilcock. Regalos: de Borges, una Anthologie raisonnée de la littérature chinoise de G. Margouliès; de Wilcock, el tomo II de la History of the Reign of the Emperor Charles V de William Robertson (edición de 1796); de la madre de Borges, un alfajor de dulce de leche. BORGES: «Victoria no nos quiere porque cuando sucede algo desagradable nos retiramos, no mostramos verdadero interés».

Sábado, 23 de septiembre. A la noche, Borges: redacción, para la revista Clinamen, de un nuevo cuento de Bustos Domecq[30]. Hasta ahora, escasa inspiración.

Miércoles, 27 de septiembre. Comida con Wilcock y con Borges. Después de comer, redacción con Borges, invita Minerva, del nuevo cuento de Bustos Domecq.

Viernes, 29 de septiembre. Para saber si Arturito Álvarez podría tener un papel (de actor) en una hipotética película con argumento de Silvina (El impostor[31]), y de la que él sería productor y Torre Nilsson director, anoche, con cameramem, focos y demás parafernalia, se tomó en casa una pequeña película: varias personas, sentadas a la mesa, comen con gula; de pronto Arturito nota algo que lo alarma; mira con creciente horror a los comensales; finalmente da un grito y se tapa la cara. Actores, además de Arturito: Wilcock, Estela, Elena Ivulich, Espectadores: Silvina, Marta Mosquera, yo. Estela, incapaz de participar en nada, hablaba de ella y contaba anécdotas que ya ha contado tres o cuatro veces, Marta, furiosa porque no ocupaba el centro de la atención.

Comida con Silvina, Borges y Wilcock. Después, con Borges, redacción del nuevo cuento de H. Bustos Domecq.

Miércoles, 4 de octubre. Comida con Silvina, Borges y Wilcock. Redacción del cuento de Bustos Domecq.

Borges oyó en el Uruguay esta frase que, según le dijeron, circula en Montevideo: «Ponerle de pupilo el nene a una mujer» por «entrar en ella».

Jueves, 5 de octubre. Té con Borges en la Richmond, conversando sobre Mastronardi; sobre Morris, Rossetti y su mujer.

Comida con Silvina, con Borges, con Wilcock. Redacción de Bustos Domecq.

Sábado, 7 de octubre. Comida en casa, con Wilcock y Silvina. Después de comer, Borges: Bustos Domecq.

Sábado, 14 de octubre. Frías me confió que, debido a la manera en que Borges trató, o mejor dicho no trató, al presidente de Emecé, nuestra situación en la editorial es precaria.

[Martes 17 al martes 24 de octubre. Viaje de Bioy Casares al Uruguay].

Jueves, 26 de octubre. A la tarde, en Emecé, Borges me cuenta que en Montevideo quieren editar, en un volumen, todo Bustos Domecq. Hablamos de Estela: el doctor Castillo le ha dicho a Silvina que Estela tiene poco tiempo de vida. Borges me refiere el final de un cuento de un muchacho uruguayo, Espínola. Una noche de carnaval el héroe, una especie de rústico, entra al rancho y encuentra a su madre muerta. Piensa en la sorpresa que va a tener su hermano cuando llegue, y se esconde para ver. «Nunca me he raido tanto —comenta el héroe—: Mama muerta y mí hermano con careta».

Por la noche, a eso de las once, viene Borges a casa. Conversamos un rato. Arturito Álvarez visita a Silvina; trae un ejemplar de La Cruzada de los niños de Marcel Schwob, con prólogo de Borges. Vemos el libro: muy lindo, según Silvina; obsceno, según Borges.

Viernes, 27 de octubre. A la noche comen en casa Borges y Mastronardi; después aparecen Frías y Marta Mosquera. Hablo de mi viaje al Uruguay: a los impermeables, que aquí llaman pilotos, allí llaman pilots; usan siempre caballero por señor. Borges refiere que, con Pérez Ruiz, habían pensado escribir un cuento con muchos uruguayismos; iba a titularse «Un refuerzo en la Pasiva». Mastronardi nos habla de un señor Vallejo, que ahora es cura, autor de un libro titulado Pan y la fuente. El Pan del título es el dios; parece que pasaron muchos años antes de que el autor advirtiera que «la fuente» sugería otra acepción —alimenticia— para Pan.

Sábado, 28 de octubre. Vienen a comer Borges y Wilcock. Borges cuenta el almuerzo que Rottin le dio a Mastronardi. Después, con Borges, redacción de noticia y contra tapa del Caso de las trompetas celestiales de Michael Burt.

Domingo, 5 de noviembre. Todos estos días, por la noche, redacción de Bustos Domecq.

Viernes, 10 de noviembre. Borges me habla de una señora con quien tuvo amores hace treinta años: «Está viejísima, horrible y completamente idiotizada. La pobre asegura que está tan joven que nadie la reconoce». Esa misma señora una vez le informó, con aire superior y pícaro, que ella había leído el Quijote, «pero el verdadero, no el que todos leen». Se ha pasado la vida jugando al bridge y, desde hace unos años, a la canasta. Pero ya no puede jugar; la señora afirma que han introducido algún cambio en las reglas de esos juegos y que ella no logra entenderlas.

Refiere Borges que sorprendió una conversación de un grupo de escritores sobre mujeres en general y sobre sus experiencias con mujeres: al rato descubrió que esos colegas sólo hablaban de mujeres de prostíbulos. Dice: «Casi todas las casas de la cuadra del 900 de la calle Tucumán eran bajas y modestas. Tenían las puertas entornadas. Al pasar frente a esas casas uno oía que lo chistaban. Si miraba hacia las persianas, descubría que muchas mujeres estaban espiando por las mirillas. Según Muzzio Sáenz Peña, otro lugar de prostíbulos era el chistadero de la calle Lavalle».

Domingo, 12 de noviembre. Hoy a la mañana, visita de Borges.

En la SADE celebran anualmente la fiesta de la poesía: varios poetas recitan sus obras. Este año, Gloria Alcorta quiso acaparar la fiesta; ella leerá cuatro poemas suyos; actores franceses, especialmente amaestrados, leerán otros ocho poemas (de la misma autora). Cuando Borges le explicó que Erro era quien organizaba las fiestas y que, en todo caso, su recitación podría hacerse en una fiesta especial, pero no en la de la poesía, dijo: «No puede ser. Ya he copiado a máquina los poemas. Ya han ensayado los actores».

Sábado, 25 de noviembre. Los otros días Borges contó que Guillermo de Torre, ante la risa de sus hijos, había narrado este incidente: En una fiesta, en casa de De Ridder, encontró a Adolfito Mitre, muy borracho y apoyado en un grueso bastón. «¿Qué tiene?», preguntó Guillermo. «Lo que no tengo —contestó Adolfito— es deseos de hablar con el señor Guillermo de Torre». Guillermo estaba muy resentido, sobre todo con De Ridder, por invitar a esos cavernícolas. «Yo también podría haberle contestado —explicó Guillermo— que no tenía deseos de hablar con él». «Sin embargo, vos le habías hablado», lo corrigió uno de sus hijos. Guillermo no oyó; continuó: «¿Pero cómo podía contestarle a ese monstruo con bastón?».

Jueves, 7 de diciembre. A la noche, a comer, Mauricio Müller y Borges; después, Peyrou. Cuando éste llegó, Müller me contaba que había empezado a leer con mucho interés El estruendo de las rosas. Por ese deseo que siempre tengo de ser agradable a Peyrou (como si creyera que tiene muy poca suerte en la vida), dije algo de que hablábamos de su libro. MÜLLER: «Leí las primeras diecisiete páginas…». PEYROU: «Cuando se durmió». MÜLLER: «No, porque me quitaron el libro». PEYROU: «Ah». MÜLLER: «En Montevideo no lo encontré». PEYROU: «Qué extraño, yo creía que todos los libros del “Séptimo Círculo” estarían allá». MÜLLER: «La verdad es que no lo busqué». A pesar de este diálogo, la reunión fue agradable. Müller ha leído mucho. Hablamos de escritores a quienes la timidez impidió escribir: Willie [Borges], Ureña, Mastronardi. Müller dijo que un escritor que no escribe no es escritor. Afirmó que sospecha que él tutea a todos los connaisseurs que en el Uruguay pueden apreciar a Bustos Domecq. Se fue con tres ejemplares de las Fantasías y tres del Modelo, muy contento: «Usted no sabe la felicidad que llevo a mis amigos. Nos pasamos la vida prestándonos estos libros. Yo le prestaba a Mezzera mi Bustos Domecq contra su Cadillac».

Sábado, 9 de diciembre. A la mañana fuimos con Borges y con Müller a la imprenta López, a pedir que nos hagan un presupuesto para el volumen de las obras completas de H. Bustos Domecq, que nuestros amigos uruguayos piensan editar.

Lunes, 11 de diciembre. A la noche, Borges, Wilcock, Müller. Con Borges, Bustos Domecq. Borges habla de unos parientes que tiene, creo, en el Salto Oriental; personas bien nacidas y pobres, quizá los Haedo. Parece que en el Uruguay los llaman Orgullo Herido.

Viernes, 15 de diciembre. Un personaje, en el nuevo cuento de Bustos Domecq, confiesa que ha robado; su interlocutor, para preguntar: «Entonces, ¿estoy hablando con un ladrón?», dice: «Entonces, ¿estoy departiendo con un ladrón?», Borges comenta: «Departiendo, qué bruto. Es como Shakespeare: siempre usa el mot injuste».

BIOY: «Evidentemente la realidad produce con más abundancia mujeres inteligentes que mujeres hermosas. Tal vez la verdad sea más simple: la inteligencia es cultivable». BORGES: «Pero la belleza también lo es. No es fácil ver mujeres lindas en los barrios pobres».

Martes, 19 de diciembre. Oído por Borges: «Pero, doctor Ossipon[32], yo sólo le prometí mi apoyo moral».


Jueves, 4 de enero. La noche de Navidad, Guillermo de Torre despreció mucho el turrón de casa de Borges y elogió con igual vehemencia uno que él llevaba y que resultó indestructible. «Bueno —dijo finalmente—, que traigan un hacha». A pesar de que ni siquiera pudieron cortarlo, Guillermo, mientras comía el otro, seguía diciendo que el suyo era el único genuino y recomendable.

[Viernes 5 de enero al sábado 25 de agosto. Silvina Ocampo y Bioy Casares viajan a Europa].

Junio. En París. En una carta del 3 de junio, Borges me cuenta que citó estos versos, de un poema titulado «Color naval»:

Piloteando su esquife hacia la aurora.

se acercó a mí con intención naval

(lactó en la nube, se educó en el viento

y fue inmigrante de mi soledad

Lo grave: los citó a la esposa del poeta.

También cita esta frase de una dama argentina: «Llegué con fama de coqueta impresionante a Punta del Este».

Domingo, 26 de agosto. En Buenos Aires. Alegría de ver a Borges y a Drago.

Sábado, 1.º de septiembre. Come en casa Borges. Me cuenta que el poeta Emilio Oribe, pese a sus años, se ha puesto a festejar a Emita Risso Platero: «Según Emita, Oribe quiere tranquilizarla asegurándole que la diferencia de edad entre ellos lo tiene sin cuidado».

BORGES: «Margarita Guerrero se había peleado con su padre y, para no depender de él, quería ganarse la vida. Iba a traducir para alguna editorial. Un día se encontró con Arturo Cuadrado, que partía para el Uruguay, y que la disuadió de sus planes. “Te conviene más traducir para editores uruguayos —le explicó—. Te pagarán en oro. Yo les hablaré, yo arreglaré tu problema: deja todo en mis manos”. Cuadrado partió al Uruguay; Margarita se quedó esperando; como no tuvo noticias, le escribió. Todo en vano. Un año después encontró a Cuadrado, de vuelta en Buenos Aires. “¿Y tu promesa de hablar con los editores uruguayos?”, preguntó Margot. “No hice nada —aseguró Cuadrado—, pero eso no importa. Tú confiabas en el amigo, vivías contenta, y eso es lo que vale.”». Hace unos años, con Borges visitamos al redondo, benévolo, inofensivo señor López, dueño de la imprenta López, que abría por entonces la editorial Nova y que según su asesor Cuadrado estaba interesadísimo en la colección de antologías que planeamos. Bastaron pocos segundos de conversación para que advirtiéramos que López no tenía la menor noticia de nuestros proyectos y que para llevarlos adelante, lo que desde luego no descartaba, debía cambiar todo su plan de ediciones, etcétera, etcétera.

Comenta Borges una frase imprecisa de Guillermo: «Los vaivenes criticistas en torno a la obra galdosiana»: «Todo está mal: criticista por de los críticos; galdosiana por —meramente— de Galdós».

Lunes, 3 de septiembre. Después de comer, Borges y Peyrou.

BORGES: «Me he pasado la vida discutiendo contra la opinión general (que Cervantes es superior a Quevedo, que en las novelas los caracteres son más importantes que la trama, que el policial es un género inferior), contra la opinión que ahora sustento».

Lunes, 17 de septiembre. Comida con Borges: trabajamos en los films rechazados (Los orilleros y El paraíso de los creyentes), con vistas a la publicación. Borges me cuenta de una muchacha que se quejaba de tener que estudiar. «Hay que leer libros en idioma». «En idiomas extranjeros», repite y completa el interlocutor, para ayudarla. «Sí, en idioma», insiste ella, imperturbable.

Recuerda Borges que las Grondona, cuando quieren saber si un film o un libro es indecente, preguntan, con un hilo de voz desfallecida: «¿Es fuerte?».

Viernes, 21 de septiembre. Comen en casa Ema Risso Platero y Rodolfo Arizaga. Después, al baile de los artistas plásticos, en la SADE. Están en la mesa, con nosotros, Borges, Mandie Molina Vedia, Cecilia Ingenieros, Martín Müller.

Sábado, 22 de septiembre. Come en casa Borges. Me comunica este palíndromo, de su invención: «Sapos, oíd, el rey ayer le dio sopas».

Domingo, 23 de septiembre. Come en casa Borges. Después llegan Estela Canto, Delfina Mitre, Müller, Pezzoni.

Jueves, 11 de octubre. Come en casa Borges. Trabajamos en la redacción de El paraíso de los creyentes; yo, con mucho sueño.

Martes, 23 de octubre. En casa: Borges, Frías, Peyrou, Patricio Canto. Leo capítulos del Cahier Rouge de Constant. Poco éxito con Borges, quien, para ser amable, opina que a George Moore le hubieran gustado.

Observa Borges que no siempre los hombres supieron que por la muerte de las personas muy queridas debían estar tristes: «San Agustín, que tenía mucha capacidad para el pensamiento abstracto y para entender lo patético, cuando muere Mónica, su madre, se da un baño de vapor, en la esperanza de aliviar su pena[33]. Si un norteamericano, un Babbitt, Ford o Citizen Kane, hubiera hecho esto, el experimento y su confesión delatarían la ingenua grosería e insensibilidad del hombre».

Jueves, 1.º de noviembre. Comida con Borges y Torre Nilsson. Con Borges pasamos en limpio El paraíso de los creyentes.

Sábado, 3 de noviembre. Comen en casa Borges y Estela Canto. Con Borges pasamos en limpio el film.

Borges cuenta que el poeta uruguayo Oribe le confesó que a veces lamentaba no ser argentino: habría podido cantar los Andes, el Iguazú, el Chaco, la pampa, el polo Sur, Borges le dijo que los cantara no más, que no le pasaría nada: the cosmos is roomy enough. Estela imagina un poeta chileno que se quejara de no ser argentino para poder cantar el lado Este de los Andes. Con Borges pensamos en Whitman. BORGES: «Bueno, pero esa idea parece más tonta en su forma negativa».

Domingo, 4 de noviembre. Borges y Torre Nilsson. Después, con Borges, concluimos de pasar en limpio El paraíso de los creyentes (escrito en 1950).

Lunes, 5 de noviembre. Exposición de Norah Borges: me sorprendió casi, me gustó. Encuentro con viejos amigos y otros que no lo son: Mastronardi, Mallea, Xul Solar, Pérez Ruiz, Manucho Mujica Lainez, Basaldúa, Horacio Butler, entre los primeros. Vuelvo a casa con Borges. Leyó en una revista que Valéry se ponía furioso cuando alguien distinguía entre fondo y forma. BORGES: «Ponerse furioso me parece demasiado. Qué raro pretender que no existen distinciones que todo el mundo entiende. Otro sofisma consiste en negar lo que no es fácil de definir. Quizá no se pueda precisar cuándo acaba el día y empieza la noche; pero nadie confunde el día con la noche». Pensamos, casi inútilmente, en el prólogo para nuestros dos films.

Martes, 6 de noviembre. Comen en casa Borges y Wilcock. Conversación literaria. Espaciada comida, que empieza a las diez y acaba a las once y media.

Domingo, 11 de noviembre. Comen en casa Borges y Patricio Canto. Después de comer, discusión con Patricio: lo echo de la casa. Más tarde, avergonzado de mi violencia, lo llamo por teléfono para disculparme y nos reconciliamos.

Viernes, 23 de noviembre. Borges abre The Perfumed Garden y me dice: «Aquí está la versión oriental, y desprovista de gracia, de “con paciencia y con saliva el elefante se la metió a la hormiga”». Lee: «Women […] would succeed in making an elephant mount on the back of an ant, and would even succeed in making them copulate[34]»

Me habla de una señora de edad, que fue muy linda y que, según parece, afirma que se ha vuelto mucho más interesante: «Ahora los hombres quieren conversar conmigo; antes sólo querían acostarse».

Jueves, 6 de diciembre, La señora Bibiloni de Bullrich explicó a Borges: «Así como a usted le interesa conocer poetas y escritores, a mí me interesa conocer gente rica». También le contó que había soñado con un número; pero le pidió encarecidamente que no fuera a creer que el suyo había sido uno de esos sueños de Mar del Plata, que tiene la gente con números de la ruleta. El de ella era muy distinto: como estaba segura de ganar, iba a buscar un billete de lotería con ese número.

Otra vez, la señora jugaba al bridge con unas cuantas personas en una casa frente a la plaza Vicente López. Como se enteraron de que en la plaza había fuegos artificíales, salieron a verlos. La señora Bibiloni explica: «De pronto vimos una bola de fuego que avanzaba sobre nosotros. Los demás escaparon. Yo, con mi psiquismo[35], comprendí que no me pasaría nada. Después tuve que ir a la farmacia, porque salí con las piernas llenas de quemaduras».

BORGES: «Es invulnerable a la realidad. El cuento es perfecto: se ve una persona cegada por la vanidad. En la misma frase se elogia por el psiquismo que le permitió intuir que no le pasaría nada y reconoce que se quemó». Sobre su manera de hablar, dice: «No creas que mantiene una línea fonética invariable; al final de las frases decae y se prolonga en un murmullo, en una especie de rezongo de nena vieja».

En la fecha que va junto a nuestras firmas, al pie del prólogo a Los orilleros y El paraíso de los creyentes, hay una secreta dedicatoria: el 11 de diciembre es el cumpleaños de Helena Garro.

Jueves, 13 de diciembre. Hablábamos con Borges de nuestro poco logrado prólogo para Los orilleros y El paraíso de los creyentes y de la frase final, en que habíamos procurado contrarrestar la sequedad anterior con un tono personal y patético. BORGES: «La frase es una vergüenza, pero la gente va a emocionarse porque sabe que tiene que emocionarse. Esto es muy importante, sobre todo en el teatro, donde los efectos deben ser inmediatos. No importa que las bromas sean malas o que los momentos patéticos sean débilísimos; lo importante es que el espectador no tenga dudas sobre qué reacciones se esperan de él; lo importante es que sepa claramente cuándo debe reír y cuándo debe llorar».

La frase acababa así: «la valerosa música humilde que rememoran las guitarras». BORGES: «Cuando uno lee, parece que la palabra humilde se fuera; además, primero exaltamos esa música, la llamamos valerosa y después, arrepentidos, la disminuimos a humilde. Mejor es: La humilde música valerosa que rememoran las guitarras». Nos preguntamos si la nota patética se debilitaría si sustituyéramos las no demasiado felices guitarras por flautas o por instrumentos complicados como el corno a pistón o la mandolina a gas.


Viernes, 15 de febrero. Borges, con motivo de los versos:

¿Es este cielo azul de porcelana?

¿Es una rama de oro el espinillo?

de «El grillo» de Nalé Roxlo, señaló que no conviene comparar la Naturaleza con objetos, sino viceversa.

Jueves, 21 de febrero. Para la Antología pornográfica, transmitida por Borges; a Borges, por Alejandro Sirio:

La señora de Pérez y sus hijas

comunican al público y al clero

que han abierto un taller de chupar pijas

en la calle de Santiago del Estero.

Lunes, 3 de marzo. Borges me cuenta que estaba en la calle con la furibunda Margarita Guerrero y con su madre (de ella). De pronto las dos damas sonrieron con embeleso y desde entonces Margarita olvidó su enojo. ¿Qué había pasado? Había pasado el tren chicharra (Un camión, disfrazado de locomotora, arrastrando tres acoplados, que son los vagones). BORGES: «Todo el mundo lo conoce. Hasta salió en El Hogar. Se admira la viveza del que tuvo la idea. Cuando uno vuelve a Buenos Aires le preguntan qué hizo en Mar del Plata. “Di una vuelta en el tren chicharra”: es algo simpático y todo el mundo está en antecedentes. La gente lo mira con una sonrisa llena de bondad y los afortunados que parten en el trencito, a dar una vuelta por Mar del Plata, saludan con la mano».

Me comunica también esta frase de una señora: «La Negra es más auténtica, más sincera consigo misma. Habla como un muñeco».

Viernes, 7 de marzo, Borges me contó que una vez llevó a la señora Bibiloni de Bullrich a un recital de bailes de Cecilia Ingenieros. Después de la función, cuando le preguntaron qué tal le había parecido, declaró la señora: «Está muy bien, pero yo prefiero los otros bailes, con orquesta y con personas conocidas que la sacan a una a bailar».

También me contó que Villarrazo, el peluquero[36], discutía con un cliente oriental sobre los méritos de Montevideo y encontró el modo de enfurecerlo dándole (aparentemente) la razón: «Es verdad —le decía—. Montevideo es muy superior a Mar del Plata y a Miramar».

Viernes, 14 de marzo. Según Borges, a veces, cuando están comiendo en casa de Bullrich, la señora Bibiloni, balbuceando vaga y babosamente, con gran debilidad, empieza a decir: «Yo soy tan inteligente, tan genial, que no me pueden comprender, usted sabe…». Entonces el marido, con voz recia y grave, pregunta: «¿Un durazno, Borges? ¿Más uvas?».

Sábado, 5 de mayo. Cuento a Borges mi cuento del joven exiliado y de la Revolución de los Libres del Sur (1839[37]): lo aprueba.

Hace un tiempo, trabajábamos con Borges en el argumento de un film. Tomé un libro del escritorio y leí en una nota: en Creta había un gigantesco autómata de bronce, fabricado por Vulcano, que defendía la isla la rodeaba tres veces por día; para penetrar por una costa había que aprovechar el momento en que el muñeco andaba por otra. Creo que el nombre del autómata es bisilábico y que tiene, por lo menos, una o[38] creo recordar también la palabra airain. Borges inventó algo para el film, dejé de lado el libro y lo perdí para siempre. Sobre la mesa tenía las ediciones de Francesco Torraca, de Guido Vitali, de Enrico Bianchi de La Divina Comedia. No tenía ningún libro francés. No creo haber soñado todo esto.

Martes, 6 de mayo. Borges me habla de un artículo que hace años Francisco Romero publicó en Sur[39], en ese artículo nuestro mayor filósofo[40] llegaba a la conclusión de que las dos operaciones esenciales y tal vez únicas de la actividad humana eran unir y separar. Borges comenta: «Es un presocrático. Tiene todo el pasado por delante».

Miércoles, 28 de mayo. Emecé a las tres. Nos devuelven el manuscrito de los dos films: Los orilleros y El paraíso de los creyentes. Rechazado.

Viernes, 30 de mayo. Después de comer, Borges. Trae Lux de coplas de Juan Guijarro. El libro tiene este enigmático epígrafe: «En la copla se define una de las señales indescriptibles que revelan la vida de nuestra nación, como las letras del jeroglífico revelan el espíritu de la soledad, envuelto en el misterio de la pirámide. (Menéndez y Pelayo, Juan Valera y Francisco Sánchez Castro, Diccionario Enciclopédico Hispano-americano)». BORGES: «¿Se reunieron para escribir esto? Sobre los jeroglíficos no creo que tuvieran una idea muy justa. ¿Vos creés que Champollion pensaría esto?». En el libro de Guijarro señala algún epigrama: «Donde haya amor se dará cita un enjambre de pasiones empapadas con rocío agridulce de sensualidad»; y alguna copla, como:

El demonio

Si me besa me endiabla;

si no la beso,

lo mismo me endemonia

con el deseo.

Habla de Flaubert: «A pesar de lo mucho que se esforzaba por escribir, las frases no le salían bien. Cae, como Lugones, en un estilo burocrático que apaga el interés del lector. No trata de ser interesante; la impresión que da no es de impulso, sino de insistencia en una materia ingrata. Después de leer La tentation de Saint Antoine a sus amigos, le dijeron que debía dejarse de asuntos grandilocuentes, que debía buscar una historia chata. Para contestar a esos amigos escribió Madame Bovary. Qué idea de la literatura y del arte. Llegó hasta a buscar la casa donde habían vivido Bouvard y Pécuchet. Qué diferencia con Henry James. Cuando a James le contaban una historia que le parecía que le daba tema para un cuento, una vez que había oído lo esencial acallaba a los narradores: no quería oír demasiadas explicaciones ni detalles; con lo esencial trabajaba su mente y un tiempo después producía un cuento. Un método más lúcido que el de Flaubert».

Le hablo de Weir of Hermiston: con alas uno entra en su lectura. Cito frases del libro: «[…] that deadly instrument, the maiden […]». «She was in love with herself, her destiny […]». «He was sounding her, semi-consciously, to see if she could understand him; to learn if she were only an animal the colour of flowers, or had a soul in her […]»[41].

Jueves, 3 de julio. Cuento a Borges que, según una amiga, la vieja señora de M. quiere ciegamente a su hijo; mirándolo embelesada, le pregunta: «¿No es verdad que sos más buen mozo que nadie? ¿No es verdad que sos más bueno que nadie? ¿No es verdad que sos millonario?». Borges recuerda que Silvina descubrió que las Bombal decían: «Fulana es una vieja rica» elogiosamente. También recuerda la frase de la señora Bibiloni: «A mí no me gustan, pero yo soy tan inteligente que he descubierto que conviene estar bien con los peronistas». La misma señora decía que las explicaciones la cansaban; que era tan inteligente que desde el momento en que el interlocutor pronunciaba la primera sílaba, ella sabía todo lo que tendría que oír.

Me hace leer en el Diccionario Enciclopédico Hispano-americano la biografía de Miguel de los Santos Alvarez («Poeta y escritor español, 1818-1892»). Entre otras cosas, leo: «D. Miguel tiene motivos particulares para no creer en la riqueza. El resultado de sus meditaciones a este respecto es la convicción de que andan por ahí veinticinco duros y algunos diamantes que van dando la vuelta al mundo de mano en mano. Los primeros los ha tenido en la suya una vez, según asegura. A los segundos no los conoce más que de vista, todavía. Don Miguel es uno de los hombres más friolentos del Viejo Continente. Nadie puede jactarse de haberlo visto en la calle como no sea en el mes de julio, sin levita, gabán, capa, bufanda y chanclos, Toma, sin embargo, en el estío sus baños de bastón, que consisten en hacer preparar la tina con agua templada, ponerse en mangas de camisa y meter en el líquido refrigerante el tercio inferior de su palo habitual. La impresión de la frescura absorbida por el bastón dice que le basta para tiritar un momento. En seguida se abriga convenientemente y sale del cuarto con las mayores precauciones. (A esto él llamaba hidroterapia[42]»).

Sábado, 5 de julio. Según Borges, una señora dijo: «Creí desfallecer. Pensé que la salvación era un café con leche. Entré en la confitería y no había localidades».

Borges leía. Uno de sus sobrinos se le acercó y exclamó: «¿Cómo? ¿Abuela te deja leer libros sin figuras?».

Me recomienda «L’heritage», de Maupassant, y el capítulo titulado «Moloch», de Salammbô. Divertido leí «L’héritage»: agradable y sana vulgaridad.

[Julio y agosto. Agravamiento de la enfermedad de la madre de Bioy: muere el 25 de agosto. Los Bioy se instalan unos meses en Aguado 2863, con Adolfo Bioy padre].

Miércoles, 10 de septiembre. A la noche, Borges, Estela, Pepe Bianco, Pezzoni.

Lunes, 22 de septiembre. Cuento a Borges la historia del amor de mi amiga por el Gordo P. A. Ese amor no fue rápido como el vuelo de Jove fulminante: poco a poco progresó y llegó a ser intolerable cuando el Gordo la abandonó. Ella, al ponderarlo, enunciaba sus Aberdeen Angus y sus lackeys, sus grooms y sus castillos; sus grandes tours europeos y sus millones. Alguna vez me aseguró que iba a interiorizarse en los Aberdeen, no fuese a faltar un día el Gordo y ella encontrarse con los toros entre las manos y no saber nada: sí, hasta vislumbraba la herencia. Después él se cansó de ella o ella lo cansó; un día no supo más de él y la pobre fue a parar al Charcot, donde le administraron un shock eléctrico. Tan segura había estado —ya imaginaba nuestra llegada a la estancia, el recibimiento en coche y la comida del grand chef francés— y de un momento al otro se encontraba en la desolación: lunes té con masitas, martes desolación[43]. BORGES: «Bueno, no debemos olvidar que no se trata de una tragedia sentimental, sino de una operación comercial que fracasó». BIOY: «No me parece así. Las virtudes que la enamoraron eran muchas: entre otras, sus Aberdeen Angus y su castillo. Todo esto le tejió un sueño de vanidad, como los que tejen con nuestro prestigio de escritores las mujeres que se enamoran de nosotros. Y nosotros, con el brazo mórbido de Emita, ¿elaboramos un sueño más alto y más puro? Tal vez el sueño lúbrico sea más propio del amor que el sueño de su princesa heredera».

Jueves, 16 de octubre. Pensando en Éluard, en Breton, en Queneau, en Michaux, en Supervielle y tantos otros jefes de la literatura. ¿Cómo sería el futuro de conversaciones con personas que hablan en serio de Fargue, que encaran el bicornuto dilema de elegir entre Aragón y Prévert, que imaginan que sólo hay tres posibilidades: catolicismo, comunismo, surrealismo? Como decía Borges la otra noche, las dos primeras doctrinas permiten, por lo menos, la redacción de libros; los franceses parecen no haber advertido que el surrealismo, valga lo que valga la teoría, impide en la práctica la producción de páginas legibles. Borges me dijo también: «¿Qué pensará la señora David-Neel, que conoce el oficio de componer libros aceptables, de personajes como Breton o como Éluard?».

Domingo, 26 de octubre. A la mañana llama Borges para preguntarme si quedé maltrecho después del impacto. Se refiere a unos «pensamientos» inéditos de Ricardo Güiraldes, publicados en La Nación de hoy[44]. Entre otros, se incluyen éstos:

«Aconcagua. ¡Cómo estás de dormido bajo el poncho de tu silencio enorme!

Esplín. Formidable, universal, bostezando en el espacio vacío, donde los astros, desesperadamente rotativos, luchan por la vida de su colmena perdida en el enorme cero inexplicable.

¡Oh! Una irlandesa con ojos de pescado».

Me asegura que es indispensable destruir todos los papeles porque el día menos pensado uno desaparece y los amigos te publican esas grietas y esos estigmas.

La Universidad de Puerto Rico le encargó la traducción de la Divina Comedia. BORGES: «La Universidad de Puerto Rico encarga un trabajo así y acá las personas más valientes, que osan distraerse del tema único, ensayan una monografía sobre La Boba de Julián Martel y están muertos de miedo y se oye el ruido de los dientes; los demás trabajan ceñidos a la actualidad política y tienen más miedo todavía».

Viernes, 21 de noviembre. Con Borges entregamos (definitivamente) a Losada el manuscrito de dos dos films.

Martes, 25 de noviembre. BORGES: «La más dulce prueba de intimidad la da una mujer cuando nos habla de sus reglas. Es como si nos besara. La más hermosa referencia a este hecho, difícil de tratar en literatura, es de Vigny:

La Femme, enfant malade et douze fois impur[45]!

La Femme, enfant malade et douze fois impur[45]!

Según Ibarra, la primera comunicación de una dama de París, después de las presentaciones, es la fecha de sus reglas». Al mismo Ibarra, que había ponderado la belleza de unas damas, un señor le explicó; «Faites-vous présenter, monsieur; le reste est fait.

Me cuenta que una vez, mostrándoles a sus sobrinos —muy chicos— la mesa de caoba del comedor, les dijo; “La hizo un relojero. Era un relojero tan malo que tratando de fabricar un relojito de oro hizo la mesa”. Los chicos, terminantes, protestaban: “No, no puede”. Esto se recordó después de un comentario sobre lo mal que Maruja copiaba a máquina nuestros trabajos. BORGES: “Sale cualquier cosa. Trabaja con extraordinaria lentitud, pero muy mal. Uno le dicta un cuento y ella puede entregarte cualquier cosa, la Historia Natural de Plinio en latín. Es una muchacha muy simpática”.

Me señala que George Moore cree que don Quijote muere por haber sido embestido por una piara de cerdos[46]: Moore dice que Turgueniev habla de esta muerte por cerdos.

Jueves, 18 de diciembre. BORGES: «Ana Itelman ha hecho un ballet en que hay dos bailarinas, embolsadas hasta más arriba de la cabeza, que mueven, en lo alto, las manos. Son cucos y parecen querer asustar a niños imaginarios. Se queja: “He creado estos personajes, en la esperanza de que algún dramaturgo —pero ay, los dramaturgos desdeñan la danza— los vea y los recoja”. En otro de sus ballets aparecen dos mujeres casadas, que protestan por todo. Ana Itelman aspira a regalar, también, estos personajes al drama».

Años atrás, Borges prologó un libro de Grünberg[47]. Poco después Grünberg lo invitó a comer; quería que Borges llevara a amigos; como Borges no propuso ningún amigo, Grünberg sugirió un Guillot Muñoz, que Borges aceptó. “¿Dónde vamos a comer?”, preguntó uno de ellos; propusieron lugares modestos; Grünberg no quería ni oír; habló de la Cabaña y otros restaurants de lujo. Finalmente los llevó a la Cabaña, en la calle Entre Ríos. Los obligó a tomar algo en el bar, whiskie o algún otro licor previo. Después ordenó un inmenso menú. Los obligó a comer de todo, a repetir cada plato; casi no los dejaba hablar para ponerles comida en la boca. BORGES: «Y vos sabés la carne que se come en esos lugares: te traen bifes como para hacerte vegetariano para el resto de tus días». En un momento Grünberg debió levantarse para ordenar algún nuevo plato. Guillot Muñoz y Borges se miraron .«Guarango de mierda», dijo el primero. «¿Nos vamos?», propuso el segundo. Cuando se resolvían, regresó Grünberg. Lo miraron furiosos, pero debieron aceptar más comida y después de todo cognac en balones. Borges, que nunca fumó habanos, guarda todavía un Partagás que no pudo rechazar. BORGES: «Grünberg quería hacerme sentir que me pagaba el prólogo, peso sobre peso. Desde entonces no volvimos a vernos».

Jueves, 25 de diciembre. A la noche escribiendo con Borges; yo, tieso por el sueño.


Miércoles, 7 de enero. Come en casa Borges.

Viernes, 16 de enero, Borges cuenta la historia de un tal Venancio, un guapo de Lobos. Entre los que lo mataron estaba un muchachito que él había protegido; al verlo, Venancio dijo: “Mirá, che” y murió de sus heridas[48] Cf, el Tu quoque, Brute. Entre la gente de Lobos quedó la expresión “Mirá, che, dijo Venancio”.

Viernes, 27 de marzo. Borges leyó acerca de unos egipcios antiguos que dijeron que iban a irse porque les pagaban poco. Alguien los reconvino; “¿Cómo van a dejar todo, cómo van a abandonar así a sus familias?”. “La familia la tenemos aquí”, respondieron, señalándose los pudenda.

En una nota para un libro de Emecé escribimos de Graham Greene: «Es casado y tiene una hija». BORGES: «Mejor sería poner: “Es casado y tiene una pija”. La frase es del mismo autor que tu “Gambetta. Político francés. Subió en globo”»[49].

Lunes, 6 de abril. Por la mañana, conversación en la confitería La Fragata, con Borges y el norteamericano que está interesado en nuestros films. Hablaban en idiomas diferentes, sin advertirlo: tal vez podrían encontrarse en el infinito, no antes.

Por la tarde, Borges me llama por teléfono chez Emita; paso a buscarlo por la confitería París y viene a comer a casa. Con mi padre, llegado de Pardo, hablamos de una noticia de policía: de un fabricante de heladeras que se descomponían a la semana; iba a visitar al cliente un mecánico, hermano del primero; retiraba el motor de la heladera o toda la heladera; dejaba un recibo; el cliente no volvía a ver lo que se habían llevado. Ese trabajo duró unos meses; ahora el fabricante y su hermano están en la cárcel. BORGES: Lo que no hubiera ayudado al argumento es que el autor insistiera en el parecido de los hermanos; «tal vez en decir que eran mellizos».

Después de comer, con Borges redactamos una contratapa para Brat Farrar de Josephine Tey, un libro que ninguno de los dos ha leído y del que no sabemos nada; ni siquiera tenemos el jacket inglés: inventamos un crítico y su juicio[50].

BIOY: «Me resulta increíble la idea cristiana de un juez divino que juzgue nuestra conducta». BORGES: «Más creíble es la idea del Karma, de que nuestros actos vayan determinando un largo destino; se basa en lo que sentimos y en la convicción de que la vida es real; solamente en momentos de gran cansancio creemos que es indiferente que obremos de un modo u otro; pero la idea de un juez externo a nosotros, ocupado en el más allá en nuestra pequeña conducta, es increíble».

Jueves, 9 de abril. Con Borges, traducimos el cuento chino de los zorros, de Niu Chiao, para la antología de cuentos breves.

Viernes, 10 de abril. A la noche, leyendo y traduciendo con Borges cuentos para el libro de cuentos breves.

Domingo, 12 de abril. En La Nación aparece un poema de Borges, muy hermoso; con algún descuido: numerable e interminable, en líneas seguidas[51]. Digo que está mal porque son sinónimos: en efecto, la primera vez, que escribió río numerable fue en un afterthought, después de haber escrito río innumerable.

Por la noche, come en casa y traducimos los cuentos de Martin Buber[52] para el libro de los cuentos breves.

Lunes, 13 de abril. Come en casa Borges. Me refiere el cuento que va a escribir; un final para Martín Fierro, en que un hermano del negro mata al héroe[53]. Cuento muy extraordinario: le digo que la invención de cuentos es una actividad maravillosa; que él es como un autor de las Mil y una noches. Después de comer traducimos el cuento del ciervo escondido, de Liehtse, y el de Ch’ienniang, de la dinastía T’ang[54], para la antología de cuentos breves.

Martes, 14 de abril. Come en casa Borges. Traducimos la historia del dragón y el emperador, de Misión al cielo[55] la de Cecilia, de Cicerón[56]; la fábula «Fe, alguna fe y ninguna fe», de Stevenson.

Sábado, 18 de abril. Comen en casa Borges y Bianco. Con Borges traducimos unas notas sobre los ciervos celestiales tomadas de Chinese Ghouls and Goblins de G. Willoughby-Meade, y un párrafo de los Nate-Books de Butler sobre Andrómeda, para la antología de cuentos breves. Después buscamos cuentos en el «Museo» de Los Anales de Buenos Aires[57].

Martes, 21 de abril. Comen en casa Borges y Wilcock. Con Borges, traducimos del libro de Willoughby-Meade otro cuento chino: el de un literato que se defiende de magos con el Tao Te King. Dejamos a Borges en su casa, a Wilcock en una esquina.

Jueves, 23 de abril. Come en casa Borges. Leemos páginas del Popal Vuh (muy admirados) y traducimos, del Panchatantra (V, 4), el cuento «Los brahmanes y el león».

Viernes, 24 de abril. Por la tarde, en Emecé, con Borges, Frías y Fatone.

Lunes, 27 de abril. Come en casa Borges. Dice: «Dos o tres animosos[58] de Guadalupe me fueron revelados anoche. Lástima no saber la música:

Cortador en la pelea,

jocoso entre la metralla,

dirá quien así me vea:

—Ese hombre, ¡es hombre-batalla!

Otro:

Te daré muerte de plomo,

y, de no, muerte de acero;

una, clavada en el lomo,

otra, con el revolvero.

En éste se ha creído percibir el cansancio del género:

Con impetuoso donaire

me juego por el caudillo.

¡Con la espada pincho el aire,

y disparo el pistolillo!

El texto del siguiente es conjetural:

¡Cómo a la tórtola agradan

las indolencias del nido!

¡Cómo a este brazo conforta

manejar sable temido!.

Martes, 28 de abril. Come en casa Borges. Buscamos en vano cuentos en los tres tomos de cuentos árabes de René Basset[59]. Borges recuerda una leyenda de dos dioses de la India, uno con miles de esposas y otro sin ninguna. BORGES: «Mañana compro el libro donde lo leí». BIOY: «No: contemos nosotros el episodio y lo atribuimos a un autor cualquiera». Así lo hicimos; empieza con las palabras: «Una tradición recogida por sir William Jones quiere que un dios del Indostán…»; lo atribuimos al libro Cuarenta años en el lecho del Ganges de un jesuíta portugués.

Sábado, 16 de mayo. Come en casa Borges. Traducimos cuentos breves para la antología: dos de Le comet à dés de Max Jacob, uno de A Writer’s Notebook de Somerset Maugham. «Contra los eternos descontentos», improvisó estos versos:

Si con caca te engalanas

te apodarán Chocolate;

sí luces barba bermeja,

te dirán Barba-Tomate.

Jueves, 21 de mayo. En Emecé, pequeño cocktail para Gheorghiu[60]. Con Borges y un viejo García Mellid nos vamos. El viejo nos recita sonetos. Borges comenta: «Es un precursor del verso libre. Compensa los versos avaros de sílabas con los generosos».

Viernes, 22 de mayo. En Emecé firmo con Borges una especie de contrato para cobrar el dinero que nos adeudan. Vamos luego a casa de Silvina Bullrich, donde hay un cocktail para Gheorghiu. Éste me pregunta: «Mais pourquoi êtes-vous en Argentine? [Pero, ¿por qué está usted en la Argentina?]», para observar, en seguida, a modo de explicación: «C’est vrai que l’essence est très bon marché. [Es verdad que la nafta está muy barata]». Borges, después, comenta: «Este presocrático cree que la nafta es todo». Como había dado una conferencia esa misma tarde, Gheorghiu nos preguntó si habíamos estado en «la salle». «Quelle sale?», inquiere Borges[61], Dejo después a Borges y a Cecilia Ingenieros en casa de Beatriz Guido.

Viernes, 29 de mayo. Después del almuerzo, Emecé: Frías, Borges, Peyrou, Wilcock.

Lunes, 1.º de junio, A la mañana veo al boliviano Tamayo, individuo inteligente y agradable, que me entrega un manuscrito suyo sobre Borges y me dice que nos invita, a Borges y a mí, a acompañarlo en diciembre a una isla que tiene en el lago Titicaca, para que asistamos a unos festejos religiosos, en que se mezcla el cristianismo con antiguas creencias americanas.

Por la noche, come en casa Borges. Me habla de una carta algo tonta que le habría enviado Estela. Traducimos o redactamos dos cuentitos para la antología.

Sábado, 6 de junio. Come en casa Borges. Traducimos del prefacio de Lane a su Account of the Manners and Customs of the Modern Egyptians la historia del derviche comedor de vidrio («La tentación»).

Domingo, 7 de junio. Come en casa Borges. Trabajamos en contratapas y noticias. Cita una frase que oyó a un señor Bo[62]: «Ahí se armó un quilombo padre».

Lunes, 15 de junio. En el Paulista de Callao y Córdoba me encuentro con Tamayo, para hablar de su libro sobre Borges[63] y de sus proyectos literarios. No me atrevo a decirle que el defecto de su libro es que no corre aire entre los pensamientos: cada frase es un pensamiento, una aserción, una opinión, implacablemente: está escrito en estilo ametralladora, como el prólogo que redactamos con Borges para los dos films; con la diferencia de que el prólogo tiene una extensión de dos páginas y este libro de ciento cincuenta. Le elogio con sinceridad la perspicacia, la energía intelectual. Le hablo de las posibilidades de publicación; le explico lo que suele ocurrir: que los editores lo esperan a uno con el manuscrito en una mano, un lápiz colorado en la otra y sugieren cambios de estilo, de argumentación, etcétera, «Yo soy muy manso —me dice—; aceptaré todos los cambios y hasta propondré otros». Cuando le cuento esto a Borges, me refiere una anécdota de una batalla, en que la caballería perseguía a sablazos a los bolivianos; uno de éstos se volvió y exclamó: «No sean ustedes groseros». (Toda mi simpatía está con los bolivianos).

Martes, 16 de junio. Comen en casa Borges, Esther Zemborain y Tamayo (que trajo unos libros sobre los temas esenciales de todas las narraciones; creo que la obra consta de seis tomos y fue publicada por la Universidad de Indiana). Tamayo y Esther hablan de mucha gente que Borges y yo no conocemos; por lo menos, que yo no conozco. Tamayo habla de su país; de las fiestas religiosas, de la sangre que todo lo enrojece (los circunstantes quedan salpicados por la sangre del corazón de una llama); del dios de la abundancia (un diosecito, con los brazos en alto y a quien se le cuelgan objetos en miniatura; esos objetos, de tamaño natural, a lo largo del año adquirirá el que los cuelga); una feria, en una isla del lago Titicaca, en que se compran objetos, pagándolos con piedras, en forma de dioses, que se recogen en la misma isla. Ve a su país con nostalgia y al nuestro con el fastidio de lo que hay que sobrellevar diariamente. Dice que lo único que puede interesar aquí al forastero es la provincia de Buenos Aires: la pampa; lo demás son como las últimas estribaciones o laderas de algo mucho más grande que se encuentra en las otras regiones de América; aquí llegaría debilitado lo que allí es intenso.

Viernes, 19 de junio. Voy a Emecé con Borges y Frías. Llevo un manuscrito de poemas de Silvina, El secreto[64]. Borges firma el contrato de sus obras completas; me parece ver una cláusula adversa: por cada volumen no cobrará nunca más de cinco mil pesos por derechos.

Sábado, 20 de junio. Busco a Borges, en Ayacucho y avenida Alvear.

BORGES: «Ayer di una conferencia sobre Whitman en Avellaneda; mis oyentes no usaban pañuelo y melena meramente para protegerse del frío; más que oyentes parecían personajes de mis cuentos de malevos; podrían muy bien haberme señalado todos los errores que cometí en los cuentos; como el viejo Paredes, que decía de los actores nacionales: “gente que ni siquiera sabe manejar el cuchillo”, porque daban el golpe de arriba para abajo[65]; yo también lo daría así: de otro modo sólo podría hacer cosquillas al enemigo. Cuando leí en “Markheim” cómo el relator mata al prestamista comprendí que Stevenson también era de los míos, de los que ni siquiera saben manejar el cuchillo; aunque tal vez esa manera sea correcta para una esgrima escocesa o siciliana».

Me refiere que una señora, M. G., duerme con rimmel, porque teme que la policía llegue a detenerla y quiere estar preparada: ella sin rimmel pierde la personalidad. BORGES: «¿Lo habrá dicho en broma o en serio?». BIOY: «Sin duda en broma; pero ves, tenía razón Johnson: no hay que decir cosas contra uno mismo porque la gente las cree y las repite[66]». BORGES: «Es verdad. También tenía razón Aristóteles: no conviene ser gracioso porque uno puede ser ridículo[67]. Véase el destino de Bustos Domecq».

Después me cuenta que la señora Bibiloni de Bullrich le dijo que estuvo a punto de separarse de su marido. ¿Por qué? Porque el marido encontró un departamento en la calle Uruguay y le pidió a ella que lo viera para decidir si se mudarían, «¡Era un sueño el departamento! Precioso, de buen gusto y mucho más cómodo que el que tenemos. Con una vista maravillosa, con sol, todo lo que usted puede pedir. Pero yo le dije a mi marido que yo no podía consentir en ese cambio. El departamento elegido era más chico que el nuestro. Mudarse hubiera sido reducirnos. Una mujer como yo no puede aceptar eso. No sólo por el respeto que me inspiro yo misma, sino por mis hijos, por lo que debo a mi clase. Que yo me redujera sería sentido como una derrota de la clase que represento y, usted comprende, en estos momentos hay que tener mucho cuidado. Mi marido me dijo entonces que para seguir con el actual departamento yo debería participar en los gastos. Usted comprende, eso yo tampoco pude aceptarlo. Si participo en los gastos disminuyo mi argent de poche: y eso también es reducirse. Mi marido se puso hecho un loco, salió de casa y por una semana vaya uno a saber por dónde anduvo; pero volvió al fin y me dio las gracias y me dijo que yo era una mujer admirable y que le había dado una lección. Mis hijos también me felicitaron». BORGES: «Y yo también la felicité. ¿Qué querés que hiciera con una mujer así?».

Del Mabinogion traducimos o parafraseamos para la antología de cuentos breves la historia de los dos reyes que juegan al ajedrez mientras sus ejércitos combaten (y la suerte del combate depende de la suerte del juego)[68]. La historia del sitio de Madagascar y la reina y el pueblo que seguían con mayor interés un ajedrez ritual que las vicisitudes de las tropas (porque pensaban que éstas dependían de aquél), que saqué de un irrecuperable Times Literary Supplement, la atribuimos a Celestino Palomeque, Cabotaje en Mozambique (Porto Alegre, sine data[69]) en la seguridad de que nadie advertirá ninguna anomalía métrica.

Alterando mi costumbre de no molestar a nadie, le leo mi «Historia prodigiosa»; la última parte le gusta mucho (y mientras se la leía me gustaba también a mí); la primera le gusta menos (veía su cara expresando vacuidad, espera, dolor); quedo considerablemente menos confiado de mi eficacia literaria; advierto imperfecciones en el cuento, errores míos y errores de la dactilógrafa.

Domingo, 21 de junio. Reescribí el cuento de los órganos abstractos o supuestos; lo atribuyo a un señor T. Chang y a un libro imaginario, A Grove of Leisure (Shanghai, 1882); lo leo a Silvina y (por teléfono) a Borges: es aprobado y lo incluyo en la antología de cuentos breves.

Anoche le di a Borges una copia de «Homenaje a Francisco Almeyra» para que se la llevara a su madre. Ésta la leyó y hoy me felicita, con aparente sinceridad.

Viernes, 28 de junio. Después del almuerzo, Emecé; allí: Borges, Fatone, Frías, Peyrou.

Sábado, 27 de junio. Busco a Borges, comemos en casa y traducimos dos cuentos para la antología. BORGES: «¿No defraudaremos a la gente? ¿No será un error no poner los cuentos que el lector espera? La historia del sargento Cabral, por ejemplo. O el descubrimiento de América: Colón creía que la Tierra era redonda. Para llegar a la India se embarcó en tres naves y descubrió América». BIOY: «O el huevo de Colón, que lo cortó con un cuchillo, de ésos, de mesa». BORGES: «En estilo tosco también podríamos escribir: “Cuando el Diluvio, para que no se ahogaran tantos animales construyeron un arca de Noé[70]”. Así, como si fuera una clase de arcas».

Martes, 30 de junio. Come en casa Borges. Redactamos dos cuentos: uno, basado en el poema de Graves sobre Alejandro[71]; el otro, ya citado, sobre el Diluvio y el arca de Noé.

Jueves, 2 de julio. Come en casa Borges. Ordenamos los cuentos breves y advertimos que todavía hay pocos.

Lunes, 6 de julio. Comen en casa Borges y Peyrou.

Borges cuenta que en un café había un hombre que hablaba por teléfono y decía: «Fantástico, fantástico, nos vemos esta tarde, fantástico. (Silencio). Bueno, bueno, fantástico, nos vemos mañana, entonces, fantástico. (Silencio). Bueno, bueno, fantástico, ¿usted llamará, entonces, cuando pueda verme?, fantástico, fantástico».

Refiere también que los otros días tomaron el té en su casa unas señoras; entre otras, la de Bibiloni de Bullrich, y que esta dama repetidas veces empezó a contar anécdotas que no prosperaban. Se olvidaba de lo que iba a decir: «Sobre ese tema leí un libro muy interesante… un libro de… que decía justamente… ¡ay, bueno, me he olvidado!». «¿Otra taza? —Preguntaba la madre de Borges—. ¿Un scone?». BORGES: «Sin duda la dama se indigestó, porque continuamente, sin la menor prudencia, quería contar anécdotas o mencionar lecturas, y Madre tenía que sacarla del paso con otro scone».

Dice que conversó con un mozo Goyeneche, que admiraba la inteligencia de Hitler y de Mussolini, porque dominaban a todo un país: «Parece que nunca se le había ocurrido que el propósito de querer dominar un país es una idea pueril».

Hablamos de un escritor que insiste en su calidad aristocrática. BIOY: «Y con qué grosería». BORGES: «Es que la idea de aristocracia es una idea grosera. ¿Te acordás de la torva aristocracia del soneto de Lugones?

Abrióse con erótica eficacia

tu magua de surá, y el viejo banco

sintió gemir sobre tu activo flanco

el vigor de mi torva aristocracia[72].

¿Por qué torva? Cuando el banco cruje bajo el vigor de su torva aristocracia se muestra como un compadrito, o peor, como un compadrón: la torva aristocracia es un ejemplo de sentimiento de malevo. Pensá que ese verso aparece en un libro titulado Los crepúsculos del jardín… Pensá que trata de ser exquisito. ¿Por qué no escribe en lunfardo? No sólo habla de aristocracia, sino de su aristocracia. Parece difícil hablar delicadamente de aristocracia y, peor aún, de la propia. No creo que sus modelos franceses fueran tan groseros…». BIOY:«Se ve a sí mismo convertido en macho cabrío:

Tus rodillas exangües sobre el plinto

manifestaban la delicia inerte,

y a nuestros pies un río de jacinto

corría sin rumor hacia la muerte[73]

Lo de las rodillas exangües que manifestaban la delicia inerte está muy bien». BORGES: «Manifestaban es perfecto. ¿Vos creés que tenía razón Ibarra? ¿Que el río de jacinto es el semen?». BIOY: «¿Qué otra cosa puede ser? La verdad es que no pudo decirlo mejor». BORGES: «Lo que puede mejorar esos poemas, por lo menos novelescamente, es la probable circunstancia de qué no describan experiencias reales. Que correspondan a un mundo imaginario. Que mientras tanto el autor viviera con su tío en una casa de pensión».

Jueves, 9 de julio. Con Borges hablamos de anuncios de hoteles que no serían convenientes: «Hotel Splendide (entrada por la carbonería de al lado)»; «Hotel con cuartos techados»; y una ocurrencia de Frankie Borges: «Hotel Orpington Leonado (no se admiten aves de corral)».

Miércoles, 15 de julio. Trabajo en los cuentos que escribí últimamente para nuestra antología.

Viernes, 17 de julio. Después del almuerzo, con Borges a Emecé. Convenimos que nos paguen mensualmente mil pesos y nos amorticen la deuda con otros mil.

Sábado, 18 de julio. Come en casa Borges. Silvina se va a casa de Esther Zemborain, donde leen una pieza de teatro de Estela y Patricio, en la que aparecemos como personajes, sin duda no benévolamente, Borges y yo[74].

Con Borges redactamos la historia de los Podestá y Hormiga Negra[75]. Advertimos que en nuestra antología, que titulamos Cuentos breves y extraordinarios, no hay un solo autor español. Trataremos de corregir la deficiencia.

Le hablo del argumento que él había pensado para una pieza de teatro; un primer acto de acción noble, entre personajes de categoría, en ambientes refinados; un segundo acto, muy sórdido, en un conventillo, en el que se advierte que el primero es la versión literaria que da un personaje del segundo, de una situación abyecta en la que participa; el tercero… nunca encontramos un buen tercer acto. Le digo que debe escribirse en forma de cuento, o de dossier al que contribuyen varios personajes (como en The Moonstone): el primer capítulo, con príncipes y palacios, es el relato que, con la situación que está viviendo, escribe un personaje; el segundo, en que la situación aparece abyecta, es la interpretación, de esa misma situación, que da un tercero (los relatos de terceros, ya se sabe, son despiadados y exagerados); el tercero, es la confesión de otro protagonista, en que las cosas aparecen como son, ni falsamente nobles, como en el relato del primero, ni falsamente horrendas, como en el del segundo[76].

Viernes, 24 de julio. En Emecé estoy con Borges y con Frías. En Sur, Goyanarte me reclama el prometido Libro del cielo y del infierno[77]

Sábado, 25 de julio. Come en casa Borges.

Miércoles, 29 de julio. Come en casa Borges. Escribimos la nota preliminar para Cuentos breves y extraordinarios. Aparece casi el conjunto completo de nuestros fantoches: género, interrogar por consultar, probablemente lúcido, etcétera. Borges comenta: «De otro modo no puede escribirse».

Después, cuenta algunas anécdotas:

—Susana Bombal —dama argentina, que en la segunda mitad de su vida resuelve acercarse a la literatura y traduce literalmente, a un inglés de sintaxis porteña, poemas de escritores más o menos amigos— escribe una pieza de teatro y con su acostumbrada diligencia la traduce al inglés. Busca a alguien en la colonia inglesa de Buenos Aires, para que mande la pieza a un empresario de Londres, con el propósito de que se estrene en la próxima temporada. Finalmente, con la pieza en el equipaje, parte a Londres y, ante su infinito asombro, fracasa. Le dicen que, por lo menos, debe escribir nuevamente la pieza, en un inglés admisible. Ella comprende en el acto que esto no es más que un pretexto. La triste verdad es que en una Inglaterra que sucumbe en el más grosero materialismo no cabe una pieza tan idealista (vale decir: que exalta los «ideales»). «Qué coraje», comenta Borges.

—A.R.L. —joven argentino, que no tuvo nunca contactos con la literatura— escribe un drama; su madre, señora más alejada aún de las letras, lo traduce a un francés casero; en seguida mandan el producto a Barrault, para que lo estrene en la Comedie des Champs Elysées. Le niegan que Honegger ponga la música. «Si hubiera dificultad para uno de estos encargos —añaden—, agradeceremos que nos escriba lo más pronto posible, dándonos un juicio sincero sobre la obra».

—En una reunión social, la señora Bibiloni de Bullrich afirma que por un esfuerzo de voluntad podemos, en un momento dado, abolir toda noción de pasado y de futuro y quedar despiertos solo al presente. Un mocito que la escucha, queriendo acaso decir que estaba muy sentenciosa o afirmativa o reflexiva y probablemente queriendo nombrar a Epicteto o a Marco Aurelio, por «Estás hecha un Esopo» dijo: «Estás hecha un hisopo».

—Un señor de La Plata comenta su visita al doctor Palacios: «Me recibió —explica— con sus bigotes y su melena». BORGES: «¿Qué esperaba? ¿Que para recibirlo se hubiera rapado?».

Domingo, 2 de agosto. Come en casa Borges. Traducimos cuatro «reflexiones» de Kafka[78] y ordenamos los cuentos breves. Me dice, con la boca torcida, de contrariedad, que suele poner para desestimar algo: «No sé por qué La metamorfosis es tan famoso. No parece de Kafka». Me pregunto si quiso decir: «Si les gusta tanto Kafka, ¿por qué les gusta un cuento que no parece de él?».

Lunes, 3 de agosto. Hablo con la madre de Borges. Éste mañana verá al médico. Estoy bastante preocupado por su salud; deseando verlo sano de nuevo.

Miércoles, 5 de agosto. Compro para Borges una selección de antiguos textos budistas y un estudio sobre Saxo Gramático.

Come en casa. Agregamos unos cuentitos a la antología; entre otros, una anécdota de Malherbe («Aurea mediocritas»), encontrada en las Historiettes de Tallemant des Réaux.

Jueves, 15 de agosto. Come en casa Borges. Está mejor. Me habla con mucho entusiasmo de Mr, Byculla de Linklater, que me da para que lea. Trato de elogiarle The Catcher in the Rye, pero siento que en la oportunidad mi elogio tiene algo de réplica y estoy vago y sin elocuencia.

Sábado, 15 de agosto. Borges oye en el subterráneo a un individuo con ondulaciones, con materias grasas, en el pelo; con bigotes; con pañuelo al cuello; con voz ronca: «Después vino ese mozo, el arzobispo, bendició la cosa y nos dijo; “Muchachos (no pronunció la s; la voz ex muy grave en esta primera palabra), no se queden aquí, que en toavía van a agarrar un rumatismo” y tenía razón, porque aquello era una húmedá viva».

Martes, 18 de agosto. Voy a comer a casa de Lucas Ayarragaray: es una casa veneciana, con una inmensa chimenea traída de Italia, de un castillo de los Colonna. Nos sentamos a una mesa angosta y alta; para los pies hay taburetes; Frías no alcanza al suyo. Con Borges y con Fatone nos entendemos; con los demás, no tanto. Después de comer la conversación se prolonga, notablemente aburrida. El aburrimiento no procede de lo que se dice; está ahí, previo, contemporáneo y posterior.

Viernes, 21 de agosto. Después del almuerzo, Emecé. Borges menciona una frase que vio en un libro de Kafka; «Construimos el pozo de Babel». Le parece mejor que lo de Chesterton, porque es una simple línea[79].

Sábado, 22 de agosto. Come en casa Borges. Preparamos el índice para una segunda serie de los mejores cuentos fantásticos. Leemos cuentos fantásticos franceses; gran bobería. Todo ocurre en una suntuosidad que deslumbra a los autores: hay cigarros, licores, prestigio y perversidades infinitas (Villiers, Maupassant, Baudelaire). Leemos páginas de Sade, realmente toscas y tontas.

Lunes, 24 de agosto. Compré para Borges (es el día del cumpleaños; desde hace dos años lo olvido) un libro de páginas inéditas de Kafka, en alemán[80].

Miércoles 26 de agosto. Borges me habla de una muchacha, parecida a Emita, pero más importante, evidentemente uruguaya, rica en caderas y otras curvas, muy simpática, que, por quién sabe qué circunstancias, ha llegado a los veintitantos años y a ser bastante culta, sin tener noticia alguna sobre la falsedad de los dragones; en efecto, creía que en la Edad Media existían. También me habla de un artículo de Emita y de una extraña situación con Schiavo.

Domingo 30 de agosto. Come en casa Borges. Trabajamos en el índice de Los mejores cuentos fantásticos. Hablamos de Shakespeare. Dice que en literatura fue un amateur, the divine amateur, lo compara con Dante, verdadero literato. Recuerda que las piezas de teatro no se consideraban literatura: las escribían de cualquier modo, con argumentos ajenos y hasta confusísimos. Cita como ejemplo de debilidad o anticlímax:

O, my prophetic soul! My uncle[81]!

O, my prophetic soul! My uncle[81]!

BORGES: “Debió elegir cualquier otra palabra, no uncle. Este uncle, después de my prophetic soul, donde el estilo quiere levantarse, es un absurdo bathos. Evidentemente debió escribir his brother. Además los dos my no quedan bien”. BIOY: “Apoyan una posible ambigüedad: que se tomen prophetic soul y uncle como sinónimos… Tal vez si se hubiera cultivado y esmerado, quizá habría perdido esa inflamada y feliz elocuencia, que es probablemente la mejor de sus virtudes. Cuando quiere ser un escritor, en los sonetos, se pierde en antítesis y en sutilezas fútiles”.

Le regalo el libro de Kafka, envuelto en forma cursi, para cumpleaños, por la librería. BORGES: “¿Cuántas veces habrá pasado que alguien le regala en broma a su novia algo muy feo, a ella le parece muy lindo y ese rasgo de candor, esa inerme equivocación a él lo enamora más?”.

Miércoles, 2 de septiembre. Con Borges vamos en vano, en medio de la lluvia, a la editorial Raigal[82]. Conversamos en el zaguán de la entrada. Me habla de la aliteración: esa magnífica característica, superior a la rima, de los versos sajones; la gente los veía escritos como prosa y tardó mucho en advertir que eran versos. La rima es agradable; la aliteración a veces ni siquiera se nota; por ejemplo citando se considera que cualquier vocal sirve para aliterar con otra; tres palabras que empiezan con tres vocales diferentes aliteran. A pesar de la lección de Chaucer, que les enseñó a rimar, instintivamente los poetas ingleses buscan la aliteración.

Borges comió con unos ingleses; dijeron que el sonido calle, dicho caye, por un porteño, es horrible; Borges les recitó unos versos en que las calles abundaban; les dijo que debían de ser horribles para ellos. “No, no, porque se pronuncia así, en cambio caye debe pronunciarse calle”. Hablamos de las sílabas y de que, para Tennyson, la única palabra misteriosa en cuanto a cantidad de sílabas era scissors. BORGES: «Le gano a Tennyson, porque para mí todas son misteriosas… Whitman llamó a Tennyson, “jefe de todos nosotros”, the boss of us all qué raro que lo admirara tanto, siendo tan distinto. Bueno, sabía que aunque se esforzara no podía escribir los poemas de Tennyson».

Sábado, 5 de septiembre. Come en casa Borges. Después de comer redactamos risueñamente tres contra tapas para libros policiales de Emecé. Le digo que empecé una novela[83]. Un comienzo de afonía —propio del novelista, en el día de invención, en que exaltadamente aburrió a toda su familia— me impide contarle la historia pensada. Mejor así, porque no le hubiera gustado. El argumento de una novela difícilmente pueda gustarle; cualquier cuento fantástico tiene, con él, más probabilidades. Por ejemplo, lo divierte y le interesa más la novela de ese hombre que de un día a otro se convierte en gigante, que todo Stendhal. Seguramente, ve en el autor de un cuento fantástico a un narrador oriental, un inventor de fábulas y de parábolas y de mitos, un colaborador de las interminables y prodigiosas Mil y una noches que, desde el comienzo de los tiempos, el hombre está refiriendo.

Lunes, 7 de septiembre. Come en casa Borges. Trabajamos en contratapas.

Viernes, 11 de septiembre. Come en casa Borges. Trabajamos en el abandonado Libro del cielo y del infierno.

Sábado, 19 de septiembre. Come en casa Borges. Me habla de la conferencia de Esther Zemborain: «No creas que fue muy buena. Era una serie de afirmaciones, que no llevaban a nada. Además, tenía una verdadera incapacidad para poner los adjetivos en el mismo género y número que los sustantivos. E inventó un sistema de repeticiones que no me parece conveniente. Por ejemplo: “Si me dan permiso, voy a permitirme…”. Si decía encarar, en la próxima frase aparecía una cara y después de un punto de vista venía un punto y aparte».

Domingo, 20 de septiembre. Come en casa Borges. Me dicta el cuento “El fin”.

Domingo, 27 de septiembre. Come en casa Borges. Leemos, llorando de risa, un artículo de Cócaro sobre los cuentos de Lugones. En una larga frase dice que a través del cuento el autor actúa sobre las emociones del lector. BORGES: “Qué extraño. Cree que eso es un pensamiento. Ha descubierto que el encanto es un género estético. ¿Y qué pasaría si después de minuciosas encuestas se descubriera que éste es el único estilo que se entiende, porque toma en cuenta el movimiento pendular de la atención? Vos sabés, ha estado trabajando durante meses en el artículo. Bueno, sin duda, confundió con trabajo literario los largos viajes en tranvía, en busca de viejos números de Caras y Caretas”.

Parece que se encontró los otros días con Estela, quien estuvo amistosa y le citó una frase que le hacen decir en la comedia que escribieron con Patricio: “Una diosa germánica y con el mérito de vivir a la vuelta de Constitución”. BORGES: “Está bien: cuántas supersticiones juntas”.

Sobre el Diario de Pepys: “Lo comparan con Boswell[84] Yo nunca pude entrar en ese libro”.

Miércoles, 30 de septiembre. Come en casa Borges.

Viernes, 2 de octubre. Después del almuerzo, voy a Emecé. Frías me encarga un prólogo, en colaboración con Borges, para las obras completas de Kafka; un prólogo para las obras escogidas de Belloc (que debo seleccionar). ¿Por qué Belloc? Porque los demás me parecían aún más incompatibles conmigo.

A las seis de la tarde, vienen a casa Borges, Beatriz Guido y su marido Giulio (Julio Gottheil), para ir a un laboratorio en Belgrano, en la calle Dragones, a ver Días de odio, la película que hizo Torre Nilsson con «Emma Zunz». Vemos el film. Al principio yo pensaba: «El film nacional por excelencia: trivial, mecánico, tonto. Este muchacho no sabe dirigir». Después, insensiblemente, sin advertir el cambio, fui interesándome y, hacia el fin, tuve la impresión de haber visto una historia patética, extraordinaria, misteriosa, y gobernada por un terrible destino. Desde luego, el argumento de «Emma Zunz» tiene algo horrible. Borges dijo: «Ese cuento no es mío: me lo dio Cecilia [Ingenieros]. Yo lo escribí porque me pareció extraño y dramático. Está basado en la idea de la venganza, que yo no entiendo. Si todas mis obras desaparecieran y sólo quedara “Emma Zunz”, nada mío habría quedado». Pero todos estábamos muy emocionados.

Sábado, 3 de octubre. Come en casa Borges —que me trae The Castle, con prólogo de Thomas Mann[85]— y Ema Risso Platero. «Borges muy acerbo, habla de personas tan toscas que, en las presentaciones, contestan; “Chocho”». «No pueden llegar a otra sílaba». Habla de la superstición de los alemanes por Goethe; de cómo se maravillan ante cualquier dicho de Goethe. De San Martín: «Nadie tiene muchas ganas de pensar en él». Del misterio de Guayaquil, de la confrontación con Bolívar: «Uno encuentra en San Martín méritos morales. En medio de hombres ávidos, parece no tener ambición. Renuncia, se retira». Dice que ha pensado alguna vez en un cuento sobre un historiador que quiere investigar el misterio de la entrevista de Guayaquil[86]; en medio de sus trabajos, se entrevista con otro investigador y acaba por retirarse. Comprende la actitud de San Martín. «Esto no es cuento ni es nada —dice—: es un planteo, para empezar a pensar».

Domingo 4 de octubre. Después del almuerzo hablo con Borges. Nos preguntamos por el sentido de la á en los nombres de Thomas á Kempis y Anthony á Wood. Suponemos que ha de equivaler al zu de los nobles alemanes.

Me dice que en el cuento sobre Guayaquil, el héroe, al entrevistarse con el otro, tiene todas las razones, pero siente que el otro tiene mayor fuerza; tal vez el otro también sienta que el héroe tiene la razón; ambos se dan cuenta de quién es más fuerte, y el héroe se retira.

Miércoles, 21 de octubre. Come en casa Borges. Estamos cansados; no trabajamos.

Sábado, 24 de octubre, Borges cuenta que una señora dijo: «A mí me enloquece el oscurantismo», queriendo decir el ocultismo.

Lunes, 26 de octubre. Con Borges, en mi departamento de la calle Santa Fe, escribimos dos contratapas: ex nihilo.

Viernes, 30 de octubre. Después del almuerzo, en Emecé, con Borges.

Domingo, 1.º de noviembre. Hablo con Borges. Ayer estuvo en casa de Ricardo Rojas, con la comisión de la Sociedad de Escritores; había allí mucha gente, que iba a saludar a Rojas, porque se cumple el cincuentenario de la publicación de su primer libro[87]. BORGES: «La casa parece un museo: un museo dedicado a él mismo. En vitrinas había ejemplares de sus libros. En marcos, páginas de Caras y Caretas, con uno de sus sonetos. Lisa Lenson se dio cuenta de que todo eso era un poco raro». BIOY: «Se dio cuenta porque sabe que Ricardo Rojas es un viejo ridículo». BORGES: «Tenés razón. Tal vez todos propendan a eso, pero Ricardo Rojas dispone de más materia prima. Yo pensaba: qué rico es Buenos Aires; pensar que a dos cuadras de esa casa estaba la tuya, y a dos cuadras la de Xul[88]. No es extraño que esa gente coexista en el espacio, sino en el tiempo». BIOY: «¿Estaba Palacios?». BORGES: «Sí, es claro». BIOY: «¿Se confundieron en un abrazo y quedaron contentados?». BORGES: «Debían haber peleado. Es gente del tiempo de los gauchos con barba y galera. Había una gran biblioteca y yo pensaba: “Tal vez no haya un solo libro que se pueda leer”. Puro Martí; o ni siquiera Martí: González Arrili. La casa tiene un patio andaluz, con adornitos incásicos: Ollantay. Qué raro que Victoria estuviera allí. Es un descenso». BIOY: «No. Es el descenso de la reina a las galerías de los mineros galeses». BORGES: «Tenés razón: aquello era muy oscuro. Le di la mano y comprendí que había cometido una gaffe. Había que abrazarlo. ¿Te das cuenta? Abrazarlo porque hace cincuenta años que publicó un libro del que debería de avergonzarse. ¿Viste los sonetos que publicó hoy en La Nación? Son pésimos. La gente dice que son malos porque son grandilocuentes. Es difícil ser grandilocuente: hay que saber serlo. Éste lo es del modo más sonso, acumulando palabras como sublimo».

Los otros días hablamos de films. No le gustó un film italiano, dirigido por De Sica, llamado Ladrones de bicicletas, lo comparó con otro, inglés, que le gustó mucho, llamado The Browning Versión [de A. Asquith], «Uno parece hecho por un hombre —dijo—, otro por un chico. Por cierto, hay algo mágico que tienen los chicos… Eso nos diría en seguida una mujer y pensaríamos que es la única persona que nos comprende». Hablamos del realismo; se lamentó de que para la gente el realismo no fuera el de Martin Fierro, sino visiones chatas, feas y prosaicas. «Qué raro —dijo— que la gente se admire con las historias de personajes que lo único memorable que tienen son las desdichas que les pasan: sin ellas, no interesarían, ni existirían».

Martes, 3 de noviembre. Come en casa Borges. Buscamos, en números viejos de Crítica (al hacerlo, advierto en él desagrado e incomodidad), cuentos de Santiago Dabove[89] (malos) y de otros, para la nueva antología fantástica. Traducimos una espléndida carta de Hokusai[90]: Borges tiene la intención de incluirla en el libro de Cuentos breves; en ella, Hokusai habla del creciente dominio del dibujo que alcanzará si vive ochenta, noventa, cien y hasta ciento diez años.

Viernes, 6 de noviembre. Borges me lee (para la antología fantástica) dos o tres cuentos, tontos y mal escritos, de Lin Yutang. Estoy durmiéndome.

Martes, 10 de noviembre. Comen en casa Borges, los Tamayo y Esther Zemborain; después llegan Delfina Mitre y Frías.

Martes, 17 de noviembre. Come en casa Borges. Escribimos contratapas.

Miércoles, 18 de noviembre. Come en casa Borges, que me trae The Other Place de Priestley.

Hablamos del título de un periódico: Liberalis. No cree en la cultura de esos latinistas. BORGES: «No sé lo que liberalis significaba, pero apostaría mí cabeza a que era generoso o algo así; no liberal en preciso sentido político».

Escribimos una noticia sobre uno de esos tontos escritores norteamericanos que, para presentarse, suministran datos como: «está casado; tiene una hija; su crítico más severo: su esposa; es partidario de tal team de béisbol». Éste, además de todo eso, cree necesario decir que una peculiaridad de su técnica literaria consiste en que hace no menos de un borrador[91]. «¡Qué escritores son éstos!» —protesta Borges—. Nos complacemos en escribir que Aragón, o Tzara, o algún otro tonto literato, «que lo siguió muy de cerca», decían tal o cual cosa sobre nuestro productor de novelas.

Lunes, 30 de noviembre. Comen en casa Borges y Bianco. Después, nos refrescamos, con Silvina, en un banco de la plaza O’Higgins. Borges recita versos de Bartolomé Galíndez: nos reímos.

Lunes, 7 de diciembre. Come en casa Borges.

Jueves, 17 de diciembre. Come en casa Borges. Redactamos la noticia para Una mortaja para la abuela. Inquirimos, vanamente, el origen del título Conversations Lexicon. Me refiere este episodio, que relata en su libro, recientemente premiado, un ex soldado del ejército italiano que peleó en Rusia[92]. Se ha perdido de sus compañeros; vaga, con sed y con hambre, por la estepa. Ve una lucecita. Es una pequeña cabaña. Llega, golpea. Le abre una mujer. Adentro, sentados a la mesa, hay tres soldados rusos con ametralladoras. No tiene tiempo de atacarlos con la suya; piensa que si entra o si huye, lo matan. Queda inmóvil. La mujer le señala, con un ademán, que entre. Entra. Sin apartarse mucho de él, la mujer le da de beber y de comer. Después lo acompaña hasta la puerta. Él le besa la mano, se va. Piensa con gratitud en esos hombres: si hubiera muchos así no habría guerras. Borges encuentra que este episodio tan simple es muy humano.

Lo dejo en su casa y, antes de bajar, me habla largamente de sus problemas con Margarita Guerrero.

Domingo, 20 de diciembre. Come en casa Borges. Me habla de un libro sobre él, adverso, escrito por un señor Prieto[93]. Caminamos, después de comer, por la plaza O’Higgins. Hace frío. Pensamos en el cuento del Molinero[94].

Jueves, 24 de diciembre. Comida en familia; después, los Canto, los Guido y, como perdido entre demonios, Borges. Estela, mediante una serie de láminas, agresivamente lo psicoanaliza. Borges no ve, porque es casi ciego, y ella le dice que no quiere ver. Una ilustración muy banal muestra a una mujer que abre una puerta y queda tontamente espantada. Alguien dice: «Esa mujer ve algo que la choca; por ejemplo, dos personas haciendo el amor». Yo no creo que necesariamente el que interpreta esto así debe sentir espanto por la cópula; acaso piense que un dibujante tan banal sólo pudo concebir una situación así: banal y tonta. Por ultimo está el señor entre las tumbas que nos dicen que es el padre de cada uno. ¿Por qué? ¿Dios lo ha decretado? Y si hay un cementerio, ¿cómo puede ver uno otra cosa? O mejor dicho: si alguien ve otra cosa, ello puede ser significativo; pero ver un cementerio y tumbas es lo normal, puesto que son el tema del dibujo.

Domingo, 27 de diciembre. Come en casa Borges. Durante la comida, roe un turrón y dice: «Es un alimento para longevos. Matusalén, tal vez, lo concluiría». «Para quebrarlo —dice mi padre—, hay que tener dos filas de dientes». «Y después —contesta Borges—, uno queda con dos filas de encías».

Empezamos el cuento del Molinero.

Jueves, 31 de diciembre. Comemos rápidamente en casa. Después, con Alberto Blaquier y Miguel Casares, vamos a buscar a Emita y a Borges. Con éstos partimos a El Rincón, la estancia de Julia Bullrich. Allí brindamos con champagne a las doce.

Llegamos de vuelta a casa a las seis de la mañana. Con Borges tenemos guilty conscience. BORGES: «La gente antes sentía que la alborada era feliz y el crepúsculo triste. Hoy sostenemos lo contrario,

¡Oh noche amable más que la añorada!:[95]

¡Oh noche amable más que la añorada!:[95]

no tenía que ser demasiado amable». BIOY: «Para mí el amanecer en el campo es feliz, en medio de toda la naturaleza; en la ciudad, melancólico. Y es distinto el amanecer en que uno se levanta del amanecer en que uno se acuesta». Me dice que después de cierta hora él está muy desgraciado, ve todo como desde lejos, se halla entre la gente como un objeto, como un botín. Comenta: «Es sospechoso que la música popular guste a todo el mundo. Tal vez no haya diferencia entre la gente. Tal vez todos sean chacareros disfrazados». Las casas de la avenida Alvear parecían refulgir con luz propia.


Sábado, 2 de enero. Parece que Borges dijo la otra noche, en El Rincón, que él admira a tres escritores argentinos: Martínez Estrada, Silvina y yo.

Domingo, 3 de enero. Sabidurías literarias que la gente posee, cuando las precisa, en la vida, pero que pierde cuando escribe: Esther Zemborain cuenta que en la mitad de la noche se despertó sobresaltada; oía la voz de Ema Risso Platero, que hablaba por teléfono, de cosas íntimas, en su casa, que está en la misma manzana, a unos ochenta metros. «Emita —dice— hablaba sin parar y el pobre ni siquiera chistaba». Borges observa el uso de este el pobre que de paso da a entender que Emita hablaba con un hombre: «Si Esther estuviera escribiendo no lo hubiera usado: le habría parecido oscuro».

Miércoles, 6 de enero. Llegamos tarde a casa, a comer, con Borges. Después trabajamos en el cuento del Molinero.

Viernes, 8 de enero. Compro libros de Linklater, con Borges. Me habla de una amiga suya: «Vive en un mundo jurídico, de premios y de castigos. Bueno, si le atribuyen a Dios esas miserables preocupaciones, qué puede esperarse de los meros humanos».

Martes, 12 de enero. Comen en casa Borges, Frías y Peyrou. Oímos discos mexicanos, que no gustan nada. Borges dice que parecen cantados por pelotaris. «Qué voz. Es una cosa perfecta, pero fría», agrega irónicamente. Con aprobación oímos después algunos blues.

Jueves, 14 de enero. Come en casa Borges. Me refiere la velada de ayer en casa de Susana Bombal. Una niña leyó poemas ultraístas, en que se preguntaba: «¿Qué puedo decirte, Buenos Aires, con mi escaso bagaje de sílabas?». Alvaro Melián Lafínur, con el beneplácito de todos, leyó nuevas versiones de cuentos de hadas; él descubrió lo que nadie: que después de su largo sueño la Bella Durmiente tenía feo olor; al despertarse, esta niña arroja un jarrón chinesco al atrevido mozalbete que la sacó del sueño. Adela Grondona leyó un cuento y todo el mundo se asombró de que Borges no leyera nada. BORGES: «Como uno es escritor creen que siempre debe tener cuentos y poemas listos. La única frase literaria de esa noche fue la de Esthercita. Cuando le preguntaron si leería algo contestó: “No traje nada”. Con esta frase creaba vastos depósitos de manuscritos».

Hablamos de La noche repetida y de Peyrou.

Antes de irse, me dice que cuando él se ha enamorado de verdad no ha sido con personas que correspondieran a la receta de sus gustos o supersticiones: «No ha sido con semidiosas escandinavas». Yo le confieso que no sé si me he enamorado alguna vez, lo que no es cierto, pero tal vez quise decir que nunca pude saber si lo que me pasaba era estar enamorado, porque siempre pude pensar en otras mujeres o reírme del objeto de mi amor o encontrarle defectos, Pero, ¿acaso no le ocurre esto mismo a Borges y a todos los enamorados? Quizá él sepa que esas deficiencias son más o menos inevitables y que con ellas puede estar uno enamorado; yo nunca me atrevo a decir que estoy enamorado; creo que este estado es una purificación que no alcanzo. No reconocerme enamorado sin duda me hace perder mucho y me evita asimismo desconsuelos.

Domingo, 17 de enero. Come en casa Borges. Dice que Guillermo de Torre tiene ideas preconcebidas sobre miles de personas. Cuando Borges comentó la grosería del cuento de Alvaro en que atribuye mal olor a la Bella Durmiente, Guillermo protestó: «No es grosero; es tonto pero académico». Borges comenta: «¿Cómo no va a ser académico si pertenece a la Academia Argentina de Letras?». Después cuenta: «Una vez Guillermo nos enfureció a Madre y a mí, explicándonos que Conrad era un autor de relatos de aventuras, una especie de Salgari. Todo esto, naturalmente, sin haberlo leído. Después de que se enteró de que Gide había traducido a Conrad y de que habla de él en la Nouvelle Revue Française, cambió de opinión: ahora lo admira. Lo que menos hubiese alterado su opinión hubiera sido leerlo». Cita la frase de Pérez Ruiz: «Salga lo que Salgari».

Escribimos el cuento del Molinero y, contra nuestra voluntad, caemos en el estilo burlesco de Bustos Domecq.

Miércoles, 20 de enero. Comen en casa Borges y Pepe Fernández. Con Borges, escribimos el cuento del Molinero.

Sábado, 23 de enero. Come en casa Borges. Está abatido porque a una de sus amigas le hicieron un aborto. Trabajamos un poco en el cuento.

Domingo, 24 de enero. Comen en casa Borges, Silvina y Pepe Fernández. Les leo este párrafo del capitulo VI de La novia del hereje. «Con la rapidez propia de su edad [Henderson] se descolgó desde la borda hasta su lancha, y vino a echarse en la popa como un león que descansa, a lo largo de un hermosísimo cuero de tigre africano ribeteado y forrado de terciopelo blanco, bordado lujosamente con hilo de oro y se echó su gorra sobre los ojos para disminuir la impresión que la luz del día, reflejada por el mar, hacía sobre ellos». BORGES: «Ese tigre salió directamente del león. Contra errores así, que no están en las gramáticas, el autor está indefenso. También hay otros errores: generalmente se dice propia de su edad para la vejez; y no creo que los tigres africanos existan». Como ejemplos de una frase así, primero metafórica y luego real, propone: «Cagó fuego y se sentó frente a la chimenea»; «cagó fuego y cocinó unos buñuelitos deliciosos».

Comenta algo que leyó en Toynbee[96]. Parece que todos los militares y todos los funcionarios —aun el Gran Visir— del gobierno de los Osmanlíes eran esclavos: niños extranjeros robados. También las mujeres del Sultán, y los futuros maridos de las hijas del Sultán. Estos esclavos eran educados según sus aptitudes, con fines precisos: administración, ejército, justicia. No podían transmitir por herencia ni dignidad ni riquezas. Siempre podían ser condenados a muerte.

Trabajamos en el cuento del Molinero.

Lunes, 25 de enero. Sobre el tiburón que atacó a un muchacho en Miramar, Borges oyó esta frase en un subterráneo; «Lo que me asombra es la osadía del animal, de atacar a un bañista». Señala la palabra osadía, generalmente aplicada para hechos de vida social, y bañista por hombre. «Se ve —agrega— que él nunca piensa ingresar en la categoría de bañista».

Sábado, 30 de enero. Borges oyó por primera vez, en boca de un señor que ganó un premio de traductores —que hablaba un francés mejor que el de Francia, un alemán, un italiano, un inglés de perfección igual y un español también impecable, pero con ligero acento centroeuropeo—, la inesperada palabra tratativas[97], dicha con firmeza y rapidez. La ensayó en Emecé; los oyentes no reaccionaron. Ayer la leí en un manifiesto radical. Recorté el párrafo, para mostrarle el progreso de la palabra que tanto lo alegra.

¿Cómo no se nos ocurrió para un personaje de Bustos Domecq la frase «escribió con letra garabato»?

Jueves, 4 de febrero. Me entero, en Raigal, de que los Cuentos breves y extraordinarios aparecerán en abril.

Domingo, 14 de febrero. Come en casa Borges. Conversaciones.

Miércoles, 17 de febrero. Con Borges, en Raigal, firmamos el contrato para Cuentos breves y extraordinarios.

Miércoles, 24 de febrero. Come en casa Borges. Comento el caso frecuente de personas que nos molestan con el préstamo de un libro, o de una revista en la que hay un artículo, que debemos leer (y que de ningún modo queremos leer), y al mismo tiempo que nos dan ese objeto incómodo nos recomiendan que no lo perdamos y nos piden que lo devolvamos al día siguiente. BORGES: «Es una mezcla de generosidad y de tacañería».

Lunes, 1.º de marzo. Concluí el cuento del lugar en la montaña y de las teofanías[98]; lo imaginé hace años y se lo propuse a Borges, que lo modificó; en colaboración proyectamos escribir un guión cinematográfico con esta idea; el 20 de noviembre pasado resolví escribirlo en su forma original.

Sábado, 6 de marzo. Comen en casa Borges y Pepe Fernández. Silvina nos muestra una revista muy enfática y tonta, pagada por Oliverio Giróndo: Letra y Línea. Quiere escribir algo en contra, lo que nos parece innecesario. Comentando lo que podría decirse, imaginamos un artículo elogioso, por un periodista suburbano, de estilo comercial y anticuado. Después de comer lo escribimos. Pensamos mandarlo a Sur, sospechamos que Bianco no va a querer publicarlo. Resolvemos enviarlo a otra revista, a Buenos Aires Literaria. El lunes convertiremos el artículo en un cuentito y el redactor será el amigo del que produjo milagros en la segunda de las Fantasías memorables. Dejamos a Pepe en Pueyrredon y Santa Fe y a Borges en su casa.

Miércoles, 10 de marzo. Come en casa Borges. Escribimos algunas líneas de la crítica —o cuentito— sobre la revista de Oliverio Girondo.

Sábado, 13 de marzo. Come en casa Borges. En contra del sueño, escribimos la nota o cuentito de Bustos Domecq sobre Letra y Línea.

Domingo, 14 de marzo. Come en casa Borges. Seguimos con la nota sobre Letra y Línea.

Lunes, 15 de marzo. Come en casa Borges. Concluimos el articulito, que titulamos «De aporte positivo[99]» según la frase de uno de los colaboradores de la revista. Silvina empieza a temer las consecuencias de la publicación de este artículo.

Martes, 16 de marzo. A las once y media de la mañana, me encuentro con Borges en el café de Esmeralda y Charcas. Vamos a Losada, a llevar nuestro artículo a un tal Paulino Vázquez, que trabaja allí, y que dirige Buenos Aires Literaria, la revista donde pensamos publicarlo. Cree el señor Vázquez que lo visitamos para averiguar cuándo publicarán en Losada nuestros libros (Las orilleros y El sueño de los héroes); nos dice que de ambos habrá pruebas dentro de quince días. Le damos el artículo; lo lee, evidentemente sin comprender nada, y lo acepta con efusión.

Vamos con Borges a la librería Fray Mocho; el librero se ofrece a encontrarnos un editor para la Antología de la literatura fantástica que hace años publicó la editorial Sudamericana; nos pide ejemplares de Dos fantasías memorables y de Un modelo para la muerte para vender en su librería. Irá el jueves a mi departamento de la calle Santa Fe a buscar veinte ejemplares de cada libro. Con Borges pasamos por el departamento; comprobamos que de las Dos fantasías no quedan veinte ejemplares (tal vez estén en el atelier); separamos treinta ejemplares de Un modelo y cinco de las Fantasías.

Jueves, 18 de marzo. Según Borges, cuando dijo que estaba escribiendo un poema sobre el tango, Etchebarne le replicó con desaprobación: «Silva Valdés tiene uno muy bueno»[100].

Viernes, 19 de marzo. Comen en casa Borges, Peyrou y Estela Canto. A Borges le han dicho que mañana le darán los papeles para irse a Puerto Rico; asegura que se irá en seguida. Está tristísimo: irse de Buenos Aires le parece una desgracia. Los consulto acerca de títulos para mi cuento de las teofanías; todos opinan que «En septiembre» es un título ridículo. Por el problema de improvisar dedicatorias, no doy Homenaje a Francisco Almeyra[101]. Leo, a instancias de Borges y de Silvina, «De aporte positivo».

Sábado, 20 de marzo. Comen en casa Borges y Müller. Parece que Borges tendrá el lunes los papeles para poder viajar; tal vez no vaya a Puerto Rico antes que yo vuelva de Mar del Plata. Muy flaco, con su traje blanco arrugado, quedó en Maipú y Charcas. Sigue consternado por la posibilidad de irse de Buenos Aires.

[Domingo 21 de marzo al lunes 12 de abril, Bioy Casares en Mar del Plata].

Miércoles, 7 de abril. En Mar del Plata. Mi padre me llama por teléfono desde Buenos Aires. Yo le había encargado que averiguara si Borges se iba en estos días a Puerto Rico; si se iba muy pronto, yo iría a Buenos Aires a despedirlo; si no, iría primero a Pardo. Borges consiguió por fin los permisos: sin ellos se sentía preso, etcétera, pero ahora no quiere irse; estar lejos de Buenos Aires le parece un exilio. Cuando tiene los permisos va al consulado de los Estados Unidos y no sólo pide visa para Puerto Rico, sino también para los Estados Unidos; esto demorará quince días; como su pasaje caduca el 7 de abril, cuando tenga la visa —que pudo pedir en Puerto Rico— no tendrá el pasaje: de ese modo logra poner un nuevo obstáculo para el viaje. Su madre dice a mi padre que probablemente Borges no viajará; de hacerlo, no será antes de quince o veinte días; ergo, voy a Pardo.

Lunes, 19 de abril. Busco a Borges y a Ema Risso Platero. En casa está Bianco; mi padre, que tuvo un disgusto de que éste se quedara a comer, se metió en cama (prefiere comer en cama cuando hay visitas molestas).

BORGES (a mí): «Quería hablarte sobre tu cuento del unitario. Es lo mejor que he leído en la vida. Parece imposible que en esta época pueda escribirse así, tan sin énfasis; parece del siglo XVIII —sin ser un pastiche de nada—; si comparo lo que yo escribo con tu cuento, lo mío parece escrito con tizas de colores: todo está lleno de efectos groseros. Ahora parece que nadie puede escribir bien, sino forcibly [vigorosamente], como estúpidamente dijo Jack London que había que escribir. Tal vez no tan estúpidamente: quizá le dijeron que su estilo no era agradable, pero que escribía forcibly y él repitió después que había que escribir así».

Viernes, 23 de abril. Por la tarde, voy a Emecé con Borges. Por la noche, come en casa. Estoy un poco resfriado. Redactamos, sin dificultad, la contratapa para El señor Byculla de Linklater y las noticias sobre este autor y sobre un tal Parker[102].

Lunes, 26 de abril. Come en casa Borges. Escribimos la contratapa de El cuarto gris, de Phillpotts.

Miércoles, 28 de abril. Come en casa Borges. Escribimos una contratapa y una noticia para La muerte toca el gramófono (Qué miseria).

Viernes, 30 de abril. Voy a Emecé, donde propongo, en nombre de Borges, una colección de science fiction. Qué lecturas nos esperan.

Lunes, 3 de mayo. Come en casa Borges. Oímos discos.

Sábado, 8 de mayo. Come en casa Borges. Hablamos de los germanos, de los celtas, de los escandinavos. Dice que está interesado en el origen de los nombres de los días de la semana. «¡Qué maravillosa es la Historia! —afirma—. Pero estudiada así, no como una sucesión de hechos, de reyes y de fechas». Dice que le gustaría estudiar las relaciones entre Alemania y lo germánico; entre Inglaterra y lo germánico.

Martes, 11 de mayo. Come en casa Borges. Le propongo, en broma, un absurdo argumento policial, para Bustos Domecq. Se encuentra el cadáver de un gaucho viejo, conservado en yerba. Se hace propaganda sobre las virtudes matusalenizantes de la yerba. Se descubre que es el perdido Santos Vega. Se le hace un gran entierro, un gran mausoleo. Un detective descubre que es el viejo (italiano) Sangiacomo, asesinado en un baile de disfraces. Cuando intenta revelar la verdad, lo amenaza la sociedad santosveguiana, lo atacan los nacionalistas y aun los demócratas y tiene que expatriarse[103].

Recitamos versos hasta muy tarde.

Jueves, 13 de mayo. Come en casa Borges. Vuelvo a contarle el cuento de Santos Vega; sugiero que convendría que lo escribiera Bustos Domecq. Empezamos a escribir, no demasiado inspirados.

Viernes, 14 de mayo. En Emecé, Borges y Frías. Recibimos una carta de un señor que nos propone su libro para «El Séptimo Círculo»; todo es normal, aun la pesadez y la torpeza de la carta; no así la declaración de que el libro no es una novela, sino la relación de un asesinato cometido por el autor:

Buenos Aires, 11 de mayo de 1954. Señores Jorge Luis Borges-Adolfo Bioy Casares, De mi mayor consideración; Me permito dirigirles estas líneas en su carácter de directores de la serie «Séptimo Círculo» a fin de saber si Uds. podrían aceptar para esa colección mi trabajo original intitulado Crimen profiláctico, cuyos manuscritos sólo tengo que «limar» un poco y pasarlos a máquina. Desde ya aclaro que no se trata de una obra de imaginación, sino de un hecho real, de un crimen super-perfecto que realicé por mi mano en 1946.

La muerte del señor C, jefe del taller metalúrgico de cierta dependencia semi-estatal en ese entonces y que fue para todos una simple defunción natural producida por fiebre tifoidea —lo que fue exacto— se debió a que yo infesté los dos «panecillos de miel» del desayuno del sr. C. en su oficina, mediante una simple inyección de 3 cm3 de gelatina con cultivo de bacilos del tifus. Las razones que me impulsaron a este «crimen científico» están ampliamente expuestas en mi escrito, explayándome en consideraciones filosóficas sobre el crimen y su justificación en casos especialísimos, como éste, de librar a la sociedad de un individuo dañino, perverso, mediocre e inútil. Una medida drástica de profilaxis social en el sentido moral y humano. Mi audacia al ponerme en descubierto de un hecho ocurrido hace ya 8 años me tiene sin cuidado en el aspecto jurídico-legal y policial, ya que nadie lo creerá y nadie puede probar nada. No hay investigación posible. C. murió exactamente de tifus el 7 de abril de 1946 en el Hospital Muñiz y así se extendieron los certificados oficiales de su defunción y, como en todos los casos de defunciones por infecto contagiosas, su cadáver fue cremado. Quedarán posiblemente archivados, en dicho nosocomio, el historial clínico, análisis y demás «tests» de rigor practicados al fallecido enfermo. Creo con esto haber demostrado en forma incontrovertible, pese a todo lo contrario que sostiene la literatura de imaginación, que el «crimen perfecto» es una realidad… Lo otro es un convencionalismo literario por plausibles razones de «moral» corriente… etc…, etc,, etc, que Uds. conocen perfectamente y que no vale la pena discutir ahora. Estimo en consecuencia que Uds,, hábiles buscadores en la emoción estética y artística del crimen (en la obra de ficción a que están habituados a juzgar y elegir), no dejarán escapar mi obra que no tiene nada de ficción, sino la descarnada y artística realidad de un crimen verdadero, cometido por un hombre ilustrado, un ingeniero electromecánico que exploró el campo de la bacteriología durante algún tiempo para llevar a cabo un crimen súper-perfecto, con la precisión matemática de una serie de Taylor… Espero que Uds. me concedan una entrevista para tratar los detalles de estilo… Pláceme reiterarles las seguridades de mi mayor estimación. G. L.

P. D.: 1.º) Si Uds. llegan a creer que se trata de un «bluff» impresionista, inicien discretamente algunas averiguaciones en el hospital Muñiz por el 7 de abril de 1946. Confío plenamente en vuestra discreción. Una obra de arte, superior a la de los Borgia, bien vale más su publicación que andar en emisiones «detectivescas» que no conducirán a nada positivo. 2.ª) En el taller N. de la ex-Corporación de Transportes podrán recoger informes sobre la personalidad de ese canalla que fue G.

Buenos Aires, 11 de mayo de 1954. Señores Jorge Luis Borges-Adolfo Bioy Casares, De mi mayor consideración; Me permito dirigirles estas líneas en su carácter de directores de la serie «Séptimo Círculo» a fin de saber si Uds. podrían aceptar para esa colección mi trabajo original intitulado Crimen profiláctico, cuyos manuscritos sólo tengo que «limar» un poco y pasarlos a máquina. Desde ya aclaro que no se trata de una obra de imaginación, sino de un hecho real, de un crimen super-perfecto que realicé por mi mano en 1946.

La muerte del señor C, jefe del taller metalúrgico de cierta dependencia semi-estatal en ese entonces y que fue para todos una simple defunción natural producida por fiebre tifoidea —lo que fue exacto— se debió a que yo infesté los dos «panecillos de miel» del desayuno del sr. C. en su oficina, mediante una simple inyección de 3 cm3 de gelatina con cultivo de bacilos del tifus. Las razones que me impulsaron a este «crimen científico» están ampliamente expuestas en mi escrito, explayándome en consideraciones filosóficas sobre el crimen y su justificación en casos especialísimos, como éste, de librar a la sociedad de un individuo dañino, perverso, mediocre e inútil. Una medida drástica de profilaxis social en el sentido moral y humano. Mi audacia al ponerme en descubierto de un hecho ocurrido hace ya 8 años me tiene sin cuidado en el aspecto jurídico-legal y policial, ya que nadie lo creerá y nadie puede probar nada. No hay investigación posible. C. murió exactamente de tifus el 7 de abril de 1946 en el Hospital Muñiz y así se extendieron los certificados oficiales de su defunción y, como en todos los casos de defunciones por infecto contagiosas, su cadáver fue cremado. Quedarán posiblemente archivados, en dicho nosocomio, el historial clínico, análisis y demás «tests» de rigor practicados al fallecido enfermo. Creo con esto haber demostrado en forma incontrovertible, pese a todo lo contrario que sostiene la literatura de imaginación, que el «crimen perfecto» es una realidad… Lo otro es un convencionalismo literario por plausibles razones de «moral» corriente… etc…, etc,, etc, que Uds. conocen perfectamente y que no vale la pena discutir ahora. Estimo en consecuencia que Uds,, hábiles buscadores en la emoción estética y artística del crimen (en la obra de ficción a que están habituados a juzgar y elegir), no dejarán escapar mi obra que no tiene nada de ficción, sino la descarnada y artística realidad de un crimen verdadero, cometido por un hombre ilustrado, un ingeniero electromecánico que exploró el campo de la bacteriología durante algún tiempo para llevar a cabo un crimen súper-perfecto, con la precisión matemática de una serie de Taylor… Espero que Uds. me concedan una entrevista para tratar los detalles de estilo… Pláceme reiterarles las seguridades de mi mayor estimación. G. L.

P. D.: 1.º) Si Uds. llegan a creer que se trata de un «bluff» impresionista, inicien discretamente algunas averiguaciones en el hospital Muñiz por el 7 de abril de 1946. Confío plenamente en vuestra discreción. Una obra de arte, superior a la de los Borgia, bien vale más su publicación que andar en emisiones «detectivescas» que no conducirán a nada positivo. 2.ª) En el taller N. de la ex-Corporación de Transportes podrán recoger informes sobre la personalidad de ese canalla que fue G.

Sin duda, se trata de una broma; pero la prolija tontería de este señor impide aclarar el punto. Cabría una novela policial; llega la carta; el asesor, despectivo y con lápiz rojo; la insistencia del estúpido autor; la misteriosa y violenta muerte del asesor.

Lunes, 17 de mayo. Borges celebra mi prólogo a los Ensayistas ingleses. Me cuenta que después de una comida, creo que en Siria, el huésped le dijo a Burton: «Hay una gacela en el jardín», Burton entendió que querían decirle: «Tiene un grano de arroz en la barba». La barba, símbolo de la masculinidad, no podía mencionarse.

Me dice que sigue ocupado con el origen de los nombres de los días de la semana.

Viernes, 21 de mayo. Borges oyó la siguiente conversación, llevada con seriedad sepulcral por los dialoguistas: «Los Robirosa es gente chic». «Ultra». Comenta: «Siempre me asombra que la gente no oiga lo que dice. Empollan un dragón y siguen muy tranquilos. Mira, todo está bien en el diálogo; Robirosa parece algo monstruoso, una especie de enorme flor colorada. Si hubieran dicho Alvear no tendría gracia».

Martes, 25 de mayo. Peyrou oye la frase que un caballero está diciendo a su dama (se refiere a un tercero): «Solía integrar una barrita que teníamos en Caseros». Comento la frase con BORGES: me dice: «llenen la culpa los diarios. “Vi a mi noviecita estacionada (apostada) en la intersección de las calles…”. ¿Qué podría hacerse? ¿Que la Sociedad de Escritores protestara? La protesta sería otro ejemplo de ese estilo».

Sábado, 29 de mayo. Con Borges, empezamos a escribir el cuento del cadáver de Santos Vega (segundo y tercer párrafos).

Domingo, 30 de mayo. Borges me recomienda los cuentos de Galsworthy, reunidos en un volumen titulado Caravan. Encontré Caravan en la librería Pigmalión.

Lunes, 31 de mayo. Con Borges hemos perdido la esperanza de explicar nuestro trabajo como editores, en Emecé; unos creen que somos los dueños de Emecé; otros se refieren a «esas novelitas que ustedes traducen» (frase en que traducen no significa hacen traducir). En cuanto a la confusión de editoriales con imprentas, es universal.

Jueves, 3 de junio. Llama un señor que está interesado en traducir al italiano imaginarios cuentos policiales, que habríamos escrito, para «El Séptimo Círculo», Borges y yo. A la noche estrenan Dias de odio, el film basado en «Emma Zunz»: Borges no va.

Viernes, 4 de junio. Nos despierta Beatriz Guido con malas noticias sobre el estreno de ayer: un público indignado, risueño y aburrido.

Sábado, 5 de junio. Comen en casa Borges, Julio César Gancedo, Beba Pinedo e Hilda Colella. Gancedo es uno de esos tontos blindados que largamente peroran sobre personas aborrecibles sin advertir el desacuerdo de los oyentes. Se especializa, como Borges observó, en la minuciosa anécdota pointless. En el Chevrolet llevo a cada uno a su casa.

Martes, 8 de junio. Come en casa Borges. Escribimos un poco; yo durmiéndome por momentos.

Jueves, 10 de junio. Come en casa Borges. Nos cuenta que los directores de la galería Bonino le pidieron que escribiera unos comentarios sobre lugares de Buenos Aires que Basaldúa ha dibujado[104]; con los comentarios y los dibujos harían ellos un librito; aceptó Borges, pero, como no sabía cuánto cobrar por el trabajo, consultó con Mujica Lainez, Éste le dijo: «Quinientos pesos». Borges aceptó esa opinión y, sin pensar más, se fue a la galería Bonino a cerrar el trato. Cuando se encontró frente a esa gente, sintió que no podía decir: «Quinientos pesos», «bajó un escalóncito» (sus ipsissima verba) y dijo: «Cuatrocientes». En seguida comprendió su error. Le ofrecieron cigarrillos y whiskie y le dijeron que era evidente que él quería cooperar en la obra, etcétera. Borges me pidió que no le contara a su madre la parte de Mujica Lainez; él le refirió las cosas así: «Fui a lo de Bonino y les pedí cuatrocientos pesos, ni uno menos. Aceptaron».

Mi padre vio Días de odio; encontró bueno el film y lo pondera. Le muestro a Borges Buenos Aires Literaria con «De aporte positivo», el artículo de Bustos Domecq contra Letra y Línea. Impreso, el artículo me pareció mucho mejor. Pienso que alguno de esos Vasco y Vanasco que mencionamos puede llamarme para insultarme[105]. ¿Qué actitud tomar si llama y dice: «Soy Vasco y lo mando a la gran puta»? Durante la comida estoy incómodo con esas cavilaciones. Ser fatalista, me digo, ser siempre fatalista. Después escribimos con Borges un párrafo para el cuento de Santos Vega.

Sábado, 12 de junio. Comen en casa Borges y Angélica Ocampo. Con Borges trabajamos en el cuento.

Jueves, 17 de junio. Come en casa Borges. Escribimos el nuevo cuento de Bustos Domecq.

Sábado, 19 de junio. En la librería Michell’s me encuentro con Borges.

Domingo, 20 de junio. Parece que en el bar Edelweiss, Girondo y su grupo discutieron con un tal Viñas y otros, con motivo del artículo que publicamos en Buenos Aires Literaria (Girondo es el secreto director de Letra y Línea, la revista atacada en nuestro artículo). Los ánimos se exaltaron, Viñas arrojó una botella contra Girondo y rompió en tres partes la pierna sana de un señor que tiene una pierna de palo[106].

Borges fue a dar una conferencia a Lomas de Zamora. A su sobrino Miguel, que lo acompañó, le mostraron una carta manuscrita, de puño y letra de Payró; no, de la señora de Payró. BORGES: «Qué raro que un señor como Payró ya sea un hombre célebre».

Me habla de un malevo Iberra, a quien le gustaba disfrazarse: «¿Como no les va a gustar el carnaval? La idea que tendrán del cielo será el corso de Lomas». Yo había oído Ibarra y creía que a Néstor le gustaba disfrazarse. BORGES: «Seguramente. Se ha de pasar todo el año esperando el carnaval».

Comentamos que algunas personas necesitan —como hacer el constitucional para desintoxicarse— protestar, mandar telegramas colacionados, participar de comisiones, etcétera.

Me asegura que Peyrou quiere que José Luis Lanuza renuncie a la presidencia de la SADE por una idea general de que es «un petiso pretencioso».

Sábado, 26 de junio. Come en casa Borges. Procuramos seguir con el cuento; yo me duermo entre frase y frase.

Lunes, 28 de junio. Come en casa Borges. Escribimos alguna página del cuento, Borges me habla de Francis Bacon: la Venatio Panis, el Abecedarium naturae, etcétera.

Viernes, 2 de julio. Come en casa Borges. Escribimos algún párrafo del cuento, pero yo me duermo.

Sábado, 3 de julio. Busco a BORGES: lo encuentro demacrado, flaco, con los ojos desorbitados; dice que le duele la espalda. Cuando quiero hablarle de sus males, me habla de nuestro cuento. En casa escribimos hasta las diez menos diez. Come también con nosotros Margarita Bunge; pálida, cadavérica, tímida; entiende todo al revés; tiene mucho respeto por la vida literaria y elogia a los peores autores.

Con Borges enumeramos libros nuestros que esperan en editoriales. En Emecé: Suma de Johnson, con notas mías; Suma de sir Thomas Browne, con notas de los dos; Agudeza y arte de ingenio de Gracián, con prologo mío y notas de ambos[107]; Antología de la poesía española, selección de ambos; Antología de la poesía hispanoamericana (a medio hacer), selección de ambos. En Claridad; el Libro del cielo y del infierno, antología seleccionada por ambos. En Fondo de Cultura Económica: Los Gauchescos, biblioteca completa de las obras de Hidalgo, Ascasubi, Estanislao del Campo, Hernández y Lussich, más un texto anónimo («Historia de Pedro Moyano») sacado del libro de Ventura Lynch, anotado y prologado por ambos. En Losada: Los orilleros: dos films, el del título y El paraíso de los creyentes, escritos en colaboración. En Raigal: Cuentos breves y extraordinarios, selección, traducción y prólogo de ambos.

Borges recuerda un diálogo mío con Losada; éste me dijo, refiriéndose a Los orilleros: «Ese libro queda postergado, postergado», como si el hecho no dependiera de él, sino del destino. Borges se pregunta si Losada tendría conciencia de que en ese momento era un gran escritor.

Después de comer dejamos en su casa a Margarita y vamos al velorio del padre de Bernárdez. Entramos por un largo corredor, oscuro y sin techo; en un patio hay unas pocas personas; el único conocido es Nalé Roxlo. No está Francisco Luis Bernárdez, ni su hermana Aurora. Hace mucho frío. Silvina en seguida quiere irse. Veo, en un cuarto, en una cama, una vieja pálida y despeinada: la mujer del muerto. Borges después comentó: «Mort de quelqu’un[108]», No era un muerto determinado: era cualquier muerto, todos los muertos, un promedio. No había más que objetos simples: bancos, piedras, maderas. Nos contaron que el muerto tenía fábrica de cigarrillos. Eran cigarrillos sin nicotina, llamados inofensivos: con ese título tan poco osado, nadie los compraba. Cuando uno los visitaba a la tarde, le daban una taza de café con leche, un pan y un atado de cigarrillos.

Lunes, 5 de julio. Come en casa Borges. Trabajamos en el cuento.

Miércoles, 7 de julio. Come en casa Borges. Quedo bastante preocupado por su aspecto: tiene continuos dolores, está pálido, parece enfermo. Trabajamos en el cuento.

Viernes, 9 de julio. Come en casa Borges: no escribimos.

[Sábado 10 de julio al miércoles 24 de noviembre. Bioy Casares en Europa].

Martes, 30 de noviembre. En Buenos Aires. Come en casa Borges. Retomamos el cuento de Santos Vega.

Borges mira dormir a mi hija Marta (de cuatro meses y medio) y comenta: «Su actividad mental será superior a la de Oliverio Girondo, a la de Aristóteles».

Miércoles, 1.º de diciembre. Corrigiendo pruebas de Los orilleros y El paraíso de los creyentes. Pierre Chenal, director de cinematógrafo, está leyendo El paraíso de los creyentes.

Lunes, 6 de diciembre. Con Borges, a la noche, trabajamos lúcidamente en el cuento de Santos Vega.

Martes, 7 de diciembre. Llama Borges y me felicita por El sueño de los héroes, al parecer sinceramente. Me cuenta la lectura de Manucho de unos apuntes para una novela en preparación: «No parte de una situación o de unos personajes. Parte de una situación que no es nada. Por ejemplo, una vieja que vive sola en una quinta. Después agrega episodios que le divierten, homosexualidad, porque es moderna (?), algunos muchachos que él conoce, la historia de ese príncipe portugués que fue al baile y que nadie se le acercaba porque no sabían cómo tratarlo, si de Alteza, Monseñor o Señor y que al final se quebró ese hielo y conoció le tout Buenos Aires. Yo creo que escribe novelas porque es chismoso. Después el lector se pregunta lo que quiso decir el autor, y es precisamente lo que el autor nunca supo».

Comenta también: «La gente dice que la Historia de la filosofía (¡o el Diccionario!) de Ferrater Mora es buena porque en ella figuran las filosofías de España y de la América Latina. Es una idea muy casera: buscan a Francisco Romero y lo encuentran. Es como si se alegraran de encontrar en una enciclopedia de medicina a la Madre María… La gente que elogia a ciertas Historias de la literatura en diez tomos, diciendo: “todo está” y “el autor lo sabe todo”, suelen señalar, en la misma frase, que hay un volumen suplementario sobre la literatura nacional, escrito por Giusti u otra autoridad indígena. Es como una fotografía a la que le pegaran un pedazo para añadir personas que no salieron, o un cuadro alegórico al que se le agregaran, para exponerlo en Buenos Aires, las figuras de San Martín y de Belgrano, Ha de haber una edición bantú, con un tomo sobre la literatura bantú, firmado por una autoridad caníbal, desnuda y retinta».

Miércoles, 8 de diciembre. Vocos Lescano ha dicho: «Hay que escribir el poema o el cuento fenómeno, o dedicarse a los negocios y tener un Cadillac en la puerta». Borges comenta: «El Cadillac es lo que quiere y la palabra fenómeno lo traiciona. O, tal vez, esa palabra fenómeno revela, tan sólo, que últimamente ha frecuentado a chicas bien».

Sábado, 11 de diciembre. Come en casa Borges. Proseguimos con el cuento de Santos Vega, al parecer inspirados. Me habla diariamente del Sueño de los héroes, «Es un libro lindísimo», asegura, después de largos comentarios que yo no busco.

Sábado, 18 de diciembre. Un oculista dijo a Borges que advierte debilidad en la retina del ojo que ve. Si esa retina se desprendiera, Borges quedaría ciego. Con las úlceras y con esta amenaza, el pobre Borges está pasando un mal período. Recuerda los consejos de un peluquero Trientino, de la calle 25 de Mayo: «Para la úlcera lo principal: usted se prende de la leche como si fuera Rómulo y Remo. Las inyecciones no sirven para nada porque usted no va a tirar la plata en farmacia y más bien lo manda al facultativo a la puta que lo parió. En vez, compre en el Paseo de Julio una faja de campesino que le dé muchas vueltas y tiene caliente la panza. De vez en cuando, su cafecito, una raviolada, una copa, porque usted no tiene por qué ser el esclavo de los hijos de puta».

Me cuenta que en la conferencia (Sospecha sobre Borges) que dio en casa de Susana Bombal, ésta lo interrumpió no menos de cinco veces para cambiar de colocación la mesa («que, aunque no era inmensa, tampoco era mínima, y dio algún trabajo»), para ponerlo en la cabecera («tal vez por una idea de que debía recibir el sitio de honor, o para lograr alguna simetría, porque le han dicho que nadie arregla como ella los muebles»); para traerle una jarra con agua; para llenarle el vaso. BORGES: «Según una ficción, cuando una persona habla, las cosas que dice son interesantes y la realidad desaparece; Susana no cree en eso».

Lunes, 20 de diciembre. Peyrou insiste en que la comida en honor de El sueño de las héroes sea «en un bolichongo, donde pueda uno ponerse en mangas de camisa», Borges comenta: «El deseo corresponde a nostalgias anacrónicas. Hace un tiempo sentíamos nostalgias por el arrabal, porque la civilización lo iba corriendo; ahora ¿quién puede sentir esas nostalgias? El arrabal llega a la plaza San Martín y el bolichongo se está metiendo en nuestra propia casa».

Jueves, 23 de diciembre. Borges fue al cinematógrafo y casi no vio nada. Elizalde, un oculista, le dijo que el desprendimiento de retina ya se produjo; que hay que operarlo; que si no lo operan quedará ciego dentro de un año; que si lo operan tiene tantas probabilidades de conservar y mejorar la visión como de quedar ciego. Mañana lo acompañaré a ver al doctor Malbrán.

Escribimos una contratapa para Emecé (Blando por dentro, de un tal Eric Warman). Me pregunta qué sé de Thomas Reid. «Nada», le digo. Me explica que es el principal representante de la Common Sense School que refutó a Berkeley y a Hume; Borges se pregunta cuál es el argumento de Reid y sospecha haberlo descubierto[109]: «Di en La Plata una conferencia sobre Berkeley y a Hume. Cuando volvía en el tren pensaba en los argumentos que había explicado y, de algún modo, they didn’t ring true to me. Según ellos detrás de una serie de sensaciones están —improvisamos— los objetos; en base a una serie de emociones improvisamos el yo. A mí no me parece que eso sea verdad; no creo que primero veamos una convexidad, un color amarillo, una rugosidad y que después lleguemos al limón. Me parece que primero vemos un limón y después lo analizamos. La teoría del conocimiento de Berkeley y de Hume es ingeniosa, pero falsa. La de la Common Sense School debe ser la de ver primero el limón y después llegar a sus caracteres; no tiene nada que la recomiende, salvo la verosimilitud. El hecho de que un chico se llame a sí mismo nene no es un argumento; para el chico nene es su nombre. Cuando explicamos la teoría del conocimiento de Berkeley sentimos que es falsa».

Viernes, 24 de diciembre. Con Borges y su madre voy al consultorio de Malbrán. En cierto modo, buenas noticias: el desprendimiento no llega a ser tal; es como un desgarramiento; la operación, de poca importancia, calificada de profiláctica, no entrañaría muchos peligros. Borges se había pasado quince o veinte días sin hablar de lo que estaba ocurriendo en sus ojos; sin consultar a un médico; pienso que de terror de volver a empezar la pesadilla de los sanatorios y de las operaciones.

Después que Elizalde le dio brutalmente su terrible noticia, Borges anduvo con entereza, bromeando como siempre y pensando mucho las amigas se sentían las protagonistas de este episodio de su posible ceguera. Todas querían acompañarlo al oculista. Cuando yo argumentaba:

«No podemos ir en caravana; va a parecerle una pesadilla», cada una estaba de acuerdo, pensaba que las otras estaban de más, que sólo ella debía ir, porque era la gran amiga.

En el consultorio, Borges refiere que tiene seis generaciones de cataratas. Su madre me cuenta que el padre de Borges tenía los ojos oscuros; que cuando Borges nació —ochomesino—, el padre ansiosamente le miró los ojos; al ver que eran claros, exclamó: «Está salvado. Tiene ojos claros. Heredó mis ojos». Heredó la claridad de los ojos de la madre y la enfermedad de los ojos del padre. Aprendió a leer en inglés. Un día, teniendo ocho años, la madre le preguntó qué decían las letras de una etiqueta de un frasco de dulce Cross & Blackwell; la etiqueta era blanca; las letras, doradas. Borges contestó: «No dice nada. Es un papel blanco». La madre, aterrada, lo llevó a ver a un tal Molard, que era el gran oculista de aquellos años. Molard dijo: «Este niño tiene cataratas incipientes».

Cuando salimos, emocionados y aliviados, llueve a cántaros. Borges ve todo rojizo, y muy poco.

En el viaje de ida, por distracción casi choqué contra otro automóvil. Un sacudón podría dejar ciego a Borges. Me sentía enfermo de disgusto.

Sábado, 25 de diciembre. Visito a Borges.

Lunes, 27 de diciembre. Borges pasa un día bastante malo, con náuseas (peligrosas para él, por la retina).

Martes, 28 de diciembre. Malbrán encuentra mejor a Borges. Antes de resolver la operación, prolonga por una semana el periodo de descanso. Tomo té en casa de Borges: me obligan a comer muchos scones.

Borges me refiere que para Martin Buber son presentes los momentos que están ocurriendo o que han ocurrido, en que hay encuentros con alguien, con algo (momentos en que siente una presencia): diálogo yo-tú; son pasados los momentos que están ocurriendo o que han ocurrido en que no hay encuentro: yo-lo. La idea procede, según Borges, del deseo de encontrar una filosofía judía; de pensar sobre el encuentro de Moisés con Dios; de ahí, la importancia del diálogo.

Hablamos de El sueño de los héroes. Opina que el barrio de Saavedra, en el tiempo de mi novela, era más cimarrón. Me pregunta si he preparado «a few, well chosen words».

Viernes, 31 de diciembre. Silvia Casares, que habló con Malbrán, me comunica noticias poco esperanzadoras sobre los probables resultados de la operación. Visito a Borges.


Sábado, 1.º de enero. Contra tapas para «El Séptimo Círculo». Visito a Borges. Le digo a su madre que, si Borges quiere ir a los Estados Unidos, me ofrezco para acompañarlo.

Borges me cuenta que Margarita Bunge le dijo: «Usted tiene que pensar que si pierde el ojo, pierde muy poco. Lo importante es usted, no su ojo». BORGES: «Qué falta de imaginación. O qué fe en el pensamiento. Bueno, los estoicos parecen creer lo mismo. Dicen: “El hombre virtuoso es feliz y no se preocupará de lo que le pasa”. O tal vez todo eso equivalga a decir que mientras uno piensa en una cosa no puede pensar en otra; que mientras uno piensa en una de esas frases no puede pensar en su desgracia. Lo mismo sería decir: Babebibobu. En Alice in Wonderland hay un personaje que dice: “piense que está sentado, piense que tiene piernas, que tiene cuerpo, y no pensará: soy desdichado”»[110].

Sobre el comunismo, dice: «A la gente le gusta, porque les da un carácter y un grupo de amigos. En cuanto a las opiniones, también las dan desde Moscú, y como esas opiniones cambian según los momentos, nadie se aburre».

Lunes, 3 de enero. Visita a Borges: Silvina, Mastronardi, Victoria.

Martes, 4 de enero. A las cuatro y media, con los Borges en el consultorio de Malbrán. Mientras lo revisan, la madre me cuenta que, después de una operación, Borges dio un grito porque desde su cuarto vio el número 10 de un tranvía que pasaba por la calle Quintana: «¡Madre, veo el 10!», Cuando vió por primera vez las estrellas, dijo: «¡Cuántas estrellas!»; la noche siguiente, con tristeza: «No creo que la operación dé gran resultado; ya no veo las estrellas». No había estrellas esa noche.

Luego de doce años de ceguera, el médico preguntó al padre de Borges, ya operado: «¿Qué ve?», «las manos de Leonorcita». «Ahora mire para arriba, vea la cara».

Malbrán anuncia que lo operarán el jueves. BORGES: «Mejor que me operen. Estoy viendo muy mal».

Jueves, 6 de enero. Silvina y yo buscamos a los Borges a las ocho menos cuarto de la mañana. En el sanatorio hay signos de que operarán a Borges hoy mismo. Entra una enfermera y pregunta: «¿Ya lo premedicaron?». A continuación, la misma enfermera, un médico brusco, una inyección.

Borges vuelve a decirme que va a escribir sobre mi libro[111]; lo compara con Don Segundo Sombra. Es el mismo mito; pero como hoy puede escribirse. Habla también del mito de la pelea a cuchillo y de la desilusión que tuvo cuando comprendió que sus antepasados habían peleado con sables y con lanzas.

Me cuenta de un payador de Lomas de Zamora, al que oyó con un señor Castro y con un doctor Fonrouge; dijo el payador:

Y yo que apenas me arrastro

saludo a Felipe Castro

y también con mucho orgullo

saludo al doctor Fonrullo.

La operación duró unos cuarenta minutos. Malbrán me dijo: «Este hombre va a andar bien». La madre de Borges se echó a temblar.

Sábado, 8 de enero. Borges ve: vio ayer la mano de Malbrán; a través de la ventana, percibe la luz.

Domingo, 9 de enero. Por la mañana, vamos con Silvina a visitar a Borges: está dictando un poema sobre Cervantes[112]. Lo visito otra vez por la tarde.

Lunes, 10 de enero. Por la mañana estoy con Borges y con Delfina Mitre.

Martes, 11 de enero. Borges me refiere sueños que se repiten: desciende por una caverna o por un cilindro vertical; en las paredes hay puertas de bronce, cerradas; a medida que él desciende, la oscuridad aumenta. Otro sueño: camina por los alrededores de La Plata, entre casitas con corredor (veranda, dijo), cerradas; él va hundiéndose en el barro; la penumbra se acentúa.

Viernes, 14 de enero. Borges ha pasado una noche bastante mala. Voy a visitarlo; están Fernández Latour y César Dabove. Hablan de un tal Pancho Posse que, para dar un espectáculo a unas visitas, soltó en su estancia cuatro caballos incendiados, que corrieron profiriendo gritos. Comentan la progresiva mansedumbre del país: en el 90 la gente cazaba vigilantes; éstos, desesperados, preguntaban (como los judíos) el motivo: «¿Por qué nos matan?», Dabove —o Fernández Latour— habla de un gobernador Martínez de Hoz, que se atrincheró en La Plata contra un posible ataque del gobierno central; el jefe de las fuerzas explicaba: «Por aquí no pueden entrar porque tenemos el piquete; por aquí tampoco porque están las ametralladoras; etcétera». Martínez de Hoz preguntó: «¿Y por esta calle?». «No —le contestaron—, por esa calle no, porque es contramano». Borges imagina a un hombre perseguido por un oso que de pronto empieza a gritar, para detenerlo: «¡Contramano! ¡Contramano!».

Sábado, 15 de enero. Visito a los Borges.

Domingo, 16 de enero. Visito a Borges antes del almuerzo. Están Peyrou, César Dabove, Margarita Bunge, Adela Grondona.

Lunes, 17 de enero. Vamos con Silvina a Galería Bonino. Aparece Mujica Lainez, que opina, bromea y, mirándose en el espejo, declara que esta mañana está particularmente contento consigo mismo. Cuando nos retiramos, pregunta: «¿Adónde van?». BIOY: «A ver a Borges». Mujica Lainez: «Los acompaño si me invitan a almorzar». Visitamos —los tres— a Borges. BIOY: «Alicia Jurado sigue llamándome para venir, conmigo, a visitarte. ¿Qué hago?». BORGES: «Postergarla».

BORGES: «Mallea tiene el secreto del error para elegir nombres para personajes de novelas; cree que los nombres son infinitos, que puede poner Gúmez en vez de Gómez. He descubierto que la repugnancia contra ciertas asociaciones de letras cacofónicas proviene de una costumbre visual; si uno no ve las palabras, sin dificultad pronuncia un final con s seguido de un comienzo con s». Advierto que Manucho no ha oído hablar de estas minucias: despreocupado de la s, serpiente del jardín del poeta, llamó Lucio Sansilvestre al único personaje con apellido de Los ídolos.

Martes, 18 de enero. Hablamos de Dickens, por teléfono, con Borges. Éste se refiere a la superstición de su familia con respecto a Bleak House, cuando alguien lo lee, alguien muere: «¿Qué se podría hacer con eso en un relato? Tal vez mostrar el sorpresivo odio de un personaje por otro; tal vez, el último consuelo de un tirano en el destierro. Unas personas que viven en Inglaterra, exóticas por la bebida que toman y por ciertas mantas: Rosas disponiéndose a leer, echa una extraña mirada sobre su querida hija o sobre su noble amigo el doctor X. O un tirano antiguo, pomposamente nombrado Hijo del Trueno, Hermano del Sol, etcétera, furtivamente echa mano al libro en un momento de descuido de su esclavo».

Llegan nuevas pruebas de Los orilleros y El paraíso de los creyentes.

Miércoles, 19 de enero. Visito a Borges. Me dice que ha descubierto que algunas comparaciones con flores llevan otra comparación implícita; en su poema sobre la batalla de Junín[113] en que se compara la batalla con una rosa:

… para él había florecido esa rosa:

la encarnada batalla de Junín.

¿Qué otra comparación hay implícita? Con una mujer. BORGES: «Parece vanidoso citar unos versos míos, ha de haber miles de ejemplos, sólo se me ocurre éste. Cuando el poema habla de “los días que uno espera olvidar, los días que uno sabe que olvidará”, aludo a los días que pasé en el sanatorio; cuando digo “había florecido esa rosa”, celebro el amor con Margarita Guerrero».

También me refiere un proyecto de poema; Dante ve en una jaula, en Florencia, una onza o leopardo; después la describe en el comienzo de la Divina Comedia. La cautividad de esa onza sería para que el animal entrara en el poema; tal vez, en un sueño olvidado, como una brusca iluminación podrá llegar a la onza la revelación de su destino (la justificación de su cautiverio); del mismo modo, tan secreta e incomprensiblemente como para la onza el destino en el poema, para Dante, la Divina Comedia y todas las penas de su vida, habría un destino más alto[114].

Jueves, 20 de enero. Visito a Borges. De vuelta en casa, corrección de pruebas de Los orilleros.

Viernes, 21 de enero. Visito a Borges.

Domingo, 23 de enero. Corrijo El paraíso de los creyentes. Encuentro que hay escenas demasiado breves; casi abruptas. Creo que en la imprenta han omitido alguna línea del original. Cotejo los textos: son iguales. Visito a Borges.

Lunes, 24 de enero. De doce a una visito a BORGES: en general, no encuentra indispensable introducir correcciones, como yo temía, en varias escenas de El paraíso de los creyentes. Corregimos algo, me da un ejemplar de Labyrinthes[115], afirma que Clemente, al revisar sus obras (de Borges) para Emecé, acepta cualquier cosa —aun frases con erratas flagrantes— y que Dondo se ufana de poseer la colección completa de las plaquettes de Molinari.

Martes, 25 de enero. A la mañana, diligencias y visita a Borges: mejora de la vista y empeora de las úlceras. Malbrán le ha permitido que se saque las vendas, que se siente en la cama, y aun que se levante un rato; el período de quietud y de ceguera ha concluido; ya se habla de la próxima operación de las úlceras.

Miércoles, 26 de enero. Visito a Borges. Silvina me comunica que los análisis de Borges revelan que las úlceras están mal y que hay que operar cuanto antes. Me dice también que la madre de Borges me llamó hace un rato, desesperada. Silvina opina que Borges debería consultar con Beretervide. Le pido que llame a la madre, le proponga eso; que en caso de aceptación, hable con Beretervide y le pida que examine a Borges antes de irse a Mar del Plata.

Jueves, 27 de enero. Visito a Borges. Me dice que los norteamericanos no saben ser realistas. Pueden ser románticos, como Poe, pueden ser Melville, Hawthorne o Faulkner, pero cuando quieren ser realistas no son convincentes y son sentimentales. Cuando quieren ser muy duros —ser Hernández o Ascasubi— se vuelven indefectiblemente lacrimosos. Practican el sob-stuff…, la dulzura de Nervo. Hay una vasta zona intermedia casi inexplorada. La acumulación de horrores debe Imponerse como en una pesadilla (así, el final de Gulliver, con los yahoos cagando desde arriba de los árboles[116], así Faulkner); en Tennessee Williams la acumulación de horrores parece deliberada y no oculta el sentimentalismo.

BORGES: «Nuestro mito es la pelea a cuchillo. En Estanislao del Campo está muy de paso; en Hidalgo no está; tal vez tampoco en Ascasubi. No pusieron pelea a cuchillo y se jodieron. Hernández la puso y los jodió. Los uruguayos inventaron un duelo a caballo, con lanzas; ha de ser decorativo, como un torneo, pero uno siente que es un pretexto para no pelear a cuchillo, un hombre contra otro, que es la verdad, the real thing. En tu libro esa pelea salva a todos, incluso al doctor Valerga. Está bien que sea Valerga contra Gauna y que los muchachos no intervengan. La pelea de Fierro contra la partida no se cree; Vicente Rossi dijo que los soldados de la partida son como actores, que pelean sucesivamente, para que se luzca Martín Fierro[117], La batalla de Chacabuco, todas las guerras con lanzas y cargas de caballería, los cuatro años de guerra del Brasil, satisfacen menos que un duelo a cuchillo. Qué raros son los mitos: inexplicables. Así eran los piratas para Stevenson. Tuvo que ponerlos —si no tenía los tricornios y el sable de abordaje no estaba satisfecho— en el Master of Ballantrae, lo que es absurdo». Había también de un capítulo que habría que agregar al Quijote, un capítulo que Cervantes cuidadosamente evitó: Quijote se pasa la vida peleando, pero no mata a un hombre[118]. ¿Qué pasaría si matara a alguien? ¿Enloquecería del todo o se curaría de la locura? ¿O entendería que su locura fue simulada? Sancho se entusiasmaría; le diría que ha matado a un caballero de nombre impresionante; Quijote, con tristeza, le replicaría que no, que mató a su vecino fulano de tal, hijo de tal y casado con tal; y que haberlo matado es horrible. No habría que escribir ese capítulo con afectación arcaica —diz que, etcétera—; a Cervantes no le interesaban esas cosas; habría que escribirlo lisamente.

Dice que los germánicos (los escandinavos) no tenían la obsesión de su cultura; en Normandía se hicieron franceses; en Inglaterra, ingleses. Los ingleses siguen con esa tradición: no quieren imponer su cultura. Tienen Cultural Inglesa porque todos los países tienen instituciones así; pero cuando él habla en ella a nadie asombra que diga que lo mejor de Chaucer viene de Italia; en cambio en una institución francesa está mal visto no enfatizar el lado francés. Tal vez inspirados por la Germania de Tácito, los alemanes, que no saben casi nada de su mitología ni de sus orígenes, se aferran a la idea del germanismo. Es bastante patético: ellos, que fueron el campo de batalla en que se encontraron todos los ejércitos del mundo, la encrucijada, el quilombo del mundo, hablan de raza pura. Va a preparar un libro de estudios medievales: ocho dantescos, ocho germánicos, alguno sobre el Mabinogion.

Vuelvo a visitarlo, con Lucio García. Lo revisa: no hay que operar ahora las úlceras y no es urgente operarlas.

Viernes, 28 de enero. En casa de Borges, con Lucio.

Domingo, 30 de enero. Visita a Borges. Me habla del patético destino de un tal Thorkelín, erudito danés que dedicó su vida a tareas equivocadas. Borges dictó a su madre una nota sobre Thorkelín[119] para el libro de estudios germánicos.

Lunes, 31 de enero. Paso por lo de Borges. Le entrego los dos mil pesos de Emecé (mil de pago de deuda, mil de sueldo; cada uno recibe dos mil por mes). Comentamos el tema de la tesis de Alicia Jurado, para su doctorado en ciencias: la descripción de los molares de una familia de roedores (que incluye los cuises), según su distribución geográfica; parece ser que primero había pensado escribir sobre los incisivos, pero descubrió que éstos eran poco diferenciados; luego eligió otro tema, las protáceas, árboles de aquí, de Australia y de otras regiones. BORGES: «Qué humilde. Trabaja para personas conjeturales (que un día conjetural aprovecharán también sus trabajos). Habría que decirle: “And so what” o “Enton” (pronunciar entó: con una n portuguesa, casi muda, después de la o), como Xul. No hay enton».

Martes, 1.º de febrero. Visito a Borges.

[Miércoles 2 de febrero al lunes 4 de abril. Bioy Casares en Mar del Plata].

Sábado, 5 de febrero. En Mar del Plata. A la tarde, después de una leve siesta, hablo por teléfono con Borges: me dice que está mejor y que el Fondo de Cultura Económica ha publicado el primer volumen de nuestros Gauchescos.

Martes, 8 de febrero. Puede uno comprar jamón crudo, cocido, glacé, o tiernizado. Un personaje de Bustos Domecq, palpando a una señora, acaba por tiernizarla.

Sábado, 19 de febrero. En Mar del Plata. Hablo por teléfono con Borges. Dice que está mejor. Ha leído, con su madre, el capítulo sobre los germanos, de Gibbon[120]; está escribiendo ensayos para la parte germánica de su proyectado libro de estudios medievales.

Domingo, 27 de febrero. En Mar del Plata. Llamo a Borges. Me dice: «He leído algo extraño sobre el misterio de las inscripciones rúnicas. Hay misterio porque las inscripciones no tienen sentido. Para esa gente las letras eran signos con poder mágico; adornaban los objetos con letras, sin preocuparse de formar palabras».

Martes, 15 de marzo. En Mar del Plata. Llamo por teléfono a Borges: está mejor. Me dice: «¿Has oído hablar del pintor Capristo? Apareció un animoso sobre él» como descripción del pintor no creo que sea exacta:

Cuernos de cabra en la frente,

barba redonda a lo Cristo.

En la mano, su paleta.

«¿No será el pintor Capristo?».

(Desde hace un tiempo Borges improvisa animosos; poemas de un vago país del Norte de Sudamerica o de Centroamérica).

BORGES: «Clemente tiene pocas luces. Trabaja mucho, sin entender nada. Publicó Evaristo Carriego con muchas erratas. Por ejemplo: hay un capítulo que se titula “Las misas herejes”, el artículo con L mayúscula y las demás palabras con minúscula. En cambio, “Historia del tango”, que era el prólogo a la antología de Benarós, aparece, majestuosamente, con tres mayúsculas».

[Martes 5 al domingo 24 de abril. Bioy Casares en Pardo].

Miércoles, 27 de abril. Hablo con Borges. Le digo que Mastronardi ha escrito una nota sobre El sueño de los héroes[121], amistosa y efusiva, en que cada una de las frases expresa, de un modo preciso, pensamientos sutiles, pero que, sin embargo, yo no creo que ni mi padre, que tiene tan buena voluntad para todo lo concerniente a mí, podría leerla con interés; que hasta yo me he aburrido leyéndola. BORGES: «Esa manera de escribir es como una burla contra todo: contra el tema, contra el lector, contra la literatura, contra él mismo. Es como si no escribiera. Como sí a manera de comentario sobre un libro, Mastronardi hiciera laboriosamente un caballito de ajedrez, o un quiosco, o un mingitorio. Uno no sabe qué relación puede tener ese quiosco con el libro comentado». BIOY: «Cuando uno descubre que tiene relación, que se refiere inteligentemente al libro, queda maravillado; pero como sistema de expresión es un fracaso. Realmente, Mastronardi escribe en un espléndido aislamiento». BORGES: «En que no escribe. Está en su rincón y habla solo. O no habla solo: hace morisquetas».

Cuenta: «Con mis padres y Mastronardi fuimos al estreno del Circo de Chaplin. Cuando entramos, la orquesta se puso a tocar el tango El entrerriano. Mastronardi le susurró a Padre: “Nos han reconocido, doctor”». El padre de Borges y Mastronardi eran entrerrianos.

Jueves, 28 de abril. Come en casa Borges. Me trae los dos tomos de los Gauchescos, que aparecieron en México, y un ejemplar de Marcha de Montevideo, con una crítica muy elogiosa de Rodríguez Monegal, sobre El sueño de los héroes[122]. Me habla de mi libro: «Ahora que the cat is out of the bag, ¿sabes lo que dijo Margarita Bunge? Bueno, me preguntó si yo creía que la vida de esos muchachos, Gauna, Maidana, etcétera, que pasaban tres noches emborrachándose por Villa Urquiza, Flores y el Bañado de Flores, era una vida sana». Comentamos el extraño requisito de una vida sana para los personajes de una novela. Cuenta que Margarita, a su vez, está escribiendo una novela y que, según ella, hace muchas concesiones: «Habrá comprendido que sin concesiones no hay novelas. Imagínate esos personajes que se levantan temprano, engullen una sopa de Quacker, hacen gimnasia, no cometen imprudencias, se acuestan a las diez…».

Hablamos de una carta de Ulyses Petit de Murat. La lee. Dice que ha recibido otras y que las ha leído en el dolor de saber que nunca las respondería; que esa persona siente ese impulso de amistad, y que eso tiene un valor, aunque mientras tanto lo estuviera traicionando.

BORGES: «Una vez que exclamé, embelesado: «Good night, sweet prince[123]». Haydée [Lange] me contestó: «I hope you don’t like that. Shakespeare debía estar completamente idiotizado cuando escribió la línea».

Convenimos en seguir escribiendo el cuento de Bustos Domecq que quedó interrumpido por su enfermedad.

Domingo, 1.º de mayo. Comen en casa Borges y Estela Canto. Cuenta esta última la conversación que ella y Beatriz Guido tuvieron con Silvina Bullrich. Según Estela, Beatriz habría dicho frases como: «La gente dice que me tenés envidia. Yo digo que no hay razón para que me tengas envidia. Te has casado con un hombre rico, tu libro tuvo éxito, fuiste a Europa. ¿Por qué me vas a tener envidia? ¿Porque soy más joven?». Según Borges, ni Beatriz ni Silvina hablaron en ese tono ni se mostraron agresivas; todo eso estuvo a cargo de Estela.

Después de comer, Borges y yo retomamos el cuento de Santos Vega.

Miércoles, 4 de mayo. Come en casa Borges. Trabajamos en contratapas. Le digo mi poemita del ratón:

Aguanto la mala suerte

y en todo imito al ratón,

que hasta en su lecho de muerte

se muestra alegre y jodón.

Propone otras coplas.

Viernes, 6 de mayo. Con Borges en Emecé; después lo acompaño hasta su casa. Propuso la copla del ratón a su sobrino como tema de examen; si señalaba todos los errores lógicos, ganaba cinco pesos; los ganó.

Lunes, 9 de mayo. Voy a la exposición de Norah Borges. Allí están César Dabove, Fernández Latour, el negro Rojas Paz, Rinaldini con sus manazas, Norah Lange, la Quica (que debió de ser coqueta porque me mostró su retrato: una mujer desnuda; aclaró: «Yo tenía traje de baño; el pecho es invento de Norah, y la cara, como corresponde; pero los muslos son los míos»), Mandie Molina Vedia, Delfina Mitre, Mujica Lainez (parecido a Jean Lorrain y seguido de Billy Whitelow), Peyrou, Beatriz Guido, Helena Mallea (con el pelo verde), Silvina, la madre de Borges, Borges.

Viernes, 13 de mayo. Voy a Emecé. Pido el original de Agudeza y arte de ingenio de Gracián, con notas nuestras y prólogo mío, que Emecé nos encargó hace diez años y no publicó.

Sábado, 14 de mayo, Leo Evaristo Carriego, de Borges, en la edición de las Obras completas. Leo todo lo que no estaba en el libro original: «Historias de jinetes», «Historia del tango», el prólogo: páginas que han convertido esa obra inmadura en un libro inteligente y agradable.

Lunes, 16 de mayo. Los otros días, Borges recitó animosos:

Danzo y brinco en la batalla

como un enorme juguete.

Blando vistoso espadín

y amago con pistolete.

Encabezando la tropa

soy bizarro monigote.

Desfilo y dice la gente:

¡Aquí hay hombre! ¡Aquí hay bigote!

Semblante de colegial,

bigotillo retorcido.

Desfilo y dice la gente:

¡Es el capitán Cupido!

De estatura elemental,

soy espejo de soldados.

La barba a lo delantal

me cubre hasta los calzados.

Ya la guerra desatada

viene y te arrastra en su ola,

o te lastima la espada

o te aturde la pistola.

La cosa más endiablada

no la aprendes de una vez;

hay que ser buen japonés

para oblicuar la mirada.

Come en casa Peyrou. Me da cuatro mil pesos, mi parte en su antología de cuentos policiales[124]; este dinero me quema en las manos. De buena fe le recomendé a Borges no hacer la antología: ahora estoy lucrando con ella (por no haber sabido vencer la insistencia de Peyrou), Trataré de dar dos mil a Borges. ¿Cómo presentarle las cosas para persuadirlo de que tiene derecho a ese dinero?

Miércoles, 18 de mayo. Come en casa Borges. Le explico: «Peyrou, con el argumento de que si no lo ayudo no puede hacer el libro y pierde varios miles de pesos, me hizo recomendarle cuentos para una vasta antología de cuentos policiales; los cuentos que le recomendé son los que habíamos desechado para nuestras antologías: los second best. Peyrou cobra cuatro mil pesos por cada tomo y nos da cuatro mil a nosotros. Aquí tenés tus dos mil». Borges no quiere aceptarlos; logro que los reciba.

Le cuento anécdotas comunicadas por Germán de Elizalde: «Un señor dice a Germán: “Si tuviera que pedir un consejo, a usted lo pediría. Usted es mi amigo más leal”. “Eso me recuerda —contestó Germán— lo que me dijo una noche de parranda el Pollo Ramos Mejía. Me abrazó y me dijo: ‘Germancito, el amigo más leal, por parte de madre’. El apellido de mi madre es Leal”. “Qué raro —exclamó el señor—. A mí me pasa lo mismo”. “¿Su madre se llama Leal?”. “No: Solórzano”. El mismo señor, recomendando la escuela de don Bosco, queriendo decir que tenían un cotolengo en determinado lugar, dijo: “Tienen un cotorro en…”. El mismo señor hablaba de su madre: “Estuvo enferma, hicimos todo por salvarla, pero se produjo el final de Norma y la enterramos dos días después”».

Me cuenta que la señora Bibiloni de Bullrich estaba arreglando un placard, se cayó de una silla, se rompió una pierna y tendrá dos meses de cama. Todos la miraban solícitos y compadecidos. Animosa, ella explicó: «Yo caí como un gato, con elegancia, y no me pasó nada». Mientras decía eso estaba enyesada y con pesas. El marido comentó con irritación: «Sí, caíste como un gato, pero vas a tener dos meses de sanatorio».

Me cuenta también que una señora de respeto lo felicitó por su conferencia y, queriendo decirle que lamentaba que no hablara por radio, le dijo: «Qué lástima que no hable por teléfono. Yo siempre pongo el teléfono, etcétera». Después me confiesa que esta señora es la madre de la señora Bibiloni.

Alguien le preguntó qué era mejor, decir la abreviatura ruso o simplemente ruso de mierda. BORGES: «Yo no soy antisemita, pero que, en todas partes, los pueblos más diferentes hayan perseguido a los judíos es un argumento en contra de ellos». Sobre la frase: «Se ve todo lo malo que hay detrás, pero es graciosa».

Estuvimos en la sala, oyendo el disco que nos mandó Lash (un poeta norteamericano, que dirige una revista en Albuquerque, y que nos visitó hace un tiempo). Un negro, Leadbelly[125] toca la guitarra y canta. BIOY: «Es muy criollo». BORGES: «De Morón», Hablamos de los Dabove. BIOY: «[César]. Dabove admira todo lo sueco. Me aseguró que la mejor masita es la sueca y el mejor bombón, el sueco: “El bombón porteño no es el que fue. Si ustedes son afectos al bombón, les recomiendo la casa Corso, en Maipú entre Lavalle y Corrientes, frente al cine. Fabrican un bombón superior. Lo venden en paquetes de cien gramos, doscientos, trescientos, cuatrocientos y así hasta el kilo. Basta un paquete de cien gramos para dos personas. No es el bombón porteño de antes, pero es bueno. Hago la salvedad, eso sí, de que el bombón sueco es mejor”». (César Dabove viajó, por primera vez, hará dos años: se enamoró de Suecia. En Suecia no salió de Gotemburgo; no conoce Estocolmo).

Le cuento que, según César Dabove, un tal Posse (el que incendió los caballos) era provocador y cobarde. El mismo Posse relató a Dabove esta anécdota: un día vio en un almacén a un gordo enorme, como de ciento treinta kilos. Posse le dio un codazo; el gordo no dijo nada. Posse le dio un pisotón; el gordo no dijo nada. Posse le dio una bofetada; el gordo dijo: «Ya me enojé». Posse huyó.

Borges recuerda la letra de la parodia de Entrada prohibida:

Del Abbaye la espiantaron,

y la razón no le dieron,

pero después le dijeron

que era por falta de higiene,

pues la pobrecita tiene

una costumbre asquerosa

de no lavarse la cosa

por no gastar en jabón.

Dice que, al oírla, Santiago Dabove comentó gravemente que la razón no le dieron es un buen psicologismo. «Tal vez el único de la literatura universal, che» —generalizó Macedonio con su voz tan suave—. Borges observa: «Le gustaba generalizar».

Escuchamos tangos —«La patria», dice Borges— y Silvina muestra disgusto. Oímos Hotel Victoria, Don Juan, Entrada prohibida, El Porteñito. Cuando oímos El Porteñito:

Soy hijo de Buenos Aires,

por apodo «El Porteñito»,

el criollo más compadrito

que en esta tierra nació.

Silvina declara: «Es igual a Peyrou».

Al oír Hotel Victoria (o La payaso), Borges canta:

La payaso fue el encanto

y la alegría perfumada,

rosa de aquel amor…

Dice también unos versos portugueses:

Eu me chamo Generoso,

morador em Pirapó:

gosto muito de dançar

co’as moças, de paletó[126].

Comenta lo absurdo que quedaría bailando de paletó. «Podría haber elegido cualquier cosa; lo peor era paletó».

Viernes, 20 de mayo. Emecé; Frías y Borges. Vuelvo cargado de libros.

Lunes, 23 de mayo. Comen en casa Borges, Bianco, Emita. Bianco, que llegó muy tarde, entra abrochándose la bragueta, de abajo arriba: nos da la mano y vamos a comer (me levanto a lavarme las manos).

Borges me dice que ha entrevisto un nuevo género de animosos. Se afirmaría, por ejemplo, de alguien: «Es muy caca». O: «No tiene poca caspa», o alguna otra afirmación no más decorosa, y en nota se explicarían esas frases: «Es muy caca, dícese del hombre íntegro y honorable»; «na tiene poca caspa, dícese de aquél a quien las ideas le sobran», etcétera.

Bianco está particularmente adormecido. Hablaban con Borges de La hermana de Eloísa, el libro de cuentos que éste publicó con Lisa Lenson. Hablaban de un cuento que Bianco había leído y no podía recordar. «¿“El encuentro”?» (digamos), pregunta Borges. «Decime el título», contesta Bianco, con la mirada perdida. «¿“El encuentro”?», repite Borges. «Dedme el título», insiste Bianco. «¿“El encuentro”?», repite Borges. «Decime el título», vuelve a insistir Pepe; luego de dos o tres minutos de perplejidad se corrige: «Decime el argumento», pide por fin.

Miércoles, 25 de mayo. Por la noche, en casa de Chochó Anchorena, cocktail para despedir a Ema Risso Platero, en viaje al Japón. Converso con Borges, con Fernández Latour, con César Dabove. Borges entristece a Emita; en ésta, su última noche de Buenos Aires, Emita lo ve irse con Pipina Diehl.

Viernes, 27 de mayo. Voy a Emecé. Busco en vano, por los depósitos de manuscritos, el de Agudeza y arte de ingenio de Gracián, anotado por Borges y por mí. Como la busca da trabajo, siento que soy yo el que debe disculparse, pero la verdad es que nos han extraviado el libro; recupero las Sumas de Browne y Johnson (comentadas por nosotros).

Borges me cuenta por teléfono que, según Leibniz, la maravillosa explicación de la armonía preestablecida es una irrefutable prueba de la existencia de Dios. BORGES: «¿Sería inteligente Leibniz? ¿Sería un sinvergüenza?». BIOY: «Yo creo que era astuto».

Domingo, 29 de mayo. Come en casa Borges. Me da La hermana de Eloísa, un librito que publicó en colaboración con Lisa Lenson. Ya conocía los dos primeros cuentos, de BORGES: leí el que dio el título, escrito en colaboración. Borges me contó hace tiempo su argumento; la situación había ocurrido[127], y lo impresionó. Me dijo: «Es un Bustos Domecq débil». No es barroco; las frases, que no están trabajadas al extremo, son, en ocasiones, desaliñadas. Bustos Domecq puede ser fatigoso y hasta ilegible; creo que es competente. Aquí no hay dificultad ni fatiga en la lectura, pero todo —las frases, las situaciones, el argumento— está un poco descuidado; descuidado sin elegancia.

Viernes, 3 de junio. Acompaño a Borges a la librería Verbum, donde hay un cuadro de Norah; por olvido, ni lo miro ni lo elogio. Con Borges, Paulino Vázquez, dueño de la librería, y Vocos Lescano, miramos fotografías de escritores.

Borges me refiere que Emita decía que cuando se hablaba de su marido, Sánchez Fromant, la gente esperaba ver un beau jeune homme y entonces aparecía el monsieur un peu inexplicable, avouons-le. Me cuenta asimismo que, según Russell, durante siglos combatieron entre sí la materia y el espíritu, como el león y el unicornio, con el resultado de que por fin se descubrió que eran dos animales heráldicos. Comenta: «Así se llega a una filosofía en que no se admiten sujetos ni predicados, sólo verbos; no rojo, sino rojear, creen que sobre este escepticismo van a fundar una filosofía; si se piensa en esto se convence uno de que Locke, Berkeley, Hume han hecho un gran mal a la filosofía; los de la escuela del common sense estaban tan aplastados por la convicción de ser dull, que no se hicieron oír; sin embargo, tienen razón cuando señalan que en contra de la asociación de los idealistas ingleses los hombres de todos los países del mundo creen en que hay sujetos, predicados, etcétera».

Me cuenta también un cuento acerca de Wally Zenner. Esta poetisa tenía que hablar con Bianco, para no sé qué, pero se resistía a hacerlo, porque no quería oír la voz con que Bianco le contestaría, «una voz fría y social». Ella quiere calor humano, etcétera. Borges la animó para que llamara. Llamó. No le contestó la voz fría y social: Bianco le mandó decir que no podía atenderla, porque estaba ocupado. Como Borges dice, es imposible prever la realidad.

Sábado 4 de de junio. Leo ciento quince páginas de Eastern Approaches de Fitzroy Maclean, conmovido por la descripción de los juicios de Moscú, en que Bukharin acepta la responsabilidad por crímenes que no ha cometido: ya que si vive, por haber conspirado contra la patria será un desdichado, y si muere, como desea, su muerte no debe ser inútil. ¿Cómo su muerte puede beneficiar al Partido, por el que vivió y luchó siempre? Aceptando esas responsabilidades calumniosas, mostrándolo puro y victorioso, en contraste con él, vencido y canallesco. Borges comenta que las increíbles ideas de Plafón son reales para todos; la Patria no es, para nosotros, las personas que ahora la habitan —nuestros amigos y nuestros enemigos— ni las personas que la habitaron en el pasado —los unitarios, los rosistas—: es eso y algo más. Morir por la patria para nosotros es comprensible; para un comunista será comprensible la actitud de Bukharin.

Martes, 7 de junio. Come en casa Borges. Me expone la teoría de Dios de Spinoza; a mí me parece más admisible que a él (Dios como la sustancia, de la cual toda la realidad y nosotros somos atributos; formas de dos atributos, pensamiento y extensión; Dios como natura naturam y como natura naturata; Dios sustancia invariable, que está detrás de las apariencias). Me dice que la ética de Spinoza es buena: condena el remordimiento, es estoica. Piensa que las ideas filosóficas de Coleridge eran confusas y pobres.

Me cuenta dos cuentos. Uno sobre la conferencia de Guayaquil. La persona que relata el cuento —puede ser un estudiante, que aspira a una beca para ir a Guayaquil— tiene una entrevista con otro. Le explica sus méritos para ir: superiores a los del otro; siempre ha pensado en la entrevista de Guayaquil, etcétera; pero el otro, que admite la superioridad de esos méritos, sabe que él irá. Muy pronto el héroe comprende que contra todos sus méritos y razones el otro debe triunfar por una mayor voluntad. Se resigna pensando que él podrá meditar sobre la misteriosa entrevista de Guayaquil. El otro cuento es de una persona a quien le suprimen los sentidos —incluso la conciencia de su cuerpo— para que entre en relación con el cielo platónico. Al final el héroe, más lejano que si estuviera en la luna, sigue idéntico, como si los años no hubieran pasado para él, mientras que el narrador ha encogido.

Martes, 14 de junio. Borges, con quien hablé ayer y hoy, comenta el tipo de artículos que hacían en el siglo XIX los ingleses: los de Macaulay, para la Westminster Gazette, los de Froude o los de Arnold, que eran verdaderos tratados sobre un tema; no fingían dirigirse a un público que todo lo sabe; eran informativos —como artículos de enciclopedia— y críticos. Los artículos de crítica de hoy parecen dirigidos a un público que todo lo sabe, salvo el tema de ese artículo: son menos ingenuos, menos elegantes y solamente alusivos; contribuyen a la ignorancia, a que la gente se acostumbre a leer sin comprender.

Sospecha que pocos comentadores han entendido a Spinoza; que la mayoría de ellos se limita a repetir lo que Spinoza ha escrito (esto parece sospechoso). Encuentra que lo mejor que ha leído sobre Spinoza es el ensayo de Froude (en Short Studies on Great Subjects) y el libro de Alain[128].

Digo que Montaigne a veces decepciona. Por ejemplo: sobre si hay que dejar para mañana las cosas que se pueden hacer hoy[129], escribe obviedades, verdades de la Palisse. Después de citar a Mark Twain («No hay que dejar para mañana lo que uno pueda hacer pasado»), Borges defiende a Montaigne afirmando que decía a veces verdades evidentes porque pensaba con honestidad. BIOY: «Es claro que no todo es así. Lo mejor me parece la parte del libro en que habla de sí mismo». BORGES: «Descubrió que hay un encanto para el lector en que el autor se muestre. Se mostró, contradictorio y peculiar, pero no exageró: supo darnos una imagen simpática de sí mismo. Yo creo que cuando los autores tratan de estilizar su retrato, les resulta muy falso. Bloy y Carlyle llevan el sistema al extremo: la imagen que nos dan de sí mismos es menos agradable. Lamb también: todo su capital es él mismo, pero no es interesante ni simpático». Recordamos cómo lo han querido, sin embargo; Swinburne Llamando en los sonetos víbora muerta a Carlyle porque habló sin respeto de Lamb, «el más dulce nombre de las letras inglesas[130]». BORGES: «Todas estas polémicas literarias son como efusiones de sangre en el teatro: después nadie muere. En una misma posteridad —por ejemplo, la conciencia de una misma persona—, en una misma admiración y en un mismo afecto, conviven Lamb, Carlyle y Swinburne».

Hablamos de Eça de Queiroz; decimos que desearíamos que hubiera más libros de Eça; que todo lo que escribía era agradable; que era muy superior a sus maestros, a Anatole France y aun a Flaubert. Borges tiene un instante de duda, cuando menciono a Flaubert; luego dice que Madame Bovary es un libro mucho más pobre que El primo Basilio. Hablamos de Proust. BIOY: «Lo que me parece muy acertado en Proust es la inseguridad de la posición —social, económica— de la gente. En la primera parte de una frase —acaso exagero— se insiste sobre la solidez de una persona; en la segunda parte, se muestra un precipicio por el que esa persona puede desmoronarse. Se muestra la fragilidad de las fortunas, de las posiciones sociales». BORGES: «Sí, está muy bien. Muestra los seres dependiendo unos de otros. Describe una sociedad en la que todo tiene importancia, en la que los seres pueden progresar o hundirse por acciones aparentemente intrascendentes. Pero la describe con perspicacia». BIOY: «Una sociedad horrible frecuentemente es el tema de los novelistas franceses actuales, pero estos libros modernos dan una impresión de sordidez; Proust, no». BORGES: «En Proust siempre hay sol, hay luz, hay matices, hay sentido estético, hay alegría de vivir». Después de elogiarlo elocuentemente, dice que los franceses observan los matices de todo, de lugares, de colores, de estaciones, de comidas: «Hablan de la mi-saison dans la mi-montagne. Aquí todo es en block: el verano en Mar del Plata».

Hablamos de Conrad. Dice Borges que, a pesar de lo que escribe Wells en su autobiografía[131], el humorismo de Conrad es mejor que el de Wells. Recuerda el comienzo de Typhoon: la conversación del capitán con el mate, sobre la bandera de Siam, con el elefante. BIOY: «Si tuviera que recomendar un texto para aprender a escribir novelas, recomendaría algo de Conrad».

Jueves, 23 de junio, Borges dice que Los viajeros, la novela de Mujica Lainez, es execrable. Me cuenta que un periodista español, al ver a los incendiarios de las iglesias[132] en sus tareas, les preguntó: «¿Vosotros por qué quemáis iglesias?». Lo preguntó por curiosidad profesional y porque pensaba que ellos debían saberlo; muy pronto creyó oír frases en que lo trataban de coso y juzgó probable que procedieran a incendiarlo a él; entonces tuvo una ocurrencia que lo salvó; preguntó: «¿Por qué quemáis las iglesias y no a los curas?». Los incendiarios pasaron a las explicaciones y a las excusas: «Y, señor, llegamos tarde». Feliz de pisar de nuevo en terreno firme y para afianzarse del todo, el español improvisó unos consejos para que sus nuevos amigos lograran mayor eficacia en lo que hacían.

Domingo, 26 de junio. Come en casa Borges. Habla de las iglesias incendiadas: que verlas le dio ganas de llorar. Después de comer vemos, por fuera, San Francisco y Santo Domingo.

Jueves, 30 de junio. Come en casa Borges. Estoy apagado. Refiere una frase de la señora Bibiloni: «Yo no soy una mujer frívola; a mí lo único que me interesa es el dinero». Según Borges, se cree muy virtuosa mientras lo dice: «Son frases que las personas pueden decir; pero si las oyen, dichas por otras, se escandalizan. Pueden decirlas porque conocen las razones, porque las justifican».

Me cuenta que su sobrino Luis es un lector espontáneo y entusiasta del libro Las Mendoza de Bonifacio del Carril. BORGES: «Norah dice que le interesa la Historia; bueno, la parte más lóbrega de la Historia: una editio princeps del libro de oro. Carril le habrá encargado al mucamo que le escribiera el libro. Yo digo que lo único que puede justificar que lo haya escrito es que al final pruebe que él es pariente de los Mendoza. Es poco, pero es algo».

Viernes, 1.º de julio. Después del almuerzo, voy a Emecé, donde no pagan desde el mes de mayo. Estoy con Frías y Borges. Con Borges vamos a El Ateneo, a comprar Los Maias.

Domingo, 3 de julio. Borges llama por teléfono. Me cuenta la historia de Celia Sommer[133], que entró tres veces en la iglesia de San Nicolás de Bari, para salvar reliquias. Estaba mirando esto: en la calle, un público abundante y silencioso, tres individuos que insultaban la iglesia; en la vereda, unos hombres y mujeres, como borrachos, que bailaban disfrazados con sotanas, casullas y mitras; adentro, los incendiarios. De pronto, Celia siente que debe salvar las reliquias. A un muchacho Tedín, que estaba con ella, le dijo: «Voy a entrar». «Bueno, te acompaño», dijo él. «No, esto no es para hombres», contestó Celia. Entró tres veces y salvó imágenes. Una, muy apreciada, después de un largo marchandage, la obtuvo del que la estaba robando, contra su paraguas. No quería dar su paraguas, porque le gustaba, lo quería, se lo había traído su madre. Cuando tuvo la imagen, en vez de estar jubilosa, pensó: «¡Ay, mi paraguas! ¡Lo perdí para siempre!». La tercera vez se asustó: hombres con impermeables, con armas en la mano, la maltrataron de palabra. Pensó: «Si miro las armas estoy perdida». Los miró a los ojos y les hizo frente. En todo ese rescate de imágenes la ayudó un muchacho peronista, de la Fundación. Meses antes, éste había participado en el incendio del Jockey Club[134]: en un cajón habían encontrado dinero; empezaron a llenarse los bolsillos; uno dijo: «No, no queremos la plata de los oligarcas»; sacó un fósforo y quemaron el dinero. Ahora, en cambio, aunque por la mañana se había baleado con los revolucionarios, enojado con los curas «que mandaban matar al pueblo», el muchacho había venido con los incendiarios pero para salvar lo que fuera posible. Era católico, lo habían educado los curas de Don Bosco. Según Borges, se ha convertido en parásito de Celia, que hizo una colecta para él. Le ofrecieron trabajo: no se mostró interesado en aceptarlo.

Miércoles, 6 de julio. Come en casa Borges.

Un recuerdo. Cuando preparábamos el «Museo» de Los Anales de Buenos Aires, Borges descubrió en Charles M. Doughty (1935), de Anne Treneer, la siguiente inscripción para los dieciséis tripulantes de un zeppelin derribado sobre Londres por un aviador inglés, en 1917: «Who are thou that judgest another man’s servant? To his own master he standeth or falleth» (Epístola de San Pablo a los Romanos 19:4). Nos pareció muy feliz, y busqué la traducción en Cipriano de Valera y Scio de San Miguel. He aquí la traducción de Valera: «¿Tú quién eres que juzgas al siervo ajeno? Para su señor está en pie o cae». Notamos deficiencias. Sirviente, con referencia a soldados, no se asocia a plumeros y escobas, y no es ofensivo; siervo es ofensivo; cae no parecía el verbo más apropiado, ya que el epitafio debía servir para personas que habían caído de un modo nada metafórico. Lo traducimos: «¿Quién eres tú para juzgar al que sirve a otro hombre? Deja que su amo lo apruebe o lo condene[135]». Pensamos que ese hallazgo, mientras fuera de otros, era admirable; para nosotros, no era satisfactorio.

Jueves, 7 de julio. Come en casa Borges. Dice: «Conrad es un escritor más responsable que Stevenson. Stevenson parece siempre a merced de cualquier capricho de la fantasía. Seguramente, cuando escribía en colaboración, Lloyd Osbourne le moderaba esos impulsos; por eso, los mejores relatos de Stevenson son los escritos con él: The Wrecker y The Ebb-Tide. De todos los libros de Stevenson, el que he leído más veces, el que puede leerse abriéndolo en cualquier parte, es The Wrecker. Los que escribió solo, los cortó más —suprimió, sin duda, todo lo que le parecía innecesario— y le salieron como una sucesión de escenas vistas de lejos». Habla muy elogiosamente de Lloyd Osbourne. Afirma que esos relatos nunca serán muy famosos: a la gente no le gustan los relatos de dos autores que escriben juntos, porque no sabe a cuál debe admirar por los aciertos.

Sábado, 9 de julio. Comen en casa Borges (trae un gatito de regalo, para mi hija Marta, que ayer cumplió años) y Peyrou. Borges refiere que había una vieja muy indignada por la destrucción de la sacristía de la Piedad; él le preguntó si había visto a San Francisco y a Santo Domingo. «¿Cómo, también las destruyeron, señor?», exclamó conmovida. (San Francisco estará a ochocientos metros de la Piedad; la mujer era muy vieja; en los diarios no hubo noticias ni comentarios de los incendios).

Yo jugaba insistentemente con una silla; por dos veces la tiré al suelo; la última vez, cuando la recogía, Borges me dice: «Ves, por dedicarme a eso no escribí la gran obra que todos esperaban de mí». Afirma que la última noticia que nos dan determina nuestro estado de ánimo.

Había sobre mi escritorio un cepillo de baño, de un material transparente. BORGES: «¿Cómo se podría asustar a Marta con esto? Habría que decirle que es el cepillo de dientes de un señor que va a llegar de un momento a otro». Habla de un chico que, señalando el busto de Homero, dijo: «Nene». Marta ve las figuras bíblicas, barbudas, de la tapicería del comedor y dice: «Nene».

Miércoles, 13 de julio. Come en casa Borges. Estos días he leído, para Entecó, Hilaire Belloc, de J. B. Morton. Borges dice que no le gusta el humour de Belloc; recuerda, sin embargo, con emoción algunos capítulos de Eye Witness. La muerte de Carlos I; la detención de Luis XVI y María Antonieta, cuando tratan de huir. Conviene conmigo en que el humour de Belloc en los versos para chicos (Moral Alphabet, etcétera) es bueno. Recuerda la comparación de la llama con un literato amargado[136]. También le divierte Lambkin’s Remains.

Escribimos el cuento de Santos Vega.

Jueves, 14 de julio. A las once me encuentro, en la confitería Saint James, con Eandi, que está escribiendo sobre El sueño de los héroes[137]. De pronto entra Borges. Eandi había tomado un café con leche; yo, un agua Villavicencio; a Borges, sin que lo pida, le sirven un vaso de leche: la tradición. Eandi le regala este cuento: Un hombre tiene un horrible acceso de tos y, en ese momento, una idea poética. Cada vez que se enferma, se acerca a la idea, progresa en ella; se sana y la idea pierde, para él, toda fuerza; por fin se enferma gravemente: la idea se vuelve más real y compleja y, cuando el hombre se muere, la idea alcanza su perfección. En seguida Borges propone una variante: Un hombre, a la mañana, tiene un problema literario. Pasa un día confuso, de tareas, de manifestaciones callejeras, hasta de detenciones en comisarías; a la noche, vuelve a su casa, piensa en el problema de la mañana, lo halla resuelto.

Viernes, 15 de julio. Voy a Emecé. Me encuentro con Borges y con Gannon. Voy a ver la catedral; hay demasiada gente, me vuelvo. Voy a ver La Merced. De ahí, a tomar el té, a casa de Borges. Están Borges, su madre, Bernárdez y su mujer (una morocha, de aire severo y seguro, la Laura del título[138]), Muñiz (director de una revista en que hay varios artículos sobre Borges), Pipina Diehl. Con Bernárdez comentamos la propuesta de Victoria, de firmar un manifiesto de adhesión al testamento de Einstein, publicado por Russell, pidiendo la supresión de las armas atómicas[139]. Bernárdez: «En el Pentágono ha de haber hombres conscientes y morales; hay que dejar que ellos decidan sobre la oportunidad de arrojar la bomba atómica». BORGES: «Voy a negarme a firmar. Todas las armas son iguales: la piedra con que Caín mató a Abel es tan horrible como la bomba atómica. Todas las armas están hechas para matar. Además, en estos momentos, salir con un manifiesto sobre política internacional, parece de una gran insensibilidad e indiferencia sobre lo que pasa en el país. Es como si en una casa alguien estuviera muriendo y los allegados del moribundo estuvieran preocupados con una epidemia en Málaga. Sur va a parecer muy aloof. Será una vergüenza, pero yo hoy estoy más interesado en el peronismo que en el comunismo». Estamos totalmente de acuerdo. Cuando me voy —después de tomar dos o tres tazas de té— Borges me acompaña hasta la calle y me explica: «No voy a ver a Victoria, como Madre quiere, porque Victoria se enoja, sulks, protesta».

Por la noche, con mi padre y Silvina buscamos a Borges. Comemos en casa.

Lunes, 18 de julio. Come en casa Borges. Continuamos con nuestro Santos Vega (Mon Faust[140], décidément).

Martes, 19 de julio, A la noche come en casa Borges. Escribimos algún párrafo del cuento de Santos Vega. Los rumores crecen; anuncian la inminencia de una noticia.

Miércoles, 20 de julio. Como Helena Garro me propuso publicar algunos de mis cuentos en México, reviso «Cómo perdí la vista», de Luis Greve, muerto[141]. Soluciono un problema: la aparición del hombrecito, como explicación del enigma, sería inaceptable; debo presentar al hombrecito en los primeros párrafos. Comento a Borges el problema del cuento; está de acuerdo, hay que presentar al hombrecito al comienzo, como premisa: «Sí no, todavía va a parecer que no sabías cómo solucionar el asunto y en la desesperación inventaste ese hombrecito».

Viernes, 22 de julio. Voy a Emecé; en la calle Florida, caminando con Borges, nos encontramos con Mallea y Mujica Lainez, Este, con evidente satisfacción, exclama: «¡Toda la literatura argentina!». Comentamos el número de la revista Ciudad, dedicado a Borges: extraño homenaje, erizado de objeciones y de reservas. Nos encontramos también, en la librería Viau, con el director de Ciudad, un Muñiz de formato incómodo por lo grande.

Por la noche, come en casa Borges. Escribimos el cuento de Santos Vega. Llegan rumores; entre otros, de una batalla que desde las siete de la tarde se disputa en el barrio de Caballito. «No creo en ella; propongo a Silvina y a Borges que vayamos a ver. Vamos bromeando, riendo alegremente. «Quién nos diría que nunca íbamos a volver», decimos. En Caballito certifican la paz las familias que salen del cinematógrafo Río de la Plata.

Con el automóvil cruzábamos barrios y más barrios, Borges comenta: «Qué ciudad, Buenos Aires. No se sabe lo que se propone».

Sábado, 23 de julio. Come en casa Borges. Escribimos una página del cuento de Santos Vega.

Lunes, 25 de julio. Come en casa Borges. Le propongo un nuevo libro. Escribimos el cuento de Santos Vega.

Frente a muchas casas, en la vereda, desde el 24 de julio, han aparecido cifras rojas; indicaciones para que supuestos incendiarios peronistas prendan fuego a las elegidas. BIOY: «Estoy seguro de que las pusieron con propósito de intimidación y de burla. Esperan que la gente inquiera, asustada y enojada, por el significado de esas marcas (puestas en vísperas del 26, de una concentración peronista), para explicar, despectivamente, que tienen una razón inofensiva».

Borges me refiere su visita, con Peyrou, a lo de César Dabove: «Parece una casa en que alguien ha acampado. Hay muy pocos muebles, puestos de cualquier manera: una cama deshecha en medio de un cuarto, una mesita de luz, una silla con un montón de diarios viejos. En la mitad de otro cuarto, unas sillas. Ha de pasarse la vida tomando mate, abandonado a la desidia y a la ineficacia. Libros no hay; sí, prospectos, en dudoso español, de la legación de Suecia; no llegan a ser Baedekers. Muestra al visitante un libro, que habría que leer, de un muchacho —“un poeta bastante malo”— muerto en Morón en 1909. Peyrou, por cortesía, o porque es una especie de animateur, elogia todo, con adjetivos inesperados: “Una cerveza terrible”, “Estas albóndigas son totalitarias”; traen un plato de carne y dice: “Ahora no hay que perder la cabeza”. Cuando se habla de política, Dabove se queja amargamente: “No dejemos que Perón nos robe el diálogo. Quiero un diálogo sobre literatura, para poder recordarlo: Aquella noche que hablábamos en casa…”. Esta conversación sobre política no es más que la extensión de lo que todos —él mismo— han estado pensando durante el día».

Jueves, 28 de julio. Come en casa Borges, que trae a Silvina (es su cumpleaños). Henry James, de Frederick W, Dupee, de la serie «American Men of Letters».

Contra tapa y noticia para el libro de Robert Elliot Burns, Soy un fugitivo, que pasa de «Grandes Novelistas» al «Séptimo Círculo».

Viernes, 29 de julio. Vamos con Borges a la librería de la esquina de Salta[142] (calle por medio con el Buen Pastor); compro, para una amiga, El puñal del tirano, de Eduardo Gutiérrez, y Rosas y su tiempo, de Ramos Mejía. El librero tiene voz áspera, un poco afónica, de personaje de Gutiérrez. Por la noche, después de comer, seguimos con el cuento.

Sábado, 30 de julio. En casa recibimos a un norteamericano —John Grant Copland—, a Beatriz Guido (no se queda a comer), a Peyrou y a Borges. El norteamericano es muy joven; prepara una tesis, para la Universidad de Indiana, sobre el cuento argentino. Aspira a publicar una antología. Discutimos con él la lista. Ha traducido un cuento de Luis Greve, muerto «Incesantes naves». No lo recuerdo; sólo sé que me avergüenza. Le doy La trama celeste, le aconsejan «El ídolo» y «En memoria de Paulina». Le aconsejamos «Los caballos de Abdera», «La lluvia de fuego» o «Yzur» de Las fuerzas extrañas de Lugones; irán también en la antología Borges, Silvina, Peyrou, Beatriz, César Dabove, Mallea, Mujica Lainez, Arlt, Barletta, Verbitsky.

Hablamos del cuento; trata de que le demos una definición. BIOY: «El énfasis está puesto en el argumento; en la novela, en los personajes». BORGES: «El cuento puede contarse oralmente; con la novela, si usted no la lee, pierde lo esencial (ejemplos: Proust, Butler en The Way o All Flesh). En el cuento, puede estudiarse un personaje; en la novela, unos personajes influyen en los otros». COPLAND: «¿No será una mera cuestión de extensión?». BIOY: «No creo: el Quijote es un cuento». BORGES: «Es claro. Groussac dice que iba a ser una novela ejemplar, es decir un cuento; después Cervantes advirtió que podía alargarlo y por eso hay una segunda salida[143]». COPLAND: «¿Los cuentos y las novelas de Conrad?». BORGES: «Participan de ambos géneros. Sus novelas pueden contarse…». COPLAND: «Tienen esquelito». BORGES: «En sus cuentos hay influencia recíproca de los personajes, escenas de novela: por ejemplo, en “The Retum”, el hombre que recibe la carta que le comunica el amor de su mujer por un individuo ridículo».

Habla después Copland de los indios norteamericanos; habría como trescientas razas diferentes; siete familias lingüísticas. Para unos no hay distinción entre el pardo —color de la tierra— y el verde —color de la vegetación (alimento) de la tierra—. Muchos confunden el verde con el azul; Borges señala que el verde, en la poesía persa, es emblemático de cielo. Los indios guardan sus secretos. Un antropólogo se hace amigo del jefe de una tribu y llega a conocer todos los secretos; desde ese momento, mantiene fidelidad a los indios, adquiere desconfianza de indio hacia los antropólogos[144].

Martes, 13 de septiembre. A la noche, corregimos con Borges las galeras de Cuentos breves y extraordinarios. Borges me dice que es un libro maravilloso (tuve que darle ánimo, cuando lo preparamos; entonces no creía que fuera tan bueno): «Tendría que ser más largo. Como es corto, van a leerlo de corrido; entonces parecerá que un cuento equivale a otro. Habría que leerlo de a poco, un cuento por vez».

Jueves, 15 de septiembre. Borges come en casa tardísimo; hacemos conjeturas, procurando no dejarnos arrastrar por la ilusión, aunque «esta vez parece que es de veras[145]», etcétera. Con Silvina, llevamos a Borges a su casa; la ciudad está sola, pero no tanto como el sábado y el domingo pasados, verdaderas vísperas.

Miércoles, 12 de octubre. A la noche comen en casa Borges y Chepina, la hermana de Pezzoni. Leemos «La fiesta del Monstruo», que apareció en Marcha, de Montevideo. Hojeamos los absurdos libros de lectura (para niños que aprenden a leer) del peronismo[146]. Digo que yo aprendí a leer con el Veo y leo. Borges cree haber empezado con El nene. Me dice que para el Veo y leo hay una famosa variante. ¿Cómo no voy a conocerla? Bustos Domecq la cita: Veo y meo[147] BORGES: «Una variante desilusionada de la literatura sería Leo y meo». Le digo que para el otro libro también puede haber una variante. Comprende y en seguida imagina el artículo de un señor furioso, más combativo que documentado, que al enterarse de que dan a los niños un libro con ese título, se pregunta en qué abismo de corrupción caeremos y, ya un poco obsesionado, habla de la penetración del libro; etcétera. Al final del artículo hay una nota. Alguien le ha señalado que todo se debe a una errata de su ejemplar, una p donde debía haber una n. La nota registra el error y declara que el artículo queda anillado. BIOY: «De chico, yo era muy snob y no leía los libros de la Biblioteca Araluce porque eran obras famosas, adaptadas para chicos (leía libros para chicos, como Pinocho; pero no admitía obras para grandes adaptadas para chicos)». BORGES: «A mí me pasaba algo parecido. Una vez leía con mucho orgullo una Historia de Grecia hasta que vi que en la portada decía Adaptada para los niños». Recuerda con admiración libros de geografía de los Hermanos Maristas: «En La Argentina, entre los tipos nacionales, está el compadrito. En La Tierra hay un tártaro enlazando un lobo. Uno miraba esas ilustraciones como no miró después a ninguna otra…». Cita una frase del Nene: «Mi tía la monja come jamón».

Viernes, 14 de octubre. Emecé: Borges y Frías.

Martes, 18 de octubre. Lonardi dijo ayer a Borges que lo habían nombrado director de la Biblioteca [Nacional]; la alegría de Borges era sin matices; no podía uno hablar de otra cosa, porque parecía inoportuno.

Miércoles, 19 de octubre. Borges recibió un telegrama de Ignacio Pirovano (peronista, hasta que lo echaron): «Felicitaciones. Un gran abrazo». Contestó: «Condolencias. Un gran abrazo».

Por una de esas mezclas de exaltación de sentimientos bobos y de anhelo de quedar bien, en uno de los días siguientes a la revolución, cuando tenía poco que hacer, porque había concluido «La sierva ajena», dejé en casa del embajador Marques Castro, a quien no conozco, un ejemplar del Homenaje a Francisco Almeyra, muy dedicado. El premio por tan diligente adulonería me llegó hoy, en una cartita del embajador, que dice: «Tengo el agrado de acusar recibo del elegante opúsculo que acaba de llegar a mis manos y que ostenta su ya autorizada rúbrica autoral, de tan sólida reputación y de una bien utilizada conquista hereditaria. Su breve paginario lo confirma una vez más y me complace en evidenciarlo al agradecer vivamente el fino obsequio de un ejemplar de Homenaje a Francisco Almeyra». BORGES: «¿Qué se puede esperar de un país en que Herrera y Reissig es un clásico? Una vez yo quedé como un bruto en Montevideo porque les dije que Zorrilla [de San Martín] estaba más cerca de la literatura y Herrera de la demencia».

Viernes, 21 de octubre. Después del almuerzo, con Borges, en Emecé. Me cuenta que Delia Ingenieros, cuando chica, fue al mercado; le pidieron ochenta centavos por un plumero; lloró, porque era un precio excesivo; le rebajaron a setenta; para mostrar su satisfacción, pagó con un peso y dijo que guardaran el vuelto.

Sábado, 22 de octubre. Para este 17 de octubre, muchos peronistas esperaban la vuelta de Perón. Se dijo que iba a llegar en avión o que iba a descender en paracaídas, en la plaza de Mayo: a las cinco de la tarde había gente mirando el cielo. Al respecto, Borges me cuenta el cuento, harto conmovedor, de una cocinera peronista que dijo tristemente: «Siquiera lo hubieran mostrado un rato». Cf. Swedenborg, Mahoma[148].

Borges nombrado, por fin, director de la Biblioteca Nacional (con Clemente como subdirector). Cuando tardaba en aparecer el decreto (el mismo Lonardi le había anunciado el nombramiento), cavilaba y llegó a contagiar la ansiedad a su madre; después apareció en el diario el decreto; Saravia, subsecretario de instrucción pública, le dijo que pasara por el ministerio; Borges (ya en broma) comentó: «Malum signum». Me llama sin duda para decirme que todo quedó en nada: «Ese nombre de degollador[149] no me tranquiliza. Además, me nombrarán en el ministerio, iré a la Biblioteca, diré que soy el nuevo director, el portero no me creerá, me echará. A los pocos días, me echarán también desde el ministerio por no haber tomado posesión. Lo mejor es ir con Clemente, que hará naturalmente las cosas naturales».

Miércoles, 26 de octubre. En la Biblioteca, Borges recibe su nombramiento. Saravia dice un discursito, habla a José Luis Borges, lo titula profesor Borges y hacia el final lo doctora. Después del discurso de Borges, recorremos la casa, que parece ideada en una pesadilla.-

Jueves, 27 de octubre. Apareció Los orilleros y El paraíso de los creyentes.

Viernes, 4 de noviembre. A la noche, comida en San Isidro, con el ministro Dell’Oro Maini y muchos interventores reales o posibles (Francisco Romero, Sabato, Borges, Canal Feijóo, Fatone, Juan José Castro); gente jugando a ser Napoleón (Borges cita a Cocteau: «Napoleón era un hombre que se creía Napoleón»).

Sábado, 5 de noviembre. Propongo a Peyrou y a Borges expresar nuestro anhelo de que devuelvan La Prensa[150], en una nota que deberán firmar unos quince o veinte escritores conocidos. Están de acuerdo; mañana la redactaremos.

Domingo, 6 de noviembre. Llega mi padre; le propongo que escribamos juntos la declaración pidiendo la restitución de La Prensa. Mi padre no se resigna a colaborar; se va al otro cuarto y, antes de que yo ordene mis ideas, regresa con la declaración escrita. Borges, que ayer recibió la idea calurosamente, hoy está escurridizo; tiene conferencias mañana y pasado; también pasado, debe tomar, en la facultad, examen de literatura alemana.

Viernes, 11 de noviembre. Come en casa Borges. Refiere una anécdota de Sabato: A Barbieri nombraron director de El Hogar, a Sabato, de Mundo Argentino. Sueldo de director del primero, cinco mil pesos; del segundo, cuatro mil quinientos. Sabato entrevistó a Barbieri para explicarle que hay gente que ya habla de esa diferencia de jerarquía entre ellos, y que para acallar tales miserias —y no por el dinero, que no le interesa— convendría que Barbieri solicitara de las autoridades que el sueldo de ambos sea el mismo de cinco mil.

Sábado, 12 de noviembre. Sale en los diarios, un tanto perdida, la declaración nuestra pidiendo que sea restituida La Prensa. No quisieron firmarla: Fatone (por miedoso), Ricardo Rojas (por miedoso), José Luis Romero, Borges (porque se dejó catequizar por José Luís Romero), Mallea (por caviloso y medroso).

Mi padre me hace leer, diciendo una frase ambigua, en la que trata de arreglar su buena disposición para el autor con el disgusto que le produjo el documento, un mensaje de Lonardi al pueblo. A las dos de la tarde, mientras almorzamos, llama José María Bustillo, para comunicar que Busso, el ministro del Interior y de justicia, el hombre que ha permitido decir que el gobierno era un gran gobierno, ha renunciado. Mi padre observa: «Aunque me repugne formularlo, el único sentido posible de esta renuncia es el triunfo de los nacionalistas». Poco después llaman Borges y su madre y Graziella y Julia Peyrou. Confirman las palabras de mi padre; los nacionalistas han copado el gobierno. Borges comenta: «Cómo esta gente, odiada por todo el mundo, puede ser tan poco patriota para apoderarse del gobierno en estos momentos». Alguien —de lo de Borges o de lo de Peyrou— habla de que habría que reunirse frente a la casa de gobierno para apoyar al almirante Rojas y pedir el alejamiento de los nacionalistas…

Busco a Borges en su casa; allí tristeamos. Lo convenzo (o procuro convencerlo) de la necesidad de escribir nuestra Historia de esta época (desde 1943 hasta ahora). Habla del momento alarmante en que empezamos a sospechar que la persona inteligentísima, que acaban de presentarnos, es un aburridor de peso.

Domingo, 13 de noviembre. Voy a la Sociedad de Escritores. Allí están Borges, Sabato, Barbieri, Betina Edelberg y su marido, Fatone (entrevisto), Córdova Iturburu, etcétera. Sabato nos propone a Borges y a mí que, en busca de noticias, lo acompañemos a El Mundo. Ya en el coche, nos lee un violento artículo que publicará mañana en El Mundo; un artículo en que ataca a los nacionalistas católicos. En la calle Río de Janeiro estamos con Barreiro, que nos da buenas noticias, nos hace fotografiar. Salimos de El Mundo, recorremos el centro, gritamos «Rojas, sí; nazis, no», vemos a alíancistas, que gritan «¡Viva Lonardi!». Dejo a Sabato y a Borges.

Viernes, 18 de noviembre. Voy a casa de Delfina Mitre, que da una fiesta para celebrar la inauguración de su nueva morada: entre otros, Alicia Jurado, Sabato, Battle Planas, Peyrou, Borges (a quien veo apenas).

Martes, 22 de noviembre. Come en casa Borges. Vive en una actividad, acaso vana (da conferencias, toma exámenes), que lo protege de cavilaciones sobre el estado de su vista.

Viernes, 25 de noviembre. Come en casa Borges. Hablamos de Fioravantí, a quien conocí hoy en una casa, en Belgrano, en un cocktail en honor de la delegación, presidida por mi padre, que irá a Venezuela. BIOY: «Es un hombrecito flaco y musculoso, un jockey de mirada penetrante. Declaró que su estatua de Bolívar es la más hermosa de las estatuas de Bolívar, “Tal vez parezca vanidoso”, explicó, y a continuación me habló con pareja admiración de las estatuas de Roosevelt, de Avellaneda, de Roque Sáenz Peña, del actor Casaux, de Belgrano (para el monumento a la bandera) y de una sirena, que hay en el edificio de la Flota Mercante: todas obras suyas. Me conminó a que le prometiera que mañana visitaré a Casaux, detrás de la de Avellaneda, cerca del lago, y a la sirena de la Flota. Se quejaba de no haberse quedado en París; no porque hubiera logrado mayor excelencia su arte —lo que no es posible—, sino porque su renombre sería aún más grande…». Borges encuentra la estatua de Sáenz Peña horrible, «con figuras incomunicadas». Porque Silvina, cansadísima, me reprocha haberlo traído a comer —nos acostaremos tarde, etcétera—, con el último bocado lo llevo a su casa.

Domingo, 27 de noviembre. Come en casa Borges.

Martes, 29 de noviembre. Come en casa Borges. Habla de Heine. Lo compara con Wilde; en Heine hay algo de astuto muchacho judío. Recuerda las razones de la conversión de Heine al cristianismo: «Cuando era un robusto Baco me reía de toda creencia en un dios personal; ahora, que soy un judío viejo, enfermo y sin dinero, encuentro más consuelo en esa creencia, que no puedo justificar, que en el panteísmo de juventud». Comenta: «las razones, aunque no demasiado honrosas para el cristianismo, sin duda fueron dadas con sinceridad (con sinceridad y un poco de melancólica ironía)».

Jueves, 1.º de diciembre. Voy a la Casa del Escritor, en la calle México, donde Orfila Reynal da un cocktail en honor de los escritores argentinos del Fondo de Cultura Económica (uno de ellos, yo). Después Borges habla, para nosotros y para mexicanos (explica que Perón no defendía al pueblo, que la Revolución no es un zarpazo de terratenientes y de obispos).

Viernes, 2 de diciembre. Voy a Losada, donde firmo ejemplares de Los orilleros, Guillermo de Torre, en una asombrosa expresión de amabilidad, me lleva a conversar a su escritorio; pero no puede con el genio. Se habla de la editorial. «Se publica poco —explica— y lo que se publica, tarda en publicarse, como usted sabe, por este libro, Pero no sólo tardan los libros de ustedes, sino también los que nos interesan, los libros que se venden».

Sábado, 3 de diciembre. Busco a Borges: comemos en casa con Chepina Pezzoni y Estela Canto. Ésta, desagradablemente exaltada, comenta la política del país (de modo poco grato, por cierto, y tonto, también por cierto) y, con notable esprit faux, el argumento de «La tercera expedición», cuento de Ray Bradbury. Llevo, después de comer, a estas personas a sus casas.

Lunes, 5 de diciembre. Comen en casa Borges y Ulyses Petit de Murat. Hablamos de un escritor menor, notable por lo débil, que Borges y Ulyses conocieron: Luis María Albamonte, que luego alcanzó cierto dudoso renombre con el seudónimo de «Américo Barrios».

Miércoles, 7 de diciembre. En A Perfect Woman de Hartley, leo esta frase que no me parece mal: «I wasn’t thinking so much of her, of course, as of her situation —that’s the way we writers tend (o think of things [Yo no estaba pensando en ella, por supuesto, tanto como en su situación— tal es la forma en que los escritores tendemos a pensar en las cosas]». Comento la frase con BORGES: me contesta: «Macedonio decía: “Uno se enamora de la situación, che, no de las mujeres”».

Sábado, 10 de diciembre. Voy al Plaza Hotel con Silvina y con mi padre, a almorzar con Susana Soca y con Borges. Susana Soca pronuncia de un modo extraño: las palabras inglesas las pronuncia en francés, Christopher Fry, con la e acentuada y todas las erres roulées, o si no, Christophle, como el fabricante de cubiertos; no dice chabacano, sino shabacano.

Borges nos habla de la comida en lo de un señor Luna, que, «es claro», no podía contar su viaje por Europa, porque había damas presentes. Parece que Norah le oyó pronunciar la palabra Avignon y, esperanzada, exclamó: «¡Ay, estuvo en Avignon! ¿Qué vio?». «Mire —contestó Luna—, a ciencia cierta no puedo decirle lo que vi, ni siquiera si estuve en Avignon, porque la curda empezó en Milán y concluyó en Carcasona». El dueño de casa (la invitación a la comida la había mandado la semana anterior) les dijo que no les daría nada de comer, porque a él no le interesaba comer sino beber, ja, ja, y, efectivamente, se limitó a pasar una fuente con unos pocos bocadillos. Mostró un cuarto lleno de libros; otro, sin libros: «El decorador —dijo— no me permite poner libros aquí; así que ya no voy a las librerías». Alguien sostuvo que los obreros estaban dispuestos a morir por Perón, que el mito había arraigado en el pueblo, etcétera. Borges le respondió: «Vea, la revolución se ganó porque había gente dispuesta a morir por la libertad y nadie a morir por Perón».

Comenta Borges que ha hojeado una Historia de la literatura argentina, en edición de 1954, del secretario privado de Dell’Oro Maini, ministro de Educación; el autor, cuando llega a la época contemporánea, declara que para evitar enojosos pluralismos hablará de un solo autor que maneja un lenguaje castizo (en el que incluye neologismos bien formados, como justicialismo): Juan Domingo Perón.

Por la noche, come en casa. Leemos el cuento de Bustos Domecq, que tenemos a medio hacer.

Frases que inventamos: «Lo encontré a la vera de un pocillo de café». «Me localicé en una platea de fila cero». «Ofreciéndome su silla, me imploró: “Ocupe este local”».

Miércoles, 14 de diciembre. Borges me dice que los discursos, considerados sesudos por la concurrencia, en el banquete a Nudelman, fueron generalmente insensatos. Los políticos querían florearse, querían ser líricos: el resultado fue un mátete. Para el aplauso bastaba cierta entonación en el grito y ciertas palabras: Argentinos, democracia, el tirano, etcétera. Roscaban el efecto del suspenso con elementos simples; por ejemplo: «La… Patria».

Jueves, 15 de diciembre. Comen en casa los Mallea, Gustavo Casares, Alicia Jurado, Borges. Gustavo pondera a España: «Qué lujo. Y qué miseria. En la iglesia de no sé qué pueblito, había que ver la plata del altar y las diademas de la Virgen y uno salía ¡y qué miseria! La gente no había cambiado: era la misma del tiempo del Greco. Había un cura flaco, vestido de negro, y seguido de otro cura, de colorado, y de no sé cuántos monaguillos. Y estaban —están por todas partes, en España— los enanos y las meninas de Velázquez: los quasimodos más horrorosos. El dominio de la Iglesia es impresionante: tienen a la gente en un puño, se meten en todo y embuchan el dinero». BORGES: «Enumera horrores como si fueran ventajas y virtudes». HELENITA MALLEA: «A María Elena Walsh la corrieron porque bajó de pantalones. Qué maravilla un pueblo que conserva así la manera de ser». BORGES: «Entre los esquimales encontrará aún más prejuicios». HELENITA: «No me hable de esquimales: viven en lugares fríos y a mí el frío —brrrrr— me horroriza». Hablaron de lugares en donde uno viviría; yo menciono Inglaterra, Francia, Italia, Suiza, España; Borges está de acuerdo: Inglaterra, Suiza, España le gustan para vivir, pero «¿quién puede vivir fuera de Buenos Aires?», agrega. Helenita y Gustavo consideran que vivir en Inglaterra no sería posible. HELENITA: «Los ingleses no son hombres; ni muertos, son muertos». Se habla de fantasmas. Todos quisieran creer. Se habla del almirante Martínez, que se suicidó. GUSTAVO: «Le iban a hacer un tribunal de honor». HELENITA: «¿Qué es un tribunal de honor?». GUSTAVO: «Es la degradación, que le hicieron a Toranzo Calderón, antes, y ahora a Perón y a Teisaire. Yo no sé por qué se la iban a hacer a Martínez. Él se apenó mucho por lo de Teisaire. Era amigo de Teisaire y de Remorino. No se metía mucho en política. Lo que él quería era ser lo que ahora es Rojas: jefe de la flota. Fue eso: jefe de la flota. Era un hombre modesto. Le dieron la dirección de la [fábrica de cerveza] Quilines, con veinticinco mil pesos mensuales». MALLEA: «No era tan modesto entonces». Gustavo: «Sí. Siguió en el mismo departamento». BORGES: «Además de peronista y de voraz, avaro». GUSTAVO: «Yo siempre digo: se puede ser peronista, allá ellos, pero lo que no es posible es ser peronista y estar en sociedad».

Viernes, 16 de diciembre. Después del almuerzo voy a Emecé, donde me entero de que, teniendo en cuenta lo poco que va por allá y trabaja Borges, la circunstancia de que ya no necesita el sueldo de Emecé para vivir y de que ya no es un perseguido, Bonifacio del Carril piensa que debería alejarse, con licencia sin goce de sueldo o algo así. Quieren que yo me quede. «Por cierto —les digo—, si Borges se va, yo me voy».

Sábado, 17 de diciembre. Por teléfono, la madre de Borges, con quien hablo del capricho de Borges de ir a vivir a la Biblioteca; la madre explica las dificultades de conseguir servicio para una casa tan grande —«Siempre he pedido a Dios salud y servicio», me asegura— y no hace hincapié en que ella va a vivir lejos de todas sus amigas y de Norah. «Está tan mal de la vista —me dice—, que no quiero contrariarlo en nada».

Lunes, 19 de diciembre. Como, en casa de Miguel Ángel Cárcano (h.), con Erro, Capdevila, Sáenz Hayes, Mallea, Giusti, Dell’Oro Maini y un señor, tan callado como yo, que dirigió, en Córdoba, el diario de los Cárcano.

Mallea refiere que el perro de una hija de Carmen Gándara estaba enfermo; a ruegos de la chica, Carmen llamó a un veterinario; mientras hablaba con este señor, la chica mostraba inquietud; por fin la madre le preguntó; «Pero, ¿qué te pasa? ¿Por qué no estás contenta?». La hija contestó: «Porque el señor no es perro». Cuando comunico la historia a Borges, me cuenta una parecida, de una Saavedra, acaso parienta, muy linda, pero muy simple, que, una vez que tuvo enfermo el gato, dijo que había que llamar al animal veterinario.

Martes, 20 de diciembre. Come en casa Borges. Me cuenta frases que inventó: «Estreñido por el deber, obró así». «Una palabra más, mi generalito, y lo sucumbo a balazos».

Sábado, 24 de diciembre. Después de comer voy a casa de Borges. Con la madre, con Norah y Guillermo, con Miguel y Luis, brindamos con champagne. Luego vamos a casa, Borges y yo. Conversamos con mi padre. Luego Borges, Silvina, mi padre y yo brindamos con champagne (de Los Dos Chinos) y comemos torta de Navidad. Borges comenta: «Americanos, del siglo XX, cumpliendo sus ritos». Dice también: «Estos ritos son patéticos, porque somos muy pocos. Más raro sería que un hombre sólo estuviera haciéndolos».

Lunes, 26 de diciembre. Borges nombrado académico (Letras), con tres farabutes: Mujica Lainez, Estrella Gutiérrez y un tal Alfonso.

Me refiere este diálogo de almacén: UNO: «Ahora no hay libertad». OTRO (más corpulento que el anterior): «Ahora hay libertad. Antes si usted gritaba “¡Muera Perón!” iba a pasar a la [Comisaría] Segunda. Ahora si grita “¡Muera Rojas!” no le pasa nada, salvo que yo le bajo los dientes de un sopapo».

Dio en la Biblioteca una jollificatíon al personal: champagne, sándwiches. «Es la primera vez que un director nos reúne para una celebración así», dijo un empleado. «Es la Revolución», explicó Borges.

Me dice que Martínez Zuviría estaba interesado en todas las habladurías de los empleados de la Biblioteca. «Nada me es indiferente», explicaba. Parece que un tal Trenti Rocamora, antecesor de Borges en la dirección de la Biblioteca, había instalado un sistema de hilos para oír y grabar las conversaciones de los empleados. Borges también me cuenta que el mismo Martínez Zuviría, junto con Ibarguren, asistió a la ceremonia del establecimiento de las academias; ahí, sin inmutarse, los dos habrían escuchado discursos en los que se atacó a los tiranos y se exaltó a la libertad.


Lunes, 2 de enero. Voy a una reunión en casa de Mandie Molina Vedia. Borges comenta: «Como todas las cosas —salvo los sonetos, que hay algunos buenos—, las reuniones siempre fracasan. En contra de la experiencia universal se insiste, en la esperanza de que la reunión que se prepara salga bien». Chela Hughes canta Danse avec moi o La vie en rose y Saint Louis Blues. A una especialista en cantos españoles, Peyrou sugiere decirle, en tono de ruego y elogio: «Ahora uno de esos cantos españoles, que son tan aburridos». Canta y no resulta mal.

Sábado, 7 de enero. Come en casa Borges. Escribimos dos contratapas. Dice que el capitán Wolberg le hizo oír la grabación del reportaje que se emitirá en estos días en su programa de Radio del Estado. Inventamos frases: «Me empecé en la lectura con las palabras Faber n. 2» (Borges). «Ataviado con bolsas, recorría la vieja alameda». (Bioy). «Vagaba por el estrecho calabozo». (Borges). «Encontré al doctor Eisenstein en un avanzado estado de semitismo». (Borges, atribuyéndola a un antisemita).

Me cuenta una reunión en casa de mi amigo (del Buenos Aires Lawn Tennis Club) el egiptólogo Rosenvasser. Se hablaba del joven Bravo, víctima de torturas de la policía peronista[151]. BORGES: «Como es comunista, no comprende cómo un burgués —el doctor Caride— pudo salvarlo; como es un bruto, se enoja contra lo que no entiende; como es un crápula, odia al doctor Caride. Parece que es tan crápula que lamenta que haya ocurrido la Revolución, porque “con Perón, el pueblo hubiera conseguido todo; ahora, en cambio, estamos como antes”. Por lo visto, no basta ser mártir. Un muchacho judío, que parecía sufrir de timidez, en toda la noche sólo dijo estas palabras: “No es suficiente ser mártir, ni necesario”. Me pareció una frase ejemplar, que indicaba rigor de pensamiento».

Me refiere una conversación con un profesor alemán, que fue a verlo a la Biblioteca: «Gran admirador de Eça de Queiroz, me dijo después que él no comprendía el actual culto por Galdós, pero que algo debía de haber en Galdós, ya que el mismo doctor Bunge —o un nombre parecido— hablaba de Galdós con profundo respeto. Así son todas las conversaciones literarias, progresan por encuentros y desencuentros. No se puede pedir más».

Domingo, 8 de enero. En casa, contratapas con Borges: comemos con Torre Nilsson. Borges trajo un ejemplar de la revista Número, en que hay una critica (favorable) para El sueño de los héroes; del resto de mi obra dice que es ingeniosa, divertida, etcétera, pero un tanto superficial.

Lunes, 9 de enero. Come en casa Borges.

Miércoles, 11 de enero. Voy al sanatorio Devoto, donde hacen a Borges una implantación de placenta en el ojo; sale con el ojo sano vendado; ciego. Lo llevo a su casa. Dice: “Todo esto ya es pasado. Era pasado mientras sucedía; en fin, hasta el momento en que me dolió mucho y en que entendí que no podía aguantar más”. Por la noche, lo visito.

Jueves, 12 de enero. Llevo a Borges —y a su madre— al sanatorio Devoto, donde le sacan la venda del ojo. Me entero del inesperado efecto que produjeron dos escritores en la vida del sanatorio. Parece que la última vez que lo operaron a Borges, Manucho Mujica Lainez le llevó una influyente reliquia, objeto que protegió el ojo de Borges y que luego recorrió los cuartos de otros enfermos, que lo reclamaban para aplicarlo en forma de apósito.

Viernes, 13 de enero. Me dicen, en El Ateneo, que Cuentos breves y extraordinarios se vende muy bien; Los orilleros, “despacito”. Visito a Borges: están allí Mandie Molina Vedia y Julia Peyrou.

Sábado, 14 de enero. Comen en casa Borges y Wilcock. Con Borges, escribimos el cuento. Oímos, por Radio del Estado, la entrevista que el capitán Wolberg hizo a Wilcock. Seguimos escribiendo el cuento.

Domingo, 15 de enero. Voy a buscar a Borges. Hay una reunión de mujeres en su casa: Adela y Mariana Grondona —hablando del plexus, “ay, usted no tiene plexus”, que es angustia—, Dione Vázquez Varela, Lisa Lenson, Clara Bullrich, Bebé Elía.

Borges recuerda una plegaria de Cansinos-Assens, que pide a Dios que modere el excesivo esplendor del mundo, para que él pueda tolerarlo[152]. Yo, para despistar a las Grondona, tan orgullosas de su plexus, digo que el común de los mortales es insensible, sólo se siente a sí mismo, siente su angustia, lo que le impide advertir la belleza del mundo.

Como escribí que los personajes de Hartley no tienen la sólida realidad de los de Balzac[153] (por ejemplo), hacemos, con Borges, listas de personajes verosímiles. Borges distingue la realidad vista por dentro (el “yo” de The Way of All Flesh) de la vista de lejos (los personajes de Maupassant, sobre los que el lector y el autor no saben mucho). BIOY: “Tenés razón; pero de éstos hablamos, porque son los verdaderamente reales, como la gente que encontramos en la vida. Un personaje que se ve de adentro llega a ser, un poco, el lector”. BORGES: “Sí, los personajes verosímiles son los que se manifiestan diferentes del autor. Quizá en The Way of All Flesh no hay nadie capaz de entusiasmo, porque Butler no era capaz de entusiasmo”. BIOY: “Los de Dostoievski, ¿serían reales?”. BORGES: “Quizá algunos. Pero son tan parecidos…”. BÍOY: “Sí, hay uno real, que es el promedio de todos, que es todos”. BORGES: “Chesterton dice que es muy importante que en una novela un personaje hable en carácter y asombrosamente: esa mezcla de inconsecuencia y lógica, o esa consecuencia inesperada, da realidad”.

Hacemos esta lista: Pinkerton, de The Wrecker, el padre de The House with the Green Shutters de Douglas; el zapatero de Lament for a Maker, la heroína del Primo Basilio; la Sanseverina de La Chartreuse de Parme y Madame de Rênal de Le Rouge el le Noir, el doctor indio de A Passage to India y el bengalí que dice: “Suppose you prosecute” del “Cuento más hermoso del mundo”[154]; don Quijote; Hamlet; Schomberg de Victory; Shylock; acaso el rey Lear (no Macbeth); Babbitt; Roy Richmond de The Adventures of Harry Richmond de Meredith; Watson y no Sherlock Holmes; los personajes de Maupassant; Martín Fierro; Grandet y Eugénie; le pére Goriot; M. de Charlus; personajes de Shaw (el poeta y el marido, de Candida, Mrs, Dubedat de The Doctor’s Dilemma); Jesús; el conde Fosco y el tío paralítico de The Woman in White, según mi padre, Félicité de “Un coeur simple” de Flaubert y la mujer que hay en El crimen del Padre Amaro.

Hablamos de personajes reales pero que recibieron realidad de libros: Johnson, Jean Jacques; sin embargo, muy pronto encontramos que la realidad parece venir, sobre todo, de que sabemos que fueron reales, y que no es ecuánime comparar personajes históricos con personajes ficticios; nos preguntamos si los personajes enumerados no serían reales, si no serían retratos de gente que existió. Digo que con algunos caracteres los autores hacen personajes quizá parecidos entre sí, pero que persuaden de su realidad; con avaros y novelistas, por ejemplo.

Escribimos unos párrafos de nuestro cuento.

Lunes, 16 de enero. Llevo a Borges al sanatorio Devoto. «Me cuenta este diálogo entre Mariana Grondona y Norah. M. G.: “Vos que sos pintora, decime qué debo hacer para pintar”. N.: “Píntá lo que sientas”. M. G. (con irritación)». “Pero si no siento absolutamente nada”.

BORGES: “Según Norah, las personas representadas en un cuadro deben parecerse entre sí. Alguien dijo que el trabajo más interesante de los pintores sería la invención de caras. Los pintores no lo han creído así”. Borges opina que los dibujos de Beardsley son sumamente originales, inconfundibles con los de otros artistas, pero muy feos.

Por la noche, come en casa. Escribimos unos párrafos del cuento.

Martes, 17 de enero. Come en casa Borges. Me cuenta que Manucho apareció en su coche oficial, con secretario, llevando una caja, con una etiqueta en letras doradas que declaraban: Biblioteca Nacional, Manuscritos de Escritores Argentinos, seleccionados y donados por Manuel Mujica Lainez, Buenos Aires, 1956, Contiene la caja manuscritos de todos nosotros y de otros talentos como Girri y Murena. Por carta y verbalmente, Manucho insistió en que convenía que los diarios comentaran la donación, para que otros lo imiten y haya más donaciones. BORGES: «Qué le importará de otras donaciones, lo que quiere es que se hable de él». BIOY: «Buenas perspectivas, si otros lo imitan y la Biblioteca se llena de donaciones como ésa. ¿Cómo no sabe que el valor de esos manuscritos sólo será, en el mejor de los casos, el de objetos pintorescos, una carta fotografiada en una obra biográfica, o para los grafólogos?”. BORGES: “Ha escrito buenos libros: Los ídolos». BIOY: «Buenos, pero no tan buenos. Con la grosería y la vanidad asomando en todas partes». BORGES: «Después hicimos juntos una recorrida por la Biblioteca, y Manucho todo el tiempo mostraba su carácter. Me decía: “Pero, che, este escritorio es muy bueno, por qué no lo subís a tu despacho. Tenés que llevar esta silla”. Llegó a descolgar un cuadro; quería que me lo llevara. Le dije que iba a llevarlo después. Te imaginas. Voy a sacarle a un empleado el cuadro que tiene en su escritorio, para llevarlo al mío…».

Hicimos una lista para el Club de aburridos[155]. El leading bore of his time, y el presidente, es Rinaldini. En la comisión están Prando; Dupont (el marido de Silvina Bullrich); los Alvarez de Toledo, maridos de Teodelina Alvear y de Blanca Bombal; un joven Repetto, hijo del juez de la Suprema Corte; Andrés Wilson (el marido de Rosarito Grondona); Julio Payró. BORGES: “Los de formato grande son los peores. Habría que sacarlos de los cuartos a empujones, entre varias personas; a empujones no violentos, sino persuasivos. There is no bore like a clever bore. Bueno, ninguno de éstos es a clever bore. De Rinaldini comentaba Gerchunoff la persistencia de llovizna. No hay que ser demasiado callado, para ser muy aburrido. El escritor Aramburu o Prando aburren, por cierto; pero la calidad de los verdaderos botes —los Moreno Hueyo, por ejemplo— se advierte en un aura o fluido tranquilo y soporífico que despiden. El grimaçant Losada y el casi romano y consular López Llausás podrían integrar la comisión del Club”.

Miércoles, 18 de enero. En casa, buscando el resguardo de un título de propiedad, encuentro el compendio del Libro del cielo y del infierno (que preparamos en 1953, para Sur, sobre la base de una antología mucho mayor, entregada hace años a Claridad), las notas a sir Thomas Browne y las notas a Agudeza y arte de ingenio.

Comen en casa Borges y Wilcock.

Viernes, 20 de enero. Comen en casa Borges y Wilcock. BORGES: «En una ciudad española, va a haber no sé qué acto público. En la calle por donde va a pasar Franco, trabaja un barrendero. Un oficial se acerca al barrendero y le dice: “Tiene que irse de aquí, porque va a pasar el Generalísimo”. “¿Qué me importa a mi del Generalísimo? —responde el barrendero—. Yo estoy limpiando las calles de mi ciudad”. Siguió, no le pasó nada. Ojalá que sea verdad. Uno siente la dignidad española».

Borges observa que en Buenos Aires hablamos sin terminar las frases; en España se habla con frases construidas. También refiere que al ver a Lugones, una señora le preguntó: «¿Cómo, usted, con esa cara, ha escrito todos esos versos?». «Sí, señora —contestó Lugones—, pero no escribo los versos con la cara».

Trabajamos —algunas líneas— en nuestro cuento.

Domingo, 22 de enero. Comen en casa Borges y Beatriz Guido. Con Borges trabajamos después de comer. Proyecto de cuento para H. Bustos Domecq, de Borges: Alguien tuvo el privilegio de pasar una temporada en una aldea española donde, por defectos de comunicación, el idioma se conserva puro. Da ejemplos. Se advierte que son errores, como decir departir por partir, de paso deja entrever la aldea; se describe que la gente vive en cuevas, come lo que puede, excrementos de cabra, etcétera.

Borges vuelve a pedir, a mi padre, capítulos de sus Memorias[156] para la Revista de la Biblioteca.

Miércoles, 25 de enero. Come en casa Borges. Cuento lo de Rega Molina, en El Mundo. Después de la Revolución siguió yendo al diario, a pesar de su conducta en tiempos del peronismo. No le daban trabajo, no le hablaban. Él se pasaba las horas sentado frente a su mesa; después iba a la caja y cobraba el día, más lo correspondiente al almuerzo, que no había comido. Un día se presentó en el escritorio de Barreño, que lo echó. Barreño creyó que con eso bastaría; que Rega se habría retirado del diario. Lo mandó echar por un ordenanza, que lo llevó hasta la puerta[157]. BORGES: «Andaba entre la peor gente, lo peor del periodismo: ¿cómo no se iba a notar su canallada? Siempre le ocurrieron cosas así. Después las contaba. Una vez tuvo un lío con una muchacha, y un negro retinto, cerca del Hospital de Niños, le dio una paliza. Indignado, con el ojo en compota, contaba el hecho a quien le oyera: que había visto a una chinita que no valía nada, que él se le fue al humo, pero apareció entonces un amigo o marido, que le dio la trompada… Él contaba todo: “No saben las trompadas que me pegó, etcétera”. No dudaba de conseguir la simpatía de los oyentes… Sin embargo, él mismo tiene algo de malevo, de violento». BIOY: «Peor es el caso de P. I. En un baile, cerca de las carreras, se metió con una mujer. Ahí también apareció un marido o amante. “¿Sabe quién soy? —preguntó él—: el doctor P. I.”. “Entonces —contestó el malevo, con su peronismo innato—, mejor” y le pegó más fuerte. De vuelta a su casa, P. I. le contó el episodio a su mujer. Esperaba plena simpatía». BORGES: «Nadie se pone en el lugar del otro…».

BORGES: «Guillermo escribió un artículo sobre Cansinos-Assens. Se ve el odio, todo el tiempo. Dice que Cansinos está olvidado. Que la gente se acuerda de los contemporáneos de Cansinos, no de Cansinos. De escritores que, en definitiva, no tienen más valor. Que Cansinos no ha dejado de escribir, si bien es verdad que sus nuevas obras no agregan nada: ahí están, pero nadie las nota. Escribe todo eso para que Cansinos lo lea». BIOY: «Es duro decir eso de un autor vivo. No se sabe si es un reproche, ¿cómo se puede contestar? Decirle a alguien que la gente lo olvida o lo odia es horrible».

Hablamos de Sigfrido Radaelli. BORGES: «Estaba en Control de Estado. ¿Te acordás de la voz que tiene?». BIOY: «¿Es muy alta?». BORGES: «No sé: rarísima. Voz de fantoche. ¿Y te acordás de su departamento en la avenida ancha, en la 9 de julio? Con espejos triangulares y cosas horribles. ¿Sabés que tiene una hermana que se llama Esmeralda y otra que se llama Agata? A él habría que ponerlo en un cuento. Habría que llamarlo Walkirio Radaelli. Nadie se llama Walkirio, pero se le reconocería en seguida». Recordé que cuando visitamos a Radaelli, en su departamento monstruoso, se pronunció en contra del peronismo, de Perón y de Evita; ocurrió esa visita hace muchos años, a comienzos del peronismo.

Hablamos del nombre Castiñeira de Dios. Mi padre recuerda una razón social: Dios, Ortega y Compañía, Borges comenta: «Decae con Ortega». Dice que el nombre Dios es un sacrilegio.

BORGES: «Hay un libro de Mastronardi en Raigal[158], desde hace dos años. Me explicaron que los de Raigal son buena gente, gente muy correcta, pero que no paga. Ah, eso no, ni a tiros. Parece que ni el mismo Fatone consiguió que le pagaran».

Le cito el epigrama de Humbert Wolfe, «On a Satyr Engraved on a Cup», cuyo original está entre los Planudean Epigrams de la Antología griega (es el 248, de Platón el joven):

This faun the sculptor bulled, but did not make him.

He sleeps in silver, and a touch will wake him[159],

Le gusta mucho; recuerda:

She walks in beauty, like the night[160]

BORGES: «Hay que decirlo de una mujer morena y grande». BIOY: «Sí. De la alta mujer dolorosa»[161].

Hablamos de lo extraña que sería la expresión: «Majestuoso como [Romualdo] Braghetti». Dice que oyó una conversación entre Clemente y Olivera. CLEMENTE: «¿Por qué pusieron en la comisión a ese mierda de Brughetti?», OLIVERA: «No sé. Alguien lo propuso». Comentario de BORGES: «Sans relever eso de mierda, como si fuera la descripción natural del individuo».

Escribimos algunas líneas del cuento: comienzo de la explicación de Jacinto Cárdenas.

Martes, 31 de enero. Borges me comunica el final que entrevé para nuestro cuento: Urbistondo (que fue quien hizo —o quien hará después de una corrección— el «Eberman de utilería» en Ezeiza) no cree la explicación de los hechos que le da Cárdenas; sin embargo, parte en seguida a chantajear, con esos datos, a Manganaro. Manganaro le pega. Él comprende que se ha portado mal, que hay que castigar la causa de su desvío: Cárdenas. Visita, en la Alianza[162], a Frogman, que está jugando con unos muñecos, que son aliancistas, y con otros, que son matreras; con maquetas de iglesias, que incendia. Urbistondo le refiere lo que ha dicho Cárdenas y dónde está oculto. A la madrugada van los aliancistas con Frogman. Cuando suena el disparo que mata a Cárdenas, Frogman se tapa los oídos y cierra la boca; después pellizca al cadáver. Rompen todo en la casa de Urbistondo, que se consuela con la satisfacción del deber cumplido.

[Miércoles, 1.º de febrero al jueves 26 de abril. Bioy Casares en Mar del Plata y en Pardo].

Martes, 21 de febrero. En Pardo, Carta de la madre de Borges, en que me dice que según Malbrán el injerto de placenta, en el ojo de Borges, no sirvió de nada; que la miopía progresa peligrosamente; que a su vuelta de Córdoba intentarán un tratamiento intensivo: todo bastante malo, por cierto.

Viernes, 27 de abril. Borges está en Mendoza, Llega el martes.

Martes, 1.º de mayo. Me levanto temprano, para buscar a Borges, que llega de Mendoza. Tanto él como su madre parecen muy conmovidos porque Silvina y yo hayamos ido a esperarlos. Me dice que en Mendoza, como en Tucumán, en Santiago del Estero, en Córdoba y aun en Pehuajó, es inevitable que un joven se le acerque a uno y le pregunte con expresión intensa: «¿No cree usted que el escritor no debe resignarse a repetir la nota cosmopolita, sino que debe bucear en lo regional…?». Dice también que oyó la palabra cajonario, por de cajón.

Tomo el té chez Borges, donde voy en busca de consejo sobre si debo aceptar o no el nombramiento como Director de Asuntos Culturales. Allí están Norah, sus hijos, un muchacho Paz Leston. Norah y la madre de Borges me aconsejan que acepte; Borges, que de ninguna manera acepte: «Escóndete en la laguna de los Cisnes; cualquier cosa, pero no aceptes. No hay que aceptar un puesto que se parece tan poco a uno; que uno de ningún modo hubiera inventado». Norah y la madre opinan que debemos sacrificarnos por la patria. Borges concluye: «¿Es necesario, para salvar la patria, emplear a todos los chambones? Porque, ¿qué sabemos nosotros, Adolfito o yo, de cosas de gobierno?».

Jueves, 3 de mayo. Comen en casa Borges y Wilcock. Borges comenta poemas del Marino. Después, en un aparte, me dice que no sabe qué hacer con un poema que Wilcock le mandó para la Revista de la Biblioteca: un poema sin duda irónico, porque Wilcock sabe lo que hace, pero que deja una sensación incómoda —bueno, ¿y qué?— y que no parece adecuado para una revista oficial.

Hablo de los rollos del Mar Muerto; de mI proyecto de escribir sobre ellos; de que Edmund Wilson no menciona a De Quincey, cuando repite su hipótesis, aparentemente confirmada hoy, de la identidad entre los esenios y los cristianos (¿o lo confirmado, o casi confirmado, es que Cristo fue esenio?)[163].

Martes, 8 de mayo. Después del almuerzo, la madre de Borges me hace leer una página de Borges que se titula «Borges y yo»: algo muy sencillo, escrito de una manera llana, triste, noble.

Miércoles, 9 de mayo. Frías me dijo hoy que nuestro trabajo en Emecé (el de Borges y el mío) había terminado. ¿Cómo lo dijo? Preocupándose por nosotros, contra Emecé. FRÍAS: «¿Cuál es la situación de ustedes?». BIOY: «No nos pagan desde hace uno o dos meses». FRÍAS: «En ese caso, yo no seguiría leyendo[164]». Finis, pues. Le cuento la escena a Borges. «Una abeja le puso miel en la boca», comenta.

Sábado, 12 de mayo. Comen en casa Borges, Mauricio y Martín Müller, y Wilcock. Los Müller cuentan que Martínez Estrada está medio peronista, medio comunista: en Montevideo habló de la falta de libertad que hay ahora en Buenos Aires; de que todo anda tan mal que no le quedan dudas de que lo mejor sería que volviera Perón.

Esto me recordó que, al comienzo de la Segunda Guerra, cuando Inglaterra defendía sola al mundo libre, nos reunimos en el restaurant chino la Pagoda, en Diagonal y Florida, para firmar un manifiesto en favor de los aliados. Esa mañana, los primeros en llegar fuimos Borges, Petit de Murat, Martínez Estrada y yo. Entre Borges y yo explicamos nuestro propósito. Martínez Estrada dijo que él quería hacer una salvedad o, por lo menos, un llamado a la reflexión. Nos preguntó si no habíamos pensado que tal vez hubiera alguna razón, y quizá también alguna justicia, para que unos perdieran y otros triunfaran, si no habíamos pensado que tal vez de un lado estaban la fuerza, la juventud, lo nuevo en toda su pureza, y del otro, la decadencia, la corrupción de un mundo viejo. Yo pensé que con un personaje así no se podía ni siquiera discutir y, mentalmente, lo eliminé de la posible lista de firmantes. Me equivocaba. Petit de Murat se levantó y dijo que para nosotros el asunto era más simple: «De un lado está la gente decente, del otro los hijos de puta», «Si es así —contestó Martínez Estrada, tomando un color que pasó de grisáceo a amarillento— firmo con ustedes encantado» y, ante mi asombro, subimos a las oficinas de Argentina Libre y estampó su firma en nuestro manifiesto.

Martes, 15 de mayo. Come en casa Borges. Corregimos Bustos Domecq (Seis Problemas) para posibles editores.

Viernes, 18 de mayo. Por teléfono, Borges: almorzó con Esther Zemborain, comió con Alicia Jurado: qué día. El hijo menor de Esther (católico, probablemente nacionalista) habría resumido así la cuestión universitaria: «Ellos nos llaman nazis y saben que no lo somos. Nosotros los llamamos comunistas y sabemos que no lo son. Pero parece que conviene hablar así».

Martes, 22 de mayo. A las siete pasadas vamos a la casa de Borges, donde se celebra el octogésimo aniversario de su madre. Cecilia Ingenieros, Delfina Mitre, infinidad de gente. Hay tanta gente que uno solo cabe en el sitio que ocupa de pie: Borges me contará después que su madre, en la reunión, de pronto sintió algún mareo y se consoló pensando que de todas maneras no podría caer.

Durante la fiesta, Rinaldini elogia el actual gobierno, diciendo: «Por primera vez se ha llamado a gobernar a los jóvenes». BORGES: «No me parece atinado elogiar a los jóvenes contra los viejos en casa de una persona que ha cumplido ochenta años».

Miércoles, 23 de mayo. Come en casa Borges.

Viernes, 25 de mayo. Comen en casa Borges y Wilcock. Refieren que Martínez Estrada, en un artículo en Marcha, de Montevideo, dice que Perón fue el más inteligente de nuestros gobernantes, que fue grande por sus defectos como por sus virtudes; que con él se acabaron los baqueanos y aparecieron los topógrafos, los técnicos, y que nadie se atreverá a probarle a él, Martínez Estrada, que lo que ha dicho no es verdad[165]. BORGES: «Al que afirma que dos y dos son cinco le corresponde la prueba. No hay por qué registrar las sandeces de Martínez Estrada. Recordar, en su contra, el librito de Historia de todas las literaturas[166]: Historia de parte de su ignorando».

Borges cuenta una anécdota de Tallón, suerte de boxeador enfermo, poeta malo, a quien su antiperonismo dejó sin trabajo, viviendo a costa de su mujer; pobre, pero sobre todo haragán e inescrupuloso. Un muchacho Armani había ganado un premio literario de mil pesos. Estaba muy contento: mil pesos todavía significaban algo. Armani y Clemente visitaron a Tallón. Cuando llegó el momento de irse, Tallón les dijo: «No, debemos comer juntos». Pero eran las nueve pasadas, todos tenían hambre y en la casa no se advertían preparativos para la comida. Finalmente todos fueron a comer a un restaurant. Tallón dijo: «Que pague el del premio». Después explicó que le parecía muy justo que Armani hubiera triunfado, pero que él creía que Fulano iba a ganar el premio, y que Fulano le había prometido un traje para el caso de ganar el premio, así que Armani le había birlado el traje. Armani era un muchacho muy tímido y respetuoso. Parece que a los pocos días los amigos vieron a Tallón con un traje nuevo.

Con Borges hablamos de una posible nueva edición de la Antología poética argentina, con amputaciones (Marechal —a quien siempre consideré mal poeta—, Gloria Alcorta y otros inexplicables inquilinos de nuestro libro) y agregados (nuevos poemas de Wilcock, de Capdevila, etcétera). También hablamos del Club de cuentistas y preparamos una lista de colaboradores para el primer volumen: Enrique Amorim (fundador del primer —fracasado por las circunstancias políticas—. Club de cuentistas)[167], Peyrou, Silvina, Borges, yo, Wilcock, Mujica Lainez, Marcial Tamayo, Francisco Ayala, Beatriz Guido (that ineffective syndicaté)[168], Rosa Chacel, Elva de Lóizaga, José Bianco, Rodolfo Walsh, el increíble Pippig[169], y el oscuro Eandi.

En un momento en que Wilcock se retira, pregunto a Borges si en algún diccionario, junto a la expresión ad usum delphini, no se leería: «Dícese del órgano sexual de los pederastas».

Borges menciona un extraño uso de ése: «Me equivoqué, usted no es ese amigo…». Concluyo: «… entre cuyas fauces, como el domador de leones del circo de nuestra niñez, pondríamos la cabeza». Le sugiero que este uso del ese debe de ser galicista: «Elle n’est pas cette femme qu’on admire». Cuando salimos de casa, le digo que un mal poeta podría escribir: «La luz quedó encerrada en el ascensor, como un pájaro en la jaula».

BORGES: «Peor aún sería: “Salimos a la oscuridad de la calle como cartas que se echan en el buzón”. ¿Qué es esto? ¿Creacionismo? O si no: “Los árboles, en filas como recuerdos”. Un poeta prudente escribiría: “Las calles, como espacios entre las casas”».

Se habla después de «tiempo arrodillado» y se dice que podría ser el título de un libro; se habla de masticables (palabra con que ahora se designa el chewing gum ¿para distinguirlo de la carne, de las legumbres, del pan?). Borges dice que en la Plaza de Mayo, entre las escarapelas y el patriotismo, se oía, el 25, la voz de los vendedores de masticables. Propongo:

Mi corazón apelotonado,

otro masticable de tu olvido.

Domingo, 27 de mayo. Llama Borges: por la manera en que elogia mi nota de La Nación[170], sospecho que la encontró superficial. Me cuenta estas anécdotas:

A la muerte del padre, la hija, acompañada de su amiga judía, está rezando junto al cuerpo. Llega la otra hija, escritora (escritöra, diría Xul[171]) y antisemita, y, al ver a la judía, se enfurece: «¿Para qué rezas? ¿Vos creés que Dios va a escucharte? Vos deberías rezarle a un chancho». Borges explica: «Quizá porque no comen jamón, cierta gente cree que los judíos adoran a una cabeza de cerdo. Los judíos creían que los primeros cristianos adoraban a un asno, o a una cabeza de asno».

Una Madame Armide plagia íntegramente los poemas del olvidado (ay, no tanto, gime Madame Armide, cuando lee Le Fígaro) escritor André Lafon. De cincuenta y tres poemas de su libro, treinta y cinco son de Lafon. En algunos cambia una palabra: chatte se convierte en chienne, por ejemplo; estos cambios a veces rompen la medida del verso. ¿De quién serán los restantes poemas de Madame Armide? El cronista del Fígaro nada dice al respecto.

Martes, 29 de mayo. Por la mañana, con Borges, vamos a la editorial Raigal, en la esperanza de cobrar algo por los Cuentos breves y extraordinarios, Nos felicitan por la venta del libro, nos piden otro (que pensemos qué podemos proponerles), postergan el pago por quince días. «Hemos montado la máquina para entrar en el combate del negocio editorial», nos aseguran. Piden que prestemos nuestra colaboración para reuniones en que los autores firmarán sus libros. «Esto no será la remanida reunión para la firma de libros», nos dicen; la diferencia es tan sutil que no la advertimos.

Le hablo a Borges de mi posible nota sobre la Enciclopedia de la Pléiade[172] me dice que Huxley viajaba con una enciclopedia —la decimoprimera edición de la Britannica[173]

Me cuenta una anécdota; Rosa Chacel va a la calle Alsina, con una muestra de género, para comprar un corte; de pronto se encuentra frente a una vidriera con libros, levanta la vista, ve que está frente a la editorial Losada: Guillermo de Torre está en la puerta. Guillermo exclama: «Si vienes con un libro de cuentos, ya te lo prevengo: no te lo publicaremos, no te lo publicaremos». Rosa muestra el género, explica su inofensivo propósito. Guillermo se aplaca un poco y concede: «Bueno, si me garantes que no se trata de ningún género literario».

Me dice que no está feliz en la Academia de Letras: le gustaría escribir contra ellos. También le gustaría escribir un artículo en defensa del idioma español, afirmando que sin duda será un idioma internacional, que esto debe alegrar a quienes lo escribimos, pero que las academias, defendiendo un idioma arcaico y sus localismos e idiotismos y paremiología, se oponen a esa expansión del idioma.

Me cuenta algunas miserias de José Luis Romero: en un palco del Teatro Cervantes se reía ostensiblemente de Dell’Oro Maini (Norah, invitada de Romero, estaba incómoda); a comunistas aseguró de su simpatía por su partido; a muchachos estudiantes azuzó contra Dell’Oro.

Miércoles, 30 de mayo. Comen en casa Borges, Resta y su mujer. BORGES: «Un señor me ha comunicado su plan de hacer un diario en que se adule al pueblo, se olviden los crímenes del peronismo, se ataque (pour la galerié) al gobierno». BIOY: «El plan me parece una inmoralidad; ese señor, un crápula». BORGES; «Así ha de ser. Ahora, mucha gente suspira por atraer a los peronistas: Estela [Canto] fue al Rosario, atacó al gobierno, a la Marina y a Aramburu. Le pregunté por qué lo hacía ahora y no en tiempos de Perón. Este pilar de la rectitud contestó que porque ahora hay garantías de que a uno no le va a pasar nada».

Domingo, 3 de junio. Borges sobre la gente de sociedad, especialmente uruguaya: «Siempre se finge que el mundo de ellos tiene mucha realidad; esto es falso, pero menos en Buenos Aires que en Montevideo, donde ya los primos, los parientes próximos de esas personas, son de otra clase, se visten con géneros distintos; los uruguayos tienen menos espacio para moverse; en seguida están en el baldío».

Jueves, 7 de junio. De regreso de Montevideo, Borges me refiere esta anécdota: Zum Felde publica un artículo en que ataca a Sabat Ercasty y a Ipuche. Ipuche contesta, argumentando: «¿Cómo puede usted atacar a los dos más altos valores de las letras uruguayas?». Como prueba, añade unos poemas inéditos. A los pocos días llega un visitante a casa de Ipuche, que se presenta como Zum Felde. Un tanto alarmado, sale a recibirlo Ipuche; se encuentra con Carlos Mastronardi, que le dice: «No soy más que el entrerriano». BORGES: «Una vez, Ipuche dijo que los mejores payadores eran uruguayos. Nalé le propuso: “Bueno, probemos”. Ipuche se excusó por estar cansado. Qué torpe: siendo uruguayo, él no debió decir esa frase. Ipuche fundó, en los años veinte, una escuela de gauchismo cósmico, que exaltaba las virtudes heroicas. En tiempos de algún dictador fueron a verlo para que entrara en un movimiento subversivo. Como tenía un puesto en la Municipalidad, aseguró autoritariamente: “Esto se cae solo, está podrido. Hay que dejar que se venga abajo”». Cita a Rodríguez Monegal, según el cual Silva Valdés e Ipuche mantienen vivos al calor de un fósforo algunos recuerdos del tiempo de las carretas y las pulperías; no valen mucho como realidad ni valen mucho en su literatura.

Sábado, 9 de junio. Come en casa Borges. Oímos blués: le gusta Sixteen Tons. Lo llevo a su casa. En el camino de vuelta, pongo la radio del automóvil; de pronto se oyen unos cantos antillanos, en inglés de Jamaica, y el locutor dice: «Comunicamos con LRA, Radio del Estado». Anuncian que a continuación se dará lectura a dos importantes decretos del Poder Ejecutivo: 1 “) Declaración de la ley marcial; 2“) Explicación de la ley marcial: a todo sospechoso se fusilará en el acto; serán sospechosos: los que desobedezcan a la policía, los que lleven armas, los que tomen actitudes «sospechosas». Llamo a casa de Borges: dicen que oyeron un tiroteo por el lado del Arsenal y tienen noticias de que Oscar Peyrou no pudo volver a su casa desde San Isidro. Después me llama, desde La Prensa, Peyrou: dice que hay sublevación en La Pampa y en La Plata[174]; que el centro de la ciudad está tranquilo.

Martes, 12 de junio. Conversación telefónica con Borges. Giusti le dijo: «Lástima las ejecuciones. Quién sabe lo que van a pensar en México». Borges comenta: «Es la interpretación escénica de la Historia. Qué importa lo que piensen en México. Hay que hacer lo que es justo hacer».

Habla de la teoría estética de Menéndez y Pelayo, que considera acertada. BORGES: «Los críticos creen que se puede pensar en una moraleja y después escribir la fábula. Menéndez y Pelayo, porque era poeta, sabía que el fondo y la forma son inseparables; que la moraleja se da con la fábula. Comprende el error de la literatura al servido de ideas: literatura engagée y todo eso. En cuanto a los lugares comunes de su poesía los emplea porque siente que está defendiendo una buena tradición; no busca nada nuevo, sino defender lo que está en peligro de perderse. Vivió en una mala época y naturalmente todo hombre está determinado por su época y por su país. Se entusiasma por temas oficiales, estadísticos, patrióticos o patrioteros: como si él estuviera un poco vacío, demasiado en disposición». BIOY: «Sin embargo, el tema de la Historia de las ideas estéticas en España es interesante: un inventario de las ideas estéticas —aunque a veces el tratamiento es superficial—». BORGES: «Está mal que se hable de ideas estéticas en España, cuando son ideas de otras partes: debía ser Historia de las ideas estéticas en los países donde las hubo; pero, naturalmente, todo debe llevarse pro domo sua». Pregunto si no será mejor poeta que crítico —si ninguna de sus páginas críticas será tan excelente como su «Epístola a Horacio» y como la que les mandó a los amigos, agradeciéndoles una biblioteca[175]— Borges está de acuerdo.

Del libro de Miguel Artigas sobre Menéndez y Pelayo dice que cuenta embustes: por ejemplo, que recordaba todo lo que había leído; que sabía dónde estaba cada uno de los libros de la Biblioteca Nacional de Madrid; que leía con el ojo izquierdo una página y con el derecho otra, simultáneamente[176]. BORGES: «¿Tenía también dos mentes? ¿Sugiere, acaso, que era esquizofrénico? Parece que no tuvo vida privada. Mucha salud, mucha facilidad para trabajar, para escribir, para leer. Emprendía sin pereza obras en varios tomos. Murió por agotamiento y falta de ejercicio, a los cincuenta y tantos años, lamentando no poder seguir con sus libros».

Jueves, 14 de junio. BIOY: «He notado que hoy la gente busca las causas sociales de los hechos políticos; éste es un proceder intelectual y bastante raro; no creo que siempre se empleara; antes la gente explicaría esos hechos por los individuos: los individuos son ricos como mundos, imprevisibles, admiten el azar. La explicación por los individuos me parece más próxima a la verdad». BORGES: «Las causas sociales son abstracciones; desde luego los individuos también lo son, pero en menor grado». BIOY: «Es curioso cómo toda la gente puede adoptar una explicación un poco fantástica, emplearla con naturalidad, rechazar la explicación más simple».

Sábado, 16 de junio. Come en casa Borges. Le regalo mi reloj Black[177], que me gusta tanto, porque tiene esfera clara y números grandes y seguros que Borges puede ver.

Lunes, 18 de junio. A la noche comen en casa Borges, Wilcock, Peyrou y dos maricas cubanos, de la revista Ciclón: Rodríguez Feo, el director, y Virgilio Pinera, el secretario de redacción. Rodríguez Feo es rico, buen mozo, menos literario que su amigo, más muchacho de sociedad; físicamente recuerda un poco a Octavio Paz; Pinera es delgado, con cabeza de perro flaco de empuñadura de paraguas; es «modosito», silencioso, un poco lúgubre, no del todo incapaz de formular en la conversación frases (más o menos) bien construidas. Los dos tienen inconfundible voz y entonación de maricas. Si forman pareja, Piñera ha de sufrir por los éxitos y las infidelidades de Rodríguez Feo.

En seguida, Borges toma el papel de celebridad y la palabra. Los maricas dicen que siempre lo ven en la calle, Borges recita:

La vi a Juana con su novio,

bastante bichoco y tuerto.

Pa’ semejante velorio,

más vale no haberse muerto.

Atribuye los versos a un tal Longhi, un compadrito entrerrtano, al que llevaron una tarde a ver a Xul, que entonces resplandecía —y abrumaba— con sus doce idiomas y los dos que él había inventado (el neocriol y la panlingua), con su juego de ajedrez, que era también una máquina de pensar y de producir horóscopos, con su piano circular, con el Pan Club, con sus cuadros y su astrología. En algún momento Xul dijo la palabra pompier, cuando salieron, preguntaron a Longhi qué tal le había parecido Xul. «Pompierazo el mozo», contestó, tomando como arma arrojadiza la palabra que acababa de adquirir e ilustrando con un ejemplo su naturaleza de compadre, que está a la defensiva, que no se deja impresionar por nada[178].

Borges cuenta que otro malevo fue interrogado sobre el significado de la palabra carancanfunfa, que aparece en los versos del Choclo:

Carancanfunfa se hizo al mar con tu bandera

y en un pernó mezcló a París con Puente Alsina[179]

El compadre contestó: «Y, carancanfunfa era el tipo que salía de farra y se sentía carancanfunfa. El vocablo todavía se usa en el Gran Buenos Aires». También habla Borges de sus clases en la Facultad de Filosofía y Letras, de las que está muy contento. Dice que uno se siente más virtuoso —y justificado— que cuando da conferencias: los oyentes son menos frívolos, menos casuales. Los otros días, cuando dijo la kenningar sobre la lanza, el dragón de la luna del pirata, una muchacha contuvo la respiración y dio un gritito. Insiste en que yo debo hablar en público. BIOY: «No soy vanidoso y lo mismo puedo ganar escribiendo, ¿para qué voy a pasar varios días de contrariedad? Los días anteriores a la conferencia para mí serían muy desagradables; como si estuviera enfermo o como si me hubiera salido un grano doloroso en la nariz. Si casi no puedo hablar cuando estoy con amigos…». BORGES: «Una conversación es distinta: en una conversación cada uno trata de apoderarse del silencio, para poder hablar. En la conferencia o en las clases tenés un público dócil, que está resignado a que vos seas el que habla».

Menciono el Ketmân, regla de cortesía persa, de nunca decir lo que se piensa, y de sólo decir lo que estimula la convivencia y la dicha[180], y cito la afirmación de Jaspers, de que casi todas las personas son «situaciones personificadas». Wilcock me dice: «Vos son un experto en Ketmân».

Borges comete una gaffe dice que entre los poemas presentados al concurso de la SADE había uno de Molinari: «Como los poemas estaban firmados con seudónimo y como el jurado no había sido informado, el poeta pasó inadvertido y premiaron a otro». La gaffe consiste en que entre los oyentes está Wilcock, que ha pasado inadvertido en otra sección del mismo concurso: el hecho de que Borges no le haya premiado el cuento, rico en palabras como ano y excrementos, y no desprovisto de homosexualidad, da mayor filo a la gaffe.

Se habla de escritores argentinos notables por su ignorancia: Nalé Roxlo, el Negro Rojas Paz, Molinari. Nunca han leído nada, salvo tal vez algún poema o alguna crítica de uno de ellos sobre otro de ellos. Nunca leen novelas, Wilcock: «Cuando Sabato leyó Crimen y castigo, contó el hecho a todo el mundo». BORGES: «Hace un tiempo el Negro Rojas Paz descubrió a Dickens. Se encontró con González Lanuza y se lo ponderó con entusiasmo. González Lanuza sacó libreta y lápiz y anotó los títulos de las novelas de Dickens que su amigo le recomendaba». BIOY: «Sabato se ha proclamado el Dostoievski argentino».

BORGES: «Molinari es un chambón imitativo. En uno de esos libritos que hace imprimir en lo de Colombo[181], cada cinco líneas los versos estaban numerados. Le pregunté por qué había hecho eso. Me respondió que los clásicos lo hacían y afirmó que tenía una hermosa edición de Góngora, con notas de Reyes, con esos numeritos marginales: Molinari no había descubierto que la numeración de los versos estaba relacionada con las notas; creía que Góngora mismo numeraba sus versos. Podría haberme contestado; “Si alguien quiere comentar mis versos ya los tiene numerados”, pero la verdad es que creía que los números esos eran un adorno tipográfico». Wilcock: «Hasta que estalló la guerra española y los españoles se vinieron aquí a fundar editoriales, casi no se publicaban novelas en la Argentina; los escritores no escribían ni leían novelas».

Pinera dice que Lovecraft es superior a Bradbury; que es el Poe de esta época. Borges me dirá después: «Lovecraft no es superior a ninguno de los otros dos; es muy cheap. El Poe de esta época, o el Dostoievski de esta época, if any, no son escritores que imitan o se parecen a Poe y a Dostoievski. Tendrán que ser escritores originales y extraordinarios, no facsímiles de nadie. Por cierto que Sabato, con su escaso Túnel, no es un facsímil de Dostoievski».

Miércoles, 20 de junio. Come en casa Borges. Le cuento que ayer comí con Silvina en San Isidro, en casa de los MacNab: «Constance me habló de sus maestros Burdieff, a quien no conoció, y Ouspensky. Después de la muerte de Ouspensky, su maestro fue el jefe de todo el grupo, un inglés Bill. Hace un mes éste venía para Buenos Aires; subió a la torre de la catedral (creo) de Cuzco.~ Allí, mirando un paisaje hermoso, tuvo un ataque al corazón y cayó al vacío: Constance le dijo a Silvina que desde entonces ella se ha curado del asma —Silvina recuerda que antes parecía moribunda—: el alma de Hill habría pasado a ella y la preserva de todo». Según Borges, Hill —un hombre alto, simpático, con algo muy seguro, tranquilo, persuasivo en sus modales, del que Constance estaba muy enamorada— lo visitó en alguna de sus enfermedades, en un sanatorio.

Me dice que mañana piensa escribir un artículo con un tema de nuestras últimas conversaciones: que toda la gente, que en su conducta y en la vida privada cree en el libre albedrío, interpreta los hechos políticos como obedeciendo a causas remotas y abstractas. Más verdad encuentra en la Biblia, cuando asegura que el hombre tenía perversidad en su corazón[182]. El sistema de las causas remotas permite ser indulgente con los peores e implacable con los menos malos. Todos los hechos se ven de muy lejos; como si el comentador supiera todo lo que pasa en Buenos Aires, desde la luna. BORGES: «La verdad, como dice Lugones, no tiene por qué estar a mitad camino, ser equidistante; en la vida no actuamos como si creyéramos esto, las causas de Perón se hallan más evidentemente en Perón que en la política argentina de los últimos años. Porque Perón es como es también cayó: por ser cobarde se fue demasiado pronto a la cañonera paraguaya, etcétera».

Después de comer, revisamos la Antología poética argentina, para la nueva edición: incluimos un poema más de Capdevila, aparecido en La Prensa; en un tedioso libro (Poemas) de Marasso encontramos algo («Narciso»); en la Antología de Baldomero Fernández Moreno escogemos, para agregar a los que ya hay en el libro, cinco o seis poemas breves. Fracasamos con los Poemas de Macedonío Fernández. Vacilamos entre suprimir o dejar a Juan Carlos Dávalos, a Larreta, a Vázquez Cey, a Amado Villar. De éste sacamos el primero de los dos poemas incluidos en la edición actual («Desierto»); veremos si tiene otro para poner en reemplazo. Los de Carreta no son tan malos; el de «La pampa» empieza con un verso absurdo:

Anhelosa llanura, desmaterializada

Anhelosa llanura, desmaterializada

y tiene sus ridiculeces, pero no está desprovisto de algún momento poético; el de «La almohada» es mejor.

Sábado, 23 de jumo. Con Borges seguimos trabajando en una nueva edición de la Antología poética argentina, libro que nunca podrá ser plenamente satisfactorio.

Domingo, 24 de junio. Come en casa Borges. Trabajamos en la Antología. Suprimimos a Alejo González Garaño, a Mario Binetti, a Juan G. Ferreyra Basso, a Gloria Alcorta, a Elvira de Alvear, a Hortensia Margarita Raffo, a Ignacio B. Anzoátegui, a Roberto Godel, a E. González Trillo y L. Ortiz Behety, a María de Villarino, a Horacio Schiavo, a Marcos Fingerit, a Leopoldo Marechal, a María Alicia Domínguez, a Carlos Vega. Aunque Anzoátegui no es excelente, no sé si no habría que dejarlo: no es tan mal poeta. Entre los que permanecieron está Carlino; leo sus versos acerca de la tierra que él y su familia han sembrado:

El silencio es su jefe. La luna su destino.

El horizonte llega, sangrando por la herida

roja de sol, en ancas de parvas o de trojes.

Nuestras noches no tienen estrella preferida[183]

BIOYEl silencio es su jefe. La luna su destino… La verdad es que la poesía pasa por una época mala, para que esto no se considere pésimo… Desde luego, quiere decir algo». BORGES: «Por una imposibilidad del idioma de formar frases que no signifiquen nada. Tenés razón: todo esto es una vergüenza. Poco después mejora». Lee:

La historia estaba hecha cuando llegó mi gente.

La historia estaba hecha cuando llegó mi gente.

Lunes, 25 de junio. Borges me dio estas noticias: Perón vuelve el miércoles, está con todo el pelo blanco, pesa ciento treinta kilos. «Antes pesaba más», le contesto.

Miércoles, 27 de junio. Come en casa Borges. Dice: «Tenemos que incluir en la antología a Benarós. Estoy peleado con él porque se hizo peronista, pero es buen poeta. Además, como peronista, no llegó a ser muy importante».

Me habla de la conferencia de Adelina del Carril sobre Güiraldes: «Güiraldes se pasó años y años anotando en tarjetas toda clase de idioteces. “La poesía es salud”, por ejemplo. O “El cencerro de cristal es un libro que da pataletas en el aire”. En otra tarjeta ataca al soneto: “El sonetista tiene un molde, trata cualquier tema, le sale siempre su budín: el soneto”. ¿Cómo no vio que el soneto era una invención bastante admirable, que permitiría a gente de diversas épocas hacer obras tan dispares como los sonetos de Quevedo, de Verlaine, de Dante, de Rossetti? Es claro que cómo le iban a gustar a él los sonetos si nunca pudo hacer uno. Otros escritores escribieron más fluidamente sonetos que Güiraldes el verso libre o sus tarjetas. Lo más notable del estilo de Güiraldes es la torpeza, la dificultad. Todo es feo; nunca es encantador. Insiste en que es un incomprendido; la gente no lo leía porque fuera raro —había otros escritores raros— sino porque sus libros valían poco. Pensá en los libros anteriores a Don Segundo». BIOY: «Uno estaría muerto de miedo si su propia fama se cifrara en libros que no resisten el examen; sin embargo, ahí están los libros de Güiraldes, se citan descaradamente y no pasa nada; la fama sigue». BORGES: «Pero la gente no es tan sonsa. No condena nada de Güiraldes, pero sólo lee Don Segundo. Los otros libros no se venden. Don Segundo es un libro bastante primitivo, escrito con torpeza y pretensión. Yo nunca pude leerlo entero. Después de la publicación de Don Segundo, Güiraldes parecía loco. El libro se le subió a la cabeza. Escribió esos poemas sobre su orgullo, su hombría, etcétera… No bien tuvo éxito Don Segundo, Güiraldes empezó a hablar con menosprecio del Martín Fierro: “Los gauchos no son así”, etcétera. En Don Segundo hay una sola referencia: dice que el protagonista no quería ser como Martín Fierro, un gaucho en continua fuga de la partida[184]». BIOY: «Reprocharle que huyera de la partida no me parece justo». BORGES: «Es claro. ¿Qué otra cosa podía hacer? Ahora, si Don Segundo es el hombre más admirable que pudo inventar, no llegó muy lejos». BIOY: «No se le ocurrió nada. Don Segundo pasa con su nombre…». BORGES: «No hay un episodio que le dé vida». BIOY: «Como novelista o cuentista Güiraldes no tiene ningún talento. Como poeta tampoco». BORGES: «Como poeta es malísimo…

Leemos poemas de Capdevila. Convenimos: como mucha gente lo desprecia, sólo hay que poner de Capdevila poemas invulnerables. Leemos Otoño en flor, donde hay mucha tontera (cada vez que en un título aparece la palabra niñas, ya se sabe, el motivo es casto, el poema trivial). Muchos poemas no responden a ninguna imposición. Parecen inspirados en razonamientos como: «Vamos a ver qué decimos de las montañas: que saben mucho, porque vivieron mucho, pero que son mudas. Las nubes escriben historias que las montañas, como el cielo, leen…». Ad nausean. Hay dos o tres poemas aceptables; elegimos dos. Hay un tercero… pero tiene versos horribles. Leemos, también de Capdevila, Romances de la Santa Federación. Hay uno «de las batallas infaustas», que mientras trata de Berón de Astrada no va mal:

Berón de Astrada, el primero

contra el tirano se lanza.

Por los campos de Corrientes

sus milicias ordenaba…

pero después, con motivo de los Libres del Sur, emprende unas rimas en s, que lo estropean:

Por eso en la pulpería

que llaman del Andaluz,

comentaban una noche

la Revolución del Sur

un colorado de Rosas

y unos gauchos del Azul

[…]

Y se ríe el colorado

en la turbia media luz,

mientras dice muy alegre:

—El chasco fue… ¡en Chascomús!

[…]

Con el chasco que les dimos,

ya pueden jugar al mus.

Escaramucear apenas

supieron…, y ¡repeluz!

BORGES: «El tono de los romances debe ser criollo. Éste quiere ser cordobés o español y no sabe con quién está, no se enoja mucho con ninguno…».

Comentamos la extraña fonética de quienes, por afectación vanidosa, imitan a los españoles en la manera de hablar, disfrazando la voz y la dicción: Larreta (con ocasionales yerros, como atíer por ayer, que se le escapa) y sus seguidores en el intento de parecer hidalgos españoles: su hermano Carlos; el autor de La boda de don Juan, Carlos Noel; Gandía; Capdevila. BIOY: «Bueno, Capdevila es el mejor, el más natural. Remeda el acento español, pero de un modo más modesto, libre de connotaciones aristocráticas: parece un gallego de rebotica o un autor de reparto español, de piezas de género chico. El último rebrote, ya un poco degenerado, sería Gandía: es el más extraño». BORGES: «¿O Giusti? Aspira a ser gallego, pero es cocoliche. Además le ocurre algo con la dentadura».

Viernes, 29 de junio. Comen en casa Borges y Wilcock. BORGES: «Hay rumores. A Clemente lo llamaron de no sé dónde. Después la gente se pone sentimental porque fusilan a unos malevos. Qué porquería, los peronistas».

Wilcock trajo los originales de una antología de los poetas nuevos, que no va a publicar él y que podría servirnos para la nuestra. «No la pierdas —me recomienda—. O más bien perdela. Te dije que no la perdieras por esa manía que tengo de guardar cosas inútiles, zapatos viejos, etcétera. En realidad, los poemas son horribles; el libro es una vergüenza».

Hablamos de los rusos —labradores, gente ignorante— a quienes, sin duda por razones de propaganda, el gobierno soviético ha persuadido de que vuelvan a su patria. Cuento que el capitán de un buque argentino, que llevó un lote, dijo que al día siguiente de desembarcar, en Odesa, se congregaron en el muelle y a gritos pedían volver a la Argentina; a la tarde apareció la policía y los arreó tierra adentro. Refiere Wilcock que en el momento extremo del deshielo, un poeta polaco o húngaro se atrevió a escribir un poema diciendo que ellos estaban en lo más profundo del invierno, pero que no ignoraban que en otras partes había primavera, y que saber eso los alentaba para vivir, porque confiaban en que, aunque ellos no llegarían a ver esa primavera, sí lo harían sus hijos.

Después de comer, Borges y yo leemos los poemas: la antología inédita de Wilcock y libros de jóvenes poetas: Armani, Aguirre, Castilla, etcétera, y los Romances del Río Seco de Lugones. Cuando leo:

Y remataré la lista,

para no pecar de pródigo,

con ño Froilan Montenegro,

que sabía citar el código…

de «El Tigre Capiango», Borges dice: «Para estos romances, esas rimas no están bien; parece que se le hubieran corrido del Lunario sentimental».

Después leemos a los poetitas. Qué calamidad. Comentamos con Borges que nosotros creíamos que la tontería que afligió a las letras y a las artes después de la otra guerra ahora sólo seguía molestando a las artes, pero resulta que no: estos jovencitos son todos incómodos ultraístas de 1927. BORGES: «Cada uno imagina que los otros poetas escriben como Guido y Spano. Cada uno se cree original». BIOY: «¿Habrá gente que los explique pensando que “seguramente se llenan de plata con esos versitos”? Lo que los mueve, sin embargo, no es mejor: la confusión, la vanidad».

Poema de uno de ellos, Raúl Gustavo Aguirre:

Se ha perdido su nombre

qué suspendida aguarda

junio a su lado izquierdo

cómo espera después del mío escampada

ardiendo en la distancia todavía

qué sola y qué sin voz en las campanas

qué tarde para ella en esta copa

alta y sin sed descalza

qué breve en sus antiguos porvenires de mar[185]

El libro (Cuerpo del horizonte) lleva un epígrafe de otro cofrade en las boberías, Jorge Enrique Mobili:

No importan ya los abuelos

ni sus gloriosas carabinas herrumbradas;

levanta tu clamor y que, el horizonte comience

por un árbol

Amén, amén. BORGES: «Nada es raro en estos poemas. Todo es mansamente anormal».

Sábado, 30 de junio. Borges me dice que pueden distinguirse dos maneras de escribir mal. Una, por descuido, que no tiene mayor importancia; por ejemplo, el modo en que están escritos muchos libros de filosofía y de tema científico. Otra, por una perversión del gusto del autor; por ejemplo, cuando Ortega y Gasset llama a las mujeres de los tribunales de amor provenzales hembras civilizadoras[186] BORGES: «¿Por qué hembras? ¿Por qué civilizadoras? Quería exhibir sus conocimientos etimológicos. Baraja dice que Ortega está bien, pero que lo de Gasset es demasiado catalán y que desconfía de los productos de la firma Ortega y Gasset».

BORGES: «La poesía descriptiva es difícil. Bufano describe Cuyo porque es lo que tiene ante los ojos y porque nada más se le ocurre. Es verdad que lo que ve tampoco le sugiere nada. Tampoco ese tipo de poesía es para él. Fernández Moreno, en cambio, siempre sabía ver algo en cualquier parte; por eso le salía bien la poesía descriptiva». BIOY: «Bufano trata de levantar la chatura de sus poemas con palabras como Malalhue, berrocales, Neuquén, etcétera».

Me cuenta que en la Biblioteca tienen dos empleados que son o fueron boxeadores; uno se llama el Negro Patriarca.

Miércoles, 11 de julio. Comen en casa Borges, Gannon y Bianco. Con Borges trabajamos en la antología.

Gannon trajo una valijita, con algunas curiosidades de los Níneties; había, por ejemplo, un libro de poemas de una señorita que fue la novia del hijo de lord Sandwich y que se casó con Douglas[187], el amigo de Wilde. Como si le mostraran a alguien, de Colombia, dentro de cincuenta años, una editio princeps de Adela Grondona. Borges estaba tieso de aburrimiento. BORGES (a mí): «La importancia de Beerbohm se exagera. ¿Qué hizo? Un cuento bueno, “Enoch Soames”, que Kipling pudo haber hecho mejor…». BIOY: «No creo». BORGES: «Zuleika Dobson, una novela, con alguna página bien escrita y muchas bromas malas. Ese tipo de bromas tendrían que ser muy graciosas, para que no sean del todo malas».

Hablamos de la vida de Kipling por Carrington[188]. BORGES: «Qué triste ese libro». BIOY: «Da la razón a Kipling de ser reticente. Es muy triste descubrir que para una gran injusticia —como la de los críticos de Kipling— hay alguna justificación». BORGES: «Es claro. Veían, detrás de los libros, al hombre, que es más importante». BIOY: «Por lo menos, para sus contemporáneos».

Jueves, 12 de julio. Cobramos con Borges el último sueldo de Emecé. Me cuenta que la señora Bibiloni supo que alguien había ganado el premio mayor de la lotería; y al enterarse de que la persona no tenía un vulgar décimo sino el billete entero, comentó: «Qué inteligente».

Viernes, 13 de julio. Comen en casa Borges, Rosa Chacel —tristísima— y Wilcock. Con Borges, trabajamos en la nueva edición de la Antología poética. Leo un poema de Ricardo Molinari y al llegar al verso:

cuando yo esté ya desaparecido y puro,…[189]

cuando yo esté ya desaparecido y puro,…[189]

Borges comenta: «Qué cocoliche. Tan pobre de aciertos es este prestigioso poeta, que no tenemos más remedio que elegir el poema que incluye ese verso». Borges opina que deberíamos indicar, en una nota, que «el lector avisado empezará a leer en la tercera estrofa».

Leemos poemas de Ledesma. BORGES: «Qué desigual es; cómo está a merced de las trampas del idioma. Si debe hablar de una onda (ola), en seguida se mete en un fatigoso laberinto de honda (profunda), honda (arma), etcétera». Elegimos su poema «La puerta», último de Tiempo sin ceniza.

Con González Lanuza tenemos aún peor suerte; elegimos un poema a Mellen Keller, porque hay en él algunas ideas inteligentes, o simplemente ideas, expresadas con torpeza y fealdad. En otro poema, González Lanuza habla del «bandoneón sabio».

Miércoles, 18 de julio. Me habla la madre de BORGES: Martínez Estrada atacó a Borges, llamándolo «turiferario, vendido y envilecido», porque ha elogiado al gobierno[190]; él se queja, con orgullo, de su pobreza, que le impide fumar… Parece que Borges piensa contestar impersonalmente, con respeto por el escritor. ¿Por qué esa ficción, si sabe que es un hombre equivocado y tortuoso?

Viernes, 20 de julio. Por la mañana, visita a casa de Borges, para hablar con él sobre si debe contestar o no al ataque de Martínez Estrada. Hasta la una y cuarto estoy con la madre; Borges no llega, así que debo irme. La señora me cuenta que ante cualquier dificultad Borges dice: «Tengo que consultar con Adolfo». Esto le hace gracia a la señora, por la diferencia de edad entre nosotros. «Parece que fueras el mayor», observa.

Sábado, 21 de julio. Llama Borges. Le digo que tal vez vaya esta noche a la comida en honor de Rodríguez Monegal. BORGES: «Cuidado. Van a pedirte que firmes un petitorio para que rechacen la renuncia que presentó Sabato a la dirección de Mundo Argentino[191]. Yo contesté: “Sabato no es Perón. Si presentó la renuncia es para renunciar, no para quedarse”. En cuanto a su política, no me parece bien: Hellén Ferro y otros peronistas han colaborado en Mundo Argentino. No hay por qué publicar nada de esa gente. Aducen que hay una gran parte de la población que es peronista, que hay que atraerla para que no se vuelva comunista. Ya los políticos se ocupan de eso —y demasiado—. No tenemos por qué imitarlos». BIOY: «Te agradezco. Ahora no me van a agarrar ni perros. Yo no soy como vos, que sabés decir que no. A lo mejor, por debilidad, hubiera dicho que sí, que pusieran mi firma». En cuanto corto me entero de que Arturito Alvarez llamó a Silvina por nuestras firmas y que Silvina lo autorizó a ponerlas. Me contrarío, pero no deseo que Silvina le diga (como quiere) que retire mi firma, aduciendo que no habló conmigo y que no puede resolver por mí: Sabato se enterará y pensará, sin duda con un poco de razón, que las otras noches fui un hipócrita. La verdad es que por un tonto afecto personal, al ver su tristeza me siento inclinado a confortarlo; pero como desapruebo su actitud política me molesta aplaudirla públicamente. Todo ello no estará demasiado bien, pero es harto humano y frecuente: por un lado está la convivencia de los individuos y por otro la vida pública, cada una con exigencias diversas. Resuelvo no ir a la comida en honor de Rodríguez Monegal.

Domingo, 22 de julio. Come en casa Borges. BORGES: «En una reunión, el conde pederasta y escritorzuelo Gombrowicz declara: “Yo voy a decir un poema. Si en cinco minutos nadie propone otro tendrán que reconocer que soy el más gran poeta de Buenos Aires”». Recita:

Chip Chip llamo a la chiva

Chip Chip llamo a la chiva

(Scherzo, no desprovisto de ironía, porque chip chip se usa para llamar a las gallinas).

mientras copiaba yo al viejo rico

mientras copiaba yo al viejo rico

(Parte descriptiva. No significa «remedaba yo al viejo rico» sino «copiaba a máquina lo que el viejo rico dictaba»).

Oh rey de Inglaterra ¡viva!

Oh rey de Inglaterra ¡viva!

(Castañeteos. Exaltación patriótica).

El nombre de tu esposo es Federico.

El nombre de tu esposo es Federico.

(Dénouement aristotélico).

»Córdova Iturburu trató de leer algo, pero no encontró las papeletas, Gombrowicz se declaró rey de los poetas. El marido de Wally Zenner, radical de FORJA, tembló de indignación y estuvo a punto de proceder».

BORGES: «Sabato dice que el escritor debe abandonar su torre de marfil y acercarse al pueblo. Anderson Imbert le respondió: “Usted habla como un aristócrata. Yo no tengo que ir al pueblo, porque soy del pueblo. Creo que el pueblo se ha portado muy mal aquí y que debe tener conciencia de su culpa”. BIOY: “I would hardly describe him as an aristocrat”, observó Alicia Jurado sobre Sabato».

BORGES: «Cuando murió Shaw, se descubrió que Wells, muerto poco antes, había dejado una nota necrológica sobre él. La nota, aseguran, tenía ataques bastante mezquinos contra Shaw. ¿Te das cuenta, qué horrible? Escribir una nota de ataque para que se publicara cuando el amigo de toda la vida muriera. La impresión que causó en Inglaterra fue la contraria a la prevista por Wells: Wells quedó mal y no Shaw. ¿No te parece raro que un novelista, que se ha pasado la vida imaginando la conducta de personajes, cometiera ese error?». BIOY: «Lo único que falta saber es si en verdad la nota es tan mezquina. Indudablemente, el hecho parece mezquino, pero no creo que se pueda juzgar sin leer la nota».

Martes, 24 de julio. Come en casa Borges. Estuvo en el Rosario. Hablamos de las ciudades que uno ve al alba en los viajes. A los dos nos agrada esa visión. BORGES: «Mientras ocurren ya son recuerdos. Uno sabe que van a pasar tan rápido». BIOY: «En esos recuerdos de madrugadas de viajes hay un elemento épico. Aunque hayan ocurrido ayer, uno lo dice como un viejo: “En tiempos de mis grandes viajes…”. También hay algo mágico: ciudades más o menos desconocidas, que vemos a la extraña luz de la madrugada. Toda ciudad a la madrugada cambia un poco, es un poco desconocida».

Me habla de los cuentos de Las fuerzas extrañas de Lugones: «Leí con emoción “Los caballos de Abdera”, “Yzur” y “La lluvia de luego”. Los otros son muy malos, están escritos muy negligentemente. En “Metamúsica”, alguien entra en la casa de un amigo, una casa a la que va todos los sábados. Dice Lugones: “Pasa por un patio, entra en un dormitorio”. ¿Cómo un dormitorio? Si conoce tanto la casa, es el dormitorio. Están conversando los personajes, aparentemente adentro de la casa y de pronto uno toma un tranvía; es como si yo tomara ahora un tranvía en este comedor. Para que no se descubra que hay una exposición de una teoría de Lugones, los personajes todo el tiempo paladean café, encienden cigarros; parecería que es imposible hablar sin hacer otra cosa al mismo tiempo».

Martes, 31 de julio. Buscamos, con Silvina, a Borges y a su madre, que llegan del Rosario, de Santa Fe y de Paraná. Por la noche, Borges come en casa.

Le comunico pensamientos de César Fernández Moreno; le hacen gracia. Me cuenta que un señor Lessignoli le dio una accolade, con un beso en cada mejilla; que debió pasar por alto el incidente, pero que tembló de rabia y en todo el resto de la reunión (una comida, no sé dónde) no le dirigió la palabra.

Me refiere un cuento que inventó, que debería incluirse en un libro de Sales españolas; el del señor Lagos, a quien un avisado disuadió del descabellado propósito de viajar a Francia, diciéndole que allá lo llamarían Musié Lagos y, a la vuelta de pocos años, Murciélago.

BORGES: “Van a nombrar presidente en la Academia Argentina de Letras. No me gusta nada la Academia. Con esa gente no se puede hacer nada. ¿Por qué la Academia depende de la española, que ya está bastante desacreditada? Habría que independizar la Academia Argentina de la Española. Con la gente que hay ahí no se puede hacer nada. Vos y yo no somos hombres de campañas; preferimos el ocio. Habría que llevar energúmenos: a Sabato o a Martínez Estrada. Hay una tradición argentina contra la Academia; Gutiérrez escribió en contra[192]”.

Anderson Imbert, cansado de la vida universitaria norteamericana, le dijo que al hablar con los alumnos, al enseñar, se prostituye el idioma. BORGES; “Esa palabra —prostituir— en ese empleo, es un ejemplo de prostitución del idioma. Sin duda, Anderson Imbert cree que hay que escríbir con las palabras justas, sin que sobre nada en las frases. No sabe que más importante que el ideal de exactitud es 1) hacerse entender y 2) el tono con que se dicen las cosas. Muchas veces he observado que usando alguna frase hecha todo sale más comprensible”. BIOY: “Las frases hechas y los modismos dan el tono. Si uno recarga el estilo de frases hechas, el tono es de lata. La falta absoluta de frases hechas suprime el tono”.

Jueves, 2 de agosto. Elecciones en la Academia de Letras, Borges me cuenta por teléfono que Sáenz Hayes fue a buscarlo y le dijo que había un nombre por quien todos votarían: «Mariano de Vedia y Mitre. Borges le contestó que él votaría por Capdevila. “Es un voto perdido —contestó Saénz Hayes—. Nadie lo va a seguir”. Como Borges insistió, Sáenz Hayes apeló al argumento patético: “¡Mariano desea tanto ser presidente!”». «¿Por qué desea tanto?», comentó sombríamente Borges. Cuando votaron hubo un voto para Capdevila —el de Borges—, un voto para Martínez Zuviría (quien aclaró que el voto no era suyo), uno para Marasso. Alguien propuso que se votara de nuevo, para lograr la unanimidad. «¿Y si en la segunda votación nadie vota por Vedia y Mitre?», preguntó Martínez Zuviría. «Yo voy a votar de nuevo por Capdevila», anunció, empecinado, Borges. En eso apareció de un cuarto contiguo Vedia y Mitre; apareció entre aplausos, justamente cuando los hombres de la televisión habían instalado sus cámaras. En un arranque de debilidad, Capdevila comentó: «Bueno, ya nosotros, por lo menos, tenemos presidente constitucional». «¿Qué sugiere? —acotó irónicamente Borges—. ¿Que estamos en mejor situación que la República, que hoy tiene a Aramburu?». Después Marasso, electo secretario, exclamó, con voz fatua: «Para mí no puede haber mayor gloria que ser secretario de don Mariano». BORGES: «Al fin y al cabo, ¿por qué es tan glorioso don Mariano? Si a uno le preguntan off hand que mencione el título de uno de sus libros, fracasa. No creas que sus traducciones de los sonetos de Shakespeare valen mucho: son malísimas. Dicen que los libros de Derecho son buenos…». BIOY: «Son pésimos. Yo debí estudiar en su obra sobre Derecho Público, que no difiere mucho, salvo por la presentación tipográfica, de esos apuntes de estudiantes que venden en las Facultades. (Pausa). Leí en los diarios que Vedia y Mitre fue elegido por unanimidad». BORGES: «Claro. Dijeron eso, entonces. Qué sinvergüenzas. ¿Estás seguro de que leíste que ganó por unanimidad? Habría que mandar una carta protestando, para estropearles la satisfacción. Alguien dijo allí que la última palabra de Aramburu sobre academias e institutos era que se les daría novecientos mil pesos. “Es la ruina —dijeron—. Vamos a tener que cerrar”. “Mejor” —les dije—. Estaban todos tristísimos. Yo les dije que dar novecientos mil pesos a las academias me parecía tirar el dinero. Qué gente, toda ésa. ¿A que no sabes quién me trajo en coche a casa? [Matías]. Sánchez Sorondo. Yo, al principio, de rabia, casi no lo miraba, pero de pronto dijo algo que me hizo sentir un gran afecto por él. ¿Sabés lo que dijo? “Yo siempre digo que no hay nada más práctico que el tramway 9.” Así, tramway. Me dio ganas de hablarle con otros arcaísmos recientes, para expresarle que éramos hermanos, pero pensé que no los iba a reconocer. Creo que dije algo de bandallas… Te das cuenta, la frase es casi perfecta. “Nada es más práctico”: una ley general. “Usted lo toma en Libertad”, me explicó, “Usted lo toma”: bien argentino. Bueno, tal vez para algunas personas queda lejos la calle Libertad para tomarlo… y quizá quieran ir a otra parte: a Barracas o a Parque Patricios. Pero a él no le importa; las excluye, como cantidad négligeable y sigue con su ley: “Yo siempre digo que nada es más práctico que el tramway”».

Domingo, 5 de agosto. Borges me propone que trabajemos desde temprano: tenemos que entregar a la revista Lyra una nota sobre argumentos en el cinematógrafo[193].

A las cinco y cuarto voy a buscarlo a su casa, donde están la madre, un muchacho Paz Leston, el sobrino, un Riestra. Vamos a mi casa: tomamos té y nos ponemos a trabajar en la nota, con pocas exigencias. Hablamos de la anécdota, término que sirvió para designar peyorativamente cierto tipo de episodios sentimentales en los poemas, grato a Carriego… (y Borges agrega; «… que dio aquel mal paso»)[194] y a Campoamor… (y Borges agrega: «… que huyó en tren expreso»)[195]. Finalmente la frase queda: «gratos a Carriego, que dio aquel mal paso, al azucarado François Coppée o a Campoamor, que circula en su tren expreso».

Martes, 7 de agosto. Borges me refiere lo que dice Anderson Imbert de la crítica en los Estados Unidos. Hay profesores y críticos que toman en serio la teoría de las vocales (Rimbaud)[196] y emprenden censos de las vocales en «Christabel» [de Coleridge], en «To his Coy Mistress» [de Andrew Marvell], en el soneto a Chapman[197], y determinan cuál es más luminoso, cuál más oscuro. La New School of Criticism no admite juicios estéticos. Tampoco faltan los discípulos de Tasne, que explican los poemas como el resultado fatal de las circunstancias. BORGES: «Si el método sirve ¿por qué no predicen los poemas que se escribirán dentro de seis años? Prever las circunstancias que han de obrar en un plazo tan breve ha de ser más fácil que averiguar las que obraron hace trescientos años para determinar el Quijote. Pero, no: aunque afirman que los libros son efectos fatales de las circunstancias, no quieren ir de las circunstancias a los libros. Dado un libro conocido (efecto) proceden sin temor a demostrar que proviene de tales circunstancias (causas)».

Borges insiste en que no solamente la Biblia, sino la Ilíada, la Odisea, la Eneida, la Divina Comedia, el Quijote deben escribirse en redonda. Poner esos títulos en cursiva le parece una pedantería. «La Divina Comedia —dictó los otros días—, con dos mayúsculas, porque no va subrayado».

Viernes, 10 de agosto. Come en casa Borges. BORGES: «El estilo de [T. S.]. Eliot es desesperante. Dice algo y en seguida lo atenúa con un quizá o un según creo, o le resta importancia reconociendo que en ocasiones lo contrario es cierto. A veces me parece que lo hace para llenar papel, porque hay que escribir un artículo». BIOY: «Yo creo que es porque en cuanto dice algo teme exponerse, por haber cometido una inexactitud. A mí, por lo menos, me pasa eso, pero creo que los autores deben atenerse a hacer afirmaciones un poco audaces, en la inteligencia de que el lector comprenderá que no hay que tomar todo literalmente y contribuirá con las dudas. Por un ideal de nitidez y simplificación hay que tener ese coraje de afirmar algo a veces». BORGES: «Goethe declaró que esas palabras como tal vez, quizá, según me parece, si no me equivoco, deben estar sobreentendidas en todos los escritos; que el lector puede distribuirlas donde lo juzgue conveniente y que él escribía cómodamente sin ellas».

Le digo que me extrañó un artículo de Reyes sobre Gourmont[198]; en él se examina a Gourmont según este criterio: las veces que habló de España, si bien o si mal, exacta o inexactamente. No es ilícito un artículo así, y no pretende Reyes atacar o elogiar a Gourmont por eso, pero aquello no deja de ser una suerte de examen y se entiende que Gourmont saldría mejor parado si se probara que ha hablado con mucho conocimiento y admiración. BORGES: «En un artículo sobre Goethe, Reyes hace un censo de las veces que éste habla de América; en algunas ocasiones se limita a decir: “Goethe pronunció palabras estrambóticas, pero de todos modos ello prueba que pensaba en América”. No se atreve a transcribir los disparates».

Opina que es erróneo el sistema de Olivera y otros profesores de dar lo que ellos llaman un curso intensivo sobre un solo autor, en la Facultad, a muchachos que no saben inglés y que tal vez no vuelvan a estudiar literatura inglesa. BORGES: «Yo trato de hablarles de ocho o diez autores, representativos de las diversas épocas; de ese modo tendrán alguna idea de conjunto. Olivera eligió este año las novelas de Dickens. Nunca habría que elegir a un novelista. Las novelas son para entretener, pero sólo indirectamente vinculan a su autor con el resto de la literatura. De tomar un solo autor yo habría tomado a Johnson, que permite meterse en The Lives of the Poets, en el prólogo a Shakespeare, en el prólogo al Diccionario». Divertido, comenta la frase de Johnson: «The writers of barbarous romances invigorated the reader by a giant and a dwarf[199]» «¿Habrá escrito invigorated dándose cuenta de que era raro, riéndose, o de puro enojado?», pregunta.

Dice que quizá nadie en la literatura argentina esté más desacreditado que Capdevila. BORGES: «Ha quedado para las ciudades de provincia. Su facilidad lo ha perdido». BIOY: «Sí, la gente sabe que puede escribir, o versificar, sobre cualquier tema; lo que dice parece indiferente, se toma como una amabilidad; esto es lo que le gusta a él: decir amabilidades, cosas en que no se cree». BORGES: «Tal vez ha escrito demasiado». BIOY: «Si viviera cien años ya no podría publicar en ninguna parte. Parece lo contrario de Mallea, quien, insistiendo con sus novelas ilegibles, se mantiene en el recuerdo. Mientras viva, Mallea será un escritor de algún nombre; después se hundirá en el olvido, como si fuera de plomo. ¿Quién se atreverá a reeditar sus novelas? Nadie. Sabato también desaparecerá, sin dejar rastro, después de la muerte. Es curioso el caso de SABATO: ha escrito poco, pero ese poco es tan vulgar que nos abruma como una obra copiosa». BORGES; «Nunca le tuve afecto. En cuanto a [José Luis] Romero, es un arribista, es un bruto, es un político, en el mal sentido de la palabra, y parece un rinoceronte o un jabalí. Además, tituló un libro: Argentina: imágenes y perspectivas. Argentina, ¿te das cuenta? Sin La. Qué animal». BIOY: «Sí, y después de haber hecho un mess como rector de la Universidad, ha quedado como un gran hombre». BORGES: «No me extrañaría que salga senador».

Domingo, 12 de agosto. En La Nación aparece mi nota sobre la Enciclopedia de la Pléiade. Borges me llama. Aprueba la nota; afirma que ha pensado que descubrir el sistema analítico perfecto será descubrir el plan del universo.

Me habla de una conferencia sobre pintura japonesa, a la que asistió ayer. En un momento la pintura japonesa se libera de la literatura y ya los cuadros no ilustran poemas (o libros); sin embargo, los autores incluyen aún algunos versos en el cuadro. «En contra de Lessing», hay cuadros muy extensos, de poca altura pero extensos (veinticinco metros), que se desenrollan: verlos es como mirar paisajes mientras uno viaja. Al conferenciante (un japonés de la embajada) lo presentó Clemente, que dijo: «La literatura requiere preparación en el lector; la música y la pintura no, llegan directamente, a cualquiera». Borges opina que esto no es exacto: él no advertía las diferencias de escuelas de los cuadros japoneses que ilustraban la conferencia. BIOY: «Hay una parte de nuestro himno que para un extranjero (para alguien que nunca oyó antes el himno) es trivial, una suerte de bailecito; para nosotros es patriótica y emotiva». BORGES: «Los budistas de la rama Zen, que no guardan imágenes del Buda, ofrecen a sus discípulos efigies de sí mismos; esto no me parece bien. Mejor Plotino que no permitió que lo retrataran: “No es necesario que perdure —habría dicho— la apariencia que debí sobrellevar en vida”[200]».

Del opus 130 de Beethoven dice: «Cuando publicó ese cuarteto, lo creyeron loco. ¿Si hubiera estado loco? ¿Si nos hubiera persuadido la obra de un loco? ¿Cuál es el criterio de la música?».

Jueves, 16 de agosto. Por la mañana, llama Borges. Estuvo en Córdoba: en San Francisco, el intendente lo nombró huésped de honor de la ciudad. Me cuenta que Martínez Estrada fue a Córdoba y que sólo lo recibieron los comunistas; la intelligentsia, un tanto asqueada por los artículos de Propósitos, se mantuvo alejada. BORGES: «Él mandó una carta a no sé qué diario, quejándose por la ofensa, no personal, sino a la literatura: él es un viejo escritor, ha escrito ensayos, poemas, cuentos y teatro. Imagínate, qué desprecio para los que lo recibieron: quedan como impostores». BIOY: «O como demonios, como apariencias de escritores, apariencias provisorias». El cordobés Sosa López habría dicho que la exigua dialéctica provinciana vacila entre los epítetos de docta y de heroica, para Córdoba, con el consiguiente peligro de que los pierda a ambos.

Por la noche, comen en casa Borges, Francisco Ayala y Lisi Justo.

Ayala refiere que Juan Ramón Jiménez ha desarrollado últimamente a tal punto su olfato que de pronto dice: «Ahí viene Gómez con sus botas», y efectivamente, a los diez minutos llega Gómez, con sus botas de cuero de Rusia. AYALA: «Al único colega que soporta es a su enemigo, don Federico de Onís. Lo soporta —o lo soportaba— porque no huele a jabón. Cuando supo esto Onís, tomó una determinación heroica y se bañó. El olfato de Juan Ramón se extiende hasta lo inconcebible. Uno lo llama por teléfono. El poeta se queja: “¿No sabe usted lo malo que me pone el cigarro?”. “¿Pero por teléfono, Juan Ramón?”. “A ver, no me va a decir que usted no está fumando”. Y efectivamente, uno está fumando. Ya no dicta clases, lo que es un alivio para la Universidad. Empezó con mucho empuje, queriendo dar dos cursos, uno de poética y otro de Historia literaria. En ambos dio siempre la misma clase, en que atacaba a la misma gente: “¿Azorín? Buen sinvergüenza es Azorín. Un vendido. ¿Y Unamuno? Un genuflexo. ¿Y el delicado poeta Antonio Machado? Un hombre que vivía en medio de la mugre. Como nunca en la vida se había descalzado, la suela y las plantas de los pies se le habían unido. Estaba herrado y caminaba como un ánade”».

Con Lisi hablamos de la reforma constitucional y de la reforma universitaria. Lisi: «Un gobierno de facto no debe llamar a convencionales para reformar la Constitución: es un mal precedente. La Constitución debe ser sagrada; la del 53 —excelente— nos ha regido durante muchos años». De la reforma universitaria opina, como yo, que es un disparate; que los estudiantes no pueden gobernar la Universidad. Si la esperanza contra todos los males que nos agobian está en la educación, todo esto es un paso atrás. BIOY: «Si uno habla en contra de la reforma constitucional o de la reforma universitaria, queda como un reaccionario. Hay como un terrorismo que impide hablar contra ciertas cosas. Aquí uno puede apoyar tal o cual tendencia, pero no pensar. En realidad, el marxismo y el psicoanálisis han hecho un gran mal. Restan dignidad al individuo: cualquier opinión que uno proponga está determinada fatalmente por cuestiones de clase o de patología. Lo que uno opina no lo opina uno, sino la cuenta del banco o un impulso contenido de nuestra infancia».

Borges asegura que Mallea prepara una larga novela que va a titular Simbad y comenta: «¿Por qué no la llamó directamente Ulises?». También refiere: «Los otros días recibimos en la Biblioteca una carta, de un señor de Las Palmas, que parece el principio de un cuento fantástico. Venía con un libro y nos pedía cortésmente que lo hiciéramos llegar al escritor Ricardo Güiraldes, cuya dirección el remitente decía ignorar. ¿Cuándo murió Güiraldes? Creo que en el 27. ¿El señor de Las Palmas está muerto? ¿O está en un mundo en que Güiraldes vive? ¿Y qué nos pasa a nosotros?».

Sábado, 18 de agosto. Comen en casa Borges y Pepe Bianco, Borges comenta el discurso de Aramburu, en Salta: «Lo aplaudieron mucho cuando declaró que los militares no debían gobernar. Este aplauso: ¿no es una gaffé? ¿Cómo aplaudir su opinión sin sugerir que él, como militar, no debe estar en el gobierno? Evidentemente, el lenguaje de los aplausos es demasiado tosco para expresar tales matices». Cuento que los bolivianos (según la fama) responden los vivas o mueras con el grito de «¿Por qué no?». Borges se ríe mucho y propone otras fórmulas para muchedumbres: «Tal vez» o «Hipótesis atendible». También dice: «Parece que el general Uranga, que estaba conspirando, se alegró mucho cuando un general lo arrestó[201]. Aspiraba a ir a la presidencia; ahora va a la cárcel, muy contento porque tuvieron la atención de mandarle un general. Qué suerte que sea un imbécil». En el Buenos Aires Herald dicen que este fiero general Uranga estaba borracho cuando lo apresaron; alguien, que lo conocía, observó: «Ha de ser cierto. Se emborrachó para sacarse el miedo». BORGES: «A lo mejor va a seguir contento cuando lo fusilen. Aunque no lo fusilarán: esos fusilamientos han puesto tan triste a todo el mundo. Antes no se fusilaba, solamente se torturaba».

Pepe obliga a mi padre a contar de nuevo toda su actuación en la revolución de 1904, «¡Qué linda época!», comenta. «Igual a la de ahora», le digo. Yo propongo otros temas, para que mi padre no tenga que repetir algo que ya contó ante todos (y quede como un viejo repetidor) y, principalmente, porque pienso que no disimulará su odio por los radicales, que en cualquier momento se traslucirá, y que esto puede resultar desagradable a Borges y a Pepe, ambos radicales. En tres momentos se acerca esta incómoda posibilidad. Primero, al preguntar Pepe quién era el jefe, cuando mi padre fue al cuartel, «El coronel, futuro general, José Félix Uriburu», dice mi padre con una sonrisa de simpatía (Borges aborrece a Uriburu). Segundo, cuando Pepe pregunta en qué libro puede leer referencias a esa época y mi padre responde: «Hombre, en las memorias de Ibarguren» (décidément, se creería que mi padre quiere ponerse de un lado horrible; no aclara —no tenía por qué aclararlo— que él desaprueba totalmente la política de Ibarguren); tampoco por aquí se llega a nada malo: una impresión, no más, inexacta y leve. Por fin, cuando se refiere mi padre a la revolución de 1904, «única que dirigió personalmente Hipólito Yrigoyen», y agrega: «No se portó muy bien, según parece. Huyó por una azotea y se rompió el pantalón». Lamento que Borges vea así maltratado, por mi padre, a Yrigoyen (superstición suya no muy arraigada, pero…). Salimos finalmente de todo esto; yo, pobre de recursos, apelo a Léautaud y leo las reflexiones sobre la muerte de Claretie (a quien, para mi bochorno, llamé hasta hoy Clarétíe). En algún momento, Borges empieza a decir lo que ya me había referido, cuando veníamos en el coche, desde su casa: que Clemente había tenido la idea de que en la Biblioteca se dieran cursos de noche, para la gente del barrio. Cuando dice: «Clemente tuvo una idea…», Pepe, con risa fatua, repite, sin intención hostil: «¿Clemente tuvo una idea? ¿Y cómo son las ideas de Clemente? Ja, ja». Después, en mi cuarto, Borges comenta, de Pepe: «Está volando muy bajo este muchacho».

Lunes, 20 de agosto. Comida, en el Plaza, con Jaime Benítez, rector de la Universidad de Puerto Rico, su mujer, Ayala, otro puertorriqueño nostálgico, la madre de Borges, Borges y Silvina. Después de comer, aparecen Susana Soca y Wílcodk. Se habla de Revol y de Juan Ramón Jiménez. Se propone una antología de versos malos; para Benítez son malos los meramente prosaicos: los horribles le parecen interesantes o modernos.

Miércoles, 22 de agosto. Come en casa Borges. Pide a mi padre que dé una conferencia o que lea páginas de sus memorias, en la Biblioteca. Mí padre acepta. Borges dice que él va a tener mucho gusto en presentarlo: «Me va a gustar hacerlo. Creo que voy a hacerlo bien. Tengo ganas de hablar de él».

Dio esta mañana una clase sobre Marlowe; refiere su ateísmo (pour épater le bourgeois) y su muerte; dice que Shaw lo trató con injusticia, al presentarlo como un literato, un hombre recluido entre libros, apartado de las incidencias de la calle y complacido, por ello, en inventar las violencias que no vive[202]. BORGES: «Todos tendrían una vida bastante brava en aquellos años. Piensa en cómo murió. Sí, en Londres todo el mundo tendría vida de malevo».

Jueves, 23 de agosto. Voy con Borges a la Biblioteca Nacional; allí pido, para documentarme sobre mi reseña del Journal Littéraire de Léautaud[203], Petit Ami, los números del Mercure de France correspondientes a 1905, donde espero encontrar «In memoriam», y un número de la Nouvelle Revue Francaise, en que habría un retrato de su padre, por el mismo Léautaud. En vez de todos los Mercure del año 1905 me traen algunos (donde no está «In memoriam»); en vez de la NRF, un anuario de la producción de tocino en Portugal.

Borges me refiere sus relaciones con Alfonso, secretario de la Academia, académico, que tiene un cuarto en la Biblioteca; cuando Borges fue a saludarlo, al llegar a la Biblioteca, Alfonso se cuadró, miró al frente, no le habló. En una fiesta, Borges se dejó llevar por un impulso y fue a invitarlo a que bebiera champagne; Alfonso repitió la farsa de la primera vez. Borges le pide el cuarto. No quiere darlo.

Viernes, 24 de agosto. Cumpleaños de Borges. Le compro un frasco de agua de Colonia de Jean Marie Fariña; Silvina, un estuche con frascos plásticos. Voy a la Biblioteca, donde hay una fiesta para celebrar el cumpleaños; Silvina le lleva una torta con velas. Estoy con César Dabove, con Mastronardi, con Cecilia Ingenieros, con Julia Peyrou, con Norah Borges, con Alicia Jurado.

Sábado, 25 de agosto. Come en casa Borges. Ayer dio una conferencia, sobre Las mil y una noches, auspiciada por la comisión para «la primera mezquita argentina». Aunque le habían dicho que no había en todo ello nada político, advirtió cierta propaganda en favor del mundo árabe, de Egipto, de Nasser, en su disputa con Occidente, por el canal de Suez. Disgustado por la sospecha de haber sido roulé, dijo que para los árabes Las mil y una noches no era una obra importante; que era una obra importante para las literaturas occidentales; que, en cierto modo, era un monumento en honor del francés Galland y también de los ingleses Lane y Burton. Se dio el gusto de refregarles muchos nombres ingleses y franceses.

Le cuento dos desdichas de la pobre Beatriz Guido. La primera, con una chica Jascalevich. Beatriz le elogia (sinceramente) un poema. JASCALEVICH: «Yo no puedo decirte otro tanto de tu último libro». BEATRIZ: «Es claro, te gustó más el primero». JASCALEVICH: «No, el primero no me gustó tampoco». La segunda le sucedió con la hija de Muzzio Sáenz Peña (conocido como Musiú Sáenz Peña). BEATRIZ: «Estoy muy cansada». LA DE MUSIÚ SÁENZ PEÑA: «Es claro, no es para menos, con todo lo que te echás encima. Pareces un árbol de Navidad».

Hoy se habla de Sabato, de su grotesca actuación en una audición de radio, en la que pierde los estribos. Convenimos en que podríamos juntar firmas para un petitorio de los amigos de Sabato, para que le apliquen un puntapié atrás. Digo que Caillet-Bois, Augusto Mario Delfino, Muñiz, Luis Emilio Soto, Julio Payró, pertenecen a una misma familia de gente (por la apariencia física). BORGES: «¿Ellos lo sabrán?». Me cuenta que, en la Biblioteca, Billy Whitelow leyó el primer capítulo de la novela de Mujica Lainez, Invitados en El Paraíso. BORGES: «Está muy bien, es muy interesante. Fuera de eso, se trata de homosexuales invitados a un lugar donde pueden o van a corromperlos. Está escrito de cualquier modo. Desde el tren, por ejemplo, se ven vacunos, inmóviles y estupendos, como tótems. Pone lo que se le ocurre en el momento. Después sigue un sistema, habitual en la novelas de ahora, que usó Víctor Hugo: si un personaje tiene que pasar por esta calle, se la describe, se dice alguna greguería sobre ella, y mientras tanto la novela espera».

Me dice: «Tenemos que reiniciar las tareas literarias, tan neglected. Tenemos que acabar el cuento de Bustos Domecq» (el del descubrimiento de Santos Vega).

Martes, 28 de agosto. Como no recordé que Borges volvía hoy de Santa Fe, no lo invité a comer. Me parece, cuando lo llamo, que está un poco resentido por mi olvido. A veces tiene una susceptibilidad extrema, casi femenina.

Miércoles, 29 de agosto. Comen en casa Borges, Wilcock, Elva de Lóizaga y Bayón. Elva ha de ser comunista: está como erizada de prevenciones. Hablamos de los rumores. «Qué porquería de país», comenta tristemente Borges. Discutimos por el caso Sábato[204]. BIOY: «Buscó que todo redundara en su favor. Si no, pudo llevar las denuncias al ministerio; si después de cierto plazo no se investigaban públicamente, hubiera podido renunciar y en una carta abierta dar las razones». Él va cree que el gobierno sabe y oculta; que no se va a ir más; que hay peronistas que son mejores que alguna gente de la oposición ¡de un conservadorismo repugnante!; que estamos hartos de militares; y hasta esta injusticia: que hay demasiados retratos de Aramburu y de Rojas. Con Borges decimos que no se puede ser peronista, sin ser canalla o idiota o las dos cosas. Desde luego, no basta ser antiperonista para ser buena persona, pero basta ser peronista para ser una mala persona. Wilcock dice que él no se va por ahora porque quiere aprovechar este momento viviendo aquí; que tal vez nunca en nuestra vida ocurra otro gobierno tan bueno, tan razonable. Borges, Silvina y yo estamos de acuerdo; Bayón también, aparentemente.

Bayón habla de argentinos en París; Marta Elena Walsh, Marta Mosquera y otros. Dice que París acelera los procesos de la gente hacia su esencia, buena o mala: llevó a Güiraldes a escribir Don Segundo, a otros los arruina o los corrompe. Después habla de cuadros: un cuadro de Van Eyck, que representa una pareja vista de frente, la mujer grávida, con un espejito en el fondo que los muestra de atrás: un profesor de Bayón habría probado que ese cuadro sirvió de testimonio de que esas personas vivían juntas. Su profesor sostendría que hay que ver de esta forma los cuadros: interpretándolos por situaciones históricas, etcétera. Así, en la Primavera, de Botticelli, la Primavera es una tal Simonetta Vespucci; las flores que nacen a sus pies, flores de las que hablan Poliziano y Lorenzo el Magnífico; el jardín en que se encuentran, el paraíso terrenal, un paraíso pagano y un jardín en que se reunían los nobles florentinos. Las grutas que se muestran detrás de no sé qué santo y que parecen de cartón imitan grutas de cartón, que se llevaban en procesiones, y no grutas verdaderas. Otro cuadro de Van Eyck, con la leyenda Leal Souvenir… bueno, Bayón olvidó qué significaba. Habla y habla, hasta aburrir con reflexiones interesantes y tontas, de todo un poco demasiado. BORGES: «Esta interpretación tiene el inconveniente de no agregar nada al interés de un cuadro; más bien vuelve todo trivial». Bayón: «Mis discípulos, en Puerto Rico, no ven el paisaje en los cuadros, porque nunca lo vieron en la naturaleza. Ven una luna que anuncia lluvia, un campo que promete buena cosecha. Los griegos usaban kallós, indistintamente, para lo bueno y lo bello. El primer turista ante el paisaje sería Petrarca, en Provenza». BORGES (protestando): «En Virgilio hay paisajes, en Dante hay paisajes». BAYÓN: «No centrales: accesorios. El primer cuadro de un paisaje es Toledo, pintado por el Greco. Tal vez quiso personificar a Toledo». Se habla de la distancia o jerarquía anímica: cuadros chinos, donde el paisaje es superior a los personajes; Tiziano, Rubens: una mujer es el cuadro, el paisaje es convencional. Los modernos: el paisaje, una mujer, una pera o un cacharro tienen igual importancia. «Así resultan», pienso.

Jueves, 30 de agosto. Después del almuerzo hablo por teléfono con Borges. RORGES: «Sabato está loco. Renuncia. Obliga a otros a renunciar. Se enoja con los que no renuncian. Y organiza petitorios, con firmas, para que no le acepten la renuncia. Cuánta actividad. Lo más extraño es que para alguna gente, con todo esto, se vuelve simpático: los otros días, Wally dijo que Sabato está muy corrido[205]». BIOY: «Ya verás: va a quedar como el hombre que protestó por las torturas. Va a quedar en la Historia como un Negro Falucho». BORGES: «¿A que no sabes dónde ha publicado un artículo?». BIOY: «En Azul y Blanco[206]» BORGES: «Esto significa: cualquier cosa antes que callarse la boca. Publicará en el Ramean d’or, o en las Vidas de los varones oscuros. Lo que él quiere es alzar la voz en la mitad del foro. Va a dar el do de pecho con la gutural modulación del bajo[207]» Me cuenta después un llamado de Estela, a Peyrou, en procura de la firma para el petitorio. Peyrou rehúsa. Estela invoca la amistad; cuando el argumento fracasa, recurre a otro: «Te conviene firmar; si no, cuando Ernesto sea ministro, te aplastará». «Ahora sí que no firmo», dice Peyrou, y agrega: «Además, el método seguido no me parece hábil. A mí me basta que los comunistas me pidan mi firma para que rehúse». Estela corta la comunicación.

Domingo, 2 de septiembre. Borges me dice que ayer, en la Biblioteca, dio una conferencia Ríos Patrón: «Fue una vergüenza. Atacó a la metáfora y al ultraísmo, lo que está muy bien, con metáforas ultraístas, lo que no lo está tanto. “Fulano evadió el ultraísmo o el academicismo y tendió su mano a la palabra sencilla”. Muchas veces recurrió a ese extraño empleo de evadió —yo no sabía que fuera verbo transitivo—, por evitó o eludió. Bueno, parece fatal llegar a eso, por contaminación de evité y de eludió. La conferencia, titulada La generación castigada, consistió en la lectura de un catálogo alfabético de nombres de escritores con lugar y fecha de nacimiento, obras y un juicio. El estilo vacilaba entre el escueto —con “dio tal libro”, eso sí— y el florido. El catálogo era mucho más vasto de lo que resultó en la lectura; Ríos Patrón se limitó a leer los nombres de los escritores que veía en la sala. No debió citar los títulos de los libros, porque con esos títulos costaba creer que los libros fueran tan buenos. Por ejemplo, el poemario de un muchacho de La Pampa, un valor firme: Siete azules para una sonrisa. Otra novela meritoria parece que es Domingo sin fútbol: seguramente en los Estados Unidos y en Rusia hay muchas novelas con títulos similares. Aunque en Rusia no: no se han de permitir. Es una cosa triste, que deprime, un domingo sin fútbol. Qué desolación: bueno, todos los domingos míos fueron sin fútbol… Durante la conferencia, hubo dos entretenimientos. Uno, pensar cuánto faltaba para el final (la conferencia era alfabética), Otro, calcular la edad de las mujeres. El conferencista, ya famoso por estas cosas, daba la fecha de nacimiento de las damas nombradas. Lo presentó Clemente, quien también cometió algún error. Dijo, por ejemplo, que el hombre moderno estaba obstruccionado —lo que parece mucho más que obstruido— por el rascacielos, el muro y la ciudad. El orden quizá no esté bien: como siempre hubo ciudades, tal vez le hubiera convenido empezar con la ciudad y acabar con el rascacielos. Otra anomalía de Ríos Patrón: dijo “Fulano sabía” y a continuación algo muy largo, muy particular, muy discutible. “Fulano sabía que la palabra es fuego de poesía, luz de imaginación, resplandor de inteligencia.” ¿Cómo sabía eso?».

Le cuento que Huysmans, cuando comprende que está mortalmente enfermo —en los primeros días de la semana santa—, comenta: «Ojalá que un buen ladrón me busque antes del viernes». Hablamos del Evangelio. BORGES: «Qué época rara aquélla. Había dioses o las personas se creían dioses. Están crucificando a unos hombres; uno le dice a otro que es un dios; el otro le cree; el primero le dice que esa noche estarán juntos en el cielo. Y te das cuenta, la burla. La inscripción: Rey de los judíos. Y los soldados jugando a los dados. Y el que lo traiciona es el que le da el beso. Todo eso escrito en unas pocas líneas —uno escribiría páginas y páginas— y allí están, los mejores detalles circunstanciales, la historia más extraordinaria, contada al pasar. ¿Y qué me decís de las últimas palabras? “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. En ese momento comprendió que no era dios ni nada: un hombre muriéndose. Y esas palabras las registran quienes quieren probarnos que era un dios. Todo es rarísimo». (Alguna vez Borges me dijo: «Si uno compara la Biblia con los otros libros hebreos puede llegar a creer que fue escrita por el Espíritu Santo. Es el único libro inspirado»).

Habla de una dama, partidaria de Nasser: «Ha descubierto que ahora es egipcia y por ende odia a los judíos. Se parece al Ibis, a Horus, a una momia; está en el Nilotic mud y da, como el cocodrilo, cancerous kisses[208]».

Escribimos alguna página para nuestro cuento de la Alianza y el cadáver del judío que tomaron por Santos Vega, cuento empezado antes de mi viaje a Europa.

Martes, 4 de septiembre. Comen en casa Wilcock y Borges. Consulto sobre «Timor mortis conturbat me[209]». Borges cree que la frase es de la Biblia; Wilcock, que es de algún Padre de la Iglesia. En la concordancia latina no encuentro nada. Finalmente, descubro un Salmo (LV, 4, versión de Cipriano de Valera): «Terrores de la muerte sobre mí han caído». En la Biblia latina (católica) el versículo —«In quacumque die timebo, ego in te sperabo»— difiere mucho del estribillo de Dunbar. En el Oxford Dictionary of Quotatiom, en «Dunbar», está la línea, sin comentario alguno. En el Dictionary of National Biography, leo que el poema («Lament for the Makaris») es un interesante ejemplo de latín macarrónico, o algo por el estilo; el autor del artículo parece creer que el estribillo es de Dunbar.

BORGES: «Nunca hubiera creído que iba a odiar tanto a Sabato». BIOY: «A mí no me extraña. Nunca le tuviste buena voluntad. Y yo he hecho un descubrimiento: en contra de lo que se afirma, la antipatía está más cerca del odio que del amor». Se ríe y dice: «Tenés razón».

Dejo a Wilcock en el subterráneo de la calle Santa Fe; a Borges en la confitería Saint James, en Córdoba y Maipú.

Miércoles, 5 de septiembre. Voy a buscar a Borges a su casa. Parecería que allí están un poco obsesionados con el asunto Sabato; en cuanto veo o hablo con Borges (o Peyrou), de nuevo estoy comentando este episodio interesante, pero no infinitamente interesante. Yo he sentido asombro y hastío por la manía de los escritores franceses con el proceso a Dreyfus. ¡Cómo se pondrían mis amigos con un caso análogo! Borges me asegura que le ha tomado tanto odio a Sabato, que ya no imagina su cara tal como es, sino en caricatura.

Retomamos el cuento del cadáver del judío disfrazado de gaucho, que pasó por Santos Vega.

Jueves, 6 de septiembre. Busco a Borges. Voy con él al Instituto de Literatura Inglesa y Norteamericana. Estamos allí con una señora, de color lechoso, que está traduciendo, habrá que ver cómo, Religio Medici de sir Thomas Browne. «No conozco mucho a este autor —confiesa la mujer—, porque el año que yo estudié, la literatura inglesa y la germana (sic) se enseñaban juntas, y dedicamos todo el año a Göet (sic)». Después, Borges recuerda al abogado canallesco, en Stevenson, que admira a Werther, habla con entusiasmo de su autor, al que llama Goeath, sin sospechar en ningún momento que es famoso[210]. BIOY: «Por la manera en que esa señora decía este autor podría deducirse su poca familiaridad con Browne y con toda la literatura inglesa». BORGES: «Sin embargo hay una frase muy linda con “este autor”. ¿Te acordás? “What I like in this novelist, is the pain he takes with the minor character”. BIOY: “Chesterton[211]”. BORGES: “Sí. El autor —el novelista— es Dios y los minor characters los hombres. Y qué bien que en la categoría estuvieran incluidos los autores”».

Vamos a la Biblioteca.

Sábado, 8 de septiembre. Borges me habla de la vida de Milton escrita por Johnson; «No lo quería. Dice que Milton hizo un viaje en Italia con un ermitaño, “una persona de la que no podía esperarse mucho” pero que le presentó a toda clase de gente mundana. Johnson es muy eficaz, mucho más que Mastronardi, que hace falsos elogios[212]. Está escrito en un tono que los ingleses llaman sub-acid».

Lunes, 10 de septiembre. Nos enteramos de que murió Barbieri; llaman Peyrou, Beatriz [Guido] y Borges. Vamos, con frío, en el Morris, Borges, Wilcock, Silvina y yo a la calle México —Sociedad de Escritores—, donde lo velan.

Borges está apenado y repite: «Pobre Barbieri». Wilcock no se cuida; hace bromas abiertamente; dice: «Era un hombre vil, pero su vileza no era importante; ahora mismo, mientras hablo, se disuelve y muy pronto habrá desaparecido». BIOY: «La primera vez que oí hablar de Barbieri fue hace quince o treinta años. Supe que estaba muriéndose. Ulyses Petit de Murat, por medio de un secretario, me pidió dinero para él. Quizá haber dado plata en la inteligencia de que iba a morirse y el hecho de que no muriera, y la reiteración ulterior de colectas o de noticias de que estaba muriéndose, me hizo creer que Barbieri era inmortal. O tal vez uno crea que todo el mundo es inmortal y la muerte siempre desconcierte». BORGES: «Podía ser muy duro. En una fiesta, en la SADE, varias personas iban a leer poemas. Cuando supo que Wally [Zenner] iba a leer, Barbieri dijo que entonces él no leería; que pertenecían a categorías distintas y que no podían participar de un mismo acto». BIOY: «Sus poemas eran malos. Pero ¿qué puede hacerse con ese sistema de “poesía” moderna en que se había metido? Si hubiera vivido más, tal vez habría llegado a escribir bien». BORGES: «Sí, los poemas son malos, porque con ese sistema no puede hacerse nada. Tiene cosas en prosa, bastante buenas. Leí en La Nación unos cuentos, muy poéticos, que son buenos». BIOY: «Perón mató a mucha gente. La Revolución mató a Barbieri. Posiblemente, si no hubiera tenido los honores, los disgustos y el trabajo de este último tiempo, estaría vivo». BORGES: «Pero debió ser muy agradable para él». BIOY: «Es claro. Lástima que haya tenido el disgusto de que le aceptaran, cinco días antes de la muerte, su renuncia a El Hogar». BORGES: «Era neurótico. Renunciaba como quien dice: “Estoy contrariado”. Una vez renunció a la presidencia de la SADE. todos estaban preocupados. Qué hacer ahora que renunció este hombre. En la reunión siguiente estaba Barbieri, ocupando como siempre la presidencia. Naturalmente, nadie le recordó que había renunciado. En la SADE lo conocían; en El Hogar, en cambio, le aceptaron la renuncia. Pobre hombre». Recuerda que, cuando se lo presentaron, la Princesa creyó que se trataba de una broma de mal gusto: que le decían que se llamaba Barbieri porque tenía barbita.

Al rato aparecen Clemente y la muchacha Jascalevich. Estábamos en la sala, junto a la chimenea. BORGES: «Esta casa ya está acostumbrándose a los velorios: velamos aquí a Evar Méndez y a Bufano». Olvidó a Fernández Moreno. Dice que la casa, grande y con patios, parece muy adecuada a los velorios. Estoy con Weiss, con Peyrou, con Betina Edelberg, con Ríos Patrón, con Girri, con Murena. BORGES [a mí): «Qué chino, ese muchacho Murena». BIOY: «Parece un vigilante. Pero de los de antes: de los de casco en punta, como soldados alemanes. O mejor, como de ilustración, de Caras y Caretas, a cuentos de Fray Mocho». Saludo a la señora de Barbieri: muy flaca, muy desolada. Desde la puerta, entreveo, en su ataúd, al muerto, con su barba, con las manos juntas, blancas y enormes.

Martes, 11 de septiembre. Comen en casa Borges, el doctor Busso, Eduardo Augusto García y el Padilla que fue rector de la Facultad de Derecho[213]. Busso, un Bismarck bonachón, habla despaciosamente, sin ninguna impaciencia, libre de todo prurito epigramático. Diríase que desdeña ser brillante; aun, ser interesante. Chupando un larguísimo cigarro nos explica su afición por los dictáfonos, los diversos aparatos que posee, etcétera; en ningún momento parece acosado por la idea de que el diálogo o el pensamiento pueden encaminarse a la proposición de reglas, conceptos generales o, por lo menos, observaciones. Entre todo lo que dijo, con extraordinaria lentitud, sólo dos puntos merecen recordarse. El primero (el más importante): Lonardi le habría contado que el jefe de la Revolución fue, desde el principio, Aramburu; obedeciendo órdenes de Aramburu, Lonardi inició las acciones en Córdoba; porque Aramburu fracasó en Entre Ríos no aceptó la presidencia y quiso que el general que había triunfado en Córdoba la ejerciera. El segundo: en una reunión de ministros, al comienzo del gobierno (cuando Lonardi se internó por tres días en un sanatorio), se resolvió mandar un veedor a la CGT; Lonardi dio el visto bueno; al día siguiente esta resolución se había dejado de lado y Cerruti Costa había conversado con los dirigentes obreros. Cuando, en un acuerdo de ministros, Lonardi preguntó por qué no se había cumplido su orden, Cerruti Costa le explicó que el general Uranga, Ministro de Transportes, lo había llamado y le había dicho, como si hablara en nombre del presidente, que no se mandara el veedor y que se iniciaran conversaciones. Uranga reconoció haber invocado, sin autorización del presidente, su nombre, pero alegó haber temido derramamientos de sangre, etcétera. Según Busso, en esa reunión Lonardi «trató de suavizar las cosas» y el que había pasado vergüenza era Uranga. Borges y yo convenimos, en cambio, en que es Lonardi el que ha hecho un triste papel: Uranga, como un malevo, se los montó a todos. Busso agrega que Uranga era muy amigo de Lonardi; que en todo el episodio, Bengoa se mostró partidario de Uranga y de no emplear energía con la CGT; que Cerruti Costa fue peronista. Recuerda también Busso las indecisiones famosas de Bengoa, incluso el 20 de junio; por todo ello, en la reunión en los barcos de guerra, cuando se trató la rendición del gobierno de Buenos Aires, lo recibieron como a un visitante, sin representación de nadie: cuando se encerraron a discutir —a imponer los revolucionarios, a aceptar los peronistas—. Bengoa quedó afuera.

Parten Busso, García y Padilla. Borges me dice: «Lo que yo temía era caer con todo el cuerpo sobre la mesa. Yo pensaba: “Menos mal que tengo anteojos y no me ven dormir”». Después dice de Busso: «He is a portentous bore. O, según la frase que vos inventaste, one of the leading bores of his time». Yo no inventé la frase: la decían de Leslie Stephen[214].

Sábado, 15 de septiembre. En casa comemos Borges, mi padre, Silvina, Bianco y yo. Borges me regala el poema de Attar sobre el Simurg. Tenía una comida esta noche con bibliotecarios, pero la dejará, alegando que debe celebrar una fecha íntima. BORGES: «Estoy, como ves, en plena irrealidad, en plena vida ficticia. Tal vez no haya sino dos caminos: o Schiavo o Larreta. El peor es el de Schiavo. El más vanidoso. El más dolido». (Schiavo, poeta ilegible, que motivó la exclamación de Gerchunoff, eliminando un manuscrito llegado a La Nación: «Antes que Schiavo prefiero morir»). BORGES: «El mismo Schiavo refiere que le lee a su mujer los poemas que aparecen en el Suplemento de La Nación, para que ella le diga francamente si son mejores que los suyos; la mujer le asegura que son pésimos, y Schiavo resuelve no mandar más poemas a La Nación. ¿Necesita publicar para ser feliz? De ningún modo. A él le basta con retirarse a su sillón, a su vaso de whiskie, a su pipa y a un buen libro[215]». Borges piensa un momento y agrega: «No entenderá lo que lee, porque se verá a sí mismo leyendo». Después dice: «Schiavo se complace en su tristeza». Recuerdo a La Rochefoucauld, que sostiene que un consuelo de la tristeza es imaginarse triste[216]. «Está muy bien, es muy cierto», comenta Borges. Dice que Schiavo tiene una de esas caras intelectuales que expresan gran estupidez.

Habla de los bibliotecarios. Un señor, director de una biblioteca de provincia, hombre muy afable, lo abrumó con sus anécdotas, todas referidas a «cosas que pasan con los libros». Por ejemplo: «Yo había publicado un cuento, la historia de un niño. Asistí, en mi calidad de hombre desconocido, anónimo, a un almuerzo que le dieron a Waldo Frank. A mi lado había un señor. Nos presentamos. El señor me dijo: “Yo lo conozco a usted”. Había leído un cuento mío, el trabajo a que me referí hace unos instantes. El señor se llamaba Ábalos, Jorge Washington Ábalos. Era autor de un libro titulado Cuentos con y sin víboras, un trabajo sobre la selva de Misiones». BORGES: «Ésta es la anécdota más interesante que me refirió; otras eran peores y las olvidé. Otra era de una muchacha, una estudiante, que lo halagó con su interés por obtener libros de la biblioteca; él llegó a prepararle un plan de lecturas, y finalmente la muchacha le confesó que sólo buscaba novelas con pasajes escabrosos». Borges comenta: «Esto es falso. No creo que la muchacha le dijera eso. Todo se basará en que alguien dijo: “Uno cree que estos lectores vienen por amor a la literatura; vienen a leer novelas escabrosas”. El señor tejió después la anécdota».

Hablamos de literatura española. Enumeramos a autores y libros: Escenas matritenses de Mesonero Romanos. Larra. Pereda, Peñas arriba, Sotileza. Ricardo León, La escuela de los sofistas. BORGES: “Qué bien, sabía que hubo sofistas”. Benavente, Los intereses creados:

Alma del silencio, que yo reverencio[217]

Alma del silencio, que yo reverencio[217]

BORGES: «Qué versos, qué animal». Palacio Valdes, La hermana San Sulpicio, Alarcón «El amigo de la muerte». BORGES: «Ese cuento está muy bien». El sombrero de tres picos, una idiotez; El capitán Veneno, otra. Las Sonatas de Valle-Inclán, cursis y groseras. Galdós, Marianela, tan débil. BORGES: «Norah, por obediencia a Guillermo, leyó Fortunata y Jacinta, pero después no pudo menos que rebelarse: “No hay una sola escena poética”, exclamó. “Es una novela realista”, replicó Guillermo. “También es realista Dostoievski”, contestó Norah». Recordamos Miau, y la perífrasis de Baeza, «el autor de Miau», para no repetir Galdós, escrita sin malicia. Leopoldo Alas («Clarín»), del que mencionamos Paliques y La Regenta, Un gran cuentista, según dicen. Y Ganivet, con sus Cartas finlandesas, publicadas por Losada astutamente, cuando la guerra ruso-finlandesa. «Una estafa», comenta Borges. Hablamos de Pequeneces, del padre Luís Coloma: comparo a Currita Albornoz, su protagonista, con Lucy, de Point Counter Point de Huxley, Recuerdo un libríto atribuido a Valera, Carta de Currita Albornoz al Padre Luis Coloma; también, su cuento «Pelusa». Nunca leí Por un piojo. Nombro a Baroja; convenimos en que El árbol de la ciencia es un libro muy superior a todos los mencionados. Borges y Bianco hablan de otras novelas de Baroja, que ellos leyeron y yo no; tratan de estudiantes pobres y de anarquistas; las recuerdan con afecto. Hablamos de Azorín; Borges se pregunta si Voluntad (que no está firmado «Azorín», sino Ruíz, el verdadero nombre del autor) no será mejor que todos esos libros. Bianco está de acuerdo. Hablamos de Concha Espina —y de otro nombre pinchudo, Conchita Piquer—. Digo que leí un artículo de Concha Espina, publicado en La Nación, plagiado creo que de Gaunt (The Pre-Raphaelite Tragedy). Habla Borges de un libro de Cansinos-Assens, Literaturas del Norte (La obra de Concha Espina): «Por Dios, qué Norte más casero. Tampoco corresponde el plural: literaturas. Pluralis majestaticus, como Grandes Sastrerías Inglesas Rabuffi»[218]. Hablamos de la Fernán Caballero —Cecilia Böhl de Faber— y su Gaviota. BORGES: «¡Qué literatura mediocre! Cómo sería, para que los escritores del 98 parecieran revolucionarios». Sobre Menéndez y Pelayo digo que siempre es agradable de leer, pero que a veces sus juicios y su información son superficiales —véase Stendhal en Historia de las ideas estéticas en España[219]—. En contra de la opinión general, creo que su mejor obra es la «Epístola a Horacio»; tampoco es mala la otra, la «Epístola a mis amigos de Santander», en que les agradece el regalo de una biblioteca. Pasamos a Unamuno. BIANCO: «Miren que son malas sus novelas». Yo murmuro «Niebla» y Borges alega que Unamuno las llamó nivolas[220]; después elogia algunos ensayos de Unamuno y recita, riendo, sus peores versos. Digo que el estilo de Unamuno me cansa y que sus ideas me parecen tan falsas como sus antítesis.

De este catálogo de la literatura española del siglo XIX fui el culpable: me sentía demasiado cansado para pensar; los otros hablaban poco. Una conversación de este orden, por pobre que sea, para escritores, o acaso habría que decir para lectores, nunca es ingrata. Hubo más Historia que Filosofía. Recuerda uno libros leídos hace años, lo que es un poco recordar la propia juventud, los errores y también el fervor —que hoy nos parece patético— de nuestro aprendizaje. Acaso la conclusión estuvo expresada en aquella exclamación de BORGES: «¡Qué literatura mediocre!».

Se habla de Barbieri. BIANCO: “Era un hombre odioso. Cuando estaba enfermo en Cosquín, todos los meses yo juntaba dinero —trescientos o cuatrocientos pesos— entre la gente que iba a Sur y se lo giraba anónimamente. Estuve en Córdoba y fui a verlo. Le pedí un poema para Sur. En esos días yo estaba corrigiendo las pruebas de un número, de modo que el poema de Barbieri quedó para el siguiente. Cuando Barbieri vio que su poema no estaba en la revista, me escribió una carta destemplada, asombrado de que lo postergaran y asegurándome que era tan famoso que todos los meses admiradores anónimos le giraban trescientos o cuatrocientos pesos”.

Hablamos de Molinari. Bianco conviene en que la fama de Molinari es misteriosa, pero dice que no ha leído toda su obra. BORGES: «Es lo mismo leerla o no leerla. No significa nada. Bref, cero. Quizá esté escrita en caldeo o en algún idioma olvidado. Tampoco es melodiosa, ni agradable al oído». BIANCO: «Mallea me aseguraba que Molinari tenía un invencible don idiomático y se embelesaba con el título Una rosa para Stefan George. Qué invención, decía. Como invención me parece pobre, porque recuerdo a Faulkner: “A Rose for Emily”». BORGES: «Escribe sobre Stefan George, sobre quien no sabe nada. Nunca pudo leerlo. Molinari es muy ignorante. Admira sur parole a Stefan George». Alguien dice que tiene fama de fiero; Borges aclara que eso debe entenderse por insignificante. BORGES: «Cuando Victoria, para traducir un poema de Molinari, tuvo una duda y le preguntó qué había querido decir en tal verso, él no supo contestar. Estaba muy asombrado de que alguien creyera que sus versos significaban algo». Recordamos el título del poema: «Días donde la tarde es un pájaro». BORGES: «Donde, qué animal. Es un pájaro, porque a la hora del crepúsculo, en primavera o en otoño, el cielo se llena de pájaros. La explicación es muy superior a la frase». BIOY: «Es probable que la fama de Molinari se deba a una acción tenaz en Colombo. Año tras año, ha ido publicando libritos, en ediciones limitadas y cuidadas. La gente imagina que hay una armonía entre el aseo tipográfico de esos volúmenes y la calidad de los poemas que incluyen. Además, puede la gente creer que porque no se venden en la librería son preciosos». BORGES: «Sí, tal vez tengas razón. Pero eso no explica todo. Si Schiavo publicara sus libros así no conseguiría admiradores».

Hablamos de otro caso misterioso: Mallea. BIANCO: «Escribe páginas y páginas de novelas en un estilo que tal vez parezca de ensayos filosóficos; pero si uno los analizara con ese criterio, buscando coherencia y profundidad de ideas, el resultado sería desastroso. Me dijo, antes de irse[221], que estaba en una situación afligente. Había escrito un novelón de setecientas páginas; escrito a mano, con su letra confusa y que parece pintada. Su amanuense se volvió demasiado importante para estos menesteres: es abogado, etcétera. Entonces nadie puede pasarlo a máquina. Yo le dije: “Páselo usted mismo. Le va a convenir, porque así lo corrige”. Por la manera en que me miró comprendí que yo había cometido una gaffe. ¿Corregir? ¡Nunca! Ne varietur, para toda su producción». BORGES: «La gente cree que si lee a Mallea va a adquirir una llave para comprender el país, la Argentina invisible. Una llave para entrar en las casas y cambrioler el país. Indudablemente, es un caso extraño. Presenta un personaje, una señora muy elegante, de sociedad, la llama “la señorita Sartén”, sin duda le pone zapatos de satin, y sigue tranquilo, y los lectores siguen, sin notar nada raro. Serena Barcos, Jazmín Guerrero». BIANCO: «Personas inteligentes lo leen y lo admiran: Murena, por ejemplo». SILVINA: «Dejate de embromar. Murena escribe igual». BIOY: «La obra de Mallea es de esas obras que beneficia y se beneficia de la vida de su autor. Cada año aparece una novela; que esa novela sea ilegible no importa; acaso conviene: es toda una garantía. Mallea asciende sentado en lo alto de esa torre de letras siempre creciente; como él es una persona importante, influyente y agradable, los críticos lo tratan con respeto. Desde luego, el día en que Mallea muera esa biblioteca de novelas ilegibles, esa obra copiosa y por lo mismo repulsiva para los editores, que no querrán gastar en reimprimirla, lo hundirá con su peso en plomo al fondo del olvido». No digo que yo mismo tengo una experiencia personal sobre la ventaja, para la carrera literaria, de una serie de obras indigestas. Aunque mis primeros libros eran pésimos, me dieron un día la posición de escritor con varios libros publicados; hasta de escritor discutido (por Caos), lo que era una injusticia: Caos era un libro que no merecía discusión. BORGES: «A quien le vaticino un excelente porvenir[222] es a Vacarezza. (A mi). Pensá que De la Púa, que es tan inferior, hoy es casi famoso».

Hablamos de la petite histoire, que dicen en broma, pero ¡ay! Acertadamente, que puede traducirse como Historia menuda, de anécdotas. BORGES: “Son admirables Boswell, Plutarco. Suetonio es distinto; ya no es anécdota. Es algo más atroz”. Bianco dice que a él le gusta mucho Suetonio, y observa el extraño sistema de este autor, que primero elogia a los emperadores, dice todo lo bueno que hay que decir, y después enumera las cosas malas, los horrores. Borges recuerda que Johnson primero cuenta las vidas y después señala los rasgos del carácter. BIANCO: “Pero ¿cómo? ¿La Vida de Johnson no es de Boswell?”, con lo que revela que ignora The Lives of the English Poets y las otras vidas. Le elogiamos la de Savage, la de Milton, la de Dryden, la de Pope, la de Swift, la de Cowley. Yo les hablo de las Historiettes de Tallemant des Réaux, que ambos ignoran: Borges no las leyó, Bianco no sabe que existen. Yo digo que un exceso de anécdotas y de Historia menuda abruman: son verdaderos vahos de mortalidad lo que uno aspira. Un poco de Tallemant, un poco de Léautaud, anima; mucho, entristece.

Bianco quiere buscar la definición de modo en Spinoza. No la encuentra. Borges dice: «Está al principio». Se la encuentro. Bianco se lleva la Ética. BIOY: «juicio falso: “Ése blando, ese íntimo, ese delicioso Spinoza”». BORGES: «Alguna vez pensamos escribir todo un artículo con juicios falsos. Por ejemplo, comentar a Faulkner diciendo: “Admirable, sin duda, pero debemos reconocer que ya estaba todo en Esopo”». Silvina me dice que le traiga el tapado. Borges exclama: «Au reservoir[223] Silvina», la mira y afirma: «Es una de las mejores personas que existen».

Domingo, 16 de septiembre. En La Nación, “El primer encuentro”, poema de Silvina. Aceptando mi consejo, suprimió toda referencia al palacio histórico que originó el poema; el palacio del emperador, en Pekín, según Gronin[224]; hoy lamentó esas supresiones, alegando que no se entiende. Borges habla y felicita por el poema. BORGES: “Comprendo que el palacio es un símbolo de la vida”. Le digo a Silvina: “Quizá al suprimir la referencia al palacio histórico, en el poema resplandece la idea que encierra, la idea por la que fue escrito”. Está satisfecha. Es curioso: a veces no ve las posibilidades de lo que escribe.

BORGES: «Pensar que nadie se atreve a mostrar a Shakespeare como está en los originales. Algunas de las escenas más famosas —más características de su estilo— son de los eruditos que prepararon esos textos para su publicación… Por ejemplo ésa tan poética de la muerte de Falstaff, donde dice: : “a babbl’d of green fields[225]… Parece que el original era ilegible; había algo de green table. Un scholar lo corrigió». BIOY: «Theobald, tal vez». BORGES: «Creo que sí, que fue Theobald»[226].

Hablamos de nombres. Digo que me he curado de la supersticiosa creencia sobre la importancia de los nombres: «Algo tan absurdo como una pera grande, algo tan grosero como Perón, fue el amado ídolo de medio país. Frondizi quizá mañana lo sea. En Córdoba quieren a Sabattini. Qué, si Balbín suena admirablemente y nos olvidamos que es un diminutivo».

Lunes, 17 de septiembre. Por la mañana, Borges me pide que pase por la casa del conde Negrini, para cobrar nuestra colaboración en la revista Lyra. Voy a la casa de Negrini. Me da dos cheques: uno por cuatrocientos sesenta pesos para Borges y yo; otro por doscientos setenta para Silvina.

Por la noche, comen en casa Borges y Wilcock. Hablamos de diarios, de literatura íntima. BIOY: «He intentado nuevamente leer a Pepys, sin ningún resultado». BORGES: «A mí tampoco me gusta. Sin duda, en un momento, todo eso que parece intrascendente, repetido, demasiado breve, se organiza, y proyecta un retrato del autor y de su época. A mí no me ocurrió —nunca llegué al momento en que ocurre—. Sin duda eso pasa; eso debió pasarle a Stevenson, que escribió con afecto de Pepys[227]. Los huesos se rodean de carne y el todo vive; yo siempre quedé con los huesos. Además, el hombre no me resulta nada simpático». Pienso que a Kipling le resultó simpático; le dedicó un poema[228]. Como otra posibilidad de diario menciono a Jules Renard[229]. BORGES: «¿Nadie ha señalado que es el inventor de las greguerías? ¿Por qué la gente habrá notado más las de Gómez de la Serna?». BIOY: «Tal vez porque Renard escribía greguerías mezcladas con observaciones o reflexiones de otro tipo; Gómez de la Serna inventó el nombre…». BORGES; «importancia de inventar un nombre». BIOY: «… y publicó libros dedicados exclusivamente a greguerías».

Hablamos de Gómez de la Serna, de lo olvidado que está; más aún que Capdevila, más que nadie. Decimos que ha escrito páginas y hasta libros hermosos. Recuerdo biografías. BORGES: «Siempre he leído con emoción el prólogo a las páginas escogidas de Silverio lanza. Ramón ha de estar entre los mejores escritores españoles de este siglo. Con qué desprecio verá a su amigo Oliverio Girondo. En un rato él puede escribir —él ha escrito— toda la obra de Girondo». BIOY: «Indudablemente Gómez de la Serna tiene facundia: en seguida inventa, siempre escribe bien y puede escribir muy bien». BORGES: «El de las greguerías es un género bastante difícil: hay que ser inventivo». Dice que la última vez que se encontraron con Gómez de la Serna, hará alrededor de un año, no se saludaron.

Hablamos de En attendant Godot. BORGES: «Se trata de unos vagabundos, que esperan a un tal Godot. Godot = God = Dios, es claro. Para que no haya ninguna sorpresa, Godot no llega». Wilcock comenta, como algo extraño, que Beckett, el autor, haya sido el discípulo de Joyce: ¿Cómo, entonces, pudo escribir una pieza tan tonta? No le digo que nada más tonto, o fracasado, que Finnegans Wake. En cuanto al mismo Ulysses podría mostrarse como ejemplo de libro en que naufraga el autor: aquí y allá, en una página y en otra, flotan restos brillantes. Wilcock, a pesar de ejercer continua y sutilmente su inteligencia, se deja dominar por el snobismo en favor de los modernos: venera a Joyce, a Eliot, a Pound, etcétera.

BORGES: «Esther Zemborain habló de “ese aparato que se mira, el caleidoscopo”. Sí, los dos errores: calei, en vez de cali, y ese final un tanto tosco. Todos decimos telescopo y microscopo, ¿no es verdad? Un error erudito, desde luego, pero que no convendría cometer en una conferencia, sería: «El hombre, que es un microscopo[230]».

Jueves, 20 de septiembre. Ha salido en La Nación el manifiesto de un grupo de escritores —entre los firmantes se cuentan Sabato y Beatriz Guido— sobre la actual situación política, lleno de vagas afirmaciones, sombrías reticencias y reparos hacia el gobierno de la Revolución. Me llama Peyrou; me dice: «Con Weiss creemos que hay que contestar algo». Le digo que estoy de acuerdo, que debemos buscar firmas. Silvina me avisa que llamó Borges, diciendo que quiere contestarlo. Llamo a Peyrou; le digo que hoy, con Borges, prepararemos otro manifiesto. Hablo con la madre de BORGES: me dice: «Georgie quiere pedir que posterguen las elecciones. Nadie va a firmar». Le respondo que al menos firmaremos él y yo; que nos atendremos a dar nuestra adhesión al gobierno. A las cuatro hablo con BORGES: no puede trabajar por la tarde, pero vendrá esta noche a casa.

En casa comen, además de Borges, María Elena Walsh y Leda Valladares. Hablando de que tal vez firmen el manifiesto, Borges dice: «Deberían emplear la conjunción “y” como “Romeo y Julieta”. ¿Cuántas razones sociales así habrá entre los firmantes?».

Con Borges, después, riendo a carcajadas, trabajamos en el manifiesto. Llama Mastronardi. En tono cortés y con estilo periodístico propone salvedades, que deben protegernos, asegura, de toda acusación de oficialismo u obsecuencia: «Habría que decir algo, si a usted le parece, en el sentido de que nos reservamos el derecho de censurar para cuando haya motivos; ahora las censuras nos parecen infundadas y creemos que demoran la consolidación de la obra revolucionaria». Habla en ese sentido, pero en forma más alambicada, con insistentes afirmaciones de que él no impone, sino sugiere. BORGES: «Todos están con la obsesión democrática. Después de estos doce años no estamos tan seguros de la democracia. Tenía razón Shaw: si Hitler y Mussolini convocaban al pueblo a elecciones, las ganaban».

Llama Weiss. Ha escrito un manifiesto; me lo lee. No está bien escrito; es demasiado largo; entra en pormenores, lo que da lugar a polémicas. Insiste en que sólo deben firmarlo personas que no tengan puestos públicos, Borges dice: «¿Por qué me voy a privar de firmarlo? ¿O debo renunciar a la Biblioteca y a la cátedra?». Yo mismo no podría firmar, porque si es verdad que nunca en mi vida cobré un sueldo del gobierno, también lo es que hace unos meses me nombraron consejero de la embajada.

BORGES (que añade: «Lo pondrás en tu cuaderno»): «Understatement de la señora de Bibiloni, para decir que su hermana se suicidó: “Mi hermana es tan exagerada que tomó esas cosas para dormir”».

Le leo un párrafo de Léautaud sobre las distracciones de Morice. Me refiere el cuento del borracho que muestra su casa a un amigo: «Éste es el zaguán —va diciendo—, éste el hall, éste el escritorio, éste el dormitorio». En la cama hay una mujer y un hombre; el borracho explica: «Ésa es mi mujer, ése soy yo».

Viernes, 21 de septiembre. A la mañana, mientras me afeito, hago la última frase del manifiesto. Borges la acepta complacido y dice riendo: «En esa última frase asoma la carita de Sabato», La frase es: «Nos vemos obligados a repudiar a quienes no reprimen ambiciones y vanidades y perturban el afianzamiento de la Democracia». BORGES: «Suprimamos la n de reprimen: así no habrán dudas de que nos referimos a Sábato. De todas formas, de ningún modo habrá dudas». Después del almuerzo, en la Biblioteca, leo el manifiesto ante Borges, Peyrou, Clemente y Ríos Patrón. Aprobación general. Hacemos listas de posibles firmantes: Armani, Bioy Casares, Borges, Clemente, Cócaro, Dondo, Ghiano, Adela Grondona, José Luis Lanuza, Ledesma, Luis M. Lozzia, Arturo Marasso, Manucho, Silvina, Peyrou, Ratti y Ríos Patrón. He aquí nuestro manifiesto:

Ante la persistente campaña de sospechas y de acusaciones que en estos días trata de agitar la opinión pública, los escritores que firman esta nota reiteran su plena confianza en el gobierno.

Entendemos que los hombres de este gobierno prosiguen juiciosamente en la paz la obra iniciada con las armas en septiembre de 1955, y van encaminando la patria hacia un porvenir sereno y honroso.

Juzgar y censurar la cosa pública es un derecho inalienable, pero no podemos olvidar que el país sale de una zona de infamia y que nuestra discordia favorecerá fatalmente a las opresores de ayer. Por eso nos vemos obligados a repudiar a quienes perturban el afianzamiento de la Democracia.

Ante la persistente campaña de sospechas y de acusaciones que en estos días trata de agitar la opinión pública, los escritores que firman esta nota reiteran su plena confianza en el gobierno.

Entendemos que los hombres de este gobierno prosiguen juiciosamente en la paz la obra iniciada con las armas en septiembre de 1955, y van encaminando la patria hacia un porvenir sereno y honroso.

Juzgar y censurar la cosa pública es un derecho inalienable, pero no podemos olvidar que el país sale de una zona de infamia y que nuestra discordia favorecerá fatalmente a las opresores de ayer. Por eso nos vemos obligados a repudiar a quienes perturban el afianzamiento de la Democracia.

A mí no me gusta la palabra zona. A Borges y a mí nos molesta el cambio de la tercera persona a la primera, entre los dos párrafos iniciales. Tendrá muchos otros errores, pero debimos hacer el manifiesto en un rato y lo hicimos. Weiss objeta lo de plena confianza. BIOY: «Si vamos a seguir con matices de reticencias y mezquindades, mejor será que firmemos el otro manifiesto». BORGES: «Pues yo lo haría mucho más efusivo. Yo diría: “Si por un azar, en este país de mierda, un grupito de hombres decentes está en el gobierno, debemos apoyarlos”».

A la noche llega el rumor de que el gobierno le habría ofrecido a Sabato el Ministerio de Trabajo y Previsión. La idea de que se nos atragante el manifiesto me hace gracia.

Sábado, 22 de septiembre. Borges me dice: «La lectura de tu padre[231] está anunciada para las seis y media; en realidad empezará a las siete». Esto no impide la impaciencia de mi padre, que quiere llegar antes de las seis y media. Llegamos a las siete menos veinticinco.

Borges presenta a mi padre. Dice que pertenece al mejor tipo de argentino; que en él se conjugan el campo y la ciudad; así fueron los autores gauchescos; habla de la ironía y de la cortesía de mi padre. Yo, mientras tanto, pienso: «Mi padre no previó que lo presentarían; no ha preparado nada para agradecer». Il se tira d’affaire, quand même. Agradece con pocas palabras, pero en un tono natural y sencillo, y se pone a leer. Estoy con Ledesma, con Adolfito Mitre, con Canal Feijóo, con Acuña, con Clemente, con Ríos Patrón, con Caillet-Bois, con Lisa Lenson, con Armani: todos parecen muy bien impresionados. Después, se habla de celebrar el éxito, con unas copas, en el almacén de la esquina. El asunto del manifiesto se roba toda la atención, de modo que mi padre queda entre los que allí estábamos, silencioso y olvidado.

En casa, cuento a Borges la muerte de Balzac, según Mirbeau (y habría que agregar: según Léautaud, que refiere el asunto en su diario): Mme. Hanska haciendo el amor con el pintor no sé cuánto, mientras Balzac moría. Le digo: «Parece una muerte del père Goriot». BORGES: «Sí, es lo que se llama la muerte propia». BIOY: «Léautaud diría: “il ne l’a pas volé”». Pero Borges sólo quiere hablar del manifiesto, de las personas que firman o que no firman.

Oímos discos; con placer oímos un fado, el Barco quieto, presentado por María Elena y Leda. Borges, cuando oye los cantos de estas últimas, dice: «No están nada mal; tampoco está mal Atahualpa Yupanqui. ¿Has oído El alazán?». Recita estos versos:

Era una cinta de fuego,

galopando, galopando,

crin revuelta en llamaradas,

mi alazán, te estoy nombrando.

No le parecen falsamente literarios ni ridículos. Sin duda, la música de estas cosas ha llegado a gustarle tanto que sin dificultad le pasa de contrabando las flores de sus versos. Lo más curioso es que hace un tiempo, poco tiempo, Borges no tenía la menor simpatía por la música folklórica, especialmente por la norteña. Sólo admitía tangos y faxes. No reprobaba menos un carnavalito que lo que hoy reprueba cualquier canto de chansonnier francés.

Lunes, 24 de septiembre. Ordeno alfabéticamente la lista de los firmantes del manifiesto; se la mando a Borges. Éste me pide que vaya a las seis a la Biblioteca.

Voy a la Biblioteca. Todavía están copiando las listas de firmantes. Yo estoy con prisa, porque debemos llevar una lista a La Nación y otra a La Prensa. Borges me hace oír dos discos de Atahualpa Yupanqui (uno de ellos, el famoso Alazán). Vamos a La Nación: nos atiende Delfino, quien emprende una explicación imposible de por qué no firma y concluye por firmar. Vamos a La Prensa: nos atiende Peyrou. Cuando ve que entre los firmantes figura Bartholomew, exclama: «¡No puede ser! Es un peronizante, compañero de ruta y frondizista». Con gran asombro comprueba que también está la firma de Betina Edelberg, que trabajó para la otra causa hasta ayer. Yo digo: «Hay que aceptarla. Si la rechazamos, la obligamos a quedar del mal lado para siempre». Con no menor asombro descubre la firma de Roberto Ledesma —compadrito de almacén, según Bernárdez— y, aunque luego se calma, al saber que firma Vedia y Mitre (invitado por la madre de Borges), quiere retirar su firma e iniciar un boycott. La firma de Vedia y Mitre indignó a muchos. Olvidamos a León Dujovne, a González Garbalho. A Luis Emilio Soto no pudimos hablarle; tampoco a Gannon, ni a Nalé Roxlo. BIOY: «Nalé debe resignarse pensando que está representado por Ledesma. Son iguales». BORGES: «Tenés razón: compadritos, personas incómodas y buenos poetas ambos». Come en casa. Marta llora, cuando lo ve.

Miércoles, 26 de septiembre. Hablo con Borges. Me cuenta que Taita, hija de Groussac, le leyó un articulo sobre su padre[232], abstracto e inexpresivo. Mientras lo leía, sentía la necesidad de ilustrarlo con explicaciones. Éstas contenían anécdotas más interesantes que todo lo que se decía en el artículo. En el artículo se decía: «Papá a veces era duro e injusto». Taita explicó: «Cuando Papá escribía, nadie hablaba en casa; los chicos caminábamos en puntas de pie; durante las comidas guardábamos el más absoluto silencio, para no interrumpir su abstracción. Cuando Papá encargaba a la confitería (¿del Gas?) un postre o unos fiambres importantes, comprendíamos que su trabajo había concluido y todos hablábamos libremente. Papá escribía en el centro de una mesa en herradura, donde estaban sus libros de consulta, una Biblia políglota, diccionarios de varios idiomas». En el artículo se leía: «En verano íbamos a la estancia». Taita explicó: «La estancia era en Santiago del Estero. Tenía muchos recuerdos para Papá, porque él allá conoció a Mamá». Borges comenta: «Parece que en la familia están de acuerdo en no escribir nada, no decir nada, porque cualquier cosa, impensadamente dicha, “puede perjudicar a Papá”. Qué sospechoso, qué cola de paja». BIOY: «Deberías anotar esas cosas». BORGES: «Tenés razón. Hay que hacer como Boswell>: anotar para que las cosas no se pierdan». BIOY: «Mi padre me contó que Groussac era muy amigo de él y de su hermano Enrique. Un día, hará cuarenta y cinco años, lo encontraron en la calle Florida y les dijo: “He tenido excelentes noticias de Francia. Mi hija Taita está tuberculosa”. Groussac adoraba a esa hija, que había partido a Francia, para ingresar en no sé qué orden de hermanas de Caridad, que atienden las necesidades de la gente más pobre. Allí la hubiera perdido el padre. Tuberculosa, la recuperaba y podía curarla. La tuberculosis no impidió a Taita vivir hasta ahora cerca de ochenta años».

Está por escribir un cuentito sobre sir Thomas Browne y la quema de las brujas. Observa: «Qué razonamientos raros los de Thomas Browne. Para probar que no existe el ave fénix (del que sólo habría uno, eterno) recuerda que en la Biblia se dice que los animales entraron en el Arca en parejas. Que no se señale la excepción del ave fénix es una prueba de que no existió. Tampoco admite que Heliogábalo haya comido un plato de sesos de ave fénix, que encontró riquísimo, etcétera[233], porque en tal caso habría comido a una especie entera. Un individuo no puede suprimir una especie: esto, para sir Thomas Browne, es una imposibilidad lógica. Johnson dice que Browne tenía una tendencia a discurrir pensamientos extraños y que por eso empleaba palabras extrañas[234]. Hoy nuestra traducción de Urn Burial[235] fue leída por Alicia Jurado a los alumnos, en la Facultad de Filosofía. Quién iba a decirnos, cuando trabajamos en esa traducción, que un día se leería todo eso a un auditorio de gente joven, aburrida, un poco perpleja y totalmente incomprensiva. No les gustaba nada, absolutamente nada. A veces me pregunto por qué estudian Filosofía y Letras».

Jueves, 27 de septiembre. Comen en casa María Elena Walsh, María Rebeca Peña, sobrina de Bianco, y Borges. Sobre un original que nos traen ellas, Borges y yo escribimos un manifiesto para los pintores, Borges muy brillante: debí apuntar todo en seguida. Trataré luego de reconstruir el diálogo.

Sábado, 29 de septiembre. José Luis Romero le dijo a Borges que ahora debería gobernar el país Frondizi, porque se parecía a Perón. Borges explica: «Para que la transición de Perón al in-Perón no fuera brusca. Qué estúpido».

Domingo, 30 de septiembre, Borges viaja a Córdoba.

Lunes, 1.º de octubre. Me llama Borges, que volvió de Córdoba. Le digo que en Propósitos nos atacan; que en eso soy discípulo de Berkeley: creo que lo que no percibo no existe, de modo que no la leeré. Dicen que nuestro manifiesto está firmado por funcionarios; falsamente, afirman que cobro treinta mil pesos mensuales del gobierno.

Miércoles, 3 de octubre. Comen en casa Borges y Wilcock; éste trae Propósitos. Mi padre se disgusta de que Wilcock (a punto de resfriarse), esté con sobretodo a la mesa. Ideemos, en Propósitos, el articulo de Barletta, tras seudónimo, contra el manifiesto[236]: no parece muy importante. También leemos una nota de Wilcock sobre los descontentos y otra sobre los jóvenes comunistas.

Borges refiere que, según Wood Krutch y otros, el diccionario de Johnson corresponde al concepto increíble de que podía fijarse el idioma; los diccionarios modernos son simplemente registros históricos de palabras, que las juzgan propias o impropias. Desde 1856, en que un obispo lo expresó, rige este criterio. BORGES: «Para nosotros, sometidos a la Academia Española, rige el criterio de Johnson y el actual es el que nos parece increíble».

De las alumnas de la Facultad de Filosofía y Letras advierte: «Hay que tener mucho cuidado con lo que uno dice. No hay planos, para ellas. Todo lo repiten en el examen. Croce es un autor funesto para esta gente». Una señorita dice: «El sueño de una noche de verano es una obra nacida de una sonrisa, que cuenta. Yo digo: “Pasa con ella como con Marta. No sabe uno qué es repetición de loro y qué es reflexión”».

Hablamos de Rojas Paz, muerto esta semana. BORGES: «Mi madre se enternece con él porque lo conocemos de muchos años, “¿Te acordás de cuando iba a visitarnos a avenida Quintana?”, me dice. Bueno, y qué. Escribió muchos libros poco necesarios. Quizá el único mérito que tiene es haber convivido con el ultraísmo sin ser ultraísta. No lo era, sin duda, porque no se le ocurría nada; no fue raro, porque no supo serlo; o tal vez creía con ingenuidad que había algo en el ultraísmo y temía que la gente descubriera que él ignoraba en qué consistía ese algo; es claro que no había nada en el ultraísmo. El único engañado debió de ser Rojas Paz».

Hablamos del libro de Leslie Stephen sobre Johnson[237] que vale poco; de sir Thomas Browne y de Johnson; de Boswell y sus argumentos en favor de la esclavitud. «¿De qué sirve suprimirla, mientras exista el otro yugo del amor?», escribe Boswell:

Pernicius as th’effect would be,

T´abolish negro slavery,

Such partial freedom would be vain,

Since Love’s strong empire must remain[238].

BORGES: «No pensó bien en lo que significa ser esclavo. Es como si dijera: “¿Para qué me curan el dolor de muelas, mientras pueda haber el dolor de ausencia?”. ¿Y qué habrá querido decir cuando declara que al abolir la esclavitud se impedía la misericordia del mundo?».

Hablamos del doctor Baralt, de Rodríguez Marín, del padre Mir, de Julio Cejador y Frauca[239], de Clemencín, del Doctor Thebussen, de Valbuena; de escritores españoles que compusieron autobiografías (Vida de Torres Villarroel), biografías (Tarsia, la de Quevedo)[240], diarios. Hablamos del diario de Virginia Woolf[241]. BORGES: «Yo creía que estaría ocupada con el voluble color de las hojas». BIOY: «No: con quienes escriben y con quienes no escriben sobre sus libros».

Wilcock y yo coincidimos en que nos gustan las noches en que uno duerme continuamente pero despierta con la sensación de que fueron largas y ricas, que abundaron en sueños, que nos dejan con recuerdos y nostalgias de viajes, de países, de personas, de haber visto, o entrevisto, muchas cosas, de haber vivido agradablemente toda la noche. Wilcock: «Esto prueba que a los dos nos gusta la vida».

Para Borges, las novelas de Arnold Bennett sobre malevos y hombres «muy ranas» de los Five Towns son tontas, de invenciones pobres y laboriosas: The Matador of the Five Towns, Anna of the Five Towns. Le gustan The Old Wives’ Tale, Riceyman Steps, Buried Alive («El pintor es muy simpático», dice). No ha leído Clayhanger. BIOY: «Escribía mil y pico de palabras por día». BORGES: «Así le salían… Aunque le salían mejor las palabras que las invenciones». BIOY: «No se puede escribir tanto y mantener un nivel de excelencia». BORGES: «Aunque Chesterton…». BIOY: «Chesterton tenía imaginación. Y escribía cuentos policiales: eso ya le daba algo, lo obligaba a algo. En cambio los cuentos de Bennett son simples relatos».

Jueves, 4 de octubre. Borges fracasó en un experimento al que lo sometió Malbrán, el oculista. Cuando voy a buscarlo para comer en casa, su madre, que quedó muy deprimida, me dice: «Desde la ventanilla del tren distingue las vacas, los caballos, los árboles; pero lo malo es cuando fija la vista. Puede leer un letrero grande, pero asegura que tiene una sensación horrible, de que las letras se deforman y están como chorreadas», «No sabés cómo se me deforman las letras», habría dicho Borges.

Con Borges discutimos el proyecto del periódico quincenal El Porteño, literario y político, cuyos dueños y redactores seríamos Peyrou, Borges, Weiss, Frías y yo. Peligro de convertirnos en periodistas.

Se habla del duelo que Barletta rehusó a Francisco Romero. BORGES: «En eso estoy con Barletta». BIOY: «Salir con un reto a duelo es lo que se llama salir con un domingo siete. Quizá Romero se haya visto obligado por el código militar». MI PADRE: «Si no, podrían llamarlo al orden del Ministerio de la Guerra». Borges comenta que Marco Antonio o Pompeyo, al comienzo de alguna guerra civil, le propone a César que se batan y así evitar que muera tanta gente: «César contesta que tiene muchas otras maneras de morir, pero que si el otro quiere le puede mandar un gladiador. Está muy bien. Hasta le gana al otro la compadrada. Y lo pone al nivel de los gladiadores. Y tiene razón. ¿Por qué iba a resolver el azar de un duelo una causa importante, que concernía a mucha gente, y para la que había preparado los medios necesarios al triunfo? Leí eso en algún clásico, pero se me ha perdido».

Domingo, 7 de octubre. Borges me pregunta: «¿Qué sabés de las epístolas?». «No sé nada», le contesto. Parece que en El Mundo se publica la carta de dos marinos que en representación de Francisco Romero visitaron a Barletta[242]: éste reconoció haber escrito el artículo, firmado con seudónimo, de Propósitos, y dijo que nombraría dos testigos; pasó el tiempo acordado y los testigos de Barletta no aparecieron. Los otros declaran que por eso ha quedado descalificado como caballero. Borges comenta: «Barletta habrá dicho: “Tel qu’en moi même, votre lettre me change[243]. Pero, amigos, ¿cómo no lo saben? Todo el barrio lo sabe. Chocolate por la noticia: la recibo con un bostezo”». Agrega: «De todos modos, esto de descalificar a alguien como caballero, parece algo que peca por ser demasiado verbal. Realmente, es tomar las palabras por la realidad».

Me cuenta que Evar Méndez publicó un artículo en que el nombre Wally Zenner iba entre comillas: «Ella no podría notar el error; además, el autor del artículo era un autor conocido, etcétera».

Recuerda que Xul proponía a mujeres como Nydia Lamarque o la misma Wally que todas esas palabras que dice un hombre a una mujer y que pueden tener la complejidad de un párrafo de Proust («Nos conocemos desde hace poco tiempo, y sin embargo yo siento que nos conocemos desde siempre. La manera en que nos encontramos parece casual, pero estoy seguro de que estaba en nuestro destino, y de que toda la parte anterior de mi vida no tiene otra importancia que haberme traído a este momento. Quisiera que usted me dijera muchas cosas suyas y quisiera decirle muchas cosas mías») se reemplazaran por una suerte de berrido visceral: heunn, por ejemplo[244]. BORGES: «Es gracioso que les propusiera eso a las mujeres. “¿Usted no sanpiensa que podría reemplazarse eso por un sonido así? ¿No cree que es mejor?” las mujeres no sanpensaban eso. Querían creer que por primera vez, especialmente para ellas, se habían dicho esas frases y que no eran fórmulas usuales», Borges imagina un idioma opuesto. Por ejemplo, una persona cruza frente a la casa de su amada y dispara un tiro: eso significa tal vez. O se va a Mendoza y vuelve pintado de rojo: eso significa probablemente. «Qué difícil —comentó—, llegar a las frases, con ese sistema».

Cuenta que Swift describe a unos conversadores que, en lugar de cansar sus gargantas hablando, llevan unos sacos con figuritas y para decir caballo extraen del saco la figura de un caballo y la muestran[245]. Cuenta también que hoy iba en el subterráneo y un chico preguntó: «¿Cuánto falta para Palermo?». Repitió: «¿Cuánto falta?» y después, riéndose, llegó a «¿Cuánto flauta para Palermo?» y quizá a «cuánta flauta». BORGES: «Era un momento importantísimo en su vida. Estaba descubriendo que había palabras parecidas y que ponerlas juntas era gracioso. No, era mucho más: estaba descubriendo la literatura. Los padres no le hacían caso. Hablaban entre ellos. Yo quise mirarlo, para reírme con él. No lo vi».

Observa que es muy peligroso hablar en lenguaje figurado ante los alumnos de la Facultad. Si uno habla del estilo de Johnson y dice: «Johnson, heredero de sir Thomas Browne», no debe sorprenderse cuando en el examen oiga: «Johnson, que había recibido una herencia de sir Thomas Browne». BORGES: «Saben lo que se refiere a la bolilla, pero nada más. Saben que Fulano era calvinista, pero ignoran qué es el Calvinismo».

Ayer estuvo con Rosenvasser, quien le habló de lo severo que es en los exámenes. Borges no cree que pueda haber razones para ser severo. Las razones de orden racional no lo convencen; lo único cierto le parece la desdicha que se infiere a la persona aplazada. Cuenta que Rosenvasser tomó examen a un cura y le preguntó en qué libro de la Biblia está el decálogo; el cura contestó: «Apoyo, en todo, su opinión». Borges comenta: «Debe de ser mentira. ¿Cómo un cura no va a conocer la Biblia?».

Hablamos del Porteño. BORGES: «Si uno va a lanzar un diario así contra sus enemigos, mejor no tenerlos adentro. No tener un caballo de Troya, no tener a Weiss y Frías[246]». BIOY: «Sí, pero hay que tener cuidado sobre la manera de dar esta razón. Ellos saben cómo pensamos y nos eligieron. Es una prueba de afecto». BORGES: «We will make ourselves cheap, escribiendo sobre asuntos que no conocemos, por lo menos yo, y en cuanto a las razones de patriotismo, ¿no será simplemente echar leña al fuego?». BIOY: «Uno puede sentir que es útil la existencia de un diario de opinión, y muchas veces puede lamentar que no exista, porque uno querría decir algo; pero eso es muy distinto de tener que llenar un periódico de un mínimo de cuatro páginas. Hay que justificar las páginas, como dicen en la imprenta. Nunca he podido escribir las notas de La Nación en una semana. ¿Te das cuenta, recargarme con más trabajo así? El máximo que uno puede hacer es una nota de dos carillas. Así que ¿con qué se cuenta? Con Weiss y con Peyrou, con Frías, que nunca escribió una línea, con dos sobones (nosotros), y sin dinero para pagar a colaboradores de afuera».

Lunes, 8 de octubre. Me encuentro con Borges, en el Paulísta de Callao y Córdoba, y de ahí vamos a la Confitería del Águila, donde espera Rodríguez Mentasti, con los contratos. Si algún día llega este hombre a vender uno de nuestros argumentos a los Estados Unidos, pareceremos tontos: no creo que allí un libro se venda a empresas cinematográficas por menos de diez mil dólares; él nos pagará menos de mil y se ganará la diferencia. Nos refiere que hoy han despedido en su empresa, Sono Film, a quinientas personas. Comenta: «Nos daba pena. Dije adiós a hombres que me habían tenido en brazos. Hacía más de diez años que trabajaban con nosotros». (Mentasti es joven, pero tiene más de doce o trece años). Borges observa después: «Quiere quedar como el estanciero: el señor feudal, con sus viejos gauchos, sólo que éstos son boleteros y fotógrafos». «La actual situación del cinematógrafo —reconoce Rodríguez Mentasti se debe a que Perón lo había organizado todo en el país sobre una base de ñanga-pichanga». Esta palabra final, en su boca de muchacho de Corrientes y Esmeralda, o más bien de La Paz y Guanacache, asombra un poco[247].

BORGES: “Estuve pensando que tal vez haya una ventaja en esto de Frondizi, de Barletta, de Martínez Estrada y Sabato. Si fuera por nosotros, sólo se seguiría hablando de los robos del peronismo. Estos traen nuevas cosas y es como si la vida siguiera, como si ocurrieran nuevos episodios en la realidad, que dejan más lejos en el pasado a la época del peronismo. Además, hay que ver cuántas cosas pasaban entonces: muerte de Evita, incendio del Jockey Club y de los Comités, incendios de las Iglesias. Ahora tiene que seguir pasando algo, para que no parezca que la vida se ha detenido”.

Hablamos de la Sernana de la avenida Callao, que se cumple estos días. BORGES: «Qué idiotez, qué difícil entusiasmarse. Todo empezó con los Amigos de la calle Florida. ¿Cómo no se dieron cuenta de que después iba a haber amigos de todas las calles? Creo que hasta hay de la calle Buen Orden y ¿por qué no? Ahora los curas del Salvador están diciendo que fueron valientes, que tuvieron fe en la avenida Callao, que levantaron el colegio cuando aquello era un barrial. Todos los lugares de una ciudad en algún momento habrán sido un barrial infecto y en otro llegarán a ser un conjunto de arquitectura horrible. En cuanto a esa fe, los rematadores la tienen. Para hacer cualquier cosa habrá que tenerla. El qué iba a abrir un prostíbulo dice: “Yo tengo fe”. Cómo le gustaría a Carlyle eso de que para todos los actos se necesita fe».

Martes, 9 de octubre. Comen en casa Borges y Wilcock. Borges me dice: “He perdido la cabeza. No sé lo que hago. Me ha pasado algo tan desagradable en la Biblioteca… Unos empleados fueron a quejarse al ministro, a nuestras espaldas, de lo que ganan. Después uno de ellos nos ha insultado; me dijo que gano seis mil pesos, que me paseo en automóvil. Como todo el país, están esperando a Perón, o a sus hipóstasis, en este caso Martínez Zuviría”. Pienso: “Es la contraparte de la vida pública. Primero vinieron los honores. Inocentemente, los recibía con agrado. Ahora está perplejo. Pero esto fatalmente llega. Uno debe saber: si prefiere, con tal de no sentir estos odios, privarse de aquellos honores (tan vanos) y no salir nunca de la vida privada de escritor”.

En la encuesta de la SADE sobre la novela argentina más representativa, la que recibió más votos es Don Segundo Sombra; según Noticias Gráficas yo recibí votos; en la mesa me entero de que Borges, Peyrou y Wally Zenner votaron por El sueño de los héroes; Wilcock, por La invención de Morel ¿La invención de Morel representativa? Sin duda, no como se entiende la palabra en la encuesta.

Miércoles, 10 de octubre. Come en casa Borges. Hablamos de los problemas de la Biblioteca (descontento de empleados), de Bennett, de Wells y de Swinnerton, de autores que serán leídos y no serán leídos en la posteridad.

Córdova Iturburu ha desafiado a duelo a Peyrou, por la contestación de éste a una carta aparecida en la revista Qué[248], Silvina dice que los padrinos de Peyrou son Weiss y Fernández Latour, “Está bien —comenta Borges—: un caballero francés”. De los padrinos de Córdova, sólo recuerda uno: Eduardo Muñiz. Excelente demostración de que los comunistas (Córdova) y los nacionalistas (Muñiz) se entienden. Parece que Peyrou está de muy buen ánimo, divertido con el asunto.

Jueves, 11 de octubre. Come en casa Borges. Hablamos del duelo, evitado, de Peyrou; éste no se retractó de nada; los padrinos de Córdova —Cayetano[249]— reconocieron que no había causa de duelo[250].

Cita a Johnson: “A young man has no use for the child’s rattle and an old man has no use for the young man’s whore[251]” y comenta: “Una cita difícil de encontrar, porque ¿cómo buscarla? Además corresponde a un tipo de frase que Johnson diría con satisfacción, pero que no escribiría nunca”. Me pregunta si creo que Johnson estaba enamorado de Miss Thrale; esto explicaría la desaprobación por el casamiento con Piozzi. Le digo que sí. BORGES: “Para la gente, la apariencia del doctor Johnson es como un disfraz característico y hasta prestigioso; para él, que no podía prescindir de ese disfraz, debió de ser un sufrimiento, al que, naturalmente, estaba acostumbrado; pero debía de agradecer el hecho de que una mujer como Miss Thrale lo tratara con afecto y familiaridad. Parece natural que se enamorara”. Sobre el ensayo de Macaulay, dice que es brillante, agradable de leer, pero que tiene ideas que, vistas de cerca, resultan insostenibles[252]; no comprende cómo Macaulay, al escribirlas, no lo advirtió.

Sobre Barletta, que nos ataca en Propósitos, opina: “Es un canalla. Para él la política es un juego; la situación del país, una ocasión para jugar a ese juego. Como estamos en su contra, nos tira con lo que encuentra a mano: ni siquiera se pregunta si al obrar así tiene buena fe o no, si alguna vez fue amigo. Como para él esto es un juego, cree que para nosotros lo es también y que consideraremos sus insultos como jugadas de acuerdo a las reglas. Es un canalla y cree que todos son canallas”.

Sobre judíos, dice: “Parece que hay judíos japoneses y chinos; que en Palestina sólo enseñan hebreo, inglés y francés; el yiddisch se abandonó, porque es un dialecto alemán. El que me contaba esto era un nacionalista judío. Estaba feliz, de que se abandonara el yiddisch. No pensaba que sus abuelos y varias generaciones de judíos habían hablado en yiddisch. Para ese tradicionalista esa tradición no contaba”.

Habla de un poeta, que en un momento de exaltación de pederasta escribió; “nostalgio rosas y me penumbro de noche”, inventamos otros verbos obtenidos de sustantivos. Propongo; Catedralizo adeptos». BORGES: «Brumo y tamboro»; «obispando rezos»; «servilleto al pobre». Los otros días sugirió la posibilidad de una prosa con variantes; por ejemplo:

Fulano es un conocido

BIOY: «Bustos Domecq debería publicar una nota sobre alguien, con ese sistema». BORGES: «Sí, llenar la página de corchetes. Sería bastante desesperante». También propuso seguir la idea de Xul de que algunas frases, que se repiten siempre, podrían reemplazarse con sonidos. O reemplazarse con espacios en blanco; «De Braghetti, que es la ______, yo siempre digo que ______, aunque ______ , por ______».

Hablamos de duelos. Cuenta que Mark Twain refiere cómo eran los duelos en California[253]. BORGES: «Una persona, en un bar-saloon, declaraba que Fulano era un hijo de una tal por cual y que cuando lo encontrara lo agarraría a balazos la gente prevenía al otro. Cuando se encontraban, el primero en ver a su oponente disparaba contra él sus pistolas, o shotgun, o lo que fuera, y el otro, si podía, contestaba con sus armas. A veces las bajas no se contaban entre los contrincantes». También dice que en Julio Verne leyó sobre otro tipo de duelo, llamado a la americana[254] como no lo halló en otros autores, no sabe si es invención de Verne. Es un duelo entre cazadores: van a un bosque, a un bosque enorme —mucho más grande que el de Palermo— y ahí se pierden uno de otro. Después, se cazan mutuamente, por varios días, hasta que uno sorprende al otro y lo mata. Llevan provisiones; duermen, con muchas precauciones, se persiguen, se evitan, se despistan, se tienden emboscadas.

Me dice que Pipina Diehl de Moreno Hueyo ha escrito, para sus consocias del grupo Pro-Arte, una declaración sobre el caso Sabato, del que es abanderada. Se trata de una declaración de principios, de la que se sacan consecuencias. BORGES: «Si no me equivoco el primero de los tres principios enunciados es: “La solidaridad entre los socios de Pro-Arte es indispensable”’. El segundo: “La señora Diehl de Moreno Hueyo considera que el espíritu es superior a la materia”. El tercero: “Aspiramos a que el país alcance el clima de libertad que es propicio para el arte”. No sé si esta declaración es del todo correcta. Cada una de esas frases debería empezar del mismo modo: si la primera empieza con un artículo seguido de un sustantivo, así deberían empezar las otras. Además, “la señora Diehl de Moreno Hueyo considera que el espíritu es superior a la materia”, no me parece demasiado bien. El nombre propio sugiere que todo es a roaring farce. ¿Ella descubrió que el espíritu es superior a la materia, o es una suerte de reina y condesciende a pensar eso, o, al contrario, se ha elevado hasta esas alturas del intelecto?».

Sábado, 13 de octubre. Borges me comunica que un juez, en la plenitud de su cretinismo, prohíbe a un padre llamar Ruth, con h, a su hija; para que el nombre sea español, según este juez, debe escribirse Rut. BORGES: «Es absurdo que el gobierno o la justicia se metan en estas cosas».

Me habla de una conferencia de Perriaux sobre Ortega y Gasset: «Es muy poco inteligente ese muchacho. Puso a todo el mundo en contra con lo que dijo. Empezó declarando que la palabra homenaje etimológicamente significa ser un hombre de otro; y que al rendir este homenaje a Ortega todos debíamos declararnos hombres suyos. Que en el número de Sur dedicado a Ortega[255], los artículos contenían objeciones, y que eso era imperdonable. Después contó cómo lo conoció, en Madrid. Mira, el momento en que dos hombres se encuentran es importante; pero a él no parecía haberle dejado ningún recuerdo. Ningún detalle circunstancial, nada. Lo único concreto que dijo fue que Ortega era un hombre muy bajo y que parecía muy alto; en seguida aclaró que él mismo medía un metro noventa y dio a entender que la virtud que él más apreciaba en un hombre era la estatura elevada. Empleaba continuamente el epíteto gigante, que no es demasiado feliz».

Lunes, 15 de octubre. Borges me cuenta la última versión del incidente entre Francisco Romero y Barletta. Los padrinos de Romero entrevistan a Barletta. Le preguntan quién es el autor del artículo en que se ataca a Romero y demás firmantes de nuestro manifiesto. Barletta dice: «No puedo contestar. Es un estudiante de Filosofía y Letras. Un muchacho pobre. Si se supiera quién es, lo perseguirían en los exámenes». «¿Cómo se imagina tal cosa?», le preguntan. Barletta se asusta. Acaba por confesar que él es el autor. Consiente en nombrar padrinos. Pasan veinticuatro horas. No aparecen los padrinos. Por fin llama por teléfono a los de Romero y les dice que no puede encontrar padrinos, porque todos sus amigos son amigos de Romero y no quieren ser padrinos en su contra. BORGES: «¿Ni en Propósitos ni en el Teatro del Pueblo consigue dos individuos que quieran ser padrinos suyos?».

Martes, 16 de octubre. Comen en casa Borges y Wilcock. Llama la madre de Borges. «Tengo que darte una mala noticia —me dice—. Han intervenido la Biblioteca. Hablaron de La Nación y me dijeron: “Lamentamos tener que comunicarle, señora, que se ha intervenido la Biblioteca. Se lo decimos para que usted pueda tomar sus medidas”». Mi padre opina que no ha de ser intervención, sino investigación. La señora vuelve a llamar: quiere que hablemos con Caillet-Bois, tal vez con el ministro. Borges dice: «Primero acabemos de comer». Un poco después, agrega: «Parece increíble. Menos increíble como burla, que como veras». En seguida entendemos que es una broma: ¿Cómo van a comunicar la noticia de La Nación? Alguien de La Nación, un amigo, en su propio nombre, puede llamar para dar una noticia; el diario, no; el dueño, quizá, para averiguarla: nunca para darla. Trato de llamar a la madre de Borges, para que no siga difundiendo la noticia de la intervención, pero hallo el teléfono ocupado. Cuando consigo hablar, la señora, riendo, me dice que a ella también acaba de ocurrirse le que puede ser una broma. De La Nación y de otras partes llega la confirmación. BORGES: «Cuando hay una noticia muy mala o muy buena siempre es increíble. Increíble es sinónimo de muy buena y de muy mala».

Miércoles, 17 de octubre. Comen en casa Borges y Wilcock. Hablo con Borges de las novelas de Swinnerton. BIOY: «Parte de los personajes. Aborrece todo mecanismo: en esto está en el polo opuesto de Peyrou. No creo que dé mucha importancia al argumento». BORGES; «Tiene razón. El argumento es importante para un cuento; para una novela, no; basta para dar ocasión a que los caracteres se expresen». Cómo ha cambiado; yo cambié antes, en este sentido. Hoy, pese a todo, elijo defender los argumentos, porque algo debe decirse en su favor. BIOY: «Sin embargo, yo creo que el gusto que nos lleva a leer novelas es el gusto por lo narrativo; es el mismo para el niño que oye un cuento que para un adulto que lee una novela; es el gusto de las historias, los cuentos, las aventuras. Yo he creído siempre que el encanto de La Chartreuse de Parme proviene de que es un libro de aventuras para gente culta».

Hablamos sobre el estilo natural. Borges recita versos del Martín Fierro, que describen la partida de Cruz y Fierro:

Cruz y Fierro de una estancia

una tropilla se arriaron;

por delante se la echaron

como criollos entendidos,

y pronto sin ser sentidos

por la frontera cruzaron.

Y cuando la habían pasao,

una madrugada clara,

le dijo Cruz que mirara

las últimas poblaciones,

y a Fierro dos lagrimones

le rodaron por la cara[256].

BORGES: «Es estilo natural, porque su prosa no podría haberse dicho con otras palabras, ni mejor. Tal vez el único ripio es el como criollos entendidos». BIOY: «Sí, pero no es un ripio muy importante; es una frase natural, que pasa sin ser notada». BORGES: «Peor sería que hubiera puesto comparaciones mitológicas». BIOY: «Lo principal es no escribir con sinónimos, con palabras o expresiones que estén en reemplazo de otras». BORGES: «Es claro. Wordsworth, por ejemplo, dice que va a escribir con una selección del idioma corriente usado por los hombres en los momentos de pasión[257]». BIOY: «Uno siempre escribe con una selección. En vez de me di cuenta escribimos advertí». BORGES: «Es natural: si no todo queda muy necio.

Polvo serán, mas polvo enamorado[258]

Polvo serán, mas polvo enamorado[258]

hubiera sido aprobado por Wordsworth; algunos versos de Tennyson, no». BIOY: «Aunque a veces el estilo ornado también es defendible». BORGES: «Por cierto que sí. El mismo Wordsworth lo emplea».

Cita los versos del Prelude a la estatua de Newton:

The antechapel where the statue stood

Of Newton with hís prism and silent face,

The marble índex of a mind for ever

Voyaging through strange seas of thought alone[259]

BORGES: «En estos versos tan felices la palabra y la forma son deliberadas: parecen versos latinos. Tal vez para admirar a Wordsworth haya que haber leído mucho». Elogió el soneto de Wordsworth contra Napoleón: «Un soneto patriótico, en que se ataca al gobierno que debía defenderlo contra el enemigo. Habla del peligro, que temen los miembros del gobierno, y del honor, que no entienden[260]».

Pondera otros poemas de Wordsworth: «“French Revolution” trata de un hombre que se arrebata fácilmente; se entusiasma con la música o los espectáculos; no es crítico; pelea en batallas y vive durante la Revolución Francesa; Wordsworth dice que vivió todo eso “with the attraction of a country in romance” como si lo estuviera leyendo en un romance». ¿Te das cuenta cómo logra, con una observación tan sencilla, mostrar un carácter bastante raro? O cuando habla de un puerto con muchos barcos:

With Ships the sea was sprinkled far and night,

Like stars in heaven[261]

y él se siente vinculado a un barco y casi ansioso de su suerte;

This Ship to all the rest did I prefer:

When will She turn, and whither? She will brook

No tarrying; where She comes the winds must stir:

On went She, and due north her journey took[262],

Y el poema sobre Toussaint L’Ouverture, salvo un verso ridículo, en que se habla de «some deep dungeon’s earless den[263]»; peor hubiera sido un dungeon con orejas. Y otro, que dice que es para el oído de enamorados:

… I will dare to tell,

But in the Lover’s ear alone[264],

en que va a caballo, mirando la luna, a ver a su novia y al llegar piensa: «Qué extraño (o qué terrible) si estuviera muerta»:

What fond and wayward thoughts will slide

Into a Lover’s head!

«O mercy», to myself I cried,

«If Lucy should be dead[265]».

No es nada: pero parece cierto. Escribió muchos poemas dejando establecida la situación precisa: «en un día particularmente hermoso»; «sentado, leyendo tal cosa». En el prólogo a las Lyrical Ballads, dice que hay una suerte de pacto entre un autor y el público: una persona que a fines del siglo XVIII compra un libro de poemas espera recibir por su dinero, entre otras cosas, elocución poética, personajes mitológicos, etcétera. Como él huye de todo eso, cree honesto prevenir al lector. En cambio Coleridge (por increíble que parezca, el charlatán Coleridge) asegura que una obra de arte no debe jamás presentarse con razones o justificaciones, porque el lector discutirá éstas[266]: los versos deben llegar a un lector que los recibe con ingenuidad, para gozarlos, sin estar preparado por razonamientos para aprobar o discutir. La crítica (como la experiencia lo demostró) busca en las obras pretextos para polemizar con el autor, para mostrar que no es consecuente con las razones que da en el prólogo, etcétera. Wordsworth dice que teme que se crea que él quiere «reason the reader into admiration of my verses[267]. Era una época mucho mejor que ésta. La gente aspiraba a que los versos que escribía gustaran; ahora uno quiere asombrar, irritar, etcétera, no simplemente agradar… Qué lejos de las escuelas literarias francesas… Y de Gracián, que aconsejaba que en uno hubiera incomprensibilidades, para que los demás no lo conozcan del todo y no se aburran. Qué miseria». BIOY: «Qué extraño que le gustara tanto a Schopenhauer». BORGES: «Habría que leerlo en alemán. Siempre será un poco mejor. Por de pronto se verán sus ideas, por débiles que sean, y no los efectos». Por ejemplo, Gracián dice: «La vida es milicia contra la malicia[268]» Quizá no sea una idea estúpida. A uno le indigna lo de milicia y malicia: ya no oye ni piensa más. Pero tal vez él no pudo escribir de otro modo. Si hubiera escrito: “La vida es guerra contra la malicia”, alguien hubiera descubierto que eso podía escribirse mejor, sustituyendo guerra por milicia».

Dice que se da demasiada importancia a los escritores: «Preguntar la opinión de Beatriz Guido parece broma. Vive en un mundo dramático, sin ninguna consideración por la verdad, el bien público o la ética. Sólo cuenta ella; lo demás, como estímulo. Shakespeare, a juzgar por lo que ha escrito, era así. Tal vez habría que consultar a personas como Schopenhauer. O tal vez esto siga siendo el mismo error de tomar en serio a los escritores».

Hablamos de Aspects of Love de David Garnett[269]. Le digo que en cierto modo es una bofetada para los escritores como Faulkner o Sartre que han necesitado acumular atrocidades; este libro interesa y todo en él es agradable. BIOY: «Las atrocidades son un poco los giants and dwarfs of barbarous romances de Johnson». BORGES: «El estilo de Johnson, nada malo para él, fue perjudicial para los imitadores. Sin embargo, vidas muy detalladas, como las de Lives of the Poets, permitieron que Boswell escribiera la Vida de Johnson». Le digo que las Lives no valen sólo como precedentes. Enumeramos, entre las más admirables, la de Savage, la de Milton, la de Swíft, la de Pope, la de Cowley, la de Addison y Steele.

Borges es demasiado puritano para percibir la poesía de «vengan el vino y los dados, muera quien piensa en mañana[270]». O de: «Abráceme ahora esta muchacha; tal vez no haya mañana[271]».

Jueves, 18 de octubre. Borges cita a Shakespeare: «The insolence of office[272]».

Sábado, 20 de octubre. Borges comenta unos versos de Goethe; le parece que el segundo no tiene mayor relación con —o no procede del— primero:

En la limitación se ve el maestro

y únicamente la ley nos da la libertad[273]

«Lo que se ve —dice—, es el precursor del nazismo, el alemán entusiasmado con el gobierno».

Shand, que lo visitó durante tres horas en la Biblioteca, lo acompañó, primero, hasta la calle Córdoba, después hasta su casa. Borges pensó: «Éste se propone pedirme algo». Shand, en contra de lo habitual, asentía a todo. Borges, para probarlo, dijo que Kipling era un gran poeta: Shand asintió. Cuando ya se habían separado sus manos en la despedida, le pidió a Borges que escribiera en Sur una nota sobre sus libros[274]. Según Borges, no procedió así por timidez, porque iba a hacer el pedido y no se atrevía: deliberadamente habría querido crear un ambiente de camaradería para que el pedido no pudiera ser rechazado.

Shand le dijo una frase de Churchill sobre los judíos: «A Jew is like a Gentile but more so [Un Judío es como un Gentil, pero enfáticamente]». Por eso serían de aparentar criollismo entre nosotros, son muy ingleses en Inglaterra, etcétera. BORGES: «En Los gauchos judíos, Gerchunoff, como si no supiera lo que son gauchos, describe chacareros: habla de arados y de siembras. Primero menciona a un gaucho que mató a su padre[275]; después él se muestra como casi un gaucho, con las habilidades de los gauchos. Parece mal que no aprovechara todo esto para vengar al padre; lo aprovecha para mostrar que los judíos son buenos argentinos. Todo lo anterior no tiene demasiada importancia; algo, acaso, la aprobación de Gerchunoff».

Habla de la comida de anoche en casa de una Bengolea en honor de Peyrou. El ambiente era: «éste es un bife espantoso»; «a estas espinacas sólo les falta hablar». Frías explicó que en tiempos de Shakespeare la gente iba al teatro a integrarse y que ahora va a evadirse. Borges observa conmigo: «¿Porqué? ¿Entonces la vida era mucho más blanda que ahora? No creo: sería dura, precaria, sórdida y cruel. Pensar que este hombre es profesor y tiene alumnos que estudian los desatinos que les refiere».

Domingo, 21 de octubre. Borges me cuenta que Fernández Latóur le ha escrito una carta a Barreiro, de quien es muy amigo, en que le dice que sacrifique a la Revolución toda protesta por haber sido alejado de la dirección de El Mundo y que no haga nada que favorezca a los peronistas, los comunistas y demás agitadores.

Me habla de una conferencia de Julio Payró sobre Cézanne: «Debe haberla traducido íntegramente de algún estudio francés de 1917. Me parece muy sospechoso que Payró dijera que la pintura de Cézanne representa el triunfo del espíritu francés contra los bárbaros. Hasta creo que menciona a los boches. Dice también que, aunque de origen italiano, la familia del pintor estaba establecida en Francia desde hacía más de dos siglos. ¿Qué puede importarle eso a Payró? Dice algo de la poderosa cabeza, sin duda la tête puissante, y agrega que del mismo golpe, ocurrió no sé qué. Yo creo que du même coup habría que darle al conferencista. Por cierto, algunas afirmaciones deben ser suyas. Por ejemplo, cuando declara algo sobre los alejandrinos de Virgilio —¿qué te parece?, esto recuerda lo del soneto del mantuano[276]— y cuando dice que Cézanne y Zola, en la niñez, leían las novelas de Goncourt. Eran contemporáneos, ¿no? Más raro sería que hubieran leído Les soirées de Midan. No digo que Payró haya leído un Petit Larousse, pero probablemente sí un Larousse mediocre».

Miércoles, 24 de octubre. Come en casa Borges. Trabajamos en el Libro del cielo y del infierno, que esta mañana encontré entre mis papeles.

Le digo que el doctor Fórmeles desea dar una conferencia en la Biblioteca sobre la tolerancia de Menéndez y Pelayo. «Es claro —contesta Borges—. Conozco el sistema: Torquemada o la tolerancia».

Hablando de los Amigos de la avenida Callao me dice: «Son todos comerciantes, y cuando se reúnen esos amigos, cada uno está pensando en cómo le sacará la cartera al otro».

Jueves, 25 de octubre. Borges me dice: «Le dieron el Premio Nobel a Juan Ramón Jiménez». BIOY: «Qué vergüenza…». BORGES: «… para Estocolmo. Primero a Gabriela, ahora a Juan Ramón. Son mejores para inventar la dinamita, que para dar premios». BIOY: «De cualquier modo, Juan Ramón es mucho mejor que Gabriela Mistral. Los malos poemas de Juan Ramón son malos; pero los mejores son bastante buenos, Gabriela Mistral no ha escrito ningún poema bastante bueno. ¿Te acordás del artículo que íbamos a escribir sobre Juan Ramón? Tendría unas erratas: en una línea el nombre aparecería como Juan Jabón, en otra como Juan Jamón, en otra como Juan Ratón. Al final se desenmascaraba la conspiración y, en la última línea, de desagravio, se lo llamaba Juan Jarrón».

Viernes, 26 de octubre. Le leo un poema satírico contra Leónidas Barletta, anónimo, titulado «Despropósitos[277]»:

Por no hablar de intimidades

del tal Leónidas Barletta,

es ésta su historia escueta,

como ideólogo bufón,

que fue llenando el bolsón

entre careta y careta.

Está mal en estas cosas

que la memoria se pierda

porque si en la extrema izquierda

ingresan varios como él,

se trocará, ¡por Luzbel!

en un gran tacho de mierda.

Se dice que González Lanuza escribió otros contra él, que igualmente incluyen la palabra mierda. Borges comenta melancólicamente: «No hay nada que hacer. Parece que la sugiere».

Sábado, 27 de octubre. Comen en casa Borges y Peyrou. Borges, inquieto porque sus sobrinos están enfermos, con mucha fiebre. Ante las noticias de Hungría[278], estamos todos un poco exultantes y exaltados. Peyrou piensa que tal vez dentro de cinco años se habrá derrumbado todo el imperio soviético; que la misma Rusia se verá libre de los comunistas. BIOY: «¿Y quién sabe si esto no es el comienzo del fin, si no es el 16 de junio?»[279]. BORGES: «Es una grieta bastante visible:». Pensamos cómo reaccionarán los comunistas que conocemos: María Rosa Oliver, Estela Canto y Miguel Angel Asturias. BORGES: «Cómo queda el imperialismo de la United Fruit, que ese farabute de Asturias denuncia valientemente, en comparación con la represión de tanques y ametralladoras de los rusos en Hungría». Esta tarde, la embajada rusa, que está frente a casa, fue atacada por un grupo de hombres, mujeres y chicos, con letreros en favor de la libertad de los húngaros. De pronto sacaron de no sé dónde piedras voluminosas y, con extraordinaria fuerza y puntería, las arrojaron contra los vidrios de la embajada, que estallaban alegremente. Arrancaron la chapa de bronce, la escupieron, la arrojaron al aire, la pisotearon; volcaron el Cadillac del embajador; rompieron la puerta del garaje y estropearon un coche ruso, que había adentro; trataron de volcar uno de los muchos Chevrolets de la embajada; pusieron ramas encendidas debajo del Cadillac; saltaron y se abrazaron jubilosamente. Si la policía hubiera tardado un poco más habrían penetrado en el edificio. Cuando llegó la policía, huyeron. Aparentemente no hubo detenciones. Peyrou y Borges comentan risueñamente que, salvo uno, todos los automóviles de la embajada rusa son norteamericanos. BORGES: «En medio del misticismo eslavo, tienen un admirable sentido práctico y entienden que el automóvil debe servir para traslaciones; por eso compran Cadillacs y Chevrolets».

Hablamos del Premio Nobel, Borges está hoy mejor inclinado hacia Juan Ramón Jiménez; «Qué bien lo que dijo: “El Premio Nobel me llena de tristeza. Mi mujer está muy enferma”. Qué bien que dijera una frase llana: “me llena de tristeza”. Todo se hubiera ido al diablo si hubiera procedido como escritor y si hubiera dicho “me puebla de tristezas” o algo así». Borges recuerda que hablaba mal de casi todos sus compatriotas: «Decía: “No se podía visitar a Pérez de Ayala. Tenía la casa adornada con jamones y chorizos”, o: “No se podía visitar a Azorín. Tenía en la mesa de luz un cenicero con un Quijote de metal, de cincuenta centímetros de alto”, o: “En casa de Antonio Machado no pude sentarme en la silla que éste me ofrecía porque en ella había quedado olvidado, de varios días probablemente, un huevo frito”». Hoy murió Zenobia, la mujer de Jiménez.

Con Borges, Peyrou y Silvina, vamos a ver el consulado ruso, en la calle Cabildo, donde no pasó nada; después buscamos, inútilmente, la cancillería, en la calle Córdoba, donde el asalto fue aún más eficaz que en la embajada.

Lunes, 29 de octubre. Comen en casa Borges y Wilcock. Hablamos de los plagios de Stendhal y de Coleridge[280]. Acerca de los de Stendhal en Rome, Naples et Florence, mi hipótesis es ésta: Stendhal procede como una persona que es ante todo un escritor. Lo más importante para él es el libro que tiene entre manos; más importante que su reputación moral, su deber hacia los colegas, etcétera. El libro, en este caso, es una suerte de viaje por algunas ciudades de Italia. Si él no puede proporcionar alguna parte del material útil y lo encuentra en un libro o en una revista, lo toma. ¿Por qué no reconoce la fuente? Porque lo que más aborrece es un libro erudito; porque tiene un ideal de naturalidad y de frescura, al que continuamente se conforma. Sin duda, para estos fines es más conveniente decir: «Me encontré con el señor X, un individuo curioso, que me contó tales anécdotas», que reproducir las anécdotas y poner al fin Edimburgh Review n.º 55. Aspira a no ser libresco. Si una vez un hombre vence el escrúpulo y roba, lo más probable es que vuelva a vencerlo muchas veces. Naturalmente, no era indispensable incluir el divertido ataque contra Goethe, la mención del señor que ha estudiado el suelo de Italia.

Borges sugiere esta explicación: «Veía el libro desde arriba. Decía: “Aquí algo sentimental, aquí algo novelesco, aquí algo científico”. Pone, por ejemplo, el hecho científico que tiene a mano. Abre la Edimburgh Review y toma el nombre del autor del libro sobre el suelo de Italia y transcribe el título con la errata que tiene en la revista. ¿Cómo podía saber que había errata?». BIOY: «El descaro es más extraño aún cuando se piensa en el ataque a Goethe, plagiado también de la Edimburgh Review. Una persona que ataca por escrito debe contar con una contestación, y era muy probable que Goethe no ignorara el ataque de la Edimburgh Review, porque los escritores suelen conocer los textos que se escriben contra ellos: Stendhal daba a Goethe los elementos para una respuesta eficaz».

En general, Borges disentía de todo lo que decía Wilcock. Sin duda, lo hacía sin propósito agresivo; pero la repetición del disentimiento parecía encarnizada. Wilcock habló en elogio de las novelas de Evelyn Waugh, Borges dijo que eran libros muy desagradables; Wilcock elogió el humorismo de Rabelais, Borges preguntó: «Eso, ¿es humorismo?». Etcétera.

Hablamos de shaggy dog stories [chistes malos] y del humorismo. Borges dice que a él le gustaría escribir algo en broma, pero que es difícil: «Es un género modesto, condenado a envejecer. Nada se desvanece más pronto que la comicidad». BIOY: «Lo que hacía gracia a nuestros padres, hoy nos parece tedioso. Por ejemplo, este genre de chiste argentino de principios de siglo: ¿Por qué el mar no se desborda? Porque tiene esponjas y porque los peces beben». BORGES: «Ibarra se preguntaba si los dibujos animados de Walt Disney habrían hecho reír a Homero. ¿Virgilio descubriría en un film de Laurel y Hardy la intención cómica? ¿Cómo sería la conversación con Shakespeare?». WILCOCK: «Un tipo de chiste griego, que se empleaba en el teatro y que producía la infalible risa del auditorio, era decir: “Siento en los pies los… juanetes” (en vez de los coturnos, o lo que fuera). Se esperaba esto, se recibía aquello con sorpresa e hilaridad». BORGES: «Ibarra negaba el sex appeal al cinematógrafo. ¿Cómo imágenes, por aquel entonces en blanco y negro, podrían tenerlo? Aunque lógicamente aceptable, la observación fue desmentida por la mera realidad».

BORGES: «Una persona muy tosca diría: “En la casa trabajaba una alemana llamada Froilán”».

Martes, 30 de octubre. Comentamos las últimas declaraciones de Estela Canto. Parece que dijo: «Ustedes creen que a nosotros, los comunistas, nos dirigen con órdenes que vienen de Moscú. Pues bien, estoy hablando de todo esto y hace tres o cuatro días que no sé nada, que nadie me llama». BORGES: «Entonces, su inteligencia ¿es otro mito?». BIOY: «¿De quién?». BORGES: «Mío. Yo la creía inteligente. Tal vez como no le podía atribuir ninguna otra virtud, la creía inteligente». BIOY: «En cuanto al talento de Estela como escritora… sólo forzando el sentido de las palabras puede hablarse de talento».

Borges dijo anoche que lo habían nombrado jurado, con Battistessa, con Jorge Max Rohde, con Mariano de Vedia y con Gancedo, para los Premios Nacionales de Poesía. Habló con la seriedad que pone para estos asuntos de política literaria —para los que es un poco advenedizo—. Hoy me dice que está esperando con ansiedad los paquetes de libros, que se pregunta qué libros le llegarán. BIOY: «Yo no tendría ninguna ansiedad». BORGES: «¿Cómo? ¿Y no abrirías en seguida los paquetes?». BIOY: «Los abriría con resignación».

Lunes, 5 de noviembre. Come en casa Borges. Discutimos los últimos acontecimientos: los soviéticos fingieron irse de buen grado de Hungría; reagruparon las fuerzas y volvieron con los tanques; ahora matan, encarcelan, oprimirán como siempre.

Borges entra en el coche con un aire muy serio, como si estuviera preocupado por algo grave, y cuando le pregunto si tiene novedades, contesta: «Nada» y, en tono parejo, empieza, in medias res, a hablar del concurso para los Premios Nacionales de Poesía. Él es jurado; hay libros de Silvina y de Wilcock[281]. La seriedad con que habla de estos asuntos me sorprende; quiero decir: su serio interés por estos asuntos. BORGES: «Si hubiera que elegir entre Molinari y Barbieri, ¿por cuál votarías?». BIOY: «No sé. Tendría que leer nuevamente los libros. Tal vez fuera mejor Barbieri —si los dos son tan malos, tan parejamente malos, como creo— porque premiándolo no se alienta un mito arraigado y estúpido (el prestigio de Molinari); Barbieri murió, y si bien nada bueno hay en su poesía, tampoco tiene una fama suficientemente sólida para durar mucho tiempo e influir en los escritores jóvenes». BORGES: «Molinari ha escrito odas, epístolas, sonetos, silvas: todo vanamente. Su éxito se debe quizá a que no exige ningún esfuerzo. Le hablé de la Revolución. Dijo que eso a él no le interesaba nada. Quedó muy bien. El poeta puro. Pero no creas que habla como un poeta. Habla con suave procacidad, como un muchacho rana, como un compadre. Con voz apagada dice: “Pendejo, qué querés que entiendan esos hijos de puta”. Es muy simpático».

Leemos los libros del concurso de iniciación, del que soy jurado. Son pocos: primero leo tres o cuatro poemas de cada uno de los libros de versos; luego, párrafos de los de prosa. Todos son pésimos. Hay dos algo mejores (en verso); pero esos mismos tienen poemas ridículos y no son, aun en los mejores momentos, plenamente decorosos. Aunque los premios son modestos —tres mil pesos— parece absurdo que el país en estos momentos esté malgastando el dinero en premiar libros que no representan ningún esfuerzo o que representan el esfuerzo de gente negada. Desde luego, uno de los autores podrá llegar con el tiempo a escribir —tan extraordinario suele ser el desarrollo espiritual—, pero esta consideración no basta para premiar libros monstruosos.

Martes, 6 de noviembre. Come en casa Borges. Dice que el libro de Barbieri, El bailarín, es muy superior al de Molinari; por lo menos, tiene versos agradables. En el de Molinari habría una línea así:

Las pequeñas aves cruzan por el aire.

Las pequeñas aves cruzan por el aire.

No enteramente así: algo que no está al borde de ser un endecasílabo. BORGES: «Ya que no tiene obligaciones métricas, ¿no vio, al corregir, que debía suprimir el por? Ahora, sobre las pequeñas aves, que son les petits oiseaux, me pregunto cómo pudieron llegar hasta Molinari. No sabe una palabra de francés, ni de nada».

Jueves, 8 de noviembre. Come en casa Borges. BORGES: «He pensado que nunca deberían escribirse versos pareados: las rimas se siguen demasiado pronto; el artificio se descubre; si un verso concluye con urgo, uno está esperando a Panurgo para el siguiente; no hay suspensión of disbelief[282].

Cuando las rimas son alternadas, todo está más trabado, el poema parece más construido». BIOY: «Hay entonces el placer del sonido sin la evidencia del artificio». BORGES: «Un poema en pareados es una serie de dísticos; una serie de poemitas. Ya sé que está el heroic couplet, todo Pope, todo Racine y todo Corneille».

Borges desea que escribamos un manifiesto en favor de los húngaros. Ayer dijo, a no sé qué comisión de amigos de Hungría: «Para mañana se lo hacemos con Bioy». No estamos inspirados. ¿Cómo empezamos: ante el atropello o ante la brutal agresión? SILVINA: «No, no pueden empezar siempre con ante. Van a hacer de nuevo el otro manifiesto[283]». BORGES: «¿Se puede empezar de otro modo? No veo el envolage». BIOY: «¿Qué vamos a decir? Es un misterio».

Se habla de los Premios Nacionales de Poesía. Parece que Rohde propone: 1.º Barbieri, 2.º Silvina, 3º Margaritín Abella Caprile. Borges propone para el tercero a Etchebarne. BORGES: «¿Te das cuenta? Etchebarne estará desorientado. Ha escrito Juan Nadie, ese libro extraordinario —ha de saber que difícilmente podrá escribir otro así— y nada, no ocurre nada, it falls flat, como si no hubiera escrito nada. No sabrá qué hacer. Rohde dice estupideces. Por ejemplo: que Margaritín conoce más que Silvina el idioma, que ha leído más clásicos españoles; pero no importa, ya que está dispuesto a dar el segundo premio a Silvina y el tercero a Margaritín. Para Wilcock hay pocas esperanzas. Ese muchacho se ha hecho odiar. Nadie lo quiere. Sus versos son irregulares. Hay muy buenos y muy malos». BIOY: «Sí, pero los muy buenos son superiores a los de casi todos. Hay que juzgar a un escritor por lo mejor que ha escrito, como se hace con los muertos». BORGES: «El poema de la traición es muy lindo». Recita con aprobación versos de ese poema:

¡Y se besaban en la boca, audaces!

Junto a mis libros, junto a mi retrato

celebraban su erótico contrato,

tal vez, desnudos, y tal vez locuaces[284]

Observa: «Un mal escritor no hubiera podido escribirlos. Hubiese desechado contrato como término comercial; y erótico contrato lo hubiera asustado como cacofonía. Contrato está bien y sólo hay cacofonía visual. ¿Cómo escribiría el último verso un tonto? Tal vez desnudos, y tal vez vestidos. Ibarra diría: “No puede poner vestidos, porque tiene que rimar con audaces. El genio no está para pavadas y se resigna a escribir locuaces”. Ibarra creía que todos los aciertos se debían a resignaciones». Decía también: «Creyó encontrar a un hombre; encontró a un escritor[285]».

Se habla de cómo puede resultar premiada una obra como la de Margaritín Abella Caprile. BORGES: «Elle est la. Está escribiendo desde hace muchos años. No ha escrito ningún libro demasiado bueno, de modo que no molesta a nadie. Se premia eso: años de aplicación. Naturalmente, nadie piensa en leer sus libros, ni que los libros sean hechos para ser leídos. Los leerían si tuvieran que dar examen. Por placer, nunca. No son locos».

Hablamos de la hipótesis de un norteamericano, de que Marlowe fue el autor de las obras atribuidas a Shakespeare[286] Borges dice que las obras de Marlowe son muy diferentes de las de Shakespeare; que en las de éste hay muchos personajes vívidos; en las de aquél, uno extraordinario, Tamburlaine o Fausto, y muchos como sombras. Dice también que piezas como Fausto —en que un hombre vende su alma al diablo, y el diablo en escena pronuncia discursos en contra de Dios— hoy son convencionales, parecen inofensivas, pero que entonces eran audaces, y que conmovían al público. Por de pronto, en ellas, por boca de algún personaje, se expresaban sentimientos contrarios a Dios, o de negación de Dios, que nunca se habían oído y que podían costarle al autor ser quemado en la plaza pública. Los mismos actores que debían hacer el papel de diablo temblaban supersticiosamente. Se cuenta que en una representación de Fausto debían aparecer cuatro demonios en escena, pero horrorizados vieron que había cinco, one devil too many, y suspendieron la función.

Cuando salimos encontramos manifestaciones de antorchas, en favor de Hungría, y contra Rusia. Van de la nueva embajada, en Rodríguez Peña, a la vieja, en la calle Posadas. La policía los repele con disparos de gases lacrimógenos, que la gente, dramatizando, describirá un rato después como «tiros».

Sábado, 10 de noviembre. Come en casa Borges. Le pregunto si cree que debe uno escribir un artículo como un cuento. BORGES: «Yo creo que todo debe ser narrativo. Todo debe tener forma de relato». SILVINA: «¿Cómo? ¿Los poemas también?». BORGES: «Los poemas, también. Todo debe ser una situación o un desenlace. Desde luego, puede uno proponerse como ideal escribir algo no narrativo, pero casi siempre fracasará. Para mantener el interés del lector, hay que hacer los artículos como pequeños cuentos». BIOY: «Creo que hay sin embargo una diferencia entre el plan de un cuento y el plan de una nota o de un artículo. El cuento debe concluir con lo más importante. El comienzo, en los cuentos, no importa mucho; el lector sabe que puede esperar algo. En las notas o en los artículos hay que poner lo mejor que uno tiene en la primera frase. Si no, el lector no entra».

Cuenta que se encontró con Estela: «No le dije nada a Madre, porque ya le tiene bastante rabia; no hay para qué darle más motivos para que la aborrezca. Me vio en la estación del subterráneo y me gritó: “Hijo de puta, no te me vas a escapar”. Corrí y me metí en el subterráneo; Estela corrió detrás y se metió también. Sólo después pensé que, como Estela ve muy poco, si me hubiera hecho a un lado y me hubiese quedado inmóvil, tal vez la hubiera perdido. Delante de toda la gente, me habló a gritos». Tuvieron este diálogo: Estela: «No te me vas a escapar, hijo de puta. Vas a hablar conmigo». BORGES: «Con esa conversación hecha de lugares comunes va a ser difícil e inútil hablar». ESTELA: «Tenemos que hablar. Porque sos un hijo de puta y un gran escritor. He leído las inmundicias que decís en ese reportaje de El Hogar[287]. En tu servilismo al gobierno has llegado hasta lo más bajo. Vos no estarías del lado de Martín Fierro, sino de la partida. Sin embargo, cuando triunfemos, no te van a degollar, porque yo voy a salvarte». BORGES: «En cambio, si triunfamos nosotros, nadie va a tener que salvar a nadie. A nadie vamos a matar». ESTELA: «Nosotros sí. Lo que te pasa es que no querés hablar conmigo porque sabés que tengo razón. Vos escribís lo que escribís pensando en mí. Lo escribís para vengarte de mí. Siempre pensás en mí». BORGES: «No. Escribo pensando en Frontini». (Frontini ha escrito con María Rosa Oliver un libro en defensa de la China comunista)[288]. ESTELA (furiosa): «No vas a tener la última palabra. Sos un hijo de puta. Ya te has salvado de mí, porque bajo en Independencia».

Le digo que tal vez Estela sea comunista porque Patricio se hizo comunista y ella lo adora. BORGES: «Es una buena explicación. Muestra un lado noble de Estela. La gente ve a Patricio como un adjetivo de ella: “Patricio es ese muchacho que es hermano de Estela”. Para contrarrestar esa opinión general, ella lo venera, lo sigue, se borra ante él».

Cuenta que durante la guerra entró en la librería suiza[289] y habló con el patrón, con quien era bastante amigo: «¿Qué me dice de las canalladas que están haciendo los alemanes?». El patrón le contestó: «Yo, usted sabe, soy suizo, soy neutral, así que no me meto». Borges afirma que ningún español hubiese llegado a esa bajeza. Primero, porque se consideran caballeros; después, porque tienen una opinión y quieren expresarla. Le digo que, sin embargo, los suizos fueron muy resueltos durante la guerra; todos se aprestaron a defender el país, todos eran aliadófilos; hubo un solo traidor —se consideró traidor al que se comunicó con los alemanes— y lo fusilaron. Borges conviene en que durante la guerra del catorce todos eran francófilos, aun los suizos alemanes.

Hablamos de Amorim y de su comunismo. BORGES: «Le sirve para consolarse de su fracaso como escritor. Puede pensar que sus libros no tuvieron eco porque él es comunista. Ha escrito muchas novelas y cuentos, poemas pésimos, sonetos… y nada, es como si no hubiera escrito».

Dice que odia tanto a los soviéticos que no puede concederles pensamiento o previsión: los imagina como dragones o demonios, que hacen el mal sin saber por qué, de puro estúpidos. Silvina pregunta si los soviéticos no podrían hacernos nada, en caso de que rompiéramos las relaciones con ellos. BORGES (sonriendo): «¿Qué querés que nos hagan?». SILVINA: «Hay muchos en la Argentina». BIOY: «No, hay pocos. Seis o siete millones. Eso sí, forman un ejército. Un ejército de seis o siete millones». BORGES: «Han de ser menos que los napolitanos. Y los napolitanos no hacen nada, aunque son mucho más inteligentes que los soviéticos». BIOY: «¿Qué habrá más? ¿Soviéticos o catamarqueños?». BORGES: «¿Catamarqueños o bizcos? Bizcos».

BORGES: «Podríamos hacer una antología de cuentos. Cada cuento debería tener lo esencial de un país: sería como un homenaje a ese país. El cuento francés podría ser El duelo de Conrad. ¿Te acordás? Para desacreditar a su rival, un general de la Grande Armée dice de otro; “Nunca quiso al Emperador[290]”. ¿Te das cuenta? ¡Nunca quiso al Emperador! Les parecía horrendo a los que lo oían». Recuerdo que Wells y Shaw parecían no creer en el humour de Conrad. «¿Cómo no iba a tener humour?», contesta Borges.

Hablamos de O. Henry, que había sido ladrón. Decía que la música del Sur se escribía en las plantaciones de algodón y en los pantanos de Madison Avenue, N. Y. Un prologuista de O. Henry cuenta que en un café se puso a charlar con un desconocido, al que dijo que había diferencia entre verdaderos cuentos, como los de Maupassant, y anécdotas, como las de O. Henry. El desconocido le respondió; «Well, you had a good chat. I’ll go now and hit the hay. [Bueno, usted sí que habló bien. Ahora yo me voy a trabajar]». Era O. Henry. El prologuista no volvió a verlo. BORGES: “Está muy bien que ponga esa anécdota en el prólogo. Además, ya contesta a las objeciones”. Le digo que los cuentos de Maupassant también son anécdotas. En verdad, esencialmente se parecen los de uno y otro. Los de Maupassant, convenimos, están escritos con más cuidado, más despacio, más de cerca, con más detalle. Los personajes parecen mejor imaginados. BORGES: “O. Henry tiene algo de Félix Lima”.

Daban una comida a Norah Lange, por su último libro[291]. Silvina dice: «Debemos mandarle un telegrama». «¿Por qué?», pregunta Borges. Yo digo que no sé cuál es peor escritor, Norah u Oliverio. BORGES: «Han hecho mucho mal». Habla de borracheras ejemplares.

BORGES (a mí): «Figurás entre los personajes de una novela de Ulyses [Petit de Mural]. Su hermana nos la trajo, para que le busquemos editor. Según Madre, es divertida, pero muy indecente. Dice que va a una fiesta de la SADE, con una chica de Villa Crespo, y que en seguida trata de perderla. La novela está escrita con mucha nostalgia: allá en México temblará al escribir Villa Crespo. Dice que vos lo saludás con “esa sonrisa que se te quedó en la cara desde que te dedicaste a las letras”. Después no sé qué hacés con una chica[292]. Bordea el tema de la sonrisa y no sabe que es un abismo en el que él mismo puede caer… ¿Te acordás de lo que decía Sosa López acerca de “la franca y ancha sonrisa de Ulyses Petit de Murat, que es la puerta del cinematógrafo, siempre cerrada para sus amigos”? Dice también en la novela que hay que reconocer que la literatura nuestra debe mucho a la sociedad, desde Hernández hasta Güiraldes. Y agrega: “¿El mismo Bioy Casares no nació, como diría un malevo, en cuna de oro?”. En realidad, el malevo es él. Primero escribió la frase sin la referencia al malevo; después la agregó… Ulyses cree que House Rent Blues no significa “blues del alquiler”, sino “blues de la casa de renta”. ¿Te das cuenta? Ahora mismo estará insistiendo en ese error».

Dice de Alicia Jurado: «Se ha dedicado a escribir notas de trescientas palabras, sobre libros, para Sur, Crítica y Ficción. Delfina [Mitre] va a visitarla, con la esperanza de comunicarle su autobiografía, pero Alicia no puede oírla; está sentada frente a la máquina; ha escrito dos notas y le falta la tercera. Escribe con conciencia —lee los libros—, pero sin inspiración. No tiene nada que decir». BIOY: «¿Cómo elige los libros para comentar?». BORGES: «Va a las redacciones. Los libros están sobre la mesa. Le dicen que elija dos o tres. Con eso la embroman: ella no puede elegir, tendría que cerrar los ojos y dar el manotazo. No conoce nada y no tiene opinión sobre ningún autor en particular. Pero las notas son razonables y decorosas».

De una muchacha (Elsie Rivero Haedo) que organiza toda clase de cosas —revistas, manifiestos contra los soviéticos, etcétera— y después se cansa de esas actividades y las abandona o las cumple a medias, alguien dijo: «Es una fellow traveller. Lo hace deliberadamente». Borges conviene conmigo en que es más verosímil creer que le pasa lo mismo que a nosotros, pero más pronto: «Emprende todo eso con entusiasmo y después se dará cuenta de que esa actividad es un tanto irreal y se hastía».

En la SADE propusieron un homenaje a los húngaros. José Luis Romero y Roberto Ledesma se opusieron porque «si no la gente iba a salir pidiendo un homenaje a Egipto». Borges comenta: «A nadie se le ocurrió tal cosa, salvo a ellos». Le digo que debería adoptar a una refugiada hungarita. (El gobierno trae tres mil niños húngaros).

Le hablo de Touchez pas au grisbi. Escucha con embeleso: sin duda añora la época en que tenía vista y podía ir al cinematógrafo.

Lunes, 12 de noviembre. Comen en casa Borges y Wilcock. Borges me dice que, para los premios de poesía, Max Rohde tiene este plan: dividir el segundo premio entre Etchebarne y Silvina (primero Barbieri; tercero, Abella Caprile), Parte económica del asunto: Borges piensa que los cuarenta mil pesos del premio son tanta plata que la mitad no es menos (concepción del infinito).

Hablamos de novelas. Wilcock dice que empezó a escribir una; que está leyendo Aspects of the Novel de Forster, para prepararse; que este libro es oro en polvo; que debo releerlo; que Garnett parece haber aplicado sus recetas meticulosamente en Aspects of Love.

Hablamos del punto de vista. Forster dice que respetar o no esa convención depende del vigor del autor. Que Tolstoi empieza La guerra y la paz omnisciente, en el capítulo segundo sabe lo que puede saber un observador, en el tercero sabe un poco más, etcétera; y que Tolstoi puede permitírselo[293]. BORGES; «Al fin y al cabo es una convención inventada, creo, por Henry James, y antes de Henry James se escribieron buenas novelas. En Los miserables alguien tiene un sueño, el lector conoce ese sueño y el personaje lo olvida[294]: tampoco esto está mal».

Hablamos del diálogo en las novelas. WILCOCK: «Las páginas quedan mejor, más construidas, si uno cuenta las cosas, en lugar de comunicarlas por medio del diálogo de los personajes». BIOY: «Cada página, cada frase, tal vez quede mejor, pero la novela, no». BORGES: «Es claro. Por el diálogo uno se acerca a los personajes. Se los oye hablar. No hay cómo crear el carácter de un personaje sino por la manera en que se le hace hablar. ¿Por qué va a privarse de eso el autor? Si él cuenta todo, queda lejos». Wilcock pregunta si creemos necesario hablar de lo que los personajes comen; que Forster dice que un aspecto tan importante de la vida se ha descuidado en las novelas[295]; Wilcock opina que es tan molesto que le digan a uno lo que los personajes están comiendo como que le digan que están haciendo el amor. A eso no contestamos. Continúa: Garnett parece haber aceptado plenamente el consejo de Forster; en Aspects of Love continuamente se habla de comidas. Observa también Wilcock que los autores obligan a los personajes a comer o beber lo que a ellos (los autores) les gusta; que los bebedores exageradamente hacen beber whiskie a los personajes; que él, como traductor, sabe esto, porque a cada momento se le presenta el problema de traducir la palabra drink, que es intraducible. «Trago», dice Borges, y opina que las comidas y bebidas sirven para caracterizar a los personajes. A Dickens, sin duda, le gustaba la cerveza y la carne y los pasteles, y sus personajes continuamente beben cerveza y se dan comilonas de carne y de pasteles. A Borges le parece agradable. También recordamos que el encanto de algunas novelas policiales de Anthony Gilbert reside principalmente en un protagonista que es hombre de gran vulgaridad y gran bebedor de cerveza negra[296]. Wilcock dice que según Forster el momento más débil de los autores es cuando hablan a espaldas de los personajes y nos comunican que éstos son buenos o malos o lo que sea. Borges replica que Butler hace muy bien eso; resulta agradabilísimo en The Way of All Flesh; «Una cosa extraña en esta novela es que el narrador, que nos dicen que es un pariente del protagonista, sabe demasiadas cosas; pero esto es una convención del libro, y se acepta».

Después de comer vamos en el Morris, los cuatro, a la calle Andonaegui, en Villa Urquiza; Silvina baja un momento en la casa donde velan a un hermano de la costurera Josefina San Martín. Borges dice: «Lo que tiene Buenos Aires es que en seguida uno está en lugares que no parecen de Buenos Aires. Antes yo insistía en la diferencia de los barrios; después creí que eso era una superstición; ahora vuelvo a creer que son diferentes, El Oeste, por ejemplo, es tan desolado». Silvina afirma que el barrio en donde estábamos es lindo. Recordamos que, cuando vivíamos en Coronel Díaz y en los primeros años de la calle Santa Fe, salíamos todas las noches, Borges, Silvina y yo, a recorrer Buenos Aires; generalmente llegábamos hasta el Puente Alsina.

En algún aparte, Borges me comenta: «Wilcock no tiene esperanzas —“no corre”, como se dice— en los premios. Max Rohde lo elogió, le encontró muchos méritos, para decir por fin, en tono triste y definitivo: “Wilcock no, Wilcock no”. Eso se hace siempre: primero se elogia, para después librarse de alguien. Se le dan los elogios. Yo pensé que lo conocería a Wilcock, y que por eso lo aborrecería. Parece que no. Tal vez lo que él tiene de odioso asoma en sus libros. O es odioso o es servil, o peor aún, las dos cosas a un tiempo. No es un caballero. No parece independiente nunca; depende de uno, está atado a uno, por la hostilidad o por la obsecuencia». Defiendo un poco al pobre Wilcock.

Martes, 13 de noviembre. Con Silvina y Borges vamos —son las nueve pasadas— a la plaza de la Victoria, donde los manifestantes han ido (desde la plaza San Martín) a pedir la ruptura con la Unión Soviética, Borges y Silvina hablan de que Américo Ghioldi fue interrumpido por gritos de «¡que se vaya!, ¡que se vaya!». Ghioldi es socialista; hoy los socialistas son la bête noire de los católicos. Parece que Ghioldi recordó que en 1849 los rusos entraron en Hungría y que Marx condenó el hecho. Si es socialista y admira a Marx, parece lógico que trate de reivindicarlo, condenando a quienes en su nombre cometen monstruosidades y desvirtúan sus enseñanzas. No hay duda de que los que están mal en esto son los que gritaron «que se vaya»; ahora, como observó uno de los sobrinos de Borges, lo que hizo Ghioldi hubiera sido del todo comprensible para el lector de un libro, pero quizá resulte demasiado sutil para el público que oye discursos en una plaza: oye el nombre Marx, está enojado con los comunistas, ruge.

A la plaza de la Victoria llegan grupos de húngaros con sus banderas y letreros, letones con letreros: «Letonía con Hungría», polacos, estonios, rusos blancos («¡Viva Rusia libre! ¡Muera el comunismo!») y un manifestante solitario, con el letrerito: «¡Viva el titismo, última esperanza del comunismo!». Hay bastante gente, flamean las banderas cautivas y por un rato los que estamos allá podemos creer que en ese momento los húngaros, los polacos, los bálticos, los checoeslovacos, los rumanos, los alemanes, están triunfando, están recuperando su libertad. Con Borges comentamos este sueño de triunfo, que evidentemente todos soñábamos: había que ver las caras radiantes de las muchachas húngaras, que traían las banderas. La olvidada verdad era que mientras nosotros, con gritos de «Ruptura, ruptura», vencíamos a la Unión Soviética en la plaza, en Europa los húngaros caían presos y morían. Volvemos a casa.

Borges dice que para el Premio Nacional ha surgido un nuevo escollo: Nalé Roxlo, bruscamente llamado al jurado. BORGES: «Odia a todo el mundo. A mí más que a nadie. Quería que lo mandaran a Portugal. Como no le hicieron caso, siente que la Revolución fracasó. Es capaz de no querer premiar a Silvina, porque la verá como a una muchacha de familia conocida o pudiente. Tiene conciencia de ser un muchacho de barrio, como Ledesma, un cafisho de lechería. Parece que es muy devoto de Molinari». SILVINA: «¿Y ha escrito algo bueno?». Borges y yo le decimos que tiene poemas extraordinarios, entre otros uno que incluimos en la antología. Y aquello de;

mi caballo, lo suelto, y a mi lira, la rompo

mi caballo, lo suelto, y a mi lira, la rompo

o algo por el estilo[297].

Miércoles, 14 de noviembre. Come en casa Borges. Oímos noticias.

Sábado 24 de noviembre. En medio de mi pesadilla[298], Borges sigue hablando del concurso de poesía.

Martes, 27 de noviembre. Miembros del jurado para el Premio Nacional de Poesía, Borges y Nalé Roxlo discuten. Borges elogia Juan Nadie, el largo poema de Etchebarne, que narra la vida de un malevo. NALÉ ROXLO: «Usted conoce a los malevos por libros; yo los conozco directamente. Yo he sido malevo». BORGES: «Así lo creo».

Capacidad de Borges para obsesionarse, útil para su oficio.

Jueves, 29 de noviembre. Premios Nacionales de Poesía: primero, Barbieri (póstumo); segundo, Silvina; tercero, Etchebarne.

Sábado, 1.º de diciembre. Borges me cuenta la visita de un señor Sobral, uruguayo de Buenos Aires, que ayer recibió en la Biblioteca. Este señor Sobral es autor de un libro de cálculos numéricos con las medidas de las pirámides de Gizeh, en comparación con el Cerro de Montevideo. También ha escrito un tratado de versificación, boicoteado por el magisterio, según un método nuevo de medir los versos. En este tratado, hay versos del señor Sobral que, si bien no causan particular agrado al oído, se ajustan perfectamente al método. Igualmente lo aplicó para medir poemas de Zorrilla de San Martín y Juana de Ibarbourou. El objeto de esta visita del señor Sobral (en anteriores había llevado de regalo el tratado de versificación y el libro sobre las pirámides) era donar un ejemplar lujosamente encuadernado de L’homme qui assassina de Claude Farrére. Aseguró que ese libro tenía un mérito especialísimo: aunque en el texto no se decía, había pertenecido a la biblioteca privada de don Marcelo T. de Alvear.

Se enteró el señor Sobral del manifiesto en favor de los húngaros y ofreció su firma, si en el documento se apoyaba también a Egipto en contra de Francia, Inglaterra e Israel. Borges contestó que había muchas diferencias entre los dos hechos y le pidió a Sobral que le indicara las similitudes que él veía. Esto aparentemente enojó a Sobral, porque Borges advirtió: a) que Sobral ya no estaba sentado del otro lado de la mesa, sino encima de él, looming sobre él; b) que era muy corpulento; c) que reiteradamente gritaba: «¡Reaccione como argentino!»; d) que lloraba; el que él, Borges, estaba en peligro físico. Después comprendió que Sobral era loco y que en consecuencia el peligro que él, Borges, corría no debía de ser tan grande. Borges le dijo: «Retírese inmediatamente». Sobral obedeció. Retrocedió, gritando: «¡Reaccione como argentino!». Varios empleados acudieron entonces a proteger a Borges. También Clemente que, al saber de la llegada de Sobral, se había encerrado en un cuarto, en el fondo de la casa. Clemente contó a Borges que habían recibido una mañana la donación de uno de los libros de Sobral; a medio día llamó éste desesperado y preguntó si habían descubierto le que había sucedido. Clemente le contestó que no. En una página del libro, por error, decía cual donde debía decir como. Clemente se ofreció a corregir. Sobral no aceptó; dijo que la corrección debía ser hecha con la misma tinta. Llegó a la Biblioteca con un tintero en el bolsillo y procedió a corregir. Borges dice que los locos generalmente parecen sucios y raídos; éste tiene aire próspero, vive en un hotel de lujo y regala libros suntuosamente encuadernados.

Domingo, 2 de diciembre. Borges me dice que nos piden, para dentro de doce días, una pieza de teatro, en un acto, que dure cincuenta minutos. Pregunta: «¿Tenés argumento?».

Sábado, 8 de diciembre. Come en casa Borges. Durante la comida, su conversación olvida a mi padre, lo que me resulta penoso.

Lunes 10 de diciembre. Come en casa Borges. El director de Crítica le contó que tiene un pariente cuya locura se manifiesta cuando ve personas de barba blanca. En seguida las estrecha entre sus brazos y con lágrimas en los ojos exclama: «¡Ah, Guido [y] Spano!». En el resto de su vida es un hombre normal, además de ser un poco seco y muy antipático.

Las otras tardes le mostraron a Borges el edificio y los talleres de Crítica, «No creas que sentí alguna emoción de ver ese lugar donde trabajé hace veinticinco años». Es asombroso que esas máquinas que ocupan dos pisos, que esas máquinas delicadas, enormes y precisas, se empleen para imprimir, de un modo tan feo, tonterías. Todo el mundo quiere al diario o cree que tiene que quererlo. Unos vendedores no sé qué querían hacer. Clemente los increpó con sinceridad: «Lo que pasa es que ustedes no quieren a Critica. “No diga eso, señor”, le suplicaron».

Habla de Roberto Arlt «Era muy ingenuo. Se dejaba engañar por cualquier plan para ganar mucha plata, por descabellado que fuera, a condición de que hubiera en él algo deshonesto. Por ejemplo, se interesó mucho en el proyecto de instalar una feria para rematar caballos, en Avellaneda. El verdadero negocio consistiría en que clandestinamente cortarían las colas de los caballos, venderían la cerda y ganarían millones. Un negocio adicional: con las costras de las mataduras del lomo fabricarían un insecticida infalible.

»Era comunista: se entusiasmó con la idea de organizar una gran cadena nacional de prostíbulos, que costearían la revolución social. Era un malevo desagradable, extraordinariamente inculto. Hablábamos una noche con Ricardo Güiraldes y con Evar Méndez de un posible título para una revista. Arlt, con su voz tosca y extranjera, preguntó: “¿Por qué no le ponen El Cocodrilo? Ja, ja”. Era un imbécil.

»En Crítica, estuvo dos días y lo echaron porque no servía para nada. No sabía hacer absolutamente nada. Me explicaron que sólo en El Mundo supieron aprovecharlo. Le encargaban cualquier cosa y después daban las páginas a otro para que las reescribiera. Dicen que reuniendo sus aguafuertes porteñas, que son trescientas y pico, podría hacerse un libro extraordinario. Imaginate lo que será eso. Las escribía todos los días, sobre lo primero que se le presentaba. Menos mal que algún otro las reescribió.

»Me aseguran que después se cultivó y leyó a Faulkner, y que eso lo demostró en un artículo de dos páginas, algo magnífico, en que estaba todo: “Sobre la crisis de la novela”. Qué título. Ya te podés imaginar la idiotez que sería eso. Lo que pasa, según Arlt, es que la gente no comprende lo que es la novela, por eso hay crisis de novelas. En la novela cada personaje debe tener un destino claro, como el destino del tigre es matar. ¿Te das cuenta? Tiene que valerse de un animal para significar la sencillez del destino. Más que personajes describiría muñecos».

De Ricardo Molinari dice: «Amenazó con no seguir escribiendo si no le daban el premio de poesía. Si no le daban el premio, ya verían, él se declararía en huelga y todo el mundo saldría perjudicado».

De Guillermo de Torre dice: «Recorrió América. No trae de todo el viaje una experiencia memorable, una frase quotable. Mero énfasis. ¿Se interesó por el papiamento? No. Visitó la Casa de España y el Centro de Profesores. Únicamente trajo esta observación sobre Reyes, no sé si memorable: “Se ha dejado crecer la barba. Como es de estatura tan baja, parece un gnomo”».

Martes 11 de diciembre. Come en casa Borges. BORGES: «Algunas personas escriben un poema o un verso admirable. Se dice que eso vale toda la obra de otro. Se compara una pieza muy breve con una obra como la de Dickens o la de Hugo. Se finge que en la comparación la ventaja está del lado de la obra grande. Esto es falso. Un verso, un poema, a cualquiera puede salirle bien, sin languideces: en una obra vasta tiene que haber altos y bajos».

Leemos en voz alta el libro de Mastronardi Conocimiento de la noche. BORGES: «Produce indiferencia: ¿por qué? ¿Porque es un juego de variantes? ¿Porque se adivinan las vacilaciones y sustituciones?

Me alegré de jinetes[299],

Me alegré de jinetes[299],

exclama riendo. Es claro, ¿qué otra cosa pueden ser la literatura y la poesía, sino una broma crasa?

Hoy resguarda del mundo al afectuoso […].

El amistoso estaba con la mirada grande […].

Y algún pájaro empieza la tristeza[300]

El lenguaje es sencillo, pero las frases no corresponden a la manera de hablar ni de sentir de nadie. Así nunca nadie ha pensado.

Oh, amorosa de muertes[301]:

Oh, amorosa de muertes[301]:

ésta es María de Villarino, Amorosa de muertes porque no estaba interesada en el amor, me aseguraba cándidamente Mastronardi. No estaba interesada en su amor. Oh amorosa de muertes ha de corresponder a una de las más absurdas ficciones de la poesía: «personas a las que somos indiferentes, personas que aburrimos, nos alegran, nos dan valor». BIOY: «Otros poetas dan la idea de ternura y de ocio sin poner esas palabras. En los poemas de Mastronardi, ternura, cariño, dulzura, indolencia, están en todas las líneas». En el poema «Los bienes de la sombra» nos gustan los versos:

La fiesta secular que dio estandartes

al vasto azul de la feliz República

trajo un destello hasta mi umbral perdido

y deslumbró los términos de la noche silvestre.

Rostros como labrados en tormentas y estíos

por una vez salieron del fondo de los campos

para asomarse a presenciar la Patria.

Entonces vi magníficos jinetes

cuyo tropel cruzó el galano pueblo;

supieron de jornadas elocuentes,

y en sus ojos cerriles puso asombro

un fulgor de vivaces antorchas y descargas

que en la inocencia del anochecer

al distraído espacio se elevaba

desde el claro y parejo caserío.

Estos hombres de aspecto extraordinario

que fueron ruda escolta de la columna cívica,

más altos y alegóricos que las banderas iban

en sus caballerías resonantes.

Y recuerdo que a veces,

tras el párrafo excelso del tribuno,

estiraban un grito ya perdido,

un selvático grito venturoso,

que los próximos campos devolvían.

BORGES: «¿Será peor que Antonio Machado? Sí». BIOY: «Lo malo es que es peor que Capdevila, a quien él tanto desprecia».

Miércoles, 12 de diciembre. Come en casa Borges.

En un ascensor se encuentran Silvina Bullrich y su nuevo marido, Dupont, con el ex marido, Arturo Palenque, y otro individuo. Silvina Bullrich le dice a Palenque: «Te presento a mi marido». Palenque le contesta: «Y yo te presento al mío», y señala al cuarto individuo. Pregunto a BORGES: «¿Qué debió hacer Dupont? ¿Enojarse?». BORGES: «¿Por qué enojarse?». BIOY: «Porque Palenque pone la relación entre él, Dupont, y Silvina, en un nivel muy exclusivamente físico». BORGES: «No, no creo que tenga que enojarse». BIOY: «Yo tampoco. Tal vez poner cara de madera». BORGES: «Geule de bois. No, no es eso». BIOY: «¿Y el otro individuo?». Borges: «El otro individuo no importa. Es un extra. Es el mismo Dupont, que hace los dos papeles».

Elogió un poema largo ante Gannon, que protestó: «Pero a vos te gustan más los epigramas. Algo breve. La Antología griega». BORGES: «No. Me gustan las cosas breves y las que no son breves. ¿La Divina Comedia está mal?». Borges observa que Gannon puede llegar a ser extraordinariamente estúpido: «Por ejemplo, admiraba mucho aquello de:

How odd

of God

To choose

The Jews[302]

pero ahora conoció la respuesta, en que se hace notar que Cristo era judío[303] y está muy impresionado. Qué raro que se tomen esos versos por su valor dialéctico. Cómo no comprende que son un juego. Cree también que el epitafio de Ernesto Palacio sobre Jorge Max Rohde:

Yace aquí Jorge Max Rohde,

Dejadlo dormir en pax

que de ese modo no xode

Max[304].

es algo admirable, que acabó con Max Rohde. «Admira mucho “Cynara” de Dowson[305]. Si “Cynara” fuera de Hugo, digamos, no lo admiraría, ni lo hubiera descubierto. Admira obras y autores por la idea (general) que tiene de ellos».

Hablamos de epigramas. Dice que es demasiado famoso el de Porson:

The Germans in Greek

Are sadly to seek;

All save only HERMANN,

And HERMANN’s a German[306].

BORGES: «¿Qué quiso decir? ¿Que tampoco Hermann sabía demasiado bien el griego, porque era alemán? El efecto de un epigrama depende de sus últimos versos; éstos deben ser claros». BIOY: «Tal vez la fama de este epigrama provenga de que nadie se atrevió a reconocer que no lo entiende».

Soñó que Cansinos-Assens, idéntico a Mauricio Müller, lo precavía contra lo que podía hacer Nalé Roxlo para contrarrestar la votación del Premio Nacional de Poesía. Cansinos le dijo que debía tener cuidado:

Porque los hombres de pluma

se hacen guerra con pasquillos.

En el sueño pasquillos significaba pasquines.

Hablamos de la próxima fiesta de poesía, en la SADE. De la realidad que tiene para ciertas personas; por ejemplo, Alicia Jurado, que vuelve de la estancia, especialmente, para asistir. Según Borges, se comentará de alguna de esas personas: «Conquista posiciones, lo conoce a Villordo».

Dice que le hacen gracia los que hablan metafóricamente, siguiendo una idea y sin conciencia de las imágenes evocadas. Oyó en un tranvía: «Esa chica de Lagos me está minando el terreno».

Un señor Carlos del Campillo va a ser knighted y ha escrito un discurso de lo más galano, agradeciendo el honor a «her gracious Majesty». Comentario de BORGES: «Qué raro que Inglaterra fomente estas tilinguerías mansas. El sport es otro ejemplo. También es raro que los enemigos de Inglaterra nunca la ataquen por eso. No, por eso la admiran o la envidian. No creo que el señor del Campillo se atreva a usar el sir aquí en Buenos Aires. En Inglaterra tampoco, porque lo van a tomar por un impostor: sir Carlos o Charles del Campillo la solución, para él, va a ser establecerse en Jamaica o the Barbados. En el discurso de agradecimiento, empleada expresión my charming wife Ha oído lo de charming wife, no advirtió que se emplea para la de otros. Qué torpe».

Leemos a Baroja: el primer capítulo de El árbol de la ciencia. Es notablemente insulso, pobre; todo parece de lejos; hay alguna sensación de realidad, porque nada es divertido, ni extraño, ni hermoso. BORGES: «Quién sabe contra cuántos libros está escrito. Para admirarlo hay que pensar, quizá, en Ricardo León, quizá en los imitadores de Cervantes. Baroja dijo que Unamuno era deshonesto, que atacaba a Goethe y sin inconveniente admiraba la prosa de un presidente Pérez, general de la pampa (Sarmiento). Durante la primera guerra, al menos, fue germanófilo. Escribió Horas solitarias; el título era un desafío porque Baroja tenía fama de onanista». Recuerda que cuando leyó, hace muchos años, El árbol de la ciencia, le gustó enormemente.

Según Borges, ya Ureña observó que había algo de locura en la extrema admiración de Martínez Estrada por Paganini. Con buen sentido Ureña dijo: «Al fin y al cabo es un violinista al que nunca oyó».

BORGES: «Le preguntaron a Azorín por qué ponía títulos en inglés a sus piezas de teatro. “Shakespeare también lo hizo”, contestó».

Se encuentran Estela Canto y Arturo Cuadrado. ESTELA: «¿Te gusta mi libro?». CUADRADO: «Me gusta, porque aún no lo he leído». Dice Borges que caras como la de Cuadrado eran más frecuentes en otras épocas. «Es raro —afirma—: parece un carnero».

Habla de los cuentos de Ipuche, sobre los que tiene que escribir para Ficción[307]. Dice que son malos. Las recopilaciones se titulan Cuentos del fantasma y El yesquero del fantasma: el fantasma es el mismo Ipuche. Un padre, en uno de los cuentos[308], enlaza al seductor de su hija, lo arrastra hasta donde ella está y se lo entrega, muerto. «Ahí tenés al que te engañó», le dice. Ipuche no ha pensado que a la muchacha no podría gustarle ese acto; cree que el padre, en su cuento, es un hombre admirable, que defendió el honor de su hija; no ve que es peor y más bruto que el seductor.

Le digo que una señorita Chica Salas, de Las Flores, escribe sobre el pago romances lorqueanos. BORGES: «La gente admira esos poemas, porque en ellos está el Sur de la provincia de Buenos Aires, y seguramente no encuentra anómalo que de pronto el caballo se convierte en jaca jerezana y que haya manólas y amapolas y que abunden exclamaciones de ¡Ea!».

Sábado, 15 de diciembre. Come en casa Borges. Dice que la autobiografía de Goethe es un libro completamente pointless: «Molesta mucho a sus admiradores, que no saben cómo justificarlo».

Lunes, 17 de diciembre. Me preparo para el cocktail que Beatriz Guido ofrece a Silvina, por su Premio Nacional de poesía. Buscamos a María Elena Walsh y a Leda Valladares. En lo de Beatriz están Borges, Manucho, Delfina Mitre, Gancedo, Ledesma, Sabato, Elva de Lóizaga, Matilde [Kuminsky], muchas actrices, muchos actores, Guillermo de Torre y Norah, el Capitán Wolberg, Pepe Bianco, Betina Edelberg y su marido.

Martes, 18 de diciembre. Comen en casa Borges y Peyrou. Hablamos de Juan Nadie, el largo poema de Etchebarne, sobre la vida de un malevo. A Borges le gusta mucho. BORGES: «Un poema como Juan Nadie depende del éxito que tenga. O es el gran poema del suburbio, una especie de Martín Fierro del arrabal, o es una curiosidad literaria, acaso un pastiche. Porque, en el fondo, tan bueno no es. Parece raro que siendo muy posterior a Hernández y a Ascasubi sea mucho más simple. Pensá en Martín Fierro: es mucho más complejo que Juan Nadie». BIOY: «Está escrito con más libertad. Se le permite obrar libremente, como un hombre, sin temor de que pierda su carácter». BORGES: «Esa simplicidad, esa falta de libertad del personaje, sugiere el pastiche. Además, vacila entre la novela y la alegoría. Para una novela, que el personaje vaya al Rosario y a Montevideo, no parece excesivo; para la alegoría, para el personaje ejemplar, sí parece».

Habla también de Los orilleros: «Eso sí que no ha tenido ningún éxito. ¿Vos lo crees inferior a Juan Nadie? Tal vez su fracaso se deba a que está escrito en colaboración». BIOY: «O a que es el libreto de un film: género muy humilde». BORGES: «Tiene un argumento más interesante que Juan Nadie. BIOY: “Etchebarne lo mirará con desprecio precisamente por su exceso de argumento. Nos verá como entregados a las convenciones del argumento. Con alguna razón: la historia del seguro y del incendio es bastante triste”. BORGES; “Pero hay episodios memorables: la llegada del hombre del Sur, la muerte del idiota, la muerte del caballo, el duelo en la oscuridad. Nada así hay en Juan Nadie”».

Miércoles, 19 de diciembre. Come en casa Borges.

Jueves, 20 de diciembre. Después de comer voy a la fiesta de la SADE. Margarita Bunge me lleva a la mesa donde está Borges.

Viernes, 21 de diciembre. Come en casa Borges.

Sábado, 22 de diciembre. Come en casa Borges. Le dice a Silvina que Marín, el director de teatro, es una especie de loco. Durante Electra sonaba un gong; primero uno creía que eso significaba algo, la llegada de enemigos, etcétera; no tenía ningún significado; acostumbrarse al estruendo era imposible, no sólo por la brevedad del local, sino porque no todos los golpes eran idénticos: sorprendía agradablemente algún golpe tenue y horriblemente muchos violentos. Silvina, a quien Marín pidió sus obras[309], queda melancólica. BORGES: «Esto no es más que a glimpse of the obvious. No debes desanimarte».

Hablamos de Wally Zenner. BORGES: «Her spirit is broken. Se ha vuelto humilde. Sufre continuamente». SILVINA: «¿Por qué?». BORGES: «Imagínate: no puede publicar en ninguna parte. En La Nación no le publican. Cuando estuve en Sur, le pedí un artículo. Entregué a Bianco el número listo; lo publicó íntegramente, salvo el artículo de Wally». SILVINA: «Qué horror. ¿Es muy malo lo que escribe?». BORGES: «No. Tiene algunos sonetos bastante lindos». BIOY (recordando «bella me estoy»): «Es bastante mala, pero no peor que tantos otros que colaboran en La Nación: Magdalena Harriague, por ejemplo». SILVINA: «¿Y por qué no le publican a Wally?». BIOY: «Yo creo que por culpa de Borges. La rió como un personaje —la encarnación de la vanidad femenina— y contó las anécdotas que lo divertían. La gente lo creyó, pero en vez de ver a Wally como un personaje un poco absurdo, bastante patético y sin duda querible (como es para Borges), la odiaron y la condenaron». BORGES; «Sí, yo creo que tenés razón», y agrega algo, acusándose. BIOY: «Debe de ser horrible ser un escritor taponado. Antes, con quinientos pesos o menos se imprimía un libro en Colombo. Ahora, para imprimir un libro necesita uno miles de pesos». SILVINA: «¿Y por qué le duele tanto no publicar en La Nación?». BIOY: «Publicar no le da una gran felicidad, pero no poder publicar es horrible». Convenimos con Borges en que publicar en La Nación ya no es un título o diploma para nadie. Hablamos de algunos colaboradores oscuros e ínfimos.

De Adela Grondona, Borges dice: «Está muy triste. Debe de ser terrible que lo que uno escribe no importe a nadie. Además, siente que nadie la quiere; eso la pone más triste aún; y nadie la quiere porque está triste». SILVINA: «¡Qué horror, no seas cruel!». BORGES: «No estoy inventando nada diabólico. Observo un hecho. La gente que está triste y continuamente se queja es odiosa para los demás».

Sobre el premio de critica dice: «Parece que se lo van a dar a Guillermo. Otros candidatos son Ghiano y Clemente». BIOY: «Qué candidatos». BORGES: «Así es. Ghiano se parece un poco, en cuanto a estilo, a Guillermo. Inventó la palabra gozneción. Yo creía que esa terminación en ción iba generalmente después de palabras abstractas. Aquí se la agrega a gozne. ¿Te das cuenta? ¿Puede haber algo más concreto? Casi mejor es la teorización de Guillermo. Ghiano le explicó a Alicia Jurado que él puede inventar palabras así por su gran conocimiento y familiaridad con el idioma. Qué animal. ¿Lo conoces? Es un gordo. Parece buena persona».

Cuenta: «Yo acababa de conocer, la víspera, al doctor Olejaveska. Esa mañana, eufórico, iba por la calle, recitando en voz alta, llevado por el entusiasmo poético, los versos que acababa de improvisar:

Si prudente se cagara

antes de armarse la gresca,

otro gallo le cantara

al doctor Olejaveska.

Coro de gauchos santiagueños[310]

Ese bueno de Olejaveska.

Ese bueno de Olejaveska.

«De pronto, cerca de plaza San Martín, sentí una palmada y una voz, rápidamente reconocida, que me preguntaba: “¿Como le va, amigo Borges?”. Era el doctor Olejaveska. Si oyó bien los versos no puede enojarse: lo dejan como valiente. Pero ha de haber creído que oyó mal el nombre; habrá pensado: “Estoy obsesionado con mi nombre y lo oigo todo el tiempo”. Además, debió oír su nombre sin entender los versos, porque nadie cree que su nombre es cómico».

Cuando concluye el primer plato, Borges pone los cubiertos sobre el mantel. Viene la criada y saca plato y cubiertos. Esto ocurre desde ¿1935? Más o menos.

Domingo, 23 de diciembre. BORGES: «Parece que una de las radios del Uruguay se vendió al peronismo. Comentando los incendios y los sabotajes dice que es extraordinario cómo un solo hombre tiene en jaque a la República Argentina. Aunque los peronistas no valgan nada, me parece poco cortés darlos por no existentes: al fin y al cabo algunos de ellos se exponen, al provocar incendios o descarrilamientos. ¿Por qué no dicen: “Un solo multimillonario tiene en jaque a la República Argentina?”. La frase no sería tan noble, pero tendría la ventaja de llevar consigo su explicación».

Martes, 25 de diciembre. Comen en casa Borges y Peyrou. Borges me regala Mysticism de Evelyn Underhill.

Jueves, 27 de diciembre. Llama BORGES: «Vino Goyanarte, con un artículo que Sabato le mandó a Ficción, en que me ataca[311], Goyanarte me lo muestra, para que yo suprima lo que quiera. No voy a suprimir nada. Es una idiotez: dice que yo creo que el mundo es muy simple, blanco o negro, perfecto o infame. De un lado están el gobierno de la Revolución, Adolfito Bioy y alguna otra cosa. Del otro Perón, etcétera. Te nombra así: Adolfito Bioy. ¿Por qué no firma Ernestito o me llama Georgie? Lo hace para ser ofensivo, para que todo quede un poco trivial. Si querés borro tu nombre o pongo Adolfo Bioy Casares». BIOY: «Que lo deje como está». BORGES: «Tenés razón: si querés, podés contestar. Yo voy a contestar». No creo que valga la pena.

Lunes, 31 de diciembre. Voy a casa de Borges. Llevo un paquete de té de La Marquise de Sévigné y, de parte de Silvina, una corbata. Después de un brindis con champagne y un turrón compartido, conversamos unos minutos en el balcón, mirando esporádicos fuegos artificiales; están la madre, Norah, Luis y Miguel. Me entero de que Ghiano obtuvo el Premio Nacional de Crítica.

Refiere BORGES: «Anoche, en casa de Elvira [de Alvear] se hablaba de política. La Rubia Daly Nelson, furiosa, va al antecomedor y le dice a la mucama: “Verá el susto que se van a llevar cuando venga Perón disfrazado”. La mucama contesta: “Usted está loca, niña”. El énfasis parece puesto en disfrazado. Además, ¿por qué traería disfraz si viniera como vencedor? Como razonamiento lógico quizá tenga muchos errores. Otra buena frase de la Rubia, pero no tan buena como la de Perón disfrazado, porque las mejores no están hechas para ser graciosas, es: “Pobre niño lisiado, parece un Esopo”».

Elvira le dice a Borges que una noche tienen que ir a comer a un restaurant de enfrente, «que se llama El Asturiano Invisible… o Invencible». Después resulta que el restaurant se llamaba de otra manera y que lo cerraron hacia 1924.


Martes, 1.º de enero. Comen en casa Borges y Peyrou. Borges me muestra el artículo de Sabato.

Jueves, 3 de enero. Come en casa Borges. BORGES; «Mariana Grondona dijo que ella podría escribir crítica sobre poesía francesa, porque había leído las mejores poesías, en el colegio. Ni siquiera por elección propia. Leyó las que le señalaron». BIOY: «Leyó Las cien mejores».

Susana Bombal ha escrito una pieza de teatro, Green Wings, que se representó. BORGES: «Un hombre le pregunta: “¿Cómo va su pieza? La he visto”. Susana comenta: “Qué hombre más horrible. ¿Por qué no tiene el valor de decir francamente que mi pieza le gusta?”. A Susana le aseguraron que Roberto Levillier se había renovado; ella me explicó: “No crea eso, Borges. Fracasó con mí pieza. No se entusiasmó”».

Viernes, 4 de enero. Come en casa Borges. Leemos con admiración la carta de Johnson a Chesterfield[312]; encuentro, en la edición de Birkbeck Hill[313] que la frase «Le vainqueur du vainqueur de la terre [El vencedor del vencedor de la tierra]» usada por Johnson es una cita de Boileau, Art Poétique, III, que cita a Scudéry, Alaric, I, 1. Le leo a Borges el ataque de De Quincey a la carta[314]; no lo conocía. BORGES: «De Quincey ataca por odio al siglo XVIII y por deseo de discutir y por su manía jurídica. Esos argumentos —o es así y entonces resulta esto, o no es así y entonces resulta esto otro— parecen muy concluyentes, pero son inútiles, porque no convencen a nadie, quizá porque uno siente que la disyuntiva no alcanza al caso que se discute».

Domingo 6 de enero al jueves 7 de marzo. Bioy Casares en Nueva York, con su padre.

Sábado 16 de marzo al sábado 20 de abril. Bioy Casares en Mar del Plata.

Viernes, 26 de abril. Hablo por teléfono con Borges, que me refiere su viaje a Mendoza: «Di una conferencia sobre Lugones. Recordé su preocupación de hallar nuevas rimas —creo que dijo que había dejado quinientas rimas al idioma español—, rimas como:

Preciso es que me equipe […];

y requiriendo como un concejal flamenco,

el gorro, la bata, las chinelas de tripe.

[…]

Como esos frascos de licor que son

un Garibaldi o un Napoleón[315].

La luna, en cuyo lapso […]

tu espíritu relapso[316].

Epopeya baladí […]

para su five o’clock tea[317]

Amor que celos inculca,

[…] de una pisada bisulca[318].

Que bebe el alma en su invasora gula;

el beso que se acidula…[319]

Nadie comprendió cuando observé que esas rimas interrumpen el verso, prueban que son tales, que sólo se puede rimar amaba con cantaba, etcétera. Conocí también a tu amigo, el brigadier lírico Mauleón Castillo. (En tono paródico). Es un amante de los libros: se aseguró en dos mil pesos una colección completa de la revista Proa. ¿Te das cuenta? ¿Para qué la quiere? Y también consiguió la colección de la revista de Manuel Gálvez, Ideas. Le dije que ahí habría contradictio in adjecto, pero no entendió. Se considera San Rafael [de Mendoza] un lugar de gran tradición literaria. ¿Sabes por qué? Porque ahí vive Mauleón, porque vivió el viejito Bufano y porque aseguran que vivió —¿a que no sabes quién?—. Fausto Burgos, que escribía sobre La Rioja o Catamarca. Tienen un gran odio por la ciudad de Mendoza y mienten descaradamente. Dicen que no hay álamos en Mendoza: yo los he visto. Los de Mendoza los desprecian un poco; ellos viven en la gran ciudad. La gente se siente chilena, más cerca de Chile que de Buenos Aires. Hay muchos comunistas. El viejito Miri me dijo: «Qué me cuenta de estos libertadores[320] que mandan sus policías a detener a Neruda». «Yo le paré el carro. Le dije: “Mire, si alguien merece el título de libertadores son esta gente. Lo merecen mucho más que los de la Independencia; el dominio español nunca debió de ser oprobioso como el de Perón, Se podrá decir que es gente oscura, y un poco ridícula, y chambona, y con un pasado medio peronista, pero lo que no puede negarse es que son libertadores. En cuanto a Neruda, como se cree que es un gran poeta, parece escandaloso que lo tome la policía. ¿Por qué? ¿Él no es acaso partidario de gobiernos policiales? Pero hoy ya se postula que uno está de acuerdo, que es un atropello vergonzoso”».

BIOY: «La gente se inclina infaliblemente por le mot injuste, Los otros días, en la playa, una chica, mirando el poniente, observó: “¡Mira ese color azul del mar! ¡Es chiste!”. Un señor, sobre fotografías de la rebelión húngara aparecidas en el diario, comentaba: “¿Vieron esa de los muchachones pateando el cadáver, colgado de un poste, de un elemento de la [policía] secreta?”». BORGES: «¿A que no sabes qué epíteto usa María Antonieta Centrone para presencias? Acaba en ales. Pensá: va en el título de un libro de poemas». Como no adiviné, me dijo: «Descomunales. Qué animal. Presencias descomunales. ¿No sabe que descomunales se aplica generalmente a cosas grandes y un poco deformes?».

Me describe una bodega y dice: «Ahora uno ve los sitios como para hacer un film. Se podría hacer un film muy lindo en una bodega. Tiene algo de laboratorio científico».

Sábado, 27 de abril. Viene Borges a buscar los libros sobre Eddas y temas escandinavos, que le traje de Nueva York[321]. Me cuenta que María Antonieta Centrone visitó a Capdevila, para pedirle que firmara nuestra petición de que el congreso de escritores se postergue. Capdevila dijo: «Yo creo que debemos ir y dar batalla a los comunistas». Abundó en metáforas militares: «alta la visera», «la prominente lanza». Después aclaró que él, «es claro, con tantas ocupaciones, no podría asistir al congreso». BORGES: «Entonces, ¿para qué todas esas metáforas militares? Capdevila no quiere firmar, para no malquistarse con los comunistas. María Antonieta Centrone comentó: “Usted, don Arturo, siempre cabalgando en las nubes”. Cabalgando ¿por qué? Hubiera sido mejor simplemente en las nubes. De todos modos a Capdevila no le gustó. Pobre María Antonieta Centrone. ¿La conocés? Es una mujer fané, que pudo ser distinguida, pero que es muy cursi. Con una nariz horrible, diez mil pesos por mes como argent de poche y cuenta corriente abierta en Harrods. Su padre tiene canteras o no sé qué y le da toda la plata que le pide. Ahí en la SADE, todos tratan de sacarle plata y ella la da encantada, como antes la dio en la ADEA. Pero, la pobre, a lo mejor no tiene culpa: preguntó dónde estaban los escritores, le dijeron que en la ADEA y fue allí. Aunque evidentemente es una solterona, parece que escribe poemas eróticos, en los que se entrega, etcétera. Es un caso donde la oferta es mayor que la demanda».

Refiere que Lisa Lenson, siguiendo nuestros pasos[322] escribió la copla

En la plaza de Belgrano,

pero un poco más abajo,

hay un letrero que dice:

¿Por qué no se va al carajo?

BORGES: «Lo que está bien es el pero. ¿Por qué pero un poco más abajo? Naturalmente también Lisa propone:

En la plaza San Martín,

pero un poco a la izquierda,

hay un letrero que dice:

¿Por qué no se va a la mierda?

Habla Borges de un libro horrendo —por su formato, muy chato y ancho; por su tipografía, con mayúsculas celestes y rosadas; por su lenguaje, sin erres, que remeda al de los niños y que podría ser el de los negros— que prepara Susana Bomba! Gracias de niños, creo que se llamará, y contendrá frases de chicos. La que más le gusta a Susana es la frase de un niño en la iglesia, que le pregunta a su madre si el órgano es la radio de Dios. A Borges la frase le parece estúpida; en cambio recuerda una, muy extraordinaria, de Norah: «Los niños son anteriores al cristianismo».

Me dice que Susana Bombal es una mujer muy pomposa. El viernes santo, a la hora de la siesta, en casa de Susana, en Mendoza, hicieron las estaciones: «Hacía calor, caminar en tierra blanda me cansaba y a esa hora generalmente yo estoy dormido. Oí rezar a Susana y me pregunté quién sería el señor Pequé. A la tercera o cuarta vez entendí que la frase era Señor, pequé». Agrega: «Susana arguye que hay negros en Holanda, porque Borneo y Nueva Guinea están en Holanda». De esta señora, me comunica también la frase: «Yo llegué con mi naturalidad y todos chochos».

Oímos tangos: Ivette, El pollito, Una noche de garufa. BIOY: «Ivette, cantado por Vidal, me gusta mucho». BORGES: «Sí, qué voz. Uno adivina al cantor. Parece muy gordo, con feo olor, sudado y está muy cerca. Es moralmente una inmundicia, pero una inmundicia nacional». BIOY: «También me gusta mucho Una noche de garufa». BORGES: «Sí. Tendríamos que escribir cosas criollas. Voy a dictarle a Madre el cuento de Juan Muraña[323]. No creo que me equivoque. Es lo que podemos escribir mejor. Ah, esto es Una noche de garufa. Tiene algo galano, pero está muy bien. A veces, de noche, vuelvo a casa tarareándolo; pero no sabía que era Una noche de garufa; creía que era El invencible. Cuando yo estaba en Europa, esto era Buenos Aires. Lo tocaban bastante. Yo me sentía con algún derecho».

Hablamos de Morón y los Dabove. BORGES: «¿Te acordás del cuento que nos contó Dabove, y que ha de ser mentira, del individuo que vivía en un pueblo, Morón o algo así, y heredó?: “Heredó y se mudó al quilombo”. Es perfecto. Si se dijera: “se fue a vivir al quilombo”, o “se mudó al prostíbulo o al lupanar” no valdría nada. Se mudó al quilombo. ¿Y lo aceptarían ahí? Pero no hay que escribirlo; no hay que hacer un cuento de Maupassant, sobre las incomodidades del individuo, o sobre cómo se acanalló; o sobre su destino: si llego a regentearlo o a ser portero».

Me cuenta que Faulkner, en un artículo, dijo que la mejor ocupación para un escritor era la de regente de prostíbulo: se puede trabajar todo el día, de noche hay ocupaciones (o entretenimiento) y las obligaciones son precisas[324]. BORGES: «Está bien Faulkner escribiendo eso». BIOY: «Sí, sobre todo si uno recuerda que un escritor no es nada, si no es una conciencia».

Recuerda que en un pueblo de Entre Ríos, cuando pasaba algo, iban a buscar al comisario al quilombo.

Domingo, 28 de abril, Borges cita frases populares: «¿Por qué no te metes en un pozo y oís música de tierra adentro?»; «¿por qué no te hacés hervir y después te tomas el caldo?». Comenta: «¿Qué le pasa a Buenos Aires? Está muy inventivo».

Me habla de un comentario de Valéry sobre que no es necesario conocer la personalidad de Homero para apreciar «la beauté marine de l’Odysée[325]». BORGES: «Está mal que un gran escritor ponga ese epíteto en esa frase. Escribió la beauté de l’Odysée, le pareció pobre y agrego marine. Parece vano e irresponsable». BIOY: «Galano». BORGES: «Sí, es la palabra». Habla de gemelos de teatro, de dandies, de chales de seda blanca, y concluye: «Y al fin y al cabo, sostener que la biografía de los autores no es necesaria para apreciar las obras es lo que siempre se creyó; toda la antigüedad opinó así; sólo en el siglo XIX apareció la extraña teoría de que la obra vale como expresión de la personalidad. No creo que Johnson creyera eso, ni que hubiera pensado en eso».

Después de referirnos mutuamente frases y anécdotas, comenta: «¿Qué prueba esto? Que la literatura da para dos líneas; después todo es una lata espantosa, Milton, Homero».

Lunes, 29 de abril. Toda la tarde en casa. Hablo por teléfono con Borges y con Peyrou.

Miércoles, 1.º de mayo. A la noche vienen a casa Borges y Peyrou. En el grabador que traje de Nueva York, Borges graba «animosos»; por fin, Peyrou. Leo algunas coplas de «letreros»; también la del ratón y su variante, la del conejo:

Mucho a las penas no atiendo

y en todo imito al conejo

que vive alegre y cogiendo

hasta morirse de viejo.

Buen éxito.

Sábado, 4 de mayo. Por la noche, llama Borges, para contarme cuestiones de política de la SADE.

Miércoles, 8 de mayo. Comemos en casa Borges, mi padre, Silvina y yo. Con Borges, trabajamos en el Libro del cielo y del infierno. Dice: «La poesía de Mastronardi está podrida de vanidad».

Hablo de Yuan Mei[326], de la fraternidad que siento hacia ese escritor distante. BORGES: «No la sentirás por un argentino o por un español o por un inglés. Para que uno sienta esa hermandad el poeta tiene que estar lejano en el tiempo y en despacio». Recuerda después a los poetas chinos, que dejaban testimonios poéticos de los momentos de sus vidas. «Fernández Moreno lo hizo muy bien», agrega. «Es un gran poeta chino», digo, sin ironía. BORGES: «Al principio escribió:

Sólo te vi dos veces

y esta tercera estabas muerto

¡oh, Benjamín Taborga!

Suprimió después la primera línea; hizo bien; empezando:

Y esta tercera vez estabas muerto[327],

Y esta tercera vez estabas muerto[327],

ya se suponían las dos anteriores».

Dice que no publicará en la revista el poema que Wilcock le mandó: «No lo entiendo. Sólo se explica por esa vocación de Wilcock de crear situaciones incómodas».

Sobre Esther Zemborain y el hecho de que fue como delegada a un congreso internacional, comenta: «Si ella puede ir, ¿quién no puede?».

De Miguel Alfredo Olivera dice que es un muchacho petulante y muy solitario. SILVINA: «¿Tiene una voz horrible?». BORGES: «Probablemente. No sé. Pero si no la tiene, es un argumento contra él el que uno crea que la tiene. Una persona que da la impresión de tener una voz, horrible y tiene una voz normal, debe de ser un poco alarmante».

Cuenta que a la tarde estuvo en esa sociedad lingüística de la señora de Bastianini; Olivera dio una conferencia y después hubo debate: «Olivera estuvo demasiado hispanófilo, pero yo le di la razón. Si uno quiere hablar un idioma que nadie entienda, mejor no hablar nada. La ventaja del español es que puede ser entendido por mucha gente; debe uno tener un español universal. Alguien dijo que el pueblo estaba creando un nuevo idioma y que los escritores y los gramáticos no podían ignorarlo. Yo le contesté que esa idea era de escritor o de gramático. En cuanto a las palabras inoculadas, son meros sinónimos, de vigencia más o menos duradera; nadie las conoce con exclusión de las palabras de que son sinónimo: nadie sabe chafe e ignora policía, nadie sabe marracó e ignora pan. La prueba está en que esa gente se pasa la vida leyendo diarios, y los diarios no están escritos en lunfardo. La de Bastianini sostuvo que todo eso era parte de una polémica entre los partidarios de los blancos y los partidarios de los indios; que ella no era partidaria de los blancos, y que todos éramos descendientes de Calfucurá. “Todos, desde luego —respondió Olivera—, salvo usted, señora, y los señores que están aquí, y yo.”». Borges le dijo que ese gran amor por los indios no la había llevado a saber nada de los indios y que esos mismos estudios eran más propios de blancos que de indios: los indios vivían en la indiferente ignorancia de todo, incluso de lo concerniente a ellos mismos. La de Bastianini contestó que vivíamos en una civilización de blancos, pero que probablemente nos rodeaban muchos monumentos dejados por los indios y que nosotros no sabíamos ver. Borges no hizo hincapié en la naturaleza invisible de tal estatuaria. BORGES: «Todo ese amor al indio vino del Norte. De México y del Perú. Esta gente (como la Bastianini y los que entre nosotros piensan como ella) es tan inescrupulosa que ni siquiera leen los libros que más admiran. El Martín Fierro es una biblia para ellos. Bueno, se asombrarían si uno les dijera que en su biblia se habla con desprecio y con horror de los indios. El ambiente del libro pasa de ser salvaje a ser demoníaco, infernal, cuando Fierro cae prisionero de los indios. No sé quién dijo, a los indios que había cerca de Tapalqué, que en el Azul había otra toldería[328]: lo oyeron sin el menor interés».

Hablamos, después, de Reyes y de su deseo de ganar el Premio Nobel. BORGES: «Los premios no ayudan, en la posteridad, a nadie. Para Schiavo, sí, son la única posibilidad de que lo conozcan; pero si uno no es Schiavo, no recibe mucha ayuda de los premios».

Sábado, 11 de mayo. Busco a Silvina y a Borges en la pensión de la calle Berutti, donde viven Leda Valladares y María Elena Walsh. Me muestran éstas unos cuadros que han pintado, d’une laideur à faire reculer les étoiles [de una fealdad capaz de hacer recular a las estrellas], según observa (después) Borges. También me muestran un «montaje fotográfico» hecho por María Elena: un cuadro, que representa a una mujer, a la que agregó la cabeza de Mauriac viejo. No puedo decir nada ante estas cosas: ni ante las pinturas ni ante el montaje. Parece increíble que fealdades tan modestas me ofendan. Con todo, se sortean estos escollos —a pesar de la susceptibilidad de las dos muchachas— y prevalece la cordialidad.

Borges pregunta, cuando comemos (ya en casa), qué pienso de Lanza del Vasto. «No soy un juez imparcial —agrega—, porque estoy en favor de Francia y contra Argelia». Lanza del Vasto ha cumplido un ayuno —una huelga de hambre— para obligar al gobierno francés a cambiar su política en Argelia, o para despertar la conciencia del pueblo francés ante lo que según él son los excesos de esa política. BORGES: «Yo encuentro una objeción contra las huelgas de hambre. Creo que cada uno debe ser responsable de sus actos, pero no debe hacer responsable de ellos a los demás. Mi padre decía que si alguien está en contra de otras personas, no está mal que las ataque y corra el riesgo de ser castigado, pero que iniciar una huelga de hambre no le parecía una actitud de hombres ni de valientes. Es como arrojarse al suelo y llorar. Tiene algo de retirada: una retirada bastante incómoda, por cierto. Tal vez uno piense todo esto porque sea una manera nueva de combatir, como las bombas atómicas». BIOY: «En toda huelga de hambre hay algo de chantage». BORGES: «Es lo que dijo Peyrou»,

Oímos discos; Una noche de garufa («Es la patria», repite Borges, como siempre), Flor de fango, Ivette (cantados por Gardel), Ivette (cantado por Jorge Vidal). Conviene conmigo en que éste es mucho mejor. BORGES: «Ahora, el individuo es canallesco, casi es como si Perón cantara».

Trato de que oiga —sabiendo que no lo aprobará—. You Don’t Owe Me a Thing de Johnny Ray. Mientras lo oímos, cuenta la historia de Firdusi: las monedas de oro prometidas por el sultán (una por cada verso), los camellos cargados que las trajeron, cuando Firdusi estaba en una casa de baños. Por consejo del tesorero del Estado las monedas, sesenta mil, eran de plata; Firdusi, enojado, regala treinta mil al hombre de los baños y treinta mil al que le sirve una copa de cerveza; después debe emigrar; el sultán quiere matarlo; por fin el sultán se arrepiente y cuando manda los camellos con las monedas de oro, éstos se cruzan con el entierro del poeta.

Lunes, 13 de mayo. Borges me habla de Milton. Dice que Cristo no es solamente una imagen y una filosofía; también es un estilo. Que por eso está muy mal el diálogo, en Paradise Regained, entre Cristo y el Diablo[329]. Cristo no se reconoce como tal: habla como un abogado o como un teólogo, con palabras abstractas, cuando en esa conversación, para dar tono de antigüedad, sólo se deberían emplear palabras concretas. Versos como:

Of God the Garden was, by Him in the East

of Eden planted[330]

parecen admirables, por su simplicidad. Dice que The Ballad of the White Horse de Chesterton es perfecta por su vocabulario: «En Milton, no sólo Cristo y el Diablo hablan como señores del siglo XVII: Dios mismo habla así, lo que es absurdo. Dios tendría que ser lacónico, enigmático e inapelable; tendría que hablar por fórmulas».

Jueves, 16 de mayo. Voy a la SADE; allí están Borges, González Lanuza, José Luis Lanuza, Fermín Estrella Gutiérrez, Adela Grondona, Miguel Alfredo Olivera, Ghiano, Wally Zenner, Ledesma, Marcelo Menasché, Clemente, Ratti y otros. Borges, con el aire grave de quien habla de asuntos vitales que lo conciernen profundamente, que toma para tratar estas politiquerías de la SADE, explica su plan (que se acepta): mandar a Erro una lista de dieciocho nombres; que él saque nueve de nuestra lista; que nosotros saquemos nueve de la suya; que se forme así una sola lista, con Erro a la cabeza, para luchar contra los comunistas. Yo digo que no quiero ir en la lista; me incluyen; a otros, que quieren ir, los dejan afuera. Para complacer a Borges propongo que incluyan a Wally.

Lunes, 20 de mayo. Borges me cuenta que anoche comió en Morón, en casa de César Dabove: «Ese hombre está tristísimo. Bueno, tal vez no alegre tener en el frente de la casa vidrieras llenas de juguetes. Él quería mucho su casa, y estaba un poco orgulloso. Una casa de antes, de las que ya no quedan —¿o todas en Morón serán así?— con varios patios. Y ahora le han estropeado el frente con esas vidrieras y esos juguetes. La comida era muy importante, no sólo cualitativa sino cuantitativamente. Bueno, era riquísima y muy cuidada. Primero puchero de gallina, con todo: papa, batata, garbanzos, arroz; después una fuente de raviolada; después el caldo del puchero de gallina; después no había postre: se habían olvidado del postre, lo que parece raro en una comida tan cuidada. La conversación fue demasiado típica. Se habló de los guapos de Morón y de la mujer sueca. Parecería que no hay nada intermedio entre el pueblito de la línea del Oeste y la nación escandinava. Es como si Dabove hubiera viajado en alfombra mágica, como si no hubiera hecho escalas en ninguna parte. Habló de un grupo de guapos, todos cocheros y carreros, que no se metían con la gente decente; peleaban y se exterminaban entre ellos. Los hechos y hasta los nombres eran un poco ridículos. Sabés cómo uno de ellos, para manifestarle desprecio, sacó a otro de una cancha de pelota. Se presentó con una escoba y lo sacó a golpes y como barriéndolo.

El barrido se fue a otro punto y no se supo más de él. El último que quedó, el último sobreviviente de ese grupo heroico, era un petiso apodado “Culito para afuera”. El pobre en sus últimos años era barrendero. Dabove, de chico, lo conoció. Podría escribirse un cuento, “Valhalla humilde”: Un grupo de personas ignorantes, casi dementes, que tienen el culto del coraje. No son criminales, no roban, no molestan a la gente. Se exterminan entre ellos. Son muy humildes. El último fue barrendero. ¿Te das cuenta? Es perfecto. Creo que algunos eran italianos». BIOY: «¿Estaba Peyrou?». BORGES: «No». BIOY: «Qué suerte. Cómo hubiera sufrido». BORGES: «A mí me parece que no importa que alguno fuera italiano. Todos eran criollos. Además, entre gente culta, puede importar el origen de los abuelos: hay tradición y lecturas. Pero entre gente así no importa. Son como animales. Los hechos obran en ellos inmediatamente».

Me conmina a no faltar esta noche a la SADE: «Con Erro hay que tener cuidado. Es an old hand, un político avezado. Con él presente, uno por cortesía quién sabe lo que acepta… Si hasta una vez lo vi discutiendo con González Lanuza y no se daba el trabajo de contestarte las razones: las hacía a un lado con gruñidos. Y lo peor es que el otro, insistiendo con sus razones, parecía pueril: casi como sí hiciera morisquetas». Le aseguro que iré esta noche pero me burlo un poco de sus cavilaciones. No creo que Erro llegue con propósitos secretos: quiere ser presidente; con quién, no le importa mucho, sobre todo tratándose de gente de esos grupos. «Al fin y al cabo —le digo—, no es gente tan distinta la suya de la del grupo nuestro». Sin disentir, Borges comenta: «No son escritores. Son casi escritores, como Barreiro y ese animal de Aramburu» (no el general; el colaborador, sobre temas jujeños, de La Prensa).

Después de comer voy a la SADE. No tengo que explicar laboriosamente mis motivos para no participar en la lista, porque no me han incluido en ella. Al rato llegan Pirro, resoplando como una poderosa locomotora, y Barreiro, muy amistoso conmigo, leemos la lista. Alguien dice que Luis Emilio Soto no aceptaría su inclusión para la vicepresidencia ni Bagú la suya para secretario. «Ah», exclama Pirro, y sacude la cabeza, indicando que la no participación de esos escritores echa por tierra todos los planes: resulta, ¿quién lo diría?, que son insustituibles. Otro valioso, cuya colaboración se han asegurado, es Eandi. Yo siempre confundo entre sí a Eandi y a Soto, acaso por el aire de preocupación y por la mirada despierta y profunda (rasgos notables de uno y otro) o, más bien, por el tedio que producen ambos. Un modo de identificar al autor de Hombres capaces es dejar que hable: Eandi emite entonces una voz aflautada, bastante típica de muñeco de ventrílocuo. Peyrou repasa la lista y dice: «Éste es democrático, éste puede ser cabeza de puente para los comunistas». Entre los probables cabezas de puente están Bagó, un tal Larralde, una señorita Cartosio y, según creo, Alfredo de La Guardia. Se discute sobre la oportunidad de la entrega del Premio de Honor. Manucho Mujica Lainez es partidario de que lo entregue la futura comisión, «respetando la tradición de solemnidad que ya tiene ese acto». Oigo la frase sin recordar que es él quien deberá recibir el premio con esa deseada solemnidad. Vuelvo a casa y, en camino, voy dejando a Peyrou, a Borges, a Wally, a Olivera y a Ledesma.

Miércoles, 22 de mayo. Come en casa Borges, Habla de Chaucer —a quien empieza a admirar—; refiere el argumento de Troilus and Criseyde, recita versos, habla de la palabra Oon, que luego se transformó en One.

Cuenta que Elias Cárpena leyó en la Academia un discurso en que todas las frases eran gramaticalmente injustificables. BORGES: «Lo raro es que lo tuviera escrito».

Jueves, 23 de mayo. «Lo malo —dijo Julia Peyrou de Margarita Bunge— es que es tan linda, que la gente cree lo que dice». Borges comenta: «Las mujeres se equivocan sobre la belleza o la fealdad de las mujeres. Yo sospecho que tienen un criterio abstracto para la belleza de las otras mujeres —facciones regulares, color de la piel y del pelo— pero que no la sienten». BIOY: «Yo creo que las que quieren enflaquecer encuentran lindas a todas las mujeres flacas; las que quieren engordar admiran en las otras las carnes. Pero, más bien, todas admiran a las flacas».

Viernes, 24 de mayo. Comen en casa Borges y Peyrou. Borges me habla del cuento (o poema) que prepara, acerca de una persona que ha visto algo que, cuando muera, desaparecerá con ella: el recuerdo de un hecho de armas, de una mancha en la pared[331]. Me pregunta si debe añadir que la muerte de esa persona se posterga porque el mundo necesita, para algún fin, que el hecho aquel dure un poco más. Le digo que no. BIOY: «Es un agregado. Crea un misterio innecesario, al que no podrás contestar. Me parece que el cuento queda menos puro: le agregas algo construido, que huele a literario, a fantástico, a policial. Lo esencial del cuento es algo sentido, que el lector sentirá en cuanto lea». Borges dice que al principio él imaginó el cuento con esa complicación. BIOY: «Es un agregado original del que tenés que librar al cuento». Borges está de acuerdo; «Se cae en el misteriosismo, como decía Macedonio». Él o yo decimos la palabra cheap, con esa misteriosa trascendencia para el mundo, el cuento se vuelve más cheap.

Oímos Ivette, por Gardel y por Vidal. Borges me confiesa que la primera vez que oyó a Vidal no le gustó; ahora lo aprueba efusivamente. De Gardel dice: «Es un ciclista que se aleja rápidamente, saludando con la mano»; le parece un poco vano y muy trivial.

Estos versos de Flor de fango le divierten;

Te hiciste tonadillera,

pasaste ratos extraños[332].

Hablamos de prosa. Comento un discurso que oí en la embajada de Israel el miércoles pasado: parecía una traducción del español corriente, diríamos humano, al periodístico. Todo era en base a, la proyección del factor cultural, la dimensión espiritual, la geometría de las relaciones de la Argentina e Israel BORGES: «Se pasan la vida leyendo diarios. Llegará un día en que si uno dice: “Mire, amigo, yo creo que tendríamos que reunirnos de vez en cuando” no lo entenderán». BIOY: «Hay que huir del sinónimo. Cuando la gente hace literatura —el arquitecto diciendo planta tipo, o el embajador preparando su discurso o el malevo aplicando su frase en lunfardo— traducen al idioma de los sinónimos. Como observaste del lunfardo, ese idioma “culto” está hecho de sinónimos. Cada palabra está en lugar de otra».

Hablamos de Don Segundo Sombra. Digo que es un libro muy admirado en todo el continente. Borges conviene conmigo en que es peor aún que Doña Bárbara. BIOY: «Doña Bárbara es una novela; Don Segundo es una kermesse, una revista teatral, un desfile». BORGES: «El plan es burdo, aburridísimo, comparable a una fiesta criolla en la [Sociedad] Rural: primero un cuadrito, después otro: un baile, una doma, una yerra, etcétera… una serie de números gauchescos… Fuera del país creen que es superior al Martín Fierro. Ven al Martín Fierro como un private joke de los argentinos. Imaginan que Don Segundo es más auténtico. El estilo de Don Segundo ha envejecido notablemente, más aún que el de La gloria de Don Ramiro. El de La gloria estaba hecho para parecer viejo y describir casas ruinosas». Bigy: «En cada frase Güiraldes descubre su torpeza para la expresión; la gran dificultad que tiene para ser escritor». BORGES: «Sí, tenía mucha dificultad para expresarse». Recuerda una de las primeras frases del libro: «La pesca misma parecióme un gesto superfluo…»[333]. BORGES: «La pesca un gesto: ¡qué animal! Poco antes emplea una palabra como chuscada, una palabra que no tiene nada de criolla. No se daba cuenta del ambiente de las palabras: de pronto se olvidaba del tono criollo y escribía: Arriméme». Hablamos del éxito del libro. Borges dice que Lugones lo saludó con un artículo muy elogioso[334]: «Sin embargo, debía saber que él había hecho lo mismo, pero mucho mejor, en El payador. Quizá le bastaba con el tema, y él mismo tenía una tendencia al cuadro, pero ¿cómo no vio que en El payador estaba contenido y superado Don Segundo? En El payador hay otra amplitud, campos más grandes y más solos. ¿O será otra superstición El payador?». BIOY: «También Lugones echa mano a los sinónimos, por eso es casi ilegible. Que sea ilegible es una lástima, porque recuerdo algunos capítulos del Payador —una descripción de las faenas del campo, en que todo parece enorme, el campo, los caballos, los rodeos, los asados— como muy hermosos».

Hablamos del poema del bardo galés Taliesin sobre sus transmigraciones: guerrero, espada, estrella, árbol, libro, etcétera[335]… Borges cuenta que su madre le leía un pasaje de Empédocles de Agrigento en que el filósofo decía que había sido «doncella, rama, ciervo, salmón» y que de pronto interrumpió esta enumeración para comentar: «Cada vez más sonso». BORGES: «Nunca pensó el filósofo que lo comentarían así. Es como otra transmigración».

Dice Borges que es un error creer que sólo la prosa china es valiosa y que los poemas son indiferentes. Asegura que el poema titulado «El prisionero», de Po Chü-i, en los Chinese Poems traducidos por Waley, es extraordinario: refiere la historia de un chino, tomado prisionero por los tártaros, y a quien los chinos, cuando vencen a los tártaros, toman prisionero, porque lo declaran tártaro[336].

Procuro, ineficazmente, explicar el encanto de Six Chapters of a Floating Life, de Shen Fu, que estoy leyendo. Hablamos del budismo zen, del doctor Suzuki y de un libro que Borges me prestará sobre el asunto.

Sábado, 25 de mayo. Come en casa Borges. Hablamos de negros norteamericanos, que viven en conventillos y tienen Cadillacs. BORGES: «Así era la gente aquí durante el peronismo. Se echaban encima todo lo que tenían. Vivían cinco en un cuarto y tenían Frigidaire. Bueno, yo he conocido escritores, como Rega Molina, que aun cuando hacían mucha plata seguían comiendo en la lechería. Otros andaban con un pedazo de queso, envuelto en un papel de diario, en el bolsillo. U otros —pero esto ya es simpático— que han sido muy pobres y no se atreven nunca a hacer ciertas cosas. Por ejemplo, Mastronardi sufre mucho si lo llevas a un buen restaurant. Sin duda tiene miedo. Piensa tal vez que allí hay que ejecutar ritos misteriosos, y que él va a fracasar, por no saberlos, y que quién sabe lo que cobran: tal vez uno salga endeudado para el resto de la vida. Tiene miedo, como uno tiene de entrar en una sinagoga». BIOY: «O yo de entrar en una boîte». BORGES: «Yo también. Volviendo a Mastronardi, hay que reconocer que es bastante hábil. Se ha asegurado una fama considerable». BIOY: «El caso de la fama de Mastronardi es extraño. Sólo ha escrito, puede decirse, un poema, “Luz de provincia”. Este poema no es tan extraordinario y casi nadie puede leerlo, porque no se reimprime. En alguna editorial esperan que Mastronardi lleve los textos; Mastronardi demora».

Hablamos de las diversas famas. Decimos que hay escritores que logran varías ediciones, que encuentran editores para sus libros, que obtienen premios, son académicos un día, los traducen a diversos idiomas, y no pasan de tener una fama trivial. Nadie recuerda una línea que hayan escrito; probablemente, cuando mueran, morirán enteros. BIOY: «Sus libros, más que libros, son boletos o entradas. Sirven para el progreso del autor, pero no subsisten. Silvina Bullrich tiene fama de esta especie. Loncán es otro caso clásico; Armando Braun Menéndez, otro. Schiavo es peor; sólo le sirve el título de escritor, reforzado por el de católico, para obtener puestos municipales. En el país hay mucha gente así, de la que se sabe que escribe, sin entrar en detalles: la circunstancia es una suerte de distinción favorable, un título que sirve para alcanzar cargos y honores. Hay casos más tristes: la gente no sabe meramente que escriben sino que sabe o cree saber que escriben mal; esto descalifica a esas personas, las vuelve ridículas; véase la pobre Wally Zenner. Un ejemplo de autor de obra nula y desagradable, que supo crear una leyenda, rodearse de algún misterio y quedar como el poeta por excelencia, es Molinari». BORGES: «Aprovecha todo. No tiene la limitación de los provincianos: es un poeta continental. Tampoco es urbano; es genuino, como los hombres de tierra adentro. Sin embargo, no creas que es de muy lejos. Es de Lands». BIOY: «Tiene viveza de indio. Silvina Bullrich no puede aspirar a tanto. Es demasiado crasa, demasiado realista, demasiado impaciente. Augusto Mario Delfino y Beatriz Guido también son dueños de famas del tipo trivial. Su posteridad dependerá de los requerimientos de futuras antologías y de colecciones de autores argentinos. Quienes escriben cuentos sufren en vida, pero dan a los editores un material más manuable y tienen más chance de posteridad. Autores de muchas novelas largas e ilegibles, como Mallea, corren el riesgo de hundirse en el olvido, al día siguiente de la muerte, como si fueran un montón de plomo». BORGES: «Lo raro es que Mallea es muy inteligente, es un observador irónico, que descubre las cosas ridículas de la gente. Cuando escribe no sabe aprovechar sus méritos. Tal vez a nosotros nos pasaría lo mismo si dibujáramos». BIOY: «Mucha gente nunca averigua en qué consiste el trabajo de escribir: creen que el trabajo es estar sentado y cubrir páginas y páginas. No saben que hay que corregir; mucho menos, con qué criterio corregir. Prefieren, porque halaga la vanidad, creer o esperar que todo lo que salga de su pluma sea valioso. ¿Cómo dudarlo? Dudar sería dudar de ellos mismos, de su vocación, etcétera». BORGES: «Fernández Moreno era así: “¿Quién soy yo para corregir lo que he escrito?”, preguntaba». BIOY: «Era muy vanidoso, el pobre, pero va a quedar. Es un gran poeta. Lo que ha escrito tiene razón de ser. Otros escritores y su obra quedarán como si nunca hubieran existido: por ejemplo, Suárez Danero».

Hablamos de Ingenieros. Su fama desaparece rápidamente. BORGES: «Es una fama como la de Krause en España. En el continente lo respetan, todavía creen en él». Dice Borges que los comunistas quieren apropiarse a Ingenieros: Agosti, Bagú han escrito biografías[337]. BIOY: «¿Vos creés que contarán anécdotas?». BORGES: «No, creen que las anécdotas están por debajo de su dignidad». Recuerdo el libro de Agosti: mal escrito, vago y abstracto. BIOY: «¿Qué pasará con Ramos Mejía?». BORGES: «Rosas y su tiempo es un libro muy lindo. Cada vez que alguien quiera saber algo sobre el tiempo de Rosas —Mansilla dice que hay que escribir Rozas, porque el nombre vino del verbo rozar[338]— lo leerá». BIOY: «Hay que escribir sobre temas concretos». De Arciniegas, digo que es un Erro continental.

Comentamos títulos absurdos. Recuerdo Libertad bajo palabra de Octavio Paz: «A continuación del título vigoroso, poemas deshilachados. Pero no agradables, no vayas a creer: en cuanto asoma la posibilidad del agrado, el poeta reacciona, no se deja ganar por blanduras, y nos asesta una vigorosa, o por lo menos incómoda, fealdad. Así cree salvar su alma».

Después de comer busco, en el Dictionary of Islam de Hughes, textos que puedan servirnos para el Libro del cielo y del infierno. Entre otros, leo: «Un árabe encontró al Profeta y le dijo: “¡Oh, Apóstol de Dios! Me gustan los caballos. ¿Hay caballos en el Paraíso?”. El Profeta respondió: “Si vas al Paraíso, tendrás un caballo con alas, y lo montarás e irás donde quieras”[339]». Propongo que agreguemos: «El árabe replicó: “Los caballos que me gustan no tienen alas””. Así lo hacemos. En total copiamos a máquina cuatro textos».

Domingo, 26 de mayo. Por teléfono, Borges me dice: «La Morte d’ Arthur es un libro muy desagradable, enfermizo. En él, todo ocurre como en un invernáculo. No hay duda de que es romántico, en el peor sentido. Qué raro que a tanta gente le guste. Tiene algo enfermizo, como Rossetti y Baudelaire. Y todo es falso. El autor no cree lo que escribe. La diferencia entre la Morte d’ Arthur y todos los libros celtas e italianos que tratan de cosas heroicas, por un lado, y la Chanson de Roland, los libros germanos y los escandinavos, por otro, es que los autores de los primeros no sentían la épica; los segundos escriben sobre algo que creen: por eso sus libros son extraordinarios. Los otros son parodias de época. El Orlando Furioso ya está hecho en broma; empieza el libro con un hombre que mata a cientos. Está hecho en broma, por eso no está mal. En la Morte d’ Arthur todo parece irreal. Es la diferencia que Shaw señala entre Bunyan y Shakespeare. Shakespeare no pudo inventar al señor Valiente-por-la-Verdad[340]. Shakespeare es como una pesadilla. Es un literato».

Sobre las biografías: «Qué verdad lo que dijo Mark Twain: “Nadie puede comunicar la verdad sobre sí, ni tampoco ocultarla”».

Miércoles, 29 de mayo. Comen en casa Borges y Pepe Fernández. Hablamos de los gremios, del gremio de los escritores. BORGES: «Los otros días dijeron en la SADE que la nueva comisión debería ocuparse más de asuntos gremiales. A todos les gustan esos asuntos. ¿Qué son? Contrato tipo, obligación de los editores de publicar libros argentinos y otras miserias. En el Paraguay pedirían que se publiquen libros paraguayos. No los hay, pero eso es un detalle. Que la gente lea nada más que libros argentinos; que se joda. Esas mismas personas se alegran cuando se enteran de que en el extranjero leen libros argentinos. En realidad, nosotros no deberíamos estar en la SADE. Toda sociedad gremial está emparentada con el gangsterismo. Los agentes literarios, con el pretexto de cuidar los derechos de los autores, están en contra de la difusión de la cultura. El que es muy partidario de todo ese lado miserable de la profesión es González Lanuza. Bueno, no fue comunista en vano. Los otros días dijo en la Biblioteca que él no colaboraba donde no le pagaban; por principio, por solidaridad gremial. ¿Y qué me decís de lo que pasa con los jubilados? No pueden colaborar en ninguna parte. A Josué Quesada no lo dejan publicar cuentos —bueno, habrá que ver lo que serán esos cuentos— porque está jubilado. Y lo peor es que la jubilación suele ser obligatoria». BIOY: «Tenía razón Spencer: El individuo contra el Estado. Todos estos que están inventando estas cosas lo hacen para defender a la gente contra abusos, pero están haciendo un mundo terrible».

Hablamos de la pieza de teatro de Gloria Alcorta[341]. Pepe Fernández dice que la pieza se anunció profusamente, con enormes carteles en los subterráneos y por todos lados, y que el día del estreno fueron unas diez personas, de las cuales cinco eran amigos que aplaudían y los otros cinco, espectadores que silbaban. Al día siguiente no fue nadie. La dueña del teatro, por este motivo, se enojó con Gloria, y la pieza no volvió a representarse. Gloria estaba muy triste, casi enferma. «Preferiría haber fracasado», le aseguró a Pepe. Borges comenta: «En cierto modo fracasó. En una forma muy fría y muy total». Al rato me dice: «Te voy a contar un secreto (riéndose): a Susana Bombal le han asegurado que alguien le habló de su pieza de teatro a Ginastera, y que éste se interesó y que parece que va a ponerle música. ¿Cómo se le puede poner música a una pieza de teatro? La va a convertir en una ópera. No es en verso. También podría ponerle música a una enciclopedia. Yo creo que Susana no examina las cosas tan de cerca: entiende que es algo favorable y se alegra».

Recordamos ciertos modos de hablar que se van perdiendo. BORGES: «No sé si vale la pena luchar para mantenerlos. Si la gente dice, a la española, comer por almorzar; no vale la pena oponerse. Sería librar una batalla perdida y no muy interesante».

Dice Borges que Clemente no tiene ninguna sensibilidad para las palabras: «En una memoria de la Biblioteca escribió que en charlas radiales habían intervenido descollantes figuras de nuestro medio».

Jueves, 30 de mayo. Come en casa Borges. Me refiere que Alicia Jurado mandó un artículo a Ficción, la revista de Goyanarte; de la revista la llamaron para pedirle que tradujera una cita que había hecho. BORGES: «Me parece que eso está mal. El autor debe decidir esas cosas, no el editor. En Emecé también se metían con los textos de uno. A lo mejor estas personas se indignan por el arte dirigido en Rusia. ¿Con qué derecho? En una enciclopedia o en una obra didáctica puede justificarse la exigencia de que todas las citas estén traducidas, o lleven la traducción en notas, y que haya uniformidad; en obras literarias, no. En una obra literaria quien debe resolver esas cosas es el autor».

Hablo del Po Chü-i de Waley. BORGES: «Las biografías de poetas chinos de Waley[342] son malas, se ve que sabe muy poco de esas vidas, son antologías comentadas. Se fundan en la suposición de que todo lo que un autor escribe es autobiográfico. Si tuviera otras fuentes, quizá no recurriría tanto a los poemas».

Lo llevo a su casa. En el automóvil, dice que estuvo pensando en un poema muy castellano, que algún poeta español tiene que haber escrito. Los versos serían así:

¿Qué comes?

Y que te come la envidia.

¿Qué rascas?

Y que te rasca la afrenta.

¿Qué hurgas?

Y que te hurga el pecado.

BORGES: «Al pobre no lo dejan hacer nada. Es un poema muy implacable, muy castellano. Habría que hacer una antología, para deslizado adentro. Tendrían que proponerse también acciones que nadie intenta; por ejemplo:

¿Qué muges?

Y que te muge la muerte».

Sábado, 1.º de junio. Come en casa Borges. Habla de la conferencia que pronunció a la tarde Capdevila en la Biblioteca. Las absurdas tesis: los criollos hicimos nuestra revolución para salvar el hispanismo, traicionado por Fernando VII; Rosas es un mero plagiario de Fernando VII; el argentino siempre plagia: a España, a Francia, etcétera. Comento la tendencia de algunas personas a pensar despropósitos cuando escriben o hablan para el público: «Tal vez el origen sea una incapacidad para imaginar objeciones. O tal vez no, tal vez creen esas personas en la división del trabajo: proponen sus hipótesis y dejan a otros la tarea de objetarlas. Por lo menos, dan algo, inventan algo: eso hay que agradecerles».

Parece que, a Lisa Lenson, Capdevila llama «divina libélula». Según Borges, la libélula tuvo un disgusto porque una anciana harapienta le dijo delante de la gente: «Lisíta, te reconocí en seguida por el mentón fuerte». Resultó ser una condiscípula: lo que no convenía ni por razones sociales ni cronológicas.

Dice Borges que la señora Bibiloni de Bullrich hizo una comparación análoga a «une boîte à lettres est un engin cramoisie destiné à la circulation des symboles [un buzón es un artefacto carmesí destinado a la circulación de los símbolos]», sólo que adecuada a sus medios intelectuales y más misteriosa; dijo la señora que en el piso de no sé qué casa faltaban unas tablas y que ella cayó al sótano «como esa mujer que cae con los brazos abiertos». Borges pregunta y contesta: «¿Quién es esa mujer que cae con los brazos abiertos? Sin duda, ella misma. Si no, ¿quién es? La razón de esa comparación misteriosa ha de ser o la fascinación de decir esa mujer o el agrado vanidoso de representarse a sí misma, de mostrarse».

Habla de la lista de la SADE, que mejoró, porque salieron los posibles comunistas, Bagó, Luís Emilio Soto, Emma de Cartosio y Ayala; entraron, en cambio, Luciano Rottin, Adela Grondona y acaso Wally Zenner. BORGES: «Lo que son las mujeres. Wally en seguida lo apestilló a Rottin y le dijo que ya que él entraba en la lista debía moverse, ir al interior y poner automóviles para que los otros trabajaran. Le sacó dos automóviles. Tal vez no fue una gaffe, tal vez a él le gusta que lo consideren rico —no puede creer que lo eligen por buen escritor—; hay que ver que es un hombre que empezó con nada y que tal vez no sea tan rico. Desde luego, para la SADE es riquísimo».

Habla de un poeta uruguayo que en una composición sobre el cigarro dice que «su abuelo gaucho con el fuego de su emoción encendía el cigarro del ideal». BIOY: «El poeta, con el fuego de su ignorancia enciende el cigarro del despropósito». BORGES: «Está mal hablar de cigarros metafóricos en una composición sobre cigarros reales. No creo, además, que a su abuelo le gustara que lo llamaran gaucho».

Habla de la Facultad: «Las clases de Estrella Gutiérrez son pésimas. Lleva notas, en papelitos, que lee con dificultad; parecería que no sabe nada más que lo que él mismo ha escrito en sus compendios. En cuanto a Rest, sigue enloquecido con [T. S.] Eliot. Cuando dice: “Ahora voy a permitirme una pregunta fuera del programa. Quizá usted pueda contestarme qué dijo sobre este punto un famoso autor contemporáneo”, ya se sabe, va a meterse en una larga exposición de opiniones de Eliot, que demora todos los exámenes los otros profesores lo miramos con desagrado». Del profesor Thiele dice que, para atacar a un colega [Gerhard Moldenhauer], aseguró que durante la guerra había sido capitán de un submarino alemán («No veo en eso nada deshonroso», le contestó Borges); ahora ha inventado que su rival fue director de un campo de concentración.

Al irse, Borges me deja, para el Libro del cielo y del infierno, El otro mundo en la literatura medieval, de Howard Rollin Patch: «No creas que está muy bien. Hay muchas cosas, pero lo que uno conoce lo encuentra aquí dicho de cualquier modo, como si el autor estuviera muy apurado».

Miércoles, 5 de junio. Come en casa Borges. Comenta de Eandi y de Luis Emilio Soto: «Se dice que no son comunistas, pero hablan como comunistas. Parece que entre ellos se quejaban de que la gente, con la manía de ver comunistas por todos lados, calificaba de comunista no sé cuál de los candidatos de la lista de Erro, para la SADE. “Imagínese —decía Eandi a Soto o viceversa, porque ambos se entendían perfectamente—, que esa persona está completamente vendida al capitalismo inglés: de buena fuente me consta que asistió a un homenaje a Churchill”. ¿Esos brutos ignoran que Churchill enfrentó a Hitler y es uno de los hombres que más bien han hecho en esta época? Me recordaban al personaje de un cuento de Chesterton que niega ser comunista y habla con palabras como burguesía, capitalismo, etcétera. En cuanto a [González]. Lanuza, está obsesionado con la idea de que los escritores deben ganar más: ningún otro tema le interesa. (En sorna). Estas personas no son comunistas, pero ayer almorzaron con Agosti y anteayer hablaron con Echegaray. Para mostrarme lo recto que es Agosti, me contaron que ante una lista dijo: “Es demasiado roja. Eso no cuela. Hay que hacer una lista rosada”. Imagínate si uno dijera: “Esta lista es demasiado democrática”. Si es comunista, ninguna lista debe parecerle demasiado roja. Este mismo Agosti, en tiempos de la tiranía, publicó no sé dónde una carta en que decía que la SADE debía conseguir boletos rebajados para los escritores, de modo que pudieran conocer las provincias y escribir sobre ellas. ¿Por qué los escritores van a tener que escribir sobre lo que no conocen, o sobre las provincias? Giusti le contestó con una carta muy valiente, en que le decía que para conseguir esos boletos rebajados la SADE tendría que cantar loas al Ejecutivo. José Luis Lanuza era el único que no compartía esas opiniones. Alguien dijo que era una vergüenza que la SADE no dejara oír una voz varonil, de protesta». BIOY: «Lo que pasa es que esas personas no desearon la caída de Perón como nosotros. Durante los años de tiranía, cada uno creyó que cuando Perón cayera iba a participar en el gobierno. Los puestos no alcanzan para todos. Los que tienen puestos. —Gancedo, Clemente[343], Frías, etcétera— no protestan. Los que se quedaron afuera sufren mucho».

BORGES: «Clemente me dijo que ha tenido una idea prodigiosa. “Todo es inventarla; después, ponerla en práctica es muy sencillo”. Se la regaló a un amigo. La idea es escribir una nota para un diario sobre “el hombre del día”: se leen los diarios de la mañana y se ve cuál es el hombre del día; puede ser un político, un jugador de fútbol, el ganador de un programa de preguntas y respuestas. ¿Te das cuenta qué difícil es entusiasmarse con una idea así?».

Trabajamos con el libro de Rollin Patch para nuestra antología del cielo y del infierno.

Viernes, 7 de junio. Como, en La Prensa, con Borges, Peyrou, César Dabove y Fernández Latour. Borges refiere que una vez, para dar una conferencia, tomó actemín (un estimulante): «Me sentí como un loco; después, de pura repugnancia, tiré el frasco. Cuando la señora Bibiloni me dijo que ella lo tomaba diariamente, le expliqué que los estudiantes lo toman porque tienen que dar examen. Ella contestó: “Y yo lo tomo porque tengo que vivir”. Cada día ha de ser para ella como una montaña que debe cruzar. La frase es perfecta: es curioso cómo personas totalmente ajenas a la escritura ingresan, por un momento, en la literatura. Lo más triste de todo es que acaso nunca tengan conciencia de esos modestos milagros». Dabove dice que habría que probar alguna vez el éter, la morfina y la cocaína; que probablemente es inexpresable la sensación que producen el éter y la cocaína, pero que, según su experiencia, es una mezcla de placer sexual y de soberbia intelectual: «La persona que ha respirado éter, de pronto mira desdeñosamente a los que lo rodean. Está pensando: “Pobres infelices, ustedes no saben lo que yo siento”». Afirma Dabove que la morfina no es un somnífero: «Suprime el dolor; si el dolor ha tenido sin dormir durante muchas horas a una persona, es natural que al desaparecer, por causa de la morfina, la persona se duerma».

BORGES (a mí): «Una dama me dijo que ella tenía una amiga muy zalamera, muy zorra, pero que se había traicionado sin querer y había revelado que no la quería. ¿Sabes cómo? Le había mostrado una revista con una fotografía de Beatriz Guido, sobre el título: Volando a Cannes. Beatriz Guido, riendo, feliz, en la puerta del avión. “Para una mujer sin sensibilidad esto no sería nada; pero yo vi la foto y sentí que me retorcía”. Es bastante gracioso, porque ella también se traiciona». Después, Borges me confiesa que la señora traicionada es, como yo he supuesto, Wally Zenner. De la misma Wally cita esta frase: «Lisa Lenson es pilla. Hace creer que se alegra con los triunfos de los demás. Yo digo lo que pienso y por eso la gente no me quiere». Borges comenta: «Creo que hay una pieza de teatro que se titula El triunfo de los otros».

Hablamos de las novelas de Mallea. Borges dice que la historia de Chaves no está mal —un hombre que no puede comunicarse (como ha de sentirse el mismo Mallea)— pero que su defecto es que hay muchas cosas en el libro que Mallea no se ha imaginado: «Chaves trabaja en un aserradero. Bueno, se ve que Mallea no sabe nada de aserraderos ni tiene ninguna idea de qué trabajo podría hacer Chaves allí. Cuando Chaves llega al aserradero conversa con el patrón. Esa conversación, en la realidad, versaría sobre el trabajo que Chaves tendría que hacer, sobre el horario y los jornales. Como Mallea no sabe nada de eso, los hace hablar de otros asuntos. En Las águilas hay un hombre que ha juntado a lo largo de la vida una gran fortuna y que ha logrado preeminencia en la política. Mallea deja ver que no tiene ninguna noticia de cómo pudo su héroe ganar la fortuna ni progresar en política. Estas ignorancias están mal en libros en que lo demás tiene poca importancia. No así en el Quijote: hace años yo pensaba que era un defecto que no se explicara cómo Quijote había llegado a su locura; ahora me parece que hizo bien Cervantes en prescindir de esas explicaciones —que, por otra parte, en su tiempo no se usaban— y que lo necesario para el cuento era que Quijote estuviera loco, Era como si Cervantes hubiera empezado: “Había una vez un loco”».

Fernández Latour recuerda que alguien señaló como un error de Güiraldes que haga montar al narrador o a don Segundo en yegua. «Sí —digo—, estaba mal visto montar en yegua. Ahora, no». Y cuento el caso de un gaucho de Pardo, cuya yegua —que era su amante— llevaba la cicatriz del balazo con el que alguien se vengó del dueño. BORGES: «Qué raro que Güiraldes cometiera ese error». DABOVE; «Un escritor no puede equivocarse en nada». BORGES: «En Mallea hay confusiones de razas ovinas, bovinas y hasta gallináceas, según me han dicho. La gente monta en pelo un orpington leonado. Le observaron los errores a Mallea y aseguró que no tenían ninguna importancia. El juguete rabioso de Arlt es mejor que todas las novelas de Mallea: cuando el malevo traiciona a su amigo, está bien[344]».

Se habla de las antologías de Onís y de Noé[345]. Borges asegura que son pésimas: «El secreto es hacer antologías hospitalarias. En la de Onís están clasificados los poetas. Hay títulos así: Modernistas y otros. Ni sabe clasificar en la clasificación que él mismo eligió».

Dabove y Fernández Latour recuerdan que en su juventud los muchachos, en Morón, ventaneaban: miraban acostarse a las mujeres (en sus camas, para dormir). Había mujeres complacientes, que sabían, fingían no saber, y se exhibían, A un muchacho lo sorprendieron los hermanos de una mujer y lo corrieron. DABOVE: «Él huyó, no por miedo sino para que no lo reconocieran. Cuando lo alcanzaron, levantó el saco sobre la cabeza y cubriéndose así la cara se dejó moler a golpes», Peyrou menciona a un Basaldúa al que llamaban Gallina amarilla, ya no sabe por qué.

Hablamos de lo que uno siente al despertarse, en medio de la noche o por la mañana. Borges dice que él despierta por la mañana, feliz; Peyrou, que despierta a las seis, a orinar —con mucho sueño, sin otra idea que el sueño, pero con tantas ganas de orinar que se levanta— y que luego, cuando despierta pour de bon, tiene una sensación de frustración y de tristeza. «Por lo que pude averiguar —dice— esto es muy común. Aun los que tienen hijos la sienten». Yo explico que a eso de las tres o cuatro voy a orinar y que orino con profundo abatimiento, diciéndome que la vida es horrible, pero que cuando despierto para el desayuno estoy feliz. Borges dice que él también va a orinar a las tres o cuatro de la mañana; que a veces no sabe si tiene ganas o no, pero que para no seguir tratando el asunto, se levanta.

Sábado, 8 de junio. Come en casa Borges. Traducimos fragmentos que encontré en Stuart Mill y en Santayana[346], para nuestro Libro del cielo y del infierno.

En la Biblioteca presentó a Guillermo de Torre, que habló sobre Menéndez y Pelayo. BORGES: «Dije que, veinte años atrás, Guillermo y yo creíamos que no había pasado, que la literatura nacía con nosotros, y que no hubiéramos creído entonces que íbamos a estar en una conferencia sobre Menéndez y Pelayo, que amaba el pasado; que ahora pienso que el futuro surge del pasado. Dije también que podría parecer no menos extraño que en la casa de Groussac se hablara de Menéndez y Pelayo, pero que ésa era una de las dulzuras del tiempo y que si como creía Menéndez y Pelayo había sobrevivencia, podría suponerse que en el cielo ambos serían amigos; y que si como creía Groussac no la había, debía verse este acto como la prueba de una reconciliación. En cuanto empezó Guillermo, yo esperaba la palabra polígrafo. No tardó: polígrafo santanderino. En seguida llegó menéndezpelayesco. Guillermo dijo que se detendría en una cuestión erudita que no sería ingrata al maestro y contó que, después de no sé cuánto, éste suprimió la conjunción y firmó “de la manera más eufónica”: Menendez Pelayo, pero que también cabe usar la otra forma, usual, de Menéndez y Pelayo[347] Sobre esta idiotez habló un buen rato. Dijo que en su juventud él trató de mostrar en un artículo que Menéndez y Pelayo no era “tan reaccionario”. Alfonso Reyes comentó que a Guillermo le faltó el valor para anexar a Menéndez y Pelayo al liberalismo. En eso Guillermo estuvo bien: dijo que no era una cuestión de valor, que ahí estaba la obra de Menéndez y Pelayo y se veía bien cómo pensaba. Parece también que con extractos de las obras de Menéndez y Pelayo alguien hizo una Historia ultramontana de España; de ese modo —dijo Guillermo—, no podría hacerse una Historia liberal.

»Es raro que nadie sea capaz de citar una sola observación aguda de Menéndez y Pelayo. No creo que se lo pueda comparar con Taine, que inventó la teoría del medio ambiente, ni con Matthew Arnold: recuerdo las páginas sobre literatura celta y la polémica con Newman sobre Homero[348], Menéndez y Pelayo tenía mal gusto. Sus antologías son pésimas. ¿Cómo incluyó en Las cien mejores poesías líricas de la lengua castellana “Ande yo caliente y ríase la gente” (qué vulgaridad) y “Poderoso caballero es don Dinero”? ¿No encontró nada mejor en Góngora y en Quevedo? Sin duda le gustaban porque tenía un lado chabacano. Lo mejor que tiene es la prosa: es una prosa agradable. Leyó mucho, pero sin duda leyó mucho malo. Pasaría (en parte) como con Bernárdez. Néstor Ibarra decía: “La gente cree que Bernárdez ha leído mucho, porque ha leído muchos libros de segundo orden que nadie conoce. Suponen que ha leído los otros, pero no los ha leído”. Es una buena observación. Ibarra es muy inteligente; Xul también. Es raro lo poco que han logrado con su inteligencia. Guillermo, con una inteligencia mucho menor, ha logrado más». BIOY: «No tomemos el caso extremo de Guillermo: su inteligencia es casi nula y lo que ha logrado es algo subalterno, es figuración». BORGES: «Sí, es como un político». BIOY: «Así es, Pero hay otros escritores, menos inteligentes que Ibarra, que han escrito libros buenos. La vida de quien escribe los mejores libros que puede escribir ha de ser mejor y más feliz que la de quien tiene una conducta disparatada como Ibarra. En cuanto a Xul, no creo que sea tan inteligente». BORGES: «Xul ha inventado ahora unos dados que, al ser arrojados, crean frases: qué idea miserable. ¿Por qué no piensa en vez de inventar medios mecánicos de pensar? La máquina de pensar de Lulio, etcétera. Cuando vi que no lo impresionaba a mi sobrino tuve la convicción de que eso era una piedra de toque; yo había estado toda la vida embromando con las invenciones de Xul; ahí se veía que no podían engañar a un chico».

Lo llevo a su casa y, en la puerta, seguimos conversando. Dice: «Menéndez y Pelayo fue el primero que admiró al Martín Fierro. Todos son el primero que admiró a Martín Fierro»[349], Recita:

Mas ande otro criollo pasa

Hellén, Ferro ha de pasar[350]

Hablamos de los peronistas, que hoy hicieron su primera manifestación en Buenos Aires. Me cuenta que Magdalena Harriague es dueña de un hotel de Montevideo, del que ayer despidieron al personal, porque no quiso servir a peronistas que se reunían para conspirar. También me dice que la policía no detuvo a los peronistas que, con corbatas negras y flores en el ojal, vivaron a Perón y dieron mueras a la Revolución Libertadora; en cambio, detuvo y maltrató a quienes vivaron a Aramburu, a Rojas y a la Revolución.

Domingo, 9 de junio. Borges me dice: «Leí en La Nación un artículo bastante bueno de González Lanuza sobre el espejo[351]. Es claro que hoy no se puede leer una página sin encontrar fealdades como conducción o aglutinar. Yo creo que ya son parte del idioma español. Al denunciarlas quedaremos como Quevedo, que fulmina a Góngora porque escribe esplendor hoy, si uno tuviera que simular una página de Quevedo pondría esplendor».

BORGES: «La gente cree que hay que escribir como están escritos los diarios». BIOY: «Sí, creen que el lenguaje familiar es vago; que para hablar o escribir con precisión hay que usar las palabras del periodismo, la palabra periodismo es palabra de periodismo».

Leyó un artículo de Marcos Victoria sobre juegos de palabra. BORGES: «Todos los ejemplos eran alemanes. Hablando con Marcos Victoria, no he tenido la impresión de que supiera alemán». BIOY: «Ni siquiera alemán de Zürich». BORGES: «Ni siquiera French of Stratford atte Bowe[352]. Además, los juegos de palabra son intraducibles. Imagínate lo penoso de leer algo así. Qué raro que supiera tantos juegos de palabra en alemán. Lo que pasa es que lo copió de alguna parte. No cambió los ejemplos, porque no se le ocurrió o porque de los ejemplos se sacaban consecuencias, y él ya estaba medio confuso copiando y sabía que iba a perderse en esas profundidades. Prefirió un artículo traducido, que encontró en alguna parte».

BORGES: «Barreiro tiene la seguridad insolente, con algo de chambonería, de los borrachos. Seamos chismosos. ¿A que no sabes quién es su amante? Je te le donne en cent, je te le donne en mille. ¿Te acordás de esa señora grosera y enorme, la madre de la chica esa bastante linda y antipática, amiga de Amorim? Bueno, es ésa. Qué parecerán juntos, los dos enormes. Parece que se quieren mucho, que son felices. Qué suerte».

Recibo Herakleitos de Fernando Dentaría, con la dedicatoria: «Para Adolfito Bioy, con mi simpatía y felicitaciones por la linda novela». Comentario de BORGES: «No se le contagió el estilo de Heráclito».

Encargo a la Cornell University Press varios libros de la colección «Islándica», para Borges.

Jueves, 13 de junio. Comida de la SADE. Me siento frente a Borges y Alicia Jurado. Borges habla de Mujeres, la revista que dirige Estela Canto: «Es una inmundicia; está consagrada a la vida social al revés; está llena de fotografías de nuestra directora, con la señora Fulana de Tal, que junta algodón en tal parte». Durante la comida, hay un pobre señor, un escritor desconocido, que obtuvo hace años un premio de Caras y Caretas, que pronuncia un discurso, en medio de la burla de todos. «Of such stuff dreams are made on»[353], comenta Borges.

Viernes, 14 de junio. Borges me refiere: «Durante la comida de ayer, continuamente Mujica Lainez venía de su asiento a nuestra parte de la mesa. El propósito de estos viajes, que Mujica no ocultó, era tocar la nuca de un muchacho que lo emocionaba. “Se parece a Belgrano”, exclamó Mujica Lainez. “¿Usted, Manucho, admira a Belgrano?”, preguntó Wally Zenner. “¿Cómo no voy a admirarlo —replicó el escritor—, con esos muslos y con esas caderas?”». Borges comenta: «Va Manucho al Museo de Lujan y todas las antiguallas reviven. Manucho no mira los cuadros fríamente: es un contemporáneo de lo que está mirando».

Sábado, 15 de junio. Comen en casa Peyrou y Borges. Peyrou cuenta que, al llegar el almirante Rojas a una fábrica, quienes lo reciben se excusan porque en la pared hay un letrero que dice: «Viva Perón». Acaban de pintarlo; no han tenido tiempo de borrarlo. Rojas pregunta sí saben quién lo pintó. «Sí —responden—. Es este obrero». Rojas habla con él: «Bueno, usted podrá comprobar el cambio que trajo la Revolución. Si en tiempos de la dictadura usted hubiera escrito “Muera Perón”, lo hubiesen llevado preso y quién sabe lo que le hubiera pasado. Ahora no le pasa nada. Si entonces lo hubiera pintado, usted habría sido bastante valiente. Ahora, en cambio, es un poco cobarde, porque toma la actitud de quien lanza un desafío sin ningún riesgo». A continuación, Rojas habría seguido charlando con los otros obreros, como si nada hubiera ocurrido.

Oímos tangos. Borges y Peyrou recomiendan: El apache argentino, El cuzquito, El 13, Loca (de autor español), Independencia, Una, Muela cardada, Con menos unanimidad: El taita del arrabal, Don Esteban (su letra entusiasmaba a Bernárdez, según Borges). Oyendo cantar a Gardel, Peyrou dice: «Esa voz ya no existe. La gente era más gangosa antes».

Hablamos de Gerard Manley Hopkim. Borges, hasta hace poco, no había casi pensado en este poeta. La otra noche, Alicia Jurado recitó unos versos de Hopkim que lo impresionaron. La idea de esos versos era: «Same sipped sherry, some sipped tea, but all were damned [Unos sorbían jerez, otros té, pero todos estaban condenados]».

Hablamos de Toulet y de Apollinaire, Borges comenta, de los versos sobre la rousse[354] «Qué vergüenza, pero el principio del poema tiene alguna dignidad». Refiero que en mis conversaciones francesas, la gente se escandalizaba de que en la misma frase pudiera hablarse de Apollinaire y de Toulet. BORGES: «¿Todos preferían a Apollinaire?». BIOY: «Es claro. Como poeta y como hombre. Helena Garro decía que a Apollinaire podía uno quererlo. Apollinaire es amplio y humano; Toulet, estrecho y literario». BORGES: «Siempre hay algo inconcluso, insatisfactorio en Toulet», y emplea el argumento de la brevedad para restarle importancia (como si dijera: breve y además inconcluso).

Hablamos de la Odisea y de la Ilíada. BIOY (a Borges): «A vos te gusta más la Odisea, Yo prefiero la Ilíada. Comprendo que la Odisea es más novelesca, pero en la Ilíada hay algo épico que no he sentido en ninguna parte». A pesar de su vieja preferencia por la Odisea, Borges trata de darme la razón: dice que Reyes también prefiere la Ilíada; que según Butler la Odisea es la mujer de la Ilíada[355] que a pesar de la intervención de los dioses, uno siente que los guerreros son valientes (a diferencia de lo que ocurre con los guerreros celtas, en cuyo valor no se cree). BORGES: «Lo que ocurre a cada uno es muy importante». BIOY: «Son pocos. No están perdidos en la multitud. El destino de los individuos pesa en las batallas: lo contrario del admirable Verdun de Jules Romains. Realmente los hombres son héroes». BORGES: «Homero es muy minucioso sobre lo que les pasa; las heridas se detallan: manó la negra sangre. (Pausa). Qué extraña es la literatura. Porque el encabezamiento de la Odisea está en la traducción de Lawrence[356] en líneas de todo el ancho de la página, la impresión es de que uno lee otro libro. Está bien, de parte de Lawrence, el haberse dado cuenta».

De la Eneida dice que es un libro admirable; que por muchos años la opusieron a la litada y a la Odisea, como la obra culta frente a la obra genuina, pero que hay muchas cosas lindísimas en ella. Dice que la traducción española, de Eugenio de Ochoa, que publicó Ureña[357], es excelente: «Reproduce muy bien los versos latinos». Comenta también: «Mis sobrinos leyeron todo en esa colección de Ureña: la Odisea, la Ilíada y la Eneida. Les gustaron mucho. Traté de entusiasmarlos con Ariosto, pero fracasé. Ven solamente un libro mal hecho. Sin embargo, hay tantas cosas en el Orlando Furioso».

Menciona a alguien que habría dicho que la Humanidad, con relación a la Ilíada, prefiere a los vencidos: «Todos nos consideramos descendientes de los derrotados. Eneas viene de Trova, Londres es la Nueva Troya, Montevideo es la Nueva Troya. Sentimos afecto por Héctor y por Príamo».

Elogia los dos primeros versos de la traducción de la Odisea, de Pope:

The man for wisdom’s various arts renown’d,

Long exercis’d in woes, o Muse!, resound[358].

Aprueba el uso del verbo resound; elogia también la traducción de fragmentos de la Ilíada por Tennyson, unos versos en que Héctor corre con sus caballos a la batalla:

So Hector spake; the Trojans roar’d applause;

Then loosed their sweating horses from the yoke,

And each beside his chariot bound his own[359]

Dice que la traducción de Lugones no es buena; tampoco la de Reyes[360]

Habla de una muchacha y de su novio. Ella es homosexual y él, en un poema, habla de las noches de Lesbos de su amada. BORGES: «Qué falta de imaginación. Qué imágenes horribles evoca». Peyrou y yo no estamos de acuerdo, aunque nos hace gracia que el «poeta» cante esas noches de su novia.

Les leo este madrigal;

¿Viajáis hacia la hermosa Italia

y me habedes pedido un madrigal?

¡Es vuestro viaje, rubia donairosa,

lindo lucero,

en la melena azul del mar[361]!

Borges y Silvina se ríen. Borges no se resigna a creer que el autor sea Lupercio Leonardo de Argensola: «No puede ser. ¿Cómo va a cometer Argensola ese anacronismo? Ese madrigal es de un poeta de juegos florales, que leyó a Rubén Darío».

Borges habla de una Edda, en que el dios Thor llega al país de los gigantes y le dan de beber un cuerno de vino: lo bebe íntegro y cuando mira lo que bebió ve con vergüenza que el cuerno está casi lleno. Después le dicen; «A que no levanta ese gato»; trata de levantarlo y no puede. Después ve a una vieja. «A que no la pelea», le dicen; la pelea, y la vieja, con una escoba, lo tiene a raya. Después sabe que los gigantes han transfigurado la realidad para engañarlo: el vino, en el cuerno, es el agua de todos los mares; el gato es el dragón del mar, cuya cola da la vuelta al mundo; la vieja es la vejez[362]. Observa Borges que esa magia de preparar una realidad falsa para perder a un héroe es frecuente en los textos escandinavos: «Cuando se trata de Odín, los incidentes son trágicos. Para Thor siempre hay percances un poco cómicos, como de comedia de aldeanos».

Hablamos de pintura moderna. Borges me pregunta si Lucía Feldman, la hermosa judía que estaba sentada a mi lado en la comida del día de los escritores era pintora. BIOY: «Sí y, pour ne pas se faire remarquer, moderna. Me aseguró que la pintura argentina pasa por un momento de decadencia, por falta de responsabilidad de los artistas, pero que ella y todo el grupo de Battle Planas trabaja en serio, porque practican el automatismo». BORGES: «Qué raro un profesor que enseñe a pintar así: nada de modelos ni de perspectiva, pinte lo que le salga, sin pensar. Sin embargo, yo creo que es buen pintor». SILVINA: «No creo. Ni lo creo capaz de enseñar a los otros lo que él hace». BORGES: «A mí me parece que es el profesor que conviene a sus discípulas; imagino que casi todas serán, como Pepita Gómez, señoras desocupadas. Pues bien, si les dicen que dibujen tal modelo descubren su falta de vocación, se desmoralizan, como dice la gente, y dejan. Si les dicen que no copien nada, que sean artistas, serán felices. ¿Con qué criterio se juzga esos cuadros? No comparándolos con nada. O bien, con el gusto o con alguna interpretación filosófica, siempre dócil. Aspiran a lo más sublime desde el comienzo; nada de grados primarios; se gradúan, desde la primera clase, de genios. Y es curioso: toda esta gente que dice huir de la literatura o de la anécdota, son más hábiles ensayistas que pintores; sus cuadros valen más explicados que vistos. Los otros días Josefina Robirosa explicaba sus cuadros. Bueno, era una explicación filosófica harto simple. Esta niña había descubierto la física y la química; cuerpos o fuerzas que actúan recíprocamente. Decía que ella es realista —no abstracta ni figurativa, sino realista—: pinta lo que ve un ojo, no corrompido por las enseñanzas del dibujo».

Lunes, 17 de junio. Voy a la SADE. Erro, que debía asistir para discutir la lista con nosotros, falta. Están haciendo otra, con Borges de presidente. Los habituales argumentos para que no me incluyan: logro que me pasen a suplente. Olivera discute, empecinado; Adela Grondona y Wally Zenner tiemblan por quedar afuera (lo que equivaldría a perder el uniforme de escritoras, por el que actualmente las reconocen); Rottin calla como un gaucho; Ratti palmea, bonachón. Borges habla por teléfono con Lanuza; le proponen amistosamente (insidiosamente) unos cambios; los rechaza secamente. Convienen en conversar mañana. Borges me lleva al patio. Ahí, yendo y viniendo en un frío que no siente y que me resfría, habla con ese aire grave que toma —como de niño que juega— para tratar estos asuntos. BORGES: «Quieren sacarlo a Rottin. Le hemos pedido a Rottin que venga, no podemos ahora sacarlo. “¿No lo vas a comparar con Eandi y con Soto?”, me dice Lanuza. ¿Por qué no lo voy a comparar? ¿Porque Soto y Eandi son dos compadres inmundos? (Irónicamente). Parece que Soto es el mejor crítico». BIOY: «Y Eandi, el mejor cuentista». BORGES: «Es claro, la palabra mejor tiene otro sentido». Salimos.

Cruzamos la Avenida de Mayo por la calle Perú. Borges, señalando hacia la plaza de Mayo y la Casa Rosada: «Qué raro. Ahí está la Historia argentina. Un poco más acá, no: allá».

Martes, 18 de junio. Come en casa Borges. Hablando del idioma vasco, comenta: «Qué raro ese idioma, tan antiguo y con tan pocas palabras. Para decir árbol dicen arbola».

De Erro: «Hubo una época en que era de Fray Bentos. Después, como los cuatreros, cruzó el Uruguay, colgado de la cola de su caballo y se convirtió en patriota de Entre Ríos, Cuando le conviene también es patriota vasco. Todos tenemos algo de sangre vasca, pero no somos tan profesionalmente vascos como Erro».

Sobre matices en política: «Para nosotros, todos ésos Bagó y Echegaray son comunistas; ellos, como están más cerca, distinguen una cantidad de matices que nosotros no vemos. Qué raro es que nosotros seamos oficialistas. Somos tan partidarios del gobierno que nos parece que esa designación de oficialistas no nos corresponde (porque hay tal vez una connotación peyorativa en la palabra): tenemos que pensar unos instantes “para advertir que sí”».

Miércoles, 19 de junio. Come en casa Borges. Le cuento que hoy fuí al Salón Lainez, donde se reunió la comisión que debería dirigirlo y que salí de ahí profundamente triste, sintiendo que la vida es horrible, que uno está solo. BIOY: «Las personas que hoy rodeaban la mesa eran Tomasito Estrada, que habla con sonido de rápido moscardón; Williams Álzaga, con expresión despierta y gritando, como quien se rompe de bobería: “Hay que asegurar a don Enrique” —¡a Enrique Larreta!— para una conferencia; Manucho Mujica Lainez, un genio entre estos sonámbulos, feliz con los sonámbulos; Luisito Elizalde y Polo Zavalía, petimetres; Julio Noé; Armando Braun, con su voz alta, su tono chileno y su cara de conejo, rápido en la expresión de languideces, etcétera. Todos éstos preparan un programa de conferencias, y hacen listas de conferencistas capaces de conmover a la ciudad: Miguel Angel Cárcano, Clodomiro Zavalía, Capdevila, Oría, José María Bustillo, Mariano de Vedia y Mitre, Enrique Larreta y (ya de calibre menor). Adolfo Mitre, el propio Manucho, Battistessa, González Lanuza y Arricia. Lo peor de todo es que he pensado que la asistencia a estas reuniones, que excede mi posibilidad, es la menor parte del compromiso; habrá que asistir también a las conferencias. Esto ya es casi inverosímil para mí. De la reunión, lo que más me sorprendió es lo satisfecho que estaba en ella Manucho». BORGES: «Porque no tiene sensibilidad para el ambiente de las personas. Yo la tengo. Vos la tenes». Así ha de ser.

Cita una frase de Chesterton:

Ruin is a builder of windows[363].

Ruin is a builder of windows[363].

BORGES: «Te das cuenta, el concepto no es nada: que la ruina abre agujeros, Pero la frase es muy linda». BIOY: «Sí, es un ejemplo del misterio de la literatura. Para hacer esa frase hay que tener lo que Alicia Jurado, a pesar de su inteligencia y de sus otros méritos, no tiene». BORGES: «Yo casi diría que si Chesterton no la hubiera hecho, serviría como piedra de toque, para saber si alguien es escritor, el haber descartado como imposible el concepto. Yo hubiese pensado: “Más aceite da un ladrillo”, y hubiera pasado a otra cosa. Sin embargo, ahí tenes: con él, Chesterton hizo una frase muy linda».

En la calle, Borges oyó este diálogo: «El fato no resultó». «¿Por qué?». «Por muchos y diversos motivos». Dos personas graves, que no sospechan que esas palabras, juntas, asombran un poco: fato y «por muchos y diversos motivos». Borges dice que el diálogo podría titularse: «Historia de la Humanidad». El fato significa el programa, the date.

Está preocupado por el asunto de las candidaturas de la SADE. Brevemente, podría explicarse así: Por un lado, se formó una lista de comunistas, con algún frondizista, y con Martínez Estrada de candidato a la presidencia; por otro, nosotros empezamos a pensar en nombres. Supimos que Erro tenía otra lista, en la que él se reservaba la presidencia. Borges propuso que nosotros sacáramos nueve nombres de la lista de Erro, y que Erro sacara nueve de la nuestra. Así se hizo, Erro se allanó a más y quedaron más aceptables para nosotros: so far so good. Después Erro trató de fusionar su lista con la de los comunistas; esto disgustó a Borges y más lo disgustó una reunión en casa de Erro (según creo), en que oyó hablar a Soto, Eandi, etcétera. Con los dos mencionados quedó dégoûté, poco menos, con su amigo de toda la vida, González Lanuza. BORGES: «¿Por qué si no son comunistas hablan como comunistas? ¿Y por qué ayer almorzaron con Bagú y anoche vieron a Echegaray[364]? ¿Y por qué a Bagú lo llaman don Sergio? Soto aseguró que se había criado en Barracas. No pudo educarse en otro barrio. Son unos compadres, no puedo entenderme con esa gente». Sentíamos incompatibilidad semejante (e intercambiable) por los dos extremos: él por los «malevos resentidos y malintencionados de la casa de Erro»; yo por los caballeros satisfechos y vanos del Salón Lainez. BIOY: «Si tuviéramos que elegir, me quedo con los caballeros». BORGES: «Por cierto». Erro fracasó en su gestión con los comunistas. Volvió como fortificado en la virtud por tal fracaso (que no dependió de él: no hay duda de que procuró engañar a unos y otros). Borges le dijo entonces que después de la conversación de la otra tarde se había convencido de la imposibilidad de colaborar con ellos. Lo malo del asunto era que si la lista de Erro no nos parecía aceptable, tendríamos que hacer otra, y que en esa otra, aunque Borges no quisiera, debería ir como candidato a la presidencia: para vencer a Martínez Estrada, prestigioso a pesar de todo, no contábamos con otro triunfo. BORGES (riendo): «Voy a quedar como un chancho. Van a creer, o decir, que, pretextando incompatibilidades, dejé la lista de Erro para encabezar otra. Pero no importa. Como en muchas cosas que ellos no saben soy un chancho, no importa que en alguna, por error, me tengan por chancho. Así restablecen el equilibrio del universo».

Cuenta: «Hoy perdí dos mil pesos. Tenía que hablar sobre la bandera. Pero no hay que pasar ciertos límites, hablando sobre ese tema imposible para uno. El que habló era una persona con tan poca idea de lo que es escribir que dijo: “Belgrano fue miembro de la Sociedad Secreta, secretario de…”».

Viernes, 21 de junio. En un ataque de amnesia, pierdo el nombre de Guillen. Llamo a Borges y le pregunto quiénes tradujeron «El cementerio marino»[365]. BORGES: «Ibarra y…». También él ha olvidado el nombre. Después lo recuerda —él o Clemente, o alguien en la Biblioteca— y me dice: «Siempre será mejor que el original. ¿Y Battistessa? Did he manage to stay steady his hand ¿o también lo tradujo?. BIOY: “Mucho me temo que también lo tradujo”».

Martes, 25 de junio. Conversamos sobre Blake. BORGES: «Hay algo muy feo en Blake». BIOY: «Se descubre en sus dibujos». BORGES: «Y en los nombres de sus dioses. Algo alemán en el idioma y en la imaginación». BIOY: «Mezclado con bobería infantil de nursery rhymes». BORGES: «Mejores son las visiones de Swedenborg». Agrega que en los versos de Blake hay inepcias propias del siglo XVIII: auroras de dedos rosados, etcétera.

Miércoles, 26 de junio. Borges me refiere lo siguiente: Wally, que trabajó intensamente para que opusiéramos una lista nuestra a la de Erro, para las elecciones de la SADE, ahora que hemos resuelto no presentarla, está dispuesta a trabajar en la de Erro. ¿Por qué? No porque la lista de Erro haya variado de acuerdo a nuestros deseos, sino porque ella (Wally) no sabe quedarse quieta, no quiere «quedar afuera». Actuar y figurar a cualquier precio, o dejar de ser: su dilema. Borges dice que sería lindo transponer eso en un cuento; poner, no a Wally, sino a un-guapo, que se pasa al bando contrario; los del partido opuesto le permiten que mate a alguien (del antiguo partido del guapo); él no tiene ninguna razón para hacerlo, sino el deseo de reafirmar su personalidad y de ejercer su servilismo; después del crimen, los nuevos patrones lo abandonan y el guapo va preso. BORGES: «El cuento en sí quizá no valga tanto como el placer de hacer la transposición; quizá no valga como la etimología del cuento. No ha de haber mucha diferencia entre una mujer como Wally y un guapo como Paredes. Son personalidades ficticias; ambos están interesados en ellos mismos, como si fueran héroes de una novela, que es la vida. Recuerdo a Paredes preguntando: “¿Y dijo algo del estanciero, del guapo?”, Se veía a sí mismo en tercera persona. Él era el estanciero, el guapo. Lo de estanciero era mentira y quién sabe lo de guapo».

Le consulto el problema de mi novela Irse, una huida no puede ser meritoria. BORGES: «El héroe tendría que estar asqueado por algo horrible, hecho por él mismo o por otros. Lo mejor sería que esa cosa horrible apareciera al principio y que el héroe, en la soledad del campo, descubriera su verdadera naturaleza. Es claro, se cae en lo policial, pero en lo policial bueno». BIOY: «Lo difícil es que esa cosa horrible no tiene que ser sórdida: no debe descubrir el héroe que lo mandan al campo porque su tío es el amante de su madre y el asesino de su padre. Tiene que ser algo horrible, sin caer en lo inverosímil: en un cuento se puede sostener casi cualquier cosa; a lo largo de una novela, no».

BIOY: «Los otros días, en casa, en mi cuarto, Ghiano me explicó que mi familia es responsable de que la suya haya venido a la Argentina. Parece que en 1890, un Casares, que viajaba por Europa, llegó a Lucca, donde conoció a un antepasado de Ghiano: se enamoraron y huyeron. En Niza, el antepasado de Ghiano se suicidó. Como el escándalo, en Lucca, fue grande, el bisabuelo de Ghiano pidió a sus hijos que se fueran del país… Mientras me contaba todo esto, el gordo Ghiano sonreía dulcemente y creo que en sus ojos redondos brilló una luz más viva. Antes de que propusiera que las nuevas generaciones siguieran los pasos de las viejas, lo llevé a la sala». BORGES: «Creo que tu interpretación es justa. Si no, estaría un poco avergonzado de la historia y no te la habría contado. ¿Sabes quién, he descubierto, era pederasta? Marlowe. En Hem and Leander, cuando describe a la heroína, es moderado, pero al describir al héroe pierde la cabeza». BIOY: «Pues yo también hice un descubrimiento: que la novela es un género para maricones. Cuando uno se: pone a describir minuciosamente al héroe se siente maricón». BORGES: «Marlowe sería un pederasta por exceso, como parece que habrán sido muchos en tiempos de Shakespeare. El destino del pederasta activo es convertirse en pederasta pasivo… Bueno, todo ennoblecido por el sentimiento, como tantas cosas: mira que llenarse de comida es algo triste, el hombre como recipiente, como un barrilito… y sin embargo, ahí tenés los banquetes, los ágapes, presentados como victorias del hombre sobre sus flaquezas».

, Habla de Apollinaire: «Pobre. Qué época le tocó vivir. Quiere cantar sus terribles experiencias de la guerra. Tiene que decir que a su lado están los cuerpos inclinados de camaradas muertos. ¿Sabes con qué los compara? Con la torre de Pisa, Te das cuenta, ¿qué tiene que ver la torre de Pisa con lo que él está describiendo y con los sentimientos que quiere producir en el lector? Bueno, Apollinaire tiene un genio especial para comparar todo con lo más impertinente, con lo más irrelevante».

BIOY: «Las canciones son un género difícil». BORGES: «Stevenson tenía talento para él, y también Verlaine. La Antología de la poesía francesa de Gide es mala: el antologista es muy modesto, no quiere imponer su gusto; en el libro puso lo que está en todas las antologías». BIOY: «¿Qué es esa manía de los poetas franceses de break into song en medio de un poema? En medio de un poema serio aparece de pronto una copla del tipo Cadet Roussel»[366].

Le hablo de las cartas de Joyce[367] y le digo que, si revelan el verdadero carácter del autor, según el comentarista del Times Literary Supplement revelan pobreza intelectual y sin duda un alma harto común. BORGES: «No me extraña: qué error el de Joyce haber escrito un libro tan detallado». BIOY: «Es propio de la estupidez humana aburrir con la exigencia de que toda obra de escritor deba ser engagée y con igual pasión admirar el Ulysses, en ambos casos errando».

Viernes, 28 de junio. Come en casa Borges. Hace mucho frío. Cuenta que en una reunión se hablaba del odio de los peronistas por el Barrio Norte: todos se sentían muy amigos, todos se apresuraban a convenir en lo que cualquiera dijera, pero hubo un silencio de perplejidad cuando Olivera observó: «Es absurdo ese odio, porque yo tengo una tía que vive cerca de Constitución». BORGES: «Quién sabe si es muy inteligente ese muchacho». Hubo hipótesis varias sobre la declaración de Olivera. BORGES: «Lo que por lo menos parece probado es que está preocupadísimo con el hecho de que su tía viva cerca de Constitución». BIOY: «Tal vez teme que, una vez casado con Adela Grondona, ésta descubra a la tía de Constitución». BORGES: «En todo caso, la conversación es muy de Buenos Aires».

Sábado, 29 de junio. Comen en casa Borges y Peyrou. Borges, citando a sus sobrinos, dice de María Rebeca Peña: «Una chica que está en la onda». Comentamos otra frase que hoy se oye: «estar en la pomada» (participar de los favores del gobierno, tener influencias en el gobierno),

Hablamos sobre la conferencia que dio Rest, en la Biblioteca. Según Borges, la teoría interpretativa enunciada por Rest debe de ser una comparación del vínculo de Kim con el Secret Service (cuyos fines y cuya naturaleza ignora el muchacho) y el de todo hombre con la Divinidad (a la que de algún modo, todo hombre sirve): «Rest descubrió además paralelos entre las partes del argumento de Kim y las partes de las ceremonias de iniciación; halla similitudes entre la busca del Santo Grial y de algo en la novela, etcétera. Todo me parece verosímil: también el hecho de que Kipling, que no era un político de sus libros —como Joyce—, que no buscaba interviews ni propaganda, no mencionara el asunto». BIOY: «En otros cuentos hay paralelismos entre ritos masones y el argumento». BORGES: «Es claro, pero Rest no habló nada de la masonería. Kipling dice en alguna parte que Kim es meramente un relato picaresco —lo que no prueba nada, sino tal vez la preocupación de Kipling de borrar huellas, en su afán de privacy, de guardar para sí sus secretos— y también recuerda que su madre le dijo que ni para salvar su vida sería capaz de construir una trama: lo que desmintió en tantos cuentos prodigiosos»,

BORGES: «Rest tiene una cara prominente, de notable fealdad, con mandíbulas recias y dientes capaces de destruir cualquier cosa. Es un judío fuerte, que recuerda animales toscos y vigorosos, como el jabalí. Está obsesionado con Eliot y con el existencialismo. Dice que hoy sólo es posible, en filosofía, ser existencialista; a Russell lo descarta como escoliasta. Ha escrito un artículo para demostrar que Eliot es existencialista. Susana Chica Salas escribió una nota hablando del renacimiento de no sé qué tendencia. Rest objetó el término renacimiento porque dijo que significaba un período definido de la Historia, que sigue a la Edad Media, etcétera, y propuso un retoñar. Astutamente, Chica Salas lo felicitó por la corrección, pero argüyó que todo el mundo descubriría que él había corregido el artículo porque “el término retoñares muy propio de su estilo, profesor Rest”. “Así es —dijo Rest—, es muy propio de mi estilo” y la muchacha pudo dejar renacimiento», Peyrou opina que Rest se encuentra en un mundo superior al habitual de su experiencia, y que está un poco enloquecido, sin saber qué está bien y qué está mal. Rest anda con una mujer que Borges califica de barrosa. Alguien, refiriéndose a ella, dijo a Rest; «su esposa», o «su novia»; Rest corrigió: «Llamémosla mi secretaria particular, ja, ja».

Peyrou dice que leyó Cocktail Party y que no le ha gustado. Silvina habla con desdén de las obras de teatro de Eliot, en particular de ésta, y Borges conviene. BIOY: «A mí me gusta Cocktail Party: no considero que sea una obra importante, pero me causa algún agrado». BORGES: «Es lo que los ingleses llaman thin». (Esa delgadez, que Borges ve como deficiencia indudable, imitó, entre otros, Henry Green, el autor de Loving y de Back. Wilcock admira mucho a este autor; a mí me da pereza leerlo, de modo que no llego a saber qué pienso de él. Back no me disgustó, pero que no me disgustara me pareció un extraordinario mérito, lo que indica que yo esperaba poco).

Hablamos de un artículo, o cuento, de Wilcock, en La Prensa, sobre un remate rural[368], Peyrou y yo convenimos en que está bien. Borges observa: «En el trato, Wilcock nunca es tranquilamente natural; o insulta o adula; o es afrentosamente soberbio o es abyectamente servil. Peor es Ibarra, que siempre insulta».

—Según Peyrou, Hogg manda a La Prensa largas prosas informes, escritas en un papel larguísimo, como los antiguos rollos; cuando se cansa, corta el papel con la tijera: con eso determina el fin de su artículo. En La Prensa hay orden de publicar todo lo que envía Hogg: como sus artículos no tienen pies ni cabeza, se los dan a un tal Inchauspe para que haga, de cada uno, dos o tres cuentos. Los publican así, con la firma de Hogg. BIOY: «Yo he visto, en cabalgatas con mis primas, la estancia de Hogg, con un gran tanque colorado, cerca de Vicente Casares». PEYROU: «Molina Massey es otro especialista, como Hogg, en cuestiones de campo. Manda un cuento a La Prensa. A los pocos días llama para saber en qué está su cuento. Le dicen que “ya hay pruebas”. Va a La Prensa, para hacer unas correcciones de detalle. Cambia todo. A los pocos días vuelve a llamar, “¿En qué está?”, pregunta. “Hay pruebas”, le contestan. “Voy a cambiar el final —dice— porque se me deslizó un error”. Va a La Prensa. No cambia el final. A lo largo de todo el relato, cambia el nombre del héroe; en vez de Cirilo escribe Sebastián». BORGES: «Es claro. No podía escribir Cirilo lo vio. Tampoco podrá escribir Sebastián no quiso. Escribirá: “Donde dice Cirilo léase Sebastián”. Por ese medio, sobre un cuento suyo puede llegar a escribir el Corán».

De un tal Atkinson, profesor de literatura española de la Universidad de Glasgow, dice BORGES: «Como tiene odio por Calderón, todos los años se ingenia de algún modo para no hablar de él. No tiene ninguna curiosidad por la literatura argentina». BIOY: «Piensan (desde Escocia, digamos) que la literatura española es la auténtica. No van a pasar más allá, en el esfuerzo, y alcanzar los matices, las variantes, los sustitutos». BORGES: «Niega la posibilidad de que algún norteamericano escriba bien, y como prueba cita a un escritor norteamericano que ha dicho que en Inglaterra todos escriben bien. No me parece elegante emplear así esa cita. Del traductor norteamericano del Quijote dice que es malo, que carece de idiomatic English y es incapaz de reproducir la concisión de Cervantes. Yo no creo que pueda hablarse de la concisión de Cervantes. Las frases de Cervantes se derraman: es un señor que habla y habla, muy agradablemente».

BORGES: «Quizá fue Laforgue quien escribió:

Que la vie est quotidienne[369].

Que la vie est quotidienne[369].

Max Nordau lo señala como una prueba de locura. Qué incomprensión, la idea y la expresión están bien. Cualquier escritor podría estar contento de haberlo expresado».

Borges dice que La prison de l’enfant, de Gloria Alcorta, es la versión literaria de El nene en su corralito[370] de Germán Berdiales. Según Peyrou, Berdiales habría escrito de rodillas la vida de Jesús. Esto recuerda a Borges que alguien puso como epígrafe unas líneas de Martínez Estrada, que decían: «Hay que escribir con los pies en el barro americano». Borges: «Estuvo imprudente Martínez Estrada. Por un momento dice: “Hay que escribir con los pies”. Después viene como un alivio lo del barro. Aunque no ha de ser cómodo escribir con los pies en el barro». BIOY: «Que alguien, en un momento de apuro, escriba una frase así, puede entenderse. Más raro es que haya un imbécil que la copie y la cite como una joya».

Lunes, 1.º de julio. A las siete de la tarde, cocktail en el barco La Argentina. Entre otros, Giusti, Ema Risso Platero (regresada del Japón), Borges, Eichelbaum, María Rebeca Peña, Ghiano y Goyanarte. Todo el mundo un poco borracho. Giusti (a Emita). «Ah, es uruguaya. Con razón yo le encontraba algo provinciano». BORGES (a Emita): «Es lo que todos, pensamos aquí de Montevideo, que es una ciudad de provincia, pero lo ocultamos». Reflexión de Emita: «Hasta Georgie ha tomado. Qué horror. Nos va a resultar un nuevo Edgar Allan Poe».

Comemos en casa Borges, Emita, Silvina, mi padre y yo. Emita nos divierte con anécdotas de sus años en Japón. Afirma que nadie gana en incomprensión a los japoneses. Dice que un diplomático italiano le prestó por varios meses su casa; un día, Emita se asoma al jardín posterior y, con perplejidad, descubre que están levantando una casa. «¿Qué significa esto?», pregunta. «El señor Pomodoro (digamos que así se llamaba el italiano) —le explican— de ninguna manera nos permitía levantar la casa. Como ahora no está, aprovechamos para hacerlo». «El señor Pomodoro me ha encargado a mí que le cuide su casa, así que no puedo permitir que ustedes sigan levantando la suya en el jardín», replica Emita. «Usted no nos ha entendido», contestan los japoneses, y vuelven a la carga con la misma explicación, y así ad nauseam.

Martes, 2 de julio. Come en casa Borges.

Viernes, 5 de julio. Come en casa Borges. Dice: «Wilde escribió: “Meredith is a prose Browning: and, of course, so is Browning”. Toda la gracia está en of course. Wilde agregó sobre Browning; “He used poetry as a médium for writing prose[371]”. Parece una observación grave, casi elogiosa. Browning, qué gran cuentista hubiera sido… aunque era muy palabrero».

Sábado, 6 de julio. Comemos, en El Malambo, en honor a Ema Risso Platero. Borges decía, las otras noches, cuando llamábamos a la gente, para invitarla: «Después de un rato vamos a descubrir que a todos hemos dicho que la comida es en El Quilombo». Estaban Delfín a Mitre, María Rebeca Peña, Cecilia Ingenieros, Chochó Anchorena, Borges, Erro, Gisele Shaw, Dujovne, Gannon, Clemente, Rest: unas treinta y tantas personas. Hablan Borges (admirablemente), Emita, Erro, junto a Borges está Susana Bombal; según Borges, esta gran dama, poco a poco escritora aceptada, dijo: mandolín, puntear por puntuar, un coma por una coma. BORGES: «Se ve que ha leído; id est, este error del coma prueba que ha leído, seguramente en periódicos, alguna frase concerniente a un moribundo».

Refiero a Borges que sir Roger Casement fue probablemente homosexual, y que había escrito en un diario íntimo sus experiencias[372]. BORGES (que reprueba la homosexualidad como tema literario): «¿Anotó esas cosas en el diario? Qué bruto». Sobre la condena de sir Roger Casement, basada en sus costumbres, recuerda que Housman escribió un poema en que se encarcela a un hombre por el color de su pelo[373].

Parece que en la revista Martín Fierro publicaron un epitafio, en que se decía de un homosexual que murió del grueso. BORGES: «Pensando un poco, se ve que es un viajero que ha regresado de esos países. In Arcadia él también. Qué raro que se publicara algo así en una revista. Qué revista».

Domingo, 7 de julio. Borges cuenta que Susana Bombal, en un alarde de erudición, le habló de Emilia Pardo de Bazán, También, que le refirió lo siguiente: En Londres, una madre y su hijo suben a un ómnibus. Como está muy lleno, se separan; el niño queda junto a dos monjas. La madre advierte que el niño conversa animadamente con ellas; cuando llegan a donde tienen que bajar, les da las gracias y les dice que han hecho algo extraordinario, porque el niño es muy hosco y no se da con nadie. Las monjas explican: «Habló con nosotras, porque creía que éramos pingüinos».

Recordamos el luto, universalmente impuesto al país, cuando murió la mujer de Perón: todos los empleados y funcionarios públicos debieron usar corbata negra; los diarios y las revistas aparecieron enmarcadas en negro (Sur trajo unas líneas mínimas); en las vidrieras había retratos con crespones (salvo La Boutique, de Julia Bullrich, que no puso nada) y aun bustos y altares (como la casa Comte, de Ignacio y Ricardo Pírovano quienes, a pesar de no ser santeros sino decoradores, ganaron mucha plata fabricando altares).

BORGES: «A mi padre, cuando era muy chico, le dijeron el día antes de su cumpleaños; “Mañana vas a ser un hombre”, y al otro día, cuando despertó y se vio igual que siempre, tuvo una gran desilusión. Esperaba, seguramente, despertar del tamaño de los hombres, vestido de hombre, con bigote y barba. Hay que aprender todas las cosas. En Jude the Obscure, un muchacho que está como loco por aprender griego, compra una gramática y se lleva una gran desilusión al comprobar que eso no basta: que debe aprender letras, palabras, declinaciones, verbos[374]».

Hablamos sobre Xul, que ha tenido un accidente al subir a un tren y casi muere[375]. BORGES: «Qué raro que a estos magos la magia nunca les sirva. Toman trenes, se hacen curar por médicos y sin embargo han convencido a todo el mundo del fracaso de la ciencia. ¿Por qué Xul no va al Tigre por un acto de introspección? Norah deseaba mucho creer en la magia de Xul y le preguntaba: “¿No es verdad, Xul, que se puede ir al otro lado de los espejos?”. Xul, en ese tiempo, era un poco ingenuo, y contestaba: “Sí, si uno sueña, o si está loco”».

Cuenta Borges que leyó un artículo de Lamb, en que se dice que no es posible representar a Shakespeare, porque al poner cada actor su parte —voz, ademanes, caracterización— falsea la obra. El colmo de la estupidez se logra cuando Lamb pregunta cómo va a presentarse ante una sala de trescientos espectadores el shy, retiring Hamlet[376] BIOY: «¿Y las declaraciones de amor, de enamorados castos?». BORGES: «¿Y los que traman asesinatos? ¡Qué imprudencia, de hacerlo ante la sala! Además, lo curioso es que Shakespeare, actor y empresario, no haya escrito sus piezas con intención de que se las representara». BIOY: «Otros autores, además de Lamb, han señalado que las piezas de Shakespeare pierden al ser representadas: pero esto a causa de sus deficiencias, no de sus primores». BORGES: «Es que después de Johnson, que era sensato, la crítica shakespiriana enloqueció un poco». Le pregunto si leyó la de Pope[377], que es aguda y justa. Me dice que sí.

Lunes, 8 de julio. Cumpleaños de Marta. Entre otros regalos, un echarpe de piel blanco (de Borges), una pulsera (de la madre de Borges) y un libro (de Norah).

Martes, 9 de julio. Come en casa Borges. BORGES: «Emita [Risso Platero] dice que Gannon está tan irritable como una mujer en el séptimo mes del embarazo. Una queja que Gannon tiene contra mí es un poco misteriosa. Te expondré el caso con la máshima lealtá, como diría Guillermo[378]. Parece que en un cuento cité unos versos de The Faerie Queene, sobre un espejo que permite ver cualquier cosa del mundo[379], y Gannon me dijo: “¿Vos no leíste todo el poema, verdad? El poema debe de ser una lata espantosa. ¿Estará bien que uno cite así unos versos lindos de un poema horrible? ¿Eso no es confundir al lector?”. Yo le dije que el arte de citar consiste en eso: en reproducir unas líneas que parezcan un poco mágicas, que sean las mejores del texto que las contiene. (Desde luego, deben ser adecuadas a nuestros propósitos.)».

Gannon habría anotado el texto de «Wireless» de Kipling con toda clase de comentarios insultantes. BORGES: «Qué toupè; Gannon se enojó mucho porque Kipling cambia —en el poema de Keats que por un inescrutable fenómeno, similar al que se intenta con un aparato de radio, recrea el dependiente de farmacia— el epíteto fair, que califica al sustantivo breast, por young[380]. Younges mejor que fair, que no es nada. Además, está bien que no transcriba simplemente el poema; que lo cambie un poco; que lo empeore en partes y que también lo mejore. Pero Gannon estaba furioso. “¿Quién es Kipling para corregir a Keats?”. Etcétera. Como Gannon escribe muy poco, toda persona que escribe, escribe contra él.

Toda persona que ahora está escribiendo, está escribiendo contra Gannon». BIOY: «¿Qué pensás de las cartas de Keats?». BORGES: «Han de ser tan malas como los poemas. Hay mucha cursilería en Keats»,

Gannon, que es muy tacaño, compró una selección de Las mil y una noches. BORGES: «Yo cometí una gaffe. Le dije que vos y que yo teníamos ediciones completas de Las mil y una noches. Se le enrojeció la cara de rabia. Dijo; “Qué feo. Para qué. Basta tener un tomito, con los mejores cuentos”. Gannon pensaba que si yo lo convencía de que era mejor tener la edición completa, todavía iba a tener que gastar quién sabe cuánta plata».

Hablamos de Emita. Un día Borges, en un restaurant, cansado de que se peinara, jugara con el collar, etcétera, le dijo: «Por favor, no coquetees tanto». «No puedo coquetear menos», contestó ella.

Sobre Seis problemas para don Isidro Parodi. Borges observa: «Una cosa le falta a ese libro para que pueda ser considerado muy bueno: le falta el éxito. Yo no sé si sin éxito una obra puede ser muy buena». Después de un momento de reflexión agrega: «La gente ha de sentir que ese libro está escrito contra muchas supersticiones; ha de sentirlo como un ataque personal».

Dice que Susana Bomba) le confesó: «Nunca sé cuándo hay que acentuar la palabra no»; la misma escritora empleó la frase: «Hay que poner un comillas». BORGES: «Tal vez, cuando se limitaba a hablar, no cometía tantos errores; pero ahora escribe. Scripta manent».

De Roberto Ledesma dice: «Es demasiado craso. ¿Cómo habrá aprendido la carpintería del verso?».

BORGES: «La gente no tiene ningún pudor de mostrarse obrando pro domo sua. Gherardo Marone con todo ahínco trataba de excluir a un profesor que se proponía para clases paralelas».

Hablamos de Buenos Aires. BORGES: «Algunos barrios son horribles. Los otros días yo iba por Caballito y por Flores y mi único consuelo era pensar que ésos eran los barrios de Nalé Roxlo». Asegura que Nalé es uno de los enemigos de Bustos Domecq. «Él es el autor de Chamico[381]», agrega. Sobre el cuento de Nalé, de la Grande Armée y de los lobos, durante la retirada en Rusia[382], dice que es muy lindo.

De Valéry afirma que es más reseco que un ladrillo: «Es un hombre muy inteligente sin ningún don para la literatura».

BORGES: «El temor de equivocarse, de cometer una gaffe, paraliza a la gente. Caillet-Bois quiere tener la certidumbre de que la edición comentada de Gracián, que le proponemos, seguirá el texto más correcto. Te imaginas que las diferencias entre los diversos textos no han de ser muy importantes».

Miércoles, 10 de julio. Borges come queso gruyere, que toca con las manos, que en seguida guarda en los bolsillos.

Jueves, 11 de julio. Concluyo Po Chü-i, de Waley y empiezo Li Po, también de Waley. Encuentro referencias al Ming Tang, edificio mágico, que da poder, a quien lo construye, sobre todo el mundo; según Borges, este poder provendría de una armonía entre su forma y la del universo; en todo caso, las instrucciones que da el Tao Te King determinan una casa modesta, con techo de paja; la emperatriz Wu Hou, que reinaba en tiempos de Li Po, no se avino con esta humildad y levantó un gigantesco y lujoso Ming Tang; de este modo habría desnaturalizado el edificio y disgustado al cielo[383].

Comen en casa Borges y Ema Risso Platero. Con Borges, Silvina y Emita hacemos listas de escritores para firmar una petición, ideada por Erro, dirigida al Ministerio de Relaciones Exteriores, en un intento de que nombren a Emita agregada cultural en Buenos Aires.

Sábado, 13 de julio. Corrijo las pruebas de mi prólogo a La novia del hereje, que ahora aparecerá como artículo en La Revista de la Biblioteca, con el título «Lo novelesco y Vicente Fidel López»[384]. Tal vez como prólogo fuera un trabajo mediocre; como artículo es malo: no tiene forma ni tesis. Borges, poco amablemente, me dijo las otras noches: «A vos no te importaría mucho que todos tus escritos se perdieran, a condición de que se salvara este artículo, ¿no es verdad?». Agregó: «No sé por qué te digo esto». No se publicará como prólogo porque la editorial, después de encargarlo y de hacerme pedir a Ludo López que corrigiera la edición, ha decidido no publicarla.

Miércoles, 17 de julio. Come en casa Borges.

Jueves, 18 de julio. Come en casa Borges. Refiere: «Gannon me leyó una nota biográfica sobre Sherlock Holmes, hecha por escritores ingleses, según el modelo de las del Who’s Who. Ahí se decía que Sherlock Holmes había estudiado (digamos) en tal colegio y luego en Cambridge, que había vivido en tal parte. Yo le dije que sin duda, para cada una de esas afirmaciones, había un pasaje en algún texto de Conan Doyle, Gannon replicó que no, se enojó mucho, aseguró que todo era una broma deliciosa, Yo traté de hacerle comprender que, hecha caprichosamente, esa biografía no tenía ninguna gracia: quienes la habían compuesto, conocían perfectamente la obra de Conan Doyle y se habían divertido en ese trabajo… Gannon no quería escucharme. Es tozudo, se cierra, se impacienta. Piensa una sola vez, y el resultado queda como grabado en bronce o en mármol. Emita cree que esos eclipses de Gannon, esas crisis de bobera, se deberán a que ha de tomar alguna droga». BIOY: «No creo. Su bobera basta y sobra».

Cuenta una anécdota de Clemente. Alguien dijo que hasta ayer la docena de huevos valía doce pesos, pero que hoy pedían dos pesos por cada huevo. Clemente le respondió: «Cómo te estás valorizando, m’hijo».

Desearía Borges que varías personas escribiéramos un libro, dirigido por él, sobre cómo han visto su pasado los ingleses. Shakespeare lo veía celta. Como los Estuardos se decían descendientes del rey Arturo, los republicanos insistieron en la ascendencia sajona: Milton no escribió sobre la Mesa Redonda y sir Thomas Browne escribe sobre el idioma anglosajón. Con Carlyle llega al máximo la predilección por los sajones. Chesterton y Belloc (¿y Matthew Arnold, antes?) vuelven a señalar la ascendencia celta.

BORGES: «Guillermo sostiene que ésta sería la gran oportunidad para suprimir el ejército. Esgrime eontra él argumentos políticos y económicos (la parte que se lleva del presupuesto, lo que gana cada militar). Conversa con amigos socialistas y no desconfía de ellos. No comprende que, si se disolviera el ejército, nada nos salvaría de Perón, ya que la policía ha de ser toda peronista. Desde luego, el ejército tiene mucha culpa de lo ocurrido, pero hay que reconocer que fueron los militares, no nosotros, quienes sacaron a Perón. Declarar ahora contra el ejército es una manera solapada de atacar al gobierno. Él es un liberal español, así que debe estar eontra los militares y contra los curas, sin entrar en cuestiones de ocasiones y circunstancias. Si volviera Perón, disolvería el ejército, para formar otro con criminales, una suerte de Mazorca, que sería mucho más cara y más peligrosa». Por militares se entiende en esta conversación a todos los militares, incluso aviadores y marinos.

Hablamos hablado de la fealdad de la señora del embajador de Israel. Bajábamos en el ascensor de servicio, tiesos, tratando de no mirar ni respirar el tacho de basura que nos acompañaba, «Yo siempre temo —dijo Borges—, cuando veo una cosa así, no poder olvidarla nunca. Debemos consolarnos con la reflexión de que sería peor que nos acompañara la señora del embajador».

Sábado, 20 de julio. Come en casa Borges. Le comunico el curioso texto de un telegrama de Beatriz Guido, del 14 de julio: «Preocupados ausencia Argentores mitad obras argentinas las plazas vacías volvé pronto». Significa que la sociedad de autores teatrales ha conseguido que la mitad de las piezas que se estrenen en el país sean argentinas y que Beatriz nos pide que escribamos piezas teatrales.

Borges da explicaciones sobre budismo, sobre Buda, sobre Confucio, sobre Lao Tse. Tras su entrevista —apócrifa— con Lao Tse, dijo Confucio: «Después de ver a un dragón, un hombre no es el mismo», Confucio no se consideraba un antiguo, sino un hombre que debía buscar las respuestas para todo en los libros antiguos, ya perdidos, un hombre de la decadencia del mundo. Según Borges, el budismo supone un pasado literalmente infinito, ya que toda vida está determinada por el karma —conjunto de buenas y malas acciones— de una vida anterior. El budismo no admite el yo: lo que imaginamos como un yo es una procesión de hombres que se mudan instantáneamente; sin embargo, hay memoria que va a encamaciones anteriores. El Buda es hombre; los dioses son inferiores a los hombres; ser hombre es tan difícil como para la tortuga tuerta que hay en el fondo del mar y que se asoma cada mil años, hacerlo pasando la cabeza por una argolla que alguien hubiera arrojado al océano. El budismo enseña la salvación; así como el sabor de cualquier gota de agua de los siete mares es el sabor de la sal, el sabor de la doctrina budista es el de la salvación. Enseña a salir de la rueda de la vida. Buda tuvo mujeres, fue cazador, fue príncipe: el ascetismo, para él, fue la privación de bienes que conocía y que reputó inferiores a los de la salvación.

Refiero la historia de Juan Secco, como la cuenta una amiga. Juan Secco es un millonario uruguayo, que está en la cárcel, por un negocio fraudulento de exportación de cueros; declaraba que exportaba cueros de una categoría, cuyos aforos (qué palabra) eran menores que los de la categoría que él exportaba realmente; así, pagando al Banco del Uruguay por cada cuero menos de lo que debía pagar, ganó millones. La gente de su grupo está consternada. A pesar de todo se sienten solidarios con el amigo en desgracia. Para que yo entienda, me explican la personalidad de Juan Secco. Separando méritos y deméritos, en la columna de deméritos habría que poner: durante la guerra fue partidario de los nazis; es nacionalista católico; no tuvo particular antipatía por Perón, con quien hizo negocios: en uno de ellos ganó, demasiado evidentemente, millones; para disimularlos ante sus amigos argentinos, todos más o menos perseguidos por Perón, los engañó diciendo que se había sacado la lotería; ahora esos amigos encuentran indicios, que los llevan a preguntarse si Secco no los delató a Perón —«Después de hablar con él, vine a Buenos Aires, me detuvieron y me preguntaron tal cosa. ¿Cómo la sabían?»—; es un hombre vulgar, de vida disipada a pesar de su catolicismo, que sólo piensa en el dinero. Los méritos, que para esta gente compensan ampliamente lo anterior: sabía recibir; en sus fiestas, continuas y que duraban hasta las seis de la mañana, ofrecía a todos champagne francés, whiskie escocés, cigarrillos americanos, caviar, pâté de Foie gras, artículos nobles y genuinos. Como la procesión de hombres que para el budismo es cada hombre, pero sin memoria, estas personas olvidaban todo lo malo, la afición por los tiranos y aun la traición a ellos mismos, y no sólo sentían que debían gratitud por la hospitalidad recibida, sino que admiraban al millonario espléndido. BORGES: «En la antigüedad, y sin duda aún hoy en Oriente, se elogia a reyes y a señores por esas virtudes». BIOY: «Dar una fiesta maravillosa puede ser importante, puede contribuir a embellecer un momento de la vida; pero qué raro poner el énfasis en la procedencia de las bebidas y de los alimentos. Además, opuestos estos méritos a los defectos del individuo, parecen pobres». BORGES: «Los amigos parecen chicos. Están embelesados porque cada vez que abren la boca les meten un caramelo». BIOY: «Y te hago notar que para ellos es más grave que para mí el delito de Juan Secco. Al fin y al cabo, transgredió un reglamento; esto me parece menos malo que ser partidario del mal y que delatar a sus amigos; pero para estos amigos el delito de Secco es gravísimo, como lo demuestra la cárcel que le han impuesto; y al delito se suma, como un agravante pavoroso, la vergüenza. Otro hecho cómico es que en la cárcel, como no hace ejercido, y como su vecino es un maquereau, un cara lisa, que cocina admirablemente, Juan Secco ha engordado treinta kilos». BORGES: «Me recuerda al personaje de Conrad, en The Secret Agent un prestigioso revolucionario que sale de una cárcel modelo notablemente obeso, lo que molesta a los admiradores del mártir de la causa, etcétera[385]». BIOY: «Cuando piensan que uno está suficientemente conmovido con este noble Juan Secco y su desgracia, se pasan a la patética situación de la mujer, que vivía como una reina, en una fiesta continua, sin tener tiempo para pensar, y que de la noche a la mañana se encuentra con esto. “Va a visitar a su marido todos los días —dicen—, mañana y tarde, lo que debe ser muy duro, porque no te creas que se llevaban bien; ella no debe quererlo mucho, ni mucho ni poco, y ahora tiene que soportar esta vergüenza. Una cosa era vivir al lado de ese hombre —vulgar, tal vez, pero que la tenía como una reina—, y otra visitarlo en una cárcel helada y ser la mujer del gran estafador. Los otros días hasta tuvo que aguantar que el marido le presentara al señor no sé cuánto, el cara lisa de la celda contigua. Le íbamos a hacer una broma sobre que el cara lisa todavía le propondría quién sabe qué, pero nos pareció de poco tino, porque la pobre ya estaba en un nivel bastante bajo.”». BORGES: «El cara lisa podría haberle dado consejos para sus primeros pasos en la prostitución, consejos que la salvarían de los errores que tantas cometen».

Me cuenta que Betina Edelberg oyó, por radio, a un grupo de poetas que leían sus poemas; Molinari, Nalé, Ledesma, Mastronardi y otros. A Borges, Molinari le parece el peor; Mastronardi, el mejor (a mí, Ledesma). Dijo Betina que, oyendo a Mastronardi, tenía que pensar; «Esto es un poema», tenía que considerar lo que oía como un poema, como algo aislado y no como sumido en un todo, en la obra. Si lo sentía como un poema le parecía admirable; si se dejaba llevar a verlo como parte de la obra, le molestaba el sistema que regía todos los versos; el sistema de fui el cariñoso[386]; porque, según Betina, Mastronardi trafica con blanduras y suavidades. BIOY: «Lo malo del sistema es que nos persuade de que el autor está como loco, no es libre, no tiene voluntad. A él le pasa como a Betina: no ve la obra en general, sino cada poema. Y para cada poema cree descubrir que la mejor solución es la que su sistema, o sus manías, le proponen: como el perro, vuelve al vómito[387]. En cada poema parece libre; en una serie, preso y loco, sin libertad». BORGES: «Lo que es extraño es que para Wally, Mastronardi es el ejemplo del poeta sencillo, sin adornos, liso». BIOY: «Es que ella no escribiría Yo fui el cariñoso, sino Yo fui la majestuosa». BORGES: «A todos nos pasa un poco lo que le pasa a Mastronardi». BIOY: «En menor grado». BORGES: «En menor grado. El que se salva más es Banchs, porque es el menos personal de los poetas. Escribe con toda la literatura. Por lo menos, con toda la literatura del soneto. No cansa, no se lo puede reducir a tres o cuatro efectos o manías».

BIOY: «En La Nación del domingo pasado salió un artículo de Etchebarne sobre “El tema de la costúrerita”». BORGES: «Son pésimos esos artículos de Etchebarne». BIOY: «Así es. En este último encontré una cita de un libro mío de 1933[388]. Me dio un cierto agrado: ya me he olvidado de esos libros, pertenecen a un pasado muy remoto, y, viéndolo citado en serio, tuve la impresión de que asistía a mi propia posteridad. Ese agrado duró hasta que leí la frase. ¿Sabes cómo era mi frase? Era así: “De pronto, en la semioscuridad que abribonaba la calle”». BORGES: «No puede ser que hayas escrito eso». BIOY: «Sí. Ya el sustantivo bribón es bastante feo, ¿qué te parece el verbo?». BORGES: «Al principio no lo entendí. Te pasó como a Norah Lange, o a Willie [Borges], no recuerdo cuál; había comprado un diccionario y escribió: La luna agitanada. La luna gitana no es mucho; pero agitanada es todavía menos». BIOY: «¿Y qué te parece? Cuando Etchebarne transcribió la frase, ¿habrá advertido cuán absurda era?». BORGES: «No. Él transcribe, porque le conviene para su tema, pero no siente ni entiende; sigue no más. Uno creería que esas citas son hostiles: no lo son». BIOY: «No, no creo que lo sean; sin embargo, cuando él escribe no comete errores así». BORGES: «Corresponden a una época. Al ultraísmo. Entonces los atardeceres eran capaces de cualquier cosa, podían tener los complementos directos más absurdos. Yo creo que el consejo que hay que dar a los jóvenes es: ante todo, evitar lo expresivo. Hay que escribir confiando en el idioma. A lo más, se puede insinuar. Si uno quiere ser expresivo, se cae en frases como “Temperley, árboles y quintas y trenes” y tilinguerías por el estilo. Es claro que si decimos solamente Temperley, con el tiempo la imagen que queremos transmitir habrá cambiado: Temperley en un escrito nuestro, leído dentro de mil años, quién sabe qué significado tendrá». BIOY: «Pero de todos modos es mejor escribir tigre que decir un susto a rayas». BORGES: «Esos pecados de vanidad es mejor haberlos cometido. Un escritor como Wells, que nunca los cometió, en cualquier momento puede caer en la tentación». BIOY: «La tentación siempre acecha. Yo tenía que decir que unos enamorados se asomaban a una ventana. Escribí: Enamorados entrelazados. Después taché entrelazados, pero por un minuto ahí estaba». BORGES: «No está mal, enamorados entrelazados». BIOY: «Para un poema, no estará mal; en prosa sí. No se sabe qué ataque de literatura o de vanidad le dio al autor». BORGES: «Cuando uno es muy joven cree que escribir de otro modo —no expresivo— no es escribir. Sin embargo, uno se emocionaba, reía y lloraba, con autores que, según nuestro criterio de entonces, escribían mal». BIOY: «Para mí escribir era elaborar cadenas de frases expresivas —además: con imperialismo idiomáfico, empleando palabras y aun frases hechas que nunca había empleado; colonizándolas, por así decirlo». BORGES: «El estilo resulta así muy inconexo. ¿Qué te parece Lugones?». BIOY: «En quinientos años hubiera aprendido a escribir». BORGES: «No supo nunca escribir en un estilo tranquilo. O es literario, con ópalos y crisoberilos, o notarial, con la enmienda pertinente[389] que comporta de suyo. Quevedo nunca hubiera aprendido a escribir. Yo creía que era mejor que Góngora, pero Góngora es capaz de emocionarse y de comunicar emoción».

Cita versos del poema sobre Córdoba[390]. Después dice el poema de Quevedo sobre el Duque de Osuna[391]:

Faltar pudo su patria al grande Osuna,

pero no a su defensa sus hazañas;

diéronle muerte y cárcel las Españas,

de quien él hizo esclava la Fortuna.

Lloraron sus invidias una a una

con las proprias naciones las extrañas;

su tumba son de Flandes las campañas,

y su epitafio la sangrienta Luna.

En sus exequias encendió al Vesubio

Parténope, y Trinacria al Mongibelo;

el llanto militar creció en diluvio.

Dióle el mejor lugar Marte en su cielo;

la Mosa, el Rhin, el Tajo y el Danubio

murmuran con dolor su desconsuelo.

BIOY: «No es malo». BORGES: «Pero no tiene ninguna emoción. Es fabricado… y qué diferencia con el soneto de Wordsworth, del señor que arrasó una arboleda:

[…] Many hearts deplored

The fate of those old Trees; and of twith pain

The traveller, al this day, will stop and gaze

On wrongs, which Nature scarcely seems to heed […][392],

Wordsworth evita la tentación de mostrar a toda la naturaleza dolorida,

Dióle el mejor lugar Marte en su cielo.

Dióle el mejor lugar Marte en su cielo.

Qué idea y qué verso. El mejor lugar, con vista al río. Cuando dice del duque de Osuna que muerto estaba preso, no imagina nada, no imagina lo que significa estar muerto. Uno siempre dice:

Faltar pudo a su patria el grande Osuna

Faltar pudo a su patria el grande Osuna

que es mejor, más verosímil y hasta más noble.

Faltar pudo su patria al grande Osuna

Faltar pudo su patria al grande Osuna

casi no se puede decir». Recuerda anécdotas que muestran al Grande Osuna como un completo rastacuer. BIOY: «Sin duda hubo un tiempo en que se admiraba a los rastacuers; en que nadie había descubierto todavía que ser rastacuer era un poco vulgar».

En comparación con Quevedo, alego a Lope: Borges conviene conmigo en que Lope escribía más agradablemente. «Tiene sonetos muy extraordinarios», dice. Asegura que uno puede leer a Quevedo, poemas y poemas, sin encontrar emoción alguna ni intimidad. Góngora es mejor y Lope mucho mejor. «No sé cómo pude admirar tanto a Quevedo», concluye.

Hablamos de Mallea. BORGES: «Escribe mal, pero sin deliberación, por azar. Escribe silencio obeso: es feo, puede uno creer que es literatura; él no sabe por qué lo ha escrito. En Donne hay versos lindos, pero también hay mucha fealdad. ¿Cómo hay que escribir?». BIOY: «Lisamente, con armonía, tratando de comunicarse con el lector, no de rechazarlo». BORGES: «Como escribe Moore. Sin embargo, mira cómo empezó». BIOY: «Esa manera de escribir absurda, que teníamos en nuestros comienzos, es útil como disciplina. Nos enseña a evitar descuidos. Tal vez lo que pueda uno lograr de vez en cuando es una alusión leve y no insistida. Para encontrarla, aquella disciplina nos sirvió. En la Biblia hay frases así: que comunican por alusión feliz. No puede uno escribir un libro hecho de esas frases». BORGES: «Tal vez Stevenson puede escribir con frases complicadas, sin que se noten complicadas. ¿Y Chesterton? Bueno, todo en él es como un juego de marionetas». BIOY: «Uno entra en el juego y lo acepta. Nada rompe el estilo. Bueno, tal vez esta argumentación podría emplearse para defender a Larreta. Pero Larreta juega mal su juego, y su juego es poco interesante». BORGES: «A los españoles les gusta un vaivén dialéctico, esto y aquello:

Faltar pudo su patria al grande Osuna

pero no a su defensa sus hazañas.

Bueno, si les gusta es inobjetable». BIOY:«Y qué me decís del comienzo del famoso soneto:

No me mueve, mi Dios, para quererte

el cielo que me tienes prometido,

ni me mueve el infierno tan temido

para dejar por eso de ofenderte.

¿Qué me decís del por etc?». BORGES:«¿Qué significa el por eso? ¿Temen que el desmemoriado lector se olvide? Pero el infierno tan temido está demasiado cerca para olvidarlo. Vos sos la primera persona que ha notado la anomalía de esos versos. Si uno los hubiera escrito, a la mañana siguiente llamaría a la imprenta para que no los publicaran. Sería un caso de stop press. Además, el primer verso parece:

No me mueve ni Dios para quererte».

No me mueve ni Dios para quererte».

Sigue recitando el soneto:

Tu me mueves, Señor, muéveme el verte

clavado en una cruz y escarnecido;

muéveme ver tu cuerpo tan herido;

muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, al fin, tu amor, y en tal manera

que aunque no hubiera cielo yo te amara,

y aunque no hubiera infierno te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera;

pues aunque lo que espero no esperara,

lo mismo que te quiero te quisiera.

BORGES: “Cuánto mejor lo del obispo de Chartres, que se encuentra con una mujer que lleva un balde con agua, para apagar el infierno, y con una antorcha, para incendiar el cielo[393]”.

Comentamos las elecciones de la SADE. BORGES: “¿A vos no te interesa quién va a ganar las elecciones?”. BIOY: “Cómo no me va a interesar. Deseo mucho que gane la lista de Erro; sobre todo, que no gane la de Martínez Estrada y los comunistas. Pero nunca pienso en el asunto. Para interesarme, debo forzarme a pensar”. BORGES: “¿Y para las elecciones de constituyentes del 28[394] sos tan frío?”. BIOY: “De ninguna manera. Las miro con alarma y amargura”.

Le dijo a Estrella Gutiérrez que le parecía mal que Eandi, estando en la lista de Erro, continuamente estuviera comunicándose con los de la otra, “¿Cómo le dijiste eso a Estrella Gutiérrez, que es amigo de Eandi?”, le preguntaron. “Mejor —contestó Borges—. Mejor que se lo cuente y que sepa que no engaña a todo el mundo”.

Se habla de las cátedras paralelas, que los estudiantes impusieron en la Universidad. BORGES: «¿Quiénes deben juzgar a los profesores que se presentan como candidatos? Como el titular, que entiende en la materia, se excusa, deben juzgar los que no conocen la materia —por ejemplo, si a mí me presentan una Historia de la literatura italiana plagiada de alguna famosa, probablemente no descubra el plagio—. Yo les propuse que juzgaran profesores de otra universidad; a los de la de Buenos Aires, los de las del Litoral, Cuyo, Córdoba o del Sur, por ejemplo. Esto indignó a los demás. Sólo Resta estuvo de acuerdo conmigo». BIOY: «Resta es simpático». BORGES: «Sí, pero dice cosas desagradables. A mí me preguntó: “¿A usted ya lo bocharan? Ah, yo creía que ya lo habrían bochado”. Eso no lo dice hostilmente. Piensa en voz alta. Hay que tener cierta candidez para hablar así. En cuanto a Guillermo, no vacila en ponerse del lado de la mayoría».

Dice que un primer libro, de cuentos eróticos, dejóse S. Alvarez, se llamaba Esmeraldas. Borges: “Esmeraldas, porque era verde: qué imbecilidad”.

De Ríos Patrón dice: “Si llega al infierno, lo van a rechazar por insignificante”. De Alicia Jurado: “Es budista. Trata de amoldar su conducta a los principios del budismo. Está bien. Pero hay algo limitado en esa chica”. De Emita Risso Platero: “Prefiere vivir en la ilusión de que la quieren mucho”.

José Luis Lanuza afirmó que quienes sostienen que debe dejarse que compañías extranjeras exploten nuestro petróleo están vendidas a las compañías de petróleo, Standard Oil y Shell. BORGES: “Sin embargo los que se entusiasman con un equipo de fútbol los domingos, ¿están pagados? ¿Por qué la gente no puede tener opiniones? Unamuno dijo que era una costumbre de la mezquindad española pensar que si alguien daba dinero para un manicomio era porque estaba loco y pensaba que lo encerrarían pronto; si uno daba dinero para cárceles, se disponía a caer preso y si daba dinero para cementerios pensaba morir».

Hablamos de José Luis Lanuza: no tiene mucha fama, ha escrito un libro sobre negros[395], publica artículos inteligentes e informativos. BORGES: «Ojalá que hubiera muchos escritores como Lanuza. Hoy, en la Biblioteca, lo oí hablar sobre Mansilla; ahora sé algo más sobre Mansilla. En general, si uno oye la conferencia de un escritor argentino sobre determinado tema, sale sin saber nada. Mansilla no me parece muy simpático. Era un rusta y un compadre». BIOY: «Hay demasiada gente así en la República, para que uno lo admire». BORGES: «Mansilla hace enumeraciones estúpidas: “yo que viajé en mula, a caballo, en elefante, en camello, en coche, en barco; o yo que comí tal cosa en tal parte, tal otra en tal otra, etcétera[396]”. Está showing off todo el tiempo. Parece que fue el primer argentino que visitó la India. ¡Las mentiras que habrá dicho sobre la India! Lanuza contó un episodio de Sarmiento y Mansilla bastante gracioso. Antes de que Sarmiento fuera presidente (cuando ya estaba electo, según creo), Mansilla le llevó una lista de personas para formar el ministerio, en la que se había incluido. Sarmiento lo recibió en un balcón, o desde lo alto de una escalera, y cuando leyó el papel dijo en seguida: “No, amigo Mansilla, eso no puede ser. Yo tengo fama de loco y usted, sin duda con menos derecho, también la tiene. ¿Qué diría la gente? Basta un loco en el gobierno”. En su entrevista con el Kaiser, Mansilla, que era embajador, no se portó bien. El Kaiser le dijo que sabía que Rosas era tío suyo. Mansilla contestó que Rozas era un idiota. Sin duda, el Kaiser había querido ser amable; no sabría nada de Rosas ni de nuestro país, Mansilla tenía fama de ocurrente. El mismo Oliverio aspira a esa fama, sólo que no se le ocurre nada, salvo plagiar a los demás, diez años después».

Parece que Frondizi ha dicho que las cartas en que Perón recomienda y dirige el sabotaje son apócrifas; que el gobierno quiere que la gente vote en blanco (es lo que pide Perón; si las cartas de Perón son fraguadas, las fraguó el gobierno; si los pedidos de Perón de que se vote en blanco son fraguados, los hizo el gobierno), que los terroristas son muchachos atolondrados e impacientes; que en las elecciones habrá fraude. BORGES: «Qué especie de sinvergüenza. Es un vivo: vale decir, una persona que deja ver que es un sinvergüenza; que la gente admira porque entiende que es sinvergüenza. Ayer vi manifestantes de Frondizi. Era el malevaje de Perón. Gritaban:

Que se vaya

el gobierno canalla.

El mismo malevaje: persona por persona».

Sobre el Fausto. BORGES: «Es raro que el mal no se sienta en este libro. En Macbeth se siente. En el Fausto, no: hay dos señores que charlan. El episodio de Margarita es bastante endeble: tango avant la lettre. Qué raro que a nadie, ni siquiera a los alemanes, se les haya ocurrido nunca representar el Fausto. Tal vez tenga razón Rest: no hay fantasía en la literatura alemana».

BIOY: «Las comparaciones entre dos ciudades, como Buenos Aires y Nueva York, son difíciles, porque, a pesar del avión, pasan varios días entre el momento en que uno ve una y ve la otra. Habría que poder verlas en una misma tarde». BORGES: «Lo que me gustaría sería caminar un rato por el Buenos Aires de hace diez, veinte o treinta años. Ver la gente que había entonces, vestidos como entonces, aun la que ahora esta muerta». BIOY: «En un drama de Priestley una persona que va al pasado encuentra, a la gente de la casa que visita, en una fiesta[397]. Esa situación, que sin duda se repite en varios cuentos, me parece poética, porque se contrasta la alegría frívola de la gente de la fiesta con lo que nosotros sabemos de ella: que está en el pasado, que están muertos». BORGES: «Como nosotros, que no sabemos que estamos en 1957: en el pasado también».

Hablo del Literalism, escuela literaria probable, que opera en París: una mesa es una tabla sostenida por cuatro palos llamados patas. BORGES: «Uno de los poetas del Literalism, antes fue simbolista y escribió: Más ángeles».

Fornieles va a dar una conferencia en la Biblioteca. Antes, quiere conocer a Borges y lo visitará. BIOY: «Cómo la vida no le ha enseñado que esa visita será, sobre todo, incómoda y poco fructuosa. Yo cuando estuve en Inglaterra no traté de conocer a ninguno de los escritores que admiraba. Sin pasado común, en una visita especial, es difícil conversar y explicarse». BORGES: «Cuando se dijo que vendría Chesterton a Buenos Aires yo anhelé no verlo. Prefería seguir conociéndolo por los libros».

Me dice: «¿A que no sabes qué invoca el pintor Siqueiros para pedir que se prohíba el uso de la bomba atómica? La belleza. ¿Qué sabrá Siqueiros de la belleza?».

Se habla de gente bizca. BORGES: «Yo he sido siempre tan ciego que aunque he oído hablar de ojos bizcos, nunca vi ninguno».

Martes, 23 de julio. Come en casa Borges. Leemos «Los bienes de la sombra» de Mastronardi. Borges lo compara con los Poemas solariegos de Lugones: «Las fiestas patrias para recuerdos de familia».

Miércoles, 24 de julio. Come en casa Borges. Dice que una debilidad del Paraíso perdido es que el mundo fantástico está imaginado a medias: «Dante lo imaginó vividamente —bueno, al paraíso, no— y el lector sigue el libro interesado, como si leyera una novela fantástica, Dante procede como Wells; sin duda, la luna no será como la describe Wells, pero mientras opera la suspensión of disbelief uno la admite así, porque corresponde a una invención coherente». BIOY: «Qué raro. Cuando la gente visite la luna, el libro de Wells perderá un poco de su validez». BORGES: «En el prólogo a la traducción de Ibarra del “Cementerio marino” yo digo que si un día se llega a saber lo que ocurre después de la muerte, la mitad de la literatura y de la filosofía quedarán invalidadas».

Sábado, 27 de julio. Voy a la SADE, donde paso un día interminable. La desidia, la desorganización de nuestro grupo es pasmosa; los comunistas, en cambio, trabajan a conciencia. En la Asamblea, nos derrotan ignominiosamente: probablemente, entre quienes levantan el brazo contra nosotros, hay muchos que ni siquiera son socios. La elección parece perdida. Con dinero del partido comunista, pagan lo adeudado por los socios morosos: diecinueve mil pesos. Nosotros no hemos recurrido a este dudoso procedimiento, tal vez porque nos faltaron energía y liberalidad. Muy poco de memorable ocurre. El comunista Wernicke me saluda afectuosamente: «Vos y yo —me dice— no hemos conseguido dar Buenos Aires, aunque lo buscamos con honestidad. El atorrante de Borges (sonrisa amistosa, para indicar que no es hostil) lo consigue, porque tiene más talento. El pituco de Güiraldes da el campo. En la estancia, yo leí Don Segundo a los peones y un negro asentía: “Es verdad, eso es verdad”». Estela Canto, borrada, declara: «Yo digo a todos que éste (señala a Borges) es un analfabeto en política. Sé que es muy hábil». También está borracho Adolfo Mitre. Me proponen que lo lleve a su casa. Me niego: «Después, ¿cómo lo bajo del coche? Es inextricable». Barletta me saluda; lo saludo apenas.

Comemos en casa, con Borges, y volvemos a la SADE. Llueve a torrentes, Estamos seguros de haber sido derrotados. Borges se consuela: «Bueno, nuestra lista no vale mucho. Eandi, Soto, González Lanuza son comunistas o casi. Erro también. Es un caso de “either way, I don’t care a pig’s (o hog’s) fart [sea lo que fuere, me importa un pedo de cerdo]”».

Me dice que a Stevenson le gustaba el champagne. Cito una frase de Gide, sobre Stevenson: «Si la vie le grise, c’est comme un très léger champagne [Si la vida lo embriaga, es como un ligero champagne]».

Domingo, 28 de julio. Llama Peyrou. «¿Sabes una cosa? —me dice—. Ganamos. Es la locura. Ganamos por diecinueve votos». Vale decir, que la SADE no cayó en manos de los comunistas. A mediodía votamos en las elecciones de Constituyentes. Yo, con miedo de perder el voto, por los Demócratas, que tienen a mi padre entre los candidatos. Llamo a casa de Borges. «Vamos ganando», me dice la madre. Me da tanta emoción la noticia, que se me enfrían los pies y las manos. Por increíble que parezca, Frondizi no gana, ganan los Radicales del Pueblo, gana la Revolución Libertadora, Paso por el comité de los Radicales del Pueblo en la calle Mansilla. «Duerma tranquilo —me dicen—. Hemos ganado».

Come en casa Borges. Conversamos.

Lunes, 29 de julio. Come en casa Borges. Habla de los jenízaros. Eran hijos de cristianos. Llevaban la cruz marcada en la planta de los pies, para que la pisaran. BORGES: «Yo creo que hay un error en eso. ¿Dónde empieza a estar lo que uno pisa? Yo creo que fuera de los propios pies». BIOY: «Indudablemente, esos musulmanes no conocían el sello».

Wally Zenner pierde sus guantes. Los encuentran en la Biblioteca; Borges la llama, para darle la buena noticia. Como ella siempre debe ser trágica, pregunta: «¿Qué me importa haber encontrado los guantes, cuando he perdido todo?». Interpretación de Miguel de Torre: «Ha perdido la pollera, los calzones, la blusa. Va a estar desnuda, con guantes».

BORGES: «Poe, que había escrito sobre globos, dijo que todos los paisajes de la Tierra eran hermosos, porque habían sido hechos para que los miraran los ángeles[398]. Ésta es una idea que sirve para pocos minutos».

Cita a Rivarol, que habría dicho: «La langue française, seule qui a le mérite de la probité[399]»

Cuando nos estamos yendo, al salir de mi cuarto, dice el verso:

No me mueve, mi Dios, para quererte

No me mueve, mi Dios, para quererte

y comenta: «Si sólo hubiera quedado este verso y el resto del poema se hubiera perdido, ¿cómo lo interpretaría la gente? ¿Se figuraría tal vez a una persona que mira el mundo, sacude la cabeza y exclama:

No me mueve, mi Dios, para quererte?

No me mueve, mi Dios, para quererte?

¿Quererlo a Dios? En verdad es raro que se lo pueda querer. Temer parece más lógico. Ha de ser por miedo, y por cortesía, para congraciarlo que dicen que lo quieren. ¿Cómo van a querer a un ser tan raro y tan incomprensible? No, amor no se puede sentir por él; una gran curiosidad, sí. Quien no tiene curiosidad por él, no tiene curiosidad por nada. Es una relación muy extraña, la del hombre y Dios. ¿Qué puede importarle que lo queramos? Es como si nos importara que nos quieran las hormigas, o las uñas. Todavía, que otros dioses lo quieran». BIOY: «Escribí alguna vez que en las relaciones del hombre con la Omnipotencia, la literatura es ecuánime en su simpatía por la Omnipotencia. Si se cuenta la historia de un pobre desgraciado que se rebela o se descamina, se lo muestra como un monstruo, que maltrata cruelmente a su víctima, el dios que lo mandará al Infierno». BORGES: «Es que el miedo no es sonso. ¿Cómo no se va a adular a Dios si junto a él es poca cosa el propio vigilante?».

Martes, 30 de julio. Comemos en La Prensa, Borges, Peyrou, Fernández Latour y Clemente. Este habla con admiración de Crítica, Clemente: «Para mí es el verdadero diario. Es un gran diario para estar en manos de un chantajista. Tiene los mejores periodistas, gente que sólo pregunta antes de ponerse a escribir: “¿En favor o en contra?”. En cuanto a Demacrada, después de la Revolución, yo propuse hacer un diario que siempre estuviera en favor del obrero y en contra de las empresas —al fin y al cabo, las empresas son particulares, así que no importa— y que de contrabando hiciera, gota a gota, buena propaganda; pero el gobierno no quiso». Borges comenta después: «Es un personaje de Bustos Domecq. Cómo se entusiasma con planes indecorosos. Le importaba menos el contrabando ese que la abierta campaña de chantages. No entendió siquiera que el gobierno de la Revolución no podía seguir una política de difamaciones y atropellos».

Al salir, después de comer, hace frío. BORGES: «Qué lindo este frío». PEYROU: «No es tan lindo, para tener un resfrío». BORGES: «No es lindo para tener frío». PEYROU: «Es lindo para tener calor». Hablamos de los Demócratas Cristianos. Digo: «Son socialistas capados». Dejamos a Peyrou en alguna farmacia, atendiendo su garganta, y Borges y yo vamos al velorio de Ricardo Rojas. Frente a la casa de Rojas nos espera el doctor Olejaveska. BORGES: «Qué feo este patio. Los patios deben ser abiertos, como una vereda. Éste es muy triste. Parece abrumado de plantas y de claustros. Qué idea absurda vivir en una maquette de la casa del Congreso de Tucumán. Te das cuenta que en vida convirtió su casa en museo. ¿Por qué no habrá exhibido también un cepillo de dientes? Día a día iba produciendo su propio museo».

Nos recibe un viejo que fue celador del instituto Libre[400]; un personaje entre ridículo y sospechoso, cuyo nombre no recuerdo. «¿Podríamos irnos?», pregunta en seguida Borges. A la salida nos encontramos con Olivera. Por error lo trato, al principio, de usted. Lo dejamos. «Es un sonso —dice Borges—. Es un sonso este muchacho». Hablamos de Rojas. BORGES: «Debía haber en él algo muy vulgar. Va a escribir sobre una persona de la Historia argentina; no elige personas secundarias, va directamente a San Martín y a Sarmiento, Titula el libro sobre San Martín El Santo de la espada. Otra cosa: hasta los peores autores tienen discípulos. No se conoce nadie que trate de escribir como Rojas. Al contrario, lo evitan, dan un unde berth para pasar a su lado; cerca de él hay plenty of elbow room». Como poeta era pésimo:

Tenemos una «villa» lírica, y en la Villa

vive un Conde francés que es una maravilla[401].

Qué animal. Cuando volvió del destierro quería escribir algo sobre el mar y le preguntó a González Garaño qué escritor había escrito sobre el mar. Como yo a Barletta, González Garaño le recomendó a Conrad. No lo conocía. Es claro, ¿cómo iba a conocerlo, sí se pasaba la vida leyendo a Labardén? Leyendo a Barco Centenera no tenía tiempo para otros barcos…». Sobre la Historia de la literatura argentina, dice Borges que es un libro en que participaron los alumnos[402]. BIOY: «Evidentemente, los velorios tienen virtud mnemotécnica». BORGES: «Sí, es un peligro. Uno puede pasarse la vida diciendo: “Cuando fui al velorio de…”. En cambio, no podría decir: “Cuando no fui al velorio de…”».

Hablamos del sueño. BIOY: «Hay algo positivo en el placer del sueño». BORGES: «Yo pienso escribir sobre eso. A mi también me parece que hay algo positivo; si no, ¿por qué uno se siente tan desventurado cuando lo despiertan a las seis de la mañana, para emprender un viaje al Rosario? No creo que la desventura se explique solamente por el viaje; que hay por delante, ni por la contrariedad de dejar de no ser. Esto, la contrariedad de dejar de no ser, es una idea para la literatura y para nada más. La literatura es una especie de waste paper de ideas totalmente inútiles. ¿Vos crees que podría haber un idioma que no permitiera decir cosas como ésa? ¿Que no admitiera errores de lógica ni inexactitudes? Este idioma es una de esas ideas inútiles, que sólo sirven para la literatura».

Hablamos de la tristeza de las madrugadas. Le digo que la ciudad (las casas) toma un aire tétrico a esa hora. Cita, con elogio, unos versos en que se compara a París con un viejo que se restriega los ojos antes de tomar los utensilios: versos un poco ridículos. BIOY: «La tristeza es menor en el campo, donde se oyen cantar los pájaros». BORGES: «¿Té acordás de los versos del Martín Fierro y de la madrugada con las gallinas?». Recita:

y apenas la madrugada

empezaba a coloriar,

los pájaros a cantar,

y las gallinas a apiarse,

era cosa de largarse

cada cual a trabajar[403]

BIOY: «Yo prefiero los pájaros». BORGES: «Quizá provenga la tristeza de la conciencia del horror de la vida, de tener que emprender una nueva jornada. Algo que también entristece es hacer cosas que uno sabe que no dejarán ningún recuerdo. Uno va en tren al Rosario. El tren se detiene: uno mira el letrero de la estación y lee Maschwitz. ¿Para qué?».

Miércoles, 31 de julio. Come en casa Borges. Hablamos de la mediocridad de Ricardo Rojas; leemos sus poemas.

Jueves, 1.º de agosto. Come en casa Borges. Me refiere que en el Paraíso perdido, antes de la caída, Adán y Eva se casan y cumplen todos los ritos del casamiento; después de probar el fruto del árbol caído, vuelven a hacer el amor[404]. En La Ciudad de Dios, San Agustín dice que antes de la caída Adán y Eva hacían el amor; entonces éste dependía de la voluntad, como mover la cabeza, y no se llegaba a él por la confusión de la pasión. Como las otras sensaciones (táctiles, visuales, auditivas, olfativas, gustativas) era mucho más intenso que nuestro amor extraparadisíaco[405].

Viernes, 2 de agosto. Come en casa Borges.

Sábado, 3 de agosto. Para almorzar en honor de Giusti, nos reunimos Wally Zenner, Borges y yo en la confitería Real. Borges me regala un libro sobre Confucio de Shigeki Kaizuku[406]. Vamos a La Emiliana, donde se sirve el almuerzo. Ha de haber más de doscientas personas. Borges me pregunta: «¿Giusti confundirá esto con la gloria?». Nos colocamos en una punta. José Luis Romero advierte que lo van a sentar en este último extremo y con ansiedad acomete contra la cabecera, para conseguir el sido que le corresponde. Wally siente todo intensamente y, según Borges, está siempre al borde de ofenderse de modo definitivo. A mi lado hay un señor Rosenthal, a quien vi en alguna parte últimamente. Habla de que el teatro está en manos de gente absurda y me conmina: «Convénzase, Bioy, nosotros tenemos que organizar nuestro propio teatro». Alguien comenta las palabras micrófono y megáfono. Ilka Krupkin dice: «Los dos sirven para hablar. Son como las mujeres: las dos sirven para lo mismo, pero unas son señoras y otras son bueno, bueno». INÉS MALINOW (coquetamente): «Y a mí, ¿en qué categoría me pone?». ILKA: «Usted, poetisa. Ja, ja». Empiezan los discursos. «Durante veinticinco años —declara Soto—. Giusti dirigió la literatura desde Nosotros». BORGES: «Durante veinticinco años se resignó a publicar a Julio Noé y a Mayorino Ferraría».

Borges y yo nos acercamos a la baranda, con el pretexto de oír mejor; después a la puerta; después huimos. Lo dejo en su casa.

Domingo, 4 de agosto. Come en casa Borges. BORGES: «Una señora me dijo que una amiga suya, llamada Tita, tenía mucho éxito con los hombres. Los otros días fue a probarse una redingote. Al verla, el sastre exclamó: “¡Qué señora más linda!” y la abrazó por atrás. Ella se enojó, le dijo que se fuera, etcétera. Entonces entró el cortador y “también se le fue al humo”, trató de abrazarla y tocarla. Con nostalgias y mild wonderment, la amiga comentó: “Tita tiene mucho éxito con los hombres”. Esta historia no sirve para escribir, la trivialidad le da el tono. Quizá la key word sea éxito: “Tiene mucho éxito”. Es un éxito bastante craso. Fijare que es gente mundana. Bueno, esa Tita debe de ser muy estúpida e ignorante: cuando oyó hablar del Quijote preguntó quién era. El sastre y el cortador parecen locos, o autómatas. No son sastre y cortador: son muñecos; podrían seguir apareciendo otros, que también abrazaran a la señora. Aunque bastaba con dos. Parecen un jack in the box. La gente cuenta historias deliberadamente fabricadas para hacer reír, pero no cuenta historias como ésta, que es una verdadera joya».

Frases de una dama, referidas por Maneco Randall a BORGES: «Oprima P. B.» (en el ascensor) por «Apriete el botón de planta baja». «¿Posee vehículo?» por «¿Tiene automóvil?». «¿Gusta mondas?» (ofreciendo, en la palma de la mano, escarbadientes).

BORGES: «Ahora todo el mundo se tutea y la palabra señorita está radiada. Para invitar a bailar, un muchacho pregunta a una niña (a quien no conoce): “¿Vos bailas?”».

Cita a Dabove, que dijo gravemente: «Qué interesante seria ver a un chico y a una chica bien, haciendo el amor».

Hablamos de los Machado; de los autores apócrifos, Juan de Mairena y otros, inventados por Antonio Machado; de un artículo de Guillermo de Torre sobre Antonio Machado, publicado en La Nación de hoy. BORGES: «Es muy malo. ¿Por qué lo habrá escrito? En un libro, Martínez Estrada cita a Guillermo. Qué sospechoso. No creo que pueda engañar a Martínez Estrada. Aunque Martínez Estrada es tan ignorante… Y tampoco esa cita puede ser por caridad hacia el amigo. Ha de ser interesada». Sobre Guillermo dice: «Es un idiota, pero no hay que dejarse engañar por ello: también es una mala persona».

Lamenta que Poe haya muerto tan joven. Habría podido escribir mucho: «Si se tiene en cuenta que lo que uno escribe es una fracción de lo que uno inventa… Escribió, pensó, inventó, no se resignó a reescribir siempre el mismo tema. Mucho más diverso que Maupassant y que Chesterton. Ejemplos de diversidad son “The Cask of Amontillado” y “The Man in the Crowd”. Aunque haya alguna repetición de frases de asombro, un poco tontas, son esencialmente concepciones diversas». Reconoce que, a pesar de algunos recursos mecánicos, hay cuentos muy lindos de Maupassant. Recuerda el de la mujer que tiene el amante ideal[407].

Habla de la creación impremeditada, repentina, de surrealistas y otros: «Es un procedimiento para los que enfrentan el famoso problema de Mallarmé de la página en blanco[408]. Ése es un problema de periodistas, no de poetas. El periodista debe llenar un número dado de páginas. El problema del poeta consiste en cómo decir lo que tiene que decir». Cuenta que Francisco Romero, en la cárcel, habría escrito poemas insensatos.

Niega que haya una barrera infranqueable entre las generaciones y que un determinismo de nuestro tiempo nos obligue a escribir de un modo rígidamente determinado: «No hay problema. Uno puede escribir como quiera. Después, lo que hayamos escrito será típico de nuestro tiempo: nuestro tiempo somos nosotros. No él y yo: todos nosotros. Podemos entender como a un hermano a cualquier poeta, de cualquier tiempo y país, salvo a algunos contemporáneos». Cita entre éstos a Ezra Pound y a Éluard. BORGES: «Nadie recuerda un poema de Éluard por placer. Eliot tiene una idea que peca quizá de excesiva practicidad: hay que saber qué se propone nuestra época, para cooperar en ese sentido. Así, el siglo XVIII inglés se proponía llevar a la poesía el intelecto y la razón». BIOY: «Acaso los poetas del siglo XVIII que se recuerdan con mayor agrado son los que menos se parecen al siglo XVIII. Por ejemplo, Blake. Además, con ideas tan externas parece imposible escribir». BORGES: «Es una idea aparentemente astuta —de procedimiento para la carrera literaria— pero que la experiencia demuestra que es sonsa».

Hablamos sobre máquinas. BORGES: «Mi hermana se pregunta por qué, si a Huxley no le gustan las máquinas, habla tanto de ellas. No habría que tratar temas que a uno le disgustan. Si no, hay complacencia y se colabora en la proliferación de las fealdades. Los otros días, Alicia [jurado] hablaba de máquinas, en su conferencia en la Biblioteca, y toda suerte de máquinas —televisores, cámaras fotográficas, micrófonos— nos sitiaban. Para la gente no eran máquinas. “No, ¿no ve? —nos decían—: es un micrófono, es un televisor”. Para mí, por mi ignorancia para discernirlas, eran máquinas. Peor: eran ferretería».

Martes, 6 de agosto. Voy a Sur, donde Lanza del Vasto conversa con un grupo de escritores e intelectuales argentinos: Borges, Victoria, González Lanuza, Pezzoni, los González Garaño, Fryda Schultz y su Mantovani, Erro, Angélica Ocampo, Lisi Justo, un par de curas, Rest y Sofía Álvarez, la secretaria. Victoria nos invita a comer, con Lanza del Vasto, en San Isidro. Nos excusamos, con Borges, y la cara de Victoria se descompone.

Come en casa Borges.

Jueves, 8 de agosto. Come en casa Borges.

Sábado, 10 de agosto. Comen en casa Borges y Pepe Fernández. BORGES: «Hablando de idioteces, hay una que no quiero dejar de contarte. Silva Valdés ha escrito un diálogo entre cuchillos; pero ¿a que no sabes qué ha ideado para que resulte bien idiota? Que se represente en el teatro. Los actores aparecen disfrazados de cuchillos en su vaina: han de verse como bichos canastos. Otra historia de Silva Valdés: parece que le encargaron que pusiera en teatro el Santos Vega. También le hicieron el mismo encargo a un señor anónimo, un empleado, según creo, del teatro que representaría la obra. La adaptación del señor anónimo resultó mejor que la del gran poeta que, además de ser una idiotez, no sirve para representarse. El gran poeta está furioso».

Se menciona a Verbitsky y su novela Calles de tango. BORGES: «¡Qué título! El procedimiento de Verbitsky es bastante extraño: relata hechos verosímiles, sin deformarlos con ninguna intención, sin ninguna ironía. El resultado son páginas y páginas de realismo y, sobre todo, de tedio. A vos Verbitsky te atacó porque le parecía que no podías escribir sobre orilleros. Hoy, en una conferencia, dijo que Carriego, aunque inferior, era como Hidalgo para la poesía gauchesca, el precursor; que vos y Etchebarne habían escrito los mejores libros sobre el tema (El sueño de los héroes y Juan Nadie). Mucha gente no sabía que El sueño de los héroes trataba de las orillas; piensan que todo libro tuyo tiene que ser fantástico o policial».

Habla Borges de la comida en honor de Giselda Zani, por el Premio Literario Emecé[409]: «Una muchacha comentó que ella trataba de persuadir a Vocos Lescano de no seguir escribiendo sonetos. ¿Te das cuenta, qué locura? Si ya no es muy bueno escribiendo sonetos, si se suelta a escribir poemas informes quién sabe los errores que cometerá». Dice que el soneto es una invención prodigiosa; que parece increíble que esa forma constante permita poemas tan diversos. Le recuerdo que, al componer nuestras no publicadas antologías (de la poesía española y de la poesía hispanoamericana), los mejores poemas los encontramos entre los sonetos; aún más: teníamos que defendernos para que el libro no resultara una colección de sonetos.

Domingo, 11 de agosto. BORGES: «Estuve leyendo el libro de Logan Pearsall Smith sobre Milton[410]. No me pareció muy bueno. Es florido. Por momentos creía oír en sus frases la voz ¿a que no sabes de quién? De Jorge Max Rohde. Y qué versos de Milton ha elegido para citar».

Sobre Lanza del Vasto: «Estoy dominado por los peores juegos de palabra. Hoy me decía: “¿Cómo no va a ser vegetariano si se llama Panza de Pasto?”. ¿Vos estás como loco por Lanza del Vasto?». BIOY: «No». BORGES: «Ya me imaginaba. La que está como loca es Wally. Para darle una buena noticia le dije que el sábado Lanza del Vasto hablaría en la Biblioteca. Quedó tristísima. Me dijo que iría una multitud y que ella no podría entrar. Bueno, le dije, al día siguiente habla en el Cervantes. “Entonces, ¿qué quiere? —me contestó—. ¿Que me pase toda la noche sin dormir para llegar antes que nadie al Cervantes y poder entrar?”». Después de hablar Lanza del Vasto, Erro (presidente de la SADE, dueño de casa) agradecía a las personas que elogiaban la conferencia, modestamente reconocía que había estado bien.

Imagina una Historia de la literatura escrita por un esprit faux, una suerte de Mandie Molina. Por ejemplo, después de citar los versos:

je me souviens,

des jours anciens

et je pleure[411]

el comentario sería: «Aquí, indirectamente, el poeta declara su fe en el progreso. De sólo pensar en las privaciones del pasado, llora». Continúa:

Rêvons, c’est l’heure[412]

Rêvons, c’est l’heure[412]

«Aquí el poeta sugiere el riguroso mundo de horarios y de disciplina en que vive. Para todo hay órdenes, aun para soñar».

Tout suffocant

et blême, quand

sonne l’heure[413]

«Insiste el poeta y, casi con crueldad, nos muestra cómo lo esclavizan los horarios».

Martes, 13 de agosto. Come en casa Borges. Le contaron que a la redacción de un diario uruguayo solía llegar, con artículos elogiosos sobre Silva Valdés, un señor muy parecido a Silva Valdés.

Clemente recomendó a Horacio Armani que, en la SADE, donde la encontraría con motivo de la conferencia de Lanza del Vasto, apestillara a la millonaria María Antonieta Centrone: «En un rincón te tiras el lance del basto y a ver si haces blanco en ese centrone». BORGES: «Hay un placer en la vulgaridad. It kicks de un modo especial. Es satisfactoria».

Jueves, 15 de agosto. Borges llama por teléfono. Me dice: «En Azul y Blanco me atacan todos los días, en una suerte de folletín. ¿A que no sabes quién salió a defenderme? ¡Sabato! Qué porquería. Cualquier cosa, con tal de no quedarse quieto. Cómo no se da cuenta de que parece un payaso. Ahora aparece con careta. Se saca la careta y vemos que es Sabato. Ahora aparece de buzo. Se saca la escafandra y vemos que es Sabato, No aspira a ser majestuoso ni a mostrar una noble indiferencia».

Viernes, 16 de agosto. Come en casa Borges. Le refiero mí visita del miércoles a casa de Sabsay: «Llegamos allí a las nueve. De nueve a diez conversamos —chachara insustancial— con la señora; a las diez llegó Sabsay y hasta las diez y media habló de su editorial Losange. A las diez y media llegó Battle Planas, que parece, con sus varios y cuidados jopos, con sus patillas rizadas, su cara rosada y lustrosa, sus ojos celestes, estatura escasa, sus abultados vientre y nalgas, un barbero de pueblo de campo; con él vinieron Madame Battle Planas, que diríase traída directamente del quilombo de Cañuelas, y otra señora más borrosa. A las once empezamos a comer: canelones de espinaca, con su salsa de hongos y de langostinos; sopa en croûte, pollos, de color coral, con una salsa en la que los hongos nadaban en aceite; crema de chocolate, con nueces; en copas altas, de escasa capacidad, agua tibia y vinos blanco y tinto. Servía una mucama abúlica, macilenta y sucia, Battle Planas peroraba: “Yo soy muy inteletual Epero que lo muchacho caten el conseto y entonce todo quede aclarado. Yo voy a viajar a Asunción. Entiendo de que debo estar allá para hablar a la inaguración de la muestra”. Piensa continuamente y llega por sí solo a interesantes lugares comunes: el artista tiende a despersonalizarse; el artista no es impermeable a influencias; cuando un grupo de gente trabaja en lo mismo, hay más energía en el trabajo (lo que explica movimientos intelectuales, épocas como el Renacimiento, etcétera). Dijo también que en tiempos de la juventud de Breton y Aragón había en París tal energía creadora, que estos poetas recibían una continua descarga de ideas y de imágenes, mayor que la que sus órganos podían registrar y comunicar, de modo que debieron resignarse a estilizar todo eso, a transmitirlo de un modo acorde a las posibilidades del hombre en estos momentos de su evolución», Borges se ríe mucho de Battle Planas y de que tome en serio a Breton: «Aragón será un poco mejor». Dice que desde hace tiempo hay gente que cree en Eluard, Habla de un trick de esta gente y, sobre todo, de Apollinaire: progresa el poema, por imágenes mecánicas, incómodas y complicadas, hasta una frase simple como: «Siento por ti un amor extraordinario».

Esa palabra me hace recordar el comienzo del Martín Fierro; digo que es muy noble y que allí la palabra extraordinaria, está muy bien:

Aquí me pongo a cantar

al compás de la vigüela,

que el hombre que lo desvela

una pena estrordinaria,

como la ave solitaria

con el cantar se consuela.

Nos preguntamos si Hernández tendría dudas al comienzo de su poema. BIOY: «¿Por qué, habiendo escrito con tanta facilidad este libro, no habrá escrito más?». BORGES: «Tal vez porque estaría corked up, lleno de él. Pocas veces se ha escrito un libro con menos literatura (en el mal sentido de la palabra): la Ida está casi exenta».

Cita pasajes, entre ellos los versos de la muerte de Cruz:

De rodillas a su lado

yo lo encomendé a Jesús.

Faltó a mis ojos la luz,

tuve un terrible desmayo,

caí como herido del rayo

cuando lo vi muerto a Cruz[414]

Comenta: «Es un buen momento del libro. El lector se conmueve al ver a Martín Fierro caer de rodillas y ponerse a llorar. Implícitamente piensa: debe de ser un momento muy triste para que este hombre tan duro caiga de rodillas y llore».

Al recitar los versos de la muerte de Cruz, lee caí como corresponde para la medida: cay. Le digo que ya no decimos cay —que tal vez si pudiéramos encontrarnos en el Buenos Aires de cincuenta años atrás nos parecería que la gente hablaba de una manera afectada. BORGES: «En un soneto de Groussac hay que leer cay un caí. Era también muy criollo». BIOY: «Las formas de decir, que nos parecen tan propias de un pueblo, pueden suprimirse y variar fácilmente. Si continúa la campaña para que las elles no se pronuncien como i griegas, con el tiempo todo el mundo hablará como las señoritas del teléfono, que pronuncian Calillao».

Cuento que en la biografía que estoy leyendo[415] se dice que O. Henry, cuando iba al colegio, podía, con la mano derecha, hacer una cuenta en el pizarrón y, con la izquierda, una caricatura de la maestra, Borges no cree en la veracidad de la afirmación. De ahí, pasa a explicar que se dice que todos podemos escribir para el espejo, con la mano izquierda, y que el no poder hacerlo es la excepción. BIOY: «Es claro, y de ese modo tanta gente escribe dos libros distintos a un tiempo, uno con la mano derecha, otro con la izquierda». BORGES: «Así se escribió la Ida y la Vuelta del Martín Fierro, y la primera y la segunda parte del Quijote». Se pregunta si O. Henry no será una suerte de Clemente,

Silvina ha recibido un libro de poemas de una poetisa muy ignorante, que firma su dedicatoria en dos líneas. BORGES: «¿Por qué no? Una meritoria humildad. Considera su nombre como cualquier otra palabra que puede cortarse, cuando uno llega al fin de la línea». Eso lo lleva a imaginar gente que cortara las palabras de los nombres con alguna arbitrariedad. Por ejemplo, para Eduardo González Lanuza: «Eduar Dogo Nz Alezlanu Za». Repite, riendo a carcajadas, «Editar Dogo». Comenta: «Se trasluce el perro».

Le cuento que en «La triste historia del verdulero Delgado» escribí: «Me indumenté». Le divierte mucho y propone: «Me incrementé con camisetas, con buñuelos».

Refiere el asesinato de un chofer. En el barrio de Nueva Pompeya, donde la avenida Sáenz Peña llega a las vías, apareció el cuerpo, apuñalado. Aunque en un bolsillo del muerto encontraron la cartera y el dinero, la policía creyó, desde el primer momento, que el móvil del hecho había sido el robo: los hábitos regulares y la fama de hombre de carácter afable del chofer parecían excluir otros móviles, pasionales o de venganza la policía interrogó a los vecinos, que señalaron la presencia, en la noche del crimen, de un muchacho de aspecto tranquilo y provinciano, que pasó por allá silbando y a quien solía vérselo en determinado almacén. Un policía, vestido de civil, fue al almacén, fingió emborracharse y conversó con un grupo de parroquianos, entre los que se hallaba el mozo de la filiación señalada. El policía dijo deber varias muertes. El mozo le contestó: «Mire, yo soy muy joven, tengo diecisiete años, y los otros días maté a un hombre». Lo siguieron, establecieron que vivía con su querida, una mujer de veintiocho años y, finalmente, lo detuvieron y confesó. Se llamaba Cisneros. Contó que un primo suyo y él resolvieron asaltar a un chofer. Se apostaron en la plaza de Flores y dejaron pasar dos taxímetros, hasta que pasó un tercero, con la dirección a la derecha, que era lo que les convenía, por motivos técnicos, para el asalto. Indicaron una dirección en el barrio de Pompeya, que sera donde vivían. Al llegar a la avenida Sáenz, a las vías del ferrocarril, le dijeron al chofer que les diera la plata y el automóvil. Aunque persona de edad, el chofer se defendió y lo mataron de catorce puñaladas. Se asustaron de lo que habían hecho y huyeron sin sacarle el dinero. Borges opina que todos esos criminales son el fruto del peronismo: «Antes uno decía “el crimen del Silletero del año 20…”». BIOY: «Ahora hay que decir: “el crimen del Silletero de las tres de la tarde, el de las cuatro”, etcétera». BORGES: «Habría que fusilar a toda esa gente».

Le digo que Victoria planea una antología en que ella, Romero, Tito Bullrich y muchos otros referirán sus cárceles o sus fugas, del tiempo de Perón. BORGES: «Va a parecer una relación de incomodidades. Va a parecer que aquella época fue muy buena: mejor que no escriban el libro». BIOY: «Va a parecer que Perón perseguía bonachonamente a sus enemigos. Tengo en mi escritorio un relato de torturados por los hermanos Cardozo y otros policías que demuestra lo contrario. eso sí habría que publicarlo». Borges había contado que Adela Grondona va a publicar, como Pellico, sus prisiones[416]: «Como le tiene rabia a la Quica, los dichos de la Quica los atribuye a Raquel Pueyrredon, a Norah o a Mariana. No creo que esos dichos fueran muy buenos, pero para la Quica su prisión fue todo y si se la niegan se desespera. Piensa escribir un libro contra el de Adela; es claro que ella no tiene (riendo a carcajadas) el talento literario de Adela… Por lo menos, Norah no va a escribir nada: piensa que Guillermo y yo somos los escritores de la familia y que por lealtad ella no debe escribir».

Sábado, 17 de agosto. Vamos a comer Borges, Silvina y yo, a casa de mi prima Silvia Casares. Allá están Rosita Green; Horacio el Negro Zorraquín Becú, mequetrefe vanidoso, que sólo escucha cuando él habla, que habla engoladamente, con el buche con que las palomas arrullan, y que dice: «el dinero también tiene un precio»; su mujer, Adela Elortondo; Guillermo Peña; Pepe Bianco —«all men to all men[417]», según Borges—; Pancho Murature —«Gracias, Silvita, por esta comida catastrófica»—. Rosita y el Negro discuten de política con acritud: Rosita es partidaria del gobierno de la Revolución; el Negro, de Solano Lima y de sus tontamente astutos nacionalistas, que fingen amor por Perón y sólo tienen odio por las tendencias liberales. Para mis ojos, Borges y Pepe representan allí la civilización entre los bárbaros; Pepe, por su flacura y su cansancio, la civilización ya derrotada.

Lunes, 19 de agosto. Come en casa Borges. BORGES: «El Negro Zorraquín me preguntó por qué no nos habíamos opuesto en la SADE a Erro, con una lista de (imitando la voz engolada de Zorraquín) centro-derecha. ¿Por qué vamos a querer una lista de centro-derecha? Eso es muy común: se descuenta que el interlocutor tiene las mismas ideas que uno. En realidad no es amable, es una forma de imperialismo, (imitando una voz grave, de compadre) el interlocutor queda fagocitado, como diría el bruto de Soto». BIOY: «En la contestación de Sabato a tu contestación en Ficción[418] se llega a este absurdo: decir que la teoría del libre albedrío supone la omnipotencia: “Si uno puede hacer siempre lo que quiere, puede abrir la ventana y salir volando”». BORGES: «Una interpretación tan lúcida del libre albedrío sólo se encuentra en un personaje de Bustos Domecq, que habla de vacas que vuelan»[419].

Silvina le lee cuentos de Akutagawa. Por indicación mía, empieza a leer «In the Grove». (Borges lo reconoce como el argumento del film japonés Rashomon, que vio hace años), el de los enamorados («Kesay Morito») y «The Nose». Borges oye este último con carcajadas: no se ríe con el cuento sino del cuento. Dice: «¡Qué cuento! Parece un sueño». Generalmente esto sería un elogio; aquí, no. Este cuento le parece soñado, pero también notablemente estúpido e injustificable. Pregunta: «El autor, ¿es un autor importante en el Japón?».

BORGES: «Alguien afirmó que a un autor no lo perjudica nunca lo que otro escribe sobre él; únicamente puede perjudicarlo lo que él escribe». BIOY: «Sin embargo, es un hecho que algunas de las opiniones expresadas llegan. Muchas veces hemos comentado que alguien improvisa un prólogo para su libro, porque el editor le dice que necesita más páginas; los críticos no leen el libro sino el prólogo, y sobre lo que ahí encuentran escriben el suelto; o mejor dicho, uno lee el prólogo y los demás leen el suelto del que leyó el prólogo, de manera que tres o cuatro ocurrencias del prólogo determinan el tono con que el libro será comentado. Lo que podría argumentarse en favor de la tesis de que un escritor no puede perjudicar a otro, es esto: hay un proceso dialéctico en las opiniones, que evolucionan en ondas, y el ataque contra un libro causará, algún tiempo después, un elogio para el mismo libro. Todo tiende a compensarse, porque la crítica es una profesión y la mera repetición de las opiniones de los antecesores no es un precioso material para un artículo (“Perezca quien dijo lo mío, antes que yo”)»[420].

Viernes, 23 de agosto. Come en casa Borges. Trabajamos en nuestra edición de Agudeza y arte de, ingenio. Hace unos años la anotamos y la corregimos; entonces entregamos el libro a Emecé; allí no lo publicaron y lo extraviaron; ahora tenemos la esperanza de que la Facultad de Filosofía y Letras lo publique; para eso, debemos leer el libro (en la edición de Espasa Calpe)[421], corregir el texto, confrontándolo con otras ediciones, y aplicar las notas (de las que tenemos copia), buscando el lugar que a cada una corresponde. Trabajamos a las carcajadas, como cuando escribíamos los cuentos de Bustos Domecq.

Sábado, 24 de agosto. Por la mañana, vamos con Silvina a comprar regalos para Borges, que cumple años. Silvina le compra una tranca de oro para corbata; yo, un frasco de agua de Colonia de Jean Marie Fariña y, para que Marta le regale, una caja de jabones.

Por la tarde, voy a la Biblioteca Nacional, donde hablará Lanza del Vasto. Allí están: Alicia Jurado, con un sombrero de plumas celestes, modosa y suave; Delfina Mitre, linda, con forma de pera, con lazos y dobleces en la parte ancha de la pera; la Princesa; Susana Chica Salas, que no es una belleza, como Borges me había dicho, pero con quien simpatizo en el acto. Al rato llega Lanza del Vasto, alto, barbudo, vestido de tenista, o poco menos. Me intercalo entre la Princesa y Susana Chica Salas. La conferencia, dicha en un lento italiano, que sugiere que el italiano y el español son el mismo idioma, versa sobre la no violencia, se caracteriza por la naturaleza primaria, el vuelo mediocre, no desprovisto, eso sí, de errores de lógica y de argumentos discutibles. En el esfuerzo de ganar a Cristo para la no violencia, dice que el echar a los mercaderes del templo no fue un acto debido a un arranque de violencia sino un acto ejemplar. (Borges comenta después: «Para los mercaderes azotados, ¿no fue violento?». También se pregunta si ése sería un acto hecho por Cristo en su naturaleza de hombre o de Dios, Yo le digo que Cristo no era todo mansedumbre, que no sé si es justa la pretensión de Lanza del Vasto de enrolarlo en su causa; que jesús dijo que sería como una espada entre padres e hijos, etcétera. BORGES: «Cristo debió de ser un hombre violento. Desde luego, muy extraño y muy complejo». Recuerda el juicio de Chesterton, acerca de que lo característico de un personaje es que todo lo que diga sea inesperado y que, al mismo tiempo, se sienta como propio de ese carácter; el ejemplo, Jesús en los Evangelios). La conferencia (cónfera, diría Xul) acaba por plantear un dilema que resolvería el destino de la Humanidad: la no violencia, que significa la vida, y la ciencia, que representa la Bomba (con mayúscula) y la muerte; el árbol de la ciencia, del bien y del mal, de la vida y de la muerte. Dice también Lanza del Vasto: si se inventa la bomba, hay que venderla al gobierno; si se vende al gobierno, hay que venderla al enemigo; si se fabrica hay que usarla. (BORGES: «¿A qué viene todo este ataque a la ciencia?». BIOY: «La ciencia es un instrumento, puede llevar a buenas obras y a malas obras». BORGES: «¿Dónde empieza el ataque a la ciencia y al progreso? Lao Tse atribuía todas las calamidades a la invención del camino[422]. Lanza del Vasto ataca a la ciencia, pero viaja en barcos y en aviones, y transmite su conferencia por radio. Si no hubiera imprenta y diarios, la campaña de no violencia de Gandhi hubiera fracasado. Además, ¿por qué acusar de venalidad a los hombres de ciencia? Yo los imagino como imagino a Wells; no creo que Wells hubiera vendido la bomba con fines perversos. Todo esto de la bomba me pareció irrelevant and cheap». BIOY: «No creo que eso obedezca a razones, sino a sentimientos. Mucha gente participa de ellos: son lugares comunes. Corresponde a Menosprecio de corte y alabanza de aldea». BORGES: «¿Dónde pone uno el límite de los inventos que acepta? ¿En su infancia? ¿Admitimos el tren, pero no el automóvil? ¿O el automóvil, pero no el avión? ¿Las casas de dos pisos, pero no las de veinte? Al fin y al cabo, mucho más rara y revolucionaria es una casa que una casa de veinte pisos. Mayor salto hay de la cueva a la casa que de una casa a otra. En cualquier casa están prefiguradas todas las casas posibles»).

Por la noche, después de comer, trabajamos en Agudeza y arte de ingenio. Borges dice sobre Gracián: «El inconveniente de estos análisis es que no guardan relación con el placer estético que producen los textos.

Velero bosque de árboles poblado,

que visten hojas de inquieto lino[423]

y

Las selvas hizo navegar[424]

Las selvas hizo navegar[424]

son iguales ante este tipo de análisis. Pero el primer ejemplo, de Góngora, es complicado y tonto, mientras que el segundo, de Quevedo, es afortunado. Qué raro: Góngora, razonador; Quevedo, poeta. En ese momento Quevedo fue Góngora y Góngora fue Quevedo. Gracián no se apura: es un autor pasteo, the original hobby-horse. Cuando escribió “libro enano para formar varón gigante[425]”, ¿pensó por descuido enano o pensó que esa palabra estaba muy bien? ¿Cómo no vio que ese mecanismo estaba, indiferentemente, en frases buenas y en frases malas? Porque él debió de creer que estaba descubriendo la ley secreta del gusto. Herviría de fervor literario y probablemente he fell to peces ante los peores autores. Habla mucho de agudeza, pero lo que cita no tiene nada de agudo. Chimera in vacuo bombinans[426]. ¿Qué le parecería Wilde? Seguramente no le hubiera gustado: cualquier autor futuro tiene que parecer muy desagradable. Cita a Virgilio, pero debió de preferir a Marcial; sin duda conocía a Dante, pero debía de preferir al Marino. Cualquier cosa que pudiera desarmar lo embelesaba. «Lo embelesaba el mecanismo: quizá le hubiera gustado Chesterton». BIOY: «Esa tontería del mecanismo subsiste. Peyrou es capaz de comunicar una nostalgia, una indolencia, una emoción tranquila de las cosas de Buenos Aires». BORGES: «A mí, Peyrou me emociona como pocos escritores». BIOY: «A mí también. Vale decir: lo considero capaz de las tareas esenciales de su oficio; sin embargo, para escribir él necesita la armazón de una sorpresa final, de un trick final, de un mecanismo. Es como si por un error de información sobre sí mismo tuviera la modestia de escribir, con talento superior, un género humilde».

Al ver lo poco que vale nuestro trabajo: BORGES: «Hemos despertado de un sueño de gloria. Emecé tuvo razón de no publicar el libro. Si se publica, saldremos desnudos al campo de batalla». BIOY: «No entendemos nada. ¿Vos crees que antes entendíamos? Yo creo que no. Si antes entendíamos, hemos desmejorado mucho».

Habla sobre los poetas metafísícos. Dice que, según Johnson, estos poetas buscaban efectos juntando cosas heterogéneas[427]. Por ejemplo: comparaban dos amantes a las patas de un compás. Eliot rebate la opinión de Johnson y afirma que veían poesía en todo[428]. Para Borges, la opinión de Johnson es justa, la de Eliot errónea. Lo que dice Eliot de los metafísícos cabe a Whitman.

A Guillermo, Borges le habría citado:

And marble like solid moonlight

And gold like frozen fire[429].

Guillermo habría objetado el Like; según Borges, esta objeción es poco feliz: «Habrá leído en alguna parte que la metáfora es mejor que la comparación y aplica ese precepto ciegamente». BIOY: «Está a la defensiva. No piensa: “Qué extraordinario lo que me comunican”, sino: “No me voy a dejar montar. Nihil admirari. Tiene personalidad, según la fórmula de Chesterton: todo lo que dice es inesperado y se reconoce como suyo”».

Parece que el gobierno levantará en donde estaba la quinta de Unzué un edificio para la Biblioteca Nacional. Borges no durmió en toda la noche, de la emoción. Me dice: «Ojalá que se parezca más a la Facultad de Derecho que a la torre de Babel en un film alemán». La Facultad de Derecho no le gusta mucho, pero entre dos males inevitables, prefiere el menor.

Lunes, 26 de agosto. Comen en casa Borges y Mauricio Müller. Según Borges, Müller se ha ensanchado notablemente, se ha convertido en un rey de baraja francesa, ha logrado en poco tiempo un aspecto de señor judío próspero y comercial, lo que compensa, tal vez, el hecho de ser fácil de dibujar. «Hasta yo lo dibujaría», aseguró,

Müller refiere que un oficial norteamericano dijo: «Fucking with japanese women is just like masturbation, but more lonely [Copular con japonesas es como la masturbación, pero más solitario]», Con Borges, comentamos la frase: observamos que no es buena, pero que sugiere una realidad atroz; por las demás explicaciones de Müller y por las de Ema Risso Platero resultaría que esas mujeres sirven como autómatas, aceptan cualquier cosa, sonriendo y sin participar. BORGES: «Como coger un fantoche». Recuerdo la respuesta, de los delegados japoneses al Congreso del PEN Club, a mis preguntas sobre la traducción de Waley del Genji Monogatari[430] «A great honour, for Japan, a great honour». Sin embargo, todo esto puede significar que hay dificultades para intimar rápidamente y nada más.

Hablamos de Johnson, de Boswell y de la Vida. BORGES: «Algo que nadie ha planteado es la posibilidad, que me parece muy probable, de la colaboración de Johnson en el libro de Boswell, Si hasta en un punto se dice que Johnson no volvió a escribir, después de cierta fecha. Es claro, no tenía por qué escribir, porque sabía que estaba haciéndose el libro, en el que podía poner cuanto quería». Müller refiere que en el viaje por las islas Hébridas, Boswell cuenta que en no sé qué reunión un señor manda a un pariente pobre a que busque unas estatuas a un cuarto cercano; esto ocurre durante la comida; el pariente va, vuelve y trae unas estatuas, que no son las que el señor quiere; éste vuelve a mandar al pariente, quien obedece pero, para mostrar que no es un sirviente, va silbando[431]. Esto lleva a hablar de una frase de las cartas de Santayana, notada por Müller y por mí: «Tener una estatua no es mucho; pero una estatuilla, he ahí la inmortalidad[432]». Le recomiendo a Müller las Vidas de los Poetas, de Johnson,

Hablamos de poesía española. Borges recita:

¡Oh excelso muro, oh torres coronadas

de honor, de majestad, de gallardía!

¡Oh gran río, gran rey de Andalucía,

de armas nobles, ya que no doradas!

¡Oh fértil llano, oh sierras levantadas,

que privilegia el cielo y dora el día!

¡Oh siempre gloriosa patria mía,

tanto por plumas cuanto por espadas[433]!

Con emoción repite:

¡Oh gran río, gran rey de Andalucía,

de arenas nobles, ya que no doradas!

y, de pronto, riendo, pregunta: «¿Por qué ya que no doradas? ¿Corresponde a un intervalo lúcido, y escribió eso para que no se rieran de él, porque todos sabían que no eran arena ni nada, sino un barro inmundo?

¿O simplemente se debe a la manía española de las contraposiciones, de las distinciones, del vaivén entre esto y aquello? Tal vez aprendieron lógica, quedaron muy impresionados con ella, y metieron en los poemas esas distinciones». Repite los versos;

¡Oh siempre gloriosa patria mía

tanto por plumas cuanto por espadas!

y observa risueñamente que las plumas son ambiguas, que sugieren pollos y patos: «Pero, ¿cómo pudo resolverlo? No había otra solución». Por la manera en que pronuncia los versos, es evidente que le agradan.

Se habla de Molinari. BORGES: «Para él es muy importante ganar premios. Si no es un gran poeta, no es nada. A lo que puede aspirar es a alinearse con los grandes autores que nadie lee; a ser leído no puede aspirar. Qué raro que para llegar a ser poeta exquisito haya insistido en esa personalidad suya de muchacho jodón, suburbano y casi rústico. Muy rústico: “Qué decís pendejo, qué contás”. Ahora se me presenta de nuevo el problema de no votarlo, para el premio de la Cámara del libro. Molinari ha dicho que aunque todos se jodan, él va a salir premiado. Ahora veremos. Está Battistessa, que ha de querer votar por él. Con Mastronardi tengo que hablar: no creo que Mastronardi se vaya a dar vuelta y vaya a querer votarlo. Ha de ser como yo: una vez que tuvo rabia, sigue con la rabia. Esto no es admirable: es una reacción primaría. Pero en este caso es útil, porque realmente Molinari no vale nada. Cuando estábamos discutiendo a quién dar el Premio Nacional, mandó a una amiga a casa, que me dijo que Molinari estaba muy contento de que yo estuviera en el jurado, y que deseaba ganar el premio porque, contando con el dinero, habría comprado un terrenito y que se enfurecería si supiera que ella había venido a verme, porque no quería que me hablara en su favor… Le contesté que no me interesaba la suerte de Molinari como terrateniente. Molinari ataca a Mastronardi porque el paisaje de Entre Ríos, sobre el que Mastronardi escribe, no es lindo, Molinari fue partidario de la dictadura: sin comprometerse, a diferencia de Rega, Marechal u Olivari, estuvo del lado del infierno. Por eso, para no parecer ridículo, ahora dice que la Revolución no le interesa. Aunque tal vez sea cierto. Tan interesado está en ser un gran poeta, en su carrera, en progresar».

Martes, 27 de agosto. Come en casa Borges. Hablamos de la falta de criterio de Gracián y la comparamos con la de Guillermo de Torre. BIOY: «Gracián mira las cosas más de cerca; las analiza, estúpidamente, pero las analiza, Guillermo no lee: se forma ideas sobre los libros hojeando solapas, y se obstina en ellas».

En los cuatro primeros discursos de Agudeza y arte de ingenio sólo encontramos este ejemplo memorable, de Góngora:

Gusano, de tus hojas me alimentes,

pajarillo, sosténganme tus ramas,

y ampáreme tu sombra, peregrino.

Hilaré tu memoria entre las gentes,

cantaré enmudeciendo ajenas famas,

y volaré a tu templo mi camino[434].

BORGES: «la explicación de Gracián[435] también está bien». BIOY: «Estos tercetos son agradables, por cómo se desenvuelve la idea, sin señalarla crudamente». BORGES: «Y está bien el tono modesto. Todavía no se había descubierto que lo importante es el tono en que se dicen las cosas. Gracián sólo sabe elogiar, asegurando que tal poeta es el más grande, el señor y emperador de los poetas, y que con tales versos vence a todos, a todos avergüenza. Su mundo es de competencia, de marcar tantos, de hundir a los rivales. ¿Por qué rivales? Habla de Dios y de los ángeles como de reyes y de cortesanos; si menciona a la Virgen la llama “la señora del cielo”». BIOY: «Los capítulos de Agudeza y arte de ingenio son Discursos». BORGES: «Trancos, en El diablo cojuelo». BIOY: «Alivios, en El pasajero». BORGES: «Ese libro tan amargo, según Menéndez y Pelayo[436]. Lo leí y no podía creer que era el mismo». BIOY: «¿El autor es Suárez Figueroa?». BORGES: «Sí. Cuando se escribió, el título no era tan malo, ni ferroviario ni tranviario. Pasaba solo, por sí mismo, no en tranvía». BIOY: «El transeúnte no sería mucho mejor. Mi abuela decía la palabra argentinamente: Transeúnte». BORGES: «No es una palabra que se diga mucho».

Sobre Banchs. BIOY: «Parece un artesano». BORGES: «Artesano, no. Un empleado de escritorio, un procurador». MI PADRE (en francés): «Un clerc. BORGES: “Sí, o un comerciante ínfimo. Es muy antipático. Por eso, Mujica Lainez pensó que no podía ser el autor de los sonetos, e imaginó Los ídolos[437]”, Agrega que Banchs pronuncia: “El produto”. Menciona buenos escritores que en la conversación parecen de pocas luces: Banchs, Ledesma, Nalé Roxlo. (Yo no lo diría de los dos últimos)».

Jueves, 29 de agosto. Come en casa Borges.

Viernes, 30 de agosto. Silvina visitó a Borges, en la Biblioteca, para interesarlo en Sexto, el libro de Wilcock, presentado al concurso de la Cámara del Libro. Le leyó tres o cuatro poemas que, según ella, son muy buenos y que habrían gustado a Borges. Silvina tiene la impresión de que Borges cree que lo visitó para abogar por su propia candidatura. «Qué loco es Borges», comenta, divertida. Borges come en casa, con Silvina y con mi padre.

Sábado, 31 de agosto. Come en casa Borges. Me dice; «Hablé del premio con Mastronardi, con Banchs, con Battistessa, con Arrieta, Molinari tiene alguna chance y alguna Barbieri, Cuando hablé de Silvina y de Wilcock fue como si no me hubieran oído. Mencioné también a Girri. Banchs dijo: “Veo en él destellos, pero no una luz tranquila”. Habla así. Vos no crees, pero habla así». Borges se interesa de verdad en estos premios; lo que me asombra, porque lo veo dispuesto a darlos a escritores como Girri o como Barbieri.

Domingo, 1.º de septiembre. Come en casa Borges. Trabajamos un poco en Gracián.

BIOY: «¿Para qué nos metimos en un trabajo para el que estamos tan mal preparados? La verdad, te confieso, es que ahora lo extraño a Gracián; cuando no trabajamos, lo extraño». BORGES: «Tenés razón. Uno lo quiere. Es absurdo, es extraordinariamente insensible, mais il est la. Qué raro: leyendo este libro lo que uno ve es al autor. Todo es autobiográfico». Dice que Groussac llamó a Gracián «ese Maquiavelo en cartón pintado», y comparó el culteranismo con «esos muebles indianos», que tienen un cajón dentro de otro, hasta que se llega a uno muy pequeño, en el que sólo hay una hoja y un poco de polvo[438]. BORGES: «Agudeza y arte de ingenio es como un pizarrón lleno de cuentas». BIOY: «Es una máquina, implacable y chambona». BORGES: «Gracíán no tenía oído para los versos. Menéndez y Pelayo dijo que fue el primero en hacer versos sobre las estaciones, y que hizo los peores». También observa que es singular que no cite nunca a Séneca. Borges menciona la célebre frase de éste sobre Lyon, «ayer gran ciudad, hoy nada[439]»: esto debía gustar a Gracián.

Silvina pregunta por qué los españoles tienden a decir narices y no nariz. Yo comento que pocas veces se emplea el plural narices en la descripción del rostro de una mujer hermosa. BORGES (riendo): «Tenemos que hacerle decir a Bonfanti, cuando elogie a la Princesa [Clavdia Fiodorovna], o a Mariana Ruiz Villalba, “sus narices de usted”».

Descubrimos, a la altura del dulce de leche, que Borges no tenía servilleta. Propongo frases: «Está airadamente, manchadamente, pringosamente desprovisto de servilleta». BORGES: «Más inmundo es: “Está pegajosamente desprovisto de servilleta”».

Habla de acepciones que todavía no han llegado al diccionario: seguramente, indudablemente, sin duda, significan quizá («¿Desde cuándo sin duda significa tal vez? Ya Cervantes lo usa en esa acepción»); no siempre significa continuamente o nunca («este libro, que no siempre es tedioso»; o «este libro, que no siempre es ameno»); excelente vale por mediocre («llegó el excelente Ratti»), Dice que en la Academia discutieron la proposición de un colombiano que sugería floreo, florear, por flirt y cortejar.

Una persona aseguró que los cincuenta y dos naipes franceses representaban las cincuenta y dos semanas del año; al expresar Borges su duda, el sujeto protestó: «Pero si lo dijo la radio». BORGES: «La radio, platonizando, como si fuera una persona. Toda la gente procede como si creyera en las ideas platónicas». Volviendo sobre la correspondencia de los naipes, agrega: «En todo caso, como calendario debe de ser imperfecto. Y una vez que se sabe que hay esas correspondencias, ¿qué se saca?».

Dice que Banchs es muy limitado, muy estúpido; que habría opinado: «Este premio debe darse al libro, no a la obra». Borges replicó que eso era difícil (que era difícil —psicológicamente— hacer abstracción de la obra). Banchs respondió que no, que bastaba aplicar el reglamento del premio, que así lo ordenaba.

Habla de una dama de la sociedad que, cuando supo que en casa de sus parientes recibían a una señora judía, de inmediato se presentó allá: tanto lloró y se quejó, que la vez siguiente, cuando la señora judía fue de visita, le explicaron que los dueños de casa se habían ausentado. BORGES: «Es una señora muy borrosa y muy snob, increíblemente, todos estos incidentes exacerban su snobismo. Y en cuanto a estos antisemitas tan acérrimos, generalmente son judíos».

Lunes, 2 de septiembre. Come en casa Borges. Me refiere que Miguel, su sobrino, compró en estos días una segunda biografía de Gardel, de quien es muy devoto. «Ay —exclamó Miguel—, qué golpe. Se llamaba Gardez y había nacido en Provenza». BORGES: «Le contesté que hubiera sido peor que fuera bávaro, o belga, o suizo; que uno pudiera preguntarle: “¿De qué cantón es usted?”». BIOY: «Sin duda il mulait les en-es». BORGES: «Nunca lo vi. Una vez fui con Mastronardi a un cinematógrafo, a ver La batida, con George Bancroft; anunciaron que Gardel iba a cantar al final: nos fuimos sin oírlo, porque no queríamos que el efecto del film se nos arruinara». Yo digo, y mi padre confirma, que durante mucho tiempo Gardel cantó vestido de gaucho. Era la época de Gardel-Razzano. MI PADRE: «De aspecto, Razzano, a pesar de las dos zetas, era un poco mejor. Gardel era idéntico a Perón». BORGES: «La cara de Gardel era la típica cara del otario. Malevo, sí, pero malevo sonso. Quien tenía ese mismo tipo de cara, estúpida y abundante, era Florencio Sánchez. Una vez, durante la Semana Trágica, detuvieron a un grupo de personas, entre las que estaba Florencio Sánchez. El vigilante lo miró y le dijo: “Vos no. Tenés demasiada cara de otario”». BIOY: «A mí, Gardel nunca me gustó mucho como cantor de tangos. Lo vi y no me dejó ningún buen recuerdo; más me gustaron Azucena Maizant, Sofía Bozán, Rosita Quiroga. De los cantores de antes me gustaba Alberto Vila: cantaba admirablemente Agua florida». Recuerdo los versos en que compara el pelo de las mujeres con el agua de laguna:

Te usaban las pobres violetas del fango

de peinado liso como agua ’e laguna.

Borges recuerda:

cuando se bailaba alegrando el tango

con un taconeo y una medialuna.

Dice que la letra es de Silva Valdes. Hablamos de la posibilidad de hacer una biografía de Garde1, en la que, como sin darse cuenta, se deslizaran cosas inconvenientes (que era provenzal, un troubadour, que se llamaba Gardez, que era el zorzal francouruguayo, etcétera).

Refiere una historia que le contó un peluquero, y para la que yo propondría el título «Malevos de antaño». El peluquero le dijo: «Usted no sabe lo que era, en mis tiempos, vivir en Villa Crespo. Aquello estaba infestado de malevos; no de estos muchachones que hoy lo mandan al otro mundo por divertirse, pero de verdaderos malevos. El vigilante de la esquina —entonces los vigilantes ganaban sesenta pesos— era un turco con bigotes así (el peluquero extendió ambas manos a lo ancho de la cara, como atusando unos bigotes imaginarios), que apenas hablaba español. A patadas se llevaba vuelta a vuelta a los malevos a la seccional». BIOY: «Los malevos serían flacos y todos sinuosos». BORGES: «Y el vigilante rectangular; una especie de soldado… Así hay que decir las cosas literarias: con cierta inocencia. Si el peluquero hubiera escrito, habría dicho el representante del orden y hubiera estropeado todo».

Hablamos de Agudeza y arte de ingenuo. BORGES: «Es una antología razonada. Es up análisis de la literatura desde el punto de vista de la retórica. El libro es una estupidez, pero la idea del libro le hubiera gustado a Valéry o a Ibarra. Yo creí alguna vez que todo se podía reducir a efectos literarios; o que partiendo de los efectos podría uno escribir buenos cuentos, novelas o poemas. Puede ser que todo dependa de los efectos, pero no hay que escribir buscándolos. Es la manera más segura de no encontrarlos». BIOY: «Desde luego, no hay que pensar en esas cosas cuando uno escribe. Tal vez haya que haber estudiado retórica, haberla olvidado; en los momentos de corregir, de ordenar un relato, algo se sacará de ese conocimiento; más no diría».

Comentamos el asunto de Margarita Bunge, despachada de la Biblioteca, y públicamente agresiva. BORGES: «Clemente quiere levantarle un sumario. He is a good hater. Yo le digo que olvide el asunto». BIOY: «Con eso lo defraudarás. Ha de querer que el asunto siga». BORGES: «Es claro. Quiere que siga. Eso explica los largos feuds, las vendette. Un asunto así llena la vida de gente de imaginación pobre. Es lo único que tienen para entretenerse y se prenden con uñas y dientes». BIOY: «El que no quiere seguir implacablemente con el odio y la venganza es un desertor. Así lo han de ver, al menos. Lo has de haber defraudado al pobre Clemente, por tan poco ánimo de lucha. Como te admira, no te condenará; quedará perplejo». De Margarita Bunge dice que está cargada de esencias de odio.

Lo llevo a su casa.

Martes, 3 de septiembre. Come en casa Borges. Recita los versos:

Telle, à la soif, dans Blidah bleu,

s'offre la pomme douce;

ou bien l’oronge, sous la mousse,

lorsque tout bas il pleut[440]

Pregunta; “¿De quién son?”. BIOY: “No lo sé”. BORGES: “Ils puent l’auteur”… BIOY: «De Toulet». BORGES: «¿No ves? Tienen esa perfección, con algo mocho, algo insatisfactorio, que él buscaba». Agrega que las piezas entran estrechamente unas en otras, como en una cerradura.

Habla de la oronge. Yo pregunto si será la toronja; dice que sí. Por esa costumbre de su cortesía, de afirmar y aun de impartir conocimientos por preguntas, inquiere si la pomme douce será la batata, lo que no puede ignorar. Comenta: «Qué raro proponer para la sed, batatas. Es casi como la sopa seca y un poco mejor que el queso de bola». Lo que no sé qué significa es Blidah bleu. ¿Será algún pueblo[441]? Una explicación de la batata, como calmante de la sed, y de la amarga toronja, sería que la proposición trasluce al diablo; creo entender así el poema[442]. BORGES: «Lorsque tout bas il pleut así está bien. Lo malo de la poesía de Toulet es que tiende a ser un objeto. Yo recordaba estos versos de la oronge sin pensar que tuvieran sentido: la explicación del diablo ha de ser verdadera». Agrega: «Hay en Toulet una satisfacción en la frustración». BIOY: «Quizá en esa clase de poesía sea mejor Housman, porque es menos pícaro; el tono es más noble». BORGES: «Sí, el tono es más noble». BIOY: «Eso es muy importante». BORGES: «Pero todo está menos trabado en Housman. En quien también está trabado es en Martínez Estrada; pero en Martínez Estrada hay además una torpeza que no sé si es deliberada».

Jueves, 5 de septiembre. Borges me dice que comerá con Mastronardi y, muy interesado, me cuenta sus propósitos para el jurado de la Cámara del Libro. Refiere también que almorzó con unos ingleses. «Qué raros son los ingleses —comenta—. Tan lejanos, tan incomunicados, tan inalcanzables que a veces uno los siente. Y con un touck of madness. La señora, una señora vieja, tenía un chambergo, que, bueno, ningún malevo hubiera usado en la vida real, pero que hubiera usado un malevo de teatro».

BORGES: «Esta tarde me reúno con los amigos de la Biblioteca, una colección de pomposos imbéciles. Van a decirme que no van a seguir existiendo, yo simularé estar apenado, pero les tomaré la palabra, y trataré de pensar que son rostros de un sueño, que no volveré a ver».

De noche, cuando Silvina juzga que es tarde y desea que Borges se vaya, le dice: «Bueno, au reservoir». La expresión, au reservoir por au revoir, nos la enseñó Borges. Ha de estar en algún libro (voy a preguntarle); figura en el Dictionary of Slang and Unconventional English[443].

Viernes, 6 de septiembre. Come en casa Borges. Refiere expresiones de Emma de Cartosio: la fuerza savial, una rosa despetalada («suena a despatarrada»), altura elital (de élite). Dice que esta poetisa es la autora del abominable verso:

Yo, que soy gaseosa y beodante.

Yo, que soy gaseosa y beodante.

Habla de la reunión del jurado para el premio de la Cámara del Libro: «Esas personas parecen ya resignadas a no acertar; a lo único que aspiran es a no cometer errores flagrantes. Mira: yo creo que están todos cagados. Vos no sabes cómo postergan las cosas. Charlan, cuentan anécdotas. Nunca quieren hablar primero. Les dije que no tenía inconveniente en revelar mis candidatos: yo votaría por Silvina, por Wilcock, por Barbieri o por Giro. Banchs, Battistessa y Arrieta votaron por una pieza de teatro de un tal Betti. Mastronardi votó por Barbieri. La pieza de teatro no creas que vale nada. Es una idiotez. Ocurre en la Edad Media y la gente dice: “¡Viva la democracia!”. O si no, es galana, altamente poética, con metáforas. Parece escrita por un chico. No te cuento las precauciones de Banchs. Arrieta le había dado su voto. Banchs quería que lo confirmáramos por teléfono, de miedo de que dudáramos de su palabra. ¿Habrá sido muy perseguido por pleitos? Estaba como loco con el libro de un viejo Godoy, un poeta simbolista, que conoció a los poetas simbolistas franceses y que ha publicado un libro extremadamente lujoso, que contiene catorce sonetos en francés —miren qué interesante, catorce sonetos, que tienen catorce versos cada uno—. Ha de ser un viejo imbécil. Banchs se mostró dolido porque en la crónica de la entrega del premio de la SADE se menciona a los otros premiados y se dice que él, en tal año, rechazó el premio. Si es verdad, ¿por qué no se va a decir? Yo no creo que haya un gran mérito moral en rechazar un premio. Total, el honor ya lo había obtenido; le faltaba recibir la medalla. ¿Qué iba a hacer con la medalla? ¿Venderla? ¿Metérsela en el culo? Todavía si el premio fuera en dinero podría haber algún mérito. Pero si no, es más simple recibir el premio que mandar cartas vanidosas y obligar a la gente a ocuparse de él todo eso, como no querer que se reediten los libros, está hecho pensando en su biografía. Parece que Mastronardi le dijo: “Usted es de Villa Crespo, ¿no es verdad?”. “No —contestó Banchs—. Yo nací en la calle Santiago del Estero. La especie de que nací en Villa Crespo la difundió Soiza Reilly, con mala intención”. No aclaró en qué consistía esa mala intención. Es un hombre desesperante. Tan taimado, con tantas vueltas para todo, tan temeroso de las consecuencias. Habla y habla continuamente, relatando anécdotas pointless, como ganando tiempo. Ha de tener el alma negra.

Después estuvo con “Los amigos de la Biblioteca”. Estos señores le hicieron añorar a los otros —y mirá que Battistessa es idiota»— como a seres sobrenaturales. Carlos Alberto Pueyrredon quería que Borges se opusiera a que se levantara en la quinta Unzué la nueva Biblioteca y a que en estos momentos se gastara en arquitectura la suma de cincuenta millones, porque él tiene ahí su casa y ve con terror la posibilidad de que se la expropien. BORGES: «Mire, aunque a mí no me gusta mucho el sitio y aunque yo pueda creer que ese dinero podría invertirse mejor, no me parece que yo pueda oponerme. Además, si una ley dispone esa inversión para ese fin, ¿no sería malversarla el gastarla en otras cosas?». Carlos Alberto Pueyrredon se mostró deprimido desde ese momento.

Traducimos, para el Libro del cielo y del infierno, el párrafo de The Defence of Guenevere, de Morris, sobre los dos paños que le muestra el ángel al moribundo, uno azul y otro rojo, para que elija: uno es el cielo, el otro el infierno. Después de media hora de angustiosa duda, el enfermo dice: «¡Por Dios, el azul, que es el cielo!». El ángel le anuncia que se equivocó: el azul es el infierno. Parece bastante admirable que Morris hubiera escrito ese libro a los veinticuatro años. Sobre el párrafo, Borges dice: «Es decorativo. Kafka lo hubiera escrito de otro modo».

Hablamos sobre Kafka, sobre el mundo de incertidumbres de Kafka, que, en vez de ser la tragedia de la vida, se nos aparece como un juego, o como un consuelo intelectual al que desearíamos apelar en medio de nuestros infortunios. En nuestra vida, las dichas son dichas; los fracasos, fracasos. Nuestros problemas son demasiado precisos. Pienso que en Kafka, sin embargo, ese mundo no era falso; Kafka vivía pensando en la salvación. Borges dice que esa literatura correspondía a experiencias religiosas, al calvinismo, etcétera. Tal vez en Buenos Aires, agrega, no haya una persona que sienta así. Por eso, tal vez, la imitación de Kafka da resultados tan poco satisfactorios; sólo queda la forma.

Sábado, 7 de septiembre. Come en casa Borges. Corregimos la traducción del fragmento de The Defence of Guenevere. Borges dice que oyó: «Hoy a la tarde tengo un apogeo». «¿Qué será? —pregunta—. ¿Será igual que el fato? Lo que es, parece evidente, y que todo sea invento de Borges, probable».

Silvina está enojada con Mastronardi; dice: «Es un idiota. Siempre cree que uno le está tomando el pelo y, para anticiparse, le toma el pelo a uno. Un día lo voy a mandar a bañarse». Borges opina que es bromista para mostrarse hombre de mundo.

Hablamos del mundo literario de París. BIOY: «¡Qué mundo pobre! Madame Tésenaz[444] estará dando comidas». BORGES: «Ese nombre debe de ser suizo. Casi todos esos nombres en z son suizos». SILVINA: «Qué antipática era». BIOY: «Toda esa gente, ¡cómo admiraba a Jünger!». BORGES: «Es un autor pésimo. Yo leí su Der Kampf als inneres Erlebnis. Dice que un breve grupo de hombres, algunos alemanes, algunos franceses, algunos ingleses, sienten júbilo cuando el dios de la guerra golpea con su clava. ¡Qué débil y qué falso! Uno creería que el autor de esa frase nunca estuvo en una batalla, pero parece que sí. Lo que induce a error es la magia del estilo. También se queja de que nuestro siglo no es bastante violento. Debió de ser nazi». BIOY: «También recuerdo a Betty Bouthoul, vieja, rubia, teñida, con los ojos azules muy prominentes, con mucho colorete en la cara, con los mofletes hinchados, gorda, hinchada, ceñida en vestidos de reluciente seda negra, mirándome a los ojos y exclamando (debería darme vergüenza decirlo), como quien desfallece: “Que vous êtes beauf. Era autora de un libro sobre la secta de los Asesinos[445]”.

Leemos nuestro Libro del cielo y del infierno. BORGES: “Es un libro excelente”. Comentamos que es curioso que nadie haya advertido que todo el infierno de Shaw y de Sartre procede de Swedenborg. BIOY: “La de Swedenborg es mucho mejor que la escatología católica. Mucho más creíble”. BORGES: “Mucho mejor que la escatología de Dante, que es puro premio y castigo. ¿Cómo pudo Dante poner en el infierno a Paolo y a Francesca? Son gente noble”.

Leemos un texto de Chateaubriand, según el cual la tierra nació vieja, con árboles nuevos y árboles secos, con huevos en los nidos y con cuervos comiendo osamentas. Recordamos que el padre de Gosse tenía la misma idea[446]. BORGES: “No ha de ser de ninguno de los dos. Ha de ser previa”.

Cuando le leo un texto (“El infierno”) de Muestrario de Gómez de la Serna, dice que es un buen libro y pregunta: “¿Cómo después se hizo peronista?”.

Me refiere un diálogo con Banchs. Banchs: “Estuve con Losada. Dice que lo importante es la publicación de la literatura nacional”. BORGES: “¿Por qué le interesa tanto a Losada nuestra literatura nacional?”. BANCHS: “De Barletta dice Losada que es el caballo, el caballo que acomete, y que al caballo, ya se sabe, lo detenemos con la bayoneta”. BORGES: “Yo no sabía que Losada hubiera manejado la bayoneta en ninguna batalla”.

Comento que al escribir encuentro a veces el progreso trabado por la repetición de la conjunción y, que divide las frases en dos mitades, y por los finales asonantados. BIOY: “Hay días en que a uno todo le sale así, y otros en que escribe sin dificultad”. BORGES: “Es lo que niega Johnson. Es un disparate, negar eso. A Johnson no le gustaba escribir”.

Lunes, 9 de septiembre. Come en casa Borges. Trae de regalo El último confin de la Tierra de E. Lucas Bridges; también, el segundo número de La Biblioteca».

BORGES: «El conceptismo está muerto. Hago el experimento de leer los versos de Quevedo;

Retirado en la paz de estos desiertos,

con pocos, pero doctos, libros juntos,

vivo en conversación con los difuntos

y escucho con mis ojos a los muertos[447],

y la gente cree que se trata de un ermitaño, a quien la soledad volvió loco, y que confunde los sentidos». BIOY: “Con la pregunta apabullas a las personas. Piensan que les tomas examen”. BORGES: “¿Vos crees que todo hombre sabrá contestar y ninguna mujer? He usado los versos como piedra de lo que para juzgar la inteligencia. Guillermo lo supone loco, porque habla con difuntos y oye por los ojos… Solamente Mastronardi y ustedes entendieron. El poema está bien, pero hay que entender en seguida lo de oír con los ojos y pasar de largo; no atender demasiado a esa operación, un poco monstruosa. Quién sabe si Quevedo pensaba así. Mejor dicho: seguramente no pensaba así, estaba orgulloso de la frase, para él ese concepto era el mayor mérito del poema”. A mí me parece muy inteligente Borges por haber descubierto que alguien no entende» ría.

Ayer, sobre un texto de Susana Bombal, tuvo una discusión con Guillermo; éste sostiene que debe uno escribir: «aquel aula, aquel águila, aquel agua». Borges cree, como yo, que lo correcto es aquélla.

BORGES: «Yo no sé cómo decirle a Susana Bombal que, ya que escribe sus cuentos de un modo en que todo es visible y muy lento (como en Virginia Woolf), debería poner cosas lindas: cosas que, sin ser fade, no fueran feas como gordos y papadas. ¿Por qué pone una mosca en la nariz, de Júpiter? Mejor hubiera sido poner una hormiga en la cara del dios. Hormiga y dios estaría bien. Pero es una persona a la que no puede uno explicarle la diferencia entre nariz y mosca y cara y hormiga. Sin embargo, siempre está poniendo narices y moscas». BIOY: «Un instinto la dirige». BORGES: «Nariz y mosca sólo sugieren incomodidad».

Refiere la rivalidad (hoy enemistad) de las dos aspirantes a dueñas de salones literarios, Susana Bombal y Mariana Grondona: «Susana empezó protegiendo a Adela Grondona: hizo que diera conferencias en su casa. Pero después Susana mostró la perfidia. No sólo hizo que otras —como Magdalena Harriague— dieran conferencias sino que ella misma, lo que ya es intolerable, se puso a escribir. ¿Cómo? ¿Te das cuenta? No se quedó en su lugar la mecenas, sino que pasó de mecenas a competidora».

Habla de un cantor Falú, un turco de Salta, guitarrero notable, que vive en las proximidades de la Avenida de Mayo y siempre está borracho. «¿Por qué se emborracha?», le preguntan, «Para olvidar», contesta. «¿Para olvidar qué?». «Ya no recuerdo».

Habla también de un Montenegro de Córdoba[448], gran enemigo del peronismo, a quien los aliancistas le dieron una paliza, y que, a pesar de todos estos méritos, es un simulador. Un infeliz, que estaba como loco por conocerlo, por fin se le acerca. Tiene un sueldo de ochocientos pesos. Montenegro le consigue un ascenso a mil cien. Cuando llega el nombramiento, Montenegro, con ademán grandioso, lo rompe en mil pedazos. Los compañeros del infeliz reciben ascensos; a éste lo olvidan; por fin va a ver a Montenegro, que se imagina a sí mismo como El Gran Benefactor y que le dice: «No se preocupe. Yo lo reservo para otras construcciones».

Trabajamos en el Libro del cielo y del infierno. Hay que inventar un autor y un libro. El libro: Informe sobre los feriados, elevado a la superioridad (Bell Ville, F.C.C.A., 1908)[449]. El autor: Carmelo Soldano, un viejo mucamo de mi casa; estoy feliz de que esté en mi libro, porque su lugar es el cielo de los inofensivos (murió hace pocos años; era de poca estatura: eso maravillaba mi infancia).

Cuento «Sennin» de Akutagawa[450]. BORGES: «¡Qué lindo cuento! Visualmente también es lindo. Y moralmente también. Es mejor que el cuento de la nariz. Ha de haber un tipo de cuentos de nariz. Y otro de orejas. Cuando uno pregunta, ni le contestan. Ya se sabe: es uno de esos cuentos del obispo que sólo tenía una oreja. Porque los cuentos de orejas han de ser también eclesiásticos».

Recita los versos:

Aunque mi doble corona

la debo al rey de Alemania,

soy duque de Septimania

y conde de Barcelona.

Pregunta: “¿Por qué aunque? ¿Qué significa aunque ahí?”. BIOY: “Aunque debo mis títulos a Alemania, embrómense, porque ahora los tengo”. Le cuento que mi primo César Blaquier decía esos versos y parecía creer que tenía una doble corona.

Recito versos del Castellano leal, del Duque de Rivas. Hablamos de doña Emilia Pardo Bazán y de don Antonio[451], de Cecilia Böhl de Faber y su Gaviota, de Pereda. BIOY: “El tema de Peñas arriba y de muchas novelas españolas, de un hombre de ciudad que por alguna circunstancia va al campo o a la aldea, me parece rico en posibilidades”. BORGES: “Eso está en Eça de Queiroz: es La ciudad y las sierras”. BIOY: “No creo. La ciudad y las sierras contrasta esos mundos. En Peñas arriba y las novelas de que te hablo, el héroe va al campo, que es un ámbito más reducido y por eso más apropiado al drama, y encuentra la aventura”. BORGES: “Es el tema del libro que estás escribiendo”. BIOY: “Mucho me temo. Mientras hablábamos estaba haciendo el descubrimiento. Debe de ser un tema eterno, de muchas literaturas». En cuanto a Solileza pregunto si el autor «jugaría del vocablo». BORGES: «¿Por qué?». BIOY: «Creo que sotileza no es sutileza sino algo del orden de carnada para la pesca». Mi padre y Borges se muestran sorprendidos y yo me pregunto si no tendré un falso recuerdo.

Reímos con el artículo titulado «Inferum» del Dictionnaire Philosophique de Voltaire. «¡Qué manera de volver todo trivial!», comenta Borges, con aprobación. Después de leer el párrafo de Plotino,5 observa: «Plotino[452] es el único que ha imaginado otro mundo. Y como se da cuenta de que ese mundo tiene que parecer horrible, nos da continuamente seguridades de que no lo es».

Martes, 10 de septiembre. Come en casa Borges. Lo felicito por las «Prosas» que aparecieron en el segundo número de La Biblioteca[453]. le digo que van a gustar aun a esos lectores que hoy encuentran que él es demasiado hábil y que por eso imaginan que es frívolo. Me agradece y asegura: «Es muy importante para mí lo que decís. Porque me parece que, ahora que no veo, sólo puedo escribir, quiero decir dictar, cosas breves. Con los textos largos me pasa que no los veo en su conjunto».

Trabajamos en el Libro del cielo y del infierno.

Jueves, 12 de septiembre. Comen en casa Borges, Lisa Lenson, Mastronardi y su mujer, Valentina Bastos. Mastronardi me dice: «Lo leí minuciosamente en La Biblioteca. Recuerdo lo de Rubio, sí». Murmuró algo, sin entender; luego comprendo que se refiere a capítulos de las memorias de mi padre[454]. Se lo digo y finge perplejidad. BORGES: «El verdadero autor es Etiemble: es el autor de todo lo que nosotros dos hemos firmado». Alude a un episodio similar, ocurrido hace años, cuando apareció en Sur un artículo de Etiemble, y Mastronardi creyó que Borges y yo lo habíamos escrito. En seguida, Borges me pide que cuente el cuento del Sennin; yo pienso, al contarlo: «Mastronardi ha de creer que es mío».

Mastronardi dice que recitó unos versos de Ipuche, en una visita que hizo a este poeta. Ipuche comentó: «Ni yo ni nadie podría ahora escribir estos versos». Mastronardi habría preguntado una vez a Ipuche cómo se conservaba su pago. «Sabroso y entero», fue la respuesta.'Otros, después, le dijeron a MASTRONARDI: «Está lleno de motonetas». BORGES: «Ipuche no habrá vuelto allá, desde su juventud».

Se habla del coraje de los uruguayos. MASTRONARDI: «Todavía en tiempos de las revoluciones, empezaron entre los oficiales uruguayos los estudios de estrategia e ingeniería militar. Antes de una batalla, unos oficiales jóvenes estaban haciendo planos; se abrió una puerta y un oficial de la vieja escuela les dijo: “Hagan mapas, maricones; yo corto pa’l cañadon”». BORGES: «No sé qué batalla estuvo a punto de perderse, porque al ver que otros atacaban, Lavalleja no pudo admitir que los orientales fueran menos valientes y dio orden de atacar también. Qué diferencia con Mitre. Descubierto por Sarmiento en no sé qué escondite, en la batalla de Caseros, explicó: “Economizando sangre”. Según Sarmiento, economizaba miedo». BIOY: «Esto me recuerda a un francesito, secretario de Weibel, al que los de la embajada, cuando se declaró la guerra, querían mandarlo a Francia. Les gritaba indignado: “Ils sont fous, ceux la! Árgentin, moi, argentin!”».

MASTRONARDI: «Durante una sublevación correntina contra Rosas, Garibaldi se embarcó con algunas tropas para sumarse a los rebeldes. El práctico le dijo que no podía cruzarlo, porque no conocía esa región del río. “Saqué el sable y hubo práctico”, declara Garíbaldi en sus memorias». BORGES: «Chesterton dice que Garíbaldi liberó Italia desde un coche abierto. Cuando Marinetti declaró que los futuristas eran la primera gente enérgica que producía, desde mucho tiempo, Italia, Chesterton comentó: “Qué diferentes de sus abuelos que libertaron y unificaron Italia. Ellos se paran en la puerta de un museo y gritan: No entraremos”. Marinetti dijo que los futuristas serían los primeros en cantar las guerras y la violencia. “Olvida —observa Chesterton— que Homero y Virgilio cantaron, precisamente, guerras, y aun que existe un género llamado la épica.”».

Borges dice que su madre oyó los balazos que mataron a López Jordán, en la calle Esmeralda. Señala que entre el asesinato de Pizarro, por las gentes de Diego de Almagro, y el de Urquiza, por los de López Jordán, hay mucha similitud. Parece que Urquiza pudo subir a la torre, y quizá salvar su vida, pero no quiso; fue apuñalado por uno de sus protegidos, el mayordomo Nico Coronel, que era de la partida de los asesinos. Según Mastronardi, Fernández Espiro propuso a Teresa, la hija de Urquiza, que tuvieran un hijo, para que ella contribuyera con la hermosura y él con el talento.

Cuentan que hace años (allá por el veintitantos), Borges, Mastronardi y Nicolás Olivan fueron a visitar a María Alicia Domínguez, en el Barrio Sur. Al pasar frente a un baldío, Olivari dijo: «El típico hueco del Sur». Luego, cuando apareció María Alicia, pilosa y con flequillo, Borges dijo: «El típico zorro del Sur[455]».

BORGES: «La gente, para mostrar que es culta, pronuncia de modo distinto la b de la v». LISA: «Es lo que hacen todos los conferencistas». BORGES: «Según Reyes, en México es peor. Para afectar cultura, pronuncian la v como f, y dicen: «Es un color muy fifo».

Lisa cuenta que su familia tenía la estancia en los alrededores de Selva Maciel en Entre Ríos. Allí, su madre, o alguna otra persona, resolvió alguna vez regularizar la situación de muchas parejas. A una vieja, a quien le preguntaron sí quería casarse, contestó: «No, eso está bien para los nietos». También cuenta Lisa que sus padres tenían una amiga atea, que, a la pregunta de por qué iba a misa, contestaba: «Porque la iglesia es el lugar más fresco de Paraná».

Según Borges, Dickens refiere que John Forster era muy pomposo. Una vez la mucama trajo un plato de carne y legumbres y Forster pidió: «Mary… carrots». La mucama contestó que no había zanahorias. Forster pronunció: «Mary, let there be carrots[456]». Yo menciono la historia del cardenal Wiseman, que participaba en un banquete; uno de los comensales, muy angustiado, recordó que era vigilia; el cardenal, entonces, impartiendo la bendición a los manjares, dijo: «Declaro todo esto pescado».

Dice Borges que Vocos Lescano, en una conferencia, recordó emocionado la casa de su familia, en Córdoba[457]: «Esa casa en que todo el año era verano». BORGES: «Qué horrible. Te das cuenta: una casa en Córdoba, donde todo el año es verano». BIOY: «No piensa directamente sino por lecturas, tal vez. Acordate, en Suiza, dicen: “Fait beau, fait chaud”. Después de emocionarse en su conferencia, con recuerdos de su familia, Vocos habría declarado en conversaciones privadas que nunca había hablado de literatura con sus parientes, gente que no podía entender esas cosas, y que a su novia nunca le dijo que escribía. Todo esto con gran dureza, con desprecio por esas personas. BORGES: “Está muy mal, ¿no te parece?”».

BORGES: «Wally se enojó con su cuñada cuando descubrió que sus hijos vendían revistas y diarios viejos. Tiene razón: ¿por qué los chicos van a educarse para mercachifles?».

Llevamos a Lisa a su casa, en Belgrano, y a Mastronardi y Valentina a la de ellos, en la calle Thorné, más allá de Primera Junta. BIOY: «Es agradable recorrer la ciudad en automóvil, de noche». BORGES: «Sí: andar de día es desagradable». Agrega: «Vivir en el Barrio Sur es lindo, porque puede ser viejo o nuevo, modesto o espléndido; pero aquí, en el Oeste, todo es tan nuevo, y tan moderado… Probablemente un día, en el año 2000, éste sea el mejor barrio, pero por ahora lo siento deprimente». Cuando llegamos a la esquina de Medrano y Rivadavia digo: «Ahí está la confitería Las Violetas». BORGES: «Sí, famosa por las letras, muy feas, del nombre. Un día le comenté a una señora que era un lugar muy bueno para encontrarse. “El inconveniente —me contestó—, es que todo el mundo piensa lo mismo, así que lo más seguro es que ahí una se encontrará con la hermana de su marido.”».

Hablamos de Valentina. BIOY: «Es de ese tipo de mujeres horribles, muy crasas y muy fuertes». BORGES: «Sí, que parecen hombres disfrazados de mujeres». BIOY: «Sonsa no es». BORGES: «Muy inteligente, tampoco: es comunista. No puede ser las dos cosas al mismo tiempo». BIOY: «Qué raro, personas que desean que todo esté lleno de prohibiciones, que el mundo se parezca a una cárcel o a un colegio. Quieren ponernos en un patio de colegio y no dejarnos salir».

Mañana Gannon, con Shand y otros, se reúnen para resolver el destino académico de BORGES: si sigue siendo profesor en la Facultad (es profesor interino; resolverán si será titular). BORGES: «¿Sabes lo que quería hacer Gannon? Si argumentaban que yo no tengo título, prometería que yo iba a estudiar, para recibirme. Es una humillación. ¿Te das cuenta, qué bobo? Va a dar una conferencia sobre Sherlock Holmes en la Biblioteca. Le expliqué que el padre Ronald Knox dijo que así como algunos habían supuesto, por discrepancias en los Evangelios, que Cristo no existió, por el mismo procedimiento otros llegarían quizá a suponer que no existió Sherlock Holmes. Gannon no entendió: la broma le hacía gracia, pero los estudios sobre Sherlock Holmes, y hasta una exposición de Sherlock Holmes, que visitó en Londres[458], mientras le daban tema para su conferencia lo confundían y lo inducían a creer que realmente Sherlock Holmes había existido. “Y los Evangelios, ¿están en el Nuevo o Viejo Testamento? ¿Y quiénes habían dudado de la existencia de Jesús?”». «Robertson[459] y otros». “¿Quién es Robertson?”. Tomaba notas con un lápiz que, como se parecía a él, no tenía punta. A mí me molestaba que mañana él pudiera decidir sobre mí destino, porque hubiera querido mandarlo al diablo. ¿Por qué da una conferencia sobre Sherlock Holmes si no sabe nada sobre Sherlock Holmes?».

Cuenta que Lanza del Vasto visitó a Xul y que éste habló casi todo el tiempo. BORGES: «Xul lo da veinte vueltas».

Antes de irse, dice: «Yo nunca vi el color de los ojos de nadie».

Viernes, 13 de septiembre. Busco a Borges, en casa de Norah, y lo traigo a la nuestra. Está contento porque parece que el jurado de la Facultad, por unanimidad, lo puso en primer término en la tema para convertirlo de profesor interino en profesor titular.

BIOY: «Estoy alarmado. Acepté ser jurado en el Instituto de Cinematografía y ahora temo no encontrar un film para premiar». BORGES: «Distinguirás matices entre lo malo y lo pésimo».

Voy al instituto de Cinematografía; Borges sale a caminar con Silvina. Cuando vuelvo, Silvina me dice: «¿Sabés lo que ha sucedido? Ríos Patrón se pegó un tiro. No sabemos si ha muerto. Cuando pasamos por Radio Nacional, en la calle Ayacucho, vimos el charco de sangre en la calle. Se pegó el balazo a las diez de la noche, delante de esa muchacha, que era su novia, y de Armani». La novia se llama María Esther Vázquez.

Sábado, 14 de septiembre. Por la mañana, llamo a casa de Borges. BORGES: «Murió anoche, en el Hospital Alemán. Ahora voy a la SADE. Van a velarlo allí. Lo entierran hoy a las cinco». BIOY: «Qué extraño que este muchacho tan trivial de pronto haga esta pirueta y quede dignificado por la muerte». BORGES: «Los otros días trató de suicidarse en la Biblioteca, Clemente lo sujetó cuando ya estaba por arrojarse desde la galería alta que hay en el salón principal. Parece que celaba a María Esther, Cuando ella descubrió que la hacía seguir con un detective, rompió con él. Ríos Patrón no se resignó a la ruptura. Ayer esta chica tenía que grabar con Armani, en Radio Nacional, esa suerte de conversación, La Hora de la Biblioteca, que pasan una vez por semana. No sé por qué inconvenientes del grabador se quedaron hasta muy tarde en Radio Nacional. Ríos Patrón pensó que estarían en cualquier otra parte. Fue a las diez a la radio y allí los empleados le explicaron los inconvenientes del grabador que provocaron la demora. Entonces Ríos Patrón fue al café, los encontró allá y le dijo a María Esther que la pelea entre ellos era absurda, que debían casarse. María Esther le contestó que no, que la ruptura era definitiva. “Entonces no te voy a molestar más”, dijo él, sacó el revólver y se descerrajó un tiro. Esto es el arranque de mal humor de un desequilibrado; un acto contra María Esther; un acto de un muchacho vanidoso, presuntuoso, desagradable. Hasta el suicidio de las personas superficiales es superficial». BIOY: «Era tan flaquito y frágil y loquito el muchacho, que el aspecto histriónico de este suicidio me impresiona. Parece el suicidio de un fantoche».

Cuando llega el furgón con el ataúd a la SADE, hay poca gente para recibirlo. ¿Quiénes llevan el ataúd hasta el lugar del velorio? Yo, que apenas fui un conocido suyo, Mujica, Villordo, un amigo de Mujica, Olivera y dos empleados de la empresa fúnebre. Vuelvo a la SADE después del almuerzo: están allí Borges, Peyrou, Manucho, Olivera, Ledesma, Wally Zenner, Raid, Erro, Ghiano (muy conmovido, porque era amigo de toda la vida del muerto y porque estuvo durante la noche y la mañana en el hospital y en la morgue, siguiendo todo paso a paso). BORGES: «Las cosas se complican. Parece que en diciembre ella quiso casarse con él y él no quiso. Alegó que era muy mujeriego —lo que era verdad, pero como excusa parece muy vanidosa— y que la haría sufrir. Se querían desde chicos; hace once años que eran novios. Él decía a todo el mundo que ella quería casarse con él. Tal vez diera vuelta las cosas, por vanidad. Manucho dice que ya ve en este episodio un asunto para novela». BIOY: «Qué apurado; pero sin embargo, está bien: su profesión de novelista ante todo». BORGES: «Es claro que está bien». Agrega: «Pasó lo que todo el mundo buscaba. Todo el mundo deseaba que María Esther dejara a Ríos Patrón. La trataba tan mal… A Armani todos lo quieren». Ghiano hablará en el entierro, en Chacarita. Yo me siento un poco resfriado; si voy, me enfermo. Peyrou está en idéntica situación. Resolvemos irnos; Borges también.

Por la noche, Borges come en casa. Me regala un libro sobre los misterios de Eleusis. Le cuento el argumento del film que vi ayer en el instituto, Los tallos amargos, versión de una novela de un tal Jasca (hermano de la muchacha de El Hogar, la Jascalevich): una persona, por motivos que se dan para convencer y resultan flagrantemente baladíes, mata a otra y luego recibe un castigo que tampoco lo redime. El asesino es el héroe, el hombre cuyo destino de algún modo debe ser seguido con simpatía por el público; diríase que ni el héroe ni el autor advierten que el crimen cometido es monstruoso. BIOY: «Tan malo es el cinematógrafo argentino que este film mediocre me parece interesante, y ya cumplo tu profecía, de distinguir entre lo malo y lo pésimo».

Domingo, 15 de septiembre. Llamo a Borges, para despedirme, porque esta noche se va con su madre a Montevideo, donde dará una conferencia. Hablamos de Gray, de la elegía[460] («Lo que está muy mal es el epitafio final», asegura) y de sus traducciones de las Eddas[461] («Adornaba todo; pero tal vez era lo que había que hacer en el siglo XVIII; si no había adornos, no era poesía»).

Miércoles, 18 de septiembre. Comen en casa Borges y Peyrou. Cuenta Borges que Sabato se encontró con alguna amiga que llegaba de Europa y le preguntó cómo se comentaba en Europa «el asunto Sabato», La amiga le aseguró que no se comentaba, Sabato le explicó que ella no había frecuentado los círculos literarios: en éstos no se comentaba otra cosa. La anécdota recuerda a Borges que una vez, estando con Macedonio Fernández y Willie Borges, Macedonio dijo que porque había muchos marinos de ascendencia provinciana, sin duda en el Círculo Naval tocarían bien la guitarra. Willie, que era marino, replicó que nunca había oído una guitarra en el Círculo. Sin tomar en cuenta esta negativa, con extrema suavidad, Macedonio se volvió hacia Borges, que en ese momento se hallaba detrás de él, y le dijo: «Es un centro guitarrístico notable», y pasó a hablar de otros temas. BORGES: «Era más puro el deseo de Macedonio de que las cosas fueran como no eran; en el de Sabato se advierte la influencia de una estúpida obsesión por la propia literatura». No sé por qué le interesa tanto Sabato,

Sábado, 21 de septiembre. Come en casa Borges. Traducimos, para el Libro del cielo y del infierno, la fabulous description of Britain de Gibbon[462]

Hablando de Ríos Patrón, Mariana Grondona dijo: «Cómo la quería, que se mató por ella». BORGES: «Cómo la odiaba, que se mató por ella. Qué bruto. Es como si le hubiera dicho: “¿Ves? Te convierto en asesina, en un instante”».

Sobre la conferencia que Jaime Dávalos dio hoy en la Biblioteca: «Usa con absoluta naturalidad expresiones como zamba adentro, tal como nosotros decimos tierra o mar adentro, la palabra baba le gusta mucho. Al final debí ofrecerle un baba al ron, hablarle de Alí Baba, de Baa-Baa Black Sheep y preguntarle por su babbo. Por razones obvias, habló mucho de animal-poeta. Dijo, sin la menor intención satírica, que el poeta hace pública su vida privada. En seguida se refirió al gran poeta de nuestros ríos. Yo pensé: ¿Quién será? ¿Será Barbieri? No: era el sapo no sé cuántos. Davales imitó el canto del sapo y después recitó un poema disparatado que le había dedicado. Contó anécdotas. Parece que tenía una estancia y que salía a trabajar al bosque, con los hacheros. A uno le regaló una guitarra. Pocos días después se le acercó otro y le dijo: “Dígame, patrón, ¿puedo preguntarle una cosa?”. “Pregunta, no más”. “¿Es verdad que le regaló al Nemesio una guitarra?” “Es verdad.” Entonces el hachero le tomó la mano y con voz conmovida le dijo: “Gracias”. Dávalos añadió que en ese momento él no pensó que la guitarra y el vino siempre van juntos: ese hachero se dio a la bebida y murió borracho… Todo eso estaba bien. Lástima que además recitara sus versos».

Dice que los poemas de Dávalos quieren ser muy de su tierra y que de pronto, como los de tantos otros, toman un tono lorquiano y español. BORGES: «No ha de tener ninguna sensibilidad para las palabras». BIOY: «Y muy pocas lecturas. Leyó a Lorca y nada más. De inmediato agarró para ese lado. No puede prescindir de Lorca». BORGES: «A Silva Valdés le pasa lo mismo. Qué rara, esa gente que para cantar a su provincia redacta un catálogo de animales y de plantas. En Zorrilla [de San Martín], como el verso fluye, esa terminología no es tan gravosa. En estos poemas en verso libre el mazacote se advierte». BIOY: «Quizá sea la versificación, en Zorrilla, lo que hace fluir todo ese material: en el verso libre, en cambio, no fluye; esos árboles, esos yuyos y esos animales en la realidad están más desparramados que en la página escrita». BORGES: «Una metáfora que oí en cantos del altiplano y en cantos de Salta y de otros folklores es tambor para la luna. No parece natural. Ha de ser moderna, y unos se la habrán copiado a otros. Tamborcito calchaqui[463]. ¿Por qué? ¿Porque es redonda? “Tome un tambor de veinte centavos.”». BIOY: «Deposite en la ranura un tambor de cincuenta centavos»[464]. BORGES: «Le rompí el tambor».

Dice que hoy el folklore es mucho más consciente de sí mismo que antes. BORGES: «Se educan por la radio». BIOY: «Y el folklore de cada lugar ha de enriquecerse con el de otros lugares».

BORGES: «Las novelas que en el futuro se escriban sobre la Revolución Libertadora serán muy falsas. Todo aparecerá simplificado, como: “Una chica de la oligarquía que, sin embargo, se casó con un aliancista”. Lo que hoy leemos del tiempo de Rosas será no menos falso, tal vez». Comentamos lo olvidado que está Blomberg. BORGES: «Qué curioso: tuvo éxito con la pulpera de Santa Lucía, que parecía lo más falso del mundo, y fracasó con mazorqueros de Monserrat y otros personajes de cada uno de los barrios, lo que era una jugada astuta… “La Pulpera de Santa Lucía”, no obstante, tiene algún envión. Eso sí: los soldados que suspiran por ella quedan como maricones». Recita con agrado algunos versos del poema y ríe cuando llega a los soldados que suspiran:

Era flor de la vieja parroquia:

¿quién fue el gaucho que no la quería?

Los soldados de cuatro cuarteles

suspiraban en la pulpería.

Después observa que casi toda la terminología de guerra es francesa.

En la SADE, Ghiano habló una hora sobre la importancia de Barbieri como narrador. Borges: «En esa hora no dio el argumento de un cuento, no dijo cómo era una novela, de Barbieri. Todo era generalidades y elogios». BIOY: «Tal vez no podía tratarse de otro modo a Barbieri narrador». BORGES: «González Lanuza leyó, con cambios de voces, como un actor, un capítulo, “El guante frío”, de una novela inédita de Barbieri[465]: era una estupidez. Tal vez Barbieri fuera bastante malo».

Sobre Susana Soca: «Cuando los otros días dijo: “Ay, Borges, ¿no quiere ensaladas?”, sentí un odio desmedido hacia ella, desproporcionado al motivo de usar la palabra ensalada en plural, un odio que me probó que desde hacía mucho la odiaba. Me preguntó dónde quería ir a comer. Yo le dije que a cualquier parte. Ella propuso el restaurant del Golf. Yo le dije que un lugar era igual que otro; debió entender que no estaba muy entusiasmado de ir al Golf. Yo aborrezco el Golf: hay demasiados mucamos sirviendo, y uno pide fiambre y le traen un carrito lleno de cosas, Susana está en una continua actividad mental. Es muy observadora; eso sí: todas sus observaciones son falsas. Que sea tan ansiosamente cortés, vuelve todo más desesperante. “Yo sé que Borges toma nada más que agua mineral”. Yo aborrezco el agua mineral: me gusta el agua corriente. “Mozo, una Villavicencio para el señor. Ah, no es el mozo del vino. Es el que lleva los bizcochos al perro.” Como en esos lugares apuntan cualquier cosa que digas, todo se vuelve irreparable. Riendo, como si se sofocara, y con muchas vacilaciones, me dijo: “Yo no debería decírselo, pero Wilcox (sic) está muy descontento de usted”. Se parece a los japoneses de Emita». Nada encona tanto a Borges como que le digan que un ausente está enojado con él o lo malquiere.

Hablamos de un dibujante, Borges dice que está siempre como tieso por la bebida; que parece de cuero; “Casi no habla; por momentos aparenta dormir, después despertar, después volver a dormirse. ¿Qué piensa en los instantes lúcidos? (si es que puede uno llamarlos lúcidos). «Yo creo que en proyectos eróticos o en su deseo de acabar con medio mundo; no los concreta, porque vuelve a caer en el sueño; bueno, ha de haber muchas personas que sienten esos oscuros deseos de aniquilar a media Humanidad; véanse los nazis».

BIOY: «Oí a Cipriano Reyes, Imaginaba que sería un malevo. Su voz es de gallego de rebotica, sedentario, culón y sentencioso. Habló como un bruto extremado, citando con prolijidad lo del cristal con que se mira[466], “del gran poeta Campoamor”, Un ignorante hablando para ignorantes». (Dios me castigó por burlarme de este deleznable Cipriano: por Ramón de Campoamor dije José de Campoamor, )

Afirma que no hay nada más aborrecible que un compadre catalán, como Romero Brest: «En Andalucía y en Castilla odian a los catalanes, que se la pasan hablando de los paños catalanes, de las fábricas catalanas. Es claro: se han de ver como los alemanes de España».

Recita los versos de Grünberg:

Tres años, judezno mío,

tres años, y ya confuso,

tres años, y ya contuso.

Tres años, querube mío,

y ya te gritan judío

y ya te llaman ruso[467]

BORGES: «El poema tiene algo. Uno siente algún placer al repetir los versos. Pero si el autor quería que fueran patéticos ha fracasado; debió elegir rimas que no traslucieran tanto el mecanismo; este mecanismo sugiere comicidad. Qué perspicacia la de los que llaman ruso al querube. Bueno, no sería para menos: uno simpatiza con ellos».

Dice de Voltaire: «Hace aparecer la obra de los hombres como obra de insectos. Va mucho más allá del ataque: menosprecia».

Domingo, 22 de septiembre. Voy a una reunión en casa de Susana Bombal, en Martínez, donde Borges habla sobre Chesterton. La casa es chica, bastante linda, con maravillosa vista sobre el río. Estoy con Patricío Gannon, con las Grondona, con Manucho, con Josefina Robirosa.

Borges propone las razones por las que Chesterton no es considerado un gran poeta: «De una es culpable Chesterton; de la otra, nuestra época. Recuerdo un diálogo entre un crítico inglés y uno irlandés. El inglés pregunta: “Sus poetas, ¿nunca piensan?”. El irlandés replica: “Sus poetas, ¿nunca cantan?”. En los poemas de Chesterton, el idioma es admirable y sus metáforas son de aquellas que uno diría que estaban ahí todo el tiempo, y que no haberlas descubierto antes parece una ceguera increíble. Sin embargo, esos poemas corresponden a un esquema; en ellos, el pensamiento siempre está presente, quizá demasiado. En cuanto a la razón de la que es culpable nuestra época, es la tendencia épica en Chesterton. Su poesía está llena de espadas y hoy día predomina una misteriosa antipatía por la épica. Supongo que Kipling, Hugo y William Morris habrán padecido en su fama por idéntico motivo».

En el viaje de regreso, dice que hablar en una reunión como ésta descorazona, hace sentir que todo es inútil: «Es como resolver un problema de genealogías: se alcanza un conocimiento que no lleva a otros conocimientos. Uno sabe eso y nada más que eso». Después vuelve a Chesterton, cita unos versos:

The silver and violet leopard of the night

spotted with stars and smooth with silence sprang[468]

y explica: “Debió decir silver and black. El violeta sugiere lujos y blanduras. Nunca habría que poner violeta, ¿no te parece? Madre dice que es más exacto, que la noche es violeta. Aunque fuera así, esa razón no tiene nada que, va con la literatura”.

Comemos en casa. De un poema de Cócaro, publicado en La Nación de hoy, dice: “Habla de la vieja quinta. Uno imagina una vieja quinta ruinosa, una casa con jardín y aun parque, como las descritas en las novelas de Mujica Lainez, Nada de eso: arados, azadas y palas revelan, ante nuestro asombrado snobismo, que la vieja quinta de los antepasados de Cócaro es una quinta de verduras[469]. Bueno, es mucho más grande que las otras”.

Estamos cansados y no encontramos textos para la antología del Cielo y del infierno.

Lunes, 23 de septiembre. A mí me molesta la gente habladora, incluso las mujeres; prefiero que pequen por calladas. Borges, en eso, disiente conmigo; toma por inteligentes a las mujeres habladoras y por tontas a las calladas.

Miércoles, 25 de septiembre. Borges me dice que el actor Petrone le ha propuesto que hagamos un libreto para filmar el Martín Fierro. BORGES: “Tenemos que escribir hacia el tema, no desde. Hay que empezar con algo que muestre que no seguimos el libro, para que el espectador no haga comparaciones. No podemos mantener los versos, porque si no el film parecerá una ópera. Tal vez al final puedan ponerse algunos versos”. BIOY: “Casi fuera del film. Casi en Hernández, en su hotel. Que el film se acepte como la vida de Martín Fierro, que luego versificó Hernández. Nadie cree que esa vida, de ser real pudo transcurrir en verso”. BORGES: “Es mejor esto que si nos proponen Don Segundo, En Don Segundo todo se reduce a movimientos de hacienda, de acá para allá. Y después está esa relación desagradable entre don Segundo y el relator… Sí aceptamos la proposición vamos a tener que trabajar en serio”. BIOY: “Desde luego. No como para los cuentos de Bustos Domecq, últimamente, que trabajábamos muertos de sueño, una noche por mes”. BORGES: “Podríamos ir a tu estancia. Podrían tal vez filmarse allá algunas tomas. Es mejor describir el campo por fotografías que por frases. Se muestra un ombú y no debe uno escribir la palabra”. BIOY: “No debemos parecernos a Jaime Dávalos”. BORGES: “Es una lástima que no podamos limitarnos a la Ida”.

Jueves, 26 de septiembre, «Borges me dice: “¿Qué sabes de una noticia para nosotros?”. BIOY: “No sé cuál es”. BORGES: “¿Estás seguro? Una noticia nacional”. Se trata de los premios de literatura: Manucho le ha dicho que él y Borges son seguros, que yo soy probable y que, “por motivos pintorescos”, el otro premio posible es Silvina Bullrich. BIOY: “Hoy vos sos seguro; has madurado para eso; no dártelo parecería un capricho; Manucho, con una serie de novelas publicadas, ha hecho méritos, y su posición en La Nación le da fuerza. En cuanto a mí, me parece que sólo puedo salir por falta de otros o, más claramente, porque el jurado aborrezca más a los otros. ¿Quiénes, en ese jurado, podrían ser mis aliados? Victoria y Carmen Gándara. Victoria me quiere tan poco que gustosamente se amparará, para no votarme, en que es cuñada; la de Gándara, ha disentido públicamente con mi literatura y sabe que en política no estamos de acuerdo: ella es católica nacionalista, yo soy liberal. Tal vez, desde que se mudó a nuestro edificio, está más cerca como amiga; un pasito, no más. Si no hubiera más rival que Silvina Bullrich, podría salir premiado, porque a Silvina la detestan más que a mí».

BORGES: «Si uno saca un premio, se gana una lotería. Si no lo saca, “tiene un ratito de malhumor —cinco minutos— y nada más”». BIOY: «Para Manucho no ha de ser así. Si no triunfa, sufrirá y si no saca el primer premio, sufrirá también. Todo lo que no sea una apoteosis le duele. Para él, sacar un premio debe de ser muy importante». BORGES: «Y no es nada importante. Si uno sabe que alguien no se sacó el premio, no piensa mal de él. Al contrario, se siente más simpatía por los no premiados que por los premiados». BIOY: «Sin embargo, hay gente que compra por miles de pesos una antología de Premios Nobel». BORGES: «Te das cuenta. Esos premios que se otorgan por razones de equilibrio internacional: “¿Qué me dice de Australia para este año? Yo diría el Paraguay…””. BIOY: “Sí sacáramos los premios dirían que estamos acomodados con el gobierno”».

Hablamos del film sobre el Martín Fierro que el actor Petrone («un criollo sibilante —según Borges— que habla al itálico modo: casi un soneto») dice querer que hagamos. BORGES: «Podríamos empezar un poco antes que el poema». Mi padre recita:

Entonces… cuando el lucero

brillaba en el cielo santo,

y los gallos con su canto

nos decían que el día llegaba,

a la cocina rumbiaba

el gaucho… que era un encanto.

Y sentao junto al jogón

a esperar que venga el día,

al cimarrón le prendía

hasta ponerse rechoncho,

mientras su china dormía

tapadíta con su poncho.

[…]

Éste se ata las espuelas,

se sale el otro cantando,

uno busca un pellón blando,

éste un lazo, otro un rebenque,

y los pingos relinchando

los llaman desde el palenque[470].

BIOY: «Esas escenas de felicidad, con la china, y cada cual levantándose de mañana a buscar su caballo, en un film nacional, pueden ser muy tontas». BORGES: «Los versos son lindos, pero la escena… es casi la granja modelo. Una solución, serían los dibujos animados». MI PADRE: «Es claro:

Venía la carne con cuero,

la sabrosa carbonada[471]

y se la ve avanzar por sus propios medios». BORGES: «Se ve a Fierro como un gallo montado en un chancho. Otro problema son los indios». BIOY: «Aunque el país está lleno de gente aindiada, en nuestro film se les verá el tizne». BORGES: «Petrone dijo: “Hay que mostrarlos como sombras”». BIOY: «La vida en la frontera, será, entonces, una vida ociosa». BORGES: «O si no, podemos sugerir que todo lo importante ocurre en los márgenes de la pantalla: “Voy a pelear con los indios”. “Vengo de pelear con los indios.”». SILVINA: «Para indio tienen a Susana Bombal. Martínez Estrada sirve para Martín Fierro»[472]. BORGES: «Para Cruz no sabríamos por quién decidirnos. ¿Losada o Lopez Llausás?». BIOY: «Podrían aprovecharse los pieles rojas de una película norteamericana». BORGES: «Es claro. Hacer una suerte de centón. Tal vez convendrían más los esquimales, porque la gente no los reconocería como pieles rojas. Para el Viejo Vizcacha —“el personaje filosófico” que interesa a Petrone, ¡qué idea de la filosofía!— habrá algún putito de la SADE. Y con Sabato, ¿qué hacemos? Me han dicho que está pobrísimo. Traté de compadecerlo pero no puedo; es difícil compadecerse de Sabato». SILVINA: “¿Y qué tal es, como persona, Petrone?”. BIOY: “Te imaginas lo que será”. SILVINA: ¿Es antipático?». BORGES: «Antipático, no, pero la conversación con él está llena de desencuentros». BIOY: «Esto es un actor: un ignorante ilustrado y seguro». BORGES (a mí): «En realidad, va a ser muy difícil de hacer el film. Pensá: cuando se vea el ejército, la bandera argentina, y la gente tratando de huir para que no la enganchen. Va a parecer un ataque contra el ejército, en favor del Descamisado. A lo mejor es lo que vio Petrone: la posibilidad de halagar al peronismo…». BIOY: «La posibilidad está en el libro». BORGES: «Habría que mostrarlo a Fierro como a un hombre a quien el azar de las circunstancias va convirtiendo en criminal y después se le descorre el velo, comprende lo atroz de su destino y habla, Un personaje de Shawes nuestra única posibilidad. Los consejos que da, entonces, deben ser verdaderos, no como los que da el libro, tan de ocasión. De todos modos, no veo cómo vamos a evitar que se vea ese destino como el de un peronista perseguido por la sociedad y el ejército: se verá al ejército en un mal papel y se pensará que es un ataque al ejército de hoy». BIOY: «Habría que mostrarlo en un mundo tan duro que no se tome como metáfora de otro». BORGES: «Sería un mundo muy duro». BIOY: «Mostrar un destino individual. Como en las novelas de Faulkner». BORGES: «Sí, hechos que ocurrieron una sola vez; esa sola vez». Después me dice: «Qué raro que seamos partidarios de la dictadura ilustrada. Es lo único que existe. ¿Cómo uno va a creer en la democracia?». BIOY: «El que tiene más probabilidades de ganar la elección de presidente es el individuo más desvergonzadamente demagógico. Vale decir, la peor persona del país: Perón, Frondizi, Solano Lima». BORGES: «Es claro, porque se parece a los demás. Es como Shakespeare, según dijo Hazlitt, que se parecía a todos los hombres, sin parecerse a ninguno[473]».

Hablamos sobre el jurado para los Premios Nacionales. BORGES: «Pensá en ese Olimpo: Marasso, sin preferencias, sin atreverse a votar, de puro muerto de miedo, parecido a Capdevila, pero más abyecto aún; Melián Lafinur, con temor de parecer vieux jeu, quiere ser moderno; Oría es el dark horse, aunque el epíteto quizá esté de más; una sola cosa es cierta: está en contra. Pero, ¿quién no es mejor que la Nena Gándara? ¿Qué escritora es ésta? La única persona que uno puede tomar en serio en el grupo es Victoria, y, entre vos y yo…».

Recordamos las listas de las mejores personas del mundo, que redactaba el Cabito Bioy: incluían a Lugones, a un actor que hacía el papel de Martín Fierro, a Gardel, a Yrigoyen, a un muchacho que había compuesto unos versos y cuyo nombre no recordaba, a aquella muchacha que encerraron en el Frenopático por alcohólica…

Viernes, 27 de septiembre. Come en casa Borges, Dice que tiene malas noticias para mí, con respecto al premio; sin embargo, las buenas noticias para él lo inducen a creer que todas son buenas. Parecen seguros el primer premio para él y el segundo para Mujica Lainez; para el tercer premio los candidatos son Nalé (el más probable, en mi opinión), pintorescamente Silvina Bullrich, increíblemente Williams Alzaga (los adverbios corren por cuenta de Mujica), y yo. Empezamos a traducir unos párrafos sobre el Valhalla de la Edda prosaica de Snorri Sturluson.

Sábado, 28 de septiembre. Sobre una conferencia que ayer dio Victoria, Borges dice: «El título está en francés: Dante, ese contemporáneo. Mejor es el original: L’Homme, cet inconnu[474]»

Domingo, 29 de septiembre. BORGES: «Te salvaste de la conferencia de Fryda Schultz sobre José Sebastián Tallón». BIOY: «El autor de Las torres de Nuremberg». BORGES: «Ese bobo, cuando describe una torre, en un libro para chicos, ¿de qué material la imagina? Te doy tres respuestas». BIOY: «De azúcar. De bizcóchuelo». BORGES: «Es peor. Es más durable». BIOY: «De lata». BORGES: «De lana. Te das cuenta qué inmundicia: una torre de lana[475]. Es autor de los versos:

¿Dónde canta cuando llueve.

el sapito Glo Glo Glo[476]?

Yo no sé cómo no le daba vergüenza escribirlos. Fryda está como loca con esos versos y dice que era un genio. En tiempos de Perón, se metió en cama, porque estaba enfermo y también porque era muy haragán. Él decía que mientras tuviéramos ese gobierno inmundo no trabajaría. La mujer tenía un puesto y con eso lo mantenía, así que no era tan noble. Parece que tampoco había trabajado antes. Fryda dice que fue el Andersen porteño[477]. Inventar cuentos como los de Grimm me parece admirable. A uno le gustaría inventar cuentos como los de Grimm o como los de Las mil y una noches, pero los cuentos sentimentales, sloppy, de Andersen, que no son para chicos ni se sabe para quién son, no. Andersen me parece un autor highly overrated. Según Fryda, Tallón escribía para los chicos pobres de todo el mundo: en un “Elogio de la muñeca de trapo”, pondera las muñecas de los chicos pobres, que es la más linda, y desprecia esas muñecas horribles de los chicos ricos. Qué idea más rara llevar los odios a los chicos».

Hablamos de los Premios Nacionales, que todavía no se conocen. BIOY: «A uno le importa sacar un premio, porque le confirma su realidad. Nunca uno está muy seguro de ser real». BORGES: «Es verdad. Continuamente hay que defenderse del sentimiento de irrealidad. Y más cuando durante tantos años le quisieron probar a uno que uno no existía: no había más que Ponferradas, Castiñeiras, Marechales[478]».

Le explico cómo son los villages perches y le pregunto cómo traduciría la expresión. BORGES: «Aldeas trepadas, quizá».

Me dice: «Para dentro de un mes tenemos un programa para el que hay que descartar todos los otros: una riña de gallos en Lomas o Temperley. Ghiano va a avisarnos. Qué lástima no poder ir con damas». BIOY: «Es una suerte. Lo mejor es ir sin ellas, para la actualidad y para el recuerdo. Nunca se abandonan. Nunca se despersonalizan. Son ellas y hay que atenderlas. Están interesadas en circunstancias materiales: están incómodas, quieren irse». BORGES: «Tenés razón».

Me refiere que trató de explicarle a una dama lo que era un silogismo. BORGES: «Le dije: “Si tenemos que todos los felinos son carnívoros y que los tigres son felinos, ¿qué conclusión se puede sacar de esas premisas?”. Bueno, no le dije premisas, sino cosas. ¿Sabes lo que me contestó? Algo que tiene que ver con la Historia natural, que trata de animales. Comprendí que no debía seguir con la lección de lógica. Tal vez fue un error meterme en un ejemplo con tantos términos técnicos, como felinos y carnívoros». BIOY: «Tal vez hubiera convenido más el ejemplo de “Sócrates es hombre, todos los hombres son mortales, Sócrates…”». BORGES: «Ya lo había intentado. Porque fracasé con él, probé el de los felinos. Qué raro sería apelar a un espiritista, interrogar a Aristóteles y obtener la misma respuesta de la señora. ¿Y Santo Tomás? ¿Vos crees que podría contestar a los silogismos de Lewis Carroll?».

Advierto que, cuando estoy sin Borges, olvido el asunto de los Premios Nacionales. Está mucho más seguro de su premio que yo del mío, pero piensa todo el día en el asunto; quizá, la razón sea precisamente ésa: tiene más esperanzas. Otra razón: es más caviloso que yo. Otra: estos asuntos le interesan más que a mí. Otra: todo le interesa más que a mí.

Lunes, 30 de septiembre. Come en casa Borges. Dice que la circunstancia de que los uruguayos reconozcan que Lugones es anterior a Herrera y Reissig es un severo golpe para Guillermo de Torre. BORGES: «Los uruguayos demuestran ser gente razonable: ven las pruebas y las aceptan».

Dice que cuando Molinari y Nalé aspiran a algún premio, sugieren al jurado que no se ponga en ridículo votando a otros.

Todos los días de la semana deberá dar conferencias o clases. Trabaja mucho, pero la vida se le pasa sin que escriba. Hablaré con Clemente, para que trate de que los de Emecé le pidan el libro de Prosas.

Jueves, 3 de octubre. Por la mañana supe el fallo del jurado de literatura: primer premio, por unanimidad, Borges; segundo, Mujica Lainez; tercero, Murena. Llamo por teléfono a Borges. BORGES: «Qué suerte que me hablas, porque no me atrevía a decirte nada».

Viernes, 4 de octubre. Borges me refiere que ayer en la tarde, cuando ya sabía el resultado del premio, recibió, en la Biblioteca, la visita de un judío, notablemente andrajoso y sucio, que le comunicó: «Tengo una buena noticia. Una noticia que lo alegrará. El primer premio es para nuestro gran Manucho. Hay otros premios pero eso, ¿qué importa? El primero es para Manucho, por justicia y por unanimidad, no sólo del jurado, sino de nosotros dos, de usted y de mí, que somos sus amigos. Yo quiero que usted me preste esta tribuna, para celebrar el premio, con una conferencia en que haré el estudio exhaustivo de la obra del querido y gran Manucho». Borges me confiesa que oía todo ese discurso con vergüenza (de saber que él tenía el primer premio y de no decirlo), con rabia, con alarma, con incomodidad. BORGES: «A lo mejor se trataba de un espía mandado por el mismo gran Manucho. Qué situación absurda».

Miércoles, 9 de octubre. Borges observa que nada produce tanta desazón (y aun repugnancia) como lo que se siente que es falso. Hablando de no sé qué libro dice que era como un paisaje de kilómetros y kilómetros de carton-pierre y de telones; agrega que a veces interrumpe la lectura de libros así, de miedo de que le traigan mala suerte.

Los soviéticos, en estos días, lanzaron al espacio el primer satélite artificial. Le digo a Borges: «Tuve ganas de hacerle una broma a tu madre: preguntarle si sabía la noticia y, cuando ella preguntara cuál, decirle que Perón había lanzado un satélite». BORGES: «Ya está enojada contra este satélite. Dice que es un juguete insignificante y que quién sabe si no cae en la Tierra y no produce alguna monstruosa hecatombe».

Viernes, 11 de octubre. Come en casa Borges. Refiere que el domingo pasado fue a San Antonio de Areco, a hablar en el homenaje a Güiraldes: «Como hasta poco menos de una hora de San Antonio se viaja entre árboles y casas, aquello es algo desesperante, porque no se tiene la sensación de progresar. Después se llega al descampado y a la monotonía, con alivio. Durante el viaje lo tuve a Gannon sentado a mi lado. Primero me repitió su conferencia sobre Sherlock Holmes que dio el sábado, después de que yo lo presentara, en la Biblioteca. Cuando acabó con eso me habló de pederastía, de que obtuvo las Cartas pornográficas del Barón Corvo[479], que hablan de sus “cacerías de chicos” en Venecia. Yo a veces exclamaba: “Qué inmundicia”, pero él no me oía, preguntaba: “¿Y vos qué creés que harían?” y gritaba: “¡Qué tipo, che!”. ¿Por qué? ¿Para decirme que él no es así o por el deseo de ocuparse del tema? ¿Por ambos motivos a la vez? Cuando llegamos, el tema siguió de algún modo, porque estaba Ghiano con una guayabera y todo el mundo, sofisticado y benévolo, comentaba cómo andaría entre tantos muchachitos… El que en seguida se apoderó de todo fue Manucho, con su bastón y un chaleco verdaderamente extraordinario, que parecía una alfombra persa o un gobelino. Era casi increíble que no fuera él el autor de los libros de Güiraldes. Me abrazó, me gritó: “Hola, Georgie, ¿querés que te presente a la ministra?” y, por más que le dije que no valía la pena, no hubo remedio y me la presentó. Después vinieron los discursos. Habló Erro: es notable cómo, unblushingly, se atreve a decir los más notorios lugares comunes; es claro que, como los dice con tanto tupé, nadie lo advierte. Más tarde pude comprobar lo peligroso que es para un escritor componer purple patches[480]. Visitamos el cementerio. Ahí, al lado de cada cruz, había una inscripción, y, como siempre, los nombres y las fechas quedaban bien. La de Güiraldes consigna también nombre y fechas, pero tiene la frase: “Crucificado de calma sobre su tierra de siempre”. Mientras yo le decía a Lisa Lenson que el pobre se había embromado, que ésa era la inscripción más fea —crucificado de paz, en su tierra de siempre—, se acercó Emma de Cartosio y exclamó: “Ay, qué hermoso”. Otros explicaron que era la frase final de Raucho. Yo no conozco nada del mundo literario de hoy. Aparentemente, está compuesto de personas que son discípulos de Emma de Cartosio o que simulan conocer a Betina Edelberg y a Elva de Lóizaga». Comenta: «Raucho: título muy hábil (en sorna), porque sugiere gaucho. ¡Crucificado de calma! ¿Mallea podría haber escrito eso? Tal vez, la idea sea demasiado complicada para Mallea. ¿Horizontalizado de calma?». Del museo dice: «No estaba tan mal como uno temía».

Hablamos de Samuel Eichelbaum, Una superficial lectura del prólogo y de las primeras escenas de El gato y su selva y de Un guapo del novecientos me habían dejado la impresión de que Eichelbaum no tenía ninguna sensibilidad para las palabras; que usaba en la misma frase argentinismos, españoladas, neologismos de los diarios, etcétera. BORGES: «Escribirá como un artículo de fondo». BIOY: «Escribe con todo el idioma: con toda la fealdad del idioma». Busco el libro, y compruebo que no es así: el personaje que dice donosa, habla de un modo raro; los otros, no; en el prólogo hay expresiones absurdas, pero sólo porque mi examen fue muy superficial pude creer que era de Eichelbaum: es de Canal Feijóo. Ideemos el prólogo. Borges ríe. Las frases de Canal Feijóo son de este tenor: «Si por esta faz, tan esencialmente americana, rompe magistrales umbilicalidades, no debe entenderse que lo sea al precio de indigencias por confinamiento», Borges grita: «No debe creerse que sea al precio de indigencias por confinamiento. ¿Cómo alguien va a creer eso? ¿Así que él ve matices en los disparates que va diciendo? ¡Qué animal!». BIOY: «Escribe como un sonámbulo; avanza por la oscuridad, a tientas». BORGES: «Ha de escribir como una persona que quiere decir algo, no encuentra la palabra justa, pone otra, sigue buscando, pone otra, pone otra y así sucesivamente: “Se abrochó el cuello, se anudó la cincha, quiero decir el cinturón, quiero decir la corbata”. O: “Para salir a la calle ponte las pantuflas, las herraduras, los patines, las botas de potro, el calzado”».

Le cuento que, de igual modo que su sobrino Miguel o Luis había dicho que su hermano tenía «cara gato», un paisano de Pardo dijo: «Ese toro es cara vaca». BORGES: «No creo que se hayan comunicado los peones de la estancia y mis sobrinos. ¿Será un modo de decir? Tal vez no. La gente habla de cualquier modo y dice kápax legómena cosas que nunca vuelve a decir».

Las otras tardes dieron Victoria, Borges y Nalé Roxlo una conferencia en el Automóvil Club. Borges comenta: «Los que más hablaron fueron los del Automóvil Club. Insistieron mucho en su respeto por las actividades culturales, y no dejaron de pronunciar palabras como societario. Nalé habló muy mal. Usó expresiones que un escritor nunca debería expresar: “el archi español Fulano de Tal”. ¿Por qué el archi español? Eso sí: con los señores de ahí se mostró muy valiente. Quisieron enseñarnos ese enorme edificio —yo estaba ya dispuesto a recorrerlo desde los sótanos hasta las azoteas— y él dijo: “Que no, que no se molestaran, que no había necesidad”. Y es claro, tenía razón. Ahora yo creo que dijo eso de malevo, para no dejarse correr por esa gente; como quien dice: “Yo les doy mi conferencia, ustedes me pagan quinientos pesos y se acabó”». BIOY: «Hubiera sido mejor que fuera una simple expresión de buen sentido. Pero tenés razón: debió de ser una compadrada».

BORGES: «Para el año próximo, en la Cultural Inglesa, preparé un curso sobre traducciones de Homero. Empezaré con Chapman, seguiré con Pope, con William Morris, con Butler y acabaré con el capitán Lawrence[481]. Será como un curso de literatura inglesa y se podrán comparar párrafos traducidos».

Le cuento que la mujer de Dylan Thomas escribió un libro[482] en el que refiere cómo buscó ahogar su pena por la muerte de su marido en una suerte de borrachera sexual. Borges, brevemente, expresa su asombro, y dice que no cree que las bromas de Dylan Thomas puedan durar.

BORGES: «Parece que Juan Blaquier, el matemático, es el más famoso farolero de los profesores. Todos los días un ordenanza le lleva a clase, en una bandeja de plata, una tiza; él saca un billete de cien pesos y se lo da». BIOY: «Si los Blaquier se enteran, habrá consejo de familia y juicio de insania». BORGES: «Juan Blaquier reconoció con pena que Mariano de Vedia y Mitre, en la recepción, en la Academia, de Sáenz Mayes, estuvo algo débil. No veo por qué se sorprende: parece lo natural».

Sábado, 12 de octubre. Voy a buscar a Borges, a la Biblioteca. Cuando llego, están oyendo tangos, en un fonógrafo, en el salón de lectura: están, además de Borges, Clemente, Armani, los sobrinos de Borges, un amigo de los sobrinos, Marta Rebeca Peña, María Esther Vázquez y otra señora. Al rato aparece Gannon. Oímos un tango bastante lindo, El ponchito, del padre del amigo de Luís y Miguel; el muchacho dice que sólo hay cuatro discos de ese tango.

Con Borges, vamos a comer a casa. Dice que Susana Bombal escribió en un cuento: «Miraba los gladiolos, tomando mate o cerveza». BORGES: «No advierte esas cosas: no advierte que sus gladiolos toman mate. (En tono paródico). Trabaja tanto las frases, que le sale un mátete». Susana Bombal dijo, con censura, que le resultaba raro que Margarita Bunge, estando empleada, se hubiera presentado muy elegante en no sé qué fiesta. Parece que otra señora comentó: «Habrá tenido la suerte de encontrar un mishé».

Asegura que tiene una buena noticia para mí: que Marasso, en el momento de firmar el fallo, comprendió que aun cuando quedaría bien con las tres personas premiadas, quedaría mal con todas las otras y se resistió a firmar y renunció. Ahora Frías busca a otro jurado y todo se reverá: «Tal vez vos tengas el tercer premio». En broma buscamos a una persona incondicional, de la que no cabría esperar que saliera votando a otro. No la encontramos.

Domingo, 13 de octubre. Borges me dice que en La Nación hay unos versos («Canción») de Molinari:

¡Ay, laurel,

quién se acordará de él!

Fresco por dentro y defuera,

de húmeda brisa ligera,

quiero a él, cuando me muera,

verde y fiel.

¡Ay, laurel,

quién se acordará de él!

BORGES: «Cuando mi madre los leyó esta mañana, creí que eran de Margaritín Abella Capóle o de un académico. No de un escritor, sino de uno de esos señores que son académicos, como Oría». Hablando de la recitación de los versos de Carriego, por un actor, un maricón imposible, que llevó Ghiano, para su conferencia (Ghiano habló sobre Carriego, el actor recitó), Borges asegura: «Sin ninguna vacilación agregaba o restaba sílabas. Se ve que no tiene ningún oído. No parecía que dijera versos. Bueno, en eso era como todos los recitadores, que al parecer se proponen contrarrestar el trabajo del poeta. El poeta se esforzó para decir algo en verso y quienes lo dicen se esfuerzan en que parezca prosa.

»¿Vas a la reunión en casa de Mariana? Mariana está muy angustiada. Dice Susana Bombal que reunir a tanta gente amiga le parece muy bien, siempre que no produzca esa angustia… También dijo Susana que Mariana sufre mucho cuando la nombrar como la señora Grondona de Legarreta. Quiere que digan: la pintora. ¿Estará loca? Tal vez lo dirían con ironía. Es claro que si ella ha tomado la decisión de ser pintora…».

Lunes, 14 de octubre. Come en casa Borges. Sobre la «Canción» de Molinari, «¡Ay, laurel!, ¡quién se acordará de él!», observa: «Va escribiendo lo que se le ocurre. Mejor dicho, lo que no se le ocurre». Dice que si uno le señalaba que tal verso era demasiado corto, Molinari replicaba: «Ya la cagaste, muchacho, sí lo escribió Bocángel». BORGES: «Qué suerte tuvo Bocángel de llamarse así. Cómo se habrán entusiasmado personas como Gracián con lo de Bocángel, cuyos versos salen de una boca de ángel. Es un poeta para epígrafes».

Recuerda la frase que se le atribuyó a Bianchi, al morir en brazos de Giusti: «Esto es lo que se llama morir con Giusti». Se pregunta si Giusti tendrá recuerdos precisos de Bianehi: «¿Sólo le quedarán recuerdos nobles, como en Racine? Cuando lo recuerda, ¿sólo se dirá que fue un gran argentino? ¿Y Racine recordaría cosas precisas o tendría la mente como sus versos? ¿Habrá escrito algo Bianehi? Giusti sí, escribió mucho. Conoce la literatura italiana, pero no desprecia la española. Tan acostumbrado está a leer por obligación que, si algo le gusta, desconfía, sospecha que no ha de ser bueno». BIOY: «Confunde lo ingrato con lo serio». BORGES: «Qué triste especializarse en literatura peruana, boliviana y paraguaya. Desde luego, Giusti es un bruto».

Sobre Aita: «Decía Ortelli que Aita tenía fama como especialista en el simbolismo francés hasta que, en un momento de debilidad, se dejó llevar por la tentación y publicó un artículo en Nosotros[483] El artículo, concluía Ortelli, era una verdadera idiotez y Aita cagó fuego. Alguna vez Victoria me dijo que Valéry le preguntaba: “¿Qui est que c’est ce M. Aita? Aita lo bombardeaba con cartas en italiano”».

BORGES: «Me vio Jesualdo. Me dijo que estaba preparando una antología de la poesía hispanoamericana. Que no nos incluiría a Martínez Estrada ni a mí, no porque no tengamos buenos versos, sino porque carecemos de una actitud poética. Yo le dije que hacía muy bien; pero me parece una guajangada venir a decirle eso a uno. Yo no sé para qué me visitó. Sí, para decirme que Amorim está muy grave y que se va a morir en cualquier momento. Pobre: está hecho un esqueleto. El médico, cuando salió de la clínica, les dijo: “Llévenselo al Salto, para que muera en su tierra”».

Refiere la conversación con un abogado egipcio que vive en Buenos Aires. Éste dijo, golpeándose con el puño la frente: «On travaille toute la semaine, ça faít du mal à la tete, alórs le dimanche on va au bordel, voir les dames, voir les nouveautés [Uno trabaja toda la semana y eso da dolor de cabeza, entonces el domingo vamos al burdel, a ver las damas, las novedades]». Coro aprobatorio de una vaga señora, la de Bibiloni de Bullrich u otra: «Ah, el misterio del Oriente». El mismo egipcio, al enterarse de que yo no soy abogado: «Alors fils ne continué pas avec le bureau de son père? [¿Entonces hijo no continúa el bufete de su padre?]», vivamente, ferozmente, enfurecido por esa pérdida económica; luego, combinando con igual brusquedad, con ojos entrecerrados y una expresión dulce, de infinita comprensión, a través de la cual aún se trasluce la ira: «Naturellement, il est un seigneur, afait son choix, il préfere les muses, il a raison [Naturalmente, es un señor, eligió lo suyo, prefiere las musas, tiene razón]».

Martes, 15 de octubre. Come en casa Borges. Cuenta que Güiraldes mandó una carta a Valéry Larbaud en la que le decía que en la Argentina la esperanza mayor había sido que Martín Fierro diera —Borges anuncia: «Repetirlo me da vergüenza»— el grito-raza, pero que Sarmiento segó esa posibilidad[484]. BORGES: «¿Te das cuenta? Además, cuántas contradicciones. Lo más lógico parece que el canto ese fuera el mismo poema del Martín Fierro. Realmente, Valéry Larbaud debía de ser un verdadero amigo. Imagínate, recibir cartas así, y atesorarlas, y seguir la correspondencia». BIOY: «Güiraldes no tenía ningún don verbal». BORGES: «Esa frase lo prueba. Y también lo que dijo de Victoria, cuando fue a despedirlo al puerto: que lo guiaba con su sonrisa-faro[485]. Caramba —Victoria debió de ser menos implacable—, eso se publicó en Sur. Bueno, si se refería a ella, no podía ser ridículo. Es ridículo lo que se dice de los demás. ¿No publicó también en Sur un artículo en el que Gabriela Mistral la llamaba relámpago de la pampa[486]?. Menos mal que no hay palabras compuestas en español; con estos ejemplos de Güiraldes ya se ve a lo que se podría llegar. Habría que contestarle con la forma compuesta más aceptada: puta-madre». BIOY: «En esa frase en que se queja por el canto del Martín Fierro que frustró Sarmiento, apunta un futuro peronista». BORGES: «Sí, tal vez hubiera sido peronista. O simplemente nacionalista. Tal vez Perón no le hubiera gustado. Bueno, tampoco le podía gustar al doctor Ibarguren, pero una vez que estuvo en la casa de gobierno, se conformó. Uno puede desear que las cosas hubieran sido de otro modo, pero nada más. Hay que ser razonable: nuestras preferencias (habría dicho Ibarguren y, si hubiera vivido, habría dicho Güiraldes) no nos van a llevar a desconocer la Historia argentina: una vez que un compadrito entra en la Casa Rosada es el Excelentísimo Señor Presidente de la Nación».

Lunes, 21 de octubre. Come en casa Borges. En estos días lo confirmaron como profesor; está muy feliz.

Me cuenta que el sábado, Carmelo Bonet (que resultó jurado, en lugar de Marasso, para los Premios Nacionales) dio una conferencia sobre la estancia en la literatura[487]; «Si uno de sus discípulos la hubiera presentado como tesis, el mismo Bonet lo aplaza. Empezó con la estancia baguala y chácara (usaba estas expresiones excesivamente criollas y, para mostrar que sabía ortografía, distinguía las ces de las eses; yo creo que nunca nadie usó esas palabras, salvo Acevedo Díaz [h.], en Ramón Hazaña, su novela de la estancia baguala y del gaucho chúcaro: ya es demasiado). Como ejemplo de la estancia chácara quizá debería haber tomado alguno contemporáneo de la estancia. En Ascasubi, en Los mellizos de La Flor, creo que hay dos descripciones de estancias[488]; también hay una en Echeverría. Bonet, en cambio, habló de Ramón Hazaña, una de tantas novelas de gauchos que aparecieron después de Don Segundo. Debería haber ido a buscar un ejemplo un poco más lejos: Ramón Hazaña es de 1927 o 1929. En cuanto al título, parece que lo explica así; el gaucho se llamaba Ramón Sandoval —fíjate, un nombre rimbombante, que sugiere ascendientes entre los conquistadores— pero le decían Hazaña por sus hechos, como si lo llamaran Proeza. En general, los gauchos se llaman de otro modo; el Chumbiado, o algo así. Después mencionó a Benito Lynch. Le objetó que sus libros tengan una visión evocativa. Entonces ¿qué decir de Acevedo Díaz, que habla de las estancias más primitivas? Acabó con un ejemplo que demuestra que no sólo desconoce la literatura sino la vida literaria argentina. ¿A que no sabés con el análisis de una novela de quién acabó su conferencia? Con el análisis de una novela de Josué Quesada[489]. No vayas a creer que dijo que, por asombroso que parezca, hay una novela de Josué Quesada que tiene algún mérito. No: habló en serio, sin sospechar que debía vencer el escepticismo de quienes lo escuchaban. Para concluir el tema, dijo que al final de la novela se adivina que van a rematar la estancia. Mencionó el proverbio que, explicó, da la clave de la nacionalidad: “Padre chacarero, hijo caballero, nieto pordiosero”. ¿Vos lo has oído? Yo no. Debió de inventarlo. ¿Y qué tienen que ver los chacareros con el tema de la estancia? Nada; pero él es muy inteligente, quiere —vaya uno a saber por qué— imponer el proverbio y para que se crea en él lo inventa así, de un modo que no conviene totalmente para su conferencia. (En sorna). Esa imperfección es el signo de una gran inteligencia».

Martes, 22 de octubre. Come en casa Borges. Hablamos de Kipling. Dice que se lo juzga por sus cuentos que más gustan —los Jungle Book, el cuento «The Man who would be King»—, que son los peores, y que por eso tiene fama de escritor mediocre. BIOY: «Una de las grandes injusticias —casi inexplicables— de la literatura es que después de leer “La más hermosa historia del mundo”, “The Church that was at Antioch”, “Wireless”, no se lo juzgue un autor prodigioso». Recuerdo la emoción con que tradujimos «La más hermosa historia del mundo», con exclamaciones de admiración: «“A las playas, las largas y prodigiosas playas”. “¿A Furdustrandi?”, pregunté. “A Furdustrandi”, y pronunció el nombre de un modo extraño». BORGES: «Tal vez la gente adivinó que detrás de todas esas invocaciones había una prédica en favor de Rhodes y cosas así, y por eso no se dejó conmover”».

Hacemos una lista de los mejores cuentos de Kipling: para él, «A Madonna of the Trenches», «The Wish House», «The Gardener», «The Village that Voted the Earth was Flat», «Weland’s Sword», «The Eye of Allah» y uno que no conozco, del Jungle Book, en que se describe el baile de la elefanta[490]; para mí, «The Finest Story in the World», «The Church that was at Antioch», «Wireless», «On the Great Wall», «A Sahibs’ War», «The Dog Hervey», «Unprofessional».

BIOY: «En “The Manner of Men” hay demasiados términos náuticos; parece que Kipling estuviera showing off». BORGES: «Tal vez ese cuento esté demasiado hecho. ¿Qué será mejor: un cuento demasiado hecho o insuficientemente hecho? Yo diría que es preferible el demasiado hecho. No sé… En verdad, es inaudito que al autor de esos cuentos le haya tocado en suerte que un día lo apadrinaran con sus prólogos escritores como Somerset Maugham…». BIOY: «… o Eliot». SILVINA: «Los cuentos de Kipling no son fáciles de leer». BIOY: «Es cierto, pero esa dificultad quizá resida en el estilo familiar de algunos diálogos». BORGES: «Yo creo que los perjudica la manera, propia de rompecabezas, con que están construidos».

Comento que estoy leyendo el Dickens de Chesterton; hablamos de Dickens. BORGES: «Dickens escribe admirablemente los asesinatos. Siempre recuerdo el que comete Chuzzlewit. ¿Te acordás? Hay una relación extraña y cambiante entre Chuzzlewit y un chantajista que lo domina; van en una diligencia y poco a poco el chantajista adivina lo que le va a pasar y Chuzzlewit empieza a dominarlo; el chantajista tiene pesadillas, determinadas por su temor, y al fin Chuzzlewit, de acuerdo con lo que se preveía, lo mata[491]».

Hablamos de política: Borges sospecha que no sólo José Luís Romero, sino su hermano Francisco y Erro y mucha gente —aun la misma Cecilia Ingenieros— son compañeros de ruta. BIOY: «Muchos de ellos esperaban influir en el gobierno, ser premiados por su conducta durante la dictadura». BORGES: «Nunca puede haber tantas medallas como gente. En este sentido, Lisa Lenson es admirable: comprende que el gobierno de Aramburu lucha por salvar el país, aunque ella no haya recibido nada ni espere nada».

Miércoles, 23 de octubre. Come en casa Borges. BORGES: «Kipling dice que le salía tan bien lo que escribía que algunas personas creyeron que no cuidaba el estilo. Bennett dijo: “He only cares for the thing told [Sólo se preocupa por lo narrado]”. ¿No te parece casi cómico que Bennett se permita decir eso de Kipling? Después de todo, Bennett escribe de cualquier modo, mientras que Kipling trata con vocación y con estudio las palabras».

Conversamos sobre los films que estoy viendo, casi diariamente, en el Instituto, junto con Eichelbaum y Aita. BIOY: «Hay actores y actrices capaces de mantener diálogos, de hablar y de obrar, pero no he visto ninguno capaz de examinarse, de filosofar en un monólogo; por eso creo que si hacemos Martín Fierro haremos otro film nacional; en cambio, con un argumento en que hubiera bastante acción, podríamos hacer un buen film. No conozco actores para los papeles de Fierro o de Cruz». BORGES: «Para el papel de Martín Fierro está Petrone; está dispuesto a interpretarlo: para eso nos encarga el film. Seguramente quiere un Martín Fierro peronista, como en seguida y con mucho gusto se hubiera puesto a escribir Hernández».

Pasamos por casa de Cecilia Ingenieros, que cumple años, con regalos (yo, un libro sobre los manuscritos del Mar Muerto). Como tenemos pocas ganas de quedarnos, decimos una mentira y nos vamos. BIOY: «Fue peor que si no hubiéramos estado. Si no hubiéramos estado quizá no se hubiesen acordado de nosotros; ahora sólo hemos logrado que advirtieran que nos íbamos. Es claro, llegan dos personas juntas, están un instante y se van: parecen dos locos o dos autómatas». BORGES: «No importa, Era una fiesta horrible. ¿Quiénes eran las mujeres? Emma de Cartosio, Estela (que por suerte se había ido), Elva de Lóizaga, tal vez por ahí adentro estuviera Betina Edelberg. Los hombres eran judíos, serviles y jocosos. La mejor persona ahí era Cecilia y ya sabemos para dónde mira». BIOY: «Si hay una guerra civil, ese party estará de un lado y nosotros del otro».

Me cuenta que un sujeto, enojado con la hermana de su mujer, escupió un crucifijo. BORGES: «Eso es horrible y excesivo: parece propio de un stage jew[492]. ¿Cómo se hace para escupir un crucifijo? Habrá quedado con la boca cubierta de babas».

Jueves, 24 de octubre. Come en casa Borges. Comentamos las palabras de la señora Bibiloni de Bullrich, que dice de sí misma: «Yo no soy una mujer frívola, Borges: a mí me interesa el dinero». BIOY: «Quiere decir que no es como tantas otras, una mujer que va a los tumbos por la vida, siguiendo sus impulsos y caprichos. Ella sigue un criterio: el del lucro». BORGES: «A veces, incapaz de recordar el nombre de esa sociedad que preside su marido —para socorrer a los exiliados de Hungría—, dice: “Es presidente de los húngaros”. Habla como quien entrega partes de un rompecabezas: el oyente debe armarlo. Ella misma dice que para hablar con ella hay que ser muy inteligente».

BORGES: «Sur se parece menos a la chambre jaune[493] que a la plaza del Congreso: como en la plaza, cualquiera puede entrar. Sin embargo, Wally imagina que es un círculo cerrado y que muy pocos logran colaborar en la revista. Es difícil rebatirle sus argumentos, porque ella no puede colaborar. Uno tiene la impresión de que todo el mundo puede colaborar y descubre en cambio que son bastantes (aunque casuales) los excluidos». Tratamos de determinar qué tipos de escritores no son admitidos:

Hay excepciones. Para el grupo (a): Quique Bullrich, González Garaño; para el (b): González Lanuza; para el (c): Mantovani; para el (d): Inés Malinow, Carmen Gándara. Borges ve a Canal Feijóo como excepción para el grapo (a); yo pienso, sin embargo, que sólo podría uno decir que Canal Feijóo es señor en oposición a ser escritor: es señor como un señor comisario o un señor vicepresidente de comité político de pueblo de campo.

Hacemos una lista de escritores excluidos de Sur. Capdevila, Pedro Miguel Obligado, Lanceta, Ricardo Rojas, Lugones, Giusti, Delfino, Barletta, Vedia y Mitre, Manuel Gálvez, Ibarguren, Eandi, Juan Carlos Dávalos, Mujica Lainez, Hugo Wast, la Academia Argentina de Letras, Oliverio Girondo y Norah Lange (por enemistad), Rega Molina, Alfonsina Storni.

BORGES: “Alfonsina es de esas personas que, después de muertas, se finge que siempre se las aceptó. No hay duda de que, con la muerte, mejoró socialmente en el mundo de las letras… En general, la gente ignora que esas personas no pueden colaborar en Sur. Creen que Vedia y Mitre tiene abiertas todas las redacciones”. BIOY: “En realidad, es como si colaborara”. Borges; “Para él, no. Él sabe que no puede”. BIOY: “A nosotros nos ven como del grupo de Sur. ¿Cuál es el grupo de Sur? Hay dos: Sur, propiamente, que se compone de Pezzoni, Bianco, Girri, Victoria y Murena, y el grupo que se conserva para las grandes ocasiones: los González Garaño, Erro, González Lanuza, Canal Feijóo, los Mantovani (él y ella), Juan José Castro, Francisco Romero, etcétera”.

BIOY: «Una frase pesada, en que se trasluce el aplomado malevo, es: “Me acomodé en el coche de tranvía”. ¿Alguien dirá “Me radiqué en una butaca de fila cero?”». BORGES: «Según Tito Bullrich, un húngaro decía “es un supositorio” por “es un suponer”. Es un error comprensible, ¿no te parece?».

Hablamos de es un suponer y es un decir. BORGES: «En Salta o en Jujuy dicen contesto por contestación: “Acuso recibo de su contesto a la mía…”». BIOY: «Yo he oído el sustantivo concreto. “Muchas promesas, pero lo que el pueblo clama es un concreto”».

Lunes, 28 de octubre. Comen en casa Peyrou y Borges. Hablan de Silva Valdés. BORGES: “Ha sido medio peronista y ahora es o se hace el loco”.

Murió Rega Molina. PEYROU: “Si había dudas sobre su peronismo, el velorio y el entierro acabaron con ellas: los que estaban eran casi todos peronistas. Eso sí; la [nota] necrológica de La Prensa es mezquina”. BIOY: “Sin riesgo, podían haber sido generosos; no hay casi escritores peronistas que merezcan algún elogio”. Convenimos en que es extraño que para mucha gente Marechal sea mejor escritor que Rega. BORGES: “El defecto de Rega es que a veces sus versos parecen muy fabricados. Pone los ripios al principio, para que no se noten, pero ahí están. Y tiene una curiosa insensibilidad que le permite recurrir a palabras horribles, como cabezota. Lo que dice, uno lo ve en figuritas, en calcomanías”. BIOY: “En las ilustraciones de diccionario, de las que él mismo habla”. BORGES: “Sí, Cuando Fernández Moreno habla de una cosa, uno piensa en esa cosa; cuando Rega habla de una cosa, uno la ve en los versos de Rega o en una calcomanía”.

Hablamos de Banchs. PEYROU: «Es una persona extraordinariamente pequeña y mezquina, que desconfía de todo lo que ignora, y que ignora todo: ni siquiera ha leído a Baudelaire. Nunca habla de nadie, para no elogiar, porque le duele elogiar, y para no atacar, porque se cuida. Trabaja mucho, en estadísticas y otras cosas increíbles». Borges, que hace un tiempo me habló de Banchs con el mayor desprecio (y casi con los argumentos de Peyrou), ahora lo defiende un poco, aunque reconoce que es antipático. BORGES: «Está bien lo de Manucho: que Banchs no puede ser el autor de los versos de La urna. Banchs insiste en que no admira su propia obra; me dijo que no quiere que la reediten, porque, explica, “esos poemas estuvieron bien, quizá, en su momento, pero si hoy aparecieran se vería que son muy poca cosa”». Borges ni nadie en la mesa comparte esta opinión. Peyrou no la cree sincera: «Es parte de una política personal». BORGES: «Entonces Banchs es un personaje de novela. Mucho más interesante…». Peyrou afirma que Banchs nos ve a todos nosotros como malos escritores.

Martes 29 y miércoles 30 de octubre. Come en casa Borges.

Viernes, 1.º de noviembre. Comen en casa Borges, María Elena Walsh y Leda Valladares. La conversación no fluye: hay frecuentes cross-purposes. Ellas cantan canciones brasileras muy lindas (Chamemos o vento), una zamba unitaria, tangos canallescos, baladas irlandesas y bobas, cantes españoles. Borges observa; “Cantan bien, pero no tienen idea de lo que es bueno y de lo que es malo”.

Sábado, 2 de noviembre. Trabajo en la Biblioteca, con Borges, en el Libro del cielo y del infierno. Borges está de excelente humor; quiere que atribuyamos un absurdo pasaje musulmán, sobre el mejor medio para obtener el perdón de los pecados y la recompensa del cielo, a algún comunista a quien tengamos rabia. “Firmemos —dice— Rafael Alberti Arrieta”.

Vamos a tomar el té a casa. «Un chico, que juega al fútbol en la calle, al ver que su pelota corre debajo de mi automóvil, gritar “Adiós, pelota”. Borges comenta “Adiós, pelota”, toda la ternura y la poesía que hay en esa frase». BIOY: «Así es fácil hacer poesía. La palabra pelota es irrefutable». En seguida, Borges inventó este

CUENTO

«Un señor inglés vivió sesenta años en el país y luego volvió a su patria, cargado de buenos recuerdos. Los porteños, para expresarle gratitud por su espíritu alegre, lo llamaban don Pelotas. En Inglaterra, don Pelotas llegó a ser la primera autoridad para cuestiones rioplatenses. Ahora sus nietas han venido a Buenos Aires y, al mencionar el sobrenombre del glorioso abuelo, entrevén que tal vez hubo cambios en el idioma. En todo caso, prefieren callar el sobrenombre; desde luego, no pueden borrarlo, porque lo registra el mármol del monumento erigido en la patria».

Comentamos lo extraña que es la expresión total: «Total, conseguiste lo que querías». BORGES: «En resumidas cuentas es también una forma extraña. Y es curioso que haya tenido la fortuna de convertirse en frase hecha. ¿Cuáles son las cuentas resumidas?».

Refiere que Mariana Grondona le dijo; «Yo no seré una pintora famosa, pero espero tener triunfos en mi salón». BORGES: «¿Qué me decís? Se la pilla en serio, como diría Pérez Ruiz. ¿Cómo serán los triunfos de un salón? En verdad, tal vez no haya otra cosa en la vida. ¿Qué es que lo nombren a uno profesor, o que le den el Premio Nobel? El mismo cielo tal vez no sea una cosa muy distinta que los triunfos de un salón. Quizá espera figurar en alguna memoria sobre la vida literaria de Buenos Aires, en el capítulo “Salones”. A lo mejor está en el índice alfabético. Qué horror sí en el índice dice: “Ver Etcétera”».

González Lanuza y Ledesma, dispuestos a acabar con la cursilería de que los poetas reciten sus versos en la SADE, han resuelto que este año lean parodias (género vil, según Hugo). BIOY: «Será como una representación teatral de estudiantes. ¿Qué tendrán de graciosos, como actores y parodistas, estos escritores?». BORGES: «Ya sospechaba el almacenero que no se podía tomar en serio la literatura: ahora los escritores le darán la razón».

BORGES: «La señora Bibiloni de Bullrich cuenta, con la convicción de probar así que siempre tuvo vocación para la gloria (como esas personas que alegan, como algo meritorio, que en su infancia Evita deseaba ser reina), que de chica, cuando jugaba a las visitas, ella gritaba: “Yo soy la señora de Alzaga Unzué”. Así pre-ocupaba ese puesto prestigioso. Es perfecto; es mejor que si hubiera dicho: “Soy la reina de Inglaterra”; también es muy porteño».

Elogia a Reyes: «Si uno abre al azar un libro de Reyes, probablemente caerá sobre algo insignificante: por un buen momento tiene muchos momentos de bobería. Pero todo está bien escrito. Hubiera sido mejor que le dieran a él el Premio Nobel y no a Gabriela Mistral. Reyes dijo de un gramático: “Il périra tout entier[494]”. Es una variante de la esperanza de Horacio, de non onmís moriar[495] no morir del todo. Esas frases, en que se ve al fondo otra, y toda una tradición literaria, están bien».

Hablamos de Peyrou. BORGES: «En el instituto dicen que es un individuo grosero, que no hay que conocer. Pobre Peyrou. No ha elegido bien su conducta… Está preso en su cuerpo. Es tan gordo». BIOY: «Lo que condena a Peyrou es la pereza: la pereza que le impide escribir, que le impide leer, que le impide pensar… En la conversación elige la línea del menor esfuerzo: con él se habla de política y de personas. Cuenta cuentos. Sin embargo, es uno de los mejores escritores que hay aquí. De los pocos que vale la pena leer. Cuando en los Estados Unidos me preguntaron qué escritores argentinos debían leer, y cuáles deberían figurar en una antología, lo mencioné. En La noche repetida hay cuentos admirables». BORGES: «Ese libro es mucho mejor que la novela El estruendo de las rosas. Si no escribe más, il périra tout entier, no porque no sean eximios algunos de sus cuentos, sino porque son pocos. Qué raro: tal vez se salve Xul, y Peyrou se olvide». Decimos que sobre Xul podrían escribirse ensayos y hasta una biografía; que podría aparecer en novelas. BORGES: «Quizá su mitología resulte más interesante que la de Peyrou, que se reduce a cerveza y grandes muchachos»,

Hablamos de Henríquez Ureña, caso opuesto al de Peyrou, Por el trato, uno distraídamente lo colocaba a Ureña como hombre de vastas lecturas (tal vez no fueran tan vastas) y, aunque sus libros no son nada, el recuerdo de aquella personalidad prevalece y todo el mundo lo pone entre los mejores escritores. BORGES: «Era como la encarnación de la indulgencia, de la hospitalidad y de la urbanidad. Pero no creas que era demasiado inteligente. Un día que me vio con un libro de Henry James, comentó: “Bueno, sí, está bien, pero hoy dicen los críticos que ya no hay que leerlo, porque Edith Wharton escribe novelas iguales a las suyas”. ¿Qué me decís del espíritu delicado, que lee por placer?».

Lo llevo a casa de Lisa Lenson, en Belgrano.

Domingo, 3 de noviembre. Come en casa Borges. Trabajamos en el Libro del cielo y del infierno. Atribuimos el absurdo fragmento musulmán, «La redención por una fórmula», a J. M. de Ripalda, autor del Catecismo. Inventamos un Catecismo de la fe musulmana, que Ripalda habría publicado en Tetuán, un año después de haber publicado en España el católico. BORGES: «No está mal. Ripalda aparecerá como un técnico de catecismos, a quien se le hace bueno el trabajo, y rápidamente se muda de países para componer en cada uno un catecismo al gusto».

Lunes, 4 de noviembre. Come en casa Borges, Hablamos de Baudelaire, por quien no sentimos una admiración excesiva, Borges encuentra afinidad entre Baudelaire y Dante Gabriel Rossetti. BIOY: «¿A cuál preferís?». BORGES: «Yo creo que a Rossetti. Bueno, tal vez siento mejor la literatura inglesa. Creo que en general, la gente prefiere a Baudelaire». BIOY: «Baudelaire es, para la gente, uno de los grandes poetas. Rossetti es lateral y secundario». Silvina prefiere a Baudelaire: «Es mucho más intenso», dice. BORGES: «No creo que la afirmación de Buchanan, de que hay algo enfermizo en la poesía de Rossetti[496], sea inteligente ni, en su espíritu, justa. Sin embargo, tiene algo de cierta: ese carácter enfermizo se percibe, y de ahí proviene buena parte de su encanto. El tema esencial de toda su poesía es el acto sexual; cuando no trata del acto sexual, no escribe con fuerza; el acto sexual es su tema». De Rossetti cita, con aprobación, el verso:

A sonnet is a moment’s monument[497]

A sonnet is a moment’s monument[497]

Habla de un poeta Roggiano, que en una reunión sometió a la consideración de Wally Zenner uno de sus últimos sonetos:

¿Qué tengo yo que mi amistad procuras[498]?, etcétera.

¿Qué tengo yo que mi amistad procuras[498]?, etcétera.

Wally esperó hasta el final, creyendo que no oía bien, o que no había entendido, o que desde alguna palabra empezaría el aporte original del poeta; pero irrefutablemente el final fue:

para lo mismo responder mañana.

para lo mismo responder mañana.

Wally balbuceó: «No… hay un error… el soneto es de Lope de Vega». «No —aseguró el poeta—. Es mío». Capdevila presentó a este poeta en el Instituto Popular de Conferencias, en La Prensa. BORGES: «Él anunciará que prepara “Las golondrinas” de Bécquer y “El estío” de Selgas. Cuando publique su libro se descubrirá que es algo mucho más importante, una antología de la poesía española a lo largo de los siglos, las Cien mejores poesías de Menéndez y Pelayo. ¿Cómo interpretaría el soneto Zenón de Elea? Diría: “Qué, puede estar sin que haya plagio; tengo, también; yo, también; que, también; mi, también…”, pero yo sospecho que al llegar a la última palabra el mismo Zenón descubriría el plagio».

Wally citó también este otro verso del poeta, por lo demás hombre de módica estatura:

Erguido en mi apostura de enorme crisantemo.

Erguido en mi apostura de enorme crisantemo.

BORGES: «Enorme como crisantemo. Qué raro que se resignara al soneto de Lope, que no lo adornara con flores, con pavos reales, con góndolas».

Martes, 5 de noviembre. Comen en casa Borges y Peyrou. Hablamos del satélite Sputnik, lanzado por los soviéticos con una perra adentro. BORGES: «El alcance político es secundario y se olvidará pronto. En verdad, estamos ante un descubrimiento tan importante como la vela o el vapor». PEYROU: «Tendrá importancia para la literatura». BIOY: «Sobre la literatura tendrá dos efectos principales: por un lado, invalidar un poco los libros fantásticos con temas de viajes a la luna o a los planetas (en rigor, no debería invalidarlos; pero la certidumbre de que las descripciones son falsas, la confrontación con las descripciones reales, los perjudicará; anotación: disuasivo poder de lo que se siente como falso); por otro, dar zonas inexploradas y explotables al mundo, ponernos en la situación de los escritores que traían relatos del Asia o de América, en la época de los descubrimientos, sólo que estas nuevas zonas parecen infinitas». BORGES: «¿Estela Canto no estará exigiendo que la llamen Laika? Estela Canto o la perra soviética».

Sábado, 9 de noviembre. Borges me refiere que la otra noche, en la fiestita de la Biblioteca, uno de los empleados tomó unas copas de más y con extrema facilidad representó un papel que indudablemente había representado miles de veces: el de malevo. Este empleado contó que su mujer le dijo una vez: «Viejo, vos sos grande» y que él contestó: «No, grande fue San Martin en Cañuelas». (San Martín en Cañuelas es la inscripción que aparece debajo de la marca de La Martona; San Martín es el nombre de la estancia; Cañuelas, el partido donde se halla). Borges comenta: «La vulgaridad tiene fuerza representativa: uno imagina el tipo de persona que la profiere».

Domingo, 10 de noviembre. Come en casa Borges. Hojeamos y ordenamos el Libro del cielo y del infierno. Me cuenta que recibió una tarjeta de Margarita Bunge, con la seguridad de que «se alegra tanto por los triunfos de sus amigos, como se entristece por sus desaciertos». BIOY: «Esas palabras parecen —esencialmente son— de Wally Zenner». BORGES: «Es claro. Y uno las recibe al día siguiente de haber tomado juntos el té. Si uno pregunta cuáles son sus desaciertos demuestra hasta qué punto tiene ella razón, hasta qué punto uno es un ser perverso e insensible».

Dice que un tal Fernández Ordóñez, presidente de un tribunal de Córdoba, le aseguró que Sabattini está entregado al espiritismo y que no hace más que lo que manda el espíritu de Yrigoyen, por intermedio de la Madre María. Esto preocupa bastante allá, porque mucha gente (esto es, muchos votos) responde a Sabattini.

Martes, 12 de noviembre. Come en casa Borges, De Faulkner me dice: «Sus novelas son mere mortality or misfortune[499]. Están bien como relatos, nada más. Indudablemente, los Estados Unidos decayeron en el siglo XX». Sobre T. S. Eliot dice: «Disiente en detalles —siempre es posible dudar de la exactitud de las afirmaciones— con los otros críticos que tratan de sus temas. No creo que deban hacerse así las críticas: indirectamente, a través de los comentarios de los demás. Esto es simplemente continuar un diálogo infinito y ocioso. El gran crítico debe descubrir una verdad que estaba oculta, dar una interpretación nueva. Después de la crítica de Eliot a Baudelaire[500], nuestro concepto de Baudelaire no ha cambiado nada. Desde luego, el método de Eliot tiene la ventaja de que ofrece pocos riesgos de equivocarse; pero tal vez el crítico debe proponerse algo más que su propia seguridad». BIOY: «Es que se necesita un estímulo para escribir, una tesis para el artículo». BORGES: «Ya lo sé. Yo lo hice muchas veces. Pero habría que escribir sobre los autores como si uno fuera el primero en hacerlo».

Miércoles, 13 de noviembre. Come en casa Borges. Traducimos, para el Libro del cielo y del infierno, un párrafo de «Ce que dit la Bouche d’Ombre» de Hugo. Borges se pregunta si la Bouche d’Ombre será la de Mallea. BIOY: «El párrafo me parece un poco ridículo». BORGES: «Yo diría que esa ridiculez proviene de la multiplicación de ejemplos: uno o dos, estaría bien, pero hay demasiados. La enumeración frustra los propósitos del poeta: deja ver que todo es maquinal, que se metió en un sistema y sigue… Voy a tratar de encontrar un párrafo que lo deje mejor parado a Hugo». Quiere dejarlo mejor parado ante mí.

Viernes, 15 de noviembre. Come en casa Borges. Concluimos la traducción del fragmento de Víctor Hugo. BORGES: «Un escritor que no tiene un solo momento de dignidad, ni de elevación, es Gracián. No se lo puede admirar ni querer. Es más de cartón que el mismo Lugones. Veía todo en términos de estratagemas, de trampas, de artificios, de astucia. Me pregunto si sería ateo».

Hablamos de poemas sobre el mar. Recita:

[…] Y mi deseo

tomó a Thalassa maternal la vista,

pues todo hallo en la mar cuando la veo[501].

Repite el último verso. Dice: «Está hablado. Hay más emoción en esa línea que en todo “El cementerio marino”. El de Valéry es un mar de carton-pierre. En Lugones casi todo está escrito». Recordamos «Oceánida»:

El mar, lleno de urgencias masculinas,

bramaba alrededor de tu cintura,

y como un brazo colosal, la oscura

ribera te amparaba. En tus retinas,

y en tus cabellos, y en tu astral blancura,

rieló con decadencias opalinas

esa luz de las tardes mortecinas

que en el agua pacifica perdura.

Palpitando a los ritmos de tu seno,

hinchóse en una ola el mar sereno;

para hundirte en sus vértigos felinos.

Su voz te dijo una caricia vaga,

y al penetrar entre tus muslos finos,

la onda se aguzó como una daga,

BORGES: «Eso ya es una locura: comparar el mar con un coito. Lo de las urgencias masculinas es un absurdo. Desde luego, hay que agradecerle al poeta que haya puesto como última palabra daga. En ese tren de vulgaridad podría haber escrito:

la onda se aguzó mismo que un pene.

la onda se aguzó mismo que un pene.

Sí, es admirable que se haya resignado a escribir daga. Daga ahí significa pene». Dice que la ribera de ningún modo la amparaba: «Qué manera de amparar es ésa».

Elogiamos:

que en el agua pacífica perdura.

que en el agua pacífica perdura.

Borges: «Lugones usa siempre con felicidad la palabra pacífica:

sus pacíficas trenzas de señora[502]».

sus pacíficas trenzas de señora[502]».

Elogia:

[…] mientras abajo el sátiro fornica,

ebria de azul deslíe Filomela[503]

Elogia también «Metempsicosis», pero lamenta:

… la imperial becerra

… la imperial becerra

y

… en aquel espasmo las tenazas.

… en aquel espasmo las tenazas.

Yo lamento:

… la blanca reina en broma

… la blanca reina en broma

Recita con admiración:

Cuando el áureo Pegaso

en la victoria matinal se lanza

con el mágico ritmo de su paso

hacia la vida y hacia la esperanza,

si alza la crin y las narices hincha

y sobre las montañas pone el casco sonoro

y hacia la mar relincha,

y el espacio se llena

de un gran temblor de oro,

es que ha visto desnuda a Anadiomena[504]

De «Lo fatal» lamenta:

Dichoso el árbol que es apenas sensitivo.

Dichoso el árbol que es apenas sensitivo.

Dice que tampoco es afortunada la palabra chorro, usada por Darío en:

… el chorro de agua de Verlaine estaba mudo[505].

… el chorro de agua de Verlaine estaba mudo[505].

BORGES: «Me pregunto si la fama de Herrera y Reissig podrá durar». BIOY: «El secreto de esa fama es que Herrera nadó en el Uruguay». BORGES: «Es claro: se lo opone a Cartago, a Buenos Aires, a Lugones. No sé si puede durar una fama que se funda en una polémica. Lo que podría salvar a Herrera es que se lo absuelva invocando el mal gusto de la época; pero ese mal gusto, fuera de Herrera, no alcanza su perfección. Del beso dice:

es madrigal con que el amor travieso

abre el álbum azul del porvenir.

El álbum azul del porvenir”: te das cuenta, qué animal, el gran reformador, el poeta moderno. También compara el beso con un tren expreso al sol».

Dice que nadie habrá tenido mejor oído que Rubén. Elogia «A Francia» y lo recita con exultación:

¡Los bárbaros, Francia! ¡Los bárbaros, cara Lutecia!

Bajo áurea rotonda reposa tu gran Paladín.

Del cíclope al golpe, ¿qué pueden las risas de Grecia?

¿Qué pueden las gracias, si Heracles agita su crin?

En locas faunalias no sientes el viento que arrecia,

el viento que arrecia del lado del férreo Berlín,

y allí, bajo el templo que tu alma pagana desprecia,

tu vate, hecho polvo, no puede sonar su clarín.

Suspende, Bizancio, tu fiesta mortal y divina.

¡Oh, Roma, suspende, la fiesta divina y mortal!

Hay algo que viene como una invasión aquilina,

que aguarda temblando la curva del Arco Triunfal.

¡Tannhauser! Resuena la marcha marcial y argentina,

y vese a lo lejos la gloria de un casco imperial

BORGES: «En las palabras:

Suspende, Bizancio, tu fiesta mortal y divina

Suspende, Bizancio, tu fiesta mortal y divina

se trasluce la idiotez». Le recuerdo que durante los días tristes de la guerra, muchas veces lo recitábamos.

Dice: «Le oí esta frase a un cubano: “Toda la mañana el teléfono estuvo de lo más llamativo”. La verdad es que yo inventé la frase, pero cuando pienso que los cubanos pueden usarla, me enfurezco».

Le comunico errores de una señora: «Si das tal opinión, te dilapidan». «Aquí traje el menstruario». Cita esta frase de la señora Bibiloni: «En esa fiesta estaba todo lo que es Unzué y lo que es Madero». BORGES: «Fuera de Buenos Aires eso no se entendería. En Bogotá (sic) dirán: “Todo lo que es Fueguinos”».

Borges, radical, de familia radical, desea que el gobierno se quede, que no llame a elecciones; Peyrou, no radical, se felicita del llamado a elecciones y lo ve como un triunfo del gobierno. BORGES: «Sí, el gobierno queda muy bien para la Historia, pero Peyrou puede no ver muy lejos: el país saltará en el vacío». Agrega: «Capdevila, asombrosamente, piensa bien en política. Dijo que como el peronismo hoy se llama frondizismo, el gobierno debería quedarse».

Domingo, 17 de noviembre. Come en casa Borges. He buscado para él, vanamente, el original de la antología de poesía hispanoamericana que preparamos hace años, para Emecé. Encuentro, en cambio, el original de las obras escogidas (Suma) de sir Thomas Browne, que elegimos y anotamos (e hicimos traducir por un tal Cotta), también para Emecé[506]; Borges se lo lleva, con la idea de publicarlo en la Facultad.

Lunes, 18 de noviembre. Come en casa Borges. Leemos poemas de Othón, de Valencia, de Martí, de Herrera y Reissig: con escasa recompensa.

Viernes, 22 de noviembre. Hablo con Borges. BORGES: «Vi a las nietas de José Hernández. Me contaron que Hernández tenía mal oído para la música; que a veces tomaba una guitarra y se ponía a canturrear:

Era el hijo de un cacique,

sigun yo lo averigüé.

La verdad del caso jue

que me tuvo apuradazo,

hasta que al fin de un bolazo

del caballo lo bajé[507].

Nunca decía otra estrofa. Podría haber elegido alguna mejor». Las nietas, señoras criollas y simpáticas, prometieron a Borges que, si iba a visitarlas, le mostrarían las obras que desde el más allá Hernández les había dictado. BIOY: «Tenemos que ir a visitarlas. Será como vivir un cuento de Wells». BORGES: «O de Henry James. Tal vez nos ofrecen la prueba de que existe la otra vida, pero nosotros alegamos que estamos ocupadísimos, que las visitaremos otro día, que sin ir más lejos esta tarde debemos revistar en el cocktail de la baronesa Puffendorf-Duvernoís, que es, créanme, una mujer aburridísima…».

Dio una conferencia. El individuo que lo presentó dijo que el existencialismo y el rock and roll demuestran que Europa y los Estados Unidos están podridos; que la Argentina, en cambio, es pura, fuerte y grande. Que próximamente habría una guerra de cohetes y satélites, que duraría cinco años; después de esa guerra, Rusia, Europa y los Estados Unidos habrían desaparecido, y la República Argentina, con cíen millones de habitantes, dirigiría el mundo. Entonces en la Argentina habría un hombre que enseñaría el sentido de lo argentino, un maestro… BORGES: «¿Sabes quién era ese hombre? ¡Yo! Le aseguré que después de cinco años de una guerra así, nadie estaría interesado en escuchar mis versitos sobre suburbios y almacenes, y que el sentido de lo argentino resultaría un tanto fuera de lugar». BIOY: «Ese señor realmente creía en la indestructibilidad del espíritu».

Sábado, 23 de noviembre. Como despierto con fiebre y dolor de garganta, llamo a Borges para decirle que no podré ir a la comida que, por el Premio Nacional, le dan esta noche. He leído Carlyle, de John Nichol; en el ejemplar, anotada por Borges, encontré la frase de Lucano (Farsalia, I, 128): «Victrix causa Deis placuit, sed victa Catoni [La causa de los vencedores agradó a los dioses, pero la de los vencidos a Catón]». Por cierto que Carlyle opina que a la larga el mismo Catón preferirá la causa del vencedor. Hablo de la cita con Borges y me dice que De Quincey, al recordar la frase, asegura que constituye el más espléndido elogio que jamás se hizo a un hombre: de un lado están todos los dioses; del otro, Catón[508]. BORGES: «Este comentario viene a ser un nuevo asunto, tan maravilloso como la misma frase». Cita también, abonando a Carlyle, a Schülen «La Historia del mundo es el juicio del mundo[509]». BIOY: «Olvida Schiller que “tout s’est toujours tres mal passé”[510]».

Domingo, 24 de noviembre. Borges me cuenta cómo fue la comida que anoche le dieron en El Malambo: «La gente era muy heterogénea.

Si hubieran juntado las mesas de un restaurant, la gente no se hubiese conocido menos. Pero todo fue muy bien, salvo que a Gannon se le ocurrió, vaya uno a saber por qué, sentar a mi derecha a una señora de Ortiz Basualdo, a quien yo nunca había visto. Como estaba entre Manucho y yo, esta señora exclamó que nunca se olvidaría de que estuvo sentada entre dos escritores, entre los dos grandes premios de literatura. Dijo que ella tenía una estancia en Las Armas[511], y que allí la gente era muy buena, que quedaban gauchos de antes, pero que ahí no más en Lezama, ya era otra cosa, la gente era horrible. ¿Vos crees que serán tan diferentes?»[512],

Habla de los discursos: «Gannon pidió la venia para recordar el locus classicus de cuando me nombraron inspector de aves. Dijo que se pregunta si el mismo Farrell, al nombrarme, no pensó que había una vinculación tradicional entre las aves —el fénix, el cisne— y la literatura, porque, al fin y al cabo, ¿en qué lugar está mejor una pluma que en manos de nuestro gran maestro Jorge Luis Borges? Como ves, la línea del pensamiento es más bien sinuosa. No hay línea, hay un murmullo en que se distinguen las palabras aves, plumas, escritores, Gannon hizo luego una alusión que hasta las mentes más confusas, sobre todo las más confusas, reconocieron: citando dijo el venerable académico y señaló a Manucho, todo el mundo entendió que se refería a Manucho, rió y aplaudió. Después, en su discurso, Esther Zemborain estuvo muy severa contra la Universidad: dijo que si bien uno de los motivos de esta comida era celebrar el nombramiento del profesor Borges, no podía silenciar su disgusto porque hubieran quedado fuera de la Universidad otros profesores, y que en la Universidad “no podían tolerarse excesos de derecha ni mucho menos de izquierda”, Al decir ni mucho menos de izquierda cometió un error, porque dejó ver su verdadero pensamiento; sin duda recordaba con bastante nostalgia esos excesos de derecha. Por suerte la gente aplaudió mucho y con aplausos la obligaron a callar. Cuando también se callaron los aplausos, el gordo (Adolfo] Mitre, ferozmente borracho, gritó: “¡Viva Jorge Luis Borges y abajo la Facultad de Filosofía y Letras!”, Con eso la gente se levantó y dio por terminado el homenaje».

Estuvo leyendo la Odisea en la traducción de Rouse[513], Dice que esta traducción lleva a su extremo la tendencia que empezó Butler; en este sentido, la traducción de Butler es half-way. BORGES: «Si se comparan las escenas de violencia de Homero con las de Faulkner o Sartre, se ve que a Homero, aunque sabía describir bien ese tipo de escenas, la violencia no le gustaba; lo que le gustaba eran las reuniones de mucha gente, para comer y oír música: lo que le gustaba era la civilización. Es claro, la civilización era entonces la novedad. Homero era un hombre dulce y suave, a quien le hubiera encantado el mundo de las novelas de Proust… En aquella época se daba mucha importancia a hablar: les debía de parecer que hablar era muy difícil. Un hombre que hablara bien, con frases largas y pensadas, impresionaba. Si se reunían a comer, primero comían y después hablaban… Por cierto que si hubieran pretendido comer y hablar al mismo tiempo se hubiesen atragantado. Sospecho —pero no me atrevo a afirmarlo, porque leí el libro hace tiempo— que hay dos planos en la Odisea: uno muy realista, que corresponde a lo que dice Homero; otro más fantástico, con los relatos de Ulises. Ulises, el viejo héroe, podía ser un poco macaneador… A veces, uno teme que Homero se equivoque; pero no se equivoca. Le dicen a Ulises que él debe de ser un comerciante, interesado en las mercaderías; él contesta que no, que también es capaz de proezas físicas. Toma una gran piedra y la arroja más lejos que nadie. Uno teme que también derrote a los otros en luchas y en carreras; pero, no; basta la prueba de la piedra».

Sábado, 30 de noviembre. Come en casa Borges. Hablamos de Capdevila. Lisa Lenson presentó al concurso municipal una novela y La hermana de Eloísa, un libro de cuentos, escrito en colaboración con Borges (cuentos de Borges, cuentos de Lisa y quizás alguno de ambos). Capdevila era uno de los miembros del jurado; resolvió renunciar, para no hacerse de enemigos; después, recomendó a Lisa que le pidiera a Borges que escribiera una carta al jurado declarando que retiraba del concurso la parte suya del libro en colaboración (de modo que el jurado pudiera votar por ese libro; con Borges no podían votarlo, porque Borges acaba de obtener el Premio Nacional). BORGES: «¿Te das cuenta? ¿Cómo voy a escribir al jurado esa carta? Parece que descuento que están resueltos a votar el libro. Capdevila tiene que saber que su consejo no es muy bueno. ¿Te acordás, cuando dijo a dos candidatos rivales, con motivo de no sé qué elecciones, que había venido especialmente de Córdoba para votar por ellos? (a cada uno, para votar por él). ¿Qué pensará de él mismo? ¿Se verá como un canalla?». BIOY: «No creo. Se verá como un hombre que prodiga cordialidad en un mundo de odios. Riega el purgatorio con agua celestial».

BORGES: «En la comida que me dio la SADE, habló Erro. Dijo: “Los premiados encontrarán satisfacción en el hecho de que formaban el jurado escritores íntegros y capaces. Los vencidos no deben desanimarse, y deben seguir escribiendo, en la esperanza de que un día verán premiados sus esfuerzos”. Qué bruto. Se ve que no tiene nada que ver con la literatura. ¿Cómo los vencidos? ¡Qué animal! Y parece creer que la literatura está supeditada a los concursos».

Observo que Murena atribuye siempre, a los actos de todo el mundo, motivos bajos. BORGES: «Generaliza su propio caso. Es muy amargo, no cree en nada, salvo en la carrera de Murena. No deja que la realidad obre sola. Trata de ayudarla».

Lunes, 2 de diciembre. Por la noche, voy al Instituto de Cinematografía y, al volver, en la puerta, encuentro a Borges y a Silvina. Llevamos a Borges a su casa.

Martes, 3 de diciembre. Con Silvina, vamos a la Facultad de Derecho, donde Borges recibe el Premio Nacional de Literatura. El ministro, un tal Acdeel Salas, en discurso absurdo y cursi, ataca a los militares. Borges comenta: «Esta gente, Aramburu y Rojas, son tan buenas personas que todos se creen en la obligación de llevarlos por delante. Qué falta de gratitud, qué mezquindad». En su propio discurso dice que los escritores deben ser dignos de la Revolución y que «este día es una reverberación de aquella tarde de septiembre, en que sin ignominia, porque un dictador había huido, pudimos volver a pronunciar la palabra Patria».

Después, estamos un rato en casa con él. Lo llevo.

Lunes, 9 de diciembre. Hablamos de un match de box, ganado por un tal Pascual Pérez, que fue un mignon de Perón. BORGES: «Qué lástima que haya ganado un peronista inmundo, Pero nadie siente así. La señora Bibiloni de Bullrich me dijo: “Todo lo que es bien y lo que es religión quería que Pascualito ganara”».

Miércoles, 11 de diciembre. Come en casa Borges.

Días atrás me dijo que en el Fígaro Littéraire había salido una noticia necrológica sobre él. El hecho no le causaba horror, sino que lo divertía. Hoy le leí, en un número posterior del Fígaro, la noticia de que él no había muerto, que está bien, que se ha repuesto de una grave enfermedad: enfermedad tan falsa como la muerte. Del mismo Fígaro, le leo una nota sobre una novela de Max Frisch, No soy Stilkr, «el mejor libro publicado en idioma alemán después de la guerra». BIOY: «Trata de un hombre que niega ser quien es y afirma que es otro. No lo hace por engañar, sino más bien por la sorpresa que tiene cada uno de ser quien las circunstancias externas han determinado y por el deseo de ser otro». BORGES: «Qué lindo tema. (En seguida, eliminándolo de su atención). Todo eso está en Pirandello[514]». A Pirandello no lo admira demasiado.

Conversamos sobre un libro de poemas de Manuel Gálvez; según el autor, el primer libro de amor publicado en la Argentina. Borges recita:

… Es perfecta.

Apenas alguno que otro defectillo.

Ah, ese cigarrillo[515]

Comenta: «Hay que decir Ah, ese cigarrillo moviendo el índice admonitoriamente… Pone el ripio —defectillo— adelante, pero no gana mucho. Ha evitado muchas cosas —las metáforas, por ejemplo— pero no ha conseguido nada».

Recuerda el verso de un poema de Wally Zenner, en que la poetisa, urgiendo a su alma para que vuele hacia Dios, le dice:

Pegad el salto.

Pegad el salto.

Anoche comió en San Isidro con Manucho, Murena y otros. BORGES: «Manucho está completamente idiotizado lo que yo creía que decía en broma, lo dice en serio. Defendió a Amadeo porque nombró a Mallea, a Bernárdez, a Abelardo Arias. Por de pronto, habría que probar que esos nombramientos son acertados. Pero no: lo que a Manucho le importa es que son nombramientos de escritores. Olivera le dijo que no debía venderse por tan poco. Manucho insistió luego sobre el caso de un diplomático, un embajador, que vino a renunciar y, antes de renunciar, murió; por ese mediocre todas las banderas del país estuvieron a media asta; si hubiera muerto una semana después de la renuncia ninguna bandera hubiese estado a media asta. Bueno, ¿y qué? Primero habría que demostrar que las banderas a media asta benefician de algún modo a los muertos. Sobre ese tema —vanidad de vanidades— habló más de veinte minutos. Yo me distraía en cualquier conversación, y al rato oía la voz satisfecha e inagotable de Manucho: “Hasta en La Rioja las banderas estaban a media asta”. En lo que todos se pusieron de acuerdo fue en que lo principal era que los militares se fueran de una vez del gobierno y que después ya se vería. Te das cuenta, qué gente simpática. Como vos decís, hay muchas personas que son anti peronistas, pero que no sienten horror al peronismo». BIOY: «El verdadero fracaso de este gobierno —con el que, por lo demás, nos sentimos tan identificados— consiste en no haber hundido al peronismo». La Rubia Daly Nelson el otro día habló, en sorna, de «la benemérita Revolución Libertadora». BIOY: «Es benemérita». BORGES: «Y fue libertadora».

Le cuento que en París han inaugurado, según creo, una plaza Léon-Paul Fargue. BORGES: «No conozco nada bueno de Léon-Paul Fargue. La elegía a la muerte de su padre, que tradujo Güiraldes[516], es una inmundicia».

Hablando de Moréas, dice: «La moustache bleu», y luego: «Nos dio su Moustache bleu. En Francia nadie se desacredita por publicar un libro con un título así».

Un conocido de mi padre, por intermedio de éste, me encargó un número atrasado de la revista de la Biblioteca. Digo a BORGES: «No se pide ese número porque haya nada interesante en él, sino porque falta en la colección. Esto es muy común y muy aceptado. La persona que piensa así no ve los libros como son, sino como objetos, como partes de una serie». BORGES: «Como mosaicos». BIOY: «Como el dibujo de una guarda. Uno mismo debe cuidarse de no creer en eso». BORGES: «Sí. “Me descabalaron la colección”. Séneca ya escribió contra las bibliotecas»[517]. BIOY: «Sin embargo, hay mucho placer en tener una biblioteca». BORGES: «Entre los libros de la biblioteca de Perón, mandados a la Biblioteca, hay uno dedicado por la autora, Justita Dose de Zemboraín».

Hablamos de la antología hispanoamericana que prepara para la editorial López, que deberá incluir un poema de un poeta —muerto— por país. Con el Uruguay tiene problemas. Zorrilla no ofrece nada breve y representativo. Se inclinaría a poner a Oribe o a Ipuche, pero ambos viven. Hoy le leyeron todo Herrera y Reissig, sin que pudiera encontrar nada. Leemos a poetisas: a De Imira Agustini (que usa el verbo glisar[518]) y a María Eugenia Vaz Ferreira. Después leemos a Herrera y Reissig. BORGES: «Todas las palabras parecen erratas».

Leo «Epitalamio ancestral»:

Con pompas de brahmánicas unciones,

abrióse el lecho de tus primaveras,

ante un lúbrico rito de panteras

y una erección de símbolos varones…

Borges (riendo): «Espero que no diga lo que parece decir».

Sigo leyendo:

… a tiempo que cien blancos elefantes

enroscaron su trompa hacia el ocaso.

BORGES: «De pronto, todo se vuelve de cartón. Esos cien elefantes no le cuestan nada. Son de cartón o embalsamados».

Leo «La sombra dolorosa»:

… una congoja de holocaustos viejos

ahogaba los silencios campesinos.

BORGES: «De pronto, le da rabia. Es claro: Holocaustos viejos. Holocaustos de mierda. O si no:

Era su palidez de pobre muerta[519].

Era su palidez de pobre muerta[519].

Seguramente escribía para unos brutos, sus amigos, unos Oliverios Girondos, que exclamaban “¡Qué bárbaro!” y lo admiraban. ¿Qué pensaría de él mismo? ¿Que era muy sutil?». BIOY: «Que escribía de cualquier modo y le salían versos que todos admiraban y que deberían de ser admirables. Sin duda, se consideraba un genio». BORGES: «Se consideraba un genio: firmaba Julio I. A un ministro, pidiéndole un puesto, le dijo que daba al Uruguay la oportunidad de ponerse a la altura de Herrera y Reissig, pero que como tenía pocas esperanzas, lo esperaba en la Historia. El stock in trade de Herrera se reduce a la cursilería y a la fealdad. Uno de los inconvenientes de la pobreza es que induce a dar excesiva importancia al lujo: la admiración por el lujo sólo es perdonable en personas muy pobres; Herrera fue ínfimo empleado de la administración pública, en Buenos Aires, y pertenecía a una familia tradicional uruguaya. Qué suerte que a Guillermo le gusten estos versos. Esto demuestra que hay un orden en el mundo. No creas que los versos que Guillermo cita son muy buenos:

Los astros tienen las mejillas tiernas…»[520].

Los astros tienen las mejillas tiernas…»[520].

Leo otros versos:

Almas amigas y bellos

gimnastas, liras asones

de la orquesta de Pitágoras,

venusinos Sacerdotes

de la hembra Arquitectura[521]

Ya no te amaba, sin dejar por eso

de amar la sombra de tu amor distante.

Ya no te amaba, y sin embargo el beso

de la repulsa nos unió un instante[522]

Anoche vino a mí, de terciopelo;

[…]

Yacía el índice en su labio, fijo[523]

Noche de tenues suspiros

platónicamente ilesos:

[…]

Es la divina hora azul

en que cruza el meteoro,

como metáfora de oro

por un gran cerebro azul[524].

BIOY: «“El azar ungracieux, evidentemente”, como decía un viejo señor». BORGES: «Lo que embroma a Herrera es haber empezado con odas a Castelar y a Guido y Spano. Y le gustaba Lamartine[525]. No creas que le gustaba Baudelaire: le gustaba Lamartine. ¿Por qué iba a admirar a Baudelaire? Para eso estaba él».

Miércoles, 18 de diciembre. Come en casa Borges. Me refiere que en la SADE, en la fiesta de la poesía, leyeron versos de Banchs[526] BORGES: «Esa lectura ha dejado un saldo: que Banchs, con excepción de algunos pocos sonetos (el del espejo[527] y otros), es un poeta mediocre». BIOY: «Lo cual resulta más verosímil que la hipótesis de Mujica en Los ídolos: de que Banchs no es el autor de sus versos. Es el autor y se parecen a él». BORGES: «En esos horribles poemas del Cascabel del halcón, ni siquiera es capaz de mantener su estilo falsamente español. De pronto aparecen frases como tu sonrisa azul».

Hablamos de la Universidad. Me dice que es casi inevitable que sea rector Risieri Frondizi: «¿Sabes en quiénes debemos cifrar las esperanzas de salvarnos de Risieri Frondizi? En Alfredo Palacios y en Sánchez Viamonte. Ésos son los otros dos candidatos. ¿Te das cuenta? El pobre Palacios es una nulidad y Sánchez Viamonte es un idiota insoportable». BIOY: «En una gran crisis van a estar del buen lado, pero a cada una de las circunstancias de la vida sólo llevarán su vanidad y tontera». BORGES: «Pertenecen al género de los grandes muchachos. Me dicen que a ese género también pertenece Balbín. A eso hay que agregar que Balbín es muy farrista. Vos te das cuenta, es gente que nunca ha tenido un momento para pensar. Van de un lado a otro. La elocuencia también es una excusa para no pensar, una forma de no pensar. Todos ellos son unos momentáneos».

Me cuenta que hizo copiar a María Rebeca Peña, para la antología que le encargó la editorial López, «La suave patria». BORGES: «María Rebeca me dijo que era uno de los poemas más ridículos que había leído». BIOY: «El momento en que conocí “la suave patria” fue uno de los de mayor exultación literaria de mi vida. Estábamos en mi casa, en avenida Quintana, y vos recitaste las estrofas del paraíso de compotas y de quiero raptarte en la cuaresma opaca[528]. Me pareció un poema tan variado que tardé en advertir que todos los versos eran endecasílabos». Leemos «La suave patria». Cuando voy por la estrofa:

Tus entrañas no niegan un asilo

para el ave que el párvulo sepulta

en una caja de carretes de hilo,

y nuestra juventud, llorando, oculta

dentro de ti el cadáver hecho poma

de aves que hablan nuestro mismo idioma…

Borges comenta: «López Velarde trabajó con esos mismos elementos —el párvulo, los carretes de hilo, las aves— en todos los otros poemas, y no logró nada. El destino le reservaba la suerte de poder reunirlos una vez mágicamente en “La suave patria”. El poema fue hecho por encargo del gobierno: es un bric-a-brac deliberado que salió bien».

De López Velarde también leemos con agrado «El retorno maléfico» y Borges aun reputa afortunadas las bromas finales de:

… el lloro de recientes recentales

… el lloro de recientes recentales

Y

… el amor amoroso

de las parejas pares.

Sobre el verso final:

… Y una íntima tristeza reaccionaria

… Y una íntima tristeza reaccionaria

siempre ha dicho: «Está muy bien».

Leemos a Herrera y Reissig. BORGES: «Lo narrativo en Herrera es sólo una apariencia, un verbo. Nadie entiende lo que ha pasado. En sus poemas está todo el esquema de lo narrativo, sólo que no pasa nada… (-Pausa). O el verso final continúa el simulacro de una acción incomprensible».

Leemos «Fiesta popular de ultratumba», de Herrera. BORGES: «Todo parece soñado en un conventillo. Todo se le vuelve pacotilla. El bric-à-brac es feliz en López Velarde y horrible en Herrera. Los poemas de Herrera son como una casa de compra y venta de la calle 25 de Mayo puesta en un bosque: todos los objetos están entre los árboles. Quiza el uso del todo en Herrera sea su momento de mayor falsedad, como en:

Todo suspira y ríe[529]».

Todo suspira y ríe[529]».

En trance de encontrar poemas para la antología, prefiere «El despertar» —aunque la sotana del cura que se pasea sola[530] estuvo a punto de disuadirlo— y «Color de sueño». BORGES: «Qué manía con los curas. Y sin duda él era un señor ateo». De los versos de «Color de sueño»:

Y hacia la aurora sesgan agudas golondrinas

como flechas perdidas de la noche en derrota…

observa: «Sin duda escribió primero perdidas golondrinas, flechas agudas, y después corrigió agudas golondrinas, flechas perdidas. De todos modos, hay que agradecerle que haya llegado a esos versos aunque sean un poco mecánicos. Es claro que noche en derrota no está muy bien».

Le digo que prefiero la insulsez de «El despertar» al mal gusto de «Color de sueño», Borges, sin embargo, poco a poco va prefiriendo «Color de sueño». Ponderando el soneto dice: «Tiene el barro, tiene el feo olor de Herrera». Silvina también aprueba «Color de sueño».

Sábado, 21 de diciembre. Comento con Borges la figura de la prótesis, que el Diccionario de la Real Academia define como «añadir una o más letras eufónicas al principio de un vocablo» (por ejemplo, amatar por matar. «Amatar es pecado»). Borges refiere: «En el primer verso de un soneto de Calixto Oyuela se lee: Cayó el héroe. En una nota al pie, Oyuela aclara que se trata de una conocida licencia poética ya usada por muchos escritores. Mejor sería no emplearla, y, sobre todo, no emplearla en el primer verso. Con el héroe cae Oyuela».

Recibió una carta de Sabato, en que éste le pedía que colaborara en una enciclopedia y le aseguraba que a veces llevado por la pasión política uno dice cosas que no piensa. Casi emocionado, Borges estuvo a punto de ir a darle un abrazo. Se encontró antes con Clemente, quien le dio una carta que había llegado a la Biblioteca; en esa carta el director de una revista colombiana ofrecía sus páginas a Borges para que éste refutara un artículo de Sabato. BORGES: «Te das cuenta. Parece loco. Con una mano escribe contra mí y con otra me escribe una carta amistosa. Además, ¿qué puede importar en Colombia su polémica conmigo? Yo mismo no recuerdo por qué empezó y no creo que sea muy interesante». BIOY: «Qué falta de pereza». BORGES: «Es como un chismoso. Escribir sobre esa polémica no le cuesta nada. Le cuesta no escribir».

Parece que Gannon sigue con su obsesión de hablar de sexualidad, de citas con marineros. Borges se pregunta: «¿Por qué lo hará? ¿Para decirme que él no es así, o por el deseo de ocuparse del tema? ¿Por ambos motivos a la vez?». Comenta luego una traducción de Gannon del poema de Landor sobre Rose Aylmer[531]; «Gannon dice que “le salió redonda”. No sé si le salió redonda, pero tiene algún verso mal medido. Gannon se defendió alegando: (a) que un verso de doce entre los endecasílabos (ver Lugones) queda bien; y (b) que alguna elisión convertía las doce sílabas en once (contaba con los dedos: Noche de fantasía y de suspiros, yo le contesté que el poema, un epitafio, en Calcuta, en memoria de Rose Aylmer, era demasiado corto para que en él no fuera todo perfecto y que ese verso no parecería deliberadamente de doce, sino mal medido). A Gannon le gusta su traducción porque él recuerda el original inglés». Agrega: «De Landor uno espera más de lo que recibe. Es laborioso. “Rose Aylmer, sin embargo, está bien”».

Me cuenta que los amigos preparan una comida para Adela Grondona. Ella trata de que sea en la SADE, aunque una comida en la SADE, que no es un restaurant, cuesta caro y da trabajo. Adela quiere que sea allí para que se crea que se la ofrece la SADE. Todo indica que las razones de orden práctico prevalecerán y que se recurrirá a un restaurant, pero Adela no da su brazo a torcer, «En la SADE estoy como en mi casa. En un restaurant me sentiré perdida», protesta, Borges concluye: «Fooling who»?

Martes, 24 de diciembre. Vamos con Silvina a casa de Borges, Con él están su madre, Norah, Guillermo y los chicos. Brindamos, Borges me regala Empédocle d’Agrigente de Jean Zafiropulo; a Silvina, Sappho (pronúnciese Psafo) de Jean Larnac y Robert Salmón. Lo traemos a comer en casa.

BIOY: «Cuando yo era chico, Navidad tenía poca importancia». BORGES: «Cuando yo era chico, no tenía ninguna: la celebraban solamente los ingleses y los alemanes, en Belgrano. Ahora es una especie de ensayo de primero de año, que es, como Navidad, una especie de ensayo de carnaval. Ahora celebran Navidad y primero de año con cohetes; pronto lo harán con caretas». BIOY: «Cuando yo era chico no había esta manía de los petardos. Recuerdo que mis primos Blaquier, en Vicente Casares, tiraban petardos: yo veía esa actividad como un rasgo peculiar del carácter de los Blaquier que no podía compartir».

BORGES: «Ha refrescado. Eso es lo típico del verano: encontrar que ha refrescado, que hace menos calor que la víspera. Cuando uno dice eso, tenelo por seguro: hace un dog’s weather».

Asegura que el premio municipal se le amargó a Mastronardi, al saber que sus compañeros son Murena, Viñas y Lisa Lenson: «Ya todo se convierte en a roaring farce».

Oímos tangos. De Gardel, al que oímos en Ivette, dice: «Es invertebrado, es un bicho baboso, no vocaliza, se derrama». Volvemos a oír Ivette, ahora cantado por Vidal. BIOY: «Qué raro que Gardel sea el gran cantor». BORGES: «Y la letra de Ivette es extraordinaria. Fijate, todos los regalos que le hace son robados:

¿No te acordás que conmigo

usaste el primer sombrero…?

Qué mundo miserable. Qué bien.

¿No le acordás que traía

aquella crema lechuga

que hasta la última verruga

de la cara te piantó?

Se ve que la mujer era un bagayo». Elogia;

… y que por una pavada

te acoplaste a un mishé.

Parodia los versos, adelantando los labios y poniendo especial énfasis en pavada.

Oímos también Milonga de antaño. Una noche de garufa («el mejor tango»), El pollito («un tango cauteloso», según uno de los sobrinos de Borges).

Borges, muy inspirado —oír tangos, por la noche, lo exalta— me cuenta su cuento (o poema en prosa, o mito) del Rapsoda[532]; primero vive en el presente, muy despierto a las sensaciones, en un mundo bárbaro; así un día, muy joven aún, pelea con un enemigo y otro día va hacia una cámara subterránea donde lo espera una mujer; cuando pelea, recuerda a Áyax o Aquiles y se ve como ellos; poco a poco pierde la vista; pasa a una vida en que las sensaciones son más apagadas y por primera vez desciende a sus recuerdos (su vida y las historias que le contaron cuando era chico, de los héroes antiguos); ya ciego, escribe sus Ilíadas y Odiseas (es Homero).

Borges había pensado hacer su mito de Homero con Milton. BIOY: «Ya no sería un mito, sino un juego de erudición y de ingenio». BORGES: «Nadie puede emocionarse con Milton». BIOY: «Con Homero es poético; esa poesía se perdería con Milton, Has sorteado el peligro de poner como héroe a Milton; peligros como éste, que siempre acechan al creador, pueden arruinar un cuento». BORGES: «Y, sin embargo, con Homero o con Milton la idea es la misma». Observa que, para el cuento, debe cuidar especialmente la transición de un mundo bárbaro indeterminado a un mundo griego.

Sábado, 28 de diciembre. Come en casa Borges. Leemos poemas de Bello: «Alocución a la poesía», «Silva a la agricultura de la zona tórrida». BORGES: «Qué le ha dado con los vegetales. Parece loco. A González Lanuza le gusta. Bueno, él tiene esos poemas con pollos y con pavos[533]. Y a Reyes también le gusta: todo lo que es comida interesa a Reyes… Qué rara la idea de una “Silva a la agricultura de la zona tórrida”. Equivale a una “Oda a la industria del calzado”. Oyuela y Menéndez y Pelayo dicen que es el mejor poema escrito en Hispanoamérica. Yo no creo que tenga muchos versos memorables. Son poemas hechos con aplicación. El efecto que produce no es de agricultura, sino de maleza. Una descarga de legumbres. Es una pesadilla. Como en las pesadillas, antes de que la atención pueda fijarse en una banana, la banana se convierte en un zapallazo. En su epístola a Olmedo, Bello dice que, a estar en París, él prefiere estar en su aldea, echado entre los cardos, con una rana cantándole en cada oreja[534]. ¿Cómo no advirtió que la imagen que sugería era horrible y ridícula? Para él, un poema era algo externo; se proponía ser ora lírico, ora mitológico, ora sublime, ora familiar: todo se lograba con aplicación, sin ningún criterio. Qué raro que viviera tantos años en Londres».

Dice que leyó a José Joaquín Olmedo: «En su estilo, con mitología y figuras alegóricas, tiene versos muy lindos. Versos nobles, con el empuje de Pope, o de Milton. Quintana escribió en el mismo estilo, pero, por lo que yo recuerdo, es muy inferior. Olmedo es un gran poeta».

De un discurso del general Florit sobre el general Rawson: «Militar de aspecto fiero, pero humano». BORGES: «Es difícil manejar la palabra fiero».

De un discurso de Erro, en honor de Adela Grondona, en la SADE: «Si estos patios, si esta reja extraordinaria, si este aljibe tan lindo, hablaran, nos dirían muchas cosas interesantes; pero no se ha conseguido que hablen». BORGES: «Si uno dice una idiotez como ésa, lo mejor es decirla rápidamente, para que no se entienda bien; Erro la dijo con extremada lentitud».

Lunes, 30 de diciembre. Traigo a comer a Borges y a Peyrou. Oímos Milonga de antaño, varias versiones de Ivette, Germaine, El Marne, Entrada prohibida, Una noche de garufa, Viborita, Unión Cívica, El pollito. BORGES: «El Marne se llama así no por la batalla, sino por el café. Estaba en la calle Corrientes».

BORGES: «A dos personas les he tomado odio. Me parecen iguales. Y tan estúpidos: Manucho y Gannon. Manucho se cree dueño de casa en cualquier parte. ¿Ahora no está en la comisión de la SADE? Es claro que no, ya me parecía. Bueno, los otros días, cuando repartieron los premios del Concurso Barbieri, me indicó una silla de las reservadas para la comisión y me dijo: “Sentate aquí, Georgie”. Yo salí beneficiado pero… Cuando encarna el papel de Montenegro finge que es una broma; pero es en serio: nadie se dedica todo el tiempo a lo que no le gusta. En cuanto a Gannon, dijo que Don Segundo era inferior a Moby Dick, porque el tema de los arrieros es inferior al de los cazadores de ballenas y “porque no hay temas en este país, no se puede escribir en este país”. ¿Te das cuenta, qué estúpido? ¿Cómo cree que las diferencias entre Don Segundo y Moby Dick se deben exclusivamente al tema? ¿Y hay toda una literatura sobre arrieros para comparar con una literatura sobre cazadores de ballenas?».

Según mi padre, puesto en razón es un modesto elogio; yo creo que es una censura; Borges cree que es elogio.

BORGES: «Qué disparate que el gobierno reparta el dinero que saca de impuestos en premios a las letras y a las artes. Puede convenir al destino de un hombre, pero ¿qué tiene que ver eso con las artes? ¿Qué relación puede haber entre el gobierno y las artes? Eso viene del tiempo de los mecenas». BIOY: «Y empalma con el tiempo del socialismo, del gobierno que se mete en todo. Es una combinación de pasado y futuro».

Antes de irse, Borges dice que pasará la noche del primero en casa de Elvira de Alvear. Eso prueba cómo es de consecuente con sus amigos (o, si se quiere, en sus hábitos). El 31 es el cumpleaños de Elvira; Borges fue siempre amigo de Elvira y de su madre, Cotita; también, en menor grado, de su hermana Dora. Cotita ha muerto hace años. Elvira, desde el cuarenta, está loca: antes de entonces ya lo estaba en más de un aspecto, pero ahora no reconoce a nadie. BORGES: «A veces me reconoce al principio y después se olvida de quién soy. Debería ocurrir al revés. Dora vive borracha. El año anterior estaba borracha en un diván. Del diván cayó al suelo. Nadie la levantó. Quedó ahí, como un objeto». BIOY: «¿Quién hace los honores de la casa?». BORGES: «Una vieja mucama. También hay parientes. Gente horrible. No loca, pero sonsa y vivaz».

Martes, 31 de diciembre. Borges anuncia que vendrá a brindar con nosotros a las doce menos cuarto; llama poco después de las doce, desde lo de Elvira: «Estoy tied up. Un abrazo. Los extraño mucho».


Miércoles, 1.º de enero. Come en casa Borges. Le digo la noticia que acabo de oír por radio: estalló una revolución en Venezuela contra Pérez Jiménez, protector y amigo de Perón[535]. «¡Viva la patria!», exclama Borges, Después de comer, nos reunimos alrededor del aparato de radio, avaro de noticias, pródigo de música sentimental y de avisos. Oímos la noticia del accidente de un avión, seguida del aviso: «Crocantitas, las Criollitas». BORGES: «Qué época ésta; la muerte viene entre galletitas. El comunismo podía haber concluido con todo eso; lo fomentó con entusiasmo». Sobre la revolución: «Llevamos todas las de ganar. Si nos va bien, espléndido; si no, pobres hermanos venezolanos, de todos modos se habrá dado un golpe contra la tiranía. Pero yo creo que nos irá bien. (En broma). Al fin y al cabo, tenemos buenos antecedentes. ¿No ganamos la guerra europea? ¿No derrotamos a Hitler? ¿No echamos a Perón? Decir esto es bastante absurdo, pero uno siente que es un poco así. De nuevo, estamos balconeando la épica (no sería un título muy estimulante, para un libro de memorias). Pero el lugar de los escritores no tiene por qué ser debajo de la cama, como el de los beligerantes». Sigue en la radio una audición de música. Cuando los locutores se despiden, Borges comenta: «Bueno, parece que ahora se calman… Pone un tango que nos dé valor. Que nos ayude a ganar la revolución en Venezuela». Pongo La catrera. BORGES: «Es una marcha fúnebre». Pongo Una noche de garufa. BORGES: «Eso está bien». BIOY: «Qué triste si Perón, en Caracas, está bailando solo este mismo tango, para celebrar el triunfo del gobierno». BORGES: «Seria agradable que huyera en un barco con Borlenghi, Kelly, Jorge Antonio, Cooke, Pérez Jiménez, y que los revolucionarios volaran el barco». BIOY: «O que le pegaran un tiro en el culo». BORGES: «En su órgano vital». Recuerda una frase de Perón, de 1945, o quizá de antes: «Voy a quilombizar el país», y otra de Gerchunoff, de 1946: «El país cayó en poder de un bailarín de quilombo».

Habla de un italiano (o Tano). Elegancia, bailarín del Abasto. BORGES: «¿Cómo te lo imaginas? ¿Igual a Max Linder? ¿O a Carreta? No: igual, ¿sabes a quién? A Giménez Pastor. Parece que como profesor, Giménez Pastor era pésimo… El que no me parece demasiado inteligente es el adjunto a la cátedra, Rest. ¿Sabés con quién está entusiasmado? Con el Malevo Muñoz. Imagina que ha de ser muy culto. Hay una nueva edición anotada, con todas las estupideces del Malevo Muñoz[536]».

Me cuenta los festejos de anoche: «Elvira estaba muy cortés. Es claro que a su hermana, con el mismo tono suave, le decía: “Vos sos una mierda”. No mira para los lados; inmensamente gorda, está sentada en una sillita, mirando hacia adelante. Elvira daba noticias precisas de casamientos imaginarios de personas de su familia. Dijo que Fulanita iba a casarse con el hermano de Solveyra Casares. “Del asesino”, acotó la Princesa, Eso estaba mal: como todo lo que dice Elvira es un disparate, hay que asentir; ella se encarga de olvidarlo. Dora estaba muy borracha, con la cara ensangrentada, porque se dio un golpe; a la Princesa le dijo que la había traicionado. Sí, aquello era como estar en el infierno. Con una sola ventaja: como estábamos en el centro, en el corazón de la manzana, no se oían silbatos ni nada. Tuvimos un final y un principio de año silenciosos. Después caminé por la calle Córdoba. Parecía que se hubiera llenado de conventillos. En cafés inmundos había gente muy pobre: todos comían pan dulce y bebían sidra». Observa que en cualquier parte de Buenos Aires hay calles que parecen del Barrio Sur, o de Avellaneda. Se refiere particularmente a la cuadra de Reconquista entre Córdoba y Paraguay: «Quién diría que esa calle está a dos cuadras de Florida. Bueno, está a una de Leandro Alem[537]».

Dice que habría, hasta hace poco, un club de remo y de natación llamado Rari Nantes. BORGES: «Ibarra me habló de ese club. Yo creí que era una invención de Ibarra; después me enteré de que era verdad. Qué bien que hubiera una persona oscura que tuviera la idea de poner de nombre a un club deportivo una parte de un verso clásico[538]. Sin duda, fue una broma secreta. (Pausa). En el verso hay un error psicológico: si lo que se quiere es dar idea de la inmensidad del mar en que están perdidos esos pocos nadadores, no habría que mostrar primero a los nadadores y después el mar. Tal vez la métrica haya impuesto ese orden, o tal vez entonces nadie pensara en motivos psicológicos». BIOY: «Tal vez, para excusarse, Virgilio haya razonado: al concluir con in gurgite vasto, el verso carga el énfasis en el mar inmenso». BORGES: «No creo que ese razonamiento convenza a nadie».

Cuenta un diálogo: MARIANI (o BARLETTA, u otro del grupo de Boedo): «Yo sigo en mis trece». ERNESTO PALACIO: «Dirá en sus cuatro».

Max Dickmann recibió a Chica Salas; trató de festejarla y, al mismo tiempo, de no pagarle demasiado como traductora (Dickmann, en la conversación, representaba a una editorial). BORGES: «Le aconsejó leer autores españoles, para aumentar el vocabulario; no leer autores argentinos; leer, eso sí, Madre América, de Max Dickmann, libro que iba a interesarle mucho. Dijo que lo encontraría en tal librería y, ni corto ni perezoso, habló por teléfono con la librería y consiguió para la muchacha un descuento del veinte por ciento, para el que contribuiría él con un sacrificio del diez. Por cierto, la favorecida no tiene ninguna intención de comprar el libro».

Recita versos del himno nazi de Horst Wessel[539]:

Die Strasse freí den braunen Batallionen,

Die Strasse freí dem Sturmableilungsmann…

que traduce como:

Paso al hombre de la camisa parda,

paso al hombre de las SA.

Se los enseñó un judío, después de decirle: “Por las calles de Berlín se oía entonces esta linda música”.

Me asegura que ya ha terminado el cuento sobre Homero y que ha empezado a dictar un cuento o fragmento o poema en prosa sobre Shakespeare[540]: “Son tan cortos, que no hay con ellos el peligro que siempre amenaza al escritor: quedarse atrancado, sintiendo que lo que uno escribe es una estupidez. Antes de que uno se canse, ya concluyó”.

Le propongo que visitemos a las nietas de José Hernández.

Lunes, 6 de enero. Comen en casa Borges y Ema Risso Platero. En un aparte, Emita me refiere algo terrible: Borges le dijo ayer que cree que ha de tener vista, algo de vista, para un año; asegura que ya ve solo sombras.

BIOY: «No hay que escribir nada que uno juzgue de poca importancia; todo cuesta igual trabajo: escribir algo importante o escribir algo trivial». BORGES: «Tenés razón. Porque el trabajo es verbal. Vos sabes, (qué raro: Dabove me decía que el trabajo, para él, era de invención. Que no escribía más cuentos porque no se le ocurrían. A mí me gustaría tener un adlátere que escribiera todos los argumentos que se me ocurren». Bioy «Es verdad. Siempre uno tiene dos o tres argumentos que no ha escrito y siempre, porque pasa el momento, uno deja alguno sin escribir».

Martes, 7 de enero. Come en casa Borges, Dice que Los poseídos de Dostoievski es una novela muy linda. En ella aparece Turgueniev, retratado en un literato que, desesperado por los sufrimientos del pueblo ruso, se va a vivir a Alemania, y, cuando vuelve y quieren hablarle de política rusa, responde que tiene que pensar en asuntos más importantes: el sistema sanitario de Baden-Baden.

Me comunica noticias de la revolución venezolana: su brevedad dio tiempo a Perón para pedir asilo en la embajada de España,

Leo la antología hispanoamericana, inédita, que compilamos hace años, recuperada estos días, en busca de poemas, para la de la editorial López: qué mala es la nuestra.

Miércoles, 8 de enero. Come en casa Borges. Me refiere la historia del Falso Aparicio: «Un sinvergüenza, que también es loco, finge ser el doctor [Carlos] Aparicio, marido de Wally Zenner, y ha declarado que “la Wally Zenner lo abandonó con cuatro hijos”. Wally me hizo jurar por la vida de mis sobrinos que no diré eso a Madre: “Imagínese, ella que es tan seria, no me perdonaría el abandono de cuatro hijos”. Traté de explicarle que como esos hijos no existen, ella no abandonó nada. “No, eso incidiría en la opinión que la señora tiene de mí. No quiero que lo sepa su madre, ni Erro, para que no me cierre las puertas de la SADE”. Parece que Wally confesó su desdicha a su querida tía y que ésta le respondió: “¿Quién puede creer esa calumnia? Aparicio, con lo orgulloso que es, mira si iba a decir públicamente esas cosas”. Vale decir: no cree por la circunstancia del orgullo de Aparicio, no porque sea público y notorio que Wally no abandonó nunca a su marido ni tuvo hijos. Por mi parte, mucho me temo que he roto el juramento».

Sábado, 11 de enero. Come en casa Borges. De una mujer fea dice que se adelantó a las otras, que «ya ésta donde todas van a llegar». Agrega: «De toda mujer se dice que fue linda. Es un atributo de la vejez».

Lunes, 13 de enero. Comen en casa Peyrou y Borges. Éste se va mañana, con su madre, a Pardo; pasará una semana en El Retiro, invitado por Alicia Jurado. Le digo: «Te hará bien. Trabajar hace bien. En cuanto llegues, te pondrán un gorro de cocinero y te harán trabajar en la cocina». BORGES: «Ah, ¿vos también pensás que esa muchacha…? En todo caso, me aconsejó que si no encontrábamos en la estación un coche que nos llevara a la estancia, fuéramos a lo de Constancio, que es el factótum de Pardo…». Borges piensa dictar allá el cuento de Guayaquil; su problema: que la superioridad de todas las respuestas esté de un lado (San Martín) y la fuerza de la personalidad, del otro (Bolívar),

Oímos tangos: Hotel Victoria, Entrada prohibida, La maleva, El 13, Unión Cívica (preferido por Peyrou), El esquinazo, La viruta (preferido por Borges, con El choclo), El pollito, El caburé, La morocha, Nueve de Julio, Una noche de garufa, Ivette (los que yo prefiero), Mi noche triste, etcétera. Proponemos nombres de tangos imaginarios: La furca, La garúa, La cadena, La partera, La patinada, El changüí y, el peor de todos, El gallego del triciclo.

Lunes, 20 de enero. Me entero por Peyrou de que murió Weiss: excelente persona, a quien no expresé bastante mi aprecio. Vamos con Silvina al velorio, en la SADE. Encontramos a Borges, recién llegado de Pardo, con cuentos sobre el carácter de Alicia; a Fernández Latour; a César Dabove; a Frías.

Jueves, 23 de enero. Comen en casa Borges y Peyrou. Borges prepara una comida en honor de Mastronardi. BORGES: «¿Quién te parece mejor poeta, Mastronardi o Ulyses [Petit de Mural]?». BIOY: «Creo que Mastronardi es capaz de hacer una estrofa mejor, pero que Ulyses tiene momentos de mayor inspiración». BORGES: «Es verdad. Al fin y al cabo, los méritos de Mastronardi son los méritos de la paciencia. Aunque

esquinas resignadas a un caballo y un poste

esquinas resignadas a un caballo y un poste

está bien; y está bien:

cruzan como dormidos los troperos[541].

cruzan como dormidos los troperos[541].

Para Mastronardi, sus versos corresponden a una realidad más rica que para nosotros. Cuando él dice: Una esquina resignada… es determinada esquina». BIOY: «Eso es verdad para toda la literatura. Detrás de cada frase hay toda una realidad que recordamos o inventamos». BORGES: «Para toda la literatura, salvo para Mallea. Detrás de lo que se dice en Las águilas no hay absolutamente nada. Todo lo que sabe Mallea del asunto de Las águilas son las generalidades que están en el libro. Te aseguro que se nota que no hay nada más. No sé para qué escribe novelas».

Oímos tangos: El 13 (¿El tranvía número 13?)[542] Sábado inglés. Una noche de garufa, Entrada prohibida, Hotel Victoria, Don Juan (según Embébame, el Donjuán del título no es el de Tenorio, sino el patrón de Lo de Hansen), Unión Cívica, El Porteñito, El apache argentino, Ivette, Flor de fango, Mi noche triste (los últimos tres, cantados). BORGES: «Si lo oyéramos por primera vez, si no lo hubiéramos oído muchas veces con emoción, Mi noche triste nos parecería una vergüenza». BIOY: «Si no lo hubiéramos oído muchas veces con una emoción inexplicable.

Siempre llevo bizcochitos

pa’tomar con matecitos

como si estuvieras vos…,

¿Qué me decís de este malevo que compra bizcochitos, que se alimenta con bizcochitos, en memoria de la mujer que lo dejó?». PEYROU: «Ni siquiera parece tango». Silvina, al oír El Porteñito, repite como siempre: «Es igual a Peyrou». BORGES: «Y a los viejos films de Chaplin». Oímos Aquel tapado de armiño

Aquel tapado de armiño,

todo forrado en lamé,

que tu cuerpito abrigaba

al salir del cabaret.

Cuando pasaste a mi lado,

prendida a aquél gigoló,

aquel tapado de armiño,

¡cuánta pena me causó!

¿Te acordás? Era el momento

culminante del cariño;

me encontraba yo sin vento,

vos amabas el armiño.

BORGES: «¡Qué letra! Vos amabas el armiño. ¿Se dice: “yo amo el café con leche”?».

BIOY: «No se encuentra en los diccionarios la acepción corriente, entre nosotros, de necio: persona a quien le cuesta desenojarse, que mantiene un enojo aunque sepa que está mal fundado. Tampoco la de discreto e indiscreto. Discreto, entre nosotros, equivale a reservado, capaz de guardar un secreto, persona que no importuna por curiosidad». Borges dice que oyó a su madre: «Yo soy embustera o mentirosa para leer» por: «Yo que suelo equivocarme cuando leo» (por ejemplo: lee cien donde dice mil). Asegura que paseandero por salidor, calavera, etcétera, no figura en los diccionarios, y que a los amantes se los llama novios. Recuerda luego las frases que le referí, oídas a un paisano de Pardo («Ahora nos prohibieron nuestras diversiones campichuelas») y al cuidador de Las Flores («No favorezca la arena» por «No meta el coche en la arena») y comenta: «Tal vez las han dicho una sola vez en la vida. Esa gente no tiene noticia de que las cosas se dicen de tal o cual manera. Cada vez que hablan, inventan».

Viernes, 24 de enero. Comen en casa Borges, Aíta y Ema Risso Platero. Después, Borges me referirá un antiguo proyecto de Bernárdez, de una revista con un número dedicado a Aita; «Esquina por donde nunca pasó el doctor Aita»; «si estuviera hecho de guano, ¿cuánto valdría el doctor Aita?»; «¿qué relación existe entre los habitantes de Marte y el doctor Aita?»; etcétera.

Domingo, 26 de enero. Come en casa Borges.

Miércoles, 29 de enero. Comida en El Malambo, en honor de Mastronardi, organizada por Borges. El placer de la amistad, la realidad o ilusión del afecto: Mastronardi, César Dabove, Peyrou.

Viernes, 31 de enero. Come en casa Borges.

[Febrero. Bioy Casares en Mar del Plata].

Jueves, 13 de febrero. Carta a BORGES: «Las otras tardes vi una película del Oeste, Gunfight in OK, Corral (título grandiosamente traducido como Duelo de titanes), en que las andanzas de los héroes son comentadas o referidas por una voz apagada, que canta con una guitarra. ¿No convendría plagiar el procedimiento en nuestro Martín Fierro? (Nuestro en homenaje a Valéry). Dejaríamos que los personajes hablaran en prosa, pero cuando cabalgaran de aquí para allá por el campo vacío, una voz podría canturrear el poema. Desde luego, nuestra tumba será el ineluctable mutatis mutandis de Kirk Douglas a Petrone, de Frankie Lane a Jorge Vidal (nunca Jorge Vidal; creo que nos contentamos con un hilo de voz)».

Domingo, 23 de febrero. En Buenos Aires. Por la noche, voy a buscar a Borges. Bajo del automóvil a llamarlo por teléfono, cerca de su casa, para avisarle que he llegado. La radio de otro automóvil, en la calle Maipú, da dos cifras provisorias, con cien mil votos de diferencia, en favor de Frondizi. Estoy en tercera persona, como dice BORGES: como afiebrado, aunque sin fiebre. Trato de consolarme: «Soy baqueano en derrotas, Me hallo en la derrota». Repito la frase de Hipólito Yrigoyen: «Señores, a mí siempre me va tan mal, que cuando me va bien me da miedo». (No sé si me da miedo es el final de la frase). Cuando atiende Borges le digo: «Aquí te espero. Deshecho».

Nos sentimos muy tristes. En casa, mientras orinamos, hablamos de las elecciones. BIOY: «Esto no quiero decirlo dos veces, pero el resultado[543] es una derrota intelectual para el gobierno. Ellos quedarán como personas muy nobles, pero la Revolución se va al diablo». BORGES: «No hay nada peor que el que hace el beau rôle, Para quedar bien, él deja caer a quienes lo sostienen. Es un traidor». Comenta muchas veces, risueñamente, que éste es un gran triunfo de la democracia: «¿Qué harán los gorilas? Espero que no se impresionen ellos también por el bizantinismo de que el pueblo dio su opinión». En un momento, riéndose, dice: «Frondizi está frito. Le pasó lo peor que podría pasarle: ganó. Porque ganó, van a echarlo». BIOY: «Deberíamos abrir un comité por la candidatura de Balbín. Nada está más muerto que un candidato derrotado. Pasa rápidamente de ser un protagonista a ser nadie… Deberíamos mandar tarjetas a Balbín». BORGES: «Ya pensé. Pero nunca me ha visto». BIOY: «Pero lo entenderá como un gesto de amistad. No podrá creer que uno lo hace con intención de conseguir algo».

Me cuenta que hace unos días trató de conseguir firmas para un manifiesto de escritores en favor de Balbín; las únicas que consiguió fueron las de Peyrou, Bianco, las nuestras (sin consultarnos) y la propia. Los más se excusaban arguyendo que un manifiesto de escritores no sería eficaz; lo cierto es que se obtuvo una respuesta memorable y en carácter, la de Capdevila: «Todo el mundo sabe que soy balbinista. ¿Para qué confundir a la gente con afirmaciones innecesarias?».

Lunes, 24 de febrero. Busco a Borges, que está menos desalentado que ayer. Refiere que Elsie Rivero Haedo ha invitado a sus amigos a beber una copa de champagne, «como si hubiéramos triunfado». Me parece que hay en esta actitud un valor para sobreponerse a las adversidades bastante admirable.

Viernes, 28 de febrero. Come en casa Borges. Dice que, volviendo en tren del viaje a El Retiro, inventó un nuevo episodio del Molinero, donde se habla de un fragmento que dejó el Molinero, o más bien uno de sus discípulos, o gente allegada a ellos (se ve, pues, que no habrá mucho del Molinero en el texto). Lo notable será comprobar cómo en la España del siglo XVIII se adivinaba y se condenaba al hombre de ciencia que un día, sin pensar en las consecuencias, descubriría la bomba atómica. El fragmento: «Bascas me da (o: “grima me da”) el científico soberbio que si le digo: “Las calores aprietan”, gruñe; “No sé. No he visto el termómetro (sic: termometro, no termómetro)”». Comenta BORGES: «Todo está ahí».

BORGES: «Un rasgo típico de los argentinos es el de admirar a un político porque es vivo, porque dice cosas para engañar a la gente. Están convencidos de que así engaña a los otros, no a ellos. Creen que están en el secreto de ese cuento del tío para los otros. Al admirar al político, al votarlo, demuestran que el cuento del tío estaba dirigido contra ellos y que los engañó». BIOY: «Estamos en los confines de una época feliz, casi al borde de una de calamidades. No creemos en esta última, aunque ya es casi más real que la concluida, que la efímera, que aún pisamos». BORGES: «Ayer, semidormido, miraba el bastón y el ventilador comprados después de la Revolución y me preguntaba cómo podía tener esos objetos de una época futura, ya que ahora estábamos otra vez en el peronismo, en el pasado».

[Sábado 1.º de marzo al domingo 6 de abril. Bioy Casares en Mar del Plata].

Lunes 24 de marzo. En Mar del Plata. Leo un poema de Robert Frost, «The Death of the Híred Man». Una noche, en Buenos Aires, hablamos de Frost; creo que Borges elogió este poema, que me parece mejor que otros.

Domingo, 30 de marzo. En Mar del Plata. Borges publicó en La Nación un espléndido poema, «Límites». Lo llamo, para felicitarlo. BORGES: «Aprovecho la ceguera para versificar por las calles. Empecé haciendo sonetos. Después comprendí que me ocupaba ante todo de la armazón del soneto y no del tema. Me pareció mejor escribir poemas en cuartetos, que pueden detenerse cuando uno quiere. Hay suficiente rigor y más comodidad… Ahora escribo uno sobre Gracián»[544].

BIOY: «Unas señoras se preguntan si no es el deber de ellas no cerrar la puerta a la hija de Frondizi». BORGES: «¿Por qué particularmente a la hija de Frondizi? Son frondizistas de la tercera hora, como dice Tía Vicenta».

Lunes, 31 de marzo. En Mar del Plata. Borges aborrece los valses. «La música más estúpida —declara—. Los peores son los vieneses».

Lunes, 7 de abril. Come en casa Borges. Cuenta: «Los otros días fuimos con Madre a visitar a una de sus amigas. Continuamente nos hablaba de la avaricia, que es un defecto horrible, etcétera. ¿Será para despistar? ¿Será por algo freudiano? Mientras denunciaba todo eso, uno estaba nadando en la avaricia; aunque tal vez no pueda decirse nadando: apenas mojándose los pies».

Martes, 8 de abril. Llamo a Borges. Hablo con la madre; de mal talante, me dice: «Era tan tarde, vos nunca llamas tan tarde, que se fueron con Emita». En casa, el mal talante ésta a cargo de SILVINA: «Borges es un maleducado: ni quiso hablar conmigo por teléfono. Cuando pensó que vos no ibas a estar, no quiso saber nada de venir». ¿Por qué comer con Silvina, absorta en Marta, y con mi padre, va a ser para Borges un programa tentador?

Miércoles, 9 de abril. Hablo con Borges. Me cuenta: «El rey David llamó a un joyero y le pidió que le hiciera un anillo, un anillo que le recordara, en los momentos de júbilo, que no debía ensoberbecerse, y, en los momentos de tristeza, que no debía abatirse. “¿Cómo lo haré?”, preguntó el hombre. “Tú lo sabrás —contestó el rey—. Para eso eres artífice,” El joyero salió a la calle. Un joven le preguntó: “Anciano, ¿qué te atormenta?”. El joyero contestó: “El rey me ha encargado un anillo” y explicó todo. “Eso es fácil —declaró el joven—. Fabrica un anillo de oro, con la inscripción: Ésta también pasará Así lo hizo el joyero y llevó el anillo al rey, quien le preguntó: “¿Cómo se te ha ocurrido esto?”. “No se me ha ocurrido a mí, sino a un joven, que era así y así”, contestó el joyero. “Ah —exclamó el rey—, ese joven es mi hijo Salomón.” Es una historia perfecta, limada hasta la perfección por los años. “Qué bien que el joven no fuera un ángel, como uno temía, sino Salomón”».

Viernes, 11 de abril. Comen en casa Borges y Pepe Fernández,

Sábado, 12 de abril. Sobre Victoria, como traductora, me dice BORGES: «Cree que lo importante es trasladar palabra por palabra el original. No ha descubierto que el lector quiere recibir alguna emoción, que al lector no le importa el original, porque no lo conoce… Por fai traduce regordete, En inglés es un monosílabo, se nota menos».

Cuenta que un señor Marcelino, en una conferencia, hablaba de culturología. BORGES: «A culturolografía no llegó. También declaró que “el hombre (o Fulano) está inmerso en la cultura”. Qué animal».

BIOY: «Según Peyrou, el hijo de Gollán le aseguró que el Rosario es una ciudad muy materialista; que nadie la quiere; que la gente que nació allá, si viene a Buenos Aires, la olvida; Estanislao Zeballos nunca miró al Norte… Parece que nadie lee en el Rosario: La Prensa vende mil quinientos ejemplares y tuvo que suspender el reparto a domicilio, porque con mil quinientos ejemplares a distribuir salía caro. El diario que más se vende es La Capital, con cincuenta mil ejemplares. Cincuenta mil para medio millón de habitantes: no es nada. Los diarios de la tarde tiran cinco mil ejemplares. Gollán fundó un Club del Libro. De los libros de más éxito se vendían, en el Rosario, siete ejemplares: para los siete socios del Club del Libro». BORGES: «El Rosario es tan tosco, que parece increíble que sobre un hombre que camina por sus calles una enredadera refleje una sombra complicada».

Está escribiendo, con Alicia Jurado, un libro sobre el budismo: «Alicia desconfía de todo lo que es maravilloso o, simplemente, extraño».

Domingo, 1.º de abril. Come en casa Borges.

Domingo, 20 de abril. BORGES: «Que el Grillo della Paolera pasara un mes trabajando, en Mar del Plata, con Victoria, fue un golpe para Wally. Estuvo a punto de largar el llanto, la misma Esther Zemborain oyó la noticia con reprimida impaciencia». BIOY: «Viven en un mundo de competencias». BORGES: «Sí, en un permanente certamen. Además, como les han dicho que el que no adelanta retrocede… Wally me dijo, en tono de queja, que muchachos que han sido sus discípulos de arte escénico ahora trabajan en teatros de Buenos Aires, de Córdoba, de todo el país. La vida es dura».

Lunes, 21 de abril. Come en casa Borges. Dice que Grillo della Paolera hizo en Mendoza un comentario que puede costarle el puesto: observó que allí no hay compadres. Parece que fue una gaffe imperdonable.

Martes, 22 de abril. Come en casa Borges. Afirma que Mastronardi es muy recto en política. También dice que a David Viñas lo llaman Viñas de ira[545], por las trompadas que pega.

Refiere que, en un artículo sobre la novela argentina, Verbitsky, aunque menos crítico de El sueño de los héroes que en otras ocasiones, aconseja no considerarla novela realista. BORGES: «Vos no creiste que lo fuera». Agrega: «A mí, los otros días, me dijo que releyó tu novela y que ahora ve que tiene muchas escenas muy lindas y que se le fue la mano en sus primeros ataques. Lo que no le gusta es el tono de sorna. Es claro, no se puede hablar de malevos sin estar arrodillado».

Miércoles, 23 de abril. Come en casa Borges. BIOY: «He oído estos versos, que quizá constituyan una curiosidad métrica, ya que no corresponden a ninguna forma clásica, pero funcionan:

A mí el corazón no me engaña:

a Perón no lo saca ni el Hombre Montaña»,

BORGES: «Jaimes Freyre le dijo a Lugones que podía combinarse cualquier verso impar con otro impar, cualquier par con otro par». Leemos poemas de Jaimes Freyre.

BIOY: «Con mucho esfuerzo puedo escribir algo que no esté mal, pero si escribo rápidamente fracaso. Cuando desearía estar obligado a inventar y escribir un cuento por semana, realmente lo que deseo es ser otro hombre, un escritor capaz de trabajar así». BORGES: «Hay escritores excelentes que sólo con mucho trabajo son excelentes. Moore, con gran esfuerzo, escribió páginas muy lindas; espontáneamente era un tonto».

Buscamos en vano al príncipe Adolphus, citado por Gibbon en su Autobiografía. Gibbon dice que ignora en qué libro leyó, en su juventud, la frase: «El momento fatal en que, al cabo de meses o de siglos, el tiempo alcanzó al príncipe Adolphus, en cuya persecución gastó tantos pares de alas». Consultamos el Bompiani, el Espasa, el Oxford Companion to English Literature[546] tampoco lo encuentro en el índice de la edición de Bury[547].

BORGES: «La característica principal de Arnold es el discernimiento». Le digo que Stevenson comentó, al saber de la muerte de Arnold: «Poor Arnold. He’s gone to Heaven, no doubt, but he won’t like God [Pobre Arnold. Ha ido al cielo, sin duda, pero Dios no va a gustarle]». Lo celebra. BORGES: «Arnold era muy faslidious». BIOY: «Entonces tenía razón Stevenson; no le gustaría Dios, que, obligado al trato con tanta gente, debe de ser un poco vulgar». BORGES: «Qué imbécil Goethe. Se ríe de un pesimista tan extremo, que dijo: “Al mismo Dios encuentro imperfecciones”. ¿Qué hay de extraño en eso? Dios es el universo: si en el universo hallamos imperfecciones, las hallamos en Dios. Goethe ha de haber oído eso cuando era chico; cuando era chico le habrá hecho gracia; después lo habrá repetido, y le habrá divertido la idea porque le divirtió antes, pero sin reflexionar sobre ello: era algo gracioso, aceptado… A juzgar por las conversaciones con Eckermann, a Goethe no se le ocurría nada. Qué bien que a los actores enseñados por el gran Goethe nadie los quisiera. La gente es sonsa, pero no tanto: no querían actores que hablaran mirando al público, sin mirarse entre ellos».

Me cuenta que la embajada de Israel lo invitó a una recepción en el Teatro Colón: «Vi que era con frac y no fui. Qué raro si hubiera alquilado un frac y al llegar al Colón descubriera que el embajador era el que me había alquilado el frac. Qué raro si toda la fiesta se hubiera organizado para alquilar muchos fracs. [Mauricio] Müller no entiende estos chistes contra los judíos; se queda muy triste, como si dijera: “Ay, aquí también me persiguen”. Yo siempre pienso que tendrían que hacerle gracia».

Dice que Amorim inventó lo de las quitanderas[548] —suerte de putas— y que ahora inventó unos pueblos del Uruguay muy miserables, a los que invaden las ratas. BORGES: «No sé qué profesor francés habló de las quitanderas como de algo real y Amorim se enojó. Le expliqué que no debía enojarse, que estaba modificando la realidad».

BIOY: «El lunes tuve que ver Alfonsina, uno de los films que participan en el concurso del Instituto de Cinematografía. Es una biografía novelada de Alfonsina Storni, en la que figuran José Ingenieros, Enrique Méndez Calzada, Margaritín Abella Capole, Horario Quiroga… No creo que el diálogo de esas personas fuera brillante, pero tampoco tan tonto, ni que las voces fueran tan toscas. De esa dicción no podían salir sino sandeces». BORGES: «Cuando conoció al doctor Dobranich, Margaritín le dijo: “Me llamo Margaritín, tin, fin”. ¡Qué boba y qué vanidosa!».

Con Ofelia Dobranich tuvo este diálogo: BORGES: «Parece que hubo un enlace entre el frondizismo y Perón. Qué vergüenza». Ofelia Dobranich: «No, no es una vergüenza. La política consiste en combinaciones…». BORGES: «Es claro, la ética no existe». Comenta, después, conmigo: «Hay que respetar las ideas políticas de cada uno. Hay que respetar las ideas de los caníbales».

BORGES: «Silvio Frondizi, trotskista, escribió en El Mundo un artículo en que vaticina que el gobierno de su hermano será peor que el de Perón. Aunque esto no sea cierto, me parece un argumento contra Frondizi. ¡Qué familia!».

Jueves, 24 de abril. Llamo a Borges, que comió en casa de Dabove. BORGES: «Es una de esas casas en que si abrís un cajón sabes que va a estar vacío. Hay pocas cosas, y a cada una se le atribuye un valor especial. Te muestran algo y te dicen que alguien lo trajo hace nueve años, no, once, desde un lugar muy cercano. La casa está en Morón y trajeron eso de Haedo[549]». Observa que citando César Dabove come hace ruidos como de rechinamiento, de escapes de vapor, de frituras: «Si tiene discípulos, el rumor de esos ruidos será, del lado de Morón, tan importante como una puesta de sol».

Habla del grupo Pro-Arte de Pipina Diehl: «El grupo está dominado por los de Achalay. Estos de Achalay son personas de edad que bailan con pañuelos. El jefe de todos ellos es un tal Rocca, que debe de ser napolitano. Yo no sé por qué no cantan O solé mío. Aunque lo cantarán, porque son versátiles: en un momento se muestran fuertemente jujeños y un instante después son correntinos, con un chamante. Rocca leyó unos versos que él se atrevió a escribir en los años tristes de la patria. Bueno, oyéndolos uno se da cuenta de que no corrió ningún peligro. Se queja de que ya no quedan gauchos: “¿Dónde hay un palenque?”. Yo no sé cómo no pensó que ahora debería mostrar que entonces fue más valiente. Habló también de una pieza de Hugo del Carril, sobre el Novecientos[550]. Esa pieza lo entristeció, aunque respeta mucho como actor a Hugo del Carril. Imagínate que hacia el final de la pieza matan al héroe a traición. “Qué pensarán en el extranjero, si ven eso”. Vieron once años de Perón, que fueron peores. Rocca visitó a Hugo del Carril y le explicó cómo era todo en el Novecientos: en lo de Hansen, por ejemplo, todas las noches mataban a alguien, pero nunca a traición. Qué raro que de ese hecho tan habitual no quedaran recuerdos precisos, ni nombres, ni nada. Si Rocca hubiera visto matar a alguien en lo de Hansen contaría cómo fue el episodio y cómo se llamaban los protagonistas».

Domingo, 27 de abril. Come en casa Borges. Dice: «Siempre hay un alivio en librarse de alguien. Es salir del sueño, volver a la normalidad, encontrarse a sí mismo». BIOY: «Por eso no están mal los versos del tango Victoria:

volver a ver los amigos

vivir con mama otra vez.

Cada vez que yo pido mentalmente algo con relación a una mujer, pido librarme de ella». BORGES:«¿Cómo es el verso de Donne?»

Love me, but bind me not, and let me go[551].

Love me, but bind me not, and let me go[551].

Gide lo traduce:

L´important c’est que j’échappe,

fût-ce nu, d’entre tes mains[552].

Está mal, porque la imagen del hombre desnudo tapa la idea. Además, Donne es fuerte, ordena; en cambio Gide…». BIOY: «Gide exclama: Quién pudiera escapar…». BORGES: «Es visual, pintoresca». BIOY: «Pero ridícula: un agregado que no mejora el original».

Comentamos que un rasgo típicamente masculino es el de querer irse, y uno femenino es el de retener. BIOY: «Habitualmente es la mujer la que trata de retener al hombre: por eso es falsa la idea de los tangos, del hombre abandonado». BORGES: «Y sí eso es cierto para cualquier ambiente, imagínate cómo será en el de los tangos. Para los compadres, la mujer casi no contará como persona. Sir Mandeville refiere que las mujeres casadas en China llevaban tatuado en la frente un pie, para indicar que estaban sujetas a un hombre»[553].

Recuerda que sir Mandeville describe un agitado mar de arena, donde nadan peces sabrosísimos y al que desembocan ríos, de piedras preciosas, que bajan del paraíso: «¿Te imaginas, qué invención complicada, con sólidos y con líquidos? ¿Cómo se disolvían las piedras preciosas en el mar de arena? Hacia el final del libro Mandeville se ríe de sus propias invenciones. Dice que en tal país hay menos grifos que en otros y que en tal otro hay árboles con frutos en cuyo interior hay corderos esquilados, pero que esto no debe maravillar a nadie, ya que en Inglaterra hay árboles con frutos en cuyo inferior hay pájaros[554]».

BORGES: «Luis Emilio Soto había dicho a Macedonio Fernández que quería ser crítico. Tal vez porque todos aspiraban a más, a poetas o a cuentistas, la declaración de Soto impresionó a Macedonio, que repetía: “Tiene espíritu crítico, che”. Otra vez, en lo de los Dabove, señalando al perro que estaba debajo de la mesa, Macedonio observó: “Qué inteligente es este perro. No confunde mi mano con un pedazo de carne. Es un fuerte intelectual, che”».

Hablamos del uso de che. BORGES: «Una palabra intraducible que sirve para ganar tiempo, para procesos mentales lentos». BIOY: «¿Cómo la traducirías?». BORGES: «Como oiga, como amigo». BIOY: «Sospecho que la mejor traducción sería Oh tú». BORGES: «El estilo quedaría demasiado enfático». BIOY: «Los extranjeros no aprenden a usar el che». BORGES: «¿Cómo dicen? Dame una che bombilla». BIOY: «No. Creen que se puede decir el che Borges, el che Adolfo. Si tu traducción de amigo fuera correcta, tendrían razón. Los mexicanos dicen destaca, sin reflexivo: “Entre los cuentistas checos, Kafka destaca como el más avisado”». BORGES: «Yo creía que eso era madrileño». BIOY: «En cambio, vuelven reflexivo regresar. Yo me regreso». BORGES: «Suprimiendo los reflexivos podrían lograrse buenos efectos de tosquedad».

BORGES: «Qué curioso el destino de Gómez de la Serna: nadie se acuerda de él —hasta Guillermo tiene más realidad que él— y, sin embargo, es de los escritores españoles contemporáneos que han dejado mejores páginas. Sí hubiera escrito poco, todo el tiempo recordaríamos el prólogo a Silverio Lanza…». BIOY: «Otra curiosa fama es la de Gide; muchas veces es frívolo, generalmente es mal traductor, y sin embargo nada de esto desluce su fama». BORGES: «Es cierto. Tuvo tanta suerte o fue tan hábil que hasta la pederastía le sirvió para obtener un efecto patético». Habla del horrible ambiente de Gómez de la Serna: los Girondo, los Rojas Paz.

Dice que ni poniendo un libro en sus manos pudo descubrir si Pedro Henríquez Ureña sabía o no alemán: «Hojeó la traducción al alemán de Richard Wilhelm, del Tao Te King. “Mucho hegelianismo”, observó por todo comentario. No creas que se sintió incómodo. Pero sospecho que no sabía. No me atreví a preguntarle. No era un impostor: era un profesor, no podía exponerse a que le sorprendieran una ignorancia». La misma situación, según Bianco, ocurrió con Baeza (que sabía francés, inglés y un poco de italiano) y el idioma ruso. Finalmente, para acorralarlo, le ponen un mucamo ruso; Baeza interroga al mucamo. BORGES: «Reyes dice que no sabe griego y que no lo cree indispensable para traducir a Homero». BIOY: «¿Te acordás, el día que Müller razonó inversamente y concluyó que, porque tantas personas habían traducido a Homero, sólo podía intentar una nueva traducción un gran helenista? Sin embargo, un helenista no puede hacer mucho más que otros: al fin y al cabo dependen de los mismos textos. Las muchas traducciones (y la suficiente cultura para tener buen criterio) permiten quizá prescindir de los originales». BORGES: «Ese día, Müller estaba particularmente dense, obnubilado».

Norah dijo que para juzgar los cuadros las personas pasan por tres periodos: 1.º) En que sólo se admite un cuadro que tenga rojo. 2.º) En que sólo se admite un cuadro que no tenga rojo, 3.º) En que se admite un cuadro, aunque tenga rojo, Borges opina que esto es verdad para toda la crítica.

BORGES: «¿Qué pensás del jueves?». BIOY: «¿Del jueves? ¿Qué pasa el jueves?». BORGES: «¿Cómo? La transmisión del mando». BIOY: «Me parece tan horrible, que trato de no pensar en eso. Parece increíble que se acabó la Revolución». BORGES: «Así es».

Lunes, 28 de abril. Come en casa Borges. Conversamos tristemente del negro porvenir, léase Frondizi,

Jueves, 1.º de mayo. Hablo con Borges, Dice que la gente le echa en cara no incluir en las obras completas todo lo que publicó; «Hay cosas que están tan mal que no pueden corregirse; por ejemplo, lo escrito cuando tenía la superstición del nacionalismo literario. Además, corregir es inútil. Cuando la gente conoce un texto, no admite correcciones ulteriores. Le parece que el primero es la verdad». Dándole la razón, cito las reediciones norteamericanas de novelas y cuentos de Henry James: en todas prefieren el texto de la primera edición al de las obras completas, corregido por el propio James. BORGES: «Incluyendo unas obras y desechando otras, por lo menos dejó un canon».

BORGES: «Cuando me visitan escritores jóvenes, yo les digo que no se apuren a publicar. Se salvarán así de obras que después los avergonzarán». BIOY: «Sin embargo, hay algo bueno en publicar. Se pierde la vanidad. No se da tanta importancia a lo que uno escribe, ni a lo que escriben sobre uno. Nada más horrible que esos escritores que no publican nada, porque temen ser indignos de lo que se espera de ellos. Mastronardi constituye el ejemplo extremo; por motivos especiales, en él esta situación —vista de afuera— no es horrible, es “pintoresca”. BORGES: “No” hay que pretender la perfección en todos los párrafos, en todas las frases. El estilo no sale natural. No corre aire. Se escriben así libros muy vanidosos». BIOY: «Hay que resignarse a que unos libros salgan mejor que otros. Unos resultan billetes premiados, otros no, como dijo Stendhal. No entiendo por esto el éxito que el libro alcance con el público, sino como obra». BORGES: «Chesterton decía que una virtud de Shakespeare era poder escribir páginas de rubbish cuando quería escribir rubbuh». BIOY: «Está bien. Pero la verdad es que uno no puede ni debe escribir nunca peor de lo que puede». BORGES: «Sobre los escritores que aseguran que han escrito un artículo así nomás, porque estaba destinado a tal revista, Bernárdez me dijo: “Yo no sé cómo serán otros, pero yo voluntariamente no puedo escribir más menos bien; yo no me dirijo tanto”».

Comenta la frase del Grillo della Paolera, que dijo: «¿Gobierno de técnicos? ¿Qué son los técnicos? Personas que leen más revistas que los demás». BORGES: «Es claro. Los técnicos no existen. Como no existen esos políticos de que habla Shaw, que si los despiertan para anunciarles que el enemigo está invadiendo el país, responden: “Noveno cajón a la derecha”, se dan vuelta y siguen durmiendo».

Recuerda que, cuando Perón cambió la Constitución, la gente cometía el sofisma de la Constitución y de la carreta, que consistía en preguntar: «¿Cómo? ¿Usted es partidario de la Constitución de 1853? ¿Usted es partidario de viajar, en 1949, en carreta?». BORGES: «La legitimidad de asimilar una Constitución a una carreta no se discute».

BORGES: «Schiaffino, a los que decían anejo, les preguntaba por qué no decían por nexo, nejo, y por conexo, conejo».

Martes, 6 de mayo. Con Silvina y Borges caminamos por plaza Francia, hablando de Ginebra. BORGES: «¿Cómo van a comparar Ginebra con las ciudades argentinas? No hay ciudades argentinas: hay Buenos Aires y pedazos de barrio tirados en medio del campo. ¿Dónde están las librerías, en las ciudades del interior? Mendoza no está mal, porque allí trabajan dos muchachos de Adrogué, el Grillo [della Paolera] y Tocles».

Miércoles, 7 de mayo. Busco en el Journal de Gide la traducción del verso de Donne, traducción que Borges ha juzgado mala. Descubro[555] que el verso de Donne no es como lo dijo BORGES:

Love me, but bind me not, and let me go

Love me, but bind me not, and let me go

sino

Rob me, but bind me not, and let me go[556].

Rob me, but bind me not, and let me go[556].

BIOY: «La traducción es mala, pero el verso original, comparado con el que habías imaginado, es indigno de una buena traducción. El ritmo no está mal, pero la idea es pobre». BORGES: «Bueno, pero todo es más lógico. Desde luego, la poesía no tiene por qué ser demasiado lógica; lo importante es que los versos agarren al lector y lo transporten… No dejan de tener razón los que señalan errores de lógica; porque si se advierten, los versos no serían muy vigorosos…».

BIOY: «Encontré a Peyrou animado, como si la adversidad que volvemos a vivir fuera para él más favorable que la dicha». BORGES: «Es claro. La desdicha es algo real, contra lo que puede uno luchar. La dicha, en cambio, es precaria, imperceptible después de un tiempo, alarmante, porque no anuncia nada bueno».

BORGES: «Frondizi está en la Casa Rosada. ¿Qué se podía esperar con Aramburu y con Rojas, perfectos caballeros, en el poder? Me pregunto si Frondizi habrá descubierto que él no sirve para político y si se habrá vendido a Perón». BIOY: «No creo en esa hipótesis; me parece más probable que busque, por afinidad, a los peronistas, con la esperanza de conquistarlos. Por cierto, este camino lo lleva directamente al momento en que Perón lo sacará a puntapiés». BORGES: «Qué raro si se cumple la profecía, sí vuelve Perón, si corren ríos de sangre, si Perón muere en la horca».

Tratamos de enumerar los antifrondizistas de hoy; nosotros, los Borges, Hilda Golella, Peyrou, Lisi Justo, Pepe Bianco, Alicia Jurado, Olejaveska. De todos no estoy seguro. BORGES: «Hélas, Frías y Rinaldini son de los nuestros. Gancedo ya se habrá dado vuelta».

Me pregunta si creo que ya debe renunciar a la Biblioteca. BIOY: «No, aunque ahora no tendrías que renunciar hostilmente (es probable que mañana sí) y eso te convendría para retomar la cátedra en la Facultad, que te divierte». Adivino lo que piensa y agrego: «Además, si renuncias sin motivo, perdés todo el placer de la renuncia». Desde luego, a Borges le gusta pelear.

Me cuenta que en la Facultad dio, a sus alumnos, un ejemplo de un verso que había ganado con el tiempo. Se habla del libre albedrío, y Chaucer dice:

hold the highway, and let thy ghost thee lead[557].

hold the highway, and let thy ghost thee lead[557].

Borges asegura que los muchachos lo escuchaban perplejos, preguntándose si algo de lo que oían serviría para los exámenes, incapaces de cope con la explicación. Sobre las muchachas de la Facultad: «Parecen mezquinas, raquíticas, brutas y muy sucias».

Me habla de la elección de presidente en la Academia Argentina de Letras: «Capdevila, por cobardía, no quiere aceptar la presidencia. Invoca su notorio carácter de radical del Pueblo. Sin embargo, el mes pasado, antes de las elecciones, negó su firma a un manifiesto en favor de Balbín[558]. Cree que ignoramos su defección y, para retirarse ahora, invoca sus hazañas de entonces. No sabemos en qué barricadas ha muerto. El pobre no ignora que como es un caballero tendrá que defender la buena causa y teme lo que eso pueda depararle. Es mi candidato. Banchs dijo: “Todos los candidatos que se mencionaron me parecen bien, salvo Enrique Banchs, porque me consta que éste ocasionalmente no piensa en la Academia con el respeto que se merece”. Qué vanidad insoportable. Yo cometí una gaffe. Alguien sostuvo que había que elegir a un creador —poeta o novelista—. José León Pagano protestó porque siempre que se hablaba de creadores, se olvidaba a los dramaturgos. Dije; “Bueno, pero aquí no hay dramaturgos”. Por lo bajo me susurraron: “Pagano es dramaturgo”. Martínez Zuviría, naturalmente, propuso como presidente a Alfonso. El mismo Alfonso reconoció que no tenía obra… Es autor de dos monografías, una sobre si santafécino debe escribirse con c o con s[559] y otra sobre cómo debemos escribir chauffeur». BIOY: «¿Hay posibilidades de que te elijan?». BORGES: «No. Soy un recién llegado. Me ven como alguien de afuera. No siento ninguna simpatía por esa gente. Si fuera presidente, concluiría con la dependencia respecto de la Academia Española. Es absurdo que esta academia sea subalterna de la otra. Si reconocen la superioridad de la Academia Española, ¿por qué no disuelven la argentina? Si la separáramos podríamos hacer una obra útil: un buen diccionario; no de argentinismos ni de lunfardo, ni de regionalismos, sino del español vigente entre la gente culta y de las palabras que figuran en la literatura, como contramilla[560]».

Viernes, 9 de mayo. La gente, que la semana pasada era unánimemente optimista, se pregunta cuántos meses durará Frondizi. BORGES: «Se habla de reencuentro de los argentinos, de paz. ¿Qué quieren los peronistas? Pasar a todo el mundo a cuchillo. Se dice: “¿Por qué no permitir manifestaciones de peronistas?”. No son manifestaciones: son barras de forajidos que asolan la ciudad. No tratan de entusiasmar, no buscan la adhesión de nadie; insultan y atacan. Aunque fuera muy duro y muy injusto con nosotros, tal vez lo que pudo hacer Frondizi —y lo que podría ser al fin y al cabo la única solución para la República— es pedir un sacrificio a unos y a otros, pedir a los revolucionarios y a los peronistas que olviden». BIOY: «Por afinidad espiritual se acerca a los peronistas. Cree que si les abre los brazos le permitirán hacer un gobierno democrático (semiperonista, desde luego); llegará a creer que en las próximas elecciones, su candidato ganará a Perón. Las peronistas no se prestarán así nomás a ese juego. Los peronistas quieren a Perón, Como Perón tiene más fuerza, cuando pueda lo sacará a Frondizi a puntapiés. Comparable a una coronación fue la ceremonia en que Frondizi asumió la presidencia. Fue aquello una apoteosis, en que se vió al que se iba y al ausente, a Aramburu y a Perón; no a Frondizi».

Sábado, 10 de mayo. Llamo a Borges y voy a su casa a las nueve menos veinte de la noche. Hablo, con él y con su madre, de política. Les digo que el chiste «Para un frondizista no hay nada mejor que otro peronista[561]» no es de Rest, sino de Pepe Arias.

Les refiero el cuento de Dorrego[562]; Borges lo celebra. Cree que, sin nombrar a Borrego, debo pensar en Borrego; que no debe haber discrepancias, de época ni de nada; no hablar del general, sino del coronel.

Anoche, con Miguel, estuvieron leyendo El sueño de los héroes. LA MADRE: «Desde el escritorio los oía reír». BORGES: «Primero, choice bits; después, de corrido. Qué bien que Valerga compre a Gauna sometiéndolo a una tarea aburrida, a ver fotografías. “Repáselas con calma”, le dice».

BORGES: «En Chaucer hay un cuento inconcluso de alguien que entra montado en un caballo de bronce en la sala donde el rey celebra una fiesta[563]. Al rey le regala ese caballo —Chaucer lo elogia diciendo que era a very horsely horse[564]; lo que está bien, tratándose de un animal de bronce— que vuela por los aires y puede llevarlo, en el término de un día natural (entonces no se concebía nada más rápido) a cualquier punto; a la hija del rey le regala un anillo que permite entender el lenguaje de los pájaros y un espejo en que se ve el porvenir; al hijo, una espada que infiere heridas que sólo se cierran cuando su hoja se aplica a ellas… Según Chaucer, el caballo de Troya debió de ser una visión mágica, no ese ridículo caballo de madera lleno de soldados. Chaucer era una persona incrédula, que creía en la magia. La visión mágica de un simple caballo, que penetra en la ciudad y luego es el ejército griego, tal vez sea increíble pero no es tontamente increíble, como la máquina que describe la Ilíada».

Dice que estos regalos son mejores que los de un cuento de Las mil y una noches[565] un caballo de ébano y marfil, que vuela; una trompeta que suena cuando entran en la ciudad enemigos, y un pavo real de bronce que grita y abre las alas a cada hora («Este pavo real hoy se llama reloj; entonces era más extraordinario que ahora»). Cuando el rey monta el caballo, éste echa a volar y el rey no sabe cómo manejarlo, porque no dio tiempo para que le explícaran.

Hablamos de autómatas: de la paloma o mosca que fabricó Regiomontano[566], de la poco brillante cabeza de bronce que hay en el Quijote[567] y de Talos, un gigantesco autómata que circulaba por Creta, para impedir la entrada en la isla (y que cíclicamente encontramos en nuestras lecturas, con facilidad perdemos y con trabajo volvemos a encontrar; en vano lo buscamos hoy en el Clasical Dictionary de Lemprière: por fin apareció en el Oxford classical Dictionary). BORGES: «Los autores antiguos parecían no distinguir bien entre un hombre o animal, creado por artes especiales, como el golem, y los autómatas mecánicos. Se dice que Alberto Magno fabricó un autómata[568] que no sólo hablaba, sino charlaba incansablemente, hasta el punto que una vez exasperó tanto con su cháchara insustancial a Santo Tomás (discípulo de Alberto), que el santo lo destrozó a golpes. Santo Tomás estaba abstraído en problemas de la Trinidad, y el autómata lo importunaba con su cháchara».

Me dice que en la Academia Argentina de Letras nadie nombra a personas como Oyuela o Ricardo Rojas sin un breve exordio encomiástico: «Como no son tan sonsos, cuando llegan a la vereda ya los despreciarán». Agrega: «Se conocen desde hace veinte o treinta años y todos se tratan de señor académico. Es como si vos y yo empezáramos a tratarnos así. Ha de ser la mesa esa que los impresiona, porque público no hay… El único que comprende las ridiculeces, y hace chistes por lo bajo, porque no es sonso, es Capdevila; pero está todo el tiempo aterrado. Banchs también es socarrón».

Borges: «Banchs me engañó con los sonetos. Fuera de los sonetos (donde tiene dignidad latina), es un individuo mezquino y tortuoso, con malas inclinaciones». BIOY: «Su dignidad se inventó en Italia, hace unos siglos. Los sonetos son como las capas de los jueces, de que habla Swift[569]».

Martes, 13 de mayo, A la noche llama Borges. Estuvo con su sobrino Miguel en casa de Carlos Vega: «Toca admirablemente las milongas. Oímos Pejerrey con papas. Había un señor, obeso, casi negro y muy decente, que me dijo: “Yo nazi y me crié, zeñor Botgez, en el barrio del cuchillo”. Qué bien que fuera ceceoso. Era del barrio de la Tierra del Fuego. Vega me dijo: “Tuve que afiliarme al partido peronista. Fui considerado un peronista libio”. Me mostró unos libros en latín y me aseguró que tuvo que estudiarlos todos, para conocer la música de la Edad Media. Me pareció cruel pedirle que declinara Ínsula. He would decline o, como diría Gibbon, he would decline and fall Me habló muy favorablemente de vos, sobre todo de La invención de Morel Cuando tocaba música estaba muy simpático; cuando se daba importancia hablando de cómo lo consideraban en Europa, menos. ¿Querés creer que tiene en marcos y detrás de vidrios las tapas, recortadas, de sus libros? Yo imaginé que sólo [Ricardo] Rojas se hubiera atrevido a eso… ¿Te das cuenta? Sus propios libros».

De la comida de la víspera con Peyrou, Fernández Latour y César Dabove, cuenta: «Dabove tiene dos obsesiones: los alimentos y la economía. Nos habló de unos huevos de Pascua, de chocolate y rellenos de bombones, muy grandes, que Madre le describió hace un tiempo. El trata de imaginarlos y piensa mucho en ellos; se pregunta cuánto costarían cuando Madre los vio y a cuánto habrán aumentado ahora. Cuando le preguntamos por el libro de Santiago[570], dijo que él lo quiere tanto, etcétera; pero yo creo que nunca va a publicar su libro, para no gastar. Recorre las imprentas más minúsculas: todas le presentan presupuestos excesivos. Cuando uno le hace notar que a medida que pase el tiempo los presupuestos aumentarán y que lo mejor es decidirse cuanto antes por una buena imprenta, él mira hacia arriba y se va. Se ausenta. No dice nada. Oribe hacía esto: pero Oribe es más grande; parece más fácil que se pierda en él mismo. Pero Dabove también se va. No dice nada, porque sabe que cualquier cosa que diga puede ser peligrosa. También habló de esos bombones que venden en la calle Maipú; yo creo que son un recurso para no pedir postre, cuando se invita a comer a una dama; se le tapa la boca con bombones. Yo le dije que el restaurant del Retiro[571] era bueno y económico. Cuando dije económico se interesó; entonces le mentí que era más económico que el restaurant de La Prensa. “Podríamos reunirnos allí la próxima vez”, dijo gravemente. Piensa todo el tiempo en la comida, pero come disparatadamente. Después del postre pregunta si no lo acompañaríamos en una sopa o tres huevos fritos. Llama al mozo y le pregunta si puede pedir algo. “Lo que quiera —dice el mozo—. Para un amigo del doctor Peyrou hago cualquier cosa”. “Entonces —contesta Dabove— prepárenme una torta de manzanas, con…”. ¿Te das cuenta? Eso es un restaurant donde uno solo puede pedir las tres o cuatro cosas que hay en el menú. Otras veces pregunta qué tal está tal cosa o tal otra. El mozo, que siempre anda apurado, le dice que “está especial”; probablemente no sabe cómo está, ni le importa y si dijera que no está buena, quizá perdería el puesto. Tampoco entiendo por qué da tanta importancia a cualquier placer. Cuando yo tenía úlceras, él me decía de comer de todo: “¿Al fin y al cabo qué te puede pasar? ¿Que tengas dolores?”. ¿Te das cuenta? Es un médico el que me decía eso. Le parecía bien que por un placer de unos minutos —¿qué es un placer? Un cosquilleo, algo de cuya realidad uno no está muy cierto— me asegurara una noche pésima, con dolores de úlcera. Qué raro que uno se deje dominar por la gula. Después de todo, ¿qué placer se siente? Un cosquilleo nada más. Lo raro es que haya que tragar».

Sobre Peyrou dice: «Está buscando entusiasmos, pero no encuentra… Habla de los cuentos de Melville Post, “que son formidables”. Qué van a ser formidables. Peyrou cree que a veces un comienzo “demasiado genial” es inconveniente. Por ejemplo, una bala, disparada en la batalla de Waterloo, mata a Fulano de Tal en 1924. (Parodiando). Es genial. Pero después viene la explicación, que no está a la altura: la bala está incrustada en un árbol; cuando alguien, en 1924, derriba el árbol, golpea contra la bala, la hace estallar y mata a su víctima[572]». Borges resume: «La solución es una miseria y el planteo no es extraordinario; pero sí debe existir ese cuento —lo que no está probado— hay que guardar el planteo, que es lo mejor que tiene».

Habla de Werner Bock: «Figura, poco antes de los etcétera, en las enumeraciones de poetas de las Historias de la literatura alemana; pero ahora me aseguró que va a publicarse una que desalojará, porque es mucho más seria, a todas las anteriores, y que ahí le consagran dieciséis líneas y que en el índice él figura tres veces. “Es verdad —reconoció— que a mi querido amigo Fulano de Tal le dedican veintiséis” las había contado. Qué idiota… Parece mal que sepa todas estas precisiones; que las sepa antes de la publicación; que las mencione, antes o después de la publicación. Qué miseria. Sin embargo, es muy astuto. Se especializa en aniversarios: aparece en La Nación con un artículo para el cincuentenario de tal muerte, el centenario de tal nacimiento. No se lo rechazan». Agrega que no va más a comer a la casa de Werner Boek por la comida atroz que le dan: «Carne cruda, puré tibio, todo tibio, ¥ eso mientras te dicen que la tradición de comer bien se ha perdido; que esa comida la ha preparado la misma señora Bock; que corresponde al estilo regional de Bavaria o de no sé dónde. Miran muy atentamente el plato, para ver si uno come».

Viernes, 16 de mayo. Come en casa Borges. Recuerda que Charles Morgan dijo que Francia era una idea necesaria a la civilización[573]. Recuerda también una canción de los soldados americanos de la Primera Guerra Mundial. Borges: «Iban al ataque cantando:

I don’t want to die

I don’t want to die

y diciendo que esperaban volver a casa, por el mar, donde no los alcanzaría the Alleyman[574] Qué raro que cantando una canción de miedo fueran al ataque. En algún libro de Charles Morgan he leído que los aviadores de la RAF, cuando salían a bombardear las ciudades alemanas, entonaban el Deutschland über Alles. ¿Por qué razones cantarían eso? Creo que Morgan lo explica[575]. Yo comprendería que fuéramos a matar peronistas cantando “Perón, Perón, qué grande sos”. Sería una broma divertida».

Me dice que en la peluquería oyó un diálogo entre gente que podía ser del Sueño de los héroes. Uno hablaba de «personas sin educación, pero inteligentes, que pusieron una pizzería y ganan lo que quieren». BORGES: «No creas que el que hablaba podía opinar de educación»,

BIOY: «Hablando con Wally Zenner, Virgilio Piñera refirió que había escrito una comedia cuyo tema era el de una mujer que a último momento resuelve no casarse “porque se le cayeron las tetas[576]”. Cuando lo supe, creí que Piñera, contando desatinos, se había burlado de Wally; ahora Piñera trajo a casa la pieza. Hay en ella suspenso y desenlace por cuestión de tetas. Piñera se mostró preocupado porque tal vez el público de Buenos Aires no reciba bien esa palabra tan corriente. Piñera no se burló de Wally». BORGES: «Entonces el destino se burló de nuestro amigo Piñera». BIOY: «A cualquiera que escribe le pueden pasar estas cosas». BORGES: «¿No pensás que ellos imaginan que del lado del orden todo está dicho, que sólo caben allí repeticiones, y que si se aventuran por el disparate encontrarán una mina? Es la idiotez de Apollinaire de l´ordre et l´aventure[577]: En realidad, esta gente cree mucho más que nosotros en los clásicos. Los imaginan perfectos. No saben que son chambones, como todo el mundo. No es el orden de una novela policial. Es algo mucho más impreciso, mucho más variable, que cada uno, en cada ocasión, debe descubrir».

Narciso Binayán apareció de visita en la Biblioteca Nacional, por una conferencia que debe pronunciar allí, y les dijo a Borges y a Clemente que parece probable que el gobierno nombre director a Arancibia, en reemplazo de Borges. «Se da cuenta, la mala suerte —exclamó Binayán—. Yo creía que a usted no lo tocarían, y no hice nada, aunque tengo muchos mejores títulos para dirigir la Biblioteca que ese Arancibia, que es un individuo de segunda categoría». Clemente empezó a ver con odio a Binayán, como a un enemigo, y dijo a Borges que no deberían dejarlo dar la conferencia, Borges, en cambio, encontró que el episodio tenía todos los elementos de la buena comedia y por su candidez Binayán le resultó simpático («un cretino simpático»). Como Borges tendría que presentarlo, el futuro conferencista dejó una lista de obras. En ella no sólo figuraban libros sino artículos, publicados en El Hogar, sobre «Los primeros vascos que vinieron al país», sobre «El primer pleito que se llevó a nuestros tribunales», y aun artículos en elogio de San Martín o del día de la Patria, publicados para conmemorar fechas en periódicos de Lujan y de otros pueblos. A los pocos días hubo una segunda visita de Binayán. Borges le dijo que pensaba presentarlo, «siempre que no le molestara que un decapitado lo hiciera». Esto no se oyó como broma. Binayán aclaró que él no pondría inconvenientes, siempre que se invitara a Frondizi. A esta altura, a Borges ya le dio rabia. Le contestó que él nunca había invitado al presidente; que si no había invitado a Aramburu ni a Rojas, no iba a invitar a Frondizi; que ya que su situación en la Biblioteca parecía incierta, no haría nada que pudiera interpretarse como un acto de adulación, encaminado a que le perdonaran la vida. BIOY: «En el primer episodio, vos tenías razón de no cerrar las puertas a este sonso de Binayán; pero ahora se ve retrospectivamente que Clemente tenía razón».

Enojado aún por el asunto de Binayán, en la presentación de Wemer Bock en la Facultad de Filosofía y Letras, Borges dijo que uno de los méritos de este poeta era el de no haber transigido con los nazis de su patria «ni con los burdos imitadores que aquí padecimos por doce años inolvidables». BORGES: «Como los frondizistas están hablando del olvido, tuve satisfacción de decir eso; además, generalmente se usa inolvidable como elogio».

Lisi Justo pidió firmas para un manifiesto que condena los agravios que recibió Nixon, el vicepresidente de los Estados Unidos, en su viaje por América del Sur[578]. Capdevila aconsejó a Borges que no firmara. Borges firmó. Cuando apareció la lista, con el juez Repetto, con Larreta, Borges comentó: «Parecemos un grupo de viejos tories». BIOY: «De old fogeys»,

Dice que, después de su última conferencia sobre Dante[579] se sentía «como Nixon, cubierto de escupitajos». BORGES: «No volveré a dar conferencias. Parece una actividad tan vana… Señalé que la topografía de la Divina Comedia, a la que Dante dedicó un cuidado tan especial, con el sitio de Jerusalén, el centro del infierno, cada círculo, los balcones del purgatorio, etcétera, sirvió para dar la ilusión de unidad de construcción, a pesar de que el poema es esencialmente episódico. ¿Cómo trabajaba Dante? “Ahora, a ver, necesito un ejemplo de guía, lo pongo en su círculo, escribo su biografía; ahora un ejemplo de avaricia, ahora uno de lujuria”. En realidad es un román á tiroirs[580]. ¿Qué tiene de malo un libro así? Yo lo prefiero a los que están construidos con un argumento complicadísimo, con muchos personajes que distinguir. Nunca pude penetrar en Los hermanos Karamazov, estaba tratando de saber si se hablaba de Dimitri o de Aliosha. Caramba, vos lo leíste. ¿Cómo has podido? El Quijote no es un roman à tiroirs: hay una sucesión de aventuras, que ejemplifican lo mismo. Es como un film de Chaplin o de Laurel y Hardy. Al aparecer, fue un best seller la gente culta lo desdeñaba como a tal. Lope afirmaba que no habría nadie tan necio para admirar a Cervantes[581] La frase no significaba que no habría admiradores…».

Leo un párrafo (1,5) de las Memorias póstumas (1855) del general Paz:

Una experiencia constante nos ha enseñado que el peligro sólo reunía los ánimos y hacía esconder su cabeza a la anarquía; de modo que cuando nuestra situación parecía desesperada, un esfuerzo patriótico y unánime nos ha redimido del abismo. Por el contrario, cuando nuestras victorias y otros sucesos felices presentaban esperanzas las más lisonjeras, cuando el poder de los enemigos estaba agonizante, cuando parecía que no restaban sino pocos esfuerzos para llegar al deseado término, se desencadenaban las pasiones, las facciones se agitaban convulsivamente, y nuestras propias divergencias volvían a sumirnos en el desorden, en la debilidad y en la impotencia. Cuando después ha venido la guerra civil, hemos visto repetirse esas mismas transiciones, y (fuera de otras que pudiera citar) muy particularmente en los años 42 y 46, cuando he mandado los ejércitos de Corrientes y del Paraguay. En ambas épocas la seguridad que inspiraba la conciencia de nuestro poder, ha sido la trompeta que ha despertado las ambiciones y sublevado las pasiones. ¡Qué digo! Ha sido la señal de la insensatez, del delirio, de los más groseros errores y de la ruin ingratitud.

Una experiencia constante nos ha enseñado que el peligro sólo reunía los ánimos y hacía esconder su cabeza a la anarquía; de modo que cuando nuestra situación parecía desesperada, un esfuerzo patriótico y unánime nos ha redimido del abismo. Por el contrario, cuando nuestras victorias y otros sucesos felices presentaban esperanzas las más lisonjeras, cuando el poder de los enemigos estaba agonizante, cuando parecía que no restaban sino pocos esfuerzos para llegar al deseado término, se desencadenaban las pasiones, las facciones se agitaban convulsivamente, y nuestras propias divergencias volvían a sumirnos en el desorden, en la debilidad y en la impotencia. Cuando después ha venido la guerra civil, hemos visto repetirse esas mismas transiciones, y (fuera de otras que pudiera citar) muy particularmente en los años 42 y 46, cuando he mandado los ejércitos de Corrientes y del Paraguay. En ambas épocas la seguridad que inspiraba la conciencia de nuestro poder, ha sido la trompeta que ha despertado las ambiciones y sublevado las pasiones. ¡Qué digo! Ha sido la señal de la insensatez, del delirio, de los más groseros errores y de la ruin ingratitud.

BIOY: «Me pareció prodigiosamente aplicable a nuestra situación actual. Me pregunto si no será aplicable a todas las situaciones, de todos los países, de todas las épocas. La misma duda debió inquietar a Paz, como se advierte en el párrafo siguiente, en su libro;

¿Será ésta una condición anexa a la debilidad humana, considerada en general toda la especie, o que afecta principalmente a la sociedad argentina?

Por lo menos hay motivos para dudarlo, pues por más que se diga que los vicios y las pasiones son de todos los pueblos y de todas las edades, es indudable que ninguna parte de América han producido tan prolongados y tan terribles estragos. Dejo esta cuestión para talentos y plumas más ejercitadas que la mía; me contento con presentar la dificultad para que otro la resuelva».

¿Será ésta una condición anexa a la debilidad humana, considerada en general toda la especie, o que afecta principalmente a la sociedad argentina?

Por lo menos hay motivos para dudarlo, pues por más que se diga que los vicios y las pasiones son de todos los pueblos y de todas las edades, es indudable que ninguna parte de América han producido tan prolongados y tan terribles estragos. Dejo esta cuestión para talentos y plumas más ejercitadas que la mía; me contento con presentar la dificultad para que otro la resuelva».

BORGES: «Tenés razón; no está mal para nuestro caso. Ahora, fíjate qué manera de escribir: trató de poner de todo en ese párrafo; puso todo. Sin embargo, es agradable».

Dice que la expresión my sins find me out[582] es muy justa. Que cuando a uno le va mal en algo, siempre encuentra culpas de conducta —descuidos, desidia, imprevisiones— que justifican su desgracia. «Está bien que así sea —agrega—. Es como un consuelo».

Martes, 20 de mayo. BIOY: «Comieron en casa Ghiano, Pepe Bianco, Pinera, Torre Nilsson y Beatriz Guido. Ghiano, sonriendo beatíficamente, reconoció que alguien “es un crápula” y, en seguida, añadió: “Va a tener puestos muy importantes. Lo llamé por teléfono, para preguntar cómo estaba”». BORGES: «En este país todo el mundo es así. Interrogada los otros días sobre por qué invitaba a su casa a una frondizista como Marta Stabile, Esthercita Zemborain contestó con naturalidad: “Hay que estar bien con ella”».

Miércoles, 21 de mayo. BORGES: «Nalé Roxlo tiene fama de ser el hombre que siempre pregunta: “¿Cuánto pagan?”. Esta fama no lo perjudica».

Jueves 22 de mayo. Cocktail, en casa de Borges, para celebrar los ochenta y dos años de su madre. Hablo con la mujer de Rosenvasser. Después, Borges come en casa.

Lunes, 26 de mayo. Come en casa Borges. Está preocupado por el planteo de su problema en la Biblioteca. Babini, director de Cultura, le dijo que esté tranquilo, que no hay intención de tocarlo, pero que quieren cambiar al vicedirector. BORGES: «Por lealtad a Clemente, ¿debo irme? Si me quedo ahora, ¿no tendré que irme mañana, si me ponen un ladero incómodo?».

Sobre Babini, Dabini, Babino, tres nombres que suenan en estos días, dice: «Todos ellos ocultan y tienen en común el mono[583]; también el babuino».

Martes, 27 de mayo. Come en casa Borges. Dice: «Uno desconfiaría de una novela en que apareciera un albéitar, que se arrima al alféizar… Sospecharía que el criterio del argumento es alfabético».

Hablamos de las novelas de Henry James. BIOY: «Nunca pude leer The Ambassadors». BORGES: «Yo tampoco. Sé de qué trata, pero nunca pude leerlo». BIOY: «Los primeros libros de James eran muchas veces pobres de tema —aun tontos— pero sin duda resultan más legibles que los últimos. El estilo de éstos, tan considerado con los matices, tan meticuloso en contraponer esto con aquello, en señalar tal salvedad, tan artificioso, familiar y palabrero, me parece insufrible. Prefiero el estilo en que está contado Washington Square al de The Spoils of Poynton; el de Daisy Mitter (tontería notable) y de The Reverberator al de The Ambassadors». BORGES: «Los cuentos de James eran muy superiores a sus novelas. Es una suerte que haya escrito los cuentos».

BORGES: «En un restaurant, conversaban unos jóvenes de aire estudioso, alguno rubio, otro de lentes. Uno dice: “Trajeron la chorizada y en pocos minutos los muchachos limpiamos la fuente; es claro que los otros al rato largaron el alma, pero a mí, ya se sabe, como soy el estómago de hierro, no me pasó nada”. Son los diálogos que se le olvidaron al Sueño de los héroes».

Miércoles, 28 de mayo. Come en casa Borges. Cuenta jocosamente que el argumento de una novela de Hugo Wast trata de un hombre que, sin ser cura, en una isla solitaria, para evitar el pecado mortal, casa a una pareja[584]. Le hablo del film francés, Dieu a besoin des hommes, basado en una novela de algún escritor conocido (¿Mauriac, Bernanos?)[585] en que, en una isla, de la que se va el cura, el cuidador de la iglesia llega a decir misa, a confesar, a dar la extremaunción… BORGES: «Para que esas novelas conmuevan habría que preparar especial mente a los lectores. Prepararlos con veinticinco años de anticipación».

BORGES: «Le oí a mi madre: “Es un taco de fierro” por “es muy andariego”. Alguien me aseguró que en Chile dicen: “Es un taco de perro”».

Viernes, 30 de mayo. Hablo con Borges. BORGES: «Voy a comer a La Prensa, con Peyrou, Fernández Latour y Dabove, ¿no querés venir?». BIOY: «No puedo: no estoy bien del estómago y además tengo que acostarme temprano, porque mañana voy a Pardo». BORGES: «Ah, caramba. Bueno, sublevá todo el Sur. Es lo que se hizo en tiempos de mi abuelo. Se levantaron con tacuaras, con tijeras de esquilar, con cuchillos. Casi todos murieron, porque los repelieron con ametralladoras; pero eso no importa».

Sobre el dolor de estómago: «Yo tuve que ir a una fíestita que daban para Sabato; porque mandó esa carta tan noble, Madre quiso que fuéramos, Allí todos eran antífrondizistas. Yo comí dos sándwichs, así que mañana estaré con el estómago pesado».

Cuenta que Oliverio Girondo habría pedido a Güiraldes que puntuara Veinte poemas para ser leídos en el tranvía. Agrega: «Susana Bombal dice punteo, por acción de puntuar. Llama números a los ejemplares de un libro. El coma por la coma. Le dije puntaje, para ver si lo asimilaba, pero fracasé. Tal vez ahora lo esté diciendo».

Sábado, 31 de mayo. Borges me dice que un señor que tiene un puesto muy humilde, en alguna repartición nacional, ha inventado un compás, para determinar si un cuadro se ajusta a la regla de oro: aplicado por su inventor, resultó que todos los cuadros de Norah se ajustan a la regla. El señor regaló un compás a Norah. BORGES: «Qué raro esa gente que ve claro un solo sector de la realidad. Paulatinamente, de tanto insistir en el único tema que les interesa, van convirtiéndose en maniáticos, en locos».

Dice que Mujica Lainez ha hecho muy poco en el ministerio: «Se parece a Sabato. Son dos faroleros». Comenta que, atentos a los signos de los tiempos, Erro, Canal Feijóo, Giusti y Chochó Anchorena ya no son frondizistas.

Jueves, 5 de junio. Come en casa Borges. BORGES: «Frondizi es un hombre desprovisto del sentido de self preservation; podría decirse de él: “Es presidente hasta la hora del té, pero como es muy astuto, conseguirá que se sirva el té a las seis menos veinte en vez de a las cinco y media”». BIOY: «¿Vos crees que los amnistiados levantarán cabeza en la vida política?». BORGES: «El partido peronista no puede prescindir de ladrones, asesinos, analfabetos: son la trama de que está hecho[586]».

BORGES: «Dieron el Premio de Honor de la SADE a Giusti. Desde luego, ésa es la prueba de que se procede por eliminación; pero tiene que haber veinte personas antes que Giusti. ¿Qué obra tiene Giusti? Mis muñecos y A las cataratas. Qué títulos. Quizá tuvo un intervalo lúcido cuando eligió el título Mis muñecos. Publicó Mis muñecos, primera serie; Mis muñecos, segunda serie: se le hizo bueno el título. Ahí H ne voulait pos démordre. Darle el premio ya es confesar la desesperación. Habla y escribe en cocoliche. No es escritor: es un funcionario o un parásito de la literatura. Es un tanito vivo, habilidoso para navegar entre dos aguas. Cuando Perón resolvió quitarles a las Academias el derecho de nombrar a sus miembros y nombrarlos él, Giusti comentó: “Mejor. Así nos quita de encima una responsabilidad”. A sus estudiantes de la Facultad da como tema “Precursores del Tabaré de Zorrilla”. ¿Te das cuenta, precursores del Tabaré? El propio Giusti me dijo que casi no los hay. Un guatemalteco, creo. ¿Entonces por qué elige un tema tan ingrato? Los mismos muchachos le dijeron que era un tema aburridísimo».

Cuenta que Mallea llegó a su casa, después de pasar dos años en Europa, sin saber que su madre había perdido la cabeza. «Soy Eduardo, tu hijo. Vengo de París». La madre le contestó: «¿París? Es una ciudad muy interesante. Vuelva pronto, señor, yo siempre estoy en casa».

Le asombra que la Vida de Milton, por Johnson, que tiene frases en titeo de Milton, sirva en Inglaterra de texto escolar. BORGES: «Aquí sólo admitimos panegíricos». De ella cita la frase de Johnson contra la enseñanza técnica: «Lo principal es enseñar a distinguir el bien del mal. Somos continuamente moralistas y raramente astrónomos o botánicos».

BORGES: «Aun duque, cuando llegó a ser rey, le dijeron que ahora podía vengarse de no sé quién. Él contestó; “El rey de Francia no venga al duque Tal”. De Quincey afirma que la frase no es original, porque un romano dijo: “Ahora que soy tal cosa no vengaré los insultos que me infirieron cuando era tal otra”. ¿Cómo no vio De Quincey que la originalidad consistía en decir las cosas como si las dos situaciones correspondieran a dos personas?».

De su poema sobre Gracián dice: «Primero lo escribí con rabia contra Gracián, Después lo atenué. Me pareció mejor compadecerlo». BIOY: «Hiciste bien. Los errores de cualquier hombre son nuestros errores. Si hay una distancia suficiente, uno se identifica con cualquier hombre». BORGES: «Es claro. Y como a mí me culpan de lo mismo: de frías construcciones».

Viernes, 6 de junio. Comen en casa Borges, Toria y Laura Saniez. Hablamos de films vistos a lo largo de la vida. BIOY: «Los mejores recuerdos de la vida, los más emocionados, corresponden a películas». BORGES: «Es claro: los más dramáticos, por lo menos. Están mejor dirigidos que nuestros recuerdos personales». BIOY: «Son más precisos, más significativos». BORGES: «Y los comparten más personas». BIOY: «En el teatro, los hechos fantásticos conmueven más que en el cinematógrafo, ¿por qué?». BORGES: «Porque cada representación de teatro es nueva, y en un film todo ya está, ya es parte del pasado, que se repite». BIOY: «No, Yo creo que nos asombra lo mágico en el teatro, porque vemos a un paso de nosotros, a personas de carne y hueso; la ilusión dramática nos lleva a aceptar como cierta la situación que representan y, cuando ocurre el hecho mágico, sentimos el mismo asombro que si ocurriera en nuestra casa. En el cinematógrafo hay también ilusión dramática, pero todo ocurre más lejos y el artificio es más evidente».

Sobre la posibilidad de que haya una revolución democrática, dice BORGES: «Por pereza, porque cuesta menos imaginar que mañana será como hoy, nos parece improbable. ¿Pero cómo Aramburu y Rojas pueden ver con resignación que la Revolución libertadora se va al demonio? Es claro que a Aramburu, con tantos elogios de que es un caballero, un gran demócrata, un hombre que respeta la voluntad del pueblo, lo caparon. Le cortaron brazos y piernas. Si hace cualquier cosa desmiente esa fama».

Hablamos del Premio de la Paz que le dan a María Rosa Oliver. BORGES: «Todos saben que es una farsa. ¿Qué hizo María Rosa en favor de la paz? ¿Dónde están sus elocuentes publicaciones? Es como si le dieran el premio de la paz al ratón Mickey. Tienen que saber que intelectualmente no es más fuerte que el ratón Mickey. Estela me contó que en Rusia los paisanos besaban las manos a María Rosa porque suponían que había quedado tullida en sus luchas contra el capitalismo. ¿Cuál es la obra de María Rosa? Ese libro disparatado que escribió con Frontini, Lo que sabemos hablamos… Lo escribieron con tanto desdén que, para demostrar la libertad que hay en los países comunistas, cuentan la historia de un hombre que se evadió del edén soviético y que vive en China sin ser molestado. (Llorando de risa). ¡Qué bien!».

BORGES: «Qué títulos ponía Güiraldes: Cuentos de muerte y de sangre. Se ve que no tenía ninguna idea de literatura: muerte y sangre. No recuerdo ninguno de esos cuentos. No son memorables».

Hablamos de la calle Oruro, que es en diagonal, y bastante rara. Motivó los versos:

Luego por circunstancias económicas

tuvimos que mudar de domicilio

y abandonar la casa que mis padres

habían adquirido en calle Oruro[587]

De la autora, María Raquel Adler, comenta BORGES: «Está hecha una ruina».

BORGES: «Erro sólo comprendió que no estaba bien que Frondizi, candidato a la presidencia, prometiera en la SADE un diario y un canal de televisión, cuando vió la cara que ponía Victoria mientras él le contaba todo esto. Hasta entonces había estado entusiasmado».

Sábado, 7 de junio. Comen en casa Borges y Peyrou. Hablamos de Banchs. PEYROU: «Los otros días, Amelia Biagioni encontró a Banchs en La Prensa y le agradeció un artículo firmado Carlos Fuentes H., sobre un libro de ella[588]. Nadie ignora que “Carlos Fuentes H.” es uno de los dos seudónimos que usa Banchs, pero Banchs simuló no saber nada del artículo, no ser el autor. Como ella es tímida y él continuaba implacable, la situación se volvió penosa. Yo, para echar las cosas a la broma, y fastidiado por la dureza de Banchs, dije: “No escribió el artículo Banchs; lo escribió un hombre muy parecido a él”. A Banchs la broma no le gustó. Siguió negando. Amelia Biagioni se fue, con lágrimas en los ojos. ¿Por qué Banchs obró así? ¿Por qué no quiere que lo fotografíen, que se reediten sus obras? ¿Por qué rechazó el premio de la SADE? ¿Por humildad, por deseo de que lo olviden? No, Es ambicioso, sobre todo vanidoso. Es menos humilde que personas que no rehuyen honores. Sigue la táctica de sustraerse. Cuando llegan a La Prensa colaboraciones de escritores conocidos o, simplemente, cuando llega una colaboración buena, Banchs opone tantos reparos, que al fin Santos Gollán la rechaza; cuando llegan colaboraciones tontas, de autores oscuros, Banchs escribe al margen Publicable —se considera muy hábil: con eso no se compromete— y Santos Gollán las pone en el Suplemento; así sale». BORGES: «Johnson cuenta que Addison era implacable con los buenos autores, indulgente con los malos; también de los motivos de Addison se sospechó: firmaba Cato. Banchs se cree muy ocurrente porque ha elegido para su uso un seudónimo chileno, “Carlos Fuentes H.”, y uno brasilero, “Pinto de Almeida”». BIOY: «Con esos seudónimos, el Suplemento de La Prensa recuerda el Gran Rotativo[589]». BORGES: «Le estoy tomando tanta rabia por verlo actuar, especialmente en las reuniones de jurados, donde es ladino y mezquino, donde se lo ve en la indudable prosecución de fines oscuros, que ya no van a gustarme sus versos. “Mi ciudad nativa”:

Ciudad nativa, te conozco como libro que se ha leído[590]

¿Es tan bueno esto? ¡Qué va a ser! Uno se lo pasa, porque es de Banchs». PEYROU: «Es muy ignorante: en uno de sus artículos escribe que entre los poetas norteamericanos provenientes de Whitman están Frost, Ezra Pound y Dylan Thomas; en las pruebas tachó a Dylan Thomas. Cuando le destrozan un editorial, no se incomoda. La gente cree que es muy íntegro; no es verdad: lo hace de puro chupamedias que es de los de arriba. Santos Gollán siempre le hace chistes parecidos: “Ah, con traje nuevo. Es claro, el vale de los otros días”; “No encuentro mi block, ¿no estará en su bolsillo?”; “No encuentro mi lápiz…”, etcétera. Banchs nunca se queja y acepta estos chistes buenamente».

Sobre Barletta, Erro, Delfino y tantos otros, digo que, por débil que sea su conversación, son peores por escrito: «Cuando hablan, prevalece el buen sentido general. Todo se nivela». BORGES: «Hay transmisión de pensamiento, por eso es raro que una persona que está diciendo una idiotez, entre la consternación de los oyentes, siga adelante». BIOY: «Salvo cuando está blindado, como Guillermo». BORGES: «Ah, ésos triunfan, porque son muy fuertes».

Hablamos de la fortuna de La casa del ángel, el libro de Beatriz Guido: tres ediciones, traducido al inglés, se publica en Londres y en Nueva York, se hace un film con él, el film va a Europa, recibe un premio… Las causas de esa fortuna: Beatriz les prestó la casa a los Chase; la señora Chase tradujo el libro al inglés; las tres ediciones de aquí, se deben al film; el film se debe a que ella es la amiga del director… BORGES: «Pensar que toda la literatura estará llena de esos azares. Tal vez no conozcamos a los buenos autores, sino a los que corresponden a Beatriz Guido, a lo largo del tiempo. No creo esto; pero, de la literatura de ahora, es posible, es seguro, que en el año 2000 no queden los nombres que hoy conocemos y se retengan otros, que ignoramos». Dijo también que mucha gente conoce a Beatriz, pero que casi nadie la ve como escritora.

Hablamos de Mallea. BORGES: «Está en la buena causa… políticamente hablando, claro está». Refiere este comentario de Helenita Mallea: «No se puede negar que algo bueno dejaron los ingleses en la India: el curry».

Hablamos de la India. BORGES: «Los príncipes indios querían fundar ciudades y edificar palacios. El hijo no quería ser menos que el padre. Abandonaba la ciudad y el palacio del padre y levantaba otros nuevos. Por eso en la India hay tantas ciudades y palacios abandonados, invadidos por la selva, las higueras y los monos. Parece que es típico de la India encontrar frente a un gran hotel la miseria, la gente durmiendo o haciendo sus necesidades en las calles». BIOY: «Aquí los baldíos ponen el campo en la ciudad». BORGES: «Lo único tropical que hay aquí son los baldíos. ¿Viste cómo crece en ellos la vegetación?».

Pondera un verso citado por Kipling:

a rose red city, half as old as time[591].

a rose red city, half as old as time[591].

Dice que esa limitación, half as old, pone énfasis; menos vieja parecería la ciudad si hubiera escrito el poeta old as time.

BIOY: «Temo que No sólo el perro es mágico[592] no sea muy buena; que si no les parece buena, piensen que Silvina es variable, que puede escribir muy bien o muy mal; que según sea el tema, escribe». BORGES: «A veces es muy verbal, casi una escritora francesa».

BIOY: «La lectura de las Memorias de Paz, me interesa y me divierte, pero también me produce tristeza. Uno siente que el país no podrá salir nunca de su destino de montoneras y federales y gauchos y peronistas». BORGES: «Sentís que en cualquier página del libro de Paz vas a aparecer vos».

Recordamos el grotesco episodio de la bomba atómica argentina, en la que se gastaron millones[593]. Un día de febrero de 1951 (yo estaba en Marsella; en los diarios de allí había comentarios irónicos) se anunció que la Argentina tenía su bomba atómica. BORGES: «Era una noticia que nadie creyó; pero mostrar incredulidad hubiera equivalido a decir que la Argentina no nos parecía digna de la bomba atómica: hubiera sido dudar de la patria». BIOY: «En un libro, en un film, un episodio así hunde para siempre a un hombre. En la vida de Perón, es una de tantas barrabasadas. Y ahí lo tenemos ahora, preparándose para volver». BORGES: «En un libro todo obedece a la lógica».

«La gran escalera del palacio legislativo», de Piñera[594], le parece a Borges mal escrito, no creíble: «Se ve que el autor no imaginó nada. Que va inventando de cualquier modo, al azar de las palabras. Cuando una cosa ha sido pensada, se siente. Cuánto mejor, como relato de una obsesión, “El ananá de hierro”, de Phillpotts[595]». Agrega: «La que tampoco da pie con bola, cuando escribe, es Betina Edelberg. Esto es una lástima, porque es inteligente. Pero rechaza todo: el color local, las novelas en que no se sabe dónde ocurre la acción, los epítetos trillados, los epítetos rebuscados. Todo eso aspira a una gran probidad intelectual, pero ella parece no haber descubierto que hay que escribir de algún modo».

Hablamos de las estudiantes de Filosofía y Letras. BORGES: «Yo creo que son raquíticas. Qué gente. Qué ignorancia. Son mucho peores que la gente de sociedad. Lo único que les interesa es pasar el examen y obtener el título». BIOY: «Nunca tuve una impresión más fuerte sobre la ignorancia de la gente que en la Facultad. Quizá porque están de algún modo vinculados a la cultura me sorprendieron tanto, por su ignorancia, por su indiferencia hacia los libros».

Una muchacha Bengolea dijo a Rest que ella había leído todos los libros de la bibliografía del programa. Rest le contó esto a Borges, con desaprobación: «El año que viene tenemos que poner libros más difíciles, más desconocidos». Borges comenta: «¿Te das cuenta? ¡Qué criterio para hacer una bibliografía para estudiantes! Rest ve todo como una contienda: hay que joder o joderse». Después, la chica le confesó a Borges que le había mentido a Rest, que no había leído nada: entendió su carácter y por eso se le dijo.

BORGES: «Hace años, Xul intervino abruptamente en medio de una charla en la que varías personas hablaban, muy en serio, de la disminución de la natalidad en Francia, según las estadísticas, y del peligro que eso entrañaba para el porvenir del mundo; del correspondiente aumento de la natalidad en Alemania; etcétera. Xul preguntó: “Y los franceses, ¿por qué no cojan? (sic)”»,

PEYROU: «Los uruguayos molestan con el Tabaré más que nosotros con el Martín Fierro. Por cualquier cosa te regalan un Tabaré encuadernado en nonato». BIOY: «Hasta instalaron uno en la calle Corrientes», Borges entiende que me refiero al cabaret Tabarís y dice: «Del Tabaré la espiantaron[596]». BIOY: «Es curioso que los uruguayos, que se han convertido de puro civilizados en los suizos de América, tengan por héroe nacional a Artigas». BORGES: «Mi tío, [Luis Melián] Lafinur, decía que era el héroe conveniente, por ser anterior a la división entre blancos y colorados[597]. Si hubieran elegido a Rivera, la mitad del país no lo hubiera aceptado; si hubieran elegido a [Manuel]. Oribe, la otra mitad no lo hubiera aceptado». BIOY: «Los otros días leí un comentario de La Nación sobre un mártir correntino, asesinado por Artigas. La Nación lamenta ciertas reflexiones del autor del artículo, por inoportunas en estos momentos de confraternidad rioplatense. Es el colmo que no se pueda decir la verdad, o lo que se piensa que es la verdad. Nadie siente más afecto que yo por los uruguayos, pero este afecto no me impide pensar lo que quiera de Artigas; tampoco les niego el derecho de objetar a San Martín», Hablo de la vejez de Artigas, convertido en un gaucho sonso, en el Paraguay. PEYROU: «Bonpland también estuvo ahí cautivo, durante más de veinte años. Le dejaban la puerta abierta, pero no se iba. Por el calor, por pereza, por miedo de que lo mataran o vaya uno a saber».

BIOY: «Los otros días vi a Arturo Mom». BORGES: «¿Cómo, todavía perjudica?». BIOY: «Cuesta entender que después de tantos años de hacer cine —mal cine— crea que basta el paisaje para que una película sea buena. De un film de la Patagonia, decía: “Parece mentira, con esos escenarios naturales”». BORGES: «Ibarra escribió contra esa superstición. Corresponde a un nacionalismo: “No hay buena literatura nacional porque no escribimos sobre la caña de azúcar de Tucumán”. Sobre Mom dijo Willie [Borges]: “¿Qué puede esperarse de gente de la calaña del tío Mom?”. Hay una gran economía verbal en esa frase. Todo se consigue con el cambio de dos letras».

Según oyó Borges, Rial será uno de los hombres que dirigirán mañana la reacción contra Frondizi. BORGES: «¿Por qué los hombres de la Revolución van a permitir que ésta se pierda? ¿Son muñecos, a los que se les acabó la cuerda? Verán las cesas con más atención, con más precisión que nosotros».

Lunes, 9 de junio. Come en casa Borges. Dice: «Milton escribe El Paraíso perdido con un lenguaje que presupone toda la civilización. En el poema hay dos pasajes que pueden confundirse con expresiones de la cuarta dimensión. En uno, el diablo ve los cielos; en el otro, Cristo, al ver Roma, ve el interior de las casas[598]. La verdad es simple: no se podía poner limitaciones a un poder de esos seres». Comentamos que Samson Agonistes significa, no Sansón moribundo, sino Sansón atleta, luchador.

Dice de Morris: «Se veía a sí mismo como el idle singer of an empty day[599]. No se sentía capaz de corregir los males del mundo; sólo de entretener a los hombres. Creía que la fuerza mayor de la literatura estaba en la narración y que los temas de narraciones eran finitos. No le gustaba el siglo XVIII, que encontraba amanerado, ni el de Shakespeare: le gustaba la sencillez, directa de Chaucer. Tampoco admiraba la materia bretona —en lo que estamos de acuerdo—. En el Earthly Paradise se cuentan cuentos griegos, de Las mil y una noches y medievales. Cuando murió, todos los diarios repetían el lugar común de la gran pérdida. Shaw escribió: “Y ahora basta de lamentaciones por el hombre que hemos perdido con Morris. A un hombre como Morris no podemos perderlo sino con nuestra propia muerte”».

BORGES: «Me niego a ir a la comida que le dan a Giusti por el Premio de Honor. ¡Caramba! ¿Qué escritor es ése?».

Martes, 10 de junio. Borges está persuadido de que Frondizi no puede durar en el poder muchos días: «El gobierno está totalmente desacreditado». Tan inminente cree su caída que aconseja a Clemente que no se apresure a presentar la renuncia. Yo, deseando que me convenza, le rebato sus argumentos.

BIOY: «Peronistas y nacionalistas vivaron por las calles a Rosas, a Facundo Quiroga y a Perón. Una nieta de Quiroga protesta, en una carta a La Nación, porque unan el nombre de su abuelo, un demócrata, respetuoso de la ley y de la justicia, al de dos tiranos. Empieza su carta diciendo que “como nieta del Tigre de los Llanos”. Quizá más hubiera valido olvidar, en esta ocasión, el apodo». BORGES: «Todavía alguien escribirá para decir que, como descendiente del Carancho del Monte, caballero muy distinguido…».

Miércoles, 11 de junio. Come en casa Borges. Lo consulto sobre el título de mi libro. Rechaza Guirnalda con amores; sobre el agregado, en la tapa, de Miscelánea sobre el amor, las mujeres, la vida, la muerte y el arte comenta: «Es muy largo». Friso de mujeres le gusta; Temas y aventuras, también. Sobre el primero añade: «Como va en una lista con otros títulos, podes arriesgarte. Si fuera tu primer libro te diría que no. Lo malo es que es un alejandrino: Adolfo Bioy Casares // Guirnalda con amores». Recuerdo un comentario jocoso sobre Ricardo Sáenz Hayes // Blas Pascal y otros ensayos, corregido por Peyrou o Borges como y otros ensayes.

Borges recita su espléndido poema sobre el Golem; después, versos de uno sobre el tango[600], donde habla de «la secta del cuchillo y del coraje» y dice que:

Una mitología de puñales

lentamente se anula en el olvido;

una canción de gesta se ha perdido

en sórdidas noticias policiales.

Jueves, 12 de junio. Borges me dice: «Anoche estaba loco. Guirnalda con amores es el mejor título. Procura que en la tapa hagan un dibujo que sugiera más el siglo XVIII que los juegos florales de Lomas de Zamora.

Friso de mujeres es horrible: uno ve mujeres en el escenario, con medias negras, galeras y bastones, tomadas de la cintura, bailando. Sugiere La vie parisienne o una revista del Folie Bergère. Es muy concreto». BIOY: «Imagino una tapa dibujada por Basaldúa, con amores sosteniendo una guirnalda; amores y guirnalda como los que se ven en algunos edificios». BORGES: «El dibujo tiene que ser de Basaldúa».

Sábado, 14 de junio. Comen en casa Peyrou y Borges. Hablamos de Arlt. BORGES: «El argumento de Saverio el Cruel es bastante bueno: varias personas, en una estancia, siguen la corriente, en broma, a un loco que se cree dictador; al final, hay una tragedia, y la persona verdaderamente loca es otra». PEYROU: «Arlt fue protegido, secretario o algo así, de Güiraldes. Cuando Güiraldes venía del campo paraba en un hotel: deliberadamente, Arlt ensuciaba todo, para mostrar que no lo arredraban hoteleros y que él era así. En el restaurant del Plaza pedía vino carlón».

Domingo, 15 de junio. Come en casa Borges. Dice: “Una idea bastante extraña, que tal vez, si Aristóteles no la hubiera tenido, nunca se le hubiera ocurrido a la Humanidad, es la de la catarsis. En todo hombre hay ciertas pasiones; al verlas representadas en el teatro las gasta inofensivamente. ¿Será eso? Quizá todo partió de querer explicar por qué gusta ver en el teatro escenas tristes o terribles”. BIOY: “Nosotros, aun cuando escribimos situaciones terribles, tenemos pudor y las escribimos como si no lo fueran”. BORGES: “Tal vez por eso que dijo Novalís, acerca de que hay algunas cosas que deben quedar a cargo del lector”. BIOY: “Tal vez. Pero la verdad es que casi no escribimos situaciones terribles. Quizá nuestro arte no sea bastante natural; no nos ocupamos de las pasiones y de las situaciones inmediatas”.

BORGES: «Alguna vez creí que Cervantes, al escribir, en la muerte de don Quijote, “quiero decir que se murió”, cometía una ramplonería o descuido, del que Víctor Hugo no sería capaz. Después comprendí que fue un acierto escribir eso; quién sabe por qué, es muy patético». BIOY:

“Es un énfasis tranquilo. De un modo llano se detiene, para que la idea de la muerte nos alcance”. BORGES: “Yo había pensado que en ese momento Cervantes no parecía un escritor inventando, sino un cronista que refiere algo real, que ocurrió objetivamente. Uno ve que don Quijote se murió”. Hablamos sobre si es un error que el autor se asome en el texto.

Lunes, 16 de junio. Comen en casa Borges y Pepe Bianco.

Miércoles, 18 de junio. Comen en casa Laura Saniez (hoy muy tonta) y Borges,

Pregunto a Borges si recuerda de qué trata The Croquet Player de Wells. BORGES: “Escribí sobre ese libro… Lo leí dos o tres veces y hoy no recuerdo nada[601]. Qué triste eso. Uno lee un libro, uno escribe sobre él, y lo único que recuerda después es el título, el color de la tapa, el lugar de la biblioteca, donde está…”.

Hablamos de un film, De los Apeninos a los Andes, que hacen italianos y argentinos, en el que trabaja Laura Saniez. Trata de un chico, que viene de Italia buscando a su madre. Laura refiere que la busca lleva al chico hasta las cataratas del Iguazú; hasta una procesión, en Jujuy, de la Virgen de Tilcara; hasta una cacería del cóndor en los Andes. Borges observa después: “Ese director debe de ser un bruto. Si aprovecha la busca del chico para mostrar lugares atrayentes para el turismo, el argumento se va al demonio… Ya no importa el chico, ni hay ansiedad porque encuentre a su madre. Además, ¿por qué la cacería del cóndor va a ser estéticamente interesante?”.

Borges comenta la mala suerte de Lisa Lenson: “Una vez se fue no sé dónde y murió su hija mayor. Ahora el médico le dijo que podía alejarse tranquilamente, que su madre estaba en plena mejoría, después de la operación y, no bien partió para los Estados Unidos, la madre murió”.

Laura elogia El diccionario del hombre salvaje de Papini. BORGES: “Corresponde al peor tipo de italiano. Ese libro es una idiotez”. Después me dice: “Esta muchacha tiene una excelente voz de actriz”. BIOY: “Sí, pero hoy el libreto era flojo”.

Viernes, 20 de junio. Voy chez Borges, que metió un pie en no sé qué agujero de la vereda, se hizo un esguince y está con el pie enyesado. Conversamos un rato. Me cuenta cómo ocurrió el hecho. Llega Pipina Diehl. Le cuenta cómo ocurrió el hecho. Ronca y muy tilinga, Pipina pone el grito en el cielo porque un muerto de estos días, un tal Álvarez, ¡era masón! También se interesa, con simpatía, por saber quién es Olivieri. “Un bribón —le digo—. El único marino que se aprovechó del peronismo: negoció diecinueve ¿o veintiún? automóviles. ¿Y qué decir de un embajador y almirante que alquila una casa amueblada en Nueva York y en un mapa que hay en un paneau de cuero, en la pared, tacha Falklands Br. y escribe Malvinas Árg?”.

Con Silvina recordamos las mujeres de Borges: Margot Guerrero, Silvina Bullrich, Estela Canto, la condesa Álvarez de Toledo, la condesa de Wrede, la Rubia Daly Nelson, Cecilia Ingenieros, Marta Mosquera, Alicia Jurado, Susana Bombal, Pipina Diehl, Mandie Molina Vedia, Gloria Alcorta, Wally Zenner, la cuñada de Ibarra[602]. SILVINA: «Really he has seen the horrors». Digo: «Con excepción de Cecilia y de Alicia». Silvina no admite excepciones.

Sábado, 21 de junio. Visito a Borges. Hablo de Gulbenkian, el hombre del cinco por ciento[603]. Me habla de Lawrence de Arabia: «Un hombre famoso, se presenta a la Royal Air Forcé, quiere enrolarse como soldado, bajo un nombre supuesto; es un simple soldado y, al mismo tiempo, un héroe: es natural que le tuvieran rabia y lo hicieran dar de comer a los chanchos».

Domingo, 22 de junio. En casa de Borges están Peyrou, Alicia Jurado, Grillo della Paolera y Bebé Elía. Se discute sobre Frondizi. Alicia asegura que hay al respecto una regla empírica bastante buena: «A Frondizi le gusta todo aquello de que uno abomina». Bebé Elía (radical unionista, buena tonta) declara que Frondizi quiere ser el Lenin del país; que quiere convertirnos en una república popular, una suerte de Rumania.

Borges me habla de su próximo poema, sobre Platón y Sócrates. Sócrates es un viejo soldado, un plebeyo, un criollo viejo. Cuando Sócrates muere, Platón se consuela imaginando que sus largas conversaciones con Sócrates continúan. Sócrates le dijo que más allá de los actos justos o injustos está la idea de la justicia, etcétera. Platón concibe, así, las ideas eternas. Por fin muere Platón. En el cielo encuentra a Sócrates. Éste lo abraza, le dice afectuosamente que se alegre, que las ideas no existen, que sólo existen los individuos. BORGES: «Voy a hacer el poema en estrofas de cuatro versos, rimados el primero con el último, el segundo con el tercero, o el primero con el tercero, el segundo con el cuarto, combinando o no los dos sistemas. El lector acepta esos cambios. No los nota. ¿O no valdría más escribirlo con dos líneas rimadas, dos sin rimar?». BIOY: «No». BORGES: «Mastronardi escribe en alejandrinos, sin rimar. La verdad es que los versos son muy lindos, pero uno los recuerda con errores. Si fueran rimados los recordaría mejor. Escribiré en endecasílabos rimados. No con rimas como las de Lugones, sino como calma y alma, con rimas naturales». También quiere saber si no le conviene escribirlo como las Rubáiyat, con estrofas de tres versos rimados (el primero, el segundo, el cuarto) y uno sin rimar; pero la pregunta tiene algo de retórica, porque agrega que esa forma ha de ser habitual en Persia, no entre nosotros. Dice que para escribir ese argumento en un artículo debería documentarse más; para escribirlo en un cuento, tal vez fuera poco; para un poema —aunque había la dificultad de ser claro y ser poético—, con lo que ya tiene, basta.

Le cuento mi cuento de Casanova[604]; le digo que ahora se me ha ocurrido que una nueva vuelta sería que Casanova no sólo estuviera de incógnito para la señorita de Bonneval, sino para el lector; que éste descubriera en la última línea que el protagonista es Casanova. ¿Y si no lo descubre? I defeat my own purposes. BORGES: «Yo creía, antes, que convenía siempre poner una sorpresa al final. Ahora creo que así sólo se consiguen cuentos cheap». Con naturalidad vuelve al poema de Sócrates y Platón.

Lunes, 23 de junio. Visito a los Borges. Allí está Alicia Jurado. Borges, rengo, con la pierna enyesada y con los dedos del pie al aire, viene a comer a casa. Ayer casi no sabía caminar con la pierna enyesada; andaba a saltos; hoy aprendió. BORGES (tocándose la pierna enyesada): «Manucho diría: “Así empieza la estatua”».

BORGES: «Guillermo afirmó que sobre novelas y cuentos Valle-lnclán dijo lo más cierto: que la novela es más importante porque obliga al que la escribe a quedar más días en la casa». BIOY: «Una idiotez así la dice cualquiera. Lo extraordinario es que otro la recuerde». BORGES: «Traté de citar lo de Chesterton, que prefería la inmortalidad y las novelas, a la muerte y los cuentos, pero no me oyeron. La frase es linda, y es verdadera: el agrado de la novela está en esa larga convivencia. A Ayala, Guillermo no lo quiere. Habla —mira quién— del estilo pedregoso de Ayala. Dice que la novela de Ayala[605] está escrita en estilo narrativo, lo que estaría mal, y que hay demasiadas digresiones y consideraciones; entonces ¿en qué quedamos?». BIOY: «Ayala es de los pocos españoles que no se equivoca nunca en el uso del lo, el le y el la. Tal vez los andaluces no participan del error…».

Dice que el año que viene dará, en la Cultural Inglesa, un curso, en inglés, sobre Morris; «El tema es interesante, y me piden que hable en inglés: está bien, será un esfuerzo».

BORGES: «A Pope le achacaron el haber reincidido, en sus traducciones homéricas, en los errores de los traductores anteriores: Hobbes, Ogilby y Chapman[606] Él se defendió diciendo que, como hombre nuevo, no osó innovar allí donde gente tan capaz había pasado antes que él. La pregunta evidente era ¿por qué no tradujo? Se ve que versificó de un modo nuevo las traducciones anteriores. Y ¿por qué no se podía hacer eso? En su tiempo no había la superstición de la originalidad. Pope sostiene que el gran escritor no debe decir lo que nunca nadie pensó, sino que debe decir bien lo que muchos o todos pensaron[607]».

Hablamos de las sociedades brownianas. BORGES: «Esa gente encontraría en los poemas de Browning todo lo que no era poesía: verdades, alegorías, hechos. Browning nunca los desanimaba y admitía cualquier interpretación de sus poemas, quizá por modestia, quizá porque una vez escritos ya no le interesaban. Esas sociedades tenían algo de Christian Science».

Recuerda una recomendación de Coleridge a un joven escritor, en el sentido de que nunca debe uno empezar a escribir autobiográficamente: las verdades sobre uno quedan para después. Un muchacho joven que está atento a sus reacciones, para luego escribirlas, se volverá muy tonto. Vivirá mal y escribirá mal. Todo lo que escriba será pobre y crudo. Coléridge aconseja (pensando en su propia experiencia) que se evite ante todo caer en ser autor, porque esto seca el corazón.

Me refiere un diálogo entre la mujer de Rosenvasser y Esthercita Zemborain. La de Rosenvasser se quejó de que «las fuerzas oscuras» estuvieran obrando en el gobierno, como lo probaba el nombramiento del ministro Mac Kay, que es católico. Esthercita, que oyó a medías, le preguntó: «¿Qué fuerzas? ¿La Masonería?». BORGES: «Con lo cual cada una se revelaba como un demonio de la otra[608]».

Me pregunta si no encuentro que Pipina Diehl es mejor que Esthercita. BIOY: «Mira: una gran simpatía no siento por ninguna. Pipina quiere el bien de todos, aun a costa de su propio mal; Esthercita se avendría al mal de todos con tal de obtener su propio bien o progreso: no cree en la idea platónica de la justicia».

Cuenta que un muchacho, elogiando de buena fe a una mujer, dijo: «Es meritoria. Quiere progresar. Para progresar recurre a medios lícitos o no. Etcétera». BORGES: «Estos medios lícitos o no, ¿incluirán la prostitución? Todo es obra de un estilo matizado; el muchacho usará siempre frases como Lícita o no para mostrarse comprensivo». BIOY: «Yo creo que admira a esa mujer porque es ambiciosa, porque tiene la fuerza de seguir un propósito, porque no es disolvente; reconoce que echa mano a cualquier medio, para progresar, ¿cómo no reconocer eso?, pero reconoce también que tales actos no pueden imputarse a una naturaleza viciosa y disoluta, sino que revelan la ambición de una naturaleza fuerte».

Habla de Sócrates[609]. «El día en que debía tomar la cicuta le sacaron los grilletes. Los amigos lo encontraron muy feliz, acariciándose las piernas. Dijo que el dolor y el placer eran un mismo animal, con dos cabezas. El dolor de los grilletes, de hace un rato, le permitía sentir ahora este placer. La muerte próxima no lo ensombrecía. Al tribunal que lo condenó (por unos pocos votos) debió congraciarlo mandando a la mujer y al hijo a pedir clemencia llorando —les prohibió eso— y pidiendo él mismo un destierro, que le hubieran acordado. Prefirió la broma de pedir que lo alojaran en un lugar donde se recibía a extranjeros ilustres y que le dieran tres comidas diarias. Por unanimidad lo condenaron a muerte. A un amigo, antes de perder la conciencia, le recordó; “No olvides que le debemos un gallo a Esculapio”. ¿Porque lo había curado de la enfermedad de la vida? Estaba con su mujer y su hijo cuando llegaron los amigos… La mujer, patéticamente: “Aquí están tus amigos, que vienen a conversar por ultima vez”. Sócrates dijo a la mujer y al hijo que se fueran. Quedó conversando con los amigos».

Viernes, 4 de julio. Come en casa Borges. Cuando le pregunto si Bustos, el cordobés enemigo de Paz, era pariente suyo, contesta: «Sí, pero tan lejano que no importa». Se pasa una mano por la cara; sospecho que le importa.

Se habla de Belgrano, del plan de coronar un Inca. BORGES: «Cuando uno ve lo que es este país, con tanta gente idiota, esa idea no parece tan mala».

Hablamos sobre libre albedrío y predestinación; sobre el argumento de Boecio, de que Dios sabe todo, desde la eternidad, pero no influye, como no influye el espectador que ve una carrera de caballos[610]. BORGES: «¿Por qué cuando entramos en un café elegimos hoy tal mesa y mañana tal otra?». Recita esta milonga, cuya tosquedad pondera:

Una vez había dos globos

y no sabía en cuál subir,

Al punto me dirigí

al del viaje de cien años,

que me llevó a un país estraño

donde las mulas ladraban

y los perros escuchaban

el consejo de los chanchos[611]

Comentario de Borges: «Del otro globo se olvidó… ¿Por qué no habrá ese agrado en la literatura? No todo tiene que ser soltura y elegancia… Qué bien: Una vez había dos globos…, la transición y no sabía a cuál subir… y el consejo de los chanchos… Esto no es un caso de libre albedrío, sino de predestinación». BIOY: «Ni siquiera de predestinación. El traslado era innecesario. Ya estaba ahí, en la misma tosquedad».

Sábado, 5 de julio. Comen en casa Borges y Lisi Justo. Cuenta Borges que anoche su madre le leyó el sexto libro de la Eneida; lo compara con el descenso a los infiernos, en la Odisea[612] «En la Odisea, parece que el autor cree en lo que dice; en la Eneida, no. En la Odisea todo es directo; en la Eneida todo parece una ópera. Desde luego hay versos muy lindos, como cuando dice Virgilio que otros conozcan el arte de la estatuaria, que conquistar y gobernar es el arte de Roma[613]. Alguien señaló que Virgilio no tenía una concepción de conjunto de los infiernos. En la Biblioteca encontré una versión escocesa de la Eneida, que Ezra Pound reputa superior al original[614]. En una Historia de la literatura escocesa se comenta eso: Mere propaganda».

Un tal Vicente P. Cacuri le dijo que iba a consultarlo sobre algo, y que estuviera tranquilo, que sería como una tumba. BORGES: «Preside no sé qué sociedad argentino-chilena; de alguna sociedad argentino-uruguaya lo vieron para que auspiciara la candidatura de Juana de Ibarbourou al Premio Nobel. Le dije que Juana de Ibarbourou no valía mucho; que más bien habría que proponer la candidatura de Alfonso Reyes. Oacuri respondió: “Yo no me considero una catedral del pensamiento, pero francamente esos versitos no me habían impresionado muy mucho”». Borges comenta conmigo: «Qué raro que se descubriera que Juana de Ibarbourou es la autora de la milonga Una vez había dos globos». BIOY: «No la creo capaz de escribir nada tan satisfactorio».

Un peluquero español y gordo de la calle Paraguay (que peleó en Marruecos, contra los moros de Abd-el Krim y ejecutó a un moro), afeita desde hace tiempo a Borges. Sabe que se llama Borges. Va a su casa. Oye que doña Leonor lo llama Georgie y entiende Ghioldi. Pregunta: «Digame, ¿cuál de los dos Ghioldi es usted, el socialista o el comunista?». BORGES: «Casi pudo preguntarme: “Dígame, Borges, ¿cuál de los Ghioldi es usted?”».

En un aparte, Borges observa, de Lisi: «Esta chica es inteligente, pero razona como una idiota»; después comentamos que bebía mucho. Hablamos de las expresiones francesas un coup de rouge [un vaso de tinto] (que pondera) y le gros rouge [un vino tinto muy ordinario], Borges opina que hay dos maneras de beber. Una, embriagarse por festejo (como dice Lugones) que está bien; otra, para olvidar, que está mal. Chesterton hace la distinción: una, convivial, con mucha gente; otra, solitaria y triste. BORGES: «Qué raro que guste tanto el vino». BIOY: «Qué raro que prefieran ese gusto a remedio, al del agua fresca, que es tan rico». BORGES: «Más raro es que les guste el wiskie».

Domingo, 6 de julio. Come en casa Borges. Me refiere que la señora Bibiloni le dijo: «Mi hermana era una mujer frívola, pero yo la traje al club de bridge y ahora se pasa el día jugando». BIOY: «Frívolo no significa, para la gente de sociedad, sobre todo para las mujeres, lo que imaginás. Frívola es una mujer que sale mucho, que flirtea con muchos hombres, que va a bailes y boîtes». BORGES: «Es claro. Así la frase makes sense. Yo creía que frívolo era el que se ocupaba de cuestiones superficiales. Por cierto que imaginar que estas personas dan un solo sentido a las palabras, o creen que tienen un sentido…». BIOY: «Frívola es contrario a seria». BORGES: «Es claro. Tenés razón. Seria no significa que no se ríe, ni hace bromas. Significa que no se acuesta. Chichí Bombal, que siempre está haciendo bromas, es seria. Esta noche hiciste un gran descubrimiento filológico. A ellas no se les puede preguntar, porque se ofuscan, creen que están pasando un examen». BIOY: «¿Estela Canto es frívola?». BORGES: «No, ésa es una loca, una arrastrada. Las personas frívolas no se acuestan continuamente; son flirt, salen mucho».

BORGES: «La señora Bibiloni dijo: “Después de una semana, volví al club, con mi personalidad”. ¿Qué entenderá por personalidad? ¿Su cara y su ropa? Estas personas emplean un lenguaje que las excede». BIOY: «Su personalidad debe de ser ella misma: Volví conmigo». BORGES: «Chichi Bombal tiene fama de graciosa, porque usa cinco o seis palabras rotativamente, por todo vocabulario: Fulana es ultravioleta, Pobres, pobres. Pobrecita yo. Brujo, seco de vientre, descompuesta».

Hablamos de Wally Zenner. BORGES: «Triste destino el de Wally: nadie la toma en cuenta como escritora. Bueno, con Güiraldes era un poco así, antes de Don Segundo. Alvaro [Melián Lafinur], que no le tenía mala voluntad, me amonestó un día, ceceosamente; “Vos estás al comienzo de tu carrera literaria. ¿Por qué te mostras por todos lados con ese raté? No conviene”. Después, claro está, habló en el entierro de Güiraldes. Las cosas habían cambiado. De Wally nadie se acuerda». BIOY: «Sobre Wally la gente se muestra reservada y discreta. Lo de:

pulcro botón de calzoncillo[615],

pulcro botón de calzoncillo[615],

en cambio, fue un pasaje famoso».

Lunes, 7 de julio. Come en casa Borges. Hoy le sacaron el yeso. Me cuenta que lo llamaron por teléfono y le dijeron: «Hola, le habla inclusive un admirador. ¿No se acuerda de Bianchini de Avellaneda?». Me cuenta, también, que el peluquero sigue temando con lo de Ghioldi.

Miércoles, 9 de julio. Come en casa Borges. Trabajamos en el Libro del cielo y del infierno. Lo llevo a Radio El Mundo, donde habla sobre la Biblioteca Nacional y sobre proyectos literarios personales. Dice que leyó en Conrad que éste nunca escribió nada fantástico porque en la vida real encontró todos los elementos fantásticos. Agrega que él ahora publicará una serie de cuentos no fantásticos. Citando habla el que lo interroga, Borges susurra: «Todo parece una parodia. Búsqueda, sociabilizar, tópicos: después la gente quiere vivir en una época pintoresca. A los muchachos de hoy no les gustarán los cuentos de Wells. La Science fiction es como una degeneración de esos cuentos».

Viernes, 11 de julio. Frase de Balbín, en un meeting de ayer: «En esta plaza, la Unión Cívica Radical del Pueblo celebra su derrota. El gobierno no podría celebrar su triunfo en ninguna plaza de la República». Comentario de BORGES: «Sentí un thrill, cuando la leí».

Dice Borges que el ambiente de Buenos Aires, que dan algunas expresiones no lunfardas y acaso algún tono, ni una sola vez había sido logrado por Mujica Lainez. Agrega: «Por Mallea, menos. Los personajes de Mallea hablan como no se habla en parte alguna, están fuera de la atmósfera».

Sábado, 12 de julio. Come en casa Borges.

Domingo, 13 de julio. Come en casa Borges. Dice: «Madre me contó que en un tiempo aquí se conocía la escupidera por la dichosa. Así uno la pedía en los bazares: “Deme una dichosa”. Parece increíble. En cuanto lo supe, sólo pensé en comunicártela, para evitar que esa noticia preciosa cayera en el olvido».

Miércoles, 16 de julio. Come en casa Borges.

Viernes, 18 de julio. Come en casa Borges. Dice del sistema expositivo de Spínoza: «Revela una gran frivolidad. Habla de los atributos de Dios, que son infinitos; del pensamiento y de la extensión, de la relación psicofísica, de las infinitas relaciones como ésta, que hay, en que estamos, y que ni siquiera sospechamos».

BIOY: «Emecé, o su hipóstasis Frías, me pidió mi libro. Temo que en cualquier momento me lo devuelvan, porque descubran cosas que no quieren publicar. Si me piden que corrija tres o cuatro pasajes, no tendré inconveniente». BORGES: «Es claro. No vas a decir: «Mon siege est faif[616]. cuantas veces, buscando un eufemismo, aparece una invención literaria».

BIOY: «En este libro, de una señorita Rosario Antuña, que he recibido de La Habana, hay un poema titulado “Estatuto del pez”». BORGES: «¿No? Es claro: todas las palabras se enrolan inmediatamente para la poesía. Qué moderno».

Me refiere que tal vez su sobrino Luis esté de novio. BORGES: «Quizá sea una suerte: puede librarse de borracheras y otras confusiones». BIOY: «O puede castrarse: no para lo sexual, pero sí para lo intelectual. Adiós conversaciones desinteresadas entre amigos. Ahora hablará, largamente, con una mujer. Durante un año se dirán: “Te quiero”; después de casados, hablarán de la casa y del hijo. Nada más concreto, más burgués, más limitado, que una mujer».

Sábado, 19 de julio. Comen en casa Borges y Peyrou. Borges, partidario de una revolución, de una dictadura militar (liberal); Peyrou, contrario a una revolución, aunque admitiendo que tal vez Frondizi sea peor, y contrario a toda dictadura.

BORGES: «Los primeros versos de Max Jacob:

Christophe Colomb,

la gloire ne durera pas mille ans.

Avoir fait mille esclaves

qu’on vendit aux Catalans[617]

no están muy bien. Son explicativos, y algo había que poner. Aux Catalans sí está bien. Lógicamente es un disparate; la gloria del descubrimiento de América subsiste después que la venta de esclavos se olvidó. Lo que está realmente bien son los versos finales:

Approuvé par le Conclave

mais non par le Firmament[618]

Me dice Borges: «Las otras noches llevé a Alicia Jurado a La Prensa, a comer con Peyrou, con Dabove, con Fernández Latour. Sin proponérmelo, vi todo como desde los ojos de Alicia: esas personas, repitiendo viejas bromas, que tal vez algún día fueron graciosas, y riendo por costumbre».

Frase de Norah, inventada por BORGES: «Murió peinado. Qué ejemplo».

Domingo, 20 de julio. Borges me dice que durante todo el día recitó los versos de la Chanson de Roland citados por la Encyclopaedia Britannica:

Brandis ta lance; et moi, ma Durendal,

Ma bonne épée, que le Roi me donna[619]

BORGES: «Todo está bien. Que la espada tenga nombre. Bonne: es perfecto». Después comenta: «¿Sabes cómo tradujeron la Chanson de Roland? Como El cantar de Rolando. Yo creo que la causa es un fondo de rencor. Hay que achatar todo, hay que afear todo».

Lunes, 21 de julio. BORGES: «¿Sabes cómo Susana Bombal llama las catacumbas? Las catecumbas. Y habla del pase. No sé lo que quiere decir. ¿La transición de un párrafo a otro? ¿El cuidado que debe uno poner, y que vuelve imposible la literatura, para que los verbos de una frase intercalada concuerden con los de las otras?».

Se oyen los gritos de una manifestación contraria al gobierno, porque quiere entregar nuestro petróleo. BORGES: «Qué raro que después de mil pillerías este hombre cayera por el único acto razonable… por lo que fatalmente tendrían que hacer los que lo reemplazaran».

Martes, 22 de julio. No hay invierno este año: estamos con veintitantos grados, con humedad. BORGES: «Este calor espantoso es una hipóstasis de Frondizi».

BIOY: «Ha aparecido una Historia de la literatura persa clásica[620]. ¿Qué tal será esa literatura?». BORGES: «Según mi experiencia —bastante escasa, por cierto—, todos los autores parecen el mismo. Hacen metáforas: sin más propósito que hablar de muchas cosas, llenan las páginas de objetos espléndidos. Fácilmente caen en alegorías: la caravana de mis besos va al santuario de su boca». Afirma que en toda literatura hay que evitar seguir demasiado lógicamente las metáforas, porque se convierten en insoportables alegorías.

[Martes 22 de julio al lunes 25 de agosto. Enfermedad de Silvina Ocampo. Aparenta ser una simple otitis; resulta ser meningitis encefálica. Internada el 24 de julio, operada de mastoiditis, regresa a su casa el 25 de agosto].

Agosto. De Browning, Borges recomienda: «Childe Roland to the Dark Tower Came», «How it Strikes a Contemporary». «An Epistle Containing the Strange Medical Experience of Karshish, the Arab Physician», «Cleon».

Jueves, 9 de octubre. Borges, en una conferencia que tituló Biografía literaria y que pronunció en la SADE, dijo que pocas veces se reconoce la deuda a contemporáneos[621]; enumeró sus maestros, y, como contemporáneo, generosamente me citó a mí, que le había enseñado, a lo largo del tiempo, a apreciar el verdadero clasicismo, la belleza sencilla y tranquila, no por rarezas y artificios, como él la concebía en un principio.

BORGES: «Leslie Stephen observa que para los lectores de Las mil y una noches los sucesos narrados son verosímiles, pero que para los lectores de The New Arabian Nights no lo son. ¿Cómo no comprendió que Stevenson lo sabía, que no se proponía escribir un libro realista? Difícilmente lo falso puede ser encantador, en The New Arabian Nights lo es».

Sábado, 11 de octubre. Después del almuerzo vamos a San Isidro —invitados por Victoria— Borges y yo. Allí están Sabato, Sieyéz, Elvira Orphée y el doctor Sebastián Soler, que hoy estaba aquejado de la tontera que aflige a los doctores, etcétera, cuando tratan a escritores y quieren pararse en la punta de los pies. Soler: «Victoria, dígame, ¿qué puede significar esta frase de Kierkegaard: “Quedé más afuera que una pequeña ese española”?». BORGES: «No sé, pero es un énfasis: quedé muy afuera». BIOY: «Ha de ser una frase idiomatica». Soler: «Habría que saber si es una frase idiomática holandesa…»[622].

Según Borges, la orquesta de tangos Los muchachos de antes parece una orquesta de gorriones.

Martes, 14 de octubre. Borges viaja a Montevideo.

Viernes, 17 de octubre. A la mañana, busco a Borges y a su madre, que llegan del Uruguay. Por la noche, en casa, Borges cuenta: «Cianciòlo, agregado cultural de la embajada italiana, estaba muy enamorado de Giselda Zani, escritora uruguaya, sumamente gorda. Un día, tiene que tomar el té con ella y la llama por teléfono, para avisarle que va. Le dice: “Giselda, vado subito”. Sale precipitadamente, cae, por una trampa del piso, al sótano. Se rompe todos los huesos. A quienes lo socorren, pide: “Un teléfono, un teléfono”. Se lo dan, marca un número, exclama: “Giselda, non vado!” y pierde el conocimiento».

Dice que Emilio Oribe, cuando quiere aislarse, pone una expresión seria y como de piedra, con la mirada fija y (aprovechando su sordera) deja de oír, queda incomunicado, como si se petrificara. Parece que en sus clases, en la Universidad, procede así; cuando ha concluido con lo que tiene que decir, poco antes de terminar la hora, se ensimisma, se convierte en estatua: los muchachos ya saben, se levantan y se van.

Ipuche le refirió que el negro que acompañó a Artigas al Paraguay se llamaba el Alegro Montevideo. También le habló de otro negro, un muchacho, que mostraba afición por la pintura y cierto talento; la gente lo miró con simpatía y le consiguieron una beca para que fuera a aprender pintura en Europa; llegó a Madrid, fue al Prado, vio las obras de los pintores, comprendió que él nunca podría pintar, pidió que lo llevaran de nuevo a Montevideo, donde trabajó como lustrabotas hasta que murió.

Las mucamas de la señora Bibiloni dijeron a Borges que visitara a la señora, que ya estaba mejor. “¿Reconoce?”, preguntó Borges. “No, no reconoce, pero conversa”. “¿Y con quién cree que está?”. “Con Dios, con la Virgen y con el niño Jesús”.

Martes, 21 de octubre. Come en casa Borges. Preparamos un índice para una antología de Stevenson, que publicará la Facultad: “On the Chotee of a Proféssion”, “A Gossip on Romance”, “A Humble Remonstrance”, “A Note On Realism”, “The Morality of the Profession oí Letters”, “Markheim”, “Faith, Half Faith and No Faith at All”, “Pulvis et Umbra”, “The Bottle Imp”, “A Chapter on Dreams”, “The Sinking Ship”.

Miércoles, 22 de octubre. Come en casa Borges.

Jueves, 23 de octubre. Bianco nos pide para Sur el Libro del cielo y del infierno. Borges trae a casa un libro de Torres de Villarroel, para que elijamos algo para la antología. Todo nos parece tan mecánico y bobo que cerramos el libro, sin elegir nada.

Sábado, 25 de octubre. Comen en casa Borges y Marta Mosquera.

Domingo, 26 de octubre. Come en casa Borges. Componemos el índice de una antología de Kipling, para la editorial universitaria: «The Church that was at Antioch», «On the Great Wall», «The Dog Hervey», «A Sah¡bs’ War», «A Madonna of the Trenches», «The Gardener», «Wireless». No incluimos «Dayspring Mishandled» por considerarlo difícil de traducir; me pregunto si, traducido, no será más claro para el lector argentino que «Wireless» (que por cierto es un cuento admirable).

Lunes, 27 de octubre. Borges siempre me precave contra la tentación de tomar demasiado en serio nuestro trabajo: todo debe hacerse, pero discretamente, en los ratos que deja la vida. Refiere que Magdalena Harriague no escribe como nosotros, en sus spare moments: «Tiene horas para escribir y, cuando está inspirada, sacrifica a la creación poética el marido, los chicos, la casa. Por cierto, esto no convence al marido, que se pregunta si ella realmente sabrá escribir, etcétera. Los otros días apareció en La Nación, diario donde Magdalena colabora, un despiadado comentario sobre su último libro[623]. Ese artículo podría ser un serio argumento para el marido, que diría: “Ves, los entendidos opinan que no debes escribir”. ¿Cómo resolvió la dificultad Magdalena? Sencillamente: afirmando que el artículo es muy elogioso, muy estimulante. Sin embargo, dirán algunos, ahí está el artículo. Eso no importa, porque el marido y las demás personas de la familia están tan alejados del trato de las letras que no advierten, aunque lo Sean, si el artículo es elogioso o condenatorio».

BORGES: «Yo creía que cuando Ureña y otros hablaban de la literatura iberoamericana, simplemente por comodidad usaban un solo nombre para cosas diferentes: las literaturas de estos diversos países. Resulta que no. Que han inventado que existe una literatura iberoamericana». BIOY: «At the bottom, como diría Johnson, debe de haber una estrategia de editores».

Miércoles, 29 de octubre. BIOY: «Hoy, después del almuerzo, tuve que ir a una reunión del jurado, por el premio Losada. Giusti habló del cuento, insistió en que era un género difícil y en que hay pocos buenos. Dijo: “He recibido una antología de cuentos peruanos. Contiene diez cuentos. ¿Creerán ustedes que no hay más de tres buenos?”». BORGES (imitando el tono de voz de Giusti): «En una colección de diez excrementos, ¿creerán ustedes que solamente había tres piedras preciosas? (Riendo) ¡Qué más quiere!».

Jueves, 30 de octubre. La Dirección de Teatros de la provincia de Buenos Aires encargó a Borges una traducción de King Lear. Me propone que la hagamos en colaboración.

Leo «Hortus conclusas» de Alicia Jurado[624]. Borges lo desecha como algo tonto y erróneo; no creo que tenga razón.

Sábado, 1.º de noviembre. Come en casa Borges. Procuramos encontrar un nuevo título para la antología que llevaremos a Sur. Libro del cielo y del infierno sería quizá el mejor título, pero en 1945 o 1946 propusimos el libro —no éste; uno mucho más copioso, con el mismo título— a Claridad. Entonces firmamos un contrato con el dueño, Zamora, un gallego de clavel en el ojal; trabajamos con BORGES: Wilcock tradujo cuentos largos, y entregamos una antología de alrededor de mil páginas, por las que Zamora nos pagó mil pesos y una suma módica al traductor. Nunca publicó el libro. Pensamos que aquel exiguo pago y ese trabajo no exhumado se compensan, y que estamos libres de compromisos. De hecho, creemos que el contrato está vencido; además de que el libro de ahora no es el de entonces —sobre la base primitiva, hemos realizado una selección nueva, suprimiendo los textos más extensos y agregando muchos textos breves—; pero acaso Zamora, al enterarse de nuestras intenciones, quiera publicar la antología primitiva o la nueva.

Proponemos títulos: Postrimerías (BORGES: «Nadie sabe qué significan». BIOY: «Nadie compraría el libro»), El libro de los premios y los castigos (BIOY: «Sugiere otro libro, o, para este libro, un estilo alambicado y hermético»). Después de un rato de busca, Borges dice: «Esta busca es imposible. El buen título es El libro del cielo y del infierno. Cualquier sustituto, si contiene las palabras, quizá necesarias, cielo e infierno, resultará como el yelmo de don Quijote… ¿No habrá desaparecido la editorial Claridad?». Movidos por la esperanza, buscamos «Claridad» y «Zamora, Antonio, editor», en la guía de teléfonos; no encontramos nada.

BORGES: «Que la Divina Comedia consista en una distribución de gente según premios y castigos, es un defecto. Bueno, Dante diría que necesitaba eso para escribir el poema; y empezando un poco con su topografía, había que llevarla al extremo. Qué raro que lo admiren por eso. Mejor tema parece el del Quijote». Comenta después: «Qué raro que la gente crea que las mayores inteligencias pertenecen a literatos. La literatura es un entretenimiento, que corresponde a convenciones, del que un día la Humanidad se cansará. De Quincey dice que en la palestra de la inteligencia el mayor campeón es Shakespeare[625]. «Life is a tale told by an idiot[626]: unas cuantas palabras antiguas, nada más; un mecanismo fácil de aprender. La gente cree que las obras están llenas de ideas profundas. Lo que es raro es que también se dejen engañar los escritores: deberían saber que no es para tanto».

Hablamos de Kipling. Me presta Plain Tales from the Hills. Dice de esos cuentos: «Un relato como “The Gate of the Hundred Sorrows” o como “Beyond the Pale” está menos hecho que “The Wish House”; sin embargo, creo que es más satisfactorio. “The Cate of the Hundred Sorrows” no es más que una situación; si uno lo cuenta, queda poco; así que también está bastante hecho». Yo opino que por hacer demasiado las cosas a veces uno las arruina. Leo los cuentos que me recomienda: «False Dawn (que ya conocía), “The House of Suddhoo”, “Beyond the Pale” (un cuento extraordinario), “The Cate of the Hundred Sorrows” (también extraordinario y extraño)».

Domingo, 2 de noviembre. Come en casa Borges. Agregamos, en la antología de Kipling, los cuentos de Plain Tales que me recomendó ayer.

BORGES: «Güiraldes no era muy inteligente. Cuando hablaba con él, Macedonio hablaba como con un chico, no se metía en honduras, porque Güiraldes no hubiera podido seguirlo. Cuando Xul discutía con Güiraldes lo confundía; tenía muchas más vueltas que él… Cuando en La Nación, o no sé dónde, atacaron El cencerro de cristal, Ricardo, disgustado, echó todos los ejemplares que le quedaban en el aljibe de la estancia. ¿Cómo no le molestaban esos libros corrompiéndose ahí? Mejor hubiera sido quemarlos. ¿Vos crees que quedó como un necio? No; la gente comentó: “¿Qué se puede esperar de un país en el que un escritor como Güiraldes se ve obligado a tirar sus libros al aljibe?”». BIOY: «No siguieron la frase: “…un país donde un escritor como Güiraldes se ve obligado a tirar al aljibe un libro como El cencerro de cristal, porque hasta los más negados habrían entendido que el hecho no era tan grave”». BORGES: «De sus libros, el que más le gustaba a Ricardo era Xaimaca… Don Segundo está escrito en un estilo barroco». Está bien que así sea, porque si no, se notaría que no hay nada. La literatura gauchesca estaba un poco desacreditada… Pero de pronto apareció un libro gauchesco en un estilo que podía aprobar un lector de Apollinaire. La gente comprendió que quedaba bien admirando el libro. Y Güiraldes murió en seguida: para su gloria fue una muerte oportuna. Cuando salió Don Segundo, recuerdo que estábamos en una reunión, en el Avenida Keller, Marechal, Brandan Caraffa, Macedonio, Bernárdez, Olivan, Evar Méndez y otros, todos los que habíamos escrito elogiosamente sobre Don Segundo. Todos dijimos que ese libro no era nada. We were not taken in. Después todos escribimos artículos muy elogiosos, porque lo queríamos a Ricardo. Nadie atacó a Don Segundo: creo que sólo Ramón Doll, que dijo que el libro era la estancia vista por el hijo del patrón[627]. Marechal le contestó que don Segundo no se había afiliado al sindicato de reseros, para que le encuadernaran su libreta de enrolamiento en cuero de Rusia… Es claro que después cambió mucho Marechal; pero como ves ya empleaba metáforas idiotas… Otro que lo atacó fue un estanciero del Oeste, que señaló pequeñas inexactitudes, idioteces, y al que Adelina [del Carril], naturalmente, consideró un canalla. Bueno, se querían mucho con Adelina. La única pelea que tuvieron fue por la laguna. Cuando Ricardo la llevó a ver la laguna de la estancia, Adelina preguntó: «¿Cómo, ésta es la laguna?». Ella era de Monte, o de Lobos, y estaba acostumbrada a otras lagunas. Ricardo se molestó, bouda. Pero después se fotografiaron frente a la laguna… A Macedonio no le gustaba Don Segundo; pero por una razón muy particular. «Lo interesante —decía—, “hubiera sido mostrar a un criollo enamorado”. A él le interesaba la pasión: como en Don Segundo no la mostraban, no le interesó; nunca quiso leerlo. Quería que la literatura tratara el amor. Decía que don Segundo era el hombre de mundo por excelencia, que sin hacer nada queda bien… Las novelas de Macedonio serían tal vez ilegibles, pero eran más interesantes como temas de conversación. Tenían ideas: ¿Qué idea hay en Don Segundo…? Ricardo tenía un gran fervor literario, pero no creas que había leído mucho. Era un propagandista de los poetas franceses que había conocido: Valéry Larbaud, Largue y Liévre; ¿has oído hablar de Liévre?». Beoy: “Sí, conoció a Toulet”. BORGES: “Güiraldes no tuvo noticias de Toulet. Para él, Valéry Larbaud era un escritor extraordinario: había escrito los Poemas de A, O. Barnabooth. El hombre moderno: el millonario norteamericano. Los poemas de un millonario. ¡Ah!, qué maravilla. Seguramente los comunistas lo admiran. A Valéry Larbaud, que tenía soldaditos de plomo de todos los países y de todas las épocas, miles de soldaditos, un verdadero ejército, le faltaban los granaderos de San Martín: Ricardo se los mandó… Había leído esos poetas y algunos libros de Teosofía. En el grupo de Ricardo estaban Oliverio [Giróndo], el Chulo Zapata Quesada, Evar Méndez, el tío Adán, el Petiso González Garaño y (con sorna) ese entrerriano formidable que se hacía llamar el vizconde: el vizconde de Lascano Tegui. ¡Qué escritores! Es claro que se querían mucho, pero aparte de eso no sé qué mérito tenían. Eran todos medio compadrones, como Oliverio… Pero no, caramba, Ricardo era muy bueno. Siempre iba a casa… Dejó allí la guitarra… Madre lo recuerda con afecto. El recuerdo de Güiraldes para ella es el recuerdo de una época feliz, en que vivía Padre, en que Norah no se había casado: acabábamos de llegar de Europa y estábamos todos juntos. Era una época copiosamente literaria. Siempre iba alguien a comer o a almorzar a casa. Creo que una vez o dos nos encontramos solos y nos hizo mucha gracia. Caía la gente, uno o dos, sin tener que avisar. Se daba la plata para el mercado —creo que eran veinte pesos— y eso debía cubrir los imprevistos”.

Hablamos de Azuela. BORGES: «Los de abajo… Lo leí hace mucho y no me pareció gran cosa.

Jueves, 6 de noviembre. Almuerzo en la embajada de Israel, con José Luis Romero, González Lanuza, Erro, Mallea, Soto, Borges, Victoria, el Petiso González Garaño, Dujovne. Absurdo discursito de Victoria.

Por la noche, come en casa Borges. Me habla de un tal Moisés Konstantinovsky, conspirador peronista en Brasil, donde cambió su nombre por Perina (Per, por Perón; ina, por Argentina), incómodo representante de Frondizi para la firma de contratos petroleros en los Estados Unidos.

Sábado, 8 de noviembre. Comen en casa Borges y Peyrou. Oímos tangos de Los muchachos de antes. BORGES: «Según don Francisco Colombo, que era del pago de Areco, don Segundo Sombra fue un hombre decente; peleador, en cambio, era un sujeto, más pueblero que rural, apodado Toro Negro, a quien don Segundo trataba de evitar. Don Segundo era santafecino. Güiraldes lo hace nacer en San Pedro —del buen lado del Arroyo del Medio—»[628].

Hablamos de Augusto Mario Delfino. BORGES: «Se especializó en cuentos de Navidad[629], Hubiera deseado ser un elegante y se ha inventado un pasado mundano. En sus cuentos, sus personajes rápidamente se calzan el smoking y se colocan el clavel en la boutonnière. Un día me contó la emoción de su hijo, cuando fue con él por primera vez al Pedemonte. Lo que no dijo Delfino, lo que no sabía el hijo, era que el padre también por primera vez entraba en ese escenario habitual de sus triunfos de juventud… Se instaló en Areco, se informó con la gente de allá y empezó a publicar su serie del pago de Areco. Pronto la fuente se secó y Delfino debió echar mano, para atribuirlas a Areco, de historias y consejas de gauchos de otros pagos, de otras provincias y finalmente de cow-boys. Ahora ésta identificándose con Rinaldini: sólo que el tedio de Rinaldini tiene sus raíces en la ciudad de Junín y el de Delfino en Montevideo».

Del Congreso de Escritores de Mendoza, cuenta Borges: «El gordo Ghiano se metió en el cuarto de no sé qué delegado; lo sacaron carpiendo… Estela [Canto], cuando los congresistas admiraban la casa de Sarmiento, visitó unas cuevas de los alrededores. Alicia Jurado, al verla tan polvorienta, le preguntó; “¿Dónde te revolcaste?”. Estela contestó; “En las cuevas, con el colectivero”».

Según Borges, Wally Zenner habría dicho: «Ay, yo que tenía ya el día estructurado». También, dirigiéndose a Mastronardi: «Ay, Carlos, usted sabe, los maridos son otro clima».

Domingo, 9 de noviembre. Come en casa Borges. BIOY: «Debemos incluir en el Libro del cielo y del infierno lo de Lamb, que prefiere esta tierra al cielo[630]». BORGES: «Y el poema “Mi cielo” de Unamuno». BIOY: «Y algo de Antonio Machado sobre la otra ribera»[631]. También le digo que deberíamos buscar editor para la Antología de poesía española, que tenemos lista desde hace años.

Leemos poemas de Machado, de Unamuno, de García Lorca. «Lo malo del poema de la “Casada infiel” —dice— es que no se cree en el personaje. El marido aparece continuamente. El episodio ocurre, por momentos, a campo abierto; por momentos entre bambalinas y decorados».

Hablamos de poemas de Kipling; recitamos líneas —y estrofas— de «Chant-Pagan»;

Me that ’ave gone where I’ve gone—

Me that ’ave seen what I’ve seen—

   ’Ow can I ever take on

With awful old England again,

An’ ’ouses both sides of the street,

And ’edges two sides of the lane,

And the parson an’ gentry between,

An’ touchin’ my’at when we meet—

Me that ’ave been what I’ve been?…[632]

BORGES: «Está bien ese compadre. Kipling lo crea en unas pocas líneas. El pobre está un poco desesperado, porque no está seguro de volver a Sudáfrica. No se parece al de “Mandalay”, que recuerda a sus queridas de Oriente. Otros poetas llenan sus versos de detalles decorativos; Kipling, de detalles realistas, que están muy bien». BIOY: «El mismo Lorca echa mano a elementos decorativos». BORGES: «Y el mismo D’Annunzio». Hablamos de otros poemas de Kipling: recomienda «The Runes on Weland’s Sword», «The Roman Centurion’s Song» y «A Song to Mithras».

Lunes, 10 de noviembre. Come en casa Borges. Para el Libro del ciélo y del infierno copio a máquina el soneto «Mi cielo» de Unamuno y el poema «Del infierno y del cielo» de Borges: traducimos el párrafo de Lamb (De «New Year’s Eve»).

Martes, 11 de noviembre. Come en casa Borges.

[Viernes 12 de diciembre. Bioy Casares pierde un portafolio, con el cuaderno correspondiente al período. Según consigna en sus Diarios, en ese cuaderno se registraban lecturas comentadas de Zogoibi y La naranja, de Larreta. En la sección «Extravíos y hallazgos» de La Prensa, del 26 de diciembre de 1958, se lee: «PORTAFOLIO con documentos y papeles extraviado frente a calle José C. Paz 1156, Martínez. Gratificaré devolución. Dirigirse a Esmeralda 155 8.º piso. 45-4944». En ese edificio tenía su estudio jurídico Abraham Rosenvasser].


[Enero y febrero. Bioy Casares en Mar del Plata, con ocasionales regresos a Buenos Aires].

Sábado, 7 de febrero. En Buenos Aires. Como, con Borges y mi padre, en el Círculo de Armas. Borges refiere: «Cuando Horacio Quiroga —barbudo, chivado— salía a caminar con las Lange por Adrogué, los chicos de la calle los seguían, cantando:

Meee, mandaron a comprar

Meeedío kilo de marroco;

Meee dijeron que era poco,

Meee mandaron a comprar…».

Después recita un fragmento de la versión erótica de la Jota cordobesa:

Bajando por la ladera

venía anoche una cabra;

se acercó un chivo y le dijo:

Meee permite una palabra[633],

Mi padre recita:

José se llamaba el hombre

y Josefa la mujer

y a eso de la media noche

se ponían a…

José se llamaba el hombre[634]

Comenta Borges el peculiar encanto de las décimas, de todas las décimas: «Uno se pasaría la vida oyéndolas».

Mi padre habla de un abuelo de Candidoti, el radical; decía ese hombre, que fue gobernador de Santa Fe, que jamás dormía y con eso —el ojo siempre abierto, vigilante— tenía dominado a todo el mundo.

BORGES: «Huyendo de España, en plena guerra civil, Norah y Guillermo llegaron a París. Ibarra, que la vio, me escribió: » L’expérience de l’horreur n’a pas changé son aspect ni sa rhétorique». Es una frase muy francesa, que cualquier francés inteligente podría escribir; su mérito no consiste en valor poético, sino en que la frase corresponde a un pensamiento preciso».

Lunes, 9 de febrero. Como, en el Pedemonte, con Borges y mi padre.

Martes, 24 de febrero. Borges señaló que, aunque hay muchas composiciones que tienen la ordenación del verso libre, éste es muy raro en nuestro idioma,

Domingo, 15 de marzo. Borges refirió que a uno que dijo: «Partir, c’est mourir un peu[635]», un literato francés respondió: «Oui, mais mourir, c’est partir beaucoup[636]»

Miércoles, 15 de abril. Regreso a Buenos Aires. Borges está leyendo, muy entretenido, De Divinatione de Cicerón.

Jueves, 16 de abril. Come en casa Borges. Dice: «Todo el Norte es famoso por su color local, porque el pueblo allí es genuino y siente hondamente… Pero, ¿qué ha producido? Muy poco. Es estéril. También México es famoso por el color local. ¿Cuál es el Martín Fierro mexicano? Sólo tienen algunos novelistas realistas, algún Manuel Gálvez».

Viernes, 17 de abril. BORGES: «Cuantos leen mi cuento “Ragnarók”, creen que deben interpretarlo como una sátira contra el peronismo, como una sátira contra la política universitaria. No comprenden que pueda ser lo que es: un sueño, y como sueño, vagamente simbólico». BIOY: «Aunque esas interpretaciones sean absurdas, sin duda es, como todo sueño, simbólico, imprecisamente simbólico». BORGES: «Desde luego. Shaw, escribiendo sobre Ibsen, solía afirmar: “Aquí lo que quiere decir es…”. Alguien le preguntó: “¿Cómo sabe eso? Según usted mismo, Ibsen en ninguna parte dice que sea eso lo que quiso decir”. Contestó Shaw que él era un crítico, que la misión del critico no era repetir lo que decían los autores, sino descubrir el sentido profundo de lo que escribían. Estoy de acuerdo: muchas veces uno no sabe el significado de lo que escribe y descubrirlo es la parte del crítico, pero mi cuento es meramente un sueño, tal como lo soñé. La gente, acostumbrada a las cosas que yo escribía antes, espera vueltas, que no hay. Lo único que no estaba en el sueño es Ureña. Lo puse como un saludo y también un poco pérfidamente, para preparar esas caras toscas y negras de los dioses, que se ven al final; no ya mansamente toscas y negras, como la de Ureña, sino aviesamente». Le pregunto el significado del título. BORGES: «Ragnarók significa crepúsculo de los dioses. Una vez acordado ese título, me pareció que era casi necesario; ahora, si lo ponía en español, revelaba el secreto; si lo ponía en francés, en inglés o en alemán, también lo revelaba y resultaba además un poco caprichoso, ya que la expresión no estaba en el original, sino traducida, y no al español, sino a un tercer idioma. Tal vez sea un poco absurdo ese título misterioso, pero sirve para lo que quiero: decir crepúsculo de los dioses y guardar el secreto». BIOY: «¿Dice crepúsculo de los dioses? ¿Para quién?».

Domingo, 19 de abril. Come en casa Borges. Dice que Capdevila, a quien debían una colaboración publicada en la Revista de la Biblioteca[637], lo llamó por teléfono. BORGES: «Primero habla de otras cosas (lo que está dentro del orden natural), después dice que él no quiere estar en deuda con la Biblioteca, quiere que su conducta sea impecable, y pregunta cuándo y dónde debe pasar a cobrar lo que le deben. La frase “no quiero estar en deuda con la Biblioteca” no es de etimología misteriosa».

Me recomienda el tango Tres amigos. Habla después de la inmortalidad de quienes son recordados únicamente por una pieza de música, tal vez por una milonga o una zamba. Dice: «Qué lindos esos nombres que quedan vinculados a músicas: la zamba de Vargas, la milonga de Morales[638]. Es una inmortalidad muy linda. Inexpugnable». Elogia la zamba de Vargas, que se tocó en un combate entre riojanos y santiagueños, cuando éstos últimos flaqueaban, y decidió la suerte en su favor. Recita:

la despedida es corta,

la ausencia es larga,

Y

Si esta guerra no gano,

no cargo espada.

Habla de su viaje al Rosario. Asegura que allí la gente finge no haber comido nunca nutria (que se vende en todos los almacenes); que, después de pronunciado el nombre de Beatriz Guido, la conversación pierde toda vitalidad; que en todas las anécdotas aparece la mafia y una escopeta.

Dice que la mujer del representante del British Council en el Rosario le explicó que rewards, en Rewards and Faeries, no significa recompensas, sino una suerte de genios o goblins. BORGES: «Qué extraño que uno pueda aceptar tan dócilmente lo que lee. Que uno sea tan distraído. Cómo creí que Kipling iba a titular un libro Recompensas y hadas? Kipling no buscaba esos contrastes (como contraste no sería brillante)». En el Oxford English Dictionary no figura tal acepción de rewards.

Habla con admiración de Chaucer y de Shakespeare, a quienes, después de leer a Homero, se les hacían buenos los temas de la Ilíada y de la Odisea, y escribían sobre ellos.

In such a night as this[639]:

In such a night as this[639]:

era una noche de un poema. Yo le digo que ese agrado tuve al leer los sonetos de Reyes (irregulares, a veces muy débiles) de Homero en Cuernavaca.

BORGES: «El verso de Chaucer:

But ye lovers that bathen in gladness[640],

But ye lovers that bathen in gladness[640],

“amantes que os bañáis en la dicha”, es perfecto. Es muy superior a los blancs nageurs de Mallarmé[641]. Este quizá sea más exacto, pero en poesía no hay por qué ser tan exacto. Además, en “Bul all you lovers…” el poeta participa, siente, lo que es muy importante y no comprendieron los surrealistas (¿qué comprendieron?) ni Lugones. Es una excelente descripción del coito, nada desagradable».

Habla de Tamburlaine (Tamerlán) de Marlowe: «Tal día, cuando sitiaban Samarkanda, las tiendas de Tamburlaine aparecieron adornadas con banderas blancas, y él vestido de blanco, para expresar piedad; al día siguiente hubo banderas rojas y su túnica fue roja, para anunciar guerra y pillaje; al tercer día flamearon banderas negras y su túnica fue negra, para indicar muerte y desolación. Entró en la ciudad y mató a todos[642]».

Explica: «Parece que los baconianos no sólo atribuyen todo el teatro isabelino a Bacon, sino todos los libros de algún valor, aun los que hoy se publican —ya que Bacon sigue viviendo».

Recuerda la anécdota de Gladstone y Disraelí en el parlamento. El primero vaticinó al segundo que moriría en la horca o de una enfermedad venérea. Disraelí contestó que sí, «if I embrace your principies or your mistress [si abrazo sus principios o a su amante]». Borges dice que la anécdota debe ser inventada, una trabajosa mentira; en la Cámara no iban a hablar así… etcétera.

Le cito la frase de Dorothy Parker: «Tal actriz could express the complete gamut of human emotions, from A to B[643]». Ríe mucho y comenta: «Destruye el edificio que levantó».

BORGES: «Una vez Leconte de Lisle compró, ante Verlaine y como si no lo viera, una caja de cigarros Corona y aparatosamente encendió uno. Verlaine pidió al cigarrero el mayor cigarro que tenía, un charuto imposible, y lo encendió imitando los movimientos de Leconte de Lisle. Está bien la compadrada… Parece que en los jeudis de Verlaine, cuando éste, para despedirse, estrechaba las manos, cada uno le daba cinco francos».

Dice: «Qué bien. Martínez Estrada, en su conferencia de la SADE, restó toda importancia a Don Segundo. Es claro que tal vez la causa fuera que el autor no era comunista».

BIOY: «Margarita Bunge dirige la revista El Tero». BORGES: «Eso no es nombre de revista. Cuaderno El Tero, repasador El Tero».

Dice que prosas breves, como «El hacedor» o «Ragnarók» no deben escribirse poéticamente, como algunos cuentos de Wilde o como el primer capítulo de Salammbó.

Viernes, 24 de abril. Come en casa Borges.

Miércoles, 29 de abril. Come en casa Borges. Dice que González Lanuza admira:

No he de callar, por más que con el dedo[644]

No he de callar, por más que con el dedo[644]

Como Borges opina que lo del dedo es un poco ridículo, González Lanuza arguye: «Pero ¿cómo no admirar el verso que precede y prepara los admirables:

ya tocando la boca, o ya la frente,

silencio avises o amenaces miedo?».

BORGES: «¿Por qué está bien esto? ¿Amenaces miedo significa amenaces con dar miedo o amenaces terriblemente? El estilo epigramático no consiste en podar a lo loco las frases; las frases deben ser breves e indudables. “Ars longa, vita brevis” no puede decirse más brevemente ni mejor. Pero amenaces miedo…».

Asistió a la reunión del jurado del Fondo de las Artes, que integra. Carmelo Bonet redacta el fallo: «Este jurado aconseja de que…». Borges deja leer y al rato, como distraído, repite: «Este jurado aconseja que…», Carmen Gándara: «Sí, porque me pareció oír un de que muy feo». Sigue escribiendo Bonet el fallo; lee: «Con el propósito que se determinen los méritos…». CARMEN GÁNDARA: «Ahí puede poner deque». Comentario de Borges (a mí): «El pobre Bonet ya nunca sabrá cuándo escribir que y cuándo de que. Te das cuenta qué penoso para él, un profesor. O tal vez nos vea como a locos del que y el de que».

Carmen Gándara está obsesionada con el Norte argentino. BORGES: «Ahora quiere que “se dé una beca a algún novelista, para que lleve sus personajes al Norte”». BIOY: «Cuidado. Todavía va a salir cobrando los boletos de los personajes».

Jueves, 30 de abril. Come en casa Borges. A propósito del Fondo de las Artes, me cuenta que César Fernández Moreno lo visitó y le dijo: «Tengo dos votos asegurados para que me den la beca. Si usted me vota —lo que será de estricta justicia— la obtengo». Borges respondió con un «Ya veremos» y pensó que no lo votaría, pero porque los otros candidatos le parecían peores y porque recordó a su padre (Baldomero), finalmente lo votó. Observa que los miembros del jurado, cuando hay dos candidatos para un premio, en cuanto votaron a uno y hundieron al otro, se ponen a perorar fooling who?— sobre los muchos méritos que sin embargo tiene el que hundieron. Como aquí el dilema era entre César Fernández Moreno y Pezzoni, Borges —para arruinarles un poco la comedia a sus compañeros de jurado— dijo: «Cuando se piensa en uno, se quiere votar al otro». Conmigo comenta: «Rápidamente se lo contarán a los interesados».

BORGES: «El tema de Fernández Moreno es Orígenes franceses de la literatura argentina, ¿Cómo el patriotismo lo permite? Todavía si fuera Orígenes argentinos de la literatura francesa. Y, ¿cómo Pezzoni propone como trabajo para cumplir con la beca el estudio de la poesía hermética en los Estados Unidos? ¿Qué es poesía hermética? ¿Por qué no estudiarla aquí?».

Recordamos la frase de Estela Lastra a Silvina, refiriéndose a Enumeración de la patria: «Yo soy la imitadora de tu verso». (Según otra lección: «Soy la recitadora de tu verso»).

BORGES: «El Cabito aparece de vez en cuando en la Biblioteca. Allí no lo quieren, porque lo toman por un mendigo. El otro día me dijo que Don Segundo no era nada: “Usted lo lee y no le queda un recuerdo”. Es curioso: cuando creo que pensamos lo mismo, de pronto demuestra que es imprevisible, que vivamos en mundos diferentes. “Qué diferencia con El libro bravo. Eso es poesía de veras, ¿no le parece, Borges?”. Tiene un gran fervor literario. Admira mucho a Novión y a otros autores de sainetes (no a Vacarezza, que al fin y al cabo…). Un día, Wally Zenner lo escuchaba con interés y cortesía, culpándose de su indiferencia por lo nuestro, prometiendo leer esas obras… El Cabito cometió la imprudencia de mencionar una: ¡Qué suerte la de Bachicha! Casi ofendida, Wally, exclamó, severamente: “Qué título”. También dijo el Cabito que un poeta sobre cuyos méritos indudablemente se había exagerado era Mastronardi: “Qué manera de aprovechar unos pocos y miserables hallazgos. Todo es tan mezquino en su poesía”. Wally se escandalizó: “Mastronardi quiere a su poema —explicó—, no quiere dejarlo, no quiere salir de él”».

Wally invitó a su casa a numerosos escritores, para buscar un candidato a presidente de la SADE, A la reunión acudieron Elsie Rivero Haedo, su marido y Adela Grondona. Conociendo las relaciones de Wally y su marido, puede uno suponer lo que serán las recriminaciones del marido hoy durante el almuerzo. BORGES: «Un almuerzo de trochos salados y grasosos, de sardinas y crema, que no satisface, pero indigesta».

BORGES: «La gente vive en las circunstancias. Una profesora del Instituto, que fue echada, tiene allí espías, que le cuentan todo lo que pasa; por cierto, un catálogo de boberas». BIOY: «La gente no necesita sacar consecuencias. Aun desconfía de los que sacamos consecuencias; nos ve como a traidores que aviesamente damos vuelta lo que ellos dicen».

Viernes, 1.º de mayo. Comen en casa Borges y Ema Risso Platero. BORGES: «Johnson dijo de dos sonetos de Milton que “one is contemptible, and the other non excellent[645]”. BIOY: “Qué bien está. Yo hubiera escrito la frase en otro orden: hubiera concluido, para ser vigoroso, con contemptible. Qué bien está que haya concluido con non excellent”. BORGES: “En este orden, contemptible es el resultado de un juicio; en el otro, sería el resultado de una explosión de cólera. Cuando uno repara en estas cosas, comprende qué difícil es escribir. Lo es porque se escribe con la inteligencia del lector, porque se escribe previendo las reacciones ajenas y procurando manejarlas. Es claro que así no escribe la mayoría de la gente: escriben como si estuvieran solos en el mundo y lanzaran decretos para la eternidad”.

BORGES: «Recibí un libro, Poemas con bastón, que tiene por epígrafe un verso de Emma de Cartosio». BIOY: «Qué inesperado honor. La ponen en el anaquel de los libros». BORGES: «Y qué me decís de que use ese apellido, que a fin de cuentas es el del marido. Si fuera el de ella, sería una de las primeras palabras que habría oído y no podría distinguir su fealdad, pero habrá habido un día en que oyó por primera vez la palabra Cartosio». BIOY: «Si alguien lleva un apellido así, no le conviene la partícula de sugiere Emma de Cartón». BORGES (a mi en un aparte): «No precisaba el apellido: ya Emma es un nombre horrible». BIOY: «Creo que también hay Elma y Alma». BORGES: «¿Sí? Serán variantes: nunca los he oído».

Dice Borges que el mejor epígrafe es el que encontró Norah en un libro de Juan Ramón Jiménez: «Qué tarde más rara», firmado: Un enfermo. BORGES: «Está bien que haya puesto esc epígrafe: ya es un poema. Y está bien que haya puesto un enfermo y no Fulano de tal, estando enfermo. ¿Cómo habrá llegado a todo esto Juan Ramón Jiménez en su confusión?». Comenta después: «No está mal el epígrafe de Lugones, en Las montañas del oro “Hic sunt leones (Anotación geográfica de un antiguo mapamundi)”. La frase está bien, pero ¡qué pretencioso Lugones! “Aquí, en estos versos, hay leones”. (Fingiendo la picardía y la suficiencia de quien diría eso). Ja, ja».

Dice también que no entiende por qué, entre los libros de Wells, es tan famoso el Outline de la Historia universal, un libro hecho con tijeras y que ni siquiera tiene el mérito de seguir un solo sistema: por momentos es impersonal, como transcripto de una enciclopedia; por momentos asoma Wells.

BORGES: «Unamuno escribió que él veía a Dios como el productor de inmortalidad y que sólo eso le interesaba: su inmortalidad. Qué bruto. Cómo no le interesa saber si el mundo tiene algún sentido. ¿Por qué le interesa tanto su inmortalidad? No creo que Unamuno hubiera adelantado mucho en el proceso de despersonalización».

Habla del Bhagavad Cita. Dice que hay un diálogo entre el guerrero Arjuna y el cochero Krishna, que es en realidad el dios Vishnú encarnado, y que en cierto modo es una réplica eficaz contra el pacifismo. Según el cochero hay dos maneras de salvarse: ir a un bosque y meditar (en este caso, no es seguro que uno se salve); o pelear por su país y por su deber, sin pasión, sin odio, sin participar, sin examinar si la causa es justa o injusta la traducción, sin duda infiel, dice que las batallas son puertas del paraíso[646].

Domingo, 3 de mayo, Wally, llorando, cuenta por teléfono a Graciéla Peyrou, que cuenta a la madre de Borges, que cuenta a Borges, que me cuenta: «Se pelearon Wally con su marido; éste le grita: “Víbora”. La mucama, que oye, instiga a Wally. “Señora, no se deje insultar, dígale conejo”». BIOY: «Qué penoso para Wally, que quisiera vivir en un palacio y ser una gran dama, esta escena de conventillo». BORGES: «Todas las personas que los frecuentan estarán enroladas en un bando o en otro».

Sobre la opinión de Johnson acerca de los versos de Milton[647] «Los admiraba, sin duda, porque obedecían a ciertas leyes, but he didn’t enjoy them en su lectura».

Marcos Victoria publica una imitación de Góngora, en La Nación[648]. BORGES: «Es pésima. No creo que Góngora viera a Andalucía como blanda, en oposición a la dureza de Castilla. Además, no se veía entonces el paisaje español; los accidentes del paisaje sugerían consideraciones morales o literarias».

Lunes, 4 de mayo. Hablo con Borges, sobre el pasaje de The Book of Marlyrs de Foxe en que Latimer dice a Ridley, el día que van a quemarlos vivos, algo más o menos así: «Be of good comfort, Master Ridley, and play the man. Tkis qight yon and me, will light a candle, an England, that won’t he pui out [Animo, Master Ridley, y haz el papel de hombre. Esta noche tú y yo encenderemos una antorcha, en Inglaterra, que no se apagará]». BORGES: «Está bien lo de good comfort, queda bien Master, y diríase que el verbo to play refuerza la hombría de la admonición; admira reflexionar que esa lumbre perdurable la encenderían con sus propios cuerpos». BIOY: «Parece que Latimer, cuando llegó a la pira, acarició las llamas».

Comenta un artículo de Unamuno sobre el Martín Fierro, publicado a fines del siglo pasado[649], que podría provenir de un nacionalista nuestro y que bulle de peronismo avant la lettre. Dice Unamuno que Martín Fierro es el guerrero español, peleando contra los indios; que Rosas acaba con la anarquía y que es combatido por los oligarcas.

Ayer salió en los diarios el aviso de Emecé, que anuncia la aparición de Guirnalda con amores; se titula Novedades de abril. BIOY: «Con el mismo sistema podrían llegar a Novedades del año pasado. Esto no es todo; el libro no llegará a las librerías antes de dos semanas; vale decir, que si alguien hoy recuerda el aviso de ayer y pide el libro le dirán que no apareció; lo más probable es que ese posible comprador olvide para siempre el libro. Qué raro que los mismos avisadores contrarresten la eficacia del aviso». BORGES: «Es cierto, porque lo único que les interesa es el comercio y la propaganda. Si no saben eso, ¿qué saben? Quizá todo el mundo sea un poco así. El que también era un poco así —porque era un negro haragán— era Henríquez Ureña. Si tenía a mano una edición conocida, aunque fuera muy imperfecta, la reeditaba, sin darse más trabajo ni pensar más. “¿Por qué no? Es la traducción de la Biblioteca Clásica o de La Lectura”, decía, sin entrar en detalles. La gente cree que esa especie de catálogo, su Historia de la cultura en la América Hispánica, es una obra importante. Hasta menciona a Gardel».

Jueves, 7 de mayo. Llamo a Borges para preguntarle el nombre de Ghiano: ¿Carlos Alberto o Juan Carlos? BORGES: «Juan Carlos Ghiano. ¿Para qué lo querés?». BIOY: «Para mandarle un libro». BORGES: «Mándalo a la mierda».

Dice que Susana Soca necesitó la muerte para alcanzar alguna realidad.

Viernes, 8 de mayo. Come en casa Borges. Habla de un absurdo sistema norteamericano de exámenes, en que se pregunta, por ejemplo: ¿Cuál es el libro sagrado de los musulmanes? Y el estudiante debe contestar poniendo una cruz junto a la respuesta —una de varias, que se le proponen— que considera exacta (digamos: la Biblia, el I King, el Corán, los Upanishad). BORGES: «Este sistema permite el puntaje; pero ¿para qué sirve el puntaje? ¿Para aparentar rigor? Johnson encontraba —a diferencia de nosotros, que nos hemos vuelto por demás respetuosos— que no todos los conocimientos eran necesarios; más aún, que algunos eran frívolos[650]. ¿Para qué, se pregunta, sirve saber que en tal parte entierran a los muertos de tal manera, de tal otra en tal otra parte, como refiere sir Thomas Browne?». Agrega: «En tiempos de Browne se hablaba de agujas simpáticas. Se hacía una suerte de círculos de letras y, si las agujas eran simpáticas, cuando una persona movía una de ellas en uno de los círculos, señalando letras (para formar palabras: de mucho uso para enamorados), la otra aguja debía moverse por sí sola idénticamente (lo que permitía a un enamorado ausente recibir mensajes). Browne quiso probarlas; puso los dos círculos sobre una mesa, y movió una aguja: la otra se movió menos que una columna de mármol. Johnson opina que Browne debía de ser muy ingenuo, para tener que hacer la prueba; para el resto de los hombres debía de ser evidente ese resultado sin necesidad de recurrir a la experiencia[651]. Pero está bien que Browne la probara: uno podría también negar el teléfono y el telégrafo».

Pregunta cuándo espera un gato que uno le diga Zape gato. Yo recuerdo que, hace treinta y tantos años, cuando yo estornudaba, mi abuela me decía: Zape gato. Buscamos en el diccionario de la Academia zape, zas, oxte, pipirigallo (palabra que alegra a Rafael Alberti[652] y otras. Al leer pedorretas dice Borges que el lexicógrafo queda contaminado. Yo le propongo: «Una señora, al saber que va a morir exclama quedamente: “¡Qué pavada!”». Recuerda Borges a la señora que, al saber que las hermanas de Peyrou no se habían casado, comentó: «¡Qué pavada!». Pregunta si se puede decir que un caldo es una pavada: «Comí un mondongo y resultó una pavada».

Digo que confundo a Estrella Gutiérrez con Guillermo Estrella. BORGES: «Es claro, y yo lo confundo también con Mora, porque publicó La estrella polar».

Le pregunto de qué habla The Sacred Fount de Henry James. BORGES: «Para averiguar quién es la amante de un hombre, en un party, aplican el siguiente método: como el hombre se ha convertido, de tonto que era, en ingenioso, buscan a una mujer inteligente que esté entonteciéndose en la medida que pasa su inteligencia al tonto. Qué absurdo James: cree que la inteligencia de cada uno es una cantidad fija. ¿Cómo no descubrió a lo largo de toda la novela que este razonamiento es falso? Sería tan ridículo como sostener que alguien ha de estar escribiendo libros muy inteligentes, porque él está del todo vacío de inteligencia. La enseñanza sería imposible; los profesores se volverían muy pronto ignorantes. James no da ninguna prueba del ingenio del señor en cuestión; le basta con decir que es ingenioso. Qué raro este autor famoso por la sutileza y los matices, que hace todos los personajes idénticos. Ojalá que pudiera uno diferenciarlos por manías, ademanes o trajes. En The Sacred Fount el lector debe ser una suerte de detective; pero ¿cómo va a descubrir quién es la amante si no sabe quién es quién, si no logra distinguir a un personaje de otro?».

BORGES: «María Antonieta Centrone publicó Cantos a Aliosha». BIOY: «Otro hermano Karamazov es Misha». BORGES: «Menos mal que no publicó Cantos a Misha».-

Dice que Alicia Jurado no aprueba su manera de dar clases, que consiste en recordar lo pintoresco[653]. BORGES: «Si no puedo contar lo pintoresco, no puedo hablar».

Sábado 9 y domingo 10 de mayo. Come en casa Borges.

Martes, 12 de mayo. Come en casa Borges. Dice que antes le gustaba la traducción de Las mil y una noches de Burton, pero que ahora su estilo le resulta desagradable. La de Galland y la de Lañe están escritas en un estilo más agradable, llano, y sin duda más de acuerdo con el estilo original. BORGES: «Gracias a Galland se conocen y son famosas Las mil y una noches. Él destacó los argumentos: en su versión quedaron nítidos, encuadrados en simetrías. En todas las otras colecciones de cuentos —indios, celtas—, los argumentos resultan siempre un poco confusos e insatisfactorios». Dice que Las mil una noches provienen del Libro de Esther.

BORGES: «A Giusti le gustaba mucho la broma de usar el tiempo condicional —sacada de los diarios: “Pagaríanse aumentos…”— y por más de un año dijo: “En Nosotros pagaríamos las colaboraciones”, para agregar, guiñando un ojo y doblando el pulgar: “Pagariólamos”. Habla de un modo raro. Es difícil de imitar porque no se sabe con qué parte del cuerpo habla». BIOY: «Un esfuercito más y sería ventrílocuo». BORGES: «Habla como cocoliche, pero como es profesor usa formas españolas, en frases como “un mancebillo mezzo locatelli”.

Dice que los tangos alemanes son numerosos y no malos, «si uno no los oye como tangos, si uno no espera que le den ganas de hacer así» (ladea la boca, lanza una suerte de quejido ahogado, compadrón y no quejoso, que parece salir de la barriga, se ladea de hombros, como en un corte de tango). Agrega: «¿Cómo pueden adivinar los alemanes que esperamos que los tangos nos provoquen esta reacción?».

Recuerda un paseo en victoria de plaza con Nicolás Paredes, ya viejo, que contaba sus proezas pasadas. BORGES: «De tanto en tanto el cochero, aprobatorio y distraído, se volvía, para comentar: “Ah, tigre”. Cuando se fue Paredes, el cochero me dijo: “En su tiempo fue bravo” y después, con ese desprecio que tiene la gente por la vejez: “Ahora no sirve para nada”. A veces, Paredes macaneaba o se le iba la mano: “Yo estaba paseando con Carlos Pellegrini…” y miraba, vigilantemente, mi expresión… Está bien que Valerga cante una canción ingenua y que reproche a uno de los muchachos, diciendole que no sea lunfardo[654]. Los orilleros se veían como gauchos. Acordate del tango más famoso, La morocha, que ceba el cimarrón “al gaucho argentino”:

Soy la que al paisano

muy de madrugada

brinda un cimarrón.

A Murada, que había sido carrero, Paredes lo llamaba el paisano. Paredes desfilaba, caracterizado de gaucho, con Rocca y sus gauchos. En la casa había una fotografía de un rodeo: su mujer tenía una estancia en el Azul y a él le gustaba llamarse el estanciero. La hijastra lo aborrecía, porque Paredes vivía de la plata de su mujer, además de la que sacaba del truco. Madre me decía: “No tomes el mate, que la hijastra lo habrá escupido”, Su mujer lo admiraba: “Cuando llegó al Azul, algunos quisieron pisarle el poncho pero mi marido los puso en vereda. ¿Qué iban a hacer, si eran malevos de campo y Nicolás era [del barrio] de la Tierra del Fuego?”. Qué raro que llamara malevo a su marido. Paredes decía: “¿Quién no debía una muerte en mi tiempo? Hasta el más infeliz”».

Habla de Crítica y Botana: «Ulyses [Petit de Murat] llevaba la obsecuencia hasta el punto de elogiar a Botana aun cuando éste estaba ausente. A Botana le gustaba que lo llamaran el jefe, Al (por Al Capone)[655], Big Boy, el Trompa; también le gustaban mucho los pájaros e ir a unas fiestas de San Miguel, que eran horribles. En el diario, a cada uno, tarde o temprano, le llegaba un desaire, para que no se sintiera seguro, ni igual a Botana. Decía uno un chiste, Botana lo oía atentamente y al fin, impávido, hablaba en seguida de otra cosa, de que había que poner los titulares de tal o cual manera. Par centre, cuando ganaba plata en las carreras, metía billetes en los bolsillos de toda esta gente. Ulyses, González Timón, estaban encantados, no veían esto como una afrenta, aunque no eran chicos ni íntimos amigos de Botana. González Tuñón ponderaba: “Hay que embromarse, es un gran señor”. Cuando Botana se peleó con Salvadora Medina Onrubia, su mujer, ningún protegido de ésta pudo colaborar en el diario; se mandaron a Botana listas de colaboradores, listas frondosas, en la esperanza de que algunos nombres condenados pasaran inadvertidos; no pasaron inadvertidos; entre ellos, estaba el de Mastronardi, ahijado de Salvadora. Como yo era entonces director del suplemento literario de Crítica, Mastronardi me dijo: “Aparte de las evidentes razones literarias, comprendo muy bien por qué ustedes no me piden colaboración: conozco a mi Botana”. Botana era uruguayo, pero allá no lo querían. Cuando intentó abrir una agencia en Montevideo, le mataron a la gente que mandó[656]».

BIOY: «Una señora me contó que, siendo niña de ocho años, llevó a un señor unas medías lavadas por la tía. El señor le preguntó si no quería que le hiciera una muñeca de carne, la invitó a pasar y le ofreció caramelos; ella huyó», A Borges le gusta (y horroriza) el cuento: «Habría que escribirlo así», dice.

Miércoles, 13 de mayo. Come en casa Borges.

Domingo, 17 de mayo. Come en casa Borges. Habla con menosprecio de Miguel Angel Asturias y de sus libros; «Wally imagina que uno sigue la obra de Asturias, que ha leído El señor presidente y Soluna. ¡Soluna! ¡Qué título! No es una manera estúpida de decir solitario, sino una manera estúpida de decir Sol y luna. Wally pide indulgencia para Asturias, porque un día lo vio en una iglesia. Yo todavía le tengo más rabia por esa pequeña representación».

Habla del Hinduísmo. Explica que cada sacerdote elogiaba a su dios diciendo que era el más antiguo, el más poderoso, el superior; así se llegó al panteísmo: predicando de cada uno los atributos de los otros, llegaron a hacer de unos los otros. BORGES: «A veces el panteísmo muestra la hilacha: algunos dioses son engendrados por sus hijos… Hay imágenes de dioses que no parecen inventadas para alentar el respeto, como el dios cabalgando un toro que uno toma por un ratón. Como Siva tiene cinco cabezas se lo llama el de diez orejas, una vez miró distraídamente con el tercer ojo de una de sus cabezas a su hijo y a éste se le quemó (o se le cayó rodando) la cabeza. Siva la reemplazó con una de elefante. Parece mal que dioses tan maravillosos deban resignarse a poner a sus hijos cabezas de elefante. Madre comentó: “Cuando hagan dulce de leche, hay que evitar que Siva pase a la cocina”».

Recordamos que, en una época, Silva Valdes era muy conocido. BORGES: «Hoy, ni para atacarlo se acuerdan de él en Montevideo. Debió morir hace años. Cuando un escritor muere, la gente se imagina que si hubiera vivido hubiese evolucionado. A veces no es así. Yo no tendría ninguna curiosidad por leer los libros que hubiera escrito Güiraldes si hubiese vivido. Cada vez fue más pomposo. Los que hubiera escrito Poe, sí… De él manan muchas cosas… Stevenson también hubiera escrito, sin duda, muchos libros extraordinarios». BIOY: «Murió a los cuarenta años o poco más. Cuánto más rica es su obra que la de Faulkner. Cada libro de Stevenson es único; Faulkner habrá escrito uno o dos libros y muchas repeticiones». BORGES: «En cada libro acentúa sus defectos».

Dice que, en una conferencia, Adolfo Ruiz Díaz censura a los griegos porque imaginaban que era importante que las obras de arte imitaran a la naturaleza. BORGES: «Yo no creo que sea ése un defecto del arte griego. Con tal pretexto, Ruiz Díaz aduló a unas cuantas supersticiones modernas. Si uno dice que en sus retratos Velázquez trataba de buscar el parecido, Ruiz Díaz pregunta: “¿Cómo lo sabemos?”. Bueno, esas caras son realistas y personales… Además, los que no buscan el parecido tampoco consiguen otras cosas».

BORGES: «Enojado porque el Fondo de las Artes no da dinero para la publicación de sus novelas, Ulyses envió a Clarín una carta en que, diciendo que él olvida esas miserias, ataca al jurado (¡rara manera de olvidar!). Pocos días antes me había mandado un artículo titulado “Mí amigo J. L. Borges”». Borges es uno de los jurados.

González Lanuza organiza un homenaje a Antonio Machado, cuyos poemas serían leídos por Borges, por Banchs y por el propio González Lanuza. BORGES: «Yo le dije: “Te reíste tanto de Berta Singerman y de Wally Zenner y ahora querés que nosotros hagamos lo mismo”. ¿Por qué supones que lo haremos bien?». Le dije que yo no me prestaría a eso. Una cosa es leer (o repetir de memoria), en una conferencia, los versos que uno cita; otra recitar únicamente poemas. ¿Y qué poemas tiene Antonio Machado? En un verso dice:

quien habla sólo espera hablar a Dios un día[657]

quien habla sólo espera hablar a Dios un día[657]

¿Por qué? Me recuerda una frase que he oído, que quiere dar esperanza y es terrible: “Donde quiera que mires, verás a Dios”».

Miércoles, 20 de mayo. Come en casa Borges, Dice que en el sueño de Chuang Tse y la mariposa[658] («Chuang Tse soñó que era una mariposa; al despertar no sabía si era Tse que había soñado que era una mariposa, o una mariposa que estaba soñando que era Tse») está bien elegida la mariposa, por ser casi irreal y muy precaria; con un león o un elefante la situación sería absurda, porque el león y el elefante eran demasiado grandes y sólidos. Por análoga armonía con el contexto elogia la frase de Cansinos-Assens: «Puedo saludar las estrellas en catorce idiomas clásicos y modernos». BORGES: «Las estrellas dan la idea de inmensidad, de larga duración».

Me cuenta que su madre se enoja, al leer la Life of Johnson, con las tonterías de Boswell. La enojó particularmente la pregunta a Johnson: «If Sir, you were shut up in a castle, and a newborn child with you, what would you do?[659]». «Qué hombre insufrible», comentó su madre. BORGES: «Se ve el deseo de hacer hablar al gran hombre. Lo que subraya la estupidez o la impertinencia de la pregunta, es la urbanidad del uso del Sir».

Dice de Estrella Gutiérrez: «Una persona tan idiota tiene que ser sinvergüenza. Tiene que hacer trampas todo el tiempo, para que no lo aniquilen».

Pregunta: «¿Cuál es el magnum opus de Leonidas de Vedia? Unas crónicas sobre películas, que tal vez escribió el hijo de Augusto Mario Delfino».

BORGES: «Cuando hay polémicas pienso como Almafuerte que mi vida no me interesa». Dice haber sido muy perezoso: «Comprendo la pereza y la disculpo. Pero en medio de mi pereza yo pensaba que cumpliría una gran obra literaria. Que uno se proponga la obra de Soler Darás es mejor que no proponerse nada como ideal: la bohemia es inaceptable».

Cuando se despedía, me dijo: «Bueno, metete al bastidor». Le gustó el cuento; también el de la cocinera[660]. De éste, comenta: «Qué buen cuento. (Pansa). Es más inverosímil que el del bastidor».

Jueves, 21 de mayo. Come en casa Borges. De una alumna dice: «Como no es linda, ni es fea, esa chica no es nada, logra no existir, logra la ausencia». De Nalé: «No es un poeta. ¿Cómo va a ser poeta un hombre que sólo está cómodo en la chabacanería, que nunca se asombró de estar vivo, ni del amanecer, ni de que va a morir un día? Sus poemas son meros ejercicios. Yo le decía todo esto a Giusti, que tomaría buena cuenta de asombrarse en la primera oportunidad». Pregunta: «“Hijo del pais, con gorra de vasco”, ¿cuándo se dice?»[661], Recuerda los versos:

Puro cuellito parado,

puro jaquecito abierto,

puro VOULEZ VOUS con soda,

puro que me caiga muerto.

MI PADRE: «Esos versitos deben de ser de antes del Novecientos[662]». Borges recuerda también:

Anima que vas penando

por el Arroyo del Medio,

derramando cada lágrima,

como una clara de huevo.

Borges: «¡Qué versos! El poeta no se dio mucho trabajo. Lo interesante sería saber la prehistoria de la estrofa, cómo se llegó a esos versos. Tal vez la causa del favor que merecieron no residiera en el mérito, sino en alguna alusión política. Quién sabe si los contemporáneos los oían y en seguida decían: “Urquiza”, A lo mejor esa ánima era Urquiza»,

Mi padre recuerda:

Yo me llamo Pancho,

yo me llamo Pancho,

el gran quilombero

soy recienvenido,

soy recienvenido,

de Montevideo.

A la Merdansún

Cantún, Salupín, Salupún,

¡Guarda vía l’urinai!

Tengo mi parada,

tengo mi parada,

en Junín y Corrientes,

y paso la vida,

y paso la vida,

como un presidente.

A la Merdansún,

Cantún, Salupín, Salupún,

¡Guarda vía l’urinai!

Según mi padre, allá por el año 98, se oía esta letra en la calle de Junín, tocada por los gramófonos de los prostíbulos. A veces un último verso, ¡qué culo per cagare!, se le agregaba, con declamación de final de ópera. Borges opina que hasta la palabra Montevideo la gente recitaba tranquilamente y que el baile, como un enloquecimiento, comenzaría con «A la Merdansún».

BORGES: «Capdevila va a presentarme en la Academia de Letras. Está bien, es un escritor. Madre quería que me presentara Giusti. Eso me parece un poco absurdo: puedo sentir afecto por la persona, pero como escritor no es nada».

Como ejemplo de furcio, propone; «Porque, al fin y al cabo, ¿no somos todos agentinos[663]?.

Viernes, 22 de mayo. Ochenta y tres años de la madre de Borges. Borges me dice: «Sí, Madre está bien y no tiene un aire venerable, ha evitado ese estilo, ¡qué suerte!». Por la noche, come en casa.

Domingo, 24 de mayo. Come en casa Borges. Cuenta que Erro, leyendo una conferencia, dijo: «Con su sensualismo a todo vapor». Ensayamos variantes. BIOY: «Embestí con mi sensualismo a todo vapor». BORGES: «Mejor queda en pasiva: “Me embistió con su sensualismo a todo vapor”. O, mejor aún; “Me guiñaba el ojo con su sensualismo a todo vapor”. O “me pellizcaba”». También leyó Erro: «Así como uno se da un baño caliente para dormir mejor, así el tirano necesita amordazar a la prensa». BORGES: «Quién sabe si lo del baño caliente es necesario». BIOY: «Pero la gente lo habrá aceptado, porque acepta, sin examinar, la fórmula mí como, tal cosa». BORGES: «Es claro, ya se sabe, es una fórmula muy aceptada… Además, la gente oía a Erro como quien oye la lectura de la Constitución: sin ganas de hacer bromas, porque no se hacen bromas con esas cosas, pero deseando que termine, to get away with it. Como un deber que hay que acabar. Después, Erro corrió a Morón, a dar la misma conferencia. Nunca sentirá cansancio físico».

Hablo del estilo de discursos políticos. Digo que tal vez con el peronismo se haya originado un estilo que es como un puzzle en el que la gente descubre referencias, amenazas y se exalta; busca lo que le interesa y deja de lado la paja. BORGES: «Yo creo que el entusiasmo o la indignación son previos… La gente no entiende las cosas más sencillas. Los otros días dije que en Buenos Aires comemos canelones o ravioles como la cosa más natural; si en cambio nos sirven empanadas, se las comenta, etcétera. Mis oyentes creyeron: (a) que no me gustaban las empanadas; (b) que estaba en contra de lo argentino».

Sostiene que Fitzgerald y Baudelaire son parecidos. BIOY: «Sin duda los conocés mejor que yo; yo los encuentro muy distintos. Entre Manrique y Baudelaire, Fitzgerald estaría a mitad camino; Baudelaire estaría muy lejos de Manrique. La diferencia, principal, según creo, es que los elementos que Fitzgerald canta son esenciales y casi eternos; los de Baudelaire, no. Fitzgerald canta el vino, las mujeres, la rosa, la noche, el ocio, la inutilidad del trabajo», Borges reconoce que esa diferencia es fundamental y agrega: «Luxe, calme et volupté[664] habría que dar esa idea y no enumerar los conceptos».

BORGES: «Yo creo que es absurdo lo que dice Groussac acerca de que Moreno es un gran escritor. Moreno es una figura muy simpática, está muy bien, es una persona excelente, pero como escritor es muy inseguro; en cualquier momento puede decir cualquier cosa. Groussac tenía que ver que con una simple lectura podía corregirse cualquier frase de Moreno».

Le cuento que Pedro Miguel Obligado, diariamente, poco antes de la hora de cerrar, entra en la librería Kraft, elige un libro de arte y se mete en el servicio. Todos, en la librería, comentan esa costumbre, dicen que un día no van a esperarlo, van a cerrar con él adentro. Borges ríe mucho y dice: «Sólo por eso se lo recordará». Recita un poema en que se sugiere que tal vez llegue Kublai Khan a ser recordado solamente por esos versos. BORGES: «Tal vez Pedro Miguel llegó a su costumbre por escepticismo: comprendió que su obra era nada y que él sólo podía sobrevivir en anécdotas. ¿Debió elegir una anécdota mejor? Bueno, el mismo escepticismo… No, no creo que él piense que su obra es mala. Alguna vez hablé con él: me pareció muy seguro. Bueno, tiene razón: es mejor que muchos contemporáneos. Aunque su gran poema “Estoy solo, etcétera[665]” muy pronto se viene abajo, Pedro Miguel es mejor poeta que Molinari. Es muy leído por maestras y por cierta lower middle class. Es, como lo demuestra la anécdota de la librería, un hombre rutinario; nunca viene a la Biblioteca, porque queda en el Barrio Sur y hay que cruzar la avenida de Mayo…».

BORGES: «Una señora me dijo que yo era el mejor poeta argentino. Le di una lista de seis o siete mejores. La señora la rechazó; dijo que los dos mejores éramos Molinari y yo. Le contesté: “Para que vea que no soy hipócrita, le diré que tan abajo no llego, que soy mejor que Molinari”. Quedé mal. La señora creyó que era vanidoso y celoso; que cuando me ponían a uno al lado, trataba de hundirlo, aunque fuera Molinari». BIOY: «Por insensibilidad, por no entristecerse por los magros resultados, por machacar tesoneramente, Molinari habrá logrado su fama de gran poeta.

También porque descubrió una forma de poemas: versos breves, sin el ritmo de baile de la redondilla». BORGES: «Sí, versos lánguidos, indiferentes». BIOY: «También tiene poemas así Juan Ramón Jiménez; pero es muy superior. Lo mejor de Juan Ramón Jiménez es memorable; lo mejor de Molinari no se distingue de lo peor».

Dice que la Vida de Johnson por Boswell es mucho más importante y entretenida que las conversaciones de Eckermann con Goethe: «Boswell resolvió el problema de mostrar manías, rasgos absurdos y hasta desagradables de Johnson, y, al mismo tiempo, persuadirnos de que era un gran hombre, admirable y querible. Tal vez resolvió este problema porque no se lo planteó. Cada día me interesa menos Goethe».

BIOY: «Nadie está más desacreditado como escritor que Capdevila: ni siquiera Larreta. Hay quien admira a Larreta; nadie a Capdevila». BORGES: «Ni su hija. Cuando le dije que su padre escribía bien, se asombró. La gente lo verá como algo fatal, como un accidente geográfico de Buenos Aires. También [Baldomero] Fernández Moreno está muy desacreditado: hasta César Fernández Moreno está menos desacreditado». Todo esto, sin dejar de admirar a Capdevila y a Baldomero Fernández Moreno.

Dice que los poetas chinos rimaban de acuerdo al uso de los clásicos, con palabras que ya no riman. Una revolución de poetas modernos fue rimar con palabras que riman para el oído. Hablamos de Waley, de Granel, de Legge, de Stanislas Julien[666], y de los métodos de traducción scriptural e historical,

BORGES: «Lincoln dice que el hombre tiene derecho a tal y cual cosa y a the pursuit of happiness[667] eso está muy bien».

Lunes, 25 de mayo. Come en casa Borges. Dice que el peronismo había rebajado el 25 de mayo al Día del Reservista.

Martes, 26 de mayo. Come en casa Borges.

Miércoles, 27 de mayo. BORGES: «Qué triste esas personas que tienen que hacer aclaraciones orales, para que se entiendan sus escritos, cuando los leen en voz alta. ¿Cómo no comprenden que esas aclaraciones demuestran que están mal? ¿O creen que van a venderse los libros con aclaraciones en discos? Por eso, hay que desconfiar de todo libro que requiera una explicación oral del autor».

Recuerda unos versos contra el Ossian,

Ossian, sublimest, simplest bard of all,

Whom English infidels Macpherson call[668].

BORGES: «Hume dijo que los nombres de los personajes del Ossian le recordaban perros: así (Oscar, Fingall, Ossian, Malvina) se llamaban los de su infancia en los Highlands».

Jueves, 28 de mayo. Come en casa Borges. BIOY: «Hoy me enteré de que un horrible cuadro de gauchos cabalgando, que hay en Rincón Viejo, es bastante famoso y de un pintor Monvoisin». BORGES: «Pinta gauchos friolentos, muy abrigados, con algo de moros o de españoles». BIOY: «Entre atorrantes y soldados de la legión Extranjera. Con caballos árabes». BORGES: «Sí, curvos». Habla de un pintor, César Duclos, que pinta enormes cuadros históricos. BORGES: «Cuadros para instituciones… El color es horrible, los personajes parecen de cera, pero la composición está bien: San Martín siempre en el centro, the old broum tree. Ahora está haciendo un cuadro que representa una escena de la filmación de la primera película cinematográfica argentina, El fusilamiento de Borrego. Le dije que, como habría en la escena personajes con ropas de la época de Dorrego y personajes de 1916, para que no parecieran todos disfrazados convenía atenuar las diferencias entre los de 1916 y los de ahora, no caracterizarlos demasiado. Le dije esto por decirle algo, pero no lo entendió: excedía la capacidad de su inteligencia. Este Duclos pasó seis años sin salir de su casa. Cada quince o veinte días la familia le proponía un paseo; salía a la puerta, miraba el cielo, opinaba que podía llover, ganaba la casa nuevamente».

Frith, o algún pintor de cuadros enormes y con muchos personajes, exponía en la Royal Academy; Wilde se le acercó y señalándole un cuadro le preguntó respetuosamente: «All painted by hand, I suppose? [Todo pintado a mano, ¿no?]». Borges comenta: «Lo que es una critica perfecta».

Según Peyrou, Borges dijo: «Yo odiaba a tres personas y ahora sólo recuerdo el nombre de una, pero ya no sé por qué la odiaba».

Viernes, 29 de mayo. Borges siempre me precave contra la tentación de tomar demasiado en serio nuestro trabajo: todo debe hacerse, pero discretamente, en los ratos que deja la vida. Riendo, dice que Susana Bombal tiene horario para trabajar, defiende su trabajo; cuando a ciertas horas uno la llama por teléfono contestan: «la señora está trabajando».

Sábado 30 de mayo. Come en casa Borges, que apareció con una fotografía de Hormiga Negra. BORGES: «Hormiga Negra parece un jardinero inglés; los reporters de Caras y Caretas tienen peor aire de compadres». MI PADRE: «Tiene buena cara[669]. Fue capataz en la estancia de don Norberto Quirno». BORGES: «Madre se enoja porque Miguel está conmovido por la fotografía: “Buen sinvergüenza fue ese bandalla”. Pero, como dice Bolitho, los chicos se sienten defraudados en su espíritu aventurero cuando los libros les relatan las aventuras de personas que defienden la ley (policías, sheriffs, etcétera): las verdaderas aventuras —por lo menos es lo que se siente— son contra la ley: the adventurer is an outlaw, uno siente que “adventure must start with running away from homé[670]

Dice que en la obra de Benito Lynch hay una limitación a una estrecha zona del Sur, vecina al río Salado, que es agradable: «Cuando quiere desembarazarse de un personaje lo manda lo más lejos que puede: a Bolívar».

BORGES: «Peyrou juzga las obras según un criterio demasiado realista». BIOY: «Sí. Los otros días, condenó como algo absurdo que en un relato el héroe cayera desde un séptimo piso y antes de llegar al suelo recordara toda su vida. Para una novela, donde habría que creer esto durante cientos de páginas, este recurso no me parece recomendable, pero creo lícito, en un cuento, admitir rápidamente una convención así y pasar a contar lo que uno quiere. En el cuento “Los zapatos” de Mallea, Peyrou objetaba que los zapatos costaran tanto; que fueran importados[671]; que fueran de la medida del héroe. Si Mallea olvida que los zapatos tienen que convenir a los pies que los calzan, si cree que comprar zapatos es como comprar un automóvil o una mesa, la crítica está justificada; si Mallea aprovecha la circunstancia de que le quedan bien al héroe para que éste vea en ella un estímulo del destino, la crítica es errónea». BORGES: «Algún realismo, como el de Torre Nilsson y Beatriz Guido (en que un chancho se come a un chico)[672] podría llamarse realismo irreal. El realismo de Verbitsky no es ocurrente, pero si tedioso»,

BORGES: «En España están tan encerrados en sí mismos que al tratar del modernismo procuran olvidar a Darío. Ya hay una convención entre los españoles que reconoce como origen del modernismo a Juan Ramón Jiménez y las coplas andaluzas. Es demasiada ingratitud con Rubén: el modernismo les llegó de América».

Hablamos de Juan Ramón Jiménez. BORGES: «Juan Ramón encuentra a Federico García Lorca y le dice: “Parece que anoche armaron jaleo en el estreno de una de tus zarzuelitas”. Uno de los mejores rasgos del carácter español es el de no dejarse sobornar». BIOY: «Juan Ramón me dijo que él no podía viajar ni irse al campo, porque lo inquietaba estar lejos de los sanatorios. En varías oportunidades de su vida huyó de su casa a un sanatorio; los médicos le aseguraron que no estaba enfermo, pero prefirió permanecer allí un tiempo». BORGES: «¿Cómo podía gustarle estar en un sanatorio? Es como estar en una cárcel. Bastantes días después de haber salido del sanatorio, yo me despertaba y al ver que estaba en casa me sentía feliz: tan feliz que no necesitaba nada más. Es claro que Juan Ramón era un hombre muy vanidoso; en un sanatorio todo el tiempo se ocupan de uno, le preguntan cómo está y lo examinan: eso le gustaría. Yo creo que el secreto del éxito del psicoanálisis está en la vanidad de la gente; te das cuenta, poder hablar todo lo que uno quiere, de uno mismo, y que lo escuchen con interés y aun poder hablar de la infancia». Recuerda: «Boletín Bello Español del Andaluz Universal, publicación de Juan Ramón Jiménez… Además de escribir en una prosa horrible, era intelectualmente muy débil. Él mismo lo sabía. Se amoldaba a ser una suerte de pet de la gente. Cuando empezó a dar lecciones en la Universidad de Puerto Rico, y vieron que todas las clases eran la misma y se reducían a unas cuantas anécdotas contra escritores españoles contemporáneos, le dijeron que no necesitaba dar más clases, que bastaba con que recibiera a los estudiantes que quisieran consultarlo. Él no se enojó por esto. Otro se hubiera avergonzado y hubiera tratado de estudiar un poco, para seguir con las clases. Él no. Estaba bien: era una suerte de poeta árabe. A Coleridge también le parecía que mantenerlo a él era un honor para quien lo mantenía. A Juan Ramón Jiménez tanto le habían dicho que era un gran poeta, un genio, que se lo creyó… Yo prefiero, como título, los Jardines solos de Capdevila a los Jardines lejanos de Juan Ramón Jiménez».

[Eduardo] Blanco-Amor dijo: «La obra de Juan Ramón comprende según nos asegura Guillermo de Torre, que se tomó el trabajo de contarlos, treinta y ocho volúmenes». Comentario de BORGES: «Guillermo queda convertido en un idiota. Mira a lo que queda reducida la labor del crítico: a contar los volúmenes».

Elogia a Antonio Machado, pero excluye de su elogio los poemas descriptivos de Castilla: «Ahí aparece como turista». Recita «Retrato»:

Mi infancia son, recuerdos de un patio de Sevilla,

y un huerto claro donde madura el limonero;

mi juventud, veinte años en tierra de Castilla;

mi historia, algunas casos que recordar no quiero.

Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido

—ya conocéis mi torpe aliño indumentario—,

mas recibí la flecha que me asignó Cupido,

y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.

[…]

Adoro la hermosura, y en la moderna estética

corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;

mas no amo los afeites de la actual cosmética,

ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.

[…]

Y cuando llegue el día del último viaje,

y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,

me encontraréis a bordo ligero de equipaje,

casi desnudo, como los hijos de la mar.

BORGES: «No hay que decir claro donde. Hay que decir: donde madura el limonero, aunque parezca mal medido. Tampoco hay que decir casi desnudo; sino desnudo, como los hijos de la mar. Lo mejor del poema son los primeros versos y el que dice:

amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.

amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.

Esto está compensado por el aliño indumentaria y otras fealdades y cursilerías: la flecha que me asignó Cupido, los afeites de la actual cosmética y, por cierto, el gay-trinar». Dice que en España a Antonio Machado lo llaman Antonio Manchado. BIOY: «Como lector, qué poco exigente uno es… O quizá habría que decirlo de otro modo: un solo verso bueno difunde su luz en el resto del poema… Por la nostalgia de un verso bueno, recordamos con agrado un poema tal vez cargado de imperfecciones. Uno olvida o no toma en cuenta para su estimación versos poco felices como el del aliño indumentario». BORGES: «En el que dice:

ni un Mañara ni un Bradomín he sido,

ni un Mañara ni un Bradomín he sido,

el autor deja ver qué libros lee».

Como ejemplo de la extraña vanidad de la gente, cita el velorio de Bufano. Éste murió en su provincia, en Mendoza, y en un camión, a los tumbos, lo trajeron a Buenos Aires, para que lo velaran en la SADE. Allí lo esperaban los miembros de la comisión; como se demoraba, se informaban por teléfono y llegaban noticias de que había pasado por tal pueblo, que ya salía de tal otro, Borges me dice que había imaginado que lo enterrarían en Buenos Aires; pero no, después de velarlo en la calle México, el mismo camión, a los tumbos, se lo llevó a Mendoza.

BIOY: “En el Brasil y en Chile habrá más villas miseria que aquí. Y allí los negros son verdaderos”. BORGES: “Sí, profesionales: no amateurs, como los nuestros”.

Domingo, 31 de mayo. Come en casa Borges. BORGES: “Alguien dijo que la conversación de Coleridge era circular, pero que la gente, como se perdía antes de que el conversador volviera a su punto de partida, creía que éste se perdía, pero no se perdía y llegaba a su debido tiempo”.

Lunes, 1.º de junio. Come en casa Borges. Dice: “Qué raro que seamos una combinación de materia y espíritu. Todo el tiempo la materia nos amenaza. Vivimos en casas construidas por Osvaldo Horacio Dondo, cruzamos puentes construidos por María Antonieta Centrone, viajamos en trenes construidos por Luis Emilio Soto y dirige el mundo Soler Darás”.

Habla de Confucio: “Los comentadores más recientes opinan que el décimo libro de las Analectas es apócrifo; que los rasgos que ahí se atribuyen a Confucio son rasgos ejemplares de un caballero. Yo me inclino a creer que tenían razón los comentadores antiguos; creo que los rasgos atribuidos a Confucio son personales de él. Aunque el libro sea posterior a los otros, ha de tener las mismas fuentes. Habría que llamar coplas a las odas de Confucio. Cuando uno dice odas, los estudiantes piensan en composiciones de otro tipo. Las odas de Confucio son composiciones populares: lo que generalmente se entiende por coplas. Ezra Pound las tradujo bien, acentuando el lado ridículo[673]; se ve que se divirtió mientras las traducía. Confucio trataba con menosprecio a los inferiores, corrientemente a sus iguales, servilmente a los superiores. Esto no era una peculiaridad suya; correspondía a la época. Para Confucio, los antiguos libros de China eran más antiguos que para nosotros: podemos conocerlos mejor”.

Afirma que Wally Zenner es muy indefensa: «Si uno le dice que el teatro de Eliot no es bueno, la aqueja una inseguridad universal, ya no puede opinar sobre nada. “Es claro —sugiere esperanzada—, no tiene sentido dramático.” “No: es vanidoso, es tonto.” No sabe qué pensar». Agrega que Eliot debería dar el mismo nombre a todos los personajes de sus piezas, para que no se descubriera que intentó diferenciarlos.

BORGES: «Ortega y Gasset dice que la épica es el género que trata de otros tiempos y que es completamente ajena a nuestras vidas[674]. A la suya, querrá decir. Qué falta de imaginación. Cómo no ve que hay continuamente épica en la vida; cómo no la descubrió en la Guerra Civil Española. Dice que de Aquiles y de Ulises no sabemos si fueron hombres o dioses. ¿Por qué dice esto? ¿Porque no reflexiona sobre lo que va a escribir? ¿Porque no cree necesario documentarse sobre lo que va a escribir y pensar? Como Valéry, no se documenta. Un crítico llamado Dallas caracteriza así los géneros: “La lírica corresponde a la primera persona y al futuro; el drama a la segunda persona y al presente; la épica a la tercera persona y al pasado”[675] Very neat, pero sin sentido». BIOY: «Toda esta gente ve en la épica el tema de los orígenes de los pueblos y no el impulso y la magnanimidad del coraje».

Le leo una traducción de la Oda V de Horacio, del libro Ad Pyrrham[676] y aprueba el epíteto nuevo para el enamorado (nuevo en esto o algo así). BORGES: “Para los latinistas, Horacio es como Toulet. Ha de ser infinitamente inferior a Virgilio: el mundo de Horacio parece tan limitado. De Quincey dice que una línea de Horacio vale cien versos de Lucrecio. La fama de Horacio, sus poemas, y el agrado que éstos proporcionaban a Menéndez y Pelayo son misteriosos: no lo admira como poeta barroco, sino como clásico. Sin embargo, no se sabe por qué Horacio ha escrito los poemas, ni por qué los empieza como los empieza o los acaba cuando los acaba”.

Dice: «La Historia de la literatura inglesa de Lang es muy divertida. Por momentos está escrita en broma, como cuando habla de The Egoist de Meredith. Y todo el artículo sobre Coleridge, al que llama “una cara redonda, una eighteenth century face[677]”».

Miércoles, 3 de junio. Come en casa Borges.

Jueves, 4 de junio. Come en casa Borges. Un señor de la televisión lo llamó para preguntarle algunas idioteces y pedirle permiso para adaptar un cuento suyo, este señor, un tal Eloy Rébora, le pidió con gran insistencia su curriculum vitae y cada vez que lo decía pronunciaba vitaé. Por este detalle logró su aversión,

BIOY: «Habría que escribir sobre los primeros pasos de un escritor». BORGES: «Sí, pero habría que hacerlo exagerando un poco». Convenimos en que ambos empezamos tratando de emplear palabras del uso oral, no palabras latinas, que pueden entenderse aunque el lector no sepa español, sino palabras que parecen objetos de la tierra, palabras no hechas para la comunicación. Por ejemplo, la expresión hábito mental habría que traducirla por acostumbramiento del seso. BIOY: «¿Qué se logra? Que la frase resulte incómoda y un tanto apolillada: ¿Qué otra cosa uno busca? Queríamos colonizar palabras. Yo sabía que nadie me leería, sin embargo procedía como un legislador del lenguaje». BORGES: «Tan seguro estaba de que nadie me leería, que en Inquisiciones incluí un prólogo a Omar Khayam, con la frase “los versos que en este libro se leerán”[678], que correspondía, por cierto, al otro libro, al del prólogo. Puede creerse que la dejé por pereza: la dejé por humildad». BIOY: «Yo no sólo recogía palabras del uso oral y casero, como cachivache y morondanga, sino palabras de los clásicos y, más aún, del Rebusco de voces castizas de Mir, como lubrican. Me gustaba (en mi calidad de legislador del lenguaje) apelar a formas correctas e incómodas, como sin embargo de, no embargante, por tanto, lo futuro, o lógicas y poco usadas como dél o estrambos. Mi estilo consistía en traducir frases más o menos corrientes a frases incómodas». BORGES: «Queríamos salvar del olvido palabras, frases y refranes. Si me preguntaban por qué al escribir empleaba estas formas, yo contestaba que las empleaba también hablando. Fooling who? Hay un cuento de Ricardo León que trata de un empleado que tiene un patrón que usa galicismos; el empleado se los señala: “No, no está bien constatar” —pero el energúmeno no lo escucha—. Así, dieciséis páginas y un cuentito para mostrar galicismos. Qué tristeza, qué miseria, cuando la mayor virtud a que se aspira es la corrección gramatical».

Hablamos de Valera: de Pepita Jiménez, de Juanita la larga, de Carta de Currita Albornoz al padre Luis Coloma; del padre Isla y su Fray Gerundio de Campazas; de Pérez Galdós (“No está mal”, dice Borges); de Martínez Sierra; de “Clarín”; de Baroja; de Cecilia Böhl de Faber (“Fernán Caballero”); de la Gaviota de Chéjov; de Emilia Pardo Bazán; de Fox-Morcillo. BORGES: “Fox-Morcillo, ¡qué nombre! Los españoles se resignan a los nombres más absurdos, que les llegan de las provincias. Hay señores que se llaman Gato y Barbudo[679]… ¿Te acordás de la polémica de Guillermo, con aquel señor a quien le decía continuamente, sin ánimo de embromarlo, querido Barbudo?”. Comenta: “La característica principal de Guillermo es la insensatez”.

BORGES: “Cuando alguien cita La casa de Troya de Pérez Lugín, lo que siempre se dice es que en él la vida estudiantil está fielmente reflejada. Como es la única fuente que tenemos para esa vida estudiantil, no podemos saber si está mal o bien; pero en literatura esto ocurre muy frecuentemente”.

Hablamos de De Quincey. BORGES: “Tenía el vicio de la digresión. Esa incontenible propensión a las digresiones sugiere una voluntad enferma”. BIOY: “Una forma de enfermedad de la voluntad aquejaba a Coleridge, otra a De Quincey: probablemente tendrían el mismo origen”. BORGES: “Un austríaco, en un artículo que publicamos en Los Anales de Buenos Aires[680], tiene una buena interpretación para el John-Bullism (odio a los franceses, admiración por el box, etcétera) de De Quincey: sería como un puente que De Quincey tendería entre él —tan distinto— y sus compatriotas. En alguna parte el mismo austríaco se pregunta por qué aborrecería tanto De Quincey a los chinos, cómo no entendía que en ellos, por el color y la estatura, se confundiría más que con los rubios gigantes de su país”.

Hablamos de Doughty. BORGES: “Doughty es el escritor español de la literatura inglesa. Mira que buscar formas rurales, populares y anticuadas, de Kent, y aplicarlas a una descripción de Arabia[681]… No sé quién habla de su heavy incompetence. Entre los papeles que se le encontraron a su muerte había listas de adjetivos”. BIOY: “Un Larreta, un Carlos Noel”.

BORGES: “Qué tonto Giusti. Debe de haber algo muy estúpido en él. Pensar que empezó con la literatura italiana y después se dedicó a la de la América española. ¡Al siglo XIX de la América latina! (será tan malo como el siglo XX). Tuvo a unos pobres estudiantes buscando antecedentes latinoamericanos del Tabaré. A otros estudiantes reprueba porque no reúnen una buena bibliografía. Qué idiota. No creas que es el único. Ahora a Guillermo le van a presentar a una señora que ha reunido preciosos antecedentes sobre el ultraísmo. ¿Te das cuenta? Aunque lo habitual es que la gente empiece por lo más fácil: escribir el libro; después recorre la bibliografía”.

BORGES: “Uno no puede creer en el Tabaré”, uno sabe cuándo fue escrito». BIOY: «Entonces tenía razón Macpherson; con su estratagema logró que el Ossian no se leyera como un ejercido literario y arqueológico». BORGES: «Sí, en ese sentido tenía razón».

Viernes, 5 de junio. Come en casa Borges. No deja de poner la contera del bastón sobre las sábanas de mi cama. Ni de orinar mi baño.

Sábado, 6 de junio. Come en casa Borges. Dice de González Tarraza: «Es el faux bonhomme. Comentó cuatro sonetos de Lope. El primero es el del Pastor, con el cayado[682]. Hizo notar que al final viene la sorpresa, que preparó Lope a lo largo del soneto, de que el pastor sea Cristo:

Espera, pues, y escucha mis cuidados;

pero ¿cómo te digo que me esperes

si estás para esperar los pies clavados?

¿Cómo iba a huir si tenía los pies clavados? El segundo es:

¿Qué tengo yo que mi amistad procuras[683]?

¿Qué tengo yo que mi amistad procuras[683]?

Insistió mucho González Lanuza en que el Angel (de cuántas veces el ángel me decía) es una especie de celestina entre el alma y Cristo, Aunque racionalmente explicado esto resulte así, más vale no explicarlo: viene a ser una reductio ad absurdum; convierte un poema muy delicado en una pesada alegoría. Yo antes creía que había que analizar mucho los poemas; ahora creo que mejor es dejarlos así nomás. También elogió esta expresión, no sé si demasiado feliz, de Lope:

vuestra lengua de clavel[684]».

vuestra lengua de clavel[684]».

Explica: «El movimiento de renovación de los estudios gongorinos llegó por un malentendido. La gente, porque no quiere reconocer nada a sus contemporáneos, o porque está tan segura de que la única forma plausible de escribir es la de alguna escuela de su época, se lanza a buscar antecedentes en el pasado».

De una amiga suya, dice: «Tan partidaria de la mujer libre, gorda como una tetera, suave, con ojos de hurí, con trenzas negras, con manos y pies delicados y pequeños, con tobillos finísimos, que no sé cómo sostienen tanto culo. Es, ante todo, una sedentaria»,

Domingo, 7 de junio. Come en casa Borges. Dice: «En la Universidad ven con malos ojos la literatura. Casi todos los libros que publicará la imprenta de la Universidad serán de ciencias o de Economía. Yo creo que el hecho casual de que el grupo de Dell’Oro Maini se llamara Humanista fue una calamidad para la literatura y para las humanidades. El grupo vencedor, de Risieri Frondizi y Morínigo, no va a transar…». Agrega que éstos, porque no está en su trenza, postergan a Márquez Miranda.

Hablamos de lecturas infantiles. Recuerda un cuento de un príncipe que entra en un palacio sin advertir que a sus espaldas, a medida que avanza, se cierran todas las puertas; en el centro, encuentra una cabeza de pescado. Le digo que entre los primeros libros que leí estaban los de Benjamín Rabier: Les animaux s’amusent y otros similares. Habla de un libro del capitán Marryat —The Pacha of Many Tales— y de los cuentos de Grimm; prefería estos últimos a los de Andersen, «que eran también para personas grandes y eran muy sentimentales». Observo que a los chicos les gustan los dibujos detallados.

Dice que nunca ha oído las expresiones estar palmado, tener palma, sacarse la palma de encima (estar cansado, tener cansancio, sacarse el cansancio de encima). Hablamos de otras expresiones: trufa (por luto), del bracete («Lo vieron de lo más orondo, del bracete de una rubia»), morrocotuda (BORGES: «¿Se dice que unos sabañones son morrocotudos?»), piruja (mujer de baja estofa o cursi), chiruza (id., forma más antigua:

Y tenía el berretín alucinante

de trabajar de prepo a las chiruzas)[685],

a mí con la piolita (a mí con ese cuento), chichón, chichonear (bromista, bromear), ojo alegre (ligera de cascos: «la señora es ojo alegre»), fesa (guarango, cursi). Hablo de mufa: yetafor y yeta. Sacarse la mufa: la yeta y también el cansancio.

Al comprobar que una mucama no conoce la expresión palma, me dice: «¿Viste? La muchacha no la conocía. Bueno, es lo que pasa con las expresiones populares: las conocen entre todos, No tienen memoria: cada uno conoce muy pocas palabras. [Mi sobrino]. “Miguel trajo de Tucumán coplas y dicharachos; no los aprendió de los peones, sino de un muchacho Paz”.

SILVINA: «Mallea tiene listas —entre novelas, colecciones de cuentos, piezas de teatro— seis obras». BORGES: «Habría que decirle a Mallea que esas distinciones son inútiles. ¿No descubrió que todas esas obras tienen el mismo pecado original? ¡Son de Mallea, así que lo demás no importa!».

Borges aborrece a Rabelais, juzga a Camus bmeath contempty mira sin alegría a Eliot. BORGES: «Eliot dice que Kipling creó la unidad poema-cuento, con esos poemas que ponía antes de empezar los relatos; que no se puede leer uno sin el otro[686]. ¿Hay algo más falso? Muchas veces leyó uno un cuento sin leer el poema, o leyó un poema y dejó el cuento».

Dice que la primera edición de De Quincey es norteamericana[687]; que el libro de Edward Sackville-West sobre De Quíncey[688] no es demasiado bueno.

Lunes, 8 de junio. Comen en casa Borges y Grillo della Paolera. Todos tenemos sueño. Borges comenta: «Yo no hablo, para no desvelarme».

Miércoles, 10 de junio. Come en casa Borges. Me refiere que, en una reunión, Werner Bock dijo a Bianco: «Estuve con los García, padre y… ¡e! hija». Poco después: «Tal cosa puede ocurrir dentro de mil años o… ¡u! hoy[689]». Bianco explicó a Borges: «Me puso tan nervioso con esas correcciones, que resolví no volver a verlo nunca». BORGES: «Es un cuento bueno. Los dos personajes son raros: el alemán, tan enérgico, tan ansioso de precisión y Bianco, tan cansado. Además, ¿cómo consiguió Werner Bock que se le dieran juegos de frases que permitieran esas correcciones del y al e y del o al u?

Dice que los alemanes vacilan entre el servilismo y la ferocidad y que les gusta mucho la vía jerárquica. BORGES: “La gente opina que son iguales a los ingleses, pero no se parecen en nada. Los ingleses son informal No tratan de adular ni de ser despóticos”. BIOY: “Qué raro: los ingleses parecen más chambones y son más eficaces: como lo prueba la Historia, les fue mejor”.

Afirma que Étiemble es muy simpático e inteligente, y que debemos invitarlo. Estuvo con él chez Victoria y hablaron durante toda la comida de literatura china, para aburrimiento de la anfitriona. Ésta ignoraba que existieran ediciones corrientes de Marco Polo. Étiemble elogió la veracidad y exactitud de Marco Polo: “En ese libro, escrito en la cárcel, muchos años después, las distancias están bien, hasta los nombres están bien”. Explicó que todas las traducciones son malas, pero que ahora, en una colección que él iba a dirigir, aparecerían las primeras buenas traducciones (BORGES: “Defendía su boutique”). Dijo Étiemble que para entender literatura china había que sentir la literatura y hablar, además del chino, el japonés, el coreano, el inglés, el francés, el alemán, el italiano y el ruso». Borges comenta: «No creo que sea necesario hablar todos esos idiomas para entender la literatura china. ¿Los chinos los hablan? ¿Los autores chinos los hablaban? Qué raro: yo creía que el idioma literario japonés era el chino… E tiemble aseguró que Sueño del aposento rojo puede traducirse por Sueño del gineceo». Bromea: «Étiemble carcasse»[690].

Por tres votos contra dos el jurado del Fondo de las Artes rechazó la novela de Ulyses Petit de Mural El miserable amor. Por este libro —o por otro que presentó el mismo autor— Borges votó favorablemente; por otro votó en contra. Ulyses, ofendido, le escribe a Borges diciéndole que le devuelve el voto. BORGES: «Me lo devuelve porque no le sirve. Si hubiera tenido tres a favor y dos en contra, ¿me lo devolvería? No, entonces no: il stands to reason. Demuestra ser una persona razonable».

Dice que Valéry descubrió un sistema para saber a qué generación pertenece cada escritor: «Se toma la fecha cardinal de una generación, y los escritores que figuran en un período abarcado por X número de años, antes y después, son de esa generación. Es un método simple, un tanto mecánico, muy estúpido. A Julián Marías le habrá interesado».

Hablamos de Selincourt, editor de Wordsworth[691].

Elogia al doctor Leavis: «Leavis afirma que los grandes novelistas ingleses no son lo que se cree. Conrad, sí; Henry James, también. Cuando se habla de Conrad, la gente siempre señala la influencia de Flaubert, pero olvida que Conrad es muy superior[692]». Dice que no estima las obras de Ivor A. Richards[693].

BORGES: «No siento curiosidad por Pasternak. Prefiero pensar mal de él, que bien».

Sábado, 13 de junio. Come en casa Borges. Dice que cuando supo que Ulyses Petit de Murat presentaría su candidatura a la presidencia de la SADE[694] «de pura rabia» decidió presentar la suya. Le pidió su nombre para la lista a Francisco Romero. Como Romero parecía dudar, le dijo: «No crea que voy a llevarme su nombre. Usted no quedará en el anonimato. Usted no se privará del dulce sonido que es usted mismo. Usted podrá seguir empleando su nombre y firmando». BORGES: «No le gustó. La gente, cuando uno le hace una broma, sospecha que es en su contra». Mallea le dijo que tenía que pensarlo, pero que creía que ya podía adelantarle una respuesta favorable. BIOY: «Va a reunirse con él mismo y consultarse».

BORGES: «Es extraordinario. Hoy estuve dos minutos con Norah Lange y no me dijo nada desagradable… Uno de sus mejores títulos es Personas en mi sala. Cuadernos de infancia, en cambio, es un título malo. Es difícil de manejar la palabra infancia». Dice que Oliverio Girondo interpeló a Mallea porque publican a Larreta en La Nación. BORGES: «Bueno, siempre lo publicaran y Mallea no tendría ganas de hacer cuestión. Oliverio le tiene rabia a Larreta; se quedó en la rabia que le tenía cuando era muchacho. Como hay que juzgar a los escritores por sus obras, mejor es Larreta. Dentro de su estilo obtuvo algo mejor. Sin duda Larreta trabajó más que Girondo; por lo menos trabajó bastante en La gloria. Oliverio dice que Larreta es un figurón; él también lo es. Los dos son figurones franceses: uno juega a ser un Leconte de Lisle; el otro, un Jarry. De todos modos, ambos son igualmente irreales».

Cuenta que un periodista le atribuyó frases que él nunca dijo; por ejemplo, que la Biblioteca Nacional da al Norte a la calle México, y al Este, Oeste y Sur a la burocracia. BORGES: «Esto es una idiotez, que no quiere decir nada. Neyra me dijo que era una frase admirable, que valía toda mi obra. Capdevila dijo: “El futuro es el Sur”. Continuamente dice frases bien tournées, que luego no recoge, que sin duda olvida». Este Neyra aseguró que el donoso escrutinio de los libros de don Quijote por el cura y el barbero era un hábil ataque contra la Inquisición. BORGES: «No creo que Cervantes pensara tal cosa. Si la hubiera pensado, no habría escrito el capítulo. Tampoco atribuiría al cura opiniones sobre libros que eran sin duda del propio Cervantes».

BORGES: «¿Por qué a la gente le gusta la idea de títulos como Los tres mosqueteros o Los tres gauchos orientales?». BIOY: «Porque sugieren que hay una amistad, porque sugieren los placeres de la camaradería». BORGES: «Sí. Y porque sugieren el placer de encontrar diferencias en la identidad».

Dice que Jorge Mitre, en las reuniones de la Sociedad para la Conservación de los Monumentos, no tiene inconveniente de interrumpir a cualquiera, incluso al ministro en plena inspiración: «Pide la palabra y sin prisa, muy torpemente, sin preocuparse de la exasperación de quienes lo escuchan, muy tranquilo se pone a exponer lo que quiere. Gente así tiene una gran fuerza. También hay allí un salteño que lleva todo para Salta; parece loco».

BORGES: «En algún momento se creyó que inventar mitos era una actividad maravillosa de grandes escritores; después se vio que no: Eduardo Gutiérrez, Conan Doyle, Walt Disney. Casi podría concluirse que un buen escritor no debería crear mitos».

Dice que su hermana Norah llega tarde a las conferencias; que no va para oír, sino para mirar el cielo raso y las caras de la gente.

Domingo, 14 de junio. Come en casa Borges. Hablamos de la desaparición, en el Ciudad de Montevideo, de Marques Castro, embajador del Uruguay[695]. BORGES (tristemente): «Habrá sido entre movimientos reflejos. Lo último que habrá dicho será: Carajo»[696].

BORGES: «Wordsworth dice de un viejo que estaba

as motionless as a cloud[697].

as motionless as a cloud[697].

No importa que las nubes se muevan; se lo compara con una nube, con algo elemental. El metro de la oda “Intimations of ímmortality” es desagradable: versos muy largos, alternados con versos muy cortos —ya sé que es una variedad pindárica— resultan zarandeados. Hay, desde luego, algunos versos lindos. En ella se dice que los niños traen noticias del otro mundo, son “seers and prophets[698]”; Coleridge, malhumorado, niega que los niños tengan “such a knowledge[699]”. Está bien que Coleridge reaccione así; veía algo falso y le molestaba». BIOY: «Parece una reacción de Johnson». BORGES: «Alguien —un señor Smith— comenta que Wordsworth tenía mala memoria, porque al kech-gatherer, al buscador de sanguijuelas, lo encontraron en un camino, y no junto al arroyo, como refiere el poema[700]; además, Wordsworth iba con su hermana y no solo… ¿Cómo no entendió que si la hermana no jugaba en la historia convenía dejarla caer? Además, ya es bastante raro un buscador de sanguijuelas; mejor es facilitar las cosas y mostrarlo en el lugar de su trabajo, el arroyo, y no en el camino, que no tiene nada que ver».

Hablamos de Mallarmé. Por centésima vez nos preguntamos cuál es el sentido de Un coup de dés jamais n’abolirá le hasard. Otras veces dimos con la respuesta, que ahora hemos olvidado. Proponemos soluciones. Leemos el libro de Thibaudet sobre Mallarmé[701] Borges comenta: «Bombinam in vacuo». El resultado: todo acto es comparable con una tirada de dados; todo acto es independiente y no suprime el azar. En busca de lo absoluto, el poeta logra versos perfectos que, sin embargo, no son más que tiradas de dados, golpes de azar, que no lo suprimen, sino que lo suponen. BORGES: «Es curioso cómo los franceses toman en serio cualquier idea. Esto está bien. Es claro que aquí no se puede hablar de ideas: es, más bien, se cogner contre les murs, reptar».

Dice que Mallea está aterrado de que la lista para la SADE, en la que va su nombre como candidato a vocal, salga derrotada. BORGES: «Sería una deshonra. Qué raro que alimente ahí su vanidad… Napoleón o Perón todavía: son políticos, viven para esas cosas. Pero un escritor… Bueno, mejor para él que no lo consideremos como escritor. Mejor pensar que escribe como yo cuento anécdotas…».

Amorim, jugando al escritor realista, habla en una de sus novelas de animales —vacas y caballos— que en medio de una tormenta están «de culo a la lluvia». Sus hermanos, que son gente de campo, le señalaron que nunca se dijo culo para la hacienda. Comentamos la expresión «estar o quedar como el culo». BORGES: «Recién ahora entiendo por qué se dice como su cara. Cara es eufemismo de culo». Pregunta si culata y culebrilla pasarían en un texto sin ser notados. De pronto observa: «SÍ Wally nos oyera hablar de estas cosas, lloraría… Los otros días, me dijo: “¿Fidel Castro comunista? ¡Imposible! ¡Si es una figura legendaria!”. ¿Te das cuenta, una escritora, hablando así? Es claro, hacía literatura; ¿qué otra cosa es la literatura? También me dijo, explicativa y reflexiva, de ningún modo exultante: “Bueno, cuando uno ha enarbolado una bandera”. El día que cayó Yrigoyen, llorando, me dijo: “Es horrible que hayan echado así a nuestro Primer Mandatario”». Recitando una frase de Macedonio: “Luego llegó, inolvidable, Zenner”. Te confieso que, en el fondo, hablando así de Wally me siento un poco como el skunk».

Le cuento que mi personaje está «como un pashá, leyendo el diario[702]». Recita una copla andaluza:

Me gusta por la mañana,

después del café,

bebío, pasearme por La Habana

con mi tabaco encendío,

y sentarme muy tranquilo

en mi silla o mi sillón,

y comprarme un papelón

de esos que llaman diario.

Y parezco un millonario

rico de la población[703].

BORGES: «Se confunde la idea de tener tiempo con la de tener una riqueza fabulosa: está bien».

Pregunta: «¿Qué te parece como título para un libro sobre poesía: Centroné, Cartosio y Biagioni?».

Hablamos de los errores de francés de George Moore (por ejemplo, en la carta a Zola, proponiéndose como traductor para uno de sus libros). BORGES: «No podía contenerse. Eso siempre pasa con lo que a uno le gusta mucho y conoce poco».

Pregunta: «¿Qué significa la frase formalizaron su compromiso? ¿Que antes andaban a los manotones?».

Lunes, 15 de junio. Come en casa Borges. Preparamos la lista para la SADE. Presidente: Borges; el resto: Giusti, Francisco Romero, Mallea, Girri, Carmen Gándara, yo, Vocos Lescano, Peyrou, Wally Zenner, Adela Grondona, Horacio Osvaldo Dondo; probables: Clemente, Silvetti Paz, Ilka Krupkin, Amelia Biagioni, Tarnopolsky, Ricardo Sáenz Hayes.

Habla con menosprecio de Sáenz Hayes. BIOY: «Es mejor que otros. No es tonto; politicamente piensa bien. Es muy tímido». BORGES: «No le faltan razones para serlo». Dice que tal vez convenga excluir de la lista a Adela Grondona. BIOY: «No lo hagas. Ella y su hermana son amigas». BORGES: «¿Voy a perder su amistad? No voy a quedar más pobre». Otras personas incómodas: González Lanuza (no quiere incluirlo), Alicia Jurado (Borges de ningún modo la incluiría), Betina Edelberg. Le recomiendo a Giusti: «Es un hombre bien inclinado. Siempre está en la buena causa». (Giusti acepta. Borges está feliz). Hablamos de otros posibles candidatos. BORGES: «¿Quién va a representar a los poetas? ¿Quién va a representar a los judíos? Tarnopolsky. ¿A los católicos? Donde. ¿A los putos? ¿Quién? ¿Y al tedium vitae? ¡Rinaldini! “Usted, mi querido señor, encarna al tedium vitae. Es su spear head, su cabeza de lanza”. A Wally le gusta hablar con metáforas así. “Hay que evitar —dice— que los comunistas tengan su cabeza de lanza”. Muy sería dice los comunachos o los comunardos. Ilka podía representar a los judíos, pero se hizo católico: eso es desagradable, ya no se sabe qué representa. Mi madre lo encontró en la iglesia del Socorro, ofreciendo una novena para la SADE». BIOY: «¿Hay gente que ofrece novenas?». BORGES: «¿Y no convendría tal vez intentar una interesante síntesis y llevar un judío que sea puto, de modo de aunar los gremios? Estoy pensando que no hay ningún sacerdote en la lista, y ningún militar. Ah, sí, está el capitán Romero. El capitán Cervantes… Qué curioso: estas personas desaparecerán en el olvido, pero los caracteres volverán a darse».

BORGES: «En su odio contra Frondizi, Madre dice que estamos peor que en tiempos de Perón. Olvidó lo que era aquello. Qué miedo si de pronto apareciera la cara de Perón, enorme y sonriente. Estábamos gobernados por un rufián. Por el personaje que encarna Jorge Vidal cuando canta Ivette. Frondizi, en cambio, es agradablemente débil, imbécil y chambón».

Jueves, 18 de junio. Voy a buscar a Borges. Como se demora, charlo con la madre, que me habla de él: «Yo todavía lo miro como una gallina a la que le nació un pato. Es un fenómeno. No sabe todavía que el agua moja: camina un día bajo un aguacero y cuando llega a casa reconoce con sorpresa que se mojó. Duerme con la ventana abierta, sólo con un ponchito y, a los pies, una frazada. Dice que esta tormenta es una suerte, porque va a refrescar. «Pero ¡si hace frio!, le digo. “Siempre es mejor que refresque”, contesta. No se sabe cuándo se va a llegar a la temperatura ideal para él: será el frío polar. Nunca se cansa». Me refiere que después de cada una de las seis operaciones consecutivas que le hizo Amadeo Natale a Borges, Bernárdez lo visitaba todo el día; en cada caso, la primera salida fue con Bernárdez, que lo llevaba desde Quintana y Montevideo, donde vivían, hasta la Recoleta y lo traía de vuelta. «Cuidado, Paco Luis», te decía la señora, «Pierda cuidado», contestaba invariablemente Bernárdez.

Llega Borges, viene conmigo y comemos en casa. Está muy interesado —divertido, dice él— en las próximas elecciones de la SADE, en su lista, en las luchas. Dice que Eduardo González, Lanuza es un sinvergüenza; que Alicia Jurado debe de estar en una conspiración con él.

BORGES: «A José Luis Lanuza lo llaman el Peque. Si uno escribiera, en una novela, que a un personaje de Buenos Aires lo llaman el Peque, dirían que está mal observado. En Buenos Aires no se dice pequeño. Pero la realidad no toma en cuenta esas reglas, nada sabe de color local. La gente dice: José Luis Lanuza… el Peque, y sonríe en complicidad con el oyente».

Habla de Newman, el de la polémica con Arnold sobre las traducciones homéricas; «Era hermano del cardenal. Tenía todos los fads era vegetariano, no fumaba ni bebía, se vestía de acuerdo a un sentido personal de lo cómodo y de lo práctico. Como no tenía ninguna sensibilidad para las bromas, no sospechaba que lo veían como a un ser ridículo. Los chicos del barrio lo corrían, preguntándole quién era su sastre. Él, cuando horas después recordaba el nombre del sastre, se apenaba por no haber podido comunicarlo a los muchachos». De Arnold dice: «Las primeras críticas le fueron muy adversas. Algunos críticos le aconsejaban dejar las letras, trabajar seis horas al día, casarse, tener hijos, leer a Sófocles. Esto era muy injusto, pero realmente su poema eglógico “Thyrsis” es una vergüenza».

Dice: «No comprendo: cuando uno espera el tiempo pasa despacio; sin embargo, lo que uno siente es que pasa mucho tiempo».

Viernes, 19 de junio. BORGES: «Los que preguntan: “¿Qué van a pensar de nosotros en el extranjero?” son muy vanidosos. ¿Qué pensás de la política de Sumatra? Los últimos hechos del Pamir, ¿cómo los interpretas?», Etcétera.

Sábado, 20 de junio. Come en casa Borges. Dice que la antología de Quiller-Couch (Oxford Book of English Verse) es casual; «No está el poema del sueño, de Wordsworth[704]; está la “Ode on Intimations… que no se puede leer”. Agrega; “Todo escritor famoso por su buen gusto, es cursi. Los que se salvan son escritores que dicen de cualquier manera lo que tienen que decir, como Mark Twain; aunque a veces también son cursis… Robert Bridges parece un hombre incapaz de sentir emoción; está demasiado ocupado con la mitología, con las alusiones clásicas, para llegar directamente a las cosas. Es muy aburrido. Tal vez sus poemas estén llenos de secretas revoluciones métricas”.

Cita a Pascal; «La vertu apéritive d’une clé[705]». BIOY: «Encabecé una boina». BORGES: «Descabecé el sombrero. El caballero pendía de su galera de felpa». BIOY: «Monseñor pendía del solideo». BORGES: «Salto de la cama y me pongo la mañana estival (¡qué vanidoso!)». BIOY: «Me puse un bife con papas fritas». BORGES: «“Voy al baño, pongo un sorete y vuelvo”. “Señorita, ¿me permite que le ponga un beso (una caricia, un pellizco)?”. “Depuse un soneto”. “Se abocó a la sopa”… Hay que hacer que esa sopa esté caliente, para que se queme; se ve cómo la tomaba… “Mamaba un charuto” me hacía mucha gracia; ahora pienso que ha de ser una forma portuguesa, como chupar un puro. No creo que Eça de Queiroz escribiera esa grosería».

Recuerda la frase «Ha de ser hijo de vidriero», que se dice cuando alguien se interpone, impidiendo el paso de la luz: «¿Se entiende que los vidrieros son transparentes? Qué extraño razonamiento». BIOY: «También tenés “hijo de tigre, rayadito ha de ser”». BORGES: «Ah, tal vez llamaran vidriero al vidrio… E ¿hijo de puta? Se dice por encomio, recomendando a una persona sola y abandonada. También se dice: “Los ángeles no tienen espalda”…».

Pregunta: «¿Cómo se le llama al Papa? ¿El funcionario? ¿El burócrata? ¿Nuestro Dalai Lama? ¿Nuestro Gran Turco? ¿Nuestra Sublime Puerta? ¿El Brigham Young de las Siete Colinas? ¿El Barceló de Roma?».

Me refiere que Xul, cuando llega de visita, se queda todo el día: de dos a nueve. BIOY: «Eso se llama visita de campo». BORGES: «Lo contrario que visita de médico. Alguien descubrirá que campo y médico son términos contrarios: vida y ciencia».

Dice que los alemanes, al leer en las puertas el letrero tire, traducirán Tür (puerta): «Se asombrarán de que todas las otras cosas no lleven su nombre: silla, mesa, perro, persona. Pensarán que se trata de un pueblo muy simple, que necesita de letreros, para saber qué es cada objeto. Simple y con riqueza de vocabulario, ya que la misma puerta, del otro lado, lleva otro nombre: empuje (pronunciado empuye)»,

Lunes, 22 de junio. Come en casa Borges. Refiere que Groussac, en un artículo escrito en tono considerado y cortés, de pronto dice de Morel-Fatio: «Sin embargo se equivoca el pisa hormigas[706]». BORGES: «El inopinado menosprecio resulta eficaz».

Miércoles, 24 de junio. Come en casa Borges.

Como Giusti se abre de nuestra lista para las elecciones de la SADE (y antes se abrió Delfino), por un momento parece que no nos presentaremos. (Borges comunica a Wally su intención de no seguir adelante. WALLY: «¿Cómo? ¿Usted no piensa que los de la otra lista me ofrecieron una vocalía y no la acepté y ahora usted nos deja en el aire y nos quedamos sin nada?»). Después, hélas, Mallea quiere ir al combate, Peyrou también, y las esperanzas se disipan: seguiremos adelante con la lista.

Comenta las expresiones «Tête à gifles [una cara que dan ganas de abofetear (persona desagradable, irritante)]» y «Que voulez-vous, si elle a marié un cocu? [¿Qué quiere usted, si ella se casó con un cornudo?]».

Habla de los héroes de la Ilíada. «Son como los argentinos: no como los del Martín Fierro, sino como los de ahora, que necesitan enojarse para pelear. Primero se insultan, después pelean. No habían descubierto la brevedad, como los héroes de las sagas; tenían algo de italianos. Cuando Héctor y Aquiles van a pelear, Héctor propone que juren que, cualquiera resulte el vencedor, se comprometan a respetar el cadáver del otro para que reciba las honras fúnebres. «¿Por qué voy a pactar contigo, perro? —pregunta Aquiles—. ¿Pactan los leones con los hombres y los lobos con los corderos[707]? Tiene razón Aquiles: el trato no era justo; Héctor fingía que las condiciones eran iguales para los dos, pero sabía que él iba a morir, de modo que estaba pactando sobre la restitución de su cuerpo… Recuerdo una escena muy notable: Andrómaca está calentando el agua, para que Héctor se bañe después del combate, cuando oye el clamor de las mujeres y comprende que Héctor murió[708]. Me pregunto si Homero habría admirado la frase de los seis pies de tierra inglesa[709]. Tal vez ni siquiera la hubiera entendido. A veces, la intervención de los dioses vuelve casi ridículos los combates: pero seguramente la tradición que los lectores conocían obliga a Homero a contar los hechos de cierta manera. Gilbert Murray dice que Homero suavizó los hechos de la Ilíada; que por otras fuentes —inscripciones en vasos, etcétera— tenemos versiones más feroces».

Al despedirse, me asegura que el gobierno de Frondizi ahora ha «afirmado su rumbo hacia la mierda».

Jueves, 25 de junio. Come en casa Borges. Dice: «Qué raro que un esquema tan complicado como el de la Ilíada pudiera tomarse por literatura primitiva, imagínate: una forma primitiva escrita en hexámetros, una medida tan complicada que en español no puede reproducirse… Tal vez antes del siglo XIX nadie pensó que eso no podía ser primitivo. Tal vez antes del siglo XIX no había idea de evolución. Johnson pensaría que precisamente porque el poeta podía hacer cualquier cosa, ya que todo estaba por hacer, podía componerse la Moda… Sin duda las formas primitivas de literatura serían coplas».

Hablamos de la traducción de Homero que emprendió Pope. BORGES: «Aunque tiene versos muy lindos, la inseguridad de la gente de saber a quién estaba admirando —hay versos traducidos por Pope, otros por sus colaboradores Fenton y Broome[710]— le restó sin duda elogios y fama». BIOY: «Parece que los versos traducidos por uno de sus colaboradores, Fenton o Broome, no sé cuál, no necesitaron casi correcciones de Pope, Estaban traducidos en heroic couplets». BORGES: «Escribir poemas, entonces, era escribir heroic couplets…». Comentamos el asunto de las cartas de Pope, según lo describe Johnson en sus Lives of the Poets[711]

Me cuenta que, al cruzar la calle Piedras, casi lo pisa un ómnibus; levantó la vista y leyó un enorme letrero: Vicente P. Cacuri. Dice: «Qué raro si lo último que hubiese pensado antes de morir hubiera sido Vicente P. Cacuri. Nadie lo hubiera sabido».

BORGES: «Si Napoleón cito Paz fuera a Francia lo tomarían por un negro de la Martinica, un Toussaint L’Ouverture. Pero más raro es Napoleón Bonaparte. Antes del emperador hubo otros Napoleones; ¿o fue un error histórico? ¿Le pusieron el nombre antes de que existiera el general famoso a quien debía su nombre?».

Dice que Euclides da Cunha describe a los pobladores del Norte del Brasil como «o homem permanentemente fatigado[712]». BORGES: «El paisaje de la región es rocoso, con tierras espinosas llamadas caatingas[713]. No sé quién recuerda el olor a catinga que a determinada hora se olía en Buenos Aires». Mi padre; «En las casas, por la abundancia de servidumbre negra, siempre, en alguna parte, se olía la catinga; los barrios de negros por cierto olían a catinga». BORGES: «Qué raro: un olor que hoy no conocemos bien… Un señor extranjero que vivió muchos años entre nosotros, habla de Buenos Aires, en Europa, con un argentino, hacía 1860. “¿Y siempre, cuando cae el sol, hay ese olor a catinga?”, inquiere nostálgicamente».

BORGES: «Le expliqué a [Amado] Alonso que Vicente Rossi era el tipo de filólogo que agradaría a los estudiosos del futuro; ignorante, malhumorado, solitario, lleno de manías. Hay dos criterios; uno para admirar a los contemporáneos; otro, a los desaparecidos. Los desaparecidos deben tener algo de personajes de novela… Guillermo admira a Rimbaud y es amigo de Monner Sans».

BIOY: «Discriminar está vedado por la Academia Española». BORGES: «Es claro, en español no se puede discriminan. BIOY: “Se puede discernir. Discriminar se usa en la Argentina y en Colombia”. BORGES: “Y en todo el mundo. Discernir no es lo mismo. Discernimiento es peor que discriminación. Las palabras en ento parecen más torpes”.

Comentamos las expresiones —todas de idéntico significado—: «Cayetano es buen amigo», «Mum’s the umd», «Al buen callar le llaman Sancho[714]». Después de acotar que chancho parece provenir de Sancho[715], dice: «Recuerdo vagamente a un malevo, amigo de Ulyses [Pefit de Murat], explicando, sentado en la vereda, no sé qué empresa; cuando alguien le preguntó cómo la llevarían a cabo, el malevo sacó un cuchillo, envuelto en papel de seda, y sentenció: “Cayetano es buen amigo…”». Agrega que prefiere seguir en la incertidumbre sobre estos hechos antes que ver a Ulyses.

Hablamos de máquinas de traducir, de máquinas empleadas para determinar cuántas veces aparece el concepto de infinito en Leibniz. BORGES: «No creo que existan. ¿Quién las inventó? ¿Otra máquina?».

Dice que Ibarra protestaba: «Qué idioma el inglés: todo monosílabo significa algo».

Según Borges, Clemente afirmó de Ghiano: «Como descubrió que no puede escribir bien, escribe mucho». BIOY: «Es una resolución que toma mucha gente». BORGES: «Goethe, por ejemplo. Tiene tantas obras que si señalas alguna como pésima, el interlocutor siempre tiene otras para alegar».

Sábado, 27 de junio. Comen en casa Borges y Elsie Rivero Haedo. Según Borges, Eduardo González Lanuza habría tenido una conducta bastante fea en la cuestión de las listas para la elección de la SADE. Ahora que se concertó combinar dos listas (de cada lado tacharán nueve nombres de la otra lista), quedará excluido. BORGES: «El primer sorprendido será él». BIOY: «Sin embargo conoce sus tejemanejes». BORGES: «Se creerá tan vivo, que pensará que nunca lo descubrirán. ¿O precisamente sabe que, porque es vivo, puede ser descubierto? O no: buscará otros motivos…». BIOY: «la verdad es que se ofenderá, se ofuscará y que no querrá pensar en el verdadero motivo». BORGES: «No pensará en el verdadero motivo, porque no le conviene. A nadie le gusta pensar: “Me tacharon porque descubrieron que soy un sinvergüenza”». Dice que, por temor a Carmen Gándara, a quien seguramente tacharán, Mallea se muestra belicoso e intransigente. BORGES: «Sabe que, en privado, será Daniel entre los leones».

Comenta una anécdota que revela el carácter de Etchebarne: «Dondo dijo anoche que él prefería no figurar en la lista. Cuando le preguntamos por qué, nos explicó que una vez. Etchebarne le pidió un favor, que él no pudo satisfacer. Después, Dondo le consiguió una cátedra bien pagada, en Bahía Blanca, que Etchebarne rechazó alegando que en Bahía Blanca no le interesaba. Ahora Etchebarne lo amenaza con publicar en un diario, en cuanto aparezca en una lista el nombre de Dondo, la revelación de que Dondo abandonó la SADE en tiempos de la dictadura. En aquel entonces, Dondo, que tenía mujer e hijos, trabajaba en el Correo, en un puesto humilde; amenazado por el director del Correo, renunció a la SADE. No fue heroico, pero el heroísmo no es obligatorio: debe ser una suerte de generosidad; si no no tendría mérito. Y como hecho no heroico, el de Dondo es de los más inofensivos: no obtuvo grandes premios materiales, ni gratificaciones para la vanidad; siguió con el humilde puesto que tenía desde antes de la dictadura; no aduló ni perjudicó a nadie. El chantage de Etchebarne es harto siniestro. Como su Juan Nadie, el autor no hace asco a degollar en el suelo. Ojalá que cumpla su amenaza, para que no haya dudas, para entregarlo a la vindicta pública. Uno puede admirarlo como escritor, pero es mejor no tener tratos con él. Qué raro: después de esta anécdota, el peronista resulta Etchebarne. Por Dondo uno siente afecto».

Lunes, 29 de Junio. Borges dice que al invocar a la musa o a un dios o a un héroe de la tradición grecolatina, vinculamos nuestros escritos a todo el pasado.

Martes, 30 de junio. Come en casa Borges, que tomó esta mañana veintitrés exámenes. Obtuvo permiso de la Facultad para dictar un segundo cuatrimestre (por amor al trabajo: si descansara, cobraría igual); en este segundo cuatrimestre, cambia el programa.

Continúan los diálogos para combinar las listas de Borges y de Estrella Gutiérrez, para las elecciones de la SADE. De la otra lista irán mañana a la SADE Estrella y cuatro candidatos; pidieron a Borges que fuera él con cuatro de los suyos. BORGES: «¿Por qué esa simetría? ¿Por motivos heráldicos? Aparte de la conveniencia para el ballet, ¿hay otras razones?».

Carmen Gándara está verdaderamente alarmada de ser excluida. Mallea dijo a Borges: «Yo hice el gran sacrificio y acepté ir de vocal en la lista presidida por usted, ¡pero con Estrella de presidente es otra cosa! ¡Es ridículo! ¡Hay un límite!». Borges comenta: «En una novela está muy bien que haya un protagonista, pero la vida es una novela muy incómoda si todos se ven como protagonistas. En fin, no hay que asombrarse. Mallea se verá a sí mismo como un actor: entra en escena, sale por el foro, etcétera. Los generales de la Guerra del Brasil también verían todo como episodios de su propia gesta, como ocasiones para lucirse y descollar: de ahí los inconvenientes en los combates… Cada vez me convenzo más de que el modelo universal es Wally. Todos los hombres se parecerán a ella: los motivos y el mecanismo serán idénticos, sólo que en Wally el funcionamiento es más nítido y claro». De Carmen Gándara dice que tiene un cerebro comparable a una bola de billar: «Como diría Ibarra, ninguna luz la habita».

BORGES: «Los negros del África Occidental Francesa, para decir de alguien (negro) que es un dandy, ponderan: “Il est très goldcôtier [Es muy de la Costa de Oro]”».

Miércoles, 1.º de julio. Voy a la SADE, donde hay reunión de las dos listas. Estrella Gutiérrez, razonable y llano; el mismo Leonidas de Vedia no parece absurdo.

Como, en el Pedemonte, con Borges, Alicia Jurado y, horresco referens. Ilka Krupkin (cuyo humorismo, pésimo, no cesa).

Jueves, 2 de julio. Come en casa Borges.

Viernes, 3 de julio. Por la tarde, en la Biblioteca, reunión de la lista de Borges. Wally (trágica): «Quién sabe a qué canastos ya cayó mi cabeza». BIOY: «Le juego mil pesos que la mía también cayó». Wally, con esto, se alivia. Borramos de la otra lista a González Lanuza, a Cárpena, a Córdova Iturburu, a Florencio Escardó, a Ledesma (contra mi voluntad), a María Elena Walsh (contra mi voluntad), a Soto, a Aráoz de Lamadrid. De la nuestra, borraron a Wally, a Beatriz Guido, a Peyrou, a mí, a Ilka Krupkin, a Carmen Gándara y a Cócaro.

Por la noche, come en casa Borges.

Domingo, 5 de julio. Come en casa Borges. Alicia Jurado le habría dicho que la presencia de ella en su lista —rival de la de Borges— es valiosa, porque se acusa a sus compañeros de filocomunistas y al incluirla demuestran que son broadminded y verdaderos demócratas; al verla en la nuestra, sus compañeros se enojan, porque ahí ella sólo sirve para enfatizar el carácter liberal de una lista que les parece, desde un principio, demasiada liberal. BORGES: «Es la idea del contexto, en una aplicación nueva. Está muy bien».

BORGES: «Adela Grondona confesó a Mallea que ella vivía para la SADE: más allá de la SADE no tenía realidad. No es la única: Erro, Soto (acaso Córdova, acaso González Lanuza) están disfrazados de escritores. Lo único que tienen de escritores es pertenecer a la SADE, ser funcionarios de la SADE. Si no existiera la SADE, o ASCUA, ¿qué seria de ellos? ¿En algún libro se dice que en tal autor se advierte la influencia de Erro, o que por tales circunstancias el estilo de Fulano recuerda el de Soto? Desde luego, aun como funcionarios de la SADE son malos. Llevan una vida doble, tienen que hacer creer que son escritores, sienten amargura».

BIOY: «Parece que me incluirán en una sociedad de amigos de Dickens[716]. Yo admiro a Dickens, pero no lo leí demasiado, ni lo conozco bien. Hay una sociedad de amigos de Johnson, a la que no pertenezco». BORGES: «Pertenecerán personas como Vedia y Mitre o Alvaro [Melián Lafinur], que han leído el artículo de Macaulay[717]».

Elogia una conferencia de Bonifacio del Carril: «Dijo que todos los gobiernos nuestros elegidos por una gran cantidad de votos fueron pésimos; que los únicos buenos fueron de pequeñas minorías, que recurrían al fraude. Dijo que los Estados Unidos surgieron de verdaderas colonias (de holandeses, de puritanos que llevaron sus instituciones) aquí los descubridores fundaban ciudades y, entre las ciudades, estaba el desierto».

BORGES: «Los escritores de estilo barroco envejecen pronto. Oyuela seguramente escribía do en sus poemas. Si alguien le hubiera objetado uno de esos do, habría exclamado “¿Cómo? ¿Ataca a Cienfuegos?”. La gente que no siente nada tiene una idea jurídica de la literatura: cree que los precedentes justifican todo».

Habla de Clemente: «No tiene término medio; es como los alemanes: agresivo o servil. Eso no está bien. A veces parece un malevo: en seguida toma un lado y hostiliza hábilmente a los del lado opuesto. Es desconfiado y astuto. Con Barbieri y otros funcionarios comunistas que querían atropellar la Biblioteca, fue muy útil: adoptó el sistema de fingir que Barbieri había sido erróneamente informado, que por eso decía lo que decía. Ureña recurrió a esa estratagema con Wilcock: “Usted no entendió bien. Lo que se ha dicho es… El interlocutor queda asimilado a un niño”. Recuerda que Chesterton escribió de la Child’s History of England de Dickens: «The child is the author, not the reader».

Martes, 7 de julio. Come en casa Borges. BORGES: «Vieras qué furioso estaba Mallea. Lo trató a Ilka como quien dice: “no aguanto sonsos”. No hay por qué ser así, sobre todo cuando uno pertenece al mismo gremio».

Miércoles, 8 de julio. Voy a una reunión de la lista de Borges, para las elecciones de la SADE, en la confitería Saint James. Están allí: Borges, Mallea, Vocos Lescano o, Cócaro, Ilka Krupkin, Peyrou, Girri, Wally Zenner.

BORGES: «Wally, tan vanidosa, tan ansiosa de fama, no es afortunada. Su mayor triunfo fue recibir, en agradecimiento de un libro enviado, una expresiva carta de Mariíam. Sin embargo, esta misma apoteosis tuvo un defecto; por un detalle no puede alegarla ante los amigos. El encabezamiento de la carta es: Cher Monsieur…».

Jueves, 9 de julio. Come en casa Borges. Recuerda: «Pensé alguna vez escribir un cuento sobre Judas. Decir que no se suicidó después; siguió viviendo entre los discípulos, que lo querían mucho. Obró como obró, de puro infeliz. Todos sabían que era un infeliz y lo querían. Sobrevivió a todos y hubo una época en que la gente lo miraba con veneración, porque era el discípulo, el único que quedaba».

Sábado, 11 de julio. BORGES: «los escritores no formamos un gremio. Los obreros hacen trabajos muy simples. A un estibador no se le dice: “Es inútil que siga estibando. ¿Usted sabe lo que ya se estibó en el mundo?”. Al matarife no se lo disuade de que mate animales porque desde miles de años ríos de sangre de animales corren por el mundo, y a un zapatero no se lo contiene con el argumento de que ya se han hechos zapatos ad nauseam; pero cada escritor compite, si no con todos los escritores del pasado, con muchos. La utilidad de los movimientos literarios es que nos libran de muchos escritores. Viene un movimiento en favor del verso libre y se desecha a todos los poetas que rimaron; viene un movimiento en favor de la rima y se desecha a cuantos escribieron verso libre. Hay demasiados escritores y debemos suprimir el mayor número posible». Dice también: «Creo, como Stevenson, que un escritor debe trabajar por un pago mínimo, con un máximo de responsabilidad[718]».

Domingo, 12 de julio. BIOY: «Bianco, que debe escribir un artículo sobre Arlt[719] me dijo: “Yo no lo conocía. Es una basura: lo que permite que uno lo lea, lo que lo salva un poco, es lo mal que escribe. Leyéndolo, vas como en un tilbury, con un movimiento saccadé. Si escribiera correctamente sería atroz. Dostoievski escribía para todos, aun para concierges; Arlt, únicamente para concierges. He descubierto que cuando uno no lee a un autor es por algo”». BORGES: «Es claro, no leerlo ya es un juicio».

Lunes, 13 de julio. Come en casa Borges. Lo fotografío. Dice: «Con la poesía de ¡Mastronardi ocurre algo muy curioso: está hecha de frases, es conceptista y se presenta como muy simple. Es una forma de poesía barroca; parece más eficaz la abiertamente barroca. Ahora traduce a Horacio. Para muchos, Mastronardi es la encarnación del poeta. Una obra muy breve, ayuda».

Esta mañana tomó exámenes en la Facultad. BORGES: «Una chica dio un examen tan erótico, con una voz tan ronquita y alelante —aunque lo que decía era trivial, “datos, fechas”[720]— que cuando Rest, según su costumbre, dijo: “Me voy a dejar arrastrar por la tentación… de hacerle una pregunta capciosa”, todos temimos que dijera: “…de abrazarla”… Hubo un momento en que me sentí un canalla con Moldenhauer, profesor de literatura alemana: cuando una chica comparó a Boswell con Eckermann y, repitiendo evidentemente mis lecciones, dijo que el libro de Boswell era infinitamente más rico, y lleno de valor dramático que el de Eckermann. Moldenhauer habrá pensado: “Y yo, que siempre digo una palabra en homenaje a Shakespeare”».

Habla de Eckermann: «Pudo leer a Boswell. Sin embargo, no se le ocurrió dramatizar las conversaciones (no se le ocurría nada). Hasta un periodista, para volverlas más vívidas, las hubiera dramatizado un poco; pero mira que él se iba a atrever a ridiculizar un poco a Goethe y a ridiculizarse a sí mismo… Goethe y Eckermann son dos señores cultos, a los que no se les ocurre nada. Nietzsche decía que las conversaciones de Goethe y Eckermann son el mejor libro de la literatura alemana[721]: no le gustaría mucho la literatura alemana. Sin embargo, un libro como ése difícilmente es del todo malo».

Calvetti, que es de la lista contraria para las elecciones de la SADE, fue a la Biblioteca y le dejó un ejemplar del libro de Dabove; después fue a La Prensa y llevó la noticia, del todo falsa, de que Mallea había renunciado a nuestra lista. BORGES: «¿Por qué hacen cosas así? Saben que muy pronto van a ser descubiertos. ¿No tienen idea de la ética y suponen que es de bonne guerre? Son como chicos. Como demonios. Como retardados malignos. Éticamente esa acción es pésima». Otra puerilidad: llama alguien a la SADE y le dicen que retiramos la lista (porque Erro, presidente actual, apoya a nuestros contrarios).

Mallea descubrió un café, El Chambery, donde uno puede ir sin avisar, casi en la seguridad de encontrar a compañeros de lista. BORGES: «Cambiarán epigramas. Wally e Ilka llegarán, como siempre, con “noticias frescas”. Las noticias son que lo vieron a Estrella [Gutiérrez] con Soto, pero que ellos se hicieron los que no los vieron…».

BORGES: «Entre Lugones y Horacio Quiroga, la gente ve con más simpatía a Quiroga. Lugones es un señor malhumorado. En el asunto de la prioridad de Lugones o Herrera y Reissig, Quiroga estuvo muy bien. Reconoció, como otros uruguayos, que Lugones fue anterior: antes de ser publicados, algunos poemas de Lugones llegaron a Montevideo en un disco, que todos oyeron, incluso Herrera. Quiroga era muy chiquito, con algo de hombre elemental. En el 24, más o menos, lo conocí en casa del doctor Rébora, donde también estaba el escultor Yrurtia. Quiroga se sentaba junto al fuego y no decía nada. Sus cuentos, por malos que sean, contados son menos malos que leídos. Amorim dice que en sus primeros libros hay formas netamente quiroguianas. Los poemas de Quiroga son pésimos. En uno, de un combate naval, hay un abordaje en que se pelea con floretes[722]. Qué lejos de John Silver».

BORGES: «Según Mallea, cuando Groussac no encontraba una palabra, recurría a su familia; a quien la suministraba, pagaba con una moneda». BIOY: «En las presentaciones diría: “He aquí mi diccionario de sinónimos”».

Habla de Russell. «Su autobiografía[723], donde describe su desarrollo intelectual, es un libro muy tedioso. Un hallazgo de Russell, que parece obvio, es que dos frases sintácticamente iguales pueden no ser iguales. El gato vino no es igual a Dios existe. Este hallazgo sirve contra la prueba ontológica de la existencia de Dios e invalidaría a nuestro buen amigo Meinong[724]. El hecho de que pueda decirse: un círculo cuadrado o una montaña de oro[725] preocupa, lleva a lamentar la falta de una gramática verdaderamente lógica, porque crea entidades irreales».

Sábado, 18 de julio. Come en casa Borges. Refiere una visita del prestigioso Tarnopolsky —judío nada profético, sino próspero, comercial y jurídico— que vuelve a las andadas con proposiciones de fusionar las listas, ahora incluyendo a los que tachamos, con Estrella de presidente y con tres comunistas adentro. BORGES: “Me parece bien, salvo que yo estoy de más. Hagan ustedes eso. Para mí sería ser derrotado de antemano. Yo no quiero saber nada con comunistas”. Comentando esta misteriosa gestión, se pregunta: “¿Qué se propondría? ¿Anunciarme la fusión de su lista con la de los comunistas?”. BIOY: “No hay que buscar explicaciones recónditas. No se propone nada en particular. Sin duda, actúa así por necesidad de hacer algo, por nerviosidad, como los enamorados y como los animales”.

Habla de la Facultad. En un examen una chica reconoció que no sabía quién era Homero, pero identificó a Aquiles como rey de los Hunos. BORGES: “Son los errores que Joyce trataba de cometer”. Dice también que la Universidad va a hacer libros muy interesantes: “No sé quién busca a personas que conocieron a Güiraldes y un dominicano que habla con acento inglés recorre América en busca de personas que conocieron a Ureña”.

BORGES: «A mis alumnos, les digo que sobre Milton pueden leer una biografía muy divertida, de Johnson, o el artículo de la Encyclopaedia Britannica: que Johnson los va a divertir más que el artículo de la Encyclopaedia. Otros profesores, en cambio, a los estudiantes que escriben una monografía satisfactoria, pero que no cargan la bibliografía, les hacen notar que esto no es suficiente y les mezquinan la calificación. Qué brutos. No saben que la bibliografía es un medio, no un fin; si el trabajo está bien, la bibliografía no importa. Guillermo les recomienda que lean sobre Góngora un artículo aparecido el año pasado en una revista belga inencontrable. Madre me explicó; “No seas ingenuo. No da ese dato para los muchachos, sino para el belga. Después podrá escribirle y contarle sin mentir que recomendó su artículo a los muchachos y pedirle que lo invite. El belga le contestará que él recomendó un artículo de Torres, que los muchachos de allá tampoco encontrarán”».

Dice que Giusti da temas absurdos a los estudiantes; “El autor de la Celestina”. BORGES: “Pagés Larraya observó que ése no era un tema literario”.

Lunes, 20 de julio. Come en casa Borges, Dice: “Los negros, ¿hubieran sido capaces de dar las razones con que se defiende al arte negro?”.

Martes, 21 de julio. Comen en casa Borges y Peyrou. BORGES: “Me habló Bianco para que firmara un manifiesto de protesta porque la Municipalidad secuestró el libro Lolita, Yo lo firmé, para no pelearme para toda la vida con Victoria, pero creo que Sur no debería publicar libros así ni como Lady Chatterley’s Lover, Creo que es lícito juzgar los libros por cómo se leen”.

Sábado, 25 de julio. Come en casa Borges. Mirando las fotografías que le tomé, comenta; “Se ve que tengo demasiadas manos y que no me falta ningún dedo. Se ve que no conozco las sillas —soy como Adán, anterior a las sillas—, nunca me senté, esta primera vez lo hago con recelo. Hay demasiado cuerpo y adentro estoy incómodo; no sé qué hacer: es como si me hubiera encontrado, de pronto, en el cuerpo de una tortuga, de un cangrejo”.

BORGES: “Vocos Lescano es una persona muy rudimentaria, muy tosca. La tosquedad de las personas se revela en las cosas que les hacen gracia. Alguien dijo que Ilka Krupkin era como una persona que estuviera trepada a un árbol y golpeara con un palo a cuantos pasaran por debajo. Llorando de risa, Vocos Lescano repetía esto a los que iban llegando”. BIOY: “He notado que circulan chistes de diversas napas o niveles. Los peluqueros, por ejemplo, se alegran con chistes que aluden a letrinas o al acto sexual: cosas cómicas en sí”.

Domingo, 26 de julio. Come en casa Borges,

Lunes, 27 de julio. Come en casa Borges. Todo Buenos Aires, letrado o iletrado, se maravilla con el librito Enero de Sara Gallardo. SILVINA: “Porque trata con seriedad la historia de una persona humilde”. BIOY: “Increíblemente, hay dos palabras que son una verdadera clave en esa explicación: la heroína es humilde; el tono es serio”. BORGES: “No es que a la autora se le ocurre hacer que la heroína cometa errores de razonamiento, sofismas: desde luego, la autora normalmente piensa por medio de sofismas; es la manera natural de desarrollar su pensamiento”.

Hablamos de Linklater. Convenimos en que tal vez sea el mejor novelista inglés de estos días. BORGES: “Lo que lo perjudica es que escribe for entertainment, No trata de demostrar nada: ni la verdad católica ni la verdad comunista ni la verdad existencialista. Los otros días una chica me preguntó qué sistema filosófico había detrás de mis cuentos. Cuando le dije que ninguno, que simplemente en algunos había una idea filosófica que me había parecido apta para escribir un cuento, comprendí que me hundía en su menosprecio”. Cuenta que en Shadow al Noon, de Linklater, hay un matrimonio muy feliz; él parte a la guerra; ella empieza a tener pocas noticias; por último, él vuelve por una breve licencia. Ella le habla, le dice cuánto lo extrañó y cuando le cuenta que tomó un cuarto en un hotel, advierte la urgencia de él por llegar al lecho del amor y cierta impaciencia por todo lo demás. Pasan la noche. Al otro día ella encuentra en la mesa de luz un billete de cinco libras: él la había confundido con una prostituta. Esto se lo cuenta una madre a su hijo: al hijo de los dos. Él vuelve a la guerra, a morir; ésa fue la última vez que estuvieron juntos y se habían querido mucho».

Un señor, un escocés del Rosario, le contó que al volver a Escocia, a casa de unos tíos, le dijeron que a tal hora llegaría su prima. La vio acercarse, un poco como en el párrafo de The Woman in White. «The lady is dark… The lady is yourtg… The lady is ugly!»[726]. Cuando vio a su prima, pensó: «Por suerte es linda, porque voy a casarme con ella». Y efectivamente se casó: ella era la Mrs. Louis que tenía a su derecha. BORGES: «El episodio parece de Stevenson. Esta Mrs. Louis es profesora. Habla de los libros con un evidente odio por la literatura. De Eliot afirma: “He is a bore”. Menciona “una admirable edición de Dryden, interesting, of course, for those who care for such a bore as Dryden [interesante, por supuesto, para aquéllos a los que les importa alguien tan aburrido como Dryden]”, No está bien que una profesora desprecie así a la materia de su enseñanza. Mr. Louis me dijo que Shakespeare seria completely un-English, que lo que entendemos por el tipo inglés había aparecido en el siglo XIX».

Hablamos de Jan de Panonia —o Vitalis—, escritor húngaro, modelo de Joachim du Bellay, de Quevedo y de Spenser, en la idea de que de Roma duró lo fugitivo, el Tíber. BORGES: «Boswell cita los versos de Quevedo, con la puntuación errónea, y Johnson los atribuye a Vitalis[727]».

Un tal Grosso, de fonética muy grosera y aspecto raído, le aseguró todo su apoyo para la lista en las elecciones de la SADE: estaba en contra de cuantos quieren rebajar la SADE al nivel de un sindicato, los escritores no formamos un gremio, etcétera. Luego se asombró de que Soto, héroe de estas ideas (si se les puede llamar ideas), estuviera en la lista contraria. BORGES: «Por momentos estábamos tan de acuerdo, por momentos tan en desacuerdo, que era difícil seguirlo».

Leemos las primeras páginas de Lolita de Nabokov. BORGES: «Yo tendría miedo de leer ese libro. Ha de hacer mucho mal a un escritor. Uno advierte que es imposible escribir de otro modo. En seguida, estás haciendo monerías ante el lector, sos un malabarista, sacás tu galera y tu conejo, sos un atareado Fregoli».

De Jorge Blaquier, que situó a Cuba en el Pacífico, observa que sin duda vivió paralelamente a la cartografía.

Jueves, 30 de julio. Comen en casa Borges y Pepe Bianco. Hablarnos de que la excepción confirma la regla; Pepe con dificultad sigue la explicación.

Sábado, 1.º de agosto. Comen en casa Borges y Peyrou. Borges recuerda unos versos de Emerson, en que habla la Tierra y dice que es raro que ella, que vio tantas cosas, nunca haya visto a los hombres viejos:

Earth endures;

Stars abide-

Shine down in the old sea,

Old are the shores;

But where are old men?

I who have seen much,

Such have I never seen[728]

Borges: «Parece un verso de uno de los poetas más antiguos».

Hablamos de títulos de libros. Para el de Silvina, Borges prefiere La furia y otros cuentos a En Buenos Aires. PEYROU: «Yo prefiero La liebre dorada». Borges: «Es un título decorativo. La furia y otros cuentos es mejor que La furia solo. La furia, a secas, tiene algo de falsamente tremendo; Sartre, La nausee, etcétera. El agregado y otros cuentos parece indicar que el autor no le da tanta importancia a La furia, no quiere ser tremendo… Pero, ahora que pienso, me gusta bastante La liebre dorada, tal vez es el que prefiero. En una lista de libros no queda mal La liebre dorada. Además, da ganas de leer. El lector quiere saber qué es esa liebre dorada. En cambio, uno no quiere saber qué es la furia». BIOY: «La furia y otros cuentos provenía de La sibila y otros cuentos, que debió desecharse porque no quedaría bien en la tapa “Silvina Ocampo, La sibila y otros cuentos”. La sibila y otros cuentos sugería un dibujo, acaso un dibujo del siglo XIX, acaso uno como los de las tapas de Maucci[729]: uno lindo, que fuera el recuerdo, la estilización de aquéllos, que eran feos. ¿O una de las sibilas de Miguel Angel?».

Borges cita títulos griegos: Los siete contra Tebas, Los persas, Ifigenia en Aulide, Ifigenia en Táuride. PEYROU: «Sí, pero ya Ifigenia es un nombre lindo…». BORGES: «Bueno, lo eligió el autor». Sigue: «Edipo rey, Los argonautas. ¿Hay mejores títulos? (con algo de sorna). ¿Y más modernos? Podemos agregar El asno de oro, Historia prodigiosa». Decimos que Cervantes tiene algunos que no son malos: Coloquio de los perros, La española inglesa. Los de Tirso y los de Lope, suerte de dicharachos, no parecen felices. BORGES: «El mejor alcalde, el rey qué idiotez, qué adulonería y se ve que quiso ser sentencioso». PEYROU: «Mauriac tiene buenos títulos: Nudo de víboras, Le mystère Frontenac». BORGES: «¿Por qué es bueno Le mystère Frontenac? Peyrou no sabe explicar. Yo sospecho que ese título le gusta por ingenua sumisión a una lengua poco conocida. BORGES: «Está bien Le mystere de la chambre jaune. En cualquier idioma está bien; El misterio del cuarto amarillo. El misterio del dormitorio azul sería una idiotez. El sueño del aposento rojo es muy inferior. Los títulos de Lugones no valen nada, salvo Los crepúsculos del jardín. Lunario sentimental es horrible, pero tuvo tanta suerte que nos cuesta creer que hubo lunarios anteriores a Lugones, Las pagodas seniles, como falso título de Herrera[730], está bien. Los títulos de los libros norteamericanos tratan de ser grandiosos, fuertes y sentimentales: Las estrellas miran para abajo. The Unicorn from the Stars, de Yeats, es un título sin duda lujoso, pero demasiado fabricado. Azul…, en su momento, debió ser un título extraordinario. Caramba, creo que lleva puntos suspensivos». BIOY: «¿El pasajero?». A Borges no le parece muy bueno; a mí no me parece muy malo. BORGES: «El diablo cojuelo no vale nada; El lazarillo de Tormes, tampoco. Martín Fierro, pensándolo bien, es un poco ridículo», PEYROU: «¿Pálida mañana está mal?». BORGES (sin advertir que Peyrou propone, con esa pregunta, un título para la novela que tiene en imprenta): «¿Pálida mañana? No es nada. No creo que la palabra pálida convenga en un título».

BIOY: «Algunos libros deben leerse de corrido, si uno quiere leerlos. Si uno los hojea, si trata de entrar por aquí y por allá, se da cuenta de que no valen la pena y no los lee. Por ejemplo, Don Segundo». BORGES: «Carlyle decía que, salvo por deber, nadie podía leer el Corán[731]».

BORGES: «Para protegerlo, Güiraldes tomó de secretario a Arlt; empezaba a dictarle y Arlt protestaba, con su voz extranjera: “No seas bruto, Ricardo, no vas a poner eso”. Secretario de Güiraldes… ¿Cómo podía corregir si no sabía nada de nada? Le discutía frases y palabras. No se ponían de acuerdo. Toro y Guisbert solía corregir los escritos de Güiraldes. Al lado de eclosionar escribió Toro y Guisbert: Incorrecto. Güiraldes acotó: “No me importa. Lo mantengo”».

Wally se desmayó porque Peyrou, Borges y otros elogiaron la belleza de Greta Garbo; recuperó el conocimiento, con las palabras: «¡Delante de mí!». (Es decir: «Delante de mí elogiar a otra: ¡qué gaffe!»).

Lunes, 3 de agosto. Come en casa Borges. En el comedor, mientras procuro ayudar a Silvina en la busca de un titulo para su libro de cuentos (en imprenta), Borges se muestra irónico, distraído, sin ganas de ayudar, de pensar en el libro de Silvina. A su vez, Silvina se muestra irritada, necia; amenaza con poner a su libro títulos absurdos, para castigarnos por no ayudarla. BORGES: «Un título inmundo es el de un libro de Gerardo Diego: Manual de espumas. Misteriosa Buenos Aires es controversia!; lo primero que suscita es la pregunta: ¿no sería mejor Misterioso Buenos Aires?».

Refiere que en representaciones teatrales, en el siglo XVIII, en colegios de Alemania, los papeles de reyes los hacían los muchachos de buenas familias; los de esclavos, los de familias más humildes: «Influidos por Shakespeare, creían que el teatro debía tener nombres ingleses: véase María Stuart de Schiller. Los nombres alemanes molestaban a Goethe, le parecían inadecuados. Por eso hay personajes con nombres tan raros en el Wilhelm Meister (Mignon, Melina, Filina, etcétera). Qué lejos, esta inseguridad, de los Buddenbrooks».

Martes 4 y jueves 6 de agosto. Come en casa Borges.

Viernes, 7 de agosto. Come en casa Borges. Observa: «La gente tiene tan poca idea de lo que es literatura que hay quien ataca a Güiraldes —y no faltan motivos para atacarlo— porque conocieron a don Segundo y descubrieron que era un individuo sin ningún interés. Bueno, ¿qué tiene que ver? Al contrario: eso podría demostrar que Güiraldes era un genio que supo ver en ese individuo vulgar un héroe. A menos que quisieran decir: “Güiraldes era tan sonso que se dejó engañar por don Segundo”; pero no piensan en eso; piensan: “Don Segundo no era nada y Güiraldes hizo de él un héroe”».

Jueves, 13 de agosto. Come en casa Borges. Parte de la conversación, como todas estas noches, trata de las puerilidades y falsedades de Fermín Estrella Gutiérrez y de sus compañeros de lista. Anoche comió Borges con Alicia Jurado (que integra una lista rival). BORGES: «No me creo devorado por la pasión electoral, pero la encontré tan sonsa y tan mezquina que la dejé hablar y hablar, sin replicarle nada, to havehersay, porque era la última vez que comía con ella».

BIOY: «Los espectadores, observadores (al modo de Ortega y Gasset)[732] porque tienen que dar importancia a los hechos que comentan, suelen caer en el error de imaginar permanente y definitivo lo fugaz». BORGES: «Yeats admiraba mucho a Mussolini y se entusiasmó cuando éste dijo que la libertad era un cadáver agusanado: “Que un político se haya atrevido a decir esto… Ya todo ha cambiado”. Creía que la libertad quedaba abolida por esas palabras de Mussolini. La gente cree que lo último ocurrido durará Siempre y menosprecia todo lo pasado. “Eso no corre”, dice. Sin embargo, los peronistas… Yeats, hablando de la Primera Guerra, en que murieron millones de hombres y se jugaba el destino del mundo, aconsejó “no dar demasiada realidad a esta guerra” e hizo bromas sobre las atrocidades alemanas. En cambio, cuando hubo el alzamiento en Irlanda y fusilaron a cuatro o cinco irlandeses puso el grito en el cielo, quiso que todos condenaran el hecho: se admiraba de que la Humanidad siguiera en sus ocupaciones sin sentir esos balazos[733]. Sir Roger Casement aprovechó que los ingleses estaban en guerra para ponerse en trato con los alemanes; cuando lo fusilaron, Yeats se conmovió mucho y escribió sobre el fantasma de sir Roger Casement[734]».

Borges grabó tres poemas, entre ellos el de Cervantes, para el Museo de la Voz. Refiero que, según Monk Gibbon[735]. Yeats, que tenía buen oído para los versos, carecía de oído para la música.

Le cuento que los otros días, una mañana de sol después de una semana de lluvia, por una calle de Palermo, iba un tranvía a gran velocidad, manejado por un motorman gesticulante y eufórico; tomó bruscamente una curva y más de una pasajera cayó al suelo; protestaron y el motorman, a modo de excusa, dijo: «Y: es un día peronista». Recordamos que, efectivamente, en todas las fiestas de Perón lucía un sol radiante; no se le arruinó una por mal tiempo; durante la Revolución llovió como nunca. BORGES: «La gente decía que Dios era peronista. Qué gusto el de Dios; no me extraña». Recordamos la noche en que con un tanque Sherman bombardearon la Alianza Libertadora[736]. BORGES: «Fue muy lindo. Además, fue una medida sagaz, porque les dio a entender a esos facinerosos que la Revolución era en serio y que no cometieran desmanes».

Martes, 18 de agosto. Come en casa Borges. Ernesto Palacio le aseguró: «Estate tranquilo. En el gobierno te miran con simpatía». Borges contestó: «Esa simpatía no es recíproca».

Leemos la «Balada de Chevy Chase». BORGES: «Lo más importante es el ritmo. Hay algo genuino en las baladas. Lo que cuentan es real para los autores. Los autores creen lo que dicen: eso es importante. Son mucho más genuinas que el Ossian. Las baladas escocesas auténticas están escritas en un escocés menos deliberado, más transparente, que el de Burns. Qué raro que durante un siglo la gente culta prefiriera el metro del heroic couplet». Imitó con ruidos los versos pareados del heroic couplet. BIOY: «Me estoy preguntando si habrá baladas en español y en francés». BORGES: «En francés, sí. Villon, etcétera. En español no conozco anteriores al siglo XIX». BIOY: «Estoy pensando que la única que recuerdo es Balada para el nieto de Molly. Pavada para el nieto de Molly». Hablamos de los romances, que correspondían tal vez a las baladas, pero tenían los versos asonantados. BORGES: «Las baladas no son iguales a los romances; el elemento fantástico es menos habitual en los romances». Elogia la balada «Hugh of Lincoln». Dice que es muy visual y que no está mal comentada en el Ulyses, en el diálogo entre Stephen Dedalus y Leopold Bloom[737], A propósito de «Chevy Chase» digo que he observado, desde chico, y a lo largo de mis lecturas, que, en la confrontación del héroe y su enemigo, los autores suelen hacer que el héroe sea el menos magnánimo: Aquiles y Héctor, sir Percy y sir Douglas (en «Chevy Chase»), Martín Fierro y el negro, el Master de Ballantrae y sir Henry.

Hablamos del soneto. BIOY: «He leído en el libro de Monk Gibbon que, para algunas personas, un soneto en inglés parece imitación de Shakespeare, de Milton o de Wordsworth». BORGES: «los buenos sonetos son al itálico modo; los de Shakespeare, con versos pareados en los tercetos, son desagradables. Qué pena que Kipling no haya escrito sonetos: sin duda, no fue por falta de habilidad, sino por conocer a su público y para no quedar como literato. En los sonetos de Quevedo, las rimas sugieren la improvisación y cierta negligencia. Se ve que escribía un verso como le saliera y después tenía que seguir con esas rimas. Tal vez escribía un verso que acababa en una rima imposible y seguía, seguro de su poder para hallar otra y concluir el poema. En los sonetos una prudencia elemental recomienda elegir rimas no muy alejadas del tema. Lo malo es que las ideas de los poemas de Quevedo no eran pretextos; que para él eran pensamiento. Como pensamiento son una miseria. A Góngora el estilo digno le sale mejor». BIOY: «Quevedo es proclive a las fealdades y las chabacanerías». BORGES: «Yo no admiro la poesía llena de objetos y de colores, pero encuentro que en algún soneto de Quevedo hay demasiadas palabras abstractas».

Dice: «Susana Bombal asegura que a su lado Carmen Gándara está cortada, deprimida, cabizbaja, porque sabe “que yo escribo mejor que ella”. La sorpresa que se llevaría Carmen Gándara si la oyera». Recuerda que Susana se encontró con uno de los raros espectadores de su pieza teatral Seawards y que después comentó: «Fulanito me dijo que los actores, los decorados, estuvieron muy bien. ¿Por qué no es franco y me dice espontáneamente: “Tu pieza me parece maravillosa, Susana”?».

Jueves, 20 de agosto. Come en casa Borges. Hablamos de títulos de libros. Menciona como absurdos, de María Antonieta Centrone: Señora mañana, Presencias descomunales. Este último nos recuerda el monstruoso verso, de un poema que leímos hace tiempo, siendo jurados:

La granítica creatura grande.

La granítica creatura grande.

BORGES: «Si fuera infinita o vasta sería más imprecisa; grande es perfecto, porque da la idea de volumen material».

Otro título: Carta para que la alegría. BORGES: «Por lo menos es mejor que la frase concluida. Se entiende y ahorra la estupidez de decir Cartas para que la alegría cunda, etcétera… Según Mastronardi está bien como título joyceano. Qué raro: la gente entra en las librerías y pide sin vacilar libros con títulos anormales: “¿Tiene El Parnaso español contemporáneo?”. Uno diría: “¿Tiene un libro que se llama algo así como…?”. Pero no: la gente es valiente, y también estúpida y poco sensible».

BORGES: «Guillermo tiene Las metamorfosis de Proteo. Qué torpeza: es como decir Metamorfosis de Metamorfoseante. Cuánto mejor hubiera sido Proteo, o Las caras de Proteo o Los días de Proteo la gente protestará: “Las metamorfosis son de Ovidio: usted se equivoca de autor”».

Dice que no piensa que un libro sea necesariamente inmoral porque sea explícito en las descripciones del amor: «Es inmoral cuando fomenta la vanidad y las ideas tontas. El Cyrano de Rostand probablemente es inmoral. También son inmorales los tough writers norteamericanos, autores de novelas de gente violenta y cruel (No Orchids for Miss Blandish)». BIOY: «¿Porqué habrá gustado Cyrano de Bergerac a la juventud de la generación de mi padre? Lo más curioso es que gente que habla perfectamente francés, recita el Cyrano en español. En Buenos Aires, iban al teatro español».

Viernes, 21 de agosto. Come en casa Borges. Refiere que en la Biblioteca había (¿dónde no?) retratos de Perón. Cuando triunfó la Revolución, Santos le dice al empleado (peronista). Vítolo: «Hay que bajar esos retratos». Vítolo dice que no, se indigna. Santos: «Muy bien. Entonces lo encargo de defenderlos. Si entra una turba y quiere destruirlos, usted los defiende». Vítolo opinó que para evitar daños mayores tal vez conviniera bajar los retratos. BORGES: «En la Heimskringla, Snorri Sturluson narra una historia análoga de San Olaf. Unos jefes paganos quieren seguir haciendo sacrificios humanos. Olaf les dice: “Está bien, pero para que sean valiosos, no los haremos con esclavos sino con ustedes mismos”. Los jefes se retiran a deliberar y al rato anuncian que están dispuestos a abrazar el cristianismo».

Para mostrar cómo Groussac odiaba a los argentinos, cuentan que Clemenceau había ido de visita a la Biblioteca[738]; mientras la recorrían vieron en una silla a un ordenanza durmiendo. Groussac dijo: «Il est argentin. BORGES: «Tal vez odiara a los argentinos, pero eso no lo prueba. Tenía que decir algo». BIOY: «Dijo un lugar común: la gente del Sur es haragana. Que dijera un lugar común, prueba la poca importancia que daba a sus palabras. El problema era decir algo; disculparse, un poco en broma, para no quedar como un director demasiado chambón. ¿Qué debió decir? ¿Tal vez: “Sufre de insomnio”?».

Le pregunto a qué directores recuerdan con afecto en la Biblioteca. BIOY: «¿A Groussac?». BORGES: «No, no lo querían». BIOY: «¿A Martínez Zuviría?». BORGES: «¡Cómo se te ocurre! Tampoco». BIOY: «Menos mal; sería triste que un sujeto semejante hubiera dejado un gran recuerdo. ¿A Tren ti Rocamora?». BORGES: «No, era una especie de compadrito». BIOY: «¿A Meló?». BORGES: «Estaba muy enfermo y no duró más de un año. Cuando me hablan del doctor Meló, comentan en tono de ejemplo y de reproche: “No tardó un año en morir”».

Dice que Rest le está haciendo una mala jugada: lo induce a error en el puntaje con que califican a los candidatos a profesor, para favorecer al suyo.

Sábado, 22 de agosto. Come en casa Borges. Buscamos en vano el origen del titulo de las crónicas de Cruzadas reunidas por Bongarsius, Gesta Dei per Francos[739]. Quiere saber si una frase entre comillas, Gesta Jupitem per populo romano[740], leída hace poco, cita un libro, un dicho, anterior (y más tosco) o es una paráfrasis (improbable, por ser más tosca). En el Larousse dice que el autor de la recopilación es Gondarius; en ninguna parte hallé a Gondarius; a Bongarsius, sí.

De Jaime Dávalos y otros autores de poesía más o menos folklórica dice: «Describen las habituales operaciones de la naturaleza con el vocabulario de los oficios, la flora y la fauna regional: “el tamborcito de la luna”, “el Chaco maderero”». BIOY: «“El ojo rubio de la miel”. Qué asco». BORGES: «Dávalos toca bien la guitarra, pero la letra de esa música, escrita por él, es lamentable; gusta mucho».

Recuerdo el título de Mallea Cuentos para una inglesa desesperada. BIOY: «Atribulada suena mejor, pero Mallea hizo bien en poner desesperada». BORGES: «Las palabras que no tienen mucho uso tampoco tienen mucha fuerza, salvo de curiosidad o de misterio. Cuentos para una inglesa desesperada: todas las palabras se llevan bien, juntas; en cambio si ponés Cuentos para una inglesa empavorecida, empavorecida no tiene nada que ver con el resto, es como si fuera en cursiva, como si perteneciera a otro idioma». Sigue ensayando variantes. Dice que despavorida es una palabra que suelen emplear algunas mujeres.

BORGES: «Los profesores de la Facultad, por demagogia, dicen frases como: “Estudiaremos los presocráticos, bichos muy curiosos”, “Kant, un tipo de lo más inteligente”. Los alumnos ven el juego».

Cuenta que alguna vez Susana Soca dijo —amistosamente— que Emita era un tipo curioso y observa que a él le parece raro que se emplee esa expresión para una mujer, y sobre todo para una mujer como Emita: «¿Quién es un tipo curioso? Indudablemente, Alfredo Palacios; algunas mujeres —Julia Bullrich, Marta Mosquera— están llegando a graduarse de tipo curioso, aunque en estos casos quizá convendría decir de bicho raro».

Domingo, 23 de agosto. BORGES: «Lo importante no es que el lector crea lo que lee sino que sienta que el autor cree lo que escribe».

Lunes, 24 de agosto. Come en casa Borges. Habla de los gladiadores de Roma: las diversas categorías, la forma de vida, las escuelas; cómo empezaron los juegos; su aprobación por todos los escritores, salvo Marco Aurelio (los rechaza por monótonos), Séneca (los condena por brutales)[741]. En todas partes del Imperio agradaban los juegos, salvo en Grecia. Los romanos conservadores decían que el teatro era una escuela de mentiras; los juegos, donde la gente luchaba y moría, de verdades. BORGES: «los romanos eran muy insensibles». BIOY: «No creo que en la literatura griega haya ejemplos de concisión como en la romana; pero lo mejor griego será mejor que lo mejor romano». BORGES: «Después de los romanos, los griegos parecen un poco desleídos».

Comento el encabezamiento de las cartas de Cicerón a su mujer: «Marco Tulio Cicerón a su Terencía mucha salud le augura[742]». BIOY: «Eso es todo: no hay más intimidad ni afecto». BORGES: «Sin duda no sentía la necesidad de que hubiera más».

BIOY: «Los cuentos de Voltaire son un ejemplo de escritos en que el autor no cree en sus personajes ni en sus historias». BORGES: «No están hechos para ser creídos. Son alegorías, un instrumento para comunicar ideas. Ahora, si Voltaire se propuso, en Candide, dar argumentos para el pesimismo, fracasó: no muestra un mundo atroz, sino absurdo, ridículo, menospreciable». BIOY: «No creía tanto en la realidad para mostraría atroz. Hay que estar un poco dupe de la realidad para escribir Sanctuary». BORGES: «Además, Voltaire estaba demasiado contento. Escribiendo se divertía y se reía».

Dice que la versión de «Hugh of Lincoln» de Thomas Percy es menos linda que otras; aprueba la versión de Graves[743].

Martes, 25 de agosto. Come en casa Borges. Habla de Mario Luis Descotte: «Ha descubierto una nueva prueba de la inmortalidad del alma o de la verdad del espiritismo. Parece que le preguntaron, por medio del trípode, a Rubén Darío: “¿Cuál es el verso más inferior de este cuaderno?”. Dijo: “El once”. “¿Y después?”, le preguntaron, “El catorce,” “Y era verdad —asegura Descotte—: eran dos versos que no valían nada, de un poema que francamente era una basura””. Cuenta también: “Como se olvidaron de traerle un plato para comer el postre, Descotte apeló a un recurso, a una antigua costumbre francesa que, como tantas buenas cosas, hoy está perdiéndose… Peyrou corroboró y suspiró con nostalgia. Esa hermosa práctica perdida consiste en dar vuelta el plato en que se comió el bife o el asado y usarlo, al revés, como plato de postre. No aclararon cómo quedó el mantel…”.

Dice que a Risieri Frondizi le descubrieron un nuevo plagio. El primero fue una edición de Descartes comentada: la única variante es que donde en el original dice «une révolte des gueux[744]». Risieri dice «una revuelta de Gueux», porque imaginó que Gueux es un personaje histórico. El segundo es la edición de Francis Bacon comentada; parece que el plagio consiste en reproducir las notas de la edición de Ellis[745]. Giusti defiende a Risieri Frondizi diciendo que ese libro es anterior a su rectorado de la Universidad. BORGES: «Pudo decir que fue anterior a sus cursos sobre Etica»,

Sobre Drieu la Rochelle: «Era muy inteligente, pero sus libros son malos. L’homme couvert de femmes».

BORGES: «Yeats no quería que los años gastaran la intensidad de los sentimientos y the turn of phrase. “Aulo Gelio” es un admirable poema de Capdevila. The turn of phrase, el idioma, es feliz, en sus versos:

disertar sobre Píndaro y Homero

hasta que el día entraba entre las lámparas…

Mientras boga tu barca a Grecia o Roma,

festín recuerdas y festín preparas. […]

Así por tus caminos te paseaste,

la cabeza de rosas coronada.

Qué raro que no llenara el poema de gallegadas. Es un poema extraordinario y que ha de gustar a muy pocos. A Capdevila y a tres o cuatro personas. Aunque sin duda Capdevila prefiere alguno de sus romances».

Listas de títulos. Siete azules para una sonrisa: inmundo; Midsummer’s Night Dream, Noches áticas: buenos; Confessions of an English Opium-Eater malo. BORGES: “Kant no buscaba títulos poéticos; tenía una idea informativa… Fundamentación de la metafísica de las costumbres. Su refutación de Swedenborg[746] es una bobera y una vergüenza el libro sobre los caracteres de los pueblos[747]. ¿Cómo no comprendió que si él no había viajado no debía escribir un libro de observaciones así? Recogió lugares comunes…”.

BIOY: “Empecé La guerra y la paz”. BORGES: “Cuesta entrar. ¿Es un novelista muy hábil? ¡Qué va a ser! Yo creo que lo mejor es leer todo lo que se refiere a la guerra”. Sarcásticamente agrega: “Pero entonces te perdés el idilio…”.

Las otras noches decíamos: “Podríamos desenmascarar a nuestros enemigos. No lo haremos. ¿Por altura? ¿Por cobardía? ¿Por generosidad? Nada de eso. Por pura pereza…”.

Jueves, 27 de agosto. Come en casa Borges, Dice; “He comparado el artículo sobre Swedenborg en la undécima edición de la Encyclopaedia Britannica y en la última. En la última está cortado. No abreviado: cortado con tijeras, sin más criterio que el de las tijeras. Por ejemplo, en la undécima se habla del régimen de comidas de Swedenborg —mucho pan, mucha leche, mucho café— y de que, de noche, a veces los mucamos (vivía en una casa grande) lo oían conversando con los ángeles y los demonios. En la edición nueva no queda nada de todo esto. Yo creo que es por una deficiencia de la arquitectura: porque ahora las casas son chicas, se abrevian así las enciclopedias. No caben en las casas. Yo siempre quise tener el Grosse Brockhaus’, era una enciclopedia de veintitantos volúmenes; ahora lo vi: el Grosse Brockhaus en doce volúmenes. Esto corresponde al criterio, actual y erróneo, que considera las enciclopedias como obras de consulta y no como obras de lectura. Antes, una enciclopedia era una biblioteca, con una Historia de la literatura china, con una Historia de las cruzadas, con una biografía de Milton”.

Cita versos de Samson Agonistes. Agrega: “Antes, cuando yo admiraba a Quevedo, creía que había que escribir todo como el Marco Bruto. Se escribe para comunicar algo, para ser entendido por el lector, y las lentitudes, las languideces y hasta las repeticiones son necesarias, porque corresponden a la psicología de los hombres, que no están siempre tensos y atentos. El estilo del Marco Bruto no corresponde a ninguna psicología. Y en realidad un autor que escribe así queda como un tonto, como un chambón; trata de engañar ingenuamente, porque se sabe que primero escribe de cualquier modo y después mocha, por aquí y por allá”.

Habla de los autores jóvenes: “El lector que en el libro del autor novel encuentra en las primeras líneas la palabra perramus es como un arúspice: al ver esas entrañas, exclama; Malum signum… Como todo el mundo es joven, ahora se usa la palabra juvenil, para indicar muy joven: Pro-Arte Juvenil”,

Sábado, 29 de agosto. Día de elecciones de la SADE; me habla, de parte de Borges, su madre, para que no falte. Voy a las tres de la tarde. Frío, cansancio, tedio. Resultados de la elección: Estrella Gutiérrez, y su lista: trescientos ochenta votos; Ulyses Petit de Murat y su lista, doscientos sesenta; Borges y nosotros, ciento sesenta.

Lunes, 31 de agosto. Come en casa Borges. Dice: “[Mauricio] Muller en la conversación es inteligente, pero escribe bromas misteriosas, confusas y pointless. Hay mucha gente así. Necesitan sin duda el estímulo del diálogo. Mallea, en la conversación, me cansa: siempre está analizándose, exige de uno opiniones sobre sus actos, la aprobación continua y razonada de lo que no nos importa”.

Comenta: “Cuando en las clases uno lee unos versos que siempre lo conmovieron, fracasa. Nunca hay respuesta. Tal vez tengan razón: admiran el poema, el libro, no la frase. Sin embargo, parece sospechoso. Además, las metáforas siempre tendrían que gustar a los jóvenes…”».

Miércoles, 2 de septiembre. En Atlántida leo, de Borges, el admirable «Poema de los dones». Admirable, aunque un tanto previsible.

En el diario La Razón sale un elogio de Borges que hizo Ulyses Petit de Murat en La Habana. BORGES: «La verdad es que en la elección de la SADE no nos molestó Ulyses. Los de su lista se portaron mucho mejor que los de la de Estrella. Yo prefiero no estar peleado con Ulyses; no es lo mismo con González Lanuza. Ulyses tiene algún buen verso:

La besada plata de las medallas[748]

La besada plata de las medallas[748]

González Lanuza no escribió nada tan bueno. Toda su obra no vale nada. En el famoso “Poema para ser grabado en un disco de fonógrafo” hay muchas idioteces… Sin duda, en los últimos poemas, los versos, formalmente, estarán bien, pero lo que sé decirte es que no encuentro una sola línea que me guste, me conmueva, que me importe… En cambio, en los poemas de ese compadrón de Olivan, que no valen nada desde luego, hay a veces algo que uno siente como poesía. Toda esa poesía [de González Lanuza] proviene de Lugones. Tiene razón Croce: el descriptivismo es un error; la poesía no sirve para describir insectos o gallipavos».

Jueves, 3 de septiembre. Come en casa Borges. Leemos sonetos de Góngora. Leo:

Menos solicitó veloz saeta

destinada señal, que mordió aguda;

agonal carro por la arma muda

no coronó con más silencio meta,

que presurosa corre, que secreta

a su fin nuestra edad. A quien lo duda

fiera que sea de razón desnuda,

cada sol repetido es un cometa.

¿Confiésalo Cartago y tú lo ignoras?

Peligro corres, Licio, si porfías

en seguir sombras y abrazar engaños.

Mal te perdonarán a ti las horas;

las horas que limando están los días,

los días que royendo están los años[749]

BORGES: «¿Viste? El mejor poema de Quevedo lo escribió Góngora, Además, Góngora escribió ese tipo de sonetos antes que Quevedo. Porque es de Góngora, los críticos no lo encontraron representativo del resto de la obra, no supieron qué hacer con él y no es famoso. ¿Cómo escribió menos solicitó veloz saeta en el primer verso? Bueno, quién sabe cómo pronunciaba: Meno sholicitó veloz shaeta… Imagino que esa dureza es deliberada, para imitar sin duda el silbido de la flecha.

¿Confiésalo Cartago y tú lo ignoras?

¿Confiésalo Cartago y tú lo ignoras?

Esta oposición le salió bien. Lástima que en Góngora haya esa voluntad de simetrías, tan española».

Recita:

Servía en Orán al Rey

un español con dos lanzas,

y con el alma y la vida

a una gallarda africana[750].

Dice que con el alma y la vida equivalía a con su alma y con su alma.

Leemos las anécdotas recogidas en el apéndice de la edición de Aguilar[751]. BORGES: «Qué lejos estamos de España. Es como si leyéramos noticias sobre los persas, o los esquimales. Se ve que le gustaba plantar frescas. Estas bromas no son buenas, pero ¿qué puede quedar de una broma después de tantos años? (Sin embargo las bromas que se conservan de Voltaire no son tan malas…). Uno sigue leyendo porque piensa que ya las malas anécdotas estarán agotadas… Qué vida: muy clerical, entre curas. Está bien que diga que tiene tan poca teología que mejor es que escriba cosas frívolas, para no caer en herejías».

Sábado, 5 de septiembre. Comen en casa Borges y Peyrou. PEYROU: «Capdevila va a mi escritorio, en La Prensa; exclama: “Ah, tigre. ¿Qué me cuenta?”, y empieza a hablar. Los otros días va al escritorio; en mi lugar hay un fotógrafo; Capdevila le dice: “Ah, tigre. ¿Qué me cuenta?”. Santos Gollán chico, que está por ahí, le previene: “No es Peyrou”. Capdevila tose, dice: “Ah, ah”, y queda cortado». BORGES: «Caillet-Bois me dijo que las otras tardes estaba con Capdevila en la Plata; de pronto Capdevila no lo escuchaba, parecía fascinado por algo. “Es el doctor Benítez —explicó—, voy a saludarlo”. Se detuvo, miró nuevamente y dijo: “No, no es Benítez, es ese excelente Bonardo. Espere un momento que voy a saludarlo”. Allí fue, abrazó al amigo, conversó un poco; de vuelta, aclaró: “Era el doctor Gándara”».

BORGES: «Por odio al ejército, la gente ve este episodio de ayer[752] como ridículo: cambios de topografía incruentos, etcétera. Por odio a los militares, ve todo en conjunto, no distingue diferencias. El episodio es ridículo para Frondizi y para Anaya; de ningún modo para doranzo Montero: sería monstruoso que después de la rendición de sus enemigos Toranzo los cañoneara». PEYROU: «Anaya es bastante resuelto. Una vez, en el Instituto Popular de Conferencias, el doctor Floro Lavalle sufrió un ataque. Había un médico en la sala, pero era tímido; en el consultorio de La Prensa no había nadie. Intervino un petiso mandón: “Abranle la camisa. Denle aire. Súbanle una manga. Una inyección de coramina aquí”. Floro Lavalle, cuando se repuso un poco, exclamó: “Gracias, usted me salvó la vida, doctor”. El petiso contestó: “No, doctor no: general, general Anaya”». BIOY: «Ayer a la mañana me encontré con Vocos Lescano. Me dijo: “Cuando los sindicatos se declaran en huelga, los maldicen porque paralizan el país. Ahí tenés a los militares: porque a uno le ordenan: “Usted, que está acá, váyase un poquito más allá”, paralizan el país»… Tuve ganas de explicarle que no se trata de sacar a Toranzo Montero y ponerlo un poquito más allá; se trata de quebrar la unidad del ejército, para tener luego impunidad para cualquier canallada. PEYROU: «¿Le explicaste?». BIOY: «No, no le expliqué». PEYROU: «A veces da pereza explicar». BORGES: «Los otros días Vocos Lescano, en una discusión con Barreiro, se puso a llorar». BIOY: «Creía que era con González Lanuza».

Cuenta Borges que del Ministerio les habían llegado formularios para calificar a los empleados: «El propósito es echar a los peores. Nos obligan a ser verdugos. Y lo peor es que nos dicen que no cobraremos el sueldo si no contestamos. ¿Te das cuenta? ¡Qué respeto por la dignidad humana! Alsogaray está en todo esto. Qué asco. Además debemos calificar aun empleado como eficaz, muy eficaz, eficaz en grado sumo. ¿Podrá uno ser muy exacto en esos matices?»,

BORGES: «Mouchet, Olivan, o el raro destino de malevos suburbanos, que acaban en revistas mundanas: El Hogar, Atlántida…». PEYROU: «Ilka [Krupkin] es un malevo bueno, un malevo de Villa Crespo. Trabaja con curas paulinos». BORGES: «Ibarra decía que ver curas le daba miedo: “¿Cómo? Ver brujos…”».

BORGES: «Mallea nunca me mandó un libro hasta que estuve en el jurado de los Premios Nacionales. Entonces me mandó uno, con una larga dedicatoria, en que me dice que nunca me mandó libros pero que ahora me manda éste porque, aunque malo, es lo mejor que él puede escribir». BIOY: «Qué raro cuando uno empieza a recibir atenciones y toda suerte de pruebas de simpatía de una persona y de pronto uno dice: “No puede ser”, pero muy pronto descubre que efectivamente esa persona aspira a un premio en el concurso del que uno es jurado. Beatriz Guido es una heroína habitual de esta situación. Qué difícil es ser completo: seguramente nosotros no cometemos ese tipo de torpezas, pero tampoco somos atentos, no contestamos a quienes nos mandan cartas o libros. Quizá porque si uno contestara no escribiría». BORGES: «Yo decía en casa que llevaba a la Biblioteca, para contestarlos de allá, los libros que recibía; pero Madre descubrió que los tiraba en los baldíos y zaguanes del camino, así que ahora ella escribe largas cartas de agradecimiento que yo firmo; yo las firmo, a condición de que no me las lea, de no saber lo que digo». Contó también: «Cuando yo era miembro del jurado para los Premios Nacionales de Poesía, me llamó Molinari, que aspiraba al premio, y me dijo: “Mira, no vayas a votar por Fulano de Tal. Te lo digo porque soy tu amigo. Ya mucha gente se ríe de vos, pero sí votás por él, no tenés salvación”. Después, el delicado poeta se retiró a escribir un poema sobre una gaviota en el atardecer».

PEYROU: «Banchs pronuncia Lamartain». BORGES: «Coleridge no entendía un texto francés ni siquiera después de haberlo leído en traducción[753]. Sería por odio a Napoleón y a Francia. Hablaba italiano, tenía rudimentos de español y podía escribir corrientemente en alemán. Quizá cuando intentó aprender francés tendría el cerebro paralizado; cuando aprendió alemán todavía le funcionaba».

Sobre las elecciones de la SADE dice BORGES: «La otra noche, a una hora en que uno está demasiado cansado para fingir, los comunistas celebraban con alegría el triunfo de Estrella Gutiérrez».

Lunes, 7 de septiembre. Come en casa Borges. Comenta los verses de Etchebarne aparecidos en La Nación de ayer[754]: «Se advierte el fabricante; el individuo que de un modo u otro tiene que producir cierto número de versos. Y eligió la décima, que es una estrofa difícil. Tal vez Lugones, con sus rimas insólitas, disimulaba aún menos…».

Recuerda que Flaubert dijo que cuando una obra era verdaderamente buena dejaba de ser moderna o clásica o romántica[755]: «Exagerando un poco podría decirse que cuando un poema es bueno ya no es de su autor».

BORGES: «La arquitectura funcional y la pintura no figurativa, que la gente ve como expresiones de una misma tendencia, son opuestas…». BIOY: «Es claro. La arquitectura funcional corresponde a la novela policial y al folletín». BORGES: «Habría que iniciar un movimiento en favor de la arquitectura pura. Hacer casas que no sirvan para nada, que ni siquiera se pueda entrar en ellas… Habría que hacer una ciudad así, una gran ciudad…».

Estuvo en el cocktail que la embajada francesa ofreció hoy a Malraux[756]. Malraux le dijo que alguien, una vez, insistía ante Colette en que Les faux-monnayeurs (u otro libro de Gide) era muy malo. «C’est vrai, mon petit —dijo Colette—, mais ça n’a aucune importance [Es verdad, pequeño mío, pero eso no tiene la más mínima importancia)». Malraux: «En esa frase hay una gran lección de estética y crítica». Discutieron después acerca de si tal autor era verdaderamente original. BORGES: «La originalidad no tiene tanta importancia,» MALRAUX: «Et Baudelaire, alors?». Borges comenta conmigo: «No le dije: Merde pour lui». Agrega: «En La condition humaine hay continua acción, pero acción muy lenta. Después de cada capítulo yo quedaba deslumbrado, pero sin ganas de seguir leyendo…».

Martes 8 y miércoles 9 de septiembre. Come en casa Borges.

Domingo, 13 de septiembre. Come en casa Borges. Lo fotografío (primero solo, después con mi padre).

BORGES: «No sé quién estaba interesado en saber si era verdad que un poema es el triunfo de la razón, como dijo Valéry, o la derrota de la razón, como dijo Breton o Tzara. Qué idiotez. No es ninguna de las dos cosas. Quiere oponerse la razón y la inspiración. Un poco menos absurda es la afirmación de Valéry, que está mejor expresada, con ejemplos, en Poe; pero desde luego es inexacta e inadecuada».

Parece que Neruda sostuvo que lo importante no es el poema, sino todo lo que hay alrededor. BORGES (parodiando): «Lo importante no es este cuchillo, sino el contexto, la astronomía. ¿No tendrá miedo de que se descubra muy pronto que eso no es sino un simulacro de pensamiento?».

Cuenta que Susana Bombal ha escrito al director de La Prensa, porque la nota sobre su libro[757] fue breve y adversa. Argumenta Susana: «No me conocen, de modo que no hay motivo personal, y por más que la leí con cuidado no encontré una expresión de elogio. La única explicación posible es que sea obra de un comunista. No debe una quedarse con los brazos cruzados: hay que desenmascararlos. Por suerte el asunto tomó un giro favorable, porque Gainza Paz va a recibirme». BORGES: «En la carta, Susana explica su queja detalladamente. “¿De qué van a hablar en la entrevista, entonces?”, le pregunté. Ni me oyó la pregunta».

BORGES: «Guillermo, cuando digo que Morínigo es un idiota, argumenta: “No, y tal, y habla muy bien de ti”. Te das cuenta, cree que con eso me convence. Bueno fuera que Morínigo hablara mal de mí, si es sensato».

Dice: «Un error habitual consiste en suponer que si alguien conoce la etimología de las palabras tiene acceso directo a la verdad. Unamuno y Ortega creían que al saber la etimología de las palabras, sabía uno la verdad que encierran. Un diccionario etimológico no es la llave de la verdad. Nadie cree que un pontífice sea un pontonero, ni que un políglota tenga muchas gargantas. Es evidente que a lo largo del tiempo cambia el sentido de las palabras. La etimología revela lo que las palabras ya no significan. “Estilo, ah mi amigo, usted no sabe que los romanos llamaban estilo a un punzón”. Bueno, ¿y qué?». BIOY: «Parecen creer que la etimología da una visión sobre las circunstancias y la Historia futura que determinaron la acepción de las palabras».

Comenta el curioso empleo del te por una condesa española; «Iban en tren cruzando una región nevada. Para que no crean que se deja engañar, la condesa declara: “Eso no te es nieve, que te es harina”».

BORGES: «Tardé en descubrir que en

las piquetas de los gallos cavan buscando la aurora[758]

las piquetas de los gallos cavan buscando la aurora[758]

de García Lorca hay un calembour. Ahí piqueta sugiere pico. (Sarcásticamente) Es una rica confusión. Sería mejor que el gallo buscara la aurora».

Un consocio del Buenos Aires Lawn Tennis, después de referirme los efectos de una espantosa borrachera, la atribuye a los tallarines con vino tinto ingeridos «para celebrar el triunfo de la regata». Borges, al que comunico estos detalles, exclama: «¡Tallarines y vino tinto, qué asco!», y agrega: «Uno imagina que mientras una mitad del tallarín es una parte de su organismo, la otra ya está en el mundo externo».

Lunes, 14 de septiembre. Come en casa Borges. BORGES: «Se ve mucho el esquema en los cuentos de Henry James. En los de Kipling también hay un esquema, pero luego el autor imagina las cosas, da realidad. ¿Qué libros leería Henry James? ¿Muy malas novelas inglesas? Sus cuentos, aun los excelentes, sugieren ilustraciones de revistas como El Hogar y Atlántida, de los treinta: un caballero de smoking o frac conversando con una dama. Tienen dos dimensiones; los cuentos de Kipling o de Conrad tienen tres: con ellos entra en nuestra conciencia una realidad rica, precisa. En los diálogos, los personajes de James advierten sobreentendidos, reticencias y toda suerte de matices, que el lector no descubre y que no cree que valga la pena descubrir; a veces hay rasgos burdos. Nada parece muy imaginado y el lector, en el fondo de todos esos cuentos, imagina únicamente a James: lo que es una pobreza. Wells observó que los personajes de James, si tuvieran que llegar al momento de la pasión, harían a few appropiate gestures y nada más. Para llevar adelante su argumento, James no tiene inconveniente en recurrir a hechos melodramáticos: en The Americans una dama comete un asesinato del todo improbable; tampoco tiene inconveniente en recurrir a circunstancias ficticias: en “The Real Thing”, un ilustrador de novelas fracasa cuando toma como modelo de gentleman y de lady a Fulanos, y triunfa cuando toma a Zutanos. Casi el único relato vivido de James es The Turn of the Screw: por algo es el que más gustó. No creo que toda la gente se equivoque». BIOY: «Kipling y Conrad parecen muy realistas con relación a James; James parece muy realista con relación a Kafka, Pero la deficiencia de realismo de James con relación a los primeros es un defecto; la de Kafka con relación a él, una virtud, porque sus cuentos son parábolas y todo realismo hubiera sido innecesario; los cuentos realistas de James, comparados con los de Kafka, parecen obras de calidad inferior, con propósitos inferiores. James probablemente viera cierta vulgaridad en Kipling: desgraciadamente, la hay. Kipling inventaba mejores detalles circunstanciales que James; como los dragones de la alfombra, que después de fumada la segunda pipa de opio se ponían a pelear (“The Gate of the Hundred Sorrows”) o las invenciones de “The Finest Story in the World”». Borges dice que éste no es de los mejores cuentos de Kipling; yo lo tengo por maravilloso. BIOY: “Hay un humorismo en James; casi siempre es el mismo; se trata de personas que en el afán de estar en una situación no advierten lo que puede haber en ella de canallesco (The Reverberator). James había inquirido cada una de las ambigüedades de sus relatos; sin duda tenía una opinión sobre ellas; Kafka no, no sabía más de lo que estaba escrito en el texto; pero cada uno cumplía correctamente con las exigencias de su género; está bien que jamas conociera las ambigüedades y previera respuestas, porque escribía cuentos sobre personas que actuaban en la sociedad humana; está bien que Kafka se limite a plantearlas, porque escribía parábolas sobre la relación del hombre con el universo”. BORGES: “Kafka seguramente pensaba por parábolas. Seguramente no tenía más explicación de sus cuentos que la que había puesto en el texto; está bien: su tema es la relación del hombre con un dios y con un cosmos incomprensibles. Dios, al final del libro de Job, el Dios que manda al Leviatán, es el dios de Kafka, el dios totalmente incomprensible… Mi padre decía que había gente, como los gauchos, que sólo podía pensar por imágenes, y que las famosas parábolas de los Evangelios prueban que Cristo era una de esas personas. Como los gauchos, como los argentinos, no quería comprometerse. Ahí tenés el ejemplo de la pecadora y la primera piedra. Dar la otra mejilla es condenar metafóricamente la venganza. Hablaba por imágenes, porque sólo podía pensar por imágenes».

Martes, 15 de septiembre, Come en casa Borges. Nos fotografiamos todos, incluso el cocinero, con mi torta de cumpleaños.

Miércoles, 16 de septiembre. El día antes de la visita de Nikita Kruschev a los Estados Unidos, los rusos lanzan un proyectil, cargado con una bandera soviética, que llega a la luna. Borges: «No son sutiles. Bueno, tal vez no quieran ser sutiles». El regalo que Kruschev lleva al presidente de los Estados Unidos es una maquette del proyectil y la bandera. BORGES: «¿Por qué creen que ese regalo va a gustar a Eisenhower? Bueno, no esperan que le guste. No ha de haber antecedentes de regalos así. Cuando, en la Historia, se han regalado elefantes, había sin duda un propósito de se vanter de tenerlos, pero también se quería dar placer… Desde que los rusos mandaron el primer cohete las cosas van mal. Los norteamericanos no debieron replicar al poco tiempo con otro cohete. No creo que sean artículos de primera necesidad, lo que en esta época la gente necesita. En realidad, esta polémica recuerda la del guapo Paredes e Ibarra; Paredes decía: “Me va a acompañar en otra cervecita”, e Ibarra, muerto de miedo y dominado, tenía que beberla aunque no quisiera. Rusia es Paredes y manda en la situación. Sin duda los norteamericanos están ahora planeando un cohete a la luna, pero mucho más chico, y que caerá en el patio de la casa de al lado. ¿Por qué, si total no va a llegar, no hacer uno inmenso? Un edificio al que llamen cohete… Sí, los pobres están totalmente idiotizados. Han dicho que los territorios de la luna, que ocupen rusos o norteamericanos, no deben pertenecer a rusos o a norteamericanos, sino a las Naciones Unidas. ¿Por qué rusos o norteamericanos? ¿Por qué no rusos o paraguayos, rusos o esquimales? La disyuntiva no existe… Qué raro que sean los rusos los que llegaron a la luna. La Science fiction, los motores, las aventuras de vuelos solitarios, todo eso es la especialidad norteamericana. ¿O esto quiere decir que los rusos ya están conquistados por los norteamericanos y no hacen otra cosa que imitarlos? ¿Y por qué los comunistas mandan una bandera? ¿Cómo? ¿Siguen con los viejos símbolos medievales?».

Me dice que en la Facultad de Filosofía están pensando el desatino de unir, como si fueran una sola materia, la literatura inglesa (que ya incluye la norteamericana) con la alemana; la francesa con la italiana.

Viernes, 18 de septiembre. Hablo por teléfono con Borges. Me dice: «Estuve leyendo a Keats. ¿Sabes a quién se parece? Bueno, es un sacrilegio: a la condesa de Noailles. Todo está lleno de hojas, plantas y botánica. Los adjetivos más frecuentes son leafy y florid. Y todo eso, fíjate, no era para cantar una selva, sino una vegetación suburbana, de algún campito cerca de Londres, donde tomaría el té».

Jueves, 24 de septiembre. Borges fue a dar una conferencia a Morón. BORGES: «Tuve este diálogo con el intendente. Después de mi conferencia le dije: “Tal vez estuve un poco largo”. “No crea —contestó con una seriedad discriminativa que recordaba a César Dabove—. No crea. Sin cansarnos podríamos haberlo oído diez, hasta cinco minutos más”. No quería ser hostil».

Estuvo leyendo Los últimos días de Kant de De Quincey. BORGES: «¿Sabés qué me recordó? Bouvard et Pécuchet. En ambos libros ves la vida como un mecanismo. Esto es más patético en De Quincey, porque no describe la vida de dos idiotas, sino de un hombre inteligente, las vidas de los que viven mucho se convierten en mecanismos. No quiero defender la incoherencia, pero creo que salen bien estas cosas cuando uno no se las propone; no creo que De Quincey al principio se propusiera ser satírico; empezó a escribir y la forma se le impuso. Otro ejemplo de forma que se impone —de hombre convertido en mecanismo— es el de Eduardo Gutiérrez, cuando Hormiga Negra se encuentra con el guapo rosarino, y ninguno de los dos tiene ganas de pelear, pero el propio prestigio y la expectativa de los que miran los obligan a hacerlo[759]».

BORGES: «Fuimos a premiar los poemas de una exposición titulada El poema ilustrado. Qué poemas. Todos querían premiar uno de un hombre que tenía relojes en las rodillas. Un muchacho Bastianini —¿lo conocés?, es un idiota— para censurar un poema decía: “No tiene una metáfora audaz”, No se puede hablar con él. Sus opiniones sobre poesía son misteriosas. Dijo: “Lorca es un escritor moderno, pero su forma ya es clásica. No puede juzgar a Alberti quien no haya leído Marinero en tierra: libro formidable”. Yo fingí no haberlo leído. Es una porquería; pero no es necesario leerlo: basta con conocer a Alberti. Premiamos un soneto muy pompier. Ya es algo. Qué gente estúpidamente escrupulosa. No se resolvían a dar a tal poema el primer premio, a tal otro el segundo. Yo les dije que los dieran al azar; que dentro de pocos siglos nadie se acordaría de los poemas, ni de los premios ni de las personas, que esta tarde, en Villa del Parque, estábamos discutiendo. Delia de Mateo no me entendió porque dijo que ella había recibido libros de poemas escritos en la avenida Alvear[760] y que eran malos. Toma». BIOY: «Podría inventarse un personaje, para un cuento, que llevara su intérprete, para evitar estas situaciones». BORGES: «Estaría furioso con el intérprete. Él diría frases complejas, con matices, y el intérprete las reduciría a lo más craso; por ejemplo, al renunciar a algo uno recurre a motivos muy elevados y a principios generales; el intérprete traduciría: “Dice que no se acepta, porque les tiene rabia”… Tenés razón: casi todas las fealdades estilísticas se logran en procura de precisión, tratando de dar precisión al lenguaje. Habrá gente tan torpe que dice: “¿Cómo? ¿Pablo y Virginia? De ningún modo: esto es un libro, Pablo y Virginia son dos personas. ¿Los tres mosqueteros? ¡Pero amigo! ¿Cómo no ve que es un libro?”. ¿Vos qué crees? ¿Llegarán a eso por torpeza o por deseo de precisión? Susana Bombal escribió que tal personaje estaba techado de virtudes. Quiso decir, supongo, que era un dechado de virtudes. Dijo también que se sentía interceptada de tal reunión; quiso decir excluida». BIOY: «Cómo no siente que quien escribe se tiende infinitas trampas, que lo exhibirán al escarnio público». BORGES: «Yo, durante años, escribía muerto de miedo, consultando continuamente el diccionario».

Enojado con la Argentina, Vocos Lescano dice que quiere irse a los Estados Unidos. Le pide a Clemente que convenza a los directores de la empresa Ducilo de que quedarían muy bien regalando a la SADE la colección completa de Sur; que se la compren a Vocos por veinte mil pesos. A la comisión de la SADE la persuade de que pidan a Ducilo que les regale la colección completa de Sur, para la biblioteca de la SADE. Borges imagina que hay algo siniestro detrás de esta acción tortuosa; que Vocos no quiere irse a los Estados Unidos, sino acercarse a la comisión de la SADE, de la que fue enemigo en la última elección; está dispuesto a resentirse con Vocos. BIOY: «No, hombre. Todas estas complicadas estratagemas se explican porque de verdad quiere irse a los Estados Unidos y seguramente no sabe cómo. Su amiga acaba de irse». BORGES: «Vocos dijo que antes, en todas sus conferencias sobre poesía, González Lanuza mencionaba a dos poetas jóvenes: a Vocos Lescano y a María Elena Walsh; ahora, a Vocos Lescano no lo nombra más, porque estuvo en la lista contraria, en las elecciones de la SADE; a María Elena Walsh sigue nombrándola, porque estuvo en su lista».

Cuenta: «Un filósofo norteamericano visitó al filósofo australiano Walker, ya viejito, muy cansado y un poco sordo. Walker preguntó a su visitante a qué se dedicaba. “The philosophy of business”, contestó el otro. “Whatt?, preguntó Walker”. “The philosophy of business”, contestó el otro. “Whatt”, insistió Walker. “The philosophy of business”, repitió el otro. Walker, recostándose en la silla y cerrando los ojos, comentó: “I give it up. I always hear the philosophy of business. It’s useless [Me rindo. Le oigo siempre la filosofía de los negocios. Es inútil que me esfuerce]”».

Domingo, 27 de septiembre. Come en casa Borges. BORGES: «En las ficciones con un misterio, el autor lo revela al final —los fantasmas de Wells, la solución en las novelas policiales— o no lo explica. Cuando lo explica, el lector ha gozado de una magia provisoria, de una suerte de prestidigitación; pero esta metáfora no debe llevarnos a afirmar que la explicación, la vuelta a la realidad, tiene que defraudar. Hay explicaciones que echan como una luz en el relato, que maravillan más que el enigma. Por ejemplo, en el (modesto) género policial: La bestia debe morir. Cuando el misterio no se explica, el lector atribuye esto a una debilidad del autor. Pero Kafka no explica ni necesita explicar: su misterio es el misterio del mundo o de la vida». BIOY: «Participamos en sus relatos como en una novela de aventuras: sin embargo la acción ocurre como en un sueño. Seguimos con credulidad, como en un sueño, sus sueños». BORGES: «Kafka inventó un tipo totalmente nuevo de relato; pero, a diferencia de todos los inventores y precursores, ha sabido manejar su invento con notable economía y lucidez, utilizando una cantidad mínima de elementos. Esta sencillez de sus composiciones es uno de sus mayores méritos». BIOY: «Las personas que inventan algo difícilmente pueden discernir bien y atender a varias cosas a la vez, Por ejemplo, Gracián, ocupado en buscar epítetos nuevos, no se cuida de que sean felices. Si comparamos a Joyce con Kafka, Joyce queda como una especie de Breton o Tzara». BORGES: «Sin embargo, Joyce escribió frases muy lindas». BIOY: «Los méritos de Joyce son el talento verbal y una capacidad retórica que lo llevaba a momentos de verdadera elocuencia; sus defectos, que no era capaz de construir una obra y que no era muy inteligente, Kafka fue un ser prodigioso (prodigioso no sólo como escritor, sino como ser humano). Los escritos de Kafka interesan al hombre; los de Joyce, al estilista. Joyce es una suerte de Quevedo». BORGES: «Es claro. Ayer discutí esto con los Müller. Martín Müller afirmó que el Ulysses es la primera novela tridimensional. No lo creo: tal vez en el Ulysses se diga más sobre los personajes que en ninguna otra novela —en una página se nos informará minuciosamente sobre el régimen alimenticio de Bloom, en otra sobre cuántos botones tiene su saco— pero esas informaciones no sirven para que nos los imaginemos. ¿Por qué se ha de escribir un libro en que se mencionan todos los comercios de Dublín? Las ideas de Joyce, según las refiere Stuart Gilbert[761] no eran lúcidas. Los cuentos de Dubliners son muy bobos. Müller dijo que el Ulysses no era un libro escrito para ser leído, sino para ser comentado; no en vista de lectores, sino de críticos. No sé si no hay cierta analogía entre Rabelais y Joyce». BIOY: «Algunos libros de Kafka consisten en una visión deformada de la realidad. Esto, anteriormente, sólo se había hecho en forma de sátiras: muy pobres, si las examinamos a la luz de Kafka. Huxley, en Brave New World, por ejemplo. Otro de los méritos de Kafka es haber aprovechado —y renovado— los grandes temas, simples y permanentes, que tanto hemos desacreditado: angustia, frustración, el individuo perdido ante el Estado, jerarquías, postergación, burocracia, infinito». BORGES: «Uno puede citar otros relatos donde aparecen esos temas pero apenas son un episodio de la trama, un caso particular; en Kafka son generales y permanentes. Me pregunto si estos escritores, que estuvieron a punto de escribir cuentos de Kafka —Conrad en El duelo, Melville en “Bartleby”— entrevieron la posibilidad y la desdeñaron».

Hablamos de la pelea entre James y Wells[762] Últimamente leí un capítulo de Boon, de Wells, y las cartas entre James y Wells. Leo a Borges y a Silvina las cartas que siguieron a la publicación de Boon. BORGES: «James parece más inteligente, porque está más interesado en la polémica». BIOY: «Todas son cartas admirables, bien escritas, bien pensadas. La primera de James, después de haber leído Boon, es muy noble, muy inteligente, muy triste; escrita en una situación difícil: si a uno lo juzgan absurdo, ¿qué se puede decir? La actitud de Wells es bastante fea: una suerte de cad. Por momentos me recordaba a Sabato, pero en seguida comprendí que era injusto con Wells; por Dios, Wells no es un cad lacrimoso, apiadado de sí mismo, trémulo de vanidad; nunca es melodramático».

Está muy contrariado por la decisión de Morínigo y Risieri Frondizi y compañía de suprimir los institutos de literaturas extranjeras de la Facultad; el pretexto, la economía (aunque Borges, Oría y —por proposición de éste— otros, ofrecen trabajar ad honorem); en realidad, pretenden llevar la Facultad hacia la sociología y la filología: ser científicos. ¿Por qué? Porque en el azar de la política, están en contra del bando que por el azar de las denominaciones se denomina Humanista. Están en contra de las Humanidades. Dicen que los institutos no hacen trabajo de investigación. BORGES: «Un instituto de literatura debe hacer trabajo de divulgación».

Lunes, 28 de septiembre. Come en casa Borges. Habla amistosamente de Estrella Gutiérrez, su rival victorioso en las elecciones de la SADE, pero quedó algo resentido con González Lanuza y con Alicia Jurado.

BORGES: «Estuve leyendo a Shelley. No me gusta. Esa facilidad para versificar complicadamente… No agrada y, en cuanto a pensamiento, es pointless». Menciona, sin embargo, con aprobación:

The Magus Zoroaster, my dead child,

Met his own image walking in the garden (dice The Earth)[763].

BORGES: «Keats me parece mejor: dijo que él era ignorante, que no había leído nada». Recordamos el ataque de De Quincey contra Keats, sus hoofs pisoteando el idioma; el gusto de Keats por usar palabras horribles. Tan azucarados parecieron Keats y Shelley a sus contemporáneos que los creyeron maricones. BORGES: «Mejor la generación de Coleridge, De Quincey y Wordsworth, que la de Shelley, Keats y Byron; sin embargo, para toda la gente éstos y no aquéllos son los famosos. El menos malo de los últimos es Byron… No, Keats tiene mejores poemas, que lo ponen aparte, muy por encima de Byron y de Shelley, pero Byron escribía más clásicamente. Byron es muy superior a Shelley: uno siente que detrás del Don Juan hay una facilidad prodigiosa, un poder quizá no muy elevado pero prodigioso; detrás de los ventosos, windy poemas de Shelley, nada. La suerte de Shelley es que esa gente de la calle, que no sabe nada de literatura, lo reconoce como un poeta. Byron tuvo una suerte así, pero su estrella ya ha caído. Swinburne, en cambio, muy superior a Shelley y aun a Keats, no es conocido fuera del mundo de la literatura».

BIOY: «“Memorabilia”, de Browning, aunque admirable, tiene versos que no son muy buenos. Algo malo debe de haber hacia el final, porque no logro recordar la última estrofa». Me da toda la razón e inmediatamente la recita, con lo que demuestra que, para él, no es olvidable:

For there I picked up on the heather

And there I put inside my breast

A moulted feather, an eagle-feather!

Well, I forget the rest[764].

De paso, señala que I forget the rest no está del todo bien, porque es ambiguo.

BORGES: «Larralde dio una pésima conferencia. Dijo que yo una vez declaré que “escribía tan bien porque tenía un íntimo conocimiento del idioma”. Bueno yo creo haber dicho muchas tonterías, todas las tonterías, pero no ésa. ¿Cómo voy a decir que yo escribo tan bien? Me consolé pensando que a los que oían nada les importaba nada y que todo era uno y lo mismo».

Refiere viejos films de Buster Keaton[765]. Uno en que está hablando por teléfono con una señorita; la señorita dice: «Bueno, te espero» y antes de que acabe de colgar el tubo, llega a su lado Buster Keaton. BORGES: «Norah y Silvina decían que Buster Keaton era el único actor apasionado». En otro film, cuya acción ocurre en el Sur de los Estados Unidos, Buster Keaton llega por casualidad a casa de sus enemigos; como allí la gente es muy hospitalaria, mientras está en la casa lo tratan admirablemente, pero en cuanto pone los pies afuera —porque una muchacha le pide que le traiga algo— tratan de tirarle con una escopeta; él corre adentro de la casa, donde vuelve a estar a salvo, etcétera. BORGES: «Esto me recuerda los versos de “Hadramauti”, el epígrafe de “A Friend’s Friend”, donde Kipling habla de un sujeto que, en la casa, aguanta todo de otro; hasta que una vez

under the stars he mocked me; therefore I killed him»[766].

under the stars he mocked me; therefore I killed him»[766].

Jueves, 1.º de octubre. Come en casa Borges.

Viernes, 2 de octubre. En el velorio de Ernesto Pissavini, muerto esta madrugada, están Borges, Peyrou, Drago Mitre y otros.

Sábado, 3 de octubre. Come en casa Borges. Planea un libro de estudios medievales, con los artículos sobre la Divina Comedia y algunos otros.

Domingo, 4 de octubre. Llama Lucio García para felicitarme «por el nuevo libro». Confunde un libro futuro e improbable con un libro real y quizá mañana se asombre de no recibirlo. Citando cuento esto a Borges, habla del libro como de un objeto de Meinong y me explica que, según Luciano, en la luna están los objetos imaginarios[767]. Dice: «Tu libro de la biblioteca de la luna».

Pondera la sinceridad con que la gente apoya lo que le conviene: «Guillermo aplaude las peores resoluciones de Risieri Frondizi. “Santas palabras, mi amito.”».

Lunes, 5 de octubre. Come en casa Borges. BORGES: «Conozco bastante las novelas de Arnold Bennett, porque mi abuela era de los Five Towns[768] y las leía con agrado, ya que descubría alusiones e identificaba a personas. Ese conocimiento que se muere con las personas… Conocimientos que están en la memoria… Fuera de Old Wives Tale, de Buried Alive, de Riceyman’s Steps, no valen mucho sus libros. Tanta regularidad, tanto esfuerzo por producir libros así… The Card cuenta la historia de un hombre del Norte que baja a Londres. Es un libro curioso: demuestra la admiración de Bennett por la ranada. El personaje es un rana y hace toda suerte de ranadas: lástima que al autor no se le ocurren, o se le ocurren ranadas muy bobas. Es como los autores de novelas picarescas españolas, gente que admiraba las picardías sin que se le ocurriera ninguna. ¿En qué acababa todo? En que una persona lograra pasar por mendigo o en un robo de requesones… Bennett dijo que la lectura de Kim lo había chilled. ¿Por qué le sería tan desagradable?».

Observa que hay toda una tradición de libros de maestro y discípulo: Johnson y Boswell, Candide, el Quijote, Don Segundo, Kim. Comentamos el curioso destino del Quijote. BIOY: «Cervantes se asombraría de que para la fama su libro festivo es un libro grave…». BORGES: « y notable por los refranes y los giros. Desde luego, al final, Cervantes se conmueve con la muerte de Quijote; pero ¿quién no se amiga con su personaje?».

Hablamos de la vida de Apolonio de Tiana escrita por Filóstrato. BORGES: «Uno cree que ha de haber muchos libros como Las mil y una noches, pero no los hay. Los buenos libros han de venir al fin de las literaturas: son la destilación de muchos libros anteriores, de muchas literaturas. Ha de haber habido muchos “libros de viajes para llegar a Simbad. Voltaire dijo que Apolonio de Tiana era superior a Cristo; a juzgar por la vida de Filóstrato, se equivoca”. BIOY: «Hasta en lo que podrían tomarse como deficiencias de Cristo hay algo que asombra. Parece siempre sutil e incalculable. Apolonio de Tiana “es craso. Cuando entra en el templo de Babilonia procede como un malevo”.

Cuenta que Belisario Roldán sacó de la cárcel a un guapo del partido conservador. El hombre un día apareció con su señora en el escritorio de Roldán y le dijo: «Usted, dotor, me ha hecho un favor que nunca podré pagarle. Pero aquí vengo a agradecérselo como pueda». Roldán le dijo que estuviera tranquilo, que todo se hacía por el partido, que lo que él hizo no tenía importancia. El hombre no se dejó persuadir y, para compensar de algún modo tanta deuda de gratitud, ordenó a su mujer: «Petrona: chúpasela al dotor».

BIOY: «Parece que Reyes incluye todo en sus obras completas: [El Correo] de Monterrey, el archivo de Alfonso Reyes, los boletines de la Biblioteca Alfonsina, las cartas de amigos y admiradores, poemas escritos en su honor». BORGES: «¿Habría que felicitarlo por la manera en que busca el olvido? Los estudiosos no tendrán nada que hacer; ya estará todo servido y por demás, ad nauseam. ¿O habrá que felicitarlo porque sabe que sólo mostrándose como un ser absurdo se logra la inmortalidad?». BIOY: «Marcos Victoria me dijo que Ortega llamaba a Reyes el Tantán». BORGES: «En El plano oblicuo hay una carta de Reyes a dos amigos: a ti, Pedro [Henríquez Ureña] por si muero en América; a ti Enrique [Diez Cañedo] por si muero en España, con instrucciones sobre cómo editar su obra. Es patético pensar que los ha sobrevivido a ambos. Hablé del asunto con Ureña, que me dijo: “Bueno, lo malo es que no hay obra”».

BORGES: «A Gannon le viene por herencia la sonsera: mi abuelo decía que el abuelo de Gannon era muy sonso. Gannon no escribe como los escritores que admira: no se le ocurre nada». Borges lo pondera, sin embargo, por haber dicho en la reunión de la SADE, mirando pensativamente el gran retrato de Hernández que preside la sala de actos, que Hernández debía de ser un animal espantoso (la SADE es el templo de José Hernández: su efigie está en el membrete de todas las cartas de la SADE, en sus publicaciones, en las estampillas que emite). BORGES: «Gannon tal vez lo imaginaba mejor que Erro, que le contestó: “No crea… Tal vez Hernández pudo escribir el Martín Fierro porque no se atrevió a remontarse y lo escribió con algún desdén”. Si se hubiera remontado habría escrito El nido de cóndores».

Dice que Strindberg por no sé qué azar estudió chino; se puso a buscar referencias a Suecia en la literatura china y a China en la literatura sueca[769]; por fin se enamoró de una mujer y se salvó de esta idiotez.

BORGES: «Para ignorar desdeñosamente a Larreta, Amorim llama a un gaucho de una de sus novelas don Ramiro. Para embromar a Goethe, Hugo habla del noble Schiller. Nosotros lo tenemos a Molinari[770]».

Hablamos de Samuel Butler, Borges dice que The Way of All Flesh es un libro maravilloso.

Sobre frases como «lechuzas a Atenas», «axil to Newcastle», «naranjas al Paraguay», comenta: «Mejor sería: “paraguas al Paraguay”, “orugas al Uruguay”». Refiere después la broma de Muñoz Seca: «La pantera era de java, pero Fulano no dejaba nada»[771].

Miércoles, 7 de octubre. Come en casa Borges. Habla de pintura argentina: «[Prilidiano] Pueyrredon, Monvoisin eran buenos. ¿Qué pasó después con la pintura argentina? ¿Se acabaron las gauchos y ya no sabían qué hacer? Quinqué la Martín es horrible, pero siempre es menor la fealdad de un barco que la fealdad de una cara: nada peor que los gauchos de Quirós… Xul no es fanático en pintura: admira a Klee y a Braque, pero también a Watts… Alberto Güiraldes es fiel; lo que dibuja no es lindo, pero por lo menos es fiel. Las pinturas de Molina Campos son horribles».

Jueves, 8 de octubre. Come en casa Borges. Dice que el restraint clásico de Landor era también una manera de escribir sin mucho trabajo: «Landor no se parecía a sus contemporáneos. No se dejó llevar por las corrientes literarias. En cierto modo, parece intemporal. No era muy inventivo».

Habla de Southey: «Como poeta, no tenía mayor talento. Landor Se pagaba para que compusiera poemas épicos; Southey estaba un poco avergonzado, porque nadie los leía. Tenía habilidad mecánica; ensayaba variedad de metros y de ritmos. Me gustaría más leer las notas que escribió para los poemas, que los poemas. Tenía mucha erudición».

Mallea sigue con la idea fija de una colección, a la que los colaboradores mandarán su mejor obra inédita, que puede ser un libro o un cuento o un artículo. BORGES: «¿Por qué no es una revista? ¿O una selección? ¿O una colección de libros? Bueno, y ¿cómo cree que va a conseguir esas obras maestras? La gente le mandará lo que tiene a mano. Parece una idea de una persona muy joven o muy alejada de la vida literaria; lo raro es que Mallea tiene tantos años de experiencia como director del suplemento de La Nación».

Sábado, 10 de octubre. Come en casa Borges, molesto con su boca llena de dientes nuevos: «La tengo llena de loza. De enlozados. Antes me preocupaban las extracciones, las seis muelas que me sacan el martes; ahora, no; ahora me importa lo que me han puesto; ojalá que el martes me sacaran también, sobre todo, estas postizas».

Recuerda que según Graves a la gente le cuesta mucho entender un texto escrito en diversos planos: «La gente entiende lo que es plenamente humorístico, o plenamente serio. Buenos libros fracasan por la diversidad de planos. Bustos Domecq, desde luego…».

BORGES: «Nadie puede fijar la atención por un tiempo largo; por eso, se asoma una persona de afuera y descubre errores en lo que hemos escrito con cuidado y corregido varias veces. Lo que frecuentemente se descubre son palabras o frases que sugieren —o pueden sugerir— algo diferente de lo que quisimos decir». Le doy un ejemplo: «En “Carta sobre Emilia” escribí: “Con su ingenuidad no fingida, Emilia me confunde”. Quise decir me apabulla, pero la palabra me pareció fea. Probé me turba, o me perturba, pero el sentido cambia, el efecto parece más prolongado. Una lectora entendió me confunde como me toma por otro. Sin duda, el uso habitual para ella es el de la frase hecha: “Caballero, usted me confunde”, que puede traducirse aproximadamente por: “No soy de las que se dejan pellizcar”. Cuando tengo que usar palabras como apabulla, recurro al diálogo y se las atribuyo a los personajes». BORGES: «Otro recurso es escribir en primera persona. Entonces todo puede ser como apabulla». BIOY: «Ni aun así, porque demasiada tendencia tiene uno a que todos los narradores —que al fin y al cabo son personajes— se parezcan». BORGES: «Además, si todo el libro está lleno de palabras como apabullar, aunque las diga un personaje, el libro queda contaminado».

Hablamos de Angel Ganivet. BIOY: «El Cabito Bioy, a quien encontré los otros días andrajoso y sucio, me dijo: «Qué tipo grave es don Ángel. Cuántos tipos graves hay en el mundo. Da rabia que haya tanta gente grave. Otro es Valéry… Entre nous ¿qué macanas dirá Mastronardi sobre Valéry[772]? Mirá que hay que tener toupé para ponerse a escribir sobre Valéry. En este país dos personas podrán hacerlo, Martínez Estrada y Borges, tal vez… Ni Valéry puede escribir sobre Valéry»». BORGES: «Los trabajos del infatigable Pío Cid cuenta la vida de un señor madrileño, que vive en una casa de pensión, con mucho ambiente de la vida de Madrid en el siglo XIX, y que es un tipo muy extraordinario, muy raro, no se sabe por qué, muy admirado por el autor, con ideas muy extrañas, que al fin son las de Ganivet… También escribió Idearium español El latín no le alcanzó para Idearium hispankum. ¿Cuándo nació? ¿Vio la otra guerra?».

Consultamos el Espasa, donde citan esta frase de Cejador: «Más filósofo o pensador original que superficial narrador». BORGES: «¿Qué quiere decir? ¿Que más frecuentemente era filósofo que narrador, y que cuando era narrador era superficial o que todo narrador es superficial? Un crítico no debería emplear frases ambiguas». Sigo leyendo: «Su estilo es naturalmente sentencioso, preñado de ideas». BORGES: «¡Preñado!». Sigo: «El lenguaje harto descuidado, común, aun ramplón…». BORGES: «Quien escribe ramplón, es ramplón».

Oímos tangos La cumparsita (por Los muchachos de antes), Flor de fango e Ivette. BORGES: «Después del introito, La cumparsita mejora un poco. La letra de Flor de fango es perfecta:

Después fuiste la amiguita

de un viejo boticario

y el hijo de un comisario

todo el vento te sacó…

En un viejito boticario y el hijo de un comisario no hay ripio: no podría ser un viejito comisario ni el hijo de un boticario». Dijo que la letra de Ivette es muy canallesca y que el negro Rosendo sostenía que Ponzio le había robado Don Juán. BIOY: “A veces creo o siento, un poco en broma, que en este país no se hizo nada más grande que los tangos”. BORGES: “Es claro”.

Recuerda nostalgie de la boue[773]. “Qué frase. ¿De quién es?”.

Oímos —después de años— lo que en otra época oíamos todas las noches: Hong Kong Blues y Minnie the Moucker. Dice que son sentimentales, humorísticos, tristes, animosos, muchas cosas, pero no canallescos como los tangos. Moucher equivale a ratero o al que fuma cigarrillos prestados.

BIOY: “Uno envidia un poco a Guillermo Lemos sus marciales funciones”. BORGES: “Es claro, es lo que dice Johnson: todo hombre se avergüenza un poco de no haber estado en una batalla y en el mar[774]”. Cuenta que su abuelo Acevedo, después de la batalla de Cepeda, tuvo que hacer una larga caminata, escopeteado por los entrerrianos [de Urquiza], hasta su casa, en San Nicolás; cuando llegó, se echó en la cama y antes de sacarse las botas se quedó dormido. BORGES: “Qué bien que fuera a su casa. Tenía un hermano federal, a quien llamaban en su familia el Mazorquero… Debía de ser una mentira del tío Frank lo de que cada batallón tenía su degollador”.

Oyó una conferencia sobre public relations. La gente compra por una idea que le sugiere el producto; por la idea que tienen de sí mismos y por la que quieren sugerir en los demás. Solamente un dos por ciento de fumadores distinguen un cigarrillo Chesterfield, de un Camel o de un Lucky Strike; pero esta misma gente insiste en comprar su marca. Los Camel corresponden a criollos viejos, al hombre sencillo y franco, que no se aparta del American Way of Life; los Lucky, a ranunes, a gente despierta, que cifra todo en su viveza; los Chesterfield, a los que se imaginan refinados.

Un librero le contó que en su juventud frecuentó los quilombos de tres pesos. No los de cinco: los de tres. Los rufianes polacos iban a Polonia, se casaban allá, traían a su esposa y la llevaban al quilombo. La mujer no quería trabajar en eso y lloraba. El hombre la persuadía: «Escucha a esta señora que sabe (la madama)… Hay que hacer lo que dice la gente, juntamos la plata y traemos a tu mamá y a tu hermanita». La conversación era en yiddisch. «Yo oía todo esto, me excitaba, acabé cogiéndome a la mujer», confesó el librero. Comenta BORGES: «Cada hombre tiene su psicología particular». Agrega: «Parece todavía peor rufo que rufián… En Adrogué, Jeringa Genibrieri era muy atento conmigo. Estaba sentado en la vereda y cuando yo pasaba se levantaba para saludar. Traía mujeres de Lomas. Era peronista, naturalmente. Así como dicen los españoles de un rufián que “come pan de cono”, los franceses dicen que el asesino come te pain muge».

Hablamos de The Summing Up de Somerset Maugham. BORGES: «Somerset Maugham se cuida mucho para ser claro». BIOY: «En uno de los primeros capítulos explica al lector que prefirió parecer un poco afirmativo y dogmático a cargar el texto con frases como “a mi juicio”, “según creo”, “cabe tal vez observar”, y le pide que las dé por puestas[775]». BoRGES; «Goethe da explicaciones análogas. Al final pone una lista de esas frases adverbiales para que el lector las reparta por el texto».

BORGES: ¿Sabés quién escribió Trader Horn? Una señorita[776], Hay una buena compadrada en ese libro. Trader Horn dice: “Vea usted, a uno le pasan toda clase de cosas importantes en la vida, pero por increíble que parezca nunca olvida la cara del primer hombre que ha matado”. No será completamente así, porque hay suposición de la realidad en la frase, que da por sentado que el interlocutor también mató a un hombre».

Domingo, 11 de octubre. Comen en casa Borges y su madre. Borges le pide (yo me inquieto) que cuente «esos episodios macabros». La madre tuvo que asistir a la reducción de cinco cadáveres, porque la bóveda familiar estaba llena. Cuando abrieron el ataúd del coronel Francisco Borges no había nada adentro, sino una roseta dorada y dos largas líneas, también de oro. En un instante eso desapareció: eran la roseta del cinturón y las guardas del pantalón de su uniforme; al contacto con el aire se desvanecieron. Abrieron el ataúd de un Acevedo que murió a los veinticuatro años. Era un joven apuesto, de barbita rubia. Se dijo que había muerto de anemia perniciosa, porque entonces no se conocía la leucemia. En el ataúd no quedaba nada más que una cabeza pequeña, reducida como las de algunas momias, con una barba rubia muy larga, que había seguido creciendo. Insiste la madre que en cada ataúd el proceso de descomposición fue peculiar; dice que pasó un mes sin poder dormir, como viviendo una pesadilla.

Hablan de Europa. De que estuvieron seis años en Suiza, donde Borges estudió su bachillerato; luego tres en España; volvieron a la patria en 1920. En 1923 hicieron un segundo viaje, de un año; estuvieron en Inglaterra y en Francia, probablemente en España, quizá en Suiza. BORGES: «En Suiza los macaques eran los naturales de América Latina y de los Balcanes, de países ridículos; la presión de la opinión se siente: yo sentía que un búlgaro equivalía a un peruano o a un argentino».

Sobre el prix Goncourt, pregunta BORGES: «¿Mucha gente traduce el premio concurso? Por eso ahora la gente dice el goncurso».

Cuenta la madre que las palomas de la plaza San Martín le comen todas las plantitas de su terraza, pero no se la ensucian. BORGES: «Ensucian la calle México[777]. Han de ser las mismas palomas, informadas del descrédito del Barrio Sur. ¿Ves? En casa comen y en la Biblioteca hacen lo contrario».

Lunes, 12 de octubre. Comen en casa Borges y Peyrou. Borges atribuye a Ortelli este alejandrino:

Y di al can entero mi trozo de faina,

Y di al can entero mi trozo de faina,

y se pregunta después: «¿Hay gente que dice mascullé un trozo de carne? Está bien: comen con disgusto».

Oímos tangos tocados por Los muchachas de antes. Fevrou: «Qué argentino se siente uno oyendo estos tangos».

Les digo que estoy a punto de concluir «Carta sobre Emilia». BIOY: «Como tantas veces me ha ocurrido, después de un tiempo largo escribo un cuento que al principio me pareció casi insoluble, imposible de escribir, y, cuando me acerco, porque voy conociéndolo, porque voy escribiéndolo, todo se resuelve en episodios, cada uno en su lugar y en su orden. No quiero decir que lo resuelva muy bien: lo resuelvo. Mal o bien lo escribo». BORGES: «Inventar, etimológicamente, es descubrir. Invención de la cruz». BIOY: «Uno no conoce sus cuentos hasta haberlos escrito; uno escribe a tientas; no hay otro modo de escribir. Y poco a poco uno va teniendo la sensación de que las cosas deben ser de determinada manera y no de otra». BORGES: «Es la idea platónica. Las cosas están afuera y hay que encontrarlas». BIOY: «En literatura es verdad». BORGES: «La literatura ahora es mala porque la gente quiere ser original; no quiere escribir lo necesario, sino lo que asombra». BIOY: «No creo que ninguno tome en cuenta esas consideraciones al escribir: uno escribe según el tema exige». BORGES: «No hay muchas maneras de escribir para cada uno. Por eso es mejor elegir argumentos buenos. Da igual trabajo una obra importante que una trivial. Me pareció muy acertada una observación de Manucho, cuando le preguntaron cómo se atrevía a escribir una novela sobre el Renacimiento[778]; contestó que él tenía una manera de escribir, que era la misma para la novela sobre el Renacimiento que para las otras y sin duda se parecerían…». BIOY: «Lo que quisieron decirle es que cometería errores. Los errores de hecho, los errores concretos, suelen no tener mayor importancia, pero molestan». BORGES: «Yo escribí con gran prudencia el cuento de los ronins[779] y Emita me señaló treinta y tantos errores. Uno se equivoca donde parece imposible; ponés el personaje en cama y resulta que no hay cama; manchas con sangre la sábana y resulta que no hay sábanas».

Mallea refirió a Borges que Nydia Lamarque presentó así a su amante, Julio González (hijo de Joaquín V. González), a Waldo Frank: «Une a su talento de escritor los méritos de un joven jurisconsulto». BIOY: «La frase tenía dos cuerpos y había que llenarlos de algún modo». BORGES: «Sí, la frase es perfecta, llena de sabiduría; fíjate: a su talento de escritor, los méritos de un joven jurisconsulto. Hasta ese epíteto en el segundo cuerpo. Es claro que además de perfecta es una idiotez. Corresponde a un formularlo. Te lo entregan en el Correo y lo llenas. Toda frase corresponde a un formulario, a una forma previa; pero en ésta es muy evidente».

Dice Borges que habría que leer a Toynbee: «No es tan brillante como Spengler, pero es muy informativo. Sin duda leyó más que Spengler».

Peyrou propone títulos. Ésta es la hora gusta a Borges. BORGES: «Ésta es la hora se lee con un tono de interés». SILVINA: «Me parece de film». BIOY: «Parece traducido». PEYROU: «Es traducido; de Shakespeare[780]. ¿Desenlace?». BORGES: «No sabe uno con qué tono leer ese título. Yo aconsejaría El desenlace. Desenlace solo no tiene apoyatura. Por razones que no se explican, Desenlace parece corresponder a todo el libro y El desenlace a algo que va a ocurrir, a lo que hay que llegar (se sobreentiende con interés, con ansiedad, con temor)». PEYROU: «¿La deuda?». BORGES: «No está mal. Parece una novela detallada». BIOY: «No tendría ganas de leerla». BORGES: «Es claro, porque si es un título metafórico, sugiere un libro aburrido, y si es un libro realista, uno prevé complicaciones de hipotecas», PEYROU: «El fulgor de los días». BORGES: «Es un título que sirve para cualquier libro». PEYROU: «¿El fin de la zozobra?». BORGES: «Uno piensa en Graham Greene: El fin de la aventura, con una errata». SILVINA: «El fin está bien; tenés que substituir zozobra por otra palabra». PEYROU: «¿La madrugada?». BORGES: «La mañana, de Gilardi: qué lindo título. Otro título es el de Molinari: Mundos déla madrugada». SíLVINA: «No me gusta». BIOY: «Está demasiado construido». BORGES: «Tal vez, pero es mágico». PEYROU: «¿Luz de los días?». BORGES: «Parece de libro de poemas». El pobre Peyrou se volverá como vino. Después, Borges comentará: «Peyrou no debe titular su libro Esta es la hora. Hesse, Thomas Mann, Mallea, pueden titular así un libro; Peyrou, no, aunque es mejor escritor que Mallea. No sé cómo no me di cuenta. A Peyrou lo ven como autor de novelas policiales; ese título le va a abaratar el libro».

BORGES: «En un epitafio, en Martín Fierro, escribieron:

Francisco López Menor, tono merino[781]».

Francisco López Menor, tono merino[781]».

Miércoles, 14 de octubre. Come en casa Borges. BORGES: «Antes corregía a los alumnos que dicen deque, pienso de que; ahora no, porque si los corrigiera no los dejaría hablar. Mañana a la tarde ya diremos nosotros pienso de que». Hablamos de expresiones hoy corrientes y que nos parecen horribles: el secretario de Estado (o el titular de la cartera) asumirá hoy, yo adhiero, un vino de honor, los familiares y tantas otras. BORGES: «¿Vos decías cabello por pelo, comer por almorzar, tránsito por tráfico, brasileño por brasilero, conducción (palabra peronista), aglutinar, enfoques un nuevo enfoque), tratativas, sede, un gremialista politizado?». BIOY: «¿Por qué nos parecen feas? Al fin y al cabo una palabra, salvo cuando es notablemente cacofónica, no tiene por qué ser más fea que otra; y sin duda las formas que hoy usamos, algún día, a otras personas, parecieron tan feas como las que hoy nos ofenden. Yo creo que lo que hay de ofensivo en el uso de tales formas es que denota una falta de conciencia, de saber lo que está diciendo, por parte de quien las emplea. Ayer nadie decía tratativas. Vos me contaste de no sé quién que te habló de tratatinas. Poco después, por radio, se habló de las tratativas entre la Marina, que bloqueaba Buenos Aires, y unos generales que representaban a Perón. Desde entonces el interlocutor con toda naturalidad está hablando de tratativas. ¿Cómo? ¿No sabe que él mismo no conocía la palabra hace una semana…? Concretizando, dijo alguien. ¿Por qué no enormificar? El crepúsculo, que enormifica los árboles».

Mientras una chica hablaba, tan cansado estaba de oír estece que pensó: «Cuando diga otros once esteces… la mando a sentarse». En seguida tuvo que hacerlo. Los ingleses dicen errr, los franceses heu, y los argentinos estéee. También los estudiantes esgrimen la muletilla en realidad. «Bueno, estéee, en realidad Mark Twain nació en Hannibal». BORGES: «Nadie sostuvo lo contrario».

Parece que Marone, cuando, en un examen, un alumno no sabía contestar alguna pregunta, lo miraba con ojos brillosos, sentía afecto por él y con alivio y alegría le comunicaba: «Entonce [sic] yo te bocho a vos». Acota BORGES: «Ese afecto no le servía de nada al alumno».

Cita versos de Grünberg:

En un lejano pogrom

le degollaron al hijo,

del que una noche me dijo:

«¡Era un gallardo Ahsalom!»[782],

BORGES: «Con su torpeza, vuelve ridícula una situación patética. Los dos primeros versos conmueven; los dos últimos son absurdos: uno imagina a un mamarracho, con melena hasta los hombros y anteojos azules».

Dice que Gibbon es un pínce-sans-rire.

Jueves, 15 de octubre. Come en casa Borges. Cita unos versos de Lugones:

Ya está pronta la heroica escarapela

que premia los gallardos episodios[783]

BORGES: «¿Por qué heroica escarapela? Y los gallardos episodios ya no significan nada; son un simple ruido». MI PADRE: «Lugones a veces tenía mucho de payador ripioso».

Cuenta mi padre que cuando él estaba en el colegio había un Romagosa, ingeniero, profesor de Física, que explicaba la materia dibujando con tiza en el pizarrón. Una vez dibujó una balanza, iba a ponerse a explicarla; dijo: «Bueno, la balanza no tiene explicación, se explica sola», la borró y empezó a tomar lecciones. Después murió y por los diarios los muchachos se informaron que había sido un genio[784]. Yo recuerdo la definición de elasticidad en la Física de Rouquette: «Hay cuerpos elásticos». Borges, citando a Bulwer Lytton, comenta que el talento hace lo que puede, el genio lo que debe[785]. Afirma que al ir conociendo a profesores uno va descubriendo lo ignorantes que son: «Los grandes especialistas son un mito. Lo que hay es una sociedad internacional de socorros mutuos, una conspiración amistosa de profesores que se cartean, se mandan libros y se invitan».

BORGES: «Los personajes de las novelas de antes, de Dickens o de Balzac, serían de dos dimensiones, porque están hechos de una pieza, según una pasión predominante; los personajes para ser reales deben de tener contradicciones, pero deben ser siempre reconocibles. Como Cristo: es imprevisible siempre, y reconocible siempre. Los novelistas estarán entregados a poner por aquí y por allá pequeñas contradicciones. Cuenta después la broma de Dickens, que duró dos semanas, cuando fingió estar enamorado de la reina Victoria.

Habla de un libro de Trilling[786] que ha causado estragos entre los alumnos, con toda clase de ideas falsas. BORGES: «Huckleberry Finn es un esclavista; Huckleberry Finn es realista, Tom Sawyer es idealista; el río es un dios (a brown god, Eliot[787])».

Sobre La guerra y la paz, observa que es un error empezar una novela con una gran fiesta, con muchos personajes, que el lector deberá individualizar: «¿Por qué Tolstoi somete al lector a tanto esfuerzo, obligándolo a identificar a cada uno? ¿Por qué, si había un sistema tan admirable como el de Una vez había un hombre, se lo dejó caer?».

Dice que Susana Bombal no reconoce ningún tango ni los distingue de las milongas. Recordamos que Kirstein, especialista en ballets, oyendo tango creía que estaba oyendo jazz.

En la Academia, Capdevila leyó un discurso en honor de un poeta Romagosa, autor de Vibraciones fugaces. BORGES: «Ya Vibraciones, de Silvina Bullrich, parecía ridículo: ¿te das cuenta, Vibraciones fugaces?».

Viernes, 16 de octubre. Comen en casa Borges, Murena y Pepe Bianco. Silvina dirá luego que Murena —al que propongo que la editorial Sur publique la Obra completa de H. Bustos Domecq— parece un empleado de correos; Pepe lo describirá como si le hubieran dado una mano de pomada negra para zapatos; mi padre, como un tendero de pueblo de campo. Está callado, un poco intimidado por Borges, acaso. Habla de grandes escritores y nombra a Quiroga. «¿Quiroga? ¿Gran escritor?», pregunta Borges, muy divertido con la idea. Murena, «espiritualmente», afirma que todos los grandes escritores argentinos eran uruguayos. Borges dice que él quiere entrañablemente al Uruguay y encuentra que los uruguayos son mejor gente y más sensata que los argentinos, pero opina que la literatura uruguaya es pobre.

BORGES: «Gannon me dijo que estaba leyendo con mucho agrado los cuentos del father Brown y me preguntó: “¿Son policiales? Y muy buenos, ¿no es verdad?”. ¿Cómo pudo preguntarme eso? ¿Está completamente idiotizado? ¿No sabe lo que está leyendo?». BIANCO: «No. Quiere mostrar su completa sumisión a tu juicio». BORGES: «No creo. Estaría distraído y querría ganar tiempo». Después, Borges me hará notar que Bianco hace lo mismo: repite incansablemente una afirmación. —«¡Qué chismoso es Amorim!», por ejemplo— para pensar en otra cosa. Yo me asombré de que Bianco condenara por chismoso a Amorim y que él tuviera tanto entusiasmo por Léautaud. Contando chismes a veces uno da vida a un retrato; Léautaud no vale por sus juicios, sino por la elocuencia con que comunica sus retratos de Schwob, Remy de Gourmont, Apollinaire, Charles-Louis Philippe y muchos otros[788].

BORGES: «Charles-Louis Philippe es tan torpe que en Bubu de Montparnasse (¡qué título!) describe una calle, que uno imagina vacía, después la llena de gente y, por pura torpeza, primero describe a los hombres, después a las mujeres».

Viernes, 23 de octubre. BORGES: «Qué bien sacar de un idioma sonidos que nunca tuvo». Recita versos de Swinburne:

Cleave to me, clinging as fire that clings[789]

Cleave to me, clinging as fire that clings[789]

Silvina traduce (bajo protesta). J. B. de MacLeish[790] y, con exaltación, «Lullaby» de Yeats. Borges se interesa en la traducción de «Lullaby».

Hablamos de Rimbaud. Del «Batean Ivre» dice BORGES: «El poema es superior a cada uno de sus versos. Los versos, juzgados uno por uno, son mediocres; un envión salva el poema». Recita:

Mais, vrai, j’ai trop pleuré! Les aubes sont navrantes.

Toute lune est atroce et tout solei amer[791]

y comenta: «El primer verso está bien; el segundo es una idiotez».

Hablamos de la decadencia de la literatura española. BORGES: «Pensé: Empezaron con el Romancero; tuvieron a Manrique, a San Juan de la Cruz, a Fray Luis de León, a Lope, a Góngora, a Quevedo, a Cervantes, a los Argensola, al Anónimo Sevillano y después vino el siglo XVIII, y el siglo XIX y el XX. ¿Qué les pasó?». Dice que tal vez Baroja y Unamuno sean los mejores escritores españoles de estos años. Baroja desprecia a toda la literatura española. Convenimos en que la falta de intimidad en la literatura española no está compensada por un tono épico. BORGES: «¿Qué tal será D’Annunzio? Yo lo leí poco. ¿Será uno de los peores escritores del siglo XIX español?».

BORGES: «Madre me dijo que había un tambo en Viamonte entre Florida y Maipú». BIOY: «Yo conocí el de la calle Montevideo entre Quintana y avenida Alvear[792]».

Refiere que Dickens era un gran actor: en los últimos diez años de su vida leía sus novelas, pasando por alto las descripciones, cambiando de voz para cada personaje. Carlyle dijo que él no sospechó el poder que había en la voz humana hasta oír estas lecturas.

BORGES: «Dondo es muy vanidoso: imagina que Elva de Lóizaga lo plagia. “Por cortesía, no le digo que él no es uno de los autores que más leo”, explica Elva. Qué raro que un escritor tan borroso —nadie recuerda cómo escribe, nadie lo lee— se imagine a sí mismo como un proveedor general de literatura. En realidad no se lo puede plagiar, porque inmediatamente después de leerlo uno lo olvida. Habría que transcribirlo. O quizá fuera más seguro arrancar las páginas de sus libros y pegarlas en las de uno».

Decimos que sería interesante dirigir una colección de obras famosas, como la que Baeza frustró en Emecé[793].

Sábado, 24 de octubre. Hoy leí en Sur «La luna», de Borges, un excelente poema, que Silvina halla mecánico y, por momentos, como de Rega Molina. Para mí es de los mejores que últimamente escribió: lo que dice es la verdad —no una verdad convencional— y la dice fluida y poéticamente. Por este poema recuerdo que es Ariosto quien pone en la luna los sueños, las cosas posibles e imposibles[794].

BORGES: «La conferencia de hoy de Mallea sobre la novela fue muy buena, aunque un poco pro domo sua. Por ejemplo, dijo que en la novela, para que hubiera unidad, todos los personajes tenían que hablar del mismo modo. Dio tres ejemplos. Dos no sé si corresponden a la idea que uno tiene cuando se dice novela. El castillo de Kafka y Moby Dick de Melville son novelas nada más que por una deficiencia del lenguaje. El tercer ejemplo es válido: el Quijote. Yo creo que el estilo de don Quijote y el estilo de Sancho se reconocen… hasta se contrastan. Cuando se habla de novelas habría que citar libros como los de Bennett o Galsworthy, donde hay un número de personajes, a los que les ocurren cosas extraordinarias o no… Pero la conferencia de Mallea estuvo muy bien, la dijo con mucha emoción».

Domingo, 25 de octubre. Come en casa Borges. Afirma: «Toda censura que se haga sobre un libro puede refutarse. Si se dice que todos los personajes son bajos, puede el autor contestar: “También lo son en el Martín Fierro”. Pero lo grave es que un libro suscite tal o cual censura, aunque ésta pueda refutarse. Cuando se lee el Martín Fierro uno está interesado en la lectura, no piensa que todos los personajes son bajos. En tal otro libro uno piensa en eso, porque de algún modo desagradable se advierte. Si le dicen a uno que su libro tiene muy pocos personajes, es inútil argüir que el Quijote tiene dos y que El proceso, uno: los pocos personajes de nuestro libro aburrieron. El encanto, como escribe Stevenson, es un don que no se razona: se da».

Tratamos de leer Gargantúa; fracasamos. BORGES: «El de Rabelais no es un libro para lectores, sino para comentadores. Al principio traté de que me gustara; después comprendí que no quería dormir en el cuarto donde ese libro estuviera. Parece un libro alsaciano o belga, escrito con el lado alemán de los franceses. O español o italiano. Es la negación de todo lo francés. Qué raro: Groussac se atrevió a atacarlo; dice que tal cosa del Arcipreste de Hita está arruinada por Rabelais, lo que no es extraño, Anatole France lo admiraba mucho; dio aquí conferencias sobre él[795] no sé cómo podía admirarlo». Reconoció, sin embargo, que Ars honeste petandi in societaté[796] le hace gracia y que el poema de la botella[797], hacia el final, está bastante bien; el viaje a la isla de las herramientas[798] también. En el capítulo en que al retirarse al silencio del campo el hombre se aturde con el canto de las gallinas, el berrear de las ovejas, el mugir de las vacas, el maullar de los gatos, el traductor inglés agrega rugidos de tigres, resoplidos de elefantes, etcétera[799]. BORGES: «No sé quién, tal vez Machen, lo censura, por no haber interpretado el justo equilibrio de Rabelais; Rabelais no puso nada de eso porque no se le ocurrió; si no, lo hubiera puesto; la broma le hubiera hecho gracia, como nos hace grada. Pobre Machen, imaginando que había un equilibrio perfecto en Gargantúa… A Machen, los libros que le salían mal, le salían muy mal; los escribía a puro estilo».

De un personaje dijo Machen que en la guerra bóer cayó en una celada que hubiera evitado un conejo inteligente, pero como ahora figura, según cree, entre los héroes de un libro de Kipling, él prefiere no insistir. BORGES: «Debe de ser verdad. Kipling se dejaría engañar por toda clase de tenientes y de señores de pocas luces».

BORGES: «Qué bueno el libro de Humbert Wolfe sobre Moore[800], y qué rabia le habrá dado a Moore, porque le gana en su terreno, he beats him at his own game».

De Williams Álzaga: «Está siempre en la biblioteca. ¿Te sorprende? ¿Vos creías que escribía a lo loco? No, esos libros aburridísimos están bien documentados».

001

De izq. a der.: Josefina Dorado, ABC, Victoria Ocampo, Borges, desconocido visto de atrás. Mar del Plata, 17 de marzo de 1935. Al dorso de la fotografía, de mano de ABC, se lee: «En este mismo año 1935, dos o tres meses después, empezó la colaboración de JLB y ABC».

De izq. a der.: Josefina Dorado, ABC, Victoria Ocampo, Borges, desconocido visto de atrás. Mar del Plata, 17 de marzo de 1935. Al dorso de la fotografía, de mano de ABC, se lee: «En este mismo año 1935, dos o tres meses después, empezó la colaboración de JLB y ABC».

002

Cubierta de la edición original (1935) del folleto Leche Cuajada, primera colaboración entre Borges y ABC. La ilustración es de Silvina Ocampo.

Cubierta de la edición original (1935) del folleto Leche Cuajada, primera colaboración entre Borges y ABC. La ilustración es de Silvina Ocampo.

003

José Bianco, Silvina Ocampo, Borges. Buenos Aires, 1939. Fotografía de ABC.

José Bianco, Silvina Ocampo, Borges. Buenos Aires, 1939. Fotografía de ABC.

004

«Bustos Domecq». Serie de composiciones fotográficas, inspirada en ideas de Francis Galton, realizada por Silvina Ocampo. Mar del Plata, 1942.

«Bustos Domecq». Serie de composiciones fotográficas, inspirada en ideas de Francis Galton, realizada por Silvina Ocampo. Mar del Plata, 1942.

005

Borges y Estela Canto en la estancia Rincón Viejo, Pardo, 1950.

Borges y Estela Canto en la estancia Rincón Viejo, Pardo, 1950.

006

Patricio Gannon, ABC, Ema Risso Platero, Borges, c. 1950.

Patricio Gannon, ABC, Ema Risso Platero, Borges, c. 1950.

007

Anotaciones al final de un cuaderno (que abarca del 22 de mayo al 25 de junio de 1957) de los Diarios de ABC.

Anotaciones al final de un cuaderno (que abarca del 22 de mayo al 25 de junio de 1957) de los Diarios de ABC.

008

El Doctor Aita. Mediados de los '60. Fotografía de ABC.

El Doctor Aita. Mediados de los '60. Fotografía de ABC.

009

Borges y Adolfo Bioy, 13 de septiembre de 1959. Fotografía de ABC.

Borges y Adolfo Bioy, 13 de septiembre de 1959. Fotografía de ABC.

010

Cumpleaños de ABC. De pie: El cocinero, ABC, Silvina Ocampo y personal de servicio. Sentados: Borges, Marta Bioy, Adolfo Bioy. 15 de septiembre de 1959. Fotografía automática.

Cumpleaños de ABC. De pie: El cocinero, ABC, Silvina Ocampo y personal de servicio. Sentados: Borges, Marta Bioy, Adolfo Bioy. 15 de septiembre de 1959. Fotografía automática.

011

«Borges y su madre, en su casa, en el rincón donde ella le lee y él dicta. Octubre de 1959. La posición de la mano de Borges es típica». (Nota y fotografía de ABC).

«Borges y su madre, en su casa, en el rincón donde ella le lee y él dicta. Octubre de 1959. La posición de la mano de Borges es típica». (Nota y fotografía de ABC).

012

Borges y su madre, en su casa, octubre de 1959. «Comentario de Borges a la fotografía; No hay duda de que tengo pantalones». (Nota y fotografía de ABC).

Borges y su madre, en su casa, octubre de 1959. «Comentario de Borges a la fotografía; No hay duda de que tengo pantalones». (Nota y fotografía de ABC).

013

En la Biblioteca Nacional, 2 de abril de 1960, día de conferencia de Borges. De izq. a der.: Adela Grondona, Alicia Jurado, ABC, Mariana Grondona, Carlos Mastronardi.

En la Biblioteca Nacional, 2 de abril de 1960, día de conferencia de Borges. De izq. a der.: Adela Grondona, Alicia Jurado, ABC, Mariana Grondona, Carlos Mastronardi.

014

Borges y Manuel Peyrou. 26 de noviembre de 1960. Fotografía de ABC.

Borges y Manuel Peyrou. 26 de noviembre de 1960. Fotografía de ABC.

015

Reunión del Jurado de La Nación. De izq. a den: Carmen Gándara, Borges, el escribano Maschwitz, ABC, Eduardo Mallea, Leonidas de Vedia. Mediados de los 60. (Gentileza Archivo La Nación).

Reunión del Jurado de La Nación. De izq. a den: Carmen Gándara, Borges, el escribano Maschwitz, ABC, Eduardo Mallea, Leonidas de Vedia. Mediados de los 60. (Gentileza Archivo La Nación).

016

Borges y Vlady Kociancich, c. 1960. Fotografía de ABC

Borges y Vlady Kociancich, c. 1960. Fotografía de ABC

017

El Grupo Sur De pie, de izq. a der: Enrique Pezzoni, Eduardo González Lanuza, Silvina Ocampo, Alberto Girri, ABC, Victoria Ocampo, Alicia Jurado, Héctor Murena. Sentado, de izq. a der: Mª Luisa Bastos, Guillermo de Torre, Carlos Alberto Erro, Borges, Eduardo Mallea. Mayo de 1962. Fotografía de Francisco Vera.

El Grupo Sur De pie, de izq. a der: Enrique Pezzoni, Eduardo González Lanuza, Silvina Ocampo, Alberto Girri, ABC, Victoria Ocampo, Alicia Jurado, Héctor Murena. Sentado, de izq. a der: Mª Luisa Bastos, Guillermo de Torre, Carlos Alberto Erro, Borges, Eduardo Mallea. Mayo de 1962. Fotografía de Francisco Vera.

018

Dos páginas de la libreta de anotaciones en que Borges y ABC escribían los juicios que les merecían los poemas que iban leyendo para el Concurso La Nación de 1963: «13). Perplejidad sintáctica. 14). Mejor que otros, pero insensato. 15). Inepto y escolar 16. No. 17). Tampoco. 18). Autóctono y prescindible. 19). Superior a los anteriores. 20). Malo, malazo. 21). Curiosa ortografía. 22). Irresponsable rimador 23). Caótico. 24). Patriótico, mas ilógico. 25). Ilustrado y pésimo. 26). Preocupado con cabello, no logra el acierto. 27). Inepto. 28). Incoherente. 29). Enérgico y tosco. 30). Feble. 31). Enfático y agrícola. 32). Vana, entusiasta y ridícula. 33). Misterioso y estúpido. 34). Acaso atendible (El barco en lo botella, por Chinchorro)».

Dos páginas de la libreta de anotaciones en que Borges y ABC escribían los juicios que les merecían los poemas que iban leyendo para el Concurso La Nación de 1963: «13). Perplejidad sintáctica. 14). Mejor que otros, pero insensato. 15). Inepto y escolar 16. No. 17). Tampoco. 18). Autóctono y prescindible. 19). Superior a los anteriores. 20). Malo, malazo. 21). Curiosa ortografía. 22). Irresponsable rimador 23). Caótico. 24). Patriótico, mas ilógico. 25). Ilustrado y pésimo. 26). Preocupado con cabello, no logra el acierto. 27). Inepto. 28). Incoherente. 29). Enérgico y tosco. 30). Feble. 31). Enfático y agrícola. 32). Vana, entusiasta y ridícula. 33). Misterioso y estúpido. 34). Acaso atendible (El barco en lo botella, por Chinchorro)».

019

Borges, Mª Esther Vázquez, Silvina Ocampo, Cecilia Boldarin, ABC, Marta Bioy. Mar del Plata, 21 de febrero de 1964.

Borges, Mª Esther Vázquez, Silvina Ocampo, Cecilia Boldarin, ABC, Marta Bioy. Mar del Plata, 21 de febrero de 1964.

020

Borges y Mª Esther Vázquez. Villa Silvina, Mar del Plata, febrero de 1964. Fotografía de ABC.

Borges y Mª Esther Vázquez. Villa Silvina, Mar del Plata, febrero de 1964. Fotografía de ABC.

021

Página de los Diarios de ABC, correspondiente a la entrada de Borges del 6 de noviembre de 1968.

Página de los Diarios de ABC, correspondiente a la entrada de Borges del 6 de noviembre de 1968.

022

Borges en San Telmo. 14 de abril de 1974. Fotografía de ABC.

Borges en San Telmo. 14 de abril de 1974. Fotografía de ABC.

023

Carlos Frías y Borges en Parque Lezama. 14 de abril de 1974. Fotografía de ABC

Carlos Frías y Borges en Parque Lezama. 14 de abril de 1974. Fotografía de ABC

024

Última fotografía conjunta de Borges y ABC. Al dorso, ABC escribió: «Borges me lleva 15 años. Si yo sigo envejeciendo como hasta ahora, ¿qué pareceré dentro de 15 años? Un cadáver. Ojalá que no. ABC, enero de 1986». Librería de Alberto Casares, 27 de noviembre de 1985. Fotografía de Julio Giustozzi.

Última fotografía conjunta de Borges y ABC. Al dorso, ABC escribió: «Borges me lleva 15 años. Si yo sigo envejeciendo como hasta ahora, ¿qué pareceré dentro de 15 años? Un cadáver. Ojalá que no. ABC, enero de 1986». Librería de Alberto Casares, 27 de noviembre de 1985. Fotografía de Julio Giustozzi.

Hay católicos que no reconocen que el obispo Plaza miente cuando dice que el incendio de las iglesias, ocurrido no hace mucho, es obra de los masones; esperan la aclaración de Roma. BIOY: «Uno nunca puede contar con los católicos ni con los comunistas, porque no tienen indignación, no son fanáticos de la verdad ni del bien; anteponen a todo Roma o Moscú». BORGES: «Johnson censuraba a los escoceses por preferir Escocia a la verdad[801]».

Margarita Bunge propuso para presidentes de la SADE a Gálvez y a Hugo Wast. «Los señores de la literatura», dijo primero y después corrigió: «Los obreros de la literatura». BORGES: «Se ve: las pruebas y el texto definitivo. Margarita comprendió que hoy señores es una mala palabra y obreros es una palabra que merece veneración».

BORGES: «De Delfina Gálvez me dijeron que, hija de Manuel Gálvez y de Delfina Bunge, se crió en un ambiente intelectual. (Riendo). Imagínate: la casa de Gálvez, ambiente intelectual…

»Al escribir la biografía de Aparicio Saravia, Gálvez apeló al recurso de Quevedo de que los ríos lloren, pero en Quevedo son los ríos más famosos y todo dura una línea:

la Mosa, el Rhin, el Tajo y el Danubio

murmuran con dolor su desconsuelo,

»En Gálvez, los ríos sacados de un mapa del Uruguay lloran la muerte de Aparicio Saravia durante páginas[802]; el Uruguay está bien, pero después vienen el río Negro y otros, de difícil manejo, como el Yí o el Cebollati, y, como se le hace bueno, sigue con las sierras… ¿Por qué imitar algo tan conocido? Cuánto mejor la verdad de Yeats: la tierra —Irlanda— sigue igual aunque sus hijos —los irlandeses— mueran[803]. La verdad tiene más fuerza que la grandilocuencia». Comenta; «Aparicio Saravia debió de ser un gran sinvergüenza». Agrega que Gálvez es otro sinvergüenza: «Elogió a Rosas, elogió a Perón, ahora elogia a Frondizi». Mi padre dice lo que temo: «Elogió a Yrigoyen». Borges calla.

Lunes, 26 de octubre. Comen en casa Borges y María Elena Walsh, Fotografío a María Elena; Borges, que no participa, visiblemente se aburre; Silvina no advierte este mal humor y obstruye el trabajo.

BORGES: «Costantino y E. M. Suárez Danero me visitaron, para pedirme que hablara por radio. Quieren que el programa se llame Soliloquios en la Biblioteca. ¿Por qué Soliloquios? ¿Para sugerir el tedio? Yo creí recordar que Danero había sido medio peronista… Por si acaso dije que yo no quería tener que ver con ningún peronista. Entonces él se puso a tratarme con mucho afecto. Para serme agradable, me dijo que yo le recordaba a Bucich Escobar. Debe de ser la primera vez que se emplea el nombre de Bucich Escobar para producir agrado. ¿Vos lo conoces? Yo no. Recuerdo que lo llamaban Buffach Escobar[804]».

Hablamos de Mastronardi. BIOY: «Quizá:

Una vez yo pasaba silbando entre arboledas[805]

Una vez yo pasaba silbando entre arboledas[805]

sea el único verso mágico de «Luz de provincia». El poeta se mira a sí mismo. Me recuerda a Frogman, de Bustos Domecq, cuando dice: «yo asomaba de lejos la cabecita[806]». BORGES: «Es un verso ridículo y muy vanidoso. Lo vemos —lo peor es que él se ve a sí mismo— chiquito y de lejos, como una suerte de Charlie Chaplin. No sé quién me decía: “¿Chaplin vanidoso? ¿Cómo? Si hace el papel de pobrecito…”. Bueno; siempre es él el pobrecito… Wally dijo que la palabra arboleda era linda y que pasar silbando era una acción agradable y modesta; que muy bien podría ir haciendo algo peor». BIOY: «Esta observación me parece inepta. Desde luego podría pasar evolucionando con un bastón de tambor mayor. Pero el original del verso es:

Una vez yo pasaba sonseando entre arboledas

Una vez yo pasaba sonseando entre arboledas

Cito:

El cansancio era fiel a su voz[807]

El cansancio era fiel a su voz[807]

BORGES: «Qué manera de decir que tenía la voz cansada, o voz de cansancio. ¿Por qué decirlo así?». BIOY: «Porque hay que decir cada frase como nunca se dijo. Hay que inventar expresiones; hay que huir de las trilladas. ¿Recordás el árbol queriendo todo el patio[808]? Es una manera de escribir trabajosa y bastante relamida. Después hablan del buen gusto, del refinamiento de Mastronardi». BORGES: «Wally habla de la simplicidad de Mastronardi. Es simple porque es lapidario, pero…». BIOY: «Yo prefiero a Rega: Rega escribía en el román paladino[809]» BORGES: «Mejor. Recuerda más cosas. Mastronardi no recuerda nada. Quizá a él sus versos le evoquen recuerdos, como nudos en el pañuelo». BIOY: «Rega tal vez sea cápaz de ciertas vulgaridades en las que Mastronardi no cae… Pero todo fluye mejor».

Citamos versos de la «Oda provincial»:

Vio fusilar en la mitad de un puente

por los dispersos de una escaramuza,

a un chico que llevaba alegremente

un pajarito dentro de la blusa.

De «La letanía del domingo»;

El domingo es el drama del hastío y del ocio,

es un palo vestido con antas y sonajas.

Deseo madrileño de poner un negocio

con un billar de lance y un mazo de barajas.

De «El domingo se ha hecho»:

El domingo se ha hecho para que yo recuerde

el buffet soñoliento de una estación cualquiera.

De «Carta a un domingo humilde»:

Tú eres un cliente de buhonería

—cabezota infantil sobre hombros recios—

que indaga en una pulcra lechería

la tarifa económica de precios.

[…]

Pero acaso yo nunca te recuerde.

Tu fiesta ha sido fiesta de falacias.

Me has engañado como el agua verde

de esos jarrones que hay en las farmacias.

BORGES: «Sus elementos son muy argentinos: los jarrones de las farmacias. No se parece a Lugones». BIOY: «A veces, pero no siempre».

Hablamos de Leopoldo Marechal. BIOY: «No vale nada, He’s a barren rascal[810] BORGES: “El nombre de Adán Buenosayres, cuando estaba en borradores (o quizá cuando fuera el proyecto de otra novela) era Fulano (apelativo del mismo número de silabas que Leopoldo). Varangot. Lo desechó porque todos lo embromaban llamándolo Leopoldo Guarangot”.

Cita a Martin Buber; «Sobre “Soy el que soy” dijo: It is a communication that withholds information [Es una comunicación que calla toda información]»».

A la noche tiene un ataque de úlcera; aparentemente está bien.

Martes, 27 de octubre. Come en casa Borges. Le cuento que, según Somerset Maugham (The Summing Up), «la vida media de las novelas inglesas es de noventa días[811]». BORGES: «Qué raro. Parece que tendrían que durar menos o más». BIOY: «Tal vez en países donde se publican tantas novelas ocurra eso». BORGES: «La verdad es que Cronin pudo reescribir The House with the Green Shutters sin que lo descubrieran[812]». BIOY: «Según un escritor español, un tal Goytisolo, desde Baroja no hay grandes novelistas en España». BORGES: «Tampoco antes, tampoco mientras».

En el Times Literary Supplement llaman a Guillermo «el gran crítico en el exilio». BORGES: «Misteriosamente lo toman en serio como crítico. Él, como no puede discernir, está obligado a aceptar todo en su face valué. Si alguien se presenta como el poeta experimental, Guillermo cree que se pasa la vida haciendo experimentos. Bueno, siempre vivió equivocado. Imagina que de los grupos que redactan manifiestos proviene la gran literatura. En el fondo, a él le conviene, porque no hay problemas para clasificarlos: ellos mismos se presentan en grupos».

Recordamos que, hace años, nos visitó, en la calle Santa Fe, un actor o director, y cuando nos explicaba algún plan irrealizable, oímos la expresión «un conjunto bien afietado». Desde ese momento, sólo pensamos en la palabra afietado y en cuanto la visita se fue mutuamente nos preguntamos: «¿Vos también oíste afietado?». BORGES: «Si hubiéramos sido enemigos, pudimos enloquecernos el uno al otro, negando el haberla oído».

BORGES: «Wally (como toda la gente de teatro) dice compuso un viejo por representó el papel de viejo».

Cita a Ortega, que habla de una luz rubia. «Pero —agrega— lo peor de todo está en Lugones: el sol como un niño con rulos rubios».

Miércoles, 28 de octubre. Come en casa Borges. Dice (oyendo acordes indiferentes de Unión Cívica, en la versión de Los muchachos de antes): «No sólo hay que señalar la épica de los tangos, sino la bobera, que no es menos agradable».

Inventó estos versos apócrifos:

Arrabales de fango

en que un orangutango

bailaba el tango.

Jueves, 29 de octubre. Comen en casa Mallea, Helena Muñoz Larreta y Borges. Tan vehemente, nerviosa y desaforada está Helenita, que por un rato salgo de la reunión, y hasta que el corazón se calma estoy sentado solo.

Viernes, 30 de octubre. Comen en casa Mauricio Müller, su mujer y Borges. Mauricio habla de filmar El sueño de los héroes.

Domingo 1.º de noviembre. Comen en casa Ema Risso Platero, Borges y Bianco.

Martes, 3 de noviembre. Come en casa Borges. BORGES: “Un señor de la embajada alemana me dijo que para él la mejor obra alemana era La Pasión según San Mateo de Bach; que era aún mejor que el Fausto, Yo le dije que, según Chesterton, los cuentos de Grimm eran mejores que el Fausto: pero esto ya no le gustó. Realmente, el compañero de toda la vida de Goethe…”. BIOY: “Es un mito idiota el de Fausto”. BORGES: “Completamente idiota. Y qué me decís que al final, después de hacer un dique, Fausto siente la belleza y quiere que el momento se detenga. Eso no parece natural de las emociones del altruismo. Eso corresponde al placer de comer o beber algo, o al deseo de que el placer amoroso se prolongue… Sí, eso corresponde al amor. Qué raro emplear la cita para demostrar que Goethe estaba obsesionado por el amor”. Recuerda que Goethe escribió: “Qué agradable vivir en la India, si no hubiera escultores”».

Hablamos de la India, Borges comenta el melancólico destino de algunos indios, que admiran mucho a Inglaterra, son considerados renegados por los otros indios, y unos pobres infelices por los ingleses: hacen bien a su país, porque lo ilustran y le muestran el camino de la civilización, pero para ellos no hay lugar en ninguna parte. Que el sayo…

Dice que el escritor argentino no está menos aterrado que el escritor de tiempos de la Inquisición. Hay muchos temas que no puede tocar. Si ataca a Mitre o a la nobilísima institución de los diarios, lo aniquilan y se le cierran muchas puertas; si ataca a San Martín, se le cierra una sola puerta, la que da afuera: «Los jeunes feroces nos achacarán cobardía, con razón».

Hablamos de la estatua de San Martín que se levantará en París. BIOY: «Allá cuidan mucho de que no se afee la ciudad con monumentos poco felices. No confunden el monumento con lo que representa y, si es feo, aunque represente a los caídos en la guerra, lo dicen. Aquí si uno dijera que el monumento al Abuelo Inmortal no es maravilloso, quedaría como un avieso enemigo de San Martín». BORGES: «Saben disociar ideas, lo que es muy importante».

Recuerda que los cuáqueros no juran ni dan palabra de honor: «Let your ays be ays, your nays be nays [Que tubaste como sí; tu no como no]».

Jueves, 5 de noviembre. Come en casa Borges.

Domingo, 8 de noviembre. Come en casa Borges, que mañana dará una charla sobre Schiller. BORGES: «Tengo gran curiosidad en saber qué diré. No se me ocurre nada».

Habla de la vida de Edward Fitzgerald, que vivió abrumado por The heavy task of idleness y a quien, al compararlos con Cervantes y Shakespeare, los orientales le parecían tontos. BORGES: «Su traducción de Calderón[813] es buena, con hermosos versos shakespirianos». Recita unos, sobre la respuesta concreta que el paje da a Segismundo cuando éste se pregunta si sueña o está despierto:

But rest in the assurance of your own

Sane waking senses, by these witnesses

Attested, till the story of it all,

Of which I bring a chapter, be reveal’d,

Assured of all you see and hear as neither

Madness nor mockery […][814].

Dice que sospecha que no están en Calderón. BORGES: «A Fitzgerald le gustaba mucho Wilkie Collins. Decía que el conde Fosco era superior a cuanto podía crear Jane Austen…». BIOY: «Desde luego, el conde Fosco es un personaje extraordinario. ¿Y te acordás del padre de las chicas, el dueño de casa, que se cree inválido y colecciona medallas? Entre los dos personajes hay una situación que nunca encontré en la literatura. El conde Fosco es el villano de la novela, un personaje terrible. Visita al dueño de casa; éste, de pronto, se aburre del conde Fosco[815]. Un personaje terrible a los ojos de los demás, terrible a los ojos del lector, en un capítulo aparece como ridículo a los ojos de un personaje, y luego vuelve a ser terrible, sin haber perdido nada de su fuerza. ¿Vos creés que Güiraldes podría mostrar como ridículo en un capítulo a don Segundo sin que el personaje sufriera?». BORGES: «No. Güiraldes es como quien hace juegos malabares con tres naranjas, muy atento a que no se le caigan». BIOY: «Wilkie Collins juega con veinte naranjas; le sacas dos o tres y la prueba sigue siendo maravillosa. ¿Y qué tal decir que el Don Segundo, como la Ilíada según Graves, es un libro satírico?». BORGES: «Mientras Adelina [del Carril] viva, mejor es no decirlo. ¿Adelina habrá leído alguna vez el Don Segundo? BIOY: “La mujer de Joyce no entendía ni admiraba los libros del marido. Los llamaba chop-suey puddings”. BORGES: “Elvira de Alvear conoció a Joyce, pero nunca pude lograr de ella ningún recuerdo interesante. Creo que me contó que iban a la ópera juntos y que Joyce iba con galera de felpa”.

BORGES: «Hoy Miguel estuvo leyéndome “El cementerio marino” en la traducción de Ibarra. Caramba: esa obra que yo tenía por admirable resulta bastante floja. Me parece que hay versos mal medidos. Él dirá que son así en el original. Pero no creo que todas las frases de once sílabas sean endecasílabos; si no, con cualquier texto en prosa podrían hacerse silvas…». Recita:

Zénon! Cruel Zénon! Zénon d’Elée!

Zénon! Cruel Zénon! Zénon d’Elée!

BORGES: «Si iba a concluir con el vocativo, no debió poner tantos Zénon antes. Parece que al final aclara de quién se trata poniendo el nombre y apellido:

¡Estela! ¡Cruel Estela! ¡Estela Canto!

¡Estela! ¡Cruel Estela! ¡Estela Canto!

Bueno, queda mejor que con Zenón. Además, nadie siente que Zenón es cruel por haber dejado unas paradojas. No se siente como cruel a un hombre muerto hace tanto tiempo». BIOY: «Llamarlo cruel es literatura en el peor sentido». BORGES: «No sé por qué es tan bueno ese poema… Se ve que Valéry no tenía ninguna facilidad, que lo hizo matándose. Entonces,

Zénon! Cruel Zénon! Zénon d’Elée!

Zénon! Cruel Zénon! Zénon d’Elée!

no puede atribuirse al impulso de la inspiración. Todo esto de Zenón y de

Achille immobile a grands pas[816]

Achille immobile a grands pas[816]

le parecía a Ibarra una greguería. El poema es oscuro por torpeza…».

Ibarra dedicó un ejemplar de su traducción, editada con texto bilingüe, a su amiga, la China[817], que era entonces muy linda. Escribió Ibarra: «Para la China, subtil travail d’imperceptible écume[818]. La China estaba muy orgullosa, pero después descubrió que la frase estaba en el libro. “¡Se copió del libro!”, le dijo a Borges. Éste se sintió posesionado por quién sabe qué demonio y en vez de explicarle que en eso no había nada de malo, que estaba dentro de las convenciones, fingió escandalizarse: “¿Del mismo libro, China? ¡No puede ser!”. Desde entonces la China cambió con Ibarra. BIOY: “No hay de qué reírse. En esa reacción la China era parte del jabalí universal que arremeterá contra todos nosotros”. BORGES: “El verso no está bien. En una dedicatoria todo se lee como elogio. Ahí vale subtil travail y que l’imperceptible écume corresponda o no, importa poco”.

Dice: «Quizá la peor traducción de Homero, la más rica en fealdades, sea la de Lugones; quizá la mejor, en español, sea la de Hermosilla. La de Víctor Bérard es muy inferior a su fama. Segalá elogia la de Lugones». BIOY: «En cada nueva edición de la de Segalá hay más fealdades[819]. Tal vez Aquilea y Odisea, por Aquiles y Ulises, sean necesarios, pero Ayante por Ayax parece demasiado desagradable».

BORGES: «Santiago Dabove era muy del Oeste. Alguien menciona un pueblo: “¿Es de la línea del Oeste?”, preguntaba Santiago. Si le contestaban que no, él exclamaba poco menos que con desprecio: “Entonces no lo conozco”».

Leí en el Fígaro que según Mauriac el Premio Nobel se da preferentemente a los maestros de juventud. ¿Quiénes son aquí? En broma, enumeramos: Mallea, Murena, Martínez Estrada, Erro, Giusti. Borges recuerda el título de un artículo de Herrero Mayor en El Hogar. «¿Publicará, este año, Mallea, un libro admonitorio?». Cita una buena frase de Marta Mosquera: «¿Qué se puede esperar de gente cuyo viejo maestro fue [Julio] Aramburu o Giusti?».

En elogio de Mallea, un norteamericano dijo a Borges (que regocijado repite la frase): «Mallea no busca retratar a hombres excepcionales: trata de dar expresión al hombre corriente, al hombre vulgar si se quiere, y naturalmente fracasa». El norteamericano afirmó que el «No» de Chaves es uno de los momentos heroicos de la literatura.

Del norteamericano y de otros estudiosos dice BORGES: «Gente que lee y toma en serio a Alfonsina Storni, a Bernárdez, a Molinari, a Mallea, Alfonsina Stomi escribió de los pájaros:

Las dulces flautas suman de alados inquilinos[820]

Las dulces flautas suman de alados inquilinos[820]

Qué raro llamar inquilinos a los pájaros. Huésped es una palabra más noble, pero ¡inquilíno! Además, como siguen siendo pájaros, quedan muy absurdos con flautas». En cambio, considera que hay una sorpresa meritoria en

huésped de la rama, el trino[821]

huésped de la rama, el trino[821]

Los mismos estudiosos le dijeron que ya no se puede crear más personajes. BORGES: «¿Qué raro, no? ¿Por qué habrá cesado la posibilidad? Yo tenía ganas de decirles que leyeran a Bustos Domecq. Aseguraron que Dostoievski había creado cientos de personajes, Pero no lo creo. Han de ser muy pocos: todos son iguales. Me dijeron que The Old Man and the Sea es un título vanidoso: no veo por qué».

Opina que es una injusticia que haya caído en el olvido Leféu de Barbusse, libro muy superior al demasiado famoso Sin novedad en el frente. Explica la trama de L’enfer una persona, por un agujerito en la pared de un hotel, ve lo que ocurre en el cuarto contiguo. Ve escenas esenciales y universales: un coito, una muerte… BORGES: «Barbusse imaginaba que bastaba eso para que L’enfer fuera una novela universal, la primera… Olvidaba que la había escrito en francés de principios del siglo XX, con tales méritos y tales manías».

BORGES: «Felipe Trigo es mejor que otros. No es pícaro, Es mejor que Joaquín Belda… Es erótico y triste. Leí Las ingenuas».

Observo que el solo dios que me parece imaginable es uno indiferente a nuestros destinos individuales (por eso no responsable del Mal). BORGES: «Los espíritus religiosos no toleran esa idea. Los pone como locos».

BORGES: «El sentido del humorismo cambió. El general Santos, presidente del Uruguay, quiso acostarse con una bailarina. Como ésta no lo aceptó, en la última función le hizo tirar una lluvia de condones al escenario. Sin duda eso pareció gracioso. Hoy se ve como una estupidez… El mismo Santos tenía una escolta de negros; cuando estaban formados, les pasaba el revés de la mano por la boca, exclamando: “Qué linda trompa tienen mis uruguayos”, porque decía uruguayos y no orientales. Qué guarango». BIOY: «Habrá que admitir los ciclos de Vico. Yo no creo que a Gibbon o a Voltaire una ocurrencia así les hiciera gracia. Nuestro nivel, durante el peronismo, habrá bajado…». BORGES: «Seguramente no les hubiera hecho gracia a Gibbon ni a Voltaire; habría que averiguar qué comedias veían… No hay que olvidar que cuando escribían estaban en su mejor behaviour».

Menciona palabras horribles que Miguel usa en su trabajo; empresarios (¡sólo hay empresarios en el teatro!), patronos (¡sólo hay santos patronos!), ejecutivos y directivos. BORGES: «Lo malo es que después vienen las directivas de los directivos». Recuerda que, en otros tiempos, se decía en elogio de algo: muy de la berenjena, muy de la banana. También observa que, en algunas frases, agarrar indica tomar una resolución, una brusca decisión: «Entonces agarró y se enojó conmigo». «Agarré y me fui a Lomas de Zamora».

BORGES: «No sé quién se alegraba de encontrar, entre los grandes nombres, al viejo Kom, en el Diccionario de Filosofía de Ferrater Mora. ¿Por qué?».

Lunes, 9 de noviembre. Come en casa Borges. A veces he observado que algunos de sus interlocutores, aceptando que sabe más y que piensa mejor, aguardan un poco aterrados su veredicto —la aprobación o la condena— siempre imprevisible, porque está formándose en una región fuera de alcance.

Martes, 10 de noviembre. Comen en casa Olivera y Borges. La nueva dentadura le ha cambiado la cara. (Hasta mi hija Marta lo notó: «Padrino está con la cara más ancha»). El arco donde debería ir el bigote está más redondo, más señalado.

Miércoles, 11 de noviembre. Come en casa Borges. Hablamos sobre poesía española contemporánea: Juan Ramón Jiménez, Jorge Guillen, Gerardo Diego, Alberti, etcétera. BORGES: «Es una poesía alusiva. Rehuye el argumento y el tema. Les pasa como a Betina Edelberg: a fuerza de escrúpulos quedan en un rinconcito último; sus méritos son negativos. Menos mal que escriben poemas breves. Esos poemas, que no hay por donde agarrarlos, si fueran largos serían intolerables. El poeta desmonta en cualquier momento y concluye porque sí. Son ante todo arbitrarios. Leyendo a todos éstos uno ve que Larrea no era tan malo. Todos los elementos de Lorca están ahí; los impedimenta de Lorca; pero no su encanto, ni su fuerza poética. Ni siquiera Gerardo Diego inventó su espuma. Mira que publicar un libro titulado Manual de espumas. Pero como además de poeta es un hábil político, al año publicó Versos humanos. ¡Qué imbécil! A Gerardo Diego o a Alberti no se les ocurre nada, no tienen Angel… Estos poetastros no admirarán a Quevedo ni a Fray Luis; o tal vez los admirarán sólo porque son españoles. La completa libertad que se permiten los obliga a algo, pero no parecen sentir el peso de esa obligación». Por Alberti tiene particular desprecio; lo ve como a una suerte de árido payaso: Alberti vestido de marinero, con un aro en la mano (cf. el poema sobre Garcilaso)[822] lo regocija.

Compara el poema del río Guadalquivir de Góngora[823] con el del río Duero de Gerardo Diego[824]. BORGES: «Qué raro que del Romancero no les llegue nada. En el Romancero hay escenas patéticas. Lo único que les llegó es lo decorativo. Está muy bien que un poema tenga partes decorativas, pero tiene que haber algo más. Antonio Machado es mucho mejor que todos éstos. Nunca tienen un estremecimiento de emoción. En el poema sobre el río Guadalquivir y sobre Córdoba hay líneas en que se nombra al río y a la ciudad con un arranque de emoción. Góngora es mucho mejor que toda esta gente. Compararlo con Mallarmé es un disparate; sólo tienen en común el ser oscuros; Góngora es mucho mejor: lo mejor de Góngora es mucho mejor que lo mejor de Mallarmé». BIOY: «Y más seguro. Mallarmé en cualquier momento recae en cursilerías». BORGES: «La prosa de Mallarmé es una inmundicia pero en sus versos, a su vez, es mejor que todos estos poetas españoles de ahora, incapaces de escribir algo tan simple como:

Cette nuit pour demain a filé mon linceul!

Couche-m’y, sombre mort. Je ne sais vivre seul[825]!

Claro que Mallarmé tiene también versos bastante ridículos, como:

Je partirai! Steamer balançant ta mâture,

Lève l’ancre pour une exotique nature!

[…]

Mais, ô mon coeur, entends le chant des matelots[826]

¡Llamar al barco steamer! ¡Y le chant des matelots!».

Dice que Blake es muy inferior a Swedenborg. BORGES: «No creo que Blake fuera de verdad un visionario; Swedenborg, sí. Uno siente que las visiones de Blake deben amoldarse a las necesidades de la rima. Por momentos era visionario, por momentos poeta, y nunca demasiado bueno».

Recita un poema de Symons en que se habla de una prostituta como de the Juliet of a night:

Why is it I remember yet

You, of all women one has met,

In random wayfare, as one meets

The chance romances of the streets,

The Juliet of a night? I knowt

Your heart holds many a Romeo[827]

Viernes, 13 de noviembre. Come en casa Borges. Dice: «Olivera es muy terminante. Da una opinión, atendible o no, y no admite discusión. Afirma que todo lo que escribió Henry James es aburrido y que las personas que no saben lenguas extranjeras no deben leer traducciones, sino atenerse a lo escrito en el idioma que ellos conocen. ¿Por qué? No se sabe… Una obra buena se reconoce porque aunque se lea en una mala traducción siempre queda algo. Una obra buena siempre puede traducirse las obras intraducibles no tienen mayor importancia: son juguetes, valen por algún agrado…».

Mujica Lainez se encuentra con Wally y le dice: «Usted parece mi tía». BORGES: «No resulta un rasgo simpático».

Sábado, 14 de noviembre. Comen en casa Borges y Peyrou. BORGES: «Susana Chica Salas me dijo una frase muy linda de [T. S.] Eliot:

We cannot bear too much of reality[828].

We cannot bear too much of reality[828].

Es una frase muy linda, porque es muy cierta. No sé dónde la dice. Estará perdida entre esos blank verses de Eliot, entre las idioteces de Family Reunión, ¿por qué habrá ese tono de indiferencia, de superficialidad en las piezas de Eliot? ¿Lo encontrará en la vida?». BIOY: «O en una escuela literaria. Habría que saber quién empezó con ese tono, Green (el novelista de Loving), Compton-Burnett o Eliot». BORGES: «Susana me dijo también una frase muy típica de Eliot:

Well, I will dare a peach[829]

Well, I will dare a peach[829]

(para quien se sirve un durazno)».

Recita, regocijado, el estribillo del poema de Grunberg;

Al gran pueblo argentino, ¡shalom[830]!

Al gran pueblo argentino, ¡shalom[830]!

BORGES: «Es peor aún que “¡Salud!”: se ve que Grunberg está aterrado de que lo maten. Para hacerse perdonar escribió también un poema sobre San Martín. Los extranjeros, para hacerse perdonar, para hacerse aceptar como argentinos, escriben poemas que son típicos de extranjeros. Para no ser gallego escribió Bernárdez un poema sobre San Martín[831] que no tiene nada que ver con San Martín…».

Hablamos de Tennyson. Borges dice que, entre sus poemas, prefiere «In Memoriam»; «Ulysses», «San Simeón el Estilita» y «Tiresias»; que tal vez «San Simeón el Estilita» sea el mejor poema de Tennyson; que «In Memoriam» es quizá la única elegía escrita con pena. BIOY: «Con demasiada pena. Por momentos repugna, como una nota necrológica». BORGES: «El mito de Tiresias es muy raro. Tiresias encuentra dos serpientes que van a copular, las separa y mata a una; por eso lo castigan y se convierte en mujer; se casa; tiene hijos; a la vuelta de diez años, en un paseo, vuelve a encontrar a dos serpientes que van a copular; las separa y vuelve a convertirse en hombre. Hay una disputa entre Zeus y Hera, sobre quién goza más al copular, hombres o mujeres. Acuden a Tiresias, que ha sido mujer y es hombre. Tiresias contesta: “Si el conjunto del placer es diez, nueve corresponde a la mujer y uno al hombre”. Hera, que pensaba que el hombre gozaba más, se disgusta y para castigarlo lo enceguece». Dice también que leyó que Tennyson odiaba a los franceses, y pondera el libro de Harold Nicolson[832] como excelente.

Asegura que ninguno de los poetas españoles de ahora sería capaz de un verso como el de Lugones, en que se compara la puesta de sol con:

un violento pavo real verde, delirado en oro[833].

un violento pavo real verde, delirado en oro[833].

BORGES: «Qué me decís: Gerardo Diego todavía no está avergonzado del ultraísmo. Qué época vergonzosa». BIOY: «En Francia se toma muy en serio al surrealismo». BORGES: «¿En Inglaterra? En Inglaterra tal vez no. Los escritores ingleses no dirán, sin embargo, que es una damned foolery, pero lo pensarán, o sin pensarlo lo sentirán. Joyce es el chivo emisario de todo el movimiento. Hizo lo mejor que se podía hacer con eso y lo llevó al extremo. Con una estética espantosa escribió sus libros, que por momentos —como el Ulysses— son agradables».

BORGES: «No sé qué me pasa. Veo todo en parejas: Barracas y Avellaneda, Chascomús y Chivilcoy, Palermo y Almagro, Belgrano y Flores[834]». BIOY: «Bueno, yo veo en pareja a Rémy de Gourmont, que es un buen escritor, con Valery Larbaud, que es un idiota. Generalmente el recuerdo de uno me eclipsa al otro».

Le refiero el comentario de Cattaruzza, al ver pasar a una mujer ayer bella y hoy decaída: «Pensar que uno pudo enredarse en eso. Es una sobreviviente de una raza extinguida». BORGES: «Es como los versos de Campoamor.

Las hijas de las madres que amé tanto,

me besan ya como se besa a un santo[835].

Bueno, un poco mejor que Cattaruzza».

BORGES: «Grieben me dijo que yo debía dar mi nombre y asistir a la fiesta de apertura, como patrocinante del Teatro Caminito, que dirige [Cecilio] Madanes. Yo le respondí que de ninguna manera, que todo eso estaba muy lejos de mí».

Domingo, 15 de noviembre. Come en casa Borges. Las úlceras lo acosan. Habla del kraken —un animal fabuloso y enorme, del que se decía que duerme en el fondo del mar— y que se describe en un poema de Tennyson. Leo el poema:

Below the thunders of the upper deep;

Far, far beneath in the abysmal sea,

His ancient, dreamless, uninvaded sleep

The Kraken sleepeth: faintest sunlights flee

About his shadowy sides […].

There hath he lain for ages and will lie

Battening upon huge seaworms in his sleep,

Until the latter fire shall heat the deep;

Then once by man and angels to be seen,

In roaring he shall rise and on the surface die[836].

BORGES: «Hay razones para justificar el verso

And see the great A chilles, whom we knew

And see the great A chilles, whom we knew

del “Ulysses” de Tennyson; pero resulta un poco tonto». BIOY: «Es tan lejano Aquiles, que decir lo conocimos parece poético». BORGES: «Pero como en el poema habla Ulises y la fórmula whom we knew no es demasiado feliz, las razones pierden valor. Además, cuando hay que apelar a razones para defender un verso, puede uno sospechar que no está muy bien. Nicolson elogia el whom we knew».

Comenta que Dickens era querido por todo el mundo, incluso por los mejores escritores.

Martes, 17 de noviembre. Comen en casa Borges y Ernesto Schóó, Schóó refiere anécdotas sobre Macedonio y sus hermanos[837]; no los conoció personalmente: en su casa los tenían por locos. Un hermano de Macedonio da a un chico cuarenta centavos y le pide que lleve tal papel a tal persona. El chico sale corriendo y el hermano de Macedonio comenta: «Corre a velocidad de cuarenta centavos». Este mismo hermano, de visita en casa de los padres o abuelos de Schóó (de quien es tío o tío abuelo), quiso afeitar a uno de éstos y, ya navaja en mano, trató de degollarlo. BORGES: «Macedonio opinaba que el afecto de padres e hijos no era natural; que los hijos trataban de desplazar a los padres; que el afecto debía ser entre iguales; él mantuvo bastante alejados a sus hijos… Hacia 1900, Macedonio creía que en cualquier momento ocurriría la revolución social y aconsejaba a mi padre que abandonara sus estudios jurídicos».

BORGES: «Realismo se denomina lo cruel, lo lúbrico y lo escatológico. ¿En qué realidad viven ustedes, señores? En la mía no ocurren esas cosas».

Miércoles, 18 de noviembre. Come en casa Borges. Las úlceras lo molestaron con tirones.

Jueves, 19 de noviembre. Come en casa Borges. Pregunta: «Ex ungue leonem. ¿Quién escribió súbditamente por súbitamente?». BIOY: «Susana Bombal». BORGES: «Hoy, otra escritora dijo: “Voy a escribir, en blanco y negro, una sintes”. La Rubia Daly Nelson, el día que la conocí, me dijo que le estaban haciendo, en la farmacia Nelson, “un analis de la materia fecal, ¿sabe Borges?, para ver si tengo bichos”». Observa que las mujeres, tal vez por falta de imaginación, y a pesar de su continuo adiestramiento en la coquetería, dan de ellas noticias que no sugieren imágenes estimulantes: una insiste en que tiene los intestinos caídos; otra, en que lleva una faja de madera; otra en que, naturalmente, con su resfrío, se ha pasado la tarde tragando flemas.

Domingo, 22 de noviembre. Comen en casa Borges y Juan José Hernández[838]. Afirma BORGES: «Dentro de mucho tiempo, por el verso de Martín Fierro en que dice:

debe cantar cuando canta

con toda la voz que tiene[839]

creerán que los payadores cantaban a gritos, como italianos del bel canto. Cantar a gritos hubiera parecido ridículo, y hubiera sido tomado como un desafío. Uno prefiere el hilo de voz del payador». Reconoce que siente vergüenza cuando oye a un cantante de ópera; a mí este arte me produce una viva desazón.

BORGES: «Lo que hace encantador a un poeta es lo que lo vuelve insoportable. Lorca es bueno cuando es simple, cuando recuerda la poesía popular; cuando escribe con metáforas es inmundo. ¿Cómo es lo del río que reman los suspiros[840]? ¿Por qué reman? Poeta en Nueva York es Tilingo en Nueva York».

Recuerda: «Quedé muy mal en Lomas [de Zamora], cuando me pidieron que hablara en unos juegos florales y dije que dos peligros debía sortear el poeta: la tentación de ser moderno, la tentación de ser argentino. El poeta victorioso afirmó que no había que mirar a París; había que dar la espalda a París y mirar la pampa. Qué programa».

Dice que Setebos[841], dios de la Atlántida, acaso lo sería de los patagones, según no sé qué cura. BORGES: «Calibán es, naturalmente, caníbal a su vez, esta palabra provendría de caribe».

Martes, 24 de noviembre. Come en casa Borges, Observa: «El verso:

en el medio del camino de nuestra vida

en el medio del camino de nuestra vida

ha sido juzgado por todos los comentadores como la indicación precisa de que Dante tenía entonces treinta y cinco años; conociéndolo un poco a Dante, parece que ésa sea la interpretación justificada: no creo que él usara la frase para indicar algo vago. Setenta años era el término de la vida y todo lo que viniera después traería sufrimientos y calamidades. Una cita de la clase de “en el medio del camino de nuestra vida” (o de “Ser o no ser”, o de “Palabras, palabras, palabras”) es un casi infalible indicio de ignorancia. Como diría Ibarra, problema para maestros: citar la frase, que quede bien, quedar bien».

Miércoles, 25 de noviembre. Come en casa Borges. Hablamos de Shaw, improvisamos frases: BORGES: «En el polo, el témpano albino y la peletería de los ojos». BIOY: «En ese valle solitario sólo se oía el glu glu del Niágara». BORGES: «Su vigoroso cuello emitía una cabecita sonriente». «Las nuevas sonrisas de la temporada del balneario (debajo de una fotografía de señoritas)». «Parapetado detrás de un monóculo…». BIOY: «Colgaba de una boina un señor…». BORGES: «La luna, el dorado tortugón del cielo…». «La noche se encaramó (o se agazapó) sobre la tierra». BIOY: «La marquesita animaba un vestido de tafetán (o de muselina) beige…».

Jueves, 26 de noviembre. Come en casa Borges. Hablamos de Hemingway. BIOY: «Hoy concluí The Old Man and the Sea. No es tan malo como al principio me había parecido. Este hombre ha descubierto un sistema y lo aplica sabiamente. En el relato, el viejo se va a pescar; un pez enorme muerde el anzuelo y arrastra al viejo en su bote mar afuera, durante dos días y dos noches. El viejo recuerda su vida, pasa por trances terribles y piensa que no debe aflojar, que debe estar a la altura de un jugador de béisbol que admira, The great Di Maggio; por fin mata al pez, lo amarra al bote y emprende el regreso. En el camino varias veces acometen tiburones —mata a unos cuantos— hasta que sólo queda el esqueleto del pescado; llega a tierra, se echa en su catre y sueña con leones que vio en la costa de África, hace muchos años. A pesar del estilo bíblico, de la conjunción y tan repetida, del tono llano (o grandioso), uno no puede menos que estar ansioso por la vuelta del viejo, por su lucha contra el pez, primero, y contra los tiburones, después. Ese sueño con leones que vio en la juventud para indicar la muerte es un recurso afortunado. Está bien que el viejo, en medio de sus trabajos, quiera estar a la altura de ese great Di Maggio, que es un mero jugador de béisbol del que sólo tiene noticias por los diarios y la radio». BORGES: «Güiraldes no se hubiera atrevido a atribuir a don Segundo una admiración por un jugador de fútbol, ni otro rasgo comparable».

Domingo, 29 de noviembre. Come en casa Borges. Dice: «Ricardo Rojas era muy dictatorial: Capdevila le bailaba el agua delante. Hay gente que sostiene que Rojas fue un buen profesor y guarda un inolvidable recuerdo de un año en que leyó y comentó en la cátedra el Quijote. No puedo creer que fuera buen profesor; no creo que haya podido comentar nada sobre el Quijote. Si fuera capaz de observaciones inteligentes, alguna habría llegado a sus libros».

Wally Zenner va a recitar un poema de Borges. BORGES: «La primera vez que lo leyó en voz alta, lo leyó muy bien, como cualquiera; pero ahora, que lo ha trabajado dos o tres días, lo dice de un modo rarísimo, con eses que sibilan como un viento lejano. Lo que va a ser eso cuando lo recite, no quiero pensarlo. Faltan todavía dos días, de modo (que ya estará bien faisandé Wally imagina que Ureña fue un artista: ¿por qué? Cuando alguien decía un disparate —por ejemplo, Marechal, que sostenía que Verlaine, traducido al español por Diez Cañedo, era mejor que en francés, porque estaba libre de rimas—. Ureña, con su queda voz que nacía en lo hondo de la garganta y resonaba contra el paladar o los dientes, comentaba: “Bueno, bueno…” o en Valoraciones citaba la frase y comentaba: “Francamente…”».

BORGES: «En mi recuerdo, An Experiment with Time[842] significa el fracaso: lo he regalado a repetidas señoras, que repetidamente no lo leyeron».

Buscamos en vano el origen de la expresión tedium vitae.

Lunes, 30 de noviembre. Come en casa Borges. BORGES: «César Dabove contó: “Una vez, en la plaza, vi una mujer realmente extraordinaria, con unas caderas que usted no pasa por alto. Había, a su lado, una silla vacía y avancé, para ocuparla, en la esperanza de trabar conversación, pero iba tan subyugado que pisé el pie de otra señora, tuve que detenerme para pedirle disculpas y en todo esto ocuparon la silla vacía”. ¿Por qué cuenta esto? Como relato es bastante pobre… Tan absurdo es César Dabove, que imagina que Paredes es “el prototipo del gentlemán”. Tal vez lo piensa porque una vez, al retirarse de un bar, Paredes dijo que pagaba a todos —el todos incluía a Dabove—. Paredes hacía esto con sus más y sus menos, para manifestar superioridad. Paredes afirmaba que él entraba no sé dónde con la frente bien alta, porque no debía nada. La primera vez que Madre lo vio, en la Recoleta, lo identificó en seguida. Esa melena, ese pañuelo al cuello, esa chalina sobre los hombros, ese saco negro, ese pantalón de fantasía, configuraban a Paredes. Delante de su mujer, deliberadamente decía palabrotas. Aseguraba que Benito Villanueva una vez le dio la mano delante de todo el mundo, diciéndole que le debían el triunfo en la parroquia. ¿Te das cuenta, qué miserias?».

Cuenta también: «Cuando iba a los asados en casa de Paredes, Marcelino del Mazo llevaba en una valijita un saco blanco; pedía permiso para sacarse el que tenía puesto y ponerse el blanco. Todo eso entre gente de notable vulgaridad, en mangas de camisa».

Dice que Gambaceres era un pésimo escritor, sin ningún talento.

Martes, 1.º de diciembre. Come en casa Borges. Dice que la traducción de la Biblia de Torres Amat [1823-5] es mala. BORGES: «Retiene el sentido, pero la forma es mala, no tiene forma. La traducción más famosa es la de Lutero [1522], pero creo que es la peor. En Lutero están todas las supersticiones modernas de que para hablar bien hay que escuchar al pueblo. No sé por qué los labriegos alemanes serán muy distintos de ese paisano de Pardo que dijo: “no hay que quitarle al pueblo sus diversiones campichuelas”. Tal vez lo dijo una vez y no volvió a decirlo; no tienen conciencia de cómo hablan. Al fin del Eclesiastés se dice: “Porque de hacer libros no hay fin y el mucho estudio es flaqueza de la carne”. Torres Amat traduce; “Porque los libros se multiplican”».

Cotejamos las traducciones de Cipriano de Valera [1602] y de Scio de San Miguel [1701-3]: ambas son buenas. Este final del Eclesiastés está mejor en Cipriano de Valera. Versículos del libro de Job, donde Job dice: «Estaré junto a ti y no me verás», y donde habla de la vejez y de los dolores que lo acosan[843], nos parecieron mejores en Scio de San Miguel.

Miércoles, 2 de diciembre. Borges me anuncia que esta noche va a una comida que le dan a José López Soto, el dueño de la imprenta López y de la editorial Nova. Yo le digo que iré también: López Soto, el probable original del héroe de una de las Fantasías memorables (la de los alimentos celestiales), es un hombre muy simpático, a quien defraudamos un poco cuando nos propusimos como asesores, fuimos aceptados y, por miedo de disgustar a Emecé, retiramos la propuesta; fue también víctima de un estúpido atropello en 1950, el triste «año del libertador general San Martín». Un día, con gran aparato, se presentó en la imprenta el torpe malevo Visca, diputado nacional, tomó preso a López, porque había editado un folleto, por encargo de la Academia Venezolana de la Historia, en que se cometía el crimen de preferir Bolívar a San Martín. Agradable estado de cosas si los impresores ejercieran censura sobre los libros que imprimen. Para plantear su caso, Visca interpeló al pobre López —redondo, sereno y suave— con palabras de borracho provocador: «Vea, señor, se puede discutir las figuras de Mitre, Sarmiento, Alem, Roca, Alvear, Yrigoyen… y aun la de Perón, pero no la personalidad del General San Martín, acerca de la cual los argentinos no pueden pensar más que de una sola manera[844]».

A la noche voy, con Borges, a la comida. Gran abrazo con López Soto. Aparece Carmelo Bonet, con su aire de murciélago de mal agüero; como todos lo felicitan por el premio, yo también lo felicito. Está el lúgubre, raído, mezquino Julio Payró, a quien confundo con el más fornido José Luis Romero. Está Márquez Miranda, a quien en cada oportunidad creo vagamente conocer. Me presentan a Gastagnino, de voz engolada y cursi; no es del todo tonto, pero su voz y su cara llevan lo que dice firmemente a la cursilería; tiene voz de declamador lloroso: un italiano, disfrazado de pierrot, que declamara en español; la palabra galano debe de ser, para esa voz, el mayor elogio. Me presentan también a Aznar (muy vital, sin ninguna sonsera, con inteligencia que funciona continuamente y bien), al decano de la Facultad de Medicina, al de la Facultad de Filosofía y letras —un indio vestido, bajo, ancho: el paraguayo Morínigo—, a Villarreal, un individuo que me complace por la libertad con que ataca a radicales, a conservadores, a socialistas, a católicos, al gobierno y a la oposición, y que luego resulta comunista. Aznar refiere que en una elección estaban los votantes en un patio donde caía un sol implacable, en un día de verano; Mansilla, que dirigía las cosas y que era partidario de Sarmiento, ordenó: «Los que votan por Sarmiento, a la derecha», indicando un parral sombrío. Sarmiento ganó la elección. Alguien comenta que ahora, en las recientes elecciones de Jujuy, el gobernador, para restar público a los meetings de los partidos opositores, llamó a la embajada de Radio Belgrano para que actuara, a la misma hora, frente a la casa de gobierno. Estas embajadas están constituidas por unos cuantos actores, cantantes y músicos de segundo orden, que mandan en viaje las emisoras de radio. BORGES: «La gente admite en seguida nuevas palabras o nuevas acepciones de palabras viejas. Ya dice: “Hoy me vi con la chica de la embajada”». Aznar refiere también que Costa Álvarez lo presentó una vez del siguiente modo: «Ahora va a aznar el señor Hablar».

Asombrado por la modestia del homenajeado López Soto de tomar un lugar cualquiera en la mesa, acabo por descubrir —cuando llegan los discursos— que la comida no es a López Soto, sino de López Soto a Bonet y a Castagnino, porque han obtenido los Premios Nacionales de Literatura. Esto es, que (a) yo soy un colado o (b) me he hecho invitar —pagar— por López Soto. Además, no he felicitado a Bonet ni mucho menos a Castagnino, que está a mi derecha. Bonet lee palabras de agradecimiento; es notable que palabras escritas, no improvisadas, puedan contener tanta idiotez. De Márquez Miranda asegura que es un marqués, además de un escritor con toda la barba y de un centauro, que combina el arqueólogo con el escritor; al elogio de no sé quién, dice que no lo leerá, porque el no sé quién no está, con lo cual quita validez a los de los presentes; habla de una novela suya, Historia de una pasión y, como hay editores presentes, asegura, fishing for publishers, que si tiene suerte no morirá sin verla reeditada.

Cuando salimos digo a Borges: «Sos completamente loco. La comida no es para López Soto, sino para Bonet y para Castagnino. Yo vine de colado» BORGES: «No. Clemente te hizo invitar». BIOY: «Bueno. No importa. Ya está con todo el pasado».

Viernes, 4 de diciembre. Come en casa Borges. Me da excelentes consejos para mi novela Irse. Hablo de las aguafuertes de las Carceri d’invenzione de Piranesi. BORGES: «Son menos fantásticas que las Vistas romanas».

Sábado, 5 de diciembre. Comen en casa Borges, Peyrou y Ema Risso Platero. BORGES: «¿Me piden que vaya a hablar a Montevideo? Voy. Me gusta mucho ir a Montevideo. Además, estoy dispuesto a cualquier cosa que no sea escribir, a todo lo que me distraiga de esta imposibilidad de escribir… Ahora he descubierto el balbuceo, que me permite hablar tres cuartos de hora sobre cualquier tema. Ya no soy más un escritor…».

EMITA: «Qué maravilloso. Estamos los tres juntos. ¿Cuándo volveremos a estar así, los tres juntos?». BORGES: «Nunca». EMITA: «No seas malo. Ya una vez, que estábamos con Susana Soca, yo te pregunté lo mismo y vos contestaste nunca. Al poco tiempo murió Susana». BORGES: «Lo dije para que todo fuera más patético. En el ciclo nada se repite».

Lunes, 7 de diciembre. Comen en casa Borges y Ema Risso Platero. Fotografío a Emita: no es materia maleable; no se conoce; quiere que la fotografíe sonriendo dientes, grandes y muchos.

BORGES: «Oí esta frase: “La fiebre de fortuna hizo crisis en un viaje a Corrientes, que fui en busca de dos millones de yacarés”». Comenta que hay gente que usa el verbo buscar como auxiliar: «Yo busco interpretar las últimas teorizaciones de la problemática del arte abstracto».

Martes 8 y miércoles 9 de diciembre. Come en casa Borges,

Viernes, 11 de diciembre. Come en casa Borges. Cita, sobre los celtas, antiguos pobladores de Inglaterra:

Their God, they shall praise,

Their speech, they shall keep,

Their land, they shall lose,

Except wild Wales[845]

Opina: «Está bien traducido; no sabemos si el original estará tan bien»,

BORGES: «Mastronardi está detenido; detenido en el mismo que era hace diez, hace veinte años». BIOY: «Y ¿qué querés? No lee nada. Cada cinco o seis años relee —hojea— alguna traducción de Valéry» BORGES: «Pero ¿por qué es tan cortés? ¿Por qué, para decir algo, pide permiso, se excusa por el atrevimiento, explica que sólo propondrá una acotación lateral? ¿Por qué tantos zaguanes, tantas antecámaras y antesalas? Lo que dice, después, no es nada. También Emita [Risso Platero] está detenida… Bueno, conservada en un traje de buzo, del que nunca se asoma».

Mastronardi habría asegurado que en este país se reverencia al pœta (no po-eta, sino pœta), ejemplos: la fama de Lugones y la de Groussac. BORGES: «Bueno, Groussac era francés. No podemos reclamarlo. Además no trató de ser simpático, ni de adular (hizo bien, porque no sabía hacerlo)». Agrega que la Historia de Liniers[846] no es un libro extraordinario.

BIOY: «En el sueño todo tiene valor simbólico. Nos admiramos de un argumento inteligente que alguien nos cuenta; quizá, examinado en la vigilia, ese argumento será una idiotez, pero en el sueño lo tomamos por argumento inteligente y nos admiramos. Es como sí soñáramos varias cosas: que tal argumento es inteligente, que sentimos admiración; y las cosas tienen un valor simbólico eficaz: unas para admirarnos, otras para asustamos, etcétera». BORGES: «Ya Freud es considerado como la Verdad. Una señorita Tenorio, en el examen de hoy, elogió a Faulkner, porque en sus novelas ocurren las cosas de acuerdo a los diversos complejos freudianos. Si el antepasado de la señorita la hubiera oído, se hubiese escandalizado».

Le pregunto si cree que puede hacerse algo con la idea de una persona muy competente en una actividad superior y que la abandona para dedicarse (como quien por fin descubre su vocación íntima) a una actividad inferior y un poco ridícula; sin responderme, mira el vacío en silencio, con honda tristeza.

BORGES: «Lo que más durará de las obras literarias será el argumento. Desde luego todo se olvidará, pero lo último en olvidarse será el argumento. Las bellezas de estilo se perderán con los cambios de gustos y con la muerte de las lenguas. ¿Qué nos queda de las bellezas estilísticas de un texto sánscrito? Las situaciones también quedarán, pero las situaciones son argumento. Los caracteres durarán quizá más que las bellezas formales y menos que los argumentos. El criterio, en estas predicciones, es estadístico; no corresponde a mi gusto».

Mientras oímos a Los muchachos de antes, pregunta: «¿Los tangos serán una idiotez? ¿Otra idiotez? Habrá uno o dos buenos y los demás no serán nada».

Sábado, 12 de diciembre. Borges anuncia que está cansado, porque fue a Martínez, y que no vendrá hoy a comer a casa. Me pregunto si lo que tiene es pereza de ver a Peyrou, que viene hoy. Ya en otras ocasiones hubo azares que a último momento le impidieron venir cuando venía Peyrou (de quien es muy amigo). A su vez, Silvina está enojada porque su libro no gustó a Borges, que no dijo una palabra al respecto. Menos mal que existe el precedente de mi libro: tampoco le gustó y tampoco dijo nada.

Domingo, 13 de diciembre. Come en casa Borges. Me habla de su sobrino Luis, a quien su novia ha dejado. BORGES: «Nadie en el mundo, salvo el abandonado, piensa que es una vergüenza, una derrota humillante, el que una mujer lo haya dejado».

Comenta: «Qué guarango es emplear los prefijos solos: “Fue muy buena la fiesta. Súper”»,

Martes, 15 de diciembre. Comen en casa Borges y Mastronardi. MASTRONARDI: «Los gauchos, cuando hacen fuego en el campo, para comer, se ponen del lado en que sopla el viento, para no sentir el calor en la cara. Un día, que hay remolinos, un gaucho comenta: “No hay lado”». Cita también la opinión de un gaucho en «urgente soltería», sobre una mujer grande y enorme, que todos encuentran fea: «Fea, todo lo que quieran, pero piernuda».

BORGES: «Juan Cuello tenía manos enormes y tocaba con una guitarra especial, de gran tamaño. Qué raro si le dijeran a uno: “Y ahora es una guitarrita así” (indicando, con el ademán, algo muy chico). Se aceptaría, porque estaría de acuerdo con el orden del universo, de que todo se va al diablo».

Miércoles, 16 de diciembre. Come en casa Borges. Propone este verso para indicar un caballo que corre, se aleja, se pierde de vista:

Un caballo, un caba, un ca.

Un caballo, un caba, un ca.

Para un mosquito:

Un mosquito, un mosqui, un mos.

Un mosquito, un mosqui, un mos.

Para la luna, que asoma entre las nubes y que luego resplandece, reina del cielo:

Lal, lalú, lalún, la luna.

Lal, lalú, lalún, la luna.

BORGES: «Como los libros de Joyce, son una idiotez pero permiten el comentario de los críticos».

Hablamos de los cuentos de Susana Bombal[847], que, según explica, también sugieren observaciones útiles para cuentistas y novelistas. BORGES: «¿Por qué tanta acumulación de fealdades? ¿Por qué personas gordas y narices aplastadas contra vidrios?». BIOY: «No descubrió que el resultado de una suma de fealdades es feo. Muchas mujeres no han descubierto que una continua sucesión de quejas —aunque no estén dirigidas contra uno— producen malestar y tristeza. Ha descubierto que el autor se expone menos mostrando cosas feas —el lector sabe que el autor sabe que son feas— que mostrando cosas lindas —pueden no parecer lindas al lector, que verá entonces al autor como un tonto engañado—. Susana entorpece el relato, hace todo un poco inextricable, llevada por un ansia de precisiones inútiles. “¿Se entiende bien —pregunta— que es por la segunda puerta y no por la primera? ¿Se entiende que está mirando la cara de Fulano desde el suelo, por encima del respaldo del sillón?”. En una novela —no policial, por cierto— basta que uno sienta que el autor imagina las cosas (en otras palabras: que parezcan reales)».

Jueves, 17 de diciembre. Come en casa Borges. Dice que un muchacho, que en aquella época era conscripto del regimiento 2 de infantería, le contó los fusilamientos de junio de 1956. Fusilaron a nueve, todos compañeros del 2. Los fusiladores eran cuarenta y nueve. Los fusilados y los que fusilaban estaban vestidos con idéntico uniforme de fajina. Los llevaron en camiones. Los fusilaron en el patio de la penitenciaría, en la calle Las Heras, a la luz de los faros de los camiones. Entre los fusilados había un sargento músico, muy buena persona, muy querido de todos. Este sargento músico vio que al relator se le escapaba una lágrima. «No es nada, muchacho; apunta acá», le dijo, señalándose el corazón. Otro de los fusiladores se puso a llorar. Los fusiladores estaban en dos filas; una, primera, con una pierna arrodillada; otra, atrás, de pie; eran como un muro erizado de máuseres, a dos alturas. Antes de morir, uno gritó: «¡Viva el 2 de infantería!». BORGES: «Mira todas las cosas enormes que hay en ese grito. Es como decir; “Yo sé que ustedes no tienen la culpa. Yo sé que ustedes y nosotros somos los mismos”. Si hubiera gritado “Viva Perón” o “Viva la patria” sería una idiotez. Como los tiros de máuser son muy fuertes, aquello fue una carnicería: los despedazaron. Sin embargo, el oficial que mandaba el pelotón, dio un tiro de gracia en la cabeza a cada uno de los fusilados: lo que está bien, porque sería una crueldad que uno estuviera sufriendo, y lo que es impresionante, porque era matar a muertos. Uno de los fusilados quedó sentado; cuando retiraron al de al lado, cayó; se vio entonces que también estaba muerto, pero que había quedado sostenido por el otro. ¿Por qué los fusiladores serían del mismo regimiento que los fusilados? Tal vez por algún reglamento que venía de antes, de cuando había rivalidad entre los regimientos; hubiera sido peligroso que los de uno fusilaran a los de otro».

Sábado, 19 de diciembre. Come en casa Borges.

Domingo, 20 de diciembre. Come en casa Borges. BORGES: «Mejor es Yacaré que el Malevo Muñoz. El Malevo Muñoz era un muchacho de buena familia, medio chinote, guardaespaldas de Botana. A Etchebarne le gusta… Bueno, Etchebarne tiene buen gusto cuando escribe sus poemas, pero no cuando juzga a los otros. ¿Por qué le gustará el Malevo? Es todo lo contrario de lo que él hace. Juan Nadie tiene los mismos temas que los poemas del Malevo, pero está escrito en un estilo llano. El Malevo usaba todas las palabras lunfardas que conocía. La gente no se parece a lo que escribe. Algunas personas tienen buena conducta en la vida y mala en los libros, o viceversa. Cuando uno forma un estilo es difícil salirse de él. Hay libros que dejan un futuro al autor; otros no. No sé qué podrá escribir Etchebarne después de Juan Nadie. Martín Fierro fue otro libro sin futuro; bueno, Hernández escribió la segunda parte». BIOY: «A Etchebarne le gustarán las circunstancias del vate Muñoz. ¿No dijo Macedonio Fernández que los escritores se enamoran de las circunstancias de una mujer, no de la mujer?».

BORGES: «Kipling rehuyó una conversación con Shaw. A Kipling le gustaba imponer sus leyes, pero no era bueno para la polémica. Se portó mal con Wilde». BIOY: «Habría que ver cómo sería el asunto de Wilde para los contemporáneos. A lo mejor los tendría a todos cansados. Habrá sido más visible y audible que Sabato para nosotros. Con el tiempo todo llega purificado». BORGES: «Ibarra decía que Oscar Wilde era un señor paquete y pederasta».

Lunes, 21 de diciembre. Comida del PEN Club, en Chiquín, en honor de un presidente, oscuro y grave, de la Sociedad Venezolana de Escritores. Entre otros, Borges, Alicia Jurado y Francisco Romero.

BORGES: «“La medalla” está bien. Arrieta fue cada vez más refinado y no se le ocurrió nada. Que él haya escrito “La medalla” ha de ser, en su pobreza, otra desdicha».

Martes, 22 de diciembre. Come en casa Borges. BORGES: «Anoche descubrí, asombrado, que Francisco Romero tenía un verdadero fervor por las letras y que sabía poemas de memoria[848]». BIOY: «Siempre te dije que Francisco Romero era mucho mejor que José Luis. Hay que tener en cuenta que el pobre se la pasa estudiando a Hegel y a otros filósofos alemanes, y sin embargo no está idiotizado».

Leemos poemas de Antonio Machado. BORGES: «Es más importante, para un poeta, parecer sabio que inteligente. Antonio Machado parece sabio; Lugones, inteligente». Sobre algunos poemas breves de Antonio Machado dice: «Es la poesía de las Vísperas. Está a punto de todo».

Cuenta que en los momentos más crueles de la guerra civil, en Madrid, Hemingway escribió, por broma, en la puerta del cuarto de Waldo Frank, fascista. Esta broma pudo costarle la vida a Frank. Un escritor comunista español, que borró la inscripción, le contó esto a Borges y agregó que Hemingway era un mal tipo. BORGES: «Se ve en sus libros. Si admira tanto a los malevos, él mismo debe de ser un malevo».

Dice: «Si Francia sólo hubiera tenido a Rabelais, a Léon Bloy y a Hugo, sería famosa por los genios; pero como también tuvo algunos escritores correctos, se afirma que es incapaz de producir genios».

Leyó con agrado, y sorpresa por ese agrado, La española inglesa. BORGES: «Es muy raro el procedimiento de Cervantes. Dirige al lector para que sepa cómo debe reaccionar. Si va a ocurrir algo malo, lo anticipa, lo prevé. Como el discurso sobre las armas y las letras viene después de un episodio ridículo[849], insiste Cervantes en que todos los que oían quedaron admirados diciendo que parecía mentira que Quijote pudiera hablar con tanta cordura. Continuamente Cervantes se elogia a sí mismo, diciendo “luego de estas y otras discretas razones”. Por cierto, atribuye las razones a los personajes, pero sabe que él las escribió». BIOY: «Quizá la suspensión de la incredulidad en su época fuera mayor». BORGES: «Pero no cometerían estos errores Dante o Virgilio. Cervantes habla de protestantes como si creyera que no son cristianos. Ahora, no hay en él ningún odio ni patriotismo. La descripción de Londres, en La española inglesa, está hecha a lo loco: estaba tan deslumbrado con las peripecias…».

Miércoles, 23 de diciembre. Come en casa Borges. Habla de que para que los elefantes de Aníbal cruzaran los Alpes se habrían disuelto, con vinagre, montañas[850].

Viernes, 25 de diciembre. Comen en casa Borges y Germán Elizalde. Germán asegura que está leyendo un muy curioso libro, El tercer ojo, de un lama tibetano. Le explico que es de un inglés que dice ser un lama tibetano reencarnado. Se indigna, compara esta estafa a la de una mujer que para casarse finge ser virgen, asegura que no seguirá leyendo. «Léalo como ficción», le propone Borges. El protesta: «Yo quiero que me enseñen algo. La ficción no me interesa. Para inventar disparates nadie me gana». (BORGES, después: «Qué idea de la literatura»). GERMÁN: «Te diré, además, que no sabía si continuar con la lectura, porque he descubierto que el libro es de segunda edición. A mí sólo me interesan las primeras ediciones. Veré si consigo la primera edición». BIOY: «¿Y para qué querés la primera edición de un libro que no te gusta?». GERMÁN: «Menos quiero la segunda. ¡Cuando pienso las primeras ediciones que tuve y que perdí! La segunda edición de Shakespeare[851], la segunda edición de Goethe».

Borges me pregunta si es de Tennyson un poema titulado «O Solitude» y cuyos primeros versos rechazan, para el compañero de la soledad, los murky heaps de las ciudades. Busco en vano en Tennyson, en Coleridge, en Wordsworth, en Byron, en Shelley, en Goldsmith.

Sábado, 26 de diciembre. Encuentro el volumen de Keats (Oxford University Press) y, en él, «O Solitude», etcétera: el soneto séptimo[852]. Por la noche, comen en casa Borges y Peyrou.

BORGES: «Mucha gente —mi abuela, por ejemplo— durante años ha comprado un mismo número de lotería; una vez no lo compran y el número sale premiado. Yo les digo: “No se lamenten. Si cada acto presupone toda la Historia universal, no hay por qué imaginar que si ustedes hubiesen comprado el billete, el billete habría salido premiado; sería, en ese caso, otra Historia universal y no tendría por qué coincidir con ésta en cuanto al premio de la última jugada”».

Peyrou refiere que vio a un amigo un poco absurdo, con una mujer. ¿Cómo lo dice? Con gravedad y con estas palabras: «Es increíble, pero lo vi con un culo fabuloso». La parte por el todo.

BORGES: «Silvina Bullrich, al descubrir a su hijo en plena masturbación, le asegura: “Vas a quedar idiota”, y explica, en tono admonitorio: “Ya te dije: uno se puede masturbar de vez en cuando, pero no todo el tiempo”».

Se habla de los libros norteamericanos que resumen cien novelas famosas, cien famosos dramas. BIOY: «La gente los lee para tener tema de conversación. Mucha gente tiene el problema de no saber de qué hablar. Conocí a una señorita que, antes de viajar a los Estados Unidos, se preparó para el diálogo en los cocktails memorizando el tráfico de los diversos puertos de la República, las cifras de producción, exportación e importación de los productos agrícolo-ganaderos». BORGES: «¿Hasta cuándo habrá diarios? Los diarios se basan en la idea de que cada día ocurren cosas dignas de saberse, cosas muy interesantes. Quizá la gente despierte de ese error y no lea más los diarios». BIOY: «No. La existencia de los diarios se basa en la necesidad de leer que tiene la gente. Somerset Maugham refiere que él lee interesado cualquier cosa; catálogos del Army and Navy[853]. La gente quiere leer cualquier cosa que no le dé trabajo; un solo diario no les basta; compran los de la mañana y los de la tarde». BORGES: «Reconocerás que no es una lectura útil… En una sociedad inteligente habría que proscribir los diarios, Y como el futuro es muy largo, probablemente triunfará mi hipótesis». BIOY: «Es claro. Habrá un día en que no habrá diarios, habrá un día en que no habrá paraguas; todo desaparecerá, se olvidará, volverá a descubrirse, hasta la disolución total. Hay que ver la lentitud con que la gente lee los diarios. Yo hojeo La Prensa en quince minutos, durante el desayuno; pero ya no cuento a nadie este hecho, porque el oyente descubre en mis palabras un propósito de alarde intelectual».

Dice Borges que descubrió, con asombro, que un tema de estudios y de monografías en la Facultad es Miguel Cañé, y que Pagés Larraya, para continuar la obra de Rojas, convierte el estudio de la literatura argentina en el descubrimiento de autores oscuros: tiene a un grupo de chicas investigando las novelas de Ocantos.

BORGES: «Estoy escribiendo muchos versos, borradores, que dicto, y que dejo que se acumulen, para ver si después los corrijo. Escribo sonetos ingleses, como los de Shakespeare: tres cuartetos, cada uno con rimas diferentes, y al final dos versos pareados, en los que se cambia de tono y uno se vuelve sentencioso. Son más fáciles que los otros… que parecen imposibles. Tal vez de esta facilidad resulte algo menos agradable para la lectura: sin embargo, no sé; “El espejo”, de Banchs, que es un soneto perfecto, que siempre lo creímos al itálico modo, es un soneto inglés. Después de su segundo descubrimiento de Italia, los ingleses empezaron a escribir sonetos al itálico modo».

BORGES: «Groussac no admiraba a México. Habla de una batalla entre cuarenta franceses y tres mil mexicanos. “Proporción justa”, explica»,

Domingo, 27 de diciembre. Come en casa Borges. Dice que, por Hugo Wast, Bianco pronuncia Hugo Worst (Hugo Pésimo]. También, que Bianco acepta que The Turn of the Screw no sea un relato fantástico, porque no figura en alguna antología de historias fantásticas de Henry James. BORGES: «Adujo repetidamente esta razón».

Lunes, 28 de diciembre, [Bioy Casares choca contra un tranvía, en Leandro Alem y Paraguay; el dolor de su pierna izquierda —la radiografía revelará una fisura en la rótula— lo obliga a convalecer una semana].

Comen en casa Borges, sus sobrinos y Paz Leston.

Miércoles, 30 de diciembre. Come en casa Borges. Me regala el ejemplar, hecho para él, de sus Poemas, de una edición de veinticinco, tirada por una sociedad de bibliófilos[854].


Viernes, 1.º de enero. Hablo por teléfono con Borges. Le cuento que he estado leyendo Green Hills of África, de Hemingway, Cuando le digo que en el libro pasa poco, replica: «Bueno, ¿qué puede pasarle a un cazador?». No estamos de acuerdo en esto: libros de cacerías en África o en Asia me atrajeron siempre.

Sábado, 2 de enero. Visita de Borges y su madre. Borges me habla de unos dolores de su madre que preocupan; al ver a la señora, rosada y perfecta, la preocupación disminuye.

BORGES: «El que tiene una fama universal, y misteriosa, es Goethe. No sólo es el gran poeta; es un sabio, una suerte de Confucio o de Buda. Los versos franceses e ingleses de Goethe eran muy malos. Había algo provincial en Goethe. Une sorte de Voltaire sans esprit, aunque tenía más vueltas… Sin duda habría algo en su personalidad muy poderoso, que no llegaba a los libros: cuantos lo conocieron lo consideraron un genio». BIOY: «¿Valéry admiraba a Goethe?». BORGES: «Con Valéry nunca se sabe; ni siquiera se sabe si lo habrá leído… Todo en él se vuelve lejano, frío y muerto, figuras de yeso, aforismos y alegorías». Opina después que la traducción de las obras de Goethe hecha por Cansinos-Assens[855] «parece apresurada y poco escrupulosa».

Recuerda que Heine celebraba las esplendorosas frases de Goethe en las que, como en alguna carroza con escolta, viaja un solo personaje, va una sola idea. Cita la frase de Heine: «Yo, que pedí a Dios que me convirtiera en una divinidad griega, estoy muriendo, hecho un judío viejo».

Lunes, 4 de enero. Come en casa Borges.

[Miércoles 6 de enero al domingo 27 de marzo. Bioy Casares en Mar del Plata y Pardo].

Martes, 1.º de marzo. Drago Mitre pide a Borges una colaboración para La Nación[856]. BORGES: «Escribiré algo en verso. Ahora todo me sale en verso».

Miércoles, 2 de marzo. En casa hay una carta de la madre de BORGES: «Ni en tus largos viajes nos has tenido tanto tiempo sin noticias», dice. Trato en vano de llamarlos por teléfono.

Lunes, 28 de marzo. En Buenos Aires. Come en casa Borges. BORGES: «Yo hubiera votado por los conservadores, pero Madre me dijo que ella era hija de radical y que le parecía una vergüenza que yo votara por los conservadores. La propaganda de los radicales me pareció una vergüenza. Ahora todos quieren adular a los peronistas. Quieren perdonarlos. Mientras tanto los peronistas ponen bombas. Me pregunto si se atreverían a ir a decirles a esos malevos: “Los perdono”. Los sacarían cortito».

Miércoles, 30 de marzo. Come en casa Borges.

Sábado, 2 de abril. Voy a la Biblioteca, Borges da una conferencia sobre libros esenciales. Yo me digo: «Qué equivocados los que afirman que no habla bien: no habla con elocuencia retórica, habla pensando y piensa con libertad, con profundidad, con riqueza. Nunca podría yo hablar así; pensar, ante mucha gente que escucha, así. Quizá la ceguera lo aísla y lo ayuda».

Junto a Borges está el ministro Mac Kay, amigo de juventud de Mastronardi[857] con quien colaboró en tareas de periodismo municipal entrerriano. Mac Kay habría cortejado a una señorita, hoy su mujer, con versos de los que Mastronardi era el verdadero y secreto autor. En los referidos versos, Mastronardi, como protesta y contraseña, habría deslizado algunas ridiculeces, que ni su amigo, ni la novia de su amigo, jamás advirtieron. Borges dice todo esto; Mastronardi lo niega; «Inexacto, rigurosamente inexacto». Borges comentará después: «No se asombró. Si a uno lo acusan de algo irreal, uno se asombra un poco».

Con Borges, su sobrino Miguel, doña Leonor y Peyrou, voy a un cocktail en la embajada de Israel. Están Erro, Mallea, Delfino, Barreiro, Estrella Gutiérrez, Vedia: con todos converso indiferentemente. Mallea me habla, piétinant sur place, de las bases del concurso de La Nación[858]. Llevo a la señora; Miguel se va por su cuenta; Borges y Peyrou comen en casa.

Borges habla de la traducción de Tennyson de una balada anglosajona: «Tennyson tradujo con formas germanas una balada acerca del sol. Con palabras compuestas logró versos maravillosos:

Bracelet-bestower

And Baron of Barons,

He with his brother

[…]

Slew with the sword-edge

There by Brunanburh,

Brake the shield-wall,

Hew’d the lindenwood…

[…]

Sun-star of morning-tide,

Lamp of the Lord God

Lord everlasting,

Glode over earth till the glorius creature

Sunk to his setting[859].

Es admirable cómo se transfiguran los idiomas en los grandes escritores. No volvió luego a intentar estos efectos, en los que fue tan afortunado. En la traducción literal de la balada, antes de su versificación, se dice:

Esa luz famosa, el sol.

Esa luz famosa, el sol.

Tal vez haya que pertenecer al siglo XII para escribir eso; pero ¡qué entusiasmado parece el poeta!».

BORGES: «Los críticos desprecian a Longfellow, pero era un hombre muy culto. Tradujo la Divina Comedia, tradujo del español, tradujo sagas, tradujo del anglosajón. Está a punto de escribir grandes poemas; por casi nada fracasa. Estuvo a punto de ser un gran poeta; sentía bien los temas, pero no tenía una sensibilidad demasiado buena para las palabras». BIOY: «Tendría una gran facilidad. Las personas de gran facilidad no tienen tiempo de refinar su sentido verbal. Para perfeccionar de veras el estilo, un autor debe haber luchado alguna vez con una innata dificultad de expresión». BORGES: «La sensibilidad, más bien. A veces sentía la diferencia entre lo bueno y lo malo, lo genuino y lo falso. Si hubiera dado a corregir sus poemas a Emerson…». Me hace leer en voz alta una de las traducciones de Longfellow, la de un antiguo poema anglosajón, «The Grave»;

For thee was a house built

Ere thou wast born,

For thee was a mould meant

Ere thou of mother camest.

But it is not made ready,

Nor its depth measured… […][860]

Dice: «Parece un poema que fatalmente debía escribirse. Los españoles todo el tiempo están bordeándolo… Es un poema maravilloso, basado en una única metáfora: comparar la tumba con una casa». A mí no me gusta mucho; en realidad, me desagrada. Borges oye la lectura con los grandes ojos abiertos, abstraídos, mirando a ninguna parte; con las grandes y redondas ventanas de la nariz abiertas, como trompas de algún animal formidable; con la boca entreabierta, silenciosamente repitiendo los versos que leo, que de memoria él sabe. Aparece Silvina. La obliga a leer los versos; yo la compadezco; también compadezco a Peyrou, que no sabe inglés.

Lunes, 4 de abril. Come en casa Borges, Me cuenta los últimos bon mots de Susana Bombal: «Puse el papel en el buzón» por «Puse el sobre en la urna». BORGES: «¿Será desprecio por la democracia? ¿Por qué no dice: “Puse la carta en el buzón”? Al fin y al cabo es un sobre. ¿A que no sabes cómo dijo maremagno? Mare nostrum».

Hablamos de los versos de Güiraldes. BORGES: «Seguía un sistema de definiciones, que parece muy contrario a la poesía. Llama a la luna pulcro botón de calzoncillo y gorda madama del precipicio»[861]. Recita algunos poemas del Cencerro y otros de Poemas místicos y sagrados. BIOY: «No corre aire. Parecen hechos de madera, de lata, de cartón». Borges, riendo, conviene y agrega: «Parecen de un chico. No hay sentimientos, no hay ternura, no hay emoción. Qué raro que haya elegido como tema el gaucho. No tiene nada que ver con los gauchos, que evocan ideas de humildad, discreción, nostalgia. Lugones, cuando recibió El cencerro de cristal, le dijo que estaba bien, pero que él iba a aplicarle sus cortapisas. Adelina [del Carril] lo comentó con Norah, Norah estaba indignada: “¿Quién es él para aplicarle cortapisas a Ricardo?”. (Piensa). ¿Cómo habrá visto Lugones a este discípulo, un poco absurdo, que le había salido? Güiraldes pensaría que había ido más allá que Lugones, que había llegado donde Lugones no se atrevió a llegar: gorda madama, botón de calzoncillo. Ah, qué audaz».

BIOY: «Los otros días, en lo de Victoria, Saint-John Perse dijo: “J’exécre la lune”. Mirándola: te imaginas qué imbécil. Negar la luna es negar la literatura: media poesía del mundo está vinculada a la luna. Además, cómo se van a refutar las tres o cuatro cosas esenciales: la luna, el mundo, el cielo». BORGES: «Si estaba mirándola, parece aún peor. Pero seguramente Saint-John Perse es una especie de Anglada y prefiere una lámpara eléctrica, con cables».

Martes, 5 de abril. Come en casa Borges. Por su madre me entero de que está apenado porque piensa que Martita no lo quiere; le aseguro: «Te quiere y está orgullosa de vos», lo que es verdad.

Hablamos de Luis María Albamonte, escritor ridículo, inflado por González Trillo y Ortiz Behety (escribieron su biografía: trabajo que manifestaba, sobre todo, la voluntad de exagerar, de crear de la nada mucho); este Albamonte nos mandaba, en la época de Destiempo, libritos con dedicatorias incondicionales, libritos que no leíamos ni agradecíamos; después fue «Américo Barrios» y hoy es el compañero, portavoz y secretario de Perón: precioso memorandum sobre la verdadera estatura de Perón (por lo demás, Albamonte es enano).

Miércoles, 6 de abril. Come en casa Borges. Hablándome de uno de sus sobrinos, me dice: «Ha dado catorce exámenes; le faltan once para concluir la carrera: está del buen lado pero le falta mucho. Como no toma en cuenta su experiencia, para prever el futuro, cree que va a dar esos once exámenes en poco tiempo. Si tomara en cuenta lo que tardó en dar los catorce…». BIOY: «Uno es igual. Yo sigo creyendo que voy a publicar un libro por año». BORGES: «Publicas un libro por año». BIOY: «Publico un libro cada tres años y medio». BORGES: «Yo también tengo muchas cosas que escribir y no las escribo porque un día debo preparar las clases o porque debo descansar. Uno debe escribir los libros y ninguna excusa para no hacerlo es válida. No tiene sentido decir que se presentó tal cosa y tal otra. Hay que escribir lo que uno tiene que escribir. Es el único deber; es el deber no sustituible por excusas».

Dice que después de la batalla de Hastings desaparece toda vinculación de Inglaterra con el mundo escandinavo y que, desde entonces, como los reyes fueron normandos, Inglaterra miró hacia Francia. Agrega que quizá el último vestigio de aquel vínculo fuera la guardia de Constantinopla a la que durante años siguieron acudiendo mercenarios ingleses y escandinavos.

Oyendo una motocicleta que partía, comenta; «Qué raro. Sin duda la frase “Salió a los pedos” es anterior a las motocicletas; sin embargo parece inventada para ellas: es un caso de futurismo idiomático».

Jueves, 7 de abril. Come en casa Borges. Hablamos del comienzo de The Shadow Line. BORGES: «Es un comienzo natural. Las frases de Conrad son directas, establecen inmediatamente una intimidad con el lector. Esta manera de entrar en materia parece menos rara que las de Henry James o de Faulkner. Tal vez esa naturalidad perjudicará a Conrad —al fin y al cabo, su manera no es personal, no es inventada por él, es la perfección de lo que todos hacen—; el amaneramiento de James o de Faulkner es personal, es inconfundible, es un invento de ellos y permite el trabajo de los críticos».

Sábado, 9 de abril. Comen en casa Borges, Peyrou y Juan José Hernández. Borges y Hernández hablan de Lugones; recuerdan versos de Lugones; simpatizan. Después, sin embargo, Borges reconocerá que «el mocito parece vanidoso». Coincidimos. SILVINA: «¿Te has fijado? No es feo, pero cuando pone una mano debajo del mentón y saca el pecho y la barriga, como para proponerse al corrillo, parece uno de esos dibujos muy feos y muy ingenuos de Blake: la encarnación de la vanidad». Peyrou observa que tiene un parecido con Bonaparte joven. Comentamos que uno espera que diga idioteces —al fin y al cabo es un poetastro sin ningún mérito—, pero que no es tonto: lo que dice, por lo general, está bien. PEYROU: «Pero te irrita como si estuviera mal. Te irrita de antemano, por la idiotez que va a decir; y después te irrita porque defraudó tu expectativa y dijo algo atinado».

Domingo, 10 de abril. Come en casa Borges. Cuenta que la Rubia Daly Nelson, aspirante a amores con la Princesa[862], para saber noticias de su amiga, sobornaba a un sobrino de ésta; le pagaba entre veinte y cincuenta pesos por noticia (que comió tal persona en la casa, que estuvo en Harrods, que iría a tal o cual sitio). Una noche, mientras la dama comía, llamó el sobrino, para comunicarle que habían operado de apendicitis a la Princesa. «Y es claro —explicó la dama—, al saber que habían operado del apéndice a una mujer tan mona, yo con la emoción devolví la comida». Pagó cien pesos por esa noticia y al otro día mandó flores al sanatorio.

También recuerda una peculiaridad que llamaríamos estilística de la misma Rubia. Si hablando con una persona se refiere a una entrevista que tuvo con ella la víspera, le da informaciones de este tenor: «Usted apareció con su traje gris y la corbata colorada, encendió un cigarrillo y se puso a fumar…». BORGES: «Bueno, en eso se parece a los grandes novelistas».

Observa que es típico en Chaucer interrumpir el relato de algo serio, decir una breve broma y retomar el relato serio. Hablamos de la frase «Ars longa, vita brevis»; de la excelente traducción de Chaucer:

The lyf so short, the craft so long to lerne[863].

The lyf so short, the craft so long to lerne[863].

Dice Borges que el librero Keins le regaló esta variante, de Schiller:

La vida es seria, el arte es alegre[864].

La vida es seria, el arte es alegre[864].

BIOY: «Me parece muy verdadera. En el arte nos refugiamos de la mera mortalidad de la vida, de sus dusty answers». BORGES: «Parece que la sentencia correspondiera a una mejor teoría del arte que la del art engagé. Es claro que por ahí también se llega (pero Schiller no podía preverlo) al dadaísmo y a todas las imbecilidades modernas». BIOY: «Bueno, pero eso es la enfermedad de la teoría».

Lunes, 11 de abril. Come en casa Borges. Le cuento el argumento de «Un león en el bosque de Palermo»: lo aprueba.

Me habla de Guillermo de Torre: «A sus hijos les regalaba el envoltorio de los bombones, el papel plateado, con olor a chocolate. Los chicos veían eso como un testimonio del chocolate que les negaba: ex ungue konem. Le tomaron rabia. Él creía que había sido muy generoso y al otro día preguntaba por “el regalo de papá”. Cuando la Facultad le propuso que se consagrara full-time a la docencia, protestó mucho, dijo: “¿Qué se creen? Yo gano más con otros trabajos”. Ahora ésta como loco esperando que lo acepten en carácter de profesor full-time. Está en correspondencia con toda clase de ateneos, universidades, bibliotecas, de repúblicas latinoamericanas, proponiéndose para que lo imiten. Cuenta eso; dice: “Estamos en gestiones”… Cuando fue a Bogotá contó: “El automóvil del rector me esperaba en el aeropuerto”. Eso es todo lo que vio el poeta: sin embargo en Bogotá había gente, había casas, había tardes». BIOY: «Se lo ve como un francotirador peleando su guerra por la vida». BORGES: «Sí, es una ilustración del struggle for life… Ahora le faltan dos o tres mil pesos para poder comprar el departamento. Plantea eso como una deficiencia del vendedor, no suya».

BORGES: «Como dijo Chesterton, uno se pasa la vida descubriendo que los otros tienen razón. Hoy, en contra de lo que siempre sostuve, Cervantes, Lope, aun Góngora, me parecen superiores a Quevedo. Quién sabe si todos no tienen razón y el mejor poeta español es Fray Luis. Quevedo es una suerte de malevo, un espadachín. Si leyó mucho, de nada le sirvió. Parece de cartón, sin alma: a diferencia de Cervantes, no es capaz de sentimientos ni de ternura. Es un retórico, pero su retórica no es buena, porque no nos convence de su sinceridad. Si nos dijeran que a Quevedo no le importaba nada del duque de Osuna no nos sorprendería; diríamos: “Eso no tiene nada que ver”. Sin embargo, si el soneto fuera convincente, debería parecemos imposible. Comprendemos que sólo piensa en palabras, frases, simetrías. ¿Qué me decís de empezar un poema:

No he de callar por más que con el dedo…?

No he de callar por más que con el dedo…?

Ese dedo no es muy afortunado. Tal vez proviene de algún latino, Quevedo avanza imprudentemente por sus versos, sin preocuparse de lo que cada rima le impondrá (así le salen algunas; de todos modos es más afortunado que Godel, que en esto lo imita). ¿Qué será lo mejor de Quevedo? Los Sueños son una idiotez. ¿El Marco Bruto?». BIOY: «No. Los sonetos. Parte del mérito, desde luego, corresponde a la forma del soneto». BORGES: «Sí, los sonetos. En la Vida del Buscón, al principio todos se ríen del protagonista y luego el protagonista es un malevo que se ríe de los demás. La verosimilitud o la unidad no interesan a Quevedo. Él está únicamente atento a sus bromas. Traté, por amabilidad, de discutir con Guillermo, pero es imposible. Le dije que yo prefería ahora a Góngora sobre Quevedo. Contra todo lo previsible, se puso a exaltar a Quevedo contra Góngora. Dijo que Góngora era trivial y que yo siempre había preferido a Quevedo, así que no puedo cambiar de opinión. No se deja sobornar con la estratagema de atacar un escritor español para defender a otro. Sospecha de uno». BIOY: «Defiende su pequeño capital. Teme que si descarta uno se quede sin ninguno. Si Quevedo viviera hoy sería franquista, partidario del gobierno». BORGES: «Guillermo me dijo que no se podía juzgar a los autores fuera de su época, y que en su época todo el mundo era como Quevedo. Para no citarle autores extranjeros no le dije que Montaigne no era así; pero le recordé que Cervantes no tenía nada de fanático: véase La española inglesa. Guillermo dijo que había mucha profundidad filosófica en Quevedo; qué va a haber…». BIOY: «No creo que haya una sola idea interesante en las obras en prosa de Quevedo».

BORGES: «Estuve con ese señor Grosso, conocido tuyo, el hijo de aquel caudillo radical de la Recoleta. Me contó que en el barrio, en el Pasaje del Carmen, ocurrió un hecho importante de la Historia del bajo fondo de Buenos Aires, Me dijo: “No hay que creer que el canfinflero fuera una figura romántica. Eran una verdadera porquería. Los canfinfleros eran criollos; en el Pasaje del Carmen los marselleses, gente organizada y muy superior, los desplazaron. Por todas partes aparecían tirados los cuerpos de los gordos canfinfleros criollos”». BIOY: «Grosso asegura, sin embargo, que la gente de la Recoleta era muy valiente»,

BORGES: «Una vez Peyrou, en casa de las Grondona, se puso a hablar por teléfono con una mujer; a maltratarla superiormente, para que nosotros oyéramos cómo él trataba a las mujeres: “No, m’hijita, no te hagas ilusiones, hoy no te veo”. Ese día Peyrou estaba como loco. Aún no se lo perdono del todo… Las Grondona hablaron de Mimita Martínez de Hoz, y Peyrou murmuró, muy audiblemente: “El gran mundo”, con lo cual él y yo quedábamos como dos compadritos. Es claro que hace mucho tiempo de esto; Peyrou estaba impresionado con las Grondona y cada cual tiene que hacer su aprendizaje como puede; no se llega a lo que uno es —sea esto lo que sea— sin haber sido muchas otras cosas: sin haber sido soberbio, fatuo, ni haber cometido todos los errores».

Mi padre dice que le contaron que la primera bañadera de Buenos Aires estaba en la casa de los Aguirre, los abuelos de Silvina: la llevaban al zaguán; ahí se bañaban sucesivamente; luego tiraban el agua a la calle. Mi padre cree que la casa en cuestión ha de ser la actual de la SADE. En cuanto a la costumbre de llevar la bañadera al zaguán la atribuían, según él, a varias familias… Cuenta también que, estando en París, le describía al doctor Henriquez las casas porteñas, de varios patios; pero las describía como fueron últimamente, con baños (y con un baño para cada dormitorio, lo que era sin duda una exageración). Citando mi padre llegó al cuarto o quinto baño, Henriquez protestó irritado; «Mais on a la manie des bains dans ce pays (Pero, en ese país tienen la manía del cuarto de baño]» (ce: casi ce pays de merde). Cuenta, por fin, que Miguel Ángel opinaba que no había que lavar, sino limpiar, el cuerpo; que se limpiaba con un trapo y que nunca se bañó. BORGES: «En nueve años, Pepys registra un solo baño».

Jueves, 14 de abril. Come en casa Borges. Habla del realismo americano, harddboiled (ejemplificado en El cartero llama dos veces de Caín). BORGES: «Muestra gente violenta, brutal, vulgar. La muestra sin ironía: uno sospecha que el autor es uno de ellos. El realismo francés es distinto. Siempre es irónico. Zola parece continuamente decir: “Eso es el hombre”. El realismo español también es distinto. En el realismo norteamericano parece no haber desaprobación». BIOY: «Curiosamente, a pesar de toda su violencia, se combina con el sentimentalismo: Steinbeek, Of Mice and Men… cuando matan el perro[865]». BORGES: «Cómo enojaría este realismo a Goethe. Él quería señalar el carácter artificial del arte: por eso los actores no debían hablar entre sí, sino hablar al público. Podría haber extendido todo eso: que las partes más dramáticas se dijeran en el mismo tono de voz que las otras, así como en la página no se usan diversos tipos para los párrafos calmos y los exaltados».

Hablamos de Parolles y conviene conmigo en que es el momento más metafisico de Shakespeare, muy superior a «Words, words, words» y «otras idioteces de Hamlet». Dice que Parolles, resignado a no ser tenido más por capitán ni por valiente, sino a valer por lo que es —«I’ll stand for what I am[866]— reconoce el misterioso valor de la vida. BORGES: “Menos mal que Shakespeare no se puso a explicar, no habló de panteísmo… Goethe, que admiraba tanto a Shakespeare, escribiría su nombre con Sch; Schahespeare und kan Ende. Qué bien está ese título; qué entusiasmo expresa…”.

Inventé unas comparaciones en zig-zag, de este tenor: «Me perseguía un gato grande como un tigre pequeño como un gato». Borges propone otros ejemplos.

BORGES: «¿Lo he soñado o hay un transferred epithet?». BIOY: «Sí hay: la hipálage». Recuerda:

Iban, oscuros, por la noche solitaria (Virgilio)[867].

El verde silencio de los campos (Carducci)[868].

Vanamente buscamos las dos palabras, epíteto y transferido o traslaticio en el Espasa, en el Oxford English Dktionary, en el Grand Larousse du XIXe. Siècle, en este último diccionario leemos un muy inteligente artículo sobre el epíteto, en especial sobre los epítetos en Homero. Dice el Larousse que muchos admiran la exactitud de los epítetos homéricos, aunque de una lectura atenta resulta que el criterio del poeta era la cantidad de los versos. A Diomedes y a Menelao, cuando los nombres están en nominativo, los califica de valientes en la pelea, aunque Diomedes sea valiente y Menelao, cobarde; aun llama a Menelao valiente en la pelea cuando lo muestra huyendo; lo importante para Homero es que en nominativo, en cuanto a la cantidad, Diomedes y Menelao son idénticos. Los epítetos cambian según los casos (nominativo, vocativo, genitivo, acusativo). Por lo demás todas las ciudades son «bien construidas, o bien pobladas, o montañosas» (toda ciudad griega es montañosa; lo demás puede decirse de cualquier ciudad). Toda isla es boscosa. Etcétera. Seguimos buscando, en vano, en Blair, en el Littré[869]. Por fin, en un Dictionary of Literary Terms[870] (Borges pregunta: «¿Es un libro real o lo has inventado?») encuentro: «Transferred epithet or hypallage. En español, hipálage (fem.)». Volvemos al Espasa (en vano, no hay ejemplos), al Larousse. En el Larousse, con ironía, se comenta que la Academia Francesa da dos magníficos ejemplos de hipálage: Hundirse el sombrero en la cabeza, llevar zapatos en los pies.

BORGES: «Habrá mucha hipálage en Góngora. Explicará todos los versos oscuros.

Peinar el viento[871],

Peinar el viento[871],

¿es hipálage? Quiere decir: Despeinarse con el viento. ¿O es meramente confusión? No sé quién habla del bastón hurguete de Sarmiento. A ver, vamos a inventar ejemplos:

La calva peluca.

Guante en el pie, botines en las manos.

Es una lástima que el ilustrador no entendiera al poeta, y representara al conde, en el frontispicio, con guantes en los pies, y botines en las manos.

Vi el postre, comí la fuente.

Clavé la puerta, abrí la llave.

Barba en la cabeza, sombrero en la sopa

donde escritores más correctos, más castigados, escriben siempre: sombrero en la cabeza, barba en la sopa»,

Íbamos saliendo y sus risas, como relinchos incontrolables, resonaban en el hall y por la escalera subían los cinco pisos. Después, me llamará desde su casa, para comunicarme que el Pequeño Larousse da en serio los ejemplos de hipálage que su ilustre antecesor recuerda en sorna (¿en sorna?).

Sábado, 16 de abril. Comen en casa Borges, Ema Risso Platero y Juan José Hernández. Cuenta BORGES: «Una tarde visité a Kathleen Winsor, la autora de Forever Amber. Le pregunté qué libros le gustaban más. Ella quedó en silencio, pero entonces ocurrió una situación rarísima; un secretario, que estaba a su lado, prestamente intervino: “Miss Winsor —aseguró— likes very much… but also libes…” y dio una lista de preferencias. Qué raro que ella no pudiera contestar eso. Al fin y al cabo sera una pregunta que le habían hecho mil veces». BIOY: «Con el tiempo, el secretario hablará siempre por ella. Llegará a decir: “Miss Winsor siente un poco de hambre y en este momento piensa en un hot dog con mucha mostaza… Ahora a Miss Winsor se le durmió un codo”». BORGES: «Es claro, como si ella fuera transparente. Después llegarán a la identificación, y cuando ella se levante, el secretario dirá: “Me pongo de pie”».

Hablamos del esperanto, del volapük y del idioma neutral. BORGES: «Creo que la muerte del volapük se debió a que no buscaba la sencillez sino la complejidad gramatical. Vol está por worüt, apuk, por speech. Un señor que no me merece mucha fe me dijo que en hebreo los verbos tienen género; corre, por ejemplo, tendría una terminación diferente según el sujeto sea masculino o femenino. Podría haber también idiomas con conjugaciones para los sustantivos; que una casa que hubo, una casa actual, una casa futura, tengan terminaciones diferentes». Leemos, en la Encyclopaedia Britannica, el artículo sobre el volapük un pastor luterano alemán inventó el idioma; tuvo fortuna, ya que antes de 1890 había más de doscientas sociedades para hablar el volapük, una academia y un millón de estudiantes. En los congresos, hasta el mozo hablaba volapük. Pero empezaron las discusiones entre la academia, que quería simplificar la gramática para fines comerciales, y el inventor, que se mostraba intransigente. La academia rompió con el inventor y poco después lanzó el idioma neutral. Borges comenta: «Podría escribirse un cuento sobre el asunto».

De A King in New York, el último film de Chaplin, dice que todas las escenas parecen preparatorias de otra cosa, de algo que no ocurre; que el film es como un párrafo compuesto exclusivamente de artículos, preposiciones y conjunciones; «Y pero con aunque los sin». BORGES: «Esas escenas preparatorias, que son como el marco o el canvas de la trama, son muy complicadas y el autor se pierde en ellas… como la historia del seguro de nuestro film [El paraíso de los creyentes]. ¿Te acordás? Como si la historia del seguro se comiera todo el film».

Hablamos del Wrecker. Dice Borges que es un libro que relee continuamente; que al fin de su ejemplar está escrita una lista de lugares donde concluyó en diversas ocasiones su lectura; Montevideo, Bahía Blanca, el Rosario. También leyó muchas veces The Shadow Line. Conviene conmigo en que The Wrecker está admirablemente escrito.

Antes de irse, Emita insistió en proyectar diapositivas del Japón. Borges debió hartarse, porque a todo le contestaba con monosílabos. Después me comentará: «¿Viste el tono didáctico que toma Emita cuando explica las fotografías? Es el tono que le oyó a la señorita de Cook & Sons. Corresponde a la causa de lo cómico, según Bergson: lo cómico ocurre cuando un hombre deja de obrar como hombre y obra como máquina. ¿Notaste que recogió un chiste tuyo? ¿Te acordás del señor aquel que bajaba la escalera y hacía tic-tac, tic-tac[872]? Bueno, según Emita, los pasos del japonés con zuecos hacían tic-tac, tic-tac».

Domingo, 17 de abril. Come en casa Borges, Oímos viejos dixielands y bines. Cuando se entera de que las piezas más remotas son de principios de siglo, dice: «Nosotros, con La morocha, los basureamos». Dice también que en el jazz hay sonidos raros, de música de quién sabe dónde, que no hay en la milonga ni en el tango, y que es natural que los europeos se asombraran cuando los oyeron por primera vez.

Observa que hay una obsesión fálica en Villoldo: en efecto, es el autor de Bartolo tenía una flauta (con un agujerito solo)[873] y del Choclo.

BORGES: «Quiller-Gouch, el amigo de Stevenson, no estuvo muy acertado en su Oxford Book of English Verse. Cortó arbitrariamente un poema de Chaucer y prescindió de los mejores versos».

Martes, 19 de abril. Come en casa Borges. Hace unos días le regalé The Anger of Achilles de Graves; hoy me trae él un libro sobre Conrad, de un norteamericano Andreas Osborn[874]

Consultamos enciclopedias acerca del origen de los naipes; parece que el origen es oriental; que fueron llevados de España a Inglaterra por soldados españoles; que por eso, por lo menos en Inglaterra, los palos de la baraja fueron primero los españoles (espadas, bastos, copas, oros). Habla del truco «hasta el dos[875]», que se jugaría en el Uruguay y en Entre Ríos: se da vuelta una carta, que se llama muestra (triunfo); las de ese palo tienen más valor que las otras; el dos de ese palo vale más que todas.

Cuenta este chiste: «Dos características esenciales de los militares: saludan lo que se mueve; pintan de verde lo que está quieto».

Miércoles, 20 de abril. Voy a casa de Borges. Su madre nos lee con emoción un largo poema de Amorim titulado «Mis pagos». BORGES: «El poeta debería resolverse a ser un criollo viejo o a escribir con retórica levantada. Aquí combina los estilos. Además, finge modestia y todo el tiempo se elogia a sí mismo; se elogia por la modestia, porque no busca halagos oficiales». BIOY: «Y qué matete. Por primera vez oigo de una lágrima que cayó en el ojo. Ese movimiento retrógrado es bastante nuevo».

Habla de escritores fracasados, del tipo de Schiavo, que no logran publicar sus obras ni ser invitados por nadie, y que hacen mérito de su vida retirada, de verdaderos anacoretas. BORGES: «Porque existen escritores así, cuando uno dice también que dio la espalda al mundanal ruido lo miran como a un impostor».

BORGES: «Graves es bastante macaneador: lanza hipótesis, basadas en hipótesis, basadas en hechos hipotéticos, que nadie puede refutar ni probar. Dice que tales versos fueron escritos para grabar en un vaso, que tenía tales personajes: nadie vio ese vaso. Opina también que la Ilíada es una obra satírica —no cita a Butler— y que el personaje de quien más se mofa Homero es Aquiles[876], Qué raro que ninguno de los autores antiguos —tanto más próximos que nosotros, en el tiempo, a Homero— descubriera ese carácter satírico…».

Jueves, 21 de abríl. Almuerzo en casa, con López Soto, Peyrou y Marshall R. Nason, profesor de la Universidad de Nuevo México (en Albuquerque). Pregunto a Nason por Kenneth Lash, un norteamericano excepcional por cultura, ductilidad y amplitud de espíritu; fue director de la revista de la Universidad de Nuevo México; cuando estuvo en Buenos Aires, en casa cantó viejos blues, y con Borges caminó por San Telmo, Nueva Pompeya y otros barrios; desde su país, cuando llegó de vuelta, mandó a varios escritores argentinos un disco de viejas canciones de Leadbelly (disco que oigo con mucha frecuencia, que es uno de mis favoritos). Me consta que por lo menos tres de los favorecidos —Mallea, Borges y yo— no mandaron una palabra de agradecimiento. Nason contesta: «Tengo noticias que sugieren una historia bastante triste… Estaba casado; quería mucho a su mujer; se divorció. Por razones de política se peleó con las autoridades de la Universidad. Volvió a casarse, con una médica; le fue mal y se separó. Un amigo vio a la primera mujer ejerciendo en Nueva York la prostitución. Otro amigo vio a Lash, en un suburbio de San Francisco, en un kiosko, vendiendo sándwiches». Cuando comento después el episodio con Borges, observa: «Mencken habla de que en Nueva York la gente se hunde y desaparece. Yo creo que la culpa de todo la tiene la idea del mérito. Allí no existe la amistad. Nosotros nos ayudamos por amistad; allí tienen miedo de recomendar a una persona que después resulte sin méritos».

Sábado, 23 de abril. Comen en casa Borges y Peyrou. Doy a Borges un libro de una doctora Tomkins sobre Kipling[877]. BIOY: «Cuando uno piensa en los otros libros de Güiraldes, se dice que si no hubiera escrito Don Segundo Sombra no tendría importancia alguna; cuando uno piensa en Don Segundo, recuerda que también escribió otros libros. Es raro que todavía Don Segundó siga con toda su fama. ¿Nadie advirtió la desarmonía entre la forma y el fondo? ¿Nadie advirtió que la forma corresponde a la desacreditada, “superada” época ultraísta?». BORGES: «No sé si esa época y ese estilo están tan desacreditados». BIOY: «Quizá no. En cierto modo se cumple la profecía de que el ultraísmo llegaría alguna vez a lenguaje oficial, a los gobiernos y a la propaganda del comercio. Tal vez un triunfo así traiga su muerte en la literatura. Brasilia es un triunfo del ultraísmo, de 1927… Don Segundo es uno de los tres o cuatro libros más famosos de la literatura argentina». BORGES: «Mucho más famoso que El payador, que trata el mismo tema y que es muy superior. Güiraldes llega a escribir en Don SegundO “Con los rostros tostados por el gran aire[878]” ¿No sabía que el gran aire era una traducción del francés? Alguien me contó que don Segundo, como Güiraldes, después de la publicación del libro, se agauchó notablemente. Ricardo se volvió insoportable. Antes era un señor como cualquiera, y después todo el tiempo soltaba velay, ahíjuna y dicharachos».

Hablamos del proyectado edificio para la Biblioteca Nacional. BORGES: «Verdaderamente, estamos pasando por la peor época de la Historia para la arquitectura. Por la creciente fealdad de los balcones se puede jalonar la evolución de la arquitectura. A los balcones como bañaderas sucedieron los balcones como cajones abiertos. Cada tantos años inventan una forma más tosca que la anterior. Desearía que el edificio de la Biblioteca fuera lo más chico posible. Cuanto más grande, más posibilidades de fealdad habrá. No te asombres si dentro de un año aparezco como partidario del arte abstracto. Me parece que en un edificio enorme hay menos posibilidades de fealdad con el arte abstracto —líneas y círculos— que con figuras alegóricas». BIOY: «Lo dudo. Parecerá un barco de lujo. Nada más feo que la arquitectura moderna. Además, tendrás dos cosas: arte abstracto y figuras alegóricas». BORGES: «Quizá tengamos suerte. Casi seguro tendremos suerte y por falta de plata nos dejarán en el edificio viejo, que es tan lindo».

Del libro de Calvin Hoffman sobre Shakespeare[879], digo: “La tesis y los razonamientos son mejores que el estilo. Hay algo cheap en ese libro. No hay que dejar que la mala calidad del estilo contamine nuestra opinión sobre su tesis de que Marlowe es Shakespeare”. BORGES: “Estoy de acuerdo; esa tesis es mucho más aceptable que la de los baconianos”. Habla de Marlowe y de sus amigos, llamados the Poets of the Night. BORGES: “Parece una denominación del bajo romanticismo… Eran ateos, jugadores, espías, pederastas… No eran pederastas como los señores del siglo XIX; la pederastía no era en ellos una omisión de virilidad. Siempre hay algo desagradable en Marlowe. Describiendo a un efebo, dice que algo —no sé si un lienzo o unas hojas— tapaba las partes que deleitan a los hombres[880]Los hombres son él”.

También se habla de bromas de los estudiantes de medicina porteños. Los otros días dejaron a un hombre, vivo y desnudo, en un ataúd, en la puerta de un cinematógrafo. Al hermano de Guardo, que fue presidente (peronista) de la Cámara de Diputados, le dieron una lavativa de cinco litros de vino. A un hombre, entablillado y enyesado de los pies a la cabeza, lo ataron con una cadena, la otra noche, a una columna de la calle Corrientes. A otro hombre, le raparon una cruz en el pelo, lo pintaron con azul de metileno y lo soltaron desnudo en el vestíbulo del cine Pueyrredon, en Flores, cuando salía el público. PEYROU: «Es una tradición bastante vieja y que se conoce poco». BORGES: «Mejor. Como dijo Hamlet de la tradición danesa de beber: “it is a custom more honour’d in the breach than the observance”[881]. Si ocurren estas cosas quiere decir que vivimos en una ciudad muy rara. Si me dijeran que pasó en Bogotá yo pensaría: “Qué raro es Bogotá”».

Afirma Borges que el artículo de Eliot sobre Kipling[882] es pésimo, pero que resultó benéfico porque dio permiso a la gente para admirar a Kipling: “Mira que hipocresía: mientras Kipling escribía esos maravillosos cuentos de sus últimos años, ningún crítico, al referirse al género, los consideró: pero en cambio todos admiraban esas boberías de Dubliners”.

BORGES: “Dora de Alvear —famosa por su antigua prodigalidad y belleza, sus automóviles, su alcoba cristalina, sus amores, sus escándalos— hoy trabaja de mucama en el hospital Alvear. Por pudor se hace llamar Dora Cambaceres[883]”.

Borges comenta la dureza de los chicos con Guillermo. PEYROU: “Ha de pasar siempre a los extranjeros y sus hijos. Los hijos tienen que elegir entre dos patrias: la paterna o la del país en que viven. Prefieren el país en que viven”. BORGES: “Mejor así. Si no, tendrían una psicosis”, PEYROU: “Además, en este caso, a Guillermo lo embroma el ser un gallego inveterado”.

Lunes, 25 de abril. Comen en casa Borges y Juan José Hernández. Dice Borges, tratando de explicar la animadversión contra Kipling: “Ese rechazo no se deberá exclusivamente a la política; a través de los cuentos la gente percibiría —porque eso se percibe— a un hombre desagradable. Encuentro que Lugones es un caso análogo”. BIOY: “Máquinas extraordinarias, de invenciones o de inteligencia o de elocuencia…”. BORGES: “…incapaces de sentimientos tan simples como la compasión y la ternura”. Me contó que estaba leyendo “Unprofessional”, de Kipling, con la intención de buscar luego la explicación en el libro de Tomkins.

Juan José Hernández habla de una bebida rosada, hecha de vainas de algarrobas (sic), que se toma en Santiago del Estero y Tucumán, y de la costumbre de coquear, salteña y jujeña: “Va la gente al almacén, pide vino y en un platito, al lado, le ponen hojas de coca, como aquí te ponen aceitunas. La gente saca el tallo, que es duro, y amontona hojas en un lado de la boca; parecen con dolor de muelas. Toman un poco de bicarbonato, también. Con unas hojas de coca y una botella de vino puede uno pasarse la noche. La coca es digestiva, te quita el hambre, te serena, te cura de la puna. Los viejos tienen gastados todos los dientes de un lado, de coquear”.

Martes, 26 de abril. Comen en casa Borges y Juan José Hernández, Borges ha dado una conferencia sobre Groussac en la SADE, Comenta: “Después de las conferencias me siento como un viejo bufón; después de las clases, no. Las conferencias son como una degeneración histriónica de las clases. Ya estoy convaleciendo”.

Cuando se retira Juan José Hernández, mi padre dice de él: “Es un pergenio bastante ilustradito. Lo que dice es de interés. Me revienta”. Con Borges, buscamos pergenio en Garzón y en Segovia[884] Borges agrega otra acepción, ejemplificada en la frase; “¡Y pensar que este pergenio maneja toda la clase!”. No siempre es de uso peyorativo (aunque en el fondo, sí).

Recordamos la época en que a Borges le dio por hacer coplas con barbas. Leo una serie de ellas en mi common-place book[885] BORGES: “Mejoran por acumulación. Qué persona rara, el yo de las coplas: tan obsesionada con las barbas; todo te resultaba en barbas. Bueno, no era menos complejo que los mejores autores. ¿Vos crees que un autor puede tener más vueltas? Los personales, por lo menos, no”.

Evocamos nuestros paseos nocturnos a Puente Alsina, en los años cuarenta íbamos todas las noches; a los extranjeros que considerábamos dignos de ese honor, los llevábamos con nosotros. Una vez allí se producía una situación incómoda; no sabían qué admirar o, mejor dicho, no sabían qué admirábame». BORGES: «Guillermo no quería admitir que Buenos Aires tuviera siquiera suburbios. Decía que ese barrio era igual a Callao y Santa Fe[886]. Después, de vez en cuando he vuelto. Lo llevé al pobre Lash». Recita:

El Puente Alsina y lo que queda de antes:

el monumento atroz que persevera,

tus seccionadas casas, la severa

nostalgia de jardines ya baldíos[887]

Comenta: «Qué criollo, qué argentino». Luego recita el tango Puente Alsina:

¿Dónde está mi barrio, mi cuna querida?

¿Dónde la guarida, refugio de ayer?

Borró el asfaltado, de una manotada,

la vieja barriada que me vio nacer…

En la sospechosa quietud del suburbio,

la noche de un triste drama pasional

y, huérfano entonces, yo, el hijo de todos,

rodé por el lodo de aquel arrabal.

Puente Alsina, que ayer fuera mi regazo,

de un zarpazo la avenida te alcanzó…

Viejo puente, solitario y confidente,

sos la marca que, en la frente,

el progreso le ha dejado

al suburbio rebelado

que a su paso sucumbió.

Yo no he conocido caricias de madre…

Tuve un solo padre que fuera el rigor

y llevo en mis venas, de sangre matrera,

gritando una gleba su crudo rencor.

Porque me lo llevan, mi barrio, mi todo,

yo, el hijo del lodo, lo vengo a llorar…

Mi barrio es mi madre que ya no responde…

¡Que digan adónde lo han ido a enterrar!

Refiero que los franceses de la Nouvelle Vague, a las personas de más de cuarenta y cinco años, llaman avulants. BORGES: «Qué patético esas personas que hacen bromas sobre la vejez, que se creen inmortales. Recuerdo a unas chicas que me aseguraban que ellas nunca tendrían amigas viejas».

De Ema Risso Platero, ocupada por dolores molares, dice BORGES: «Habrá pasado las primeras veinticuatro horas sin hablar del Japón». BIOY: «Ayer me habló». BORGES: «Ah, elle ne démond pas».

Miércoles, 27 de abril. Come en casa Borges. Le pregunto si siente, en sus clases en la Facultad, alguna tendencia a preferir un siglo sobre los otros, en la Historia de la literatura inglesa. BORGES: «Bueno, tengo una especie de locura por los anglosajones, pero no: todos me interesan. Me gusta hablar de Bernard Shaw. Es claro que no siempre uno prefiere para hablar lo que uno prefiere para leer. Me paso la vida leyendo a Gibbon, pero prefiero hablar sobre [Francis] Bacon». De éste dice: «Tenía una inteligencia moderna, mucho más moderna que la de Shakespeare. A Shakespeare no se le hubiera ocurrido clasificar los errores. Bacon notó la deficiencia de una Historia que sólo atendía a las monarquías y a las batallas; previo la Historia de cada una de las ramas del conocimiento. Qué raro que no existiera entonces la Historia de la literatura… Con Bacon o sin él se hubiera llegado a inventarla, por la tendencia hacia la especialización, pero él tiene el mérito de haber descubierto que faltaba».

Me dice que mañana, con Susana Chica Salas, van a leer «Unprofessional» de Kipling y van a tratar de entenderlo. Tengo ganas de ir. Pregunto a qué hora será, «Diez de la mañana —responde—: después de las clases».

Jueves, 28 de abríl. A último momento resuelvo ir a la lectura de «Unprofessional» y con gran premura corro al centro; cuando llego al Instituto, Borges está hablando por teléfono. Estoy sentado del otro lado del escritorio, hojeando libros, hasta que concluye su conversación, «¿Quiénes?», me pregunta. Vale decir que no reconoce, a cincuenta centímetros de distancia, a alguien a quien ve diariamente. ¿Qué verá en el cinematógrafo? ¿Irá, para poder pensar que él también va?

Está muy contento de que yo haya ido a esa lectura. «Qué bien», exclama, Como Susana Chica Salas no llega, va a afeitarse; yo, a la casa Litraan. Cuando vuelvo, lo encuentro hablando otra vez por teléfono. Susana no ha venido aún. La esperamos un rato y finalmente nos vamos.

Me asegura que en la librería Pigmalión hay una secuela del Chin Ping Mei traducida al inglés del alemán de Franz Kuhn[888]. Vamos a verla. En Pigmalión, seguro del precio altísimo del libro, lo hojeo y lo dejo en el estante. Compro un volumen de Emerson[889]. BORGES: «Está ahí el ensayo sobre Swedenborg, que es muy bueno».

Le muestro la casa de la esquina de Reconquista y Corrientes, de tres o cuatro pisos, y con un frente de media cuadra sobre Corrientes. BORGES: «Nunca la vi. Es claro, si uno no las ha visto en fotografías, no ve nunca las casas de las cuadras por donde camina».

Por Florida pasamos por la casa Marilú, que vende vestidos para muñecas. BORGES: «¿Cómo supieron que iban a hacer un buen negocio, vendiendo vestidos para muñecas? Qué raro. Que la gente venda comidas o alquile cuartos parece natural. Pero, ¿no te parece raro que una persona viva —pague el alquiler, la ropa, la comida— de vender estampillas viejas?».

BORGES: «Van Wyck Brooks observó que los modernos admiran a Donne porque, acostumbrados al verso libre, perdieron el oído y pueden leer cualquier cosa. A Donne sus contemporáneos lo censuraban por el mal oído. No sólo los contemporáneos: De Quincey dice que se le reforzó el genio natural para la cacofonía de tanto oír su propio nombre, John Donne[890] y Coleridge lo llama “el vigoroso lisiado de la poesía[891]”. Suele decirse que Donne quería reaccionar con su harsh verse a los excesos de dulzura de Spenser, etcétera. Tal vez no podía escribir de otra manera, pero eso no importa, las traducciones de Donne por Shand y Girri[892] están llenas de errores. Es claro, uno propondría tal cosa, el otro —Shand— corregiría, pero a veces por no trabajar diría que estaba bien. Qué raro: no tradujeron los poemas más lindos. Ni siquiera los más indecentes, que parecerán los más modernos. En uno dice que tal mujer es una aparición que hace parar no los pelos, sino la carne[893]. Qué imagen fea y ridícula. Ahora, lo del marido de su amante

caged in his basket chair[894]

caged in his basket chair[894]

está bien». Pondera la seguridad de Donne de ir al cielo.

BORGES: «Angélica [Ocampo] dice que Tom Jones es como todos los hombres. Nunca he podido leer Tom Jones. Andrew Lang sostiene que el argumento es perfecto». Vemos el resumen en el Oxford Companion to English Literature. BORGES: «No da ganas de leer el libro. Es claro, vive de una mujer, se casa con otra, no tiene una vida convencional: eso habrá gustado. Además, el realismo gusta mucho». BIOY: «Moore dice: “An empty novel, writen in a breezy manner[895]”.

Por la noche, come en casa. Dice que está deshecho después de la sesión de la Academia, en la que José León Pagano recibió a Leonidas de Vedia: «Pagano habló de la vida ejemplar, de la obra admirable de Vedia; de la disciplina monástica del periodismo. Pagano es florido, Vedia no: el tono de voz de Pagano es levantado, pero la frase sólo es larga, porque no sabe dónde colgarla. Por momentos era un señor español y manejaba palabras como donaire. Después recaía en temario, de suyo, adherir. En las frases que pretendían ser marmóreas aparecían palabras como impresionar, emocionar. Ya se sabe: cuando usan la palabra señorío piensan en ellos mismos y son ridículos».

Viernes, 29 de abril. Voy con Borges a casa de Angélica Ocampo, donde Victoria da un cocktail en honor de Chiquita Astor. Cuando llegamos, Victoria me dice: «Qué horas de traerme a Borges». La frase contiene dos impertinencias: 1.º) un reto; 2.º) una indicación de que mi presencia no le importa. Encontramos a Juan José Castro, con su cara de empleado de pompas fúnebres, desprovisto de cualquier luz; a Murena, persona no desagradable que perpetra y sigue perpetrando su obra, un crimen del que por buena educación no se habla, pero que de algún modo está presente cuando uno discute otros asuntos; a Olivera, barbudo, cargado de manías y de nerviosidades, pero no antipático, a quien le mataron un criado japonés; a Miguel Ocampo, que enarbola cabeza de tamaño de botón, dibujante diestro, según declaran (autor de puntos y rayas abstractas, según comprobamos); a Pipina Diehl; a González, Lanuza, provisto de un par de orejas de elefante africano, elocuente, sin discernimiento ni gusto, que escribe con soltura sonetos sobre gallipavos y repollos, a quien Borges tuvo siempre por sencillo ciudadano íntegro y al que ahora, después de una trastada en las elecciones de la SADE, odia como a un canalla, lo que parece un tanto exagerado, ya que es apenas un hombre mediocre, de talentos mediocres, de culpas mediocres; a Girri, autor de poemas que ni la inteligencia ni la imaginación ni el oído justifican, muchacho de Buenos Aires, en quien nadie sospecharía un poeta; a Alicia Jurado, ocupada en capitalizar sándwiches y masitas, mientras los demás conversan; a Pancho Murature; a un tal Guasta, una suerte de astilla o fideo con ropa holgada; a alguien más, que no recuerdo. Yo hablo casi todo el tiempo con Chiquita; quiero decir que estuve con ella, porque por más que pensaba no sabía de qué hablar.

A las nueve y pico, cansado como si hubiera cruzado a pie la ciudad, le digo a Borges que nos vayamos. Comemos en casa. Mañana va a dar una conferencia en Olavarría.

Sábado, 30 de abril. Hablo por teléfono con la hermana de Peyrou (muy resentida con Borges porque no ha dicho una palabra del libro de Peyrou). Trato de convencerla de que Borges quiere y admira a Peyrou.

Domingo, 1.º de mayo. BORGES: «Una piedra que cae piensa: “Yo quiero ser una piedra que cae”. Nosotros somos una piedra que cae[896]».

Lunes, 2 de mayo. Borges, sobre la locura humana: «Los críticos creen que Marinetti, y no Conrad, hace literatura experimental».

Miércoles, 4 de mayo. Comen en casa Borges y Juan José Hernández. Cuento episodios sobre indios americanos, que leí en A Journey to the Northern Ocean, de Heame.

BORGES: «Alguna vez pensé comentar con Muller —pero no lo hice, porque se pone tan asombrado y tan triste (y a mí no me pueden acusar de antisemita)— que un argumento en contra de los judíos es el odio universal que despiertan. Donde hay minorías judías, las odian. ¿Por qué? ¿Porque son indefensos, y el impulso natural es matar al prójimo, y con los otros no se animan, pero con los judíos sí, porque no hay riesgo? Xul, en favor de Hitler, decía: “Aquí el criollo charla contra los judíos, pero no hace nada, en cambio Hitler les pega en la cabeza” (acompañaba las palabras con la mímica correspondiente)». Hernández: «Todas las minorías son odiadas». BIOY: «No. Aquí quieren mucho a los vascos. Habría que averiguar si en otras partes (Chile, por ejemplo) los quieren». Hablamos sobre si todos los pueblos son odiados. BORGES: «La gente siente ganas de matar a los franceses que tiene a mano, pero quiere a Francia». BIOY: «Y hay quienes odian pero también quienes quieren a Inglaterra, a España, a Italia». BORGES: «Los alemanes se equivocaron en perseguir tanto a los judíos, porque al fin y al cabo ellos mismos no son tan queribles». BIOY: «¿Qué dieron los vascos a la civilización?». BORGES: «Baraja, Unamuno, algún mal pintor, algunos políticos, como Zumalacárregui. Qué raro que Góngora y Argote sea andaluz, que esos dos nombres no sean vascos. Qué lindo suena Pío Baroja: suave el primero, duro el segundo». Añade que él es de ascendencia portuguesa, inglesa y vasca.

Viernes, 6 de mayo. Come en casa Borges. Habla de Molinari, que está con él en el jurado de poemas del concurso de Clarín: «Hay que desconfiarle. Es tonto para escribir, pero muy astuto para desempeñarse en un jurado. Se pasó la vida haciendo estas cosas». Me lee absurdos poemas de uno de los manuscritos, señalado como bueno por Molinari. Después dice que tal vez votará por uno que leyó en estos días: «Los temas son convencionales, pero la versificación es correcta. Algunos sonetos podrían ser de Lugones, pero más mansos… Los otros poetas no valen nada, absolutamente nada». Parodia versos.

Le leo, de una carta de una editorial brasilera, los títulos propuestos en reemplazo de La invención de Morel, que piensan publicar; elegimos A Ilha da eternidade[897]. BORGES: «No les propongas nuevos: elegí uno de éstos. Si no, la correspondencia no va a acabar nunca».

Me dice: «Tengo que hablar en un salón Mentruyt, de Lomas de Zamora, sobre escritores que conocí. Hablaré de Groussac, de Lugones y ¡ay! de Güiraldes. Bueno, no puedo hablar de José Sebastián Tallón… Por lo menos Güiraldes era un hombre muy recto».

Hablamos de Kipling. BORGES: «¿Te parece que habrá que hacer los cuentos tan comprimidos, tan armados, como los de Kipling, en que no se da puntada sin nudo?». BIOY: «No creo. Supongo que en Kipling el uso del slang y de las formas familiares en los diálogos obedece al deseo de aflojar la estructura, de que corra aire, de que todo parezca un poco más natural. Desde luego, con el tiempo, ese recurso tendrá un efecto contrario al buscado: las formas del slang se olvidarán, aumentará la oscuridad de los cuentos». Refiere el argumento de «The Brushwood Boy[898]». BORGES: «En este cuento, los sueños están bien, pero lo hacen muy desagradable. En ellos las cosas aparecen como en los sueños de verdad: son nada más que apariencias y en cualquier momento se convierten en pesadillas». Insiste en eso: en los sueños las cosas no son más que apariencias, y uno las siente como tales. Agrega: «Hay en un jardín unas personas de cera que comen flores, que son atroces; hay, además, una obsesión, muy repugnante, con la virginidad del Brushwood Boy».

Domingo, 8 de mayo. Come en casa Borges. BORGES: «Alberto Güiraldes dijo que Figari dibujaba admirablemente, que él tenía unos dibujos… Qué raro que ese magnífico dibujo no llegara nunca a los cuadros».

Lunes, 9 de mayo. Come en casa Borges.

Miércoles, 11 de mayo. Come en casa Borges. Le cuento la reunión de anoche, en lo de Beatriz Guido y Torre Nilsson: «En el momento de entrar, el olor nos paralizó como la frialdad del agua, cuando uno está por zambullirse; pero al rato eso no importaba. Estaban los Mallea, los dueños de casa, nosotros. Durante un rato, la conversación, si así puede llamarse, trató de la poca importancia que tiene el escritor en este país. Beatriz describió a Torre Nilsson como gorila. De Frondizi, los dueños de casa afirmaban que es muy inteligente. “Imaginate —decía Beatriz—, un presidente que ha leído todos nuestros libros”. Para corroborar el aserto, Torre Nilsson declaró: “Mira, puede hablar con cualquiera de nosotros sobre cualquier cosa. Eso sí: está obsesionado por lo económico. La metalurgia, la siderurgia. Yo le dije que la batalla de la cultura era tan importante como la batalla del petróleo. Eso vendrá después, me respondió con una sonrisa. Cree que lo principal es lograr la prosperidad y que luego vendrá el resto”. Mallea refirió que hubo un duelo de ingenio entre él y no sé quién. Lo miramos con incredulidad. De vuelta en casa, comentamos el modo en que los dueños de casa se habían manifestado gorilas y Silvina me preguntó: “¿Ante los peronistas hablarán así?”». BORGES: «Tal vez no sean hipócritas, tal vez sean muy sensibles y ante cada persona exploren las posibilidades de los sentimientos. Son como Shakespeare, como San Pablo… todos los hombres. Dado un individuo que se crea aplastado por los oligarcas, sienten que ya no se puede aguantar más, que Perón tiene que volver. Sienten ex hipothesi». BIOY: «Lo que vuelve más compleja esa máquina es que son dos, ¡“Qué bien se entienden!”.

Dice que mañana, en la reunión del jurado de Clarín, deberá discutir con Molinari y que tiene pereza: «De todos modos, prefiero a Molinari y no a González Lanuza. Molinari sabe que estamos peleados y trata de hablar poco conmigo; pero González Lanuza finge no saberlo, y me abraza y me llama Georgie».

Cuenta que se encontró en la calle con un señor que le preguntó: «Usted que sabe todo a que no sabe de quién son estos versos» y le recitó dos versos, muy olvidables, de Elizabeth Barrett Browning. «Le dije que no sabía, trepé con Madre a un taxi y huimos. Es como si uno memorizara versos así:

Step forward, step forward, step forward, quoth she.

Step forward, step forward, step forward, quoth she.

O:

Por el prado discurren las ovejas.

Por el prado discurren las ovejas.

¿Por qué uno va a recordarlos?».

Hablamos de Milton. Cita versos del Lucidas.

But that two-handed engine at the door,

Stands ready to smite once, and smite no more[899],

BORGES: «Esta bien porque dice: and smite no more. Yo creía que el verbo era strike. Suena mejor strike. Smite casi no puede decirse, pero, es claro, es más definitivo. Según Tillyard[900], el two-handed engine es el cetro de Cristo. Yo lo imaginaba como una máquina complicada y misteriosa, con dos manos, una suerte de robot. Me había olvidado que two-handed se decía de las espadas muy pesadas, que debían empuñarse con dos manos: two-handed swords (hay una famosa sword escocesa). La two-handed engine at the door es mejor cuando no se entiende; todo es mejor cuando no se entiende…». Vemos two-handed en el Oxford English Dictionary. Entre los ejemplos encontramos citado a Taillefer. BORGES: «Es un personaje muy simpático. Era un juglar normando, que entró en la batalla haciendo malabares con la espada y recitando la Chanson de Roland. Es el primer francés que entra en Inglaterra. En casi todas mis conferencias aparece. Digo que con él ingresa la cultura francesa en Inglaterra, que con él confluyen dos mundos».

De otro verso de Milton, en el soneto a Skinner, sobre su ceguera, dice: «Yo lo había leído en una edición del siglo XIX, sin duda corregida por el editor. Donde Milton dice:

Of which all Europe talks from side to side[901],

Of which all Europe talks from side to side[901],

mi edición decía:

Of which all Europe rings from side to side[902].

Of which all Europe rings from side to side[902].

Si yo tuviera que editar a Milton dejaría rings. Es claro que en el Times Literary Supplement aparecerían denunciándome…». BIOY: «Sin duda, con rings queda el verso que Milton buscaba»,

Habría que ver si efectivamente Borges leyó en alguna edición del siglo XIX rings, o si la edición es otro editor de Bentley[903] y el rings proviene de la minerva de Borges[904]

Jueves, 12 de mayo. BORGES: «¿Por qué atrae una mujer bruta?». BIOY: «Atrae una mujer bruta, una mujer sucia, una mujer mala, una mujer puta, porque es un poco incomprensible, porque es misteriosa». BORGES: «Es claro. Una persona inteligente, tiende a ser lógica, a ser comprensible». BIOY: «No te imaginas mi emoción al conocer mi primera puta. “¡Una puta!”’, decía, como si fuera algo muy extraordinario, un animal fabuloso». BORGES: «Así siente uno cuando conoce a mujeres de países lejanos. Una húngara puede tener mucho prestigio».

Estuvo leyendo el Prólogo de Johnson a su Diccionario. BORGES: «Es muy admirable. Qué conciencia tenía de que todo se olvida y cómo se veía a sí mismo como un loco. Hay que verse a sí mismo como un loco. La vida de cada uno, cada día de nuestra vida, es algo más raro que el Ulysses. Es un caminito muy angosto, hecho de repeticiones de memoria… Johnson pensaba, antes de preparar el Diccionario, en los goces prodigiosos a que se entregaría al hacerlo, cómo acometería las fuentes del saber… Después, cuando fue real, el trabajo se le volvió un yugo, citar a autoridades que tenía a mano…».

Hablamos de Shaw. BORGES: «No tengo ganas de ver las últimas piezas de Shaw, De las piezas buenas, Santa Juana es la que menos me gusta. Quisiera ver Ándrocles y el león, Mrs. Warren’s Profession, The Shewing-up of Blanco Posnet, Captain Brassbound’s Conversión, Candida, Arms and the Man. Quizá la que más me guste sea César y Cleopatra. ¡Qué raros los temas de Shaw! Captain Brassbound’s Conversión: una persona se convence de la inutilidad de la venganza».

Los otros días vio César y Cleopatra dado por una compañía de aquí, dirigida por el grisáceo Zavalía, con Deba Garcés como Cleopatra. BORGES: «Los actores no comprendían sus papeles. No advertían la importancia del texto que estaban diciendo. Tal vez por indicaciones del director o por estupidez propia, César parecía una estatua y en su voz se perdían todos los matices, César en Shaw es un hombre casi divino, pero con un miedo patético de envejecer, y con ternura: nada de esto se recogía. El dandy y el viejo soldado hablaban igual».

Sábado, 14 de mayo. Comen en casa Borges, Peyrou y Ema Risso Platero. Como esta noche iba a venir también Omar del Carlo, invitado por Silvina, Borges estuvo a punto de no venir, «porque no quiero ver a peronistas ni a comunistas»; Omar del Carlo anunció que no venía, Borges vino. Ema, irreprimiblemente, habla del japón. BORGES: «Granet es el más inteligente de los sinólogos. La pensée chinoise es un libro lindísimo, lleno de sorpresas. Étiemble me dijo que Granet no sabía chino, o que no lo hablaba; que en todo caso no se aventuraba por libros no traducidos. Tal vez no tenga oído. Waley es judío. ¿Qué raro, no? Dejó la cabala y se fue a un Oriente más lejano. Es de una famosa familia judía del tiempo de Cromwell. Tiene un abuelo músico. Creo que nunca fue a China». BIOY: «Bueno, salvando las diferencias, Graves sólo este año fue a Roma y no conoce Atenas ni Palestina».

BORGES: «Para la colección de libros del Instituto de Literatura Inglesa, encargué a Norah que dibujara un león y un unicornio frente a frente, sin el escudo, para no caer en lemas oficiales ingleses. Norah dibujó un león y un unicornio que, en lugar de estar peleando, sostienen una rosa. Cree que no voy a descubrir la secreta razón de este dibujo, pero conociéndola a Norah, no dudo de que no quiso dejar a los dos animales eternamente peleando; prefiere que sean amigos. Una vez tenía que pintar un pez en una pecera; puso dos, para que no se aburriesen». BIOY: «Ese razonamiento no es raro; es propio de la infancia. Yo, cuando era chico, veía como barcos las cáscaras de las mandarinas que comía y por nada ponía en una cáscara un solo carozo; trataba de que hubiera varios por cáscara, para que se acompañaran».

Hablamos del gobierno. BORGES: «Frondizi debería irse. Es el culpable de todo lo que pasa. Siento tanto odio por él… Qué familia siniestra, él y su hermano». Peyrou opina que es mejor que no se vaya, siga bajo la férula del ejército, la ficción de la democracia se mantenga, haya en su debido tiempo elecciones (con la esperanza, ay infundada, de que nos deparen un presidente tolerable). Esgrime el argumento de la opinión del exterior, que enoja a Borges.

Borges, después, me dice: «Los límites de la comprensión, en Emita, no están lejos. Traté de hacerle entender una observación de Wells, en el sentido de que la palabra honorable, que los traductores impusieron como epíteto obligado, es una infortunada traducción, que vuelve ridículas muchas cosas de la vida japonesa, que en sí no son ridículas: “la honorable ceremonia del té”, “el honorable marido”, etcétera. No entendió. Me dijo que toda persona es la honorable persona; que la ceremonia del té era la honorable ceremonia del té. Es claro que todo el mundo tiene sus limites de comprensión». BIOY: «No ha descubierto que una palabra puede traducirse de dos maneras. Además, el japonés no es el latín, para que uno se sienta obligado a traducir voluntas por voluntad. Honorable, en inglés, por ser palabra polisilábica, resultará más ridícula aún que en español».

Domingo, 15 de mayo. Come en casa Borges. Dice: «Guillermo está en una dificultad intelectual. En una misma frase quiere impugnar, indignado, el precio exorbitantemente alto en que se venden los departamentos, porque tiene que comprar uno, y el precio ridículamente bajo en que se venden los departamentos, porque tiene que vender el suyo».

Hablamos de dichos famosos, pronunciados en momentos terribles (ejecuciones, por ejemplo). Borges recuerda el «Perdónalos, porque no saben lo que hacen» y el prodigioso comentario de Juan Hus al ver a la vieja que trae leña a la hoguera en que él arde: «Sancta simplicitas[905]», Yo observo que, de estos dichos, el que denota más hombría es el de Latimer («Be of good comfort, Master Ridley…»); el más sublime, por su infinita santidad, es el de Hus. BORGES: «Es claro: ya está por encima de todo, ya es un espectador. Esto demuestra la importancia del valor moral en la literatura. Por eso quienes se dedican a ser genios perversos, como Baudelaire, sólo pueden dejar una literatura secundaria… Hay una grandeza en el hombre, casi en cualquier hombre, aun en el peronista que muere gritando: “¡Viva el 2 de infantería!” y en el otro peronista que le dice al tembloroso conscripto que debe ejecutarlo: “No tengas miedo, pibe, y apuntá acá” (indicándole el pecho). Aun esa tripulación de un avión, que al caer a tierra habría muerto cantando el grotesco himno Los muchachos peronistas, no deja de ser respetable. Es difícil que el heroísmo sea ridículo». Aquí, pensé, está una preocupación constante de Borges. Por eso no le gustó Guirnalda con amores y sí le gustó El sueño de los héroes (en Guirnalda no hay perversidad alguna, pero hay acaso una complacencia en formas de vida nada épicas).

Habla de su reunión de mañana, con los demás jurados del premio de Clarín: «Quién sabe qué prepara Molinari. Es vengativo, taimado, envidioso, deshonesto. Parece que el autor del poema cordobés que más nos gusta es Vocos Lescano, Molinari no quiere premiarlo porque una vez Vocos le echó en cara el haber llevado a la comisión de la SADE a ese compadrito de Aráoz de Lamadrid. Además, Molinari no quiere premiar un poema antiperonista. Al ver la patria deshecha, el poeta dice que está seguro de que vendrá otro día glorioso como el de la Revolución libertadora, aunque tal vez él no lo verá… Mucho me temo que Molinari trate de asustar a Galtier, que trabaja en Clarín, sobre los peligros para el diario de que premie a un poema tan abiertamente antiperonista».

BIOY: «En cierta medida, debemos alguna gratitud a nuestro destino, por haber vivido la angustiosa comedia del peronismo y luego los días gloriosos de la Revolución. Porque fueron gloriosos». BORGES: «Molinari nunca sintió ese júbilo. Después lo toman por poeta: hace unas miserables combinaciones —qué arte combinatoria—, tiene la astucia de hacer creer que sus deficiencias son pruebas de gusto, pero carece de música y de sentido moral. Se complace en las no hábiles combinaciones que el azar le procura». BIOY: «¿le acordás de la alegría en la calle, en Santa Fe y Callao, cuando se supo la caída de Córdoba?». BORGES: «Norah dijo que era como el Juicio Final, en que se castigaba a los malos y se premiaba a los virtuosos. Me parece un honor, una suerte muy grande, el haber sido levantado por la Revolución. Al fin y al cabo, fue de los mejores momentos de nuestra Historia. La gente es tan baja que dice que yo soy partidario de la Revolución porque me benefició: antes de recibir cualquier beneficio yo era partidario de la Revolución».

BORGES: «Florencio Sánchez era muy vanidoso. Mi padre estuvo sentado a su lado en un banquete en honor a Roca, en uno de los almorzakulos de Nosotros[906]. En los discursos enumeraban los triunfos de Roca. Sin poder contenerse, Sánchez protestó: “Todavía va a resultar que escribió M’hijo el dotor… M’hijo el dotor, La gringa, Barranca abajo una ventaja de estos títulos es que no hace falta leer las obras. En el título todo está dicho ad nauseam. Hoy esas piezas no pueden representarse sin que los actores les agreguen comidillas, porque son demasiado aburridas. Pedro Henríquez Ureña tomaba en serio a Florencio Sánchez: no tenía sentido crítico”. Refiere que Florencio Sánchez fue peón en la estancia de los Haedo, en la Banda Oriental.

Habla de etimologías: «Qué curioso: grammatical tiene la misma raíz que glamorous[907]. El gramático y el mago se confundían». Cita la frase de Swift, al conocer la intención de Berkeley de fundar una universidad en América[908]: «ese romántico plan».

Lunes, 16 de mayo. Come en casa Borges. BORGES: «A Brasilia sólo le falta, después del nombre, S. A. ¿Por qué levantar en Brasilia rascacielos? La justificación de esos edificios altos es la escasez de terreno: en Brasilia la tierra sobra y ha de ser barata. ¿Quiénes eran los antiguos propietarios? Un tapir y un caimán. No creo que tengan exigencias de dinero. ¿Por qué no hacen casas bajas, extendidas, con patios y corredores? No: quieren ser modernos». MI PADRE: «Un metro más cerca del sol en Brasil puede ser fatal». BORGES: «Y si buscan un clima mejor ¿por qué no ponen la capital en el Uruguay, que está preocupado por atraer el turismo, o en una ciudad de Europa, como Glasgow? Tal vez encontraran también gente que los gobernara». BIOY: «Los ministros están en Brasilia, pero los ministerios, hasta las oficinas, están en Río. Se comunican por teléfono. A veces los loros interrumpen la comunicación». BORGES: «Cuando se nota una cierta monotonía en las respuestas, no es el presidente que habla, sino un loro. A veces son dos loros. Como un día será una ciudad, dirán entonces: “Qué visión la de quienes la planearon. Qué ceguera la de quienes se oponían”». BIOY: «El presidente del Brasil pidió permiso para venir aquí. La oposición se lo negó. “Ya que le gusta tanto su Brasilia —argumentaron—, que se quede allí hasta el fin del periodo presidencial.”».

BORGES: «El azar de la Historia política determina las Historias de las literaturas y demuestra la falsedad de las clasificaciones. Porque se hizo independiente, el Uruguay tiene sus Historias y antologías literarias; porque siguió unida a la Argentina, Entre Ríos, no. Qué superstición la de los países; con las aduanas, las diferencias de moneda, las banderas, la fomentan, La política corrompe el estudio de la literatura. La gente estudia la Historia de la literatura uruguaya; si hubiera ganado Ramírez, estudiaría la Historia de la literatura entrerriana. Hay mucho más de común entre la literatura de Buenos Aires y la de Montevideo que entre la de Buenos Aires y la de Salta, Tal vez a algunos escritores uruguayos les sale todo un poco más florido, con más plantas y hojas, que a nosotros…».

Recita el soneto de Quevedo:

Miré los muros de la patria mía

si un tiempo fuertes, ya desmoronados,

de la carrera de la edad cansados,

por quien caduca ya su valentía.

Salíme al campo, vi que el Sol bebía

los arroyos del hielo desatados,

y del monte quejosos los ganados,

que con sombras hurtó su luz al día.

Entré en mi casa; vi que, amancillada,

de anciana habitación era despojos;

mi báculo, más corvo y menos fuerte.

Vencida de la edad sentí mi espada

y no hallé cosa en que poner los ojos

que no fuese recuerdo de la muerte[909]

BORGES: «No entiendo el segundo cuarteto y no sé cómo lo leí mil veces, lo recité toda la vida, sin darme cuenta de que no lo entiendo. Uno lee con pasividad, aceptando todo… ¿Los ganados, que encuentran los arroyos secados por el sol, están quejosos de la sombra del monte? ¿O son diversas ideas de acabamiento que se acompañan mal? ¿O hay una sucesión de las horas del día? Y en los tercetos, ¿te parece bien poner un báculo y una espada? ¿No son demasiado parecidos? De Quevedo puede decirse lo que Wordswortli dijo de Pope: “No escribía con los ojos puestos en la naturaleza del asunto[910]”. Crea un mundo un poco caprichoso. Bueno, quizá sea eso mejor que el error contrario de los modernos, Johnson dice que hay que escribir de un modo general, sin decir cuántas rayas tiene el tulipán».

Habla de diccionarios: «Los primeros, más lógicos que los de ahora, eran de palabras difíciles. En el suyo, Johnson incluyó toda palabra que figura en Milton. En Inglaterra, es raro el concepto de diccionario como legislador del idioma; allí, el concepto que rige es el de diccionario como repertorio de las palabras usuales. En España persisten en el concepto antiguo, de árbitro de lo que puede uno usar o no, “¿Está en el Diccionario de la Academia?”, pregunta el argentino. “¿Es palabra?”, pregunta Bianco».

BORGES: «Lo único extraordinario de Frondizi es el haber logrado que sus enemigos quieran que se quede en la presidencia; sus enemigos son sus sostenedores. Peyrou reconoce que es una inmundicia, pero prefiere esa inmundicia a una revolución».

Martes, 17 de mayo. Observó justamente Ema Risso Platero que basta con que Borges advierta que uno quiere inducirlo a obrar de un modo para que se oponga. «Tiene una verdadera manía contradictoria. Ce n’est pas beau, ça; ce n’est pas généreux ni grand», concluye Ema.

Miércoles, 18 de mayo. Come en casa Borges. Hablamos con tristeza de Supervielle, que murió ayer. BIOY: «Era un viejo sonso». BORGES: «Era un viejo sonso. Ese profesor, que escribió sobre Milton y sobre Blake, un hombre muy inteligente, ¿cómo se llama?, Saurat[911] dice que es el más grande poeta de Francia. Yo nunca he visto nada en sus poemas». BIOY: «Recuerdo cómo los recitaba: moviendo circularmente manos largas, con dedos lánguidos y largos. Era muy vanidoso; estaba siempre dispuesto a aceptar elogios, a hablar de sí, a recitar sus poemas, pero era bueno, como un perro bueno. ¿Te acordás de aquel poema del caballo?».

Recitamos:

C’était un navire

Plutôt qu’un cheval, (remedamos su éxtasis de fatuidad).

C’était un désir

Plutôt qu’un navire,

C’était un cheval

Comme on n’en voit pas,

Tête de coursier,

Robe de délire[912].

BIOY: «Nos visitó en Mar del Plata, en la casa de Auro Tiribelli que alquilamos en el 40 o 41, en la calle Garay; sin duda en Buenos Aires y no sé si en Punta del Este. Tenemos un manuscrito suyo (Le voleur d’enfánts), que nos regaló. Lo visitamos mucho en París; Silvina lo quería y en cierto modo lo admiraba. O habría que decirlo así: había entre ellos una amistad, una alianza fundada en elogios recíprocos; la circunstancia de que precisamente Silvina no admirara —no pudiera admirar— ninguno de sus poemas, no estorbaba la estima general por la obra y por el poeta». Silvina (defensivamente): «A mí me gusta».

BORGES: «Dice la Encyclopaedia Britannica que la Vida de Johnson no es el libro más leído del mundo porque es un todo continuo, no dividido en capítulos; si uno entra no lo deja así nomás, pero cuesta entrar. ¿Sabría Johnson que Boswell estaba escribiendo la Vida? ¿En el libro se dice? Krutch[913], me parece, no aclara el punto. Habría que investigar eso… Yo creo que sí. Explicaría la inactividad de Johnson en los últimos años: no sólo por pereza no escribiría, sino por la seguridad de que nada de lo que decía iba a perderse. ¿Tendría curiosidad de ver lo que Boswell estaba haciendo, de ver cómo lo mostraba en el libro? Tal vez no. En todo caso no creo que Johnson haya corregido nada: darse el trabajo de corregir ese libro no se parece a Johnson (por haraganería, por generosidad de alma, por indiferencia). Es claro que Boswell sí habrá corregido; habrá mejorado y estilizado los dichos y los episodios. Hizo bien». Yo me preguntaba mientras tanto si él sospecharía la existencia de este libro; si tendría curiosidad de leerlo; si lo corregiría; si la circunstancia de que últimamente escribía tan poco se debería no sólo a la deficiencia de la vista y a la haraganería, sino también al conocimiento de este libro,

Domingo, 22 de mayo. Cumple ochenta y cuatro años la madre de BORGES: la visitamos con Silvina y le regalamos una caja de té chino. Después, con Borges, comemos en casa.

Lunes 23 y martes 24 de mayo. Come en casa Borges.

Miércoles, 25 de mayo. Come en casa Borges. Apareció un libro de Hugo Wast contra Moreno y contra la Revolución de Mayo[914]. La SADE se limitó a mandar unas flores de desagravio a la tumba de Moreno, lo que indignó a varios de sus miembros, Borges, con quien comento el asunto, me dice que según su padre esa reacción de los argentinos, esa veneración por proceres, era una necesidad por tener algo sagrado: se había perdido (en aquel entonces, hoy se recuperó) la fe en la Cruz y demás divinidades de la Iglesia y había que reemplazarlas. En cuanto a la reacción de la SADE de mandar flores al sepulcro, Borges la condena así: «Estamos, pues, en plena magia».

Jueves, 26 de mayo. Comen en casa Borges y Juan José Hernández. Hablamos de Ramón Gómez de la Serna. BIOY: «Su franquismo y su peronismo eran menos odiosos que los de otros, porque provenían del miedo, de un miedo que era una suerte de locura. En un almuerzo en San Isidro, en casa de Victoria, hacia el 30, refirió el pavor que tuvo al encontrarse en Chile, como en una ratonera, entre las montañas y el mar, expuesto a temblores de tierra». BORGES: «En Madrid, durante la guerra civil, tenía su cuarto blindado con colchones y con la Enciclopedia Espasa. Él, que había sido tan duro con los escritores por no ser modernos, que despreciaba a quienes admiraban a Pirandello porque él se sentía capaz de escribir una pieza de Pirandello en diez minutos, apasionadamente se entregó a admirar a todo escritor franquista, aun a José María Pemán. El miedo de muchas maneras lo enloqueció: por ejemplo, vive Ramón aterrado —todavía hoy— de que su horrible mujer, la lechosa Luisa Sofovích, lo engañe». En los cines, si no encuentran un asiento en punta de banco no se quedan. Ramón y su mujer visitaron hace años a los Borges en el hotel de Adrogué; como había que hacer algo con las visitas, Norah quiso mostrarles sus cuartos; Luisa se levantó para seguirla, pero Ramón la contuvo con las palabras: «Tú te quedas». Una tarde la madre de Borges encontró a Ramón frente a una casa, mirando nerviosamente. «Aquí estoy —explicó—. Esperando que mi mujer salga de la modista». «Y evitando que se encuentre con otros quiméricos hombres», concluye Borges. BIOY: «Silvina vio los otros días a Luisa y le dijo que confiaba en que nos visitara pronto. “Es difícil —contestó Luisa—. Usted sabe cómo es Ramón; no sale nunca y no me deja salir. Mi único paseo es cuando tengo que ir a una tienda.”». BORGES: «Ramón es un buen escritor, Pero qué horror vivir en esa casa llena de postales, con la cripta sagrada de Pombo y con la muñeca de cera. Qué horror vivir en un mundo tan detallado y, como si eso fuera poco, duplicarlo aún en los libros».

BORGES: «Mi padre atribuía a Heine el verso:

Te querré eternamente y aún después;

Te querré eternamente y aún después;

nunca lo encontré. Hay en inglés, para decir siempre, una fórmula parecida y extraña: for ever and a day». Improvisa esta línea burlesca: «Reino en tu nostalgia, eternamente».

Sábado, 28 de mayo. Come en casa Borges. Dice: «Sabato me acusa de no tener sentido social. Tal vez no lo tenga, pero él, que se rodea de peronistas y de comunistas, lo tiene menos. En una revista del Rosario publican un artículo sobre mí, en que lo citan. Él, en seguida, escribe otro artículo, corrigiendo inexactitudes. Qué deseos de figurar, aunque sea en la periferia de la realidad…».

Domingo, 29 de mayo. Come en casa Borges. Leemos, dos veces, un largo poema de Capdevila sobre la patria en su sesquicentenario[915]. El poema tiene versos hermosos pero es desordenado, tonto, desprovisto de criterio, con ridiculeces como el vocativo Rey Petróleo,

El Rey Petróleo de los sumos raros.

El Petróleo, monarca de monarcas…

O como los versos que Borges señala y recita:

Tomad ahora el nombre de un mancebo:

Estanislao Zeballos.

¿Qué pasa en Comodoro Rivadavia?

BORGES: «¡Qué versos! Llevado por el ardor de la composición, no los oye por separado. Después de qué pasa difícilmente puede salir un verso memorable. De todos modos,

¿Qué pasa en Siracusa y en Cartago?

¿Qué pasa en Siracusa y en Cartago?

sería mejor; nada peor que Comodoro Rivadavia: es muy largo, compuesto de dos partes, una suerte de máquina. Lo que pasa, la razón por la cual el poema no vale mucho, es que Capdevila es un pobre hombre. Yo pensé que en La Prensa lo respetarían; parece que no; lo desprecian: lo ven seguido, lo conocen. Están cansados de oírlo llamar a cualquiera: Mi querido amigo. Es un viejo payaso».

Le refiero que murió Mayorino Ferraría, nombre que muchas veces emplea para indicar el máximo de insignificancia. BORGES: «¡Pobre! Colaboró en Nosotros: creo que tuvo amores con alguien de la revista, y por eso logró colaborar. Su posición era, sin embargo, bastante precaria. No lograba que le publicaran cualquier cosa. Una vez, en una nota sobre un concierto, metió de contrabando un poema suyo. Era de una extrema fealdad. Vivía con dos hermanas, mayores que él, solteras y muy feas. Era pobre. En España le dio a Cansinos-Assens su libro de poemas[916]. Estábamos en el café. Cansinos lo hojeó y lo dejó. Mayorino, con engollamiento amanerado y amistoso, protestó: “Pero, don Rafael, ha leído los peores”, “Es verdad —contestó Cansinos—, no estuve afortunado”. Un juicio adverso, expresado cortésmente, resulta más duro. En una comida, en Buenos Aires, Willie Borges, bebido, le gritó desde el otro extremo de la mesa, parodiando el tango Milonguita:

Minorino,

los hombres te han hecho mal[917]

Nosotros no vale nada. ¿Quiénes publicaban allí? Giusti, joven y vigoroso crítico; Suárez Calimano, más conocido como Suárez Cuadrumano… No pagaban a nadie. Bueno, tampoco ganaban nada. Muchas veces le oí decir a Giusti que si Bianchi hubiera hecho para sí lo que hizo por la revista habría muerto rico. Dicen que tuvo importancia. El nombre está bien: Nosotros»,

Largamente hablamos de las causas del exilio de Ovidio en Tomis. Comentamos que es extraño que ni Browning ni De Quincey hayan tratado el asunto.

Lunes, 30 de mayo. Come en casa Borges,

En el tranvía, donde viaja la madre de Borges, va una morocha. Se detienen frente a una obra en construcción. Un albañil comenta:

Morocha de labios recios,

por no decirle jetona.

BORGES: “El episodio parece de cincuenta años atrás; la improbabilidad del epíteto recios, jetona nunca se dijo (sí, jetuda); los octosílabos corresponden a Fray Mocho y la torpeza de la fórmula por no decirle… El protagonista, claro, es un criollo. No se parece a los parientes de Frondizi”.

Martes, 31 de mayo. Comen en casa Borges y Juan José Hernández. BORGES: «Si algo tiene la Revolución de Mayo es su sentido liberal. Hoy, en los discursos de Carlos Alberto Pueyrredon y de Dell’Oro Maini, esto fue negado; la revolución habría sido hecha por fidelidad a España, contra Napoleón. Las revoluciones francesas y norteamericanas no habrían tenido influencia alguna… Dell’Oro Maini hablaba en largas frases floridas. En un discurso improvisado se justifica, porque el orador no sabe cómo acabar cada frase y está ganando tiempo para que se le ocurra una nueva idea; en un discurso leído, esto es intolerable. Como el discurso de Dell’Oro era muy largo y toda frase era florida, la gente, cansada de oratoria, confiaba en que cada frase fuera la última y aplaudía; pero Dell’Oro continuaba impertérrito: no omitió nada. Pueyrredon, que presentó a Dell’Oro, habló cuarenta minutos, sin decir una palabra sobre el presentado, pero tratando el mismo tema: la Revolución de Mayo; de modo que, después, la conferencia de Dell’Oro se oyó como una repetición, confirmación o réplica de la anterior. Como Dell’Oro la tenía escrita, no se preocupó: leyó nomás, durante dos horas. Ambos oradores iniciaron sus discursos con interminables saludos: “Señor Presidente, señores ministros, señores embajadores, señores académicos, señoras y señores”, No sé por qué las señoras y los señores no se levantaron y dijeron: “Bueno, disculpen, nosotros nos vamos”. ¿Por qué no empezar in medias res? Por lo menos el segundo debió hacerlo».

Con Borges examino, al final de Matthew Arnold, de Herbert Paul, el catálogo de los “English Men of Letters” y hablamos de los diversos volúmenes, señalando los buenos y los malos. Ponderamos, entre otros, los de Leslie Stephen (Hobbes, Johnson, Pope, Swift, George Eliot), el Morris de Noyes, el Rossetti de Benson, el Ruskin de Harrison, el Swinburne de Nicolson, el Bentley de Jebb, el De Quincey de Masson, el Browning de Chesterton. Comentamos que debería ser agradable dictar un curso de literatura inglesa, fijando uno el programa, sin estar obligado a ocuparse de Thackeray ni de Trollope.

Refiere Borges un cuento en que al héroe se le da un ovillo mágico; si quiere apresurar el tiempo —digamos, si quiere que llegue el sábado, porque entonces verá a su amiga— tira del ovillo; así, tirando y tirando, en pocos días agota los muchos años de vida que el destino le ha acordado.

Miércoles, 1.º de junio. Come en casa Borges. Hablamos de nuestra tendencia espontánea a creer que el don poético, la importancia de la obra, es mayor en Coleridge que en Wordsworth; sin embargo, salvo tres o cuatro poemas —“The Ancient Mariner”, “Kubla Khan”, quizá “Christabel”, quizá “Ode to Dejection”— los» cientos de páginas de Coleridge son hojarasca y hay muchos poemas admirables en Wordsworth. BIOY: «Es una cuestión de estilo: espontánea, ingenuamente, uno piensa que Wordsworth se atiene a una poesía prosaica y que Coleridge no se ajusta a ningún yugo, que tiene la libertad de ser sublime». BORGES: «Alguien señaló que el don verbal sustituía en Carlyle a la observación. Tal vez, llevado por su don verbal, dio una vívida imagen de Wordsworth, totalmente inexacta».

Dice que Santiago del Estero es muy simpática y muy pobre. Habla de la tristeza de los pueblos: «Desde el tren uno ve casas de ladrillo, sin revocar». Describe una costanera, con muelle y todo, salvo agua, en Santiago: «Uno se asoma, y abajo hay arena, piedras y plantas espinosas. Parece de un sueño». Habla después de los ríos secos de las provincias; de una laguna seca cerca de Santa Fe. Concluye: «¿Será éste uno de los países más feos del mundo?». Dice también que es muy rara la tendencia de Buenos Aires de ganar unos metros al río, de extenderse al Este, sobre montones de basura: «Se olvidan que del otro lado tienen todo un continente».

BORGES: «Una amiga de Madre recordó la imagen poética de una niñita de pocos años: “En el cielo había estrellas con natas”. Las natas serían las nubes. ¿Te das cuenta qué inmundicia? Tiene razón Graves cuando dice que las antologías son libros del antologista, que impone su carácter».

Dice que, en quince días, con un muchacho Achával, preparó una antología de Ascasubi[918], cuya obra aspira a difundir.

Jueves, 2 de junio. Come en casa Borges. Cita una frase casual, que le pareció absurda, de su madre a una amiga: «No le pongas más adornos a ese sombrero, porque va a perder su carácter de gorro».

Cuenta que la señora de Grondona compró en París unos muñecos que una suerte de buhonero callejero manejaba, sin duda con hilos más o menos invisibles, a los gritos de «Sautez! Dancez!». Al otro día, las hijas sorprendieron a su madre gritando: «Sautez! Dancez!, ante los muñecos, tirados en el suelo.

Habla con exaltación de la extraordinaria belleza de lugares de la Suiza italiana: Sils María, Arosa y Chur. «Yo siempre vi poco, pero tal era la pureza del aire que allí me pareció que veía hasta lejísimos». Fue ésta una de las pocas veces que lo he oído elogiar con ardor bellezas de la naturaleza.

Suele emplear la fórmula de Wells, quien dijo que Haldane era por lo general elogiado with a careful avoidance of particulars, para describir la manera en que se elogia a tantos colegas.

Sábado, 4 de junio. Comen en casa Borges y Juan José Hernández.

Lunes, 6 de junio. Comen en casa Borges y Juan José Hernández. BORGES (a Silvina): «Llegó una carta, de una profesora, de nombre español, de una universidad norteamericana. Dice que se ha especializado en literatura femenina latinoamericana y que dará una conferencia sobre vos y Norah Lange. Que se especialice en literatura femenina no está bien. ¿Qué importa que sea femenina? ¿Por qué no de autores con ojos azules?». HERNÁNDEZ: «¿Cómo se llama la profesora? ¿De qué universidad es?». BORGES: «No sé, ni importa. ¿Qué superstición es esa de creer que los nombres propios dan precisión? ¿Cambia algo si saben ahora que se llama de tal o cual manera, que es de la Universidad de Minnesota o de la de Arkansas?».

Recuerda Borges una Antología de la poesía femenina publicada hace veinte o treinta años en Buenos Aires: «La empresa se presentaba como un concurso cuyo premio era la publicación de los poemas. Resultaron premiados todos los poemas presentados. Las autoras tenían la desilusión de verse entre muchas, pero también el consuelo de figurar en una obra importante… Parecía la guía del teléfono, un anuario, un diccionario. Como cada autora compraba cuatro o cinco ejemplares para guardar y regalar, los editores hicieron un buen negocio».

BORGES: «Si Dubliners se presentara al concurso de La Nación lo rechazaríamos justificadamente. Tal vez lo que pueda decirse en favor de Joyce es que representa lo mejor de una mala causa. Hizo lo que los otros quisieron hacer; todos quisieron ser Joyce; Supervielle lo quiso y le salió como su cara. Joyce para la literatura, Picasso para la pintura… Lo que demuestra que había algo mal en la mente de Joyce es que quisiera hacer una novela con el Ulysses. Parece que en la obra de arte tiene que haber un poco de selección; no creo que la acumulación sea el mejor método. Salvo que se haya divertido mucho con sus recuerdos de Dublín, que serían como nuestros recuerdos de Buenos Aires. Se divirtió poniendo todo en ese libro…».

BIOY: «Supervielle tenía una mente arenosa. Vivía en una penumbra mental; entreveía la idea de un cuento, de un poema; la escribía como primero se le ocurría, a tientas siempre, sin llegar nunca a precisar nada, ni pensamientos, ni argumentos, ni siquiera frases; sin averiguar qué idea, qué argumento, había en el fondo de esos destellos de su penumbra. Todo le salió á peu prés, siempre meó fuera del tiesto. Hay en él una debilidad ingénita». BORGES: «Y como persona era un viejo sonso». BIOY: «Muy vanidoso». BORGES: «¿Te acordás, esa vez que lo llevamos a Puente Alsina y que Mastronardi lo titeaba y él no comprendía las bromas? Mastronardi puede ser muy perverso… Pero Supervielle no comprendía nada, era un viejo sonso».

Borges vuelve a la idea (que otras veces por negligencia acepté) de que es absurdo que una persona se sienta avergonzada porque otra la deje, ya que el amor está regido por leyes imprevisibles: «Nadie piensa mal de otro porque lo dejen, pero si le pasa a él mismo cree que es una ignominia». BIOY: «Bueno, no tanto, pero indudablemente hay una técnica para manejar a las mujeres, y si uno por ofuscamiento, nerviosidad, vanidad desbordada u otras debilidades pierde el control de la situación puede justificadamente avergonzarse».

Martes, 7 de junio. BORGES: «Todas las frases literarias (no digo poéticas) han de ser francesas. Para hablar de los descuidos de Shakespeare, Hugo habla de sus frecuentes ausencias en el infinito»[919].

Recuerda que Ibarra decía, a propósito de Supervielle: «En Francia todo el mundo escribe bien; cuando alguien escribe mal, sorprende; todos piensan que ha de haber algo que justifique esa manera de escribir defectuosa». Borges: «Parece que en los últimos años de su vida, Supervielle tomó un profesor de gramática y de francés». Borges lo menosprecia por esto, y lo elogia también.

Habla de un dramaturgo suizo, Dürrenmatt, discípulo de Shaw. Dice que, tal vez porque corresponde a una tradición que le gusta, le parece «desde luego mucho mejor que esas inmundicias de Tennessee Williams, Saroyan, Miller y el autor de Nuestro pueblo, Thornton Wilder».

BORGES: «Mallea no contestó al reportaje de El Mundo, porque dijo que, según él creía, el escritor se expresaba en sus libros. En el fondo tiene razón: el reportaje es una colaboración impaga, que se paga con una deshonesta idea de que difunde el nombre del autor. Además, es fútil y frívolo».

Dice: «Cuando una composición literaria es mala, se notan las palabras y nada más. Words, words, words. Cuando es buena, no importa que las palabras sean feas, hay un impulso que te arrastra…».

Mandó en febrero dos sonetos a La Nación; le dijeron que se publicarían en marzo; después, que se publicarían en abril. Todavía no los publicaron. BORGES: «Tengo sesenta años. Me parece que estoy en una situación un poco incómoda. Si me enojo parezco necio. Si no hago nada, me dejo manosear y quién sabe cómo me tratarán después esas mujeres…».

BORGES: «Leonidas de Vedia aseguró que Carreta se había repuesto de su enfermedad, que era de nuevo él mismo. De nada le sirvió entonces la enfermedad… Vedia lo elogió por estar interesado en cuanto ocurría en el país. Nunca lo estuvo: fue franquista y medio peronista, sólo estuvo interesado en su vanidad».

En el subterráneo me mostró anuncios murales y comentó las figuras dibujadas, como si quisiera comunicarme que no veía tan mal.

Miércoles, 8 de junio. Come en casa Borges, No es demasiado delicado para las tareas del jurado; parece creer que el puesto fuera un cargo obligatorio y que si uno puede mitigarlo un poco, mediante coladores y lectores voluntarios, mejor.

Susana Calandrelli dijo que no había que olvidar que hubo gente de buena fe engañada por el peronismo; que en aquellos años ella estaba preocupada por la enfermedad de su padre y que no se enteró de lo que pasaba en el país. BORGES: «Esa mujer nunca se enterará de nada. ¿Peronistas engañados? No creo que los haya habido nunca».

Jueves, 9 de junio. Por la tarde, voy con Borges a La Nación, donde nos reunimos con el resto del jurado: Carmen Gándara, Leonidas de Vedia y Mallea. De camino me propone, deslumbrado con el proyecto, que escribamos la Historia de la literatura de un país imaginario; «Sólo vos y yo podemos escribirla», me dice, y ansiosamente me pregunta si el proyecto me atrae. Afirma que debemos defendernos de nuestra tendencia al humorismo; que debemos escribir cada uno por su lado, para no caer en Bustos Domecq. Por la noche, come en casa.

Viernes, 10 de junio. Comida en Baiardino, en honor de Vocos Lescano, Premio Clarín al mejor poema sobre la patria (cincuenta mil pesos). González Lanuza se acerca afectuosamente a Borges y sonriendo le dice: «¿Cómo te va, Georgie?». Éste contesta: «Bien», y se vuelve, le da la espalda, habla con Clemente y otros. El vicepresidente de la compañía Esso, en su discurso, galano y bobo, elogia al poeta en general y olvida al concreto Vocos. Este habla. Al principio, pienso: «Tomó el premio en serio; se la pilló». En efecto, nos dice que el poeta no es ni mejor ni peor que los otros hombres, que trabaja en una oficina, que va al mercado, que regatea los precios y que en su casa, a donde llega cansado, procura componer sus poemas. Quienes lo escuchan son compañeros de la Esso y unos cuantos escritores. (Los compañeros de la Esso son idénticos al poeta descrito por Vocos, minus la excelsa composición de poemas). No me parece atinado mostrarse como el gran hombre sencillo pero, por un mal camino, llega a un resultado mejor: dice que para componer versos, buenos o malos, ha dejado de hacer, de ver, una montaña de cosas, y que si nosotros le preguntamos ahora si está feliz, nos dirá que sí, que volvería a dejar de hacer esa montaña de cosas, con tal de componer sus versos, buenos o malos. Luego, con exaltación, sin monotonía, lee su largo poema[920], que tiene empuje, demasiadas dulzuras y alguna que otra felicidad…

Llevo a Borges a su casa; mañana parte solo a Saladillo, a dar una conferencia.

Sobre la hija del embajador de Inglaterra me cuenta: «No es fea; lleva an orgiastic life; no es tonta: dice que Eliot es una inmundicia».

Domingo, 12 de junio. Come en casa Borges. Habla de su viaje a Saladillo: «Allá te conocen como terrateniente, no como escritor[921]. “Tiene el campo en tal parte, lindero con…”. Uno de los señores que me recibió estaba entusiasmado con la idea de “Poderoso caballero es don Dinero”. Repetía: “Lo escribió Quevedo, quién sabe cuándo, y hoy es tan verdad como entonces”. Qué hotel: era una fonda. No había un cajón para guardar nada. Por suerte me pusieron un porrón con agua caliente. Entre Monte Grande y Constitución, alegró el viaje de vuelta un muchacho que en un acordeón tocaba tangos y milongas».

Cuenta que Barbarita, la hija de Betina Edelberg, fue con su maestra y sus condiscípulas a un museo, donde, según dijo, vio «un perrito embalsamado, un gato embalsamado, un pájaro embalsamado y un hombre con todos los huesos afuera» (un esqueleto). Según Betina explicó a Borges, eligió para su hija el nombre de Bárbara porque «un judío está en todas partes como un bárbaro en Roma».

Lunes, 13 de junio. Come en casa Borges. BORGES: «Algunos se lamentan de que hablamos mal y anhelan que hablemos como en España. Yo les digo que en España no hay un idioma, sino muchos dialectos». BIOY: «¿Quieren ser laístas, como los madrileños? No soy nada nacionalista, pero dejar nuestro modo de hablar y sustituirlo por el de España me parece pasarse al otro lado… Si todavía el español de España fuera un idioma vivo y permeable, como el inglés o el francés… pero no, tienen un equivocado ideal de pureza y quieren manejarse hoy con un idioma anterior a la rueda. El centro cultural del idioma español está en Buenos Aires; yo creo que en nuestra corta Historia pensamos más que en todos los siglos de España; casi no existió, hasta nosotros, pensamiento en español… ¿por qué vamos a adoptar un idioma aldeano?». BORGES: «Y la literatura española está en decadencia desde el siglo XVII».

Cito la frase sartén colé, usada por los paraguayos para decir sartén sin mango, hombre díscolo y voluble. BIOY: «¡Qué idioma el guaraní! No tiene palabra sartén». BORGES: «La sartén, para el guaraní, es algo tan complicado como el teléfono. Qué raro que se empleara sartenudo como epíteto de complejo y que llamaran, a Dios, Sartenazo»,

Hablamos de idiomas que respondieran a hábitos mentales muy raros. Porque Pipina Diehl dijo que todas las palomas eran diferentes, propongo (para uno de esos idiomas) la frase «son como dos palomas» para indicar dos personas o cosas diferentes y contrarias.

Refiere (con elogio) el argumento de «Cleon», de Browning[922]. BORGES: «Es claro: es un poema para cristianos. En su tiempo, su mujer era más famosa que él. Habría que leer los Sonnets from the Portuguese. No hay ningún original portugués: es una ficción. Yo traté de leerlos; están escritos con palabras abstractas. Son un caso bastante raro: poemas en elogio del amor conyugal, de una mujer para su marido».

Comentamos ciertos juegos a los que se entregan los autores, como Mallea el otro día, cuando dijo: «La novela no es ocupación de desocupados, ni desocupación de ocupados, sino ocupación de ocupados». BIOY: «Al vislumbrar la posibilidad de uno de estos vaivenes, un autor siente un vértigo irresistible. Piensa que tal vez no sea muy bueno, pero que es literatura». BORGES: «¿Puede corresponder a pensamiento?». BIOY: «Sí, pero a pensamiento demasiado arropado de lenguaje; como si se hubiera puesto encima el cortinado». BORGES: «No creas que Unamuno está exento de este hábito… Shaw acusa de lo mismo a Chesterton». BIOY: «Con razón».

Martes, 14 de junio. Voy a La Nación, a la reunión del jurado. Cuando salgo con Borges, éste me propone: «Vamos a La Fragata. Allí hay un mingitorio en que se han logrado pises excelentes». Discute las posibilidades de un pis: ¿puede ser tan satisfactorio como una deposición? Cargados con paquetes de manuscritos, nos turnamos para pasar al estrecho mingitorio. Comentamos, con Borges, la circunstancia de que mucha gente tiene puesta en nosotros la esperanza de una dicha (la de obtener el premio). Lo dejo del otro lado de San Martín, en la calle Corrientes.

Por la noche, come en casa. Leemos el prólogo de Reyes a su traducción de la Ilíada[923] leemos los primeros versos. «No son muy estimulantes», opina.

Miércoles, 15 de junio. Come en casa Borges. BORGES: «Leyendo el libro de Reyes sobre Goethe[924] uno intuye que ese libro es el resumen de otros. Cuando uno siente esto, no puede respetar mucho el libro que lee. ¿Cuál es el gran libro de Reyes? ¿El deslinde? No pude leerlo. Indudablemente Reyes tenía una gran curiosidad, pero la larga temporada en Madrid le hizo mal. Había en él un lado de vulgaridad, un lado patán. ¿Recordás cuando Martín Fierro hablaba de lo que comían en los buenos tiempos los gauchos? Todo es limpio. Reyes hubiera llenado el párrafo de requesones, de olor y de grasa».

Le pregunto si la frase «con reyes y consejeros» es de la Biblia. BORGES: «Debe de ser. ¿O es de Shakespeare?». BIOY: «Creo que es de la Biblia. ¿Cómo empieza? ¿“Sleeps with Kings and Counsellors”? No creo». BORGES: «No: sleeps parece ambiguo. No se sabe si la persona está muerta o si se dedica a una prostitución muy gloriosa. Ha de ser rests». Luego encuentro los versículos en Job 3:13-14. En inglés es rests; en español, «reposaría con reyes y consejeros»[925].

BORGES: «¿Recordás la frase “to join the majority”?[926] ¿Qué triste, no?».

Cuenta que en la edición española del Mundo como voluntad y representación dice el prologuista que el dominio de Schopenhauer de la lengua española no debía de ser perfecto ya que en su volumen de Gracián anotó de puño y letra: «Mi lo dato il general». BORGES: «El prologuista continúa sin perder la seriedad».

Jueves, 16 de junio. Comen en casa Borges y Juan José Hernández. Con Borges leo en voz alta los cuentos que van llegando para el concurso de La Nación. BORGES (llorando de risa): «Parecen escritos por chicos». BIOY (tristemente): «Parece imposible escribir de otro modo».

Lunes, 20 de junio. Llega Borges, de visita. Leemos cuentos del concurso de La Nación; después, poemas de un librito de Barba Jacob que compré en Mar del Plata. BIOY: «Qué vergüenza: lo compré porque en ese momento creí que Barba Jacob era Salomón de la Selva». BORGES: «Y yo, mientras estabas hablando, creía que Barba Jacob era Salomón de la Selva. Han de ser el mismo: en Salomón está la barba, en la barba está Jacob». Los poemas nos parecen absurdos. Mi padre reconoce que es un poeta, pero agrega: «Aunque también es un maricón imposible: dice que él es todo, a la vez Adán y Eva. Y cuando elogia a una persona bella, elogia a un mancebo»[927].

Leemos Marginalia de Reyes. BORGES: «Me pregunto si el título de la obra de Reyes no podría ser Tiras y pelusas. ¿Para qué escribe todo esto? Y si lo escribió ¿para qué lo publica? De “Treno para [José]. Ortega y Gasset” no queda nada; ni siquiera una anécdota. ¿Por qué es tan acartonado, tan elogioso, tan poco convincente? Para ser íntimo hay que confesar algo, cometer alguna maledicencia. Imagínate a Wells escribiendo así. En un país civilizado sólo por parodia la gente podría escribir así. ¿Hemos creído que escribía bien? ¿Lo hemos propuesto para el Premio Nobel[928]? ¿Estaríamos locos? Bueno, quizá todo autor, leído con cuidado, revela su imbecilidad. Nosotros revelamos nuestra imbecibilidad. ¿Qué me decís del artículo de Reyes sobre Ureña[929]? Mirá si lo habrá conocido y no dice nada. Aun miente. Recuerdo que le decía: “Mucho me temo, Pedro, que hayas perdido el hábito de la página diaria”. Y ahora finge que Ureña era un gran trabajador». Añade: «Ni siquiera se propone que los lectores le crean. Quiere ser amable. Estos artículos son como cartas, que interesan quizá al destinatario».

Habla de Goethe: «Nadie podría quererlo. Las mujeres y los cambios de domicilio entorpecen las biografías de Goethe. ¿Para qué ocuparse de todas las mujeres de Goethe? Para él serían vividas, pero para nosotros son tan borrosas como las mujeres de quienes están enamorados nuestros amigos. Dijo: “El pensamiento no sirve para pensar”[930]. ¿Qué significa? ¿Que la voluntad, que el entrecejo fruncido no sirve para pensar? Schiller estaba muy dispuesto a casarse con una mujer que no conocía y a admirar a Goethe. No sé por qué Reyes escribió el libro sobre Goethe: está tan mal escrito que parece de otro. Se ve que no sabe alemán: alguna palabra con terminación en ung ésta en masculino[931]. Debería saber que el ungen alemán, como el ción en español, es terminación de sustantivos femeninos».

Le digo que algunos cuentos de Kipling, como «The Wish House» y acaso «Unprofessional», me parecen, aunque dignos de admiración, desagradables. Los comparamos con The Turn of the Screw. BORGES: «Este argumento quizá tenga cosas horribles, tal vez sea una historia morbosa y atroz, pero visualmente todo en el cuento es lindo. Indudablemente, para el lector hay aquí una gran diferencia».

Hace un tiempo, un senador norteamericano de visita en Buenos Aires se encontró con Borges. Hablaron de Mark Twain. Después, Borges recibió de Norteamérica una carta en que se le anunciaba que le enviarían, como regalo del senador, una Encyclopaedia Britannica. Con la carta venían unas explicaciones sobre el arte de manejar dicha enciclopedia, donde se aseguraba que el volumen de índice desorientó a mucha gente; que el índice sirve para encontrar infinidad de materias que, por no merecer capítulo aparte, no se las hallará en el cuerpo de la enciclopedia, si se las busca alfabéticamente. Además de esta explicación escrita a máquina por el secretario del senador, venía en el sobre un prospecto de la casa editora de la enciclopedia, con instrucciones impresas que repetían, de un modo más amplio aún, las anteriores. BORGES: «Qué extraña luz arroja todo esto sobre el pueblo norteamericano».

Esta Encyclopaedia Britannica resultó un libro de extraordinaria riqueza. En efecto, Borges se encontró con Victoria y, como Victoria le había presentado al senador, creyó amable decirle que había recibido el anuncio del regalo. BORGES: «En el acto comprendí que había cometido una gaffe. Victoria, boquiabierta, demudada, consternada, balbuceó: “¿Cómo? ¿A usted también? A mí me anunció que me mandaría una enciclopedia…”. Es claro: estaba furiosa de no ser la única favorecida. Traté de consolarla con seguridades de que todavía no me la habían enviado, con esperanzas de que quizá no la recibiría nunca…».

Lunes, 27 de junio. Come en casa Borges. Hablamos de Wilde. Leemos «The Sphinx» y «The Ballad of Reading Gaol». BORGES: «Lord Douglas censuraba “The Sphinx” por ser un poema falso. Es un poema deliberadamente falso. Está bien que se haga un poema así, en un estilo llevado a su extremo». Cita:

White Ammon was your bedfellow! Your chamber was the steaming Nile!

And with your curved archaic smile you watched his passion come and go[932].

Dice que es muy explícito y muy admirable, que es un poema francés: «Qué lejos de Langland».

De «The Ballad» observa: «Ya es más serio, más inglés. Wilde ha imaginado muy bien todas las circunstancias del condenado a muerte. Un poema así es el mejor argumento contra la pena de muerte».

Leo:

He did not wear his scarlet coat,

For blood and wine are red[933]

Comenta: «Wine no sería vino, sería cerveza, pero está bien que haya puesto vino».

Cuando leo:

We had no word to say;

For we did not meet in the holy night,

But in the shameful day[934].

exclama: «¡Es un gran poema! ¿Por qué Kipling lo desdeñaba? Porque veía al hombre detrás de los versos; al impúdico maricón que no tomaba nada en serio… Baeza traducía de cualquier modo a Wilde; “The Ballad” está absurdamente traducida. Por ejemplo, traduce a cricket cap como un gorro de dril[935]. ¿Por qué gorro? Es una gorra. Como Baeza es español, se permite cualquier libertad y le encaja un gorro de cocinero al pobre condenado».

Hablamos de «Requiem» de Stevenson. BORGES: «Es un poema metálico. Recuerda el ademán de hacer cimbrar la hoja de acero de una espada». Recita los versos:

Under the wide and starry sky,

Dig the grave and let me lie.

Glad did I live and gladly die,

     And I laid me down with a will.

This is the verse you grave for me:

     «Here he lies where he longed to be;

Home is the sailor, home from sea,

     and the Hunter home from the hill»[936].

BORGES: «La aliteración es perfecta y no resulta pesada ni forzada.

And I laid me down with a will

And I laid me down with a will

no parece inglés. Los grandes escritores dan nuevos sonidos a los idiomas».

Conviene conmigo en que Verlaine es muy superior a Baudelaire y aun a Mallarmé: «Será también muy superior, como poeta, a Wilde». Le digo que no estoy seguro, aunque Wilde como poeta no me parece demasiado bueno.

Jueves, 30 de junio. Habla, por teléfono, Borges. Vio una pieza de teatro, La bonne soupe, de Félicien Marceau. BORGES: «El defecto del realismo americano son sus caídas en el sentimentalismo; el del francés, en lo literario. En La bonne soupe todo quiere ser muy real y cuando hablan de un hotelucho —una suerte de Hotel Saint Pierre[937]— dicen que allí los cuerpos silenciosamente se buscan como peces en el fondo de un acuario. ¿Comprendes? De pronto estás en medio de un poema en prosa».

Viernes, 1.º de julio. Come en casa Borges. Leemos pésimos cuentos para el concurso de La Nación.

Sábado, 2 de julio. Come en casa Borges. Leemos cuentos para el concurso. BORGES: “Cuántas formas del error”. De un cuento: “Con qué minuciosidad y complejidad explica cosas desprovistas de toda importancia”.

BIOY: «A veces pienso que, aunque la hayamos olvidado, la literatura francesa obra todavía en nosotros. Quizá sea la que más ha formado nuestro juicio y nuestro gusto». BORGES: «Es claro: continuamente leemos literatura inglesa, pero no la leemos como ingleses, sino como franceses; los ingleses no dan importancia al oficio, ni a la maestría técnica. ¿Hay en todo Keats ocho líneas comparables al “Requiem” de Stevenson? Sin embargo, en las Historias de la poesía inglesa no hay una línea sobre el “Requiem”. Dan tal vez importancia a lo escrito con emoción. Habría que escribir una Historia del gusto, o de la apreciación de los méritos, en literatura. ¿Qué gusta a los ingleses? Emerson, por ser un poeta inteligente, no gusta. Hugo no gusta en Inglaterra. Tal vez los poetas o escritores que los países eligieron para que los representen no se parecen a la idea que uno tiene de la gente del país. Goethe, sin afición por la música, sin capacidad para el pensamiento abstracto: llegó a decir que la lectura de Kant en ningún momento lo mejoró. (Es claro que la gente no da importancia a los méritos intelectuales, sólo cuentan los morales: por eso tienen prestigio los vascos). Shakespeare, con su irresponsable elocuencia, parece un sinuoso judío italiano, jamás un inglés; nada de understatement, nada de la pasión inglesa por el mar: hubiera sido peronista. Cervantes parece menos español que el adusto y fanático Quevedo. Dante no corresponde a la idea corriente del italiano. ¿Quién es muy inglés? Samuel Butler, Johnson, Wordsworth, quizá. La gente juzga una debilidad de los franceses no tener un escritor por encima de todos, un Shakespeare, un Dante, un Cervantes. No quisieron tenerlo: pensaron que era mejor tener muchos; si hubieran querido elegir a uno no les habría faltado». BIOY: «A nosotros nos representa Hernández». BORGES: «Sí, ya está resuelto. ¿O Lugones? No, Lugones perdió el bus». BIOY: «Pero en estos países los proceres son más importantes… ¿Quién se compara aquí con San Martín? ¿En el Uruguay con Artigas?». BORGES: «En cambio, en Inglaterra nadie prefiere Nelson a Shakespeare».

Considera a Scott Fitzgerald un escritor sin importancia y reprochó al profesor adscripto que lo pusiera como tema de estudio. BORGES: “Los muchachos no sabrán nada de Emerson, ni de Whitman, ni de Melville, pero habrán analizado el Gran Gatsby”.

Domingo, 3 de julio. Come en casa Borges. Leemos los cuentos del concurso. Leo páginas de las Memorias de Baroja, que le agradan. Dice que Baroja no cae en la superstición de imaginar que la época de su juventud fue maravillosa. Después agrega: “Pero hay que ser vanidoso para escribir un libro así. Hay que creer que todo lo que se refiere a uno tiene encanto. Y tal vez lo tenga, tal vez todo lo que se refiere a un hombre tenga encanto, tal vez sea lícito escribir un libro así… Baroja opina; no inventa teorías ni razona. Creó de sí una imagen dramática —viejo gruñón y descortés, que dice verdades— y la estimuló. Eso no está bien en un escritor. Shaw cayó en lo mismo”. BIOY: “Kipling, no”. BORGES: “No. Tenía ocupación de sobra con sus invenciones. Todo el tiempo estaba inventando. Además, su vida privada era su vida privada. Tal vez Kipling alcance por fin el reconocimiento que merece: a la gente hoy le gustan las cosas desagradables y las fealdades; Kipling las provee a manos llenas. ¿A Baroja le gustaría Lugones? No. Le parecería un macaneador”.

BORGES: “La gente admira a Tennessee Williams, a Saroyan y a ese imbécil de Beckett, el de En attendant Godot. Qué raro que Shaw haya pasado casi inadvertido, salvo para el suizo Dürrenmatt”.

El sobrino de Alfonso Reyes le contó que éste dejó libros en los que dice qué piensa de todo el mundo; ahora se publicarán.

Lunes, 4 de julio. Come en casa Borges. Leemos cuentos para el concurso de La Nación.

Martes, 5 de julio. Come en casa Borges. Mañana tiene que hablar en un homenaje a Supervielle. BORGES: “¿Qué diré? Es un pésimo poeta. Los poemas primeros son de una notable trivialidad; los últimos son incomprensibles”. Leemos unas estampitas de un libro de 1919[938]; luego, Oublieuse mémoire, del 49. Este último libro tiene poemas mejores. BIOY: “Parecería que el poeta no dice nunca exactamente lo que quiere; se conforma con decirlo más o menos, á peu prés. A otros les salen versos que dicen lo que quieren”. BORGES: “O que parece que dicen lo que quieren”. BIOY: “Que es lo mismo”. BORGES: “Éstos parecen borradores. Cómo serán de malos sus borradores. Fernández Moreno es mejor”. BIOY: “¿Te has fijado qué feas son las rimas? Le entorpecen los versos. No sé por qué se los vuelven tan triviales y tontos”. BORGES: “Le gustan palabras muy feas. El olvido tiene pattes de velours. Si compara el silencio con un perro, ve lo más feo de ese perro, el museau. Además no se conforma con que sea un perro genérico. Es un perro determinado, un fox terrier. El fox terrier del silencio. O mejor un perro abrigado, un perro de aguas, orejudo y peludo”.

Leo cuentos del concurso. BORGES: “¿Para qué nos metimos en esto? Yo, el año que viene, renuncio. Menos mal que no lo tenemos de colega a Goethe. ¡Cómo se entusiasmaría con toda clase de imbecilidades! Sería muy incómodo”.

Me recita unos versos en inglés y me pregunta de dónde son. Después de un rato le digo: “La noche oscura del alma” de San Juan de la Cruz. “Es claro —dice—. Son de la traducción de Roy Campbell. Parece que está bien. Mañana a la noche traigo el libro, para que comparemos la traducción con la de Symons[939]”.

Miércoles, 6 de julio. Come en casa Borges. Leemos cuentos para el concurso. Me refiere el homenaje a Supervielle, en la Facultad de Derecho: “Resultó un homenaje bastante provincial; hablaron unas diez personas, un ratito cada una. Guillermo de Torre y Alberti estuvieron, cuándo no, largos. Guillermo, anunciando que sería un poco largo —je, je—, se sentó y luego leyó un artículo suyo publicado en un diario, un artículo con salvedades, con distingos, con matices; Alberti recordó unos días inolvidables que él con ese otro idiota de Altolaguirre pasaron en la quinta de Supervielle en Oloron-Sainte-Marie, traduciendo —¿para pagar la pensión?, ¡cómo los envidia el oyente!— poemas de Supervielle, que éste les suministraba a manos llenas; traduciendo ante el ojo vigilante y exigente del anfitrión. También estuvo largo el pobre Supervielle, porque se pusieron unos discos en los que él recitaba poemas de nunca acabar; debió ser patético, pero parecía enojado y hacía ruidos de animal, un cerdo tal vez, así que resultó ridículo; luego, jovencitas y actores leían poemas, que anunciaba Lisa Lenson con un error de poca importancia: pronunciaba argentinamente los títulos franceses, y se resarcía pronunciando afrancesadamente los nombres de los recitadores, Martinez o Üdaondó”, Victoria contestó un poema, o una carta, de Supervielle; está especializándose en cartas a muertos, pero a diferencia de Lang no las escribe en el estilo de los destinatarios». Borges dice que él estuvo elogioso, pero que no tiene conciencia de haber sido hipócrita; en un homenaje a un muerto no se puede sino proceder así: «Lo contrario hubiera sido muy vanidoso o antipático». Agrega: «Es raro, hoy se puede decir cosas ridículas sin parecer ofensivo: Alberti habló de la altura de jirafa de Supervielle».

Jueves, 7 de julio. Come en casa Borges. Leemos cuentos. BORGES: «En no sé qué revista francesa de cinematógrafo, se dijo algo sobre un festival celebrado en un pequeño país tropical sudamericano: el Uruguay. Ni corto ni perezoso, Sabato escribió una carta de protesta. ¿Te das cuenta, qué imbécil? Aseguraba que el país no era tropical y en cuanto a lo de pequeño preguntaba si sabían que tres grandes poetas franceses habían nacido en él: Laforgue, Lautréamont y Supervielle. Yo le dije que de verdad éramos, el Uruguay y la Argentina, prácticamente tropicales y que el hecho de que tres poetas franceses hubieran nacido por casualidad no probaba que el país fuera grande; no probaba nada. Debí preguntarle por qué cometía el galicismo de creer que Lautréamont y Supervielle eran grandes poetas. Lo que molesta es que Sabato siempre habla para que lo aplaudan. Espera que uno comente: “Qué bien. Qué valiente. Qué gracioso. Qué agudo”. Y naturalmente dice idioteces. Esos libros, Heterodoxia y Uno y el universo, no son otra cosa que colecciones de frases que esperan el aplauso, la exclamación admirativa del lector. Pertenecen a la peor tradición francesa. Que en un país nazca un poeta de otro país, que escribe en otra lengua y está en otra tradición, no significa mucho. Sin querer entrar en un contrapunto: si no supiéramos que Hudson vivió muchos años aquí y empleó sus recuerdos como tema de sus libros, no lo consideraríamos un escritor argentino. Pero a Supervielle el Uruguay lo único que le da, de vez en cuanto, es un elemento decorativo y exótico, generalmente equivocado, para uno de esos poemas que son cuadritos ridículos, como cuando habla del ombú encorvado por la pena, que piensa acaso en un sauce».

BORGES: «Con el tiempo, todas las convenciones literarias parecerán absurdas: quiero decir que a cada una le llegará el momento de parecer absurda. Un día parecerá absurdo el recurso, inventado por Whitman, de poner nombres propios; nombres de personas y de lugares. Dirá la gente que esos nombres, que ahora se ponen con propósitos nostálgicos, quitan toda realidad y convierten los cuentos y las novelas en guías y planos. Así es Peyrou en su novela: el protagonista no da un paso en Buenos Aires sin mencionar la calle; no bebe una cerveza sin nombrar el bar. Parecería una persona que acaba de llegar a una ciudad y se fija en todo para no perderse; tiene un ratito, porque va a embarcarse de nuevo, y tiene miedo de perderse y quedarse ahí. En su propia ciudad uno anda más distraídamente y no recuerda con tanta precisión si iba por Suipacha, si entró en el bar de Rodríguez o en el de Pérez».

Hablamos de Baroja, cuyos libros de memorias estuve leyendo, y de los cuales le leí párrafos. Él, pensando que divertiría a su madre, compró El escritor, según él y según sus críticos; con su madre anoche leyeron algunos capítulos. BIOY: «¿Seguís leyendo a Baroja?». BORGES: «No. No se puede leer. Es inútil. Uno lee y lee un libro así y no saca nada. Más aceite da un ladrillo. Baroja es la decadencia de Montaigne. O de Whitman. El libro se basa en la suposición de que todo lo que le pasa a un hombre es encantador. Pero Montaigne, o Whitman, o Bioy, están más estilizados». BIOY: «Baroja, como decía Weibel-Richard de Luc Durtain, il est la. Está como un asado en el asador». BORGES: «Coexiste en el espacio. Está como un objeto. Sí, como un asado en el asador. Y no creas que tiene rigor para pensar. Dice que la vida de un carpintero puede ser más interesante que la de un militar, escrita (esta última) con una retórica manida. Lo de la retórica manida es inútil; está de más; perjudica su argumento. Si quiere decir que la vida más simple puede ser más interesante que la más compleja, no debe agregar lo de la retórica manida; yo creo que él quiere decir que a veces, y escritas de igual modo, la más simple puede ser la más interesante. ¿O quiere decir que la vida militar sólo puede escribirse con una retórica manida? ¿Por qué? La vida de Lawrence, en Los siete pilares de la sabiduría, está escrita con retórica, pero no manida. Se ve que ha leído muy poco. Todo el tiempo uno cree que la frase lo va a llevar a determinada cita, a determinado verso o párrafo; uno los espera, Baroja pasa muy cerca, pero pasa de largo».

Sábado, 9 de julio. BORGES: «El mecanismo de Las mil y una noches se funda en un error. Nadie quiere que le cuenten cuentos. El sultán no quiso que Scherazade le contara cuentos; sin duda, él se los contaba a ella».

Martes, 12 de julio. Come en casa Borges, muy resfriado. Leemos cuentos pésimos, para el concurso de La Nación.

Habla de la vanidad de Guillermo; éste se contradice, en diez minutos, en una conversación y exclama, satisfecho, seguro de satisfacer: «¡Vio cuán arbitrario soy!».

Miércoles, 13 de julio. Come en casa Borges. Leemos cuentos para el concurso.

Jueves, 14 de julio. Come en casa Borges. En casa está una valenciana de Iowa, la profesora Helena Percas, que escribió sobre Silvina[940]. Mucho camino tenemos que recorrer, la persona que se encuentra con nosotros y nosotros, cuando nos encontramos por primera vez, en la segunda mitad de una vida dedicada a los libros, y comparamos nuestras opiniones; mucho camino hay que recorrer en un breve instante, para simpatizar. Con Helena Percas simpatizamos. Borges, a quien ella llamaba señor Borges, al principio no la trata de un modo muy promisorio, pero después está amistoso. BORGES: «Los españoles, cuando no pretenden ser genios, cuando no se ven como grandes escritores, son personas excelentes». Yo convengo con él: la gente que uno casualmente encuentra en la calle en España es mejor que la que encontramos aquí y tal vez que cualquier otra; no hay que condenar a España por algún Alberti o algún León Felipe.

Viernes, 15 de julio. En la Biblioteca Nacional, discurso de Borges, en ocasión del llamado a concurso para los proyectos del nuevo edificio. Estoy con Lisa Lenson y Estrella Gutiérrez; hablamos de la posibilidad del Premio Nobel para Borges; cuando Estrella Gutiérrez esgrime a Saint-John Perse, en la seguridad de que todos admiramos su poesía, le digo que el hombre me parece agradable, pero su obra sin méritos.

Domingo, 17 de julio. Comen en casa Borges y Peyrou.

Lunes, 18 de julio. Come en casa Borges. BIOY: «He comprobado que debo callar mi pereza de viajar al Brasil[941]; si no, doy la noticia de un modo intolerable: comunico que voy al Brasil y añado que no tengo ganas». BORGES: «Lo que pasa es que como hay gente a la que nunca han invitado a ninguna parte, siempre se espera de nosotros que toda invitación nos entusiasme. Son como Mariana [Grondona], que dijo, refiriéndose a su prisión en años peronistas: “Fue lo primero que pasó en mi vida. Norah pinta, ya es algo. Pero para mí lo primero fue esa prisión”».

Martes, 19 de julio. Voy a la conferencia de Borges, en el helado Salón Peuser, sobre El enigma de Shakespeare[942] Marcos Victoria no tiene ninguna noticia sobre ese enigma, pues pregunta: «¿Cómo se puede dudar de la existencia de Shakespeare, si se sabe en qué casa nació, dónde murió, si se conoce cómo era su cara, etcétera?». Llevo a Borges a su casa. Hablamos del día que tuvimos, del que tenemos por delante, y recuerda a Macbeth: «I have supp’d full with horrors[943]».

Por la noche, comen en casa Borges y Murena. Borges sospecha que las apreciaciones que en el diálogo hace Murena sobre libros son citas de notas críticas leídas.

BORGES: «Hay un placer en mostrar. No hay placer en que nos muestren nada. Para el que muestra, lo que muestra es real; para el que ve lo que le muestran, lo que le muestran es irreal, equivale a lo que él puede imaginar: a una cosa imaginada, no real. Cuando uno muestra su ciudad a un forastero, además de que lo que se muestra tiene sentido para uno —para el otro, no; sabe que lo olvidará, que es lo mismo que ya lo olvide—, hay otros placeres laterales: el de presentarse como conocedor de la ciudad en que uno vive, de la calle en que uno vive. Por eso, en realidad, son los guías los que pagan a los turistas, por permitirles conducirlos. La gente viaja, se molesta y deja su casa donde está cómoda, para juntar un poco de dinero».

BIOY: «Hoy estuve en la embajada de Chile, en el almuerzo para Mallea. El embajador dijo que hay algo de heroico en cómo sacrifica Mallea dinero y honores para dedicarse por entero a la obra». BORGES: «Y que la obra se joda. La actividad más notable de Mallea debe de ser su fuga por la obra: para que las cosas no le salgan del todo mal, debe sustraerse, no pensar mucho, no elegir, no volcar Mallea».

Observa Borges que la situación de Larreta es bastante peculiar: «Es un gran escritor español, un tanto fraudulento, porque no es español; los españoles deben de verlo como un simulador poco convincente. Y es un gran escritor argentino, que no logra ser tan argentino como Carriego y José S. Alvarez».

BIOY: «A lo que me pareció, en la charla de hoy, en el almuerzo a Mallea, Giusti prefiere, entre los gauchescos, el Fausto al Martín Fierro». BORGES: «No se animará a escribirlo». BIOY: «A ninguna mujer le gusta el Martín Fierro. Antes había señoras a quienes gustaba el Fausto». BORGES: «Macedonio también lo prefería. De Martín Fierro me dijo: “Salí de ay con ese calabrés vengativo”. Cuando refiero esta frase en las conferencias, la gente se molesta. No ve que la frase puede ser ingeniosa aunque injusta. Aunque realmente Martín Fierro corresponde a la idea popular de un calabrés».

Miércoles, 20 de julio. Come en casa Borges.

Jueves, 21 de julio. Come en casa Borges. Leemos cuentos para el concurso de La Nación. BORGES: «Tenemos un poder mágico de crear dolor, cualquier cantidad de dolor, en todas las partes de nuestro cuerpo».

Domingo, 31 de julio. En Buenos Aires, de regreso del Brasil. Come en casa Borges. Habla de la polémica de Groussac y Menéndez y Pelayo[944].

Me dice que Wally Zenner lo presentará en Banfield, donde él dará una conferencia, y me pregunta cómo será el estilo de esa pieza oratoria. BIOY: «Valores permanentes, congregados en base a señera nobleza de fibra, articulan y positivan el aporte borgiano».

BIOY: «La policía busca a Estela Canto». BORGES: «La policía busca a Torquemada». Ahora es Borges el que exagera.

Lunes, 1.º de agosto. Borges, sobre Charles Morgan: «Es un escritor de élite, para lectores que no son de élite».

Martes, 2 de agosto. Come en casa Borges. Leemos cuentos, pero el sueño me vence.

Miércoles, 3 de agosto. Come en casa Borges. Leemos cuentos.

Viernes, 5 de agosto. Come en casa Borges.

Sábado, 6 de agosto. Voy a San Isidro, a una reunión de Victoria. BIOY: «¿Por qué Victoria reunirá esta fauna? Hellén Ferro, un ex peronista; María Rosa [Oliver], comunista declarada; la mujer de Risieri Frondizi; González Lanuza; vos y yo, que somos liberales». BORGES: «¿Busca algo en el mundo oficial?». BIOY: «Tal vez. Pero me parece más probable que haya resuelto ser una gran personalidad, una figura nacional, y crea conveniente asegurarse todos los apoyos». BORGES: «Ya lo es». BIOY: «Sí, pero uno nunca está seguro». BORGES: «Antes Victoria se rodeaba de gente según el sistema de simpatías y diferencias». BIOY: «Victoria antes estaba segura de imponerse; ahora, con los años, lo está menos y necesitará el apoyo de los demás». BORGES: «¿Y González Lanuza cómo se justifica?». BIOY: «Victoria siempre creyó que es un gran escritor. Hombre de consejo en Sur». BORGES: «Bianco tiene que corregirle los artículos, pero él lo ignora, porque no recuerda nada, no es consciente de lo que escribe». BIOY: «Hablando de Victoria, hace un momento Marcos Victoria estuvo muy afectuoso conmigo: me dijo que trabajó mucho en cuentos para el concurso [de La Nación]; que los cuentos firmados Sancho o algo así son los suyos. Qué encantador».

En la reunión hay muchos indios y siameses. El príncipe de Tailandia recita a Borges un poema:

En el agua turbia y quieta del estanque,

con un movimiento de cola,

de pronto nada un pez rojo.

Lo dice primero en siamés, con palabras que suenan como teclas de un piano mínimo: la, ti, lo, da.

Después, comen en casa Borges, Peyrou, Nason Marshall, profesor de la Universidad de Nuevo México, y su mujer. Por pedido de Peyrou, ponemos tangos (para que Nason oiga los verdaderos tangos, etcétera). Cada tango que pongo lo considero un error: otro gallo nos cantara si yo encontrase… Pero Ivette, cantado por Vidal, esta noche me parece que no es para tanto; la orquesta Los muchachos de antes me recuerda un pajarito que ineficazmente quiere llegar con sus pío-píos —por cierto que no llega, que opera en nuestra indiferencia y nuestro desdén—; Gardel, cuándo no, fracasa con la Milonga del Novecientos, y su Flor de fango, que tal vez valiera la pena, se me extravía… Peyrou no advierte nada: cree que estos tangos nos tienen a todos (la verdad es que siempre nos tuvieron) embelesados. BORGES: “Según Wilde, cuando uno logra comunicar un entusiasmo a alguien, lo que nos entusiasmaba ya no nos entusiasma”. Sobre Ivette cantado por Vidal, Borges me dice: “Me gusta tanto, que ojalá no les guste a estos carajos”. (Estaba muy contento con Nason Marshall y la frase no expresa su opinión).

Domingo, 7 de agosto. Por la tarde, con Borges, tomamos el té con Rochi Hingorani, delegado indio al Congreso del PEN Club, y con el delegado australiano, el hércules húngaro Docey, en el Hotel Lancaster. Se conocieron en Río de Janeiro; ahora trabaron amistad y, virando juntos, bajaron a Buenos Aires, donde comparten el cuarto de hotel. Hingorani nos dice: “Estuve muy deprimido. En Río me robaron los dólares. Ahora bien, yo tenía en una cartera los dólares, en otra unas pocas libras, en otra los cruceiros. Dios me mandó un ladrón muy inteligente, porque me robó solamente los dólares; ni siquiera se llevó la cartera; sacó los dólares, dejó la cartera, de modo que yo pudiera tocarla, sentir que nada me faltaba; así tardé mucho en descubrir el robo. Lo cierto es que hubo gente que ha censurado a mi amigo (señala a Docey) por este robo: en efecto sólo él conocía la distribución de mi dinero, tenía acceso a mis carteras. Yo no le recrimino nada. Yo pensé que el ladrón es un instrumento de Dios, que me castiga por alguna falta que cometí últimamente —quizá fui menos ferviente en mis plegarias— y sigo viajando con él. Es un ladrón muy astuto y es un ladrón muy materialista, porque varias veces dije en su presencia que Dios castigará al ladrón y no he notado que se asustara… (A mi). Si fracasamos en estas gestiones que hago con usted para establecer una filial de nuestra sociedad de cooperación cultural, no le echaré la culpa a usted ni a los otros, sino a mí mismo, que no supe convencerlos, o que no fui sincero en mis plegarias y perdí la gracia de Dios…”. Comentario de Borges, después: “No lo interpela a Docey, porque si no el húngaro lo rompe a patadas o no lo monta más”.

Por la noche, Borges come en casa y leemos cuentos.

Lunes, 8 de agosto. Come en casa Borges. Lectura de cuentos. BORGES: «Marcos Victoria se presenta a un concurso en la Facultad de Filosofía y Letras. Los jurados son León Dujovne y otros dos. Dujovne escribe un fallo explicando por qué debe darse la cátedra a Victoria. El decano, Morínigo, dice a Victoria: “Lleve el fallo a los otros dos jurados, para que lo firmen”. Ni corto ni perezoso, Victoria lo lleva. Los otros dos lo firman. Uno de ellos comete la indiscreción de referir el asunto: “El mismo Victoria nos lo trajo”, etcétera, a un enemigo, que comenta el hecho con Monner Sans. En seguida, Monner Sans lleva una denuncia ante el Consejo Universitario. El Consejo, presidido por el mismo Morínigo, “apercibe” a Victoria y a Dujovne. Victoria presenta su renuncia, en la que no niega los cargos pero llama cobarde a Morínigo… ¿Qué te parece todo esto? No se entrevé un mundo muy correcto. El mismo Monner Sans no queda mejor que los otros: “el insobornable, resulta un metido, un malito, un prig, un juez de la conducta de los demás”. BIOY: “Lo recuerdo como profesor: en cada estudiante recelaba a un enemigo”. BORGES: “Tiene bien ganado el veneno. Es un autor fracasado, hijo de un autor fracasado. De casta le viene al galgo”».

Martes, 9 de agosto. Comen en casa Borges y Murena. Dice Murena que reeditará la Antología de la literatura fantástica y nos propone que preparemos otras antologías para Sur. Borges y yo leemos cuentos. Murena comenta: “Lo que mata es que tengan que publicarse los cuentos premiados en La Nación. Muchos cuentos, que merecerían ser premiados, no pueden publicarse en La Nación. Por ejemplo, el último cuento de Wilcock. Cualquier cuento un poco indecente…”. BORGES: “No llegaron cuentos así, por suerte. Además, ¿qué importa? Cada cuento excluye infinitas posibilidades, es como un hilo en un mar de posibilidades. Siempre es así”. Luego, a mí: “¿Te das cuenta? ¿Vamos a preocupamos por ese problema hipotético? ¿Qué hacer si no podemos publicar cuentos sobre incestos, o cuentos que consten únicamente de la palabra mierda, repetida tres mil veces? Elva de Lóizaga me llamó por teléfono, para quejarse de que, tratándose de La Nación, habría que mandar cuentos rosas…”.

Miércoles, 10 de agosto. Come en casa Borges. Recibió finalmente la Encyclopaedia Britannica. Le regalo Contos de Eça de Queiroz. Leemos cuentos.

Córdova Iturburu, en una Historia (o acaso “exposición” o “panorama”, no “análisis”) de la pintura argentina[945], había incluido a Julia Peyrou. Hace uno o dos años, Córdova y Manuel Peyrou se pelearon, estuvieron a punto de batirse. En la nueva edición del libro de Córdova, Julia no figura. BORGES: “Con lo que revela un alma de proporción infinitesimal. Otros hubieran cedido a la vanidad de parecer magnánimos y, ayudados por la pereza, hubieran dejado el libro como estaba. Éste no; resueltamente excluyó a la hermana de su enemigo. ¿Cómo queda el gran crítico? Bueno, quién va a creer en eso…”.

Jueves 11 y viernes 12 de agosto. Come en casa Borges. Leemos cuentos.

Sábado, 13 de agosto. Comen en casa Borges y Peyrou. Después de leer innumerables (y áridos) cuentos presentados al concurso de La Nación, hablamos del arte de escribir cuentos y novelas. BORGES: “Es un arte difícil. ¿Cómo interesar con algo que nadie ignora que es mentira? O hay que ser encantador, como Eça de Queiroz; o alucinantemente visual, como Stevenson; o persuasivo de la realidad, como Bennett en Oíd Wives”. Tale; o erótico; o sobrenatural; o manejar el suspenso, como los novelistas por entregas y tanto escritor de segundo orden: el arte mejor se desentiende de la atención de los lectores pero corre el riesgo de perderlos».

BIOY: «Según Revel, experimentos como el de la petite madelaine de Proust son un error, porque son tan incomunicables como la pasión que sentimos por una mujer[946]». BORGES: «No es necesario que a nosotros los mismos estímulos nos produzcan iguales asociaciones. El proceso, contado, puede ser interesante y poético». BIOY: «Y, al fin y al cabo, casi toda novela es la historia de la pasión que alguien siente por una mujer».

BORGES: «He descubierto que lo que da irrealidad a muchas películas, pese al realismo inevitable del cinematógrafo (uno ve las cosas como son en la vida; no se necesitan descripciones; etcétera), es reconocer en los personajes el reparto clásico: la primera actriz, el galán joven, el villano, la característica, etcétera».

BIOY (a Peyrou): «¿Estás escribiendo algo?». PEYROU: «Nada. Estoy con angustias, en tratamiento médico». BORGES: «Angustia, Angst. hoy está de moda. ¿Vos creés que las Grondonitas sentirán Angst? No, ellas sienten el plexus…». Etcétera, etcétera: el pobre Peyrou, olvidado.

BORGES: «Néstor Ibarra (joven y recién llegado de París) conversa en un corralón, cerca de la Chacarita, con el cuarteador Soto, de Entre Ríos. Ibarra lo interroga sobre su provincia, trata de hacerlo hablar de lobizones. Cortésmente, el cuarteador le asegura: “No crea, señor, son fábulas”». Recordamos a aquel obispo que protestaba contra Gulliver, asegurando que no estaba dispuesto a creer todo lo que allí se decía[947].

Domingo 14, lunes 15 y martes 16 de agosto. Come en casa Borges. Leemos cuentos.

Miércoles, 17 de agosto. Comen en casa Borges y Miguel, su sobrino menor. Leemos cuentos para el concurso de La Nación. BORGES: «Creo que es un defecto, aunque tal vez sea un mérito —estas cosas no se saben en el acto—, la costumbre de Cervantes de mostrarnos como muy celebrado por todos los presentes cuanto hacen o dicen Quijote y Sancho. Corresponde al procedimiento de los films, cuando aparece el primer actor tocando un instrumento o cantando y todos los demás se paran para oír y luego aplauden. Como todos los personajes son creaciones del propio autor, resulta que se aplaude a sí mismo. Quijote y Sancho están presentados en todo el libro como estrellas».

Dice Borges que Susana Bombal habla de «una mujer efectiva».

Sábado, 20 de agosto. Comen en casa Borges y Peyrou. Leemos cuentos. Dice Borges que si en un cuento se nombra un pájaro, en seguida aparecen otros. Una gaviota hace una bandada; la mención del tiempo, trae de inmediato la del espacio.

Domingo, 21 de agosto. Come en casa Borges. Leemos cuentos. Habla de un Iberra, pariente de los Iberra (cuatreros y perdularios de Adrogué), un señor criollo, dueño de un viejo almacén. Cuando el centenario de Lomas de Zamora, fue un mocito de un diario, para fotografiar el almacén. Le pidió a Iberra que le hablara de otros tiempos. Halagado, Iberra se dispuso a hacerlo. El mocito le explicó que de ese modo la gente acudiría al almacén y que las ventas aumentarían. Entonces el señor Iberra contestó que no tenía nada que decir y concluyó la entrevista. BIOY: «Ésta es la mejor anécdota de los Iberra. Sin duda esa familia mejoró». BORGES: «Es lo que me dijo Madre: “¡Cuánto mejor este otro que esos facinerosos que te llaman la atención!”. Aunque tiene un almacén, es un caballero; no está interesado en adelantar».

Cuenta: «Un día Enrique Amorim se encontró con Josué Quesada, todo vendado, y en broma le preguntó: “¿Quién te pegó?”. Quesada: «Ese animal de Fulano, porque yo me referí a su mujer en la sección ¡Psch! No diga que yo se lo dijé[948] Amorim ya no sabía dónde meterse, lo había preguntado en broma».

BORGES: «Los plagios de Coleridge, señalados por De Quincey[949], empiezan a llegar a la conciencia de los críticos. He descubierto que, asombrosamente, el ensayo de Walter Pater sobre Coleridge no está mal. Pater escribe que Coleridge tomaba demasiado en serio las cosas, que en el siglo XVIII tenían más equilibrio, que Platón nunca soñó que se tomaría tan en serio cuanto decía, y que por eso a veces decía una cosa y a veces otra»[950].

Dice que la Historia de la literatura argentina que dirige Arrieta[951] es una vergüenza: «Imagínate que colaboran Soto, Giusti y otros animales por el estilo».

Lunes, 22 de agosto. Come en casa Borges. Lectura de cuentos. BORGES: «Proust emplea el epíteto cardíaco para referirse a cosas del corazón como órgano del sentimiento. Creo que es un error: “Apliqué, en el lomo canino, una caricia manual”».

Hablamos de pace y de passim. BORGES: «¿Vos creés que Victoria sabe lo que significa passim?». BIOY: «No». BORGES: «¿Y Alicia Jurado? Bueno, está en plena educación… ¿Y Peyrou?». BIOY: «Tal vez no».

Un funcionario le dijo: «Estructuramos nuestra conducta sobre la marcha». Borges, primero perplejo, comenta luego: «Como los peripatéticos». Pero Wally Zenner comprende la jerga y aclara: «Quiere decir que improvisan».

Miércoles, 24 de agosto. Come en casa Borges. Por su cumpleaños le regalo Six chapters of Floating Life, de Shen Fu; un libro japones sobre la floating life (Ukiyo) en la literatura japonesa (no la Floating life del libro anterior; la floating life en general, que, según entiendo, es la vida licenciosa); un librito con extractos del diario de Grasmere de Dorothy Wordsworth[952]. Leemos cuentos.

BORGES: «Cada año se duerme menos. Qué triste». Comenta después: «La persona que no duerme se siente culpable y es aborrecida por los demás».

Jueves, 25 de agosto. Come en casa Borges. Leemos cuentos. BORGES: «Van a encargar unos cuantos libros sobre escritores argentinos, para hacernos conocer en el extranjero. Encargaron el libro sobre Banchs ¿a que no sabés a quién? A ese animal de Vedia[953]. Qué misterio. ¿Qué puede entender de Banchs? Absolutamente nada. (Pausa). Sin embargo, a Banchs le parecerá muy bien que hayan encargado su libro a Vedia. Hay ese lado oscuro en Banchs… Una afinidad con el abismo». BIOY: «De modo que no tenemos razón de quejarnos». BORGES: «¿A que no sabés a quién le encargaron el libro sobre mí? A Mastronardi. Nunca lo escribirá. O estará lleno de bromas secretas». BIOY: «O será tedioso, como el libro sobre Valéry». BORGES: «¿Qué te parece el capitán Wolberg? Lo hará en seguida y bien. Amelia Biagioni, que está en eso, dijo: “Ah” y quedó triste. Argumentó que ellos no conocen a Wolberg, que hubieran preferido un autor de más volumen… Le contesté: “Soy yo el que se los señalo, yo encuentro que está muy bien”. ¿El libro es sobre mí, no es verdad? ¿Qué más quieren?».

Viernes, 26 de agosto. Voy a buscar a Borges a su casa. Su madre me dice: «¿Vos sabés lo que hizo Peyrou?». BIOY (temiendo lo peor): «No. ¿Qué hizo?». La señora: «Se casó. Los otros días se lo dijo a Silvina, pero según Julita, que oyó la conversación, se lo dijo tan figuradamente que Silvina quizá no entendió». BIOY: «No entendió. Quién sabe lo que Peyrou, en su angustia, piensa de nosotros». LA SEÑORA: «Parece que le dijo: “He formalizado una situación”. Se creyó muy enfermo y para que esa mujer no se quedara sin nada se casó. Vive con ella desde hace mucho, pero van a seguir como hasta ahora, cada cual en su casa. Graziella me dijo: “¿Usted cree que él se va a ir a vivir a otra casa? Por nada, con lo que teme los cambios. Es muy maniático. Cuando vivíamos en la calle Austria, por nada se acostaba sin ir a dar la vuelta a un farol que había frente a la casa. Todo el barrio sabía que él noche a noche salía a dar la vuelta al farol. Nosotras le dijimos que trajera a su mujer a casa, pero no quiere. Parece que es una mujer muy buena y muy inteligente, a quien consulta para todo. Tiene once años menos que él, unos cincuenta”. Peyrou se pasa el día sentado, sin escribir, sin leer, sin hacer nada, con la cabeza ladeada, mirando al vacío. La rareza está en la familia».

Llevo al restaurant Pedemonte a Borges; comemos allá con su old flame, la protagonista de “Las noches de Goliadkin”.

Sábado, 27 de agosto. Después del almuerzo, con Silvina, Borges, Grillo della Paolera y Marta Mosquera vamos a la quinta de Victoria, en San Isidro. Comentamos los automóviles argentinos, los jeeps y las estancieras, hechos para el hombre de campo (aunque no sirven para el campo) y usados por el hombre de ciudad. “Con el tiempo —asegura Grillo— por las calles de Buenos Aires veremos gente que pasea en tractores y en locomotoras”. Marta Mosquera, que llega de Europa, afirma que las calles de Buenos Aires parecen ruinas; los argentinos, pordioseros; sus automóviles, taperas. Declara también que es muy notable nuestro mal humor y que en la calle las palabras que uno oye son palabrotas. BIOY: “Sí, es como si la guerra hubiera ocurrido aquí, no en Europa. Así nos dejó Perón, después de llevar la prosperidad al pueblo”.

En San Isidro, con Victoria y Angélica, caminamos afuera, en la esperanza de que el sol entibie, tomamos té nacional con gusto a remedio, comemos pan con gusto a DDT y conversamos con el embajador de Francia y con un señor del Quai d’Orsay, que dirige las relaciones culturales. Estos caballeros pertenecen a la vieja escuela, que recomienda una sonrisa picara para acompañar las afirmaciones más bobas. Como sonreímos con una cansada y agradable ironía para decir “un terrón” cuando nos sirven el té, el ambiente de la reunión es de gran altura intelectual. (A propósito del té: las dueñas de casa, carcomidas, como todo el mundo, por la avaricia, fingen ignorancia de un hecho reciente, que viene ocurriendo de apenas dos años a esta parte: en los almacenes de Buenos Aires ahora hay té importado, para quien lo paga). Yo peroro, una vez más, sobre el Brasil y Brasilia, mirando de reojo si Borges y Silvina, que me oyeron las mismas palabras en tantas ocasiones, están muy cerca.

Volvemos por fin a Buenos Aires. Con Borges, en casa, leemos cuentos para el concurso. BORGES: “La gente ya no se ríe de ninguna obra de arte. Sabe cómo quedaron los que se reían de los impresionistas y teme quedar mal ante la posteridad. ¿Por qué ese miedo a la posteridad? Como decía Wilde, hasta ahora la posteridad no hizo nada por nosotros”. Agrega: “Wilde jugaba al juego de D’Annunzio y de tantos otros contemporáneos, pero cum grano salis. La gente no ve esto. La gente descuenta que los escritores son las personas más inteligentes; además, en la posteridad somos los más insumergibles”.

Comenta (leyendo un título): “Cultura universitaria: oxímoron”.

A las nueve me voy a una comida en la casa del agregado cultural de Francia; Borges parece un tanto furioso, como si le hubiera hecho una mala jugada, porque lo dejo en esta compañía.

Domingo, 28 de agosto. Come en casa Borges. Leemos unos pocos cuentos, hasta que el sueño me cierra los ojos.

Las otras noches me pidió que escribiera algo sobre literatura inglesa del siglo XVIII, para un librito que publicará, con trabajos de varios autores, el Instituto de Literatura Inglesa de la Facultad de Filosofía y Letras, procurando editar algo, antes de fin de año, para que no lo cierren. Evidentemente, no toman en cuenta las antologías de sir Thomas Browne y de Gibbon[954] que ya les entregamos. BORGES: “Tengo dificultades para conseguir colaboradores que escriban sobre literatura inglesa del siglo XVIII. Nuestros amigos no se aventuran a largos viajes por el pasado. En verdad sus viajes son estrictamente autour de leur chambre[955]. Leen los libros que se publican hoy y nada más”. Dice que para quienes no están muy metidos en literatura inglesa, Johnson no existe y el mismo Boswell es de entrada difícil: “Conozco a mucha gente que fracasó con la Vida de Johnson”. Le pregunto si esta idea le parece falsa: que Johnson pertenece al siglo XVIII y Boswell al XIX. Me asegura que no le parece falsa. Quizá yo escriba sobre esto.

Lunes, 29 de agosto. Come en casa Borges. Leemos cuentos. Dice que la música de Strawinsky es extraordinaria (en el sentido de excelente), con sonidos rarísimos, como de jazz, muy alegres. “Pero mejor no decírselo a Strawinsky —agrega—. A lo mejor su música expresa toda la tristeza del mundo moderno”.

BORGES: “Según el profesor (¿príncipe?) Prem Purachatra la literatura Thai, o de Siam, es verdaderamente de élite. Desde sus comienzos, en el siglo XIII, hasta los días que corren, la mayor parte de sus autores son reyes, aunque también escribió algún cortesano, príncipe eso sí»[956].

Martes, 30 de agosto. Come en casa Borges. Leemos cuentos.

Viernes, 2 de septiembre. Comen en casa Borges y Marta Mosquera. Leemos cuentos. En la lectura, que debo suspender porque se me cierran los ojos, y en las conversaciones posteriores con Borges, de pronto duermo, sueño, despierto.

Marta Mosquera dice tener un primo en el Brasil que se dedica a la caza de tigres. MARTA: «Vive para el momento en que el tigre grita, antes de morir. Es un muchacho de treinta y dos años y ha cazado sesenta y cuatro tigres. Fuimos a cazar a cien kilómetros de Río». SILVINA: «¿En qué fueron?». MARTA (turbada): «Fuimos, fuimos, de cualquier modo». MI PADRE: «Y los tigres del Brasil, ¿son grandes?». Marta sospecha, sin duda, que ha situado mal su historia, porque dice: «No, son chicos; son mínimos; son gatos», como queriendo borrar todo lo dicho hasta entonces.

Asegura Marta Mosquera que había unas arañas con boca y ojos circulares, enormes y peludas, grandes como un gato y tan elásticas que podían aplastarse y entrar por debajo de las puertas. De pronto mira enojada a Borges y lo apostrofa: «Sos un chismoso. Estoy segura de que vas a contar a tus amigas todo lo que digo». Borges comentará después: «Esta mujer, como los personajes para Stevenson[957], es una stream of words: no es más que lo que dice. No hay nada detrás».

Mucho antes de que se lanzara a hablar en público, en tiempos de Perón, Borges un día me dijo: «¿Sabés que voy a ser profesor? Voy a dar clases de literatura en la universidad particular que ha organizado en su casa una muchacha amiga, Marta Mosquera. Todas las mañanas, esa muchacha lee a Heráclito en griego». Hablaba Marta, según explicaba Borges, el inglés, el francés, el italiano, el latín y el griego con idéntica perfección. En aquella época, a Borges no le parecía sospechoso que la anglicista, para salir con él, muchas veces faltara a las clases de Toil & Chat (por lo general, quienes concurren a esas clases no hablan un inglés excelente). Otra vez, un señor uruguayo contaba que el año siguiente viajaría al corazón del África: «Organiza el viaje una compatriota suya —nos explicó a Borges y a mí—, una muchacha que se ha puesto al habla con las caravanas». «¿No se llama Marta Mosquera?», preguntamos. «¿Cómo lo adivinaron?», se asombró el uruguayo. En tiempos de Perón, Marta nos propuso, a Borges y a mí, un puesto para dirigir una revista y las publicaciones de una editorial egipcia, que trabajaría en Sicilia y publicaría en español: el proyecto no nos pareció raro.

Sábado, 3 de septiembre. Come en casa Borges. Leemos cuentos. Hablando de bibliotecarios dice: «¿Qué intelectuales son ésos? Son clasificadores, ubicacionistas».

Domingo, 4 de septiembre. Come en casa Borges. Leemos cuentos.

Lunes, 5 de septiembre. Come en casa Borges. Leemos cuentos. BORGES: «En general, considerar históricamente a los escritores ayuda a entenderlos, pero esto no ocurre con Wordsworth. Históricamente es un romántico, pero comparado con Shelley o con Coleridge es un clásico; comparado con Joyce, también. Se habla de la construcción del Ulysses, de sus paralelos con la Odisea. Esta construcción, estos paralelos no sirven para nada, o sólo sirven para el crítico, que escribirá sobre el libro; en cambio, en el sueño del árabe[958], todo está construido de modo de preparar la mente del lector. Wordsworth es más clásico, mucho menos romántico, que Eliot».

Llegaron de Sur las pruebas del Libro del cielo y del infierno. Cuando entregamos el original, por cortesía dije a Murena, que se ocupa allí de la publicación de libros: «Si recordás algún texto que hayamos olvidado, incluilo». Ni corto ni perezoso Murena tomó mi palabra y enriqueció la obra con textos propios y de Girri[959]. También agregó un poema de Borges[960] que ¡ay! yo había olvidado.

BORGES: «“No me mueve, mi dios, para quererte” me gustó mientras no leí lo de Jeremy Taylor (“San Luis el Rey mandó a Ivo, obispo de Chartres…”), la plegaria de la santa musulmana de Attar y el párrafo de Shaw en MajorBarbara (“Me he librado del soborno del cielo…”)»[961]. Sobre «No me mueve…»: «Habría que poner una nota diciendo que es admirable cómo el autor anónimo sacrifica hacia el final todo vuelo poético para enseñar el correcto manejo del tiempo de los verbos». Sobre el texto de Major Barbara: «Es claro, el lector murmurará: “Burlón, bufón”. Una idea admitida queda para siempre… Qué bien, cómo le gustaría a Shaw encontrarse al lado de Bunyan» (están así, en el libro[962]).

Martes 6 y miércoles 7 de septiembre. Come en casa Borges. Leemos cuentos.

Viernes, 9 de septiembre. Come en casa Borges. Leemos cuentos. Dice, de un buen amigo del vicio solitario: «Más conocido por Mano Maestra».

Sábado, 10 de septiembre. Comen en casa Borges y Marta Mosquera. Leemos cuentos. Borges refiere que en la Facultad él y dos psicoanalistas hablaron sobre Shakespeare y que éstos dijeron toda suerte de disparates. Que Hamlet quería matar a su padre (BORGES: «No, señor, quería vengarlo; lo mató el tío»). Que Lady Macbeth se castra: «unsex me…[963]» (BORGES: «No, quiere decir que olvidó su delicadeza de mujer»). Que Lady Macbeth dice a Macbeth que está castrado, porque le recrimina: «You are not a man[964]» (BORGES: «No, le dice eso por decirle cobarde, porque flaquea»), Comenta, finalmente: «No los contradije, pero observé que no había que olvidar la lección de Stevenson: los personajes son una stream of words y no es lícito interpretarlos como a seres vivos. Había gente que encontró absurdas esas explicaciones. Werner Bock, por ejemplo. Qué suerte que todavía haya gente que rechace asombrada esos disparates».

Discutimos sobre arte y literatura modernas. Marta Mosquera se parece a aquel crítico francés que hablaba de la línea Joyce-Kafka-Faulkner[965]. Silvina cree que la pintura representativa ya no tiene razón de ser. BORGES: «Qué raro, qué noción histórica tienen los pintores. Yo no pienso en cómo se ajusta a la Historia de la literatura el cuento que voy a escribir. Todo lo que hay en un cuadro abstracto —colores y líneas— hay en la pintura de siempre, pero en la pintura de siempre hay más. Habría que tener coraje y atacar a Joyce, a Picasso, a los principales responsables». Observa después: «Qué manía la del arte moderno contra la anécdota. Echando mano de la palabra anécdota, mucha gente rechaza hoy formas permisibles de literatura y de arte. La connotación de frivolidad epigramática de la palabra anécdota los ofusca; no ven que atacan a lo narrativo, que es uno de los permanentes agrados de los hombres. ¿Qué tiene de malo? Toda la literatura es anécdota. ¿A quién no le agradan las anécdotas? Estoy seguro de que les gustan a esos mismos pintores que las condenan. Aunque no puede uno saber: ¡son tan brutos! Ortega también, es claro, condenó las anécdotas. Ortega era un bruto: sobre Proust dice muy seriamente que llega al límite de la máxima lentitud aceptable. Es lo que primero se le ocurre a uno cuando abre un libro de Proust, empieza a leer y aún no lo conoce. Ortega cree que eso es una observación crítica digna de pasar a un libro».

BORGES: «La otra tarde yo iba por la calle distraído, pensando en mi conferencia sobre Ben Gabirol (la mejor conferencia que di en mi vida) y un hombre viejo, con una tricota shabby, me pidió unos pesos. “¿Quién es usted?”, le pregunté. Me contestó sin agresividad: “Un poligriyo, un manguero de mierda”. Qué bien, ¿no? Qué inteligente». BIOY: «Formuló lo que vos pensabas de él. Era un hombre sensible. Sentía lo que sentía el interlocutor. No se parecía a los de Emecé». BORGES: «No. No se parecía al resto del mundo».

Dice que ahora, que no puede leer, debe pensar un rato antes de sus conferencias y saber con qué ideas cuenta. «Dos ideas es poco. Cuatro ideas bastan para una conferencia».

Domingo, 11 de septiembre. Victoria, al presentarle a un funcionario del Quai d’Orsay, dice a BORGES: «Este señor decide, todopoderoso, las invitaciones a París: de él depende que uno viaje o no». BORGES: «Si me garante que no hará nada por sacarme de Buenos Aires, no tengo inconveniente en hablar con él».

Martes, 13 de septiembre. Voy a la Biblioteca Nacional, donde celebran el sesquicentenario de la institución. Están, entre otros, la madre de Borges, las Grondona, Betina Edelberg y su marido.

Habla Borges. Dice que el hombre de la calle sabe más de la Revolución de Mayo que los historiadores; que para el hombre de la calle fue una revolución liberal. Exalta el espíritu liberal: a Moreno y no a Saavedra. Dice que las celebraciones son conscientes, oficiales e imponentes; los hechos son modestos, un poco chambones, e imprecisos aun para quienes los hicieron. Equipara las revoluciones de mayo de 1810 y de septiembre de 1955. Dice que son, como la música, intraducibles.

Habla el ministro Mac Kay: lee el discurso que le escribió Grillo della Paolera; declara que Borges es uno de los más grandes escritores de la lengua, etcétera, etcétera. Felizmente, admirar a Borges es ahora un lugar común, como ayer lo era ignorarlo.

Blas González (Director de Cultura) y Clemente (Vicedirector de la Biblioteca) proyectaban una fiesta de quinientos mil pesos; Borges la redujo a doce mil.

Miércoles 14 de septiembre. Corrijo las pruebas de página del Libro del cielo y del infierno. Come en casa Borges. Leemos cuentos. BORGES: «Delante de Xul alguien recita:

Parado en las Cinco Esquinas

con toda mi contingencia,

por ver si te rompo el culo

ando haciendo diligencia[966].

Xul exclama: “Qué feo, qué pesado” y en el acto traduce al neocriol: Pentiesquinis parió con mi pancontinja, pro te culi rompa, diligo».

Jueves, 15 de septiembre. Come en casa Borges. Por mi cumpleaños, me regala una Historia de la literatura romana del período de la latinidad de plata («De cuando el latín se vuelve epigramático»). Comento: «Es una lástima que los ingleses imiten tipográficamente a los norteamericanos. El buen gusto imitando al mal gusto». Leemos cuentos.

Viernes, 16 de septiembre. Come en casa Borges. Leemos cuentos. Dice que ya Macedonio Fernández observó que de muchos actos cotidianos no quedan recuerdos; por ejemplo, del proceso de vestirse: «Según Macedonio, la única prueba que tenemos de que nos hemos vestido es encontramos vestidos».

Refiere este diálogo: «WALLY: “No se muestre, señor Nacarato, tan amistoso con el señor Boccanera. No creo que el señor Boccanera sea trigo limpio”. Nacarato (seguro de la fuerza de su argumento)». “El señor Boccanera entra y sale cuando quiere de la casa de gobierno”». Lo comentamos: BIOY: «Mejor hubiera dicho NACARATO: “Entra y se queda en la casa de gobierno”». BORGES: «Peor hubiera dicho NACARATO: “Entra y sale como por un tubo de la casa de gobierno”». Comentamos la expresión «salir como por un tubo»[967]. BORGES: «Es muy criolla, aunque el tubo no es tan criollo. Carriego hablaba de algunos apellidos italianos verdaderamente despectivos. Por mi parte, entre Cócaro y Cúcaro, prefiero Cócaro; también lo prefiero a Coca. Prefiero Nalimbene a Loiacono».

BORGES: «De aspecto, Frondizi, el presidente, es mejor que Risieri, el rector. Frondizi tiene el aspecto de un señor, de un señor conservador».

Sigue muy entusiasmado con el estudio del anglosajón. Me asegura que toda la literatura anglosajona no excede, según su opinión, de seiscientas páginas. «Brush up your Old Norse[968]», le dijo Mac Kay.

Sábado, 17 de septiembre. Corrijo pruebas del Libro del cielo y del infierno; redacto una o dos entradas, que atribuyo a una presunta novia de Chénedollé[969] y a no sé quién.

Lunes, 19 de septiembre. Come en casa Borges. Corregimos pruebas del Libro del cielo y del infierno; ponemos fechas, al pie de los textos. Libro apócrifo, potencial y acaso entretenido: El juego de las atribuciones falsas o Autores y libros apócrifos, en la obra de Borges y Bioy.

Martes, 20 de septiembre. Come en casa Borges. Ponemos fechas a los fragmentos del Libro del cielo y del infierno.

BORGES: «El estilo oral de Wally es económico, preciso y feo. No le pertenecerá exclusivamente la jerga, pero la maneja con rapidez y seguridad; ante cualquier situación, emite la frase apropiada. Hablábamos de un escultor que mandó a una exposición de esculturas un automóvil volcado. Alguien explicó: “Pasó por un cementerio de automóviles y lo vio”. Wally dijo: “El ojo selectivo”. Con el director de un colegio de La Plata, donde ella trabaja, tuvo una agarrada de conventillo. “Usted apaña a la señorita, porque es su amiga”, le recriminó Wally. “¿Qué sugiere?”, preguntó el hombre. Wally repuso triunfalmente: “¿Acusa el golpe, Director?”».

Sobre esta nueva costumbre de llamar a la gente por el título, comenta BORGES: «Tiene propósitos de adulación. Me asombra un poco cuando se usan los títulos en circunstancias ajenas… “¿Un whiskicito, arquitecto?” o “¿Una empanada, ingeniero?”».

BORGES: «Todo lo que se hace en la India es feo. Imagínate lo que serán los artistas modernos de la India. Les ganan a todos. Hay países con vocación para la fealdad: la India, México. Peor que los demonios (para ellos no serán demonios) de los aztecas, son los personajes de caricatura de los frescos de Rivera».

Miércoles, 21 de septiembre. Come en casa Borges. BIOY: «Hoy, con seriedad hablaba el directorio de La Martona de inseminadores (no los toros, los hombres que sustituyen, con jeringas, a los toros) y de letrinas turcas». BORGES: «Tiene razón Chesterton: “Reality is like anything else [La realidad es como cualquier otra cosa]”. ¿Qué será anything else?». BIOY: «Un mundo muy real para los escritores, el mundo que inventamos».

BORGES: «Parece que Peyrou obtendrá el segundo o tercer Premio Nacional con Las leyes del juego». BIOY: «Pocas noticias me alegran tanto. Quisiera que fuera el primero, una apoteosis».

Sábado, 24 de septiembre. Comen en casa Borges y Peyrou; éste, muy flaco, pero menos taciturno que la última vez. Refiero argumentos. Borges comenta: «Peyrou no los entendió a todos. Como está enfermo, todo se le vuelve un examen. Tan preocupado está de no entender, que no entiende».

Domingo, 25 de septiembre. Come en casa Borges. BORGES: «Blas González exclamó: “¡Las Conversaciones de Goethe con Eckermann! ¡Qué libro genial!”. ¿Qué tiene de genial ese libro? No conozco un libro más raté. Los únicos que se meten con ese libro son Groussac y De Quincey… Blas González aseguró que en la Comisión de Cultura trabajarán en un plan nacional, sin discriminación política, todos los argentinos. Ciertamente ahí estaban Anzoátegui y Marechal. ¡Qué progreso! A los cinco años de la caída de la tiranía nos dan el derecho de estrechar la mano de Cuitiño».

Después de leer uno de los cuentos del concurso de La Nación, me dice: «Lo que está muy bien es que el autor se ha dado cuenta de que la indiscreción es casi universal. Lo primero que hace el personaje es contar el secreto a los amigos. Sería divertido hacer un cuento en que una persona va a ver al hijo de José el carpintero y le cuenta el secreto que enferma su alma y al otro día todo el pueblo lo sabe y el cuento sigue y ya no se vuelve a hablar de Jesús. Sí, habría que hacer cuentos así, en que aparezcan personajes famosos, tengan una conducta inesperada y el cuento siga sin darles mayor importancia».

BORGES: «Una alumna, discípula de fulana Barrenechea, que se presentó como censista voluntaria, me explicó que mucha gente no comprende el censo. ¿Qué me decís? El censo incomprensible, una suerte de Joyce o Mallarmé, un poeta exquisito, Licofronte. Yo le dije que todavía el censo iba a producir una nueva teoría sociológica. Me dijo que sí, que si lo estudiaban bien… Lo que yo temía como una calamidad para ella era una esperanza. Me pareció mejor no hacer bromas. ¡Bromas con el censo! La ofendería, como a ese personaje de Wilde las bromas sobre el Ecuador o sobre el Océano Pacífico[970]. Bueno, aquí por una broma sobre la Antártida uno podría ir a la cárcel y ser declarado traidor… pero no hay peligro: nadie se animará a burlarse de la Antártida». Agrega que podría escribirse este cuento con el censo: «La familia pobre espera el censo. “¿Cuándo llegará el censo?”, pregunta ansiosamente la niñita pobre. “No ha de tardar”, la calma el padre, que lo vio entrar en la casa de los ricos. “No ha de tardar”, repite el padre, pero cae la noche y el censo no llega a la casa de los pobres».

Comento una frase de Lytton Strachey, en Portraits in Miniature: «su hermano [de Froude] seguía la nueva moda de tomar el cristianismo en serio[971]» y le pregunto si una frase como ésa podría escribirse aquí. BORGES: «Quién sabe. Aquí hay que andar con pies de plomo, aunque tal vez con no tocar a San Martín…». Dice que el Instituto Sanmartiniano expresamente prohibió las bromas sobre, o con, San Martín.

BIOY: «Según Julio Noé, Belaúnde es un gran escritor y un gran orador. No le aclaré que yo lo conocía a Belaúnde: lo vi en la asamblea de las Naciones Unidas y era un viejo buena persona, pomposo, famoso hacedor de discursos latinoamericanos, huecos y no pertinentes». BORGES: «La gente se adorna diciendo que conoció a personas extraordinarias». BIOY: «Es lo que todos hacemos con los viajes. Como nuestro viaje es una experiencia nuestra, muchas veces no compartida por el interlocutor, la enriquecemos para enriquecernos, con toda suerte de exageraciones. Con el tiempo, todo viaje es para quien lo cuenta un viaje maravilloso».

BORGES: «Macedonio estaba muy enamorado de Norah; ella no le hacía caso. Bueno, la suciedad debe de ser un elemento que se toma en cuenta en tales circunstancias. Macedonio no se bañaba: se frotaba un poco, en seco; decía que el contacto con el agua era peligroso, porque podía producir un gran frío, capaz de traer dolor de muelas. Era muy friolento. Dormía vestido, con la cabeza envuelta en una toalla. Durante el día a veces mantenía la toalla y encima se ponía el sombrero. O bien, para entrar en calor, encendía dos fósforos, que acercaba al vientre. En la playa de Pocitos, lo derribó una ola. Macedonio explicaba después que el hombre que se ahoga está sinceramente interesado en los mecanismos de la respiración, aunque antes nunca haya pensado en el tema».

Lunes, 10 de octubre. Come en casa Borges. Hablamos del Premio La Nación. Cuenta que Fernando de Elizalde llamó por teléfono, infructuosamente, a cada uno de los miembros del jurado. Después visitó a Leonidas de Vedia en La Nación y le preguntó: «Hablando con toda confianza, ¿lo del anonimato es en serio?». BIOY: «Marcos Victoria me dijo: “Fulano de tal soy yo”, y aun me mandó una copia de los cuentos a casa, por si no llegaban las de La Nación. Por desgracia, uno de los cuentos no está mal».

Gloria Alcorta se puso particularmente cariñosa en las vísperas de reuniones de jurado y a Mallea le dijo: «Hay que premiar a un autor consagrado». BORGES: «Qué raro que se vea a sí misma como autor consagrado».

VEDIA: «Qué bien votar a un español. Da amplitud al concurso». Carmen Gándara: «¿Cómo vamos a votar a un gallego? ¿No hay escritores en Buenos Aires?». Comentario de BORGES: «Yo espero después de este concurso no volver a ver nunca más a Carmen Gándara».

Miércoles, 12 de octubre. BORGES: «Todos los de [la revista] Martín Fierro estaban de acuerdo en que Bernárdez era el más débil del grupo». BIOY: «¿Y Dondo? ¿E Ilka [Krupkin]?». BORGES: «Bueno, ésos no contaban: au dessous de zéro».

BORGES: «Una mucama criolla le dijo a Madre, mirando a Norah, de días: “Igualita a usted, señora. Con ese mismo amarillo de muerto”».

Borges no es rencoroso: a pesar de los ataques de Martínez Estrada, las otras tardes, en la Biblioteca, trataba de convertir a una señora a la admiración por su poesía.

Sábado, 15 de octubre. Damos el premio La Nación a Fernando Quiñones y a su admirable libro Siete historias de toros y de hombres.

Por la noche, comen en casa Borges (hoy algo obtuso) y Peyrou. Con Borges escribimos, para el Libro del cielo y del infierno, «Se daba su lugar», que atribuimos a una Rita Acevedo de Zaldumbide[972].

Domingo, 16 de octubre. Come en casa Borges. Escribimos, para el Libro del cielo y del infierno, «Facsímiles», que atribuimos a P. Zaleski[973], «bouquiniste de la Seine». Habla contra las enumeraciones, arbitrarias o no; dice que ambas son un efecto ya cansado.

BORGES: «El destino de Longfellow se parece al de Capdevila. Escribió mucho, leyó mucho, era muy culto y se desacreditó ante todos. Era mucho más culto que Poe. Éste imaginaba que Longfellow estaba en una conspiración contra él, lo que era totalmente inexacto. Los escritores fracasados siempre imaginan conspiraciones contra ellos. Creen que los escritores más afortunados forman una maffia. Sienten que cuando esos escritores publican los excluyen… Poe acusó de plagio a Longfellow, quien ni siquiera respondió. Si uno considera la diversidad de sus cuentos, cree que Poe es un genio; pero si lee uno de esos cuentos se desengaña. Quien escribió sobre Poe con verdadera irresponsabilidad es Shaw. Dice que Poe no tiene debilidades, que estaba más allá de las vulgares supersticiones del patriotismo y del amor. Del patriotismo, porque no se le ocurrió tenerlo, pero del amor, con todas esas mujeres enfermizas y espantosas, las Ligeias y Berenices… Mirá si puede ser sentimental Poe; otro se hubiera hundido en su “Annabel Lee” y su kingdom by the sea. Más atinado estuvo Emerson, que después de leer “The Bells” lo llamó jingle man. En Poe hay una tendencia que propende a Herrera [y Reissig]». BIOY: «Esa genealogía de lujosos y decrépitos concluye, entre nosotros, en Mujica Lainez». BORGES: «No se sabe qué es peor: su cielo de jóvenes ricos, inescrupulosos y crueles, o su infierno de viejos que por decrepitud no cometen crímenes».

Su madre se enoja con las locuras de Johnson. Por ejemplo, con que Johnson, en medio de una reunión social, de pronto se arrodillara y empezara a rezar. Sin duda sentía la irrealidad de todo, de la gente, de sus conversaciones y de su énfasis. Pensaría: «Cómo no saben que se van a morir». BORGES: «Taine se escandalizaba de los modales de Johnson y decía que no serían admisibles en un salón francés. Con el tiempo lo fueron. Esas maneras llegaron con Bioy, etcétera».

Dice que Ghiano es mejor profesor de literatura argentina que Pagés Larraya: «Ghiano sigue la opinión de Groussac: no trata de los autores anteriores a la Revolución. Pagés sólo se interesa en aumentar la cantidad de autores: siguiendo a Rojas, no perdona a uno de la Colonia y trata de tope in el mayor número de escritores».

BORGES: «Eduardo Wilde, aunque no muy considerable, era un autor mejor que Payró. Además todo el mundo sabía que la mujer lo engañaba con Roca, lo que lo vuelve más simpático».

Parece que Frondizi, en plena crisis, consultó a Enrique Larreta. Esto divirtió mucho a BORGES: «¿Qué antecedentes cívicos tiene Larreta? ¿O lo creen muy lúcido?».

BORGES: «Qué lamentable: en la Academia, el lacrimoso Marasso y el cocoliche Giusti han enviado una comunicación a las profesoras recomendándoles la sustitución del vos por el . El ambiente está hecho y yo no puedo hacer nada. No puedo discutir; para discutir hay que estar de acuerdo sobre alguna premisa… No voy a cejar hasta proponer dos cosas: una será la recomendación en favor del estilo sencillo, contra teorización, dimensionamiento, temática, precipitación pluvial, la otra, una condena de los sinónimos que hacen aparecer al ministro de la primera línea disfrazado, en la segunda, de titular de la cartera».

Tentado por el demonio, comprometió a Estrella Gutiérrez y a Leonidas de Vedia para asistir al acto de unos sacerdotes rumanos, contra los comunistas que sojuzgan su país. «Mañana es el acto —dijo Borges—. ¿Nos veremos?». «De acuerdo —contestó Estrella—. Desde luego, no tiene ningún sentido político». «Desde luego —asegura Borges—, pero lo tendrá porque aprovecharé para atacar al comunismo». BORGES (a mí, después): «¿Te das cuenta? Qué incómodo para ellos. Estrella es amigo de Soto, Vedia fue amigo de Apold. Que se jodan. Aunque no sé: la gente del gobierno ya me ve con aprehensión y no me llamarán así nomás para hablar, porque saben que siempre que puedo exalto la Revolución Libertadora y ataco a peronistas y comunistas».

Días antes de que diéramos el fallo del Premio La Nación, Nalé Roxlo explicó a Lisa Lenson que él no había dicho a nadie cómo identificar los cuentos que había mandado al concurso, porque de sus cuentos, por la manera en que están escritos, cabe asegurar que llevan la firma del autor bien clara en todas las páginas. La verdad es otra. Repetidamente los miembros del jurado nos preguntamos: «¿Cuáles serán los cuentos de Nalé?», y aclaramos: «Me han dicho que mandó cuentos. Yo, después de leer desde la primera hasta la última carpeta, advierto que no tengo la menor sospecha sobre cuáles son».

BORGES: «Carmen [Gándara] es una mujer complicada, exasperante. Después de todo: ¿qué escribió? La habitada y Lago Argentino, que resulta que es de Goyanarte». Recuerda que Wilde, atacando a un crítico, dice que escribió tal y tal libro, aunque el último es by other hand.

Lunes, 17 de octubre. Solapa para el Libro del cielo y del infierno.

Martes, 18 de octubre. Come en casa Borges. Hablamos de Setenta pasos y un latido, el libro de Cattaruzza, mi consocio del Buenos Aires Lawn Tennis Club; de mi compromiso incongruente de escribirle un prólogo. BORGES: «Hay tanta gente desesperada por publicar. ¿Si le decís que se lo leíste a Adela Grondona y que ella quiso escribir el prólogo? ¿O convendrá más que lo haga Estrella Gutiérrez, presidente de la Sociedad Argentina de Escritores? ¿Y no podrías persuadirlo de que le pida el prólogo a alguien verdaderamente importante, al presidente del club?». Hablamos de la posibilidad de escribir el prólogo en el estilo de Cattaruzza. BORGES: «Se daría cuenta. Ha de ser vivo. Cuando yo era joven creía que los autores eran tan sonsos como se mostraban en sus libros; son sonsos cuando escriben, porque escriben».

Se pregunta si en Groussac no había un excesivo interés en él mismo, en su destino personal: «Amigo de personas influyentes, admirador de Larreta. Bueno, tal vez a Larreta lo viera como representante de la buena causa, en contra de los improvisadores».

De no sé quién, dice: «Llegó la pobre a ese momento de la vida en que uno descubre que todo el mundo lo aburre, en que uno descubre que aburre a todo el mundo»[974].

Cuenta que Wally llamó a su casa y susurró a Luis: «Como la señora es fuerte, puedes decirle que murió la hermana de Fulano». Wally no ignora que doña Leonor sólo una vez en su vida, en una reunión, vio a este señor y que nada sabía de que tuviera hermanas, vivas o muertas. «Toda mañana sería un martirio si uno no pudiera soportar noticias así», comentó la madre de Borges.

BORGES: «Qué extraño que Macaulay pudiera escribir un largo artículo con la idea de que, precisamente porque era un estúpido, Boswell fue capaz de realizar la mejor de las biografías[975]… Una idea así dura un momento en una conversación, pero ¿cómo sobrevivió a la reflexión necesaria para escribir una larga sucesión de párrafos?».

Miércoles, 26 de octubre. Come en casa Borges. Refiere: «Wally preparó a una compañía teatral. Los alentó, los estimuló: ellos, jóvenes todos, respondieron con docilidad. Ahora están listos, anhelando el estreno. Pero, ¿qué descubrió a último momento Wally? Que existen los derechos de autor. Que debe pagar los derechos por la pieza preparada. Adiós todos sus ahorros para las vacaciones. Pero algo más descubrió Wally: que para representar una pieza es indispensable un teatro. ¿Cómo no pensó antes en eso? No le pregunten, no le aumenten sus problemas. ¿Qué hacer ahora con estos jóvenes ansiosos por trabajar? “Peléese con ellos”, le aconsejé».

La Nación publica una carta de agradecimiento de nuestro premiado, el español Quiñones. Dice el efusivo que «conoce y admira las obras de» (por orden alfabético enumera a los miembros del jurado). BORGES: «Si conoce sus obras, Vedia lo va a interrogar con curiosidad porque él no las conoce, pues no existen».

Jueves, 27 de octubre. Come en casa Borges. Comenta que antes Mallea era negro o siquiera mulato, pero que ahora la gente dice que se blanqueó.

Sábado, 29 de octubre. Comen en casa Borges y Peyrou (aparentemente restablecido).

Domingo, 30 de octubre. Come en casa Borges. Dice: «Habría que iniciar una campaña para sustituir el indicativo por el subjuntivo, para joder bien al idioma».

Lunes, 31 de octubre. Come en casa Borges.

Martes, 1.º de noviembre. BORGES: «Encuentro errónea la frase de Macedonio: “Si los placeres son de juguetería, no serán de ferretería los dolores”».

Sábado, 5 de noviembre. Comen en casa Borges y Peyrou. Leemos Seis problemas, para la (futura) Obra completa de H. B. Domecq. Dice Borges que los versos:

Boga y boga en el lago sonoro,

donde el sueño a los tristes espera,

donde aguarda una góndola de oro

a la novia de Luis de Baviera[976]

tienen un encanto que escapa al análisis, méritos injustificables. BORGES: «Boga y boga, lago sonoro, en un verso el verbo espera, en el siguiente aguarda… uno mismo, cualquier autor, al ir escribiéndolos, hubiera dicho: “no, no, esto no sale”, y sin embargo a Darío le salieron hermosísimos». BIOY: «Los versos de Darío, en general, son el mejor argumento en defensa de la inspiración». BORGES: «No son más que inspiración, pura inspiración. Rubén con igual facilidad escribía versos eufónicos y se entusiasmaba con ideas estúpidas». PEYROU: «Aun con un nombre feo, como el de su mujer, Darío escribía un verso hermoso:

Francisca Sánchez, acompáña-me[977]

Francisca Sánchez, acompáña-me[977]

Borges se pregunta cómo sería la voz de Darío. Imita la de Cansinos-Assens. BIOY: «Le preguntaremos a mi padre». Peyrou (con emoción): «¿Tu padre lo conoció?». («Ah, did you once see Shelley plain?»)[978]. BORGES: «El padre de Bioy me dijo que se veían en un café, no me acuerdo en este momento…». PEYROU: «¿El Luzio? En los altos de Sarmiento y Maipú, en la esquina donde está la casa Perramus». BORGES: «Sí, creo que en el Luzio».

Domingo, 6 de noviembre. Come en casa Borges. Dice: «Victoria llamó cuatro veces para que no faltara hoy al almuerzo de San Isidro. Parecía muy interesada en ese almuerzo. Después, cuando nos tuvo en su casa, no abrió la boca. Tampoco la abrieron Mallea ni Angélica. Bianco y yo hicimos los frais de la conversación». BIOY: «Las invitaciones de Victoria son exasperadas, con reproche de antemano, con algo de conminación». BORGES: «Había un suizo, o francés, que habló de l’activisme de cierta escuela literaria. Nada menos activo que l’activisme. No creas que el suizo dijo la palabra entre comillas. Ibarra hubiera comentado: “Qué vergüenza” y se hubiese ido. Cuando aseguré que Faulkner era mejor que Hemingway, el suizo alegó que Hemingway tenía más discípulos. Bueno, ¿y qué? Victoria estaba como loca con un manifiesto contra la censura y la persecución policial, redactado por los comunistas. ¡Qué defensores de la libertad! Yo le dije:

Take back the vows thou hast spoken,

Fling them aside and be free[979]».

BIOY: «No puede prescindir de las circunstancias, echarlas de lado. Ella es las circunstancias».

Hablamos de la nueva escuela francesa, de novelistas que dedican largos libros a la descripción de objetos o de movimientos físicos. Borges, parodiando a un imaginario autor: «Ils n’ont aucune beauté, aucune valeur scientifique».

BORGES: «Strindberg es pésimo. ¿Cómo pueden compararlo con Ibsen? Una vez, Strindberg publicó la descripción de un almuerzo; su anfitrión, desesperado por el retrato que de él se presentaba, se suicidó. Es que un artista no se resigna a contar exactamente cómo fue un almuerzo en una casa burguesa. Inventa algo».

Octavio Paz envió a Sur un poema de amor, con el verso:

tus pedos estallan y se desvanecen[980]

tus pedos estallan y se desvanecen[980]

BORGES: «Se verá a sí mismo como un conquistador de nuevas regiones para la poesía… Qué regiones». BIOY: «Menos mal que se desvanecen». BORGES: «Si no, serían esos pedos sin ruido y sin olor, de que hablan los chicos; la idea abstracta… Mejores son los versos de Quevedo:

La voz del culo, que llamamos pedo

(ruiseñor de los putos), detenida,

da muerte a la salud más presumida

y el propio preste Juan le tiene miedo[981]

Poesía didáctica. Versos de tono explicativo. ¿Y qué me decís de llamar al pedo ruiseñor de los putos? ¿Vos creés que Quevedo sabía tan poco de putos que imaginaba que para ellos el pedo era una suerte de reclamo, que usaban para llamarse unos a otros? ¿O en las calles se oyen fusilerías de pedos, reclamos de putos llamando a putos? O más bien quiso indicar que eran una voz dulcísima, pronunciada por la parte que les interesaba… On ne peut pas y aller plus loin en vulgarité: una palabra tan noble como ruiseñor, perdida entre pedo y putos. Está escrito con mucha rabia, contra alguien. Les tendría rabia a los putos… Qué bien que una cosa pueda elogiarse por su fealdad. Sin duda la línea es superior al contexto. Quevedo llamaba al culo sima barbada»[982]. Propone traducciones, ad impromptu: the beardedpit, the hairy pit, l’abíme á barbe.

BORGES: «Banfield, patria de Godel y de otros, lugar siniestro para la poesía… Godel dice del cisne:

florero de plumas con aliento.

florero de plumas con aliento.

Fealdad sólo comparable con:

Ta voix est un bonbon qu’on suce avec l’oreille[983].

Ta voix est un bonbon qu’on suce avec l’oreille[983].

El poeta no puede decir “tu voz es dulce”. Increíblemente, ese horrible cisne es un hijo de Quevedo»[984].

Viernes, 11 de noviembre. Comen en casa Borges y Viñoly Barreto. («Es un idiota ese hombre», comenta después Borges). Hablamos de películas. Yo digo que prefiero las de cow-boys a las de gangsters; que las de cow-boys dejan, junto a un elemento épico más puro, las nostalgias que todo hombre tiene de una vida amplia y afuera, entre caballos. BORGES: «¿Ves? Don Segundo en ningún momento tiene eso. Es como una romería folklórica de aldeanos. Martín Fierro en cambio abunda en ese elemento épico; uno siente esa vida de que hablás». BIOY: «Tal vez en “Me fui como quien se desangra[985]”. Güiraldes está a punto de permitir la entrada de algo grande a su libro… Pero no: es una metáfora, no es nada».

Dice: «Leyendo un libro de Renan, con títulos muy tontos de ensayos sobre cuestiones políticas, de pronto encontré una frase que me provocó un escalofrío. Era algo así: “La felicidad, ese olvido transitorio de la condición humana”».

Sábado, 12 de noviembre. Comen en casa Borges y Peyrou (éste, dans son assiette, por fin).

Domingo, 13 de noviembre. Come en casa Borges. Exhumamos estas costumbres idiomáticas: «Un idioma originariamente usaba frases muy procaces, que correspondían a la tosquedad de las costumbres. Éstas se refinaron, pero las frases aquellas subsisten, se mantienen con amor, porque provienen de los albores de la Historia, se usan en sentido figurado y nadie sin un esfuerzo reflexivo descubre en ellas el sentido directo. Por ejemplo, al final de una nota entre funcionarios públicos, saludo a usted con mi consideración más distinguida es lo que entiende cualquiera que lee le introduzco mi pene erguido. La natural tendencia a magnificar las expresiones de respeto, llevan a adornar a una sola persona con pluralidad de penes y aun a atribuir a las personas de un sexo órganos del otro; así una fórmula físicamente respetuosa, para despedirse de una dama, es que sus penes besa».

Lunes, 14 de noviembre. Come en casa Borges. BORGES: «Macedonio insistía en que nada podía perderse. Dejaba sus escritos tirados por todas partes, sin preocuparse en lo más mínimo. ¿Comprendés? Decía que uno era tan pobre y que había tan pocas cosas en uno, que no había dificultad de escribir de nuevo lo que ya se había escrito. Esto es falso: si uno ha escrito algo, ha resuelto una serie de pequeños problemas y no tiene ganas de meterse de nuevo en lo mismo. Hay la sensación del déjá vu, que descorazona».

Observó: «Cada tantos años, no sin monotonía, algunos autores profesionalmente jóvenes descubren que eso de escribir bien es anticuado, que ahora uno debe escribir mal, pero volcarse en la página, etcétera. Cf, quien tenga ánimo, Dalmiro Sáenz, David Viñas y otros pelafustanes. El viejo Vedia y Mitre en el treinta y tantos le escribió, en una carta a Mallea, que en no sé cuál de sus libros decía muchas cosas verdaderas, pero que pudo decirlas en menos páginas. Mallea contestó —porque, fíjate, contesta las cartas— que eso de escribir bien es un vicio ya superado, que el escritor moderno escribe mal, pero se vuelca entero, etcétera, etcétera. Escribir bien, en el confuso fondo de sus mentes oscuras, debe de significar “escribir lavadamente, chirlemente”, como diría una señora o un cocinero. Brutos son, pero no tanto. Chacun pour soi, como dijo Donato»[986].

Martes, 15 de noviembre. Propongo a Frías la Antología de la poesía española que hace años preparamos con Borges; la acepta.

Miércoles, 16 de noviembre. Come en casa Borges. BIOY: «La madre de Golly Moyano se asoma a la ventanilla del tren, que se detuvo en medio de un descampado, y ve el busto de un hombre, de espaldas, en el suelo. “Señora, señora, me mató el tren”, dice el hombre y, efectivamente, muere. Las ruedas del tren lo habían tronchado a la altura de las caderas». BORGES: «Bustos Domecq lo hubiera arruinado así: “Señora, señora, me mató el convoy ferroviario”. Bustos Domecq no respeta la muerte ni nada».

Viernes, 18 de noviembre. Come en casa Borges. Leemos, hasta que el sueño nos vence, «Las previsiones de Sangiácomo». Al salir, pasamos por el Palais de Glace, donde vemos una horrible y modesta exposición de artesanía italiana (de Buenos Aires).

Sábado, 19 de noviembre. Come en casa Borges. Me pide una colaboración para la revista de la Biblioteca. Leemos «Las previsiones de Sangiácomo». BORGES: «Cada uno de estos cuentos es en realidad dos cuentos. Uno, la primera parte, en que vemos a unos fantoches cometiendo disparates; otra, la explicación, en que resulta que esos disparates tenían sentido, que esos fantoches tenían sentimientos y propósitos. El segundo cuento no tiene nada que ver con el primero; le atribuye al primero intenciones, un fondo, imprevisibles para el lector». Dice que «Las previsiones» y «Las doce figuras» son mejores que «Las noches de Goliadkin» y que «El dios de los toros».

Me cuenta la historia de los Caballeros de la Noche[987]. De comisario de frutos del país, para castigarlo por haberse metido en alguna revolución, al señor Acevedo, abuelo de Borges, lo bajaron a comisario de policía; por eso le tocó actuar en el asunto de los Caballeros de la Noche, que en los cementerios robaban las alhajas de los muertos. Casi todos los miembros de la banda eran españoles y turcos recién venidos, muy ignorantes. En cambio, inteligente debió de ser el jefe que los apalabró, porque aunque entre todos no eran más de catorce, dio a cada uno un número de identificación altísimo, once mil y pico, doce mil y pico, de modo que los miembros creían pertenecer a una sociedad innumerable, poderosa y que por estas mismas razones gozaba poco menos que de impunidad. Cuando se vieron reunidos en la comisaría y se les dijo que allí estaban todos, que no había más, no podían creerlo.

Cuenta también que, en una reunión, un negro quiso voltear un enorme espejo sobre Sarmiento, para matarlo. Acevedo se interpuso y evitó el hecho. Años después, cuando en una reunión Sarmiento refería las cosas, Acevedo le confesó: «Yo fui el que lo salvó». «Entonces usted es un jodido —respondió Sarmiento con su provinciana voz de boca abierta—. ¿Por qué no me lo dijo?».

Domingo, 20 de noviembre. Come en casa Borges. Corregimos «Las previsiones de Sangiácomo». Leemos el cuento del Nuevo Imparcial[988]; el tono de este cuento, à la Fray Mocho, es el más llevadero. Montenegro, Anglada, Bonfanti, Mariana Ruiz Villalba logran purple patches, pero no sirven para relatar historias largas; para eso, nadie como Savastano y mejor aún Aquiles Molinari.

Lunes, 21 de noviembre. Comen en casa Borges y Peyrou.

Martes, 22 de noviembre. Come en casa Borges. Estos días está obsesionado por el anglosajón: continuamente dice frases y me pregunta si las entiendo; se maravilla por encontrar palabras que imaginaba de otro origen.

De Victoria Ocampo dice: «Cualquier cosa que le pasa a ella, le parece muy importante. Unos muchachos de una oscura revista hacen una encuesta; uno contesta o no contesta y no piensa más en el asunto; ella está como loca durante una semana, llama por teléfono para consultar, en las reuniones se arregla para que la conversación vaya para ese lado; hasta les habla del asunto a los extranjeros que están de paso aquí y no pueden interesarse».

Sobre «Luz de provincia»: «El tiempo está como detenido. Un poema así debería dar la impresión de que pasó mucho tiempo, de que hubo mucha gente y ocurrieron muchas cosas. El defecto del uso de los adjetivos es que si están mal se notan por mal; si están bien, denotan el hábil literato. Sin embargo, en Lugones:

El jardín con sus íntimos retiros,

dará a tu alado ensueño fácil jaula…,[989]

tal vez alado ensueño y fácil jaula admitan objeciones, pero íntimos retiros está bien y la música del verso lo lleva a uno». BIOY: «Para romper esa música añadió:

donde la luna te abrirá su aula

y yo seré tu profesor de suspiros.

Se le fue la mano».

BORGES: «Los versos:

He cruzado sus leguas de alta fronda, y recuerdo

un sosiego de estancias perdidas en la dicha[990],

están muy bien, lo malo es que el lector traduce en la dicha por en el tedio… ¿Cómo reaccionará Mastronardi al verse enfrentado, cada tantos años, por una nueva edición de “Luz de provincia”?».

Vocos Lescano, el autor del poema sobre la Revolución Libertadora, que profetiza su repetición, dijo a BORGES: «Más vale que Frondizi llegue al término de su período. Más vale que no lo saquen». Borges comenta que nada como la realidad para sorprenderlo a uno.

Miércoles, 23 de noviembre. Come en casa Borges. Le refiero el planteo del Desperfecto de Dürrenmatt[991]; le gusta. Prepara un prólogo sobre Macedonio Fernández[992] y dicta todas las anécdotas que recuerda. BORGES: «Una vez escritas son muy distintas. El hombre que las dijo una vez parece que las dijera siempre, como un maniático».

Jueves, 24 de noviembre. Come en casa Borges.

Viernes, 25 de noviembre. Come en casa Borges. Lo fotografío. Concluimos la lectura de «La víctima de Tadeo Limardo». Hablamos del Asno de oro, que estoy leyendo en la versión de Graves[993]. BORGES: «Tantas cosas vienen de ese libro… En él nacen la novela fantástica y la novela picaresca. Qué bien que Lucio esté como loco con la idea de que vive en casa de una bruja; de que podrá aprender, desde luego con riesgos terribles, las artes mágicas y que, con la natural inconsecuencia humana, mientras está en esa casa únicamente piense en pasar todo el tiempo posible con Fotis, la esclava… También parece muy moderno que el protagonista del libro sea Lucio Apuleyo, el autor». BIOY: «Hay también un acierto en que la primera vez que aparece Fotis, de quien se enamora Lucio, no se insista en que es lindísima; en que la primera vez que aparece Pamphila, la terrible bruja, esté como una pobre mujer, a los pies del marido». BORGES: «En cambio, no sé por qué es tan famoso el Satiricón. Es un libro muy tedioso».

De Norah, dice: «She doesn’t like to dwell on unhappy thoughts [No le gusta pensar demasiado en cosas tristes]. No se parece a Wally». BIOY: «No se parece a tantas otras».

Comentamos que Peyrou, que siempre está hablando, como una suerte de técnico en la materia, sobre la belleza de las mujeres, tiene un gusto, por lo menos, discutible. BIOY: «Hay que ver las mujeres que encuentra lindas… No hablo de las mujeres de su vida, porque ésas no quieren decir nada». BORGES: «No, a ésas las elige la vida… A las mujeres de cada uno, no las elige cada uno, sino la vida. Uno se pasa la vida hablando contra las morochas chuecas y se enamora de una morocha chueca. Pero no hay duda de que Peyrou es ligeramente asombroso, aun cuando juzga impersonalmente a las mujeres. El enamorado puede saber que su amada es fea, cursi, etcétera. Ve en ella algo que le gusta y que los demás no ven, o fácilmente no ven».

BORGES: «Olivera finge que no puede escribir porque vive en Buenos Aires: si viviera en Cambridge, otro gallo le cantara. De pronto se pone a hablarte de proyectos, después se acuerda y te dice que, es claro, no hay nada que hacer. Qué raro que la situación política o la manera de ser de la gente no dejen escribir a un hombre. Otro que se ve a sí mismo como un benefactor público, como un hombre que escribe para bien de esa misma comunidad que no lo deja escribir, es Oliverio Girondo. Si contestás que vos podés escribir, quedas como un bruto insensible, un paquidermo».

Hablamos de Agua florida, de Silva Valdés. BORGES: «Qué incómodo si después de dar a la imprenta

se bailaba alegrando el tango

con un taconeo y una medialuna,

el poeta criollo advierte que escribió: “se danzaba el tango”. Aunque una persona inculta, un malevo, podría decir danzar. Noches danzantes… Está bien lo de alegrar el tango. Pero el peinado liso como agua’e laguna es una bobera. Qué bien está el se bailaba. Qué mal hubiera sido: Yo bailaba. Qué vanidoso».

Recita:

¿Sin la templanza viste tú perfeta

alguna cosa? Oh muerte, ven callada,

como sueles venir en la saeta[994]

y comenta: «Aquí el pensamiento del clásico trabajó con una lógica misteriosa. ¿Hay alguna relación entre la templanza necesaria para la perfección y el clamor por una muerte callada, como suele venir en la saeta?».

Sábado, 26 de noviembre. Comen en casa Borges y Peyrou. Fotografío a ambos. BORGES: «Trabajar en un libro, bueno o malo, es importante para la felicidad. Como dijo Carlyle, toda obra después de terminada es deleznable; por lo menos para el autor no tiene ya importancia».

Dice Borges que Bianco insiste continuamente en su estupidez, en que no puede pensar ni hablar, en que está cansado, con la mente confusa: «De estas cosas nadie se da cuenta, salvo uno mismo».

BORGES: «En El Mundo publicaron una fotografía de Victoria. Ésta se enojó mucho, les escribió una carta y les mandó fotografías autorizadas».

Cuenta Borges el triste caso de Molinari. Estando en el jurado de Clarín, Molinari no quería votar por el poema de Vocos Lescano, partidario de la Revolución Libertadora. Finalmente, a regañadientes, para no hacerse de enemigos mostrándose en disidencia y solo, votó por Vocos.

Ahora, los de Clarín, enojados porque el jurado no les hizo el juego de votar a algún vate del integracionismo, no pagan al jurado. El pobre Molinari tiene que protestar contra la gente que piensa como él, es mártir de la causa de la que abomina.

Domingo, 27 de noviembre. Come en casa Borges. Empezamos la lectura de «La prolongada busca de Tai An». Con sorpresa descubro que es un buen cuento; por lo menos, tiene un comienzo bastante divertido.

Le digo que nunca quise llegar a ser Papa. BORGES: «Ser Papa es no ser más uno, es perderse en el anonimato. ¿O la gente sabe que el Papa es Carlitos Chaplin?». Propone un título de libro para niños: Pimpampum, el Papa. «Obra que sabiamente combinará el fervor religioso con aspectos festivos y aun juguetones. Merecerá el encomio de los círculos vaticanos».

Lunes, 28 de noviembre. Come en casa Borges. Leemos «La prolongada busca de Tai An». BORGES: «Yo pensé que escribir un prólogo sobre Macedonio me daría trabajo. Salió sin dificultad. En cambio, la antología… No sé de dónde sacar material. Los poemas son pésimos. Para Macedonio, en sus poemas todo era justificado; para el lector son confusos, no eufónicos, pesados, horribles. Poemas así pueden gustar solamente a quien los escribe; sabe las circunstancias a que aluden y tienen significado para él. Un poema debe ser mínimamente explicativo y dialéctico. No debe ir más alia de

Recuerde el alma dormida…»[995].

Recuerde el alma dormida…»[995].

BIOY: «Y ya es demasiado explicativo. Mejor las exclamaciones. “¿Cómo? ¿Usted lo conoció a Shelley?”». BORGES: «Macedonio, en los poemas sobre la muerte de su mujer[996], se plantea un problema insoluble: quiere restar toda importancia, como muerte, a esa muerte —es más bien una unión, una perfección mayor— y le dedica todo un libro a ese hecho sin importancia… ¿Qué le pasaba a Macedonio cuando escribía? Bueno, una cosa es ser un crítico, un comentador que ve de afuera, y otra es escribir, crear algo. ¡Cómo se hubiera reído Macedonio de sus libros, si hubieran sido de otro! Tal vez se reía. Cuánto mejores son las anécdotas de Macedonio que sus escritos… Bueno, es natural que lo sean… Mi madre me dijo que no dejara la broma que se me ocurrió: hablar de la guitarra, su muda compañera». Recuerda que Macedonio decía: «Ah, esas bravas elecciones de Balvanera, en que todos los vecinos hemos muerto»[997].

Cita unos versos de Macedonio («Al hijo de un amigo»), escritos porque vio a Borges saludar a una señora:

Vine a comprender lo que saludar era,

que es reconocer la existencia de otro con tanta energía

como la que pone Dios cuando invita a un alma a existir

y esto yo no lo sabía[998]

Sobre «La Conferenciabilidad y la cacha» de Macedonio[999] dice que es una estupidez y una miseria: «Para que la gente no piense que el poeta está mandado guardar y es acartonado, todo el mundo escribe sobre la filosofía de las grandes estupideces, como la cachada y el fútbol. No creas que Ortega se libró de la tentación. Todo grupo de gente se verá a sí mismo como una muchachada macanuda, lo menos parecida a Saavedra Lamas. El mismo Saavedra Lamas se vería a sí mismo…».

De Bernárdez observa: «No es tan sonso como sus poemas. Lo que le pasa es que se metió en una manera horrible de escribir. Bueno, la manera en que uno escribe corresponde a una decisión que se toma una sola vez. No puede uno escribir de muchas maneras, salvo si escribe muy poco. Pero si uno adquiere cierta destreza, aprende unos cuantos tricks, se hace de un stock de manías y para siempre las repite».

Dice que Ipuche es un poco mejor que Silva Valdés. BORGES: «Por lo pronto canta personas y Silva Valdés objetos inanimados. Sabat Ercasty no es tan malo: canta el mar con versos retóricos[1000]… Bueno, para cantar el mar hay que ser un poco retórico, un poco oratorio. Eso sí, Sabat Ercasty es astuto: es el poeta del mar y se defendió de la tentación de correrse tierra adentro. Sólo canta el mar. Para cantar el mar no se necesita ningún conocimiento especial, no hay que entender de barcos y navegación, como Kipling, ni de ictiología. Ni siquiera debe meterse en el mar el poeta, porque entonces se hunde».

Digo que algo se ha progresado, que ya no se ven films como Salustiano y Miss Margaret, cuya gracia estribaba en que Salustiano, que por error había tomado un remedio, en su visita a la novia sufría para contener y disimular las ganas de ir al baño. BORGES: «Con todo, se progresó en el humorismo».

Buscamos fechas del Cid, de la Chanson de Roland y del Beowulf. Manifiesta su antipatía por el Cantar de Mio Cid.

Miércoles, 7 de diciembre. Come en casa Borges. BORGES: «Los pintores no dicen peyorativamente: “Esto es pura pintura”, ni los escultores o los arquitectos: “Esto es pura escultura o esto es pura arquitectura”. En cambio los escritores dicen: “Esto no es más que pura literatura” o: “El resto es literatura…,””[1001].

Sobre las descripciones infinitamente minuciosas, de Butor et alii: «La literatura no sirve para eso. La literatura no puede ir más allá del poder natural de los sentidos. El lector se distrae y se aburre. Quizá en esta calle[1002] haya ahora infinidad de colores, de matices que se transforman cuando nos acercamos. Tal vez ese verde, cerca de aquel amarillo, tome un tinte azulado. Pero nosotros pasamos conversando y apenas vemos el verde del letrero de la farmacia, vagamente las casas, el pavimento y el cielo. Describir más detalladamente los colores y matices es crear algo que no se parece a la realidad y que no es muy interesante».

Cita al guardabosques de Lady Chatlerley: «Chastity is the great peace that cometh after fucking».[1003] Agrega: «Lady Chatterley’s Lover pudo titularse Tendemess. Cualquiera puede cometer un error; corregirlo es un mérito».

Jueves, 8 de diciembre. Come en casa Borges. Se pregunta: «Recuerdos de una sola persona, olvidados definitivamente, ¿existen o no? ¿Han existido o no?».

Lunes, 12 de diciembre. Comida del PEN. BORGES: «Qué porquería son algunas personas. Incorruptibles por insignificantes y por ávidas».

Viernes, 16 de diciembre. Come en casa Borges. Leemos, para corregirlo, Un modelo para la muerte; pienso que es la decadencia de Bustos Domecq.

Miércoles, 21 de diciembre. Esta noche, en El Malambo, lugar de la predilección de Borges, hay una comida para Francisco Luis Bernárdez. El restaurant elegido es pésimo, sucio, pero pintoresco. Borges, por amabilidad hacia mí, finge que él también prefiere los lugares un poco limpios y blancos, como por ejemplo los restaurants de grandes hoteles; pero mantiene su superstición favorable al bistrot pintoresco. Un bistrot en Buenos Aires es una fonda inmunda. Borges, que organizó esta comida, nunca habló con mucho aprecio de Bernárdez; sí con algún afecto, pero no con aprecio. El afecto viene de una vieja amistad; el poco aprecio, de la tolerancia, casi diría de la simpatía, de Bernárdez por el peronismo (según confesó a doña Leonor, su mujer Laura lo salvó de ser peronista: cuando estaba por afiliarse, ella le explicó que no podía hacer eso) y del hecho permanente de que Borges encuentra tediosos, desprovistos de poesía, los poemas de Bernárdez. Pero, premiado por el gobierno de la Revolución, Bernárdez se fue a España, como agregado cultural; después de estar allí tres años, se indispuso con el gobierno porque, diciendo que era una suerte de traición a la patria, objetó una frase de un discurso de Frondizi, durante su visita a Madrid. La frase objetada decía que España nos había concedido la independencia. Vale decir, toda la guerra de la Independencia habría sido un simulacro, etcétera. Al general que era embajador allí, no le gustó esta reivindicación de la guerra de la Independencia; a Frondizi no le gustó la objeción y, en consecuencia, Bernárdez volvió a la patria, convertido en un antifrondizista, desde luego veterano de la Revolución Libertadora. Borges se entusiasmó con él, le perdonó el pasado y casi los poemas; movilizó a medio mundo para la comida. Aun irá Peyrou, resentido con Borges porque éste no le dijo una palabra sobre su último libro y por naturaleza fiel a sus rencores. En cuanto a mí, doña Leonor me pide que lo busque a Capdevila, viejo para ir solo, dispuesto a ir si lo llevan.

Cuando llego con Capdevila, en el restaurant están Wolberg, Keins, Ledesma, Delfino, Peyrou. Después del discurso de Borges, el de Bernárdez resulta demasiado ramplón. Conmueve a todos, sin embargo, cuando se pone a atacar al gobierno, a decir que la situación del país es pésima. Quizá haya varios matices de comedia en todo: en el que viene de afuera y opina, convencido de que será oído con simpatía; en el fervor, de converso, de Bernárdez por la Revolución Libertadora; en el disgusto de Blas González, funcionario del gobierno, y de Clemente, organizador de la comida.

En su discurso dice Bernárdez que allá en España los amigos lo confortábamos desde lejos con nuestra obra, nuestro pensamiento, nuestro apoyo moral. Cita entre los amigos a Marechal y a Francisco Romero. BORGES: «El apoyo moral de Marechal no debe de ser muy fuerte. En cuanto al pensamiento de Romero, ¿en qué consistirá? En proposiciones muy simples: “Ésta es una mesa. Quiero queso”. Etcétera».

Después de la comida, Borges e Ilka Krupkin caminan por el Barrio Sur. En una pared hay un letrero que dice: «¡Viva Frondizi!». BORGES: «Qué raro que no diga: “¡Viva Perón!”». ILKA: «Es un error de ortografía». Comentario de BORGES: «Es un buen chiste. Después se sienta a escribir y compone esos poemas absurdos. Se equivoca por respeto a la literatura».

Sábado, 24 de diciembre. Come en casa Borges. Trae regalos; para mí, un libro sobre la filosofía de Spinoza. Le regalamos té y jabones.

BIOY: «Conozco a alguien, una persona de respeto, que acaba de ser internado en un manicomio. Había un tren de juguete instalado en su casa, que recorría. Si uno lo visitaba, debía tener cuidado al entrar, porque el hall, la sala y el escritorio estaban interesados por una complicada red ferroviaria en miniatura. Ahora, sus numerosos hijos por primera vez podrán mirarla de cerca y aun tocarla; mientras el padre estaba allí, debían guardar distancia con respecto a ese juguete extraordinario. Los sábados y domingos, el dueño de casa recibía a sus amigos, todos hombres cincuentones, que jugaban con el trencito. Es un juego, una cofradía de jugadores, internacional. Compran revistas inglesas, norteamericanas y suizas. Hay jugueterías para ellos. Un vagón lechero, como el último que recibió, cuesta trescientos dólares». BORGES: «Son coleccionistas y piensan que los méritos del mecanismo, de alguna manera, se reflejan sobre ellos mismos; desde luego estas virtudes tan propias son apreciadas sobre todo por los colegas. Seguramente es gente que por nada viaja en tren. Si los trenes de verdad llegan a desaparecer, los de juguete, que son su proyección o sombra, ¿subsistirán?».

Domingo, 25 de diciembre. Come en casa Borges. Leemos Un modelo para la muerte. «Es malo», le digo. Estuvimos a punto de sacarlo del libro que recopilará la obra de Bustos Domecq y de Suárez Lynch. BORGES: «Pero, ¿y el prólogo? No se puede perder. Hay bromas que no se pueden perder. Además, un día vendrá alguien y lo publicará; mejor que lo publiquemos nosotros».

Lunes, 26 de diciembre. Come en casa Borges. Leemos Un modelo para la muerte.

BORGES: «No importa que el autor conozca el asunto del que habla; importa que haga creer que lo conoce. Cuando el lector sospecha que el autor no conoce el tema, que el novelista no ha imaginado bien las cosas, la suspensión de la incredulidad concluye».

Jueves, 29 de diciembre. Come en casa Borges.

Sábado, 31 de diciembre. Come en casa Borges. Brindamos con champagne. Después de comer, Borges y yo vamos a la ventana de la sala de Silvina, hasta que sean las doce. BORGES: «Esperamos algo que no sabemos bien en qué consiste». Miro los árboles y los senderos de la plaza, la estatua de Alvear y pienso en la máquina del tiempo de Wells y en que todos somos unas máquinas del tiempo de vuelo de ave de corral. «Qué raro —comenta Borges— que en tantos años como viví no hubiera un momento en que yo haya estado más adelante en el futuro que ahora».


Domingo, 1.º de enero. Come en casa Borges. Concluimos la lectura de «La fiesta del Monstruo». BORGES: «Es un gran cuento». BIOY: «De los mejores de Bustos Domecq». BORGES: «Lástima que los lectores no llegarán al final. Se quedarán en Ezpeleta»[1004]. BIOY: «Es el mejor retrato de un peronista». BORGES: «Sí, pero falta la simpatía por el pueblo. No vimos la belleza…». BIOY: «Eso dirá Sabato». BORGES: «Podría titularse The Sound and the Fury. No hay duda de que el narrador is an idiot.[1005] A Nelly, ¿como quién la imaginás? ¿Como a Vlady?».

Mastronardi le dijo: «La verdad es que yo conocí una vez a Santiago Ganduglia, un señor gordo, que bebía cerveza, y de un verso de él,

Todo pasó y mis días no han sido de ventura[1006],

Todo pasó y mis días no han sido de ventura[1006],

salió mi obra». Comenta BORGES: «Está bien. También está bien que Ganduglia sea un escritor mediocre. Hay un mérito en haber visto ese verso en la obra de un escritor tan mediocre: Ganduglia no lo vio y siguió escribiendo las trivialidades de siempre; no pudo tomar el tono de ese verso tan noble que le deparó la suerte. Iodo pasó no parece de Mastronardi; pero en el resto está de veras el mejor tono de Mastronardi. Sin embargo, todo pasó, tan rápido y directo, está muy bien junto a lo que sigue. En seguida de escribir ese verso tan noble Ganduglia se hizo peronista».

BORGES: «Parece que Jacobo Fijman enloqueció en la Biblioteca Nacional[1007]. Todas las tardes, en la Sala Paul Groussac, hablaba con un cuadro, el retrato de alguien. Le oían la voz. Una tarde habló más fuertemente que de costumbre; salía de vez en cuando a tomar agua; tenía mucho calor. Le pidieron que no gritara. Se sacó la corbata y se fue, secándose el sudor del pecho. Antes de salir a la calle, se quitó el saco. A las pocas cuadras, un vigilante lo detuvo, ya sin ropa alguna, y lo llevó al Vieytes. Allí vive. Dice que los médicos son tan buenos que le dan pensión y le permiten dormir allí; en verdad, lo dejan salir un rato, porque es un loco manso».

Su entusiasmo por Bernárdez amainó. BORGES: «Al fin y al cabo fue peronista. Pasó todos los años de la dictadura sin chistar. Le hacía los discursos a Ivanissevich. Después, cuando triunfó la Revolución, ¿quién era su amigo en el gobierno? Amadeo, un nacionalista que fue peronista hasta la víspera. Le ofrecen un puesto de agregado cultural en Europa. ¿Qué país elige? España, donde hay una dictadura. Mirá que uno estaba cansado de dictaduras; como para tener ganas de ir a otra. Allí se pelea con un general por un discurso de Frondizi, y lo mandan de vuelta al país. En seguida se convierte en campeón de la libertad, enemigo de las dictaduras».

BIOY: «Santayana dice que “happiness is the only sanction of life”.[1008] BORGES: “Más vale estar dignamente triste que alegre por idioteces”.

Lunes, 2 de enero. Come en casa Borges. Hablamos de cibernética. BORGES: «¿Qué pueden contestar las máquinas? Si pueden contestar cosas nuevas, ¿qué hay adentro? ¿Tornillos? ¿Un caballo muerto?». BIOY: «Han de ser archivos». Busco en vano un libro sobre el tema, que traje de París en 1954.

Martes, 3 de enero. Come en casa Borges. Me da el primer (y por ahora único) ejemplar de El hacedor: habrá más ejemplares dentro de diez o doce días; ni siquiera llevó el libro a su casa. Leemos «El hijo de su amigo». No está mal.

Jueves, 5 de enero. Come en casa Borges. Leemos «El hijo de su amigo».

Sábado, 7 de enero. Come en casa Borges. Habla de la posibilidad de una antología de últimas palabras, de expresiones y momentos de coraje: «¿Cómo llamarla? ¿Libro del coraje? ¿De la valentía?».

[Domingo 8 de enero al martes 11 de abril. Bioy Casares en Mar del Plata].

Lunes, 10 de abril. Nunca Borges fue tan afectuoso, tan buen amigo. ¿Por qué? Porque yo no di importancia a que mi último libro no le gustara. Bueno fuera que le diera importancia, o por lo menos mucha.

Miércoles, 12 de abril. En Buenos Aires. Come en casa Borges. Leemos cuentos policiales, para el concurso de Vea y Lea[1009]

Jueves, 13 de abril. Come en casa Borges. Sobre la detención domiciliaria del almirante Rojas[1010] comenta: «Qué inteligentes son los hombres y cómo juegan con naturalidad a los diversos juegos, según sus leyes. Un hombre de otra profesión, un peluquero o un sastre, al que le hubieran dicho: “usted se mete en su casa por diez días y no asoma la cabeza”, ¿cómo quedaría? Es como si lo mandaran al rincón. Pero un miembro de las Fuerzas Armadas, un héroe, puede hacerlo sin riesgo. No sé qué general le decía a una amiga que lo más duro de estas detenciones es que no los dejan fumar. ¿Te das cuenta? “Usted se queda en su casa” les dicen y no contestan: “No estoy resfriado”, y encima les prohíben fumar. Shaw tenía razón cuando decía que la carrera militar era una mezcla de pupilaje y servicio doméstico, an unmanly profession, una profesión poco varonil». Agrega: «Qué suerte que estés de acuerdo, porque Madre se me enojó, creyó que todo era contra Rojas, nuestra única esperanza, etcétera».

Nombraron a Borges Commendatore [del Gobierno de Italia]. BORGES: «Me nombraron ¿qué? ¿Vos creés que comando algo, que hay en alguna parte una comandancia para mí? Yo creo que no, que me nombraron un puro sonido, esto: püüüüüü».

Sábado 15 de abril. Comen en casa Borges y Bianco. Yo temía que esta comida fuera un trance incómodo, ya que Bianco, del lado de los castristas, finge que todo el mundo lo persigue. Sin embargo, la reunión fue agradable: como gente civilizada, hablamos de Cuba; después, de Henry James y de Conrad. BORGES: «Martínez Estrada cree que la novela policial es una novela como las otras, con la diferencia de que en el último capítulo se le da la palabra al vigilante de facción, para que explique las cosas. A mí esto me parece otra prueba de que Martínez Estrada es un espritfaux. ¿Qué tienen que ver los vigilantes de Fray Mocho[1011] con el juego de hipótesis y deducciones de la novela policial? ¿Martínez Estrada no oyó hablar de Sherlock Holmes?».

Miércoles, 19 de abril. BORGES: «El verso más grosero de la Divina Comedia:

ed elli avea del cul fatto trombetta[1012]».

ed elli avea del cul fatto trombetta[1012]».

Jueves, 20 de abril. Comen en casa Borges y Julia Bullrich. Ésta, más historiadora que filósofa, habla de circunstancias, de circunstancias sólo significativas para gente que conoce a gente y lugares que el interlocutor no conoce.

Sábado, 22 de abril. Comen en casa Borges y Peyrou. BIOY: «Los capítulos XVII y XVIII del Hung Lu Meng. —Sueño del aposento rojo— describen un jardín chino y encierran la clave, el plan, de toda la novela». BORGES: «¡Qué golpe para Joyce!». BIOY: «Pero cuánto mejor la trama en un jardín del propio libro que en el más o menos casual argumento de otro libro». Silvina (a mí): «Parece un invento tuyo».

Después de dejar a Peyrou en su casa, hablamos sobre su conducta. BIOY: «Todos los hombres, en la vigilia, tenemos una actividad que corresponde al sueño —como los movimientos que hacemos en cama, mientras dormimos—. Esa parte somnolienta de Peyrou es comprensiva, cubre su odio por los italianos y su amor a Francia, sus imitaciones faciales y vocales de personas ignoradas por el interlocutor, su desdén por algunos tipos de mujeres, su desconfianza de toda persona que pueda confundirse con un señor, y su inclinación, pese a innumerables desilusiones, a pensar bien de los grandes muchachos —los seudo malevitos de la SADE y de las redacciones de los diarios, los Petit de Murat, los Olivari—, que pronto se gradúan de viejos sinvergüenzas. Lo triste es que poco a poco, esa parte dormida se difundirá por él, lo abarcará enteramente: la vejez consiste en que nuestras costumbres, nuestros tics, nuestras manías, se apoderen de nosotros».

Lunes, 24 de abril. Come en casa Borges. Pelea de Peyrou con Borges; aplaco.

Martes, 25 de abril. Borges se quita la dentadura, la pone bajo el chorro de agua, la inserta de nuevo, se seca las manos y considera que se lavó para ir a la mesa.

Miércoles, 26 de abril. Come en casa Borges. Hablamos de Capdevila. Cuando le proponemos un manifiesto en favor de los cubanos contrarios a Castro, teme salir del silencio, tomar partido; cuando está listo el manifiesto, teme no estar entre los que firman. Primero niega la firma; después la lleva tarde y logra agregarla. Entonces lamenta sin duda no haber llegado verdaderamente tarde. Ambula entre miedos. Comentamos que a Mallea le pasa algo muy parecido.

Jueves, 27 de abril. A la mañana, vamos a un estudio de televisión con Borges, Peyrou, etcétera. Por la noche, planeando un librito de fragmentos para Sur, busco a Borges, que anuncia una Historia de los orígenes de la literatura inglesa, un libro orgánico, «no uno de esos libritos de tit-bits, esos libritos vanidosos, como escribía Valéry».

Opina que habría que escribir sobre la manera casi inevitable, para todos los cuentistas y novelistas que mandan sus obras al concurso de La Nación[1013], de empezar los relatos: «Por media página, una página o varias páginas, no se sabe quién es el sujeto del verbo (en el mejor de los casos se los distingue por pronombre, él o ella), tampoco se sabe muy bien dónde están ni a quién o qué sus pensamientos se refieren». Agrega: «En la realidad nunca se sabe tan poco. Todos son discípulos de Faulkner».

Viernes, 28 de abril. Comida de la Casa Olivetti para Borges, en el Plaza Hotel. Vocos Lescano, Mastronardi, Alicia Jurado. Borges está enojado porque Clemente, que ha organizado la comida, ha elegido el Plaza Hotel, etcétera: afirma que Clemente se parece a Pinkerton, de The Wrecker. Borges hubiera preferido El Malambo, un lugar mucho más modesto.

Vocos asegura que César Rosales, al enfurecerse, muestra su natural estúpido; que un día le dijo: «Bueno, vamos a ver cuál de nosotros dos conoce a más escritores». Después se queja Vocos porque el menú está escrito en francés: «Cuánto snobismo, cuánta cursilería», protesta. En seguida observa que, por más que finja ser uno de nosotros, el ministro Mac Kay deja ver que es un señor. Con esto revela que estamos en plena fábula, porque el ministro es casi un dependiente de almacén: con la cara congestionada por el vino, por su lado llega a la misma indignación por el menú. Idealistas ingenuos ambos, creen que las frases del menú están desprovistas de significado.

Se habla del carácter nacional argentino. Mastronardi comenta la avidez por acumular bienes materiales y de las ilusiones sobre el propio coraje, la importancia nacional, etcétera, en relación a los brasileros. Cuenta que Alicia Jurado, en una entrevista para Clarín, a la pregunta de qué desea para 1961 contestó: «Plata». Según Mastronardi, la conversación amistosa de los argentinos consiste en agresiones e insultos (que el oyente debe considerar como partes de una broma); los gaúchos de Rio Branco, en cambio, consideran toda referencia personal como justificación de puñalada. BIOY: «La verdad podría ser que donde con más facilidad se llega a la pelea, más puntilloso es el diálogo: en Buenos Aires el diálogo se desmanda porque no hay riesgo de ulterioridades».

BORGES: «Con el tiempo la gente no asistirá a los banquetes: llamará a una agencia, que mandará sus empleados. Los anfitriones harán otro tanto. En los diarios se comentará: “Un Borges poco convincente y un Bioy discreto…”. Luego la gente comprenderá que más económico será no asistir y sólo se mantendrá la ficción; se dirá que Fulano dio un banquete a Zutano, y todo el mundo sabrá que tal banquete no ocurrió sino como cortesía, como gesto de amistad, de admiración, etcétera»[1014].

Sábado, 29 de abril. Comen en casa Peyrou y Borges. Peyrou, apenado porque uno encuentra méritos en algún italiano: cualquier imperfección de la negación de Italia le duele. Hablamos, después, con Borges, de esta actitud de Peyrou. Ayer llegó tarde a la comida de Olivetti y se excusó con una broma: «Me demoré en un cocktail de Underwood». Uno de los italianos comprendió, y dijo riendo: «Underwood es Olivetti». Peyrou me preguntó el significado de la respuesta: «Sí —le dije—. Olivetti compró a Underwood». «No puede ser —contestó—. Es la decadencia de los Estados Unidos. Los sirvientes comprando a los patrones». BIOY: «En serio hubiera deseado Peyrou que yo le dijera que las máquinas Olivetti eran inferiores a las norteamericanas, que las nuevas Underwood no eran como las originales, que hoy en día más vale comprar una Remington». BORGES: «¿Y todo por qué? Porque un día un Ortelli lo habrá molestado. Ha de creer que para el mundo los Estados Unidos son más importantes que Italia. Dante y Ariosto pueden caer en la volteada».

Domingo, 30 de abril. Come en casa Borges. Cuenta que el teatro romano pasó malos momentos porque la gente prefería las emociones fuertes del circo. Para sobrevivir, el teatro llegó a extremos de realismo —los personajes copulaban en escena; cuando había un asesinato en la tragedia, encarnaba el papel de asesinado un condenado a muerte; el público veía cómo clavaban un cuchillo, cómo manaba la sangre, cómo un hombre moría—. Con todo, estos recursos resultaban débiles ante las efusiones circenses, y la decadencia del teatro continuó.

Habla admiradamente del Fedón, sobre la creencia en la inmortalidad, «un hermoso riesgo», como la llama Sócrates[1015].

Martes, 2 de mayo. Come en casa Borges. Mientras comemos, lo llaman por teléfono, de Radio El Mundo. Una señorita le anuncia que ganó el premio Formentor. Borges sospecha que se trata de una broma[1016]. BORGES: «¿Qué es ese premio?». LA SEÑORITA: «¿Qué hará con el dinero, señor Borges?». BORGES: «¿Qué es ese premio?». LA SEÑORITA: «¿Qué hará con el dinero, señor Borges? ¿Viajará?». BORGES: «Quizá llegue hasta Lomas [de Zamora] o hasta La Plata». Silvina no duda de que es una broma.

Con recelo esperamos al fotógrafo. Cuando llega, nos recuerda al periodista del final del Doctor’s Dilemma[1017]. Fotografía a Borges en mi escritorio; a Borges, con Silvina, mi padre y yo; a Borges recitando una balada en anglosajón.

BORGES: «Cuando Almafuerte se mudó a Tolosa, las pupilas del prostíbulo le mandaron de regalo una fuente de empanadas. Al día siguiente, él se presentó en el prostíbulo para devolver la fuente, y dijo: “Muchas gracias por las deliciosas empanadas, señoras putas”[1018]».

Sábado, 6 de mayo. Comen en casa Borges y Peyrou. Leemos diez cuentos para el concurso de Vea y Lea, del que somos jurados los tres. Digo a PEYROU: «Encontramos un cuento extraordinario: “Las señales”»[1019]. Después comento con BORGES: «Qué curioso. Confía plenamente en nuestra buena fe y en nuestro juicio, pero por ahora opone una ligera resistencia a ese cuento para él desconocido… Probablemente todo el mundo reacciona así». BORGES: «Reacciona así porque nadie quiere que entren cosas nuevas… (pausa). Por pereza». BIOY: «Ahí tenemos una de las diferencias entre la juventud y la vejez. Jóvenes, estamos dispuestos a creer que el mundo está lleno de maravillas, vamos a leer con devoción y arrobamiento los libros de que nos hablan, aunque quien nos hable sea Ramón Gómez de la Serna, el libro elogiado sea de Breton. Llegamos a la literatura como a una India o Samarkanda de prodigios, conquistados y deslumbrados». BORGES: «Peyrou piensa por esquemas».

Domingo, 7 de mayo. Con mi hija Marta, Silvina y Borges vamos, convocados por Victoria, a San Isidro donde dan a una calle el nombre de Tagore[1020] (que Victoria, pese a la lección del embajador de la India, persiste en pronunciar Tagor, quizá lo cree francés). A Victoria no le preocupa si admiramos o no a Tagore. BORGES: «Las invitaciones de Victoria a San Isidro son levas, para las que, como en el servicio militar, no se toma en cuenta el placer del invitado».

Nos leen un poema de Tagore. BORGES: «Los orientales deberían advertir que no tienen talento para inventar metáforas; pero insisten en ellas: este poema es una serie de metáforas poco afortunadas. Tiene razón Sócrates, en el Fedón, cuando dice que los poetas deben contar fábulas o mitos y no hacer razonamientos[1021]; bueno, estos poemas indios son razonamientos con el rigor de fábulas. En realidad, son sermones».

De la calle Tagore, dice que sólo por una convención podría llamársele calle; que parecía un lugar apropiado para hacer pis; un lugar diurético. Mirando a su alrededor (estábamos en San Isidro) pensó en Inglaterra, en la nostalgia de lugares salvajes que tienen los ingleses; en la frase to be at the death, que se refiere al momento en que los perros matan el zorro en las cacerías. BORGES: «Un baldío les parecerá un moor. En un montecito de quinta correrán el zorro. El Commonwealth, con sus inmensidades, no les sirve para nada; quieren tener bosques y páramos en la isla».

Por la noche, come en casa.

Jueves, 11 de mayo. Comen en casa Borges y Vlady Kociancich. Los fotografío.

Viernes, 12 de mayo. Come en casa Borges. Leemos veinte cuentos para el concurso de Vea y Lea.

Domingo, 14 de mayo. Come en casa Borges. Leemos cuentos para el concurso de Vea y Lea.

Martes, 16 de mayo. Come en casa Borges. Cuenta: «Antes de emprender viaje, Mariana [Grondona] reflexiona sobre los milagros de la aviación y la velocidad: “Pensar que mañana a estas horas estaré sonseando en París”».

Jueves, 18 de mayo. Come en casa Borges. Con sueño leemos cuentos. BORGES: «Mi padre quiso ser escritor y las circunstancias no se lo permitieron (aunque escribió una novela y tradujo a Fitzgerald). A mí se me destinó a ser escritor, según una tradición de la familia».

BIOY: «Si este Galtier no se presentara como escritor tal vez uno lo despreciaría menos. Pero porque se dice escritor uno lo califica como el sonso que es». BORGES: «Bueno, nosotros no decimos que somos equilibristas. Es claro que si fuéramos equilibristas tendríamos que hacer pruebas. En cambio, un escritor escribe cuando quiere, cuando no lo ven, y nadie está interesado en leer lo que escribe. Aita, Galtier, Estrella Gutiérrez y tantos otros: escritores de sociedades de escritores, de academias, de actos públicos. Cuando se habla de cualquiera, Aita pregunta con soberbia: “¿Qué obra tiene?” y acusa a Noé, al rengo Coronado y a muchos otros de no tener obra. ¿Cuál es la obra de Aita? Un trabajo sobre la novela argentina, un estudio sobre los simbolistas (poco o nada original) y un estudio sobre la literatura nicaragüense (desde luego, inspirado en algún otro). No es un capital muy grande, pero supo aprovecharlo y aún hoy, gracias a él, tiene la profesión de escritor».

Hablamos de Rodin. BORGES: «Groussac dijo de la obra de Rodin: “Escultura en bolsa de nueces”»[1022]. Decimos que era un escultor que se proponía una escultura imposible[1023]. Inventamos un caso extremo. BIOY: «Su obra máxima fue La lluvia». BORGES: «Sí, pero cuando presentó L’éponge, ya todo ese arte magnífico se adivinaba. El enjambre es otra de sus obras famosas. Después fue a Londres, para esculpir Thefog, pero murió y la obra quedó inconclusa. Un discípulo la concluyó, pero no es lo mismo: falta la mano del maestro».

Sábado, 20 de mayo. A la noche comen en casa Peyrou, Borges y su sobrino Luis. Leemos veinte cuentos para el concurso de Vea y Lea. Llegan novelas para el concurso de La Nación. Peyrou comunica al llegar que en la revista no sé cuánto atacan nuestra audición del «Séptimo Círculo» en televisión[1024]. Qué nos importa eso, le decimos, etcétera. BORGES (a mi): «Yo creo que vos y yo secretamente deseamos el fracaso de muchas cosas en las que estamos».

Domingo, 21 de mayo. Come en casa Borges. Leemos cuentos de Vea y Lea.

Lunes, 22 de mayo. Voy a casa de Norah, donde celebran los ochenta y cinco años de doña Leonor. Conozco a la Beba, la mujer de PEYROU: siempre sorprenden los amores de los amigos. A las nueve y media, Borges se va conmigo; come en casa con nosotros y con Elvira Orphée.

Elvira Orphée cuenta este «cuento» de Mousy[1025]: «No, gracias, no bebo. No: tampoco fumo, pero soy un poco puta». Borges no puede creer que eso sea el cuento; cree que falta algo. Se muestra muy descortés con Elvira Orphée, que habla de lo que imagina su peor defecto: dejar que su voz y opiniones asomen en las novelas que escribe.

Con Borges, cuentos de Vea y Lea.

Martes, 23 de mayo. Por la noche, voy a la reunión de la comisión directiva del Buenos Aires Lawn Tennis Club. Cuando llego a casa, a las doce y media, todavía está Borges, conversando con Silvina, esperándome. Queremos leer cuentos, pero Silvina pone el grito en el cielo: «No dormís nada», etcétera. Lo dejo en su casa.

Miércoles, 24 de mayo. Con Borges, lectura de cuentos para Vea y Lea y de novelas para La Nación. BORGES: «Los errores se cometen una sola vez. Por eso hay que tener mucho cuidado de no equivocarse. Como no hay tiempo de pensar, después de cometer un error, uno lo repite siempre».

Jueves, 25 de mayo. Come en casa Borges. Lectura de cuentos. BORGES: «¿Cómo puede uno dormir, si en cuanto se echa en cama está elaborando pis?».

Viernes, 26 de mayo. Come en casa Borges. BORGES: «Molinari, admirado de las largas dedicatorias de Cervantes, que enumera muchos títulos del duque de Béjar y acaba con etcétera, dedicó a Marasso un libro[1026] del siguiente modo: “Epístola al poeta D. Arturo Marasso, profesor de composición, etcétera”. Llegó demasiado pronto el etcétera. Es claro, él quería poner la e, la t, la c con versalitas, con firuletes, por motivos decorativos. Un etcétera tan inmediato sugiere desdén». Dice, con el mayor desprecio, que Molinari perdió algún puesto en tiempos de Perón, pero que ahora, noblemente, es peronista. Agrega: «Molinari es muy callado, para que no descubran que es un malevo que no sabe nada de nada».

Me dice: «Una prueba contra la idea de la evolución general de las artes, evolución que haría inevitable a la pintura abstracta, es que la misma gente que admira esa pintura, al mismo tiempo escribe y lee novelas realistas y es partidaria, en el cinematógrafo, del realismo italiano. Se ve que todo es una farsa».

BORGES: «Con toda la inteligencia puesta en la mirada, Marcos Victoria habla de la poesía de Saint-John Perse, que él admira tanto, “de las violencias” con que rompe las frases habituales y de la dedicatoria que su admirado poeta le escribió: “De quije garde toujours le sourire”. Le sourire en vez de le souvenir como uno espera. Qué admirable». BIOY: «Parece una broma». BORGES: «Y se ve que no sabía qué decirle. Le da una propina miserable. Toda esa gente cree que la literatura consiste en sustituciones. Es la idea de Raimundo Lulio, de la máquina de pensar. ¿Por qué no prefieren el camino natural de pensar las cosas en vez de las frías sustituciones mecánicas y de la ruleta?».

Recuerda que Schiavo jugaba con variantes pueriles: «A Delgado Fito lo llamaba Pescado Frito y a Bucich Escobar, Buffach Escobar, que es mejor. A Navarro Monzó lo hubiera llamado Marrano Punzó».

BORGES: «Leí en Almafuerte algo en el sentido de:

desprécialo todo

que todo tiene conciencia de ser despreciable[1027]».

BIOY: «La frase me parece muy justa. La excepción es Aita, que lo desprecia todo y parece incontaminado por sus limitaciones. Hoy se rió de Saavedra Lamas, porque ignoraba el francés». BORGES: «Qué valiente. Era un hombre en una cornisa. No lo empujemos al precipicio, no indaguemos su francés».

Cita a Reyes: «Carezco del gesto grave y decidido del fumador».

Sábado, 27 de mayo. Después del almuerzo, voy con Borges al velorio del rengo Coronado. Aita dice que el entierro es a las cuatro, pero es a las cinco. Invento, para Borges y yo, reunión de jurado: hay que evitar a toda costa los discursos de Oría, Giusti, Estrella Gutiérrez y Delfino; no menos, llevar a su casa al plúmbeo Aita.

Por la noche, come en casa Borges. Leemos cuentos para el concurso de Vea y Lea.

Domingo, 28 de mayo. Voy a buscar a Borges a su casa. La madre me lee la furibunda carta de un peronista, comunista o castrista, que nos insulta a todos. «Rompé eso», le dice Borges. «Olvídelo», le digo yo. Ella cree que Borges debería contestar. Norah comenta: «Tiene su punto de vista». BORGES: «Norah ha de creer que es un muchacho puro y que podría salvarlo mostrándole cuadros de Picasso». BIOY: «No hay que contestarle. Un lado humano tendrá, uno acabará comprendiéndolo e iniciando una amistad imposible. Aborrecemos a todos los peronistas, comunistas y castristas como ellos nos aborrecen; es triste, pero es así. Dejémoslo en su revuelto mundo». Dice el peronista en su carta: «Fueron a Europa, leyeron, se fabricaron una cultura para deslumbrar a los atorrantes que vivimos en ranchos». BIOY: «Qué idea más extraña sobre los motivos por los que uno lee. “¿Contra quién lee?”, ha de preguntar. Indudablemente es un firme creyente en la vida de relación».

Ya en casa, escribimos para Vea y Lea unas carillas sobre literatura policial, plagiándolas del prólogo que unos años atrás preparamos para el catálogo del «Séptimo Círculo[1028]». BIOY: «Qué bien escribíamos. Ahora no escribimos así. Estamos en decadencia». BORGES: «No: ahora no podemos pensar en serio en novelas policiales. Uno vive del pasado. A la mierda con las novelas policiales». Después, leemos los cuentos para el concurso. Cuando lo dejo en su casa le digo: «El trabajo purifica. Por idiota que sea, lo lava a uno de las tonterías del día».

Martes, 30 de mayo. Come en casa Borges. Leemos cuentos para el concurso.

La secretaria de Victoria llama a Borges para preguntarle de parte de la patronne si del libro sobre Evaristo Carriego puede decir que es «un estudio sobre el poeta y su ámbito». BORGES: «¿Qué es esto? ¿Quiere lucir la frase o más bien corresponde la pregunta a una creencia ingenua de que todo tiene importancia, de que siempre puede uno cometer errores irreparables? (Muy divertido). ¿Te das cuenta, llamar para preguntar eso?». BIOY: «Victoria escribió que nos ve a nosotros, a vos, a Silvina, a mí, como conspiradores. Sin duda siente eso».

Dice que una frase nunca oída es ésta: «¿Victoria Ocampo? Es una mujer que no ubico».

Miércoles, 31 de mayo. Cocktail de Emecé, para Borges, en Barracas, en la calle Luzuriaga. Mucha lluvia. BORGES: «En el Rosario, llaman lolas a los ladrones. Cuando uno preguntaba: “¿Quién se habrá llevado esto?”, respondían: “Lola”, por lo ladrone, según la fonética local. También se conoce esta otra frase, no sé si de rosarinos o de quiénes: “Estuvo Elena”. “¿Qué Elena?”. “El enano.”».

Jueves, 1.º de junio. Come en casa Borges. Leemos, para el concurso, un cuento que trata de una muchacha, huérfana y recatada que, por un aviso de la revista El Alma que canta, escribe cartas a un señor alemán. El lector teme por la suerte de la protagonista, hasta que al fin descubre que no es una chica, sino un muchacho, un preso, que desde la cárcel estafa a su corresponsal[1029]. Parecería que el autor no ha visto las posibilidades trágicas de su relato; con mucha delicadeza prepara lo que resulta una broma. Borges dice que estos cuentos, en los que al final se revela una situación del relator inesperada y tal vez atroz son típicos —y acaso privativos— de esta época. Recuerda el cuento de esa persona que hacia el final resulta ser uno de dos hermanos siameses[1030]; su cuento del minotauro[1031]; uno de Machen, de un diálogo entre un loco y su cuidador (esto se revela al final, por cierto); tantos de personas en manicomios o cárceles, que aparecieron como reyes o grandes señores; también algo de Graham Greene, que describe personajes alucinatorios; por último, Enrique IV de Pirandello.

BORGES: «Doblas me contó que una vez, en el 44 o 45, en un barrio bravo de Montevideo, un panadero dijo a un malevo que había conocido a dos mujeres dispuestas a presentarse a altas horas de la noche en un hueco. El malevo se mostró vivamente interesado. A la noche los dos fueron al lugar. Pasaba el tiempo, las mujeres no llegaban, el malevo se impacientaba. Por último el panadero confesó que las mujeres no existían, que se trataba de un ardid, que él se había enamorado del malevo. Disgustado, éste sacó el cuchillo y lo mató».

Viernes 2 al martes 6 de junio. Todas las noches, come en casa Borges y leemos cuentos para Vea y Lea.

Miércoles, 7 de junio. Come en casa Borges. Leemos cuentos para Vea y Lea. Hablamos del caso Bernárdez. Después de ser suspendido por sus altivas protestas en Madrid contra el discurso de Frondizi, Bernárdez volvió a Buenos Aires. Aquí, Borges organizó una comida en su honor, que se sirvió en El Malambo. Recuerdo el valiente discurso de Bernárdez, en que acusó al gobierno de traicionar la Revolución. Algunos lo aplaudimos entusiasmados, pero los más protestaron por lo bajo: «¿Qué viene a decirnos este loco? ¡Qué falta de oportunidad! Y con González presente, Secretario de Cultura». Sospecho que Bernárdez creyó que el ambiente de Buenos Aires, por lo menos el de los escritores de Buenos Aires, era otro. Él se llevó una sorpresa, como se llevaron una sorpresa los que oyeron el discurso. Aquí todos quieren hacer la vista gorda sobre la gaffe de Frondizi y que no venga nadie a echar un balde de agua fría sobre nuestras esperanzas, por infundadas que sean. Mientras tanto, el asunto de Bernárdez en el ministerio siguió su trámite. Lo llamaron a declarar. Él no fue, para no tener que retractarse. No quería retractarse, pero tampoco quería que lo echaran. Volvieron a citarlo, cada vez más perentoriamente. Se asustó un poco. Pidió socorro a quien pudo, aun a gente de quien se reía, como Capdevila; Bernárdez encuentra absurdas la personalidad, la poesía y la pusilanimidad de Capdevila, pero le ruega que interceda por él. Alguien dice que se va a España. «Yo no iría —dice Bernárdez, levantando la voz para que lo oigan—; España es un país admirable, pero tiene un inconveniente para un hombre libre: tiene a Franco». Las citaciones del ministerio continúan. Ahora, Bernárdez ha pedido a Borges y a Estrella Gutiérrez (presidente de la SADE) que intercedan por él ante Frondizi.

Porque un jurado reunido en Mallorca dio el premio de los editores a Borges, Victoria descubrió que es un gran escritor, se puso a escribir sobre él, insiste en que sus primeros libros los publicó Sur y quiere darle una comida. BORGES: «Para ella esse est percipi; percipi por los demás…». BIOY: «Qué raro. Yo no carezco enteramente de memoria, he vivido en Buenos Aires, y no recuerdo esa desmesurada y prematura admiración de Victoria. En cuanto a tus primeros libros, no creo que las editoriales Proa, Viau y Zona, Gleizer y vos mismo sean alias de Sur. La verdad es que Victoria ha descubierto a las celebridades que llegaban aquí, reforzadas en lo posible por el Premio Nobel. Admiró a muchos escritores, totalmente disímiles desde luego, pero que tenían en común la fama o por lo menos la notoriedad: Tagore, Ortega, Keyserling, Waldo Frank, Camus y tantos otros». BORGES: «Es cierto. Sin embargo, reconozco que se portó muy bien conmigo. Le debo la dirección de la Biblioteca Nacional». Después observa: «Es curioso. Esos autores que admiró tanto no dejaron rastros en ella. Sus ideas —si las tenían— no dejaron rastros; ni siquiera las combinó. Wilde decía que ser ecléctico es una virtud que más conviene a un rematador que a un crítico». BIOY: «No puede menos que asombrar esta frivolidad en una persona que pasó su larga vida leyendo o escribiendo (si lo primero puede ser pasivo, lo segundo consistirá siempre en juzgar, elegir, desechar). Sin duda, Victoria es ante todo un empresario de notabilidades: mucha voluntad, poca representación».

Hace un tiempo, Carlitos Frías por un lado, Beatriz Guido por otro, nos propusieron hacer un programa de televisión, basado en las novelas del «Séptimo Círculo», que nosotros elegimos. Nos darían un sueldo de veinte mil pesos. Nosotros. —Borges, Silvina, Peyrou y yo— tendríamos que ver las adaptaciones y aprobarlas o sugerir modificaciones. Sin entusiasmo ni esperanzas aceptamos, sin anticipar ningún trabajo. Después, desde luego, ocurrió lo inesperado: marchó, sin trabajo nuestro, sin sueldo para nosotros, con nuestros nombres, según todo el mundo muy mal. El director Viñoly Barreto nos dice a Borges y a mí: «El nombre de ustedes aparece en el programa. Para mí y para los doscientos mil que miran ustedes son los asesores: si el programa es malo, ustedes tienen la culpa».

Domingo, 11 de junio. Come en casa Borges. Leemos diecisiete cuentos para Vea y Lea. BORGES: «Se dijo —falsamente— que los vikings bebían cerveza en los cráneos de sus víctimas. Esta información fue muy bien recibida por los románticos, que la aprovecharon para poemas y cuadros; un alemán observó que despertó el entusiasmo que provoca siempre lo inauténtico».

Lunes, 12 de junio. Come en casa Borges. Lectura de novelas para el concurso de La Nación.

Martes, 13 de junio. Come en casa Borges. Leemos cuentos para el concurso de Vea y Lea. BORGES: «Macedonio dijo a un aburridor: “Cuando esperes un tranvía, no lo esperes en mi casa”».

Jueves, 15 de junio. Come en casa Borges. Leemos una novela para el concurso de La Nación y cuentos para Vea y Lea.

Viernes, 16 de junio. Come en casa Borges. Leemos cuentos. El sueño me vence.

BORGES: «Me gusta recitar versos en anglosajón. La explicación debe de ser muy conocida. Será ésta: en los versos el sonido es lo más importante; en un idioma que uno conoce, casi no oye el sonido porque las palabras son su significado; en un idioma que uno aprende, el sonido de cada palabra es una novedad, y uno lo oye distintamente».

Sábado, 17 de junio. Voy a buscar a Borges al cocktail de Pro-Arte. Comemos en casa. Leemos cuentos para Vea y Lea. Me habla de los cursos de la Universidad de Texas; lo invitaron para que vaya en septiembre. BORGES: «¿Te das cuenta? Debo hablar sobre un tema general, toda la literatura argentina, o un período, y sobre un tema especial, un autor o un libro, durante cuatro meses, tres horas por semana. Un profesor, lo creerás, habló durante cuatro meses sobre mi obra. ¡Cuatro meses sobre mi obra!». BIOY: «No tendrás más remedio que analizar a Lugones cuento por cuento. Es claro que las ideas de los cuentos de Lugones no te darán para mucho…». BORGES: «El tiempo de leerlos». BIOY: «Bueno, si los demás profesores, que no han de ser demasiado inteligentes, pueden hablar todo un curso sobre un autor, vos podrás». BORGES: «No creo. Desde hace cinco años soy profesor y nunca pude hablar más de tres clases sobre el autor que más sé. Siempre puedo mandar un telegrama y decir que no voy». BIOY: «No es en mí en quien debes buscar apoyo en esta circunstancia, porque muchas veces te dije que todo lo que sé sobre el escritor que más conozco cabe en pocas páginas, pero de todas maneras tu situación no ha de ser tan desesperada. Tendrás que hablar y hablar, todo lo que se te ocurra; someter tus lecciones a un proceso de estiramiento, ser más lánguido». BORGES: «¿Sabés lo que quieren? Que les diga sobre qué libros voy a hablar, para que los lean. Van a saber tanto como yo. No voy a tener mucho que decirles». BIOY: «Aunque lean los libros, no sabrán nada». BORGES: «Sí, al fin y al cabo son muchachos y yo soy un hombre. ¿Qué temas elegiré? ¿Toda la literatura argentina y Lugones y Groussac?». BIOY: «Con Groussac, porque no es argentino, vas a entristecer». BORGES: «¿A quién? A ellos ¿qué les importa? A Madre, bueno…». BIOY: «No, es que será un poco como esa fiesta rumana a la que fuiste, en que los rumanos eran griegos, y los bailes típicos eran más bien yugoeslavos y húngaros». BORGES: «González Lanuza hablaría sobre la generación de [la revista] Martín Fierro[1032], o sobre los escritores de ahora. Yo podría hablar sobre algunos, pero ¿qué hago con Mallea? Y sobre la literatura argentina tengo dos ideas, desde luego, dos valiosas ideas: una, que es la más importante del continente y otra, que es una porquería. Bueno, son dos assets, pero nada más, no tengo nada más que decir y eso mismo es un poco contradictorio. Es claro que la del resto del continente es peor aún… (a carcajadas): En una de fregar cayó caldera[1033]».

Refiere una historia, inventada por Néstor Ibarra: Un individuo tiene que aprovechar una entrevista con un político, para asesinarlo. La entrevista ocurre, pero no el asesinato. Después, el fracasado asesino explica a sus compañeros: «La conversación no se prestó». La versión de hace unos años era: «La conversación no nos llevó para ese lado»; anoche: «La conversación no se prestó». Borges comenta: «Es el mejor empleo literario de la frase “la conversación no se prestó”. Ahí estaba la frase; nadie imaginó un empleo tan bueno».

Deja una lista de libros, para una probable biblioteca universal, que publicarían unos señores Stocker[1034]. Incluye libros excesivamente arduos y no universales: sobre sufismo, sobre la cábala, sobre Eddas y sagas. Tiene una aversión puritana por los libros fáciles (por ejemplo, On Reading Shakespeare, de Logan Pearsall Smith). Otra observación: si leemos un cuento, y al principio hay adulterios o amantes, exclama: «Bueno, este cuento no. Es una idiotez».

Domingo, 18 de junio. Come en casa Borges. Lectura de cuentos.

Lunes, 19 de junio. Comen en casa Borges y Peyrou. Leemos cuentos.

Cuando dejamos a Peyrou, Borges comenta riendo: «Notre pauvre ami piétine sur place. Non bis in idem; tris. Semper eadem. Donde uno lo deja, lo encuentra».

Martes, 20 de junio. Come en casa Borges. Preparamos una lista de libros para la posible colección de editorial Centurión [de Stocker]. La lista incluye, entre otros, Un experimento con el tiempo, de Dunne; Del cielo y del infierno, de Swedenborg; los Note-Books de Samuel Butler; el Viaje en las pampas, de Armaignac; Lógica simbólica, de Susanne K. Langer; Historia de la literatura antigua en la India, de V. Pisani; The Croquet Player, de Wells; A Brazilian Mystic, de Cunninghame Graham; A Perfect Woman, de L. P. Hartley; Horacio en España, de Menéndez y Pelayo; El teatro Noh, de Waley; el Viaje a las Hébridas, de Johnson y Boswell; Isis y Osiris, de Plutarco; La novia del hereje, de Vicente E López; Breve Historia de la filosofía china, de Fung Yu-Lan; antologías de Kipling, de Henry James, de Stevenson.

Jueves, 22 de junio. Con Borges voy a la comida en honor de Losada, al que un juez condenó a prisión por la publicación de un libro supuestamente obsceno, El reposo del guerrero. Borges tenía su asiento reservado en la cabecera. «No, yo me siento con Bioy», dice, de modo que me llevan a la cabecera, donde usurpo sin duda el lugar de alguien. A las nueve y media nos sentamos y a las dos y cuarto nos levantamos, después de interminables discursos. Increíble estupidez de los de Estrella Gutiérrez, Roa Bastos, Lucas Ayarragaray; mejor el de José Blanco Amor; único agradable el de Casona, que nos engañó a todos leyendo una importante adhesión de un escritor italiano («Moravia», susurraba la gente), que resultó ser párrafos de Boccaccio en su prólogo al Decamerón; bastante razonable el de Losada, pero ¡tan largo! Cuando volvemos, Borges comenta: «Sentimos, como dijo Lugones, el terror de que sea muy tarde»[1035].

Viernes, 23 de junio. Come en casa Borges. Leemos cuentos.

Sábado, 24 de junio. Comen en casa Borges y Peyrou. Leemos cuentos para Vea y Lea. Encontramos un buen cuento: «Mañana de rutina», de un tal «Metus».

Peyrou felicita a Borges por El hacedor. BORGES: «Si es bueno, será porque es un libro que se hizo solo. No tiene rellenos. Ninguna parte en él fue escrita con el propósito de formar un libro; el libro resultó de reunir páginas escritas por un impulso espontáneo».

Domingo, 25 de junio. Come en casa Borges. Leemos doce cuentos para Vea y Lea.

BORGES: «Todo lo que toca Herrera [y Reissig] se vuelve pacotilla. Uno no cree en sus oros y cree en el oro de Swinburne. A Lugones y a Herrera les gustaban palabras como muselina, bombasí, velutería y oro».

Lunes, 26 de junio. Come en casa Borges. Habla de los anglian-beasts, «animalitos fantásticos que aparecen entre plantas en relieves anglos: no son animales reales ni mitológicos; son lo que son, partes de un relieve».

BORGES: «Un blanco, antepasado de Vlady, cautivo de los indios, tomado en las afueras de Lincoln, vivió doce años en las tolderías; los indios lo querían mucho; después volvió a la civilización. Con esto podría hacerse un cuento muy lindo: cómo esperó el momento en que ya sin peligro podía irse. No debió de ser un obsesivo. Un hombre sin obsesiones es un héroe casi inimaginable para un escritor de hoy. Más parecido a Ulises[1036] que a un héroe actual».

Martes, 27 de junio. Come en casa Borges.

Miércoles, 28 de junio. En la Biblioteca Nacional, mientras esperamos a Martín Orloff, de Ediciones Centurión, Borges me hace oír una agradable marcha militar argentina, La avenida de las camelias, en la Sala Negri. «Qué cuarto agradable», dice, mientras yo advierto que es un cuarto muy frío y que si me quedo me resfriaré. Después, con Orloff, hablamos de las colecciones que dirigiremos quizá en la editorial de Stocker.

Por la noche, come en casa. Leemos cuentos para el concurso.

Viernes, 30 de junio. Come en casa Borges. Leemos muchos cuentos para el concurso. Llueve intensamente. Comenta: «La lluvia llueve. Una nueva escuela literaria nació de la frase. La primera vez que la leímos, exclamamos: “Estamos ante un escritor”, pero al leer, dos líneas después, El trueno truena comprendimos que se trataba de un artificio, muy hábil desde luego, pero un artificio al fin».

Sábado, 1.º de julio. Borges y Estrella Gutiérrez intercedieron ante Frondizi por Bernárdez. Frondizi les respondió: «Yo no sé qué puedo hacer. Lo citan a Bernárdez: dice que está enfermo. Le mandan un médico: lo rechaza, el pudor no le permite mostrar su cuerpo ante un médico que no sea su amigo. Aunque no va a la oficina donde lo citan, va a la oficina de al lado, a pedir plata para construir una casa en Córdoba. Dice que no admite ningún puesto en otro ministerio, porque sería una sanción, pero su altivez le permite mandar mediadores…». Bernárdez ha mandado ya a Capdevila, a Palacios, a Dell’Oro Maini. A Dell’Oro Maini le muestran el expediente de Relaciones Exteriores y le dicen: «Lea esto, resuelva como usted quiera, acataremos su resolución». Dell’Oro se niega a resolver, porque ve que ninguna resolución puede ser favorable a Bernárdez. Éste insiste en su tenacidad, en que no admite sanciones, etcétera, pero mueve a medio mundo. Dice que no es el puesto lo que le interesa, que esto es un duelo entre él y Frondizi. BORGES: «Estoy harto de este individuo que tiene un gesto y después quiere que los amigos lo salven. Si hace un gesto, he must face the music. Que no pida que otros hagan lo que él no quiere hacer. Todavía va a quedar con fama de altivo».

Domingo 2, lunes 3 y miércoles 5 de julio. Come en casa Borges. Leemos cuentos para el concurso.

Jueves, 6 de julio. Comida, para Borges, en el Jockey, del PEN Club. Una antología de los escritores más idiotas: Aita, como siempre, hosco y dolido; Marcos Victoria, astuto y mezquino; Irazusta; Estrella Gutiérrez; Erro, enroscado en su sólida corpulencia. Aita asegura que el PEN es un club de prolectarios.

Frío innegable. Borges, al salir a la noche, dice: «Como un agua siente uno el frío en la cara».

Viernes, 7 de julio. Come en casa Borges. Leemos cuentos: al quinto, leo dormido. Hablamos de Larreta, enterrado hoy. Opiniones de los demás: para mi madre era un genio; para Borges fue siempre un personaje deleznable.

Hemingway murió los otros días. Me agrada cómo escribe: su estilo nítido, como un cristal transparente, no estorba y tiene la nitidez de un lente admirable. Según Borges, que habla de él con malevolencia, y que no se interesa en su obra, era mala persona.

Miércoles 12 de julio. A la noche, con Peyrou y Borges, damos nuestro fallo para el concurso de cuentos policiales de Vea y Lea[1037]. Compruebo que los cuentos policiales que más me gustan no son cuentos policiales. El primer premio, «Las señales», es un cuento admirable, escrito con gran intensidad. El primero y el segundo de los nueve cuartos premios son cuentos muy superiores al que lleva el segundo y a los dos que comparten el tercer premio; pero no son cuentos policiales: se titulan «Mañana de rutina» y «Volvedor». Tengo alguna curiosidad en saber quiénes son los autores de los tres cuentos nombrados. Por cábala favorable a los números impares fechamos 11 de julio nuestro fallo, aunque lo damos el 12.

Cuenta Borges que, estando en Europa, compró la Retórica de Mayàns y Siscar, «un libro muy lindo», y que lo alegró la feliz circunstancia de que un especialista en artificios literarios, como sin duda era el autor, hubiera cometido el error siguiente; dice Cervantes que Dulcinea era «la doncella más hermosa del mundo y aun del Toboso» y concienzudamente Siscar corrige: «Del Toboso y aun del mundo debió escribir Cervantes»[1038], sin advertir la intención cómica. Peyrou, hoy lento y considerable, comprende mal las cosas, cree que tiene razón Siscar, que Cervantes no era capaz de la ironía.

Borges vio La mano en la trampa, el film de Torre Nilsson; Peyrou, no. Cuando Borges quería opinar sobre el film, Peyrou lo interrumpía, para decir ex cathedra: «Los que lo vieron, me aseguraron…».

Jueves, 13 de julio. Come en casa Borges. Leemos, para la Obra completa de H. Bustos Domecq, «El hijo de su amigo». Hablamos de la Penitenciaría Nacional de la calle Las Heras, que destruirán en estos días. BIOY: «Cuando era chico, de todos los edificios de Buenos Aires era el que más me gustaba. Hoy sigue gustándome, pero me alegro de que lo derrumben, porque una cárcel me parece un símbolo tétrico y no sin egoísmo deseo que me lo saquen de la vista. Con mal fundadas esperanzas, confío en que el barrio nuevo tenga un aire limpio y próspero». Silvina deplora su demolición. Borges también: «Es claro que es una cárcel, algo horrible. Pero es un edificio tan largo, tan lindo. Quién sabe qué mamarrachos levantarán en su lugar».

Recordamos frases con obvious: «Glimpses of the obvious». «A master of the obvious». (Vlady, de Peyrou). «Above all, don’t be obvious» (una dama citada por Borges). «These dealers in the obvious.»[1039]

Viernes, 14 de julio. Come en casa Borges. Leemos novelas para el concurso de La Nación. Encontramos que nunca escribimos mejor (con H. Bustos Domecq) que en las Dos fantasías, son los mejores cuentos; el estilo es inteligente y comprensible.

Sábado, 15 de julio. Borges llega temprano. Me regala un ejemplar de The New English Bible. Yo le regalo mi smoking, para su viaje.

BIOY: «Sobre la New English Bible leí controversias en el Times Literary Supplement. Eliot dice que, al perder oscuridad, algunos párrafos y aun todo el libro tienen menor encanto y menor fuerza de persuasión sobrenatural». Borges tiene un preconcepto favorable. BORGES: «Está hecha sobre un nuevo principio». Le leo en los cuatro evangelios los episodios con Pilatos y la crucifixión. BORGES: «Estoy seguro de que todo es verdad. No digo los milagros, claro está… Pero ¿quién iba a inventar todo eso? No un discípulo ignorante. ¿Qué novelista sería capaz de mejorar la conversación de Cristo y Pilatos, del judío y del romano? Cada uno está en su mundo —habla en cross-purposes—, y no se recurre a idioteces de vestuario o a las trabajosas invenciones de Walter Scott o de Flaubert. La diferencia está dada desde adentro. ¿Y qué mejor que el sueño de la mujer de Pilatos, la lavada de manos, el buen ladrón, el “Dios mío, Dios mío me has abandonado”?». Al leerlos, los episodios vuelven a conmoverme; en cualquier redacción conmueven.

Hablamos de la parábola del hijo pródigo; de las vírgenes tontas, que en la New English Bible son girls, para enojo de T. S. Eliot, en vez de virgins. BORGES: «Seguramente en esa época y en ese contexto la palabra virgen significa muchacha» hablamos del hombre de un talento. BORGES: «Es una parábola en que Cristo deja ver que al fin y al cabo era judío. Quizá ahí por primera vez la palabra talento, moneda metálica, significa talento, condición de la inteligencia o habilidad». Vemos el Oxford English Dictionary. También vemos lusciola, en Raimundo de Miguel[1040]; lusciola, más allá de los cambios permitidos por la ley de Grimm debe de ser la misma palabra que ruiseñor.

Lunes, 17 de julio. Comen en casa Borges y Peyrou. Peyrou pasa por un momento de inteligencia neblinosa: afirma que la huelga general de mañana fue organizada por el presidente de la República. Le hacemos ver que a Frondizi no puede convenirle mucho, salvo que haya que distinguir entre gobierno y presidente, y que éste quiera hacer caer al gobierno, impuesto por militares, para organizar otro, con peronistas. El pobre Peyrou se pierde en los argumentos y, como no ve sus razones, apela a autoridades: «En el diario, la gente que está cerca de Frondizi, asegura…».

Leo a Borges un poema de Marechal, «Eutanasia», que salió en la revista Literaria[1041] «¿De quién es?», le pregunto. BORGES: «No sé. Parece de un discípulo de Ulyses [Petit de Murat]. No, es peor que un poema de Ulyses. ¿El peor de todos los martinfierristas sería Bernárdez?». BIOY: «No. Este Marechal es tan malo como Bernárdez». Leo versos:

Otra vez en un puño del mar o en su riñón

yo busqué la frontera de un mundo sin novillos.

BORGES: «Estás inventando. Si a uno le dicen concluya el verso, un mundo sin, y le dan un millón de posibilidades, no escribiría novillos. Alegaría los toros, pero los novillos, no».

Sobre Bernárdez: «Ahora este héroe de la revolución recurrió a otro padrino para que le defienda el puesto en Relaciones Exteriores. Después de Dell’Oro Maini, católico; de Palacios, socialista y ateo; de Capdevila, de quien se burla; de Estrella [Gutiérrez] y de mí, ahora recurrió a un dirigente peronista de la CGT».

Miércoles, 19 de julio. Come en casa Borges.

BORGES: «¿A que no sabés qué pasó con el concurso de cuentos de Vea y Lea? El primer y el segundo premio[1042] son del mismo autor: Pérez Zelaschi. ¿Qué me decís? Hace lo que quiere ese hombre». BIOY: «Todo el mundo condenará el hecho de que se haya presentado con más de un seudónimo. A mí me parece que esto demuestra que el jurado tiene un gusto y un criterio seguros: eligió dos veces al mismo autor, entre trescientos». Hablamos de Pérez Zelaschi: lo conocemos con la periferia de la conciencia; alguna vez leímos alguna frase de algún cuento suyo sin esperar nada; injustamente lo confundimos —según resulta de libros que le atribuimos— con un tal Pippig, que imitó La invención de Morel.

Ordenamos el material de las Obras completas de H. Bustos Domecq, que entregaremos a Sur.

Habla de Renan, su respeto y afecto por los alemanes. BORGES: «Lo que lo habrán sorprendido en el 70. Si no fuera por Bismarck, dijo un escritor inglés, serían unos profesores anteojudos: Bismarck les enseñó otro oficio. El estudio de la germanística lleva a despreciar a los alemanes».

Jueves, 20 de julio. Después del almuerzo, llevo a Martín Orloff, de la casa Stocker, la lista de los primeros libros de nuestras colecciones. Por la noche, come en casa Borges. Leemos novelas para La Nación.

Lunes, 24 de julio. Comida para Borges, en el Automóvil Club, ofrecida por Sur. Victoria lee un discurso que empieza con una de esas fealdades tan de su cuño: «Hace la friolera de treinta y cinco años que conozco a Borges». Después, cuándo no, saca a relucir a San Isidro y a sus prisiones[1043]. De sus prisiones ya habló más de lo que duraron. Veo a los amigos. Mallea abre los brazos, exclama «Adolphus», y se aleja cabizbajo, porque no tenemos nada que decirnos. A las doce volvemos a las casas, con Borges, Emita Risso Platero y Esther Zemborain.

Martes, 25 de julio. Come en casa Borges. Leemos cuentos para el concurso de La Nación. «Es la vuelta a la normalidad», dice con satisfacción.

Dice: «Sebastián Soler me aseguró que no entendía a las personas que comparaban la Vida de Johnson de Boswell con las deliciosas conversaciones de Goethe con Eckermann. Yo le respondí que me pasaba lo mismo, pero al revés». Agrega: «¿Por qué es tan inteligente Sebastián Soler? Porque tiene fama de inteligente. Ésa es su obra: con tan poca materia haber fabricado esa fama. Por momentos Soler habla como un señor español. ¿Será porque tiene unos parientes en Barcelona?».

BORGES: «Ledesma es un malevito infecto. Cada día lo odio más. La ignorancia está a la vista. Es el típico escritor argentino». BIOY: «Corresponde al mismo tipo de persona que ese pobre que murió, Delfino». BORGES: «Sí, pero Ledesma tiene mejor obra. Mejor persona es Mallea. Claro que si yo tuviera que ser el autor de la obra de Mallea o de Ledesma, prefería la de Ledesma. En fin, es un objeto real, se justifica… La obra de Mallea existe por la sola circunstancia de que una palabra después de otra forma una frase y de que muchas frases juntas forman un libro. Sus libros son libros como hay libros posibles si uno anota todas las terceras y séptimas palabras de las frases de la Enciclopedia Británica. A la larga se descubriría que esos libros no tienen más sentido que las novelas de Mallea».

Miércoles, 26 de julio. Come en casa Borges. Leemos novelas para La Nación.

Jueves, 27 de julio. Voy a la Biblioteca Nacional, a la reunión del PEN Club. Están el hosco Aita; Julio Noé, agradable y callado; Galtier, el bien dispuesto para cualquier diligencia (como si tuviera la vida vacía); Adela Grondona, que parece uno de esos sapos que echan chorros en las fuentes; Beatriz Guido, la coqueta; Borges, que sin intención de ofender mira para otro lado cuando se le explica algo, o se levanta para atender el teléfono. Leen la renuncia de Francisco Romero: para dedicarse a su trabajo renuncia como socio. Aita, invariablemente áspero y resentido, toma la renuncia como una ofensa personal, una ingratitud de mal amigo. Yo argumento que no hay que tomar todas las cosas de un modo tan personal, que hay que respetar las decisiones de los otros y no juzgarlas ni condenarlas; que si Romero no manda por escrito su renuncia y le habla —como Aita quiere— o él no renuncia o se pelean los dos. Pero, ¿quién ha de convencer al dolido Aita? ¿Y para qué yo quiero convencer a estos sonsos, acerca de otros sonsos? Lo cierto es que termino por llevar a Aita a su casa en Rivadavia al 5000. Otra circunstancia infausta: el proyecto del almirante Rojas, de dar dos millones al PEN Club, para celebrar un congreso de escritores, mereció, cuándo no, la aprobación unánime de la comisión de Educación de la Cámara de Diputados. Vale decir que sin plata para hospitales, para escuelas, para maestros, para caminos ni nada, el país gasta millones en la SADE y en el PEN Club. No sé qué utilidad urgente y permanente va a dejar este congreso. Lo malo es que no tengo el coraje de protestar; callo y hasta soy un cómplice activo. Por eso, entre tantas cosas, arderé en el infierno.

Después, Borges me dirá que los congresos de escritores son inútiles, y que además son perjudiciales, porque la gente cree luego que los escritores son tan vanos como los políticos; se los ve como figuras públicas, monstruos sagrados, y ya no llegan a nadie.

Me habla del prólogo que escribió para el libro de Santiago Dabove[1044]. Refiere ahí que Dabove contaba anécdotas que le hubieran gustado a Maupassant; por ejemplo, que en la inauguración de una casa mala, en un pueblo suburbano, los muchachos bien estaban de lo más cómodos, como acostumbrados a esos lugares, y en cambio malevos temibles, que sólo conocían el amor en zaguanes, se mostraban intimidados. El caviloso César Dabove se molestó de que Borges pensara incluir esa anécdota.

BORGES: «Leí en estos días algo muy lindo en no sé cuál de los comentadores del Libro de Job. En el segundo capítulo, después de todas las calamidades que lo abrumaron, la mujer le dice a Job: “Bendice a Dios y muere”. Resulta que debe uno leer maldice, pero nadie se atrevía a escribir maldice a Dios de miedo de quedar fulminado. Quién sabe lo que le iba a pasar… Por eso tampoco se lo nombra directamente; se lo llama el Señor. Jehová proviene de una mala lectura de Yahvé. Los sefaraditas no empleaban, por temor reverencial, la palabra cielo; decían techo. Con el tiempo tampoco pudieron decir techo».

Habla del poema de Kipling sobre las block-square virgins[1045] (las vacas).

Dice que el gran descubrimiento de Hitler, el gran descubrimiento de los políticos, en contra de lo que trató de probar Dostoievski, es que la gente no tiene vida privada: «Los hombres no tienen queridas, ni se quedan a leer un libro, ni quieren tener un rato para echar la siesta: están siempre listos para las ceremonias, las concentraciones, los desfiles, etcétera».

BIOY: «Recibí el diario de Gibbon, en francés, de su viaje de Ginebra a Roma[1046]. Me llevé una desilusión, porque parece consistir en descripción física, no matizada por reflexiones ni ironías. La culpa de estos libros no corresponde a los autores, sino a la posteridad». Hablamos de la utilidad de los libros de viajes. Uno registra cosas que creyó importantes y luego se revelan como desprovistas de significado, y cosas cuyo significado al principio no se entendió pero después resulta evidente: si no las hubiéramos anotado, quizá las olvidaríamos y comprenderíamos todo con menos claridad.

Observa que, para un escritor, el título de doctor, previo a la publicación de libros y ganado en examen, es peyorativo; en cambio, para algunos escritores, el doctorado honoris causa, payasada para presidentes, es un título honorífico respetable: Johnson es el doctor Johnson.

Dice que hay personas con los límites mentales próximos: «Con Susana Bombal hay que tener cuidado; si no, uno se da cocazos». Minuciosamente explicó Borges a esta dama que al corregir las pruebas, si uno debe sustituir una palabra por otra o una frase por otra, conviene que sean de extensión similar, para no obligar al linotipista a rehacer todo el párrafo, con peligro de nuevas erratas. Oyó Susana atentamente la explicación y luego, al corregir copias a máquina, procuró sustituir las frases por otras de igual extensión. BORGES: «Susana Bombal sólo lee las obras de posibles rivales: Adela Grondona o Sara Gallardo, para encontrar defectos en sus escritos». De Wally y de otras mujeres observó: «Tienen el hábito de la desesperación»[1047]. (Una amiga de Wally lo oyó y, ni corta ni perezosa, refirió la frase a la interesada; ésta dijo: «Por una frase literaria la sacrifican a una»).

Jueves, 3 de agosto. Come en casa Borges. BORGES: «En el Uruguay todo el mundo se ríe de ese militar literato Ubaldo Genta». BIOY: «Hoy tiré un libro suyo. Antes no me animaba a tirar libros dedicados, pero es evidente que no puede uno acumular en la casa objetos inútiles». BORGES: «Hay que arrancarles la dedicatoria». BIOY: «Caramba, no tuve el escrúpulo. Después en las librerías aparecen y la gente cree que uno los vendió». BORGES: «O aparecen de vuelta en tu casa. Una mañana tiré un montón en uno de los canastos metálicos de los subterráneos y a la tarde, un muchacho muy tímido y muy pobre llegó a casa con los libros. Le di cinco pesos y le agradecí; no me atreví a pedirle que se los llevara de nuevo».

Viernes, 4 de agosto. Come en casa Borges. Leemos novelas para La Nación. Después de eliminar ocho o diez originales, a las doce de la noche, comenta: «Qué novelas. De todos modos, leerlas es mejor que una reunión». BIOY: «Es claro. Tienen más argumento. Aquí sabemos las reglas del juego. Nadie sabe qué es una reunión». En una de las novelas, el autor escribe de un personaje: «Cloqueó —por dijo— tal o cual cosa». Borges, llorando de risa, imita los cloqueos. «Ahora va a poner un huevo —comenta—. Hay que ser expresivo, pero no tanto. La culpa de todo la tiene Croce. La literatura peca por exceso, no por falta, de expresión. Habría que moderar los textos. Otra causa de fealdades es la que vos señalaste: el deseo de precisión, la busca del mot juste».

Dice que ha inventado una figura, tan audaz como idiota: «Junto al fogón mateaba una barba blanca». O: «El más ocurrente de la reunión resultó aquel cigarro de hoja». Agrega que no es novedad: la parte por el todo, las velas por el barco.

BORGES: «Kant decía que nunca hay que mentir. Su ejemplo es que si una persona que va a matar a un hombre pregunta si éste pasó por aquí, hay que decirle la verdad, aunque la consecuencia sea una muerte[1048]. Por la pedantería de no mentir, que muera alguien. Kant exige del imperativo categórico que la máxima de cada acción pueda aplicarse a todas; niega las circunstancias. Es claro: (con gran desprecio) el hombre más inteligente del mundo, el más sutil, etcétera».

Comentamos que Larreta cuidaba mal (no por indiferencia: por vanidoso y tonto) la imagen de sí mismo que proponía al mundo. Porque vivió en un mundo grosero —cf. Leonidas de Vedia, uno de los admiradores— quedó impune. Gran señor, hidalgo español: en su oportunidad no desdeñó la zalamería a Perón; gran escritor, maestro del estilo: para parecer moderno escribió oraciones sin verbo, y no desdeñó frangollar argumentos para la televisión.

Sábado, 5 de agosto. Come en casa Borges. Leemos novelas para el concurso de La Nación. Hablamos de alcoholismo. Dice: «En este país, únicamente las mujeres de sociedad se emborrachan».

Aita insiste para que visitemos una tarde, con Borges, al almirante Rojas, que, según él, quiere conocernos. BORGES: «Parece que el lunes, a las cuatro o a las cinco, vamos a ver al almirante Rojas. Se me ocurre que estaremos un ratito no más in the presence». BIOY: «¿Hay que vestirse de oscuro?». BORGES: «Madre está como loca. Dice que es un honor. Que es una invitación a participar en un hecho histórico. Le digo que voy a preguntarle: “¿Cómo eran Perón y Evita, usted que los trató?” y Madre se enoja: “¿Cómo si tuvo a Perón a mano perdió la oportunidad de siquiera tirarle un botellazo?”».

Domingo, 6 de agosto. Come en casa Borges. Dice que abunda Azorín en efectos como éste: «La niña saludó desde el piso alto, rubia».

Lunes, 7 de agosto. Come en casa Borges. Encontramos una buena novela para el concurso de La Nación: Luz era su nombre[1049]. Discutimos los personajes como si fueran reales.

Miércoles, 9 de agosto. Come en casa Borges. Leemos novelas. BORGES: «“Not happy, but only victorious”. La frase es de Shaw, al final de Man and Superman. Está bien que no diga triumphant, porque en triumphant hay una idea de exultación. ¿Estos matices abundan en la obra de Ezra Pound?». En medio de la cita, nos asaltó una duda. Buscamos el libro y consultamos el pasaje, donde, para nuestra sorpresa, el personaje dice: «Ann looks happy; but she is only triumphant, successful, victorious»[1050]. BORGES: «Ahora todo parece vuelto contra el propio Shaw. Qué raro si hubiéramos escrito exaltando la sutileza de Shaw y al mismo tiempo mostrándolo como un bruto».

BORGES: «Las traducciones de Ezra Pound del anglosajón son literales, pero sobre todo fonéticas, sustituyendo una palabra anglosajona por la misma en inglés, aunque hoy haya evolucionado la acepción: to reckon, por ejemplo, tiene distintas acepciones en ambos idiomas, pero un pasaje con reckon en anglosajón, en el inglés de Pound conserva el reckon»[1051]. Borges habla de esto como de una invención. BIOY: «No, no es una invención. Recuerdo las traducciones del latín que hacíamos en el colegio. Los profesores exigían que así fuera el primer borrador. Yo recuerdo que ese español tan raro que resultaba, me fascinaba (como habrá fascinado a Pound) y que con criterio literario de dieciséis años (que todavía tendrá Pound) pensé que había descubierto un filón admirable». BORGES: «¿Por qué Pound escribió Kulchuren el título de su libro[1052]? Quizá por encontrar la palabra un poco ridícula y para expresar su desdén».

BORGES: «Mauthner decía que todas las actuales malas palabras son viejos eufemismos[1053]. Putino es un niño, puta una muchacha. ¿Idiota no era un rentista y el sentido peyorativo no es la expresión de un odio harto difundido?».

Jueves, 10 de agosto. Come en casa Borges. Leemos una novela bastante buena, para el concurso de La Nación. Hasta ahora, en ciento ochenta novelas, tres que merecen atención.

Viernes, 11 de agosto. Come en casa Borges. Concluimos una novela no del todo mala. Cuando leemos un capítulo en que varios personajes, en una inacabable noche de borrachera, se acuestan con la misma muchacha (un capítulo bastante bueno), Borges comenta: «Esto no lo vamos a poder premiar. Nadie lo va a querer premiar». Yo me digo: «Aunque es verdad lo que dice, lo dice pro domo sua, protestando el propio disgusto. Es él quien no querría premiarlo». De todos modos, el libro es inferior al absurdamente titulado Luz era su nombre.

Llevo a Borges. La ciudad está como siempre. Al llegar a casa, atiendo el teléfono; Borges me dice: «¿Sabés que hay revolución?».

Lunes, 14 de agosto. Come en casa Borges, muy resfriado. Leemos, en mi escritorio, novelas para La Nación. BORGES: «Me faltan veinte días para irme a Texas. ¿Cómo detener el tiempo? Madre está muy divertida con el viaje. Ojalá que me dejen hablar de otros temas, además de literatura argentina. Esa idea de que todo hombre es un commis voyageur de su país es una porquería, es la negación de la cultura, de la literatura, de todo. Ojalá que me dejen hablar de Whitman. Es claro, los que llegan ahí serán unos brutos y sólo podrán hablar de su país, porque será lo único que conocen un poco, como la gente conoce su barrio».

De un muchacho conocido, comenta: «Muy simpático e inteligente… De pronto uno adivina que lo separan grietas de desacuerdo, que serán abismales, pero es un muchacho muy cortés».

Martes, 15 de agosto. BORGES: «Nalé [Roxlo] relacionó a Rubén Darío con Lorca y dijo: “Como ayer nadie podía escribir sin imitar a Darío, hoy todos imitamos a Lorca”. Nego maiorem».

Amorim, en un poema de contrabandistas[1054], por la tentación de imitar a Lorca, hablaba de contrabando de sombras. Borges le dijo: «Entonces no es contrabando. No te conviene. Que sea de yerba, de lo que quieras, pero no de sombras». «Yo lo siento así», contestó Amorim.

Un profesor Gardner observó que en los versos anglosajones por lo general hay cesura, dos hemistiquios y el sentido concluye el verso. De ahí sacó un criterio para juzgar la poesía inglesa, y señaló (imaginarios) defectos en Milton y en Shakespeare. No admitía puntos en medio de un verso. Decía: «Pueden los poetas versificar a la inglesa o como los extranjeros, pero no deben combinar los sistemas». BORGES: «Qué estúpido. Versificarían así, no por una poética deliberada, sino porque era lo más simple. Además, los versos iniciales del Beowulf infringen este absurdo sistema».

BORGES: «Machen inventa un final para “The Figure in the Carpet” mejor que el de Henry James, y lo atribuye a James[1055]. Qué extraño que Henry James se pasara haciendo parodias de sí mismo. Los personajes y situaciones de James no parecen reales; sirven para los argumentos. Los personajes de Kipling tienen realidad fuera de la fábula. Con los argumentos de James, Kipling hubiera escrito mejores cuentos».

Hablamos de los títulos de los libros de Kipling. BORGES: «Debits and Credits, qué vergüenza. Actions and Reactions es bastante malo. Limits and Renewals es un poco mejor, porque ya significa algo. Bueno, Actions and Reactions también significa algo, en el sentido de que todas las frases significan algo. Es lo que Padre le decía a González Lanuza: es muy difícil inventar una frase que no signifique nada. Padre refutaba los ejemplos que daba Lanuza, que no eran gran cosa: El pisotón envenenado. “Por qué no —le decía mi padre—, un pisotón puede comunicar un veneno”. Un chocolate en mangas de camisa. “Por qué no —le decía mi padre—, qué dificultad hay en que alguien, en mangas de camisa, tome chocolate.”».

La gente ridiculiza a los revolucionarios de las otras noches, «unos locos que tomaron dos o tres emisoras, ¡hágame el favor!», etcétera. BORGES: «Les fallaron los que estaban conjurados para salir con ellos. ¿Cómo la gente no comprende?». Mi padre y él deploran el fracaso; por odio al gobierno, quieren cualquier revolución, aun ésta, que parecía bastante nacionalista y mala. En cambio, casi todo el mundo está en contra del gobierno, pero lo prefiere a cualquier revolución.

Jueves, 17 de agosto. Come en casa Borges. Elegimos los cuentos para Los mejores cuentos de Kipling, para la colección de la editorial de Stocker. Porque el libro resultaba demasiado extenso suprimimos «Friendly Brook», «Mary Postgate», «The Tomb of his Ancestors», «The Manner of Men», «The Strange Ride of Morrowbie Jukes», «The Lost Legion». No incluimos «On the Great Wall» porque pertenece a una serie. El índice, finalmente, incluye: «The Gate of the Hundred Sorrows», «Beyond the Pale», «A Matter of Fact», «The Dog Hervey», «Wireless», «The Wish House», «A Madonna of the Trenches», «Dayspring Mishandled», «A Sahibs’ War», «The Church that was at Antioch», «The Gardener», «The Finest Story in the World».

Viernes, 18 de agosto. Come en casa Borges. Para el concurso, leemos novelas; para la colección, empezamos el índice de Los mejores cuentos de Henry James.

Domingo, 20 de agosto. Ayer, Borges estuvo en Baradero. A quienes le mostraban la ciudad la comparó con Lomas de Zamora. BORGES: «Fue un error. Cuando a uno le muestran una cosa no hay que recordar otra. No hay que recordar nada». Comenta: «Muy tacaños los que me invitaron. Hablaron primero de los gastos que tenían y después me preguntaron cuánto iba a pedirles por la conferencia. Como me habían dicho que Marcos Victoria me precedió, les pregunté cuánto les había pedido. “Cuatro mil pesos —contestaron—, pero le dimos dos mil”. “Conmigo no van a tener dificultades —dije con un poco de rabia—: denme mil”. Me dieron mil y me dejaron pagar los gastos del viaje» (con lo que se le fue la mitad).

El cura del pueblo le contó que el último guapo de Baradero, guardaespalda de un conservador, murió en el banco de la plaza, donde había salido a ventilarse, un día de 1921. Lo mató otro conservador, de lejos, con dos balazos muy certeros.

Hablamos de neologismos. Moonlit es palabra inventada por Tennyson [en 1817]; international, por Bentham [en 1780]; centripetal y centrifugador Newton [en 1709 y 1727]; gloom (en el sentido de oscuridad), en cierto modo, por Milton (había formas parecidas en anglosajón); multitudinous y baseless por Shakespeare. Bungalow significa bengalí (casa bengalí). BIOY: «De todas éstas prefiero moonlit, una palabra que parece de siempre. Centrífugo y centrípeto son palabras útiles, pero no particularmente lindas».

Cita versos de Shakespeare con multitudinous y baseless:

The baseless fabric of this visión[1056]

This my hand will rather

The multitudinous seas incarnadine,

Making the green, one red[1057]

BORGES: «Cuando uno sabe que inventó las palabras, los versos parecen menos admirables… Uno descubre al macaneador». BIOY: «Serían más feos entonces que ahora».

Se pregunta si la milonga es una música que puede gustar a no argentinos: «No es efusiva ni sentimental: es una música para gente reservada, para gente como fueron los argentinos. Sin duda el carácter ha cambiado. ¿A Ascasubi le gustarían? Sin duda sí. Qué raro que para Ascasubi milonga y tango no significaran nada. La música del porteño era el cielito. ¿Cómo sería?».

BORGES: «En Austin no te tendré para comentar las cosas. Será como ir al cinematógrafo y no tener con quién comentar el film. Bueno, estará Madre, con quien puedo comentar cualquier cosa». BIOY: «Confío en que puedas decir un día:

What am I doing in Kansas City

When you are in New Orleans».

BORGES: «Ojalá. Querría decir que se me había poblado de personas aquello». Cita:

¿Qué querés con el retrato

si la mina está en Italia?

Viernes, 25 de agosto. Habla Peyrou, que me anuncia que la SADE pidió el Nobel para Borges. Me cuenta que fue a la entrega de premios de Vea y Lea. PEYROU: «Todos los premiados —salvo el trucha de Rodolfo Walsh— eran gente humilde, que uno se alegraba de alentar». La autora de «Mañana de rutina» —el mejor de los nueve cuartos premios— se llama Pietre, tiene veintisiete años, parece de condición bastante humilde; el cuento es el primero que ha escrito. Peyrou la felicitó en su nombre y en el mío.

Sábado, 26 de agosto. Come en casa Borges. Leemos novelas.

Domingo, 27 de agosto. Come en casa Borges. No tenemos novelas para el concurso de La Nación, las hemos leído todas. ¿Preparamos antologías de cuentos extraños? ¿De quién era el cuento norteamericano, aparecido en una antología de Ellery Queen, sobre aquel restaurant donde comían un cordero que resultó carne humana[1058]? ¿Y de quién era aquel otro, leído el año pasado, de una persona que caía en poder del demonio, lo que poco a poco se descubría por una creciente soberbia que se manifestaba en comentarios descomedidos, pero acertados y graciosos, sobre los más prestigiosos libros de su biblioteca? No solamente uno pierde fuerzas, personas y cosas; también olvida.

Martes, 29 de agosto. Come en casa Borges. Invitado por la Universidad de Texas, tiene dificultades en el consulado de los Estados Unidos, para que le den la visa. Se la negaron en tiempos de Perón; ahora se la niegan de nuevo. El cargo: que estando Sánchez Viamonte preso de Perón, Borges reclamó su libertad. Además de todas las razones evidentes, Sánchez Viamonte es pariente, ni siquiera es —como temen estos burócratas— comunista (es socialista). El cónsul norteamericano tesoneramente le niega la visación. Borges contesta: «No soy un individuo que quiere entrar por la ventana en los Estados Unidos. Me invitó la Universidad y acepté. Después de estos desaires tengo menos ganas de ir. Por mí no iría, pero Madre ve todo como una ofensa personal, dice que estos yankis no van a llevarnos por delante y está dispuesta a mover cielo y tierra. Es muy argentina». Recuerdo el resentimiento de Suzanne Labin, socialista que dedicaba su vida a combatir el comunismo, cuando le negaron la visa: «Pays d’idiots!».

Miércoles 30 y jueves 31 de agosto. Come en casa Borges.

Viernes, 1.º de septiembre. Come en casa Borges. Subiendo la escalera de casa, dice: «Todos los caminos llevan a Austin[1059]. También es cierto que todos los caminos llevan al regreso de Austin».

BORGES: «En el homenaje a Góngora en la Academia de Letras sólo yo hice objeciones: dije que como la literatura española no es rica en extravagancias —hablan de la mesura francesa, de la falta de originalidad francesa, pero ¿cuál es el Rabelais español?—, con uñas y dientes los españoles se aferran a las extravagancias de Góngora y se prenden a sus obras. La extravagancia es una manera, un estilo: si después de muchos siglos un texto sigue asombrando por extravagante, esto significa que el autor no supo imponer su manera, que fracasó… Creo que se me fue la mano. Dije que en todo Góngora no hay una sola imagen visual. Nombra colores, por eso dicen que veía las cosas. Tan poco veía que puede hablar de la blancura de una mujer como blancura de nieve. Por un defecto de lenguaje se emplea la misma palabra blancura para calificar el color de la nieve y el de una mujer. Las críticas de la gramática de la Academia Española a versos de Góngora son justas. Reyes habla de los chascarrillos abominables de Góngora».

Cuenta: «Yo estaba diciendo la frase de Shaw de que toda la literatura se divide en dos grupos: la Biblia, escrita por el Espíritu Santo, y el resto de los libros, escritos por los hombres. Entonces entreví del otro lado de la mesa al padre Ragucci y para hacerlo rabiar dije: “La Biblia y el Corán. Me parece gente tan absurda, la de la Academia, que no puedo menos que maltratarlos; pero como son hijos del rigor me va bien. Me aplaudieron”.

BORGES: «María Rosa Lida es una sonsa. ¿Sabés qué libro ha elegido para dar un curso de todo un año? Persiles y Sigismundo. Un libro de aventuras en que se habla de una caverna horrenda, desde cuyo fondo venían gritos descompuestos, a los que respondió Persiles con éstas o parecidas razones[1060]. Todo de una confusión y lentitud increíbles. Ningún escritor está libre de escribir malos libros. Muchas veces el secreto está en el tono: si uno da con el tono conveniente, la novela o el cuento salen bien, aunque el argumento no valga mucho; en cambio un tono equivocado arruina el mejor argumento. Persiles es un libro condenado desde el principio. Empieza muy mal. En cambio el Quijote empieza bien: “En un lugar de la Mancha”; etcétera. Sin duda a Cervantes le gustaban los libros de aventuras. Como don Quijote, se habría pasado la vida leyendo novelas de caballería. Cumplió con el juicio de su inteligencia condenándolas, en el Quijote», después, ya con la conciencia tranquila, cedió a la tentación de hacer lo que verdaderamente le gustaba y escribió el Persiles».

Capdevila le dijo: «¿Usted come dulce de leche? Mejor sería que comiera dulce de ácido prúsico. ¿Usted bebe leche? Mi buen amigo, usted bebe su lepra»[1061].

BORGES: «En este país, que ayer nomás menospreciaba a España, después de haberla malquerido bastante por las guerras de la Independencia, hoy todo el mundo la quiere por los más dispares y contradictorios motivos: unos por republicanos, otros por comunistas, otros por católicos, otros por nacionalistas y aun monárquicos, otros por discípulos de Larreta, otros por recuerdos de juventud en teatros de género chico de la Avenida de Mayo, otros por aprobación cordial del hombre corriente español. La verdad es que de buen o de mal grado, con o sin protestas, todos miramos con afecto a España (aunque tal vez no al vecino que por motivos que nos irritan comparte nuestro afecto)».

BIOY: «¿No te parece petulante poner como título de un cuento “La obra”?». BORGES: «Vos ya no dependés de títulos raros para vender tus libros. “La obra” me parece muy bien. Como el cuento es irónico, no hay petulancia. Un título extraño está bien para un autor muy joven».

Dice: «Están muy mal esos libros que dejan ver que el autor empezó por el índice. Si González Lanuza escribe un poema al cuchillo, escribe otro a la cuchara y otro al tenedor. Así fatigó todas las legumbres y todas las aves de corral. Nada más triste que esos poemas descriptivos… Son verdaderos ejercicios de retórica; el autor escribe igual sobre cualquier cósa, sobre una coliflor o sobre una alcachofa. Como es muy estúpido, no se detiene en el cuchillo, o en la cuchara. Abarca también el tenedor. Deja ver que no le importa nada de nada».

BORGES: «La idea de Vidas de muertos de Anzoátegui es una idea miserable[1062]. Qué decadencia la de Anzoátegui: de gran señor español a biógrafo de Manuel Gálvez»[1063]. BIOY: «Hasta perdió el snobismo».

Habla de nuevo del proyecto de escribir, sin ironía, sátira ni comicidad, una Historia de la literatura de un país y de un idioma imaginarios.

Sábado, 2 de septiembre. Comen en casa Peyrou (temático) y Borges. Éste cita a su tío Luis Melián Lafinur («Él sólo rasgo diferencial de nuestro campesino es el incesto») y a Macedonio Fernández («Los gauchos son entretenimientos que tienen en las estancias para los caballos»),

Peyrou (indicándome dos flores que llevo en el ojal): «¿Y esas flores?». BIOY: «Se las compré a unas chiquitas que estaban en un balcón jugando a que vendían flores». PEYROU: «Qué lindo». BORGES: «Al comprador de esas flores al fin del capítulo lo matan. Por la ley de causalidad estética». BIOY: «Tan inevitable como la ley de causalidad física».

BORGES: «Hablábamos de Denys, ese mariscal brasilero que le paró el carro a Goulart. Galtier lo elogió. Aita le salió al paso: “Alto ahí. No, no crea; no quiere a la Argentina”. Galtier metió violín en bolsa; nadie protestó. Y sin embargo, al fin y al cabo, qué importa que sea enemigo de la Argentina. ¿Qué significa? No significa nada: esa enemistad no define a un hombre, no es lo mismo que ser enemigo de los Estados Unidos, o de Inglaterra, o de Francia, o de los judíos. Nos tendrá rabia porque perdieron en Ituzaingó. O habrá que ver nuestra Historia del lado brasilero. En todo caso, ahora no importa: hace frente a un comunista y eso vale más. ¿Te das cuenta el criterio de este escritor para juzgar a los hombres? Muera Denys porque no nos quiere. Harto simple».

PEYROU: «La mujer del monumento a Sáenz Peña de Fiovaranti es Elena Cid. Esta muchacha fue una pintora, nacida en San Nicolás; verdaderamente se llamada Elena Hurtado. Fue amante de Fioravanti, pero lo dejó “porque era tan bruto que no se podía hablar con él”. Después fue amante de Bernárdez. “Conmigo —dijo Bernárdez—, por lo menos podía hablar”. También a él lo dejó, porque era mucho menor que ella y “no quería perjudicarlo”; estaba enamorado y, según dice, sufrió mucho. “Cuando estuve en España, quise ir a Ginebra, a ver su tumba, pero mi mujer se puso a preguntar qué iba a hacer a Ginebra y renuncié al viaje”. Cuando yo era joven, lo admiraba a Bernárdez, porque lo veía con esa mujer lindísima. Los cuadros de Elena me gustaban mucho, no sé si porque ella era tan linda. Bernárdez era muy solitario. Su conducta no es buena, pero él es simpático. Su catolicismo, sus rarezas, se explican un poco por la tristeza que tuvo cuando lo dejó Elena Cid».

Dice Borges que nada pone tan ufano a Guillermo como sacar algo de arriba, garronear. «Con orgullo alardea de ventajero. No entiende mucho de economía. Quiere prestar a interés muy alto: “Pero —pregunta—, ¿se entiende que en el momento que quiera yo dispongo a voluntad de mi dinero?”».

Domingo, 3 de septiembre. Come en casa Borges. Dice: «Caramba, por encargo de Victoria estoy escribiendo un poema sobre Sarmiento[1064]. Estoy escribiendo invita Minerva, porque no tengo ganas de escribir sobre Sarmiento (aunque no tengo nada contra Sarmiento y lo admiro mucho). Es claro, para que no se note la frialdad, estoy overwriting it, overdoingit. La hipérbole es una forma de la indiferencia: porque no se puede o no se quiere entrar en detalles se recurre a los superlativos».

BORGES: «Deberíamos publicar los comentarios de sus contemporáneos a Góngora. No son polémicos o tontos, como los de Dámaso Alonso. Son comentarios verso por verso. En Cuestiones gongorinas, Reyes transcribe una o dos páginas». Cita a María Rosa Lida: «Los poetas españoles, hasta Fray Luis de León y Góngora, no cuidaban la versificación. La gran novedad de Góngora fue cuidarla». BORGES: «Entonces, ¿qué hay en ellos? ¿Gran riqueza de ideas? (¿Alguien lo cree?). ¿Intensidad? ¿Personalidad interesante?». BIOY: «¿Y Quevedo no cuidaría los versos?». BORGES: «No cuidaba en el sentido de que una vez dada una rima, seguía adelante, seguro de que iba a salir». BIOY: «¿Y los Argensola?». BORGES: «Bueno, tal vez sí, porque eran, como decía Groussac, relativamente artistas». BIOY: «Está bien ese relativamente, por lo que concede y por lo que niega».

Leemos los Note-Books de Butler para la colección de la editorial Centurión. Butler cita a Buffon: «Le style est l’homme même»[1065], y dice que ese estilo, que es como la felicidad, «vient de la douceur de l’áme». BORGES: «¿Hay douceur de l’âme en Gracián, en Góngora, en Quevedo? ¿Interesa el hombre detrás de los versos? Hay versos fabricados, como los de González Lanuza». Cita a Croce: «La poco ingeniosa ingeniosità de los barrocos»[1066]. BORGES: «Lo dijo del Marino; pudo también decirlo de Gracián».

Lunes, 4 de septiembre. Parece que Borges se va el sábado. Vlady, muy triste, me dice: «No puedo creerlo. Toda mi vida está centrada en Borges y en el estudio del anglosajón». Ni corto ni perezoso, Borges la compara con Estela Canto. VLADY: «No tiene alma. Es la segunda que me dice. Hoy me dijo: “¡Lo que voy a extrañar las calles de Buenos Aires!”. Yo le pregunté: “¿Nada más?”. Entonces me contestó: “Es claro, está el factor humano”. ¿Se da cuenta? [El factor humano]. Qué maldad». BORGES: «No es maldad, es timidez». Yo pienso: «A pesar de su largo trato con ellas, quizá las mujeres todavía lo pongan nervioso. Quizá quería mostrarse encantador, flippant y humorístico; con las mujeres tiene mala espontaneidad y dice estas cosas poco gratas. De ahí su fama de frío, sin alma, etcétera». Continuamente le pedía a Vlady que recitara poemas anglosajones. ¿Cómo cree que puede gustarme esa retahila de palabras que no entiendo? ¿O, si yo fuera mejor, me gustarían? Non sum dignus.

Por la noche, come en casa. Me dice: «A la gente le gusta pensar en sus enemigos. A vos y a mí no: no somos good haters».

Leemos por segunda noche los Note-Books de Samuel Butler. BORGES: «Son libros muy inteligentes». BIOY: «Son libros que sin duda se formaron solos. Si un escritor inteligente día a día anota sus reflexiones, el resultado, después de un poco de poda, será un libro inteligente». BORGES (en broma): «Son del mismo tipo esos libros de Valéry que se titulan Rhumbs, etcétera. El defecto de los de Valéry es que están hechos con el ojo en el lector». BIOY: «Tienen algo acartonado. Falta el aire. Sugieren un autor sin douceur d’áme, como vos decías de algunos españoles (Gracián, por ejemplo)». BORGES: «Es claro. Los libros de Butler, en cambio, son de la familia de Montaigne y de Plutarco. El procedimiento de Butler es considerar todas las cosas —sentimientos también— como organismos, que nacen, crecen y mueren». Sobre el primer Samuel Butler, dice que Hudibras recuerda al Lunario sentimental, que abunda en rimas extrañas.

BORGES: «Es raro que Shakespeare le gustara tanto a Butler». BIOY: «Al padre no le gustaba. En ese punto el padre se parecería más a Samuel Butler que Samuel Butler». BORGES: «Lo que tiene de malo Shakespeare es que no puede uno leerlo sin hacer concesiones. Uno se dice: Bueno, hay que tener en cuenta la época, el gusto de entonces, etcétera. Cuando uno lee a Dante o a Cervantes no tiene que hacer concesiones. Shakespeare es un poco irresponsable: en ningún momento uno puede estar seguro de que un personaje no mate a todos los otros». BIOY: «Después de Johnson empezó la deificación de Shakespeare. Es el San Martín que allí tienen». BORGES: «El primer culpable es Coleridge, que lo compara con un dios[1067]. No le gusta que le arranquen los ojos a Lear, pero piensa que algún día, cuando él mejore (porque ya muchas veces se equivocó), le gustará, ya que así lo inventó Shakespeare (que nunca se equivocó)». Recuerda que Chesterton dijo de Swinburne: «Fue un revolucionario, pero now he lives in Putney, in respectability, and is a Shakespeare-fearing man [ahora vive respetablemente en Putney y es un hombre temeroso de Shakespeare]».

Martes, 5 de septiembre. Reunión del jurado, en La Nación. Borges, Mallea, Vedia y yo; falta Carmen Gándara. Vedia repite como de él nuestro elogio a manuscritos que no leyó: sin duda muy amable, pero demasiado dispuesto a aceptar juicios ajenos. Mallea, en cambio, no vende su alma. BIOY: «La docilidad de Vedia hacia los otros jurados me recuerda, mutatis mutandis, la de Peyrou». BORGES: «Mutatis mutandis es una frase muy útil, pero no sé si muy lícita. Mutatis mutandis, un bife con papas fritas es La vida es sueño de Calderón».

Por la noche, Borges come en casa. Leemos los Note-Books de Samuel Butler.

BORGES: «La frase de la Princesa, “tres moderne, tres Paul Bourget”, debería publicarse con el nombre en blanco, para ser llenado de acuerdo a la situación que trae cada generación. Ya hay gente para quien la frase no es cómica, porque Paul Bourget es tan antiguo que no lo identifican». BIOY: «Nadie afirmó jamás: “Muy moderno, muy Capdevila” ni: “Muy moderno, muy Más y Pí”».

Miércoles, 6 de septiembre. Comen con nosotros Vlady Kociancich y Borges. Sobre las traducciones del anglosajón de Ezra Pound, con palabras de origen anglosajón que en inglés tienen una acepción que no corresponde a la original, opina Vlady: «Cuando las leo, no puedo pronunciar en inglés, pronuncio en anglosajón».

Lee Vlady un poema sobre Texas y El Álamo, de Walt Whitman[1068]. BORGES: «Nunca estuvo en Texas, pero estuvo en todas partes. Qué lindo poema». Dice que para una antología de Nova, de poemas de América, cometió la torpeza de elegir el poema de Whitman sobre El Álamo y hundió la antología, porque el editor, con toda razón, no quiso incluir un poema tan poco agradable para los mexicanos y ya no se habló más del libro.

BORGES: «Una idea falsa de Wilde es que si uno convence de algo a otro, uno deja de creer en ese algo. Sin embargo, es verdad cuando uno es el único en creer en algo y por fin hace adeptos. Entonces uno se aburre de su creencia y cree en otras cosas. Es lo que nos pasó a Bioy y a mí con las novelas policiales. ¿Les pasará eso a los misioneros? ¿Cuando convencen a los bantús del cristianismo, dejan de creer en Cristo y empiezan a mirar con simpatía a los ídolos bantús?».

Cuenta Borges la visita de Helen Hayes y otras actrices a la casa de Victoria, en San Isidro: «No conocían a nadie. Parecían hablar de memoria. Una decía: “Oh boy, how cute was this” y contaba una anécdota que la otra había oído mil veces. Una dijo: “Mire ese árbol. Qué enojado parece. En cambio aquel otro: es un idealista que quiere alcanzar el cielo”. Yo le respondí: “I was just going to say so”. Helen Hayes dijo que Dylan Thomas daba este consejo (¡tan admirable!) a los actores: “Love the words”». «Qué vanidoso —le contesté—: ‘the’ stands for ‘my’ [‘las’ significa ‘mis’]. También dijo Helen Hayes que su marido pertenecía al wild group de Hemingway. ¿Te das cuenta? Lo que sería ese grupo tan wild: unos idiotas borrachos. Hemingway habrá sido una especie de Oliverio Girondo… Yo pensé que el viaje a San Isidro desilusionaría a esas americanas, si esperaban ver pampa y gauchos. Pronto comprendí que no esperaban ver nada: que no tenían idea de que aquí hubiera pampa y gauchos. Como cuando yo fui a Santa Fe y me dijeron que comprobaría que la cerveza de allí era justamente famosa. Por algo los profesionales rosarinos se costean con sus señoras en automóvil para beberla. Naturalmente, les oculté que nunca había oído hablar de esa cerveza».

Habla de su inminente partida hacia los Estados Unidos: «Antes de irme, siento que debería hacer unas cuantas cosas que no sé qué son. ¿Ir a ver algunos lugares? No voy a llevarlos más conmigo porque los vea. Si los veo una última vez será como la última vez que los vi, con un añadido de solemnidad, que no sé si conviene».

Después leemos los Note-Books de Butler.

Jueves, 7 de septiembre. Come en casa Borges. De una persona a quien no considera demasiado inteligente ni compleja, opina: «Es como un dibujo».

Leemos los Note-Books de Butler. BORGES: «A veces logra buenas vulgaridades. Este libro no va a gustar a nadie. Mejor: tendrá campo propicio para educar». BIOY: «Parafraseando a Butler, podría decirse que los homosexuales están en contra de la división del trabajo». BORGES: «En una biografía de William Beckford alguna vez leí que a él y a un joven amigo los acusaron de “un error gramatical, de haber confundido los géneros”[1069]».

BORGES: «Como persona, Lorca me pareció muy desagradable. Como poeta… Creo que fue Esther de Cáceres, una poetisa oriental, que hizo un poema a Artigas en estilo lorquiano. Qué asombrado hubiera estado Artigas: por si acaso, la hubiera fusilado. A Silva Valdés también lo agarró Lorca: después de leerlo, escribió un poema con jacas, palabra que unos días antes ignoraba». Me cuenta que Emita Risso Platero (uruguaya) dijo de Wally Zenner (argentina): «Parece una poetisa uruguaya».

Hablamos de anuncios. Dice que no abundan los anuncios insultantes: «No sea bruto, beba Cinzano». Dice que le gusta el león de la etiqueta de la Ferroquina: «Es un león muy simpático».

Según Laín Entralgo, médico español que está de paso por Buenos Aires, al entierro de Baroja fue poca gente, por la enemistad del Caudillo con el muerto. BORGES: «Estas noticias —como las relativas al moderado espacio que podían conceder los diarios a las notas sobre Ortega y Gasset, cuando murió— revelan la ruindad de Franco».

BORGES: «Quizá un día haya para la prosa leyes tan claras como las de hoy para el verso, cuyos comienzos, alguna vez, fueron inseguros. Entonces la gente dirá: “Mire qué animal. Ni siquiera observa el orden par, impar” o algo por el estilo. Parecerá imposible que alguna vez hayamos ignorado tales reglas».

Lo dejo en su casa. Le digo: «Bueno. Ésta será la última vez, hasta la vuelta, que te dejo aquí». «Estaba pensando lo mismo», contesta. Mi padre comenta después: «Está abatatado con su viaje».

Sábado, 9 de septiembre. Después del almuerzo, visitamos a Borges y su madre, que hoy viajan. Están nerviosos, poco menos que obsesionados con el viaje. (Dijo mi padre: «Es el viaje del niño Goyito»)[1070].

A las once llevamos a los Borges a la oficina de la compañía de aviación. La madre no se atreve a ir al aeropuerto en mi coche ni en ningún coche particular; quiere ir en el ómnibus de la compañía. Por lo demás, quiso que todo el día Borges estuviera en casa. «Nada de romper el cordón umbilical», le dijo. Peyrou, Luis, Silvina y yo vamos a Ezeiza en mi coche. Allá esperamos hasta las dos y media la salida del avión. En el inmundo bar del aeropuerto, al que no entran Silvina ni doña Leonor, tomamos leche (Borges), agua Villavicencio y después té tibio (yo), cerveza (Peyrou), nada (Luis). En su casa, la señora (de ochenta y cinco años) me parece una mujer joven; aquí es una viejita flaca, chica e inestable. Muy pronto su carácter la afirmará y agrandará: es el macho de esta pareja, la que entiende de papeles, de cambio, la que sabe todo y la que puede cargar valijas (él casi no ve y un esfuerzo podría dejarlo totalmente ciego).

Mientras esperamos, Borges me habla de un profesor norteamericano que discutía gravemente la obra de Américo Castro. BORGES: «Yo le dije que esa obra no tenía ningún valor, que está basada en el estudio de sainetes y de tangos. Al profesor no le gustó que le dijera eso. Quieren aceptar el orden establecido y sobre todo no pensar».

Conmovidos se van. Nos dejan bastante perplejos y a mí bastante solo. Vemos, desde el fondo de la terraza, la partida del enorme avión. Hace frío.

[Septiembre de 1961 a febrero de 1962. Borges reside un semestre en los Estados Unidos, invitado por la Edward Larocque Tinker Foundation, como visiting professor to the University of Texas].

Lunes, 2 de octubre. Recibo carta de Borges, que me comunica este cuento brasilero: «Un soldado levanta la larga barba del prisionero, le dice: “O senhor ten muita fragilidade”, y lo degüella».

Martes, 10 de octubre. Compré el libro de Wolberg sobre Borges[1071]. Este Borges está incontenible: su nombre agota los libros; en la librería El Ateneo sacan un ejemplar escondido, para vendérmelo, porque soy yo. El libro parece un trabajo de aficionado de provincia.

Viernes, 13 de octubre. Recibo una carta de Borges. En mi última carta le pregunté qué podía leer sobre el Eterno Retorno, porque estaba escribiendo un cuento sobre un eterno retorno limitado[1072], por ejemplo, a un perro. Él tomó literalmente lo del perro y me dice: «El perro del eterno retorno podría confirmar o dejar entrever alguna variación atroz o piadosa del argumento o podría sugerir una obsesión o culpa del narrador». Creo que esto ha bastado para que yo cambie el final de mi cuento y lo salve.

Lunes, 16 de octubre. Voy a un almuerzo que dan en el Jockey Club en honor de Capdevila, por su dedicación a la Prandiología. Están, entre otros, Etchebarne y Peyrou.

Hablamos de Borges. Según Etchebarne, Borges dijo que para el criollo la mujer es tan sólo herramienta del placer. Según Peyrou, la de Reyes Oribe, expectante, le comunicó un día a BORGES: «Soñé con pieles»; Borges contestó: «Debió de ser una pesadilla».

Cuenta Peyrou que Ibarra un día invitó a Borges a una excursión en bote —bote desarmable e inflable, de su invención— por el arroyo Cildáñez. Cuando naufragaron, los salvó de las aguas —medio metro de profundidad— el morador de un rancho, un viejo con el que tomaron mates[1073].

Dice también Peyrou que Ibarra era muy inconsciente: «Una vez, en el veintitantos, en Barracas, Borges e Ibarra insultaron a radicales que iban por la calle Blandengues, en un camión. Los reos bajaron y les rompieron el alma. Borges tuvo la inteligencia de protegerse los ojos; levantó los brazos, se tapó la cara y afrontó la paliza».

Martes, 24 de octubre. Carta de BORGES: «Si pudiéramos juzgarla imparcialmente, Texas sería superior a la Argentina. Me siento bastante feliz dando clase y hablando de Hernández y de Lugones. Los alumnos son jóvenes gigantes respetuosos y un poco inalcanzables; mis colegas, españoles republicanos que extrañan la Puerta del Sol como yo la Plaza San Martín».

Viernes, 3 de noviembre. Según carta de Borges, en la esquina de una iglesia evangélica de Austin se lee: «No fire like passion; no shark like greed [No hay fuego como la pasión, ni tiburón como la codicia]».

Sábado, 16 de diciembre. Come en casa Peyrou. Me cuenta esta anécdota: César Dabove invita a Borges y a Peyrou a un asado en Morón. Borges, con úlcera, no comía entonces más que papas. Dabove, que es médico, lo sabía; sin embargo, sólo había, para comer, carne. «¿No habrá una papa?», preguntó Borges. «No», dijo Dabove, y en el acto se desinteresó de la cuestión y siguió comiendo. De vuelta en Buenos Aires, la madre preguntó a Borges cómo había comido. Contestó BORGES: «Ayuné opíparamente».

Martes, 19 de diciembre. Come en casa Bianco. Me propone un libro sobre Borges, para Eudeba: cronología, bibliografía, antología, iconografía, extractos de juicios críticos (ajenos), una presentación de la persona y una valoración de la obra. Dije mal antología: citas de textos de toda la obra que revelan preocupaciones principales: eterno retorno, suburbios, tango, política, etcétera. Propongo a Peyrou para este libro.

Sábado, 30 de diciembre. Borges, por carta, me comunica una broma que inventó: «¿Esta leche es buena?», pregunta uno. Otro, con la cara redonda, sonriente, del señor Cortés (empleado de Emecé), contesta: «Sí, señor, es leche buena y mañana es Navidad». Borges aconseja no situar el episodio el 24 de diciembre, para que solamente arrastrado por el idioma el facsímil de Cortés dé su contestación.


[Miércoles 3 de enero al viernes 16 de mar/o de 1962. Bioy Casares en Pardo y Mar del Plata].

Martes, 23 de enero. Borges me comunica, por carta, que en un film de Disney un gato fanfarrón abraza a una gata y le dice, con acento francés: «You may call me street-car because I desire you[1074]»; también, que en París una especie de pesado as de copas en el que caben varios bocks se llama un formidable.

Lunes, 26 de febrero. En Mar del Plata. Por teléfono Borges, de vuelta de los Estados Unidos, me dice: «Nueva York, tenías razón, qué ciudad. Una ciudad así es un honor para el mundo: no sé si Góngora habla exactamente de torres coronadas de honor, de majestad, de gallardía, ni si tales epítetos corresponden a la ciudad de Córdoba, pero son una descripción precisa de Nueva York. Tenía razón tu padre: las ciudades norteamericanas son incomparables a las nuestras. Austin es un pueblo de campo de la provincia de Buenos Aires, con sus casitas bajas, sus huecos, el pasto y las noches llenas de grillos, pero es una gran ciudad, con una biblioteca universitaria cuyo caudal bibliográfico es varias veces superior al de nuestra masure (diría Montenegro)[1075] de la calle México. Hablé del Martín Fierro y de Lugones a los texanos; me pareció bien que el primero les interesara más que el segundo. En New England, me emocioné como un turista en las casas de Emerson y de Longfellow. En el Oeste, San Francisco sugiere algo espléndido y ennoblecido por recuerdos de Stevenson y de Mark Twain. En Los Angeles tuve una conversación técnica con Anthony Boucher: una persona muy viva, muy cordial, muy vulgar, sumamente indulgente con las soluciones mecánicas del locked-room puzzle, y que conoce detalladamente las obras de Peyrou y de Bustos Domecq».

Propone el título de una novela policial que no prometería nada bueno: Entró con llave duplicada.

Dice que una frase que no se oye frecuentemente es: «Hoy comulgué y la hostia, ya se sabe, me cayó como un plomo».

Martes, 6 de marzo. En Mar del Plata. Hablo por teléfono con Borges. Dice que lo divierte la frase «Brilla por su ausencia»[1076]. Creo que proviene de la latinidad, áurea si no me equivoco.

Sábado, 17 de marzo. En Buenos Aires. Hablo por teléfono con Borges. Dice, refiriéndose a la decadencia de las letras en España desde el siglo XVII: «No sólo no sabían escribir, sino que tampoco sabían leer sus libros. Leían el Quijote para buscar proverbios». BIOY: «Véase la edición de Rodríguez Marín»[1077].

BORGES: «Frondizi debe de parecerse a un personaje de Martin Chuzzlewit, a quien le gustaba todo lo que fuera tortuoso: estratagemas, subterfugios, segundas intenciones, etcétera, per se… A la gente le gusta imaginar personas increíblemente astutas y complejas, refinados maquiavelos. Esos maquiavelos no han de ser para tanto. Todo maquiavelo debe de ser un idiota».

Domingo, 18 de marzo. Come en casa Borges. Trae regalos: un marfil chino, de una pieza, con otros adentro, para mí; un delantal para Silvina; una cruz mexicana para mi hija Marta.

Le hablo de mi cuento «El calamar opta por su tinta». BORGES: «Está bien. El verbo optar supone una inteligencia que los calamares probablemente no tienen». Comentando los primeros resultados de las elecciones y el posible triunfo peronista: «Recuerdo un dicho parecido: “El perro vuelve a su vómito”[1078]. Aunque más adecuado sería, por estos días: “El argentino vuelve a su Perón”».

Lunes, 19 de marzo. Come en casa Borges, que habla de su viaje. Dice que en los Estados Unidos dan por inevitable la guerra, en la que destrozarán a Rusia: «No tienen a dog’s chance, los soviéticos».

Cada vez que llegaba a una biblioteca, ofrecían a su admiración ediciones del Quijote. «Les explicaba que no me interesaban en absoluto, que quería que me mostraran libros de Stevenson».

En Texas conoció a un muchacho que, no bien afirmaba algo, por cortesía lo negaba: «La comida mexicana, sí, es una comida muy simple, sí, muy pesada». «Austin es una ciudad pequeña, extendida».

A unos metodistas que se oponían a la pena capital, les dijo: «Cristo la sancionó. Murió en la cruz; no eligió —era Dios y podía hacerlo— la reclusión en la cárcel». «No los convencí», agrega. Yo le recuerdo que, para John Donne, Cristo era suicida[1079].

Martes, 20 de marzo. Come en casa Borges. Después, recorremos el centro. La ciudad está en calma[1080]. Pregunta: «Hay sospechosamente, ¿poca o mucha gente?». «Poca», le digo.

Lunes, 2 de abril. Come en casa Borges. BORGES: «Uno pensaba que habría revolución o que no habría revolución, pero no que habría una revolución con este resultado[1081]. Qué rara es la realidad, qué de vueltas tiene. Durante toda la crisis política no me atreví a hablar con nadie, porque los mismos amigos están en riberas lejanas y desconocidas. Era cansador ponerse más o menos de acuerdo. Bernárdez está en la buena causa». BIOY: «La gente no puede entender que los militares defiendan la democracia y que los políticos la amenacen». BORGES: «Los militares —llamados las Fuerzas Armadas, lo que configura señores con panoplias— iban de un lado para el otro, en la esperanza de persuadir a civiles de que aceptaran el gobierno, para salvar las formas institucionales. Los civiles decían no y los militares se retiraban, para intentar nuevas entrevistas, de las que se retirarían con igual resultado. Hay algo de patético y casi ridículo en la abnegación de esos hombres que tienen el poder y que por principio no quieren guardarlo para ellos, algo muy generoso y limpio. Frondizi, negándose a renunciar, estuvo bastante valiente, casi Juan Moreira. Si los vigilantes o los bomberos me dijeran: “Renuncie”, yo renunciaría rápidamente. Eso sí: compadecerse porque esté preso en Martín García es una idiotez. De todos modos es un sinvergüenza. Ahora Guido tiene la posibilidad de salvar al país. Los que lo conocen dicen que es de pocas luces».

César Dabove obtuvo que Borges, en el prólogo al libro póstumo de Santiago, sustituyera la guitarra del hermano muerto por un más decoroso, aunque ficticio, violín[1082], pero quedó herido porque se recuerda allí una anécdota de prostíbulo. BORGES: «Santiago, uno de los interlocutores de Macedonio, fue el autor de esos cuentos, un borracho de pueblo suburbano, inteligente y haragán. La guitarra, el mate, las horas vacías, la ginebra debajo del catre, las anécdotas de los muchachos de Morón, junto a ciertas preocupaciones estéticas y metafísicas, configuran al personaje: con el traje planchado que le atribuye César, no es nadie». BIOY: «Yo lo recuerdo, bastante gordo y muy obstinado, porque estaba borracho, pesándose en la balanza de mi cuarto de baño, en la casa de Coronel Díaz». BORGES: «Yo dije que tocaba la guitarra, porque era la verdad. Muchas veces lo vi con la guitarra. Nunca tocó el violín. A César le parece más decente que tocara el violín y le pone un violín que estoy seguro que nunca tocó. Igualmente falso, pero quizá menos feliz, hubiera sido decir que tocaba el tambor».

De César: «Se le angosta la vida. Es muy tacaño; se despide: “Bueno, hasta el primer lunes del mes próximo”. Dice así para dejar aclarado que no lo invites antes, porque no quiere meterse en gastos de viaje desde Morón. Porque si tenés ganas de ver a alguien, más bien le decís como los mexicanos: “Nos estamos viendo” que “Nos veremos en el próximo equinoccio” o “El 29 de febrero del primer año bisiesto”».

Estando en Nueva York Borges dijo en un reportaje que en ese momento creía —la verdad es que estaba muy cansado— que actualmente no había en Francia ningún poeta importante. Al rato lo llamó por teléfono Saint-John Perse.

BORGES: «Nunca leí nada bueno de Saint-John Perse». BIOY: «Que yo sepa nunca nada le salió bien». BORGES: «Su gran mérito —su único mérito— consistía en renunciar a los méritos de todos los otros poetas. Los otros poetas son admirados por la eufonía de los versos, por las metáforas, por el argumento, por los epigramas. Saint-John Perse desdeña eso. La eufonía corresponde a la vacuidad. Las metáforas, mi buen amigo, son de otra época. En cuanto al argumento, ¿quién escribe hoy con argumento? Los epigramas, ya se sabe, son de lo más barato».

De Calderón afirma: «Pertenece a una escuela de escritores ingeniosos ratés. De poca ingeniosa ingeniositá, como dijo Croce. Tienden al ingenio, es evidente que lo intentan, pero lo miran de lejos». Recita:

… siendo un esqueleto vivo,

siendo un animado muerto;

[…]

aquí, por que más te asombres

y monstruo humano me nombres,

entre asombros y quimeras,

soy un hombre de las fieras

y una fiera de los hombres[1083]

BORGES: «Qué mecánico todo, caramba. Es un esquema muy sencillo. El dibujo de una guarda. En ese momento la pasión eran las contradicciones y la tendencia a oposiciones simétricas. Góngora, Lope, Calderón, Gracián: poetas enamorados de las formas lógicas, pero incapaces de pensar to some purpose. “Un esqueleto vivo, un animado muerto”, “en poco mármol mucho Fénix cabe”[1084], son un coletazo de la escolástica. ¿Los contemporáneos creían que en esos conceptos había pensamientos? A juzgar por Gracián, se diría que sí. A Gracián, los poetas anteriores le parecerían desvaídos».

Jueves, 5 de abril. Come en casa Borges. Dice que Martínez Zuviría explicaba: «Mi secreto: escribir por día seis carillas. De este modo dejaréis obra…»[1085]. «Nulla dies sine mamotreto»[1086], comenta Borges.

BORGES: «Frase reveladora de aurea mediocritas: “¿Qué me decís de la informalidad del sujeto?”».

Viernes, 6 de abril. A la noche, con María Esther Vázquez, Silvina y Borges, vamos al teatro a ver La Moreira[1087] de Ghiano. Un personaje afirma: «En estos tres años nos hemos vuelto sonsos». Borges me susurra: «En estos tres actos nos hemos vuelto sonsos». Después, comentando la obra, dice que los personajes criollos exigen una estilización tan extrema que pronto los actores los abandonarán, pues con ellos resulta imposible no caer en la falsedad.

Hablamos de slang norteamericano. Dice BORGES: «Jazz originalmente (hacia 1870) significaba el acto sexual, o el verbo copular, hejazzed her, después, movimiento agitado; finalmente, la música». Dice también que the pussy es el órgano sexual de la mujer y que a glamour-puss es «un muchacho buen mozo».

A Valéry le dieron el sillón de Anatole France en la Academia. En el discurso de recepción no lo nombró una sola vez, lo que fue notado y aplaudido, aunque, bien visto, era un desaire muy feo. BORGES: «Anatole France hubiera encontrado una manera más sutil de embromar a un enemigo. Léon Bloy lo llamó Anatole Prussie: qué idiota. Un ataque así ni siquiera alude al atacado».

Sábado, 7 de abril. Come en casa Borges.

Jueves, 12 de abril. Come en casa Borges. Dice que, en los Estados Unidos, los dos poetas más estimados son Frost y Sandburg, y que mostrar preferencia por Frost es visto como un signo de refinamiento.

BORGES: «Los Cantos de Ezra Pound empiezan con una traducción de tres o cuatro páginas del libro undécimo de la Odisea. ¿Qué efecto busca? ¿Uno de ironía?».

Viernes, 13 de abril. Come en casa Borges. Pregunta el origen de la frase «Todos los caminos conducen a Roma».

Domingo, 22 de abril. El general Rauch se rebela y avanza desde Campo de Mayo; el general Poggi, general en jefe del ejército, se apresta a la defensa. Cada uno recibe de comandos del interior adhesiones. Luego se reúnen, sacan cuentas y resuelven cuál debe perder[1088]. BORGES: «Es una vergüenza: es el sistema de los condottieri. Este sistema de los militares argentinos es la negación de las Termopilas. No quiero pensar lo que ocurriría en una guerra. Yo creo que a los generales argentinos cualquiera les gana. Hasta los argentinos. Desde luego, la responsabilidad de desatar la guerra civil es grande. Pero si no van a pelear, mejor es que no sean bravucones. Que se mantengan a un lado, como los militares ingleses o suizos. Ya lo sé: entre el peronismo y la patria sólo están ellos. Les damos las gracias. Pero no podemos admirarlos».

Lunes, 23 de abril. Consultó Borges a Macedonio Fernández sobre el motivo por el cual en las cédulas había esas preguntas: fecha y lugar de nacimiento, estatura, color, señas particulares, si lee y escribe, etcétera. Macedonio contestó: «Será una manera de entrar en conversación». Dice Borges que en esta broma, típica de Macedonio por la forma dubitativa, broma que él había olvidado y que le contó Bernárdez («Yo se la había contado hace años, parece, pero la olvidé totalmente»), revivió para él Macedonio: «Todas las bromas de Macedonio las he contado tantas veces que para mí están gastadas. En ésta, fresca para mí, me pareció verlo vivo». Agrega que el tipo de muchas bromas de Macedonio es el de Tristram Shandy: con las digresiones y lo inconcluso.

Comentamos que a Gómez de la Serna podía perdonársele muchas cosas, porque no había que tomarlo en serio como persona y porque había escrito algunas páginas muy hermosas. BORGES: «Tal vez, pero dedicar, como Ramón, toda la vida a escribir greguerías, mirar el mundo para inventar frases como “el pez más difícil de pescar es el jabón dentro del baño[1089]” es una pésima costumbre para el intelecto. Naturalmente que una mente así ocupada acaba entusiasmándose con Perón y con Franco. Además, es malo para el alma. Cada vez que descubre una de sus miserias, se palmea la espalda y exclama: “Menudo tío soy”. Es como literatura de gente muy joven. Pero un viejo sonseando así… Parece que está muy viejo. “El premio y la muerte me llegan juntos”, dijo cuando le comunicaron que había ganado no sé qué premio».

De Elva de Lóizaga observa: «Tiene alguna perspicacia. Un día me dijo: “Vos sos conservador”. Yo no lo sabía. Yo votaba por los radicales y me creía radical. Ahora sé que no hay radicales buenos. Todos son iguales. Una porquería. Yo soy conservador».

Martes, 24 de abril. Come en casa Borges. Leemos a Quevedo, en la edición de Reyes[1090]. Comenta: «¿Le gustaba este poema a Reyes? No. No le gustaba nada. De puro aburrido lo puso».

BORGES: «Llamó Victoria, le dijo a Madre si yo podía almorzar el viernes en San Isidro con Vivien Leigh. Madre le dijo que no, que yo tenía un compromiso. Al rato llamó nuevamente Victoria, habló esta vez conmigo y, como si la conversación anterior no existiera, me dijo si podría almorzar el viernes en San Isidro con Vivien Leigh. Le dije que no, que tenía un compromiso. Ahí nomás cortó, sin decir palabra. Yo tomé la cosa como muy natural, por venir de Victoria y no pensé en ella hasta ahora, que me parece that it makes a story y que eso no se hace. La hospitalidad se confunde con el arresto. Es la hospitalidad de los comisarios. ¿Qué puede importarme a mí ese almuerzo? ¿Cómo no se da cuenta de que no me interesa nada?». BIOY: «Vivimos metiéndonos en situaciones molestas por una incapacidad de la imaginación para prever». BORGES: «Lo más desagradable, lo más irónico, es que una Raquel Bengolea está como loca por conocer a la actriz Vivien Leigh y me envidia porque almorzaré con ella». BIOY: «¿Te acordás cuando vos y yo estábamos tristes porque en Emecé no nos destinaban un escritorio, como a otros asesores? No sé cómo no entendíamos que por esa falta de escritorio no éramos empleados sino personas libres». BORGES: «O Aita con su congreso. ¿Cómo no prevé la infinidad de molestias que le traerá ese congreso que tanto desea? Yo creo que ya es tiempo de pelearnos con Aita; quién sabe si no nos obliga a firmar pedidos públicos de los cinco millones para el congreso. Gastar en estos momentos cinco millones en una empresa tan vana…». BIOY: «Casi es traición a la patria». BORGES: «Salvo que el país esté tan pobre que cinco millones menos nada signifiquen». BIOY: «Pero, ¿por qué gastarlos tan mal? ¿Por qué no repartirlos entre la gente? Harían a alguien muy feliz; en cambio con el congreso sólo mueven vanidad». BORGES: «O darlos a cinco personas. O a diez: medio millón a cada una». Ahí no estoy de acuerdo: sería un regalo simbólico. Borges no se aviene a entender que el dinero ya no vale. Me dijo los otros días que tal sociedad debía de robar, porque a él le pagaba espléndidamente las conferencias: tres mil pesos. Esa esplendidez es la quinta parte de un traje (tela nacional). «No —protesto—. Cinco millones a una sola persona, para librarla para siempre de preocupaciones y hacerla feliz».

Miércoles, 25 de abril. Come en casa Borges.

Viernes, 27 de abril. Con Pezzoni y Silvina, vamos a almorzar a San Isidro, donde se agasaja a Vivien Leigh. A los postres Victoria me exige perentoriamente que la fotografíe con la actriz. Borges comentará después: «Cada día está más modesta y más ambiciosa. Ambiciosa de small mercies que no van hacia ella».

Sábado, 28 de abril. Aunque amigos desde hace años, de un tiempo a esta parte las manías de César Dabove irritan a Peyrou, que a su vez es un poco maniático. Desde luego, ninguna de las manías de Dabove enoja más a Peyrou que la avaricia. Las otras noches, los dos enconados amigos comieron en La Prensa. «¿A que no sabés qué pidió Dabove? —pregunta Peyrou, muy enojado—. Tres huevos pasados por agua». Borges explica: «Es un pedido desesperante, porque no se sabe si es poco o si es mucho. Tres huevos por toda comida es una miseria; pero, también, tres huevos constituyen una exageración. El hecho de que Dabove pidiera tres huevos no es un cuento que valga la pena pero, con el agregado de que el pedido enojara a Peyrou, es por lo menos una situación cómica. Por un pedido así pueden matar a un hombre».

BORGES: «La gente gime contra el peligro de la dictadura militar, porque la democracia no funciona. Mientras la democracia no funcione no hay nada que temer. El peligro es que la gente vaya a las urnas. Así como un feto no puede votar, los peronistas, comunistas y radicales deberían declararse insanos; electoralmente insanos. ¿Qué más prueba de su incapacidad querés?».

Domingo, 29 de abril. Come en casa Borges. Leemos los Memorabilia de Jenofonte («No es un escritor de muchas luces», opina Borges) y las últimas páginas del Fedón, que encuentra admirables.

Lunes, 30 de abril. Come en casa Borges. Oímos discos de Marlene Dietrich, que le gusta.

Un español que vino aquí por unos días refirió a Borges que hizo una peregrinación al Tropezón —no el restaurant de la calle Callao sino el recreo del Tigre—, donde se suicidó Lugones. BORGES: «Parece que le muestran a uno la pieza. Es una pieza de dos camas. Seguramente allá habrá ido con María Alicia [Domínguez]. Y se habrá suicidado como en un diálogo con ella… Yo creí que lo había hecho en el bar, pero no: fue en el dormitorio. Parece que el ambiente es el de esas cosas. Él iría allá con ella; lo conocieron; le habrán dado el cuarto; él habrá dicho que la esperaba; vaya uno a saber. Yo me acordé de esos lugares en Madrid que se llaman merenderos. Le dije: “¿Es un merendero?”. El español me dijo que sí. Yo sentía afecto —casi afecto de individuo de las colonias—, por ese español que venía aquí a visitar el lugar donde se mató Lugones».

Recuerda que Larreta creía que los merenderos eran vendedores de meriendas. BORGES: «Yo, deliberadamente, le dije: “No. Yo he vivido en España. Son lugares donde uno va a merendar”. Y él, aunque fuera el dueño de Ávila[1091] tuvo que tragárselo. Ahora yo no haría una cosa así. Aunque me atreviera, no lo haría, por falta de ganas. Cuando uno es joven se jacta de ser furiosillo. El pobre Larreta se equivocó justificadamente: el lugar donde se vende pan no es el panadero».

BORGES (a las carcajadas): «Los editores de Guillermo rechazaron el título Hélices del zodíaco. Quedó Hélices. “¿Será el sol un monóculo en la faz del cielo?”, pregunta en un poema Guillermo. Willie Borges contestaba: “Yo temo que no”».

Habla de las chicas de las clases para bibliotecarias. BORGES: «Son muy brutas, tengo que aclararles todo. Que es raro que Sócrates sintiera placer de que le sacaran los grilletes, cuando sabía que un rato después bebería la cicuta. Además, en el afán de tomar apuntes, no oyen, no escuchan ni entienden. Yo les digo: “Ahora escuchen. Después lean el Fedón, que es un libro extraordinario”. Pero piensan que para leer a Platón no están preparadas. Y que venir a las clases y todavía después leer un libro es demasiado. (Pausa). No están preparadas para leer ningún libro original. Han desarrollado una suerte de respeto que las inhibe. Pueden leer apuntes y comentarios de algún crítico, pero no los libros mismos. Eso nunca».

Dice que el verdadero nombre de Cansinos es Cansino y que la famosa actriz Rita Hayworth es su sobrina[1092]: «Son de tal manera las cosas, que esta circunstancia era a feather in the cap para el escritor, su mayor distinción».

Martes, 1.º de mayo. Come en casa Borges. Recuerda que Macedonio, con voz suave, un poco silbada, decía: «El puchero es un museo, che. En algunas casas lo sirven frío».

Cuenta Silvina que en casa de los Bemberg, cuando daban fiestas infantiles, a ella y a sus hermanas la dueña de casa les decía: «Tu peux prendre jusqu’á deux gáteaux [Puedes servirte hasta dos porciones de pastel]». Borges recuerda un cuento, inventado por él o que le contaron, de un cocktail de judíos, en que lo dueños de casa ofrecían a los invitados: «Su segundo cognac, señor Jacobo». «Su tercera anchoíta, señora Rebeca».

Jueves, 3 de mayo. Come en casa Borges. De Spenser dice: «Leyó ingenuamente el Orlando Furioso, no advirtió la ironía».

Sábado, 5 de mayo. Come en casa Borges. De un artículo que Estela Canto escribió sobre él, dice: «A veces Estela es muy inteligente. Fue la única persona que advirtió que en mis cuentos hay emoción[1093]. No puede escribirse sin emoción. Yo tenía esa idea disparatada, por influencia de Ibarra».

BORGES: «La gente, porque admira el libro, Martín Fierro, admira el carácter del héroe, que es bastante sanguinario. Esta confusión no ocurre en otros casos. La gente no admira el juicio de don Quijote».

Habla de una traducción norteamericana de sus cuentos, publicada por New Directions[1094]: “Por la ley del menor esfuerzo, el traductor siempre traduce la palabra española por la palabra inglesa más parecida. Si yo digo habitación, traduce habitation y no room. Resulta un estilo rarísimo y un idioma que apenas es inglés. Yo dije en alguna ocasión que una ventaja del inglés es la de ser un idioma mitad anglosajón, mitad latino. Ahora me castigan por esa frase. Parecería que más que ventaja, es un peligro, una calamidad. La fealdad física del volumen de New Directions es extraordinaria: más que un libro parece una caja de bombones, pero con algo menos tentador, como si ya dejara ver que no hay adentro bombones. Yo creo que el aspecto de un libro tiene importancia, porque influye sobre el ánimo del lector, de algún modo califica de antemano a los libros. A los norteamericanos les gusta hacer cosas baratas que parezcan caras. Mi libro es plateado y dorado: una inmundicia. El traductor es un bruto. Nosotros decimos El Quijote, pero en inglés no se dice The Quixote, sino Don Quixote. Bueno, naturalmente que, en un título, aparece The Quixote”.

Domingo, 6 de mayo. Come en casa Borges. Leemos la oda de Gray, al cementerio de aldea, y la traducción de Miralla[1095], cuya concisión, ponderada por Oyuela, depende de cuántos do (en lugar de donde) sean necesarios. Lo más cómico de todo es la nota de Oyuela sobre Miralla. Desde luego habrá debido redactar con unos cuantos datos dispares y no es culpa suya que Miralla se casara en Bogotá con una bogotana y que en viaje a México muriera en el golfo de México. BORGES: “Casi ninguna frase es sintácticamente justificable. Tal vez quiso probar que la sintaxis no es indispensable para que el lector entienda. En la misma frase se registra con el mismo tiempo de verbo acciones que duran años y acciones fugaces; en la misma frase hay dos o tres cambios de sujeto”. Dice que es difícil traducir poemas como el de Gray, “hechos de los versos que le salieron bien”.

BORGES: “Menospreciar a Moore o a Boswell por sus vanidades y pequeñeces es no entender que estos autores se ponían a sí mismos como personajes de comedia”.

Un señor Koremblit inventó o encontró la palabra unicaule, que podría significar de un solo tranco, y escribió un libro sobre Olivari, titulado Nicolás Olivari, poeta unicaule. A Lisa Lenson, algún tiempo después, le mandó otro libro, en cuya dedicatoria escribió: “Para Lisa Lenson, cuentista unicaule”. BORGES: “Cuando un autor descubre una palabra así, no debería usarla sino una sola vez. Es claro que a la palabra unicaule no debería usarla nunca… Me imagino la perplejidad de Olivari: alegría de que le dediquen un libro, desconcierto por el epíteto del título”. Dice que los autores quedan prisioneros de las palabras. Que no hay mayor desgracia para un mal autor que descubrir una palabra un poco rara: una o dos veces por página la repite.

Para señalar que tal profesor de Austin era inferior a tal otro, comenta: “No le interesaban las etimologías”.

Lunes, 7 de mayo. Come en casa Borges. Hablamos de la felicidad de Vlady Kociancich, que de deslumbramiento en deslumbramiento descubre la literatura. BIOY: “Aun es una alegría para uno. La experiencia corriente es la otra”. BORGES: “Es claro. Les das un libro maravilloso y quedan tristes, como dumb cattle”.

Jueves, 10 de mayo. Come en casa Borges. BIOY: «Los otros días, por la calle, iban caminando dos cloaqueros. Hablaban animadamente; uno, con indignación, refería al otro algo que le había ocurrido; el otro trataba de calmar a su compañero. Eran hombres lampiños o por lo menos nada hirsutos, de tez oscura y voz un poco aflautada; idénticos a todos los cloaqueros que pertenecen a compañías llamadas La Higiénica o La Puntual o La Rosa Formada o La Primera Flor de Caballito, etcétera; sin duda son balcánicos. El que trataba de apaciguar al compañero, decía: “No te hagas mala sangre. Lo que pasa es que nos tienen envidia”». BORGES: «Exalta y demuestra la majestad del hombre, que no depende de las circunstancias».

Viernes, 11 de mayo. Dieron los cinco millones para el congreso del PEN, sueño de la vida de Aita. Mejor no haberle contado esto a Borges. De inmediato, asegura: “El lunes, en la reunión de la comisión, les diré que el gobierno malgasta este dinero en una fiesta de tediosa frivolidad. Es una ocasión de que los escritores den un ejemplo. Devolvemos los cinco millones. Si Aita se enoja, mejor. Si no acepta la propuesta, renunciamos”.

Bonifacio del Carril hace unas declaraciones enérgicas. Comenta BORGES: “Está muy bien, pero como es enérgico de palabra, no cree necesario serlo en los hechos. Nombra a todos los cómplices de Frondizi”.

Sábado, 12 de mayo. Comen en casa Borges y Peyrou. Borges cuenta su visita a la Universidad de Morón, donde dio una conferencia: «Me presentó un señor un poco borroso. Para definir mi estética no encontró nada mejor que leer un manifiesto surrealista del veintitantos. Yo estaba tan avergonzado oyendo mis frases, que tardé en darme cuenta de que sólo para mí eran ridículas. Todo el tiempo, como personajes de Bustos Domecq, hablaban de una ridícula Universidad del Oeste que pretendía hacerles competencia. Gente de lo más estúpida, como el autor de Ja, ja, ja, que veinte años después de publicado el libro aún no está avergonzado; como el doctor Gandía, que habla como catalán; como un doctor Esteban, que me decía: “Estamos viejitos”».

De vuelta de la conferencia, iban en el coche Gandía (“Ese pellizco no me corresponde, doctora”), otro profesor y dos doctoras, que se entregaban a la jarana erótica y se llamaban mutuamente doctor y doctora», de ese encuentro casual las dos doctoras salieron convertidas, sin más, en profesoras de la Universidad de Olivos. Según Borges, Gandía es famoso por el furor priápico y trataba de manosear a una de las profesoras, mientras le decía: “Usted no engañará así nomás a su marido, ¿no es verdad, señorita?”».

BORGES: «Leí un libro sumamente vulgar del “conocido Harry Golden”, sobre Sandburg[1096], “the only American writer of world stature since Mark Twain, who is also a national personality”. Escrito en ese estilo mental… El tono de aforismo autoritario no favorece a las afirmaciones discutibles y esencialmente desvaídas que en este libro se atribuyen a Sandburg. Un argumento contra Sandburg sería que una persona así escriba sobre él. Muchas veces pensé que los pésimos libros sobre Shaw son un argumentó contra Shaw: la excepción, tal vez, es el de Hesketh Pearson[1097]. En este sentido, Yeats es superior»[1098]. BIOY: «El argumento favorecería a Johnson. No sólo es bueno el libro de Boswell: el de Murphy no es malo; hasta el de Hawkins puede leerse»[1099]. BORGES: «Los que se escriben ahora no son malos». BIOY: «Tenés razón. El de Krutch[1100] es excelente». BORGES: «Y el de Wyndham Lewis sobre Boswell[1101] tampoco es malo. El argumento favorece también a Sócrates y a Cristo».

Dice Borges que la historia del movimiento fabiano es complicada, prolija, tediosa. Cuando Shaw (¿o Wells?) trataba de hacer prosélitos para el socialismo hallaba una dificultad casi insalvable en la tendencia de la gente a imaginar que las teorías serían aplicadas con rigor estúpido, hasta el último extremo: «Si no hay propiedad, ¿no son mías las pastillas de goma que compré en la farmacia? ¿Por qué?».

BORGES: «A quienes sostenían que el divorcio amenazaba los hogares, Shaw replicó: “Al contrario, los multiplica. La gente se divorcia para formar nuevos hogares”».

Lunes, 14 de mayo. Voy a la Biblioteca Nacional, donde hay reunión de la comisión directiva del PEN Club. Furioso porque piensan gastar cinco millones en la frivolidad de un congreso de escritores, Borges quiere persuadir a Aita de que devolvamos el dinero o renunciar a la comisión y salvarnos así del aburrimiento del congreso, the right true end. BIOY: «Desde luego, que deberás vencer la desesperada resistencia de Aita, para quien el congreso equivale al dilema ser o no ser. Ya está viendo su imagen, ya está por ser, cuando le decimos: “Renuncie”. Renunciar al congreso es renunciar a ser». BORGES: «Es como aquel personaje del cuento de James que al volver a su casa desaparece, porque sólo existía en público[1102]. Una vez, un señor le explicó a Pipina Diehl: “Lo que a mí me interesa es figurar”». BIOY: «Un poco ingenuo pero se conoce mejor a sí mismo que Victoria, Aita y tantos otros».

En la Biblioteca, sólo están Borges, Galtier y Aita. Al oír los argumentos de Borges, Aita se muestra infinitamente triste, incapaz siquiera de sonreír («Va a tener que ir al cinematógrafo —si no consigue su congreso— o pasarse el día jugando al burro de cuatro cartas o mejor aún al solitario», dice Borges después), y concede «que en el fondo está de acuerdo con nosotros, pero que es una resolución seria, grave, que no se puede tomar sin que la discuta la comisión en pleno». BORGES: «Me parece bien, aunque yo por mi parte no voy a cejar en esto».

Por la noche, Borges, que come en casa, me dice: «Yo creo que nos van a vencer. Todos quieren el congreso. Pero nosotros ya salvamos el alma». BIOY: «No pueden vencernos. Si hacen el congreso, renunciamos. Pero no renunciamos en la reunión, porque no van a dejarnos o va a resultar muy penoso. Mandamos por escrito nuestra renuncia. Todos los de la comisión participan: imagínate que por nada renuncian al honor de figurar, de que en los diarios los nombren, de entrar en el congreso como dueños de casa. Alicia Jurado y Patricio Gannon están en contra del congreso porque saben que no los llamarán a participar; si no, descontá que lo apoyarían. Además de nosotros, sólo Peyrou está de veras en contra y no le interesa participar. De los que participaríamos, sólo vos y yo…». BORGES: «Es claro. Para Aita o Galtier es to be or not to be. En cuanto a Victoria, en sus dos formas de Ocampo y de Marcos, qué más quiere. Si Victoria insistía en que la fotografiaras con esa payasa de Vivien Leigh…».

Decimos que la realidad es imprevisible. BIOY: «Cuando se habló de universidades libres[1103], pensamos tristemente: “Habrá una católica y acaso una judía”; esperanzadamente: “Habrá una liberal, pero ¿cuándo?”. Ahora hay una por pueblo; pronto habrá una por casa, por piso: la Universidad de Posadas 1650, subsuelo». BORGES: «Como los alumnos pagan, pasan sin dificultad los exámenes».

Martes, 15 de mayo. Golly Moyano procura infructuosamente que alguien atienda la lectura de sus cuentos. Borges le dijo (telefónicamente): «Estoy abrumado de preocupaciones», y sin más cortó la comunicación.

BORGES: «Si Lugones quería atacar al cristianismo, que lo hiciera; pero que no dijera que el cristianismo acabó con el mundo de la caballería y de las damas; llamar paladín, que da idea de un caballero medieval, a un héroe homérico[1104] es un disparate; y la palabra dama no corresponde a las heroínas griegas; Homero ni nadie entonces tenía esa idea romántica de las mujeres. El mundo de los paladines, de las damas y del honor es de la Edad Media; sin cristianismo no se hubiera producido; tal vez no sea puramente cristiano sino un compromiso entre el espíritu cristiano y el pagano pero, de todos modos, antes del cristianismo no se dio. Me parece extraño que Lugones, para sus traducciones homéricas, no haya seguido un modelo francés y especialmente Leconte de Lisle; no, siguió al catalán Segalá y Estalella, con sus horribles epítetos, como el pelida Aquiles. Obtuvo el apoyo del catalán: ¿cómo no lo obtendría, si le puso en verso la traducción en prosa? Prefiero la traducción de Hermosilla a la de Segalá. Las de Lugones son pésimas. Lugones, aunque adverso a sus colegas españoles, escribe muchas veces como español: dice de suyo, o que los gauchos se emborrachan por festejo. Su odio por el cristianismo lo lleva a exaltar al Martín Fierro como un poema épico clásico, libre de sentimiento religioso. ¿Cómo? El poema está lleno de invocaciones a todos los santos del cielo. Más justo parece Rossi cuando llama a Fierro fraile oribista[1105]. Mejor que lo llame oribista y no rosista; oribista es más chico».

Dice que los dos temas más afortunados de la literatura son la caída de Troya y la muerte de Cristo. BORGES: «Yo prefiero la Odisea, quizá porque el plan, la idea de la Odisea, es superior a la de la Ilíada. Sin embargo, cuando se leen ambas obras, se ve que la Ilíada es la superior. La circunstancia de que Troya esté condenada, de que Aquiles vaya a morir, de que todo eso se sepa, da mayor grandeza a la Ilíada. En cuanto al género de aventuras, en Las mil y una noches, desde luego muy posteriores, está mejor que en la Odisea». Observa que la ética de Sócrates era muy superior a la de los héroes homéricos, bravucones de patota, pero que Platón no hubiera admitido eso. Agrega que, sin embargo, todos los presocráticos estaban contra Homero[1106].

BORGES: «En el relato, la muerte de Sócrates es más patética que la de Cristo». BIOY: «La de Cristo está demasiado estilizada. El relato de la otra es más amplio». BORGES: «En la de Cristo no se da puntada sin nudo; todos los nudos son maravillosos, pero en la de Sócrates hay más elbow room. Hasta que haya pasajes demasiado largos está bien, porque muestra a Sócrates hablando como un hombre, como en un día cualquiera, el día que iba a morir».

Recuerda extrañas bromas de Marlowe: que Cristo era pederasta, que la eucaristía se podría operar con una pipa y, en cuanto a los milagros de Moisés, que él conocía a un prestidigitador capaz de hacerlos. Dice Borges que a pesar de los defectos estilísticos de Calvin Hoffman, su tesis —de que Shakespeare daba su nombre a las obras de Marlowe— es la más verosímil.

Leo la frase de Shaw: «In manner and art nobody can write better than Shakespeare, because, carelessness appart, he did the thing as well as can be done within the limits of human faculty»[1107]. Repite la frase desde he did the thing y comenta: «Qué bien. Parece el estilo de Butler. El estilo de Butler es mucho mejor, más ecuánime, razonable y modesto que el de Shaw, que suele ser vehemente y afirmativo».

Recuerda que Shaw dice: «Aunque alguna vez lo hice, un autor no debe hablar de lo que en el teatro ocurre detrás de bastidores». BORGES: «¿Por qué? Esa afirmación sin duda fue recibida y transmitida por Shaw irreflexivamente».

Dice que Ghiano debe haber leído poco, fuera de autores argentinos, porque atribuyó a Mansilla la frase «todos los géneros son buenos, salvo el género aburrido». Borges le dijo: «La sé en francés: “Tous les genres sont bons, hors le genre ennuyeux”». Ghiano atribuyó entonces la frase a Montaigne. BORGES: «Con eso demostró, de nuevo que no conoce la literatura francesa». Borges atribuye la frase a Boileau. Consultamos el Grand Larousse y vemos que es de Voltaire[1108] (y que suele atribuirse a Boileau), que es parte de un párrafo en prosa. Dice el diccionario: «Muchos la toman por alejandrino». BORGES: «Es que es un alejandrino. Un alejandrino que se le escapó a Voltaire, en medio de la prosa». El Grand Larousse da una variante: «Tous les gendres sont bons, hors le gendre ennuyeux [Todos los yernos son buenos, salvo el yerno aburrido]».

Vemos en el Oxford Dictionary que gallimaufry corresponde a guiso, olla podrida, ropa vieja.

Miércoles, 16 de mayo. Come en casa Borges. Hablamos del concurso de La Nación. Este año, por sugerencia de Carmen Gándara, el tema del concurso es el ensayo literario o filosófico o histórico[1109]. BORGES: «Leer ensayos será una novedad, aunque más fácil es juzgar poesías, que a los pocos versos se suicidan». Los otros días, Carmen dijo: «Nosotros no entendemos pizca de Historia. ¿Qué hacemos si el ensayo que nos parece premiable es histórico? Nunca sabremos si está bien o está mal, si es exacto o falso. Discretamente debemos llamar a un especialista. Ya hablé de esto con Leónidas [de Vedia]». BORGES: «La Historia argentina es apenas mayor que nosotros. No sabremos bien nuestra Historia, pero entenderla, la entendemos. En un caso extremo, podríamos consultar con alguien, si nos ponemos de acuerdo sobre el alguien, que tendrá que ser un historiador, y ya se sabe lo que valen nuestros historiadores, llámeles finado Levene o diligente Gandía; pero no hay que anticipar tanto las dificultades». Después me dice: «Cada día tomo más odio a Carmen Gándara. ¿Qué méritos tiene? No están en la obra».

Jueves, 17 de mayo. Comen en casa Borges, Bianco y Vlady Kociancich. Hasta bastante tarde hablamos de James, de Conrad, de Maupassant. BORGES: «Hemos retomado una conversación de miles de noches. Hoy la enriquecimos con Maupassant».

Contando sus cuentos y encontrándolos malos, Maupassant nos ocupa largamente. Oponemos la novela al cuento. Pregunto por qué los editores de James desdeñan la voluntad de James y prefieren las primeras versiones. BIOY: «¿Se volvió muy latero?». BORGES: «Quizá». BIANCO: «Es que de nada sirve toquetear mucho las cosas». BORGES: «Bueno, decir toquetear es una petición de principios. Ya indica que no se trata de una corrección muy útil». Bianco no entiende.

Viernes, 18 de mayo. Come en casa Borges. Como faltaba corriente y no andaban los ascensores, tuvimos que subir por la escalera los cinco pisos de casa. Prevengo a BORGES: «Temo que no ande el ascensor de casa». Contesta: «Va a andar la escalera».

BIOY: «Hoy, en la reunión del jurado de La Nación, Carmen Gándara y Leonidas de Vedia hablaron largo rato con profundo afecto y admiración sin límites de Larreta, mientras en silencio yo los oía y pensaba que alrededor de cada cual hay de todo, la gama completa de sentimientos, y que si uno tuviera bastante imaginación siempre simpatizaría lo suficiente para no odiar». BORGES: «Antes los escritores argentinos eran señores, que publicaban sus libros como señores. Larreta inauguró la época comercial. Se convirtió en su propio agente de propaganda, se hizo fotografiar, consiguió que hablaran de su casa. ¿Por qué se va a hablar de la casa de los escritores? Podría hacerse un paralelo entre Larreta y Perón, porque en sus diferentes esferas son parecidos, cada uno estaba ocupado por su propia vanidad y egolatría».

Dice que para los contemporáneos, y sobre todo para el propio Coleridge, De Quincey era un discípulo de Coleridge. BORGES: «Cuando uno lee un párrafo de cualquiera de ellos, advierte el mismo tono, el mismo ritmo, la misma forma de frase. Es claro que De Quincey llevó el estilo a una riqueza de temas muy superior y logró excelencias y efectos de los que no era capaz Coleridge».

Observa que cuando un escritor da lugar a innovaciones llega hasta cierto punto y no admite un paso más. Que Eliot y tantos otros de algún modo proceden de Wordsworth, pero que éste los hubiera rechazado. BORGES: «Wordsworth publicó la segunda edición de Lyrical Ballads con un prólogo polémico. Coleridge observó que esto era un error, porque después los críticos juzgarían las opiniones del prólogo, no los versos (lo que, mutatis mutandis, ocurre siempre que un libro lleva prólogo). Wordsworth a su vez observó que un innovador tiene que acostumbrar al lector a su innovación, tiene que hacerle aceptar el patrón por el que la obra será juzgada; que todo libro es un acuerdo entre autor y lector; un acuerdo en que el autor promete cumplir su parte del mejor modo posible; previene, pues, al lector, de que si no advierte en su libro el estilo poético que otros autores procuran, no es por falta de aplicación, sino porque en su caso esta aplicación se dirigió a evitar ese estilo». Agrega que por eso las parodias de Wordsworth parecen de Wordsworth, que sus propias languideces y trivialidades son fatales, porque es natural que ocasionalmente a ellas lo llevara su poética.

Domingo, 20 de mayo. Come en casa Borges. Me dice que Ayala le escribió. BORGES: «Ha reunido doscientas firmas para mi candidatura al Premio Nobel. ¿Te das cuenta? Viniendo de un hombre escéptico y haragán, como Ayala, esto me conmueve mucho». BIOY: «Nosotros pocas veces contrarrestamos la indolencia para una acción tan generosa».

Cuenta la triste historia ocurrida a Emita. Llegó al Uruguay un diplomático japonés. Ella, como está en Ceremonial, fue a recibirlo. Cambió con el diplomático unas cuantas fórmulas de congratulación y hospitalidad en japonés. El ministro la llamó: «¿Cómo, usted habla japonés?». «Un poco, un poco», reconoció Emita. Este alarde le costó que la mandaran por otros cinco años al Japón, en lugar de a Washington o a Londres. Ya estuvo dos años en Tokio, a donde fue llorando; de regreso, creyó recordarlo con nostalgia; ahora, por cinco minutos de alarde tiene cinco años de exilio. BORGES: «Dijo Emita que la facilidad de aprender japonés reside en que las palabras japonesas no recuerdan ninguna otra palabra que uno conozca: “Si ves una cosa rarísima, no la olvidás”… Hardly convincing. La rareza de las palabras no puede ser tan extrema como para dejar huellas imborrables en la memoria; además, aprender un idioma es aprender más de una palabra. Un dragón sería inolvidable; pero miles de dragones diversos dejarían un recuerdo confuso de cada uno».

Habla de profesores que llevan fichas a clase; dar clase es leer fichas: «Quieren que los alumnos lleven fichas al examen. Yo no quiero: no les tomamos examen de lectura, se supone que ya saben leer».

BORGES: «No hay que engañarse. Por inteligente que sea, Joyce está en la línea de Tzara y de Marinetti. ¿Y qué me decís de la gente que habla de la filosofía de Ingmar Bergman?».

BIOY: «Mallea me explicó la pluralidad de intenciones de sus Notas de un novelista». BORGES: «Esas intenciones no son previas al escrito; vienen después… No me imagino a Mallea en el acto literario».

Lunes, 21 de mayo. Comen en casa Ema Risso Platero y Borges, que está con dolor de cabeza. A Emita, que tal vez parte por cinco años al Japón y Formosa, dice BORGES: «No te preocupes. No estarás cinco años. No está uno cinco años en ninguna parte, sino un instante, el instante presente. Es claro que tal vez sea peor: cinco años en pequeñas dosis, a cucharaditas».

Martes, 22 de mayo. Comen en casa Borges y Bianco. La madre de Borges cumple hoy ochenta y seis años. Borges elogia, de Belloc, The Eye Witness, el libro sobre Milton y los versos en broma[1110]. Dice que los versos románticos son malos y que las novelas sólo tienen de bueno los dibujos de Chesterton. BORGES: «Parece que Belloc tuvo influencia en Chesterton. Es claro que Chesterton tiene mucho más talento. Yo creo que la habilidad le hizo mal a Chesterton: la gente imagina que Belloc es más filosófico, más serio». Leemos baladas: «The Jew’s Daughter», «Thomas the Rhymer», y la que dice «To Noroway, to Noroway»[1111].

Miércoles, 23 de mayo. Come en casa Borges. Leemos un cuento de Peyrou, de Sur[1112]. No admite Borges la intención evidente: contar un viaje en tren, para mostrar cómo andan nuestros trenes, con la absurda preponderancia actual de los sindicatos ferroviarios. Una circunstancia del cuento —que de pronto todo el mundo se interese y se muestre versado en asuntos técnicos del ferrocarril— le hace gracia y le parece el propósito del cuento; las peripecias de un viaje incómodo no le hacen gracia, le parecen invenciones mecánicas. Yo le digo: «Para contar esas peripecias escribió el cuento. Lo demás, es la iluminación propia de un escritor superior». BORGES: «Según Schopenhauer hay tres clases de escritores. Los peores, que nunca piensan, los que piensan cuando escriben y los que piensan antes de escribir. Schopenhauer dice que estos últimos son los mejores. Tratándose de ensayos filosóficos tiene razón, pero en los cuentos o en los poemas es mejor que el escritor vaya pensando y que no sea un amanuense de su memoria. Aunque los poemas de Chesterton sean excelentes, tienen ese defecto. Se ve que, con toda suerte de felicidades circunstanciales, Chesterton cumple un esquema previo». BIOY: «Por eso para muchas personas no es poeta. Los poemas de Auden, por ejemplo, serán inferiores, pero tienen una libertad de creación que no tienen los de Chesterton». BORGES: «En cada poema juega a todo o nada». BIOY: «Por eso para tanta gente Auden es un poeta y Chesterton no. O por lo menos, si piensan en poetas no piensan en Chesterton. Por esa misma razón uno suele escribir mejor los cuentos con mal argumento que los cuentos con argumento perfecto. Cuando uno tiene en la mente un cuento con argumento perfecto, se atiene a redactarlo, a veces un poco aburrido, como quien escribe los deberes; pero cuando uno cree, sin mayores razones para justificar la creencia, que hay un cuento en tal idea y se pone a escribirla, uno lo hace con toda su elocuencia y muchas veces con fecundidad de invención». BORGES: «Alguna vez pensé que Chesterton empleaba su método de concepción previa porque estaba acostumbrado a escribir cuentos policiales —no hay otro modo de escribirlos—. Después supe que antes de ser autor policial ya había sido poeta».

Habla de Os Vencidos da Vida, grupo de escritores portugueses de fines del siglo XIX, al que perteneció Eça de Queiroz, reunidos en una fotografía, todos de frac, con boutonniére, cigarros, monóculo, bigotes, jopo, unos sentados en sillones, otros bajando por una importante escalera (lo que sugiere que en pisos altos hay grandes reservas de estos señores paquetes).

Jueves, 24 de mayo. Voy con Silvina y Borges a Sur —donde están Victoria, Erro, Mallea, Murena, González Lanuza, Pezzoni, Alicia Jurado, María Luisa Bastos—, para que un fotógrafo de Life nos retrate. BORGES: «Qué raro es que cada persona tenga pequeñas reproducciones de sí misma». BIOY: «Son como los repuestos de sí que tenía el faraón en su tumba». BORGES: «¿Has visto esos cuartos de niñas, que tienen las paredes cubiertas de retratos, a más de un espejo, que viene a ser otro retrato?».

El fotógrafo trabaja con rapidez y despreocupación, sin flash, aunque apenas hay luz. Sale de su máquina y, con acento español, pregunta: «¿Qué harían ustedes si yo no estuviera aquí?». BORGES: «Estaríamos dispersos por la ciudad. No estaríamos aquí».

BORGES: «El estilo de Faulkner en Sanctuary conviene al relato; más que en los otros libros. Faulkner es el único buen escritor shakespiriano —en el sentido de la intensidad y de la frase elocuente y espléndida— de estos tiempos». BIOY: «¿Conrad?». BORGES: «No: en Conrad hay mucho fine writing, pero no esa intensidad shakespiriana, como de una marea que sube. Yo prefiero a Conrad; creo que Conrad es un escritor superior, pero si el carácter shakespiriano fuera la mayor excelencia literaria, Faulkner sería el más grande escritor de nuestros días». Buscamos otros. BORGES: «Tal vez Hugo». BIOY: «Algunos párrafos de Joyce, aunque siempre hay un fondo de ironía que les quita intensidad». BORGES: «Sin duda Joyce habrá influido en Faulkner». BIOY: «Conozco poco a D’Annunzio». BORGES: «D’Annunzio es más bien como Larreta o como lo peor de Wilde. Para dar la idea de refinamiento pone objetos complicados y alhajas». BIOY: «En eso cae Huysmans, en A rebours. Quizá también Barrés». BORGES: «¿Barbusse será de los intensos?». Convenimos con George Moore en que escribir con toda la voz que uno tiene y afortunadamente es difícil[1113].

BORGES: «Azorín al principio y Baroja siempre, desdeñaron la literatura clásica española». BIOY: «Quevedo me sugiere una armadura vacía que se mueve sola, una panoplia en movimiento». BORGES: «Es un bravucón de tipo curioso, ya que tiene algo de militar y algo de eclesiástico. Moralmente, Cervantes parece el mejor de ellos. Sin embargo, no está bien, y me parece un misterio, su enojo con el autor del falso Quijote, aunque el otro, por haberlo atacado en el prólogo, debía de ser un bruto. Pero Cervantes debió haber visto en el falso Quijote un homenaje. Estando tan interesado en la relación entre realidad y ficción, debió hacer leer al Quijote el falso Quijote[1114], y recordar aquellos episodios, y señalar inexactitudes. Si su indignación no era comercial, ¿qué era? El autor del falso Quijote también odiaba a Cervantes. Tal vez él entendiera esto que a nosotros se nos escapa». BIOY: «Quizá en esa época la persona que compraba un libro no compraba otro».

Viernes, 25 de mayo. Come en casa Borges. Le leo mi renuncia a la comisión del PEN Club y mi carta a Aita; me dicta su renuncia.

Sábado, 26 de mayo. Come en casa Borges. Comentamos el encuentro de Stanley y Livingstone: «Mr. Livingstone, I presume». BORGES: «Eran dos ingleses encontrándose, con abstracción de las circunstancias».

Su madre me había hablado de la palabra ancheta, según mi padre expresión que significaba lo que toupé en sentido figurado, y que se usó mucho durante un tiempo, para después desaparecer. Borges dice que halló la palabra inglesa lovered, por que tiene amante. Como fathered. Comentamos frases que no se oyen: «Me inculcó un puntapié en el culo». «De dos patadas se descalzó en mi culo». «A la mañana me incremento con un café con leche». «Ya lo sabemos, a moquetes prepondera». «Gente de la mejor calaña espiritual». Recuerda frases como: «No me la reten a Fulana», que según él serían difíciles de traducir a otros idiomas. BORGES: «¿Y por qué el reflexivo de copiar para indicar una acción indebida? Se copió, dicen los colegiales: “Ulyses se copió más de un argumento”[1115]». Recuerda una frase de Macedonio, a una compañera de pensión: «Ese joven que todos los días viene a visitarme a usted».

BORGES: «La tendencia es pasar de la palabra más simple a una un poco más complicada. De empezar a comenzar, de busca a búsqueda. Para no decir acabar, dicen terminar. Termina de salir, la frase sugiere un interminable proceso, un muy largo sujeto. Si hoy se escribiera el Himno[1116] cantaríamos: Escuchad, mortales, el grito sagrado. (Pausa). Coronados de gloria vivamos —qué plan abrumador, qué fatuidad, qué espanto para los que viven con nosotros, mucho mejor es con gloria morir—. Y los libres del mundo responden —¿qué les habrán preguntado?, ¿por qué responden?—: Al gran pueblo argentino, salud. Salud parece muy inadecuado: Salve sin duda, pero salud es un tanto familiar, o si no, corresponde a un estornudo, salud y pesetas. Ved en trono. ¿Por qué en trono? ¿Se puede justificar? ¿Se dice ved en silla? Sin embargo se dice en cama, se podría decir ved en cama la noble igualdad. Lo mejor es el grito sagrado. Habrá puesto grito por casualidad, o porque la palabra que él quería poner no le cabía en el metro. El ruido de rotas cadenas y ya su trono dignísimo abrieron, sugiere una obsesión del vate con la chaise percée que intuye. Ambas Piedras, Salta y Tucumán —yo, cuando era chico, creía que a Salta y Tucumán llamaba piedras, y se explica, porque en un texto así puede pasar cualquier cosa—. Lo que más me preocupa es la cara con que lo habrán oído los amigos, cuando se los leyó… Habrán dicho: “Es un trabajo serio”. La música es mejor. Bueno, la música siempre es mejor que la letra».

De Mandie Molina Vedia, por quien in illo tempore supo suspirar, dice que hoy es un Sancho Panza flamenco.

Domingo, 27 de mayo. Come en casa Borges. Le refiero anécdotas que ilustran el carácter de los pigmeos, del libro The Forest People, de Colin Turnbull. El autor da dinero a un pigmeo para que haga las compras del mercado; el pigmeo lo gasta en una borrachera; no vuelve en todo el día a la choza; vuelve cuando el autor ya duerme; con gran delicadeza le saca entonces, de abajo del cuerpo, la colchoneta; el autor despierta al día siguiente en el suelo, su fiel pigmeo en la colchoneta; cuando el autor le reprocha la conducta, el pigmeo responde con comentarios burlescos que hacen reír a un coro de pigmeos. Son expresivos, bromistas, haraganes, sin sentido de la responsabilidad. Les gusta el baile, la música. Se dejan dominar por los negros, de quienes se burlan, a quienes engañan, roban y finalmente abandonan para volver al bosque. Son escépticos. Participan en las ceremonias religiosas de los negros, por diversión; luego, se burlan. BORGES: «Pensar que a lo mejor son la esperanza del mundo… De un mundo en que la gente se pasa peleando afanadamente. Tal vez todo el resto de la Humanidad desaparezca y ellos sean el Brave New World… Lo merecen, porque son muy simpáticos». Le cuento que no saben hacer fuego; que las mujeres transportan brasas encendidas, que nunca dejan apagar: «Así que es un solo fuego. Un solo fuego desde hace miles de años, tal vez».

BORGES: «A la gente le gusta la discordia, las actitudes, las explicaciones. Victoria quiere que nos quedemos en el PEN o que si renunciamos lo hagamos con ruido, reuniones de prensa. No se resigna a irse de algo en silencio. Si se va es para aprovechar la partida».

Comentando un artículo de Mariana Grondona en La Nación dice: «Por lo menos no tenía purple patches… Bueno, su capital estilístico no le da para tanto».

BORGES: «En la Universidad, por la falta de dinero, resolvieron pagar los sueldos solamente a aquellos que no tengan otros recursos. Parece muy justo. Pero se supone que no tienen otro recurso los que trabajan full time. Bueno, hace un año todos los profesores pudieron inscribirse como full time… pero de entre ellos solamente aceptaron las solicitudes de la camarilla de Risieri Frondizi, etcétera. De modo que ahora sólo cobrarán los de la camarilla privilegiada. Guillermo, amigo de la camarilla con un amor no correspondido, no recibe sueldos y está un poco perplejo».

BIOY: «Muchos opinan que Pepe [Bianco] volverá al redil». BORGES: «Ya es comunista para siempre. Es como un hombre que se mudó de casa».

Después de irse me llama para contarme una charla telefónica con Susana Bombal: «Susana aseguró a su cuñado que el cíclope se llama Polifemo; consultaron una Odisea en inglés, y encontraron un cíclope que se llamaba Polyphemus. Perplejos consultaron enciclopedias, porque ella estaba segura de que además de este Polyphemus, había otro, llamado Polifemo. Son de esas personas que, según Bacon, ven las diferencias y no los parecidos. Qué gracioso que gente así estuviera ocupada en investigaciones eruditas y que llamen por teléfono a altas horas de la noche para aclarar ese punto. Bueno, yo te llamo a vos más tarde, para contarte esto, pero te doy a pearl of great price…»[1117].

Lunes, 28 de mayo. Come en casa Borges. Hablamos de dictar una clase, dar una conferencia y de señoritas cursis que preguntan al león literario: «¿Nos dará este año una novela admonitoria?». Sugiero otro verbo: «El domingo Arturo Marasso puso un soneto».

De César Dabove dice que debe de ser «un hombre que no ha leído treinta libros en su vida».

Martes, 29 de mayo. Come en casa Borges. Dice que en la Facultad de Filosofía y Letras, el grupo que la maneja desacredita las Letras en favor de la sociología y de la psicología, al extremo de que ya son pocos los estudiantes que siguen las clases de Letras. BORGES: «Cada día me convenzo más de que nadie sabe nada de nada. En las clases de la Facultad hay que tener mucho cuidado porque los discípulos creen cualquier cosa que uno les diga. Y además, lo interpretan mal. Si uno dice que un escritor se parece a otro, deducen que no tiene ningún valor, que no es original, tal vez que se copia».

Le propusieron que diera una conferencia sobre Lope dramaturgo, o sobre la vida privada de Lope o sobre Lope poeta: «Como no sabía nada de Lope dramaturgo o sobre su vida privada, Lope poeta me pareció un tema excelente». También le propusieron que hablara sobre un canto del Paraíso, de la Divina Comedia: «Busqué en el índice Beda; elegí el canto donde Beda aparece»[1118].

Sobre etimologías: «Por esa tendencia que hay en uno de no pensar del todo las cosas, de empezar a pensarlas y por impaciencia o pereza abandonar el tema, después de llegar a una falsa conclusión, mal examinada, creí que feud, pelea, palabra sajona, tenía que ver con feudo, palabra latina». Dice que walkiria significa la que elige los muertos y que wahlen es elegir, pero que, en walkiria, wal es muertos y kiria, elegir, y que por dificultades como ésta en etimología acechan los errores.

De María Luisa Bombal, con quien estuvo en Nueva York, refiere: «Parece un muñeco y dice cosas incoherentes. ¿Vos sabés, cuando uno se ve, después de años, en el extranjero, qué fácil es fraternizar? Recuerdos comunes, como saber dónde queda la calle Riobamba, son tesoros preciosos. Bueno, cuando me encontré con María Luisa no sentí nada de eso, no vi a María Luisa y comprendí que ya nunca vería a María Luisa. Me decía palabras efusivas con total indiferencia». Sobre María Luisa, su Amortajada y su algún prestigio: «Haber escrito un librito muy breve, hace muchos años, asegura una posición muy firme, queda como fierro. Otra jugada es la de dejar muchos libros, para que no puedan juzgarlo a uno por ninguno, como Goethe. Es claro que también hay en esto algún riesgo: demasiados libros, sobre demasiada variedad de temas, traen el descrédito, como le ocurrió a Capdevila».

Eugenio D’Ors dijo: «Quisiéramos tener la lucidez de Voltaire, pero quisiéramos ser Goethe»[1119]. Hablamos del prestigio personal de Goethe, aparentemente no apoyado en obras. BORGES: «Las conversaciones entre Goethe y Eckermann son el diálogo entre dos imbéciles. Goethe recibe una colección de medallas de franceses distinguidos, hecha por David d’Angers, y con Eckermann las estudian, reconocen unas caras, dicen que van a averiguar a quiénes corresponden otras y que es agradable comprobar que la expresión de todos esos genios es alegre[1120]. Al día siguiente van al museo de Historia natural. Viendo los dientes de unas calaveras, Goethe descubre que pertenecieron a hombres morales. Los dos amigos emplean generosamente el epíteto profundo. Las Elegías romanas son lo mejor de Goethe. El Fausto es malísimo». BIOY: «La leyenda de Fausto tuvo mayor fortuna que la que merece. Desde luego, a cierta edad, jugamos con la idea de encontrar un Mefistófeles que restituya lo desgastado. Al principio una pequeña palanquita bastaría». BORGES: «Faust es puño; la misma palabra que fist en inglés».

BORGES: «Peyrou es ignorante por pereza y por enfermedad, no por estupidez: es inteligente». BIOY: «De Bianco cabría la opinión de que es más culto que inteligente, aunque no es muy culto: conoce algo de literatura francesa, y de cuestiones de religión ocurridas en Francia desde mediados del siglo pasado; quizá recuerde bien un libro sobre esta materia».

Un señor salteño propuso que de todas las guerras civiles se celebrara una sola fecha: la de la batalla de Caseros. Si no, había el peligro de que los tucumanos celebraran una victoria que por casualidad lograron sobre los gauchos de Güemes. BORGES: «La lograron por error, porque no sabían que Güemes era invencible. Además de todo eso, había peronismo en la proposición, porque apuntaba a que no se celebrara la Revolución Libertadora».

Victoria fue a decirle que si nosotros renunciábamos al PEN, ella tendría que renunciar. BORGES: «Qué raro que una persona haga responsable a otra de su renuncia. Realmente, Victoria no sabía qué quería, salvo dejar aclarado que ella era la persona más importante en esta cuestión».

Dice: «La gente tiene que dar importancia a lo que hace, para justificarse. Como Jorge Mitre es director de un museo cree que los museos tienen mucha importancia para la cultura del país, lo que es evidentemente falso. Yo tengo mucha simpatía por la Biblioteca Nacional, pero si se cerrara no creería que es una catástrofe».

Miércoles, 30 de mayo. Come en casa Borges.

Jueves, 31 de mayo. Come en casa Borges. Hablamos de Atila, el azote de Dios (huno, siglo v), de Genghis Kan (mongol, siglo XII), de KublaiKan (nieto del anterior, protector de artes y letras) y de Tamerlán (siglo XIV). BORGES: «Hay que leer a Gibbon sobre ellos. Gibbon leyó De rebus Geticis». Comenta que gótico se decía peyorativamente por bárbaro.

BORGES: «Un país no tiene por qué gastar grandes sumas en la cultura». BIOY: «Como hay que gastar en otras cosas, creen que si no gastan igualmente en la cultura la subestiman». BORGES: «Tal vez los libros, los colegios, aun las universidades, sean órganos de cultura, pero estoy seguro de que conferencias, congresos y becas no sirven de mucho. Si una persona está interesada en un tema, no hay cómo evitar que hable de ese tema. Yo di muchas conferencias gratis. No creo que fueran peores que las pagas».

Dice que el ministro Sussini es de pocas luces: «Reunió en el Ministerio de Educación a los directores de Cultura, de la Biblioteca, de Museos. Tiene el gran plan de poner un conferencista en los barcos que suben por el Paraná, para que instruya a los pasajeros con lecciones históricas. Otro, más estúpido aún, quiere poner conferencistas en los trenes que van a Salta, porque Güemes no es menos que Urquiza[1121]. ¿Vos te das cuenta, a las incomodidades de un largo viaje en tren agregarle conferencias?».

Le hago notar que él mismo conoce el país gracias a las conferencias. Si no hay conferencias, no hay turismo. Habla de sus viajes por el interior. Advirtió que los mendocinos odian a Buenos Aires y quieren a los chilenos. BORGES: «Para darles rabia yo les decía que no se parecían nada a los chilenos. Los chilenos son apagados; las chilenas, vividas». Habla de los miles de árboles de Mendoza. Recuerda la rambla o costanera sobre un río seco, en Santiago del Estero: «Uno prevé el agua y se encuentra con arenas y piedras». De Tucumán dice: «Es Barrio Sur, como el resto de América. Lo que la salva es el Aconquija». También comenta: «La ciudad vieja del Rosario es mejor que la de Santa Fe». Dice que Corrientes tiene casas patriarcales, parecidas a la de la SADE. Yo observo que nuestras ciudades tienen algo de desparramadas, de estar a medio hacer. BORGES: «La parte vieja de Córdoba tal vez esté más hecha que otras». La Plata le gusta mucho: le parece el corazón —Heart of Darkness— del país, de lo criollo. Cuenta que en Gualeguay le tocó entrar en un almacén donde un negro tocaba la guitarra. Quedó muy feliz: «Estaba hasta las orejas en el Entre Ríos». Dice que los gauchos entrerrianos llevan botas hasta la rodilla y arriba bombachas anchas.

BORGES: «Escribió Burton que la dificultad de hacerse pasar por árabe no sólo estriba en el acento y perfección del modo de hablar, sino en que los árabes tienen ceremonias para todos los actos de la vida. (Del mismo modo, los norteamericanos descubrían a espías que querían hacerse pasar por norteamericanos, en la última guerra, porque no soltaban el tenedor mientras mascaban. Un norteamericano siempre lo suelta). En su peregrinación a la Meca, Burton se hizo pasar por persa. Después lamentó su elección, porque parece que los persas son muy despreciados, con fama de cobardes, como lo proclama el conocido refrán: “León en Ispahan, cordero en Medina” o algo así (Cf. A Pilgrimage to Mecca)».

BORGES: «Mucho me temo que han de elegir como modelo para la Biblioteca el edificio de la Fundación Guggenheim, el más feo de Nueva York, que no parece de Nueva York». BIOY: «No pensaste que su sombra llegaría hasta aquí». BORGES: «Uno de los arquitectos del jurado [para el concurso de proyectos de edificio para la Biblioteca Nacional] manifiesto sorpresa cuando dije que era horrible. “No —contestó el técnico—, es un edificio polémico”. Y, ¿por qué un edificio va a ser polémico?».

Olvidó que se comprometió con los psicoanalistas para dar, el sábado, una conferencia sobre el humorismo; no la dará porque el sábado va a La Plata a dictar otra, creo que sobre Joyce. No le preocupa mayormente el asunto. «No me gusta hablar para esa gente», dice.

Domingo, 3 de junio. Come en casa Borges. Leemos «El borracho» de Joaquín Castellanos; algunos versos son difíciles de leer. BORGES: «Uno no sabe qué esperar: al azar de los versos el autor habla de cualquier cosa. Pudo corregir un poco, suprimir estrofas. Tiene unos pocos versos buenos, pero en general es debilísimo». Habla también de «ese sistema de poner los verbos al final, para rimar». BIOY: «Al volver a publicarlo, lo llamó El temulento (ex El borracho)». BORGES: «Ex El borracho era una argucia comercial, para que la gente supiera que se trataba del famoso poema. Qué insensibilidad para las palabras, ponerle “El temulento”. “El borracho” era mejor». BIOY: «Me dio a entender Peyrou que le cambió el título por consejo de amigos; la gente creía que el borracho era él». BORGES: «Prefería que lo llamaran el temulento». BIOY: «No. Un amigo médico le habrá dicho: “Esto no es un borracho. Es un temulento” y Castellanos se habrá apresurado a agradecerle y a tomar nota: “¿Cómo se escribe, doctor?”».

Habla de Almafuerte. Dice que éste se sorprendería de las cosas que le salían y seguiría adelante. Recita versos:

Soy un Cristo mejor, soy el que te ama[1122]

Soy un Cristo mejor, soy el que te ama[1122]

BORGES: «Nadie habrá dicho: soy un Cristo mejor. O:

Yo repudié al feliz, al potentado,

al honesto, al armónico y al fuerte…

¡porque pensé que les tocó la suerte

como a cualquier tahúr afortunado[1123]!

Son ideas muy raras, que a nadie se le ocurrió versificar. Claro que ésos eran los buenos momentos; en otros, le salían versos pésimos. Qué raro que un criollo de entonces admirara tanto a Italia. Quería ir a vivir a Florencia, traducir su obra al italiano y presentarla al Premio Nobel. Que se liberara de los prejuicios corrientes y admirara a los italianos me parece un buen rasgo del carácter de Almafuerte».

Dice que Guillermo saca falsas conclusiones de todo y que, como tampoco es gracioso, la conversación y la convivencia con él son incómodas.

Lunes 4 al miércoles 6 y lunes 11 de junio. Come en casa Borges.

Jueves, 14 de junio. Come en casa Borges, de regreso de Pehuajó. Dice que la ciudad le gustó mucho, aunque reconoció que llamarla «La perla del Oeste» es absurdo: «Ningún pueblo de la provincia de Buenos Aires es comparable con una perla». Comenta que seguramente ha de haber un cinematógrafo llamado Gran Pehuajó.

Después de que diera su conferencia, le pidieron un pensamiento sobre las madres. Tentado por algún demonio, se le ocurrió invocar una «conocida pieza popular»:

En el medio de la plaza

en el pueblo’e Pehuajó,

hay un letrero que dice:

«La puta que lo parió».

BORGES: «Un indígena sostuvo que ya la había oído antes. Por un momento pensé decirle que eso debió pasarle en sueños, porque el original es de nuestra cosecha, sólo que el pueblo de la copla era Ituzaingó».

Conviene conmigo en que Milton es notable por su deficiencia de talento novelístico. Cita como absurda una discusión con el ángel sobre sistemas astronómicos[1124]. BORGES: «Un defecto de Milton es que trata de un mundo primitivo, de la Creación, con un lenguaje cargado de conceptos posteriores, de hombre del siglo XVII, que conoce Grecia, Roma, Israel y algo de ciencias. Shakespeare tampoco se cuidaba, pero en él no importa tanto. Un defecto similar, pero más pasajero, aparece en Macbeth, donde se habla de un rinoceronte[1125], que no podían sino ignorar los escoceses del siglo XI; salvo que algo hubieran leído en Plinio». BIOY: «La elocuencia dramática y el arte de los actores lo ayudan; en cambio un texto destinado a un lector solitario no debe tener un defecto así». BORGES: «En The Ballad of the White Horse uno se siente como en un mundo muy antiguo: Chesterton se cuidó de no cometer anacronismos».

Se pregunta si Estrella Gutiérrez no imaginará que pazguato es término elogioso; acaso lo usa en elogio de patrón de su sillón académico: «Sin embargo, debió notar que el sonido no anunciaba nada bueno».

Señalo que para muchas personas el mayor elogio es chiche. Se usa para departamentos, casas y automóviles. BORGES: «No para grandes ciudades. “Londres es un chiche” nadie dijo». Le sugiero la posibilidad de usar el adverbio pronto para el tiempo pasado: «Fulano llegó hace pronto».

En la Academia, su discurso de recepción versará sobre El concepto de academia y los celtas. BORGES: «En los diarios se leerá: y los cultos».

Viernes, 15 de junio. Come en casa Borges. Le cuento que hoy, en la Facultad de Filosofía y Letras, conversé con Ofelia Kovacci, que prepara una antología de mis textos, con un prólogo crítico, para la Dirección de Cultura[1126]: «La señorita Kovacci me pareció inteligente. Mientras tanto yo pensaba si vos no descubrirías que es tonta. A mí las personas me engañan en el diálogo; por escrito, no». BORGES: «Bueno, los estudiantes que hablan con escritores se ponen a escrutar el semblante del privado. No saben si van a decir que siempre o nunca hacen algo; miran tu cara y resuelven».

Asegura que lo malo de los chicos de la Facultad, y de sus maestros, es que están en un sistema y llegan a conclusiones previstas. BIOY: «Juegan con juego legislado, que trata de literatura, pero que no tiene mucho que ver con la literatura». Conviene en que así es.

Hablamos del fútbol. BORGES: «¿Has oído en estos días la palabra seleccionado? El seleccionado argentino de fútbol… Linda selección de brutos». BIOY: «Una culpa del fútbol es desalojar del deporte su mayor virtud: la de enseñar a la gente a ser buena perdedora. El fútbol ha impuesto la pasión de sus multitudes de espectadores, que no entiende de generosidades, y la venalidad de sus héroes; desató con fuerza huracanada el espíritu faccioso». Le cuento la noticia que leí los otros días: Mientras el equipo brasilero jugaba un partido en Chile, se celebraba casualmente una misa en Brasil, con asistencia del presidente de la República y otras autoridades. La ceremonia resultaba movida y hasta nerviosa, porque continuamente irrumpían mensajeros en puntas de pie que vertían cuchicheos en orejas de presidente, ministros y aun sacerdote. Nadie ignoraba que los ansiados cuchicheos versaban sobre las alternativas del partido. De pronto, el cura interrumpió la misa. No era para menos, como se demostró en seguida, ya que anunció que los brasileros habían marcado un gol. Pidió a los fieles que oraran en acción de gracias a Nuestra Señora de Aparecida, Patrona del Brasil. Desde ese momento, con los ánimos de todo el mundo retemplados, la misa siguió su curso con mayor tranquilidad.

Peyrou sostuvo que Río de la Plata y Mar Negro, según río Paraná o Amazonas, lleva minúscula en noy mar. No, le explicamos: el nombre es Río de la Plata o Mar Negro, por eso van con las mayúsculas; en el caso de Amazonas o Paraná, el nombre no incluye la palabra río. República Argentina, con dos mayúsculas, por ser tal el nombre; río de La Plata sería un río de esa ciudad. Samborombón no sabemos qué es. En el Espasa figura, en Las Palmas, el caserío de San Borondón. ¿Por error de grafía nombramos el río de la provincia de Buenos Aires Samborombón?

Sábado, 16 de junio. Come en casa Borges. BIOY: «La presencia de una virtud en grado superlativo en una persona, nos mueve a adjudicarle todas las otras virtudes. Si una persona es valiente, creemos que es buena y generosa y desinteresada y delicada y leal; tal vez no lo sea». BORGES: «Con los defectos pasa algo análogo. Poe decía que un gran jugador de ajedrez no es más que un gran jugador de ajedrez; en cambio, un gran jugador de damas o de whist es un hombre inteligente»[1127]. Según Borges, lo mejor es no hacer caso de las excepciones; aplicar la frase a cualquier actividad: «Un gran escritor no es más que un gran escritor. Que haya una habilidad natural en tal o cual persona para el ajedrez, las damas, la mecánica, etcétera, podría causar el error de suponer que ajedrez, damas, mecánica, etcétera, tenían sus ideas previas en el cielo donde se planearon para ellos los hombres». Dice que los escritores han hecho creer al mundo que ellos son los verdaderos intelectuales; que la confusión se logró; que en verdad, la mayor parte de los escritores carecen de la menor vinculación con el intelecto: «¿Qué tiene que ver Luis Emilio Soto con el intelecto? Bueno, tampoco es un escritor».

BIOY: «Hay personas que carecen de toda virtud intelectual, moral o de sensibilidad, salvo de un vivo don de observación de debilidades del prójimo y de una cierta elocuencia para formular sarcasmos. A una chica la llaman Pataflán, porque tiene piernas gordas y temblorosas. No se les escapan nuestras debilidades y vanidades. Pero todo eso es bastante miserable». BORGES: «Gracián dice de gente así que tiene el ingenio siniestro». Agrega: «Hay que evitar que las formas del idioma dirijan el pensamiento, como en “Perón sólo diestro en lo siniestro”, porque muestran al autor preso de mecanismos».

Riendo mucho, dice que su padre recordaba como ejemplo de grandilocuencia vana, hueca y débil los versos de Andrade:

¿En qué piensa el coloso de la Historia

de pie sobre el coloso de la Tierra?

Piensa en Dios, en la Patria y en la Gloria[1128].

Domingo, 17 de junio. Come en casa Borges. Dice que piensa empezar, el segundo cuatrimestre, un libro sobre literatura anglosajona. ¿Libro de ensayos o libro organizado y más didáctico? Le aconsejo el segundo. BORGES: «Tal vez habrá que aprender un poco de escandinavo antes de empezar el libro». Dice que el escandinavo es un idioma mucho más rápido, mucho más conciso, que el anglosajón; el inglés, más rápido y conciso que el alemán y que el español. Asegura que la poesía anglosajona casi no puede traducirse al español; un poco, al inglés y al alemán: «Salvo que se intentara un verso libre con dos o tres aliteraciones por línea. Pero quedaría muy artificial».

BORGES: «El mundo anglosajón era un mundo pequeño y un poco perdido. Lo que verdaderamente asombra es la superioridad de los escandinavos. ¿Qué les pasó después? Eran pocos, quizá… Los alemanes son un solo lado de lo germánico: un lado pesado y torpe. Matthew Arnold, al hablar de la literatura celta[1129], tal vez por conveniencia para su tesis, parece creer que lo germánico era lo alemán. En

el germano tenaz y nebuloso[1130],

el germano tenaz y nebuloso[1130],

germano está por alemán». De Arnold dice que es el anti-Carlyle.

Lunes, 18 de junio. Come en casa Borges. BORGES: «Francisco Ayala descree de todo salvo, acaso, de Unamuno. Dice que ojalá que España caiga en el caos, porque es un país sin arreglo; que no echa de menos a España. Parece que su padre —andaluz, como él— decía: “Ya se sabe, cuando en España hay admiración por lo andaluz, malum signum, es una época de decadencia”. Sus compatriotas de aquí, del grupo de Guillermo, no lo quieren y ni siquiera lo admiten como escritor. Guillermo le enrostra su estilo pedregoso. Desde luego, el de estilo pedregoso es Guillermo y la superioridad de Ayala sobre todos ellos resulta evidente».

Comenta que España y su almirante Cervera, que salió con sus buques, en la guerra de Cuba, para que lo hundieran los norteamericanos, fueron más honrosos que los alemanes, que se entregaron, para después, subrepticiamente, hundir la escuadra. Dice que fue un raro destino el de la escuadra alemana en la Primera Guerra Mundial; hasta la guerra se habían pasado brindando por el momento en que destruirían a la escuadra inglesa; pelearon una vez, en Skagerrak, donde los ingleses los destrozaron y ya no salieron de puerto, salvo para hacer la guerra de submarinos, contra barcos mercantes, «que es una miseria».

Confiesa que en la Segunda Guerra Mundial creyó, en algún momento, en el triunfo de los alemanes. Mi padre y yo decimos que nunca creimos en él.

Afirma que los italianos no se parecen a Mussolini; que por su inteligencia son una suerte de judíos. A su vez, los judíos alemanes no le parecen alemanes, sino judíos.

BORGES: «Francisca, hacha de los francos. En cuanto al nombre, franco, parece provenir de una jabalina que usaban. No es asombroso que estas hordas conquistadoras fueran nombradas por el arma que esgrimían; por eso es quizá injusta la afirmación de Churchill, de que eran tan crueles los germanos, que se les dio el nombre de una espada con la que mataban a sus enemigos».

Según Borges, que cita a su sobrino Luis, un profesor que no admira nada no es un buen profesor. Para estimular a los estudiantes, el profesor debe creer en la importancia de lo que enseña (o de algo de lo que enseña).

Dice que, en confidencias, el director del Museo Güiraldes parece tentado a admitir, como el Cabito, que Güiraldes no es para tanto… BORGES: «La situación del director, que empieza a sospechar que el procer no vale mucho, es bastante graciosa y buena para un cuento. Llevado por esta convicción, cuando dijo: “Porque Lugones es un gran escritor”, yo entendí: “Porque Lugones, ése sí es un gran escritor”. En el elogio de Don Segundo, Lugones decía que en cuanto al idioma el libro era una calamidad y que él prefería no hablar»[1131]. BIOY: «Ésa era la opinión de entonces; que el libro estaba mal escrito». BORGES: «Habrá muchos libros así, que tratan de un hombre que pasa y se va; alguien dijo que el modelo sería un ciclista tirolés». BIOY: «La falta de peripecias en la vida del héroe, ¿no se deberá a la falta de inventiva de Güiraldes? Don Segundo pasa realmente como una estatua. Hay que reconocer que esta deficiencia resultó hábil, porque los otros héroes que andan de aquí para allá y actúan continuamente, en comparación parecen unos guarangos». BORGES: «Los Cuentos de muerte y de sangre revelan que a Güiraldes no se le ocurría nada. Tal vez en Don Segundo pueda leerse la convicción de que en el criollo hay algo, qué diablos, que no hay en los gringos de mierda».

BORGES: «Clemente no quiere que lo arrastren a la actual admiración por Arlt. Dice que sus novelas no valen nada; que la gran obra de Arlt son las Aguafuertes, que ahí (estallando de risa) es invencible. ¿Qué me decís? Esas miserias, las Aguafuertes porteños, cuyo título le impusieron en el diario, se reúnen en volumen y se atesoran como una obra literaria». BIOY: «Aun reconociendo la torpeza con que están escritos, esos textos tienen una frescura de la que carecen otras obras».

Dice que el terrorismo es algo horroroso y que perturba el juicio de la gente. BORGES: «Vi un film judío en que se mostraban como heroicas horribles hazañas de un terrorista. Y mirá que los judíos son inteligentes, pero estaban cegados…».

BIOY: «¿Qué será lo mejor de Unamuno?». BORGES: «Del sentimiento trágico de la vida, los ensayos». Dice que a quien le gusta Unamuno, le gusta la voz de Unamuno, id est, su manera de hablar en los libros: si a uno le gusta Unamuno lo encuentra en todos sus escritos.

Jueves, 21 de junio. Come en casa Borges. Dice: «La fama de Shakespeare asombra. Al fin y al cabo parece increíble que guste a personas que no son muy sensibles a las palabras. Una suerte de gongorismo. No se vería a sí mismo como escritor. Escribió porque ahí tenía actores y teatro y una posibilidad de ganar dinero. Las comedias corresponden al tipo de bobera que suscita el epíteto encantadora. Donne no lo menciona nunca. Según Groussac, todos los autores nos gustan un poco por obligación, por convención, salvo Shakespeare[1132]. Todo lo contrario: hay que leer a Shakespeare haciendo continuas concesiones por el paso del tiempo».

BORGES: «Los escritores empezamos guerreando contra la tradición y los clásicos, para llegar a ser, junto con nuestra guerra, parte de la tradición; por eso después nos avenimos un poco. Ahora los escritores jóvenes descubrieron eso y ya escriben y actúan en vista de la Historia de la literatura. Como todo el mundo imita a Francia, abundan los movimientos, la gente se sitúa en generaciones, etcétera».

Lunes, 25 de junio. Borges recuerda a una muchacha que le dijo: «Esa mañana, en Córdoba, fui a tomar el tren a Contitución (sic)». BORGES: «¿Cómo, en Córdoba, Constitución?». LA MUCHACHA (con impaciencia): «Yo llamo a todas las estaciones Contitución». Comentario de BORGES: «Inmediatamente me enamoré». Alguna vez dijo: «¿Te das cuenta? Ignorante, bruta, despótica, sucia. ¿Cómo no quererla?».

Recuerda también a una mucama de casa, that Consuelo, que al ver un paquete de la Antología de la literatura fantástica que nos mandaba la editorial, exclamó: «Así cualquiera escribe libros. Todos son iguales». Esa misma Consuelo confundía fotografías con dibujos o pinturas y se asombraba ante un cuadro de Maruja Mallo, de una mujer que en lugar de dedos tenía espigas. No miraba con demasiada atención las fotografías. En cualquier fotografía de mucha gente, que salía en los diarios, identificaba a las personas de su relación: «Oh, aquí está usted. Aquí, la señora. Aquí, su padre. Aquí el señor Borges». Al ver una fotografía de Carmelo Soldano, un mucamo de casa, petisito y de unos setenta años, preguntó si era yo, cuando chico.

Cuento que un pigmeo, que nunca ha salido del bosque de Ituri, en el Congo, cuando lo llevan a la llanura y ve a lo lejos búfalos, dice con asombro: «¿Qué animalitos son ésos?».

Hablando de la complicidad y aprobación general por el alcoholismo, refiere que en una ocasión César Dabove le dijo a su hermano Santiago que no fuera a tal parte, a donde iba el grupo de amigos. Sin protestar, Santiago quedó en su casa. Uno del grupo malició algo; volvió al rato y encontró a Santiago con una botella de ginebra. «El tipo los había embromado —comentó el tercero—. Volvió calladito para su casa, porque tenía escondido su porroncito de ginebra». BORGES: «Lo único que faltaba es que dijera: “Diablo de hombre”. ¿Te das cuenta qué triste? ¿Emborracharse solo?».

Viernes, 29 de junio. Leíamos un ensayo sobre astronomía. El autor afirmaba que el gran desarrollo de la astronomía ocurrió en el siglo XX, con la construcción de grandes telescopios. Continuamente volvían las menciones, cada vez más entusiastas, de estos aparatos: los enormes telescopios, los inmensos y poderosos telescopios. Borges, primero, comentó: «Qué obsesión»; después opinó: «Seguramente unas páginas más adelante ya dice: Las grandes pijas».

En estos días estrenaron un film que narra de modo romántico la vida de un delincuente que cometió fechorías por el Norte, creo que por el Chaco. BORGES: «El film se titula con el apodo del sujeto: Mate Cocido.[1133] Es un error. No se llamaba así: se llamaba Mate Cosido, con s, porque tenía un costurón en la cabeza».

Habla de un artículo de Bernárdez en una revista Libra, de los años veinte, «Prosa de andar» y no sé qué más[1134], que narraba una caminata por la calle Rivadavia: «Te das cuenta, qué tedio, por la calle Rivadavia. Pero a mí me impresionó mucho. Estaba escrito en un estilo que nos parecía el verdadero entonces, porque imitaba el último capítulo del Ulysses, es decir que pertenecía a la buena escuela. Se decía: “Azul y gris. Un sudor en la espalda y ese gusto de cerveza en la boca”. Al final el lector tenía el premio de descubrir que se trataba de una caminata por la calle Rivadavia». BIOY: «Yo practiqué alguna vez ese estilo. Trataba de hacer que las páginas de mis libros fueran muy ricas, que estuvieran repletas de letras, sin diálogos; creía que la coherencia del estilo estaba dada por cierto ritmo; que ese ritmo, esa música, eran el criterio para aprobar o no una página. Se trataba, sobre todo, de aprender a leer lo que uno escribía; los otros, los improbables lectores, como necesariamente no se sometían a ese aprendizaje pasaban por alto mis obras maestras».

Domingo, 1.º de julio. Come en casa Borges. Leemos, riendo, El Criticón. BORGES: «Gracián nunca debió escribir una novela. ¿Cómo? ¿Estaba en el mar, se ahogaba, y el otro, desde la orilla, se agacha y lo salva[1135]?

Gracián no se imaginaba nada. En él llega al apogeo ese estilo, vacuo y retórico, que tiene las formas del pensamiento y no contiene un solo pensamiento. Ese estilo hizo estragos en la literatura española. Gracián leyó muchísimo y debía de ser inteligente, pero al ponerse a escribir enloquecía: escribía idioteces como: “Dijo un discreto: Comedia porque come días”»[1136].

Martes, 3 de julio. Busco a Borges. En el London Grill comemos con Amaro Fernández, de Fabril Editora, y Peyrou. El diálogo es tedioso. Borges no encaja demasiado bien, como si en el esfuerzo por adaptarse al interlocutor dejara los temas que le interesan y no llegara a interesarse con los que le proponen. En cuanto a Peyrou, ha perdido la memoria —ay, tan sólo de ya haber dicho las cosas—, de modo que nos cuenta a Fernández y a mí, pese a nuestras inquietas protestas, lo que nos contó la otra vez que comimos juntos y a mí un cuento de Fatone de la semana pasada. La conversación de Borges, de Peyrou y la mía está hecha de retazos de conversaciones que tuvimos muchas veces entre nosotros. Cada uno, al empezar a hablar uno de los otros dos, mentalmente ha de decirse: «Ahora va a contar el episodio B1, ahora va a hacer la reflexión B2, ahora va a hacer la broma B99». A las once y cuarto este simposio concluye; pongo bajo el brazo de Amaro Fernández, para su editorial, Recuerdos del porvenir, novela de Elena Garro, y el libro sobre los pigmeos.

Como mi padre no saldrá de su comida en el Círculo Militar antes de medianoche, bajo el agua del cielo que chorrea, voy a recorrer los cinematógrafos de la calle Lavalle. Veo que en uno dan Hombre de la esquina rosada. Allí entro. Primero encuentro que los personajes son demasiado expresivos para las escenas que ocurren. Recuerdo una observación de BORGES: «Seguramente los argentinos hablamos y gesticulamos como cocoliches». No hay duda de que así gesticulan en el film. Pero no hay duda, también, de que éstos, más que documentos fieles, son obra de directores que no conocen otro modo de comunicar con el espectador. Es como si pensaran: el público es un burro y si no machacamos no entenderá nada. Las apuestas, en un partido de tabas, parecen el delirio de locos por apostar a las tabas. No creo que nunca hubiera partida tan animada ni seguida con tanto entusiasmo. Poco a poco, sin embargo, el film me cautiva. Veo tal cara absurda, tal otro exceso de expresión, pero la resistencia a dejarme arrastrar por el encanto cede. Con disgusto salgo del cinematógrafo a las doce; era un placer mirar y oír aquello. Pienso que tal vez empiezo a envejecer y a tener un lado blando para lo nuestro y lo de antes. Las criolladas me cautivaron el ratito que pasé en el cine.

Jueves, 5 de julio. Come en casa Borges. Cuenta que la criada tucumana, al ver una cabeza de toro en la calle Florida, comentó: «¿Por dónde balará ahora este toro?». Borges le preguntó si no decían mugir. La tucumana no había oído nunca el verbo. Borges recuerda el Martín Fierro

pero ande bala este toro

no bala ningún ternero[1137].

Mi padre opina que balar es cosa de lanares. Yo cito a Oscar Pardo: «Pregúntele al señor Borges por qué bala la hacienda en un potrero. Como es muy curioso, le va a gustar saber que es porque no hay agua en las aguadas». Desde luego que también balan o mugen los terneros, cuando se han apartado de las madres.

Viernes, 6 de julio. Hablo por teléfono con Borges. BORGES: «Un francés me dijo que para los pueblos primitivos, negros y bereberes, la voluptuosidad no existe. El acto del amor no tiene nada que ver con el placer. Es un asunto de extrema brevedad. Dijo que los pueblos primitivos —incluyó en la categoría a chinos y japoneses— son parejamente insensibles para el dolor y el placer. Afirmó que un occidental no aguanta dos bastonazos de bambú en la planta de los pies: el dolor recorre la espina dorsal y retumba en el cerebro. Un chino aguanta quince bastonazos».

Sábado, 7 de julio. Come en casa Borges.

Miércoles, 11 de julio. Come en casa Borges. Planeamos el libro sobre el barrio de San Telmo, para «Cuadernos de Buenos Aires». BORGES: «Siempre hay un barrio con el que se identifica la tradición. Antes fueron los Corrales: Paredes situaba todo en los Corrales, porque se daba cuenta de que era el barrio donde esas cosas debían pasar. Después, por error, fue La Boca. Ahora es San Telmo. Yo prefiero pensar sobre San Telmo, antes que sobre Belgrano. Odio a Belgrano. ¿Qué se puede decir sobre Belgrano?». BIOY: «No me parece que sea así. Para mí, un barrio con árboles y quintas, como Belgrano, es agradable». BORGES: «San Telmo, como todo en Buenos Aires, es una idea. Si uno mira detenidamente ve que todo es igual».

Sobre los gustos de Borges. No le gustan los balnearios. No advierte el encanto que ve Proust en Combray. Odia Mar del Plata; no digamos la Costa Azul, Cannes, Niza, Montecarlo, Baden-Baden, Marienbad, Aix-les-Bains o Évian. Está en contra de París, por su brillo mundano. Prefiere el Barrio Sur al Barrio Norte; las ciudades que sugieren Barrio Sur a las que sugieren Barrio Norte: le disgustan Belgrano, Olivos, Martínez y San Isidro.

Jueves, 12 de julio. Come en casa Borges.

Viernes, 13 de julio. Busco a Borges, que viene a comer en casa. Su madre me dice: «Llegó otra invitación de los Estados Unidos, que no aceptó. Una de Londres, para el año que viene. Y ahora que no nos oye: Frías lo llamó; quieren que vaya a dictar un curso a la Sorbona, en enero. No quiere ni que le hablen… ya hablaremos». BIOY (a Borges): «Qué maniático. París es una gran ciudad». BORGES: «Ya sé. Pero ¿no escribió Gerchunoff El hombre que habló en la Sorbona? Y verlo a Caillois: ¿te das cuenta, verlo a Caillois? Guillermo partió a un congreso de hispanistas, en Oxford. Qué suerte. Los ingleses que se jodan. Qué bien si después de examinados los textos, el congreso llega a la conclusión de que la literatura española no existe. Ex nihilo nihil fit».

BORGES: «El secreto del éxito de la interpretación sociológica de la literatura es que gracias a ella mucha gente a quien una obra original no le sugiere nada, ahora puede hablar de libros. La crítica de Doll, de que en Don Segundo está el campo visto desde el lado del patrón me parece una idiotez. ¿Qué significa? Nada. ¿O acaso que Güiraldes describe a los peones como héroes cuando en verdad son unos hijos de puta?».

Tomó exámenes en la Facultad. EXAMINANDA: «Las novelas de Jane Austen son importantes porque describen la vida de la landedgentry en el siglo XVIII». BORGES: «Por algo más, señorita». EXAMINANDA: «En cuanto a la problemática de la novelística». OTRA EXAMINANDA: «Johnson, realmente, nació en Lichfield». BORGES: «¿Cómo realmente? ¿Alguien dudó?».

Leemos sonetos del Siglo de Oro español. BORGES: «Después de leer muchos sonetos de Lope uno se dice: “Qué extraño desvarío”[1138]. Son una musiquita. Después de los primeros versos podría escribir: etcétera. Total, a nadie le importa nada el significado. No hay duda de que tienen un efecto narcótico. Cómo se enreda en los conceptos y las agudezas, en los contrastes: si tal cosa, tal otra. Estos sonetos no sirven para el comentario. No es que sean malos; los hay buenos, pero todo lo que hay que decir está dicho en los versos. El afán de ser ingeniosos pierde a estos poetas.

Vertido Baco[1139]

Vertido Baco[1139]

parece una broma; y lo peor es que está en un poema patético, de tono levantado. Según Madre, de igual manera de leche derramada podría decirse “Vertida vaca”».

Leemos sonetos de Lope:

Yo no espero la flota, ni importuno

al cielo, al mar, al viento por su ayuda,

ni que segura pase la Bermuda

sobre el azul tridente de Neptuno.

[…]

Y si tienes, Lucinda, mi deseo,

hálleme la vejez entre tus brazos,

y pasaremos juntos el Leteo[1140].

BORGES: «Los versos son admirables. Y la soltura y el tono están bien. Combina la poesía pastoril con el cristianismo. Al fin y al cabo no es tan raro. Combina los elementos que tiene a tiro. Curiosamente, Lope reprochaba al gongorismo nada más que por el vocabulario». También leemos con agrado «Suelta mi manso[1141]» y «Qué tengo yo…»[1142].

Dice que Quevedo al acusar a Góngora de judío[1143] avivaba bajas pasiones, como cuando Flaubert contesta a un crítico alemán que hizo objeciones a Salammbô y empieza tildando al crítico de étranger. BORGES: «Eso era una bajeza, más imperdonable aún porque resultó que en la polémica tenía razón Flaubert».

Domingo, 15 de julio. Come en casa Borges. Leemos canciones de Lope:

Trébole ¡ay Jesús, cómo huele!

Trébole ¡ay Jesús qué olor!

Trébole de la casada,

que a su esposo quiere bien[1144].

BORGES: «Lorca avant la lettre. Es un poco irresponsable. No se sabe con qué va a salir». BIOY: «Casi las encuentro mejores que los sonetos. No hay ese ir y venir». BORGES: «Sí, ese ir y venir. Ese dar con una mano lo que quita con otra. Lo que digo con el pico no lo sostengo, lo retiro con el cuero[1145]… Pero Lope es un poeta delicado, no un animalote como Quevedo. No es muy intenso: casi todo parece en tono menor. “Suelta mi manso” es un poema muy extraño, difícil de imitar. García Lorca leyó sin duda a Lope, pero ponía más navajas, todo le salía más duro. Lope es más natural, más sencillo, y le salen versos muy lindos, de una soltura admirable, agradable. No parece tener conciencia de hacer una gran obra. Éste es otro de sus encantos… Yo pondría de un lado a Quevedo, con Lugones; del otro, a Lope, quizá con Rubén».

Considera un pretencioso disparate en vista a adefesio el plan de Lugones para el monumento a Sarmiento:

Paréceme que dado el personaje, debiera ser una pirámide de granito ocupada por un féretro de bronce. La regularidad de los bloques labrados, simbolizaría el esfuerzo inteligente del civilizador; la naturaleza de la roca, aquella vida, piedra angular de la patria; la expresión geométrica del conjunto, su poderosa unidad; la llama ascendente que significa su actividad luminosa. Deberíamos orientarla como aquellas otras de los faraones, por medio de la astronomía estelar cuyo primer observatorio fue una creación de Sarmiento. Quizá conviniera formarla con cincuenta bloques, grabando en cada uno de ellos el título de un libro suyo[1146].

Lunes, 16 de julio. Come en casa Borges. Leemos a Lope.

Domingo, 22 de julio. Come en casa Borges. Leemos ensayos para el concurso de La Nación.

Jueves, 26 de julio. Comemos, con Borges, en casa de unos papanatas.

Sábado, 28 de julio. Comen en casa Peyrou y Borges. Leemos poemas de Rubén Darío: el «Responso para Verlaine», «A Francia», «Metempsicosis», con fervor. BORGES: «Después de leer esos versos, sentirían entonces que toda la poesía anterior no existía». Elogiamos la intensidad, con versos tan difíciles, con tan sabias combinaciones de metros, con un manejo de palabras tan sentido, y cómo fluye todo.

BORGES: «Emprendí al Brasil una fuga… de Bach. Traduzca Rubén Darío estos versos. Diga en otras palabras el mismo sentido».

Domingo, 29 de julio. Hojeo rápidamente la «Contribución a la bibliografía de Jorge Luis Borges», de Nodier Lucio y Lydia Revello[1147], obra cuyo mayor encanto es la seriedad. En la página 75 leo: «OMAR KHAYYAm. Rubáiyat (Castellanizado del inglés de Fitzgerald por Jorje [sic.] Borges)». ¿Cómo este Jorge Borges no sugirió a los bibliógrafos más que un sic? Hubieran consultado con seres vivos —al fin y al cabo, la madre de Borges, Borges, gente de su familia y amigos vivimos— y hubieran averiguado que Jorge Borges no era Jorge Luis sino su padre.

Lunes, 30 de julio. Come en casa Borges. Lectura de ensayos para el concurso de La Nación. BORGES: «Desde que soy ciego, el tiempo fluye de otra manera. Antes, si tenía un rato libre, leía. Antes me molestaba esperar a una persona en la calle; los insomnios me parecían muy desagradables. Ahora, no. Ahora, en cuanto estoy solo, en cuanto no hay alguien con quien conversar, estoy en una situación así; de modo que me acostumbré. No me importa estar esperando en una esquina. No me importa tener un insomnio en la noche».

Dice después: «En este momento estaba pensando quién atacó a Rabelais. Nadie. A Quevedo le gustaría, aunque él no es abundante». BIOY: «Seco de vientre». BORGES: «Tal vez a Gracián no le gustaría. Qué me decís: compartimos la opinión de Gracián, notre semblable, notre frére»[1148].

Jueves, 2 de agosto. Come en casa Borges. Me dice: «Hoy conocí a una señora que tiene —bueno, ¿quién no tiene?— sus límites. Parece que nunca va al zoológico, o que fue una vez, hace muchos años, porque no entiende los animales. Me explicaron que entender aquí significa reconocer o distinguir. Vale decir que no distingue los osos de los hipopótamos, que confunde el tigre con la jaula y que el camello la asombra y la desconcierta. ¿Qué raro, no? Porque entre los primeros conocimientos de los chicos están los animales. Pero qué bien, no, esta señora. Constituye una de las noticias más satisfactorias de los últimos tiempos».

Se indigna (el verbo es excesivo) cuando le señalo que en la nueva edición de León Edel de los Complete Tales of Henry James[1149] se sigue la primera versión, no la última corregida. BORGES: «Qué falta de respeto por el criterio del autor. Y qué bien en James, que interese por sus últimas obras. Pasó de escribir cuentitos insulsos —namby pamby— a escribir los cuentos por los que lo admiramos. Ahora bien, el destino de James se revela como muy curioso: que reediten hoy sus obras en las primeras versiones, que no tomen en cuenta las correcciones que creyó necesarias, aunque su fama sea la de un escritor deliberado y consciente. No se lo admira como a un instalado. Es una especie de Flaubert; pero Flaubert tuvo más suerte: con él no se atreverían a preferir primeras versiones a las corregidas».

Dice que ya no puede contenerse de favorecer hipótesis en cuanto a la pronunciación de algunas palabras anglosajonas. Cree que ich (yo) se pronuncia ik no ich. «Ich —agrega— es evidentemente ego».

BORGES: «Vlady soñó que llegaba a Inglaterra. Había un gran fuego y reconoció al rey Alfredo —tenía ojos más bien chicos y barba roja—, quien le dijo en anglosajón: “Soy un fantasma”. Ella misma era un fantasma. Está bien».

Sábado, 4 de agosto. Comen en casa Borges y Peyrou. Borges dice que participó en una conferencia sobre humorismo, con dos psicoanalistas. BORGES: «Uno de los psicoanalistas citó a Hegel. ¿Qué puede saber de nada un bruto como Hegel? Cuando hablan de humorismo citan siempre la opinión de Kant y de Hegel. ¿Qué pueden saber Kant y Hegel de humorismo? Podrían también consultarlos sobre el corte y la quebrada… Los psicoanalistas basaban toda la teoría del humorismo sobre el hecho, observado por Bergson, de que si un hombre se resbala nos reímos. Como el hecho es falso, todo el razonamiento lo es. ¿Cómo Bergson pudo caer en esa vulgaridad? También dijeron que las diferencias entre un chiste y el sueño eran tres. Lo mismo podrían decir que las diferencias entre este botellón y el doctor Aita son tres. Primero habría que decir en qué se parecen. Nadie pensó nunca que se parecen. El público escuchaba tales sandeces como si fueran Cospel truths. Después de oír las imbecilidades y obscenidades de esos idiotas me sentí sucio: me hubiera gustado darme un baño. Dijeron que el chiste se parece a dos actos elementales: el nacimiento y el orgasmo. Creen que una prueba del primer parecido es que se diga que un chiste malo abortó. Explicó uno de los dos: «El verdugo, antes de la ejecución, ofrece al reo un vaso de cognac. El reo contenta: “No, porque el alcohol me hace perder la cabeza”. Aquí hay una lucha entre verdugo y reo. El reo tiene una victoria”. Le dije: “Nada de eso, no hay agresiones ni lucha. El verdugo tiene una amabilidad. El reo contesta así, como pudo contestar: “Voy a ponerme el saco para no resfriarme”. La historia ilustra, o exagera, el hecho de que no entendemos la situación que vivimos”. El otro psicoanalista fundó su conferencia sobre el chiste: “Le dicen a una señora, que está encerrada en el baño: “Un automóvil aplastó a su marido”. La mujer contesta: “Páselo por debajo de la puerta”. El chiste, naturalmente, no hizo reír a nadie. Pero como ya era tarde para cambiar la conferencia, el expositor continuó explicando por qué nos hacía gracia, etcétera. Estos psicoanalistas son unos brutos y unos sinvergüenzas. Yo creo que sólo leyeron a Freud». BIOY: «A veces me dejo impresionar por la seguridad del interlocutor. A la señora que no dudaba de que Freud era más importante que Proust apenas le discutí… “Shame to be mute and let barbarians speak”».[1150]

BORGES: «Alguien dice: “Qué linda chica” a un sobrinito. Éste contesta: “No soy una chica. Soy un chico. Mirá”. Y a modo de prueba enseña un pie que saca de la cama. ¿Por qué está bien la historia? ¿Porque lo muestra muy perdido? ¿Porque uno siente que no es fácil de seguir en su confusión?».

Domingo, 5 de agosto. Come en casa Borges. Dice: «Yo soy partidario de la censura. Cuando hay censura la literatura es más viril, más sutil, más decantada». Ésta es la interpretación de la censura como estilo, como calzado que nos aprieta, nos incomoda, nos obliga a marchar derechos, a ser más correctos y más vigorosos. Pasa por alto las dificultades que supone la persona del censor; las injusticias que determina; las odiosas arbitrariedades y los abusos. En Borges gravita un secreto rencor contra la obscenidad. Dice también: «Ahora en este país se peca por exceso de libertad. ¿Cómo pueden los peronistas y comunistas decir lo que se les da la gana? ¿Los de la CGT opinan contra la representación proporcional? ¿Qué entienden de sistemas electorales tamaños brutos? ¿Por qué no opinan también sobre la ley de relatividad? Si hubiera un poco de buen sentido, bastaría que hubieran dado esa opinión para disolverlos».

Refiere que los anglosajones imaginaron o describieron el mar como un guerrero con tridente. BORGES: «¿Vos qué crees? ¿Que lo inventaron ellos, como los griegos inventaron a Neptuno, o que de alguna manera les llegó el símbolo griego?». BIOY: «De alguna manera, no sé cuál, les habrá llegado de Grecia». BORGES: «Lo malo es que en este caso, como en todos los que uno ignora del pasado, uno solo puede conjeturar, si no quiere tejer una novela, con ideas generales, y uno sabe que las cosas ocurrieron de un modo particular». Señala claramente esta inadecuación entre lo que pasó y nuestras hipótesis; por ella las hipótesis son tan insatisfactorias: «Sabemos que Chaucer estuvo en Francia, pero ignoramos cómo en el siglo VIII podía viajar una noticia de Grecia a Inglaterra». Agrega: «Lo que sería Inglaterra cuando Alfredo la fundó. Quién iba a prever entonces el destino imperial…».

Observa: «El pasado es inofensivo. Las guerras del pasado son incruentas».

Lunes, 6 de agosto. Come en casa Borges. Leemos ensayos para el concurso de La Nación. Uno de los ensayistas escribió: «En torno a (o del) problema…». BORGES: «¿Por qué no encima, debajo o a manderecha del problema?». Dice que en un estilo abstracto hay que ser prudente con las metáforas, porque se notan excesivamente.

Miércoles, 8 de agosto. Come en casa Borges. Leemos ensayos para el concurso de La Nación. Según uno de los ensayistas, Pope definió la fama como una vida de fantasía en el aliento de otros[1151].

BORGES: «Me agarraron para un homenaje en la Academia a Leopoldo Díaz. Como a nadie le importaba un pito de Leopoldo Díaz, abundaban los epítetos ilustre e insigne. Bernárdez pronunció un discurso calificando a Leopoldo Díaz de ilustre poeta. Después, en apartes, a cada uno reconocía que Díaz era un animal. Eso es muy argentino. Muy bien no está». BIOY: «Muy bien no está, pero es comprensible: no quería quedar como un idiota». BORGES: «En otras partes no se hace. Un alemán no hubiera hecho eso». BIOY: «Un francés tampoco. Un francés lo situaría en la época, lo explicaría por influencias. Prefiero nuestra manera de ser, poco civilizada, pero más respetuosa de la verdad; en definitiva, de la literatura». BORGES: «¿Leíste algo de Leopoldo Díaz?». BIOY: «Los sonetos que publicaba en La Nación. No se le ocurría nada». BORGES: «Era lo que se llama un seco de vientre. Qué expresión rara, seco de vientre. Pero se entiende lo que quiere decir. Cuando un escritor habla de gemas, de cinceles y de buriles, los críticos creen que su obra está trabajada con mucho rigor. Capdevila dijo que Díaz estaba asediado por retóricos. Si hubiera hablado de esos retóricos, los habría elogiado. Al saber que mi discurso de recepción sería sobre los celtas, Capdevila me dijo: “¡Mi querido Jorge Luis, usted le hizo un feo a Bernárdez! ¡A él, como gallego, le corresponden los celtas!”. ¿Alguna vez oíste decir un feo?». BIOY: «Nunca. Bueno, esta mañana, en el almacén Mayoral oí que un español decía a otro: “¿Recoges la tijera?” y que éste respondía: “Yo no la caí”». BORGES: «Caramba, la caí: qué bien. Por una vez, una innovación que no está mal». Agrega: «Si La Nación y La Prensa prohibieran a sus cronistas decir el titular de la cartera por el ministro, el primer mandatario por el presidente… en seis meses mejoraría el idioma».

BORGES: «Qué raro que hablaran tanto del ingenio de Lope. Yo no diría que es un escritor brillante o elocuente. ¿Alguien recuerda frases, personajes, situaciones de las comedias de Lope? Góngora ya hablaba de la aguachirle de Lope[1152]; por lo visto no convenció a nadie. ¿Qué hay de Lope? Hay mucho. También es raro que si uno ve que los personajes se llaman Clotaldo o Dulcenia, ya sepa que debe lasciare ogni speranza. ¿Por qué? Tal vez porque haya una armonía, un orden, en las cosas». BIOY: «Eso me recuerda la crítica de Johnson a los poemas pastoriles de Milton[1153]». BORGES: «Si eran tales los personajes, uno sospecha de falsedad a todo. Basta leer los dramatis personae de las comedias de Lope[1154], para saber que más aceite da un ladrillo».

Viernes, 10 de agosto. Come en casa Borges. Leemos ensayos para el concurso de La Nación. Habla de Hermann Hesse, muerto ayer: «En El viaje a Oriente, en El juego de abalorios, tal vez haya una idea curiosa, pero la ejecución no es satisfactoria. El lobo estepario está escrito de cualquier manera. Esos libros de Hesse, o de Charles Morgan, que recuerdan deliberadamente libros del siglo XVIII, dan al lector la esperanza de que por fin encontrará un gran libro, el gran libro… En la literatura, tarde o temprano desenmascaran a todo el mundo. Ya les llegará el momento a Hermann Hesse y a Charles Morgan de quedar como impostores. A Hesse le gustaba la provincia pedagógica de que habla Goethe[1155]. Un escritor que no advierte el efecto de agua fría de la palabra pedagógica, no ha de ser muy sensible…».

Sábado, 11 de agosto. Come en casa Borges. Sobre el enfrentamiento de militares democráticos y nacionalistas[1156], comenta: «Como todos son militares, como todos están vestidos de uniforme, la gente cree que son iguales, que lo mismo da que gane uno que otro».

BIOY: «Muchos de los futuros libros de Peyrou tratarán, seguramente, de gente que se enriquece, de grandes negocios sucios, en la época de Perón y de Frondizi. Si yo escribiera una novela sobre la época de Perón, haría un thriller romántico, algo en el estilo de Amalia». BORGES: «Todos imaginamos la época de Rosas según Amalia. Yo creo que los mismos rosistas, como Ernesto Palacio, la imaginan según Amalia».

BORGES: «En los Estados Unidos, cuando llegábamos a cualquier universidad querían presentarme a un señor que había escrito sobre Gutiérrez Nájera, sobre Pellicer o sobre Rodó. Yo preguntaba por germanistas».

Un recuerdo. En los primeros días de la guerra del 39, un negro, francés y borracho, que nos cantó la Marsellesa. Estábamos en mi coche Borges, Silvina y yo; era en El Guindado, frente al hipódromo. La hora: antes o después de comer, a la noche.

Domingo, 12 de agosto. Come en casa Borges. Leemos ensayos. BORGES: «Guillermo prepara un prólogo para las obras completas de Mallea. Mallea lo abrumó con recortes sobre sus propios libros y le encargó que en París o Londres averigüe en qué está la anunciada traducción de La bahía del silencio o de alguna otra de sus novelas. Está muy interesado en eso. No disimula su interés». BIOY: «Ambos tienen apetitos vulgares y no los ocultan». BORGES: «Guillermo es muy vulgar. Tradujo la comparación de Apollinaire de la torre Eiffel con una palmera, por árbol gigantesco. Después de escribir dos o tres páginas sobre el orden y la aventura afirma que Apollinaire también opuso el orden y la aventura[1157]. ¿Cómo también? ¡Es el inventor del tema!».

Le proponen a Mallea un manifiesto político, para que lo firme. Protesta: que él es un escritor, que no es un carpintero, para firmar lo que le traen escrito. BORGES: «Qué despreciativo con sus colegas. Querría redactar los manifiestos y que los otros los firmaran como carpinteros. Dice que él no va a firmar cualquier cosa. Firma, sin embargo, sus novelas». BIOY: «Qué fácil la publicación de un manifiesto, si todos los firmantes lo redactaran». BORGES: «Yo firmo cualquier cosa, con tal de no escribirla… Lo que pasa con Mallea es que no quiere firmar y no quiere que lo juzguemos mal porque no firma».

Lunes, 13 de agosto. Come en casa Borges. Lectura de ensayos.

Jueves, 16 de agosto. En la Academia Argentina de Letras, primer discurso de Borges, Los celtas y el concepto de Academia. Después come en casa.

Sábado, 18 de agosto. BORGES: «La Eneida es muy linda. Tiene versos lindos. Lástima que tienda a la ópera, que sea un poco wagneriana, un poco d’annunziana. Es claro, como Virgilio escribía sobre algo que no sentía, exageraba, echaba mano a los superlativos. El olor del infierno es inmundo. Cuando hay tormenta, las olas del mar llegan al cielo y dejan seco el fondo. Al enorme perro de tres cabezas le arrojan una torta con un hipnótico; cuando el perro cae dormido, el valiente Eneas entra lo más campante…».

Me dice que los Pereyra son judíos portugueses de la India, en cuentos de Kipling. También, que Pereyra o Pereira sería el nombre de una saga pornográfica, famosa, de Sudáfrica.

Domingo 19 y lunes 20 de agosto. Come en casa Borges.

[Domingo, 26 de agosto. Muere el doctor Adolfo Bioy].

Jueves 30 de agosto. Come en casa Borges. Leemos ensayos.

Lunes, 10 de septiembre. Come en casa Borges. Leemos ensayos. BIOY: «Hoy fui a La Prensa, donde nos fotografiaron a Angélica Bosco, a Cócaro, a Peyrou y a mí. El norteamericano Donald Yates, por olvido, faltó. Cócaro estaba furioso. En un aparte se me quejó: «Este americano me tiene cansado. Le escribí no sé cuántas cartas. Dijo que uno de los motivos de su venida era verme. Ha visto a todo el mundo menos a mí. Habla muy bien de mi antología[1158], pero de palabra: no lo escribe ni por pasteles. Yo se lo voy a decir, cuando lo vea, si lo veo. Tiene que saber que no puede manosearnos. Tiene que saber quiénes somos los verdaderos argentinos. Qué embromar»». BORGES: «Toda la Humanidad se compone de Wally Zenner y de Susana Bombal. Es Wally Bombal, gente cuya vanidad es visible: desvergonzada e ingenuamente visible».

Me cuenta que un poeta norteamericano Robert Lowell, pagado por los Estados Unidos, está aquí, habla en favor de Fidel Castro y es un imbécil. Este Lowell dijo, delante de la madre de BORGES: «¿Cuál es la mujer más linda de Buenos Aires? Para go to bed with her. ¿Cuál es el mejor poeta de Buenos Aires?». BORGES: «No estoy acostumbrado a estas conversaciones de certámenes. No me interesan. No tiene sentido su pregunta. Como no tendría sentido preguntarle cuál es el mejor poeta norteamericano». Lowell: «Pero, my dear fellow, I know the answer. Yo, por cierto». BORGES: «Nadie estará de acuerdo con usted. Es la suya a minority of one». Lowell le preguntó si creía que en Francia habría un poeta comparable con Góngora. Borges le contestó: «No. Porque ningún poeta es comparable con otro. Góngora es sólo comparable con Góngora. Y usted no puede apreciar a Góngora, porque sus virtudes son de estilo e idioma». Lowell regaló a Borges un grabado; para colgarlo arrancó un lienzo de Norah, diciendo: «This is no good». La madre lo miraba perpleja. BORGES: «No se puede decir a los dueños de una casa que algo que tienen es horrible… Si está ahí es porque alguien lo eligió».

Miércoles, 12 de septiembre. Come en casa Borges. Cuenta qué le pasó al poeta Robert Lowell. Parece que Lowell estaba en no sé qué reunión, cortejando con desaforada obscenidad a Lisa Lenson, cuando apareció el doctor Kelly, un médico irlandés, escoltado por un puñado de forzudos. El doctor Kelly anunció a los presentes: «Les comunico que este señor (señaló a Lowell) se encuentra en estado de enajenación mental y que vengo a llevármelo». «No, ¿por qué?, ¿por qué?», preguntó en inglés, sonriendo, Lowell y prosiguió su recitación, en un español a tropezones, de romances. «Lo vamos a devolver a Nueva York, a la señora… que lo cuida», dijo Kelly. «Back to that lesbian? Whyf», preguntó Lowell. «Ahora vayamos al hotel», pidió Lisa. Lowell y Kelly aceptaron. En el hotel, Lowell siguió cortejando a Lisa, indudablemente buscando protección. «Ahora va a tomar esta sopa», dijo Kelly. Lowell al principio se resistió; después tomó. El médico guiñó un ojo a los demás, para que no tomaran. El efecto de la sopa no fue rápido; Lowell seguía hablando, gesticulando; quizá quería resistir; por último cayó sentado en un sillón y se adormeció.

Borges me dice: «No le tendrías lástima si lo conocieras. Es un individuo insufrible». Sin duda le tiene un poco de lástima. Para defenderse de la compasión, agrega: «Decía que Castro era a very interesting chap. Qué idiota».

Viernes, 14 de septiembre. Come en casa Borges. Dice que Banchs es un poeta que no ha ejercido ninguna influencia: «Si no hubiera existido, todo sería igual, salvo que no tendríamos sus sonetos…».

Reconoce que el platonismo, aunque niegue al individuo, da cierta fuerza: «Cuando uno lee “contra lujuria continencia, contra avaricia generosidad”, uno cree que lee tan sólo lugares comunes innecesarios; pero si para el autor la lujuria y la continencia existían como pasiones, que luchaban por la posesión de una persona, la frase tiene mayor sentido».

BORGES: «Es muy feo decir: “Yo no doy importancia a esas cosas, pero no hay duda de que fulano es judío, o maricón, o tal o cual cosa”».

Sábado, 15 de septiembre. Comen en casa Peyrou y Borges —que me regala Johnson and Boswell, de Hesketh Pearson—. Peyrou cita con admiración a Truman Capote que, interrogado sobre un libro de Butor acerca de los Estados Unidos, habría contestado: «No ha de haber estado allá». PEYROU: «Lo embromó». BORGES (a mí, aparte): «Es la primera reacción que se le ocurre a uno y que uno calla… Es una miseria. Alguien escribe sobre el campo y por toda crítica uno dice: “No creo que haya ido más allá de Temperley”».

BIOY: «En el recuerdo, “La suave patria” es una silva». BORGES: «Es verdad, y es una extraordinaria prueba de la variedad lograda por López Velarde con los endecasílabos». BIOY: «Quizá el correo chuán esté un poco fuera de lugar:

Navegaré por las olas civiles

con remos que no pesan, porque van

como los brazos del correo chuán

que remaba la Mancha con fusiles.

Tal vez a esa altura el poeta no sabía cómo sería el poema, o preveía otro». BORGES:«El poema, a pesar de la promesa de cortar a la epopeya un gajo, no le salió épico, sino casero. Es un poema en que aun los ripios están bien:

¿Quién, en la noche que asusta a la rana,

no miró, antes de saber del vicio,

del brazo de su novia, la galana

pólvora de los fuegos de artificio?

Que asusta a la rana es un ripio».

Habla de las conversaciones de Goethe con Eckermann como las conversaciones de dos idiotas y da como ejemplo una en que se describe una canasta que Goethe había comprado en Marienbad[1159]: «Debían agregar un dibujo de la canasta. Si no, la media página que le dedican es inútil, porque uno no imagina nada. Tampoco quiere imaginarla».

Domingo, 16 de septiembre. Come en casa Borges. Leemos ensayos para el concurso.

BIOY: «Hoy visité al Negro Zorraquín Becú, petrimetre engolado con quien voy estrechando amistad. Me consultó sobre dos puntos: que entre los Amigos de la Biblioteca Nacional figuren sociedades anónimas (Esso, Ducilo, etcétera) y que Bonifacio del Carril proponga el traslado de la Biblioteca a un edificio no ad hoc, digamos la Caja Nacional de Ahorro Postal. Estuve de acuerdo con lo primero». BORGES: «Bueno, pero los otros amigos sólo se fotografían y no ayudan; necesitamos kerosene, sueldos, etcétera». BIOY: «En cuanto a lo del edificio, me parece que cualquier cosa es mejor que levantar el monstruoso proyecto premiado, un golpe para nuestra economía (cuesta seiscientos millones) y otro para el barrio donde estaría el mamarracho». BORGES: «No sólo edificio se necesita; también plata, para sueldos y para comprar libros. Es más fácil conseguir los seiscientos millones para el edificio nuevo —por la farolería y propaganda— que los pocos pesos necesarios para unos cuantos empleados y para la compra de libros. Por de pronto —y esto fue elogiado por uno de los Amigos de la Biblioteca— se tiran cinco millones en un concurso de proyectos… Hay tres premios, aunque se hará (espero que no se haga) un solo edificio».

Lunes, 17 de septiembre. Come en casa Borges. Lectura de ensayos para el concurso.

Martes, 18 de septiembre. Come en casa Borges. BORGES: «Ortega y Gasset dijo que la claridad es la cortesía de la filosofía. En esta frase se ve la presunción del hombre: es un gran pensador y condesciende a la claridad, para favorecer a los lectores. Qué pobre idea de la claridad. No parece tener noticia de lo que es el rigor… No comprende que los matetes que dejaron Kant y Hegel corresponden al matete que ellos tenían en la mente».

Nuevo episodio militar: Campo de Mayo por un lado, el gobierno por otro. En una reunión en la embajada de Chile se encuentran Borges, Eduardo Augusto García y Alejandro Lastra; en un aparte, comentan estas congojas. Cuando salen, a modo de conclusión exclama Lastra: «Veremos si somos más». Comentario de BORGES: «Habló como un verdadero argentino. Expresó en perfecta síntesis el sentimiento del país. ¡Qué lejos de los espartanos! Miré a los otros. Las caras permanecían impasibles. Nadie advirtió que se había formulado un epigrama».

Miércoles, 19 de septiembre. Come en casa Borges. Leemos ensayos. BORGES: «Parece que el general Victorica dijo un día a Urquiza que quería casarse con una de sus hijas. Urquiza respondió: “Ésa no te conviene. Te conviene Ana”. Y Victorica se casó con Ana. En tiempos de Rosas, Victorica había escrito unos versos con un estribillo contra Urquiza. Después de las comidas, en San José, Urquiza le ordenaba: “A ver, che, recitá esos versos tan lindos que escribiste”. Y el general Victorica obedecía».

BIOY: «La parte biográfica del libro de Alicia Jurado sobre vos[1160] no está mal. La parte crítica me parece que abunda en los errores o supersticiones generales. Dice que tus cuentos son un juego y por ahí llama juguetes a tus temas preferidos. Como toda opinión o juicio estético depende de un contexto, puede ser que alguna vez hayas dicho que tu obra literaria es un juego… Acaso toda obra literaria lo sea, todo lo sea, pero cuando se dice: “La obra de Borges es un juego” se sobreentiende que la obra de otros no lo es. ¿Cuál no lo es? ¿La literatura comprometida?». BORGES: «Es un juego, en el que se hace trampa, no se observan las leyes». BIOY: «¿Por qué la novela de Alicia[1161] no es un juego y un cuento tuyo lo es?». BORGES: «Bueno, porque la novela de Alicia es dull as ditch-water, aburrida como agua de charco, y si no reclama para sí verdad y seriedad, ¿qué le queda?». BIOY: «Bueno, pero ¿por qué Faulkner, o Baroja, o Julien Green no hacen juegos y vos sí? ¿Porque escribís sobre hechos sobrenaturales y no creés demasiado en lo sobrenatural?». BORGES: «Hume dijo que uno es filósofo mientras filosofa, pero luego es un hombre como los otros».

Jueves, 20 de septiembre. Come en casa Borges. Leemos ensayos para el concurso.

BORGES: «Si en la Academia fuéramos más numerosos, romperíamos con la española. No por estar en contra de España, no por propiciar un idioma argentino, sino para que la Academia exista; para que no sea una mera sucursal de la española. Además, aunque digan que no, son políticos: no creo que estén contra Franco. Si cortamos con España, podemos hacer un diccionario».

A Borges le gusta la estrofa:

En los tiempos de bárbaras naciones,

se colgaban en cruces los ladrones.

Y en los tiempos presentes y de luces,

del pecho de ladrones cuelgan cruces[1162].

Viernes, 21 de septiembre. Come en casa Borges. Comentamos la frase inglesa to live down algo. BORGES: «Por desgracia, esto ocurre con todo. Un individuo que fue un peronista inmundo es un caballero, afanado en living down todas sus porquerías, cometiendo nuevas». BIOY: «Es una suerte la tendencia general al living down, porque todos cometemos idioteces en la juventud». BORGES: «Sólo las de los escritores no se borran. Sus libros son letreros eternos».

Hablamos de sus primeras obras. BIOY: «Tal vez yo tenga una insensibilidad especial para apreciarlas, pero, citados en una misma página crítica versos de aquella obra y de la actual, me parecen de dos autores distintos. En tu obra de juventud las ideas están, pero expresadas a medias, junto a otras impertinentes. Quizá la mayoría de los críticos no saben nada; tienen, en literatura, un desarrollo correspondiente a un segundo grado primario». BORGES: «Yo me veo un poco como Moore, que empezó escribiendo absurdamente y llegó a mejorar. Desde luego que Moore alcanzó excelencias muy superiores a las mías… Mis primeras obras son incorregibles. Es como si a un poema de Godel o de Bartolomé Galíndez uno quisiera corregirlo sacándole el verbo engastar, los cisnes y las hostias. No quedaría nada». BIOY: «La comparación no es justa, porque en tus poemas, aunque expresadas de cualquier modo, hay buenas ideas: gustan por las buenas ideas poéticas. La gente no es muy sensible a la expresión; pasa por alto formas que a vos te molestan».

Dice que «Oda provincial» es superior a «Luz de Provincia»: «Rega está más cómodo en el verso. Para el preciosismo conviene el tono brillante. Mastronardi, para ser preciosista, eligió un tono mesurado, que no convence: hay que serlo a gritos». Recita:

Una vez se miraron y entendieron dos hombres.

Los vi salir borrosos al camino, y callados,

para explicarse a fierro: se midieron de muerte.

Uno quedó: era dulce la tarde, el tiempo claro[1163].

BORGES: «Explicarse a fierro está mal, porque importa un cambio de tono, es una frase, aunque inventada, del orden de “golpeá que te van a abrir”. Toda la poética de Mastronardi es un sistema de variantes. Aun Formas de la realidad nacional, que en otro autor sería un título chato, en Mastronardi es preciosista, barroco; hay un complicado renunciamiento detrás de ese título: los efectos y delicadezas que tal título suponía en Mastronardi están perdidos para cuantos no lo conocieran y lo hubieran tratado asiduamente. Las ideas que Mastronardi tiene, o mejor dicho no tiene, no son interesantes; su inspiración es un hilo de agua; su tono retraído y pueblerino es tedioso».

Dice que Fernández Moreno es superior a Rega. Le cuento que una vez Fernández Moreno me confió que no podía corregir nada que hubiera escrito. Como alguien le había dicho: «Me gusta aquel poema suyo de juventud», Fernández Moreno argumentó: «¿Cómo puedo yo privar a alguien de un placer?».

Se pregunta si Kipling corregiría sus cuentos. «Fue un escritor muy consciente», dice.

Sábado, 22 de septiembre. Por la mañana, hablo con los Borges. Comentamos las noticias de los enfrentamientos entre Azules y Colorados[1164]. «Piensen en las madres», es el comentario popular. Wally Zenner lloró por las madres y a doña Leonor le propusieron intervenir en una novena. A Wally le dijo la señora: «No te hagas cargo de todo el dolor del mundo, que ya tienes los tuyos»; a los de la proposición: «No necesitamos novenas sino hombres resueltos».

Por la tarde, llaman los BORGES: Olejaveska dijo que todo va bien, que la Marina ya entró. Llama PEYROU: «Todo va mal. En La Prensa son pesimistas. Es un nuevo 4 de junio[1165]. La Prensa está liquidada. Es claro que tiene una oportunidad para morir gloriosamente… La dejará pasar». Hablo con Borges. Me dice: «Nada se repite. Esto no tiene por qué ser un nuevo 4 de junio. Será otra cosa».

A las nueve, voy con mi hija Marta a buscar a Borges. BIOY: «Todo está perdido». BORGES: «Yo creo que sí». BIOY: «¿Has leído en la primera página de La Nación un suelto titulado “La batalla de Etcheverry”?». Se lo leo:

Escaramuzas en el avance hacia la Metrópoli. […] Pudo saberse allí [a la altura del Km 57] que nos encontrábamos a pocos metros del sitio donde se había registrado el tiroteo del día anterior y hacia ese lugar nos dirigimos. [Se] informó que había 30 tanques encolumnados por tres caminos distintos avanzando hacia el cruce de Etcheverry y la Ruta 2, en el Km 59. Allí se encontraban emplazadas dos baterías de 40 mm pertenecientes a las fuerzas de represión. Según informó el oficial que participó, las baterías antiaéreas, que fueron utilizadas como baterías antitanques, abrieron fuego cuando los vehículos blindados se encontraban a unos 2000 metros de la barricada. La orden que traían los vehículos blindados de Magdalena era avanzar sobre ese puesto de baterías para intimarlas a rendirse pero sin abrir fuego. Fue así como las fuerzas de represión fueron las que abrieron el fuego con ambas baterías, respondiendo los tanques con unas veinte salvas de cañones de 75 mm. Esto, acompañado por una maniobra envolvente, obligó a las dos baterías a replegarse rápidamente por el camino que lleva a Brandsen, mientras los tanques tomaban posición en el lugar. No hubo que lamentar víctimas civiles ni militares, pero los cuatro camiones que formaban la barricada fueron completamente destrozados por el fuego de los tanques.

Escaramuzas en el avance hacia la Metrópoli. […] Pudo saberse allí [a la altura del Km 57] que nos encontrábamos a pocos metros del sitio donde se había registrado el tiroteo del día anterior y hacia ese lugar nos dirigimos. [Se] informó que había 30 tanques encolumnados por tres caminos distintos avanzando hacia el cruce de Etcheverry y la Ruta 2, en el Km 59. Allí se encontraban emplazadas dos baterías de 40 mm pertenecientes a las fuerzas de represión. Según informó el oficial que participó, las baterías antiaéreas, que fueron utilizadas como baterías antitanques, abrieron fuego cuando los vehículos blindados se encontraban a unos 2000 metros de la barricada. La orden que traían los vehículos blindados de Magdalena era avanzar sobre ese puesto de baterías para intimarlas a rendirse pero sin abrir fuego. Fue así como las fuerzas de represión fueron las que abrieron el fuego con ambas baterías, respondiendo los tanques con unas veinte salvas de cañones de 75 mm. Esto, acompañado por una maniobra envolvente, obligó a las dos baterías a replegarse rápidamente por el camino que lleva a Brandsen, mientras los tanques tomaban posición en el lugar. No hubo que lamentar víctimas civiles ni militares, pero los cuatro camiones que formaban la barricada fueron completamente destrozados por el fuego de los tanques.

BORGES: «Estamos en plena brasilerada. Una jornada como la de hoy y uno descree de todo el pasado». BIOY: «No: como vos has dicho, algo pasó a este país. No es el de la guerra de la Independencia ni el de las guerras civiles. Hoy no iríamos a libertar a nadie ni venceríamos a los españoles». BORGES: «Somos condottieri. Por nada se lanza al combate un ejército que no se sabe más fuerte y numeroso que el oponente. Los combates parecen peleas callejeras: muchos insultos y pocos golpes. Toda esta guerra parece de malevos. Se gana de antemano, con palabras. Tiene algo de operación comercial. Dicen que una batalla está ganada cuando el enemigo cree que la ha perdido. Qué lejos de las Termopilas». BIOY: «Qué lejos de Foch: “Mi ala derecha está destruida, mi ala izquierda se vino abajo: mi orden es atacar en todos los frentes”». BORGES: «Los gorilas…». BIOY: «Ya no se puede hablar de gorilas». BORGES: «Verdad. Lo que es una derrota. Lo que será contra extranjeros. Los mexicanos nunca se repusieron de su derrota a manos norteamericanas. La peor desdicha es que lo derrote a uno gente despreciada: los prusianos para los franceses del 70; los del Norte para los del Sur, en la guerra de Secesión; los peronistas a nosotros. El clamor de la gente es las madres: “¡Que mueran esos muchachos jóvenes!”. Bueno, si todavía fueran inmortales. Pero la opción es morir enfermo en un hospital. En cuanto a muchachos que murieron jóvenes y madres desconsoladas, por qué no piensan en los norteamericanos peleando contra los japoneses y los alemanes, muriendo a montones para salvar al resto del mundo». BIOY: «Y todavía hemos de creer que somos mejores y más valientes que los norteamericanos. ¿Qué nos pasó? No nos queda ningún impulso generoso, ningún heroísmo». BORGES: «Bueno: algunas cosas han de quedar en este país». BIOY: «Si querés, las enumeramos». Elaboramos una lista de excelencias argentinas: la Guerra de la Independencia, las guerras civiles, Sarmiento, los unitarios, páginas de Ascasubi, el Martín Fierro, el dulce de leche, el choclo, algunos tangos y milongas, el poncho de vicuña, el pejerrey (yo: el zapallo), el caballo criollo, la Revolución Libertadora, el truco. Entre las cosas peores: Rosas, Perón y los peronistas, los nacionalistas, algunos tangos… No hacemos la lista, porque nada, salvo Rosas y Perón y los nacionalistas, alcanzan, para los dos, el nadir de maldad. En cuanto a Yrigoyen y los radicales, por cortesía no se los nombro: en algún tiempo Borges creyó en ellos.

Domingo, 23 de septiembre. Voy a buscar a Borges. Lo encuentro en su esquina pacientando, como dicen los franceses. No le importa esperar o no me echa en cara la demora. Comemos en casa. Leemos ensayos apartados como mejores. No valen mucho.

Ante el arreglo entre Azules y Colorados, comenta: «Yo, ingenuamente, creía que a la Marina le importaba qué hombres gobiernan el país. No: le importa cómo tratan a la Marina esos hombres».

Martes, 25 de septiembre. Come en casa Borges.

Jueves, 27 de septiembre. Comen en casa Ema Risso Platero y Borges. Emita repite el rosario de que, desaparecida Susana Soca, Borges, Silvina y yo somos todo lo que hay en el mundo.

Domingo, 30 de septiembre. Come en casa Borges. BIOY: «Algunos cuadros de Renoir no son gran cosa». BORGES: «Es claro: están pintados contra algo. El arte no debe ser polémico».

Leemos las primeras y últimas páginas de Don Segundo y de Los caranchos de La Florida. Leemos que la silueta de don Segundo aparece en el marco de una puerta[1166]. BORGES: «Eso está mal. Después de esa frase todo se vuelve teatro». BIOY: «Antes de esta lectura, yo pensaba que Los caranchos debía de ser mejor que Don Segundo. Sin embargo, nada más negligente, torpe, desaseado que el estilo de Lynch. Ni sabe cómo habla la gente; ¡hacerle decir a un personaje: “qué cosa rica”, como un marica!». BORGES: «Es un bruto ignorante. Güiraldes también parece negado, invita Minerva trabaja en combinar su literatura —siquiera hay literatura— metafórica, moderna de 1924, con el tema criollo. Habla de calles paralelas y perpendiculares entre sí. Se asombra el chico de que el trazado del pueblo sea en damero[1167], como si hubiera visto otras ciudades, acaso de Europa; el damero para él tendría que ser lo natural. El episodio con el tape no está mal, aunque la ansiedad del chico es un poco absurda y muy absurda la embestida del tape contra la pared»[1168]. BIOY: «Aunque no tan firme como algunos creían, la posición de Don Segundo es más firme y durable que la de La gloria de don Ramiro». BORGES: «Halaga sentimientos nacionales». BIOY: «Don Segundo es la epopeya de dos momias. Nada les pasa, porque a Güiraldes nada se le ocurría». BORGES: «No era capaz de escribir un libro con mucha acción. A pesar de que se habla continuamente de la inmensidad, más grande parece el mundo de Huckleberry Finn». BIOY: «Es un libro mejor, más natural».

Lunes, 1.º de octubre. Come en casa Borges. Seguimos con nuestro experimento de leer primeras y últimas páginas: hoy con Zogoibi, Redención (de Angel de Estrada), La Bolsa, Doña Bárbara, La vorágine, Los de abajo, El juguete rabioso.

BORGES: «Cuando uno se entera de que los profesores enseñan que éstos son los grandes libros, la literatura aparece como una estafa. A cualquiera de los comienzos y finales que hemos leído, en un cuarto de hora podría mejorárselos. Adela Grondona podría mejorarlos… Hay que reconocer que La vorágine y Doña Bárbara tienen más plantas, más animales, más insectos. Hay que tener mucho cuidado cuando uno menciona a un animal: la mención de un animal trae en el acto otros animales». BIOY: «La Bolsa tiene un comienzo escrito cuidadosamente, pero se le va la mano a Julián Martel en el antropomorfismo».

Zogoibi está por debajo de todo. BORGES: «Al final, Larreta está muy cansado y escribe de cualquier modo. Para las acciones rápidas recurre a las frases más lentas». Cuando leemos el párrafo final:

Desde ahora, y aunque pasen muchísimos años, al cruzar la pampa nocturna, más de un caminante sentirá que su espíritu no está solo en la sombra, y creerá escuchar, por momentos, un rumor de otra vida, parecido al sollozo del trébol húmedo, cuando lo rasga la espuela,

Desde ahora, y aunque pasen muchísimos años, al cruzar la pampa nocturna, más de un caminante sentirá que su espíritu no está solo en la sombra, y creerá escuchar, por momentos, un rumor de otra vida, parecido al sollozo del trébol húmedo, cuando lo rasga la espuela,

comenta: «Esto proviene del Santos Vega de Obligado:

… corre una sombra doliente

sobre la pampa argentina, etcétera».

La vorágine tiene un estilo inseguro, pasa de vaguedades a precisiones excesivas. El comienzo de Doña Bárbara es descriptivo y tedioso, pero no tanto como el de Redención:

Al fin del Oficio de Difuntos no se oye una voz como aquella que dijo a Juan en el Apocalipsis: «Bienaventurados los muertos que mueren en el Señor. Ya desde ahora descansan de sus trabajos…». La concurrencia, aburriéndose en Santa Redegunda de Poitiers, encuentra interminable la ceremonia.

Al fin del Oficio de Difuntos no se oye una voz como aquella que dijo a Juan en el Apocalipsis: «Bienaventurados los muertos que mueren en el Señor. Ya desde ahora descansan de sus trabajos…». La concurrencia, aburriéndose en Santa Redegunda de Poitiers, encuentra interminable la ceremonia.

El juguete rabioso no está tan mal. Sin embargo, hay en las frases del relator —no me refiero a los diálogos del zapatero andaluz— unos les por los y unas palabras españolas un poco fuera de lugar en un compadrito de Flores. BORGES: «Todos, como Larreta, quieren parecer señores españoles».

Miércoles, 3 de octubre. Come en casa Borges. Leemos, para el concurso de La Nación, el ensayo que prefiere Carmen Gándara: «El sueño creador». Engorroso, alegórico, inextricable, la otra vez habíamos escrito en la libreta; hoy no agregamos nada.

Jueves, 4 de octubre. Vamos con Borges a la comida de Mujica Lainez, por Bomarzo, en el Lar Gallego. El discurso de Borges es muy bueno; después los demás evolucionan subterráneamente. Soldi, a companion from whom little could be expected (como dice Johnson del eremita, compañero de camino de Milton)[1169], arranca carcajadas por bromas tontas, de los tontos. Adolfito Mitre mezcla la fealdad de palabras, como me plazco hondo, con soberbia aristocrática; el hilo de sus ideas se pierde de vista a lo largo de una interminable peregrinación por terrenos pantanosos en los que patina y patalea debilitado no sólo por el alcohol. Mujica Lainez, en un discurso que merecerá la aprobación de Borges, largamente describe la relación de todo autor con su libro en proceso, relata y afirma situaciones y sentimientos obvios y, evidentemente, se toma demasiado en serio; ni por un instante tiene el pudor de buen tono de hacerse a un lado y proponer que hablemos de otra cosa. No: habla de su libro y de él mismo, con la satisfacción de un gourmet que dilatadamente devora un platazo, dispuesto, eso sí, a no tolerar abreviaciones de su placer; habla, por cierto, con absoluta seriedad. En esta comida para Mujica hubo no menos de trescientas personas; años atrás le dieron otra, de cubierto más barato, a la que asistieron setecientas. Nadie congrega tanta gente como un homenajeado a quien todo el mundo odia.

Domingo, 7 de octubre. Hablo con Borges sobre el manifiesto que me hizo llegar Lucio Robirosa reclamando más decencia, con motivo de la disolución de la Comisión Investigadora[1170]. BIOY: «No voy a pensar mal porque no lo firmes. Sos un funcionario. Podrías perder la Biblioteca, pasar incomodidades». BORGES: «Quiero firmarlo. Esas incomodidades y riesgos son honrosos y quiero pasarlos».

Por la noche, come en casa. Después vamos al velorio de Francisco Romero, en Martínez. Mientras viajamos, hablamos de Romero: Borges lo consideraba un hombre simpático, de pocas luces. BORGES: «Ahora, por fin, sabrá. Qué raro que se crea que una persona que muere sepa algo. Spiller hace notar que si por un golpe que lo aturde a uno no se logra un aumento de conocimiento, es raro que por un aturdimiento total y definitivo, como el de la muerte, se logre la lucidez»[1171].

La casa está rodeada de un jardín casi selvático, fragante de azahares. Como diría después Borges, fue una suerte haber ido, porque el velorio resultó bastante pobre. BORGES: «No puede decirse, como en el cuento: “Su velorio fue todo un éxito. Espero que lo repita… Yo creía que iba a ser un velorio como el de José Ingenieros. Romero era un hombre de fama internacional. Bueno, más fama internacional que nacional. La filosofía guatemalteca, if any, estará hoy de duelo”.

En el velorio, además de José Luis Romero, están Risieri Frondizi, Rosenblat, Losada (padre e hijo), parientes y desconocidos («Esa gente que suministran las pompas fúnebres para animar los velorios», explica Borges). Rosenblat ataca el comunismo delante de José Luis Romero y de Risieri Frondizi. Losada dice: «Yo soy tímido». BORGES (a mí): «Nadie reconoce que no es tímido. Losada debe ser el hombre menos tímido del mundo». De Risieri Frondizi opina: «Parece un fumista, un prestidigitador, un hombre inmundo, de otra época. Un hombre que llegó en globo». BIOY: «El pobre Francisco Romero estaba de mal color». Borges recuerda un cuento de Eduardo Wilde: alguien comenta de un muerto que parece dormido; «yo observé —dice Wilde— que parecía muerto»[1172], y sigue de largo con su relato.

De ahí nos vamos al velorio de Jesús Espiñeira, el encargado de las canchas del Buenos Aires Lawn Tennis club Borges dice: «No hay que dejarse dominar por la propaganda de las pompas fúnebres. Por esta noche, basta de velorios».

Martes, 9 de octubre. Comen en casa Borges, Stephen Spender[1173], Vlady Kociancich y Pezzoni. Antes de comer, está un rato Victoria. Spender, con suavidad y dicción cuidada, profiere incesantes boberías. Acaso lo mejor sea lo que recordó de Shaw: «Alguien preguntó a Shaw, ya muy viejo, si extrañaba a los amigos. Dijo Shaw que se extrañaba a sí mismo». BORGES: «Shaw dijo que uno debe morir de más de cien años, para morir de viejo, y no antes, porque entonces muere uno de enfermedad, lo que es un accidente»[1174]. Spender cuenta que un médico inglés, médico de los reyes, dijo que la gente moría por herencia (a una edad promedio a la de los cuatro abuelos, por las enfermedades de éstos) o porque algún orden envejeció a mayor velocidad que los otros, por debilidad congénita o adquirida.

Después de comer se me acerca Borges y me dice: «Cuánto tiempo que no nos vemos», con lo que expresa que estuvimos todos dedicados a la tarea ingrata de atender a Stephen Spender.

BORGES: «No sé por qué en estos días estoy reckless. A un escritor brasilero lo llevé a tomar un café y le aseguré que podía tomarlo tranquilo, porque era café suave de Colombia. Cuando aparece Estrella Gutiérrez le digo a Vlady, para que Estrella me oiga:

Twinkle, twinkle, little star,

Hout I wonder what you are[1175]

Ayer a la tarde me encontré con Xavier Bóveda y le recité, remedando su voz española y su entonación peculiar, un poema suyo que empieza:

Pinos, pinos, pinos…»[1176].

Pinos, pinos, pinos…»[1176].

Bóveda, conmovido, lo abrazó llorando. A Vlady, Borges comentó: «¿Ve que puedo hacerlo impunemente?».

BORGES: «Madariaga dijo que mejor que las dictaduras comunistas de nuestros días era la Inquisición, ya que permitió que hubiera grandes satíricos, como Quevedo. Bueno, Quevedo como satírico es muy raro. No se arriesgaba mucho: satirizaba, en España, a los franceses, a los reyes de Inglaterra… Se mantenía en el safe side. ¿Dijo algo contra los reyes de España, contra la religión católica? Satirizar gordos, cornudos, sastres, médicos, no es satirizar a nadie. De Quevedo me dijo Cansinos-Assens: “Luciano de Samosata hacía el gasto”».

Me cuenta que las autoridades de la Facultad de Filosofía y Letras jubilan a Oría y proponen que se lo nombre profesor emérito, lo que le significaría un gran honor y mucho dinero, en la seguridad de que los delegados de la Federación Universitaria de Buenos Aires se opondrán a esta proposición; con lo cual Oría quedará simplemente jubilado y sacado de en medio.

Miércoles, 10 de octubre. Come en casa Borges. BIOY: «Hoy almorzaron en casa Victoria y el novelista francés Butor, una especie de ave de rapiña, necio y torpe. Muy contrario a los Estados Unidos, en cuyas universidades enseña, conviene conmigo en que allí “les gens du peuple sont des braves gens”, pero asegura que todas las personas de algún modo vinculadas al gobierno son horribles, llevan algo podrido en el alma». BORGES: «¿Y también los del ejército, que murieron dos veces por Francia, y con una cortesía que nadie en Europa continental hubiera tenido, de dejarlos entrar primero en París? Qué desagradecido de mierda».

Viernes, 12 de octubre. Come en casa Borges. Explica que la forma clásica de poema chino es la estrofa de cuatro versos, de cuatro palabras que son cuatro sílabas por verso, que riman primero con tercero, segundo con cuarto. Improvisa, en español, una estrofa clásica china:

No sé quién soy

sin luz ni sal.

Un rey que hoy

va bien al mal.

BIOY: «Estando en cama, me es grato saber que duermo en el campo, o en un bosque». BORGES: «A mí me gusta saber que estoy colgado en lo alto, como en mi casa[1177], o en Nueva York, donde vivía en el quinceavo piso».

Hablamos de escritores actuales de Francia e Inglaterra. BORGES: «Los escritores ingleses muy entregados a admirar lo moderno, a hablar de generaciones, me parecen más intolerables que sus iguales franceses. Al fin y al cabo es lo que se espera de un francés… juega su juego». BIOY: «Pero un inglés paveando así parece una mujer enamorada, una puta de los franceses. Stephen Spender es uno de ellos. Hasta trae a colación pintura y música, para ser del tipo de Apollinaire».

Sábado, 13 de octubre. Dijo Borges que en Boston las librerías son buenas.

Domingo, 14 de octubre. Come en casa Borges. Leemos juntos libros presentados al Fondo de las Artes, del que soy asesor con PEYROU: una novela de Celia de Diego bastante pasable; unos cuentos de Pilar de Lusarreta, chabacanos y pésimos; unos cuentos de Antonio Stoll, poca cosa[1178].

BORGES: «Cómo un hombre con talento puramente verbal, como Joyce, no comprendió que lo que no debía escribir era una novela. Ojalá que la fama de Joyce pase, porque es de veras una calamidad: idiotiza a los escritores y aun los induce a imitaciones lamentables. Muchas veces me es imposible dialogar, por los elogios del Ulysses y del Finnegans que hacen mis interlocutores, y sobre todo por su tranquila certeza de que comparto su entusiasmo… ¿Y por qué esas mismas personas que admiran el Ulysses admiran esos cuentos sentimentales y estúpidos de Dubliners?».

Macaulay quería que se enseñara únicamente el inglés en la India. BORGES: «El árabe y el indio, decía, eran “keys to an absurd History, Theology, Physics and Metaphysics»”. Habla después del Krio, lengua franca (materna para algunos), salida del inglés, de los descendientes de los esclavos jamaiquinos de Freetown.

Observa que un defecto argentino es la falta de convicción: «Nuestros libros son malos, no por lo que dicen, sino porque están escritos con indiferencia. Shaw dijo que cada cual tiene el estilo que la fuerza de su convicción le permite. Por todo esto, la crítica a Lugones de que escribe como quien hace ejercicios es justa; y por eso también Almafuerte merece, en cambio, algún respeto: será un bruto, pero es un bruto orgánico» (dicho sin ironía).

BORGES: «La afirmación de estos novelistas franceses, Robbe-Grillet y Butor, de que yo influí en ellos no tiene sentido. ¿Cómo puedo influir en esos libros larguísimos? Algunas novelas no ocurren en la realidad, sino en la cartografía, y el autor se extravía en indicaciones cardinales. Otras veces el afán de precisar movimientos y posiciones relativas de personajes y objetos pierde al novelista, como a Larreta en los párrafos finales de Zogoibi. Una novela, que narra la vida en un quebrachal, empieza con la descripción de la ciudad de donde parte el protagonista. ¿Para qué la describe tanto? Si el protagonista la dejará para no volver… Qué imbécil. En esta otra, los objetos parecen más importantes que los personajes: primero se describen los objetos y después, más o menos de cualquier modo, se esparce por aquí y por allá algún personaje… Otros autores parecen trabados por el temor de no dejar todo bien ajustado en la frase; de manera que si dicen la escupidera, no continúan con un que, sino con la cual. En Conrad todo esto es muy visible». Sospecha que Conrad durará más que Henry James.

Lunes 15 y martes 16 de octubre. Come en casa Borges.

Miércoles, 17 de octubre. Voy a La Nación. Con temor en el alma abrimos el sobre que corresponde a Los nombres de Unamuno, trabajo modesto, mejor que los otros, escrito en una prosa fluida y llana, elegido con el consenso general del jurado[1179]; felizmente el autor que nos depara la suerte no configura, aparentemente, una catástrofe: Ezequiel de Olaso, que resulta ser un hombre joven, que escribe en El Correo de la Tarde, diario aramburista, donde dirige el suplemento literario. Muy entusiasta con el libro está Leonidas de Vedia, que dice a un cronista: «El libro trata de Almafuerte…». Cronista: «¿Y se titula Los nombres de Unamuno?». Leónidas: «Así es». Yo: «No, no. Trata de Unamuno». Al rato, en el coche, Leónidas explica que Ortega lamentaba la europeización de España. Borges, cuando baja Leónidas, comenta: «Me mordí la lengua. No era Ortega quien se oponía a la europeización de España. Estuve a punto de decirle: “Almafuerte, es decir Unamuno”».

Por la noche, Borges come en casa. Leemos cuentos para el Fondo de las Artes.

BORGES: «Unas chicas me propusieron que entrara en una lista, en las elecciones universitarias, con Guillermo Ara. Les pedí un día para pensarlo. Hoy volvieron y les dije que lamentaba mucho no poder aceptar. Parecieron apenadas y me explicaron que el doctor Ara les había dicho que, en caso de no aceptar, yo integrara un lugar en la otra lista, para que hubiera personas decentes al frente de la Universidad. Quedé tan confuso que las dejé ir. Vos comprendés: a un hombre que obra así no puedo decirle que no. Parece un personaje de Conrad. Tengo que ir en su lista. ¿O será obrar románticamente?». BIOY: «Qué más querés que obrar románticamente». BORGES: «Está muy bien. Tenés razón». Tratamos de comunicarnos telefónicamente con Ara, sin resultado.

Hablamos de los temas de Conrad: el honor; la oposición estúpida, como de una fuerza ciega de la naturaleza, que los protagonistas encuentran en otros hombres (hostilidad de Schomberg, en Victory, porque el protagonista no aprecia su restaurant; encono de uno de los dos adversarios en el repetido duelo de los dos militares de Napoleón, en The Duel; oposición de hombres y cosas al que llega al Congo, en Heart of Darkness). Dice que a Conrad, como a Kipling, le gustaba describir ambientes muy alejados de las letras.

Comentamos las frases «solo y mi alma», «sólita y su alma», etcétera. Coincidimos en que eran expresiones patéticas. Borges dice que oyó solita su alma, nunca sólita y su alma.

BORGES: «Los peronistas de Obras Sanitarias hacen una huelga. Van a dejar sin agua a la ciudad. Rehúsan los sobornos de la gente de este gobierno, que los adula todo lo que puede. Los peronistas son la única gente respetable que hay en el país. Tendrán la nostalgie de la boue, pero por lo menos son fanáticos. En cambio los otros, los sinvergüenzas del “tout comprendre c’est tout pardonner[1180] que ahoran quieren entenderse con los peronistas, no engañan a nadie. Perdonan todo porque no comprenden nada. ¿Sabés que Perón, Perón, qué grande sos[1181] es una marcha escocesa? Está bien, porque demuestra que todo es de pacotilla en este país».

De la Universidad Católica de Morón dice: «Es el malevaje de la pedagogía».

BORGES: «Rosenblat me dijo que en los últimos años de su vida a Ureña no le importaba nada de nada y que lo único que quería era no trabajar. Corrigiendo pruebas, cambió el título “Los tocados” por “Los chiflados”: era el capítulo de un libro sobre peinados, pelucas, etcétera. Otro a quien no le importa nada sino su tranquilidad es Leonidas de Vedia».

Viernes, 19 de octubre. Come en casa Borges. Leemos novelas para el Fondo de las Artes. De una dice: «Está escrita a pasos cortos y apurados, dos en un sentido, tres en otro».

De Sherlock Holmes se pregunta si habrá sido escrito con intención «terrible o cómica»: «A lo mejor es gracioso porque no se lo propuso. Si no, se le hubiera ido la mano».

Dice: «Habría que juzgar a un pueblo por lo que admira de otros».

Sábado, 20 de octubre. Tomamos el té, en casa, Borges, Silvina y yo; después llega Peyrou. Leemos libros presentados al Fondo de las Artes. Estamos de acuerdo y redactamos el acta, con los premiados[1182].

Lunes, 22 de octubre. Come en casa Borges. BORGES: «Todo cambia según se trate de nosotros o de terceros. Fulano es descendiente de Hernández y de Ascasubi. Ojalá yo lo fuera, pero no pienso mejor de él porque él lo sea. A alguien le gusta alardear de su sangre francesa, pero no piensa bien de otros porque la tengan. Lo mismo puede decirse de premios, títulos y muchas otras cosas. ¿Serán tal vez tan frívolas que se necesita la vanidad personal para creer en ellas? ¿O habrá algo más?».

Miércoles, 24 de octubre. Come en casa Borges. Dice de Bernárdez: «No es un heroico, juega sobre seguro. ¿A que no sabés sobre quién habló en la Academia? Sobre el general Mitre. El discurso fue una loa insaciable de Mitre y La Nación. Si tiene un propósito concreto, un pedido a Drago, menos mal; pero si lo hizo así de puro adulón o llevado por su estilo… Tuvo el coraje de mencionar los cigarrillos Mitre, las galletitas Mitre. Fue el único momento humano del discurso. Está muy bien ser frío, cuando se es inteligente; pero a Bernárdez no se le ocurre nada y es frío: un doblete espantoso. El estilo de su prosa lo lleva a decir lo que no quiere. Con naturalidad echa mano a palabras como estupendo, tremendo, que revelan la desesperación de quien ha perdido toda esperanza de expresarse precisamente».

Borges no tiene simpatía por Mitre. En esta casa, de tradición mitrista, sin empacho deja ver esa poca simpatía. Reconoce, de todos modos, que Mitre le quedaba grande al país.

Jueves, 25 de octubre. Come en casa Borges. Sobre el psicoanálisis dice: «Qué raro que se expliquen textos literarios o actos de la conducta humana por hipótesis que no se han demostrado, que tal vez no sean demostrables». Con el mayor desprecio me refiere una interpretación psicoanalítica de las novelas policiales: «El detective representa al niño que fuimos, indagando las relaciones sexuales entre sus padres». «Tristes locuras obscenas», comenta. Trata con no menos desprecio a la investigación psicológica por estadísticas, en cuyos resultados no cree: «La resistencia criolla a que se metan en la vida de cada cual me parece mejor que el candor norteamericano de contestar sumisamente cualquier pregunta, en aras de la ciencia».

No es nada tuteador. Con Peyrou, amigo de toda la vida, se dicen de usted, mientras que yo me tuteo con ambos. Hablando de un norteamericano, dice: «Al principio me causó mala impresión porque me llamó Horhe (con las haches muy aspiradas). Después, cuando estuve en los Estados Unidos, comprendí que era una costumbre del país. Conocía a un individuo y éste me decía de inmediato: “Call me Tom”. ¿Por qué yo iba a llamarlo Tom? Allá quedamos como Horhe y Donna Leonor. Está muy bien que uno llegue a eso, pero a su tiempo y cuando la relación de amistad lo justifique». Tiene desprecio por el periodismo y asco físico por el papel de diario. BORGES: «Bernárdez dijo en su discurso sobre Mitre que había aprendido a leer en La Nación, ese diario grande como una sábana… Qué imagen encantadora».

A Adela Grondona o Esther Zemborain dijo que el almirante Rojas era inteligente. «¿Muy inteligente?», insistió la interlocutora. BORGES: «Bueno, como la bandera, como el escudo puede ser inteligente. No más».

Sábado, 27 de octubre. Comen en casa Peyrou y Borges. De la señora Bibiloni de Bullrich, cuenta BORGES: «Mientras estuvo enferma no se acordaba de quién era. Mantenía cierta astucia: trataba de disimular esa ignorancia, por temor de que la encerraran». Al principio, no podía imaginar toda su casa; después sí, y sabía que hacia un lado estaba la avenida Quintana, pero hacia el otro, del lado de Las Heras, creía que estaba el campo… Hubo siempre en ella —aun cuando era joven— algo así. Afirmaba: «Yo tengo que hablar con personas inteligentes, para que adivinen lo que quiero decir. La de Tornquist no es inteligente. Cuando le dije: “Qué caro está eso que se pone en los pies”, me miró como si yo estuviera loca, sin entender. Olvidar la palabra zapato parece alarmante. Llamar a los zapatos eso que se pone en los pies es perfecto, como torpeza. Si hubiera dicho calza, habría ayudado un poco… Otra vez me dijo: “Yo no soy como las otras mujeres que sufren cuando las dejan. Yo si no veo a una persona durante quince días la olvido”. ¿Adorable, no?, pero de un modo un poco siniestro. Exigía una acción asidua… Y como era algo vanidosa, sacaba méritos de esos rasgos de su carácter».

Los soviéticos piden que los norteamericanos desmantelen las bases de cohetes de Turquía para desmantelar ellos las de Cuba. BORGES: «Desde el principio hay trampa. Hablar de paridad es trampa. Nadie cree que los norteamericanos amenacen a nadie con esas bases. Es como si se dijera: los maleantes tienen derecho a la portación de armas porque la policía está armada».

BORGES: «Edward Fitzgerald carecía del don del relato. Fuera de los Rubáiyat no tuvo suerte… El poema persa de los pájaros, que es tan lindo, está mejor en la versión en prosa de la serie “Wisdom of the East”[1183]. Fitzgerald estuvo traduciendo el Mantiq al Tayry otros textos[1184] sin lograr nada extraordinario; de pronto tradujo algo casi igual y logró una obra maestra. También tradujo a Calderón, pero no creo que supiera mucho español. Bueno, probablemente tampoco supiera mucho persa».

Cita a Tácito: «Los dones atan a quien los da, no a quien los recibe». Comenta: «Está muy bien dicho, muy bien pensado».

Domingo, 28 de octubre. En La Nación de hoy sale un admirable soneto de Borges sobre anticipaciones de la muerte («A quien ya no es joven»).

Por la noche, come en casa. Leemos, de Las mil y una noches, el cuento de «Baba Abdala el mendigo ciego», que exigía que le dieran bofetadas. Lo leemos primero en Burton, después en Cansinos-Assens.

La versión de Cansinos habla de «planos entrecruzados». BORGES: «No creo que en los originales árabes, ni en ningún texto de la Edad Media, se hable de planos entrecruzados. De todos modos, las correcciones de Cansinos en general parecen psicológicas; peor hubiera sido que corrigiera con el espíritu de Larreta, adornando todo». Comenta Borges el verbo adornar, que en la conversación de los porteños significa sobornar. «Si a mí no me adornan, el asunto no se mueve».

Sobre la novela de Robbe-Grillet, Dans le labyrinthe, que parece hecha de precisiones materiales, que no son alegóricas, ni siquiera significativas, dice: «Todas estas novelas salen del capítulo de preguntas y respuestas del Ulysses[1185]. ¿Qué se proponen los autores? ¿Representar una realidad que abruma? Ese sistema de escribir no es muy encantador… O será simplemente que es distinto. Advirtieron eso: que es distinto. En Francia no se juzgan los libros como buenos o malos, aburridos o divertidos. No: se los clasifica por tendencias, escuelas, generaciones. Nadie va a atreverse a rechazar por aburrido el libro de Robbe-Grillet. Es demasiado obvio».

Lunes, 29 de octubre. Come en casa Borges. Leemos el cuento del mendigo ciego, esta vez en la versión de Galland. BORGES: «Se podría dictar un curso sobre la novela con este cuento. Si uno hubiera escrito ese cuento, habría sucumbido a la tentación de guardar para sorpresa final la revelación de la ceguera. Es mucho mejor como está, que desde el principio sepamos que el relator está ciego. Sabemos todo el final, puede decirse, del cuento. Y eso, en cierto modo, nos permite gozarlo mejor. El cuento es tan bueno, que no parece del libro, sino del propio Galland. En la versión de Burton parece más antiguo que en la de Cansinos. El derviche está mejor en la de Cansinos: casi no obra; mira y sonríe, sin cargar los camellos. Puede uno ver como un tentador al derviche. Además, después de que el narrador pierde la vista, suprime esa conversación un poco inútil… Se oye al derviche partir con todos los camellos y nada más. Todo podría haber sido una alucinación de Baba Abdala, como en The Turn of the Screw, pero con más fundamento. Que esté relatado en primera persona le da mucha fuerza, porque el lector se identifica con el héroe. Si resultara que este cuento es también de Galland, descubriríamos que los cuentos de Las mil y una noches que más nos gustan son los occidentales. No es raro, pensándolo bien. Los mejores cuentos de Las mil y una noches —Aladino, Alí Babá— han de ser de Galland. Que no dijera nunca que son suyos, es algo más en su favor. Si Galland inventó todos estos cuentos —el del mendigo ciego, el de Aladino, el de Alí Babá— fue el mejor cuentista de su época. No vas a comparar este cuento con los de Voltaire… Los cuentos de Voltaire son admirables, pero Voltaire hace todo con bromas. Éste es mucho más profundo. Aún más: yo creo que Las mil y una noches se convirtió en una obra famosa porque fue dada a conocer por Galland. Si se hubiera conocido por la versión de Burton habría quedado como una curiosidad. En Galland el relato fluye mejor. Hizo bien en suprimir los versos que todo el tiempo dicen los personajes: interrumpen la narración y son pésimos. Todo favoreció a Galland: hasta las convenances del siglo XVIII. Es claro que no se le puede pedir que escribiera el cuento de un modo desconocido en el siglo XVIII. Que la moraleja sea muy simple es mejor, porque no distrae del cuento. Uno la entiende en el acto y no piensa en ella». BIOY: «Acá te equivocás. Conozco personas, socialmente cultas pero esencialmente rudimentarias, que cuando oyen el cuento preguntan: “¿Y qué significa?”».

Miércoles, 31 de octubre. Con Borges, Silvina y Marta pasamos un rato, de nueve a nueve y media, en Palermo. Después comemos en casa. Con Borges leemos en Galland una mitad del cuento del «Soñador despierto». BORGES: «Es un cuento largo porque lo que nos dijeron se lo dicen, sin perdonar pormenores, a un personaje del mismo cuento que, a diferencia del lector, lo ignoraba».

Digo que en sueños alguien me recomendaba que no dejara de llevar flores a mi padre. Borges asegura que prefiere la idea del descanso, del blank, a la de soñar, estar ocupado en toda suerte de tonterías y disparates, en la «locura del sueño». A mí, por el contrario, una noche de sueños me deja por lo general un buen recuerdo: de noche aprovechada.

Hablamos de Azorín. BIOY: «A mí, hacia 1930, me gustaba mucho y no hay duda de que a otros les gusta todavía hoy. ¿Cuál será la razón de ese agrado?». BORGES: «Azorín representaba una orientación hacia Francia, en el estilo; una reacción contra las frases largas, contra el estilo retórico, contra los españoles que se llaman Cienfuegos. Empezó atacando a los autores clásicos aceptados; a Quevedo entre otros». BIOY: «En ese sentido, el de la Historia de la literatura, Azorín es entonces muy importante; pero yo no lo admiré por reacción contra nada: lo admiré en un momento de pasión por la literatura, en que admiraba con igual ardor los autores de estilos y tendencias más opuestos». BORGES: «Gómez de la Serna escribió algo sobre Azorín que está muy bien: «No debemos olvidar que Azorín nos enseñó a deletrear la realidad[1186]». Es claro que Azorín siguió deletreándola, nada más que deletreándola». BIOY: «Imagino que el agrado que produce Azorín es el de un cierto orden, una austeridad sencilla y conforme, una decencia. Tiene buen gusto; pero no un buen gusto cifrado en modas, sino el de las cosas pobres y desnudas: una pared blanqueada, una mesa tendida, limpia y humilde, con un pan. Según mis recuerdos, la historia que Azorín refiere siempre es la misma, de un viajero que llega a un cuarto de hotel, con vista sobre los tejados del pueblo, y que dispone sus pocas pertenencias, su maleta sobre la silla, el papel y el lápiz sobre la mesa frente a la ventana». BORGES: «Descubrió un procedimiento, que es el de hacer una crítica, que empieza por la descripción de sí mismo, después de las cartillas blancas, después de las tapas y formato del libro en cuestión. Si la crítica es de una pieza de teatro, lo vemos a Azorín cuando llega, cuando se sienta, cuando espera que levanten el telón».

Para confirmar todo esto resolvemos leer alguna página de Azorín. Abrimos Fantasías y devaneos. Ante nuestra sorpresa, lo primero que advertimos es que las frases no son cortas; se alargan por la sucesión de sinónimos o por las enumeraciones casuales, mal elegidas. El autor echa mano a cualquier palabra: descomunal, estupendo, fenomenal. Usa expresiones como de entre. Piensa apenas, no ciñe nada, no precisa. Leemos «Aniversario» que trata de Larra. BORGES: «No debió insistir en mostrarlo tan chiquito, tan peinado con ese tupé, tan atildado[1187]: parece un muñeco. Para él, Larra debió de tener más realidad que para nosotros. Después de leer a Azorín yo creo que tenemos una idea de Larra más falsa que antes. Lo vemos como un monigote. La gran invención de Azorín, ¿cuál es? ¿Que una mujer lo haya visitado a Larra antes del suicidio? Es una invención miserable. Azorín debería desechar sus invenciones; debería saber que a él no se le ocurre nada. Lo único que está bien en ese artículo es que haya escrito: sonó un disparo y que no se haya puesto a describir el suicidio; pero entonces, ¿para qué escribió lo anterior? Lo anterior se hubiera justificado por una descripción patética del suicidio (¡así le hubiera salido!). Él advirtió que esa escena estaba por encima de sus fuerzas y la sorteó. (En sorna). La frase de su discurso en honor de Larra que recuerda Azorín ni merece los honores de la memoria: “Mariano José de Larra fue un hombre y fue un artista…”. Ah, qué bien. Yo creo que si se diera este tema del suicidio de Larra como prueba de examen, nadie lo escribiría tan mal como Azorín. El artículo de Azorín sobre la tendencia española en favor de las prohibiciones[1188] está bien; pero fuera de descubrir eso, que está muy bien, el artículo en sí no es nada». Cuando leo los síntomas de la euforia que Azorín atribuye a Larra justo antes de la fase final de la depresión que lo llevaría al suicidio, comenta BORGES: «Sólo falta que escriba: “Se le paró”». Dice que el artículo en que Azorín acompaña al americano a ver el campo de Castilla[1189] está mal; porque la admiración que atribuye al americano es suya: «A uno le daría vergüenza cantar loas de Burzaco, atribuyendo a un forastero nuestro visible deseo de elogiarnos a nosotros mismos».

BORGES: «Azorín ha de ser el único caso de éxito por méritos negativos. ¿A quién corresponderá, en otras literaturas, Azorín? Tal vez a nadie. ¿Se dirige a lectores cansados? No creo; no es epigramático, como Landor y Toulet, típicos autores para lectores cansados». BIOY: «¿Lamb?». BORGES: «Yo estaba pensando en él. Pero Lamb no es tan malo. Azorín no hubiera podido escribir ese párrafo contra la vejez y la muerte que tiene la frase “y la ironía misma”[1190]. ¿Capdevila se reirá de Azorín? No, porque comprende que debe admirarlo. Capdevila no se reirá de nadie». «Arlt es mucho mejor», comenta finalmente, como quien resume todo lo que puede decirse en contra de un literato.

Seguimos leyendo el cuento de «Abú Asán, el soñador despierto». BORGES: «Cómo se ve que es muy posterior a Azorín. Aunque tiene defectos, el cuento es interesante. Está bien que el bromista sienta afecto por el embromado. Que la broma no sea hostil. Cuánto mejor que el gobierno de Sancho: poner en el gobierno a un patán y no dejarlo hacer nada. Abú Asán es inteligente y el lector puede identificarse con él. Lo que no está bien es que ponga en práctica su pequeña venganza. Es comprensible, pero no merece que se lo registre en un cuento. Debió comprender, llegado el momento, que no valía la pena vengarse, que un gobernante debe hacer otras cosas».

Sobre la frase: «También duerme el bueno de Homero[1191]» dice que revela la civilización de una gran ciudad: «Los hebreos no serán capaces de una frase así. No sé si los argentinos: somos sólo capaces de estar a favor o en contra…».

Hablamos del Santos Vega de Obligado. BORGES: «La primera estrofa del Santos Vega contiene no pocos errores:

Cuando la tarde se inclina

sollozando al occidente…

¿Sollozando? ¿Por qué sollozando? En todo caso, parece un fenómeno excepcional, pero luego comprendemos que se trata del cotidiano poniente. Para la puesta diaria del sol, el verbo sollozar es inadecuado.

Corre una sombra doliente

sobre la pampa argentina.

Uno creería que la sombra es la del atardecer. No: es de un ánima.

Y cuando el sol ilumina

con luz brillante y serena

del ancho campo la escena,

El ancho campo y la escena, como lo hubiera notado Occam, son todo uno y lo mismo.

La melancólica sombra

huye besando su alfombra

con el afán de la pena.

¿Besando te parece bien? El poeta no imagina lo que dice; si no, probablemente no sometería a esas acrobacias de cosaco a la sombra en cuestión (porque iría montada; si iba a pie, la huida besando el suelo tampoco es cómoda ni elegante). En cuanto al campo con alfombra, no me alegra demasiado. Esa alfombra, en el campo, no está muy bien… Cuando aparece la prenda del payador, cuyo embeleso es que

él la despierte de un beso[1192],

él la despierte de un beso[1192],

entonces ya se pierde toda la realidad y estamos ante personajes de utilería. Cuando uno maneja gauchos o personajes de otras épocas es muy fácil caer de pronto en falsedades y que todo parezca de teatro. Hernández no corre riesgo de cometer ese error».

Jueves, 1.º de noviembre. Come en casa Borges. Lecturas de Azorín y de las Mil y una noches.

Viernes, 2 de noviembre. Come en casa Borges. Leemos «Abú Asán, el soñador despierto».

Sábado, 3 de noviembre. Come en casa Borges. Refiere que Muñoz Seca empezó a escribir La venganza de don Mendo con la intención de componer una obra seria. Dice: «Habrá entendido en el proceso que la obra seria le saldría mal, o se habrá dejado arrastrar por las bromas, lo cierto es que escribió una obra muy cómica». Se pregunta si habrá sentido alguna pena por no cumplir su primer proyecto. Agrega, en su elogio: «Pero se dio cuenta, comprendió… Larreta no se hubiera dado cuenta. ¡No se dio cuenta!».

Domingo, 4 de noviembre. Come en casa Borges. Concluimos el cuento de «Abú Asán, el soñador despierto». La segunda mitad, relato de una broma tonta, no vale mucho.

BORGES: «El comunismo ofrece el infierno y promete el paraíso. El capitalismo asegura que, sin caer en el infierno comunista, seguiremos en la dura vida de siempre. La gente, es natural, prefiere el comunismo».

Recuerda que al comienzo de la Primera Guerra Mundial a los alemanes les decían alboches, después, solamente boches.

Lunes, 5 de noviembre. Come en casa Borges. Ha muerto Osvaldo Horacio Dondo. BIOY: «Me da la pena que provoca siempre la inesperada muerte de un conocido. Ni más ni menos». BORGES: «¿Sería mejor o peor que Augusto Mario Delfino? Le llevaba la ventaja de no ser un gran muchacho. Delfino sugería la calle Corrientes. Dondo podía ser de cualquier parte. Parecía un chacarero italiano. Era de Villa Devoto, casi rural, mejor que de la calle Corrientes… Qué raro que fuera escritor. Bueno, no era escritor. Pero qué raro que se creyera, que hiciera como si lo fuese, que estuviera dedicado a escribir libros». Pregunto si Dondo habrá escrito algún buen verso (verso, en el sentido de línea). BORGES: «No sé, pero mejoró: empezó con Esquemas del silencio y acabó con Oda menor a la poesía. El último recuerdo que tengo de él es su enojo porque en una audición de televisión dijeron que había sido premiado y no que había sido dos veces premiado; y su enojo porque no lo enfocaron. “No me enfocaron, no me enfocaron”, repetía. Ansiaba la figuración. Qué figuración. Yo prefería encontrarme con Schiavo que con Dondo». BIOY: «Y yo con Dondo que con Radaelli». BORGES: «Radaelli es otro que no se sabe qué hizo con la fonética. Hay algo muy malo en este país, ya que puede producir Radaellis y Gandías». BIOY: «Recuerdo la mirada de Radaelli: penetrante en su vano esfuerzo por entender». Convenimos en que Dondo era un buen hombre, sin envidias ni resentimientos.

Miércoles, 7 de noviembre. Voy a lo de Borges, donde va a tomar el té el almirante Rojas. Allí están un grupo de damas, un verdadero ramillete: la Quica; Bebé Elía; la señora de Rojas; la madre de Borges, a la que encuentro un poco temblorosa (sordera y temblor son novedades de este año, primeros síntomas —que yo advierto— de vejez); Norah; miss Ward, hija del ex embajador inglés, célebre por su conocimiento de Blake. Por último, pero not least, está Milleret, el famoso miles gloriosus, héroe de veras, aunque fanfarrón, vanidoso, charlatán y muy simpático. Como dice después, divertido. BORGES: «Rojas tuvo que play second fiddle. He couldn’t get a word in edgewise [quedó reducido a un papel secundario. No pudo expresar una sola opinión]». Desde luego, ante Milleret, coronel de la Resistencia, Compagnon de la Liberation, Croix de Guerre, Légion d’Honneur, Medalla de Servicio Distinguido Norteamericano (sólo doce extranjeros la tienen), hombre que ha estado en verdaderos combates, no cabía otro recurso que decir: «Santa palabra, mi amo», o mejor «mi coronel». De Rojas dice después BORGES: «No parece un señor. Parece que se dio una mano de betún». En ningún momento Milleret soltó la palabra. Aita, que también estaba, planeaba en la más sombría melancolía. Este aspecto de Aita lleva a Borges a compararlo con el héroe del soneto:

Je suis le ténébreux —le veuf—, l’inconsolé,

le prince d’Aquitaine a la tour abolie:

ma seule étoile est morte —et mon luth constellé

porte le soleil noir de la Mélancolie[1193].

Sobre el soneto comenta BORGES: «Bric-á-brac. Agradable bric-á-brac, pero bric-á-brac. Que este poema sea uno de los más famosos del mundo equivale a reconocer que la poesía no es seria. Nada más falso que este poema, hecho con elementos de utilería». Milleret dice que el error de la Revolución fue no matar a Perón, y que ahora habría que matar también a Frigerio y a Frondizi.

Después, traigo a Borges a comer a casa. Leemos La española inglesa. BORGES: «Porque hablan como en un discurso casi no puede contar el cuento. Es como si gesticulara continuamente. No desdeña, sin embargo, los recursos de folletín: las mujeres muy lindas, las casualidades muy prodigiosas. Parece un cuento muy ingenuo. Está mal que uno descubra que las actitudes de los personajes no sirven para mostrar su carácter sino para permitir el argumento (Clotaldo, que a pesar de la orden del conde de Lesti, se roba a la niña española, para que haya cuento; la reina, que posterga el casamiento y despacha a Ricaredo a hacer méritos, para que encuentre a los padres de la chica). Está mal que describa más el traje de Isabela que a las personas. ¿Y te fijaste en las precauciones que toma para asegurar que todos tienen buena intención? Los cuentos de Las mil y una noches están escritos con mucha mayor libertad y sabiduría. El mismo Cervantes, cuando escribió el Quijote, escribió con más soltura. Escribió con más soltura porque escribía en broma y aquí escribe en serio, y por respeto a los personajes, al lector, al comisario[1194], está entorpecido. Las descripciones de Inglaterra son vagas, pero no más vagas que las de España. Para expresar que, pese a su extrema juventud, la prudencia volvía a Isabela y Ricaredo maduros, Cervantes dice: “los hacía ancianos”. Parece chino… chino de Bramah»[1195].

Viernes, 9 de noviembre. Come en casa Borges. Leemos La española inglesa.

Domingo, 11 de noviembre. Come en casa Borges. Concluimos La española inglesa.

Lunes, 12 de noviembre. Comen en casa Borges y Vlady Kociancich. Leemos La tía fingida. Concluida la lectura, Borges dice que tiene una buena noticia: «Recuerdo una frase de Groussac: “Con excepción de La tía fingida que es apócrifo”[1196]. Menos mal que Cervantes no escribió estas cosas». Está espontáneamente chocado por el asunto del cuento. BIOY: «El asunto del cuento[1197], sin embargo, aunque modestísimo, tiene más vigor, más realidad, más unidad que La española inglesa: está mejor contado y en él todo parece más real; la descripción de los personajes al principio, aunque nada ejemplar, me parece admirable, por lo concreta, después de La española inglesa, donde no se ve nunca nada». BORGES: «Tenés razón. Es curioso: si alguien mandara uno de estos cuentos a El Hogar no se lo publicarían, pero si mandara un estudio sobre estos cuentos, sí». Vlady se pregunta hasta cuándo se mantendrá la ficción de que estos libros son admirables —lo que configura la estafa de la literatura, según Borges— y agrega que nada más triste que quedar como el crítico que destruye y niega.

Hablamos también de Butor y Robbe-Grillet; de este último, dice Vlady que niega la personalidad, que personajes y relator en sus novelas no son más que otros tantos objetos, que para él no existe la relación conciencia-tiempo-objetos, sino un mundo de objetos descriptibles: «Los sentimientos, los símbolos, las bromas no tienen cabida en sus novelas».

Jueves, 15 de noviembre. Voy a la SADE. Estoy allí con Borges, Prando, Mallea, Gannon, Córdova Iturburu, mientras Capdevila agradece discursos previos, en su homenaje, por los veinticinco años de Melpómene. Felicito a Capdevila. Me dice que encontrará la ocasión de escribirme un medallón sobre mi padre. Estoy con Borges y con su madre. De Donald Yates, Borges me dice: «Es una buena persona, muy simpática; eso sí: un americano de dos dimensiones, como tantos otros».

Viernes, 16 de noviembre. Voy con Silvina a la SADE, a comer en honor de Cianciólo, el agregado cultural de Italia en Buenos Aires, que se va. Diálogos con María Esther Vázquez, Mujica Lainez, Murena, Erro, Eandi, Barreiro, Emita Risso Platero. Un gran discurso de Borges; uno mediocre de Bernárdez; uno bueno de Cianciólo. Gran parte del discurso de Bernárdez trató, con generoso elogio, del agregado cultural de Italia en Madrid; cuando por fin llegó a Cianciólo, fue a través de poco significativas anécdotas personales, en que se habla de viajes, familia, poemas y trajes de Paco Luis Bernárdez.

Domingo, 18 de noviembre. Come en casa Borges. Al llegar, me cuenta: «Recibí un soneto rarísimo, compuesto según un nuevo sistema. Antes de arrojarlo al fondo del mar —where it belongs— voy a mostrártelo». Ya en el comedor, saca de la cartera este papel y me dice: «Leé». Leo:

«Buenos Aires, 20 de agosto de 1962

Señor JORGE LUIS BORGES.

El 1.º del actual, en el Club de Letras (Avenida de Mayo 628), se realizó una reunión de homenaje al maestro y escritor PEDRO INCHAUSPE con motivo de cumplirse el 5º aniversario de su fallecimiento. En tal acto leí el soneto que aquí le transcribo, pues voy a encarecerle quiera usted molestarse y decirme si a lo largo de sus tantas lecturas dio alguna vez con otro soneto escrito en la forma de este mío, es decir, empleándose para la rima la misma palabra en sus dos géneros.

PRESENCIA DE PEDRO INCHAUSPE

Con la emoción que vuelve amanecida

en su nombre, de nuevo amanecido,

el recuerdo se aclara florecido

de gauchania, en «su» ciencia florecida.

Y duele la memoria por sentida,

por ilustrada en el adiós sentido

cuando en la abierta fosa, como un nido,

dejamos el aliento que allí anida.

Pero ¡no!… que hoy su imagen me convoca

a la flor de la rima que convoco

—ala y laurel en aire de poesía—

para poder decir: si me provoca

la emoción del soneto que provoco,

es que INCHAUSPE nos habla todavía.

«Buenos Aires, 20 de agosto de 1962

Señor JORGE LUIS BORGES.

El 1.º del actual, en el Club de Letras (Avenida de Mayo 628), se realizó una reunión de homenaje al maestro y escritor PEDRO INCHAUSPE con motivo de cumplirse el 5º aniversario de su fallecimiento. En tal acto leí el soneto que aquí le transcribo, pues voy a encarecerle quiera usted molestarse y decirme si a lo largo de sus tantas lecturas dio alguna vez con otro soneto escrito en la forma de este mío, es decir, empleándose para la rima la misma palabra en sus dos géneros.

PRESENCIA DE PEDRO INCHAUSPE

Con la emoción que vuelve amanecida

en su nombre, de nuevo amanecido,

el recuerdo se aclara florecido

de gauchania, en «su» ciencia florecida.

Y duele la memoria por sentida,

por ilustrada en el adiós sentido

cuando en la abierta fosa, como un nido,

dejamos el aliento que allí anida.

Pero ¡no!… que hoy su imagen me convoca

a la flor de la rima que convoco

—ala y laurel en aire de poesía—

para poder decir: si me provoca

la emoción del soneto que provoco,

es que INCHAUSPE nos habla todavía.

Poeta y escritor JORGE LUIS BORGES. Seguro como estoy de su autoridad en la materia, me permito molestarlo. Le saludo con distinguida consideración y quedo a sus amables órdenes», etcétera.

Lunes, 19 de noviembre. Come en casa Borges. BORGES: «Para todos los hombres, dígase lo que se diga, siempre hubo una sola moral. Los nazis, a pesar de su conducta, no eran una excepción. Hitler llamaba a Churchill “belicista desacreditado”. No decía: “Yo quiero la guerra, yo soy agresivo y los ingleses son inmundos partidarios de la paz y de la comprensión entre los hombres”. No hay que olvidar que Atila significa el padrecito».

Martes, 20 de noviembre. Come en casa Borges. Sobre Bernárdez afirma: «Es totalmente insensible. Puede abordar todos los géneros, la poesía religiosa, el cuento obsceno, la oratoria burocrática, el diálogo lunfardo, y fracasar en todos. Quizá de Goethe pueda uno decir lo mismo. Qué estúpido Bernárdez cuando me habla en lunfardo. Me ve y me dice: “¿Qué batís, insigne camiseta?”. El lunfardo es tan falso como el estilo de la oratoria oficial y de los documentos de gobierno. Los otros días, cuando habló de Cianciólo, con qué seguridad era estúpido. Generalmente la estupidez tiene la virtud de ser borrosa e insegura. La estupidez de Bernárdez es firme como una roca. (Con una sonrisa burlesca). Este hombre es pagado de sí, es vanidoso. I’m disliking him thoroughly. Sus versos larguísimos, que provienen de Claudel, son tediosos, no sirven para todo un poema. Sin embargo, cayeron bien». BIOY: «Porque la gente los admitió como algo nuevo. No eran pasatistas, porque no tenían la fluidez agradable de Rubén, ni tampoco eran versos libres, cargados de metáforas e incomodidades. Además, la misma pobreza de Bernárdez apareció como una suerte de frugalidad y de sencillez noble». BORGES: «Cuando murió su hermana, escribió que entró en el colegio azul del cielo. Te das cuenta qué bruto. Qué frialdad». Dice que el aspecto físico de Bernárdez no lo ayuda en sus pantomimas de malevo porteño. «Parece de madera o de cartón», agrega.

Miércoles, 21 de noviembre. Come en casa Borges. Leemos a Merimée: un capítulo de Chronique du règne de Charles IX (con indiferencia) y las primeras cuarenta páginas de Colomba (con vivo agrado). A Borges le parece que en el capítulo de Chronique que leímos el idioma no tiene ninguna belleza. BIOY: «Colomba se lee con interés. Las premoniciones que alarman y atraen están combinadas agradablemente, en proporción justa, con escenas de la vida cotidiana de los personajes. En las historias más novelescas es agradable que haya una dosis de vida real y cotidiana». BORGES: «Es lo que decía Macedonio: “A Norah le gusta ver vivir a Fulana Hudson”».

Viernes, 23 de noviembre. Comen en casa Borges y Ema Risso Platero (a quien fotografío, ante el disgusto de Borges). Después vamos al Puente Alsina; volvemos de Avellaneda por la avenida Vélez Sársfield. BORGES: «La fealdad de estos lugares parece predestinarlos para Perón y el peronismo; para la misma cara de Perón».

Domingo, 25 de noviembre. Come en casa Borges. Leemos el capítulo V de Colomba. BORGES: «Al principio nos gustó, porque creimos que el argumento era un falso argumento que el autor de pronto dejaría de lado para sorprendemos con el verdadero». Leo el fragmento en que aparece el personaje Colomba: «une jeune femme vêtue de noir, montee sur un cheval de petite taille, mais vigoureux, qui entrait dans la ville [una joven vestida de negro, montada sobre un caballo pequeño pero vigoroso, que entraba en la ciudad]». BORGES: «Ese caballo se agrega después. Es como si el autor la montara de segunda intención. Para el autor es más importante el caballo que Colomba». Dice Merimée que lo que más admiró a un testigo, Miss Nevil, es la belleza de Colomba. BORGES: «El autor y Miss Nevil siguen diferentes caminos». Leo el fragmento en que el autor manda a Colomba al baño: «Colomba […] s’empressa de […] faire à sa toilette les petits arrangements que rend nécessaires un voyage à cheval par la poussière et le soleil [Colomba (…) se apresuró a (…) adoptar los pequeños recaudos de aseo personal que impone un viaje a caballo bajo el polvo y el sol]». BORGES: «Aquí el autor vuela muy bajo, patauge. Esto es como una conjunción, necesaria, sin duda, pero que no debería advertirse».

Leemos en el Oxford Companion to French Literature que Colomba es una muchacha así y así, de gran belleza. BORGES: «Qué raro que refiriéndose a una persona que no tiene existencia fuera de las palabras de un libro se insista en su belleza. Bueno, así tendrá que ser».

Lunes, 26 de noviembre. Come en casa Borges. Leemos Colomba. Nos preguntamos cómo el autor podrá resolver la situación en que envuelve a su personaje. Vamos por la página 80. Borges comenta: «Colomba va a morir. No tiene novio. No tiene otro porvenir que una muerte abnegada y valiente».

Refiere el chiste del judío que pide prestados mil pesos. «No tengo —le contesta el otro—. Sólo te puedo dar quinientos». «Muy bien —acepta el que pide—. Me debes quinientos».

Martes, 27 de noviembre. A la noche, en medio de la lluvia, con Angélica y Silvina vamos a la residencia de la Embajada Francesa, en Martínez, donde condecoran a Borges y a Victoria: les dan la orden de Comendadores de las Artes y las Letras, condecoración inventada por Malraux. BORGES: «¿Qué me decís de la invención de Malraux?». BIOY: «La habrá hecho en sus ratos de ocio». BORGES: «Cuando yo era chico y me decían que Belgrano había inventado la bandera, me parecía que no era para tanto… Aunque inventar la bandera argentina…».

Nunca vi mujeres más feas. Borges, con el viejo smoking que le regalé, era de los hombres mejor vestidos. Angélica me dice irónicamente: «Estás conversador, Bioy». ¿De qué hablar, agotado el tema de la sorpresa que dan los relámpagos al revelar que los colores del día persisten en la noche? De los hijos, es claro. Ya Madame Pinasco me explica las diferencias de carácter de los niños. Con Odile Barón charlo sobre literatura: me explica ella la nueva escuela de literatura y música aleatoria, última ñoñería lanzada por algún francés. Con Prebisch hablamos de los trabajos de un intendente (él mismo) de Buenos Aires.

«Estoy tan nervioso —me confía Borges en un aparte— que voy a recitarte dos sonetos». Me recita un soneto de Navidad y otro, que juzga mejor. El embajador traîne en longueur, después habla Borges.

El embajador comete una gaffe: con ingenuidad deja entrever que para él Victoria, más que escritora, es directora de una revista y empresaria de relaciones culturales: «Trató con los hombres más distinguidos de nuestra época». Una suerte de Boswell, minus Johnson, la Vida y los Journals. Cuando habla el embajador, porque encontrara la próxima palabra, porque llegara al punto final, todos nos revolvíamos en la angustia, salvo él. Borges me comentará más tarde: «Después del embajador, prolongado e informe, parecí un orador de barricada, un guarango sudamericano, Alfredo L. Palacios».

Miércoles, 28 de noviembre. Hablo con Borges. Le refiero mi conversación de ayer con Odile sobre la escuela aleatoria de música y letras: novelas en que el lector ordena los capítulos, música en que se deja que el ejecutante decida muchas cosas, teatro en que se somete a la votación del público, noche a noche, con cuál muchacha se quedará el héroe. BORGES: «¿Y cómo saben que el público se va a interesar en esas idioteces hasta el punto de votar? Toda la literatura fue siempre aleatoria, inevitablemente. Esto no puede ser motivo de orgullo ni veta de renovación o invenciones. Odile se resigna a lo moderno». BIOY: «No. Recuerdo la cara iluminada, los ojos soñadores, el comentario: “c’est amusant”. Hasta cuándo será amusant la invención de estas impertinencias». BORGES: «Esas invenciones no tienen nada de experimentales. Kipling y Conrad experimentaron con el arte de novelar». Agrego: «Kafka».

Sobre Dondo dice: «Nada evitará que se convierta en una suerte de procer. Lo que es más mágico: en un gran escritor». «Parece —agrega— que van a darle a una plaza el nombre de Carlos Alberto Leumann. Leí El empresario del genio. Leumann era un macaneador. Su edición de Martín Fierro sigue la del Nibelungenlied[1198]. ¿Qué tiene que ver el Martín Fierro con el Nibelungenlied? Nada. Bueno, lo que Leumann quería establecer era que el Martín Fierro era tan importante… Cuando se acaben las calles, las plazas y las estaciones con tanto procer como produce el país habrá que recurrir a los buzones. “Dejé una carta —nos dirán— en el buzón Dondo, que es de toda confianza”». Concluye: «El pobre Dondo era un sonso, de lo más cargoso y vanidoso, y en política fue miembro de la asociación de escritores peronistas».

Por la noche, come en casa. Leemos Colomba. BORGES: «Hay complicaciones inesperadas. El libro mejora. ¿Mucha gente le dice por error Mrosper Périmée? Mejor es Mrosper que Périmée [pedimida]».

Comenta: «Acciones rápidas no deben describirse con frases lentas. Ejemplo afortunado: Martín Fierro en la pelea con el negro[1199]; los versos siguen los movimientos del cuchillo. Ejemplo de error: Colomba, incidente de Orlanduccio con Ors’ Antón’ en casa de este último[1200]. Ejemplo máximo de error: final de Zogoibi». BIOY: «Para hacer pasar los episodios de mucha acción (acción en cierto modo gratuita para el autor) hay que redimirse por alguna belleza visual o de estilo. Ejemplo afortunado: Stevenson; de error o de pobreza: episodio en que Orso, alias Ors’ Antón’, mata a los hermanos Barricini[1201], en Colomba».

Gide contestó a la pregunta sobre cuál es el mejor poeta de Francia: «Hugo, helas». BORGES: «Quiere decir: “Preferiría que el mejor no fuera este poeta retórico y convencional; pero el hecho es que él es el mejor”».

Hablamos del embajador francés. BIOY: «Me parece persona poco refinada». BORGES: «Sí, como persona sería poco refinada, pero en cambio como oso no diría uno lo mismo».

Viernes, 30 de noviembre. Hay algo que impide a la gente consultar diccionarios, etcétera, por eso la correcta erudición deslumbra: parte de la solidez intelectual de Borges proviene de su falta de pereza para cotejar fuentes, etcétera. Los otros días Silvina me dijo: «¿Qué te parece este soneto de Borges?», y me leyó «A quien ya no es joven». Esa misma noche felicité a BORGES: «La lectura fluye tan admirablemente que la estructura, la máquina, del soneto, pasa inadvertida. Vos sabés que soy partidario de versos medidos y rimados y que me gusta el soneto. Sin embargo, reconozco que en los versos medidos y rimados, y sobre todo en el soneto, hay algo mecánico, que puede molestar. Aquí no: diríase que uno recibe poesía pura». No puedo expresar la vergüenza retrospectiva que pasé cuando Peyrou, elogiando el poema, aseguró que no se trataba de un soneto. «Son doce versos», dijo. Yo le creí en el acto. Imaginé la situación de comedia, entre Borges y yo; mis elogios de un soneto, que no se leía como un soneto y que no era soneto. Pasó un mes, sin que yo necesitara comprobar con mis ojos la afirmación de Peyrou. Por casualidad hoy encuentro La Nación del domingo 28 de octubre, donde apareció el poema en cuestión. Por cierto que «A quien ya no es joven» es un soneto.

Por la noche, come en casa Borges. Leemos Colomba hasta la página 180. The plot thickens. Hacemos conjeturas. Coincidimos en que a Colomba, favorita del autor, le ha de estar reservada una muerte trágica.

Me cuenta que a la mañana, en el acto del cementerio de la Recoleta en honor de su abuelo Francisco, afirmó que sólo ahora se decía que enfrentarse con el horror de la guerra —siempre considerado algo digno— no lo era, y que los mismos que hoy desacreditan la guerra aplauden a quienes en la clandestinidad dejan una bomba para que su posterior explosión mate a ciegas, y a quienes contra paredones fusilan a sus enemigos.

A propósito de su abuelo, me refiere un episodio ejemplar. Cuando se enfrentaron en La Verde las tropas del gobierno, mandadas por el coronel Arias, y las de Mitre, por su abuelo, los jefes parlamentaron. No llegaron a un acuerdo. Pero como habían sido amigos de toda la vida, compañeros en las guerras de la Independencia, se abrazaron y cada cual partió a tomar el mando de sus tropas. Se libró la batalla, en la que murió su abuelo. Comenta: «Cuánto mejor que ahora, que cada cual trata de negar todo al enemigo, cubrirlo de injurias».

BORGES: «Los otros días me pasó algo rarísimo: un señor me visitó para hablarme de Larreta, para contarme que había ido a ver a Larreta muerto para agradecerle cuánto hizo por el país. Me recuerda a aquel otro que se jactaba de que Estrella Gutiérrez y Battistessa habían visitado su casa, “para honrarla, desde luego”. Se codea con lumbres de la cultura…, etcétera. Otro animal, para evitar ambigüedades, propone “que la Asociación de Descendientes de Guerreros del Paraguay se llame contra el Paraguay”».

Mujica Lainez, Laferrère y otros fueron a buscarlo, para que no faltase a una reunión, muy importante, de la Academia: Alfonso había presentado la renuncia, y había que aprovechar la coyuntura para aceptársela y librarse de este personaje incómodo y sonso. Se reúnen y todos, salvo Borges y Banchs, rechazan la renuncia. Borges pide que, al menos, se deje constancia de que él votó por la aceptación.

Victoria lo llamó por teléfono para contarle que el PEN Club no la había invitado al Coloquio de Escritores de Mar del Plata. Que ella había llamado a Galtier, el secretario del PEN, y le había preguntado qué significaba esa omisión. Que Galtier había balbuceado excusas. Que ahora ella leyó en los diarios que la han invitado pero que, como no recibió la notificación oficial, está incómoda y no sabe qué hacer. BORGES (a las carcajadas): «¿Te das cuenta? Me llamó ella misma, para decirme todo esto. Dijo que se pasa la mitad del año en Mar del Plata. Entonces, ¿para qué quiere ir? ¿Cómo no prevé que no será divertido? Otra que estará como loca con el coloquio es Lisa Lenson. Para mucha gente estos congresos son bienvenidos sustitutos de la literatura, que realmente no les gusta».

Hablamos de Oliverio Girondo, que según dicen está muy enfermo. BORGES: «Su obra no es nada. A Oliverio le gustaba el lado farrista de la literatura francesa. Su autor preferido era Jarry». BIOY: «No hace mucho, el Negro Zorraquín Becú lo ponderó por la obra y la conducta». BORGES: «¿Conducta? Fue un peronista inmundo». BIOY: «En tiempos de la guerra estaba en contra de Inglaterra. Con Norah Lange se alegraba del bombardeo de Holanda, de la conquista de Noruega por los nazis. Es amigo de comunistas, de nacionalistas». BORGES: «Cuando le dieron la paliza a Waldo Frank[1202], censuró a los extranjeros que se permitían hablar de la Argentina. ¿Qué me decís del gran revolucionario, del iconoclasta, que se ofende porque un norteamericano —es claro, un yanki, especie aborrecida— se permite hablar de nosotros?».

De Rubén Darío dice que es curioso que haya atacado a los Estados Unidos, prefiriendo «las ridículas naciones de Hispanoamérica». BIOY: «Recordá la frase: “Les idées, qui naissent douces, deuiennent feroces [Las ideas nacen dulces y envejecen feroces]”.Eran otros tiempos, y no se podía prever ni el rumbo de los Estados Unidos ni a qué extremos odiosos y miserables llegaría esa actitud mental: con Roosevelt verían a los Estados Unidos como un furibundo imperio de comerciantes agresivos. No habían aún dado sus muertos en dos guerras en defensa de la libertad».

BORGES: «La idea de Imperio es latina: los romanos, los españoles y Napoleón crearon imperios. Los germanos, en cambio, nunca la entendieron: los vikings pudieron ser los dueños del mundo, pero preferían liberar las ciudades conquistadas, haciéndose pagar el rescate, con lo que se volvían odiosos. Los ingleses tuvieron su gran imperio como avergonzados; a Kipling, que se dedicó a exaltar la idea imperial lo castigaron con un inmerecido descrédito. Con fervor de advenedizos, los alemanes aprendieron la idea de Imperio, pero no supieron ejercerla, y fueron odiados en todas partes donde estuvieron. Ahora los norteamericanos tienen todo para establecer un imperio, pero escrupulosamente lo rechazan y ejercen un imperialismo comercial, que es aborrecido por todos, porque nadie lo entiende (la fuerza de las armas sí se entiende)».

De Robert Graves dice: “Cada veinte poemas suyos que leo entiendo cinco. Esos cinco me parecen admirables. Deduzco que si los entendiera también hallaría admirables a los otros”. De Sabato, en cambio, dice: “Al enérgico mal gusto, la desenfrenada egolatría, la sincera preocupación por el propio y continuado triunfo, hay que agregar la melancolía porque éste no sea mayor y el entusiasmo con que acoge los modestos productos de su mente activa y mediocre”.

Sábado, 1.º de diciembre. Comen en casa Peyrou y Borges. Peyrou dice que Bomarzo es un libro lábil, superficial y tumultuoso. Borges protesta y pregunta si no nos gusta Los ídolos. BIOY: «Todo Mujica Lainez me parece de mala calidad. Hay en él errores de gusto y de discernimiento, verdaderas vulgaridades, como tomar por dignas cosas que son secundarias, que son meras derrotas o triunfos de la vanidad. Lo que admiro en él es una energía intelectual muy superior a la mía; la capacidad, por lo menos aparente, de improvisar un soneto, con frases bien terminadas, con expresiones no exentas de gracia. En el tiempo en que yo venzo la obnubilación, la opresión que sobre mi conciencia ejerce el saber que otros aguardan el resultado de mis facultades, la pereza y torpeza propias de dichas facultades, él es capaz de escribir, no un soneto, sino un libro de sonetos. Cuando lo oigo hablar con el certero calificativo y la frase fluida y bien gobernada, me digo: “Su energía intelectual es grande”. Cuando leo sus libros pienso: “Es un escritor, pero esos mismos libros y sus discursos leídos, todo lo que preparó en su casa con tiempo, están viciados de superficialidad”. Como dijo Peyrou, es frecuentemente tonto y vanidoso, no descubre nada esencial, casi nunca es noble, ni épico, ni patético, ni siquiera muy verdadero: es la fatua expresión de sentimientos y pensamientos corrientes, no decantados. En su discurso de agradecimiento a la comida que le dieron por Bomarzo, cómo se tomó en serio, qué largamente expresó las verdades de la Palisse de la relación de un autor con el libro que escribe. Preparó ese discurso con tiempo y no descubrió que todo lo que diría era trivial, trillado, vanidoso. Es ágil, pero la índole de su alma es barata y lo que saca de sí no es de buena calidad».

Hablamos de Buenos Aires. BIOY: “La verdad es que el Barrio Norte es muy lindo. La plaza San Martín tiene considerable belleza, las calles Santa Fe, Arenales, Juncal, Arroyo, Quintana, la avenida Alvear están bien. El Barrio Sur es una superstición: atenta o distraídamente resulta una miscelánea de casas pobres, con otras en mal estado, con el revoque descascarado, y otras cubiertas de letreros de papel”. BORGES: “La casa de la SADE es linda”. BIOY: “Las casas características del barrio son excepcionales. La casa de la SADE desde luego es muy linda, sobre todo vista de afuera. De adentro tiene algo de pacotilla. Muy linda es la casa de la Biblioteca. Esos palacetes de 1900 tienen dignidad y corresponden a una vida más amplia”. BORGES: “Tenés razón: me siento muy feliz en esa casa inacabable e imaginativa. Creo que, porque alguna vez en alguna parte del terreno hubo una comisaría, la Biblioteca cuenta hasta con un calabozo, que hoy sirve de leñera, en los fondos”. (Al principio, Borges pareció tan contrariado por mi defensa del Barrio Norte como por mi ataque al Barrio Sur. Después, cuando salimos a la calle, a buscar el coche, me dijo: “Hoy me pasó algo muy raro. Vos formulaste un pensamiento que ahora estoy seguro de haber tenido desde hace mucho y que por pereza, reticencia o no sé qué no expresé… Pensarás que me convenciste retrospectivamente”. Dijo esto como excusándose, como pidiendo que no lo tomara a mal. La verdad era decir que en ese punto siempre estuvimos de acuerdo).

Al irse, Borges asegura que si no está demasiado cansado. —“Ahora estoy siempre cansado”, explica— el jueves dirá en la Academia que gastar veinticinco millones en un congreso de academias es malgastar; que la Academia Argentina debe liberarse de la Española, ser una academia verdadera y no una sucursal de otra, que junta material para que la otra decida; que debería independizarse y publicar un diccionario del español hablado acá (no del lunfardo, desde luego). Observa: “Por una incapacidad prosódica, los españoles dicen vikingo en lugar de viking y filme en lugar de film. Luego, en la Academia, de una deficiencia hacen ley”.

Domingo, 2 de diciembre. Come en casa Borges. Mañana se va con Rest a Bahía Blanca. “Me voy con una morsa”, explica.

Concluimos la lectura de Colomba. BORGES: «Retrospectivamente el lector descubre que Colomba estuvo detrás de todas las decisiones que tomaron los demás personajes; que ha dirigido el destino de los demás; pero parece evidente que también en esos hechos intervino el azar. El descubrimiento retrospectivo llega en reflexiones como: “Entonces, el libro fue escrito para mostrarnos cómo una muchacha de carácter… (y cómo Merimée conocía las costumbres corsas)”. Si bien se descubre esa voluntad del autor, en ningún momento hay una iluminación; el lector no descubre de pronto que está leyendo otro libro del que suponía».

Jueves, 6 de diciembre. Come en casa Borges. Leemos unas páginas de Los últimos románticos, de Baroja. Malo, aburrido, escrito de cualquier modo. Leemos Lejuifi de Stendhal: extraordinariamente bien contado, en estilo muy directo; la historia es curiosa, muy entretenida. Al protagonista sólo le interesa el dinero; las sumas con que trafica son muy modestas; las recuerda todas. BORGES: “El protagonista dice que él fue de una gran belleza física. Está bien, no importa que lo diga él: uno le cree, porque el protagonista no es vanidoso; no le importa ser feo o lindo; sólo piensa en el dinero. ¿Así que Souvenirs d’un gentilhomme italien es plagiado? ¿Y Mina de Vanghel también? Bueno, es una forma de escepticismo”. Dice que Stendhal por exceso de caracterización no propone personajes imaginables y que por lo mismo, porque todo el tiempo explica y analiza, no logra intimidad: “Todo está contado de lejos. Estos cuentos no parecen cosas vistas por él, sino cosas que le llegaron de oídas. Tienen algo de chismes; él, de chismoso”.

Hablamos de las deudas de honor. BORGES: “Qué idea más rara ésa de que las deudas de honor deben pagarse antes de las veinticuatro horas. Madre me contó que un señor perdió una noche en el Club del Progreso una suma enorme; al otro día explicó que, por el capricho de una noche, no podía dejar en la ruina a su mujer e hijos, y que no pagaría la deuda. Creo que hizo muy bien. Pero la gente lo miraba con horror, como a un leproso. A nadie se le ocurrió que peor estaba el que le ganó el dinero. ¿Cómo no se apresuró a decirle que no diera explicaciones, que por la locura o el azar de una noche él no estaba dispuesto a dejar en la ruina al otro y a su familia? Nadie pensó eso. Imaginarían que no observar las deudas de honor sería caer en el anarquismo”.

Me refiere que una tía abuela suya, a los noventa y tres años, porque se resfrió, comentó: “Qué vejez me espera”. BORGES: “Después fue perdiendo sus facultades mentales y murió de miedo el día en que cumplió cien años, porque vio su casa invadida por una muchedumbre en que abundaban los militares y los fotógrafos[1203]”.

Sábado, 8 de diciembre. Comen en casa Borges, Peyrou y Ema Risso Platero. Leemos La vida es sueño. Borges observa que en el teatro clásico español se advierte la prisa de los autores por pasar a otra cosa. Después de oír las primeras escenas comenta: “Qué inteligente era entonces el público, si podía entender esto. ¿O no había nada que entender? Es claro, esto no significaba nada, son frases echadas al azar”. Dice que Rubén Darío admiraba a poetas franceses de segundo orden: “Para lo que él quería, le servían. En ellos encontraba el simbolismo, mientras que en Verlaine o Mallarmé encontraría a Verlaine o a Mallarmé, además del simbolismo”.

Cuando íbamos a buscar a Peyrou a La Prensa, Emita, mi hija Marta, Borges y yo, dije que el 2 o 3 de enero partiríamos para Mar del Plata. Ema: “¿Cómo? ¿No estarán aquí el 21 para despedir a Borges?”. BIOY: “¿Dónde se va Borges?”. Ema: “¿Cómo? ¿No sabes? A Inglaterra”. BIOY: “Ah, muy bien. Me parece muy bien”. BORGES: “¿Entonces no te parece una locura?”. BIOY: “¿Cómo va a parecerme una locura? Podríamos encontrarnos todos en Inglaterra”. BORGES (en tono brusco)». «Yo voy a Inglaterra a dar conferencias». BIOY: «Vos sabés que yo no iría a las conferencias, ni siquiera a las reuniones. Nos veríamos en los ratos libres, en los viajes. Y me parece muy bien que des conferencias: te sentirás justificado. Yo, en los viajes, porque siento que me saqué a pasear, estoy un poco molesto».

Domingo, 9 de diciembre. Come en casa Borges. Leemos, después de largadas fracasadas, Le rose et le vert, de Stendhal.

Me habla de un escritor de escasos conocimientos: «Su bagaje de ignorancia es verdaderamente considerable y variado, acaso universal. Confunde thriller con tráiler. Lo malo es que reveló esta ignorancia en una frase, destinada a señalar la ignorancia de terceros, que no sabían que thriller era una suerte de remolque. Esta circunstancia lo ponía a uno en una situación difícil, porque por un lado había que reconocer con él que esa gente era extremadamente ignorante y por otro corregir su error de confundir el thriller, un causante de estremecimientos, con un tráiler, un remolque».

Lunes, 10 de diciembre. Come en casa Borges. Leemos L’ile des pingouins, de Anatole France. BORGES: «Lo peor de todo. Ya se sabe: todo libro es trop fameux». Lo que más nos admira de L’île des pingouins es la lentitud con que el autor progresa, por párrafos cuidados, pero no brillantes, que a veces concluyen con una moderada nota de sorna. El estilo es decorativo en el sentido de que por lo general consiste en párrafos cuya significación no importa mayormente, pero que preparan al lector, por efecto de contraste, para el ocasional encuentro, por aquí y por allá, con alguna ironía mortecina. BIOY: «Se apoya en el principio de que la lectura, cualquier lectura, es agradable. Y puede afirmarse que el estilo es cuidado: no espléndido, no feliz, pero cuidado». BORGES: «Y se apoya también en la convicción de que un mundo de pingüinos es gracioso, como una batalla de moscas o de gatos[1204] alguna vez se tuvo por graciosa. O como un chino por siniestro: véase Fu-Man-Chú[1205]. Una explicación, que bajaría de categoría el libro, pero que lo volvería menos misterioso, es que en los personajes los contemporáneos reconocieran a tal político o a tal escritor. Que fuera topical… Madre dice que es el peor libro de France. Que el mejor es Silvestre Bonnard». BIOY: «Mi padre también decía que la mejor novela de France era Le crime de Silvestre Bonnard». BORGES: «Cuando France vino aquí, lo tenían por el mejor escritor del mundo. Eso le hizo mal. ¿Qué le pasó después? Shaw lo admiraba». BIOY: «Su fama no pudo empezar con L’íle des pingouins». BORGES: «No: un libro así corresponde a la fama de un autor, cuando ya se vuelve temerario».

BORGES: «Vos y yo nos estamos pareciendo a Bouvard y Pécuchet. Podríamos acabar en la lectura de Bouvard et Pécuchet».

Dice: «Es muy raro. Uno puede admirar a un autor y prever y aceptar las objeciones del interlocutor. Yo admiro a Lugones, pero convengo en que era un señor argentino, que fabricaba poemas, con bastante mal gusto… A vos también te pasa lo mismo. Esto no conviene para la polémica. La gente admira o reprueba en block a un autor».

BORGES: «Para cualquier hombre es muy difícil pensar de un modo muy diverso a los del medio en que vive. Alguien señaló que un gran poeta trabaja de acuerdo a las posibilidades de su idioma. También es verdad que después del gran poeta el idioma ya no es el mismo. Sin embarco, hay poetas que no influyen en el idioma, que ni siquiera nos recuerdan el idioma. José Hernández, por ejemplo».

Porque Ibarra dijo que Stevenson es superior a Toulet, Borges observa: «Ni siquiera sé si son comparables. Un poema con versos como

Here he lies where he longed to be

Here he lies where he longed to be

no puede hacerse ni en francés ni en español. Se necesitan los monosílabos ingleses. Pienso que la pesadez alemana tampoco lo permitiría. Mi esperanza o ilusión es que las lenguas escandinavas, el islandés sobre todo, suenen continuamente como el inglés de ese poema». BIOY: «Tal vez no sea ilícito comparar los poemas amatorios de Toulet con los poemas para niños de Stevenson: en esa comparación, me inclino por Stevenson».

BORGES: «Tal vez un día “La suave patria” parecerá como el poema de los gallipavos celestiales de Gracián»[1206]. BIOY: «Lo más admirable de López Velarde es haber logrado, en “La suave patria”, con su modernismo tan barroco y metafórico, una poesía intensa y fluida. Generalmente es más intensa y fluida que la de Lugones». BORGES: «Sí, es superior a Lugones». BIOY: «E inferior a Rubén». BORGES: «Es claro, muy inferior a Rubén. ¿Cómo lo juzgarán en México a López Velarde?». BIOY: «En todo el continente, el único país bastante adulto para desdeñar lo propio es la Argentina. Un inteligente literato brasilero o mexicano sigue sin dificultad tus bromas nada convencionales contra la Argentina, pero cuando le hablás del Brasil o de México reacciona como un socio de Boca Juniors a quien le tocan los colores de la camiseta o un miembro del Instituto Sanmartiniano a quien le dicen que Remedios de Escalada engañó a San Martín».

Miércoles, 12 de diciembre. Hablo con Borges. Dice que Vlady Kociancich no comprende cómo alguien se da el trabajo de atacar a Carriego. BORGES: «Para convencerla de que algunos poemas de Carriego eran admirables, Clemente se puso a leérselos. Entonces ocurrió un fenómeno de transmisión de pensamiento que muchas veces he observado. El lector, sensible a la opinión del oyente, decía: “Bueno, este poema” y, aunque toda la vida lo leyó con entusiasmo, ahora lo dejaba como a algo intolerable, para ensayar la suerte con otro, mucho mejor, que tampoco resistía la lectura. De todos modos Clemente aguantó más que yo. Lo peor es que en estos días tuve que escribir un prólogo sobre Carriego[1207], en el que se reflejan mis diálogos con Vlady».

BORGES: «No se puede juzgar la inteligencia de nadie por lo que dice en una conversación en la que participan varias personas». BIOY: «Por mi parte, sé que soy un imbécil en esas conversaciones, por temor de cometer gaffes, por la consideración de las opiniones de tantos oyentes».

Jueves, 13 de diciembre. Con Silvina buscamos a Borges y luego a Walter Bara, polaco norteamericano, agente de la McGraw-Hill. Comemos en San Isidro, con Victoria y Pezzoni. Victoria muy dada a recordar incidentes cuya mayor y única trascendencia es ella misma. Sobre todo, sorda. Pezzoni, por su parte, se muestra animoso y nimio.

Bara nos sorprende con la noticia de que los escritores norteamericanos no publican nada que no pase por el tamiz del editor, personaje que no se limita a corregir la gramática y la sintaxis del genio, sino que sugiere aquí una vieja pescadora, allá un episodio macabro, quizá un poco más de pornografía, desde luego otro final. BORGES: «Mejor es lo que pasa aquí. Todo el mundo es indiferente a la literatura, de modo que tanto da que las cosas sean de un modo que de otro. Allá el autor lleva su libro de sonetos que, el editor, porque es gran conocedor del mercado, publica ora en forma de novela histórica, ora de recetario de cocina».

Bara refiere que en uno de sus viajes en avión estuvieron a punto de estrellarse, porque un motor se desprendió, pero que a último momento el aviador consiguió enderezar el aparato y aterrizar. Él lo felicitó, pero los demás viajeros protestaron porque atribuían la salvación de sus vidas a una imagen de la Virgen milagrosa de cierta localidad, que una viajera extrajo de la maleta. Comentario de BORGES: «Es decir que Dios habría ordenado que el motor se soltara y que ellos murieran; pero, apelado por la señora fulana, interviene un subalterno de Dios (la Virgen en cuestión) y cambia esos planes. ¿Cómo alguien puede pensar así?».

Dice Bara que en los Estados Unidos el ideal de pureza oprime a la gente. Que una persona acusada de malversar fondos públicos muere civilmente y que un divorciado es, en los Estados del Sur, un outcast. El puritano que hay en Borges contesta: «Eso es mejor que lo que ocurre aquí, que todo se olvida en el acto. Aquí la fama de ladrón, de cobarde, de traidor, no perjudica a nadie».

Bara elogia una comedia de un tal Albee, titulada Who’s afraid of Virginia Woolf?, línea repetida en coro por los personajes (en una ronda, en dos o tres oportunidades, a lo largo de la representación), con la tonada de Who’s afraid of the big, bad Wolf? [¿Quién le teme al lobo feroz?]. BORGES: «Cómo será de casual todo en la invención de ese autor, que después de llegar a la miserable ocurrencia de esa parodia, la emplea para el título».

En el camino de vuelta, entre Bara y Pezzoni ponderan con embeleso los cuentos de un tal Dahl: «¡El de la mujer a quien el marido anunció que va a abandonarla!»[1208], grita, jubiloso, Pezzoni, y junta las manos. Bara lo refiere: «La mujer saca del freezer una pierna de cordero petrificada por el hielo, se acerca por detrás al sillón donde está sentado el marido, le descarga en la cabeza un mandoble con la pierna, lo mata. Pone la pierna en el horno y se va a la comisaría, a declarar que encontró a su marido muerto.

Los policías revisan la casa. Ella los invita a almorzar. Mientras comen la pierna de cordero, declaran que cuando encuentren el arma empleada sabrán quién es el asesino». Brutal, genial, etcétera. BORGES: «Pero, ¿ustedes creen que con ese argumento alguien puede hacer un buen cuento?».

Bara: «Roald Dahl, el autor, es el mejor cuentista del mundo, con algo de Poe, de O. Henry, de Kafka, de usted, don Horhe Luis». «Caramba —comenta don Jorge Luis—, qué lista. Yo no diría que Poe es uno de los mejores cuentistas y poner a O. Henry al lado de Kafka me parece una herejía.

Yo creo que hay cuentistas mejores. Ni qué decir Kipling o Henry James».

Borges me dirá después que una historia macabra y terrible como la de Dahl debe parecer real; debe parecer creída por el autor; el autor de una historia así debe parecerse a los personajes; debe contar las cosas como si no se diera cuenta de lo terribles que son. Ésta le parece tan artificiosa como las contadas por Apollinaire.

Para mí tengo que Borges pensó mejor de Bara después de hablarle un rato del anglosajón. Comentará conmigo luego: «¿Te has fijado en cómo insisten estos norteamericanos en una falsa cordialidad de llamarlo a uno por su nombre: a mí Horhe, a Frías Carlitos? ¿O será la vanidad de tener un amigo Carlitos, como quien tiene un amigo chino y lo puede nombrar por su petit nom?».

Domingo, 16 de diciembre. Come en casa Borges. Hablamos de Anatole France. Leemos Le crime de Silvestre Bonnard. BORGES: «El principio está muy bien. Mucho mejor que L’ile des pingouins. Ahora: este tono complaciente me parece mejor para un cuento que para todo un libro. Es complaciente, irónico, sentimental. ¿A qué recuerda? A George Moore, a Lamb, a Montaigne. Qué raro que un libro así impresionara. No parece de ningún modo un libro importante». BIOY: «Que un libro así impresionara habla bien de su tiempo. No se parece a nuestros Murena y Dalmiro Sáenz. Ni siquiera se parece a Sartre. Va dirigido a lectores de gustos delicados». BORGES: «Un libro hecho de puro encanto, como Le crime de Silvestre Bonnard, al principio gusta, pero pronto empalaga. El autor irrita un poco, porque parece vanidoso, tan seguro de entretenernos con su encanto… Este libro me recuerda Zuleika Dobson, de Beerbohm, un libro que tiene una fama que no merece. Bueno, The Importance of Being Eamest es también una obra encantadora, pero muy superior. Nos envuelve porque está llena de bromas y de situaciones absurdas. Wilde takes us away with it. No vas a comparar a Wilde con Anatole France. Macedonio opinaba que más irónico que Anatole France era el público que decía que Anatole France era irónico[1209]». Agrega que presume que France descuella en el diálogo en que varios interlocutores traslucen idiotez.

Dice de la profecía de una sibila que está leyendo en islandés[1210]: «Caramba, no es gran cosa. La poesía debe ser de vez en cuando exclamativa, debe tener algo de grito —sin llegar a los extremos de Lorca y de Alberti—. Ésta es expositiva».

BORGES: «Uno lee a Poe como si todos los cuentos formaran un libro; y uno lo lee porque ya lo ha leído muchas veces; pero si llegara por primera vez a mis manos, quizá no seguiría leyéndolo».

Del discurso que pronunció en la Embajada Francesa, cuando lo hicieron comendador, discurso que hoy transcribe La Nación, dice: «Lo reconstruimos con la señora de Castagnino. Ahora quiero prevenirte que de la palabra desenfado no soy responsable. La señora de Castagnino la propuso y yo, porque estaba muy cansado, la acepté. No creo que sea una palabra peor que otra, pero yo no la empleo, la dejo vivir».

Capdevila afirmó en un discurso: «Estoy de parte de Dios, de la vida». BORGES: «Pudo agregar: “De las enfermedades, de la muerte”».

En otro discurso, alguien dijo: «Esos maestros inolvidables: Giusti y Bianchi». BORGES: «¿Cómo serán las personas para quienes Giusti y Bianchi fueron maestros?». «Los tiempos heroicos del practicanado», dijo el mismo orador.

Martes, 18 de diciembre. Come en casa Borges. Observa que de chicos no dijimos nunca jugar al escondite, sino a las escondidas.

Miércoles, 19 de diciembre. Come en casa Borges. Hace tanto calor que, en busca de fresco, vamos a Palermo, con Marta.

Viernes, 21 de diciembre. Come en casa Borges. Seguimos, no sin desánimos, con Le crime de Silvestre Bonnard. Nada más mievre que las violetas que perfuman el final de la primera parte.

Viernes, 28 de diciembre. Come en casa Borges. Dice que no hay gente más intolerable que la que tiene las manías de las que nos hemos curado.

BORGES: «En este país (y en todas partes) la gente necesita a alguien para echar las culpas de que las cosas no salgan bien, un chivo emisario: los judíos o, entre nosotros, los hijos de italianos a quienes achacamos nuestras calamidades. (Irónicamente). Si no fuera por ellos el país sería otra cosa».

Comenta el título de un libro de poemas de Magdalena Harriague, La mano y su viaje: «No está bien elegido. Sugiere una indecencia. Él su da a entender que ya se sabe a qué viaje se refiere. Es un título raro, más raro que feliz. Nada peor que un título raro y tonto; mejor corriente y tonto; se nota menos».

Leemos L’Immortel de Daudet. BORGES: «Lo mejor que hemos leído. ¿Viste cómo imagina todo? Es un autor económico; en las primeras páginas ya te presenta varios personajes importantes y una situación que interesa. Tal vez no te guste el mundo descripto, pero hay que reconocer que está bien. Comparado con Daudet, Merimée parece un chico. ¿Por qué no gusta? ¿Porque es demasiado trabajador? Parecería que tiene poca poesía y nada de épica. Los personajes están muy bien. El autor no se casa con ninguno. No llega a la caricatura. Frase por frase está muy bien escrito».

Sábado, 29 de diciembre. Alguien ponderó la emocionante conducta de Giusti, que en un congreso de universidades, donde la Argentina estaba representada por cuatro o cinco y los Estados Unidos por treinta o cuarenta, pidió que se votara por país y no por universidad; y como salió en esto derrotado, renunció. El criterio de Giusti, dijo el que venía hablando, triunfó en las Naciones Unidas. BORGES: «Donde el Congo tiene tanta fuerza para imponer su voluntad como Canadá o Australia, o como Suecia y Dinamarca. ¿Por qué es bueno el sistema propiciado por Giusti? ¿Porque convenía a la Argentina? Un escritor no debe atender a estas miserias».

Hablando sobre mejores candidatos para el Premio Nobel que Steinbeck (que lo ganó), dice: «Cualquier otro». Convenimos de inmediato en Eric Linklater.

BIOY: «Yo podría escribir dos ensayos, uno sobre el Arte de envejecer (no hay arte de envejecer) y otro sobre El olvido. Las defensas del olvido suenan un poco a mala fe. A veces uno siente que alas, alas, todo fue en vano[1211], porque es tan enorme la montaña de lo olvidado». BORGES: «La debilidad de la memoria es la mayor desventura para el intelectual. El olvido causa una gran tristeza. Cuando Madre me lee algo que me parece particularmente justo o admirable, le digo que anote al fin del libro la página y las primeras palabras, o el tema, de la cita. Invariablemente Madre me dice: “No hay para qué anotarlo. Ya está anotado”. Así que olvidé lo que más me había impresionado».

Domingo, 30 de diciembre. Comen en casa Borges y Cozarinsky. Leemos algunos poemas de Emily Dickinson. BORGES: «Casi no la conozco». La comparamos con Toulet. BORGES: «Increíblemente, quien también se parece a Toulet, no en los temas, es Emerson». Dice que en el poema de Baudelaire sobre el deseo de viajar[1212] falta un poco de aire y de inspiración. «Es uno de los poetas más universalmente admirados», apunta con sorna. Recuerda el poema de Du Bellay, «Heureux qui, comme Ulysse, a fait un beau voyage»:

Heureux qui, comme Ulysse, a fait un beau voyage,

ou comme cestui-là qui conquit la toison,

et puis est retourné, plein d’usage et raison,

vivre entre ses parents le reste de son âge!

[…]

Plus me plaît le séjour qu’ont bâti mes aïeux

que des palais romains le front audacieux;

plus que le marbre dur me plaît l’ardoise fine,

plus mon Loire gaulois que le Tibre latin,

plus mon petit Liré que le mont Palatin,

et plus que Vair marin la douceur angevine[1213]

Señala: «Qué raro que sea un beau voyage y no, como uno involuntariamente corrige, un long voyage. Qué idea superficial del viaje de Ulises, cómo se ve que no se identifica con Ulises sino que lo ve como lector: un viaje entre monstruos, Caribdis y Scila, ¿cómo lo llama un beau voyage? Lo de plein d’usage et raison está mucho mejor, ya está muy bien, aunque tal vez la frase plein d’usage fuera entonces más corriente que ahora. Asimismo está bien que en una época tan convencional como la suya prefiriera l’ardoise fine al mármol de Roma, y la douceur angevine al air marin. Heredia habla de:

celle qu’il nommait sa douceur Angevine[1214]

celle qu’il nommait sa douceur Angevine[1214]

como si fuera una mujer, una secreta alusión, una broma: es probable y estaría bien que hubiera hecho la broma Du Bellay».

Lunes, 31 de diciembre. A las seis de la tarde corro a La Nación. Allí cerraron las puertas y nadie sabe que hay reunión del jurado. Después de una media hora larga con Leónidas llamo a Drago. «Los demás —opino—, no tendrán mi determinación y partirán». Resolvemos, entre poesía y teatro, que el año próximo el premio sea para la poesía. Cuando nos retiramos llega Mallea; no objeta.

Comemos, en el cuarto de Marta, con un calor espantoso, cuatro personas, el grupo que va quedando (el grupo de cada persona va disminuyendo y cambiando a lo largo de la vida): Silvina, Marta, Borges y yo. Después de comer, leyendo L’Immortel, cabeceo y sueño. Después, Borges y yo esperamos el año junto a una ventana.

BORGES: «En los libros no hay que ponderar mucho a los admirables cuadros, esculturas o monumentos que pinta o esculpe el héroe: los lectores descubren que son mamarrachos».

Hablamos de correctores de pocas luces. Recuerda: «Fernández Moreno explicaba que La ciudad junto al río inmóvil estaba mal; la ciudad es inmóvil y el río fluye. Tal vez la confusión de Fernández Moreno fuera intencionada… En la SADE, alguien, probablemente Ratti, corrigió un curriculum vitae que decía: Matilde Pérez Pieroni, pieronista, y escribió peronista, explicando: “De Perón, peronista. Yo he observado que hay unas unidades básicas de la rama femenina del partido peronista, y no pieronista”, ad nauseam. Qué diferencia con el que corrigió la frase “A veces uno se siente acompañado en el desierto y sólo en la ciudad” de la siguiente manera: “A veces uno se siente solo en el desierto y acompañado en la ciudad”. Este corrector debió de ser un hombre lúcido, cansado de tonterías. Hasta el siglo XVIII, todos hubieran corregido así, ingenuamente; la otra lección ¿Aristóteles la hubiera entendido?».


Martes, 1.º de enero. Come en casa Borges. Al llegar, dice: «El calor es el tema natural. Seamos sinceros: hablemos del calor».

Leemos libros presentados al premio de honor de la SADE, de La Plata. Encontramos en el capítulo IV de L’Immortel la frase «escultura en bolsa de nueces» (sculpture en sacs de noix); de modo que de Daudet la tomó Groussac (para aplicarla a Rodin). Leemos el capítulo V (la reunión chez Mme. Padovani).

BORGES: «Al paso que progresamos en la lectura, este libro empeora. Es una sucesión de cuadros, no muy buenos, no muy inspirados, de moeurs parisiennes. Las grandes novelas no están hechas así. Ni el Quijote ni Crimen y castigo están hechas así. Son más orgánicas. Tal vez un defecto de L’Immortel sea que uno sigue el destino de varias personas, no de una». BIOY: «En Dickens también es así. Pero Dickens tiene más envión». BORGES: «Mucho más envión». BIOY: «Tal vez L’Immortel sea una prueba de la imposibilidad de componer novelas realistas». BORGES: «La novela está bien hecha, pero no satisface. Desde luego, el autor se enloquece un poco con la descripción del viejo palacio, abandonado, des Comptes: encuentra un nombre para cada hierba, fulgura con riqueza de vocabulario[1215]. Debe de ser un lugar que existe; Daudet ha de respetar sus apuntes. Si no, ¿por qué tanta planta llamada por su nombre?». BIOY: «Védrine es una calamidad para el libro: el personaje admirable, sobre todo admirado por el autor…». BORGES (de la novela en cuestión): «Poesía no tiene». BIOY: «Tampoco el vértigo de la aventura inminente, como en las novelas de Conrad». BORGES: «Sí, pero lo que describe Daudet no es lindo, ni el estilo —écriture d’artiste, seguramente— es un placer en sí». BIOY: «Hay ironía, pero moderada». BORGES: «La loca carcajada no corresponde. El tema… son potins, chismes de señora, inventados por el autor, pero verosímiles».

Dice que Adela Grondona no podría escribir si no se enterara de lo que pasa en su familia: «No puede inventar nada. Qué tragedia dedicarse al género imaginativo y no tener imaginación». De Adela Grondona, Susana Bombal y otras grandes damas, que se permiten objetar a Vlady: «Sabemos que tienen derecho a la distinción; no lo ejercen».

Miércoles 2, jueves 3 y lunes 7 de enero. Come en casa Borges.

Martes, 8 de enero. Come en casa Borges. Tratamos de leer Les affaires sont les affaires, de Mirbeau. Leemos La ilustre casa de Ramires. Del comienzo, dice: «Está muy bien. Cuánto mejor que el sistema de cuadros, de los discípulos de Flaubert».

Miércoles, 9 de enero. Come en casa Borges. Leemos el capítulo segundo de La ilustre casa de Ramires. Sobre la referencia histórica para explicar el odio de Ramires por Cavaleiro: «Esto parece los apuntes del novelista para la novela más bien que la novela: los trasladó en bruto». Sobre los sueños de Ramires, después de la salida: «Están muy mal. Corresponden a lo que se finge que son los sueños, pero no parecen sueños». Sobre el ambiente de la novela: «Está muy bien. La amistad de Ramires con gente bastante humilde. No lo admiran demasiado. Se ve que no les gusta lo que escribe, pero lo animan porque está en el buen camino… Él es muy vanidoso. Da noticias de que estuvo mal, de que ahora está bien, y quiere compartir con todos el Fruit Salt».

Viernes, 11 de enero. Borges, cavilando sobre su próximo viaje: «La experiencia me enseña que las cosas son sucesivas, pero no puedo creer que llegue el momento en que no haya más Burzaco y empiece Londres. ¿Y qué hago, allá, si de pronto me llega una visión de la esquina de Chacabuco y Venezuela?»[1216].

Sábado, 12 de enero. Comen en casa Borges y Juan José Hernández. BORGES: «A diferencia de los gringos aquí o de los judíos en muchas partes, los negros de los Estados Unidos son un problema real y no ficticio. Hay algo evidente en los negros que nos rechaza. Por eso los argentinos vemos a los brasileros como macacos». Hernández: «No hay ningún parecido entre los negros y los monos. Los labios abultados son propios del hombre; los monos no tienen casi labios, la boca es como un tajo». BORGES: «Todas esas diferencias que usted señala son contraproducentes. Son muy sospechosas. Usted las señala porque piensa que hay algún parecido entre negros y monos. No se pondría a enumerar las diferencias que hay entre griegos y monos, entre la Venus de Milo y un mono». Hablamos de que hubo y ya no había negros aquí. «Qué lástima», exclama Hernández. («Este muchacho es completamente idiota», comenta después, al recordar la exclamación, Borges).

BORGES: «Van por la calle dos parejas; cada una consta de un muchachón y una muchacha; cada muchachón lleva abrazada a su muchacha. De pronto el de adelante dice al de atrás: “Te cambio la figurita”. Cambian, en efecto, de muchacha y prosiguen su camino, abrazados».

Miércoles, 30 de enero. Borges y su madre se van a Europa, que pasa el peor invierno desde el siglo XVII. Veo West Side Story, uno de los films que más gustó a Borges en los últimos tiempos: no logra entusiasmarme demasiado.

[Jueves 31 de enero al martes 12 de marzo. Borges en Europa, con su madre].

Sábado, 9 de febrero. En Mar del Plata. Con Silvina, al desayuno, hablamos de Borges, cuya dirección en Europa ignoramos. SILVINA: «Es un caso extraordinario: el de un hombre que ha sido muy desdichado y que llegó a la felicidad. Porque mirá que fue desdichado. Miro hacia el recuerdo. Me parece ver, como en charcos de confusos pantanos, caras de mujeres: Estela, Silvina Bullrich, la bailarina aquélla»[1217]. BIOY: «Y ahora es muy feliz. Está en la cúspide de su vida. Le va bien. Pobre, da lástima». SILVINA: «Da lástima una persona feliz, porque la sabemos tan cerca de la desdicha. Recorrerá Europa en un paseo triunfal, en esa postura de gran hombre, con el bastón al frente, agarrado con las dos manos. Con tal de que no le pase nada con la madre. Aunque él está protegido por la fama». BIOY: «Nadie está protegido. Nada pueden nuestras humildes brujerías contra the hard facts of life. Ojalá que no le pase nada. Es feliz porque tejió su felicidad, como un pájaro su nido. No es feliz al aire y al viento, con lo que venga: es feliz con la fama que ha cosechado, con el anglosajón, con la Biblioteca. Es como un chico obediente; escuchó lo que le decían las personas grandes: “Tenés todo para ser feliz”. Cada cual oyó alguna vez el consejo, irritante por sabido y por teórico… él lo escuchó. Empezó a ser feliz cuando perdió dos de las mayores condiciones de felicidad: cuando perdió la vista y cuando renunció a escribir. Bueno, escribe poemas admirables, pero nada de prosa, ni siquiera artículos; no inventa cuentos. Esto parece lo más doloroso: dejar de inventar; además, en Borges, resulta casi incomprensible, porque basta haber colaborado alguna vez con él, para saber hasta qué punto es inventivo, espontáneamente, inconteniblemente». SILVINA: «Él depende de su madre. La persona a quien dictamos influye en nosotros. Hay que tomarla en cuenta. La madre tiene que preferir los poemas…». BIOY: «Y él está más libre, adentro de los poemas… Hay gente que no entiende los poemas, que se queda afuera, confundida por la rima y el metro. ¿Antes de perder la vista daba conferencias?». SILVINA: «No. Cuando vino aquí todavía no se había largado a hablar». Aquí, en esta casa, se le soltó la retina.

Domingo, 3 de marzo. En Mar del Plata. Leo un negligente artículo de Marasso sobre Joaquín V. González. Mis padres tenían gran simpatía, aun admiración, por Joaquín V. González. Borges lo menosprecia; no lo menciona sin soltar la risa. Creo que exagera. González tiene algo de Sarmiento en miniatura; Sarmiento minus el talento y tante cose; pero lo que queda es respetable: en un medio hostil, una energía en favor de la civilización. También Cané es motivo de burla para Borges.

Martes, 12 de marzo. En Mar del Plata. Con Borges alguna vez, en una suerte de snobismo al revés, convinimos en que había lugares en que no podía uno situar un cuento. Palermo, el Palermo de los lagos, era uno; Mar del Plata, otro. Nos parecía que situar la acción en Mar del Plata y lograr que todo el relato no se tiñera de trivialidad era una prueba superior a nuestras fuerzas.

Jueves, 28 de marzo. En Mar del Plata. Hablo por teléfono con Borges, de regreso de su viaje. Del barrio de Kensington, donde vivió, me dice: «Es un laberinto benévolo. Todo Londres es un laberinto benévolo». Cuenta que a una señora, al subir al tren en Edimburgo, se le cayó un zapato y que el tren retrocedió para que ella lo recuperara. Me refiere que en un hotel de Bristol encontraron una visión de otro tiempo: en la mesa de luz, una escupidera. «Una escupidera para gigantes», agrega. De Abramowicz, amigo de la infancia, visto en Ginebra: «Ahora es comunista. Pero tenemos tantos recuerdos compartidos que en tres días felizmente no nos alcanzó el tiempo para hablar de Fidel Castro».

BORGES: «Bernárdez, en las tertulias de Madrid, era el tema más breve. Es un momentáneo. La gente en seguida habla de otra cosa. Parece que dejó el peor recuerdo. Lo echaron de una tertulia. En una tertulia a la que asistía Cossío y otra gente respetable, Bernárdez iba con su hijo, que negaba de plano cuanto esos señores afirmaban. En nombre de todos se le acercó a Bernárdez un capitán que le dijo: “Por motivos que no vale la pena indagar, todos creemos que no hay razón valedera para que usted vuelva a nuestra tertulia”». BIOY: «Cómo tiene que ser un hombre de antipático para que le pase eso. Ni a los peores crápulas les pasa eso». BORGES: «Lo que les habrá dado rabia a esos señores debió de ser la impermeabilidad estúpida de Bernárdez, que no notaría nada, ni que el hijo molestaba ni que los contertulios estaban molestos. Su cara de ojos redondos expresa únicamente ensimismamiento egoísta».

Refiere también: «En Madrid la gente quería fraternizar conmigo en el culto de Gardel. Cometí la torpeza, que después arreglé como pude, de decir que Gardel no me gustaba. Me llevaban aparte y me preguntaban el significado de otario, mina… Primeros auxilios con un lunfardo de emergencia».

BORGES: «Se derrumbó hoy parte de la cúpula de la Biblioteca. Clemente estaba desesperado. Le dije que se consolara, que era más lo que quedaba en pie que lo caído».

Lunes, 1.º de abril. En Buenos Aires. Come en casa Borges. Hablamos de Conrad. BORGES: «Prefiero The Shadow Line a The End of the Tether. El problema para el autor en The End of the Tether es muy simple: contar un argumento raro[1218]; en The Shadow Line es mucho más difícil. Consiste en transmitir una emoción: la emoción del primer comando; sólo Conrad podía hacerlo».

Cuando lo llevo de vuelta, me dice: «Recorramos un poco Buenos Aires. Tengo ganas de ver Buenos Aires».

Martes, 2 de abril. Por la mañana, llama el teléfono en el cuarto de Silvina. Ésta me dice: «Parece que hay revolución»[1219]. La revolución es antiperonista y gorila. Los comunicados que se oyen, por Radio Nacional y Radio Provincia, están firmados por el Comando de las Tres Armas en Revolución. Muy pronto advertimos que no cuentan casi con fuerzas del Ejército; que si hubo promesas de la Aeronáutica, no se cumplieron, y que la Marina es la fuerza revolucionaria. Sobre Buenos Aires vuelan hasta las primeras horas de la tarde aviones de la Marina. En las primeras horas del dia de la revolución está rampante; después empiezan los signos del receso. Menéndez es el jefe visible; a la tarde (temprano) se oye por radio al almirante Rojas, que se hace solidario con la revolución.

A las cinco, con Silvina, voy a buscar a Borges; éste aparece con su sobrino Miguel. BORGES: «Vamos a dar una vuelta por la ciudad». Silvina, increíblemente, no protesta. Por Leandro Alem cruzamos frente al Ministerio de Marina (hay gente en la terraza de arriba, mirando), dejamos la casa de gobierno a la derecha, llegamos a la altura del Ministerio de la Guerra (de la, como decían mi padre y la gente de antes). Del Ministerio salen soldados, con armas largas, en dos filas, abriéndose en abanico. Suponemos que irán a tomar el Ministerio de Marina. Para darles tiempo (de mostrar las intenciones), seguimos hasta el horrible Monumento al Trabajo; ahí damos vuelta y reanudamos el camino. Por la calle 25 de Mayo, frente a la casa de gobierno, están pasando los soldados, rumbo al Noroeste. Nos detenemos a la altura del Correo; vemos que en 25 de Mayo las tropas están agazapadas en la esquina, como si tuvieran la intención de tirar o avanzar de pronto sobre el Ministerio de Marina. «Estamos entre dos fuegos», digo. En efecto, a la izquierda están los soldados y a la derecha, el Ministerio de Marina. «Vamos, no seas loco», dice

Silvina. Entramos por Cangallo; miramos hacia la izquierda; la tropa está apostada en 25 de Mayo, al llegar a Bartolomé Mitre. Por el centro todo está tranquilo; hay tráfico y gente —en mucha menor cantidad que lo habitual— y grupos, en esquinas, de personas que discuten, o que oyen a alguien. Por Carlos Pellegrini vamos a casa. Digo: «Vendrán a tomar un tecito». Aceptan la invitación. Por lo bajo me dice Silvina: «Pará en cualquier confitería. Tenemos poco pan». Paramos frente a la panadería de Carlos Pellegrini, entre Juncal y Arroyo. De pronto oímos una incesante bocina de automóvil. Viene por Carlos Pellegrini un coche, que después identificamos como una pick-up Chevrolet, con alguien que agita algo blanco en la mano. «Son comandos civiles, con volantes», dice Miguel. Se equivoca: es un cura, flaco, de sotana brillosa y renegrida; agita un pañuelo; en la parte de atrás va echado, sostenido por alguien, un soldado con el pecho ensangrentado.

Propongo llamar a una amiga. BIOY: «Da noticias falsas, pero buenas». BORGES: «Para consolarla le dije que una noticia mala, pero verdadera, siempre era mejor que una buena, pero falsa; ni me oyó». BIOY: «Todo con el tiempo cambia; podemos calificar de falsas todas las noticias y preferir las falsas buenas a las falsas malas. Pero la verdad es que hay falsas falsas y falsas verdaderas». BORGES: «Ya comete uno bastantes errores, para que se preocupe por los de los demás».

Miércoles, 3 de abril. Come en casa Borges. Muy buenas noticias de la revolución.

Viernes, 5 de abril. La revolución, perdida. BORGES: «Debió asombrarnos el hecho de que tuviéramos todas las ciudades del país y ninguna radio. Eran noticias muy favorables, pero que no producían consecuencias en la realidad». (Las noticias que oíamos eran favorables al gobierno; pero la gente que sabe dice, aún hoy, que no hay que hacerles caso, que mienten). BORGES: «Dicen que ahora hay que desconfiar del Chino Rosas: nacionalista, comunista, leído, con fama de inteligente entre esos animales. Onganía es demasiado bruto. Alguien comentó que parece un tiempo de verbo. Aseguran que el Nato Otero, que preordenaba los resultados de las carreras en Palermo y San Isidro y que por eso tuvo que ser uno de nuestros exiliados, es gran amigo de Onganía».

Sábado, 6 de abril. Comen en casa Borges y Peyrou. Regalos de Borges (inter alia, una corbata de Sulka, ile tomando el peso).

Domingo, 7 de abril. Come en casa Borges. Dice, mientras orina en mi baño: «En cierto modo la invención de la imprenta fue perjudicial. ¿Te das cuenta? Los manuscritos serían raros, difíciles de conseguir. Leerlos sería muy importante. Además, exigirían un esfuerzo material para la lectura: la letra a veces sería mala o confusa; habría errores. La lectura se haría a toda conciencia». Habla de Chaucer, que llegó a Inglaterra con los manuscritos de la Divina Comedia, de Petrarca y de Boccaccio: «Estuve leyendo Troilus and Criseyde: es lo mejor de Chaucer. Yo he sido injusto con él. Todo juicio adverso es previo. Aborrecemos a un autor porque no lo hemos leído; no lo hemos leído, porque lo aborrecemos. Siempre es así. A lo mejor Lope de Vega es bueno. Tiene que ser bueno, si escribió los sonetos. ¿Un día descubriremos que Calixto Oyuela es admirable? No, la capacidad de admiración no llega para tanto».

Sobre mi viaje al Uruguay: «¿Vas por Colonia? Como Barrio Sur está bien. El Barrio Sur siempre está mejor en otras partes que en el Barrio Sur».

Sobre la declaración de Rojas: «Ni una palabra de reproche. Nada de amargura. En su declaración la revolución es —sigue siendo— gloriosa. ¿No será un gran hombre? Ha de ser. Por él se salva la patria. Basta uno para salvarla. ¿Te acordás de los treinta y seis hombres justos, de los judíos, que sostienen el mundo? No se conocen entre sí ni saben que están sosteniendo el mundo. Bueno, aquí tenemos uno. Conocemos a uno de esos puntales. Ha de haber otros. No creo que toda la gente en este país sea como dice Peyrou. No pueden ser todos personajes de novela picaresca. Sería la selva. El país está mal, pero uno sale a la calle y no le dan un golpe en la cabeza; algunas cosas se hacen. No se podría vivir en un país poblado por gente así. Algunas cosas se hacen. Yo sigo esperando noticias. Es un movimiento reflejo, como el de los morlocks[1220] que seguían moviendo, bajo tierra, en la oscuridad, grandes máquinas enmohecidas que ya no servían para nada. Ahora hay que pensar en algo nuevo. Estamos como en el último momento de la vida: sólo nos queda la memoria».

Martes, 16 de abril. Come en casa Borges. Hablamos de la revolución. BIOY: «Hay que reconocer que fue lo que los argentinos llamamos una brasilerada, aunque no nos consta que justicieramente… Estamos en una situación patética e incómoda: nuestro bando, que es el mejor, es el más flojo». BORGES: «Yo creo que, al enfrentarse, los dos pensaban en huir y el que huyó primero dejó la victoria para el otro». BIOY: «Tal vez dependa todo del efecto del miedo en cada uno. A uno lo impulsa a huir, a otro lo paraliza. Éste, porque se queda, es el vencedor». BORGES: «Yo no sé si a vos te pasará, pero yo me encuentro a cada momento con gente que me habla de la revolución. Durante unos segundos, en que decimos: “qué situación” y “qué desgracia”, creo que estamos de acuerdo; pero después me dice: “Menos mal que se detuvo la carnicería”. ¿Qué carnicería? Una carnicería para vegetarianos. Corrió sangre… bueno, de alguna hemorragia de la nariz. Lo más extraño es que esto ocurre en la época de las mayores guerras de la Historia. Todos los pueblos han luchado, salvo el nuestro. Qué pueblo raro. Serán cincuenta años de tangos y de Gardel y de Don Segundo Sombra… La gente dice: “¿Qué tienen que ver esos pobres muchachos?”. ¿La misión de las fuerzas armadas es protegerlos para la longevidad? ¿La idea del joven mártir aquí no se conoce? ¿Quieren viejos para mártires? ¿No decían que la base de Puerto Belgrano era inexpugnable? Hablan de traiciones: no se puede traicionar a tanta gente. La mujer que está durmiendo con Santos Pérez se levanta de la cama y va a buscar a la policía. Pero no puede haber una para cada marino, no puede haber tantos Santos Pérez como marinos (No había ninguno). Dicen que el almirante Vázquez los traicionó[1221], porque firmó la rendición y apareció en Puerto Belgrano con el documento firmado. ¡Lo hubieran fusilado, para levantar el ánimo de la tropa[1222], para demostrar que querían pelear! Klappenbach, que es un idiota, dijo: «Bueno, es como dos personas que se van a las manos, una saca el cuchillo y la otra dice: “Hasta ahí no voy”». Qué idiota. La Marina empezó la revolución, dijo que era una revolución nacional, entonces ella no podía después achicarse diciendo: “Hasta ahí no voy”. Y el peor es Wolberg, que quería la mediación del embajador de Francia o del Nuncio». BIOY: «Suena a ocurrencia de señora». BORGES: «También proponía que por una ficción la escuadra se rindiera a la Marina. Con el apuro por rendirse no pensaron en tal cosa». Comenta: «La gente es muy lenta para entender las cosas. No sé qué individuo explicó los otros días que tal medida del gobierno era una imposición de la Marina. ¿Qué puede imponer hoy la Marina?».

De González Lanuza cuenta: «Parece que dijo una frase graciosa. Lo invitaron a un congreso de escritores, en Chile, que era en verdad de escritores comunistas. “¿Y quién va?”, preguntó. “Escritores importantes —le contestaron—: Héctor Agosti”. “Bueno —dijo—. Yo no voy a ir, porque soy un idiota, pero un idiota completamente inútil.”».

Habla del Piers Plowman de Langland: «Hay una idea muy linda, que no vi en ninguna otra parte: que Dios se hizo hombre no sólo para lavar los pecados del mundo, sino para conocer el dolor. Hacerse hombre fue como una aventura de la divinidad». BIOY: «Es extraño que una idea tan atrayente quede en un libro del siglo XIV sin que nadie, hasta hoy, la haya recogido». BORGES: «Saintsbury compara el poema con un calidoscopio. Las cosas cambian todo el tiempo: Piers Plowman por momentos es Piers Plowman y por momentos es Cristo. Entra un caballero a pelear con la Muerte en un torneo, pero cabalga en un burro y va descalzo: es Cristo que entra en Jerusalén; ya después sigue la Vía Crucis y la crucifixión, y se olvida el autor del caballero. Yo creo que esto es así porque Langland quiso hacer como un realismo al describir sueños. En esa época se escribían sueños y visiones. La misma Divina Comedia es una visión. Langland habrá pensado: “Estos sueños son demasiado simétricos y lógicos para sueños. En los sueños las cosas se convierten en otras. Uno empieza en una situación y después pasa a otra, olvida la primera”».

Asegura que nunca se dijo langue française; sí, francoese. Que en tiempos de la Revolución Francesa se reconocía a la gente del pueblo —que decía le roi— de la nobleza —que decía le roué, o algo así—. Que Johnson decía punch, como nosotros[1223]. Que Shakespeare decía To be or not to be, como un argentino que no sabe inglés.

BORGES: «La bibliofilia en nuestro país ha llegado a extremos rarísimos. Una primera edición del Fausto de Estanislao del Campo cuesta más que una del Fausto de Goethe, lo que secretamente sabemos que es justo. Las primeras ediciones de libros que nadie quiere, como los de Molinari, cuestan miles de pesos. Uno puede comprar —como yo compré— en Buenos Aires una primera edición de Salammbô, pero no de Don Segundo Sombra. Parece que por Los mundos, un libro de Lugones, que Lugones quería destruir, porque lo avergonzaba, pagan más que por ninguno… Los autores no tienen que renegar de un libro, porque lo vuelven más precioso». BIOY: «Pero como los bibliófilos no leen, no importa». BORGES: «Eso es verdad. No leen nunca».

Dice que de Eduardo Gutiérrez, que creía que la gente podía pelear, a Don Segundo, donde todo se arregla con la presencia, donde no hay peleas ni pasa nada, se advierte la evolución del pueblo argentino: de peleador a pacífico: «Güiraldes no puso una pelea, porque entendió que era una gaffe, algo imposible».

Riendo, refiere que los herederos consiguieron que la casa del mamarracho de Larreta, llena de mamarrachos, se convierta en museo, que el gobierno la declare museo y que la compre: «Se cobran en gloria y en pesos. They got away with it». Dice que Gerchunoff despreciaba a Larreta.

BORGES: «La nueva comisión de Amigos de la Biblioteca no es mejor que la antigua. Gastaron treinta y cinco mil pesos en papel y sobres con membretes. Están dispuestos a afrontar grandes gastos —comprar una primera edición de la Biblia— que no se presentarán nunca, pero reponer el servicio de tacitas para el café y vasos les parece indigno de ellos. No son Zorraquín Becú, pero aspiran al honor de serlo algún día, desde luego sin pretender un apellido tan eufónico». BIOY: «Continuamente cometemos el error de suponer que las demás personas son adultas, pero en verdad son tan pueriles como uno». BORGES: «Es claro: si uno nació chico sigue siendo chico. Habría que nacer adulto para ser algún día adulto».

Miércoles, 24 de abril. Come en casa Borges. Dice: «El pobre Cansinos está traduciendo a Schiller. ¿Te das cuenta? Un autor tan frío…».

BORGES: «Martin Buber leyó todos los libros[1224], tenía una gran cultura y escribía muy bien. Escribió prólogos para cuentos chinos, para Chuang Tse[1225], para libros persas. Las historias de los jadisíes[1226] están muy bien. Pero sus ideas filosóficas no son nada. El fondo de su sistema filosófico es una relación yo-tú y yo-esto. Yo-tú es el diálogo (Ich-du, I-thou); yo-esto (Ich-es; I-it) es el no-diálogo. El pecador tiene salvación porque está en diálogo; el malvado no tiene salvación, porque corresponde al yo-esto. Dios creó al hombre porque Dios necesita la relación Yo-tú. Los teólogos pierden a Dios porque están en la relación yo-esto. (Despreciativamente). ¿Esto es filosofía? ¿No es puramente una cuestión de lenguaje?».

BIOY: «No y me parece mal la distinción entre el pecador y el malvado». BORGES: «Buber decía que el gran error de Cristo es: “Dad a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César”, porque el mundo es uno y la religión debe estar siempre mezclada con la vida, como ocurre entre los judíos; los cristianos, al separar la vida activa de la vida religiosa, obraban incorrectamente». Comenta: «Martin Buber: qué nombre triunfal. ¿O te parece que sugiere Martín Bobo? Yo creo que no».

Viernes, 26 de abril. Come en casa Borges. Me refiere que vio en Witcomb, en la librería de Keins, unas obras completas de Johnson, en una edición de principios del siglo XIX; que el librero, para que el dueño supiera que el posible comprador no era hombre rico, contó al dueño que Borges tenía interés por esos libros. «Si es así —dijo el dueño— tendré mucho gusto en regalárselos». Borges pensó retribuirlo con sus obras completas, pero vacila: «Se ve demasiado el canje. Y es un canje en que yo salgo ganando. Creo que lo mejor será darle un libro mío dedicado: uno cualquiera. Mejor uno de los anteriores a Emecé. Una editio princeps. No sé si queda alguna».

Después de una conferencia sobre los poemas de Borges, su madre, como consciente del bodrio, le dijo: «No olvides que [el conferencista] es un gran amigo».

Domingo, 28 de abril. Después de comer, voy a casa de Donald Yates. Están Borges, la madre, Peyrou y su mujer, unos Gainza y una norteamericana fea, de dos metros de alto.

Después, Borges me llama desde su casa y me refiere: «Madre y yo nos volvimos en taxi. Apenas subimos al automóvil, fue como andar en una montaña rusa. El hombre estaba borracho. La última vez que estuvo a punto de chocar fue en la puerta de casa, donde felizmente quedó en llanta. Madre y yo estábamos jadeantes. Entonces el destino nos deparó uno de los momentos más felices de la Historia argentina. Protestando contra todos los que pudo atropellar, el chofer, con voz aguardentosa, crapulosa, recitó: “Hijos de Espejo, de Astorgano, de Perón, de Eva Perón, de Alsogaray y de todos los ladrones hijos de una tal por cual”. ¿Te das cuenta? ¡Si un hombre así está con nosotros hay esperanzas para la Patria!».

Lunes, 29 de abril. Come en casa Borges. Leemos unas páginas de Persiles y Sigismundo. Después de leer los primeros párrafos, Borges comenta: «Una explicación melancólica: Cervantes escribió los pasajes cómicos del Quijote en la celebrada prosa grave y solemne porque no podía escribir de otra manera. Profesores de todos los países habrán trabajado para traducir estos párrafos claramente, sin perder la levedad de Cervantes».

Miércoles, 1.º de mayo. Come en casa Borges. Comentamos el affaire Etchebarne. Este amigo, por intermedio de Silvina, pidió al intendente Prebisch un puesto, de lo que fuera, en la municipalidad. Como lo nombraron inspector de verduras, ahora quiere mandar a Prebisch los padrinos, previa intercesión de Silvina. BORGES: «Si un hombre quiere pelear, no recurre primero a los buenos oficios de una señora». BIOY: «Lo ofusca tu antecedente». BORGES: «A mí no me nombraron inspector de aves y huevos. Yo era empleado de una biblioteca y me comisionaron sin sueldo para hacer esa inspección. Me comisionaron para que yo renunciara. Los casos son distintos. A Etchebarne lo nombran. A nadie nombran para que renuncie».

Leemos Los trabajos de Persiles y Sigismundo. BORGES: «Cervantes comprendió la unidad esencial de los hombres. Hace que todos hablen igual: el relator, Periandro, Taurisa». Leemos el prólogo, la dedicatoria. BORGES: «Esto está bien. Hay algo vivo. Pero el Persiles está muerto. Los primeros capítulos son una orgía de disparates».

Sábado, 4 de mayo. Contesto a un Dominique de Roux, que me pide para la revista L’Herne un artículo o unos recuerdos sobre Borges. Procuraré escribir sobre los orígenes de nuestra amistad y de nuestras colaboraciones[1227].

Domingo, 5 de mayo. Come en casa Borges. Leemos El pasajero, de Suárez Figueroa. BORGES: «¿Qué pasó con el español? Se ha convertido en otra lengua. Cuesta un gran esfuerzo seguir lo que me leés…». Leemos Persiles y Sigismunda. BORGES: «Tal vez todo esto sea fine writing y quiera dar la impresión de maleza». BIOY: «Parece un borrador». BORGES: «Podría usarse para pruebas con los estudiantes. Que mejoren cualquier párrafo, sin perder nada del sentido. No creo que se hagan esas pruebas… El primer capítulo del Quijote está escrito de otro modo. Aquí las frases son “mostrando el sombrero con la mano, que era de fieltro. Que viniendo los bárbaros, le vino el antojo. No, no creo que el Quijote esté escrito así, ni las Novelas ejemplares. Mirá, el Marco Bruto será artificioso, pero está mejor escrito”. Leemos en el Marco Bruta

Parentescos por línea del pecado y del adulterio, la sangre que prueban es la que derraman. Las mujeres son artífices y oficinas de la vida, y occisiones y causas de la muerte. Hanse de tratar como el fuego, pues ellas nos tratan como el fuego. Son nuestro calor, no se puede negar; son nuestro abrigo; son hermosas y resplandecientes: vistas, alegran las casas y las ciudades; mas guárdense con peligro, porque encienden cualquier cosa que se les llega; abrasan a lo que se juntan, consumen cualquier espíritu de que se apoderan; tienen luz y humo con que hacen llorar su propio resplandor.

Parentescos por línea del pecado y del adulterio, la sangre que prueban es la que derraman. Las mujeres son artífices y oficinas de la vida, y occisiones y causas de la muerte. Hanse de tratar como el fuego, pues ellas nos tratan como el fuego. Son nuestro calor, no se puede negar; son nuestro abrigo; son hermosas y resplandecientes: vistas, alegran las casas y las ciudades; mas guárdense con peligro, porque encienden cualquier cosa que se les llega; abrasan a lo que se juntan, consumen cualquier espíritu de que se apoderan; tienen luz y humo con que hacen llorar su propio resplandor.

Leemos en Barja (Libros y autores clásicos), en Fitzmaurice-Kelly (Historia de la literatura española), en Groussac, referencias al Persiles. Salvo Groussac, que habla del tedioso Persiles[1228], los demás elogian la imaginación y el estilo. BORGES: «Esto no es imaginación ni nada: es irresponsabilidad. Qué idea de la imaginación. Y si a cualquiera de éstos un estudiante les presentara una composición escrita así, lo aplazarían. Es claro que si uno piensa en Cervantes, viejo y pobre, viviendo en una casucha maloliente e imaginando estas aventuras… uno podría escribir un libro, otro libro. Sería, desde luego, bastante fácil elogiar el Persiles, cuidándose, eso sí, de citar cualquier frase, porque entonces el lector descubriría que es un fraude. Como dijo Wells de Haldane, que lo elogiaban “with a careful avoidance of particulars”. ¿Con quién podría hablarse del Persiles? Con Lugones, sí. No creo que con Ureña. Quizá tampoco con Reyes». Volvemos a considerar la posibilidad de que fuera un borrador. BORGES: «Tal vez no estaba destinado a ser publicado así. Como no sabemos cómo trabajaba Cervantes, no podemos opinar; pero realmente parece un borrador. Si le regalara un ejemplar a Wally [Zenner], ¿qué diría? No le gustaría, no podría gustarle, pero se cuidaría al hablar, porque es muy tímida en sus juicios. Sería un regalo verdaderamente misterioso. ¿Cervantes habrá pensado alguna vez en qué época ocurrirían los episodios que narraba en el Persiles? No. Nunca pensó en eso. No habrá leído Salammbô ni a Walter Scott».

BIOY: «Alguien citó como admirable la frase: “En una comida importa, más que lo que entra por la boca, lo que sale”». BORGES: «Está mal.

Sugiere el vómito. Más simétrica sería: “Importa, más que lo que entra por la boca, lo que sale por el culo”. ¿De quién es la frase?». BIOY: «De un colombiano muy famoso, colaborador de La Prensa, amigo de Victoria, que estaba en una reunión de Sur después de la Revolución y explicaba todo lo que nos pasaba por paralelismo con el Caribe. Ah no, no era ése: ése era el animal de Miguel Asturias. Pero éste también pensaba en el Caribe». BORGES: «Sí, no mostraban ningún afecto por este país, no les importaba lo que nos pasaba. Todo les servía de pretexto para abundar en sus verdaderas preocupaciones, que eran el Caribe y la United Fruit». BIOY: «Caramba, no me puedo acordar de cómo se llama». BORGES: «¿Madariaga?». BIOY: «Es un equivalente, pero sudamericano. Escribe sobre Roma, sobre Italia». BORGES: «Bueno, tampoco hay que suponer que una vez que lo recordemos, nuestra atención va a quedar fija para siempre en su nombre. Lo olvidaremos de nuevo, como aquel novelista judío, de Madre América…». BIOY: «Sí, el que uno encuentra en el subterráneo. ¿Leibowitz? No, vaya uno a saber cómo se llama. No me perturbes con recuerdos de otros olvidos. Volvamos a este famoso personaje…». BORGES: «¿Sanín Cano?». BlOY: «El que te dije vive…». Cuando lo he dejado a Borges, mientras rodeo la estatua de Echeverría, en plaza San Martín, recuerdo: Arciniegas, Germán Arciniegas. De casa llamo por teléfono a Borges. Cuando le comunico el hallazgo, responde: «Ah, claro. Yo te dije: Madariaga». Después recuerdo al novelista judío: Max Dickmann.

Levillier habló a Borges para que dictara un curso de literatura inglesa a diplomáticos. BORGES: «Lo encontré muy débil. Intelectualmente disminuido. Ya no es el gigante del intelecto que fue. Todo lo que me dijo era vago. Parece que el curso de literatura inglesa o norteamericana que me pide que dicte va a durar dos clases. Vos te das cuenta, ¿para qué sirve? Para que algunos nombres les suenen como no desconocidos cuando los oigan. En la primera clase, me dijo, debo dar los nombres de los autores sobre los que voy a hablar en la segunda. Va a ser una clase corta, le dije. Asistirán unos veinticinco futuros diplomáticos, me explicó, de los cuales quince, más o menos, saldrán aprobados para seguir la carrera. ¿Habrá que tomar exámenes, entonces?, le pregunté. No había pensado en eso. Tal vez los calificaría por la asistencia a clase. Prefirió la literatura norteamericana. Murmuró débilmente una frase que no entendí, de la que oí dos palabras: Longfellow… presente. Tal vez me quiso decir que él era contemporáneo de Longfellow. Cuando nos despedimos, para guardar el estilo debió decirme: “Recuerdos a su tío”, aunque yo no tengo tíos. El mismo Guillermo reconoció que Levillier ya no es el que era».

Lunes, 6 de mayo. Come en casa Borges. Dice: «Es difícil contar las anécdotas de Xul: se necesita la imagen, la voz de Xul, se necesita a Xul. (Tristemente). No quedará como un clásico de nuestras letras, como Güiraldes». BIOY: «No debe uno escribir sobre Xul como sobre un escritor. Hay que escribir un capítulo de novela, en que Xul sea el héroe. Es un personaje de ficción, que enriquece a Buenos Aires; deja suponer que Buenos Aires es más rica de lo que es. Aunque también tuvo a Macedonio». BORGES: «Sí: ahora los personajes pintorescos, ¿quiénes son? ¿Estrella Gutiérrez? ¿Erro? Nosotros esperábamos mucho del encuentro de los dos genios, Macedonio y Xul. No resultó… Xul dijo que Macedonio era anticuado y Macedonio aseguró que Xul merecía toda la estimación y toda la lástima[1229]. ¿Cuando lo enfrentaste a Xul con Pulman no salió mal?». BIOY: «Hablaron de sánscrito y probaron que los dos no eran impostores». BORGES: «¿Vos qué recordás de Xul?». BIOY: «Un día que vino a almorzar a casa, y habló de la panlingua y del neocriol, y María de Maeztu se ofendió —como dueña del idioma, que no se lo tocaran— y lo maltrató mucho. Cuando lo acompañé al ascensor, me excusé, como anfitrión. Me dijo: “No importa. Venus es más linda”». BORGES: «Es claro, es una trampa, porque ella no pretendía competir con Venus. Pero está bien. Para Xul, Venus era real».

Cuenta que Ernesto Palacio se lo presentó, diciéndole que iba a llevarlo a ver a un mago. Tomaron cerveza juntos, Xul y Borges, en un café, en la vereda, cerca del Congreso. BORGES: «Yo no simpatizaba mucho. De pronto, remedando la manera de hablar de los españoles, me dijo: “Nosotros, tomando nuestra cerveza, en medio de la envidia de los que pasan”. Era una broma imprudente, porque no se sabe cómo la va a tomar el interlocutor… No sé por qué esa broma me conquistó, quizá porque me pareció que un hombre que ha descubierto que a los españoles les gusta que los envidien prometía una infinidad de observaciones agradables y de afinidades: le di una palmada y sentí mucho afecto por él. Era hijo de un alemán que intervino en la construcción de la Penitenciaría de la calle Las Heras[1230]. De su madre y de su hermana decía: “Las dos viejas me miran, ladean la cara, como yo, se estiran los ojos para arriba, se ponen muy serias: me imitan”. “¿Y no hablan?”, le pregunté. “No, no falan”. Un día de mucho calor le dije: “Qué calor. No se puede hacer nada”. “Es verdad. Hoy sólo pude inventar diez o doce religiones”, lo que en modo alguno era una ironía antirreligiosa. De una tía abuela suya que visitó en Italia decía que era muy ignorante, que tenía un solo recuerdo al que siempre volvía, de un tren que transportaba un circo: “Primero vino el vapur (la locomotora). Después venían lo nimale… lulefante (los elefantes)” y los enumeraba. “Era analfabeta —explicaba Xul—, entonces en su mente se había grabado esa única imagen”. Un italiano del mismo pueblo recordaba únicamente que “él tocaba el violín en los quequitos de Buenos Aires”; como de un sueño, no recordaba nada más: ni las calles donde estaban los quequitos. Xul veía el lenguaje como un mecanismo lógico. Carecía de sensibilidad para elegir las palabras. Las inventaba toscas. Dichas con su voz cándida y un poco engolada, el efecto era cómico. Esencialmente no buscaba la risa. Xul sólo sometía al español a su tratamiento: no lo creía necesario para el alemán. No tenía mucho discernimiento literario. Si no había metáforas, no reconocía el buen estilo. De Dr. Jekyll and Mr. Hyde me dijo que estaba escrito como por Conan Doyle; de Baudelaire, que era superior a Dante. Era muy lector, muy estudioso. Tenía una prodigiosa biblioteca: colecciones de cuentos de hadas de todos los países, en alemán; Historias de las religiones; la Historia de la Filosofía de Deussen; libros sobre el origen del lenguaje; un libro sobre los tartans de Escocia, que le gustaba mucho. Él, es claro, los perfeccionaba. En su casa, de noche, solíamos leer a Swinburne. En pintura tenía un gusto imprevisible. No admiraba a Picasso ni a Braque. Admiraba a Paul Klee —¿cómo es Paul Klee?— y también a pintores que no correspondían al snobismo, o por lo menos correspondían a otro, como Turner. Tenía grabados de Piranesi, reproducciones de grabados de Durero. El idioma de las inscripciones en los cuadros nuevos no es la panlingua ni el neocriol. Es una nueva lengua, mezcla del español, portugués e inglés, para uso en América. Por eso pide a Dios que lo plen awake».

BORGES: «Estrella Gutiérrez visitó a Blas González y le dijo que mucha gente advertía que entre los libros sobre escritores argentinos de la comisión del sesquicentenario no había ninguno dedicado a Estrella Gutiérrez. González le explicó que todos los autores ahora estaban ocupados preparando libros sobre otros escritores. Estrella no se dejó correr con eso: repuso que él había sido presidente de la SADE, que era académico y profesor de la Facultad y que podía suministrar un autor que ya tenía reunido material sobre él… Se fue al bar de la esquina y volvió con el autor. González se venga contando el episodio, pero ya encargaron el libro[1231], que costará doscientos cincuenta mil pesos y en cuya iconografía podremos apreciar el desarrollo de Estrella, desde cuando era un niño en traje de marinero y podía ser cualquier cosa hasta su actual mediocridad de la que nada puede esperarse».

Martes, 7 de mayo. Hablo por teléfono con Borges. BIOY: «Hoy leí la primera conferencia de Groussac sobre Cervantes. Me pareció excelente y bien escrita». BORGES: «Es un tipo de ironía muy de tu padre. Por ejemplo: “De las comedias, ocho se perdieron: queda el consuelo de suponer que eran las mejores”[1232]. Las alabanzas, escritas de manera deliberadamente convencional, no afectan a las objeciones, muy escritas, muy conscientes y bien razonadas. Del hombre, de Cervantes, Groussac da una imagen muy querible». BIOY: «La celosa idolatría, que vela por que nadie objete nada contra algunas figuras (Shakespeare, Cervantes, San Martín), a lo largo del tiempo se fortifica incesantemente. Pope pudo objetar casi candorosamente a Shakespeare; Johnson, con pocas precauciones[1233]; hoy habría que ir contra viento y marea. Desde luego que más peligroso debe de ser atacar, dentro de España, a Cervantes, aunque no tanto como, en nuestra mansa Argentina, permitirse una duda sobre San Martín». BORGES: «Una objeción de autores como Johnson o Groussac tiene más fuerza, irrita más a los defensores de santuarios, que si proviene de escritores profesionalmente agresivos, como Mencken o Léon. BIOY: éstos ni siquiera requieren coraje para atacar a nadie, porque el público ve sus ataques como rasgos personales y pintorescos tics».

Miércoles, 8 de mayo. Come en casa Borges. Dice que preguntó a sus discípulas si leyeron el Persiles. «No —le contestaron—. Se estudia en Español B. Nosotras somos todas de Español A.».

BIOY: «Una frase carente de ambigüedad: “Le apliqué el potenciómetro”». BORGES: «Mejor es: “Me aplicó el potenciómetro”».

Domingo, 12 de mayo. Come en casa Borges. Leemos débiles poemas, para el premio de La Nación[1234].

Ayer Peyrou, que comió en casa, me contó: «Le dije a Dabove que de un momento a otro llegaría Yates. Le expliqué quién era Yates, un norteamericano que le iba a pedir datos sobre su hermano. Como lo vi triste, agregué: “Está interesado en su hermano, en todos los escritores de aquí, en usted también”. Se quedó mirándome gravemente y dijo: «Yo tengo un cuento, “Jerjes”[1235], que es bueno». Cuando apareció Yates, Dabove se reanimó y se puso a hablar, mientras el otro anotaba. En seguida se puso a ponderar ese cuento, “Jerjes”, y a bombear al hermano muerto». Comenta hoy BORGES: «Lo que más admira Peyrou es a un tipo vivo, que embroma a los otros. Bueno, yo también tengo una superstición equivalente, porque admiro el coraje, a los hombres capaces de actos de coraje. El admira la astucia. Está detenido, mentalmente detenido… Bueno, Dabove no sólo está detenido, sino desesperado. Los otros días, durante una comida en La Prensa, lo dijo: “Estoy desesperado”. Creo que fue todo lo que dijo en la comida, porque ya ni habla. No se pega un balazo probablemente por pereza. Y Fernández Latour habla de un modo rarísimo, está afónico porque le sacaron media garganta. Piensa en la voz: hizo notar que si nadie conoce su propia voz, es asombroso que pueda imitar la de otro».

De Guillermo de Torre dice BORGES: «No cree que entre los fines de un profesor esté el de enseñar a los alumnos. Cree que el fin es cobrar dinero, asistir a congresos, en países donde pagan con dólares. Cree que la misión del Estado es mantener a los intelectuales. Lamenta que el gobierno gaste tanta plata en militares y clérigos, porque esa plata podría distribuirse entre los intelectuales».

Una vez Susana Bombal habló de pintura con Pérez de Ayala. BORGES: «Ella lo contaba así: “Como Pérez de Ayala despreció a Picasso, para vengarme le dije que su tan cacareada Goya desnuda tenía las piernas cortas. Me contestó que las mías eran peores. Comprendí, por esta agresión, que estaba enamorado de mí y lo rechacé”».

Lunes, 13 de mayo. Come en casa Borges. Leemos poemas, para el premio de La Nación. Comenta: «Cuando aparecen chacras ya se sabe: el autor es santafecino. Hay chacras por todo el país, pero solamente los santafecinos se exaltan con ellas. Muchas veces las cantan con un estilo adornado, que no está en armonía con el paisaje que describen. Y un epíteto que tampoco tarda en aparecer es litoral. Las noches litorales…».

Martes, 14 de mayo. Comen en casa Borges y Beatriz Guido. Con Borges, leemos poemas para el concurso de La Nación. Beatriz refiere que en la reunión de la Comisión del PEN Club, Adela Grondona discutió violentamente con Aita. Deja uno medrar a infelices y se convierten en fieras.

Miércoles, 15 de mayo. Come en casa Borges. Leemos poemas para el concurso. Dice: «Uno no puede creer que de pronto va a aparecer uno bueno. Como tal vez todos no son del mismo autor, aparecerá».

Jueves, 16 de mayo. Come en casa Borges. Recita los versos de Jaimes Freyre:

Peregrina paloma imaginaria

que enardeces los últimos amores;

alma de luz, de música y de flores,

peregrina paloma imaginaria[1236].

Comenta: «Son versos puramente verbales, pero admirables. El autor ¿qué diría? ¿“Escribí unos versos que no significan nada”? ¿O los creería cargados de sentido, de admoniciones, de…? Son versos admirables, pero habría que tener mucho valor para publicarlos. Quiero decir: a uno le gustaría haberlos escrito, pero no se atrevería a publicarlos así nomás, un domingo, con la firma, en La Nación. Uno preferiría atribuirlos al personaje de una novela».

Habla de una antología de cuentistas publicada por EUDEBA[1237]: «La Universidad no debería publicar libros así, con esos autores y con un aspecto tan de pacotilla. Ahí me han puesto a mí, con autores muertos y con otros que son comunistas o sirven a los comunistas. Me leyeron cuentos de Güiraldes, de Lynch y de Quiroga. A Güiraldes no había por qué incluirlo, no es cuentista. Dicen que ese cuento, “El rescoldo”, es muy importante porque en él aparece por primera vez Don Segundo. Creo que aparece como un negro, porque el autor lo llama “el moreno”. Güiraldes escribe mejor que tu pariente Lynch y Lynch mejor que Quiroga. El cuento de Lynch, “El potrillo roano”, está escrito de cualquier modo, es un mátete. Te están describiendo detalladamente algo que pasó en determinada mañana y de pronto, con un punto y aparte —o a lo mejor, ni siquiera eso, en la misma línea— te dicen: “dos o tres meses después”. Eso está mal, es molesto. Hay artificios tipográficos, como un espacio en blanco o un asterisco, que sirven para estos casos. Es claro que el cuento de Lynch es admirable si lo comparás con “Los mensú”, de Quiroga. Esto ya parece un borrador redactado a toda velocidad por un autor para no olvidar un argumento y escribirlo alguna vez. Está escrito con total indiferencia, como si el autor comprendiera que la historia que cuenta es una idiotez: como Mariana [Grondona], cuando en medio de una explicación, desemboca en una suerte de murmullo insignificante y no articulado, porque sabe que lo que dice no merece ser oído. Tiene Quiroga que mencionar a unas putas y por momentos las llama, en débil broma, las doncellas, las damiselas, cambiando siempre de nombres tontamente pícaros. Pobres los profesores que deben leer estos autores ante los alumnos y reconocer que generalmente Homero duerme».

Sábado, 18 de mayo. Comen en casa Borges y Peyrou. Leemos poemas. Digo: «Pensar que los autores han de ser las personas más inteligentes de sus familias».

Peyrou quiere que hagamos un manifiesto; insiste en que Borges no lo firme, por ser funcionario público; Borges insiste en firmarlo. Peyrou dice que algo habría que decir por los marinos presos. BORGES: «No hay que decir nada. Están bien presos. Se metieron en una chirinada; no quisieron pelear». BIOY: «Pienso como vos. Pienso que se portaron como cobardes; pero no tenemos otra gente —es la mejor del país— y no podemos repudiarlos». BORGES: «Tenés razón. Tengo la esperanza de que de pronto un hecho fortuito, una pelea callejera, devuelva el coraje a la gente y salve al país».

Dice BORGES: «He quedado abrumado anoche en la comida a Bernárdez. Erro lo mostró como un héroe. Recordó el discurso muy valiente de Bernárdez en otra comida… como si no supiera que después Bernárdez movió cielo y tierra —a Capdevila, a Estrella Gutiérrez, al doctor Dell’Oro Maini, a Palacios, a mí, a un peronista de la CGT (¿Espejo? Creo que sí)— para que Frondizi, contra quien iba aquel discurso, lo perdonara y lo repusiera en su puesto. Después habló Bernárdez, muy contento con su coraje y con su tozudez. Él también había olvidado, por lo visto, aquellas gestiones ante Frondizi».

Lunes, 20 de mayo. Come en casa Borges. BIOY: «He leído, en The Art of Chinese Poetry, que las continuas alusiones literarias de los textos chinos son peligrosas trampas para traductores; por ejemplo, “me dediqué al estudio” es una frase que recuerda a otra de Confucio: “a los quince años me dediqué al estudio”; por lo que en realidad significa quince años.[1238] Esto me sugiere una reflexión, de cuya exactitud no estoy seguro: que estudiar lenguas europeas es aprender sinónimos de conceptos invariables; y que la mayor dificultad del chino ha de resultar de que los conceptos no siempre son iguales a los nuestros. Por ejemplo, en casi todas las lenguas europeas está el concepto de base, en chino es raíz; en las lenguas europeas tenemos, en el otro extremo, tope, cima, cúspide, los chinos copa (como la copa de un árbol)». BORGES: «En la versificación anglosajona aparecen frases que creí originales del poeta que leía y que resultaron modos de decir. Por no haber rima, sino aliteración, en la poética anglosajona no había estrofas. Los irlandeses y los escandinavos llegaron a ordenar una poética tan complicada que la gente se contentaba con hacer un poema y no pretendía además que el poema fuera bueno; algo así ocurre hoy con la poesía galesa. Según un estudioso alemán, no hay reglas filológicas acerca de la evolución de las lenguas: las cosas ocurren a veces de un modo, a veces de otro; es un mundo casuístico». BIOY: «Cuando me explicaron la ley de Grimm, sospeché algo parecido».

Habla de Mallarmé: «Suele ser cursi y dulzón: dado el tipo de poesía que se propone, eso está muy mal:

C’était le jour béni de ton premier baiser.

[…]

et j’ai cru voir la fée au chapeau de clarté […][1239].

Es como los escritores norteamericanos: quieren ser duros y son meramente cursis y sentimentales».

Dice que habría que escribir una novela mundana, de trama complicada y con suspenso, cuyos personajes fueran de psicología delicada, y que en el último capítulo —para mostrar el hartazgo por todo, para mostrar que el autor no se deja embobar por su libro— habría que soltar una manada de chanchos que mataran a todos los personajes.

Martes, 21 de mayo. Pregunto a Peyrou acerca de un posible conferencista para hablar sobre mi padre, en la Asociación para la Libertad de la Cultura. Me propone a Borges. Lo llamo y acepta.

Miércoles, 22 de mayo. Come en casa Borges. Leemos «Green» de Verlaine:

Voici des fruits, des fleurs, des feuilles et des branches

et puis voici mon coeur, qui ne bat que pour vous.

Ne le déchirez pas avec vos deux mains blanches

et qu’à vos yeux si beaux l’humble présent soit doux.

J’arrive tout couvert encare de rosée

que le vent du matin vient glacer à mon front.

Souffrez que ma fatigue, à vos pieds reposée,

reve des chers instants qui la délasseront.

Sur votre jeune sein laissez rouler ma tête

toute sonore encare de vos demiers baisers;

laissez-la s’apaiser de la bonne tempête,

et que je dorme un peu puisque vous reposez[1240]

Lo compara con un soneto de Góngora («A una dama que, estando dormida, le picó una abeja en la boca»):

Al tronco Filis de un laurel sagrado

reclinada, el convexo de su cuello

lamía en ondas rubias el cabello,

lascivamente al aire encomendado.

Las hojas del clavel, que había juntado

el silencio en un labio y otro bello,

violar intentaba, y pudo hacello,

sátiro mal de yedras coronado;

mas la invidia interpuesta de una abeja,

dulce libando púrpura, al instante

previno la dormida zagaleja.

El semidiós, burlado, petulante,

en atenciones tímidas la deja

de cuanto bella tanto vigilante.

Dice que habría que escribir una nota sobre las ventajas y desventajas de los amantes que llegan empapados o picados por abejas.

BIOY: «En “Green” se ve todo de cerca, demasiado de cerca:

… tout couvert encare de rosee

que le vent du matin vient glacer á mon front.

Ni couvert ni glacer se justifican. Y laissez rouler ma tete sugiere la cabeza suelta». BORGES: «Cabeza de quita y pon». BIOY:

«Toute sonare encore de vos demiers baisers

«Toute sonare encore de vos demiers baisers

también es una exageración ridícula.

Laissez-la […]

que je dorme un peu puisque vous reposen

el sueño antes del coito». BORGES: «A pesar de todas esas imágenes exageradas, el efecto general, por el ritmo de los versos, es calmoso, casi lánguido».

Leemos otros poemas de Verlaine:

Les roses étaient toutes rouges,

et les lierres étaient tout noirs.

Chere, pour peu que tu ne bouges,

renaissent tous mes désespoirs.

Le ciel était troup bleu, trop tendre,

la mer trop verte et l’air trop doux.

Je crains toujours, —ce qu’est d’attendre!—

quelque fuite atroce de vous.

Du houx á la feuille vernie

et du luisant buis je suis las,

et déla campagne infinie

et de tout, fors de vous, hélas[1241]!

BORGES: «Éste es mucho mejor». Agrega: «Qué raro: parece de Toulet. Lo que nos da un gran poeta es único, irremplazable. El placer que nos da Verlaine no podemos encontrarlo en otros».

Leemos a Góngora. BORGES: «Es más duro, más viril. Bueno, por momentos es duro como almidonado, como acartonado: duro y seco.

¡Oh gran río, gran rey de Andalucía, de arenas nobles, ya que no doradas!».

BIOY: «El motivo de la salvedad debe ser el gusto por el ya que no, por el movimiento mental impuesto. Les encantaba el vaivén dialéctico». BORGES: «Sí: las formas del pensamiento, no la práctica»[1242].

Jueves, 23 de mayo. Come en casa Borges. Trae buenas noticias, expresadas por enigmas, por [Nicolás]. Repetto y Capdevila. Repetto habría afirmado: «Dicen que mi vida fue muy dura. No es exacto. A mí todo me salió bien y mi vida fue feliz».

Sábado, 25 de mayo. Silvina y yo oímos por radio el poema «Junín», de Borges, leído por la madre.

Lunes, 27 de mayo. Come en casa Borges. BORGES: «Mastronardi me contó el último cuento de Bernárdez; es un cuento perfecto, porque prueba más de una cosa, todas contra Bernárdez. El propio Bernárdez se encargó de difundirlo. Parece que al saber que el intendente Prebisch había leído su poema “La casa”, Bernárdez le envió un juego de fotografías de la casa en cuestión, que está en La Calera, en Córdoba. Este cuento muestra, ante todo, el afán de adulación de Bernárdez; luego, su engreimiento, al suponer que Prebisch tendrá destino para esas fotografías; que es importante la casa que él canta en su poema, la casa donde el poeta vivió. Es un cuento perfecto, porque revela fácilmente el carácter de Bernárdez, que es astuto, ávido y tonto».

Afirma que misteriosamente el prestigio de Bernárdez es sólido, y que lo fue desde el comienzo. Por ejemplo, siempre se lo consideró superior a González Lanuza; éste aparece como un pelafustán de las letras, en comparación con Bernárdez, que encarna al poeta. Aunque últimamente haya escrito periodismo, esto no lo afecta. «Está tan seguro —comenta— que puede usar cualquier palabra, como tratativas». Cuando alguien es muy amistoso con uno es difícil hacerlo a un lado. Borges señala más que nadie los defectos de Bernárdez; pero cuando le dan una comida a Bernárdez, asiste.

Tiene la peor opinión de Quiroga. Leemos «El almohadón de pluma», extraordinariamente débil. BORGES: «Leer ese cuento es poco saludable; persuade al lector de la imposibilidad de escribir. Para toda sucesión de tres palabras hay un cambio de sujeto. A veces recurre al pronombre él; a veces uno cree que quien entró en el cuarto es la alfombra. La factura del cuento no es mejor. Muchos detalles del principio no tienen ninguna razón de ser al final; hay mucha arquitectura, pero los personajes parecen solos en el mundo, sin familia ni amigos. La sirvienta, que aparece al final, no existió hasta ese momento. El autor padece de la manía de colocar el sujeto al fin de la frase, lo que produce momentos de suspenso poco estimulantes, en que uno no sabe a quién corresponde lo que va leyendo. Para concluir hay un párrafo, que no parece de cuento, sino de recomendaciones de un periódico para las amas de casa»[1243].

Después leemos dos cuentos de Los desterrados: «El hombre muerto» y «La cámara oscura». El argumento del primero no es de cuento, sino de poema[1244]; el segundo, a pesar de algunas ambigüedades, es pobre; pero la verdad es que ambos están bien escritos, sobre todo si se los compara con «El almohadón de pluma». BIOY: «Creo que habrá pasado un tiempo entre la publicación del primero y de los segundos; en ese tiempo Quiroga aprendió a escribir. Me congratulo de haber sacado de la lista de mis obras los libros anteriores a La invención de Morel Juzgado por ellos yo también sería un animal». BORGES: «Lo que se ve es la voluntad de escribir cuentos. De escribirlos, aun sin ideas, sin argumento, sin nada».

Martes, 28 de mayo. Come en casa Borges. Le leo una engorrosa carta de Sabato, ahora dispuesto a la reconciliación. BIOY: «Sabato me explica que él ha sido cruel con mucha gente, incluso consigo mismo: sin duda cree que esta frase me conmoverá. Para mí su carta significa el esfuerzo de contestarla. Esfuerzo no menor, porque hay alguna dificultad en escribir una respuesta fiel a la verdad y no mezquina, generosa y no hipócrita». BORGES: «No es un gentleman. Sir Thomas Browne describe al gentleman como una persona que trata de no dar molestias».

El Papa está muriendo. Llaman de Clarín a Borges, a casa, por teléfono. BORGES (secamente): «Sí, soy yo. ¿De qué se trata?». El periodista: «Queremos su opinión sobre el reinado de Juan XXIII». Borges; «No puedo hablar con autoridad sobre eso», y corta. Comenta conmigo: «Creen que porque uno es escritor tiene opiniones interesantes sobre todos los temas».

Miércoles, 29 de mayo. Comen en casa Borges y Mastronardi.

Viernes, 31 de mayo. Come en casa Borges. Leemos poemas para el concurso. En uno de ellos, por el príncipe de Sabaya dícese el príncipe de Ceboya.

Sábado, 1.º de junio. Come en casa Borges. Refiere que Susana Bombal habla del príncipe Maquiavelo. BORGES: «“Susana es confusa”, reconoció en voz baja, y apenada, Wally». Dice: «¿Te acordás, esa noche en que Eandi se puso a explicarle a tu padre cómo era la gente de campo y el campo? Tu padre lo escuchaba cortésmente y vos me hiciste un ademán para que yo no aclarara la situación». Borges interpretó mi ademán por el deseo de gozar de una situación absurda; el motivo fue otro: no quise que Eandi, de por sí bastante ridículo, se sintiera más ridículo aún.

Domingo, 2 de junio. Come en casa Borges. Leemos poemas para el concurso de La Nación; algunos pasables. Después, como en procura de una purificación, dice: «Leamos ahora un poema de Verlaine».

BORGES: «Caramba, qué poesía minúscula. No se interesa más que en su destino. No en su destino: en su presente, en el momento fugaz. Nadie habrá sido mejorado por esta poesía. Sin embargo,

Voici mes mains qui n’ont pas travaillé[1245]

Voici mes mains qui n’ont pas travaillé[1245]

bueno, es un poema excepcional en la obra. Habría que ver qué es más importante: la impresión que nos deja un poeta en el recuerdo o la que nos da cuando lo releemos. Tal vez —ojalá— sea más importante la del recuerdo». BIOY: «También, ¡qué ingenuidad creer que los libros están hechos para ser leídos! Están hechos para haber sido leídos».

Con agrado leemos «Gaspard Hauser». Explica: «Tengo que hablar sobre Verlaine en La Plata. ¿Qué se puede decir de Verlaine? Sus poemas son excelentes, pero no sirven para el análisis. Debí elegir un poeta que me gustara menos, pero que diera más materia para el análisis. Nicolson tiene un buen libro sobre Verlaine[1246]. Al final le dan rabia los franceses y dice: “Our serious neighbours” y afirma que hay críticos franceses que se creen capaces de entender a Shakespeare y aun a Goethe». BIOY: «Es raro, porque ha escrito más de un libro sobre escritores franceses. Recuerdo uno sobre Constant»[1247]. BORGES: «Bueno, le habrá dado rabia haberlos escrito, haberlos tomado en serio tanto tiempo». Me pide que lea «Mon reve familier»:

Je fais souvent ce rêve étrange et pénétrant

d’une femme inconnue, et que j’aime, et qui m’aime,

et qui n’est, chaquéfois, ni tout áfait la méme

ni tout áfait une autre, et m’aime et me comprend.

Car elle me comprend, et mon coeur, transparent

pour elle seule, hélas! cesse d’être un probleme

pour elle seule, et les moiteurs de mon front blême,

elle seule les sait rafraîchir, en pleurant.

Est-elle brune, blonde ou rousse? —Je l’ignore.

Son nom? Je me souviens qu’il est doux et sonore

comme ceux des aimés que la Vie exila.

Son regard est pareil au regará des statues,

Et, pour sa voix, lointaine, et calme, et grave, elle a

l’inflexion des voix chères qui se sont tues[1248].

Le gusta mucho ese poema. A mí los versos finales me parecen un poco ridículos: me irritan y desagradan. BIOY: «Creo que Brunetiére o Faguet dijo: “Qué lástima que la voix de M. Verlaine ne se soit pas tue, elle aussi, que la voz de Verlaine no sea una de esas voces que se callaron”. Debe de ser ésta una poesía insoportable para aquéllos a quienes no les gusta». BORGES: «Poca gente puede admirar los versos de Verlaine y la gracia de la frase del crítico. Que sea justa o injusta no importa: está hecha para ser graciosa… Parece que Tolstoi leía a Verlaine sin entender nada. En un poema habla Verlaine de pajaritos y a renglón seguido des petites voix[1249]. Tolstoi no entiende que pertenecen a los pájaros e irritado pregunta de dónde salen, qué son esas vocecitas. Por momentos, Verlaine se parece a Toulet. Creo que sos injusto cuando decís que toda esta gente hacía poesía de tango. En todo caso corresponde a la decadencia del tango». BIOY: «Es claro. Verlaine es una suerte de suave Discepolo». Leemos en «Voeu»:

Ah! les oaristys! les premieres maîtresses!

L’or des cheveux, l’azur des yeux, la fleur des chairs,

et puis, parmi l’odeur des corps jeunes et chers,

la spontanéité craintive des caresses[1250].

BORGES: «Juan Valera traduce oaristys como palique, y debía de saber griego. Yo creía que era algo así como maitresse». Consulto el diccionario griego; a través de dudas alfabéticas deduzco que así ha de ser, porque οαριοτίζ son personas con quienes tenemos una relación íntima. Comenta: «Qué bien que hable del olor de los cuerpos de las muchachas». Leemos «Aprés trois ans»:

Ayant poussé la porte étroite qui chancelle,

je me suis promené dans le petit jardín

qu’éclairait doucement le soleil du matin,

pailletant chaqué flewr d’une humide étincelle.

Ríen n’a changé. J’ai tout revu: l’humble tonnelle

de vigne folie avec les chaises de rotin…

Le jet d’eau toujours son murmure argentin

et le vieux tremble sa plainte sempitemelle.

Les roses comme avant palpitent; comme avant,

les grands lys orgueilleux se balancent au vent.

Chaqué alouette qui va et vient n’est connue.

Méme j’ai retrouvé debout la Velléda,

dont leplátre s’écaille au bout de l’avenue,

—Grêle, parmi l’odeurfade du réséda[1251].

BIOY: «Está muy bien que no se diga, al final, que sólo falta ella: está sugerido, no es necesario decirlo». BORGES: «El mejor de todos es “Spleen”:

Les roses étaient toutes rouges

et les lierres étaient tout noirs.

Delight bordering in madness [deleite al borde de la locura], como escribe Chesterton de Rossetti». BIOY: «En los mejores momentos, Verlaine escribe con tono prosaico, únicamente con palabras llanas, y la poesía no resulta, como tantas veces en otros poetas, de una alteración del orden normal de las palabras, de una palabra un poco insólita o indebidamente empleada, de una dislocación lógica. Es poesía de buena ley, no de utilería perceptible». BORGES: «Esta poesía no es para leer de corrido, en grandes cantidades, sino para tomar un poema y quedarse con su eco, recoger su melancolía. Fuera de su poesía, Verlaine sería un señor francés como tantos otros, no demasiado interesante».

Hablamos también de Rimbaud, de Mallarmé. BIOY: «De toda esa cáfila el mejor es Verlaine». BORGES: «También podría decirse: “de toda esa barra”, “de toda esa mersa”». BIOY: «Rimbaud escribió el poema más inspirado, de mayor impulso[1252], pero sus aciertos son momentáneos». BORGES: «Es un momentáneo». BIOY: «Mallarmé también tiene poemas agradables». BORGES: «Frecuentemente es ridículo».

BORGES: «Victoria despreciaba a no sé quién porque en lugar de “il faut tenter de vivre”, como escribió Valéry, puso: “il faut vivre ma vie”. Despreciaba a ese individuo porque ella tenía de su lado a Valéry y le parecía improbable que Valéry se equivocara[1253]. Además, creo que el otro era un militar. Sin embargo, “il faut vivre ma vie” es una frase más interesante que “il faut tenter de vivre”. Al fin y al cabo es el desacreditado argumento de autoridad, como cuando Rémy de Gourmont acotaba unas enmiendas de Albalat a grandes escritores, con frasecitas irónicas como: “Es una lástima que Fénelon no haya contado con la ayuda de M. Albalat para redactar sus obras”. No hay que decir eso. Hay que ver si las correcciones están bien o no». Le recuerdo a Unamuno sobre Clemencín: «Mejor lo hubiera apañado nuestro Clemencín», etcétera. Según Borges, Unamuno al decir eso no tenía mala fe, sino indignación estúpida.

BORGES: «Cuando traduje para Victoria unos versitos muy sentimentales, de Gide[1254], suprimí algunas repeticiones completamente idiotas. Victoria dijo: “No, no se debe hacer eso, el espíritu de Gide se pierde”. Lo que pasa es que una vez que algo aparece en letras de molde, en un libro, ¡ah!, ya es sagrado, no se puede tocar, solamente puede ser como es… Como si lo que escribimos no fuera resultado de vacilaciones, resueltas a veces de cualquier modo. Como decíamos las otras noches de esos imaginarios probables traductores de Los trabajos de Persiles y Sigismundo, que se esforzaron y no pudieron dar el sabor y la fluidez del original. En el original no hay fluidez ni sabor ni nada; está todo a la vista de cualquiera que estire la mano y lo lea; pero no importa, porque nadie lee. En Texas van a publicar El hacedor[1255]. Le dejan el nombre así, en español. Yo les propuse que le pusieran The Maker. Me dijeron que no, que había algo en El hacedor que se perdía al traducirlo por The Maker. La verdad es que a mí primero se me ocurrió el título en inglés, The Maker, y lo traduje por El hacedor. ¿No pensaron en “Lament for the Makers”? Nadie sabe nada de nada». BIOY: «Mi traductora al inglés propone como una versión del título para “La trama celeste”, “The Celestial Plot”». BORGES: «Qué horror. Si todo el libro está traducido tan literalmente, no se entenderá una palabra». Me sugiere: «The Pattern in the Sky». Dice que un profesor francés ponderó el sabio orden del original del Hacedor. BORGES: «El orden es débilmente cronológico, si no enteramente casual».

BORGES: «Fatalmente, un día se descubre que los escritores de gusto exquisito tienen gusto pésimo. Véanse Poe, Wilde, Mallarmé. Los que no aspiran a la exquisitez, como Mark Twain, resisten mejor. El mal gusto de Poe aparece sobre todo en algunos poemas. Cuando está suficientemente interesado en el argumento de un cuento, no tiene mal gusto. Milton y Goethe tienen como una tendencia a la bobería grandiosa. Aunque Ibarra fue injusto cuando dijo que Goethe era un señor que quería asustar con demonios. Byron tal vez también esté entre los elegidos del mal gusto, pero si hubiese vivido más, hubiera sido un escritor de otro tipo. En el Don Juan es irónico». BIOY: «En el Don Juan está más allá del bien y del mal…». BORGES: «Y tenía una facilidad tan grande… Un momento de mal gusto no importa, porque en seguida pasa a otra cosa. Eso sí: nadie alcanzó peor gusto que Herrera y Reissig».

Se encontró en la calle con una muchacha alta y morocha, muy tosca, que le dijo que había sido discípula suya, que iba a publicar muy pronto una novela y que «ya la tenía el corrector de estilo». BIOY: «Qué raro, qué mundo especializado. En nuestro tiempo no había esas personas. Buena falta me hubiera hecho un corrector de estilo, pero creo que yo lo habría tomado a mal». BORGES: «Qué lástima que los libros de Larreta y de Rojas no pasaran por correctores. Es claro que si éstos también fueran genios… pero no, no se espera que sean genios, son practitioners, gente que sabe. Yo le dije a la chica que se cuidara sobre todo de las metáforas. Me dijo que sí, que había reemplazado las metáforas por fábulas y apólogos. ¿Te das cuenta qué novela rara habrá escrito, salpicada, aquí y allá, de diálogos entre animales? Me despedí diciéndole que la consigna de la hora era “Volvamos a Esopo”; estuvo de acuerdo. No quería dejar de comunicarte este momento de Buenos Aires».

Hablamos de la muerte del Papa Juan XXIII. BIOY: «La muerte de cualquier persona que de algún modo uno puede imaginar despierta compasión. Ahora: hay que reconocer que en cuanto a su papel de jefe de Iglesia, a su vinculación con el otro mundo y a la naturalidad con que este mundo lo acepta, el Papa es un funcionario bastante misterioso». BORGES: «Más sorprendente sería usar, para referirse al Papa, la expresión ese alto funcionario».

Libro entrevisto: Poética para escritores jóvenes, deshilvanada, miscelánea, antológica, con guía de lecturas[1256].

Lunes, 3 de junio. Come en casa Borges. Leemos poemas para el concurso de La Nación. Después, poemas de Verlaine. Refiere: «En los últimos años, Verlaine se acostaba con cualquier prostituta, para defenderse de la homosexualidad. La policía lo cuidaba, y hay partes que dicen: “Il a couché chez la filie Durand (etcétera)”».

Martes, 4 de junio. Hablo por teléfono con Borges. Me cuenta una pequeña miseria: «Blas González, Director de Cultura, es muy amistoso con Clemente y conmigo; de diversas maneras nos ha expresado este sentimiento. Sin embargo, los otros días, cuando el ministro [de Instrucción Pública] propuso el aumento de nuestros sueldos en la Biblioteca Nacional, González se opuso. No hizo esto por mala voluntad personal, ni porque él ganara o perdiera algo con ese aumento: se opuso para que Clemente y yo no recibiéramos un sueldo superior al suyo y para que su posición jerárquica no quedara comprometida. Mucha gente obraría así. Estoy seguro de que no tiene conciencia de haber obrado mal».

Miércoles, 5 de junio. Come en casa Borges. Sobre el nuevo divancito dice: «Qué lindo diván. Parece que él mismo descansara… Cómo no va a ser cómodo, si él mismo descansa». Se pregunta: «¿Se dice: “Cuatro sillas sentadas a la mesa”?».

Leemos «Le jaguar» de Leconte de Lisle:

Sous le rideau lointain des escarpements sombres

la lumiére, par flots écumeux, semble choir;

et les momes pampas ou s’allongent les ombres

frémissent vaguement á la fraicheur du soir[1257].

BORGES: «Lástima que puso rideau. Si quería describir un mundo primitivo, no debió emplear palabras así. En este sentido está bien Chesterton: cuando describe un mundo primitivo no emplea palabras de la civilización; Milton, en cambio, pone teatros… Les escarpements revelan al europeo que no puede, aunque se lo proponga, imaginar un paisaje sin montañas. Además vio en el mapa los Andes, de modo que no se priva de ellos. Los dos últimos versos de esta estrofa están bien. Justifican la afirmación de Groussac, de que Leconte de Lisle intuyó la pampa… La intuyó a golpes de enciclopedia». Leo:

Des maráis hérissés d’herbes hautes et rudes,

des sables, des massifs d’arbres, des rochers nus,

montent, roulent, épars, du fond des solitudes,

de sinistres soupirs au soleil inconnus.

La lune, qui s’allume entre des vapeurs blanches,

sur la vase d’un fleuve aux sourds bouillonnements,

froide et dure, á travers l’épais réseau des branches,

fait reluire le dos rugueux des caïmans.

Les uns, le long du bord traînant leurs cuisses torses,

pleins de faim, font claquer leurs mâchoires defer;

d’autres, tels que des troncs vêtus d’âpres écorces,

gisent, entre-bâillant la gueule aux courants d’air[1258].

BORGES: «Los caimanes —que son figurantes— están de más. En ese paisaje hay demasiada botánica y demasiada mineralogía: recuerda esas láminas de enciclopedias en que están la fauna y la flora de una región; los animales están mirando para el mismo lado, unos al lado de los otros, y no se dan cuenta de los que tienen cerca». Leo:

Mais voici qu’il [el jaguar] se tait, et, tel qu’un bloc de pierre,

immobile, s’affaisse au milieu des rameaux:

un grand boeuf des pampas entre dans la clairiere,

carne haute et deux jets de fumée aux naseaux[1259].

BORGES: «No está bien esta entrada de los animales. Parece que los empujaran; no tienen vida: parecen animales embalsamados». BIOY: «Además, uno siente que el autor se propuso el poema como un tema; composición, tema: El jaguar. En ningún momento se deja llevar por la inspiración; uno pediría hasta un abandono a una ocasional negligencia». BORGES: «No, se mató todo con este poema. ¿Cómo no se dio cuenta, cuando trabajaba tanto, que con esos personajes no conseguiría mucho? Un grand boeuf des pampas, el jaguar y los caimanes, como figurantes, en un paisaje hecho á coup d’encyclopédie. Más aceite da un ladrillo. Pero está bien que se vea el miedo del toro; están bien el jaguar y los ojos del jaguar:

l’oeil mi-clos et le mufle en avant…»[1260].

l’oeil mi-clos et le mufle en avant…»[1260].

BIOY: «Lo malo es que uno ve los aciertos meramente como pasajes bien resueltos». BORGES: «La poesía no puede ser eso. ¿Por qué le gustaría tanto a Groussac? Porque era un escritor serio, no un macaneador». BIOY: «Serio es, desde luego, pero con una seriedad sin vida». BORGES: «George Moore compara a Leconte de Lisle con una visita al Palacio de Justicia por donde corre un chiflón frío. Tiene el sistema de Flaubert: se documenta bien y escribe. Yo creo que aspiraban a no equivocarse; no a acertar, sino a no equivocarse. Entonces no hubieran debido tomar temas lejanos. Si uno escribe sobre la China, no importa que no se equivoque: la impresión de falsedad la da igual. Mejor me parece el sistema de Longfellow, que escribió su poesía sobre los pieles rojas[1261], y les inventó mitos. Valencia imitaba sin duda a Leconte de Lisle, pero de cualquier modo, sin mayor esfuerzo. También Obligado sigue el sistema de cuadritos». BIOY: «Cuadritos poblados de animales embalsamados, de botánica que proviene de listas preparadas de antemano». BORGES: «En casa, Carriego leía una traducción de Pérez Bonalde del “Cuervo” de Poe. En el libro había grabados en acero: en uno está el cuervo y, escuchándolo, la cara del mismo Poe». BlOY: «Pedro Miguel [Obligado] tradujo “To my Mother”[1262]». BORGES: «La traducción no será peor que otras. No será peor que el original».

Hablamos de grandes poetas franceses: Hugo, Verlaine, Toulet, Mallarmé sin duda, Baudelaire, por momentos Rimbaud. BORGES: «Racine ha de ser un gran poeta. ¿Y Henri de Régnier no será bueno? Todos los poetas de este continente han de corresponder a uno u otro de estos poetas franceses». BIOY: «Sí, se los repartieron». BORGES: «¿Por qué Samain gustaría tanto a Lugones? Otro misterio es Éluard. Los otros días, no sé quién, que hablaba con conocimiento, atinadamente, de Toulet, después reconoció que, es claro, Éluard era un gran poeta». BIOY: «¿A quién se parecerá? A Molinari. Un Molinari más azucarado: no por buen gusto Molinari no es azucarado, sino porque todo él es reseco». BORGES: «¿No habrá franceses que escriban poemas tan insensatos como los de Neruda? ¿Vos creés que allá también habrá santones, como acá? Qué absurda la idea de Heredia, de suponer que de toda la Historia sólo quedarían cuadritos. Ese poema grotesco de Rimbaud sobre el cura[1263], ¿no está bien? (Pausa). Aunque no está muy bien… En cuanto a Baudelaire, todo es tan feo y tan lujoso… Wilde, que no era buen poeta, hacía lo mismo, pero un poco en broma. Poe, que tampoco era buen poeta, se le parecía mucho. Bueno, tal vez Poe sea un poco mejor». BIOY: «No creo. Todo es demasiado fabricado».

Leemos a Apollinaire. BORGES: «Es muy casual. Llevado por la rima puede tomar para cualquier rumbo. En sus mejores momentos está muy bien: en “La jolie rousse”, en “Cors de chasse” hay versos que uno quisiera repetir. En Neruda no hay versos que uno quisiera repetir. Además, si uno lee a Apollinaire, tiene la impresión de que, por momentos al menos, siente lo que dice y lo dice porque quiere. Neruda no ha de recordar sus propios poemas. Nadie puede recordarlos, y si alguien se los leyera y salteara un verso, Neruda no se daría cuenta… Apollinaire puede ser sentimental. Los franceses no temen ser sentimentales, y lo hacen bien. Escribe sus versos con un poco de descuido, por momentos como si no le importaran mucho. Eso está bien. Los argentinos (y sudamericanos) que lo imitan son más secos: los poemas les resultan muertos. Apollinaire es un poeta que uno puede admirar, pero no respetar mucho». BIOY: «Y hasta querer un poco». BORGES: «Neruda cambia de estilo y de tono en un poema, sin darse cuenta. Es un bruto. Empieza bien el poema sobre Walt Whitman porque sin duda le quedó en el oído el ritmo de versos de Whitman que estaría leyendo, pero después llega al disparate y de pronto se le llena de negros el poema, que se convierte en otro: en un poema contra los Estados Unidos[1264]. Es un discípulo de Lorca, mucho peor que Lorca. El mejor Lorca es el que escribe poemas andaluces y gitanos. Cuando creyó que podía escribir de todo, cuando escribió los versos libres de Poeta en Nueva York, escribió poemas horribles. Estos poetas, en cierto modo, son muy hábiles. No se les puede acusar de insensatos, porque están jugando a ser insensatos. De todos modos, una barba con mariposas o una barba marinera[1265] son ridiculeces bastante feas». BIOY: «Neruda gusta porque a veces es cursi sin asco. Gusta a gente a quien gusta Pedro Miguel (que es mucho mejor), pero que sabe que Pedro Miguel está desacreditado. Aquí pueden abandonarse al placer de la cursilería, porque viene entre modernidades feas y concretas, que les garante que el poeta no es cursi, sino moderno». BORGES: «Pero, ¿cómo les gusta? Esa gente ¿nunca leyó un buen poema de Bécquer? ¿Ignora el placer que da un buen poema? Yo creo que Neruda está por debajo de Molinari. Siquiera Molinari es un poco misterioso». BIOY: «Octavio Paz, con dolor en el alma, condenaba en Neruda al hombre y admiraba al poeta. Estaba muy apenado».

Leemos poemas de Neruda y de Paz. Los de Paz, no libres de fealdades y estupideces, parecen mejores. BORGES: «En la “Oda a Lorca”, Neruda hacia el final habla de su melancolía de hombre varonil[1266]. Está escribiendo sobre un manflora y que no vayan a confundirlo: qué miseria. Incomparablemente mejor es el poema de Machado sobre la muerte de Lorca[1267]: tiene inspiración. Yo le decía a Amorim que el poema de Martínez Estrada sobre Whitman[1268] era mejor que el de Neruda. “¿Cómo vas a comparar —me preguntaba— a ese viejo confuso con un gran poeta?”. Yo le decía: “Olvídate de Martínez Estrada, olvídate de Neruda: leé los poemas, compará los poemas”. El pobre Amorim no tuvo suerte. Era muy cordial, muy amigo de todos, pero no creo que Neruda ni nadie lo recuerde…». BIOY: «Por una razón misteriosa, quedó huérfano de apoyos. Ni los uruguayos ni los comunistas, que valoran tanto lo que tienen, se interesan mayormente por él».

BORGES: «Hay un poema de Matthew Arnold en que se pregunta: si la vida es tan breve, ¿por qué todo ese esplendor de palabras?»[1269]. Dice los versos y observa: «La idea está bien y no fue expresada antes. Arnold escribió poemas espléndidos, cómo el admirable “Dover Beach”, pero también muchos muy fríos».

Viernes, 7 de junio. Come en casa Borges. Leemos poemas de Henri de Régnier, de Rimbaud, de Lugones. De Régnier, leemos «Le vase» y otro. BORGES: «Qué tono forense, de grandes discursos». De Rimbaud, leemos «Le bateau ivre». BORGES: «Verso por verso aparecen fealdades; pero qué impulso: es un gran poema». SILVINA: «Verlaine no tiene nada comparable». De Lugones, leemos «Luna campestre». BORGES: «Todo lo que dice del campo parece cierto». Leemos después «El dorado»:

Si has llorado también, lo que se debe

llorar con dignidad y fortaleza;

si ha sabido oponer a toda plebe

antepecho de mármol tu firmeza.

BORGES: «Tiene demasiados adornos. Sin embargo balaustrada era mejor que antepecho, como corrigió Lugones por consejo de Obligado. Balaustrada será una imagen decorativa, pero uno ve algo; antepecho no sabemos muy bien qué es». BIOY: «Y por el contexto, en ese momento preciso, está mal antepecho, porque sugiere un pecho mal dicho».

Leemos finalmente «La visita». BIOY: «Qué bien mantenido está el tono. No hay esos cambios de tono y de estilo que advertimos en las odas a Whitman y a Lorca, de Neruda. Lugones sabe lo que hace». BORGES: «Aunque viviera quinientos años, Neruda no podría escribir un poema así. Neruda es genial o no es nada». BIOY: «Esta visita, tan verosímil, demuestra que mi conducta en el campo fue siempre incivil y errada; yo llegaba a una casa y lo primero que decía era que me traía tal propósito». BORGES: «Según Lane[1270], cuando alguien entra, en El Cairo, a un comercio, se sienta con el patrón, conversa y después de un café y un rato, como quien no quiere la cosa, pregunta si se podría ver esto o aquello».

BORGES: «Los papelones, en contra de lo que siempre creemos, no interesan más que a quien los hace. La gente no se interesa tanto en los demás. No se va a pasar la vida comentando las cosas que pasan a otros. Si a uno lo engaña su mujer, cree que es una vergüenza; todos conocemos a hombres engañados por su mujer y no pensamos mal de ellos. Al pensar en ellos, no pensamos en eso: no nos importa, no faltaría más. A los veinte años, en un banquete, me levanté para hablar en honor de un marino; no pude decir nada y me senté, confuso; años después, en la mitad de la noche, recordaba el episodio y sufría. Estoy seguro de que sólo yo lo recordaba. Si alguno de los otros lo recordaba, pensaría: “pobre muchacho” y nada más».

Domingo, 9 de junio. Come en casa Borges. Cuando llego a su casa, para buscarlo, la madre está leyéndole «Greville Fane», de Henry James. Me dice que es un cuento muy lindo y muy triste.

Leemos la «Epístola Moral a Fabio»:

Fabio, las esperanzas cortesanas

prisiones son do el ambicioso muere

y donde al más activo nacen canas.

BORGES: «Empieza mal:

Y donde al más activo nacen canas».

Y donde al más activo nacen canas».

Leo hasta llegar a:

Dejémosla pasar como a la fiera

corriente del gran Betis, cuando airado

dilata hasta los montes su ribera.

BORGES: «¡Qué bien!

Corriente del gran Betis, cuando airado…

Corriente del gran Betis, cuando airado…

Es mucho mejor que Quevedo, que Lope, que Fray Luis de León. Les da quinientas vueltas». Sigo leyendo hasta:

Vente, y reposa en el materno seno

de la antigua Romúlea, cuyo clima

te será más humano y más sereno.

Adonde, por lo menos, cuando oprima

nuestro cuerpo la tierra, dirá alguno:

«Blanda le sea», al derramarla encima […].

Borges expresa su admiración ante estos versos. Sigo leyendo:

donde no dejarás la mesa ayuno

cuando en ella te falte el pece raro

o cuando su pavón nos niegue Juno.

BORGES: «Qué bien está:

O cuando su pavón nos niegue Juno.

O cuando su pavón nos niegue Juno.

Se ve que sabía latín. Tenía razón Ibarra: el latín es la mejor equivocación del español». En seguida agrega: «De casi todos los idiomas». Sigo leyendo:

Busca, pues, el sosiego dulce y caro,

como en la oscura noche del Egeo

busca el piloto el eminente faro

BIOY: «Está bien eminente». BORGES: «Será la única vez que eminente está bien». Sigo leyendo:

Más quiere el ruiseñor su pobre nido

de pluma y leves pajas, más sus quejas

en el bosque repuesto y escondido,

que agradar lisonjero las orejas

de algún principe insigne, aprisionado

en el metal de las doradas rejas.

Triste de aquel que vive destinado

a esa antigua colonia de los vicios,

augur de los semblantes del privado.

BORGES: «Qué bien:

en el metal de las doradas rejas.

en el metal de las doradas rejas.

Y en colonia de los vicios, qué bien está colonia». Sigo leyendo:

¡Qué más que el heno, a la mañana verde,

seco a la tarde! ¡Oh, ciego desvarío!

¿Será que de este sueño se recuerde?

BORGES: «Qué bien que el poema haya quedado anónimo. Es como si el destino hubiera complacido al autor». Sigo leyendo:

Pasáronse las flores del verano,

el otoño pasó con sus racimos,

pasó el invierno con sus nieves cano.

BORGES: «Qué verso espléndido:

El otoño pasó con sus racimos».

El otoño pasó con sus racimos».

Sigo leyendo:

¿Piensas acaso tú que fue criado

el varón para el rayo de la guerra,

para surcar el piélago salado,

para medir el orbe de la tierra

y el cerco por do el sol siempre camina?

¡Oh, quien así lo entiende, cuánto yerra!

BORGES: «La guerra y la ciencia le parecen puerilidades». Sigo leyendo:

Ésta nuestra porción alta y divina

a mayores acciones es llamada

y en más nobles objetos se termina.

BORGES: «Qué idea rara. Cuánto más complejo este autor que Quevedo, Góngora, Lope, y que el mismo Fray Luis». Sigo leyendo:

¡Mísero aquel que corre y se dilata

por cuantos son los climas y los mares,

perseguidor del oro y de la plata!

Un ángulo me basta entre mis lares,

un libro y un amigo, un sueño breve,

que no perturben deudas ni pesares.

Señala el acierto de ángulo. Sigo leyendo y, de lo restante, elogia:

Una mediana vida yo posea,

un estilo común y moderado

que no lo note nadie que lo vea.

[…]

Y alguno tan ilustre y generoso

que usó, como si fuera plata neta

del cristal transparente y luminoso.

Sin la templanza, ¿viste tú perfeta

alguna cosa? ¡Oh muerte!, ven callada,

como sueles venir en la saeta,

no en la tonante máquina preñada

de fuego y de rumor; que no es mi puerta

de doblados metales fabricada.

[…]

La codicia en las manos de la suerte

se arroja al mar, la ira a las espadas.

BORGES: «Que esté hecha toda de lugares comunes es una elegancia. Con originalidades personales del poeta hubiera resultado más endeble, de peor calidad. Y cuando es audaz, es de veras audaz. El verso final:

antes que el tiempo muera en nuestros brazos

antes que el tiempo muera en nuestros brazos

es una frase quizá lógicamente injustificable, pero está bien».

Leemos la «Epístola Satírica y Censoria» de Quevedo. BORGES: «Es muy inferior. Ya tenemos los retruécanos. Ya tenemos el juego de simétricas oposiciones. Y ¿por qué esos razonamientos impertinentes de que Dios es la verdad? El tono de toda la “Epístola a Fabio” está bien: es un tono digno, de limpieza moral. Una epístola moral debe estar escrita en tono moral. La de Quevedo tiene un tono desagradable. Se descubre nada más que el propósito de escribirla. Tenía razón Cansinos: Quevedo, como satírico, es una calamidad. Quevedo era un hombre muy reaccionario, que aplaudía todos los errores del gobierno de su época. No es raro que le fuera mal en el matrimonio: debía de ser muy mandón».

BORGES: «El español tiene mayor pureza de sonidos que otras lenguas. Está libre de la ü del francés, del exceso de consonantes del inglés. Es un idioma excelente: yo observo tan sólo que no produjo tantos escritores buenos como el francés o el inglés. Xul decía que las únicas ventajas del francés eran el y (nousy sommes) y el en (va t’en). En español nos falta la diferencia de reve y songe, pero en cambio tenemos el ser y el estar».

BIOY: «Los otros días discutí sobre la recitación de versos. Me parece mal leer los versos como si no fueran versos. Según me contó Silvina, Delia Garcés y otros, que habían recitado versos de Lugones y tuyos, cometieron ese error. Imagino que los franceses, que tienen que volver aceptables para los espectadores piezas de teatro en verso —en alejandrinos pareados, por demás monótonos— tratan de que el verso pase inadvertido. Pero una cosa es leer alejandrinos franceses en un teatro, otra leer un soneto español. De todos modos, creo que un poema lírico, aunque sea de Racine, aunque sea parte de una obra dramática, si se lee separadamente no debe leerse dramáticamente: deben marcarse los versos». BORGES: «Algunos actores leen los versos como si estuvieran mal medidos. Hacen pausas en cualquier parte, salvo al final de los versos. Yo conozco los míos y los de Lugones; por momentos me parece que están mal medidos». BIOY: «Leen así, porque no les gustan los alejandrinos. Porque no les gustan los alejandrinos, perjudican a toda la poesía». BORGES: «Seguramente, cuando Racine escribió, a la gente le gustaba el verso pareado; después el gusto cambió. Lo mismo vale para los versos de Shakespeare: uno es un problema de actores, que quieren hacer pasar una tragedia escrita en 1600 como algo actual; otra cosa es leer un poema».

Hablamos de Poe. BORGES: «Nada más difícil que el lujo en literatura. Todo oro por escrito es lata; toda alhaja, pacotilla. Poe fracasó; Huysmans, también. “Ligeia”, “Morella”, “Berenice”… esos cuentos de Poe con nombres de mujeres son bastante absurdos. Mucha imaginación no tenía… Disimulaba la falta de imaginación con cosas rarísimas, lechos nupciales rodeados de sarcófagos». BIOY: «Fue un rasta y debió de ser muy ignorante. No sólo me parecen absurdos los cuentos que mencionaste. “The Man in the Crowd” también». BORGES: «¿El final, también?». BIOY: «El final, el medio, el principio. Lo mejor que escribió es Gordon Pym. Eso está bien inventado». BORGES: «Quizá todo Poe esté en Hawthorne».

Lunes, 10 de junio. Come en casa Borges. Releemos dos poemas, que nos parecieron mejores que otros, de los mandados al concurso de La Nación. De uno, dice: «Éste es uno de esos poetas que para ser admirados no tienen que ser argentinos. Como guatemalteco puede engañarnos».

Después, leemos poemas de los Poetes d’aujourd’huí de Van Bever y Léautaud. BORGES: «Vamos a ver qué tal poeta es Jules Romains». Cuando leo unas estrofas, comenta: «Estas palabras tan horribles lo hacen a uno clamar por la pureza del español. Por la pureza de cualquier otro poema». Leo a Saint-Pol-Roux, a Valéry. BORGES: «Yo no soy capaz de seguir el sentido de estos poemas. ¿Qué pasa? ¿No entendemos el francés?».

Hablamos de Henry James. BIOY: «Los toques sentimentales, truculentos o meramente falsos de James me llevan a pensar —aunque detesto la crítica por nacionalidades— en una explicación que no se me había ocurrido hasta ahora: ¿no será todo eso el lado norteamericano que triunfa? ¿No se explicará por esa imposibilidad de los norteamericanos de no ser sentimentales? Véanse los tough writers, los modernos: todos almibarados». BORGES: «James seguía con fascinación y cierta pena la obra de Wells, que no observaba las reglas artísticas. En no sé qué novela de Wells cae un aviador, lo curan, se aparta con una muchacha en un alley y después de media hora están enamorados. James preguntó a Wells de qué habían hablado los héroes en esa media hora. Wells le contestó que no tenía ni idea, cosa que apenó a James. ¿Cómo? ¿Wells no imaginaba todo lo que ocurría en sus novelas? ¿No conocía a fondo a sus personajes?». BIOY: «Wells debió contestarle que la gente se enamora fácilmente en un rato y a lo largo de conversaciones que son interesantes únicamente para los dos enamorados». BORGES: «Se enamoran por razones físicas». BIOY: «Alguien dijo: “No conozco a nadie que se dé trabajo para escribir bien y que escriba bien. James era de los que se daba trabajo para componer sus relatos y los componía bien”». BORGES: «La frase es de Butler. James tenía excelente sentido del humor. Afirma que si uno conoce un carácter, la trama se desarrolla sola. No creo que sea verdad. Uno nunca conoce bastante a la gente para saber cómo va a actuar: Bonifacio del Carril es nacionalista y ataca a San Martín. Los Tamayo eran admiradores del Eje y no lo parecían. Quienes engañan mejor son los comunistas y los psicoanalistas. James procedía al revés de lo que dijo. Estoy seguro de que no partía de los personajes. Es evidente que partía de las situaciones». BIOY: «Claro: casi todos sus cuentos son una anécdota trabajada».

Dice que los pueblos chicos son fatalmente nacionalistas. BIOY: «Claro, los argentinos no éramos nacionalistas porque íbamos a ser una gran nación. Ahora somos una nación de segundo orden y estamos llenos de nacionalistas». BORGES: «Sí, aquí se perdió la esperanza de la gran nación. Los escoceses y los irlandeses son nacionalistas; los ingleses, no. Todos los judíos son nacionalistas. El rey Alfredo, en cambio, no se atrevía a pensar en una Inglaterra sin escandinavos: peleó contra ellos; pero ahí estaban; eran parte de Inglaterra. Nunca pensó quizá en un Londres inglés».

En clase leyeron «El caso de Mr. Valdemar». BORGES: «La traducción nuestra es mejor, sobre todo más legible, que la de Cortázar[1271]; la de Cortázar es más fiel. Cortázar parece no haber reparado en que el español soporta menos bien que el inglés la pluralidad de adverbios». Aunque este cuento tiene un final bastante repugnante, Borges no lo evita. Es curioso: las osadías en circunstancias físicas del amor lo ofenden; las más repugnantes circunstancias macabras, no. Tiene una admiración un poco infantil por esta suerte de audacias. Admira el final de «Mr. Valdemar»; admira el poema anglosajón de la tumba[1272], donde hay una delectación morosa[1273] en el tema de la muerte.

Me dice que Vlady va a casarse.

Martes, 11 de junio. Come en casa Borges. Lectura de pésimos poemas para el concurso de La Nación.

Viernes, 14 de junio. Come en casa Borges. Sobre un film que ahora se da sobre Lawrence de Arabia y la indignación de Victoria porque habrían falseado el carácter del protagonista, comenta: «Es el destino de los héroes. Corresponde a la mejor tradición. Se escriben sobre ellos, con toda libertad, toda suerte de interpretaciones, algunas que no pretenden ser verdaderas». (Véanse los héroes griegos).

Una muchacha chino-norteamericana a quien preguntó si el film era largo, contestó: «Dura un kilo». BORGES: «Yo creía que kilo se empleaba para ponderar elogiosamente la cantidad de algo». BIOY: «No siempre. Por ejemplo, si uno dijera que el gordo [Adolfo] Mitre pesa un kilo…». BORGES: «Fantástico conquistó la jerarquía de adverbio. Me encontré con la hija de Blanca [Bombal]; le pregunté cómo estaba Loreto [Bombal] y me respondió: “Fantástico”. Alguien que oía, y que no conocía a Loreto, creyó que era un hombre». BIOY: «Como cuando una señora, a quien le pregunto cómo le fue en el dentista o en el cinematógrafo, me contesta: “Regio”». BORGES: «La costumbre es decir palabras enfáticas en tono indiferente. Con dos palabras bisílabas, un sustantivo seguido de un adjetivo, se logran monstruos compuestos: dedo gordo, cosmos fofo, toco mocho».

Habló en un homenaje de la SADE a Lugones. BORGES: «Dije que de la obra de Lugones algo es deleznable y está muerto, como La guerra gaucha. Tres poetas que hablaron después de mí, y que no podían cambiar de idea porque tenían las conferencias escritas, afirmaron que su obra cumbre era La guerra gaucha. Gustará la idea de guerra gaucha. ¿No temen que el epíteto disminuya un poco al sustantivo?». BIOY: «Si alguien apareciera hoy con un libro escrito en ese estilo, la gente seria lo rechazaría, diría que es intolerablemente amanerado. Ahora, como el libro está aceptado, todo el mundo lo admira. La explicación de este hecho: que los libros son como bosques, de los que se habla, pero en los que nadie se aventura». BORGES: «El estilo en prosa de Lugones es un poco más tranquilo en los cuentos de Las fuerzas extrañas, aunque sus metáforas son como breves alegorías».

BIOY: «Un día, con toda facilidad alguien descubrirá a Capdevila; pero hoy todo esfuerzo es inútil; si uno publicara los mejores poemas de La fiesta del mundo no conmovería el prejuicio contra Capdevila del lector». BORGES: «Es claro. Porque hay escritores comprometidos en difundir el prejuicio: personas inteligentes, como Mastronardi y, desde luego, Peyrou, porque lo ve como “un pillo de La Prensa”». BIOY: «Aunque Capdevila sea un pillo de La Prensa, Peyrou tiene la obligación de preferir los mejores poemas a esa visión… Como escritor, como buen escritor, debería ser ante todo sensible a la belleza literaria».

Hablamos de Amiel. BORGES: «Se pasó la vida quejándose de su esterilidad, de los grandes libros que él podría escribir y no escribió». BIOY: «Eso debe gustar a la gente. Todo el mundo cree que podría escribir grandes libros». BORGES: «Croce dijo, contra eso, que la gente cree que tiene grandes ideas, pero que sólo tiene la ilusión de tener grandes ideas». BIOY: «Uno mismo, que está acostumbrado a prever lo que darán las ideas por escrito, a veces se engaña, a veces cree tener una idea muy extraordinaria y es pobre e injustificable». BORGES: «Sí, a todos nos pasa como a la señora Bibiloni, que soñaba que iba al teatro y veía piezas admirables. Lamentaba olvidarlas, porque estaba segura de que eran admirables. No sabía que ella soñaba también eso: su admiración. Qué bien si para convencerme me dijera: “Fulano estaba de acuerdo en que era una pieza muy buena”. Es claro que Fulano también habría sido soñado». BIOY: «Tendría que agregar: “Y mirá que Fulano no se contenta así nomás”».

BORGES: «Di una conferencia a un grupo de mujeres norteamericanas, que me recibieron en el club norteamericano. Tuve el placer de estar de nuevo en los Estados Unidos, sin estar lejos de Buenos Aires». Cuando dice recordar con agrado la vida en Austin, parece temer mi escepticismo y me pregunta: «¿No podés creerlo?». BIOY: «Al contrario. Sé que para mí sería agradable pasar una temporada allá. Más aún: en cualquier parte. Estaba pensando en la estupidez de aborrecer prejuiciosamente a un país entero». BORGES: «Es claro y los que aborrecen a un país, no bien se acercan un poco encuentran nuevos problemas. El que aborrece a Italia, ¿aborrece a Italia del Sur o a Italia del Norte? Son muy diferentes. Y en cada país encontrará a gente que aborrece a los de la otra región de ese mismo país. El aborrecedor general, ¿está en parte de acuerdo con los aborrecedores regionales o no? Hay marcadas diferencias entre norteamericanos e ingleses: con los norteamericanos no hay largas, o profundas, perspectivas. Todo queda ahí nomás: pero en ese trato de ahí nomás, son cordiales y queribles».

Sábado, 15 de junio. Come en casa Borges. Leemos poemas para el concurso; después «El árbol de la ciencia» de Henry James en español (en traducción de María Antonia Oyuela, en la antología que preparamos para Emecé hace años: La lección del maestro y otros cuentos). BORGES: «Nadie vio como Henry James las ridiculeces, el lado absurdo de la vida literaria. El héroe es una especie de Horacio Schiavo de la escultura. El cuento es gracioso porque el héroe es escultor. Uno imagina esa creciente población de estatuas horribles. Si la obra del héroe fuera literaria, el cuento no sería nada. Y James decía que lo importante eran los caracteres. Aquí ni siquiera importa el argumento. Este relato cuenta por la situación. Los diálogos de James son malos. Demasiado cultos. Los personajes resultan demasiado sutiles». BIOY: «Sí, ese deseo de refinamiento le da un tono fatuo». BORGES: «En James lo visual es magro. Importan la situación y las relaciones». BIOY: «Salvo en The Turn of the Screw». BORGES: «¿Qué le parecerían a Conrad los cuentos de James?». BIOY: «Le parecerían abstractos y un poco falsos. Conrad es visual». BORGES: «Visual de un modo no deliberadamente decorativo: todo parece real y necesario. En “The Tree of Knowledge”, James es el protagonista, el maestro, hace un autorretrato, se ríe de él mismo. ¿Cómo serían las esculturas? ¿Meramente estatuas ecuestres diminutas y bustos enormes o también manos enormes en brazos mínimos? “The Middle Years” es un cuento peor, una anécdota aún más leve; de la gran novela del escritor tenía James menos noticias que de las estatuas en “The Tree of Knowledge”».

Cuenta que en su casa están todos irritados con su pasión por el anglosajón y con su placer en descubrir etimologías. BORGES: «Uno de mis sobrinos me dijo que era perdonable que un estudioso solitario se dedicara a leer esos textos horribles del anglosajón, pero que se juntaran varias personas para leerlos le parecía monstruoso. Cuando le expliqué a Madre que Drang (alemán) —como en Sturm und Drang— y throng (inglés) tenían la misma etimología, se enojó y me preguntó qué utilidad había en descubrir la etimología de la palabra: que esta palabra, dispersa por esta lengua, es aquélla, dispersa por aquella otra… Bueno, le respondí, tal vez ver que hay cierta unidad en el cosmos… Te aseguro que pasamos un momento desagradable». BIOY: «Los hobbies tienen algo de locura y la locura tiene cara desagradable. La gente se enoja, no por la etimología ni por el anglosajón, sino porque todo ha de volvérsete declive hacia la etimología y el anglosajón». BORGES: «Es claro, si yo pudiera trabajar sólo las locuras me durarían menos. Pero dependo de otros. Tengo que enloquecer a otros». BIOY: «A mí por momentos ha de sucederme con la fotografía. Lo que enoja a la gente es nuestra infatuation. La verdad es que se requiere mucha filosofía para alternar con alguien poseído por una de estas locuras. Por cierto que de estas manías o locuras tempranas, bastante imprevisibles, resulta la persona. Quiero decir que en los años de juventud y de formación estas fortuitas manías determinaron el rumbo y hasta la esencia de cada uno. Seguramente no habrá que contradecirlas, habrá que correr para el mismo lado, como los padrinos de una doma». BORGES: «Qué triste cuando el hombre llega a ese momento de la vida en que se convierte en un autómata, en un muñeco. Para los behavioristas nunca somos más que eso, pero el mecanismo no se nota porque es muy complejo».

Hablamos de los Podestá. BIOY: «No sé si vi a los Podestá; en el circo Hipódromo, en Carlos Pellegrini y Corrientes, vi a Frank Brown y a Rosita de La Plata; recuerdo los caballos y los carros griegos de los frescos». BORGES: «Allí vi yo a los Podestá. Enfrente estaba San Nicolás, una iglesia más pobrecita y más linda que la de ahora; allí me bautizaron y la bautizaron a Madre».

Recuerda: «Mi abuelo Acevedo era caudillo radical. Un día la llevó a Madre a lo de Alem. Alem le preguntó si sabía algún verso. Mi madre dijo: “Voy a decirle uno que aprendí en estos días” y se disponía a recitar “¡Ah, Rosas!”[1274] pero su padre la miró de tal modo, que ella entendió que no debía recitar esos versos y dijo otros. Alem había visto fusilar a su padre, el mazorquero, y pensaba que estaba condenado por el destino, y tal vez por eso llegó al suicidio. Era otra época, más lúcida que la actual. Ahora, con la integración, nadie piensa que haber sido peronista tenga nada de infamante».

BORGES: «Erro recordó que provincianos le habían dicho que ellos no se sentían expresados por el Martín Fierro. Qué raro que uno se sienta expresado por el Martín Fierro. Nunca pensé que Erro fuera tan gaucho».

Domingo, 16 de junio. Come en casa Borges. Recuerda con desagrado poemas de T. S. Eliot. Leemos poemas para el concurso de La Nación. BORGES: «Vos estás haciéndome una broma: todos los poemas son tuyos, vos inventás a todos estos locos tan diversos. Mirá: a vos te va a hacer más mal que a mí; vos los inventás y yo sólo los oigo».

En uno de los poemas, leo el verso:

¿Oíste cómo canta hermoso la pequeña calandria?

¿Oíste cómo canta hermoso la pequeña calandria?

Borges cita:

Que le vaya lindo. La saqué cortito.

Que le vaya lindo. La saqué cortito.

De otro dice: «Qué bien ponerse a inventar un poema narrativo, del tipo de Hugo y de Browning. Parece del siglo XIX». Mientras le leo otro que sin prisa progresa por disparates, comenta: «Si el autor escribiera ahora etcétera, renunciaría al premio, pero por lo menos daría una prueba de lucidez».

Recita unos versos y los atribuye a Ventura Rodríguez: «Era un humorista, lo que es excepcional entre los uruguayos, naturalmente serios. Escribió unas Memorias militares durante el Sitio de Montevideo».

Hablando de posibles locuras, convenimos en que una tentadora sería la de aprender el chino. BORGES: «Lo que desalienta es la pluralidad de tonos». BIOY: «Y nuestra edad, y saber que nunca llegaríamos muy adentro en ese conocimiento y que nos quedaríamos en la periferia». BORGES: «Sí. Es verdad. Muchas veces he pensado cuando llega un joven —y mirá: joven— norteamericano o inglés, que va a dedicarse a nuestra literatura: “Qué lástima. Tanto esfuerzo para conocer poco y equivocarse mucho”. Por ejemplo, si vienen a estudiar a Lugones, podés estar seguro de que se van a equivocar en tantos puntos que será inútil corregirlos. Y mirá, hablamos de Lugones, que vivió ayer; de la literatura argentina, que tiene un siglo y medio. No puede uno leer un párrafo sin descubrir alguna confusión u otro error. Pensá en los errores de Cunninghame Graham, que vivió aquí y que tenía talento… ¿Te das cuenta las equivocaciones que esperan al que se lanza al estudio de la literatura china? Uno no puede tener esperanzas de saber nada de literatura china, o de los anglosajones, o quizá de la literatura inglesa o francesa contemporánea. Pero tienen algo que no les podemos negar: el placer de su hispanismo. Como nosotros tenemos el placer de la traducción china, etcétera».

Dice que no sólo en Mallarmé, sino en otros autores, como Saint-Pol-Roux y Jules Méry, la poesía francesa es fácilmente ininteligible. BORGES: «Es claro que la perfección de ese estilo es Finnegans Wake». BIOY: «Qué extraños esos críticos, que en serio califican a James Joyce de novelista». BORGES: «El Ulysses carece de todas las virtudes que requiere una novela».

Lunes, 17 de junio. Comen en casa Borges y su sobrino mayor. Después vamos al teatro, a ver Crepúsculo otoñal de Dürrenmatt, Cuento de la hora de acostarse de Sean O’Casey y El maestro de Ionesco[1275]. La primera pieza es mala. La segunda, según Borges, es mejor que la tercera, porque «puede interpretarse como un intento de imitar a Vacarezza. Vacarezza la hubiera hecho mejor». Sobre la tercera dice: «Parece que está impresa. ¿Qué te parece? Escribir una obra así y hacerla imprimir. Hay que tener una gran seguridad. Ha de ser menos incómoda escrita que representada. Una página nunca puede ser tan ruidosa».

Martes, 18 de junio. Come en casa Borges. Le pregunto si eterno femenino era expresión de Goethe[1276]. BORGES: «Sí, está al final del Fausto, no sé si en la primera parte o en la segunda. Es lo eterno femenino. ¿De dónde lo habrá sacado? De los griegos, porque no creo que los chinos le llegaran. Goethe asegura que todo se hace por impulso de lo eterno femenino y Shaw dice que así es y que no adelantamos un paso. No es muy buena la expresión. Para adular al amor siempre se dice que toda la obra de una persona se debió al amor de alguien. Generalmente la obra se hace por influencia de otra, no de la que estamos enamorados».

Dice: «¿Te acordás de cuando Gabriela Mistral mandaba sus recados? A otro, las redacciones de los diarios se los habrían devuelto; a ella se los publicaban».

Jueves, 20 de junio. Come en casa Borges. Leemos poemas para el concurso de La Nación. BORGES: «En el film Lawrence de Arabia, un árabe le dice a Lawrence que Córdoba era una gran ciudad cuando Londres no existía. Un señor recordó eso, como un argumento contra Inglaterra. No advirtió que el árabe que decía tales palabras había sido inventado por un libretista inglés, era personaje de un film inglés. Lo que debía ser un argumento en favor de Inglaterra se vuelve en contra, porque la gente no piensa. ¿Aquí un libretista haría un film en que un venezolano dejara mal parado a San Martín? Sería arriesgado… El autor inglés tiene una idea del fairplay, ve a los personajes dramáticamente (cada uno con su verdad) y no quiere que toda la invención parezca salida de un señor que trabaja en Birmingham. Gibbon dijo que si no fuera por Charles Martel, los profesores de Oxford estarían hoy comentando el Corán[1277]. Es claro que la Universidad no se llamaría así, pero queda más gracioso dejándole el nombre e imaginándola con profesores musulmanes».

Dice: «Mirá que Emerson habrá leído libros sobre panteísmo… Sin embargo parece que la idea de la unidad de todo y de que en él había como virtudes o esencias de todos los animales, de todas las plantas y de todos los minerales, le llegó de pronto, en una iluminación, ¿sabés dónde? En el Jardin des Plantes, en París, en medio de los animales. Había sido pastor de la Iglesia Unitaria. Le gustaba predicar. Cuando abandonó la fe, le prohibieron que predicara. El gusto por la predicación, por los sermones, lo llevó a dar conferencias y a escribir. Era moralmente mejor que Carlyle. En la Guerra de Secesión nunca fue partidario de la esclavitud. Carlyle tenía cosas de loco. Admiraba a un gobernante porque en lugar de mandar ejecutar a un traidor le hizo arrancar los ojos[1278]. El soneto de Swinburne contra Carlyle está bien. Va muy serenamente hasta calificarlo de serpiente muerta.

Sweet heart [Lamb], forgive me for thine own sweet sake,

Whose kind blithe soul such seas of sorrow swam,

And for my love’s sake, powerless as I am,

For love to praise thee, or like thee to make

Music of mirth where hearts less pure would break,

Less pure than thine, our life-unspotted Lamb.

Things hatefullest thou hadst no heart to damn,

Nor wouldst have set thine heel on this dead snake[1279].

Es claro que Carlyle debía de tener razón sobre Lamb. Lamb sería insoportable, con sus retruécanos».

Comenta: «¿Qué me decís de esta gente de la Universidad que da una cátedra a ese bruto de David Viñas; y de David Viñas, que titula su curso De Roca a Perón. Estudio sociológico de la literatura argentina? Pone a Perón, para adular a los peronistas. Es comunista y practica la famosa integración. ¿Por qué poner de Roca a Perón? ¿Por qué ofender a Roca, mencionándolo en la misma frase que a ese bruto de Perón? La gente elogia a Bismarck porque lo compara con Hitler. No sé hasta dónde es lícito compararlos. Vivieron en épocas diferentes. Como la época de Bismarck era más civilizada, no se hubieran tolerado ciertas cosas. Sus contemporáneos consideraban a Bismarck un político muy inescrupuloso: ésta es la opinión que debemos tener en cuenta».

BORGES: «Le di un libro de cuentos de Kipling a Susana Bombal. Me dijo: “Gracias. Me viene muy bien, porque tengo el otro”. Vale decir que Kipling escribió dos libros».

Viernes, 21 de junio. Come en casa Borges. Leemos un poema, para el concurso de La Nación, que presenta problemas prosódicos, como el endecasílabo:

Tractor, mula, buey y un humano empeño

Tractor, mula, buey y un humano empeño

que debe leerse:

Tractor, mulabueyún humano empeño.

Tractor, mulabueyún humano empeño.

BORGES: «Durante mucho tiempo acentué los versos anglosajones como podía hacerlo una persona con experiencia de endecasílabos y alejandrinos. Ahora he descubierto que esta manera de leerlos era equivocada; que seguramente los anglosajones no los contaban así; que para ellos lo único importante era que todo verso tuviera tres aliteraciones. Lo más extraordinario es que aquellos versos admitieran una lección como la primera mía: esto parecería indicar que las formas de acentuación del endecasílabo y del alejandrino no son convencionales; que estaban en el verso, antes de su descubrimiento. Quizá un día descubran la métrica de versos de veinte sílabas. Tal vez un día descubran las leyes métricas de la prosa y resulte claro que antes de tal punto y coma haya que poner una palabra aguda… Sin duda antes de los italianos y de Boscán la gente no oía el endecasílabo. Así era el guapo Paredes: cuando Carriego le leía endecasílabos, Paredes le decía que debía esmerarse».

Dice que los idiomas con el tiempo se vuelven menos complejos —lo que parece paradójico—, que las declinaciones van siendo dejadas de lado, hasta las diferencias de género y número desaparecen: «Para el estilo epigramático son mejores idiomas como el latín».

Domingo, 23 de junio. Come en casa Borges.

Lunes, 24 de junio. Come en casa Borges. Leemos poemas para el concurso. Después léemos poemas de Emerson. BORGES: «Son poemas muy trabajados. Es claro que un poema muy trabajado generalmente indica poca facilidad. Pero están muy bien».

Cuando leo, en «Destiny»:

And another is born

To make the sun forgotlen[1280].

exclama: «¿Qué es esto? ¿Una hipérbole? Está muy bien». Cita dos ejemplos de «Fate»:

Deep in the man sits fast his fate

To mould his fortunes, mean or great.

For the previsión is allied

Unto the thing so signified;

Or say, the foresight that awaits

Is the same Genius that creates[1281]

BORGES: «Emerson dejó frases memorables que no son metáforas: tal vez hipérboles. ¿Cómo no las descubrimos cuando estábamos locos con las metáforas? Y pensar que creíamos en el veintitantos que sólo con metáforas lograríamos frases memorables». Hace parecidos comentarios sobre:

Bid my bread feed and my fire warm me[1282].

Bid my bread feed and my fire warm me[1282].

BORGES: «¿Hay en los versos ingleses y alemanes una vibración que no hay en otras lenguas? Sonidos de consonantes, en palabras como cling, lack, vixen, que sirven para la épica. Tal vez el español sirva para hablar de la vanidad de las cosas, como en la “Epístola Moral”». BIOY: «Y para una poesía íntima que no se hizo hasta ahora».

Leo los cinco últimos versos de «Days»:

I, in my pleached garden, watched the pomp,

Forgot my moming wishes, hastily

Took a few herbs and apples, and the Day

Tumed and departed silent. I, too late,

Under her solemn fillet saw the scorn[1283],

Comenta: «Es, también, personal. Sin duda él sintió que había perdido oportunidades… ¿Cuáles serán los antecedentes de su poesía? ¿Donne, los Metaphysical Poets? Tal vez, pero no se parecen. Es natural que la poesía de Poe le resultara como de sonsonete. Mandó una carta muy generosa a Whitman: sentía que Whitman podía hacer más fácilmente, más abundantemente, la poesía que él quería».

Leemos poemas de Toulet:

«Bayonne! Un pas sous les Arceaux,

Que faut-il davantage

Pour y mettre son héritage

Ou son coeur en morceaux?».

[…]

Tel s’enivrait, á son phébus.

D’un chocolat d’Espagne,

Chez Guillot, le feutre en campagne,

Monsieur Bordaguibus[1284].

BORGES: «¿Qué significa? ¿Que basta eso para morir de emoción o que la recova está tan llena de mujeres bonitas que…? Temo, estoy seguro de que la segunda hipótesis sea la verdadera pero, de todos modos, está muy bien dicho: casi está dicho lo otro. Stevenson se parece a Toulet, pero en Stevenson corre más aire. Toulet evoca la provincia y el tedio». BIOY: «El mejor Toulet». BORGES: «Sí, el mejor». BIOY: «El otro es el picaresco y bobo».

Dice que Dante era capaz de hacer cualquier cosa bien; que Browning tenía momentos luminosos pero que era un poco irresponsable. Recita:

Just when we are safest, there’s a sunset-touch,

A fancy from a flower-bell, some one’s death,

A chorus-ending from Euripides,—

And that’s enough for fifty hopes and fears

As old and new at once as nature’s self

To rap and knock and enter in our soul[1285].

BORGES: «En las próximas elecciones votaré por los conservadores. Desde hace un tiempo oigo una sola conversación que consiste en dos partes: en una, el interlocutor se declara contrario a Solano Lima, porque se entiende con los peronistas y en otra, a continuación, se declara partidario de Aramburu, porque se entiende con los peronistas»[1286].

Cita este diálogo: Clemente: «¿Conoció a Xul?». Milleret: «¿El pintor?». Clemente: «Bueno, esto es una metáfora».

Martes, 25 de junio. Come en casa Borges. Leemos poemas para el concurso. También, dos o tres poemas de Toulet. BIOY: «Éstos no son muy buenos». BORGES: «Poemas así, o salen o no salen».

Comento: «Qué destino. A la hija de Lucio [García] llaman Quiquí y a las nueras Micky y Gigi». BORGES: «Alguna podría mudarse de vocal».

Me pide un libro mío para Keins, que está escribiendo un artículo sobre el cuento en la Argentina. BORGES: «Empieza con Echeverría; sigue con Quiroga (no puede evitarlo; dice que es admirable cuando describe animales, como en Anaconda, pero que fracasa cuando llega a la gente), con Lugones y concluye con vos, conmigo y con Cortázar». BIOY: «Sobre mí escribe por pura fe». Después olvido todo y no le doy el libro.

Observa: «Se dice: “Es o fue medalla de oro”. La Humanidad, cansada de proponer variantes a la frase “le dieron la medalla de oro” dice “es”».

Viernes, 28 de junio. Come en casa Borges. Leemos a Toulet; después los poemas del concurso. Me dice que, para dar su apoyo a los conservadores, hablará sobre Lugones, en el comité del partido.

Sábado, 29 de junio. Come en casa Borges. Leemos poemas. BORGES: «Tuve que hablar en una sociedad de psicoanalistas, sobre ciencia ficción y El hombre invisible. Dije que antes el hombre procuraba entrar en el mundo sobrenatural por la magia; hoy, más tímidamente, por la literatura fantástica y la ciencia ficción. Los héroes de la literatura fantástica más antigua, cuando conseguían, por ejemplo, hacerse invisibles, se volvían todopoderosos, se casaban con la mujer del rey; hoy, cuando consiguen la invisibilidad, como en la novela de Wells, en lugar de poder encuentran molestias; si van a otros mundos, es para descubrir en ellos el mismo tedio. Un psicoanalista dijo que ya que los héroes de tales novelas lograban algo tan extraordinario, ¿por qué seguían con las debilidades y dolencias que nos aquejan a todos? La gente nunca piensa qué es escribir un libro; cómo se escribe. Si todo fuera perfecto y admirable, no habría cuento; la novela sería tediosa. Otro dijo que los refugios subterráneos que se construían en previsión de un ataque atómico demostraban la obsesión del hombre por volver al útero materno. Yo le pregunté qué haría él si fuera a estallar la bomba: ¿no se guarecería en el refugio? ¿Lo desdeñaría como a una inútil metáfora? ¿Propone que se levanten mástiles para esperar en lo alto la explosión de las bombas? Gente así no sabe pensar».

Domingo, 30 de junio. Come en casa Borges. Leemos poemas, para el concurso. Hallamos la línea:

Un gran risco daba libertad al río

Un gran risco daba libertad al río

que, por venir entre endecasílabos, exige esta lectura:

Un gran risco dabá libertá al río (Borges).

Un gran risco dabá libertá al río (Borges).

o ésta:

Un gran riscó daba libertà al río (Bioy).

Un gran riscó daba libertà al río (Bioy).

BORGES: «Lo más admirable es que, después de tomarse todas esas libertades, logran no decir nada». Otro poeta propone:

Y hete aquí, me despierto al mediodía

Y hete aquí, me despierto al mediodía

que leemos:

Y héte aquí, me déspierto al mediodía.

Y héte aquí, me déspierto al mediodía.

Después le leo un poema de Molinari («Al retrato de una joven pintado por Bartholomeus Bruyn»), aparecido en el suplemento de La Nación de hoy:

La rosa tiene en su mano

la joven holandesa.

La rosa es una tarde

amarilla

y lumbre de polvo dorado

todavía.

Turba en el tiempo

a la noche,

que entre su sombra

se acomoda,

la otra opacidad

penetrante y seca. [… ]

¡Para ti, verano,

esa suave

rosa

amarilla!

BORGES: «Él —llamémoslo así— autor se reirá de los lectores a quienes engrupe». BIOY: «No, seguramente el primer engañado es él. Dirá: “Escribo de cualquier modo y el resultado es admirable”». BORGES: «Una vez alguien le elogió un poema a Fernández Moreno, un poema que él mismo había olvidado. “Desde entonces —me dijo Fernández Moreno—, me pregunto: ¿quién soy yo para sacarle a la gente algo que les di? Y no corrijo ni suprimo nada”. Y eso que Fernández Moreno estaba limitado por las reglas de la versificación; en cambio Molinari… Bueno, por su aridez: es un barren rascal. Yo, que lo conozco, imagino cómo pensará mientras trabaja: “A ver, carajo, ¿cómo se llamaba ese pintor de mierda? ¿Dónde putas puse el diccionario?”».

Le cuento que mi hija Marta y un amiguito se describían minuciosa, prolijamente sus respectivos muñecos, que tenían delante. «El tuyo es más alto». «Bueno, por las orejas de conejo», etcétera. Y agrego que tal vez alguien podría escribir un libro dedicado a la descripción de un objeto muy simple. Le gusta la idea y dice: «Al autor le llegó la inspiración una mañana, en su Périgord natal, cuando entró en la herrería. Mejor que el autor sea belga. Después de describir los objetos, los destruye ante escribano público, no se sabe por qué. O el lector puede solicitarlos y los recibirá a vuelta de correo. El prologuista insiste en que esas descripciones carecen de valor científico o estético. No, el autor no se propone eso. No se sabe por qué ya está escribiendo veinte volúmenes de descripciones así. Es una máquina estúpida. Señalar que el resultado es tedioso resulta importante. El autor no se propone entretener a nadie. Ha suprimido uno de sus libros —el que describía una llave— porque descubrió después que ese objeto sugería o podría sugerir recuerdos, emociones. El busca la descripción en sí; por ejemplo, la que permite el mango de un martillo». Dice que deberíamos escribir el prólogo a la obra de ese autor.

Está muy contrariado porque en la Facultad destruyen los institutos de literatura inglesa, francesa, italiana y alemana: «No publican nuestros trabajos y después dicen que no hacemos obra. Funden en una gran biblioteca las bibliotecas de cada instituto. Parece muy moderno, porque te preguntan: “¿No cree usted que hay que unificar todo?”, pero es otro error. Para trabajar es más cómodo tener los libros al alcance de la mano, sacarlos cuando los necesitas, y no en una biblioteca que estará quién sabe dónde, que cerrará de acuerdo a un horario y donde habrá que llenar una ficha para que te den el diccionario donde no encontrarás la palabra que buscabas».

Convenimos en que el Martín Fierro publicado por la Universidad[1287] es horrible. BIOY: «Además me parece mal que una universidad publique una edición con la advertencia de que está basada en las de Santiago Lugones y Carlos Alberto Leumann[1288], y nada más… Y, ¿quién es responsable de ésta? ¿Con qué criterio se basa en una y otra? Nada se agrega y por cierto que no se da el nombre de quien tuvo la edición a su cuidado».

Le hablo del verso:

que el hombre que lo desvela[1289]

que el hombre que lo desvela[1289]

y comenta: «Siempre tengo la impresión de que lo digo mal, de que me equivoqué». BIOY: «A mí me pasa lo mismo. De las dos maneras —el o al— está mal. Era un poco pronto para poner un verso tan dudoso». BORGES: «Es el, no al. Hablando se puede decir: “El hombre que lo desvela”, por “el hombre a quien lo desvela”». Le causa gracia haber dicho se puede.

Lunes, 1.º de julio. Come en casa Borges. Leemos poemas para el concurso. Se inscribió en el partido Demócrata Conservador: «Ah, ¿vos no estás inscripto? Es claro: vos sos conservador. Madre, radical de cepa, está un poco enojada: «El otro es prófugo[1290], éste es tránsfugo». Me ve como un traidor. Yo creo que hay que hacer estas cosas cuanto antes: estar del lado que uno está con las ideas…». Con Guillermo se disgustó, porque éste le dijo: «No tenías por qué pasarte a un partido extremo». BORGES: «¿Partido extremo el Conservador? Es un partido liberal, quizá el único. Es claro que el país, arruinado y dividido como está, necesita más que nunca un gran gobierno; pero ante el peligro peronista no tiene uno tiempo ni ocasión para grandes exigencias. Hay que votar por los conservadores. Al fin y al cabo los momentos de mayor grandeza que tuvo el país fueron siempre bajo gobiernos conservadores. Yo les dije: “Ustedes son el único partido razonable. Napoleón estaba en contra de los ideólogos. Ustedes no lo son”». Comenta después: «Estudio inglés antiguo, escribo versos medidos y rimados, me gustan los films norteamericanos, estoy inscripto en el partido conservador: soy un viejo de mierda, estoy perdido».

Le propongo que escribamos para L’Herne un prólogo, un estudio, sobre el escritor que describe objetos simples[1291]. BORGES: «Mejor es que le hagamos un reportaje. Le preguntamos si tiene intenciones filosóficas o estéticas. Adamantinamente nos contesta que no, pero alcanza la mayor grandeza cuando dice: “Mi obra no es interesante”. Un gambito astuto, porque anticipa toda objeción, y además corresponde a la verdad».

Martes, 2 de julio. Come en casa Borges. Me dice que Victoria, públicamente enemiga del film sobre Lawrence de Arabia, en secreto está fascinada con él, como lo demuestra por saberlo de memoria y haber pasado buena parte de su vida mirándolo: el film dura tres horas y ya lo vio cinco veces[1292].

BORGES: «Una vez más, hoy he comprobado la superioridad de Wordsworth sobre Coleridge… Coleridge es bueno en dos poemas, en que recurre a una infinidad de cosas: una historia curiosa, idioma anticuado. A Wordsworth, cuando un poema le sale bien, le sale naturalmente bien».

Empezamos a escribir el cuento. Inconteniblemente Borges propende a la burla desaforada.

Domingo, 7 de julio. Come en casa Borges. Leemos poemas para el concurso. BORGES: «Antes la gente se mataba para pensar; ahora, para ser incoherente. ¿Te imaginás cómo quedarán esas cabezas después de trabajar en poemas así? Ni sabrán pedir el menú en un restaurant. Bueno, una persona sola en su cuarto, que se pone a escribir un poema, es capaz de cualquier cosa. ¿Te das cuenta? Rompiéndose todo para que se le ocurra algo, ya no sabe lo que es un acierto, lo que es un disparate, lo que es sensato; no sabe nada… Qué triste estar con gente que admira a Neruda, que admira a Juan Ramón Jiménez… Uno queda como terco y envidioso. Hay un poema de Juan Ramón Jiménez en que éste habla de un patio y una planta, que seguirán iguales después de su muerte. Y agrega:

Mi espíritu seguirá mirándolos[1293].

Mi espíritu seguirá mirándolos[1293].

¿Te das cuenta? Qué bruto, no entendía que así arruinaba todo el sentido de su poema. A esta gente les dije uno de Hugo, en que habla de que él se irá

au milieu de la fête[1294],

au milieu de la fête[1294],

pero ni lo oyeron porque, ya se sabe, Hugo no es moderno».

BORGES: «Los otros días conversé sobre Toulet con el agregado cultural francés. Debe de ser un idiota: no ve que los poemas de Toulet son muy construidos, como objetos. “No —dice—, están hechos de frases corrientes, que uno usa en la conversación”. Va viendo frase por frase». BIOY: «Como los malos traductores». BORGES: «Y no advierte que el poema formado es bastante raro y admirable. Con relación a la última estrofa de la contrerime que empieza:

»Bayonne! Un pas sous les Arceaux»,

»Bayonne! Un pas sous les Arceaux»,

le hice notar que en francés por lo general no se pone el sujeto al final de la frase. Bueno, no notó ni notará nada… También me dijo: “Lo que hubiera hecho Verlaine si hubiese escrito en español”. Es claro, clasifica a Verlaine como poeta sonoro y piensa que el español es el idioma sonoro por excelencia. “No hubiera escrito los poemas que escribió —le dije—. No se hubiera educado en la tradición francesa. Se hubiera educado en la tradición española, que es palabrera. No hubiera escrito nunca l’herbe noire.”[1295]»

Martes, 9 de julio. Come en casa Borges. Leemos poemas para el concurso. En un «Canto conversado a Buenos Aires», el poeta menciona el río al Este. BIOY: «Me sorprende favorablemente esta precisión no errónea». BORGES: «Tenés razón. Entre poetas tan vagos, uno que se haya dado cuenta de que el río está al Este… Pero tal vez no baste eso para premiarlo».

Hablamos de las elecciones. BORGES: «Esto puede ser el comienzo de una nueva época[1296]. Puede ser un momento muy importante». BIOY: «Esto es mucho mejor que la dictadura colorada que yo deseaba». BORGES: «Y yo también. No se sabe nunca cómo pueden acabar las dictaduras». BIOY: «Acaba de aparecer un artículo que escribí este verano; se titula “Estamos durmiendo”[1297]. Mirá, yo estaba equivocado de medio a medio. Nunca previ una solución tan favorable». BORGES: «En otro punto estábamos equivocados: en creer que los peronistas eran más de la mitad del país… Son menos y ahora están reducidos a la compadrada, porque, ¿qué otra cosa les queda? Tienen que proferir confusas amenazas para no desaparecer en el acto».

Leemos la declaración de Aramburu:

Se ha obtenido la finalidad buscada. El pueblo ha canalizado su electorado (sic) a través de los partidos democráticos y aunque ninguno ha obtenido la mayoría necesaria que exige la Constitución para proclamar la fórmula presidencial del Colegio Electoral, surgirá la solución de concordia y el entendimiento que este país reclama para un futuro en paz y progreso.

Se ha obtenido la finalidad buscada. El pueblo ha canalizado su electorado (sic) a través de los partidos democráticos y aunque ninguno ha obtenido la mayoría necesaria que exige la Constitución para proclamar la fórmula presidencial del Colegio Electoral, surgirá la solución de concordia y el entendimiento que este país reclama para un futuro en paz y progreso.

BIOY: «La declaración está bien. Después de tantas declaraciones absurdas, a las que nos acostumbraron los políticos peronistas y afines, ésta, por ser la de un caballero, parece muy digna». BORGES: «Bueno, no hay que confundirlo con la hez de la canalla… Claro que, al verlo en esos carteles, en que mira fijamente, como queriendo sugestionarnos, para que votemos por él, piensa uno en un hipnotizador que sigue muy ceñudo en el escenario después de que el público se fue. Qué bien que haya perdido, con sus técnicas y sus psicólogos».

Miércoles, 10 de julio. Come en casa Borges. Leemos poemas para el concurso. Nos admiramos de la enorme cantidad de poemas con labriegos, trigo, espigas, tierra, pan, etcétera, que debe de haber en el mundo. Casi tantos como con el amor. BORGES: «Es un tema que cuenta con autores ilustres. Desde Virgilio hasta Hugo». Para Borges, la chacra y el chacarero tienen connotaciones burlescas; opone la agricultura a la ganadería: de un lado, está el ámbito hogareño del labriego, una comedia de rústicos; del otro, el hombre a caballo, un mundo donde corre el aire de la épica, al que prefiere.

BORGES: «Recordé lo que dijo Xul de Don Segundo: “Es un hombre de mundo. Siempre queda bien. Los argentinos siempre quieren quedar bien”. Habría que recordar y apuntar las anécdotas de Xul. Hacer un librito de anécdotas, como con Macedonio».

Me pregunta: «¿Fuiste vos que me dijiste un término lunfardo para el teléfono? ¿No? Entonces fue Miguel, que ahora, no sé por qué, lo niega. El cafisho negro». Lo felicito por haber inventado eso. BORGES: «Hay, entonces, una conspiración para envanecerme. Yo no soy capaz de inventar expresiones populares».

Viernes, 12 de julio. Hablo por teléfono con Borges. Me comunica que me han dado el Segundo Premio Nacional. BIOY: «Creí que ibas a darme una buena noticia; que comías en casa». BORGES: «No andés diciendo que no sabés quiénes forman el jurado ni que no hiciste nada para que te premiaran. Esas cosas hay que ocultarlas. Vas a quedar muy mal. Van a pensar que no merecés el premio, o que sos un embustero, o un individuo que no está en la realidad. Más probablemente las tres cosas».

Me dice que debemos volver al tema del autor de las descripciones de objetos materiales: «Si uno deja un tema por mucho tiempo, se vuelve póstumo y ya es imposible de escribir».

Sábado, 13 de julio. Comen en casa Borges y Peyrou. Recuerda BORGES: «Cuando todo el mundo estaba loco con El martirio de Juana de Arco, escribí un artículo en que explicaba el mérito de un film del Oeste en que no se mostraban primeros planos sino escenas panorámicas, más adecuadas[1298]. Sobre El martirio de Juana de Arco y sus primeros planos dijo Reyes: “Las caras están bien, la piel está bien, pero ¿por qué las enfermedades de la piel? Un film de hoy en día parece un museo dermatológico”».

BORGES: «Propuse a Erro que los escritores, por intermedio de la SADE, renunciáramos a que algún día den a una calle nuestro nombre. Para mantener las tradiciones de la ciudad, para que no se nos confunda con una calle, le expliqué. Él en seguida cambió de tema».

Acerca de una Historia de la literatura francesa: «Está escrita por especialistas… ¡Qué especialistas! Uno, que escribe sobre Catulle Mendés, dice que si bien los sonetos no son perfectos como se ha sostenido, de pronto en ellos hay relinchos de padrillos… Los críticos no deben escribir así; deben dejar estas estupideces para sus autores. Parece que esos cromos bobos de Catulle Mendés corresponden a una intención filosófica…, lo que los vuelve peores aún. Qué bien dijo Valéry que “un auteur connait admirablement ses erreurs”. Siempre que me atacaron pensé: “Qué estúpidos. Cómo no señalaron tal cosa y tal otra”».

Habla de los errores a que llegan los profesores e historiadores de la literatura con su afán de clasificaciones —de las clasificaciones por generaciones, por zonas geográficas, etcétera—: «Thibaudet fue el campeón, pero astutamente dijo que él no creía en las clasificaciones. Yo escribí en Sur sobre su Historia de la literatura francesa y señalé absurdos subtítulos de ese libro: “Los reservistas: Paul Valéry”, “Los politécnicos”[1299]. Pero nadie notó nada. Betina [Edelberg] da mucha importancia a las generaciones; en ser de su generación hace hincapié; es claro que llegará el día en que no querrá acordarse de que pertenece a ella… Esto de las generaciones es más importante para determinar las clases para el servicio militar que para el juicio estético. Sin embargo hay escritores que no tienen otro título para la gloria que el de pertenecer a tal o cual generación, o promoción, como también dicen».

Según Borges, la obsesión más tenaz de Martínez Estrada es Manuel Gálvez: «Siempre echa la culpa a Manolo. Cuando uno pregunta quién es Manolo, finge no entender y después aclara: “Pero, Manolo Gálvez, hombre. Yo creía que era una broma. Al fin y al cabo, todo el mundo compartirá mi experiencia de haber pasado varios días sin pensar en Manuel Gálvez. Ahora entiendo que esa frase prueba la naturaleza obsesiva de Martínez Estrada. Sólo un obsesivo pudo afirmar que Victoria, Mallea y yo lo habíamos obligado a exiliarse”.

BORGES: «Jefferson dijo que el mejor gobierno era el que gobernaba menos. Silvina Bullrich, al hablar de su candidatura, por los socialistas, a una banca de diputado, anunció: “Seré una ametralladora de proyectos”. Qué simpática».

Domingo, 14 de julio. Come en casa Borges. Dice: «Nuestra situación es rara: escribimos en un idioma que nos desagrada; nuestro estilo resulta de omisiones; evitamos palabras que nos asquean. Después algún español advierte con asombro nuestra pobreza de vocabulario. Sólo para el escritor que no se halla en casa en un idioma, como Conrad, el estilo es un instrumento». BIOY: «Los otros días, en un artículo del Times Literary Supplement sobre Kafka, leí que la situación de los judíos checos, que escribían en alemán, era parecida a la nuestra; aun para Heine (id est, para los judíos alemanes), la situación habría sido más o menos igual». Me cuenta que en la polémica de escritores checos, Kafka tomó el bando de los que escribían en alemán contra los que escribían en checo y que al principio de su carrera fue un poco larretiano; un estudioso del padre Mir, por así decirlo.

Después de comer nos ponemos a escribir —por segunda vez lo empezamos, hoy con pie seguro— el cuento de la visita a Ramón Bonavena. Borges llegó con la idea de una primera frase, abstracta, impersonal, un poco gris, que nos da el tono, más aceptable que el del intento anterior. BORGES: «No estamos en el estilo de saca y pone». BIOY: «Pero no se dirá que no lo hemos usado». BORGES: «¿Y otros lo habrán usado? Es un sistema de bromas mecánicas, pero que nos atraen vertiginosamente. Es la muerte de la literatura».

A su madre la irritan bastante nuestras bromas de Bustos Domecq. Los otros días, Borges le explicó que nos pusimos a escribir un cuento; que lo escribíamos en serio, sin permitirnos una sola broma, «salvo —agregó— que decimos del señor Bonavena que no tenía más chaleco a cuadros que un saco negro de lustrina. Es una sola frase y los franceses no van a advertirla, porque son muy ingenuos». «Qué van a ser ingenuos —protestó su madre, ya enojada—, son mucho más vivos que vos». Por cierto todo era una invención de Borges, dedicada a su madre.

BORGES: «Ante el pedido del fiscal de largas penas para los marinos y militares de la revolución colorada de abril, Margarita Bunge prepara un manifiesto violento, con pedido de largas penas para los militares azules de la revolución anterior». BIOY: «Aunque dispuesto a pedir cualquier cosa por Rojas y los demás, no creo que en este momento haya que ser agresivo. Es un momento de verdadera reconciliación nacional y de esperanzas». BORGES: «De reconciliación con todos, menos con los peronistas. Por eso es una reconciliación de veras. Te diré más: este momento puede significar el fin de los peronistas y —no quiero decirlo en casa, para que no se enojen— de Rojas». BIOY: «Hasta cierto punto, Rojas quedará como una reserva». No está en desacuerdo, pero nunca olvida la falta de ánimo combativo, de Rojas y los demás colorados, en la revolución de abril. BORGES: «Una reserva, a la que aceptaremos en la hora de jugarse… pero que ni a patadas lograremos que vaya a pelear. Ahora debemos jugarnos por quien no se jugó. Perón fue derrotado porque aflojó unos minutos antes. Seguramente fue aquello una carrera a ver quién aflojaba primero y Perón perdió. La gente mantiene las ideas que se hizo alguna vez, contra todas las pruebas que pueda traerle la realidad. Una chica me decía los otros días que Aramburu no estaba mal, pero que por suerte nos habíamos salvado de Rojas, que era sanguinario. ¿Cómo sanguinario? Un hombre de paz, el enemigo de toda violencia, le dije».

Borges insiste siempre en comprobar las citas. Me sale del alma la protesta y estoy a punto de pensar que entorpece el trabajo con una manía personal o capricho. Casi infaliblemente la enciclopedia le da la razón: la consulta no fue inútil, alguna corrección introduciremos en nuestro texto o en nuestros conocimientos.

Martes, 16 de julio. Come en casa Borges. Leemos poemas para el concurso.

SILVINA (entrando en el escritorio): «¿Saben quién se ha suicidado? Elva [de Lóizaga]. Está en la morgue. Parece que se suicidó hace tres días y hoy la encontraron… Etchebarne me lo contó y me pide que hable a La Nación. No sé qué hacer. A esta hora, ¿habrá alguien en La Nación? Él me dijo hace un mes que iba a suicidarse. También se lo dijo a Margarita Harriague». BIOY: «Vos me lo dijiste». BORGES: «Esta chica escribía bien a veces. Tiene unos poemas eróticos bastante buenos… pero no era muy simpática. La verdad es que tampoco lo sería para sí misma. Sin duda, se desaprobaba. Generalmente, se suicidan porque se desaprueban. Era amiga de Magdalena Harriague… es claro, se fotografiaron juntas». BIOY: «Yo la vi unas cuantas veces, pero sólo recuerdo dos. Una, hace poco, cuando la encontré en la calle, y otra cuando vino a comer.

La conversación ¿se acuerdan? No fluía, porque no estábamos de acuerdo en nada». BORGES: «Era medio comunista. Era más inteligente que otras. Me hizo notar, antes de que yo mismo lo advirtiera, que yo era conservador».

«I grieve of not grieving for her[1300] —observa Borges, cuando tomábamos la calle Arroyo—, como dijo Lamb cuando se enteró de la muerte de Coleridge. Habían sido muy amigos y estaban distanciados. Hizo bien de escribir eso, porque es una frase en que se siente la verdad. Parece que hacia el final de su vida a Coleridge sólo le importaba hablar. No le importaba el interlocutor, ni nada». SILVINA (mirando a Borges): «Hay mucha gente así». BIOY: «Marta Mosquera». BORGES: «Pero habla para impresionar. Es claro que habla más que nadie, porque habla con todo el cuerpo». SILVINA: «Sí, para impresionar, pero más aún para hablar. A mí me produce alguna desazón». BORGES: «Porque sentís la locura».

Releemos «Wakefield». BORGES: «En ese cuento, Hawthorne sostiene que todo hombre está más cerca de lo que imagina de convertirse en un paria. El mismo Hawthorne pasó años sin hablar con nadie. Salía a caminar por el pueblo, después del crepúsculo. La madre le ponía la comida junto a la puerta de su cuarto».

Miércoles, 17 de julio. Come en casa Borges. Leemos unos diez poemas para el concurso. Escribimos una página del cuento de Ramón Bonavena.

Jueves, 18 de julio. Después del almuerzo voy a Sur, donde hay una reunión que se repite cada dos o tres años. Están Murena, Girri, Pezzoni, María Luisa Bastos, Borges, Mallea, González Lanuza y Victoria. Victoria: «Los he llamado para ver qué se puede hacer para dar vida a Sur». (Yo pienso que se podría prender una estufa eléctrica). Alguien: «Hay gente que ya no colabora». Otro: «¿Quién?». Alguien: «Algunos por causas obvias, como Martínez Estrada. Otros como Soto…». González Lanuza: «Porque es perezoso. Si se le pide colaborará. (“Estamos salvados”, me dirá después Borges). Se podría llamar a Martínez Estrada a un debate». BORGES: «Yo no quiero hablar con Martínez Estrada». González Lanuza: «Bueno, eso es lo que no hay que hacer. El diálogo…». BORGES: «Para discutir hay que estar de acuerdo sobre algo. Si yo quiero jugar al truco y vos al tute no podemos jugar un partido… Además, no sé por qué Sur se va a convertir en una tribuna para los comunistas». Alguien: «Los debates de antes…». Un segundo: «Eran otros tiempos. Estaban Pedro [Henriquez Ureña], Amado [Alonso]». BORGES (sarcásticamente): «Ah.

Esa costumbre española de omitir los apellidos». VICTORIA: «¿A qué hora podríamos reunirnos? ¿A la tarde?». BIOY: «Yo no sé si puedo venir a la tarde. La noche, que no tiene límites, me parece la hora más adecuada». VICTORIA: «A mí me revienta venir de noche». «Acepto la noche, que me revienta», repite varias veces, señalando la concesión que me hace. Yo no hago concesiones, porque no tengo el menor interés en asistir al debate. Llevo a Mallea y a Borges. Éste me dirá después: «Quedé tan deprimido, que di mal la conferencia sobre Chaucer».

Por la noche, come en casa; escribimos, ya un poco enloquecidos, la visita a Bonavena.

Viernes, 19 de julio. Comen en casa Borges, Magrini y Angélica Ocampo. Magrini: «¿Y ustedes leen los poemas que llegan para el concurso de La Nación? Uno, si manda, ¿puede estar seguro de que será leído?». BIOY: «Bueno fuera: leemos todo». BORGES: «Vamos por el quinientos once». MAGRINI (a mí, en voz alta, delante de Angélica, Borges y Silvina): «Entonces yo te voy a mostrar unos poemas para que me digas francamente si vale la pena que los mande al concurso. Los cien mil pesos del premio, en esta época, son un gran estímulo. Vendrían tan bien…». Yo (abro la boca, vuelvo a cerrarla). BORGES (después, a mí, a solas): «Es claro, estaba tan apurado que no le importó hablar delante de medio mundo. Si te muestra los poemas, decile nomás: “No, no los mandes. No tienen ninguna probabilidad de salir premiados”».

MAGRINI: «Le propuse a Blas González que hagan con actores una representación dramática de trozos literarios no dramáticos, empezando por Sarmiento». BORGES (después, a mí, a solas): «Qué idea más brillante. Seguramente le va a gustar a González». BIOY: «Podríamos sugerirle que hicieran lo mismo con literatura dramática. Esto sería verdaderamente original». BORGES: «Qué persona, este Magrini. Aunque sus palabras sean atinadas, logra por el modo de decirlas, por su cara, que todo parezca una idiotez… que es lo que es. Parece ser que estuvo varias veces preso en tiempos de Perón; él cuenta que le pegaron con bolsas de arena: todo fue en vano. Hay personas a las que ni siquiera eso alcanza para dignificarlas». Lo compara con una autora (anónima) de poemas para el concurso, que en una confusa nota dirigida a «los señores del jurado» expresa que estuvo prisionera en campos de concentración japoneses. BORGES: «Experiencias trágicas escamoteadas por metáforas y otros torpes procedimientos literarios. No basta la experiencia, no basta descender al infierno para saber describirlo».

Homenajes a cualquiera. A Borges le divierte mucho la noticia de que se hará un homenaje a Inés Malinow. También me comunica: «Me llamaron para que diera mi nombre para un homenaje. —Je te le donne en mille— ¡para Brughetti! Yo contesté que muy cordialmente rogaba que no incluyeran mi nombre en la lista. Después me dijeron que cometí una gaffe. El homenaje no es para este Brughetti, sino para su padre, que ha muerto y fue un mal pintor. Yo no hubiera negado mi nombre, pero ahora no puedo llamar y explicar que dije que no porque creí que el homenaje era para el hijo».

Con Borges leemos poemas para el concurso. Encontramos uno sobre el general Acha, bastante bueno, escrito con inspiración e impulso. Contiene palabras como bigotillo y latiguillo, que son arrastradas por la elocuencia del poema. Hasta ahora es lo mejor.

Observa: «Para toda una generación de chicas, psicología significa psicoanálisis. “Fulano —dijo no sé quién— es muy agresivo”. “Qué poco psicóloga —le reprochó Raquel Peralta Ramos—: si es agresivo será porque es un gran tímido”. Qué raro que en psicología todo se explique por los contrarios. Qué simple».

Sábado, 20 de julio. Comen en casa Borges y Peyrou. BORGES: «Menéndez y Pelayo tenía esa idea miserable de buscar testimonios de la grandeza pretérita de España. Don Gumersindo Laverde y Ruiz estaba convencido —a fuerza de fe, porque no sabía nada— de que debía de haber habido un gran pasado de ciencia en España. La idea embelesó a Menéndez y Pelayo, que tampoco sabía nada de ciencia. Se reunían a conversar: los imagino muy sucios, evil smelling. De esto resultó La ciencia española. Ureña me dijo que la obra produjo un descorazonamiento general en España. Antes de su publicación, la gente atribuía la decadencia del país a la circunstancia de que nunca hubiera tenido filósofos, ni matemáticos, ni hombres de ciencia; pero después, cuando el libro demostró que hubo de todo, el desaliento fue muy grande: si con ese pasado habían llegado a la situación en que se hallaban, ¿qué podía esperarse?»[1301]. Compara el afán de descubrir filósofos, matemáticos, hombres de ciencia, de Menéndez y Pelayo con el de Pagés Larraya de descubrir escritores argentinos en el siglo pasado[1302]. BIOY: «La gente cree con ingenuidad en esos maestros —en que Ocantos, por ejemplo, es un gran novelista— y, cuando los lee, se desilusiona de todo, cree que no hay nada. Es un sistema peligroso, que lleva al escepticismo». BORGES: «Sospechan, como Eliot cuando leyó un artículo de Trotsky en que se afirmaba que la buena poesía revolucionaria rusa estaba llena de genios, que muchos de sus cisnes son gansos. Rey Pastor, ese matemático español que vivía aquí, me aseguró que Menéndez y Pelayo procedió inescrupulosamente, con muy mala fe, en La ciencia española; que si un señor había escrito un libro en que se explicaban las operaciones de suma, resta, multiplicación y división, Menéndez y Pelayo lo registraba como gran matemático, cuyas obras significaban un adelanto para la ciencia: como no entendía nada de matemática, mencionaba como obras considerables meros textos, simples manuales escolares, tal vez tablas de multiplicar… No creo que Menéndez y Pelayo haya leído mucho. De Quincey se equivocaba en las citas porque citaba de memoria. Menéndez y Pelayo, no, porque tenía el libro a mano. Qué raro que fuera muy borracho. González Lanuza lo vio por las calles de Santander, haciendo eses».

Observa: «Es curioso cómo la gente recoge de cada país lo peor que tiene ese país. Parece que de la música de Wagner, Strawinsky dice: “Caca patenté” y de Rusia: “Mélange de caviar et de caca”. Hablar con palabras como caca es lo peor de Francia, ¿por qué este idiota recoge esa mala costumbre?». Comentamos palabras de señoras de Buenos Aires: «Fulana es muy puera». Puera por «que mete púas»; púa por «indirecta hiriente».

Sobre el error de los aliados de no haber tomado Berlín, al final de la guerra, sino de haber esperado a los rusos: «Un triunfo del integracionismo que estamos pagando». (Integracionismcr. En política argentina, acercarse a los peronistas).

BIOY: «Estuve leyendo en los evangelios lo de “repara en los lirios del campo”». BORGES: «Quiere decir que él aconsejaba no pensar en mañana. Eso lo dejaron caer. Insistirán en que aconsejaba la fe en Dios».

Sobre el suicidio de Elva de Lóizaga. Cicco, que sabe, me explicó que Elva tomó Seconal, un barbitúrico, y se metió en la bañadera, donde murió ahogada. Una vecina, que vio la acumulación de diarios y cartas junto a la puerta, avisó a la policía. Encontraron el cadáver tres o cuatro días después de la muerte. Elva pidió que la cremaran. La familia está dividida: unos quieren cumplir el pedido; otros, muy católicos, alegan que Elva no estaba en su sano juicio. El cadáver sigue en el depósito de la Chacarita. También dirigió Elva una carta a un juez, inculpando de su muerte al psicoanalista que la atendía, a su ex amante, y a alguien más, que no recuerdo. Parece que su ex amante dijo: «A mí me perjudicó mucho con sus neurosis». La frase me sonó a dureza. Después, Silvina me aclaró las cosas. El pobre hombre fue víctima de Elva desde que la conoció. Elva lo vejó tenazmente. Cuando él se fue a Europa, ella corrió detrás. Elva le interceptaba las cartas de los amigos y las destruía. No le permitió ver a nadie y tuvo que venirse de Europa sin despedirse de Cortázar, de quien es amigo desde la infancia. Me contó BORGES: «Conmigo no se peleó, pero un día, porque sí, empezó a llorar y dijo que yo quería ofenderla». Agregó: «Escribía muy cuidadosamente. Publicó en La Nación unos cuentos, en el estilo de Henry James, excelentes… También me leyó poemas eróticos, breves y admirables… Decorosos: de pronto te das cuenta de que estás oyendo una descripción del acto».

Domingo, 21 de julio. Busco a Borges. El edificio está a oscuras, sin ascensor. Tampoco hay luz en casa, me anuncia la madre, a quien Silvina acaba de telefonear. Media ciudad está sin electricidad; hasta San Isidro llega el apagón. No sabe Borges si venir o no a casa. Consultamos con una moneda, sale cruz: no va a casa. Cuando llego abajo se prende la luz. Subo a buscar a Borges. «El señor lo llamaba a gritos», me dice la mucama. Cuando llegamos a casa, la luz nuevamente desaparece; hacia el final de la comida, vuelve. Leemos poemas para el concurso.

Martes, 23 de julio. Come en casa Borges. Leemos poemas para el concurso.

Dice que Groussac sentía mala voluntad hacia los Estados Unidos. BORGES: «Elogia a Carlyle y dice que Emerson es como la luna[1303]. Cada vez que habla de los dos, hunde a Emerson y señala los méritos de Carlyle. Para Groussac, Whitman era la barbarie y Mark Twain, un payaso[1304]. Eso no es crítica ni nada».

Me refiere una historia islandesa, de un hombre que lleva al rey de Dinamarca un oso de regalo; al pasar por Noruega —en guerra con Dinamarca—, el rey noruego le pide el oso; el hombre le dice que su intención es llevarlo al rey de Dinamarca; lo lleva; el rey de Dinamarca le hace regalos; camino de regreso a Islandia, pasa por Noruega; trata, sin éxito, de que el rey no lo vea. «¿Qué te dio el rey de Dinamarca?». «Tal cosa y tal otra». «Yo también te las hubiera dado». «Y un anillo». «Ah, eso yo no te lo hubiera dado». «Tú pudiste matarme y quedarte con el oso; me dejaste seguir; ahora yo te regalo el anillo». BORGES: «Todos los personajes se portan bien. Macedonio decía: “En un cuento todos los personajes deben ser realmente admirables; que alguno sea un malvado, che, es una bajeza”». Esta última frase la dice remedando la voz y el tono de Macedonio. Yo nunca vi a Macedonio: hablé por teléfono con él, pero no recuerdo su voz; o mejor dicho, la recuerdo, la identifico, en las imitaciones de Borges.

BORGES: «Según Forster y otros, no sólo Tagore en sus Gitanjali, sino cualquier indio en la conversación corriente, debite platitudes [dice ramplonerías]».

Miércoles, 24 de julio. Voy a la Asociación Argentina por la Libertad de la Cultura, donde hablará Borges sobre mi padre[1305]. Allí estoy con Rosenthal, Juan Antonio Solari, Aita, Carmen Domecq, Wally Zenner, Lisa Lenson y alguna otra persona. Por fin llegan Silvina, Borges y una señora joven, estudiante de anglosajón, gorda, de tez pálida y pelo negro. Rosenthal presenta a Borges con un discurso tan ridículo que afloja agradablemente mis nervios, un poco tensos en previsión de emociones. Compara largamente a mi padre, a Borges, a mí, con meteoros y otros cuerpos celestes en feliz conjunción; no omite la natural insistencia en el elogio de los vivos, con matiz de omisión para el muerto, que no agradece ni se ofende; califica a Borges de prosista inspirado y a mí me llama cuatro o cinco veces el laureado de hoy. Después habla Borges; por unos minutos me parece que ha resuelto este problema de hablar sobre mi padre (hombre que excedió mucho a sus escritos) del único modo que puede resolverse: hablando de otra cosa; pero no, eso ocurre nada más que al principio; en seguida habla de Antes del Novecientos, de Años de mocedad y de mi padre, muy bien, con mucho afecto. Dice que las últimas palabras de la dedicatoria que le puso mi padre en Antes del Novecientos son: y cuya persona quiero, y que él, Borges, un poco patéticamente, hoy aplica las mismas palabras a mi padre.

Después come en casa. Leemos poemas.

Dice que, después del nazismo, judíos alemanes —que se habían considerado siempre como alemanes, como el librero Keins, de juventud berlinesa—, retrospectivamente, ya no eran ni habían sido alemanes:

«Bueno, con lo que les pasó, también. Verán a Alemania como país extraño. Es claro que mantienen la devoción por Goethe. Desprecian mucho a los judíos polacos. Qué misterio… (Pausa). Nadie atacó las conversaciones de Eckermann con Goethe. Solamente Groussac, que dijo que no cabía esperar mucho de opiniones de Goethe recogidas por un imbécil[1306]. En Alemania todos lo tienen por un libro admirable. Allá, Eckermann es sinónimo de Boswell. Para Nietzsche era el mejor libro de la literatura alemana. Bueno, quizá la literatura alemana sea tan abstracta, que éste sea el libro más concreto, en que se ve a dos hombres conversando: un encanto irresistible. Es claro que un libro así nunca puede condenarse del todo, porque puede verse como un punto de partida para reflexiones». BIOY: «Como libro de opiniones, más rico y enérgico es el de Boswell. Es obvio que Boswell era mucho más inteligente que Eckermann, Johnson que Goethe».

Dice: «Clemente no escribe nunca que, sin precederlo de el, la y hasta lo. “Fulano, el que se encuentra entre nosotros.”».

Lunes, 29 de julio. Come en casa Borges, de regreso de Santa Fe y de Paraná. Como ayer fue el cumpleaños de Silvina, le trae de regalo Oscar Wilde; A Pictorial Biography, de Vyvyan Holland. Leemos poemas para el concurso de La Nación.

BORGES: «Sigo versificando en sueños, como Coleridge pero a un nivel muy bajo. Anoche soñé que había escrito un tango y que, mientras lo oía en un teatro, yo mismo comprendía en sueños que no me había salido muy bien». De este tango soñado, titulado El héroe del deporte, recuerda estas líneas:

Cuando,

cuando

el héroe popular

el hombre-rey

se deja pressancier

desde un balcón…

De su viaje a Paraná cuenta: «Es una ciudad pobrecita, con gente en bombacha, pañuelo al cuello, que lo saluda a uno. Encontré allá a un muchacho interesado en la Chanson de Roland. Visité la tumba de mi bisabuelo Haslam, enterrado fuera del cementerio, por hereje, es decir protestante[1307]; Madre le llevó flores. En una ocasión anterior, le había llevado flores: en su viaje de bodas, en mil ochocientos noventa y tantos».

Martes, 30 de julio. Por la noche, con Silvina, nos preparamos para la comida a Leonidas de Vedia, que se va a Grecia. BIOY: «Vamos a buscar a Borges y a Alicia Jurado». SILVINA: «A ésa le voy a decir algo sobre la nota que publicó en Sur sobre tu libro[1308]. Qué mezquindad». BIOY: «No le digas nada. Porque yo quiero hablar de la nota con ella, explicarle que está equivocada». SILVINA: «No sé cómo podré no decirle algo». Quisiera hablar con ella, pero no como quien está dolido por un ataque; para aclararle que no considero justo que se diga que para mí un cuento es sólo un juego, que nunca soy apasionado. Ya sé que no es apasionado quien quiera; pero tampoco hay que dejarse engañar por el pudor y las buenas maneras; no porque uno no se desgarre la ropa y no se tire al suelo es un frío, distante, está jugando. No bien entra en el coche Alicia, propone ella misma el tema de su nota y, ya inconteniblemente, Silvina declara: «No me gustó tu nota. No me pareció generosa ni justa». Hay un diálogo absurdo, a continuación, y Borges remeda a cada parte: «“No elogiaste bastante”. “Elogié mucho, demasiado.”». Silvina no entiende la broma. Yo trato de hacer a un lado todo este episodio y quiero argumentar a Alicia mi rechazo —lo que podría hacer por Borges, también— al cargo de juego. ¿Qué literatura merece para ella la calificación de juego y cuál no? ¿Sólo, en ficción, el tono romántico excluye la calificación de juego para un escrito? ¿Fueron juego sus cuentos y novelas para Cervantes, para Maupassant, para Flaubert, para Poe, para Conrad, para Wells, para Kipling?

En El Malambo, en un cuarto «tapizado» con la boiserie de una cabina de primera clase del vapor fluvial Tritón, nos reunimos alrededor de una mesa redonda Borges, Alicia, Leónidas, Clemente, Jorge Cruz (secretario del Suplemento literario de La Nación), Cicco (de la Dirección de Cultura), Silvina y yo. La comida es agradable: por un rato nos encontramos en la eternidad del grupo de amigos cordiales. Borges es partidario de las comidas breves; a mí, en cambio, me parece que una comida de muchos platos pone un ritmo propicio a las expansiones de la amistad y de la conversación.

Este Leónidas, de quien alguna vez pensé mal, es atinado en sus juicios, no comparte las supersticiones habituales; habla con suave gracia; su obra no existe: en esto aventaja a Mallea y a otros amigos. De Illia y Perette, nuestros presidente y vicepresidente electos, cuenta que comieron en casa de unos amigos (de Leónidas). Se fue de pronto Illia, quien al rato llamó por teléfono a la dueña de casa, para disculparse: «No lo aguantaba más a Perette», dijo. Parece que Perette es muy hablador. «Marea», explica alguien. Yo recuerdo que, en tiempos de Perón, molestaba Perette a los peronistas en la Cámara, con gran eficacia.

Del gordo Adolfo Mitre, cuenta Leónidas este diálogo con un empleado de La Nación: EMPLEADO: «Adolfito, últimamente noto en usted…». EL GORDO: «No note nada». EMPLEADO: «Permítame, permítame, Adolfito. Últimamente noto en usted…». EL GORDO: «No le permito. En mí no puede notar nada bueno». También refiere que el Gordo, muy enojado, lo interpeló: «Leónidas, ¿por qué no publicó las dos notas que le mandé?». LEÓNIDAS: «Usted no me mandó nada». EL GORDO: «Es verdad».

Asegura Leónidas que hasta ayer habían llegado dos mil cuatrocientos originales al concurso. CRUZ: «Poetas muy importantes, colaboradores asiduos, llevaron personalmente poemas a La Nación, para el concurso. Entre otros, Molinari». BORGES: «¿Iban con careta?». CRUZ: «No. Me saludaron, me dijeron que traían poemas para el concurso. Hablo de asiduos colaboradores del Suplemento». BIOY: «Lo malo es que ni siquiera con su aviso identificaremos los poemas. Quedarán confundidos con los de médicos, mucamas y señoras que mandaron poemas como quien compra un billete de lotería. (A Borges). Hace un tiempo, ¿te acordás?, corté del Suplemento un poema de un escritor conocido y lo leí, entre los del montón del concurso. Vos no advertiste ningún cambio en la calidad poética». CRUZ: «Los otros días publicamos un poema de Molinari que, bueno, sólo pudo publicarse porque era de Molinari».

Clemente cuenta que en la noche de los incendios, en 1955, un muchacho Spinelli, socialista, increpó a uno de los incendiarios de la Casa del Pueblo: «¿Cómo pueden quemar la Casa del Pueblo? ¿Por qué no queman el Jockey Club?». «Ya lo estamos quemando, señor», le respondió el peronista.

Lunes, 5 de agosto. Come en casa Borges. Leemos poemas para el concurso. Llegaron seis o siete grandes envoltorios.

Silvina Bullrich habría preguntado a Simone de Beauvoir por qué no se casó con Sartre; Simone de Beauvoir habría contestado: «Porque no lo creímos necesario»[1309]. Jauretche dijo que esta respuesta «sorprende a la señora de Bullrich». «Cómo no iba a sorprenderla —comentó—, con su criterio estrecho de gorda raviolera del barrio de Flores». Borges observa: «La frase es una miseria. Pudo decirla, pero no darse el trabajo de escribirla… Ahora, hay que reconocer que tiene todo lo que puede molestar a Silvina Bullrich y que en ese sentido es perfecta. Seguramente Silvina Bullrich prevé ataques por ser una señora que escribe, no una raviolera. Flores está bien elegido: después de la vulgaridad, la cursilería. “De Las Latas” o “de La Boca” no agregaría nada… Y lo de gorda no alegra a ninguna mujer».

Miércoles, 7 de agosto. Voy a buscar a Borges, que está preocupado, porque en su libreta apareció el apunte: «Miércoles 7, nueve y media de la noche, Ateneo». No recuerda de qué Ateneo se trata, ni sobre qué debería hablar. Esperó hasta las nueve y media, dispuesto a acudir donde lo llamaran, a hablar de lo que le pidieran. No lo llamaron. Lo traigo a casa. Dice: «Estoy con un sentimiento de culpa; por haber fallado a esos muchachos, seguramente inteligentes, generosos y nobles, además de irreales». (Durante la comida, llamó varias veces a su casa, para averiguar si había noticias: no las hubo, pero el sentimiento de culpa subsistía).

Comen en casa, también, Ezequiel de Olaso[1310], su mujer y Pezzoni. Olaso es un joven de cara redonda, oscura, hirsuta, con ojos negros, brillantes y muy juntos. No parece nada tonto y uno está cómodo con él. Habla con gracia, en un tono un poco désabusé y fatuo, que probablemente cese cuando la confianza permita mayor naturalidad. Pezzoni está intolerable: chillón, procaz, elocuente, inventivo; diríase que su extrema vulgaridad ha reventado, aunque su ingenio no está a la altura de tan entusiasmada verba. En cuanto a mí, apenas puedo formular una frase. Para mí hablaba por Borges la voz del deber, y sobre todo del amigo, que se aburre entre esta gente.

Jueves, 8 de agosto. Come en casa Borges. Leemos poemas. BORGES: «En Losada, unos cuantos discípulos de Sabato, porque por increíble que parezca hay discípulos de Sabato, van a publicar un libro sobre el tango[1311], un tanto injustificable, ya que no contiene nada que no se haya dicho en Bates[1312] y los otros libros sobre la materia. También, ese libro es como un puente que se me ofrece para la reconciliación con Sabato». BIOY: «A mí me tuvo loco con cartas para que nos reconciliáramos». BORGES: «Le gustan mucho las reconciliaciones. Y le gusta hablar de las reconciliaciones. Decir: “Me reconcilio por esto, pero me peleé por aquello”. Así más vale no reconciliarse. La que sabe reconciliarse es Victoria. Estuvimos peleados un tiempo. Un día me invitó a su casa, me habló como siempre, no me dijo una palabra de la pelea ni de la reconciliación. Ésta es la única manera limpia de reconciliarse».

A Tedín Uriburu, por su labor en la dirección de Radio Municipal, le dan —le damos— una comida. Sabato llamó a María Esther Vázquez, que la organiza, para hacerle notar que no le habían propuesto que figurara entre los invitados. María Esther consultó con Tedín y éste le dijo: «Pero es claro, si él quiere, está invitado». Sabato entonces contestó que no iría, porque nunca le habían pedido que leyera sus obras por Radio Municipal, que a él le parecía bien que Tedín no quisiera que él, Sabato, por sus ideas políticas, apareciera en Radio Municipal, porque cada uno al fin y al cabo debe cuidar su platita. A esto le contestó María Esther que Tedín nunca había cometido indignidades para cuidar la platita ni se había acercado a los peronistas. Sabato, a su vez, contestó que tenían que hablar, María Esther y él; que le explicaría algunas cosas. «Cuando quiera —contestó María Esther— lo recibo en Radio Municipal». Comentando la trabajosa actitud de Sabato, Borges exclama: «Qué idiota. Parece personaje de un cuento de Chesterton. Se hace invitar, para rechazar la invitación. Ha de creer que queda muy bien. Qué idiota».

Sobre Emilio Oribe, cuenta: «Una vez, en Montevideo, unos muchachos de un grupo cultural no sé cuánto me llevaron sus libros al hotel. Eran libros verdaderamente pésimos. Yo me volvía a Buenos Aires, estaba arreglando las valijas y me disponía a olvidar los libros en un cajón. Oribe me aconsejó: “No. La noche… el río…”. Es enorme, cuadrado, aindiado, cobrizo. Estaba enamorado de Emita [Risso Platero]; le dijo: “Le ofrezco un hombre y un nombre”. Los muchachos de la Facultad ya saben: poco antes de concluir la clase, de pronto Oribe cesa, queda mudo, como una estatua, con los ojos fijos en el vacío. Los estudiantes abandonan el aula. Cuando dicen algo que no le gusta, aprovecha su sordera y finge no oír».

BORGES: «Por lealtad a Guillermo, Norah admira a Herrera y Reissig. Bueno, si uno recuerda algunos versos aislados y olvida los demás… Si recuerda:

¡Y erró a lo lejos un rumor obscuro

de carros, por el lado de las quintas![1313]

Es claro que no parecen de Herrera. Y hay que ver lo que viene antes. Erró no está muy bien».

Cuenta: «Me ha ocurrido algo muy incómodo. El año pasado un señor muy colérico, que ahora me visita con su mujer y reclama el libro, me prestó un tomo de Hudson. Yo creía que se lo había dado a Alicia Jurado, pero parece que no». BIOY: «Vos no le pediste el libro prestado. Decile eso. A mí me exasperan esas personas que te imponen un libro en préstamo, con la obligación de devolverlo. Decile que se extravió y que porque no tenés vista te resulta difícil buscarlo». BORGES: «Yo le dije: “Mire que prestarle un libro a un ciego”. Pero de todos modos siento culpa. A la mitad de la noche desperté y me puse a pensar y pensar en ese libro».

Le refiero que en un viaje a Europa leí libros de Hudson y de Cunninghame Graham y que tuve la impresión de que Cunninghame Graham se equivocaba frecuentemente en el uso de voces nuestras. (Aunque, como sin duda yo habré leído esos libros en traducción —hace años de aquel viaje—, mis recuerdos son vagos y podría estar atribuyendo a los autores las culpas del traductor). Opina Borges que a él, en cambio, Cunninghame Graham le parece un escritor más exacto que Hudson y de categoría superior. BORGES: «A Brazilian Mystic, de Cunninghame Graham, sobre Conselheiro[1314], es un libro muy agradable, más legible que Os Sertóes de Da Cunha. En un prólogo dice Shaw que fue wise enough (u otra frase to that purpose) para robar el color local de un libro de Cunninghame Graham»[1315].

Borges es contrario a las novelas de Jane Austen. «Sense and Sensibility —dice—: qué título». A mí me gusta el estilo de Jane Austen. BIOY: «No me parece tan mala. Prefiero leer a Jane Austen y no al barren rascal, Fielding». BORGES: «Bueno: ése no es un gran elogio. Mark Twain dijo que para reunir una buena biblioteca hay que omitir los libros de Jane Austen. Por esta sola omisión, aunque no tengan ningún otro libro, existen bibliotecas excelentes»[1316]. Comenta: «Fielding es muy pretencioso».

Estuvo con un importante político mendocino. Por el modo de hablar pausado y por la creencia de que debía hacerle un catálogo de las actividades culturales mendocinas, el hombre lo cansó, aunque no dejaba de resultarle admirable por otras razones. Cuenta Borges, en efecto: «Deben de ser muy civilizados en Mendoza. Este político pensaba con gran objetividad y reconocía circunstancias que la superstición popular (compartida por escritores) no tolera. Por ejemplo, me señalaba las diferencias entre chilenos y mendocinos y decía: “El peón chileno es más agresivo: fácilmente se retoba y saca el cuchillo. El mendocino es más blando de carácter. Los chilenos son enjutos y altos; el mendocino es de otro tipo humano, más rechoncho y beyo. Nuestra música es más desvaída que la de ellos y hasta las empanadas menos picantes”».

BORGES: «Madre me dio esta carta para vos. Creo que es una felicitación de Bernárdez, por el premio. La mandó a casa, porque no tendría tu dirección. Madre la abrió por error. Está muy preocupada». BIOY: «No me importa nada que la haya abierto». BORGES: «Es claro. Le dije que no estabas loco. Son cosas que importan cuando las hace uno, no cuando se las hacen a uno. Pero Madre dijo: “Explícale. Estas cosas hay que explicarlas”».

De un médico cuenta: «Le dijo a su paciente que cobraba cien mil pesos por operación, pero como a ella la conocía desde chica le cobraría treinta mil. Después de la operación —la mujer estaba muy asustada, creía tener cáncer—, el médico le explicó que la operación fue más seria de lo que habían creído, más larga, y que tendría que cobrarle sesenta mil pesos. Le mostró lo que le había sacado: una masa inmunda, que la llenó de asco y de horror. Consultada por esta amiga, Madre le dijo que sólo le pagara los treinta mil. Amén de eso, habría exigido el médico que la operación fuera en uno de los sanatorios más caros de Buenos Aires, ya que es uno de sus accionistas».

Me refiere un episodio ocurrido a María Kodama, una de sus discípulas de anglosajón. La visita una criada que pocos días antes dejó su casa sin decirle una palabra y le explica: «Le robé el tapado, los zapatos, la valija…» (enumera buena parte de las pertenencias de María). María: «Qué pena. Siento mucho que usted hiciera eso». La criada parte. Pocas horas después le llegan a María noticias de que la mujer se suicidó. Angustiada, María refiere el episodio a su novio, que es psicoanalista. El novio le dice: «Vos sos culpable de esa muerte. La mujer te confesó lo que había hecho, porque quería que te enojaras. Con tu bondad la avergonzaste. Con tu bondad la has matado».

Domingo, 11 de agosto. Comida en El Malambo, con Borges y otros, en honor de Pique Tedín Uriburu. A mi derecha tengo a un tal Albino Gómez, de quien María Esther Vázquez (a mi izquierda, manos coloradas) me dijo: «Es un poeta. Fue seminarista y abandonó el seminario para casarse con su mujer; ¡es tan linda! Los otros días me dio una acepción teológica de la palabra palabra, ¡tan pura!». Converso un rato con Gómez, quien resulta ser el autor de todos los discursos de Frondizi, en su último año de gobierno.

Lunes, 12 de agosto. Come en casa Borges. Leemos poemas para el concurso.

Silvina Bullrich atacó a Borges, acusándolo de estar mareado por la vanidad y de haber aceptado una invitación a España, de parte de Franco, para tener otro capítulo en su currículum. Alicia Jurado defendió a BORGES: dijo que fue a España para visitar lugares donde había estado treinta años antes; que no se había vendido a Franco. «No me van a decir ahora que hay gente que no se vende —repetía Silvina Bullrich—. Por vanidad, Borges reniega de sus convicciones de toda la vida».

Martes, 13 de agosto. Come en casa Borges. Lectura de poemas para el concurso.

Comenta con pereza su próxima —a las cuatro de la mañana de mañana miércoles— partida en avión al Sur, con el Grillo della Paolera, para dar conferencias en el Chubut, según creo: «¿Toda partida, todo viaje, es un exilio?».

Sábado, 17 de agosto. Come en casa Borges, recién llegado del Sur. BORGES: «Todo aquello es muy pobrecito. Carmen de Patagones tiene calles en declive sobre el río, con casitas viejas con techo de tejas. Recuerda algunas ciudades de Entre Ríos y del Uruguay. Pero casi todo corresponde a la provincia de Buenos Aires: una provincia de Buenos Aires más pobre y más desértica. El desierto se parece al de Arizona, aunque en Arizona la tierra es colorada y aquí es parda. Hay en el fondo, como en Texas, colinas, que se llaman bandas en el Sur. Aparte de alguna sorpresa de oír a gente que por teléfono pide comunicación con lugares que se llaman Choele Choel o algo así, todo es como estar en la provincia de Buenos Aires. El hotel de General Roca estaba bien. Pero ¡qué horror debe de ser vivir en esos lugares! Mirá, con el Grillo pensamos que, en toda la ciudad de Buenos Aires, no ha de haber una calle tan modesta como la principal de General Roca. Los ríos son grandes y espléndidos. Grillo me dijo que el río Negro era idéntico al Rin, minus los castillos. Bueno, los castillos del Alto Valle del río Negro estarán en el futuro. Alto Valle está bien, como nombre, pero no hay que dejarse engañar por las palabras. Me preguntan si vi las chacras del Alto Valle. Digo que quisieron llevarme, pero que no fui. ¿Te das cuenta? Ver las chacras… Qué idiotez. Sin embargo, yo creo que tal vez no sea errado pensar que en la Patagonia está el futuro de la República. Además, es deseable. El clima ha de producir una Humanidad mejor que la del Norte. Del Norte son los cabecitas negras. ¿Qué hombres da el Norte? Nada más que paraguayos y bolivianos. Me alegro de haber ido. Uno ve el futuro territorio de la República. Ahora sé con qué elementos de Buenos Aires, de Entre Ríos y del Uruguay podría haber armado una imagen completa de lo que iba a ver. Pero sin ir no la hubiera podido armar. Todo el territorio del país es parecido al de la provincia de Buenos Aires, pero más pobre. Hay por allá mucha gente de La Plata y de Córdoba. Todas las ciudades tienen por lo menos un buen cinematógrafo».

Observa: «La gente no admite un cuento. Tiene que interpretar todo. El film Los pájaros es la historia de una ciudad atacada por los pájaros. El cuento que permite esa hipótesis, nada más. Pero la gente es tan estúpida que busca una interpretación freudiana, señala que pájaro, ya se sabe, es un símbolo sexual».

Después de comer, leo poemas para el concurso. Borges escucha, Silvina duerme. BORGES: «Como dijo Macedonio, es difícil fingir que uno duerme si está despierto, e imposible fingir que está despierto si duerme».

Cuenta: «Alicia Jurado me hace llegar un Diccionario del lunfardo y me pide que no niegue mi estímulo al autor de ese modesto trabajo de investigación filológica. ¿Te das cuenta? Una lista de palabras del lunfardo, entre las que se mezclan expresiones como “Sigue Pancho por la vía”, calificadas de investigación filológica…».

Comenta: «Parece que el sinónimo de hang-over, de gueule de bois, es palma». BIOY: «Sí. Pero palma es también simple cansancio; también laxitud que deja una enfermedad: estoy con una (o la) palma, estar palmado».

BORGES: «La amistad, uno de los mejores temas de la literatura, ya no puede tratarse, porque sugiere pederastía. Qué gente inmunda… Todo lo arruinan».

Domingo, 18 de agosto. Come en casa Borges. Leemos no menos de cincuenta poemas. BORGES: «Estuve con el fotógrafo Coppola. Es un idiota ese hombre. Me preguntó si había visto el Premio Di Telia. Le contesté que había tomado la precaución de ser ciego para no ver esas imbecilidades. Me aseguró que son cosas modernas, “que hacen pum en el ojo”. Quiso saber si todos los candidatos para el concurso de La Nación eran pompiers que mandaban versos impecablemente medidos, o si había experimentadores interesantes, modernos. Le dije que casi todos eran modernos».

BORGES: «Estoy pensando que tal vez Oliverio Girondo no haya escrito nunca una línea memorable. Molinari ha de haber escrito más de una; no las recuerdo, pero las ha de haber escrito… Nada comparable a

Yo y la rosa esperamos[1317],

Yo y la rosa esperamos[1317],

verso alemán que uno admira sin necesidad de entender. Probablemente el contexto lo arruinará».

Dice que leyó cuentos de Hawthorne: «Qué lejos de “Wakefield”. Son pésimos».

Enumero los autores y directores preferidos de una amiga: Neruda, Lorca, Gabriela Mistral, Bergman, etc. BORGES: «Esa persona es ante todo una contemporánea. (Pausa). There’s no methodin her madness[1318]»

Cuenta que Norah, en la infancia preguntaba: «Cuando una vaca ve a otra vaca, ¿piensa: “Ahí está mi querida prima”?».

Lunes, 19 de agosto. Comen en casa Borges y Alicia Jurado. Con tono satisfecho, Alicia emite con frecuencia la palabra bolches, que deprime. Está enredada en toda suerte de rencillas con escritorzuelos de segunda y, con orgullo, refiere sus victorias, sus tremendos epigramas, a los que invariablemente agrega el comentario: «Ante eso, no tuvieron nada que decir».

Borges me habla de un arquitecto, enviado por el gobierno a los Estados Unidos, para ver bibliotecas públicas y traer ideas para el futuro edificio de la Biblioteca Nacional: «¿Te das cuenta? Un viaje así niega todo valor a bibliotecas, libros, material impreso. ¿Cómo? ¿Un arquitecto no puede imaginar bibliotecas cuyos planos y fotografías examina? Los libros que las describen, ¿para nada sirven?».

Alicia dice que va a llevar al Chubut un curriculum vitae de Mastronardi, que irá con ella, pero después, a dar conferencias. BORGES: «¿Le digo a Mastronardi que lo deje en tu casa?». Alicia: «No. Que lo deje en la tuya. Después me lo alcanzás o yo paso a buscarlo». Borges comentará después la negativa de Alicia: «¿Por qué? ¿Por altivez? ¿Ella está por encima de la misión de mero correo?». BIOY: «No. El criterio de su conducta ha de ser a veces el egoísmo pero nunca la vanidad ni el orgullo».

Leemos cien poemas para el concurso, casi alcanzamos el número 1001. Hacia el fin, Alicia me reemplaza en la lectura. Advierto que no distingue entre poesía y malos versos. Uno lee en tono de broma, si quiere, las sandeces, pero cuando aparece un buen poema, hay que leer de otro modo, para llamar la atención del oyente.

Martes, 20 de agosto. Leo un excelente soneto de Borges sobre Quijote, sus libros, sus hazañas[1319].

Para Borges, lo medieval era, hasta hace poco, aborrecible: los estudios anglosajones cambiaron ese odio en simpatía.

Jueves, 22 de agosto. Come en casa Borges. Leemos ochenta originales. BORGES: «Mastronardi me dijo: “Cuídense de los poemas patrióticos e históricos. Hay un Benarós tapado”. Está mal que me diga eso. Nos va a pasar con estos poemas como con las novelas cortas. Todo el mundo nos va a atacar por la persona premiada, sin tener en cuenta si la obra premiada es buena o mala. Preferiría que saliera premiado Benarós, aunque es peronista, antes que Molinari. Al fin y al cabo, a Benarós lo tuve siempre por buen poeta; en cambio, que yo eligiera a Molinari sería como probarme que siempre estuve equivocado».

Cuenta que, en la comida a Gonzalo Losada, Erro, muy abotagado y hasta hinchado por el vino, que le entorpecía la palabra, en su discurso llamaba Luciano a Losada. Por último se corrigió y dijo Gonzalo, pero la gente a gritos protestó: «¡Luciano! ¡Luciano!».

Ayarragaray citó en el banquete estadísticas, según las cuales en los Estados Unidos leen por año dos libros por persona y, en Latinoamérica, 0,21 por persona. BORGES: «Esas estadísticas no tienen sentido. La gente lectora no lee dos libros por año, y el analfabeto no lee ninguno».

Según Borges, por las noches llama por teléfono a su casa Wally Zenner y, excusándose, pregunta: «¿Es muy tarde? ¿Quizá la señora ya entró en receso?».

Conversamos acerca de los errores que se nos escapan en los libros. BORGES: «Los que más molestan suelen ser los de hecho: los menos importantes. Voltaire escribe de alguien: “Dice López de Vega; debe leerse Lope. Por este error no pienso mal de quien lo cometió. Los errores que importan son los de razonamiento y los de gusto”».

Un recuerdo del decenio del treinta y de comienzos del cuarenta. Por entonces, la timidez me impedía formular una frase entera. Había días particularmente gravosos; cuando nos despedíamos, Borges solía decirme: «Hoy estuviste epigramático». (Ahora, con pocas personas me siento menos inhibido que con Borges). Con Henriquez Ureña, que buscaba mi amistad, también padecí de tartamudeos sintácticos. Victoria es otra persona —y ciertamente nunca me importó lo que ella pensara de mí— que me turba y amordaza; Borges me ha dicho que sobre él Victoria ejerce el mismo efecto.

Viernes, 23 de agosto. Come en casa Borges. Leemos poemas para el concurso. Habla de un norteamericano: «Me dice don Horhe Luis. No sabe que a un argentino no lo halaga que le digan don».

Sábado, 24 de agosto. Come en casa Borges. Leemos sesenta poemas para el concurso. Cuenta que según su padre, los chicos nunca jugaban a nada si no empezaban a jugar. «Vamos a jugar a esto o aquello», decían, y todo quedaba en proyectos. Después agrega: «Tu padre era tan generoso que una vez me dejó ganar al truco».

BORGES: «Qué hombre, Guillermo. Siempre está irritado. Eso sí: imparcialmente irritado, contra todos. No vayas a creer que es indiferente. No se le escapa nada. Llega a casa y si hay algo nuevo, pregunta qué es, por qué está ahí. Esas investigaciones le dan motivos para que se irrite. Los chicos ni le contestan. Hacen bien. ¿Cómo discutir con alguien así? María Kodama había mandado unas flores muy lindas, arregladas a la manera japonesa. En seguida Guillermo las descubrió y preguntó quién las había mandado. Madre le dijo: “María Kodama, una anglosajona”. Guillermo dijo que no podía ser: que las estudiantes que en la Facultad de Filosofía y Letras siguen Letras son pobres y que esas flores eran evidentemente caras. Bueno, Madre le contestó que sentía mucho, pero que ahí estaban las flores, y que las había mandado María Kodama y que María Kodama no era pobre. Entonces Guillermo le explicó que eso no podía ser, porque todas las estudiantes de Letras son pobres y tienen que trabajar, mientras que las ricas estudian Sociología, etcétera. Preguntó cómo iba el concurso y en seguida explicó que él estaba muy desilusionado de los concursos, porque el jurado no leía los originales. “Bueno —contesté—. En este concurso nos tenés a Bioy y a mí, que leemos todos los originales; y creo que Carmen Gándara y Mallea también leen todo”. Entonces, irritadamente, contestó que no había por qué leer todo, que el nivel de los originales generalmente era muy bajo; que este concurso lo hace La Nación por propaganda; pero que, internos, como propaganda era contraproducente. Le dije que esas reflexiones no le incumbían, que no era accionista de La Nación. Dijo que él sólo intervino en un concurso, pero que lo hizo porque el jurado era amigo y de antemano él sabía que le darían el premio. “La única manera decorosa en que uno puede intervenir en un concurso”, concluyó. “Mejor que no cuentes eso —contestó Madre—. Y quién sabe si decorosa es la palabra más apropiada”. Está en contra de todos los concursos menos uno».

Habla de diversos horrores sentidos. Sentir, en cama, de noche, que todo es horrible, hecho de repeticiones, incomprensible: «Ver, de pronto, toda la vida como una sucesión de ciclos triviales y repetidos. Te acercás a la ventana, después fatalmente te alejás un poco, echás comida adentro, vas al cuarto de baño y la expelés, decís: “Buenos días, cómo le va”, te vestís, te desvestís, te tendés en la cama, te cubrís, te descubrís, te levantás… Kipling describe muy bien la sensación en diversos cuentos. Creo que en “The House Surgeon” bruscamente llega esta visión desolada». Otro: sentir, de pronto, el horror de estar adentro del cráneo, de emitir brazos y piernas, de no poder salir nunca de esa prisión corporal.

Miércoles, 28 de agosto. Come en casa Borges, de vuelta de Montevideo. BORGES: «En Montevideo todo está como era entonces[1320]. Toda esa gente era muy simpática. Uno va allá y ve ese mundo de escritores, tan ocupados en sus problemas locales, como si tuvieran realidad. Están en el infierno y lo ignoran. Nosotros estamos en otro infierno: sabemos que ellos están en uno y no lo saben, y eso nos recuerda que nosotros hemos de estar en uno parecido pero distinto. Tenemos ganas de volver pronto, para no seguir con esa visión y esa intuición desagradables. Los escritores viven en un mundo falso, con ideas como la del destino cósmico del Uruguay. Los periodistas que me visitaron son mucho mejores: leen telegramas de todas partes del mundo y tienen una idea más justa de las cosas. Los escritores creen que no deben decir nada sencillamente. Hablé con un periodista inteligente, acompañado de un joven escritor, que no entendía nada. A propósito del film sobre Lawrence, les dije: “Si el carácter del héroe es un poco ambiguo, esto puede atribuirse en parte. —Lawrence era ambiguo— a ese pudor de los ingleses de no mostrar héroes muy heroicos. Imagínense lo que sería un film de ustedes sobre Artigas o uno nuestro sobre San Martín…”. “Es lo que digo —se quejó el joven poeta—, ¿por qué el cinematógrafo argentino no exalta los grandes mitos nacionales, San Martín y el gaucho?”. “Bueno, bueno…” —dijo el periodista».

Estuvo con Ipuche, el autor de La defensa de Paysandú. «Se hizo católico. Es alto, criollo de ciudad o pueblo de campo, con aire de artesano a quien uno llama señor. Muy orgulloso y honrado. Siempre iba a verme al hotel. Lo invitaba a comer y no aceptaba. El gobierno uruguayo le compró los derechos de sus libros, para publicar las obras completas. El pago es una mensualidad, una suerte de jubilación. No publicarán probablemente las obras. “Ya bastantes gastos tienen en pagarme”, explica. En su libro sobre el Ciclo de Paysandú, le salen algunas frases involuntariamente cómicas, como: “En Paysandú sólo quedaron dos indios hieráticos, asustando a la soledad”. Compara a Hernández con un teru teru: de Rafael Hernández dice: “Hermano del inmortal teru teru”. Lo ignora todo de muchos de sus personajes: los cubre de elogios, pero uno adivina que debieron ser personas oscuras. Qué diferente el autor de “El Álamo”[1321], que hace notar que la gente común, en la hora de prueba, se sobrepuso a la propia mediocridad y obró heroicamente: es el efecto que se puede sacar de la situación. No lo cree así Ipuche, o ni se le ocurre la posibilidad, y torpemente insiste en que todos eran gente extraordinaria. Si tiene que decir que a Fulano lo ascendieron a capitán, escribe: “Le alcanzaron el título romántico de capitán”. De los charrúas poco se sabe; los nombres que se conocen provienen de Barco Centenera, donde se proveyó Zorrilla de San Martín; Barco Centenera menciona a un indio Capicán[1322], del que sólo queda el nombre; pues bien: Ipuche habla del destino capicánico del Uruguay. Según Ipuche, a Zorrilla de San Martín, que tomó buenos modelos —Bécquer y Carlyle—, las cosas no le salieron mal; en cambio al doctor Carlos Roxlo, a quien todos adulaban, así le salieron… Sus lecturas eran pocas y su modelo, Quintana. Según Ipuche, Silva Valdés cree que ha evolucionado porque ahora escribe coplas chabacanas. Objeta Ipuche: “Cualquiera escribe coplas chabacanas”».

BORGES (a su sobrino Miguel): «Vos, que sos aficionado a la Historia, ¿leíste el libro de Ipuche?». Miguel: «No es un libro para leer». BIOY: «Antes aquí se publicaban muchos libros que no eran para leer. Yo mismo los he escrito. Quiero creer que en ese sentido nuestra literatura ha progresado y que hoy tales libros son menos frecuentes».

Cuenta BORGES: «En Tucumán hicieron un sable para regalarlo a Artigas. Se lo mandaron, pero el sable quedó en Córdoba, porque las guerras civiles de la Banda Oriental volvían azarosa la llegada del portador. Alguien, mucho después de la muerte de Artigas, buscó el sable en Córdoba y lo llevó al Uruguay. A Ipuche le bastó verlo para retemplar su ánimo y redimirse de errores. No sé por qué veneran tanto ese objeto que Artigas ni siquiera vio. Bueno, el famoso sable corvo de San Martín no habrá tenido un trato mucho más asiduo con su dueño».

A veces me he preguntado si la preferencia de Borges por Ipuche correspondería a alguna política, acaso no del todo consciente, de apoyar al menos consagrado de dos autores que siempre se nombran juntos. Ahora creo que no: creo que piensa, por momentos, que en Silva Valdés hay aún menos mérito; o que siquiera Ipuche es más original en su modesta poética.

BORGES: «Silva Valdés me habló de un malevo del barrio del Cerro que, para conquistar a las mujeres, se presentaba con la bragueta abierta y decía: “Ahí lo tenés. Prendete si tenés ganas”. A ese malevo se lo podía calificar de misógino. Dabove contaba de otro malevo, que en el momento de irse decía: “Atención, que me voy”». BIOY: «Qué infeliz. Pensar que tal vez fuera un temible malevo». BORGES: «Y bueno, es lo mismo: un infeliz».

Clara Silva comentó que la apenaba el hecho de que Victoria fuera contraria al Uruguay. BORGES: «¿Contraria? ¿Por qué?». Clara: «Porque no publica en Sur libros uruguayos». Borges observa después: «¿Cómo explicarle que no tiene un criterio geográfico?».

Parece que Mastronardi publicó no sé dónde (en alguna revista o diario poco visible) un artículo contra Zum Felde, titulado «Ego Zum Felde»[1323]. BORGES: «Si a uno se le ocurre esa broma, es difícil contenerse y no escribir el artículo». En el Uruguay, el artículo cayó muy bien.

De Emir Rodríguez Monegal, que casó con una millonaria de vieja familia y pasó de comunizante a conservador de vieja cepa, dice: «Me parece que se le va la mano. Está corrompu, riche et triomphant».

BORGES: «¿Vas a ir a ver a Illia el jueves, con ese grupo de escritores?». BIOY: «Cómo se te ocurre». BORGES: «El otro día fue Madre, pero realmente, ¿por qué suponer que una visita a Illia será algo memorable? Será un momento un poco incómodo, nada más. Yo no voy. Parece que Illia dijo que él no puede proteger las artes, sino entenderlas. Es una frase que quiere ser modesta, que ya pasó a la Historia según quienes lo visitaron, pero que en realidad y sin duda por error, es muy soberbia. Como presidente puede Illia proteger las artes, ¿pero vos creés que las entenderá admirablemente, que será un gran crítico?». BIOY: «¿A tu madre le pareció que es un hombre endeble, acabado?». BORGES: «No. ¿Por qué? ¿Porque Perette ya está impaciente?». BIOY: «¿Te acordás cuando, en los días anteriores a la elección del 45, visitamos al doctor Gallo, candidato a la vicepresidencia? No me olvido de esa visita: tan pobre cosa el hombre, tan agradable la casita de barrio; tan desastroso el resultado de las inmediatas elecciones, tan contrario a nuestras esperanzas. Es un recuerdo patético, de un momento de la Historia argentina. Yo me felicito de haber ido. Es claro que el hombre no era Gallo, sino Mosca». BORGES: «Ese error en zoología pone las cosas en su lugar: no tienen ninguna importancia».

Jueves, 29 de agosto. Come en casa Borges. Leemos poemas para el concurso.

Sábado, 31 de agosto. Comen en casa Borges y Peyrou. Leemos poemas para el concurso. Hablando de Inglaterra, Borges dice: «Con qué emoción vi Lichfield. Me gustó mucho. Bueno, yo tengo más simpatía por Johnson que por Shakespeare. (A mí). Creo que vos también. En Stratford on Avon todo me pareció tan falso… Como en el cuento de Henry James[1324]. Cuando yo decía que Johnson es mucho más inglés que Shakespeare, los ingleses me oyeron con open mindness y me respondieron que bueno, era una idea a la que tendrían que acostumbrarse, que no habían pensado en eso, pero que, si era justa, para aceptarla tendrían antes que acostumbrarse a ella». Dice también: «Cómo no va a ser diferente Escocia de Inglaterra: aldeas de casas de piedra y aldeas de casa de ladrillos. Unas y otras son muy lindas. El carácter de la gente es distinto. Los escoceses son más parecidos a los españoles, más abiertos y espontáneos que los ingleses».

BORGES: «Las metáforas y la aliteración son recursos poéticos pobres. Yo hubiera imaginado que la poesía sajona, a medida que se cultivaba, intensificaría estos recursos. Ahora compruebo que me equivoqué: hacia el fin ya casi dejan caer las kenningar y la aliteración. Es natural. Manley Hopkins y otros en Inglaterra han vuelto a la antigua poesía aliterada, pero el efecto es muy distinto cuando leés un texto anglosajón y uno moderno. Los antiguos anglosajones esperaban la aliteración, de modo que el poeta no tenía por qué señalarla mucho. Ahora no se espera, y hay que marcarla. A veces los comentaristas indican que en tal o cual texto antiguo hay aliteración, porque el lector actual puede no advertirla. Podríamos imaginar a un señor que hable enérgicamente, pronunciando los signos de puntuación: “Su proceder, coma, señor, coma, es verdaderamente injustificable, punto y coma; le confieso que por momentos me apena, coma, por momentos me indigna, dos puntos: conteniendo, coma, como puedo, coma, estos impulsos encontrados, coma, lo conmino, abro paréntesis, porque todavía creo en usted, cierro paréntesis, a no molestar las cigüeñas, crema o diéresis y coma, abro exclamación, animal noble y simbólico, cierro exclamación”»[1325].

Recuerda: «Mi padre me decía: «Mirá las iglesias, las carnicerías, los cuarteles, las cárceles, los militares, los curas. Un día podrás contar que los has visto. Será una buena anécdota: “Yo he visto un cura; yo he visto una carnicería, con mitades de animales colgando”. Y la bandera. Cuando te pregunten qué era ese paño y dónde lo ponían tendrás dificultades. “En las escuelas y en las comisarías”. “¿Qué eran las comisarías?” “Un lugar donde llevaban a la gente que se portaba mal”. Parece cosa de chicos». Mi padre tenía una gran esperanza en la Humanidad. O tal vez le divirtiera pensar eso. A mí me preservó de hacer la primera comunión. Norah tenía sentimientos maternales y vocación de pintora. Padre, muy seriamente, cuando estábamos en Suiza, le propuso a Madre que para satisfacer los sentimientos maternales de Norah, sin un marido que la distrajera de la pintura, teníamos que buscar un campesino joven, de pocas luces y evidente salud, que le hiciera un chico y desapareciera. Madre se negó y Padre, que era easygoing, abandonó su proyecto. Era profesor de psicología en el Instituto de Lenguas Vivas. No quería serlo; explicó que la psicología no existía como ciencia… Insistieron mucho, le dijeron que alguien tendría que enseñar y que él por lo menos no induciría a error a los estudiantes».

Hablamos de Rubén Darío. Leemos «Salutación del optimista» y «A Francia». Comentamos los metros de doce y de quince sílabas. BORGES: «Pocos dieron tanta vida a las palabras. Verlaine es anterior, con él empezó todo eso, pero no es superior. Habría que suprimir de las obras de Rubén el “Canto a la Argentina” y todo lo que escribió por encargo. ¿Quién fue tan intenso? San Juan de la Cruz, que es muy superior a Quevedo, a Lope y ¿quizá al mismo Fray Luis de León?». BIOY: «Por cierto. Fray Luis tiene cosas horribles como:

ni del dorado techo

se admira, fabricado

del sabio moro, en jaspes sustentado»[1326].

BORGES: ¿[Antonio] Machado será tan intenso? No».

En un acto, Borges tuvo que presentar a Oría, que iba a hablar sobre Joaquín V. González. BORGES: «Oría dijo que, antes del discurso, el orador no sabe sobre qué hablará; mientras, no sabe sobre qué habla y después no sabe sobre qué habló. Yo me limité a presentar a Oría y no dije una palabra sobre González: no podría hablar de él elogiosamente sin que se notara la hipocresía. Por lo que citó Oría, hombre inteligente, resulta claro que González era un bluff. Si no encontró nada mejor… Padre me decía que las clases de González en la Facultad de Derecho eran penosas; que González no podía construir una frase. Parece que algunas personas que lo conocieron lo querían mucho». BIOY: «Sí, mis padres tenían afecto y admiración por González».

BORGES: «Cuando uno se aburre mucho, todo el cuerpo duele. A veces me pasa con los films. Todavía creo que un film me divierte, pero los muslos y las rodillas ya saben que me aburre».

BIOY: «Encontré que el artículo sobre vos publicado en Panorama[1327] es excelente». BORGES: «No sé. Madre quería leérmelo. No la dejé. Me da rabia que me lean artículos sobre mí».

Miércoles, 11 de septiembre. Come en casa Borges. Dice: «Tengo que consultarte sobre algo». Trae un libro, Cuentos breves y maravillosos, de un salvadoreño, un tal Menen Desleal, y una carta, de otra persona, guatemalteca según creo, que le ha enviado el libro. El título, obviamente, recuerda el de nuestra antología Cuentos breves y extraordinarios. A manera de introducción, el libro trae una carta de Borges, muy elogiosa de los cuentos incluidos. La carta es indudablemente apócrifa: una suerte de centón de frases de Borges hilvanadas. Borges comenta: «Con tal de que Madre no haya contestado por mí, sin decirme nada». Pronto descartamos la hipótesis: la carta era demasiado larga, su madre no la hubiera escrito tan larga; él, menos aún… La madre no hubiera imitado el estilo de Borges. En cuanto a las grandes barbas rizadas, Borges está seguro de no haber escrito eso.

Leemos algunos cuentos. Uno, titulado «Los cerdos», es gracioso. En una aldea, cuando el molinero lee unos manuscritos que descubre en el molino, se convierte en cerdo. Luego lee los manuscritos la mujer del molinero y también se convierte en cerdo. Igual suerte corren niñas y niños, el cura, etcétera. Hacia el final del relato se habla de unos estudiosos de no sé qué universidad, que observan el molino desde una distancia prudencial.

El libro trae un posfacio en que el autor pide a Borges disculpas por la carta apócrifa. El guatemalteco que envía el libro dice que él escribe sobre los auténticos valores salvadoreños y aun de toda Centroamérica, pero que llama la atención sobre este plagio. La carta apócrifa habría valido a Desleal un Segundo Premio Nacional de Literatura.

Borges no sabe muy bien qué hacer. Piensa que el autor es persona más inteligente que el corresponsal pero que alguna razón tiene éste, porque, para que la carta apócrifa pasara como parte de una broma, el autor no debería hacerla trabajar en provecho propio: los generosos elogios de sus cuentos invalidan su carácter de obra desinteresada. Yo le digo: «No podés ponerte en contra de un pobre individuo bastante inteligente, que has montado hasta tal punto que no tiene libertad ni posibilidad de escribir sino como imagina que vos escribís». Contesta, por fin, sin dar mayor importancia al asunto: con elogios para el libro y aun para la carta apócrifa.

Jueves, 19 de septiembre. Come en casa Borges. Con mucho sueño, leo poemas. Me habla de un director de orquesta francés, Maurice Leroux: «Comí anoche con él. Nos admira mucho. Me resultó antipático. Si conocés a una persona, no debés dedicar los primeros diez minutos a insultar su país. Quizá los segundos diez, pero no los primeros. Este individuo —gordo, con excesiva vitalidad y locuacidad— se quejó de su desdicha de estar en Buenos Aires, donde todo es muerto y sin color. Viene del Brasil, te imaginás, de un mundo maravilloso, y cae en Buenos Aires, plena Suiza, Zürich por todos lados. Ojalá fuéramos Suiza. Y Brasil ha de ser una porquería… Para que haya diálogo es indispensable la ficción de que los interlocutores están todos de acuerdo. El carácter ficticio de esta ficción se advierte particularmente en las conversaciones con Maurice Leroux. No habla de otra cosa que del obelisco, al que llama el obelisque creux de Monsieur Prebisch. Bueno, aquí nadie toma en serio el obelisco. Es más bien un motivo de bromas… Se llama Maurice Leroux. ¿Ves? Nada más sospechoso: la forma correcta es Gastón Leroux y Maurice Leblanc».

Domingo, 22 de septiembre. Come en casa Borges. Leemos poemas para el concurso.

Lunes, 23 de septiembre. Come en casa Borges. Leemos poemas para el concurso. BORGES: «Frecuentemente un hecho minúsculo produce graves consecuencias; por eso está bien el libro del Génesis, donde por comer una pareja cualquiera la fruta de un árbol se condena para siempre al género humano. El destino es siempre desmedido: castiga un instante de distracción, el azar de tomar a la izquierda y no a la derecha, con la muerte[1328]. Por compadrada, quizá, un muchacho sube a un potro, cae y se golpea con tan mala suerte que algo le ocurre en la columna vertebral y queda paralítico».

Martes, 24 de septiembre. Come en casa Borges. Reúne materiales sobre los Iberra. Piensa escribir algo, dice no saber qué (poema, cuento, novela o crónica): «Actuó esa gente hasta el veintitantos. Después cambiaron los tiempos. Eran gente de a caballo, cuatreros. Se veían como gauchos, aunque estaban en los suburbios. En Lomas, Turdera o Llavallol hay una calle que todavía se llama Camino de las tropas».

Le pregunto si no le divierte más escribir cuentos que ensayos. BORGES: «Sí, salvo cuando uno pone algo de cuento en los ensayos».

A Borges no le gusta Acto y ceniza, el libro de PEYROU: «¿Por qué eligió un protagonista tan alejado, del que sabe tan poco? No lo imaginó bien. El primer encuentro del juez y la mujer, en el departamento, corresponde a los films cómicos de Chaplin y de Agapito. Antes cuidaba el estilo; ahora escribe de cualquier modo. En el párrafo más cuidado las hojas y las sombras de las tipas se comparan con manitos; para lograr eso mejor que no se esmere». Después, reconoce: «Hoy Miguel estuvo leyéndome el libro: no es tan malo. Leído por alguien a quien le gusta, el libro mejora. A Miguel le gusta. Madre lo lee con tanto desprecio… Lo lee como diciendo: “Bueno, bueno. Ufa”. A Madre le gustan otros libros: novelas de [Hugh] Walpole… Portrait of the Man with Red Hair. Y tiene una debilidad por el fine writing».

Aquí se entreabre una ventanita sobre esa casa y me ofrece una visión sorprendente. Asombrado ante ciertas preferencias de Borges, a quien no gustaban mis últimos libros, ni los de Silvina ni los de Peyrou, ¿cómo no recurrí a la evidente corrección óptica? La madre es quien lee. Primero no gustan los libros a la señora; después Borges no encuentra en ellos vivas pruebas de que su madre esté equivocada y por cierto adopta sus opiniones. Más vale pensar que un libro es malo que darse el trabajo de leerlo. Digo esto sin amargura. Digo: «Así es nomás». Todo esto explica la favorable opinión de Borges —tan lúcido, tan sensible a la presencia de vulgaridades— sobre las novelas de Mujica Lainez: Mujica Lainez es el favorito de la señora. Uno ve a su madre con el tolerante afecto que siente por los mayores, por los viejos padres de un amigo; pero no hay que olvidar que la señora tiene una personalidad bastante tiesa.

BORGES: «Madre me oía con desaprobación cuando le dije que conocí a Julio De Caro, ese autor de tangos y director de orquesta. Lo veía como a un compadrito. Ahora lo encontró en un cocktail, supo que está casado con una niña bien y piensa que es un caballero. En un punto aprueba más a Guillermo que a mí: Guillermo no pierde tiempo como yo. No se pasa la tarde con muchachas oscuras, como las anglosajonas. Guillermo se ve con personas influyentes. Las personas influyentes encantan a Madre».

Viernes, 27 de septiembre. Comen en casa Borges y Livio Bacchi Wilcock. Leemos poemas. Creo descubrir que Porchia es autor de unos epigramas. BORGES: «Si Porchia fuera un autor antiguo sería uno de los mejores poetas del mundo. Le ganaría a Heráclito en su terreno». BIOY: «Y nosotros sabríamos poemas suyos de memoria. Quizá Wally lo tradujera y anotara». BORGES: «Pero no es antiguo. Uno lo olvida. Si te preguntan por los mejores escritores argentinos, la lista olvida a Porchia».

También creo reconocer a ese Albino Gómez, secretario de Frondizi, que tuve a mi lado en la comida a Tedín Uriburu. El sujeto me dijo que había escrito una letra de tango para Piazzolla: aquí hay una letra de tango para Piazzolla.

Abundan los poemas sobre antepasados criollos y sobre el barrio de Palermo. BIOY: «No están mal, sobre todo por el tono. Sus méritos son principalmente de omisión: de omisión de notas discordantes. Nada más». BORGES: «Sus antepasados están definidos por la época. No los distinguiría uno de sus contemporáneos. Mucha gente escribe hoy poemas así». BIOY: «Hay largas genealogías de poetas que escriben así». No concluyo mi pensamiento: «Empiezan en libros tuyos: te imitan».

Sábado, 28 de septiembre. Con Silvina, vamos a lo de Manucho, al cocktail para Billy Whitelow. Después, comen en casa Borges y Peyrou. El comentario corre sobre la casa de Manucho: «Tantos objetos deprimen», etcétera. Después hablamos de los cocktails. BORGES: «A veces pienso que yo hubiera tenido mucho gusto de estar con las personas que encontré en un cocktail. Pero si hay diez personas, hay una décima parte de cada una; si hay cincuenta, una cincuentava parte de cada una. Salgo de los cocktails tristísimo, como si me hubieran escupido. Antes me gustaban. Ahora estoy viejo para ver tanta gente».

Cuando me levanto de la mesa, discuten acremente Silvina y Borges. Silvina, apoyada por Peyrou, insiste en que hay que pagar mejor a los escritores. Borges dice que no: «Ya hay más literatura de la que el mundo necesita. ¿Por qué estimular ese exceso? Necesita la gente alimentos, ropas, muebles; no más poemas. Buenas remuneraciones estimulan la mala literatura. Yo prefiero la idea de los judíos, de que la gente tenga un oficio —carpintero, herrero, lo que sea— y si usted tiene algo que decir, escriba». BIOY: «No estoy seguro de lo que decís. La buena remuneración ha servido para que Inglaterra tenga una literatura útil, poco vanidosa; y la remuneración en gloria, como aquí se estiló, ha sido la probable causa de que entre nosotros haya tanto libro que no satisface a ninguno de los lectores, que sea un mero jalón en el currículum del autor». BORGES: «Probablemente en Inglaterra de ningún modo podría originarse literatura vanidosa». Después me entero de que Peyrou, muy enojado con Borges, comentó: «Porque nunca se ganó la vida, porque es egoísta, sostiene esos disparates». Silvina estaba arrepentida de haber iniciado la discusión.

Hablando luego de literatura comprometida, le digo que siempre olvido el significado de la expresión y que sospecho que no debo caer en el error, que siempre me tienta, de confundirla con la que practican en Rusia. BORGES: «No. La literatura comprometida supone la libertad del autor; la libertad de defender siempre un partido político, una religión. Ahora bien, en Rusia hay libertad completa para alistarse en un bando; no en el otro. Nadie hace literatura comprometida en favor de la plutocracia. Puede, sí, hacerla en favor del catolicismo… Si yo fuera cristiano, me haría protestante. No Church of England: presbiteriano, Church of Scotland, una iglesia sin obispos, bien abstracta». Peyrou o Silvina preguntan a Livio si en Italia hay mucha literatura comprometida con la izquierda. «Toda —contesta—. Cada uno se reservó su asiento, como si mañana llegara el comunismo».

Domingo, 29 de septiembre. Por Bomarzo, Mujica Lainez recibió el Primer Premio Nacional de Literatura. Leo a Borges el discurso en la entrega de premios:

Somos para muchos —tal vez para la mayoría— unas gentes curiosas, absurdas, idólatras de las palabras, juglares de las imágenes, inventoras de laberintos, que toman la realidad áspera y la remodelan y la adaptan a las leyes de sus juegos arbitrarios, y somos también —acaso para unos pocos— las que cumplen las tareas más delicadas y sutiles, más apasionadamente humanas, las únicas que se atreven a descender, con sus pequeñas antorchas, hasta los subterráneos, terribles, patéticos y hermosísimos, de las almas que nos rodean. […] A mí me acompaña mi duque de Bomarzo, tan inseparable que su joroba es como mi sombra proyectada sobre los mármoles y los tapices del siglo XVI.

Somos para muchos —tal vez para la mayoría— unas gentes curiosas, absurdas, idólatras de las palabras, juglares de las imágenes, inventoras de laberintos, que toman la realidad áspera y la remodelan y la adaptan a las leyes de sus juegos arbitrarios, y somos también —acaso para unos pocos— las que cumplen las tareas más delicadas y sutiles, más apasionadamente humanas, las únicas que se atreven a descender, con sus pequeñas antorchas, hasta los subterráneos, terribles, patéticos y hermosísimos, de las almas que nos rodean. […] A mí me acompaña mi duque de Bomarzo, tan inseparable que su joroba es como mi sombra proyectada sobre los mármoles y los tapices del siglo XVI.

BORGES: «¿No? ¿Dice eso? Estás inventando…». Y reía a carcajadas. Me cuenta que ha corregido su libro sobre Antiguas literaturas germánicas, para una traducción: «No me pagan más para que lo corrija. Según Silvina y Peyrou no debería corregirlo… A mí lo que me importa es decir la verdad».

Lunes, 30 de septiembre. Come en casa Borges. Leemos muchos poemas, para el concurso. Me propone escribir la letra de una suerte de Historia del tango, en sketches, para Julio De Caro.

Martes, 1.º de octubre. Comen en casa Borges y Livio Bacchi Wilcock. Leemos poemas: cincuenta originales, para el concurso. A propósito de «Libros y amistad», que escribo para L’Herne, pregunto a Borges si agrego un apéndice con una lista de temas de conversación. BORGES: «Sí». BIOY: «¿No parecerá un alarde de pedantería?». BORGES: «No importa. Va a interesar a algunos y eso basta».

Miércoles, 2 de octubre. Come en casa Borges. Leemos poemas.

Jueves, 3 de octubre. Come en casa Borges; leemos poemas. Dice: «Supe hoy una cosa de Oxford que justifica cierta anglofilia. En no sé qué College hay un War Memorial, un mármol con los nombres de sus estudiantes muertos en la guerra. Bueno, como entre ellos había alemanes, que murieron peleando contra Inglaterra, están ahí, frente a los otros: son estudiantes del College que murieron en la guerra, peleando por su patria. No creo que los alemanes hubieran hecho eso. ¿Te acordás? Hitler borró los nombres de los judíos que cayeron en la Primera Guerra, peleando por Alemania. Los franceses tampoco harían eso. Nosotros tampoco». BIOY: «No. Las madres de los muchachos argentinos muertos protestarían.

¿Te acordás de lo que fue el bombardeo de Londres? Aquí protestaríamos ofendidos». BORGES: «¿Qué es eso? Una natural pasión de los ingleses por la imparcialidad. Son fairminded, lo contrario de fanáticos».

Oímos a Marlene Dietrich. BORGES: «Es música prostibularia. Qué canallesco. Habría que averiguar cuándo comienza en las artes la exaltación de lo canallesco. La picaresca no es eso. Exalta astucias miserables: un robo de morcillas. Pero lo canallesco, lo crapuloso…». BIOY: «Tal vez sea una invención de ahora, tal vez esté más en cantos y música que en literatura». BORGES: «¿Y Ascasubi?». BIOY: «Sí, “La Refalosa”». BORGES: «¿O es más cruel que canallesca? No: cruel y canallesca»[1329].

Me dice que para las chicas de Filosofía y Letras tiene mucha realidad un poeta llamado Romano, autor del libro Entrada prohibida. Un discípulo de Romano sería autor de la famosa línea:

Prohibido bajarse del poema en movimiento.

Prohibido bajarse del poema en movimiento.

BORGES: «Son del grupo de poetas del tango. No porque sus poemas parezcan tangos, sino porque se ven como fenómenos similares. No importa que los tangos gusten a mucha gente y que ellos no gusten a nadie. La pobre chica Futoransky y su marido están en los suburbios de ese mundo. Lástima que escriban: es algo que nos aleja. Porque la pobre es completamente insensata cuando escribe. Está desorientada, más allá de toda redención. Parece que hace notas para Sur. Le pagan, ¿sabés cómo? Permitiéndole que se guarde el libro comentado. Temblé de indignación, como si fuera González Lanuza».

Sábado, 5 de octubre. Comen en casa Peyrou y Borges. Leemos poemas para el concurso. Hablamos de Hormiga Negra. BORGES: «Un señor de San Nicolás, el director del museo de allí, me dijo que Hormiga Negra era un hombre de escasa estatura, de gran poder en la mirada: con él era casi imposible no bajar los ojos. Estaba continuamente colérico». PEYROU: «Cuando yo era chico llamó una vez alguien a la puerta. De puro curioso fui a abrir. Me encontré con un hombre que traía un pollo en cada mano y que preguntó por mi padre. “Dígale —agregó—, que está Hormiga Negra”. O tal vez habrá dicho su verdadero nombre, Guillermo Hoyos, porque él se decía Hoyos, no Hormiga Negra. Pero yo supe quién era y me llevé un susto inmenso. Había trabajado de resero en la estancia de un amigo de mi padre: “se pasó” y mató a un ladrón de ovejas, contra las órdenes del patrón. Por un crimen que no cometió estuvo un año preso; mi padre lo sacó»[1330]. BORGES: «Fue muy posterior a Juan Moreira, pero por su manera de pelear parece más antiguo. Peleaba solo y con facón; Juan Moreira, con adláteres y con trabuco. Hormiga Negra era un hombre de campo; Juan Moreira, de suburbio o de pueblo. Juan Moreira sacaba plata a las pupilas del prostíbulo». Peyrou insiste en que Hormiga Negra era buena persona. BORGES: «Pero mataba vigilantes». PEYROU: «Sí. No quería a los vigilantes».

BORGES: «Tedín Uriburu me dijo que “cuesta mucho impedir que los locutores de radio usen la s que zumba”. Le respondí que esmerándose aprendieron a usarla». BIOY: «Como Alicia Jurado».

Domingo, 6 de octubre. Comen en casa Borges y Marta Mosquera. Leemos poemas para el concurso. SILVINA: «Alicia Jurado es fría». BIOY: «Fría, pero dulzona y sentimental». BORGES: «¿Sentimental?». BIOY: «Cuando se trata de ella misma. Se enternece con ella; no con los demás». BORGES: «Es como Martín Fierro: no se apiada de nadie, es sanguinario, pero siempre está compadeciéndose de sí mismo. Perón también fue así». MARTA MOSQUERA: «Si Martín Fierro viviera ahora sería peronista; Hernández hubiera sido peronista». BIOY: «Es claro: era federal y clerical». BORGES: «Rossi observa que era muy santurrón». BIOY: «Lo que es raro es que el libro más representativo del gaucho, el Martín Fierro, tenga un lado o aspecto completamente ajeno al gaucho: el religioso. Los gauchos que he conocido eran totalmente inocentes de religión. Esto demuestra que las cosas se dan de cualquier manera». BORGES: «La expresión más completa de esa manera de ser —blanda conciencia de las propias desdichas, indiferencia adamantina por las ajenas— está en estos versos de una milonga:

La justicia es muy tirana

con los que tiran la faca».

Lunes, 7 de octubre. Comen en casa Borges y Edgardo Cozarinsky. Cuenta Cozarinsky que Delia Ingenieros llevó a Losada un libro extremadamente pornográfico, de intención humorística: «Uno se ríe un poco, al principio, pero de nerviosidad, por ver escritas algunas palabras. Un cuento se titula “El último polvo”; increíblemente significa “El último coito”. Cuando la secretaria la llamó Ingenieros, esta señora se enojó y dijo que ella era escritora y que la llamaran por el seudónimo». BORGES: «Todas esas chicas están muy preocupadas porque son hijas de Ingenieros. Como si temieran que eso las borrara. No sé si Delia o Cecilia, una me dijo: “No hija de Ingenieros, ¡hija de nadie!”. Delia y Cecilia vivían en casa de la madre, que les cobraba los cuartos y les daba pensión casi completa: desayuno y almuerzo. Delia pagaba por su dormitorio y por el escritorio de la casa. Para vengarse, tendía sogas en el escritorio y colgaba ropa. Era muy raro, porque uno entraba en esa casa, que era muy linda, y se encontraba con ropa tendida».

Martes, 8 de octubre. Comida en el Hotel Claridge, en honor de su propietario, Ottocar Rosarios, quien invita y desde luego paga. Los otros días llamó Frías, para pedirnos que asistiéramos a la comida: Ottocar Rosarios es autor de un libro, China comunista contra URSS, editado por Emecé. Al saber que iba, Borges trató de disuadirme: «No hay que ir a esa comida. El hombre se hace dar una comida, que paga; del mismo modo se hará escribir los libros por otros. A mí me ponen en la lista de los que invitan, aunque dije que no me pusieran». Seguramente habría un poco de fundamento para esto, pero encuentro que Borges exagera y voy a la comida.

Miércoles, 9 de octubre. Come en casa Borges. Leemos poemas para el concurso. BORGES: “Lo que caracteriza un gran poema es que puede mejorarse fácilmente. Un mal poema no puede mejorarse. Estos versos son malos, de acuerdo, pero si el poema logra transmitir su emoción ¿lo demás qué importa?”.

Argumento en favor de Ottocar Rosarios, para poner las cosas en su lugar: “El hombre tiene un snobismo de rodearse de escritores: más perdonable que otros. Quiere luchar contra el comunismo: enhorabuena. Llegado tarde en la vida a un nivel social que no es el suyo, comete vulgaridades y errores. ¿Por qué no?”. BORGES: “Bueno, son pecados veniales, pero no muy simpáticos. Y no sé por qué puso mi nombre entre los que invitaban, si yo dije que no”.

Jueves, 10 de octubre. Paso a buscar a Borges por la Biblioteca. Ahí, con Clemente, hablamos de Blas González, que organiza una lista de firmas que piden su permanencia en la Comisión de Cultura. Con Borges vamos a La Nación. Allá, con Carmen Gándara y Mallea, discutimos los poemas para el premio. Carmen Gándara hace chistes, que celebra ella misma; mantiene un soliloquio que tiene mucho de diálogo, de conversación generalizada y animada, consigo misma. Mallea acepta dócilmente mi sugerencia de que un poema sobre el general Acha es bueno, y lo usa como término de comparación para los otros. A Carmen le gustan más unos sonetos sobre diversos temas de Historia, geografía y otras circunstancias de nuestra realidad. Los lee como una vieja actriz, quizá española, de afectada pronunciación, no atribuible a la Argentina, acaso a ningún país, con una voz que baja al susurro para efecto dramático, y desatendiéndose tan perfectamente del metro y el ritmo que me induce a creer que los sonetos están escritos en verso libre (Nótese: conozco bien el original; es uno de los elegidos). Después ya no oigo; espero que acabe, erizado de contrariedad: no por los sonetos, por la elocución de la lectora. Yo leo la elegía de un amante o novio a su muchacha, poniendo el mayor cuidado en hacerlo llanamente. Mallea se conmueve. Dice que este poema es quizá el que más le gusta: “Primero éste, después el de Acha, después quizá los sonetos”. Borges también pone reparos a los sonetos: “Están bien hechos, pero uno advierte al hábil fabricante que elige primero los temas y después procede a la versificación. Los otros dos poemas son más espontáneos, más necesarios”. BIOY: “La elegía me parece el más sincero, el más directo, el más poético. En el de Acha, como en los sonetos, entreveo una inspiración histriónica, que toma disfraces y sables de utilería, se emborracha y acomete. Más pura poesía veo en ésta elegía que es de amor y una tristeza cualquiera, delicadamente expresados. Además, y reconozco que esto no tiene importancia, yo diría que hay una armonía visible entre este poema y su autor, me atrevería a decir que el autor es una buena persona”. CARMEN: “Lo único simpático de la elegía es que uno adivina eso: que el autor es un muchacho cualquiera y desconocido; pero el poema es cualquier cosa”. Por ahí se dice que nadie identificó el envío de Molinari; que Murena es autor de algo titulado La lengua sola (o independiente, o algo así); que Magrini es autor de los poemas cursis firmados “Moby Dick”; que Aire panificado, pese al inmundo título (casi tan débil como el de Murena) reúne excelentes sonetos. Borges insiste —clama en el desierto— en que hay unos entrerrianos que no se confunden. Uno de ellos, indudablemente, es el amigo Mastronardi: qué bien sería que hubiera mandado un gran poema, qué bien sería premiarlo. No sabemos si es el suyo un poema que parece una parodia de su estilo (en mi libreta dice: “Poema de un aplicado discípulo de Mastronardi, o tal vez del ipsissimo”). Dejamos a Mallea en su casa y comentamos que dijo que él no entendía de poesía. BORGES: “Como Victoria”. BIOY: “Qué extraño. Pasión por la literatura y no entender de poesía. Sin duda, tuvieron lecturas muy diversas de las mías”.

BORGES: “Molinari anda diciendo que ya sabe cuál es el poema que saldrá premiado: uno firmado Acha. La confusión entre forma y tema es fácil de salvar. Alguna indiscreción le llegó y ¿por qué dice eso? ¿Porque es el autor?”. BIOY: “Creo que no. Creo que la jugada es hostil, para detener un poco el golpe, para adelantarse, quizá para trabarnos, para que tal vez no premiemos el poema sobre el general Acha”. BORGES: “En estos momentos habrá mucha gente como loca: poetas, novias, amantes, familias, grupos literarios”. Comemos. Con sueño, con pereza, releemos los poemas elegidos. Ahora Borges prefiere el de Acha o los sonetos: “La elegía recuerda a Géraldy, Toi et moi”. No sé hasta dónde no obran sus prejuicios en contra del amor, en favor de lo épico. Yo me siento bastante desdichado, porque ningún poema me gusta totalmente. BORGES: “A uno le gustan por momentos”. Borges prefiere los sonetos. BORGES (un poco en broma): “¿Y Mallea? Siguiéndonos atacó los sonetos, que prefería Carmen, y ponderó a la elegía y al general Acha. ¿Qué hacemos con Mallea?”.

Viernes, 11 de octubre. Come en casa Borges.

Sábado, 12 de octubre. Comen en casa Peyrou y Borges. BORGES: “Me va bastante mal. Hay una chica, de la que estaba muy seguro. Cuando me fui a Texas, cuando me fui a Inglaterra, nos escribíamos. Apuré la vuelta en un día, para verla un día antes. Como tengo bastante plata en el Banco y pienso que puedo casarme, se lo dije. Me contestó que las cosas han cambiado, que hay otro. Fue algo tan inesperado… Me explicó que ella era muy tímida, que por eso no me lo había dicho. Yo creo que lo mejor es dejar de verse, para no caer en la abyección, en los celos, en los reproches; para no contaminar todo el pasado. Estoy triste con todo el cuerpo. Lo siento en las rodillas, en la espalda”. Silvina me había dicho: “Borges está de nuevo mal. Está pálido”.

BORGES: “Parece un destino circular al que estoy condenado. Esta situación se repite, cada tantos años. Para consolarme me digo que las otras mujeres, que olvidé, fueron tan importantes como ésta… No es un consuelo pensar que le queda a uno la amistad: me queda la amistad de Cecilia [Ingenieros], y no me importa nada. Me paso el día imaginando conversaciones con esta chica, lo que me dirá. Eso no está bien”. BIOY: “No te propongas no verla nunca; proponete pasar unos días sin verla; cuando no puedas más, la ves; después tratá de pasar una cantidad de días mayor que la anterior, sin verla; así, por un sistema mecánico, te alejarás de ella. El tiempo existe. Uno olvida todo: lo que quiere olvidar y lo que no quiere olvidar”. BORGES: “Como decía Reyes, el tiempo anda sin nuestra colaboración”.

Domingo, 13 de octubre. Después del almuerzo vamos a San Isidro, con Borges y con Guillermo de Torre. Allí hay un novelista alemán, gente de la embajada alemana y de la embajada francesa, y la troupe de Victoria. Un agregado de la embajada alemana dice que van a mandarlo a otra parte; que hace tres años que está aquí. Lamenta no quedarse uno o dos años más: “Buenos Aires es una ciudad tan grande y compleja”. Borges comenta: “Todavía le faltará conocer Floresta y Villa Soldati”.

De vuelta de San Isidro viene con nosotros, en el coche, Alicia Jurado. Dice que Estela Canto la visitó y le contó que entre ella y su hermano escribieron Luz era su nombre; que pusieron un poco de suspenso y de acción policial para Borges y Bioy, un poco de religión para Carmen Gándara, un poco de interpretación del país para Mallea; que seguros de que a ellos no les darían el premio (por comunistas) apalabraron a un fulano, un empleaducho, que a último momento se echó atrás; pensaron entonces en Golly Moyano: por bruta no se negaría; concertaron que en caso de premio, se lo repartirían por mitades entre Golly y ellos. BORGES (a mí): “Entonces Estela se asonsó con los años. Yo la creía inteligente. Vos me dijiste alguna vez que no era inteligente, que era sonsa”. Alicia: “¿Por qué? ¿No creés en esta historia?”. BORGES: “Bueno. ¿Quién va a creer? Vos no creés. ¿Así que una persona escribe un libro y paga a otro para que lo firme? Esto nunca ocurrió. Generalmente una persona rica paga a otro para que le escriba un libro, como Ottocar Rosarios”. BIOY: “Todo el edificio se apoya en el supuesto —que nadie rechaza— de que nosotros no les daríamos el premio. Por grande que fuera el disgusto que nos lleváramos al abrir el sobre, no nos quedaría otro remedio que dar el premio: para abrir el sobre hay que romper el lacre. ¿Qué diríamos después al autor birlado? ¿Cómo quedaríamos ante todo el mundo, cuando el autor nos acusara? Aparte de que abre el sobre un escribano y de que nosotros obramos correctamente”. BORGES: “¿Como si no hubiera existido Defoe, como si no existieran las novelas, la gente cree que si una historia es detallada tiene que ser verídica? Qué idiotas, Dios mío”. BIOY (a Alicia): “Golly llama continuamente a casa para leerme un cuento. Visítala, compará ese cuento con la novela y resolvé si la escribió o no”. ALICIA: “Por nada voy a llamar a esa mujer…”. BORGES: “¿Y qué me decís de la puerilidad de decir, o creer, que las novelas se escriben con esa deliberación: una pizca de catolicismo, dos cucharadas de enigma policial? Los libros van saliendo como Dios quiere. Nadie escribe así. ¿Y qué me decís de Patricio, que en todos los años de la vida no escribió más que dos o tres artículos, y ahora escribe una novela, para que la firme otra persona, a quien le paga por la firma?”.

Por la noche, Borges come en casa. Escribimos una página del cuento de Bonavena: primero chabacanamente, después en estilo normal. Cuando estamos trabajando, en mi escritorio, oímos ruido de agua, como si una canaleta desbordara: llueve. BORGES: “Es una lluvia uncanny. Todo el tiempo llueve, inopinadamente. A mí ya estas lluvias me desagradan”.

Como una mentira de Ghiano cuenta BORGES: “Ghiano dice que no aceptó el nombramiento de Director de Cultura porque le ponían como condición que exigiera mi renuncia a la dirección de la Biblioteca”. BIOY: “Pensaría muy mal del gobierno si te pidieran la renuncia”. BORGES: ¿Por qué? Los puestos no son para siempre. Hay que apoyar a este gobierno». BIOY: «Sería un pésimo indicio que te pidieran la renuncia». BORGES: «Bueno, sí. De cosas mucho más graves».

Me refiere los desaires sucesivos que le hacen en la Facultad (presidida por Romero): no lo llaman nunca al Consejo, no lo dejan entrar sólo en la Biblioteca, etcétera. BORGES: «Por todos los medios quieren que renuncie». «Tengo mejor ojo que vos para la gente», pienso. Digo en voz alta: «Siempre me pareció un tipo basto y sin inteligencia, José Luis Romero». No me explico por qué fue amigóte de Borges durante un tiempo: la vecindad en Adrogué no basta. Madame Borges, con el respeto por el sol que más calienta y las figuras aceptadas, tuvo su parte, según resulta.

Habla Borges de su hermana, que no recibió el Premio Palanza. «No me importa», dice Norah. «Sería un estímulo», dice su madre. «No necesito estímulos», dice Norah.

Lunes, 14 de octubre. Reunión del jurado en La Nación. De acuerdo: Primer premio, los sonetos; señalaremos entre seis y diez originales.

Come en casa Borges. Redactamos la frase relativa a los poemas que deseamos mencionar: «Entre las dos mil cuatrocientos noventa y nueve composiciones presentadas, el jurado quiere señalar, por la excelencia de sus méritos, las que llevan los seudónimos y números siguientes…».

Martes, 15 de octubre. Cuando llego a La Nación ya están reunidos Borges, Carmen Gándara, Mallea, el escribano Enrique Maschwitz, Bartolomé Mitre (director del diario), Jorge Cruz (secretario y, en ausencia de Leónidas, director del Suplemento). El escribano es un hombre normal, llano y simpático. «¿Qué hacemos —pregunta con el sobre del premiado en la mano— si resulta ser Juan Perón o Patricio Kelly?». El premiado es García Saraví, de La Plata. «Un buen sonetista», dice alguien. Es frase que oiré varias veces con relación a este hombre.

Converso con Cruz, que pondera a la persona. Le digo: «Premiamos los poemas, no al hombre. Pero no puede uno olvidar que el premio da una gran alegría; yo prefiero dar esa alegría a una buena persona». «Además —observa Cruz—, nadie leyó toda la literatura. Si uno da el premio a un sinvergüenza, ¿quién le garante que no está premiando a Calderón de la Barca? La gente sinvergüenza es muy sinvergüenza y es capaz de mandarnos una obra ajena (y hasta famosa y clásica) como si fuera propia». Cuando refiero esto a Borges, comenta: «No creo que Calderón se sacara el premio».

Con él voy a la Alianza Francesa, a un cocktail en honor de la delegación llegada para la transmisión del mando. En un salón de gran fealdad, estamos horas de pie, esperando. Disconforme con un premio dramático que han dado a Lisa Lenson, Borges la maltrata. (También trató in mente mal a Carmen; quiso que la dejáramos, cuando salimos todos de La Nación; ella se quedó hablando un instante con Peyrou, y Borges nos dijo a Mallea y a mí: «Se queda. Vámonos». La esperamos). Vemos una escena de Pirandello, representada por franceses. Después, Borges come en casa.

Miércoles, 16 de octubre. Come en casa Borges. Escribimos un poco el cuento de Bonavena.

Jueves, 17 de octubre. Come en casa Borges. BIOY: «Hoy fui al Museo a ver los cuadros de Xul. Lita, su viuda, se quejó de los desaires y torpezas con que se desarrolló este homenaje. Ella, que era el buen sentido, el ancla en la tierra, en vida de Xul, ahora me dice: “Estoy segura de que Xul me da la razón. Está enojado; por eso, desde que empezó la exposición, tenemos este tiempo de lluvias, frío y días nublados”». BORGES: «Es que parece increíble que alguien haya muerto. Tennyson dice que no le hubiera sorprendido ver al amigo nuevamente bajar por la planchada del buque. Después de la muerte de Padre, Madre nos confesó, a Norah y a mí, que fue a Adrogué en la esperanza de encontrarlo; le parecía imposible que no estuviese en Adrogué».

BORGES: «Hoy conocí al novio. Ella me dio un beso cuando le dijeron que venían a buscarla. Esperé unos minutos, para darles tiempo a que se fueran, y cuando salí los encontré. Al encontrarme con una persona real, una persona como cualquiera, sentí alivio. Ya (me pareció) no cavilaría. Estaba ante la verdad, que era menos terrible que las cambiantes hipótesis de la imaginación. El hombre era un señor un poco borroso, muy cortés, que se esforzaba por ser cordial, respetuoso, amistoso».

Cuando lo llevo, recorremos la ciudad para ver qué pasó en la concentración de peronistas en la plaza del Once. BORGES: «¿Por qué permitió el acto el gobierno? Nada bueno puede salir».

Viernes, 18 de octubre. Comen en casa Borges y Marta Mosquera.

Sábado, 19 de octubre. Voy a buscar a Borges y Peyrou, que comen en casa. Mientras estamos solos, en el trayecto desde su casa hasta el diario, donde nos espera Peyrou, Borges me habla de la mujer que lo hace sufrir: «La vi. Es un error. Mientras la veo es como siempre, me olvido de mi obsesión. Eso dura un rato. Después estoy igual que antes. A la mitad de la noche despierto, ensayo diálogos imaginarios, lo que le digo, lo que me contesta: como no le digo nada ni me contesta nada, eso es la locura». Agrega: «Mientras estoy con ella es igual a siempre. Es claro que yo sé que no puedo cometer una imprudencia sin que se endurezca y se retraiga». Tengo aquí una intuición: la relación con esta mujer debe de ser un noviazgo blanco. Con noviazgo blanco quiere retener a las mujeres… Sin comprender la realidad, habla de su trágico destino repetido y de que por una fatalidad siempre aparece un hombre y se las quita. (Una mujer que le dura un año o dos con amor blanco dura mucho; Borges no puede quejarse: debería jactarse).

PEYROU: «No tengo tiempo de leer libros que no sean novelas». BIOY: «Casi diría que no tengo tiempo de leer novelas». (Borges, después, me comentará: «Porque no tiene tiempo sólo lee epopeyas. ¿Habrá querido decir que como no tiene tiempo lee libros largos, cuya lectura lleva tiempo? No, no quiso decir nada». BIOY: «Quizá dijo que no tenía tiempo de leer sino lecturas útiles: novelas, porque él es novelista». BORGES: «¿Creés que dijo eso?». BIOY: «No»).

Redactamos entre los tres una nota que pide al Concejo Deliberante que no se cambien los nombres de calles, plazas, etcétera:

Los escritores y pintores que firman esta nota solicitan del Honorable Concejo Deliberante que se mantenga la nomenclatura actual de calles, plazas y demás lugares públicos de la ciudad de Buenos Aires. Muchas razones, sentidas por el pueblo en ocasión de los frecuentes cambios, justifican nuestro pedido. Bástenos señalar que cada nueva modificación rompe la continuidad histórica y nos separa del pasado y de nuestros propios recuerdos. Debemos respetar la tradición, que une el ayer, el hoy y el mañana y mantiene, a través del tiempo, el alma de las cosas.

Los escritores y pintores que firman esta nota solicitan del Honorable Concejo Deliberante que se mantenga la nomenclatura actual de calles, plazas y demás lugares públicos de la ciudad de Buenos Aires. Muchas razones, sentidas por el pueblo en ocasión de los frecuentes cambios, justifican nuestro pedido. Bástenos señalar que cada nueva modificación rompe la continuidad histórica y nos separa del pasado y de nuestros propios recuerdos. Debemos respetar la tradición, que une el ayer, el hoy y el mañana y mantiene, a través del tiempo, el alma de las cosas.

Al bajar en el ascensor con ambos, asisto a este diálogo. PEYROU: «Los snobs salen del cinematógrafo, después de ver Ocho y medio, el nuevo film de Fellini, exclamando: “Qué maravilla”. La gente sincera sale puteando». BORGES: «Raquel Bengolea dice que después de una hora empezó a aburrirse». PEYROU: «No sé cómo aguantó tanto». BORGES: «¿Usted vio el film?». PEYROU: «No. Pero personas que lo vieron me dijeron que es pésimo». Comenta Borges, después: «Lugones escribió en alguna parte que los odios históricos y contra países no tienen sentido»[1331].

Domingo, 20 de octubre. Comen en casa Borges, Marta Mosquera y Cicco. Marta habla y habla. Primero de su novela, que va a ser una gran novela: cambiará el nombre del protagonista, Merengue, porque a Borges no le gusta. Sigue hablando Marta Mosquera: explicando, inventando, dándose importancia, recordando episodios apócrifos. Borges la oye, un poco ruborizado y triste, no sin contrariedad. Cuando Marta habla de los bifes que comemos como carne recién muerta y los compara con los de Francia, que son carne muerta tres o cuatro días antes, la incomodidad de los presentes es manifiesta. Por cierto que ante Isabel, la criada, dice despectivamente de alguien que «no es más que un sirviente», y ante la misma, morena Isabel, dice que en la manifestación peronista de la plaza del Once «estaban los negros, no los grasas»[1332]. Por todo comentario, Borges me dirá: «Para los budistas la locuacidad desaforada es pecado»; después agregará que delirar significa «sembrar fuera del surco»[1333].

De Cocteau, muerto los otros días, Borges opina que era un buen poeta, pese a sus intenciones. Que en otro ambiente o en otra época hubiera sido un gran poeta. De Kafka dice que sus amigos eran expresionistas, que quiso ser clásico, que quiso apartarse del expresionismo; pero que la idea de Kafka, en la mente de casi todo el mundo, es expresionista, sirve para interpretaciones psicoanalíticas, etcétera. Véanse los films sobre El proceso, etcétera. Véase la cháchara de Marta Mosquera, víctima de la idea de Kafka, no de sus libros, que no leyó o que leyó en vano.

Hablando de la increíble conquista de casi todo el mundo por el psicoanálisis, refiere Borges que una chica Machado se queja de la dulzura de carácter de su amiga María Kodama, y desea que ésta la acometa a golpes para que dé salida a su agresividad. BORGES: «Será la primera vez en la Historia que alguien se queja porque otra persona no es colérica. ¿Qué opinarán de esa frase de Stevenson, en que describe a un amigo muy desdichado, que siempre sonreía? En los medios mundanos, ¿el avance del psicoanálisis será tan pavoroso como entre las chicas de Filosofía y Letras?». BIOY: «Yo creo que sí. Sospecho que el avance es general. Tal vez reemplace a las religiones: tiene esa parte de estupidez que requiere una doctrina para gustar a la gente».

A propósito de la nota para el Concejo Deliberante que redactamos ayer, Borges habló con Capdevila, que se adhirió, con entusiasmo, y (aunque radical) quería que añadiéramos un pedido de devolución de su antiguo nombre de Victoria a la actual calle Hipólito Yrigoyen. «El mismo Yrigoyen estaría de acuerdo —aseguró Capdevila—. Además, ese homenaje se lo hizo Perón». Borges argumentó que tal pedido aparecería como la única razón de nuestra nota, y que era la mejor manera de restarle eficacia: por fin disuadió a Capdevila. Éste le dijo: «De acuerdo. Pero usted se compromete para un futuro pedido de devolución de su nombre de Victoria a esta calle». Borges, por otra parte, también expresó el deseo de que vuelva el antiguo nombre de Victoria.

Lunes, 21 de octubre. Come en casa Borges. Sobre el cuento de Bonavena, para L’Herne, pregunta: «¿Robbe-Grillet y los de la nueva novela lo verán como una sátira contra ellos? Qué gracioso que les llegue de Sudamérica, y de autores modernos».

Miércoles, 23 de octubre. Comen en casa Borges y Livio Bacchi. Livio trae un poema, manuscrito, de Wilcock, en italiano, titulado «Al fuoco»:

Fuoco, compagno, caro amigo dell’ombra,

ardi e ti spegni e grazie a me riprendi,

te disperato che bruceresti il mondo

e qui da sólo bruci te stesso[1334]

BORGES: «La primera reacción después de leer un poema que a uno le gustó mucho es el proyecto de escribir pronto ese mismo poema».

Livio dice que Buenos Aires le parece tan grande que lo conmueve: «Tantos barrios, con gente en cada uno, que vive y sufre, no sé, me conmueven. Un romano puede conocer todos los barrios de Roma. No creo que un porteño pueda conocer todo Buenos Aires».

Con Borges seguimos con el cuento de Bonavena. Le digo que cuando uno está triste escribe mejor. BORGES: «Tal vez está más cargado. Al fin y al cabo una felicidad tranquila es un poco trivial». BIOY: «Si estás feliz, cedés a la pereza. Triste, no; te refugiás en el trabajo, y no querés salir del trabajo». BORGES: «Es lo que dice Kipling. El trabajo que lo salva a uno a pesar de uno. Manallace, en el cuento del falsificador[1335], dice que su enemigo, cuando explicaba los versos de Chaucer, se volvía tolerable, casi respetable».

BORGES: «Por la estúpida idea de entretenerme, mañana comeré con Pipina Diehl. Es un error: uno lo nota más».

Jueves, 24 de octubre. El Premio Nobel, para el que Borges tenía alguna esperanza, fue para un griego, Giorgos Seferis. La madre de Borges habló con elogio de la obra de este griego, dijo que es una epopeya, como una nueva Odisea.

Viernes, 25 de octubre. Comen en casa Borges y María Kodama. Hablan de que el año próximo tal vez inicien el estudio del islandés. BORGES: «¿Te das cuenta? Es como llegar al borde de la Odisea… El islandés es el idioma germánico de literatura más rica». Después habla del inglés: «El inglés es lo que es porque nadie lo cuidó. Primero las invasiones y después las guerras. La gente rústica dejó caer los plurales, dejó caer los géneros y números para los artículos. El idioma fue una suerte de cocoliche, sin duda muy desagradable para la gente culta que lo oía (para los que advertían los cambios). Gracias a que fue un idioma cocoliche pudo ser una lengua imperial».

Sábado, 26 de octubre. Comen en casa Borges y Peyrou. Oímos unas ocho o diez veces Ganando tiempo, una vieja pieza de jazz que arranca de Borges dos exclamaciones: cuando empieza, «¡Es ésta!»; cuando concluye, «¡Otra vez!».

Dice Borges que la frase, la situación, el verso, que más lo conmueve de toda la literatura es «los seis pies de tierra inglesa». Repite el diálogo: «MENSAJERO: “¿Está el conde Tostig?”. TOSTIG: “No niego estar aquí”. MENSAJERO: “Si eres Tostig, vengo a decirte que tu hermano te ofrece su perdón y una tercera parte del reino”. TOSTIG: “Si acepto, ¿qué dará el rey a mi aliado Harald Hardrada?”. MENSAJERO: “No se ha olvidado de él, le dará seis pies de tierra inglesa y, ya que es tan alto, uno más”. TOSTIG: “Entonces, dile a tu rey que pelearemos hasta morir”. Cuando los jinetes parten, Harald pregunta: “¿Y quién es ese joven que habló tan bien?”. Tostig: “Es mi hermano”. Harald: “No es muy alto, pero está firmemente montado en su caballo”». Es de la saga Heimskringla de Snorri Sturluson. Comenta Borges que toda la situación está bien escrita: «En comparación, todo Shakespeare parece como con fiebre». BIOY: «Fiebre y miel». BORGES: «Sí. Fiebre y miel. Tal vez haya algo así en Macbeth… Morris descubrió todo esto. Estaba como loco. No es para menos, después de la Morte d’Arthury Lancelot; todo eso es horrible, como enfermizo. Será el lado celta. No es raro que siempre los vencieran. Los indios y los persas son incapaces de algo así, todo les sale con almohadones. En Plutarco hay cosas así. En la Chanson de Roland también». BIOY: «¿Habrá algo así en Froissart?». BORGES: «Seguramente. No he leído a Froissart; no sé por qué, porque ahí está, en la “Everyman’s Library”. A Snorri lo mató un tal Arni Briskr, llamado “Arni el Amargo”. Un día, a este Arni le incendiaron la casa. Él se tiró por la ventana. Lo rodearon. Uno, de entre los que lo rodeaban, preguntó: “¿Aquí no hay nadie que se acuerde de Snorri Sturluson?”. Un hijo de Snorri sacó la espada y atravesó el cuerpo de Arni». Sobre la pregunta «¿Aquí no hay nadie…?», comenta: «Qué criolla».

BIOY: «Al principio de Martín Fierro se insiste mucho en el canto; parece que nos fueran a contar no la historia de un matrero, sino la historia de un tenor. Tal vez cuando uno empieza un largo poema en verso hay que empezar de cualquier modo, calentarse y empezar, sin pensar demasiado qué conviene para nuestra historia, ni cómo será la historia». BORGES: «Después le habrá dado lástima suprimir versos, porque son versos lindos. Quizá hubiera convenido que el protagonista no estuviese tan consciente del medio métrico por el que relataría su vida. Es claro que tal vez Hernández quiso darle importancia a su gaucho, que no pareciera todo en broma como los poemas de Estanislao del Campo. Todas las excesivas ponderaciones del Martín Fierro corresponden al deseo de que éste sea un gran país. En el Martín Fierro Lugones ve una prueba de nuestra grandeza. Muchos confunden además la excelencia del libro con el carácter del personaje. Por ese camino se llegará a sostener que Macbeth y Lady Macbeth son un matrimonio ejemplar».

Domingo, 27 de octubre. Come en casa Borges. Trabajamos en el cuento de Bonavena; lo concluimos; lo reescribimos hasta la mitad. BORGES: «En Francia verán el cuento como una sátira contra Robbe-Grillet y todos ellos. Bueno, un poco lo es… Además, ya que reconocen en nosotros a sus padres, tendrán su merecido».

Le refiero mi conversación de hace años con una alumna suya; le digo que ella había estado muy enamorada de él. BORGES: «Por eso ahora está resentida: eso explicaría su actual actitud conmigo. Esta vez, por cobardía, tuve el primer gesto de coraje. Esta chica quiso verme, para no sé qué cosa. Le respondí que no podía. Después de verla quedo deshecho». Me cuenta que aquella alumna de pronto le decía: «No me hable. Recite versos. Recite versos de Swinburne».

Lunes, 28 de octubre. Voy a buscar a Borges. Releemos el cuento de Bonavena. BORGES: «Los comentarios a Dante son justificados, porque la Divina Comedia es una obra orgánica. Los comentarios a Shakespeare suelen ser un poco absurdos, porque tienen que explicar distracciones, caprichos, errores. No creo que Shakespeare tuviera otro criterio que el de interesar en el momento». Dice que el libro de Croce sobre Dante[1336] no es muy bueno, pero que los comentarios al texto son completos y útiles.

Martes, 29 de octubre. Entrega del premio, en La Nación, a Gustavo García Saraví. Después, penosa redacción de la noticia referente a las menciones; un Calixto, periodista de la casa, propone frases confusas; por poco les dice a los autores que se constituyan detenidos ante la jefatura del Suplemento. Jefatura del Suplemento son sus ipsissima verba. Carmen Gándara y Mallea están muy amistosos. Dejo a Borges en su casa.

Miércoles, 30 de octubre. Come en casa Borges. Me ayuda a escribir una carta, en francés, para Dominique de Roux, de L’Herne, explicándole el envío de «Una tarde con Ramón Bonavena», además de «Libros y amistad». Planeamos un nuevo cuento; la idea es de Borges. Se trata de un escritor cuyas primeras dos obras son de Huidobro y otros autores modernos, que llega al clasicismo, con Ricardo Palma; publica un libro en inglés, Las mil y una noches de Burton; y cuando muere deja en preparación La Santa Biblia. Para los otros la unidad es la palabra; para él, el libro[1337].

BORGES: «Cada día admiro menos a Shakespeare. Estoy releyendo mis artículos sobre Dante. He descubierto que cometo el error que tanto me molesta en Eliot: en lugar de dar mi opinión, digo lo que otros opinaron y recién después deslizo mi hipótesis. Quizá procediera así por timidez; quizá citaba a muchas autoridades para que me aceptaran como dantista; quizá porque estaba empapado en sus lecturas, me gustaba y me complacía en recordarlas. El resultado es híbrido, desagradable… Ahora no tengo vista, ni ganas, para corregir. Publicaré los artículos como están. Quizá podría explicar las cosas en un prólogo; lo malo de los prólogos es que toda la crítica ulterior se funda en ellos. Si uno dice en un prólogo que es muy frío, aunque a lo largo de toda la obra solloce los críticos dirán que uno es frío. Lo mejor será agregar un post-scriptum». Compara años anteriores, en que pensaba en Dante, con éstos, en que piensa en una mujer «que no quiere que yo piense en ella». Concluye: «Qué empobrecimiento».

Jueves, 31 de octubre. Come en casa Borges. Le doy, para su madre, «Libros y amistad». Pensando en los orígenes de mi amistad con Borges, he recordado, con alguna sorpresa, que no fue admiración por sus escritos lo que me atrajo; fue admiración por su pensamiento expresado en las conversaciones. Distraídamente, había imaginado que en aquellos años (principios del treinta) para ser amigos él debía olvidar en mí al pésimo escritor y atenerse al interlocutor, y que en cambio yo admiraba por igual al escritor y al conversador. No fue así. Desde luego no tuvo Borges obras pésimas; pero a mí sus libros no me parecían particularmente maravillosos: sobre todo, lo anterior al treinta me resultaba malo. Recuerdo que «Nuestras imposibilidades»[1338], del comienzo de nuestra amistad (Borges acababa de publicarlo el día del almuerzo en Villa Ocampo, donde tiró la lámpara: gaucherie que me lo señaló como un alma gemela, entre gente tan segura de sí y tan cómoda), sí me pareció admirable, pese a discrepancias políticas. Con ese artículo empezó mi admiración por los artículos de Borges. Más satisfactorio lo encontré en los cuentos, y en los artículos que vinieron en la época de los relatos y después. Probablemente el buen Borges empieza a mediados de la década del treinta, y comprende artículos, cuentos y poemas; entre los poemas yo no incluiría ninguno de Fervor de Buenos Aires, de Luna de enfrente ni de Cuaderno San Martín.

Viernes, 1.º de noviembre. Llama Borges, para agradecerme «Libros y amistad». Lo noto conmovido. En cuanto a su madre, no puede gustarle mucho, ahora que pienso. Por algo insiste en que mi artículo es ante todo muy original. Borges advierte que en la lista de conversaciones faltan Verlaine y Heine; los pondré, pero la lista es de conversaciones, no de preferencias. De conversaciones de antes del cuarenta; poco después vinieron las épocas de Moore y de Dante.

Sábado, 2 de noviembre. Comen en casa Borges y Peyrou. Dice Borges, con un tono que le conozco, cuando da estas malas noticias: «El que parece que está muy enfermo es Fernández Latour. Los otros días lo vi. Me aseguró que era gran amigo de Martínez Estrada; que éste, sin proponérselo, lo convenció de que su vocación por las letras era equivocada: al leer Fernández Latour las obras de Martínez Estrada, comprendió que nunca llegaría a escribir tan bien. ¿Te das cuenta? Comprender, cuando ya es tarde, cuando estás tan enfermo, que toda tu vida probablemente haya sido un error». BIOY: «A pesar de su ignorancia, de su mezquindad, de su locura y de sus errores, uno advierte en Martínez Estrada una extraordinaria elocuencia literaria». BORGES: «Es claro. Todo el tiempo inventa frases como serpientes que renacen de sus colas».

BORGES: «Mañana va a salir en La Nación un soneto que convencerá a todo el mundo de que no sé inglés. Se llama “Everness”. Everness y neverness son palabras inventadas por Wilkins, y que no prosperaron. Estoy pensando que el concepto de neverness no está dado por ninguna otra palabra».

BORGES: «Matthew Arnold cita ejemplos de grand style[1339]. Uno de Dante no vale nada:

Lascio lo fele, et vo pei dolci pomi

promessi a me per lo verace Duca;

ma fino al centro pria convien ch’io tomi[1340].

Hay tanto en Dante… El de Virgilio son las palabras de un soldado moribundo, que dice a un muchacho: “Hijo, aprende de mí valor y verdadera firmeza; de otros, el éxito”»[1341]. Esto nos recuerda la frase de Lucano sobre Catón, que cita De Quincey[1342], quien agrega: uno imagina una gran balanza, en uno de cuyos platos está todo el Olimpo y en el otro un solo hombre.

Hablamos de los períodos de apogeo de Atenas y de Roma; de ambas cronologías; de ambas civilizaciones. BORGES: «La cultura griega y la romana no se parecen tanto. Hay una prosa romana, de la que es inútil buscar ejemplos en Grecia». De Aristófanes dice: «Fue un individuo horrible. Acordate de sus comedias. Qué chabacanería. Probablemente tuvo parte, con Las nubes, en la condena de Sócrates». Cita a no sé quién, que habría dicho: «La guerra de Troya, el primer nudo para recordar, hecho en la Historia»[1343]. En el diccionario biográfico de Webster[1344] buscamos fecha de nacimiento y muerte de Homero, de Hesíodo, de Sócrates, de Catón, de Virgilio, de Juvenal, de Tito Livio, de Darío.

Le pregunto si habrá fuentes no helénicas sobre el imperio persa. BORGES: «Tal vez no». Hablamos sobre la religión de los divas. BORGES: «De ahí viene la palabra divos, los dioses. ¿Te acordás de la fórmula de despedida de Xul? “Le recomiendo el Tao. Que los divos lo cuiden y lo fomenten”». BIOY: «También decía recomiendo por volviendo a comer». BORGES: «Qué feo».

BIOY: «Juvenal siempre arremete contra gente del pasado, nunca contra sus contemporáneos». BORGES: «Pero los contemporáneos sabían leer: en los ejemplos del pasado se veían ellos. Juvenal tiene versos muy lindos. Muchas veces Quevedo mezcla versos de Juvenal entre los suyos»[1345]. BIOY: «Y Johnson». BORGES: «Sí. “The Vanity of Human Wishes”».

Borges dice que su madre, llorando, le leyó «Defeat». «¿Te acordás?», me pregunta. BIOY: «Creo que sí». BORGES: «“Defeat”, el cuento de Caravan». Yo había entendido «The Feet»; por un instante identifiqué ese título como el de un cuento más o menos policial, que primero recordé como «The Hands» y luego como «The Hands of Mr. Ottermole», de un tal Burke. En cuanto a Caravan, es claro, recordaba perfectamente el título completo: The Week-End Caravan, una miscelánea de literatura china o cuando menos oriental. ¿Por qué identifiqué los pies y las manos? ¿Por qué imaginé que un thriller londinense estaría incluido en una antología oriental? No puedo contestar. A medida que Borges refiere la historia[1346], advierto que nunca la he leído (resulta ser un cuento de Galsworthy). Hacia el final, los músculos de su cara se estiran en espiral, como esbozando la mímica del sollozo. Dos veces, últimamente, asistí a estas pruebas de emotividad: hoy y hace unos días, cuando me dijo que el episodio de los seis pies de tierra inglesa era el pasaje literario que más lo había conmovido. Antes, nunca.

Mientras Borges cuenta el cuento, el fonógrafo pasa de discos de jazz a canciones francesas:

El maintenant que vais-je faire

de tout ce temps

que sera ma vie…

Maintenant que tu es partie

toutes ces nuits

pourquoi pour qui

et ce matin qui revient

pour rien

ce coeur qui bat

pour qui pourquoi

qui bat trop fort

tu m’as laissé la terre entière

mais la terre sans toi c’est petite[1347].

Yo pensé que la historia contada por Bécaud era quizá demasiado adecuada a la situación por la que pasa Borges. Los comentarios de Borges —apartes de nuestra conversación literaria— fueron: 1.º) «Las canciones francesas son más sentimentales, más dulzonas, que las norteamericanas» (habíamos estado oyendo Put it Right Here, un blues cantado por Bessie Smith). 2º) «Esto es un poco canallesco». Mientras tanto, junto al fonógrafo, estaban Peyrou y Silvina. Los comentarios de Peyrou fueron: 1.º) «Ya contó ese cuento. No sé qué le ve». 2.º) «Tiene un prejuicio contra todo lo francés». Hay un encono entre estos dos amigos, que me preocupa.

Antes de dormirme, entre las doce y la una, leo el cuento de Caravan. Dios mío, qué mala calidad. Cuánto sentimentalismo. Cuánto cuidado para que el lector pueda aceptar esos personajes terribles. Qué fiasco, cuanta tontería precisan los puntos suspensivos. Nada le diré a Borges. ¿Para qué? Debe de ser un recuerdo de familia, un favorito de la madre.

Domingo, 3 de noviembre. Come en casa Borges. Hablamos del nuevo cuento: el autor de libros ajenos. Inventa tan ansiosamente que no da tiempo para sugerir nada.

BIOY: «Hoy leí tu poema “Everness” en La Nación, pensando que había referencias a estos días». BORGES: «Habrás notado algunas referencias. Lo escribí el mismo día en que esta chica me dijo eso… Lo escribí, porque tenía que hacer algo. Hay algunas ambigüedades, porque estaba pensando en dos cosas al mismo tiempo: el tema evidente del poema; el tema secreto, su relación con la muchacha que me había dejado. Escribí:

Sólo una cosa no hay. Es el olvido

Sólo una cosa no hay. Es el olvido

porque sentía que nunca podría olvidarla». BIOY: «Ese tipo de ambigüedades enriquecen los textos». BORGES: «Sí. Porque sugieren que el significado no se agota con la primera lectura; que hay un significado misterioso. Bueno, yo sé que he olvidado a otras mujeres: no debo desesperar».

Pregunta después: «¿Vos sabés que en estos días me van a dar un premio muy importante?». BIOY: «No. Es claro: para darte esa noticia te invitó a comer Villalba Welsh. El otro día me dijo que iba a comunicarte una noticia agradable. Yo me olvidé de preguntarte». BORGES: «Bueno. A mí me pareció que era una ironía. Es un premio de la Dirección de Cultura. Este año va a darse a un escritor. A mí. Creo que el premio en dinero es considerable. Me pareció una ironía que venga este dinero ahora que no tengo en qué emplearlo. Si me hubiera casado con esta chica, imagínate qué bien hubiese venido el premio. En cambio, ahora dinero y honores. Ya sé que te parece una locura. Yo tenía que fingir gratitud y alegría. Ante Madre habré parecido muy raro. Ella no sabe que a mí me importan tan poco los honores y los premios. ¿Qué habrá pensado? Como ese viaje a Bolivia, para el que me invitaron ahora. Te imaginás, qué ironía. Porque si hubiera podido ir con esta chica, casado con ella, hubiera sido maravilloso… Me llegan muchas buenas noticias, pero para mí habría sólo una buena noticia, y ésa no puede llegar… Ella misma me lo dijo».

Lunes, 4 de noviembre. Come en casa Borges. Iniciamos el cuento de César Paladión. Las ideas son de Borges (mías fueron las de Bonavena); redactamos ambos.

Habla sobre la unidad de las Iglesias, la buena disposición en no hacer hincapié en dogmas: «Todo eso prueba una sola cosa: que la religión no les importa. A nadie importa ya la religión: importa la política. Se sienten muy débiles y se unen para hacer frente al comunismo. Cuando la Iglesia estuvo fuerte no fue tan amplia».

Martes, 5 de noviembre. Comen en casa Borges y Livio Bacchi Wilcock. Con Borges escribimos un poco.

Miércoles, 6 de noviembre. Comen en casa Borges y Angélica Ocampo; a ésta le llegó la sordera. Borges canta Ivette:

Y que por una leñada

te acoplaste a un mishé.

BIOY: «La lección de Vidal es:

Y que por una pavada».

Y que por una pavada».

BORGES: «Prefiero la de Gardel, leñada. Está bien que si la quería tanto, le diera una paliza». BIOY: «No conozco el término leñada». BORGES: «Yo tampoco». BIOY: «Por lo menos es un hápax legómenon. Yo prefiero pavada, me parece más natural. Quizá en el fondo de esta opinión haya que ver mi odium contra Gardel; pero sin duda prefiero pavada».

Jueves, 7 de noviembre. Otro que paga su tributo a lecturas de Bustos Domecq: Dominique de Roux. BORGES: «Escriben los libros que nosotros atribuimos a personajes; libros que sabemos que no son posibles». BIOY: «Libros para comentar; no para escribir ni para leer».

Martes, 12 de noviembre. Come en casa Borges. Dice: «Escritores en los más diversos idiomas han escrito frases latinas. “Para el escocés, el tribunal de su venganza es la espada” es una frase de Saavedra Fajardo[1348], y latina. Sir Thomas Browne escribía frases latinas. El más inglés de los escritores ingleses escribía frases latinas, con palabras latinas: Johnson. Mucho más inglés me parece Johnson, escribiendo casi en latín, que Morris, escribiendo cuidadosamente con palabras sajonas. Ese afán de escribir con palabras sajonas parece propio de literato francés. Cuando Saavedra Fajardo habla de diversos países, sabe de qué habla: escribe, en la prosa latina de Quevedo, mucho mejor que Quevedo. No es como Gracián, el literato desaforado: el colmo del literato, para quien los problemas son puramente verbales, como si no existiera una realidad fuera del libro». Cita el famoso ejemplo del deber de adjetivar, aunque sea a lo loco, de Gracián: «La amena Moscovia»[1349], y comenta: «Qué animal». Agrega: «Así también Darío, Lugones y Jaimes Freyre escribieron en español versos franceses.

Peregrina paloma imaginaria

Peregrina paloma imaginaria

de Jaimes Freyre no corresponde a costumbres poéticas españolas. Y Garcilaso escribió versos italianos, que le salieron muy bien, porque los versos de otros idiomas salen muy bien en cualquier idioma. Los otros días estuve leyendo a Manley Hopkins y encontré el verso:

God!, giver of breath and bread[1350]

God!, giver of breath and bread[1350]

que tiene la espesura, el tono, las aliteraciones del anglosajón: uno lo identifica entre los versos en inglés como un verso en inglés antiguo. El que escriba versos ingleses en español hará una revolución tan importante como la de Rubén. Tenemos la fórmula, pero la fórmula no basta. Cuando alguien los escriba, parecerá facilísimo hacerlos».

Cita a un traductor inglés del anglosajón que se permite libertades. Habla Borges de no sé cuál de nuestras amigas y observa: «Se parece a los reyes, según este traductor:

The kings looked better in the past[1351].

The kings looked better in the past[1351].

El original dice:

Y dónde están hoy los dadores de pan y de anillos[1352].

Y dónde están hoy los dadores de pan y de anillos[1352].

Está bien la paráfrasis, pero hay más emoción en el texto original».

BORGES: «Un amigo de Pagés Larraya, en la Facultad, pidió al Consejo que me hagan profesor full-time. El Consejo aceptó. Me llama Romero y me dice: “Es claro que tendría que renunciar a la Biblioteca”. Y entregarme a mis enemigos. No cobro un peso por lo que enseño en el seminario de inglés antiguo. A las muchachas, cuando van a inscribirse, les dicen: “No hay orden”. Y el seminario no tiene ningún valor académico; desde el punto de vista de la carrera, las muchachas pierden su tiempo conmigo. No publicaron ninguno de los libros que les enviamos (sir Thomas Browne, Stevenson). Cerraron el Instituto. Me sacaron la biblioteca. Si yo quiero un libro, no puedo ir a buscarlo; tengo que pedirlo a un ordenanza, que va a buscarlo».

Miércoles, 13 de noviembre. Come en casa Borges. Escribimos el cuento de Paladión.

Jueves, 14 de noviembre. Llevo a Borges a comer en casa, con Silvina; yo voy a comer al Jockey Club. Cuando vuelvo, Silvina me dice que estuvo hasta la una, hablando de su amor desdichado.

Viernes, 15 de noviembre. Comen en casa Borges y Livio Bacchi Wilcock. Con Borges, escribimos un rato; concluimos el cuento de Paladión. Nos parece más divertido que el de Bonavena. Por lo menos, la idea es mejor; el cuento de Bonavena, opaco en comparación con el anterior, puede verse como una sátira de algo (vale decir, una obra subordinada a otras).

BORGES: «Tal vez no hay premio que Capdevila no haya recibido; pero un día lo oí quejarse: “Ningún gobierno me ofreció un cargo público”». BIOY: «Los disculpo. Capdevila ha de ser más inteligente que muchos, pero los políticos sentirán que, por debilidad de carácter, no da mayores garantías». BORGES: «Es que los rasgos morales trascienden más que los intelectuales».

Borges explica que en la poesía anglosajona no hay mención de colores: «Verde prado no es una expresión posible en anglosajón. No porque sea demasiado evidente el epíteto verde para prado; siempre eran evidentes y explícitos y machacones. Dicen Mar Rojo porque así se llama. Sólo hablan de brillo y de oscuridad. Los sentimientos más habituales son la lealtad a los jefes, la soledad, la tristeza. Además tenían mucho frío. No hay sentido de patriotismo: de los britanos hablan como de extranjeros; de los sajones de otros lugares, como de sajones. La palabra inglés sólo aparece como epíteto del idioma. Parecen muy simples y de pocas luces, de muy escaso poder intelectual». De los visigodos, comenta que no entendían el relativo: «Decían “Padre nuestro estás en los cielos”, por no haber llegado al que».

Sábado, 16 de noviembre. Comen en casa Borges, Peyrou y Cozarinsky. Después de comer les leo el cuento de Paladión. Por pedido de Borges, leo también «Una tarde con Ramón Bonavena».

BORGES: «Sarmiento dedicó un ejemplar del Facundo a Burton en estos términos: “Pour Richard Burton, voyageur en route, de Domingo Faustino Sarmiento, voyageur en repos”»[1353].

Domingo, 17 de noviembre. Come en casa Borges. Corregimos el cuento; a mitad camino dice: «Seguimos mañana. Tengo mucho sueño».

Lunes, 18 de noviembre. Come en casa Borges. Terminamos de pasar en limpio el cuento de Paladión.

Martes, 19 de noviembre. Come en casa Borges. Añadimos un párrafo al cuento, que titulamos «Homenaje a César Paladión». Por mi sugerencia cambiamos a Raymond Roussel, como confidente de Paladión, por Abramowicz, amigo de Borges en Ginebra. Hablamos de un nuevo cuento, sobre un crítico.

Miércoles, 20 de noviembre. Come en casa Borges. El cuento del crítico descripcionista[1354] se convierte en una escuela descriptivista, con un poeta que gana un concurso, porque en lugar de poemas sobre la rosa envía una rosa: «En el concurso poético de Olavarría sobre la oveja, dio trabajo al jurado, que se molestó y, reconociendo sus méritos, sólo le otorgó un sexto accésit».

Buscamos la palabra garañón en un diccionario. Leo la cuarta acepción: «Macho cabrío destinado a padre». Comenta: «El mejor endecasílabo de la lengua. Si se dice de alguien, no se sabe si es un elogio o un insulto».

Recita los versos de Meredith:

Not till the jire is dying in the grate,

Look we for any kinship with the stars[1355]

Los elogia y agrega que no siempre son verdad. BIOY: «Los sentimientos poéticos no tienen por qué ser intelectualmente justos». BORGES: «Pero no importa. Hacer una lista de filósofos jóvenes sería un error de estética, no entender la poesía. Los sentimientos poéticos suelen ser malos sentimientos, considerados intelectualmente, lógicamente. Sobre esta distinción no se ha escrito». BIOY: «Lo que no sé es cuál es el criterio de los sentimientos poéticos». BORGES: «Yo creo que deben corresponder a emociones verosímiles. Tal vez podría agregar y frecuentes, pero prefiero dejar solo verosímiles».

Cuenta: «En Londres me visitó un ciego de nacimiento. Yo había leído un libro entero, de un profesor alemán, sobre lo que ven los ciegos de nacimiento, y no había encontrado nada sobre si veían tinieblas. Le pregunté a mi visitante si veían tinieblas, si estaban en un mundo oscuro. Me dijo que no. ¿Comprendés? Yo quedé ciego del ojo izquierdo y si cierro el derecho veo una tiniebla rojiza. Ellos no tienen consciencia de ninguna tiniebla. Para ellos los ojos no ven más que la palma de la mano; la palma de la mano no tiene consciencia de la oscuridad. Vale decir que no están en el ahogo en que uno los imagina. Carecen de esa especie de tacto a distancia que tenemos los que vemos, pero no están oprimidos por ninguna oscuridad. Para ellos una mesa es nada más que sucesiva. La cara, el propio cuerpo serán sucesivos».

Quise defender a Beatriz Guido; me escuchó con escepticismo hostil.

Jueves 21 de noviembre. Come en casa Borges. Dice: «En la embajada de Colombia me explicaron que Colombia es el único país de América donde se habla el español de España. Yo estaría de mal humor, porque les contesté: “En España nunca hablaron bien el español. Y desde hace dos siglos, ¿para qué les sirve? Para hablarlo de cualquier modo y para escribirlo peor. ¿Qué mérito puede haber en el modo de hablar de una gente incapaz de escribir un buen libro? No, yo no me arrepiento del 25 de mayo ni de San Martín; ustedes no deben arrepentirse de Bolívar”. La gente repite frases y no piensa. Admiran a Bolívar y al mismo tiempo se jactan de ser casi españoles. Viven felices en el mátete. Son unos brutos».

BORGES: «Susana Bombal le explicaba a Betina [Edelberg] la astrología según sus lecturas de no sé qué revista popular. Le dije: “Betina ha estudiado durante años astrología. No sé si hay alguna verdad en la astrologia, pero en todo caso la verdad no ha de estar en esa versión popular, de revistas para mujeres, que usted está explicando”». De Susana Bombal cuenta también: «Me confió su temor de que el editor de su libro hubiera impreso tres mil ejemplares y sólo reconociera dos mil».

BORGES: «Don Julio Molina y Vedia decía: “Los gordos son unos equivocados”. La frase literaria se reconoce por un ligero error, o quizá más bien por una ligera desviación del uso corriente».

Dice que la traducción de Annibale Caro de la Eneida[1356] es eufónica y está bien hecha, pero el tono, excesivamente grandilocuente, no admite algunos matices y delicadezas; que, en definitiva, quien lea a Virgilio en Caro tendrá una idea falsa de la Eneida: «Hay algo personal en Virgilio que el tono levantado de los versos de Caro fatalmente pierde. Chesterton, creo, decía que Virgilio pertenece a todos. No se puede decir más de un escritor».

BORGES: «Madre le tenía rabia a Macedonio. Dice que fue un abogado inescrupuloso, capaz de arruinar a sus amigos. Yo no creo que confiara demasiado en la difusión de su nombre como candidato a presidente[1357]. Debe de haber sido una broma. Si no, le hubiera convenido publicar de vez en cuando en La Nación antes que dejar tarjetas con su nombre olvidadas en el tranvía». Agrega: «Madre le tiene tanta rabia a Vlady, porque sabe cuánto la estimo, que insiste en llamarla Gladys. Es una forma de mostrar el desprecio: no darse el trabajo de aprender el nombre, darse el trabajo de decirlo mal».

Viernes, 22 de noviembre. Come en casa Borges. Seguimos con el cuento sobre los descriptivistas. Después de una entrada en materia en que no puede dominar su elocuencia burlesca —temo que por la superposición de bromas arruinemos el estilo de estos nuevos cuentos, como antes volvimos impracticables para nosotros mismos los de Bustos Domecq— se morigera y, cuando escribimos sobre Lambkin Formento, el estilo es serio y servicial. Me dice: «Mirá, estamos escribiendo cuentos originalísimos. A nadie se le ocurrieron. A Chesterton lo hubieran divertido. Tienen un poco de Belloc, de Lambkin’s Remains, aunque no sé si pueden compararse: Lambkin’s Remains es una sola broma, tal vez algo primaria».

Me cuenta que un crítico aseguró que en Garcilaso había influencia de Góngora: «Ni siquiera comprobaba las fechas».

Varias veces me dice que se fundó la Sociedad de Amigos de Unamuno, «que podrá hacer obra útil». BORGES: «Unamuno dijo que Sarmiento escribió la mejor prosa española del siglo XIX[1358]. De Larreta afectuosamente se mofa un poco: dice que no sé qué autor de una novela histórica trata de que los personajes hablen y piensen como en su época; agrega que “esto último no preocupó a Larreta”[1359]. Compara a Lugones con un forzudo de feria, que levanta pesas de madera. Esto es una simple metáfora. Unamuno tenía la obra de Lugones: debió señalar cuáles eran las pesas de madera».

Observa: «Guillermo, y ahora todo el mundo, dicen prosa goethiana por prosa de Goethe, espíritu byroniano, por espíritu de Byron… Estos epítetos sirven para las obras, modalidades, etcétera, de los admiradores y discípulos, no para las de los autores mismos. Se dice que Malthus escribió no sé qué en prosa ciceroniana[1360]; pero casi siempre es absurdo hablar de la prosa ciceroniana de Cicerón. Pero la confusión siempre prevalece; esa distinción se ha perdido».

Sábado, 23 de noviembre. Comen en casa Borges y Peyrou. Dice BORGES: «Tengo la costumbre de guardar dinero en libros de títulos alusivos». BIOY: «¿The Golden Bowl?». BORGES: «Exactamente. An Experiment with Time para un billete de lotería».

Domingo, 24 de noviembre. Come en casa Borges. Escribimos el cuento de Lambkin Formento: Borges, propenso a un lenguaje excesivamente burlesco; yo, frenándolo. Propone, en broma, que en nuestro libro de notas sobre literatura imaginaria (Bonavena, Paladión, Lambkin Formento y los que vendrán) incluyamos un estudio en serio sobre algún aspecto de la obra de Larreta. Dice que la doble gracia de nuestros cuentos consiste en que «las ocurrencias de estos idiotas están referidas y analizadas por otros idiotas, que las admiran».

Está enojado porque la nota necrológica sobre Xul la escribió Petitina, hija de Lisa Lenson: «¿Te das cuenta? Encargan a la Petitina una nota sobre un genio… Y, es claro, como Xul fue un personaje extraño, y para estos ignorantes todas las rarezas se asimilan al arte de vanguardia, lo comparan con ese idiota de Jarry. Mirá, Xul podía compararse con Leadbeater, con Swedenborg, pero no con Jarry o con Breton. Me consta que esta gente le parecía estúpida». No le digo que yo tengo parte de culpa, porque sugerí a Drago que hicieran la nota en La Nación.

Dice que para Peyrou la obra de Stevenson ha de ser un borrador de la de Chesterton y comenta: «Tal vez en traducciones parezca eso, pero la obra de Stevenson es mucho más delicada, con mayores matices». BIOY: «Chesterton escribe como un orador elocuente, que admira por el poder de su improvisación. Stevenson es un gran escritor». BORGES: «Y si los argumentos de Stevenson no son tan redondos como los de Chesterton eso no prueba nada contra Stevenson. No necesitaba Stevenson argumentos perfectos para get away with it…».

A Borges no le gustan las comilonas: lo enojan. Para mí, lo confieso, las comilonas tienen algún encanto.

Miércoles, 27 de noviembre. Come en casa Borges. Está con aire de cansancio. «¿Cómo te va?», le pregunto. Me dice que bastante mal, que salió dos veces con «esta chica», antenoche y anoche, y que antenoche él confundió amistad con amor, y que anoche fue espantoso, porque se llevó una desilusión. «Qué raro —comenta—: uno vive para el futuro. Mientras me pasaba todo esto, el presente no me importaba, yo sabía que el presente es efímero, pero me preocupaba por el día después, me decía: “¿Cómo voy a hacer para aguantar el día de mañana?”». BIOY: «En esas situaciones, yo me preocupo por la noche, me pregunto cómo haré para dormir a la noche». BORGES: «Hoy andaba deshecho, y de pronto recordé las palabras de Shakespeare: «Sweet are the uses of adversity[1361] y pensé que de algún modo debería aprovechar mi desventura. ¿Comprendés? No quería aprovecharla literariamente, sino en algo más real. Entonces me acordé de que tengo una muela que me incomoda[1362] y me puse a buscar chapas en las puertas de calle. Cuando vi una, le pedí a alguien que me la leyera. El individuo resultó un conocedor del barrio, porque me dijo: “Ah, ¿usted busca al dentista, al doctor Rodríguez?”. Respondí que sí y le pregunté en qué piso tenía el consultorio el doctor Rodríguez. Resultó medio pariente mío. Cuando le pregunté por la muela, contestó: “Ésta tiene que irse”. “No sabe qué buena noticia me da, doctor”, le dije. Me dio una inyección, me dolió apenas y ya estuvo. Pensar que durante años creí que sacarse una muela era algo muy importante, que he pasado semanas anticipando con pánico el momento… Salí a la calle bastante contento con la experiencia, y de pronto me acordé de esa mujer y la magia de la muela desapareció. Bueno, te cuento todo esto, no para jactarme, sino porque pienso que a lo mejor vos alguna vez te preocupás como yo me he preocupado porque te van a sacar una muela: bueno, no es nada, es una pavada. Yo creo que lo mejor es no conocer al dentista ni al consultorio, para no imaginar de antemano las cosas ni fijar la fecha con anticipación. Salís a caminar y donde ves una chapa de dentista entrás. Total, no habrá mayor diferencia entre un dentista y otro… Con el dentista hablamos de instrumental. Me dijo que el mejor era el francés. Y aquí añadió algo que prueba los peligros de toda generalización: “Es claro que muchos no lo usan porque es tan feo… Es un instrumental fuerte, pero feo. En cambio el inglés es más esbelto y frágil”. Si me hubieran preguntado, yo hubiese respondido: “El francés es elegante, el inglés es sólido y feo”. Es claro que tal vez no dependa eso de los países, sino de los judíos que fabrican el instrumental, del gusto del Goldenberg de Francia y del Goldenberg de Inglaterra». BIOY: «O tal vez, dentro de cada país, el gusto y las modalidades varíen. Yo tengo la sospecha de que toda la medicina en Francia es conservadora, burguesa; quizá en Inglaterra esté más a la moda».

Habla de «Argentino hasta la muerte», de César Fernández Moreno: «Este muchacho ha escrito un excelente poema chabacano. Ha visto mejor que nadie que la diversidad es el principal carácter de lo argentino. Güiraldes, Mastronardi y yo no lo vimos. Insiste en que tiene antepasados españoles y franceses, en que los argentinos cantan tangos y tararean Saint Louis Blues[1363]. Dice: “je suis argentin”. El tono está muy bien. La cobardía argentina… La gente se pelea, se insulta y acaba con las palabras: “Decile que si lo encuentro le rompo el alma”».

Esta noche no quiere escribir; está muy cansado. Lo dejamos en la confitería Saint James, en Maipú y Córdoba, porque quiere tomar un vaso de leche. Se despide muy afectuosamente. A Silvina le dice: «Gracias, querida. La comida estaba riquísima». Ya nos volvemos cuando Silvina, alarmada, quiere que pasemos por Saint James, para ver a nuestro amigo. Cuando pasamos, no lo vemos. Damos otra vuelta. Al cruzar frente a su casa, lo veo: está entrando. SILVINA: «¿Estás seguro de que es él?». BIOY: «Sí. Estoy seguro». SILVINA: «En plena oscuridad… Todavía se va a dar un golpe». BIOY: «Está acostumbrado a la oscuridad».

Los otros días, protesté: «Qué clavo esto de no ver sin anteojos». Borges respondió: «Qué clavo esto de no ver con anteojos».

Jueves, 28 de noviembre. Busco a Borges. Compramos un pollo en la rotisería de Las Heras y Callao y le hago creer a Silvina que lo traemos del Jockey Club: Silvina lo pondera.

Hablo a Borges del original que me dio un joven Iribarren, alto, muy serio, de voz firme y grave, que me confesó su admiración por sólo tres escritores argentinos: «Borges, Bioy Casares y Federico Peltzer». Es una novela en la que, según me explicó al entregármela, «hay ciertos giros audaces», que podrían traerle disgustos con la justicia. Leemos una página: no hay una línea que no esté mal pensada y mal escrita. BIOY: «Sería sorprendente que este libro no fuera una idiotez. Pero, ¿qué diré a Iribarren?».

Trabajamos en el nuevo Cuento. Cuando voy a proponer algo, protesta: «Esperá un momento» y, como si pensara, por momentos duerme. Después vamos a un velorio, en la calle Colombres. BIOY: «Es una tradición nuestra recorrer barrios de Buenos Aires». BORGES: «Barrios lejanos y un poco deshechos. La imaginación del argentino no es arquitectónica». Habla de la redacción del cuento: «El humorismo continúa, mientras los humoristas duermen. ¿Será un humorismo un poco mecánico?». Llegamos al velorio —Colombres 1500, barrio de Almagro Sur— y Silvina, que es la que organizó todo, porque conocía a la viuda, comprende su dificultad: no sabe el nombre del muerto. Nos volvemos. Llueve a cántaros.

Borges está con albúmina. La tradición de platazos de dulce de leche y de montañas de azúcar con el café o el té se interrumpe.

Viernes, 29 de noviembre. Come en casa Borges. Dice: «Seguía muy deprimido. Resolví insistir con mi sistema de aprovechar la desdicha. ¡Me saqué otra muela!». BIOY: «Se te hizo bueno». BORGES: «Tal vez si pienso durante una semana que esta mujer no tiene importancia; si no me ocupo de pensar en ella todo el tiempo, esté más feliz». BIOY: «Desde luego. Los sentimientos son más dóciles a la voluntad de lo que uno cree. La victoria de la voluntad da una satisfacción muy fuerte».

Escribimos. Borges tiende a la caricatura extrema y al estilo de Gervasio Montenegro; a la terminología erudita. Me cuesta mucho contenerlo. Acepta mis sugerencias, cuando ya están formuladas en frases bien amonedadas; no escucha las ideas.

Sábado, 30 de noviembre. Comen en casa Borges y Peyrou. Borges camina con vacilaciones y por momentos se duerme con la boca entreabierta. Peyrou le asegura: «Si usted no toma más que las dos pastillas de Equacial que le dije, no puede tener tanto sueño». Ah, vamos bien: Peyrou receta. Con razón Borges estaba tan raro ayer, cuando escribíamos: toma tranquilizantes.

Domingo, 1.º de diciembre. Come en casa Borges. Escribimos un poco.

Lunes, 2 de diciembre. Come en casa Borges. Concluimos el cuento del descriptivismo.

Miércoles, 4 de diciembre. Come en casa Borges. Le leo lo que hemos escrito, párrafo por párrafo y, tras una breve discusión, transcribo a máquina las frases aprobadas. De pronto dice: «Esperá un momento». Se pone a pensar. Yo espero. Lo miro. Está con la cabeza echada para atrás, un poco de lado, con los ojos cerrados y la boca abierta. Sigo esperando, con alguna resignación. De pronto abre más la boca y ruge un ronquido.

Hoy me confió que su desdicha se ahondó, porque su rival resultó ser un psicópata: «Esta chica me dijo que no tengo demasiadas esperanzas, pero que es claro, si el muchacho éste no se cura, y quién sabe si se cura, a lo mejor se casa conmigo… Vale decir que soy un pis-aller…». Le contesto (cuando me deja hablar) que se deje de pavadas. Que no ponga amor propio. Que no sea tan considerado ni tan abnegado. Que lo importante es él y que en amor el demasiado bueno tiene mala suerte… tal vez aburra un poco y parezca pedante. Que no se apiade por ese muchacho: el azar lo puso en frente y lo natural, lo saludable, es aceptar el antagonismo. Que trate de no saber mucho de él, de no imaginarlo, y de sacarle la mujer. Que su situación ahora me parece mejor; pero que tiene un solo peligro: la esperanza. Y que los griegos tenían razón, que nada turba la paz como la esperanza.

BORGES: «Las supersticiones son negativas. A causa de ellas, uno se ve asediado de peligros. No dan seguridad. No cree uno que va a ser feliz porque tocó tal poste. Johnson a veces caminaba distancias considerables porque no estaba seguro de haber tocado un poste[1364]. Nada me parece más patético que el doctor Johnson pidiendo a Dios que no lo dejara enloquecer»[1365].

Afirma: «Wagner ensució todo lo germánico. Como lo habrás notado, en este asunto me he vuelto últimamente bastante fanático. Ahora pienso que los alemanes estropearon todo lo germánico; nunca lo entendieron bien. Siempre llevan con ellos su pesadez y su mal gusto».

Jueves, 5 de diciembre. Come en casa Borges. Empezamos a reescribir, ahora a máquina, el cuento sobre Lambkin Formento, Cubas y Colombres. BORGES: «La historia del fruto prohibido es símbolo de algo que siempre ocurre: causas mínimas tienen consecuencias desmesuradas. Les dicen a Adán y Eva: “No coman esas manzanas”. Las comen y condenan al género humano. Es lo que le pasó a Ernesto Palacio. Iba en un ómnibus. En lugar de salir por la puerta de un lado, salió por la del otro, tuvo un accidente horrible, lo apretaron entre dos ómnibus, ha quedado inválido para el resto de la vida e intelectualmente muy disminuido». Cita a Blake o no sé a quién, que señaló que Cristo no tenía derecho a salvar al género humano: que cada cual se crucifique, si quiere; que cada cual se salve[1366]. «Es absurdo sacrificarse por desconocidos», asegura, pensando tal vez en su rival y tratando de no excederse en abnegación. (Yo le había dicho que el amor no perdona a los demasiado abnegados, demasiado nobles, demasiado escrupulosos, demasiado sutiles en delicadeza; a Venus le gustan los guarangos —los malevos o los cads—, aunque si uno obra con insensibilidad por ese lado también llegará al fracaso. Hay que ser atinado).

BORGES: «Yo creía que lo que más me interesaba en la vida era el germanismo; veía a esta chica como un entretenimiento entre etimología y etimología… La primera vez que me dio una excusa para no verme —me dijo que tenía dolor de cabeza y entendí en seguida que era una excusa— me alegré. Mirá, pensé: “Qué raro es esto, qué habrá detrás”, pero en seguida me alegré, porque podríamos seguir estudiando, y me puse a explicar a las chicas el origen de las palabras. He necesitado que esta chica me diga que quiere a otro, para comprender que ella es lo único que me importa en la vida».

Toma tranquilizantes; a la noche se duerme mientras escribimos. «Leeme las dos últimas frases», dice. No consigo leer las dos frases antes de que se duerma. Leo tal vez una, y ya cierra los ojos, abre la boca, cara al techo… Lo despierto. «Pero leé esas frases», protesta. «Ya las leí. Te dormiste». «Ah —contesta—. Estoy un poco aletargado».

Habló en un homenaje a Kennedy. BORGES: «Yo creo que mi discurso fue el que cayó mejor: como la gente cree que soy ciego, se conmueven por cualquier cosa que digo. También hablaron Juan Antonio Solari (de quien esperaba algo mejor), el presidente de la Cámara de Diputados, Mor Roig, que dijo: “el crimen de Dayas”, y un tal Valmaggia, presentado como el famoso periodista y que me pareció de una mediocridad pavorosa. Fui el único que no hizo reservas, que no aprovechó el acto para atacar a los Estados Unidos. Qué miserables, te das cuenta, aprovechar el homenaje a un hombre asesinado para atacar a su país…». BIOY: «Son unos amargados, unos demagogos, unos cobardes. ¿Cuántos norteamericanos habrán muerto en las últimas dos guerras? Si no fuera por ellos, el mundo sería horrible. Qué ingratitud. San Martín libertó a Chile y a Perú; ¿cuántos argentinos habrán muerto en esas campañas?». BORGES: «Muy pocos. Y el resultado, si no hubiéramos intervenido, sería el mismo. Si los norteamericanos vencieron a los ingleses, ¿cómo todo un continente a la larga no se iba a librar de los gallegos? En cambio si en las dos últimas guerras no hubieran intervenido los Estados Unidos, los alemanes habrían ganado. El imperialismo militar es más simple y menos odioso para el pueblo que el de los banqueros y comerciantes, unos señores invisibles que hacen negocios con los vencidos. Una cosa se entiende; la otra, no». Comenta: «Los mexicanos hablan de una Noche Triste, en la que Cortés peleó contra el imperio azteca… Aquí hubo que pelear contra los indios hasta 1880: la gente era más valiente… “Remember The Alamo”, decían los norteamericanos que derrotaron a los mexicanos en San Jacinto; los mexicanos, después de la batalla de El Álamo, habían pasado a degüello a todos los defensores».

Viernes, 6 de diciembre. Con Silvina voy a un acto, en honor de Borges, en la embajada de Colombia. Nos metemos en un casamiento y, después de saludar un rato y comentar: «Te juro que no conozco a nadie», cuando vemos a los novios, comprendemos nuestra equivocación. Llegamos a la embajada. Están, entre otros, Susana Bombal, Basaldúa, Clemente, Galtier, Jorge Max Rohde, Mallea, Oría, Blas González, Margarita Bunge, Lisa Lenson. Habla el embajador: «Colombia no es una potencia militar o comercial… Es una potencia cultural». Una dificultad con que tropiezan los diplomáticos proviene de la diversidad de públicos a que se dirigen: el auditorio, el Ministerio de Relaciones Exteriores de su país, el periodismo de su país, el gobierno ante el que están acreditados, el periodismo local, sus compañeros de delegación (los peores enemigos). En cuanto a Borges, decanta su discurso de la soledad del hombre de letras y de la sorpresa de verse rodeado de amigos, que resolvieron, ante su estupor infinito, considerarlo un gran escritor. Nos vamos con él, sin despedirnos, cuándo no, del embajador.

Comemos en casa. Entre sueños, concluimos de pasar en limpio (limpio, diría Xul) el cuento.

Sábado, 7 de diciembre. Comen en casa Borges y Peyrou. Leo el cuento de los descriptivistas. (Según Borges, a Peyrou no le hace gracia).

Borges afirma que el «Seafarer» es el primer poema romántico: «“Cantaré o referiré mis viajes”, declara el poeta al comienzo. ¡Qué distinto de los otros, que refieren los hechos del dador de anillos, del rey! ¡Qué distinto de la épica! ¿El autor habrá advertido que iniciaba algo nuevo? ¿Y sus colegas? Quizá le dijeron: “No, amigo, esta vez no acertó” o, parodiando a Mastronardi, “ya measte fuera del tiesto”. No sabemos nada. No sabemos cómo eran las discusiones literarias entonces. Ni siquiera sabemos si había discusiones literarias».

BORGES: «Dickens había matado —pese a muchas cartas de lectores, que le pedían que no lo hiciera— a ese chico tan desagradable, Dombey. Entonces Ruskin comentó: “When in doubt, kill a baby…[1367]. Cuando no sepas cómo mantener la atención de los lectores, mata a un chico». PEYROU: «Entonces la gente era más culta que ahora; daba más importancia a los libros». BORGES: «No. Entonces tenían más importancia los folletines. Todo el mundo los leía y los comentaba». Sobre la frase de Ruskin, podría decir que tuve con Borges una conversación que duró treinta años. En 1933 o 1934 Borges citó la frase, que no olvidé, porque me pareció cómicamente justa; pero omití, por olvido, preguntar cuándo y por qué la dijo Ruskin; por fin hoy recibo la respuesta.

Domingo, 8 de diciembre. Come en casa Borges. Propongo ideas para cuentos: «Un traductor del propio idioma. Traduce el Quijote». BORGES: «Traduce Los crepúsculos del jardín por Las tardes de la granja». BIOY: «O si no, un poeta que sostiene que lo principal es el sonido, que el sonido cuenta en los versos más que el sentido, y cambia las palabras de poemas famosos por otras de igual sonido y sentido diverso y quizá absurdo».

A medida que esperamos en vano ocurrencias para el desarrollo de estos planteos, el desaliento crece. Borges propone un cuento, que podría titularse «La busca de lo absoluto»[1368]. Trata de un poeta uruguayo, que vive en un pueblito de tierra adentro, Tacuarembó tal vez, que fue amigo de Mallarmé y otros simbolistas, que en su juventud publicó libros con títulos que suenan a caricatura de Herrera, como Las pagodas seniles (después, avergonzado, procura destruirlos, hacer que desaparezcan). Un periodista llega a Tacuarembó y oye de labios del cura un cuento titulado «El viajante de comercio y la gallina», nada gracioso y que él no se atreve a transcribir; luego el farmacéutico se lo repite, en una versión acaso más tosca; después el escribano le refiere el famoso cuento de la monja y la morcilla, en una versión, eso sí, muy tosca. Por fin llega a los papeles del gran escritor muerto. La conclusión es que, por escepticismo, el escritor dejó por toda obra unos pocos cuentos indecentes, en versiones deliberadamente torpes, para que la tradición oral los mejorara, como ocurrió con Las mil y una noches. Este cuento, mejor que los que llevamos escritos, quizá no encaje bien en el libro: los otros tratan de tontos admirados por otros tontos; aquí, el protagonista, el poeta de Tacuarembó, es un hombre inteligente que por escepticismo llega a esos extremos.

Lunes, 9 de diciembre. Con Silvina y Bianco, vamos al Teatro San Martín, donde dan a Borges el Gran Premio del Fondo Nacional de las Artes: medio millón de pesos. BIANCO: «¿Y para qué le dan a Georgie este premio? Según me lo dijo la madre, está nadando en plata». El mismo BIANCO: «Ay, qué expresión ávida tiene ahora la señora. ¡Ella que era tan dulce! Ahora está como es: feroz». Cuando llegamos advertimos que la sala está llena, que deberemos quedar en la periferia. Nos encontramos con Banchs, extraordinariamente flaco: un polichinela flaco. Me saluda con gran cordialidad. Bianco le habla de publicar poemas en EUDEBA. «La respuesta, diría yo, será negativa —responde Banchs—, pero tendré mucho gusto en recibirlo». «La gente tiene que olvidarse de Banchs. Ya es hora», agrega. «Dele un abrazo a Borges», me grita en un susurro, desde la escalera, y se va. Me encuentro con Rosenthal (que por escrito logra sorprendentes fealdades) y después empieza a salir la gente. Los comentarios son unánimes: es la apoteosis de Borges, comenzó el movimiento universal de reconocimiento y ya nada lo detiene. Pocas veces ha habido un triunfador menos demagógico, menos organizador de su triunfo: Borges ha dicho siempre lo que pensaba que era la verdad, y si alguna vez fue infiel a esta norma, lo habrá hecho por cortesía, o quizá para ser más claro y expeditivo, porque quien pretende dar todos los matices cansa la atención del lector y no consigue lo que se propone; pero nunca modificó Borges su pensamiento para resultar más simpático, para estar más de acuerdo con las supersticiones de la época.

Al rato aparece Borges con dos mujeres: una muchacha, muy joven y alta, que lo maneja con agradable libertad, y María Esther Vázquez. Los fotógrafos aspiran a tomar una instantánea de la celebridad, y a cobrarla por anticipado. Yo los trato hoy con enojo desmedido, acumulado a lo largo de tantas veces que disimulé la contrariedad y pagué; Borges dice: «Yo no puedo negar hoy quinientos pesos. Todos saben que recibí quinientos mil». Después, quizá contagiado por mí, aparta a los nuevos fotógrafos que estimulados por los primeros quieren fotografiar y cobrar y dice: «Tal vez ni siquiera tengan placa». BIOY: «Es un nuevo tipo de mendigos». BORGES: «Hasta ahora tengo déficit con el premio. Al que me trajo el cheque le di doscientos pesos. Después descubrí que había un error en el cheque y que sólo podré cobrarlo en enero».

Se me acerca y, en un aparte, me dice: «Voy a comer con esta chica. Me invitó a comer con ella y acepté. Pero no veas en esto una prueba de abyección. He seguido tus consejos. Creo que me dan resultado. Me gustaría verte mañana, antes de irme a Colombia. ¿Podrías hablarme después del almuerzo?». BIOY: «Si querés paso por tu casa a las tres y media». BORGES: «De acuerdo». Llevo en el coche, a sus casas, a Borges, a María Esther Vázquez, a la madre de María Esther Vázquez, a Bianco. BIOY (a Borges): «Creo que si te presentás en las próximas elecciones, salís presidente». BORGES (a Bianco): «Mandé un poema a Sur. Ah… perdón, estoy un poco anacrónico». (Hace dos o tres años, Bianco dejó Sur, por una larga pelea con Victoria).

Como, en casa, con Silvina y Marta. A las dos llama Borges: «Perdoná que llame a estas horas… Sólo con vos puedo desahogarme. Esta chica quiso hablar de nuevo sobre nuestro posible casamiento. Yo le dije que no habláramos nada antes de mi partida. ¿Te parece bien?». Etcétera. Así me enteré de quién era esta chica. Silvina ya había sospechado.

Martes, 10 de diciembre. Llama Borges muy temprano, para confirmar mi visita de las tres y media; para comentar sus conversaciones de anoche con esta chica. Después del almuerzo llama su madre; pregunta si puedo llevarlo a la Facultad. Sí; allá voy. Hay que ver cómo llueve. Borges —le flaneé— llega con el borde de cuero —blanquecino— de la boina dado vuelta y visible; el pantalón sumamente caído (en fuelle sobre los zapatos). Por debajo de la boina aparecen desordenadas mechas de pelo gris. Lo dejo. Después, voy a buscarlo. Habla del examen de las chicas: «Las salvó el aguacero. Sabían muy poco». Antes de llegar a su casa detengo el coche por Paraguay y conversamos. Le digo que todo va mejor; que no se haga ilusiones; que no se enloquezca (porque el amante enloquecido no atrae); que no se pase al otro lado en perfección y abnegación (tontería, pedantería, hipocresía; eso no es natural); que no se interese demasiado en el otro: es su enemigo. Dejamos el coche ahí y, bajo la lluvia (pero bajo mi paraguas), vamos caminando hasta su casa. Allí beso a la madre y a Silvina; saludo a Norah y a la Quica. Borges baja conmigo, me acompaña hasta la puerta: «Vos sabés cómo me exalto. Así es toda mi vida. Como vos decís, una cadena de mujeres». Le aconsejo, no recuerdo por qué, que no piense mal de esta chica si ella vacila, si al hallar loco al otro se vuelca más en él (en Borges). «No —responde—: si uno no es un infame, corona de todas las virtudes y todos los méritos a la persona querida».

BORGES: «Cuando perdí las esperanzas, desapareció totalmente el deseo físico; ahora que las esperanzas volvieron, volvió el deseo, lo que es molesto. Quizá esto siempre pase… Podríamos casarnos en febrero… En verdad, nosotros no tenemos nada en común. Siempre es cariñosa, pero piensa en voz alta, lo que es desesperante. Puede decir cosas muy incómodas con la mayor naturalidad. Después dice algo contradictorio o te besa; no creo que lo haga por lástima, o para corregir la mala impresión; meramente sigue el vaivén de sus incertidumbres. Es muy cariñosa, pero no puede uno cifrar nada en eso, porque lo es con todo el mundo. Me toma la mano, pero también a otros se la toma. Es increíblemente coqueta: en eso me recuerda un poco a Emita. Sus actos no armonizan con sus palabras. Los otros días salió conmigo: te aseguro que se portó como si fuéramos novios». BIOY: «Si hay contradicción entre los actos y las palabras de una mujer, confía en los actos. No cometas el error propio de escritores de querer que te aclaren con palabras esa contradicción ni que te den una satisfactoria declaración de amor. Hay mujeres que van a la cama diciendo no; señalarles la contradicción sería una tontería».

De Estela Canto y Silvina Bullrich comenta tristemente: «Pensar que pude quererlas, que en un momento quise llevarlas a casa, vivir siempre con ellas. Han de ser las dos personas más crapulosas del país». (A Silvina Bullrich se la birló nada menos —y nada más— que Bianco). En medio de la exaltación, el espíritu de justicia privó: «Silvina Bullrich ha de ser mucho mejor que Estela —reconoció—. Estela es ya prostibular, es lo último. Pero si no existiera Estela, lo último sería Silvina Bullrich».

Cuando nos despedimos, me abraza un poco y me dice: «Querido» (¿por primera vez en la vida?). Está muy emocionado. Me pide que trate de no ver a esta chica y que, si la veo, trate de no darme por enterado. BIOY: «Desde luego; vos sabés cómo es de rutinaria mi vida. Sería muy raro que la viera». BORGES: «Decile a Silvina. A lo mejor se le ocurre invitarla. Prefiero no saber que sin mí está con gente y en lugares que puedo imaginar». BIOY: «Es claro… Además, si estamos unos minutos, como ayer, entre gente, puedo no dar indicios de nada: ni de estar, ni de no estar, enterado. En cambio en una larga conversación en casa podría ser difícil. No conviene que nada intervenga en el asunto: hay que dejarlo como está: ella, el loco ese y vos. Que te hagas valer, por vos mismo, desde luego, y por comparación con el otro. Todo elemento de afuera puede ser contraproducente». Yo creo, pero no lo aseguro, que en su locura el pobre Borges está tan aterrado que hasta teme que pueda pasar algo atroz, como por ejemplo que su mejor amigo resulte un nuevo rival.

Lunes, 16 de diciembre. Corrijo la novela de Miguel Iribarren. No hay frase que no deba mejorarse. Los defectos no son sólo de sintaxis, sino también de lógica. Este muchacho debe acercarse más a su trabajo: confiado en su talento, ha de ir escribiendo al azar de lo que salga. Me trajo su novela, seguro de su derecho de joven y de mi obligación de veterano. Además, lo veo más interesado en la publicación en forma de libro de su novela, en la posibilidad de obtener un prólogo, más interesado en estas ulterioridades que en la literatura. No sé si los recuerdos van modificando el pasado, pero yo creo que a su edad toda mi aspiración era hundirme en las letras, inventar mundos imprevisibles, manejar el encanto de las palabras. Por nada hubiera pedido a nadie un prólogo; Borges me regaló el prólogo de La invención. Borges ya era como un hermano; sin ningún esfuerzo, él podía corregir cualquier monstruosidad sintáctica en que yo me hubiera atascado; pero nunca me atreví a pedirle que corrigiera un texto mío. Hasta La invención llegue a pedirle soluciones para cosas concretas: «¿Cómo arreglarías esta frase? ¿Y ésta?». Nunca más que un corto número de frases que le leía; después de La invención ya no le sometí nunca nada.

Miércoles, 18 de diciembre. Llama Borges, llegado de su viaje. Elogia a Colombia: «íbamos por la calle con un muchacho. Le pregunto de quién es la estatua en la plaza. “De algún procer —me dice—. Aquí tenemos muchos proceres, pocos héroes”. Los profesores disputaban reclamando para sus regiones la mayor cobardía. Gente muy irónica y civilizada. Odian a los venezolanos; no admiran a los españoles y tampoco a los mexicanos. Y no tienen esa superstición nacional que se encuentra en el Uruguay y, según creo, en el Brasil. No, los colombianos son muy civilizados. Conocen el Martín Fierro; conocen a Lugones; a Güiraldes, no: como ves, tienen tino… En Perú encontré gente antipática, muy convencida de que el Perú es un gran país, con una gran tradición y grandes novelas. La India debe de ser otro país pretencioso, persuadido de la propia grandeza».

Viernes, 20 de diciembre. Come en casa Borges. Refiere su comida de ayer con los Amigos de Grecia: «Bustillo insistió en que la cultura griega que contaba era la antigua, no la actual. Desde luego, los comensales griegos, de la embajada y de la colonia griega de Buenos Aires, eran actuales, no antiguos. Yo sostuve que todos éramos griegos y que dos culturas llegaban a nosotros: la griega —que era también la latina— y la hebrea».

Oímos un disco de Trini López, nuevo cantor de Dallas. BORGES: «Qué país, los Estados Unidos. Aquí tuvimos Gardel y pare de contar. Todos los cantores de tangos son equivalentes. Allí hay un continuo sucederse de cantores nuevos, que inventan un nuevo estilo. ¿Tendrán conciencia de ser originales? Tal vez, no. Allá nadie se ve como original. En cambio en Rusia todos se creerán originales y serán banales. Qué país raro, los Estados Unidos». BIOY: «Indudablemente es de una fecundidad musical extraordinaria. Tal vez en música sean más ricos que en literatura. Aunque sólo con la literatura del siglo XIX tienen para dar y prestar».

BORGES: «The Flowering of New England de Van Wyck Brooks es un excelente libro. Así como no habría literatura gauchesca si no hubiera habido Buenos Aires —los gauchos no la hubieran escrito, son los señores quienes la escribieron— sin New England no existiría la leyenda del Oeste. Es la gente de New England la que sintió como poética la conquista del Oeste, la busca de oro en California. La gente del Norte tiene un gran amor por el Sur, el Sur odia a los yankis: la derrota suscita resentimientos, la victoria no. Los del Sur no quieren a los mexicanos. Bueno, nadie admira demasiado a su sirvienta y a su cocinera… González Lanuza piensa tan extrañamente que me preguntó si en Texas la gente desea que todas esas tierras pertenezcan a México. ¿Cómo puede creer que los ciudadanos de un gran país próspero van a querer pasarse a un país pobre, que vive del turismo y del folklore? En los Estados Unidos no quieren a los ingleses. A los irlandeses los ven como personajes un poco cómicos y bohemios, pero queribles. Admiran a los escandinavos y a los alemanes. Ser sueco es ser decente. Ser holandés es ser un americano de las mejores familias. Tener sangre de piel roja es motivo de orgullo».

Sábado, 21 de diciembre. Comen en casa Borges y Peyrou. Se habla de las frecuentes comunicaciones que llegan a los diarios de que en tal o cúal lugar se vieron vehículos espaciales, que emiten luces poderosas, y también seres vivientes, suerte de robots, que persiguen a la gente, o bajan de sus vehículos y después suben a ellos de nuevo y parten. Borges se muestra dispuesto a la credulidad: «¿Por qué no? ¿Por qué no han de venir viajeros de otros mundos? Y que resulten parecidos a las previsiones de la imaginación popular no prueba nada en contra; cada cual interpreta las cosas nuevas, y que no entiende, de acuerdo a nociones previas».

Sobre si la lealtad, el coraje, la fidelidad eran principios puramente germanos, comenta BORGES: «Sin duda no los inventaron. Todo eso existió en Grecia y en Roma. Que Régulo volviera a las torturas en Cartago, porque había empeñado la palabra, me parece el más alto ejemplo, y creo que es romano:

Que Régulo otra vez alce la frente,

y el beso esquive de la casta esposa,

y el pueblo aparte que su paso impide,

y a los tormentos inmutable torne»[1369].

BORGES: «Con muy poco italiano, cualquiera de nosotros puede leer la Divina Comedia: las anotaciones aclaran todo». BIOY: «No creo… Con poco italiano y sin pasar por las letras y el hábito de ediciones comentadas, ¿quién va a leer el poema, siguiendo el hilo del pensamiento y la trama, con rápidas bajadas al pie de la página, para aventurarse en los bosquecillos de notas, y volver a subir al texto, para retomar la historia?». BORGES: «Antes de leer la Divina Comedia —era chico, tenía temor reverencial por el libro— leí las notas de la edición de Longfellow. Siempre tuve afición por los libros de varia lección. Encontré en esas notas observaciones curiosas, que no figuran en las ediciones italianas. Tal vez Longfellow leyó ediciones italianas que desaparecieron. Tenía una vasta cultura: tradujo pasajes de sagas de Snorri Sturluson, tradujo el Beowulf (quizá pasajes) del anglosajón, del Middle English tradujo a Chaucer, tradujo textos de diversos alemanes (alto alemán, bajo alemán), la Divina Comedia, François Villon. Fue un profesor de literatura que trabajó en la cátedra. Hoy, porque algunos de sus poemas no son muy buenos, está desacreditado». SILVINA: «No conozco los otros». BORGES: «Todos los poetas tienen poemas malos».

Domingo, 22 de diciembre. Comen en casa Borges y Cicco. Leemos a Cicco el cuento de Paladión. Tarda en descubrir que Paladión es un escritor inventado, que las frases son deliberadamente absurdas y en que se espera que ría. Es un error la lectura en voz alta de estos cuentos, sin una explicación previa, a amigos u otras víctimas.

Lunes, 23 de diciembre. Come en casa Borges.

Martes, 24 de diciembre. Después de comer, voy con Silvina a buscar a Borges. Hace mucho calor. Vemos la iluminación, cerca del obelisco. En la avenida de las Palmeras, en un banco, descansamos y tomamos fresco los tres. Buenos Aires tiene esta noche poca animación: no hay sirenas ni silbatos; apenas algunos fuegos de artificio, que de pronto sobresaltan con explosiones.

Miércoles, 25 de diciembre. Come en casa Borges. Trae, para Silvina, una milonga sobre los malevos Iberra, con letra suya (de Borges) y música de Guastavino[1370]. Me refiere la situación. No me parece que le vaya mal. BIOY: «Tenés que preocuparte más que de la situación con esta chica, de la situación tuya. No tenés que convertirte en un monomaniaco. La situación con esta chica se arreglará sola… si no la estropeás. Para eso tenés que estar tranquilo y esperar. Tampoco ser un modelo de abnegación, paciencia y delicadeza: ella descubrirá la impostura, al loco contenido». Le digo que ahora él es el ladrón que entra por la ventana. Me asegura que está libre de todas las inhibiciones que lo mortificaron a lo largo de la vida. Cuando piensa que lo llevo a su casa, pide: «Una vuelta más». Yo estoy lánguido; la vista se me nubla; necesito volver a casa y comer. A la una y media lo dejo.

Jueves, 26 de diciembre. Come en casa Borges. Empezamos a escribir «En búsqueda del Absoluto», el cuento de Nierenstein Souza. Refiere Borges las desdichas de su amor romántico, las vicisitudes, los análisis, las conjeturas. También hablamos de los sajones, «que no son libreros de Leipzig, sino de la costa», que llegaron a Inglaterra; de los escandinavos y en particular de los islandeses. BORGES: «Así como admiro a los escandinavos antiguos, aborrezco a los de ahora, que tienen algo de chacareros alemanes, dedicados a una variedad realista del arte moderno».

BORGES: «Peyrou no es rencoroso; olvida las ofensas. Un día, hace muchos años, ante un grupo de amigos refirió que se había indignado con alguien y que estuvo a punto de pegarle una trompada. Santiago Dabove le dijo: “A ver, muéstreme la mano”. Peyrou la extendió. Dabove la observó y la palpó, y después comentó: “Hizo bien de no pegarle. Se hubiera lastimado la mano”. Peyrou recuerda siempre con afecto a Santiago, como a un amigo muy querido. Sin embargo, este cuento —que en su tipo es bastante perfecto— muestra a Dabove como un malevo inmundo». BIOY: «Sí, puede uno no tomar en cuenta la ofensa; puede uno olvidarla; pero es difícil querer a quien procede así». BORGES: «Indudablemente, el que queda mal en este cuento es Dabove. Queda particularmente mal porque Santiago, aunque de mayor talento, no era como César, un señor. Santiago trabajaba los domingos en el hipódromo, y el resto de la semana estaba borracho, en el catre, o jugando a los naipes en los almacenes de Morón. Quiero decirte que vivía en un mundo en que un episodio así se ve como una ofensa, como una humillación agresiva, no como una broma. Y fíjate: obró ante un grupo de amigos; le palpó la mano estimativamente, manoseando un poco; lo felicitó; por un instante sus palabras pudieron parecer una felicitación o un consejo amistoso». BIOY: «Desde luego, la interpretación de estos episodios depende de cómo los haya sentido quien los padeció. Peyrou no dio a éste ninguna importancia: habrá pensado que Santiago estaría un poco borracho y tendría la tentación de imitar a los malevos del anecdotario de Morón; entonces para Peyrou el asunto no contó. Si alguien no reacciona ante un insulto, porque no tiene ganas, porque desprecia al insultador, porque está por encima, porque encuentra que la situación es parcial, el insulto carece de importancia; pero si no reacciona por temor, el episodio es grave y dejará en la víctima un imborrable recuerdo de oprobio».

Viernes, 27 de diciembre. Come en casa Borges. Corregimos la primera página del cuento; la pasamos en limpio. Diríase que para poder empezar a escribir debemos abandonarnos a las blasfemias de Bustos Domecq; después, al segundo día, corregimos los excesos y, morigerados, continuamos con el paso de pince-sans-rire. En la primera página, escrita ayer, Nierenstein Souza, el literato que, por delicadeza y exceso de conciencia, llega a dejar, como obra máxima de sus años de madurez, una tradición oral de cuentos «verdes», tenía como libros publicados (anteriores al gran período de florecimiento) una lista de títulos grotescos; hoy dignificamos esos títulos: si no, se perdía el contraste, Nierenstein era un idiota y nada asombroso resultaba que su mayor obra fuera una serie de cuentos obscenos que circulaban en su pueblo (Tacuarembó o Fray Bentos).

Sábado, 28 de diciembre. Comen en casa Peyrou, Borges, María de Villarino y su marido. Después, Borges y Peyrou elogian a María de Villarino. PEYROU: «María está bien, salvo el cogotito. El marido es más joven que ella; está mejor que ella. Debe de ser rico. Ella se lo ha de haber comido como a un bombón». BORGES: «Mastronardi estuvo muy enamorado de ella. Fue:

la alta mujer dolorosa

[que] venía del sur y estaba muerta[1371].

Estuvo más enamorado todavía que de Emita. A Emita la veía como inaccesible: una chica bien, que había viajado y que frecuentaba a escritores famosos. Hubo una circunstancia, la noche que la conoció, que lo dejó muy impresionado. Era el día del cumpleaños de Emita. Estábamos en su departamento del Barrio Sur. Cuando llegó el momento de la despedida, Emita me besó, besó a algún otro amigo íntimo y, como le pareció mezquino besar a unos y no a otros, besó a todos y también a Mastronardi. Después Mastronardi y yo fuimos a la confitería Saint James. En su estilo tortuoso, Mastronardi se puso a criticar a Julia y a Graziella Peyrou. Yo no comprendía por qué criticaba a estas personas, que son excelentes. “Tienen un ambiente, si me perdonás la palabra, burgués. Otra cosa es la señora de Sánchez Fromant” (a Emita se la nombraba entonces por el apellido del marido). Yo tardé en comprender que esa agresión contra Julia y Graziella no era una agresión, no era contra Julia y Graziella: era meramente un modo de elogiar a Emita. Macedonio Fernández decía que “las circunstancias son más importantes que las personas”».

Domingo, 29 de diciembre. Come en casa Borges. Progresa el cuento de Nierenstein Souza.

Lunes, 30 de diciembre. Come en casa Borges. Escribimos el cuento.

Martes, 31 de diciembre. Por la mañana me habla la madre de Borges, nerviosa y preocupada por el estado de ánimo de su hijo: «Cuando no ve a esta chica, está bien, pero apenas la ve se pone hecho un loco. Ella le manda regalos: baratijas, cosas horribles, porque no tiene gusto. Dice que es distinguida: distinguida no es, basta verla. Su casa parece la casa de la modista. Me parece bien que se case, pero con alguien como él. Le dije que vea a gente como él, que deje tranquilas a esas chiquillas. Te quería preguntar si no te parece bien que le hable a esta mujer y le pida que no lo vea, que lo deje tranquilo». BIOY: «No, señora. Va a llegar a saberlo y se va a enojar con usted. A usted la necesita». La señora: «Es lo que no sabe la gente. Una mujer que se case con él tiene que ser muy abnegada. Ocuparse de todo: de vestirlo, de lavarlo. La gente no sabe hasta qué punto es ciego. Estaba muy irritable. Agresivo, hostil. Se me acercaba y me decía cosas terribles. Ahora, esas pastillas le han hecho mucho bien. “Vos estás mucho mejor —le digo—, ya que puedo hablarte de estas cosas”. Escucha y se ríe».

Desde hace mucho tiempo, pasamos todos los fines de año con Borges y Silvina. Esta noche escribimos; somnolientos, progresamos todavía hasta la una.

BORGES: «Si el amor no sirve para la felicidad, nunca debe ser fuente de desdicha».


Miércoles, 1.º de enero. Come en casa Borges. Concluimos el cuento de Nierenstein. En la redacción de estos cuentos, Borges se muestra menos exigente que yo: por lo menos en cuanto a ambigüedades sobre el sujeto, a repeticiones de palabras y aun a acumulación de sibilantes. En lo que no transa es en una frase que suene mal, demasiado corta o demasiado larga (para el oído). «Está mocha», «está pesada», no deja de señalar.

Aún no hemos titulado el cuento sobre los descriptivistas ni éste de Nierenstein. BIOY: «Quizá podríamos llamarlo “La busca de lo absoluto”». BORGES: «Yo pensaba lo mismo, pero mejor es dejar el título para más adelante. La gente dirá La búsqueda y el título se va al diablo… Hay que escribir dos o tres cuentos más, si no no es libro ni es nada». BIOY: «Y habrá que poner seguramente un prologuito».

[Jueves 2 de enero al martes 14 de abril. Bioy Casares en Pardo y Mar del Plata].

Jueves, 2 de enero. En Pardo. Llama por teléfono Borges. Me dice que de Sur le preguntaron cuándo entregamos los nuevos cuentos. Me dice también que no sabe cómo agradecer esta idea mía de hacerlo trabajar en cuentos en un momento tan malo; que fue una ocurrencia muy delicada y amistosa, y que expresar la gratitud al teléfono, por lo que tiene de impersonal, le parece más adecuado que la conversación cara a cara. El teléfono es más púdico y permite efusiones de la gratitud, que en una conversación molestarían.

Va a estudiar islandés, que le gusta menos que el anglosajón, pero comunica con toda una vasta literatura: «Creo que la prosa islandesa será mejor que la anglosajona, pero la poesía peor. La islandesa es una poesía muy formal, cargada de tecnicismos. Los islandeses prescinden del adverbio. Describen acciones terribles o patéticas, pero nunca las califican. El lector se conmueve por lo que le cuentan, pero las escenas se desarrollan objetivamente. Yo creo que esto indica una deficiencia. Puede corresponder simplemente a una escuela literaria, pero esa escuela literaria responderá a algo de los hombres que estaban detrás. En la literatura islandesa no hay ese sentimiento de la naturaleza, de la pobreza, del frío, de la soledad que hay en la poesía anglosajona». BIOY: «Estás como en las vísperas de emprender un viaje, admirado con las virtudes de Buenos Aires, con encono por el país a donde irás… sin advertir que para vos lo peor que tiene ese país es el no ser Buenos Aires y el sustituir a Buenos Aires. Tenés un apego, ya nostálgico, por el anglosajón, el idioma que tal vez dejes, que te mueve a mirar con cierta antipatía al que estudiarás, aunque sea el islandés».

Viernes, 7 de febrero. En Mar del Plata. El poema de Borges sobre la muchacha de Buenos Aires que no quiere que él la recuerde[1372] fue escrito en Colombia. Debí descubrir, por la aclaración sobre la patria de la muchacha, que no lo escribió en el país. Sólo en el extranjero decimos: «Me encontré con un argentino». Si hubiera escrito el poema en Buenos Aires, la muchacha sería rubia, alta, lo que quieran, pero no de Buenos Aires.

Miércoles, 12 de febrero. En Mar del Plata. Llamó Borges desde Buenos Aires. Explicó que estaba, en su amor, en un momento de cierta perplejidad; que prefería «dejar que esta chica sola resuelva»: si llamaba ella, debíamos decirle que había huéspedes en la casa, que no partirían hasta mediados de mes. Llamó de nuevo a los pocos días, para pedir: «Digan que los huéspedes habrán partido el 18». Volvió a llamar, muy contento, según Silvina, y con la muchacha al lado. Silvina recitó su parte y ellos contestaron que venían el 18. Veremos. Silvina comenta: «A lo mejor se casan».

Martes, 18 de febrero. En Mar del Plata. A las seis y media de la mañana, llegan Borges y María Esther Vázquez. Con Borges caminamos un poco por el barrio. Me dice: «Me parece que las cosas van muy bien. Si todo sigue así, nos casamos este año. Vos sabés que yo tenía muchos problemas. Bueno, cosas que existían porque las imaginaba. Todo eso desapareció. Podría vivir normalmente. Nos mudaremos a la Biblioteca. Es claro que aquí estamos como amigos. Norah ofreció una novena, para que nos casemos… Madre es muy dominante… está segura de que voy a casarme con María Esther. Bueno, a Madre sólo le gustan las mujeres que sabe que a mí no me gustan. Ahora le gusta Alicia Jurado pero, cuando había algo parecido a un flirt entre Alicia y yo, me hablaba mal de ella». Borges y María Esther viajaron toda la noche sentados, en un tren de clase única. BORGES: «Hablábamos y por momentos nos dormíamos, soñábamos. Nos decíamos cosas muy significativas entre un sueño y otro. Esta chica comentó: “Qué cosas nos dijimos anoche”. Cuando el guarda anunció Mar del Plata, yo no podía creerlo». Me dice: «Si querés, esta noche, después de comer, podemos escribir». Dice también que lo que da vigor al estilo en inglés es el verbo, que es sajón; en francés, el adjetivo.

Después del almuerzo, sentados todos en la escalera de piedra que baja al jardín, conversamos. BORGES (a mi): «¿Has escrito algo? ¿Has inventado muchos argumentos?». Cuento el de mi historia de San Jorge del Mar[1373], minus el final. BORGES: «Qué raro: generalmente uno empieza por el final. Uno escribe hacia un final que conoce». BIOY: «Yo empecé por una situación». BORGES: «El cuento tiene algo de Henry James». SILVINA: «A James le bastaba una situación». BORGES: «Galsworthy decía que cada frase tenía un futuro y que en la redacción él progresaba hacia esos futuros. Le salieron algunos cuentos muy lindos. No creo que escribiera así. (A mí). Este cuento tuyo, ¿es para la antología de Bajarlía[1374]? María Esther también va a escribir para él».

A María Esther le pide que diga poemas. Él dice un soneto, bastante admirable, sobre Spinoza (publicado en Davar[1375]); María Esther recita uno de jaguares… Ya le había dicho no sé cuántos a Silvina, instigada por Borges. BORGES: «Aquí estamos entre escritores. Estas cosas pueden hacerse sin vanidad». Me pregunta si yo he escrito poemas y recuerda que un pariente mío diagnosticó: «Hígado», cuando leyó mi poema de la calle Austria[1376]. Yo no recordaba nada del asunto. «Soy tu Boswell», me dice. Cuenta argumentos: el de Barry Perowne del hombre que inventó la solución para el asesinato del cuarto cerrado[1377]; tres de Tennyson Jesse: el de las hermanas siamesas, el del cordero tibetano, el de los treinta dineros.

Oímos discos de jazz. Comenta: «Qué raros son los norteamericanos. En otros países se cantan situaciones convencionales. Aquí no. No se sabe bien qué se canta y la música parece no corresponder a la letra. La música es alegre y lo que el hombre dice es de la mayor tristeza… tristeza con pudor. Caramba, inventan un millón de combinaciones de sonidos, de modos de cantar, de estilos nuevos… Unos no se parecen a los otros. ¿Estaremos equivocados dedicándonos a escribir? Lo único es la música».

Después de comer, me pide que lea el cuento de Paladión, el de Nierenstein, el de Bonavena. Me pregunta: «¿No estaremos cometiendo un gran error? ¿No estaremos locos?». María Esther dice que los cuentos son graciosos: eso lo conforta. BORGES: «No se parecen a nada. Provocarán una gran perplejidad. Son muy técnicos. No van a quitarle el sueño a nadie. No pueden corromper ni entristecer. Es un tipo de humor muy particular». Después me pregunta cómo era una frase que dije sobre el balcón. BIOY: «Se exteriorizó en el balcón». BORGES: «Colgado de una peluca. En su cabeza circulaba una boina». Prorrumpe en gritos de risa —ayes agudos y altos—, de los que baja, todo él, a una suerte de sollozo. Cita a Chesterton: «La cabeza protegida por una peluca. La peluca protegida por un sombrero. El sombrero protegido por un paraguas. Hasta cuándo, Dios mío, hasta cuándo». María Esther comenta que Borges y yo tenemos «un humor muy especial».

A lo largo del día, Borges salió a caminar no menos de tres veces; la última fue con María Esther hasta cerca del Torreón; allá bajaron a la playa; de pronto una ola los alcanzó y, por iniciativa de María Esther, corrieron. Borges preguntó: «Y ahora, ¿por qué corremos?». De vuelta en casa, María Esther se cambia los zapatos y Silvina dice a BORGES: «Pónete las alpargatas». Encuentra resistencia; insiste: «Tenés que aprender a andar en alpargatas». Borges se somete, pero comenta que le parecen incómodas, que siente cada una de las piedritas del jardín. «Tendrás los pies muy sensibles», le digo. Quién sabe si tanto: así como ignoraba por qué corrían, ignoró, hasta que María Esther explicó, por qué le cambiaban los zapatos: no había advertido que tenía zapatos, medias y pies empapados. Dice: «No seré sabio pero soy distraído». Agrega: «Según Macedonio, con la suela el hombre volvía a su pie antiguo, al callo único[1378]. Qué grosería la del callo único. Macedonio se complacía en estas fealdades. Bueno, con amigos como Santiago Dabove, que proponían para la admiración a los seres más crasos…».

Le pregunto cómo se llamaba el autor de The House with the Green Shutters. BORGES: «Firmaba George Douglas. Su verdadero nombre era George Douglas Brown. Era un periodista y sólo escribió ese libro. En ese tiempo había una moda, en Inglaterra y en Escocia, de escribir sobre Escocia muy sentimentalmente. Él escribió su novela para mostrar la pobreza y los rigores de la vida escocesa». BIOY: «Pocos grandes libros se escriben con el propósito de escribir una obra maestra. En cambio, con un propósito circunstancial…». BORGES: «Y que después se olvida y ya no importa… Hernández escribió el Martín Fierro como un alegato contra el Ministerio de Guerra y el sistema de levas». BIOY: «Y Cervantes…». BORGES: «El Quijote es el caso más ilustre». María Esther: «No creo que nadie se haya propuesto escribir una obra maestra». BIOY: «Larreta cuando escribió La gloria de Don Ramiro. Así le salió. En cambio… Caramba, la frase no puede concluirse, y no por razones sintácticas. Papini también lo intentó, con su Juicio Universal».

Dice Borges que las memorias de Jerome K. Jerome[1379], autor de las tonterías Three Men in a Boaty Three Men on the Bummel, son un libro interesante «y lleno de cosas». BIOY: «El argumento del Passingof the Third Floor Back me gustó: una suerte de santo, que vive en una casa de pensión, y mejora a toda la gente, tan sólo por creer en ellos, por creer que son buenos, por esperar lo mejor. Un estafador le propone un negocio. “¿Cuánto quiere?”, le pregunta el santo. “Ni siquiera miró mis cálculos. No se puede trabajar con un hombre así”, comenta el estafador, que no sigue adelante con la estafa». BORGES: «El idiota de Dostoievski tiene la misma idea».

Jueves, 20 de febrero. En Mar del Plata. Por la mañana, vamos a la playa. Pregunta Borges cuándo habrá empezado la costumbre y el placer de bañarse en el mar, de estar en la playa. ¿Será francesa la invención? ¿Del siglo XIX? Hablamos de baños termales; los romanos, Bagnére de Luchon, Baden-Baden, Bath; etcétera. Cita a Mastronardi: «¿Y qué se hace en el mar?»[1380]. Parece que a Mastronardi hubo que explicarle que el té con leche no mantiene idénticas las proporciones del café con leche.

María Esther y Borges preparan una nueva edición del manual sobre Literaturas germánicas, para una versión francesa que aparecerá en la serie «Que sais-je?», en traducción de Milleret. Si se agota la edición mexicana, mandarán este original para que hagan la nueva.

Después de su viaje en tren no se bañó. Cuando le prepararon el baño, lo sorteó con evasivas: «Ahora no. Más tarde». Al día siguiente, se mantiene invicto. Silvina me dice: «Tenemos casamiento seguro. Tenemos casamiento pronto. Tenemos casamiento en mayo». Sus temores: «Él está demasiado enamorado, demasiado pendiente. Y no se baña… Antes tenía alguna coquetería. Ahora está tan seguro de la gloria que sale con el pantalón de baño abierto y todo afuera. Con el cierre hubo una situación penosa. “Tenés todo abierto”, le dije. “Ah, caramba”, contestó, sin mosquear. No podía cerrarlo. Hubo que prestar ayuda: yo, María Esther. A él no le importaba nada. Está un poco vanidoso, un poco soberbio». BIOY: «Eso le conviene, es convincente y halagador para ella». SILVINA: «Aunque dure quince días el casamiento le conviene: le traerá mucha publicidad. Una mujer treinta años más joven y que puede pasar por linda. Hablarán todos los diarios. Ella hace planes: vivir en la Biblioteca, un viaje a Perú, ir a España con nosotros. Yo la animé todo lo que pude: que lo ayudará a hacer una gran obra, que tendrán una vida maravillosa. Y el viaje a España, con nosotros. Me daba lástima, pobre mujer. Parece una dama de compañía. Y, ¿viste?, tiene la cursilería en los hombros. ¿Viste cómo los lleva delicadamente encogidos? Para ella es un mariage de raison. En cuanto a la madre de Borges, ella sabe que Leonor no la quiere». BIOY: «Él la va a matar: la tuvo encerrada en ese cuarto escribiendo durante tres horas. Como la tiene a la orilla del mar, con el agua hasta la rodilla, conversando en una mañana ventosa y fría».

Viernes, 21 de febrero. En Mar del Plata. Cuando vuelvo del mar a la carpa, Silvina y Borges están conversando; Silvina, detrás de la lona, en el compartimentito para vestirse; Borges en el centro de la carpa, a la vista de toda la playa, con una camisa rabona (de las llamadas remeras) y sin pantalones ni calzoncillos, al aire el promontorio oscuro de testículos y pene. «Estás en bolas», le digo, arreándolo detrás de la lona. «Ah, caramba», comenta sin perder la ecuanimidad. «Como no ve —comenta después Silvina— está como con una careta».

Gran discusión entre Silvina, por un lado (cara y tono de enojo), y Borges y yo, por otro, a propósito de las inteligencias de Estela Canto y Vlady Kociancich. SILVINA: «Estela es mucho más inteligente». BIOY: «En Estela he sentido siempre los límites —tan cercanos— de la inteligencia». BORGES: «Bueno, escribió una gran novela…». BIOY: «Has de hablar de Vlady, porque de ningún libro de Estela Canto puede decirse que sea grande». BORGES: «Vlady afirma que una novela con personajes canallescos no es una gran novela. Bueno, no vas a negar que es más deseable para el autor, más difícil, y más interesante como creación, inventar personajes como Cristo o Sócrates que como Rodián Raskolnikov. Seguramente, uno hubiera preferido inventar a don Quijote antes que a Hamlet: don Quijote, don Quijote mil veces. Un loco, pero un ser querible». BIOY: «Es difícil inventar personajes queribles, no convencionales, que parezcan verdaderos, complejos y buenos, como el zapatero de Lament for a Maker». SILVINA: «Que sea difícil no niego. Lo que digo es que un libro no es mejor porque sus personajes sean…». BIOY: «Habría que contestarte así: lo más importante y misterioso que hay en el mundo es el hombre. Nos fascinan los cuentos, pero más nos fascinan las personas. Echar al mundo una persona inventada, que parezca verdadera, y que de buena ley sea querible parece la más alta tarea».

Borges cuenta la historia de Odoacro, rey de Italia, y de Teodorico el Grande: «Después de sitiarlo, Teodorico forzó a Odoacro a la paz y convinieron en reinar conjuntamente. Teodorico le ofreció un banquete. Cuando estaban en sus tronos, dos peticionantes se arrodillaron ante Odoacro y le tomaron las manos. Entonces se incorporó Teodorico y le clavó la espada. Odoacro exclamó: “¿Dónde está Dios?”. Y Teodorico, asombrado por la facilidad con que había penetrado la espada: “Ni huesos tiene este miserable”. Teodorico, que se proponía destruir a Roma, cuando la vio se propuso mantenerla. Quiero decir, comprendió lo que era la civilización y cambió el deber que se había fijado: mantenerla en lugar de destruirla».

Vuelve a contar la muerte de «Arni el Amargo». («¿Nadie se acuerda de Snorri Sturluson?»). Cuenta también: «En la Saga de Nial, un hombre trata de entrar en la casa que están sitiando; cae, herido de un lanzazo. “¿Está Gunnar en casa?”, preguntaron al herido. “Gunnar no sé, pero sí su lanza”, contestó con una última broma el moribundo».

BORGES: «Cuando Almanzor entró en Santiago arrasó con todo. Los pobladores huyeron. Encontró a un viejo monje sentado, frente al sepulcro de Santiago. “¿Qué haces aquí?”, preguntó el moro. “Velo por el Santo”, contestó el monje. Almanzor puso una guardia para que protegieran al monje y al sepulcro. Se llevó todas las campanas de Santiago e hizo, con el bronce, lámparas. Cuando Fernando III tomó Córdoba, llevó todas las lámparas a Santiago, las fundió y rehizo las campanas»[1381]. MARÍA ESTHER: «El bronce, varias veces fundido, da notas muy altas. Las de estas campanas resultan tan altas que, desde la época en que las ventanas llevan vidrios, no se echaron a repicar, porque estallarían todos los vidrios de Santiago». BORGES: «Ibn Battuta, el viajero, refiere su asombro, al oír, por vez primera, las campanas de una ciudad cristiana»[1382].

Planeamos, para después de su casamiento, un viaje a Europa, con ellos: España, Alemania (donde él asistirá a un congreso), Suiza, Inglaterra y Escocia. Cuando se vuelvan, Silvina y yo seguiremos por Italia y Francia. Partiríamos en julio. Viajaríamos en automóvil.

A la noche Borges me lleva a su cuarto y, sonriendo, mirando a lo lejos, como perdido en su dicha, me pregunta: «¿Te dijo algo Silvina?». BIOY: «No… Sí… En fin, que le parecía seguro». BORGES: «Ah, que le parecía nomás». BIOY: «No: ella está completamente segura». BORGES: «¿Te dio una fecha?». BIOY: «¿Por qué no le preguntamos a ella?». Vamos. BORGES: «¿Se habló de fechas?». SILVINA: «De fechas, no». BORGES: «Ah». SILVINA: «Bueno, se dijo: en mayo». La cara de Borges está radiante y pálida. Después oímos que baja la escalera, que golpea a la puerta de María Esther. Vuelve. BORGES: «Estoy como un chico. Les parecerá ridículo. A mi edad». BIOY: «Les dije». BORGES: «Es claro, muy bien. Así que ya saben; yo quiero que sea como con ustedes, se acuerdan, cuando fui a Las Flores. Bueno, lo han sabido antes que nadie. Primero Silvina, después Adolfito. Las cosas importantes está bien que se digan así, un poco chambonamente, confusamente». BIOY: «We must celebróte… Me gustaría celebrar esto con champagne[1383], pero no me atrevo». BORGES: «Los ritos me parecen muy bien. No los que no significan nada, como Año Nuevo; pero éstos, íntimos, para señalar hechos importantes para uno…». BIOY: «Además, nosotros no estamos acostumbrados a los ritos. No somos curas que dicen misa diariamente. Mantenemos nuestra frescura para los ritos».

Domingo, 23 de febrero. En Mar del Plata. Paso la mañana en la playa del Lobo de Mar, con Borges, María Esther, Silvina y mi hija Marta. Borges cita a Toumeur, uno de los dramaturgos anteriores a Shakespeare, «de buenos versos y argumento sin pies ni cabeza» que, para decir «abandonarse a un bewildering minute», escribe «ponerse entre los labios de un juez»[1384]. Borges propone, en cambio, in the hangman’s noose; pero piensa que el hangman’s noose es más insólito, para menos casos, que la decisión del juez. Dice, cambiando de tema, que es propio de escritores estar siempre empezando cosas (libros, novelas, lo que sea).

Refiere un viejo diálogo: Ama: «Venga para acá, José Caca». Esclavito: «Yo no me llamo José Caca, mi amita. Me llamo José Haedo». Silvina lo completa con el acostumbrado remate: «Bueno, José Caca, venga».

Durante el almuerzo nos visita Victoria, que indignada comenta que Planéte publicó dos artículos sobre Borges; uno en su contra, de Sabato; uno sobre la madre de Borges, de Bianco: “Yo había mandado uno que no se dignaron publicar todavía”. Después continúa: “En Europa, en los Estados Unidos, la propaganda es todo. Goytisolo, porque tiene una amiga en Gallimard —cherchez la femme— es un gran escritor en París… El que no hace propaganda está listo, olvidado, nadie lo conoce. ¿Mandaron los libros al Mercure? Yo les dije que lo hicieran. Yo expliqué allá quiénes eran ustedes. Pero si ustedes no colaboran no hay nada que hacer. Yo no me voy a matar para que les publiquen las cosas. Con ustedes no hay nada que hacer. Son comodones e indiferentes”.

Sobre Victoria dice BORGES: “Estos últimos días estarán aligerados por el lastre de su presencia”.

Lunes, 24 de febrero. En Mar del Plata. Fotografío a Borges y a María Esther, que parten esta noche. Al té, Borges descubre un argumento para nuestro libro: Un teólogo, un señor del siglo XVIII, dejó un poema en alejandrinos, donde prueba la existencia de Dios por la muchedumbre de bichos quemadores, de vinchucas, de mosquitos y de chinches. “Entre los autores de teodiceas menores, está Fulano, que escribió aquella extraordinaria prueba de la existencia de Dios”. Por cierto el crítico lo admira: “En el paraíso, tales pruebas son de mayores dimensiones, y permiten que la vista se deleite con los matices irisados de sus alas”.

María Esther lo ayudó a hacer la valija. BORGES: «Cuando la vi en esas tareas caseras casi lloré. Más que los diálogos de amor, que al fin y al cabo son casi iguales con cualquier mujer, me conmueve lo doméstico, lo que no sirve para la poesía. ¿Comprendés? Me sentía al borde de una larga costumbre, de un largo tedio, por qué no, que es la verdadera felicidad. “Porque, amigos míos, nada es tan hermoso como la dulce costumbre”, dice Cansinos, y tiene razón. Los poetas no cantan sino unos pocos temas: son muy estúpidos. Es como si no sintieran nada, como si no tuvieran imaginación».

Hablamos de la dureza de los chicos. BORGES: “Es claro, porque un chico no se pone en el lugar del otro. Ése debe de ser el origen de todas las crueldades. Toda crueldad ha de provenir de una falta de imaginación”.

BORGES: «Debo de ser anormal. Tengo fantasías perversas». BIOY: «Porque sos normal, tenés fantasías perversas. Si fueras anormal, tu conducta sería perversa y tus fantasías paradisíacas». Me confiesa que ahora se le presenta un problema un poco absurdo. BORGES: «No quiero decir una palabra contra Madre, pero…». Pero hay que ponerle el cascabel al gato: «Hay que decirle que voy a casarme con María Esther. Y Madre se ha puesto en contra de esta chica. Ultimamente notó que estoy más contento. Entonces interpretó así las cosas: “Estás más contento, porque no la ves”. No podía admitir que estuviera contento si la veía». BIOY: «Tenés que armarte de paciencia contra las salidas de tu madre; quítale importancia al casamiento. Al fin y al cabo, no sos una niña. Sos un hombre hecho y derecho. No te van a llevar, como se la llevaron a Norah. Vas a estar siempre ahí. Y si todo fuera un error —admití esto, para desarmarla en la conversación—, ¿qué importa? Ya se arreglará todo. Tenés que mostrarte animoso y de buen humor, como quien disipa truculencias imaginarias. No es para tanto, debe ser el lema».

Domingo, 1 de marzo. En Mar del Plata. Llama Julia Peyrou. Dice que Madame la mere ha tomado de mejor grado el asunto. Y que nuestro amigo dijo: “Dentro de un mes haré el anuncio de si me caso o no”. Este inesperado plazo me alarma.

Martes, 10 de marzo. En Mar del Plata. Una venganza de Borges. Augusto Bonardo, locutor de radio, entrometido, agresivo, muy pagado de sí, visitó a Borges en su escritorio de la Biblioteca, le explicó no sé qué situación y le pidió que le escribiera una carta de apoyo. Traía la carta escrita; el encabezamiento era Querido Bonardo o Querido amigo. Borges se negó a firmar una carta a Bonardo, escrita por Bonardo; accedió a dictar otra, encabezada: Estimado señor, o quizá Señor. Bonardo partió muy contento y por radio leyó una carta de Borges, encabezada Querido Bonardo o Querido amigo. Un tiempo después, cuando Borges se disponía a cruzar una calle, un individuo gesticulante y cordial se le ofrece, para ayudarlo. “Permítame, Maestro —dijo el individuo—. Soy Bonardo”. Borges sintió que la tentación lo dominaba y preguntó: “¿Bonardo? ¿Leyó el último libro de Mujica Lainez? ¿No? Es un libro sobre usted. Se titula Bonardo. Cómprelo. Está en todas las librerías: Bonardo”. Bonardo no habrá sabido qué pensar. ¿Borges estaría reblandecido? ¿O había algo hostil en lo que le dijo? ¿Hostil? ¿Cómo? ¿Por qué? Comenta Borges que una venganza así, inexplicable para la víctima, es la única admisible.

Lunes, 23 de marzo. En Mar del Plata. Llegan Borges y María Esther Vázquez. Todo sigue igual: ya debería tener el sí de la niña. No hay no, pero tampoco sí. A nosotros nos ve demasiado confiados y no nos habla, para no reconocer la deficiencia.

Dice de Alfonsina Storni: “Quizá yo sea bastante arbitrario. Pero era una mujer que se creía muy importante… Andaba en un grupo que no me gustaba: con Rojas Paz, Haydée Lange”.

Martes, 24 de marzo. En Mar del Plata. Dice María Esther: “Fui a Cordoba a hacer un examen de conciencia. No quería dejarme arrastrar por el ambiente agradable. Creo que las cosas favorables son más que las contrarias”. SILVINA (a Borges)». «Habría que fotografiarte rodeado de fotografías de María Esther. Imagino la publicación en Time, con the caption: “He sees her everywhere”». Sinceramente agrada el proyecto de esa fotografía a la dama. Fotografío a Borges y a María Esther[1385].

Borges cuenta que al principio de Salammbô unos mercenarios ven leones crucificados; hacia el final del libro, los crucifican a ellos. Ya en el martirio, uno pregunta a otro: «¿Te acuerdas de los leones?»[1386]. Dice que este recurso, de algo que aparece al principio de un relato y se retoma mucho después, es típico de las sagas. Cita el ejemplo de Gunnar de Hlitharendi, aquel que abofeteó a su mujer, y mucho después —muchos versos después en la Saga, tan llena de personajes y de sucesos—, le pidió a la mujer una trenza para armar su arco. «¿Te va en ello la vida?», preguntó la mujer. «Sí», contestó el hombre. «Entonces —respondió la mujer—, recuerda la bofetada aquélla». BORGES: «Flaubert era normando, descendiente de los vikings. ¿Habrá leído las sagas —en su tiempo se leían en Inglaterra, pero no mucho en Francia— o habrá redescubierto el procedimiento, por llevar la sangre que llevaba? Bueno, después de todo Hugo no era normando y pudo haber escrito algo así».

Opina que durará más el estilo de música popular en que hay armonía entre lo expresado en el canto y la música: «Este sistema nuevo de cantos melancólicos y música animosa tiene que agotarse pronto. Las milongas donde la misma música sirve para expresar cualquier cosa corresponden a una gran pobreza. Generalmente la música es superior a la letra, salvo en piezas excepcionales, verdaderas cumbres de la expresión literaria, como Flor de fango».

Dice que sueña antes de dormirse; que todavía despierto, o casi despierto, se aventura por sueños. BIOY: «A mí me ocurre lo mismo. A veces despierto y creo haber recordado algo muy lejano, que antes de examinar con la conciencia olvidé. Lo que olvidé no son recuerdos de hechos: son sueños».

Miércoles, 25 de marzo. En Mar del Plata. BORGES: «Norah dice que no recuerdo quién es encantador, porque cree en las hadas. Después asegura que ella cree en las hadas. Se ve que no cree; si creyera, diría: “Fulano es encantador; no cree en las hadas”. Nadie nos parece encantador por creer en las mesas y en las sillas; pero de alguien que no creyera en las mesas ni en las sillas, podría tal vez decirse que es encantador. Como decía Wilde: “Cuando uno convence a otro de una certidumbre empieza a perderla”».

Refiere el caso que le contaron en Austin, del estudiante de una universidad norteamericana, un muchacho de origen escocés, al que los profesores encargaron que viviera entre no sé qué indios de Norteamérica, estudiara la lengua y las costumbres. Así lo hizo el muchacho; llegó a ser aceptado por los indios, que «olvidaron el color de su cara» y lo iniciaron. Cuando volvió, los profesores le pidieron que escribiera el resultado de la investigación en una monografía. Demoró el joven el trabajo y por fin dijo que no podía escribir lo que le pedían; que había sido iniciado; que se había acercado a grandes secretos, y que no podía aprovechar esa experiencia para fines etnológicos y académicos, sin duda respetables pero que ahora le parecían frívolos[1387]. BIOY: «Esa historia le hubiera gustado a Jung». Comento con perplejidad las consultas de Jung, para resolver las situaciones difíciles que la vida le presentaba, con personajes de sus visiones: Elias, Salomé, Filemón. BORGES: «Habrá pensado que el libro salía grisáceo y que debía reanimarlo. Parece del siglo XVIII».

Por segunda vez (la primera fue la otra semana que pasaron aquí) van a la ruleta, ahora Borges con menos ánimo. Comenta sarcásticamente: «Mañana, si necesitás plata, pedime nomás». Agrega: «No, no quiero cedrón ni sedativo alguno; voy a la ruleta: necesito un excitante, para no dormirme». En un aparte le digo: «Corré para el mismo lado. A las mujeres les gusta esto. Tienen gustos diferentes a nosotros; son diferentes. Date por bien servido con que no te quiera llevar a boites».

De los hombres aficionados al juego, dice: «Son tontos y despreciables. A Ureña le escandalizaba que Victoria fuera a la ruleta. Explicaba: “Es muy conocida. No debe mostrarse en antros de vicio, porque todo lo que hace es ejemplar”. Victoria me mostró una peluca comprada en Londres, como las que usan los Beatles y, para mayor oprobio, pretendió que me la probara… Qué raro que se vendan estos objetos». BIOY: «Qué raro que se compren». BORGES: «¿Por qué la trajo?». BIOY: «Como un trofeo». BORGES: «Para mostrar que estuvo allá. El presente no interesa». BIOY: «Esta compra, ¿no será peor que la asistencia a la ruleta, que escandalizaba a Ureña?».

Habla cum odio de la Morte d’Arthur y de toda esa literatura: «Corresponde a esos momentos en que el poeta no cree en lo que escribe». Después habla de Arturo: «Un rey poderoso, cuya mujer lo engaña —una idea rara, admirable— y que murió diciendo que volvería cuando Bretaña lo necesitara, lo que no está mal». Refiere el sueño que Arturo tuvo antes de morir. «Parece un sueño verdadero», reconoce. Tal vez su aversión a estas leyendas no sea más fundada que la que durante años tuvo contra Chaucer. Y contra la Edad Media, «mundo que hoy me agrada», según sus palabras.

Cita unos versos de Meredith:

Love that so desires would fain keep her changeless;

Fain would Fling the net, and fain have her free[1388].

BORGES: «Son indefendibles, fácilmente declarables ridículos, que siempre me conmovieron».

Dice que Henry James a veces es tan ambiguo que no se entiende; a veces, burdo: «Las segundas ediciones no se consiguen. Sólo reimprimen hoy las primeras. Decidieron que son las buenas. Todo el trabajo que se dio James corrigiendo resulta inútil». Hablamos de la importancia de las situaciones como punto de partida de cuentos. BORGES: «Muchos cuentos de James no son otra cosa que situaciones. En “The Pupil” está la situación del maestro que no se atreve a preguntar cuánto le pagarán». BIOY: «Me parece legítimo expresar en un cuento una situación, si uno la siente con fuerza. La situación, menos argumental que la de “The Pupil”, de las primeras páginas de The Sea and the Jungle, de Tomlinson, me acompaña siempre en la vida, es una de las lecturas que más me conmovió: el relator llega a un puerto del Norte de Inglaterra en una noche muy lluviosa; se embarca en un carguero viejo; zarpan en medio de un mar tormentoso: la imagen que me impresionó tanto se reduce a tormenta y aventura afuera y una pequeña cabina que se siente como el hogar, el refugio».

BIOY: «¿Sabés que Melville no podía publicar nada sin que se lo corrigieran las hermanas?». BORGES (hamacándose en la silla y riéndose): «¿Es verdad? ¡Las hermanas! No tendrían ningún talento literario. Serían señoras como cualquiera, pero sabrían sintaxis y ortografía».

BIOY: «En el llamado cuestionario Proust preguntan a Beatriz Guido cuál es la reforma que prefiere. ¿Sabés que contesta? La reforma agraria»[1389]. BORGES: «Noche y día pensará en ella… No: ha de haber seguido una frase hecha: Correos y telégrafos. Reforma agraria». BIOY: «Qué disgusto le daríamos si escribiéramos una carta a La Nación protestando en defensa de la Reforma Universitaria». Es un olvido que Beatriz no se perdonaría fácilmente». Agrega que esa respuesta muestra un aspecto de Beatriz Guido que recuerda a Sabato. «Se parecen», concluye.

Dice que estaría bien hacer un pequeño diccionario de arcaísmos de Buenos Aires. Entre otros, mencionamos:

Es un compadre deshecho. Es un hombrecito hecho y derecho. BORGES: «Un hombrecito hecho y deshecho nunca se dijo».

Soponcio: desvanecimiento. Alguna vez, leído como insulto en algún gauchesco.

Se azotó a la lluvia, en el mar. Se largó a llover.

Rafalé: desarreglado. «Llegó lo más rafalé».

Garifo: presuntuoso.

Asquerosa que hace ascos, delicado.

Morrenda de negros: trifulca (frase de señoras).

El Pelado: Alvear; el Peludo: Yrigoyen[1390].

Encenderse en la fogata: asistir a un baile[1391] (frase de malevos, comunicada a Borges por un Piñero, suicida; no Sergio).

Don Yo de Córdoba[1392]: uno mismo. También: Menda o este cura. Borges no oyó nunca: «Don Yo de Córdoba». De Menda dice: «Caló gitano. Debe significar, simplemente, yo».

Cuenta que ha pensado escribir un cuento[1393] sobre un hombre duro y próspero que a través del tabique de un bar oye una conversación sobre las ideas platónicas. Es el primer razonamiento intelectual que oye después de muchos años de vida práctica, de modo que queda impresionado. Resuelve hacer un experimento: vuelve a Tierra del Fuego, donde tiene estancias y aserraderos; se hace traer una india; la embaraza; al hijo nacido lo aísla de todo contacto con la sociedad; el chico crece, recluido entre cuatro paredes, sin nunca haber visto nada; le ponen plastilina; con la plastilina hace objetos: un triángulo, una esfera, una rueda y algunos que son ideas platónicas de objetos que todavía en nuestros días no se conocen. El muchacho muere joven; lo encuentran muerto y con los objetos en plastilina, «esas ideas platónicas». El padre es un hombre del Norte de Europa, probablemente un escandinavo. También ha muerto. En los años del experimento encargó a un librero de Estocolmo las obras de Platón, en sueco, y algunos otros libros. Se encuentran los de Platón leídos a medias, unos con las hojas cortadas, otros no; y alguna Historia de la filosofía occidental, quizá la de Russell, muy leída. Comenta, finalmente: «Qué difícil escribir cuentos como los de Voltaire. Si las ocurrencias no son buenas, no queda nada».

Dijo muchas veces que para él prefería la pena de muerte que la cárcel. Quise saber su opinión sobre el grado de culpabilidad de Ruby, matador del presunto matador del presidente Kennedy. No logro sacarlo de: «Es mejor que lo maten y que lo salven de esos horrores de la cárcel». (Mejoren el sentido de más indulgente).

BORGES: «No sé quién observó que sentimos rubor de repetir un aserto o anécdota ante alguien que nos oyó formular lo mismo. ¿Y un viejo amigo entonces? Cien veces nos oyó decir las mismas cosas: las prevé puntualmente… Vos y yo con alguna curiosidad nos preguntamos en el curso de la conversación, ¿y ahora cuál de nosotros dirá lo de…? En esos momentos no parece uno un hombre, sino un autómata que a unas palabras responde con otras». BIOY: «Responde enfáticamente, eso es lo raro, con alegría y buen ánimo».

Me dice que nuestra primera conversación fue sobre Vicente Rossi y que todo un año almorzamos o comimos frecuentemente en el Baiardino. Cuando le recuerdo mi versión de nuestra primera conversación —en la que yo afirmaba que prefería a Azorín, a Miró, a Joyce, a Pedro Juan Vignale—, comenta: «Tenía razón mi padre cuando decía que nuestros recuerdos son de la última vez que los contamos… Qué raro es todo: quién iba a decir que empezando con tales diferencias llegaríamos después a estar de acuerdo en tantas cosas». Le cuento que un día, en mi casa de la avenida Quintana, después de comunicarme «La suave patria» me dijo que él era hombre de armas, gran tirador y gran jinete. No le conozco otro embuste.

Apresan a guerrilleros nacionalistas de izquierda, seguidores de Mao Tse-Tung. El general Alsogaray, jefe de la Gendarmería, explica: «Se declaran nacionalistas… Como nacionalistas imagino que desearán lo mejor para el país». BORGES: «Lo que podría haber dicho es: “Como nacionalistas desearán lo peor a los otros países”. Porque hay una idea de agresividad en el nacionalismo».

Me pregunta ansiosamente: «¿Parezco enfermo?», como si no recibiera noticias directas de su cuerpo. En el baño se estiraba, se contraía, se contoneaba en el agua caliente y de vez en cuando se jabonaba la nuca.

Por la tarde, en casa de Victoria, diciéndole: «¿Viste este retrato de familia?», le señalé una fotografía del pandit Nehru; rió mucho. Por la noche, creyendo que podía hacerlo, censuró a Victoria ante Silvina (ésta la había censurado; pero no acepta que otros lo hagan). Silvina lo acusó de ser cruel con la gente que no quiere ni estima; y de no respetar las relaciones humanas (el amor fraternal herido). Reconoció Borges que para él la gente que no contaba, no existía o existía como objetos incómodos, como baúles interpuestos en el camino. Admitió su error; pero agregó que para él era un consuelo saber que no había tratado mejor a celebridades, primeros ministros ni presidentes: «La excepción fue Lonardi, pero lo visité en el momento de la victoria y en ese momento sentí que era como saludar a la bandera argentina. Después, casi al día siguiente, desapareció de mi estima». Silvina, ruborizada por la ira, acometía. A modo de defensa, algo patéticamente Borges dijo: «Yo creo que hay mucha gente que me quiere bien». SILVINA: «Eso no prueba nada». Agregó algo en el sentido de que a uno no lo quieren porque sea bueno, o de que uno no quiere a una persona porque sea buena. Yo dije a Borges que su indulgencia con Margarita Bunge me asombraba: «Yo muchas veces perdono más que vos o me ofendo menos, pero si Margarita Bunge me hubiera calumniado como te calumnió, no la perdonaría. No sólo la perdonás, sino que la recomendás para que le den un puesto». BORGES: «Mi indulgencia con Margarita no es sino indiferencia: no quiero imaginarla ni recordarla. Nada que haga puede llegarme». Desde luego que en eso de recomendarla hay un poco de inconciencia, de infinito escepticismo por la función pública. A lo largo de la discusión, María Esther se mostró más inteligente que Silvina, que estaba de color púrpura y de ánimo empedernido: todo porque Borges dijo no sé qué irrespetuoso de Victoria. No bien llegó esta señora, los comensales tuvimos el alma en la boca y, aterrados, nos apresurábamos a batir palmas y confirmar: «Así es, así es». «Como Aita —opinó después Borges—, she looks back in anger[1394]. Se manifestaba francamente desilusionada de instituciones. ¿Qué podía esperar?».

Domingo, 29 de marzo. En Mar del Plata. Enumeramos títulos, que Borges comenta. De Larreta: «Zogoibi». («Entre comillas. Prueba de coraje»); La gloria de Don Ramiro («Don: un poco absurdo, entre nosotros. De don, además»). De Mallea: Chaves («No recordó Gath & Chaves»); Nocturno europeo («¿Cuál es el sustantivo?»); La ciudad junto al río inmóvil («No está nada mal. Cuando le preguntaron a Mallea cómo encontró un título tan lindo, modestamente contestó: “Tuve suerte”»); Simbad («No está mal, aunque se nota demasiado que proviene de Ulysses»). De Lugones: Los crepúsculos del jardín («No está mal»); Las montañas del oro («No está bien»). De Wilde: El retrato de Dorian Gray («No está mal»). De Conan Doyle: A Study in Scarlet («Parece de Wilde. No está mal»); La marca de los cuatro («No está mal»). De Chesterton: «La ensalada del coronel Cray». («No demasiado bien, pero estimula la lectura»); «El jardín de humo». («No está mal, pero un poco excesivo»). De Hesse: El juego de abalorios (BORGES: «Están mal los abalorios». BIOY: «Se entiende que se trata de un símbolo. Está bien»); El viaje a Oriente («Está bien»).

Por la noche, en medio de la comida, se levantó y dijo un discurso, un ceremonioso y noble discurso. Después pidió a Marta que hablara: Marta contestó: «Para esto no existo», y se metió debajo de la mesa. Alguna palabra pronunció cada cual. Las mías fueron: «Éste…, este…» y poco más. Con champagne brindamos por el amor, la boda, la felicidad, la amistad, la literatura y aun un próximo viaje que según decimos emprenderemos este año por Europa. Yo pensé luego, mientras orinaba: «Es como si dentro de catorce años yo empezara. Oiga esto yo, que me siento tan crepuscular».

Antes de ir a dormir, aparece en mi cuarto y me consulta. BORGES: «No sé si afeitarme mañana… Total, cuando llegue a Buenos Aires ya voy a tener barba». BIOY: «Vos no te afeitás para Buenos Aires. Te afeitás para María Esther». BORGES: «¿Cómo? ¿Vos creés que esas cosas le importan? Ni lo notará». BIOY: «Esas cosas le importan y las nota, podés estar seguro. De cuidar esos detalles depende nuestra suerte en la vida con las mujeres». BORGES: «Tenés razón: a veces, cuando me afeité mal, me toca la cara y me dice que me afeité mal. Cuando voy a la peluquería, lo descubre. Sí, nosotros no nos fijamos en esos detalles. Las mujeres, sí. En las novelas de mujeres, como las de Virginia Woolf, está descrito todo, el papel de los cuartos, los objetos. Las mujeres observan que tales personas viven entre objetos horribles. Uno no sabe cómo están amuebladas las casas de los amigos». BIOY: «¿Qué hacés?». BORGES (hurgando con las manos, por detrás, pantalones adentro): «Nada: veo si no me olvidé los calzoncillos. Esta mañana, siguiendo la costumbre de vestirme para la playa, me puse el traje de baño».

Lunes, 30 de marzo. En Mar del Plata. María Esther y Borges regresan a Buenos Aires. Dijo Borges que a Reyes, en la juventud, la vida de México se le hacía difícil por el apellido; su padre, el general Bernardo Reyes, había apoyado a Porfirio Díaz. Entonces, con Martínez, se fue a España, donde era sólo un americano. Lo ayudaron. Quedó siempre agradecido y respetuoso. BORGES: «Un día me comentó que el artículo de Ortega sobre Goethe le parecía injusto: Weimar no podía compararse a un pueblito de provincia de España, y por eso lo de un casi caballero, etcétera, resultaba inapropiado. Reyes me dijo una vez que tenía ganas de contestarle a Ortega, porque Ortega había atacado a Goethe, pero que ¿quién era él para polemizar con Ortega[1395]? Podía hacerlo sin riesgo, porque defender a Goethe no es difícil, porque hay toda una superstición en su favor… Yo le aseguré que él era mucho mejor escritor, que cualquiera que leyera una polémica entre ambos lo notaría. Ortega tiene mal gusto, abunda en cursilería. “Bueno, no —repuso Reyes—: es el estilo galano.”».

Un viajero contó a Borges que en la entrada de Puebla (México) había un arco, con la inscripción:

Bienvenidos a Puebla.

No somos como dicen.

Martes, 14 de abril. En Buenos Aires. Come en casa Borges. BORGES: «La admiración actual por los escritores tiene que pasar. Quiero decir, que no puede seguir este error de que se tome a los escritores por la gente más inteligente del mundo, más importante de la Historia… Estoy harto de dar charlas sobre Shakespeare. Después de las conferencias le tengo rabia. Puesto a pensar en él encuentro infinidad de méritos; después de exaltar esos méritos le guardo rencor, como si le achacara el haberme obligado a mentir».

Hablando de críticos de Shakespeare, dice que Hazlitt se limitaba a repetir de un modo claro lo que había dicho Coleridge; menciona como críticos de Shakespeare a Coleridge y a Bradley[1396].

Jueves, 16 de abril. Come en casa Borges. Cuenta un argumento para cuento[1397]. El ambiente es el de un mítico Avellaneda del siglo pasado: una suerte de Morón de los Dabove y del siglo XIX. Una mujer que tiene «la desgracia» de algún rasgo evidente que la distingue —pelo colorado, por ejemplo—; por otro lado, hay dos hermanos muy unidos. Trabajan con carretas o algo así. Uno de ellos llega a ser el amante de la pelirroja; el otro la desea. El amante (el mayor) para que nada los separe resuelve que la compartan. De todos modos, como ella tiene preferencia por su hombre, subsisten motivos de disgustos. Para acabar con ellos, el hermano mayor la vende al prostíbulo. Secretamente, ambos la visitan, con lo que la situación se mantiene: el hermano menor podría pensar que el mayor es más favorecido que él. Los hermanos emprenden un viaje. El mayor da un pretexto para que el menor entre en el vehículo (carro o carreta). Ahí está el cadáver de la mujer. «Ya nada nos separará, hermano», dice el asesino. El menor comprende que no puede seguir junto a su hermano: ve en el otro un monstruo, lo que hizo para que siguieran unidos los separa definitivamente.

Me regala el cuento: «Deberías escribirlo vos. Lo vas a escribir mejor que yo. Yo no lo veo del todo… y quién sabe si lo escribiré algún día».

BORGES: «¿Cómo sería un diálogo con Virgilio? Daría por sobreentendidas tantas alusiones misteriosas para uno, que no sería fácil entendernos con él. Ni con Homero, ni con Hesíodo. Ni con el mismo Shakespeare. En cambio con escritores del siglo XVIII ya no habría dificultad. ¿José Hernández nos parecería un señor español? No creo. San Martín, probablemente. Nosotros mismos no hablamos como hablábamos hace treinta años». BIOY: «Yo no digo paraísos. Estoy seguro de haber dicho paraísos (de los árboles, no del lugar, se entiende). Y por cierto no digo país ni maíz. La gente de la generación de mi padre lo dice aún así».

Cuenta que Mallea, enamorado, habría ofrecido a su amante no escribir más. BORGES: «Lo que sería un gran bien para la literatura».

De Alicia Jurado no habla con amor. Le cuento, a mi vez: «A mí me ha dado un manuscrito suyo, que se supone debo leer. Gente inocente de literatura no comprendería así nomás mi absoluta falta de curiosidad al respecto. El manuscrito de una autora que no juzgo del todo negada, ¿por qué no deparará la agradable sorpresa de ser la obra maestra ignorada o por lo menos de abundar en méritos refulgentes como diamantes? Pues bien: sólo espero tedio, el esfuerzo de llevarme de algún modo páginas traviesa hasta el final, para de algún modo matizar la palabra que todo autor aguarda: “¡Admirable!”. No puedo esquivar el golpe porque el libraco está dedicado a mí[1398]. Encima, debo callar en casa, ante Silvina, esta lectura; si no, tengo que oír: “Y yo, atragantada de manuscritos que no leés”, etcétera».

Su madre le recriminó: «Vos estás cada día más loco. Primero el anglosajón; ahora el dentista». Lo más extraordinario de la frase es que se ajusta a la verdad. Borges confiesa que, desde que él fue al dentista, en todo momento se sorprende catequizando al interlocutor para que vaya a sacarse alguna muela. Habla a todos de las extracciones, del dentista, que es barato y rápido, etcétera. «Sólo seré capaz de obsesiones», comenta. Encontró a Milleret con la cara hinchada y dolor de muelas. Allá lo llevó. «No va a poder sacarla —dijo el coronel—. Estoy con una postemilla». «No sé por qué quiere guardar su infección. Esas ideas son anticuadas. Le dolerá un poco la inyección de la anestesia». «A mí —dijo Milleret, que peleó en Francia con la Resistencia— me operó sin anestesia la Gestapo». Borges tuvo la satisfacción de descubrir que el bravucón, el miles gloriosus, no era cobarde. «En las sagas —observa— los héroes se jactaban de su coraje. Yo estuve a punto de sentir envidia por Milleret… Bueno, no tanto».

Domingo, 26 de abril. Come en casa Borges. Leemos piezas de teatro para el concurso de La Nación, del que somos jurados[1399]. BORGES: «Cómo se aborrece uno cuando dice muchas conferencias. Te sorprendés en frases como: “En mi opinión…, cabría, quizá, señalar…”. Sentís la falsedad íntima de las cosas». De su éxito en una conferencia que dio los otros días comenta: «Me felicitaron por la memoria».

Cita a Schopenhauer: «Tener cualquier cosa no es la felicidad, pero no tenerla puede ser la desdicha».

Lunes, 27 de abril. Hablamos sobre la sexta Oda de Juvenal y la traducción, o paráfrasis, de Quevedo («Riesgos del matrimonio en los ruines casados»). Elogia Borges:

¿Cuándo insolencia tal hubo en Sodoma,

que en viendo al claro emperador dormido,

cuyo poder el mundo rige y doma,

la emperatriz, tomando otro vestido,

se fuese a la caliente mancebía,

con el nombre y el hábito fingido?

[…]

El precio infame y vil regateaba,

hasta que el taita de las hienas brutas

a recoger el címbalo tocaba.

[…]

Hecho había arrepentir a más de ciento,

cuando cansada se iba, más no harta,

del adúltero y sucio movimiento.

BORGES: «Taita: rufián». BIOY: «¿La palabra entró aquí hace mucho y se mantuvo intacta?». BORGES: «Así parece». BIOY: «Una suerte de Tatita, Padrecito. Los mexicanos dicen padrote». BORGES: «Atila significa padrecito». BIOY: «Así como bacán pasó a significar hombre rico y elegante, taita pasó de rufián a significar hombre de autoridad y prestigio». BORGES: «Lo que demuestra que se descuenta que los rufianes prosperan». BIOY: «Brutas: creo que debe entenderse putas. La rima en utas, en ese contexto, no será casual. No creo que Quevedo se distrajera en esa materia».

Martes, 28 de abril. Hablo con Borges. Cita a Nietzsche: «Pensar que Shakespeare es una de las cumbres de la inteligencia humana supone una opinión muy escéptica sobre esas cumbres. Estoy seguro de que Shakespeare, sonriendo, convendría conmigo».

Cuenta que en el Nibelungenlied así se comunica la muerte de Sigfrido: «Entre las flores cayó el hombre de Kriemhild»[1400]. De Odín muriente también se dice: la alegría de Fulana. Observa Borges que la fórmula inversa no se usa ni sería patética. En el mundo de esos textos las mujeres son de algún hombre; los héroes y los dioses parecen tan libres y poderosos, que resulta patético nombrarlos como el hombre de tal mujer.

Viernes, 1.º de mayo. Come en casa Borges. Escribimos la contratapa para Seis problemas. No es fácil entrar en seguida en un trabajo nuevo. BORGES: «Shaw juzga tonto a Marlowe». BIOY: «Como dramaturgo, tal vez; no como poeta». BORGES: «A los poetas no hay que juzgarlos por las ideas. No es tonto quien escribió:

Was this the face that launched a thousand ships

And burnt the topless towers of Ilium?

Sweet Helen, make me immortal with a kiss[1401]».

Pregunta si

the face that launched a thousand ships

the face that launched a thousand ships

es una metáfora. BIOY: «Yo creo que es un tropo». BORGES: «Algo como la parte por el todo. Yo no sé por qué le gustaba tanto a Unamuno “make me immortal with a kiss[1402]. ¿Cómo han de considerarse esas frases? Seguramente como intelecciones para ponderar la belleza de Helena».

BIOY: «Tal vez Marlowe no fuera capaz de armar un argumento como el de Macbeth. Rara vez Shakespeare fue capaz…». BORGES: «Ni de crear personajes como Hamlet: una suerte de dandy intelectual, un francés, Néstor Ibarra. Pero el personaje ya existiría». BIOY: «Desde luego. En cuanto a las postergaciones, recordá al crítico norteamericano: si no había postergaciones, no había pieza». BORGES: «Prefiero Macbeth a Hamlet, porque hay mayor cohesión. Hamlet es un intruso un tanto sorprendente en el drama que le tocó. Macbeth y Lady Macbeth son armónicos con su pieza: desde el principio ves brujas, y las aceptás. En Hamlet te hablan de un fantasma en el que no cree nadie, y vos tampoco. Los escandinavos preparaban mejor las cosas: “¿La vida te va en ello? Recuerda entonces aquella bofetada que me diste una vez, y muere”. Quizá en King Lear hay algo, al morir». BIOY: «Y la creencia de que todos los males vienen por tener hijas»[1403]. BORGES: «Sí, cuando pregunta: “¿A tal extremo lo llevaron sus hijas?”, de alguien que tal vez no las tuviera. Pero tan obsesionado está que imagina que sólo por las hijas llega el mal». BIOY: «Se ve que estaba metido en su personaje».

BORGES: «Madre me dijo que si no fuera por Padre, ella sería una señora totalmente banal. Hay que ver lo que es mi familia materna. Se asombraban porque mi abuela Haslam —que era protestante— leía la Biblia. Ellos eran católicos y no la habían leído. Creían que los protestantes eran judíos, o ateos, o que creían en el diablo. Bueno, eso no es tan raro. ¿Te acordás de la señora que encontró en el velorio de su madre a una judía, amiga de su hermano? Le preguntó: “¿Por qué no se pone a rezar a un chancho?”. Creía que los judíos adoran a un chancho y en el símbolo de la Torah creía ver las orejas de un chancho. Qué estúpida». BIOY: «Tu madre me dijo una vez que el destino es muy raro, que a ella le había tocado vivir con tres locos y que por nada los cambiaría por cuerdos».

Cuenta que un tal Zambonini, que les tenía rabia a los del barrio de La Boca, una noche fue allá y se presentó en un café donde tocaba una orquesta típica. Se puso a jugar con el revólver y durante cuatro horas seguidas obligó a la orquesta a tocar ininterrumpidamente La clavada, tango que él había compuesto.

Martes, 5 de mayo. Come en casa Borges. Buen comienzo del cuento de Loomis, con idea de Borges[1404].

A María Esther le hizo creer que no habíamos llegado, porque le molestaba la ficción, ante nosotros, que ella quería imponerle: que seguían de novios. Peyrou dijo a María Esther: «Los Bioy están aquí desde hace dos semanas». María Esther llamó a Silvina, que no contestó precisiones. Comenta BORGES: «The cat is out of the bag. Lo peor que yo podría hacer es hablarle del asunto. Sería mostrar la hilacha». Y al ratito: «Yo le hablo. Aunque sea una idiotez. Out with it». Parecía a punto de llorar. Volvió del teléfono contento. Ella no había dado ninguna importancia, comprendía muy bien las cosas. BORGES: «Sabe que si me hace un reproche, yo puedo hacerle otro más grave. Al fin y al cabo si buscamos culpas, ella tiene la mayor». Al rato quería cavilar y afligirse.

Antes de irse dijo que, cuando podemos serlo impunemente, somos crueles: con la persona enamorada de nosotros, con nuestros padres y con nuestros hermanos.

Martes, 12 de mayo. Come en casa Borges. Concluimos el cuento de Loomis. No he podido atenuar una broma sobre Don Segundo, que apenará a Adelina.

En el número de L’Herne sobre Borges afirma Ibarra que Borges dijo alguna vez: «un italiano antropomorfo»[1405]. BORGES: «Nunca dije eso. Dije: “Un español antropomorfo”. No sé por qué, pero me parece que la frase queda mejor con español y pierde la gracia con italiano».

Miércoles, 27 de mayo. Come en casa Borges. Me cuenta: «El que parece que está tristísimo es Pedro Miguel [Obligado]. Imagínate: algo se le alcanzará sobre la poesía que escribe. Queda como un poeta para maestras. Capdevila también, pero está salvado por su mayor talento, por la conciencia de haber escrito algunas cosas excelentes, por su gran curiosidad intelectual, por su oficio que le permite resolver todo bastante bien. Además, la familia de Capdevila es de clase media: para él ser un poeta cursi, bueno, es casi lo que corresponde. Pero el otro, de una gran familia, con estancieros y un antepasado más o menos ilustre en las letras[1406]… Quedar como un poeta cursi, él, que se había tenido por exquisito… Además, y sobre todo, estará la vejez».

Leemos un poema de una tal Garay, en el suplemento de La Nación:

Un hombre puede ser un rio de ciruelas lujurioso […]

Un hombre puede ser un árbol de luciérnagas

que se invade a sí mismo. […]

Hervidero de miel…

Una cesta de luces […].

Un hombre puede ser un llanto repartido.

Moledor de su grito […].

Un hombre puede ser

una isla a la altura de su ruego […]

[que] quema su voz en voces de paloma

y alzando en barrilete sus heridas

hace blanco en el cielo[1407].

BIOY: «Llegará un día en que toda metáfora parecerá ridícula». BORGES: «Sí. Muestra la retórica. Interpone una frialdad». Cree que este poema es una serie de asociaciones de palabras sin sentido. BIOY: «No tiene esa libertad la autora. Su poema es una transcripción de pensamientos trillados a lo que ella entiende por estilo poético moderno. Un hervidero de miel es la incómoda traducción de una ardiente dulzura». BORGES: «Una ardiente dulzura es mucho mejor». BIOY: «Pero ella no lo sabe. No distingue la belleza de la fealdad. No es tan sutil. Procura traducir sus pensamientos en imágenes, con términos concretos, cuanto más audaces mejor. En medio de su ingenuidad hay una astucia. No ignora que si mandara el poema en la versión original de su mente, no lo publicarían. Ella misma sabría que es una idiotez». BORGES: «Así que vos creés que quiere decir algo». BIOY: «Estoy seguro. Es una traducción de algo, no de otro idioma ni de otro autor». BORGES: «Poemas por transposición de simple por abstruso y concreto».

Elogia un poema de Goethe sobre la luna:

Füllest wieder Busch und Tal

Still mit Nebelglanz[1408].

Miércoles, 3 de junio. Come en casa Borges. De su viaje por las provincias comenta: «La gente muy simpática y hospitalaria. Catamarca y Jujuy me gustaron mucho. Salta es demasiado self-conscious: la gente pagada de sí, el paisaje con algo de decoración de utilería. Además, hay demasiados árboles genealógicos. A un Aráoz Anzoátegui, nacionalista, que me regaló su árbol genealógico, le aseguré que yo no tenía ascendientes ilustres —lo que indignó a Madre, cuando se lo conté— y que en cambio me afligía un ascendiente, primo hermano del tirano Rosas, lo que era como ser pariente de Cuitiño o de Perón. “Ah, usted no es resista”, contestó. “No, soy persona decente —le dije—. Pero mire, si indagáramos bastante por lo desconocido y olvidado, todos descubriríamos algún criminal en la familia: todos descendemos de Caín”. Lo jodí, porque dije de mí lo que a él le hubiera gustado decir de él —que tenía parentesco con Rosas— y lo dije sin vanidad, con reprobación. Me contaron muchos cuentos de Juan Carlos Dávalos. La intención era mostrarlo simpático y lo dejaban como un hombre aborrecible. Debió de ser un bruto. Me encontré con la usual queja contra Buenos Aires. Les expliqué: “Siempre las grandes ciudades producen literatura. Acuérdense de Roma. Los provincianos bajan a la ciudad y se inspiran. En Buenos Aires buscamos la inspiración en Europa”. También les dije: “Pónganse cómodos. Háblenme en diaguita o en quechua. ¿Por qué se resignan al español, mero cocoliche del latín? ¿Qué quipu están por publicar? Imagino que no caerán ustedes en el nacionalismo, doctrina foránea inventada por el escocés Carlyle”».

BORGES: «Guillermo estaba furioso porque Madre le dijo que en las provincias me habían recibido bien. Bueno, allá la vida es monótona, nada pasa y cuando llega cualquiera van a recibirlo. Cuando le conté que Fulano me acompañó al aeropuerto y me regaló una botella de aguardiente y un dulce de membrillo, airadamente replicó que el aguardiente bueno era de otra provincia y que el buen dulce de membrillo era el casero. “¿Por qué no te dio dulce de membrillo casero?”. “No sé y tampoco puedo preguntárselo a él… Me regaló éste y se lo agradecí”. Me preguntó si había visto a no sé quién, “un chico muy listo”. Vi a mucha gente, tanta que no recuerdo a toda… Tampoco trataba de recordarla, porque no podía menos que pensar que nos veríamos dos días y nunca más. No por menosprecio, me entendés, sino porque así son las cosas, porque de todos modos los olvidaría y más vale no oponerse al sentido de la realidad. Él se jacta de conocer a mucha gente. Un conocimiento que no le sirve de nada: esa gente invita a otros, premia a otros». BIOY: «No es encantador». BORGES: «Es un despechado. En la mesa no le hablan, no le contestan. Madre le muestra el número de L’Herne. Guillerno señala el dibujo de Miguel Ocampo y se burla. Busca un defecto, y así triunfa. Los dibujos de Miguel Ocampo deberían gustarle. Madre le dice: “No puede ser crítico de pintura quien no sabe pintar”. Como lo de Shaw: “El que sabe, hace. El que no sabe, enseña”»[1409].

De su noviazgo: «Los días con esta muchacha me hacen pensar que no hay nada más agradable que la vida cotidiana con una mujer. Fijate: aquí la intimidad no era completa. Si lo hubiera sido, sería mejor aún. El amor con esta muchacha bien puede llevarme al casamiento con otra».

Domingo, 7 de junio. Come en casa Borges. Dice que está enamorado; un síntoma: basta que se la nombren para sentirse desdichado; que el agrado de Esthercita Zemborain es que no le habla de María Esther; habla de cómo le gustaría quedarse con ella. Concluye: «Una manera de querer muy distinta a la de Donne:

Rob me, but bind me not and let me go.

Rob me, but bind me not and let me go.

Ésta es una manera de sentir muy intelectual. Parece de Shaw, de Man and Superman. No española, ni argentina». BIOY: “No me parece tan rara… Yo siempre he sentido así. No lo digo con jactancia. Pienso que habré raté el verdadero amor, que nunca me habré enamorado del todo. Por alguna deficiencia mía será…”. BORGES: “Es la manera criolla”. BIOY: “No supone un gran respeto por las mujeres. Uno las toma como pasatiempo, no más”.

Volvemos a Donne. BORGES: “¡Estos versos monosilábicos de los ingleses! No son anglosajones. Quizá provengan de influencia danesa, o quizá de la haraganería de los ingleses. O quizá no sea cuestión de idioma, sino de literatura: a lo mejor a los poetas anglosajones no se les había ocurrido que ese efecto…”. BIOY: “…de martillo…”. BORGES: “…de los monosílabos en una línea, pudiera ser agradable. Las metáforas en Donne son mejores que en Shakespeare. Donne veía a Shakespeare como un poeta dulzón y de mal gusto. Qué raro que Johnson no advirtiera la diferencia entre Donne y los demás metaphysical poets, todos pésimos. Bueno, Johnson sería un hombre muy inteligente, poco dado a la poesía. Además le tocó vivir en una época en que las alegorías se tomaban en serio”.

Le leo piezas de teatro para el concurso, luchando contra el sueño, el tedio y el cansancio. Cuando llego a un número impar que me parece adecuado —65, por ejemplo— digo: “Bueno. Por hoy basta”. BORGES: “Una más”. BIOY: “Pero si estás durmiendo”. BORGES: “Es que si interrumpís el murmullo de la lectura voy a despertarme”. Es como leer ante un busto de Borges esculpido por el sueño. BORGES: “Estas lecturas permiten la comprobación de una verdad en que no creía. El tedio es hipnótico”. BIOY: “El nivel de estas piezas es aún inferior al de los poemas del año pasado”. BORGES: “Un aspecto que las vuelve peores es que son actuales, que nos ocurren ahora y que todo tiempo pasado fue mejor. Lo que no se puede negar es que estos autores no están contaminados por ninguna escuela literaria. Ni siquiera son modernos. No, entre los poemas los había memorables”. Recita:

El soldado que había muerto en Normandía.

El soldado que había muerto en Normandía.

BORGES: “Cuidado: en cualquier momento asoma la convicción, atribuida a Pedro Miguel [Obligado]: ¿para qué seguir escribiendo? No hay que leer la propia obra. Hay que escribir; inventar, sobre todo; publicar, para que otros lean: leídas y comentadas por otros se vuelven creíbles las propias obras. Para el afianzamiento de la obra por lecturas, considerá a los clásicos. ¿Qué otro mérito señalarás en Ruiz de Alarcón o en Moreto?”.

Lunes, 8 de junio. Come en casa Borges. Dice: “Una vez decidimos que tal autor es malo. Como no nos pasamos la vida releyendo, mantenemos el error. Muchas veces somos injustos”.

Martes, 9 de junio. Borges está dando clase en la Facultad. Entran cuatro muchachotes muy altos, con aspecto de matones y gritan: “La clase se suspende en homenaje a los guerrilleros torturados y fusilados en Salta”. Borges les dice: “La clase no se suspende. Aquí hay mujeres: si ustedes quieren vamos a hablar afuera”. Algunos estudiantes sacan a los intrusos, que amenazadoramente aseguran: “Volveremos”. Borges da su clase. Después, al salir, ve que hay grupos de muchachones hostiles. Borges pasa dos veces, lentamente, junto a los grupos. Va a ver al rector, José Luis Romero, que le pide disculpas y le da explicaciones: “La Universidad es un potro. No sé qué hacer con estos muchachos”. A una muchacha los revoltosos la empujaron y asustaron. Borges le dijo: “Salga conmigo”. Salieron juntos y nadie los molestó. Salvo Eilhard Schlesinger, profesor de Griego, los demás profesores suspendieron las clases. Algunos las retomaron en Verbum, la librería de Vázquez, o en cafés.

A Pucciarelli, profesor de Filosofía, que “para evitar escándalos, que sólo pueden perjudicar a la Universidad”, dictó la clase en un bar o en una librería, una alumna lo interpeló: “Si está en contra de la huelga, ¿por qué suspende la clase y se sale de la Facultad? Si está a favor ¿por qué reanuda la clase?”.

Borges me dice: “Vos sabés que la ira no es una de mis pasiones… Desgraciadamente casi siempre me entristezco y no sé enojarme. Hoy estaba furioso”.

Miércoles, 10 de junio. Come en casa Borges. Salió en La Nación un suelto en que dice que “habían intentado agredir al profesor Borges, que intentó proseguir la clase”. BORGES: «Alguien se enamoró del verbo intentar. No intentaron agredirme y yo no intenté seguir con la clase: seguí. La noticia ha de haber sido informada con mala intención por el mismo Romero. Después de darme explicaciones, publicó un comunicado en que justifica a los revoltosos. No sé cómo no se da cuenta de que él mismo queda en ridículo. ¿Qué autoridad tiene? ¿Qué rector es ése? No se da cuenta de nada. Recuerdo una vez que desde un palco le gritaba, con su fonética anómala, casi catalana, a Dell’Oro Maini: “¡Te querés quedar pero te vas a ir!”».

Jueves, 11 de junio. Salió en La Nación, en una sección titulada En pocas líneas, una rectificación del suelto de la víspera, por Borges. BORGES: “Así anda el país. Con un rector así. Con un gobierno como el que tenemos”. Dice que lo mejor del episodio, “un verdadero regalo del Universo”, fue el llamado de Guillermo, que lo retó por su conducta: “Jorge” —le dijo—. Hiciste mal. Tú debiste suspender la clase y retirarte dignamente…». BORGES: «Generalmente para ese verbo no se emplea ese adverbio. Si querés un oxímoron, ¿por qué simplemente no decís que debí huir dignamente?». Guillermo (que no oyó la respuesta). «Ahora te tildan de reaccionario». BORGES: «A mucha honra». Guillermo: «Que ahora te tildan de reaccionario». Etcétera.

BORGES: «Lo de los estudiantes muertos es mentira. No se sabe cómo murieron: si fusilados por sus camaradas o en acción. En todo caso no murieron por estudiantes sino por guerrilleros. Hay gente que tiene esa idea absurda de que hay profesiones que son como un salvoconducto. Wally decía: “¿Cómo? ¿Van a detener a un escritor? ¿No hay respeto?”. En el fondo estará la idea de que los escritores son irresponsables y que no merecen castigo. Algo así como los locos sagrados de la Edad Media. La gente tiene un matete en la cabeza. Esos muertos, si los hubo, murieron tanto como estudiantes como si hubieran cruzado la calle y los matara un automóvil. Murieron quizá como guerrilleros, quizá como traidores. Menos como estudiantes que como políticos, que como seres humanos, que como mamíferos, que como vertebrados».

Sábado, 13 de junio. Por motivos de Estado, de pudor, de buen gusto, la declaración de Borges a La Nación, sobre la irrupción de los estudiantes comunistas en la clase es muy sucinta. «Si fuera enfática, me mostraría como un miles gloriosus», comenta conmigo. José Luis Romero, que se dice amigo, que sabe el pensamiento de Borges, rápidamente saca provecho de la circunstancia anteriormente apuntada. «Borges, con su nunca desmentida nobleza, pone las cosas en su sitio», dice, en una declaración tendiente a restar importancia a los sucesos, empleando de mala fe las afirmaciones de Borges, en favor de la causa propia, contraria a la del amigo.

Bonifacio del Carril dice a BORGES: «Lo más notable de este gobierno es que en seis meses consiguió que la buena voluntad y hasta el apoyo de todos, con que contaba, se convierta en descrédito general. Hoy no tiene partidarios».

Domingo, 14 de junio. Aparece en La Nación de hoy «Otro poema de los dones», de Borges. Muy admirable. Conozco sus dificultades, porque el año pasado intenté y abandoné un poema parecido. El poeta fluctúa entre la enumeración caótica, que evitará, y la obvia.

Todas las erratas del mundo en la breve edición de los Seis problemas (Sur, 1964).

Lunes, 15 de junio. Dice Borges que un cuento que se pasa contando desde hace treinta años y que nunca tuvo éxito, salvo con Vlady, es el de los seis pies de tierra inglesa, y que un cuento que siempre tiene éxito es el de Ernesto Ponzio, el autor del tango Don Juan: «Me decía señor Borges y me aseguró que él muchas veces había estado preso, pero siempre por homicidio». «Era alto así», agrega, señalando la estatura de un enano. Otro cuento de éxito: Paredes lamentándose de los endecasílabos de Carriego y de que el mocito no se esmerara.

BIOY: «En Primera Plana dicen: “Borges (64 años) y Bioy (49 años)”»[1410]. BORGES: «Vos sos mucho más joven». BIOY: «Ojalá». BORGES: «Sí. Nos hemos descuidado, hemos dejado pasar el tiempo. ¿Te acordás de la frase de Macedonio? “¿Cómo, con la moderna gimnasia, usted cumple sesenta años?”. Podría agregarse “a su edad”, para que ya no se supiera qué pensar y para que la frase fuera aún más de Macedonio. “¿Cómo? ¿Con la moderna gimnasia y usted, a su edad, cumple sesenta años?”».

Cita a Carlyle: «Yo no soy uno que vive de que otros lo maten»[1411]. Observa: «La frase parece de Macedonio. Eso quiere decir que a veces el idioma piensa solo».

BORGES: «Los efectos de Shakespeare no son justificables por la inteligencia. Con pura inteligencia no se logran:

the majesty of buried Denmark[1412]

the majesty of buried Denmark[1412]

O cuando Marco Antonio, al morir, llama Egypt a Cleopatra»[1413].

Recuerda unos versos de Swinburne:

When the devil’s riddle is mastered

And the galley-bench creaks with a Pope

We shall see Buonaparte the bastard

Kick heels with his throat in a rope[1414].

BORGES: «Parecen de Kipling, de Browning, no de Swinburne. Los habrá escrito para mostrar que podía hacer cualquier cosa». Dice que Pope es más digno, más latino, que Boileau. Cita:

Be not the first by whom the new are tried,

Nor yet the last to lay the old aside[1415].

BORGES: «No es poesía; no hay pasión ni sentimientos; es un razonamiento; pero el estilo es digno, superior al de Boileau».

Jueves, 18 de junio. Come en casa Borges. No hay piezas de teatro. Me pide: «Ayúdame a escribir el informe sobre la Universidad, para los conservadores». Mi ayuda se reduce a disuadirlo de los pormenores sobre Filosofía y Letras: «Interesa lo general, lo que atañe a la Universidad toda; si querés agregá algo sobre Filosofía y Letras, a título de ejemplo». Ya con papel y lápiz, me limito a escribir lo que me dicta; estoy dormido dicta sofismas, escribo so y la palabra se enrarece en firulete; cuando dicta una nueva frase, despierto y corrijo lo que puedo de la anterior.

Anoche me dijo: «Mañana ocupan la Facultad. Tengo clase. ¿Qué debo hacer? Si voy, no puedo volver a casa sin antes intentar por todos los medios entrar. Si me dan unos golpes —no importa nada— puedo ayudar a la buena causa». BIOY: «Y quedar para siempre ciego». Fue. BORGES: «Romero me habló: “¿Qué me cuenta de lo que la gente anda diciendo? Que soy cómplice de los revoltosos”. Era en cierto modo una acusación; le contesté: “No sabe las veces que tuve que defenderlo por eso. Yo dije: “¿Ustedes creen que es un mártir? ¿Cómo va a estar de acuerdo con gente que desconoce su autoridad y lo pone en ridículo?”. “Es claro, es claro”, tuvo que convenir. Lo embromé: los dos sabíamos qué pensaba el otro. Yo estaba con tanta rabia que, aunque él es el rector y yo debí esperar su indicación, corté el diálogo y dije: “Bueno, tengo que ir a dictar mi clase”. Me levanté y me fui. Dicté la clase como siempre».

BORGES: «¡Cómo escriben los periodistas! “El señor Fulano de tal dijo palabras alusivas al 25 de mayo”. ¿Por qué no habló del 25 de mayo? ¿Le daba vergüenza y sólo aludió? Pensar que con un pequeño esfuerzo podrían enseñar a hablar y a escribir… ¿Leonidas de Vedia sabrá el significado de aludir? ¿O no sabrá ni eso ni nada?».

Sobre la poesía de Wilde: «Habrá escrito tres o cuatro páginas de buena poesía; nada más. Qué raro: fundaron una escuela. Y lo que hicieron ya lo habían hecho mejor Swinburne y Rossetti. ¿“La Balada de Reading Gaol”? Sí, está bien, empieza bien, pero no es para tanto. La musicalidad y las imágenes: todo está en Swinburne y Rossetti. Max Nordau no entendió “The Blessed Damozel”. He missed the point. ¿Por qué está triste en el cielo, si no tiene más que esperar y llegará el hombre querido?, preguntaba. Precisamente: está triste en el cielo, porque a ella la perdonaron, pero sabe que a él no y que nunca llegará, No era tan difícil de entender. Pero Nordau no quería entender, quería condenar: mostrar que todo era enfermizo y un poco estúpido. En cierto modo, eran los ultraístas de entonces. (Pausa). Poe es famoso en el mundo entero por intentar efectos que Wilde o Rossetti lograron. Wilde, por ejemplo, con los versos:

Alas, alas, if all should be in vain[1416]

Alas, alas, if all should be in vain[1416]

O Rossetti, con:

Alas! Shall hope be nurs’d

On life’s all-succouring breast in vain,

And made so perfect only to be slain?»[1417].

Ya en broma, cita el epigrama de Sainte-Beuve sobre las etapas en la decadencia de Corneille:

Aprés Agésilas, hélas…

Mais, aprés Attila, hola[1418]!

BORGES: «Manucho, que es tan inteligente, está engañado, cree que hubo una época feliz, la Belle Epoque. (Mímicamente). “¿No ves que se llama belle? Tuvo que ser muy buena…”. Más inteligente era Manrique:

… cómo a nuestro parecer,

cualquiera tiempo pasado

fue mejor[1419]?

Comprendía que el rey don Juán, los Infantes de Aragón, la nobleza goda eran como todos, como todo. (De nuevo en broma). La excepción es el momento actual: el peor de la Historia. La Belle Epoque no habrá sido tan buena: empezó el socialismo, todo lo que ahora nos aflige. ¿Por qué es tan lindo el poema de Manrique? No sólo por los versos: por su ética. La ética es importante en todo; también en literatura». BIOY: «En cuanto a la inteligencia de Manucho… es como la astucia de un animal: un zorro o un zorrino».

Le cuento que tuve una época en que mi mayor capital, mi aporte a la literatura, consistía en palabras que ambiguamente pudieran servir para la frase anterior o la siguiente. Por ejemplo, traicionero, en la letra de Julián:

Era un tigre para el tango

y envidia del cabaret,

pero un día, traicionero,

tras de otra se me fue.

¿Por qué me dejaste,

mi lindo Julián?

Tu nena se muere

de pena y afán…

¿Traicionero califica a día o a Julián? ¿Debe ir con una coma después de día o después de traicionero?». BORGES: «No hay duda. Traicionero es Julián». BIOY: «No estoy seguro. No creo que estuviera seguro el autor del tango… Yo era tan chico cuando lo oí por primera vez que no entendía el sentido figurado de tigre para el tango, creía que se trataba, de algún modo, de un tigre verdadero, en cuanto al tango, eso sí, qué se yo». BORGES: «Hoy la gente dice pantera». BIOY: «Otros dicen león». BIOY: «No oí lo de león».

Hablamos del obrerismo de moda: los estudiantes argentinos remedan a los obreros, se ven como obreros y ven a los profesores como patrones. No entienden que la producción de la fábrica no es la cultura de ellos. Borges comenta: «Un amor no correspondido: los obreros los ven como fifís».

Confiesa llevar puestos calzoncillos largos de lana, camiseta y peto de lana. BORGES: «Tendré frío por usar todo esto. Da la idea de frío».

Viernes, 19 de junio. Come en casa Borges. Leemos poemas de Unamuno, sobre quien dará una conferencia (Unamuno, poeta). BORGES: «¿Y si les digo que después de leer los poemas de Unamuno he resuelto hablar sobre cualquier otro?». BIOY: «Qué torpeza, que fealdad idiomática. Para lograr una rima llega a cualquier sacrificio. En uno de sus mejores poemas dice eterno nido porque necesitaba la rima[1420]. A veces no se sabe cuál es el ripio. Si en una línea escribe silla, en otra pone cilla. Nunca fluye con naturalidad». BORGES: «¿Quién será tan torpe? En otros idiomas no conozco poetas tan torpes». BIOY: «Quizá, en sus versos, Güiraldes. Uno se pregunta: ¿Por qué se ponen a escribir, si les cuesta tanto? Hace mal leer esto: uno se siente en un mundo en que el defecto y la chapucería son la norma, lo único posible. Uno teme el contagio, lo descubre en uno, la facilidad y la belleza parecen inalcanzables, sobrevienen el abatimiento y uno correría a suicidarse. Hoy leí Weir of Hermiston». BORGES: «Bueno, Stevenson, qué diferencia». BIOY: «También los Machado, Darío, López Velarde, Lugones, Banchs… ¡Qué diferencia!». BORGES: «Ahora que me comprometí, mejor seguir adelante. Hablaré de la poesía intelectual. La idea de que se la podía oponer al modernismo me atrajo. De todas maneras, aunque lo elogie, la tibieza aparecerá».

Dice: «El agregado cultural italiano me señaló algo que ya había advertido, pero que había olvidado: Dante, que no tiene dificultades para rimar, rima Cristo con Cristo, porque siente sin duda que rimarlo con cualquier otra palabra es una falta de respeto».

Sábado, 20 de junio. Comen en casa Borges y Peyrou. Este cae en localismo de viejo folklorista y reclama para su San Nicolás no sólo la chancha con cadenas, sino también el Ratón Pérez. Lamenta que no abunden historietas con estos personajes. BORGES: «De lo bobo que también haya nuestro».

Hablamos sobre el arte de enseñar, particularmente idiomas. BORGES: «Las etimologías me parecen el único modo de recordar palabras que no se parecen a ninguna que conocemos». BIOY: «Sirven como método mnemotécnico más para el profesor que para el alumno: vuelven más interesante el estudio, pero para aprender un idioma nada más seguro que la memoria». BORGES: «Waste, en inglés, es desierto; en alemán, Wust. En español tenemos la misma palabra vasta los desiertos son grandes». BIOY: «Sí, eso es muy interesante: el alumno recordará una o dos de esas etimologías, las comentará, no las olvidará nunca. Pero si le comunicas muchas recordará unas pocas. Si vos seguís adelante, porque suponés que él sabe todo lo que le enseñaste, te engañarás; él sentirá la desproporción, sentirá un día que ya no puede ganar el terreno perdido y renunciará a seguirte». BORGES: «¿Pero cómo vas a recordar muchas palabras nuevas?». BIOY: «Aprendiéndolas de memoria. La memoria sirve para recordar. La inteligencia es traicionera: lo que uno entiende, lo da por asimilado; pero en realidad no está asimilado: entra y sale con igual facilidad. No debés confundir tu situación con la del alumno. Si todo el día pensás en etimologías y en anglosajón, aprendés; pero si una o dos veces por semana te asomás al tema la situación es otra». BORGES: «¿Entonces sos partidario de un camino medio?». BIOY: «Sí, para que sea más interesante. Pero la experiencia prueba que aprendemos de memoria las palabras diferentes a todas las que conocemos; que de memoria las aprendemos con mayor rapidez: el método Berlitz es el método más eficaz para aprender idiomas. Una enseñanza poco sutil, las palabras en bloque…». BORGES: «Entonces, ¿te parece bien que se aprenda las declinaciones latinas sin saber el significado?». BIOY: «No. ¿Cómo voy a ser partidario de que aprendas de memoria, analíticamente, una gramática? Yo era tal vez muy estúpido, pero tardé en comprender el sentido de las declinaciones. Decía: musae, traducía, para la musa, pero no llegaba a la conclusión de que los latinos omitían para la y modificaban la desinencia». BORGES: «Padre contaba de unos muchachos que después de haber pasado en el examen de latín discutían en un café: uno sostenía que el latín era un idioma; otro aseguraba que no. Macedonio, cuando estudió un poco alemán, me dijo: “No te engañes, che, los alemanes cuando hablan estoy seguro de que se olvidan de las declinaciones”. Traté de explicarle que un compadrito de Buenos Aires cuando quiere usar la primera persona del presente del verbo ir, sin pensar en la conjugación de verbos irregulares, dice: Yo voy y no yo ir. Macedonio replicó: “Ah, pero es un compadrito de Buenos Aires, no me vas a decir que los alemanes son tan vivos”. Eso muestra algo raro en la cultura y en la mente de Macedonio, una cultura por lo menos despareja. En el fondo había una idea nacionalista. Nada puede diferir mucho de lo nuestro. Lo nuestro es la norma. Norah vio a Parravicini, un actor cómico, por entonces muy popular, y le pareció pésimo». BIOY: «Era pésimo». BORGES: «Macedonio aceptó un poco el juicio de Norah, por cortesía, por galantería a una muchacha, pero después preguntó: “¿Cómo quiere que se equivoque todo el pueblo argentino?”. No era como Catón, era muy exitista. Porque Yrigoyen ganaba las elecciones abrumadoramente, Macedonio lo consideraba el primer estadista del mundo. Lo visité dos días después de la revolución de septiembre; de Yrigoyen me dijo: “Un loco, che”. Ya admiraba al general Uriburu. Lo que siempre olvido en mis conferencias sobre Macedonio es que fue hitlerista. ¿Cómo no iba a ser, si Hitler iba ganando? De Churchill decía: “Un asesino, che, que hace matar a unos pobres muchachos ingleses, dos días antes de rendirse”». BIOY: «Estoy seguro de que el jefe alemán de Cherburgo aquel del telegrama: “La última batalla de Cherburgo empezó… El general pelea junto a sus soldados”, no sentía así». BORGES: «Ni los de las Termopilas. El ejemplo más craso que conozco es el de un general, que respondió a Pipina Diehl y otras señoras que lo invitaron para pedirle algo: “Dicen por ahí que soy partidario de los alemanes. ¿Cómo voy a serlo, si perdieron la guerra?”. Ni Dickens inventó nada comparable. Qué inmundicia».

Hablo de un juez peruano, que entendió en un caso por la muerte de trescientas personas, en una cancha de fútbol de Lima. El réferi, uruguayo, dio un gol contra los peruanos a los argentinos; un negro peruano, que no sabe lo que le pasa cuando los peruanos pierden, entró en la cancha para castigar al réferi; la policía protegió al réferi; los espectadores, en masa, acometieron. El juez declara que el culpable es el réferi, porque no tuvo en cuenta el sentimiento nacional del público, pero que no pedirá su extradición. BORGES: «¿Para qué jugar, entonces? Deberían declarar que cada cual gana en su país. Qué lejos del fairplay y del espíritu deportivo. Si la gente cree que una circunstancia así justifica una agresión, qué esperanza habrá de justicia».

Dice Borges que, según Santiago Dabove, la idea de malevos con sentido del honor era falsísima: «Eran una inmundicia. Cualquier medio, para ellos, era bueno. Esperaban al rival en la sombra y a quemarropa le tiraban un balazo o le metían la puñalada. No entendían de juego limpio. Vicente Rossi, sin embargo, sostenía que en los torneos de tango con quebrada y corte que había en las academias, a ningún participante se le ocurría agraviar al juez o ser descortés con los rivales. “Y eso que los participantes eran todos compadritos de barrio”. Rossi sostenía que el fútbol había corrompido al pueblo y que aquellos tiempos eran otros».

Observa que, increíblemente, los uruguayos son muy nacionalistas. Increíblemente: porque su conducta política es tanto más civilizada que la nuestra. BORGES: «Ipuche no admitía objeciones contra el Martín Fierro porque ¿no era el símbolo del gaucho? Una vez, contó hazañas de uruguayos contra extranjeros. Para darle una lección, le referí el caso de un turquito, que, en Bahía Blanca, ganó una payada a un criollo y después lo despachó al otro mundo en un duelo a cuchillo. Ipuche quedó por un momento perplejo, pero en seguida reaccionó: “Bueno, che, pero el criollo ese era argentino”. No era uruguayo, es claro».

Habla de un escritor francés partidario de Francia en la guerra de Argelia: «Dio charlas en Buenos Aires y después fue a Montevideo. Una punta de izquierdistas que se enteraron por los diarios de sus declaraciones, viajaron a Montevideo y allí le quisieron armar un barullo en la conferencia. El hombre los calló, porque les dijo: “Durante la guerra española, yo creía que la razón estaba del lado de la República y fui a pelear. ¿Por qué ustedes no aprovechan la ocasión y se van ahora a pelear por Argelia?”».

Señalamos las diferencias de conducta en la vida pública y en la privada. A Leumann, porque mencionó a la Virgen, lo echaron de La Nación. En la vida privada, en cambio, la gente dice palabrotas, condena, blasfema. Por otra parte, si en la vida privada nos desdijéramos como públicamente lo hacen los políticos quedaríamos sumidos en el descrédito. BORGES: «¿Viste la resolución universitaria? Condena los excesos y aprueba a Romero. Pero ¿cómo? Un grupo de profesores declara eso y no tiene vergüenza. La lógica, ¿no les importa?». BIOY: «No podemos entendernos con los políticos porque nos esforzamos en que haya armonía entre nuestros principios y nuestra conducta». BORGES: «Además, en este país nadie quiere quedar mal con nadie».

Miércoles, 24 de junio. Come en casa Borges. Lectura de piezas de teatro.

Jueves, 25 de junio. Come en casa Borges. Leemos piezas de teatro. Me dice: «Estoy reuniendo todos mis poemas en un libro, que llamaré Obra poética, porque Poesías completas parece tan turbio… Es claro, hay que romper El hacedor, no sé si querrán, pero este libro me parece que vale la pena». BIOY: «Un libro de poemas es el más importante de todos». BORGES: «Cuando empecé a trabajar corregí bastante. Ahora no puedo. Los poemas de Fervor de Buenos Aires, por ejemplo, están tan lejos…». BIOY: «A mí la lectura de mis cosas viejas me deprime. Me llena de apatía. Pero es claro, vos no escribías mal…». BORGES: «¿Cómo que no? A veces todo un poema está cifrado en un error; si corregís el error, no queda nada. Es lo que pasa con la poesía barroca. Si encuentro en un poema lumbrerada, corrijo y pongo lumbre[1421]. Yo buscaba en el diccionario lumbre, encontraba lumbrerada, palabra que no conocía, y en seguida la ponía. Quería palabras que no parecieran francesas ni latinas; palabras incomunicadas y un poco pesadas e incómodas, si fuera posible». BIOY: «Me parece desalentador que haya tanta gente que te admire sobre todo por los primeros poemas». BORGES: «Tal vez la idea de un joven poeta sea irresistible». SILVINA: «Son esos primeros poemas los que más imitan». BIOY: «Son más fáciles de imitar. Para imitar los de ahora hay que saber escribir».

Victoria convoca para una mesa redonda sobre Shakespeare. BORGES: «Si habla González Lanuza, yo no intervengo. Inventaré cualquier excusa». SILVINA: «Decí que es porque habla González Lanuza». BORGES: «¿Cómo voy a decir eso?».

Lunes, 29 de junio. Come en casa Borges. Leemos tres piezas de teatro. Dice: «He descubierto que para sacarse de encima cualquier obsesión basta un pequeño esfuerzo… Es claro que yo no soy capaz de hacerlo».

Miércoles, 1.º de julio. Come en casa Borges. Hablando de mi próximo viaje, digo que me parece que el mejor libro para llevar conmigo es el Tour por Escocia y las Hébridas, de Johnson y de Boswell. Borges recuerda que Johnson estuvo en Francia; tuvo dolor de muelas; un francés le dijo: «Vous étudiez trop, monsieur» y la conclusión de Johnson fue: «All foreigners are fools»[1422]. All: en un paquete franceses, chinos, pieles rojas, etcétera. BORGES: «El francés no creería que el dolor de muelas se debía al exceso de estudio. Fue una expresión cortés, nada más».

Jueves, 2 de julio. Come en casa Borges.

Sábado, 4 de julio. Come en casa Borges. Dice: «Compré unos discos de trapo, que no parecen naturales. Se doblan todos, como los relojes de Dalí. Forman una Historia o antología del tango, y están los tangos viejos, El choclo, Unión Cívica, Don Juan, en versiones originales, tocadas por orquestas de entonces. El efecto —bueno, contra lo que he sostenido a lo largo de toda la vida—, el efecto de esos tangos rápidos es de una increíble trivialidad. Gardel habrá dramatizado el tango; el jazz habrá influido, pero el tango que sentimos no es el primero, sino el que vino después, o las interpretaciones que después hicieron con los primeros tangos. Ahí están, desde luego, El choclo, Don Juan, reconocibles, pero en vano: ni siquiera parecen tangos. Y Unión Cívica, que tanto gusta a Peyrou, no sabés lo que es…».

Habla de Quevedo: «Qué raro que no descubriera que las personas y los ambientes de sus jácaras convenían más a la novela que los de la novela picaresca. Con rufianes y prostitutas hubiera hecho mejores novelas que con las miserias del Gran Buscón. Las jácaras tienen algo de historias de tangos».

BORGES: «Salvo cuando uno está entre dormido y despierto, no se confunden los sueños con la realidad. El procedimiento de Faulkner de mezclarlos continuamente parece bastante falso. Además, todo lo complica». BIOY: «Con lentas descripciones de los movimientos de los personajes… Lo que en la realidad pasa fugazmente, ahí se detiene, como cargado de significaciones dramáticas. Es un estilo engorroso». BORGES: «Hace mal a mucha gente, como lo prueban los cuentos de Susana Bombal».

Por último conversamos de sus amores. BORGES: «Me permitió agradecerle los favores que le hago». BIOY: «Lo mejor es cortar. Como no te da un motivo grave, sino un conjunto de motivos mínimos que juntos configuran algo desagradable, si te quedas aquí, necesitarás una gran voluntad para no volver si te llama. Le agradecerás que te perdone. ¿Por qué no dejás que un barco y la distancia se ocupen de lo que pedirías a la voluntad? Venite con Silvina y Martita a Europa… Yo los espero allá. Vamos donde vos quieras. Recorremos Inglaterra, viajamos por Escocia, recorremos España». Me dio la razón, pero pensaba más en sus amores con María Esther que en el viaje.

Lunes, 6 de julio. Come en casa Borges. Me dice: «En la Facultad hay mar de fondo contra mí. Los comunistas me tienen entre ojos».

Martes, 7 de julio. Come en casa Borges. BIOY: «Los otros días alguien me preguntó quiénes son los escritores que morirían si no escribieran sus libros. ¿Kafka?». BORGES: «Sí, Kafka. Pero el interlocutor no te entenderá. Lo verá como un escritor que se hace el raro». BIOY: «Casi todos los poetas —no incluyo a Valéry— y muy pocos novelistas. Las novelas en general no obedecen —o no parecen obedecer— a una necesidad. Sin embargo, Proust sí, y Constant, en el Adolphe. ¿Wilde?». BORGES: «No, escribía para show off». BIOY: «Y Wells, y Chesterton…». BORGES: «No diría que obedecían a una necesidad, sí que escribían divirtiéndose». BIOY: «¿Conrad? No…». BORGES: «No». BIOY: «Pero sí complacido en inventar, en construir, en describir». BORGES: «Henry James escribía sus novelas, según Wilde, como quien cumple apainful duty»[1423]. BIOY: «El Quijote, mínimamente». BORGES: «Sí, mínimamente». BIOY: «Y los gauchescos. Ascasubi y Hernández, sobre todo. ¿Estanislao del Campo, divirtiéndose?». BORGES: «Proposición dudosa: Zogoibi escrito por necesidad inevitable».

Lleras Camargo dijo que nuestra mayor esperanza consistía en la unión de todos los países del continente en otros Estados Unidos. BORGES: «Es la superstición de lo grande». BIOY: «Y está tal vez en la idea de competencia y dominio de unas naciones sobre otras». BORGES: «Lleras Camargo aseguró que en Buenos Aires no sabemos nada de lo que ocurre en Ecuador y en Ecuador nada de lo que ocurre aquí. Bueno: ¿qué prueba eso sino que no se perdió todo el buen sentido? Nietzsche escribió: “El imperio alemán: ¡otra idiotez!”[1424]. Sin embargo, Nietzsche no siempre era afortunado. Por ejemplo, inventó una etimología para que bonus provenga de la idea de discordia[1425]. Tal vez no hubiera escrito un evangelio barato para matones, a cheap gospel for bullies, como dice Shaw defendiéndolo[1426], pero por ahí andaba». BIOY: «Y a Hitler ¿cómo podría gustarle lo del imperio alemán visto como idiotez?». BORGES: «No lo habría leído. Tendría una idea general, si es que semejante animal podía tener ideas».

Ha muerto Cansinos-Assens. BORGES: «Qué insensibilidad la de España: Cansinos no es un gran escritor. Son grandes escritores Miró, Azorín, Ortega. Cansinos escribió cosas malas, como todo el mundo, pero escribió cosas lindísimas. Tenía una gran sensibilidad».

Reyes afirmó que al emprender la lectura de Góngora estaba perplejo, porque no encontraba un guía, hasta que dio con Menéndez y Pelayo, el mejor de los guías imaginables[1427]. BORGES: «¿Por qué es necesario un guía para emprender cualquier lectura? ¿Y Menéndez y Pelayo será tan bueno? Leyó todo, pero no le sirvió de nada. Quién sabe si leyó tanto. Un editor tiene que publicar las antiguas ediciones comentadas de Góngora. Está todo explicado en ellas: las alusiones mitológicas, todo».

BORGES: «Cuando era joven, yo quería creer que era mejor Quevedo que Cervantes. Aun cuando me esforzaba por admirar a Quevedo, notaba afirmaciones en que seguirlo no era fácil. Por ejemplo, dice que porque es de mal agüero que un rey joven enferme, los reyes cuando enferman quieren morir. ¿A quién le va a hacer creer eso?». BIOY: «Yo prefiero el estilo deshilvanado de Cervantes al de cartón pierre de Quevedo». BORGES: «Al fin y al cabo, antes y mejor había hecho lo mismo Séneca. Para ese estilo conviene más el latín».

Dice que con agrado se enteró de que la famosa dedicatoria al duque de Béjar no había sido escrita por Cervantes: «Comprendió que él no servía para escribir esas cosas y no tuvo inconveniente de pedir a otro que se la escribiera. Me parece que el hecho deja entrever a un hombre despreocupado y simpático. Cervantes pensaba siempre en países extranjeros: Italia, Inglaterra, el Norte».

Le cuento que he recibido la traducción francesa de El sueño de los héroes[1428]: «Mi traductora no siempre acierta. De un sulky, a cuya sombra duerme un personaje, dice que se trata de un arbre du pays, un pomo de Carnaval aparece transfigurado en fruit argentin; con el embarcadère du lac de Palermo sugiere un lago como el Léman o el de Zürich. Un hombre que trabaja en un embarcadero en esos lagos, con relación al que trabaja en el embarcadero del lago de Palermo, o del Bois, o del Serpentine Lake, es casi un hombre de puerto marino».

Leemos «El cementerio marino». Descubrimos que antes de feux hay de y no des, y entonces que

la mer, la mer toujours recommencée!

la mer, la mer toujours recommencée!

no es tan puramente una exclamación:

Midi le juste y compose de feux

La mer, la mer toujours recommencée[1429]!

Compone de fuegos el mar la frase continúa de un verso en otro.

BORGES: «Qué raro: uno lee y lee, durante años, y pasa por alto cosas así. Es la grande machine… Un poema ambicioso. Bueno, ¿por qué no se escribirán poemas retóricos? Éste, más que poema, parece un sermón. No sé si puede escribirse poesía con tantas palabras abstractas. Como máquina es de carpintería, o de marmolería. Una máquina quieta, muerta. Él mismo se da cuenta y dice al final:

II faut tenter de vivre!

II faut tenter de vivre!

Manrique lo da mil vueltas. Bueno ¿cómo compararlo con Manrique? Manrique es infinitamente superior». SILVINA: «¿Y el “Bateau ivre”?». BORGES: «No se compara: tiene otro envión; es inspirado; es un gran poema». BIOY: «Y Valéry, qué impresionado está con el mar. “Man regará marin”: ya está del todo engrupido». BORGES: «Es un mar que parece tu lago de Palermo, un mar sin tormentas ni nada. Para embromarlo a Ibarra, yo le decía: “¿Ves qué poco acostumbrado está a la vida del pensamiento? Pide que le den un premio, cada vez que piensa”. Aburrido es, muy aburrido y poco inspirado». SILVINA: «Y no tiene unidad». BORGES: «El metro es ingrato. Eligió mal».

Miércoles, 8 de julio. Come en casa Borges. Dice que tal vez escribirá recuerdos de Paredes, de Macedonio y de Xul. BORGES: «Quise escribir algo sobre Paredes, pero como quedan algunos parientes, pensé cambiarle el nombre, ponerlo en Barracas y atribuirle hechos de algunos otros guapos. Le dije todo esto al rengo Coronado, que lo conoció a Paredes; cuando oyó que pensaba mudarlo de barrio, protestó: “No. A Paredes no le gustaría”. ¿No cambiar nada? ¿Por qué? La mentira es sólo para el autor. Sin embargo, quizá la grieta no convenga. El mejor es Xul».

BORGES: «Yo estaba de buen humor, con ganas de hacer bromas, y comprendí que impunemente podía decirle: “¿Cómo, usted de nuevo? ¿No tiene solución de continuidad? ¿Es incesante?”. Exclamó, deleitada: “Oh, qué fascinante”».

Jueves, 9 de julio. Voy a casa de Borges. Grandes abrazos con la madre, que me llama su hijo y me promete un escapulario: «Él lo llevó en todos sus viajes. No temas: no te pasará nada». Yo digo, como explicación de por qué no traigo a casa a BORGES: «Silvina, que encaraba con entereza este viaje, hoy se aflojó y quiere estar sola conmigo». Él me acompaña al coche. Me habla de mis consejos referentes a María Esther: «Tenés razón. No es una situación que pueda uno tolerar por mucho tiempo. Mejor hacer las cosas una sola vez».

Viernes, 10 de julio. Buscamos a Borges. Es una mañana fría. En la puerta están él y su madre. La madre, sin tapado, se despide ahí: abrazos, imposición de escapulario, lágrimas. Vamos al aeropuerto de Ezeiza, en el coche de Silvina: adelante, Silvina y yo (que manejo); atrás, Borges, mi hija Marta y el chofer.

SILVINA (a mí): «¿No te parece que le corte el flequillo a Marta?». BIOY: «Sí». MARTA: «Sí, flequillo, pero pelo largo». BORGES: «Flequillo. ¡Qué palabra!». BIOY: «Esas palabras —flequillo, frenillo, cojinillo— prueban que la idea de que el argentino es un idioma instintivamente depurado de fealdades es una superstición. Escribir, para un argentino, es huir de una palabra a otra. Debemos recurrir al sinónimo, y el estilo resulta forzado». BORGES: «Y Góngora y Quevedo, ¿no escribirían así? ¿No huirían también? ¿No se refugiaban en palabras latinas? Quizá todo idioma literario, todo estilo literario, sea eso. Los españoles escriben más cómodos. Con más soltura. Están a gusto en el idioma».

Hablamos del padre Mir, de sus Rebuscos —todas las palabras le parecían pocas— y reconocemos que ellos también, Mir, Baralt, etcétera, recomendaban el procedimiento de la huida: terror al galicismo, prevención contra cualquier barbarismo. No por lo tanto, sino por tanto; no en el futuro, sino en lo futuro; no de inmediato, no constatar, etcétera (ad nausean).

Borges recita unos versos de Swinburne y observa: «En contra de lo que uno creería, los monosílabos dan fuerza a los versos. La explicación de Carlyle es falsa: decía que los monosílabos tenían especial fuerza porque eran las primeras palabras que la gente oía en la niñez, en la casa. Las primeras palabras oídas por nosotros no eran monosilábicas; con todo, la fuerza de los monosílabos también existe para nosotros».

Ya desde el avión, me asomo por la puerta. Están en la terraza. Borges, apoyado en el bastón prominente, parece la estatua, un tanto johnsoniana, de Borges.

[Sábado 11 de julio al jueves 17 de septiembre. Bioy Casares en Europa].

Domingo, 26 de julio. En París. Leo que Borges opinó últimamente, en Buenos Aires, sobre la belicosidad que demostraban los malevos de un barrio contra los de otro: «Defendían a sus mujeres».

[Octubre y noviembre. Borges en Europa, con María Esther Vázquez].

Viernes, 20 de noviembre. Reunión del jurado de La Nación. El año pasado, para el concurso de poesía, Fernando de Elizalde vio a Mallea, que lo sacó a espetaperros. Este año vio a Leónidas, a Mallea, a Carmen Gándara y, por medio de María Esther Vázquez, hizo llegar a Borges el nombre de su pieza. Me dice BORGES: «Vos tenés que estar furioso. Elizalde piensa que tu opinión no cuenta».

Domingo, 29 de noviembre. Come en casa Borges. Hablamos de Florencio Sánchez.

Sábado, 5 de diciembre. Borges está dispuesto a mudarse a la Biblioteca, entusiasmado con la idea de vivir en el Barrio Sur. La madre, un poco asustada por el exilio a ese barrio, lejos de todo. Él no piensa más allá de su capricho de vivir en el Barrio Sur. Tiene razón PEYROU: es egoísta como un chico, no considera los noventa años de la madre, las molestias y riesgos, para ella, de vivir lejos.

Lunes, 7 de diciembre. BIOY: «Hice una lista de personas desagradables. Merecen la cúspide, sin duda, las Bombal y los hermanos Canto». BORGES: «Y muchos consocios de la SADE». BIOY: «Sin duda. Pero no los conocemos bien. Conocemos la conducta, digamos, de Barletta, pero no sabemos cómo piensa». BORGES: «No es más que un compadrito. Una vez me dijo: “Yo soy un compadrito de las Cinco Esquinas”». BIOY: «En cambio, yo sé que los que te dije son ingenuamente partidarios de las peores causas». BORGES: «Como no tienen ideas generales, las mujeres son siempre menos morales que los hombres. Está bien ese personaje de Dickens, incrédulo de todo, capaz de engañarse por creer siempre en la posibilidad de trampas. Está bien que Dickens haya descubierto esa especie de candidez, dispuesta siempre a creer en el mal».

Jueves, 10 de diciembre. Come en casa Borges. Le cito la referencia de Moore a la intensidad en los escritos: una virtud, aunque no principal, rara. Borges invoca como ejemplo una frase de Lamb, sobre la inmortalidad que él desea[1430], que yo cité en el prólogo sobre los Ensayistas ingleses y que luego transcribí en el Libro del cielo y del infierno. Borges menosprecia a Lamb, pero admira la frase.

Cuento que, en tribus de aborígenes del Paraguay y de Australia, el nombre de los que murieron es tabú y no debe pronunciarse. Ahora bien, las personas suelen tomar nombres comunes: rayo, árbol, luna, etcétera. A la muerte de una persona que lleve uno de esos nombres, las viejas de la tribu eligen otra palabra para sustituir a la prohibida. Así llegan esas tribus a una gran inestabilidad idiomática. Los misioneros desesperaban: compilaban un vocabulario y cuando estaba listo resultaba anticuado. Otra consecuencia: la Historia es imposible, ya que el olvido es obligatorio.

Domingo, 13 de diciembre. Come en casa Borges. Con gran tristeza comunica que tiene que jubilarse como profesor, porque ha cumplido sesenta y cinco años: «¿Te das cuenta? Aunque uno se sienta con energías, lo arrumban. Y sin vanidad lo digo: yo enseño con pasión literatura inglesa. Me gusta, la conozco. Presto libros a los estudiantes. Sé que puedo enseñar mejor que otros».

Miércoles, 16 de diciembre. Borges come en casa. Dice: «Yo creo que Margot [Guerrero] debe estar perturbada. Con mucho odio habló de Betina [Edelberg]. Dos circunstancias noté: ánimo de perjudicarla, acusaciones que a nadie perjudican. Por ejemplo: que sirve las masas, a la hora del té, en un carrito, “que no se usa en las casas, sino en los restaurants”; que siendo una mujer más bien rica, no tiene plata, porque todo lo gasta en masas para el carrito. Lo único que le importa a Betina es quedar bien con Silvina Bullrich y con Beatriz Guido. Entonces, es claro, llena el carrito de pan dulce, pan de salud, pan de leche… “Beatriz Guido nunca será una gran escritora. A Beatriz Guido lo único que le interesa es el éxito; en cambio a mí…” (Pausa. Borges mentalmente propone: “la verdad, la belleza, la perfección de la obra Margot por fin concluye la frase)… me interesa el triunfo.”».

BIOY: «Contó Beatriz Guido que Betina la llamó por teléfono: “Hay algo que quiero decirte”. “Bueno, decilo”. “Tengo que decírtelo mirándote en los ojos”. “Bueno”. «Pero no me contengo, así que te lo digo ahora: tu novela[1431] no me gusta, no me gusta, no me gusta nada». “Bueno”. “Y si algún amigo te dice que le gusta, no le creas: miente.”». BORGES: «Qué raro que le hable de eso, habiendo otros temas. Además, lo de mirar en los ojos corresponde más a un juicio moral que a un juicio estético». BIOY: «Probablemente, lo que haya enojado a Betina en la novela de Beatriz es una culpa moral. Desde luego que su proceder me parece absurdo».

Le leo la copia del proceso a Joseph Brodsky, el poeta traductor a quien acusaron de parásito en Leningrado: de trabajar poco y de no ganar bastante. BORGES: «El acusado también contribuye al toque kafkiano: se parece a los acusadores, está metido en ese mundo. Bueno, si no estuviera, lo habrían matado». BIOY: «El juez parece fiscal. Es claro, un juez allá tendrá que no mostrarse imparcial: sería sospechoso». BORGES: «Probablemente, los poemas y las traducciones de Brodsky serán espantosos: literariamente eso mejora, da otra vuelta, al asunto». BIOY: «Parece un país de imbéciles: esto debe darnos una esperanza». BORGES: «Si aquí, por moda sindicalista, se llegan a tomar medidas absurdas, que reglamenten nuestra profesión, esas medidas nacerán en la Sociedad Argentina de Escritores». Le hago notar: «Cuando lo acusan de algo, si alega el antecedente de algún escritor famoso, lo maltratan porque osa compararse con grandes personalidades. No sabe uno cómo puede defenderse el desdichado».

Jueves, 17 de diciembre. PERIODISTA: «¿Cuál es el mensaje de su obra?». BORGES: «No soy mensajero».

Martes, 22 de diciembre. Con Silvina vamos a la comida para Clemente. Allí estamos con Borges, con Nalé Roxlo, con Martha Lynch, con Beatriz Guido, con Vocos Lescano, con César Rosales, con Bianco, con Basaldúa, con Max Rohde («Uno lo encuentra en todas partes… es una prueba de la pobreza de la vida», señala Borges), con Susana Bombal, con Betina Edelberg y su marido, con Cócaro, con Weinberg, con María Esther Vázquez. Martha Lynch, celebrando su Alfombra roja, novela clásica entre escritorzuelos, dice: «Un primer libro de éxito es una pesada cadena. No sé si escribiré otra alfombra». Beatriz, de Martha: «Es una muchacha muy fresca, muy pura… Fue la amante de Frondizi». A mi lado están Bianco y Basaldúa; del otro la tengo a Silvina y más allá a Vocos Lescano, a quien casi presento a Martha como Ríos Patrón (muerto hace años). Me tiro encima un pollo, con papas fritas y demás gamiture.

Me refiere BORGES: «Un señor salteño me aseguró que Salta era un pueblo extraordinario; contó que una vez hubo un terremoto y la gente rezó para que Dios no destruyera a Salta. Hubo un segundo terremoto, que no alcanzó a Salta, pero que destruyó muchos pueblos de los alrededores. Yo le pregunté si eso no le parecía una injusticia y qué le parecía una divinidad que se dejaba sobornar con plegarias. Me dijo el señor que nunca había pensado en eso».

BORGES: «Parece que las autoridades de Berlín Este han imitado a Cuba. En Berlín, como en Cuba, los hijos de burgueses no pueden estudiar más allá del bachillerato; en cambio los hijos de obreros pueden seguir carreras universitarias. Qué brutos: no comprenden que así mantienen las clases, las diferencias de clase. Los burgueses de mañana se jactarán de un chozno mendigo. Yo creía que los comunistas se jactaban de poner en pie de igualdad a todos los hombres. [Mi sobrino]. Luis me dijo que ningún gobierno piensa en mañana, sino en el efecto inmediato de sus actos». BIOY: «Esa gente que no piensa en el futuro, lo modela ¡hay que ver cómo! La gente sostiene que no se puede influir en las modalidades de una sociedad por decretos. Esto es falso, como lo demostraron los coroneles lingüistas de tiempos de Ramírez, de Farrell o de Perón, que impusieron la ll en la pronunciación de Callao». BORGES: «A mí siempre me sorprendió el hecho de que en los films rusos los pobres se muestren como hermosos, valientes, inteligentes y los ricos como una porquería. Yo creí que sostenían que la pobreza era una calamidad; parece que no: que es la mejor condición para el hombre. Pero la gente no piensa nada».

Dice: «Aprovechando que se fue Alfonso, quizá convendría independizar la Academia. A la Academia nadie la toma en serio porque está subordinada a la de España. Es claro que ahora, después del congreso, nadie me seguirá. Capdevila menos que nadie. ¿No dijeron que Madrid es la capital del idioma? La función de nuestra Academia es proponer palabras para que en Madrid la docta corporación las apruebe. Todo es una ficción: la Academia de Madrid no es docta y su diccionario merece el epigrama de Groussac». BIOY: «No lo recuerdo». BORGES: «Sí: ese diccionario del que toda edición nueva hace añorar la anterior».

Asegura que la literatura española empezó muy bien con el Romancero y con San Juan de la Cruz. BIOY: «Siempre tuvo grandes poetas. Pero poca prosa. Algún prólogo de Cervantes…». BORGES: «Unamuno…». BIOY: «Me parece que tiene todos los defectos de sus antecesores. Poca lógica, una atracción fatal por las contraposiciones y los juegos de palabra. Yo prefiero a Baroja». BORGES: «Pero todo es tan chato en Baroja…». BIOY: «Pero no se deja acartonar por las palabras. Lo que admiro en Unamuno es que no es convencional; está dispuesto a analizar cualquier cosa». BORGES: «Como Macedonio. Empezaba todo por un análisis, como si llegara antes que nadie a cualquier situación o concepto. Gerardo Diego tuvo ese mérito cuando dijo: “Hay que cambiar el lema de la Academia: Limpia, fija y da esplendor. Ni limpia ni fija, porque es imposible; y el esplendor ya es el error total, porque eso quizá corresponda a los escritores, a los poetas”».

Le digo que en las Memorias de un cortesano de 1815 encontré párrafos en que Galdós, borracho por el idioma, se aparta del tema, de la psicología del narrador. Padece de la misma incapacidad nacional para contar las cosas llanamente, con un idioma que sirva de medio de comunicación; invisible y adecuado. Por momentos desaparece el cortesano de 1815 y aparece el literato, aparece Larreta, aparece el padre Mir. Yo no esperaba eso de Galdós. Mis recuerdos eran de una pobreza llana.

Miércoles, 23 de diciembre. Come en casa Borges. BORGES: «Abenjaldún dice que la Historia de los hombres es una rama de la genealogía[1432]. Yo pensé: Es un pueblo como el nuestro. Así era la Argentina. Toda nuestra Historia está escrita por parientes». BIOY: «Sobre parientes, a favor de parientes, contra parientes de otros».

Los otros días, en el Rosario, un muchacho le dijo muy compungido: «Yo creía que usted, un hombre espiritual, era de las provincias. Es de la capital, ¡qué lástima!». BORGES: «En el Rosario hay mucha gente que cree literalmente lo que cuenta Planéte. Yo les dije: «Pauwels, su director[1433], me aseguró que él no creía nada en esas cosas, que las ponía para estimular a la gente, para dar un sentido de misterio al mundo». Quedaron horrorizados, como si Pauwels fuera un estafador o, peor aún, yo un mentiroso que calumniaba a Pauwels». BIOY: «La prédica de Pauwels, como se ve, es innecesaria y perjudicial. Hay demasiados estúpidos en el mundo, dispuestos a creer cualquier disparate. Más convendría un estímulo en favor de la lógica». BORGES: Tenés razón. Uno me dijo: «Pero usted, que escribió “El Aleph”, ¿cómo puede decir eso?. Le respondí que “El Aleph” era un cuento fantástico. Me contestó que tenía que existir; que si no, yo no lo hubiera podido inventar».

Jueves, 24 de diciembre. Come en casa Borges. Me refiere: «En el discurso en honor de Clemente afirmé: “No creo que el hombre sea sus circunstancias, como alguien dijo” y no lo cité a Ortega[1434] porque en un discurso en honor de alguien me parece mal atacar a otro, y porque Clemente lo admira a Ortega. Guillermo, que todo lo interpreta con mala voluntad, me dijo: “Atacaste a Ortega, solapadamente”. La frase declara algo obvio, que somos el resultado de toda la Historia, o bien lo contrario a lo que siempre se sostuvo; recuerda a Horacio, recuerda:

Mas nunca el pecho del varón constante[1435]

Mas nunca el pecho del varón constante[1435]

que no somos más que lo que nos imponen las circunstancias: una conformidad bastante innoble. Qué lejos de Ortega estaba ese sargento de la revolución peronista del 56, que al ver una lágrima en uno de los soldados del pelotón que lo fusilaría le dijo: “No es nada, pibe”. Ese sargento, peronista y todo, se sobrepuso a las circunstancias en el momento más adverso». Agrega: «Sospecho que Ortega era rico en frases tan indefendibles como la del hombre y sus circunstancias. Odio las circunstancias: creo que, en lo posible, hay que vivir sub specie aeternitatis».

Le pregunto qué explicación da a la frase de Sócrates: «Le debemos un gallo a Esculapio»[1436]. BORGES: «La tradicional. En agradecimiento porque lo había curado de la enfermedad de la vida. O tal vez le agradecía alguna curación, de algún mal sin importancia y del pasado. Quizá sea mejor esta interpretación. Queda patético que antes de morir agradezca una curación de un dolor reumático de años antes. Además, esta interpretación me parece más adecuada a la sencillez de Sócrates… Vlady asegura que leyó atentamente la Ilíada y que no halló un solo momento o rasgo épico. Homero es un gran poeta, pero ¿qué puede hacer con esos felones? Evidentemente, los griegos adelantaron mucho, de Homero a la Apología de Sócrates».

Dice que Guillermo se complace en las adversidades del prójimo y que señala con gusto las deficiencias ajenas: «Este ventilador no sirve para nada. Hoy no se usan ventiladores, sino aparatos de aire acondicionado». «En la comida a Clemente no había un alma». «Te han jubilado. No recibirás mucho dinero por mes». BIOY: «De poco le sirvió a Guillermo la literatura». BORGES: «De nada. Ha leído poesía, elegías. Ha leído novelas, con análisis de la conducta y de los sentimientos. Ha leído teatro, donde se supone que las personas por lo que dicen expresan su alma. ¿No pensó nunca que él sería un personaje horrible?». La otra persona de carácter erizado que Borges conoce es Godel. «Por lo menos es gracioso y parece loco», comenta.

Viernes, 25 de diciembre. Come en casa Borges. Empezamos el cuento de la cocina pura[1437], en perfecta armonía compositiva.

Me refiere los capítulos, que leyó en estos días, de la Historia de Inglaterra de Trevelyan, sobre las guerras entre el Parlamento y la corona, sobre Cromwell y la Restauración[1438]. Cuando a Carlos II le llevaron una lista de condenados a muerte (regicidas; entre ellos, Milton) dijo: «No sé qué me pasa en esta mano, pero no puedo firmar una condena a muerte».

Con nueva dentadura, otra cara. ¿A quién se parece en estos días Borges? A Ulyses Petit de Murat.

Lunes, 28 de diciembre. Come en casa Borges. Dice: «La línea, el color de los cuadros del Greco son muy lindos, pero muestran un mundo horrible y mezquino: cielos llenos de clérigos. Quizá, porque era extranjero, vio con claridad el mundo español. O quizá yo esté con la manía de lo épico y de lo noble». BIOY: «Cuando yo era chico, la iconografía cristiana me repelía, precisamente porque era poco épica. Ahí no corría aire. Yo me ahogaba, como en un cuarto demasiado encerrado: un Cristo sanguinolento y moribundo, mujeres con pesadas faldas y santos sedentarios, todos de cara hipócrita, de ojos entornados al cielo… Me gustaban San Jorge, a caballo, peleando a lanzazos con el dragón; y algún otro ángel que empuña espada. Me gustaban los ángeles; sobre su realidad insistían menos mis instructores que sobre la realidad, pelos y señales de vírgenes arropadas y santos mansos. Además, el boato fúnebre de las iglesias me contrarió siempre». BORGES: «Cristo tiene un lado demagógico. Algo de lo que dice es horrible: no entrará un rico en el cielo, porque ya tuvo su recompensa en la tierra. ¿No entendió lo que significaba la eternidad? ¿Qué es la vida en la tierra comparada con la eternidad? Un instante. Y qué manía retributiva. Hay una desproporción de culpas y premios por lo que pasa en esta vida instantánea: por una riqueza que dura un segundo, el castigo infinito». BIOY: «Los teólogos insistían en la importancia de la otra vida, pero en definitiva creían que ésta era la que contaba».

Volvió contento de la Academia: «Lo echamos a Alfonso. Estuvo muy amable: me ofreció café, porque sabía que nadie lo votaría. Es una inmundicia. ¿Qué te parece? Obtuvo un solo voto. Estaba a mi lado y yo le dije en voz alta a Bernárdez: “Obtuvo un solo voto. No hay duda de que se votó a sí mismo”. Bernárdez y yo votamos dos veces por Sáenz Hayes, para la presidencia: salió Arrieta. Sáenz Hayes, en su discurso, dijo que la primera presidencia de Ibarguren fue buena, la segunda regular, la tercera mala. Giusti empezó a hablar: “Vosotros, como ahora debemos decir…”. “En Buenos Aires —lo interrumpí—, porque en España el vosotros es de empleo jocoso, para comedias del tipo de don Mendo”. ¿Te das cuenta? Ese cocoliche, porque no hay cocoliche comparable, haciéndose el señor español. ¡Es Bonfanti! En Bustos Domecq mostramos a la gente entusiasmándose con idioteces. Esto es una gran verdad: siempre pasa. Alfonso debe su prestigio a que contesta a ciertas preguntas que una academia no debería contestar. Por ejemplo, la etimología de telepatía».

Cuenta que Alfonso escribió una carta en que se citaba una declaración de la Academia de Madrid con elogios para el Congreso de las Academias organizado en Buenos Aires por la Academia Argentina y con elogios para Alfonso. Después llegó a la Academia Argentina esa declaración: contenía, en efecto, un elogio para el Congreso, pero ni una palabra sobre el señor Alfonso. Otra vez, Alfonso habría pedido que la Academia le comprara un automóvil, para aprovecharlo en investigaciones folklóricas durante sus vacaciones en Córdoba. Banchs se opuso; alegó que muchas veces tales investigaciones se reducen a mero turismo.

BORGES: «Me pagan cuatro o cinco mil pesos por un poema. ¿Sabés sobre qué? Sobre el tema que menos me atrae, sobre el vino[1439]. Lo haré, como ejercicio retórico, pero no puede salirme muy bien».

Martes, 29 de diciembre. Come en casa Borges. Por tercer día escribimos el cuento de los sabores.

Dice que el film La guerra gaucha está mal porque en los momentos terribles todos los personajes hablan, gritan, corren: «En momentos así conviene el silencio, la quietud, pocas palabras sentenciosas. Como en las sagas».

Jueves, 31 de diciembre. Cuando entro en la librería Rodríguez (Galerías Pacífico) oigo una voz familiar. Es Borges, en lo que me parece una típica conversación con persona de otro nivel: el discurso tiene algo de perorata, de botarateo, con conciencia aquí y allá por el escaso seso del que oye, con evidente fraisr, pronto todo eso se pone más alarmante. Borges recita en anglosajón y yo tristemente me pregunto: ¿Será la vejez que llega, con las manías (previsibles, repetidas, majaderas), las rarezas? Borges, convertido en viejo profesor idiosincrático. Ya se sabe: no tiene nada que hacer. Sus visitas son temidas. Habla y habla… Inofensivo, pero… Esperemos que no hayamos alcanzado esa época. Entro, corto la perorata; me pide que lo acompañe hasta Witcomb, donde verá a Keins. Lo dejo ahí y corro a mis diligencias matutinas. Vuelvo. Están departiendo. Conversamos un poco. Borges dice en broma: «Bioy está interesado en una editio princeps de las Empresas de Saavedra Fajardo». «Ésta no es la primera, pero tiene lindas ilustraciones», contesta Keins, rápidamente convertido en comerciante. «¿Cuánto cuesta?», pregunta Borges. «Siete mil», contesta Keins. Borges echa a la broma las cosas. —«¿Siete mil qué? Maravedíes, farthings, perras gordas, etcétera»— y Keins vuelve a ser un intelectual. Me habla de un artículo, publicado en Alemania, donde se ocupa de mí (y de otros) y también conversamos sobre Alemania. Con Borges, en lenta caminata, entorpecida por etimologías (Polca viene de polaca, etc.), vamos hasta Maipú y Charcas. Ahí lo dejo.

Por la noche, come en casa. Escribimos el cuento de los sabores. BORGES: «Pasaremos el año escribiendo». «Ojalá», digo.


Viernes, 1.º de enero. Come en casa Borges. Escribimos el cuento de los sabores.

BORGES: «Contra el respaldo del diván están siempre mis dos bastones. Noté que uno, el que me dio Xul, no estaba y pregunté a Madre. “Ah, lo escondió la mucama —me dijo—. Yo llegaba a casa, cuando estabas en Europa, veía el bastón ahí y sin querer pensaba que habías vuelto. Angela me lo escondió. No me dijo nada, no le pregunté nada: nos conocemos. Padre le daba a Angela unos pesos para que comprara para Madre flores el día del aniversario del casamiento. Desde que murió Padre, Angela sigue comprando las flores. Como dice Madre, las criollas tienen fineza. No creo que una suiza o una inglesa hiciera esto. Quizá una francesa: aunque no, más bien son independientes. Padre decía que el pueblo de aquí es capaz de ironía, que por eso se distinguía entre todos. Quizá haya alguna verdad; aunque habría que ver: no es más que una generalización”.

»La Selección Pumarega[1440]» es muletilla del menosprecio de Borges por la cultura de González Lanuza. Éste, alguna vez, con un candor que le costaría caro, le anunció: «Estoy leyendo El Capital de Carlos Marx. En la Selección Pumarega, por cierto».

[Sábado 2 de enero al sábado 10 de abril. Bioy Casares en Pardo y Mar del Plata ]

Domingo, 3 de enero. En Pardo. Hablo por teléfono con Borges.

1. Se refiere a las ediciones traducidas por Angel Pumarega (c. 1930).

Cuenta que cuando Ibarra iba a batirse con un muchacho Dellepiane, los padrinos resolvieron que no había ofensa, invitaron a los rivales a la reconciliación y propusieron que la celebraran con una comida. Ibarra respondió: «¿De qué me sirve reconciliarme con Dellepiane si tengo que comer con él?».

Etchebarne llamó por teléfono a Beatriz Guido, después de la lectura de El incendio y las vísperas, y le dijo: «Sos una sinvergüenza». BORGES: «Una persona que escribe una novela de actualidad lo que quiere es succes de scandale». BIOY: «Sí, pero en cada caso concreto se ha de sentir dolida. Pensará: me descubrieron el juego. No creo que la alegre la agresión violenta». BORGES: «¿Por qué no? Se habla del libro». Después, indignado sobre el llamado de Etchebarne a Beatriz, agrega: «Qué vida pobre. Lee los libros de Beatriz Guido. Ni siquiera porque le gusten. Por desesperación».

Martes, 30 de marzo. En Mar del Plata. Borges llega en el tren de las 19:40. Desde meses atrás no veía al amigo. Lo recibimos, con Silvina, en la estación.

Refiere que escribió milongas para que Astor Piazzolla les ponga música y que Edmundo Rivero las cante[1441]: «Ya me habían dicho que los músicos no tenían oído. Piazzolla no sabe leer los versos. Cree que

Aquí me pongo a cantar

Aquí me pongo a cantar

tiene siete sílabas. No le llegaron noticias de la función de la sinalefa. Un punto en la mitad de un verso lo persuade de que está ante dos versos escritos, por negligencia, en una sola línea. Un enjambement lo perdería irremisiblemente. ¿Sabrá música o corresponderá en música a un pintor abstracto? Ya Wally me dijo que leer un verso por primera vez no era cosa fácil». BIOY: «Muchas veces me he preguntado si no es sólo por pobreza del lenguaje que hablamos de música para versos y para música, de oído para versos y para música. De mí sé que no tengo oído para música —aun cuando me creo entonado resulta que desentono— y sin embargo advierto un verso perdido en la prosa».

Cuenta que Edmundo Rivero vivió en Córdoba con gente infame. Por ejemplo, cashadores de malandras. Los malandras son jugadores fulleros. El cashador se deja ganar; llega la policía; apresa a los malandras, confisca el dinero y deja la mitad al cashador (que, para salvar el pellejo, emigra).

Dice que Guastavino le parece mejor músico que Piazzolla. Que tiene en la cartera una tarjeta de Julio De Caro: tal vez éste haga un trabajo más adecuado. Afirma: «La música de la milonga que Piazzolla hizo para Paredes, como éste es un difunto, es tristísima. Comprenderás que si Paredes murió en el veintitantos yo no puedo estar muy apenado por su muerte. Además lo vi siempre a Paredes como un personaje genérico. Yo imaginé una milonga casi alegre, por cierto épica: ésta es quejumbrosa. Dijo Piazzolla que por primera vez se llevan los cantos gregorianos a una milonga. Así salió. También tiene final de cante jondo. Es una porquería. Las otras no me parecen mal. Piazzolla nunca había oído la palabra garifo; quería que la cambiara por pintado. Le dije que si escribía sobre temas criollos mejor era emplear modismos criollos. No entendió».

Hablamos de la willing suspensión of disbelief y sostiene que Johnson fue al respecto un precursor. BORGES: «El principal mérito de Johnson era su capacidad de ver la verdad». BIOY: «Sí, no se parece a Marta Mosquera. En un extremo de la variedad humana está Johnson; en el otro, Marta Mosquera». BORGES: «Boileau sostenía que si en el primer acto el héroe estaba en Corinto y en el segundo en Roma, el espectador no creía nada[1442]. Johnson arguye que el espectador no cree en la verdad de lo que ocurre en la escena; sabe que es una pieza de teatro, representada por actores, y que por una convención se admite que el lugar donde ocurren los hechos sea Corinto o Roma: no importa cuál[1443]. Vale decir que Johnson objeta a Boileau con buen sentido, con la verdad, lo que es difícil; no como los románticos, que decían que el espectador se transportaba por el vuelo de la imaginación».

De Adolfo Mitre: «Dicen que era muy inteligente. ¿Vos crees que sería tan inteligente? Lo que pasa es que era espantosamente gordo y llevaba una vida horrible. Ese hombre era un producto de la antítesis».

Cuenta que Macedonio era más bien petiso y flaco: «Madre lo ve con malos ojos porque cuando Padre estaba muriendo, a la única persona que quería ver era a Macedonio. —“¿Y Dono todavía no vino?”—, y éste nunca fue. Padre tardó un mes en morir y Macedonio nunca fue, porque sentía horror a la muerte y no quería tener imágenes de una agonía. Macedonio era muy amable y simpático. De Figari, dijo: “El doctor Figari, un conversador permanente, che. De una frase pasa a otra”. El epíteto me parece mejor que el caprino dado por Lugones a ese pintor cordobés que pintaba cabras. Una vez Macedonio habló de “las delicadas nubes del pincel de Figari”, en una conferencia que le dedicó, sin haber visto un cuadro suyo».

Hablamos del Cabito Bioy: «Me visita: está de peor aspecto aún. ¿Sabés a qué conclusión ha llegado? A que Novión de los Ríos no vale nada». Se ríe a carcajadas. BIOY: «Con escritores muchas veces secundarios, como suele pasar con la gente de quien uno se enamora, al Cabito le ocurre esto: durante un año o dos los exalta; obsesionado pregunta si el interlocutor no cree que —aquí aparece el nombre que el interlocutor espera— no es extraordinario; después, por un proceso que dura dos o tres años, llega a la evidente verdad de que el autor en cuestión carece de todo valor». BORGES: «También ha descubierto Cabito que Güiraldes no vale tanto».

Miércoles, 31 de marzo. Por la mañana, en la playa, con Silvina y Borges. Discutimos libros que podríamos intentar. Descartamos una Historia de la literatura argentina: con gente viva, es imposible. BORGES: «The Oxford History of English Literature, claro está, discourages longevity». BlOY: «¿Qué hacer con Mallea?». SILVINA: «No. Hay que poner orden. Hay que restablecer en su lugar a escritores dejados de lado. No debe tener la palabra Viñas». BIOY: «Silvina quiere que escribamos la Historia para que exaltemos a Wilcock». BORGES: «Ya lo sospechaba. Y con Bianco, ¿qué hacemos?». BIOY: «Señalar su mano liviana… ¿Hay que incluir a Guido y Spano? ¿A Olegario Andrade? ¿A Pedro Goyena?». Propone, para obligarnos a estudiar, una Historia de la literatura francesa. «La alemana, no: es demasiado didáctica». Digo que deberíamos escribir una Introducción a la literatura, en dos partes, una que corresponda propiamente al título, y una segunda que sea una preceptiva. Le gusta mucho la idea de esta segunda parte: «Más en el espíritu de Vernon Lee que en el de Albalat»[1444].

También le aconsejo (porque lo jubilan de la Universidad): «Si quieren contratarte en alguna universidad libre y no tiene Literatura inglesa, aceptá la cátedra de Introducción. Es una materia maravillosa, en la que podés ser muy útil».

Por la noche, asisto a su conferencia en el Club Pueyrredon.

Jueves, 1.º de abril. En Mar del Plata. BORGES: «Para agradar a su mujer española escribió Cancela en “El destino es chambón” que el compadrito se jacta de tener apellido español. Ahora tal vez eso ocurra. Antes no. Antes había prevención quizá contra apellidos italianos, pero los otros no se veían como españoles. Un López no pensaba que tenía el apellido del gallego del almacén de la esquina. Eran otros López. En casa, que fueron muy snobs en materia de apellidos, hablaban, por ejemplo, del coronel Suárez, pero ahí acababa la familia. No iba más allá de la Independencia. Como la patria. Para nadie era un orgullo provenir de gallegos. ¿No los llamaban, los gauchos, maturrangos?». BIOY: «El argentino de entonces estaba orgulloso de su país, nuevo y próspero. La gente no insistía en su ascendencia europea; menos aún si ésta era española o italiana. Siempre atribuí a la mano española de Pilar de Lusarreta el nombre Pipón de uno de los caballos del tramway de “El destino es chambón”».

Dice que Anzoátegui ataca a Darío por afrancesado[1445] y le opone el españolísimo Garcilaso: «¿No sabe que Garcilaso fue visto por los contemporáneos como extranjerizante[1446]? Un embajador Navagiero aconsejaba a Boscán y a Garcilaso que intentaran en español el itálico endecasílabo»[1447].

Estábamos en la playa, conversando; hacía frío. Dijo: «El coup de chapean ha minado mi autoridad», y recordó una reunión, en un café, poco después de la aparición de Don Segundo Sombra: «Estábamos ahí todos los amigos, que nos disponíamos a escribir sobre el libro. Todos lo encontrábamos aburridísimo, como una sucesión de cuadros folklóricos. Predijimos su fracaso. En eso nos equivocamos».

Se va de vuelta a Buenos Aires en el tren de las 17:50.

Martes, 13 de abril. En Buenos Aires. Come en casa Borges. Sobre la frase de Wilde, «Meredith is a prose Browning, and so is Browning», comenta: «Es injusta. Pero, en una frase así, la injusticia no importa mucho. En cambio, en la afirmación de Anzoátegui de que Verlaine era un viejo estúpido, lo único que hay es injusticia. Cuando Belloc tildó a Wells de provincial, éste replicó: “Mr. Belloc, so it seems, was bom all over Europe [El señor Belloc, según parece, nació en toda Europa. B]”».

BIOY: «Cómo ha cambiado Pepe [Bianco], tan delicado antes en sus gustos, que se asqueaba de Henry James o de Proust, hoy admirador de González Lanuza y Arlt». BORGES: «El comunismo vuelve basta a la gente. Bueno, Arlt es un clásico hoy en día. Qué raro: ¿Bianco se olvidó de que no podía publicar un artículo de González Lanuza sin corregirlo?».

A la una de la madrugada, ya miércoles, concluimos el cuento de los cocineros, que titulamos «Un arte abstracto».

Miércoles, 21 de abril. Come en casa Borges. Empezamos el cuento de los arquitectos[1448]. Me dicta un primer párrafo, barroco, con la habitual música de Montenegro, y las bromas dentro de bromas. No hay cómo detenerlo. Cuando llega al fin, le digo: «Aquí se enreda y se desbanda el lector». Protesta: «Es sólo un párrafo». Le digo: «Suficiente para negar la entrada. El lector siente que somos expositores irresponsables, llevados por el azar de las bromas. Tendrá pereza de meterse en el Gran Rotativo. Hay que atenuar todo esto». Traduzco su párrafo: conservo el sentido general, nada más. Acepta, conviene: «Está mucho mejor». De pronto, le propongo la frase hecha «para aclarar el concepto». La acepta, con el comentario: «De vez en cuando me das una fealdad para engañarme el hambre».

Martes, 11 de mayo. Come en casa Borges, de regreso del Perú. Publicó en La Nación «Al que está solo», un soneto (que no corresponde, según él, a lo que ahora siente, sino a lo que sintió hace dos años; lo tenía escrito desde entonces). Lo llamó por teléfono una mujer y le dijo: «Usted no me conoce. Mi nombre no importa. Quiero agradecerle que haya expresado lo que siento. Me dejó mi novio». Cortó la comunicación, llorando. La mujer del doctor Garrahan, viuda desde hace dos meses, también lloró por el poema. Borges comenta: «Como dijo George Moore: “To be sentimental is to succeed” [Ser sentimental es triunfar]». Otro hubiera dicho que «to succeed one has to be sentimental [para triunfar hay que ser sentimental]». ¿Te acordás cuando alguien le señaló que tal observación suya no era exacta? Moore convino, pero adujo: «One has to make a phrase [Lo importante es el estilo]».

BORGES: «Qué animal Ricardo Rojas. Pensar que tituló El profeta de la pampa un libro sobre Sarmiento. ¿A Sarmiento le hubiera gustado? (Riendo). Creo que no: toda su vida luchó contra la pampa y los gauchos». BIOY: «Además, la pampa es una palabra que corresponde a extranjeros que hablan sobre el país. Para nosotros suena falsa». Sobre las estupideces que dice Rojas del Martín Fierro, observa: «Si uno las niega, traiciona a la patria. No puede uno negar nada, porque es quitárselo al Martín Fierro». «Un terrorismo vigila», convine.

Alberto Hidalgo le mandó un largo prospecto anunciando que con el más crudo realismo hablaría sobre los escritores contemporáneos en un libro de recuerdos literarios que ofrecía en suscripción. Borges le contestó que no se suscribía, que a él siempre lo habían insultado gratis, que escribiera nomás con toda libertad. BORGES: «No sabés la importancia que tiene en el Perú la polémica de Boedo y Florida. Allá el grupo Martín Fierro cambió la literatura. Ahora yo llego a sospechar de toda la Historia de la literatura. Quizá todo sea retrospectivo y póstumo».

Preparamos una Antologa del amor. Leo un cuento del que tengo el mejor recuerdo: «A Letter and a Paragraph», de Henry Bunner. En la carta a un amigo un periodista describe su propia felicidad, con su mujer y su hijito. En el párrafo se sabe que antes de morir, el periodista —solo, soltero— escribió esa carta para corregir la impresión deprimente que siempre había producido en el amigo, para mostrarle lo que él podía haber sido. La carta es repugnantemente almibarada. BORGES: «Hay una justificación psicológica. Lo que la gente imagina como cuadro de su propia felicidad suele ser así. Pero más valdría que no se necesitara la justificación. Hasta el paragraph, uno lee un cuento dulzón». BIOY: «Repugnante». Él lo recordaba como dulzón; yo, como admirable.

Leemos «Amor’ é furbo» de «Clarín». No está mal. (Mientras le leía el cuento, Borges dormía, la boca abierta, la dentadura en la mano derecha. Después, para desmentir el irrefutable sueño, pasó un examen. Por experiencia de cuentista, con los pocos datos que tenía improvisó en líneas generales y con acierto el argumento del cuento).

Leemos cuentos de Maupassant: «Idylle». (BORGES: «Qué cuento inmundo. Me da asco». BIOY: «A mí no me da asco»), «La patronne». («No es nada»), y un viaje al campo con una pelirroja («Monsieur Parent»). BORGES: «Era enemigo de la anécdota. (Riendo). ¿Te das cuenta? Qué es todo esto si no anécdotas. Estos cuentos se escriben en una noche. Los prestigios literarios son arbitrarios. ¿Cómo se puede decir que esto está bien escrito? Los personajes son títeres. Estos cuentos no son más que argumentos… ¡qué argumentos! Todo está visto de lejos. El autor no se acerca ni que lo maten. ¿Por qué tendría ganas de escribir estas cosas?

Tampoco están bien escritos. Pensar que es uno de los mejores escritores del mundo». Leemos «Boitelle»: un soldado se enamora de una negra; la lleva a su pueblo, para que los padres la vean; ellos decidirán si puede casarse o no; deciden que no, que es demasiado negra. BORGES: «No hay ninguna sorpresa. Desde el momento que partió para esa consulta, había dos posibilidades, que la aceptaran o que no la aceptaran. Para que hubiera cuento, el autor tendría que inventar una tercera salida, o una aceptación o una negativa por un motivo inesperado. Si la niegan por negra no hay cuento». Con todo, nos parece un poco mejor que otros.

BORGES: «¿Qué pensaría de estos cuentos Flaubert? Maupassant no se daba mucho trabajo. Cervantes era más inventivo. Todo el tiempo estaba inventando disparates complicados, trabajosos. Las novelitas de pastores incluidas en el Quijote prueban que Cervantes no tenía fe en el Quijote. O que estaba aburrido de Quijote y Sancho. Lo que le divertía era otro tipo de relato, más complicado y absurdo. Le habrá divertido más escribir el Persiles que el Quijote. En Perú me dijeron: “Hay escritores españoles, pero no literatura española”. Yo creo que es verdad: en España, los buenos libros no tuvieron descendencia. ¿Qué escuela nació del Quijote? Fue estéril. Un mulo».

Dice que la nueva poesía está llena de tropos llamados metáforas, que no son metáforas, porque no comparan una cosa con otra: «El tránsito azul del río».

BORGES: «Se puede valorar los países por dos razones. Por hombres que produjeron: el modo menos justo, me parece, porque hombres inteligentes o admirados pueden nacer en cualquier parte. O por un tipo de vida cortés, razonable, ordenado, sin sátrapas ni mendigos (por ejemplo Suiza)».

Martes, 18 de mayo. Hace unos días, la comisión de la SADE publicó una declaración en que afirmaba que todos los escritores condenamos la intervención de las armas norteamericanas en Santo Domingo. Borges y yo resolvemos renunciar: invitamos a Peyrou, que acepta; a Alicia Jurado, que también acepta; a Mujica Lainez, que se entristece; a Mallea, que no acepta. A nosotros se nos acaba la cuerda y dejamos el asunto.

Jueves, 27 de mayo. Come en casa Borges. Habla con mucho afecto del Uruguay y lamenta que allí tengan un amor, no correspondido, por las letras. Sigue elogiando el Uruguay; del Brasil dice que lo mejor sería borrarlo del mapa.

Una señora inglesa le contó que en su casa eran agnósticos y que ella, un día que oyó: «In the name of God», preguntó a su madre quién era Dios. La madre le contestó: «Well, somepeople consider he made the world».

Viernes, 28 de mayo. Come en casa Borges. Tenía que dar una charla sobre el Talmud. Primero se negó, por no conocer el tema, pero insistieron mucho. Estuvo preparándose; al principio no tuvo suerte en sus investigaciones; después encontró: «El calumniador mata a tres hombres: al que lo oye, al calumniado y a sí mismo». «A la derecha de todo mendigo está Dios». «En el cielo, Dios reza para que su clemencia y su amor prevalezcan sobre su justicia».

Sábado, 29 de mayo. Comen en casa Borges y Peyrou. BORGES: «Ricardo Rojas era un bruto. Cuando Ascasubi se fue a Europa, Estanislao del Campo le escribe unos versos de despedida[1449]. Rojas dice: “El joven payador despide al viejo”[1450]. No eran payadores: eran señores jugando a los gauchos. Hay una idea peronista, ur-peronista, en imaginar que la literatura no puede ser escrita por literatos ni señores, sino por gente primitiva, gauchos, etcétera. Rojas dice que Ascasubi, aunque cordobés, prefirió la causa de Buenos Aires. Rojas se asombra de esto porque es un bruto. Le parecía inconcebible. Ascasubi comprendió que la buena causa era la de Buenos Aires y eso le bastó».

Cita el poema —basado en un hecho histórico— de la identificación del cadáver del rey Harold, después de la batalla de Hastings, por su antigua (y ya vieja) querida, Edith Schwanenhals, Cuello de Cisne (Un monje sugirió que buscaran a la vieja, que vivía en una choza). Heine cantó el episodio en su Romanzero?[1451] Y otro, sobre el árbol (¿de su inspiración?) en cuyas ramas el joven ruiseñor canta sólo por amor y que él, Heine, hasta en sueños oye:

Über mein Bett erhebt sich ein Baum,

Drin singt diejunge Nachtigall;

Sie singt von lauter Liebe,

Ich hör’ es sogar im Traum[1452].

BORGES: «Me recuerda una frase sobre un místico judío español:

Un piadoso ruiseñor cuya rosa era Dios[1453].

Un piadoso ruiseñor cuya rosa era Dios[1453].

Heine dice die junge Nachtigall, el joven ruiseñor. Joven, en ese contexto, no es una variante; es la palabra perfecta. Después de cierta edad, un poeta no puede jugar el juego de las variantes». Borges había elogiado Siete poemas de Mastronardi, con el reparo de que usa variantes como

frondas que agasajan la noche)[1454]

frondas que agasajan la noche)[1454]

Asegura que Heine le recuerda a Wilde. Cuenta que Heine durante mucho tiempo había pensado en visitar a Goethe; por fin lo visitó. ¿Qué le dijo? «Las cerezas de Baviera son excelentes». Heine escribe: «Júpiter sonrió y dijo que así era». De Heine: «Me encontrará usted un poco estúpido. Esta mañana cambié ideas con Fulano». «Los alemanes que me visitan [en París], me curan de mi nostalgia». La mujer le dice: «Pide a Dios que te perdone»; Heine responde: «No te preocupes. Ya lo hará. Es su oficio»[1455]. BORGES: «Heine, poeta más inspirado e intenso que Goethe, jamás hubiera admitido tal superioridad».

Oíamos un fado cantado por Amalia Rodrigues. Comenta: «Cada vez que a uno le gusta una cosa, cree que la belleza queda agotada. Pero tenía razón Cansinos, en pedir a Dios que no hubiera tanta belleza».

Del Cabito Bioy dice: «Para él no hay purgatorio, todo es cielo o infierno. Lugones es muy malo. Güiraldes: ¡una porquería! Y el mismo Novión de los Ríos no vale tanto. Ahora el autor admirable es Groussac (“¿No cree, Borges, que es muy profundo?”)». BIOY: «Todos los que están en su cielo caerán a su infierno».

Menciona con elogio versos de Emily Dickinson:

Parting is all we know of Heaven

And all we need of Hell[1456]

Borges repetidamente traduce: «En las despedidas hay todo lo que sabemos del cielo y lo que necesitamos para el infierno». Yo, ad impromptu, digo del.

Cita también:

This quiet dust was gentlemen and ladies[1457]

This quiet dust was gentlemen and ladies[1457]

y

This is my letter to the world

That never wrote to me[1458]

BIOY: «Una conducta burda era la de nuestro noviciado cuando, a la manera de Larreta, procurábamos colonizar frases hechas del repertorio de Correas[1459]. El miedo que teníamos todos nosotros de emplear una frase hecha me parece injustificado». BORGES: «Desde luego: no hay por qué evitarlas sistemáticamente, como si fueran infames. Entre una frase hecha y una variante, mejor la frase hecha, porque no es vanidosa».

Del sueño dice: «Noche a noche me convenzo de que es uno de los placeres más reales, nada parecido a la muerte. Uno de los más firmes placeres de estar vivo. Tal vez el único. Cuando a la noche empiezo a pensar frases absurdas me alegro porque estoy en buen terreno, del lado seguro».

Le refiero el mal cuento, admirablemente escrito, «Rarezas de una muchacha rubia», de Eça de Queiroz. Le digo: «Ahí tenés: los grandes cuadros de Flaubert, para delicia del lector. ¿Por qué escribiría malos cuentos?». BORGES: «Le era lo mismo escribir una cosa que otra. Además, creería que los cuentos eran eso. Pero El primo Basilio es muy linda novela».

BORGES: «Al mencionar los planes del rey Canuto de unir bajo su reino Inglaterra, Escocia, Dinamarca, Islandia y Noruega, alguien dice que no entrevio la grandeza de ese imperio escandinavo. Esto podría darnos la esperanza de creer que si alguna vez no hubo idea de Imperio, tal vez llegue un día en que no haya». BIOY: «Pero en un mundo de pequeños países bárbaros, enemigos, aislados, una sociedad como el imperio romano habrá sido beneficiosa para el progreso y la vida: una ampliación del mundo civilizado, fértil para las letras, las artes y el pensamiento. Además, el imperio romano significaba normas de convivencia. Quizá el persa, nada más que depredación y pillaje». Está de acuerdo. Sostiene que la Anábasis es un libro aburrido. Después refuta a Trevelyan, para quien los hechos más importantes de la Historia de Inglaterra son la llegada de sajones y daneses[1460]: «¿Cómo, la invasión normanda no cuenta? Tal vez todo el imperio provenga de esa invasión».

Habla de Snorri Sturluson: «Sin duda era un escritor admirable; como ciudadano, fue un traidor».

Me comunica un proverbio árabe: «Nada dura más de tres días».

Al salir del subterráneo a la lluvia, la gente abría sus paraguas. Borges llevaba bastón. Un malevo le dijo: «Usted se trajo al abuelito del paraguas».

Miércoles, 16 de junio. Come en casa Borges. Para la Antología del amor, que estamos preparando, consulté la inédita Antología de la poesía española que compilamos hace años. Le digo: «Está prácticamente hecha y no es mala. ¿Por qué no la publicamos?». BORGES: «¿Es muy breve?». BIOY: «Más de quinientas cincuenta páginas. Podríamos aligerarla de duques de Rivas y de Núñez de Arce y agregar a Manuel Machado, a Juan Ramón Jiménez y a Cansinos-Assens, que han muerto». (Que han muerto desde la compilación; el libro no incluye poetas vivos).

Cuando lo dejé en el café de Maipú y Paraguay, donde entró a tomar un vaso de leche, se encontró con Amaro Villanueva. No bien llego a casa me llama por teléfono: «¿Sabés lo que me dijo Amaro Villanueva? Que Mastronardi está escribiendo un libro con un título magnífico: Recuerdos de un provinciano[1461]. A mí no me parece magnífico. Además, ya está Recuerdos de provincia. “A usted no le gusta porque es porteño”, me dijo Villanueva. Respondí: “No. Tampoco me gustaría Recuerdos de un porteño. Un título tiene que ser un estímulo para la lectura. Es verdad que hay grandes libros con malos títulos… Pero usted me propone éste como título… Crimen y castigo, no es gran cosa, cuenta todo, pero promete algo. Prefiero Memorias de un vigilante, aunque tampoco me parece excelente”.

Miércoles, 23 de junio. Come en casa Borges. Cuenta que un inglés, peón de San Francisco, la estancia de su tío Francisco Haedo en el Uruguay, heredó un título que le franqueaba la entrada a la Cámara de los Lores y una gran fortuna. Cuando Francisco Haedo le preguntó cuándo se iría, el peón contestó: «No, don Pancho, yo me quedo aquí». «Pero no seas bruto, cómo vas a seguir haciendo esta vida», argumentó en vano Haedo. El hombre renunció a la herencia y permaneció en la estancia, como peón, hasta su muerte. BORGES: «No se veía en tercera persona, no se veía como el héroe de una novela».

Refiere: «Al final del Beowulf se dice:

No hubo hombre más pacífico

ni más ansioso de la fama.

Antes de que existiera la propaganda, la fama era deseable. Chesterton dice que “si un hombre que no conoce griego afirma que Píndaro es un gran poeta no habla de lo que no sabe sino que prueba su confianza en la cordura de los hombres”».

Leemos poetas románticos españoles. El peor nos parece Quintana, después del Duque de Rivas, que es incompatible con la literatura. Del Duque de Rivas dice BORGES: «Le gustan los incendios y los espectáculos enormes e imprecisos». También observa: «Cuando los españoles admiran tanto a Bécquer, nos dan la razón contra los otros románticos. Agradecen su intimidad». BIOY: «Porque recuerdan a estos otros alejándose, poseídos por las palabras y el metro, de todo lo humano, lo cuerdo, lo sensato».

Dice que Bécquer es íntimo, y de algunas Doloras de Campoamor elogia la elegancia. Recita:

Lo recuerdo de tal modo,

que aún creo que estoy mirando

cómo fuiste colocando,

mano, pie, cabeza. Todo[1462]

BORGES: «Lo recuerdo; está bien el lo. No se sabe de qué habla. Que aún creo que no está bien; colocando debió de dolerle: es horrible. Espero que después de cabeza haya un punto, no una coma. Es como una de las peores contrerimes de Toulet». BIOY: «¿Por qué de las peores? Es excelente». BORGES: «Muy pocas personas, entre las que conocemos, advertirán que está bien y que es un poema de amor. No entenderán nada».

Pondera a Manuel Machado: «Un poeta muy inteligente, que hace siempre lo que quiere y sabe lo que hace. No se parece, sin embargo, a la idea de poetas inteligentes, como Reyes, Diez Cañedo, inteligentes pero frívolos; es muy inspirado». Dice que es mucho mejor que Antonio Machado y que Lugones. Elogia el poema de Antonio Machado sobre Darío[1463]: «Le hubiera gustado a Darío. Está escrito con elementos de Darío». BIOY: «Como la “Epístola a Horacio” de Menéndez y Pelayo». BORGES: «El lector de Juan Ramón Jiménez no siente ninguna seguridad. El poeta es caprichoso: puede salir para cualquier lado. Qué gracioso que lo imaginen como refinado y moderno y que todo el tiempo eche mano a palabras como divino».

BORGES: «Padre, sin el propósito de escandalizar (nada le hubiera apenado más), siguiendo el pensamiento, me dijo: “You were begotten in San Francisco during our honeymoon” [Fuiste concebido en (la estancia) San Francisco durante nuestra luna de miel]». Madre cuenta que Mitre, ya viejito, tenía la cabeza perdida y citaba a las mucamas del barrio: «Luego, a la oración, la espero en ese zaguán». «Bueno mi general», le contestaba la muchacha. Ella no iba, él olvidaba. Madre ha escrito un libro de Recuerdos, que tiene Esther Haedo, pero no incluyó esta anécdota. «Nosotros éramos alsinistas. ¿Cómo voy a decir eso de Mitre?» Tampoco cuenta que una de sus tías asistía a las fiestas de Manuelita. «¿Llevabas la divisa?», le preguntaban sus sobrinas. «¿Qué se creen? Iba, eso sí, con un gran ramo de rosas coloradas.».

Jueves, 1.º de julio. Come en casa Borges. BORGES: «Buber, con mala fe, dice que el cristianismo interpone a Cristo y a la Virgen en el diálogo del hombre con Dios. ¿Cómo? ¿Ignora el Padre nuestro?».

Murió César Dabove, el hermano de Santiago. Consideraba con seriedad mental y sin mayores resultados problemas poco interesantes. Miraba a las mujeres con fascinación. A alguna la llamaba la diosa. Viajaba, muy lentamente, en su viejo automóvil, a Mar del Plata, con botellas de vino tinto y con alguna prostituta que contrataba, para el verano, en confiterías. Temía la vejez y la pobreza. En sus últimos años su amargura por todo era extraordinaria. «Wearied of life and afraid of death [Cansado de la vida y temeroso de la muerte]», explica Borges.

Murió Willie (Guillermo Juan) Borges. Borges, muy afectado. Un poco de placer morboso en contar detalles de enfermedades; un lado de afición por lo macabro. BORGES: «La familia Lange contribuyó a su destrucción, porque lo estimuló en el alcoholismo. Por lo demás, lo cuidaron ejemplarmente. ¿Por qué esa lenidad, esa simpatía, por el alcohol? He descubierto que ser un vecino respetable —en fin, las virtudes burguesas— tiene importancia. II faut s’enivrer, pedía Baudelaire[1464]: qué idiota».

Dice que las Elegías romanas es uno de los mejores libros de Goethe; que corresponde a experiencias vividas (contar hexámetros, en la cama, en la desnuda espalda de la amada[1465]); que el haber descubierto que su situación —su amor de hombre por una mujer a quien pagaba y que gracias a él llevaba mejor vida— era una situación poética, demuestra en Goethe una sensibilidad que sorprende. Me confía su sospecha de que la frase de Goethe sobre el pensamiento tal vez sea un error de traducción, porque no la encuentra en el corpus de Goethe[1466]: quizá lo que escribió fue que él no pensaba sobre el pensamiento o que el pensamiento no servía de tema de reflexiones. BIOY: «¿Por qué? ¿Hay que negar la lógica? La frase es: “El pensamiento no sirve para pensar”, y siempre la interpretamos como una mera protesta —pero tan feliz— de quien intenta deliberadamente pensar y, ante el fracaso, descubre que su mente sólo obtiene los mejores resultados de la reflexión de improviso, cuando aparentemente no trabaja».

Concluimos el cuento «El teatro universal». Planeamos dos: el de palabras aparentemente injustificables y acaso incomprensibles que sustituyen, en poemas, conocidas situaciones sentimentales[1467], y el del Molinero. Para el primero, recordamos que Xul decía: «Dos enamorados mutuamente se refieren que todo en la vida de ellos preveía el maravilloso encuentro. ¿Por qué, en lugar de esas largas explicaciones conocidas, no dicen Mnl?».

Parte rumbo a Colombia, acompañado de Esther Zemborain. Los viajes de BORGES: su lado de pesadilla.

Lunes, 19 de julio. Come en casa Borges, de regreso de Colombia.

Dice que en Colombia, cuando le pidieron un consejo sobre jóvenes que estaban por emprender la carrera literaria, recomendó: «Leer nada más que lo que a uno le guste. Dentro de lo que a uno le guste, preferir los autores clásicos o por lo menos de otra época. Evitar los clásicos españoles. Leer traducciones: tal vez en ellas el estilo sea malo, pero probablemente el pensamiento será bueno. En las traducciones, lo que importa al lector es saber a quién admirar. Si la traducción es en verso, a lo mejor cree que admira a Píndaro y está admirando a Rodolfo de Puga. Por eso vale más traducir en prosa».

Comenta expresiones colombianas: «¿No le provoca un tinto?» por «¿No quiere un café?». «Aquí viene la doctora (i.e., Esther Zemborain) elegantizada». «El pueblo hermano nos envía esta lujosa delegación».

Le preguntaron si estaba peleado con Sabato. «Vea —contestó—. No me acuerdo. Con Sabato uno siempre está peleándose y reconciliándose. La verdad es que no puedo decirle si en este momento estamos en una pelea o en una reconciliación».

BORGES: «Parece que Blomberg tuvo fama de ser el mejor minetero de Buenos Aires. Su autenticidad puede apreciarse en los personajes de sus poemas: la pulpera de Santa Lucía —¡te das cuenta lo que sería una pulpera!—, la guitarrera y la mazorquera ya totalmente fabulosas».

De Victoria Ocampo observa: «Es un caso raro. Es campechana, pero las frases hechas que emplea no se usan en su país».

BORGES: «La gente no sabe la parte que tienen la pereza y la resignación en lo que uno escribe. Una chica uruguaya buscaba explicaciones simbólicas, metafísicas y religiosas para mis poemas. “Uno no escribe con intenciones así… No podría escribir. No soy autor de fábulas con moraleja. ¿Usted escribió alguna vez? ¿No? Entonces por eso imagina que un escritor es tan complejo e intencionado”. Puse mi carne humana[1468] porque probé antes otros epítetos, no me convencieron, di con éste, me pareció raro, sonaba bien y me hizo gracia, porque en general se dice carne humana con el verbo comer. ¿Por qué digo que las caminatas o las noches me llevaban a los lugares de los arrabales[1469]? ¿Porque paso de lo temporal a lo intemporal? De ninguna manera. Porque salíamos en aquella época a caminar con amigos, con Mastronardi o con Dondo y como no íbamos a caminar por el centro nos dedicábamos a descubrir la ciudad y sin darnos cuenta nos encontrábamos muy lejos».

Menciono elogiosamente a Somerset Maugham. BORGES (tensa la cara por el desagrado): «Le tengo antipatía. Se permitió, en un prólogo, atacar a Kipling. ¿Por qué no dice: “Quién soy yo para juzgar a un gran escritor”?». BIOY: «Bueno; te contaré algo para que lo perdones un poco. ¿Sabés por qué quiso conocer las islas del Pacífico? Porque quería conocer los lugares de The Wrecker y de The Ebb-Tide». BORGES (sonriendo, desarmado): «Se ha observado que Stevenson escribía mejor que nunca cuando colaboraba con Lloyd Osbourne[1470], porque éste lo obligaba a ceñirse al argumento».

Le cuento este sueño, haciéndole notar que en él yo no era el protagonista, sino un mero observador: Alguien me decía: «¡La primera vez que tuve que sacar un tren de Constitución!». Yo veía el oscuro y vasto edificio, por el lado de la calle Brasil. El narrador continuaba: «No me daban vía libre. Tuve que sacar el tren del segundo piso. Llegué hasta Altamirano. Pedí paso. Me dieron en la cabeza con la señal de vía ocupada. Desde nuestro tren, veía las vías: de ahí en adelante, había una sola vía. En Altamirano —divisé la estación— había un tren detenido, cara al nuestro. La señal, subida, nos negaba el paso».

Refiere que en la Edad Media, espada, anillos y banderas (o estandartes) tenían nombres: Durendal, la espada de Rolando; Joyeuse, la de Carlomagno.

Comenta risueñamente las traducciones de Caillois: en un mismo poema, empieza en alejandrinos y concluye en verso libre. Dice Caillois que respetó el sabio orden del original del Hacedor. BORGES: «El orden es débilmente cronológico, si no enteramente casual».

Cree que las famosas sentencias de las sagas no son más que los largos discursos retóricos que los anglosajones ponían en boca de los moribundos, abreviados, afinados por la experiencia del tiempo: «En los trances más tremendos, atribuían a los personajes un largo discurso retórico; los autores de las sagas redujeron eso a una sentencia».

Illia ha invitado a la reina de Inglaterra. BORGES: «¿Cómo? ¿No prevé la infinidad de actos aburridos, la incomodidad de las conversaciones a través de un intérprete? No. Nada de eso le importa. Lo colma de satisfacción la idea de la visita de la reina. Ella tampoco tendrá muchas ganas de venir. Estará harta de desfiles, recibos, almuerzos, homenajes, flores a los libertadores y héroes. Pero su vida ha de consistir en esos actos: si le faltaran, los extrañaría. El gran descubrimiento de las dictaduras es que la gente no tiene vida privada. En contra de la enseñanza de los novelistas del siglo XIX, la gente no tiene vida privada».

Ulyses Petit de Murat nos manda (a Borges, a Peyrou, a mí, a dos o tres más) una carta afectuosa y enojada, sobre todo enojada contra «esa persona llamada Adela Grondona», que en la campaña para las elecciones de la SADE lo tildó de comunista; dice que no es comunista.

Última trouvaille de Guillermo: decimonónico. «¿Por qué nónico?», pregunta Borges.

Viernes, 30 de julio. Come en casa Borges. Escribimos el cuento de Ginzberg (La tarde bocamanga se nos va[1471]). Me refiere que un monje, llegado de Roma, trató de convertir al cristianismo a los señores ingleses con descripciones del infierno y su fuego que nunca se apaga. Hartos de frío, los señores manifestaron su vivo interés por ese infierno, que invenciblemente los atraía como una siempre grata chimenea. Para ellos hubo que inventar infiernos glaciales.

Margarita Bunge le dijo: «Neruda es un cobarde. Como sabe que vas a llegar a Chile, se fue al campo, para no hacerte frente». BORGES: «Si procedió así, procedió como un caballero. Es comunista y sabe que soy anticomunista; los dos somos candidatos al Premio Nobel; le preguntarán qué piensa de mi candidatura: atacarla es burdo, aplaudirla no parece sincero. Lo más probable será que cada cual trate de hundir la del otro con dump praise. (Pausa). Pero no creo que sea mi llegada lo que determinó ese viaje al campo. Habrá sido cualquier circunstancia que no tiene nada que ver conmigo».

Domingo, 1.º de agosto. Come en casa Borges. Dice: «Alicia Jurado está muy contenta porque ganó una beca de la Fundación Guggenheim para escribir sobre Hudson, ¡en los Estados Unidos! La sacan de aquí para que estudie allá a Hudson. Bueno, lo hará sin mayor vuelo, pero mejor que otros. No se necesita mucho vuelo para escribir sobre Hudson. Alicia es painstaking… En Inglaterra ponen a Hudson por debajo de Tomlinson, como escritor menor: en su lugar. Era un poco macaneador: acordate del pasto que crecía en una noche y tapaba a un ejército». BIOY: «O el toro matado de un grito, a la distancia»[1472]. BORGES: «Era un escritor simpático. No el mejor escritor del mundo como sostenía Martínez Estrada: eso es una locura y la frase no puede aplicarse a nadie».

Martes, 3 de agosto. Come en casa Borges. Comenzamos a leer ensayos sobre Lugones, para el concurso de La Nación[1473]. Dice que este concurso sobre Lugones servirá para que le tomemos fastidio: «Tan vehemente, tan dogmático. Tiene algo de máquina. ¿Te das cuenta? Titular su libro Mi beligerancia cuando en otra beligerancia —la Gran Guerra europea— peleaban y morían millones de personas… Ahí está toda la estúpida ceguera del literato. Sus opiniones siempre eran extremas». BIOY: «Aunque voluble, siempre fanático. Salvo su habilidad retórica, el hombre no es muy admirable ni querible».

Miércoles, 4 de agosto. Borges habla de animosos que darán la nomenclatura de las diversas unidades de un ejército de aquella república: una fuga consta de tres retiradas; tres fugas componen una mierda; seis mierdas, una tregua; dos treguas, un desbande, cuatro desbandes, una gloria. El poeta, con piedad filial, cuenta que su padre comandó las mierdas que derrotaron la gloria de la facción contraria. Colazo es término que designa lo que nosotros llamaríamos batallón; algunos autores prefieren la lección colapso.

Viernes, 6 de agosto. Come en casa Borges. Leemos ensayos sobre Lugones. BORGES: «Lo que nos salva es que olvidemos, de una noche a otra, lo aburridas que son estas lecturas. Si no, sería cosa de pegarse un tiro».

Domingo, 8 de agosto. Porque Borges lo citó en la mesa, leo «Mardoche» de Musset. Hallo agrado en estos eficaces versos, alegremente pagados de sí mismos. Cotejo en los Companions las fechas de «Mardoche» y del Don Juan de Byron.

Martes, 10 de agosto. Come en casa Borges. Leemos tres o cuatro ensayos sobre Lugones para el concurso. Todos escriben lugoneano por de Lugones. BORGES: «¿Puede uno decir: “En casa de la viuda se conservan dos bastones lugoneanos”? Lugoneano significa “a la manera de Lugones”. Un libro lugoneano no es, pues, un libro de Lugones, sino un libro escrito a la manera de Lugones». Agrega: «Casi todos los autores de estos ensayos consideran a Lugones un pensador profundo y extraordinario. Sus ideas eran triviales o equivocadas: por ejemplo, que éste sería un gran país».

Recuerda nuestra visita, en 1940, a la viuda de Lugones, para pedirle permiso para incluir un cuento de Las fuerzas extrañas en la Antología de la literatura fantástica. La mujer, repitiendo que si hubiera sabido que nuestra intención era dispersar la obra (se le fijó el verbo; no podía evitarlo) no nos hubiera recibido, nos sacó cortitos. El hijo —increíblemente— nos concedió sin dificultad el permiso.

BIOY: «Al día siguiente del suicidio de Lugones, estábamos en la Biblioteca de la calle Carlos Calvo, donde vos trabajabas. Se nos acercó Bernárdez y exclamó desolado: “¡Qué muerte para un esgrimista!”». BORGES: «Esa frase pudo decirla Wally». BIOY: «O Gervasio Montenegro». BORGES: «Tal vez lo hubiera satisfecho más una muerte complicada, como la del final de Zogoibi. En el número especial de Nosotros, el burdo José Gabriel dijo: “Se mató con cianuro, como corresponde, porque es veneno para insectos[1474]”. Quién sabe si Lugones no fue al recreo en esa isla para facilitar el acto de la muerte: había previsto todo y el suicidio, después del viaje, no resultaba sino el último acto y la consecuencia de los anteriores. Además, si allá había estado con María Alicia Domínguez, el recuerdo sería más vívido, más opresiva la nostalgia; más necesario el suicidio… Parece que por María Alicia no sólo se suicidó Lugones (un poeta, loco y raro, diría Ibarra), sino también un capitán del ejército». BIOY: «Quién lo diría. Parece una maestra, puesta en razón».

Por primera vez noto que el epíteto donoso es un poco anómalo para escrutinio. Como dice Borges, corresponde al deseo de Cervantes de estimular al lector.

Sábado, 14 de agosto. Hablamos con Borges de los negros de los Estados Unidos; de cómo donde hay negros y blancos ahora se suscitan situaciones desagradables y de que pasará bastante tiempo hasta que la convivencia fluya sin prevenciones. BIOY: «Por todo esto, en medio de nuestras dificultades, es una suerte que no haya negros en la Argentina». BORGES: «Están los radicales, que son nuestros negros honoris causa».

Miércoles, 18 de agosto. Come en casa Borges. Escribimos el cuento del que sustituye, en los versos, las reiteradas y eternas situaciones sentimentales por sonidos como Mnll.

Lunes, 23 de agosto. Come en casa Borges. Me dice: «¿Sabés que debés tu existencia a una taza de chocolate?». Me refiere que mi padre cortejaba a una hija del general Arredondo; que un día, en que estaba de visita, sirvieron chocolate y por un mal movimiento volcó una taza sobre el general; mi padre se excusó, no pasó nada, pero no volvió a la casa[1475].

BORGES: «Mallea lee por radio trozos de sus vastas novelas, sin preocuparse de que resulten inexplicables para el oyente, pero con infinitos escrúpulos en cuanto a no cometer furcios. Peyrou también se distingue por las lecturas de trozos de novelas: por ejemplo, conversaciones entre sujetos borrosos, sobre incomprensibles transacciones comerciales».

Martes, 24 de agosto. Borges come en casa. Por su cumpleaños, le regalamos un frasco de agua de Colonia Guerlain Extra Dry y el Background of English Literatura, de Grierson. Escribimos el cuento de Ginzberg.

Observa: «Nada tan deprimente como hojear revistas viejas».

Miércoles, 25 de agosto. Come en casa Borges. Recuerda al crítico norteamericano que dijo de Poe: «Descubrió el género policial. La belle affaire!»[1476] BORGES: «Lo cierto es que hoy el último practitioner supera al maestro… Que Poe engañara a tal punto a Baudelaire comporta un argumento contra Baudelaire».

Mañana, un poco asustado, viaja a Santa Fe. Cinco horas de soledad en el tren; cambio de trenes en el Rosario, con la improbable ayuda de la gente de la Cultural Inglesa; tres horas más de viaje y, en Santa Fe, soledad en el hotel. Después de dos días allá, el trayecto inverso. La madre, que iba a acompañarlo, por enfermedad se ve impedida. Borges tiene que resolver infinidad de dificultades: manejo de boletos, cédula de identidad, dinero, vestirse, arreglar la valija. Dice: «Yo veo cada día menos. Antes podía cruzar la calle, si no era una avenida. Ahora no veo casi nada. Estoy seguro de que dentro de un año estaré completamente ciego».

Sábado, 28 de agosto. Comen en casa Borges y Peyrou. BORGES: «Los mejores tangos son los que no recordamos, porque no son fáciles de recordar; los que nos sorprenden un poco. Cuando silbamos o tarareamos un tango lo abaratamos. Hay tangos en que una parte no tiene nada que ver con otra. Antes del tango canallesco, compadres y gauchos eran más o menos iguales. El compadre se consideraba gaucho y no se había despojado del todo del caballo:

Yo, con dulce acento,

junto a mi ranchito,

canto un estilito

con tierna pasión,

mientras que mi dueño

sale al trotecito

en su redomón[1477]

Esta letra no es un error. En 1872 Ascasubi se lamenta, en el prólogo de Santos Vega, de que ya se acabaron los gauchos. Creo que Felipe Lastra, en sus Recuerdos del Novecientos, dice de una persona que él conoció cuando era chico, que alcanzó a ver guapos. Es claro: todas las cosas ocurrieron siempre un poco antes. Las milongas no se bailaban: una milonga era una fiesta, un baile, una reunión de gente para bailar. La gente comía a las ocho y después, de noche, las señoras iban de compras a las tiendas. El tango nunca se bailó en los conventillos. Al tango lo impusieron los niños bien. Los malevos agresivos abundaban en el centro, nunca en los arrabales, donde la gente que vivía era de trabajo».

BORGES: «Indudablemente ha progresado nuestra sensibilidad. Dante es incomparablemente superior a Priestley, pero el infierno en Priestley es más verosímil. A nadie, antes, se le había ocurrido crear un ambiente uncanny para la descripción de infiernos. Amontonaban torturas, nomás». BIOY: «Peor aún. Hacían que los inquilinos de esos infiernos hablaran con una calma que de algún modo desmentía esas torturas». BORGES: «Los escritores irán descubriendo aspectos de las cosas que hoy no sospechamos». Agrega: «Europa está muy mal. Aquí la literatura, y probablemente la pintura, es mucho mejor. Nosotros estamos en nuestro Siglo de Pericles. Qué absurdo. Un país con buenos escritores y buenos pintores, que en todo lo demás se hunde».

De Adán Diehl: «Aborrecía a Güiraldes y decía que era extremadamente cobarde. En la otra guerra un grupo de escritores formó un comité para pedir que el gobierno rompiera relaciones con Alemania. Un día que estaban reunidos se dijo que los radicales atacarían. Según Adán Diehl, Güiraldes se puso negro de miedo. De mi trato con Güiraldes, yo no podría nunca deducir que era cobarde». SILVINA: «Sin embargo, escribió un poema titulado “Mi coraje”»[1478].

BORGES: «La señora de Bullrich abre mañana una carnicería». BIOY: «Ni el snobismo es sólido».

Viernes, 3 de septiembre. El almirante Rojas recibió a Borges. Habló un rato de bueyes perdidos y después dejó caer un consejo para un próximo discurso de Borges en homenaje a la Revolución Libertadora: «No diga nada que dé asidero para los revolucionarios de ahora, para los golpistas contra el gobierno». Le explicó que Illia es comunista; que Onganía lo sabe y que está dispuesto a salirle al paso; que según sea el gobierno de Onganía, él (Rojas) le prestará apoyo o no; que Onganía es un cuartelero honesto y que probablemente haga el mismo papel que el general Rawson el 4 de junio de 1943: dar un golpe para que otro se quede con el gobierno; ese otro sería un ideólogo, apoyado por Rusia. Con él ya tendríamos el comunismo en la Argentina. Por último habló de un asunto serio —ficticiamente—; le preguntó por el estado de la Universidad, sin mayor interés, porque estaba ya informado.

Parece que los militares se dividen en troperos (o cuarteleros) y papeleros (de oficina). Comenta Borges el poema de un austríaco, que enumera las fatigas del penoso día del conscripto y prosigue con el verso:

y de noche soñar con los sargentos.

y de noche soñar con los sargentos.

Sábado, 4 de septiembre. Comen en casa Borges y Peyrou. A éste lo encontramos hoy muy recaído en su fobia contra los italianos. Sabe que entre nosotros no halla eco, pero incontenidamente persevera: «Los italianos son muy fríos, muy egoístas; en Italia reina la grosería. La gente allá no es deportista de veras; con un aparato de radio sigue de lejos los partidos y grita»; etcétera. Borges comentará después: «Explicaba al pobre Dabove o a Mastronardi los defectos de los italianos; no con propósito agresivo, sino porque no recordaba que esas personas tenían nombres italianos y tal vez se incomodasen…».

Le pregunto si en inglés se dice eleven o ileven. «Ni lo uno ni lo otro. Es una i que tiende apenas a ser e. En inglés no hay vocales abiertas. En inglés las vocales están desapareciendo. Otra cosa que tiende a desaparecer son los dicharachos: hoy la gente prefiere un lenguaje abstracto, falsamente científico y preciso, con palabras como vigencia y problematizar». Mencionamos viejos dichos en desuso:

El changador de la esquina. Pregunta Borges si antes la gente se mudaba continuamente, como deja suponer la expresión. Norah se acuerda de uno; yo creo recordar otro. No los había en todas las esquinas. La gente recibía carne, legumbres, frutas de las estancias: el changador se encargaba de traerlas. También era un handy man para muchos quehaceres domésticos. Hoy subsisten en casas de remate de muebles.

Tuvo una de a pie. Tuvo una agarrada.

No tiene dónde caerse muerto. BORGES: «Mi madre diría: “No tiene tras qué caerse”» (pronunciado cáirse).

Reza a la Virgen y no corras. No conseguirás nada: apresúrate.

Hablamos de argentinismos:

compadrón, compadrito. BORGES: «Rossi se equivocaba: compadrón no es un compadre grande ni compadrito un compadre chico. Compadrón es peyorativo o burlesco. Compadrito es compadre[1479]. También se equivoca cuando vincula a todo gaucho con los montoneros y por último con los charrúas. A principios de siglo nadie se acordaba de los montoneros».

maula: Borges lo oyó únicamente en la acepción de cobarde, yo en la de cobarde y también mezcla de ladino, cobarde, informal, mentiroso, chambón, pérfido, sotreta, despreciable; aplicado a caballos: sin coraje, de poco aguante.

perro en deportes, mal jugador, chambón; en la oficina, despótico.

Domingo, 5 de septiembre. Come en casa Borges. Dice: «Con Madre resolvimos no volver a Adrogué. Tenemos miles de recuerdos lindísimos de Adrogué y un solo recuerdo malo, el de la última vez que fuimos. Mejor no borrar los recuerdos de quintas y calles arboladas en diagonal, con el de casas de departamentos de cuatro pisos y pequeños negocios. Uno se olvida de estas cosas. ¿Cómo era antes la zona de Buenos Aires donde están ahora las diagonales? Todo eso ha sido borrado del recuerdo, por el presente».

Observa: «Hay mujeres que imaginan que siempre las desairan. Madre asegura que nunca fue desairada. “Nunca me consideré desairada, ni se me pasó por la cabeza pensarlo —cuenta— y creo que nunca lo fui”. Ahora está muy nerviosa y afirma: “Lo que no quiero es sufrir. De morir no tengo miedo. Hasta pienso que es oportuno”».

Lunes, 6 de septiembre. Come en casa Borges. BORGES: «En una reunión hay alguna duda sobre quién debe pasar primero, Valle-Inclán o Benavente. Colérico, Valle-Inclán se adelanta, pasa y declara: “¡Yo no permito que pase primero un puto!”. Benavente, que era ceceoso, contesta quedamente: “Yo zi”. Otra vez, en un café de Madrid un matón le pregunta a Benavente: “Usted ¿es el puto Benavente?”. “Sí, y usted es un hijo de puta y además nadie lo conoce.” Los escritores españoles se sienten defraudados cuando piden anécdotas de los escritores de Buenos Aires. La contestación frecuentemente es: no hay anécdotas. Tal vez aquí los escritores no sobresalgan por las gracias y las pullas. Allá se estilan. ¿La costumbre les vendrá de Francia o será autóctona?». Cuenta Borges, sin embargo, a modo de ejemplo: «En la primera reunión de La Prensa, después de que el gobierno de la Revolución Libertadora la devolviera, Capdevila avanzó con los brazos abiertos, exclamando “¡Mi querido amigo!”, en dirección al subdirector, Santos Gollán, pero al divisar a la derecha al director, Gainza Paz, dobló, siempre con los brazos abiertos, y dirigió a mejor destino abrazo y exclamación».

Hablamos de Betina Edelberg y de su marido. BIOY: «Son muy agradables en el trato, pero desgraciadamente escriben. Escriben libros pésimos; peor aún: libros sobre los que no puede uno hablar, porque tampoco puede leerlos». BORGES: «Eso no es todo. El fracaso total no es indiferente. Vuelve un poco desagradables a quienes les ocurre. Tienen una irritación sorda, un descontento difícil de ocultar. El trato con ellos no es cómodo, porque hay que andar con mucho cuidado»: la referencia a cualquier circunstancia de nuestra vida parece una ostentación odiosa. O si no, uno evoca recuerdos penosos. «El Suplemento de La Nación empieza uno; “…donde no logro publicar”, piensa el fracasado». Agrega: «Betina está en contra de Guido y Spano, de Obligado y de Andrade; la retórica del “Nido de cóndores” tal vez no sea impecable; pero lo que ella nos da en cambio carece de valor».

De Ezra Pound observa: «Para elogiarlo se contradice una afirmación de Stevenson. Yeats, Joyce, Eliot lo juzgan el mejor poeta, il miglior fabbro[1480]; pero nadie lo lee. Lo ponderan porque no condesciende a temas que interesan al lector, a situaciones en que el lector puede hallarse; no produce catarsis ni nada. Qué diferencia con Stevenson, que decía que “el encanto no es muy importante, pero sin él ninguna otra virtud vale”. A Pound le atribuyen todas las otras virtudes. No creo que las tenga».

Parece que la señora de Bullrich abrió su carnicería; en el vemissage, el carnicero bebe champagne, tiene mala bebida, hay que reducirlo; al otro día lo echan. BORGES: «Mientras, el marido visitaba su parrillada. ¿Qué les dio con la carne a éstos?».

Jueves, 9 de septiembre. Come en casa Borges. Lo llaman de la revista Panorama, para pedirle una entrevista. BORGES: «¿Pero ustedes no son los que publicaron en la tapa una fotografía de Perón[1481], del mismo Perón que hubo que sacar con la Revolución Libertadora?». PERIODISTA: «¿Y eso qué tiene que ver?». BORGES: «Para mí tiene mucho que ver porque soy argentino. Adiós, señor».

Pereda Valdés y Borges presencian un encuentro de Silva Valdés y Leandro Ipuche; se enteran de que estos últimos se conocieron en un hospital. Cuando están de nuevo solos, Pereda Valdés dice a Borges: «Parecería más bien que los dos se conocieron en el mismo manicomio».

BORGES: «Ipuche, además de megalómano, es puerilmente nacionalista. Con franco interés me preguntó en una ocasión si Macedonio era uruguayo. Yo le contesté que no, que justamente Macedonio había publicado un desmentido, “adelantándose a las protestas que pudieran llegar de Montevideo”. No le dije la prueba que daba Macedonio: que él no ocupó nunca un puesto público. Inmediatamente desinteresado del asunto, Ipuche exclamó con menosprecio: “Ya me habían dicho que era un loco”». BIOY: «Silva Valdés tuvo gran prestigio en algún momento; muerto entonces hubiera quedado como un gran malogrado». BORGES: «En cambio, ahora se lo ve como un atrancado, al que no se lo saca ni con una cuarta. Su gambito consiste en tratar viejos temas gauchos con un estilo que lo muestra —lo mostraba— como hombre al día. El mismo gambito de Güiraldes. Siempre alguien apelará a ese recurso, siempre se hará eso».

Martes, 14 de septiembre. Come en casa Borges. Dice que Portrait of the Artist as a YoungMan es una de tantas novelas autobiográficas; que nadie la recordaría si Joyce no hubiera escrito después el Ulysses; que prueba la incapacidad de Joyce para escribir novelas: para imaginar caracteres y para inventar un argumento. De Finnegans Wake: «Es un libro que muchos habrán comprado y que probablemente nadie habrá leído más allá de las primeras páginas. Parece que hay que leerlo simultáneamente, todo al mismo tiempo. Cómo se hace eso no se explica. Tal vez Dios pueda hacerlo».

Miércoles, 15 de septiembre. Come en casa Borges. Me trae de regalo tres libros. Escribimos el cuento sobre el escultor[1482].

Dice: «Quieren que la Biblioteca compre los manuscritos de Güiraldes. La Biblioteca no tiene plata ni manuscritos; todos los manuscritos están en el Archivo General de la Nación. ¿Qué valor tienen? Permitirán ver las correcciones por las que arruinaba del todo un texto. Le pedí a Madre que si me pasa algo destruyan todos los manuscritos míos que encuentren. ¿Para qué sirven? Para que se escriban tesis, trabajos de estilística, imbecilidades».

BORGES: «El autor de un estudio sobre Ezra Pound dice que Eliot es un maestro, pero que no inventó nada; que Pound inventó la manera de escribir. ¿Qué importancia tiene esto? Ninguna. Al lector le importa la pasión que está detrás de los textos, la pasión comunicada. Si en Los tres gauchos orientales está todo el Martín Fierro, ¿qué importa? Importará en la Historia de la literatura; un profesor indicará la fuente; pero los lectores no encontrarán nada que los conmueva en Los tres gauchos. Si a uno le dicen que Lussich descubrió los temas, uno advierte más terminantemente su estupidez o por lo menos su inferioridad poética. ¿Cómo, si tenía el mismo plan, escribió un libro tan inferior al Martín Fierro?».

El cuarteador Soto le dijo que la vida de tropero era muy agradable, que gracias a ella había virado mucho: citó ciudades y parajes de Entre Ríos. En no sé qué localidad de La Pampa, se sostuvo que alguien había viajado mucho y enumeraron dos o tres localidades de la entonces gobernación a las que el afortunado habría llegado.

BORGES: «Parece que Mastronardi objetaba la palabra resero en Güiraldes. “¿Por qué no evocar la tropa? ¿Por qué evocar un montón de reses en el gancho?”, decía». BIOY: «Hasta mi lectura de Don Segundo ignoré la palabra resero. Pensé entonces que esa palabra era una prueba de la diferencia entre los libros y la realidad (creyendo que el uso libresco era más prestigioso, más sabio; estaba persuadido de que el libro sabía cómo habla la gente, mejor que la gente). Yo siempre había oído tropero». BORGES: «Yo también. En San Antonio de Areco se diría resero; si no, ¿por qué elegir la más fea de las dos palabras?». BIOY: «Tropero, libre de eses, tiene un sonido más limpio». BORGES: «Y evoca la tropa de animales vivos. En cambio, resero sugiere las reses, el animal muerto». BIOY: «En Pardo todo el mundo decía tropero. Ahora dicen también resero. Te confieso que al leer la palabra por primera vez no la entendí». BORGES: «No, eso no». BIOY: «Sí, no entendí. No olvides que yo era muy estúpido». BORGES: «El primer síntoma de la inteligencia es la estupidez. O la equivocación… Autores que no conocieron escuelas literarias, que se salvaron del ultraísmo, del surrealismo, del dadaísmo, por ejemplo Conan Doyle y Rider Haggard, de pronto se embelesan con frases absurdas, que no los engañarían si hubieran pasado por nuestros errores. Los gnósticos decían: “Hay que pecar. Llevamos adentro los pecados no cometidos”».

Domingo, 19 de septiembre. Come en casa Borges. Comenzamos el cuento titulado «El gremialista». Me comunica su sorpresa porque una señorita, empleada de la Biblioteca, «muy niña bien» y nada fea, no oculta la lectura de libros obscenos. Refiere que, leyendo Los doce Césares de Suetonio… «Bueno, bueno, como hubiera dicho Ureña», pienso.

Jueves, 23 de septiembre. Come en casa Borges. BORGES: «Piazzolla tocó unos tangos suyos. Madre creía que eran música brasilera, hasta que leyó el título de uno, Lunfardo. Así, la palabra sola, no parece título de tango. Tampoco Calambre. El calambre sí, pero él prefiere Calambre. Es un bruto y tan vanidoso… Otro se llama Melancólico Buenos Aires. ¿Te das cuenta, qué animal? No son tangos ni nada. El tango se siente con el cuerpo. Oís un tango y cambiás de postura, te encogés un poco. Él los llama tangos porque si los presentara como simple música los músicos se le vendrían encima; en cambio, como innovador de tangos lo toleran y hasta lo fomentan».

En una discusión con Aníbal Troilo, Borges sostuvo que el tango nació en el centro, no en los arrabales, y que lo impusieron los niños bien. BORGES: «Un historiador del tango, de un café de Boedo, tuvo una invención genial: sostuvo que la cuna del tango eran las Balvaneras. Como hay Balvanera Sur, Balvanera Oeste y Balvanera Norte, todos los barrios de la ciudad están representados y nadie puede protestar».

Le cuento que me preguntaron si él era el Jorge Borges que hablaba, en tiempos de Frondizi, contra el Che Guevara, por radio Mitre. Sospechaba que no, pero solamente dije: «No sé». BORGES: «En esos casos no hay que decirle a la gente que está equivocada. No les gusta. No es amable».

Un señor cordobés contó a Borges que en tiempos de Perón lo metieron preso; que estuvo adentro seis meses, por fortuna entre los presos comunes. Dijo que, de éstos, los mejores eran los homicidas porque «al fin y al cabo cualquiera puede ser homicida»; después venían los estafadores, gente que para no trabajar empleaba la inteligencia; los peores, una verdadera porquería, eran los ladrones. «Ésos no respetan la propiedad. Son muy molestos. Aunque los cacharros, en la cárcel, eran todos idénticos, estaban continuamente robándolos».

Domingo, 3 de octubre. Come en casa Borges. Le preguntaron en Mendoza por Sabato. Respondió: «Es una excelente persona y creo que ha publicado algunos libros: corríjanme si me equivoco, porque tal vez no esté bien informado».

BORGES: «Estoy contribuyendo a crear una falsa imagen de Macedonio, de Xul, de Pedro Henríquez Ureña. Si uno hablara de Cristo con los apóstoles, de Johnson con Boswell… No habrá que hacerlo sobre Cristo. Sería muy feo. Pero uno podría escribir una conversación imaginaria…».

Xul le contó que un día volvía de no sé dónde en el coche de Córdova Iturburu. Discutieron. Córdova se disgustó; dijo que Xul tenía ideas burguesas y lo hizo bajar. El proletario siguió en su automóvil, y el burgués quedó a pie. «Con una valijita, tuve que caminarme dos leguas», dijo Xul.

Domingo, 17 de octubre. A la noche, con Borges y Silvina, recorremos la zona de Parque Patricios, donde debía celebrarse un acto peronista, a último momento prohibido. Policías nos obligan a detenernos, a encender la luz del interior del coche, a mostrar documentos. BORGES: «Vivimos en una época horrible. El arte abstracto, los medios audiovisuales, el comunismo, el peronismo, la psicología del nonato y del neonato: yo no sé cómo aguantamos».

Descubrimos que, en Symbolic Logic [I, 2], Lewis Carroll habla todo el tiempo del tema de nuestro cuento «El gremialista».

Hasta el momento en que la elección recae en este o aquel de los manuscritos, el ánimo de los jurados del Premio Literario de La Nación está pendiente de esa competencia; ya elegido el manuscrito (o elegidos los manuscritos) del premio, el ánimo de los jurados cambia de orientación, encara con temor, con anticipados remordimientos, la revelación que deparará la apertura del sobre por el escribano Maschwitz. Las otras tardes resolvimos dividir el premio, y la apertura del primer sobre trajo un alivio —nos enteramos de que uno de los autores premiados era la señorita Omil, de Tucumán, desconocida por nosotros y por ello presumiblemente inofensiva—, pero la del segundo configuró el ya tradicional mazazo: el autor es Pagés Larraya, ministro de este gobierno y amigo personal de varios de nosotros. Las calumnias son de prever.

Lunes, 18 de octubre. Almuerzo agradablemente con el embajador de Italia, el agregado cultural Scilari, otro funcionario de la embajada, Hornos Paz (de La Nación), Martín Aldao y Borges en el Au Bec Fin. Como siempre me ocurre de un tiempo a esta parte, sólo entre italianos encuentro personas de mi misma familia intelectual. Quien no participa del bienestar general es Martín Aldao, que interpela a Borges, porque éste al parecer no lo ha reconocido. BORGES: «Nunca reconozco a nadie. Mejor dicho, mi nervio óptico no reconoce a nadie. Yo estoy acostumbrado a conversar con interlocutores cuya identidad ignoro». ALDAO: «Pero, ¿no ve las caras?». BORGES: «No. No las veo. Usted puede emitir ahora una barba, o cuernos, o convertirse en un dragón o cambiar continuamente de identidad: no lo sabré, ni me importará. Estoy acostumbrado a la ceguera, no a la descortesía».

Martes, 19 de octubre. Come en casa Borges. Concluimos «Un pincel nuestro: Tafas» y, así, las Crónicas de Bustos Domecq, que contienen un prólogo por Gervasio Montenegro y doce cuentos o crónicas por Bustos Domecq. El estilo de las doce piezas no es parejo: algunas están bien escritas y la intención cómica, sofrenada, surge de la disparidad entre la mesura del tono y lo absurdo de la materia («Paladión», «Loomis»); en otras desborda la payasada («El ojo selectivo», «El gremialista»). Por lo demás, en los últimos trabajos debí contener a Borges para que no precipite a nuestro autor en el abismo de la más satisfecha pederastía. Sospecho que mis descripciones de los últimos exploits de algunos colegas que se besuquean en público tienen la culpa de que Borges quiera someter a nuestro héroe a tal desventura. Con relación a Gervasio Montenegro, lamenta el haberlo mostrado, en los relatos pertinentes, cobarde; se admira de nuestra torpeza: «¿Cómo no lo mostramos valiente? Mucho mejor sería que se batiera en duelo, que pusiera en fuga a individuos formidables».

BORGES: «Es erróneo el enseñar, como si fuera nuestra, toda la literatura española; somos herederos, como los mismos españoles, de la literatura producida hasta 1810, pero la posterior a esa fecha no es más nuestra que la francesa, y si bien tenemos que resignarnos al pobre siglo XVIII español, no tenemos por qué cargar con el XIX. En la decaída España de entonces nadie escribía libros comparables al Martín Fierro, al Matadero al Facundo, ni versos como los de Ascasubi».

Dice que últimamente Eliot —«para mostrarse más inglés que los ingleses»— sostuvo que Shakespeare era superior a Dante. SILVINA: «¿Te parece que no?». BORGES: «Creo que nadie es superior a Dante. Shakespeare me parece un poco irresponsable, para colocarlo a esa altura. No lo creo capaz de construir una obra como la Divina Comedia. Tenía elocuencia, felicidades, pero éstas tampoco faltan en Dante». SILVINA: «¿Y los sonetos? Aunque no te gusten son muy lindos». BORGES: «Los de Dante tampoco son malos. Los de Shakespeare tienen un tema tan raro…». SILVINA: «¿Qué importa? Con un tema raro ¿es imposible escribir una gran obra?». BORGES: «No sé. El tema es tan raro —pedirle a un amigo hermoso que se case y tenga hijos a quienes transmitir su belleza[1483]— que debe ser verdad, ¿quién va a inventarlo? Un argumento contra Shakespeare es que uno no tiene siempre ganas de leerlo y que hay piezas que no conocemos». BIOY: «¿Ponés a la Divina Comedia por encima de todo?». BORGES: «En cuanto a lo literario, sólo es inferior a los Evangelios. Tal vez Homero sea un gran escritor, pero resulta incomparable con Dante y los autores de los Evangelios. ¿Hay un momento verdaderamente épico en toda la Ilíada? Yo creo que no». Menciona a Virgilio: «Eligió un género —la épica— que no le convenía; pero es muy delicado». Menciona a Voltaire: «¿Quién lee los setenta tomos?». Le digo que entre Plutarco y Montaigne yo prefiero a Plutarco; me parece más rico y ameno. Está de acuerdo. BORGES: «Hay un escritor famoso, muy querido por algunos, entre los que se cuenta Machen, que para mí no existe: Rabelais».

Martes, 26 de octubre. Hablo por teléfono con Borges, de regreso de Chile, a donde viajó con Esther Zemborain. Parece que en Chile circula el cuento de que allí sólo existen dos partidos políticos, el de los optimistas y el de los pesimistas. Los optimistas sostienen que todos comeremos mierda; los pesimistas, que la mierda no alcanzará para todos.

Un periodista chileno le contó que, en la Guerra del Pacífico, para tomar un morro defendido por bolivianos y peruanos, a los soldados chilenos los habían enardecido con un vaso de ron con pólvora al que agregaron un purgante que actuaría a la hora y media. Los soldados sabían esto de modo que se desempeñaron heroicamente y con apuro, para desalojar el morro y llegar a su cumbre antes de que el purgante obrara.

Un informante serio comunicó a Borges que «los pioneros del tango en París fueron Bianco y Bachicha; después los siguieron otros, como Canaro, con orquestas de argentinos y uruguayos; pero los primeros fueron Bianco y Bachicha; se largaron solos y enseñaron a tocar el tango a los músicos franceses». Borges recibió con beneplácito la información. Comenta: «Está bien que se llamaran Bianco y Bachicha. Parece una de esas parejas cómicas: Viruta y Chicharrón, Laurel y Hardy, Quijote y Sancho».

Afirma que en Chile llaman bachicha a todo italiano; no como aquí, donde bachicha es el genovés, ñápales el napolitano. Gringo, para ellos, es término afectuoso. «A los españoles agresivamente los llaman conos. No me atreví a preguntar cómo nos llaman a nosotros… Nos odian bastante.

Así como nosotros creemos que seríamos más felices con las Malvinas, ellos piensan que serían felices con la Patagonia».

BORGES: «Se llama realismo la descripción de crímenes inverosímiles, de incestos impracticables; en fin, de hechos que probablemente no hayan ocurrido más que una vez a lo largo de miles de años de Historia. En cambio, por un modesto hombre invisible que se nos deslice, ya estamos en plena literatura fantástica».

Dice que habría que averiguar si la palabra soberanía es invocada con igual frecuencia en todos los países o si en algunos, como argumento serio, está desacreditada. BORGES: «No sé por qué sospecho que en Inglaterra y en los Estados Unidos es menos frecuente que en el África negra y que en Buenos Aires. Quizá en Francia no sea desdoroso el invocarla. Seguramente que rusos y chinos la manejan con generosidad. Qué raro: los hombres, que han inventado cosas tan incomprensibles como la televisión (o un disco de fonógrafo, que me parece el mayor arcano), por cuestiones de soberanía se matan a tiros».

Pasado mañana viaja a Montevideo, donde se quedará dos días, dando conferencias. Hablábamos de los crímenes del Asesino de los Baños. Silvina nos dice: «Tengan cuidado. No entren en mingitorios». Borges contesta: «Aprovecharé que voy a Montevideo para hacer pis».

Miércoles, 27 de octubre. Come en casa Borges. BORGES: «Cuando le dijeron que en Europa se desarrollaba una gran guerra, don Segundo Sombra no ocultó su incredulidad. “Las guerras —explicó— se acabaron con Aparicio Saravia…”. Güiraldes debió contarlo, pero no se daba cuenta de que estas cosas servían para un libro». BIOY: «Un paisano de Pardo, al enterarse de que franceses, ingleses, alemanes, italianos y austríacos combatían en una gran guerra, comentó: “Se juntaron los más desgraciados, para pelear”».

Lunes, 1.º de noviembre. Come en casa Borges, de regreso de Montevideo.

Cuenta que un viejo gaucho, que había sido soldado en tiempos de las guerras civiles uruguayas, había explicado (al informante de Borges, o al padre del informante), que después de tal combate, no hubo casi degollería, pero que después de tal otro, en cambio, «hubo mucha degollería, mucha degollina»: siempre en el mismo tono de ponderada información.

Dice que los alemanes odian a los judíos porque reconocen en ellos sus propios defectos: «Son muy parecidos. Serviles, pero despóticos si tienen la sartén por el mango. Además, cómo no van a tenerles rabia, si los judíos son más inteligentes».

Un profesor de la Universidad es miembro del jurado en un concurso para la cátedra, donde trata de favorecer a fulanita Monner Sans y de hundir a Raquel Bengolea. Después de una de las reuniones del jurado, se encuentra en los pasillos de la Facultad con Raquel Bengolea y la conforta: «Nuestro asunto va muy bien» (nótese el admirable uso del posesivo en plural). En la reunión del jurado, este profesor dice: «Es claro, uno se rinde ante una persona que lleva el tradicional apellido de Monner Sans». BORGES: «Yo seré muy reaccionario, pero para el snobismo prefiero el nombre de Bengolea».

Susana Bombal acosa a Borges para que acepte la candidatura a presidente del PEN Club. Borges se defiende: «Estoy ciego. ¿Cómo podré ser un buen presidente? Además, no hago bien lo que no me gusta. A mí no me divierten los banquetes y los congresos». Susana insiste. Entonces, con rabia, Borges le propone: «¿Saben a quién deben ofrecerle la candidatura? A Aita. A él le darán un verdadero gusto. Quizá se haga rogar, pero aceptará, les aseguro que al fin aceptará». Comenta BORGES: «Esa gente que no puede ser escritora sino a través de comisiones directivas y congresos».

Le refiero un asesinato que leí en los diarios. El marido lleva del brazo a la mujer a la cocina, le dice: «Vamos a morir juntos», empuña un cuchillo, la hiere de varias puñaladas, se hiere a sí mismo, la tiene abrazada y llora. La mujer muere en sus brazos. A los veinte días él está restablecido de las heridas. El juez lo condena a prisión perpetua.

BORGES: «Ahora, cuando empiezo a angustiarme con algún viaje que voy a emprender, recuerdo que esté donde esté todas las noches y también después del almuerzo, a la siesta, me dormiré y conseguiré la inconsciencia; mejor aún, conseguiré no estar en ninguna parte».

Advierto en Peyrou y en Borges signos de vejez: repeticiones, olvidos, decir inadvertidamente una cosa por otra.

Jueves, 4 de noviembre. Come en casa Borges. Dice que Mariana Grondona le contó que, al llegar a Río, Mujica Lainez y Adela visitaron una librería y lo primero que hizo él fue preguntar al librero qué libros tenía de Mujica Lainez. BORGES: «El librero no entendió el nombre del autor y después dijo que no tenía ningún libro suyo. Esto enojó de veras a Mujica». BIOY: «¿Y Adela intentó el experimento?». BORGES: «¿Estás loco? Si no conocían allá a Manucho, ¿qué esperanza le quedaba a ella? Que le contestaran: “Connais pas”». Nota BORGES: «El gran señor larretiano no desdeña el aspecto comercial de la vida. Por el episodio no se puso en ridículo ante Adela ni ante Mariana. El episodio de algún modo confirma su posición superior a Adela, lo que por cierto no necesita prueba; pero el hecho es que la derrota de Manucho resulta fuera del alcance de Adela». BIOY: «Podríamos completar el cuento, sin riesgos de apartarnos de la verdad: a su regreso, sin duda Manucho visitó a López Llausás, de la Sudamericana, y le presentó su queja formal. Por esto no se desacreditó ante el editor. Al contrario, su prestigio de autor con quien se cuenta quedó reafirmado».

Martes, 16 de noviembre. Come en casa Borges. Iniciamos, como payadores, el cuento del que compendia en su múltiple obra toda la evolución de la poesía hispanoparlante[1484]; no quiso reunir la obra; por los títulos de los poemas apreciamos su evolución de joven incierto a simbolista, a parnasiano, a modernista, a ultraísta, a hijo pródigo que regresa al canon clásico… Luego se deja caer que todos esos poemas fueron siempre el mismo, con diverso título: gran lección filosófica, que da otra dimensión a esa obra impar.

Me pregunta: «¿Vos creés que habrá siquiera una décima de Rafael Obligado sin ripios? Etchebarne tiene gran habilidad para hacer décimas: en las suyas no hay ripios, lo que es bastante extraordinario».

Sobre los ripios, dice: «Un procedimiento empleado por Rega [Molina] es ponerlos al principio: como después vienen los versos mejores uno perdona y olvida los otros. Por ejemplo:

No supe nunca los deslumbramientos

que trae el hada en su corcel de armiño,

y el cuento que escuché cuando fui niño

era el menos hermoso de los cuentos[1485],

Deslumbramientos y armiño son evidentes ripios, pero uno los olvida ante el tono de verdad sentida de los últimos versos. También está el ripió descarado, como en Pejerrey con papas.

Pejerrey con papas

butifarra frita,

a esta china que tengo

nadie me la quita.

No importa mucho; apoya el tono de agresiva vulgaridad de la cuarteta: con eso basta. El tono está más cerca (aunque no cronológicamente) de Ascasubi que de Gardel, de Carlos de la Púa o de Juan de Dios Filiberto».

Sábado, 20 de noviembre. Comen en casa Borges y Peyrou. BORGES: «Creo que el lugar de Mastronardi en la Historia de la poesía es bastante seguro. Me pregunto si el de Molinari lo será». BIOY: «Pronto lo descubrirán, en el sentido de he will befound out». BORGES: «Molinari es un compadrito ignorante. Cuando lo llevé a ver a Alfonso Reyes me dijo: “Pibe, es el día más feliz de mi vida. Nunca pensé que hablaría con Reyes”. Molinari es un compadrito en estado bruto; Murena es lo mismo, pero estilizado, para teatro. El poema de Molinari sobre el Barrio Sur[1486] es un centón de López Velarde: un poema puramente convencional, que no corresponde a nada. Si nunca salió de Villa Crespo o de Flores, ¿qué podía saber de una infancia en el Barrio Sur? En verdad, es un Barrio Sur que se parece a México: en fin, si “La suave patria” se parece a México… ¿Habrá algún poema bueno de Molinari? Lo dudo. De todos modos, es superior a Bernárdez».

Bianco recriminó a Alejandra Pizarnik por haber escrito un artículo contra Molinari[1487]; le preguntó quién era ella para atacar a un gran poeta y refirió con íntima satisfacción que era él quien había llevado a Molinari a publicar en Sur. Según Bianco, Molinari al principio se habría negado, alegando que estaba mal con Mallea porque éste, como asesor de Sur, le rechazó un libro: Molinari lo publicó en otra parte, con una nota en que se dejaba constancia de que el libro había sido rechazado en Sur. Bianco contaba el hecho como si por él Molinari quedara como un hombre admirable. BORGES: «Es raro que a alguien lo admiren por eso».

Digo que Ledesma está muy enfermo. BORGES: «Tiene buenos versos. Pensar que muchos poetas europeos que admiramos serán como Ledesma para quienes los conocen personalmente».

Asegura que está más convencido que nunca de la importancia del sonido en los versos: «Se equivocaba Macedonio cuando decía: “Yo no soy lector de soniditos”. La fuerza del idioma se cifra en soniditos. Las frases que logran quedar no corresponden a la verdad; suelen ser errores expresados con seguridad y elocuencia. Macedonio recitaba los versos de la Vida retirada, aquellos del

… dorado techo […]

del sabio moro, en jaspes sustentado

y comentaba: “Estoy con de León. Nada más peligroso que los artesonados, que acaban cayéndole a uno en la cabeza[1488]”. Yo creo que Macedonio dijo de León por ignorancia, no en broma. Como los escritores ingleses que infaliblemente dicen de Maupassant. ¿Por qué? ¿Ninguno sabe francés?».

BIOY: “Cuando yo era chico advertía en ciertos libros la incomprensión del autor por el planteo que había hecho. Por ejemplo, un gran mago reducido por la policía. Veía que todo era una convención en la que el autor no creía demasiado”. BORGES: “Goethe en alguna parte describe un personaje en la oscuridad y lo detalla como si lo viera. Ureña defendía a Goethe, con el argumento de la omnisciencia del autor”.

BORGES: «¿A quién admira Etchebarne? A Carlos de la Púa». BIOY: «No tiene discernimiento. Su admiración es universal». BORGES: «Como la del Cabito Bioy, que es, pese a todas sus excentricidades, una persona inteligente. Aunque el Cabito es sucesivo: ahora ha descubierto que (parodiando el énfasis). Güiraldes es una porquería. No sé si todavía admira más que a nadie a Novión de los Ríos o si ya descubrió que no vale nada. A veces me pregunta: “¿No cree que no se le puede comparar con Xul?”. Lo que desde luego es verdad. Se entristeció cuando le dije que Macedonio y Xul no se admiraban mutuamente. “¿Cómo? ¿Dos espíritus tan originales?” Cuando le conté que Macedonio había dicho que Xul merecía toda nuestra simpatía y toda nuestra lástima, el Cabito interpretó en seguida: “Es claro, nuestra lástima porque en Buenos Aires no podían comprenderlo”. No, Macedonio no pensó en eso: dijo nuestra lástima porque lo juzgaba loco. El Cabito opinó que Xul decía cosas que podían parecer triviales o convencionales porque bajaba al nivel del oyente». BIOY: «Nada más inexacto. Un rasgo asombroso de Xul era cómo prescindía de la capacidad o simpatía del oyente». BORGES: «Hablaba del adverbio, sin antes averiguar si el interlocutor sabía el significado de la palabra adverbio. Un día llegó a lo de Victoria, en San Isidro, y nos comunicó: “Traigo buenas noticias. Murió el adverbio. La gente dice: Salga despacio, que le vaya lindo, etcétera, en lugar de salga despaciosamente, que le vaya lindamente, etcétera”. Después de oír hablar de esto un rato, con abundancia de ejemplos, Victoria preguntó: “Xul, ¿qué es el adverbio?”. Me asombró bastante». BIOY: «La gente cree no entender la gramática, porque su nomenclatura, para no decir nada de su división en especies de cuadros sinópticos, la asusta. El adjetivo modifica al sustantivo, el adverbio al verbo, decían las gramáticas de mi juventud. No es demasiado preciso, pero tampoco demasiado incomprensible». BORGES: «Para algunas cosas, sin embargo, Xul era convencional. En una ocasión me presentó como “poeta de La Prensa”. No lo dijo agresivamente. Podía ser muy obtuso: una vez afirmó que yo no escribía en neocriol para no enojar a Henriquez Ureña y a Amado Alonso. Tuve que explicarle que yo no escribía en neocriol porque no quería plagiarlo; porque yo consideraba el neocriol como una invención suya, y porque quería publicar. Que yo estaba de acuerdo con sus razonamientos, pero no con su conclusión».

BIOY: «Cuando Rega [Molina] vivía, todos lo tenían en menos. Ahora también, pero lo imitan». BORGES: «Con menor fortuna. Sus versos sobre la Delfina y Ramírez son mucho mejores que los de Lugones sobre el mismo tema[1489]. Era hijo de español, pertenecía a ese tipo de español simiesco… Curiosamente, se especializaba en cuentos obscenos e inmundos, con excrementos. En el comedor de Crítica, donde la gente no era particularmente fastidious, he visto a De la Púa y a otros levantarse y dejar la comida, asqueados por los cuentos de Rega. Era el tipo de persona que te decía: “Con ese epíteto el verso gana un ochenta por ciento”. Sin embargo, era un poeta delicado. Debía de saber cómo la gente siente».

La abuela paterna de Borges fue a ver al general Mitre para pedirle si podía hacer algo por su hijo. Mitre la atendió deferentemente, la escuchó, pero no dijo ni sí ni no. Esa tarde la señora lo vio al general que salía de Tribunales. Se saludaron. Al otro día le llegó un nombramiento para su hijo, de escribiente en Tribunales o en algún juzgado, con una nota en que se decía que lo habían nombrado a pedido del general Mitre.

“Nuestro Dostoievski de Santos Lugares”, llama Borges a Sabato.

Jueves, 25 de noviembre. Come en casa Borges. Me propone que escribamos un breviario para Columba sobre poesía épica. BIOY: “Voy a aprender mucho. Por ahora no sé nada de la épica de la India. No leí la Farsalia ni la Jerusalén libertada. Conozco la Ilíada, la Odisea y la Eneida, y con lo que sé bien podría escribir media página sobre cada una. Estoy impaciente por leer Os Lusíadas, porque así conoceré a los autores de la literatura portuguesa, que tanto me gusta”. Le propongo, a mi vez, que escribamos una Introducción a la literatura.

Me refiere: “A Paredes lo conocí cuando buscaba datos para mi libro sobre Evaristo Carriego. Llevaba una carta del capitán Julio Carriego, hermano de Evaristo. Algo le habría pasado con Paredes, porque éste me dijo que el capitán Carriego no era un hombre sino un mierda. Me trató con mucha consideración, porque le gustaba hacer favores y tener adictos. No sentía ningún respeto por los versos de Carriego: creía que los endecasílabos eran octosílabos mal medidos, y lamentaba que Carriego no se hubiera esmerado; imaginaba que, porque le había hecho conocer a Carriego gente y lugares, era suyo todo mérito de los versos. A mí me propuso que le trajera gente para jugar al truco. Por su propia confesión yo sabía que hacía trampas. Le dije: ‘Yo no puedo hacer eso, don Nicolás”. Por un tiempo estuvimos distanciados, pero cuando volví a verlo comprendí que no se había ofendido: pensó que eran extravagancias mías, nomás. Cuando Ibarra dijo que había estado en París, Paredes se sintió insultado. Puso el cuchillo sobre la mesa y dijo que así iban a estar cómodos. Yo por suerte no había querido jugar; al principio del juego Paredes hacía trampas, pero al final ya no se molestaba, tomaba nomás del mazo las cartas que le convenían. Le sacó así cien pesos, que entonces era plata, a Ibarra. Paredes le decía a un cuchillero: “¿No te das cuenta, animal, que te están insultando?”. “Bueno, patrón”, respondía el otro, y resignadamente sacaba el cuchillo y se disponía a castigar a la persona indicada por el taita Paredes. Sobre la ingratitud de los tiempos, Paredes decía: “Un aniversario, una fiesta patria… y nadie se acuerda, no hay una atención, un postre fino para el guapo”».

El catalán López Llausás nos pide una nueva edición de la Antología poética. BORGES: «Ese libro está hecho de saludos». Leemos y excluimos las impurezas: va quedando muy poco. ¿Y qué hacer con tal y cual (de los que estaban) como Güiraldes? ¿Y qué hacer con tal y cual (de los que entonces no existían) como Girri y Murena? Borges me propone otro libro: con un número limitado de poetas y más poemas de cada uno: «Quince poetas, por ejemplo». Hacemos listas: Almafuerte, Lugones, Banchs, Capdevila, Martínez Estrada, Fernández Moreno, Mastronardi, Rega Molina, Borges, Silvina, Bernárdez, Wilcock, Ledesma. Borges desliza a Ulyses Petit de Murat; yo propongo a María Elena Walsh; ambos recordamos a Etchebarne. Cuando todavía no estaban Ulyses ni María Elena. BORGES dice: «Trece poetas y un talón de Aquiles: Bernárdez». BIOY: «¿Y de Ulyses qué incluís?». BORGES (sonriendo): «“Marea de lágrimas”, que es un gran poema». BIOY: «Cómo no».

Le leo poemas de Hecho a mano de María Elena Walsh. BORGES: «Todos estos poetas tienen su stock de objetos decorativos y los esparcen por aquí y por allá. En una época fueron lujosos; ahora son modestos: el hecho es el mismo. Dan un aire de falsedad, en cuanto aparecen». BIOY: «Y los poetas parecen locos, a la merced de peines o de frutas». BORGES: «Rega también los tenía, pero elegía mejor las cosas y uno las sentía como necesarias. Había un aire de tristeza, en todo». BIOY: «Sus imágenes correspondían a recuerdos de todo el mundo. Las pequeñas ilustraciones de los diccionarios, los andenes, la gente en un remate vista desde el tren que pasa, los frascos de las farmacias».

BORGES: «Toda rima es un ripio. Después de haber elogiado El grillo, Lugones dijo a Nalé: “Usted no es un buen poeta… Usted evita el ripio”». BIOY: «Hay dos posibilidades: atenuar el ripio hasta aparentemente excluirlo, o aceptarlo a costa de que la poesía quede a la merced de la casualidad. Lugones combina los dos sistemas». BORGES: «El lector de Lugones sabe que en cualquier momento puede suceder cualquier cosa. Las cosas que pasan son completamente falsas, como:

Poblóse de murciélagos el combo

cielo, a manera de chinesco biombo[1490].

¿Por qué tantos murciélagos? Sería un horror inolvidable. El autor está enamorado de la fealdad. ¿Vos creés que imagina esas muselinas, esos tules, esos zafiros o que sólo piensa en las rimas? Probablemente el peor de sus libros de poemas es El libro de los paisajes. Uno siente el propósito: el poeta parte del índice y se pregunta qué puede decir. Aquí y en los sonetos de Los crepúsculos del jardín, Lugones comunica en todo momento al lector la conciencia de su situación exacta en el poema. El lector tiene perfecta conciencia de estar ya en el segundo cuarteto, en el tercer verso del primer terceto. Qué falta de inspiración». BIOY: «Los poemas no corresponden a una experiencia sentida». BORGES: «Y muchas veces son relatos mínimos, apariencias de relatos. Las cosas que suceden son como esa entonación crisoberilo[1491]. Uno sabe que no va a pasar nada. “Emoción aldeana” es un buen poema (está bien que se sintiera atraído por la hija del barbero y que al mismo tiempo notara sus defectos), pero este último poema de los Crepúsculos ya es un poema del libro siguiente, del Lunario. Seguramente Lugones asimilaba en seguida las influencias y después de leer un poema en un estilo nuevo se ponía a escribir poemas así». Señalo a Borges la debilidad del epíteto rubio (o ¡blondo!) cuando se lo emplea en sentido figurado. BORGES: «Lugones no lo desdeña».

Dice: «Toda mi vida, hasta esta noche, en que me has leído tantos poemas del Libro de los paisajes y de Los crepúsculos del jardín, he creído que lo que yo hacía en poesía, y lo que podía hacer, no eran más que ecos de Lugones. Ahora veo que no nos parecemos tanto».

Jueves, 9 de diciembre. Come en casa Borges. Hablamos de Saint-John Perse. BIOY: «Es peor que todo el mundo». BORGES: «Es peor que Bernárdez. ¡Pensar que Eliot lo tradujo!»[1492]. BIOY: «Vos decís que Eliot es malo pero, comparado con Saint-John Perse, corresponde a otro nivel. Lo que pasa es que el lenguaje no es bastante matizado y uno condena por igual a gente muy diversa. Saint-John Perse ¿a quién corresponderá? ¿A Schiavo? Mirá que haber elegido ese seudónimo…». BORGES: «En Europa tienen conciencia de la pobreza de su literatura actual. En Alemania, en Francia, yo creo que saben que están peor aún que nosotros».

Martes, 14 de diciembre. Come en casa Borges. Leemos a Fernández Moreno. BIOY: «Es una suerte de meterete, un observador que mete su nariz en todas partes y para quien diríase que la observación en sí tiene valor suficiente. Todo le interesa por igual. De cualquier modo, es veraz, ve lo que vimos sin ver o que tal vez olvidamos y que es lo característico. Su verso fluye límpidamente y las palabras caen donde deben caer. Escribe con todo el vocabulario: no siente la fealdad de algunas palabras. Periodista en verso, canta la actualidad, las hazañas de los aviadores o los partidos de fútbol. Después de una lectura que suscita no pocas admiraciones. —“¡Esto está muy bien!”, “esta estrofa”, “este verso”—, queda la íntima pero vaga convicción de que su obra carece de importancia. Todo tiene un cierto aire de crónicas en verso para Caras y Caretas». BORGES: «Va a ganar con el tiempo. Sus versos un día serán un documento preciso de lo que era Buenos Aires». BIOY: «Una Tarifa de Marsella[1493], más rica y matizada».

Miércoles, 15 de diciembre. Los libreros quedan dueños del campo, ya que los escritores y el resto del público se retiró, al final del acto para la presentación del libro de milongas de Borges. Me excuso por llegar tarde. «No, hombre —me dice uno de ellos—. Llegás cuando uno empieza a divertirse. Se fueron las personalidades, se acabó el estiramiento». Bebo una copa de nuestro champagne: agradable en el paladar y doloroso —por unos minutos— en la cabeza. Compro mi ejemplar de Para las seis cuerdas, el libro presentado.

Miércoles, 22 de diciembre. Reunión del jurado de La Nación, para decidir el tema del nuevo concurso. Carmen Gándara propone: «Un cuento. Ah, no sé, a mí me gusta el cuento». «Bis in idem», arguye Borges. Leónidas argumenta: «Será la avalancha. Vendrán cinco mil». Lo apoyo y digo a Carmen: «Después querrás renunciar». MALLEA: «Que vengan cinco mil, que el jurado tenga mucho trabajo, no me parece una objeción válida». Aplausos de Carmen. Mallea, íntegro ahora, después no lee todos los originales. Borges y yo, que no nos escandalizamos de considerar nuestra comodidad, leemos antes de término todos los originales. Después, porque los leímos a todos, nos reprochará Mallea que dirigimos al jurado. «¿Trae en la manga, como siempre, el premio?», me preguntó la otra vez.

Carmen, en algún momento, propone como tema a Nietzsche. BORGES: «¿Por qué una figura tan antipática?». CARMEN: «Ah, no sé, es un gigante». Cuando imponemos el tema Un ensayo sobre el cuento y se decide añadir, para el aviso que saldrá en el diario, la aclaración sobre el cuento como género literario o sobre uno o más cuentos, Carmen nos retiene una hora por el exceso de sobres. «Lo importante es que la gente entienda», dice Borges. «Ay, no sé, no me convence», contesta ella. Para evitar la repetición, Mallea propone el añadido de ya, con lo que se repite sobre y ya.

MALLEA comenta: «La gente no sabe leer ni valorar. ¿Cuánta gente habrá leído el cuento de Tolstoi “La muerte de Iván Illich” sin advertir la frase que lo convierte en uno de los mejores cuentos del mundo?». BORGES (a mí): «Tengo que hacerte una confidencia. No recuerdo ese cuento. ¿Qué te parecen los cuentos de Tolstoi?». BIOY (a Borges): «Malísimos. No se sabe por qué los escribió. No están hechos. Son tan informes… Recuerdan a los de Fray Mocho, minus la gracia».

Otra discusión en el jurado. Drago pide consejo: «¿Subimos a ciento cincuenta mil el premio?». BORGES (con la cara negra por el enojo): «No. No hay que ayudar a la inflación. Los verdaderos escritores no mandarán trabajos por la plata. Los que escribirán por la plata serán los malos».

Después como, con Borges, en casa. Cuenta que Ulyses Petit de Murat, llegado a México, asistió a una reunión social, en la que le dijeron: «Mañana nos reuniremos en su casa. Habrá más de treinta personas», etcétera. Él oía con alarma, hasta que entendió que su casa era la del que hablaba, como en las cartas: su casa, que es la del remitente.

BORGES: «Yo creo que Vacarezza y Rossi tienen la posteridad asegurada. Cuando salió Cosas de negros de Rossi, le pregunté a [Amado] Alonso: “¿Por qué se enoja, si dentro de cien años va a estar encantado con este libro?”. Quería decirle que era el tipo de libro que a los filólogos les gusta descubrir. No entendió». Opina que la mayor parte de Vacarezza no vale nada: «La otra, poco. Pero quedará. De todos modos, es mucho mejor que Pacheco y Novión de los Ríos».

Leemos Marco Bruto y dice: «Quevedo juega a un juego. Sabe lo que hace». BIOY: «Mejor que no jugara. Qué lectura intolerable. Ya sé que medio camello de Bustos Domecq tiene poco derecho a quejarse».

Le leo páginas de La conversión de Magdalena de Malón de Chaide. BORGES: «Esto es peor». BIOY: «Pensaría que la literatura era para escribirla, no para leerla». BORGES: «O sería la seguridad del predicador que sabe que no van a interrumpirlo. Sin embargo, algo leerían. Qué literatura misteriosa: ningún esfuerzo, ningún artificio por interesar al lector». BIOY: «Qué lejos de la novela policial. No estaría mal intentar un censo de ideas. No creas que mejor parado saldría Quevedo». En el prólogo señalase que Malón de Chaide no sólo es admirable por demostrar que el español es un lienzo riquísimo de sentencias, etcétera, para expresar cualquier idea. BIOY: «No es milagro que en nuestra juventud escribiéramos tan mal. Que alguien pueda creer que escribe para exhibir palabras, refranes, frases hechas…». BORGES: «Si escribimos nuestra introducción a la literatura, tenemos que decir que los jóvenes no deben leer a los clásicos españoles». En el mismo prólogo se cita una frase que nos hace gracia: dice Malón que escribe Aristóteles tan oscuramente como si no escribiera. BORGES: «Parece de Macedonio. Pero es muy injusta. Aristóteles dejó resúmenes llenos de ideas: son resúmenes, pero no están escritos con oscuridad». Le hablo de Ruiz de Alarcón, de Moreto, de Tirso, de Lope, de Calderón: «Qué superficialidad», comenta.

Martes, 28 de diciembre. Come en casa Borges. BORGES: «En Peyrou se manifiesta el eterno afán de los hombres por una edad de oro. Los antiguos, que no tenían idea del tiempo, la situaban muy lejos; Peyrou, treinta años atrás». Un ejemplo de estos días: PEYROU: «Estuve con el autor de Zorro gris. Sabe mucho de cosas de antes». Expresión de interesada expectativa, de parte de Borges y Bioy. PEYROU: «Me contó que Casaux murió de una intoxicación por alimentos en mal estado. Parece increíble. Ocurrió en Buenos Aires, no hace tanto y uno lo ignora». Silencio incómodo. BORGES: «Siempre es una tranquilidad saber que ese imbécil ha muerto. Yo lo confundo con Parravicini». PEYROU: «No, Parravicini era un compadre. Casaux no sería tan malo». BIOY: «Era pésimo. Parravicini, Casaux, Olinda Bozán, las piezas que representaban y el aplauso del público, en mi más tierna infancia me convencieron de que entre nosotros el teatro no tenía esperanzas. Con satisfacción y sorpresa veo ahora que me equivoqué. Yo sentía pudor por el género humano cuando uno de esos tres entraba en escena».

BORGES: «Tal vez Arlt estuviera más cerca de los compadritos que Güiraldes de los peones de la estancia. A la larga conviene que un autor no esté muy lejos del tema de su libro». Cita a Byron: «Prefiero el templo de mármol de Pope al montón de basura de Shakespeare». Hablando de algunas literaturas, digo que si el montón de basura es grande, queda para siempre como una montaña. Desde luego que ni Borges ni yo compartimos el desdén de Byron por Shakespeare.

BORGES: «Hay que evitar los paréntesis». BIOY: «Son la apariencia de la complejidad. De lo abstruso. La gente los ve y no entiende la frase más clara». BORGES: «También hay que suprimir los guiones. Parecen la prueba de que uno no sabe puntuar. Hay que usar, como paréntesis, las comas».


[Lunes 3 de enero al sábado 23 de abril. Bioy Casares en Pardo y Mar del Plata].

Sábado, 8 de enero. En Pardo. Carta a Borges, para proponerle, como segundo epígrafe para las Crónicas de Bustos Domecq, la frase de Voltaire: «Marchez toujours en ricanant, mes fréres, dans le chemin de la vérité[1494]».

Lunes, 14 de febrero. Borges toma ojerizas que le tuercen la cara. Un día se le pasan y nos sorprende con la nueva amistad.

Sábado, 12 de marzo. En Mar del Plata. Hablo por teléfono con Borges. Dice que oyó esta frase: «Seré un hijo de puta, pero me acuerdo de mis hijos».

Lunes, 11 de abril. En Mar del Plata. Por tren, a la una y media de la tarde, llega Borges, para dar clases en la Universidad Católica. Me habla en seguida de los malevos Iberra de Adrogué que, según no sé quién, un vecino de Lomas que los trató, eran «bajos, gordos, coloradotes». «Tales son nuestros héroes», comenta. De PEYROU: «Está entregado a la comezón de los nervios». Le pregunto si fue al almuerzo que Illia ofreció a Jacqueline Kennedy. «Di parte de enfermo —contesta—. A lo mejor encontraba allí radicales».

BORGES: «Estela insiste en la confusa historia del libro de Golly Moyano. Ahora sostiene la tesis de que el argumento es de ella; la redacción de Patricio; el libro, extraordinario, el mejor de esta época. Yo le dije que no me interesaba el asunto. Que no me parecía probable que personas incapaces de escribir libros para sí los escribieran para otros y que el libro me parecía bastante malo. Después se me ocurrió un cuento, como de Henry James, que habría que contar desde adentro. Un escritor —pero capaz de escribir libros— para vengarse de un amigo, sin mayor odio le regala un libro para que el otro lo firme como propio. El cuento empieza en el momento en que el autor verdadero le propone al otro el asunto. El otro, después, queda para siempre en una vida de continuas molestias, porque lo consideran escritor, esperan que escriba sobre esto y aquello, y no puede. Tal vez podría llamarse el cuento “Et dona ferentes[1495]”. Algunos traducen Temo a los griegos, aunque den regalos. Indudablemente ése es el sentido, pero el verso dice et. También los personajes podrían conversar de la Eneida».

A la tarde va a dar tres clases seguidas en la Universidad Católica. Pregunto a qué hora empieza la última. «Que darán mis restos», acota. Voy con Silvina, después del té. La clase, nada mala, por momentos no es bastante clara —no es clarísima, permite confusiones, lo que es imperdonable en una clase— y por momentos resulta demasiado difusa en digresiones. Imagino que por culpa del cansancio: era ésta la tercera clase poco menos que seguida. Lo que creo es que Borges debería resistirse a la tentación, tan frecuente, de recitar versos en anglosajón: quien no los entiende los equipara a ruidos más o menos ridículos.

Después de la clase viene a casa a comer. Confidencialmente me comunica que está arrepentido de haberse embarcado con Esther Zemborain en la redacción de una breve Historia de la literatura norteamericana: «Al principio Esthercita, como ni de oídas conocía a los autores, no puso dificultades; pero ahora teme quedar mal con Tennessee Williams, con los dos Miller, con Truman Capote. “Ojo —me dice la gran dama—: en tal libro le dedican cinco páginas”. Además nunca está segura de que las fechas de nacimiento y muerte sean exactas. Como redactora, sus frases son más bien desesperantes. No prevé para ellas un fin; quiere incluir adentro toda clase de datos. Por ejemplo: “Fulano, que nació en tal parte y murió en tal otra, que es autor de…”. “No —protesto—, es autor de tales libros, no que es. Hay que poner el punto en alguna parte”. “De acuerdo —me dice—. Ponemos que murió en tal parte, punto, y seguimos así: Que es autor de tales libros”. “¿Cómo? Vamos a empezar la frase con Qué?”. “¿Por qué no? A mí me encantan los que”. “Yo creo que hay que dominar esas aficiones en favor del estilo.”».

Cuenta que Esther quería colaborar en La Nación. Leonidas de Vedia, sous le charme, le encargó dos o tres notas bibliográficas, una sobre Ungaretti. Ella se fue con los libros; Borges le prestó otro, sobre Ungaretti: nunca hizo nada. Un día le aseguró que el artículo estaba hecho, pero que faltaba organizarlo. «¿Cómo organizarlo?». Borges le bosquejó oralmente un posible artículo sobre Ungaretti. «Imagínate —me dice— que no iba a escribírselo». Esther nunca lo llevó. «Es claro que le tomó odio a Leónidas, que le recuerda un fracaso».

BORGES: «Los otros días vi una pieza de teatro de una norteamericana, de nombre italiano[1496], aclamada en todo el mundo. A una casa en la que hay dos hombres, un admirado artista del sexo y un infeliz, llega una muchacha que, previsiblemente, se enamora del infeliz. ¿Sabés cuál era la proeza del otro? Lograr la suprema brevedad del orgasmo. La gente admira la pieza, que juzga demasiado cruda, por ser la verdad de la vida. ¿Cómo? ¿De veras alguien abrevia el orgasmo? Va contra todas las tradiciones. ¿No se buscó siempre la supresión del dolor, la eternidad del placer? Unas mujeres, viejas, que estaban ahí, la Quica y otras, comentaron: “Esta pieza debió ser escrita por alguna solterona”».

Habla de nuevo de Estela, ahora furiosamente anticomunista. BORGES: «La traición es lo típico del comunismo. María Rosa Oliver reconoce que “el partido es una porquería”, pero cree que no hay que decirlo».

A medianoche lo dejamos en el Hotel España.

Miércoles, 27 de abril. Come en casa Borges. Me refiere: «Esthercita me puso en guardia, y puso en guardia a Madre contra una chica, porque su padre fue peronista. Ninguna legislación lleva la culpa hasta los hijos».

Hablamos de Etchebarne quien, porque se le suicidó una amante en el departamento, fue detenido: estuvo preso en pésimas condiciones hasta que las pericias probaron su inocencia, mientras su vida privada —es separado, frecuentaba a mujeres casadas— salía a la luz, en medio de las investigaciones. Defiendo al pobre Etchebarne y exalto los valores de la compasión, la caridad, aun la imaginación. Borges está, totalmente de acuerdo, pero no dice una palabra en su defensa. Que sea borracho, que sea mujeriego, que esa chica fuera hermana de una antigua amante: todo esto le molesta lo suficiente para no llegar a la simpatía. Como Silvina me dirá después: «Casi nadie es compasivo con los culpables. Yo creo que negarles la compasión es horrible».

Este Borges, tan severo en cuanto a desórdenes, es sin embargo generosísimo. Un tal Fernández, de Witcomb, muere de un cáncer atroz. En vida le dijo a su mujer que unos cuadros valiosísimos de Figari, de Corot, de Renoir, que había en Witcomb, eran suyos a medias con los bibliófilos del Mangrullo. La mujer está en la miseria y va a reclamar su parte. Niegan que Fernández fuera copropietario de los cuadros. BORGES: «Seguramente es verdad: el difunto habrá mentido para jactarse. Pero era amigo de ellos, murió en una forma horrible, la mujer está en la miseria, qué les importa darle uno o dos de esos cuadros…». Yo sé que él se los daría. BIOY: «Las personas decentes son justas; casi nadie es generoso». Borges no piensa que estos individuos son coleccionistas, con la codicia del coleccionista: «¿Y para qué quieren tantos cuadros de Figari —pregunta—, que no son tan buenos, que los pintaba en diez minutos? Un pintor que no sabía dibujar. No: que no sabía pintar».

Empezamos el cuento «Vestuario» y escribimos, con buena fortuna, una página o dos. Habrá que escribir tres o cuatro cuentos más para que las Crónicas de Bustos Domecq tengan el número de páginas que Losada requiere. Cuando lo llevo a su casa, está de evidente buen humor. Me palmea y exclama: «Qué suerte que estemos de nuevo escribiendo».

Miércoles, 4 de mayo. Come en casa Borges. Concluimos «Vestuario». Propongo «Los inmortales» y «Los traductores». Recuerda los versitos:

En el puerto sale el sol

que se pone en plaza’e Mayo.

Te fuiste y me dejaste

la panza como zapallo[1497].

Cuenta que a Lehmann-Nitsche le confiscaron un libro abundante en esta suerte de folklore escatológico[1498]. Que el viejo [Juan Alfonso] Carrizo desechó todas las coplas pornográficas que le llevaron, porque no concordaban con su teoría del arte popular. Que Stevenson decía que a él le hubiera gustado escribir novelas eróticas, pero que no lo hacía porque su método natural de trabajo consistía en imaginar todo y describirlo después: las convenciones de la época habrían impedido la publicación de novelas eróticas tan explícitas. Que Ruskin compró cuadros de Turner que representaban coitos y los destruyó: lo consideraba el mejor de los pintores y no quería que sus malos momentos llegaran a la posteridad. Comenta: «Turner tenía dos householder, también Zola. En esos tiempos sería más fácil».

Caillois le dijo que Saint-John Perse no había inventado su estilo (horrible, según Borges); que imitaba a un poeta oscuro y que, si se lo nombraban, se enfurecía. También le señaló graves errores en la traducción de Ibarra de sus poemas (de Borges[1499]). BORGES: «¿Cómo no comprende que más importante es portarme bien con un amigo? ¿Qué me importa cómo me juzgan en Francia? ¿Qué me importa mi fama? Tampoco me importan mis libros; tal vez el que estoy escribiendo, pero nada más».

Viernes, 6 de mayo. Come en casa Borges. Aparece con la idea de «Vestuario II». Escribimos poco menos de dos páginas; el final no está lejos.

Viernes, 13 de mayo. Come en casa Borges. Con ligero menosprecio habla de Se vuelven contra nosotros, el libro de Peyrou, que su madre leyó; su madre ya no es tan sólo ojos: es también juicio; coinciden ambos en intolerancia puritana.

Después de comer, muy dormido colaboro, apenas colaboro, en algunos párrafos de «Vestuario II».

Miércoles, 18 de mayo. Come en casa Borges. Me cuenta que tuvo un «gran disgusto» con Esthercita: «Hablamos de Drieu [la Rochelle] con esta señora. Yo le dije que lo recordaba con afecto, que era el menos vanidoso de los escritores franceses. Me acuerdo cuando Ibarra le preguntó por qué en una novela había escrito tal cosa. “Eh, vous savez —contestó Drieu—, c’est un román, j’ai écrit ça comme j’aurais pu écrire n’importe quoi d’autre [Bueno, usted sabe, es una novela, escribí eso como habría podido escribir cualquier otra cosa]”. Tengo recuerdos de largas caminatas con Drieu por Barracas. En cuanto a su colaboración con los alemanes prefiero aceptar la explicación de Ibarra: que se fue quedando en París por pereza, indiferencia y falta de voluntad, porque ir a Londres significaría cambiar de costumbres. Como después se suicidó pagó su deuda. Esthercita, que sigue atentamente al grupo de escritores de Victoria, porque odia a Victoria, me dijo que había leído el delicioso diario de un oficial alemán de las fuerzas de ocupación[1500], que estaba encantado por cómo lo recibió la gente bien, la nobleza de Francia, y menciona a muchos de los que iban a las reuniones que se daban para las fuerzas de ocupación, y que entre tantos nombres —están Cocteau y Montherlant— no aparece Drieu. Esto lo dijo contra Drieu. Yo dije que Hitler no se dejaba engañar, que quería el triunfo de Alemania, y que esos nazis franceses, esos partidarios de la violencia, que abogaban por la sumisión de su patria al enemigo de siempre, no me parecían muy coherentes. Habló ella de “ese momento tan lindo en que gobernaba Mussolini en Italia” y aseguró que la intervención de los Estados Unidos en la guerra fue obra del comunismo. Yo estaba muy contrariado. Ya me habían prevenido contra ella. No hay que frecuentar demasiado a personas con las que uno no tiene nada que ver».

Oímos Un americano en París —cuyo blues oíamos repetida, insistentemente, hará veinte años— y Rhapsody in Blue. «El principio es un poco desesperante —dice del Americano—. El blues es mejor, pero quizá no mejor que otros blues populares». BIOY: «Que otros blues populares, que más o menos reproduce». BORGES: «Es lo que sucede con las milongas. Las milongas que ahora escriben nuestros mejores músicos plagian a las que escribió un mayoral de tranvías o un diariero». De Rhapsody in Blue dice: «Esto es mejor».

Hablamos del tema de la venta del alma al diablo; después de Tomás Moro, su vida y su Utopía. BORGES: «Qué lástima que el latín se perdiera como idioma culto. Llegó Erasmo y en seguida se entendió con Moro en latín. ¿Para qué iba uno a aprender holandés? ¿Por qué un filósofo iba a perder tiempo en estudiar lenguas modernas? Bastaba antes que supieran el latín para entenderse con cualquiera. Esta pérdida es obra de los nacionalistas». Al rato se acordó de Rhapsody in Blue que seguía en el fonógrafo: «Esta música no lo acapara a uno», dice. «Es muy respetuosa», digo.

Agregamos algunos toques a «Vestuario II». Empezamos «Los inmortales». Yo propuse la idea central; Borges trae una idea paralela, que debe servir de aclaración y variante. Yo observo: «Esta idea no debe ser el origen de la otra. Los médicos llegaron a la suya por sustitución de órganos para preservación de la vida; cuando el relator entra en el cenáculo de los inmortales se asusta, no comprende, a pesar de que —esto lo dice después el relator— él había leído una novelita en que se contaba un caso análogo, que bien pudo precaverlo». Borges trae un probable epígrafe, de Rupert Brooke[1501].

Noto en él una resistencia —aunque mínima— a interesarse en cuentos cuyas ideas él no proporciona; una vez aceptados, una tendencia a transformarlos, aun a deformarlos, con ideas de su costal. Un mínimo de amor propio en una generosísima colaboración.

De «Los inmortales» dice: «Puede ser un cuento muy lindo, un poco horrible. Pero, en fin, echamos a la broma la parte horrible. (Pausa). Es el mismo cuento tuyo…». BIOY: «¿Cuál?». BORGES: «El del bastidor[1502]. El que sobrevive en un bastidor». Me asombró que recordara mi cuento. BIOY: «Tenés razón: es una variante. Creo que puede hacerse». BORGES: «Es claro».

Jueves, 19 de mayo. Come en casa Borges. Escribimos. Dice: «Si Carriego hubiera vivido imagino que se hubiera hecho rico con piezas de teatro estúpidas, como historias de muchachas que deben trabajar». BIOY: «La pobre fea ¿sólo merece ser de Carriego?». BORGES: «Sí, pero no es:

Procurando que el mundo no la vea,

ahí va la pobre fea

camino del taller[1503].

Qué fea. Y qué falso. Seguramente conseguiría algún admirador. Nunca falta…». BIOY: «Nada más falso que esa historia de una chica divina que trabajaba en una fábrica». BORGES: «Si no fueran feas no estarían en el taller».

Viernes, 20 de mayo. Anoche, cuando lo dejaba en su casa, Borges me dijo: «¿Por qué no escribís una milonga? No presenta ninguna dificultad: seis estrofas de cuatro octosílabos cada una, con dos versos que riman y dos que no. O cinco estrofas y una sexta que es la primera repetida. Se la llevás a Ben Molar de la Casa Fermata; le pone música, tenés el placer de ver tu milonga en un disco y te llenás de oro. Podés ganar muchísimo… Yo hasta cobré seiscientos treinta y siete pesos, menos la ida y vuelta en taxi. Pero yo escribo milongas épicas, sobre cuchilleros: nadie las quiere. Silvina y vos pueden escribir sobre temas de amor. Ben Molar escribe boleros que dicen:

Te quiero palomica,

palomica te quiero

y se llena de oro. No sé por qué uno no podrá escribir idioteces. Es claro que escribir boleros sería muy triste. Pero milongas y tangos…». Hoy resolví componer la milonga La racha. Involuntariamente rimé todos los versos; por fortuna, uno salió con rima imperfecta, lo que le da un poco del indispensable aire de descuido.

Por la noche, yo estaba bastante contento con mi versada, animado por el trabajo, y me disponía a recitárselo a Borges. Entonces él me dijo que lo único importante era evitar el estilo decorativo, tan de Lorca. Que eso no era criollo ni español ni popular… Yo me pregunté si mis dos primeros versos:

Una racha porque sí,

una racha porque no,

no caían en la condenación y me tragué el recitado. Después de comer, proseguimos animosamente «Los inmortales».

Domingo, 22 de mayo. Por Peyrou me entero de que Borges escribió dos cuentos para el suplemento de un diario uruguayo. Borges no me dijo nada.

Corrijo la milonga escrita anteayer. Hablo con Silvina: «Creo que no le gustará mucho a Borges mi milonga». SILVINA: «¿Por qué?». BIOY: «Por la estrofa con mujeres». SILVINA: «No. No le gustará porque él no la escribió. Cada día le gusta menos lo que él no escribe».

Martes, 24 de mayo. Borges, recién llegado de Mar del Plata, me llama por teléfono para consultarme si en la lista de achaques de la vejez, formulada por el narrador, en «Los inmortales», podríamos agregar: «y, en suma, el paterfamilias, inactivo». BORGES: «¿Vos creés que es una grosería? Lo malo es que si no se pone después de la lista no se entiende y puesto en la lista se entiende demasiado. Tal vez por eso convenga alejarlo un poco, con las palabras y en suma».

Dice que en el viaje en ómnibus desde Mar del Plata contrarrestó un chiflón poniendo su pañuelo de mano hecho bollo bajo la media (en el sitio afectado). Comenta: «Por primera y última vez en la vida tuve una viveza. Ensayé primero cruzar las piernas. Uno no puede dormir con las piernas cruzadas. Además, con ese procedimiento salvaba la pierna derecha, pero la izquierda recibía el chiflón. Antes de probar sentarme boca abajo recurrí al pañuelo».

En una escuela de periodismo dijo: «Sé que me estoy jugando la vida, pero es una lástima que Almafuerte leyera tantos diarios y tan pocos libros. De esa lectura de diarios proceden muchas fealdades que hay en sus versos». Comenta después: «Primero leen los diarios, después escriben: de ahí su vulgaridad».

Miércoles, 25 de mayo. Come en casa Borges. Trabajamos en «Los inmortales». Le leo la nueva versión de mi milonga, en que reemplazo los versos:

Un año desprevenido,

yo perdí cinco mujeres

y de puro confundido

no me dije: Qué más quieres.

con éstos:

Un año desprevenido

se me fueron tres fulanas

y de puro confundido

de quejarme tuve ganas.

Me dice, sin embargo, que prefiere la primera versión. La restablezco. También me dice: «Fácilmente, cuando uno escribe estos octosílabos, pasa de muy criollo a español». BIOY: «Es claro, si lo sabré. El principio de La racha me salió lorquiano». BORGES: «No, no… Pero no solamente Lorca aparece en las milongas, sino también el Romancero, que está escrito en octosílabos, y Zorrilla».

Jueves, 26 de mayo. Paso a buscar a Borges por la Biblioteca. Copio su Milonga de Albornoz: me consulta sobre algunas correcciones y las hace. Me dice, con probable sinceridad, alguna frase que indicaría la superioridad de mi milonga sobre la suya. Esta opinión no resiste el cotejo: en la Milonga de Albornoz no hay una línea débil. Vamos a la Casa Fermata, en la calle San Martín entre Tucumán y Viamonte, a llevar nuestras piezas a Ben Molar.

Ben Molar, un individuo con aire de dentista, vestido con ropa de sport, nos recibe con afabilidad. Sumamente lisonjero, es el tipo de hombre que demora cualquier explicación para aclarar que siempre piensa lo mejor del oyente. Dice que hay que «subir la puntería» del gusto popular y que nosotros, «los grandes poetas», tenemos que boyarla un poco, si es que podemos, etcétera, etcétera. En definitiva lee La racha, explica que no hay que pasar de los veinte versos, que en el tango conviene variar los metros —dos versos largos, dos breves, para la primera estrofa—, que no conviene mezclar octosílabos y heptasílabos, que una milonga «la pega» en cinco años y que muchos tangos «andan bien», que podemos también escribir canciones. Ni Borges ni yo nos atrevemos a preguntar qué son y en qué (¿bolero?, ¿zamba?, ¿vidala?, ¿blues?) se convierten. Nos recomienda registrar inmediatamente las obras: «Si no, un muchacho de escritorio las copia, las registra a su nombre y a los dos años, cuando usted tiene éxito, le hace un juicio por plagio… Lo que mata en este oficio es el elemento humano. Con su perdón, el elemento humano es una porquería. Vienen como mansos corderos, los hacemos triunfar y al año los emborracha la soberbia. Ahora nomás tengo una piba de diecisiete años, que representa veinte; vamos a ver cómo se porta. Yo le digo: “Cuidadito con engreírte”. Ella me dice: “No me voy a marear”. Cuando van al canal unos cuantos muchachitos que les piden autógrafos y les arrancan los botones, pierden la cabeza. Aunque saben perfectamente que nosotros mandamos a los muchachitos, porque todo es organizado. Qué le vamos a hacer. Ahora sí, la piba es una futura estrellita. Canta fenómeno. ¿Quiere oírla, Bioy?». Se levanta, entreabre una puerta, me hace pasar a otra oficina. La chica es opulenta, oscura, un poco ronca. «Cantá una frase, para que el señor te oiga». La chica se agacha, levanta la cabeza, echa para atrás la melena, canta a grito pelado. Dice amoeurrr, con una fonética peculiar, tan fabricada como la de Gandía. Ben Molar la despacha, con un beso en la mejilla y una palmadita en el anca. Dejamos nuestras milongas. Al salir, Borges me pregunta: «¿Quién berreaba?». BIOY: «La chica». BORGES: «Qué bruta. Yo creía que era Ben Molar…». Qué insensibilidad, pienso. No para el canto: para ¿cómo diremos? El elemento femenino.

Ben Molar también nos habló de un proyecto ambicioso: publicar un álbum de discos, con tangos de doce grandes escritores, música de buenos compositores e ilustrado por grandes pintores como Soldi, Basaldúa quizá, etcétera[1504]. No le dije que me parecía un proyecto desprovisto de todo interés para mí. Se lograría una antología de doce poetas que jugarían a escribir tango; en el mejor de los casos quedaría en la Historia literaria de nuestra ciudad.

Después, Borges come en casa. De O’Neill dice: «Es intenso. La intensidad no decae. A veces comete chambonadas increíbles; yo creí que en stage craft no fallaría. A diferencia de Ibsen y de Shaw, sus personajes no tienen realidad fuera de los dramas. Están hechos para el argumento, sirven para los fines que se propone el autor. Parte de ideas para el argumento e inventa los personajes que le conviene. No se parecen a los personajes de Dickens. Está más cerca de los griegos que de los modernos. No tiene nada que ver con Beckett ni con Ionesco». Dice que el interés por un tema y el hecho de ponerse a escribir un libro son ideas que nadie asocia.

Lunes, 6 de junio. Come en casa Borges. BIOY: «Después de leerle La racha, Ben Molar me pidió que, si le llevo más composiciones, combine metros o, cuando componga octosílabos, evite los versos de siete; sílabas. Pensando que soy un chapucero, que escribo versos rengos, revisé hoy la milonga y descubrí que Ben Molar ignora que los agudos finales equivalen a dos sílabas: si cuenta siete sílabas con los dedos, el oído no le sugiere nada. Así que resulta que Piazzolla no es el único sordo: éste padece de la misma sordera». BORGES: «Un día, Fernández Latour me felicitó por el “Poema de los dones” y me dijo que “era una lástima que habiendo elegido como verso el endecasílabo alternara versos de diez y versos de doce”. Como no veo, yo compongo mis poemas diciéndomelos, de oído, y temí que se hubiera deslizado un error. En casa le pedí a Madre que me leyera el poema. No encontré ningún verso de diez o de doce. Fernández Latour no me citó los versos mal medidos». Le hablo de los acentos necesarios en la sexta, en la cuarta y la octava, etcétera. BORGES: «Nunca supe esa regla. Siempre escribí de oído. Me hubiera convenido saberla, para tener un control mecánico que confirmara el oído». BIOY: «Ben Molar me explicó, reflexivamente, que los músicos se arreglarían para que los versos de siete no parecieran desparejos y se asimilaran a los otros, a los de ocho. También me dijo: “Ya con Borges tuvimos que hacer eso”». BORGES: «Te das cuenta de la pretensión… No va a enseñarnos a tener oído Ben Molar. No sabe qué es la sinalefa. No conoce la palabra, ni el fenómeno. Carriego, Paredes, los payadores, la conocían. Alguna vez pensé que podría escribir un soneto sin ninguna sinalefa».

Martes, 7 de junio. Borges, inaccesible a ciertas preocupaciones. Como lo supuse, omitió por error el viaje a Mar del Plata, este lunes. Allí, lo esperaban los alumnos, el cuarto reservado en el hotel, para no hablar del banquete con el intendente y demás autoridades. No concedió al asunto ninguna importancia: «Madre tuvo un gran disgusto, pero no podía decirme nada, porque era su culpa». No sentía remordimiento, ni ansiedad ni escrúpulos.

Un colombiano o venezolano habla de mis cuentos a Borges, los elogia y, al final, emite una queja contra el estilo: las frases no son bastante largas. Borges toma en broma la crítica: según él las frases largas resultan de la incapacidad de concluirlas, de los autores.

Jueves, 9 de junio. En Pardo. Ante un auditorio doméstico, leo «Vestuario I», «Los ociosos» y «Los inmortales». El oyente, aunque no habla, por su sola presencia, nos comunica una estimación objetiva del mayor o menor grado de nuestros aciertos. Y también, del nivel a que están dirigidas las bromas: muchas de «Los inmortales» y «Los ociosos» resultan demasiado engorrosas para este público. Muy bien anduvo «Vestuario I», pero comprendí que, para seguir el hilo de las bromas ulteriores a la muerte de Bradford se requiere una atención que por no resultar debidamente gratificada pronto se disipa y cede lugar a una resignada espera de que el copioso lector cierre por fin la boca aborrecida. Esta sesión me convence de que debo reafirmar mi resistencia a las bromas dentro de las bromas, a las bromas de literato que no se aviene a escribir una palabra inocente: esta incontinencia de mi colaborador nos precipita en tristes abismos de Rabelais, que él tanto aborrece. Depresivo espectáculo de literatos que se regodean con sus laberínticas y retorcidas chanzas, que nadie sigue, escucha ni celebra. Escribo a Borges, contándole mis experiencias como lector en voz alta.

Sábado, 18 de junio. Murió Ledesma. Borges reconoce el mérito de los versos, casi a regañadientes, y deja entrever hostilidad hacia el hombre, tal vez hacia el tipo de hombre: compadrito porteño. ¿Pero cómo? ¿No es un admirador sentimental de los Paredes y los Iberrás? Bueno, acaso no le gusten los escritores compadritos. Ledesma no era agresivo: el tono de su voz, el aspecto físico, correspondían a un muchacho de Buenos Aires.

Domingo, 19 de junio. Come en casa Borges. Empezamos «Esse est percipi», cuento con idea de Borges.

Lunes, 20 de junio. Come en casa Borges. Seguimos «Esse est percipi». Dice: «Según Chesterton, leyendo noticias de su barrio en una crónica policial de los diarios, los vecinos became almost real [casi llegaban a ser reales]».

BORGES: «“Su conversación admirable, sobre todo en el recuerdo”, dice Henry James en su cuento sobre Coleridge[1505]. Creo que esto constituye una certera intuición. Lo que nos queda en Table-Talk del gran conversador no son gemas. Coleridge debía de comunicar en el oyente exaltación intelectual. Según Coleridge, puede uno elogiar o censurar un libro por lo que hay en él, no por conocimientos externos. Si Verbitsky dice: “Cómo Bioy, que es un niño bien, va a escribir sobre los compadritos del barrio de Saavedra”, consigue un efecto en el café, pero no hace una crítica lícita». BIOY: «Gente de campo, por ejemplo mi abuelo Vicente Casares, muy bien podrían decir: “¿Cómo se pone a escribir sobre el campo José Hernández? ¿Qué sabe del campo un periodista? ¿Hay algo más incompatible que periodista y campo?”». BORGES: «El malevo que escribe sobre malevos ha de ser considerado, por los otros malevos, como malevo apócrifo o fracasado. Bret Harte, en California, no era el amigo de todos, sino un individuo mantenido un poco aparte: el que no congenia, el que no es del grupo. No era uno de ellos».

Dice que es significativo, para la interpretación de este país, que nuestro libro máximo sea el Martín Fierro y no el Facundo. Agrega que por razones literarias —o estilísticas— está de acuerdo con la preferencia.

Domingo, 26 de junio. Come en casa Borges. Concluimos el cuento «Esse est percipi». Refiere que muy injustamente afirmó un santafecino: «Ni Peyrou ni Mastronardi han dejado ningún testimonio de su existencia».

Mañana viaja a Mar del Plata, a dictar su clase en la Universidad Católica. Me cuenta que el decano de la Facultad de Letras de esta universidad ha recibido anónimos por haberlo nombrado profesor a él, que según sus propias declaraciones no es católico. BIOY: «¿Y cómo los toma? ¿No les da importancia o se entristece?». BORGES: «Se entristece. Dice frases como: “No sabe qué problemas me crea”. En una presentación dijo: “Espero que algún día Dios le ilumine el corazón”. Como si hablara de un criminal. Por eso es mejor evitar las situaciones falsas. Aunque nada malo ocurra, siempre hay inseguridad».

Martes, 28 de junio. Come en casa Borges, de regreso de Mar del Plata. Estamos muy cansados. Revisamos el cuento «Esse est percipi» y amputamos el primer párrafo.

Ante el golpe contra Illia, los Borges dicen: «¡Viva la patria!».

Miércoles, 29 de junio. Come en casa Borges. Anoche quedaron concluidos los cinco cuentos para agregar a las Crónicas de Bustos Domecq; hoy se los lleva, para dárselos a Miguel[1506]; deben ir al final, en este orden: «Vestuario I», «Vestuario II», «Esse est percipi» (de la frase de Berkeley[1507]), «Los ociosos», «Los inmortales». Decimos que las Crónicas de Bustos Domecq y los Ismos de Ramón son el mismo libro; uno en broma, otro en serio.

BORGES: «Tenés razón: Unamuno no es tan bueno. Una especie de Bioy sin gracia. Además, ¿por qué señalar el sentido patético de la vida?». BIOY: «Cómo se enojaría el doctor Johnson. Le diría: “Don’t be foolish, sir»”. BORGES: «El Quijote es mucho mejor que Vida de don Quijote y Sancho, y Cervantes que Unamuno. Mejor clase de hombre: Cervantes no hubiera entendido las interpretaciones de Unamuno, ni lo del sentimiento trágico de la vida».

Dice que, como crítico, Quevedo es de una gran timidez: «Sobre el libro de Job, Fray Luis de León[1508] es más atinado, más pertinente que Quevedo. ¿Sabés quién escribió el libro de Job, según Quevedo? El mismo Job»[1509].

BORGES: «Se hablaba una vez de la mejor frase que había producido la literatura. ¿Sabés qué frase eligió Guillermo? ¿Qué frase, como la mejor de todas las que produjo la literatura? Una de Apollinaire:

La lengua,

pez rojo en el acuario

de tu voz[1510].

La lengua no suscita emociones tan hondas como para permitir la mejor frase de la literatura. El mismo Apollinaire, que había leído mucho, consideraría esa frase como una broma sin importancia. Para lograr mayor torpeza Guillermo traduce: “en la pecera de tu voz”. Probablemente Apollinaire pensó primero “en el acuario de tu boca” y después para no ser tan obvio cambió boca por voz. De ninguna manera es gran cosa. Pudo bastarle con decir: “tu lengua, pez rojo”. Es claro que no importa nada. Caramba, ¿vos sabés a quién le impresionaba mucho la frase? A Cansinos. No sé si con la imagen de la lengua se puede lograr mucho». Cita los versos de Milton:

… though fall’n on euil days,

On evil days though fall’n, and evil tongues[1511].

BIOY: «Ahí lengua no está en sentido físico. La oración parece concluida y Milton agrega lo de evil tongues; por eso mismo está muy bien». BORGES: «Debe de ser una figura latina».

Elogia las Barrack Room Ballads de Kipling y un poema en que tres cazadores de focas pelean:

I´ll be good to your widows[1512]

I´ll be good to your widows[1512]

ferozmente promete uno al hombre a quien está matando. Del mismo poema, cita Borges también:

And tell the Yoshiwara gris to bum a stick for him[1513].

And tell the Yoshiwara gris to bum a stick for him[1513].

Elogia «The Coxon Fund» de James. Dice que James tiene mucho sentido del humor pero que tiende a las situaciones melodramáticas y que sus personajes carecen de realidad.

Recuerda con aprobación letras de tango de Pascual Contursi. Observa, sin embargo: «En la conversación, es claro, sería un animal espantoso. Como dijo Gannon, mostrando bastante coraje y una clara conciencia de la naturaleza de la poesía: “José Hernández debió de ser un animal espantoso”. Lo dijo en una reunión de la SADE, ¿te imaginás qué podían entender? Erro contestó: “No, más bien era un hombre telúrico”. Yo dije: “Bueno, es lo mismo”».

BORGES: «Ben Molar me pide una letra de tango, actual y sentimental, cada quince días. Y no le voy a hacer caso. ¿Por qué voy a escribir eso? Escribo milongas porque me divierte. Me divierte recordar en verso cuentos de Paredes, de Tío Frank. Tenés razón: mis milongas son arqueológicas… Entretenimientos de escritor. El arte popular no es arqueológico. Molar tiene razón de pedir otra cosa».

Jueves, 30 de junio. Come en casa Borges. Me dice: «Creemos que el mañana será idéntico al presente porque para imaginar una situación distinta hay que imaginar también las muchas circunstancias que la originan. Uno se desalienta en el proceso».

Hablábamos de expresiones como «hay gato encerrado» y «the cat is out of the bag». BORGES: «Evidentemente hubo una época en que el gato ajeno interesaba a la Humanidad». Sobre la frase: «No hay que buscarle tres pies al gato», dice: «Es misteriosa, porque el gato tiene tres pies, y todavía le dan uno más de yapa»[1514]. BIOY: «Yo he oído: “El miedo no es sonso”». BORGES: «Mi abuelo Acevedo decía: “El miedo no es sonso ni junta rabia”. A mi abuelo le decían “Vieja Cartilla”, en elogiosa referencia a su conocimiento de todos los pormenores y chismes de la gente del Buenos Aires de antes. Qué remoto es lo de vieja cartilla. Sugiere otra gente, otro idioma. Tal vez del tiempo de la batalla de Pavón».

BORGES: «Padre opinaba, sobre casos de paisanos centenarios: “No saben cuándo nacieron, no saben quiénes fueron sus padres. Cuando les preguntan si conocieron a Fulano o a Zutano, gente de hace mucho, contestan que sí, porque saben que se espera eso de ellos”». Carriego dijo algo al padre de Borges, celebrando la circunstancia de que los dos fueran entrerrianos. «“Y, como todo entrerriano que puede, los dos estamos en Buenos Aires”, comentó Padre». (Cf. la primera conversación de Johnson con Boswell)[1515].

Su madre ha sido siempre una suerte de manager, que habla o escribe con editores, con la gente que pide conferencias, etcétera. También en ella delega Borges el calendario de sus compromisos. Ahora, enérgica y lúcida como en sus mejores tiempos, ha perdido algo de su memoria. Últimamente apareció en ella una aptitud para el olvido que a ese respecto la empareja, digamos, con personas como yo. Unos jóvenes estudiantes de Santa Fe hablaron con Borges y lo invitaron a dar allí una conferencia. Le ofrecieron diez mil pesos; él dijo que no le pagaran más de cinco mil. Comunicó todo a su madre, la que lo «puso como un nulo» por la quijotada. Cuando llegó la víspera del viaje, ni él ni su madre recordaban cómo se llamaba el centro de estudiantes que lo había invitado ni dónde daría él su conferencia en Santa Fe. «Mejor que no vaya», dijo él. «Te están esperando», dijo la madre. Partió, con intención de quedarse un rato en la estación del Rosario; si no aparecían los muchachos, iría al Hotel Italia, pediría al portero que viera en los diarios si estaba anunciada su conferencia; si no estaba anunciada, daría una vuelta por el Rosario y se volvería a la tarde. En la estación del Rosario lo esperaba gente de la Cultural Inglesa, informada de su llegada, pero de nada más. No sabían dónde ni para quiénes tenía que hablar en Santa Fe. Al rato aparecieron los muchachos. Por descuido no habían comunicado la noticia a los diarios. BORGES: «Madre tenía razón. No volveré a rechazar una suma porque me parezca alta. Éstos han de haber pensado: “Si él mismo considera que no vale más de cinco mil pesos, ha de tener razón y no hay por qué atenderlo demasiado bien”. Me pusieron en un hotel inmundo, en un cuarto inmundo, a media cuadra de un baño público y asqueroso. Como no veo, necesito un baño privado; si no, para cada excursión al baño necesito un guía, lo que me desanima. Pasé dos días sin bañarme».

Dice: «Los amigos no ayudaban a Job, pues en ese mundo rígidamente gobernado por Dios, las calamidades no se veían como fortuitas; eran castigos divinos. Para las ofensas, la mejor arma es el olvido. En el olvido coinciden la venganza y el perdón[1516]».

Lunes, 4 de julio. Comen en casa Cristina Castro Cranwell y Borges. Borges cuenta que su abuelo Acevedo era muy amigo de Nicolás Avellaneda. Avellaneda hablaba de un modo rarísimo. Un día, estando delante de una casa de comercio, vio pasar a un coronel y le dijo: «¿Cómo le va, coronel?». Éste contestó: «¿Cómo le va, mulato de mierda?» y lo atacó a bastonazos. Avellaneda después contaba: «Yo quise defenderme tirándole una máquina de coser que había allí, pero estaba clavata». «No, hombre —le dijo el abuelo de Borges—, no estaba clavata. Lo que pasa es que una máquina de coser es muy pesada para que uno la levante». Sobre un exiliado, dijo Avellaneda: «Bueno, está perdonado. Pero para que sufra un poco vamos a hacerlo esperar seis meses». «No seas chancho —le dijo el abuelo de Borges—. Si lo perdonás, ¿cómo lo hacés esperar seis meses?». «Bueno —contestó Avellaneda—. Que espere tres meses, pero ni un día menos». BORGES: «A pesar de todo, parece que Avellaneda era una excelente persona. La última vez que salió a la calle fue para conseguir una pensión para mi tía Ercilia [Suárez]. (La gestionó personalmente). Mi tía obtuvo una pensión de ciento cincuenta pesos, lo que les permitió vivir holgadamente. Se vinieron a Buenos Aires, pero quisieron instalarse en un lugar un poco apartado, donde hubiera buen aire, porque estaban acostumbrados al campo. Para evitar un cambio excesivo alquilaron una casa en Callao y Tucumán».

Miércoles, 6 de julio. Come en casa Borges. Concluimos «Un enfoque flamante», el cuento sobre la Historia.

Estuvo en la Academia. BORGES: «Leónidas [de Vedia] habló para recibir a Battistessa, y éste pronunció su primer discurso. El discurso de recepción duró más de media hora. Yo lo oía con asombro de que en ningún momento Leónidas sintiera la tentación de pensar. Cuando se sentó, se excusó de haber sido tan breve. Es un insensible. El otro animal habló más de dos horas. Empezó con el anuncio de que antes de llegar al tema, La Lira argentina, hablaría de cinco escritores. Uno iba contando… Aquello duró tanto que uno perdía la noción de la realidad, creía que siempre estaría ahí oyendo ese discurso. Yo me decía que esta noche comeríamos juntos y no lo creía… Era como decirse que un día uno sería un alma inmortal. Hubo varios falsos finales. Una vez repitió la interminable lista de vocativos del principio: «Señor ministro, señor. Yo pensé: “Es el fin”; no, aquello duró todavía más de diez minutos. A Enrique Larreta lo llamaba don Enrique y a Alvaro [Melián Lafinur], don Alvaro. Nadie le dijo nunca a Alvaro don Alvaro. El don así siempre fue un poco rústico. Se llamaba don a un capataz. De La Lira argentina no habló nada. Qué raro que no hablara del tema. Esther Zemborain dijo: “Ya se sabe, Battistessa jamás habla del tema anunciado”, y con eso apartó la objeción. Es un animal. La gente decía que tiene una gran cultura. Qué gran cultura va a tener. El que estaba muy enojado era Sáenz Hayes; decía: “¿Cómo, si es profesor, no sabe que un discurso no debe durar dos horas?”. Leónidas leyó un soneto de Battistessa. A ver, concluí este endecasílabo… Dice que el amor

con un beso que sella el…

con un beso que sella el…

Madre dijo compromiso. Es mucho peor:

con un beso que sella el monopolio».

con un beso que sella el monopolio».

BIOY: «Estuve pensando en lo que dijiste del uso del don y me acordé de algo que probaría que no siempre era usado para el trato con subalternos: mi abuela, Hersilia Lynch, cuando hablaba de su suegro, Vicente [Eladio] Casares, siempre decía: “El señor don Vicente”».

Viernes, 8 de julio. Come en casa Borges. BORGES: «Peyrou es tan reservado que no dijo a nadie —yo lo supe cuando fui a dar una conferencia— que es vicerrector de la Universidad Sociológica y Tecnológica Argentina».

Hablamos de Juan Crisóstomo Lafinur. Encuentro que su lucidez es la misma del padre de BORGES: pregunto si el parentesco es por ese lado, y sanguíneo. Responde que tiene una bisabuela Lafinur y agrega: «Dicen que lo envenenaron los jesuítas. O que después de una caída del caballo no estuvo bien y murió. Sabemos que frecuentaba los prostíbulos. En Amalia una madama dice que la teoría de las tres unidades se la enseñó su “querido amigo el famoso poeta Lafinur”[1517]. ¿Mármol lo contará porque estaba enterado de que Lafinur era asiduo asistente a prostíbulos y, como un historiador, quería pintar fielmente la sociedad de entonces? Es fama que era muy aficionado a la música. Entonces había pocos pianos en Buenos Aires. Él sabía en qué casas había piano, se metía y se ponía a tocar. A lo mejor los dueños de casa estaban durmiendo la siesta. Despertaban y se decían: “Ahí está el loco de Lafinur”. Esta información sugiere un Buenos Aires bastante aldeano. Cuando aquí toda la filosofía era tomista, él enseñó la de Locke y Condillac. Podría recordarse el epigrama de Groussac: “Dejó la cátedra cuando había aprendido la materia”. Fue secretario de López».

De Alvaro Melián dice: «No se llamaba Lafinur. No era más pariente que yo de Lafinur». BIOY: «¿Como si yo me llamara Bioy Martínez? Mi bisabuela era María Ignacia Martínez. Mi abuela la llamaba Misia». BORGES: «Sí. Madre lo llamaba Lafinur Rossi. Ibarra creía que se había puesto Lafinur para sugerir la finura. “¿Qué pensar de un hombre que se llama La finura?”, decía furioso. La madre de Ibarra era una Saubidet. Escapó con unos gitanos. Por eso lo cuidaron mucho a Néstor cuando era chico; por temor de que los gitanos lo robaran».

Recuerda que Johnson señaló un error en Goldsmith. Éste dice que los osos son feroces. «Es bien sabido, afirmó Johnson, que no atacan a los hombres». Gibbon, que estaba oyendo y que llamaba a Johnson Ursa Maior, comentó en un aparte: «Yo no me fío en el oso»[1518]. Recuerda también Borges que Mateo Alemán sostiene en alguna parte que los rinocerontes son domesticables[1519]. BORGES: «Gibbon escribió the fat slumbers of the Church[1520] Está muy bien. ¿Cómo se llamará esa figura? No parece de un escritor del siglo XVIII».

Dice: «Según Goethe, en el Vicario de Wakefield aparece el héroe moderno por excelencia: pastor y padre de familia[1521]. Se ve que hablaba del libro sin haberlo leído. El pastor no se muestra como admirable. Es un libro muy irónico, muy cómico». BIOY: «Y muy moderado. Alguna vez pude preguntarme si el autor se daba cuenta. Qué lección para Bustos Domecq. Nosotros nos estamos pareciendo a ese autor que aborrecés, a Rabelais». BORGES: «Él se dio su gusto al escribir así». BIOY: «¿Y nosotros no? ¿Nosotros nos cortamos brazos y piernas, amputamos nuestros impulsos? ¡Por darnos el gusto, así nos salió el cuento de Santos Vega! Tuvimos que dejarlo inconcluso. No pudimos seguir escribiendo. Asqueados de nuestra obra y de nosotros». BORGES: «Sí, es verdad. Pero ahora es distinto, somos ascéticos».

Dice: «Leí el Wilhelm Meister porque creí encontrar a otro Carlyle, en alemán. Me llevé una sorpresa. Goethe no se parecía nada a Carlyle. Carlyle leyó a Jean-Paul Richter y se puso a escribir en inglés en el estilo alemán de Jean-Paul Richter».

Sábado, 9 de julio. Comen en casa Borges y Peyrou.

Borges propone para la tapa de las Crónicas una cárcel de Piranesi o la torre de Babel. En vano buscamos en la biblioteca de casa adecuadas reproducciones. En el Espasa hay una, de un limpísimo grabado de Piranesi; excesivamente chica; tal vez pueda ampliarse.

Me refiere que su madre piensa continuamente en el viaje a los Estados Unidos, a fines del año próximo: seis u ocho meses en Harvard, donde él dictará un curso sobre poesía: «Madre desea intensamente ese viaje y teme que la muerte se lo impida. Cuando habla del proyecto, siempre agrega una frase como “si no muero antes”… De un tiempo a esta parte, Madre se convirtió en institución. A veces, los conferencistas, entre los vocativos iniciales, “Señor ministro, señor Obispo”, largan “Doña Leonor Acevedo de Borges”… Mis sobrinos, después, la retan. Dicen que es una vergüenza. “¿Viste? No debiste ir”. Ella se excusa: “No es mi culpa haber vivido tanto. ¿Qué quieren? ¿Que me suicide?”».

[Domingo 10 al domingo 17 de julio. Bioy Casares en Pardo].

Miércoles, 13 de julio. En Pardo. Leo Papa Hemingway, de A. E. Hotchner. Muchas veces oí a Borges despreciar a escritores como Hemingway (también a otra gente) por su afición a la caza: «¿Te das cuenta la imaginación de este novelista que se pasa la vida cazando animales?». Cada vez que nombra a Hemingway, basta verle la cara para adivinar ese desprecio. Es muy difícil contrarrestar estas opiniones temperamentales de un amigo, cuando hasta cierto punto uno les encuentra justificación: tal vez una persona que mata por placer, que no siente lástima, pertenezca a la vasta tribu de bárbaros que nos retiene en la estupidez y el atraso. Sin embargo, yo tengo a Hemingway por uno de los mejores escritores norteamericanos de estos tiempos. Juzgados por sus obras más afortunadas, no sé cuál es mayor, él o Faulkner. Borges no duda: Faulkner. Yo sé que a mí me placen más los clásicos y tranquilos (en cuanto a estilo, a construcción) relatos de Hemingway que los barrocos, truculentos, recargados, de Faulkner; comparadas las peores obras, yo no prefiero las del oscuro borracho repetidor (Faulkner). Creo que Hemingway dispone de un medio de expresión llano, servicial, eficaz, adecuado para conversar de cualquier cosa; el otro habla con su voz histriónica, penosa, de ventrílocuo literario que se expresa por algún personaje. En cuanto al hombre, de Hemingway diría que es de una clase o tipo bastante vulgar, cómodo en la sociedad de celebridades de baja estofa, estrellas del deporte o del cinematógrafo, toreros, boxeadores, periodistas, cazadores, pescadores, pintores cubistas, gente del café society y borrachos. En su favor, puede decirse que estos figurones no lo engañaron del todo. Borges me dirá que hay unidad en los hombres, y que el amigo de toda esa chusma, el curioso lector de revistas, el estudioso de partidos de béisbol, encuentros de boxeo y corridas de toros, el insaciable pescador y cazador, no ha de constituir uno de los más elaborados especímenes del género humano. Yo le respondería que así no más ha de ser, y que en la difícil tarea de vivir las circunstancias cuentan mucho, pero no del todo.

Refiero lo anterior a Silvina, que observa: «A Borges le desagrada toda expresión de excesivo vigor físico. No reconoce que a veces son una fuerza espiritual». BIOY: «Sin embargo, aprueba a Wells». SILVINA: «Wells es todo eso en serio; Hemingway, un fanfarrón». BIOY: «Yo diría también: Hemingway escribe simplemente y aguanta o cae por lo que ofrece. Faulkner adorna, sustrae, oculta, complica su dádiva dudosa».

Miércoles, 20 de julio. Come en casa Borges. Durante mi semana en Pardo, buscó por las librerías algún libro con grabados de Piranesi. A precio de oro compró uno de Focillon. Llevó el libro a Losada, para que reprodujeran el grabado. «Es oscuro: al reducirlo quedará negro», opinaron los técnicos. Regaló el libro a Miguel. Me pregunta: «¿Qué te parece un cuadro de Xul?». BIOY: «El peligro es que parezca una broma contra Xul». BORGES: «Aclaramos en la solapa». BIOY: «Basta que algún crítico sugiera nuestra intención satírica. Un libro así, todo lo contamina». BORGES: «Hay una ilustración en Alice in Wonderland, con personajes que son naipes y la cara de un gato en el cielo, como sol». Elegimos esa ilustración[1522].

Hablando con Borges de Roger Caillois, reaparece en mi memoria el recuerdo de un episodio. Se lo cuento: «Marta Mosquera, sin duda en París y en el 51, me dijo que Caillois la llevó a comer una noche a un restaurant ruso, que él alababa mucho. “Sí, lo recuerdo —le contesté—. Me llevó a mí también. En un sótano. Un restaurant infecto, donde sólo se comen platos pesadísimos, cargados de salsas.”». Borges confirma todo, la predilección de Caillois por el lugar, y la calidad del mismo y de cuanto allí servían: «Cuando estuve en París, me llevó a mí también. Es un lugar asqueroso. Yo pedí cualquier cosa simple, un bife o huevos poché, cualquier cosa natural y sin salsa. Me explicaron que eso era imposible. Allí todo ya estaba sancochado en salsas o, según la más favorable explicación de Caillois, allí todo era delicioso con salsas. Casi me enfermo con esa comida. Le tomé a Caillois bastante rabia». BIOY: «La noche que la llevó a Marta, Caillois comió a dos carrillos. Después, con algún pretexto que ella, en su ingenuidad, creyó, la llevó a la casa. La sentó en un diván, le puso un libro entre las manos y, exclamando: “Un momento”, desapareció en un cuarto contiguo. Ahí prorrumpió en estampidos reiterados e inconfundibles. Luego apareció dentro de una robe de chambre de seda negra, con pájaros dibujados —todo él parecía un murciélago— y rápidamente intentó seducirla. Marta fingió alguna dolencia y prometió volver en otra ocasión». BORGES: «Es un cuento admirable. No parece inventado por Marta. No falta nada. La comida asquerosa… Parecería que todo ocurrió en el WC. Y todo echando mano a la misma región. No se alejó hasta los pies».

Borges me propone que escribamos una pieza de teatro. Acepto alborozado. «Convendría, policial», dice. Examinamos y desechamos los argumentos de Seis problemas. Apelamos a la ropavejería del género: ¿Qué se puede hacer con personas que van llegando a un lugar, citadas por uno, que es matado e «impersonado» por otro, que mata a un tercero, para que no lo identifique? ¿Qué se puede hacer con un cuarto maldito? Una primera hipótesis fantástica, la subsiguiente explicación del detective, que lo aclara todo, y una anomalía de último momento y de poca importancia, que sin eliminar la segunda reivindica la primera hipótesis. BORGES: «Mañana, en Pigmalión, compramos dos o tres Penguin policiales de autores desconocidos y allí encontraremos resuelto nuestro argumento».

Jueves, 21 de julio. Come en casa Borges. Progresa el plan de nuestra comedia policial[1523].

Miércoles, 27 de julio. A la mañana del lunes, en el subterráneo que lo llevaba a Constitución, para tomar el tren a Mar del Plata, Borges se dio un golpe. Cuenta: «Iba cansado. Apoyado en el fierro. Me olvidé que el subterráneo, a mitad camino, toma una curva. Una muchacha quiso que me sentara, había un solo asiento y yo, en un momento de vanidad, se lo di a ella. Pensando: “Ahora nadie cede su asiento a las mujeres; verán cómo un vieux monsieur sabe portarse”. Pobre muchacha, me daba no sé qué que fuera parada, una mujer, aunque a ella le hubiera parecido lo más natural… En fin, lo que siempre pasa: un hombre come una manzana y condena al género humano. Yo tuve mi momento de vanidad, me di el porrazo, me levantaron dos personas… Yo estaba jadeante. En Mar del Plata me hice ver por un médico. Dice que no tengo nada». Me habla: la boca como un ancho tajo, con las comisuras para abajo y tensas; tiene la dentadura en la mano. Pienso: «Se avejentan mis amigos. Estos golpes acortan el camino».

Jueves, 28 de julio. Come en casa Borges. Empezamos a escribir la pieza de teatro policial.

Por estímulo (irresistible) de Borges, escribo la milonga La racha y el tango El olivo para la casa Fermata, de Ben Molar. Grandes elogios de Ben Molar. Después dice: «Acorte el tango». «Acórtelo usted», contesto. «¿Quién soy yo para tomarme el atrevimiento?», etcétera. «Acórtelo, si quiere. Yo no voy a hacer nada». «Bueno. Si usted me autoriza». Después manda mensajes con BORGES: «Que está esperando el tango». «Que no espere —le digo—. Ya le di dos piezas. Que haga con ellas lo que quiera. Yo tengo ahora otras ocupaciones y no volveré a tocarlas. Que las publique así o que las tire: me da igual». Borges vuelve con mensajes de Ben Molar. Yo no varío de contestación. Ben Molar llama a casa a las ocho de la mañana. Le dicen que duermo. Llama después. Le dicen que salí. Me manda otro mensaje con BORGES: que publicará aparte, fuera del álbum, La racha, pero que le escriba cuatro u ocho versos más. Dejará caer el tango, porque es de tema muy manido. Le digo a Borges: «Que haga lo que quiera. Yo no agregaré un verso a La racha. Yo no tocaré esos textos ni someteré trabajos al juicio de Ben Molar». De los que contribuyeron para el álbum, Borges pondera a Florencio Escardó[1524]: «Una gran sorpresa. El mejor», asegura.

Domingo, 31 de julio. Come en casa Borges. De Papa Hemingway, le leo la comunicación de Hemingway a la academia sueca. Nota un error de lógica en la frase «Siendo incapaz de toda oratoria, agradezco el honor»: «¿Cómo? Si no fuera incapaz de oratoria, ¿no agradecería?». El alegato erróneo confirma la sentencia; mi defensa lo convence de su menosprecio.

Lunes, 1.º de agosto. Come en casa Borges. Leemos ensayos sobre el cuento para el concurso de La Nación. BORGES: «Entonces la gente ignora el significado de ensayo y de sobre. ¿Qué saben? ¿Solamente el significado de el?». Efectivamente, de cada tres originales, dos contienen cuentos, ensayos o intentos de cuentos.

Como Valbuena objeta blando lecho, porque el lecho es de madera y lo blando será el colchón, Borges dice que es «celui qui ne comprend rien» y hace la prueba con la mucama: «¿Usted entiende si digo el blando lechó?». MUCAMA: «No. ¿Blandolecho, blando helecho?». BORGES: «Bueno. ¿Blanda cama?». MUCAMA: «¿Blandacama? No». BORGES: «Pero, ¿cama blanda?». MUCAMA: «Sí. Claro…». Ya el error de Valbuena se perdió de vista.

Viernes, 5 de agosto. Ben Molar manda buscar a Borges, porque «hay algo urgente para él». Borges, creyendo que ese algo es el disco de su milonga, acude a Fermata. Allí encuentra a Ben Molar, Sabato, un periodista y un fotógrafo. Le explican: «La noticia salió ayer, en La Razón[1525]. “En casa de Ben Molar dos grandes poetas argentinos se reconcilian: Borges y Sabato”». PERIODISTA: «¿Por qué ese interés del argentino de hoy por el tango?». SABATO: «El argentino de hoy se busca, trata de explicarse, de conocerse». BORGES: «A la gente joven no le interesa el tango. Prefiere el twist». PERIODISTA: «Pero, señor Borges, ustedes mismos son una prueba del interés actual por el tango». BORGES: «No creo. Siempre los escritores se interesan por las formas populares del arte. Nos interesa el idioma. Quevedo escribió jácaras, Hugo se interesaba en el argot… Es un hecho conocido y sin importancia». PERIODISTA: «¿Usted no cree que Carriego, si viviera, escribiría tangos?». BORGES: «Seguramente, y de los peores. Como poeta sensiblero que era». PERIODISTA: «¿Se arrepiente de haber escrito sobre él?». BORGES: «No, pero hoy seguiría el consejo de mi madre, y escribiría sobre Ascasubi o sobre Almafuerte, antes que sobre Carriego. Escribí sobre él, porque era amigo de casa y hombre del barrio». PERIODISTA: «Ustedes están escribiendo letras para tango…». BORGES: «Ya le contesté sobre eso. Los tangos no cuentan por su letra. La letra tiene sólo un valor mnemotécnico. Rodriguez Peña —que no me gusta—. El choclo, los tangos más conocidos, durante mucho tiempo no tuvieron letra…». PERIODISTA: «Y sobre Gardel, ¿es verdad que usted no lo admira?». BORGES: «No demasiado». PERIODISTA: «Pero no puede negar su popularidad». BORGES: «No la niego, pero eso no cambia mi opinión. Cuando vivía nadie lo admiraba. Llevó al tango un elemento dramático e inventó los finales en que el cantor rompe a sollozar». A mí me dice después: «Para Carriego, para Quiroga, para Güiraldes y para Gardel la muerte fue providencial. Si no hubieran muerto, los despreciaríamos. Los despreciaría todo el mundo. Quiroga tal vez esté más seguro que nadie. Qué misterio. Es pésimo». Sobre la entrevista: «Traté de patearle el nido a ese Ben Molar. Me acompañó hasta afuera. Me pidió perdón y alegó que hacía eso porque estábamos en una cruzada. Le contesté que no era así, que él sabía perfectamente que sólo se trataba de una operación comercial. Siempre me acompaña hasta casa. No lo dejé. Le dije que un amigo me esperaba en un bar».

Por la noche, come en casa. Tratamos de planear lúcidamente la pieza de teatro del que perdió la memoria. Éste es un nuevo proyecto; en el anterior, de un robo de una joya traída de la India y un duelo —pleno Raffles y baronesa de Orczy (¿o me equivoco sobre la baronesa?)— no conseguía entrar. Aquí propongo esto y aquello. Borges comenta: «Cómo estás hoy». Me dice: «Has influido en mi estilo. Pongo más comas. Están las comas por todos lados en la página, como gusanitos negros y repugnantes».

Domingo, 7 de agosto. Come en casa Borges. Me cuenta que Rossler, sabedor de que Fermata publicará un álbum de tangos de doce poetas importantes, se presentó ante Ben Molar para explicarle que él era un poeta importante. BORGES: «Yo estaba allí: no se sintió incómodo. Yo no sabía que fuera tan idiota. Yo no lo creía capaz de cometer esa estupidez. Ir a ver a un desconocido para que se ría de él. Es claro que en el ambiente de Ben Molar todo el mundo procederá así».

BORGES: «Esther [Zemborain] me dijo: “Dejá todo lo que tengas que hacer. Vení a almorzar conmigo. Tu situación en la Biblioteca está en peligro. Sólo te podés salvar si das tu adhesión al gobierno en este asunto de la Universidad”. Al principio, Esthercita tenía el plan de un manifiesto. Yo estaba de acuerdo: si lo firmaban varios profesores, yo lo firmaría. Sabés lo que pienso sobre la Universidad y el régimen tripartito. No era cuestión de que mi puesto en la Biblioteca estuviera en peligro… Era cuestión de que alguien saliera a defender al gobierno contra la mafia de los comunistas. Yo hubiera firmado si firmaban otros, pero salir solo, erigiéndome en juez de Israel, era un poco ridículo. Como si me pillara en serio. Ahora Esthercita me sale con ese peligro. Es raro, porque Onganía me mandó un edecán, para decirme que desea hablar conmigo. Yo no quiero decirle esto a Esthercita. Si la veo se lo voy a decir, porque soy muy flojo. Y si me echan, ¿qué me importa? Además, si están decididos a echarme, porque haga una declaración así no voy a salvarme. Quedaré, nomás, como un adulón». BIOY: «Quiere que escribas tu carta o manifiesto. Como argumento elige un peligro que inventa».

BORGES: «El conocimiento de lo que llamamos popular está restringido a la gente culta; en cuanto al lunfardo, quienes mejor lo conocen son los chicos de colegio. González Tuñón (uno u otro) reprochaba a Roberto Arlt su ignorancia del lunfardo. Arlt explicó: “Qué querés. Yo me crié en Villa Luro. El lunfardo se aprende en el centro, en las redacciones de los diarios y entre escritores”».

Me refiere que en la sesión para Cela de la Academia, Manucho leyó un cuento en que aparece un escuchar por un oír en prosa trabajada, en boca del relator. Borges y Capdevila lo notaron. Comenta también: «Cela está bien. Arrieta había hablado de la Madre patria. Cela dijo: “En cuanto a lo de Madre patria, eso recuerda un poco a juegos florales”. Cela contó que en la Academia Española las sesiones son mucho más llanas que las de aquí y que los académicos no se tratan en tercera persona. Señores conversando, nada de “Dijo bien el señor académico”. Es claro, estarán más seguros. Aquí estamos aping a una academia».

Parece que Capdevila está «cayéndose a pedazos». BORGES: «Para subir un escalón de la entrada de su casa, el chofer tuvo que ayudarlo…».

Viernes, 12 de agosto. Un salteño recuerda con afecto cosas de su provincia. Cuando habla de Dávalos, a quien llama Juan Carlos, se pone particularmente elocuente: le brillan los ojos y su exaltación nostálgica es palpable. Aunque yo descrea de sus afirmaciones sobre el gran talento, el sentido poético, la variada cultura y el dominio del idioma de Juan Carlos Dávalos, concedo a mi interlocutor el derecho a admirarlo y a quererlo y con simpatía escucho las anécdotas. Pienso en Borges. Escucharía todo esto con el desdén aflorando; diría: «¿Dávalos? ¡Un bruto y un borracho! ¿Vos leíste algo bueno de Dávalos? ¿El tono muerto? Un cuadrito como los de Heredia y a mitad camino ya el genio desliza alguna palabra de otro ambiente». No admite la diversidad de visiones y las modificaciones que impone el afecto. No le interesan estas fuertes personalidades que, después, en el papel, descubren alguna endeblez intelectual. Desde luego que si él las trae es otra cosa. Ya perdió toda reverencia supersticiosa con relación a Macedonio, pero mostraría, estoy seguro, más tolerancia por Oliverio que por Dávalos. Cada cual se encarga de sus amigos. Desde luego, pero algo tendrán los amigos de los otros.

[Domingo 14 al martes 16 de agosto. Bioy Casares en Pardo. El domingo, sale a caballo, cae y se golpea. Ya en Buenos Aires, el médico diagnostica tres costillas rotas y una fisurada].

Miércoles, 17 de agosto. En Buenos Aires. Con médicos amigos, revisado y con la confirmación de que no hay nada que temer, de que todo está en orden, dentro del régimen de costillas rotas. Como lo confirma lo que siento, me tranquilizo: había llegado a pensar en costillas que aplastaban los intestinos. Cuando Borges me habló de su temor de que una costilla le hubiera perforado un pulmón lo consideré —la semana pasada, no hace mucho— loco.

Jueves, 18 de agosto. Come en casa Borges. Anteayer convinimos en que hoy lo pasaría a buscar para comer en casa. Esta mañana, a las ocho, llamó para recordar que me esperaba a la noche. Ante cualquier anuncio o promesa, desarrolla una verdadera comezón, que yo, durante mucho tiempo, confundí con un juego. Imaginemos un ejemplo ficticio. Cuando no era hombre famoso, le ofrecía alguien la dirección de una revista. Si de algún modo la proposición era ventajosa y si por cualquier motivo había que esperar un plazo para el nombramiento, Borges en sus conversaciones agotaba las variantes por las que el nombramiento no se produciría. Como dije, al principio yo creí que esto era un juego, una fantasía de posibilidades absurdas y cómicas; luego descubrí que se trataba de la expresión más «presentable» de una angustia que lo carcomía profundamente; la expresión social o siquiera para amigos —por ello risueña, leve— de una desesperación íntima. Imagino lo cansadores que serán estos hombres para las mujeres a las que aman. Me parece que esta debilidad es más corriente entre viejos que entre jóvenes. Diríase que sobre la experiencia pueden los nervios.

Como su madre le informó de lo que me había pasado, dice: «Esto nos sucede por haber desbarrancado a esos dos personajes en nuestra pieza». Agrega: «En la biografía de todo argentino, debe haber una caída del caballo». Después de comer, le digo: «Mirá, hoy estoy muy cansado. Quiero acostarme cuanto antes, así que no vamos a escribir. Te llevo ahora».

Domingo, 21 de agosto. Come en casa Borges. Fue a verlo un arquitecto, para proponerle reformas al proyecto de edificio para la Biblioteca Nacional. El arquitecto quiere interesarlo en unas gestiones que está haciendo para que asignen a las posibles reformas una partida de treinta y un millones de pesos. Borges le dijo, en tono muy severo: «Usted no puede ignorar el momento que vive el país; no es un momento de pedir, sino de dar. El viejo edificio de la Biblioteca fue renovado y ampliado; por diez años, por lo menos, no necesitamos nada. Mire, le voy a decir algo: no me parece patriótico su proyecto». El arquitecto quedó muy desconcertado, porque esperaba la simpatía del director de la Biblioteca. Borges me comenta: «Estoy en el glow de la satisfacción. Caramba, cuando era joven esto no me sucedía. Estoy volviéndome violento. Me complace poner en su lugar a la gente. Bueno, ¡qué gente! Si lo único que quiere es el dinero, ¿por qué no se hace gángster?».

Un estanciero de Entre Ríos le refirió que en su campo hay un peón que no admite sueldo. «Usted —dice el peón— me da de vez en cuando algo para vicios». No quiere estar atado, tampoco; se va, después de unos meses, y, al tiempo, vuelve. BIOY: «Es quizá el último gentleman».

Lunes, 29 de agosto. Come en casa Borges. Empezamos —acto I, escena I— la pieza de teatro del amnésico que llega a una casa en la montaña. En la redacción encontrábamos dificultad para decir lo necesario. Citó a Valéry: «Comme c’est difficile de dire tout ce qu’il faut dire». También a Flaubert: «Entramos en el infierno de la composición»[1526]. BIOY: «No tanto». BORGES: «No tanto».

Me refiere «una buena vulgaridad» de Macedonio Fernández. Éste leyó en Taine: «A un francés, ante Carlyle, le parece estar ante el Minotauro», y comentó: «A Carlyle, ante un francés, che, le parecería estar ante un minetero».

BORGES: «Arlt era muy ignorante. Suponía que pelafustán significaba gigantón. En una Aguafuerte sobre los hospitales dijo que escaseaba la tela de Siva Después se enteró de que la grafía correcta era adhesiva y escribió otra aguafuerte sobre el mismo tema, para tener ocasión de escribir nuevamente la palabra y para que los lectores de la aguafuerte anterior pensaran que ese dios era una errata. Todo el artículo no era sino una fe de erratas». BIOY: «¿Sabés cómo dicen los españoles? Esparadrapo». BORGES: «Vos sacaste esa palabra de un artículo de Cela». BIOY: «No; me la dijo él, en una comida. Cuando le hablé de mi accidente, me dijo: “¿Costillas? Te habrán aplicado un esparadrapo”». BORGES: «Esas palabras denigrantes que tienen los españoles son opiniones sobre la realidad: expresan la convicción de que todo es despreciable, una inmundicia. Al español que escribe con palabras oscuras, no lo tomamos por secreto sacerdote del idioma, sino por labriego».

Cuenta que el oriental Avelino Arredondo, cuando resolvió que a su patria convenía la muerte del presidente Idiarte Borda, para no comprometer a nadie, se apartó por dos meses de todo el mundo, ni siquiera leyó diarios; después fue a la salida del Teatro Solís y lo mató de un balazo[1527].

Martes, 30 de agosto. Con Borges trabajamos en nuestro drama. Hablamos de «Inclusiveness», el admirable soneto de Rossetti[1528], de un padre que mira a su hijo dormido y piensa: «Cuando yo esté muerto, mi hijo me mirará así» y se pregunta también si el hijo, cuando la madre lo besa, piensa en los besos que ella dio (o recibió) al concebirlo:

What man has bent o’er his son’s sleep, to brood

How that face shall watch his when cold it lies?

Or thought, as his own mother kissed his eyes,

Of what her kiss was when his father wooed[1529]

BIOY: «Qué fácilmente dice todo». BORGES: «Un poema así no se improvisa. Primero tuvo la idea, después la versificó». BIOY: «Qué poder de redacción». BORGES: «De Swinburne, Rossetti dijo: “The little chap has no brain power [El pequeño no sabe pensar]”. Es claro, los poemas de Swinburne están hechos de exclamaciones». Cita no sé qué film en que un hombre fornido ordena a uno más chico: «Now apologize like a little gentleman [Ahora discúlpate como un pequeño caballero]».

Dice que Marasso propuso en la Academia que se recogiera la lección de la Academia Española y que se adoptara la forma fraque. Borges contestó: «No hay motivo para que nos hagamos solidarios de la incapacidad de los españoles para pronunciar algunos sonidos. Desde luego, en este caso tenemos la autoridad de Lugones:

En la percha del testero,

el crucificado fraque

exhala un fenol severo,

y sobre el vasto tintero

piensa un busto de Balzaque»[1530].

Todo el mundo rió y la proposición de Marasso fue desechada. Borges remeda la manera gemebunda y machacosa de hablar de Marasso y me dice: «No sabe nada de nada. Es un viejo imbécil». Le digo que muchos locutores de radio hablan de filmes.

Miércoles, 31 de agosto. Come en casa Borges. Hace un tiempo, un señor Menen Desleal publicó en El Salvador un libro de cuentos entre los que algún crítico reconoció más de uno de Cuentos breves y extraordinarios (por ejemplo el del leñador y el ciervo). Recuerdo que llegó aquí el libro, con una supuesta «carta-prólogo» de Borges, que resultó ser lo único original. Por ese libro, Menen Desleal recibió un premio; después, con una pieza de teatro, obtuvo otro. Uno de los concursantes, en la amargura de su desilusión, escribió al jurado para señalarle que la pieza de Menen Desleal era un tercer acto de Shakespeare. Menen Desleal está en la cárcel, pero tiene imitadores, es el jefe de una escuela llamada los recreacionistas, que tienen aterrados a los jurados de la muy literaria república de El Salvador: no saben nunca si están premiando Corazón, Los trabajadores del mar o El vicario de Wakefield en nuevas reencarnaciones. La escuela no empezó con la teoría (como Morris, que dijo: «Todos los cuentos se han contado; volveré a contarlos», y los versificó); empezó sus publicaciones y después, ante la acusación de plagio, se defendió con la teoría. Ayer, un señor salvadoreño, «extraordinariamente gris y petiso», regaló a Borges un librito, del que es autor, titulado Recreacionismo recreado, en que procede a contar nuevamente los mismos cuentos, el del leñador y el ciervo, etcétera. Borges le dijo: «Tenga cuidado. Todavía usted acabará también en la cárcel». «No —aseguró el visitante—. Lo explico todo en el prólogo». Borges me comenta: «Reality beats you at every tum. Espero que aparezcan pronto nuestros cuentos. Paladión parecerá una mera sátira contra Desleal y su escuela». BIOY: «Esta historia de los recreacionistas tiene más argumento de cuento que el de Paladión». BORGES: «Parece de Henry James». BIOY: «¿Cómo se resolverán a publicar plagios?». BORGES: «Es la tentación de la facilidad. Esa misma tentación —ahora lo descubro— es la del arte abstracto». SILVINA: «Anderson Imbert, en esas cosas breves que publica, está contando cuentos de todo el mundo. Hasta alguno mío». BORGES: «Hay que denunciarlo en Sur. Empezó con “El leve Pedro”… No es necesario traducirlo: tenemos el texto de Wells»[1531]. BIOY: «A mí el plagio me parece increíble. Si una persona me asegura que es una coincidencia, le creo. Él estaba muy dolido porque vos creyeras que “El leve Pedro” era un plagio». BORGES: «Mastronardi lo leyó y me señaló que era el cuento de Wells. ¿Los recreacionistas buscarán textos un poco ignorados o, al contrario, publicarán Los tres mosqueteros?».

Domingo, 4 de septiembre. Come en casa Borges. Me dice que al ministro del Interior, Martínez Paz, lo nombraron por error; su padre es una persona muy proba y confundieron los nombres.

BORGES: «Ese escritor norteamericano, muy malo, John Dos Passos, me abrazó y me agradeció lo que yo había hecho por él, al traducir todos sus libros al español. Es claro, no le dije: “you got the wrong tiger”. BIOY: “Mejor impostor que aguafiestas”.

Jueves, 8 de septiembre. Come en casa Borges. Trabajamos en la obra de teatro, que titulamos, por ahora, La máscara y el grito. En algún momento, se me va la mano en el énfasis impaciente ante la tozudez de Borges de mantener la confusión entre el desmemoriado y el hijo. No lo toma a mal. Me dice: «Me has convencido… Estás mucho más metido en este argumento que yo». BIOY: «Lo que no es habitual».

Dice: «Los placeres de la vulgaridad…», y recuerda un largo y conceptuoso párrafo de Willie Borges sobre Rabindranath Tagore, cuyo nombre aparece, al final, como Reventarath Cagare. Opina que las bromas de Willie eran más espontáneas, más felices, que las de Macedonio. Cita otras: «Jorge Pus Fórceps» (por Jorge Luis Borges), «Macetonio Famiente» (por Macedonio Fernández), «Mómulo y Memo».

Sábado, 10 de septiembre. Comen en casa Peyrou y Borges. Éste, de sobremesa, se quita la dentadura postiza y asume, sin conciencia del hecho, una expresión desusada: ojos redondos, ligeramente sorprendidos, ancha y delgada y amarga boca de buzón. Peyrou lo mira, me mira, sonríe. Después le dice a Silvina: «Estoy harto de él. No quiero verlo más». No sé si el exabrupto responde al espontáneo (e ilógico) enojo que suscita esa inesperada expresión de la cara desprovista de dentadura. Desde tiempo atrás uno está irritado y resentido con el otro, el otro aburrido del primero. Peyrou, con fervor excesivo, puso ahínco en la creación de una acaso fantasmagórica asociación de Escritores Democráticos y sin obtener la explícita anuencia de Borges publicó una lista de autoridades donde este último figuraba como presidente. Borges publicó en los diarios una carta en que declinaba «esta sorprendente distinción».

Domingo, 11 de septiembre. Come en casa Borges. Despertamos a las dificultades del argumento de La máscara y el grito. Borges cita a Shaw: «Plots are the devil…»[1532]. BIOY: «… to the authors». BORGES: «A mí me ha impresionado tanto Shaw que los que escribieron después me parece que escribieron antes. Yo pensé que el teatro, después de Shaw, daría un gran salto. Aparentemente es como si Shaw no hubiera existido». BIOY: «Todos escriben como si no lo hubieran leído». BORGES: «Es claro, “el teatro es como un grito”, decía Wally. En Inglaterra, ¿hablan con respeto de Noel Coward? En las mejores piezas de Shaw hay blood and thunder». De las piezas de O’Neill dice, citando a Shaw, que lo único nuevo de ellas es the navelty. «No creo que dure», agrega.

Jueves, 15 de septiembre. Come en casa Borges, que me regala Time and the Novel, de A. A. Mendilow. Somnolientos trabajamos en La máscara y el grito. Nuestra mayor dificultad: convertir nuestro primer acto liliputiense en un primer acto normal. BORGES: «Es como si armáramos un puzzle. Es claro, porque estamos haciendo un drama de un género muy artificial… Cuando existen caracteres, el argumento fluye naturalmente. Problemas como los nuestros habrán ocupado toda la vida a Conan Doyle».

Sábado, 17 de septiembre. Come en casa Borges. Me asegura que su madre piensa que él no sabe elegir a los amigos. «Se queja de que me acerco a gente inútil. “En vez de andar rodeado de muchachuelas, deberías ver más a Mallea y ser amigo de Zorraquín Becú”, me dice. Si no voy a la Academia se pone furiosa». Me asegura que su madre está en un período en que todo le parece tremendo, que está nerviosa y muy exasperada.

Dice: «Un día van a aplazar en un examen a un muchacho porque no supo qué fue la polémica de Florida y Boedo. No hubo tal polémica: todo fue una broma inventada por Ernesto Palacio y Roberto Mariani. La gente que vivió entonces, ¿no recuerda que nunca existió la polémica? ¿Inventa recuerdos?».

Me cuenta que anoche vieron con Mariana Grondona un thriller francés. BORGES: «A uno lo dejan engañarse solo. Nadie dice mentiras. Tomas las cosas forgranted y al final recibís una gran sorpresa. Es verdad que Mariana me dijo que ella sospechó desde el principio. Es claro que dijo esto ex post facto. La gente no quiere ser engañada. Sin embargo no van a ver un thriller con otro propósito».

Como ejemplo de las preferencias de Borges en materia de argumentos referiré dos: el primero despertó su interés; el segundo, su desdén.

El primer argumento (Con el corazón en la mano) es una máquina de expectativa; el segundo (Across the River and into the Trees) es una forma para tejer comentarios sobre el amor, el regreso a los lugares predilectos, a la hora en que la vida se acaba: cuando hay recuerdos pero no futuro. Ciertamente en este libro de Hemingway hay mucho relleno, pero el tema me interesa. Si a mí se me hubiera ocurrido el otro argumento, yo creería que con eso únicamente no podría escribirlo.

Viernes, 23 de septiembre. Come en casa Borges. Recuerda una noche en que comía con nosotros Ema Risso Platero. En un momento dado, aparentemente la conversación se distrajo de ella: para encauzarla debidamente nuestra amiga abrió el escote y exhibió un seno.

Ha muerto el pobre Nicolás Olivari. Era rubio, grande, miope (con anteojos), cortés. Publicó en Destiempo un librito[1533]. Algún sentido poético tuvo; como prosista fue malo; como cuentista, pésimo. En ocasión de un concurso municipal, en que Borges era jurado, lo visitó, evidentemente no se atrevió a decirle una palabra del motivo de la visita, y cuando ya el ascensor lo sumía exclamó en voz alta y apresurada: «Señor, te encomiendo mi alma». Y desapareció en el abismo.

Sábado, 24 de septiembre. Comen en casa Borges y Peyrou.

Domingo, 25 de septiembre. Come en casa Borges. Trabajamos, de conversación nomás, en la pieza de teatro. Nos debatimos en esta dificultad: logramos un acto perfecto (para nuestras aspiraciones) de diez o doce páginas; necesitamos un acto de treinta.

Me dijo los otros días: «Cómo se simplifica mi vida. Ahora Ulyses y Peyrou». Se refería a dos disgustos o distanciamientos. Ulyses Petit de Murat lo llevó a trabajar en un programa de televisión[1534]. BORGES: «Este programa, en cada ocasión, se volvía más chabacano y más idiota. La última contó con el concurso de un ignorante, que se autotitula doctor en calles, que sabe cuántas calles con nombres de mujer hay en Buenos Aires, por qué Esmeralda y Florida se llaman Esmeralda y Florida, etcétera, y del Teatro Blanco, en que los actores no hablan sino berrean. Inventan ahí mismo los berridos, que resultan parecidos a malas palabras: melga, caragu. Finalmente me dije: ¿Qué estoy haciendo con esos animales? Sospecho, además, que hay una estafa. La directora del programa, una portera —toda la propaganda se apoya en Ulyses y en mí—, cobra doscientos mil pesos y me paga dos mil trescientos. No sé si Ulyses es cómplice o víctima». Borges escribió a Ulyses una carta afectuosa, en que le decía que no trabajaría más en el programa; que la decisión era definitiva; concluida con «Te abraza Georgie».

Comenta: «Ulyses se ha portado muy bien. No me contestó. ¿Cómo puede contestarse una carta así? Lo mejor es no contestar y, después de un tiempo, si nos encontramos, no hablar más del asunto. Ojalá que mañana lunes no llegue la respuesta de Ulyses». BIOY: «Estoy de acuerdo con vos, pero la experiencia de los años me enseñó que la gente no interpreta bien esos silencios delicados. Peyrou, sin ir más lejos, este sábado estaba dispuesto a olvidar la pelea por el asunto de la Asociación de Escritores Democráticos y esperaba con la mejor disposición tu llegada. Después casi no te habló: yo no me di cuenta de nada, porque soy un bruto. ¿Sabés lo que pasó? Esperaba que le dijeras una palabra. No le dijiste nada —como si nada, fue su expresión— y se resintió. Me dijo a mí: “Llegó tan tranquilo, como si nada”. Vale decir que se ofendió por tu silencio, que en tu ánimo no era ofensivo». BORGES: «Entonces la primera vez que lo vea le diré algo». BIOY: «Como quieras. Pero es bueno que sepas que la actitud de Peyrou no procede de falta de afecto, ni de encono: sino de una interpretación equivocada. Me parece triste concluir así una amistad de tantos años». Recuerda el final de una carta dirigida a un señor Pirojo, por Ulyses: «Váyase al pirojo».

Martes, 27 de septiembre. Come en casa Borges. Cita esta frase de la señora Bibiloni de Bullrich: «Inútil que me hables, Georgie. Tengo la cabeza puesta en sombreros». Comenta: «Dice: “Me pongo la cartera”, como quien dice: “Me pongo el sombrero”. Otro puede ponerse el bastón: “Ya voy. Me pongo el bastón y salgo”».

Me refiere una noticia de los diarios: el cerebro de una banda —un cerebro realmente superior (desde luego, para el mal)— es un alemán que vive aterrado, casi en poder, de los otros individuos de la banda, jóvenes, agresivos y brutos; lo obedecen pero lo aterran. Hablamos de otro jefe, un niño Ordenes, de quince años. Al ser atrapada la banda, los demás miembros, todos mayores, dicen: «Tenía que obedecer al chiquito. Si no, pobre de mí». En su confesión, comentan sus asaltos y mutuamente se corrigen tal o cual o error que se desliza: «No, ese tiro fue en la ferretería. En el banco mataste al sereno, ¿te acordás? Al salir». Etcétera. A Órdenes se le pregunta si guarda rencor contra la policía que los capturó. «¿Por qué? Ellos están en lo suyo, nosotros en lo nuestro», responde.

Sobre una señorita Gandía, que escribió un libro: «No sabe español. Dice hacer el amor por copular. En español hacerle el amor a alguien es cortejarlo». BIOY: «Era». BORGES: «Tal vez tengas razón. Para la acepción de cortejar tiene que haber un dativo». BIOY: «Aquí ni lo nuestro dura. Muy pronto gringo no será italiano, sino norteamericano». BORGES: «Ya lo es». BIOY: «Comer es almorzar. Escuchar es oír. Novela es una audición de radio. Feta es una tajada de jamón. Tratativas, trascendido, impactar. “Asumió hoy fulano”: ni siquiera las funciones que nada mejoran. Ubicar, promocionar. “Sabato se promociona”. Un robo millonario. Atraco por asalto, tránsito por tráfico: purismo de periodistas. Automotor. Ambiente por cuarto. Realizar. Vivencia: “¿Cómo vivencia usted la derrota de Racing Club? Fue un partido de trámite lento”. Precipitación pluvial. Una muestra: una exposición. Familiar por pariente. Directivo, empresario. Chica o empleada por mucama: “Una chica de colmillo cruzado”. Encargado de casa de renta por portero. No vidente por ciego. Planta por piso (arquitectura). Foráneo por extranjero. Office por antecomedor. El toilé. El water. “El señor que vino a destapar el water”. El afán de cambiar altera aun las palabras nuevas: ya no se dice colectivo, sino micro (colectivo es un regalo, generalmente de casamiento). Fonógrafos casi no existen: hay combinados y tocadiscos. Los almacenes se jactan de ser despensas. Una tienda se llama Grandes Tiendas. Los deberes de los chicos son tareas; se habla del alumnado. Un gastronómico. Un metalúrgico. Un gráfico. “Departiendo con un bancario”. Una docente. Un plástico. La remerita, la chomba, el buzo, el salto de cama, el piloto. No se problematice. “No se haga problema. Si hago tiempo lo visito.”».

Domingo, 2 de octubre. Anoche, en la Gaceta del Fondo de Cultura Económica, leí una entrevista que Horst Bienek hizo a Borges en Berlín[1535]. Pensé felicitarlo. Hoy leo en La Nación el soneto «Junín»; por primera vez lo veo dominado en sus escritos por costumbres y por manías. Con el coraje a dos manos —porque no me gusta apenar a un amigo— le digo: «El soneto de Junín, si nunca hubiera leído un poema tuyo, me habría conmovido». BORGES (como si mis palabras fueran sólo elogiosas): «¿No? ¿No me digas?». BIOY: «No, no. Te dije: “Si nunca hubiera leído un poema tuyo”. Con la experiencia de esas lecturas, me atrevo a aconsejarte que no insistas con tus antepasados, ni con la inclusión de tu nombre en los versos. Parece que te repetís». BORGES: «Nunca dije antes que yo me identificara con un abuelo mío, que me sintiera mi abuelo». BIOY: «Eso no importa. Hay elementos que están en otros poemas. El peligro de repetirnos, a todos nos acecha. Aunque te cueste, forzate, no te dejes llevar a repeticiones. Con el tiempo, ya no es más uno el que escribe: son las manías, las obsesiones, las repeticiones que escriben a través de uno». BORGES: «Nunca fui más sincero que en este poema. Cuando estuve en Junín sentí eso: me identifiqué con ese abuelo. No me pasó antes. Ni en San Nicolás…». Esa justificación de la obra por el autor siempre ocurre (en estas circunstancias): siempre es un poco patética y sin esperanza. Pasa pronto Borges de la defensa al acuerdo, acaso porque ve mi razón; más probablemente porque entiende que esta situación ligeramente absurda no debe prolongarse.

Martes, 4 de octubre. Come en casa Borges. El productor que iba, o quizá va, a hacer Los orilleros, después de conocerme se declaró satisfecho, me ponderó y se despidió del posible director, Ricardo Luna, con estas palabras: «Esta noche lo llamo». Desde ese instante inició un prolongado, diríamos generalizado, mutis. A la noche no llamó a Luna. Cuando éste, desconcertado, inició averiguaciones, llegó a saber que al productor ya no se lo veía en los lugares que habitualmente frecuentaba. Por fin reapareció: en una lista de integrantes del Grupo Cóndor, que intentó la conquista de las Malvinas.

Refiero esto a Borges. Pregunta si es comparable el desembarco de los Cóndores en las Malvinas con otros hechos similares de la Historia: el desembarco en Normandía, el de los Treinta y Tres Orientales. Los Cóndores no se apartaron del avión, tuvieron frío, requirieron auxilio médico para uno de ellos, amenazado de neumonía, y se rindieron a un eclesiástico. Todos volvieron ilesos. BORGES: «Muchachos, decididos, un poco locos, pero friolentos. ¿Por qué no tiraron a la suerte y uno de ellos, uno siquiera, se hizo matar? ¿Qué pasa con este país? Como dice el poema de Kipling:

There’s somethin’gone small with the lot»[1536].

There’s somethin’gone small with the lot»[1536].

Borges hoy no orinó en la letrina, sino en el piso. Por esta mala puntería, con dolor en el alma lo he desviado de mi baño a otro, que nadie usa.

Domingo, 9 de octubre. Come en casa Borges. BORGES: «Estuve leyendo a Quevedo. He notado lo siguiente: Quevedo estaba preocupado con España. Dice: “Es mejor ser Indias que tenerlas. Es mejor ser un país próspero que tener colonias prósperas”[1537]. Indudablemente, tiene ideas pero, aunque escribe bien, escribe con frases cuyo sonido, o cuya forma, o cuyo esplendor oscurece el pensamiento. Después, hay demasiadas simetrías. Es como si la prosa de Quevedo hiciera dibujos. La atención, que sigue esos dibujos, se distrae del sentido. Me parece un gran escritor de una época de decadencia. ¿Él no se daría cuenta de que su estilo se interponía entre el sentido y la atención? No me parece un estilo bien elegido para comunicar ideas. Todavía para comunicar hechos de la pasión, por ejemplo una muerte, cuyo sólo enunciado conmueve; pero no para razonamientos, que el lector debe seguir sin distraerse».

BIOY: «Los otros días, hablando de La batalla decisiva, un magnífico film norteamericano sobre la última guerra, una dama ponderó la conducta de algunos combatientes alemanes, tal como los muestra el film. “¿Cómo? —le dije—. Estos alemanes son pura obra del guionista.” No comprende que todo esto viene de un libreto». BORGES: «La gente es como Anastasio el Pollo en el Fausto[1538] Entonces Lugones estaba equivocado… La gente y Anastasio creen que todo realmente ocurre o no entienden nada y se van».-

Miércoles, 12 de octubre. Come en casa Borges. Escribimos la pieza, quizá la penúltima escena del primer acto. BORGES: “Nuestra pieza no va a sobrevivir a su género”.

Dice que en su última conferencia tal vez no hubiera causado una impresión óptima si hubiese dicho: “Entonces —pum, pum— empezó la guerra”. Agrega: “Mañana daré una charla de veinte minutos sobre el Talmud. Qué farsante uno es. Qué farsante soy”.

BORGES: «Don Segundo es un libro fuera de alcance. Vlady dice que Mansilla, en Una excursión a los indios ranqueles, es mucho mejor». BIOY: «Sin duda. Mansilla es un escritor nato. No tiene la torpeza del pobre Güiraldes. El tema del libro de Mansilla es más divertido que el de Don Segundo. Tema más aburrido que el de Don Segundo…». BORGES: «…no se consigue así nomás. Una serie de cuadros. Vlady dice que las conversaciones son inverosímiles. Yo creí que las conversaciones estaban bien». BIOY: «Yo también creía eso». BORGES: «Vlady dice que son inverosímiles. Que todo el tiempo son o quieren ser ingeniosas. Que si la gente hablara así no se entendería». BIOY: «Las conversaciones en un libro tienen que ser un poco más ingeniosas que en la realidad». BORGES: «Si no, serían aburridísimas». BIOY: «Pero también tienen que ser verosímiles, aceptables como reales para el lector de un libro. De un libro esperamos un poco más de orden, un poco más de ingenio que de los interlocutores reales». BORGES: «Si fueran tan descosidas como en la vida real no se entendería nada». BIOY: «Acordate de la grabación que hicieron los de Primera Plana de unas declaraciones de la mujer de Illia». BORGES: «La hicieron con mala intención». BIOY: «Mutatis mutandis, a cualquiera —a mí desde luego— por este medio (un implacable grabador) se le pondría igualmente en ridículo». BORGES: «Dicen que Shaw corregía los reportajes. En una ocasión tardó unos segundos en contestar. Al examinar las pruebas corrigió: “Shaw contestó en seguida”. El otro guardó las pruebas, así que no caben dudas. ¿Por qué lo haría? Por considerar que todo tiene importancia. Yo no lo haría: por pereza y por miedo de parecer ridículo».

Cita unos versos de Chesterton. BIOY: «Qué bien fluyen los versos de Chesterton». BORGES: «Son orales. Hay que eliminar lo que no es oral»[1539]. Dice que oyó un disco en que Belloc recita admirablemente sus propios versos.

Recuerda un artículo de Wilson, «Who cares who killed Roger Ackroyd?»: «Empieza con la pregunta: ¿Que Poe inventó la novela policial? En seguida contesta: la belle affaire! Y agrega que en ese género todos sus discípulos lo superan. ¿Cómo leerían Moore, Bennett y Wells los cuentos» de father Brown? ¿Verían su ingenio? ¿O más bien (sobre todo Wells) lo leerían polémicamente?». BIOY: «Lo verían obsesionado por el catolicismo». BORGES: «¿También Bennett? Probablemente. Es claro que en los primeros cuentos quizá no tanto… pero se veía venir».

Dice que Apropos of Dolores es una novela policial. BORGES: «A Wells no le gustaban, pero habrá leído algunas. Tendría amigos que las escribían. Cuando escribió una, Apropos of Dolores, le salió muy bien. Es claro que hasta el fin del libro el lector no sabe que está leyendo una novela policial; pero eso no importa. El título no está bien, pero no está bien de una manera despreocupada, no vanidosa». BIOY: «A mí no me parece mal». Dice que títulos horribles son Para la red (de Betina Edelberg), Elegías analfabetas (de Emma de Cartosio) y, peor aún, Bagaje de vivencias (de Ana María Machado). De este último señala el verso:

Una isla llena de yuyos y de frutas[1540]

Una isla llena de yuyos y de frutas[1540]

Domingo, 16 de octubre. Come en casa Borges. Escribiendo, uno u otro propone frases, con la salvedad: «Éste es el sentido. Habría que traducirlo a una frase que suene mejor». Tal vez propone uno: «Esta casa está llena de ojos. De oídos y de ojos». Asi oído no rima con un ido que hay un poco antes, al final de una frase. BIOY: «Qué raro que ni siquiera estos pequeños problemas estén legislados». BORGES: «Bueno, un poco están». BIOY: «Un poco. Pero tanteando buscamos las leyes, consultándonos mutuamente; no decimos como una máquina: Esto o aquello. Uno dice: «Ojos. Es claro que antes tenemos todo». El otro: «Yo esperaba que no lo notaras»». BORGES: «Todo debe parecer oral». Tiene gran oído para las frases: ésta sí, ésta no, definitivamente; descubre, al vuelo, los versos que se deslizan en la prosa y las asonancias.

Refiere: «Una chica le llevó a Mastronardi unos poemas, para que los juzgara y corrigiera. Después, por correo, le mandó un soneto. Era un soneto de amor. Se lo mandó porque consideraba a Mastronardi un gran poeta, un maestro que podría encaminarla. Poco después, se encontraron en una reunión. Mastronardi la interpeló delante de todo el mundo: Que no le permitía meterse en su vida privada, etcétera. Qué reacción rara. Si creía que ese poema tenía propósitos sentimentales y la chica no le gustaba, pudo fácilmente disuadirla de una manera más cortés. ¿Por qué enojarse? Es claro que la chica es muy insistente y cargosa». BIOY: «Entonces todo cambia. Sólo sabemos la versión de la chica. A lo mejor lo tenía loco a Mastronardi con las cursilerías y las majaderías; a lo mejor él nunca pensó que el soneto fuera una proposición personal y amorosa, pero fingió la creencia para descargar el golpe que le asegurara la paz».

Una señora, que siempre le habla de un nieto de dos años de edad, ahora le dijo: «Me mira con sensualidad». BORGES: «Está poseída por un demonio. No me atreví a contárselo a nadie. Qué obsesión. Está planteado el incesto…». Etcétera.

Recordamos a un tal Kirstein, crítico de música norteamericano (también llamado balletómano), un gigante hirsuto, oscuro y melancólico, que bailaba como un pesado orangután. En vano le hicimos oir viejos tangos: Ivette, Una noche de garufa, Don Juan, El apache argentino, Flor de fango, Entrada prohibida, El choclo, El entrerriano, La morocha, Hotel Victoria o La payasa; porque fracasamos, porque nuestros triunfos no resultaban comunicables, quisimos darle un alimento que pensamos sería de su gusto y pasamos a Saint Louis Blues, Saint James Infirmary y Minnie the Moocher no advirtió el cambio y creyó que seguía oyendo tangos.

Miércoles, 26 de octubre. Come en casa Borges. Leemos las pruebas de Crónicas de Bustos Domecq. Muy bien, pero un tanto reducidas a bromas mecánicas que se repiten: «más amigo de Platón que de la verdad», «escritor de fuste», etcétera.

Viernes, 28 de octubre. Come en casa Borges. BORGES: «En este país todos estamos muy atados. Yo mismo no sé si me atrevería a hacer bromas sobre San Martín». Agrega: «Nadie se ríe del Himno… Rojas, Lugones lo tratan con respeto».

Lunes, 31 de octubre. Come en casa Borges. Corregimos pruebas del libro. A Trejo, de «Los inmortales», le cambiamos el nombre; le ponemos Huergo. Marcelo N. Huergo suena peor que Marcelo N. Trejo. ¿O simplemente yo me había acostumbrado a que se llamara Trejo? Tuve que pedirle a Borges que cambiáramos el nombre porque existe, desde hace poco en mi conciencia, un muchacho Trejo[1541], que trabaja en una versión para el cinematógrafo de La invención de Morel. Podría interpretar el empleo de su nombre como broma o agresión misteriosa.

BORGES: «Battistessa habla con un acento italiano que voltea. En una forma blanda, desagradable. A Stevenson lo llamó “poeta inglés”. “Menos mal para usted —le dije—, que Stevenson no lo oye”. No sospecha que hay diferencias entre ingleses y escoceses. Tradujo a Safo en versos recargados por el epíteto suntuoso; no creo que la idea de suntuoso esté en versos de Safo».

Jueves, 3 de noviembre. Come en casa Borges. BORGES: «Encuentro a personas que me admiran porque lo conocí a Arlt». BIOY: «Hice un ranking de autores muertos, según la vitalidad póstuma». Se lo leo: Hernández, Quiroga, Arlt, Sarmiento, Florencio Sánchez, Macedonio Fernández, Güiraldes, Lugones. Le divierte mucho la idea de que para algún momento de la posteridad Quiroga, Arlt, Florencio Sánchez tengan importancia y estén en la misma frase, en una ocasión siquiera, con Lugones. Opina que sólo la gloria de Güiraldes está en baja; no así la de Quiroga, la de Lynch, la de Arlt ni la de Florencio Sánchez. BIOY: «A unos la muerte perjudicó, a otros favoreció. Cancela, con más mérito que muchos, muerto en un momento en que el peronismo y el nacionalismo estaban desacreditados, desapareció del recuerdo de la gente; Marechal, con méritos muy inferiores y con la misma catadura política, porque vive hoy en día, cuando esas tendencias recuperaron popularidad, es un personaje considerable. Si Larreta hubiera muerto después de publicar La gloria de don Ramiro otro gallo le cantara; no estando vivo para atender el negocio, su fama rápidamente se oscureció. (Nadie traduzca las líneas anteriores como elogio a La gloria). Autores buenos y autores malos desaparecen: casi nadie recuerda a Groussac, casi nadie a Ángel Estrada. Victoria Ocampo hasta hace poco no había leído a Lugones; tal vez todavía se mantiene de ese lado de la lectura». Según Borges, la circunstancia de que nadie hubiera leído El payador fue favorable (capital, diría la gente) para la fortuna de Don Segundo. «En El payador está Don Segundo con más fuerza».

Sábado, 5 de noviembre. Comen en casa Borges y Peyrou. BORGES: «Según Ricardo Rojas, un jujeño aseguraba que nadie podía desacreditar a nadie en Jujuy».

Miércoles, 9 de noviembre. Come en casa Borges. Refiere que hoy, en su clase de la Facultad, irrumpieron unos muchachones, que a gritos pedían la suspensión de la clase y repetían estribillos: «Los estudiantes que se quedan son tan carneros como los profesores». Al principio, Borges se puso muy nervioso, se enfureció; les respondió que había libertad de enseñanza, que se iría y que se quedaría quien quisiera; después se calmó y les ordenó: «Retírense inmediatamente». Al rato volvieron; de nuevo los echó. Anduvieron por el corredor, con sus estribillos a voz en cuello y pateando, al pasar, las puertas.

Más tarde, en la Alianza Francesa, Borges dio una conferencia sobre Victor Hugo. BORGES: «Esto me obligó a entrar en otra cosa. Me parecía al principio imposible; después me hizo bien. Un señor Legrand, de la Alianza, hizo la presentación: habló de Hugo y de José Luis Borges y tan largamente que, cuando yo empecé, la gente debía estar cansada. El señor atacó a Moore por elogiar la imagen la aurora de los dedos rosados y elogió a Hugo por la boca de sombra —no le dije: esta imagen me parece repugnante; la otra, falsísima—. Elogió a Hugo por la imagen:

hidra universo escamada de astros[1542]

hidra universo escamada de astros[1542]

y afirmó que una de un poema de Valéry, que compara el universo con una serpiente[1543], es inferior. No señalé la falsedad de Hugo de alegar un inacabable catálogo de personajes convertidos en… Hubiera dado un ejemplo; da un catálogo; se siente la fabricación. Alguien, en corrillos posteriores, postuló que Éluard era superior a Valéry; le dije que estábamos de acuerdo, que después de una afirmación semejante toda discusión era imposible. ¿Te das cuenta? Eluard superior a Valéry. Qué animal. Es claro que Valéry no es gran cosa. En su poema sobre el mar no corre aire».

Asegura que Macbeth fue un buen rey de Escocia. Shakespeare lo convirtió en asesino, por ser el Jacobo reinante descendiente de Duncan: Shakespeare tenía en cuenta esas cosas. BORGES: «No era un fanático. Tampoco era un literato, un Mallarmé o un Walt Whitman». BIOY: «Era un muchacho de barrio». BORGES: «Si hubiese leído los poemas de Whitman hubiera escrito poemas parecidos. ¿Cómo sería Cervantes? Un hombre de las circunstancias. Más simpático, mejor para invitar a comer, que Quevedo. Quevedo debía de ser horrible. Cervantes sin duda estaría ahora en la SADE y se interesaría en cuestiones de derechos de autor. Si no, ¿por qué se enojó tanto con el falso Quijote? Es claro que era pobrísimo. Tal vez no fueran malas personas algunos autores de libros ilegibles, como Mateo Alemán. El que sin duda sería simpatiquísimo y muy culto es Fray Luis de León. Más parecido a un literato francés sería Góngora».

Viernes, 11 de noviembre. Llego a La Nación a las siete; encuentro reunido al jurado y a Carmen Gándara muy alborotada. Parece que Borges les había dicho: «Hay dos cosas seguras; una que Adolfo llegará; otra, que llegará tarde. Cuanto más tarde sea, más segura es su llegada; si llegara ahora, quizá no llegue». Los impacientes no celebraron sus paradojas.

Sobre los trabajos seleccionados dice, dirigiéndose a Leónidas: «Si fueran artículos para el Suplemento, usted vacilaría entre publicarlos o no. ¿Porque se trata de un concurso los premiaremos con cien mil pesos?». El premio es (moderadamente) de doscientos mil pesos; cien mil resulta para Borges una cantidad tan excesiva que no puede imaginar nada superior. Propongo declarar desierto el premio. Mallea lee unos párrafos de los mejores trabajos, que resultan convincentes: no podemos premiar a personas que escriben así. «Tal vez —dice— es una traducción. Una mala traducción de un buen artículo. Porque hay algunas ideas inteligentes». Vedia señala que los tres mejores ensayos no reúnen las condiciones exigidas por el reglamento: cincuenta carillas; todos son de una extensión mucho menor. Carmen Gándara, antes de resignarse, argumenta que si dividimos el premio sabremos por lo menos quiénes son los autores de dos trabajos. Si declaramos desierto el premio no sabremos el nombre de ninguno de los participantes. Alguien comenta que el premio del año próximo será de cuatrocientos mil pesos (porque al de entonces se le sumará el de este año, no otorgado). Borges opina: «No, hay que rebajarlo a la mitad; que sea de cincuenta mil; así se presentarán mejores trabajos».

Por la noche, en casa, concluimos el primer acto de nuestra pieza de teatro. Dice: «Para escribir conviene que la expresión y el pensamiento lleguen a un tiempo. No, como creía Schopenhauer, primero el pensamiento, después la expresión».

BORGES: «En 1914, la gente todavía no estaba informada de que Hernández fuera un clásico. Ascasubi, Hernández, Estanislao del Campo: veía a los tres como parejos, de la misma camada».

Dice que tuvo gran éxito con una señora, cuando preguntó, con referencia al eclipse de mañana: «¿Hay mucha gente que está en contra?».

Martes, 15 de noviembre. Come en casa Borges. BORGES: «Admiran a Saroyan por un mensaje de esperanza. ¿Qué importa el mensaje? ¿Qué es? ¿Una palmadita en el hombro? ¿Qué tiene que ver con la literatura?». BIOY: «Hemingway decía: “When I have to deliver a message, Igo to the post office [Cuando tengo que enviar un mensaje, voy al correo]”, o palabras parecidas». BORGES: «¿Viste qué suerte tiene el Papa? Dice cualquier simpleza y la transmiten a todos los lugares del mundo, la repiten y la comentan». Recuerda que cuando Donald Yates, que partía para México, preguntó almibaradamente a PEYROU: «¿Cuál es su mensaje para los jóvenes poetas mexicanos?», éste, cansado, repuso: «Dígales que se vayan a la puta que los parió». BORGES: «Según Chesterton, toda elocuencia consiste en un cambio de tono. Muchas bromas agradables resultan de un empleo inesperado de frases hechas». (Agregaré que el exabrupto de Peyrou no está dirigido contra México, sino contra la dulce tontería de la pregunta, que descuenta la importancia de los mensajes y una generosa disposición hacia los poetas jóvenes, que tiene la ventaja de no malquistarlos).

Cuenta que caminaban De Quincey y Dorothy. Más adelante, planeando un poema, iba Wordsworth. Dorothy señala a su hermano y comenta: «How mean he looks»[1544]. Carlyle dirá de él: «A hard tall man, with the jaws of a crocodile [Un hombre muy alto, con las fauces de un cocodrilo]». A Wordsworth, Emerson le echará en cara que en una larga conversación sobre poesía únicamente haya tratado cuestiones técnicas.

Domingo, 20 de noviembre. Voy a buscar a Borges. Converso con su madre y le digo que debería escribir sus recuerdos. Ella habla de las tipas y de los alambrados en la calle Pueyrredon; de un puente en Córdoba y Esmeralda (por abajo pasaba el Tercero: zanjón de aguas servidas). Dice que sabe el sitio exacto donde la Mazorca ahogó en un barril de alquitrán a un señor Martínez y habla de ese otro señor, Pedro Salvadores, que estuvo en un sótano hasta Caseros[1545]. Borges comenta: «Esperando, engendrando» y cuenta una visita de marinos franceses a una familia uruguaya, en Montevideo: «Para ser corteses, rogaron al respetable dueño de casa que les tocara una pieza de su repertorio: todo el mundo les había dicho que sabía tocar el violín[1546]. Fue aquél un momento incómodo para las señoritas de la casa y para el señor, que en épocas pretéritas había sido degollador en las tropas de Oribe… Los más temibles degolladores de Oribe eran vascos. Los vascos de Oribe: uno oía eso y echaba a temblar».

Con Borges, en casa, trabajamos en la pieza de teatro; no con botas de siete leguas, sino con esas botas rellenas de plomo, para cazar monos. BIOY: «La inconsistencia que hoy corregimos, como indicio, es grave». BORGES: «Como indicio es muy grave. ¿La pieza estará toda hecha de agujeros? (Pausa). Lo malo de esta pieza es que si no es un éxito de público, no es nada, es injustificable. Y estamos atados de pies y manos, como Racine; peor que él: porque no tenemos los versos. ¿Produciremos una Familia Quillango?». BIOY: «No seas ambicioso. La familia Quillango quedará como representativa de un momento; lo nuestro no es representativo de nada. Si por lo menos Judith estuviera abiertamente enamorada del héroe, el público tendría con quién identificarse, desearía con Judith la salvación del héroe. El destino de nuestro héroe no le importa a nadie. Es un asunto que ocurre entre extraños». BORGES: «Si la víspera de la ejecución de su marido, la heroína se pone a flirtear con otro, no va a resultar simpática». Agrega que deberíamos leer piezas de Agatha Christie. BIOY: «Si hubiéramos escrito una pieza de Agatha Christie, no estaríamos contentos. Digo: como autores no estaríamos contentos de nuestro trabajo. Del éxito de taquilla, desde luego. Nos consolaría».

Enumeramos buenas obras dramáticas: Macbeth, The Devil’s Disciple de Shaw, L’Illusion Comique, Enrico IV de Pirandello, Una noche en una taberna de Dunsany, Magic de Chesterton, The Importance of Being Earnest, Donde está marcada la cruz de O’Neill[1547]. Sobre Ibsen no estamos de acuerdo; él lo admira más que yo. Buscando entre las de ahora, sugiero Rómulo Máximo de Dürrenmatt. Digo que prefiero las piezas de Eliot a sus ensayos. BORGES: «Prefiero a Eliot como poeta antes que como crítico. Salvo el ensayo sobre el Dante[1548], su crítica no me parece muy valiosa. Entre las piezas, prefiero Family Reunion». BIOY: «The Cocktail Party no me parece mal». BORGES: «Tampoco está tan bien. El defecto de las piezas de Eliot es que los personajes no existen». BIOY: «No están mal las piezas de Priestley». BORGES: «No». BIOY: «Las time comedies son excelentes: Time and the Conways, An Inspector Calls». BORGES: «Es claro que aquí tampoco existen los personajes. En Enrico IV Pirandello juega como quiere con el espectador; primero le hace creer una cosa, después otra». Habla muy elogiosamente de esta pieza. Recuerda que Shaw quería que Wells escribiera para el teatro, y que Wells dijo: «Nothing can happen in the theatre».

Observa: «Uno podría creer que literatura moderna es toda la literatura contemporánea. No es así. ¿Cuándo habrá empezado ésta anomalía? Los poemas de Martínez Estrada no son literatura moderna. En cuanto a nosotros, es muy raro: yo creo que somos, por error de información de quienes nos juzgan».

BORGES: «El Negro Rojas Paz decía: “No hay que ser haraganes, muchachos. El verdadero trabajo del escritor empieza después de escribir el libro: hacerse amigo del jurado, escribir sobre ellos, quedar bien con los críticos, etcétera”. De Pettoruti se dijo que, en la materia, es el indiscutido campeón: en la Argentina es un pintor argentino; en Italia es italiano, quizá con razón. Se hace amigo de los críticos. Llega a ser padrino de sus hijos. En alguna conversación deja caer rápidamente un “¿Me hará una crónica?”. Se ha escrito más sobre Pettoruti que sobre nadie. (Pausa). Cuando me dieron el premio de los editores, Guillermo me puso como un nulo… ¿Cómo? ¿Yo no sabía la composición del jurado? ¿Dónde se reunía? ¿Cuántas veces dieron antes el premio? La llamaba a Madre, para que fuera testigo de mi ignorancia. Dijo que él era amigo de cada uno de los miembros del jurado, que se carteaba con ellos. Me acosó con tanta soberbia y menosprecio que acabé por decirle: “Tenés razón, pero yo gané el premio”. Guillermo se escribe con medio mundo e informa al otro medio sobre las gestiones cumplidas para que lo inviten a tal país o tal otro; cuenta que consiguió que le paguen el alojamiento, pero no el viaje; y que ya está en correspondencia con Fulano, para ver si le pagan también el viaje».

Considera que el Fausto de Goethe es el ejemplo más perfecto del faux chef-d’oeuvre. «Santiago Dabove dijo que valía más la admiración por De Quincey de un grupo de entendidos que la del vulgo por Goethe. Tenía razón, pero la frase resultaba graciosa, porque su autor estaba entre el vulgo».

BORGES: «¿Viste? El partido nazi ganó unas elecciones en Baviera. ¿Los alemanes empezarán todo de nuevo, hasta que otra vez les rompan el coco? ¿Por qué no resuelven nomás convertirse en italianos o argentinos y vivir tranquilamente?».

Viernes, 2 de diciembre. Habló, en la Academia, con Capdevila. BORGES: «Había una época en que no se pensaba que el título debía ser interesante. ¿El peor título del mundo será El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha?». CAPDEVILA: «No diga eso». BORGES: «¿Usted sostiene que es peor Rinconete y Cortadillo? Le doy la razón. Después se pensó que bastaba con que el título fuera extraño, o poético: Les palais nómades, de Gustave Kahn. Un título debe dar ganas de leer el libro».

BORGES: «No creo que en toda la literatura española ocurra una sola vez la generosidad —como la de Chesterton, que cantó la batalla de Lepanto[1549]— de celebrar un triunfo de extranjeros. Aun cuando lamentaron la derrota portuguesa en África, se complacieron con jactancias de que estaba España para vengarlos: se veía así que esa derrota los alegraba. Está muy mal. Muestra muy malos sentimientos». Cita un ejemplo de oxímoron, según Groussac: «la ciencia española». También, con respecto a otras cosas, observa: «La literatura española, if any…».

Miércoles, 7 de diciembre. Come en casa Borges. Dice: «Matthew Arnold señaló la falta de high seriousness en Moliere. Andrew Lang hizo notar que, dentro del estilo de Moliere, la high seriousness sólo cabía irónicamente».

En el homenaje a Mastronardi, Calvetti elogió el estilo de su maestro, que combinaría a Valéry, a Borges y a Arlt. Mastronardi dio un codazo a Borges y comentó: «Qué mezcla». Después, Borges felicitó a Calvetti, con la salvedad de la referencia a Arlt, «que era un animal».

Jueves, 8 de diciembre. Come en casa Borges. BIOY: «Dentro de doscientos años nadie vinculará la Iglesia con el más allá. Está en un no muy perceptible, pero sí firme, proceso». BORGES: «¿Doscientos años? ¡Mucho antes! Está convirtiéndose en una institución como la UNESCO». BIOY: «La indulgencia prueba indiferencia e incredulidad. En cuestiones que “nos importan somos fanáticos. En literatura, por ejemplo…”. BORGES: “Es claro. Sabemos, aunque no podamos razonarlo, que Los crepúsculos del jardín es un buen título y no nos avenimos a considerar que La canícula del jardín, aunque también tenga un esdrújulo, sea equivalente. Las diferencias teológicas contaban cuando la gente creía. Muy pronto la teología desaparecerá”. BIOY: “Dentro de su religión, me parece más consecuente Torquemada que el Paulo [VI] actual. Yo creo que han clausurado el infierno y jubilado al diablo, que fueron alguna vez creíbles; mantienen el cielo, que nunca nadie imaginó. Le han dado la espalda, como hombres de mundo sin tonterías, a la magia; fueron, durante siglos, magos inoperantes; hoy ya están libres de la simulación —a quien la reclama, tildarán de ingenuo— y se mantienen como facción política y como burocracia. ¿La fe de los simples? Permanecerá (más o menos) incólume, como la fe en Boca Juniors o en cualquier otro equipo de fútbol, cuyos jugadores ya no son del barrio, ni siquiera del club, pues los clubs compran y venden a sus jugadores. ¿Estas circunstancias debilitan el apoyo de los partidarios? De ningún modo. Los creyentes aplauden la evolución como prueba de que la Iglesia está viva y es moderna”. BORGES: “Ahora, que la Iglesia está tan liberal, ¿representarían una pieza en que un personaje muriera con el nombre de Tocrís en los labios?”. Propone variantes: “Era una basura, pero al morir pronunció el nombre de Gardel, de Mahoma, de Odín, de Júpiter, de Neptuno, de galletitas Express”. (Cf. en Samuel Butler, el que pidió la Polca Original)[1550]. Cita a Xul: “Una neo-belleza me dijo que en su casa tenía un Buda: era un billiken[1551]”.

Está un poco obsesionado con el Segundo Premio Nacional de Literatura a Susana Bombal, a quien sus amigas (quienes la conocen) llaman Susana Abombada. Dice que, comparada con Susana Bombal, Adela Grondona es —en cuanto a la erudición— una suerte de Renan. BORGES: «Este premio, hasta ahora, confería alguna dignidad. Ahora hace juego con el resto del país». Dice que Susana, en lugar de estar agradecida, a quien quiera oírla explica que Marasso y Leonidas de Vedia, como académicos, no se atrevieron a preferirla a Giusti, que es académico: por eso le birlaron el primer premio. BORGES: «Lo que dice puede ser justo, pero ella no puede decirlo, porque no lo sabe: nunca leyó a Giusti, nunca leyó a nadie. Susana opina que su premio fue “un acto de justicia”. Si me pide que en el banquete le ofrezca la demostración, le digo que el médico me prohíbe hablar en público. O mejor: que entre los descartados están Peyrou y Silvina Bullrich. O simplemente: que ese premio siempre se dio a una obra, y que me parece mal que esa norma no se haya respetado». BIOY: «Va a ser desagradable». BORGES: «Si no le gusta, ¡qué me importa!». BIOY: «Nada. Pero en el momento en que se lo digas sentirás una leve conmoción». BORGES: «Sí. No me gusta decir cosas desagradables». BIOY: «Y para decirlas hay que enojarse un poco. Después uno queda disgustado».

Lunes, 12 de diciembre. Come en casa Borges. Tuvo un desvanecimiento en casa de una chica Quinteros, empleada en la Biblioteca. Había un cocktail, mucha gente, Borges bebió una copa de champagne. Un médico le dio coramina y le dijo que tenía un poco de surmenage.

Trae un cuento de dos páginas —«El corazón conmigo»— de Agnon, el judío polaco ganador del Premio Nobel, y me pide que lo lea. Se levanta en la silla, se zarandea, ulula con la risa. Comenta: «Es peor que Esopo. ¿Quién podría escribir un cuento así? ¿El del “Pollino y el automóvil”? No: Joaquín V. González es menos dulzón, menos mecánico, menos estúpido. Tal vez un romántico alemán. O Rabindranath Tagore. Qué destino el del Premio Nobel. Y pensar que Agnon es uno de los grandes escritores de esta época. Yo mismo lo dije esta tarde. A los extremos que lo lleva a uno la vanidad. No quería quedar como un individuo mezquino. Tal vez mejor es la actitud de Neruda, que al saber que no le daban el premio a él, sino a Agnon, escribió una carta recriminatoria».

Estamos llegando al fin del «interludio» cómico, en nuestra pieza. BIOY: «El espectador va a quedar desconcertado y buscará un sentido cómico en las frases más graves. Tal vez este episodio debió de estar más hacia el final de la pieza. El público lo va a extrañar». BORGES: «Los autores lo vamos a extrañar. Ahora tendremos que seguir con cara de piedra».

Me comunica el título de un tratado del pastor Robert Kirk, del siglo XVII, que habría sido arrebatado por las hadas: The Secret Commonwealth of Elves, Fauns and Fairies.

Martes, 13 de diciembre. Sinceramente indignado porque premiaron a Susana Bombal, a Giusti y a Fernando Sánchez Sorondo, y no a Peyrou, Borges me dice: «El premio, que al principio pareció un simple disparate, ahora revela su lado más ofensivo: para premiar a estos tres, postergaron a Peyrou. ¿Te das cuenta? ¿Los prefirieron a Peyrou, que escribió La espada dormida?». Como La espada dormida apareció en 1944, la frase, tan favorable, no hubiera alegrado a Peyrou, pues daba a entender que, en los últimos años, no habría publicado ningún libro de importancia. BIOY: «Aunque en mérito es un poco inferior a nulo, Giusti estuvo siempre un peu la; nadie puede nombrar un libro suyo, pero desde hace cuarenta años hay la idea de que escribe. A los otros dos, en el mejor de los casos, correspondería el premio municipal: premio considerado de iniciación; nunca el Nacional, que es a una obra. ¿Cómo estos tres postergarían a Peyrou? Ni para postergar a Silvina Bullrich tienen fuerza».

Jueves, 15 de diciembre. Come en casa Borges. Pensamos en las escenas siguientes a la muerte del Inesperado, en nuestra pieza de teatro. Noto que mi cerebro está un poco varado.

Sábado, 18 de diciembre. Victoria nos convoca: esta tarde, a la hora del té, hay que presentarse en San Isidro. Con Borges, Silvina, con mi hija Marta y su amiga Patricia Fainberg, emprendemos el camino. Ante la casa, sombría, con rico olor a maderas y a algunas (no muchas) flores, tan espaciosa, tan serena, tan acogedora, después del trajín y del calor del viaje, aparece en la conciencia la más inesperada de las dudas: ¿en definitiva no habrá sido un acierto venir a pasar la tarde a la quinta? Avanzamos, entreabriendo puertas y pronunciando en voz alta (moderadamente alta, para no irritar) el nombre de la dueña de casa. En el escritorio de la izquierda por fin encontramos a los asistentes. Casi silenciosos, profundamente cansados o quizá apenados, rodean una mesa ratona Victoria, Mallea, Guillermo de Torre, Fryda Schultz y alguna otra persona de la familia. Nos piden que nos sentemos. Al rato Victoria dice que ella siempre estará dispuesta a pagar el despido de Murena y de Sofía [Alvarez]; que hay dos leyes de despido, la vieja y la nueva, declarada inconstitucional; que ella pagará por la que fija una suma mayor; que la suma mayor, según su abogado, será quinientos mil pesos; que Murena pide más de un millón; que, durante la administración de Murena y de Sofía, no se pagaban derechos de autor; que recibió la carta de Murena, que todos conocen; que González Lanuza le dijo que la contestaría y que ella piensa que una carta así, con amenazas, no debe contestarse (le damos la razón). Ya está todo dicho. Sólo Guillermo habla: desea ver la carta de Murena (¿por qué?); sugiere, como el indio del «Cuento más hermoso del mundo», que Victoria inicie una querella (murmullos de desaprobación). Victoria le dice: «Ay, Guillermo, no me hable más, no me caliente la cabeza». Para comunicarnos esto nos convocaron. Tristes, cansados, viejos, pasamos al comedor. Ahí, con buena platería y porcelana, asimilamos té tibio, pan con olor a cajón, torta discutible y galletitas en desuso. Las reflexiones, porque el oído escaso pierde las sutilezas o por una mera impaciencia congénita, resultan inoportunas. Hay que expresar, más bien, aprobaciones y condenas. Borges habla en voz baja, como si no advirtiera que la dueña de casa no oye. Tampoco oye el mucamo: Guillermo pide agua y le dan un cenicero. Cuando sugiero al mucamo que dé agua a Guillermo, éste, que no oye, cree que yo también pido agua. Nos traen agua a los dos. Al rato sobreviene, de color azul celeste, Pezzoni: se mantiene con la gente que, en estas reuniones de intelectuales, habla con los chicos. Parece un joven albañil carnoso. No es tan joven, pero sí groseramente carnoso. Abren la boca para afirmaciones concretas y prudentes. No se aventuran más allá de: «Qué barbaridad la torpeza de Fulano». O con más plomo en los pies: «Qué calor». En este preciso punto de la costa se halla concentrado el intelecto: el resto del país quedó debilitado. Después, la animación decae y salimos al jardín, deprimidos.

Borges no se aviene fácilmente a estas conversaciones. Nuestra hija está enferma: Silvina y yo hablamos del asunto con alguna ansiedad: la radiografía, el análisis, etcétera. Borges nos interrumpe, continúa con observaciones literarias. En un poema anglosajón se dice que tal rey, en vida dueño de grandes extensiones, por último tenía solamente siete pies de tierra; esta frase nos lleva a una discusión. BORGES: «Eso quiere decir que la gente de entonces era muy chica. Tendrían pies chicos; siete pies corresponderían a la altura de un hombre bajo». BIOY: «Espero que no extiendas esa lógica a otros temas. Mientras no sepamos que la medida pie fuera entonces menos que ahora, la frase prueba que las tumbas eran largas: de siete pies, quizá más de dos metros». BORGES: «Hoy, un hombre alto es a six footer. Es sabido que los hombres de antes eran más chicos». Cita a alguien que dice que Carlos XII de Suecia era un hombre alto y, para su tiempo, un gigante. BIOY: «Todo eso es verdad, pero no veo cómo se deduce de la frase discutida. Para mí la frase significa que entonces las tumbas eran espaciosas». BORGES: «Pero al poeta le convenía el menor número de pies posible, para señalar el contraste». BIOY: «Pero tal vez siete pies de tierra era una frase hecha para indicar una tumba. Si hubiera dicho cinco o seis pies quizá los lectores, más brutos aún que los actuales, no hubieran entendido».

Pasa un avión. BORGES: «¿Te fijaste? El ruido de un avión da la idea de campo, de vago tedio. En una descripción bucólica uno podría escribir: el canto de los pájaros, el ruido de un avión… Esos ruidos mecánicos muy pronto se asimilan a Virgilio. Un tren que pasa a lo lejos, ladridos en la noche…». Agrega, mirando a Fryda: «Las mujeres, a esa edad, ya son una porquería. Esos pechos en desorden… Hasta feo olor tendrá… En tus daydreams no la mejores».

Después, comemos en casa. BORGES: «Marasso, en la Academia, trabajosamente leyó un escrito suyo, que descifraba con dificultad, de quince páginas. Cuando llegó a la última, no se detuvo; siguió la lectura con la primera, etcétera y todo de nuevo. Se dice que su memoria ha decaído un poco. Una vez Besio Moreno no pudo leer, en los Amigos del Libro, su discurso, porque no entendía la letra de quien se lo había escrito».

Dice que una chica de la Facultad afirmó que los números telefónicos eran idénticos a las personas a quienes correspondían. Otra oyó la afirmación y la aceptó como evidente.

Martes, 20 de diciembre. Drago habló conmigo del próximo concurso literario de La Nación. Pensamos que en los últimos años llegaron trabajos inferiores porque un buen escritor difícilmente se aviene a escribir una composición con tema impuesto. Sobre esto alegamos argumentos previsibles. Convenía, pues, volver a los géneros; que el tema de un año sea la novela corta; de otro, el cuento; de otro, el poema; de otro, el ensayo. El inconveniente sería la excesiva afluencia de manuscritos. Para no morir ahogados por los manuscritos, con Drago ideamos la posibilidad de un primer jurado de eliminación, que sirviera para dejar a nuestro jurado únicamente los trabajos de algún mérito. Convenimos en que si resolvíamos esto, se darían a conocer los nombres de este jurado previo. Hablé del asunto con Borges, para que no lo sorprendieran en la reunión pública. Creí que la idea era atinada; quise discutirla con él, para estar yo bien seguro y para llevarla adelante si nos convencíamos de su bondad. Le pedí que no la comentara con nadie, porque nuestros compañeros de jurado pecan de suspicaces y de trabajosos; que Drago la expondría.

Llegamos a La Nación, primero Mallea, después yo, después Leónidas, después Borges. Éste entró con la mano tendida, en una actitud de ceguera que hasta hace muy poco no tenía; pienso que este año perdió casi todo lo que le quedaba de vista. En seguida se puso a hablar del nuevo plan, como si todos estuvieran informados. Noté una mueca de ira sorda en el oscuro rostro de Mallea. Al rato interrumpí al hablador. Dije: «Bueno, yo me encontré casualmente con Drago y hablamos de esto. Hubiera querido que Drago expusiera el plan…». Argumenté en favor de los géneros como temas y alegué el peligro, aun para nuestra eficacia como jurados, de la avalancha de manuscritos. Mallea parecía verde; la cara se le ladeó tensamente. Dijo que si nos controlaban con otro jurado, él renunciaría. Aseguró que, aunque no tan diligente lector como otros, él leía todo y guardaba anotaciones sobre cada uno de los trabajos presentados. No comprendí en seguida este encono de Mallea. Después entendí que consideró todo el plan nuevo como un correctivo para su deficiente actuación.

Borges advierte mi contrariedad porque él hablara y, enojado por pertenecer al jurado, quiere renunciar; yo le recuerdo mi amistad con Drago —¡qué le importa!— y sigue por otro año; se pone tenso, flaco, viejo, sordo, irritadísimo. Ante cualquier dilema, propone ásperamente la solución más incómoda. Carmen comenta el error de quienes enviaron un cuento para el ensayo sobre cuentos. Esto le vale una destemplada respuesta de Borges. Drago explica que el año próximo, al importe habitual del premio se sumará el de este año, en que lo declaramos desierto: así se evitarán suspicacias, que a todos mancharán, sobre el motivo de declararlo desierto. Borges protesta, acomete con enojo: «Si no queremos que venga una avalancha, reduzcan a la mitad el premio, etcétera». Qué bien recibida sería esta resolución.

Por la noche, en casa, no le digo una sola palabra acerca de lo ocurrido. Está muy afectuoso. Trabajamos bien en nuestra pieza (diálogo de Laura y el padre, en el segundo acto). Para indicarme que en la redacción de las últimas escenas nos olvidamos de un personaje, dice: «¿Y Judith? ¿Dónde está? ¿En el WC? ¿No habrá que ir a ver si le ha pasado algo?».

Refiere la historia del tuerto Rivarola, que le contaron los Dabove: «El tuerto era hombre de mucho respeto: una bandera, créame. El tuerto tenía con no recuerdo quién una vieja enemistad. Un tarde, a la hora en que todo el mundo sale a la plaza, se vio un espectáculo tristísimo. El tuerto Rivarola, ese hombre tan respetado, rodeó enteramente la plaza de Morón, agitando los brazos como si fueran alas y cacareando como una gallina. Concluida la vuelta a la plaza, el tuerto, siempre cacareando, se metió en casa de su enemigo; lo encontró en el patio y lo mató. Lo llevaron preso, pero como el comisario era amigo y la opinión pública favorable, el tuerto se salvó de la cárcel[1552]. “Sin embargo —observó César Dabove—, no creo que hubiera engañado a un facultativo.”».

Recito:

Hablan de pie mi padre y mis hermanos[1553].

Hablan de pie mi padre y mis hermanos[1553].

BORGES: «Qué bien que se descubrieran manuscritos con versiones anteriores; por ejemplo:

Hablan del pie…

Hablan del pie…

y también:

Hablan a pie…

Hablan a pie…

que sugiere una casa llena de animales; y elogiar el certero criterio del poeta, que eligió finalmente lo mejor». Recito:

Habiéndome robado el albedrío

un amor tan infausto como el mío[1554].

BORGES: «Ese amor tan infausto como el suyo, ¿es otro? ¿Habla de uno o de dos amores? Mucho me temo que de uno. ¿Es el del que pide que le escriba una carta el señor cura?»[1555]. BIOY: «No. Es el del que

ya recobrados la quietud y el seso,

volvía de París en tren expreso».

Le digo que el relator se encuentra con una belleza, morena y española o morena y sevillana:

y cuando estaba ajeno de cuidado,

como un pobre viajero fatigado,

para pasar bien cómodo la noche

muellemente acostado,

al arrancar el tren subió a mi coche,

seguida de una anciana,

una joven hermosa,

alta, rubia, delgada y muy graciosa,

digna de ser morena y sevillana.

«¿Viste? —comenta—. Para los españoles una española es algo prestigioso, casi raro».

Me explica que el enojo de Guillermo de Torre con Cansinos se debe a que éste, en una novela escrita mientras esperaba unas pruebas (La huelga de los poetas o acaso El movimiento V. P., es decir: Verdaderos Poetas), se ríe del ultraísmo e incluso pone un personaje que habla como Guillermo y que elogia el «ventoseo del pegaso mecánico» (la motocicleta). Quién nos diría que este ultraísta y dadaísta hoy sea el cumplido admirador de Galdós y de Pereda. Parece que Guillermo alguna vez escribió, creo que a su mujer, cuando eran novios, que él solamente se sentía feliz al volante de un poderoso automóvil. Por cierto que no sabe manejar. De Guillermo cuenta también: «Philippe Soupault le mandó (dedicado) este poema:

Le ventilateur te salue

Moi je te dis merde.

Guillermo, orgulloso, lo mostraba. “Le ventilateur te salue es un verso humorístico”, decía. Cuando tradujo el poema y lo publicó —eso sí, hay expresiones que pierden mucho al pasar de un idioma a otro— alteró así el último verso:

Yo te digo buenos días».

Yo te digo buenos días».

Comentamos los versos de «Le camarade» de Cocteau:

Ce coup de poing en marine [… ]

que donne la beauté vite au coeur en passant[1556].

BORGES: «Es demasiado parecido a sí mismo». BIOY: «Está bien lo de au coeur: que parece indicar que le quita a uno la respiración y lo deja acongojado». BORGES: «Es mejor tu paráfrasis que los versos. ¿No son mejores los de Browning?

Just wheny we are safest, there’s a sunset-touch,

A fancy from a flower-bell, some one’s death,

A chorus-ending from Eurípides…».

SILVINA: «No, mejores son los de Cocteau». BORGES: «Los de Cocteau están cargados de literatura en el peor sentido». SILVINA: «Más los de Browning». BORGES: «Bueno: tengo más simpatía por la literatura que hay en los de Browning que la que hay en los de Cocteau. ¿Qué es lo que llamamos literatura en estas frases? ¿Un sentimiento añadido, que no está en el tema? Wordsworth decía que él se olvidaba de esto. Un adorno». BIOY: «¿O lo que no se diría en una conversación?». BORGES: «Sí, tal vez». BIOY: «“Just when we are safest, there’s a sunset-touch” podría pasar… Tal vez el “coup de poing de marbre” no. Pero el acierto de Cocteau está en esa trompada en el pecho: corresponde a lo que uno ha sentido». BORGES: «No está mal lo de Cansinos: “¡Oh, Dios, que no haya tanta belleza en el mundo!”. Mark Twain habló de la tentación de “falling to pieces before a croma [deshacerse ante un pasaje musical trémulo y sensiblero] dijo que él trató de que le gustara la música y que él, con su presencia, “infested the opera”. Bueno, infested es literatura». BIOY: «Pero pasa pronto». BORGES: «Tiene razón Flaubert: “Quand un vers est bon il perd son école”».

Jueves, 22 de diciembre. Come en casa Borges. Escribimos unas quince líneas de la comedia. Cuenta que hablaba, con su madre, de Giménez Pastor, sobre su ascendencia y orígenes; espontáneamente, la señora dijo: «Aquí, todos los que no son de San Nicolás, son orientales». No recordábamos el nombre de Giménez Pastor. Escalamos la memoria a través de colegas de la misma fuerza: Luis María Jordán, Alfredo Duhau… BORGES: «Qué escritores ha producido el país».

El Petiso González Garaño figura en el Quién es quién como pintor[1557]. BORGES: «Una vez Néstor Ibarra, colérico, me dijo: “¿González Garaño? González Guarango”. Le aseguré que era una persona muy amable. “¿Qué otro recurso le queda —preguntó Ibarra— para ocultar su bochorno y su ignominia?”. Desde luego, Ibarra no conocía a González Garaño ni tenía ninguna noticia sobre él. El Petiso decía que todo el Norte era igual y que la gente de Campana y Baradero ya era un poco boliviana».

Enumeramos personas muy argentinas: su madre, mi padre, la Quica González Acha, Julia Peyrou, Girri, Murena (de la variedad compadrito), don Julio Molina y Vedia, Macedonio Fernández, dice Borges. Yo pienso: Felipe Fernández, mi profesor de matemática; Enriquito Grondona. Le digo que Mastronardi me parece de pueblo de campo. Borges observa que ya alguien le había dicho lo mismo.

Sábado, 24 de diciembre. Comen en casa Borges y Peyrou. Se reconcilian.

BORGES: «Easter, la Pascua, coincidía con la festividad de una diosa, cuyo nombre, que no recuerdo exactamente, es parecido a esa palabra. Cuanto sabemos de la diosa está en Beda»[1558].

Pensando en sus sobrinos cuando eran chicos —son hombres—, repite Borges la pregunta que oyó a su hermana: «¿Dónde están esos niños?». Me dije que hay varias muertes —esas diversas personas que es y deja de ser cualquiera en el desarrollo— para acostumbramos al misterioso milagro de la muerte final.

Un muchacho Spinelli (o de nombre parecido)[1559] contó a Borges este episodio, ocurrido en tiempos de Yrigoyen: Un malevo que acaba de salir de la cárcel y no quiere nuevas complicaciones es perseguido por el comisario de Pergamino. Junto a las vías del tren, el comisario lo alcanza.

En ese momento llega un tren; el malevo sube a un vagón, y exclama: «Ya no me podés agarrar. Estoy en territorio inglés». El comisario, que no era de muchas luces, tiene un instante de vacilación, el tren parte y el malevo se salva.

Miércoles, 28 de diciembre. Come en casa Borges. Trabajamos en la pieza de teatro.

Borges dice que los mejores versos eróticos son los de San Juan de la Cruz, de la noche oscura del alma:

En una noche oscura

con ansias en amores inflamada,

¡oh dichosa ventura[1560]!

BORGES: «Si se leen como poesía mística no pierden valor. La mejor poesía erótica no es obscena. Uno de los mejores ejemplos es la delicadeza y la sabiduría poética de Rossetti. Qué raro el caso de San Juan de la Cruz: escribió dos poemas admirables y dedicó el resto de la vida to explain them away. Los versos más explícitos de Whitman no son los mejores. ¿Por qué Whitman vuelve a decir groseramente lo que ya dijo con acierto? Porque se metió en un sistema enumerativo».

Hablamos de Le repos du guerrier, de Rochefort. BORGES: «El reposo del guerrero es un buen título, mejor aún en español que en francés. Repos es simplemente descanso, reposo resulta más solemne. ¿El reposo del guerrero es la mujer?».

Hablamos de escritores norteamericanos entregados al alcoholismo. BORGES: «Es como si se entregaran al dominó. Un dominó más terrible. ¿Por qué hay allí tantos borrachos? ¿Por qué no consideran vergonzoso beber?». BIOY: «Tal vez los placeres no sean para tanto; quizá dependan mucho de la literatura, escrita u oral, que los rodea». BORGES: «En ese sentido, yo no soy muy sensible a la literatura… No creo que abunde la literatura del café con leche, de los huevos fritos. Tampoco me propongo iniciarla».

Le refiero un argumento que se me ocurrió a la tarde, en cama (por un ángulo de la mesa de luz vi una ruedita de la mesa del té, que estaba en el cuarto, y por un instante me pareció misteriosa y situada en otro sitio, quién sabe dónde). Se trata de un hombre que es feliz viendo por un agujero en la pared de su cuarto (la pared da a un baldío) un rincón de otro cuarto, donde transcurre una vida muy serena y hogareña; a lo largo del tiempo, por tantas observaciones, llega a tener una idea de las personas que viven en esa casa y de las relaciones entre ellas: «Éste es el hijo; ésta la tía…». Su felicidad proviene acaso del privilegio, acaso de la serenidad de ese ambiente, acaso de lo misterioso de la visión. BORGES: «Se puede hacer un cuento muy lindo y muy triste». BIOY: «Una especie de Aleph, pero con una visión poco significativa». BORGES: «Yo había leído ese cuento de Wells, “The Crystal Egg”, en que un huevo de cristal está comunicado con un planeta; los que miran el huevo ven escenas de la vida en el planeta». BIOY: «Sí, pero a mí me parece que la dignidad y la belleza de este cuento depende de que las escenas que se vean sean cotidianas, poco dramáticas». BORGES: «En una pieza de teatro, el testigo vería la preparación de un crimen y no podría evitarlo. Es una debilidad del teatro: hay que sacudir al espectador».

Jueves, 29 de diciembre. Come en casa Borges. Le leo un cuento que me ha traído una señora, para que se lo corrija antes de publicarlo. BORGES: «Lo malo es que los errores no provienen de una estética equivocada. No puede uno pensar: si deja de lado el propósito de asombrar o de parecer loca y rara, escribirá bien. No: el mal está en ella misma. Este cuento es demasiado explicativo. Le pide a todo verbo que sirva para muchas acciones que enumera. Si escribe su, no sabemos a quién se refiere. Demasiados gerundios, demasiados auxiliares. Es un estilo sucio, turbio. (Pausa). Pero, ¿qué le pasa a esta chica?». BIOY: «Nada. Es muy inteligente. Otra cosa es con guitarra. No es fácil escribir…». BORGES: «Tampoco tiene pasión. Mirá, los cuentos de Elva de Lóizaga eran mejores. Ahora, eso sí: está muy interesada en lo que cuenta». BIOY: «La anécdota no vale mucho: un marido que de pronto no ve las manos de su mujer; después desaparecen los ojos; después toda, salvo el pelo; después toda. Después la ve. Entonces ella le dice que lo deja, porque quiere a otro. Es un cuentito autobiográfico. Le dijo a una amiga: “Mi marido no me ve. Aparezco con un peinado nuevo y no lo nota. Yo creo que no sabe cómo tengo los ojos. Poco a poco me vuelvo más invisible para él…”».

Borges creía que tomar la sartén por el mango era tomar el rábano por las hojas. Hizo «pruebas», investigaciones, después de que yo lo sorprendiera con la noticia de que tomar la sartén etcétera, era imponerse, tomar las riendas de una situación. «Probé con Madre. Dice que estoy loco». Después recordó la otra frase, la de los rábanos, y pensó que de aquí venía su error, de confundir las frases: «No tengo una idea muy clara del rábano y no sé por qué se opone a que lo tomen por las hojas».

Cuenta que don Nicolás Paredes no sabía qué les pasaba a los hombres de su generación, que todos se habían puesto a hablar de la misma manera, como viejos chochos, y con rabia remedaba las voces aflautadas y hasta pueriles de la senectud.

Sábado, 31 de diciembre. Come en casa Borges.

Vamos a saludar a los del cuarto piso[1561]. En el comedor hay mucha gente; entre otros, Ladislao Reti, un ingeniero de Trieste, amigo de otros tiempos, al que no veo desde que vive en el Brasil. Sin duda en un subconsciente impulso de mostrar afecto procedo a besarle la mejilla. Por un largo rato no puedo pensar en otra cosa. Con qué poco pierdo la cabeza, etcétera. Se lo cuento a Borges, que comenta: «No ha de pasar un cuarto de hora sin que uno haga un acto disparatado».

Después, entramos en la salita de Silvina. Ahí está, solo, el hijo de Reti. Cuando le deseo feliz año, me dice que espera que el nuevo sea un poco mejor. Me parece que el muchacho está con lágrimas en los ojos. Por Silvina sé que ha tenido algunos disgustos y que está tristísimo. Borges, que ve muy poco, y que sigue preocupado con nuestra pieza de teatro, dice: «Tal vez la solución sea el suicidio». El muchacho lo mira atónito. Yo trato de explicarle el inextricable embotellamiento al que llegamos en este tercer acto.

Encuentro (creo haber encontrado) una salida para la pieza. BORGES: «Estamos salvados». BIOY: «No hay que adoptar este final, porque nos permita concluir; te pregunto si la idea de un final así nos hubiera atraído; si hubiera sido suficiente estímulo para escribir una pieza. La respuesta, evidentemente, es no».


Domingo, 1.º de enero. Come en casa Borges. Pensamos en el drama. BIOY: «Está bien, es patético, que Laura, después de un acto oprobioso de su marido, diga que lo quiere, que ahora sabe que siempre ella estará a su lado. Es patético que después muera el marido; después, pero no inmediatamente. Tendría que haber una escena intermedia». BORGES: «Es claro. Si no, es como:

There was a Young Lady of Portugal,

Whose ideas were excessively nautical;

She climbed up a tree To examine the sea,

But declared she would never leave Portugal[1562].

Por cierto que hay interpuesto ese but, creo que no lo es suficiente».

Me explica el sentido preciso de la palabra juerga, se reúnen a las nueve de la noche, quizá un sábado, en el prostíbulo; están allí hasta las siete de la mañana del domingo; oyen cante jondo (peteneras, alegrías, etcétera), para lo cual «vino Fulano, de tal parte» (guitarreros, cantores); de vez en cuando alguien se va a una pieza con una dama, para volver al rato; beben chatos de granadina (se necesitan muchos, para emborracharse) y comen liviano (aceitunas, bocadillos).

Martes, 3 de enero. Come en casa Borges. Los otros días, después de corregir el cuento de una señora, le advertí: «Por favor no hables con Silvina de esto. Vos sabés cómo son las mujeres. Silvina me dice que nunca leo sus manuscritos y que siempre estoy dispuesto a corregir los de gente de afuera». Hoy, durante la comida, Borges se puso a hablar del cuento que corregimos. Yo lo miraba y me decía: «Pensar que ni siquiera me queda el consuelo de los reproches. Se disgustaría y, en la primera oportunidad, volvería a hacer lo mismo. Por egocéntrico y por cansado».

BORGES: «Esa capacidad de Shakespeare para dar con una palabra que no es la justa, que no es la que uno habría elegido, pero que es mejor…

… a tale,

told by an idiot, full of sound and fury,

signifying nothing[1563]

… a tale,

told by an idiot, full of sound and fury,

signifying nothing[1563]

Fury: no es la palabra evidente, pero es la que da fuerza a la frase. Se puede llegar a ella por lógica. Shakespeare tenía un instinto para encontrar palabras así. Yo no lo imagino como quería Voltaire, un bárbaro[1564]; yo lo imagino como un dandy, manejando con habilidad su talento:

… and shake the yoke of inauspicious stars

From this worldweary flesh[1565]

Qué grande es todo… Se emborrachaba con las palabras». Cuando muestro entusiasmo por los sonetos, reconoce que en alguno de ellos hay conceptismo. «El gusto de la época», explica. «Parecen españoles», le digo.

BORGES: «Victor Hugo enumeró algunos anhelos de su juventud; la breve lista concluía con: ¡Ser Chateaubriand[1566]! El de U-turn-it[1567] lo parafraseó: “Ser Goethe”. ¿Quién puede desear ser Goethe? Hugo fue generoso, tuvo una frase elogiosa, generalmente muy afortunada, para todos los poetas que valían. Palmeando a Rimbaud, le dijo: “Shakespeare enfant!”. De Baudelaire afirmó que trajo al arte un frisson nouveau. Lugones, en cambio, que admiraba a Homero, a Shakespeare y al propio Hugo, de Baudelaire decía que no tenía importancia».

Afirma que la desdicha de América proviene de la estupidez del padre Las Casas: «Para salvar a los indios, trajo a los negros. Bien intencionado, pero obtuso. Creo que en México la única estatua a un español que hay es la del padre Las Casas. Qué animales. Un pariente mío, en el Uruguay, está consagrado a exaltar la tradición y la sangre charrúa… Le escribí para decirle que la suerte de estas regiones era que ya no quedaban indios, ni rastros de indios, y que apenas quedaban negros. En Berlín, en ese congreso de poetas de la négritude[1568] cuando hablé de la igualdad de las razas, me aplaudieron; porque aplaudían siempre y así lo desarmaban a uno. Pero lo que ellos querían era otra cosa: exaltar la supremacía de la raza negra. Eran racistas. ¿Por qué, para exaltar la raza negra, eligieron una palabra que parece peyorativa, como négritude? Los comunistas los apoyan. La idea de que el comunismo fomentaría un día el racismo hubiera sorprendido a los primeros comunistas. La Négritude es el pueblo elegido, el nazismo upside down».

BORGES: «Tan misteriosa es la Historia que uno se pregunta si no hubiera sido mejor que ganaran la guerra los alemanes. Se habría repartido el mundo, como ellos querían, entre Alemania e Inglaterra. No habría comunismo. Ni nazismo: después del triunfo el nazismo pasaría, como una enfermedad». BIOY: «Lo dudo. Y no creo en la durabilidad de ese reparto idílico». BORGES: «Yo tampoco. Pero qué sorpresa tendrían los que soñaron con el comunismo, como una doctrina generosa, como un orden racional, si les mostraran los dictadores, la policía secreta, los campos de concentración». BIOY: «Los de los falansterios». BORGES: «Fourier, Owen».

Miércoles, 4 de enero. Come en casa Borges. Llegaron dos ejemplares de Crónicas de Bustos Domecq. El colofón reza: «Acabóse de imprimir el 17 de enero de 1967». Mirando un ejemplar dice: «Hemos publicado Degeneración de Max Nordau». En seguida agrega que estuvo releyendo a Nordau y que lo encontró muy malo.

Pusieron en una misma página los dos epígrafes y la dedicatoria («A esos tres grandes olvidados: Picasso, Joyce, Le Corbusier»). BORGES: «Eso está mal: parece que dedicamos a Picasso, a Joyce y a Le Corbusier los epígrafes». BIOY: «Esperaba que no me preguntaras si todo eso estaba en la misma página. A la dedicatoria, antes de mucho se añadirá un 1 al epíteto y la nota al pie: “¿Ironía? Acaso hubo una época en que se les tuvo por inolvidables”. Otros anotadores vendrán con la hipótesis de que entre el maremagno de fraudes del siglo XX, señalamos (salvamos) tres grandes artistas. Indudablemente, la dedicatoria fue un error».

Su ceguera ha aumentado. Entra en un cuarto y desde lejos tiende la mano, porque ahora no advierte la distancia que lo separa de la gente. Tal vez ni siquiera vea bultos. Bajo del automóvil, para abrir la puerta del garaje, y sigue hablando. Me dijo que prefería las corbatas amarillas porque la ceguera le había traído un nuevo daltonismo, que le permitía ver solamente el amarillo. Cuando le di uno de los dos ejemplares de Crónicas lo miró mucho, de cerca, lo tocó y lo olió. Comentó: «Está muy bien. Yo temía que fuera una libreta, en papel de diario». Después preguntó si en la ilustración de la tapa había colorado. «No. Verde», tuve que contestar. Momentos que se me antojan patéticos: estamos pensando las escenas finales de nuestro drama; él dice: «No veo claro» o «No veo nada».

Me cuenta que conocían a un señor Webster, inglés, estanciero en el Sur (creo que en La Pampa), que tenía retratos de sus antepasados pintados por Holbein. Una vez el hijo de este señor exclamó: «I’ll do it, by Jingo!». El padre le dijo: «Charlie, my son, please omit the Jingo[1569]». También recuerda Borges que su madre dijo un día al señor Webster, con la idea de serle grata: «Mi hijo acaba de escribir un artículo sobre sir Thomas Browne»[1570]. «Never heard of him», contestó Webster. BORGES: «Me pareció más inglés que si lo hubiera conocido».

Un profesor inglés, hispanista, que está aquí, le dijo: «Yo, en cuanto a los sajones, disiento con usted… Creo que los ingleses debemos fortalecer la influencia latina. Si nos abandonamos a nuestro lado sajón —muy elemental, muy rústico— nos convertiremos en suecos; peor aún, en alemanes».

Gannon le refirió un cuento de gauchos entrerrianos. Están reunidos en el campo unos cuantos paisanos. Uno se levanta y dice: «Señores, discúlpenme, voy a mear». Se retira; muy pronto vuelve sobre sus pasos y anuncia gravemente: «Puede ser que también cague». Borges comenta: «A Gannon le gusta for the wrong reasons. Le gusta porque es sucio». Se pregunta si el cuento le gustaría a Lugones, a Ricardo Rojas («Contaba cuentos indecentes»), a Cicerón, a Aristóteles.

BORGES: «Por una cruza de Quevedo con Montaigne, ¿se obtendría a sir Thomas Browne? Éste era muy inteligente, simpático como Montaigne, más simpático que Quevedo. Quevedo sería muy culto. Había leído mucho… the wrong books? A Quevedo le debemos la publicación de los poemas de Fray Luis de León[1571]. Los publicó contra el culteranismo». Dice que la imagen de Fray Luis es quizá superior a cualquiera de sus versos y «muy superior a la de Quevedo». De Florio, el traductor de Montaigne, asegura que es un italiano florido.

De Santiago Dabove: «Tenía razón Wilcock: en verdad, parecía un carnicero. Un día dije que Santiago sin duda conocía muchas historias de malevos de Morón; que era raro que no las escribiera. Fernández Latour contestó: “No podría. A Santiago le interesan las ideas, no las personas”. En la casa de ustedes de la calle Coronel Díaz, lo encontré a Santiago en el baño. Estaba solo, muerto de risa. Le pregunté qué le pasaba. Me señaló la balanza y me dijo: “Es la primera vez que veo una balanza en la letrina”».

Mientras orinábamos por turno tuvimos el diálogo. Comentó: «¿Viste? Oriné con dificultad. No sé qué me pasa. Orino con dificultad o no puedo contenerme. Los otros días entré en una farmacia y ya estaba orinándome. Vos dirás que siempre es un placer orinar; pero uno desearía que fuera un placer menos imperioso». Le dije que viera a un médico. «Próstata», pensé.

Sábado, 7 de enero. Comen en casa Borges y Peyrou. Con Borges, hablamos de nuestra pieza de teatro. BIOY: «Qué lástima dejarla inconclusa». BORGES: «Bueno, hemos solucionado las dificultades. Ahora sólo falta redactar. Es claro que después de este intervalo quizá nos falte también el impulso. Quién te dice que recuperemos la lucidez». BIOY: «Sería fatal».

Con desaprobación, cuento el argumento de The Servant, de Harold Pinter: un sirviente que va dominando al patrón. Por momentos, el autor no sabe cómo llenar el libreto o, si una escena verosímil no le sirve para el argumento, recurre a una inverosímil. Hay que ver lo comprensivo que se ha vuelto Borges para todo esto. «Nosotros sabemos», comenta. BIOY: «Si lo sabremos, pero hay que seguir aplicando exigencias a la crítica. Hay películas y piezas de teatro que no condescienden y no aflojan: son las mejores».

Sin dejar hablar, Borges elogia el sistema de pago de un editor: «¡Me paga una mensualidad fija, no me abruma con rendiciones de cuentas!». Me enojo y le digo: «Eso prueba que se ha resuelto por no rendir cuentas. Ni a mí ni a Peyrou nos manda rendiciones de cuentas ni nos paga. Comprenderás que no participemos en la aprobación del sistema».

Domingo, 8 de enero. Viajo a Pardo. Me despido telefónicamente de los Borges. BORGES: «Vinieron a verme unos escritores mexicanos. Querido maestro, me llamaban, gente muy rudimentaria, muy tosca. Quieren hacer un premio más importante que el Nobel, ya que los suecos no dan el Premio Nobel a escritores de aquí. Este premio será únicamente para escritores latinoamericanos. Les dije que entonces no sería más importante que el Nobel. Que lo abrieran a escritores de todo el mundo y que, para enseñarles a los suecos, premiaran durante los primeros tres o cuatro años a escritores suecos. No les gustó la idea». BIOY: «Podrías haberles dicho que alguno tendría que haber, no inferior a Gabriela Mistral, o a Miguel Ángel Asturias, o a Pablo Neruda».

Susana Bombal le habría preguntado a Mariana Grondona: «¿Por qué no escribes un artículo sobre la envidia que yo despierto?». Comenta BORGES: «Sería curioso que apareciera un artículo en La Nación, titulado “De la envidia que Susana Bombal suscita”. Ella lo aceptaría con naturalidad… (Pausa). No creo que Mariana haya tomado la pluma».

[Domingo 8 de enero al domingo 23 de abril. Bioy Casares en Pardo y en Mar del Plata].

Miércoles, 25 de enero. En Mar del Plata. Me entero de que ha muerto Oliverio Girondo. Borges, que lo conocía mejor que yo, lo menospreciaba. Para él era la personificación de muchas cosas desagradables: un escritor que ignoraba su oficio, a cuyas obras un español informado suministraba puntuación; un escritor por decisión, no por Minerva o musa; un fanfarrón; un fiestero; un borracho; un ciudadano de tendencias políticas erróneas, partidario de los nazis en la guerra, y a quien el peronismo no pareció molestarle. Norah Lange, la mujer de Girondo, alcoholizada y colérica, me vio con malos ojos, como la influencia que apartó a Borges de su casa. Nada más injusto: yo carecía de opinión sobre ellos. No aplaudí su nazismo: nada más. El de la opinión y el desprecio era Borges. Cuando Bustos Domecq escribió contra la revista Letra y Línea, cuyo mecenas era Girondo, de Bustos, no de Domecq, vino el impulso.

Los otros días apareció en Primera Plana una nota sobre Crónicas de Bustos Domecq. Además de la idea general —que estamos viejos, vale decir chochos—, afirma que uno de los personajes absurdos allí descritos puede ser Oliverio Girondo[1572]. Esto es falso: en ningún momento pensamos en Oliverio cuando inventamos nuestros cuentos. No somos personas tan desprovistas de caridad como para satirizar a un enfermo que se debate con la muerte.

Domingo, 29 de enero. En Mar del Plata. En La Nación aparece un soneto de Borges, al mar[1573]. Hará cosa de un mes, caminando por la calle Charcas, de Maipú a Esmeralda, me dijo: «Hoy escribí, como ejercicio, un poema sobre el mar. Me divertiría compararlo con otro, también sobre el mar, que fue el primer poema que escribí en mi vida»[1574]. BIOY: «¿Cuándo lo escribiste?». BORGES: «En 1919, cuando estábamos en Sevilla». Le pregunté si tenía aquel primer poema. Dijo que no. Yo creo que tenía ganas de recitarme el nuevo: cuando uno acaba de escribir versos, tiene ganas de comunicarlos, de seguir con ellos. No sé por qué no le pedí que me dijera los versos que acababa de escribir.

Jueves, 23 de marzo. En Mar del Plata. Leo que ha muerto Pedro Miguel Obligado, poeta de tono blando, no ajeno a la posibilidad de aciertos complejos y delicados. Borges me refirió que, según le contó no sé quién, para Obligado la ciudad concluía en el centro; prefería no cruzar los límites, que él mismo se había fijado, de la Avenida de Mayo, al Sur, y de Callao al Oeste y al Norte.

Martes, 25 de abril. En Buenos Aires. Come en casa Borges. Me anuncia que en septiembre se casa con Elsa Astete, la hermana de la mujer de Ibarra y que se irá con ella a los Estados Unidos. Me pide que sea testigo. Sabe hasta la iglesia: Las Victorias.

Me cuenta que amistosamente preguntó a Guillermo: «¿A que no sabés quién escribirá un libro sobre mí y sobre mi hermana?». GUILLERMO: «Algún loco tendrá que ser». BORGES: «Victoria». GUILLERMO: «Y tú, ¿qué garantías tienes? Yo no creo en las cosas, hasta verlas».

Leemos la pieza de teatro, porque parece que una compañía, el Teatro del Bajo, está interesada en ella. Al final del primer acto estamos adormecidos y melancólicos. BORGES: «Se nota que está escrita by an old, hand. Hay oficio, astucia, pero ninguna intimidad. Todo se ve de lejos. Hemos evitado la literatura. Para no cometer errores, evitamos también los aciertos». BIOY: «Los que esperan algo de nosotros van a estar desorientados. La pieza no se salva por sentidos simbólicos. Esto es esto, nada más. No trasciende: está ahí, como un cascote. Un cascote desde luego prosaico».

La editorial Rueda nos pide Cuentos breves y extraordinarios[1575].

Miércoles, 26 de abril. Come en casa Borges.

Me dice que Arturo Capdevila está muriéndose. Que los otros días mandó una comunicación a la Academia sobre el destino de sus obras: si quería que las editaran o no. Borges se dijo: «Debo de estar muy cansado, porque no entiendo». Después resultó que nadie había entendido; no sabían si quería que la Academia editara sus obras o no. BORGES: «Cada una de las frases era clara: sabe construirlas; pero el conjunto se volvía inextricable. Con poco tino, Arrieta calificó de póstuma la comunicación».

También Manucho mandó una comunicación a la Academia, escrita en estilo muy digno, con frases como «alta melancolía», sobre la muerte de Azorín. BORGES: «Yo creí que se reiría de Azorín». BIOY: «No se ríe de nadie importante». BORGES: «¿Importante Azorín? ¿Por qué? Con ese estilo de pan rallado, como decía Carriego de Más y Pí. Carriego era mucho mejor hablando que por escrito: cuando escribía no se le ocurrían frases así. Recuerdo que una vez fue a casa, y leyó un soneto repugnante de sentimentalismo[1576]. En el último verso decía:

húmedas las puntas de tu delantal

húmedas las puntas de tu delantal

y Carriego comentó: “Es la nota honda”».

De Macedonio asegura que sus lectores, que no lo conocieron personalmente, no podrán creer en su talento: «Era muy embustero. Contaba que se carteaba con William James, porque le escribió para decirle que estaba preparando un libro sobre él y pedirle que le mandara su fotografía; el otro se la mandó. Eso no es cartearse. En filosofía inventó el idealismo, una de las doctrinas más antiguas, que ya habían inventado Platón, Berkeley y tantos otros. Hablaba de Belarte[1577] Si hubiera escrito bellas artes se habría visto que era lo más corriente. Macedonio no debió entender perfectamente el idealismo —decía que lo había inventado— ya que escribió: “Yo y el universo nacimos en Buenos Aires, el…”[1578]. ¿Por qué Buenos Aires? ¿Por nacionalismo? Macedonio era muy nacionalista. ¿O por el gusto de achatar la frase con una referencia casera? Seguramente por los dos motivos».

BORGES: «Me encuentro con el hijo de Rojas Paz, que sabe que yo conocí a su padre y descuenta que lo admiro. Desde luego, simulo que así es. La situación es incómoda. Me parece que soy un estafador».

»Sobre “La intrusa” dice: “He querido hacer un cuento de Kipling. No como los últimos; ya me he convencido de que no soy capaz de hacerlos; como los primeros, los Plain Tales from the Hills. A los sesenta y tantos años trato de hacer uno de esos cuentos que hacía Kipling a los veinte o que su padre escribía para él. Kipling dice en su autobiografía que entre los mejores están algunos que le dio su padre: característicamente no dice cuáles. Qué raro en esa autobiografía cuando relata lo que sus padres le hicieron sufrir en la infancia. Él parece no darse cuenta de la culpa que tuvieron. ¿Se daría cuenta o no? Cuando fue a verlo al colegio, la madre se inclinó para besarlo y él, que estaba durmiendo, levantó una mano para atajarse un golpe, porque a eso estaba acostumbrado. Entonces la madre entendió lo que estaba sufriendo el hijo y lo sacó del colegio”. Al leer el cuento, creo hallarme ante un chico disfrazado de hombre de guerra para carnaval: ese último párrafo tan indefenso en su alarde inverosímil, donde se revela que mataron a la mujer y que la dedican ahora a los caranchos. Cessez d’étre terrible et devenez charmant.[1579]

La madre de Borges comentó a Silvina que, según nuestro amigo, no habíamos celebrado bastante la noticia de su boda. Me duele que haya sentido eso, pero la verdad es que después de las experiencias anteriores —sin ir más lejos, el brindis en Mar del Plata, en ocasión de su compromiso con la última, hoy penúltima, dama— no sin temor supersticioso emprendería uno esas celebraciones que un día pueden recordarse con amargura.

La madre dijo de la novia: «No es intelectual… Bueno, eso tal vez resulte una ventaja. No se parece a las que él nos tiene acostumbrados. Yo me quedo tranquila: creo que lo va a cuidar. Ya no es joven. Fue linda: ahora, ya la verás. Pero él no ve. Para él sigue siendo la de antes». Me la presentan: vieja; de piel grisácea; en actitud de sierva enamorada, postrada de admiración ante el ídolo potencialmente díscolo; de la baja burguesía y del peldaño ínfimo de la clase media; ignorante, pero respetuosa del saber y dispuesta a instruirse; fortificada en la conciencia de su buen sentido; resuelta a rodear al hombre de cuidados domésticos y a persuadirlo de los encantos hogareños; proclive a tomar ofensa y a ofuscarse por celos; desconfiada; querendona, cariñosa y optimista; expresiva y dada al mohín. La madre (que sufre en su amor propio y en su snobismo) se aviene, sobre todo, porque la novia no es una chica. A la mejor chica del mundo no le perdonaría la juventud. Cuando la novia soltó lo de fetitas de jamón, para la madre fue un momento amargo. Para la novia, la mención del mismo anglosajón, con su ramillete de discípulas, es motivo de desconfianza. Cuando se enteró del libro en que Vlady y Borges colaborarán, receló: «¿Cómo? ¿Ésa es la manera de estudiar anglosajón?». Salvedades aparte, parece una brave femme, sin duda mejor que otras que él amó.

Sábado, 29 de abril. Comen en casa Borges y Peyrou. Peyrou explica que en La Prensa apresuran la publicación de colaboraciones de Capdevila, lo que prueba que ha de estar muy mal. También dice que ya está escrita, por Sáenz Hayes, la nota necrológica.

Les cuento la «Crónica de la guerra del cerdo»[1580]; la aprueban. Cuando explico el cuento, Borges se muestra muy entusiasmado.

Peyrou comenta que «Corto es febrero» —título de un cuento de Mallea— es «irrebatible». Borges opina que parece título de novela norteamericana.

Lunes, 1.º de mayo. Come en casa Borges. Basándonos en una anécdota del libro de Parkman[1581] que su madre está leyéndole, escribimos «El despertar del rey»: historia del rey de Francia dormido, contada por agentes franceses a los indios del Canadá, después de la derrota francesa en Québec, 1753. Lo atribuimos a «H. Desvignes Doolittle», de un supuesto libro, Rambling Thoughts on World History.

BORGES: «En clases de la Facultad, Ricardo Rojas dijo no sin amargura que no todos los escritores se encontraban en una posición desahogada, como Larreta, que pudo dedicarse a crear una obra maestra, a burilarla; en cambio él —Rojas— debía escribir con apremio. Qué bruto: admiraba el estilo de Larreta».

Sobre el título La pampa y su pasión, novela de Manuel Gálvez sobre las carreras, comenta: «Si te lo diera en mil no lo adivinarías. A los criollos les gustan las carreras cuadreras, pero no son su pasión». BIOY: «Más que a la pampa, las carreras apasionan a Inglaterra». BORGES: «Bueno: había que elegir un título llamativo».

Miércoles, 3 de mayo. Come en casa Borges. Empantanados en el segundo acto. Pido que sustituyamos el impertinentemente burlesco Inesperado por otro personaje. Descubrimos, ambos gandules, que la reacción del delator de matar al Inesperado cuando éste se disponía a decir: «El que los delató a ustedes es…». —¡Pum! ¡Balazo!— es pueril, propia del drama urdido por dos chicos.

Me cuenta nuevos episodios del libro de Parkman que su madre le lee: Pontiac iba a fumar la pipa de la amistad con un batallón inglés; si éste se descuidaba, a un ademán de Pontiac los indios pasarían a cuchillo a los soldados. Los soldados no se descuidaron, Pontiac no se arriesgó. No perdió prestigio entre los indios: éstos no tenían idea de que traicionar o faltar a la palabra fuera desdoroso. Tampoco hubieran seguido a su jefe en un acto temerario. Por prudenciar el jefe no se desacreditaba. BORGES: «Eran iguales a los peronistas y a Perón. Viste, los de la CGT invitaron a Perón a que viniera el 1.º de mayo. Perón no vino. Por eso no lo censuran. Dirán: “El tipo es vivo. No se va a dejar agarrar”». Después de vencerlos, los iroquíes obligaron a los Delaware a tenerse por mujeres. Si los Delaware querían comprar tierras, los iroquíes los amonestaban: «Ustedes olvidan que no pueden comprar ni vender, ustedes olvidan que son mujeres».

Sabato pide a Milleret que le traduzca un libro. Milleret le traduce un capítulo, se lo da y le habla de un arreglo económico: es un acto comercial. Al poco tiempo una mujer francesa le dice a Milleret que está corrigiendo la traducción al francés de uno de los libros de Sabato, hecha por el mismo Sabato. Milleret desconfía, pide que le muestren ese capítulo: es su propia traducción. La mujer de Milleret llama a casa de Sabato y, cuando éste atiende, le dice que es une fripouille, etcétera; después toma el teléfono Milleret y completa el rosario. Sabato, que se siente descubierto, aguanta el chubasco sin chistar. Comentario de BORGES: «Sus conocimientos de francés le permitirían tal vez conferir a la palabra fripouille un sentido elogioso. No, sería como Pontiac: trató de traicionar, pero si lo sorprendieron se resignó».

Sábado, 6 de mayo. Come en casa Peyrou. Cuenta que entre las preguntas que Victoria le hizo a Borges, para el libro sobre él que prepara[1582], la última era ésta: «Si pudiera detener la vida en un año, ¿cuál elegiría?». «1967», contestó él. La novia, modosa, protestó que esa respuesta, sin explicación alguna, no probaba que en la elección del año 1967 ella hubiera contado. Borges pidió entonces que borraran la cinta y se disponía a contestar más explícitamente. Ahora la novia, riendo, aseguró que hablaba en broma. Silvina comentó que estos coloquios de enamorados, en público, le daban pudor.

Domingo, 7 de mayo. Come en casa Borges. Compré un disco, Borges por él mismo[1583]. Cuando se lo hago oír pregunta: «¿No es la voz de Ibarra?». «Es la tuya», le digo. Oímos los dos o tres primeros poemas del lado dos[1584]. BORGES: «Basta». BIOY: «No. Oigamos todos». BORGES: «Quedo como un monstruo de vanidad». Los oímos; también los del lado uno, entre ellos «El general Quiroga va en coche al muere…» y «La fundación mítica de Buenos Aires». BORGES: «Yo no quería incluirlos, pero insistieron. Me avergüenzan». En medio del segundo exclama: «Huiré a hacer pis».

Está muy generoso conmigo. En el disco, antes de recitar «El Golem» comenta que su amigo ABC le asegura que ése es su mejor poema. En una cinta que le grabó Victoria para un libro sobre él y su hermana dice que la gente cree que los mayores enseñan siempre a los jóvenes, pero que yo (hear, hear) he sido su maestro…

Hablamos sobre los comienzos literarios. BORGES: «Vos nos tenías perplejos. Empezaste por ser moderno, contemporáneo, cuando te proponías ser Brunetiére o Faguet. Lo que me dejaba perplejo era la desarmonía entre tu conversación inteligente y clasicista y tus libros caóticos». BIOY: «Te equivocás. La conversación también era caótica». BORGES: «Vos defendías la razón». BIOY: «¿Y escribía mis novelas surrealistas? Bueno, uno no se libra en seguida de esos vicios».

Dice que Kipling y Lugones empezaron bien. Cita versos de Las montañas del oro:

Álzate como enhiesto centinela

sobre la noche hostil, ante los odios.

Alzate y calza en el talón la espuela.

Ya está pronta la heroica escarapela

que premia los gallardos episodios[1585].

BORGES (riendo): «Un verso así es incorregible. A Lugones no le gustaría. Groussac también se mantuvo siempre en un nivel decoroso; tal vez al final, cuando quería hacer esos grandes cuadros, no le salieron tan bien las cosas».

Tratamos en vano de seguir con la pieza de teatro. No sabemos por quién reemplazar al Inesperado. Leemos los primeros originales que llegaron para el concurso de La Nación.

Cuando lo llevo a su casa me cuenta que en otra cinta que le tomó Milleret para unos Entretiens avec JLB[1586] («Así escriben sus libros los autores de hoy», comenta) dijo boutades «que tal vez no caigan bien»: «Los militares argentinos son pacifistas y han reemplazado la estrategia por la estadística». «¿Sabato? Sabato, me aseguran, es un autor estimable, cuyas obras pueden ponerse en todas las manos». Echa a reír y exclama: «Es una nueva manera de embromar a un escritor. ¿Vos creés que alguna vez habrá esperado que se dijera eso de él?». Declaró también a Milleret: «El único aporte de España a la cultura de Occidente es el galicismo». «Los cielos burocráticos y eclesiásticos del Greco son peores que cualquier infierno». Dirigiéndose a Silvina comenta: «Vos no estás de acuerdo… Porque los juzgás pictóricamente».

Le cuento el argumento de un cuento de Peyrou[1587]. Parece que los mellizos Mateo, dueños de la farmacia de Córdoba y no sé qué otra calle, aprovechaban la circunstancia de ser idénticos para llevar uno de ellos una mujer y aprovecharla ambos: salía uno y volvía el otro, que era considerado el mismo. Basándose en esta anécdota de picaresca, el cuento trata de un vengador que no sabe en quién vengarse. BIOY: «A Peyrou siempre lo atraen las astucias de argumento. Es una lástima. Y cómo no entiende que la idea de venganza es miserable». BORGES: «Además, los mellizos arruinan la dignidad de cualquier relato. Lo mejor que se me ocurre sería un mellizo que acepta sobrellevar la culpa del otro, porque tanto da…». A continuación comprendemos que ese cuento mejoraría sin mellizos. De otra parte llega un vengador a matar a Juan Müller, a quien no conoce. Un homónimo tomado por el otro se deja matar por que tanto da un hombre como otro, una culpa por otra. BIOY: «Veo más posibilidades de que el azar dé a Peyrou un buen argumento de novela (su Quijote) que de cuentos, porque para éstos busca nada más que la trampa final, el trick. BORGES: “Leyó demasiado a O. Henry, que practica literalmente los principios que Poe enunciaba y no practicaba”. BIOY: “En verdad no creo que para recoger esa influencia Peyrou se haya atareado con aplicadas lecturas”. BORGES: “Los cuentos de Peyrou están vistos demasiado de afuera: los personajes son como figuras. Chesterton hacía eso, pero brillantemente”.

Lunes, 8 de mayo. Come en casa Borges. Contra las dificultades del segundo acto como contra una pared de piedra. De su colaboración literaria con Esther Zemborain dice: «Uno de sus gambitos consiste en desechar la proposición de triste en reemplazo de melancólico, «porque triste no es lo mismo que melancólico[1588]. Ya sabemos, pero si melancólico no conviene, mejor no proponer una palabra tan parecida a ella que tenga las mismas letras m, e, l, a, n, etcétera».

Pondera las respuestas de una chica Florencia Mortag o Montag, a un cuestionario que le pidieron en la Facultad: «a). ¿Por qué en la Argentina no abundan los buenos autores dramáticos? Por una razón estadística. Aún no tuvimos tiempo ni gente. Las islas británicas produjeron una escasa media docena de dramaturgos; Francia, cuatro o cinco; Escandinavia, uno (que no es Strindberg); Alemania, uno (que no es ni Schiller ni Goethe); Italia tal vez uno o dos; España, Rusia, ninguno; los Estados Unidos, uno (no muy bueno, O’Neill). b) ¿Qué remediará esta deficiencia? El tiempo y el azar, acaso ayudados por una dedicación al teatro como la presente (más intensa que la de nuestro ayer inmediato). Por lo demás, recuérdese a Whistler: “Art happens[1589]. c) Comentario final. Preguntas como las anteriores, útiles porque estimulan el pensamiento, exponen al estudiante a embates polémicos para los que no está preparado».

Jueves, 11 de mayo. Come en casa Borges. Refiere que López Merino era el jefe de una escuela de poetas «belgas» de La Plata, todos crepusculares y otoñales; que a Pedro Miguel Obligado («Es otoño. Estoy solo…», etcétera) podía considerárselo una prolongación o perduración del movimiento; que López Merino era burlón y agresivo. De éste dice: «Se complacía en simular que no conocía a la gente. “¿Conoce a Fulano?”, le preguntaban. “No, no tengo el gusto”. “Cómo —protestaba Fulano—. Si nos vimos en…”. “Puede ser, no recuerdo, tal vez, quién sabe”. Un colega, acompañado de otro colega, tropezó en una caminata por el bosque y se rompió una pierna; López Merino publicó un suelto en El Día, titulado “Jinete en desgracia”. “Iba a pie”, observó alguien. “Iba con X, que es un animal”, contestó López Merino. Después de que le tomaron una radiografía, llevaba la carta del radiólogo a un médico de Buenos Aires; en el viaje en tren, abrió el sobre, se enteró de que estaba tuberculoso, bajó antes de llegar, en Villa Elisa o City Bell; a los pocos días se disparó el balazo en los baños del Jockey Club de La Plata, frente a un espejo; lo llevaron a su casa y tardó una hora en morir».

BORGES: «A pesar de toda la apariencia en contra, el secreto afán de la Academia es conseguir palabras, abultar el diccionario. La otra tarde discutieron largamente sobre cómo llamar a las cosas que en los bares traen con la bebida: pedacitos de queso, galletitas, aceitunas, maní. En Montevideo y en el Rosario las llaman basuras. En España, según parece, bocadillos; aquí bocadillos es otra cosa. Alguien opinó que se llaman saladitos y prevaleció el criterio de llamarlos ingredientes. ¡Qué miseria! En esas nimiedades se interesan… A mí, que me divierten las aventuras etimológicas de las palabras, me deja indiferente la noticia de que Cervantes ignoraba el verbo sustituir. En España sin empacho han adoptado, para nylon, la grafía nilón; por suerte aquí mantienen el acento grave y, lo que tal vez no sea injustificable, proponen la lección nailon. Según el estúpido artículo que alguien leyó, la aspiración de Payró era “ser el Pérez Galdós argentino”. Qué aspiración modesta. En ese mismo artículo se decía que “escritor del siglo XIX, naturalmente Payró fue realista”. ¿Por qué? El simbolismo, el pamasianismo, ¿cuándo ocurrieron? El modernismo, ¿cuándo empezó? Los maestros realistas que atribuyó el articulista a Payró son Cervantes, Tolstoi, Dostoievski, Pérez Galdós y Balzac. Esos escritores, no tienen casi nada en común. No pertenecen a una escuela. Si todos son realistas, esta palabra no sirve para describirlos… Sólo una cosa de la Academia merece elogios sin reservas: el café con leche».

Dice que nunca entendió el «par exemple!» francés —usado como intelección— ni el «here you are» inglés (se paga algo y se dice «here you are»). De la palabra melancolía observa que tuvo mucha suerte: de bilis negra pasó a significar una suerte de elegante tristeza.

Habla de Brandán Caraffa: «Le explicó a Madre que estaba avergonzado de su período peronista: “Cancela me convenció. Me dijo que el gobierno iba a favorecer mucho a los escritores y me llevó a la ADEA; yo no tardé en desilusionarme”. Qué buena razón: es claro, porque encontró que sus bolsillos estaban vacíos. Cancela era judío. Pasó de escéptico a nacionalista y a peronista. ¿Cuándo fue sincero?».

Sábado, 13 de mayo. Comen en casa Borges y Peyrou. Me parece que entre ellos se ha deslizado una ojeriza ya irremediable: Peyrou piensa en Borges con agresividad; Borges en Peyrou, con aburrimiento.

Propongo una segunda estratagema para nuestro master-mind, Cárdenas. Borges me asegura: «Has salvado la pieza».

BORGES: «Ortega y Gasset sigue engrupiendo a medio mundo. La cursilería no lo perjudica. A Lugones, en cambio, no se la perdonan».

Lunes, 15 de mayo. Come en casa Borges. BORGES: «Escribiendo sonetos he comprobado que hay que poner el mínimo de adjetivos». BIOY: «Porque son sustituibles». BORGES: «El lector siente que el verso pudo ser de otro modo; que el autor se resignó al epíteto, o se felicitó por encontrarlo». Agrega que leyó en alguna parte que en los versos ingleses el verbo era importante y, en los franceses, el adjetivo. BIOY: «Sin embargo, fíjate que en:

Eyeless in Gaza at the mill with slaves[1590]

Eyeless in Gaza at the mill with slaves[1590]

no hay un solo verbo».

Dice que al principio él había sido partidario de la Revolución Rusa, y que los films rusos sobre la Revolución le propusieron las primeras dudas. BORGES: «Eran de una falta absoluta de generosidad con los vencidos. De una bajeza… Chesterton asegura que no es posible alegar la victoria total; que en la victoria debe haber alguna derrota». Hablamos de Alejandro Nevski. BORGES: «¿Nunca te entusiasmó?». BIOY: «Nunca». BORGES: «Ibarra decía que parecía un film nacional. Pero ¿la carga de los caballeros teutónicos?». BIOY: «La carga, tal vez, pero la batalla era una calamidad. Los golpes parecían de escenario, con espadas de madera o cartón, y uno adivinaba que los caballos tenían un agujero en el lomo para que el caballero se metiera y caminara con sus piernas. ¿Y qué me decís de los mercaderes burgueses y de sus miradas codiciosas?». BORGES: «Se dijo que el film debía ser entendido por mujiks analfabetos». BIOY: «¿Y que es una obra maestra? No. Es un film para mujiks analfabetos. Además, la batalla y el film no son realistas por chambonada. Aspiraban al realismo y fracasaron». BORGES: «El peor de todos fue El acorazado Potemkin».

Viernes, 19 de mayo. Come en casa Borges. Dice: «Todas las palabras y las frases tienden a ser afirmativas o negativas. Por eso, la vieja tía de los Peyrou, al informarse de que las hermanas de Peyrou no están de novias, comenta: “Qué pavada”».

BORGES: «Padre a veces era injusto. Cuando se hablaba de la gracia andaluza preguntaba si Mark Twain era andaluz y cuáles eran los grandes humoristas andaluces. Por cierto que es al pueblo en general, a una modalidad popular, a lo que se refiere la afirmación de que el andaluz es gracioso. Mi padre sostenía también que el coraje uruguayo era una superstición argentina. Bueno, hoy no… Decía que, en las revoluciones, los uruguayos mataban los caballos para evitar el encuentro con el enemigo. Esto no lo decía por animadversión; creía eso, y no por eso disminuía su afecto al país; era un observador de la verdad».

Dice que Carlyle, Léon Bloy, Mencken y algún otro energúmeno literario, crearon un personaje, que era ellos mismos, y lo hicieron escribir en carácter. Ignacio Anzoátegui es una versión, ínfima y débilísima, de ese personaje, pero con esta particularidad: que personalmente es muy cortés. BIOY: «Esa cortesía echa una extraña luz sobre su conducta en la vida y en los libros. En esa dualidad, cada una de las dos maneras de ser queda en tela de juicio. ¿Por qué es cortés en el trato directo? ¿Porque considera que un matón infringe la cortesía y buena educación? Entonces ¿por qué no es cortés y bien educado por escrito? ¿O admira la descortesía y los malos modales, pero no se atreve a emplearlos cara a cara con la gente? ¿Confía en que la cortesía y la buena educación estarán bastante afianzadas en sus lectores para que no lo apaleen? Tal vez con fundamento y modestia confía en que no han de leerlo». Recordamos que su nuevo libro lleva el título poco feliz de De tumbo en tumba.

Asegura que Aristóteles debió de ser muy inteligente. Mauthner escribe que Aristóteles es admirado porque afirma que la ballena no es un pez y acota: «Habría que ver qué sería un pez para Aristóteles», como diciendo: «Por error acertaba». BORGES: «Cuando yo estaba sumido en el surrealismo, pensaba: “Qué estúpido Aristóteles de poner entre los ejemplos de metáforas Atenas peleó contra Persia, por el ejército de Atenas peleó contra el ejército persa[1591]”. Ahora pienso que era un hombre inteligente; veía una metáfora en frases que otros aceptaríamos como directas. Admitía la metáfora en poesía y la reputaba intolerable en prosa».

Recuerda la frase de Lugones a Gálvez, que iba leyendo en el tranvía un libro de Azorín: «¿Qué lee? ¿Por qué no lee libros montenegrinos? Usted tiene que leer una gran literatura. La española es una pequeña literatura regional, como la búlgara». BORGES: «Pero engrupieron a medio mundo». BIOY: «Un poco por el carácter regional y típico. Por la españolada. El mundo no ve a lo francés como expresión de la Marianne, lo inglés de John Bull». BORGES: «Lo que me molesta es la vanidad que tienen, para la que no hicieron bastante mérito. Mirá el coraje y la violencia: desde hace tres siglos no reciben más que cocazos. Derrota tras derrota. Los tercios de Flandes: unos holandeses gordos los derrotaron. Hasta nosotros, los argentinos, los derrotamos. (Pausa). Están más cómodos que nosotros en el idioma. Aunque, no sé… Darío los aduló: la raza, etcétera. Lugones, no: por eso le hacen vacío. Me dijo Lugones que en tiempos de la guerra de España contra los Estados Unidos por Cuba, repartió más de un bastonazo, y aclaró: “La única manera de hacer entrar una idea en una cabeza española”».

Domingo, 21 de mayo. Come en casa Borges. BORGES: «La gente no se atreve a comparar lo actual con lo pasado. En un sentido u otro, siempre cree que lo actual es otra cosa. Alguien decía: “Bernárdez es el más grande poeta del idioma en muchos siglos”. Cuando le expliqué a esa misma persona que El otro señor Hamilton tenía la idea de Fausto, protestó: “No, Fausto es un clásico”».

Recuerda que en tiempos de las revistas Proa y Martín Fierro había dos bandos: los partidarios de que el peor poeta era Bernárdez y los partidarios de que el peor era Oliverio Girondo. Ahora se inclina a considerar a Oliverio peor que Bernárdez y que Marechal. Dice: «Están tratando de convertir a Oliverio en un escritor rarísimo. No creo que lo consigan».

BORGES: «Según Groussac —lo deja entender—, Menéndez y Pelayo pasaba sin transiciones, sin asimilar nada, de la lectura a la redacción»[1592]. Pondera a Groussac por un elogio turned sour referido a Menéndez y Pelayo: «La tersura de su estilo nos recuerda al de Villemain, entre nosotros totalmente olvidado, más cierto tufillo eclesiástico»[1593]. Hablamos de la vida de Menéndez y Pelayo: soltero, con putas y borracheras.

Afirma que Inglaterra sólo se expresa por la literatura. BORGES: «En las literaturas inglesa y francesa hay personas. Uno imagina a Johnson, a Swift, a Swinburne, a Browning, a Montaigne, a Baudelaire, a Flaubert, a Verlaine, a Zola, a Proust. En la literatura española hay libros y nombres, pero no hay personas. Salvo Cervantes y Quevedo y los recientes (como Baroja, Unamuno). ¿Te imaginás a Lope? ¿A Mateo Alemán?». BIOY: «Ni a Tirso, ni a Moreto, ni a Ruiz de Alarcón. Tal vez la culpa esté en nosotros, por no habernos acercado bastante. Aunque yo me acerqué alguna vez». BORGES: «¿Dónde están los “English Men of Letters” de la literatura española? Si hubiera esas biografías, las conoceríamos. Yo sólo conozco la de Tarsia, sobre Quevedo»[1594].

Hablamos de los cuadros de Dante Gabriel Rossetti. BORGES: «Cuando los vi, me pasó lo mismo que a vos. Yo hubiera pedido que, cuando cerraron el museo, me dejaran adentro con unos pinceles y unos tarros de pintura, para corregirlos. ¿Por qué las figuras le salen tan cortas? Lo contrario del Greco. Sus dibujos son lindos, pero cuando pinta todo le sale mal». BIOY: «A pesar del nombre, como pintor Rossetti es inglés». BORGES: «Es claro. Qué disparate lo de Chesterton: que era demasiado poeta para ser pintor, y demasiado pintor para ser poeta. Parece increíble que esos cuadros sean del autor de los sonetos». BIOY: «¿Cómo no comprendió que más le valía abandonar la pintura?». BORGES: «El ciclo bretón les ha hecho mucho mal a los ingleses. Cuando supe que Malory, en la vida real, fue un crápula, no me asombré nada. Siempre hablando de la pureza, de la virginidad, del honor…».

Cita un ejemplo de «falsedad evidente» que por la habilidad del autor era eficacísima: «Si no me hubieran dicho que era el amor, lo hubiese tomado por una espada desnuda». Kipling atribuye la frase a imprecisos indios o persas. Borges dice que esa frase es también un ejemplo del poder de la forma, del orden de las palabras. «Si no me hubieran dicho» le da el encanto de una confesión hablada.

BORGES: «Cuando De Quincey y Proust escriben sus purple patches, parecen preocupados por un afán de precisión, que los salva de toda vanidad ostentosa». Cita a De Quincey: «A labyrinth of golden hours…».

Cuenta que el Petiso González Garaño aseguraba a quien le oyera que él (Borges) había nacido en Montevideo. BORGES: «Me gusta mucho Montevideo, pero nací en Buenos Aires». BIOY: «¿Por qué dirá esa mentira el Petiso?». BORGES: «Por el placer de mostrarse como el dueño de lo que los norteamericanos llaman inside dope el hombre informado, que conoce los secretos».

Para sacarla de su system, escribirá en estos días la historia del loco Rivarola. BORGES: «Lástima no ser Maupassant». BIOY: «Todos los méritos de Maupassant están a tu disposición y también otros. ¿O querés decir que Maupassant se contentaba con una anécdota?». Lo comparamos con Kipling: convenimos en que Maupassant nunca hubiera sido capaz de escribir algunos cuentos de Plain Tales from the Hills («The House of Suddhoo», «Beyond the Pale», «The Gate of the Hundred Sorrows», «The Dust Storm»).

Domingo, 28 de mayo. Muy pocas veces consulto con Borges problemas literarios. Ultimamente, sin embargo, me atreví a molestarlo con preguntas sobre posibles títulos para dos trabajos míos. Ni para la tragicomedia[1595] ni para la memoria sobre los gauchos y la pampa encontraba títulos plausibles. Los otros días, Silvina aprobó Un puñal en tu sueño, que sustituirá a Sueño prohibido. BORGES: «¿Un puñal en tu sueño? No, demasiado lorquiano». BIOY: «Y barato». BORGES: «Sí… ¿Qué otro?». BIOY: «Siete soñadores». BORGES: «Sí, Los siete soñadores. Siete soñadores, no: parece una serie de ensayos sobre Martí, Rodó, Romain Rolland. En cambio el artículo sugiere Las mil y una noches, uno sabe que es un cuento». BIOY: «Esto es una pieza de teatro. Pero no importa. Y a la memoria sobre la pampa y los gauchos, ¿cómo la llamo?». BORGES: «Pampa y gauchos en un solo título parece demasiado». BIOY: «El problema es otro. Sobre la pampa digo que los argentinos nos resistimos a emplear el término. ¿Cómo lo pondré yo en la tapa?». BORGES: «Eso no importa. No vas a poner comillas: cuando te citen pondrán doble juego de comillas y sobrarán los flecos. Si lo que has escrito es una monografía sobre la pampa y los gauchos, titúlala: De los gauchos y de la pampa. ¿Es un Essai de discours cohérent? ¿Esto es de Valéry? Se ve que se rompía todo para pensar y que no estaba muy seguro del resultado».

Lunes, 29 de mayo. Come en casa Borges. Me dice que después de cada conferencia sobre Lugones cree menos en él: «Un poeta dedicado a conseguir efectos inmediatos». Cita a Almafuerte: «Lugones quiere rugir, pero no puede. Es un Almafuerte para señoras». De Almafuerte recuerda con aprobación:

No hay oficio menos pulcro

que el oficio de vivir[1596].

A Victoria, que prepara un libro sobre Borges y Norah, ésta, para complacer el patriotismo de Guillermo, refiere inexactitudes. BORGES: «Imagínate que recuerda una época en que Padre nos leía La gloria de don Ramiro. Yo no creo que eso sea cronológicamente posible. Lo cierto es que nunca ocurrió y que Padre se reía de Larreta y de su libro».

Guillermo bordeó la muerte. Borges estaba muy apenado y ansioso. BORGES: «Hoy está mejor: me maltrató; se mostró furioso. Buen signo. El Guillermo de siempre. (Pausa). Recibió la visita de Brughetti, lo que levantó su espíritu». De Romualdo Brughetti dice: «Un colmo de insignificancia, con el inconveniente de su realidad. El título de uno de sus libros es Hay cosas que duelen».

Lunes, 5 de junio. Come en casa Borges. Habla de González Lanuza. BORGES: «En tiempos de la fundación de Proa, me previno contra Güiraldes: “No hay que asociarse con él. Es un estanciero”. Después Güiraldes fue famoso y González Lanuza consideró que siempre habían sido amigos. Madre dice que soy rencoroso porque no lo perdono: lo perdonaría si no hubiera sido amigo mío. Cuando anunciaron aquella lista de la SADE, en que yo era candidato a la presidencia, fue a verme a la Biblioteca: “No hay nada que hacer. Parece que don Fermín [Estrella Gutiérrez] quiere ser presidente”. ¿Qué me importaba lo que don Fermín quisiera? Bueno, eso no tiene importancia, y no le reprocho nada a Estrella Gutiérrez, que nunca fue amigo mío y que no tenía ningún compromiso conmigo. Con González Lanuza vimos las dos listas y estudiamos la posibilidad de fusionarlas. A la noche, todos los componentes de mi lista habían sido informados telefónicamente de que yo renunciaba: sólo González Lanuza podía haberlos llamado. Me explicaron que era una simple treta electoral. Es el hombre más insensible: mirá, le doy la espalda cada vez que aparece, pero insiste en venir a abrazarme. Los otros días estábamos con Elsa y vino a abrazarme. Dije en voz alta que no quería saludar a ese sinvergüenza y por un rato, me cuentan, estuvo diciendo palabrotas».

Martes, 6 de junio. Retenido en Buenos Aires por el compromiso con Borges de escribir un argumento para Hugo Santiago Muchnik[1597]. Borges me ha anunciado jubiloso su casamiento, diciéndome que en septiembre seré su padrino (o testigo). En el ínterin, nos han propuesto que escribamos el argumento de un film y nos ofrecen dinero, bastante dinero. Si renunciamos al film, en el primer avión que parta después del cumpleaños de mi hija —8 de julio—, viajo a Francia o a Inglaterra. Si Borges se casara antes de septiembre (¡ahora!), o si no se casara, yo podría seguir allí, esperar a Silvina y a Marta, pasar con ellas el invierno en Europa, volver en marzo o en abril, para el colegio de Marta.

Jueves, 8 de junio. Come en casa Borges. Dice: «Cervantes comprendió sin duda que no podía seguir con el sistema de porrazos… En la segunda parte del Quijote entra en una historia más noble».

Afirma que la literatura alemana es rica en lo que llaman los franceses chefs-d’oeuvre manques. Dos ilustres ejemplos: Fausto, Zarathustra. Las Conversaciones de Goethe con Eckermann sería otro. Sobre Goethe observa: «Debió de ser inteligente, pero no conocía los límites de su inteligencia. Se creía capaz de inventar personajes. Nada más estúpido que el final de Fausto. La idea del Wilhelm Meister, de una república pedagógica, prueba que había algo podrido: something rotten in Denmark». BIOY: «Qué diferente Stevenson. ¿Te acordás del episodio de Weir of Hermiston en que el Lord Justice abruma al condenado a muerte? Lo que más conmueve al hijo del terrible juez (que asiste al juicio) es que el pobre condenado a muerte lleve una bufanda, para protegerse la garganta, que le duele[1598]. Qué raro es todo, cómo se establecen las escalas de valores en la literatura del mundo. Pensar que para nadie Stevenson es superior a Goethe. No es que no sea superior: son incomparables. Para todo interlocutor, Goethe es uno de los grandes genios y el otro…». BORGES: «Tal vez escribir un libro para chicos lo perjudicó». BIOY: «¿Pero no creés que La isla del tesoro es superior al Fausto?». BORGES: «¡Bueno, desde luego! ¿Cómo no voy a creer?». BIOY: «Cuántas delicadezas hay en Stevenson».

Domingo, 11 de junio. Come en casa Borges. Este incrédulo de los derechos de autor (se impacienta con el tema, no quiere atender) me dice que Amelia Bence está desesperada, porque la autorizó a no sé qué, después de haber autorizado para lo mismo a unos colombianos. («Soy tan atropellado en estas cosas, que ni recuerdo lo que hago; si no me muestran el disco los colombianos, no creo que se los grabé»). Ahora pienso que no es así: que autorizó a los colombianos a grabar un poema suyo dicho por Amelia Bence[1599] y que después autorizó a gente de aquí. Frías también está desesperado, tratando de arreglar el entuerto: habrá que ver cómo. BIOY: «Tantos años de considerar todo esto como el mundo irreal —sabíamos que los proyectos quedaban en nada— nos educaron en la incredulidad y en la despreocupación; ahora ese mundo se ha vuelto más real que nosotros, y se ha poblado de lobos comerciales». Quiero que todo esto le llegue al cerebro, para su bien. Después empezamos a escribir el film sobre la idea de Hugo Santiago Muchnik.

BORGES: «A Gracián toda variante lo embelesaba. Su criterio era el ingenio, y él no era ingenioso. Para él, ¿qué era el ingenio? Una forma de simetría». BIOY: «Dar vuelta las cosas». BORGES: «Como Wilde, pero…». BIOY: «En Wilde se nota la gracia; en Baltasar Gracián, la vuelta». BORGES: «En Gracián, valga el retruécano, nunca hay gracia. ¿Te acordás de nuestras lecturas del Criticón? Como novela es pésima. Porque leyó el prólogo de Schopenhauer, Guillermo ha descubierto en El Criticón pensamientos profundos».

Hablamos de Capdevila. BORGES: «A Capdevila la facilidad le ha resultado fatal. Es capaz de aciertos, como “La fiesta del mundo” y “Aulo Gelio”; es capaz de inteligencia». BIOY: «Lo malo es que emprende la marcha en cualquier sentido. Todo depende de las primeras ideas que se le ocurran». BORGES: «Si se le ocurre un drama dialogado por flores, lo escribe, sin prever que el resultado tendrá que ser deleznable. Quien ha de haber procedido como Capdevila es Dios, en la Creación. Pensó en hormigas y creó millones, porque sí… Yo creo que aunque haya entre los escritos de Capdevila páginas excelentes, por ahora no las notarán. La gente prefiere no admirarlo». BIOY: «Es como si se hubiera corrido la voz. Para estar a salvo hay que menospreciar a Capdevila». BORGES: «Sin embargo, ¿qué hacer con los muchos poemas admirables que escribió?». BIOY: «No los entienden. Mucha gente no entiende los poemas. No ha descubierto que un libro de poemas es un recreo para cansados y haraganes». BORGES: «Victoria me trajo una vez un poema de no sé quién para Sur y me preguntó: “¿Qué tal es?”. Yo le dije: “Y a usted, ¿qué le parece?”. “Yo no entiendo los poemas en español”, me contestó». BIOY: «Tampoco en otros idiomas». BORGES: «Es claro, debí decirle: “¿Por qué esa modestia? ¿Por qué esa limitación?”. Su incomprensión es enciclopédica». BIOY: «Además, para entender un poema, no es necesario conocer muy profundamente un idioma. Si uno entiende lo que lee, sabe si el poema es bueno o malo». BORGES: «Yo no entiendo demasiado el portugués, pero creo saber qué méritos tiene un poema. ¿Vos sabés lo que me dijo Victoria? Que ella había desdeñado siempre el español, hasta que leyó ¿a que no sabes a quién?». BIOY: «A Ortega». BORGES: «Sí, a Ortega. Dijo que Ortega la convenció de la belleza del idioma español. Ortega tiene muchas ideas, pero no creo que eso le importe a Victoria. Nunca pensé que Ortega pudiera engañar a una niña argentina. ¿Al fin y al cabo no es eso Victoria?». BIOY: «Se pasan la vida riéndose de lo cursi». BORGES: «¿Y cómo no advierten la cursilería en el estilo de Ortega? Para chicas tontas, como fulanita Quinteros, basta que aparezcan palabras como mármol, pompa, fasto, para que piensen que es cursi lo que leen. Toda la poesía antigua quedaría aniquilada».

Hablamos de la guerra entre árabes e israelíes. Dice que espontáneamente todo el mundo está de parte de la barbarie, contra la civilización: «Qué porquería. Los fascina la bajeza. Si hubiera una guerra entre suizos y lapones, todos serían partidarios de los lapones. En una guerra entre un país bárbaro y uno civilizado, aunque la razón estuviera del lado de los bárbaros, habría que desear el triunfo de los civilizados, para bien del mundo. Es una suerte que españoles, ingleses y franceses conquistaran América, en lugar de que los pampas y los pieles rojas conquistaran Europa. En esta guerra entre árabes y judíos, todos los peronistas y comunistas, con certero instinto, eligieron el lado malo, el lado siniestro. Desde luego, los árabes de hoy no son los que levantaron la Alhambra. Ni los egipcios, los egipcios de los faraones y de las pirámides: son los nómadas que vencieron a los egipcios; la gente de Omar que quemó la Biblioteca y que hubieran derribado las pirámides, si hubiesen podido. Es como si a la gente que sucesivamente vivió en una casa de departamentos la llamaran con el mismo nombre. Y, entre nosotros, tampoco los judíos son los judíos del Talmud. Son señores de Alemania, de Polonia, de Francia, de Italia, de la Argentina. Son occidentales: por eso derrotaron a los asiáticos y a los africanos».

Opina que la Historia de la literatura hispanoamericana de Anderson Imbert no tiene valor alguno: «Es un catálogo. El que inauguró el sistema fue Ureña. Anderson Imbert es un idiota. Como diría Marta Mosquera, ¿qué puede esperarse de un escritor cuyo viejo maestro es Giusti? Escribe libros estúpidos. Imita a todo el mundo y no mejora a nadie. No es, como dijo Johnson de Gray, dull in a new way: “He was dull in a nexo way[1600]” Matthew Arnold, copiándolo, dijo en una crítica: “It’s a new kind of error. Pero la frase de Johnson es mejor”. Sobre los libros que debieron haber escrito Anderson Imbert, Ureña y también Menéndez y Pelayo: “Habría que hacerlos de otro modo, señalar las ideas, los argumentos”.

Martes, 13 de junio. Come en casa Borges. Tenemos que escribir el argumento del film de Muchnik; en septiembre hay que entregarlo, por contrato; Borges se casa y se va a los Estados Unidos. Esta carrera contra el reloj, como dice la gente, excluye aparentemente la posibilidad de que yo también pueda viajar, siempre que no desistamos del film: en ese caso la puerta se abre. Esta noche no pudimos escribir, por falta de ideas; o mejor dicho: de idea del episodio a escribir. BORGES: «No es fácil pensar por encargo. Cuando a uno se le ocurre una idea, se le ocurre con su expresión. Aquí tenemos la idea, pero no sabemos con qué situación expresarla. Mejor llamarlo a Ulyses Petit de Murat, que en dos patadas la despacha. Otro argumento: el de un autor que recibe un cheque para escribir algo y después vende su casa, para reembolsarlo; cualquier cosa antes que trabajar». BIOY: «Ese personaje está más cerca de nosotros». BORGES: «Es claro. Es más simpático, más comprensible».

Está muy preocupado por la enfermedad y la operación de Guillermo (hoy, a las doce de la noche, lo operan). Silvina me hace notar que es la primera vez que se interesa en la salud de alguien: si uno expresa inquietud por la salud de algún enfermo, habla de libros o aun del tiempo. Evidentemente, como es una operación en un ojo, puede imaginarla, y esto aumenta su compasión. Una vez me describió vividamente la operación: «Alambres proyectan el ojo; las lágrimas los expelen; hay que ponerlos de nuevo. El dolor de las inyecciones increíblemente es sordo y tristísimo; mucho más doloroso que en la encía. Te previenen: “No se mueva cuando sienta el pinchazo, porque si desvía la aguja puede quedar ciego”. Primero ves las manos del cirujano, con el bisturí; después están tan cerca, que no las ves: empezó la operación. Cuando te cortan oís un ruido como si cortaran una seda, muy cerca: es la córnea. Cuando te sacan la venda ves todo rojizo, porque el ojo está sanguinolento».

Alguien le dijo, sobre la enfermedad de Guillermo: «Bueno, parece que pronto te vas a ver libre del cuñadito». BORGES (furioso): «¿Cómo no sabe que no se puede pensar eso de nadie? Salvo, claro está, de Hitler, Perón y Nasser». En seguida dice de Guillermo: «Pobre: nació tonto y tuvo la mala suerte de descubrir muy pronto el dadaísmo. Te imaginás, un desvío errado, que lo llevó en mala dirección, que lo alejó de toda posibilidad de educarse».

Le doy la noticia de que el domingo aparece un cuento de Vlady en La Nación, la celebra, comenta: «Es de las mejores mujeres que uno conoce. La mejor. Mirá lo que son las escritoras. Fuera de Silvina, no existen: triviales, como Lisa Lenson, absurdas como Betina, groseras como Silvina Bullrich». Tras un instante de reflexión, salva de la condenación también a Elva de Lóizaga, «que, como dicen los franceses, escribía cuentos como un hombre».

Define la música: «La música es una serie de inquietantes sonidos, que inexplicablemente expresan estados emocionales que no se sabe qué mierda expresan». Opina que no está mal la frase «la cara le cuida el culo». Señala la aliteración.

En un sueltito de El Mundo dicen que «Borges dio, como siempre, la conferencia en inglés». Enojado, comenta: «Primero: si quieren decir que no soy argentino, soy más que ellos. Segundo: doy mis conferencias en español. En la Cultural Inglesa me piden que hable en inglés. Es un esfuerzo mayor. Para mucha gente, hablar francés o inglés es una prueba de snobismo. Arlt participaba de la prevención». BIOY: «Generalmente se ha considerado un mérito tener cualquier conocimiento. Saber idiomas no es una excepción, salvo que perjudique el estilo, cuando se trata de un escritor. No creo que se atrevan a decir que tu estilo es deficiente».

Recuerda que Santiago Dabove observaba: «Hay personas estúpidas a quienes les gusta el cinematógrafo por el argumento, las fotografías o el diálogo. El hombre refinado va a ver cuerpos de mujeres. Porque hay que reconocer que las mujeres de las casas públicas no valen nada». También reputaba Dabove superior el cine norteamericano porque «las actrices son todas lindas, en cambio los franceses ponen famosas actrices de teatro, que son cada loro…».

Un señor que lo llevó en coche, nostálgicamente le contó que había sido discípulo, en la Facultad o en el colegio, de Giusti y de Bianchi… El defecto de estos maestros, señaló ese señor, era que suponían que el alumno sabía de estética y literatura tanto como ellos. Comenta BORGES: «¿Qué sabrá Giusti? Nada de nada. Lo que es la autoridad del profesor».

Recordamos la egolatría de Ricardo Rojas, su mezquindad de megalómano (en tiempos de Perón, su retaceada oposición, cuando fuimos a conversar con él: más nacionalista que antiperonista; su negativa, después de la Revolución, a poner su firma al pedido, que le llevé, para que devolvieran La Prensa); los escasos méritos literarios (su Historia de la literatura argentina ni siquiera vale como exposición de informaciones); su casa: un mamarrachesco, obsesivo museo de Ricardo Rojas (en vida de Ricardo Rojas), donde todo diploma estaba encuadrado, todo testimonio de sus triunfos atesorado. BORGES: «Se hablaba de un homenaje a Rojas y alguien sostuvo la mayor justicia de un homenaje a Lugones. Carlos Vega arbitró en esa discusión sobre méritos literarios y estéticos, con la observación de que para un homenaje a Lugones no se contaría con el apoyo de tantas sociedades vecinales y culturales como acudirían para celebrar a Rojas. Reveló así su alma, seca y negra como un carozo».

BORGES: «Tal vez Paredes haya asustado al pobre Vega en mi honor; porque yo estaba ahí; porque yo esperaba cosas así de Paredes; porque Paredes sabía que yo contaría después el incidente. Con [Alberto] González Acha quién sabe si hubiera tomado esa actitud. Y si el mismo Vega hubiera aceptado el duelo, habría dicho: “Así me gustan los hombres” y hubiese echado las cosas a la broma, porque no iba a matar a un amigo mío, en su casa. Con Ibarra estuvo bien, ya que Ibarra se mostraba en el papel del joven impertinente».-

Elogia a Ghiano por un curso de literatura que dictó en la Biblioteca. BORGES: «Empezó en la Revolución de Mayo. Dejó caer todo el balbuceo de la colonia, que tanto interesó a Rojas y que, como escribió Groussac, “tiene tanto de literatura como nuestro rancho pajizo de arquitectura”. El nuestro es una trampa, porque él no se sentía identificado con ese aspecto de nuestro país; pero el tino literario lo llevó a elegir bien las palabras».

BORGES: «Eliot escribió: “Wells piensa… si puede emplearse el verbo con relación a Wells”. Qué descaro. Desde luego, si pensar consiste en fine distinctions». BIOY: «Me asombra que Wells no haya escrito comentarios sobre literatura. Que haya escrito tan poco sobre los autores de la literatura inglesa. Hay una sátira sobre James[1601], un contemporáneo; en su autobiografía habla de otros contemporáneos, como Conrad; pero no ha necesitado nunca escribir sobre Shakespeare, o Johnson, o Gibbon». BORGES: «Es el lado de hombre de ciencia, que tiene. El lado de José Luis Romero. Consideraba a Shaw desprovisto de educación, porque no había recibido educación científica. Los últimos libros de Wells decaen. El Esquema de la Historia tiene menos de Wells que de la enciclopedia». En cambio, ponderó como un libro ejemplar la Historia de la literatura inglesa del siglo XIX de Chesterton: «Los editores se creyeron en la necesidad de pedir disculpas por ese libro».

Me dice que para la nueva edición de sus poemas, añade nueve y deja caer tres: «Tres vergonzosos»[1602].

La novia, por consejo de Susana Bombal, que tiene la piel curtida como rebenque, se hizo un peeling en la cara: está muy dolorida. Borges desaprueba.

Sábado, 17 de junio. Comen en casa Borges y Peyrou. Para un abogado o médico enamorado Almafuerte escribió un poema. Borges, a pedido de Peyrou, lo recita. Dice que él mismo escribió un cuento de malevos para un dibujante de Crítica[1603]. El hombre cambió detalles, que Borges había puesto para dar verosimilitud. BORGES: «Dije que el malevo bebía cerveza: esas discrepancias con lo previsible comunican alguna verosimilitud. El dibujante corrigió y su malevo bebió una caña. (Pausa). Yo creo que el hombre se convenció de que el cuento era suyo».

Domingo, 18 de junio. Come en casa Borges. Sobre un film me dice: «Tiene dos partes. La primera, un poco fantástica, son los sueños de la heroína: uno está muy interesado y cree en lo que ve. La segunda es la transcripción de un hecho real —el caso Profumo— con los mismos nombres: entonces no creés nada». De nuestro film: «Esto es lo más subalterno que hemos hecho: episodios de Rocambole, aunque no sé muy bien cómo era Rocambole». No pecamos de soberbia, pero realmente es un poco estúpido denigrar en estas invenciones el precioso tiempo. Por si acaso, no hemos aceptado el adelanto de trescientos mil pesos que una noche pedimos para iniciar el trabajo. No queremos que nada nos ate.

Lunes, 19 de junio. Come en casa Borges. Acelerada invención de episodios y personajes para el film.

Cuando subíamos, Silvina dijo que tenía miedo de que nos quedáramos entre dos pisos, pero el ascensor llegó a destino y Borges, al saberlo, exclamó: «Ya pasó». Después refirió que en su casa, cuando se preparan para algo desagradable —por ejemplo, antes de ir al dentista o a una reunión enojosa— él dice: «Ya pasó». Explica: «Madre siempre cae. Protesta: “¿Cómo ya pasó? Qué va a pasar”. Yo le digo que dos horas después la frase podrá decirse, y que dos horas no son nada, así que da igual decirla ahora».

BORGES: «Darío tenía música para cualquier cosa: para la llegada de un príncipe noruego, para la muerte de Mitre, para la madre patria[1604]. Qué absurdo esa gente que analiza las ideas de Darío. Escribía poesía francesa en español:

[…] y el espacio se llena

de un gran temblor de oro,

es que ha visto desnuda a Anadiomena[1605].

A Lugones no le salían tan bien esos grandes cuadros».

Asegura que si en la Facultad él explica que Rossetti influyó en Browning (o viceversa), las alumnas dirán en el examen que uno se copió del otro. Antes de empezar a hablar de un escritor les dice: «Como existe la posibilidad de que (por ejemplo) De Quincey para alguno de ustedes no sea más que un sonido, les contaré algo de su vida».

Afirma que el hombre que le abre la puerta del taxi diciéndole que para él es un honor saludar al gran escritor y el que lo ataca desde Primera Plana[1606] son dos caras de un idéntico fenómeno, sin mayor significación una que otra: «El que me ataca a lo mejor se ha dado el trabajo de conocerme o de leerme».

Recuerda el falso libro citado por Wilde, Half Hours with the Worst Authors[1607], y dice que la idea era de Fitzgerald. Entre los peores autores cito a Quevedo, ya que es ilegible salvo en algunos poemas. BIOY: «¿Quién puede leer Marco Bruto, los Sueños, la Política de Dios?».

Parecería que sus aliados naturales se disponen a lavarse las manos, a abandonar a Israel, para que pierda su victoria, para que todo se plantee como antes y otra guerra esté latente. BORGES: «¿Cómo el heroísmo de Israel no los alienta para ser un poco heroicos?».

Cómo uno aleja la imagen de la vejez: nosotros un día, para indicar que don Isidro Parodi tenía sus años, escribimos que era cuarentón.

Jueves, 22 de junio. Come en casa Borges. BORGES: «Renan juzgaba —con razón— a los simbolistas como niños que se chupan el dedo (le pouce)[1608]. El jefe de todos ellos, Verlaine, no tomaba en serio el movimiento. Cuando le preguntaron qué pensaba del (o qué era el) simbolismo, contestó: “No hablo alemán”». Recuerda con agrado los versos:

Tout l’affreux passé saute, piaule, miaule et glapit

Dans le brouillard rose et jaune et sale des Sohos

Avec des indeeds et des all rights et des haôs[1609].

BORGES: «Por ahí, por el Soho, andaba con Rimbaud. Son las rimas que le gustaban a Lugones, pero bien hechas».

Dice que Richard Burton escribía con palabras de diversos idiomas, en un inglés desagradable: «Él mismo sería un compadre, por algo se hacía detestar por todo el mundo. El estilo de la traducción de Las mil y una noches es inferior al de la de Lane, y seguramente su traducción de Camoens[1610] es mala».

Mastronardi le preguntó un día: «¿Cómo se llevan con tu cuñado?». «Ahora muy bien —contestó Borges—, porque yo no lo veo y él no me oye».

Lunes, 26 de junio. Come en casa Borges. Dice que los decadentes, salvo Wilde, eran inferiores a los prerrafaelistas. BORGES: «En el prefacio al Retrato de Dorian Gray encontré un párrafo que puede corregirse. Creo que ha de ser el único en Wilde. Qué raro que se le haya pasado. Dice que el odio por el realismo en Inglaterra es el enojo de Calibán por ver su cara en el espejo; y que el odio por el romanticismo es el enojo de Calibán por no ver su cara en el espejo. Mucho más eficaz sería invirtiendo las frases, acabando con el realismo y el enojo de Calibán por ver su cara, su horrible cara. Además, siempre conviene concluir con la frase más corta. La imagen de Wilde como persona es mejor que cualquiera de sus obras salvo, quizá, The Importance of Being Earnest. Como poeta es de segundo orden. Reyes propuso que el nombre de Ernest se tradujera como Severo y el título de la pieza como La importancia de ser Severo».

Opina que es ilógico el sistema de Johnson, de primero contar la vida de los autores, después examinar las obras y por último referir los rasgos personales: «El sujeto de la vida del principio queda librado a la imaginación del lector y a una ulterior corrección».

Martes, 27 de junio. Cuando Peyrou o Borges hablan de cinematógrafo italiano, tienen a films de grosero neorrealismo en mente; sólo el idioma hablado los vincula a Rossellini, Antonioni, Visconti, etcétera.

Jueves, 29 de junio. Por teléfono leo a BORGES: «La vida no nos dice nada. Se mueve y cobra. Nos presta su embarcación, debemos aprender el remo: luego —de la trayectoria— no nos dirá la menor cosa; nos dejará aprenderla o estrellarnos en el primer peñón oculto en mansas aguas». BORGES: «Caramba, no está muy bien». BIOY: «Sí, qué le vamos a hacer». BORGES: «El autor, como la vida, no nos dice nada. ¿Es un contemporáneo? ¿Yo lo conozco?». BIOY: «Sí, es claro: Mallea». BORGES: «Mucho me temía. También pensé en Ortega, pero habría más cursilerías». BIOY: «El párrafo está en un artículo de Carlos Alberto Gómez, titulado “El mejor Mallea”»[1611]. BORGES: «A ver, leémelo de nuevo, despacio». BIOY: «La vida no nos dice nada. Se mueve y cobra…». BORGES: «¿Cobra? ¿Por qué se vuelve bruscamente comercial?». BIOY: «Nos presta…». BORGES: «Sigue la asociación de ideas comerciales». BIOY: «… su embarcación». BORGES: «Ahora vuelve a la otra idea, a la de movimiento, de viaje. El mérito del párrafo es que permite ver cómo trabaja esa cabezota». BIOY: «… debemos aprender el remo». BORGES: «Aprender el remo: no está muy bien». BIOY: «“Luego —de la trayectoria— no nos dirá la menor cosa”. Fijate: el buen aparte logrado por los guiones; fíjate: la menor cosa». BORGES: «Trayectoria no está muy bien. Da la idea de que se trata de un desplazamiento astronómico… Bastaba trayecto. Aunque vida, embarcación y trayecto son todo uno y lo mismo. Entia non sunt multiplicando. ¿Qué pensaría Occam de Mallea?». BIOY: «¿Te parece bien acabar en mansas aguas? De pronto le falta el piso y está por caer».

Viernes, 30 de junio. Come en casa Borges. Dice que la diferencia entre un buen verso y un mal verso es infinitesimal. Recuerda los de Emily Dickinson:

This quiet dust

Was gentlemen and ladies

y comenta que la vida le ha enseñado que desde siempre vienen diciéndose las mismas cosas: lo importante es cómo se dicen. Con los años de experiencia en el arte, uno aprende cierta destreza: cuándo hay que escribir su cuándo la. BORGES: «Para Ibarra, la posibilidad de metáforas es una prueba de la imperfección del lenguaje. Un lenguaje perfecto no admitiría metáforas». Riendo cita una frase telefónica de Hugo Santiago Muchnik: «Ustedes ya tienen la columna vertebral» (se refería al argumento cinematográfico que estamos cocinando). Él le contestó: «Sí. Ya no somos moluscos». Comenta conmigo: «¿Viste cómo la gente es fácilmente metafórica?».

En cuanto a la novia, la ve grotescamente celosa, ingenuamente ávida de lujo y figuración: «Quiere gozar de todas las cosas buenas de que se privó en los largos años de penuria en Ringuelet. La desventaja de la pobreza es que se valora demasiado el lujo». Agrega: «Las canallescas publicaciones de las revistas, no lo creerás, para ella y para su familia son una suerte de gloria. Hay cierto nivel que uno ni siquiera imagina… Estar en letras de molde supera toda aspiración». Borges va a salir con una amiga, nada más que para no estar del todo entregado a la novia: una afirmación de libertad. Después mentirá a medias.

BORGES: «Me pagaron cincuenta mil pesos por una conferencia. Madre me dijo que era una suerte, pero que el dinero no tenía ninguna importancia. El dinero sólo importa cuando falta: entonces, como pasa con la salud, es casi lo único que importa».

Lunes, 3 de julio. Come en casa Borges. Tomamos una resolución heroica: no escribiremos el argumento cinematográfico. El contrato a que renunciaremos, que no firmaremos: trescientos mil pesos de adelanto, antes de entregar el trabajo; setecientos mil en cuotas ulteriores, hasta el estreno del film. Entregaremos el resumen del film, en versión corregida. Nos veremos libres de ese yugo. Los productores no comprenderán nuestra resistencia, nuestra poca disposición a firmar y a cobrar.

Hablando de la Botánica (como materia de colegio) dice: «Es demasiado sedentaria para los chicos, se parece demasiado poco a una novela de aventuras».

Miércoles, 5 de julio. Come en casa Borges. Trabajamos, pero no concluimos, por su cansancio, el resumen del film. Mañana lo concluiremos, pasado llamaremos a Muchnik, le daremos esas páginas y le anunciaremos la decisión de no trabajar más. Uno a otro nos recomendamos no ceder a los argumentos de Muchnik. De qué trampa nos libraremos. «Si no, en una de fregar cayó caldera», dice Borges.

Hablamos de una nueva (e imaginaria) escuela literaria, basada en frases como bufaba el búfalo, que él propone, y puja la pija, que yo propongo. Recuerda la frase que Kipling atribuye a una señora norteamericana: «I’m Buffalo» (por «Soy de Buffalo»)[1612]. Hablamos de propender. «Su soneto propende a la métrica». O esta descripción del Ulysses. «Vasto galimatías propenso al orden». (Yo suministro las frases).

Dice que las chicas de la Universidad encuentran que Eliot es mejor poeta que Kipling, y se asombra: «Comparten la equivocación del mundo».

Jueves, 6 de julio. Come en casa Borges. Cuenta que fue a un colegio de Lomas de Zamora. Un estudiante le dijo que él leía clásicos, «cosa de pulir el idioma». Otro le habló de su árbol geológico. Cuando Borges le hizo bromas sobre la naturaleza pétrea de ese árbol, el estudiante se excusó diciendo: «Estoy tronco con el nerviosismo». Otro dijo: «El lomense no se desplaza». El que presentó al conferenciante cometió errores: dijo que en la fundación de Proa estaba Norah Lanye, a Oliverio lo llamó Yirondo. Borges comentó: «Duro con él».

Yates le comunicó: «¿Sabe quién está en Buenos Aires? ¡Anderson Imbert!». Borges le respondió: «Como en Buenos Aires hay varios millones de personas, nos queda la esperanza de no encontrarlo». Me dice: «Yates me miraba desorientado: la respuesta no entraba entre las leyes del juego. Este Donald Yates corresponde a una categoría de personas considerada intolerable por Chesterton: los que tienen cheerfulness sin humour». BIOY: «Encontrar bien a todo el mundo le conviene». BORGES: «En los escritos de Lincoln hallé una idea que me hizo pensar que tal vez no fuera tan buena persona como suponía. Dice que si uno quiere convencer a alguien primero debe ganarle el corazón. Tal vez it works, pero moralmente no me parece bien». BIOY: «Qué miscelánea de amigos uno se conseguirá por este medio». BORGES: «Es que hay algo horrible en los políticos».

Me dice que al final del Garden of Cyrus se habla del espectro de una rosa[1613]. Con Ureña se preguntaron si Strauss[1614] habría leído a sir Thomas Browne o si ambos (Browne y Strauss) recordaban un texto anterior.

Afirma que Sampson (Cambridge History of English Literature) a veces es muy injusto, como al condenar la Vida de Dickens de Chesterton, con el argumento de que gracias a Dios la popularidad de Dickens no necesitaba de libros que la reanimaran[1615]. «Esto, ¿qué tiene que ver? ¿El libro es bueno o malo? Siempre se escriben críticas así. Escribís un artículo sobre la Chanson de Roland y dicen: “Ahora ha descubierto la Chanson de Roland”. Según Sampson, en sus últimos años Chesterton estaba dominado por sus manías estéticas». BIOY: «Esta observación me parece justa».

BORGES: «Ahora me gusta dormir, tal vez porque me estoy poniendo viejo».

Sábado, 8 de julio. Comen en casa Borges y Hugo Santiago Muchnik. A Mucknik le digo: «Tengo, para usted, una buena y una mala noticia. La buena es que hemos concluido el resumen del film y que se lo regalamos para que haga lo que quiera. La mala es que no haremos el libreto». Como un caballero, como un buen perdedor, Muchnik acepta mis palabras. Dice que esas diez páginas que le hemos hecho son lo esencial y que gracias a ellas podrán seguir adelante con el film. Después de comer nos reunimos en el escritorio y leo el resumen del argumento, escrito por Borges y yo. Muchnik se declara satisfecho, feliz, conversa un rato sobre la película, sugiere detalles y modificaciones atinadas y hasta un posible título: Invasión.

Comentará luego BORGES: «Es un caballero. No flaqueó en ningún momento. Cuando esté solo en su cuarto se pondrá a llorar. Nosotros le entregamos un argumento que parece de Nick Carter o de Nick Winter[1616], pero la realidad nos ha regalado una escena que parece de Henry James: el fervoroso admirador que descubre que los ídolos tienen pies de barro; que los colosos son chiquitititos. La gente sobrevalúa nuestra capacidad literaria. Yo también creo que si un hombre sabe pintar puede pintar a pedido un gato… Quizá no tenga ganas o no pueda». Dice que los escritores viejos escriben mejor que los jóvenes porque han llegado a conocer los límites de sus posibilidades.

Domingo, 9 de julio. Comen en casa Borges y Hugo Santiago Muchnik. Con Borges, felices de vernos libres del compromiso del film, sin un pensamiento por el dinero que no ganaremos.

Borges me dice: «Según Mencken, él —o todo hombre, no estoy seguro de la frase— conoce a media docena de mujeres con las que podría [casarse y ser feliz». BIOY: «Esa afirmación me asombra. Yo he conocido a muchas mujeres que me atrajeron, que me divirtieron, que me embelesaron, que me angustiaron, pero jamás conocí a una que me pareciera completamente adecuada para el matrimonio». BORGES: «Todo juicio adverso es fidedigno».

SILVINA: «El infierno ha progresado mucho». BORGES: «La angustia de las pesadillas, ¿no se sintió antes del siglo XIX? Por lo menos, la literatura no la registra. El infierno de Dante es menos horrible que el cielo de Rossetti en “The Blessed Damozel”. Parecería que la gente no conocía ese horror, cuyo motivo puede ser oscuro o vago, pero que sofoca. Lovecraft lo ha sentido, aunque por torpeza no lo comunica. Muchos cuentos de Poe son estúpidos, pero deliberadamente comunican el espanto. Las patas de mesas, con caras, en las pesadillas de De Quincey»[1617]. Habla sin aprecio de los poemas de Baudelaire y reconoce que el sentimiento en cuestión está en muchos de ellos, aunque a Baudelaire todo se le traba un poco. Dante se esfuerza en describir infiernos atroces, pero no les infunde el halo malvado que rodea las cosas en una pesadilla que nos aterra. BORGES: «¿Qué pensás? ¿Hemos añadido una pobreza?». BIOY: «Moralmente se habrá perdido algo, un mejor estado de espíritu, pero la literatura añadió un nuevo matiz. Yo creo que en definitiva hay ganancia».

Lunes, 10 de julio. Come en casa Borges. Leemos novelitas para el concurso de La Nación[1618].

Viernes, 14 de julio. Come en casa Borges. Hablamos de nuestra capacidad para inventar situaciones y resolverlas. Borges recuerda que Anatole France comparaba su inspiración con una pavita o marmita calentada a fuego lento.

Brandán Caraffa le dijo que en Entre Ríos pangaré ha llegado a ser sinónimo de caballo. BIOY: «Ha de confundir las palabras pangaré y pingo». BORGES: «Yo no creo en la afirmación de Brandán, aunque es cierto que en anglosajón bayo o blanco llegó a ser sinónimo de caballo. Los anglosajones tendrían menos caballos que aquí y menos intimidad con ellos. Cunninghame Graham asegura que en ninguna parte hay tantos pelos de caballo como en la Argentina; que los mexicanos y los cow-boys distinguen menos pelos que nosotros»[1619].

Domingo, 16 de julio. Come en casa Borges. Escribimos un episodio para el film (un episodio que ha de sustituir a uno del resumen que entregamos a Hugo Santiago).

BORGES: «Ring Lardner se parece bastante a Fray Mocho. Es verdad que sus cuentos son más construidos y matizados, pero tal vez esas diferencias dependan del formato de las revistas en que les tocó colaborar. Si Fray Mocho debía escribir una página para Caras y Caretas, las complejidades (y la extensión que las permitiera) quedaban excluidas». Mencionamos cuentos de Ring Lardner: «Some Like Them Cold», «The Golden Honeymoon», «Hairdcut». Estima que Ring Lardner era muy superior a O. Henry. «Al fin y al cabo O. Henry sólo escribía trick-stories», dice.

Hablamos de The Pursuer de [Louis] Golding y de The Killer and the Slain y Above the Dark Circus de [Hugh] Walpole. BIOY: «Empiezo a sospechar que Arthur Machen era un pelafustán y un latero». BORGES: «Sin una sola idea en la cabeza». BIOY: «Con la sola idea de esos hombres antiguos y hostiles, que sobreviven en nuestra civilización. Se lo vio como discípulo de Stevenson, muy inferior a Stevenson: una imagen poco favorable para la fama». BORGES: «Stevenson inventó ese Londres misterioso, fabuloso, pero en broma, con Florizel de Bohemia y el club de los suicidas[1620]. Machen retomó esa idea, pero la usó para dar miedo. La volvió barata y ridícula». BIOY: «Quizá el origen de esa idea sobre Londres está en De Quincey. Como De Quincey, Machen es digresor y romántico, pero sus digresiones aburren y su romanticismo es de mala calidad. Tal vez todo romanticismo sea de mala calidad. La mala calidad en Machen es demasiado evidente».

Dice que en algunos poemas (o tiradas de versos) anglosajones, después de una explicación lenta y argumentada, se concluye en una sola línea categórica y general. Se pregunta si esto será la invención de un poeta o de la retórica, si habrá antecedentes en otras literaturas, aun si habrá un nombre para el procedimiento: «Es como un resumen de todo lo que se dijo, rápido, luminoso».

Lunes, 17 de julio. Come en casa Borges. Trabajamos en las nuevas escenas de Invasión. Me dice: «Flaubert se enteró de que en una novela de Zola iba a aparecer un personaje llamado Pécuchet. Alarmado, le escribe a Zola para que le cambie el nombre. Qué estúpido. ¿Cómo no sabía que sus novelas durarían más que las de Zola?».

Llega Silvina, con Pezzoni, de ver el preestreno de La chica del lunes, un film de Torre Nilsson. SILVINA: «Tienen razón. Es un pésimo director. De mal gusto, grosero, tonto. El film abunda en toques decorativos, innecesarios, inexplicables, estúpidos. El diálogo está mal escrito y mal dicho: como si la gente leyera en voz alta o recitara. El argumento no existe. Para un film sin argumento se necesita un gran director».

Martes, 18 de julio. Come en casa Borges. Hugo Santiago Muchnik mandó el nuevo contrato para Invasión. BORGES: «Qué extraordinario es el muchacho… La bondad es admirable».

Miércoles, 19 de julio. Come en casa Borges. Me armo de coraje y le explico que, por mi viaje, tal vez no pueda ser padrino o testigo de su casamiento.

Jueves, 20 de julio. Come en casa Borges. Dice: «Madre estuvo leyéndome The Three Impostors de Machen. Juega al sedulous ape[1621] de Stevenson, pero lo hace muy bien».

Viernes, 21 de julio. Mandaron el cheque del adelanto por las once páginas de Invasión.

Lunes, 24 de julio. Come en casa Borges. En las obras completas de Eça de Queiroz vemos las fotografías del grupo Os Vencidos da vida. Leo en voz alta los primeros capítulos de La ciudad y las sierras y de La reliquia. Mientras me escucha, comenta: «Está escrito con una sonrisa». Y al rato: «Estoy pensando que la novela está muerta. Quiero decir, la novela descriptiva, planeada como una sucesión de cuadros. Stevenson decía que el inventor era Walter Scott. De la misma manera que Scott describía castillos medievales, Zola describía una casa de apartamentos. Larreta, sin ningún talento, y Manuel Gálvez, que está al nivel de Edgar Wallace[1622], proceden del mismo modo. Es la estética del Parnaso: Leconte de Lisle o Heredia escriben cada poema como una serie de tarjetas postales. Hay libros que empiezan por el índice. Cuando yo era joven admiraba mucho a Silva (Valdés), hasta que vi el índice de uno de sus libros y comprendí que había procedido así: “Vamos a ver, ¿cuáles son los temas gauchos? La guitarra, el chiripá, el rancho”. Y el autor mecánicamente los había cubierto con sus metáforas. George Moore se dio cuenta de que el sistema era un poco absurdo y dice que, al componer La guerra y la paz, Tolstoi seguramente se despertaba sobresaltado en medio de la noche y exclamaba: “¡Una regata! ¡Me olvidé de poner en mi libro una regata!”. Hay que evitar el plan sistemático para las obras: un poema sobre la escuela, otro sobre el colegio, otro sobre la Facultad, otro sobre el bufete… Este procedimiento trasluce una intención deliberada y mecánica para la creación». BIOY: «Parecería que el novelista tiene dos posibilidades: llevar adelante un implacable plan de sucesivas descripciones (Salammbô, La reliquia) o un implacable plan de sátira intelectual (Bouvard et Pécuchet, La ciudad y las sierras); en Bouvard et Pécuchet el plan se agrava por el sistema binario de los diálogos, la necesidad de inventar falsas oposiciones: Bouvard dijo esto, Pécuchet aquello…». BORGES: «Acaso la solución sea escribir cuentos largos, muy ricos en situaciones y personajes, y comprimidos, como los de Kipling. Quizá la incapacidad de imaginar nada visualmente a la larga talvez resulte un mérito para Cervantes y lo salve cuando otros novelistas desaparezcan por cansancio de los lectores».

Martes, 25 de julio. Come en casa Borges. Leemos cuentos. Recito:

Et qu’á vos yeux si beaux l’humble présent soit doux[1623].

Et qu’á vos yeux si beaux l’humble présent soit doux[1623].

Comenta: «La poesía francesa está arruinada por la galantería». Señala que lo mejor de Verlaine es un tono de conversación. Como hablando, recita el soneto de:

[… ] ce reve étrange et pénétrant

d’une femme inconnue, et que j’aime, et qui m’aime[1624]

[… ] ce reve étrange et pénétrant

d’une femme inconnue, et que j’aime, et qui m’aime[1624]

Dice también que hay en Verlaine un aspecto de cursilería sentimental (un lado sloppy) y que en las piezas con música de Debussy y cantadas este aspecto es el más enfático. BIOY: “¿Poner música a poemas de Verlaine? ¿Por qué? ¿Por qué no les pone también letra? Ya tienen música”. Dice que oyó en el fonógrafo poemas de Verlaine, con música de Debussy y cantados por una mujer de voz alta, y que la experiencia resulta activamente desagradable. Silvina se enoja y le reprocha ser un mono, repetir lo que yo digo.

Mencionamos indudables grandes poetas: Dante, Fray Luis de León, Victor Hugo, Verlaine. Habla de poetas menores: “Se nota en ellos el mecanismo. Alguna perfección formal… Toulet, que tanto nos gusta, es quizá el mejor ejemplo. Ezra Pound es un poeta menor, a pesar de los numerosos Cantos. Wilde también. Poe es mínimo. Los poetas menores, como Matthew Arnold, ofrecen garantías; sus poemas no serán excelentes, pero nunca son pésimos; en cambio, con Shakespeare uno está en un tembladeral: el autor de pronto se cansa y el personaje huye perseguido por un oso[1625]. Lugones, no; es un poeta mayor, como Stevenson, como Chesterton, como Kipling”. Tiene dudas acerca de Tennyson. Dice que aunque no se da importancia a la cantidad de la obra, ésta cuenta para dar la imagen del poeta mayor. Silvina niega la calidad de poeta mayor a Stevenson, a Chesterton. BORGES: “¿Quién es un poeta mayor?”. SILVINA: “Wordsworth”.

Miércoles, 26 de julio. Come en casa Borges. Leemos novelitas para el concurso de La Nación. Digo que algunos temas, que corresponden a los sueños de la gente, son favorables para la fortuna de los libros. Cito: viajes por el tiempo (The Time Machine); viajes a la luna (The First Men in the Moon); invisibilidad (The Invisible Man); viajes por la otra vida (Divina Comedia); vuelta a la patria (Odisea); vuelta a la aldea natal (Peñas arriba, La ciudad y las sierras); inmortalidad (La invención de Morel)», el rejuvenecimiento (Fausto); el esclarecimiento de enigmas (Sherlock Holmes). Recordamos la frase: «Habent sua fata libelli[1626]».

Recita los versos de un epígrafe de Ascasubi:

En un tiempo fui fusil

con que tiraban al blanco:

de fusil pasé a baqueta,

de baqueta a saca trapo[1627]

BORGES: «Lo que está bien es con que tiraban al blanco. En el fondo, es el tema predilecto de Thomas Mann, el tema predilecto de Mujica Lainez: la decadencia de una familia. En los Buddenbrooks, el autor está obsesionado por caracterizar a sus personajes mediante el color del pelo: el típico joven deportista de la época de Bismarck, rubio de ojos azules; el intelectual, moreno y de ojos negros. En La muerte en Venecia, refiere la historia del profesor cincuentón que, dispuesto a vivir siquiera una última vez, se enamora de un joven. Yo creo que Thomas Mann era un idiota. A Estela Canto le gustaba mucho: sus autores preferidos eran Thomas Mann y Bernard Shaw. Qué extraña conjunción».

SILVINA (a Borges): «En un tiempo te gustaron las cursilerías. Por fidelidad a esa época mantenés la admiración por Ibsen». Borges pide mi opinión. BIOY: «No creo que hayas tenido una época cursi. Creo, sí, que la admiración por Ibsen es injustificada. Lo creo en la medida en que le está permitido creer y opinar a un lector de traducciones francesas». BORGES: «¿Por qué no aprendemos noruego? Así leemos a Ibsen en el original. Ha de ser mejor estudiar noruego que Old Norse». Después, en broma, agrega: «¿No preferís a Strindberg?». BIOY: «Desde luego, no. Pero la inepcia de Strindberg no mejora a Ibsen».

Hablamos del caso Bomarzo de la ópera cuya representación en el Colón prohibió el intendente. BORGES: «Yo no voy a hacer nada porque soy amigo de Manucho y no quiero atacarlo; pero si ponen mi nombre en una protesta contra la prohibición, voy a quejarme, voy a escribir una carta a La Nación: tengo derecho a defenderme. Soy partidario de la censura. Creo que hay cosas que no deben publicarse. Creo que la censura es un estímulo para los escritores. Sin censura no existiría la ironía de Gibbon ni la de Voltaire». Como guardo silencio, pregunta: «¿Creés que es una idea demasiado pérfida?».

Viernes, 28 de julio. Come en casa Borges. BORGES: «Le dije a Madre, que se puso furiosa, que tal vez el tipo de obra que conviene para la gloria es más bien la de Mastronardi y Molinari, que la de Mujica Lainez». BIOY: «Si llegan son quizá inexpugnables». BORGES: «No creo que a la larga convenga a un escritor que se hable mucho de él. A un escritor le conviene más la política elusiva de Yrigoyen que la ubicuidad de Lisa Lenson». BIOY: «Desde luego. Yo creía que te referías a la cantidad y al volumen de las obras que propone el escritor. Un autor de novelas probablemente consiga actualidad, pero no dure. ¿Por qué se releerán novelas viejas? Yo creo que están mejor protegidos contra el olvido los autores de textos breves». BORGES: «Un autor como Mastronardi o como Mallarmé da a sus admiradores la satisfacción vanidosa de pertenecer a los happy few». BIOY: «Como Toulet a nosotros». BORGES: «Como Toulet a nosotros».

Hacemos listas de escritores queribles —no necesariamente admirables— y coincidimos en Johnson, en De Quincey, en Stevenson, en Heine, en Fray Luis de León, en Eça de Queiroz. Cuando menciono a Kafka y a Proust no niega ni afirma. Añade a Montaigne (estoy de acuerdo) y se pregunta si Wilde no sería demasiado vanidoso. BIOY: «Sin conocerlo uno lo quiere; no sé si conociéndolo lo querríamos tanto». Sobre Johnson, De Quincey y Stevenson afirma: «Eran además buenas personas».

Recuerda el consejo —puramente comercial— de un librero: destruir unos doscientos cuadros de Figari, para valorizar el resto. BORGES: «La familia se indignó». BIOY: «Aunque el consejo sea aceptable, no lo es para quienes quieren al autor y a la obra». BORGES: «Sí, pero en literatura, ¿no convendría? Las antologías, ¿son otra cosa?». BIOY: «A nosotros no nos gustaría que se destruyeran obras de De Quincey o de Stevenson. Por lo menos, sin consultarnos antes sobre cuáles destruir». BORGES: «Chesterton dice que al pensar en obras de Stevenson perdidas, imagina botellas de champagne volcadas en el mar. La imagen está bien, aunque una botella de champagne es igual a otra, en cambio las obras de Stevenson son todas diferentes».

Domingo, 30 de julio. Hablo con Borges. Dice que Groussac comparó los Estados Unidos con la gente que no sueña[1628]. «Era inevitable que hiciera esa comparación», agrega con sorna.

Me cuenta un sueño: «Este sueño debe de ser un plagio. Vos vas a poder decirme de dónde lo saqué. Yo estaba en una casa como la de nuestra pieza de teatro. Por el camino de la sierra venía subiendo un hombre parecido a Macedonio Fernández, pero más alto. Ese hombre era mi enemigo. Me había perseguido desde hacía tiempo y yo siempre me le escapaba. Ahora lo vi tan cansado y débil que le permití entrar en la casa. Estaba tan extenuado que se dejó caer de espaldas en la cama. Entonces vi que tenía un revólver y que me apuntaba. “Voy a matarlo —me dijo—. Usted no puede hacer nada”. “Sí —le contesté—. Puedo hacer algo”. “¿Qué?” —preguntó—. “Despertarme” —respondí y me desperté—.[1629] Cuando le conté este sueño a Madre —por un rato me hago la ilusión de que son valiosísimos— se puso furiosa. Me dijo que mientras ella duerme tranquila, yo estoy soñando disparates. Que ni dormido dejo de inventar cosas raras. Mejor que el sueño me parece la reacción de Madre. Muestra su carácter».

BORGES: «La ventaja de Hernández y Ascasubi es que escribían para lograr un efecto inmediato, sin fines ulteriores, literarios. Escribían como se hablaba entonces». BIOY: «Otros también lo hacían: Hidalgo y Lussich, por ejemplo, y no les salía tan bien».

Señala que perdonare, perdonar, pardonner, forgivey aun las palabras correspondientes en alemán y en anglosajón incluyen la idea de dar o regalar: «La idea de perdonar les llegó a los germanos desde Roma. Tenían idea de castigo y de venganza, pero no de perdón. Es una idea complicada. Aún hoy, mucha gente que emplea la palabra no la entiende». Dice que las palabras sad (triste) y satis (harto, satisfecho) originariamente son una y la misma.

Me dice que Clemente le ha asegurado que Ollantay está plagiada, con personajes y todo, de una pieza de teatro, acaso boliviana. BIOY: «La idea sería que Rojas trabajaba con mitos y leyendas. Como si presentara su Don Juan y su Fausto». BORGES: «No solamente la idea: la explicación. Pero, ¿quién tiene paciencia para indagar, para leer Ollantay y la piecita boliviana? Nunca aclararemos el enigma».

BIOY: «Mirá, yo hice todo lo que pude para ir tirando, pero el viaje se me viene encima. Pero está el apadrinamiento o testimonio para tu casamiento». BORGES: «Eso no importa». BIOY: «¿Cómo no importa? Mirá: me he quedado hasta ahora porque importa». BORGES: «Bueno. Podría adelantar el casamiento civil». BIOY: «Es que me voy el viernes». BORGES: «Bueno, me caso antes del viernes». BIOY: «La pucha: seré culpable de tu casamiento». BORGES: «Culpable, no. Mirá, te contesto mañana». Se ríe bastante de tener que casarse por mi viaje. Me dice que no me angustie demasiado, que uno obra de acuerdo a las circunstancias. Agrega: «Los miembros de la Academia han tomado la costumbre de leer allí sus trabajos. En realidad son composiciones escolares. ¿Me imaginás el sábado, cuando te hayas ido, oyendo estas tonterías o leyendo manuscritos para el concurso con Carmen Gándara o con Leonidas de Vedia?». Se ríe también de ese destino.

Martes, 1.º de agosto. Come en casa Borges. Leemos novelitas para el concurso. Me dice: «Me caso el viernes a las cuatro y media. Será Luis testigo. Pongo mi destino en manos de una desconocida. Una mujer que quiero, pero que es una desconocida». BIOY: «¿No te clavarás?». BORGES: «Espero que no. Madre dice que tratará de estar conmigo lo más posible. Toma esto con ansiedad. Pocos hijos han estado junto a su madre sesenta y siete años… Este viaje a los Estados Unidos lo hago porque ella me aconsejó. Siete meses separados es mucho tiempo». BIOY: «Qué año raro, este del 67». Restando importancia a mi ausencia de su casamiento, observa: «Es la parte irreal de la vida». BIOY: «La vida está hecha de partes reales y de partes irreales, tan delicadamente mezcladas, que no sabemos cuáles son más reales o más irreales». BORGES: «Las reales o las irreales. Tenés razón».

Muchas veces Borges me recuerda: «Como vos me dijiste una vez…». La cita siempre me sorprende, porque he olvidado mi observación, pero reconozco el estilo y me envanezco, o no lo reconozco y descubro que Borges confunde sus autoridades.

Miércoles, 2 de agosto. Come en casa Borges. Hablamos del caso Bomarzo. BORGES: «Manucho se reveló como es. A vos no te sorprende, porque siempre supiste que era así. Busca el éxito. Un caballero no tiene éxito. Es claro que se divertirá con estas cosas. Podría divertirse con otras. Bueno, se divierte con otras».

Leemos dos poemas de Kipling: «England’s Answer» y uno sobre las mujeres de los vikings[1630]. Del primero lamenta el último verso:

Who are neither children nor Gods, but men in a world of men[1631]!

Who are neither children nor Gods, but men in a world of men[1631]!

Del segundo dice: «Probablemente expresó lo que sentían esas mujeres de hace tantos siglos. Fijate: no hay arqueología, ni siquiera nombra a los vikings. Qué diferencia con la reconstrucción de Salammbô, puramente retórica». BIOY: «Al fin y al cabo, La gloria de don Ramiro…». BORGES: «No tan bajo, pero esencialmente análogo. En el poema de Kipling no hay nada de Heredia y nada de pavadas. Kipling recrea el estado de espíritu de gente desaparecida hace tanto… Y fijate: los versos, las palabras compuestas, las rimas extrañas, parece Old Norse. Cuánta habilidad y sabiduría». BIOY: «Y pensar que para todo el mundo Flaubert es tan superior». BORGES: «Tal vez para el mismo Kipling».

Jueves, 3 de agosto. Come en casa Borges. Silvina no permite que leamos novelas para el concurso. Hablamos de literatura. BORGES: «Cada día, oyendo los resúmenes de sus libros que hacen los alumnos en los exámenes y los elogios de Ballin, le tengo más rabia a Thomas Mann. Dice que Mann, con El doctor Fausto, (remeda la voz de Ballin) se propuso escribir la novela de nuestro tiempo. Qué idiota».

Mañana se casa y yo estaré en Ezeiza, en viaje hacia Francia. Me habla de Suiza: «Unos cuantos cantones se unieron con el insólito propósito de vivir razonablemente: así nació Suiza. Ojalá que un día se unan otros, llamados Francia, Italia, Inglaterra, Alemania, Rusia, la Argentina… Entonces no habrá Suiza, pero por causa de Suiza el mundo será mejor».

[Viernes 4 de agosto al viernes 8 de diciembre. Bioy Casares en viaje por Europa. Entre septiembre de 1967 y abril de 1968, Borges en los Estados Unidos, junto con su esposa, Elsa Astete].


[Viernes 5 de enero al lunes 15 de abril. Bioy Casares en Mar del Plata].

Martes, 20 de febrero. En Mar del Plata. Los otros días recibí una carta de Claude Durand, de Editions du Seuil, pidiendo nuestra autorización para un libro de Bustos Domecq que le propuso Rodríguez Monegal: Dos fantasías, “El hijo de su amigo”, “La fiesta del Monstruo”. Hoy me llega la respuesta de BORGES: “Venero y envidio tu diligencia y me resigno fácilmente a la traducción de las laboriosas bromas de H. Bustos Domecq. Comprendo que te mueve a su publicación el escepticismo y no el deseo de que nos desacreditemos enteramente. Espero que las Crónicas de ese desconcertante autor puedan rehabilitarnos”.

Libros en colaboración: Borges inventó los títulos Seis problemas, Dos fantasías memorables, Un modelo para la muerte. Yo, Cuentos breves y extraordinarios (también la idea del libro), Libro del cielo y del infierno, Crónicas de Bustos Domecq.

Domingo, 14 abril. En Mar del Plata. Hablo por teléfono con la madre de Borges. Me cuenta: «Llegó flaco, pero bien y contento. Está muy contento, lo que para mí es una sorpresa agradable. No se fue contento; ahora lo está. Yo me siento vieja; tanto he oído que me dijeran: “A sus años” que me han dado el complejo, que no tenía, de vieja. Ahora me siento vieja y así ha de ser. Cumplo noventa y dos años, m’hijo. Me siento sola. Ahora que volvió Georgie, más que mientras estaba allá: vino a casa, almorzó, se bañó, durmió la siesta, tomó el té y a las siete me dijo: “Bueno, Madre, me voy a casa”. Entonces sentí que se iba, que me quedaba sola. Ya me acostumbraré». Me dice también que Guillermo quiere llevarse a Norah a Europa: «Está mal de salud. No puede leer, necesita que le lean. Eso lo pone furioso, de un carácter insufrible».

Miércoles, 17 de abril. En Buenos Aires. Visito a Borges, en casa de su madre. Dice que vio en Harvard La invención de Morel convertida en pieza de teatro y representada por estudiantes de la Universidad[1632]. Él allí y yo en París[1633] llegamos a la misma conclusión: estos misterios no sirven para teatro (o cine o televisión); el espectador después de un rato de no entender se aburre y se irrita. Los misterios aceptables para estos géneros son otros; por ejemplo: han matado a un personaje; tal vez maten a alguno de los que quedan; no se sabe cómo ni quién mata. BIOY: “Yo previ esto. El director no tomaba en serio mis temores. ¿Sabemos más que esos especialistas?”. BORGES: “Desde luego”.

Viernes, 3 de mayo. Dice BORGES: «En el recuerdo no hay lunes, martes, miércoles… Si uno ha ido todos los días a tomar café a un lugar, el recuerdo es de una única vez. Cuando estaba en Cambridge pensaba que si estuviera en Buenos Aires iría a muchas partes y vería a A, B, C, D, E… Pero, en verdad, estar en un lugar es excluir a muchos. En los Estados Unidos deseaba estar en el Once; desde que estoy aquí no creo haber ido una vez. Y si estuviera allí, pensaría cómo volver cuanto antes a casa. ¿Qué puede uno hacer en el Once? Una vez iba en avión a Santiago del Estero. Hubo una grieta entre las nubes y pensé: “Estoy viendo la provincia de Buenos Aires”. En el mismo momento en que me maravillaba con ese experimento, buscaba un libro para leer».

Domingo, 5 de mayo. Comida con Borges y su mujer. Dice Borges que “las justas del saber”[1634], los concursos de preguntas y respuestas, tan frecuentes en la radio, son perjudiciales, porque estimulan una miscelánea de conocimientos inútiles y son un pretexto para no pensar. «¿Qué diría Coleridge? —añade—. Les preguntaría: “Bueno, señores ¿qué conclusión sacan ustedes?”. No sacan ninguna conclusión».

Jueves, 9 de mayo. Comen en casa Borges y Elsa. Con Borges, hablamos de proyectos para la editorial Galerna. Coincidimos en que el conocimiento de la filosofía idealista nos había servido para no creer demasiado en la realidad. BORGES: «¿Cuándo murió Kipling?». BIOY: «Entre el 30 y el 35. Hace más de treinta años». BORGES: «Cómo nos hemos distraído».

Oyó Borges a María Elena Walsh: «Una combinación de sensiblería e incoherencia». BIOY: «A la gente le gusta la sensiblería; si la dosifican con incoherencia pueden aceptarla sin avergonzarse». BORGES: «La pronunciación de María Elena es curiosa: no dice luna sino lune».

Domingo, 12 de mayo. Comen en casa Borges y Elsa. Con Borges, hacemos el índice de antologías de Kipling y Henry James, y parte de una de Otro Stevenson. Éstas fueron las antologías planeadas:

a. Kipling. «Beyond the Pale», «The Gate of the Hundred Sorrows», «The Brushwood Boy», «On the Great Wall», «The Church that was at Antioch», «Dayspring Mishandled», «A Sahib’s War», «The Dog Hervey», «Mary Postgate», «The Eye of Allah», «The Wish House», «The Finest Story in the World».

b. Henry James: «The Great Good Place», «The Figure in the Carpet», «The Coxon Fund», «The Beldonald Holbein», «The Real Thing», «The Friends of the Friends», «The Birthplace», «The Abasement of the Northmores».

c. Otro Stevenson: «On the Choice of a Profession», «A Christmas Sermon», «Gentlemen», «A Gossip on Romance», «A Humble Remonstrance», «A Chapter on Dreams», dos o tres fábulas («Faith, Half Faith and No Faith at All»), (Aquí interrumpimos.)

a. Kipling. «Beyond the Pale», «The Gate of the Hundred Sorrows», «The Brushwood Boy», «On the Great Wall», «The Church that was at Antioch», «Dayspring Mishandled», «A Sahib’s War», «The Dog Hervey», «Mary Postgate», «The Eye of Allah», «The Wish House», «The Finest Story in the World».

b. Henry James: «The Great Good Place», «The Figure in the Carpet», «The Coxon Fund», «The Beldonald Holbein», «The Real Thing», «The Friends of the Friends», «The Birthplace», «The Abasement of the Northmores».

c. Otro Stevenson: «On the Choice of a Profession», «A Christmas Sermon», «Gentlemen», «A Gossip on Romance», «A Humble Remonstrance», «A Chapter on Dreams», dos o tres fábulas («Faith, Half Faith and No Faith at All»), (Aquí interrumpimos.)

BORGES: «La gente cree que uno dispone de una infinita biblioteca mental. En realidad uno dispone de tres o cuatro libros, de los cuales uno está medio olvidado, al otro te lo recomendaron y lo vas a leer en cualquier momento». BIOY: «Uno te lo recomendó hace veinte años un desconocido, vos mismo, que lo leyó entonces». BORGES: «La gente cree literalmente lo que un escritor dice. Hay que tener mucho cuidado. Yo dije que un cuento mío (“Hombre de la esquina rosada”) estaba basado en cierta biografía de Carriego (la mía). Después he leído a críticos que afirman que ese cuento está inspirado en la vida de Carriego. No se preguntan cómo puede ser eso. No entienden de metáforas ni de exageraciones. Una vez dije en broma que un poema mío —el de la muerte de Laprida— era una traducción de Browning[1635]. Era en los Estados Unidos y la gente se rió mucho. Después aquí se dijo que yo había plagiado un poema de Browning. Cuando en la Facultad dije que Stevenson influyó en Chesterton, me tocó oír no sé cuántos exámenes en que las señoritas decían: “Como Chesterton se copió de Stevenson…”».

Me dice que planea un relato sobre el encuentro de un escritor que, mirando el río Charles, de Cambridge (Estados Unidos), pasa a estar mirando el Ródano, en Ginebra, y se encuentra con un joven, que es él mismo, treinta años antes[1636]. No sabe si hacerlo con un escritor imaginario o consigo mismo; dice que perdió un buen final que se le había ocurrido. Tal vez se citan para un segundo encuentro, al que el joven falta, por lo que el viejo siente alivio.

Hablamos del tema de la venganza; digo que me molesta, que me estropea el placer de cuentos como «The Abasement of the Northmores» y «Dayspring Mishandled».

Se mencionó un programa de televisión titulado Buenas tardes, mucho gusto. Borges comenta: «Buenas tardes, mucho gusto. Qué grosería». ELSA: «Es una audición muy útil para la mujer». BORGES: «Seguimos con los arquetipos: la Mujer». ELSA (con rabia suave). «Sí, mi alma. Para la mujer. Para la mujer que no tiene medios para que otros le hagan las cosas. Para la mujer de su casa y pobre». Pasó Elsa media hora sin hablar, con la mirada fija en el platito del pan. Después comentó dolida: «Esta indiferencia, este despreciar y no enterarse, me apena mucho. Hoy Georgie le dijo a su madre: “¿Palito Ortega? Una vergüenza. Una tilinguería”. ¿Por qué? Hay mucha gente que trabaja, gente humilde, que lo oye con placer. No va a escuchar lo que nos gusta a nosotros. No va a escuchar óperas, ni a Bac (sic), ni a Beethoven». La mucama oyó lo de gente humilde y relumbró de odio.

SILVINA: «Yo necesito dormir ocho horas». ELSA: «Ah, yo no. Si no puedo dormir más de dos horas, me levanto igual, dispuesta a trabajar. Si hay pan como pan. Si no hay pan, no como. Ah, manías, no». Elsa asegura que sin que Borges lo sepa le está rompiendo recuerdos, cartas, fotografías.

Miércoles, 15 de mayo. Comen en casa Borges y Elsa. La señora demostró esta noche que es leída; dijo que al dedillo conocía las obras de Cu de Chantepleure y de Cu de Maupassant. El marido y yo guardamos el más respetuoso silencio.

Jueves, 16 de mayo. Comen en casa Borges y señora. Le propongo una antología de cuentos (sin limitación de género o país). Hablamos del prólogo que habrá que escribir para la edición alemana de Seis problemas[1637] Borges me consulta un verso[1638]:

espejo de occidente que refleja un ilusorio poniente

espejo de occidente que refleja un ilusorio poniente

o

espejo de occidente que refleja una ilusoria aurora.

espejo de occidente que refleja una ilusoria aurora.

Mejor aurora.

BORGES: «Sampson, en esa Historia de la literatura inglesa de Cambridge, afirma que Andrew Lang, como escribía bastante bien ensayos, historia, crítica, cuentos y poesía no podía escribir nada excelentemente[1639]. Qué extraño que una persona exprese un pensamiento así y no se desacredite».

Viernes, 17 de mayo. Viene a tomar el té Hugo Santiago Muchnik. Empezará a filmar Invasión el 27. Me dice que Ferreri es el director de El cochecito, film que gustó tanto a Borges.

Domingo, 19 de mayo. Borges me pide que lo ayude con el film del primo de Cecilio Madanes, sobre «La muerte y la brújula». De acuerdo al deseo de la gente de Galerna, que no quiere libros de más de doscientas páginas, suprimimos dos o tres cuentos en la Antología de Kipling.

Miércoles, 22 de mayo. Afirman que, pese a su inteligencia, frecuentemente Bianco parece desencaminado, como si de aquélla no quedara más que la última lumbre de una vela. Así, más de una vez en que alguien dijo bodrio, o mancarrón, o tuto, o gambeta, o furca, le oí preguntar: «¿Es palabra?». Borges comentaba: «Si no es palabra, ¿qué es? ¿Una granítica creatura grande?».

Sábado, 25 de mayo. Llamo a Borges. Me refiere que su viaje al Rosario fue agradable: «Un hecho curioso. Todos los habitantes actúan como si fueran intendentes: admiran calles, plazas, edificios. Como el Rosario es una ciudad más bien fea, sólo pueden ponderar las dimensiones o el costo de los edificios. Además, padecen de una rivalidad con Córdoba; seguramente en Córdoba no la sospechan».

Jueves, 6 de junio. Muerte de Banchs. BORGES: «Mientras se publiquen antologías, tiene la inmortalidad asegurada, salvo que el gusto cambie mucho. Una inmortalidad más segura que la de Lugones y que la de Capdevila. Va a hablar Giusti. ¿Te das cuenta? ¿Qué tendrá que ver con la literatura? Mantiene el acento cocoliche. Tiene cierto tipo de aplomo que da la estupidez. Fíjate en los epítetos que usa: deleitoso…». BIOY: «Para él en esos epítetos consiste la literatura». BORGES: «Y en cierta pompa y lentitud. Después, ¿quién habla?». BIOY: «Villordo». BORGES: «¿No? ¿Por qué no Oscar Pardo? ¿Y ahora?». BIOY: «Erro». BORGES: «Más estúpido, más aplomado todavía». BIOY: «Sí, fuerte, como un basamento». BORGES: «De argamasa. Vámonos. Qué año: Larco, Arrieta, Capdevila, Banchs. Mi abuela inglesa leía los diarios y comentaba: “Cómo se mueren los italianos”».

Domingo, 9 de junio. Come en casa Borges. Dice que no sabe si podrá seguir sus estudios del Sepher Yezirah. Un talmudista le explicó que, antes de la creación del mundo, Dios discute con la Torah sobre la conveniencia de crearlo. La Torah argumenta que los reyes deben tener un palacio y un pueblo que los obedezca y alabe. BORGES: «Pero hablar de reyes y palacios antes de la creación del mundo, ¿no es un poco anacrónico? ¿No es como hablar de bicicletas?». EL TALMUDISTA: «Ah, entonces usted no entiende la mente hebrea. Aquí no hay lógica griega, sino poética».

Miércoles, 12 de junio. Come en casa Borges. Le cuento que estoy leyendo Mr. Clemens and Mark Twain, de Justin Kaplan: en su implacable rencor hacia Bret Harte, Mark Twain se muestra bastante odioso. BORGES: «Alguien escribió, sin embargo, que Bret Harte daba un resplandor a los hombres». Agrega que The Outcasts of Poker Flat le gustó mucho. Le digo no tuve suerte en mis lecturas de Mark Twain, y que la biografía de Raplan me confirma. Borges pondera entonces Flush Days in California y Roughing it. Trataré de encontrarlos.

BORGES: «Ese muchacho Dolan me leyó una página de su diario. En casa de Mariana [Grondona] yo digo que en mis libros de milongas hay influencias de cantos gregorianos y cante jondo. Bueno, yo nunca dije eso. Dije que ese bruto de Piazzolla componía una música absurda, que en lugar de tango o de milonga parecía canto gregoriano o cante jondo». Sobre Dolan, agrega estos abismos: «Me dice que no puede cambiar nada en sus poemas, porque ya los corrigió con Ghiano. Se disgustó porque le sugerí que en un poema escribiera arrodillado en lugar de genuflexo». (Por cierto, en ese poema las sílabas no importaban).

Miércoles, 19 de junio. Comen en casa Borges, Donald Yates y su mujer. Fotografío a Borges con Donald Yates. Borges, muy admirado ante la frase de Henry James sintiendo la muerte (cuando se desplomaba por un ataque de hemiplejía) que le comuniqué: «So this is it at last, the distinguished thing[1640]. De vez en cuando me llama para preguntarme cuál es el adjetivo, cómo empieza. Comenta: “Distinguido, está bien, lo que parece imposible. Ibarra podría decir: “Problema. Formular una frase en que la palabra distinguido quede bien”». (Como el problema, atribuido falsamente a Ibarra: «Escriba una frase decorosa con la palabra polichinela»). Para Borges, es admirable que, aun muriendo, Henry James conservara el estilo.

En cuanto a Yates, nos abruma con la fatigosa exposición de innumerables soluciones a los planteos de novelas policiales. Comentará después BORGES: «Es como un hombre que conociera la Historia de la prestidigitación. Recuerda los tricks de todos los prestidigitadores. Tiene razón Martín Fierro: el olvido es una forma de la memoria[1641]. Recordar todas esas estupideces equivale a ser un desmemoriado».

Hablamos del poema «Stopping by Woods in a Snowy Evening» de Frost. Borges opina que en los primeros versos está sugerida una historia, que da realidad al poema y que está ahí para que uno la adivine, sienta su presencia, no para que la entienda, porque tampoco es muy interesante (para la excelencia del poema no era necesario que lo fuera). Dice que Frost sugiere que está frente a la casa de un amigo con el que por alguna pelea se ha distanciado. Yates de ninguna manera acepta esta interpretación: cree que la casa contemplada por el poeta es la casa de la muerte; el bosque oscuro es el bosque de la muerte. Tal vez haya leído siempre los primeros cuatro versos como si carecieran de significado (sin por ello pensar mal del poema):

Whose woods these are I think I know.

His house is in the village though;

He will not see me stopping here

To watch his woods fill up with snow[1642].

BORGES: «“I have been once acquainted with the night[1643]” no significa que salía de noche. No: conocía los lugares, los prostíbulos quizá».

Refiere Yates que un comité de traductores, redactores y especialistas suministrado por Heinemann para la versión inglesa de Sobre héroes y tumbas fracasó después de tres años de trabajo. Sabato leyó la traducción, se declaró contrariado, rompió el contrato. «De modo —explica desoladamente Yates— que no habrá versión inglesa de Sobre héroes y tumbas». BIOY: «Si aplicara las mismas exigencias en el momento de escribir, tal vez sus libros no fueran tan insignificantes». BORGES: «Es más vanidoso que desinteresado». BIOY: «¿Cómo puede juzgar la traducción, si no sabe inglés?». Yates: «Se hace asesorar por amigos que saben». BIOY: «Y que pueden decirle si la traducción está bien o no. ¿Quiénes son esos improbables desconocidos? Y él ¿por qué cree más en ellos que en los de Londres? Ha de estar tan desorientado como si le mandaran una traducción china, y un chino le dijera que está mal lo que otro chino le dijo que está bien». BORGES: «Ha de ser más vanidoso que exigente». Yates habla con respeto de Anderson Imbert y de Rest. BIOY: «Tienen el peor defecto de los profesores. Para ellos todo es igual, un buen libro o un mal libro. Son entomólogos de la literatura». Enumeramos las pocas personas que habrían leído mucho. BIOY: «Menéndez y Pelayo». BORGES: «Pero en vano: nadie lo recuerda por su mejor obra, la “Epístola a Horacio”». Otros lectores copiosos: Reyes, Groussac.

La mujer de Yates confiesa no haber leído Don Segundo Sombra. BORGES: «Es aburrido». LA MUJER: «Sí, pero mientras esté en la Argentina no lo diré, porque si no me van a retirar la visa. Yo me aburrí y no seguí leyendo». BORGES: «Es claro. Lo que desanima es la convicción que se tiene desde el principio de que en este libro no puede pasar nada. Sin embargo, es ya un clásico; tiene un lugar que no perderá. Es muy extraño cómo algunos libros alcanzan una fama que no guarda ninguna relación con sus méritos. A veces pienso que por si acaso habría que atacar a todo el mundo, no dejar que nadie levante cabeza, aun a riesgo de ser muchas veces injusto, pero por principio, por la seguridad de que si alguna vez levantan cabeza y se afianzan ya con nada se los desterrará. En Santa Fe me retaron porque alguna vez escribí elogiosamente sobre Mujica Lainez. “Señor Borges —me dijeron—, no se da cuenta del respeto con que usted es leído aquí. Usted tiene una responsabilidad. No puede elogiar a autores tan insignificantes como Mujica”. Les pregunté si lo conocían. No, no lo conocían, pero no necesitaban conocerlo, para saber que era espantoso. Me dijeron también que Manuel Gálvez era tan malo como Horacio Quiroga. Yo creo que Gálvez es pésimo, pero muy superior a Quiroga. No creo que nadie sea tan malo como Quiroga. Güiraldes ha de ser mejor que los dos. ¿O será mucho peor?». BIOY: «Probablemente, sí».

Viernes, 21 de junio. Hablo con Borges. De los norteamericanos opina que, en el afán de ser imparciales, caen a veces en la traición a la patria. De Yates me dice: «El cuento mío que más le gusta es “La muerte y la brújula”. Después me di cuenta de que no ha entendido ese cuento que le gusta tanto. No puede contar el argumento. Es verdad que es difícil entender lo que está escrito en otro idioma. Esto es algo injusto: tal vez no pueda contarlo porque lo olvidó, aunque en el momento de la lectura le haya gustado mucho. Con infinidad de cuentos nos ocurre tal cosa. ¿Yo puedo contar todos los cuentos de Bustos Domecq?». Hay que reconocer que la situación de Yates es particular: es un experto en literatura policial. Forzando la terminología se califica de policial un cuento de Borges. ¿Qué puede entender de Borges este entendido en Sax Rohmer?

BORGES: «Macedonio se dio cuenta de que Quiroga no iba a comprenderlo y para divertirse le dijo de Rodó: “Todo él es una página de Emerson”». Dice que una alusión a situaciones externas o anteriores al poema, que el lector casi entiende, pero que no acaba de entender, en poesía resulta agradable.

Domingo, 23 de junio. Hablo por teléfono con Borges. Decíamos que no podía ser tan difícil (como nos parecía) encontrar el modo de hacer el argumento de un film con «La muerte y la brújula». BORGES: «Cuando voy a escribir algo me digo que ya está escrito. Un escritor de mi edad, ¿qué puede hacer sino repetirse? Si no, cae en el ultraísmo o en Cortázar. Al fin y al cabo, una composición literaria, una frase, es como esos laberintos que hay para tortugas o para ratones: no tienen más que dos salidas».

Dice que cierta parte del cuerpo humano sin duda era conocida como el organito sentimental Propone derivados: «¿Quién era el organillero de Madame la baronné?», etcétera. Observa: «A Aníbal Troilo, ¿le preguntarán por Crésida?».

Lunes, 1.º de julio. BORGES: «¿Te acordás qué excelentes libros eran los de Malet? Todo estaba bien en ellos: hasta los epígrafes y los grabados. Eran libros muy inteligentes. Ricardo Rojas los atacó; dijo que era una vergüenza que al estudiante argentino le dieran libros que lo “llamaban a engaño” con afirmaciones acerca de “nuestro imperio”, “nuestro país” y que ese imperio y ese país fueran de otros. Qué raro que si el estudiante leía traducido del francés… Con eso se habrá conseguido imponer libros argentinos, probablemente traducciones de Malet. Porque no creo que fueran obras de investigadores».

Dice que su observación sobre las traducciones de poemas es obvia, pero justa: mientras se conoce el original de un poema, no se leen del mismo modo el original y la traducción; a ésta se la lee en función de aquél. BORGES: «Aun suponiendo que la traducción de Roy Campbell[1644] fuera tan buena como el poema de San Juan de la Cruz, no se la tendrá al nivel del poema. Para leer ambas obras con esprit non prévenu habría que ignorar cuál es el original y cuál la traducción». BIOY: «El espíritu con que se lee algo tiene mucha importancia. Goethe, crédulo de la originalidad del Ossian, lo consideró tan importante como la Ilíada y la Odisea[1645] como hoy se conoce la parte de Macpherson en la elaboración de los originales, nadie se acuerda del Ossian, sin que esto signifique un juicio sobre los méritos de Macpherson. Lo que parece extraño es que el considerable Goethe ignorara algo que mucho antes Johnson había denunciado».

Cuenta que en La Nación le propusieron que escriba su autobiografía. Lo aliento. Le digo que eso representa una obra permanente; que ahora él está escribiendo sus mejores poemas, pero que entre poema y poema puede pensar que no escribe; que su biografía no debe ser una galería de retratos ni someterse a ninguna forma que resulte excluyeme; el peligro de caer en un registro de cambios de domicilio es para chambones: él debe escribir una biografía simple, completa y out-spoken. Lo que asuste a La Nación, lo reserva para publicarlo en libro. Reconoce que así podrá poner un poco de orden y rechazar ideas preconcebidas. Podrá atacar el ultraísmo, las criolladas. BIOY: «También los laberintos y los espejos. Todo lo que no es esencial». BORGES: «Debo cuidarme de escribir una autobiografía como la de Chesterton, llena de símbolos y parábolas. La biografía de Maisie Ward[1646] es mucho mejor». BIOY: «Tampoco debés escribir una autobiografía como la de Kipling, excelente pero que deja mucho sin decir. Kipling era muy reservado. Vos, no. Sos indiscreto y te salen bien las indiscreciones. Si escribieras un libro como el de Kipling, jugarías a ser Kipling y no serías vos mismo». BORGES: «Siempre estoy releyendo Something of Myself, hasta creo saber párrafos de memoria».

Martes, 9 de julio. Acerca del primo de Cecilio Madanes, Borges dice: «Entiende la originalidad como los argentinos. Original es el que imita los últimos modelos, de aquí y de allá, sin caer en lo que no tiene precedentes, porque eso es la irresponsabilidad».

Se ríe mucho de un orador del congreso de escritores al que asistió en Santiago [de Chile], quien, para elogiar a la juventud soviética dijo que sus ídolos eran el Che Guevara y Evtushenko: «Qué sorprendentes, qué originales: admiran a un individuo pagado por ellos, que mata y roba para ampliar el imperio soviético, y a un poeta recordado por poemas como el famoso “Babi Yar”, en que valientemente llama hermano a un judío. Está muy bien que lo haga, pero ¿cómo será esa juventud que elige a ese poeta entre todos?». BIOY: «Se reirían de Smiles, si lo conocieran, pero mutatis mutandis son Smiles». BORGES: «Yo había imaginado que diría que admiraban a Kennedy. Nada muy a trasmano, pero por lo menos algo fuera de lo de ellos. Pero no. Muy libres, pero no tanto. ¿Y no le parece muy sospechoso que todos estén hablando al mismo tiempo de que en Rusia se acabó el culto a la personalidad? ¿Desde cuándo hablan de eso? Desde que murió el tirano de antes. ¿Y al de ahora lo ponen como un nulo, lo ridiculizan con caricaturas y chistes en los diarios? No, no van tan lejos». Le señalo las amenazas del gobierno ruso a los checoeslovacos: que no lleguen al sistema «multipartidario», que no se excedan en la liberación; si no, entrarán las tropas. Estas cosas se olvidan.

Me cuenta que L., que trabaja en la presidencia, está corrigiendo un discurso de Onganía. El que le hizo el discurso escribió producidor, creía que producto era la yerba, el maíz. Hablaba de «la fraternidad de Argentina-Uruguay, siempre vigilante de la propia soberanía». BORGES: «¿Por qué ésa economía de artículos? ¿No saben que se dice la Argentina y el Uruguay? No saben nada. ¿Y por qué insistir en esa frase, en la soberanía? ¿Vos me recordás que estoy en tu casa y que en cualquier momento podés regresarme a la calle?». Divertido dice regresar en forma reflexiva, porque así lo usaba un ecuatoriano, Tobar, del que se hizo bastante amigo en el congreso de escritores. Luis L. Franco había atacado furiosamente a esos escritores norteamericanos cuyo principal defecto era no ser comunistas. En seguida se levantó este Tobar y tronó: «Si oigo otra estupidez como ésa, yo me regreso». Habló con tanta furia que apabulló a Franco y lo pasó de energúmeno a sumiso.

BORGES (riendo): «Comprendí que my star is on the wane. En el congreso expusieron que Cortázar había reconocido que yo era su maestro». BIOY: «En una revista podría publicarse una galería de fotografías de escritores, titulada “Escritores que se promocionan”: Sabato, Beatriz Guido, Silvina Bullrich, David Viñas, Marfe Lynch, Cortázar, Marechal, Dalmiro Sáenz».

Asegura que los judíos están todavía aterrados. BORGES: «Yo dije que el cristianismo y el mahometanismo eran ramas del judaismo. Un judío no se atrevería a decirlo. Si un judío hablara de la cultura judía y de la cultura ¡argentina!, en su frase serían equivalentes». Agrega que la Historia les ha demostrado que a una minoría no le faltan razones para cuidarse.

Me cuenta que, interrogados los cómicos Laurel y Hardy sobre cómo habían hecho para mantener una invariable amistad a lo largo de veinte años de colaboración (muy bien retribuida: circunstancia agravante), explicaron que no permitieron que las respectivas mujeres se conocieran. De ese modo no hubo discusiones del orden de: «A mí me parece que vos hacés todo el trabajo. Que te tienen en menos. Que él saca ventajas indebidas». Lo que habrá oído Borges en ese sentido; lo que yo oí de Silvina.

Dice: «Caben dudas, ya lo sé, respecto a la existencia del yo, pero nadie duda de que la existencia de la sociedad sea más dudosa».

Sábado, 13 de julio. Comen en casa Borges y Peyrou. Quedo preocupado por la flacura de Borges.

Domingo, 14 de julio. Come en casa Borges. Busco títulos para mi novela. Propongo Contra los búhos, en el temor de que mi gran título sea parodiado como Contra los putos. Consulto con Borges y Silvina: Borges rechaza la posibilidad de la parodia y encuentra que el título despierta curiosidad, pero considera más digno La piedra y el árbol BORGES: «Parece el título de un libro famoso, ya leído, tal vez olvidado. La botánica es más tranquila que la zoología. En el jardín zoológico hay que pagar la entrada; si cobraran la entrada en el botánico, quedaría vacío. Yo creo que vos y yo hemos llegado a un momento en que podemos publicar libros con títulos tranquilos». Contra el cerdo: lo rechaza sin siquiera examinarlo. BIOY: «¿Te parece que el cerdo, aunque enemigo, infama la novela?». BORGES: «Es claro». Silvina se opone a ambos títulos: «Deberías buscar el título por otro lado; en los perseguidores, no en los perseguidos; en los jóvenes. Ya tu libro es demasiado triste. Además, por el lado de los viejos has fracasado».

Después de comer, no bien empezamos a redactar el resumen del film (La muerte y la brújula) llega Hugo Santiago, con la milonga de Invasión[1647] en una cinta. Nuestros grabadores fracasan. Vamos a lo de Susana Bombal. Después de muchas dificultades el grabador funciona.

BORGES: «El Martín Fierro nos enseña algo: que el pueblo participa en la Historia, pero no la comprende ni la siente. Martín Fierro fue un soldado de la Conquista del Desierto; participó en ella, sin nunca sospecharlo. La más notable característica del Martín Fierro es cómo el personaje está fuera de la Historia argentina. Porque Hernández era federal su gaucho está fuera de la Historia. Se oponía al gobierno, porque el único gobierno admirable para él era el de Rosas. La única campaña contra los indios eran esas imaginarias excursiones de Rosas. Odia al indio, pero la guerra contra el indio no le interesa. Martín Fierro no tiene background histórico. Que el personaje sea así está bien: es creíble. Los gauchos de Ascasubi eran moralmente mejores: luchando y cantando contra la tiranía[1648]. Martín Fierro parece más auténtico, un bruto; lo que es mejor para el personaje, es peor para el autor. Martín Fierro hizo mucho mal. Es una desgracia que uno de nuestros mejores libros abogue por la barbarie».

Dice que la Historia natural de Plinio se llama así porque entonces historia no significaba estudio cronológico o crónica, sino simplemente estudio; y natural porque los animales pertenecen a la naturaleza, al mundo. Observa que todavía hoy se emplea la denominación, sin que nadie piense en un orden cronológico.

Martes, 16 de julio. Come en casa Borges. Trabajamos con La muerte y la brújula.

Le cuento que entre las locuras de mi aprendizaje, recuerdo el empleo de palabras como bisagras, que tanto servían para la frase anterior como para la siguiente. Improvisamos un ejemplo: «Metió segundo violín en bolsa de comercio carnal». O aun: «de comercio de prima carnal». «En medio de todo, qué ingenua es esta época —reflexiona—. Si Joyce hubiera descubierto ese gambito lo hubiese incluido en el Ulysses o en Finnegans Wake. Si uno busca, ha de encontrar algo parecido». BIOY: «De todos modos, Joyce es más complejo que todos los otros que juegan a ser modernos y raros. Los otros lo son por deficiencia, por incapacidad. Joyce es capaz de lo uno y de lo otro». BORGES: «Sí, tiene vueltas, es bastante endiablado».

Frase que, según Borges, director de la Biblioteca Nacional, le dijo María Antonieta Caram, una de las empleadas: «El payaso es triste, señor Director, porque se ríe cuando quisiera llorar la muerte de uno de sus familiares». BORGES: «Esos aciertos estilísticos que tiene el azar. Una situación particular presentada como regla universal. Todo está bien: señor Director, la palabra familiares, que es perfecta».

Sábado, 20 de julio. BORGES: «Aun prescindiendo de sus textos argentinos, nuestra Antología [de la literatura] fantástica es una de las obras capitales de la literatura argentina». BIOY: «También me parecen importantes, aunque en menor grado, algunos volúmenes del “Séptimo Círculo”: junto con la Antología, contribuyeron a enseñar a inventar y a contar argumentos». BORGES: «Me asombra pensar que Las fuerzas extrañas haya pasado inadvertido: tal vez Lugones llegó demasiado temprano». BIOY: «Entre el fine writing de Lugones se desdibujaba el argumento; la gente no lo notaba; tal vez leyera esos cuentos como cualquier otro cuento sin advertir que Lugones se aventuraba en un género nuevo para él y, quizá, también para ellos». BORGES: «Antes de nuestros libros la gente entendía por cuento cualquier cosa: un cuadrito como los de Fray Mocho». BIOY: «Un caso raro era el de Maupassant: se admiraban meras anécdotas como si fueran cuentos maravillosos». BORGES: «Lo raro es que a O. Henry le reprocharon que no fuera capaz de escribir cuentos como Maupassant, sino anécdotas. Bueno, se entiende que Maupassant escribía muy bien». BIOY: «Ahí está la clave de todo: cuando se entiende algo ya nada se le opone, ni siquiera la evidencia. Ahora se entiende que Quiroga escribe bien. Para desengañarse tienen sus obras». BORGES: «Pero eso no importa».

Explica: «Por estupidez, Shakespeare hace decir a Julio César “et tu Bruté” en latín[1649]. El resto de la pieza está en inglés: “et tu Bruté” se oye como una cita. Si no lo hubiera cometido Shakespeare, ese error bastaría para mandar a un autor al infierno, por simple desdén».

Dice que imbécil, en boca de la gente, es palabra de acepción lata. Imbécil es el chofer que no se detiene, el individuo que se nos adelanta en la boletería (pero menos imbécil que el que se quedó atrás). Conviene conmigo en que la gente habla de cualquier modo, que dice las cosas de una manera un día, de otra al siguiente. BORGES: «Tal vez los diccionarios en definitiva sirvan para fijar el idioma». BIOY: «Es claro. En ese nivel son muy útiles; pero los españoles se fueron al otro lado».

BORGES: «En la apropiación, por parte de los uruguayos, de Horacio Quiroga, se pueden señalar dos errores: uno moral, de codicia, pues Horacio Quiroga, que nació por casualidad en territorio uruguayo, era hijo del cónsul argentino; otro estético, porque para apropiarse de eso más vale quedar como desinteresados». Toda la animadversión de Borges era para Quiroga, no para el Uruguay.

Cuenta: «En toda mi vida sólo he asistido a una expresión de folklore inocente. Estaba en una estancia, en el Chaco. Comíamos un asado. Yo oía una gritería que venía de las palmeras. Pregunté: “¿Qué es eso?”. “No es nada, señor —me contestó alguien—. Son los monos”. Era antes del 55; entonces yo tenía vista. Miré hacia las palmeras: estaban llenas de monos grises, bastante grandes. Seguimos comiendo el asado».

Martes, 23 de julio. Come en casa Borges. Tratábamos de armar la complicada (y desde luego pueril) trama policial de la película, cuando exclama BORGES: «¡En lo que estamos ocupados! ¡Qué diría Ureña! ¡Lugones! ¡Groussac!». Agrego: «Qué diría el doctor Johnson».

Corregíamos un diálogo, que decía: «Me eligieron…». «Sí, lo elegimos». Propuso que modificáramos la última frase: «Sí, ha sido elegido». Explica: «Suena peor pero, según esa idea que tengo de que lo auditivo es visual, como se va a decir[1650], no importa».

BORGES: «Una frase de Padre: “Si somos inmortales ya tendremos tiempo de hablar de todas esas cosas (existencia de Dios, etcétera)”. El Dios que condena a quien no cree en él, corresponde a una idea miserable de Dios. Aristóteles decía: “Yo prefiero que la gente crea que no he existido a que crea que fui un malvado”. Dios no pensaba así. Si te dicen: “Alguien en San Luis no cree que usted exista”. Bueno, ¿y qué? ¿Qué saca Dios de que nosotros tengamos o no fe en él? Cui bono?».

Recuerda una frase oída no sé a quién: «Ellos dicen que son cargados de hombros, pero yo creo que son jorobados». Observa: «Por supuesto, detrás de esa frase se descubre a una mujer».

Le cuento que Bianco no se enteró hasta el 50 de los rudimentos de la versificación y que Mallea ignora (o por lo menos ignoraba hasta hace poco) qué es un endecasílabo. «Entonces —dice— hay cosas que Estrella Gutiérrez conoce que Mallea ignora».

BORGES: «Félix Lima descubrió que los judíos hablaban de un modo especial». BIOY: «Nuestro lunfardo italianizante pronto será arqueológico».

Sábado, 27 de julio. BORGES: «Ángel Vassallo debe de estar loco. Exige que los alumnos repitan en los exámenes sus explicaciones literalmente. Eso es lo que ningún profesor quiere. Parece que ha definido la filosofía como un conocimiento claro y preciso de la realidad. Si los alumnos dicen preciso y claro los aplaza. ¿Podrá creer Vassallo que esa definición es sostenible? Si admite esa definición, niega todas las escuelas y las discusiones filosóficas. Le convendría despertar de su sueño dogmático[1651]».

Domingo, 4 de agosto. Sobre los sonetos de García Saraví, que premiamos hace dos o tres años, me dice BORGES: «¿Te has fijado cómo han empeorado esos sonetos? Son horribles. Duros, llenos de fealdades. Los caballos ahora están embalsamados y los gauchos son del Museo Güiraldes, de San Antonio de Areco. Habla de un toro que se calza las botas, que se pone un poncho colorado: un animal disfrazado de hombre. Creo que el toro es Urquiza». BIOY: «No sé cómo nos engañaron. Significan una seria duda sobre la infalibilidad de nuestro juicio. Son una lección de modestia. Cuando coincidíamos con Carmen Gándara, ¿cómo no sospechamos?».

Sobre la muerte de Carlos Alberto Erro. BORGES: «Yo creí que me era totalmente indiferente, pero cuando su hermano me habló con su misma voz, con el mismo tono de grave afirmación para trivialidades, descubrí que estaba muy conmovido. Murió por gula. Parece que en la casa le escondían la comida y la bebida; pero sobre todo la comida. A mí me cuesta creer en la gula. ¿Qué es? Un agradable cosquilleo en el paladar. Bueno, no parece tan meritorio ser un poco ascético y no abandonarse a eso. Es como si uno muriera por el placer de oler una manzana o la pasta española de la encuadernación de la Biblioteca Rivadeneira. Son olores muy ricos, pero hay cosas más importantes».

Lunes, 5 de agosto. BORGES: «Este año voy a ver si hablo menos y escribo más. Ya varias personas me han preguntado desde cuándo no escribo, si no volveré a escribir».

Me dice: «En Coronel Suárez hice el elogio de la Revolución Libertadora y ataqué las tiranías. Toda esa parte de mi discurso me la escamoteó el intendente, porque en su estancia había un antílope cazando antílopes. Estaba el general Osiris Villegas y se podía contrariar por esos ataques al peronismo. No te imaginás lo que era. ¿Te acordás cómo César Dabove destilaba tristeza? Este así destila estupidez. No es necesario que hable; basta mirarlo. Una especie de divinidad infusa de estupidez. Qué raro que tenga ese nombre egipcio: podrían despedazarlo y esparcirlo por todos los mares».

Acerca de un futuro libro sobre un barrio de Buenos Aires, en el que hemos de colaborar: «No creo necesario que busquemos ángulos. Eso es trabajo de fotógrafos. ¿Cómo no van a haber tapias y zaguanes? Aunque después de recorrer la provincia de Buenos Aires uno se pregunta si hay algo… Tal vez en la provincia de Buenos Aires, por un sistema de espejos, nos harán creer que hay muchos pueblos y en realidad habrá uno solo».

Miércoles, 7 de agosto. Dice BORGES: «Todos los psiquiatras (y psicoanalistas) han de tener algo de maestros mágicos. Como los otros, no saben nada. Lui qui en sait sur le néant plus que les morts[1652]. Yo creo que médicos así pueden hacer mucho mal. Deben de ser unos idiotas. Todo lo que se cita de ellos con admiración son inepcias. Deben de ser maestros mágicos. Bueno, todos los psiquiatras…» (da capó).

BORGES: «Qué raro que Clemente, que admira tanto a Braque, desprecie a los abstractos. Qué raro que no haya notado cierta afinidad. Es como si una persona admirara mucho a Dickson Carr y despreciara a Cárter Dickson[1653]. La forma en Braque es muy fea: podrían ser objetos insensatos pero lindos. Como una corbata, por ejemplo. O como los bolones. Mirá que son lindos los bolones; podríamos proponerle a Romero Brest una exposición de bolones. Desde luego, el comentario sería demasiado evidente»[1654].

Sábado, 10 de agosto. Comen en casa Borges y Peyrou. Cuenta BORGES: «Hoy me pasó una de esas cosas que nos pasan a nosotros y que seguramente nunca le sucedieron a Larreta. Un muchacho me dijo que era amigo de un fotógrafo que trabajaba para Hugo Santiago y que, por si me interesaba, iba a tratar de conseguirme un permiso para que presenciara la filmación de “esa película”».

BORGES: «Koremblit una vez me presentó y sin intención de tutearme concluyó así: “Y ahora dejo con ustedes al omniscio”. El omniscio era yo. Lo era, porque no ignoraba la palabra. Es claro que el que quedó como omniscio fue Koremblit; después de eso fatalmente yo parecí desvaído, como si todo el tiempo dijera: “Bueno, yo pienso de que…”. Para atacar a Córdova, Koremblit dijo por radio: “El señor Córdova Iturburu se compró un nuevo cabresto que le queda muy bien”. No está bien comparar a una persona con un caballo. Como la idea es nula, si no hay gracia, no hay nada. Este estilo de “vigorosos ataques”, por ejemplo decir que Fulano “fatiga el ejercicio de la infamia” es el predilecto de Luis L. Franco: un bruto. A veces Lugones caía en eso; Almafuerte, siempre».

Después, Borges me comentará: «En la tristeza de Peyrou de hoy sospecho el influjo, o quizá el vivo recuerdo, de la tristeza de César Dabove en los últimos años de su vida. Los otros días le quise mostrar el grabado ése de Durero, del caballero, la muerte y la doncella. Me dijo, sin enojo, como expresión de un hecho: “No, no puedo mirarlo. No puedo concentrarme, ni tengo ganas”».

Domingo, 11 de agosto. Habla Borges de «Los amigos de Unamuno». Le digo que si hubiera una sociedad de Amigos de Baroja me inscribiría en ella. A Baroja siempre puedo acompañarlo por algunas páginas, con particular agrado y aprobación; de Unamuno muy pronto me despido. El tono de menosprecio por todo, de Baroja, me resulta convincente y hasta grato; pero es claro que tampoco uno puede vivir en ese ambiente. Unamuno me parece un majadero y muchas veces un simulador del pensamiento. Peor aún: un jactancioso de sus viarazas.

Miércoles, 14 de agosto. Por la mañana, me llama por teléfono: «Quiero contarte un hecho que prueba que vivimos entre idiotas que son también demonios. Cuando murió Herminia Brumana, Olivera hizo poner en la biblioteca de la SADE, a donde ella solía ir, una placa de mármol que decía “Herminia Brumana vive aquí”. Parece que Piñol descubrió que habían sacado la placa. Se averiguó después que en algún cambio de comisión, el poeta Galtier la hizo retirar. A Piñol, que le preguntó por qué había hecho eso, Galtier le dijo: “No podemos vivir aquí entre fantasmas”. “Ojalá que viviéramos entre fantasmas como Herminia Brumana”, contestó Piñol. ¿Qué me decís de la insensibilidad y mezquindad de ese rasgo de Galtier? Un hecho así revela un alma atroz, no menos atroz que la del inventor de cámaras letales. No digo por las consecuencias, desde luego, sino por el impulso de mezquindad». Le di la razón, pero después pensé que a lo mejor Galtier siente (como yo) horror por las cosas de la muerte y que esa placa, que traía a la biblioteca cierto ambiente de sepulcro, lo sobrecogía. De todos modos, para arrancar la placa se requiere cierta fuerza que yo no tengo. A mí, una mezcla de temor supersticioso y de repulsión por lo funerario me habría paralizado.

Jueves, 15 de agosto. Come en casa Borges. Me dice que Hornos Paz le pidió que se comprometiera con La Nación a dar un libro por entregas. Quiere salvar el suplemento, propósito arduo «por la herencia de Estrellas Gutiérrez, Jorges Max Rhode, Beatrices Guido, Luisas Mercedes Levinson que arrastra». Borges ve dos posibilidades de libros: uno de vidas imaginadas (Macpherson que escribe un poema y tiene que atribuirlo a un poeta antiguo; Boswell que inventa una novela biográfica y encarna el personaje deslucido; el autor del Beowulf, que en medio de guerras, trata de imitar la Eneida) o uno de ética. Yo soy partidario del libro de ética: intento de una ética. Como ahora debe dar una conferencia sobre la violencia, ahí tendría el primer tema; después vendría el perdón, la política y los escritores…

Leemos ensayos para el concurso de La Nación[1655]. Llega el primo de Madanes. Quiere una adaptación fiel de «La muerte y la brújula». Ve el cuento como lo leyó, su encanto lo deslumbra, no se resigna a que se lo cambien por otro (la gente prefiere siempre la versión primera). Para nosotros, este plan significa menos trabajo; el resultado sería un film absurdo.

Leo a Borges —que llora de risa— un soneto de Enrique Vidal Molina:

Dios hizo altivo al hombre de llanura,

dándole por compañía, la entereza

del animal que afianza su realeza.

Y su tristeza, se volvió tristura.

Es al jinete la cabalgadura,

igual que el corazón a la cabeza.

Allí, donde termina la fiereza

del montado, comienza su bravura.

Si la bravura del paisano, alcanza

para escribir la historia con largueza,

he de gloriarte, gaucho, en tu destierro

hoy, que otro estilo olvida tu privanza.

Porque erguido, enristrado en tu firmeza,

al bronce vano preferiste el hierro[1656]

Viernes, 16 de agosto. Come en casa Borges, que sugiere: «Deberíamos abandonar esta adaptación [de “La muerte y la brújula”]. Mejor decirle que busque un escritor que adapte el film como él quiere». Leemos ensayos para el concurso de La Nación.

Cuenta que sobre temas militares Osiris Villegas no sabe nada: «Le cité a Clausewitz y a Liddell Hart sin provocar reacción de reconocimiento; le hablé de nuestras guerras de la Independencia y civiles en vano; sobre lo único que estaba informado era sobre la batalla de Junín».

Me dice que va a asistir, con Bernárdez, a unos juegos florales: «Pensar que antes los llamábamos manflorales[1657]. No habría que recordar eso».

Domingo, 18 de agosto. Come en casa Borges. Comenta del Cabito BIOY: «Habla con insensatez. Distingue matices entre un sainetero y otro. Es muy inteligente y hace observaciones independientes y personales, piensa por sí mismo, lo que es raro. Por ejemplo, me dijo que sobre la polémica acerca de quién era maestro y quién discípulo, o quién precedía a quién entre Lugones y Herrera, él no sabía nada. Que un día leyó Los crepúsculos del jardín y otro día encontró un libro titulado Los parques abandonados. Que en los dos había muchas cosas malas, pero que en Lugones todo le parecía plagio y que en Herrera todo le parecía sentido con alguna pasión. Comenté el caso curioso de Mastronardi, que se pasa escribiendo y reescribiendo un solo poema. El Cabito dijo: “Habría que saber cómo lo reescribe. Si lo hace mecánicamente no tiene importancia. Si lo hace con la exaltación que se pone la primera vez el trabajo ese justifica su vida”. También me dijo: “Don Segundo y los otros libros de Güiraldes son muy malos, no valen nada, pero uno advierte que cada uno de ellos tuvo importancia para el autor y eso cuenta”».

Martes, 20 de agosto. Come en casa Borges, preocupado porque ha perdido la bufanda. Después la encuentra. Se pregunta: «¿Por qué una distracción me entristeció y otra igual me alegra?». Leemos ensayos para La Nación.

BIOY: «El librero Bunge comentó con sorpresa que en el prólogo a la Nueva antología personal atacás alguna obra tuya, como “Hombre de la esquina rosada”». BORGES: «Aquí nadie atacará su propia obra». BIOY: «En otras partes tampoco es usual. En Francia no encontré escritores que ridiculicen sus propios escritos». BORGES: «Drieu lo hacía. Reyes también era modesto. Bueno, en España lo rigorearon durante años, por no ser español».

Sábado, 24 de agosto. Con Silvina vamos al Baradero, a un homenaje a Carlos Mastronardi, de la Comisión de Cultura de la Municipalidad del Baradero. A las cinco y media estamos allí. Veo, frente a la municipalidad, a un grupo de hombres con escarapelas. Llega el ómnibus. Lo bajan a BORGES: un muñeco flaquísimo, cuya cuerda lo encamina para cualquier lado; si el rumbo es erróneo, se lo cambian; él siempre avanza, con su mirada vaga. Está visto que se nos va la vida, pienso.

Manucho prorrumpe con un gran saco adornado de piel: blanco, rosado como un cerdito, sonríe fatuamente; trae su manojo de muchachitos. Saludo al hermano de Mastronardi: un Mastronardi de mayor volumen, de aire más importante. También saludo a la hermana, con idéntico rostro en mango de paraguas; a Hermes Villordo, compendiado e inteligente; a María Angélica Bosco; a María Alicia Domínguez; a Ulyses Petit de Murat, afectuoso con todo el mundo. Mastronardi, por fin: «¿Cómo han venido? ¡Qué barbaridad! Ahora sólo nos falta cantar el himno».

Después del té nos llevan a un cinematógrafo, donde se hará el homenaje. Como el secretario de Cultura, señor Carcavallo, y Calvetti no aparecían, tenemos que esperar. Hablan Zulma Núñez, por los amigos; María Angélica Bosco, por la SADE; Carcavallo, como es de imaginar, por la Comisión; Borges; Mujica, que lee una carta de Victoria; Calvetti, que representa a los discípulos y que menciona al Cabito «injustamente olvidado». Muy conmovido, Mastronardi dice unas palabras de gratitud y busca en un librito el poema «El forastero». Como Coleridge en sus conferencias sobre Shakespeare, no encuentra el texto buscado. Cuando todos empezamos a padecer, comenta: «Sólo Calvetti es capaz de encontrar este poema». La situación se salva. Borges le da después una rama de olivo, en broma.

Borges me dice, con simpatía: «Mastronardi, de puro contento, se ha convertido en un malevo. Está agresivo. Cuando le presentaron a un señor que es el historiador del Baradero, comentó: “El filósofo del Arroyo del Sapo”. Después le preguntó: “¿Ha pasado por Entre Ríos?”. “Sí, alguna vez”, contestó el otro. “Ya me parecía advertir en usted ciertas lucideces”, afirmó Mastronardi. Ante mi azoro, me tranquilizó: “Metafísicamente indemne”». Borges observa que estas bromas sobre Entre Ríos corresponden a la idea: «Ustedes me ven como un provinciano, como un entrerriano. Bueno: yo voy a ser todo lo entrerriano que ustedes quieran». BORGES: «No es como los Dabove, que sin duda creían que Morón era un paraje extraordinario. Una vez le hablé de Adrogué a Santiago. “¿Queda en el Oeste?”, me preguntó. “No, en el Sur”, le dije, y él declaró sin empaques: “Entonces no lo conozco”. Como si dijera: “No me interesa, no existe”».

Domingo, 1.º de septiembre. Come en casa Borges. Leemos ensayos para La Nación.

Cito a Russell, que dice que el mejor sistema es un socialismo manso y que lamenta el triunfo del marxismo, que es nietzscheano[1658]. BORGES: «Es el triunfo de la mala literatura».

Me cuenta: «Me llamó Martín Noel, para disculparse. Pensaba que yo estaría furioso, porque una conferencia que yo debía dar hoy ha quedado postergada. Nadie tiene la culpa de esas cosas; la gente lo sabe, pero cuando les pasa a ellos no perdonan. No hay indulgencia».

BIOY: «McLuhan sostiene que en toda frase clara hay una renuncia a explorar la realidad». BORGES: «Ha de pensar que el mundo es complejo y que toda frase que trate de expresar algo de él debe ser también compleja: debe hacer juego. Toda frase clara es una simplificación».

Sábado, 7 de septiembre. Come en casa Borges. Dice: «La pederastía ha manchado toda la literatura. Ahora la amistad es un tema vedado». Silvina protesta, acremente. BORGES: «Ya no se puede escribir una elegía para un amigo muerto». Cuando lo acompaño hasta la puerta de su casa, comenta: «Martínez Estrada vio algo de pederastía en el Martín Fierro. Es claro, si hasta se llamaba Fierro[1659]: un predestinado». No me aclara de dónde Martínez Estrada sacó esa idea.

Domingo, 8 de septiembre. Come en casa Borges. Leemos ensayos para el concurso de La Nación. BORGES: «Las obras famosas soportan todas las interpretaciones. Alguien estudió el Quijote como caso clínico. Dijo que la evolución de la enfermedad era admirable, en la novela. Según Groussac, que fue muy curioso de medicina y psiquiatría, no existe ese tipo de locura». BIOY: «Lo más probable es que como historia clínica sea inverosímil; pero no importa. Lo que está mal es encontrar méritos absurdos en los libros».

Murió Fernando Gilardi, el autor de Silvano Corujo. BORGES: «Gilardi aprendió a escribir con los libros de Güiraldes. Silvano Corujo es un centón de Don Segundo sobre andanzas por el Bañado de Flores». BIOY: «Yo siempre lo compadecí un poco, porque lo veía trabado por su prosa barroca. En La mañana se exacerbó, como nosotros en los (pen)últimos relatos de Bustos Domecq. Pobre hombre, lo imagino componiendo día tras día, con decreciente fe en sus capacidades, a lo largo del tiempo». BORGES: «Seguro que ponía recuerdos personales».

Dice que el mayor defecto de Etchebarne es que satisface la expectativa, sin excederla nunca. BORGES: «Se me fue la mano con Juan Nadie. Yo no sé que me pasa: de vez en cuando me embalo. Tuve más suerte que él: expedí compadritos inferiores, que hicieron carrera. Los suyos no rompieron el silencio».

Observa, sobre la distinción aristotélica entre Historia y Poesía[1660]: «Entonces, que un caballo de madera con soldados adentro provoque la caída de una ciudad es un hecho general y permanente».

Sábado, 14 de septiembre. Comen en casa Borges y Peyrou. BORGES: «La estupidez no le importa a nadie. ¿La gente no advierte esos indios, de cara notablemente estúpida, en los frescos de Rivera? ¿Piensa que están pintados contra los indios? Él mismo Rivera siente tan poco la estupidez que los pinta a favor. ¿Qué me decís de esos cuadros muy admirados en que hay un yanki con galera y billetes de dólares? Qué grosería. Sin embargo, Rivera es indiscutible. Nadie se atreve a atacarlo. Otro que no se discute es el Greco. Tampoco hay en sus cuadros una sola cara inteligente. Pinta cielos burocráticos, llenos de clérigos y dignatarios, con algo de ballet».

Lunes, 16 de septiembre. Come en casa Borges. Sobre Lope y Góngora, dice: «Cuando firmaba con su nombre, Lope elogiaba a Góngora, pero cuando firmaba con seudónimo lo denigraba. En esto mostraba un doblez bastante feo; en cambio, estuvo bien cuando escribió que él respetaba a Góngora, porque había llegado por sí mismo al culteranismo, pero que no respetaba a los imitadores, que empezaban por él[1661]. La misma crítica vale para todos los discípulos que imitan a maestros raros; a cuantos quieren acabar con la tradición y adoptan una tradición reciente. También escribió Lope: “Como admiro en Góngora lo que entiendo, no condeno lo que no entiendo”. Uno pensaría que las polémicas en aquellos tiempos serían tan vehementes que no permitirían estos matices». BIOY: «Tal vez Lope fuera el más inteligente de los escritores españoles de entonces, capaz de escribir cualquier cosa. La felicidad de muchos de sus versos es comparable con la de los de Darío». BORGES: «No hay que juzgarlo por el teatro, que entonces era una industria. Quevedo y Góngora parecen más vívidos. Pero tal vez no haya que ser tan vívido».

Observa: «Si alguien me dice que venera a Cervantes, le encuentro razón, y si alguien me dice que lo niega, también le encuentro razón. Con casi todos los autores pasa esto; sobre todo con los clásicos. Es cuestión de cómo se los mira; de inclinar un poco la cabeza y fijar la mirada más allá o más acá».

Sobre un discurso de Nalé Roxlo: «Para no ser solemne, fue humorista. Ser humorista, en los discursos, es una forma de ser solemne. Todas las bromas con dinero tuvieron éxito. Contó una anécdota sobre Larreta (no lo nombró; lo describió y, para que no cupieran dudas, agregó “desde su engolamiento me contestó…”). Parece que un día lo visitó y le dijo: “Usted que es tan rico, don Larreta, ¿por qué no da un dinero para poetas jóvenes?”. Larreta contestó: “Porque yo quiero que se me recuerde como escritor, no como mecenas”. En esa anécdota, el que está bien es Larreta; contestó con precisión a un pechazo. Porque, ¿quiénes eran esos poetas jóvenes sino el mismo Nalé? ¿Y te parece que quedaba muy bien pidiendo así plata a la gente? No importa ser pobre o ser rico: importa ser decorosamente pobre o decorosamente rico. Está mal que un pobre lo sea con resentimiento y un rico con ostentación».

BIOY: «De un viejo señor argentino, con nombre y apellido, me refirieron que unos amigos lo habían invitado a comer con unas chicas. El señor se excusó; los amigos insistieron: “No podés hacernos esto. Contamos con vos”, etcétera. El señor repitió su negativa y por último explicó: “Es que yo sé lo que va a pasar. Vamos a tener que coger”». Borges me cuenta otra versión: Dos viejos señores, por Florida, empiezan a seguir y piropear a dos chicas. De pronto una de las dos chicas les sonríe. Un señor le dice al otro: «Mejor nos vamos. Todavía van a agarrar».

Habla de frases populares: «Pasa una pareja. Los malevos de la esquina le dicen a la muchacha: “¡Sólita!”. Una fórmula perfecta. ¿Cómo la habrán inventado? Primero la habrán dicho cuando veían a una chica sola; después habrán descubierto que podían emplearla para insultar al acompañante. ¿Quién la habrá inventado? Eso nunca se sabrá; sin embargo, algo se sabe: que no son los que la dijeron. Los inventores serán parecidos, iguales, pero otros». Cita después a un taxista, que le dijo: «Para hablar mal de este gobierno, más vale meterse la lengua en el culo».

Martes, 17 de septiembre. Hablo por teléfono con Borges. Dice que en el Padre Nuestro en inglés, según él lo sabe, la frase es «thine is the Kingdom, the Power and the Glory», pero que alguien propone que quizá la versión correcta sea «thine are the Kingdom, the Power and the Glory». BORGES: «El verbo en singular, aunque menos lógico, puede justificarse, y aun preferirse, porque sugiere una elocución espontánea, tal vez la más propia para una oración».

Como estamos concluyendo la lectura de ensayos para el concurso de La Nación, pensamos en la posibilidad de escribir un libro. Me propone una Historia de las enciclopedias. BIOY: «No podemos hacerla de segunda mano, con los artículos de la Encyclopaedia Britannica y del Larousse como única fuente. No será fácil conseguir algunas enciclopedias antiguas. Yo creo que, aparte de algunas curiosidades, la esencia de un libro así cabe en un artículo». Me propone entonces un libro sobre epitafios. BIOY: «Diez páginas sobre epitafios pueden ser muy ricas. Un libro entero me parece fúnebre». BORGES: «Vamos a caer en una antología de epitafios comentados». BIOY: «El mismo esfuerzo se requiere para preparar esos libros que para uno importante. Esos dos libros que me proponés son decorativos: son trabajos para un Ignacio Pirovano, un decorador de la literatura. Hace años que tengo un proyecto ambicioso. Es un libro que no nos dará más trabajo que los que proponés, y que podría ser útil: una introducción a la literatura». Le parece bien, y ya quiere hablar con el editor Columba. Le digo: «Seamos cautos. Tratemos de empezar el libro. Si vemos que es posible, que no nos aburre, vayamos a hablar con Columba».

Distingue dos tipos de fama: «La fama de Conan Doyle no es la misma que la de Wordsworth, ni la de Beatriz Guido que la de Groussac. Schiavo no tiene ninguna de las dos».

Sábado, 28 de septiembre. Comen en casa Borges y Peyrou. BORGES: «Carriego era decidor y bromista. Una vez dijo: “Ahora que se acerca el Centenario, Alvarito [Melián Lafinur] trabaja de procer y se deja la patilla”. No era sentimental; afirmaba: “Yo les tengo tanta rabia a los gringos, que los calumnio” y hablaba de “despectivos apellidos italianos”». Borges cuenta después que Susana Bombal, muerto Alvaro, resolvió que éste había vivido enamorado de ella; que ese amor no correspondido fue en la vida de Alvaro lo más importante. Cuando resultó que Alvaro dejaba un hijo natural, se sintió traicionada. «Para estas cosas sirven los muertos», dice Borges.

En su discurso para el homenaje a Lugones, Córdova Iturburu, presidente de la SADE, insistió en que esa sociedad no era política y que abría las puertas a todos los escritores. BORGES: «En mi discurso, yo recordé que la Historia incluye el presente y que durante la segunda tiranía los escritores, reunidos en la SADE, no cedimos a ella y que sentíamos que esa tiranía era la primera, que volvía a abrumar el país. Le contesté así, porque no podía meterme en una polémica. Qué porquería. Me felicitó. Dijo que mis discursos deberían grabarse».

BORGES: «[Neil] McKay, del British Council, afirma de muchas páginas de Darío: “They date”. Qué raro: las mismas personas que censuran a unos escritores por ser anticuados, elogian a otros por ser modernos. Cómo no comprenden que lo que ahora les gusta por moderno dentro de un rato les disgustará por anticuado. McKay lee infatigablemente a Lugones y, es claro, no se halla a gusto con Darío. Vivió en Venezuela y supone que toda la literatura de este continente debe de ser grandilocuente y enfática; está gratamente sorprendido con las Memorias del general Paz».

Asegura Borges que ahora no tiene ganas de pelear y que siente afecto por todo el mundo: «En la Academia Rubén Darío me encontré con Molinari, con Avelino Herrero Mayor y con Gandía, y los saludé efusivamente. Me pregunto si esto será un buen síntoma o el anuncio de males mayores. Al principio, mis compañeros de la Academia Rubén Darío querían que sus miembros no fueran elegidos entre los de la Academia Argentina de Letras para evitar que algunos reunieran tantos honores. Qué modestia… El escultor Fioravanti pretende cobrar diez millones de pesos por el monumento en homenaje a Dario. Yo propuse a la Academia Rubén Darío que pasaran una nota diciendo que estaban seguros de que Fioravanti no deseaba cobrar los diez millones. Está mal que en el monumento se reproduzcan estrofas del “Canto a la Argentina”. Parece que honráramos a Darío por eso; como si dijéramos: “Le hacemos un monumento porque era amigo de nuestro país”. Es claro que, a lo mejor, si no se alegaba ese poema, el gobierno no hubiera apoyado la iniciativa. En el monumento habría que citar algún verso excelente y melancólico. Sin duda Darío escribió el “Canto a la Argentina” y la “Oda a Mitre” por encargo, porque en La Nación se los pidieron. En la antología de Darío, que publicaré con Molinari, sólo incluiremos fragmentos de esos poemas. Me dijeron que bastaría media palabra mía para que Victoria apoyara en el Fondo de las Artes el proyecto de la edición: ya ha renunciado a ser moderna; casi ha renunciado a sus preferencias». BIOY: «La gente se vuelve clásica por escepticismo sobre su gusto o su criterio». BORGES: «Victoria no sirve para las discusiones de jurados literarios. Acostumbrada a mandar, si no la acatan está perdida. No sabe crear ese buen ambiente de comprensión».

BORGES: «Estrella Gutiérrez me dijo que un verso de Darío siempre se imprime con la misma errata. La coma después de árbol en:

Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo[1662].

Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo[1662].

No creo que sea una errata. Sin coma, sería un árbol particular, el que es apenas sensitivo; Darío se refiere a todos los árboles. Para no hacer hincapié en su estupidez, sugerí que peor era la errata de la línea siguiente:

Y más la piedra pómez, que ésa ya no siente.

Y más la piedra pómez, que ésa ya no siente.

Me miró sin comprender. Herrero Mayor se quejó de los españoles: le habrá ido mal en su viaje por España. Los españoles han de estar hartos de Avelinos Herrero Mayor, puristas y gramáticos».

BORGES: «No sé qué me ha dado por hacer bromas. Los otros días vinieron a verme a casa unas chicas de un Colegio Nacional. Les dije que Borges había salido y que yo era Mujica Lainez. Les dije eso porque estaba contento, en un impulso por decir disparates. Era un chiste secreto e idiota. Pobres chicas. Tal vez no sabían quién era yo, pero no dudaban de que era un loco».

Dice Borges que con Macedonio Fernández se reunían en el bar León de la avenida Triunvirato: «El más antiguo amigo de Macedonio era Fernández Latour. Ahora resulta que todo el mundo era amigo íntimo de Macedonio, aun personas que nunca lo vieron: ahora resulta que Marechal era amigo de Macedonio».

BORGES: «Me pregunto si Ascasubi o Hernández hubieran sentido que había algo nuestro, de ellos y de nosotros, en El apache argentino. Si hubieran oído tangos hubiesen dicho: “Esto no tiene nada que ver con nosotros, debe de ser música búlgara”. (Pausa). Pero de algún modo se hubieran identificado con esa música».

Hablamos de Andrew Lang. BORGES: «Lang dijo que Stevenson no tenía para las negligencias y lentitudes de sir Walter [Scott] la tolerancia que todo escocés le debe. ¿Lo habrá escrito con una sonrisa? Cuenta que, siendo joven, se encontró una vez con Bob Stevenson, pero dice que de la entrevista no recuerda nada, salvo que le explicó a Stevenson que Barbey d’Aurevilly no era un English-sportsman. Sin duda refirió la anécdota bromeando contra sí mismo».

BORGES: «Un peluquero me dijo, los otros días: “Yo lo conocí a su padre. Era un buen hombre”. La frase le hubiera hecho gracia a Padre. No, al doctor Larreta: no le pasaban esas cosas al doctor Larreta».

Lunes, 30 de septiembre. En 1946, siendo director de Los Anales de Buenos Aires, Borges conoció a Enrique de Gandía; en seguida éste le pidió informaciones sobre la propietaria de la revista, la señora de Ortiz Basualdo; en especial, sobre su situación económica. «Ah, una mujer de dinero. Rica. Qué interesante», comentó. Al día siguiente visitó a la señora y trató de interesarla en un proyecto que había concebido esa noche: reemplazar al director de Los Anales; sustituir a Borges por Gandía.

La señora le contó todo a Borges, quien no volvió a ver a Gandía hasta anteayer. Al encontrarse, Gandía le preguntó por «nuestra común amiga, la señora de Ortiz Basualdo».

Dice Borges que podría escribirse un cuento (que le gustaría a James) de dos personas que se encuentran después de mucho tiempo: el delator y la víctima que por culpa del primero padeció cárceles. Fraternizan; la delación y la cárcel no les importa: les basta compartir el recuerdo de esos tiempos[1663]. Serían dos viejos señores —ex malevos, ahora respetables—, que en la oscuridad del cine oyen un tango, digamos Entrada prohibida. Uno recita un verso de la parodia obscena; el otro recuerda el siguiente. Después conversan un poco y tardan en descubrir quiénes son. BIOY: «Si prolongás mucho ese momento del reconocimiento, parece falsa la situación (salvo que el delator haya obrado cuando tenían diez años, o que ahora uno esté ciego)». Le aconsejo que la víctima cuente la historia del encuentro a su hijo. En verdad creo que sólo puede escribirse este argumento en dos partes; la primera, contemporánea a la delación, en que el lector junta deseos de que la víctima se vengue; la segunda, con los personajes ya viejos, cuando se descarta esa venganza porque los une el recuerdo del pasado, que ya es lo único que para ellos cuenta.

Martes, 1.º de octubre. Comen en casa Borges y Hugo Santiago. Hugo Santiago dice: «Hay que ir pensando en un nuevo film». Borges toma literalmente esas palabras: «Hace tiempo que pienso en un argumento.

Un hombre, que se transforma, no como Mr. Jekyll, en otro, sino en otros, en cuatro o cinco». A toda velocidad inventamos[1664].

Miércoles, 2 de octubre. Comen en casa Borges y Hugo Santiago: seguimos inventando el film. Ya creemos en (ya vemos) un film extraordinario, muy triste, muy romántico. Aprovechando una palabra de Hugo, creo que salvamos el film de la máquina policial, tan estéril, en que fácilmente recae Borges.

Jueves, 3 de octubre. Comen en casa Borges y Hugo Santiago. Seguimos con el film. Empezamos a preparar el libro Introducción a la literatura. En la casa Columba, hablamos del libro, lo prometemos, anuncian que van a enviarnos el proyecto de contrato.

Dice BORGES: «¿Vos sabés lo que hacen estudiar a los chicos de la Facultad? El costumbrismo, los libros de Fernán Caballero. A esos profesores habría que meterlos presos».

Sábado, 5 de octubre. Comen en casa Borges y Peyrou. Observa BORGES: «Las dictaduras se benefician de la circunstancia de que a nadie le gusta reconocer que tiene miedo. Entonces, si estás cagado de miedo, fingís que estás entusiasmado, que participás con fervor en la gran obra común. Después dirás que te has equivocado, lo que parece menos indigno… Fooling who?».

BORGES: «En este país estamos intentando el asado desde hace doscientos años y siempre nos sale como un cuero. Deberíamos abandonar la partida».

Jueves, 17 de octubre. Come en casa Borges. Dice: «Swinburne arranca del idioma todo lo que éste puede dar». Hacemos listas de autores con ese poder: Meredith, Tennyson, Shakespeare, Victor Hugo, Darío. BORGES: «Modestamente, Almafuerte». BIOY: «Sí. Muy modestamente». SILVINA: «¿Baudelaire?». BIOY: «No creo. Más bien Rimbaud, por breves instantes».

Sábado, 19 de octubre. Come en casa Borges. Trabajamos en la invención del film de los proyectados. Cuenta que lo visitaron en la Biblioteca. Un señor, señalando un grupo de muchachos y muchachas, le dijo: «Aquí está la juventud mexicana». BORGES: «¿Y usted también pertenece a esa juventud?». «No, señor, yo soy su contemporáneo: nací en el 99. Con Maples Arce capitaneamos el Estridentismo, pero ya nadie se acuerda de eso. La juventud, señor, no tiene memoria».

Domingo, 20 de octubre. Come en casa Borges. Trabajamos en el nuevo film. BORGES: «En Horacio continuamente se descubren indicios de que habrá sido un hombre de trato agradable. Esos indicios faltan en la obra de Quevedo». BIOY: «Por eso la gente ha querido tanto a Horacio. Esos indicios también faltan en la obra de Lugones». BORGES: «En Cambridge [Estados Unidos] me dijeron que el segundo épodo de Horacio, donde se hace el elogio de la vida retirada, concluye en los versos: “Esto decía Alfio, el usurero…”, como si Horacio quisiera echar a la broma todos sus consejos[1665]. Tan buenos, tan convincentes son éstos, que para todos quedaron y la broma final se olvidó: nosotros también la olvidamos».

En La Nación de hoy apareció, como recién escrito, «Ricardo Güiraldes», ese viejo soneto (inédito) de Borges. Anoche, cuando lo llevamos a su casa, nos previno: «Alguien descubrió un viejo soneto. Necesitaba unos pesos, lo arreglé un poco y lo entregué. No crean que ésas son mis últimas palabras. Ya sé, me parece que está muy mal lo que hice, pero ahora lo confieso, ahora hago a clean breast of it». Uno adivina la mala consejera hogareña.

Martes, 22 de octubre. Después de comer, llamo a Borges para hablar de la contestación a un telegrama, de Helena Garro, que pide telegrafiemos nuestra solidaridad a Díaz Ordaz, ministro de gobernación mexicano, por los últimos sucesos. Explica Helena que los comunistas tirotearon al pueblo y al ejército y ahora se presentan como víctimas y calumnian; que hay peligro de que el país caiga en el comunismo. Además, pide un telegrama firmado por Victoria, Silvina, etcétera. BORGES: «Victoria, como Mallea, es una de esas personas que para darse importancia quieren saber exactamente lo que firman. Es como si un soldado exigiera en la acción una justificación para cada una de las operaciones, para cada vez que va a apretar el gatillo». En cuanto a Silvina, es también cavilosa. Mucho me temo que nuestro telegrama («Rogamos haga llegar nuestra adhesión al gobierno de México») reúna sólo tres firmas: Borges, Peyrou y yo.

Domingo, 27 de octubre. Come en casa Borges. Trabajamos en el film.

Observa que el gaucho estuvo representado primero por Juan Moreira, después por Martín Fierro, después —«precariamente», acoto yo— por don Segundo. BORGES: «José Luis Lanuza dijo que, para la vestimenta, el modelo lo dieron los Podestá. Nadie imagina al gaucho con la ropa de los grabados anteriores».

Comenta: «En una novela uruguaya, escrita por un señor sin color político, se dice que se llamaba enchalecadores a hombres de Artigas que metían en una bolsa de cuero a los prisioneros y, con la cabeza afuera, los abandonaban en el campo. Todo el mundo sabía estas cosas en una época, y quien las mencionaba no aparecía como denigrador; pero crece con los años el endiosamiento, los delitos callados se olvidan y si alguien se atreve a recordarlos, calumnia. A un juez de la ciudad de Mercedes, que escribió un libro contra el Martín Fierro, los vecinos le hicieron la vida imposible. No cuesta imaginar la conciencia virtuosa y por ello satisfecha de los perseguidores».

Jueves, 31 de octubre. Con Borges trabajamos (poco) en el resumen del nuevo film, que llamaremos (tal vez). Los otros.

Viernes, 1.º de noviembre. Come en casa Borges. Escribimos Los otros. Mostrando nuevamente su puritana antipatía por el tema del amor, comenta: «Si el principio del film resulta largo, mejor, porque tendremos que detenernos menos en las escenas eróticas». Me dice también, del hotel que está al lado de su casa: «Yo creía que este hotel sería bastante louche. Resulta que es decente. Éste es un barrio muy decente».

BIOY: «En el Times Literary Supplement hay una lista de los escritores de habla inglesa más citados en conversaciones por estudiantes y otros grupos de gente culta, en Francia. El escritor más citado sería Hemingway; después Steinbeck; Frost precede a Stevenson y Walt Disney a Kipling». BORGES: «Yo imaginaba que todas las chicas de la Facultad conocerían a Pound, pero no es así. Supuse que sería tan conocido como Picasso y como Freud. Creo que Chesterton es más conocido entre nosotros que Pound». BIOY: «En Europa, el nombre de Chesterton casi nunca aparece en las conversaciones. En Inglaterra se lo ve como un escritor sin mucha importancia, una suerte de periodista». BORGES: «La culpa de esa injusticia es de esas líneas que escribió Sampson en la Cambridge History of English Literature». Agrega: «He encontrado traducciones de Ezra Pound que no están mal».

BORGES: «Baroja dice en El árbol de la ciencia que más vale leer filósofos ingleses que alemanes; que estos últimos, como el alcohol, emborrachan pero no alimentan[1666]. Heine escribió: “Cuando era joven y apacentaba cerdos con los hegelianos”[1667]. Qué bien dicho. Todo queda claro: cometió un error y se ha arrepentido. Era un excelente escritor». BIOY: «Tocado de la gracia».

Recita los versos:

Del mutuo encanto

el deleitoso halago,

y luego una paráfrasis de su padre:

Del mutuo engaño

el deleitoso halago.

BORGES: «Uno de los mayores méritos de la estrofa:

Al promediar la tarde de aquel día,

cuando iba mi habitual adiós a darte,

fue una vaga congoja de dejarte

lo que me hizo saber que te quería[1668].

es el de recordar a los pedantes que en poesía no hay reglas inflexibles. Tarde de cuando iba mi habitual adiós a darte, de, dejarte, hizo saber y, por si todo ello fuera poco, las rimas día-quería, darte-dejarte. Es claro que se ha de haber ido la mano en la admiración por:

El jardín, con sus íntimos retiros,

dará a tu alado ensueño fácil jaula,

donde la luna te abrirá su aula

y yo seré tu profesor de suspiros[1669]

¿Qué significa? Que el jardín dará al ensueño una jaula donde la luna abrirá un aula de su colegio a una señorita, a quien le enseñará a suspirar Lugones».

Afirma que la gente se acuerda de Gómez de la Serna, lo que me parece dudoso. BORGES: «Las greguerías eran una suerte de pensamiento insólito e inútil, que, como diría Goethe, no servía para seguir pensando». Agrega: «Oliverio Girondo, a lo largo de una vida de relativa aplicación, apenas logró producir tres o cuatro greguerías mediocres. Tiene razón Anderson Imbert cuando lo llama “Peter Pan de nuestras letras”, porque nunca creció».

Me comunica, con gran aprobación, que José Luis Lanuza ha sido nombrado miembro de la Academia de Letras.

Martes, 5 de noviembre. A la noche, con Borges y Hugo Santiago, el dire (la expresión es de Flora, la mucama), trabajamos en el argumento del film Los otros. El dire da un consejo: «No contar el film en conversaciones. Escribirlo como si fuera mudo. Que los comprimidos letreros de los ulteriores traductores no dejen afuera nada importante». BORGES (sin la menor convicción, para pasar a otro tema): «Shaw nos empujó a la mala práctica de largos diálogos». Pienso: «Parece que lo deplora, pero alega una autoridad. Ve la proposición del dire como si lo condenara a renunciar al teatro para pasar al mimo. Su pasión por la palabra lo pierde. Para cualquier situación, en el acto suministra comentarios inteligentes; le proponemos que los reprima, que se los trague. Ahora comprendo por qué nadie se animó a representar El paraíso de los creyentes ni Los orilleros».

Hablamos de las relaciones de la heroína con el librero. La invención de estas escenas lo divierte menos que la de episodios policiales, fantásticos o épicos. En pocos minutos, mientras el dire y yo, íntimamente, comprobamos que el pensamiento tal vez no sirve para pensar, elabora y propone dos situaciones sentimentales.

Miércoles, 6 de noviembre. Come en casa Borges; después llega Hugo Santiago. Progresamos en el argumento de Los otros. BORGES: «Nuestro film tendrá éxito porque hoy en día el nivel es tan bajo que tienen éxito films pésimos como…». BIOY: «El nivel siempre fue bajo. He visto muchos viejos films: se diría que su guión fue escrito por un chico. No recuerdo si al verlos la primera vez me parecieron tan ingenuos». BORGES: «Es que en el cine somos lectores del Zane Grey, de Delly, de Guy de Chantepleur, de algún equivalente norteamericano del Caballero Audaz y, cuando tenemos suerte, de Ponson du Terrail».

Cuando el dire opina: «Este nuevo film debe ser en colores», Borges se frunce de disgusto y protesta: «No, son horribles. Todo parece tan falso». BIOY: «Creo que estás pensando en los primeros films en colores, a todo color. Hoy en día vemos con naturalidad magníficos films en colores. Porque lo de la falsedad es una convención, una costumbre. Ya nos desacostumbramos del blanco y negro y en los primeros minutos, si falta el color, nos parece que el film que nos proponen no es normal, que tiene algo raro, un artificio, al que deberemos acostumbrarnos». No niego que haya excelentes films actuales en blanco y negro. Pero el despecho de Borges contra el color es de la misma índole que el de Chaplin contra el sonido; Chaplin siguió produciendo films mudos o casi mudos, cuando habían pasado las primeras idioteces de esos advenedizos al nuevo sistema y se aceptaba el sonido como normal: sus films mudos parecieron molestamente artificiosos, privados de algo que ya se daba normalmente, como niños que juegan a la mancha venenosa y caminan tocándose un tobillo.

BORGES: «El padre de Güiraldes era dirigente conservador. Una vez se atrincheró en la intendencia y sostuvo un tiroteo con los radicales. También Ricardo era conservador. En una elección, los radicales escribieron una carta, en falso estilo criollo, donde se aconsejaba al pueblo que votara por los radicales y se la llevaron a don Segundo, ya famoso por el libro, para que la firmara. Como éste argüyó que lo echarían de la estancia, los radicales le ofrecieron cien pesos. Don Segundo fue a consultar el asunto con Adelina [del Carril], que le contestó: “Usted, don Segundo, debe obrar según los dictados de su conciencia”. “Entonces —insistió el héroe—, ¿no me van a echar de la estancia?”. “Es claro que no” —le contestó Adelina—, y don Segundo firmó y cobró. Bastante práctico. Güiraldes no añadió el episodio en las nuevas ediciones del libro. “Asaz práctico”, hubiera dicho Xul. En una ocasión en que lo llevaron en automóvil desde el pueblo hasta la estancia, don Segundo dijo una frase graciosa, que no recuerdo, pero lo que más gracia me hacía era imaginarlo. Bueno, ¿por qué don Segundo no iba a aceptar que lo llevaran en automóvil? Seguramente elogió las ventajas del progreso».

Opina que la anécdota según la cual, durante una representación del drama Hormiga Negra por los Podestá, el propio Hormiga Negra habría interrumpido la escena de una muerte, entrado en el picadero y explicado cómo fueron las cosas, debe de ser falsa: «Se atrevería a matar a un hombre, pero no a entrar en el picadero y a representar una escena en público. Tendría el mayor respeto por el teatro y los actores». BIOY: «Acaso indignado se atrevería a interrumpir la escena con protestas e insultos, pero no a representarla»[1670]. BORGES: «Es claro, se había pasado la vida enojándose».

Lamentamos el no haber escrito nunca el regreso de don Isidro Parodi, por fin liberado de la cárcel, al Barrio Sur[1671]. Digo: «Debe volver muy conmovido, casi dispuesto a lagrimear, pero al ver el barrio debe encontrarlo hecho una porquería, carente del menor progreso, lleno de conventillos roñosos, que dan ganas de escribir una carta en los diarios al señor intendente».

BORGES: «¿Sabés que hay un monumento a Florencio Sánchez? No van a dejar farabute sin estatua».

Sábado, 9 de noviembre. Come en casa Borges. Seguimos trabajando en Los otros.

Domingo, 10 de noviembre. Comen en casa Borges y Edgardo Cozarinsky; a los postres llega Hugo Santiago. Después, Borges, Hugo Santiago y yo trabajamos en el nuevo film.

Un señor polaco contó a Borges que la animosidad de Conrad por Ginebra se explica por los malos recuerdos que tenía de la ciudad: allí se habría batido en un duelo y habría matado al adversario. (Para la animosidad, cf. Under Western Eyes).

Martes, 12 de noviembre. Come en casa Borges; después llega Hugo Santiago. Inventamos y escribimos una o dos escenas del resumen del film.

Jueves, 14 de noviembre. Hoy operaron a la madre de BORGES: desde hace tres días, la señora (noventa y dos años) no podía tragar, ni siquiera para beber. Borges y su mujer, mientras tanto, van a Ezeiza, a buscar a un amigo (Di Giovanni) que llega de los Estados Unidos. Los médicos temían encontrarse con algo malo; se encontraron con un garbanzo atascado en el esófago. Parece que la señora se restablecerá perfectamente.

BORGES: «A Bernárdez la gente lo respeta, sin la menor gana de leerlo. Los versos de La ciudad sin Laura, de veintidós sílabas, deben de ser difíciles de manejar, como ciempiés». BIOY: «¿Tendrá Bernárdez el oído tan hecho al metro, que reconoce en la conversación casuales versos de veintidós sílabas?». BORGES: «Parece que Oría descubrió que Rosalía de Castro había empleado esos versos. Sin duda Capdevila ignoraba el precedente, porque dijo que deberían llamarse bernardinos».

Clemente le contó que Molinari, a quien había propuesto que integrara un jurado (creo que para un premio dado por la Casa Olivetti) con Borges y con Mastronardi, le escribió una carta diciendo que él no podía estar en un jurado con dos traidores de la poesía. A Borges le parece que Clemente ha estado peor que Molinari en el asunto: porque se lo cuenta a él (además de haber manifestado la intención de publicar la carta, por lealtad a Borges). En definitiva conviene en que Clemente se ha portado como tantos otros y tal como él es, pero que desde un punto de vista estrictamente personal debe pensar que el peor es Molinari. Todo lo demás es una pedantería.

Viernes, 15 de noviembre. Borges preguntó al comisario Carbone, del barrio de San Telmo, qué recuerdos tenía de guapos. «Éste fue siempre un barrio tranquilo, señor, de gente de trabajo —contestó el comisario—. Aquí nunca hubo guapos ni compadres». Borges quedó maliciosamente satisfecho. BORGES: «Cuando me hablan de algún episodio de guapos, si ocurrió en la calle Bustamante estoy contento. En cambio si fue en la calle Bolívar siento que es falso[1672]. Hoy todo el Barrio Sur se llama San Telmo y es profesionalmente tradicional». BIOY: «La mala literatura se apoderó del Barrio Sur».

Dice: «No debe uno juzgar a la gente por cómo lo trata a uno. Además, en un primer encuentro, ese trato puede ser casual».

Sábado, 16 de noviembre. Comen en casa Borges, Peyrou y Norman Thomas di Giovanni (joven norteamericano, traductor de Borges, que planea una antología de cuentos argentinos y una traducción de Crónicas de Bustos Domecq); después de comer llega Paz Leston[1673]. Silvina está en contra de Di Giovanni: no la considera bastante, etcétera. BORGES (a mí): «A Elsa hay que decirle que trabajamos con Hugo Santiago. Es muy celosa. Si es para trabajar, no le importa que nos veamos; pero si no… Vos sabés cómo pueden ser las mujeres. Anything for a quiet life».

Domingo, 17 de noviembre. Me dice Borges que, en los Estados Unidos, su amistad con Jorge Guillén fue impedida por la desconfianza y susceptibilidad de Elsa.

Lunes, 18 de noviembre. Comen en casa Borges (y señora) y Leda Valladares. Con Borges, adelantamos en Los otros. BORGES: «Las falsas claves que se dan en una narración policial, fantástica o simplemente de suspenso deben ser lugares comunes; si no, no se entienden».

La señora de Borges me depara una sorpresa: es más crasa de lo que suponía. Cuando los veo entregados a impúdicos arrumacos ante terceros, me digo: «Qué ceguera total». LEDA: «¿Por qué se cansa tanto, en actividades como dar conferencias y dictar cursos, que lo destruyen físicamente y que lo apartan de la obra?». ELSA: «Porque gana dinero, che, mucho dinero, para vivir y morirse». Borges recita:

—Dame bacaray.

—Te he dicho que no hay.

—Dame cinco pesos

pa’ir en el trambay[1674].

Comenta: «Te he dicho que no hay se ve el carácter de la persona. También de la otra, que es pedigüeña: pide una cosa, no se la dan, pide otra que no tiene nada que ver. Las frases, en los diálogos, tienen que servir para revelar el carácter».

BORGES: «Cuando Oliverio publicó un libro con el título Veinte poemas para ser leídos en el tranvía nos sorprendió mucho. Nos preguntamos: ¿por qué sale con esa españolada? En Buenos Aires decíamos tranway, los malevos, trambay». BIOY: «Mi amigo Joaquín, el portero de la casa de mis padres[1675], decía tromba». BORGES: «Los españoles decían tranvía, como finalmente decimos todos ahora. Después nos acordamos de que Oliverio tenía un individuo que le corregía lo que escribía: le ponía comas, le suprimía galicismos. Sin duda sería un español». BIOY: «Y el poeta, como no estaba para pavadas y no tenía ningún oído para las palabras, aceptó encantado».

Alguien mandó un anónimo a Borges porque en Crónicas escribimos satisfacieran (en lugar de satisficieron[1676]). BIOY: «También me escribirán cuando lean en mi novela manices, en lugar de maníes (y lo que es peor, sin comillas ni cursiva)». BORGES: «Quién sabe si dentro de un tiempo todos dirán velatorio. No, creo que no». Leda deplora cantante por cantar o cantora. También se muestra favorable a musiquero por músico. Nosotros callamos.

Sábado, 23 de noviembre. Comen en casa Borges y Peyrou. Leemos absurdas cacografías de la Pizarnik. BIOY: «¿Se leerán sus obras futuras?». BORGES: «Los que la admiran y no admiran a Betina Edelberg, ¿por qué no admiran a Betina? Es tan mala como cualquiera. A veces me pregunto si los que nos admiraron, a vos y a mí, no adivinaban lo que escribiríamos un día. No sé cómo decirlo, sin vanidad; quiero decir que los lectores de Luna de enfrente debían de ver algo más, algo que anunciaba, digamos, “New England 1967, para no consagrarme prize idiot”. BIOY: «A ciertos autores se los censura por méritos que no tienen; por ejemplo: “La perfección de la forma, en Valencia, tan fría. No hay tal perfección”.

Para ser amable, Borges dijo a la mujer del embajador de Bolivia que Jaimes Freyre era tan bueno como Darío. «Es lo que todos decimos en Bolivia», contestó ingenuamente la mujer; luego comentó que hacía un calor atroz (lo que era verdad) y que en Bolivia tenían un clima siempre agradable. Borges le suplicó: «No insista, señora, sobre este día. Estamos avergonzados. Hace un calor innoble, propio de un innoble país de indios».

Quevedo escribe: «Lo que siempre se hizo, siempre se haga. Lo que nunca se hizo, nunca se haga. Regla que, bien observada, nos preservaría de toda clase de novedades». BORGES: «Es curioso. La conclusión está en las premisas. No hay la menor sorpresa. Lo extraño de esta frase es que, siendo obvia, no se parece a ninguna otra en el mundo; qué difícil con la sensatez lograr tanta rareza. Quevedo era un hombre inteligente. ¿Por qué escribió esto? ¿Novedades significa aquí novelerías?».

Dice BORGES: «Deberíamos tener un criterio que atienda a lo inmediato y acaso otro para la eternidad. Visto desde la eternidad, a Hernández se le perdonarán muchas cosas, pero nosotros tenemos todavía peronismo, y nuestra salvación está en Sarmiento. A Hernández ya le hemos perdonado mucho; si fuera nuestro contemporáneo, no lo querríamos. En Inglaterra, con Milton, ha pasado algo similar».

Recuerda la frase de Thackeray, al periodista que procura entrevistarlo: «Sir, I am a private gentleman». Cita el epitafio de un actor, de la Antología griega.

Yo morí muchas veces, pero nunca así[1677].

Yo morí muchas veces, pero nunca así[1677].

BORGES: «En La Nación se lamentan de que nuestros esfuerzos por la recuperación de las Malvinas no cuenten con suficiente apoyo popular. Quizá deploren que todavía no hayan incendiado Harrods y la embajada de Inglaterra… A esta gente habría que decirle: “Perfectamente, que nos devuelvan las Malvinas y nosotros nos comprometemos a devolver el país a los indios o, por lo menos, a los españoles”».

Me pide que diga a Bompiani que le envíe a la Biblioteca, no a la casa, el dinero del adelanto de Crónicas.

Domingo, 24 de noviembre. Come en casa Borges. Viene después Hugo Santiago. Concluimos el borrador del resumen de Los otros. Quieren que la última imagen del film sea la del librero, muerto en su cama. BIOY: «La última imagen que dejaremos al espectador será muy desagradable». Santiago: «¿Por qué? Puede ser de una gran serenidad». BIOY: «Se la regalo. Esa gran serenidad, por haber sido tantas veces alegada con relación a un muerto, es otro aspecto de ese asco». BORGES: «¿Asco? ¿Por qué? A veces los muertos parecen más jóvenes; recuperan la belleza que habían perdido». Pienso (pero no digo): «Para personas que ven imperfectamente, quizá». Digo: «No conozco un detalle físico de la muerte que no sea repugnante». Borges recita versos que proclaman la liberación por la muerte. BIOY: «Aquí no se trata de un poema, sino de imágenes. No niego que haya argumentos poéticos o filosóficos, en favor de la muerte; sostengo que las imágenes de la muerte son horribles y que las asociaciones de ideas que suscitan no son agradables. Ustedes son un par de necrófilos». BORGES: «Bueno, si la necrofilia existe —la palabra lo prueba—, estamos salvados».

No perdona a Lisa Lenson ni a Silvina Bullrich; tampoco a Córdova Iturburu: sus beles noires. Dice, sin embargo: «Ahora no siento enemistad hacia nadie». Se levanta, para reforzar un argumento, y, quizá porque ahora está ciego, trastabilla. Parecería que mis amigos se me adelantaron un poco y ya entraron en la vejez.

Lunes, 25 de noviembre. Comen en casa Borges y Di Giovanni. BIOY: «Anoche estuve leyendo El árbol de la ciencia». BORGES: «Cuando yo era joven leía las novelas de Baroja, contadas en frases como “Su marido era un tipo medio imbécil, que tenía una librería en la calle de…” y pensaba que uno podía escribir de cualquier modo».

Elsa ha recibido a Di Giovanni; se ocupa de él. Se lo ha presentado a Alicia, su hermana, que lo invitó a su estancia, en Bolívar. Elsa se ofende, porque la hermana le roba a la persona que ella le presentó; porque la persona la traiciona…

Di Giovanni ha notado, con sorpresa, que aquí los escritores no hablamos de la tirada de nuestros libros ni de nuestras ganancias. Dice que en los Estados Unidos se habla de esas cosas.

Martes, 26 de noviembre. Come en casa Leda Valladares; están presentes Borges y Di Giovanni. A solas, Borges me habla de su mujer. Después, leemos las dos primeras escenas de Los otros, en la primera versión corregida del resumen.

BORGES: «Piñol es muy agradable. Mucho mejor que las otras personas del PEN Club. Es claro que es injusto cuando afirma que Ramón Gómez de la Serna es Ramón de Campoamor puesto en prosa».

Dice que Julio Irazusta le explicó que como Perón era nacionalista y quería el apoyo de los nacionalistas, que en su mayoría se volvieron peronistas, a él (Irazusta) nunca lo molestaron, aunque escribió en contra de Perón.

Miércoles, 27 de noviembre. Voy a La Nación, donde asisto a la entrega del premio a Haber, por El símbolo vivo[1678]. Llego, apurado, a las siete de la tarde; entran, en ese momento, caminando con extrema lentitud y conversando, Borges y Mallea. Subimos juntos. El secretario habla: «No diré su biografía, porque ya apareció en el diario». Se extiende sobre el Premio La Nación y su creciente prestigio. Vuelve al premiado para decir que los premios pueden ser puntos de partida o de llegada; en este caso lo considera de partida (con lo que rebana el pasado de este hombre de cincuenta años). Tras la ceremonia, salgo con Borges. Me dice: «¿No me dejarías en casa de Madre?». Lo llevo. Me apena su lentitud para caminar. Comenta, sobre el discurso del redactor o secretario de La Nación: «La gente no es generosa».

Por la noche, voy a buscarlo y come en casa. Escribimos una escena de Los otros. Desde hace días me preocupaba notarlo un poco sordo o quizá abstraído. Hoy dijo: «Tengo que ver a un médico porque estoy quedándome sordo». Habló por teléfono con su mujer: «Cuídate, querida, etcétera», mientras yo lo esperaba en un sillón. Generalmente sabe dónde estoy. Hoy terminó vacilante, tenso, en cualquier rumbo, que no era el que correspondía. Lo llamé. Se detuvo un instante, como quien cree oír un llamado desde muy lejos; después prosiguió su marcha equivocada. Se me ocurre que estamos entrando en situaciones que parecían remotas e increíbles. Sobre su mujer me cuenta: «No debe saber que fui a casa de Madre, porque me hará una escena de celos. Ya se peleó con Di Giovanni. Di Giovanni me explica: “You have two different backgrounds»».

BORGES: «Di Giovanni dice que la gente aquí es más amable y cordial que en los Estados Unidos. Los escritores también. Tal vez generalice… En los Estados Unidos los escritores argentinos que se conocen son Cortázar, yo, un poco Sabato, (a mi) un poco vos y un poco Malea; ni Arlt ni Quiroga llegaron allá. Nadie tiene ganas de leer a Mallea. Se lo respeta, pero no se lo admira». BIOY: «Hoy a mucha gente le han dicho que no se debe respetar. Si para Mallea quedaba el respeto, ya no le queda nada». BORGES: «¿Cómo Cortázar no piensa que un título como La vuelta al día en ochenta mundos lo muestra como un sonso? Es una broma demasiado fabricada». Silvina comía en silencio. Yo pensé: «Ni se acuerda de ella. Está amargada».

Viernes, 29 de noviembre. Come en casa Borges, de regreso de Gualeguaychú. Está mucho mejor que los otros días. Volvió repuesto. Dice que en Entre Ríos la gente se saluda normalmente, pero que del otro lado del río, en el Uruguay, se saludan a gritos y con expresiones afectadamente criollas, como: «¿Qué tal, aparcero?».

Parece que en Entre Ríos es más conocido Juan Moreira que Martín Fierro, como símbolo del gaucho. Le contaron a Borges que para una representación de Juan Moreira, los Podestá conchabaron a un señor que era estibador del puerto de Gualeguaychú y vendedor de loterías. Lo vistieron de milico, le dieron un sable: era uno de los partiquinos. En la representación, como Juan Moreira le dio un planazo, se enfureció, tomó la pelea en serio; dio un sablazo a Juan Moreira y lo corrió. Desde entonces tuvo una gran fama de valiente, como el hombre que había corrido a Juan Moreira.

BORGES: «En un café de Buenos Aires, los otros días, oí a un viejo señor que se refería a Mitre como “ese barbudo asqueroso”. Esa frase me conmovió; quizá me haya conmovido que alguien estuviera tan apasionado contra Mitre, como si todavía viviera en la época de Mitre». BIOY: «Tal vez fuera un urquicista, como ha de quedar alguno». BORGES: «Es claro y también quedan antiurquicistas. En Gualeguaychú encontré mucha gente contraria a Urquiza. Una vez, ante Urquiza, apareció una negra fea con un bastardo. “¿Y cuándo te voltié, negra fiera?”, preguntó Urquiza. “¿No se acuerda, mi general, la vez que me tapó la cara con el poncho?”».

Martes, 3 de diciembre. Trata de hablar conmigo, por teléfono, un señor que según Marta es Videla y, según Flora, Dibella o Didella. Por fin aparece personalmente, con una carta, en la que me dice que en Galerna le informaron que yo tengo una copia de su novela (inédita). El verano del 67 y que, si esto fuera así, me la pide, porque no tiene otra. Es un hombre rubio, más bien bajo, más bien gordo, con barba de dos o tres días, y la vieja ropa de sport de tantos intelectuales de ahora. Le digo que no tengo ni he visto su novela; que tal vez se trata de una de que me habló Manguel, uno de los directores de Galerna, a quien expliqué que hasta fin de año no podía leerla, porque estaba trabajando en mi novela… Dibella me contesta que está bien, que no importa, que según le dijeron Lawrence perdió el manuscrito de Los siete pilares, un libro mejor y más vasto que el suyo. Le recuerdo el caso del primer volumen manuscrito de la Historia de la Revolución Francesa de Carlyle, que la criada de Stuart Mill empleó para encender la cocina. Después hablo con Manguel. «No se preocupe —me dice—: nosotros tenemos el ejemplar ese de El verano del 67. Tratamos de no dárselo al autor, porque pensamos que es un libro excelente. Él ha buscado todos los ejemplares que había distribuido entre sus amigos y los ha quemado. Ahora quiere quemar el último». Cuando le refiero todo esto a Borges, me dice: «Debe de haber algo bueno en esa novela».

A la noche come en casa. Después llegan Di Giovanni y Eduardo Paz Leston. BORGES (aparte, a mi): «No sé qué puede hacerse con Elsa. Hay un recorrido que siempre es el mismo, en que yo digo que vivir conmigo es intolerable y que lo mejor para ella es la separación; después de eso viene la reconciliación, con los platos que me gustan: ñoquis a la romana o sardinas. Si no hay pelea, tampoco hay esos platos… Madre no tiene tino: le dijo que ese sistema corresponde a gente muy joven y que nosotros ya no estamos en edad para esas sonseras. Una de las tantas veces que en Cambridge me mudé al hotel, hablé con [Héctor] Ingrao, un astrónomo argentino. Me dijo: “Todo arreglo que se basa en la promesa de que una persona cambiará es vano. Obedece al deseo de reconciliación, no a un serio propósito de enmienda. No creo que no sea sincera; creo que no cambiará”. Elsa me recrimina: “Me hiciste esperar media hora”. ¿Piensa que lo hice deliberadamente? Me descuidé, nomás. La gente se queja de esperar, sin entender que después la persona que llega no es tan maravillosa. Parece que vivieran entre personas extraordinarias. Si la persona que llega es Estrella Gutiérrez y uno esperó media hora, tiene media hora menos de Estrella Gutiérrez». Recuerda la frase de Norah, cuando era chica y vivían en Ginebra, anunciando que había llegado una visita: «Mamá, en el hall está un señor que en su tiempo debió de ser una gran nulidad». BORGES: «Ni eso puede decirse de Fermín [Estrella Gutiérrez]. Es un señor en la acepción más modesta del término. Jorge Max Rohde, mientras se lo compara con Fermín, es inteligente».

Viernes, 6 de diciembre. Comen en casa Borges y Di Giovanni. Intervengo en la corrección final de la traducción[1679] de «Homenaje a César Paladión». No me parece que haya quedado mal.

BORGES: «A mí me ha pasado de todo, salvo una cosa: no me he aburrido». BIOY: «Yo tampoco. Y si alguna vez me aburrí, me divirtió aburrirme, por lo nuevo de la experiencia, porque era una invitación a la reflexión y a la ironía».

BIOY: «Paz Leston me contó que Susana Bombal sorprendió a todos con su discurso en el homenaje a Adolfo Mitre; sólo habló de ella misma… Victoria tiene compungida a la gente con un proyecto de reproducir los sueltos de los diarios de la India, en que “le hacen justicia” por la forma en que recibió a Indira Gandhi. Muchas mujeres, si no fueran mujeres, nos sorprenderían un poco». BORGES: «Estarían encerradas».

Sábado, 7 de diciembre. Comen en casa Borges, Peyrou y Di Giovanni. Empezamos la traducción de «Una tarde con Ramón Bonavena».

Un locutor fue a ver a Borges para que lo apoyara en su campaña para que en Radio Municipal los locutores traten de vos al público. Como se negó, el otro dijo: «Yo francamente creí que usted, como porteño, vería con simpatía esta cruzada». BORGES: «Tal vez yo sea más porteño que usted, pero no veo por qué se va a tutear a desconocidos. Es útil, porque señala matices, que se diga a ciertas personas de usted y a otras se las tutee. Además, el vos limita los temas. No se puede preguntar: “¿A vos te gusta Brahms?”. Su proyecto, más que de un porteño, parece de un peronista». Di Giovanni, que andaba por ahí, dice que Borges maltrató bastante al sujeto.

Pensando en todos los matices que para el trato dan el usted, el , el vos de España y el vos argentino, el usarced, el vuesa merced, etcétera, comenta BORGES: «El español se ha especializado en pronombres, aunque los usa menos que otros idiomas». Afirmó que él no se atrevería a usar el vosotros.

Borges recuerda para Di Giovanni la frase de Mastronardi: «No me cabe un capdevila de duda», y explica: «Toma a Capdevila como la mínima unidad de medida: aseguraba que ya se empleaba el nombre de nuestro polígrafo para indicar cantidades mínimas o negligibles. Si de pronto se le hubiera ocurrido a cualquiera la frase, sería graciosa; pero si es una de las tantas expresiones de una tesonera arenga, pierde toda la gracia. Además halaga un lugar común, un prejuicio difundido e injustificado, contra un gran poeta. “Aulo Gelio” es mejor que todo Bernárdez, que “Espléndida marea de lágrimas”». BIOY: «Podés agregar: que la mayor parte de Lugones y de Banchs».

Cuenta Borges que el hueco de Arenales y Ecuador era famoso por los becerros. Cuando clareaba el alba aparecía la policía, los concurrentes se desbandaban y entonces «la macheteaba el sargento».

BORGES: «El nombre Shakespeare tiene un significado distinto del juicio que pueda merecernos el poeta. Eso no ocurre con todos los escritores. Ni con Kipling, ni con Swinburne, ni con Rossetti, ni con William Morris (que se confunde con un señor que andaba por el arroyo Maldonado)[1680]. Decís Píndaro y sentís un arrebato. En cambio, el ambiente de la palabra Kipling es malo». Recita:

Die of a rose in aromatic pain[1681]

Die of a rose in aromatic pain[1681]

Observa: «Die of a rose es admirable, pero in aromatic pain no me parece tan bien; aromatic está mal. Es como si el poeta arruinara el acierto inicial por un exceso de construcción artificiosa».

Hablamos de Elsa. BORGES: «Esta cariñosísima. Yo creo que se arrepiente». BIOY: «¿No tendrá un humor cíclico?». BORGES: «Probablemente. Yo prefiero un humor parejo». Recita:

Vivir conmigo quiero

gozar quiero del bien que debo al cielo

a solas, sin testigo,

libre de amor, de celo,

de odio, de esperanzas, de recelo[1682].

Comenta: «Qué versos admirables. Qué gran poeta era Fray Luis».

Di Giovanni contestaba al periodista que lo entrevistaba. PERIODISTA: «¿Es profesor?». DI GIOVANNI: «No». PERIODISTA: «¿De qué tiene título?». DI GIOVANNI: «De nada». PERIODISTA: «¿Qué libros ha escrito?». DI GIOVANNI: «Ninguno». Borges lo retó: «Así usted no ayuda a la gente. El pobre hombre le hace un reportaje, ¿cómo quiere que lo publique? Avoid veracity».

Lunes, 9 de diciembre. Comen en casa Borges, Di Giovanni y Ema Risso Platero. Di Giovanni me dice: «Hoy, Bioy, we have gone through hell. Be very kind to Borges». El infierno, desde ya, fue la esposa. El pretexto: celos de Emita. En cuanto a esta última, se muestra muy conmovida por estar de nuevo con nosotros y refiere que si amigos japoneses se encuentran después de una larga ausencia pasan dos o tres horas juntos, en un jardín, contemplando en silencio los peces de una redoma; después, pero sólo después, empiezan a hablar.

Con Borges y Di Giovanni trabajamos en la traducción de «Una tarde con Ramón Bonavena».

Martes, 10 de diciembre. Comen en casa Di Giovanni y Borges. Éste me muestra una carta del presidente de México, en que nos agradece el apoyo por los recientes sucesos (escrita con delicadeza y con discernimiento). ¿Cierto halago, de que un presidente nos llame distinguidos y finos amigos? Trabajamos en la traducción de «Una tarde con Ramón Bonavena».

BORGES: «Aborrezco el lujo. Prefiero un hotel pésimo, a un gran hotel. En cuanto a la sociedad, yo la llevo conmigo. Melville decía: “Toda fama es patrocinio; permítaseme ser infame”». BIOY: «Tiene razón, pero en la excesiva oscuridad viven monstruos de vanidosa amargura».

Cuento cómo ha sido la votación para el Premio de Imaginación en Prosa, de la Municipalidad, que otorgamos a Alicia Jurado y Syria Poletti. BORGES: «Está bien. Alicia Jurado es mejor que su libro y eso es lo que cuenta. La literatura no es tan importante… Más importante es la amistad». Agrega, recordando que Alicia es mi vecina en Pardo: «Además, es del pago. ¿No dijo Ascasubi:

no lo pean, que es del pago[1683]?

no lo pean, que es del pago[1683]?

No está mal: como estribillo de un poema. Lo bueno de ese verso es que imaginás la gente a quien está dirigido. Hay otros versos, como algunos de Herrera y Reissig, que son palabras solas; en el estribillo de Ascasubi ves toda una realidad».

Miércoles, 11 de diciembre. Comen en casa Borges y Di Giovanni. Concluimos la traducción de «Una tarde con Ramón Bonavena».

Viernes, 13 de diciembre. Come en casa Borges. Sobre las peleas con su mujer: «Noto que me estoy cansando. Hasta de la perrita tiene celos. A mí me gusta hablar con animales (y con chicos). Son vidas tan misteriosas: de pronto toman una decisión y salen corriendo. Antes no me gustaba que hubiera una perrita en la casa. Ahora me gusta. Le he tomado cariño. Me han ocurrido muchas desgracias, pero lo cotidiano era tranquilo, liso, sin sobresaltos. Yo normalmente no me veo ganando o perdiendo. Me dijo, después de una pelea: “Tenemos que seguir juntos. Estamos tan solos”. Es mentira: yo no me siento solo. La gente es muy buena conmigo. Hasta las alegrías y el cariño están contaminados, porque son parte de una pelea».

Cita a Shakespeare: «There was good sport at his making, and the whoreson must be acknowledged[1684]» dice el padre delante de su hijo natural, en King Lear. Borges encontró antes whoreson que whore en el diccionario: la palabra no es germana, como creía, sino islandesa.

Sábado, 14 de diciembre. Come en casa Borges. Parece tapiado. La mucama lo saluda: «Buenas noches, señor Borges». No contesta; a lo más, mira como sorprendido y retoma su monólogo: «La palabra Quoin…». Dos o tres personas me explican ese aislamiento o lejanía de Borges como consecuencia de su relación con Elsa. La explicación me parece increíble.

En una conferencia sobre la Conquista del Desierto dijo: «Tal vez la causa más justa fuera la de los aborígenes, aunque la mayor parte venía de Chile. Quizá haya que desear que en toda guerra gane el bando que representa la mejor civilización. Si hubieran ganado los indios no creo que ahora hubiese un orador hablando de esta guerra y que ese orador elogiara a Adolfo Alsina. Además, ¿cómo tratar con piedad a gente que no entendía de piedad?».

BORGES: «¿Sabés con qué Fresedo, mejor conocido como “el Pibe de La Paternal”, ha hecho diez tangos? Con los diez mandamientos: Hay que respetar a papi, etcétera. Nada menos parecido a un tango que ese tema. Han de estar imitando a los blues y a los negro spirituals americanos. Aquí nada es original».

A la una y media, cuando bajábamos al garage, para llevarlo a su casa, vi a Di Giovanni, apoyado contra la puerta de calle, protegiéndose de la lluvia. «¿Sabés quién está? —exclamé—. Di Giovanni». Cortésmente, porque de modo implícito me comunicaba que estaba dispuesto a volver solo a su casa, Borges se apresuró a decir: «Ah, muy bien. Ustedes pueden trabajar». «¿A las dos de la mañana?», pregunté con irritación. BORGES: «Nunca es tarde, en efecto».

Miércoles, 18 de diciembre. Comen en casa Borges y Di Giovanni. Trabajamos en la traducción de «Los inmortales».

Jueves, 19 de diciembre. Comen en casa Borges, Di Giovanni y Paz Leston. Trabajamos los tres en la traducción de «Los inmortales».

Viernes, 20 de diciembre. Comen en casa Borges y Di Giovanni. Emprendemos la traducción de «Vestuario I».

Sábado, 21 de diciembre. Comen en casa Borges y Di Giovanni.

Muerte de Steinbeck y de Max Brod. Llaman de la United Press, para preguntar a Borges su opinión sobre Steinbeck. Dice que no lo ha leído bastante como para dar una opinión, pero que por favor no repitan esto porque parecería un juicio adverso. Llaman de la United Press y piden por mí. Les contestan que no estoy en casa. Casi nada podría decir de Steinbeck: hace veinte tantos años lloré con el episodio de Of Mice and Men en que matan al perro, despreciándome, despreciando al libro.

BORGES (in mock-serious tone): «No podemos escribir esta noche. Ha muerto Steinbeck». DI GIOVANNI (en el mismo tono): «A él le gustaría que escribiéramos». Borges comenta la respuesta de DI GIOVANNI: «Es una broma benévola. No está dirigida contra nadie. Da el placer de imaginar a dos idiotas conversando».

Domingo, 22 de diciembre. Por la noche, voy a la comida del PEN Club. Hay una larga serie de largos oradores universalmente padecidos con pesadumbre; cuando a un apesadumbrado le toca hablar, apesadumbra a su vez, porque inmediatamente olvida que un discurso es, por lo menos para los oyentes, una desgracia. ¿Cada cual se imagina excepcional? ¿O no saben cómo concluir? Señálanse como definitivamente descalificable el de Canal Feijóo; como de hombre vanidoso, conforme con su mediocridad de entrecasa, el de Nerio Rojas. En cuanto al señor Jorge Bosch, ganador de un premio del PEN al mejor ensayo, por El cierre de los jardines de Occidente —confuso, pomposo y quizá vacuo trabajo, no desprovisto de intuiciones justas, que descartamos en nuestras lecturas para el premio de La Nación—, anunció que hablaría muy brevemente, hizo algunas afirmaciones correctas y durante cuarenta y cinco minutos revivió a Monsieur de La Palisse. Con las declaraciones de estos oradores de que hablarían poco y de que ya concluían podría confeccionarse un largo discurso.

Cuando volvíamos por la calle Florida, frente a Harrods, Borges me dijo: «Como aseguraba Wells, uno se pasa la vida meanwhiling, postergando las cosas. Pensar que uno viene a las comidas del PEN contra la SADE». BIOY: «Yo, no. Yo vengo, cuando vengo, por un confuso, errado, sentido de compromiso: tal vez hacia Piñol, que me pidió que viniera, o hacia Alicia Jurado, que ganó el premio. Parecería que para la vida social de los escritores hay dos posibilidades: la SADE o el PEN, la picaresca o la pompa, los canallitas de baja estofa o los caballeros huecos».

Comentamos a las mujeres y la curiosa lamentación de sir Thomas Browne de que los seres humanos no puedan reproducirse como los árboles. BORGES: «Yo no creo que esté ahí el defecto de las mujeres. Lo tienen en el cerebro». BIOY: «Pienso en ellas como en a choice of evils». BORGES: «No tanto». BIOY: «¿Cómo no tanto? No dejo a ésta, porque la comparo con aquélla y porque no sé qué me deparará la próxima». BORGES: «Tenía razón Samuel Johnson, cuando decía que si una mujer predicaba, uno no debía alabarla porque lo hiciera bien, sino simplemente porque lo hiciera, como al perrito que se para en las patas traseras[1685]».

Miércoles, 25 de diciembre. Borges preguntó a las chicas de la Facultad si, cuando se despedían de sus novios, les decían: «Ojalata que te vea pronto». Explica que hay que escribir ojalata sin hache, para que se entienda que significa ojalá.

Cuenta que Di Giovanni ha firmado contrato para una edición en inglés de sus obras (de Borges), que abarcarán ocho volúmenes. «Para llenarlos, voy a tener que pedirle a Olivera que las escriba», agrega.

BORGES: «A Reyes y a Capdevila, el amor por España les hizo mal. Lugones, aunque aborrecía a los españoles, tenía todos los defectos de un escritor español: trataba de escribir con demasiadas palabras, no era íntimo… Sarmiento era rough-and-ready pero trataba de ser un escritor civilizado. Larreta quería ser español pero era afrancesado; sus modelos eran franceses (el Flaubert de Salammbô)».

Los otros días, cuando Di Giovanni nos preguntó dónde nacimos, Borges contestó: «Tomamos la precaución de nacer en la ciudad» (por Buenos Aires). Después recordó que en un censo de la población de no sé qué pueblo del Norte de Buenos Aires, del tiempo de Rosas, se dice que había tantos argentinos y tantos provincianos.

Jueves, 26 de diciembre. Comen en casa Borges y Di Giovanni. Concluimos la traducción de «Vestuario I». Rechaza el New Yorker nuestro «Homenaje a César Paladión». Con velocidad de Fregoli, entré y salí. Creo que ayer hubiera sentido un ejemplar como algo mío; como diciendo: «Yo colaboro aquí». Hoy comento: «Esos pelotudos del New Yorker…».

Borges me trae de regalo el libro de St. John Ervine sobre Bernard Shaw[1686] y me dice: «Es un libro bueno. Lo tenía en casa, pero no lo voy a releer, porque estoy ocupado en otros temas. Me parece que la circunstancia de no haber ido a una librería cuenta poco».

Ha escrito un poema sobre la muerte de López Merino[1687]: «Lo que escribía no era bueno, pero fuimos amigos. El tema sirve para un poema; que sus poemas fueran malos no importa».

BIOY: «El sábado pasado, cuando los astronautas rodearon la luna, quedará como un día histórico, hasta que alguien baje allí». Borges comenta: «¿Viaje espacial? No sabía que hubiera otros».

Di Giovanni me asegura (lo anoto con vergüenza) que tengo una terrible influencia sobre Borges, terrible en un sentido bastante literal; que le digo algo sobre un libro o una persona y que al día siguiente repite las palabras, como si expresaran su opinión o el consenso universal.

Martes, 31 de diciembre. Trabajo con Borges y Di Giovanni, hasta la madrugada, en traducciones de Crónicas. Borges expresa su fe de que él y yo empezaremos ahora una nueva época de nuestra vida literaria: la de nuestras mejores creaciones.

Cada semana, Di Giovanni manda tres colaboraciones (de Borges, que él traduce) al New Yorker. BIOY: «Va a cansarlos». DI GIOVANNI: «Qué más quieren. ¿Usted no cree que Borges…?». BIOY: «No se trata de eso. Van a cansarse de la frecuencia. Cada vez que reciben correspondencia hay un grueso sobre suyo. Estarán preguntándose en broma: “¿A qué no sabés de quién recibí hoy un sobre? De Di Giovanni”». DI GIOVANNI: «Usted no conoce al New Yorker. Además lo necesito para vivir». BIOY: «Eso no es asunto de ellos. Usted va a matar la gallina de los huevos de oro». DI GIOVANNI: «All right. Mañana empiezo a traducir a Bioy Casares, a Silvina Ocampo, a Mallea, así no los canso con Borges». BIOY (en broma): «Usted convierte mi consejo en una bajeza. Tal vez en general tenga razón; pero no en cuanto al New Yorker, los conozco mejor que usted. Le elegí tres cuentos de Crónicas que no trataban de excentricidades literarias. Usted no me hizo caso y tradujo “Paladión”. Mandó “Paladión” y se disponía a mandar “Bonavena”. Le dije: “No. Van a considerarnos pourris de littérature”. Usted no creyó en mi consejo, pero lo aceptó. Menos mal, porque al día siguiente recibió de vuelta “Paladión”, con la explicación de que era demasiado literario, una broma para literatos, tediosa para el público general». En toda esta discusión, Borges estaba de acuerdo conmigo.


Miércoles, 1.º de enero. Comen en casa Pezzoni, Borges y Di Giovanni. Concluimos, después de comer, la traducción de «Los ociosos». («Bustos Domecq on Automation»). En «Vestuario II» y en la versión inglesa de «Los ociosos», Bustos Domecq se muestra muy interesado en el dinero, francamente comercial. BORGES: «¿Qué le ha pasado? Antes no era así. Se ha de haber casado; la mujer le dirá que no sea sonso». Me dice que hoy Elsa estaba «high and mighty».

BORGES: «El adverbio no molesta en el inglés. En español no hay que acumular adverbios: uno pone el énfasis en una muletilla que no significa nada. Alegremente, rápidamente: olvidás alegre y rápido y sólo oís mente. Los gerundios en inglés tal vez aceleren la frase; en español la demoran. Si escribís Iwent running sugerís mayor rapidez que si decís I ran to go. En español si decís corriendo detenés tu estilo. El francés y el inglés, idiomas más livianos que el español, requieren presiones, para que las frases no queden en el aire; tienen que escribir continuamente he, him, I, moi, it. El español, por ser más pesado, da mayor tiempo a la comprensión y no requiere de esos apoyos molestos».

BORGES: «Xul me señaló en un libro de Mallea la frase silencio obeso». Pezzoni: «En La red Mallea se supera. En uno de esos cuentos breves, que no podés no abarcar de una mirada, un chico pregunta a su padre qué significa todo; el padre señala las cosas que hay alrededor: silla, mesa, libros, paredes, ventana, y dice: “Eso”». BORGES: «Los otros días recibí una carta de Hornos Paz, en que éste usa las palabras ambiencial, vivencial… Ahora comprendo el fracaso de Bustos Domecq: todo el mundo escribe como él».

Habla Borges de perito, peligro, itinerario, fahren, fare, fear, que eran palabras de la misma raíz. Perito el que había hecho ya un itinerario.

Jueves, 2 de enero. Comen en casa Borges y Di Giovanni. Trabajamos en la traducción de «Un arte abstracto». («Bustos Domecq on Gastronomy»). BORGES (a mí): «Este muchacho es muy inteligente, pero sin nosotros no entendería nada». (Reflexión acerca de las dificultades que presenta el libro para los traductores: no está dirigida contra Di Giovanni). Agrega: «Yo creía que el libro era muy liso: es bastante barroco».

Hablo de Salinger, cuyas Nine Stories releo. Borges sostiene: «Se dice Salinguer, porque es judío»; Di Giovanni sostiene: «Se dice Salinger, porque es norteamericano».

Di Giovanni dice que un escritor y poeta norteamericano, de paso en Buenos Aires, está preparando un libro de viaje, en colaboración con un dibujante. Borges pregunta si en todos sus libros mantiene ese alto nivel.

BORGES (después, a mí): «Los franceses y los norteamericanos son muy comerciales». BIOY: «Cuando le recomendé a Di Giovanni que no fuera a los Estados Unidos a buscar a esa mujer, creyó que el secreto motivo era que no se interrumpiera la traducción de nuestro libro. Si le dijera que no me importa nada esa traducción, no me creería». BORGES: «No, no pueden entender eso». BIOY: «Me interesa traducir, pero apenas me importa la suerte ulterior de la traducción». BORGES: «Es claro. Vos sabés que todo el mundo cree que estamos como locos deseando que Invasión tenga mucho éxito. Lo que deseamos es que el film exista; deseamos verlo». BIOY: «Lo demás escapa a nuestra atención. Yo deseo que tenga éxito porque se espera eso de mí; pero en verdad me preocupa muy poco». BORGES: «¿Querés creer que en [la revista] Siete Días imaginan que para mí sería una pesadilla que Sabato ganara el Premio Nobel[1688]? Bueno, qué manera de no conocerme. Lo más raro es que el hijo de Elsa, que no es tonto, imaginó que la idea de Siete Días era graciosa y que a mí me daría rabia». Después comenta sobre nuestro desinterés (o como quiera llamárselo): «Es lo mejor que tenemos. Quizá lo único bueno».

Viernes, 3 de enero. Por la mañana, en la librería El Ateneo, converso con un señor Pelosio, de la región de Pujato. Me cuenta que iba por la calle, con Borges. A punto de pasar bajo una escalera de pintor, lo previno, diciéndole que él no creía en supersticiones. Borges le contestó: «Y yo acabo de casarme», como si dijera: «Ya me ocurrió lo peor».

En casa, Silvina me pide que, como Flora sale hoy, les diga a Borges y a Di Giovanni que no vengan, o que vengan después de comer. Hablo con Borges; me explica que si hablo con Elsa no le diga nada; si sabe que no come con ella para comer con Di Giovanni, y encima que pagará él la comida de ambos, se enfurecería. Le digo: «Qué cruces llevamos».

Por la noche llama Di Giovanni. Me dice que Borges está muy preocupado. Me lo pasa y Borges dice: «Tengo no sé qué historia con Elsa. Me voy a casa. Total hoy no trabajaríamos mucho». Le digo: «Bueno, qué lástima».

Sábado, 4 de enero. Comen en casa Borges y Peyrou. Borges me dice que traduce a Walt Whitman con su mujer[1689]. Ésta no sabe inglés; en cuanto al español, no ha escrito nunca. Sin embargo, compite con Borges, quiere tener razón. «No, eso no me gusta y no lo escribo», declara. Cuenta Borges que ayer, cuando llegó a su casa, no encontró a Elsa: «Estaba escondida, para hacerme una broma. Cariñosísima. Be your age…». De Whitman dice que al traducirlo descubre que no hay un poema sin disparates. «Es más ignorante que Almafuerte», asegura.

Habla alguien de entierros y recuerdo los caballotes negros. BORGES: «Yo le pedí a Madre que cuando muera me lleven al cementerio en un coche tirado por caballos. Parece que no hay más. Ahora sólo hay esos automóviles o furgones». BIOY: «Caballos Orloff. Van a desaparecer». BORGES: «Los criadores deberían protestar». BIOY: «Conocí a uno: mi vecino Carrizo de La Encarnación. Tenía un padrillo, que venía a tirar de una carroza a Buenos Aires y después volvía a Pardo, a trabajar con las yeguas. Su solo defecto: la cola corta; en la cochería le ponían una artificial. Carrizo estaba muy orgulloso de que su oscuro tirara la carroza de una cochería de Buenos Aires[1690]. ¿Te acordás del redoblar de los cascos en el pavimento? Era un ruido inconfundible, que ya nadie oirá». BORGES: «Cómo se ve que hemos vivido en la avenida Quintana. En la avenida Quintana: no en la avenida Alvear ni en la calle Guido». BIOY: «Más precisamente en la Calle Larga de la Recoleta»[1691]. BORGES: «A Madre le pedí que en mi entierro en la Recoleta no hablaran ni Córdova Iturburu, ni Brughetti, ni Luisa Mercedes Levinson». BIOY: «Tampoco habría que permitir que hablara…». BORGES: «Ya sé, el de Megáfono: Radaelli». BIOY: «Tiene una fonética espantosa. No, yo decía el santiagueño sinvergüenza… Canal Feijóo». BORGES: «Del pobre Erro ya nos salvamos». BIOY: «Rinaldini también murió. El que sigue vivo es Gandía; pero es un peligro para historiadores y políticos, no para nosotros».

Borges cita un verso de Poe:

Death looks gigantically down[1692],

Death looks gigantically down[1692],

y comenta: «Es pésimo, pero ¿qué otra cosa cabría esperar de Poe? No conviene la alegoría. Y el adverbio gigantically no parece demasiado feliz». BIOY: «Parece del autor (autora, creo) de la granítica creatura grande». Borges lo repite marcando con fuerza y entonación más o menos itálicas las erres de la sílaba inicial de las tres palabras del verso.

Domingo, 5 de enero. A las nueve paso por lo de Borges; está con María Kodama y Di Giovanni. Dejamos a María en Las Heras y Pueyrredon. Comemos en casa, con Di Giovanni. Después, trabajamos en «Un arte abstracto».

Cuando pido la colaboración de mis amigos para encontrar un título a la novela, Borges piensa poco y bromea bastante. Recuerdo una frase que dijo los otros días: «¿Por qué publicaré año tras año un libro titulado Poemas? Si no se me ocurren otros títulos, tengo amigos que me ayudarán a buscarlos». Silvina propone Los perseguidos, a todos nos parece bien. Por ahora lo he adoptado.

Di Giovanni me cuenta que la nanny de Borges se llamaba Tink. BORGES: «Sí, era hermana del inglés Tink, a quien le oyeron, cuando bailaba un tango cerca de las Cinco Esquinas: “Vayan abriendo cancha, señores, que me la llevo dormida”[1693]. De pronto surge la literatura». También recuerda que al inglés Tink lo mataron, después, en una pelea de arma blanca.

Tenemos una conversación nada memorable, pero que sirve para conocer algunas de sus simpatías y diferencias. BORGES: «En los Estados Unidos no hacen bromas contra los negros». DI GIOVANNI: «Es que estamos en guerra con ellos y no queremos que nos corten el pescuezo». BORGES: «Yo soy racista. Les tomaría la palabra y veríamos quién gana. Limpiaría los Estados Unidos de negros y si se descuidan me correría hasta el Brasil. Si no acaban con los negros, les van a convertir el país en África». BIOY: «¿Por qué en los Estados Unidos quieren tanto a México?». DI GIOVANNI: «Porque es exótico y porque está cerca. Porque es tan distinto a los Estados Unidos». BORGES: «El Brasil es exótico, está cerca y no queremos ir allí». DI GIOVANNI: «¿Aquí no quieren al Brasil?». BORGES: «No, nos parece un país de macacos». DI GIOVANNI: «¿A quiénes quieren o admiran en la Argentina?». BORGES: «A nadie». BIOY: «Yo creo que a los vascos». Borges se ríe y dice que, increíblemente, así es. BORGES: «Yo quiero mucho a los suizos, pero nadie los quiere». BIOY: «Yo también quiero a los suizos». Borges elogia a Escocia. BORGES: «La gente quiere a Francia, pero no a los franceses, lo que parece una idea rara. Antes los norteamericanos eran muy populares; ahora, no. Los irlandeses son muy admirados en todas partes… No por Bioy, que tiene sangre irlandesa. Aunque no te podés quejar de tu antepasado, el de la ley Lynch». Agrega: «El lado irlandés es el lado malo de Yeats». BIOY: «Yo no tengo nada contra Irlanda. Lo que no me gusta en Irlanda es que parecería que hay allí una complacencia en que el temperamento domine a la razón. En cambio, me gusta su mentalidad descreída, que se ríe de sí misma, y la continua producción de escritores complejos y lúcidos». Cito la frase de Elena Garro: «El hombre perfecto de hoy es negro, judío, comunista y homosexual». BORGES: «La frase es injusta con los judíos —en ella van en mala compañía— pero corresponde al sentir de la gente. En cuanto a los alemanes, nadie los quiere: aun los suizos alemanes, en las dos guerras, fueron partidarios de los aliados».

Cuando salíamos, nos quedamos solos, esperando la vuelta del ascensor que había llevado a Silvina y a Di Giovanni. BORGES: «Este muchacho no entiende absolutamente nada los cuentos. Sin nuestra ayuda la traducción sería peor que la alemana o la francesa. Pero va a ser buena… la traducción que nosotros hacemos. Que nunca hubiera visto las frases ab initio y cum grano salis echa una luz sobre su cultura. No creo que tenga ese gran sentido del estilo del que todo el tiempo se jacta. Generalmente los que tienen un gran sentido del estilo dan alguna prueba de tenerlo». BIOY: «Y muchas veces, cuando nos sugiere que algo no se puede decir así en inglés, bueno, tampoco se podría decir así en español». BORGES: «El estilo de sir Thomas Browne está hecho de formas que) no se podrían emplear». BIOY: «Y todo Shakespeare y todo Joyce».

Lunes, 6 de enero. Comen en casa Borges y Di Giovanni. BORGES: «La sopa de arroz es riquísima». SILVINA: «¿Te gusta más o menos que el dulce de leche?». BORGES: «No sé si puede compararse con el dulce de leche; a lo mejor es tan difícil de comparar con el dulce de leche como con un poema». BIOY: «Y vos que negabas posibilidades y matices en el arte culinario».

BORGES: «Hoy hablé diez minutos sobre Banchs». BIOY: «Excediste el volumen de su obra». BORGES: «Me parece que de un tiempo a esta parte está gustándote menos». BIOY: «Lo he releído». BORGES: «A los autores preferidos no hay que releerlos. ¿De qué podía uno hablar con Banchs? De negocios. Tenía aire de señor carpintero o tapicero. Era afable, pero callado».

Elogia la primera frase del Quijote. Recuerda a Groussac, que dijo: «Sería crueldad señalar que entonces disponía de más tiempo, porque estaba en la cárcel»[1694]. Habla del Persiles y de su prosa horrible, que Azorín encomia (tal vez contra su propio estilo de pan rallado): «Yo compré el Persiles en una edición del siglo XVIII, muy linda, pero después de leerlo un poco lo tiré. Me daba asco que ese libro horrible estuviera en la casa».

DI GIOVANNI: «Este contrato no es serio. Voy a traerles un contrato norteamericano, para que lo lean». BIOY: «Tengo uno de la Texas University Press». DI GIOVANNI: «Léalo». BIOY: «Ahí está lo malo. No tengo ganas de leerlo». BORGES: «¿Cómo va a leer un contrato? Así también llegaría a leer los poemas de nuestro amigo Mujica Lainez. No, Di Giovanni, usted nunca va a entender a este país». DI GIOVANNI: «Prefiero no entenderlo. Cuando lo entienda, ya no seré de ninguna utilidad ni a Borges ni a Bioy». Al irse, Borges me dijo: «Yo creo que, de todas maneras, Di Giovanni ha encontrado su destino sudamericano[1695]. Allá vive en un pueblito, su padre es jardinero, nadie lo toma en cuenta».

BIOY: «Di Giovanni se pone en guardia en cuanto alguien señala posibles imperfecciones de su país. He notado que desde hace dos días ha repetido varias veces la expresión mere argentims». BORGES: «Este muchacho es un gran macaneador. Con tal de que no macanee con esos contratos que dice tramitar». BIOY: «A nosotros no puede embromarnos mayormente».

Jueves, 9 de enero. Come en casa Borges. Di Giovanni se fue a los Estados Unidos esta madrugada. BORGES: «En los Estados Unidos Poe está totalmente desacreditado». BIOY: «Con razón». BORGES: «Están admirados de cómo pudo take in a los franceses. Melville, en cambio, es casi venerado». BIOY: «A mí me parece que, salvo Moby Dick, “Bartleby” y algún otro cuento, no es para tanto. Tiene propensión a la grandiosidad de ínfima categoría». BORGES: «Tiene otra novela: Billy Budd. Mardi es un libro inmundo. Tal vez me pareció así porque yo estaba con fiebre, por aquella herida infectada en la cabeza. Lo tiré, porque me repugnaba. También veneran a Hawthorne. A Emerson lo respetan, pero no lo leen. Admiran a Mark Twain. Admiran a Frost, desprecian a Sandburg». BIOY: «Están muy acertados». BORGES: «No, hay versos de Sandburg que me gustan. O. Henry está desacreditado y Ring Lardner en auge». BIOY: «También tienen razón ahí». BORGES: «De Sherwood Anderson nadie se acuerda». BIOY: «Era un autor de estampas para Caras y Caretas, previo a la invención del cuento». BORGES: «Faulkner es admirado. Sinclair Lewis, como si no hubiera existido… A William Carlos Williams se lo respeta». BIOY: «Es muy aburrido». BORGES: «Stephen Benet escribió cuentos ingeniosos. ¿Te acordás, el de Napoleón?»[1696].

Viernes, 10 de enero. Come en casa Borges.

Sábado, 11 de enero. Comen en casa Borges y Bianco. Éste nos cuenta desdichas de algunos amigos cubanos: «Nada puede decirse, para no comprometerlos», con lo cual seguirá sin decir nada. Nos lee una carta tristísima de Virgilio Piñera. Borges, ay, latero y repetidor.

Domingo, 12 de enero. Come en casa Borges. Hablamos de su viaje a Israel. Proyectamos un cuento acerca de un espía literario y bobo.

BORGES: «Ha de haber excelentes escritores franceses que yo no he leído; d’Alembert, por ejemplo. Habría que leerlo».

Pregunta: «¿Uno tendrá sangre que venga de más allá de un bisabuelo?». (Por sangre léase elementos hereditarios).

[Lunes 13 de enero al domingo 18 de mayo. Bioy Casares en Pardo y Mar del Plata. En enero, Borges y Elsa en Israel].

Lunes 13, de enero. En Pardo. En Siete Días se cuenta que Hugo Santiago contó a Borges el argumento de Invasión, que Borges se entusiasmó… No es así. Me lo contó, me gustó, me excusé de escribirlo solo, dije que la única posibilidad era escribirlo con Borges.

Martes, 11 de febrero. En Mar del Plata. Trato de hablar por teléfono con Borges; consigo con Elsa y le comento el reportaje a Borges en Siete Días, del que no estaba enterada. Después, Flora me dice: «Metió la pata. Borges habla de la Zemborain. Cómo se va a poner Elsa». Otra circunstancia de ese reportaje: Borges contesta a una pregunta con un largo párrafo de mi artículo «Libros y amistad» (transcripción verbatim). ¿Lo leyó? ¿Lo dijo de memoria[1697]? Esto parece increíble. ¿Guiño al amigo, como decía Reyes?

Lunes, 3 de marzo. En Mar del Plata. Por la noche, hablo por teléfono con Borges. Me dice: «No voy a Sudáfrica. Al fin y al cabo el África mía es la de la del soldado que llega y encuentra chica a Inglaterra en el poema de Kipling[1698], mejor y más grande que la de los barrios modelo. Mirá, Israel mismo abunda en barrios modelo. Yo creo que con el tiempo nadie viajará. El mundo está llenándose de aeropuertos y ascensores. Si tenés suerte, te toca un Hotel Hilton y si tenés un poco menos, la imitación local del Hotel Hilton. Espero que pronto reanudemos nuestros hábitos de trabajo… o de haraganería».

Dice que en nuestro film encontró deficiencias. BORGES: «El espectador espera una revelación y al final se dice: ¿bueno y qué? Los actores hablan como si repitieran de memoria; la música y los sonidos son demasiado claros y perceptibles; Lautaro Murúa, mirá, no es simpático: es hosco y bruto».

Domingo, 6 de abril. En Mar del Plata. Carta del editor alemán, en español del Tolhausen[1699], pidiendo un prólogo de Borges y Bioy para Seis problemas. Lo quiere en abril; hasta mayo no lo tendrá.

Miércoles, 21 de mayo. En Buenos Aires. Come en casa Borges. Me refiere que no fue a Oxford porque su mujer, que en Buenos Aires, metida en casa, es llevadera, se pone insoportable cuando anda entre gente: «Tiene la mala costumbre de sentirse menospreciada. A Peyrou, que si habla a casa pregunta por mí y no se entretiene con ella, le ha tomado rabia». No le digo que Silvina está ofendida con él (con Borges), por esa misma mala costumbre.

Despachamos el prólogo para la edición alemana de Seis problemas. Hoy estamos con tanto apuro que, en cuanto a la redacción, me limito al papel de mero amanuense: aunque suministro las ideas, las escribo tal como me las dicta, casi sin alterarlas.

Me refiere la historia de un muchacho que mata a puñaladas a otro en un pueblo del Sur de Entre Ríos; después dice a la policía que es hijo de Juan Moreira. Por razón de fechas esto es imposible. «Pregunten a mi madre», dice el muchacho. Así lo hacen; la señora confirma lo dicho por el joven. Cuando las autoridades la apremian, asegura: «Fue en tal año, cuando Juan Moreira vino con el circo». Tomó por Juan Moreira al actor que hacía del matrero, en una representación: la confusión de arte y realidad llevada al extremo[1700]. Comenta BORGES: «La inocencia y lo brutal van juntos en la historia, y la hacen tan agradable».

Habla de un señor de Turdera que va a presentarle al único sobreviviente de los malevos Iberra, apodado Chincho, seguramente chancho, y que es el más inmundicio de todos ellos.

BORGES: «Un individuo fue encontrado por la policía herido de varias puñaladas; le preguntaron quién lo había herido. “Si muero, no importa —respondió—; si vivo, ya arreglaré esa cuenta”. Ese mismo individuo (que hablaba poniendo acento esdrújulo en casi todas las palabras) escribió unos versos muy falsos y muy cursis dedicados a Parque Patricios». Cita unos versos de Keats:

… or thy smiles

Seek as they once were sought, in Grecian isles,

By bards who died content on pleasant sward,

Leaving great verse unto a little clan[1701]?

y dice que algunas sagas encierran toda la sabiduría del arte de la novela.

Sobre Diálogo con Borges, de Victoria Ocampo, dice: “Me muestra con Victoria Ocampo, en la inauguración de Sur, en un aniversario de Sur, con el conde [Emmanuel] de Sieyés y con la condesa de Cuevas: yo no sabía que hubiera tenido esa vida tan extraña”. Comento la circunstancia de que Victoria, después de ser una crítica y una escritora high brow, ahora se aviene a un reportaje. BORGES: “She came down”. BIOY: “El libro, es claro, es ad maiorem gloriam Victoriae”.

Las mujeres y los amigos. Elsa le dice que es absurdo que dividamos las ganancias por mitades, ya que él… Una amiga me dice: «¿Para qué vas a escribir otro libro con Borges? Después dicen que no podés escribir solo». SILVINA: «¿Vas a perder tiempo a la noche escribiendo con él? Después estás cansado para escribir tus cosas». ELSA: «¿Di Giovanni? Se cubre de gloria; se llena los bolsillos con los trabajos de ustedes dos, que son tuyos». BORGES: «Di Giovanni es meterete. Llega a tu casa, se mete en tu cuarto, abre los cajones y te revisa los papeles. Yo tengo la costumbre, cuando llego a casa cansado, de sacarme los zapatos y echarme en cama. Di Giovanni a veces me vio así. Los otros días llegué a casa y lo encontré, sin zapatos, recostado en mi cama… Por eso está muy bien lo que, según Arnold, dijo San Patricio: “Los obispados deben estar lo bastante cerca para poder trabajar, lo bastante lejos para no poder intimar”».

Sábado, 24 de mayo. Come en casa Borges. BIOY: “Según Gloria Alcorta, que lo vio en Cannes, nuestro film pasa en la mayor oscuridad”. BORGES: “¿Había que preverlo? ¿No trajeron el mejor iluminador? Esos mejores técnicos son los más caros. Cuando éramos chicos, con Norah inventamos un libro en que iba a colaborar nada más que lo mejor: puntuación del rey, adjetivos del presidente de la República, verbos del Papa”. BIOY: “Yo me reí de nuestro film”. BORGES: “Es claro, ves las cosas más allá de tu conveniencia”.

Jueves, 29 de mayo. Después de comer, veo un rato a Borges y a Di Giovanni.

Jueves, 5 de junio. Comen en casa Borges y Di Giovanni. Traducimos “El teatro universal”. (“Universal Theatre”): Di Giovanni trae un borrador; entre los tres lo corregimos.

Pregunto por el título para mi novela. Propongo El desafio de vivir. DI GIOVANNI: «¿El compromiso de vivir? Too abstract, too optimistic, Bioy. You must choose a title with balls in it. I prefer La guerra del cerdo». Borges condena La guerra del cerdo: «No pongas un chancho en la tapa». SILVINA: «Ya no me gusta El compromiso de vivir, pero si llamás a tu libro La guerra del cerdo, parecerá que seguís la moda de vulgaridades, de García Márquez, Manucho, Murena…».

Jueves, 12 de junio. Comen en casa Borges y Di Giovanni. Revisamos la traducción de «El teatro universal».

Mallea le dijo a BORGES: «Yo no firmo manifiestos colectivos». Comentario de BORGES: «¿Qué otros hay?». Mallea insistió: «Yo no firmo lo que escriben otros». Comentario de BORGES: «Qué lástima».

El día de su casamiento con Borges, Elsa exclamó: «Ahora, aunque Georgie se muera hoy mismo, yo soy la señora de Borges». La propia Elsa contó que, cuando su primer marido se agravó, ella preguntó al médico hasta cuándo podía durar; el médico dijo: «Ocho días»; ella habló con las pompas fúnebres, trató el precio y como pagó adelantado obtuvo un descuento. BORGES: «Está convencida de que Mastronardi y Peyrou son inventos míos. Lo sabe porque, si me piden una conferencia y no puedo darla, digo que por qué no le piden a Mastronardi o a Peyrou que hablen. Como invariablemente me contestan que prefieren que proponga a otro, concluye: “Yo me he dado cuenta que no son verdaderos escritores”».

Sábado, 21 de junio. Comen en casa Borges y Peyrou. Borges dice que es agradable ver a un guitarrero pasarle la guitarra a otro: «Es un ademán muy lindo».

PEYROU: «El corsario Surcouf mató una vez a seis alemanes y dejó vivo al séptimo, para que contara el hecho». BORGES: «Usted es muy cortés: yo creo que los muertos eran ingleses. Un cuchillero, tal vez de Palermo, hirió a un adversario, digamos en Monserrat, y le explicó: “No te mato para que vayas a buscarme”». PEYROU: «Un día vi salir a Jauretche con otra persona, del bar de la vuelta de mi casa. Siempre está chupando ahí. Salieron con el otro, a pelear. Era la típica pelea de calle, en que los contendientes se tiran desde lejos trompadas que no llegan. De pronto Jauretche levantó una pierna para pegarle un puntapié al adversario, pero la levantó tan despacio que el otro se la agarró y Jauretche cayó al suelo». De un amigo de Jauretche, un hombre muy flaco, de orejas largas, como de ratón, dice Peyrou que una vez se coló en una fiesta de unos millonarios Caminatti, y que «chupó tanto» que cayó detrás de unos sillones. Al otro día, cuando despertó, se encontró con que la familia del dueño de casa estaba reunida desayunando, se levantó de su escondite, dijo: «Buenos días» y se alejó, explicando: «Caminatti, caminata».

Borges trabaja muchas horas del día, con el incansable Di Giovanni, en la traducción de sus obras al inglés; a la noche está demasiado cansado para trabajar de nuevo, y Elsa está menos descontenta si no sale: todo esto me parece que traerá un cambio en la vida: ya no comeremos todas las noches juntos.

Martes, 24 de junio. Veo, con Hugo Santiago, Invasión.

Sábado, 28 de junio. Comen en casa Borges y Peyrou. BORGES: «Conocí a un muchacho irlandés, de Lobos, que se ha puesto a reunir datos sobre Juan Moreira. Ha llegado a la conclusión de que Moreira “¡era un títere!”. Dice que cuando lo rodeó la policía estaba con su patota y quiso salir disparando, pero lo agarraron. Juan Moreira, y todos los gauchos maulas han de ser un invento de Eduardo Gutiérrez y de los Podestá». BIOY: «Y de José Hernández. Entre todos ellos han mantenido vivo cuanto hay de peor en el país; Hernández extrañaba a Rosas y preparaba el peronismo. Tu madre tiene razón». BORGES: «Mi conciencia está pesadamente cargada. El día que el país eligió Martín Fierro en lugar del Facundo para libro nacional, eligió la barbarie».

Se admira Borges de que a Nalé Roxlo, en la Academia, sin duda lo elegirán por unanimidad. BORGES: «Yo votaré por él: bueno, por lo menos es un escritor. Ahora van a votar a Nalé y a Mastronardi, el próximo vas a ser vos. ¿Decís “Paso”? Tenés razón. No te imaginás qué ambiente… Peor que EUDEBA. El café con leche es riquísimo, pero yo salgo con remordimiento, porque, después de oír media hora de lectura de Joaquín V. González, me callo en vez de preguntar: “¿Escribió eso cuando era chico o cuando chocheaba?”. ¿Giusti es un idiota o un sinvergüenza? Las dos cosas. Van a publicar las Obras completas de Banchs. No sólo los poemas, sino artículos, muy interesantes, aparecidos en el Monitor de la Educación. ¡Lo que serán esos artículos!».

Hablamos de Invasión. BIOY: «Uno de sus principales defectos son los parlamentos, demasiado concluidos, correctos y sentenciosos. En el próximo film, vas a tener que contenerte. Si no podés, lo escribimos como quieras y después lo corregimos; pero lo corregimos de un modo contrario al habitual: cortando y estropeando las frases que salieron demasiado bien». BORGES: «Shaw ha demostrado que el teatro tolera perfectamente largos monólogos…». BIOY: «En primer lugar, el cine no es el teatro; después, buena parte de los parlamentos de Shaw tienen un tono menos impecablemente redactado que los tuyos». BORGES: «Parece que Shakespeare escribía dos textos para cada pieza; uno para darse el gusto de escritor y otro para la representación, el acting text, se cree que de Macbeth sólo sobrevive el acting text y de las demás piezas el primero, el literario. Por eso Macbeth es la mejor de sus piezas».

Como Borges es muy rápido para inventar y redactar, cuando aparece la ocasión de escribir un purplepatch me da mucho trabajo, porque ya acuña su frase memorable antes de que yo empiece a armar mi renga alternativa. Como por lo general consigue resultados brillantes, no sé bien cómo persuadirlo de que los sacrifique: parecería que prefiero mi frase imperfecta porque es mía; comparadas, ¿quién vacila entre una y otra?, pero no se trata de comparar las frases, sino de que sean aceptables en el drama. Me atrevo también a decirle que su milonga no debió cantarse íntegramente en el film: «Cuando empezaron a cantarla me conmoví; cuando acabaron yo estaba impaciente. En un film no hay que cantar una pieza entera; si cantan una pieza entera la escena se convierte en número, se distingue de la trama, la interrumpe. Por excelente que sea tu milonga, debieron interrumpirla sin lástima, dejarla inconclusa. Solamente en las operetas o films musicales puede un actor cantar impunemente una pieza íntegra».

Di Giovanni me dice: «Con Elsa las cosas andan mucho peor, Bioy. Esa mujer es terrible. En estos pocos meses que usted no estuvo lo dominó completamente. No va a su casa porque la mujer no quiere, lo tiene preso. Va los sábados, porque antes va a casa de su madre y allí no está Elsa para impedírselo». Borges me dice: «Esta mujer está loca de celos. Vos sabés que no puede soportar mi amistad con Di Giovanni».

Jueves, 3 de julio. Comen en casa Borges y Di Giovanni. Traducimos (hasta la mitad, más o menos). «Eclosiona un arte». («H. Bustos Domecq on the New Architecture»).

Jueves, 10 de julio. Come en casa Borges; después llega Hugo Santiago. BORGES: «Tres amigos se encuentran. Uno dice: “Mirá, Chirola, todavía no junté la plata para pagarte”. Chirola afirma, como dirigiéndose a nadie en particular: “Éste no vuelve a comer pan”. Suena un balazo, Chirola cae muerto; el deudor lo conocía y no era lerdo. El episodio está bien. Es neto, sucinto. Inesperadamente los triunfos se reparten: el verbal, el otro. Chirola dice su epigrama y desaparece. El asesino se salvó de la cárcel porque el tercero dijo que Chirola amenazó de muerte».

Hacemos la lista de personas a invitar para el estreno de Invasión. Cuando menciono a Girri, se ríe y exclama: «Nada más que nincompoops».

BIOY: «La gente es contradictoria con la mayor naturalidad. Un portero, para darse importancia, me dijo: “Hoy, para conseguir una portería como ésta, hay que pagar por lo menos trescientos cincuenta mil pesos”. En seguida, para hacerse la víctima, agregó: “Es un trabajo de lo más esclavo y le pagan a usted un sueldo de hambre”». BORGES: «Mi padre decía que si un hombre sabe una frase hecha, la emplea, corresponda o no corresponda. Todo sueldo es de hambre, siempre llueve a cántaros, etcétera».

Comparamos méritos entre Rodríguez Monegal y Donald Yates. BORGES: «Por lo menos, Rodríguez Monegal es empacado, no un gran muchacho como el otro. Me contó que su tío, Casiano Monegal, hablaba de “nuestras Venus chinongas que se escapan en aeroplano”. Qué nombre, Casiano. Casiano Senegal: nombre de negro, como Olegario Andrade».

De vez en cuando recordamos las absurdas Brigadas Líricas de Mauleón Castillo. BORGES: «Ya se han desbandado esas brigadas. La gente cree que eran de Bufano».

Viernes, 11 de julio. Come en casa Borges. Me habla de un artículo de Martínez Estrada, publicado en Chile: «Sólo se salva un escritor. ¿Sabés quién?». BIOY: «Sí, el uruguayo de Misiones». BORGES: «Exactamente». BIOY: «Quiroga. El peor escritor del mundo. Qué les ha dado a los jóvenes talentosos por descubrir a Quiroga y a Arlt. Con la mayor independencia de criterio, como las limaduras, en el cuento sobre las limaduras y el imán, de Wilde»[1702]. BORGES: «Güiraldes es mucho mejor, ¿no creés?». BIOY: «Creo que si comparás la lectura de Quiroga con la idea de Güiraldes, Güiraldes es mejor».

Dice que el Cabito ahora anda con zapatos sin suelas. «Pisa firmemente el suelo», agrega.

Domingo, 13 de julio. Me pregunto por qué me enoja tanto el hecho de que locutores de radio y críticos de cine digan filme por film. Ante todo, por la docilidad con que esos amanerados monigotes acatan las instrucciones de los gramáticos; porque son claras pruebas del escaso arraigo de los usos y de las costumbres entre nosotros, de usos y costumbres que son, de alguna manera, expresiones del espíritu de la ciudad (desde luego, esa docilidad, esa incapacidad, es también expresión del espíritu porteño). ¿O me enojo porque a la larga cederé y hablaré como gente tosca, de la que me he burlado, gente incapaz de pronunciar algunas palabras? En el snobismo ha de estar la causa de mi disgusto. Pienso, herido, que si triunfan los gramáticos, pasaré a engrosar el grupo de los que dicen yelo, sicología, dotor. No por nada, cuando Borges propone setiembre le retruco otubre. En el fondo, tengo mala fe: cuando invoco la necesidad de no borrar las huellas etimológicas, de no caer en la barbarie fonética, mi enojo es desmedido porque lo que defiendo es una fonética de clase, que me distingue.

Jueves, 17 de julio. Comen en casa Borges y Di Giovanni. A éste lo reto porque le dio mi número de teléfono a un pelafustán que me buscaba para pedirme un reportaje. DI GIOVANNI: «Yo creía que le hacía un favor, Bioy». BIOY: «No sea bobo, Di Giovanni. Esos favores no me los vuelve a hacer».

BORGES: «Juan Pablo Echagüe se abalanza sobre Gerchunoff. Éste le dice: “Inútil. Carezco de valor físico”. Una dama pregunta, con voz desmayada, a Gerchunoff: “¿Cómo? ¿Usted es judío?”. Contesta: “Si usted quiere, señora, puedo poner en sus manos la prueba fehaciente”. Qué raro que la mejor obra de Gerchunoff sean unas cuantas bromas de su conversación. Bueno: la obra escrita no vale nada. Todos sus libros son hack work; su verdadera obra estaba en su conversación».

Lunes, 28 de julio. Hablo por teléfono con Borges. BORGES: «Un escritor pasa la primera mitad de su vida en aprender y la segunda mitad en olvidar lo que aprendió. Estoy limando viejos poemas. No puedo cambiarlos. Trato de que expresen lo que yo quería decir, lo que Unamuno y Macedonio no me dejaron decir. Mirá, parece absurdo que yo lo diga, pero a veces en esos viejos poemas hay buenas ideas ocultadas por una retórica atroz».

Hablamos de la llegada a la luna. BORGES: «¿Sabés quién encuentra mal que hayan ido a la luna? Nalé. Qué bien: todo está en orden. Dice que no es nada, que es una historieta. Qué raro que no sepa que los viajes, los descubrimientos, la Tierra y la luna son anteriores a las historietas. Dice que la luna ya no es poética; Mastronardi le contestó: “¿Por qué? ¿Porque empieza a ser menos lejana? Entonces, ¿lo que está cerca no puede ser poético?”. ¿Para Nalé no es poética una flor, una mujer? ¿Viste la cantidad de filántropos que han aparecido a consecuencia de este viaje? Gente que dice: “¡Vergüenza Russell! ¡Vergüenza Jean Rostand!” y se queja de que se habría podido dar a ese dinero un mejor destino. Es claro que con esa lógica nunca uno se compraría un par de zapatos. Aunque haya sufrimiento jugamos al ajedrez y hacemos pis. Hoy me salió uno con que se podía gastar ese dinero en hacer más tractores. No ven que esto sigue en la misma línea que la invención de la rueda, la cerradura, la pila eléctrica, el álgebra…».

BORGES: «Me dijo María Kodama que en japonés no se dice nunca no; sería una gran descortesía. Si preguntás: “¿El diccionario está sobre la mesa?”, te contestan: “Sí, el diccionario no está sobre la mesa”, lo que equivale a “Sí, usted tiene razón en dudar: el diccionario…”».

Martes, 29 de julio. Come en casa Borges, de regreso de Santiago del Estero. Después llega Hugo Santiago y trabajamos en Los otros. Hugo inventa lo que me parece un buen comienzo.

BORGES: «Santiago del Estero está muy cambiado. Con agua. Ya no hay ese paisaje rarísimo, de esa costanera extendida sobre arena. Me mostraron el banco de plaza en que mataron, en el año del Centenario, a un muchacho Fonseca Lugones, pariente de Lugones, y amigo de casa. Estaba sentado allí y un periodista rival —Fonseca Lugones era director del otro diario de Santiago— le dijo: “Hola, Coya” (lo llamaban así porque su familia descendía de Bolivia). El interpelado se volvió y su rival lo mató de un tiro. El pueblo, para expresar su indignación, pintó de rojo todas las puertas de las casas, desde el lugar del asesinato hasta la casa del muerto». Cuenta después el final del cuento, con particular satisfacción, tal vez porque demuestra cómo nada es lógico: «Algunos años más tarde, el hijo del asesino fue elegido gobernador de la provincia, hizo un buen gobierno, etcétera».

Dice que tres escritores fueron víctimas de la gula: «Leonidas de Vedia, por tres comidas que le dieron cuando lo nombraron presidente de la Academia (de una academia en broma, irreal), quedó inválido y disminuido para siempre. El filósofo Romero murió a consecuencia de dos parrilladas, una oriental y otra de esta banda, que le ofrecieron sus amigos de Montevideo y Buenos Aires a su vuelta de España. Y Erro, ya se sabe, volvía de las comidas y se limpiaba la heladera, con las deploradas consecuencias que todos conocemos». De Leónidas comenta: «En las reuniones del jurado, hacía un mérito de no haber leído nada. Hacía fe del juicio del interlocutor y le daba su voto. “Acepto lo que ustedes decidan, incondicionalmente…”».

A Borges le divierte proponer, con aire de convicción ingenua, interpretaciones inesperadas para hechos conocidos. Por ejemplo, para el episodio de Francisco Sausa, que después de matar involuntariamente a su amigo Donato y de repeler la partida que pretendía apresarlo, «al trotecito, se recorrió todas las calles del pueblo [de Las Flores]; las puertas y las ventanas estaban todas cerradas y aunque no era más que la oración, no había un alma a la vista»[1703]. Borges sugiere la siguiente interpretación: «Es claro, los vecinos le cerraron las puertas para señalarle el repudio». Naturalmente, mi padre, de quién él oyó el cuento, decía que los vecinos cerraron las puertas por miedo. Borges encontró un aliado en su madre, que irritadamente preguntó cómo podíamos creer que la gente de esa época iba a ser miedosa. Varias veces Borges me habló del episodio de Sausa y de las posibles interpretaciones. Este tipo de cuestiones. —«¿Por qué creés que la población de Las Flores cerró las puertas?»— lo obsesionan un poco por cierto número de días.

Jueves, 31 de julio. Por la noche, me visitan Iaquinandi, Martínez y un Muchnik, tío de Hugo Santiago, que han iniciado una nueva editorial[1704] y que vienen a hablar de la publicación de Un modelo para la muerte y de Dos fantasías memorables. No sólo a hablar: ya traen los contratos y los cuarenta mil pesos de anticipo. Cuando se van, llamo por teléfono a BORGES: le digo que tengo veinte mil pesos para él. Comenta: «Qué rara es la carrera literaria: esas obras de nuestros descuidos que siguen trabajando solas. Mientras uno haraganea o se dedica a actividades reales, lo que hizo por juego, por locura o por descuido le trae toda clase de premios». BIOY: «Y en cambio, cuando uno se empeña en imponer una obra, nadie lo escucha. Nos piden que escribamos libretos para películas, pero nadie quiere Los orilleros ni El paraíso de los creyentes».

Viernes, 1.º de agosto. Comen en casa Borges, Di Giovanni y Alberto Campos. Con Borges y Di Giovanni traducimos la mitad de «Gremialismo». («H. Bustos Domecq on the Brotherhood Movement»).

Sábado, 2 de agosto. Cuando me encuentro sometido a la sociedad de gente que no tiene nada que ver conmigo, me repito, como dice BORGES: «Qu’allais-je faire dans cette galeré?»[1705].

Lunes, 4 de agosto. Comen en casa Herminia Prieto, Borges y Di Giovanni. Concluimos «Gremialismo». Idea de escribir la pieza sobre el snob?[1706]

El título del nuevo libro de Borges, Elogio de la sombra, no me gusta. Si el lector imagina la sombra como la frescura que proyecta el coposo follaje de un árbol en un día de verano, el título me parece agradable; si piensa en las sombras del crepúsculo, apesadumbradas de connotaciones de vejez, de muerte y de averno, me parece desagradable, vinculado a una tradición literaria que ha dado muchos frutos académicos y fríos. El poema de la tumba, que Borges recita en Old English, es un ejemplo. A él le gusta; a mí me parece fácil literatura de efectos elementales, viciosos y estériles, onanismo con la vieja mortalidad, la tontería del que dice: «Miren qué valiente que soy: juego con todas esas reliquias del cementerio». Hasta ahora todas esas reliquias son visualmente feas; la evocación poética de elementos feos provoca imaginaciones ingratas.

Sábado, 9 de agosto. Comen en casa Borges y Peyrou. BORGES: «He leído The Eight of Swords de Dickson Carr. No creo que en la literatura argentina haya un novelista tan sabio, tan inventivo y delicado. Sin embargo, ¿qué es Dickson Carr en la literatura inglesa? Nada. No cuenta».

Lunes, 11 de agosto. Con Borges vamos a comer a la comida en honor de Francisco Ayala, en casa de Sara Gallardo. Caminamos una cuadra y media. Debo arrastrarlo, porque se resiste a dar los pasos, como si tuviera el freno puesto, pero habla muy sueltamente. Están, además de Ayala, Murena; Girri; Rosenblat; una chica Ruiz Guiñazú; una periodista de Para Ti; una actriz rubia, desgarbada, de pelo revuelto; un insatisfecho profesor norteamericano, de aspecto clerical, que no escribe porque hay que ganarse la vida y al primer descuido trata de que uno le firme autorizaciones para publicar cuentos en antologías universitarias[1707]; otro profesor, innominado. Borges recita el poema de Grünberg sobre la circuncisión de su hijo:

Cortó el sobejo filisteo

para trocártelo en hebreo.

Cortó el sobejo porque eres

Judá ben Sion y no Juan Pérez[1708].

Admirativamente comenta: «Se lo pude decir a usted, Sara, con perfecto decoro». Murena resopla de risa. Yo siento un gran afecto por Ayala. Me cuenta que en Chicago, cuna del New Criticism, donde se lo esperaba con recelo, Borges conquistó a todos con una conferencia sobre Whitman.

Jueves, 21 de agosto. En cama, lumbagado, hablo por teléfono con Borges, que me dice: «Un sordo lumbago te amilana»[1709]. Se pregunta si Lugones habrá escrito esa línea en serio. Le digo que lo habrá hecho por el placer de producir una sucesión de palabras duras, que pasan como un tren, y cito como análoga la nuestra: «Ausente por Quilmes Bock en confitería La Perla»[1710]. BORGES: «Es más graciosa… Pero ¿qué le dio a nuestro personaje por suprimir los artículos?». Agrega: «Yo creo que Lugones lo escribió para demostrar que tenía todo el lenguaje at hisfingertips».

Cuando le cuento que estoy acostado, inmóvil, boca arriba, recuerda los dichos: «Si habrá mirado cielorrasos» y «Tragó más tripa que gaviota de saladero». Comenta: «Los aficionados a los viejos dichos populares no recogen frases como ésas y prefieren textos más dulzones».

Está corrigiendo con Di Giovanni Luna de enfrente y Fervor de Buenos Aires: «No bien podía, en mi juventud, yo era almibarado. No son corregibles esos poemas. Sólo puedo moderar fealdades extremas».

BORGES: «Voy a ver cuándo te dejo mi nuevo libro… Ah, está lindísimo. Nunca pensé que podrían hacer un libro así. Nos llamó Frías, nos dijo que pasáramos por su casa, que iba a darnos una sorpresa. Era una sorpresa poco sorprendente. Estuvo muy afectuoso. Tanto que se puso a llorar. Elsa estaba conmovida: “Qué amor, Carlitos, no podía contener las lágrimas”. ¿Qué me decís del commercial guy? Los ojos del poeta, en cambio, estaban resecos. Qué situación rara, ¿no?». BIOY: «Imagino la escena dibujada por Max Beerbohm». BORGES: «Sí, pero yo tendría que ser más alto, como Carlyle o Stevenson. Frías se para en puntas de pie para alcanzar a mi cintura y llora[1711]. Una situación rarísima».

Blue China (Whistler and Carlyle)

Viernes, 22 de agosto. La madre de Borges, exaltada en su orgullo por el hijo y deslumbrada por su talento, me lee «Juan, I, 14», el primer poema de Elogio de la sombra. «No parece escrito por un hombre», me dice, como si estuviera dispuesta a creer que un Dios escribe a través de su Georgie. «Elogio de la sombra —me explica— es el elogio de la ceguera». Cada cual está en su mundito, hasta la estupidez: yo, que me creo tan próximo a Borges, no había entendido el título.

Domingo, 24 de agosto. El Cabito Bioy llamó por teléfono a Borges, para felicitarlo por su poema «Los gauchos[1712]». Muy pronto pasó a elogiar el poema de Güiraldes sobre el mismo tema («Al hombre que pasó», en El cencerro de cristal). Borges dijo que sí, que el de Güiraldes era un gran poema y se puso a recitarlo:

Símbolo pampeano y hombre verdadero,

generoso guerrero,

amor, coraje,

¡salvaje!

Gaucho, por decir mejor.

Ropaje suelto de viento,

protagonista de un cuento

vencedor.

Corazón

de afirmación.

Voluntad

de lealtad.

Cuerpo «morrudo» de hombría.

Peregrina correría

que va tranqueando los llanos,

con la vida entre las manos,

potentes de valentía.

«Es claro —comentó Borges— que parece una descripción de la estatua de Garibaldi en la Plaza Italia». El Cabito, cortésmente, le dijo que tenía razón, «pero —agregó— como uno quiere encontrar bueno todo lo que escribe Güiraldes, no importa». BORGES: «Tenía razón. En lo que me dijo había una buena mezcla de locura y sensatez. Los últimos versos del poema son una lápida para el poeta:

Pero hoy el gaucho, vencido,

galopando hacia el olvido,

se perdió.

Su triste ánima en pena

se fue una noche serena,

y en la Cruz del Sur, clavado,

como despojo sagrado,

lo he yo».

En mi ejemplar, en sustitución del nefando he yo, una enmienda en lápiz propone encontré (que no rima, pero que es quizá menos espantoso). Ignoro si, como parece probable, yo escribí esa palabra; no reconozco la letra.

Por la noche, voy a casa de Borges, donde celebran sus setenta años. Están Elsa, Alicia Jurado, María Kodama, Peyrou con su mujer, Di Giovanni con su mujer. Borges me muestra su libro y me dice que está lindísimo; creo que si viera mejor tendría otra opinión: ésta ha de ser la del editor.

Lunes, 25 de agosto. Una situación que se ha repetido a lo largo de tantos años de amistad. Leemos un texto —acaso de Unamuno— en que el autor expresa el anhelo de inmortalidad personal y Borges pregunta: «¿Por qué desea tanto ser él mismo para siempre? ¿No se va a cansar de sus manías y de sus limitaciones? ¡Qué bruto!». Yo le doy la razón; realmente, me digo, ¿por qué obstinarse en ser infinitamente don Miguel de Unamuno? Sin embargo, sin embargo… toda renuncia al anhelo de inmortalidad personal, ¿no será entrar en el juego de que son importantes nuestras actividades de hombres? Al fin y al cabo, la filosofía, la religión (con la participación de la divinidad), ¿no serán juegos a los que jugamos mientras tanto, entre dos nadas? ¿Vamos a dejarnos engañar por nuestros propios juegos? ¿No es más natural aferrarse a lo único real que tenemos, la vida?

Miércoles, 27 de agosto. Comen en casa Borges y Di Giovanni. Traducimos «Gradus ad Parnassum». Borges comenta, conmigo: «Si no trabajara con nosotros, sería el peor de los traductores».

Sábado, 30 de agosto. Come en casa Borges. Vienen después Iaquinandi y Martínez, de la editorial que publicará a Bustos Domecq, y un señor Cuevas, que hará las notas. A medida que leen el texto, la estupidez de incluir notas se vuelve más flagrante. El trabajo, para el que contrataron a Cuevas, más injustificable. Comenta luego BORGES: «Qué idiotas. Era como hablar con chicos. O peor: con un chico uno sabe cómo hablar, pero con éstos… Habría que sentarlos en las faldas. Yo sentía como una compasión: había que hablarles con cuidado, para no hacerles mal. Y pensar que serán unos tigres para los negocios y que nos darán veinte vueltas. Lo que se dijo de Napoleón está bien: aparte de que ganaba batallas era un hombre cualquiera. Todos estos hombres de negocios son especialistas. ¿Sabés lo que me dijo de Pérez Companc Mariana [Grondona]? Que es como una niñita boba. Qué raro que gente así maneje países y modifique la Historia. Pérez Companc le dijo a Mariana: “Borges tiene éxito, pero, ¿sabe por qué? Porque es ateo”. Primero, no está probado que sea ateo. Después, no me parece que los ateos tengan tanto éxito».

BORGES: «¿Para qué hicimos una lista y participamos en las elecciones de la SADE? Para salvar el caserón. Les propuse que fuéramos a ver a Onganía. Ah, eso no. Quién va a votarnos después. No les importa salvar el caserón; prefieren la esperanza de ser votados, de ser candidatos, porque de salir elegidos ya se sabe que imaginan que eso sería una locura». BIOY: «No quieren quemarse. La gente sabe que apoyar a este gobierno desacredita». BORGES: «Tampoco son demasiado heroicos». BIOY: «No. Aprovechan la ocasional bonanza que pueda traer el gobierno y lo desprecian».

Lunes, 1.º de septiembre. Compro Panorama, para leer la nota sobre Plan de evasión[1713]. Desde que un periodista de Primera Plana me describió como discípulo o alter ego de Borges[1714], todos los que deben escribir una nota sobre mí echan mano a ese tema, que les da material para uno o dos párrafos. No sé cómo, durante más de treinta años, me salvé de la asimilación (nefasta para la difusión de mis libros y para que se me tome en cuenta como escritor: ¿para qué Bioy si está Borges, the real thing?); la única explicación para la favorable situación previa se halla en la negligencia universal; si no, ¿cómo un escritor más joven, íntimo amigo y colaborador de un escritor más famoso, no les sugeriría el filón de las influencias y comparaciones? El Grinberg que escribe esta nota de Panorama, ardientemente me defiende y, en el proceso, me sancocha, me cocina y me sumerge en la comparación con Borges[1715].

Viernes, 5 de septiembre. Come en casa Borges. Dice que se pone muy duro cuando lo miman mucho: «No me gusta que me mimen. Es claro, a un enamorado le gusta que lo mimen; pero no me parece que una madre deba ser demasiado cariñosa con su hijo ni que una relación así sea buena entre dos personas cualesquiera».

Ahora que Elsa se va a Europa no se mudará a casa de su madre, porque cree que las cosas dolorosas no hay por qué repetirlas; no quiere repetir el arrancón; a la semana nomás tendrá que volverse. Me cuenta que su sobrino Luis, después de la ruptura con una chica, decía: «Quiero verla una última vez. Sólo una última vez». Borges le explicó: «Ya la viste una última vez». Apruebo sus razones, pero pienso: «Además, si se muda, Elsa le rompe el alma».

BORGES: «No hay consuelo de tontos, pero si un sofisma consuela, hay que recurrir al sofisma». BIOY: «Algunos me dicen: “Bueno, usted no puede quejarse. Su padre vivió ochenta años” y creen que con eso me consuelan; más bien me enojan, porque sólo me dan una razón para que no me queje, para que me calle, porque no sería de buen gusto que me pusiera a explicarles que mi padre tenía posibilidades de seguir viviendo…». BORGES: «Más que deseos de brindar consuelo hay en ese argumento falta de sensibilidad. Saintsbury consuela a Arnold porque se lamenta por la muerte de su madre, como si Arnold no supiera que poca gente tiene la suerte, a los cuarenta y nueve años, de ver morir a su madre».

Sábado, 6 de septiembre. Come en casa Borges. Empezamos a escribir un cuento: cuando el protagonista vuelve a Buenos Aires, después de años de ostracismo, poco a poco descubre que el correo ya no funciona, aunque abundan los carteros, los buzones, los Jefes de Correos. La idea original, el final, y mucho del argumento de este cuento es de mi invención. Muchos otros. —«Gradus ad Parnassum», el gracioso «Vestuario» y el excelente «En búsqueda del absoluto», interalia— se originaron en ideas de Borges.

Miércoles, 10 de septiembre. Con Borges vamos a ver a Mac Kay; tengo que pedirle, en favor de la Congregación de Mater Misericordiae, una excepción para que aún puedan inscribir a sus alumnas en los exámenes de Cambridge. En la calle la gente sonríe; pienso irritadamente: «¿Les hace gracia un ciego?», hasta que entiendo que son sonrisas anagnóricas, que dicen «Ahí va el gran Borges».

Hablamos de una posible antología del cuento argentino, que prepararemos con Di Giovanni. BORGES: «Yo tengo amigas que no puedo excluir y que no debo incluir. Me duele pensar que le he prometido un prólogo a Adela [Grondona] y que nunca se lo escribí. Si puedo, corrigiré ese desaire… Me preocupan menos los enojados que los apenados. Olivan nunca perdonó a Julio Noé el no haberlo incluido en la Antología de la poesía argentina moderna… Julio Noé estaba orgullosísimo de que su bibliografía de Lugones —en tiempos de la Antología— fuera la más correcta. Los pescados muertos tienen la misma mirada de inteligencia que el doctor Julio Noé».

De Córdova Iturburu opina: «Es un idiota y, como dicen ahora, está plantado. Cuando tuvo que escribir un tango, ¿sabés cómo llamó a la mujer? Marisol. Y dice que:

los desmayados fuegos de la ansiedad nocturna

le calcinan las venas, árbol rosa y azul[1716]?

No creas que trató de crear, con esas palabras, a la manera de Browning, un personaje. No, se las atribuyó a un malevo fino. Él es el malevo fino. Le salieron del alma. Es un bruto. Ayer, en la SADE, parece que se despidió lagrimeando. Dijo que hasta lo habían acusado de comunismo. Qué me decís».

Jueves, 11 de septiembre. Come en casa Borges. Empezamos de nuevo el cuento del correo. Pregunta: «¿Has notado cómo se admira hoy a Arlt? ¿Raro, no? La explicación es: cualquier cosa, menos pensar. Se puede aceptar o negar. Es preferible aceptar. Es claro que si todo el mundo empieza a decir que Arlt es una porquería dirán que es una porquería».

BORGES: «Di Giovanni dice que en la antología hay que poner cuentos de escritores nuevos. Le respondí que casi todos van a ser nuevos, en los Estados Unidos. Insistió en que se sabrá si son jóvenes o no, y me advirtió que va a poner cuentos que a mí me parecerán lousy… Cuando alguien te dice que un cuento no te va a gustar, a él no le gusta mucho. Di Giovanni dice que a mí me parecerán lousy, porque a él le parecerán lousy».

Lunes, 15 de septiembre. Comen en casa Borges y Di Giovanni. Borges me trae The Open Farm, libro de ensayos editados por Alfred Kazin, y el Blake de Chesterton. Después de comer (con champagne) trabajamos en la traducción de «Gradus ad Parnassum».

Borges recuerda frases y dichos: «El miedo no es sonso y no junta rabia». «Por ahí (pronunciado por ay) serán las fortunas, dijo el sol a la luna» (queriendo decir que son diferentes). «Como pan que no se vende». «Fíate en el agua mansa» (queriendo decir que no hay que fiarse) o, según la lección de su madre: «Fíate en la Virgen y no corras». («Es claro que significa lo contrario»); frases afirmativas, que deben entenderse negativamente: se descuenta la ironía. En el Congreso, a principios de siglo, alguien afirmó: «Pellegrini y yo». De la barra le gritaron: «Igualate y largá»[1717]. Comenta Borges que hoy la gente no entendería esa expresión.

BORGES: «Se trabaja muy bien con José Luis Lanuza. Leimos un documento de Rosas, que se ofrecía al gobernador de Buenos Aires para apoyarlo con sus “colorados”. La expresión que usaba era “con mis sirvientes”».

Martes, 16 de septiembre. Por la mañana, hablamos por teléfono. BORGES: «Entonces como, esta noche, en tu casa… A Di Giovanni no le digo nada, porque tiene la manía inexplicable de querer saber lo que hago, hora por hora… And what will you be doing this aftemoon at (voz de bajo profundo) six o’clock?… Otra vez le dije que menos averigua Dios y perdona. Es meterete y quiere tener un completo dominio sobre las personas».

Por la noche, en casa, me cuenta que estuvo con el autor de La Marcha de la Libertad, un tal Rodríguez Ocampo, una persona muy antipática. BORGES: «En un poema sobre el campo emplea la palabra merienda. Habla de una techumbre de teros: demasiados. Por suerte no hay tantos pájaros, fuera de un film de Hitchcock. Le expliqué que si uno habla del campo no hay que usar palabras de otro ambiente, no hay que decir canteros bordados, no hay que comparar la naturaleza con muebles, porque si no se corre el riesgo de que aparezca una alfombra, como en el Santos Vega de Obligado[1718]. En cuanto a la versificación no se dio mucho trabajo. Como Mastronardi, eligió los versos más largos, los alejandrinos, y ni siquiera los rimó. Escribe en alejandrinos asonantados. Es anti-peronista for the wrong reasons; porque es un señor de horca y cuchillo; porque está en contra del lado “populachero y guarango del peronismo”. Dijo que él, ante todo, es monárquico y carlista. ¿Por qué, un señor argentino, tiene que ser monárquico y carlista? Cantó una milonga. En seguida le dije que era suya. Una milonga popular no podía estar tan llena de términos técnicos para designar elementos del apero; no podía estar tan interesada en sastrería. Le dije que la clase media era lo mejor de un país y que tal vez Sarmiento fuera el más gran hombre que este país haya producido. El carlista objetó que pensara así cuando mi abuelo había muerto peleando contra Sarmiento y en favor de Mitre en la batalla de La Verde. Nunca se me había ocurrido pensar en eso, ni cuando era chico, como una razón para condenar a Sarmiento. Esa gente habrá tenido sus motivos, pero yo no me siento como un traidor por admirar a Sarmiento».

Jueves, 18 de septiembre. Come en casa Borges. Seguimos con el cuento del correo. «Si somos Joyce, ¿cómo no vamos a escribir Finnegans Wake?», contesta, cuando protesto por el torrente de bromas (no me quedo corto como proveedor).

Me cuenta que para acompañar a su madre (Leonor Acevedo), cuando era chica, un militar le mandó una indiecita pampa[1719]: «Éste era un país muy raro, hace muy poco. Ya ni rastros quedan. Ahora descubro que en mi memoria confundo esa indiecita con una chica muy bien, paraguaya, que encontraron casi muerta de hambre en una cueva».

Viernes, 19 de septiembre. Come en casa Borges. Dice: «Al peronismo hay que agradecerle algo: nos ha probado que la Historia sigue, que está viva. La Historia, la patria, parecían antes un recuerdo: algo de otros tiempos. El peronismo nos despertó. Vivimos la gloria de la Revolución Libertadora: la gloria de la patria. Un momento conscientemente histórico, como también lo fueron los atroces del peronismo».

BORGES: «He concluido mi prólogo para Macbeth[1720]. Un trabajo así es mucho menos difícil que un cuento». BIOY: «Es claro: tres o cuatro observaciones que uno hizo a lo largo de la vida, un poco de información y una redacción decorosa». BORGES: «Tenés razón: nada muy extraordinario, ni sublime. Tal vez no deba uno admirar tanto a Groussac». BIOY: «Desde luego, si la lectura es agradable, las observaciones justas y la información útil, está muy bien». BORGES: «Esas condiciones exceden las posibilidades de Rojas o del doctor Roxlo. Pero, ¿por qué admirar tanto a Menéndez y Pelayo? En esa admiración se confunde el tema. Es un poco como si hubiera escrito el Quijote». BIOY: «Admiran la literatura griega y latina que pasó por él». BORGES: «Pasó como un turista». Dice que la palabra polígrafo se aplica a Menéndez y Pelayo, como el Manco de Lepanto a Cervantes: «Es el único polígrafo. Es claro que no lo es: no escribió cuentos ni novelas. Pero eso no importa».

BORGES: «Un consuelo contra la escasa longevidad es que si la gente no muriera antes de los noventa años o no se debilitara con la chochez, el mundo estaría lleno de locos furiosos».

Le digo que voy a comer con viejos muchachos del tenis, tenistas jubilados. BORGES: «¿Quién soy yo para criticarte? Fui amigo de ex cuchilleros. ¿Vos creés que los atrios y prostíbulos son mejores que las canchas de tenis?». BIOY: «Allí la vida pasa un poco más cerca». BORGES: «Los juegos, como el ajedrez, parecen un género de la literatura fantástica».

BORGES: «Di Giovanni es una especie de detective desinteresado. Qué gracioso que le escriba a otro y que le diga que gracias a que madrugó pudo infiltrarse en la cocina».

Sábado, 20 de septiembre. Busco a Borges en lo de Norah. Comemos en casa. Moderamos las dos primeras páginas del cuento del correo y agregamos un párrafo.

Le leo pasajes sobre brain washing en el Times Literary Supplement. BORGES: «Considerar enfermos a los que no son comunistas, como hace Mao, es un sofisma. Eso es peor que la Inquisición, que el nazismo. Comunismo y nazismo, bueno, ya se sabe: a choice of evils. Si hubiera que elegir, prefiero el franquismo. Dentro de su común brutalidad, puede distinguirse un matiz entre la Inquisición y la Mazorca: unos lo hacían por una idea, otros por barbarie. A la señora resista que defendió la Mazorca porque “degollaban nomás y hay que tener en cuenta la época”, le hice ver que era la época de Echeverría, de Mármol, de Sarmiento, de López y Planes, que encontraban atroz la Mazorca. Hernández en un discurso preguntó hasta cuándo el país estaría sometido a la amenaza del puñal de los unitarios. ¿No habrá oído hablar de la Mazorca? En El matadero la descripción del lugar es tan horrible que después la muerte del valiente unitario ya no importa. En Amalia, Rosas pregunta a Cuitiño por qué no se fijó en no sé qué detalle y el mazorquero le contesta: “Yo estaba degollando a los otros”[1721]. Stevenson hubiera aprobado esa frase. Está bien concluir así un capítulo».

Me dice que sus alumnas de Old English son muy inteligentes, pero que a veces descubre en ellas «abismos de ignorancia»: «Una señora me preguntó si habría literatura anterior al Beowulf al Cid, a la Chanson de Roland. “Bueno —le respondí—: está la Biblia. Y la literatura griega y latina, Homero y Virgilio…”. “Were they any good?”, me preguntó».

Hablamos de la excelente traducción en hexámetros del doctor Hawtrey. BIOY: «Tal vez no sea más famoso porque no ha traducido obras enteras». BORGES: «De todos modos, me parece bien un país que tiene gente así, eximia en trabajos laterales: una admirable traducción de algunos cantos homéricos o de algunos capítulos de Virgilio. Quizá las traducciones de Reyes sean comparables». BIOY: «No lo creo capaz de mantener el estilo levantado de Hawtrey:

See, the wife of Hector, that great pre-eminent captain

Of the horsemen of Troy, in the day they fought for their City»[1722].

Lamentamos que sólo haya fragmentos de esta traducción. BIOY: «¿Tendrán todos los versos esta calidad? Qué raro que no se conozcan excelentes poemas del autor». BORGES: «Es una traducción tan buena qué dan ganas de traducirla. Sin duda, cuando escribió pre-eminent vaciló; al principio no se animaba; está muy bien»[1723].

Sábado, 27 de septiembre. Come en casa Borges. Me dice: «Te traigo un regalo mágico, pero voy a descartar el suspenso, que es una forma de la descortesía. Ayer pasé por un pueblo, un pueblo igual a todos, con unas casas a los lados del camino: era Pujato».

Escribimos un poco el cuento del correo. BORGES: «Bustos Domecq ha de ser más complejo de lo que imaginábamos. Di Giovanni continuamente detiene su traducción para consultarnos, porque ha descubierto un error de lógica. Yo creía que los errores de lógica eran el recurso característico, y demasiado burdo, de Bustos Domecq».

Me refiere que al comentar la frase de alguien, de que en Nueva York había ocho o diez personas interesantes, acaso con ánimo demagógico O. Henry formuló una verdad: «Yo creo que hay cinco millones» (la población de entonces). Le cito la frase del film Baisers volés: «Les gens sont formidables», dice el padre de un personaje al morir.

Domingo, 28 de septiembre. Hablo por teléfono con Borges. Me dice: «Mi sobrino Luis se casa pasado mañana. Está en cama, muy resfriado. ¿Será una estratagema para no casarse? Sin embargo, no está obligado… Qué raro, elegir la inmovilidad como una forma de fuga».

Cuenta: «Hoy me pasó algo agradable. El taxista me dijo que era de La Boca y que su hija leía mis libros. Le pregunté qué pensaba de la República de La Boca. Me dijo: “Ésas son macanas”. ¿Cuánto tardará el doctor Oría en pensar eso de la Academia Argentina de Letras? A lo mejor lo sabe, pero no lo dice. El taxista no quiso cobrarme el viaje».

Martes, 30 de septiembre. Paso a buscar a Borges por lo de su madre, en la esquina de Maipú y Charcas. Volver a esa esquina —costumbre de un pasado— me parece volver a los buenos tiempos. Come en casa y escribimos con lucidez una página del cuento del correo.

BORGES: «A Reynafé, que era gobernador de Córdoba, le explicaron que había que suprimir a Facundo Quiroga. En cuanto lo mató, pusieron el grito en el cielo. Es claro que Reynafé no sería trigo limpio. Buena parte de la Historia argentina ocurrió entre gangsters». BIOY: «Esos gangsters son mirados con especial simpatía y afecto por mucha gente».

Sábado, 4 de octubre. Voy a un cocktail de La Prensa a sus colaboradores, por el centenario de su fundación. Encuentro a los Bietti, a Alicia Jurado, a Bernardo González Arrili, a Giusti, a los Santos Gollán, a Ghiano, a Villordo, a Bonomi, a Borges, a Peyrou. Dice Borges, después: «No hay mayor error que llamar intelectuales a los escritores».

Vuelvo a casa con Borges y Peyrou. Después de comer, Peyrou se va por su lado y yo trabajo con BORGES: leemos tres versiones inglesas del poema «El tango» (para premiar una) y escribimos una página del cuento del correo.

Martes, 7 de octubre. Come en casa Borges. Escribimos el cuento del correo.

Jueves, 9 de octubre. Voy a Rueda, donde me dan un cheque de ciento veinte mil pesos (sesenta mil para Borges, sesenta mil para mí) por derechos de la primera edición agotada de Cuentos breves y extraordinarios.

Viernes, 10 de octubre. Recordó Ema Risso Platero que en uno de nuestros paseos nocturnos por Puente Alsina (a fines de la década del treinta o a principios de la del cuarenta), Borges exclamó: «Alquilar una de estas casas y vivir un año al margen de la literatura».

Otro recuerdo. En el cuarenta y tantos nos reunieron, a Borges y a mí, unos señores, en el estudio de mi padre, y nos propusieron que escribiéramos el libreto para un film sobre Don Segundo Sombra. Con una soberbia que no condescendía a explicaciones (cortés de puro despreciativa), rechazamos la proposición: la principal razón de nuestra negativa era nuestra certidumbre acerca de la imposibilidad de hacer un buen film —iba a decir un film— con el libro. No hay acción. No hay anécdota. Es demasiado famoso para que uno pueda impunemente agregar algo; es demasiado venerado, para que uno impunemente entretenga al espectador con alguna broma o ironía… Por el tema campero, tradicionalista y folklórico, sin duda convoca a los ávidos granujas ignorantes que, despreocupados de la obra cinematográfica, buscan alabanzas y honores patrióticos, amén de premios, apoyo económico del Estado, etcétera. Hoy me alegro de no haber aceptado ese trabajo. Nuestro estado de ánimo, nuestra sincera convicción de que nada podía hacerse con Don Segundo, nos hubiera encaminado a uno de dos errores: a convertirlo en otra cosa o a trabajar con resignación y sin esperanzas. Anoche he visto la película de Antín y me congratulo una vez más de no haberla intentado hace treinta años: por lo menos por el riesgo de haber impedido, por un fracaso en el mismo intento, esta obra de arte. Todo está bien en Don Segundo. Si Borges, en su incredulidad, me pregunta cómo esa historia tan poco accidentada, entreverada con frases que ensamblan de cualquier modo la inseguridad idiomática del autor con los dicharachos camperos y las metáforas ultraístas, me conmovió, le diré que tal vez he llegado a la edad en que nos volvemos tradicionalistas.

Sábado, 11 de octubre. Come en casa Borges. Escribimos una página del cuento del correo. Dice: «Bustos Domecq empieza a dominarme. Los otros días escribí en un cuento: “En aquel gran salón había más gente que en el quilombo”[1724]. Recuerda que, cuando al padre de la señora Ferraris lo visitaron unas damas para interesarlo en la colecta del Día del Kilo, las echó de la casa con cajas destempladas. En todo Entre Ríos, su provincia, es corriente la abreviatura kilo, para designar al quilombo.

BORGES: «La vieja tradición oriental, hoy olvidada, era contraria a Artigas. Se lo veía como un gaucho bruto. Negó quinientos oficiales y hombres de tropa e impidió al pueblo oriental participar en la guerra de la Independencia; estuvo en tratos con Vigodet para entregar Montevideo a los realistas; desertó del sitio de Montevideo; su exilio en el Paraguay fue voluntario (por dos veces el gobierno lo invitó a volver; no podía vivir en su patria, si no mandaba); el llamado éxodo del pueblo oriental fue una imposición cruel… Carlos María Ramírez, autor de la glorificación de Artigas[1725], le dijo a alguien: “Los pueblos necesitan un héroe nacional. Los suizos inventaron a Guillermo Tell, que nunca existió”. “¿Me permite reproducir sus palabras?”, preguntó el otro. “De ninguna manera”, contestó Ramírez. Vale decir que sus inventores sabían perfectamente que Artigas no había sido como lo ensalzarían. De Artigas no había más retrato que unos apuntes de Bonpland. Blanes dijo que en ellos parecía un viejo, más bien una vieja. Se sabían dos cosas de su aspecto físico: que tenía una gran nariz y que era calvo. [Luis Melián] Lafinur observa que en la iconografía más antigua se mantiene esa calvicie, pero que poco a poco los ilustradores se la fueron poblando y que antes de mucho pudo competir con Absalón. Todos los caudillos de las montoneras estaban en contra de España, pero también en contra de Buenos Aires, porque querían ser señores de hacha y tiza en sus provincias. Ésta es la explicación del federalismo. Ramírez, el Supremo Entrerriano, hablaba del continente entrerriano; debía de ser un gaucho bruto… Facundo Quiroga quedó deslumbrado con Buenos Aires: había descubierto lo que era una gran ciudad comercial».

Miércoles, 15 de octubre. Come en casa Borges. Me habla de que su madre no está bien: no tiene hambre ni ganas de tener hambre. Escribimos una página del cuento del correo. BIOY: «Acordate de que, según vos le explicaste a Di Giovanni, el peligro para estos cuentos está en lo verbal. Que hay más énfasis en lo verbal que en el relato».

Dice: «El gaucho unitario dio origen a los primeros cuatreros. Lo explica, te acordás, tu pariente Ventura Lynch[1726]. Un gaucho unitario, héroe de los libros de Gutiérrez, es Juan Cuello».

Recoge firmas para un manifiesto contra Rosas. «Susana Bombal me dijo, leyendo firmas probables para el manifiesto: “Adela Grondona, Williams Alzaga, demasiado Barrio Norte”. No tengo nada contra el Barrio Norte, pero como la gente es idiota…». BIOY: «Tenés razón: esse est percipi». BORGES: «Pongamos un judío. ¿Koremblit no será demasiado absurdo como escritor?». BIOY: «¿Por qué? Si están Adela Grondona y Susana Bombal, ¿qué le hace otra mancha al tigre?». BORGES: «A Córdova Iturburu lo taché. ¿Qué escritor es ése?» (o tal vez dijo: ¿es eso?). Él, un poco ensañado; yo, un poco débil porque, si bien es difícil defender a Córdova Iturburu, debí decir: «De acuerdo, pero vos estás cediendo a tu inquina». Como amigo, de vez en cuando habría que decir estar cosas; nada más que de vez en cuando, para no convertirse en maestrito.

No le gusta el sistema de escribir una novela sobre un hotel, después sobre un barco, después sobre un colegio, después sobre un aeropuerto. BORGES: «Sugiere al trabajador sin imaginación; sugiere la fábrica. Zola inventó el sistema, pero él se salvó, porque escribía impulsado por una especie de alucinación. La debilidad de Zola es el naturalismo. También su fuerza para afianzar su lugar en las Historias de la literatura. Que dijera: “Pongo un personaje en un ambiente, en una situación y lo dejo actuar” no tiene sentido. Como todos los novelistas, inventaba la conducta de sus personajes».

BORGES: «Hay tanta actualidad que no hay pasado. Lo bueno de los libros es que están escritos para la memoria. Lo malo de los diarios es que están escritos para el olvido. El mismo artículo, leído en un libro, se recuerda; leído en un diario, se olvida. Los best-sellers son como los diarios: si un libro, que no he leído, Forever Amber, es malo y se vende mucho, no hay que preocuparse; pronto se habrá olvidado. John Dos Passos quería hacer un género híbrido y asqueroso, una combinación de novelas y diarios».

Dice de Cortázar: «Parece que ahora divide a la gente en buena o mala, id est, comunista o reaccionaria. Tomó unas pastillas, habla como si tuviera un apretón de garganta, le salieron pelos en la cara; las manos, que parecían de un niño, son ahora de un hombre de su edad. Está muy contento».

Jueves, 16 de octubre. Llama Hugo. A las diez y media de la noche, con Marta y Silvina vamos al cine Hindú, donde estrenan Invasión. Nos llevan, a Borges y a mí, a un cuartito, a conversar frente a micrófonos; primero me defiendo mejor de lo que esperaba; después peor de lo que ese comienzo me permitía prever; Borges, inteligentísimo, veraz y ¡un redomado actor! Es un hombre de tantos recursos que ha logrado aprovechar en su favor la ceguera; ahí adentro, invulnerable e indiferente, piensa en libertad. Pasamos a la sala. El film no llega a los espectadores; éstos ríen en los momentos trágicos y largamente se aburren. Nos vamos con precipitación, pero la gente (alguna famosa por la impertinencia agresiva) me detiene para felicitarme. Manucho, tan cáustico; Dalmiro Sáenz, tan acometedor: ambos elogiosos y cordiales. A Mastronardi lo interrumpo: «Entre bueyes no hay cornadas» (en seguida dudo del acierto de la frase). «El bodrio del año», afirma tristemente un desconocido.

Martes, 21 de octubre. Llegó de Alemania Sechs Ausgaben für don Isidro Parodi (Seis problemas), traducido por Liselott Reger, en una lindísima edición de Fischer Verlag.

Parece que ese venerado maestro, don Pedro (Henríquez Ureña), razonó a lo largo de una carta a Rodríguez Feo[1727], un minucioso e implacable ataque a Borges. No me extraña que fuera ladino. Tenía una sonrisita compradora.

Miércoles, 22 de octubre. Ciego, los demás no existen para Borges. Se desnudaba delante de todo el mundo en la playa de Mar del Plata, hace pis en mi cuarto de baño sin cerrar la puerta y ayer conversaba cómodamente con Guerrero Martinheiz, por Radio Belgrano.

Viernes, 24 de octubre. Come en casa Borges. Trae Fervor de Buenos Aires (edición de 1969). BORGES: «No hay que seguir la práctica de Whitman. No hay que reeditar siempre el mismo libro. La gente dice que uno ya no escribe. Voy a publicar libros nuevos». Trabajamos en el cuento.

BORGES: «¿Una estatua de Artigas en Buenos Aires? Habría que escribir una falsa carta de un viejo oriental, protestando: “¿Cómo? ¿No saben que Artigas aborrecía a Buenos Aires? ¿Que deseaba poner un indio charrúa en el gobierno de Buenos Aires?”. Cuando dijeron que en Montevideo levantarían una estatua al gaucho, Groussac preguntó: “¿Para qué quieren dos? Ya tienen la de Artigas”». Comenta que Groussac debió de sentirse muy solo en la Argentina.

Elsa está furiosa con Di Giovanni. BORGES: «La Universidad de Oklahoma que nos invitó a ir allá en noviembre puso una suma para que pudiéramos viajar ella y yo. Di Giovanni les escribió para demostrarles que por esa suma podrían también viajar él y su mujer. Elsa, furiosa, dice que posiblemente si fuéramos ella y yo solos tendríamos más plata y que si van otros dos, ella podría llevar a una sobrina y yo a Luis. Yo no puedo enojarme con Di Giovanni porque se acople ni porque haya escrito esa carta a la Universidad, aunque teóricamente sea objetable. Yo prefiero ir con Di Giovanni y su mujer que con una sobrina de Elsa. Luis acaba de casarse y no creo que aceptara… Las mujeres, atentas a su derecho y viendo todo sub specie de pesos y centavos… Yo no voy a hacer más viajes. Elsa espera que en la Universidad pongan una persona para que la acompañe a hacer compras y a recorrer la ciudad. She stands on her dignity. Yo estoy viejo, quiero que me dejen tranquilo y quiero trabajar».

BORGES: «Hay que desconfiar de las innovaciones por omisión. Muchas veces llegan a verme muchachos que me dicen que sus versos no me van a gustar porque no tienen puntuación. Yo les dije que alguna vez intenté esas cosas. No piensan que ya fueron inventadas y que ellos en definitiva sólo proponen una vuelta a un pasado lejanísimo. No tienen una idea muy clara del pasado. Lo ven como un bloque: los anglosajones, Pope, Tennyson y a lo mejor el mismo Eliot están incluidos».

Lunes, 27 de octubre. Dijo BORGES: «Lo peor de Capdevila es peor que lo peor de Mastronardi, pero lo mejor es mejor y esto es lo que importa. No se puede comparar “Aulo Gelio” con “Luz de provincia”. ¿Mastronardi podría escribir un poema como “Aulo Gelio”? Mucho me temo que no. Para hacer el poema que llevó años a Mastronardi, Capdevila hubiera tardado una semana y lo hubiese hecho mejor».

Martes, 28 de octubre. Almuerzan en casa Di Giovanni y Heather, su mujer. Me dice Norman que Borges está escribiendo otro cuento y que parece finalmente convencido de que debe escribir un libro de cuentos; si esto se cumple, gran parte del mérito corresponde a Norman.

Como, en casa, con Silvina y Marta. A los postres llega Borges. Redactamos un manifiesto en contra de la exaltación del rosismo, los caudillos y las montoneras:

Los escritores que firman esta declaración han advertido con justificado estupor la creciente glorificación de las montoneras, de los caudillos que las capitaneaban y del nombre de Rosas. Tales apologías contradicen todo el proceso democrático de la historia argentina y presuponen una extraña nostalgia de la barbarie, del delito y de la crueldad. No es difícil adivinar detrás de estos anacrónicos arrebatos, el designio de instaurar, ahora y aquí, sistemas no menos opresivos e inicuos.

Los escritores que firman esta declaración han advertido con justificado estupor la creciente glorificación de las montoneras, de los caudillos que las capitaneaban y del nombre de Rosas. Tales apologías contradicen todo el proceso democrático de la historia argentina y presuponen una extraña nostalgia de la barbarie, del delito y de la crueldad. No es difícil adivinar detrás de estos anacrónicos arrebatos, el designio de instaurar, ahora y aquí, sistemas no menos opresivos e inicuos.

BORGES: «Yo no consigo escribir solemnemente. Todo me sale íntimo, de entrecasa, off hand y lateral. A lo mejor trabajamos para el obispo, porque [Alfonso] Laferrére nos anticipó. No importa. Es una previsión. Si mañana nos llega el de Laferrére, el nuestro nos parecerá muy tenue, muy liviano, un silbido casi inaudible. El otro será the real thing». Trabajamos.

Jueves, 30 de octubre. Hablo con Borges. Me dice que «Paradela», el cuento de Silvina[1728], le gustó mucho.

Sábado, 1.º de noviembre. Salió en los diarios la declaración que escribimos la otra noche Borges y yo[1729]. Laferrére cambió la palabra delito por despotismo. Aunque prefiero las palabras menos abstractas, la corrección me parece acertada.

Lunes, 3 de noviembre. Come en casa Borges. Cuento del correo.

Sábado, 8 de noviembre. Comen en casa Borges y Peyrou. Con Borges concluimos el cuento del correo, un poco de cualquier modo.

Borges refiere que estuvo con un señor, que era hijo de un boticario que tuvo que irse de Pergamino, a causa de Hormiga Negra. En cierta ocasión Hormiga Negra provocó al boticario; éste le hizo frente y el matón se achicó. Después, una noche, le rompieron los vidrios de la botica. El boticario vivía con un mauser siempre a mano. Al fin se cansó y se fue. «Eran la hez de la canalla, señor —le explicó el hombre a Borges—. Quemaban parvas en el campo. No quemaban las parvas de los que se avenían a pagar una suma. De noche andaban por el pueblo tirando tiros, para asustar a la gente». A Peyrou todo esto le disgusta, porque le estropea la imagen nostálgica de aquel guapo de otro tiempo, tan distinto de los de ahora. No se necesita mucha imaginación para imaginar lo que habrá sido el vecino Hormiga Negra para sus contemporáneos. BORGES: «Parece que salía a la calle y porque sí provocaba a cualquiera». PEYROU (razonable): «Sí. Pero no molestaba a la gente de San Nicolás. Hormiga Negra vivía en las afueras del pueblo». (Circunstancia que echaría una luz totalmente nueva sobre el querido personaje).

A nadie le gusta revisar las ideas, pero a Peyrou se le va la mano. Pasa a explicar que Hormiga Negra era, al fin y al cabo, un patotero; que muchachos ingleses de principios de siglo, eran patoteros, al igual que muchos niños bien; que corrían carreras de automóviles por la calle Florida y que Jorge Newbery invitaba a pelear a desconocidos… Ah, tiempos.

Lunes, 10 de noviembre. Vlady me cuenta que Borges le dijo que no se dejara agarrar por el afán moderno de títulos raros y feos; que siguiera en la gran tradición; que recordara que Conrad había llamado Victory a una de sus novelas. Pensé: «Borges ha de estar muy desilusionado de mí. Pensará que he caído en un error lamentable, que Diario de la guerra del cerdo es un título espantoso, indigno de mí, que prueba que nadie está a salvo».

Miércoles, 12 de noviembre. Comen en casa Borges y su mujer. Con Borges, buscamos un título para el cuento. Por fin elegimos uno que yo propuse, «Pompa y penumbra», y que él da vuelta para que suene mejor: «Penumbra y pompa». Releemos y corregimos el cuento. Borges quiere agregar una frase: «si bien todo se ha detenido, sigue girando la Gran Rueda del Parque Japonés». Le sugerí que dedicáramos el cuento a George Bernard Shaw y a H. G. Wells, esos dos optimistas que murieron persuadidos del naufragio universal, pero no quiso.

Durante la comida, Elsa explica hasta qué punto ella fue responsable, meritoria, esforzada, generosa, razonable, durante (no se vea en el adverbio una limitación) sus años de colegio. Siempre se libró de los exámenes; para no recargar el presupuesto de la madre, estudió en libros prestados, en los ratos en que sus compañeras no los necesitaban, etcétera, etcétera.

BIOY: «La maldad y la tontería suelen darse juntas. La falta de caridad no se debe a la falta de corazón sino de imaginación». ELSA: «La gente mala tiene imaginación y ataca donde más duele». Yo me consuelo mirándole los dedos con que come: chorizos ennegrecidos por los mimos que prodigó a Pierre, el perro de Marta; ésta comentará: «Qué perfecta». BORGES (a mí): «La estadística está de nuestro lado. Generalmente los asesinos son unos brutos. Creen que si roban mil pesos van a vivir bien. Todo el mundo sabe que Bertrand Russell es muy inteligente y que es un hombre bondadoso».

BORGES: «Sabato se mostró muy cordial. Le dije: “Me gustaría que entrara en la Academia. Sé que para todo tendremos opiniones opuestas, pero me basta con que usted siembre el caos. La Academia necesita un poco de caos”. Como Victoria y como vos, dijo que no aceptaría».

Dice: «La escritura japonesa obliga a un sistema de alusiones, que impidió tal vez algunos géneros, como la épica. A los japoneses, los norteamericanos proponen una simplificación de la escritura. Todas las posibilidades de su poesía y su tradición quedarían eliminadas. Esa gente, al defender su escritura, defiende una poesía, una civilización».

BORGES: «Voy a escribir un artículo proponiendo que en todas partes se estudien dos idiomas, el inglés y el español. Ya se demostró que los idiomas no son excluyentes uno de otro. Toda la gente culta por mucho tiempo sabía latín. Si los ingleses no hacen obligatorio el español, que se embromen. No busquemos reciprocidad. Ganemos otro idioma. Que el español sea universal, descartemos los regionalismos. La gente quiere que el español sea universal y quiere incluir en el diccionario todos los regionalismos, lo que en cierta medida es contradictorio. ¿El ejemplo del inglés? Bueno, ya es tarde para alcanzarlos; con mucho esfuerzo llegaríamos siquiera a la mitad de palabras».

Me cuenta que en Clarín trataron mal a su madre. Fueron a verla para pedirle una declaración sobre el día de la Madre; ella se defendió: «Sé que no pondrán lo que les digo». «Publicaremos lo que usted nos diga; se lo prometemos, señora». «Bueno, el día de la Madre es el día del Comerciante. Lo inventaron para vender más. Yo no sé cómo este país es tan idiota para dejarse engañar así». Publicaron: «Dice doña Leonor Acevedo de Borges que el día de la Madre es el día del cariño». BORGES: «Madre estaba aún más furiosa porque publicaron su retrato al lado del de la madre de Fangio. Cree que hicieron eso para insultarla. Yo estoy seguro de que no hubo mala intención. Además creo que Fangio es un hombre valiente y que sabe hacer bien lo que hace. No es raro que no entienda ninguno de estos argumentos una persona nacida en 1876».

BORGES: «Con el cuento que publiqué los otros días[1730] trato de lavarme de un pecado. Pero como le tengo afecto a ese ambiente…».

Los dejamos en su casa. Nos despedimos: se van el sábado. Me dice: «Pasemos el Año Nuevo juntos, lejos de los petardos, escribiendo».

Sábado, 15 de noviembre. Lamento el no haberme podido despedir de Borges, que se fue hoy a Oklahoma: lo llamé a las tres y media y estaba durmiendo la siesta.

Por la noche, comen en casa Peyrou y Emita Risso Platero. Hablamos, desde luego, de Borges y Elsa. Según Emita, de Elsa y de su hermana decía BORGES: «Qué vivas, quieren llevarnos a l’oscuro», refiriéndose a Ibarra y a él.

Martes, 18 de noviembre. Film, de la Télévision Française, sobre Borges[1731]. Parece que los franceses que vinieron a filmar escenas con la vida de Borges saciaron su despecho ante el gran escritor conservador, o simplemente solucionaron el problema de no hacer una película aburrida con cuarenta minutos de tomas de la vida de un hombre famoso, mostrándolo dominado por una madre centenaria y despótica, unido a una mujer mayor y rodeado de escritores oscuros y viejos, pasando sus días en las casas vetustas de la SADE y la Biblioteca Nacional o caminando por suburbios de casuchas viejas. El primer culpable de esto es el propio BORGES: no concede realidad a estas cosas; no piensa en que se van a ver. Si le piden que llame a sus amigos, se pregunta cuáles tendrán más placer en aparecer en la televisión (cuáles son los más oscuros e infelices como para tener placer en…). Si yo le señalo que tales mujeres son muy viejas y feas y que para realzar la imagen convendría quizá incluir en el grupo a alguna verdaderamente linda o siquiera joven, protesta en broma: «Pero Xul, ¿no las llamaba neo-bellezas?». Las llamaba, sí, pero hace treinta años. Pipina Diehl, más efusión de palabras que de criterio, quiere que yo redacte una protesta: «¿Escritores oscuros y viejos? Una calumnia. Apareció rodeado por Adela Grondona, Mariana Grondona, Wally Zenner, María Alicia Domínguez, Susana Bombal, Alicia Jurado, Fernández Latour, Mastronardi…». Mastronardi es el único intruso en este catálogo de escritores oscuros.

Jueves, 4 de diciembre. Escribo a Di Giovanni (porque no tengo la dirección de Borges en Nueva York); le anuncio la colocación de «Penumbra y pompa» en la revista Atlántida, por setenta mil pesos.

Sábado, 13 de diciembre. Comen en casa Borges, de regreso de los Estados Unidos, y Peyrou. Borges dice que Oklahoma significa «hogar o casa del hombre rojo». Que Rockefeller es un idiota. Que los norteamericanos están muy sentimentales con los negros. «Es que los tratamos muy mal», le explicaron. BORGES: «Si ustedes no se lo hubieran dicho, no lo sabrían». «Hemos sido, somos, crueles». BORGES: «La desaprobación de la crueldad es un sentimiento de los blancos. No creo que la crueldad les parezca mal a los negros. Es claro que no sé mucho de esas cosas, porque vengo de a white man’s country, un país de hombres blancos». «No hay que olvidar la música —explican—: les debemos el jazz y los blues». BORGES: «Hicieron el jazz y los blues en América, después de siglos de América. En África no crearon una música parecida». En una reunión un norteamericano le pregunta: «Are you a pinkie?[1732]». BORGES: «Prefiero que me considere a gentleman».

BORGES: «Un chiste sueco. Te preguntan: “Coffee or tea?” y luego se agrega: “Hamlet, I think, said that better”».

Domingo, 14 de diciembre. Por teléfono. BORGES: «Uno vuelve de los cocktails con el vago recuerdo de haber sido abofeteado».

Lunes, 15 de diciembre. Come en casa Borges. Después llega Hugo Santiago. Escribimos la primera escena de Los otros.

Miércoles, 17 de diciembre. Come en casa Borges. Después llega Hugo Santiago. Escribimos la escena en el baile. Por momentos me duermo.

BORGES: «Muy frecuentemente, en las novelas leemos: “Fulana, con un ademán imperceptible…”. No; es un error; debió escribir: “Con un ademán perceptible, o apenas perceptible”».

Viernes, 19 de diciembre. Por la noche, con Hugo, escribimos varias escenas de Los otros (las anteriores al suicidio del hijo del librero). Veremos cómo acepta Borges los cambios.

Sábado, 20 de diciembre. Comen en casa Borges y Peyrou. BORGES: «Yo me pasé un año sin hablarle a Manucho porque me trató de vos».

Domingo, 21 de diciembre. Llegan Borges y Cozarinsky. Después de comer, Santiago. Con éste trabajamos en Los otros.

Esta noche ocurre mi primera desinteligencia con Borges sobre la redacción de un texto. Las hubo, tal vez, cuando quería amontonar bromas en Bustos Domecq; yo sabía que arruinaba el texto, pero el agrado de las bromas, el gusto de reír, allanaba el camino. Hoy quiere que los personajes dialoguen en monólogos, en discursos, de frases muy redactadas, precisas y concluidas. Cuando alega ejemplos de films muy conversados y excelentes, puedo decirle: «Tenían los mejores actores»; no puedo decirle: «Para vos lo más importante son los diálogos. Para los que vemos…». Asimila toda acción a las corridas de una película del Oeste y de Tom Mix. Insiste en que el joven se suicide por temor de que sus amigos del club social lo menosprecien. Quiere que la protagonista sea correcta, puesta en razón, hasta el punto de resultar la perfecta protagonista, algo neutro y muerto.

Lunes, 22 de diciembre. A la noche viene Hugo, desesperado con el film que nos impone Borges: «Sería mi descrédito. ¿Cómo voy a hacer un film así?». El hijo del librero se suicida, al principio del film: Borges quiere que se suicide porque perdió dinero en el juego; porque el padre, que no cree en las deudas de honor, no se lo da; porque lo van a echar del club y va a perder los amigos. Es decir: quiere convertir al suicida en un personaje de novela realista y sentimental, del siglo XIX (novela barata). BIOY: «No importa mucho aclarar los motivos. Es un hecho del principio del film. Ese hecho es parte del planteo». Quiere que el padre, en la conversación, recuerde cuánto le costó juntar el dinero, cómo convirtió la librería, de una sórdida librería pornográfica, en la librería culta que aquí veis… Quiere que el padre razone que las deudas de honor no tienen sentido. Quiere que el hijo diga: «Voy a perder mis amigos. Voy a quedarme solo». Quiere que el padre conteste: «Siempre estamos solos. Amigos así, más vale perderlos que encontrarlos». Quiere… BIOY: «Más vale que quiera pagar la deuda porque siente que nunca enfrentó las situaciones. Que diga: “No es por el honor. Ni por lo que piensen de mí”». Me parece que esas dos exclusiones bastan para apuntar hacia otros motivos que el espectador adivinará o sospechará. No: Borges pide que agreguemos: «Estoy harto de rehuir mi responsabilidad. Esta vez quiero hacer frente». BIOY: «No se puede decir todo». BORGES: «El público no va a entender nada». BIOY: «¿Por qué achatar las cosas?». BORGES: «A la gente le gusta el argumento, ¿por qué no darles ese argumento del padre que labró con trabajo una pequeña fortuna y que no está dispuesto a malgastarla? Después, el hijo se suicida y el padre sabe que sus razones eran buenas, pero se pregunta si no las dictó la avaricia». BIOY: «Si esta historia fuera buena, sería mejor ponerla que no ponerla. Pero no puede uno poner lo que no cabe. Si vamos a aburrir al espectador con largos diálogos, renunciemos. El argumento que gusta a la gente es el que se despliega ante sus ojos, no el referido en diálogos». Mentasti, Ulyses Petit de Murat, Hollywood lo adoctrinaron: el cine es para un público inferior. Hay que escribir una novela de Carolina Invernizzio, de Delly; vale decir, hay que ser lo que dice (citando a Bernárdez) que no se puede ser: un autor en dos niveles.

Martes, 23 de diciembre. Llama Hugo. Trabajó con Borges, que está entusiasta y empedernido. Borges se disculpó, diciéndole que ayer había estado muy grosero con él.

Jueves, 25 de diciembre. Come en casa Borges. Me dice, como si yo estuviera de acuerdo, que el fracaso de Invasión se debe a la oscuridad de la trama. «No —protesto—: a los diálogos largos, redactados, sentenciosos. Cuando escribimos diálogos, no basta poner en primera persona lo que diríamos en tercera en una novela». Después de comer llega Hugo. Trabajamos bastante bien.

Sábado, 27 de diciembre. Comen en casa Borges y Peyrou. Borges refiere su proyecto de cuento sobre la amistad de Adela (y Mariana). Grondona con Susana Bombal[1733]. Lo convenzo de la posibilidad de convertirlas en hombres. BIOY: «Si no, no podrás escribir el cuento. Al principio te costará, te parecerá que estás falseando las cosas. A medida que el cuento adquiera realidad creerás más en los personajes y empezarás a olvidarte de los modelos. Muchos escritores viejos sólo aspiran a la aceptabilidad de sus frases, párrafos, capítulos e historias: han renunciado a la fantasía y a la intensidad; se conforman con llenar páginas decorosamente. Aspiran, eso sí, a todos los premios, incluso al entusiasmo».

Domingo, 28 de diciembre. Comen en casa Borges y Elsa. Hablamos de Diario de la guerra del cerdo. BORGES: «Estuve leyendo la mejor novela que se escribió en el país». ELSA: «No le creas, es un hipócrita». BORGES: «Uno creería que ese episodio del diariero es demasiado terrible para un comienzo. Sin embargo la novela aumenta en intensidad. Es un libro rarísimo: hay como una locura colectiva. En El sueño de los héroes los malevitos hablan como escritores; aquí no, los personajes son reales. El episodio del altillo es terrible: se lo puede ver como opresivo o caritativo… Qué lindo es escribir. A mí hoy, después de leer tu libro, me parece fácil escribir el cuento de la rivalidad entre Adela y Susana».

BORGES: «¿La penúltima puerta? Qué buen título. Mallea tiene una notable capacidad para elegir buenos títulos. Es una lástima que se obstine en añadirles libros».

Martes, 30 de diciembre. Come en casa Borges. Después viene Hugo Santiago. Seguimos con el film Los otros, dos o tres escenas.

Miércoles, 31 de diciembre. A las diez, después de la comida, vienen Borges y Elsa. Hablo del cuento que vendí a Atlántida. BORGES (con la cara torcida por el disgusto): «No puedo aceptar dinero de una revista que se metió con mi madre, con mi mujer y conmigo». Después, a solas, me dice: «No voy a hacer escándalo. Que ellos crean que me pagaron no me importa. Entre yo y Dios, if any, tiene que saberse que no recibí el dinero.

Así que cobralo y hacé lo que quieras. Decile a Elsa que no te pagaron».

La única salida que se me ocurre es dar ese dinero a La Nación, para que lo donen al Ejército de Salvación, de parte de H. Bustos Domecq, y escribirle una carta a Borges, explicándole todo, diciéndole que no creía que estuviera ofendido, porque una ofensa así a mí no me llega. Además, ¿ofenderse con Atlántida, con el Correo? Brindamos con champagne Arizu, que ellos nos regalaron. También está con nosotros Ricardo, el hijo de Elsa. Elsa anuncia: «Mañana es el cumpleaños de un hermano mío, que murió». BORGES (a mi): «Una información útil».


[Enero. Diálogo referido por Borges, en un reportaje de Miguel Briante[1734]: «Bioy Casares me decía los otros días: “Qué raro que ya no haya chicas de veinte, veinticinco años, como antes. De dieciocho ya ni se hable. Qué raro que no quede ninguna”. Y yo le dije: “Bueno, pero como dijo Groussac cuando le preguntaron qué piensa usted de la mujer: ‘Escapa ya a mi observación’”. “Qué raro, qué lástima que no haya chicas jóvenes”, decía Bioy. “Lo que pasa, digo yo, es que son otros los que las encuentran.”»].

Viernes, 2 de enero. Comen en casa Borges, Pezzoni y Cozarinsky. Borges está viejo: un poco aislado; no oye lo que no le dicen directamente. Tarda en entablar una conversación. Deja entender que para él Gide es un escritor mucho más importante (más real, más variado) que Valéry. Trabajamos un poco: tres o cuatro escenas de Los otros, que no salen mal.

Me habla de su mujer: «Yo le hice entender que no podía trabajar con ella. Imagínate, me dice: “Eso no me gusta cómo suena. Ponelo así”. No tiene idea, nada más que amor propio. Si insisto en la frase que objeta, se empaca. Dice: “No, no la escribo”. Es muy cansador. No puedo decirle: “Mirá, en estas cosas tengo más experiencia que vos”».

Me refiere sueños:

«Soñé que iba en el ascensor y que no encontraba el botón del piso de casa. Pensé: como estoy en mi cama, soñando, ¿qué me importa no encontrar el botón? Seguí durmiendo.

»Soñé que había encontrado un libro y que pensaba: “Como lo encontré en un sueño voy a perderlo”. Para no perderlo, lo guardaba en un cajón».

En una antología de cuentos de Borges aparecerá «Los inmortales». Según DI GIOVANNI: «El libro que escribió con Margot Guerrero no es menos de Borges que los otros». (Soy humilde, pero no soy Margot Guerrero). En TriQuarterly se publican tres cuentos de Bustos Domecq[1735] y en las notas sobre los autores, al fin de la revista, hay alguna línea sobre Borges, otra sobre Di Giovanni, nada sobre mí. Me presentan, pues, como un apéndice de Borges.

Domingo, 4 de enero. Comen en casa Di Giovanni y Heather. En su viaje a los Estados Unidos, cuando llegan a Austin, Borges hace llamar a su viejo amigo, el español López Mateos. En seguida, el español va al hotel; se abrazan con Borges, se cuentan lo que han hecho en estos últimos años y hablan de literatura. Elsa se siente olvidada y se va a su cuarto. Pronto es la hora de almorzar. Conversando como dos chicos embelesados (o como dos viejos amigos llenos de aficiones y de manías comunes, que es lo que son) bajan al restaurant. Allí advierten la ausencia de Elsa. Borges manda a Di Giovanni a buscarla. Éste golpea a la puerta. No le contestan. Alarmado, golpea más fuerte. «¿Quién es?», pregunta Elsa. «Yo, Norman. Borges le pide que baje». «Si no viene él mismo a pedírmelo, no bajo». Va Norman. No sabe cómo interrumpir el diálogo de los amigos. Por fin los aparta y dice a Borges lo que sucede. Borges, resignado, va arriba. En ese momento llega un ramo de flores que la Universidad manda para Elsa. Norman dice: «Que suerte. Qué oportuno. Nada le gusta a Elsa tanto como estas atenciones. Heather, lleváselas arriba». Va Heather. En el corredor del piso alto se encuentra con Borges que viene hablando solo, evidentemente desesperado; habla en inglés y se queja de su mala suerte, de que la mujer se porta a los sesenta años como si tuviera doce. Heather trata de calmarlo. Borges apenas tiene conciencia de la presencia de Heather; sigue su monólogo. De pronto se abre una puerta y surge Elsa, con su mejor sonrisa (cuando Borges se enoja de veras, Elsa se asusta). Entran los tres en el ascensor. Borges no sabe que ahí está Elsa y sigue despotricando, en inglés. Como Elsa no entiende inglés, cuando llegan abajo lleva aparte a Heather y le pregunta qué decía Borges. Como Heather no puede decirle eso a Elsa, le contesta con vaguedades, del tipo: «Está un poco alterado, pero se le va a pasar». Desde ese momento, Elsa aborrece a Heather y a Norman.

Elsa compraba zapatos, pantalones, sacos de segunda mano para su marido. «Miren qué lindos zapatos compré para Georgito. Me costaron un dólar». «¿Un dólar? No puede ser». «Bueno, están un poco usados, pero son regios», etcétera.

Lunes, 5 de enero. Come en casa Borges. Después llega Hugo. Escribimos una escena difícil: la XXI, en que el Mago desafía a Fernando. No salió mal.

Me llama, muy preocupada, Vlady. Me pide que hablemos mañana.

Martes, 6 de enero. Por la mañana me encuentro con Vlady, en Saint James. Me dice que no duda del amor de Borges por María Kodama, ni del amor de María por Borges. BIOY: «Sí, estoy seguro de que hay que salvar a Borges de Elsa; pero no veo bien el camino». Vlady: «Si querés lo veo». BIOY: «No le digas que hemos hablado de esto. Si las cosas, en tu conversación, andan mal, le decís que tenés la impresión de que los amigos piensan como vos y por último le proponés: ¿Por qué no consulta a Bioy? Yo pienso que Borges va a tener una mezcla de pereza y miedo, y que para no actuar va a apelar a cualquier pretexto: que ésta es su vida y que los demás no tenemos por qué meternos; que no le gusta el escándalo; que ya que se clavó, mejor apechugar». Vlady: «No hay nada como los amigos. Ahora los amigos vamos a salvar a Borges». Ojalá que no se equivoque, pienso.

De vuelta en casa, duermo un rato, hasta que me despierta el teléfono. Es Vlady: «Estoy desesperada. Me fue muy mal. No admitió nada. Cavé un abismo entre él y yo. ¿María Kodama no volverá a verlo? Es una pena, porque la estimaba como discípula. ¿Elsa no es perfecta? A él no le va a pasar nada por vivir a su lado. ¿Qué pretende que haga? ¿Que entre en casa y que le diga a Elsa: “Vlady me dijo que me separe, así que adiós”? (Pausa). No sabés cómo estuvo Borges. Cruel en su disimulo, inalcanzable, como si no lo conociéramos. ¿Qué vamos a hacer?». BIOY: «Habrá que hacer lo posible para seguir adelante».

Miércoles, 7 de enero. Hablo con la madre de Borges. Me dice: «Vení a tomar té conmigo». Le llevo un paquete de té chino, de regalo. La encuentro bien. Ya no tiembla (ni le tiemblan las manos ni la boca). Me dice: «En toda mi vida tuve dos veces gripe. No creo que haya tenido fiebre dos veces. No sabía hasta el año pasado lo que era cansarse. Le pregunté a una amiga: “¿Qué siente una cuando está cansada?”. Caminé mucho, siempre. Ahora me pasó algo raro. No vino una muerte repentina: me vino una vejez repentina». De Elsa: «Temo que lo achusme a Georgie. Hace lo posible porque no vaya a tu casa. Quiere apartarlo de todo el mundo». Tras una pausa, me pide: «Prometeme que, te haga lo que te haga Georgie, no lo vas a dejar».

Comemos en casa, con Borges. Con Hugo, después, trabajamos los tres en la escena del poker, en que el Mago le gana a Fernando.

Jueves, 8 de enero. Por la noche, despacho veintiséis novelas del concurso de La Nación: todas evidentemente ineptas. Después, con Borges y Hugo escribimos una escena de Los otros.

BIOY: «A veces me parece que mucha gente no tiene ninguna preocupación ética. ¿No leyeron a Epicteto, ni a Marco Aurelio?». BORGES: «Por eso creo que el protestantismo es mejor que el catolicismo. El protestantismo lleva a los hombres a pensar en problemas de conducta, a vivir éticamente. El catolicismo está preocupado por la liturgia».

Viernes, 9 de enero. Té con Vlady en Saint James. Conversamos sobre Borges y Elsa. Por la noche, Borges, que había prometido venir a trabajar, olvida el compromiso y come téte-á-téte con Elsa: qué golpe para Vlady. Llega Hugo; trabajamos en el film. Añadimos escenas, que habíamos olvidado. Pensamos que tal vez, herido por la muerte del hijo, Espinosa se lanza a conocer a los amigos de éste, pero él mismo frustra el intento porque transformándose los ataca (de algún modo): como si algo en él quisiera agredir. Vistos por el espectador, estos episodios parecen apuntar hacia una maldición de los amigos del hijo. Podría haber una chica enamorada, abnegada, con la que duerme la última noche y luego desaíra y un amigo que le cuenta planes (oyéndolo, el muchacho siente que la vida no vale la pena).

Sábado, 10 de enero. Por la mañana, me llama Margot Guerrero, para decirme que se dispone a conversar con Borges (al que llama George) el lunes, para aconsejarle que se separe en seguida de Elsa. A buenos argumentos agrega: «La astrología lo indica. George no debió casarse. Yo se lo dije hace tiempo. A más, Elsa practica magia negra». Sin ofenderla, no puedo pedirle que no esgrima tales «razones». Voy a Palermo. Silvina me dice: «Hay que salvarlo. Hay que decirle que le está haciendo fama de interesado. Que se vale de su ceguera para decirle: “No, Georgito, no hay más puré”, mientras se sirve ella una parva de puré… Hay que decirle que es loca». Agrega: «Cómo se divertirán todas esas mujeres espantosas con este drama».

Por la noche, en casa, Silvina lee a Borges un largo poema, que aparentemente encuentra aprobación. Le digo a Borges: «¿Viste que hay un comentario en Time sobre El libro de los seres imaginarios?». BORGES: «Después de un poema tan bueno no me hables de eso».

Comemos. Corregimos las escenas que se nos habían olvidado y que ayer escribí con Hugo. Después se pone a hablarme: me cuenta la entrevista con Vlady; no está enojado con ella; toma en cuenta lo que oyó. Piensa que tiene «un problema literario»: no puede romper sin que le den pie. Tiene que esperar la próxima escena de Elsa. BORGES: «Ya le dije: “La próxima será la última”. Me contestó: “Tenés que hacerte a la idea de que estamos unidos para siempre”. “¿Eso es una amenaza?”, le pregunté. Nadie puede permitir que lo amenacen. ¿Vos creés que tendré que dejar mi casa? Le he tomado cariño a esa casa. Viviré solo. Con Madre no puedo vivir; su cariño es un peso. Me quiere demasiado. El problema es ¿cómo transportar los libros? Es claro que yo la quiero. A todo el mundo, Elsa dice que soy cruel. Tengo infinitos defectos, pero no la crueldad… Todo el mundo opina: es como si Lopecito, el que sirve el café en la Biblioteca, me aconsejara». Le comunico que Margot lo llamará el lunes. BORGES: «Vlady me pidió sólo una cosa: que hablara con vos».

Me refiere el cuento de los dos rivales, a los que se les da la oportunidad de competir en una carrera que se largará no bien los degüellen[1736] (el tema de Nocturno rojo de Carlucho Reyles): «No tengo escrúpulos en sacárselo, porque lo echó a perder». Le doy consejos para el comienzo, que aparentemente lo satisfacen.

BORGES: «Ulyses fue a verme a la Biblioteca. Sonrió, se mostró amistoso. Sonreí, me mostré amistoso. Me dice: “¿Cómo te va, viejo?”. Le digo: “¿Cómo te va, Córdova?”[1737]. Él no me da nada, ni yo le doy a él. ¿Por qué vamos a mirarnos como perros furiosos?».

Lunes, 12 de enero. Hablo con Borges. BORGES: «Habría que publicar un libro de fragmentos. ¿Vos tenés uno en preparación, no? Anotás las observaciones diarias. El que yo digo tiene que ser un libro copioso. O si no publicar todo con fecha muy precisa: julio y agosto, por ejemplo. No hay que hacer un libro como el de Porchia[1738]. Más bien, como los Note-books de Samuel Butler». BIOY: «No creo que el libro deba ser demasiado copioso; tampoco tan breve que suponga vanidad y presunción. En cuanto al modelo, estoy de acuerdo: no hay que buscar las elegancias de Porchia, sino el pensamiento honesto y el testimonio divertido, como en Butler, esto es, el diario de una mente, de un testigo».

Me dice: «No puedo irme sin hablar con ella antes. In order not to feel like a skunk [Para no sentirme un canalla]».

Martes, 13 de enero. Comen en casa Borges y María Kodama. Después llega Hugo. Borges se muestra resuelto a la separación. Trabajamos en Los otros. Escribimos la escena XXIX.

BORGES: «Pocos escritores habrán tenido peor influencia que Byron: un lord inglés, muy rico, desdichado, desdeñoso, que pensaba que el mundo existía para darle felicidad (Carlyle le reprochaba la suposición). El peor Goethe, Des Esseintes[1739], Barres, D’Annunzio, hasta Larreta, son consecuencias de Byron. Qué raro. En sus opiniones no era romántico: desdeñaba a los Lake poets, que llamaba Pond poetsf[1740] admiraba a Pope»[1741]. BIOY: «En su última evolución, en el Don Juan, escribió poesía muy valiosa». BORGES: «La fama de Byron es alta, pero nadie lo lee. Hace demasiado tiempo que nadie lo lee. Yo creo que esa fama (la popular, digamos) ha disminuido; han empezado a pesar sobre ella los muchos años que las obras de Byron llevan sin ser leídas. Macedonio decía de Byron: _ “Es, che, el patotero universal”».

BIOY: «Silvina Bullrich es hoy más importante que Mallea». BORGES (con una mueca de disgusto): «No lo creo». BIOY: «Aunque te parezca increíble, Silvina Bullrich alcanzó la dignidad de una Old Lady de nuestras letras. A Mallea casi nadie lo lee, ni siquiera para despreciarlo (muchos leen a Silvina Bullrich para despreciarla). Mallea está en esos cincuenta años de oscuridad, inmediatos a la muerte; sólo que vivo».

BIOY: «Creo que Sabato te acosa por vanidad y celos, pero también por astucia. Ha de haber pensado: “Si se me ve como el rival del primer escritor argentino, se me pondrá a su lado, seré su par”». BORGES: «Le preguntaron qué pensaba de mí y dijo: “Lo que piensa Max Rohde” o algún otro escritor oscuro. La respuesta es graciosa, porque sin contestar comunica ridiculez al asunto».

Mencionamos los escritores más oscuros: Wally Zenner, Schiavo, Ilka Krupkin, Marcos Fingerit. Pensamos en una Antología de escritores justamente olvidados.

BORGES: «Freud es el culpable de que toda obra sea vista como autobiográfica. Cuando apareció La invención de Morel, una señora me dijo: “Qué raro que Bioy se imagine en una isla desierta…”». Cita la observación de Chesterton: «De Edipo sólo sabemos que no tenía el complejo».

BORGES: «Pobre Susana [Bombal]. Está con la idea de la muerte. De que hay cosas que quiere hacer antes de morir; de que no puede hacer proyectos. ¿Todos llegaremos a esa situación? Yo no creo que sienta miedo por la muerte, sino impaciencia. ¿Vos?». BIOY: «No sé. Yo siempre he estado interesado en la vida, en lo que se me diera de vida. A veces imagino que si estuviera preso estaría interesado en el funcionamiento de la cárcel y en la psicología de los carceleros y de los presidiarios». BORGES: «Es una actitud muy intelectual».

Refiere que Kafka ideó este lema para un bastón: «Cualquier accidente me rompe (o me quiebra)». Comenta: «Qué raro: Kafka escribiendo como Heine. Más simpático y mejor que: “Se quiebra pero no se dobla[1742]” y otras compadradas por el estilo. La vida de los guapos consistirá en una serie de agachadas». Observa que la Humanidad progresa y que algunos dichos que antes parecían brillantes ahora han quedado para uso de gente poco evolucionada; por ejemplo: «mejor es ser cabeza de ratón que cola de león». Cita alguna frase de Julio César, que no le oigo, y concluye: «César debió de ser un compadrito inmundo». No le dije que ese progreso no es parejo; que un vasto sector de la sociedad ingenuamente vive inmersa en sentimientos bajos, tan lejanos de nosotros como los de personajes del Duque de Rivas.

Borges me dice: «Yo confío en dos personas: vos y Fernández Ordóñez». Yo no sé casi nada —tal vez, cuando me habló de él, estaría distraído— de este señor. Es cordobés, creo que abogado. Para la institución del matrimonio, Fernández Ordóñez propuso un símil convincente: dijo que es un rompecabezas cuyas piezas no ensamblan, porque pertenecen a dos juegos diferentes. Mañana irá Borges a hablar con Fernández Ordóñez, sobre la conducta a seguir en la separación: «Tiene el mismo problema que yo. Desde hace cuarenta años. Quién sabe si es el mejor consejero para este asunto». Fernández Ordóñez le dijo que Lugones no tiene nada de cordobés: «Es un santiagueño. El cordobés está marcado por la teología». También opinó Fernández Ordóñez sobre Diario de la guerra del cerdo: «Está bien que el lector conozca a los atacados, pero no a los agresores. Si no los conoce, los cree más terribles. Es una pesadilla, pero se la cuenta como una historia realista. No hay elementos oníricos».

Miércoles, 14 de enero. Come en casa Borges. Corregimos un poco las escenas de Los otros que escribimos anoche.

Jueves, 15 de enero. Come en casa Borges. Después llega Hugo Santiago. Corregimos las escenas de Los otros en que el violento paulatinamente domina a Cárdenas; se me ocurre reemplazar la de la Biblioteca por una escena (de magia falsa en esta historia de magia verdadera) en el Círculo Mágico. A Borges le gusta mucho la idea.

BORGES: «Sir Thomas Browne decía que un gentleman nunca se hace notar, que es un hombre que siempre trata de no dar trabajo. José Luis Lanuza —no pareciéndose en esa ocasión a sí mismo— opinó lo contrario: un caballero, según él, sería un individuo que da trabajo, puntilloso, que no permite desaires. Es la idea española del caballero, basada en una cantidad de mentiras. Porque ¿quién no se resigna a desaires y derrotas? Para bien o para mal la idea del honor está muriendo. Hay otras ideas que tienen que morir: la de “vender la imagen de la patria”». BIOY: «La propaganda reemplaza al honor y al patriotismo». BORGES: «La idea de que la patria está por encima de todo tiene que desaparecer. También tienen que desaparecer los duelos. Lugones le dijo a Fernández Moreno que nunca se afeitaba en peluquerías porque a él nadie le ponía la mano en la cara. Fernández Moreno, al contármelo, agregó: “A mí cualquiera me pone la mano en la cara”. En ese momento, Fernández Moreno me resultó muy simpático. Lugones había asumido el papel del caballero español, puntilloso de su honor ¡y qué estúpido! Porque dejarse poner la mano en la cara es una frase hecha, que no prevé el trabajo del barbero; se refiere a situaciones morales».

Unos amigos de Borges, marido y mujer, separados son bastante feos; juntos, monstruosos. BORGES: «Según Raquel Bengolea, si tienen hijos van a tener que tirarlos».

Sábado, 17 de enero. Comen en casa Bianco y Borges; después llega Paz Leston. Borges explica las diferencias entre el esperanto y el volapük, que permite toda clase de sutilezas (conjugación de sustantivos, etcétera).

Repite Borges la frase de Shaw a la muerte de William Morris: «A un hombre como Morris sólo podemos perderlo por nuestra propia muerte». BIANCO (entendiendo): «Con la muerte se puede perder todo, el mundo… (Pensativo, melancólico). Por eso es tan triste la muerte».

Lunes, 19 de enero. Come en casa Borges. Hablamos de Elsa, de cómo encarar la separación, de posibles abogados. BORGES: «Elsa me leía novelas del “Séptimo Círculo”: no quiso leerme El señor Digweedy el señor Lumb, porque está traducida por Madre. Se enoja porque la viuda de Frankie [Borges] se hace llamar la señora de Borges. ¡La señora de Borges es ella!».

Después de comer llega Hugo. Hablamos de computadoras. Tratamos de escribir una escena de Los otros. Yo, de vez en cuando, me duermo. No sé bien qué escribo. Puedo poner contin por continuamente, palabra demasiado larga para que yo llegue hasta la última letra despierto.

BORGES: «Yo hablo tan mal el alemán que Di Giovanni, que no sabe alemán, me entiende perfectamente. Cuando habla un alemán, no entiende nada». HUGO: «Un sociólogo portugués dio una conferencia y todos lo entendieron perfectamente; hacia el final se excusó, explicó que no sabía decir en español lo que entonces tenía que decir y lo dijo en portugués: nadie entendió nada. Cuando entendían, ellos creían que hablaba en portugués y él creía que hablaba en español». BIOY: «Drago me asegura que al hablar italiano yo hablo español con acento italiano». BORGES: «Para lograr esa convicción a Madre le basta con gesticular. Habla en español, gesticula como italiana, cree hablar italiano».

Martes, 20 de enero. Come en casa Borges. Después trabajamos, con Hugo Santiago, en las escenas de Los otros en que Fernando Cárdenas busca a Artajerjes en el hotel y al Violento en Los 36 Billares: ya parecen un film aceptable.

Miércoles, 21 de enero. Come en casa Borges. Después, con Hugo, escribimos la escena de San Julián. Para la escena de amor, Borges se inclina por ouvertures del tipo de: «¿Vamos a dar una vuelta?». «No, quedémonos aquí. Nunca vamos a estar mejor que ahora, aquí…». Le digo: «Las escenas de amor son peligrosamente ridículas. Los diálogos del progreso sentimental son casi imposibles: ni serios, ni cariñosamente jocosos se toleran. Las disputas de los enamorados que no saben que están enamorados, bueno ¿quién las aguanta?». Varias veces Borges declara: «No tengo idea de cómo escribir una escena de amor», pero continuamente propone las salidas convencionales (como si ya se supiera que la escena de amor es idiota y más vale no hacerle asco, escribirla con un convencionalismo litúrgico y seguir adelante con otras situaciones que rescaten y salven la película; un mal trago, que debe uno tomar cuanto antes y con los ojos cerrados; un mal necesario).

Jueves, 22 de enero. Come en casa Borges.

Viernes, 23 de enero. Busco a Borges, para visitar a Guillermo Peña Casares. El progreso, desde el lugar de estacionamiento hasta el escritorio de la calle Corrientes, es lento: camino retenido por Borges, avanzo en los momentos en que su retención es menor. Explica su caso con lentitud: «Conocí a esta chica hace muchos años». Menos mal que no dijo cuántos, porque la impropiedad de la palabra chica hubiera resultado ofensiva. Guillermo le propone un plan que íntimamente complace a hombres cobardes (como Borges y yo): hacerse a un lado, léase esconderse, y dejar que un abogado opere. Por fin, a eso de las doce, consigo desintrincar a Borges y salimos a esperar interminablemente el ascensor, a caminar retenidamente hasta la librería Pigmalión, a esperar que me cuente una fábula que ha inventado (dos tribus; una de gente como monos, que ataca a otra; la atacada tiene un sistema atroz de gobierno, cruel y estúpido; el misionero que escribe opina que debe ayudarse a la atacada porque, de una manera imperfecta, esas instituciones son el germen o el símbolo de la civilización)[1743]. De ahí, finalmente, corro a cumplir con mis acumuladas diligencias.

Sábado, 24 de enero. Busco a Peyrou. Cuando llegamos a casa, encuentro a Borges, que me dice: «Después quiero hablar con vos». Me habla después de comer. Asegura que siente afecto por Elsa pero que, en algún sentido, le teme; que para salvar lo principal de la biblioteca recurrirá al «robo hormiga»: un libro diario; que para él la vida ideal es la de Mastronardi (que vive solo en un hotel de la Avenida de Mayo y lee mucho); que no sabe muy bien cómo seguirá el consejo del abogado. Agrega: «¿Cómo desaparecer? Está la Biblioteca, donde debo ir y donde me encontrará cuando quiera. ¿Qué hago con el sueldo? Si voy a Pardo, tengo que ir con Di Giovanni, porque no voy a estar allí mateando y dándome porrazos contra los árboles. Tengo que seguir dictando este libro de cuentos, no quiero interrumpirlo. Di Giovanni dice que puede hacerme invitar por la Universidad de Iowa. No estaría mal. Él iría conmigo. Ahora que estoy ciego, necesito alguien que me ayude y que se ocupe de esas cosas que uno olvida». Dice que lo peor con Elsa es que no tienen nada en común: «Yo pensé que le interesaría una Historia de los Estados Unidos, por André Maurois. Ni eso pudo leer».

Lunes, 26 de enero. Come en casa Borges; después llega Hugo Santiago. Escribimos la escena en que Silva y Cárdenas hablan (segunda escena entre estos dos; Silva comunica a su amigo que Aurelia se fue al Sur con el librero).

«La fragancia que la rosa comporta de suyo», frase de Lugones inventada por Borges. BORGES: «¿Por qué escribía así? Por la convicción de que si una frase no infringe la gramática y si una palabra está en el diccionario se pueden usar; la fealdad no se siente ni importa».

BIOY: «Mallea llamó Adhemar al héroe —supuestamente un personaje romántico— de La penúltima puerta». (Hasta hace poco había una tienda Adhemar, en Buenos Aires). BORGES: «¿Cómo? ¿No sabía que era el nombre de una tienda? Sí, sabía. Se lo puso por eso. ¿Por qué no llamó a su héroe La Ciudad de Londres, Los Angelitos, Lo de Cabezas, Restaurant Pedemonte?».

Colegas norteamericanos culpan a Di Giovanni de estar homing in, con traducciones ayudadas por los autores. BORGES: «Le dije a Di Giovanni que no debe hablar mal de todos los otros traductores».

Martes, 27 de enero. Come en casa Borges. Silvina le dice que nota influencia de Elsa en lo que él escribe: «Escribís para ella. Te repetís, con énfasis». Yo creo que Borges está escribiendo de nuevo, con esperanzas y con recelo de no mantener el nivel de antes (además hay gente que considera la sencillez actual como un síntoma de debilitamiento por los años).

Llega Hugo. Con él escribimos la escena en que el director del Observatorio le dice a Aurelia que «un periodista vendrá esta noche a hacer una nota».

[Miércoles 28 de enero al lunes 16 de noviembre. Bioy Casares en viaje hacia y por Europa, con Silvina Ocampo y su hija Marta].

Viernes, 1.º de mayo. En París. Recibo carta de doña Leonor. Me cuenta que hace unos días, por la noche, la llamaron por teléfono para decirle que iban a secuestrar a BORGES: «Mañana secuestramos a su hijo, los de izquierda». A la mañana siguiente, como pudo trató de prevenir a Borges para que no saliera. Salió. Ahora hay vigilancia en la casa y en la Biblioteca.

Martes, 5 de mayo. Caminando por las calles de Ginebra, pienso: «Le diré a Borges que si no escribimos la vida no tiene propósito. Un secreto entre nosotros, porque todavía nos llamarán pedantes».

Lunes, 11 de mayo. En Roma. Por nuestros agentes literarios Prins & Prins, de Amsterdam, me entero de que desde hace años hay una edición holandesa de Seis problemas[1744], cuya existencia ignorábamos; desde luego que ni antes ni ahora cobramos un florín.

Martes, 12 de mayo. Cartas de Hugo Santiago y de Norman Thomas di Giovanni, que cargan la semana con culpas: Borges soportará las torturas que le inflige su mujer hasta que yo llegue. ¿Cuándo llegaré?

Martes, 9 de junio. En París. Tengo una carta de Prins & Prins. Los florines de Holanda llegaron a Buenos Aires, pero no a los bolsillos de Borges ni a los míos, porque entre el editor Ditmar y nosotros se interpuso Sur, probablemente representada por Murena, que ha de haber interceptado pro domo sua los fondos. Escribo a Prins & Prins; doy indicaciones para que el cincuenta por ciento de todo pago por los dos libros de Bustos Domecq vaya a Borges, a la calle Maipú.

Miércoles, 10 de junio. En París. Escribo una carta a Borges y a su madre, con preguntas y comentarios sobre lo que pasa en Buenos Aires (donde parece que Aramburu —supuestamente asesinado por los guerrilleros— ahora va a ser liberado, ante la destitución de Onganía)[1745]; aprovecho para darle a entender que la estancia está a su disposición como refugio. También digo que por casualidad me enteré de que nuestro compadre Bustos Domecq se ha establecido, desde hace algún tiempo, en Holanda, y de que prospera tanto que ahora aparecerán ediciones de bolsillo de Seis problemas y de Crónicas. Le cuento lo que sé de las aventuras de Bustos Domecq sin llegar al extremo de mencionar a los ladrones de nuestros derechos, que no fueron diablos holandeses, sino meros criollos.

Viernes, 12 de junio. Ayer, Pepe Fernández me comunicó que habrían asesinado a Aramburu el 1.º de junio. Qué brutal yo, en mi carta a los BORGES: cómo pude escribir que era mejor que lo libraran a su horrible suerte, antes que sacar ventajas políticas del secuestro. Escribo nueva carta, diciendo: «Tal vez escribí macanas, ¡desde aquí uno sabe tan poco!».

Miércoles, 1.º de julio. En París. Recibo carta de la madre de Borges, tensamente garabateada, expresiva de un estado de nerviosidad creciente y quizá —pobre Borges— de la cercanía del ocaso.

Miércoles, 8 de julio. En París. Tengo sobre la mesa una carta, sin abrir, en cuyo sobre figura como remitente J. L. Borges y, como dirección de Borges, la calle Belgrano. La escritura es de la mano de Elsa y adivino fruncidos reproches por la carta que le mandé a Borges, poniendo Pardo a su disposición; como no tengo ganas de que entren en mi mente nuevas preocupaciones, postergo la lectura.

Viernes, 17 de julio. En Pau. Excelentes cartas de Hugo Santiago, con circunstanciadas noticias de la crisis matrimonial de BORGES: la bondad y el coraje de Borges, los nervios de Leonor, la tilinguería del abogado suministrado por Peña, la conducta de Alicia Jurado; planes de ruptura y principio de ejecución. Admiro en Hugo la decisión con que alega mi nombre para apoyar las decisiones razonables. Dice: «Adolfo y yo pensamos así». Esta conducta requiere generoso coraje y fe en la amistad y constituye un modo espléndido de practicarla. Los noticiarios de la televisión anuncian que se encontraron los restos del general Aramburu.

Sábado, 18 de julio. En Pau. Llegada de otra carta de Hugo Santiago. Me refiere que Borges ya estuvo en Pardo, que ya dejó a Elsa. Con Norman y Hugo fue a Coronel Pringles. Lo recibieron como a un santo. Un joven que habló recordó a todos los oyentes que ése era uno de los días felices de su vida. El intendente dijo que, si Borges seguía hablando, él no podría contener la emoción y soltaría el llanto. Pasaron después por Coronel Suárez. Hablando de doña Leonor, la gente del lugar la llama la nieta (del Coronel epónimo) y dicen que si Borges va con la nieta echan el pueblo por la ventana y los alojan en una casa particular. Llegaron por último a Pardo y García, el casero de Rincón Viejo, los recibió con su mejor hospitalidad, repitiendo a modo de propio coro: «Como al patrón».

Miércoles, 29 de julio. En Pau. En la televisión veo films cortos, cómicos, de Mack Sennett, Hal Roach, etcétera, con Chaplin, Fatty Arbuckle, Ben Turpin, Buster Keaton, Laurel y Hardy. Compruebo que todavía me deleitan. Cuando empezaron a ralear y a desaparecer lo deploré; Borges y otros amigos los consideraban con una indiferencia para mí inexplicable, y con cierto menosprecio.

Viernes, 31 de julio. En Pau. Recibo una carta de Hugo, con buenas noticias de Borges.

Wakefield. Borges dice a su mujer que no se moleste en acompañarlo a Junín, donde dará una conferencia. Van con él Hugo y Di Giovanni. Después de la conferencia, los dos amigos llevan a Borges a mi casa de Pardo. Allí pasa unos días. Después no vuelve a su mujer, va a la casa de la calle Maipú.

Sábado, 29 de agosto. En Pau. Carta de Hugo, que me dice que celebraron con Borges los tres premios[1746] y que Borges parecía sentir los nuestros como regalos que Peyrou y yo le hacíamos; que en Brasil le dijeron a Borges que al rector de la Universidad debía llamarlo Magnífico Retor y que lo llamó Senhor y que a él lo llamaban Granyi Borgi.

Martes, 8 de septiembre. En Pau. Carta de la madre de Borges. Elsa se presentó en la Biblioteca a la vuelta de Borges, se le metió en el despacho y le dijo que debían seguir siendo amigos.

Martes, 29 de septiembre. En Baden-Baden. Ha muerto John Dos Passos. Borges, que lo conoció, me dijo una vez que era un buen hombre y, sin que yo pueda precisar cómo, lo elogió.

Domingo, 4 de octubre. En Baden-Baden. Recibo una melancólica carta de Hugo: se viene para Europa, para jugarse el destino (así lo siente), porque en ese corto viaje debe conseguir dos coproducciones —una para Los otros, una para el film que escribió solo— y si fracasa, no filma nada y su carrera queda trunca; Norman, por alguna indiscreción, enojó a Borges contra Hugo (por lo menos, Hugo teme eso); piensa Hugo que no nos encontraremos, que a mi llegada a Buenos Aires él estará en París y que así perderá la posibilidad de que conversemos sobre Los otros y acaso corrijamos y, lo que es más importante, la posibilidad de que yo facilite su acercamiento a Borges.

Miércoles, 7 de octubre. En Baden-Baden. Borges mandó un muy efusivo prólogo para el libro de cuentos de Silvina que publicará Gallimard[1747].

Viernes, 9 de octubre. En Baden-Baden. Escribo carta a Luna, que desea filmar Los orilleros, y a Borges, para prevenirlo de que tal vez Luna lo llame.

Ha muerto Jean Giono. He leído muy poco a Giono y de eso hará treinta años. Su estilo, su amor por la naturaleza me parecían afectados; me confirmaron en la animadversión un artículo en La Nación, elogioso y confuso, de la pobre Carmen Gándara, su tendencia en favor de Vichy (durante la guerra) y la circunstancia de que Borges, no sé si con fundamentos más serios que los míos, lo menospreciaba. Exacerbó el menosprecio de ambos la admiración que le profesaba Guillermo de Torre; nunca se le caía de la boca el nombre, que pronunciaba Sancionó. Para peor, el mismo Giono era autor de un libro titulado Accompagnés de la flûte, lo que dio motivo a que pasara directamente al corpus de H. Bustos Domecq[1748], en carácter de grosera broma de la familia de «Bartolo tenía un flauta con un agujerito solo».

Martes, 17 de noviembre. Llegada a Buenos Aires. Come en casa Borges; está muy ocurrente, divertido y de buen aspecto. Describe visualmente su viaje al Brasil: las casas eran así, tal era el color de la tierra; tales, los árboles. Abunda en detalles visuales de una avenida de plantadores de café. Pero, ¿no está ciego? Mucho más ciego que hace dos años: su madre me asegura que sólo ve el color amarillo. ¿Entonces? No puedo opinar; conocemos únicamente las situaciones que atravesamos o donde nos quedamos.

Me refiere la visita al juez. Entró después que Elsa; dijo algunas cosas que —explicó— no había mencionado en el escrito en la esperanza de mantener un nivel de decoro. El juez lo escuchaba con impaciencia. Borges pensó que esa actitud del juez era un mal signo, que ya debía de estar convencido por Elsa. Después vino la revelación sorprendente: el juez estaba apurado porque quería leerle unos sonetos. «Los alabé con el debido entusiasmo». La realidad siempre nos gana. Para adularlo, porque era de Santiago del Estero, le dijo que había sido amigo de un tal Fonseca Lugones, a quien había asesinado en la plaza, por razones políticas, un tal Cáceres. «Ese Cáceres —señaló el juez— era mi padre». Borges no mencionó este diálogo en su casa.

Jueves, 19 de noviembre. Come en casa Borges. Dice que Margot Guerrero se ha hecho muy amiga de su madre y que insiste en su astrología y en su magia, a tal punto que él se vio obligado a comprar cuatro metros de cinta BB (¿o bebé?, ¿o vevé?, ¿o VV?) azul, cuatro metros de la misma cinta, de color blanco, y otros cuatro, de color negro; siete cigarros toscanos («vienen en atados de tres, así que me sobraron dos, lo que me molestó bastante») y una botella de caña Ombú. BIOY: «¿Para qué compraste todo eso?». BORGES: «Para una bruja, que nos procuró Margot, para contrarrestar a la bruja que emplea Elsa. Margot no debe de estar en su cabal juicio, porque me dijo que todos los ocupantes de los departamentos de la casa donde vive practican magia negra para perseguirla».

Me cuenta la historia de un muchacho que llegó a la ciudad natal con su flamante título de médico y que esa misma noche fue llamado del hospital, porque habían apuñalado en el vientre a un matrero. En el hospital se encontró con el matrero despanzurrado, con los intestinos afuera, moribundo, y con el viejo doctor Correa, que le dijo: «Mejor es dejar morir a esta porquería». El joven médico protestó, argumentó que él no había hecho el sacrificio de estudiar tantos años la carrera de medicina, para después no practicar si se presentaba la ocasión. «Haga lo que quiera», dijo el doctor Correa, y el muchacho lavó las tripas del matrero, se las metió adentro y cosió. Al día siguiente volvió al hospital, persuadido de que su paciente había muerto. Sentado en la cama, de aspecto muy saludable, el hombre le dijo: «Para usted, las gracias; para el doctor Correa, el cabo de plata de mi facón». La frase debió de llegar a oídos de Correa, porque antes del completo restablecimiento del enfermo, abandonó para siempre aquella ciudad de provincia y se estableció en Buenos Aires. En cuanto al joven doctor, durante años recibió en ocasión de las fiestas un corderito que le enviaba el matrero. Alguien observó: «Corderos que le enviaba el tigre»[1749].

BORGES: «Un señor Garretón confesó a Madre: “Yo, señora —debo decirlo, aunque sé que usted no nos aprueba—, soy de tradición federal”. Con voz muy suave, Madre le contestó: “No tema nada. Nosotros, los salvajes unitarios, no nos dedicamos al degüello”».

Lunes, 23 de noviembre. Comen en casa Borges y Bianciotti. BORGES: «Me dijo un señor: “Usted no se preocupe; no creo que lo saquen de la Biblioteca”. Le respondí: “Usted no me tranquiliza, me alarma”». A mí me confía: «No creo que me saquen. Me parece que soy demasiado visible».

Seguro de razonar con perspicacia, dije a Emmanuel de Roux y a Louit: «Yo soy un escritor por escrito. En lo que escribo me reconozco; no en transcripciones de lo que digo en una conversación»[1750]. Los demás, ¿se reconocen en lo que dicen en una conversación? Un Germán Leopoldo García ha publicado un librito hecho de conversaciones tomadas, o quizá robadas, por medio de un grabador[1751]. Elijo un párrafo cualquiera de una de ellas; para no hacer trampa, elijo un párrafo de un escritor que habla bien y con facilidad: BORGES: «Mejor, sí, y además —imagínese— en el caso de un hombre como Macedonio creo que todo es precioso, creo que por qué no, además esto da más realidad para mucha gente, decir por ejemplo que él se crió en el barrio Balvanera, que vivió siempre en la cercanía de los Tribunales o en la cercanía del Once, Balvanera otra vez, que pasó temporadas en Morón, que pasó una larga temporada en Uruguay, que anduvo por Misiones también. Por qué no recordar todo eso, si todo lo que se refiere a Macedonio es interesante». Por si no le ha llegado el libro, no se lo mostré a Borges (le disgustaría, tal vez). Todos los colaboradores del libro, salvo el compilador, redactan a las patadas. Todos, algunos por lo menos, son escritores conocidos, hablaron libremente y un grabador tomó sus palabras. El compilador escribió las suyas: un cisne entre aves de corral.

Martes, 24 de noviembre. Voy a la calle Maipú, a visitar a los Borges. La señora está flaquísima, reducidísima, pero muy lúcida. Se agarra de mi brazo; lo retiene entre sus manos. Les llevo el libro de Ibarra (Borges et Borges). La dedicatoria que nos pone es muy afectuosa: «Para Adolfo y Silvina, con quienes deseo no disentir sino amistosamente». La señora me dice: «Rosas era primo hermano de mi bisabuelo por los Rubio; no impidió eso que fusilara al hermano de mi abuelo». «Contra el paredón de la Recoleta», dice Borges. Asegura la señora que nadie recuerda hoy el incendio de las iglesias, en tiempos de Perón.

Comen en casa Borges y Bianciotti. Con Borges empezamos la traducción de Macbeth. Llegó con las primeras cuatro líneas traducidas, escritas de mano de su madre:

«Escena I. Campo abierto. Truenos y relámpagos. Entran las Brujas.

Me digo, le digo: «En este trabajo sólo puedo colaborar como amanuense». No acepta esta aseveración. Le da la razón el trabajo: colaboro.

Sábado, 28 de noviembre. Por la mañana viene Borges, recién vuelto de Córdoba, donde le dieron una medalla de oro. Dice que está con diabetes. Habla de Córdoba: «Hay más gente que en Buenos Aires, por lo menos en la zona peatonal. (Pausa). Qué expresión». Habla de Revol, considerado un gran escritor, dedicado al alcohol y a la homosexualidad; de Sosa López, con quien no pudo encontrarse.

Después llega Ricardo Luna. Nos presenta su proyecto; conoce Los orilleros de memoria; conoce nuestra obra íntimamente. Refiere sus tratos con un posible productor; en resumen: o el productor hace la película y nosotros cobramos en seguida o él la hace (hipoteca su casa) y nos pagará con un porcentaje. Porque aceptamos todas sus proposiciones («Si hipoteca la casa no le damos la opción», le decimos), emocionado suelta el llanto. Borges tiende a perorar, con lo que pone obstáculos en la información que debemos recibir. Cuando me despido de Luna, le digo: «Tengo un escrúpulo, que quizá no debería comunicarle, porque tal vez lo desanime. Desconfíe de nuestros diálogos: son demasiado literarios, sentenciosos y extensos; un actor corriente los dice como un chico que repite la lección». Me asegura que los ha cortado y abreviado.

Leo El informe de Brodie; yo descreía de este libro, porque lo juzgaba por mi recuerdo de los primeros cuentos. «El informe de Brodie» me parece excelente; también «El evangelio según Marcos» y «El duelo». «Guayaquil» está a punto de ser extraordinario, pero se frustra un poco.

Domingo, 29 de noviembre. A las once estoy en cama, dormido. «Llama el señor Borges», me dicen. «Díganle a la señora que lo atienda, por favor. Yo estoy durmiendo». Silvina, al rato, se asoma y murmura: «Llamó de un restaurant. Le dije que mañana no podíamos comer con él. Me dijo que llamaba para comunicarte una etimología que había descubierto».

Martes, 1.º de diciembre. Come en casa Borges. Silvina lo ha convencido de que le haga otra página para el efusivo y brevísimo prólogo al futuro libro de Gallimard. Borges dice que sí, pero que necesitará el prólogo ya hecho, para saber cómo seguir o para intercalar lo que pueda.

Traducimos Macbeth. Durante la escena II, Shakespeare dormía. BORGES: «El más justo epíteto para Shakespeare es irresponsable. Hay malos escritores que no son irresponsables. Rafael Obligado no es irresponsable».

Pregunta si títulos como «Cimetière marin» y «Salmo pluvial» son serios. BORGES: «¿Dónde era el cementerio?». BIOY: «En Séte». BORGES: «Mejor hubiera sido “El cementerio de Séte”».

Cuenta que le han dado un premio literario de la Municipalidad de Jerusalén; sus antecesores en el premio son, en general, ilustres; en abril viajará con Norman a Salt Lake (donde pasarán dos semanas); irán después a Nueva York; después a Londres; después a Oxford (donde le darán el título de doctor honoris causa, el título de Johnson); a Jerusalén; de nuevo a Londres y a Escocia.

Su madre y Norah se ilusionaron con la diabetes que lo aqueja, porque pensaban que si se la curaba, tal vez mejorara la vista. BORGES: «Malbrán acabó con esa hipótesis. Yo no sabía cómo decirlo en casa, para no entristecer a Madre. Le dije: “Bueno, por suerte, son dos enfermedades diferentes; nos libramos del peligro de un sistema”. Se enoja conmigo porque no estoy interesado en mi salud. Bueno, estoy conforme con un adormecimiento de todo, con ir apagándome».

En el escritorio de Ramón Santamarina me presentaron a un tal Fillol, bibliófilo, coleccionador de manuscritos. Está imprimiendo un libro de Borges[1752] y, según creo, tiene una carta de mi padre a Juan P. Ramos, de principios de los treinta, en que mi padre manifiesta cierta inquietud por mi amistad con Borges; le pregunta a Ramos cómo es Borges como escritor y como persona, y si no será una influencia perjudicial para mí. Ahora me parece entender que hacia 1931 o 32 mi padre desconfiaba de Borges: lo imaginaría, tal vez, «disolvente», bohemio, anarquizante. Después lo quiso mucho.

Miércoles, 2 de diciembre. Busco a Borges en su casa. No está en la puerta; subo; lo encuentro en el palier del sexto piso. «Qué suerte que subiste —me dice la madre—. Así te veo». Nos llaman del séptimo piso. Entra una familia, compuesta de gorda y joven con nena en brazos. «¿Cómo le va, Borges? ¿Nos reconoce?». «Cómo no. Son arroyeras». Expresión de sorpresa en la gorda. Borges aclara: «De San Nicolás de los Arroyos, como nosotros. ¿Son parientes de Hormiga Negra?». Mayor sorpresa en la gorda; sonriente contraataca: «Tal vez, si ustedes lo son». Despedida amable. En la calle, nos cruzamos con Vogelmann. Borges le hace bromas, para Vogelmann —y tal vez para Dios—, inexplicables: le menciona una serie de palabras y de nombres terminados en ing, como viking y Kipling. De pronto retoma la marcha hacia el automóvil; Vogelmann se queda entre cortado y perplejo, sonriente. BORGES: «Vogel-mann: pájaro-hombre, realmente una conclusión irrelevante, a red herring».

En el coche me dice: «Yo no sé qué hacer con Madre. En medio de una conversación lógica, sostiene que la astrología es una ciencia. Ha caído completamente en poder de esa loca de Margot Guerrero. Bueno, para una señora de su edad será difícil defenderse, sobre todo con un tratamiento de dos conversaciones telefónicas por día. Por suerte, Margot no puede hablar mucho, porque todos sus vecinos, que practican la magia negra, están con los oídos aplicados a las paredes, para oír lo que dice. ¿Vos creés que la escuchan? Yo creo que está completamente loca». BIOY: «Pero no hay que refutarla en eso. Cuanto más pronto corte, mejor». BORGES: «Margot sostiene que los males de tu rodilla son obra de Elsa o de sus brujas. (Pausa). Hablando de locos, ¿sabés que murió ese pobre Fijman? Nadie fue al velorio. Sólo una chaqueña, muy pobre, amiga de casa, que le mandó una corona. “¿Por qué lo hace?”, le pregunté. “Porque amo a la poesía”, me dijo. Antes, Fijman era un tipo odioso y estúpido; después enloqueció y se puso más bueno, mucho mejor».

Comemos en casa. A Silvina le pide que traiga el prólogo que le hizo para la edición de sus cuentos; me dictará una página más, que enviaremos a Bianciotti. BORGES: «Vos me la dictarás a mí, porque yo no tengo idea de lo que puedo decir».

Después, llega Ricardo Luna, con los contratos para Los orilleros. Habla de los trámites que debe hacer para conseguir el dinero para el film (Los orilleros); mucha agua ha de pasar bajo los puentes.

Evocamos nuestras experiencias con curas. Luna fue víctima de salesianos; los chicos, arrodillados sobre granos de maíz, rezaban en penitencia; un cura, al pasar, los abofeteaba; tenían seis o siete años. Borges conoció un colegio de curas sádicos en Lomas de Zamora o Turdera. «Cuando se duerme, ¿dónde pone la mano, dónde pone la mano?», le preguntaba al inocente Luna un confesor. BIOY: «A mí, monseñor Devoto me preguntó si fornicaba. A la pregunta sobre fornicar, en casa me habían explicado: “Significa decir malas palabras”. A Devoto le dije que sí, que fornicaba, pero —me apresuré a tranquilizarlo— sólo con chicos. A mí los curas y las monjas en pocos días me oscurecieron el mundo; peor aún: me persuadieron de que vivíamos en una fina película, digamos una cáscara de huevo, sobre infiernos, oscuros y profundos, poblados de almas en pena y de demonios, que nos acechaban». LUNA: «Esos terrores duran mucho». BIOY: «Conmigo no duraron. Conversé el asunto con Drago, que es naturalmente escéptico. Llegamos a la conclusión de que todo lo que la religión nos enseñaba del más allá debían de ser embustes. Para expresar nuestra liberación, empezamos a blasfemar. Recuerdo que jugábamos un partido de paleta y que no pegábamos a la pelota sin fornicar, sin proferir una de las malas palabras que nos habían prohibido». A su vez, Borges cuenta un recuerdo que, me avergüenza decirlo, me pareció inventado: dice que lo que a él más le interesaba cuando era chico era la mitología griega y escandinava. Pues bien, notó con estupor que el estudio de la mitología no le producía ningún cosquilleo en cierta parte, ninguna excitación, pero que la proximidad de una prima, sí. No solamente la proximidad de la prima: la contemplación de una revista de lo más tilinga que se llamaba (creo) La Galerie de la Mode, donde aparecían fotografías de Madame la Duchesse de no sé cuánto y de Madame la Marquise de no sé cuánto. Pensó: «Debo de estar enfermo».

Al irse Luna, trabajamos un rato en la traducción de Macbeth. Borges, de Shakespeare (Macbeth, escena II): «Es grandilocuente cuando se acuerda. Tiene una idea tan pueril de todo».

Hablábamos de la compasión que hoy todos sienten por los criminales. Borges recuerda:

Así lloró en la celda

el pobre parricida.

Sobre Mate Cosido refiere: «Lo llamaban así porque recibió en la cabeza un balazo: cabeza cosida. La chaqueña que encontré en el velorio de Fijman (en ese momento, sólo estábamos ella y yo) me dijo que Mate Cosido era una bellísima persona, que robaba a los que se habían enriquecido con bienes mal habidos, que protegía a los pobres. “Y de vez en cuando mataba”, sugerí. “Es claro, si lo obligaban, para defenderse”. “Y para robar”. En el Chaco me dijeron que Mate Cosido era un bandido inmundo. Desapareció, se fue al Paraguay y hay ahora una leyenda de que volverá algún día, como el rey Arturo».

Dice que tal vez el sábado vaya a Pardo, si María Kodama quiere acompañarlo.

[Jueves 3 al martes 8 de diciembre. Bioy Casares en Pardo].

Viernes, 4 de diciembre. En Pardo. Borges no viene, porque no tiene quien lo acompañe. Norman, es claro; pero Borges sabe que ese compañero no sería recibido con excesivo júbilo (por parte de Silvina, sobre todo; a mí no me molesta).

Martes, 8 de diciembre. En Pardo. Hablo con Di Giovanni. Me dice que Borges le ha tomado idea a Hugo Santiago.

Miércoles, 9 de diciembre. Hablo con Borges. BORGES: «Vieras los libros que se presentaron al premio municipal de poesía: había uno en que todo se volvía correo y peces. El pejerrey manda su cablegrama… Uno de los señores del jurado me dijo que era interesante, original; le contesté que en este momento miles de poetas escribirán ese mismo libro, sólo que en lugar de peces y medios de comunicación ponen otras arbitrariedades equivalentes. “No podemos estancarnos”, me contestó. Le respondí que para no estancarnos no debíamos retroceder al caos, al matete original».

Hablamos de nacionalistas. BORGES: «Estuve con Benarós. Me mandó de regalo un horrible mate de porcelana, con la inscripción Amistad. Tiene su mate de la amistad, como la pipa los pieles rojas. Si miras abajo dice “Made in Germany”. Estos nacionalistas naturalmente prefieren los mates alemanes. Los otros días estuve con otro; a éste, por increíble que te parezca, yo lo creía inteligente. Me explicó que sacar plata fuera del país es criminal; desea que no se compre nada afuera. Le hice notar que la ropa que llevaba puesta era inglesa. “Es verdad —reconoció—, pero no debía ser”. “Usted quiere que vendamos carne y trigo; ¿no le parece natural que nos vendan algo a nosotros?”. “Lo menos posible”. Es partidario de anexar el Uruguay. “En Montevideo —le dije—, yo he visto mapas en que Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes y Misiones aparecen como anexados al Uruguay. ¿Le parece bien?”. “No, me parece mal”. “Sin embargo, los que hicieron esos mapas son nacionalistas”. “Sí, pero yo no soy nacionalista uruguayo, sino argentino. Si fuera uruguayo pensaría que está bien”. Traté de hacerle ver que esa actitud de pugna universal no prometía nada bueno: un futuro de guerras, probablemente». BIOY: «No es una simple oposición: es una oposición de alternativas incompatibles. Cada país tiene aspiraciones incompatibles con las de los demás». BORGES: «A menudo comprobamos, no sin sorpresa, que muchos creen que lo que está mal para los individuos está bien para los Estados. Que se roben lo que puedan entre sí». BIOY: «Esos planos, como los que muestran las Malvinas como argentinas, me parecen una ingenuidad. Como si yo me hiciera fotografiar con monedas de oro y me creyera millonario».

BIOY: «Compré en Harrods una traducción de Macbeth, con prólogo tuyo[1753]». BORGES: «La de Wilcock». BIOY: «No, no es de Wilcock. De Whitelow». BORGES: «Ah, qué suerte. Entonces oí mal y no pensé más. Si es de ese macaneador, no importa que nosotros salgamos con otra. Si hubiera sido de Wilcock, me hubiese molestado un poco. Ya sé que es absurdo, pero parece mal, no sé por qué, parece poco amistoso, salir en seguida con una traducción. Es como si uno la hiciera contra la anterior. Tratándose de Whitelow no importa».

Cuenta Borges que hablaba un grupo de escritores. Llegan otros: Santiago Dabove les pide silencio, que no interrumpan. Mastronardi insiste: «¿De qué hablan?». Santiago Dabove contesta: «De colchas». Macedonio Fernández opina: «Un tema muy masculino».

Jueves, 10 de diciembre. Comen en casa Borges y Paz Leston. Traducimos Macbeth.

BORGES: «Hablé en lo de Esther Zemborain, con un grupo de jóvenes, todos Torres, Zemborain… Bueno, indudablemente yo no hago esfuerzo por entender a los jóvenes. ¿Sabés a qué dos escritores admiran?». BIOY: «A Oliverio…». BORGES: «¿Cómo adivinaste? A Oliverio y a Molinari. Me preguntaron qué opinaba yo de la obra de Oliverio. Les dije que no sabía que tuviera obra. Toda la obra de Oliverio cabe en una página de Jules Renard o de Gómez de la Serna. Toda la obra de Oliverio son tres o cuatro greguerías; lo demás son márgenes y letras en cuerpo veinte. Molinari por lo menos es más astuto». BIOY: «Un compadre. Un compadre taimado y estéril». BORGES: «Sí, pero más astuto que Oliverio; craso y maloliente, pero menos obsceno».

BORGES: «Mastronardi me dijo: “Tenemos que convencernos de que somos viejos”. Elsa decía: “Ya somos viejos. Ahora. No hay que esperar nada de nada”. A mí no me gusta esa actitud. Yo creo que podemos esperar muchas cosas, casi todas las cosas: un café con leche rico; oír una frase que nos divierte. Yo prefiero esperar e interesarme, y no sentirme apartado y concluido. Esa resignación, esa renuncia, no me gustan. Además, qué querés, decir eso me parece una prueba de maldad». BIOY: «Puede ser, pero una persona que hace una arenga así la destina principalmente a sí mismo. Él es el aterrado y a él se acosa, para lograr, como reacción, la indiferencia». BORGES: «Escribió “Luz de provincia”». BIOY: «La gloria por una sola obra puede bastar para los demás, no para el autor». BORGES: «Y peor cuando la sola obra es “Luz de provincia”. El argumento, las ideas, son bastante pobres. La nostalgia de la provincia, nada más». BIOY: «“La medalla” es un poema excelente».

Valéry le dijo a Mallea que el «Cimetière marin» era una invención para el poema y que no había motivo para relacionarlo con el de Séte. Entraban en un restaurant. En una pared había espadas. Valéry comentó cómo se asombrarían los comensales si ellos dos, Mallea y él, empuñaran las espadas y los acometieran a mandobles. Mallea observó: «Por increíble que parezca, tenía sentido del humor». Borges opina: «Un humor así… mejor perderlo que encontrarlo».

Domingo, 13 de diciembre. Comen en casa Borges, María Kodama, Juan José Hernández y Marta Mosquera. Borges afirma que en tiempos de la Colonia los Llavallol se enriquecieron con la venta de esclavos. Cuenta también: «Llegó un negro viejo a trabajar en casa. Cuando nos vio a Norah y a mí, que éramos chicos de nueve o diez años, dijo: “Bueno, ya tengo padre y madre”». Juan José Hernández habla de Pedro, el cantor de Tánger que conocimos en París; dice que trabajó ocho años en el Moulin Rouge, y que es amigo de las coristas.

Después de comer llega Luna. Nos lee el libreto, lo que lleva escrito del libreto. Toda frase que dicen los personajes es un dicharacho: no hay una frase tranquila. Abundan los errores: excesivo número de borrachos; el teléfono, como algo habitual, en 1880; un malevito de barrio va a provocar a un señor (las clases estaban más separadas entonces).

Lunes, 14 de diciembre. Comen en casa Borges y Pepe Bianco. Pepe, visto de perfil, con su nariz rarísima, a consecuencia de las sucesivas operaciones embellecedoras, con su boca llena de dientes falsos, con las venas de la cara infladas por la vehemencia de su deseo de expresar alguna tontería o tal vez de entender lo que le dicen, con dos jorobas, una atrás y otra en el pecho, es un polichinela o, por lo menos, el viejo de dibujo de diccionario ilustrado, para el artículo viejo. Cuenta historias de negros que vivían cerca del Jardín Botánico, por la calle Arenales. Borges no lo escucha: lo interrumpe, dice lo suyo. Pepe me dirá después: «Borges ya no escucha. ¿Lo habrán puesto así las conferencias? ¿O no quiere escuchar?». Pepe quiere averiguar el sentido exacto de la frase de San Pablo Oportet et Haereses[1754]. Después habla de los estructuralistas argentinos, que imitan a los franceses, pero no en escribir bien; Borges no lo deja concluir su pensamiento, le exige una definición del estructuralismo, que evidentemente excede las fuerzas de Pepe.

Martes, 15 de diciembre. Come en casa Borges. Le refiero anécdotas de la vida en Rusia, comunicadas por el libro de Amalrik[1755]. El requisito de tener que inscribirse, para vivir en una ciudad, y de que a uno puedan rechazarle la inscripción, es revelador de las angustias que acechan a los ciudadanos soviéticos. Uno vive con su familia y sus amigos en Moscú; se aleja por seis meses; ya ha perdido el derecho de seguir viviendo en Moscú: debe inscribirse, tal vez no sea admitido. Si por error cae preso (continuamente la gente cae presa por error) o cae preso porque se emborrachó, o porque maneja un camión y tiene un accidente, lo más probable es que esté detenido más de seis meses; lo más probable es que no vuelvan a admitirlo en la ciudad donde vivía. Sobre la demanda —y el éxito— de libros como el de Amalrik, opina BORGES: «Hay un cambio en la mente de los hombres. Ahora quieren sufrir, meterse en una pesadilla. Antes nadie deseaba eso».

Después de comer tratamos de proseguir con la traducción de Macbeth, pero a ratos duerme Homero; también Bioy: nos atrancamos y mi sueño no coopera.

Jueves, 17 de diciembre. Come en casa Borges. Dice que todo ocurrió de acuerdo a sus previsiones: aunque se había convenido en que ninguno de los tres discursos de hoy, en la Academia, excedieran los veinte minutos, Bonet habló más de media hora y Battistessa mucho más. BORGES: «Si llevan los discursos escritos, ¿por qué no los leen una vez, en su casa, y miran el reloj? ¿O no han descubierto el reloj? Battistessa mencionó con gran elogio, como un acontecimiento literario, Babel y el castellano, que es un libro de Capdevila parecido a los del viejo Monner Sans, con un “interesante” ataque contra el voseo, y leyó uno de los peores poemas de Capdevila, “Córdoba de las campanas”, que menciona, una después de otra, todas las iglesias; cuando recitó diciendo un distingo, predije que vendría en seguida Santo Domingo. Así fue:

Era una voz docta

diciendo un distingo.

Eran las campanas

de Santo Domingo.

Bonet habló de la obra de Arrieta, de su extraordinario tesón. La obra no existe y el tesón le sirvió para quedarse de brazos cruzados. ¿Qué escribió? Algunos versos románticos sin mayor importancia. Dijo también Bonet que, con su Historia de la literatura argentina, Arrieta venía a completar la inmortal de Ricardo Rojas. Por mala que fuera la de Arrieta sería muy superior al mamotreto del ramplón Rojas. El discurso de Bonet fue muy chato; decía “por aquellos años en que Arrieta publicó su inolvidable… escribían Fulano, Zutano y Mengano”: un catálogo. Sin embargo, habló de la segunda tiranía y de cuando esa pesadilla acabó. Conmigo estuvo generoso. Habló del amor por la literatura inglesa, que compartíamos con Arrieta y con el intendente del obelisco». BIOY: «Vedia y Mitre». BORGES: «Sí, Vedia y Mitre, que hizo unas traducciones pésimas. Yo nuevamente di pruebas de cobardía. No empecé como me había propuesto: “Por lo menos seré breve” o “Por lo menos yo seré breve”. Estaba Madre y no me atreví».

Habla después de «García Saraví, ese animal de La Plata que nos engañó con sus gauchos embalsamados. ¿Qué nos pasó? ¿Cómo lo premiamos?». BIOY: «Nuestro Heredia». Convenimos en que Heredia es el peor de los poetas franceses. Borges recuerda la fórmula de un personaje de Bustos Domecq: «Lo breve, si breve, dos veces breve[1756]» o «Lo bueno, si breve, dos veces breve».

Dice que si su nombre no aparece en una lista de adhesiones a un «movimiento» del almirante Rojas, que pide elecciones y el respeto de la Constitución de 1853, «es porque Madre lo interceptó. Madre cree que es una locura llamar a elecciones. Tiene razón».

No sé por qué recordamos los versitos:

Cattaneo,

dame la mano,

para subir

a l’aroplano.

Cattaneo,

no vueles alto,

que se te rompe

el aparato[1757].

«Ya en la segunda estrofa el autor empieza a tener rabia y a ser procaz», comenta Borges. Parece que Brumana, un hermano de Herminia, para mostrarse galante con la madre de Borges, le dijo: «De esa astilla tenía que salir ese palo». BORGES: «Madre no se dio cuenta: entendió algo del tiro por la culata o por la pirata».

BORGES: «A los secuestradores de Aramburu no se les aplica la pena de muerte porque se les tiene miedo, pero si los fusilaran se acabarían los secuestros. Es el único idioma que entienden». Dice que no puede creer que Onganía esté mezclado en el secuestro de Aramburu y cita la expresión de su abogado cordobés: «Algo en mí se opone a creer eso. ¿Por qué no admitir que los que mataron a Aramburu son la misma clase de gente que la que hace secuestros y pone bombas en el Uruguay? Tal vez porque se los teme y también porque hay un agrado en que todo sea complicado».

Alberto Girri publicó un libro de poemas titulado Valores diarios. Borges, fingiendo equivocarse, lo llama Servicio diario. El libro de cuentos de Silvina se titula Los días de la noche. BORGES: «¿Qué significa el título? Según Madre son los días que a la noche soñamos, la vida de los sueños». Silvina rechaza esta explicación; prefiere decir que simplemente se refiere a lo que se inventa en noches: una denominación menos exacta y menos mágica.

Lunes, 21 de diciembre. Hablo con Borges. Le cuento que el otro día conocí a un poeta Carroll, de gran facilidad y buen oído, con algo de ametralladora satisfecha. BIOY: «¿Cómo no logró obra y renombre?». BORGES: «Es autor de un libro titulado El Cristo de la pampa[1758]. ¿A que no sabés quién es el Cristo de la pampa?». BIOY: «¿Ceferino Namuncurá?». BORGES: «No, el gaucho. Por qué el gaucho es el Cristo, no se pudo averiguar. Cualquier cosa es cualquier cosa. Las Grondona me dijeron que Carroll es un gran poeta. Cualquier cosa es cualquier cosa. La quiere decir cúpula. Carroll es un pensador continuo… de estupideces».

Una dama escribió: «Paseando sus grandaneses». BORGES: «Qué difícil la gramática». BIOY: «Cuando la corrijas, escribirá: “Paseando sus Santos Bernardos”».

Martes, 22 de diciembre. Por la tarde, voy a La Nación, donde me espera una reunión del jurado del premio con Drago y Hornos Paz. Aunque soy puntual, ya están esperándome Borges, Mallea, Leonidas de Vedia y los dos de la casa; Carmen Gándara faltó. Se propone, con terminología ridícula, que «se baje la puntería» y se premie a jóvenes de treinta años o menos. Mallea pregunta si también debe fijarse una edad mínima: veinticinco años. La sugerencia no prospera. Hornos propone que el premio sea exclusivamente para jóvenes argentinos. Evocamos el preámbulo de la Constitución y nuestra tradición liberal; evitamos también ese estrechamiento. Borges comenta para mí: «Lo de bajar la puntería no les importa. Hemos aceptado una proposición demagógica. Se nos vendrá encima el malón de los pederastas. ¿Qué otra cosa son los jóvenes? En cuanto a que los lectores sean indulgentes con los textos premiados porque son de jóvenes, es falso. La gente esperará que el texto premiado sea bueno; si lo encuentra malo dirá como siempre: “Miren lo que premiaron”». La verdad es que yo doy mejor resultado sólo que en la vida de relación. No conozco a la gente. Me digo: «Todos éstos van a poner el grito en el cielo, van a renunciar y nos salvaremos del yugo anual del concurso». Aceptan la ponenda sin siquiera examinarla, diría el medio camello de «Bustos Domecq».

Borges afirma que Galtier no sabe francés; que tradujo «j’en ai assez de Corneille et de Racine» [estoy harto de Corneille y de Racine], como «conozco mucho a Corneille y a Racine». BORGES: «Marechal tampoco sabía francés. Una vez puso en duda mi francés, le propuse que habláramos, le dije algo y no comprendió una palabra. Mallea sugirió: “Tampoco sabrá español”. Marechal decía siempre: “Más vale no voy” y “Voy del médico”». Sin demasiado tino, Borges observa, delante del oscuro Mallea: «Era mulato. Los padres tal vez fueran parientes de Toussaint L’Ouverture. Eran de Haití o de la Martinica».

Con Borges vamos a la plaza Schiaffino, a tomar aire. Unos fotógrafos nos retratan; uno de ellos se me acerca y me dice: «Perdone, don Bioy, la impertinencia. Somos de Siete Días y no quisimos perder la oportunidad». Borges me cuenta que el gobierno ha oído los reclamos de mejorar el sueldo a los empleados de la Biblioteca, y los interpretó al revés de lo que él, Borges, pidió: «Pensaban que estaría contento porque me aumentan el sueldo. Aumentan a todos los jefes y olvidan a los empleados, que están en una situación pésima. Clemente dice que la medida está bien, porque si los jefes no ganan mucho los que están abajo no sienten estímulo, no desean ser jefes. No sé qué estímulo van a sentir si no les aumentan el sueldo ni la categoría. No veo cómo va a caerles bien que los jefes reciban aumentos. Vamos a ser capitanes de una tripulación amotinada».

De Norman me dice: «Yo no sé para qué me separé de Elsa, si lo tengo a Norman. Es como Elsa, pero more so. Hasta quiere que le diga dónde voy». BIOY: «Es inteligente, es trabajador, es honesto, pero no tiene sensibilidad; puede molestar sin darse cuenta. ¿Será porque es norteamericano?». BORGES: «Madre, que se está poniendo muy snob, dice que es porque no es un gentleman. En todo caso, tengo que viajar con él dentro de cuatro meses y ya no lo aguanto más».

Nos cuenta que Aguirre Legarreta la otra noche propuso hacer un homenaje nacional a BORGES: «En el pánico, dije lo primero que se me ocurrió. Que ya era bastante ocupar el sillón de Groussac en la Biblioteca. No le gustó eso a Aguirre Legarreta; me contestó enojado: “Ah, bueno, si usted piensa que eso es bastante homenaje”. Primero no sé qué significa nacional; después, mucha gente lo odia a uno: imagino las burlas que ese homenaje provocaría». BIOY: «Además, por qué considerarte ya un viejo que merece la gratitud de su pueblo: sólo falta que te regalen la llave de un mausoleo».

Me dice que su madre está mal: «Cansa con eso de que la astrología es una ciencia. Ahora se opone a María Kodama. ¿Serán celos? ¿O será porque she doesn’t belong? Es más distinguida que la gente distinguida. Además, todo se le vuelve Elsa. Le conté que no sé qué señora no me gustaba y contestó: “Siempre será mejor que Elsa”. “No mata gran punto”, le contesté, plagiándote».

Un señor le dijo que él conocía un «payador divino», al que oyó en un almacén, pero que por su mala retentiva sólo recordaba los primeros cuatro versos de una larga payada, que íntegra se mantenía al mismo nivel:

Hombres que os degeneráis (sic).

al pie de los mostradores

gastando en té y en licores

el fruto de tu (sic) labor.

Comenta BORGES: «En té. Parecería que nunca hubiera estado en un almacén y sin embargo… ¡habrá vivido en un almacén!». Refiere después una anécdota de Barceló: «Estaba en su despacho, en Avellaneda, y vio pasar dos veces, por la vereda de enfrente, a un opositor. Llamó a un guardaespaldas correntino, le explicó el asunto y le dijo: “Si pasa otra vez, me lo bajás de un balazo”. Pasó y, desde el mismo balcón, lo mató de un tiro el correntino: era un hombre de puntería». Concluye: «Para Dios, el “payador divino” y el guardaespaldas y Barceló son el mismo hombre, facetas del mismo hecho. Carlyle dijo a unos hombres que deseaban emigrar a Australia: “Todo ocurre aquí y ahora. Que Australia esté aquí [en Inglaterra] y ahora”».

Miércoles, 23 de diciembre. Hablo por teléfono con Borges. Dice que IJosé Luis] Cantini, el ministro de Educación, lo había citado a las ocho y media en la calle Republiquetas; que se preguntaba para qué: «Si era para pedirme la renuncia, le diría que no. ¿Por qué va uno a facilitar las cosas a quienes quieren echarlo? Si quieren echarme que carguen con el desagrado de hacerlo. ¿La renuncia salva el amor propio? ¿Nadie cree en las renuncias? ¿Por qué citarme allí?». BIOY: «Porque quedaría cerca de algún otro lugar que queda lejos». Esperó un taxi durante horas. Llegó, después de perderse varias veces, de pensar que querían secuestrarlo, porque aquello eran andurriales, a un enorme edificio. Se encontró con gente que amablemente lo ayudó, lo llevó del brazo. Él creía que estaba muy retrasado. Descubrió que la hora no importaba mayormente: era una recepción que daba el ministro a los empleados del ministerio. Todo el tiempo le ofrecían empanadas y chorizos. «En mí se alternaban el alivio, el servilismo y la ira. La señorita [Diana] Levillier me trajo de vuelta. Me pareció muy bien, muy culta. Mucho mejor que sus rivales, Adela [Grondona] y Esther [Zemborain]. Le prometí Macbeth para mediados del año que viene. Me preguntó qué actriz podría hacer de Lady Macbeth. Yo no conozco a las actrices. Ahora no voy a tu casa porque estoy deshecho. Mañana iré, para la noche ésa».

Jueves, 24 de diciembre. A las nueve y cuarto voy a buscar a Borges. Baja con él su madre, flaquita, trémula y un poco tiesa, pero lúcida; dice que quería darme un beso. Traen ambos regalos para nosotros. Se agarra ella de mi brazo; lo retiene entre sus manos.

Después de comer, con Borges traducimos en endecasílabos Macbeth. Lo consulto sobre el pedido de una asociación judía; me piden que alce mi «autorizada voz en protesta» contra un juicio a unos judíos, ciudadanos soviéticos, a quienes les negaron el permiso de salir del país, quisieron robar o desviar un avión, los agarraron y los juzgaron. Me piden que abogue por gente acusada en circunstancias confusas y sobre las que no estoy debidamente informado. BORGES: «Te piden más de lo que se puede pedir».

BORGES: «Mallea quiere que le presente a María Alicia Domínguez, para preguntarle detalles sobre la muerte de Lugones. Yo no puedo presentarlo para eso. Mallea dice: “Estará deseando contarlos”». BIOY: «Sería muy bueno saberlos. Pero Mallea, si no la conoce, ¿cómo de buenas a primeras va a interrogarla? Se parecerá a esos personajes de Henry James, curiosos, ávidos y un poco estúpidos». BORGES: «Nunca consiguen nada». BIOY: «Además, ¿cómo se sabe lo que quiere María Alicia? Tal vez quiera guardar el secreto para revelarlo en un libro de memorias». BORGES: «Yo le dije a Mallea que Leonidas de Vedia es mucho más amigo de Alicia que yo».

Le pregunto si una sonsa que cantaba con Maurice Chevalier en El desfile del amor era Jeanette MacDonald. BORGES: «Sí. La fotografiaban con la boca abierta. Interesante para dentistas. Exigía que le sacaran primeros planos, cantando. Hubiera sido un poco más agradable oírla sin verla. La gente, cuando canta, no queda bien. Me han dicho que los actores exigen que les tomen más primeros planos que a sus colegas. Y algunos exigen que su nombre aparezca solo, en toda la pantalla. Te das cuenta de la bajeza de ese mundo… Ricardo Molinari fue bastante amigo mío. Una vez me dijo que, en no sé qué revista, mis poemas habían salido con los de otros y aconsejó que no tolerara eso. Explicó que cuando él mandaba sus poemas a Nosotros, especificaba que se publicaran solos. Yo le respondí que yo creía que sus poemas eran mejores y no podían confundirse: lo que era manifiestamente inexacto. Después la gente cree que los escritores son mejores personas que el término medio… Mejores han de ser los carpinteros».

Hablamos de Di Giovanni, al que el otro día levanté en varas porque me reprochó el no haber venido antes de Europa y el no decirle la fecha de la vuelta que tan insistentemente me pedía. «You are not my wife», le espeté, aconsejándole que fuera menos metido. Di Giovanni reconoció que tal vez lo fuera por sonso. BORGES: «Qué bueno que le hayas parado el carro a Norman. No sabés cómo te lo agradezco. Va a ser un beneficio para todos: para mí, hasta para él. Con razón estaba tan mansito. Te mandó un abrazo. La frase he doesn’t take a hint [no capta las indirectas] parece inventada para Norman. Si le digo que al día siguiente no voy a poder trabajar, me pregunta a quién voy a ver, who is she? Tal vez sea she, tal vez he, tal vez it, le contesto. Let it be… Es un peeping Tom. Ya me dijeron que siempre estaba prying into everything… Su conversación es de derechos y número de ejemplares. No creerás que es un escritor. Pero no es sonso. Me dijo que quiere presentarme a unos amigos leftists; yo le dije que no quiero conocer a leftists. En su oposición al catolicismo está con nosotros; pero el contracatolicismo lo lleva al comunismo. ¿Vos conociste de cerca a católicos? Son bastante espantosos. En casa, durante un té, oí decir a una de estas señoras que, si este país es católico, habría que desterrar a los mormones. Madre replica: “¿Cómo, no sabe que aquí tenemos libertad de cultos?”. No me extrañaría que dijera: “¿Esa bruta no sabe…?”».

Comentamos cómo hablaba alguien, la otra tarde, en La Nación. «Bueno —dijo Borges—: estaba en pleno foco».

Sábado, 26 de diciembre. Comen en casa Borges y Peyrou. En un aparte, Borges me dice: «Graziella y Julia Peyrou se van a Europa. Manuel tiene miedo». BIOY: «¿Miedo? ¿De qué?». BORGES: «De que su mujer vaya a vivir con él».

Hablábamos de la tan aclamada salida constitucional. Borges comentó: «The primrose path to Hell».

Domingo, 27 de diciembre. Comen en casa Borges y Ema Risso Platero. Con Borges trabajamos en la traducción, en endecasílabos, de Macbeth. Hacia el final de la escena segunda del primer acto, comenta (para alternar, en forma de alejandrino): «Nos pasamos la vida admirando estos azares».

Emita ha traído un considerable y pesadísimo Don Quijote en inglés, según una traducción que no conozco y con ilustraciones de Doré. El libro fue regalado en 1870 a una señora inglesa y cien años después Emita lo regala a Borges. BORGES (aparte, a mí): «¿Podría olvidarlo en tu casa? Se necesitaría un changador para llevarlo». Como Emita nos acompaña, hay que llevar el libro: lo pongo en el ascensor, en el suelo. Después diré a Borges: «Este mundo está lleno de crueldades; pero no hay que dolerse mucho por crueldades tan mínimas: no lastiman y sólo bordean la deslealtad. Desde luego que ni vos ni yo jamás causaremos deliberadamente una pena a Emita». Borges, a su vez, me comenta: «Yo creo que Emita se equivocó al elegir el género encantador y brillante. Con el tiempo, la gente así se convierte en un aburrimiento espantoso, en awful bores. Mejor es ser un poco borroso. Algunos, como Joyce y Gómez de la Serna, se especializaron y persistieron. Van a ser dejados atrás por Miguel Cañé y por Carmelo Bonet, que a larga son menos intolerables».

Lunes, 28 de diciembre. Come en casa Borges. Traducimos Macbeth; en el proceso, varias veces me duermo y sueño. Me pregunta quién es Puig. BIOY: «El autor de Boquitas pintadas». BORGES: «¿Y Norman es amigo del autor de un libro que se llama Boquitas pintadas?». Después, sobre el conflicto entre los separatistas vascos y Franco, comenta: «Que los dos se jodan».

Martes, 29 de diciembre. Come en casa Borges. Cuenta que unos mexicanos quieren hacer un film sobre él para televisión. BORGES: «Di Giovanni les preguntó cuánto me pagarán. Nada. Me dejan una copia del film para que yo la exhiba cuando quiera. ¿Cómo voy a exhibirlo? ¿Voy a aburrir a mis amigos? La filmación dura diez días, en que hay que trabajar fuerte. Yo les voy a decir que no. Los voy a encaminar hacia Victoria». BIOY: «No van a querer filmarla». BORGES: «O hacia Sabato. Sabato va a estar como loco. Por poco que sepan de la Argentina, por mexicanos que sean, por forasteros que sean, no voy a poder inducirlos a que me reemplacen por Adela Grondona. Para ella sería la salvación». BIOY: «De la depre. ¿Sabés que hay gente que dice depre?». BORGES: «Está bien. Parecería que están tan deprimidos que no tienen fuerza para terminar la palabra».

Después le propongo que vayamos a traducir. BORGES: «A componer endecasílabos, a contar las silabas con los dedos… ¡Qué ocupación! Estaremos locos. Bueno, por esa ocupación llegaremos a producir la traducción clásica de Macbeth… Clásica hasta que alguien descubra que la hicimos por omisiones. Si la hiciéramos en prosa, tendríamos que ser literales, y entonces la gente diría: “Esto no puede ser Macbeth”. O alteraríamos el texto, y alguien nos descubriría, pondría el grito en el cielo, protestaría: “Qué se creen éstos, que enmiendan la plana a Shakespeare”.

Dice que la segunda escena de las brujas, en Macbeth, es mucho mejor que la del capitán herido y de Ross y de Duncan[1759]: “Shakespeare está mucho más seguro. Las brujas son vulgares y mezquinas conventilleras. Está muy bien”. Sobre el “capitán del Tyger, que navegaba rumbo a Alepo”, dice: “Se creyó que Shakespeare había puesto ese nombre, Tyger, porque le parecía que quedaba bien. Después se descubrió que el Tyger era un barco que en esos tiempos hacía la travesía entre Londres y Alepo. Quizá en el teatro hubiera marineros del Tyger. Shakespeare, en esa pieza cuya acción se suponía histórica, hizo una referencia a algo actual, un juego para el público”. Dice también que está probado que la grafía Shakespeare nunca fue usada por Shakespeare: “Escribía Shakespear o Shakesper. A ese nombre tan lindo, que parece tan adecuado, Shakespeare no lo conoció”. Sobre la manera de trabajar: “Era como un periodista. Tenía que entregar sin demora el material”.

Me pregunta (refiriéndose a mi somnolencia de la víspera) si he despertado de “mi sueño dogmático”. Reconoce que hoy él tiene sueño.

Jueves, 31 de diciembre. Comen en casa Borges y Cristina Alstone. BORGES: “En ese nombre hay un error. Stone no es piedra. Es tune, town, como en Paddington. Alstone ha de ser Old Town”. Dice que Borges es burgués». «Siempre insistí en no ser un escritor comprometido. ¿Por qué hay que estar comprometido en una sola dirección? De ahora en adelante yo estaré comprometido en defensa de la burguesía».

Comemos, tardísimo, un prodigioso pavo, con purés de arvejas y de batata. Con Borges dormitamos un rato, versificando en español las brujas de Macbeth.


Viernes, 1.º de enero. Come en casa Borges. Trabajamos en Macbeth. BORGES: «En esta segunda escena de las brujas empieza Macbeth a gustarme. Shakespeare la escribe con ímpetu y seguridad».

Dice que «Everyman’s» ha publicado las Crónicas de Holinshed[1760]: «Desgraciadamente han publicado solamente lo que fue aprovechado por Shakespeare. Sería bueno ver qué idea se hacía Holinshed del resto de la Historia. Después de leer las Crónicas uno descubre que los famosos caracteres de Shakespeare se reducen a transcripciones. Shakespeare emplea las mismas palabras que Holinshed. Si en Macbeth encontrás weird sisters, podés estar seguro de que Holinshed llama a las brujas weird sisters (o parcas). Lo que hizo Shakespeare con Holinshed, en definitiva es lo que nosotros hacemos con Shakespeare: lo puso en blank verse. No podía proceder de otra manera, porque los cómicos estaban esperando».

Habla de barba y barbarie.

Domingo, 3 de enero. Come en casa Borges. Traducimos Macbeth. Comentamos que las escenas de las brujas son muy buenas; que las escenas en que Macbeth y Banquo hablan con las brujas son excelentes y las comparamos con la del capitán herido. BORGES: «La del capitán, con due reverence, le salió como su cara. Qué gracioso, que se diga como su cara. ¿Se entiende que significa como el culo? ¿O que tiene una cara horrible?». BIOY: «Tal vez todavía no conocía su pieza, o no había sido arrebatado por el tema».

BORGES: «Creimos que este trabajo sería muy estimulante: es más bien hack work, una especie de periodismo». BIOY: «La resignación de versificar. Traducir en endecasílabos, con la ayuda de las dedas». BORGES: «Cuando uno traduce ve de muy cerca, como con una lupa. Sería interesante saber qué pensaba San Jerónimo de la Biblia. «Este libro —diría— is overrated”. Y qué pensaban los obispos que hicieron la James Versión. Hicieron a fine job. Por ejemplo, con qué delicadeza dijeron que en la vejez “desire shall fail[1761]. ¿Qué dirían los hebreos? ¿“No se le para ni a patadas”? ¿O “ni en broma”? Serían tal vez más enérgicos. Pero esa vaguedad está bien. Qué raras son las metáforas de los orientales. Todo es un poco vago, pero queda bien. Lo contrario de Lugones». BIOY: «Las de Lugones son fabricadas». BORGES: «Son mecánicas y mentales. Lugones inventó un nuevo tipo de error: frecuentemente dice frases como “el árbol que enarbola”… No quieren decir nada. ¿Podría Lugones entusiasmarse con Browning? No, tenía que entusiasmarse con poetas puramente formales. Hubiera podido entusiasmarse con Joyce, si lo hubiese leído joven; pero cuando lo conoció ya se le había pasado el tiempo de los entusiasmos. ¿Podría ser Browning? No, porque tendría que sacar cosas de sí. Cuando trató de ser Darío le salió mal. Si no fuera por su facilidad para versificar, Browning hubiera sido tal vez un gran novelista y un escritor hoy más famoso. Hoy está bastante olvidado». BIOY: «Maisie Ward, la autora de la biografía de Chesterton, escribió también sobre Browning»[1762]. BORGES: «Maisie Ward es muy buena escritora. Su biografía de Chesterton es mejor que la autobiografía de Chesterton»[1763]. BIOY: «Está bien que escriba sobre Browning. Se ve que está interesada en los mismos temas. El libro de Chesterton sobre Browning[1764] —un libro maravilloso— la llevó a pensar en Browning». BORGES: «Había en Chesterton una gran sabiduría. Ahora está tan desacreditado que la gente interpreta mi admiración por Chesterton como una broma muy graciosa. A Chesterton le hizo mal que se lo vea simplemente como un escritor católico y lo perjudicó, sobre todo, su amistad con Belloc, que le metió ideas absurdas. Chesterton no era un erudito y Belloc le servía de obra de consulta».

Una vez me atreví a decirle que en su último poema se repetía, que proponía variantes, meritorias no hay duda, del fatigado tema, de compararse con sus antepasados militares, de buscarse en ellos. Hoy publica en La Nación, «El centinela», una, la no sé cuántos, variante de «El otro Borges»; pero esta versión es muy sentida, muy clara, muy eficaz. Lo felicito por su poema. Me dice que Mastronardi se alegró cuando él le dijo: «Es mera literatura», y aclara: «Si no, supondría una depresión y una melancolía espantosas». Alicia Jurado le aseguró que estaba escrito bajo la influencia de la depresión de Adela Grondona. Le digo que me asombra el error de Mastronardi: «Hay como una chusma de lectores que siempre ve en los libros pruebas de la depresión o amargura de los autores. Si has escrito ese poema, si has visto lo que hay de tristeza, de locura, de simulación, en todo lo que hacemos, en nuestras pasiones y en nuestras manías, en tu estudio del anglosajón o en mi afición a Toulet, es porque te podés ver de afuera, porque no estás dominado por nada. Un escritor elige un tema y aprovecha lo que siente, o lo que siente que puede sentir sobre ese asunto. Mañana puede escribir un asunto que deba tratarse en otro estado de ánimo. Desde luego, las cosas, para que salgan bien, tienen que ser sentidas; pero lo que uno sabe no es únicamente eso. La gente no sabe lo sinvergüenza que puede ser un escritor». BORGES: «Y como ahora la gente lee los libros psicoanalizando a los autores…». BIOY: «Cuando un escrito es un grito incontrolado, generalmente no sale bien. Véanse los cuentos, que más bien son poemas, de las señoritas que sufrieron un despecho de amor».

Dice que si «Casa tomada», de Cortázar, fuera un buen cuento, comunicaría miedo al lector, como The Turn of the Screw. BORGES: «Se le ocurrió el argumento y lo escribió». BIOY: «Lo redactó. Encargó la redacción a un tercero, a un escritor que, casualmente, era él mismo». BORGES: «Se ve que todos esos cuentos no le importan nada. Los escribió por deber, aburridísimo. Los inventó y después se encargó de redactarlos».

Habla de la depresión de Adela Grondona; con un poco de irritación comenta que una comida, como medio de levantarle el ánimo, le parece absurdo: «Va a encontrar allí toda la gente que va a su casa, que le debe atenciones. Mejor hubiera sido que cualquier sociedad le pidiera una conferencia». BIOY: «No estoy de acuerdo: si le piden una conferencia, le plantean una dificultad y hasta la angustia de tomar una decisión. Tal vez, porque está deprimida, no puede trabajar en la preparación de la conferencia; tendrá en definitiva que excusarse y entonces, ¿en qué queda el estímulo? Lo que me decís de que sólo encontrará a personas que van a su casa, bueno, eso ocurriría a casi cualquiera. ¿Vos creés que si le dan a Peyrou una comida asistirán desconocidos? Solamente cuando le dan una comida a una persona muy famosa, una suerte de vedette, va gente imprevista y desconocida». BORGES: «Quizá estoy influido por Alicia Jurado. En todo caso, que ofrezca la comida Mercedes Levinson, ¿no será una especie de capitis diminutio para las Grondona?». Está demasiado interesado en el tema.

Lunes, 4 de enero. Come en casa Borges. Traducimos Macbeth. BORGES: «Tengo una imparcialidad culpable: si alguien me asegura que no le gusta Góngora entiendo lo que dice y de algún modo comparto sus razones». BIOY: «La persona que opone reservas a cualquiera otra, parece inteligente. Si deja entender que tiene sus razones, uno piensa que, en efecto, las tendrá». BORGES: «Toda obra es vulnerable».

Cuenta que Norah, si encuentra en la vidriera de una tienda un vestido que le gusta, va a verlo un rato, de vez en cuando. «Al fin y al cabo —explica Norah—, los vestidos nos gustan por un rato». Borges reflexiona: «La persona que los lleve procede con altruismo, se sacrifica para los demás. Ella no ve el vestido; se lo pone, para que los demás lo vean».

Miércoles, 6 de enero. Leo Les poissons rouges, de Anouilh. Pienso que a Borges no podrá gustarle Anouilh, porque el tema del amor está demasiado presente. Pienso en el tema del amor en la literatura y en lo que al respecto hemos hablado con Borges. Hace veinte o treinta años estábamos de acuerdo. O yo creía estar de acuerdo. Yo, un poco en broma, lo condenaba por motivos técnicos; Borges me dejaba entender que él lo condenaba por las mismas razones: su facilidad; por lo que hay de capricho tonto en el amor, éste se vuelve un móvil indigno de protagonistas admirables… Después comprendí, creí comprender, que Borges lo rechaza principalmente por puritanismo temperamental.

Viernes, 8 de enero. A las siete de la tarde voy a la Biblioteca, donde me esperan, a las seis y media, Borges y Luna. No quiero llegar puntualmente, para dar tiempo a que Borges observe a Luna los errores de su adaptación; Luna sufre demasiado y ante otro, o entre dos, las objeciones serían más penosas. En la Biblioteca entro sin que nadie salga a mi camino; entro en el despacho, sin que nadie me pregunte dónde voy. Me encuentro con Di Giovanni. Paso un rato con él; después voy donde están Borges y Luna. A éste le observo palabras como escepticismo por falta de fe, o necesitar por precisar, en boca de gente humilde de fines del siglo XIX; Borges le dice que no conviérta a Silveyra en canfinflero; con una observación sobre el origen de una plata, la situación queda salvada. Dejamos a Luna en su casa. Borges me dice que recibió una carta lindísima de Hugo Santiago; agrega: «Es más culto que Luna»; echa a reír y comenta que Invasión fue un éxito… ¡en Argelia! Esto le hace gracia.

Vamos a casa, donde está Pezzoni. Comemos. Con Borges traducimos algunas líneas de Macbeth. Digo a Pezzoni que en la tramitación de la edición del Libro del cielo y del infierno vamos a intervenir nosotros directamente, para no dar una tajada a editoriales que son tan poco generosas. Está de acuerdo; cita, he olvidado a propósito de qué, la frase popular: «Ni disfrazado de conejo».

Hablamos de García Márquez; según Pezzoni, pasó épocas de pobreza, en las que decía a sus chicos que no se afligieran, que un día llegaría un señor con una valija llena de dinero. Cuando se vendió tanto Cien años de soledad, la Sudamericana le previno de que le pagarían una suma considerable. García Márquez le dijo que bueno, pero que no le mandaran un cheque, que un señor llevara el dinero en efectivo, en una valija. Llegó el señor y García Márquez abrió la valija delante de sus hijos.

Dice Borges que en esta época puede uno publicar cualquier libro sin cubrirse de oprobio: «Publicás Finnegans Wake, with flying colours. Publicás Ubu Roií, and you get away with it. Rompí una primera edición de Work in Progress, que me había regalado Elvira de Alvear, porque me daba rabia que un escritor publique borradores». Esther Zemborain le propuso que colaboraran en un libro sobre los árabes, «para dar rabia a los judíos», o en un libro sobre el Japón, «porque siempre le interesó». BORGES: «Le dije que sí, pero no me dejo agarrar. ¿Qué me decís de esta brusca orientalista?».

Un muchacho Dolan leyó a Borges fragmentos de su Diario. BORGES: «Yo le dije que un escritor no podía empezar por un diario. Me respondió que no me preocupara, que él tenía todo arreglado, planeada toda su vida, hasta la fecha en que sacaría el Premio Nobel». BIOY: «¿Cómo es el Diario?». BORGES: «Dice, por ejemplo: “Anoche fui a comer a lo de X. Estaban Y, tan ingenioso como siempre, y Z, que parecía un poco apagado”. Yo le expliqué que no debía poner en su Diario que Y estuvo ingenioso; debía recordar lo que dijo. Me aseguró entonces que en otras partes del Diario había registrado lo que yo había dicho delante de él; me leyó y resultó que había puesto todo lo contrario. Me pidió disculpas y me prometió corregir. Le respondí que no valía la pena. Insistió en que su Diario no era nunca indiscreto; le dije que un Diario tenía que ser indiscreto. Qué diferencia con Di Giovanni, que vuelve otra vez con sus preguntas. ¿Por qué? ¿Para darse corte?». BIOY: «Vos y yo, porque no somos curiosos, no entendemos la curiosidad». BORGES: «Vos sabés, a mí no me gusta que la gente me haga confidencias, porque mientras me dicen cosas importantísimas pienso en otra cosa y tengo miedo de que se den cuenta».

Domingo, 10 de enero. Come en casa Borges. Traducimos Macbeth, cabeceando entre endecasílabo y endecasílabo. BORGES: «En la Academia hay un filólogo adscripto. Antes lo fue Alonso; ahora lo es Ronchi March, un bruto. Es como si una sociedad de escritores tuviera un escritor adscripto. Es la confesión de que los académicos ignoran su oficio. ¿Qué te parece si lo llevo aparte y le digo que debe renunciar para no poner en ridículo a los académicos? Ronchi March nos lee papeles estúpidos, en que cita como autoridades a Sara Gallardo o a Mercedes Levinson. “¿Qué autoridades son ésas? —le pregunto—. Usted las toma en serio porque los nombres aparecen impresos en un libro”. ¿Vos inventaste a un escritor que recordaba una frase de Cervantes, citada por Caras y Caretas?». Estas falsas atribuciones son un recurso típico de Borges, para proponer lo que está inventando.

Hablamos de palabras y expresiones absurdas. Dice que, ya que a la Academia le hacen caso, ésta debería mandar a los diarios una lista de sinónimos, los que pueden usarse y los que no. BORGES: «Más difícil sería convencerlos de que no deben cambiar de palabra para designar una misma cosa. Les han dicho que está mal repetir, entonces escriben la primera vez el presidente, la segunda el primer mandatario, la tercera el primer magistrado, la cuarta el general fulano: parecería que hablan de muchas personas. Los clásicos no tenían ese miedo de repetir las palabras».

Hablamos del uso de adjetivos como cervantino, lorqueano. BORGES: «El estilo cervantino no es el estilo de Cervantes, sino el de aquellos que escriben como Cervantes. ¿Alguno dirá estilo marcelino menéndez y pelayescó?».

Recuerda una vieja fotografía de un gaucho entrerriano que parecía un linyera a caballo: «Vos la mostrabas y la gente estaba tan interesada en el apero que no llegaba a advertir el aspecto del jinete». Sobre damas de la sociedad, dice: «Todas estas personas que uno ve como tan distintas de Mirtha Legrand, no son tan distintas. Tienen mejores modales».

Lunes, 11 de enero. Come en casa Borges. Escribimos una carta a Prins & Prins, nuestros agentes literarios en Holanda. Traducimos Macbeth. Habla de Mastronardi: «Está muy deprimido, como si no esperase nada. Su literatura no lo ayuda. Él mismo me dijo que no puede inventar nada, ni argumentos ni personajes. “Luz de provincia” y toda su obra es más bien el resultado de la aplicación que del ingenio; aplicación por el juego de variantes y ostinato rigore[1765]. No es muy alegre como sistema. Le queda tal vez la posibilidad de intentar el soneto. Es raro: eligió un sistema de composición trabajada y sólo practicó las formas menos exigentes: el alejandrino y el endecasílabo asonantado. El estilo de críticas que inventó, de aparentes elogios (que vuelven más cómico y desdeñoso el ataque), no creo que le sirva de estímulo para seguir viviendo».

Dice: «Los González Tuñón querían convencerme de la ineptitud de Xul, con la frase que repetían muchas veces: “Es un lungo al pedo”. Qué brutos». Me cuenta que Di Giovanni, que es muy bajo, tiene una manía contra la gente baja: «De Frías dice despreciativamente que es un enano: “He is a midget, Borges, he is a dwarf”. ¿Cuál será más bajo de los dos? Cuando me dice: “We will do a rough draft” de un cuento o de un poema mío, yo colaboro, pero sé que no es un borrador lo que quiere; quiere que yo le haga entender el texto: él solo no entiende nada de lo que yo escribo. Es muy vanidoso. Cuando me lee alguna crítica que lo menciona, al leer su nombre levanta la voz, dice: “translated by Norman Thomas di Giovanni” como si lo dijera en letras góticas; después sigue en un tono más corriente».

Le cuento que he corregido (un poco) la sintaxis y la puntuación en los libros de Alicia Jurado. BORGES: «¿Cómo? ¿Alicia Jurado también? Yo la tenía por muy experta, incapaz de poner una palabra que no está en el Diccionario de la Academia Española. Así que ella también tiene su escritor… A veces creo que no hay mujer que escriba sin su escritor».

Miércoles, 13 de enero. Come en casa Borges. Traducimos, entre cabeceos, Macbeth, endecasilábicamente. Borges irá a Pardo el lunes. Nosotros, mañana.

Ha muerto Guillermo de Torre. BORGES: «A todos los que llaman por teléfono, Madre les dice con voz de circunstancias: “Ha pasado una cosa muy triste. Ha fallecido Guillermo”. Bueno, es una noticia que tal vez no pueda darse sin cambiar el tono de voz. Alicia Jurado observó: “La señora tiene que pensar que le han devuelto a sus dos hijos”. Pobre Guillermo: era incapaz de ponerse en la cabeza de los demás. Como no había querido hijos, no se ocupaba de ellos. Los chicos sabían que la ropa venía de Madre y de Jeanne Schiaffino. En un cajón tenía bombones: los comía él y regalaba a los chicos el envoltorio. Qué difícil para Norah recordar todo esto y admirarlo y quererlo. Guillermo decía que a Franco habría que decapitarlo en la plaza pública. Norah le replicó: “Entonces, cuando te hicieron el reportaje del diario español, ¿por qué elogiaste cómo estaba todo en España?”. Contestó: “Porque allí tengo intereses”. Pronunciaba la palabra intereses en tono reverencial. Un comunista no queda mal si procede así». BIOY: «Adorado por su mujer, nada más que por su mujer. Virulento, enconado con el universo, parecía patéticamente incomunicado, como si la sordera abarcara la totalidad de sus sentidos».

BORGES: «Madre me refirió anoche la historia de una Acevedo, prima suya. Esta muchacha había cumplido los treinta años y seguía soltera. Fue a ver al médico. El médico le dijo que lo que ella sentía era natural: tenía treinta años, no se había casado, las mujeres a su edad sienten esas cosas. La muchacha tenía un hermano militar. Al otro día estaban almorzando, como todos los días; en medio del almuerzo, se levantó. Oyeron un balazo. Se había suicidado con el revólver del hermano. Después el médico explicó en la tumba por qué había ido a verlo. No estaba casada y en aquel entonces era inadmisible que una mujer tomara un amante».

Godel le leyó los sonetos de un libro que tiene en prensa. Cuando Borges le señalaba un verso mal medido, Godel replicaba triunfalmente: «Ya es tarde. El libro está compuesto». «Como si con eso me embromara», agrega Borges.

Lunes, 18 de enero. En Pardo. Llegan Rosie Arias y Silvina, trayendo a Borges.

Por la tarde, traducimos Macbeth. Sobre nuestra traducción, dice: «Está hecha a fuerza de resignación». Sobre el mérito de la obra o tal vez del argumento: «Si ésta fuera una pieza original nuestra, ya habríamos oído la voz de la cordura». Asegura que Shaw prefería King Lear a Macbeth, «lo que es absurdo». Que Shaw, a diferencia de Groussac, admiraba a Anatole France: «Bueno, Shaw era un hombre de una continua actividad mental y se haría una idea sobre los autores antes de leerlos. De Sarah Bernhardt dijo que tenía esa voz dorada que es el orgullo de tantos pastores metodistas. A Sarah Bernhardt la habrá sorprendido la comparación… (Pausa). Metodistas, que arreglan su vida al método de la Biblia».

BORGES: «Leí dos capítulos del Quijote y descubrí algo que nunca había notado: la gran vanidad de Cervantes. No era una vanidad pedante, como la de otros, sino llena de bonhomía, de un hombre simple. Está seguro de que sus bromas son graciosísimas, de que sus ocurrencias son muy extrañas». BIOY: «Sí, pero los títulos de los capítulos parodiaban, sin duda, los de los libros de caballería». BORGES: «Es cierto, pero también cuenta la vanidad de Cervantes. Sería lo contrario de Henry James. No debía de creer que escribir era un arte difícil y que una misma cosa podía decirse de muchas maneras. Escribía espontánea y alegremente».

Hablamos de Stevenson. BIOY: «En una época para mí era una especie de Chesterton, en una versión más pobre». BORGES: «Yo creía lo mismo». BIOY: «Ahora me parece Stevenson muy superior». BORGES: «Es claro, un artista con la posibilidad de indicar todos los matices, al que todo le sale bien y que prefiere dejar las cosas no demasiado acabadas. Sus argumentos no son buenos, porque cualquier argumento le servía. No debe juzgarse un escritor por sus argumentos. Los de Chesterton son mejores para contarlos».

Comento que estoy leyendo A Cab at the Door, la autobiografía de V. S. Pritchett. BORGES: «Pritchett escribió un excelente artículo sobre mí, estropeado por el título “Don Borges”[1766]. Mejor no aventurarse en lo que uno no sabe. Cuando escribimos sobre temas orientales o sayones, cuántos don Borges cometeremos». BIOY: «En Pau, al releer, en la traducción francesa, mis cuentos del Béarn[1767], los descubrí llenos de errores». BORGES: «Aun cuando no se cometan errores, los textos resultan un poco menospreciables para la gente del país. Como Rubén Darío, cuando dice:

cae la nieve del cielo de París[1768],

cae la nieve del cielo de París[1768],

circunstancia que un parisién no registraría». BIOY: «Seguramente Conrad abundará en errores, a juzgar por los que conocemos, por Nostromo. ¿Te acordás del caputaz por capataz? Yo no creo que Juste sea una errata; se repite demasiadas veces[1769]. La culpa la tendrá la mala letra. Habrá copiado Conrad una lista de palabras y de nombres. En Justo escribió una o que después interpretó como e. Basta cometer una sola vez un error para que se instale para siempre. Qué raro que nadie le corrigiera en las editoriales. Pregunté a un holandés que vivió en Malasia el significado de twan; me dijo que twan era simplemente señor, no un título nobiliario. De modo que twan Jim es mister Jim, no Lord Jim». BORGES: «A veces pienso que yo, estudiando anglosajón, soy un poco Larreta escribiendo La gloria de Don Ramiro».

Cuenta que una vez estaban en el hall de la casa de Julio Molina y Vedia, que éste explicaba no sé qué teoría y que de pronto las chicas avisaron que en los cuartos de arriba había un incendio. BORGES: «El humo invadía toda la casa, entraron los bomberos. Don Julio decía: “No es nada” y seguía hablando, un poco irritado porque nosotros pensábamos más en el incendio que en lo que él nos explicaba. Ahora está en la miseria, vive en un conventillo, en La Lucila; escribe libros; después los copia cuidadosamente y dice que los ha editado. Es una edición de un solo ejemplar. Traduce el Tao Te King —un libro que desilusiona porque parece prometer algo y nunca llega a nada—; del inglés, naturalmente. Le llevé una traducción, no la de Legge[1770]. Leyó algo y dijo que estaba mal. ¿Cómo sabe? Tal vez porque se hizo una idea general del libro y lo que ha leído no encaja en ella».

BORGES: «Una de las dificultades del islandés es que trabajaban con una mente rarísima. “Él hizo poner caballo debajo de hombre”, por “le ordenó que montara a caballo”. Es claro que la realidad permite cualquiera de las dos formas; pero no sé, me parece que en la frase islandesa el caballo queda muy chico».

Sobre Quiroga: «Hasta Elsa se dio cuenta de que escribía muy mal: uno de sus cuentos empieza con las cosas que un hombre acostumbraba hacer; pero es tan bruto el autor que después, cuando una víbora lo pica y el hombre se muere, parece que eso pasaba todos los días, que era parte de la rutina».

De una amiga, de cara angosta y sólidas caderas: «Pierde la cara lo que gana el culo. Para acercarse más a Macbeth: “Lo que la cara pierde, el culo gana”»[1771].

Martes, 19 de enero. En Pardo. Por la tarde, traducimos Macbeth.

Últimamente salió varias veces con Mallea: «Está muy amargado sobre su obra. Dice que no vale nada; que si fuera poeta, sabría si dijo o no lo que tenía que decir, pero que en prosa a lo mejor se repite. Me contó que empezó, en La Nación, con crónicas sobre barcos y que tenía que levantarse muy temprano, para ir al puerto; sin embargo, con todo gusto robaba horas al sueño para escuchar las conversaciones inolvidables —en su vida fueron aquéllos los momentos de exaltación más sublime— entre Gerchunoff, Julio Payró y Navarro Monzó. ¿Vos creés que esas conversaciones serían extraordinarias? Parece que a veces, raras veces, caía Lugones. Cuando Mallea era director del Suplemento, Elvira de Alvear le mandó a La Nación un poema que recogía una leyenda sobre el terremoto de San Juan [de 1944], según la cual la ciudad había quedado en poder de las ratas. En el poema hay un gato, que maúlla, pero en lugar de maúlla, Elvira escribió en mayúsculas: MAULLEA. Explicaba: “Como es de origen sanjuanino, le va a gustar la alusión”. El poema no apareció en el diario». Dice Borges que se enteró de que, por salir una noche con Odile Barón, le dio un gran disgusto —celos, etcétera— a Mallea, y que, aunque siente afecto por Odile, no ha vuelto a salir con ella. BIOY: «Lo que no te costó nada. Todos tenemos una porción de amigos, que si faltaran todos nos dejarían muy solos, pero que uno ve con alguna pereza». Me cuenta que una noche Patricio Gannon comió con Ema Risso Platero; en el momento de la separación Gannon comentó: «Una mujer encantadora. Una noche muy agradable. Pero después, ¿qué nos queda? Me pregunto si no hubiera hecho mejor en quedarme en casa, leyendo a Dowson». Yo pensé: El cuento, así, es muy cómico; pero la agresión de Gannon no debió de ser gratuita; sin duda estaba echando en cara a su coqueta amiga la omisión de un final en cama. Borges no consideró la hipótesis.

Leemos comienzos de varios libros. Águila de blasón de Valle-Inclán («Qué título. Con un título así, fuera de España, un autor se cubre de oprobio»), «Las cerezas del cementerio» de Miró: amalgama de la pintura y las letras, en un cuadrito muy bobo. BORGES: «En este país nadie escribió tan mal como Valle-Inclán o Miró (por lo menos, en los libros que hoy leímos)». Por un piojo, del padre Coloma. Marianela, de Galdós. BORGES: «Pensar que estas cosas son lecturas obligatorias en los colegios y en la facultad. Se toman exámenes sobre eso». BIOY: «Qué modelos. Ahora entiendo por qué mis primeros libros eran pésimos: quería imitar a estos maestros». BORGES: «La literatura española es una pequeña literatura lateral. A nosotros nos ha dado lo mejor: el idioma. Ahora, no hay motivo para que los estudiantes argentinos pierdan tiempo en ella. La literatura española, mejorada por los traductores, ha engañado al mundo.

Cuando el idioma español sea la lengua universal, se descubrirá el engaño». Mucho mejor nos parece el comienzo de Peñas arriba de Pereda y mucho mejor aún el de Pepita Jiménez de Juan Valera. BORGES: «Valera ha de haber tenido mejores lecturas que los otros». Leemos después el comienzo del Romance de un gaucho de Lynch, que parece falso; provisto de falsa animación, de un continuo énfasis inútil.

BORGES: «Aunque seguramente no congeniaron, Vicente Rossi, que tenía una imprenta en Córdoba, publicó el primer libro de Capdevila, Jardines solos[1772]. Como entonces Capdevila era un joven poeta, Rossi (que no lo conocía) no se lo cobró. Qué lindo título Jardines solos». BIOY: «Lindísimo. Pero si a mí se me hubiera ocurrido, hubiese buscado otro, por las eses de Jardines y de solos. Sin embargo, basta decir Jardines solos para comprobar que las eses no molestan». BORGES: «Es una idea de Flaubert. Creía que la eufonía de las palabras era visible. Hay que oírlas, nada más que oírlas»[1773].

Cuenta: «Había en la estancia del viejo Soto y Calvo un muchacho muy estúpido, que le servía de secretario; un día el muchacho dijo: “Parece que en San Pedro hay un escritor muy capaz que ha escrito un libro que se llama Sin novedad en el frente”. Para ese muchacho, todo lo que pasaba en el mundo tenía que pasar en San Pedro: más allá venía el mare tenebrarum y la Última Thule. El viejo le respondió: “Callate, no digas disparates. Salí d’iay”».

Miércoles, 20 de enero. En Pardo. Por la tarde, traducción de Macbeth. Cotejamos la traducción de Whitelow. BORGES: «Ahora comprendo por qué lo nombraron director del museo de arte moderno: para apartarlo de las traducciones. Si los actores representaran Macbeth con el texto de Whitelow, morirían ahogados, sofocados. La ha de haber hecho para ganarse unos pesos; el motivo está bien, pero se nota demasiado. ¿Cómo no se hunde, después de una traducción así? Nada hunde a nadie. ¿Te acordás de aquel gobernador de San Luis al que le preguntaron si no temía desacreditarse después de nombrar a no sé quién? Contestó: “¿Y usted cree que en este país alguien puede desacreditarse?”. Está bien que fuera el gobernador el que dijera eso y en un lugar tranquilo, como San Luis. Si hubiera sido en Avellaneda o en Berisso no tendría gracia».

Sobre Shakespeare: «Conocía su oficio. Manejaba bien las situaciones y daba realidad a los personajes. Lo que no tenía era un lenguaje preciso. Empleaba el lenguaje mágicamente, como para ejercer un encantamiento. Empleaba las palabras à peu près».

Hablamos de las novelas policiales de Edén Phillpotts y le recuerdo una en que un señor de edad, muy rico, reúne en su casa a sus herederos, que traman su asesinato[1774]. Me dice que Elsa se la leyó, con aprobación, el año pasado.

Por la noche, revolviendo la biblioteca, encuentro un libro de [Enrique] Labrador Ruiz, de 1937, dedicado a Borges, con una carta a Borges todavía en el sobre cerrado. La leemos: le manda el libro y pide canje. Deja entender que comentaría los libros que Borges le mande. Le digo a Borges que hoy Labrador Ruiz es famoso. «Otros habrán abierto sus cartas», comenta.

BORGES: «Fray Luis de León observó que donde el texto es vago, la traducción debe ser vaga. Fray Luis de León era muy inteligente. Como buen judío».

Jueves, 21 de enero. En Pardo. Visitamos El Retiro, de Alicia Jurado. El aspecto del Retiro es de abandono cimarrón: alambres sueltos; charcos; alcantarillas rotas; árboles caídos; otros, medio secos. Hasta los galgos que lo reciben a uno contribuyen a ese aire, si no de tapera, de rancho. Las casas, que son numerosas y no muy grandes, se descascaran y derrumban. Digo algo, en este sentido a Borges, que comenta: «Los caranchos de La Florida». Aparece, entre el yuyal del patio, con su más almibarada sonrisa, empolvada y primorosa, Alicia. Pronto aparecen dos muchachas. Una es su hija Cecilia, baja, muy tostada por el sol, de pelo apenas rubio, tal vez negro mal teñido, de carota gorda pero angulosa. La otra chica, una prima, es alta, flaca, de cara seria y larga, un poco absorta y no menos cobriza que Cecilia por el sol y las cremas bronceadoras. Alicia me pide una firma y una frase para el libro de oro: esta clase de pedidos me proyectan siempre en la perplejidad más ansiosa y vacía. Tomamos té, hablamos como si estuviéramos tan de acuerdo… Ni pan ni galleta hay en la casa, lo que para mí vuelve insatisfactorio el té. Ha gastado la dueña en muebles, en cuadritos, en objetos (la casa está bien arreglada), pero no en tapar goteras ni en reponer revoques. En la pared hay proclamas del gobierno, en gratitud a un Jurado y a otros que repelieron, en 1852, un malón; hay una patente de la marca de la media luna, con la divisa: Viva la Federación, mueran los salvajes unitarios. Nos muestra la propietaria la reja que defendía la casa contra los indios y que todavía cierra el corredor; por el patio salimos al monte (veo de paso que la cocina, la despensa, la heladera, están en cuerpo aparte y que si llueve hay que mojarse para llevar la comida al comedor; en la cocina, demasiado estrecha, parece inverosímil que coman). En el monte avanzamos por un camino, entre olor a eucalipto, hasta que mi pierna protesta demasiado; entonces digo: «Yo vuelvo». Se excusa Alicia y se resigna; qué visitas poco satisfactorias para la propietaria. Volvemos a la casa. Me precipito al salón y escribo alguna endeble sandez en el libro de oro. Descubro un cenicero con la inscripción: L’ospite, dopo tre giorni, puzza. Borges me dice: «No fue agradable la visita. Un esfuerzo continuo». BORGES: «Si hago un viaje de cuarenta días, a Sudáfrica, ¿a quién llevo? ¿A Esthercita o a Alicia?». BIOY: «A Alicia, toda la vida». Silvina dirá que son iguales. BORGES: «Yo quería oírte lo que dijiste. Pero no hay que hablar a nadie de este viaje. Como decía Mariana, lo que importa son los sous-entendus. Me señaló que entre Elsa y yo no había ningún sous-entendu». BIOY: «Si la perspicacia de Mariana excediera esa observación justa, alcanzara otras partes de la realidad, esa boba sería inteligente».

Traducimos Macbeth (le tomamos el gusto). Yo suelo pronunciar Mácbeth; Borges me corrige: Macbeth y burlonamente observa: «Todos los alumnos cometen el error».

Viernes, 22 de enero. En Pardo. Por la tarde, con Borges, trabajamos en Macbeth. Comenta la frase de Shaw sobre Macbeth: «The tragedy of the modern literary man as a witfh-consulter [La tragedia del hombre de letras moderno como cliente de brujas]». Señala la rima y los versitos de marcha circense, para indicar el final de un parlamento, en Macbeth. Por Maeterlinck siente gran simpatía. A Alicia le aseguró, con la mayor seriedad, que habíamos descubierto una excelente traducción, en prosa, de Maeterlinck[1775]. Muchas veces, a lo largo de nuestro trabajo, cuando leo la solución de Maeterlinck, comenta: «Bueno, bueno…».

Silvina dice que, si lo importante es la representación, deberíamos haber traducido Macbeth en prosa; que en endecasílabos será inaguantablemente monótono. Borges opina que el lenguaje levantado de la tragedia (de ésta, por lo menos) exige el verso. BORGES: «¿Hoy no se aguanta la escena? Mañana se aguantará, como se aguantó durante mucho tiempo». Yo pienso que tal vez para la representación sería más llevadera la prosa y que entonces, por razones de dinero, hubiera convenido evitar el verso; pero no emprendí este trabajo para ganar dinero, sino para colaborar con Borges (una agradable manera de estar juntos dos amigos), para ejercitarme en la versificación y para conocer bien una tragedia de Shakespeare.

BORGES: «Qué raro que en el siglo XVIII gustaran tanto los versos pareados». BIOY: «A los versos pareados de Corneille y de Racine debemos una perversa escuela de recitación, originalmente francesa, que trata de recitar versos rompiéndolos; para huir de la monotonía de los pareados, contrarresta el ritmo buscado por los poetas».

Cita a Boileau, contra la poesía descriptiva: si se mencionaba un château, era inevitable la descripción de todos los cuartos; Boileau concluye:

Je saute ving feuillets pour en trouver la fin,

et je me sauve à peine au travers du jardin[1776].

BORGES: «Cet gaillard durera tant que la langue française, creo que dijo Groussac». Comenta el verso:

The greatest is behind[1777]

The greatest is behind[1777]

que Macbeth dice para sí cuando piensa que ya se cumplió la profecía de las brujas; lo nombraron señor de Glamis y de Cawdor; falta que lo coronen. BORGES: «O tiene una nueva teoría del tiempo o al decir “The greatest is behind” se equivoca».

Cuando Macbeth dice:

Kind gentlemen, your pains

Are regist’red where every day I turn

The leaf to read them[1778].

comenta BORGES: «An uncalled remark. Quedaría mejor: No olvidaré, qué pucha, estos favores. ¿La gente se daría cuenta de que deslizamos algo raro?».

Sobre:

Nothing in his life

Became him like the leaving it[1779]

dice: «La frase se aplica a Carlos I».

Al llegar a:

There’s no art

To find the mind’s construction in the face[1780]

vemos cómo tradujo Maeterlinck y encontramos la nota: «Racine dit à peu prés la même chose dans Phèdre, IV, 2:

Et ne devrait-on pas à des signes certains

Reconnaître le coeur des perfides humains?»[1781].

BORGES: «No lo ha dicho muy bien. ¿Mente? ¿Cerebro? ¿Inteligencia? En general hay que evitar todo lo que sea cerebro, para que el texto no se llene de órganos. Pongamos alma por mind».

Traducimos:

¿Habrá un arte

que nos permita descifrar el alma

del hombre?

Leemos:

He was a gentleman on whom I built

An absolute trust [I, 3, vv.13-14].

Traducimos:

En su lealtad siempre confié…

En su lealtad siempre confié…

Observa BORGES: «Si pusiéramos:

En su lealtad de caballero siempre

he confiado…

haríamos un viaje de ida y vuelta. Los adjetivos después del sustantivo cuelgan como flecos molestos».

Después traducimos:

Thou art so far before

That swiftest wing of recompense is slow

To overtake thee[1782].

como:

el más osado vuelo

del merecido premio no te alcanza.

y comenta riendo: «Es lo que pasa a mí con el Premio Nobel».

Hacia la noche empieza a llover con mucha fuerza. Salimos, después, al corredor. Sin que yo le proponga que entremos, me dice: «Quedémonos un rato más: es lindo ver la lluvia».

Cuenta que días atrás andaba por Buenos Aires como arrebatado por estos versos que compuso:

Permítame un jarabe tapatís,

permítame, señor,

permítame, doctor,

permítame un jarabe tapatís.

Cree que la música mexicana es la peor. Viejos tangos y viejos blues le gustan; pero no es fácilmente sensible a una música que no conoce. Los otros días, cuando salíamos de la estancia hacia El Retiro, la radio del coche transmitía lo que me parecía una excelente música norteamericana; para mi desgracia, el locutor la interrumpió para decir: «El Señor Música anuncia». «¿Quién es el Señor Música? —preguntó Borges, con alegre menosprecio—. ¿No podrías cerrar eso?».

A propósito de señor, dijo: «El señor de la basura, que debería escribirse con s y b mayúsculas, no es un dios, como podría creerse, sino el basurero. Así lo anunciaba una mucama que tenía rabia a Guillermo y a Norah. O el señor de las cloacas; pero si hubiera llamado Losada, habría dicho Losada». BIOY: «Como cuando el ascensorista de Gath & Chaves me explicaba que la vidriera había sido rota por “una señora que había estado robando”. Con señor y señora va a pasar como con puta, que algún día significó muchacha». BORGES: «Uno de los peores ejemplos es el verso de Bartolomé Galíndez:

Un vaso más de ensueño, monseñor Sentimiento[1783]

Un vaso más de ensueño, monseñor Sentimiento[1783]

¿No escribió el mismo Galíndez:

En el jardín cabe un banco?

En el jardín cabe un banco?

Tal vez no habría nunca que emplear cabe por junto a. Vernon Lee observó que uno de los más continuos esfuerzos del escritor se dirige a no sugerir lo que no quiere sugerir[1784]. Adjetivos como oscura en oscura noche a veces por ello se vuelven útiles. Cuando Guillermo quería decir que hablaría por teléfono con el gerente de la imprenta López, anunciaba: “Tendré una conferencia telefónica con el señor Perrotta”. Todo lo que le concernía se volvía prestigioso. No tenía la menor sensibilidad para los nombres. Así escribía».

Cuenta: «Dora de Alvear me hablaba de amores lésbicos. Decía que eran muy satisfactorios. Por el contrario, Silvina Bullrich opinaba: “Qué querés que te diga, el amor entre mujeres se me ocurre que no es nada práctico”. Como el alcoholismo, son esas cosas que no me explico cómo empiezan». BIOY: «¿Y entonces lo que me dijo Pulman, de la estancia de Soto y Calvo? Aseguró que el alcoholismo era, entre todos los vicios, el peor». BORGES: «A Butler le sacaron plata por asuntos de pederastía». Recita los versos de Tennyson:

O love, we two shall go no longer

To lands of summer across the sea[1785].

Observa: «Todo el encanto proviene de to lands of summer. La poesía depende de detalles. ¿Tennyson, también? No, no puede ser…». BIOY: «Sí, yo creo haber leído… y Forster. Pater parece que miró con simpatía para ese lado y no se atrevió». BORGES: «¿Housman también? Bueno, bueno. Es claro que ahora Canon Montefiore salió con la teoría de que Cristo[1786]… ¿Por qué? ¿Por el discípulo que apoya la cabeza en su pecho? Pero ¿qué puede saberse?». BIOY: «La vida privada de Cristo no me interesa». BORGES: «A mí, sí».

Después de «O love, we two», cito inevitablemente:

No wonder that the lady wept:

it was the land of France[1787].

BORGES: «De Quincey decía que Shakespeare, a caballo entre no sé qué puntos próximos a Stratford on Avon, seguramente habrá visto muchas veces la aurora borealis, pero que entonces no había palabra para nombrarla. ¿Desde Stratford? No creo. No había palabra porque el fenómeno se ignoraba. Si se hubiera visto algo tan raro, cómo no habrían inventado el modo de nombrarlo. En todas partes hay cómo nombrar el arco iris. En el extremo Norte de Escocia tal vez se vea la aurora boreal». BIOY: «Si entonces pasaban por un período frío, como el que los ingleses anuncian para los próximos treinta años, a lo mejor hay algo de cierto en lo que dijo De Quincey…».

BORGES: «Como hay graves discusiones para determinar si realmente son de Shakespeare muchos versos, Spiller pregunta: “¿Por qué no suponer que todos los versos buenos son interpolaciones?”».

Sábado, 23 de enero. En Pardo. Último desayuno con Borges. Me asegura que irá a Mar del Plata, a trabajar conmigo. Sigue lloviendo. Parece que Silvina, asustada por la lluvia, trató de disuadirlo del viaje; Borges se enojó, dijo que lo llevaran a la ruta, que esperaría el ómnibus. Si le cierran el camino de vuelta, pierde la cabeza.

Me consulta sobre su cuento del señor que refiere que en su infancia fue con un primo a un prostíbulo de Navarro (¿o Lobos?), donde se hablaba de malones, que en eso llegó la partida, que al rato se había ido, y luego llegó algo que le pareció un malón: una invasión de paisanos descomedidos, tal vez borrachos; uno de ellos mató al perrito de la madama, «porque lo cargoseó con sus fiestas; el chico se ocultó en un cuarto; al rato apareció una de las muchachas y fue muy tierna con él; después —porque en esa noche le llegó todo— vio a Juan Moreira muerto[1788].

Le hablo de un posible final de novela (¿o de un cuento?), donde en el exilio viven dos enemigos. Uno podría ser un exiliado político; el otro, el cónsul. Se aborrecen. Cuando uno se siente morir, llama al otro, para conversar: de cómo le gusta el mate, de qué tangos prefiere, del pelo de los caballos. Más allá de las opiniones, entre ellos podían entenderse como con ninguno de los amables extranjeros que eran los habitantes de aquel paraje.

Sábado, 6 de febrero. En Mar del Plata. Hablo telefónicamente con Borges. Me dice que a los tupamaros en el Uruguay los llaman putamaros y que son casi todos rubios, o teñidos de rubios.

Ayer tuvo que ver al juez; un rato antes estuvo con el juez Elsa; ellos no se vieron. Al salir, en Tribunales, una periodista le preguntó si estaba emocionado. «Cómo no voy a estarlo, si de nuevo los hombres están pisando la luna». BORGES: «Si decía que sí o que no, estaba mal; en cambio al decir eso, no contesté, y si Elsa lo lee, no podrá enojarse, porque la primera vez que los hombres pisaron la luna estábamos juntos y ella se conmovió hasta las lágrimas».

Martes, 2 de marzo. En Mar del Plata. Un señor español pregunta por mí; no es un señor español, es Norman Thomas di Giovanni. Borges está por el día aquí.

Voy a verlo al Hermitage. Me dice que el 15 emprende su viaje (a los Estados Unidos, Islandia, Inglaterra, Israel). Le aseguro que lo va a pasar muy bien, etcétera. BORGES: «Un viaje es una serie de incomodidades». BIOY: «Sí, pero son incomodidades que se transforman en buenos recuerdos. No se puede pedir nada más que buenos recuerdos». BORGES: «Es cierto. Hay que pedir un buen pasado. Lo único a que puede un hombre aspirar es a un buen pasado. No: quizá también se pueda aspirar a un buen futuro. Lo que es imposible es un buen presente. El que pide un buen presente no tiene noción de la realidad».

Le cuento que el pintor Nicolás García Uriburu ha cambiado completamente conmigo desde que vio que Primera Plana me dedica cuatro o seis páginas[1789]. BIOY: «Eso representa para él más que toda mi obra. Hay que ver cómo me respeta». BORGES: «Es claro: es un efímero. Para él no hay nada más allá de la actualidad. Él mismo no durará más que la picadura de un mosquito».

Refiriéndose a lo pesadas que se volvían las conversaciones con el pobre Guillermo, explica: «No hay peor sordo que el que quiere oír».

[Lunes 15 de marzo al sábado 15 de mayo. Borges en viaje: los Estados Unidos (New Haven, Salt Lake City, Nueva York), Islandia, Israel, Gran Bretaña (Londres y Edimburgo)].

Miércoles, 14 de abril. Tal vez me deprimió considerablemente una noticia que ayer leí sobre Borges en La Prensa. En no sé qué debate en la Universidad de Columbia le preguntaron qué pensaba de la guerra de Vietnam; contestó que la política le importaba tan poco que no tenía una opinión formada. Un tal Enrique Vargas (del grupo Teatro del Tercer Mundo, de Colombia) le gritó: «Usted no hable. Usted está muerto. Si lo viera en la calle, le pegaría en la cara con un ladrillo». Borges, en general, es mucho más capaz que yo para defenderse en estas situaciones. Tal vez, en tierra extraña, nuestro guapo no tuvo todo su coraje. Yo creo que su contestación sobre la política y la guerra de Vietnam es una verdad profunda, pero alegada para no decir la otra verdad cotidiana: que sí tiene una opinión, que quisiera que ganaran los norteamericanos esa guerra y que piensa que toda conquista de los comunistas significa desdicha para millones de personas. Como carece de conocimientos circunstanciales, no puede o no quiere esgrimir esas verdades generales entre gente convencida de lo contrario y que ve el asunto desde muy cerca: la guerra para ellos es la posibilidad de sobrellevarla, de morir o de llorar muertes.

Domingo, 16 de mayo. En Buenos Aires. Visita a lo de Borges, recién llegado. Están su madre, Norah y Ema Risso Platero. Prueba de tocas de Harvard y de Oxford. En el momento de la despedida, Emita, que se va por cinco años a Francia (si los tupamaros no la secuestran antes, según ella repite con gemidos), dice a BORGES: «Espero que vayas a verme» (si no, hay que tomar esta despedida como definitiva: dentro de cinco años, ¿quién estará vivo?). ¿Cómo reacciona Borges? Con exasperación y enojo: «Acabo de llegar de un viaje y me proponen otro. Es como si saliera de una operación y me propusieran otra».

Lunes, 17 de mayo. Come en casa Borges. BORGES: «Hay que elegir, entre los rusos, que son criminales, y los norteamericanos, que son tilingos. Tilingos, pero pícaros y comerciales: tienen una pésima influencia en Inglaterra. En todas partes. La conversación de los escritores, hoy, es de derechos de autor. Conocí a esa famosa novelista Iris… Murdoch. Me pareció una half-wit. Pritchett es un poco mejor. No mucho. Lowell es completamente idiota. La vez que estuvo en casa se sacó el saco, se sacó los zapatos y se tiró en el suelo. Madre le dijo: “Levántese, vístase y siéntese en una silla”. Obedeció. A Madre le pregunté después por qué lo había tratado así. “Es loco —me respondió— y a los locos hay que mandarlos”. Yo lo acompañé hasta la puerta. Antes de irse me dio un beso. Le cerré la puerta en las narices. Ha escrito un poema sobre la Chanson de Roland. Si uno escribe un poema sobre otro poema, el de uno tendría que ser tan bueno como el otro. El de Lowell es una porquería. Los norteamericanos tienen la costumbre de decirle a uno cuánto valen las cosas. “Now you see a library, whose building only costed seven million dollars, yes sir…”. Los mormones están avergonzados de su religión, e insisten en que son cristianos (ocultan las diferencias que podrían conferirles el mérito de la curiosidad). En Salt Lake, los profesores que nos mostraban los edificios y las obras de la ciudad eran totalmente idiotas. Señalaban un cuadro y comentaban: “This is one of the finest pictures in the world. It was painted by a Mormon artist and represents some beautiful blue angels [Esta es una de las mejores pinturas del mundo. Es obra de un artista mormón y representa unos hermosos ángeles azules]”. De otro decían: “Aquí usted ve la obra de un gran pintor mormón, uno de los más admirables cuadros del mundo, de tales medidas, donde se ve a la derecha una familia comiendo en su casa y, a la derecha, la misma familia encontrándose en el cielo”. No creas que se trataba de una familia poligámica. Los ingleses están completamente engañados por los franceses. Creen que cualquier poema de Baudelaire es admirable y creen que Rimbaud es el mejor poeta. ¿Por qué? Sólo escribió el “Bateau ivre”. Tiene envión, pero no es para tanto. Si les gusta el “Bateau ivre”, ¿por qué desdeñan a Hugo, que escribe en ese estilo, pero mejor? Iris Murdoch me dijo: “I am half a bolshie, you know [Soy medio bolche, ¿sabe?]”. En Inglaterra no queda mal una persona porque tartamudea y vacila. Londres me pareció un lugar muy civilizado, donde no puede haber violencia; la habrá, pero es increíble. Con Cabrera Infante me sentí tan cómodo, tan persuadido de que era un amigo de toda la vida que de pronto me sorprendí diciéndole: “Pobre Julio César”. Habrá creído que le hablaba del Julio César romano, ¿cómo iba a saber quién era Julio César Dabove? Tal vez influía en esa sensación de amistad cómoda el hecho de que hablábamos en español. Cabrera Infante es inteligente, salvo cuando habla de cine. ¿Te acordás de King Kong? Una idiotez. Cabrera afirmó que era una película interesante. Está muy enojado con Cortázar. Dice: “¿Cómo no se da cuenta de que Fidel Castro es el Perón de Cuba?”. El latín de Oxford —por ejemplo, dicen Luidovaiccus— es una vergüenza: equivaldría al español de señores obstinados en decir país y paraísos. En Escocia, en la Universidad de St. Andrews, me encontré con un español que se titulaba dialectólogo. ¿Sabés qué enseñaba? Guaraní y quechua (que, de paso, no son dialectos). Me dijo que iba a enseñar lunfardo. ¿Te das cuenta? ¿Qué tienen que ver el guaraní y el quéchua con el lunfardo? Yo le dije: “El lunfardo no es un dialecto; es una broma”. “Ah —me contestó (imitando un fuerte acento español)— si es una broma, no lo enseñaremos”. El azar en su forma más pura. Después cometí la imprudencia de decir que había diccionarios lunfardos, y el dialectólogo empezó a sospechar de mi afirmación anterior. Un muchacho inglés me dijo que estudiaba el modernismo. Lo felicité. ¿Sabés qué modernismo? ¿Rubén Darío? No: el catalán. Están todos paveando con pequeñas rarezas. Yo me preguntaba: ¿No habrá siquiera una persona como César Dabove? César Dabove pensaba idioteces; pero llegaba por su propio esfuerzo a las idioteces; no como todos éstos, que parecen llevados por movimientos generales. La moda está en todo hoy en día. La gente piensa: “Hoy se usa el marrón y hoy se cree que la solución para este país es el peronismo”. Me querían hacer decir que los obreros aquí están muy mal. No: aquí está mal la clase media. Están mal los profesores, que ganan menos que los obreros. Están mal los jubilados. En Inglaterra y en los Estados Unidos no tienen idea de comer. Siempre están proponiendo un snack. No es por gula, pero me gusta sentarme a comer a una mesa, con platos, cubiertos y vasos. Allá están dispuestos a mandarte a la cama con un vaso de leche. ¿Y por qué el pan viene en bolsita y lleno de semillas?».

Miércoles, 19 de mayo. Come en casa Borges. BORGES: «Estoy perdiendo la vista con extraordinaria rapidez. ¿Estamos a oscuras o hay luz prendida?» (estábamos en el comedor, con la luz encendida).

Hugo Manning le dijo de Gannon: «He fulfils a function: ocuparse de poetas insignificantes, como Dowson, que nadie recordaría si no fuera por él».

Martes, 25 de mayo. Después del té llega Cicco: durante una hora trato de saber qué vino a decirme, sobre el pedido de sumario a Borges por irregularidades en la Biblioteca; está tan interesado en mostrar su nobleza, es tan analítico (por oposición a sintético), tan prudente, que no obtengo mucho más de «la actitud de la señorita Levillier me pareció rara…». Voy a buscar a Borges. Comemos en casa, con Cicco.

BORGES: «Soy tan distraído que durante años no advertía que era ridícula la línea:

lend me your ears[1790]

lend me your ears[1790]

después de “Friends, Romans, countrymen”), ni el primer verso:

No he de callar por más que con el dedo[1791]».

No he de callar por más que con el dedo[1791]».

Silvina defiende estas líneas, con afirmaciones de que la mayoría de la poesía no puede analizarse. Yo la contradigo. Comento que en la elegía de Manrique, al recitar:

avive el seso y despierte

avive el seso y despierte

me apresuro un poco para que ese incómodo seso quede pronto atrás.

Recuerdo el consejo de Ureña: «Al formular una frase piense cómo la diría un campesino». Borges aclara: «Si pensás en el campesino ideal, la frase es verdadera»; y coincide con mi opinión. Dice: «Para Juan Pablo Echagüe la regla de oro de la composición literaria era la absoluta supresión de los que. Seguramente pensaba, como todo el mundo, con frases con que, después las sustituía por otras —donde no estaba la palabrita. Si le leían cualquier composición, al primer que la reputaba defectuosa; era inútil que le argumentaran que el autor no jugaba al mismo juego que él».

Dice Borges que muchas veces temió enloquecer; que muchas veces hizo cosas que le parecían insensatas, para no pensar más en ellas: una vez hechas no lo obsesionarían. En seguida comenta que dio a La Razón una declaración contra el peronismo. Silvina está furiosa; trata de explicarle su error: «Los peronistas están en una guerra; te pueden hacer cualquier cosa. (A mí). Una compadrada con la que nos compromete a todos. La madre está gagá y lo empuja».

Cicco nos pide que firmemos unas solicitudes, para acogernos —renunciar al beneficio es complicado, explica— a la pensión de mil pesos mensuales por el Premio Nacional. Silvina cree que esto es una fortuna y está vivamente interesada.

Con tal de hablar, Borges interrumpe explicaciones de Cicco que tal vez fueran útiles para él. Uno, no demasiado inteligente; el otro, reblandecido. Cuando lo dejamos en su casa, Cicco deplora: “Qué mal está Borges”.

Miércoles, 26 de mayo. Borges escribió un rápido y durísimo comentario sobre la época del gobierno peronista, que salió en La Razón[1792].

Jueves, 27 de mayo. Por la mañana, recibo la visita de la señora Del Krieder, o algo así: una condesa rusa que ha escrito una novela (Una vida en la tormenta o Cuatro amores) y busca editor. Me cuenta que visitó a Borges, que no la dejó “meter baza”: habló él continuamente y por fin la puso en comunicación con Frías, que un tiempo después le devolvió el manuscrito.

Por la noche llama BORGES: «Cicco es un sinvergüenza. Estaba con Cócaro, en la conspiración para hacerme renunciar. Cuando cayó Levingston y renunció la señorita Levillier, renunció a su cargo de investigador en la Biblioteca. Yo por nada hubiera renunciado. No iba a facilitarles las cosas a mis enemigos. Según Santiago Dabove, un hombre no debía amenazar ni dejarse amenazar, porque las dos cosas son ridículas: “Uno puede dejarse patear, moler a golpes, pero no dejarse intimidar”. Es claro que si te apuntan con un revólver, podés aflojar, porque vale más seguir viviendo que no ceder a una humillación».

Sábado, 29 de mayo. Con Marta, buscamos a Borges. Dejamos en Santa Fe y Pueyrredon a María Kodama. Pregunto a Borges si no convendría prevenir a Prins & Prins sobre la imposibilidad de traducir Un modelo para la muerte. “Sí —me dice—: un libro así puede perjudicarnos”.

En casa está Manucho: con gota, flacón, viejón. Después comentará BORGES: “Qué benévolo. Por primera vez lo veo benévolo”. BIOY: “Sí. Como ansioso de cordialidad”. SILVINA explicará: “Está triste. Dice que por primera vez —a él, tan duro en amores— lo dejó un noviecito. Vive allá en Córdoba con la madre y una tía, dos personas viejísimas. Cuando se mueran quedará solo. Me parece que está con temores de haberse equivocado de su mudanza al Paraíso. Está con miedo”.

Hablamos de lo que nos contó Cicco, de la pensión por el premio. Transfigurado por la rabia que le da el tema del dinero, Borges dice: “Una medida absurda. ¿Por qué, por ganar un premio, vamos a recibir una pensión? Es otro soborno de los gobiernos de este país arruinado”. MANUCHO: “Si el premio se discierne con justicia, la pensión a los mayores escritores del país, como recompensa por la obra y para que sigan escribiendo, no me parece absurda. Yo juntaré el dinero, mes a mes, y a fin de año, todos los años, haré un viaje a Europa”. “No cuenta con la inflación —pienso—: el año que viene no le alcanzará para el viaje, en colectivo, a Buenos Aires”.

Hablamos de la Academia. Manucho trata de convencerme de que acepte el ingreso. BORGES: “Yo le diría que no acepte. La Academia es algo condenado. No importa que los miembros cambien. Está maldita de idiotez”. MANUCHO: “La Academia es los miembros. Si los miembros mejoran, mejorará”. BORGES: “¿Por qué tan subalterna? ¿Por qué mandar listas de palabras para que Madrid acepte o rechace? ¿Por qué no hacer, como decía Bioy, un diccionario no polémico? No polémico, para no supeditarlo al español”. BIOY: “Un diccionario del español usual entre nosotros”.

Refieren los incesantes altercados entre Sáenz Hayes y Mallea. BORGES: “Mallea no quiere hacer —no se sabe por qué— el discurso de recepción: al fin y al cabo no hace más que escribir discursos académicos. Sáenz Hayes no pierde la calma y es vivo; Mallea se irrita ineficazmente. Sáenz Hayes le señala que, por el estatuto, él, Mallea, no tiene derecho a voto. Se le dejará votar, pero sin que tenga derecho. Mallea es un anfibio, con la diferencia de que el anfibio está bien en los dos elementos y Mallea cuanto está adentro de la Academia siente que está afuera”.

Largamente discutimos, cuando se va Manucho, el futuro cuento de Borges sobre la muerte de Moreira. Yo digo que debe ser en primera persona, Silvina en tercera. Yo, sin sorpresa final; Silvina, con sorpresa. SILVINA: “La muerte de Juan Moreira no es lo importante para el héroe; lo importante es la primera experiencia del amor”. BIOY: “No sé cómo, si escribís una trick star), no vas a caer en un modelo que ya usamos hasta el cansancio todos nosotros”. BORGES: «No sé cómo voy a evitar “Hombre de la esquina rosada”. ¿Por qué el narrador no dijo que mató al guapo? Para sorprender, nomás. Así nadie cuenta nada”. Hablamos de cómo sería, en su cuento, La Estrella: con un patio en el centro, techado o si no salón. Él agregó una cautiva, elemento que mejora mucho el proyecto original. Le doy el consejo de que el chico busque por un pasillo, por una escalerita, su refugio, que podría ser en un altillo; en la conversación advierte Borges que la cautiva no debía estar en la cama hacia la que el chico fortuitamente llega; la cautiva debe seguirlo, minutos después, para protegerlo. Yo le propongo que al chico le preste su compañero pantalones largos; rechaza la idea Borges. Le digo también que los criminales deben abochornar primero al admirado compañero del héroe, después matar al perrito; si el héroe se va inmediatamente después del bochorno de su compañero, por más chico que sea queda inútilmente manchado de cobarde, y desertor del amigo: cuestiones ajenas al tema, que distraen erróneamente la atención del lector».

Lunes, 31 de mayo. Come en casa Borges. Le hablo de la carta de Franco Maria Ricci, en que nos pide una antología de relatos fantásticos. BORGES: “¿Te parece que estamos agotados?”. BIOY: “Sí”. Ya no piensa más, ni quiere pensar más, en la carta de Ricci. Me dice que Victoria lo felicitó por su escrito contra el peronismo. BIOY: “A Silvina la ha puesto en un estado de miedo furioso”. BORGES: “She lives in fiar”.

Traducimos Macbeth. BORGES (conteniendo la risa): “¿Shakespeare es la cumbre del espíritu humano? Mejor no traducirlo; mejor no mirarlo de tan cerca; acabaremos por despreciarlo. ¡Qué dificultad tiene para contar las cosas más simples! ¿O estaba tan acostumbrado al estilo grandilocuente que no podía decir nada con sencillez?”.

Martes, 1.º de junio. Come en casa Borges. Le digo: “Hay que resolver qué se contesta a Ricci”. Trabajamos en el índice; yo, poco inspirado, como si tuviera engranada la mente. Comenta: “Sólo podremos hacer hack work”.

Habla de sus primos: «Frankie estaba loco. Se metía en complicaciones con varias mujeres al mismo tiempo y no sabía cómo salir». Dice que Willie parodiaba el tango: «Se reunía gente pa’ verlo plagiar»[1793]. El protagonista de esa reunión era Oliverio Girondo.

BORGES: «Todas las desgracias de este país empezaron con la ley Sáenz Peña. Le debemos un solo presidente no calamitoso: Alvear, que era un conservador disfrazado de radical, por razones de familia».

Viernes, 4 de junio. Me escribe Cicco: quiere urgentemente hablar conmigo sobre una carta descomedida que Borges dirigió a la SADE, sobre él. Hay en este asunto intrigas y embustes y rencor; no sé quién, si Cicco o Clemente, dice la verdad. Borges se ve envuelto, toma posición en favor de Clemente contra Cicco y no quiere oír ni una duda en favor de este otro. ¿Qué puedo hacer? Nada; aguantar las explicaciones de Cicco.

Por la noche, llegan Borges y, al rato, un francés, amigo de Hugo que trabaja en la división de investigaciones de la ORTF (radio y televisión francesa), con su mujer y una Marta, argentina, muy amiga de Hugo. Borges dos veces silencia la reunión con su aspereza: la primera, con un ataque al dueño de la editorial El Archibrazo (amigo de Hugo, de Di Giovanni y de la tal Marta) porque no acaba de poner en venta el libro El Congreso; la segunda, cuando al hablar la Marta ésa y yo de los Bompiani, por la necesidad de tener siempre la palabra dice: «Una editorial muy sólida, muy sólida». Le rebato risueñamente la afirmación y se defiende, ligeramente irritado: «Tal vez no elegí muy bien la palabra». Antes de irse, me dice: «Mañana tal vez trabajemos… en algo que no sea Macbeth».

Domingo, 6 de junio. Luna me dice que, en cuanto a Los orilleros, la declaración de Borges contra el peronismo asustó a uno de los capitalistas del film (al único ya seguro, pues había prometido los diez millones que él alegaba para tentar a los otros). El hombre, alarmado por lo que se viene, se asustó tanto que resolvió retirarse del proyecto.

Lunes, 7 de junio. Come en casa Borges. Me induce a que le cuente el argumento de la comedia[1794] (no sabe qué decirme: evidentemente no le gusta) y de la novela[1795] («Es muy original», dice; creo que le gusta acaso por oposición a la comedia). Habla de «la salida abismal» (variante de constitucional); cree que los planes de Lanusse[1796] consisten en que lo nombren presidente constitucional. Soy tan ingenuo que había excluido esa hipótesis, de modo que la conducta de Lanusse me parecía puramente estúpida.

BIOY: «Habría que agregar a la lista de los indiscutibles a Dylan Thomas». BORGES: «Qué raro que les guste tanto un autor que no entienden». BIOY: «Tal vez Ulysses los familiarizó con la idea de admirar sin entender. Quizá el primer escritor de la literatura norteamericana sea Scott Fitzgerald, por encima de Faulkner y de Hemingway». BORGES: «No. ¿Por encima de Frost?». BIOY: «Por encima de Frost». BORGES: «Yo creía que solamente Rest pensaba eso». Recapacita: «Pero solo no lo hubiera pensado. No es capaz de llegar sólo a una equivocación tan extraordinaria». Así que la lista incluye ahora a Scott Fitzgerald, a Dylan Thomas, a Céline, a Gombrowicz, a Malcolm Lowry, a Jarry, a Artaud, y, en el barrio, a Quiroga, a Oliverio, a Felisberto Hernández, a Marechal.

Refiere que una noche, poco antes de su fuga de Elsa, caminaba con Di Giovanni por la calle Venezuela y que, al llegar a la avenida Nueve de Julio, recién abierta entre demoliciones, mientras evitaba un escombro y tropezaba con otro, sintió que la desdicha era la esencia de la vida, que él había llegado al fondo de la desolación, pero no valía la pena quejarse, ni apenarse demasiado, porque todo lo que sentía era normal.

Jueves, 10 de junio. Come en casa Borges. BORGES: «En la mitad de la noche me desperté y descubrí que mi gran admiración por la tradición hebrea era equivocada. Mucho mejor son los estoicos». BIOY: «Yo no admiro a los judíos por su antigua literatura, ni por su religión (ni por el cristianismo), sino por la gente que produjeron después: por Heine, por Proust, por Kafka. La antigua literatura y las ideas religiosas judías me parecen sórdidas; los estoicos tienen una mentalidad más limpia y más elevada». BORGES: «Los profetas son una porquería. Vos me has encaminado a la verdad. Yo tenía una idea de que el mundo judío era más dramático que el griego». BIOY: «Creo que tu padre estaría de acuerdo conmigo». BORGES: «Sí, claro que sí». BIOY: «Creo también que ese valor que das al aspecto dramático, proviene de tu convicción de que nada es real, de que la vida es representación». BORGES: «Cristo no era un caballero, como Sócrates[1797]. Tenía algún talento literario, shakespiriano. ¿Vos lo ves como un literary man? ¿Vos lo ves como un poeta romántico? Si comparás la muerte de Sócrates y la de Cristo, no hay duda de que Sócrates era el más grande de los dos. Sócrates era un caballero y Cristo un político, que buscaba la compasión. También en las sagas se describen muertes mejores. El que dijo: “Sí, ahora se usan esas espadas anchas”, parece infinitamente más sereno, más valiente, más noble que Cristo con su efecto teatral, falsamente grandioso, de “Perdónalos, no saben lo que hacen”. Cristo maldiciendo un árbol[1798] o maldiciendo una ciudad donde no le llevaron el apunte no parece un individuo muy admirable. Los Padres de la Iglesia eran otra porquería. ¿Qué me decís de Tertuliano asegurando que uno de los placeres de los justos sería ver a los réprobos en la tortura del infierno[1799]? ¿Y cuando para atacar los espectáculos de gladiadores hablaba del espectáculo verdadero del Juicio Final, con los réprobos arrastrados al infierno por los diablos? Todo el sistema de premios y amenazas del judaismo y del cristianismo es de notable bajeza. ¿Por qué los últimos serán los primeros? ¿Por qué el rico no podrá entrar en el cielo? ¿Cómo puede compensar una fugaz vida terrena la eternidad del premio o del castigo? Cuánto mejor piensa Marco Aurelio: aun en un palacio puede el hombre llevar una vida recta».

Me dice que el resultado de este viaje fue para él inesperado. Volvió de los Estados Unidos desilusionado de los Estados Unidos. BIOY: «Parecería que tienen dos alternativas: la comercial del american way of life y la atracción por las malas causas, de los intelectuales. Los intelectuales ven con simpatía todo lo peor: al comunismo y, por qué no, al justicialismo». BORGES: «Sí. Y no podés decir nada contra los negros. ¿Vos sabés que en los países negros de África, ahora que se libraron de la opresión del colonialismo, se practica la esclavitud y la venta de esclavos?».

Volvió desilusionado, también, de Israel. Dice que allí todo el mundo está interesado en el progreso. Que están muy orgullosos. Que el gobierno se apoya en los rabinos, de modo que en el hotel no se puede pedir ningún alimento sino cuatro horas después de las comidas; pero que en las casas particulares comen cada vez que se les da la gana: «Los rabinos están muy interesados en esas cosas».

Cuenta que Schwarz-Bart, el escritor judío que recibió como él el Premio Jerusalem, estuvo en un campo de concentración; después de la guerra se encontró en París con el general alemán que había dirigido el campo; le dijo: «Yo estuve en Auschwitz; sufrí ignominiosamente; prepárese para lo que merece». Sacó un revólver y lo mató. Los franceses lo juzgaron y lo sobreseyeron. Dice Borges que Schwarz-Bart se ha portado muy bien. BIOY: «Es claro que sí. Al enterarse del hecho, uno se alegra como de la justicia cumplida. No hay en esa historia, contada así por lo menos, la bajeza de la venganza: la preparación, con un odio frío, como en los argumentos de Kipling y (ay) de Peyrou, o con un odio caliente, como en Sicilia. Se lo cruzó por la calle y lo mató al cerdo ése».

A Londres lo encontró con demasiados norteamericanos y con demasiados judíos. BORGES: «Nada bueno puede esperarse». De Islandia y de Escocia trajo un recuerdo excelente. BORGES: «McKay me dijo que la desgracia de Escocia es la falta de política». BIOY: «Nuestra desgracia es el exceso».

Viernes, 11 de junio. Come en casa Borges. Le pregunto si tiene noticias políticas. Dice: «Margot asegura que los astros están en contra de Perón y del peronismo: no hay nada que temer». En broma, contesto: «No sé por qué esta vez me siento inclinado a creer en la astrología». Habla del wishful thinking y dice que Schopenhauer afirma que la función de la razón es adecuar, aunque sea por interpretación, los hechos a la voluntad. Más tarde le pregunto si tiene alguna noticia que anuncie la caída del gobierno. BORGES: «Sí. Los astros anuncian que la Marina va a tomar el poder. En la Marina nadie quiere a Perón».

Me cuenta que Diana Levillier lo criticó; opinó que no servía para dirigir la Biblioteca y que la publicación de ese artículo, contra Perón, «ahora que se hace todo para preparar su vuelta, no me parece muy oportuno que digamos». BORGES: «Qué rara manera de pensar. Si a eso puede llamarse pensar… Bueno, pero nosotros debemos pensar en algo más serio: un cuento para Bustos Domecq».

No se acordaba de «Penumbra y pompa». Dice que desde hacía mucho tenía el proyecto de un cuento psicológico. Un señor A debe tomar una decisión —digamos, dictar un fallo— importante para el destino de un señor B; B le hace un mal a A, para que A, por la vanidad de no parecer vengativo (o de no obrar como si lo fuera), falle en su favor. A último momento, después de haber sentido la tentación de esa «estúpida pedantería», A falla contra B y triunfa la justicia[1800]. BIOY: «Si todo gira alrededor de un premio literario, o de un nombramiento, la situación no va a ser muy dramática. Para las situaciones extremas, en que la vida de un hombre depende de otro, debemos elegir entre los ambientes de la delincuencia». BORGES: «¿Las viejas familias de la maffia? Yo no creo que se dejen sobornar por escrúpulos; por dinero contante, sí». BIOY: «O pasarnos a otra época. Una situación entre oficiales, en un regimiento del ejército de Belgrano». BORGES: «Lo veo más creíble entre protestantes». BIOY: «Hay que contar con el lector: el lector no va a creer en norteamericanos inventados por nosotros». BORGES: «¿Entre romanos? Personas que se llaman Lucio… ¿Cómo Bernard Shaw got away with it?».

Le propongo una idea de cuento que tengo desde hace mucho tiempo. En una estación balnearia, un extranjero, un argentino, está un poco solitario y perdido; es muy snob, se pregunta si tal familia será gente bien y confiesa que es fácil equivocarse, tratándose de extranjeros; poco a poco se convence de que tal familia es bien; descubre que el abuelo maquina el envenenamiento de una nieta; no sabe si revelar su descubrimiento a esa familia tan unida o si callar, con grave riesgo para la nieta; habla; reciben con risas sus revelaciones: ya saben que el abuelo es un asesino fracasado; los admira más; solamente aristócratas pueden colocarse más allá del bien y del mal; van a celebrar todo con un banquete; a la noche, nuestro compatriota empieza a sentir los síntomas del envenenamiento. Decidimos escribir este cuento. El argentino es cónsul; cónsul en Aix-les-Bains. El cuento será contado en varias cartas a un amigo[1801].

Sábado, 12 de junio. Luna me explica que hará el film y que tal vez Borges y yo saquemos dos millones y medio por barba. Hablamos de la declaración contra el peronismo de Borges; cuando vuelve a «los guapos que sin duda lo utilizan», lo paro en seco. «No. Nadie lo indujo a Borges a declarar lo que declaró».

Come en casa Borges. Dice que muchos taxistas lo felicitaron por su declaración. Trabajamos (nombres, etcétera) en el cuento del snob de Aix-les-Bains.

BORGES: «Una señora Avellaneda no sé cuánto, llegó hoy intempestivamente a casa y se puso a leerme poemas. Después se ofreció a visitarme cualquier tarde y leerme, ¿a qué no sabés qué? A Paul Éluard». BIOY: «¿Y vos qué le dijiste?». BORGES: «Que yo no quería que me leyeran eso». BIOY: «Debemos añadir el nombre de Éluard al catálogo de los indiscutibles». BORGES: «No. ¿Cómo van a admirarlo?».

Jueves, 17 de junio. Por la mañana aparece Di Giovanni en casa y me da un New Yorker donde está «An Evening with Ramón Bonavena». Por la noche, come en casa Borges. No fui a buscarlo, porque Silvina me dijo: «Lo traigo yo. Quiero consultarlo sobre Marlowe». Resulta después que no fue a buscarlo; que lo obligó a venir en taxi. No sé muy bien por qué trata de que yo no busque a Borges, o si no, de ir conmigo a buscarlo; piensa tal vez que por sus declaraciones contra el peronismo, pueden matar o secuestrar a Borges; no ha de querer que, en esas circunstancias, yo esté presente. Todo esto son suposiciones mías, pero lo cierto es que noto una tenaz oposición de su parte a que yo vaya solo a buscar o a llevar a Borges. Con Borges trabajamos en el cuento del argentino snob en Aix-les-Bains. Empezamos la primera carta, en el pegadizo estilo de Bustos Domecq: ya no nos libramos de sus mañas.

Tuvimos una conversación secretamente cómica sobre la duración de las clases. Se queja porque en la Universidad Católica [de Mar del Plata] estridentes timbrazos ponen fin a la clase a los cuarenta y cinco minutos de empezada. BORGES: «Uno se siente limitado. No hay elbow room». BIOY: «Los alumnos se han de sentir protegidos». No me animé a decirle que tal vez corra el peligro de merecer el mote de Jorge Lata. (En El nombre, el pago y la frontera de Martín Fierro, de R. Darío Capdevila, se dice que a José Hernández, porque era muy hablador, su amigo Martín Colman lo llamaba Pepe Lata).

Viernes, 18 de junio. Busco, sin Silvina (enredada en diálogos telefónicos), a Borges, que come en casa. Seguimos con el cuento: hoy bajo el peso del sueño.

Sábado, 19 de junio. Con Silvina voy a buscar a Borges. Después de comer, reescribimos las dos carillas del nuevo cuento, moderándolas. «Este hombre está un poco mejor —dice Borges del héroe— pero no mucho mejor: nadie va a entristecerse porque lo maten. Para matar a una persona, esa persona debe estar viva; al personaje que se ha de matar en un cuento, conviene darle alguna realidad, para que su muerte conmueva».

Lunes, 21 de junio. Come en casa Borges. Escribimos el nuevo cuento; Borges, que ayer quiso alisar el estilo, hoy abunda en el más barroco Bustos.

Enumera el grupo de De la Púa (qué título): el Malevo Muñoz y otros semejantes. Yo recuerdo que había un escritor, un vago escritor, de dos apellidos, que en mi memoria se equipara con Lascano Tegui. Después de un rato dice: «Ya sé quién es tu variante de Lascano Tegui: Zapata Quesada». BIOY: «Sí: René Zapata Quesada». Comento que tenemos una insólita erudición acerca de escritores oscuros. BORGES: «El mejor amigo, o el más próximo, de Lugones fue Luis María Jordán, el autor de La Bambino».

BORGES: «En la Academia dije: “entia non sunt multiplicanda”. Agregué al rato: la navaja de Occam; no hubo anagnórisis. Esa gente no sabe nada de nada. Una persona como Nalé, que sólo ha leído diarios, debe de sentirse incómodo entre escritores. Nalé no sabe francés, ni inglés, ni italiano».

Hablamos de las relaciones entre la Chambers’s Encyclopaedia y la Encyclopédie.

Martes, 22 de junio. Borges, ya comido, viene a casa. Escribimos el cuento. Hablamos de la lección que puede uno sacar de las glorias de Johnson y de Boswell. BIOY: «Johnson representa al hombre dotado: lúcido, inteligente, rápido; capaz de acuñar, no bien lo precisa, un epigrama; capaz de escribir excelentemente en cualquier género; dueño de un estilo personal. Boswell representa al chambón: sabía poco (según él, sobre nada sabía todo lo que podía saberse). No me cabe duda de que si hubieran competido en redactar una carta, un poema, un epigrama o un artículo —¡también una biografía!—, Johnson se hubiera impuesto, fuera quien fuese el juez. Hoy son parejamente famosos y tal vez cuente con más lectores Boswell. Yo, personalmente, prefiero a Johnson. El estilo de Boswell consistió en no tener estilo». BORGES: «No obstante, Krutch sin duda dice la verdad cuando asegura que las conversaciones de Johnson, contadas por Boswell, tal vez no correspondieran exactamente a las conversaciones originales, pero sí al recuerdo de esas conversaciones, a la impresión que dejaban»[1802].

Miércoles, 23 de junio. Come en casa Borges. Trabajamos en el cuento. Por segunda vez, me refiere que lo visitó Egle Martin; según finge Borges, hoy sería la primera vez que lo visitó: «Me pidió que escribiera la letra para música hecha por ella. Le dije que yo no sabía hacer eso. Que si ella quería poner música a cualquier poema mío, que lo hiciera. Que hablara con Emecé. ¿Quién es?». BIOY: «Una bataclana, pero una bataclana bastante evolucionada». BORGES resume: «A tart», y me quedo un poco exasperado por su puritanismo.

Sábado, 26 de junio. Come en casa Borges. Escribimos una página del cuento. El personaje, que en mi proyecto era un señor snob, ahora es Bustos Domecq. ¿Puede ser snob la más crasa vulgaridad? Me refiere una variante, acaso mejor, del cuento que estamos haciendo: «El narrador, un narrador como el del Congreso, se deja convencer por Macedonio, por alguien como Macedonio, de que la vida y la muerte no importan, porque lo que importa es la otra vida. El maestro (a quien el narrador admira mucho) resuelve asesinar a un tercero; y el narrador (esta vida y la muerte no cuentan) se presta a servir de cómplice. Después la policía empieza a sospechar. El narrador descubre que Macedonio maquina su asesinato: no del todo convencido de la doctrina que le enseñaron, se deja asesinar, para purgar su culpa y para exonerar de culpa —ante la policía— a Macedonio, al que sigue admirando». Hacia el final habría dificultades. ¿Cómo la muerte del cómplice exonera a Macedonio? Si esa muerte aparenta ser un suicidio. La dificultad mayor, por la que no escribimos el cuento: habría que escribirlo en serio, lo que está fuera de las posibilidades de Bustos Domecq. BORGES: «Macedonio no era nada escrupuloso». BIOY: «Tu madre me lo dejó entender claramente».

Un sujeto, que se identificó humildemente como «un peronista», llamó por teléfono a la madre de Borges y le dijo: «Voy a matarla». La señora le contestó: «Bueno, apúrese, porque tengo noventa y cinco años, y todavía me le voy a morir sola».

Lunes, 28 de junio. Come en casa Borges. BORGES: «Vivimos una época de terror. Uno siente que pueden castigarlo por lo que dice o hace. A mí un periodista, recomendado por Clemente, me entrevistó y me hace decir que yo creo que los ricos son mejores que los pobres. Yo no dije eso. No hago esos sweeping statements, esas declaraciones generales. Sin embargo, hay argumentos para defender esa opinión: los ricos no quieren dejar de serlo y los pobres tratan de ser ricos. Ningún partido promete la pobreza. Tal vez el comunismo la traiga, pero ése no es su cebo: no dicen “votad por el comunismo y seréis pobres”. Además, no es imposible que los ricos puedan cultivarse mejor que los pobres. Naturalmente, yo conozco muchos ricos tilingos». BIOY: «Pero hay muchos pobres peronistas. Tal vez la mejor gente sea la que el socialismo, con su deseo de justicia y su odio contra la herencia, quiere abolir. La flor y nata de la civilización la constituyen los hijos de ricos: los que heredan la plata, los que la pierden, los que tiene ocios para educarse». BORGES: «Es claro, como dicen los norteamericanos, lo mejor es old money. Los que hacen fortuna, en la sociedad actual, no deben tener muchos escrúpulos». BIOY: «Antes tampoco. Los antiguos barones debieron ser bastante rapaces. En Orlando, en un castillo, ven retratos de antepasados y comentan: “Estos ilustres antecesores, que debieron hacer tantas cosas que a nosotros nos parecen vulgares”»[1803].

BORGES: «En todas las lenguas germánicas hay una tendencia a acentuar la primera sílaba. Las últimas casi no se oyen. Por eso prevaleció entre ellas la aliteración y no la rima».

Jueves, 1.º de julio. Come en casa Borges. Observa que hay errores en la cronología de lo que escribimos. Protesto, digo que tiene escrúpulos infundados. Tiene razón. Reordenamos, reescribimos (por hoy, en parte) nuestro cuento.

BORGES: «Como en Silva Valdés, lo que hay de malo en Lugones y en Góngora es un cierto aire de que los poemas fueron para el autor una especie de deber o tarea. Si uno siente eso, pierde interés. “El chingolo”, “El picaflor”, “La torcaza”[1804]: uno advierte que se propuso escribir una serie de poemas sobre pájaros y el agrado de la lectura se limita a comprobar si acertó o no en los epítetos y en las metáforas. Esta objeción no sólo puede uno hacerla a Lugones, sino a muchísimos libros de poesía. Por ejemplo, si encontrás en un libro una serie de títulos como “La primavera”, “El verano”, “El otoño”, “El invierno”, tenés la sospecha de que el autor empezó por el índice». Yo no digo nada, pero mentalmente espero que no siga: parece haberse propuesto hablar del libro (en prensa), de Silvina[1805], que lo escucha sin chistar.

Anuncia la muerte de Conrado Nalé Roxlo: «Era un hombre amargado, avaro y muy ignorante. Yo lo conocía de toda la vida, pero nunca fuimos amigos. Cuando estuve en los Estados Unidos me enteré de que tenía una hija: la argentina en cuya casa me hospedaba resultó ser hija de Nalé».

Hablamos de Bayona. Cita la contrerime de Monsieur de Bordaguibus («Bayonne! Un pas sous les Arceaux», etcétera). BORGES: «Toulet fue seguramente una persona bastante trivial, con gran capacidad poética. Con menos capacidad, Nalé fue un caso parecido». BIOY: «Un poema de Nalé, que incluimos en la antología, es bastante admirable». BORGES: «¿Sí? No lo recuerdo». BIOY: «Cómo, ¿no te acordás?». Y empiezo a sospechar que el poema que recuerdo es de Ledesma.

Jueves, 8 de julio. Come en casa Hugo Santiago. Pensamos en el film (Les autres).

Viernes, 9 de julio. Come en casa Borges. Trabajamos en el cuento. Yo estuve un poco (pero felizmente no demasiado) adormecido.

Hablamos de Hugo Santiago. BORGES: «Desconfío de su capacidad de hombre de negocios. No hará el film». BIOY: «Te equivocás. Yo creo que hará el film. Creo, además, que es inventivo, que siempre está encontrando nuevos desarrollos a las escenas que no salieron del todo bien». BORGES: «Espero que el nuevo film salga mejor que Invasión: la historia era un disparate, no se entendía nada». BIOY: «No estoy de acuerdo. La historia de Invasión siempre me pareció excelente y comprensible. Los defectos del film son de dirección y de sonido, no de argumento».

En 1940 no teníamos conciencia de la propiedad intelectual. Recuerdo que nos reíamos de un irritado artículo de Victoria en que hablaba de «piratas chilenos». La palabra pirata, en ese contexto, nos parecía cómica; el asunto, miserable. Cuando compilamos la Antología de la literatura fantástica, no nos preocupamos de asegurarnos los derechos. El editor, que sin duda estaba mejor informado que nosotros en la materia, no nos llamó la atención. La noción de la realidad de los derechos nos llegó —tal vez debería decir me llegó— con «El Séptimo Círculo»; si elegíamos un libro inglés, Emecé consultaba con el ceceoso agente Lawrence Smith, si elegíamos un libro norteamericano o europeo, con International Authors. La ansiedad con que yo esperaba a veces la noticia —como en los casos de La bestia debe morir, de Lament for a Makery de una novela de Milward Kennedy, que no pudimos publicar, porque la justicia había fallado en contra del autor en un juicio por calumnia y difamación[1806]— me convenció de la existencia de los derechos. Borges todavía no cree en ellos, aunque tuvo más de un ingrato despertar, como cuando unos colombianos quisieron meterle pleito por vender a los argentinos un disco que antes les había vendido a ellos con exclusividad. Bonifacio del Carril dio explicaciones y Borges debió resignarse a pasar por irresponsable.

Cuando se habló de la repatriación de los restos de Rosas, Borges dijo que ahora se hablaba de algo más interesante: de la repatriación de los restos de Perón.

Sábado, 10 de julio. Comen en casa Borges y Manuel Puig. BORGES: «Puig, en catalán, se pronuncia Puch». PUIG: «Siempre que me ve me dice lo mismo. Puig significa cima, cumbre. Como en francés Puy». BIOY: «Mucha veces he dicho Puy du Dôme, sin conciencia de que Puy tuviera un significado. No está uno despierto a todo».

Durante la comida, Borges de pronto dice: «Estoy pensando que no tiene sentido que yo trabaje todos los días en traducir al inglés, con Norman, mis cuentos. Me parece malsano estar volviendo todo el tiempo sobre mi pasado. Y ¿qué me importan las traducciones? Yo soy argentino y escribo para ser leído aquí. Tengo setenta y dos años: el éxito no me importa. El éxito en los Estados Unidos o en Europa ¿qué realidad tiene para mí? En verdad, el éxito no me importa nada. Me parece absurdo seguir para siempre ese trabajo. Creo que faltan diez volúmenes. Si voy a seguir traduciendo todo, mejor que no escriba más, porque todo lo que escriba aumenta lo que falta por traducir. ¿Hay contratos con Harper & Row? No creo que puedan molestarme demasiado, si ellos están en Nueva York y yo en Buenos Aires. Si Norman quiere, le guardo secreto, les digo que traducimos juntos. A mí no me importa cómo salga lo que él hace. Lo que yo no quiero es trabajar más en eso. A él no puede importarle nada, ¿no? A ver, me das el teléfono». En seguida le habla. Yo me alejo. Oigo de vez en cuando su voz colérica. Vuelve muy contento. Dice: «Quedó deshecho. No se esperaba esto. A mí me da lástima, pero creo que tiene la culpa de lo que le pasó. Para darse corte ante los demás, se puso muy bossy. Además, es un metido». BIOY: «Comprendo ahora por qué escribís sobre cuchilleros: son tus pares». Entiende padres; le digo pares y se ríe. Le pregunto si lo hizo por rabia contra Norman o porque el trabajo de las traducciones se le había vuelto intolerable. BORGES: «Por las dos cosas. Con Norman al lado, de nada me servía haberme librado de Elsa». Como diciendo que sentía a toda hora a este nuevo Viejo del Mar[1807] a babuchas. «No debo olvidar que es his own undoing», repite. Después me pide que no hablemos con su madre de la decisión de interrumpir las traducciones, porque teme que la señora lo tome a lo trágico.

Seguimos con el cuento.

Domingo, 11 de julio. Después de comer, llega Hugo. Escribimos, en francés, una nueva primera escena para el film. Dice que se la llevará mañana a Borges. No creo que Borges la apruebe.

Lunes, 12 de julio. Con Silvina, vamos a buscar a Borges, al escritorio de un abogado, en la calle Lavalle. Aparece Borges con Luis. Dice: «Parece que el año pasado gané ocho millones. Ahora los impuestos a los réditos me reducirán a la mendicidad… Bueno, no tanto. El dinero a mí no me preocupa. Siempre lo creí irreal —tuve escasas relaciones con él— y ahora que sé que no es irreal, sigue no preocupándome. Realmente, creo que hay algo en mi carácter que no me deja preocuparme por el dinero… A la tarde tuve esta reunión por los réditos; por la mañaña había ido a la Biblioteca una señorita, para iniciar la investigación. Vale decir, un día bastante aciago. Yo me siento contento. Ha de ser la alegría de la dégringolade: uno siente que todo se va al demonio; bueno, qué alivio».

Hablamos de su ruptura con Di Giovanni. Me dice que los otros días estaba en casa de Di Giovanni; Heather, la mujer de Di Giovanni, embarazada de ocho meses, que le había servido un café delicioso, comentó: «How strange to think that we’ll do our next trip with the child [Qué raro pensar que la próxima vez viajaremos con el niño]». BORGES: «Yo sentí el frío del acero[1808]… Qué raro: nunca sospechará ella que por esa frase precipitó todo. Es claro, una mujer espera a un chico, piensa que lo va a querer mucho, pero tal vez debería pensar que para los otros no va a ser tan continuamente grato». BIOY: «Se imagina que forman, con vos, una familia feliz». BORGES: «Es precisamente lo que me asusta. Porque yo sé que no pertenecen a mi familia. Vos sabés, en el viaje, él insistía en que te mandáramos una postal firmada por los dos. No pensó que te parecería raro… esa firma conjunta. Yo insistí, ante el abogado, cuando se habló de formar una sociedad, en que Norman no debía incluirse, aunque es un hombre muy honesto». Le digo que no tiene que tergiversar las cosas. Que su decisión es buena, pero que no debe ayudarse por injustificados enconos contra Norman. Que al hacerlo trabajar en las traducciones, tal vez le ha dado ganas de escribir cuentos nuevos. Que si eso es así, le debe El informe de Brodie y El Congreso. Contesta: «Así es. A él y a Elsa».

Me dice de Silvina: «Está muy disminuida».

Martes, 13 de julio. A las nueve y diez de la noche llama Hugo. Dice que Borges, a quien visitó en la Biblioteca, hoy estaba nervioso, pero que trabajaron bien y que aceptó la primera escena del film. Busco a Borges. Me dice: «La primera escena del film, que propone Santiago, es un disparate. Un librero que da un libro sobre la fabricación de tintas a un cliente que pide un libro de viajes por Australia es loco o está enamorado de una broma estúpida[1809]. No creo que los espectadores simpaticen con él. O lo creerán loco, o tal vez lo crean cachador, lo que no es simpático, o no entenderán». BIOY: «Si eso fuera así, me preocuparía. Si no entiende, el público se quedará pensando en la escena, tratando de entender y verá mal las escenas siguientes».

En casa, mientras comemos, pregunta: «¿A que no sabés a qué poeta de fines del siglo pasado y de principios de éste le gustaba Herrera [y Reissig]? A Oyuela». Cita unos versos de Herrera y Reissig:

Un estremecimiento de Sibilas

epilepsiaba a ratos la ventana,

cuando de pronto un mito tarambana

rodó en la oscuridad de mis pupilas[1810].

Observa: «Tal vez, como con Joyce, los borradores de Herrera no fueran tan malos. El poeta los perfeccionaría después». BIOY: «En ese verso hay un tono de criollada grosera». BORGES: «Es claro. En el fondo, sería un compadrón inmundo». Se preguntó si el chinesco biombo que rima con el cielo combo, de Lugones[1811], alcanzaría un tal alto nivel de fealdad.

Cita unos versos, nostálgicos y agradablemente sencillos de Olegario Andrade:

Todo está como era entonces:

la casa, la calle, el río,

los árboles con sus hojas

y las ramas con sus nidos.

[…]

¡Ah! Todo está como entonces,

los sauces, el cielo, el río,

las olas, hojas de plata

del árbol del infinito.

Sólo el niño se ha vuelto hombre.

¡Y el hombre tanto ha sufrido

que apenas trae en el alma

la soledad del vacío[1812]!

BORGES: «Después vuelve a su grandilocuencia».

Comenta que en el Uruguay una vez casi lo matan porque dijo que Zorrilla de San Martín era mejor que Herrera: «Groussac elogia a Zorrilla. Pero Groussac era muy astuto. A lo mejor Groussac elogiaba a Larreta porque Larreta tendía a la cultura». BIOY: «Larreta en vida fue —si no para los escritores, para los diarios y para el público— un gran escritor; después de muerto, con una rapidez increíble, se perdió de vista. ¿Quién será peor, Larreta o Güiraldes?». BORGES: «Lo único que vale de la obra de Güiraldes es Don Segundo». BIOY: «Un libro escrito con un plan absurdo. Una historia de gauchos en estilo ultraísta». BORGES: «Por eso gustó tanto». BIOY: «Por eso está condenado». BORGES: «¿Serán rescatables los diálogos de los personajes? Se parecerán a los de Fray Mocho». BIOY: «¿Cómo te imaginás? A Fray Mocho las cosas le salían fácilmente. Güiraldes fue siempre duro de boca». Comparamos después a Larreta con Mallea. BIOY: «La misma desgracia: mucha fama y ninguna obra en qué sostenerla».

Silvina pregunta si Nervo será tan malo como Larreta. Protestamos Borges y yo. Borges recuerda unas líneas de Nervo:

¡Dios sí existe!…

¡Nosotros somos los que no existimos[1813]!

Opina que en toda la obra de Larreta no se encontrará nada así.

Trabajamos en el cuento. Compruebo que las frases de ayer —las escribí dormido, seguramente al dictado de Borges— son barrocas, algo complicadas y de comicidad poco eficaz. Las corregimos, las alisamos, pero en el proceso nos dejamos tentar y añadimos alguna broma.

Me dice que su abuela Gran (Haslam) opinaba que Cristo, por estar cargado (loaded) con todos los pecados del mundo, debía de ser espantoso. «Gran era muy religiosa —explica—, pero a la manera de los protestantes: pensaba en la religión, trataba de interpretarla. Una vez me dijo: “Sometimes I think that the whole world is mad, except you and me… [A veces pienso que todo el mundo está loco, salvo tú y yó]”. En seguida agregó: “And sometimes I think that you are mad too [Y a veces pienso que tú también estás loco]”».

BORGES: «Por momentos le tomo más rabia a Norman». BIOY: «No seas injusto ni obcecado». BORGES: «Si está de visita en casa y llama el teléfono, corre a atenderlo y explica: “I will take the call”. ¿Vos harías eso?».

Martes, 20 de julio. Por la mañana, escribo una carta al tesonero presidente de una subcomisión de cultura de un club rosarino para declinar una invitación a un homenaje a Borges (al que van Alicia Jurado y Edmundo Clemente). Por la noche, voy a la Biblioteca, donde Borges trabaja con Hugo. Trabajamos un rato en Les autres.

En el viaje a casa, Borges y yo solos en el coche, lo consulto sobre la excusa que puedo darle al generoso David Gallagher, para no aceptar su invitación a Oxford: no puedo decirle que Silvina es incapaz de afrontar lo que exigen de ella, porque no podría dejar sola a Marta en Buenos Aires. Como no puedo alegar que no acepto por una cuestión de neurosis conyugal, me quedaría la alternativa de invocar mi imposibilidad de hablar en público o una excusa de Mallea, de estar abocado a la composición de un libro importante, o de tener ocupaciones (más importantes que las que comporta la generosa invitación de ir a Oxford como visiting professor), o de estar enfermo. BORGES: «Si en julio decís que estás enfermo para octubre, debés de estar en las últimas». BIOY: «Creo que tenés razón. Que decir la verdad es lo mejor. Siempre tiene más fuerza que la mentira». BORGES: «¿Y por qué vas a quedar mal, si la mitad del mundo siente ese miedo? Peyrou, Mastronardi, yo hasta los cincuenta años —porque no me atrevía a dar clases, acepté ese puesto espantoso en la biblioteca de Carlos Calvo— y la misma Silvina, que te dice que no podés alegar ese motivo. Además, si quedás mal, ¿qué te importa?».

Hablamos de Flaubert. Refiriéndose a Bouvard y Pécuchet, Borges dice que el comienzo, que a él le parece muy falso, como de teatro, está bien, «es una vuelta más»: esos hombres que, presentados como dos monigotes, revelan inteligencia y sensibilidad. En cuanto al estilo, está bien de un modo negativo, «como puede estar bien escrito un libro de álgebra». BORGES: «No hay aciertos ni encanto, como en Stevenson. Eso me parece un defecto, aunque algún encanto hay, ya que uno lo lee y lo relee. En cambio, nunca pude leer L’éducation sentimentale ni Madame Bovary. En cuanto a ésta no es por el tema. Con el mismo tema, El primo Basilio es un libro que siempre tengo ganas de leer. Eça es mucho más leve y se le ocurren más cosas. Y qué bien en La ilustre casa de Ramires ese noble, de la más antigua familia de Portugal, que se pasa la vida hablando con el barbero del pueblo y con un guitarrero que toca fadinhos. “Un coeur simple” es demasiado simple; yo he conocido muchas mucamas y cocineras y nunca encontré un coeur tan simple. Salammbô está muy mal escrita: ya de chico encontré una frase que me pareció absurda. Se decía que “en determinado lugar estaban sentados unos soldados que llevaban coturnos de bronce”[1814]. Debió decir, no sé, que se acercó un perro y que a uno de ellos le olió el coturno de bronce: habría consignado así la información que le parecía tan preciosa».

Estaba a comer en casa Ernesto Schóó[1815]. Decía, y Silvina lo apoyaba, que uno francamente hoy no sabía para quién escribía; que se preguntaba si la gente seguiría escribiendo. Borges contestó que él escribía porque le gustaba escribir. Yo dije —y Borges estaba diciendo lo mismo— que al principio yo no escribía para nadie, que no me importaba la eventualidad del lector (salvo como norma de claridad, y esto después de escribir durante doce años sin preocuparme por la claridad, ni por el lector, ni por nada que no fuera una convicción íntima). Agregué: «A personas que no tienen ganas de escribir, ni qué escribir, les conviene la teoría de que ya no vale la pena, porque uno se pregunta para quién escribe o si escribe para alguien o para nadie». Borges rechazó el argumento de Silvina de que la vida hoy era muy dura. BORGES: «Siempre lo fue y la vocación se abre paso entre dificultades. Cervantes escribió en la cárcel el Quijote». BIOY: «Y Hernández en un hotel, el Martín Fierro. Un hotel de mi país, y de entonces, francamente no sería mucho mejor que una cárcel». Me acordé del que estudiaba a la luz de la luna ¿no fue Regiomontano, el de Königsberg?

Escribimos unas líneas del cuento. Borges dice que le molesta un ojo y me pide que lo lleve a su casa, porque su madre le pondría unas gotas (aparentemente tenía un derrame de sangre). No encuentro a Silvina en la casa; como Borges desea irse cuanto antes, no la busco más. A mi vuelta la encuentro muy nerviosa. Creyó que nos habían secuestrado y que nos habían sacado —no sé por qué— por la puerta de servicio. Qué cruz.

Miércoles, 21 de julio. Llamo a la Biblioteca. A Silvina le digo que tengo que salir; en realidad voy a la Biblioteca. Allí está Borges, trabajando con Hugo, en Les autres. Hugo: «No está muy bien. Sintió mareos, la temperatura está baja y tiene cincuenta y cinco pulsaciones». BIOY: «Normalmente, su temperatura es de 35º. Las pulsaciones generalmente son bajas». Hugo: «¿Tanto?». BIOY: «Sí. Yo tengo entre sesenta y setenta. Él, un poco menos». Vamos a La Flor de Asturias, el almacén de la esquina, a tomar algo. Borges pide un guindado, yo un jerez, Hugo un vermouth. Creo oír que un hombre de aspecto modesto y criollo, sentado a una mesa, murmura: «Borges». El guindado parece reanimar a Borges (que mañana temprano se va con la madre al Rosario, donde le hacen un homenaje). Recuerda unos versos de un payador tucumano, citado por Calvetti:

Amigo don César Vázquez,

su memoria me alimenta.

Jujuy, catorce de octubre

del ochocientos noventa.

BORGES: «Calvetti me contó algo que, en el fondo, lo muestra como vanidoso. Parece que tenía que escribir sobre Santiago Dabove. El artículo empezaba: “Lo recuerdo borracho y genial”. A la familia no le gustó lo de borracho y le pidió que lo cambiara. Calvetti dijo que no cambiaba nada, que retiraba el artículo; y efectivamente lo retiró. A mí me pasó algo parecido con los Dabove…

»Hoy llamó Mariana Grondona por teléfono y anunció que habían asesinado a Rubén Vela en la SADE. El motivo del crimen habría sido acelerar la demolición de la casa. Dijo que la comisión de la SADE le había ofrecido la dirección del Museo del Escritor a Adela, para burlarse de ella, porque demolían la casa. Le respondí que pondrían a Adela de directora del museo en la casa nueva. Me contestó que no. Que si demolían la casa Adela presentaría su renuncia como socia. Le dije que Manucho no se oponía a la demolición y le pregunté si no había tratado de convencerlo. “No, no —me contestó—, porque ha prometido hablar en la presentación de mi libro”. Ni siquiera es fanática… Al rato me dijo Calvetti que el muerto no era Rubén Vela, sino otro Vela y que no había muerto asesinado en la SADE, sino en un accidente de aviación en Brasil. Llamé a Mariana, para darle la buena noticia de que el Vela muerto no era nuestro Vela y me respondió con rabia: “¿Y eso qué tiene que ver con la demolición de la casa de la SADE? Vas a ver que sus comunistas la demolerán igual”».

Me pide que cuente el cuento de Luis Aldao, cuando lo felicité por un sobretodo azul, derecho. Lo había comprado en su último viaje. Aldao había pedido un sobretodo cruzado; el vendedor le contestó: «Not in London». Había pedido un sobretodo marrón; el vendedor le contestó: «Not in London». Compró ese impecable sobretodo azul, derecho. BORGES: «Una prueba de civilización. Una prueba de que creen en la importancia de sus oficios».

Cuando nos vamos del almacén, el hombre de aspecto modesto y criollo me pide que me acerque a su mesa. Me dice por lo bajo, indicando a Borges: «A ese hombre lo conozco». «Es Borges», le contesto. Sonríe complacido y me da la mano. Borges come en casa.

Viernes, 23 de julio. Llama Borges, que acaba de llegar del Rosario, a donde fue con su madre y Alicia Jurado. Está muy jovial. Me refiere que unos comisarios de policía, excusándose ante las damas presentes, hablaron de la mujer de un facineroso llamada Siete Culos, por el tamaño de la región glútea. Me preguntó por los Vulpillat Lagrange, personajes de nuestro nuevo cuento[1816], y preguntó también: «¿Mañana comemos juntos?», con evidentes ganas de volver a nuestro trabajo de composición literaria.

Sábado, 24 de julio. Por la tarde, tomo el té con Hugo. Trabajamos en Les autres; contribuyo a la invención de un diálogo; a las ocho pasadas, se va contento.

Comen en casa Borges y María Kodama. Borges cuenta las historias que les refirieron tres comisarios del Rosario (a veces dice «de Rosario» o «a Rosario», pero en seguida se corrige y antepone dél o al): «Uno de los comisarios se llama D’Annunzio: es paisano —o su padre lo era— de D’Annunzio, que en realidad se llamaría Rapagnetta; el nombre D’Annunzio era muy conocido en la región. Los tres comisarios tenían nombre italiano. Hablaron de cajishos (que pronunciaban cafisos). El barrio que en el Rosario correspondía a Lavalle y Junín era el Rosario Norte[1817]; pero en el Rosario era mucho más grande. Los mejores prostíbulos tenían francesas de cinco pesos. Después venían los de waleskas (rusas y polacas) de tres pesos. Los había de cincuenta centavos, de viejas criollas, y aun uno de treinta centavos, cuyo propietario era conocido como el Turco Sucio. La leyenda de “Te acordás Esthercita vos eras[1818]” es totalmente falsa. No hubo nunca criollas entre las putas de lujo; las criollas eran chinitas de prostíbulos baratos. Dos golpes recibió aquel mundo de guapos, cafishos y prostitutas: la creación de la Zwi Migdal, poderosa sociedad en que los cafishos y las prostitutas eran judíos y que barrió a la criollada; y la ley contra los prostíbulos (justificada, porque los médicos recibían coimas, de modo que la revisión médica era una pantomima y los prostíbulos, focos de blenorragia y sífilis). Cerca del Rosario, en Baigorria, hay un cementerio judío, donde están enterrados como doscientos cafishos y prostitutas. Muchas prostitutas se casaron con ferroviarios, que fueron sus clientes; a un cafisho le dieron jubilación de ferroviario. Todos los hechos de armas de estas historias corresponden a los primeros veintitantos años del siglo; son diferentes a los anteriores de Muraña y de Flores; los de éstos eran de guapos desinteresados, o interesados por el honor; los de aquellos rosarinos se parecían más a los hechos de mafiosos sicilianos o gangsters irlandeses de Norteamérica, pero en pequeña escala: en definitiva eran gangsters solitarios que se disputaban, generalmente a cuchillo, una sección del Rosario. Los comisarios dijeron que se había publicado una excelente Historia del Rosario, que ignoraba este aspecto del pasado (Borges deploró la deficiencia). Los estudiantes de medicina a veces para pagarse la carrera se convertían en cafishos. Está la historia, que tal vez escribió Maupassant, del estudiante pobre a quien ayudaba una pupila. Ésta le dijo: “Te voy a ayudar hasta que te recibas. Después no me verás más, porque serás médico”. No bien se recibió, el muchacho buscó a su protectora, pero todo fue en vano. Recurrió a la policía y sólo obtuvo la información de que la mujer había desaparecido del Rosario. Yo sí que nunca sería capaz de escribir ese cuento». Silvina lo juzga sentimental y de mala calidad. Yo pienso que podría escribirse.

En la estación, cuando se venían, le presentaron a dos señores de civil (plain clothes): sin que él lo sospechara, lo habían cuidado. «En qué estado se hallará el país, para que haya que cuidarme», comenta. Me refiere que sigue recibiendo cartas de felicitación por su publicación contra el peronismo. «Esa publicación me va a hacer muy popular, si no me matan antes», dice.

Sobre la frase «Se le acabaron los cortes» observa que su madre, asombrosamente, no la conocía y que debió empezar con el tango: «Antes de que se bailara tango con corte, evidentemente no podía existir».

Lunes, 26 de julio. Comen en casa Borges, Puig, un alemán, Günter no sé cuántos[1819], crítico literario con base en las proximidades de Baden-Baden, y su mujer, una criollita sonriente. Pocas veces vi un sonso igual a éste. Günter: «Por televisión, en Alemania se pasan films muy interesantes, de directores de vanguardia, que los distribuidores comerciales no aceptan. Se vio una serie completa de Torre Nilsson, dos films bolivianos, films brasileños». BIOY: «Están empeñados en bajar el nivel cultural de Alemania». No me oye. GÜNTHER: «Por radio los programas son más interesantes aún. Se pasan dos horas sobre temas como el Dasein en la obra de Heidegger. Otras veces se lee, durante seis horas, un ensayo sobre la literatura latinoamericana». BIOY (a Borges): «Y el oyente, if any, que reviente».

PUIG: «Decime la verdad: ¿cuántas salidas tenés este año?». BORGES: «¿Salidas? ¿Qué quiere decir eso?». PUIG: «Cuántas publicaciones de libros tuyos, en sus diversas traducciones, habrá este año».

Borges contestará, desde la radio, preguntas sobre Proust: «No lo leí por miedo de quedarme metido en ese laberinto. Ahora me pasa eso con las novelas largas. Pienso que en el tiempo que voy a perder siguiendo esas vidas imaginarias puedo aprender algo, y no leo la novela. Sin duda pierdo muchos agrados».

BORGES: «Mañana el embajador de Pakistán me visita y hoy pidió a la Biblioteca una lista de mis libros. No los pidió antes por miedo de olvidarlos y de que yo lo bochara en el examen. Me dijo: “El cordón umbilical de Kipling está enterrado en la India. Donde está enterrado el cordón umbilical de un hombre, está su corazón. Para nosotros el corazón de Kipling está en la India”».

BORGES: «Sustraído el infierno, desapareció el concepto del pecado y la gente se puso a mentir, a robar, etcétera». BIOY: «Acaso los pecados del sexo eran los más vivamente sentidos como pecados, porque para cometerlos había que sobreponerse al pudor (para mucha gente, moral es sinónimo de moral sexual). Por el agujero abierto por la llamada liberación del sexo, pasan todos los pecados. Gente de buena conducta por un ideal de íntima perfección la hubo siempre, en pequeñas cantidades». BORGES: «¿Vos creés que son más felices ahora? Yo no… El gato o el perro vagabundos no son más felices que los domésticos; en la casa protegemos a nuestros animales domésticos; los otros tienen que defenderse solos, contra todo. Está la policía». BIOY: «Para los grandes delitos, no para los abusos de la vida diaria. Y aun así. Tendría que ser como la policía de Rusia que describe Amalrik, que te encarcela por cualquier pavada, por tres años, y perdés el derecho de vivir en tu ciudad». BORGES: «Habría que crear una nueva religión». BIOY: «No; habría que educar a la gente». BORGES: «¿Por qué estás en contra de la religión?». BIOY: «Prefiero que se curen por la verdad, no por la mentira. En los países más civilizados la gente no roba ni es tan mentirosa. Estamos lejos de ese nivel, pero no tanto. Bastarían veinte años de prosperidad y un sostenido esfuerzo para educar al pueblo».

Cuando acompaño a Borges hasta la calle (se va primero que nadie, ha llamado un remise) comenta del alemán: «Ninguna luz, como diría Ibarra. Es tonto, es aburrido, pero no es compadre. A very dull gentleman. Como él hay muchísimos en Suecia». Después observa: «Y bastante nacionalista. Aprovechándose de nuestra cortesía, que nos llevaba a no insistir en nuestros méritos, sino más bien en nuestras deficiencias, nos hartó con elogios de Alemania». Agrega: «Madre juzga a las personas por su conducta. Yo, por la impresión general que me dan».

Miércoles, 28 de julio. Con Hugo seguimos el trabajo y, a las siete pasadas, hemos concluido.

Jueves, 29 de julio. Come en casa Borges. Me dice que Leonidas de Vedia debe de estar grave, porque se suspendió la reunión de la Academia; que era una reunión importante, ya que votarían a Canal Feijóo, a no sé quién y a Caillois (como miembro correspondiente); que Manucho lo llamó para que no faltara «porque se iba a votar a Caillois». BORGES: «En algunas cosas es un poco ingenuo Manucho. Un poco sonso. Estas amistades internacionales no valen mucho. Nadie se siente atado por favores. Tampoco por promesas, como lo observó Shaw. Además, si Caillois es miembro de la Academia Francesa, no creo que dé mucha importancia a ser miembro de la Academia Argentina, que es una sucursal de otra Academia». BIOY: «Es un título de difícil manejo. No creo que le convenga añadir en sus libros la inscripción De la Academia Argentina de Letras, debajo de De l’Académie Française». BORGES: «The Art of Sinking[1820]».

Sábado, 31 de julio. Comen en casa Borges, Peyrou y Gloria Alcorta. Gloria dijo que volvía de Europa con la sospecha de que el escritor es una especie en vías de extinción y de que dentro de pocos años no habrá libros. Gloria: «Albin Michel, mi editor, se peleó conmigo. Me rechazó La pareja de Núñez. Hice una recorrida de editores. Grasset se interesó pero me rechazó, porque no hay lectores para libros extranjeros. Gallimard me dijo que no publicaba cuentos. “¿Y los de Silvina?”, repliqué. “Rechazamos el libro”. Como me aseguraron que por ahí iban a publicarlo no más, volví a la carga en Gallimard. Reconocieron que finalmente lo habían aceptado, por excepción. En Stock me hablaron francamente: la literatura ya no interesa. Los editores viven de best-sellers y de libros técnicos o falsamente técnicos: la exploración espacial, las máquinas electrónicas o la expedición al Himalaya». BIOY: «No hay que preocuparse demasiado. Han de estar sufriendo en Francia una indigestión de literatura. Siempre me sorprendió cómo vendían sus libros autores vanidosos e ilegibles. Ahora se habrá cansado el público y toda la literatura se habrá vuelto sospechosa». BORGES (a mí, después): «Está sinceramente interesada en sus libros; no en sus libros: en la publicación de sus libros».

BORGES: «Tal vez Proust tuviera mala memoria. A lo mejor tenía que asesorarse con parientes, que recordaban las cosas mejor que él. Su capacidad literaria le permitió hacer creer que todo lo que estaba contando eran recuerdos; dio a su tema el encanto de la memoria». BIOY: «Decís que en Proust la memoria es un género literario; como las aventuras en otros». Silvina se enojó mucho.

Lunes, 2 de agosto. Come en casa Borges. Dice que para nuestro cuento ha pensado en una escena previa que explique el final; la inevitable crueldad hacia alguna alimaña, que haga llevadero el asesinato del narrador. Acepto la escena propuesta, que en este cuento me parece fuera de lugar. Recuerda Borges un verso de alguno de los poemas que escribió Willie (Guillermo Juan). Borges, ya casi moribundo, en el rancho donde acabó su vida:

sólo la fría fragancia de una rosa muy antigua.

sólo la fría fragancia de una rosa muy antigua.

Dice que todo está bien en el verso; que ese muy está bien.

BORGES: «Vargas Llosa declaró que un escritor podía ser excelente y conservador, como yo, y pésimo y comunista, como Cortázar. Fooling who? Yo puedo ser excelente porque soy conservador, y no entro en competencia con él; soy un sapo de otro pozo; Cortázar, comunista como él, lo molesta. Desde luego el hecho tiene un lado bueno. Me refuerza ante los de aquí, que no sospechan las verdaderas razones de la declaración». BIOY: «Y muestra que todos ellos están peleados. Como buenos hegelianos, respetan el fallo de la realidad y no cuestionan tu fama».

Le leo el discurso del nuevo ministro de Agricultura, un gordito Di Rocco, del 31 de julio, en la Sociedad Rural. Primero se resiste, en el temor de que vayamos a contaminarnos, pero después pide: «Seguí, seguí», subyugado.

El país y el agro, que es decir el todo y una de sus partes, viven hoy una jornada de fiesta y de legítimo orgullo. Estamos ante una rotunda demostración del poderío real de nuestra nación, que se expresa por obra del entusiasmo, la vocación y la fe, que son condiciones que configuran la vigorosa personalidad de los hombres que trabajan la tierra. Pero esa euforia que provoca y estimula este contacto entre la ciudad y el campo, junto con la posibilidad de comunicación que brinda esta jerarquizada tribuna, no pueden ser minimizadas por un ministro que, actuando en función de gobierno, margine la enunciación del pensamiento y los propósitos que encuadrarán el accionar de la cartera a su cargo. Ubicar el agro como una realidad permanente y de la más profunda gravitación en la vida de la República es, en consecuencia, mi principal compromiso, porque ya no hay tiempo para hablar sin hacer en la Argentina 1971, ni lo hay para que sigamos confundidos o equivocados.

Todos los argentinos debemos asumir la responsabilidad que nos cabe ante el prematuro quebrantamiento de la vitalidad tradicional del sector agropecuario, precisamente aquel que modela nuestra particular fisonomía ante el mundo. Falsos antagonismos bloquearon largamente toda posibilidad de postulación masiva, y no menos falsas antinomias medraron sobre aquellas brechas, desquiciando a todo un proceso real y armónico de crecimiento e integración; vale decir, de desarrollo nacional genuino y sostenido. También debemos [cargar la responsabilidad] sobre todo el pueblo de la Patria, porque no ha medido en el acto cotidiano de la mesa familiar la importancia que tiene para el país aquel sector que contribuyó a colmarla junto a muchas otras mesas del orbe, que nos señaló esperanzadamente como su canasta de pan.

El país y el agro, que es decir el todo y una de sus partes, viven hoy una jornada de fiesta y de legítimo orgullo. Estamos ante una rotunda demostración del poderío real de nuestra nación, que se expresa por obra del entusiasmo, la vocación y la fe, que son condiciones que configuran la vigorosa personalidad de los hombres que trabajan la tierra. Pero esa euforia que provoca y estimula este contacto entre la ciudad y el campo, junto con la posibilidad de comunicación que brinda esta jerarquizada tribuna, no pueden ser minimizadas por un ministro que, actuando en función de gobierno, margine la enunciación del pensamiento y los propósitos que encuadrarán el accionar de la cartera a su cargo. Ubicar el agro como una realidad permanente y de la más profunda gravitación en la vida de la República es, en consecuencia, mi principal compromiso, porque ya no hay tiempo para hablar sin hacer en la Argentina 1971, ni lo hay para que sigamos confundidos o equivocados.

Todos los argentinos debemos asumir la responsabilidad que nos cabe ante el prematuro quebrantamiento de la vitalidad tradicional del sector agropecuario, precisamente aquel que modela nuestra particular fisonomía ante el mundo. Falsos antagonismos bloquearon largamente toda posibilidad de postulación masiva, y no menos falsas antinomias medraron sobre aquellas brechas, desquiciando a todo un proceso real y armónico de crecimiento e integración; vale decir, de desarrollo nacional genuino y sostenido. También debemos [cargar la responsabilidad] sobre todo el pueblo de la Patria, porque no ha medido en el acto cotidiano de la mesa familiar la importancia que tiene para el país aquel sector que contribuyó a colmarla junto a muchas otras mesas del orbe, que nos señaló esperanzadamente como su canasta de pan.

BORGES: «El acto cotidiano de la mesa familiar, qué animal. Bustos Domecq, después del señor Di Rocco, representa el clasicismo. Demasiado incoloro y pálido. Sin animación. No sé si puede explicarse el estilo simplemente por el deseo de hablar y hablar sin comprometerse». BIOY: «Seguramente no. Tal vez el señor Di Rocco toma posiciones y amenaza con ciertos cambios. De algo me parece que no cabe duda: de que es el autor de su discurso». BORGES: «Tenés razón. Es un estilo personal». BIOY: «En esto te equivocás. Es el estilo personal del hombre público argentino de estos años; el señor Di Rocco lleva ese estilo a su expresión extrema: lo convierte en una música, en una caricatura». BORGES: «El propio Yrigoyen a su lado parece tímido. Yo debería llevar este discurso a la Academia y pedir que lo publique. Habría que difundirlo. En la Academia me dirían que no, que una publicación así no entra en sus fines específicos». BIOY: «Además la gente creería que lo publicamos porque es admirable».

Dice que advirtió que, en español, la forma end, por fin, únicamente aparece en la expresión por ende.

Miércoles, 4 de agosto. Trabajo, sin mayor lucidez, con Hugo, en dos escenas de Les autres. Hablo con Rodríguez Monegal; quiere verme, para conversar, largo y tendido, sobre Borges. Me dice: «Preparo un libro importante. No se puede escribir sobre Borges, sin hablar con usted». Bueno, bueno. Le explico que la fotografía de «Borges» no es de Gisele Freund, sino de Silvina[1821]; después me pregunto si no habrá fotografías de ambas. Le pregunto si se podrá recuperar «El hijo de su amigo»; me dice que sí, que me lo mandará.

Hablo con Borges. Le señalo la palabra sobredimensionamiento que debo a la gentileza de un coronel, director de teléfonos, que hoy hace declaraciones (o entrega un comunicado) a los diarios. Comenta BORGES: «¿No? Es imposible. A este paso van a convertir el español en el alemán».

Jueves, 5 de agosto. Por la mañana, hablo por teléfono con Borges. Pregunta: «¿Qué debo hacer? ¿Votar a favor o en contra de Canal Feijóo, en la Academia? Es peronista, quizá comunista; conmigo se portó muy bien durante la dictadura. Éste es un mal momento para introducir peronistas en cualquier parte. Ya sé que la Academia importa poco. No renuncio para no dar un disgusto a Madre. Ya me consideran la oveja negra. Los otros, para hacer un viaje, piden permiso a la Academia; a la vuelta pronuncian un discurso, contando cómo los recibieron».

Por la tarde, con Hugo, en casa, trabajamos en el film. Se va poco antes de las ocho y llega Borges que, perplejo, me refiere las cuestiones académicas. «Yo creí que todo el mundo votaría por el ingreso de González Lanuza: obtuvo solamente nueve votos y debía obtener diez para entrar; yo temía que todo el mundo votara por Canal Feijóo: lo rechazaron, sólo consiguió seis votos; yo estaba seguro de que Caillois conseguiría la unanimidad: entró raspando, con diez votos. Es claro que si ayudó a la literatura argentina en Francia, no ayudó a la de quienes lo votaban en la Academia». Dice que los Académicos le parecen chicos solemnes. Giusti aseguró que en este país hay pocos escritores. Borges le respondió: «Creo, señor Presidente, que hay demasiados». (Comenta conmigo: «Esos chistes no caen bien»). Querían postergar la votación. Alguien opinó: «No se puede decidir estando ausentes los señores académicos Estrella Gutiérrez y…». Borges dijo: «No se puede decidir nada estando presentes…».

Después de comer, seguimos con el cuento.

Sábado, 7 de agosto. Por la tarde, visita de Rodríguez Monegal; Suzanne Jill Levine, su mujer; un profesor de Yale, que publicó los cuentos «El hijo de su amigo» y «La fiesta del Monstruo», en algunas revistas colombianas y mexicanas, con un estudio suyo[1822]. Cuando me preguntan el año del comienzo de mi amistad con Borges, uno de mis visitantes observa: «Hay discrepancia entre ustedes. Borges da una fecha, usted otra».

Primero acepto la consiguiente incertidumbre como insoluble y de pronto recuerdo: «Borges acababa de publicar una nota en Sur titulada…». Rodríguez Monegal me ayuda: «Nuestras imposibilidades». Lo que no diré es que disentía con el sentido político de la nota —para mí los radicales representaban una fuerza deplorable— pero no con el sentido profundo, sobre las deficiencias en todos nosotros, los argentinos; y que mi disentimiento no me impedía la admiración por el texto ni por la inteligencia ni por la manera de ser de quien la había escrito.

Lunes, 9 de agosto. Voy a la Biblioteca. Con Borges y Hugo, que están llegando al final de una corrección de diálogos (y de todas las frases del libreto), completamos la última página de las cuatro que se propusieron corregir hoy. Con Borges llevamos a Hugo; después, comemos en casa. Trabajamos en la quinta carta del cuento. Le hablo sobre la discusión de Monsieur de Guermantes y de Madame de Villeparisis sobre Balzac y sobre la vulgaridad de Balzac[1823]. «Una vulgaridad como la de Mujica Lainez», dice.

Mi hija Marta asegura que los huesos del cuerpo humano son doscientos ocho. «¿En medicina enseñan eso? —pregunta Borges—. ¿Para qué? ¿Para que los médicos sepan que si sacan doscientos ocho huesos de un hombre no queda nada? Un poco antes de llegar a doscientos ocho ya lo habrán vaciado».

BORGES: «Syria Poletti no me parece particularmente delicada: a Tedín Uriburu, en Radio Municipal, le dijo: “Usted es un cagón y un pelotudo”».

Silvina firmó una carta de Borges, las Grondona y otros escritores para que no se eche abajo la casa de la SADE. Ulyses Petit de Murat, que es el campeón de un edificio torre, con comodidades y renta, le mandó un recorte, con una nota muy favorable sobre Los días de la noche y una carta en la que le dice: «Mientras vos firmás cartas acusadoras, yo elogio tus libros». Silvina, que por la distracción inherente no se había enterado de que en este asunto había dos bandos antagónicos, está furiosa, como si las Grondona, a las que no quiere, la hubieran embaucado: «Voy a escribirle a Ulyses, que habló sobre todos mis libros, a quien debo mucho más que a las Grondona». Borges y yo tratamos de moderarla. «Hablale. No le escribas. Están muy apasionados. Scripta manent», dice Borges.

También cuenta: «Yo atenué la carta. Estaba llena de acusaciones gratuitas. Adela anunció: “La firmaré yo sola”. Entonces le dije un argumentó que tenía que convencerla: “Un juez te va a condenar y tendrás que pagarle una indemnización a Ulyses”. A mí me gustaría explicarle a Ulyses que de mi parte no hubo ill-feeling. Es claro que no puedo decirle que la prueba está en cómo atenué esa carta. Creo que la casa de la SADE es uno de los mejores ejemplos de la edificación de su época. Habrá muchas así en Corrientes y en la ciudad vieja, en Montevideo; pero en Buenos Aires no hay ninguna tan linda. Yo soy partidario de conservarla, por la misma razón que dentro de cincuenta años seré partidario de conservar algún rascacielos. Como creo en la decadencia general, creo que también la arquitectura decayó. Habrá que conservar también las Aguas Corrientes, y el edificio de la Biblioteca, en la calle México, y Constitución, y la casa de los Anchorena, que es el ministerio de Relaciones Exteriores, y la casa de los Paz, que es el Círculo Militar. Pero tenés razón vos. Preocuparse demasiado de que destruyan la casa de la SADE, hoy en día, con todas las catástrofes que nos aquejan y nos amenazan, es una falta de imaginación».

BORGES: «Las Grondona emplean sin comillas palabras que otros no se atreverían a manejar con soltura. “Yo lo creía un hombre sensible, pero se volvió rinoceronte”. Dicen rinoceronte como uno dice cualquier palabra, mesa o libro». Sobre la presentación del libro de Mariana[1824] (presentación a la que ella da la mayor importancia): «En realidad es modesta. No espera que la gente lea su libro. Espera que vayan a la presentación. Espera que hablen de ella».

Dice que no puede juzgarse un hecho por sus posibles consecuencias (porque no eran previsibles entonces); que tampoco un hecho ya histórico puede juzgarse por sus consecuencias: «Yo creo que la resistencia a las Invasiones Inglesas fue un hecho admirable —pelearon por su ciudad— y que la Revolución de Mayo fue otro hecho admirable. No hay duda de que el país independiente progresó, pero si se piensa en los caudillos, en Rosas y sus degollinas, en el radicalismo, en el peronismo, uno se vería tentado a considerar que ninguna ventaja compensa tantos errores y tanto dolor. Sin embargo, sigo creyendo que debemos juzgar admirables la reconquista y la Revolución de Mayo». Señala que los gauchos observaron el desembarco de los ingleses con alguna curiosidad y sin ninguna idea de que debían repelerlos. No sentían que pertenecían a un país, al que debían defender. Quienes sintieron como cosa natural esa obligación fueron los pobladores de la ciudad.

Afirma que para poner un título con o (como Ardèle ou la Marguerite, Pauvres Bitos ou Le Dîner des Têtes) hay que ser muy valiente. La cita de Anouilh va por cuenta mía, porque él ignora los títulos y las obras.

Comentamos que yo me tuteo con Peyrou y lo llamo Manuel, y que ellos, Borges y Peyrou, que se conocen desde antes, no llegaron a los nombres. Se llaman de usted y por el apellido. Con Mastronardi pasa la mismo; salvo que él y yo no nos tuteamos (aunque lo llamo Carlitos). «Casi podría determinarse la antigüedad de una amistad —digo— en razón inversa al grado de familiaridad en el trato».

Martes, 10 de agosto. En el número de la Revista de Occidente preparado por Victoria, la colaboración de Borges es un poema titulado «Susana Bombal». Pienso: «Le voy a decir que está ejerciendo temerariamente su impunidad. Mandarle a Victoria, como colaboración para el número que ella dirige, un poema sobre otra mujer, sobre otra escritora… ¿cabe mayor audacia? ¿O piensa que Victoria está de capa caída? No, yo creo que lo ha impulsado únicamente la soberbia y que por ese camino otros paladines se llevaron disgustos».

Voy a Edicom. Me dice Iaquinandi que espera publicar pronto un volumen con todos los escritos de Bustos Domecq. Que Borges se había mostrado muy contrario a la reedición de Dos fantasías y de Un modelo para la muerte. Que en un reportaje de Sorrentino, que ellos publicarán[1825], Borges habla con desaprobación de los primeros trabajos de Bustos Domecq (Rodríguez Monegal me dijo que habló con el mayor desprecio de «La fiesta del Monstruo» y de «El hijo de su amigo»). Quizá tenga razón si compara esos libros con las Crónicas de Bustos Domecq, pero lo cierto es que ahora estamos escribiendo un cuento más parecido a esos que él desprecia que a Crónicas. Y lo escribimos, en parte, por mi culpa; con tanta esperanza me propone chiste sobre chiste, que no puedo rechazárselos todos y al rato entro en el juego.

En casa, con Hugo, trabajamos en el guión de la película; en la escena de amor y en la escena en que un hombre le pide plata a su amante, la protagonista, para pagar su deuda al Mago. La debilidad de esta escena es que la suma es pequeña: el hombre, un clubman y jugador rumboso, no puede conseguir una suma que le prestaría el farmacéutico y se la va a pedir —audacia, vértigo— a una mujer. Parece una escena inventada por chicos.

Jueves, 12 de agosto. Voy a la Biblioteca Nacional; con Borges y Hugo trabajamos en Les autres.

Dejamos a Hugo en su casa y con Borges llegamos a la mía, donde ya están Rodríguez Monegal y Suzanne Jill Levine.

Borges cita la frase «se rasca para adentro, como los monos». Yo conocía la frase de otra manera: «No se rasca para afuera». Rodríguez Monegal, para probar la verdad del dicho, imita a un mono.

Le cuento a Borges que en Inglaterra existe la revista Pierre Menard. Evidentemente, la noticia le agrada. Dice que eligió ese nombre porque había más de un Ménard en la literatura francesa y quería dar la impresión del déjà vu.

BORGES: «Madre está tironeada por el cariño y la indignación». El cariño se felicita de que Mariana publicara su libro; la indignación proviene de que en la fiestita de la presentación haya vendido trescientos veinte ejemplares, todos a amigos y amigas, y como es público y notorio que ella pagó la edición, resulta que se dedicó a vender sus libros a quienes debió regalárselos. BIOY: «Quiere ser una escritora de verdad; una escritora de verdad es en cierto modo profesional; el hecho de que le compren los libros equivale a una patente de escritora». BORGES: «Sí, pero ella sabe que pagó la edición». BIOY: «Es un detalle, o si querés un pecado original, que trata de olvidar». BORGES: «Va a regalar estrictamente diez ejemplares». BIOY: «¿Ves? Está jugando. Regala los diez ejemplares que le mandaría el editor». BORGES: «En la lista de quienes recibirán libros de regalo están la cocinera y la mucama. Eso está muy bien. Pero hay una mujer… ¿Quién es?». BIOY (después de vacilaciones). «Adela». BORGES: «¿Cómo lo adivinaste? ¿No te parece extraordinario? Ahí van a estar los paquetes de libros. La hermana, a quien quiere mucho, con quien vive, no podrá tomar uno cuando quiera. No; recibirá su ejemplar dedicado y deberá cuidarlo, porque no tendrá otro… No debió hacer la presentación del libro y no debió vender ejemplares a sus amigos. Debió dejar que el libro apareciera y que hiciera él sólo su petit chemin. Es claro que el petit chemin hubiera sido demasiado corto. La gente felicitaba a Mariana. No la felicitaba por el libro, sino por el éxito de la presentación. Qué modestia».

Jueves, 19 de agosto. Con Hugo conversamos un poco («Borges está rarísimo; no quiere trabajar; me pregunto si no me habrá tomado idea», dice Hugo) y escribimos las escenas del dinero y el final; no hay duda de que Hugo es inteligente: razona con extraordinaria lucidez.

Viernes, 20 de agosto. Por la tarde, con Hugo, corregimos la escena final de Les autres, suprimiendo el flash-back o racconto y dejando que el actor explique.

Come en casa Borges. Le digo que hay un cuento comparativamente bueno. Silvina elogia tan enfáticamente, que despierta resistencia en Borges. Tras leerlo, observa: «Es desproporcionado. Hay partes muy largas y otras demasiado breves». SILVINA: «Es a propósito». Escribimos, casi entera, la carta en que el protagonista sorprende al barón en el intento de envenenar a su nieta.

Borges cita a Mariana Grondona: «Susana Bombal es demasiado egocéntrica. Se encontró conmigo y no dijo una palabra de mi libro». Comenta: «Es perfecto, ¿no?».

Sábado, 21 de agosto. La madre de Borges me llama a las once de la mañana; dice que quiere verme, pero que Borges vuelve a las doce; que tendría que ser antes, porque él no debe enterarse. Llego once y media. Me pregunta si no he notado nada raro en Borges, en estos días. «Nada», contesto. «El sábado se cayó por las escaleras. Cayó rodando, desde el sexto hasta el quinto piso. Yo creí que se mataba. Se puso furioso. Cuando le dije que iba a llamar a su médico, el doctor Valle, me dijo que no quería verlo más, que si lo llamaba se iba de la casa. Le recordé que el doctor Valle le descubrió la úlcera, cuando el otro doctor lo curaba del hígado, que estaba sano. Reconoció todo, pero dijo que Valle era irónico y que eso lo molestaba. Llamé a un médico de la Clínica Pueyrredon. Se dejó revisar. El médico le dijo que había nacido de nuevo. “Qué calcificación —exclamó, al ver que no tenía nada roto— y un corazón de fierro.”». La señora me asegura que Borges está raro, muy irritable; dice: «Yo nunca he creído en esas cosas, pero ahora creo en brujerías. Elsa lo ha embrujado. Para mí que esa mujer lo tenía embrujado. A veces él se levantaba de la mesa exasperado y entonces ella corría a abrazarlo y le ponía en la espalda, no sé dónde, la mano con los dedos así (haciendo cuernos o una u). Él en seguida volvía a su asiento y parecía un muñeco sin voluntad. Ahora Georgie no quiere verlo a Norman… Norman es muy bueno. Hubo problemas por una cuestión de dinero: para El libro de los seres imaginarios, Norman olvidó a Margot y dividió por dos los derechos, la mitad para Georgie y la mitad para él». Estoy seguro de que Norman no hizo esto de mala fe ni contra Borges: no ha de creer en la autoría de Margot. Mientras hablamos, la señora está de pie; yo me siento cansado; ella, aparentemente, no. Me cuenta también la historia de aquel tapado de visón[1826]… Elsa se lo dio a Blas González para que lo mandara con la valija diplomática; lo pescaron en la aduana y Blas González perdió el puesto. Elsa trató de ver al embajador de los Estados Unidos, para que interviniera; como fracasó, un día sacó a pasear en automóvil a Borges, que de pronto se encontró frente a la embajada. «Tenés una audiencia», dijo Elsa, y Borges, como embrujado, entró. Tuvo que escuchar el rechazo del embajador: «De asuntos de aduana no podemos ocuparnos». Me dice la señora que no cuente a nadie lo de la caída y que si a la salida me cruzo con Borges no le hable, no lo salude y me vaya como si no lo hubiera visto.

Por la tarde, trabajo con Hugo en el final del film. Hablamos de Borges. Me habla de Norman: «Es un buen tipo. Hace macanas, porque es norteamericano. En Oxford, estaban bastante furiosos con él y su mujer. A Borges lo invitaron y no le mandaron pasaje para el avión: las universidades inglesas no son tan ricas. Después recapacitaron, hicieron un esfuerzo, y le mandaron dos pasajes de primera clase, para él y su acompañante. Cuando llegó Borges, vieron que venía con dos personas, en clase turista. Norman había cambiado los dos pasajes de primera por tres de turista. Eso no cayó bien».

Por la noche, comen en casa Borges y Peyrou. Peyrou cuenta, por no sé qué vez, la historia de Guillermo Hoyos, alias «Hormiga Negra». Borges me cuenta después el episodio de su caída: «¿Qué es lo primero que hace un hombre que cae rodando las escaleras de un piso a otro?». BIOY: «No sé». BORGES: «Saca el reloj del bolsillo y lo acerca al oído para saber si funciona. No sé por qué me puse furioso. Estaba muy asustado y furioso». BIOY: «Nada enoja tanto como tener miedo». BORGES: «Madre me dijo que subiera por el ascensor. Insistí en subir por la escalera. Debía de estar bastante confuso, porque parece que dos personas me ayudaron a subir y yo no me enteré de su presencia. No sé qué me dio por decirle a Madre cosas que no podían satisfacerla: que era una suerte que hubiera ocurrido la caída, porque tenía que ocurrir alguna vez, y ya estaba esa vez en el pasado».

Lunes, 23 de agosto. Después del almuerzo, corrijo la traducción francesa del Informe de Brodie leo el prólogo, «La intrusa» y «El indigno». El prólogo es extraordinario; la relación con la mujer, en «La intrusa», es espléndida y están muy bien Ferrari y el protagonista del «Indigno». Hay como saludos, de los que no me di por aludido: uno de los Nilsen se fue para Arrecifes y aparece en el mismo cuento un Pardo.

Voy a la Biblioteca, donde están Hugo y Borges. En lugar de seguir mi consejo y trabajar en el resumen del film, corrigieron el final. Entre los tres —con buenas invenciones de Borges— escribimos la primera escena, que estaba sumamente deficiente: la cambiamos por una, según creo, buena. Ahora sólo falta el resumen. ¿Cuándo podremos vernos? Borges dice: «Esta semana, no. Tal vez el sábado a la tarde». «El sábado a medio día me voy a Francia», dice Hugo. Este nudo se desata: Borges propone mañana a la tarde y, quizá, pasado a la tarde.

Comento que hubo una época en que los autores (franceses, particularmente) se esmeraban en poner nombres ridículos a los personajes. BORGES: «Bouvard et Pécuchet». BIOY: «Y Mallea, que es un clásico instintivo». Íbamos en el taxi, enumerando personajes: Jazmín Guerrero, Serena Barcos, Gabriel Andaral… cuando una muchacha, en la calle, dijo: «Gabriel Andaral».

Comento la traducción de Françoise Rosset, que estoy corrigiendo: «Con tu frase: “He intentado, no sé con qué fortuna, la redacción de cuentos directos[1827]” se equivocó; puso: “Cuentos tomados de la observación directa de la vida”». BORGES: «Caramba. Qué trabajo te estás tomando. Gracias».

Dejamos a Borges en la esquina (del buen lado) de Esmeralda y Paraguay. «Siempre me quedo aquí. Me gusta caminar». Ve el buzón de la esquina y comenta: «Sí. Es aquí. Ahí está el buzón».

Martes, 24 de agosto. Voy a la Biblioteca donde, a temperatura de heladera, trabajamos en el resumen de Los otros. Hugo, que anuncia su incapacidad para escribir resúmenes, declina en nosotros la tarea. Regalo a Borges una botella de agua de Colonia Extra Dry.

Borges cuenta estos dichos de grandes damas que también son escritoras:

—Una le dijo muy cortésmente: «Una vez, en La Plata, estuvimos en una misma casa, pero usted no tuvo el honor de conocerme». Comenta BORGES: «No lo dijo maliciosamente; cometió un error muy natural».

—MARIANA GRONDONA: «¿Leíste mi libro?». SUSANA BOMBAL: «¿Para qué voy a leerlo si es una reedición de artículos de viaje ya publicados en La Nación?». MARIANA (comentando a Borges). «No podía creerlo. Después le dije que había cinco artículos inéditos. Quedó muda con mi contestación. Es claro que si reparte eso entre la gente no voy a vender el libro».

—Un señor, amigo de la casa, habla con Mariana de su libro y la invita a comer. MARIANA: «Ahora no tengo más remedio que llevárselo. Un libro menos que vendo».

Miércoles, 25 de agosto. Como, con Vlady Kociancich y Marco Denevi, en la calle San Martín, entre Córdoba y Viamonte. Denevi dice que en una reunión, los otros días, conoció a Borges. Estaban en mesas distantes. Denevi explicaba su teoría sobre el budismo zen: que habría sido al principio una simple broma contra el budismo tradicional. En voz alta agregó: «No sé cómo se lo creyeron». Desde la otra punta del cuarto, Borges le gritó: «Qué quiere: también se creyeron el cristianismo».

Jueves, 26 de agosto. Con Hugo, en casa, trabajo en el resumen del film.

Viernes, 27 de agosto. Come en casa Borges. BIOY: «¿Querés ver unas correcciones a la traducción del Informe de Brodie?». BORGES: «No, no: trabajemos en el cuento de Aix». Trabajamos un rato en el cuento. Aunque hoy tuvo un día cansador (apoyar, a la mañana, en su examen de tesis a una chica; clase sobre Boswell, en la Universidad Católica; conferencia sobre un tema de Historia argentina, que aprovechó «para caerles a Rosas y a Perón»), hacía tiempo que no lo encontraba tan bien: de buen aspecto, de buen talante, orientado, con buen oído, despierto.

BORGES: «Ingenieros le dijo a Muzzio: “Con ese nombre no va a ir a ninguna parte. Agréguese otro apellido. Por ejemplo, Sáenz Peña”. Muzzio desde entonces firmó Muzzio Sáenz Peña. Había en el consejo de Ingenieros alguna malicia, porque había tomado a Sáenz Peña de modelo para El hombre mediocre». BIOY: «Pero entiendo que Ingenieros fue muy querido». BORGES: «Sí. Era simpatiquísimo. Es verdad que había un lado desagradable en su carácter. Le gustaba andar con gente para burlarse de ella. Empleaba a algunos como bufones». BIOY: «Me parece que en aquel tiempo no sentían la bajeza que hay en ciertas bromas. Celebraban al rico tipo. Recordaban con admiración famosas cachadas». BORGES: «Sin embargo creo que siempre se acusó a Rosas de rodearse de bufones. Pero tenés razón. En el mismo Güiraldes encontré ese rasgo horrible… Me habló de los célebres remates del Colón. A veces un señor que no era de la right kind of people, para complacer a su mujer o a sus hijas, tomaba un palco en el Colón. Un grupo de muchachos lo descubría, se metía en el palco y empezaban a rematar al señor: “¿Cuánto dan por estos bigotes? ¿Cuánto por esta nariz?”. ¿Vos te das cuenta de la miseria de esta broma, hecha con la impunidad de la patota? Güiraldes se jactaba de haber intervenido en más de un remate, pero lo diría para darse corte nomás, porque era tan flojo… ¿Te das cuenta el recuerdo que dejarían en el pobre hombre y en su familia? Es claro que la peor vergüenza, la infamia, es para los que habían hecho la broma; es injustificable hacer una cosa así; que se la hagan a uno, bueno, es cosa de otros».

Leí en Borges, que cita a Lugones: «el miedo de lo demasiado tarde». De chico yo también lo he sentido.

Sábado, 28 de agosto. Come en casa Borges. Escribimos la penúltima carta del cuento de Aix-les-Bains. Borges está muy contento. Recita «El ombú»:

Cada comarca en la tierra

tiene un rasgo prominente:

el Brasil su sol ardiente,

minas de plata el Perú,

Montevideo su cerro,

Buenos Aires, patria hermosa,

tiene su pampa grandiosa,

la pampa tiene el ombú.

[…]

Y el rasgo más prominente

de esa tierra donde mora

el salvaje, que no adora

otro Dios que el Valichú,

que en chamal y poncho envuelto,

con los laques en la mano

va sembrando por el llano

mudo horror, es el ombú.

BORGES: «Con los laques en la mano… Laques es una palabra india para boleadoras o bolas. Ya se ve por dónde pasó el poeta antes de llegar a laques el indio con sus bolas en la mano. En ese poema hay infinidad de errores lógicos: El Brasil su sol ardiente. Yo diría que el sol está en todas partes. Minas de plata el Perú, Montevideo su cerro: pasamos de países a ciudades. Buenos Aires, patria hermosa: de países y de ciudades a provincias. Tiene su pampa grandiosa, la pampa tiene el ombú. Ahora pasamos a una segunda potencia».

Dice: «Parece que Girri es importante. Hablan de él en serio. Pero ¿no será tan importante como Molinari?». Compara a Molinari con Rafael Obligado y después a éste con Calixto Oyuela. Ya sobre estos dos, afirma: «Obligado es mejor. Es mucho más criollo». Cita un verso de la «Oda a Fray Luis de León», de Oyuela («Qué raro que le gustara Fray Luis de León. Bueno, era un clásico»):

Pongo mi corazón sobre tu llama

Pongo mi corazón sobre tu llama

y comenta: «Sugiere un asado, una parrillada».

Sobre García Uriburu: «No lo conozco, y es salteño, y yo tengo un prejuicio de porteño contra los salteños. Además, cuesta ver a las personas que no vemos habitualmente».

Domingo, 29 de agosto. Voy a buscar a Borges. Como es temprano me meto en una galería. Recuerdo la frase de una parienta de la madre de BORGES: «El domingo la chusma gana la ciudad». En casa de Borges están los discípulos de anglosajón: Silvia Zimmerman, «el Memorioso» (como llama Borges a Goyo Montes, un chico que ganó el concurso de preguntas y respuestas sobre su obra), un Woodgate no sé cuántos y María Kodama. «Qué suerte que llegaste —me dice la madre—, así éstos se desbandan». En casa, después de comer, empezamos la última carta del cuento de Aix-les-Bains.

Lunes, 30 de agosto. Come en casa Borges. Concluimos el cuento. Después le digo: «Por precipitación lo hemos arruinado. Hemos frangollado el final». Se aviene a reescribirlo mañana.

BORGES: «A Madre le contaron que hay letreros en la calle que dicen que hay que matarnos al almirante Rojas y a mí. No creo que sea verdad. Para poner letreros hay que tener un permiso municipal».

Dice que los anglosajones no sabían narrar: «Cualquier historia, en manos del autor del Beowulf, se vuelve estúpida. Los islandeses, en cambio, sabían narrar. Hacían una poesía retórica y formal, pero no entorpecían la prosa con kenningar».

Martes, 31 de agosto. Me cuenta Norman que hace quince días Borges lo citó para esta mañana, para que le leyera dos carillas y media que había traducido; hoy, de mal talante, se excusó: «Hay mucha gente esperando; no, no puedo; venga el martes que viene»; Norman, con lágrimas en los ojos, me dice: «Sé que Borges me quiere, pero…». Habla del medio libro de Crónicas que falta traducir; si, a mi vuelta de las vacaciones, Borges no ayuda, yo lo ayudaré.

Come en casa Borges. Concluimos el cuento; releemos algunas cartas, para agregar aquí y allá alguna frase útil a la trama; descubrimos que está llena de cabos sueltos. Mañana trataremos de reescribirlo.

Menciona el hermoso verso:

Melancólica imagen de la patria[1828]

Melancólica imagen de la patria[1828]

BIOY: «Qué raro que no se lo use irónicamente». BORGES: «Es claro. Por ejemplo, en una crónica: “Se hallaba presente el señor embajador, melancólica imagen de la patria…”[1829] y seguir enumerando a los concurrentes».

BORGES: «Molinari mandó una carta a la Academia, presentando su renuncia (sobre todo amenazando con ella) porque se había rechazado a González Lanuza por motivos políticos. Leónidas y no sé qué otro lo convencieron de que la retirara. ¿Vos te das cuenta? ¡Equivale a dejarse chantajear! Además no se presenta una renuncia para retirarla. En realidad, no le preocupaba el pasado político de González Lanuza, sino el suyo: su peronismo. Dice que fue peronista por amistad con Marechal. Existe la amistad, pero también existe la ética».

Miércoles, 1.º de septiembre. Voy a buscar a Borges. En su casa está Haydée Lange. Cuando caminamos hacia el coche, Haydée le dice a Borges que está con ideas macabras, cansada de la vida. Borges le contesta: «Yo también. Cuando quieras, llamame y nos suicidamos juntos».

Haydée argumenta que a ella después se le pasa; Borges le dice: «No hay que esperar, entonces. Cuando tengas ganas, te suicidás; antes de que se te pasen las ganas». A mí esa conversación (ingenuamente) me desagrada. Dejamos a Haydée en su casa. Borges comenta: «No quiero verla más. Me hizo porquerías. Después apareció en casa y le dijo a Madre que está muy triste, que yo no la quiero como antes, que nunca me ve. Es una porquería». BIOY: «¿Hablás de Norah o de Haydée?». BORGES: «De Haydée. A Norah la veo muy de vez en cuando, me maltrata y desaparece. Yo fui muy amigo de Haydée. Pero me hizo porquerías, de modo que esa amistad se acabó. Vive idiotizada por el alcohol». BIOY: «Qué humildad sentirse indigno del pensamiento, de la lectura, de todo, y entregarse al alcohol».

BORGES: «Ese compadrito irlandés Patricio Kelly dijo por radio que yo soy un gran escritor y que si hablé contra Perón lo hice obligado por el almirante Rojas. Pensé contestarle que soy responsable de mis palabras, pero después me pareció que no debía meterme en una polémica con ese hombre. Ya lo dijo Gibbon: “A triumph over such antagonists was a sufficient humiliation”»[1830].

Dice que Clemente, que venía de una reunión en la Dirección de Cultura, lo trató con cierta frialdad y que parecía incómodo de estar con él: «Sin duda, es un mal signo. Habrán resuelto desprenderse de mí. Yo no les voy a facilitar el trabajo. No voy a renunciar. Dejaré que me echen y que carguen con la impopularidad de la opinión mundial que el hecho pueda traerles. Que me haya tratado así Clemente, es más bien un punto favorable para él. Tal vez sea mal amigo, pero no hipócrita. Yo hice más por él que él por mí. No creo que sea trigo limpio».

Después de comer nos ponemos a corregir el cuento.

Jueves, 2 de septiembre. Come en casa Borges. Seguimos la corrección del cuento. «Mañana nos ponemos a reescribirlo —dice Borges—. No salió mal».

Dice que Shaw, cuando en la otra guerra la gente se lamentaba tanto del cañoneo alemán de la catedral de Reims, le quitó importancia al hecho y agregó: «Si les gusta tanto, que sean capaces de hacer una igual». Silvina se enfurece. BORGES: «Sin duda muchos de los que ponían el grito en el cielo nunca se habían fijado en la Catedral, ni les importaba un pito». BIOY: «Tal vez fuera esto verdad: pero hay algo desagradable en la actitud de Shaw. Me pregunto si no fue un peronista avant l’heure».

Comenta Borges la frase: «Tout passe, tout lasse, tout se replace[1831]». Dice: «Empieza con tristeza y concluye con un consuelo». BIOY: «No estoy seguro. Interpretás la frase de una manera muy sana, pero creo que también puede interpretársela como que ni el dolor dura. Es decir, todo lo humano es una porquería». Para Silvina, mi interpretación es la universal. Después dice: «Borges está peleador. Con esta frase “Tout passe, tout lassé”, volvió al ataque, después de enojarme con las estupideces de Shaw sobre la catedral de Reims». BIOY: «Muchas veces Shaw, irritado por las mentiras convencionales, se pasaba a la mala causa». SILVINA: «Hay cosas que no pueden hacerse de nuevo. Estuve mirando una fotografía de la nave derecha de la catedral y tuve ganas de llorar».

Viernes, 3 de septiembre. Come en casa Borges. Pasamos a máquina las primeras dos cartas del cónsul de Aix-les-Bains. Cuenta que su hermana decía de los jóvenes: «Esos turistas», porque acababan de llegar.

Sábado, 4 de septiembre. Trato de responder una carta de Susana Bombal; llamo a Borges, que me habla sin ganas. Cree que el libro de Susana, sobre el que escribió muy elogiosamente en La Nación[1832], se titula La predicción de Betsabé, pero no está seguro. Tal vez fuera ése el título original. Sí, el género del libro es narrativo, pero no recuerda si contiene un solo relato o varios…

Lunes, 6 de septiembre. Después del almuerzo, corrijo la traducción francesa de «Juan Muraña» y de «La señora mayor», de Borges. Por la noche, comen en casa Borges y Pezzoni. A las nueve y cinco minutos salimos a buscar a Borges, con Pezzoni; en el ascensor (ya de regreso). Silvina elogia las estrafalarias elegancias sartóricas de Pezzoni ante Borges, que las escucha sin simpatía; Pezzoni, por su parte, está molesto; Silvina no siente el desprecio de Borges ni la incomodidad de Pezzoni. Después, Borges y yo pasamos a máquina, con algunas correcciones, la carta sexta del cuento del snob de Aix-les-Bains («Más allá del bien y del mal»).

Un impresor (Cipolla, o algo así) hará, en la Biblioteca Nacional, una exposición de textos impresos por él. Figuran textos de algunos autores que Borges, en un primer momento, tachó: Jauretche, Benarós, entre otros. Después pensó: «Mejor que todos ésos queden y que Cipolla me suprima a mí. Si no, la gente lo verá como una venganza mía». Le digo que el asunto no me parece muy importante, que tal vez la mejor solución sea la segunda, pero que le costará mucho que Cipolla la acepte. «¿Por qué? —pregunta—. Le voy a decir que mi decisión es definitiva».

BORGES: «Creo que no veré más a una amiga». BIOY: «¿A cuál? ¿A Gloria Alcorta?». BORGES: «No, a Esthercita [Zemborain]. ¿Sabés lo que me dijo? Que la solución para este país es Perón. No quiero verla más. Dijo que Perón va a salvarnos del comunismo. ¿Por qué va a salvarnos? Más bien es una primera etapa hacia el comunismo. Dijo que el peronismo no cuenta. Entonces, ¿cómo un partido que no cuenta va a salvamos de ese otro, que es su aliado, y que está imponiéndose en todas partes? Yo le dije: “Mirá, si pienso en el peronismo, siento algún respeto por el comunismo. Al fin y al cabo, es gente que tiene un sistema y que piensa”».

Martes, 7 de septiembre. Comen en casa Borges y Paz Leston. Pasamos a máquina, introduciendo correcciones, las cartas séptima y octava de «Más allá del bien y del mal».

Paz Leston habla del nuevo edificio de la Biblioteca Nacional, cuya construcción se ha iniciado. BORGES: «Parece que tardará tres años en levantarse. Para entonces, espero estar muerto. Es un edificio horrible: se lo llama funcional y, en lugar de subir tres escalones para entrar, hay que meterse en ascensores, que no funcionarán. El arquitecto no ha pensado en eso. Este edificio funcional pierde un piso entero, porque está apoyado en cuatro patas, por donde suben los ascensores, y la planta baja no existe. Creo que ese arquitecto contó con la ayuda de otro que tiene el nombre increíble de Florindo Testa». «Clorindo Testa», corrige Paz Leston, pero Borges no hace caso.

Sobre la exposición de Cipolla me dice: «No hay nada que hacer. El programa ya está impreso. Ya suprimieron, de acuerdo a mis indicaciones, a Luis L. Franco —lamento haberlo tachado—; a ese peronista que hace buenos versos y que me regaló el mate de la amistad, León Benarós; y a ese macaneador de Jauretche. Figura Raúl González Tuñón: una persona que no me molesta, porque siempre tuvo una conducta digna, y que no ha medrado con el comunismo».

Mi hija Marta me explicó que, según uno de sus profesores (creo que el de Psicología) en el Colegio Saint Charles, hay más censura que la oficial: hay otra más constante y que ejercen los directores de diarios, de revistas, de editoriales, «que únicamente publican lo que quieren». Por ejemplo, dijo, una señora como Victoria Ocampo, que dirige una revista, al excluir a los escritores que no respeta, ejerce una censura. Dijo esto contra Victoria. Yo (que no peco por simpatizar con ella) creo que nadie puede dirigir una revista sin ejercer ese tipo de censura. Ante la idiotez del profesor, pensé que podríamos escribir una nueva crónica de Bustos Domecq, de un señor que empieza a compilar una antología con el criterio de no cometer censura alguna e incluye así a todos los habitantes del país. Comienza por los socios de la SADE, pero no va a caer en la ingenuidad de creer que no hay más escritores que los agremiados, y contrata una agencia de detectives para descubrir escritores, pero no va a dejarse engañar por la tontería de creer que sólo son escritores los que publican, o los que escriben; y así llega a la persuasión de que su antología debe incluir a todos los habitantes del país, sin límites de edad ni de alfabetismo. Me cuesta mucho explicarle el argumento a Borges, porque, evidentemente, es más propenso a la expresión que a la atención. Acaba por oír y aceptar el proyecto.

Dice que si en este país apareciera un Partido Situacionista Nacional contaría con el apoyo de casi toda la población.

Miércoles, 8 de septiembre. Corrijo la traducción francesa de «El duelo» y de «El otro duelo», del Informe de Brodie.

Jueves, 9 de septiembre. Corrijo la traducción francesa de los tres últimos cuentos del libro de Borges: «Guayaquil» (no demasiado convincente), «El evangelio según Marcos» y «El informe de Brodie».

Viernes, 10 de septiembre. Come en casa Borges. Concluimos de pasar en limpio el cuento «Más allá del bien y del mal».

Sobre la expresión de referencia, observa que sería útil para fines polémicos: «El imbécil de referencia», diría Groussac. Sobre los cambios de opinión política en la gente, cita a Dante, que dijo que el motivo de esos cambios no era otro que el de los cambios de lado o de postura en la cama, cuando dormimos.

Dice que un poeta andaluz, acaso Vando Villar, aseguraba: «El escritor no debe publicar. Aparece el libro y se descubre que es una animalada. El escritor debe tener en todo momento un libro en preparación».

BORGES: «¿A que no sabés a qué va a Salta Susana Bombal?». BIOY: «A presentar su libro». BORGES: «¿Cómo adivinaste? Se ha convertido en librera, ¿no es raro?».

Sábado, 11 de septiembre. Comen en casa Borges, María Simón Padrós y su marido. El matrimonio cuenta que ha visto en París un espectáculo de cuatro horas, de mimos disfrazados de animales, monos que bailan, precioso. A esta altura hablo de otra cosa con Borges.

Domingo, 12 de septiembre. Buscamos, Silvina y yo, a Borges, en casa de Norah. Está con Woodgate, con Silvia Zimmerman, con María Kodama, con Goyo Montes. Borges elogia con calor a Goyo Montes: «Es muy inteligente. Tiene mucho oído para los versos. Habla admirablemente inglés». También reconoce que Montes interpreta con imaginación un poco desaforada los propósitos de los autores. «Siempre para hallar otro motivo de admiración», agrega. Después de comer, pensamos en el argumento de una nueva crónica, «El enemigo n.º 1 de la censura».

Martes, 14 de septiembre. Come en casa Borges. Empezamos el nuevo cuento. BORGES: «La Cultural Inglesa me invitó a pasar dos días en La Pampa. “Están empezando a aprender inglés —me dijeron—, así que es mejor que usted hable sobre algún tema de Buenos Aires o de los suburbios”. Yo no creo que los franceses me hubieran dado este consejo. Los ingleses tienen su Cultural Inglesa y hacen alguna propaganda, pero en realidad no les importa nada. Somos a lot of damned foreigners y a ellos no les importa a hog’s fart lo que pensemos de Inglaterra». BIOY: «Es claro. Son la capital de un gran imperio. Mejor dicho, fueron. Quién sabe cuánto les durará esa indiferencia. Pronto empezarán a ser nacionalistas. Pienso que ya han empezado; en broma, pero insensiblemente, pasarán de las bromas a la seriedad».

BORGES: «El padre de Alastair Reid explicó a su hijo: “Alastair, you musn’t do parodies of great poems”. Le dijo que no debía parodiar ni leer en broma los grandes poemas, porque después no podría gozarlos debidamente; siempre recordaría las bromas». BIOY: «Si yo leo el verso de Hugo:

Sont-ce des cormorans qui plongent tour á tour[1833]

Sont-ce des cormorans qui plongent tour á tour[1833]

lo digo con la pronunciación absurda de Valeria Saint o de la parodia que hacían de ella Julia [Bullrich] y Silvina». BORGES: «Lugones dice con razón que la parodia es un género transitorio y vil. Joyce, al escribir the snotgreen sea[1834] el mar verde moco, perjudica la frase el mar azul de vino cada vez que una persona oye azul de vino, en lugar de sentir su belleza recuerda la frase de Joyce. A Joyce le gusta lo escatológico». BIOY: «Para mucha gente lo obsceno y lo procaz tiene tanta gracia, que cuando uno les cuenta un cuento, por bueno que sea, si no es obsceno y procaz los defrauda». BORGES: «Los españoles han sentido más atracción por lo sucio que por lo obsceno».

Miércoles, 15 de septiembre. Come en casa Borges. Seguimos con el nuevo cuento.

BORGES: «Llamaron del Ministerio para avisar que por mal tiempo el acto de hoy se suspendía. Como el tiempo es espléndido, los felicité por el epigrama. ¿No te parece bastante extraordinario que un ministerio haga epigramas?». Parecería que, desde su condena del peronismo, Borges se volvió persona non grata para el intachable gobierno de Lanusse. Un homenaje nacional a Leloir y a Borges, que iba a hacerse en el Teatro San Martín, se suspendió indefinidamente. Los otros días, no sé qué fundación consagró a Leloir, al remero Demiddi y al ex corredor de automóviles Fangio como los tres argentinos que más habían hecho «por enaltecer la imagen de la Argentina en el mundo». Están en la onda, como dirían en el café, y dieron de baja a Borges. Por lo demás, nada enoja a Borges como esta preocupación por la imagen nacional: la considera el reconocimiento de que lo esencial para el argentino es la apariencia. Las chicas de un colegio le habían preguntado (días antes de la consagración por la fundación de entrecasa) si él creía que la Argentina seguiría produciendo seres superiores, que llegaran a la altura de un Fangio, de un Demiddi, de un Accavallo. Borges, que no conocía ni de nombre a los dos últimos, quiso saber quiénes eran y, cuando se lo dijeron, les recomendó que no fueran tan modestas en sus aspiraciones.

Viernes, 17 de septiembre. Come en casa Borges.

Cuando nos disponíamos a trabajar en el nuevo cuento, Borges exclamó: «Et maintenant, l’enfer de la composition littéraire, como diría Flaubert. ¿Por qué l’enfer? ¿Por qué tiene que ser dramático? La composición literaria me parece una tarea agradable».

Miércoles, 22 de septiembre. Come en casa Borges. Trabajamos en el nuevo cuento. Recuerda: «Alvaro [Melián Lafinur] dijo una vez: “El puñal es un arma muy fiel”. En boca de ese académico la declaración pareció un poco absurda».

Un pariente de Borges, por el lado materno, el doctor Carlitos Ruiz, compadre y verde oliva, se jactaba de ser la única persona que podía usar galerita pasando la calle Uriarte[1835]. El padre de Ruiz, un mexicano achinado, gordo y color dulce de leche, vivió paralítico durante años, haciendo sus necesidades en la cama y comiendo lo que le ponían en la boca. Cuando estaba despierto, gemía: «Ay, Dios mío, no me dejes morir». BORGES: «Uno creería que en tal situación lo mejor era morir de una vez. Quién sabe: a lo mejor hay una fuerza en la vida. En casa lo citaban como una prueba del misterioso deseo de vivir. Lo verían, tal vez, como una especie de Walt Whitman».

Trata de recuperar los versos:

Qué pera y qué nabo,

qué azúcar y qué canela.

[…]

¿Cuál es el dolor

de que sufre Micaela?

El médico le pone

la mano en la barriga

y Micaela dice:

«No es tan arriba».

[…]

El médico le pone

la poronga dura

y Micaela dice:

«Ésta es mi cura».

BORGES. «Una vez propusieron en la Academia a Guillermo. Que Norah no lo sepa, porque está en pleno proceso de christification de Guillermo: con la mayor bajeza yo dije que no debíamos permitir la entrada de extranjeros que odiaban al país. Tanto era el odio de Guillermo a Buenos Aires, que apoyaba a unos poetas mendocinos —¿qué mierda le importaban?— porque “se rebelaban contra la tutela de Buenos Aires”. Y aborrecía a Lugones y admiraba a Herrera. Herrera logra sus mejores momentos cuando imita al peor Lugones».

Jueves, 23 de septiembre. Come en casa Borges. Trabajamos.

Una o dos veces por semana, nos angustiamos, quién sabe por qué, rastreando los nombres de Max Dickmann, el autor de Madre América, y de Arturo Giménez Pastor, de jopo y bigote lacio, que se nos extravían de la memoria. Giménez Pastor (profesor titular de la misma cátedra donde Ureña era adjunto o adscripto), fue, cruzado acaso con Larreta, nuestro primer modelo para Gervasio Montenegro.

Viernes, 24 de septiembre. Come en casa Borges. Trabajamos.

Lunes, 27 de septiembre. La madre de Borges dijo hoy la palabra chafalote: «Es de lo más chafalote». BORGES: «No decirlo por cachalote, al recitar a Zorrilla de San Martín».

Martes, 28 de septiembre. Hablo con Borges, que me dice que su madre está muy nerviosa. Me asegura que en la palabra albatros no hay raíz de blancura. La palabra albatros está vinculada con alcatraz y con pelícano, donde tampoco influiría la blancura.

Miércoles, de septiembre. Come en casa Borges. Trabajamos en el cuento. Yo estoy demasiado soñoliento. Le leo la carta de Ricci, en que nos pide material para un libro de setenta cuentos de una página (o menos) cada uno. Le parece una tarea difícil: «Los otros libros se hicieron recordando las lecturas de toda la vida» (refiriéndose a Cuentos breves y al Libro del cielo y del infierno).

Murió una hermana de su prima Esther Haedo. BORGES: «Hace un tiempo le dije: “¿Tú sabés —porque hablamos con ella a la orientala— cuál fue la primera mujer de la que me enamoré?”. “Yo, es claro”, contestó. Las mujeres sienten esas cosas. Tenía una quinta de una manzana cerca de la zanja Quitacalzones. Era un barrio aristocrático, pero como todos los días llegaban tropas, abundaba la gente de chiripá. Cuando íbamos a Montevideo, yo pasaba temporadas en la quinta. A los costados de la entrada tenía, del lado de afuera, bancos de mampostería, para que la gente pudiera descansar. Una hospitalidad para el forastero».

Recuerda (o finge recordar):

El soneto masivo es como bloque

de la granítica creatura grande.

Parece improbable que recuerde versos que llegaron por algún concurso literario, supongo a mi departamento de Santa Fe y Ecuador, en el cuarenta y tantos. Habrá improvisado el primer verso.

BORGES: «Onganía inventó lo de la imagen nacional. Una idea que tenía que gustar en este país bambollero».

Jueves, 30 de septiembre. Come en casa Borges. Trabajamos en «El enemigo n.º 1 de la censura».

Sábado, 2 de octubre. Comen en casa Borges, Peyrou y María Kodama. SILVINA (a María): «¿Cómo está tu padre?». MARÍA: «Bueno, mi padre falleció».

Borges pregunta a Peyrou si podría mandar un cuento a La Prensa, «aunque sea un poco risqué… Es sobre la muerte de Moreira[1836]. La escena es en un prostíbulo». «Ponga que es en un peringundín», propone Peyrou. Yo, para concluir esta conversación, aseguro a Peyrou: «El cuento ya está escrito». Después, con la mayor imprudencia, Borges habla de Hormiga Negra; Peyrou cuenta, como todos los sábados, la historia de cuando el estanciero conchabó a Hormiga Negra para que protegiera de los cuatreros la majada y Hormiga Negra mató de un lanzazo a uno y se excusó después diciendo: «Me pasé, patrón». Después cuenta otro cuento, de un comandante al que dieron en un hotel de Mendoza un cuarto visitado por fantasmas: a medianoche se despertó el comandante, disparó los seis balazos y el fantasma le devolvió los plomos; entonces revoleó el sable y al grito de: «No me vas a devolver en fierro», lo corrió, en camisón, hasta el otro lado de la plaza.

El pobre Peyrou no comprende todo lo que oye y oye poco de lo que le dicen. Hablamos de los artículos de Chesterton sobre Marinetti; al rato Peyrou dice que Chesterton escribió sobre Marinetti. Borges dice que Somerset Maugham se metió con Hugh Walpole, que era mejor escritor que él; Peyrou, feliz de haber oído, confirma que Somerset Maugham escribió grandes libros.

Peyrou afirma que para el amor y, sobre todo, para casarse, a un argentino le conviene una argentina: «Yo tuve amantes francesas, pero sentía que faltaba algo». Borges conviene: «Es lo que decía Mariana [Grondona]. Cuando la festejaba el embajador turco, decía que era un hombre muy agradable, pero que tal vez ella hubiera preferido un hombre que supiera qué es el dulce de leche». Agrega: «A Mariana no habría nada que reprocharle si no fuera escritora. Es mucho mejor persona que tantos otros».

Dice Borges que el asunto promovido (según él) por un coronel y la señorita Levillier, que se valieron de un empleaducho para sacarlo de la Biblioteca, por suerte fracasó. BORGES: «Lástima que al pobre empleado lo hayan suspendido». BIOY: «Si intervino en eso, estaría bien dispuesto para la calumnia». BORGES: «¿Vos creés? Lo habrán usado». BIOY: «No creo que fueran como Carlos XII, le hayan pegado dos gritos y el hombre, un excelente individuo, se sometiera. Debe de ser un mal tipo. Las malas acciones deben ser en alguna medida castigadas… No porque un hombre haya tratado de perjudicarte debés quererlo tanto». BORGES: «Tenés razón. Estoy como el prig de la fair mindness del cuento que íbamos a escribir».

Martes, 5 de octubre. Come en casa Borges. Cantamos Flor de fango:

Mina, que te manyo de hace rato,

perdóname si te bato

de que yo te vi nacer…

Tu cuna fue un conventillo

alumbrao a querosén.

[…]

Anduviste pelechada,

de sirvienta acompañada

pa’ pasar por niña bien,

y de muchas envidiada

porque llevabas buen tren.

Y te hiciste chacadora;

luego fuiste la señora

de un comerciante mishé

que lo dejaste arruinado,

sin el vento y amurado

en la puerta de un café.

Después fuiste la amiguita

de un viejito boticario,

y el hijo de un comisario

todo el vento te sacó…

BORGES: «Macedonio aborrecía ese tango. Decía que sólo expresaba sentimientos bajos». BIOY: «Tal vez. A lo mejor en esa época pensaban que no iba a cesar la producción de tangos excelentes. Hoy por nada renunciamos a él». BORGES: «¿Contursi se habrá dado cuenta de lo bien que le salió? (Tararea). “De un comerciante mishé…”. Está bien. Macedonio lo comparaba con el gaucho de Estanislao del Campo. No pueden compararse: son personajes de distinta época y de distinto ambiente. Yo no creo que Contursi pensara que el personaje que habla en Mi noche triste fuera admirable. Es claro que para Macedonio en Arte sólo debe estar lo mejor».

Sobre el Fausto de Goethe dice: «Yo creo que ya hemos hablado de esto. ¿No te parece que es el mayor bluff de la literatura? Ninguna luz, como diría Ibarra. No hay versos memorables. ¿Las ideas? “Toda teoría es gris, la vida es verde[1837]”. Los personajes no dejan un recuerdo muy profundo. Mefistófeles resulta ser bastante burgués. Y Fausto consigue que lo perdonen porque hace un puente: la obra social. Muy interesante, desde luego. Los doctores angélicos elevan himnos cuando lo ven llegar al paraíso».

BORGES: «A Emita le dije que Herrera [y Reissig] y Supervielle no valían mucho. Me contestó: “Entonces, ¿qué nos queda?”».

Jueves, 7 de octubre. Come en casa Borges. Trabajamos en el cuento sobre la censura.

Jueves, 14 de octubre. Come en casa Borges. Leo en voz alta casi todo el paquete de carpetas para el concurso de La Nación[1838] que nos falta. No encontramos nada meritorio.

Hoy en día Borges es una persona a la que, por más que uno se apure, no podrá decírsele nada sin que él interrumpa en seguida para decir lo que a él se le ocurre. No sé si huye despavorido de la situación de oyente o si ávido se abalanza a la de expositor.

Viernes, 15 de octubre. Come en casa Borges. Comenta que dio una clase sobre Browning y que los estudiantes se interesaron mucho: «Nunca habría que hablarles —como lo hace el idiota de Battistessa— de poetas cuyo mérito es verbal y eufónico. A quienes no saben inglés, ¿qué puede quedarles de Shelley o de Swinburne? Mucha gente, además, no tiene oído para los versos». Dice que Browning ne datait pas. «Tal vez —agrega— porque no ejerció ninguna influencia. Parece increíble: “How it Strikes a Contemporary”, “My Last Duchess”, fueron escritos en mil ochocientos cincuenta y tantos. Tennyson, Rossetti, Swinburne son admirables, pero uno siente que hoy no se puede escribir así». Después de comer, hasta la una pasada, le leo cuentos y novelas para el concurso de La Nación.

Sábado, 16 de octubre. Come en casa Borges. BORGES: «Estuve releyendo la Völsunga Saga: todo ocurre con una rapidez y limpieza admirables. A veces dice lo que los personajes piensan, pero no se detiene en descripciones inútiles. Mirá: está escrito de un modo que recuerda al de Adolphe». BIOY: «Benjamín Constant. Lo estuve releyendo en Pardo. Creo que es el mejor escritor francés». BORGES: «Yo creo que sí».

Leemos cuentos para el concurso. Cuando trato de leerle «La culpa», que me parece el mejor, protesta: «Ah, ése no. Lo recuerdo. Es muy tedioso». Me pregunto si no se puso en contra porque Silvina lo alabó; por una espontánea reacción de no dejarse convencer. Leemos no sin algún interés una historia fantástica, de la escuela de Lovecraft, pero peor aún. También una historia, que empieza muy bien, pero que se estropea en excesos de invención, de una mujer que por esfuerzo mental primero añade una puerta a un cuarto, después otro cuarto, después una ciudad entera. Comento (con relación a otros concursantes): «Son modernos, sobre todo en cuanto a las incomodidades a que someten al lector. Practican el suspenso, pero un suspenso que sólo exaspera y aburre». BORGES: «Porque no conocés a los personajes y no te importa lo que pueda sucederles. Si dicen: “Pedro llegó a la casa de Julia”, hasta la mitad del cuento no te aclaran que Pedro y Julia son hermanos. ¿Por qué no dicen: “Pedro llegó a la casa de su hermana Julia”?».

Me pregunta si tengo algún libro de Pedro Miguel Obligado. BIOY: «Vos creés que esta biblioteca contiene todos los libros». BORGES: «La creo una biblioteca infinita». BIOY: «Tal vez mandé a Pardo los libros de Pedro Miguel». BORGES: «Son libros prescindibles». BIOY: «Aquí está un libro de García Saraví sobre Pedro Miguel[1839] y aquí El hilo de oro». BORGES: «Mejor El hilo de oro. Si no, todavía voy a descubrir que García Saraví ha dicho lo que yo iba a decir». Empieza a comentar la historia que le conté hace años, de que todas las tardes, poco antes de cerrar la librería Kraft, los libreros veían llegar con alarma a Pedro Miguel, que elegía un libro de arte y se encerraba en el local para Damas. BORGES: «Si un hombre descubre que esa calma, o falta de calma, le es necesaria, hace bien en regresar todas las tardes. No va a convertirse en una bolsa de mierda». BIOY: «Me parece que estás convencido de que esa historia es lo esencial de Pedro Miguel. Mañana, sin proponértelo, vas a desembocar en ella». Le leo poemas del Hilo de oro. BORGES: «Tiene versos afortunados, cursilerías, groseros errores de sintaxis. No escribe impactar porque todavía no se había inventado. Escribe profundiza[1840]. Un hombre ignorante es capaz de todo». BIOY: «Es un poeta. Un poeta minúsculo». BORGES: «Menos mal que sólo tengo que hablar diez minutos. Un individuo había publicado en Bélgica un libro de trescientas páginas en blanco. Yo, en la revista de tu paisano…». BIOY: «Azul, de Ronco». BORGES: «No. Una revista de [Carlos] Vega, de Cañuelas». BIOY: «Mi pago no es Cañuelas. Las Flores o Pardo, sí». BORGES: «En una revista que dirigía Vega dije que entre nosotros desde hace años venía publicando libros, como ese del belga, Pedro Miguel[1841]. Después lo votó la Academia».

Me cuenta que ha llegado Néstor Ibarra: «No han de traerlo nostalgias de la patria. Ha de ser algún lío con Caillois. Trataré de que no me envuelva. Al fin y al cabo los dos son amigos y Caillois es una buena persona. ¿O no creés que es una buena persona?». BIOY: «Con vos es una buena persona y eso basta». BORGES: «Entre pueblos primitivos había que tomar el lado de uno de los dos amigos peleados, porque la guerra desembocaba en asesinato. No debo dejarme envolver». BIOY: «No, porque, además, la traducción de tus poemas por Ibarra, salvo aciertos ocasionales, es pésima. Vos sabés que soy partidario del verso medido y aun rimado. Pero los versos medidos y rimados de la traducción de Ibarra consisten principalmente en ripios». Está de acuerdo. Tal vez mañana coma con Ibarra. Me pide: «Por si acaso, llamame. Con Ibarra nunca se sabe».

Domingo, 17 de octubre. Come en casa Borges. Dice: «Nadie recuerda a Elias Regules. Ni siquiera los que recuerdan sus décimas. A lo mejor hay muchos poetas olvidados. Como el de los preciosos versos:

No me tires con la tapa de la tinaja

porque se raja.

No me tires con la tapa de la olla

porque se abolla.

No me tires con la tapa de la tetera

porque se aujera»[1842].

Atribuyó el favor de estas memorables estrofas al placer que procura la vulgaridad.

BORGES: «Con Ibarra me siento muy contento y no estoy de acuerdo en nada. Dijo que Rousseau es superior a Voltaire: qué disparate. Dijo que en Francia sólo se admite lo grave y lo triste. Una broma está mal vista. Imaginan que yo soy un escritor atormentado. “Francia está hecha un desastre —aseguró Ibarra—. Está bajo la influencia argentina”».

Salimos entristecidos por la lectura de cuentos y novelas para el concurso de La Nación. Me dice: «En momentos así hay que pensar: “En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme”, y uno recupera la fe en la posibilidad de escribir».

Lunes 18 al lunes 25 de octubre. En estos días, resolución sobre el premio de La Nación; retomamos con Borges el cuento sobre la censura; desilusión (moderada de parte de Borges) porque dan el Premio Nobel a Neruda.

Martes, 26 de octubre. Come en casa Borges. Concluimos el cuento de la censura.

BIOY: «¿Has oído la palabra capitoste? Los grandes capitostes del monopolismo foráneo, del comunismo internacional». BORGES: «No. Más bien, soconusco. Mirá en el diccionario». Leo: «Soconusco. Ver pínole. Polvillo originario de México, que se echaba, con vainilla, en el chocolate». BORGES: «Es claro: chocolate con soconusco[1843]. Se tomaba en Madrid. ¿Y qué es zocotroco? ¿Un plato de comida? ¿Un alimento? ¿Se dice: “Le sirvieron un delicioso zocotroco”?». BIOY: «Yo creo que es una masa informe y grande, probablemente comestible». En vano consulto el Diccionario de la Real Academia, a Segovia y a Garzón[1844]. Al rato, inventa un error: «Usted mascullará y mamboretá que soy un loco». Ya de vuelta en su casa, me llama por teléfono. Pregunta: «¿Cómo era esa palabra rara que te dije?». BIOY: «Soconusco». BORGES: «Mirá en el diccionario picatoste». Leo: «Rebanadilla de pan tostado que se unta con manteca». BORGES: «Quería tranquilizar mi conciencia: en Madrid se tomaba el chocolate con picatostes y soconusco». (De Segovia, Borges cuenta que su autor, al concluir su diccionario, se hizo un análisis de orina, para saber si al compilarla y redactarla había perdido fósforo. La anécdota creo que era una maliciosa invención del padre de Borges).

Miércoles, 27 de octubre. Por la tarde, a las seis, voy a La Nación. Reunión con el jurado, sin Borges (que partió a San Fernando, a la sexta o séptima presentación del libro de Mariana). Aparece el escribano Maschwitz. Se abren los sobres: uno de los premiados es Manguel (que pronuncian Manguél); Carmen se esperanza: «A lo mejor es catalán»; el otro, de apellido, si mal no recuerdo, italiano[1845], rápidamente lo identifica Cruz: «Un cordobés, de veintitrés años, muy buen chico, amigo de Manucho».

Sábado, 30 de octubre. Comen en casa Borges y el deprimido Peyrou. Con Borges, escribimos el cuento de la censura: agregamos un episodio que inventó en su casa. Me dice: «No creí que con esta idea pudiera escribirse un cuento tan bueno». En general, no le parecen buenas las ideas que no son suyas; digo esto sin amargura, como una simple comprobación.

Peyrou observa que hoy no se dice premiado, sino galardonado. BORGES: «Un defecto del español es la abundancia de palabras largas. La gente se esfuerza en abundar en eso, en volver el idioma aún más pesado, con las palabras más largas». BIOY: «Es claro, busca se les acaba pronto y prefieren búsqueda».

Dice Borges que sus alumnas le explicaron que bifacho es la marca de un producto alimenticio: «Hay Paty y hay Bifacho». BIOY: «Sí, pero creo que la palabra es anterior al producto». Borges opina que es peyorativa: un bife que no vale nada. «No —protesto y me apoyan todos—: bifacho es un bife grande. La terminación peyorativa corresponde a una modestia de compadre. Un vinacho no tiene por qué ser un mal vino». Ahora protesta Borges; pregunta si alguien dice «un vinacho Cháteau Lafitte». BIOY: «Tal vez no; pero vinacho es un simple sinónimo, bromista y cariñoso, de vino».

Comentando la perturbación de la mucama ante nuestra pregunta sobre qué clase de bife era un bifacho, Borges dice: «Yo nunca hago preguntas en los exámenes. La pregunta intimida. Como yo quiero que los estudiantes pasen…».

Hablamos de Mallea. BORGES: «Las águilas, como libro, es una calamidad. Una novela, cuyo tema son circunstancias que no se explican. Un español, de vendedor de cigarrillos en el Paseo de Julio pasa a prestamista y fuerte estanciero en Bahía Blanca. Cómo hizo para enriquecerse tanto, no se dice. Estaría bien si la historia del enriquecimiento fuera, digamos, el antecedente del libro; si se dijera “a un español que se enriqueció mucho, que pasó de vendedor de cigarrillos a estanciero, le ocurrió después lo que vamos a contar”. Pero la historia que Mallea cuenta, en cientos de páginas, es la de ese enriquecimiento, cuyas circunstancias no condesciende a explicar. Ahora está amargado porque se siente olvidado. Silvia Zimmerman, que lo considera en el pináculo de la gloria, no entiende esa amargura. Me parece que a mí todo el tiempo me tocan personas amargadas. ¿Qué habrá que hacer para no amargarse?». BIOY: «Olvidarse del destino personal y pensar en los temas». BORGES: «Sí, pensar en los temas. Un médico me asegura que el veinticinco por ciento de los jóvenes de hoy están desesperados».

Borges tiene una idea muy criolla, muy de empleado público, de las tareas (no me refiero a las del escritor o del artista: imagina que ésas se cumplen con agrado; si no, le parecen injustificables). Peyrou contaba que después de las ocho es casi imposible hablar por teléfono a La Prensa; para hacer economías, han suprimido telefonistas: ahora, después de esa hora, hay uno solo, que atiende las llamadas que puede, una de vez en cuando. Borges comenta: «Una economía bienhechora para ustedes. Tendrán menos trabajo».

Peyrou oye mal (por sordera, por dificultad de atender). Borges le habla de cualquier modo y la conversación continuamente se atranca. Después, Borges me pregunta: «Decime, ¿yo tengo algún defecto para hablar? Estoy pensando que algo me ha pasado, que no logro que me entiendan, que no podré dar más conferencias ni clases».

Lunes, 1.º de noviembre. Come en casa Borges. Concluimos la copia a máquina del cuento sobre la censura. Comentamos que las expresiones francesas cachet, por encanto, y raté, por fracasado, desaparecieron de la conversación porteña. BORGES: «Cachet ha quedado para las aspirinas y esas personas, de las comisiones organizadoras de conferencias, que le preguntan a uno: “Usted nos dirá cuál es su cachet”. A mí me da rabia y les contesto: “El de aspirina”». BIOY: «Sí, a mí también me da rabia, no sé por qué. En cuanto a raté, es una suerte que haya desaparecido, porque expresa un concepto odioso».

BORGES: «Un empleado de la Biblioteca, un tal Moña, me dijo que él era nieto (o simplemente pariente) de otro Moña, “el último que queda de los reseros de Güiraldes”. En la primera edición del Don Segundo, Güiraldes lo había olvidado, pero lo introdujo en las siguientes. “Todos se preguntaron —afirmó el descendiente del prohombre—, por qué habría elegido a don Segundo, que era el más inútil y charlatán de todos.”». BIOY: «Algún sentido literario tendría». BORGES: «Es claro: lo eligió por el nombre. No iba a ponerlo a Moña, que suena roña».

Martes, 2 de noviembre. Me entero de que Palazzi, editor italiano, publicó (o va a publicar). Seis problemas. Llamo a la Sudamericana; me dicen que Sur intervino en el contrato. Llamo a Fryda, que me tutea y me pregunta por Silvina y por Marta. El contrato se firmó este año, estando yo en el país. En ningún momento se creyó necesario consultarme o avisarme. Cuando protesto: «Yo había firmado un contrato con Bompiani», responde: «Pero antes habías firmado un contrato con nosotros. Somos tus editores, tus administradores». Acaso sea irrelevante, pero le hago notar que lo esencial de estos contratos es lo económico; con Sur hemos firmado el contrato de Seis problemas y el del Libro del cielo y del infierna; por Seis problemas, Sur nunca nos pagó nada. Es decir: Sur no observó su obligación —impuesta por el contrato que firmó— de pasar liquidaciones semestrales y de pagar: ¿por qué yo me consideraré atado si Sur no se considera atada en lo esencial del contrato? Aquí me dice que la culpa es mía, que nunca voy a Sur, que no reclamo el pago. Le contesto que existe el correo y que por ser la editorial de una cuñada no me parece delicado presentarme a exigir el pago; si no me pagan, me aguanto, pero no considero a Sur mi editor ni mi administrador. En el 68, el editor Ditmar pagó el adelanto por la edición holandesa de Seis problemas y Sur no nos pagó a nosotros, ni siquiera nos informó del hecho; hay un segundo pago holandés, igualmente sin rastros para nosotros; Denoél pagó a Sur el adelanto de Six problemes, con el mismo resultado para nosotros; sospecho de la existencia de una edición checa, tramitada por Sur, y ahora está la italiana, de cuya existencia me entero en esta conversación. Digo a Fryda que no quiero que tramiten nada sobre nuestros libros y que ante cualquier ofrecimiento lo primero que deben hacer será informarme. Por enojoso que sea, pienso después, debo aclarar las cosas, para que el hecho no se repita (por ejemplo, con el Libro del cielo y del infierno). O de nuevo con Seis problemas, que Hanser me pide. No nos engañemos: habrá que ser Daniel y enfrentar a los leones, a pride of lions, en la persona de Victoria.

Por la noche, come en casa Borges. Planeamos un nuevo cuento. BORGES: «Podríamos escribir el cuento de un hombre que se enamora de una mujer horrible, muy cursi, con gatos de porcelana y Betties Boop de celuloide». BIOY: «Quién sabe si podremos. Resultará el cuento de dos autores d’un goût très sûr que se mofan de la gente cursi: una miseria. Mejor sería que el Baulito Pérez, para dar celos y dominar del todo a una chica que lo quiere, trate de enamorar a una mujer fea, vieja, pobre, mersa, avara, egoísta, estúpida, mala; no lo consigue, se empecina, se enamora y se suicida»[1846]. A Borges primero le parece muy complicado; después bien, pero insiste, yo creo que por instintivo puritanismo, en que sea seria: «Si tiene a otro, hay un motivo. Tiene que desairarlo porque sí, porque no le gusta». Acepto su criterio, pero me digo: «Ya veremos». Más gracioso sería que fuera como la puestera de Pardo: «Puta pero no suya»[1847]. Es decir, además de todo: puta, es decir fácil. BORGES: «El Baulito tendría que obtener un triunfo, que le diera seguridad, y no le sirviera para nada en su conquista». BIOY: «Podría aspirar a la presidencia de la Asociación Argentina de Box». BORGES: «Fracasar y recibir, como consuelo, el puesto de Gancedo…». BIOY: «… la subsecretaría de Cultura». BORGES: «Ahí está medio perdido, porque no pesca nada, pero como conoce a un poeta…». BIOY: «No, a un coronel». BORGES: «Es claro: al coronel Godel, que vive en la calle Coronel Díaz». Después convenimos en que hay que buscar otro nombre, para no herir a Godel. BORGES: «Conoce a la mujer fea en una reunión en casa de una tía de la joven. La joven se llama Tejedor y la tía, inexplicablemente, Tejerina».

Hablamos de la candidatura de Peyrou a la Academia. BORGES: «Le pregunté a Peyrou si quería que lo propusiera. Asombrosamente, me contestó que sí». BIOY: «Hay un riesgo en que lo rechacen». BORGES: «Bueno. Qué le importa: no pierde nada. No le dan lo que no tiene». BIOY: «Sí, pero para un deprimido y perseguido como Peyrou, el rechazo podría ser un desastre». Por un momento trata de contestarme con sofismas; después se preocupa mucho. BORGES: «En la Academia soy bastante impopular. Me aguantan, pero no me quieren. I’m rather disliked. El criterio para elegir nuevos miembros para la Academia es que sean clubable[1848], id est la Academia es inútil, reunamos personas con las que no sea desagradable pasar el rato; evitar, asimismo, peronistas y comunistas, que mañana propongan un homenaje a Rosas y Perón y lo manden a uno a la cárcel porque no participó».

Jueves, 4 de noviembre. Por la noche, Elizabeth Azcona Cranwell nos entrevista a Borges y a mí. Dice: «Denevi habla de cosas que no maneja. Se permite atacar la poesía de Girri». Borges me sonríe. Dice también Azcona que en la editorial Losada hay correctores que ignoran su oficio. «En mi nuevo libro, yo había escrito —nos explica— caminaba mi cuarto y el muy bruto me corrigió: caminaba por mi cuarto». BORGES: «Yo era ese corrector». Comprende Azcona que Borges dice eso en broma; pero no sospecha que le dice, lo que es evidente, que está de acuerdo con el corrector. Continuamente Azcona dice: «Me interesa mostrar cómo el escritor puro, ustedes, articula el lenguaje cinematográfico».

Miércoles, 10 de noviembre. Buscamos con mi hija Marta a Borges; aparece con Haydée Lange, que huele a whiski. Borges la trata muy cariñosamente; después dice: «No creo que sea buena persona. Parece increíble: era lindísima. Cuando entrábamos en un restaurant, todo el mundo miraba. Muchos conveníamos en que era la mujer más linda de Buenos Aires».

Come en casa. Empezamos el cuento del que intenta enamorar a una mujer absurda y, porque no lo consigue, se enamora y se suicida. Después, recitando «Troy Town» me orina largamente el piso del baño. «Estás miando fuera del tiesto», le prevengo. Da un pasito hacia adelante y sigue recitando a Rossetti y meando en el piso. Sale con los zapatos empapados. Me pregunta: «Una poesía como la de Rossetti, puramente literaria, puramente decorativa, ¿es lícita?». BIOY: «Sí». BORGES: «A better kind of Oyuela». BIOY: «Sí, pero tanto mejor que la comparación no vale». Pregunta si al comparar, en «Troy Town», un seno a la luna y otro al sol no sugiere que la mujer tiene los senos desparejos[1849]. Elogia la gradual descripción del paraíso como un infierno, en «The Blessed Damozel».

Jueves, 11 de noviembre. Comen en casa Borges y Jorge Torres Zavaleta. Le digo a Borges: «Es muy educado. Está muy nervioso: quiere que pensemos bien de él». Trabajamos en el cuento del Baulito Pérez. Me habla de una baronesa checa que leía con él en Ginebra[1850]: «Estaba enamorada de Padre. A Madre no le importaba, porque se daba cuenta de que a Padre no le gustaba… Qué raro. Madre dice que los años de Ginebra fueron los más felices de su vida. No podía ignorar, sin embargo, que Padre la engañaba con todas las mujeres que tenía a tiro». BIOY: «¿Tu padre era muy mujeriego?». BORGES: «Sí; pero me pregunto siempre por qué elegía a las parientas y a las amigas de Madre». BIOY: «¿Qué pretendés? ¿Que saliera a cazar desconocidas? Un hombre que vive con su mujer, se acuesta con las personas que ve en la casa». BORGES: «Él me dijo: “Vos sabés que tengo una historia con Fulana y Zutana. Mirá: a mí no me importa mucho de las mujeres. Nunca me hicieron sufrir. Si me quieren, las aprovecho; si no, me tienen sin cuidado”. Vale decir que sus amores eran una forma de su indiferencia. A Madre debió de quererla mucho. Me pregunto si Norah supo de los amores de Padre. Qué raro: yo no sé nada de Norah. Ahora está muy dura con Madre; la corrige por cualquier cosa, con extrema severidad. Conmigo está muy buena. Madre dice que es porque Norah le oyó decir algo que le pareció contrario a Guillermo. Madre dijo: “No hay que hacer caso de lo que dice Guillermo, porque tiene perdida la cabeza”. No lo dijo contra Guillermo: era un hecho. Pero mi padre tenía razón: lo peor es cuando lo calumnian a uno con la verdad. Si te acusan de canibalismo, ¿qué te importa la calumnia, si sabés que es mentira?». Agrega: «Dulce hogar, oxímoron».

Viernes, 12 de noviembre. Come en casa Borges. Seguimos el cuento. BORGES: «Todo innovador, en literatura, cree que ha llegado al último extremo. Lugones escribió a Jaimes Freyre una carta elogiosa, pero le observó que no podían combinarse los versos pares y los impares. Era el Lugones de Las montañas del oro; después, en el Lunario, fue mucho más lejos; pero esas observaciones no son desdorosas para él; en ese momento las consideraba justas… Wordsworth ha de haberse imaginado que no se podía ir más lejos que él en el empleo del lenguaje popular en la poesía; después Kipling, en las baladas de cuarteles, fue mucho más lejos».

Dice: «Sin duda por motivos demagógicos (que tienen su raíz en los románticos y en su admiración por el hombre salvaje), la tradición que celebra el Día de la Tradición es la rústica. ¿Por qué celebrar a los gauchos únicamente y excluir a Sarmiento y a Alberdi, que también son parte de la tradición nacional? Me gustaría escribir un artículo sobre esto. Ibarra, sin embargo, me hizo una observación justa. Me dijo que los pueblos difieren por sus campesinos, no por sus intelectuales. Que los peones de su estancia no se parecen a los campesinos franceses, pero que los escritores —y tal vez toda la gente de la ciudad— son casi iguales en todas partes».

BORGES: «Me han dado hoy buenas noticias. ¿Sabés quién fue amamantado en la plaza del pueblo de Junín ante los ojos de Catriel?». BIOY: «Tu padre»[1851]. BORGES: «Sí. Bueno, creo que por ahí tenemos un nexo».

BIOY: «Es claro. Los caballos de mi abuelo. El Cuervo»[1852]. BORGES: «Y algo más. Parece que el título de mi abuelo era Comandante de las Tres Fronteras, la del Norte, con Santa Fe, la del Oeste y la del Sur. Así que tengo derecho a mi atracción por el Sur. Bueno, mi abuelo murió en el Sur. Tenía la comandancia en Junín, por ser un punto equidistante».

Silvina me informa que Victoria hizo hablar con una mucama, que dijo que me llamaría un señor (de nombre impronunciable) y que yo lo atendería. Llamó el señor, me dirigí al teléfono y Borges exclamó: «A las órdenes». Resultó el señor ser un alemán que he conocido aquí hace años, en cuyo nombre figura, si mal no recuerdo, el dispositivo Klaxon; viene con el equipo de la televisión alemana, que está haciendo un film sobre Borges, y quiere que yo participe. Aunque no me lo dice, yo sé que insistió ante Di Giovanni, que le dijo no de mi parte y ante Borges, que le dijo no de mi parte. Ahora me llega con el espaldarazo irritativo de Victoria y me dispongo a probarle que al perro porfiado no se le da mendrugo. Insiste como insistió hace un tiempo Silvia Zimmerman; apela a argumentos sentimentales: ¡Cómo habló de mí Borges en su Autobiografía! ¡Yo no voy a negarle ahora mi compañía! Le digo que Borges sabe que puede contar conmigo, y que no creo que le niegue nada esencial por no participar en ese film. No quiere convencerse el alemán de que se va a quedar con un no, y cortamos en medio de recíprocos deseos de felicidad y expresiones de gratitud. Cuando le cuento a Borges el tema de la conversación, no puede creer. BORGES: «¿Y por qué se mete en eso Victoria? ¿Qué tiene que ver en el asunto? Si los alemanes quieren sacarnos juntos a Victoria y a mí, les voy a decir que no. Al fin y al cabo yo nunca fui muy amigo de ella».

BORGES: «Me preguntaron si me gustaba el Brasil. Les dije que no, porque era un país lleno de negros. Eso no les gustó nada. No se puede decir nada contra los negros. El único mérito que tienen es el de haber sido maltratados y eso, como observó Bernard Shaw, no es un mérito».

Le cuento que unos señores de la sociedad, muy peronistas, se hacen cruces porque el hijo de una Gaviña de Estrada se casó con una enfermera.

Lunes, 15 de noviembre. Come en casa Borges. Trabajamos en el cuento del Baulito Pérez. Hablamos del vicio de la bebida y de la frase de Carmen Domecq: «Ay, no sé, a mí te aseguro que me dan pena». BORGES: «¿Por qué? Son fantasmas. ¿Y por qué se harán borrachos? Por placer no creo: elegirían algo más rico, se emborracharían con dulce de leche».

Cuenta que lo visitó en la Biblioteca «un demente». BORGES: «Quería que le firmara una petición para que el gobierno declarara que el turismo es el quinto poder. Le dije que aparte de mi opinión sobre el turismo —que no era deseable, porque enemistaba a los pueblos— consideraba absurdo que el gobierno legalizara las metáforas. “Además —objeté—, la que usted inventó no es ni siquiera graciosa. ¿Por qué no la ensaya con sus amigos? No creo que tenga suerte”. El hombre protestó: “Usted no me entiende, señor”. Lo saqué a empujones. “La petición —me dijo— tiene algunas firmas”. ¿Quiénes habrán firmado? ¿Hoteleros? ¿El doctor Dell’Oro Maini?».

Me pregunta: «¿A que no sabés quién declaró, en un documento más o menos oficial, “dirigí una nota a la Corte, pero no me dio corte”? Je te la donne en mille…: Victoria».

Miércoles, 17 de noviembre. Come en casa Borges. Trabajamos en el cuento del Baulito. Recuerda la frase de Macedonio sobre el Pensador de Rodin: «Nuestros pensadores, che, son más friolentos. No se desvisten para pensar»[1853]. Cita después la famosa frase —según Borges, de Rivarol— contra la abolición de la pena de muerte: «C’est à vous à commencer, messieurs les assassins»[1854].

Viernes, 19 de noviembre. Come en casa Borges. Trabajamos en el cuento del Baulito. Me cuenta que en la Academia la sesión fue tormentosa. BORGES: «Espero la primera oportunidad para renunciar. Les mandé para el Boletín un artículo sobre Banchs[1855], en el que digo que fuera de La urna su obra no tiene valor. Ojalá que me lo devuelvan, así puedo renunciar. Para ellos va a ser un alivio». BIOY: «No creo». BORGES: «Mirá, simpatía no me tienen. Llego: están hablando; me sirven el café; nadie viene a hablar conmigo. Saben que no los veo; pero los reconozco por la voz. Bernárdez dijo: “Los escritores tenemos editor. Las publicaciones de la Academia van a servir para difundir libros rechazados por todos los editores”. Para eso, tal vez convendría que en la Academia hubiera escritores. ¿Alguien conoce el estilo de Vedia y Mitre? Si te leen un párrafo, ¿lo identificás inmediatamente como de Sáenz Hayes? Ronchi March propuso la palabra camarógrafo y citó como autoridad el diario La Razón. Byron es el padre de Baudelaire y de la gente de los Nineties y de Mujica Lainez. Mujica Lainez tal vez tenga talento pero es un guarango. Si no, ¿por qué se llena la boca cuando dice el Palacio Errázuriz[1856]? Nalé nunca habló en la Academia. Tampoco habla Max Rohde: se cuida mucho. Mastronardi es irónico; nadie allí entiende su ironía. El más valiente y peleador es Bernárdez. A gritos, para que el otro lo oyera, dijo: “A la candidatura de Ronchi March yo me opongo”. Sáenz Hayes aseguró: “No puede ser vicepresidente y tener un cargo rentado. Los estatutos se oponen”. Los consultaron. No se oponían. Le dije a Ronchi March: “Le hacemos un regalo. Le damos la oportunidad de obrar desinteresadamente: renuncie al cargo rentado y presente su candidatura. A lo mejor no sale elegido y se sacrificó inútilmente, lo que es meritorio”. No le gustó nada lo que yo dije».

BORGES: «Sif era una sibila y se casó con Thor, el que dio su nombre a Thursday». BIOY: «Una chica que yo conozco, redactora de Gente, Siv Ekeren, escribe su nombre con v, Siv». BORGES: «Bueno, f y v». BIOY: «Son iguales». BORGES: «No tanto, pero…». BIOY: «La ley de Grimm…»[1857]. BORGES: «Como lo prueba un ilustre ejemplo: la declaración “Yo vivo en Vanfield”, perfeccionada, convertida con el tiempo en “Yo fifo en Fanfield”[1858]» BIOY: «¿Citás a Godel?». BORGES: «Digno autor de plumas con aliento por pájaro».

Domingo, 21 de noviembre. Vamos a buscar a BORGES: lo vemos en la calle Arroyo, del brazo de Silvita Zimmerman y escoltado por María Kodama. No viene a casa; va a lo de Mariana.

Jueves, 25 de noviembre. Come en casa Borges, de regreso de Salta. Dice que la ciudad de Salta le gustó pero que los salteños no tanto, salvo los estudiantes. Preparamos el borrador de una carta al editor Franco Maria Ricci y seguimos el cuento del Baulito.

Viernes, 26 de noviembre. Come en casa Borges. Escribimos un capítulo, o parágrafo, del cuento del Baulito.

Sábado, 27 de noviembre. Llama Ricardo Luna, que se va a Europa, con su mujer y con su hija. Todavía habla (menos afirmativo) de hacer, al regreso, en marzo o abril, Los orilleros.

Comen en casa Borges, Peyrou y Jorge Torres Zavaleta. Con Borges, trabajamos en el cuento del Baulito. Lo persuado de quemar etapas y aligerar. No estamos lejos del final.

Martes, 30 de noviembre. Come en casa Borges, que trae nuevas ideas para demorar y justificar la solución del cuento del Baulito Pérez. Trabajamos.

Jueves, 2 de diciembre. Come en casa Borges. Seguimos con el cuento del Baulito. Me dice que en la Academia, Leónidas, hablando sobre Valéry, llamó Léonard a Leonardo da Vinci[1859]: nadie se asombró. BORGES: «También mencionó repetidamente la obra Vanité, que ha de ser Variété».

Viernes, 3 de diciembre. Voy a La Nación. Uno de los jurados arrecia con metáforas tales como masticar y digerir el tema del próximo concurso. BORGES: «El final lógico es defecar». Se insiste en hacer un concurso para jóvenes; se elige, como tema, la poesía.

Cuando salimos, Borges me cuenta que esperaba hoy la visita de su sobrino Luis; que lo visitó Miguel, que le habló de Losada (donde trabaja) y sobre política, pero que como él (Borges) estaba preparado para recibir a Luis, siguió considerándolo Luis.

BORGES: «Hoy cometí un acto de cobardía. Me llamó Victoria, para que el domingo, en San Isidro, hablara sobre Valéry. Ella leería, después, “El cementerio marino”. A mí Valéry, como me dijo de Lowell ese amigo mío escocés, no me dio nada. No es santo de mi devoción. Y San Isidro queda donde el diablo perdió el poncho. A Victoria no puede importarle mucho. ¿Por qué la emulará a Wally Zenner? Yo le dije que tenía que consultar la agenda y que le contestaría. Desde la Biblioteca le hice hablar por la secretaria, para que le dijera que no podía. Yo siempre me indigno con los que me hacen hablar con la secretaria». BIOY: «Bueno… Victoria…». BORGES: «Ah, sí, a mí siempre me hace hablar por Fryda». BIOY: «Sos un privilegiado. A mí, por la mucama». BORGES: «No sos el único; a mí también», conviene, riendo.

Comemos. Escribimos el cuento del Baulito. Recordamos la conversación sobre el concurso, en La Nación, y reconoce: «Cuando hay más de tres personas yo no puedo discutir. Protesto, digo lo que pienso, pero de un modo que ni siquiera me oyen. Sólo me quedan tres puntos sobre los que soy irreductible: Rosas, Artigas y Perón. Hitler ya me parece un sueño; como si no fuera real. Sin embargo, mientras duró, lo fue bastante».

Sábado, 4 de diciembre. Come en casa Borges. Trabajamos en el cuento. Recordamos frases criollas: «Dejate de amolar la paciencia». «Lo saqué con viento fresco». «Lo saqué cortito».

Lunes, 6 de diciembre. Comen en casa Borges y Jorge Torres Zavaleta. Con Borges, trabajamos en el cuento.

Martes, 7 de diciembre. Come en casa Borges. Concluimos el cuento del Baulito. Toda vez que nombra al Baulito, pronuncia Bautista[1860]

Lunes, 13 de diciembre. Comen en casa Borges y Torres Zavaleta. Con Borges corregimos el cuento del Baulito. BORGES: «Hemos traído un procedimiento nuevo a la literatura: cuando inventamos una historia dramática, la convertimos en ridícula».

Domingo, 19 de diciembre. En La Prensa, «La noche de los dones» de Borges. El cuento está bien, en partes muy bien (la muerte del perro, la delicadeza del momento del amor con la cautiva); yo le haría, sin embargo, dos reparos: el título me parece un error. Ya Borges escribió el «poema de los dones»; parecería que hoy se repite con la alegre inconsciencia y amnesia del reblandecido. El segundo es casi más grave: si cree (siempre está diciéndomelo) que las comparaciones precedidas de como son literarias y resultan falsas cuando las introducimos en un lenguaje que remeda al oral y popular (o casi popular), ¿por qué íntima debilidad las consiente en su relato?

Viernes, 31 de diciembre. Sobre 1971. Con Borges, empezamos, en Buenos Aires y en Pardo, la traducción, en endecasílabos sin rima, de Macbeth; la abandonamos. Escribimos tres cuentos de Bustos Domecq: «Más allá del bien y del mal», sobre una idea mía; «El enemigo n.º 1 de la censura», sobre una idea mía; la historia de un amor del Baulito Pérez, a la que falta el título, sobre una idea de Borges, modificada por mí. Borges ha mejorado, pero está viejo (otro trabajo cumplido: con él y con Hugo escribimos el film Los otros y lo tradujimos al francés). Otro hecho, de algún modo vinculado con las letras y casi increíble: inicié el primer pleito de mi vida. Por medio de una abogada recomendada por Elvira Orphée, inicié juicio a la editorial Rueda (en nombre también de Borges, por Cuentos breves y extraordinarios). A Sur le retiré los derechos de gerencia de Seis problemas y del Libro del cielo y del infierno.


Sábado, 1.º de enero. Ha muerto Maurice Chevalier. A mí sus cantos y la manera en que los cantaba, siempre me maravillaron. Ante Borges, que lo despreciaba (sin siquiera examinarlo), disimulé un poco mi entusiasmo. Siempre Borges despreció el tango cómico; señaló sus complacencias canallescas y le di la razón. Callé también mi admiración por Sofía Bozán y, de algún modo, me sentí un renegado y un apóstata. Hoy confieso que me encantaba ver y oír a Sofía Bozán cantando tangos y a Chevalier cantando canciones francesas.

Jueves, 6 de enero. Hablo por teléfono con Borges, a quien hallo muy bien; animoso, despierto, lúcido. Su madre, en cambio, está sorda, está perdiendo la vista, sólo puede tragar lo que sale de la licuadora, se cansa en seguida, está muy triste, muy desanimada.

Le cuento el telegrama que me mandó Victoria, conminándome a recibir a los periodistas de la televisión francesa. BORGES: «Victoria se parece a Di Giovanni. No están en el mismo estante, por eso la comparación no resulta evidente. ¿Sabés a quién los de la televisión francesa[1861] consideran un sabio? A Caillois. ¿Cómo los engrupió? Ese desertor tuvo más suerte que Cruz y Fierro… Una mañanita clara[1862] se vino para acá». BIOY: «Y se salvó de la guerra. Bueno, evitó una disciplina militar para caer en otra». BORGES: «Naturalmente. A Victoria tendría que decirle todo el tiempo: “A sus órdenes”». Agrega: «No dudaban de mi admiración por Supervielle: “Mis à part Jules Supervielle, à qui vous aimez tant, quel autre? [Aparte de Jules Supervielle, que a usted le gusta tanto, ¿qué otro?]”».

BORGES: «Estoy escribiendo un cuento fantástico». BIOY: «Yo también». BORGES: «Es lo que se espera de nosotros».

Viernes, 7 de enero. Come en casa Borges. Me cuenta su cuento[1863]: admirable, con el defecto de ser «El otro Borges» o «Borges y yo» once again.

Lunes, 10 de enero. Come en casa Borges. Me da a entender que su madre se acerca a la muerte: desvaría, se perdió anoche en la casa. Fanny, la mucama, dice: «Ahí la señora está variando». Agrega BORGES: «Es una situación como la de tu cuento[1864]. La miro y no sé si es la misma».

Un señor Lamarca llegó en su automóvil a la Municipalidad, por la Avenida de Mayo y, al ver al comodoro Güiraldes en la puerta, dejó el bastón en el coche, para no tenerlo a mano «si le daba mucha rabia». No era para menos: el comodoro se presentó vestido de gaucho, con rastra y facón. Lamarca, cuyo campo linda con el de Güiraldes, lo increpó: «No me mande más esas tarjetas ridículas. Vaya personalmente a hablarme. Si no le gusta lo que le digo, podemos arreglarlo de hombre a hombre». Güiraldes ni mosqueó. BORGES: «Esa frase de hombre a hombre suponía una simetría irreal. ¿Qué pensará Güiraldes? No puede consolarse con la idea de que el otro es un compadre, ya que por su vestimenta —con facón, en la Avenida de Mayo— está demostrando que el que es un compadre es él, o que su ideal es ser tan compadre como el otro se mostró con él. No puede decir: “Ésta es una digresión. Espero su argumento”»[1865].

BORGES: «Un día, Xul me dijo: “Cuando lea algo escrito en neocriol, aunque sea una novelita sin importancia, o un prospecto de algo, tráigamelo, por favor”. Creía que su innovación en el idioma no tenía valor si no lo acompañaban multitudes. Una vez le pidió a Madre que le permitiera recortar de un diario un suelto en que él figuraba entre los asistentes a una comida. “Para que lo vean las viejas”, explicó. Las viejas eran su madre y su hermana. Quería mostrarlo en su casa, para que vieran que lo tomaban en serio… Qué triste». Comenta: «Vos me dijiste una vez que por más que uno conozca a alguien, no puede prever cómo va a escribir. Esa observación, que es justa, me impresionó mucho».

Miércoles, 12 de enero. Comen en casa Borges, Pezzoni (alborotado por el alcohol) y Cozarinsky. Borges comenta que su tío Luis Melián Lafinur decía gaúcho; que en Ascasubi, dos o tres veces se encuentra la forma gaúcho y que gauderio, «desaparecido acá hace dos siglos», todavía se emplea en Rio Grande do Sul.

Viernes, 14 de enero. Visita de Norman, que anuncia su plan de irse a vivir a St. Andrews. Como dice que lo que más lo desespera de su pelea con Borges es saber que él (Norman) no hizo nada para provocarla, le explico: «He feltyou were bossing him. Si usted camina por la calle y le toma el brazo, Borges lo sacude. Ese ademán es un símbolo».

Come en casa Borges.

BORGES: «La gente me habla de Cortázar como de un traidor, porque se ha hecho ciudadano francés. Yo no creo que tenga ninguna importancia. ¿O después de esa operación mágica ya no le gusta el dulce de leche? Fuera de Rusia es muy fácil ser escritor comunista. Basta decir que uno es comunista. Si leés a Cortázar, ¿notás algo especial? Dentro de Rusia, en cambio, tienen que ajustarse a ciertas reglas».

Sábado, 15 de enero. Por la mañana, en la plaza contigua, a la sombra, lectura de Les autres. Para quedar como muy franceses ante los franceses, Hugo recarga el texto de estos argentinos de argot parisién; se le va la mano y el diálogo, por momentos, se vuelve endeble y poco creíble.

Por la noche, come en casa Borges. Cuando le hablo de Norman se endurece. Me regala una vida de Conrad, por Jocelyn Baines[1866].

Domingo, 16 de enero. En La Nación, «1891», un poema de arrabal, de Borges, que parece una parodia.

Martes, 18 de enero. Recibo carta de Ricci, aceptando nuestra propuesta de publicar Cuentos breves y extraordinarios[1867]. Por la noche, come en casa Borges.

BORGES: «Urquiza tenía en San José una tigra sin garras ni dientes que se abalanzaba sobre los visitantes. El hecho divertía al buen señor, que se burlaba de los que mostraban miedo. A la viuda de su enemigo Berón de Astrada, ejecutado por orden suya, le mandó unas maneas y un bozal hechos con la piel del difunto. Cuando Madre contaba estas cosas, Norah se escandalizaba: “No digas esos horrores contra Urquiza, que nos salvó de Rosas”. O: “No digas esos horrores contra Urquiza, que vivía en ese palacio tan lindo, San José”. Quién sabe si conviene que los tiranos levanten palacios».

Me refiere el cuento que escribirá: el de un profesor que logra el apoyo de otro, vanidosamente proclive a la ecuanimidad, haciéndole una mala jugada. Llevará, tal vez, por título, «El soborno». Abogo en favor de que el beau role sea para el débil, no para el de la estratagema (éste se muestra más dominado aún por el sueño de la vida, ya que para sus engañosos fines monta una estratagema laboriosa). BIOY: «Es el cuento que me contaste hace un tiempo; pensamos hacerlo con un juez que tenía entre sus manos la vida de un acusado». Borges había olvidado esas conversaciones.

Miércoles, 19 de enero. Carta a Ricci sobre Cuentos breves y extraordinarios y sobre Literaturas germánicas medievales, que quiere publicar también.

[Jueves 20 de enero al domingo 5 de marzo. Bioy Casares en Pardo y Mar del Plata].

Sábado, 25 de marzo. Borges, que llegó ayer de los Estados Unidos, donde le dieron el título de doctor honoris causa de la Universidad de Michigan, está muy animoso. BORGES: «El acto del doctorado fue evidentemente político. Si hubiera sabido, no iba. Nos dieron el título a cuatro personas: dos blancos, un piel roja y un negro. Yo creo que sólo por racismo, porque toman en cuenta las razas, nos eligieron. ¿No es rara esa proporción? Por lo menos, sospechosa… Mariana tomaba nota de todas las conversaciones. A veces las interrumpía y pedía —porque es un poco sorda— que le aclararan si habían dicho How do you do o Good afternoon. Es bastante incómodo conversar así. Creo que ha de preparar un libro Viajando con Borges[1868]. Aparte de eso, es una excelente compañera. Está ansiosa por encontrar todo bien, o interesante. Las diferencias no le molestan, como a Elsa, sino que le interesan. Es lo contrario de Elsa. En Austin estuve en el mismo hotel donde paramos con Elsa. Me sentí muy feliz de estar allí sin Elsa. Tucson es un lugar monstruoso, rodeado por el desierto. En el desierto sólo hay animales infernales: el coyote, el jack-rabbit (un conejo de largas orejas, una inmundicia) y serpientes de cascabel. Los coyotes comen jack-rabbits. En un solo día me dijeron, en San Diego y en Tucson, en español y en inglés, una expresión para invitarlo a uno a hacer pis: “¿No quiere usted estrechar la mano de su mejor amigo? Do you want to shake the bishop’s hand?[1869]. También me enseñaron la estrofa:

Here I seat,

all broken-hearted,

tried to shit,

but only farted[1870]:

Arreóla es un excelente cuentista mexicano. Me contó un cuento que escribió en estos días, sobre un viaje en tren[1871]. Me dijo: “Es un cuento que cuelga de Kafka”. Pero es injusto consigo mismo porque el empleado del ferrocarril, que atiende al héroe, es benévolo; en Kafka sería frío y lejano. Gerardo Diego estuvo amabilísimo. Hablamos de Mastronardi, a quien Gerardo Diego admira mucho. Me dice que se escriben, pero que él siempre se siente en deuda, porque Mastronardi le manda unas cartas muy literarias y que él no puede competir en ese estilo. Vine con Donald Yates, que mucho me temo está por convertirse en Di Giovanni. There’s no love lost between them. No saben que son la misma persona. A lo mejor tradujeron mi cuento “Los teólogos”, sin descubrir que son los protagonistas».

Lunes, 27 de marzo. Come en casa Borges. Le cuento que un chico entra en un almacén de Nueve de Julio, con dos amigos. Un hombre grande lo empuja. El chico no dice nada. Cuando va a salir, el hombre vuelve a empujarlo. El chico le dice: «No me empuje». El hombre lo desmaya de un puñetazo. Los compañeros del hombre sujetan a los amigos del chico y otros levantan al desmayado y se lo ofrecen al agresor que le da dieciséis puñaladas en los intestinos y otras en varias partes del cuerpo. El agresor es carnicero, matón y está libre; el chico agoniza. Después de comentar el asunto, Borges dice: «¿El agresor se llama Millán o Astete?».

Miércoles, 29 de marzo. Come en casa Francis Korn. Me cuenta que el Instituto del Cinematógrafo francés aceptó Les autres. Que Hugo vacila entre James Masón y Henry Fonda para el librero y que la heroína sería Marie Laforet.

Jueves, 30 de marzo. Come en casa Borges. Me dice: «Estoy escribiendo un soneto sobre los coyotes»[1872]. Comenta la palabra azteca cóyotl y que los coyotes se extienden desde Canadá hasta Nicaragua.

BORGES: «En la “Balada de Reading Gaol”, Wilde se olvida del estilo en que empieza y pasa a otro. Kipling nunca cometería ese error. Los poemas de Kipling son de una sola pieza. No creo que en las Barrack-Room Ballads ponga una expresión de otro ambiente. Kipling observó que un poema en celebración de una victoria, que no tenga un momento de melancolía, es intolerablemente grosero. Darío, en cambio, se descuidaba, pero en él todo fluía. Andrew Lang descubrió en los versos de Wordsworth líneas que parecen de Pope o de otros poetas del siglo XVIII. Señala un ridículo deadly tube a que apela Wordsworth para no decir fusil».[1873]

Lanusse nombró a Rojas presidente de un Tribunal de Honor para juzgar a Gnavi y otros almirantes[1874]. El tribunal condenó a Gnavi. Lanusse lo sobreseyó. Rojas protestó en los diarios. Lanusse lo mandó preso. Borges dice: «Los tribunales de honor serán una idiotez. Pero si están jugando a ese juego, deben respetar las reglas. El mismo Lanusse nombró a Rojas… Cómo está este país. Lo han puesto preso a Rojas y no hay puebladas». Cuando le cuento que dicen que Perón, antes de morir, podría portarse bien para quedar como un gran hombre, pregunta: «¿Por qué no manda el dinero que se llevó? ¿Por qué apaña y estimula a los terroristas?».

BORGES: «En esta semana han muerto dos o tres amigas de Madre, que sintió esas muertes como un presagio: a todas les llevaba entre diez y quince años. No las veía hace tiempo, porque estaban completamente lelas. Para Madre mi viaje fue bastante terrible. Cuando la vi así quise quedarme. Me dijo: “Quiero que vayas”. En el momento de la partida yo estaba deshecho; Madre me dijo: “Basta. No seas maricón”. Supe después que se quedó llorando».

Sábado, 1.º de abril. En Pardo. Llama Peyrou. Me asegura que en La Prensa no hay interés en dar noticias sobre Borges. «¿Qué ha pasado?», pregunta. Propongo: «Quizá se enteraron de que en El Congreso Borges dice de un personaje que es tan sonso que guarda una colección completa de La Prensa».

Viernes, 7 de abril. Llamo a Borges. Empieza a contarme que el viaje a los Estados Unidos fue muy agradable, a pesar del desierto de Arizona… Lo interrumpo: «Nos hemos visto después de tu viaje». BORGES: «Es claro. Estoy perdido… Entonces… el nombramiento de Peyrou en la Academia fue muy agradable. Estoy seguro de que va a ser una excelente noticia para él». BIOY: «En la medida en que pueden haber excelentes noticias para él». BORGES: «En la medida en que una noticia puede parecer excelente en el infierno». BIOY: «Hace un rato hablé con él. Cuando lo felicité me dijo: “Pensar que voy a tener que ver a toda esa gente me asusta; que voy a tener que oír cuando hablan…”. Nada alegra al deprimido». BORGES: «Por Peyrou hubo una gran mayoría a favor. Tuvo un voto en blanco y otro en contra. Por suerte Ronchi March no entró: sólo tuvo tres votos a favor: los de Leónidas, Estrella Gutiérrez y Manucho. González Lanuza no tuvo votos en contra. Creo que nadie lo quiere y que nadie lo aborrece. Lo mejor para infiltrarse, para lo que su formato lo ayuda… En un discurso sobre Marasso, dijo Mujica Lainez: “Poeta cuyos libros tengo el honor de no haber leído”. “Yo soy anterior a la puntuación de Marasso —dije—. Una vez me dio un artículo y tuve que puntuarlo para que pudiera publicarse”. “No creo que nunca haya aprendido a puntuar —afirmó Mujica—. Ni que sus libros puedan mejorarse por ese expediente tan simple.”».

BORGES: «Lo que está mal es el país. Qué raro Lanusse. Fingiendo que es muy amigo de Perón, mientras el otro fomenta el terrorismo, le prepara huelgas y le hace zancadillas. Perón acepta todo lo que le dan, pero no da nada a cambio». BIOY: «Es como la Locarno»[1875]. BORGES: «Sí. La única explicación es que Lanusse sea homosexual y que esté enamorado de Perón o de uno de los jefes de la CGT. Que todo sea una maniobra para conseguirlo». BIOY: «La ventaja de esa explicación es que así por lo menos la lógica se salva».

Me dice que mañana viene a comer. «Podemos pensar algo», agrega, lo que significa: «Podríamos pensar algo para escribir; un nuevo cuento».

Sábado, 8 de abril. Come en casa Borges. BORGES: «Di Giovanni me llamó por teléfono para preguntarme cómo traducir la frase: “Mate: Capitanejo Painé sabe morir”[1876]. ¿Qué otra interpretación, además de la evidente, encontrás vos?». BIOY: «Ninguna». BORGES: «El gran traductor pregunta si el capitanejo Painé antes de morir no pidió un mate. Te das cuenta, qué animal. Madre, porque lo quiere a Di Giovanni, dijo que la frase en realidad era ambigua. Yo le pregunté a Fanny. Madre se puso furiosa: “Qué sabe Fanny de esas cosas”. “Precisamente, porque no sabe nada le pregunto.”». BIOY: «Un extranjero puede cometer confusiones que nos parecen inconcebibles. Antonio, el chofer de mi padre, cantaba:

Percanta que me amuraste

en lo mejor de mi vida

dejándome el alma herida[1877]

y yo no tenía la menor idea del significado del primer verso: ni siquiera sabía dónde concluía una palabra y empezaba otra».

BORGES: «Alastair Reid dice que Hartley escribe sus novelas con lapicera y pluma (del tipo Perry) y que entrega auténticos manuscritos, de letra clara, regular y limpia; que en Inglaterra es leído, respetado, admirado, pero que casi nunca se lo menciona en las Historias de la literatura. Parece a bank-clerk y es muy tímido. Comentó Reid que en Francia Charles Morgan es uno de los escritores ingleses más importantes. Evidentemente no lo es en Inglaterra. Reid condena a Escocia por no participar de pasiones políticas y destaca qué diferente es Chile: diferencia contra Escocia, en opinión de Reid. Dice Reid que por los portones el Barrio Norte de Buenos Aires parece para gigantes». BIOY: «A Helena Garro, Nueva York le parecía una ciudad para gigantes. Nadie es profeta en su patria ni Buenos Aires para los porteños». BORGES: «A Reid, ingleses de tres o cuatro generaciones, de Hurlingham, le dijeron: “Qué suerte tiene de irse back home”». Agrega: «Otros sitios fuera de la realidad son las universidades inglesas y, en particular, Oxford. Vivir en ellas es como vivir en una biblioteca».

Asegura que a medida que escribe el prólogo, su opinión sobre Swedenborg empeora[1878].

Sábado, 15 de abril. Como, en el Pedemonte, con Vlady Kociancich y Alastair Reid. Reid dice: «Borges no conoce a nadie, porque no deja hablar».

Martes, 18 de abril. Visita a Norman. Firmamos el contrato con Dutton para Crónicas[1879], debe entregarse la traducción en fecha fija; la mitad del libro está traducida por Borges, Di Giovanni y yo; el resto deberá traducirlo solo DI GIOVANNI: a poncho. Di Giovanni me pregunta: «¿Qué significa exactamente configuró?». Me había dicho que tenía algunas dudas: me obliga a traducirle la segunda mitad de un cuento (la primera ya estaba traducida por JLB, ABC y al trotecito, por detrás, DG).

BORGES: «De la Fundación Guggenheim me preguntan por la hija de Lisa Lenson. ¿Qué debo decir?». BIOY: «Yo no puedo contestar que una persona no vale nada. Yo he contestado que Murena es un gran escritor». BORGES: «Tenés razón: estás en la tradición argentina. Además (en broma) aunque dice strictly confidential, ¿si se llegara a saber? Claro que si Arlt es una autoridad en materia de idioma, ¿quién no lo es?».

Sábado, 22 de abril. Comen en casa Borges y Peyrou. BIOY (a Borges): «¿Te acordás? Hace años íbamos a visitar a sobrinas o nietas de José Hernández, para que nos comunicaran las obras que él les había dictado después de muerto». BORGES: «Yo fui a verlas, pero me negaron la existencia de esas obras porque cometí un error evidente: me presenté con Pipina [Diehl]. Imagínate, vieron a esa señora alta y segura, y me dijeron que no, que era un error, que no tenían nada». BIOY: «Conociste la desilusión del héroe de Los papeles de Aspern». BORGES: «José Hernández era muy comercial. Se hacía llamar Martín Fierro; a su librería la llamó Martín Fierro; a su estancia la llamó Martín Fierro. Rafael Hernández, para poner el nombre de su hermano a una calle de Pehuajó, les puso a todas nombres de escritores. En Nomenclatura de las calles de Pehuajó habló bien de todo el mundo, salvo de los poetas gauchescos (aunque me parece que a Hidalgo lo elogia)».

BORGES: «Goethe, después de tomar una taza de té, afirmó que le producía una suerte de borrachera suave. Agregó que el té era indispensable para comprender la poesía inglesa. Para comprender a Byron y sobre todo a Shakespeare, que nunca había tomado té».

Lunes, 24 de abril. Come en casa Borges. Escribimos el borrador de una carta a Hugo Santiago. Habla de Elizabeth Azcona Cranwell. BORGES: «Esa chica me engañó. Confundí el placer de encontrar una argentina en los Estados Unidos, de caminar con ella por la nieve, con méritos personales». ¿Cómo no lo van a engañar si habla solo? ¿Recuerda una conversación? Se equivoca: recuerda su monólogo.

Viernes, 28 de abril. Hablo por teléfono con Borges. «Madre está muy nerviosa —me dice—. Prefiere que no salga. El Molinero tendrá que esperar».

Sábado, 29 de abril. Come en casa Borges. Me habla de la colación de grados de Macedonio. Los padres de Borges y de Peyrou, Macedonio Fernández, Enrique Larreta, Carlos Ibarguren y otras personas conocidas se recibieron de abogados el mismo año. Como para la colación de grados había que presentarse de jacquet, sintió pereza Macedonio, y aún más cuando previo el ulterior banquete; pasó, pues, por la comisaría del barrio y consiguió un certificado de pobreza, lo que provocó el disgusto de su madre (y la furia de la madre de Borges, que todavía hace causa común con su difunta amiga). BORGES: «Los Fernández eran gente acomodada. A las mujeres no les gusta que las tengan por pobres. Macedonio le dio a Padre una razón suplementaria para lo que había hecho: “Muy pronto triunfará el anarquismo; todo va a cambiar y estos títulos no tendrán ningún valor”».

Dice que a don Vicente López y Planes lo llamaban el honorable comodín, porque estaba dispuesto a apoyar a cualquier gobierno. En su casa de la calle Perú, López y Planes reunía a sus tres nietitas —la abuela de Borges, Teresa Ocampo y una tercera (olvidada)[1880]—, tocaba el himno en el piano y las obligaba a cantarlo entero: incluso tiene la idea, pero debe de estar equivocado, de que las tres chicas cantaban paradas sobre el piano. BORGES: «Las chicas tendrían que ser muy chicas o el piano, muy grande». Refirió que Norah, muy chica, al oír la parte del himno en que la música se apura (Sean eternos los laureles / que supimos conseguir: / ¡coronados de gloria vivamos / o juremos con gloria morir, / o juremos con gloria morir!), comentó: «Esto es una travesura».

Domingo, 30 de abril. Come en casa Borges. Empezamos el cuento del Molinero, inventado y pensado por Borges. Recuerda que, de chico, él creyó que vientre Jesús, en «bendito es el fruto de tu vientre, Jesús», era una sola palabra. La otra alternativa era creer que el vientre se llamaba Jesús.

Martes, 2 de mayo. Come en casa Borges. Trabajamos en el cuento del Molinero; paso a máquina lo escrito: casi una página y media. BORGES: «Estela Canto me dijo que mi nariz era el pedazo de carne menos interesante del mundo. Norah parecía estar de acuerdo con el dictum de Estela».

Miércoles 3 y jueves 4 de mayo. Come en casa Borges. Trabajamos en el cuento del Molinero.

Sábado, 6 de mayo. Comen en casa Borges, Alberto Manguel y su amigo, un tal Jimmy. Con Borges trabajamos en su cuento del Molinero; casi diría que él dicta. Sin embargo, cuando hay que inventar para el Molinero versos mal medidos, Borges se pone sorprendentemente torpe. Le suministro los dos versos que recordamos.

Domingo 7 al miércoles 10 de mayo. Come en casa Borges. Trabajamos en el Molinero.

Jueves, 11 de mayo. Escribo una carta a Vanna Brocea, traductora al italiano de Seis problemas, y ahora de Un modelo para la muerte, que me hace consultas sobre puntos oscuros —todo es oscuro— de este último libro. Visito a Edicom: sin dificultad logro que acepten que los derechos internacionales de Un modelo y de Dos fantasías pasen a nuestras manos.

Sábado, 20 de mayo. Come en casa Borges. Trabajamos en el Molinero. El primer poema del Molinero podría ser:

La avutarda da a sus hijuelos

agua, alimento para el buche.

Tú eres la avutarda, hijuelos

yo. Daca oro para mi estuche.

Remeda ¡ea! Al conde de Puga

que diome medio besugo y quesos

de Burriana. Pon pan, pon pechuga;

de no, magro potaje harán mis huesos.

Arrópame en jubón ajustado,

a mi bolso da moneda no poca,

calza en mi testa gorro plumado,

llena de sopa de pan esta boca.

Si servicial acudes a mi dolor,

darete yo versos para tu tambor.

Al verso «de no, magro potaje harán mis huesos», habría corrección de mano del propio Molinero:

de no, flaco caldo harán mis huesos.

de no, flaco caldo harán mis huesos.

Sábado, 27 de mayo. Marta Inés Leiría viene a consultarme porque prepara una tesis, para la Facultad, sobre mi obra. Me dice que para escribir una tesis hay que trabajar de acuerdo con un profesor, en este caso Caillet Bois, que sirve de guía. Caillet Bois opina que las principales influencias en mi obra son Borges, Macedonio Fernández (?!) y Lugones (?!!). Evidentemente me ve como una provincia de Borges: Macedonio y Lugones pertenecen al mundo de Borges y son ajenos al mío.

Domingo, 28 de mayo. Come en casa Borges. BORGES: «Si le dicen que alguien es analfabeto, Norah tiene una expresión de ternura. No cree que haya gente grande: para ella todos somos chicos y nuestros aciertos y nuestras deficiencias la enternecen. Es naturalmente benévola». Comenta que en la Grecia antigua las mujeres eran iletradas; por eso el amor con ellas era sólo carnal, a diferencia del amor entre hombres. Que todo poema de amor persa es de un hombre a otro hombre. BIOY: «Bianco, Juan José Hernández, Pezzoni y tantos otros, tratan de que pase algo así en nuestra época y en nuestra literatura. Si prevalecen, una historia de amor, para no ser deleznable, tendrá que ocurrir entre hombres. Ay de mis libros».

Cuenta que en Madrid, cuando llegó de Suiza, con Garfias y otro amigo iban todas las tardes (o noches) a una pensión donde vivían unas chicas amigas. Pasaban una hora u hora y media en la sala, casi en la penumbra, cada uno con una chica sentada sobre las rodillas o abrazada. Las chicas hablaban de su pureza, de que irían vírgenes al matrimonio y mientras tanto los tocaban y masturbaban. Después de esos manoseos recíprocos salían «tembleques» a la calle. Enumeramos títulos: Paja Brava, del Viejo Pancho; La civilización manual, de B. Sanín Cano; La mano y su viaje, de Magdalena Harriague.

Lunes, 29 de mayo. Come en casa Borges. Le propongo que escribamos un cuento sobre un profesor, que entrevista a un escritor famoso y, aunque averigua hechos que contradicen (no desdorosamente) la imagen del escritor que profesores y críticos han impuesto, después de una «crisis de fe» resuelve heroicamente ocultar las nuevas informaciones y reforzar la imagen establecida.

Cócaro encontró en Caras y Caretas cuentos de Lugones no recogidos en volumen. BORGES: «No deberían publicarlos, si el autor no los incluyó en sus libros».

Jueves, 1.º de junio. Come en casa Borges. Trabajamos en el nuevo cuento.

Viernes, 2 de junio. Come en casa Borges. Trabajamos en el cuento. BORGES: «Cada vez que Ricardo Rojas intenta, para descripciones del campo, el estilo sublime, emplea la palabra boñiga. No hay título más falso que La pampa y su pasión. Qué mala suerte la de Larreta y de Gálvez, de publicar Zogoibi y La pampa y su pasión el mismo año en que apareció Don Segundo Sombra». Agrega: «Güiraldes nunca había visto una riña de gallos. Creo que vio la primera en Venezuela».

BIOY: «En el Times Literary Supplement, en un artículo muy elogioso sobre Ford Madox Ford, se dice que éste en sus memorias es muy inexacto y hasta mentiroso». BORGES: «Yo tampoco podría ser fidedigno en matería de fechas. No tengo idea de la cronología. Además, todo buen conversador modifica los hechos, para que el relato sea más eficaz y gracioso». No cabe duda de que él es un excelente conversador, y continuo. En las idas a su casa, cuando lentamente avanzamos hacia el garaje para buscar el coche, o en el momento en que detenemos el coche, en la calle Maipú, para que baje (con la impaciente Silvina, que lo lleva hasta la puerta), confirmamos el aserto.

No ve la clara del huevo frito en el blanco del plato y durante un tiempo que parece infinito repite el acto de llevar a la boca la cuchara vacía. La naturaleza resbaladiza del huevo agrava sus dificultades.

Domingo, 4 de junio. Come en casa Borges. Escribimos una página del cuento. Me dice: «Mañana se inaugura una exposición de Julia [Peyrou]. Será una vergüenza».

BORGES: «La expresión en seguida es bastante pesada. Yo nunca vi la palabra seguida empleada sola. Seguramente algún español se atrevió».

Miércoles, 7 de junio. Come en casa Borges. BORGES: «Vos me dijiste que habías visto una exposición de Julia y que es una vergüenza». BIOY: «No. Vos me dijiste eso. Yo la vi y no me pareció mala: algunos ángeles no me disgustaron».

BORGES: «Groussac dice que Shakespeare es único entre todos los autores porque al leer sus obras uno no tiene por qué recordar que habían sido escritas en su época[1881]: eso me parece falso… Othello no me gusta. Todos hemos sentido celos, pero no podemos exaltarlos. Acusar a una persona de querer a otra es tan absurdo como decir, al pisar un sapo: “Por ser sapo lo tiene merecido”… Está mal que Hamlet sea tan reflexivo y que sin embargo crea en fantasmas. De Hamlet salieron Lord Byron y Baudelaire. En realidad, lo mejor del teatro de Shakespeare es Macbeth».

Jueves, 8 de junio. Come en casa Borges. Trabajamos en el cuento. BORGES: «No sé para qué me peleé con Di Giovanni. Este Yates, que vino a tomar su lugar, es igual, pero peor. ¿Di Giovanni sabrá que son idénticos? En realidad, Di Giovanni debería pensar que la pelea ya concluyó, que ya está de nuevo trabajando conmigo».

Viernes, 9 de junio. Voy a casa de Borges, a buscarlo. No ha llegado. La señora está en cama. La encuentro muy disminuida físicamente; uno advierte que la muerte está cerca; el buen color y la lucidez, sin embargo, continúan. «No lo esperes más —me dice—. Silvina va a estar con cuidado». Me voy.

Sábado, 10 de jimio. Borges no come en casa, porque una conferencia sobre Camoens[1882], que prometió para el jueves próximo, se le vino encima. BORGES: «No sé para qué me comprometí. Es claro que esto me ha permitido descubrir que Camoens es uno de los peores poetas del mundo. Os Lusíadas es, como dijo Groussac de Don Quijote, le type du chef-d’oeuvre manqué. La frase es injusta con Don Quijote: no creo que Cervantes lo escribiera para hacer una obra maestra, y como obra maestra no es manquee. Os Lusíadas es como Milton, que tampoco es bueno; pero peor. En la India, en la China, siguen los dioses griegos y latinos. Es una epopeya cristiana, pero Baco y Neptuno pelean por los moros y Venus y Minerva están muy interesadas en la organización del Oriente. Neptuno le permite el epíteto neptunino[1883], Los portugueses tienen unos amores, frígidamente contados por lo demás, con ninfas, que después resultan ser la Fama y la Gloria. ¿Vos sabés cuántas traducciones al inglés existen? No menos de diez[1884]. Yo creo que la gente confunde la simpatía por Portugal, la simpatía por los países chicos y fracasados, con los méritos de Camoens. Todavía vamos a tener la esperanza de que una epopeya argentina sea muy famosa».

Por la tarde, viene Donald Yates. Me habla del pobre William Irish, cuyo verdadero nombre era Cornell Woolrich. Recuerdo que al aparecer en la «Serie Naranja» de Hachette No quisiera estar en sus zapatos[1885], de Irish, Borges y yo reconocimos, con la aparente imparcialidad y con la auténtica mala disposición propia de directores de una colección competidora, sus «relativos» méritos. Eran los enemigos del «Séptimo Círculo» y tomábamos nuestro papel en serio.

Lunes, 12 de junio. Llama Borges. Me habla de Camoens: «El último canto es muy lindo. Con muchos defectos, pero muy lindo. Cabe reprocharle que los portugueses aparezcan siempre como heroicos, pero tal vez entonces y allí no pudo describirlos de otro modo. Me asombra que el Orlando furioso sea anterior a Os Lusíadas. El tema es el mismo, pero Ariosto lo trata con ironía».

Me habla del manifiesto en apoyo al gobierno uruguayo, por su lucha contra los tupamaros: «Murió de inanición, por falta de firmas. La gente se cuida mucho».

En un teatro aparece una actriz en el papel de Victoria y se dice: «Para ella una pared blanca y una bala». BORGES: «Te das cuenta qué inmundicia. Proponiendo una víctima a los terroristas. Eso se permite, eso se aplaude».

Jueves, 15 de junio. Hablo con Borges. BIOY: «Cortázar ha declarado que él, con la bandera argentina, se limpia los mocos». BORGES: «Esos mocos son un eufemismo». BIOY: «No lo había pensado. Es claro, por traste». BORGES: «No: traste está a mitad camino». BIOY: «El eufemismo es peor que la frase hecha. Se nota más. Y de algún modo se vuelve contra él; sin querer, lo imagino lleno de mocos». BORGES: «Sobre la bandera, prefiero a Chassaing:

melancólica imagen de la patria.

melancólica imagen de la patria.

A veces los eufemismos resultan más fuertes que la palabra que sustituyen. Carriego le dijo a Madre que en un poema él había sustituido “lo voy a cagar” por “lo voy ca… er[1886]” y que lo había hecho por su hermanita. Gracias a la hermanita, se salvó de la grosería de cagar, que no tenía ninguna fuerza». Dice Borges que alguien recordó el verso de Neruda:

el cielo cagado de estrellas[1887]

el cielo cagado de estrellas[1887]

y que él comentó: «No creo que alguien haya escrito un verso tan débil». «¿Cómo débil? —protestó el otro—. Si tiene la palabra cagado…». BORGES: «Suponer que la palabra cagado es fuerte equivale a suponer que la palabra Febo es poética: es el mismo error».

Viernes, 16 de junio. Come en casa Borges. Escribimos una o dos páginas del cuento y estamos inventivos. Yates le propuso venir a casa y estar callado, todo orejas, mientras colaboramos. BIOY: «Qué metido. El otro, all over again». BORGES: «Qué país los Estados Unidos. Merecen lo que les pasa». BIOY: «Ningún argentino te propondría eso». BORGES: «Ni Hermes Villordo». No sé qué le ha dado contra el pobre Villordo.

Dice que la epopeya proviene de la novela, pero que, a diferencia de la epopeya, que canta a los mejores hombres, o a los que en su momento se entendía que eran los mejores, la novela trata de los enfermos, de los criminales y de los cobardes. Que por eso la influencia de la novela en la sociedad es perjudicial.

Sábado, 17 de junio. Por la noche, voy a buscar a Borges; mientras esperamos a Peyrou, frente a La Prensa, con mucha rabia Borges me comenta: «Qué porquería, Cortázar». BIOY: «¿Por lo de la bandera?». BORGES: «Sí, por lo de la bandera». BIOY: «A mí también me dio rabia». BORGES: «Pensar que te hablé bien de él. Dije que las ideas políticas no importan —lo que es una pedantería, y una falsedad, porque importan— y hablé bien de él. Si Cortázar hubiera dicho que usa la bandera para limpiarse el culo, también estaría mal, pero por lo menos correspondería a un momento de rabia. En cambio, al poner los mocos, se ve al literato ensayando fríamente un eufemismo. Qué porquería». Hablamos de Juan Chassaing y su poema «A mi bandera». BORGES: «En tiempos de Perón, en una conferencia, dije una vez, refiriéndome a Perón, “melancólica imagen de la patria”. Está mal: no hay que usar así un verso tan lindo, pero tal vez Chassaing me hubiera aprobado».

Sale Peyrou. Cuenta: «Una vez lo vi a Lugones; caminaba por la calle Santa Fe; yo tendría diecinueve años; Lugones iba silbando; lo seguí. Silbaba:

Yo quiero ser canfinflero

para tener una mina[1888].

¡Silbaba El apache argentino!». BORGES: «Estaba en contra de los tangos por principio. Los veía como algo espurio, extranjero. Pero sin duda le gustaban». Después de comer leemos, en el Panorama de la littérature espagnole contemporaine de Jean Cassou, el poema de Chassaing:

Página eterna de argentina gloria,

melancólica imagen de la Patria,

núcleo de inmenso amor desconocido

que en pos de ti me arrastras:

¡bajo qué cielo flameará tu paño

que no te siga sin cesar mi planta!

Cuando el rugido del cañón anuncia

el día de la gloria en la batalla,

¡tú, como el ángel de la inmensa muerte,

te agitas y nos llamas!

También leemos, en Udaondo[1889], una nota biográfica. «Tiene derecho a decir en su poema que en la batalla, donde está la bandera, está él. ¡Era unitario!», exclama Borges con satisfacción, al ver que escribió en La espada de Lavalle.

Domingo, 18 de junio. Busco a Borges en lo de Norah. Con él salen María Kodama, una chica norteamericana, otra que no sé quién es, y Donald Yates. «Vino de curioso —me dice Borges—. Para su libro. No viene ahora a tu casa, porque le dije que no querés. ¿Cómo será su libro? Todo el tiempo me hace preguntas idiotas. Sólo le interesan las fechas. Casi lo extraño a Di Giovanni». Sobre un soneto, de su próximo libro, que Frías, de Emecé, publicó en La Nación; «A mí no me gusta tomar decisiones, pero no quiero que otros las tomen por mí. Yo no quería publicar nada del libro inédito. No quería publicar en La Nación: todo el tiempo publican declaraciones de Perón y de Lanusse. Además, si publico en La Prensa le doy un gusto a Peyrou». Yo le había preguntado cómo quería que Ricci le mandara el dinero de los adelantos. Me da unos pesos y me dice: «Perdí el número de la cuenta. No puedo depositar el cheque». «¿Qué cheque?», le pregunto, y le devuelvo la plata. Con irritación me dice: «Ese cheque azul que me diste». BIOY: «Yo no te di ningún cheque». BORGES: «Ah, bueno. Madre se ha confundido. La pobre tiene derecho a la confusión». Pasa a quejarse de que vivimos en un mundo muy comercial. «Los norteamericanos tienen la culpa», agrega.

Después de comer trabajamos en el cuento. BORGES: «Muchos indios me han dicho que Kipling no se equivocaba, pero que Forster, sí. En Kipling se siente que quiere a la India». BIOY: «Influido por Kipling, soy partidario (en la India) de los mahometanos». BORGES: «Yo también».

Sobre los escritores de nuestro idioma, asegura: «Estamos condenados al rumano». Sobre él y yo escribiendo Bustos Domecq: «Qué raro que nos dediquemos a escribir mal».

Miércoles, 21 de junio. Come en casa Borges. Trabajamos en el cuento. Quizá por primera vez nos sucede que él y yo tratamos de escribir diferentes cuentos.

BORGES: «Si alguien dispara, ya se sabe, es porque es muy cobarde. Si una persona parece muy segura, como Victoria, te explican que es muy tímida. Esto nunca falla. Es como poner una moneda en la ranura. Tienen la culpa los psicoanalistas». BIOY: «Y los novelistas». Comenta: «La gente se enorgullece de estar deprimida. Lo mismo podría enorgullecerse de tener dolor de muelas».

BORGES: «Ibarra me dijo: “Tus libros de cuentos están bien, pero no se parecen a vos. Tenés que escribir un libro de opiniones, que se parezca a vos”». BIOY: «Tiene razón. Un escritor joven no debe escribir libros que se parezcan demasiado a él; pero llega un momento en que tal vez el mejor libro sea el que se parezca a uno». BORGES: «Ibarra me dijo: “Tus cuentos y tus poemas son buenos; los que escribas ahora se parecerán bastante a los que ya escribiste. Tenés que hacer un libro nuevo. Si escribís tu libro de opiniones, no tenés que seguir con tus manías de recomendar las novelas de Mallea; ni debés elogiar a Cortázar, porque es comunista, ni a Neruda, porque te ganó el Premio Nobel. No tenés que seguir con tu falsa modestia”».

Cita a Shakespeare (hablando del rector de la Universidad, de cuyo nombre se ha olvidado): «The best in this kind are but shadows»[1890].

Lunes, 26 de junio. Come en casa Borges. Escribimos el cuento de la verdad del escritor y de la imagen que difunden los críticos[1891]. Escribimos pulseando: cada cual trata de imponer su cuento. El de Borges es el de un escritor no judío, tomado por judío; el mío es el de un escritor cualquiera a quien la crítica interpreta y describe como no es. Concluimos a la una; el cuento resulta una transacción, a mitad camino de la intención de cada cual; nuestra desgracia fue que Borges se empeñara en aprovechar un error ocurrido con un libro de un tal Longhi, titulado Pagos juidos; los diarios leyeron Pagos judíos, y Longhi quedó como judío o judaizante[1892]. Es graciosa la anécdota, pero el cuento que yo le propuse era otro.

Dice que Silvia Zimmerman va a cantar por Europa canciones de protesta del Norte argentino (que ella nunca ha visitado): «Me parece el colmo de la estupidez. Es judía, es de Buenos Aires, es conservadora. Se deja arrastrar por lo que está de moda y no piensa». Dice también: «La poesía y la prosa populares no son descriptivas. ¿Cómo creen que una canción que empieza: “Lapacho… selva… mensú” es popular?».

Me confía: «No creo que Madre llegue a fin de año. Sólo aspira a que los dolores no aumenten. Conserva intacta su lucidez, pero teme perderla. Si se olvida de algo, dice: “Estoy hecha una boba. Me olvido de todo”. Lo peor es el estado de ansiedad, continuo, por todo. No se puede vivir así».

Martes, 27 de junio. Por la noche, hablo con la madre de Borges. Me cuenta: «Pasé hoy el día sin ningún dolor. El padre Cuchetti estuvo aquí y nos dijo que el candidato de la Marina, de la Aviación y de parte del Ejército es Levingston».

Hablo después con Borges. BORGES: «Tuve un sueño inmundo; no sé por qué se lo conté a Silvina. Yo estaba en el paraíso, que era dos largas filas de letrinas. Uno se sentaba ahí y después de un rato, tras algún esfuerzo, expelía una esfera irisada, bastante grande. Expelerla, contemplarla, producía agrado. Volvía uno a hacer fuerza, volvía uno a expeler otra esfera irisada, y esta acción, cada vez menos laboriosa, infinitamente se repetía. Ya despierto pensé que el infierno sería igual, con la diferencia de que no se conseguiría expeler las esferas. Ureña observó que sacarse cualquier cosa del cuerpo es grato. Una de esas cosas que decía, pero que no escribía. Había algo muy simpático en él». BIOY: «Silvina; una vez, le puso en la dedicatoria de un libro Enríquez Hureña». BORGES: «En mis sueños sé qué estoy en determinado lugar: por ejemplo, en Córdoba y José Evaristo Uriburu. No me asombra el hecho de que allí abunden las ciénagas y los matorrales».

BORGES: «Yates me contó una historia mexicana. Un individuo entra en una pulpería —en todo caso allá no sería una pulpería—, se acerca a un desconocido, le dice: “Usted me gusta muertito” y lo mata. ¿Por qué esa historia no es imaginable aquí? Aquí, los cuentos de amenazas —como el del guapo que le dijo al médico que lo había curado: “A usted, mi gratitud; al doctor Correa, el cabo de mi cuchillo”— tienen más vueltas. O Paredes, alargándole un cuchillo a Vega, que había cometido la imprevisible imprudencia de decir que era de Cañuelas: “A ver, ya que es de Cañuelas, si le hace un tajito a este viejo, que no es más que de Palermo”. También están los dichos de las Sagas. El que al morir observó: “Ahora se usan estas espadas de hojas anchas”. Es claro que el acto de morir es superior en fuerza dramática al de matar: si una persona, en el momento de morir, echa las cosas a la broma, es un héroe; si lo hace en el momento de matar, es un bruto. Se contaba en favor de Pancho Villa que al soldado con dolor de cabeza le preguntó si quería una aspirina y le descerrajó un balazo en la sien».

Hablamos del Quijote. BORGES: «Gómez de la Serna me dijo que nada era más poético que una taberna manchega. Yo le contesté: “Qué suerte tiene que Cervantes no lo oyó, él que pensó que toda la gracia de su libro estaba en poner un caballero andante en La Mancha; algo así como Palmerín de Chivilcoy. El nombre también quiere ser cómico”. En la segunda parte del Quijote, Cervantes conoce mejor su personaje y se cansa de los percances físicos, palizas y groserías». BIOY: «Con el tiempo cambia la naturaleza de los libros. La gente atribuye el encanto de la lectura a todo lo que se dice, o se describe en el libro. La Mancha, para los lectores del Quijote, es tan romántica como las comarcas imaginarias de los libros de caballería». BORGES: «Ya Quevedo habla de La Mancha como un lugar pedestre. Cervantes sentía atracción por países que no conocía, como Inglaterra e Italia».

Sábado, 1.º de julio. Escribo a Vanna Brocca, que no sabe cómo titular su versión italiana de Un modelo para la muerte. «Un volto per la morte nos entusiasma poco; Un passaporto per l’aldilà, nada. En nuestra conversación de anoche con Borges llegamos, primero, a Schemaper la morte y después buscamos en el diccionario de Albertoni y Allodoli la palabrá modello. La primera acepción —Forma o disegno di una cosa che si deve riprodurre o ripetere o imitare nelle stesse o in altre dimensioni— coincide con la que dimos a modelo en el título de nuestro librito. Modello per la morte, della morte… Tan lejos no me aventuro por la lengua italiana».

Por la noche, comen en casa Borges y Peyrou. Es notable cómo me irritan cuando están juntos. Un psicoanalista me diría que esa irritación revela mi temor al asilo de ancianos. Cuenta Borges que, defendiendo a Américo Castro, Anderson Imbert le dijo: «No hay que olvidar que escribió El pensamiento de Cervantes y que sin leer ese libro no podríamos entender el Quijote». Borges le respondió: «¿Usted cree que nadie entendió el Quijote antes de la aparición del libro de Castro? ¿Toda la gente que escribió sobre el Quijote no lo entendía? ¿O usted cree que Américo Castro es contemporáneo de Cervantes?». Después me comenta: «Una persona que titula un libro La peculiaridad lingüística rioplatense y su sentido histórico queda incapacitada para hablar de literatura, y para emitir cualquier juicio estético. Peculiaridad lingüística, ¿no te molestaron las íes? Rioplatense qué palabra». Aseguró que la Historia de la literatura hispanoamericana de Anderson Imbert era un catálogo de nombres. «Well, that’s the key», le contestó Yates. «Eso no lo excusa», repuso Borges.

Una señora habló a Borges del Complejo Teatro San Martín. Borges fingió entender caótico Teatro San Martín. Cito una frase del crítico Castagnino: «La ciencia de la literatura está encuadrada por la lingüística y la estructurología». Peyrou nos sorprende con su curioso comentario: «¿Cómo? ¿Primero la considera una ciencia y después la encuadra como si fuera un objeto de arte?». BORGES: «De algo podemos estar seguros: Castagnino es muy cursi».

BORGES: «Si Dios nos dio la vida, cuando uno se suicida, lo hace por que Él no lo impide. El cristianismo está lleno de errores de lógica. Sin embargo ha de haber habido teólogos inteligentes».

Domingo, 2 de julio. Come en casa Borges. Dice: «En mi próximo cuento no habrá casi diálogos. Estoy cansado de alternar dijo, observó, comentó, exclamó, preguntó. ¡Qué miseria!».

Señala que libros titulados Anglo-Saxon Reader son crestomatías o antologías: «Sweet, el autor del Anglo-Saxon Reader, era amigo de Shaw, a quien en vano trató de enseñarle anglosajón. Es el modelo de Higgins en Pygmalion».

Decía Borges que para ser feliz conviene no estar pensando en uno mismo, sino en algún tema impersonal. Hasta aquí el acuerdo fue unánime. Agregó: «Conviene pensar en la matemática». «¡Ay! —gritó mi hija—. El 5 doy examen y no sé nada».

Al salir, hace bastante frío. Borges comenta: «As cold as charity».

Sábado, 8 de julio. Lanusse, en la comida de camaradería de las Fuerzas Armadas, declaró que para las próximas elecciones no habrá proscripción alguna, que todos los candidatos deben estar en el país antes del 25 de agosto y que ninguno de los jefes de las tres armas que entonces ocupen su lugar en la Junta podrán ser candidatos. También retira la personería a la CGT y le bloquea los fondos. BIOY: «¿Qué te parece la actitud de Lanusse?». BORGES: «Que mañana podemos despertar con la noticia de que Perón está de vuelta. ¿Por qué Lanusse obra así? ¿Por vanidad, como Roque Sáenz Peña? ¿Por cobardía personal, para salvarse él, aunque todos los demás revienten? Tampoco se va a salvar. Cuando Uriburu, después de la revolución del 6 de Septiembre, anuló las elecciones que ganaron los radicales, creí que obraba mal: obraba bien, obraba decentemente. Si no, ¿para qué había hecho la revolución? ¿Para qué había puesto vidas en peligro y alterado la normalidad constitucional si no estaba dispuesto a imponer sus convicciones? Es un disparate la democracia. Nadie cree que el pueblo sepa cuál es el mejor matemático o el mejor biólogo. ¿Por qué va a saber quién puede gobernarlo mejor? La superstición por la democracia, por las elecciones, por cualquier idea, no se puede llevar a extremos que hagan concretamente infelices a millones de personas. Si Perón vuelve al gobierno, en este país vamos a sufrir de verdad, habrá torturas y muertes, a más de corrupción y de la estupidez. Hay que ser muy inconsciente, o muy pedante, para traer todo eso por el simple afán de llamar a elecciones. Roque Sáenz Peña ha sido una calamidad. A Rojas le dijeron que se podría hacer una revolución y que lo pondrían a él en el gobierno. Los disuadió. Basta de revoluciones. Él también quiere democracia. Todos son idiotas. No hay nada que hacer. Lanusse ha recuperado el manejo de la situación. Tal vez, por un minuto, por el tiempo necesario para desbarrancarnos por el precipicio. Qué raro si un día admitimos que Lanusse es inteligente».

Viernes, 14 de julio. Según Borges, el vocabulario que registro en mi Breve diccionario del argentino exquisito tiene la siguiente genealogía. Fundador: Hipólito Yrigoyen; primer discípulo: Ortega y Gasset; discípulos del discípulo: todos los políticos y militares argentinos, los periodistas, los publicitarios, los arquitectos, los sociólogos y los psicoanalistas.

Jueves, 20 de julio. Comen en casa Borges y Manuel Puig. Borges me propone que leamos textos para el concurso de Emecé (del que soy jurado; él, no). Acepto, agradecido. Comenta: «We are not at the mercy of genius». Aparece un cuento con una cópula. «No van a querer premiarlo —dice—. Es bueno, pero no pueden premiarlo». Pueden premiarlo: la escena no es tremenda ni excepcional; pero el cuento es mediocre. Borges es muy sensible a los géneros: una historia fantástica le gusta; una novela realista lo aburre, aunque la primera sea peor que la segunda.

BIOY (a Puig): «Te felicito por el artículo de L’Express». PUIG: «Nooo. Qué hooorror. Tenía que salir con fotografííía. Un artículo sin foto es otra cosa, no marcha». BIOY (a Borges): «En L’Express hay un artículo muy elogioso sobre un libro de Puig». PUIG (para ser amable con Borges): «En el artículo lo nooombran. Citan una frase suya sobre los tangos». BORGES: «Nunca debí escribir sobre los tangos. Estoy condenado a que citen siempre cosas que dije en momentos, bueno, que tal vez no fueron de la mayor sinceridad. Estoy pagando esas debilidades…». PUIG (a ): «Tenés que leerle a Borges párrafos del libro de Sarduy[1893]. Está muy bien. Da una enviiidia». BORGES: «¿De quién es el libro?». PUIG: «De Sarduy, un chico cubano que tiene un éxito bárbaro en París». BORGES: «Un éxito en París equivale al fracaso. ¿Qué significa tener éxito en París? Nada. Todo el mundo sabe que allí las cosas ocurren por moda. Lo que hoy aplauden mañana olvidan. La moda de hoy no es más inteligente que la de ayer; triunfa por estar de moda». PUIG: «No sé. A mí me parece muy bien que en este mundo horrible de hoy un buen escritor pueda vivir de sus libros, como cualquier comerciante. Yo me alegro de que un chico como Sarduy tenga éxito en París». BORGES: «Los escritores hoy son comerciantes. (Pausa). Por su profesión, todo escritor pertenece a la clase media… Hablando mal de Suiza, Gudiño Kieffer me dijo: “Es un país de burgueses”. Respondí: “¿Qué prefiere usted? ¿Un país de pordioseros? ¿Un país de millonarios? Yo creo que si usted piensa comprenderá que usted mismo quiere que todos los países sean de burgueses”[1894]. No piensa nada: tiene una idea romántica de las cosas. Si lo que desea son desgracias y peligros, ya le llegarán. Y estupideces e injusticias. “Pero no es una gran potencia”, dijo Gudiño. “Mejor para ellos”. “Yo quiero que mi país sea una gran potencia”. “¿Ha pensado en lo odiosos que vamos a ser, con nuestro nacionalismo? Lo importante es que la gente sea feliz. No creo que en una gran potencia la gente sea indefectiblemente feliz.”».

Lunes, 31 de julio. La industria de Borges prospera. Yates escribe un libro sobre él y Alicia Jurado reúne los recuerdos de doña Leonor antes de que sea tarde.

Viernes 4 de agosto. Comen en casa Donald Yates y Borges. Yates dice: «Espero, ahora que voy a tomar el lugar de Di Giovanni, hacerle ganar a Borges tanto dinero como le hizo ganar Di Giovanni». Comentamos después con Borges que estos norteamericanos no tienen arreglo. BORGES: «Son hiperbólicos. Para ellos, cualquiera es un fine man. Qué va a ser: parecen putos. Es una suerte que Peyrou no haya conocido Francia ni los Estados Unidos, porque realmente no puede haber países a la altura de tan altas esperanzas. Seguramente si uno conoce a un querubín, éste le dice: “No, no crea, el cielo no es para tanto[1895]”. Quizá el infierno tampoco. A lo mejor los condenados dicen: “El clima no es agradable, pero tenemos la virazón”». BIOY: «No es tan caliente como húmedo». BORGES: «Malsano, lo que se llama malsano, no es. Provocará molestias, pero no mata a nadie». De Yates, observa: «Es discípulo de Anderson Imbert. Parece obsesionado con mis cambios de domicilio y con la cronología de esos cambios. De lo que he escrito lo ignora todo».

Domingo, 6 de agosto. Hablo con Borges. Me cuenta: «En una mesa redonda Martínez Estrada habló implacablemente de Capdevila; Alicia Jurado le pidió que por favor no siguiera, porque ella consideraba a Capdevila como un admirable poeta y como un excelente profesor, al que recordaba siempre con afecto. Martínez Estrada se puso a llorar». Recuerda que Martínez Estrada fue patrón implacable para quienes trabajaban en su campo de Bahía Blanca.

De Guillermo de Torre, refiere: «Solía decir: “Soy el amo”. Qué desagradable ser el amo. Yo no quiero ser amo ni esclavo. También lo decía de los demás: “Decidió tal cosa. Es el amo”».

BORGES: «Nunca he visto una cara verdaderamente siniestra. Tal vez vea la estupidez porque recuerdo la frase stupid and satanic. Es una suerte, quizá, no conocer caras verdaderamente siniestras».

Sábado, 12 de agosto. Come en casa Borges. Sobre una partida del match de ajedrez entre el ruso Boris Spassky y el norteamericano Robert Fischer, dice: «Qué suerte que ganó Fischer. Es claro que es una vergüenza pensar así. Es pensar como un chico, en términos de países». BIOY: «Es claro que después del cocktail del jueves para Yates, uno se pregunta cómo puede preferir a los norteamericanos… La anfitriona, Rita Tomasi, vestida de color verde loro… Un Civita, parecido a Gardel, propietario de un grupo de revistas, me hablaba de su padre como de un filósofo y un santo. Mickey Dolan se lamentaba: “Pensar que existen las Grondona y Esther Zemborain, y que tenemos los gobiernos que tenemos, ¡qué frustración!”. “Mi Diario, no me canso de repetirlo —explicó también—, está escrito por cerebros superiores al mío: Mariana Grondona, Esther Zemborain”. Esto nadie creyó necesario discutirlo». BORGES: «Es una lástima que Yates se ataree en menesteres tan humildes como los cambios de domicilio[1896], pero noto que le tomé afecto». Yo también siento afecto por Yates, aunque no lo considero muy sutil, ni capaz de pensar por sí mismo.

En la revista Hispamérica aparecieron unos fragmentos inéditos de Macedonio Fernández[1897]. BORGES: «Yo creía haber agotado a Macedonio, creía conocerlo todo. Esto me sorprende. Esto me sugiere un hombre bastante solitario y triste, que se entretiene en observar y en reflexionar, sobre sus observaciones; sugiere un hombre que se pasaba la vida pensando. Como estos apuntes no estaban escritos para ser publicados no son barrocos, ni humorísticos. Tienen una falta de forma que les da la sinceridad».

Le leo el primer capítulo de La pérdida del reino de Bianco. BORGES: «Todo ha de ser real, pero nada lo parece. Una persona no va a inventar esas trivialidades; las recuerda. Los nombres también son increíbles: Bentham, Velázquez, Luisa Doncel, Placer, Rufo, Rufino. Trivialidades así no son suficiente estímulo para escribir». BIOY: «Tampoco para leer. Uno no puede creer que en algún momento va a sentirse agarrado por este libro». BORGES: «Desde que la gente leyó a Joyce se complace en las alusiones. Las alusiones agradan aunque no sirvan. Yo escribí algo sobre Alejandro de Macedonia[1898] y un crítico señaló la alusión a Macedonio Fernández. Otro me dijo que a don Isidro le habíamos puesto Parodi porque era el principal personaje de un libro paródico. Nunca pensamos en eso: le pusimos Parodi porque nos hizo gracia la observación de Doblas de que en este país todos los italianos se convierten en criollos viejos. Quisimos poner un criollo viejo de apellido italiano, pero evitando esos apellidos que Carriego llamaba despectivos. Hay otro profesor, no menos estúpido, que sostiene que yo me identifico con los personajes míos cuyo nombre empieza con B —o con A, porque han descubierto que Madre se llama Acevedo— y también que todos los diferentes personajes femeninos de mis cuentos, cuyos nombres empiezan con B —digamos Beatriz, Blanca— son una sola mujer».

Domingo, 13 de agosto. Comen en casa Borges y Paz Leston. Borges observa que las personas ambiciosas suelen tener ambiciones modestas. Por ejemplo, Zorraquín Becú, que se hizo fotografiar junto a su biblioteca.

BORGES: «Susana Bombal escribió de una persona que caminaba de un lado para otro en su cuarto: “Caminaba de Norte a Sur”. Por ese error volteaba techos y paredes y dejaba a la persona en la pampa. Si no quería dar la impresión de que el cuarto era enorme, de Norte a Sur estaba mal». BIOY: «Tal vez eligió entre varias maneras de decir…». BORGES: «Y eligió la peor. Mejor era: De arriba abajo, aunque fuera menos lógica». BIOY: «Desechó de arriba abajo porque pensó que el personaje no subía ni bajaba. Desechó de un lado para otro porque le pareció que el personaje se zarandeaba demasiado. De Norte a Sur le sonó bien y ya se había olvidado del cuarto. Porque atendía a las variantes, olvidó el uso preciso que reservaba a la expresión». BORGES: «Además, cuando uno quiere corregir errores de este tipo, las soluciones a veces no son brillantes. Cuesta resignarse a ellas».

Lunes, 14 de agosto. Come en casa Borges. De México me llama Helena Garro. Dice: «Lo único que me queda son ustedes dos, Borges y tú. Todos los demás son comunistas». Cuando le cuento a Borges, casi molesto protesta: «¿Le quedo yo?». Entonces le explico que se siente perseguida y rodeada por los comunistas, y comprende. BORGES: «Yo creo que estamos liquidados. Con Nixon no hay esperanzas». BIOY: «Es la peor calamidad». BORGES: «No; la peor es Lanusse. Un record argentino»[1899].

Trabajamos en el índice de una posible antología de dobles. Borges recuerda una veintena de textos en que aparecen dobles; yo, dos.

Estábamos en el comedor, Borges y yo. «Ahora que se fue Marta —dijo mientras olía una rebanada de pan negro—, te voy a confesar que el pan negro me gusta porque tiene olor a pis».

Martes, 15 de agosto. Come en casa Borges. Habló en un homenaje a Lafinur en la Casa de San Luis. Volvió furioso. BORGES: «Lafinur luchó por la cultura. Esa gente que le hacía el homenaje elogiaba todo lo que Lafinur veía como los enemigos: los gauchos, los caudillos. Lafinur era devoto de Mozart. Tocaron esa música llamada folklórica. Con decirte que la presidenta de la comisión de homenaje era una bruta que dijo: “San Luis es una opulenta colección de tarjetas postales”».

Sábado, 19 de agosto. Come en casa Borges. Está interesadísimo en una antología sobre dobles, para la que trae todo el material. Hoy buscamos descripciones del ka egipcio; parece que las convenientes están en Maspero[1900].

Dice: «Qué bien está la frase pare de contar. Me suscribí con cinco pesos y pare de contar».

Martes, 22 de agosto. Come en casa Borges. Le cuento dos proyectos de cuentos: el del doble y el del tigre[1901]. Le leo «Los novicios de Lerna», un largo cuento, del libro del mismo nombre, de Angel Bonomini. Nos parece excelente.

Jueves, 24 de agosto. Cumpleaños de Borges. Hablo con la madre; le pregunto cómo está. Responde la señora: «Bastante mal. El cuerpo está deshaciéndose. Bueno: tiene que ser así: el cuerpo no va a durar para siempre. Si se deshace sin dolor estoy conforme».

Viernes, 25 de agosto. Comen en casa James Irby (profesor de Princeton), Sylvia Molloy (profesora de Princeton) y Pezzoni. Después viene Paz Leston. Irby no se explica cómo Borges, subdivisor al infinito de la realidad (en Discusión, en Evaristo Carriego), puede componer relatos, que son un fluir y un todo. Como profesor que es, Irby considera que hay un Borges, autor simultáneo de Discusión y del Informe de Brodie. Hay varios BORGES: del Borges de Discusión proviene el de Brodie; hubo cambios, Irby me cuenta que vio el Diario y el archivo de Reyes. En el Diario no hay (¿casi?) mención de Borges; la correspondencia de Reyes con Borges fue puramente convencional[1902]. Irby sospecha que Reyes estaba resentido por algo que Borges dijo a Ureña y que éste comunicó a Reyes. «Si Reyes —habría dicho Borges— no se resuelve a escribir verdaderos libros, y no colecciones de artículos, quedará como algo que le sucedió al idioma». «O quizá Reyes le tuviera envidia —se pregunta Irby—. Todos los elogios de Borges a Reyes (salvo uno) son póstumos».

Lunes, 11 de septiembre. Come en casa Borges. Lecturas para el concurso de La Nación.

Martes, 12 de septiembre. Come en casa Borges. Buenas lecturas para el concurso.

Martes, 19 de septiembre. Pierdo la libreta en que anotábamos las opiniones sobre el concurso. Llama Borges. Me cuenta que oyó a una amiga de su madre decir: «Por qué no se acabará de morir esa vieja». Según Borges, uno sabe que todos hablan mal de todos, pero «vos te enteraste de eso».

[Domingo 24 de septiembre al sábado 23 de diciembre. Bioy Casares en viaje y en Francia].

Miércoles, 29 de noviembre. En París. Visita de Hugo. Me explica la situación del posible film (Les autres).

Lunes, 25 de diciembre. Conversación con Borges: «La que está muy mal es Madre. Anoche creíamos que había llegado el fin».

Jueves, 28 de diciembre. Come en casa Borges. BORGES: «En su juventud, Macedonio fue amigo de Lugones y de Ingenieros. De Ingenieros siempre habló con afecto: solía decir que era muy ocurrente y gracioso; que lo prefería porque siempre pensaba lo que escribía. A Lugones no lo quería. Lugones lo ignoraba. Lugones e Ingenieros habían esperado mucho de él, pero después, escritores con obra, habían desdeñado a ese haragán periférico, casi como un Godel».

Viernes, 29 de diciembre. Come en casa Borges. Pensamos (repensamos) el argumento del que prepara alimentos de madera para el huésped que tiene en la casa[1903].

BORGES: «Yo pensaba bien de [Isaac]. Aisenberg, el sobrino del capitán Wolberg». BIOY: «Yo también». BORGES: «También de René Mugica». BIOY: «A ése no lo conozco». BORGES: «¿Sabés lo que me han propuesto? Hacer un film erótico con “La intrusa”[1904]. Entonces no comprenden el cuento». Después de una pausa, en el colmo de la indignación, exclama: «¡Quieren mostrar a la protagonista desnuda en el baño! Qué porquería: mujeres desnudas en el baño». Para Borges el sexo es sucio. Por mucho tiempo me dejé engañar, porque entendía que lo excluía, en literatura, por ser un expediente fácil, socorrido y un poco necio. No; esa burla oculta, con alguna vergüenza de que lo tomen por mojigato, un violento rechazo. La obscenidad le parece una culpa atroz: puta no es la mujer que cobra, sino la que se acuesta.

Domingo, 31 de diciembre. Hablo con la madre de Borges. Está mejor.

Leo a Borges, de un Sunday Times del 26 de noviembre, un limmerick de Swinburne, escrito como prosa: «Literary critics will hardly care to remember or to register the fact that there was a bad poet named Clough, whom his friends found useless to puff; for the public, if dull, has not such skull as belongs to believers in Clough»[1905]. BORGES: «Sin embargo, [Clough] no era mal poeta». Cita de él esta frase sobre Roma:

Rubbishy seems the word that most exactly suits it[1906]

Rubbishy seems the word that most exactly suits it[1906]

Silvina se enoja por la herejía. A mí la observación de Clough me parece justa y recuerdo la frase de Oscar Pardo, de vuelta de su viaje por Italia: «¿No dijo Oscar que el estado de las ruinas le pareció francamente ruinoso?»[1907].

También cita Borges una conversación entre peones de maestranza en la Biblioteca, recogida por Miguel de Torre en un asado de fin de año: UNO: «Tengo almorranas». OTRO (amistoso): «Hacételas empujar».


Martes, 2 de enero. Come en casa Borges. Iniciación —cuán grata— del cuento del cocinero-carpintero.

Jueves, 4 de enero. «Yo guardo con amor un libro viejo»[1908], dice Borges y me cuenta: «Como yo sabía que a Godel le gustaba Góngora, hace años le regalé una vieja edición, encuadernada en pergamino. Godel le arrancó las tapas, la recortó con la guillotina y la encuadernó en cuerina colorada».

Lunes, 8 de enero. Con Borges, segunda sesión del cuento. Ha pasado del coraje al miedo. Lo que veía como una coraza —la fama— se le aparece como su talón de Aquiles: «El destierro. Hay que vivir… No veo la necesidad…»[1909], se contesta a sí mismo. Sigue: «Qué raro. A los setenta y tres años empezar una nueva vida en los Estados Unidos, ciego, enseñando literatura argentina que no conozco… Ya estoy cansado de enseñar. También de dar conferencias. Quiero escribir. Voy a estar rodeado de mis amigos y de mis alumnos. No quiero estar rodeado de esos amigos ni de esos alumnos. En Norteamérica me siento extranjero. En Inglaterra, en Suiza, también; pero más en Norteamérica. Europa, me parece, está más cerca de nosotros».

Martes, 9 de enero. Come en casa Borges. Reescribimos parte del cuento.

Viernes, 12 de enero. De una señora que se pasa el día sin hacer nada, opina BORGES: «Será como tener sueño a toda hora. Tirarse a dormir no debe de servir para nada, porque uno se levantará con la misma sensación».

Domingo, 14 de enero. Busco a Borges: lo encuentro con Donald Yates, un profesor Souza y María Kodama. Comemos en casa. Con Yates (y Souza) discute Borges, una vez más, con idénticos argumentos, la interpretación de «Stopping by Woods in a Snowy Evening» de Frost. Con Borges, después, escribimos el cuento.

Borges recuerda que en el Barrio Sur, en la calle Balcarce, había una chapa que decía: Plácido Meo. Botero[1910]

Martes, 16 de enero. Come en casa Borges. Trabajamos en el cuento. Se me ocurre darle al mafioso la pasión por Caruso. Dice Borges de Yates: «Esas personas creen que uno tiene una memoria de entomólogo: que uno recuerda todas la hormigas que vio en la vida. Yo tengo buena memoria para versos, pero no recuerdo a las personas que me presentaron después de una conferencia en Salta. Además, como sé que son efímeras, no hago esfuerzos para recordarlas».

Sábado, 20 de enero. Comen en casa Borges y Peyrou. Con Borges avanzamos en el cuento. Hablamos de los idus de marzo[1911]. BORGES: «Tal vez habrá que emigrar».

Cuenta Borges que a Lincoln le dijeron que Grant bebía mucho. «Voy a mandarle unos cajones de whiskie a mis otros generales», respondió. Parece que Grant ganó muchas batallas por atacar imprudentemente.

Domingo, 21 de enero. Comen en casa Borges y Marcelo Pichón Riviére. «Un ami un peu inexplicable, avouons-le»[1912], dice Borges, que quedó con ojeriza porque le previne: «Mejor no hablar de política». Conversación desencontrada y al borde de la hostilidad sobre tuteo y nueva costumbre masculina de besarse. Con Borges hablamos de la emigración: perspectivas nada halagüeñas. Marcelo dice: «No comprendo a los que se van a vivir al extranjero». BORGES (a mí): «Este hombre parece creer que soy norteamericano. Soy argentino. Lo voy a pasar mal». Hablamos también de la pobreza a esta altura de la vida. BORGES: «Es claro, para Pezzoni y para Bianco —¡los jóvenes, los chicos!— no sería tan terrible».

Martes, 23 de enero. Come en casa Borges. Escribimos el cuento.

Jueves, 25 de enero. Comen en casa Borges y Bianco. Conversación sobre Groussac.

Sábado, 27 de enero. Come en casa Borges. Escribimos el cuento.

Domingo, 28 de enero. Borges, por teléfono, distingue la muerte propia según Séneca (morir en su ley) y según Rilke (morir en su casa, no en el hospital).

Lunes, 29 de enero. Come en casa Borges. Concluimos el primer borrador del cuento (versión casi definitiva, a corregir). Lo titulamos «Una amistad hasta la muerte». Borges comenta: «Eduardo Gutiérrez no se enojaría por la broma»[1913].

Martes, 30 de enero. Voy a buscar a Borges. Larga, vana espera. Cuando llego a casa, Silvina me anuncia: «Dijo que no venía… Me lo dijo a mí. Me olvidé de avisarte». Los amigos del amigo son totalmente inexplicables y qué decir de la mujer.

Miércoles, 31 de enero. Come en casa Borges. Concluimos el cuento. Me dice: «He descubierto la prueba, más allá de circunstancias meramente cronológicas, de que el Martín Fierro es anterior a Los tres gauchos orientales. Se funda en intemal evidence, la que probablemente es más importante que la mera cronología. En el Martín Fierro se dice:

pero ande bala este toro

no bala ningún ternero[1914]

y en Los tres gauchos orientales:

Yo que me tengo por toro

le retruqué a ese plumario,

«¡Donde canta este canario

no lo aturde ningún loro!»[1915].

Si un texto procede del otro, parece evidente que el del Martín Fierro es el original y que el otro, con variantes, ripios y bromas (plumario, canario) vino después»[1916]. BIOY: «A lo mejor eran de propiedad común, bienes públicos. En Pardo se conocían estas estrofas, anónimas:

Soy toro en mi rodeo

y torazo en toro ajeno.

Adónde bala este toro,

no bala ningún ternero».

Sobre sus versos:

Si prudente se cagara

antes de armarse la gresca,

otro gallo le cantara

al doctor Olejaveska.

observa: «Cualquier crítico perspicaz afirmaría que el nombre Olejaveska es un ripio; sin embargo, la noche anterior yo había conocido al doctor Olejaveska, que fue el primum mobile de mi poema».

«Saque el almuerzo, Antonio», decía mi abuela (en Uruguay 1400), para pedir que lo sirvieran. Yo pensaba que indicaba a Antonio que, concluido el almuerzo, podía retirar las sobras. Muchos años después comprendí que antes el cocinero sacaba la comida de la cocina. Borges todavía no lo entiende.

Jueves, 1.º de febrero. Come en casa Borges. Corregimos la copia mecanografiada del cuento. Me dicta animosos y barbas[1917]. Asegura que Gardel era conservador. Que Saborido era uruguayo, empleado público, un señor. Que Ponzio era un compadrito del Retiro, que le compró a otro, por cinco pesos, el tango Don Juan.

Domingo, 4 de febrero. Comen en casa Borges y María Kodama. Conversamos sobre métrica. BIOY: «El yambo pentamétrico inglés suena como el endecasílabo español e italiano». BORGES: «Nunca estudié métrica; siempre me guié por el oído».

Borges me consulta sobre el cuento —que ya hizo Vlady— del que deja un objeto para que le atribuyan una muerte; yo, el del Noúmeno.

Lunes, 5 de febrero. Come en casa Borges. Como encontré el manuscrito de un cuento casi concluido se lo leo. Descubrimos que es el original del que acabamos de escribir: el de los alimentos de madera que resultó también el de Santos Vega (creíamos que eran dos). Borges se entusiasma: lo cree mejor que el nuevo; al final se modera. Creo que está consciente de los peligros que significaría publicar ahora el cuento que debió ser escrito hacia el fin, quizá después de la caída, de la dictadura.

Martes, 6 de febrero. Come en casa Borges. Hablamos de los cuentos que cada uno está escribiendo.

[Miércoles 7 de febrero al domingo 11 de marzo. Bioy Casares en Pardo].

Sábado, 17 de febrero. En Pardo. Me entero de que murió Willie Robson, cuando yo estaba en Europa. Para mí, Willie es o fue una persona extraordinaria. Borges lo conoció: no sospechó que estaba ante un individuo sumamente original. O Willie estaba ya decaído, o hay que imputar a Borges una incapacidad para apreciar algunos caracteres.

Jueves, 15 de marzo. Come en casa Borges. Cita al filósofo Wisdom: «No proposition that can be stated is true [Ninguna proposición que pueda ser expresada es verdadera]». «¿Salvo ésa?», pregunta Borges.

Soñó que en un homenaje a Lugones, en Córdoba, decía: «Lugones, que es nuestro Capdevila». Comenta: «Los mejores versos de Capdevila son tal vez mejores que los mejores de Lugones. Esta afirmación escandalizaría a Capdevila y a mucha gente; era tan feo, tan blando, que nadie lo respetaba. Quizá en Córdoba la aceptarían sin dificultad».

Miércoles, 21 de marzo. Come en casa Borges. Me cuenta que piensa ir a España, por una semana, con Mariana Grondona. Aclara: «Mariana Grondona es sin duda menos inteligente que Donald Yates, pero el agrado de estar con amigos y con argentinos es mayor que el de estar con un american operator».

Jueves, 22 de marzo. Come en casa Borges. Observa: «Si la Biblia compara la blancura de algo con la de una oveja, se pasa a la oveja y explica donde pastaba».

Sábado, 31 de marzo. Come en casa Borges. Somnium matusalénico, en su forma de olvidos y lata, mientras habla de Losada, a quien sus subordinados no se atreverían a entrevistar por temor de perder el día escuchando al patrón.

Le pidió a su madre que le leyera muchos libros de Cansinos-Assens, para disertar sobre ellos en España y se convenció (ya se lo decía la madre) de que eran tan malos que más valía olvidarlos. La madre comentó: «¿El divino fracaso? No tiene nada de divino; simplemente es el fracaso». Recuerda Borges con alguna aprobación la frase de Cansinos-Assens acerca de los libros futuros: «En la juventud, cuando los libros futuros son tan numerosos como las estrellas».

Se cruzó con una manifestación peronista. Los muchachos lo reconocieron y empezaron a corear: «Borges y Perón, un solo corazón». «En tono amistoso», explica.

Lunes, 2 de abril. Come en casa Borges. Dice: «La prosa de Martínez Estrada es pésima; la de un lector de malas traducciones al español de filósofos alemanes. La voz de Radaelli parece salir de un recipiente en forma de letrina: no sé si tiene mal olor; no es necesario que lo tenga para lograr el mismo resultado». Cuenta que Nicolás Olivari dijo: «Yo soy peronista, porque soy tallarín y, entonces ¿qué querés que sea?». Comenta: «Es una frase despectiva del peronismo, de sí mismo y de su ascendencia».

BORGES: «¿A que no sabés a quién admiraba Baudelaire? A Longfellow». BIOY: «Tal vez Longfellow fuera mejor poeta que él». BORGES: «Yo creo que sí. En todo caso es mejor que Poe. Su poesía está a punto de ser buena, pero no llega».

Martes, 3 de abril. Come en casa Borges. Cuánta palabra. Nuevos cuentos para la nueva edición (Losada) de Cuentos breves y extraordinarios[1918].

Miércoles, 4 de abril. Come en casa Borges. Trabajamos en la nueva edición de Cuentos breves y extraordinarios. Explica la frase «Yo no me llamo cincuenta pesos»: «El sujeto no rechaza el soborno, pero nos convida a elevar la tarifa».

Jueves, 5 de abril. Comen en casa Borges y Paz Leston.

Viernes, 6 de abril. Comen en casa Borges y María Rebeca Peña.

Miércoles, 11 de abril. Come en casa Borges. Nuevos textos para Cuentos breves y extraordinarios, para Losada (tercera edición).

Jueves, 12 de abril. Visita a la madre de BORGES: delgadísima, temblorosa, pero lúcida. «Yo estoy vinculada a toda la Historia argentina», me dice. «Cuidá de Georgie», agrega.

Viernes, 13 de abril. Come en casa Borges. Ayuda a mi hija Marta a resolver dificultades en la traducción de una pésima novela policial norteamericana[1919].

Me cuenta: «Anoche Madre creyó que se moría y le dijo a Fanny sus últimas voluntades».

Domingo, 15 de abril. Come en casa Borges. Me consulta si debe renunciar, cuándo y cómo[1920], si debe irse… BORGES: «Un acto romántico, pero después hay que vivir allá… Vida universitaria en los Estados Unidos. A mí ese mundo no me gusta. ¿O pensás que hay otro país?». BIOY: «Para mí, el mejor destino es en la otra Banda». BORGES: «Es claro. El Uruguay es mucho mejor que los Estados Unidos. Tenés razón».

Lunes, 16 de abril. Elecciones en la capital: entre peronistas y radicales, ganan los radicales. BORGES: «No tiene importancia. Peronistas derrotados por subperonistas». BIOY: «¿Qué prueba? ¿Que Buenos Aires es lo mejor del país?». BORGES: «Como vos decís: no mata gran punto».

Miércoles, 18 de abril. Borges me cuenta que a los asesinos de Aramburu los contrataron por treinta millones de pesos, pero que después les pagaron quince.

Jueves, 19 de abril. Come en casa Borges. Mi hija Marta lo consulta para su traducción.

Viernes, 20 de abril. Come en casa Borges. Está preocupado por la salud de Silvina; dice que le parece otra persona.

Domingo, 22 de abril. Me despido de Borges, que se va hoy, con Mariana Grondona, a España. Melancolía de esta despedida en el límite entre dos épocas: la futura, desde luego desconocida, pero también adversa. Podríamos decir: desde aquí entramos en la desgracia. Este viaje, como el mío del sábado próximo, coincide con supuestos y recelados términos de una época de la vida; para él, acaso el término de la vida con su madre, que está muy vieja y por eso muy grave. Para los dos, de una vida libre y feliz; acaso para los dos, por los azares de lo que puede pasar, de esta amistad de conversar y colaborar diariamente.

Lunes, 23 de abril. Come en casa Bianco, que me dice de BORGES: «Mirá que es loco. Aquí pasan por locos Macedonio y Arlt. Son loquitos. El verdadero loco es Borges».

[Sábado 28 de abril al miércoles 24 de octubre. Bioy Casares, con su hija Marta y Silvina, en Francia].

Martes, 29 de mayo. En Aix-les-Bains. Carta de Frías, con anécdota de BORGES: Está en la confitería Saint James, se le acerca un mozo y le comunica: «Dice el doctor Jauretche que tendría sumo interés en que usted fuera a sentarse a su mesa» (está con amigos). BORGES: «Dígale al doctor Jauretche que el interés no es mutuo».

Viernes, 22 de junio. En París. Come con nosotros Hugo Santiago. Parecería que el film se hace y que Louis Malle es coproductor.

Sábado, 7 de julio. En París. Visita a Hugo Santiago, en su casa. Fotografías de posibles heroínas, para Les autres. Consulta sobre partes del libreto. Para el saludo a Borges, le doy la solución. Profiere gritos de júbilo.

Domingo, 12 de agosto. En París. Con Hugo, trabajamos en Les autres. Llevo un ataque a la escena de canto del poema sobre Spinoza[1921], en medio de los amores del héroe y la heroína.

Martes, 28 de agosto. En París. Con Hugo, proyección de pruebas de actores de Les autres; dos posibles Valerias, el librero, la librera, etcétera. No sé cuál heroína prefiero: la que es linda, y menos suelta que un tronco, o la despreocupada.

Martes, 11 de septiembre. En París. Escribo a Borges: «Ayer empezó la filmación de Les autres. Absorto, admirado, vi a Artajerjes, en el bar. Lo que vi sin duda es comparable a uno de los muchos fragmentos de un rompecabezas… El fragmento me gustó, me engañó tal vez, me persuadió —por un rato, admitamos—, de que ahora nos harían una buena película. Para cada escena se esmeran. En el momento mágico en que todas las impecables escenas formen un todo, el diablo meterá la cola. Un Planchon, localmente famoso, es Artajerjes. La heroína me pareció menos linda que buena actriz (no exageres, no la imagines fea). Según me explicaron, ha sido dificilísimo reunir el dinero para la filmación. Todos los que intervienen (actores, cameramen, iluminadores, por cierto el director, etcétera) recibirán en pago una parte de las ganancias (de todos modos hay gastos: película, laboratorio, alquiler de lugares, estudios). Entiendo que en la asignación de nuestra parte, Hugo Santiago y sus amigos fueron muy generosos. Nos mandarán una carta con precisiones. Dos circunstancias permitieron hacer este film: la extraordinaria voluntad de Hugo Santiago y el irresistible prestigio de Borges».

Martes, 25 de septiembre. Me habla John King, un estudiante inglés, de Oxford, que escribirá una tesis sobre mí. Me dice que vio a Borges. Borges está muy triste: su madre se muere.

Viernes, 26 de octubre. En Buenos Aires. BORGES: «La gente dice: “Hay que poner el hombro”. Quiere decir: “Hay que poner el culo”».

Sábado, 27 de octubre. Visito (un instante nomás) a la madre de Borges. Se queja: «Me estoy muriendo demasiado despacio». Después, llevo a Borges a casa, donde comemos con Bianco. Dice BORGES: «Estoy escribiendo un libro sobre Spinoza[1922]. Spinoza debe de pensar como todo el mundo; lo que lo vuelve ilegible es el sistema expositivo en que se metió».

Jueves, 1.º de noviembre. Come en casa Borges. La Nación le prepara un homenaje[1923]; él, muy interesado en que participemos.

Domingo, 4 de noviembre. Come en casa Borges.

Viernes, 16 de noviembre. Por teléfono, Bianco me dice que si no colaboro en el homenaje de La Nación voy a herir a Borges.

Domingo, 18 de noviembre. Come en casa Borges. Dice: «A pesar de ser un santo, algunas opiniones de Spinoza no son honestas; son por no quedar beyond, the pale. Si Dios es la Naturaleza, ¿por qué insistir en la diferencia entre el bien y el mal?». Leemos ensayos para el concurso de La Nación.

Jueves, 22 de noviembre. Come en casa Borges. Me dice: «A veces pienso que vos y yo seremos las únicas personas que queden en Buenos Aires capaces de distinguir lo español y lo criollo en el modo de hablar. Bernárdez, ayer tan definido, hoy me evita, en la Academia, para no comprometerse». Leemos ensayos para La Nación.

Domingo, 25 de noviembre. Come en casa Borges. Leemos ensayos para el concurso de La Nación.

Martes, 27 de noviembre. Come en casa Borges. Leemos un buen ensayo sobre el chisme y la novela, para el concurso: bueno, pedante, pesado, reiterado, tedioso.

Jueves, 29 de noviembre. Busco a Borges. Con él tengo una misión difícil: yo le dije que salir nosotros en Les autres me parecía o comercial o bobamente vanidoso. Lo tomó como el Evangelio y ahora se niega a ser filmado. Hugo, que vino pagado por los productores para filmarnos y recibió una negativa absoluta, dice: «No vuelvo a Europa. Me escondo en Tierra del Fuego». Le explico a Borges que no nos mostrarán detenidamente ni tendremos que hablar; antes del film aparecerá toda la compañía, incluso los operarios más humildes, y, entre todos, nosotros. Acepta. Me explica que por su parte aceptó ir a México, por cuatro o cinco días, para recibir el Premio Alfonso Reyes, «con esta chica llamada Claude Hornos» que tiene sesenta y ocho años.

Después de comer, leemos un poco, para el concurso de ensayos de La Nación, hasta que el sueño me derrumba.

Viernes, 30 de noviembre. Hablo con Borges: no puede filmar mañana a la mañana, como le había prometido a Hugo, porque tiene que ir a la Policía, a renovar el pasaporte. Esta noticia desespera un poco a Hugo, que viene a comer a casa.

Frase de Mariana Grondona, registrada por BORGES: «Qué lástima que no fuiste a la reunión de la otra noche, estaba fulanito de tal, que es tan aburrido». Comenta BORGES: «Digno de la señora».

Sábado, 1.º de diciembre. Voy a las once y media a plaza San Martín. Diviso a los que filman; están Edgardo Cozarinsky, Hugo y otros. Al rato vamos a casa de Borges. Digo: «Qué bien si lo encontráramos en el momento de entrar en su casa. Voy a hablarle por el portero eléctrico». En ese momento, llega Borges, con Claude Hornos. Le digo: «Hugo no dio anoche con los cameramen. Vinieron. En cinco minutos te filman». BORGES: «Sí, pero vino el médico». CLAUDE: «Primero la ve a tu madre; después a vos». Sube Claude; baja; el médico todavía no llegó. CLAUDE: «Vayan a la plaza. Yo le digo que venís en seguida». Vamos, nos filman. Después hablamos de ir, mañana, a Pardo, a filmar.

Por la noche, come en casa Borges. Dice que tiene desde hace cuatro meses un sueño desagradable. Empieza una frase y no puede concluirla; despierto, después, tampoco puede. A veces es una situación en un cuento. Es lo que le pasa con el último cuento del libro: no puede concluirlo. Por eso se puso a escribir sobre Spinoza: porque no puede inventar.

Domingo, 2 de diciembre. Come en casa Borges, que se va el martes a México.

Lunes, 10 de diciembre. Hablo por teléfono con Borges, que llegó de México. Me dice que el presidente Echeverría habla de literatura. Agrega: «Como aquí Mitre, pero estaría solo».

Martes, 11 de diciembre. Encuentro del jurado de La Nación: Borges (muy afectuoso), Mallea (muy amistoso), Carmen Gándara (éxtasis de bobera), Leonidas de Vedia (reblandecido). BORGES: «Somos griegos y judíos, más que latinos; al fin y al cabo, Roma es una prolongación de Grecia». Carmen: «¿Por qué judíos?». BORGES: «Por el cristianismo. Desde luego, no creo en esos disparates sobre la Trinidad, ni en el sacrificio de Cristo, ni en el Dios hecho hombre, ni en los premios y castigos, pero somos cristianos, una secta judía». Con Borges, a pie hasta Harrods y luego a casa, donde comemos.

Miércoles, 12 de diciembre. Come en casa Borges. Amargura y miedo. BORGES: «No puedo escribir rápidamente. Llego a expresar lo que quiero, pero de un modo aproximado».

Jueves, 13 de diciembre. Por la tarde, voy a La Nación: por unanimidad elegimos los dos ensayos que más nos gustaron a Borges y a mí: resultan, para la alegría de todos, de Bianco («El ángel de las tinieblas») y de Cozarinsky («El relato indefendible»).

Voy con Borges y Mallea a buscar el coche; tengo que sacarlo del sótano del cine Rex; Borges no acierta a entrar: penosa lucha entre bocinazos e insultos de los automovilistas.

Viernes, 14 de diciembre. Come en casa Borges. Cuenta que Gide en Londres estuvo con no sé quién (un escritor que él admiraba), que le preguntó (no agresivamente) por qué no tendrían literatura en Francia. Gide mencionó nombres, que no convencieron al inglés; después, en un intento de justificar esa opinión, compiló su Antología de la poesía francesa. En ningún momento se enojó con el inglés.

Borges había hecho declaraciones que en Italia cayeron mal («Todo hombre debería tener su esclavo», etcétera). Para defenderlo, Wilcock explicó: «No dice lo que piensa. La prueba es que ha dicho que Mujica Lainez escribe mejor que él».

Lunes, 17 de diciembre. Come en casa Borges. Entrevemos una confirmación de la inmortalidad personal en el hecho de que antes de morir los viejos recuperen su pasado, estén en él, salgan del mero presente.

BORGES: «Martínez Estrada tenía una atención tan inventiva que no podía ver ni entender: como un espejo cóncavo, todo lo deformaba». Afirma que debemos escribir una Historia de la literatura argentina. Que para ir a un país conviene haberlo imaginado antes por lecturas: que esté poblado por nuestras meditaciones.

Viernes, 21 de diciembre. Come en casa Borges. Hablándole de un tal Rogers, improviso su epitafio así:

I’d rather be somewhere else[1924].

I’d rather be somewhere else[1924].

BORGES: «El defecto de “La suave patria” es que uno siente que cada estrofa es un ejercicio independiente, que le sale bien o mal al autor, y que éste avanza despachándolas, y sin noción del todo. Es un poema lleno de objetos: compotas, alacenas, alcancías… Para el autor, puño, y por qué no también terruño en una estrofa serían ripios; el lector ya los acepta, pero para el autor arden».

Lunes, 24 de diciembre. Comen en casa Borges y Bianco. BIANCO: «Le dije a Octavio [Paz] que yo no podía hacer un número de Plural con los jóvenes escritores argentinos. Primero porque no los conocía…». BORGES (como siguiendo la idea de Bianco): «Y después porque los conocías».

Fragmento de un diálogo. BIANCO: «¿Un mexicano de bigotes?». BORGES: «No sé si tiene bigotes. Lo traté por teléfono». BIANCO: «¿Uno de bigotes? Es un mal tipo. ¿Con grandes bigotes?». BORGES: «Por teléfono era lampiño».

Bianco admira a Valéry porque dice que un escritor debe imitar su mejor momento. Borges discute: «Mejor Kipling: “Si ya sabe hacer algo, haga otra cosa”». BIANCO: «Ay, yo admiro a los escritores arbitrarios». BIOY: «Yo a los sensatos. Lo que es raro es la sensatez; no sólo raro, valioso». BORGES: «Yo preferiría haber escrito un buen cuento de Kipling o Conrad que los mejores de Henry James: a James le interesaba la invención de los cuentos, pero después los redactaba, como dice Wilde de Browning como a painful duty, por deber. No tienen, como textos, la intensidad de los de Dickens o de los de Estanislao del Campo».

BIANCO: «Estás muy raro. Te olvidás de todo. Antes no te olvidabas». BORGES: «Antes no era tan viejo».

Jueves, 27 de diciembre. Come en casa Borges. Me consulta sobre si deja el poema a Elsa, y sobre todo la dedicatoria, en las Obras completas. Al principio opino que sí, pero después, cuando me dice que la madre se disgustaría y que la misma dedicatoria a la madre quedaría disminuida, le aconsejo que los deje caer: no para seguir odiando, sino para olvidar.

BORGES: «Existen buenas novelas picarescas: las de Lesage. La gente las desprecia porque son imitaciones, porque no son españolas. En la colección Rivadeneira el editor de Guzmán de Alfarache pone entre corchetes todas las consideraciones morales, para que el lector pueda saltearlas, y seguir el cuento». BIOY: «Defiende el libro». BORGES: «Y defiende al lector».

Domingo, 30 de diciembre. Come en casa Borges. Peyrou agoniza, internado.

BORGES: «En la vejez la vida se estrecha. Más para las mujeres, que su apariencia. Esa apariencia se arruga».

Lunes, 31 de diciembre. Come en casa Borges.


Miércoles, 2 de enero. Come en casa Borges. Ayer murió PEYROU: Borges le habría tocado la cara, en señal de adiós.

Domingo, 6 de enero. Come en casa Borges. Intento de lectura de Le Balzac de Monsieur de Guermantes de Proust y de «La légende de saint Julien l’Hospitalier» de Flaubert. Después de oír durante un rato la lectura de «La légende» comenta: «Antes, la gente tenía más paciencia que nosotros. Podía esperar largamente ante el plato vacío; les bastaba saber que en algún momento pondrían algo en el plato».

BORGES: «Norah no tolera a Claude [Hornos], porque habla con acento francés. Madre dijo: “Y ella, que aguantó a Guillermo, que tenía un acento gallego que volteaba”».

Martes, 8 de enero. Come en casa Borges. Leemos, sin agrado, «L’ordonnance» y «Madame Baptiste», de Maupassant. Qué autor.

BORGES: «Periodistas vinieron a verme para preguntarme si yo había dicho en broma que los negros eran una raza inferior. ¿Nunca vieron un negro?».

Cuando compilamos la Antología poética argentina, nuestro criterio era incluir los buenos poemas que no estaban incluidos en otras antologías. Yo creo ahora que el lector está agradecido si en la antología encuentra los poemas famosos, los poemas que él conoce. A lo mejor conoce algunos versos, quiere saber cómo es el poema entero. Si recurre a Julio Noé, encuentra lo que busca; si recurre a Borges, Silvina Ocampo y Bioy, no.

Viernes, 11 de enero. Comen en casa Borges, Paz Leston, Cristina Alstone. Borges me dice: «No sé si es una prueba de memoria o de olvido. Iba a preguntarte si Peyrou viene a comer mañana».

Domingo, 13 de enero. Come en casa Borges. Leemos Les causes célebres, Des mauvais sujets de Paulhan. BORGES: «Empiezan, acaban de cualquier modo. Leé un cuento de verdad. Tal vez uno de Maupassant al que pusimos ¡sí!». No hay ninguno; a unos pocos pusimos tal vez. Leo «Toine»: se enfurece, le da asco. Leo «Madame Baptiste»: le parece inverosímil, muy sonso. BORGES: «“L’ordonnance” debió de ser inventado todo por él, muy superficialmente; “Toine” y “Madame Baptiste” debieron originarse en casos que le contaron. Es mejor que Quiroga, porque se entiende lo que va diciendo. Te vas enterando sin esfuerzos ni tropiezos. Su fama entre Henry James y Conrad es misteriosa». BIOY: «Te equivocás sobre los cuentos de Paulhan. En cuanto a los de Maupassant, prefiero los cuentos de Maupassant de paisanos a los mundanos». Borges, al revés. BORGES: «“El matadero” es infinitamente mejor que “Toine”. No tiene todas esas inmundicias. Yo tengo miedo de soñar esta noche con pollos[1925]».

Martes, 15 de enero. Come en casa Borges. Lectura de Diderot: «Los dos amigos», La religieuse, Jacques le Fataliste. BORGES: «En “Los dos amigos”, Diderot comete el peor pecado. No se sabe si escribe en broma o en serio; si quiere conmover o hacer reír».

Después leemos con pareja fortuna Mes apprentissages, de Colette. BORGES: «Una escritora que firma Colette para sugerir Culotte». BIOY: «Sin embargo, Sido me pareció un libro muy lindo».

Viernes, 18 de enero. Come en casa Borges. Leemos a Montesquieu: las Lettres persones (más novelita que sátira) y el vanidoso Portrait de Montesquieu par lui-méme (donde se jacta de haber hecho el amor después de los treinta años).

Borges, sobre Montesquieu: «Está escrito desde una gran altura. Como si escribiera el Espíritu Santo. No da la impresión de sinceridad. Dice lo que va a quedar bien. Es todo lo contrario de un revolucionario. Quizá entonces esa actitud lograría la aprobación general, como ahora la revolucionaria». BIOY: «Ahora sería revolucionario. Diría: “Hay que cambiar las estructuras”». BORGES: «Johnson piensa más. Montesquieu estaba ocupado en redactar sus frases».

Sobre Lettres persones. «Entonces la gente se maravillaría con un poquito de color local persa: el harem, el eunuco, el hecho de que un hombre esperara que muchas mujeres le fueran fieles. Esto último sería lo principal».

Sábado, 19 de enero. Come en casa Borges. Leemos a Montesquieu. Después de leer L’esprit des lois, dice: «Hoy quedamos con mejor idea de él que ayer. Es mejor en temas abstractos que en la narración». BIOY: «Pero el desdichado no hallaría consuelo en su lectura». BORGES: «Es mejor leer libros así, abstractos, que leer poesía». BIOY: «¿Mejor? Menos descansado». BORGES: «Por eso mismo mejor».

Domingo, 20 de enero. Comen en casa Borges y Bianco. Leemos «Le blanc et le noir» de Voltaire. Mucho mejor que todo lo anterior. SILVINA: «Es vertiginoso». BORGES: «Demasiado, demasiado apurado». BIANCO: «Qué bien escrito».

Miércoles, 23 de enero. Borges me dice, por teléfono, que está corrigiendo las pruebas de sus Obras completas: «Estoy absorto ante las inepcias que he escrito. Libros como Evaristo Carriego y Discusión no pueden corregirse. Voy a publicarlos tal cual están, con una notita desligándome». BIOY: «En mi recuerdo, Discusión es un libro admirable». BORGES: «Bueno, Discusión no sé; pero ¿qué puede esperarse de un libro sobre Evaristo Carriego? ¿De un libro sobre un insecto? Lo raro es que Evaristo Carriego era gracioso en la conversación. Bueno, pensándolo bien, no es tan raro, porque la conversación sale del contexto y cuando un hombre escribe está solo, no hay contexto, tiene que crearlo y no tiene una sola idea en la cabeza».

BORGES: «Toda la literatura había llegado a Madre por el lado Suárez de su familia. Admiradores de Larreta. Padre trató de rebelarla, pero ella siguió secretamente fiel a ese espíritu».

Viernes, 25 de enero. Come en casa Borges. Lectura de Stendhal. La Chartreuse (comienzo poco íntimo, poco interesante) y Souvenirs d’égotisme escritura indiferente que no persuade sobre tristezas y otras intensidades referidas; mención de títulos nobiliarios, de fechas precisas. Un estilo hecho para dejar un recuerdo; menos: una impresión de tranquilo desorden, de imprecisiones (o de precisiones inútiles y misteriosas: «Mi gran tristeza del 15 de septiembre de 1823»). Mujeres nombradas, pero no comunicadas (estilo poco comunicativo). Personas elogiadas, con la misteriosa reserva de que no tienen ningún esprit. BORGES: «Si sospecharan que cometimos un crimen, si dijéramos que estuvimos leyendo a Stendhal y nos pidieran que contáramos lo leído, nos meterían presos».

Martes, 29 de enero. Come en casa Borges.

Muerte de Alberto González Acha. BORGES: «Una vez se acostó con una chica en el hotel Los Portones de Palermo; una noche, en Las Heras, a la altura de la Penitenciaría, el hermano de la mujer, con otros dos, se le echaron encima con cuchillos. A trompadas puso en fuga a dos y él mismo, herido, llevó al tercero a la comisaría y dijo: “Aquí los dejo, el hombre y su cuchillo. No sé para qué lo lleva si no sabe usarlo”.

»El general Mariano Acha, al ser tomado por un soldado federal que levantaba un cuchillo contra él, exclamó: “No me mate como gallego”. El hombre se apabulló; Acha le sacó el cuchillo y lo mató a lo criollo… Para los militares, los federales no eran soldados: se los trataba como forajidos. Qué bien».

Sobre don Julio Molina y Vedia: «Con Padre (que no fue, porque se casó con Madre), con Arturo Múscari, con Ingenieros, con Juan B. Justo, Macedonio, pensó vivir en el monte paraguayo, en una sociedad anarquista. Para eso se casó con una chica del conventillo. Allá le dijo que tenía que ser de todos. Ella se negó, alegando que se había casado sólo con él».

Domingo, 3 de febrero. Come en casa Borges. Leemos Essai sur les moeurs de Voltaire. BIOY: «El poder de la Iglesia es grande. Voltaire es muy superior a todos los escritores que hemos leído. Cuando hablo de él, encuentro resistencia en el interlocutor habitual». BORGES: «Anzoátegui lo llamó ese viejo imbécil Si hay algo que no es Voltaire, es imbécil. En cuando a viejo, él mismo, tal vez, ya lo sea». Dice que su padre observó que Enrique VIII debía de ser muy creyente, para asesinar sus mujeres con tal de casarse religiosamente. Cuenta Borges que los sacerdotes cristianos en la antigua Escandinavia eran polígamos. Dagobert y otros reyes de Francia, también, según Voltaire.

Jueves, 7 de febrero. Borges, tembleque, enfermo, por remedios. Leemos Voltaire, Moeurs, II. BORGES: «Entonces esta época es normal».

Viernes, 8 de febrero. Come en casa Borges. Lectura de Voltaire.

BORGES: «Dios, al crear los animales, cuando llegó al sexo debió de estar cansado: servía también para orinar y estaba al lado del culo».

Sábado, 9 de febrero. Come en casa Borges. Leemos Voltaire, Essai sur les moeurs.

Sobre que hay pocos poemas largos buenos: «Por lo común, cuando los poetas quieren ser mayores, fracasan. V.g., Milton y, desde luego Voltaire. No hay poesía sin intimidad».

Domingo, 10 de febrero. Come en casa Borges. Leemos Voltaire, Essai sur les moeurs.

BORGES: «Conocemos la literatura de algunos países, si tenemos suerte por Henríquez Ureñas; si no, por doctores Aitas».

Lunes, 11 de febrero. Llama Borges para decirme: «Me acordé de una frase que creía haber olvidado para siempre. Yo creía que era “Callate, confusión”. No: es “Callate, trastorno”. Trastorno es un vocativo. Madre se la decía a Norah». BIOY: «Yo nunca la oí». BORGES: «¿No la oíste? Qué raro: cada familia tenía su dialecto y pensaba que era general, que todas las demás lo conocían».

Martes, 12 de febrero. Come en casa Borges. Leemos Voltaire, Moeurs, «De la religión en Italie avant Charlemagne» et sg.

Sobre Roa Bastos dice: «Inútil argumentar con un hombre tan subalterno».

Jueves, 14 de febrero. Come en casa Borges. Leemos a Voltaire.

Me cuenta que maltrató a un francés de L’Herne que le rogaba «Maître, pardonnez moi». Me dice: «No creo en la realidad de esa gente y los trato con la mayor desconsideración. Tienen un arte, muy fraudulento, de simular la inteligencia». El francés afirmó que Borges era «Macbeth en dançant le tango». Borges le preguntó qué tenía él que ver con Macbeth. «Ambos son apasionados», respondió el otro.

Viernes, 15 de febrero. Visita a la madre de Borges. Por la noche, come en casa Borges. Leemos a Voltaire.

Domingo, 17 de febrero. Come en casa Borges. Leemos el Essai sur les moeurs. Me dice: «Vos y yo, en la medida de lo posible, tratamos de salvar la cultura en un mundo de barbarie, como el descrito por Voltaire».

Jueves, 21 de febrero. Come en casa Borges. Leemos el Essai sur les moeurs.

Me cuenta: «Padre decía que si Luis de Lafinur, padre del Lafinur conocido, era el secretario de la junta y a todos (Liniers, etcétera) los apresaron y a él no, es porque los debió de traicionar; por eso dejó el ejército. A Alvaro, que no era más pariente que él, eso no le gustaba. Padre tenía la estratagema de fingir que no lo entendían, para remachar esas hipótesis que no eran del gusto del interlocutor».

Viernes, 22 de febrero. Comen en casa Borges y Cozarinsky. Borges, muy agresivo, está furioso con los que se alegran porque los traduzcan o les hagan films. Incapaz de escuchar, si Cozarinsky dice algo, no permite que termine. Las primeras palabras de Cozarinsky le sugieren algo: se calla. Cozarinsky retoma, pero Borges se siente estimulado por lo que oye para contar algo. Ya Cozarinsky no insiste. Cuando, en tono de rabia, yo empiezo a hablar, inevitablemente estimulo a Borges, que me interrumpe para decir algo que a nadie interesa. Leemos, a ratos, a Voltaire, interrumpido también por Borges.

Jueves, 28 de febrero. Come en casa Borges. Lectura de Voltaire, Essai.

Según Borges, su padre decía que una palabra en los Evangelios, favorable a los animales, los hubiera salvado de miles de años de maltrato; pero que es inútil buscarla, porque no está.

Sábado, 2 de marzo. Comen en casa Borges y Pezzoni.

Martes, 5 de marzo. Come en casa Borges. Leemos a Voltaire.

Miércoles, 6 de marzo. Come en casa Borges. Leemos a Voltaire. BORGES: «Voltaire debió de ser uno de los hombres más grandes que hubo jamás».

Sobre Donald Yates, que no sabe por qué Brodie: «As a Scott, he ought to know better his Stevenson [Como escocés, debería conocer mejor a su Stevenson]. Deacon Brodie or The Double Life, pieza de Stevenson y Henley». Me pide que le escriba a Yates y le diga que ignore a Elsa en la biografía.

Domingo, 10 de marzo. Comen en casa Borges y Gloria Blanco. Leemos a Voltaire. Borges habla con Gloria de geometrías no euclideanas. Gloria nos lee «The Beldonald Holbein», de Henry James.

BORGES: «¿El arte de escribir se habrá olvidado después de Voltaire? La gente supone —no lo pone en duda— que Flaubert y Valéry escribían mejor que Voltaire».

Martes, 12 de marzo. Come en casa Borges. Leemos a Voltaire.

Se lleva la Biblia, porque piensa escribir un cuento: historia de un viajero que visita a un pueblo nómada de costumbres anárquicas: discípulos literales de Cristo (dejando que los muertos entierren a los muertos; los últimos serán los primeros; que los hermanos estén contra los hermanos)[1926].

Miércoles, 13 de marzo. Come en casa Borges. Dice: «Ricardo Gutiérrez era el amante de una señora que vivía en avenida Quintana, cerca de Cinco Esquinas. Señora de un amigo. Los dos amigos nunca permitieron que el hecho los apartara». BIOY: «¿Otra versión de “La intrusa”?».

Jueves, 14 de marzo. Come en casa Borges. Leemos a Voltaire.

BORGES: «Madre dice que a veces puede haber justificación para los duelos». BIOY: «¿Te parece mal que una señora de la edad de tu madre piense en problemas generales, como la justificación de los duelos? La gente vieja suele pensar en sus enfermedades, la comida y los remedios». BORGES: «Encuentra justificación para que Estanislao del Campo se batiera con Ricardo Gutiérrez, que representaba a Eduardo Wilde».

Domingo, 17 de marzo. Come en casa Borges. Leemos a Voltaire.

Domingo. 24 de marzo. Come en casa Borges. Leemos a Voltaire. Planea un libro de prólogos.

Domingo, 31 de marzo. Come en casa Borges. Llama Luna para Los orilleros. Me cuenta Borges que en una saga, el héroe, un guerrero valiente y vencedor, al final, ya viejo, está sentado junto al fuego, en un invierno de Islandia, y una sirvienta lo echa, lo empuja afuera, donde muere de frío. «A todos eso puede pasarnos», agrega.

Domingo, 7 de abril. Come en casa Borges. Leemos las Cruzadas, en Decline and Fall, de Gibbon.

Domingo, 14 de abril. Por la mañana, con Borges y Frías, tratando de fotografiarlo. ¿En una plaza? No. Arboles nunca. ¿San Telmo? No. ¿El Sur hacia el Oeste? Monserrat, La Concepción, sí. Lo mejor sería una calle de tierra; el empedrado le resulta demasiado moderno. Se pone en pose, como orador radical. Un hombre que trabaja en un restaurant pide como honor que lo fotografíe con él y expresa luego su colmada gratitud. Borges, cuando el hombre se va: «Soy Sabato». «No lo tomás como un fin en sí», le digo. Yo, muy nervioso y sonso.

Por la noche, come en casa. Leemos a Voltaire.

Miércoles, 17 de abril. Comen en casa Borges y Bianco.

Viernes, 19 de abril. Hablo con Borges, que me refiere: «Alguien contó el cuento de dos chicas amigas, una rica y una pobre, las dos de seis años de edad. Cuando supo que la pobre no tenía almohada, la rica le regaló la suya. La abuela de la chica rica quiso regalarle a ésta una almohada para reponerle la que había dado. La chica no la aceptó, porque entonces el regalo que había hecho perdería su mérito». Borges y yo pensamos que la conducta de esa chica era admirable. La madre de Borges disiente: «Lo importante debió ser para ella que su amiga pobre tuviera almohada, pero la chica rica no pensaba en su amiga, sino en ella. Era una vanidosa, una pedante, una candidata para el psicoanálisis». Le damos la razón.

Domingo, 21 de abril. Come en casa Borges. Leemos a Voltaire.

Martes, 30 de abril. En Crisis, buen reportaje a Borges. Digo: buenas respuestas de Borges a un reportaje.

Jueves, 2 de mayo. Come en casa Borges. Leemos a Voltaire.

Como siempre, me atribuye lo que otro dijo. Por ejemplo, que hubo altercados en la Academia, porque alguien propuso un homenaje a Lugones. ¿Cómo yo puedo saber eso?

La madre alterna la lucidez con la confusión: hoy le dijo que Perón lo había llamado por teléfono. Confunde sueños con realidad.

Domingo, 5 de mayo. Fotografías de Borges, en el Parque Lezama. Por la noche, come en casa. Leemos a Voltaire.

Lunes, 6 de mayo. Come en casa Borges. Dice que la hija del general Soler, Micáela Soler… SILVINA: «¿No se dice Micaela?». BORGES: «Nunca he oído Micaela, salvo en unos versos obscenos sobre lo que le gusta a Micaela…[1927] Bueno Micáela Soler, que era casada, cuando tuvo un hijo, le hizo poner el apellido del amante».

BORGES: «Sobre Peyrou se podría escribir un artículo, en que se lo muestre como un personaje de novela». BIOY: «Un poco como en los ensayos de De Quincey sobre la Society of the Lakes»[1928].

Jueves, 9 de mayo. Come en casa Borges. Me consulta sobre sus Obras completas y sobre su libro de prólogos. Escribimos la contestación a Mme. Laure Guille-Bataillon, traductora del Libro del cielo y del infierno.

Domingo, 12 de mayo. Come en casa Borges. Leo un poco a Voltaire.

Lunes, 13 de mayo. Come en casa Borges. Hablamos de Hesse y de Romain Rolland, escritores imprecisos y falsamente profundos «para María de Villarino, et alii», según Borges. BORGES: «No sé por qué los alemanes insisten en escribir novelas, si no sirven para eso. Pero Hesse se portó bien. No fue nazi: emigró a Suiza y se hizo suizo».

Jueves, 16 de mayo. Come en casa Borges. Refiere la historia de Obras completas y no Obra completa, como él quería. Al saber en Emecé que se obstina en dejar caer varios de sus primeros libros (El tamaño de mi esperanza, etcétera), comprendieron que no podrían llamar Obra completa al volumen que preparan, lo que, naturalmente, le restaría gran parte de su eficacia comercial. Alguien sugirió de inmediato la respuesta que todos aceptaron: llamar al libro Obras completas. «Ninguna de las que se incluyen estará incompleta», alegan.

Sobre el fracaso de Les autres en su exhibición en Francia me dice: «Y bueno, ¿qué tenemos que ver nosotros con el cinematógrafo?». BIOY: «Yo creo tener buena relación y saber qué parlamentos no deben ser literarios ni excesivos y cuáles films son hospitalarios y cuáles refractarios».

Domingo, 19 de mayo. Come en casa Borges. Leemos a Voltaire, de nuevo.

En La Prensa, Gloria Alcorta, amarga, hostil, ataca Les autres. Siembra cizaña y se refiere a mí con menosprecio. No le cuento nada a Borges, para no enconarlo. No puedo menos que felicitarme de no haber estado en Cannes. Mi posición es muy difícil: de acuerdo con mis detractores, ¿podría defender de mala fe a mis amigos? No sin dolor.

Lunes, 20 de mayo. Come en casa Borges. Me dice: «Madre casi murió esta mañana. Sin fiebre, con la presión normal. No podría levantar la cabeza de la cama. Norah le dijo que se levantara. Una señora estúpida explicó que “Leonorcita es muy mimosa”. Otras dos señoras se pelearon por saludos. —“Usted no me saludó”, etcétera—. Mientras alguien se está muriendo».

Domingo, 26 de mayo. Come en casa Borges. Leemos a Voltaire.

Dice Borges que Valéry aún hoy engaña a Ibarra, que lo cree buen poeta; que Ibarra cree también que Toulet escribe muy buena prosa y que Gide es muy superior a Valéry. BORGES: «Cómo lo despreciaría Valéry».

Lunes, 27 de mayo. Come en casa Borges. Leemos a Voltaire.

Domingo, 2 de junio. Come en casa Borges. Dice: «Los remedios que me dio el médico me hacen mal: me mareo, pierdo el sentido de la orientación. En mi cuarto, que es chico como un ascensor, no encuentro la cama. Tengo sueños horribles. Cuando despierto sigo viéndolos. Agregá a eso los gritos de terror de Madre. A la mañana tengo una tristeza que parece intolerable». BIOY: «Pero ahora no temblás». BORGES: «Estoy bien porque estoy aquí, conversando con vos. He llegado a creer que para mucha gente hoy en día soy an old fool, who happens to be a famous writer».

Lunes, 3 de junio. Come en casa Borges. Leemos a Voltaire. Al leer los horrores de la Inglaterra de Ricardo III, Borges observa: «Quiere decir que fácilmente cualquier país se civiliza».

Jueves, 6 de junio. Come en casa Borges. Leemos a Voltaire.

Domingo, 9 de junio. Come en casa Borges. En La Nación de hoy aparece su dedicatoria de las Obras completas a su madre, evidentemente para que la lea en vida. Me dice que la madre le pide disculpas por no morirse. Leemos a Voltaire.

Borges escribe en colaboración con Alicia Jurado un libro sobre budismo. Cuando llegaron al taoísmo y a Chuang Tse, Borges propuso a Alicia incluir el sueño de la mariposa. Alicia observó, primero, que eso era un disparate, porque la mariposa, por razones anatómicas, no podía soñar así. Luego recapacitó y concedió que en los remotos tiempos de Tse estos razonamientos podían parecer aceptables. Borges le dijo que, aun inventado esta mañana, el texto sería un regalo para el mundo. BORGES: «¿No siente la poesía? ¿O ve tan de cerca las mariposas que le tapan todo lo demás? ¿Para nosotros son elementos de ciertas escuelas literarias y para ella coleópteros determinados y precisos? Una vez, con Macedonio, probé el efecto del sueño de Chuang Tse. La reacción de Macedonio fue decir: “Hace tanto tiempo que se escribió eso y sabemos tan poco de la evolución del idioma chino que no sabemos si mariposa en esas líneas significa mariposa”. Es la respuesta de un hombre inteligente, pero también de alguien que no quiere admirar lo que le proponen: soberbio, furioso, como un criollo enfrentado por la filosofía. Además, ¿cómo podría ser admirable ese texto, escrito por un chino, no por un argentino? El comentario de Mariana Grondona sería: “Ay, qué lindo” o si no: “A María Eugenia Hueyo no le gustan las mariposas”… Todo lo reducen a su mundo».

Mutatis mutandis, hallamos cierta similitud entre la respuesta de Alicia Jurado y la refutación del idealismo por Johnson (golpeando con el bastón el suelo)[1929]. BIOY: «Fue su peor momento». BORGES: «He was at the lowest ebb». BIOY: «Johnson no estuvo muy feliz, pero en definitiva, expresó, de manera burda, lo que todos sentimos: que el idealismo es increíble. Ni Berkeley ni Hume podrían creer verdaderamente en la explicación del idealismo». BORGES: «Negar la causalidad es más difícil que negar la realidad».

Lunes, 10 de junio. Come en casa Borges. Leemos un prólogo y el artículo del Oxford Companion to English Literature sobre Macbeth. Me habla del budismo zen, que es la contradicción del budismo («Un budismo romántico», digo).

Domingo, 16 de junio. Come en casa Borges. Repite cuentos y agrega truculencias tristes sobre la agonía de su madre.

Domingo, 23 de junio. Come en casa Borges. Observa: «Con qué delicadeza Hernández habla de la comida: una delicadeza natural. Cómo Rabelais, Cervantes y Shakespeare hubieran sido de groseros».

Borges ha sido eficacísimo en la persuasión de opiniones en las que no cree ni creyó nunca del todo: el compadrito (una reacción contra las virtudes burguesas, que triunfaban inconteniblemente; ¿quién iba a decirle que de manera precaria? Acaso Groussac, al afirmar que la civilización era un accidente, pero…); Macedonio (creación dramática) y Lugones (homenage a los valores establecidos o destinados a establecerse).

Lunes, 24 de junio. Come en casa Borges. Leemos a Voltaire, que prefiere Tasso y Ariosto a Homero y dice que en Shakespeare hay más barbarie que belleza, por lo que su fama nunca traspasará las fronteras de Inglaterra[1930].

Domingo, 30 de junio. Come en casa Borges. Dice sobre Gloria Alcorta: «Somos amigos, pero puedo vivir sin verla. No me es imprescindible». Cuenta que Willie (Guillermo Juan). Borges se pasó los últimos años en un rancho de los alrededores, junto a un perro. Los vecinos lo veían sentado en un banco, llorando.

Viernes, 5 de julio. Busco a Borges. Come con Pipina Diehl. Hizo declaraciones a algún periódico de Norteamérica sobre Perón y su muerte[1931].

Domingo, 7 de julio. Come en casa Borges. Le recitó a su madre los versos de Carriego:

¡Y sé, en mi amarga obsesión,

que mi cabeza cansada,

de la prisión de ese ensueño

caerá, recién, libertada

cuando duerma el postrer sueño

sobre la postrer almohada[1932]!

La señora recordó: “Yo le dije a Carriego que ésos eran sus mejores versos. Carriego me contestó que él también así lo creía, pero que escribía sus poemas populares por sentir que se los debía a los pobres del barrio”. Borges comenta: “Está bien que Madre recuerde esa conversación. Carriego murió en 1912… Quiere decir que la conversación ocurrió hace más de medio siglo”.

Diplomacias del gran escritor. Miembros de una delegación mexicana lo visitaron para invitarlo a una comida que el presidente mexicano daba en el Plaza Hotel. Borges se excusó, dijo que no iría por temor de encontrar allí a ciertos argentinos, pero que les daba las gracias y les aseguraba que él sentía viva amistad por los venezolanos.

Lunes, 8 de julio. Come en casa Borges. Leemos Essay on Criticism de Pope. BORGES: “Es mejor que Boileau”. BIOY: “¿Puede haber mejor poesía fuera de un estilo?”. BORGES: “Lo directo parece mejor que lo inteligente”. BIOY: “Hay directo modesto: Oriental pecho de acero[1933]”.

Domingo, 14 de julio. Come en casa Borges. Canta en la mesa canciones inglesas, españolas y criollas.

Domingo, 21 de julio. Come en casa Borges. Dice que no sólo los libros de Filloy tienen nombres de siete letras, también los hijos. Libros (extravagantes, ilegibles, de este hombre agradablemente razonable en la conversación): Balumba, Estafen.

Domingo, 28 de julio. Come en casa Borges. Leemos en el Dictionary of National Biography la vida de Charles L. Dodgson (i.e., Lewis Carroll[1934]). Hablando de su madre y Norah, dice: “Sigue la discusión sobre Guillermo. Después de la muerte de Guillermo, debió cesar”.

Miércoles, 31 de julio. Come en casa Borges. Dice: “Madre me habló anoche de un coronel bóer llamado Carmen. Está muy ilusionada, pobre, porque San Pantaleón (patrono de los médicos, que ni siquiera fue médico) obró un milagro en ella: caminó unos pasos… Si la soltaban se caía. La otra noche pidió a Padre: ‘Ya que Dios no me lleva, llevame vos, Jorge”».

Jueves, 1.º de agosto. Come en casa Borges.

BORGES: «Pobre Madre, se desilusionó del milagro. Pidió un libro y no puede make head or tail of it». La madre dice: «Aquí estoy, llorando sobre las ruinas».

Borges escribió que al término de no sé qué batalla de nuestras guerras civiles, degollaron de parado a dos soldados que después del tajo dieron un paso[1935]. El linotipista corrigió: deparados. Borges consultó con su madre. Ésta (noventa y siete años) reaccionó vivamente: «No seas gringo, Se dice deparado. Como los degollaron de pie y no de pies».

Viernes, 2 de agosto. Come en casa Borges. Le leo varios juegos de Juegos en que todos participamos de Eric Berne. BORGES: «Parecen de una novela trivial». BIOY: «La vida es como una novela trivial». Está de acuerdo; pide que le lea otro juego, y otro. Pregunta después el origen de las bananas, anxious gap in our knowledge.

Sábado, 3 de agosto. Come en casa Borges. La madre le explicó el origen y la distribución de los bananeros.

BORGES: «Estaba pensando que de Norah sé poco, menos que de casi nadie, menos que de Godel. Es tan reservada. Con ese sistema de elogios al interlocutor no muestra nada de sí (salvo que trata de que haya alegría y bienestar)».

Domingo, 4 de agosto. Come en casa Borges. BORGES: «A Lugones le gustaban mucho los versos:

Es otoño. Estoy solo. Pienso en ti. Caen las hojas…

Vaga la melodía de una pena que ignoro[1936].

Evidentemente, el primer verso está bien y el segundo es una vergüenza, pero Lugones prefería el segundo; dijo que el manejo de los acentos, en ese verso, era magistral». BIOY: «En favor del segundo, solamente puede decirse que fluye; después de las frases cortas del primer verso, está bien que fluya el siguiente». BORGES: «Tenés razón, pero tal vez Lugones haya elogiado el segundo verso porque a todo el mundo le gustaba el primero. Seguramente era, como se decía antes, el espíritu de la contradicción. Queda bien que en ambientes caseros, poco filosóficos, se dijera el espíritu de la contradicción».

Me cuenta que, en su agonía, su abuela criolla dijo: «Carajo, déjenme morir tranquila». «Padre exclamó: “Ahí está la hija del coronel Suárez”». Agrega que su abuela «no había puteado en toda su vida». La otra abuela, la inglesa, murió en el departamento de Pueyrredon y Las Heras, donde después murió Jorge Borges. El coronel Suárez murió en el fuerte de Montevideo, sitiado por Oribe: de pronto se sintió mal y le pidió a su amigo Olavarría que le trajera un vaso de agua; cuando volvió Olavarría, ya estaba muerto.

«De lo que no he tenido pruebas —continúa— es de tu idea de que morir sea un acto muy penoso. Las personas que yo vi morir se apagaron poco a poco. Lo que ha de sentirse es una gran soledad. Hasta un carrero ha de sentirla: la conciencia de que en eso no pueden acompañarnos, de que es un acto que hacemos solos». Como yo le argumento que no todo el mundo muere gradual y tranquilamente, admite: «Es claro que es un acto único, sin precedentes en la vida. Habría que ver lo que dicen dos personas salvadas de la muerte». BIOY: «Aunque el acto de morir es uno solo, puede haber mil formas de muertes». BORGES: «Para el atropellado por una locomotora, ese momento, por breve que sea, debe de ser muy intenso, todo ocupado por el golpe». BIOY: «La expresión muerte violenta prueba que no todas las muertes son tranquilas».

BORGES: «La gente de Buenos Aires habla de un modo raro. A mí siempre me toman por español y me preguntan cuándo llegué. Antes me daba rabia y contestaba que hace trescientos años; ahora les digo que hace tres meses». De más está decir que Borges habla normalmente como argentino culto. BORGES: «Habrá que tener acento italiano, como Giusti, que habla en un cuidadoso castellano con acento cocoliche».

Cuenta: «Entre los hijos de Eça de Queiroz había uno que era un hombrote, que escribió un libro bastante flojo. Para apreciar el cuento, hay que situarlo bien: en Portugal, a principios de siglo. Un crítico —imagínalo, de monóculo, de capa, de aspecto endeble— deploró, en un artículo, que un hombre que llevaba el glorioso nombre de Queiroz, no comprendiera la obligación que ello significaba, de no publicar nada que no fuera excelente. Una noche los dos hombres se enojaron en la puerta de un café literario y el hijo de Eça de Queiroz abofeteó al crítico. Hubo un revuelo, acudieron policías, que preguntaron al agredido si no quería hacer una declaración en la policía. El crítico dijo que no, que no tenía nada que declarar y agregó: “Sólo quise convencer al señor de que no debía escribir”. La anécdota le hubiera hecho gracia a Eça. En aquel momento, el crítico era más su hijo que el otro».

Observa que tal palabra es (o no es) tal otra (como Tzar que, según Voltaire, no sería César, sino un término eslavo imitado del persa). BORGES: «Estas observaciones me costaban tres días de mal humor de Elsa. Para ella no había más parecido que la identidad. Creía que eran bromas mías». BIOY: «Qué raro: admitía tu prestigio como un todo, pero no las partes».

Domingo, 11 de agosto. Come en casa Borges. Me dice: «Qué raro que a Orosio, que era español y debía saber latín, la palabra centauro no le sugiera toro. Al fin y al cabo, taurus en latín… Cree que son caballos con cabeza de hombre».

Jueves, 15 de agosto. Hablo por teléfono con Borges. Soñó que castigaba a Rest, a trompadas y con odio. Mientras lo castigaba, Rest se encogía, hasta convertirse en una horrible masa sanguinolenta, más bien chica, donde se adivinaban los rasgos de su cara. Cuando despertó, Borges se dijo que tenía que llamarlo por teléfono, para disculparse y explicarle que sólo había sido un sueño. Al rato comprendió que ese llamado no era conveniente. Soñó también que muchachones entraban en su cuarto, lo agredían, lo golpeaban, iban a matarlo. Despertó y pensó: «Mejor que no vuelva a dormirme. Es espantoso pensar que si me dejan sólo invento estas cosas…». Mientras pensaba esto volvió a dormirse. Soñó que paseaba por un parque, entre árboles, con una muchacha. Despertó en un estado de gran felicidad.

Domingo, 25 de agosto. Come en casa Borges.

Domingo, 8 de septiembre. Come en casa Borges. Habla de una letra apócrifa del tango El choclo, que él conocía cuando era chico. La canta:

Anoche yo soñé que un ángel puro

bajó del cielo y me besó en el culo.

Dice que puro es la palabra clave: «Es muy orillera, esa letra, por lo ingenua».

Martes, 17 de septiembre. Come en casa Borges. Leemos cuentos del concurso de La Nación. Me dice: «Sospecho que aquí no se puede vivir. Creo que en los últimos días todo empeoró. Hay que estar listo para irse».

Miércoles, 18 de septiembre. Come en casa Borges. Leemos un buen cuento, «Su santidad, el Papa», para el concurso de La Nación. Silvina cree reconocer el estilo de Bonomini.

Domingo, 22 de septiembre. Come en casa Borges. Leemos cuentos para el concurso de La Nación.

Domingo, 29 de septiembre. Come en casa Borges. Leemos cuentos. BORGES: “Tengo una de dos pesadillas. O quiero leer un texto, que me resulta indescifrable, las líneas se mueven, etcétera, o estoy en lugares de los que sólo puedo salir para encontrarme en otros parecidos. Por ejemplo, estoy en una calle, en un patío, en un cuarto, ligeramente opresivo, con una sola salida, que da a otro lugar, que también tiene una sola salida. Cuando estoy en ellos oigo muy cerca gente que habla y que evidentemente está libre. Anoche tuve un sueño que no era ninguno de los dos. Estaba con vos y con Wells. Yo les leía una frase que había escrito en inglés y en la que decía que para atravesar, bajo la lluvia, no sé qué jardín, I opened my prívate umbrella… Wells observaba que el epíteto prívate no fuera tal vez necesario; yo comprendía que vos estabas de acuerdo con Wells pero sostenía que prívate estaba bien, porque daba cierto misterio a ese paraguas”. Por mi parte, lo escuchaba persuadido de que en su sueño era yo el que había empleado el absurdo epíteto, y que Borges se lo atribuía a él para contar el cuento sin ofenderme.

Lunes, 30 de septiembre. Come en casa Borges. BORGES: “Madre me dijo hoy que sus exámenes primarios los tomaron notables del barrio. El escribano Cabral, entre otros. Hablando de esas cosas, Madre está bien. Me dijo que aprendió a leer en cuatro meses con la Anagnosia”.

Miércoles, 9 de octubre. Voy a buscar a Borges, a la librería El Ateneo, donde está con Ulyses Petit de Murat y con un hermano de Herminia Brumana, que parece buena persona, algo tapiado. Come en casa. Leemos cuentos para el concurso. Dice: “Pobres los de Emecé. Van a arruinarse con mis Obras completas”.

Domingo, 13 de octubre. Come en casa Borges. Leemos cuentos para el concurso.

Le digo que Balzac aspiraba a ser el Fenimore Cooper francés. BORGES: “Qué hubiera dicho Mark Twain: él aspiraba a ser Scott. Scott es responsable del exceso de descripciones en las novelas: como contaba historias de épocas remotas, en sus libros eran justificadas; en las modernas (aunque sean valiosas para el futuro), no”.

Miércoles, 16 de octubre. Come en casa Borges. Leemos cuentos: unos, muy llenos de muertos y enfermos, pero bastante buenos (mejores que los anteriores); porque ocurren en Nogoyá pensamos que pueden ser de Ghiano; Silvina cree que no.

En un libro leído por Borges, Vlady encontró, entre otras anotaciones de mano de Borges, esta frase: “Vivimos llenos de temores, dijo Cecilia Ingenieros, y cuando pasa algo pensamos que son premoniciones”.

Jueves, 17 de octubre. Voy con Borges a comer a lo de Prando (en Libertador 1110): el hijo, Marcial Quiroga, el padre Cuchetti (muy liberal). Todos habladores; Borges, sobre todo, cuando otros quieren contarle algo, lo que parece imposible.

Domingo, 27 de octubre. Voy a buscar a Borges, que come en casa. Subo, veo a la madre: rosadita, con su cutis de frescor de novia, flaquísima. “Estoy muy contenta de poder despedirme de vos”, me dice.

Jueves, 31 de octubre. Come en casa Borges. Releemos los mejores cuentos presentados al concurso de La Nación, prefiere unos entrerrianos, que pondera por lo aburridos. Recuerda las palabras de Macedonio»: «Decile a tu padre que no escriba cuando esté enojado».

Domingo, 3 de noviembre. Come en casa Borges. Dice que le harán implantación de células.

BORGES: «Mariana [Grondona], de sesenta y tantos años, reflexiona en voz alta, con melancolía: “Antes yo tenía más éxito en las reuniones”».

Martes, 5 de noviembre. Drago me anuncia que el premio de La Nación se suspende definitivamente.

Miércoles, 6 de noviembre. Reunión en La Nación, con Borges, Mallea y Alicia Jurado.

Domingo, 10 de noviembre. Come en casa Borges. Parece que daremos el premio a los cuentos entrerrianos; no me gustan mucho, pero los otros tampoco.

BORGES: «Américo Castro escribió un libro sobre el pensamiento de Cervantes que prueba que si Cervantes thinks at all he thinks to no purpose [si en verdad pensaba, no le servía de nada]. El libro no es satírico».

Miércoles, 13 de noviembre. Come en casa Borges. Discutimos porque no quiere hablar de dinero. Me habla tanto mientras firmamos nuestros contratos que cometo errores.

BIOY: «A Norman le debés el estar escribiendo cuentos». BORGES: «Escribí El Aleph cuando no lo conocía». BIOY: «Después creiste que no podías escribir nada en prosa, porque no podés ver. Norman te obligó a escribir Brodie, y ahora el nuevo libro en cierto modo se lo debés».

Domingo, 17 de noviembre. Come en casa Borges. Después viene Luna con su mujer.

BORGES: «Cuando Inglaterra le ofreció no sé qué territorio (un soborno muy pobre) a Italia, Mussolini lo rechazó con las palabras: “No soy un coleccionista de desiertos”. Hitler dijo que los países sudamericanos eran países de monos».

Miércoles, 20 de noviembre. Come en casa Borges. Me cuenta que, para el ejército uruguayo, el coronel Brandsen, muerto heroicamente en Ituzaingó, siempre está vivo. Cuando pasan revista, y dicen: «Coronel Brandsen», un soldado contesta: «Presente».

Domingo, 24 de noviembre. Come en casa Borges. Murió Angélica, una hijita de su sobrino Luis, de cinco años, ahogada en una pileta[1937].

Jueves, 28 de noviembre. Come en casa Borges. Leemos el primer capítulo de la novela de Alicia Jurado, El cuarto mandamiento: no demasiado satisfactorio, enfático, exagerado, metafórico, sin suspenso.

Viernes, 29 de noviembre. Come en casa Borges. Leemos a Betjeman.

Le propusieron grabarle una conversación con Fangio. BORGES: «Furioso, les pregunté quién era Fangio».

Hablamos de los efectos que tuvo la implantación que le hicieron. BORGES: «Veo un poco mejor. En el cuarto de Madre hay cuadros, que apenas veía. Ahora distingo el marco y la tela. El médico me dijo que se alegra, porque no esperaba efectos antes de tres meses. De todos modos hay que dar las gracias por small mercies».

BIOY: «Uno quiere a los chicos de la casa, a los perros…». BORGES: «Aunque los chicos son máquinas de producir molestias. Los perros son mejores. Por de pronto son adultos».

Domingo, 1.º de diciembre. Come en casa Borges. Comenta que el Diccionario uruguayo de biografías que le presté es un libro muy prestigioso y agrega: «¿Qué se puede pensar de un autor que pone ese título? No sabe pensar».

Después de comer, viene Luna. La pareja Luna-Borges me exaspera.

Jueves, 5 de diciembre. Come en casa Borges. Está de acuerdo en que autoricemos a Luna a publicar «sus» Orilleros, con su nombre.

Cuando le digo que no me gustan los sonetos de Shakespeare, recita versos, muy extraordinarios, de uno sobre el hecho de que Chapman le sacara una amante:

Was it the proud full sail of his great verse,

Bound for the prize of all-too-precious you,

That did my ripe thoughts in my brain inhearse,

Making their tomb the womb wherein they grew[1938]?

Comenta: «El poeta le pregunta a su amada si por eso prefirió a Chapman».

Lunes, 9 de diciembre. En La Nación conozco a Angelino, el autor premiado.

Domingo, 15 de diciembre. Come en casa Borges. Dice: «Según mi padre, en 1916 a Yrigoyen lo eligieron los que votaron por un muerto, por Alem».

Lunes, 16 de diciembre. Come en casa Borges. Lo visitó Polanski: le pareció poco inteligente y comunista.

Domingo, 22 de diciembre. En La Nación de hoy, «El testigo», poema de BORGES: no malo, pero previsible. Hablo por teléfono con Borges, que vendrá el martes.

Domingo, 29 de diciembre. Come en casa Borges, que trae Il Congresso del mondo (El Congreso), en la edición de Ricci. Dice que está perplejo y que va a escribirle para preguntarle qué tiene que ver su cuento de Buenos Aires a fin de siglo con el budismo tantra. Silvina le pide el ejemplar[1939].

Martes, 31 de diciembre. Busco a Borges, que sigue lumbagado. «Heredé tu león» —me dice, aludiendo al de Lugones, al que «un sordo lumbago lo amilana»—. Llegamos a casa, en el coche. Él habla. Le digo: «Esperá un momento, tengo que abrir las puertas del garaje». Me bajo. Cuando vuelvo está hablando. Dice: «Las Grondona están en una situación falsa: son millonarias, pero no tienen un peso; gente bien, pero de segunda; escritoras, pero quién las toma en serio (amén de que necesitan que les corrijan los textos antes de publicarlos); y por merecer, pero viejas». Comenta también: «Una personalidad tenue que está imponiéndose es la de Juan L. Ortiz. No pasa un día sin que me lo nombren. Yo creo que ya es inexpugnable. Si escribís versos en líneas muy cortas, de estilo alusivo y delicado (aunque personalmente uno sea tan grosero y bruto como Molinari) y si te afiliás al partido comunista, entonces no te sacan ni a patadas. Yo creí que el poeta de Gualeguay era Mastronardi, pero ahora parece que es este Ortiz».

Comemos y, a las once y media, en la penumbra del hall, Marta se duerme en su silla, después Silvina, mientras Borges perora. De pronto me pasa algo extraño, no sé dónde estoy. Despierto porque Silvina conduce a Borges al baño. La mucama llega llorosa, porque es año nuevo. Borges explica su lumbago: «Si me levanto me duele». «No se levante», le dice, cortés e incomprensivamente la mujer.


Domingo, 5 de enero. Come en casa Borges. Está pensando en una antología de sus preferencias, que tal vez le pidan de la librería Fausto. Leemos Veinte poemas de amor y una canción desesperada: no es intenso, es casual. Tiene un idioma poco feliz, es horriblemente metafísico, es cursi. BORGES: «Pero es del 24. Es posterior a Apollinaire. Es posterior a Núñez de Arce. Es peor que Amado Nervo, pero menos eufónico».

Domingo, 12 de enero. Come en casa Borges. Le cuento el film El espíritu de la colmena: me gusta, mientras lo cuento, y le gusta a él.

BIOY: «Vlady es de las personas más inteligentes que conozco. Lamento que no escriba mejor». BORGES: «Qué raro: compadritos, como Rega Molina y como Ledesma, escribían bien. Felisberto Hernández era pésimo». Elogia la frase de Ipuche: «Tuvo que cerrar sus peligrosos almacenes» (un almacenero que se obligó a dar comida gratis a una vieja que después vivió ciento y pico de años). BIOY: «No es fácil hacer pasar una frase así». BORGES: «Tenés razón. Es dialectal. Deberíamos escribir algo juntos».

BIOY: «Un personaje simpático, un lugar que guste al lector, pueden ser la fortuna de un libro». BORGES: «Es claro. Y no dependen de la voluntad: se dan o no se dan».

Miércoles, 22 de enero. Come en casa Borges. BORGES: «La poesía española nunca es inventiva. ¿Por qué? ¿Porque no escribían por gusto sino por deber? Generalmente es expresiva de vanidad. Qué mala poesía hubiera escrito Ortega: cursi como su prosa. Unamuno acepta la primera rima que le da el azar y sigue. Cuando dice la sangre de Jugo, ¿cómo no pensó que, además de su apellido materno, Jugo era un líquido? Oso y ugo no son buenas rimas».

Jueves, 23 de enero. Come en casa Borges. Se queja de no hallar un poema de Antonio Machado sin algo ridículo.

Domingo, 26 de enero. Come en casa Borges. Abunda en buenas observaciones literarias, pero habla en voz demasiado baja, como a veces los sordos, y arrastra las sílabas. Diríase que sólo quiere hablar él (no escucha, interrumpe) y que no le importa que lo oigan: colmo de egocentrismo.

Viernes, 31 de enero. Come en casa Borges. Parece que el editor Torres Agüero está dispuesto a publicarle sus Memorias. Le digo que sea veraz.

BORGES: «Huizinga, que dedicó un libro al tema, sostiene que el juego es privativo del hombre[1940]. ¿Nunca vio perros, gatos, caballos jugando?».

Domingo, 2 de febrero. Come en casa Borges. Buscamos wraith, fetch, alter ego. Piensa que antes de su significado actual, alter ego debió de significar doble, Doppelgänger. Anfitrión y Sosias tuvieron dobles; del primero, Júpiter, para poseer a su mujer.

Domingo, 9 de febrero. Come en casa Borges. Después llega Bianco, deprimido. Conversación entre dos incomunicables; uno porque no deja hablar; el otro, porque no entiende.

Jueves 13, domingo 16, jueves 20 y domingo 23 de febrero. Come en casa Borges.

Jueves, 27 de febrero. Come en casa Borges. No consigo que dicte una carta autorizando a los de la Texas University Press a publicar un poema suyo[1941]. BORGES: «Si les telegrafío: “Publish and be damned[1942]” no les basta».

Domingo, 2 de marzo. Come en casa Borges. Me cuenta: «Sabato está cada vez más antipático. Hoy protestó: “Por favor, Borges, déjeme hablar que tengo algo que decir”». Borges no sospecha, por lo visto, que él nunca deja hablar. Se encontraron Tópate con Toparías.

Domingo, 9 de marzo. Come en casa Borges. Le hago contestar a los de Texas que piden permiso para publicar su soneto sobre Texas.

De parte de Monegal, le pregunto si, en Ginebra, ha oído hablar de Saussure. BORGES: «El nombre me suena, aunque menos que Chaussure [Calzado] y Saucisse [Salchicha]». En cuanto a los formalistas rusos, no los leyó, ni antes ni después de 1932. Explica: «Han de ser una versión rusa de Calixto Oyuela».

Lunes, 17 de marzo. Come en casa Borges. Quiere devolverle al productor Fernando Ayala lo que éste le pagó, porque tal vez no se haga el film. BORGES: «Les importa el dinero más que a mí».

Domingo, 23 de marzo. Come en casa Borges.

Lunes, 24 de marzo. Come en casa Borges. Me dice: «En Something of Myself Kipling se muestra como un embustero. ¿Vos creés que lo despertaban del sueño con un balde de agua fría, iba a otro cuarto, volvían a despertarlo con otro baldazo, etcétera? Salvo que en la India el agua fría estuviera caliente».

Domingo, 6 de abril. Come en casa Borges. Va a dirigir una colección —«La Flecha de Zenón»— para la editorial donde trabaja su sobrino Miguel. Busca trabajos sobre milagros. Le doy el tomo segundo de Hume[1943] y el tomo de «English Men of Letters», de T. H. Huxley sobre Hume[1944].

[Jueves 10 de abril al miércoles 20 de agosto. Bioy Casares en Francia].

Martes, 15 de julio. En París. Silvina me comunica la muerte de la madre de Borges[1945], el 8. Muy apenado.

Viernes, 22 de agosto. En Buenos Aires. Hablo con Borges. «Pasaron cosas increíbles», dice, para referirse a la muerte de su madre.

Domingo, 24 de agosto. Comen en casa Borges y María Kodama. Cuento el cuento del pasaje[1946]. Borges dice que el pasaje no debe ser corto.

Domingo, 31 de agosto. Comen en casa Borges y María Kodama. Borges me dicta sus respuestas sobre Los orilleros[1947], concretas, breves, exactas, mucho mejores que las mías.

Domingo, 7 de septiembre. Comen en casa Borges, María Kodama y Jorge Ramón Torres Zavaleta. Borges refiere que un Haedo, primo suyo (¿o de su prima Esther Haedo?) le dijo una vez en el Salto, en casa de Amorim, que la oveja parece un animal hecho para el hombre: «Es cariñosa y reconoce. No sé cómo hay gente que se acuesta con cabras o yeguas».

Domingo, 14 de septiembre. Comen en casa Borges y María Kodama. No recordamos el nombre de un crítico muy citado cuando yo era chico. Finalmente, Borges recuerda: Valbuena. Leemos pesadeces del padre Mir. Después Des-trozos literarios de Valbuena, que parecen mucho mejores.

Martes, 23 de septiembre. Comen en casa Borges y María Kodama. Leemos a Valbuena: Ripios aristocráticos y Ripios académicos, bastante malos.

Viernes, 26 de septiembre. Hoy a las siete y media de la tarde, se pasa Los orilleros para Borges y sus amigos. Yo hubiera podido verlo a las once; a las siete y media, no. Borges, por su parte, no podía a las once. Hoy llama María Kodama para decir que Borges no irá a ver el film. Silvina lo comunica a Luna, que se desespera. Su mujer llama a BORGES: éste dice que no tiene interés y que si alguna vez tiene curiosidad irá al cine; a Silvina le dice que si Luna quiere batirse a duelo, lo espera. Silvina y Marta ven el film: un tedio, nada criollo, criollo de teatro.

Lunes, 29 de septiembre. Comen en casa Borges y María Kodama. Borges interrumpió el tratamiento de su médico por la (secreta) implantación que le hizo el médico de Claude Hornos. Ahora está tembloroso, inseguro, irritado. En vísperas del viaje.

Sobre la biografía que sobre él prepara Yates, dice: «Espero que dentro de cien años los hombres hayan perdido la superstición de considerar que todo hecho cuya veracidad ha sido comprobada es precioso».

Hablábamos de poetas franceses: Mallarmé, Verlaine, Baudelaire, Rimbaud. BORGES: «¿La fama de Baudelaire? La cursilería gusta. Qué triste llenar la literatura de almohadones y muebles y mostrar la maldad como meritoria. Baudelaire es la piedra de toque para saber si una persona entiende algo de poesía, para saber si una persona es un imbécil: si admira a Baudelaire, es un imbécil». Silvina protesta. Borges dice que no es todo cuestión de cursilería; que, además, Baudelaire era incapaz de que un verso le saliera naturalmente fluido, de que una frase suya pareciera natural o inevitable. Agrega: «Sin embargo escribió “Reve parisién”». Asegura que otra piedra de toque es «El cuervo» de Poe, poema que lo enfurece.

Miércoles. 1.º de octubre. Hablo por teléfono con Borges, que viaja hoy a los Estados Unidos.

Domingo, 12 de octubre. Comen en casa Borges y María Kodama. Borges está mucho mejor. María lee en voz alta un artículo de Borges sobre Cervantes.

Jueves, 23 de octubre. Hablo con Borges sobre Los orilleros, que he visto esta tarde: «El film, que al principio no pareció tan malo, después se abisma. Disjecta membra, sucesión de escenas cortas mal barajadas; algún añadido de gusto peronista». BORGES: «No prevemos… Entre el actual peticionante y el film futuro, elegimos el actual peticionante para no caer en pedantería y presunción; después el film se hace».

Sábado, 25 de octubre. A la librería La Ciudad, a firmar con Borges Los orilleros[1948]. Muchas firmas.

Domingo, 2 de noviembre. Come en casa Borges. Leemos (en voz alta) cuentos de Kipling: «Beyond the Pale» y «The Gate of Hundred Sorrows». Me propone el proyecto de Frías: publicar volúmenes de obras completas de Borges con colaboradores. Libros que escribimos de a iguales, ahora me colocarán de etcétera entre Fulanita Guerrero y Fulanita no sé cuánto. Está muy interesado en el proyecto, como en todo lo suyo.

Domingo, 16 de noviembre. Come en casa Borges.

Domingo, 23 de noviembre. Comen en casa Borges y María Kodama. BORGES: «Al declarar que si no existiera su cerebro y su mano el mundo no existiría, e insistir siempre con el cerebro y la mano, Schopenhauer i parece indicar que no entiende su propia filosofía. El cerebro y la mano son parte de ese mundo que no existe. La palabra mente, empleada por Berkeley, es mejor».

Domingo, 7 de diciembre. Come en casa Borges.

Martes, 9 de diciembre. Comen en casa Borges y María Kodama.

Jueves, 18 de diciembre. Come en casa Borges. Me refiere: «Mi abuela [Haslam], cuando vio a mi abuelo, que llegaba a la cabeza del regimiento 2 de línea a Paraná, sitiada por los indios, se enamoró de él. A la noche se vieron en un baile. Mi abuela le dijo una vez a Madre: “The Colonel me pidió que me casara con él, pero si me hubiera pedido que me fuera con él lo hubiera hecho. Pensar que nunca me habían gustado los militares ni los petisos y me casé con un militar y un petiso”».

Miércoles, 24 de diciembre. Come en casa Borges.


Sábado, 3 de enero. Voy a ver a Borges, que se va mañana a los Estados Unidos; está con Claude Hornos, que le lee.

El hijo de Alicia Jurado ha muerto en un accidente en Nicaragua. Ella comprende que no hay nada peor que la muerte y casi se consuela de que su hijo haya muerto lejos; su último recuerdo de él no es el de un cadáver. Como piensa que, muerto, no está en ninguna parte, resuelve que lo entierren allá. Borges comenta: «Ya sé que muerto no estaré en ninguna parte, pero, bueno, cuando no esté en ninguna parte, no quiero que me entierren en Nicaragua. Tampoco quiero que me entierren en el cementerio israelita ni en la Chacarita, ni siquiera en el cementerio de Flores. Quiero que me entierren junto a los míos, en la Recoleta».

Domingo, 4 de enero. Visito a Borges. Me dice que lo principal para no ser desdichado en su viaje es ponerse a trabajar en seguida y no dejar que lo domine Yates y le meta encima la Universidad.

Miércoles, 12 de mayo. Hablo con Borges, que acaba de llegar. Dice que nadie sabe nada en los Estados Unidos. Cuando mencionó a Bernard Shaw, le preguntaron: «Who is he)». Alguien le explicó que no sabía qué eran Las mil y una noches, porque no había estudiado árabe.

BORGES: «Un poeta italiano, tal vez Móntale, dice que por una escalera subieron millones de pasos. Hay palabras que no pueden emplearse, Cientos y miles, sí; millones, no. Por qué es eso, no sé, pero una persona que no entiende que millones no debe emplearse, no debe escribir. Los poemas de Móntale parecen borradores de poemas».

Domingo, 16 de mayo. Comida con Borges. Dice que los Estados Unidos es un país de gente automatizada, mecanizada. Por suerte para el pobre Norman, no lo recuerda con ojeriza; con afecto, más bien.

Martes, 18 de mayo. A la una menos veinte, en casa de Borges, con Falke, que fotografía, y con Martín Müller. Borges repite su error de que empezamos a escribir Bustos Domecq en mi cuarto, sobre el garaje, en casa de mis padres, en avenida Quintana; cuando le digo que yo ya estaba casado y que vivía con Silvina en Coronel Díaz, se convence y recuerda que el número de la celda de Parodi, en la Penitenciaría, es el de mi casa de Coronel Díaz 2730, menos el cero final.

Miércoles, 19 de mayo. Carta a Di Giovanni, para darle la buena noticia de que Borges no sólo no habla mal de él, sino que lo extrañó en los Estados Unidos.

Domingo, 23 de mayo. En La Opinión sale «Más allá del bien y del mal».

Come en casa Borges. Está mucho mejor que cuando se fue. Le dijo a un Arocena que le ofrecía una beca Guggenheim para ir a los Estados Unidos: «No quiero ir a los Estados Unidos».

BORGES: «Cuando yo era joven teníamos la superstición de los grandes libros. Yo quería escribir una Odisea y un Martín Fierro. Ahora los jóvenes quieren escribir una novela de Sara Gallardo». BIOY: «Había grandes libros para cada región: Mis montañas, de Joaquín V. González, para La Rioja; Los gauchos, de Dávalos, para Salta; Los caranchos de La Florida y Don Segundo Sombra, para la provincia de Buenos Aires.

Miércoles, 26 de mayo. Llama Borges. Dice: «Una persona que tiene mala fama en los Estados Unidos es como una persona que tiene mala fama en el infierno». Agrega, sobre un profesor: «Se le habrá ido la mano, si hasta esos sinvergüenzas lo encuentran sinvergüenza».

Viernes, 4 de junio. Comemos con Silvina y Borges en lo de María Esther Vázquez y Horacio Armani. Borges está irritado. Se lee el prólogo que firma Cansinos-Assens a su traducción, de 1935, de las Obras completas de Dostoievski. BORGES: «No es de él». BIOY: «Pero si lo firma». BORGES: «Estaba muy pobre. Uno conoce cómo escriben los escritores. Si leyeras una página así y te dijeran que es de Mastronardi, o de Lugones, o de Groussac, ¿lo creerías? Yo no oigo la voz de Cansinos en estas frases».

Domingo, 6 de junio. Come en casa Borges. Me dice que en los Estados Unidos nadie habla mal de nadie, porque puede saberse, aunque se hacen las peores zancadillas.

Observa: «El hombre tiene como suburbios, alejados de su atención, pero reales: indiferentes de que le venga bien o mal, de que esté desolado o feliz, las uñas crecen[1949]».

Martes, 31 de agosto. Come en casa Borges. Dice que es notable cómo Rosas se convirtió en un caballero respetuoso de la ley, en un law-abiding gentleman, cuando pisó el suelo de Inglaterra: no mandó degollar a nadie, ni siquiera obligó a los ingleses a llevar cinta punzó. Sabía que el vigilante estaba en la esquina. Tampoco Artigas, en el Paraguay, se mostró autoritario. Parecería que nadie es tirano en el destierro. Cuenta que los vigilantes, en otros tiempos, eran correntinos o turcos: «Convenía que lo fueran».

Sobre el padre Cuchetti, observa: «Tiene algo de bénisseur que no me gusta. No me gusta que me diga hijo mío. Yo no soy hijo suyo, yo no soy hijo del padre Cuchetti, sino de Jorge Borges. Y si soy hijo de él, debería ocultarlo. ¿Pecado de escándalo?».

Dice que en la historia de Las mil y una noches hay un error; que nadie perdona una vida para escuchar algo; que escuchar es intolerable, que solamente uno escucha para que lo dejen hablar después; que las historias fueron contadas por Al Raschid y oídas por la sulamita.

Miércoles, 20 de octubre. Come en casa Borges. Dice que Shakespeare está muy lejos, más que Johnson y más que nadie: es imprevisible e irresponsable.

Lunes, 1.º de noviembre. Visita de Borges y María Kodama. Trabajamos con Borges en el índice de un libro de Stevenson para la editorial de Timerman.

BORGES: «Ortega era una persona que está pensando y al mismo tiempo pintando una acuarela; una mezcla de Kant y de un water colourist».

Viernes, 5 de noviembre. Come en casa Borges. Preparamos el índice para una Breve Suma de De Quincey, para Timerman.

Sábado, 6 de noviembre. Come en casa Borges

Domingo, 14 de noviembre. Comen en casa Borges y María Kodama.

Viernes, 19 de noviembre. Come en casa Borges. Parece que Ibarra, después de conseguir que Borges persuadiera a Gallimard de publicar la traducción de los poemas, los presenta con un prólogo despreciativo: «Borges no engaña a nadie. Lo único que ha leído son unos artículos de la Encyclopaedia Britannica». BIOY: «Furioso por ser un hombre oscuro, se venga».

Sábado, 20 de noviembre. Martín Müller se lleva, para Timerman, nuestros índices de las Breves sumas de Stevenson y de De Quincey.

Viernes, 26 de noviembre. Come en casa Borges. Me dice que su única autoridad para montado por caballo es Silva Valdés, «muy capaz de escribir con diccionarios de modismos gauchos». BORGES: «La palabra no sugiere un caballo. Sugiere otra cosa». BIOY: «Sí: más bien a Oscar Wilde o a Lord Douglas. No sé a cuál».

BORGES: «Es evidente. No sé cómo no lo entendí hasta ahora. Falucho es un falo mediocre, de poca monta: “No, amigo. Con ese falucho no va a ir muy lejos”. Cuando mandaron la estatua del Negro Falucho más allá del puente del Pacífico, Lugones comentó: “Relegaron al negro al suburbio congénere”[1950]. La frase está bien compuesta, pero no es simpática. Él no era nada simpático. A Groussac esas frases le salían mejor, con más gracia. Bueno, y a Oscar Wilde, no digamos. Si resucitaran a Wilde, inmediatamente haría bromas de ahora mejor que nadie.

»La señora [de Lugones] era puntana. Una frase casi idéntica, pero de más generalizada aplicación, sería “la señora era putona”. Está bien, por lo respetuosamente que empieza. No conviene a la señora de Lugones: tenía otros defectos. Qué mujer desagradable».

Pregunta: «¿Cuál será el escritor más overrated? ¿Shakespeare?». BIOY: «Entre nosotros, Quiroga y Arlt, este último infinitamente mejor». BORGES: «Quiroga escribe demasiado mal: como diría Arnold Bennett, third rate grandiose. ¿Vos creés que si a uno de esos admiradores le leés cualquier texto de Quiroga queda embelesado? Por bruto que sea, se dará cuenta de que está mal escrito. Qué extraño, a pesar del increíble culto por Quiroga, no lo reclamamos. Nos importa menos que las Malvinas. Al fin y al cabo era hijo del cónsul argentino». BIOY: «Lo cedemos gentilmente al pueblo hermano». BORGES: «La lista de los sobrevalorados incluye también a Herrera y Reissig, otro oriental me temo; y a Gabriela Mistral; y también a Neruda, otro chileno, me temo».

Jueves, 9 de diciembre. Come en casa Borges, recién llegado de Jujuy, que le gustó mucho. Quiere decirme algo y la voz se le quiebra en llanto. «Una cobardía, pero qué importa una más», agrega, sobre el hecho de hacerme una confidencia. Me cuenta también que está enamorado de María Kodama.

Domingo, 12 de diciembre. Comen en casa Borges y María Kodama.

Viernes, 17 de diciembre. Cuento a Borges que en el Times Literary Supplement aparece un dibujo del Negro Raúl, héroe de la historieta de Lanteri (El Hogar), al que se presenta como «victim of discrimination», no como el popular mendigo de Buenos Aires que conocí en mi niñez.

Tal vez sólo fuera popular en el Barrio Norte, pues me parece que componía el papel de una suerte de bufón de los chicos de la clase alta. A Borges le dijeron que era pendenciero con vigilantes. BORGES: «Cuando Rosas decretó una liberación de esclavos, cinco negros de una bisabuela de Madre, que tenía una quinta en la calle Tucumán, quedaron libres, con la obligación de ir a trabajar a la quinta de Rosas. Al llegar a Palermo, le dieron a cada uno un cartucho de papel y les dijeron que no comerían hasta llenar los cartuchos con hormigas[1951]. Esa noche los negros se escaparon y, a la mañana siguiente, llegaron a la quinta de la calle Tucumán, hechos unos monstruos por las picaduras. La señora los reprendió y les dijo que fueran a que les diera de comer su amo Rosas. Los negros contestaron: “Pero no nos da nada si primero no le llenamos de hormigas unos cartuchos”. La señora se compadeció y los tomó nuevamente. La Mazorca no los buscó».

Viernes, 24 de diciembre. Come en casa Borges. Dice: «Hay un neologismo que todo el mundo usa, desde el pueblo hasta el rudimentario Videla, pasando por la señora Celia Tortoni: navideño».

Viernes, 31 de diciembre. Come en casa Borges. Hay que esperar el año nuevo: Silvina se duerme, yo me duermo. Borges habla de la crítica de Shakespeare; yo contribuyo con las palabras Don Braulio. Temo que Borges descubra que estoy durmiendo y trato de justificar a ese don Braulio entre Pope y Johnson.

BORGES: «Parece que las mujeres llegaron a Ibsen. Ahora guardan para ellas lo que ganan. Está bien. De modo que rufianes, gigolós, etcétera, hoy no son más que personajes de la literatura. En la vida no están. Qué raro: la literatura siempre está atrasada».


Domingo, 2 de enero. Come en casa Borges. Comunica la frase «delight bordering on the brink of nightmare»[1952]; no sabe de quién es ni en qué libro la leyó: sabe que la leyó en un prólogo.

Jueves, 13 de enero. Encuentro el original del cuento de Bustos Domecq sobre el Baulito y la Locarno (ahora titulado «Salvación por las obras»), cuya primera página, a máquina, había perdido.

Domingo, 16 de enero. Borges is not amused con Bananas, de W. Allen.

Lunes, 17 de enero. Come en casa Borges, que está tentado por el gesto dramático; le recomiendo que aguante sin amor propio y con humildad.

Viernes, 21 de enero. Come en casa Borges. Mañana propondremos los Nuevos cuentos de Bustos Domecq a Alfonso, dueño de la librería La Ciudad.

Sábado, 22 de enero. Con Borges vamos a la librería La Ciudad y convenimos la publicación de Nuevos cuentos de Bustos Domecq. Los entregaremos la semana que viene.

Jueves, 27 de enero. Comen en casa Borges y María Kodama. Borges me exaspera un poco, hablando sin parar, entre el ruido del tráfico, sin preocuparse de hacerse oír. Oigo una parte, nervioso. Lectura de cuentos de Bustos Domecq, para su publicación. Proyectamos antologías de Mauthner (injustamente olvidado) y de Voltaire.

Viernes, 4 de febrero. Come en casa Borges. Desde hace cuatro o cinco días no tiene luz, agua ni ascensor. Se va a mudar a lo de Norah. Leemos «Penumbra y pompa».

Miércoles, 9 de febrero. Sufro un ataque de lumbago. Explico a Borges que habrá demora en la preparación de los originales de Nuevos cuentos de Bustos Domecq.

Viernes, 11 de febrero. Come en casa Borges. Leemos los cuentos.

Domingo, 13 de febrero. Hace unos días Borges me dijo que María Esther Vázquez había grabado una conversación suya (de Borges) con Raimundo Lida sobre literatura; que había sido desagradable; que había salido mal porque para discutir tiene que haber un mínimo de acuerdo. Hoy salió en La Nación la conversación de Borges y de Lida; ojalá que se lea, porque al contestar a Lida Borges contesta lúcidamente a muchos errores que se formulan en tono catedrático. Lo felicito. Me dice: «Lo que traté de decirles, pero no in so many words, es que a él le interesa la Historia de la literatura y a mí la literatura».

Jueves, 17 de febrero. Compro el álbum de Gente sobre Borges. No pude ayudar, porque Borges estaba furioso de que lo hicieran; ayudé aplacándolo.

Jueves, 3 de marzo. Viene una señorita de La Opinión a traerme los libros de De Quincey, que se llevó para fotocopiar los textos seleccionados. Se lleva Confessions of an English Opium Eater.

Martes, 15 de marzo. Come en casa Borges. Se lleva Nuevos cuentos de Bustos Domecq para darlos al editor.

Jueves, 14 de abril. Creo que Borges se va el sábado. Trabajamos en un primer borrador del prólogo para la Breve suma de De Quincey, que publicará Timerman[1953]. Le digo que el carácter misceláneo de la obra habrá perjudicado a De Quincey ante los historiadores de la literatura: en relación a los dos grandes poetas asociados con él, Wordsworth y Coleridge, se lo ve como un escritor menor. Ni siquiera figura en el Oxford Companion to English Literature de Harvey[1954]. BORGES: «Sí, pero no podés decirlo. La literatura inglesa tiene supersticiones: Coleridge, Keats, Shelley. De toda la obra de Coleridge, lo único que vale son uno o dos poemas, algunos versos sueltos; en cambio los catorce volúmenes de De Quincey son preciosos. Los mejores sueños de la literatura son los de De Quincey; Poe también escribió algunos, pero son pésimos». BIOY: «Coleridge hablaba como un ángel y escribía como poor Poll»[1955]. BORGES: «Gannon dijo eso de Mastronardi: “He talks like an angel and writes like poor Poll”. Pobre Gannon: murió. No va a dejar una línea».

Sábado, 16 de abril. Come en casa Borges. Terminamos el prólogo para De Quincey: incluye un párrafo que debería preceder, si me resignara alguna vez a presentarme como monstruo de inmodestia, mis reminiscencias de Borges. Dice de De Quincey: «Fue amigo personal de Wordsworth, de Coleridge, de Charles Lamb y de Southey, hombres de letras cuya fama contemporánea excedía en mucho a la suya. Al describirlos, no vaciló en registrar sus pequeñas vanidades, sus flaquezas y aun el rasgo íntimo que puede parecer indiscreto o irrespetuoso, pero que nos permite conocerlos con vividez. Las reminiscencias de De Quincey son parte integral de la imagen que tenemos de ellos ahora. Si no fuera por él los veríamos con menos precisión y menos encanto».

Domingo, 17 de abril. Come en casa Borges. Trabajamos en el prólogo a Stevenson, antes y después de comer: yo, soñoliento. Me dice que se va el miércoles a Europa.

Cuenta: «Rodríguez Monegal ha escrito un libro sobre mí. Cuando habla de escritores que me influyeron, como no quiere repetir los nombres que otros dijeron, au petit bonheur señala a Maupassant y a Valéry… Yo no creo que ninguno de ellos tenga nada que ver conmigo. Emile Faguet observó justamente acerca de Maupassant: “il est à peu près irreprochable dans un genre qui ne l’est pas [es casi irreprochable en un género que no lo es]”. Es claro, narración de anécdotas más o menos casuales… Estuve leyendo los Sueños de Quevedo. Tenías razón, es pésimo, ilegible. También leí una de mis novelas favoritas, Bouvard et Pécuchet. Qué sistema espantoso. Si tiene que entrar un personaje en este comedor, Flaubert lo describe y nos describe a cada uno de nosotros… Sin embargo, si leés su correspondencia, ves que era un hombre inteligentísimo; pero cuando se ponía a escribir cuentos y novelas se metía en una máquina implacable».

Martes, 31 de mayo. Ha llegado Borges de Europa, y no puedo invitarlo porque Silvina está enferma.

Jueves, 2 de junio. Voy a ver a Borges: está trabajando con María Kodama. El domingo nos veremos.

Domingo, 5 de junio. Atacado por un fuerte lumbago, llamo a Borges para que no venga.

Domingo, 19 de junio. Come en casa Borges. Me habla de su viaje por Europa: «La gente en Italia está muy asustada; más que aquí con el peronismo; peor que en 1973 y en 1974, cuando volvió Perón. El partido comunista y sus afiliados hacen negocio vendiendo afiliaciones al partido, con fecha atrasada. Si uno paga bien puede convertirse en un precursor de Marx y Engels». Ricci («Yates con otra cara») lo convenció de que la Democracia Cristiana es el Comunismo.

BORGES: «Tenías razón: la distancia aleja de un modo parecido al del tiempo. Allá, en Europa, María casi no se acordaba de su novio —le escribía, porque se lo había prometido—, pero evidentemente no sentía ningún remordimiento por estar conmigo. Pero no bien llegamos a Buenos Aires, cambió. El novio le dice que tiene que convertirse en una señora argentina. Que tiene que ser católica e interesarse por el fútbol”. BIOY: “Qué señoras argentinas conocerá”. BORGES: “A mi madre y a tu madre no creo que les interesara el fútbol. A María la aburre el campo. Él le ha dicho que tiene que gustarle, porque a las señoras argentinas les gusta el campo. No es verdad: a los argentinos no les gusta el campo, les gusta París”.

Dice que lo pasó muy bien en Ginebra. Que Abramowicz se ha convertido en un personaje insoportable —vacío, como Ibarra— y que Jichlinsky es mucho mejor. Que yo tenía razón: Venecia es una ciudad prodigiosa, con poder para que sea importante para dos personas que se quieren el haber estado juntos allí. Y agrega espontáneamente: «París también. Es una ciudad maravillosa».

BORGES: «Algunos editores se portaron como verdaderos sinvergüenzas. Uno quería que hablara con los periodistas, pero que no hablara de política. Yo le dije: “Estoy muy contento de no hablar con ellos; pero si hablo, hablaré de lo que quiera”».

Domingo, 26 de junio. Después de la comida, llega BORGES: conversamos hasta las dos y media de la mañana. Dice que las reuniones de hombres solos tienden a la grosería. Recuerda con tristeza las de la cripta del Pombo.

Martes, 28 de junio. Borges, sobre la Antología de la literatura fantástica. «Es el mejor libro del mundo».

Domingo, 10 de julio. Come en casa Borges. Me dice que en la «Vida de Milton» de Johnson no hay un minuto de negligencia ni de cansancio.

Martes, 26 de julio. Voy a firmar Nuevos cuentos de Bustos Domecq con Borges, en la librería La Ciudad. Mucha gente, muchas firmas; mucha insistencia de reporteros. Comemos en casa.

Jueves, 28 de julio. Renée Salas, con un fotógrafo, me entrevista para Gente, sobre Nuevos cuentos[1956]. Hace preguntas sobre Bustos Domecq considerado como una persona. Bueno: no lo es; es el conjunto de palabras que lo describen. Las preguntas obtienen respuestas casuales, desprovistas de gracia.

Sábado, 6 de agosto. Come en casa Borges. Hablamos de Blanqui, citado por Flammarion[1957]. Después de comer, leemos «Historia de zorros» de Niu Chiao (Antología de la literatura fantástica). BORGES: «Qué ligereza de toque, que maestría». SILVINA: «Después de esto no se puede leer nada más». Leemos «Enoch Soames»; encontramos muchos motivos de admiración.

Lunes, 15 de agosto. Come en casa Borges. Le digo que en mis reportajes estuve hecho un sonso.

Miércoles, 17 de agosto. Carta de Battistessa, invitándome a entrar en la Academia. Visito a Borges, para consultarlo. Me da la razón: es una nuisance.

Viernes, 19 de agosto. Comemos con Borges, Silvina y Juan José Hernández en casa de Bianco. Cuando salimos, Borges dice: «Qué pavo es este Hernández». Silvina no comprende que para alguien este mozo no sea admirable.

Domingo 28 y lunes 29 de agosto. Come en casa Borges.

Sábado, 24 de septiembre. Come en casa Borges. Hablamos de Landor. Borges dice que leyó a los doce años las Imaginary Conversations y que ya entonces le parecieron bobas. Recita «Rose Aylmer»:

Rose Aylmer, whom these wakeful eyes

May mourne, but never see[1958].

Rose Aylmer, whom these wakeful eyes

May mourne, but never see[1958].

Le digo: «Lo mejoraste; es:

May weep, but never see.

A night of memories and of sighs

I consécrate to thee[1959]».

May weep, but never see.

A night of memories and of sighs

I consécrate to thee[1959]».

A regañadientes acepta weep, pero no a night of memories and of sighs; dice que sobra una sílaba; su lección es:

a night of memories and sighs[1960].

a night of memories and sighs[1960].

Dice que está muy bien el hecho de que diga a night «Sabía que no la lloraría infinidad de noches. Es el espíritu clásico. Otros habrían escrito mares de lágrimas».

Miércoles, 28 de septiembre. Consulté The Poetical Works of Walter Savage Landor (Oxford, 1937) y con alegría comprobé que ni mi memoria ni mi oído erraron el sábado; el texto de 1846 es:

a night of memories and of sighs;

a night of memories and of sighs;

en los de 1806 y de 1831:

a night of sorrows and of sighs.

a night of sorrows and of sighs.

Hoy llamo a Borges por teléfono y le comunico mis hallazgos. Dice: «A night of memories and of sighs es mejor gramaticalmente, pero suena peor. Aunque leyendo el verso rápidamente no suena mal. O tal vez Di Giovanni tuviera razón cuando me decía que yo no entendía perfectamente la métrica inglesa. Tiendo a oír las sílabas y a descartar los pies». Le leo la versión de 1806:

A night of sorrows and of sighs.

A night of sorrows and of sighs.

La prefiere. Yo prefiero la última, memories, porque sorrows and sighs es casi una reiteración de lo mismo, sin evitar el exceso de eses; sin embargo no estoy seguro: me pregunto si memories no es un poco pretencioso; si lo que se diría naturalmente no es sorrows and of sighs. Lo que me parece evidente es que Landor mejoró sus poemas con las correcciones. En la versión de 1806, la última línea de la primera estrofa, y la primera de la segunda eran así:

For, Aylmer, all were them.

Sweet Aylmer, whom these wakeful eyes […][1961].

En la versión de 1846, con repeticiones aumenta el énfasis patético del poema y ya no se dirige por el apellido a la muchacha muerta y amada (como si estuviera en el colegio):

Rose Aylmer, all were thine.

Rose Aylmer, whom these wakeful eyes[1962]

Martes, 11 de octubre. Come en casa Borges. Está con dentadura nueva, grisácea, que le cambia la expresión. Hoy pensaba que fui un privilegiado por tener de interlocutor a Borges: ahora que nos vemos menos extraño mucho nuestras charlas. Me dice que si todo sale bien la semana que viene vuela a París, por el homenaje a Güiraldes. También hablará sobre Xul, lo que le resultará menos difícil. Lo de la Sorbonne queda para el año que viene.

Bianco me contó un diálogo de Borges con un taxista. BORGES: «No puedo leer. Soy ciego». TAXISTA: «¿No puede leer nada?». BORGES: «No. Nada». TAXISTA: «¿Ni siquiera los diarios?».

Sábado, 19 de noviembre. Come en casa Borges. Anda con dolor de muelas: «El dolor de fantasmas, porque ya hace años que me sacaron todas las muelas». Elogia mucho a Grecia; dice: «Tebas es lindísima». Refiere que en el curso de una conversación le dijo a Mujica Lainez: «Baudelaire no me gusta». Mujica Lainez contestó; «Qué lástima». BORGES: «Es una respuesta admirable». Yo le digo que sí, la mejor posible. Por lo demás, estoy de acuerdo con Borges, respecto a Baudelaire.

Me cuenta una pesadilla que tuvo. Iba a Constitución a tomar el tren, porque debía dar una conferencia en La Plata. Cuando estaba en camino, advertía que llevaba su almohada: la dejaba caer. Al rato, ya en Constitución, descubría que llevaba una segunda almohada, un poco más chica que la anterior: la dejaba caer. La ventanilla para sacar el boleto estaba en el andén. Pagaba. El boletero, rezongando, le daba el vuelto —muchísimos billetes— y un pequeño almohadón. En ese momento, Borges despertó.

Según Borges, Onetti y Cortázar hablan «con un acento español, que apesta». El de Cortázar, agravado por una erre francesa, que atribuye al frenillo (palabra que pronuncia con erre francesa).

Lunes, 21 de noviembre. Come en casa Borges. Hoy Silvina nos da una comida espantosa. Borges discute con ella, algo malhumorado por la comida.

Martes, 22 de noviembre. Come en casa Borges. Florece el buen ánimo.

Lunes, 5 de diciembre. Me olvido, Dios me perdone, de Borges, que me esperaba. Comiendo con Silvina, en casa, me acuerdo de lo convenido. Gran disgusto. Trato en vano de hablar a su casa. Por fin consigo y hablo con Fanny. Llama Borges.

Martes, 6 de diciembre. Voy a lo de Borges a las diez de la mañana: en un tazón de gruesa loza, té con mucha leche, tibio. Firmamos el contrato para la edición polaca de Crónicas[1963].

Jueves, 8 de diciembre. Come en casa Borges. Cuenta que le dijo a Susana Bombal que el apellido Castex, que rimaba imperfectamente con Essex, era raro. Susana Bombal contestó: «No tiene nada de raro. Yo lo conozco de toda la vida».

Martes, 13 de diciembre. Come en casa Borges. Leemos «Salmo pluvial» y «Aulo Gelio». Cuenta recuerdos de amigos:

«Una vez llevé a don Julio Molina y Vedia a lo de Wally, que recitó algo. Cuando calló, don Julio le dijo: “No se descorazone. Siempre puede aprender”. Dijo esto por amabilidad y para sugerirle a Wally que él podría enseñarle cosas importantes. Allí, esa noche, don Julio conoció a María Alicia Domínguez, que era morena de ojos grandes. Fueron amantes, y María Alicia le dedicó un libro, El nombre inefable, y él celebró sus amores con una serie de poemas eróticos. Otra noche, llevé a don Julio y a María Alicia a lo de Lugones. María Alicia se pasó a Lugones. Don Julio fue a hablar con Lugones. Éste le dijo: “Yo tengo la conciencia completamente tranquila. Nadie le saca una muchacha a otro. Lo que pasó, pasó, sin que nadie tenga culpa, ni yo ni María Alicia. El amor ocurre sin que uno lo maneje”. Don Julio le dio la razón, le dijo que siguieran siendo amigos, pero que por un tiempo él los vería menos.

»Un día Lugones le dijo a María Alicia que en tal fecha (una fecha próxima) tendría que batirse. Que él pensaba que los duelos eran ridículos, pero que éste era inevitable y que por si acaso le dejaría todos los poemas que había escrito últimamente. En la fecha mencionada Lugones se suicidó con cianuro: para darse coraje tomó un whiski. Hay que señalar que María Alicia estaba dejándolo por otro. María Alicia quiso mostrarme los poemas, pero nunca la llamé: no me gusta encontrarme con peronistas, y ella es amiga de Benarós y de María Granata.

»Aunque gran escritor, Capdevila ha dejado de sí mismo una imagen poco querible. Una tarde, estaba en una reunión con Lugones y otros. Por aquellos días, había publicado Babel y el castellano, libro cuya tesis era que el buen castellano se hablaba en España y que entre nosotros, por la mezcla de nacionalidades, se hablaba un idioma incorrecto y torpe. Lugones dijo que los españoles hablaban incurablemente mal y que el centro intelectual del idioma, y su mejor esperanza, estaban en Buenos Aires. Capdevila exclamó: “Mi eterna prédica. Ahora, fortalecida por la palabra del maestro, la buena doctrina podrá triunfar”. Lugones lo miró con severidad y pasó a otra cosa.

»A Capdevila debo algún espaldarazo en su profesión, ya que colaboré en La Prensa por recomendación suya. Capdevila llevaba a La Prensa poemas y artículos para todo el año. Un canto a Mayo, otro al 9 de Julio, etcétera. Tuvo todos los premios: cuidadosamente empezó, tanto en los municipales como en los nacionales, por el tercero, tuvo después el segundo y por último el primero. En Martín Fierro le escribieron el epitafio diciendo que había ido en busca de los premios que le faltaban[1964].

»Una vez, en casa de Wally, estaban Capdevila y Mastronardi. Capdevila peroró todo el tiempo, sin dejar meter baza; después se excusó a Wally, porque tal vez estuvo un poco largo. Mastronardi, inclinándose ante él, repitió: “Menos que Melpómene, doctor, menos que Melpómene…”.

»Mastronardi estaba enamorado de Alicia, la hija de don Julio. Cada vez que iba a visitarla, le llevaba un ramo de flores, que a último momento cambiaba de destinatario. En efecto, con las palabras: “Para usted, don Julio”, se las daba al padre. Después comentaba: “De todos modos, no la engaño. A pesar de todas mis precauciones, descubre seguramente que soy un guarango que trae flores para meterse”. Mastronardi encabezaba sus cartas a don Julio, con las palabras: “Estimado y Vedia”.

»Una estratagema de Mastronardi consistía en pasarse unos días estudiando a fondo un tema y después, como por casualidad, empezar a preguntarle a uno: “¿Vos no creés que…?” o: “¿Cómo fue lo de…?”. Examinaba a sus amigos: había algo mezquino en Mastronardi. María Esther [Vázquez] sabe que dejó un libro para que se publique cincuenta años después de su muerte. Ahí se acordará de todos nosotros. Creo que murió en el asilo de ancianos de la Recoleta.

»Una vez, cuando vivíamos en avenida Quintana, don Julio, que estaba de visita, quiso hacerle a Victoria un modelo, con cartón y tijeras, de su casa metálica. En el proceso se cortó un dedo, del que manó mucha sangre. Norah y otras personas, alarmadas por la sangre que perdía, trataban de curarlo, con lo cual interferían en explicaciones acerca de la casa metálica, dadas con creciente enojo. Victoria pensaba en otra cosa».

Sábado, 24 de diciembre. Come en casa Borges. Se va el 1.º de febrero a Francia, con María Kodama, para recibir el título de la Sorbonne. Leemos el poema «Canción del que vio apedrear su huerto» de Capdevila. BORGES: «Qué lindo idioma es el español en estos versos. Este poema no se parece a nada… A Kafka, tal vez».

Pregunta: «¿Qué verso es más ridículo?

¿No he de callar por más que con el dedo

¿No he de callar por más que con el dedo

o

Nous aurons des lits pleins d’odewrs légeres?»[1965].

Nous aurons des lits pleins d’odewrs légeres?»[1965].

BIOY: «La palabra dedo, como rima, es de uso difícil».

Cuando se va, me dice: «Tenía miedo de que no pudiéramos pasar esta fecha juntos».

Sábado, 31 de diciembre. Come en casa Borges. Le digo que hoy leí en La Nación su prólogo a los dibujos de Norah[1966], convencido de que era un capítulo de un libro de recuerdos. «Eso no es escribir», responde.


Jueves, 5 de enero. Comen en casa Borges y María; ésta, tensa por una apendicitis que no se calma. Borges dice que está mejor de la vista, pero que el doctor se ofendió, porque él olvidó que tenía que verlo, y ahora no quiere hacerle otra implantación. No sé si será así o si hay que descartar todo esto como cavilaciones de Borges (¿no sostenía que la Sorbonne no quería doctorarlo?).

Dice que todo Lugones (poemas, cuentos) está pensado, acaso escrito, en francés. Agrega: «Buena parte de nuestra literatura del siglo XIX y del principio del XX está pensada en francés. Buena parte de la española también. Por eso el galicismo obsesionaba a Mir, Baralt y compañía».

Me encuentro en la calle Posadas con Godel, que me dice: «Borges está muy deprimido. El lunes me confió que esperaba no seguir viviendo; que esperaba morir en 1978». Godel me cuenta que en el cincuentitantos Borges intentó suicidarse. Tal vez fuera cuando tuvo el desprendimiento de retina y no le dieron ninguna esperanza de recuperar la vista o siquiera de mantener la muy pobre que todavía le quedaba.

Borges tuvo un disgusto con los hijos de Capdevila por un reportaje en que mencionó el servilismo del poeta. La hija de Capdevila —que ignora que su padre fue un buen poeta y que era servil— leyó esas páginas, quedó consternada y le habló a su hermano. El hermano, sin enojo, con tristeza, habló con Borges. Éste quedó muy perturbado, habló con Silvina y conmigo. Dijo que se iba a pelear para siempre con la periodista. Lo convencí de no hacerlo: «Si yo hubiera encontrado en Johnson un pasaje parecido, lo hubiera comentado con vos y lo hubiera copiado en mi cuaderno de citas». Más calmo, le dijo a la periodista: «Usted me metió en este lío. Usted debe sacarme». La mujer «pensó tres minutos» e inventó una figura clásica: el corrector de pruebas diabólico[1967], responsable de todos los supuestos agregados oprobiosos. A los pocos días, Borges me explica que todo se arregló. BORGES: «No sabés lo que yo he cavilado sobre esto. Yo me imaginaba de rodillas delante de esta gente, diciéndoles que yo era un canalla, que admiraba al padre de ellos —un gran poeta— y lo quería —habíamos sido muy amigos— y que por la vanidad de escribir un párrafo gracioso lo había sacrificado».

Hablo con la periodista. Me explica: «Después que Borges me dictó lo que tenía que decir sobre este poeta, le pregunté: “¿Está seguro que usted quiere que yo publique esto?”. Borges contestó: “Sí”. No publiqué lo que dijo sobre Molinari y sobre Battistessa, porque era demasiado». Como yo creo que no lo publicó porque comete el inaudito y corriente error de tener a Molinari por un gran poeta, le digo: «Es una lástima, porque Molinari es un hombre de segunda y un poeta malo». Borges me dirá después: «De ahora en adelante me cuidaré en lo que le diga a esta mujer: es muy inteligente, pero es chismosa. Escribe chismes».

Sábado, 7 de enero. Con Silvina buscamos a Borges; en el zaguán nos dice: «La oscuridad de mi ceguera es bastante luminosa. Ustedes son dos sombras visibles. Estoy viendo mucho mejor».

Comemos. Le cuento que anteayer murió en España un escritor Antonio de Lara, autor de Ni pobre ni rico, sino todo lo contrario. Le comento: «Es una broma que le hubiera gustado a Lewis Carroll».

BORGES: «Llegó la comunicación de la Sorbonne. Es bastante tibia. Cuando me la leyeron una primera vez me pareció muy bien; pero en la segunda lectura descubrí algo desagradable. Dice que examinada mi obra y teniendo en cuenta mi fama internacional llegan a la conclusión de que merezco el título de doctor honoris causa. Teniendo en cuenta mi fama internacional, ¿ves?, una circunstancia que no tiene nada que ver con mis méritos. Como si dijeran teniendo en cuenta su peso y estatura. ¿Vos que harías?». BIOY: «Yo no haría caso. Aceptaría el título, sin pensar en esos detalles. Me parece que la persona muy puntillosa públicamente…». BORGES: «… es una especie de Sabato». BIOY: «Sí: una persona engorrosa, que se toma demasiado en serio. Un pedante desagradable. Además, quién sabe cómo se hacen esos documentos. Hay tal vez un secretario, que debe escribir cinco o seis cartas como la tuya, que no debe repetirse. Si vos te enojás, a lo mejor lo ponés en un aprieto, le dicen que carece de tino». BORGES: «Me alegro mucho de que me digas todo eso, porque lo que yo deseo ahora es ir a París. Tengo un creciente deseo de estar allá». Me dice que la carta de Oxford, en circunstancias parecidas, era mucho más generosa y personal. Me dice también: «Cuánto he tardado en descubrir a Francia». Su deseo de viajar es evidente. Me anuncia que va a Bogotá, para que le den la llave de la ciudad, como algo muy grato. Aspira a que lo inviten también al Irán.

Hablamos sobre ventajas e inconvenientes del idioma español. Dice que una ventaja indiscutible es la movilidad del adjetivo, que puede ponerse antes o después del sustantivo, según lo que queremos decir. Fulano es viejo socio de la SADE: está hace años en la sociedad; Zutano es un socio viejo tiene muchos años y puede ser socio desde ayer. BORGES: «Groussac parece no comprender este manejo del adjetivo y sustantivo; donde dice el quijotesco criadero[1968] debió decir en el criadero del Quijote, o a lo mejor cervantino». Yo elogio una libertad del español para usar o no usar los pronombres. Decimos Salí, sin necesidad de emplear el pronombre como en francés y en inglés. El pronombre nos queda de reserva, para dar énfasis. “Esa noche salió todo el mundo. Yo salí”, dice persuasivamente una persona que no sale casi nunca. Aun admitiendo ciertas ambigüedades involuntarias, el empleo de su que sirve para él, ella, ellos, ellas me parece cómodo. Digo también (citando secretamente a mi padre) que la distinción entre ser y estarme parece importante: “Estar enfermo, ser enfermo: no es lo mismo”. Borges no parece acordar demasiado valor a esta ventaja del español. Convenimos en que un defecto es el adverbio en mente». «Es una cola que se repite, demasiado pesada». Me dice: «En inglés lo que se repite no es más que ly: strongly, stupidly. El énfasis está puesto en strong, en stupid; en español parecería que está puesto en mente, que en esas palabras no son más que dos sílabas desprovistas de significación».

Viernes 20 y domingo 29 de enero. Come en casa Borges.

Miércoles, 1.º de febrero. Come en casa Borges, que mañana se va a recibir el doctorado de la Sorbonne. Me dice que María va con apendicitis y que tal vez se opere en un hospital de París.

BORGES: «Quizá la gente sólo recuerda a aquellos escritores que modifican la literatura. Los diálogos de Hidalgo no valen nada; pero sin los diálogos de Hidalgo no existirían Ascasubi, ni Estanislao del Campo, ni Hernández. Cuando se habla de los gauchescos, se recuerda a Hidalgo. Capdevila fue uno de nuestros mejores poetas. Como después de él la literatura siguió igual nadie lo recordará». BIOY: «Puede ser que los profesores y los estudiantes influyan en la posteridad de los escritores, pero el olvido de Capdevila se debe a la idea de Capdevila que se hacía la gente; esa idea, y mucho verso de ocasión, oscurecieron sus mejores poemas, olvidados en La fiesta del mundo».

Viernes, 3 de marzo. Come en casa Borges.

Domingo, 5 de marzo. Come en casa Borges. Dice que está por viajar a Texas. Me pregunta quién podría acompañarlo. BIOY: «¿Alicia?». BORGES: «Si no hay otra…».

Martes, 7 de marzo. La librería La Ciudad me pide que firme con Borges Nuevos cuentos de Bustos Domecq, en la Feria del Libro, el 17.

Viernes, 17 de marzo. Voy a la Feria del Libro. Con Borges, firmo mucho. Me dice que murió Pipina Diehl.

Domingo, 19 de marzo. Por la noche, viene a casa Borges, que ya ha comido.

Miércoles, 22 de marzo. Come en casa Borges. Me habla de un joven del Rosario, un tal Ricci, que ve todo como un movimiento: el juego del go, el estudio de una lengua.

Domingo, 26 de marzo. Comen en casa Borges y Jorge Ramón Torres Zavaleta.

BORGES: «Había una gruta en la Recoleta y otra en Plaza Constitución; una vez, con Norah, entramos en la de la Recoleta». BIOY: «Recuerdo las dos; la de plaza Constitución era más grande. La de la Recoleta, en una depresión del terreno y rodeada de un arroyito, debía estar en el sitio que hoy ocupa el mingitorio». Borges y Silvina dicen que efectivamente estaba allí. Silvina asegura que en la Recoleta había dos grutas. BORGES: «En la gruta de la Recoleta se suicidaron dos personas». BIOY: «Una de esas dos personas era un tío mío; sospecho que Pedro Antonio»[1969]. BORGES: «Después de su hemiplejía, Padre decidió dejarse morir: no comía, no permitía que le dieran remedios, tónicos ni inyecciones. A veces lo vencía la sed y bebía un poco de agua». Recuerda Borges que López Merino se suicidó en el Jockey Club de La Plata, frente a un espejo.

Hablamos sobre el mejor modo de suicidarse. Borges dice que la horca le parece tentadora: un tirón y se rompe la columna. BIOY: «A mí sólo se me rompió un disco. Espero no pasar por un dolor parecido. Lo que será la rotura de la columna». Jorge Ramón agrega que existe el riesgo de que la columna no se rompa y que la muerte sea por lenta sofocación. A Borges parece no gustarle la idea. Jorge Ramón se muestra partidario de «abrirse las venas con una gillette y dejarse morir en un baño de agua caliente. Por algo los romanos favorecían este procedimiento». BORGES: «Dicen que se siente mucha sed». JORGE RAMÓN: «Tenés el agua del baño». BIOY: «Si no hay un motivo verdaderamente imperioso, el suicidio parece un error intelectual, una prueba de estar demasiado inmerso en el mundo. Con esperar muy poco, la realidad se encarga de nuestro suicidio. Además, no hay que olvidar que todo aquí es tan precario y que una vez muerto es para rato». BORGES (algo ofendido): «¿Y mi madre? ¿Te parece que fue corta su agonía?». BIOY: «El de tu madre fue un caso excepcional». Borges se muestra demasiado interesado en el tema; recordé que Godel me dijo que hacía unos años intentó suicidarse.

Norah suele decir a BORGES: «No seas árido y reseco».

Viernes, 5 de mayo. Pido a Borges términos de equitación que hayan pasado a la conversación en sentido figurado[1970].

Domingo, 14 de mayo. Come en casa Borges. Cuenta: «Hoy trabajé seis horas con gente de la BBC. Quedé tan cansado que me dije: “Hoy voy a morir”». Recuerda que el padre de Fernández Ordónez, en cama a las siete de la tarde, explicó: «Estoy descansando de la siesta».

Miércoles, 17 de mayo. Come en casa Borges. Lo consulto sobre si dejo modistos en el prólogo del Diccionario del argentino exquisito. Dice que sí, que es más gracioso que modistas, aunque menos prudente en el prólogo de ese libro.

Miércoles, 24 de mayo. Come en casa Borges. Me pregunta si conozco a alguien que pueda administrar su dinero.

Dice: «Estanislao del Campo, o su Fausto, es muy simpático. No es más que eso, pero eso es mucho. Algo que uno agradece. Como un descanso».

Miércoles, 5 de julio. Conversación telefónica con Borges. Dice que las conferencias lo irritan mucho. Que no dará más.

«El amor es un accidente de la atención», escribió Ortega y Gasset, según Borges, que comenta: «Qué cierto. Y qué poco parecido a Ortega. Un hombre que ha descubierto eso debe de haber sufrido mucho».

Leo esta declaración atribuida a Borges, dicha en Tucumán: «El psicoanálisis no me gusta. Es el lado oscuro de la ciencia-ficción».

Domingo, 23 de julio. Llamo a Borges, para felicitarlo por el poema «Descartes», que publicó hoy La Prensa. Le refiero mis pesadillas urológicas[1971]. Con mucha gracia, me refiere las suyas, del tiempo en que vivía con Elsa. Se curó sin operación: es hijo de Leonor.

Lunes, 7 de agosto. Come en casa Borges. Me dice: «Este reloj me lo dio tu padre». BIOY: «No: te lo di yo. Lo compré en la casa Black, por los treinta, por veinticinco pesos. Lo usé en tiempos en que empezaba a trabajar en Pardo». BORGES: «Es verdad. Noto que estoy con una tendencia a falsear el pasado».

Dice que «my end is my beginning[1972]» es la inscripción de un anillo de Mary, Queen of Scots.

Miércoles, 9 de agosto. Fanny, la mucama, contó a Borges: «Soñé que usted salía de casa en una silla de ruedas. No me dejaba que lo ayudara. Decía que sabía manejar. Se iba a toda velocidad por las calles, entre los coches». BORGES (a mi): «No debió contarme ese sueño». Borges había soñado que Beppo, el gato, le decía: «Estás muy viejo. Vas a vivir poco».

BORGES: «Lempriére dijo: “Si Homero hizo a Virgilio, es lo mejor que hizo”. En la Odisea está prefigurada toda la novela… Vos preferís la Ilíada». BIOY: «Cuando las leí, hace siglos, preferí la Ilíada». BORGES: «Al fin y al cabo, lo importante es la impresión que un libro deja; no las razones que uno encuentra para admirarlo o denigrarlo».

Lunes, 4 de septiembre. Por la noche, llama Borges pidiendo mi nombre para un manifiesto por la paz con Chile: firman él, Sabato, Alicia Jurado, quizá González Lanuza.

Jueves, 7 de septiembre. Come en casa Borges. Tiene una mano lastimada: se la mordió Beppo, su gato, cuando lo sacó de la almohada. Me explica: «Me gusta dormir con el gato cerca, en los pies, pero no en la cabeza».

Jueves, 28 de septiembre. Come en casa Borges. Según cuenta, parece que el padre de Wally Zenner estaba vinculado a sólidas empresas dedicadas a la trata de blancas. Después de los recitales de la dama, el padre se quejaba de lo mucho que costaban. Había que alquilar el teatro; mandar las invitaciones; comprar dos vestidos, diseñados por ella; mandarle, después del recital, las ofrendas florales; pagar el diarito, que salía al día siguiente y que estaba exclusivamente dedicado a la crónica elogiosa del recital. Lo que entonces Wally no podía prever era que esos recitales iban a dejarla marcada como recitadora y que iban a perjudicarla en su «carrera literaria».

Martes, 24 de octubre. Por la noche, visita de Borges. Pasó dos días horribles porque pensó que no volvería a ver a María, pero ella apareció hoy, trabajaron, comieron juntos y quedaron en ir a México, Ecuador y Colombia dentro de veinte días. Parece que María tiene amigos que le aconsejan alejarse de Borges, para así lograr su verdadera personalidad. BORGES: «Podría contestarle con diversos argumentos, pero prefiero no decir nada. Si uno tiene razón, prevalecerá, pero no hay que ganar las discusiones».

El almirante Rojas viajó en automóvil con Alicia Jurado y ésta le reprochó su azuzamiento belicista; él se defendió y excusó. BORGES: «Para él, Alicia es un gigante del intelecto».

Miércoles, 25 de octubre. Murió Bernárdez. Hablo con Borges, que dice: «Cuando se suicidó Lugones, Bernárdez, director de la biblioteca de la calle Carlos Calvo, lamentó que no lo hubiera hecho con una espada… Para quien no es japonés no es fácil».

Viernes, 3 de noviembre. Hablo telefónicamente con Borges, en vísperas del viaje a México, Colombia y Ecuador, con María Kodama. Está feliz de hacer el viaje con María, pero mal de salud.

Lunes, 4 de diciembre. Pregunto al portero de lo de Borges si hay noticias. Llegó: está en la Cantina Norte, con Claude Hornos. Le fue bien; está de buen aspecto. Cuando me despido dice: «Voy a tu casa». Nos acompaña durante la comida.

Sábado, 16 de diciembre. Come en casa Borges; anche Martín Müller. Borges cita a Jules Supervielle, hablando de un calor muy horrible: «Une chaleur saucissine[1973].

Domingo, 31 de diciembre. Comen en casa Borges, Roberto Gerosa y Daniel Tinayre (h.). Borges está algo tembloroso, sin equilibrio.

Escribimos la nota para anteponer a Los placeres del opio en la Suma de De Quincey. Leído hoy, el texto de De Quincey sugiere un escandaloso alegato en favor del opio; cuando yo lo leí por primera vez, en el treinta y tantos, me pareció expresión de opiniones de un hombre que todavía no estaba compenetrado de los perjuicios que traía su consumo. En aquellos años había gente que se drogaba (morfinómanos, les decíamos), pero nuestra sensibilidad para el asunto no estaba tan agudizada como ahora.

Borges opina que The End of the Tether es un magnífico relato y pregunta si un ciego podría, como el capitán de este relato de Conrad, disimular durante varios días su ceguera. Conrad habla de las tinieblas del ciego: Borges dice que para él nunca hay tinieblas; que extraña la oscuridad; el mundo para él siempre es azulado o si no de un color amarillento o naranja. Que lamenta no haberle preguntado a otro ciego si ellos están como él en un mundo azulado o amarillento: «Nunca le pregunté esto a mi abuela; tampoco a mi padre». BIOY: «¿Por qué lado te viene la ceguera?». BORGES: «Por los Haslam: mi bisabuelo Haslam, mi abuela Haslam, mi padre».


Jueves, 18 de enero. Comen en casa Borges y María Kodama. Dice BORGES: «Me parece que están multiplicándose las nanas que me llevarán a la disolución».

Domingo, 28 de enero. Ayer murió Victoria Ocampo. Vamos a San Isidro, después al entierro. Mucha gente: Mallea, Prando, Estela Canto, María Esther Vázquez, Sebastián Soler. Absurdo discurso de Battistessa. Borges bien, conversador y ausente de las circunstancias; me dice: «Una justificación de la guerra [contra Chile] es la justificación de la vida de nuestros militares: armados para una vida burocrática».

Sábado, 10 de febrero. Come en casa Borges. Silvina, quejosa, alega que está cansada y enferma. Estoy descubriendo que cansa a Silvina porque viene a verme a mí.

Sábado, 17 de febrero. Llama Borges para preguntar si de nuevo hay peligro de guerra.

Jueves, 8 de marzo. Llama, desde Londres, Alberto Manguel. Quiere hacer otra Antología de la literatura fantástica.

Sábado, 17 de marzo. Comen en casa Borges y Bernés. Cuando hablo a Borges de la propuesta de Manguel de una nueva Antología de la literatura fantástica[1974], está incómodo; cuando conversamos despreocupadamente, agradabilísimo. Recitamos poemas de Toulet y de Verlaine.

Domingo, 1.º de abril. Comen en casa Borges y Bernés. Borges me habla de sus sobrinos.

Miércoles, 11 de abril. Come en casa Borges. Me habla de sus sobrinos.

Sábado, 21 de abril. Come en casa Borges.

Lunes, 30 de abril. Come en casa Borges. Anuncia un viaje a París, para la semana próxima, con María Kodama. Víctor Massuh lo ha invitado a un homenaje de la UNESCO a Victoria Ocampo.

Domingo, 13 de mayo. Advierto a Martín Müller de la posible inoportunidad de incluir «Los placeres del opio» entre los textos del libro de De Quincey; me pide que lo sustituya.

Domingo, 27 de mayo. Comen en casa Borges, Roberto Gerosa y Daniel Tinayre (h.). Borges dice al veterinario Gerosa: «Qué cerca y qué lejos de nosotros están los animales».

Miércoles, 30 de mayo. Come en casa Borges. Para la nueva antología fantástica que publicará Manguel en Londres, leemos «The Friends of the Friends», de Henry James. Qué manera irritante de escribir. Silvina lee después «Lord Beaupre». Me duermo. Borges se va a las doce.

Sábado, 16 de junio. Visita de Borges. Soñó que iba a comprar un libro. Cuando le decían el precio —treinta guineas— se desplomaba. Llevaba en la mano muchas cosas: libros, el bastón, el sobretodo. Varias personas lo ayudaban. Al incorporarse descubría que era un enano. Contó el sueño a Fanny, la mucama. Ésta dijo con ecuanimidad: «Es claro. El señor Frías había estado por la tarde». Borges asegura que Fanny quiere mucho a Frías.

Miércoles, 20 de junio. Comen en casa Borges y Bernés. Borges insiste un poco en que Silvina y yo hablemos en su homenaje por sus ochenta años, pero comprende muy bien nuestra timidez.

Miércoles, 27 de junio. Come en casa Borges. Tratamos de leer cuentos para la nueva antología fantástica.

En una entrevista le preguntaron: «¿Qué me dice de Sabato?». Contestó: «He venido a hablar de cosas agradables».

Viernes, 3 de agosto. Comen en casa Borges y Bernés (a quien Borges llama D’Ormesson).

Miércoles, 15 de agosto. Come en casa Borges. Está flaco, tembloroso, con desvanecimientos. Tiene azúcar. Lo operan la semana próxima de próstata.

Viernes, 17 de agosto. Me encuentro en la calle con Godel; me dice: «Lo vi a Borges. Está muy mal. No sé si saldrá de ésta».

Sábado, 18 de agosto. Como alguien me dijo, los pequeños fuegos del encono están siempre listos para convertirse en verdaderos incendios. Borges, en vísperas de la operación de próstata, piensa decirle a su clínico que tal vez no convenga que siga la relación entre un paciente y su médico, si el primero perdió la confianza en el segundo. Le va a decir que ellos dos viven en distintos mundos, que él (el médico) vive en el mundo de la propaganda (como Mujica Lainez) y que él (Borges) no cree en la gente de ese mundo. Me atrevo a recomendarle al urólogo que me operó: el doctor Montenegro.

BORGES: «Uno quería dar su apoyo a este gobierno, impopular, porque no era demagógico. Nos equivocábamos. Es impopular, pero es demagógico. No tengo interés en ayudarlo».

Domingo, 19 de agosto. Llamo a Borges. Soñó que vomitaba relojes de oro. Está deseando dejar a su médico clínico, romper con Emecé, pasar a la Sudamericana o a Losada. Me asegura que el urólogo es bueno.

Viernes, 24 de agosto. Hablo con Borges (y con María Kodama, que está con él).

Sábado, 25 de agosto. Comen en casa Borges y Gloria Blanco.

Borges está decidido a operarse con el doctor Luis Montenegro, urólogo que me operó en el CEMIQ Está encantado con Gloria porque ésta cita a Whitman: «I was the man, I have been there, I suffered[1975]

Lunes, 27 de agosto. Por la mañana llamo a Borges. Me pide que le hable a Montenegro. A las doce, con Montenegro, visitamos a Borges, que necesita un clínico. «¿Carlitos Capdevila o Florín?», propone Montenegro. «No creo que Aulo Gelio sea vindicativo —me dice Borges, refiriéndose a sus declaraciones contra Arturo Capdevila difundidas por la periodista—, pero por si acaso…». Elige a Florín.

Martes, 28 de agosto. Converso con Montenegro y con Florín. Aparentemente encuentran bien a Borges, salvo el problema de la próstata. Están contentos de atenderlo y no van a cobrarle nada. Quieren que se opere en el CEMIC. Borges había dicho: «Prefiero donde pueda tener cuarto de baño». Quiere estar seguro y pide que yo le hable.

Jueves, 30 de agosto. Visito a Borges. Llegan después Montenegro y Florín. Desgraciadamente, allí está Godel, al que Borges quiere despachar con cajas destempladas. Convienen en que el lunes 3 Borges se operará en el CEMIC. Esa misma mañana los médicos lo buscarán por su casa. Florín me asegura que los análisis son inmejorables. Que el azúcar en la sangre es 70: «El número normal»…

Por la tarde, Montenegro me llama por teléfono. Me dice: «La operación le saldrá a Borges unos trescientos mil pesos ley, como máximo. Florín y yo no le vamos a cobrar nada; pero no podemos pedir a los demás médicos, etcétera, que no cobren. Pero si él estuviera en dificultades, que no se preocupe. Ni el CEMIC le cobrará, ni nadie, y si fuera necesario yo mismo, o Florín y yo, pagaríamos todo».

Empiezo a leer Rudyard Kipling, de Lord Birkenhead, en un ejemplar prestado por Borges.

Domingo, 2 de septiembre. Come en casa Borges. Leemos la prueba de traducción de Luis Justo para el libro de De Quincey que publicará Fraterna: el capítulo de Anne[1976]. La traducción es literalmente fiel, pero desprovista de encanto.

Cita a Montaigne sobre la muerte[1977]; pondera su error. Cita versos de Meredith, de Kingsley, de Swinburne, de Yeats. De éste, versos que exultan a Borges, no a Bioy:

A great man in his pride

Confronting murderous men

Casts derision upon

Supersession of breath;

He knows death to the bone—

Man has created death[1978]

Le pregunto si prefiere que yo esté con él antes de la operación, o solamente después. «Nadie me hizo esa pregunta —contesta—. Prefiero que estés antes, pero la hora, es claro, es muy incómoda». Lo dejamos en su casa.

Lunes, 3 de septiembre. Llego al CEMIC poco antes de las diez, a tiempo para conversar con Borges. Me dice que tiene miedo de tener miedo. Dice también que siente todo como ya pasado. BIOY: «La operación es como una lámina en el libro de la vida. En cierto modo, ya pasó». BORGES: «Como una lluvia que vemos ahora es la misma lluvia que mojó Cartago»[1979].

A las once y veinte lo llevaron a la sala de operación[1980]. Allí estaban los anestesistas que el año pasado me durmieron hasta las cinco de la tarde. Borges no durmió: bromeó todo el tiempo. Preguntó al urólogo si por primera vez hacía una operación de próstata y le deseó buena suerte. Con Figueroa habló de antepasados comunes. Explicó que quirófano venía de quiros, manos, y de fano, iluminación, conocimiento. A la una menos cuarto lo traen; bien, rosado. Lo felicito.

Por la tarde, lo visito. Está algo enojado: «Me anunciaron que no estaré nunca solo. Tendré un carcelero. O temen que me les muera».

Martes, 4 de septiembre. Visito a Borges. Está bien, fácilmente irritado contra médicos y enfermeras. Los periodistas montan guardia, intentan infiltrarse, se ocultan en la letrina. BORGES: «No me dijeron que el presidente preguntó por mí para no alterarme. Nada puede dejarme más indiferente».

Me cuenta: «Soñé que yo era Inglaterra e interpreté unos tirones en la barriga como el dolor de parir a Australia. Al despertar me alarmé un poco por haber tenido un sueño de mujer. Tal vez la operación de próstata hiera nuestro amor propio y nos perturbe…».

Miércoles, 5 de septiembre. Visito a Borges. Me dice: «No estoy muy inventivo. El nivel de Manuel Gálvez, más o menos».

Observa: «Si alguna vez estuviéramos en el gobierno deberíamos prohibir el empleo de la palabra argentino. A pesar de su manoseo por tantos atorrantes, su prestigio crece; los sinvergüenzas de ahora que desplazaron a los sinvergüenzas de ayer la usan con un énfasis sospechosamente parecido». Cuenta que algún escritor inglés de fines del siglo XIX comentaba un aviso de una casa de té inglesa donde decía que allí podrá el lector beber un té a la inglesa, con scones auténticamente ingleses y servido por dos damas inglesas. El comentarista agregaba que, teniendo en cuenta que estaban en Inglaterra, no veía bien qué podía tener todo eso de extraordinario. BIOY: «Nuestro nacionalismo, como todo lo demás, nos llega tarde. Quizá en tiempos de la triunfal república cosmopolita de fines del siglo XIX y principios del XX tuviera, si no una justificación, sus razones, pero en este país nada cosmopolita en que vivimos hoy parece un tanto superfluo».

Citando la frase de Groussac sobre el Diccionario de la Academia: «cet étonnant dictionnaire dont chaqué édition fait regretter la précédente», comenta: «Étonnant está bien, nunca debe de haberse usado ese epíteto para diccionario, y menos para el de la Academia. Capdevila no hubiera dicho la frase; pero seguramente le hizo gracia, cuando la leyó».

BORGES: «Un epíteto certero pero raro, aunque pueda admirarse, molesta un poco. Esa rareza es un tropiezo en la lectura». BIOY: «Como una palabra que se siente como sinónimo. El efecto es parecido al de la intervención del autor en los relatos: interrumpe la suspensión de la incredulidad». BORGES: «A human door, que usa Wordsworth para hablar de la puerta de su casa[1981], me parece bien; es raro, pero esa madera que desde hace tantos años se emplea para la puerta de una casa es ya un elemento humano».

Viernes, 7 de septiembre. Gracias a Florín y al doctor Montenegro, no le cobran nada en el CEMIC a Borges.

Sábado, 15 de septiembre. Hablo con Borges. Está mejor.

Sábado, 22 de septiembre. Visito a Borges, que me confiesa que, con esta operación, a los ochenta años, por primera vez ha pensado, como algo real, en las enfermedades y la muerte. Bien, lúcido, pero un poco obseso con su estado y temeroso de que deban operarlo de nuevo.

BORGES: «Los militares están más cerca de la superstición que de la lógica… Estadísticamente se comprueba que Dios, Patria y Hogar no es incompatible con la estafa… Curiosa fama la de grandes soldados, de los españoles, documentada en derrotas… De la tradición unitaria nadie se acuerda. Hoy, en Buenos Aires, las tradiciones que valen son la del Abasto y la del fútbol».

Dice que una de las estrofas más lindas del Martín Fierro es:

Viene uno como dormido

cuando vuelve del desierto;

veré si a explicarme acierto

entre gente tan bizarra,

y si al sentir la guitarra

de mi sueño me dispierto[1982].

Afirma que en:

Viene uno como dormido

cuando vuelve del desierto

uno siente el desierto, la inmensidad del campo. Agrega: «Gente tan bizarra era una cortesía con los oyentes. Como decía Gannon del mismo Hernández, serían unos animales espantosos».

Jueves, 27 de septiembre. El doctor Montenegro me dice que está preocupado por el abatimiento de Borges. Godel, a quien encuentro en la calle, me dice que Borges fue siempre así.

Domingo, 7 de octubre. Visito a Borges. Bien, pero débil y de mal color. Dice: «Qué triste la vida de Kipling, hablando siempre con facsímiles del general Videla».

Martes, 16 de octubre. Por la mañana, visito a Borges. No le dieron hoy el Halcón de Plata de Islandia, por enfermedad del cónsul. BORGES: «Tenía casi miedo del acto. Ahora estoy defraudado: en fin, un poco. Nuestros sentimientos forman haces: algunos van para un sentido; otros, para el contrario».

Domingo, 21 de octubre. Visito a Borges. Me dice que soñó que un enano muy fuerte le metía plumas, que después eran pájaros, en la boca. Comenta: «Qué raro que en un minuto uno invente disparates así». Refiere: «También soñé que estaba en una biblioteca donde había infinidad de libros iguales. Estaban encuadernados. No tenían título, ni nombre de autor. Eran como libros de pensamientos o fragmentos breves. Leía alguna de esas frases: eran incomprensibles. Quería irme y no encontraba la salida. A un señor que estaba en la biblioteca y que en el sueño era un amigo mío, le preguntaba dónde estaba la puerta de salida. “Bueno, no hay”, me decía». Comenta que Johnson (en conversación con Boswell)[1983] y Schopenhauer notaron que a veces en los sueños un personaje lateral sabe lo que ignora el personaje central, el soñado.

A la lista de mis tangos predilectos debo agregar La Tablada. Solíamos oírlo con Peyrou y Borges. A Silvina le trae recuerdos de Peyrou.

Domingo, 28 de octubre. Visito a Borges. Cree que huacho es la grafía más corriente de guacho; yo creo lo contrario. Me dice que el viernes se va con María, al Japón. Por la noche, con María, come en casa. Está nervioso, pero mejor que la última vez que lo vi. Me dice que hoy caminó seis cuadras.

Jueves, 1.º de noviembre. Por la mañana, visito a Borges. Están allí los médicos Amaro, Montenegro y Florín. Borges, muy irritable y hosco.

Miércoles, 14 de noviembre. El doctor Montenegro me refiere que Borges ofrece una charla para compensar a beneficio del CEMIC. Me pide que le busque tema.

Martes, 25 de diciembre. Visito a Borges. Está de regreso del Japón, que le gustó mucho. Se levanta a tomar un melancólico desayuno, que Fanny reputa almuerzo. Está animado, afectuoso, ameno, muy bien de salud; firme, incansable. Dice que se apoya en la gente o en una pared por necesidad psíquica; desde luego, no física.

Observa: «La más clara prueba de que Dios no existe es el acto de cagar. La persona que descubra un modo de sustituir el papel higiénico se hará rico. Entonces verán nuestra época como increíble y bárbara. “Se pasaban un papel por el culo —dirán— y se ensuciaban la mano. Qué gente sucia.”».

Lunes, 31 de diciembre. Comen en casa Borges, Daniel Tinayre (h.), Roberto Gerosa y Guillermo Maffé, un muchacho dentista, que ha leído mucho. Borges habla del tesoro de méritos, que están vacantes porque sobraron a los santos (por mucho menos entraron en el cielo) y de los que dispone el Papa, para vender indulgencias.


Miércoles, 9 de enero. Come en casa Paz Leston. Corregirá la traducción de nuestra Suma de De Quincey, para Fraterna.

Sábado, 12 de enero. Busco a Borges. ¡Cómo debo arrastrarlo para caminar! Comemos en casa, con Maffé. Con Borges, trabajamos en el prólogo para el Handbook of Fantastic Literature. Escribimos una página y media, muertos de cansancio.

Jueves, 24 de enero. Hablo con Borges. Me entero así de que, en el número de hoy de La Prensa, el primer artículo de fondo (editorial) se titula «Borges». Lo leo. Exaltan las virtudes civiles de Borges, su coraje, su lucidez.

Sábado, 26 de enero. Come en casa Borges. Seguimos con el prólogo. Dice: «Nada es romántico mientras ocurre. El romanticismo aparece con la nostalgia».

Viernes, 1.º de febrero. Comen en casa Borges y Paz Leston. Con Borges hablamos del cuento de Stephen Vincent Benét, que imagina a Napoleón viviendo cincuenta años antes[1984].

Cuenta Borges que en la mesa de al lado, en el café, un hombre le dice a otro, sin ninguna hostilidad: «Decime francamente, ¿en tu perra vida has visto algo parecido?». Borges acota: «Se dice también puta vida».

BORGES: «El humorismo es una mala costumbre del intelecto. Cuando me hicieron reportajes porque había obtenido el Premio Cervantes, para hacer un chiste, dije: “Ahora que soy rico voy a comprarme el Espasa”. Se enteraron en Espasa Calpe e inmediatamente anunciaron que me regalarían la enciclopedia. Si me regalan el Espasa, voy a tener que irme: los dos no cabemos en el departamento. Si lo regalo, o lo vendo, voy a quedar como un canalla».

Domingo, 2 de marzo. Visito a Borges. «Tenés una corbata azul», me dice. Está por irse, quizá con María, por un mes a Indiana; después a España. Lo llevo a buscar a María y los dejo en el Aeroparque, donde van a almorzar.

Viernes, 7 de marzo. Comen en casa Borges y Estela Canto. Se disputan, a lo largo de la velada, la palabra. Entre ambos hay una irreprimida competencia de locuacidad: si uno de ellos alza la voz primero, el otro continúa su perorata en soliloquio. La ansiedad por hablar de estos contrincantes provoca en los demás una ansiedad sin objeto. Después de una velada así, quedo cansado, aun triste.

Domingo, 9 de marzo. Vano intento de visitar a Borges antes de que se vaya a Indiana. Llamo por el portero eléctrico; nadie contesta.

Martes, 11 de marzo. Borges no viene a comer; no puedo comunicarme con su casa, para saber por qué.

Domingo, 13 de abril. Con Silvina voy a buscar a Borges y María, de regreso de los Estados Unidos. Por la noche, comen en casa Borges y Guillermo Maffé.

Borges cuenta su viaje: «Al llegar, nos alojaron, a María y a mí, en una casa donde estábamos solos, entre estatuas de Buda y de divinidades de la India. Esa noche no concluíamos de hablar: al otro día nos confesamos que habíamos postergado el momento de separarnos, por miedo. En esa casa estuvo de huésped antes el Dalai Lama.

»Cerca de Harvard pasamos la noche en casa de una viuda Gordon, una escocesa muy rica. Allí todo era rana o sapo: los dibujos del papel de las paredes, las perillas de las puertas, las canillas. Todos los objetos de bronce, de porcelana, de piedra, que adornaban la casa reproducían a uno de esos dos animales. Hasta que no dejamos esa casa, María no me comunicó la circunstancia, para no desagradarme.

»Vos sabés lo poco afecto que soy a los fotógrafos, y aún menos a quirománticos y demás adivinos; no hablemos de bailar. En no sé qué restaurant nocturno de Nueva York una pareja nos fotografió repetidamente; la mujer nos rodeó la mano y dedos con una línea, sobre una hoja, para adivinarnos el futuro; y bailó con nosotros, tomados de la mano, entre las mesas del restaurant. Llegué a intentar algún corte [de tango]. ¿Sabés por qué? Porque la mujer de la pareja era japonesa.

»El departamento de literatura latinoamericana de la Universidad de Los Angeles es una vergüenza. ¿Sabés quiénes son los gauchescos? Don Segundo Sombra, y el Santos Vega de Obligado. Descartan el Martín Fierro porque, según me dijo el profesor, un español, no lo entienden. Yo creo que en los versos del Martín Fierro es posible encontrar palabras que no se entienden, pero que el sentido general es clarísimo. No, no admiten eso: no entienden absolutamente nada. Martínez Estrada, Banchs, Capdevila: allá es como si no hubieran existido. Nadie los conoce en los Estados Unidos. Encontré a un profesor argentino, con cinco años de residencia allá, que para hablar de un premio dijo: “El gallardón”. Para ponerlo a prueba, comenté: “Está luviendo”. Ni mosqueó.

»Un taxista de Nueva York, que había peleado en la Segunda Guerra Mundial y en Vietnam, me dijo: “I hate memory”».

Jueves, 24 de abril. En la revista Gente hay una entrevista que le hicieron en Madrid a Borges. Éste dice que le gusta viajar, que su vida en Buenos Aires es triste y solitaria: María no puede verlo tanto como él quisiera y Bioy Casares vive en la Recoleta…

Viernes, 16 de mayo. Comen en casa Borges (que llegó ayer de España y Suiza), Guillermo Maffé y Pepe Bianco. Borges cuenta la visita a Graves, en Mallorca. Graves vive en un lugar muy alto, en un pueblito. A un muchacho le preguntaron si iban en buena dirección: resultó ser un hijo de Graves; los condujo. Junto a una gran chimenea, Graves estaba sentado como un rey, o un jefe. Tenía un bebe en los brazos. Se acercaron a saludarlo. Levantó una mano en ademán ceremonioso y cuando la vio quedó absorto en ella. Al ver a María la atrajo hacia él; le besó, primero, la mano, después la cara. No habló; tal vez no oía o no entendía lo que hablaban. Todos parecían felices. La mujer les dijo que Graves, al enterarse de que a Borges le gustaba el poema de Alejandro[1985], lo buscó, lo leyó: está de acuerdo en que es muy hermoso. Hubiera querido preguntarle a Graves por qué lo excluyó de su obra; pero ya no es posible saberlo. Cuando Borges y María se iban, la mujer insistió en que volvieran y se quedaran unos días con ellos. «This is Heaven», afirmó. El hijo de Graves, que parece un muchacho inglés, asegura que él es de ahí, que le sería imposible vivir en Inglaterra. A Graves el gobierno de la isla lo respeta mucho. Iban a construir un hotel en el pueblo; Graves dijo: «No», y no lo construyeron; iba a pasar por ahí una autopista; Graves dijo: «No», y la desviaron.

Recuerda Borges lo afables que fueron con él en España. Dice: «Estuve con Gerardo Diego, que habló de la eufonía de las palabras terminadas en ajo y en ujo… La terminación ajo sugiere demasiado pronto un insulto; ujo sugiere pujo y empujo, que no parecen demasiado eufónicas. Gerardo Diego tiene la cabeza un poco perdida. Es idiota. Nadie lo toma en serio. Si les hablaba de Gerardo Diego, cambiaban de tema». Cita la frase de un periodista español: «Me doy mi ducha de macho ibérico en Acapulco».

BORGES: «Es claro que si en España tenía que darme cuerda, en Suiza estuve realmente conmovido. Es claro, estamos más cerca de Suiza que de España». BIANCO: «No. Estamos más cerca de España que de Suiza». BORGES: «Bueno, quiero decir en nuestras predilecciones, en lo que deseamos. Con Jichlinsky y Abramowicz fuimos a un café, que frecuentábamos cuando éramos condiscípulos, en Ginebra. (A mí). Tenías razón: Jichlinsky es mejor persona que Abramowicz». BIOY: «Mucho mejor». BORGES: «Jichlinsky me dijo que la casa donde yo había vivido se conserva tal como era entonces».

SILVINA: «Martínez Estrada escribió un artículo muy generoso sobre un libro mío[1986]». BIANCO: «Lo que me costó para que lo escribiera. Le mandé el libro; me lo devolvió en seguida y me aseguró que por nada escribiría sobre un libro tuyo; insistí tanto que no tuvo más remedio que resignarse». (Silvina me comenta, después: «¿Por qué me cuenta esto? ¿Cree que me da alegría?»).

Miércoles, 4 de junio. Borges se fue por un mes a Italia, donde le darán un premio muy importante. Según Fanny, Borges se va lleno de salud.

Domingo, 29 de junio. Leo en La Nación de hoy un reportaje a Borges sobre Macedonio: lo leo con mucho agrado. Casi diría que la posteridad, si la hay, sabrá cómo hablaba Borges, at his best.

Jueves, 17 de julio. Hablo con Borges por teléfono. Me cuenta que Esteban, el nieto de Fanny, comentó: «Qué lástima que el señor no es un chico, como yo, porque tendría vacaciones». Comentario de BORGES: «El razonamiento es complicado y benévolo».

Viernes, 18 de julio. Comen en casa Borges y Guillermo Maffé. Borges está bien, de buen color, más gordo. Dice: «Una persona insensible no puede ser muy inteligente».

Viernes, 1.º de agosto. Comen en casa Borges y Maffé. Sobre Alicia Jurado dice BORGES: «Es a thin fellow. Muy pronto se llega a sus límites. No es espaciosa. Es sensata, pero el hecho de que suponga que Adela [Grondona] es una buena escritora echa una luz sobre cómo ella escribe». De Quevedo afirma también que es un hombre estrecho, angosto.

Un recuerdo. Hace muchos años, cuando preparábamos la Suma de sir Thomas Browne, encontró Borges, creo que en Religio Medici, una frase de San Agustín, en español: «Defiéndeme Dios de mí mismo». Por error de sir Thomas Browne, que no debía de saber español, o por simple errata, decía: Deféndeme. En la librería inglesa Mitchell’s, de la calle Cangallo entre San Martín y Florida, Borges hojeó la versión inglesa de los ensayos de Montaigne y encontró la frase con el mismo error: Deféndeme Dios… Pensó que de ahí la había copiado sir Thomas Browne. En su casa consultó una edición francesa de Montaigne y volvió a encontrar la cita con la invariable lección deféndeme y pensó que sin duda Montaigne, que no sabía español, habría cometido el error, digamos original, que el traductor inglés y que sir Thomas Browne habían aceptado como lección correcta. En casa, a la noche, se puso a hojear un tomo de la Biblioteca Rivadeneira y encontró en unas glosas de Cristóbal de Castillejo, amigo de Garcilaso, la frase de San Agustín, con la misma lección Deféndeme Dios…[1987]

Lunes, 18 de agosto. Vlady me llama para decirme que Borges ha perdido el entusiasmo por La octava maravilla, en la cuarta y última lectura. Página por página la aprobó, pero el final lo desilusionó, como si el libro concluyera en un débil desdibujamiento.

Lunes, 25 de agosto. Comen en casa Borges y Maffé. Dice Borges que debe agradecer a Vlady el haberle comunicado su libro; se siente más rico que antes. Asegura que la ayudará a publicar el libro.

Cuenta Borges que la primera vez que se disfrazó lo hizo con un traje de diablo. La experiencia lo satisfizo: le pareció que estaba lindísimo con su traje. Su hermana Norah se disfrazó de payaso. He visto la fotografía de Norah con ese disfraz[1988]. Está riéndose, muy contenta. Cuando Borges me habla de la satisfacción que le había dado ese disfraz, comenta: «Un error. Pensar que la vida consiste en cometer errores y salir de ellos. Un error tan absurdo como el de creerme lindísimo con mi disfraz de diablo es el de haberme hecho ultraísta y después el de afiliarme al partido radical: éste fue el peor de todos».

Jueves, 4 de septiembre. Borges nos visita durante la comida. Dice que Sabato censuró a Perón, pero elogió a Evita. Sintetiza: «Qué bien: el perfecto fripon».

BORGES: «Estuve con la mujer de Xul: Lita, la Cuidra[1989] del Pan Club, ¿te acordás? Es española. Corresponde al mejor tipo de español: franca, generosa, noble. Le echan en cara que siempre esté hablando de Xul. Me parece muy bien que hable de Xul. Me contó que poco antes de casarse pensó: “Yo siempre he creído que Xul es un hombre perfecto. ¿Qué va a pasar si descubro que no es perfecto? Desde luego, seguiré a su lado”. Un día le contó sus temores a Xul. Éste le preguntó: “¿No es más que eso?”. Lita respondió que no era más que eso. Entonces Xul le dijo que iban a casarse con dos anillos para cada uno: uno para representar la unión de marido y mujer; otro, la de hermanos espirituales. “Si en algo le fallo —le dijo Xul—, no tiene más que poner los anillos en la mesa de luz y yo comprenderé. Usted quedará libre de hacer lo que quiera”. Le preguntó si tenía los anillos. “Sí”, dijo Xul, y los trajo». Comento que todo lo que yo recuerdo de Xul son rarezas: cuánto más representativa esta historia de los anillos. BORGES: «Somos escritores, y si hubiéramos puesto a un personaje ante esa declaración de Lita, ¿hubiésemos encontrado una respuesta tan poética y tan convincente? Las excentricidades le hicieron mal. Por culpa de ellas nadie lo tomaba en serio». BIOY: «En su tiempo le hicieron mal. Hoy lo rodean de un halo que lo vuelve más atractivo».

BORGES: «Un día me dijo Ureña que al escribir anónimos, deslizaba algún error de sintaxis, para que no sospecharan de él. Para contarme esto, debía de pensar que yo también mandaba anónimos». De Amado Alonso dice que era hincha de River Plate.

Martes, 7 de octubre. Come en casa Borges, que llegó esta mañana. Habla de Gloria Alcorta y de Ema Risso Platero; de la posibilidad (ahora atractiva para él) de vivir en París: Bianciotti (Borges empeora el nombre con una pronunciación fantasiosa e involuntaria) le presentó gente que lo contrataría para un séminaire de Hautes Études.

BIOY: «A Vlady le gusta “El infierno tan temido”, de Onetti». BORGES: «¿De qué trata?». BIOY: «Un hombre deja a una mujer. Para vengarse, ésta le envía asiduamente fotografías pornográficas (de ella). Cuando las reciben también los compañeros de trabajo y la hija del hombre, éste se suicida». BORGES: «Qué raro que le guste a Vlady. Es una idiotez ese cuento».

Recuerda que la repetición es ridícula. San Agustín dijo que Cristo repitiendo el ascenso a la cruz ya no es un mártir ni un dios: se ha convertido en un pruebista[1990].

Martes, 4 de noviembre. Hablo con Borges, que llegó de los Estados Unidos. No viene a comer porque llueve a cántaros.

Viernes, 7 de noviembre. Come en casa Borges. Cuenta: «En el hotel Sheraton, de Cuarenta y tantas y Séptima Avenida, en los cuartos había letreros: Cierre la puerta con dos vueltas de llave, cuando salga. No deje en la habitación objetos de valor. No nos responsabilizamos en caso de robo o extravío. Si está en la habitación, cierre la puerta con dos vueltas de llave y ponga la cadena de seguridad. Si golpean a su puerta, no abra a nadie sin mirar bien por la mirilla y cerciorarse de que es una persona que usted conoce. El último día de Nueva York decidimos visitar a una amiga de María. Para no andar con la bolsa de mano por todas partes, la dejamos al cuidado de un matrimonio de viejitos que atendían el guardarropas. En la bolsa había una libreta de direcciones y una máquina fotográfica de María, manuscritos de un cuento, de un poema y de una traducción de Angelus Silesius, que le había dictado a María, y muñequitos, abanicos y otras japonecedades[1991] que nos había regalado la amiga de María. Cuando reclamamos la bolsa, los viejitos nos dijeron que había desaparecido. Opiné que debíamos hacer la denuncia a la policía. Alguien nos explicó: “Si hacen la denuncia no podrán irse hoy. Tendrán que quedarse hasta que el presunto robo se esclarezca o por lo menos por unos días”. María insistió en que lo mejor era irse. En el avión, María se mostró muy angustiada. De pronto se levantó, abrió una valija, recogió unos paquetes y se fue al baño. A la vuelta explicó: “Tiré por el water-closet todo lo que nos regaló mi amiga. No quiero que haya nada que nos recuerde este día horrible”».

Me dice que compró en los Estados Unidos un libro sobre el budismo, donde el autor declara que todo lo que sabe proviene de una lectura acaso incompleta, por no dominar perfectamente el idioma chino, del libro en 5475 volúmenes de su maestro Fulano de Tal (un nombre chino).

Me cuenta que, en una carta a Schiller, Goethe dice que estuvo leyendo a Cervantes y que había tenido la alegría de comprobar que algo que todo el mundo alaba es realmente bueno[1992]. BORGES: «Qué bien, qué generoso. Qué distinto de casi todos los críticos, que se alegran de mostrar que un libro muy admirado no vale nada. Goethe leía una de las Novelas ejemplares, que es muy mala, pero eso qué importa. El primer capítulo del Quijote es maravilloso. Quijote y la gente que lo rodea son creíbles; no así Sancho. La técnica de Cervantes en ese primer capítulo es totalmente opuesta a la de los novelistas modernos, que tratan de engañar al lector, confundirlo, de modo que si hay un diálogo, no sepa quiénes hablan, dónde están, a qué se refieren. Por qué darse trabajo para ser ambiguo y confuso, cuando siempre se es».

Martes, 11 de noviembre. Comen en casa Borges y Roberto Gerosa.

Leo a Borges nuestra traducción de las primeras escenas de Macbeth. Convenimos en que la retomaremos. BORGES: «En los Estados Unidos, sobre la elección presidencial, hacen la broma: Un hombre pregunta a otro (como si dijera “¿la bolsa o la vida?”): “Carter or Reagan?”. El otro responde: “Shoot!”».

Miércoles, 10 de diciembre. Come en casa Borges. No hay ascensores ni luz. Intentamos adaptar el prólogo del frustrado Handbook of Fantastic Literature a la nueva edición (italiana) de Antología de la literatura fantástica[1993].


Sábado, 3 de enero. Come en casa Borges.

Martes, 6 de enero. Come en casa Borges. Traducimos Macbeth en endecasílabos no rimados. Borges me dice que según Ibarra los italianos están tan acostumbrados a oír endecasílabos, que los oyen aun en versos de diez o doce sílabas que de vez en cuando se les deslizan por error a los poetas. A nosotros nos ha de pasar algo análogo con los octosílabos. En composiciones anónimas o simplemente populares, entre los octosílabos suele haber un heptasílabo, cuya renguera disimulamos o ni siquiera advertimos.

Parece que [Adolfo] Prieto ve a los contemporáneos de Pepe Bianco y les pide anécdotas. Borges dice que no recuerda ninguna de Pepe. Afirma: «No corresponde a mi idea de Pepe que me envíe a un hombre que va a escribir sobre él».

Sábado, 17 de enero. Comen en casa Borges, Roberto Gerosa y Daniel Tinayre (h.). Con Borges avanzamos, por endecasílabos que uno o el otro propone sin mayor vacilación, en la traducción de Macbeth. Me dice que está reuniendo manuscritos para el libro de poemas que dará a José Vergara (Alianza, de Madrid[1994]): «Tengo más de cincuenta. Elegiré treinta y dos o treinta y tres y se los daré a Vergara».

Viernes, 30 de enero. Visito en la librería La Ciudad a la viuda del dueño, Luis Alfonso. Anteayer supe que su marido, hombre enérgico, sano, inteligente, murió el martes. Borges me contó: «Alfonso estuvo el lunes en casa. Fanny le preguntó en guaraní por qué tenía esa cara de preocupado. Alfonso, correntino como ella, le contestó (también en guaraní): “Por estos papeles” y le mostró un montón de papeles que llevaba consigo. “Tíralos” —le dijo Fanny—, y él aseguró que así lo haría. A la mañana siguiente se suicidó. Los papeles estaban sobre su escritorio».

La señora me dice: «Después del desayuno un amigo suyo llamó por teléfono. Luis habló con él y después me pasó el teléfono. Estuve hablando unos diez minutos. Cuando corté sentí un vacío. Lo llamé. No lo encontraba. Entré en el cuarto de las chicas. A los lados, en camas paralelas, estaban durmiendo nuestras dos hijas: una de quince años y otra de dieciséis. La puerta que da al balcón estaba abierta. En el balcón, en el suelo, vi las zapatillas de Luis. Corrí enloquecida a asomarme. Estaba en la calle, boca abajo. No creí que estuviera muerto».

Sábado, 31 de enero. Una señora joven, rubia, gorda, y su marido traen a Borges. La señora me dice que ella está segura de que el señor Borges no solamente es un gran escritor, sino también una buena persona. «Yo estoy seguro de eso», respondo. «Usted también es un gran escritor y estoy emocionada de conocerlo. ¿Me permite darle un beso? Gracias». Se despide con un beso para Borges y otro para mí. BIOY: «Era tan respetuosa que me dijo que había leído La invención del señor Morel Me parece que el marido miraba con desconfianza». BORGES: «Cuando la señora llegó a casa, Fanny me dijo “Itahí la cuñata”, lo que significa: “Una mujer fea”. Sin que yo le dijera nada, notó Fanny la desconfianza del marido. Tuve ganas de asegurarle al hombre que podía confiárnosla con toda tranquilidad».

Trabajamos poco. Hablamos de cine y consultamos el Halliwell’s Filmgoer’s Companion.

Domingo, 8 de febrero. Comen en casa Borges y Jean-Pierre Bernés. BORGES: «Estoy siguiendo la tradición de Carlyle y de Stuart Mill[1995]. La última vez que Claude estuvo en casa le pedí que ayudara a romper papeles. A la mañana siguiente descubrí que habíamos roto los originales del libro de treinta y tantos poemas que preparaba para Vergara».

Una señora decía que quería escribir cuentos y novelas simples, como las de Susana Bombal o las de Adela Grondona. Borges comenta risueñamente: «Qué ambición modesta. Me recuerda a Wally Zenner, que se jactaba de poder, si se lo proponía, componer sonetos tan perfectos como los de Ratti».

Comentamos la tristeza de Sabato (y tantos otros) ante las glorias ajenas. BORGES: «Emerson se alegraba de que a su alrededor amigos y conocidos estuvieran escribiendo libros maravillosos. Según Wilde, hay que ser muy generoso para alegrarse de que un amigo haya escrito algo que está bien». BIOY: «Eso es verdad si se incluye en la categoría de amigos a muchas personas con las que uno tiene trato amistoso, pero cuya obra nos parece mediocre».

Domingo, 15 de febrero. Comen en casa Borges, Roberto Gerosa y Daniel Tinayre (h.). Borges recuerda: «Madre, en los últimos años, hablaba mucho con Fanny. Una vez le contó que en el momento en que yo nacía, se agarró de la barba del médico. Madre agregó que el médico tenía barba gris y que protestaba y le pedía que lo soltara».

Cita esta inscripción de carro, recogida hace años:

Soy como la sandia madura,

todo corazón y dulzura.

Comenta: «Está bien que diga eso el carrero».

Miércoles, 18 de febrero. Comen en casa Borges y Uki Goñi. Borges está bien y de excelente humor: emprendemos la escena séptima del primer acto de Macbeth y llegamos hasta la mitad de la misma, aproximadamente.

Viernes, 20 de febrero. Comen en casa Borges, Roberto Gerosa y Daniel Tinayre (h.). Con Borges, traducimos Macbeth.

Domingo, 22 de febrero. Come en casa Borges. Sobre nuestro Macbeth dice: «Tengo un proyecto muy ambicioso. Traducir libremente, como si hiciéramos una paráfrasis. Hay dos posibilidades: la traducción bastante fiel que hacemos o una paráfrasis nuestra, distinta». Esta noche traducimos como siempre y llegamos hasta casi el final del primer acto.

Miércoles, 25 de febrero. Cuando estamos partiendo hacia casa de Pezzoni, inesperada llegada de Borges. Nos acompaña. A todos lleva Francis Korn, también a Pepe Bianco. El coche se le descompone, en medio de una terrible tormenta. Notable no participación de Borges, Silvina y Bianco en la situación planteada. Finalmente, Francis encuentra una estación de servicio y, gracias a la imprevista aparición de Beatriz Guido y Pancho Murature, logramos seguir en taxi[1996].

Jueves, 26 de febrero. Hablo por teléfono con Borges. Mañana parte a Francia y a Italia. En Italia le darán un premio.

Martes, 31 de marzo. Leo respuestas de Borges a un periodista, en Italia: Periodista: «¿Qué opina del Papa?». BORGES: «Es un funcionario que no me interesa». Periodista: «¿Por qué dice usted que no le daría el Premio Cervantes a Rafael Alberti?». BORGES: «Porque he leído sus poemas».

Sábado, 4 de abril. Firma de Nuevos cuentos de Bustos Domecq, con Borges, en el stand de La Ciudad, en la Feria del Libro. Al principio, tanta gente solicitaba a Borges que me sentía fuera de lugar. Después me hicieron firmar incesantemente. Nos vamos y comemos en casa, con el poeta Ferrari.

Hablamos de Manuel Gálvez. BIOY: «Recuerdo su pública indignación cuando no le dieron el primer Premio Nacional de Literatura y sus cartas a los diarios, en las que aseguraba que había hecho todo lo humanamente posible, que había visitado a cada uno de los miembros del jurado y que les había arrancado la promesa del primer premio y que estaba furioso con Carlos Obligado y con Rohde, que a pesar de ser sus amigos votaron por Martínez Estrada, y con Lugones, porque solamente por amistad pudo votar como los otros dos». BORGES: «Títeres de pies ligeros, el libro de Martínez Estrada, es excelente, a pesar del título. A quienes les parecía excesivo que Gálvez recibiera el segundo premio, Lugones replicaba: “No. Es muy justo: el segundo premio para un escritor de segundo orden”. En realidad, Lugones le dio ese segundo premio para eliminar toda posibilidad de que obtuviera el Nobel, para el que era candidato. ¿Cómo los suecos se lo darían si había sacado un segundo premio, en su remoto país sudamericano?».

Sábado, 18 de abril. Con Silvina y Borges, comemos en casa de Jorge Ramón Torres Zavaleta.

Lunes, 4 de mayo. Come en casa Borges. Trabajamos poco. Refiere milagros de la Virgen de Itatí, contados por Fanny: Primer milagro. El tío de Fanny era comisario, en Corrientes. En un baile había un bravucón que les faltaba el respeto a las mujeres y provocaba a los hombres. Cuando el comisario le dijo que no se desmandara, porque iba a tener que proceder, el bravucón le dio un puntazo en el pecho. El comisario, con el sable, le sacó una oreja; desde entonces lo conocieron al hombre por el orejano. Pero el tío de Fanny quedó malherido y como no sanaba se hizo promesero: prometió que si se sanaba iría a visitar a la Virgen; se sanó y fue. Segundo milagro. Una señora que tenía una hija muy enferma, ofreció todas sus alhajas a la Virgen, para que la sanara. Juntó las alhajas y en compañía de personas amigas emprendió viaje hacia el santuario en uno de esos coches que les dicen volantas. Cuando iban por un puente, sobre un río, la señora comentó: «Qué interesada la Virgen, dejarme sin una alhaja». Inmediatamente el caballo se espantó y cayó en el río con la volanta. Salvo el que contó la historia, que sabía nadar, todos murieron. Fanny comentó: «Pobre caballo».

Hablando de Pedro Henriquez Ureña, Borges observa: «Era mejor que [Amado] Alonso, pero de cultura modesta e inteligencia más bien mediocre. Ha quedado como el Maestro de América. Por un acto de fe se lo considera sabio y muy inteligente. No era muy allá, como decía Madre: era más bien limitado mentalmente. También por un acto de fe personas de las que se podría esperar mejor criterio, admiran a Ricardo Molinari como poeta». BIOY: «El suave tono de voz y la ironía primordialmente facial convencen a los interlocutores de Ureña; los admiradores de Molinari son engañados por la primorosa tipografía de sus primeras plaquettes de poemas».

BORGES: «Cuando era joven, Molinari sufría porque en el barrio, cuando decían el poeta, no se referían a él, sino a Celedonio Flores. Celedonio era un buen letrista». Se ríe y exclama: «Letrista… ¡qué palabra!». Recita:

Amainaron guapos junto a tus ochavas

cuando un cajetilla los calzó de cross

y te dieron lustre las patotas bravas

allá por el año Novecientos dos[1997].

Sobre su próximo viaje a los Estados Unidos dice: «En Harvard lo voy a pasar bien, aunque sin duda me esperan allí muchos facsímiles de Anderson Imbert».

Sábado, 6 de junio. Noemí Ulla me refiere este diálogo con Borges. ULLA: «A mí me gusta Montevideo. Siempre me pregunto por qué no estoy allá». BORGES: «A mí también me gusta». ULLA: «Hay muchos locos en Montevideo». BORGES: «¡Qué raro!». ULLA: «Será porque es una ciudad chica». BORGES: «Pero ¿qué quiere decir exactamente con que hay muchos locos?». ULLA: «Qué sé yo. Gente que anda por la calle gesticulando. Hablando sola». BORGES: «Yo también hablo solo». ULLA: «Yo también». BORGES: «También Bioy habla solo. Bueno, él estuvo mucho tiempo en el campo, y la gente de campo habla sola, para acompañarse».

Jueves, 18 de junio. Come en casa Borges. Hablamos de las virtudes de estilo y de composición de las obras de Johnson. BIOY: «A veces pienso que leyendo las Vidas de los poetas no se necesita nada más para la felicidad». BORGES: «Todo lo que está bien escrito parece del siglo XVIII… Aun la letra: vos escribís con una letra clara, del siglo XVIII».

Viernes, 19 de junio. Comen en casa Borges y Noemí Ulla.

D’Ormesson inició una tradición que consiste en encontrar que Borges vive en un departamento muy modesto. La segunda persona que irritó a Borges con parecidos comentarios fue un periodista mexicano. BORGES: «Bueno, para él había una disculpa: cuando llegó a la plaza San Martín supuso que mi casa sería lo de Paz[1998]. Después, cuando no pudo atribuirme esas galerías y esas cúpulas, mi departamento le pareció, por cierto, de lo más humilde. Yo, con bastante rabia, le decía que no era para tanto». El tercero de la serie fue un periodista peruano, un hombre muy modesto. BORGES: «Yo notaba que estaba furioso y que protestaba, como si se doliera de la humildad de mi departamento. Cuando se levantó para irse, oí la gota de la gotera que tuvimos durante una o dos semanas (un caño roto en el piso de arriba). Me dijo Fanny que el hombre se iba con la cabeza empapada. De puro modesto no se había atrevido a cambiar de sitio, pero con indignación protestaba porque yo viviera en un departamento tan miserable».

Sábado, 27 de junio. Come en casa Borges, muy resfriado. Firmamos contratos para publicar Bustos Domecq en Alemania[1999], a través de Emecé. Después los leemos. Para una posible Antología de cuentos extraños, le leo Les causes célébres de Paulhan. Ni la menor aprobación. «No se ha dado mucho trabajo», comenta. Leemos «El cadáver del príncipe» de Miró: ay, no tan malo en el recuerdo.

Miércoles, 1.º de julio. Come en casa Borges. Leemos tres cuentos de Las noches difíciles de Buzzati, para la antología de cuentos raros. BORGES: «Son cuentos profesionalmente raros. Pero qué malos». BIOY: «Hay una prueba de que nuestra admiración por los grandes libros no resiste la lectura».

Sábado, 4 de julio. Comen en casa Borges, Roberto Gerosa y Daniel Tinayre (h.).

Sábado, 1.º de agosto. Come en casa Borges, recién llegado de Italia. Leemos cuentos (malos) de Los mejores cuentos policiales (segunda serie) de Borges y Bioy Casares.

Sábado, 8 de agosto. Come en casa Borges. Leemos, en Los mejores cuentos policiales, «Si muriera antes de despertar», de William Irish.

Domingo, 23 de agosto. Vargas Llosa, en un agradable artículo, «Borges en su casa», que hoy publica La Nación, dice que el gato de Borges se llama Beppo por un gato de Byron. No sé ni discuto que Byron tuviera un gato de ese nombre. Sé que el gato de Borges (que realmente es de la hija de Fanny) se llamaba Pepo y que Borges, como no le gustaba ese nombre, lo cambió por Beppo, el héroe del poema de Byron. De paso, no lo cambió indebidamente, ya que Beppo es apócope de Giuseppe.

Jueves, 3 de septiembre. Según Fanny, María está ahora aplicada a «alejar a Borges del señor Bioy». MARÍA: «Le hablan mal de mí». BORGES: «Pero, María, ni me hablan de usted».

Lunes, 14 de septiembre. Comen en casa Borges y Noemí Ulla.

Miércoles, 16 de septiembre. Come en casa Borges. Me regala, por mi cumpleaños, Literary Reviews and Essays de Henry James.

Sábado, 19 de septiembre. Come en casa Borges. Empezamos el prólogo para la reedición de Los mejores cuentos policiales que publicará Alianza[2000].

Lunes, 21 de septiembre. Comen en casa Borges y la fotógrafa Fiora Bemporad. Con Borges, trabajamos sin inspiración en el prólogo a Los mejores cuentos policiales.

Miércoles, 30 de septiembre. Come en casa Borges. Con profunda pena, me entero de que el lunes murió Ema Risso Platero, de leucemia, en una clínica de París. Le digo a Borges que siento esa muerte como muy cercana, como si empezáramos a morir nosotros.

Sábado, 3 de octubre. Come en casa Borges. Trato de recuperar el nombre de una novela (que no leí) y de su autor (que no leí). No consigo encaminar a Borges en esa investigación desprovista de rastros.

Miércoles, 7 de octubre. Come en casa Borges. Un poco de prólogo, a Los mejores cuentos policiales.

Sábado, 10 de octubre. Come en casa Borges. Silvina le lee sus traducciones de Emily Dickinson[2001], que Borges aprueba.

Miércoles, 14 de octubre. Come en casa Borges. Seguimos (enriqueciendo, reordenando) el prólogo a Los mejores cuentos policiales.

BORGES: «En Puerto Rico, un pintor llamado Francisco Rodón[2002] hizo para la universidad donde enseñó Max Henríquez Ureña un espantoso mural con mi retrato. Trajo una revista llamada Caribbean Review con mi retrato en la tapa: algo sumamente desagradable y feo. Al pintor lo consideran genio en Puerto Rico, porque no tienen otro; Squirru lo pone entre los diez mejores del mundo». Cuenta también: «En una fiesta que hicieron para celebrar mi visita a Puerto Rico, un muchacho me preguntó si no quería ir al baño; y una vez allí se puso a abrirme la bragueta. Le dije que se contuviera. Al final de la noche volví a tener ganar de hacer pis, el muchacho volvió a ofrecerse y le pedí que llamara al dueño de casa. Cuando fuimos al baño, rogué al dueño de casa que no dejara entrar al muchacho».

Lunes, 19 de octubre. Comen en casa Borges y Noemí Ulla. Con Borges, concluimos el prólogo para Los mejores cuentos policiales.

Miércoles, 21 de octubre. Come en casa Borges. Le propongo incluir en Los mejores cuentos policiales «En el bosque» de Akutagawa. Se lo leo y acepta. Habrá que agregar un párrafo al prólogo. Corregimos alguna frase, no del todo clara, que escribimos ayer.

Domingo, 25 de octubre. Come en casa Borges.

Domingo 8 de noviembre. En La Prensa salió un artículo («El Cancionero de Aglaura») de María Inés Cárdenas de Monner Sans, sobre el gran amor de Lugones. La muchacha se llamaría Emilia Santiago Cadelago y se habrían conocido en 1926. Lugones escribió:

Lo que aquella tarde me cambió la vida,

dejándola a la otra para siempre atada,

fue una joven suave de vestido verde,

que con dulce asombro me miró callada.

El hijo de Lugones intervino el teléfono, visitó a los padres de la chica y les dijo que si no se cortaba la relación, él (Leopoldo Lugones hijo) iniciaría un juicio de insania contra su padre. La chica dejó de ver a Lugones. Yo, en el año 30 o 32, conocí a una muchacha María Cadelago. Le dije que entráramos en la librería El Ateneo, porque quería regalarle un libro. Eligió Don Segundo, encuadernado en cuero de vaca, con pelo y todo. Aunque no doy mucha importancia al gusto, sobre todo al buen gusto, elegir un libro con esa encuadernación me pareció demasiado y no volví a verla.

A Borges, cuando le leyeron el artículo, le pareció que toda la historia debía de ser inventada. Yo la creo verídica.

Miércoles, 2 de diciembre. Comen en casa Borges, de regreso de Río Cuarto, y Noemí Ulla.

BORGES: «La gente de Río Cuarto siente encono por Córdoba. “Esta región no es Córdoba —me explicaron—. Como usted sabe, se llama el Imperio.”». BIOY: «¿No habrán dicho imperio por emporio?». BORGES: «Me preguntaron si estaba más allá del bien y del mal». NOEMÍ: «¡Por cierto!». BORGES (que felizmente no ha oído a Noemí): «¿Qué se imaginan? ¿Que soy un delincuente? Sólo un delincuente está más allá del bien y del mal. Estar más allá del bien y del mal significa practicar el mal… El presidente del Club de Cuentistas de Río Cuarto me preguntó: “¿Podría decirme si hay alguna relación entre el cuento y lo narrativo?”. Respondí: “Como hay entre la pintura, por un lado, y la forma y los colores, por el otro”. El hombre me pidió que por favor dijera eso en voz alta, para que todos oyeran, porque había muchos cuentistas en Río Cuarto que al escribir un cuento pasaban a lo narrativo sin advertirlo. Aunque nadie lee ni entiende a Filloy, allá todos lo admiran, porque es el escritor de Río Cuarto».

Sábado, 19 de diciembre. Come en casa Borges. Ayuda a Silvina a revisar la traducción al inglés, hecha por Jason Weiss, de sus cuentos (de ella). El traductor traduce con la primera palabra latina y polisilábica que le propone el diccionario, lo que no le impide cierta soberbia. A Borges le parece que «Mimoso», el cuento sobre el perro embalsamado, es horroroso y que Silvina debería suprimirlo. BORGES: «Es claro que estos rechazos corresponden a algo puramente personal, una manera de ser, y no deberían emplearse como criterio literario. O por lo menos, no debería irse más allá de emplearlos para saber que uno puede o no puede escribir algo. Yo no podría escribir esa historia, ni la del panadero que estaba enamorado de un malevo y lo llevó a un hueco con la promesa de que encontraría a una mujer: al verse defraudado el malevo, lo mató. Me hace gracia la historia, me da lástima el panadero, pero sé que nunca podré escribirla. Me la regalaron en Montevideo».

Cito los versos de Byron:

We learn from Hornee, «Homer sometimes sleeps».

We feel without him, Wordsworth sometimes wahes[2003].

BORGES: «Qué bien. Es claro que Wordsworth era muy superior, pero eso no importa. Es una buena broma. Parece de Wilde». BIOY: «Por mi parte no creo que Wordsworth sea superior a Byron. El tedio me corre, cuando empiezo a leer the too long Excursión[2004]… Buscando el poema que incluye los versos:

Come, Malthus, and, in Ciceronian prose

Tell how a rutting Population grows,

Until the Produce of the Soil is spent,

And Brats expire for want of Aliment[2005]

pensé que eran de Don Juan. Son pareados, de modo que no es posible. ¿Serán de Byron?». BORGES: «No pueden ser de otro». Yo, que busco el texto de donde los saqué a fines de los años treinta para La invención de Morel —la vida del hombre es lastimosamente corta, pero suficientemente larga para que dentro de ella uno se convierta en otro, que no recuerda hechos importantes del anterior—, le digo: «En el índice de nombres de los Poems de Byron hay cuatro o cinco referencias a Malthus; ninguna me ha llevado a esos versos». Contesta: «El índice estará mal. No pueden no ser de Byron».

Soñó que unos hombres estaban en su cuarto, a punto de atacarlo. En el sueño, pensaba: «Si estoy soñando, nada me impide soñar que uno de ellos tenga dos cabezas». Los miraba; todos tenían una sola. Con el susto, despertó.

El padre de Borges, descendiente de ingleses, decía: «Se habla mucho de los ingleses, pero al fin y al cabo los ingleses no son más que chacareros alemanes». BORGES: «La literatura depende a veces de una palabra. En Francia, si alguien dijera agriculteurs allemands, con la tradición virgiliana, pensarían que es un elogio. Para nosotros, país de ganaderos, un chacarero es un pobre diablo».


Miércoles, 6 de enero. Come en casa Borges. Me pregunta si yo vivo en el presente o en el futuro. Me dice: «Yo vivo en el futuro inmediato. Hoy estoy un poco angustiado porque mañana tengo que ir a pasar el día a Villa Gesell, a dar una conferencia. Pero mañana en Villa Gesell estaré en mejor estado de ánimo porque pensaré que pasado mañana volveré a Buenos Aires». Esto no fue dicho, en modo alguno, como opinión adversa a Villa Gesell. Agrega: «Para el viaje a los Estados Unidos faltan diez días. Todavía está demasiado lejos para que piense en él». Dice también: «Casi nadie vivirá en el pasado».

Se encontró con una señora que había sido amiga de su madre. La señora le contó que estuvo leyendo cartas de Macedonio; y que en una, para convencerla de que tiene que haber otra vida o transmigración, Macedonio le dice: «La vida no es para una sola vez»[2006]. Borges comenta: «Las frases espontáneas y las criolladas le salían bien; cuando quiere escribir para publicar es ilegible». También, sobre la frase en particular: «No importa que haya es en el medio y vez al final; la frase es perfecta. Creo, además, que en ella se oye la voz de Macedonio». Otra señora le aseguró que ella no era antisemita. BORGES: «Dice que trató al señor y a la señora no sé cuánto, unos judíos, y nunca le hicieron mal…».

Jueves, 7 de enero. Habent sua fata libelli. Compilamos la Antología de la literatura fantástica a espaldas de toda cuestión de derechos, que ignorábamos. López Llausás, que nos compró la selección, nos pagó con mil pesos y nada nos dijo de los derechos de autor. Después la Sudamericana reeditó varias veces el libro. Cuando editoriales extranjeras lo pidieron, nosotros no aceptamos las proposiciones, porque no queríamos vernos envueltos en reclamaciones de derechos, que pudieran perjudicar a los actuales dueños de la Sudamericana, que tal vez ignoran la situación del libro, porque López Llausás había muerto y ellos, sus descendientes, no son quizá muy expertos en este asunto. Editori Riuniti, de Roma, los campeones del contrato leonino, se interesaron en la antología. Yo le di largas al asunto. Consulté con mi amiga Gloria López Llovet; expliqué las cosas. Me dijo que más valía let sleeping dogs sleep. Hoy llegaron tres hermosos ejemplares, enviados por Editori Riuniti, que arregló las cosas con la Sudamericana, a espaldas de los autores de la selección y de los autores de los cuentos. Los pícaros editori han añadido una nota: «L’editore, nei casi in cui non gli é stato possibile rintracciare gli autori, si dichiara a disposizione degli interessati per relativi diritti d’autore».

Addendum. Quizá fui injusto con Editori Riuniti. Yo no llevé adelante la discusión de la cuestión derechos, por ignorancia y por pereza (pereza de encarar el asunto, de pensar). Aparentemente lo han resuelto bien, habrá que ver con qué beneficios para los autores de los cuentos. Con relación a los contratos leoninos de Editori Riuniti, me ratifico. Basta leer los que firmamos (¿dormidos?) para Un modelo para la muerte y los que no firmamos (despiertos, por fin) para Los mejores cuentos policiales. Tengo en mi poder las copias.

Viernes, 8 de enero. Come en casa Borges. BORGES: «El largo día de ayer en Villa Gesell —llegué temprano por la mañana y di la conferencia a las doce y media de la noche— fue intolerable para mí. Soy un hombre habituado a la conversación. No había allí con quien hablar». Pensé que su vida había sido una larga conversación.

Cuenta que en Villa Gesell le hizo un día de calor y sol; aunque no había aire acondicionado, en el cuarto del hotel lo pasaba bastante bien. Las autoridades, un poco ofendidas, insistieron para que saliera a caminar con ellas y pudiera admirar las bellezas del paisaje. Respondió: «Olvidan un detalle. Soy ciego». No dieron mayor importancia al hecho, y volvieron a la carga: «Entonces tome sol. ¿No le gusta quemarse?». Con el empresario que organizaba el acto, comentó que no estaba seguro de que los gallegos fueran celtas (enumeró las diversas invasiones de España). El empresario fue terminante: dijo que en su último viaje, en no sé qué ciudad de Galicia, había un diario llamado El Celta o El Celtíbero. Borges me asegura que era un hombre generoso y afable pero totalmente ajeno al pensamiento.

Hablamos de nuestros comienzos literarios. Me dice: «Yo escribía con un diccionario de sinónimos y trataba de emplear siempre la palabra más insólita. Cuando conseguía introducirlas en mis escritos estaba muy orgulloso y pensaba en que los críticos iban a señalar que yo había desenterrado esa vieja palabra, tan útil. Sin embargo, esas mismas palabras, cuando leía mis textos en casa, me daban vergüenza».

Sábado, 9 de enero. Come en casa Borges, que ahora viene casi todas las noches. Silvina siempre encontraba razones para no dejarlo venir. Yo lo lamentaba, porque pasamos buenos momentos con él, porque suele estar muy solo y porque siempre hay algún trabajo a medio hacer, como la traducción de Macbeth. Silvina me decía: «Hoy no, porque estoy muy cansada. Hoy no, porque me duele el estómago. Hoy no, porque no consigo a nadie para acompañarlo desde el automóvil hasta el sexto piso de su casa. Hoy no, porque es viernes o es sábado, y hay mucho tráfico. Hoy no, porque no sé si mañana viene alguien a trabajar y no quiero acumular cubiertos y platos sucios en la pileta». Yo me avenía y así pasaron meses, años; realmente nos apartó, como si hubiera una pelea entre nosotros. Ahora Borges se ofreció a corregir la traducción de sus cuentos al inglés y todos los días come en casa.

Según Borges, el tomo sobre los Gauchescos de la Historia de la literatura argentina está basado sobre el error de Rojas de creer que los poetas gauchescos fueron gauchos: «Eso no impide que el libro sea considerado una indispensable obra de consulta, un pilar de nuestra cultura. Qué se puede esperar de un hombre que se mandó hacer una casa idéntica a la casa en que se juró la Independencia».

Me dice que, según algunos, Lugones se hizo católico en 1934, al ver el Congreso Eucarístico: «Tanta gente y esa voz, en trémolo nasal, de aquel cura u obispo». BIOY: «A Bianco le pasó algo parecido: no fue bastante fuerte para oponerse a ese movimiento que convergía hacia el Monumento de los Españoles, convertido en una gran cruz, acompañado de esa voz irresistible». (A Borges no le gustó que le recordara que Bianco había participado de la comunión pública: estaba muy contento porque Bianco había ido a almorzar a su casa y después habían ido juntos a ver, en la plaza Canadá, el tótem que el gobierno canadiense regaló a la ciudad de Buenos Aires y a la República Argentina. Borges me describió el tótem: «Debe de ser horrible»).

Comentamos el dicho: «Qué calor con tanto viento». Borges ignoraba cuándo se decía eso. Fanny le comunicó una segunda mitad del dicho. Parece que la frase completa es: «Qué calor con tanto viento, dijo el loro cuando le quemaron el nido».

Fanny, que duerme muy bien, atribuye los insomnios de Borges a «los demonios» que éste tiene en su dormitorio: una estatuita de Siva y no recuerdo qué otro dios. Parece que la madre de Borges explicaba a Fanny: «Cuando yo me muera, apareceré en sus sueños y le diré que estoy viviendo en el otro mundo». Fanny comentó con tristeza: «Nunca la señora se me apareció en mis sueños, así que no hay otra vida».

Le digo: «Fanny es la persona más importante para tu vida». Cortésmente, responde que yo soy más importante. Lo interrumpo con insistencias, no muy delicadas tal vez pero realistas, sobre la importancia para él de tener a su lado a Fanny. Me da la razón; me refiere cómo lo atendió durante la enfermedad. BORGES: «Fanny sabe español porque fue a la escuela. La gente mayor de su pueblo, en Corrientes, no sabe más que guaraní, porque no había escuela cuando eran jóvenes. Ella fue hasta segundo grado: en la escuela no enseñaban tercero. Fue dos veces a segundo, para aprenderlo mejor. Es ignorante, pero nada tonta. Ha tenido que hacer un largo camino para llegar a ser lo que es. Nacer en un pueblito como el suyo debe de ser una gran desventaja».

Lunes, 11 de enero. Come en casa Borges. Cuenta: «Esta mañana me visitó un señor que me dijo que me traía un regalo que iba a llenarme de alegría. El regalo era una invitación a ir con él, inmediatamente, a una iglesia, a confesarse y comulgar. Después podríamos ir juntos a ver jugar al fútbol a Maradona, que es una fiesta para los ojos. Tuve que recordarle mi ceguera. La conversación, que se prolongó, incluyó referencias a la ceguera, la Biblia, etcétera. Me aseguró que debía agradecerle a Dios la ceguera: “Es una prueba de confianza en usted. Se la mandó porque sabe que usted es bueno y que no dejará de serlo por perder la vista”. “¿Y si me mandara la lepra?”. “Sería otra prueba de confianza”. “Prefiero que Dios no sea tan generoso conmigo”. Le hablé de la Biblia, y le dije que tenía un ejemplar en hebreo. Tuvo una leve exclamación de disgusto y aseguró que él no leía la Biblia. “Me bastan las oraciones”, explicó. Dijo también que era bancario: “Tengo la suerte de pertenecer a un grupo de amigos bancarios, todos católicos como yo”. Fanny me dijo que el almuerzo estaba listo y el Job de la banca se retiró».

Martes, 12 de enero. Se hablaba ayer de que Borges contestaría a un reportaje, por televisión, en que Bergara Leumann aparecería disfrazado de ángel (angelote) y rodeado de señoritas desnudas. Parece que Borges no se percató, por su ceguera, de la vestimenta del reporteador, habitual en el programa, y de quiénes lo rodeaban. Cuando estuvieron solos, Fanny informó a Borges de todas estas circunstancias. Borges está muy irritado. Me asegura primero que recibió a Bergara Leumann, porque era amigo de [Antonio] Carrizo. Agrega: «Yo le tenía simpatía a Carrizo. Me pareció un hombre inteligente y discreto. Conmigo fue muy generoso: me regaló la Enciclopedia Bompiani. Es verdad que en tiempos del campeonato mundial de fútbol dijo que yo no era argentino porque no me gustaba el fútbol. Pero ¿eso qué importa? Las personas como él viven en la actualidad, en el momento, y se identifican con lo que está pasando y no perdonan al que niega eso. Ahora me entero de que fue peronista; que lo visitó a Perón: así que su amistad por alguien no es una garantía». Después dice que la gente no entiende por qué él concede entrevistas a personajes como Bergara Leumann y piensan que uno lo hace por afán de publicidad: «Son actos que lo calumnian a uno».

Miércoles, 13 de enero. Comen en casa Borges y Noemí Ulla.

Viernes, 15 de enero. Come en casa Borges. A Silvina, a quien estuvo ayudando últimamente a corregir las traducciones de Jason Weiss, al inglés, de sus cuentos, le dice severamente: «No sé por qué te interesa tanto que tus libros se traduzcan». Tal vez tenga razón, pero es un poco cruel decir eso a Silvina. Ningún libro de Silvina fue traducido al inglés. Sobre todo, no parece bien recomendarle ese tipo de discretismo, cuando los libros de uno fueron traducidos a todas las lenguas y cuando uno viaja de una universidad a otra para que lo doctoren honoris causa. Estas palabras pueden parecer una prueba de falta de afecto: no es así. Lo quiero a Borges como siempre y comprendo que para olvidar su horrible soledad de ciego (que no puede ocupar en lectura y escritura) se prodigue en esos actos un poco absurdos, pero expresivos del reconocimiento público y ricos en circunstancias que entretienen mientras ocurren y que dejan recuerdos; pero deploro su rigidez, fácilmente irritada y cruel, con el prójimo.

Sábado, 16 de enero. Come en casa Borges. BORGES: «Me hice leer algunos cuentos breves de la edición italiana de nuestra Antología de la literatura fantástica. No tradujeron nuestra antología: buscaron las fuentes y tradujeron. Procedieron con seriedad, a costa del lector, desde luego». BIOY: «Nos jorobaron. No podemos protestar». BORGES: «Es claro, porque hoy el noventa y nueve por ciento de la gente les daría la razón». BIOY: «Habría que señalarles, sin embargo, que si iban a proceder así, se equivocaron al elegir el libro». BORGES: «No debieron elegir un libro de autores que se distinguen por sus transcripciones y citas infieles. Por misquotations».

Le digo que últimamente mi fe en el progreso encuentra menos apoyos que antes en la realidad; pero que he descubierto que ahora menos gente que a principios de siglo o a fines del pasado atraviesa la vida con un atuendo original, un poco histriónico, una suerte de disfraz que la caracteriza. BIOY: «Acordate: el jopo de Giménez Pastor; el sombrero alerudo de Juan Pablo Echagüe; la ropa, el sombrero, la tez de luto de Ricardo Rojas; los bigotes y la ropa de Alfredo Palacios y de Enrique Larreta». BORGES: «La idea debe de ser francesa. No sé quién había dicho: “Il faut se faire une tête”. Abundan los ejemplos: Sar Péladan, Maurras, mi primo Alvaro Melián Lafinur. Tal vez la idea de señalarse por vestimentas o peinados haya empezado con Byron». BIOY: «O tal vez un poco más allá de Byron, en los dandies, que lo precedieron».

Yo no podía encontrar el nombre de Jean Lorrain, cuya fotografía, reclinado lánguidamente en un diván, entre infinidad de objetos decorativos, sí recordaba. Buscando a Lorrain encontramos a otros que se caracterizaban vanidosamente: Pierre Loti; Gabriele D’Annunzio; un Mendilaharzu, radical primero y después peronista, a quien llamaban Cuellolán Mendilaharzu; Manucho Mujica Lainez, con sus capas, sus chalecos y su monóculo. Borges agrega en la lista a Valle-Inclán y a Walt Whitman. Dice que éste se distinguía de los demás por no tener veleidades de aristócrata, sino de republicano y popular: «Pero sin duda se daba une contenance, como los otros. Además, era homosexual». Agregamos, por fin, a los que, como Larreta o Carlos Noel, con fonéticas exageradas remedaban vanidosamente hidalgos españoles. BIOY: «Otro tipo humano que en mi niñez abundaba en Buenos Aires era el colérico: señores que atravesaban la vida irritados, como si echaran chispas, dispuestos siempre a ofenderse y a agredir. Recuerdo al pobre Marcelo Costa Paz». (Con Borges alguna vez entrevimos la posibilidad de escribir un cuento sobre un colérico; un señor más bien anciano, de escasa estatura y no demasiado fuerte, pero temido por lo colérico. Tan colérico que, porque el cigarro no encendía a la primera pitada, lo arrojaba en la cara de un mirón, después arrojaba los otros que llevaba en el bolsillo del chaleco, la caja de fósforos y revoleando furiosamente el bastón se alejaba entre el consternado pavor universal).

Jueves, 28 de enero. Me piden, de la embajada alemana, una página sobre una exposición de libros de Borges y de Bioy, con fotografías de ambos, que se inaugura el lunes en el Ibero Club de Bonn, para la que fuimos invitados. La escribo, diciendo que «por circunstancias diversas, ni Borges ni yo podremos concurrir a ese acto que tanto nos honra». Agrego: «Con algún consuelo pienso que los miembros del Club y el público allá reunido tendrán ante sí lo más permanente de nosotros: nuestros libros y nuestras caras. Como artesanos que procuraron hacer del mejor modo posible el trabajo, estamos dispuestos a que nos juzguen por nuestros libros: por ellos quedaremos un rato en la posteridad o desapareceremos».

Miércoles, 10 de febrero. Comen en casa Borges y Noemí Ulla.

Jueves, 11 de febrero. Come en casa Borges. Comento mis últimas lecturas: entre otras, la vida de Scrope Berdmore Davies[2007]. BORGES: «Si recuperara la vista no saldría de casa. Me dedicaría a leer todos los libros que tengo».

Le cuento que el sonso de Hobhouse censuraba a Scrope Davies porque, si bien era capaz de batirse (lo había hecho) por el honor de un amigo ausente, estaba siempre dispuesto, entre amigos, a sacrificar a un amigo, en aras de la comicidad. BIOY: «No me parece una incoherencia. En un caso saca la cara por un amigo ante alguien que lo malquiere. Que en una conversación entre dos amigos se rían de algún amigo ausente es una infracción menor, porque se sobreentiende que no dejan por ello de quererlo: se conocen, se admiten con sus defectos, y el ausente no va a descender en la estima de nadie por lo que están contando. Mastronardi, Peyrou, fueron amigos muy queridos, cuyas excentricidades eran parte de su fama, una fama que queríamos, de algún modo, que de algún modo celebrábamos, pero que tenía su lado cómico». BORGES: «Los personajes son vívidos y se diferencian (claramente) por sus defectos».

Le digo que yo escribo sonso, con dos eses. Asegura que él también: «Si no, corrés el riesgo de que el lector pronuncie zonzo, con dos zetas». Observo, sin embargo, que yo escribo soncera. BORGES: «Primero con z, después con c. Yo también». Me da pereza aclarar que yo no: primero con s, después con c. Observa: «Por suerte no son palabras que usamos continuamente. El peligro de que alguien descubra en una misma página zoncera y sonso es muy remoto. Desde luego, nos tenemos por pilares de la coherencia».

BORGES: «En Venezuela se respeta mucho a Ricardo Rojas porque sostiene que existe una influencia —mágica, un fluido— de la tierra: la influencia telúrica, que nos hace diferentes de los europeos. Creo que a los norteamericanos se les niega. En Venezuela, sarmientino es término peyorativo, porque a Sarmiento le gustaba Norteamérica; porque entre la civilización y la barbarie, prefería la civilización. Qué raro admirar a un escritor tan oscuro como Ricardo Rojas». BIOY: «Es triste pensar que en este país, que en este continente, donde hubo lo mejor —la gente de Mayo, Belgrano, el impulso libertador, Rivadavia, los unitarios, Sarmiento—, la gente prefiere a Rosas, Quiroga, los montoneros, los federales». BORGES: «Todavía no se ha canonizado a Mármol ni a Eduardo Gutiérrez. Tal vez porque son unitarios». BIOY: «Fijate: ni siquiera abundan las mujeres llamadas Amalia. Hay más Amelias que Amalias».

De los románticos españoles, dice: «Bécquer fue discípulo de Heine. Tal vez haya algo que no sea malo en Espronceda; pero todos —Zorrilla, Espronceda, Quintana, Cienfuegos, etcétera— más que poetas son oradores farragosos».

BORGES: «Lo poético es misterioso. No depende tanto del sentido como de la cadencia y del sonido». BIOY: «El sentido, aunque no se entienda del todo, debe acompañar, porque negativamente cuenta».

Recita:

Not mine own fears, nor the prophetic soul

Of the wide world dreaming on things to come[2008]

Comenta: «No nos detenemos a comprender el sentido, no sabemos lo que viene después ni nos importa: sentimos que son poesía». Agrega que, según Carlyle, la palabra purple[2009] anuncia el cansancio del poeta (i.e., de cualquier poeta).

Domingo, 14 de febrero. Come en casa Borges. Observa: «Qué extraño. Goethe parece anterior a todos. Es increíble que fuera contemporáneo de De Quincey, que lo llamaba “Mr. Goethe”, y de Wordsworth. Que parezca tan anticuado —antiguo, no; anticuado— es un cargo contra él». Me pide que vea las fechas del nacimiento y muerte de Goethe: 1749-1832. Dice que sus novelas son pésimas y que nadie recuerda un verso del Fausto.

Afirmo que las novelas de Jane Austen, en contra de lo que Borges piensa, son divertidas, con observaciones graciosas y personajes absurdos y creíbles. BORGES: «Madre y Ureña eran devotos de Jane Austen». BIOY: «Jane Austen es una lúcida espectadora de la comedia de la vida. Uno de sus personajes dice que los demás están en el mundo para divertirnos con sus estupideces y locuras y que nosotros estamos en el mundo para entretener a los demás con nuestras estupideces y locuras[2010]». BORGES: «Qué bien y qué triste. No se hace ninguna ilusión». BIOY: «No es como esos sonsos que, después de llegar a la conclusión de que para una situación no hay casi ninguna esperanza de salida, se sobreponen (verbalmente, facialmente, con una sonrisa) y agregan: “Pero no hay que desanimarse. Hay que ser optimistas. Ya encontraremos la salida”». BORGES: «Casi todo el mundo es así». BIOY: «Evidentemente, no son demasiado partidarios de la coherencia».

Sábado, 20 de febrero. Comen en casa Borges y Paz Leston. Borges llega a eso de las nueve, en medio de una lluvia persistente y torrencial, con el pelo mojado, y despeinado, lo que le da un aire de viejo desaforado y frágil. Dice varias veces: «Qué triste es la lluvia». Recuerda: «Cuando llegamos a Europa, Padre me dijo: “¿Ves que no hay Dios? Está lloviendo sobre el mar”. Hubo personas que, cuando les conté esto, se enojaron mucho. Que llueva así es una prueba de que vivimos en la barbarie. ¿Cómo no saben todavía manejar la lluvia? Hacer llover donde conviene y no sobre una ciudad…».

BORGES: «¿Vos también creés que la muerte es la disolución?». BIOY: «Sí». BORGES: «Todo el mundo cree eso. Fanny desea mucho dejar de ser. Siempre dice: “Cuando me duermo entro en el profundo. Me gusta mucho: es un gran descanso. Morir ha de ser entrar en un profundo más hondo; ha de ser todavía más descansado”. Así ha de ser». A mí me parece increíble que un hombre como él, que siempre está encontrando en la realidad cosas para comentar, que llega a casa como un viajante con su valijita y la abre para mostrar las riquezas que ha encontrado —rasgos absurdos o nobles de la gente, versos o frases, observaciones de la literatura— no tenga ninguna renuencia en desaparecer, en cesar. Creo, en cambio, que está bastante preocupado por ese momento que se nos acerca. ¿No lo he visto irse del país llorando? Sabe que es inevitable y que después del mal paso no lo afectará; entonces opta por quitarle toda importancia, como hacemos todos, cuando lo tenemos lejos (salvo, en algunos casos, cuando nos abocamos a considerarlo y para ser sinceros señalamos una incoherencia entre la amplitud de la imaginación —de la conciencia, también— y el hecho de la muerte) y se da ánimo imaginando que desea ese descanso (que tampoco sentirá).

BIOY: «He hecho un descubrimiento: yo siempre pensé que los commonplace books, los libros de citas, se compilan por gusto y para publicarlos un día o para dejarlos para la posteridad. Me equivocaba. Parece que, por lo general, corresponden al deseo del compilador de pertrecharse: con temas de conversación, con réplicas eruditas, etcétera». BORGES: «Qué triste». BIOY: «Me lo probaron lecturas de Boswell y de cartas del comienzo del siglo XIX, por lo menos con relación a esos casos concretos, que deben de ser la regla».

Viernes, 26 de febrero. Comen en casa Borges y Noemí Ulla. BORGES: «“Está científicamente probado” es un exordio que indica que lo que se va a oír es mentira». Cuenta que una venezolana vino especialmente a verlo porque quiere escribir un libro que se titulará Borges y la filosofía. Resultó que esperaba que Borges le dijera cuál era su filosofía, en qué relatos y poemas la manifestaba y que le propusiera el índice de ese libro. Borges le dijo que ella había decidido escribirlo y que él no iría más allá de agradecerle su interés. La mujer protestó. «Pero, ¿entonces tendré que leer íntegramente sus Obras completas? Usted ha escrito mucho». BORGES: «Sí, demasiado. No creo que nadie haya leído entero el tomo de las Obras completas». La mujer preguntaba: «¿Cómo hago para establecer el índice? ¿Qué método sigo?». BORGES: «Lo que quería era publicar un libro. No leer, ni pensar ni siquiera escribir. Confiaba en que yo se lo escribiera». BIOY: «No creas que hoy ese plan es insólito. Sé de por lo menos dos personas que abandonaron el proyecto de escribir un libro sobre mí cuando comprendieron que yo no se los dictaría». BORGES: «Todos los días, Alifano me propone, como cosa de él, lo que yo le dije la víspera. Sus cuentos se parecen a los míos, con leves variantes. A veces mantiene hasta el nombre de los personajes. Yo me siento un poco incómodo; pero tampoco es cosa de parecerse a Wordsworth, ¿te acordás? Cuando Emerson lo visitó, al rato de que Emerson le explicara algo, Wordsworth se lo repitió como cosa de él y cuando finalmente Emerson le dijo: “Pero eso es lo que yo estaba diciendo”, protestó: “No, this is mine, mine!»”.

Una profesora de California, creo que argentina o al menos sudamericana, aseguró a Borges que ella, como primera medida, pedía a los alumnos que leyeran un diccionario de sinónimos, para que tuvieran suficiente vocabulario y nunca repitieran una palabra en la misma página. BORGES: «Creo que además dirige un taller literario. ¿Te imaginás cómo escribirán sus discípulos? ¿Por qué no va a poder uno repetir las palabras? Las repeticiones son naturales y evitan que el lector se sorprenda con los sinónimos». BIOY: «Mi regla es no emplear una palabra que pueda sentirse como sinónimo de otra, de la más natural».

BORGES: «Tenías razón. La gente dice ahora por nada en lugar de de nada. Ayer alguien me dijo por nada». BIOY: «Estoy volviéndome tan irritable como cualquier gramático español del siglo XIX. Más de una vez me ha pasado. Una persona me hizo un favor, siento afecto por ella, le digo gracias, me contesta por nada y siento odio por ella». BORGES: «Yo también siento odio por los que dicen búsqueda y no lo escucho o no le escucho».

Sábado, 27 de febrero. Comen en casa Borges y Paz Leston. BORGES: «Estuve leyendo las Soledades y el Polifemo: son activamente feos. Leí todo Polifemo: es horrible. Góngora, en Polifemo, se especializa en la fealdad vistosa. Le gustan palabras como corcho, escamas, chupar, vomitar, nácar y perlas. Le gusta un sistema de balanzas con platillos que se estabilizan, bajan o suben: si dice que algo es noble, otro es humilde, esto blanco, esto negro, todo articulado por palabras como aunque, no tanto, sin embargo, no menos. Esto es un error: como la literatura es una máquina, debe ser clandestina, un poco misteriosa. El de Góngora es un mundo de mecanismos verbales. No imagina lo que dice y es esencialmente grosero: escribir que el agua del Nilo vomita riquezas[2011] es una grosería y una estupidez. ¿Cómo no advierte que ese verbo no le conviene? Quería usar palabras latinas, y eso le bastaba. La idea que tenía del ingenio era bastante rara. Cualquier oposición, negro-blanco, muerte-vida, lo atraía y le parecía ingeniosa. Dámaso Alonso ha prosificado Bises Soledades, es decir ha quebrado los hiperbata y ha restituido la sintaxis, sin advertir que dejaba en descubierto la pobreza mental de Góngora. También Quevedo era grosero: para atacar a Góngora, dice que la culta latiniparla huele mal y que para defender del mal olor “nuestros pegasos” —¡qué animal!— habría que quemar a Garcilaso en pastillas[2012]. No creo que ese elogio hubiera alegrado a Garcilaso: por de pronto que lo quemaran, y en pastillas… Ninguno de ellos se imaginaba nada. ¿Qué pensaría de esas fealdades Lope? Seguramente las reprobaría. Un ejemplo de lo que Góngora o Quevedo entendían por ingenio sería:

En poca tierra mucho obispo cabe[2013]

En poca tierra mucho obispo cabe[2013]

Lugones tenía razón al afirmar que la literatura española no existe. A pesar de todo esto, es claro que hay que juzgar a un escritor (como siempre se hizo) por sus mejores obras: hay sonetos de Góngora y de Quevedo verdaderamente admirables».

Miércoles, 10 de marzo. Comen en casa Borges y Noemí Ulla. BORGES: «Es asombroso cómo algunos escritores ilegibles engañan a personas más inteligentes y complejas que ellos. El culto de Lautréamont ha decaído, pero en Europa la gente habla en serio de Gombrowicz. El que ya está en el olvido es Marinetti». BIOY: «Creo que el hecho de ser fascista le dio el golpe de gracia. En cambio a Céline no lo ha perjudicado en Francia el antisemitismo, ni el colaboracionismo».

Viernes 19 de marzo. Come en casa Borges. BORGES: «Una observación inepta sobre el verso de la Divina Comedia que dice

me repelía a donde el sol se calla[2014]

me repelía a donde el sol se calla[2014]

es la de un comentarista que dijo que eso probaba la creencia de Dante en la doctrina pitagórica según la cual los astros cantan. ¿Cómo alguien pudo creer en esa explicación? ¿O fue por una razón de vanidad? ¿Toda persona cree en la explicación que se le ocurre?».

Al devolverle un ejemplar que me prestó de los poemas de Byron, de la Oxford University Press, que tenía la dedicatoria «Georgie from auntie, 1904», me contó que su tía abuela[2015] había sido una de las personas que fundaron el Instituto Lenguas Vivas: «No era profesora ni tenía ningún título: pero era inglesa y amiga de Sarmiento».

BIOY: «Siempre creí en la educación y, por una distracción del pensamiento, creí ciegamente en la necesidad, para toda la población, de escuelas, de colegios de universidades. Mi trato con profesores y con estudiantes que escriben tesis para presentar a profesores me persuadió de un hecho real que en casi todos los casos se repite: una distancia sideral separa a esa gente de la materia que estudian. Yo diría que si una persona quiere acercarse a los libros, no debe tomar el camino universitario: es largo y lo lleva a otra parte». BORGES: «Shaw decía que su educación se cumplió a pesar de la instrucción». BIOY: «Yo no llego a tanto; pero creo que los malos profesores son una legión perjudicial; que en Humanidades la enseñanza universitaria casi no tiene sentido. Desde luego, lo que sé de literatura y de filosofía lo aprendí solo, con libros. También aprendí sólo mi oficio, aunque la conversación con amigos, como vos, o Silvina, o Resta, o Mastronardi, o Wilcock, me ayudó. También me ayudaron algunos libros sobre el arte de escribir, vidas de escritores y observaciones críticas de Johnson, de Pope, de Byron, de Stevenson, y las de Alfonso Reyes sobre sus traducciones». BORGES: «Estuve pensando en eso que me dijiste: que si alguien quería estudiar algo buscaba un profesor o se inscribía en un curso. Es por pereza». BIOY: «Como las personas que quieren escribir sobre nosotros un libro que les dictamos». BORGES: «Hoy nadie piensa que puede estudiar en una biblioteca. Si quieren conocer a un autor, no leen sus libros: tratan de conseguir su bibliografía».

BIOY: «Para la amistad entre dos escritores conviene que ambos aprueben los libros del otro». BORGES: «No que aprueben: que se resignen a».

Sábado, 20 de marzo. Come en casa Borges, que está de muy buen humor.

Miércoles, 24 de marzo. Come en casa Borges. Le digo que las mujeres, en su relación con nosotros, pasan por tres etapas: una primera de paz y alegría; una segunda, en que nos toman de aliados, para una amarga belicosidad contra terceros; una última, y a veces interminable, de amarga belicosidad contra nosotros.

Sábado, 27 de marzo. Comen en casa Borges, llegado de Córdoba, y Osvaldo Ferrari. Después de comer llega Gloria Blanco: merece la simpatía de Borges porque recita «Aulo Gelio» de Capdevila.

Borges fue a Cosquín, Córdoba, acompañado por Alifano, a dar una conferencia sobre Lugones y otra sobre poesía japonesa. Quisieron mostrarle una casa donde había vivido Arlt. BORGES: «“Yo lo conocí a ese compadre”, expliqué, y no insistieron. Tampoco quise ver una casa donde vivió Hugo Wast: les dije que tenía un aspecto mezquino, de prestamista».

BORGES: «Con Alifano me pasa algo muy incómodo. Cuatro o cinco veces, en el transcurso de este viaje, me preguntó, con ligerísimas variantes: “¿No le parece que Lovecraft tenía imaginación, no sabía escribir y admiraba demasiado sus invenciones?”. Finalmente, tuve que responderle: “¿Cómo no voy a estar de acuerdo con ese juicio si yo se lo dije hoy a la mañana, cuando salimos de casa?”».

Cuenta Borges que un día, en el veintitantos, Mallea y Erro caminaban por el centro de Buenos Aires. De pronto Mallea se vio reflejado en una vidriera y exclamó tristemente: «Soy un mulato». En un instante había tenido la revelación. Aclara BORGES: «Era un muchacho paquete, de mucho éxito con las mujeres».

BORGES: «¿Sabés a qué mujeres admira María? A Medea y a Lady Macbeth. Y ¿a qué personajes de la Historia argentina? A Rosas y a Quiroga. Tal vez debería dejarla, pero sé que me dejaría crying for the Carolines[2016] Estoy siempre deseando estar con ella y, cuando estamos juntos, deseo que pase el tiempo de una vez y se vaya».

Martes, 30 de marzo. Come en casa Borges. Me dice: «Te traje un libro de un poeta joven y otro de un poeta viejo». Me da libros de Byron (Complete Poetry) y de Quevedo (antología de Jorge Luis Borges).

Viernes, 21 de mayo. Come en casa Borges. Me cuenta que en San Francisco (Estados Unidos) dio un paseo en globo con María Kodama. Dice: «Es un país de gente aventurera. Los argentinos son más stay-at-home».

Sábado, 22 de mayo. Come en casa Borges. Cuenta que alguna vez se pensó en que la Tota Atucha podría convertirse en mecenas de Xul Solar. Amigos comunes los reunieron y la Tota creyó necesario dirigir algunas preguntas a su probable protegido. Éste contestó: «No sabo», y la posibilidad del mecenazgo quedó descartada.

Sábado, 5 de junio. Come en casa Borges. Hoy lo encuentro particularmente bien. Camina solo, sin que haya que tomarlo del brazo. Habló con un médico, que le dijo: «Ya que sus parastesias, males de la circulación, no tienen remedio, le aconsejo un paliativo: un poco de vino en las comidas y un cognac por la mañana». BORGES: «Espero que esto no sea el comienzo de un alcoholismo crepuscular».

Volvió del homenaje a Mastronardi, en Gualeguay (Borges es muy leal, sobre todo cumplido, con los muertos), convencido de que el carácter más permanente de la poesía de Mastronardi es la mediocridad. BORGES: «Se habló mucho del rigor, de la palabra justa. Todo es casual en esos versos. Casual y, frecuentemente, poco afortunado». Dice que el padre de Mastronardi era agrimensor y que estaba peleado con la madre: «Esa discordia, que abarcaba las dos familias, Mastronardi y Negri, marcó desde la niñez a Carlos. Éste se inclinaba por el padre, con quien hacían excursiones en bote, entre las islas del Paraná». En la conversación de la gente que estaba en el homenaje se habló mucho de las dos familias locales: los Lelones y los Parachú. Este último nombre le pareció a Borges particularmente feo; en cuanto al primero, su grafía es Lelong (allá a los Lelong llaman los Lelones, diría un labdacista).

Opina que Indalecio es un nombre horrible y que también lo es Olegario, que sugiere a un negro.

Sábado, 14 de agosto. Visita de Borges y de Hermes Villordo, y fotógrafos, para fotografías de y reportaje a Bustos Domecq sobre Bustos Domecq[2017]. Borges, muy amistoso, come en casa.

Sábado, 28 de agosto. Comen en casa Borges y Daniel Bengoa. Ya encaminado el país a elecciones, Borges cambia de actitud en política. No insiste tanto en su odio contra el gobierno. «Las elecciones son lo peor de todo —asegura—. Si lo único que puede evitarlas es el golpe de Estado, que venga el golpe de Estado. Las elecciones son la vuelta del peronismo».

Miércoles, 15 de septiembre. Come en casa Borges. Me trae de regalo una vida de Stevenson.

Sábado, 18 de septiembre. Comen en casa Borges y Ferrari. Borges bien, inteligente y amistoso.

Julia Prilutzki Farny de Zinny aseguraba que en el trato con inferiores sus antepasados empleaban únicamente el lenguaje del látigo. Borges le preguntó si eran cocheros.

Sábado, 16 de octubre. Comen en casa Borges, que acaba de llegar de los Estados Unidos y de Islandia, y Noemí Ulla. En Islandia, Borges conoció a un sacerdote de Odín y de Thor y voló por islas volcánicas en una avioneta «del tamaño de un sulky».

Sábado, 23 de octubre. Con Grillo della Paolera vamos a la comida, en la residencia del embajador de Alemania, en la calle Haedo, en Vicente López, en honor de Borges, que mañana viaja a Alemania. El embajador impone su personalidad en el renglón vinos y nos obliga a probar. ¡Borges y yo como catadores de vinos blancos!

Pregunto a Borges si María lo acompañará en su viaje a Alemania. «Sí —contesta—. Me dijo que hará este último sacrificio». Después de decir que si tuviera coraje rompería, reconoce que María es lo mejor, lo único que le ha pasado en la vida y que a su lado fue muy feliz: «Todavía nos conmovemos por las mismas cosas… Por ejemplo, la tarde en que hablamos con el sacerdote de Thor, en Islandia, estaba tan conmovida como yo».

Martes, 23 de noviembre. Borges, de regreso de Alemania, Ginebra y Nueva York, come en casa.

Miércoles, 8 de diciembre. Comen en casa Borges y Ferrari. BORGES: «María veta a Alifano. Me va a dejar solo».

Lunes, 13 de diciembre. Come en casa Borges. Dice que Ferrari le leyó entero su libro de poemas. Borges comenta: «Un verso con la palabra óbice era el que más le gustaba».

Me refiere un sueño. Iba conmigo por una especie de túnel, de paredes rústicas. Yo era muy bajo, casi un niño. Él estaba un poco asustado, porque el túnel parecía prolongarse infinitamente. Como si adivinara su preocupación yo le decía: «Ahora vamos a encontrar la salida. Una puerta, a la derecha». Borges veía la puerta y decía: «Está a la izquierda». Yo le contestaba: «Entonces estamos en un sueño».

Domingo, 19 de diciembre. Come en casa Noemí Ulla. Tocan el timbre. Creo que es Marta: es Borges con María. Señalando a Noemí, Borges me dice: «It must be a quartet, not a quintet. Send her away». Algo desagradable. Cuando quedamos solos, María, tiesa, dice que Beatriz Guido dijo que Silvina y yo decíamos de ella… «¿Cómo lo sabe?». «Borges me lo dijo». Digo que no y nada más. Según Silvina, mi silencio decía mi desaprobación. Antes de irse, Borges pide disculpas.

Lunes, 20 de diciembre. Comen en casa Borges y Daniel Balderston.

Miércoles, 22 de diciembre. En la Universidad de Belgrano, Borges y Noemí Ulla hablan sobre Conversaciones con Silvina Ocampo. Ulla dice que es difícil interpretar a Silvina porque su sintaxis es de quien aprendió el español tardíamente, después del francés y del inglés. Creo que esto es falso —no así de Victoria— y poco flattering. Después, comen en casa.

Viernes, 24 de diciembre. Come en casa Borges. A la una se lo lleva un señor cuyo hijo es condiscípulo de Manuel, el hijo de Fanny, la cocinera.

Viernes, 31 de diciembre. Comen en casa Borges y Daniel Tinayre (h.).


Lunes, 31 de enero. Come en casa Borges, de regreso de Europa. Según él, todo el mundo en Francia abomina de Mitterrand: afirman que es un hipócrita y nadie reconoce haberlo votado. Dice que fueron allá muy amistosos con él. En cuanto a la comida, sostiene que no es para tanto. En este punto disiento. Dice que hoy tuvo mucha fiebre. Tose todo el tiempo.

Parece que le dijo a Carmen Domecq que él no comprendía por qué ella y yo éramos tan partidarios de los bearneses, que nunca se lucieron por la inteligencia. Carmen no le perdona la declaración y no entiende cómo yo, que tanto quiero a los bearneses, no me doy por ofendido.

Miércoles, 16 de febrero. En Tiempo Argentino salió estos días un reportaje a Elsa Astete, la mujer de Borges: es amistoso, generoso y está bien escrito (¿por quién?, cabe preguntarse; por ella, ciertamente, no). Abunda en inexactitudes, pero no adversas, sino al contrario. Le digo a Borges: «Es una dama». Contesta: «Sí, como solía decirse, aun de hombres, y con elogio de su corrección y fineza. Mi abuelo decía: “Es una dama” de Yrigoyen. A nadie, en aquella época, se le ocurría pensar en sugerencias indebidas».

BORGES: «Siempre oí la expresión “it is not my cup of tea” y solamente ahora advierto lo delicada que es. “It is not my glass of stout… of negus… of bock”, “it is not my Yorkshire pudding”, y aun “it is not my cup of coffee” serían formas más groseras». BIOY: «Peor sería: “no es mi taza de café con leche”».

Le pregunto si había oído la expresión non calentarum. Me dice que no. En cuanto al latín empleado en ella, declara: «No es latín. Ni siquiera es lo que los ingleses llaman dog latin, y los franceses, latin de cuisine».

Martes, 15 de marzo. Come en casa Di Giovanni. Cuenta que, cuando le preguntó si había dicho algo al recibir la Legión de Honor, Borges respondió: «Nothing but a simple epigram: “Merci, Monsieur le Présidenf”.

Lunes, 21 de marzo. Come en casa Borges. Firmamos contratos para Crónicas en griego y para Nuevos cuentos de Bustos Domecq de Laffont[2018].

Claude Hornos contó a Borges este cuento, en la seguridad de que lo conocía (Borges no lo conocía). Jorge, el padre de Borges, cegatón y mujeriego, sigue por las calles de Ginebra a una mujer. Por último ésta se vuelve y le dice: “Jorge ¿Ni siquiera a mí me vas a dejar tranquila?”. Era Leonor, la madre de Borges. Borges comenta: “Éste debe de ser un viejo cuento del siglo XVIII, que se aplica a cualquiera que sea cegatón y mujeriego”. Admite, asimismo, que pueda haber ocurrido entre su padre y su madre.

Le cuento historias sobre Hardy y su temor de que se conociera la humildad de sus orígenes. BORGES: “Qué suerte que no me guste Hardy. Leí Tess of the d’Urbervilles y Jude the Obscure: me parecieron muy malas. A Madre le gustaban esas novelas. De Conrad también se cuentan cosas bastante horribles”.

Viernes, 1.º de abril. Hablo con Borges. Se va, por seis semanas, a los Estados Unidos, con María Kodama.

Viernes, 20 de mayo. Come en casa Borges.

Domingo, 29 de mayo. Llaman para preguntar si Borges aceptaría un premio de no sé qué instituto de una universidad norteamericana, por Creative Writing. Llamo a Borges. Comentamos. La conclusión que le propongo: “El universo es un mecanismo ridículo”.

Lunes, 20 de junio. Conversación telefónica con Borges. Me dice que aceptó dar una conferencia sobre la Cábala. Se puso a leer un poco y le pareció evidente que era una sarta de disparates: “¿Qué me decís que de cada persona haya una serie de ideas platónicas, que corresponden a su cara, a su gloria, a sus pudenda, etcétera?”. Más adelante leyó: “Las estrellas guardan misterios profundos que el vulgo no penetra”. Comenta: “Misterios profundos es el lenguaje de la charlatanería”. Se ríe de haber tomado muchas veces en serio la Cábala. “Menos mal que antes de morir me desengaño —concluye—. Todo, las preferencias, las lealtades, todo ha de ser sueños dogmáticos”.

Refiere el siguiente diálogo entre dos desconocidos: “¿Cómo se llama usted?”. “Juan Pérez”. “Hace bien”.

Viernes, 19 de agosto. A las doce de la noche, visita de Borges: escribimos la carta de aceptación del Premio T. S. Eliot for Creative Writing, dirigida al Rodford Institute. La firma.

Sábado, 17 de septiembre. Comen en casa Borges, Roberto Gerosa y Daniel Tinayre (h.). Borges estuvo en Atenas y en Estambul. Observa: “Allá dicen Istámbul; la palabra tiene algo que ver con el Islam”. Consultamos enciclopedias y comprobamos que es una corrupción del griego Stinpoli, “en la ciudad”. BORGES: “Un poeta turco inventó una buena metáfora para la erección. Por lo menos en la traducción inglesa me pareció bien. Upright blood: sangre erguida. Está bien, es breve”. BIOY: “To the point”. BORGES: Sí to the point. No es fácil inventar nuevas metáforas para cosas tan viejas».

Lunes, 19 de septiembre. Come en casa Borges. Dice: «Al igual de Menéndez y Pelayo, Calixto Oyuela tuvo una vida muy licenciosa. Ponía en la vida lo que faltaba a sus poemas. Oyuela y Rafael Obligado recibieron muy bien —con la generosa aprobación que merecía— a Rubén Darío, que barrería con la poesía de ambos. Rubén Darío debía de ser muy simpático. Por ser el padre del modernismo, por haber influido en tantos escritores, es un gran poeta. Probablemente sea bastante mediocre, un payador quizá. Un señor que se entusiasma con el general Mitre, con el Centenario… Peor es Maples Arce, el fundador del estridentismo. ¿Qué incómodo, no? Su libro se titula Andamios interiores. Debía de estar muy enfermo. En cualquier momento se daría un porrazo… Los que no dejaron discípulos tienen peor suerte en la fama. ¿Quién se acuerda de Capdevila? El mismo Banchs va a ser olvidado…». BIOY: «Con justicia».

Hablamos sobre el ripio. BORGES: «Toda rima es un ripio. Cuando sale bien, el ripio se nota menos». BIOY: «Creo que es la más justificada censura que uno puede hacer de la poesía rimada». BORGES: «En caso de poetas muy malos, como Godel, las dos rimas son ripios». BIOY: «Yo aconsejaría: si tiene que echar mano de un ripio, ponga en primer término el verso que lo lleva. Se nota menos; si no, el lector dice: “Lo puso para rimar con…”. Por ejemplo, la palabra coy, que por lo rara suena a ripio». BORGES: «Se acepta en versos de Valle-Inclán:

¡Qué triste el oso se espereza

sobre las pajas de su coy!

¡Cuando bosteza,

recuerda al conde de Tolstoi[2019]!

Aunque Tolstoi no parece un oso, ahí el nombre no suena a ripio, tal vez porque Tolstoi era ruso, corpulento y barbudo. El oso está asociado a Rusia». BIOY: «Estaba pensando ahora que el uso de sinónimos introduce el ripio en la prosa». BORGES: «Bueno, está el sentido literal de la palabra ripio. Residuo de algo, resto de ladrillos o piedras que se usan para rellenar un hueco». BIOY: «Para mí, agregaría, la idea de algo áspero, con lo que se tropieza». BORGES: «A lo mejor, ripio es una palabra difícil de manejar en un poema, sin recurrir a un ripio». BIOY: «Propondría:

Musa fiel, desde un principio,

al asíndenton y al ripio».

BORGES: «Estás pensando en poetisas». Agrega: «Cuando se rima dos verbos en aba o en ta no se nota el ripio: son palabras tan corrientes, en español, que se aceptan como inevitables».

Me dice: «En junio, cuando iba a Santander, se me ocurrió que Santander sería San Andrés. Allá me lo confirmaron. La ceremonia del premio fue muy agradable. Qué raro. Estuve por no ir. Imaginé que iba a ser una ceremonia espantosa. Casi nunca los hechos se parecen a nuestras previsiones. Me sentí muy bien, me conmoví mucho. Me sentí entre amigos». BIOY: «Lo que corresponde: los amigos de Santander, según la tradición de los que le regalan los libros a Menéndez y Pelayo». BORGES: «Qué extraño: nadie admite esos dos poemas. Cuando les dije que los admiraba, se ofendieron, porque pensaban que lo hacía para negar el mérito del resto de la obra».

Recito:

Horacio, ¿lo creerás?, graves doctores

afirman que los hórridos cantares

que alegran al sicambro y al escita,

o al germano tenaz y nebuloso,

oscurecen tus obras inmortales

labradas por las manos de las Gracias,

cual por diestro cincel mármol de Paros[2020]

BORGES: «En ese último verso la musa no estuvo a su lado». BIOY: «Pero en seguida vuelve:

Allá arrastren sus ondas imperiales

el Danubio y el Rin antes vencidos.

Yo prefiero las plácidas corrientes

del Tíber, del Cefiso, del Eurotas…

Una vez le dije a una chica:

Horacio, ¿lo creerás?, graves doctores

Horacio, ¿lo creerás?, graves doctores

y me preguntó: “Horacio, ¿qué?”. “Bueno, Flaco, desde luego”, pero ella esperaba oír algún apellido más contemporáneo y argentino».

Comentamos el aviso de los cigarrillos Camel: «Between two loves», un hombre entre un atado de cigarrillos y una muchacha. Dice Borges que la elección es clara y riendo cita la letra de un tango:

Tras la batalla

en que el amor estalla,

un cigarrillo

es siempre un descansillo[2021]

Le divierte la idea de un tango que incluye la palabra, tan ajena a su ambiente, descansillo.

Anteayer, Drago me dijo por teléfono: «Leí con asombro un reportaje que le hacen a Borges en la revista El Porteño. Cuando le preguntan si para no sé qué declaración no se te podría pedir la firma, contesta: “Bueno, ese hombre es tímido, ¿no?”»[2022]. Indudablemente la respuesta no parece cargada de afecto. Como me dijo Silvina, habrá que ver cómo fueron exactamente sus palabras. Mejor no ver y dejar abierta la posibilidad de que el periodista no sea fidedigno. Hoy encontré a Borges igual a siempre, o casi. Cuando le pregunté cómo le iba en su vida, me contestó: «Muy bien» y se calló. La circunstancia de que no se internara en confidencias, como era usual, parece indicativa de una nueva actitud. Es triste, si vemos la vida como un cuento, que una amistad como la nuestra se quiebre en los últimos tramos. Pero si mañana o pasado formula un juicio hiriente sobre mí, encontraré otra de esas diferencias entre él y yo que los periodistas me piden que señale, cuando preguntan: «A ver Bioy, señálenos afinidades y diferencias entre usted y Borges». No creo que yo sea un dechado de perfecciones, pero yo no puedo hablar mal de algunas personas: mis padres, Drago, Borges. Mejor dicho: puedo analizar el carácter de cualquiera y señalar defectos; pero tratando de esas personas, me daría un poco de malestar hacerlo para agredirlas, o para vengarme, o para ridiculizarlas. No hay duda de que Borges es más agresivo que yo. En cuanto al coraje, yo, que aborrezco la muerte, fui a mis operaciones quirúrgicas sin que nadie tuviera que confortarme. No puedo decir lo mismo de Borges: aunque en declaraciones, en conversaciones conmigo, se declare deseoso de una rápida muerte, casi diría que a causa del miedo perdía el juicio. Había que tenerlo de la mano. Tal vez los hombres tengamos diferentes clases de corajes y de cobardías, como uno que padece de vértigo a lo mejor no se asusta si lo llevan rápidamente en un automóvil. Yo no tuve miedo en la posibilidad de un naufragio, en alta mar, ni ante cada una de las operaciones quirúrgicas que padecí (amígdalas, en 1949; tiroides y próstata, en 1978), ni de montar un potro… Quizá la imaginación me contraiga ante la posibilidad de que me lleven preso. La hostilidad debe de asustarme. Ni siquiera el maltrato: la hostilidad. Fui un boxeador valiente.

Viernes, 4 de noviembre. Borges llegó de los Estados Unidos.

Lunes, 7 de noviembre. Conversación telefónica con Borges.

Jueves, 17 de noviembre. Conversación telefónica con Borges. Dice: «Girri, un escritor famoso a pesar de su obra. Su poesía es una poesía que uno olvida, a medida que lee».

Lunes, 28 de noviembre. A las once de la mañana, en el Hotel Panamericano, reunión de escritores con Alfonsín. Están Borges (muy bien), María Elena Walsh, Beatriz Guido, etcétera. Almuerza Borges en casa.

Sábado, 31 de diciembre. Me entero de que Borges volvió hoy de los Estados Unidos.


Domingo, 1.º de enero. Borges, que llegó ayer de los Estados Unidos, me dice: «Fui a una comida que daba una señora que había empezado su vida haciendo strip tease y que ahora es una respetada dueña de casa. Como era una comida horrible mexicana, me explicaron: “Los que sirven son real Spaniards”. En Buenos Aires no hubiera sido tan raro. Ni tan exótico. Tampoco en España. En una fiesta del Centenario, una señora le dijo a Madre: “¿Sabés, Leonorcita? Estuve con la Infanta [Isabel]. ¡Habla como una gallega!”. Madre dijo: “¡No puede ser!”. Todas esas señoras estaban atónitas»[2023]. De las elecciones y del triunfo de Alfonsín, le comentaron: «Qué suerte que ganó ese man with the funny name».

BORGES: «Parece que para Graves el único poeta norteamericano es Frost, lo que es muy injusto, pero tal vez pruebe que no piensa históricamente, como todo el mundo ahora, sino estéticamente».

En la casa Dutton le dijeron que están hartos de Di Giovanni y de Balderston: «Esos dos no piensan en otra cosa que en moverse el piso mutuamente». También le confesaron que estaban un tanto perplejos con Evaristo Carriego, que había traducido Di Giovanni[2024]: «Creían que era una novela. Cuando les aseguré que Carriego había sido un poeta argentino, me miraron con alguna desconfianza. Madre siempre me decía: “Sólo a vos se te ocurre escribir un libro sobre Carriego”. “Era vecino nuestro”. “No es bastante.”».

Sábado, 7 de enero. Comen en casa Borges y Di Giovanni. Firmamos contratos con Dutton y autorizaciones a la Sudamericana. Borges dice que no acaba de descansar de su viaje.

Lunes, 13 de febrero. Últimas noticias de Borges y María, comunicadas por Fanny a Silvina: Borges ya no ve a nadie: no solamente a nosotros, tampoco a Noemí Ulla ni a Alifano. A la mañana recibe a periodistas et alii. Después almuerza y toma una siesta. Después llega María, trabajan y comen juntos, no le deja tiempo para ver a nadie. Fanny concluye: «Que es lo que realmente quiere: que no vea a nadie más que a ella». Si esto fuera cierto, no sería tan raro: conozco varios amigos que pasaron por algo parecido. La propia Silvina, si pudiera, haría lo mismo conmigo.

Sobre Borges y su ex mujer Elsa, alguien me cuenta que, recién casados, estaban en los Estados Unidos, creo que en Harvard, donde las autoridades de la Universidad los alojaron en una casita. Era invierno. Una noche, en un agasajo a Borges, Elsa se fastidió (la irritaban esos homenajes no dirigidos a ella) y volvió sola a casa. Cuando Borges llegó, más tarde, para castigarlo, Elsa no le abrió la puerta. Nevaba, hacía mucho frío. Creo que Borges se fue a dormir a casa de un argentino, profesor de astronomía. Este profesor fue de las primeras personas que le oyó confidencias sobre su matrimonio y que le dijo que debía separarse.

Miércoles, 7 de marzo. Veo a Borges en la televisión, en diálogo con Antonio Carrizo. Desafía a Carrizo a recordar un buen verso de Neruda. También censura a Quiroga, a Arlt, a la Mistral. Dice que la mayor parte de los argumentos de Bustos Domecq son de él y la mayor parte de las frases mías. No es del todo exacto en cuanto a los argumentos (sobre todo después de Seis problemas), pero es demasiado inexacto (por generosidad) en cuanto a las frases. Yo creo que son mitades y mitades de ambos.

Sábado, 14 de julio. Conversación con Borges por teléfono, muy afectuoso: irá a España, al Congreso al que invita el Conde de Sevilla. Después, nos encontramos en la Embajada Francesa. Noto que, cuando está junto a María, es menos cordial conmigo.

Septiembre. En Madrid se le acerca alguien a Borges y le dice: «Borges, soy Gerardo». Borges no contesta. El otro insiste: «Soy Gerardo Diego». Borges entonces pregunta: «¿Es Gerardo o es Diego?».

BORGES: «Se puede escribir bien, mal o Cócaro».

Sábado, 17 de noviembre. Por la mañana, hablo por teléfono con Borges. BORGES: «Senghor me dijo que todo el mundo sabe que Ramsés era negro. Yo creo que nadie sabe. Es racista al revés. Dice que en sus orígenes la poesía era oral, lo que está bien. Y que en el Senegal sigue siéndolo. Ve esto como un mérito: es más bien un defecto. Hay que ser modesto en cuanto a la importancia de la poesía oral. Senghor dice que hay dos grandes revoluciones en la filosofía: Descartes y Bergson. Brinca por encima de Spinoza, Berkeley, Hume, Kant, Schopenhauer. Los omite. No me parece muy serio, para un graduado en Oxford. Me dijo que los coros de la tragedia griega serían poesía oral, “como la que se hace hoy en Senegal”».

Cuando trabajábamos juntos, Borges insistía en que confirmáramos, cotejáramos, las citas, por seguros que estuviéramos. Cuánta razón tenía. Me llega la traducción francesa de Nuevos cuentos de Bustos Domecq. En una nota se dice que Silvia Ocampo, directora de la revista Sur, nos invitó a su casa, para que nos conociéramos[2025].


Miércoles, 30 de enero. Come en casa Borges. Conversamos gratamente.

BIOY: «Deberíamos concluir la traducción de Macbeth». BORGES: «Es claro. ¿Qué dificultad presenta? Ninguna. Tener un poco de oído para los endecasílabos. Hoy nadie tiene oído. Nadie reconoce un octosílabo: son como Paredes, que confundía endecasílabos con octosílabos defectuosos. Por mala que sea nuestra traducción, será mejor que la de Hamlet, de Gide». Dijo también que hoy nadie escribe en una prosa gramatical o coloquialmente aceptable.

Domingo, 17 de febrero. Murió Beppo, el gato de Borges. Según Fanny, la cocinera, al morir no maulló sino que exclamó: «¡Ay!».

Según Borges, en la Biblioteca Nacional había un empleado que dijo: «Si yo veo a un gaucho, en un caballo degenerado, lo bajo de un balazo». Por caballo degenerado, ese hombre entendía un pelo proveniente de cruzas, más precisamente un overo rosado[2026].

Sábado, 23 de febrero. Contra lo prometido, Borges no vino a comer.

Domingo 31 de marzo. Borges, en su prólogo, en la plaquette de mi cuento Los afanes[2027], dice que suelo leer la «Epístola a Horacio» y demorarme en algún verso, como

La náyade en el agua de la fuente.

La náyade en el agua de la fuente.

Por teléfono me dice que leyó en no sé qué edición:

La náyade en las aguas de la fuente

La náyade en las aguas de la fuente

y comenta: “Qué raro, que estando tan cerca de un verso limpio, líquido, lo entorpeciera con eses plurales”. “Que sugiere eufemismos desagradables”, observo. Después consulto en la edición de Horacio en España de la “Colección de Escritores Castellanos” (Madrid: Imprenta de A. Pérez Dubrull, 1885), donde leo:

La náyade en las ondas de la fuente.

La náyade en las ondas de la fuente.

Le comunico la mala noticia a Borges, que me dice: «Qué horrible; pero no importa: en algunas partes, gracias a nuestras citas erróneas, está la buena lección. Por algo un inglés me dijo: “No hay que verificar las citas”». Agrega finalmente: «La versión que te di la otra vez, con aguas en plural, no la inventé. Estoy seguro de que figura en otras ediciones». Releyendo la Epístola encuentro motivos para creer que ese ondas debió de ser provisorio: dos líneas antes del verso en cuestión, leo:

En las ondas de Adria la tormenta.

En las ondas de Adria la tormenta.

Demasiadas ondas y muy cercanas, habrá pensado Menéndez y Pelayo. No me equivocaba. En la página 19 de las Odas, Epístolas y Tragedias, de la edición de Obras completas (Madrid: Viuda e hijos de M. Tello, 1906), leo:

La náyade en las aguas de la fuente.

La náyade en las aguas de la fuente.

Ahora se me ocurre que la segunda ondas de la edición de 1885 bien puede ser un descuido del impresor.

Domingo, 21 de abril. En un reportaje a Borges, el periodista escribe, sin duda comentando palabras dichas en la entrevista, que “hace muchos años, más de cincuenta, cuando Jorge —Georgie— y Bioy Casares —Adolfito— eran dos adolescentes, ambos tenían por costumbre enamorarse perdidamente al mejor estilo de Dante”. En cuanto a que yo me enamorara “perdidamente al estilo de Dante”, nadie pudo saberlo, porque con nadie he hablado de mis amores. Borges muchas veces me confió los suyos y me consultó sobre la conducta a seguir; yo a él, nunca (ni a él ni a nadie). No por ser más duro, soberbio o viril, sino porque de chico (antes de conocer a Borges) yo era supersticioso: hablaba de mis amores, me iba mal en ellos y atribuía mis fracasos a la circunstancia de haberlos contado.

Sábado, 4 de mayo. Borges se va hoy a California. Hizo el prólogo para Silvina[2028]. La felicita.

Viernes, 31 de mayo. Llueve en Buenos Aires y alrededores una cantidad de agua inagotable: doscientos milímetros, entre anoche y hoy. Inundaciones, muertos, miles de evacuados. Quisiera averiguar cuándo fue la que se describe en el Libro extraño del doctor Sicardi[2029], pero, fuera de él y de mí, ¿quién se acuerda del Libro extraño?».

Sábado, 22 de junio. Come en casa Borges. Dice: «Tanto viajar me está deshaciendo». Se va mañana a Pennsylvania. Le pago su parte de los derechos japoneses de Cuentos breves y extraordinarios[2030]

Cuando un chico cae, se le dice: «Compraste el terreno». El propósito, quizá, es no darle importancia al golpe, y hasta dar la ilusión de una ganancia, para que el chico no llore. Borges comenta: «El idioma es sabio». Dice que los chicos muchas veces creen que dos o tres palabras son una sola. BIOY: «Cuando era chico, al oír “Serán dados” (los recuerdos, los saludos), creía que serandados era una palabra cuyo significado ignoraba. También establecía preferencias —simpatías y diferencias— en todo grupo de cosas. Entre los tranvías de Buenos Aires, por ejemplo, prefería los Lacroze, largos y verdes, a los del Anglo-Argentino, rojos y amarillos. Entre los tranvías que pasaban frente a casa (todos del Anglo), prefería el 15 (los otros eran el 10, insípido, y el 38, complicado, gordo, no bueno). Otros tranvías por los que me sentía inclinación simpática: el 11 y el 17. La chica del 17, un pasodoble con espagnolades, tonto y pícaro, me gustaba mucho, porque asociaba una chica, lo que más me atraía, al 17, mi número predilecto».

Miércoles, 10 de julio. Llamo a Borges, para que firme un manifiesto, pidiendo que la SADE no se convierta en el intermediario obligatorio entre los autores y los editores. Me dice que, aconsejado por Ben Molar, ya firmó en favor de la iniciativa de la SADE.

Jueves, 11 de julio. Borges me dice que cometer errores es perdonable; no retractarse, no. Llamó a la SADE, para que retiraran su firma en apoyo al proyecto, y me pide que incluya su firma en el proyecto opuesto.

Domingo, 8 de septiembre. Llamado de Ferrari, que me dice que Borges estuvo mal esta mañana. A la noche llama Silvina y le dicen que Borges está mejor.

Viernes, 13 de septiembre. Ferrari me dijo por la mañana que Borges había recaído. Fanny, por la noche, lo niega y afirma que está mejor, pero cansado y no animoso.

Lunes, 23 de septiembre. En Uriarte 2472, con Alberto Benegas Lynch (h.) y Borges, en un acto en la ESEADE, un centro de estudios de liberales. Borges contesta preguntas absurdas, estereotipadas, etcétera.

Sábado, 28 de septiembre. Visita de Borges: con excelente aspecto. Firma del contrato de Los orilleros y El paraíso de los creyentes para traducción italiana.

Domingo, 6 de octubre. Por la mañana, hablo por teléfono con Borges.

Martes, 8 de octubre. Por la tarde, voy a la librería de Alberto Casares, donde el librero José Gilardoni ha preparado una exposición de primeras ediciones de mis obras. Un bibliófilo me dice: «Yo tengo un documento que le va a interesar. Le voy a mandar una fotocopia. Una carta de su padre a Oliverio Girondo preguntándole qué tal es un muchacho Borges que está corrompiendo a Adolfito». Más que interesarme, me molesta esa comunicación. No me gusta sorprender póstumamente a mi padre en una acción que él no previo que yo conocería. Además, me desagrada encontrar a mi padre cometiendo errores que la posteridad muestra como crasos, pero que en su momento no eran tan evidentes. Por cierto, la corrupción de que se habla en esa carta que no vi debe de ser la de apartarme de la senda del buen estudiante, que regularmente da buenos exámenes y los aprueba. Evidentemente Borges, con su sola presencia de interlocutor, me dio más coraje para interrumpir el estudio de disciplinas que me apartaran de mi vocación. La vocación ya estaba en mí: había publicado un libro, había dejado por lo menos una novela de más de quinientas páginas inconclusa, escribía diariamente y leía con voracidad. En esos años seguía escribiendo libros, que fueron mi aprendizaje, leyendo mucho más que casi todas las personas que conozco, teniendo amores con Silvina, trabajando en el campo, jugando al tenis, escribiendo La invención de Morel.

Lunes, 25 de noviembre. Llamo a Borges, para preguntarle los whereabouts de Cecilia Ingenieros (hoy viuda) y el origen de la frase «Los muertos que vos matáis, gozan de buena salud»[2031]. No sabe y me pregunta de dónde es la frase «valle de lágrimas»[2032], según él rara, porque más lógico o previsible hubiera sido río de lágrimas. Me dice que no está bien y que espera resultados, de radiografías y análisis que no prometen nada bueno.

Buscando la frase «valle de lágrimas», en vano consulto el Brewer’s; pensando que sea de la Biblia, la busco en Cruden, sin encontrarla[2033]. Consulto a Silvina, que me dice que «es de una oración». Después de un rato, recuerda: «Dios te salve, Reina y Madre de misericordia; vida, dulzura y esperanza nuestra: Dios te salve. A ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas».

Martes, 26 de noviembre. Hablo con Borges, que se va y dice: «No estoy bien». Hablo con Alberto Casares, que mañana inaugura en su librería una exposición de primeras ediciones de Borges.

Miércoles, 27 de noviembre. Llama Pancho Murature, para que lleve esta tarde a Borges a lo de Alberto Casares[2034]. Le digo: «Borges vuela a Italia». Llama Casares: «Borges se quedó y viene a la librería». Por la tarde, voy a la librería. Borges está de buen aspecto. Me cuenta que cuando Talleyrand moría, se quejaba: «Quel tourment». El rey, a su lado, preguntó: «Déjà?».

Lo llevan a las ocho y media.


Viernes, 14 de febrero. Ferrari me dice que está preocupado por la falta absoluta de noticias de Borges. Dice que Fanny también está preocupada. Al rato me confiesa que Fanny le contó que según el nuevo médico Borges está en una clínica, probablemente en Ginebra. El nuevo médico, no sin reticencias, finalmente lo había autorizado a viajar, previniéndole: «El frío de Europa no es nada bueno para usted».

Borges me dijo: «No estoy nada bien. No sé cómo me irá. Tanto da morir en una parte o en otra». A Fanny le habría dicho: «Ojalá que en este viaje me muera». (Sin embargo, últimamente Borges recordaba el proverbio chino que dice: «No hay hombre tan joven que no pueda morir mañana, ni hombre tan viejo que no pueda vivir un año». ¿No es que desea morir? Pienso que proclama eso porque es más fácil expresar el deseo de morir que el deseo de seguir viviendo. Además, el que desea la muerte es un filósofo valiente y que desea seguir viviendo es un mentecato ofuscado y ególatra).

Fanny tiene la intención de hablar con el médico y averiguar el nombre y la dirección de la clínica.

Lunes, 17 de febrero. Ferrari me dice: «Hay noticias de Borges». Mejoró mucho su salud. Aprovechando la mejoría se irán a la India (donde la embajada argentina abre sus oficinas de noche, porque de día el calor es excesivo). Ferrari está considerando la idea de ir a Europa a acompañarlo. Me parece bien, aunque por momentos temo que Borges vea como grotesca la llegada de este redentor.

Jueves, 1.º de mayo. Noticias contradictorias sobre Borges. Dudas sobre si se casó. Alifano, Roy Bartholomew, María Esther Vázquez llaman preguntando por él.

Sábado, 3 de mayo. Me contó Alifano que una vez alguien mencionó a Battistessa, y Borges reflexivamente murmuró: «Ángel Battistessa, que se escuda tras del seudónimo de AngelJ. Battistessa», para concluir, después de una pausa: «La puta que lo parió».

Lunes, 12 de mayo. Hoy hablé con Borges, que está en Ginebra. A eso de las nueve, cuando íbamos a tomar el desayuno, llamó el teléfono. Silvina atendió. Pronto comprendí que hablaba con María Kodama. Silvina le preguntó cuándo volvían; María no contestó a esa pregunta. Silvina habló también con Borges y volvió a preguntar: «¿Cuándo vuelven?». Me dio el teléfono y hablé con María. Le comuniqué noticias de poca importancia sobre derechos de autor (una cortesía, para no hablar de temas patéticos). Me dijo que Borges no estaba muy bien, que oía mal y que le hablara en voz alta. Apareció la voz de Borges y le pregunté cómo estaba. «Regular, nomás», respondió. «Estoy deseando verte», le dije. Con una voz extraña, me contestó: «No voy a volver nunca más». La comunicación se cortó. Silvina me dijo: «Estaba llorando». Creo que sí. Creo que llamó para despedirse.

Sábado, 14 de junio. En la Confitería del Molino me encontré con mi hijo Fabián, al que regalé Un experimento con el tiempo, de Dunne, comprado en el quiosco de Callao y Rivadavia (después de cavilar tanto sobre este encuentro, dar con ese libro me había parecido un buen augurio). Se lo recomendé y le dije que le iba a dar una lista de libros. Después de almorzar en La Biela, con Francis Korn, decidí ir hasta el quiosco de Ayacucho y Alvear, para ver si tenía Un experimento con el tiempo: quería un ejemplar de reserva. Un individuo joven, con cara de pájaro, que después supe que era el autor de un estudio sobre las Eddas que me mandaron hace meses[2035], me saludó y me dijo, como excusándose: «Hoy es un día muy especial». Cuando por segunda vez dijo esa frase le pregunté: «¿Por qué?». «Porque falleció Borges. Esta tarde murió en Ginebra», fueron sus exactas palabras. Seguí mi camino.

Pasé por el quiosco. Fui a otro de Callao y Quintana, sintiendo que eran mis primeros pasos en un mundo sin Borges. Que a pesar de verlo tan poco últimamente yo no había perdido la costumbre de pensar: «Tengo que contarle esto. Esto le va a gustar. Esto le va a parecer una estupidez». Pensé: «Nuestra vida transcurre por corredores entre biombos. Estamos cerca unos de otros, pero incomunicados. Cuando Borges me dijo por teléfono desde Ginebra que no iba a volver y se le quebró la voz y cortó, ¿cómo no entendí que estaba pensando en su muerte? Nunca la creemos tan cercana. La verdad es que actuamos como si fuéramos inmortales. Quizá no pueda uno vivir de otra manera. Irse a morir a una ciudad lejana tal vez no sea tan inexplicable. Cuando me he sentido muy enfermo a veces deseé estar solo: como si la enfermedad y la muerte fueran vergonzosas, algo que uno quiere ocultar».

Martes, 17 de junio. Veo una entrevista de Borges con Antonio Carrizo, por televisión. Me parece estar con Borges vivo. Yo, que no creo en otra vida, pienso que si Borges está en otra vida y yo ahora me pongo a escribir sobre él para los diarios, me preguntará: «Tu quoque?».

Borges, que no admiraba a Guido y Spano, solía recitar con agrado la estrofa de «Nenia»:

¡Por qué, cielos, no morí

cuando me estrechó triunfante

entre sus brazos mi amante,

después de Curupaití!

Domingo, 22 de junio. A veces sospecho que Borges era el autor de cuartetas y frases que atribuía a la tradición oral: al callar la autoría, se mostraba ante sí mismo libre de vanidad y lograba más fácilmente la aceptación de la pieza que proponía: nos resistimos a memorizar los versos del colega o del amigo, pero con gusto recogemos las citas que nos comunica, de otros autores o de la tradición anónima.

En los años cuarenta, al llegar, solía repetir estas palabras, especie de saludo, de un actor de radio, o de varieté: «¿Cómo? ¿No me reconoce? Soy el popular Pancho Staffa». (En este caso, creo que la frase y el personaje no son invenciones de Borges; podrían serlo).

Miércoles, 2 de julio. Busco en la biblioteca un libro cualquiera. Ninguno me parece hospitalario. Tomo por fin un volumen encuadernado, muy viejo: Des tropes ou Des différens sens dans lesquels on peut prendre un meme mot dans une meme langue, de M. du Marsais (París: Imprimerie de Prud’homme, 1811). En la última página descubro una inscripción entre paréntesis, de letra de Borges: «(15 de septiembre de 1939)». Sin duda me dio el librito como regalo de cumpleaños.


Febrero. Las personas que me hablaban acerca de la muerte de Borges en Ginebra, lo hacían polémicamente, a favor de María, o contra María; quizá a favor de la familia o de la cocinera Fanny. Yo, que no quería azuzar inquinas que se entrecruzaban en la posteridad de Borges, más de una vez afirmé: «Borges me dijo que para morir da lo mismo un sitio que otro. Ginebra no era para él un destierro. La recordaba siempre con nostalgias. Y qué lujo: tener un amor, y aun mal de amores, a los ochenta y tantos años». Todo esto es verdad, pero ahora siento que es quizá una verdad un tanto superficial que en esos momentos empleaba para defenderme de personas tan interesadas en la satisfacción de sus aversiones, que parecían no sentir tristeza por la muerte de mi amigo.

Quisiera creer que la muerte de Borges no fue tan desolada como la imagino. Yo quiero entrañablemente a París, pero sin duda preferiría morir en Buenos Aires. Todo puede volverse diabólicamente extraño al enfermo (Silvina, cuando regresó del hospital, no reconocía su casa); de todos modos, parece que las cosas que lo ayudan a sentirse en un ambiente familiar (en la acepción de conocido, de siempre) son favorables. No creo que Borges se haya sentido rodeado de las cosas y de las personas de siempre. Ojalá me equivoque.

Murió en la compañía de María, en la de Bernés y quizá en la de Bianciotti. María era su amor, y esto me llevó a decir: «Volvió a los ochenta años, con su amor, al país de los mejores recuerdos». En realidad, María es una mujer de idiosincrasia extraña; acusaba a Borges por cualquier motivo; lo castigaba con silencios (recuérdese que Borges estaba ciego); lo celaba (se ponía furiosa ante la devoción de los admiradores); se impacientaba con sus lentitudes. Junto a ella vivía temiendo enojarla. Por lo demás, María era una persona de tradiciones distintas a las suyas. Borges alguna vez me dijo: «Uno no puede casarse con alguien que no sabe lo que es un poncho o lo que es el dulce de leche». En lugar de poncho y dulce de leche podemos poner infinidad de otras cosas que jamás compartieron María y Borges. Creo que con María podía sentirse muy solo. A Bernés lo conocía superficialmente, de verlo en mi casa. En cuanto a Bianciotti, fue siempre para Borges un personaje ridículo, vanidoso, afectado, afantochado.

Según Silvina, Borges partió a Ginebra y se casó para mostrarse independiente, como un chico que quiere ser independiente y hace un disparate. Yo agregaría: «Viajó para mostrarse independiente y, de paso, para no contrariar a María».

Lunes, 11 de mayo. Almuerzo en La Biela con Oscar Peyrou (sobrino de mi amigo), que trabaja en España, para la Agencia EFE, y está por unos días en Buenos Aires. Me cuenta que la última vez que estuvo Borges en España, lo llevaron por los corredores del aeropuerto de Barajas, en una silla de ruedas. Los periodistas, los fotógrafos y la gente que lo esperaba, lo rodeaban y le hablaban mientras avanzaba por los largos corredores. En un momento en que ese gentío se apartó un poco, él se acercó a Borges y le dijo quién era. Borges exclamó: «Oscar Peyrou, el sobrino de Manuel», y lo tomó fuertemente de la mano.

Yo pensé: «El nombre Peyrou fue para Borges, en ese momento, entre extraños, un talismán que le evocaba todo el mundo en que había vivido y que ahora se desvanecía».


Bernés me refirió que Borges, unos quince días antes de morir, sintió la presencia de la muerte. Habría dicho: «Ha llegado. Está aquí». Le pregunté si la había descripto. Bernés contestó: «Dijo que era algo externo, rígido y frío».

La Biblioteca Nacional Francesa permitió a Bernés —que dijo: «Borges los pide»— llevarse por unos días los tres volúmenes de la primera edición de Ascasubi. «Cuando salga la edición de La Pléiade yo tendré dos volúmenes así —comentó Borges—. Está bien que Ascasubi tenga tres y yo dos».

Una de las últimas bromas. Bernés mencionó La moneda de oro. Borges corrigió: de hierro. Bernés se mostró disgustado por su error. Borges le dijo: «No se contraríe. Usted hizo lo que la alquimia no pudo».

Hacia el final, Bernés le leyó «Ulrica». Borges comentó: «Soy un escritor». Según Bernés murió diciendo el Padre Nuestro. Lo dijo en anglosajón, en inglés antiguo, en inglés, en francés y en español.

Borges murió en una casa alquilada, cerca de la Grande Rué (tal vez la cruza). Estaba muy contento en esa casa y dijo que le hubiera gustado vivir allí cuando era joven y vivía cerca de la iglesia rusa. La casa no tiene número; la calle no tiene nombre, pero tiene llave, que es también la de la casa.

Bernés grabó a Borges cantando La morocha y otros tangos. Dice que en esa grabación Borges ríe con la risa de siempre.


OBSERVACIONES GENERALES

1. Personas citadas. Asúmase la nacionalidad argentina, salvo indicación en contrario, Si la persona es mencionada por un seudónimo, se preferirá éste, indicándose el nombre entre [].

2. Obras citadas. Sólo se incluyen datos bibliográficos de interés para la comprensión del texto, evitando superposiciones con las notas al pie: esos datos no son completos ni representativos en ningún otro sentido. Asúmase la publicación en Buenos Aires, salvo indicación en contrario. Cuando la publicación sea póstuma, se antepondrá p. a la fecha. Cuando el texto citado sea parte de una obra mayor, ésta se indica entre []. Cuando la obra se cita según un título que no es el original, éste se indica, precedido de un = entre [ ]. Cuando se mencionan ediciones argentinas específicas de obras extranjeras —v.g., las de «El Séptimo Círculo»—, en la entrada se indica, además de los datos de la publicación argentina, el título y fecha de la publicación original. Para las composiciones musicales se indica música (mús.) y letra (l.); para los films, título —si no es el original, se agrega éste, precedido de un = entre []—, país de origen, año de estreno y director.

3. Lugares citados. Asúmase la localización dentro de la ciudad de Buenos Aires, salvo indicación en contrario.

4. Abreviaturas generales: Además de las empleadas para la citación abreviada, se utilizan las siguientes: Arg.: República Argentina; Arg.: argentinismo; b.: barrio; B.: J. L. Borges; BC.: A. Bioy Casares; Bs As: Buenos Aires; cd.: ciudad; ECA: Ediciones Culturales Argentinas; escr.: escritor; est.: estación; FCE: Fondo de Cultura Económica; GBA: Gran Buenos Aires; ing.: inglés; loc.: localidad; lunf: vocablo lunfardo; nort.: norteamericano; pcia.: provincia; pdo.: partido; Sépt. Circ.: El Séptimo Círculo.


ÁBALOS, JORGE W. (1915-79). Escr.: Cuentos con y sin víboras (1942).

ABELLA CAPRILE, MARGARITA (1901-60). Poeta.

ABRAMOWICZ, MAURICE (1901-81). Abogado y político suizo, condiscípulo (1914-7) de B. en Ginebra.

ACCAVALLO, HORACIO (n.1934). Boxeador.

ACEVEDO, LEONOR (1876-1975). Madre de B.

ACEVEDO DÍAZ, EDUARDO (H.) (1882-1959). Escr.: Ramón Hazaña (1932).

ACEVEDO, ISIDORO (1835-1905). Militar, abuelo materno de B.

ACHA, MARIANO (1799-1841). General. Peleó en las guerras civiles, en el bando unitario. Derrotado por los resistas, fue fusilado y decapitado.

ACUÑA, ÁNGEL (1882-1957). Escr. y político.

ADÁN, TÍO. v. DIEHL, ADÁN.

ADEA [Asociación de Escritores Argentinos]. De orientación nacionalista, peronista y católica. Fundada por Arturo Cancela a mediados de los años cuarenta, sesionaba en los altos del Bar Helvetia, en Corrientes y San Martín. Entre sus miembros se contaron L. Marechal, P. de Lusarreta, J. A. Carrizo, A. Brandan Caraffa, N. Olivari y H. Rega Molina.

ADHEMAR. Tienda. En Cangallo (hoy Presidente Perón) y Suipacha.

ADLER, M.ª RAQUEL (1901-74). Poeta: Revelación (1921), De Israel a Cristo (1933), etc.

ADROGUÉ. Loc. del GBA. Los Borges veraneaban allí a principios del siglo pasado, en la quinta La Rosalinda (1907-14) y en el hotel La Delicia.

AGAPITO. Nombre con que se conocía en la Arg. a Larry Semon (1889-1928).

AGOSTI, HÉCTOR P. (1911-84). Ensayista.

AGUA FLORIDA (1928). Tango de R. Collazo (mus.) y F. Silva Valdés (l.).

AGUAS CORRIENTES, PALACIO DE LAS. En Córdoba 1950. Construido en 1887-94, encerraba un tanque recaudador de las aguas corrientes de la ciudad. Las 170.000 piezas de cerámica que lo revisten fueron traídas de Inglaterra.

ÁGUILA, CONFITERÍA DEL. En Florida 102.

AGUIRRE, RAÚL GUSTAVO (1927-83). Poeta.

AGUIRRE LEGARRETA, HORACIO (1903-2004). Diplomático. Ministro de Trabajo del presidente Aramburu (1956).

AGUSTINI, DELMIRA (1886-1914). Poeta uruguaya.

AITA, ANTONIO (1891-1966). Crítico: Algunos aspectos de la literatura argentina (1930), La literatura argentina contemporánea (1931), Expresiones (1933), Indagaciones (1934), Itinerarios (1936), Comentarios (1938), El paisaje y el alma argentina (1938), Analecta (1940). Fue presidente del PEN Club Argentino. B. y BC. lo parodiaron como «el literato de campanillas» Tony Agita [B-BC (1946a)].

ALBAMONTE, LUIS Mª (1911-82). Escr. y periodista.

ALBERDI, JUAN BAUTISTA (1810-84). Jurisconsulto y escr.

ALCORTA, GLORIA (n.1915). Escr. arg., n. en Francia.

ALDAO, MARTÍN (1907-89). Escr.

ALEM, LEANDRO (1842-96). Político.

ALFONSÍN, RAÚL (n.1926). Presidente (1983-9).

ALFONSINA (1957). Film de Kurt Land, con guión de José M.ª Fernández Unsain y Alfredo Ruanova.

ALFONSO, LUIS (1907-85). Lingüista, Secretario de la Academia Argentina de Letras (1956-61).

ALFONSO, LUIS (m.1981). Dueño de la librería La Ciudad.

ALIFANO, ROBERTO (n.1943). Escr. y periodista: Borges; Biografía verbal (1988).

ALMAFUERTE [Pedro B. Palacios] (1854-1917). Poeta.

ALONSO, AMADO (1896-1952). Filólogo español. Vivió en Bs As en 1927-46.

ALSINA, ADOLFO (1829-77). Político. Ministro de Guerra del presidente Avellaneda, derrotó en 1877 a las tribus de Catriel y Pincén, del S. de la pcia. de Bs As.

ALSOGARAY, ALVARO (1913-2005). Ministro de Economía de los presidentes Frondizi y Guido (1962-3).

ALSOGARAY, JULIO RODOLFO (n.1918). General.

ÁLVAREZ, ARTURO ARTURITO JACINTO (1921-2003). Editor diletante y escr. Dirigió y financió la colección «La Perdiz», en la que publicó, en plaquette, los Sonetos del jardín, de Silvina Ocampo (1948); Las vísperas de Fausto, de BC. (1949); La Cruzada de los niños, de Marcel Schwob, con prólogo de B. (1949).

ALVAREZ, JOSÉ SERAFÍN, v. FRAY MOCHO.

ALVAREZ, SOFÍA. Secretaria de Victoria Ocampo.

ALVAREZ DE TOLEDO, LOS. Hermanos: Alberto casado con Teodelina Alvear. Luis H. Casado con Blanca Bombal.

ALVEAR, DORA DE. Hermana de Elvira (q.v.). «[Dora de Alvear] trasnochaba, bebía, manejaba a toda velocidad su costoso automóvil, tuvo un escandaloso romance con su tío, el entonces presidente Marcelo T. de Alvear […]. [Según Mª R. Daly Nelson:] —Dora fue el verdadero amor de mi vida […]. Terminó sus días en un asilo de monjas en la calle Esmeralda, en las proximidades de la Avenida Córdoba, en la miseria, olvidada y haciendo a veces tareas de limpieza» [LAGOS (2003)": (210-2].

ALVEAR, ELVIRA DE (1907-59). Poeta: Reposo (1934, con prólogo de B.). Editó en París el único número de Imán (1931). Con los años perdió su fortuna y la razón. Cada 31 de diciembre, sin embargo, B. la visitaba en su pequeño departamento de la calle Córdoba 1868, como «un tributo y un homenaje» [CANTO (1989): 189-90]. Con ella vivían su hermana Dora (q.v.) y la princesa de Faucigny Lucinge (q.v.) [VÁZQUEZ (1996): 131]. En «Buenos Aires» (1963), B. recuerda a Elvira «escribiendo en cuidadosos cuadernos una larga novela, que al principio estaba hecha de palabras y al fin de vagos rasgos indescifrables».

ALVEAR, ESTATUA DE. Monumento ecuestre al general Carlos de Alvear (1789-1852), de E.-A. Bourdelle. Ubicado en Avenida del Libertador y Avenida Alvear, fue inaugurado en 1925.

ALVEAR, MARCELO T. DE (1868-1942). Presidente (1922-8).

AMADEO, MARIO (1911-83). Abogado. Ministro de Relaciones Exteriores y Culto del presidente Lonardi (1955).

AMALIA (1851), de José Mármol.

AMORIM, ENRIQUE (1900-60). Escr. uruguayo: «Mis pagos» [Mi patria (1960)]. En 1928 casó con Esther Haedo, prima de B. Entre 1916-31 vivió en Bs As; desde entonces y hasta 1950, alternó su residencia con su casa Las Nubes, en Salto Oriental. B. «siempre aceptaba cuando lo invitaban a ir al campo o a la finca de Enrique Amorim sobre el río Uruguay» [CANTO (1989): 50-1].

ANAGNOSIA; VERDADERO MÉTODO PARA APRENDER A LEER CON FACILIDAD INSPIRANDO A LOS NIÑOS AFICIÓN A LA LECTURA Y AMOR A LA VIRTUD Y AL TRABAJO (1849), de Marcos Sastre. Impresa en tres cuadernos, acompañados de seis láminas de 55 por 40 cm que reproducían las 58 lecciones del libro, la obra estuvo en vigencia hasta 1911.

ANALES DE BUENOS AIRES, LOS. Revista publicada entre enero de 1946 y diciembre de 1948. Surgió como órgano de difusión de Los Anales de Buenos Aires (institución inspirada en la Université des Annales de Paris). Financiada por Sara Duran de Ortiz Basualdo, B. la dirigió desde el n.º 3 (marzo 1946).

ANCHETA. Arg. «Pachorra, indiferencia, frescura, desfachatez» [ABAD (1976)].

ANCHORENA, PALACIO. En Arenales 761. Construido en 1905-9 por A. Christophersen.

ANDARAL, GABRIEL. Protagonista de Gabriel Andaral (1971), de E. Mallea.

ANDERSON IMBERT, ENRIQUE (1910-2001). Escr. y crítico: Historia de la literatura hispanoamericana (1954).

ANDRADE, OLEGARIO VÍCTOR (1839-82). Escr.

ANGELINO, DIEGO (n.1944). Escr.

ANGELITOS, LOS. Café. En Rivadavia y Rincón, inaugurado en 1890 y cerrado en 1966.

ANGLADA, CARLOS. Personaje de «Bustos Domecq». Poeta, admirador de Marinetti.

ANTÍN, MANUEL (n.1926). Director de cine: Don Segundo Sombra (1969).

ANTONIO, JORGE. Empresario. Fue consejero de J. D. Perón.

ANZOÁTEGUI, IGNACIO B. (1905-78). Escr.: Vidas de muertos (1934), De tumba en tumba (1966).

APACHE ARGENTINO, EL (1913). Tango de M. Aroztegui (mus.) y Arturo Mathon (l.).

APOLD, RAÚL ALEJANDRO (1898-1980). Funcionario peronista. Al frente de la Secretaría de Prensa y Difusión de la Presidencia de la Nación (1954-5) tenía a su cargo el examen ideológico de todos los medios de comunicación.

AQUEL TAPADO DE ARMIÑO (1928). Tango de Enrique Delfino (mus.) y Manuel Romero (l.).

ARA, GUILLERMO (1917-95). Crítico.

ARAMBURU, JULIO (1883-1960). Escr.

ARAMBURU, PEDRO E. (1903-70). Militar. Presidente de facto (1955-8).

ARÁOZ ANZOÁTEGUI, RAÚL (n.1923). Poeta.

ARÁOZ DE LAMADRID, JUAN CARLOS (n.1910). Escr.

ARIAS, ABELARDO (1908-89). Escr.

ARIAS, JOSÉ PEPE (1900-67). Actor cómico.

ARIAS, JOSÉ INOCENCIO (1846-1912). Coronel.

ARIAS, ROSA ROSIE. Asistenta de Silvina Ocampo.

ARIZAGA, RODOLFO (1926-85). Compositor.

ARLT, ROBERTO (1900-42). Escr.: El juguete rabioso (1926), Aguafuertes porteños (1933), Saverio el cruel (1936).

ARMANI, HORACIO (n.1925). Escr.

AROCENA, LUIS A. (1914-93). Crítico literario. Desde 1963, fue profesor en la Universidad de Texas.

ARREDONDO, JOSÉ M. (1832-1904). General.

ARRIETA, RAFAEL ALBERTO (1889-1968). Escr.: «La medalla» [Fugacidad (1921) ]. Fue presidente de la Academia Argentina de Letras en 1964-8.

ASCASUBI, HILARIO (l807-75). Escr.

ASESINO DE LOS BAÑOS. Delincuente que, en la segunda mitad de 1965, atacaba a sus víctimas en baños de bares y restaurants de Bs As, golpeándolas con un hierro, aprovechando el momento en que usaban los mingitorios, para luego robarlas [PP, na 151 (1965): 16-7]. Según R. Mosquera: «La seguridad y libertad de los excusados se mantuvo hasta que apareció el Asesino de los Baños, que representa en cuanto a la inviolabilidad del local, lo mismo que el fraude representó respecto a la inviolabilidad del cuarto oscuro en la provincia de Buenos Aires» [citado en CARELLA (1966): 164-5]. c j

ASTETE MILLÁN, ELSA HELENA (n.1910). Primera esposa de B. Viuda de Ricardo Albarracín, con el que había estado casada en 1937-64 y con quien había tenido, en 1937, un hijo, Ricardo. Alicia, su hermana, fue esposa de Néstor Ibarra.

ASTORGANO, JOSÉ. Diputado peronista durante las primeras presidencias de Perón.

ASTURIAS, MIGUEL ÁNGEL (1899-1974). Poeta guatemalteco. Se exilió en Bs As en 1954-63

AVELLANEDA, NICOLÁS (1836-85). Presidente (1874-80).

AVELLANEDA. Pdo. del GBA, zona fabril entre los treinta y los ochenta.

AVENIDA KELLER. Cervecería. En Avenida de Mayo 651.

AYALA, FERNANDO (1920-97). Director y productor cinematográfico.

AYALA, FRANCISCO (n.1906). Sociólogo y escr. español. Vivió en la Arg. en 1939-50.

AYARRAGARAY, LUCAS FRANCISCO (n.1908). Presidente de la Cámara Argentina del Libro. En 1958, se presentó como candidato a presidente por la Democracia Cristiana.

AZNAR, LUIS (1902-76). Historiador y profesor español. Desde 1946 dirigió la editorial Nova.

AZCONA CRANWELL, ELIZABETH (1933-2004). Escr.

AZUL. Revista (1930-1) editada en Azul (pcia. de Bs As), dirigida por Bartolomé Ronco. B. publicó en el nº10 (1931).

AZUL Y BLANCO. Revista de orientación nacionalista, dirigida por M. Sánchez Sorondo.

BABINI, NICOLÁS (n.1921): Arquitecto. Director de Cultura y Secretario técnico (1958-9) del presidente Frondizi.

BABINO, ERNESTO (n.1919). Profesor. En 1963 fue Presidente del Consejo Nacional de Educación Técnica.

BACARAY. Arg. Ternero nonato.

BACCHI WILCOCK, LIVIO (n.1940). Traductor italiano, hijo adoptivo de J. R. Wilcock.

BACHICHA [Juan Bautista Deambrogio] (1890-1963). Intérprete de tangos.

BAEZA, RICARDO (1890-1956). Diplomático, escr. y traductor español. Vivió en Bs As en 1939-52.

BAGAYO. Lunf. Mujer muy fea.

BAGÚ, SERGIO (1911-2002). Ensayista.

BAIARDINO. Restaurant. En Marcelo T. de Alvear 1581.

BAJARLÍA JUAN-JACOBO (1914-2005). Escr.

BALADA PARA EL NIETO DE MOLLY (1928), de S. Pondal Ríos.

BALBÍN, RICARDO (1904-81). Político.

BALCONEAR Arg. Mirar a distancia prudente, sin intervenir.

BALDERSTON, DANIEL (n.1952). Crítico y traductor nort.

BALLIN, GÜNTHER (n.1909). Exiliado alemán, profesor del Instituto de Literatura Alemana de la Universidad de Bs As.

BANCHS, ENRIQUE (1888-1968). Poeta: El cascabel del halcón (1909).

BANDALLO/A. Arg. de fines del s. XIX. Hombre o mujer de malas costumbres. «Te habrás pasado la noche con esa bandalla» [BC, «La sierva ajena» (1962)]. En B-BC (1946a), IV, se habla de «un bandallo capaz de julepearme».

BANFIELD. Loc. del GBA.

BARADERO. Cd. al NO de la pcia. de Bs As, sobre el Paraná.

BARBIERI, VICENTE (1903-56). Escr.: El bailarín (1953). Fue presidente de la SADE en 1955-6.

BARCELÓ, ALBERTO (1873-1946). Caudillo conservador. Fue, durante décadas, amo y señor de Avellaneda (q.v.).

BARCO CENTENERA, MARTÍN DEL (1545-1602). Escr. colonial.

BARCOS, SERENA. Personaje del cuento «Serena Barcos» (1936), de E. Mallea.

BARLETTA, LEÓNIDAS (1902-75). Escr. 1604

BARREIRO, JOSÉ P. (1900-73). Escr. y periodista.

BARRENECHEA, ANA M.ª (n.1913). Crítica.

BARTHOLOMEW, ROY (1930-89). Crítico literario.

BASALDÚA, HÉCTOR (1895-1976). Pintor, ilustrador y escenógrafo. Ilustró libros de Silvina Ocampo [Sonetos del jardín (1948)] y de BC. [Las vísperas de Fausto (1949), Guirnalda con amores (1959)].

BASTIANINI, DELFINA MOLINA Y VEDIA DE (1879-1961). Doctora en química, pintora, profesora de canto y escr.: Por gracia de amor (poemas) (1923), A redrotiempo (Memorias) (1943), Tratado general de canto. Hermana de Julio Molina y Vedia (q.v.), casó con Rene Bastianini. Fundó la Sociedad Argentina de Estudios Lingüísticos, de la que fue presidenta (1935-7). En 1957, ya viuda, fue su Secretaria General.

BASTOS, M.ª LUISA. Crítica. Secretaria de redacción de la revista Sur (1961-6).

BATALLA DECISIVA, LA [=The Battle of the Bulge (EE.UU., 1965) ]. Film de Ken Annakin.

BATIDA, LA [=The Drag Net (EE.UU., 1928)]. Film dej. von Sternberg.

BATTISTESSA, ÁNGEL JOSÉ (1902-93). Crítico.

BATTLE PLANAS, JUAN (1911-66). Pintor arg., n. en España.

BAYÓN, DAMIÁN CARLOS (1915-95). Historiador de arte.

BECERROS. Lunf. Prácticas homosexuales.

BELGRANO, MANUEL (1770-1820). Militar.

BEMBERG, LOS. Otto Eduardo (n.1887) y Sofía Bengolea de Bemberg. Los Bemberg y los Ocampo estaban emparentados: Otto Bemberg (1827-95) y Luisa Ocampo (1831-1904) eran los abuelos paternos de Otto Eduardo.

BENARÓS, LEÓN (n.1915). Escr.

BENCE, AMELIA [Amelia Botwinik] (n.1919). Actriz.

BENEGAS LYNCH (H.), ALBERTO (n.1940). Economista.

BENGOA, DANIEL (m.1987). Escr.

BENGOA, LEÓN JUSTO (n.1907). Militar nacionalista. Ministro de Guerra del presidente Lonardi (1955).

BENGOLEA, RAQUÉL. Profesora amiga de B.

BERETERVIDE, JUAN JOSÉ (1895-1988) Gastreoenterologo.

BERGARA LEUMANN, EDUARDO (n.1933). Actor, vestuarista y animador. En 1969 llevó a la televisión su programa La botica del ángel, basado en las rutinas de su café concert (en Lima 670) donde, desde 1966, disfrazado de ángel presentaba un espectáculo «en el cual podían mecharse intervenciones de escritores (Sabato, Mujica Lainez, Bioy Casares)» o de cantantes de tango y aun cómicos [P, n.º 114 (1969): 64].

BERISSO. Loc. cercana a La Plata, asociada a saladeros y frigoríficos,

BERNÁRDEZ, AURORA (n.1920). Traductora, hermana de Francisco Luis.

BERNÁRDEZ, FRANCISCO PACO LUIS (1900-78). Poeta.

BERNÉS, JEAN PIERRE (n.1940). Crítico francés. Fue agregado cultural de la embajada de Francia en la Arg.

BERÓN DE ASTRADA, JENARO (1804-39). Militar.

BESIO MORENO, NICOLÁS (1879-1962). Ingeniero y profesor.

BESTIA DEBE MORIR, LA [=The Beast Must Die (1938), de Nicholas Blake]. Emecé («Sépt. Circ»), 1945.

BETTI, ATILIO (1915-93). Escr.

BIAGIONI, AMELIA (1911-2000). Poeta.

BIANCHI, ALFREDO (1882-1942). Escr.

BIANCIOTTI, HÉCTOR (n.1930). Escr. francés, n. en la Arg.

BIANCO, EDUARDO (1892-?). Intérprete de tangos, que formó dúo con Bachicha Deambrogio (q.v.), desde 1922, en París.

BIANCO, JOSÉ PEPE (1908-86). Escr.: Las ratas (1943). Fue secretario de redacción de Sur desde 1937 hasta abril de 1961, cuando, por diferencias con Victoria Ocampo respecto de su participación en Cuba como jurado en el concurso literario de Casa de las Américas, renunció a su cargo e ingresó en EUDEBA. Su amistad con B., iniciada en 1935, «se hizo más asidua a través de Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares» [BIANCO (1988): 351-4]. Con Silvina tradujo Les bonnes (1947) de J. Genet. Esta traducción [Las criadas] se publicó en S [n.º 166 (1948)] y en volumen (1959).

BIBILONI WEBSTER DE BULLRICH, BEATRIZ. Amiga de B. Estaba casada con Héctor Tito Bullrich Urioste.

BIBLIOTECA NACIONAL. En México 566. Su edificio fue inaugurado en 1901.

BICHO QUEMADOR Arg. Mariposa (Hylesia nigricans) cuya oruga segrega una sustancia irritante para la piel humana.

BIETTI, LOS. Oscar Bietti (1909-78), crítico literario, y su mujer Noemí Vergara (1914-88), escr. y periodista.

BINAYÁN, NARCISO (1896-1970). Profesor de enseñanza secundaria y escr., n. en Chile: Antonio Zinny (1921), Bibliografía de bibliografías paraguayas (1922), Nuevos datos para la bibliografía de la Imprenta de Niños Expósitos y para la historia de la caridad porteña (1922), El niño ante la patria (1926), La Edad Media argentina (1929), Elogio de San Martín (1936), Lecciones de castellano (1937).

BINETTI, MARIO (1916-80). Escr.

BIOY, ADOLFO (1882-1962). Padre de BC.

BIOY, ENRIQUE (1879-1915). Tío paterno de BC.

BIOY, JUAN BAUTISTA CABITO (1916-C.1980). Escr., primo de BC, «buen poeta, de muy escasa obra, [… ] obsesivo. [… ] Escribía poco, leía bastante, pensaba continuamente, aunque a veces con alguna confusión. [… ] No se ganó la vida trabajando, salvo por un período en que fue mandadero de una librería frente a la plaza del Congreso. Cuando iba a visitar a Borges en la Biblioteca Nacional, en las primeras oportunidades trataron de impedirle la entrada porque lo tomaron por linyera. […] Murió cantando tangos y coplas contra los militares del Proceso […]» [BC (1994): 152-3].

BIOY, FABIÁN (1963-2006). Hijo de BC.

BIOY, MARTA (1954-94). Hija de BC.

BLANCO AMOR, JOSÉ (1912-89). Escr. y periodista arg., n. en España.

BLANCO-AMOR, EDUARDO (1897-79). Escr. y periodista español. Vivió en la Arg. en 1936-65.

BLANCO BAZÁN, GLORIA (n. 1954). Amiga de BC.

BLANDO POR DENTRO [=Soft at the Centre de Eric Warman]. Emecé («Sépt.

BLANES JUAN MANUEL (1830-1901). Pintor uruguayo. Dedicó buena parte de su obra a ilustrar la vida de Artigas.

BLAQUIERY OROMÍ, ALBERTO (1878-?). Marido de Hersilia Casares, tío político de BC.

BLAQUIER CASARES, CÉSAR (1914-55). Hijo de Alberto y primo de BC.

BLAQUIER CASARES, JORGE (n.1910). Hijo de Alberto y primo de BC.

BLAQUIER, JUAN (1897-?). Matemático y profesor.

BLOMBERG, HÉCTOR P. (1890-1955). Escr.: «La pulpera de Santa Lucía» (1925).

BOCA, REPÚBLICA DE LA. En 1870, un «Comité de Defensa» solicitó al gobierno nacional la autonomía del b. de La Boca. Llegó a proponerse incluso que el b. se independizara y se convirtiera en una suerte de pcia. italiana, con escudo y bandera propios.

ВОСК, WERNER (1893-1962). Escr. y profesor universitario alemán, casado con Frieda Mensch. Llegó a la Arg. en los años 30. Colaboró en S, en ABA, en LN, etc. Vivía en Bauness 2210, en el b. de Villa Urquiza.

BOLICHONGO. Arg. Boliche (local de venta y consumo de bebidas) de mala calidad.

BOMARZO, CASO. La ópera Bomarzo, con libreto de M. Mujica Lainez y música de Alberto Ginastera, se estrenó en Washington en mayo de 1967. El 19 de julio fue excluida de la programación del Teatro Colón por un decreto del Intendente municipal, coronel Eugenio Schettini. Se apoyaba en un dictamen de Cándido Fernández, presidente de la Comisión Honoraria Asesora para la Calificación de Espectáculos Teatrales, quien invocaba las escenas de «sexo, violencia y alucinaciones» que describían las reseñas norteamericanas. La ópera se presentó en el Colón en 1972.

BOMBAL, ROSA YOLANDA CHICHÍ. Hermana de Susana (q.v.).

BOMBAL, LAS HERMANAS: Loreto (m.1966), M.ª Luisa (q.v.) y Blanca.

BOMBAL, M.ª LUISA (1910-80). Escr. chilena: La amortajada (1938). En B-SO (1940) se incluye su cuento «Las islas nuevas». En su casa de la calle Ayacucho, «frente al comedor del Alvear Palace», B. tuvo en diciembre de 1938 el accidente que desembocaría en una convalecencia de dos semanas y en la escritura de «Pierre Menard» [BIANCO (1984): 26-7].

BOMBAL, SUSANA (HL1990). Escr.: Green Wings (1959), La predicción de Betsabé (1970).

BONARDO, AUGUSTO (1918-95). Periodista. Dirigió Radio El Espectador de Montevideo en 1950-5, y condujo diversos programas de radio y televisión en la Arg. Escribió Antología de un asco en la Argentina (1965).

BONET, CARMELO M. (1886-1997). Crítico arg., en Uruguay.

BONFANTI, MARIO. Personaje de «Bustos Domecq», «gramático y purista argentino», seudohispanista.

BONINO. Galería de arte. En Maipú 962.

BONOMI, JOSÉ (1903-?). Pintor arg., n. en Italia. Fue asesor artístico del Suplemento Literario de La Prensa. Ilustró las cubiertas de la colección «Sépt. Círc».

BONOMINI, ÁNGEL (1929-94). Escr.: Los novicios de Lerna (1972).

BORGES, FRANCISCO FRANKIE. Primo de B., hijo de Francisco Eduardo.

BORGES, FRANCISCO ISIDRO (1833-74). Coronel, abuelo paterno de B. Peleó en Caseros. Conoció a Francés Ann Haslam (q.v.) en Paraná en 1870, cuando sofocaba una rebelión de los «montoneros» de R. López Jordán. Mitrista, se hizo matar en La Verde por las tropas de Arias.

BORGES, FRANCISCO FRANK EDUARDO (1872-1940). Tío de B.

BORGES, GUILLERMO WILLIE JUAN (1906-66). Escritor, primo de B., hijo de Francisco Eduardo. Como «Guillermo Juan» colaboró en publicaciones martinfierristas; como «Animula Vagula», en el Suplemento de Crítica.

BORGES, JORGE GUILLERMO (1874-1938). Padre de B.

BORGES, LEONOR NORAH (1901-98). Pintora, hermana de B.

BORLENGHI, ÁNGEL GABRIEL. Dirigente sindical peronista.

BOSCH, JORGE (n.1925). Matemático y dramaturgo.

BOSCO, M.ª ANGÉLICA (я.1917). Escr.

BOTANA, NATALIO (1888-1941). Fundador y director del diario Crítica.

BÓVEDA, XAVIER (1898-1963). Escr. español, residente en la Arg. desde 1923. Dirigió los primeros números de Síntesis, donde colaboró B. en 1927-9.

BOZÁN, OLINDA (1894-1977). Actriz.

BOZÁN, SOFÍA (1904-58). Actriz y cantante de tangos.

BRANDSEN, FEDERICO (1785-1827). Militar arg., n. en Francia.

BRASIL, GUERRA DEL (1825-8). Entre las Pcias. Unidas del Río de la Plata y el Imperio del Brasil.

BRAUN MENÉNDEZ, ARMANDO (1898-1986). Abogado y escr. chileno, residente en la Arg.

BRIDGES, E. LUCAS (1874-1949). Memorialista: El último confín de la Tierra [= Uttermost Part of the Earth (1941) ].

BROWN, FRANK (1858-1924). Clown inglés. Llegó a la Arg. por primera vez en 1877 y se radicó en 1884. En 1917 se instaló en el Teatro Hippodrome, en Plaza Lorea (en Corrientes y Carlos Pellegrini), donde realizó dos temporadas antes de retirarse definitivamente. Estaba casado con la florista y luego ecuyére Rosita de La Plata (m. 1940).

BRUGHETTI, ROMUALDO (1912-2003). Escr.: Hay cosas que duelen (1965). Era hijo del pintor Faustino Brughetti (1877-1956).

BRUMANA, HERMINIA (1901-54). Educadora y escr.

BUCICH ESCOBAR, ISMAEL (1890-1945). Escr. e historiador.

BUENAS TARDES, MUCHO GUSTO. Programa de televisión, «de interés femenino», conducido (1963-6) por Annamaría Muchnik.

BUEN ORDEN, CALLE. Hoy Bernardo de Irigoyen, en los b. de Monserrat y Balvanera.

BÚFANO, ALFREDO R. (1895-1950). Poeta.

BULLRICH DE SAINT, JULIA (1901-?). Hija de Eduardo Bullrich y Julia Ocampo (tía paterna de Silvina). Fundadora de la Sociedad Argentina de Horticultura, era propietaria de La Boutique des Fleurs (Tucumán 543), «una casa baja, con puerta y ventanas a la calle Tucumán, en su declive, donde, además de las flores que ella cultivaba en su quinta "El Rincón", se vendían libros, grabados, y se servía té en la trastienda» [OLIVER (1969): 281]. Organizó y dirigió, con Silvina Ocampo y H. Butler (q.v.), la compañía de títeres «La Sirena» (1934).

BULLRICH, ENRIQUE KIKE (1903-57). Crítico musical, primo de Silvina Ocampo.

BULLRICH URIOSTE, HÉCTOR TITO (1898-?). Abogado. Marido de Beatriz Bibiloni.

BULLRICH, SILVINA (1915-90). Escr.: Vibraciones (1935). Preparó con B. la antología El compadrito (1945).

BUNGE. Librero de la librería Paner, de Las Heras 1938.

BUNGE, DELFINA (1881-1952). Poeta, esposa de Manuel Gálvez.

BUNGE, MARGARITA (1913-91). Escr.

BURGOS, FAUSTO (1888-1953). Escr.

BURZACO. Loc. del GBA.

BUSSO, EDUARDO B. (1898-1983). Abogado. Ministro de Interior y Justicia de Lonardi (1955).

BUSTILLO JOSÉ MARÍA (1884-1974). Ingeniero agrónomo e historiador.

BUSTOS, JUAN BAUTISTA (1779-1830). Caudillo cordobés.

BUTLER, HORACIO (1897-1983). Pintor.

CABECITA NEGRA. Arg. «Habitante del Interior del país, que emigró a Buenos Aires atraído por el florecimiento industrial iniciado en 1945» [GOBELLO (1975)].

CABEZAS, LO DE. Camisería para hombres. En Cuyo (hoy Sarmiento) 532.

CABITO. v. BIOY, JUAN BAUTISTA.

CABRAL. JUAN B. (1789-1813). Soldado. En la batalla de San Lorenzo salvó _ , la vida del general San Martín, a costa de la suya. , ,

CACHADA. Arg. Broma, burla.

CACHARÍ. Pueblo en el pdo. de Azul, en la pcia. de Bs As.

CACURI, VICENTE P. (1886-1960). Comerciante y rematador. Presidente del Instituto Argentino Chileno de Cultura desde 1950, redactor permanente de la revista Figuritas, miembro honorario del Club Villa Crespo y vocal de la Comisión Argentina de Homenaje a Gabriela Mistral. En 1959 publicó sus Memorias de un egresado de la universidad de la calle.

CAFISHO DE LECHERÍA. Lunf. Rufián de poca importancia.

CAILLET-BOIS, JULIO (n.1910). Escr.

CAILLOIS, ROGER (1913-78). Escr. francés. Residió en la Arg. en 1939-45.

CALANDRELLI, SUSANA (1901-78). Escr.

CALFUCURÁ, JUAN (m.1873). Cacique araucano.

CALVETTI, JORGE (1916-2002). Escr.

CAMBACERES, EUGENIO (1843-88). Escr.

CAMINO DE LAS TROPAS. Hoy Avenida Sáenz, en Turdera.

CAMPANA. Cd. al NO de la pda. de Bs As, sobre el Paraná.

CAMPILLO, CARLOS DEL (1889-?). Abogado.

CAMPO, ESTANISLAO DEL (1834-80). Poeta: Fausto (1866).

CANAL FEIJÓO, BERNARDO (1897-1982). Escr.

CANARO, FRANCISCO (1888-1964). Compositor de tango.

CANCELA, ARTURO (1892-1957). Escr.

CANDIOTI, MARCIAL (1865-1928). Ingeniero y político, nieto de Francisco Candioti (1743-1815), gobernador (1815) de Santa Fe.

CAÑÉ, MIGUEL (1851-1905). Escr.

CANFINFLERO. Lunf. «Rufián que sólo explota a una mujer» [GOBELLO (1975)].

CANGALLO, CALLE. Hoy Presidente Perón, en los b. de San Nicolás, Balvanera y Almagro.

CANTO, ESTELA (1919-94). Escr. Para su noviazgo (1945-52) con B., véase CANTO (1989), passim. Se habían conocido en casa de los Bioy en agosto de 1944.

CANTO, PATRICIO (1916-89). Escr. y traductor. Llevó a su hermana Estela al círculo de los Bioy, que él ya frecuentaba [CANTO (1989): 21].

CANTRAMILLA. Arg. «Palito fijado en la picana de la carreta y rematado en un clavo, que servía para azuzar a los bueyes del medio» [Glosario de B-BC (1955b)].

CAPDEVILA, ARTURO (1889-1967). Escr.: Jardines solos (1911); Melpómene (1912); «Aulo Gelio», «Canción del que vio apedrear su huerto» [La fiesta del mundo (1921)]; Babel y el castellano (1928); «Córdoba de las campanas» [Córdoba azul (1940)]; Otoño en flor (1952); Romances de la Santa Federación (1952).

CAPDEVILA, RAFAEL DARÍO. Escr. y periodista, de Tapalqué (pcia. de Bs As): El nombre, el pago y la frontera de Martín Fierro (1967).

CAPRISTO, ÓSCAR (n.1921). Pintor. En 1947 ilustró uno de los volúmenes de «La Puerta de Marfil».

CARAFFA, ALFREDO BRANDAN (1898-1989). Escr.

CARANCHO DEL MONTE [Vicente González]. Coronel rosista, llamado «Su Majestad Caranchísima». Había sido soldado de la Independencia y pulpero. Según J. Furt [Libro de prosa (1932)], «escribía cartas consejeras [a Rosas], que las retribuía con la confianza de hacerle ejecutar discretamente a algún cajetilla de bota fuerte o algún lomo negro demasiado conocido». En sus últimos años se entregó a la vida monacal.

CARAS Y CARETAS. Revista (1898-1939), fundada por E. Pellicer y B. de Vedia y Mitre.

CÁRCANO, MIGUEL ÁNGEL (H.) (1889-1978). Escr. y diplomático.

CARCAVALLO, FRANCISCO. Docente. Fue Secretario de Cultura de la Municipalidad de Bs As.

CARDOZO, HERMANOS. Juan Carlos y Luis Amadeo, torturadores al servicio del primer peronismo. Al caer el régimen, se asilaron en la embajada paraguaya; en 1963 lograron exiliarse.

CARLINO, CARLOS (1910-81). Poeta.

CARLO, OMARDEL (1918-75). Dramaturgo.

CÁRPENA, ELIAS (1897-1988). Escr.

CARRIEGO, EVARISTO (1883-1912). Poeta.

CARRIL, ADELINA DEL (1889-1967). Mujer de R. Güiraldes.

CARRIL, BONIFACIO DEL (1911-94). Historiador y editor: Los Mendoza (1954).

CARRIZO, ANTONIO [Antonio Carrozi] (n.1926). Periodista.

CARRIZO, JUAN ALFONSO (1895-1957). Profesor y folklorista, director del Instituto Nacional de la Tradición. Publicó cancioneros populares de Catamarca (1926), Salta (1933), Jujuy (1935), Tucumán (1937) y La Rioja (1942).

CARROLL, EDUARDO (m.1996). Escr.: El ángel demorado (1966), El Cristo de la pampa (1969), etc.

CARTAS PARA QUE LA ALEGRÍA (1959), de Arnaldo Calveyra.

CARTOSIO, EMMA GRIANTA DE (n.1926). Escr.: Elegías analfabetas (1960).

CASA DEL ESCRITOR. Sede de la SADE. En México 524.

CASARES, GUSTAVO (1892-1959). Tio materno de BC.

CASARES, MIGUEL (1883-1974). Tío materno de BC.

CASARES Y GARCÍA VICTORICA, SILVIA (n.1931). Prima de BC.

CASARES, VICENTE LORENZO (1844-1910). Abuelo materno de BC. Fundó la estancia San Martín (1866) y el establecimiento «La Martona» (1889). Fue presidente del Banco Nación (1891) y del Partido Autonomista Nacional (1908).

CASARES Y RODRÍGUEZ ROJO, VICENTE ELADIO (1817-93). Bisabuelo materno de BC. Director del Banco Nacional y del Banco de la Provincia de Bs As.

CASAUX, ROBERTO [Roberto Casaubón] (1885-1929). Actor.

CASEROS, BATALLA DE (3 de febrero de 1852). Entre las tropas de Juan Manuel de Rosas y la coalición comandada por Justo J. de Urquiza. Dio lugar a la caída de Rosas.

CASO DE LAS TROMPETAS CELESTIALES, EL [=The Case of the Angel’s Trumpets (1947), de Michael Burt]. Emecé («Sépt. Círc»), 1951.

CASONA, ALEJANDRO (1903-65). Escr. español, residente en la Arg.

CASTAGNINO, RAÚL HÉCTOR (1914-2001). Crítico.

CASTELLANOS, JOAQUÍN (1861-1932). Escr.: «El borracho» (1887).

CASTILLA, MANUEL J. (1918-80). Poeta.

CASTILLO, ENRIQUE B. DEL (1897-?). Médico endocrinólogo.

CASTIÑEIRA DE DIOS, JOSÉ Mª (n.1920). Escr.

CASTRO JUAN JOSÉ (1895-1968) Compositor.

CATTARUZZA, HÉCTOR AMÉRICO Tenista. Campeón del Río de la Plata en 1934 y 1936. Jugaba con BC. en el Buenos Aires Lawn Tennis Club. En los cincuenta condujo programas televisivos. Escribió Setenta pasos y un latido (1978).

CENTRONE, M.ª ANTONIETA (n.1913). Escr.: Señora mañana (1949), Cantos a Aliosha (1953), Presencias descomunales (1959).

CEPEDA, BATALLA DE (23 de octubre de 1859). Librada entre las fuerzas —que resultaron victoriosas— de la Confederación, al mando de Urquiza, y las de Bs As, al mando de Mitre.

CERRUTI COSTA, LUIS B. Abogado. Ministro de Trabajo del presidente Lonardi (1955).

CHACABUCO, BATALLA DE (12 de febrero de 1817). Librada entre las tropas de San Martín y las españolas del brigadier Maroto.

CHACARITA, LA. Uno de los cementerios municipales de la cd. de Bs As.

CHACEL, ROSA (1898-1994). Escr. española. Vivió en la Arg. en 1940-58.

CHAFALOTE. Arg. Ordinario, grosero, bruto.

CHAMBERY, EL. Café. En Córdoba 502.

CHAMBÓN. Arg. Torpe.

CHANCHA CON CADENAS. Según una tradición de Córdoba, cerdo espectral que recorre algunas noches, encadenado, las vías férreas. Cf. COLLUCCIO, FÉLIX, Diccionario folklórico argentino (1948), s.v. «Chancha con cadenas».

CHASSAING, JUAN (1839-64). Militar y poeta: «A mi bandera» (1861). En 1857 escribió en el periódico unitario La espada de Lavalle.

CHENAL, PIERRE (1903-90). Director de cine francés. Refugiado del nazismo, dirigió varios films (1943-58) en la Arg. En 1959 volvió a Francia.

CHICA SALAS, SUSANA. Traductora y profesora. Conoció a B. siendo estudiante de Filosofía y Letras. Tradujo páginas de Gibbon, elegidas y prologadas (1961) por B.

CHINONGA. Arg. Mujer grande y fea, de piel oscura.

CHIRINADA. Arg. «Algarada […] descabellada e intrascendente» [ABAD (1976)]. Según B., «si [la patriada] fracasa, le dicen chirinada» [Prólogo a El Paso de los Libres (1934)]. Víctor Chirino fue un carnicero que, en 1858, dirigió la fallida revuelta de un grupo urquicista. Perón llamó chirinada a la revuelta del general Menéndez, en septiembre de 1951.

CHISTADERO. En el Bs As de fines del s. XIX y principios del XX, casa de citas, donde «desde una puerta entreabierta, una prostituta sin registro llamaba al candidato que pasaba y lo invitaba a entrar» [GOLDAR, Ernesto, La «mala vida». CEAL, 1971: 44].

CHOCHO. Arg. «Muy contento. […] Úsase en las presentaciones, en lugar

CIANCIÓLO, UMBERTO. Agregado cultural italiano. Dirigió los Quaderni Italiani di Buenos Aires. Escribió Poética y Poesía de Carlos Mastronardi (1958).

CICCO JUAN (1914-83). Escr.

CILDAÑEZ. Arroyo en el Bajo Flores, afluente del Riachuelo y desagüe de toda la cuenca de la región.

CINCO ESQUINAS. Cruce entre Juncal, Libertad y la avenida Quintana, en el b. de la Recoleta.

CIPOLLA, JOSÉ RAMÓN (1931-89). Marchandy editor de serigrafías.

CÍRCULO MILITAR, V. Paz, Palacio.

CISNES, LAGUNA DE LOS. Laguna en Pardo, vecina al arroyo del Gualicho y a la estancia Rincón Viejo de los Bioy. Véase BIOY, ADOLFO (1958): 14.

CITY BELL. Est. del Ferrocarril Roca, cerca de La Plata.

CIUDAD, LA. Librería y editorial. En Maipú 971.

CIUDAD DE LONDRES, LA. Célebre tienda, en Perú y Victoria (hoy Hipólito Yrigoyen). Se incendió en 1910.

CIVITA, CÉSAR (1905-2005). Editor ítalo-americano. Fundó y dirigió la Editorial Abril.

CLARIDAD. Editorial, fundada y dirigida por Antonio Zamora. En San José.

CLEMENTE, JOSÉ EDMUNDO (n.1918). Escr. En 1953-60 editó las Obras Completas de B. para Emecé. Cuando B. asumió como Director de la Biblioteca Nacional, Clemente fue nombrado vicedirector. En 1963-73 fue Director General de Bibliotecas.

CÓCARO, NICOLÁS (1926-94). Escr.

COCOLICHE. Arg. «Italiano emigrado que imita a los nativos» [GOBELLO (1975)]. También se aplica a su lenguaje.

COLELLA, HlLDA. Abogada. Militó en el radicalismo, en la facción de Ricardo Balbín.

COLOMBO, FRANCISCO (1878-1953). Impresor. En San Antonio de Areco conoció a Güiraldes —varios de cuyos libros publicó— y así se vinculó con el mundo cultural de la capital. Estableció entonces, hacia 1922, una sucursal en Hortiguera 552, en el b. de Flores. A su muerte lo sucedieron su hermano y sus sobrinos. En sus talleres de Hortiguera, B. y BC. hicieron imprimir, además de la revista Destiempo, los libros de la editorial Destiempo. Véase BECCO, H. J., «Francisco H. Colombo en la bibliotecnia argentina» [Revista Universidad (Santa Fe),n.º 51 (1962): 243-56].

«COLOR NAVAL» [Color naval (1951)], de Jaime Fontana.

COLUMBA. Editorial fundada por Ramón Columba (1891-1956). En Sarmiento 1889.

CONCEPCIÓN, LA. Parroquia Inmaculada Concepción, en Independencia 910 (en el b. de San Telmo). También, parroquia en el sentido de circunscripción electoral.

CÓNDORES, DESEMBARCO DE LOS. El 28 de septiembre de 1966, dieciocho argentinos, al mando de Dardo Cabo, desviaron un avión comercial y lo hicieron aterrizar en Port Stanley. El 30 se entregaron a las autoridades británicas, que a su vez los entregaron a las argentinas.

CON EL CORAZÓN EN LA MANO [=L’amor avec des si (Francia, 1962)]. Film de Claude Lelouch.

CONSTITUCIÓN. B. de la cd. de Bs As, donde se encuentra la est. terminal del Ferrocarril Roca (antes Ferro-Carril del Sud), inaugurada en 1887.

CONSTITUCIÓN, GRUTA DE. Construida (1885-8) por el intendente Torcuato de Alvear. «Tenía pasadizos, un túnel interior, un tanque de agua sostenido por columnas estilizadas, pero roto de un lado, pasarelas colgantes […]. Fue demolida en 1914, por la compañía […] encargada de construir el subterráneo» [SCHÁVELZON (1994)].

CONSUELO. Mucama de los Bioy Casares, muerta en los años cuarenta. Silvina Ocampo le dedica los poemas «A Consuelo» [Poemas de amor desesperado (1949)] y «Evocación de Consuelo» [Amarillo celeste, (1972)].

CONTRERA. Arg. Opositor al gobierno peronista (1946-55).

COOKE, JOHN WILLIAM (1920-68). Diputado. Ministro de Relaciones Exteriores de Perón.

CONTURSI, PASCUAL (1888-1932). Letrista de tangos.

COPPOLA, HORACIO (n.1906). Fotógrafo. En 1930, sus fotografías fueron incluidas en B (1930). Estudió en la Bauhaus (1932-3). Entre otras revistas, dirigió Clave de Sol (1930) y Latitud (1945). Casó con la fotógrafa Grete Stern y se instalaron en 1940-58 en Ramos Mejía, donde abrieron un estudio fotográfico, muy visitado por M.ª Elena Walsh y Pepe Fernández.

CÓRDOVA ITURBURU, CAYETANO POLINISIO (1899-1977). Escr.

CORONADO, NICOLÁS EL RENGO (1891-1971). Escr. Fue presidente de la SADE en 1938-49.

CORRALES. Vieja denominación de una zona de Bs As, hoy comprendida en el b. de Parque Patricios.

CORSO. Arg. Carnaval, desfile de carrozas y mascarada.

CORTÁZAR, JULIO (1914-84). Escr.

COSTA PAZ, MARCELO. Abogado, compañero de estudios de Adolfo Bioy père [BIOY, ADOLFO (1963): 29].

COSTANTINO, ROBERTO. Director artístico de Radio Municipal de Bs As. Entre sus antecedentes contaba haber ofrecido «teatro de Cervantes, Molière y Wilde a públicos de Villa Budge y La Salada» [P, n5 2 (1963): 14].

COTORRO. Lunf. Garçonnière.

COZARINSKY, EDGARDO (n.1939). Escritor, crítico y director de cine. Publicó Borges y el cine (1974).

CRÍTICA. Diario (1913-63), fundado por N. Botana.

CRUZ, JORGE (n.1930). Escr. y periodista.

CRUZADA DE LOS NIÑOS, LA [=La Croisade des enfants (1896), de Marcel Schwob]. Ediciones Arturo J. Alvarez («La Perdiz»), 1949.

CUADRADO, ARTURO (1904-98). Poeta español, residente en Bs As. En Emecé dirigió la colección «El Hórreo».

CUARTO GRIS, EL [=The Grey Room (1921), de Edén Phillpotts]. Emecé («Sépt. Círc»), 1954.

CUCHETTI, CARLOS (1905-?). Sacerdote y profesor de Arte Cristiano.

CUELLO, JUAN. Delincuente gaucho, en quien se inspiró Eduardo Gutiérrez para su folletín [Juan Cuello (1880)].

CUEVAS DE VERA, M.ª A. TOTA DE ATUCHA CONDESA DE (1887-1970). Mecenas.

CUITIÑO, CIRÍACO (m.1852). Coronel rosista, mazorquero.

DABINI, ATTILIO (1902-81). Periodista, traductor y escr. italiano. Vivió en Bs As en 1907-22.

DABOVE, LOS. Hermanos. JULIO CÉSAR (1890-1965) y SANTIAGO (18891951). En su casa, en Almirante Brown 752 (Morón, GBA), solían realizar reuniones (tuquias) con Macedonio Fernández. Publicaron en periódicos y revistas.

DALY NELSON, M.ª ROSA la Rubia. «Alta, desgarbada y de nariz aguileña, el corte de pelo casi varonil, saco de tweed, camisa y corbatín, los zapatos abotinados y el entrar fumando a los restaurantes con una mano en el bolsillo de su chaqueta era su marca registrada. [… ] Rara vez se vestía de mujer. […] Era peronista. […] Todo lo que horrorizaba a las upper classes pasó a ser su objeto de devoción. Eva Perón fue el primer icono de su lista […]» [LAGOS (2003): 199-201]. Fue amante de Dora de Alvear [Op. cil: 210-1].

DÁVALOS, JAIME (1921-81). Escr. y folklorista

DÁVALOS, JUAN CARLOS (1887-1959). Escr. Los gauchos (1924).

DE CARO, JULIO (1910-80). Compositor y director de orquestas de tango.

DELFINA [M.ª Delfina Menchaca] (m.1839). Amante de Francisco Ramírez. El 10 de julio de 1821, perseguido por las tropas de Estanislao López, Ramírez retrocedió para rescatar a la Delfina. Al precio de su vida —fue decapitado— logró salvarla.

DELFINO, AUGUSTO M. (1906-61). Escr. arg., n. en Uruguay.

DELGADO FITO, CÁNDIDO (1898-1958). Escr.

DELLA PAOLERA, FÉLIX GRILLO (n.1923). Escr.

DELL’ORO MAINI, ATILIO (1895-1974). Abogado. Ministro de Educación de los presidentes Lonardi y Aramburu (1955-8). Nacionalista y católico, fue director de la revista Criterio (1928-30).

DE LOS APENINOS A LOS ANDES (1960). Film de Folco Quillici.

DEMARÍA, FERNANDO (n.1928). Escr.: Herakleitos (1957).

DEMIDDI, ALBERTO (1944-2000). Remero.

DENEVI, MARCO (1922-98). Escr.

DESCAMISADO, EL. Juan Domingo Perón, cuyos seguidores eran llamados los descamisados.

DESCOTTE, MARIO L. (1900-73). Escr. y periodista: Cuentos para leer a las 22:30 (1949), etc.

DESFILE DEL AMOR, EL [=The Love Parade (EE.UU., 1929)]. Film de E. Lubitsch.

DESTIEMPO. Revista (1936-7) dirigida por B. y BC, por detrás del aparente secretario de redacción Ernesto Pissavini, en realidad empleado de BC. Consistía en un pliego de seis hojas, en formato mayor, según el ejemplo de Ultra o de la primera Proa. Como editorial, Destiempo publicó en 1937 Luis Greve, muerto, de BC. y Marea de lágrimas, de Ulyses Petit de Murat; en 1938, Diez poemas sin poesía, de Nicolás Olivari y Mallarmé entre nosotros, de Alfonso Reyes.

DÍA DEL KILO. Colecta pública celebrada el 14 de abril, habitual en los años 30 y 40. El kilo correspondía al peso de las alcancías, una vez llenas. Cf. «La víctima de Tadeo Limardo» (1942).

DÍAZ, LEOPOLDO (1862-1947). Escr.

DICCIONARIO URUGUAYO DE BIOGRAFÍAS (1945), de J. M. Fernández Saldaña.

DICKMANN, MAX (1902-?). Escr.: Madre América (1935).

DIEGO, CELIA DE (1903-?). Escr.

DIEHL, ADÁN (1888-?). Poeta. Colaboró en MF, N y S. Algunos de sus poemas fueron incluidos en B-SO (1941).

DIEHL DE MORENO HUEYO, SARA PIPINA (m.1976). «Era la presidenta de Proarte, asociación que funcionaba en su casa y desde donde se alentaba y se ayudaba a pintores y escritores. […] Después de que Pipina enviudó, poco a poco el afecto de Borges hacia ella se transformó en un amor apasionado y vivieron un romance que duró más de un año. Al parecer, hasta se había fijado fecha de casamiento. De repente, pasó algo, la relación se debilitó y la boda quedó en nada» [VÁZQUEZ (1996): 179].

DI GIOVANNI, NORMAN THOMAS (n.1933). Traductor, secretario y agente literario de B. en 1968-72, nort. Conoció a B. a través de la hija de Jorge Guillen, en los EE.UU., en noviembre de 1967. Con B. tradujo, entre otros, The Book of lmaginary Beings (1969), The Aleph and Other Stories (1970) y Selected Poems (1972); con B. y BC, Chronicles of Bustos Domecq (1976) y Six Problems for Don Isidro Parodi (1981).

DI ROCCO, ANTONIO A. (n.1911). Ex titular de la Federación Agraria Argentina, asumió como ministro de Agricultura y Ganadería del presidente Lanusse el 20 de julio de 1971.

DISCEPOLO, ENRIQUE SANTOS (1901-51). Escr.

DOBLAS, ALFREDO. Compañero de B. en la Biblioteca Miguel Cañé, en 1937-46.

DOBRANICH, JORGE W. (1885-1960). Ingeniero.

DOLAN, MIGUEL E. Escr. y abogado, amigo de B.

DOLL, RAMÓN (1894-1969). Abogado y crítico.

DOMECQ, CARMEN. Prima segunda de Adolfo Bioy pére.

DOMINGO SIN FÚTBOL (1956), de Luis Mario Lozzia.

DOMÍNGUEZ, M.ª ALICIA (1905-88). Escr.: El nombre inefable (1931).

DONDO, OSVALDO H. (1902-62). Escr.: Esquemas en el silencio (1927), Oda menor a la poesía (1957). B. y BC. lo parodiaron como «el Bardo Gongo» [BBC (1946a)].

DON JUAN Tango de E. Poncio (mus. c.1898) y R. Podestá (l. c.1913).

D’ ORMESON, JEAN (n. 1925). Escr. y periodista francés Embajador de francia en la Arg.

DORREGO, MANUEL (1787-1828). Militar.

DOS CHINOS, LOS. Confitería. En Chacabuco 199.

DOSE DE ZEMBORAIN, JUSTA (1894-1978). Historiadora.

DRAGO MITRE, ENRIQUE L. (n.1914). Abogado, amigo de infancia de BC. Fue presidente del directorio de La Nación.

DUHAU, ALFREDO (1863-1938). Escr.: Por cuatro garabatos (1911), La dote (1916), etc.

DUJOVNE, LEÓN (1899-1981). Filósofo y profesor arg., n. en Rusia.

DUPONT, MARCELO (m.1956). Segundo marido de Silvina Bullrich.

EANDI, HÉCTOR E. (1895-1965). Escr. y periodista: Hombres capaces (1944).

ECHAGÜE JUAN PABLO (1877-1950). Escr.

ECHEGARAY, ARISTÓBULO (1904-86). Escr.

ECHEVERRÍA, ESTEBAN (1805-51). Escr.: «El matadero» (jb.1871).

EDELBERG, BETINA (n.1921). Escr. y profesora: Para la red (1948). Con B. escribió el ballet La imagen perdida (1953) y Leopoldo Lugones (1955). Casó con Gerardo Lehman.

EDELWEISS [Zum Edelweiss]. Restaurant. En Libertad 431.

EICHELBAUM, SAMUEL (1894-1967). Escr.: El gato y su selva (1936), Un guapo del novecientos (1940).

EKEREN, SIV (n.1946). Periodista.

ELIZALDE, FRANCISCO J. (n.1923). Oculista.

ELIZALDE, GERMÁN (1885-1967). Músico y profesor de canto, amigo de juventud de Adolfo Bioy père.

EMITA, v. RISSO PLATERO, EMA.

ENTRADA PROHIBIDA (1918) Tango de L. Teisseire (mús. y l.).

ERAN SIETE = They Were Seven (1944) de Eden Phillpotts. Emecé (Sept. Cir).

ERRÁZURIZ, PALACIO. Construido para Matías Errázuriz en 1911, en Avenida del Libertador 1902, fue luego sede del Museo de Arte Decorativo.

ERRO, CARLOS ALBERTO (1903-68). Escr.

ESCALADA, REMEDIOS DE (1793-1823). Espasa de José de San Martín.

ESCARDÓ, FLORENCIO (1904-92). Médico y escr.

ESPAÑOLES, MONUMENTO DE LOS. Grupo escultórico (1927), en el cruce entre las avenidas del Libertador y Sarmiento.

ESPEJO, JOSÉ (1905-80). Secretario general de la Confederación General del Trabajo (1947-53).

ESPÍNOLA, FRANCISCO (1901-73). Escr. uruguayo. B. reseñó su Raza ciega en 1928 [Si n.º 11].

ESTRADA, ÁNGEL DE (1872-1923). Escr.: Redención (1907).

ESTRELLA GUTIÉRREZ, FERMÍN (1900-82). Escr. Fue presidente de la SADE en 1959-61.

ESTRELLA, GUILLERMO (1891-1943). Escr.

ESTRELLAS MIRAN PARA ABAJO, LAS [=The Stars Look Down (1935)], de Archibaldi. Cronin.

ETCHEBARNE, MIGUEL DOMINGO (1915-73). Escr.: Juan Nadie (1954).

ETIEMBLE, RENE (1909-2002). Escr. y orientalista francés. Colaboró ocasionalmente en S entre 1940 y 1961.

EXPERIMENTO CON EL TIEMPO, UN [=An Experiment with Time (1927), de J. W. Dunne]. Madrid: Hyspamérica («Biblioteca de Borges»), 1986.

FAINA. Arg. «Tortilla de harina de garbanzos, plato tradicional del barrio de La Boca» [ABAD (1976)].

FALÚ, EDUARDO (n.1923). Folklorista.

FALUCHO, NEGRO. Soldado que, en medio de la sublevación de las tropas argentinas en la guarnición del Callao (1824), habría sido fusilado por no rendirse. Según B. Mitre [Historia de San Martín (1887), XLIX.3], «un negro, soldado del regimiento Río de la Plata, nacido en Buenos Aires, llamado Antonio Ruiz (por sobrenombre "Falucho"), que se resistió a hacerle los honores, fue fusilado al pie de la bandera española». Su existencia es dudosa; falucho era el nombre con el que se conocía a todos los soldados negros en los regimientos de San Martín, para evitar el peyorativo catinga.

FAMILIA QUILLANGO, LA (1885). Novela breve de José M.ª Cantilo (h.) (1840-91). Describe la vida de una familia de estancieros guarangos en Bs As.

FANNY [Epifanía Uveda de Robledo] (1922-2006). Ama de llaves de los Borges (1947-86).

FARRELL, EDELMIRO J. (1887-1980). Militar, presidente defacto (1944-6).

FATONE, VICENTE (1903-62). Filósofo.

FERNÁNDEZ, FELIPE A. (1868-?). Ingeniero. Profesor de matemática (c.1928-30) de BC, quien le dedicó una «Carta» [Prólogo (1929)].

FERNÁNDEZ, JOSÉ M.ª PEPE (1926-2006). Fotógrafo, amigo de los Bioy. En 1954 viajó a Europa con BC. y Silvina Ocampo. En París desarrolló «una habilidad ejemplar para no tener profesión fija»: primer paseador de perros de las señoras de París, empleado de confianza en una agencia atómica, fotógrafo, empleado de guardarropas, etc. [PUJOL, S., Como la cigarra. Beas, 1993: 59 y 99].

FERNÁNDEZ, JUAN. Director de la galería Witcomb (1954-66).

FERNÁNDEZ, MACEDONIO (1874-1952). Escr. Condiscípulo del padre de B. en la Facultad de Derecho de la Universidad de Bs As. Durante los años 1910, frecuentó con Carriego, Alfredo Palacios, Marcelino del Mazo, Alvaro Melián Lafinur y Charles de Soussens la casa de los Borges en Palermo. Tras la muerte de su esposa, en 1920, dejó a sus hijos, abandonó su profesión e inició un largo peregrinar por pensiones y hoteles de Bs As: muchos lo daban por muerto. Cuando los Borges volvieron de Europa (1921), se vinculó con los poetas ultraístas y comenzó a publicar. B. afirma que, aunque «Bioy Casares lo vio [a Macedonio] un par de veces nomás, tuvo la mejor impresión» [En CARRIZO (1982): 11].

FERNÁNDEZ ESPIRO, DIEGO (1872-1912). Poeta.

FERNÁNDEZ LATOUR, ENRIQUE (1898-1972). Escr., amigo de B., de Macedonio Fernández y de los Dabove.

FERNÁNDEZ MORENO, BALDOMERO (1886-1950). Escr.

FERNÁNDEZ MORENO, CÉSAR (1919-85). Escr.: Argentino hasta la muerte (1963).

FERNÁNDEZ ORDÓÑEZ, CARLOS. Abogado de B.

FERRARI, OSVALDO (n.1948). Escr. y periodista.

FERRARÍA, MAYORINO (m.1960). Escr.

FERREY RABASSO JUAN G. (1910-84). Escr.

FERRO, HELLÉN E. (n.1919). Escr. y crítico cinematográfico.

FIGARI, PEDRO (1861-1938). Pintor uruguayo.

FIJMAN, JACOBO (1898-1970). Escr. arg., n. en Besarabia.

FILIBERTO JUAN DE DIOS (1885-1964). Compositor de tangos.

FILLOL DAY, GUSTAVO (1902-?). Ingeniero y bibliófilo.

FILLOY, JUAN (1894-2000). Escr.: Aquende, Balumba (1933), Caterva, Changüí, Decio8A, ¡Estafen! (1932), Finesse, Gehenas, Homo Sum, Ignitus, Jiasond, Karcino, La Hucha, La Potra, Los Ochoa, Llovizna, Metopas, Nefilim, Nampiln, Op Oloop, Periplo, Quiosco, Revenar, Sigicia, Tanatos, Urumpta, Usaland, Vil&Vil, Witness, Xinglar, Yo, yo y yo y Zodíaco.

FINGERIT, MARCOS (1904-79). Poeta. Dirigió la revista Fábula (La Plata, 1936-8), donde colaboraron BC. y Silvina Ocampo en 1936-7.

FINGERMANN, KUNO. Personaje de «Bustos Domecq»: presidente del Socorro Antihebreo y tesorero de la Asociación Aborigenista Argentina; nacionalista.

FIODOROVNA, CLAVDIA. Personaje de «Bustos Domecq».

FIORAVANTI, JOSÉ (1896-1977). Escultor. Su grupo escultórico dedicado a Roque Sáenz Peña (en Diagonal Roque Sáenz Peña y Florida) fue inaugurado en 1936.

FLOR DE FANGO (c.1914). Tango con 1. de P. Contursi, sobre la mus. del tango El desalojo de A. Gentile.

FLORES, CELEDONIO (1896-1947). Escr.

FLORES, BAÑADO DE. Lindero a las calles Bonorino y Balbastro, en el b. de Flores. La zona estaba habitada por peones de saladero. Cuando el bañado fue rellenado con residuos de la ciudad, se convirtió en un basural (la «Quema»).

FLORÍN, ALEJO (n.1946). Médico clínico, experto en tiroides. [Véase BARÓN SUPERVTELLE, O., «Un médico argentino». LN, 2/4/96]. Fue médico de cabecera de BC.

FLORIT, ERNESTO (1889-1968). Militar. Comandante de Defensa Antiaérea del Interior (1946).

«FORASTERO, EL», de Carlos Mastronardi, 1961.

FORJA [Fuerza de Orientación Radical de la Juventud Argentina]. Grupo (1935-45) de la juventud radical, pro-yrigoyenista.

FORNIELES, SALVADOR (1880-?). Abogado, tratadista y escr. de inspiración católica.

FRANCO, LUIS L. (1898-1988). Escr.

FRAY MOCHO [José S. Álvarez] (1858-1903). Escr.: Esmeraldas (1882), Memorias de un vigilante (1897).

FREGOLI, LEOPOLDO (1867-1936). Transformista italiano. Único actor de las piezas que presentaba, llegó a interpretar hasta sesenta papeles en una misma función. Asombraba al público por la velocidad con que entraba y salía de escena, caracterizado sucesivamente de los diversos personajes. Actuó en Bs As en junio de 1895.

FRESEDO, OSVALDO EL PIBE DE LA PATERNAL (1897-1984). Compositor y bandoneonista. Comenzó a tocar en público a los 16 años, junto a su hermano Emilio, en locales y cafés del b. de La Paternal.

FRÍAS, CARLOS (m.1991). Directivo de la editorial Emecé.

FRIGERIO, ROGELIO (n.1914). Economista, estrecho colaborador de Frondizi, cuyo gobierno integró en 1958-9. Tras el golpe de 1962, estuvo un año exiliado.

FROGMAN. Personaje de «Bustos Domecq».

FRONDIZI, ARTURO (1908-95). Presidente (1958-62).

FRONDIZI, RISIERI (1910-83). Filósofo. Rector de la Universidad de Buenos Aires (1957-62).

FRONDIZI, SILVIO (1907-74). Filósofo.

FUNDACIÓN, LA [Fundación Eva Perón] (1948-55). Entidad destinada a la ayuda social, fundada por Eva Perón.

FUSILAMIENTO DE DORREGO, EL (1908). Film de Mario Gallo.

FUTORANSKY, LUISA (n.1938). Escr.

GABRIEL, JOSÉ [José G. López Buisán] (1896-1957). Escr. arg., n. en España.

GAINZA PAZ, ALBERTO (1899-1977). Director de La Prensa.

GALÍNDEZ, BARTOLOMÉ (1896-1959). Poeta. En «Página sobre la lírica de hoy» (1927), B. lo incluye en una supuesta «Escuela de la fina cursilería o de Flores».

GALLAGHER, DAVID (n.1944). Crítico literario inglés, n. en Chile.

GALLARDO, SARA (1935-88). Escr.: Enero (1958).

GALLO, VICENTE C. (1873-1942). Abogado y político.

GALTIER, LYSANDRO Z. DE (1902-82). Escr. y traductor. Publicó parte de su obra en francés.

GÁLVEZ, MANUEL (1882-1962). Escr.: La pampa y su pasión (1926).

GANCEDO, JULIO CÉSAR (1924-92). Escr. y funcionario. En 1954, con el sello Ene publicó la Pequeña antología de Silvina Ocampo; en 1955, La hermana de Eloísa, de B. y Luisa Mercedes Levinson.

GÁNDARA, CARMEN LA NENA RODRÍGUEZ LARRETA DE (1903-77). Escr.: La habitada (1947).

GANDÍA, ENRIQUE DE (1906-95). Historiador. En «Un enfoque flamante» (1967), se lo incluye entre los precursores de la Historia pura, concebida como mero «acto de fe», «libre de toda trepidación y de todo escrúpulo».

GANDUGLIA, SANTIAGO (1904-83). Escr. y periodista: Antigüedad de los Andes (1940) y Aire civil (1943). Fue presidente del Círculo de Prensa (1960-4).

GANNON, PATRICIO (1901-77). Escr.: Viaje a Cynara (1957), En los pasos de Pausanias (1967), etc.

GARAY, M.ª CONSUELO. Poeta: Exaltación (1934), Locura de cien distancias (1940) y Anterior a la imagen de la rosa (1955).

GARCÉS, DELIA (1919-2001). Actriz, esposa de Alberto de Zavalía (q.v.).

GARCÍA, EDUARDO AUGUSTO (1898-?). Abogado.

GARCÍA, GERMÁN LEOPOLDO (n.1944). Psicoanalista.

GARCÍA, LUCIO. Médico de cabecera de BC. «Era un excelente médico: sus diagnósticos eran certeros y su capacidad para sanarlo a uno, extraordinaria» [BC (1994): 86].

GARCÍA MELLID, ATILIO (1901-?). Poeta, modernista. Colaboró en N y Cuadernos de FORJA.

GARCÍA SARAVÍ, GUSTAVO (1920-95). Poeta: Monólogo para mi muerte y otras soledades (1956), Los sonetos (1959), etc. B. prologó su Del amor y otros desconsuelos (1968).

GARCÍA URIBURU, NICOLÁS (n.1937). Pintor.

GARRAHAN, JUAN PEDRO (1893-1965). Médico.

GARRO, [H]ELENA (1916-98). Escr. mexicana, amiga de BC.

GAS, CONFITERÍA DEL. Instalada originariamente (1857) en Suipacha y Rivadavia, fue trasladada a Bartolomé Mitre al 800. En el frente tenía dos faroles de gas. Allí se reúne el Congreso del Mundo [El Congreso (1970)].

GATH & CHAVES. Tienda. En Florida y Cangallo (hoy Presidente Perón).

GAUNA, EMILIO. Personaje de BC (1954).

GENTA, EDGARDO UBALDO (1894-1983). Escr.: El cazador furtivo (1935), El sentido del dolor (1935), La epopeya de América (1963), etc.

GERCHUNOFF, ALBERTO (1883-1950). Escr. y periodista: Los gauchos judíos (1910) El hombre que hablo en la Sorbona (1926).

GEROSA, ROBERTO. Veterinario. Amigo de BC. y Silvina Ocampo.

GHIANO JUAN CARLOS (1920-83). Escr.

GHIOLDI, AMÉRICO (1899-1984). Político socialista, director de La Vanguardia, fundador del Partido Socialista Democrático.

GHIOLDI, LOS. Hermanos: Américo (q.v.) y Rodolfo (q.v.).

GHIOLDI, RODOLFO (1897-1985). Político comunista, fundador del Partido Socialista Internacional.

GILARDI, FERNANDO (1902-68). Escr.: Silvano Corujo (1931), La mañana (1935).

GILARDONI.JOSÉ (n.1931). Librero especializado en la obra de B.

GIMÉNEZ PASTOR, ARTURO (1872-1949). Escr.

GINASTERA, ALBERTO (1916-83). Compositor.

GIRONDO, OCTAVIO JOSÉ OLIVERIO (1891-1967). Escr.: Veinte poemas para ser leídos en el tranvía (1921).

GIRRI, ALBERTO (1919-91). Poeta: Valores diarios (1970).

GIUSTI, ROBERTO F. (1887-1978). Escr. arg., n. en Italia: Mis muñecos (1923), A las cataratas (1956). Dirigió (1907-43) Nosotros, con A. Bianchi.

GODEL, ROBERTO (1900-?). Médico y escritor, amigo de B., con quien cursó estudios primarios. B. prologó su Nacimiento del fuego (1932). Véase VACCARO, A., «Cartas del poeta adolescente» [LN, 9/6/96].

GODOY, PEDRO (1900-?). Poeta: A cara o cruz (1930), Vidrio de punta (1931), Brochagorda (1932), etc.

GOLLAN, JOSÉ SANTOS (1918-2000). Director del Suplemento Literario de La Prensa.

GOLPEÁ QUE TE VAN A ABRIR. Expresión popular, que sugiere que todo intento será vano. También tiene un doble sentido procaz, como en el tango Golpeá que te van a abrir (c.1910) de Ruiz Fernández.

GOMBROWICZ, WITOLD (1905-69). Escr. polaco. Residió en la Arg. en 1939-65.

GÓMEZ, ALBINO (n.1928). Periodista y escr.

GÓMEZ DE LA SERNA, RAMÓN (1888-1963). Escr. español. Residió en Bs As en 1936-63.

GÚMEZ. Personaje de La bahía del silencio (1940), de E. Mallea.

GOÑI, UKI (n.1953). Periodista nort. Desde 1975 reside en la Arg.

GONZÁLEZ, HÉCTOR BLAS (n. 1924). Director de Cultura bajo el presidente Frondizi; Secretario de Prensa de Onganía.

GONZÁLEZ, JOAQUÍN V. (1863-1923). Escr.: Mis montañas (1893); «El pollino y el automóvil» [Fábulas nativas (1924)].

GONZÁLEZ ACHA, ALBERTO (m. 1974). Vecino de los B., en Palermo.

GONZÁLEZ ARRILI, BERNARDO (1892-1987). Escr.: Protasio Lucero, Mangangá, Tierra mojada, etc.

GONZÁLEZ CARBALHOJOSÉ (1900-58). Escr.

GONZÁLEZ GARAÑO, ALEJO (1877-1946). Historiador.

GONZÁLEZ GARAÑO, ALFREDO EL PETISO (1886-1969). Pintor e historiador del arte.

GONZÁLEZ GARAÑO, LOS. Alfredo González Garaño (q.v.) y su mujer, María Teresa Ayerza.

GONZÁLEZ LANUZA, EDUARDO (1900-83). Poeta arg., n. en España: «Poema para ser grabado en un disco de fonógrafo» [ Treinta i tantos poemas (1932)].

GONZÁLEZ TRILLO, ENRIQUE (1906-94). Escr.

GONZÁLEZ TUÑÓN, LOS. ENRIQUE (1901-43); RAÚL (1905-74). Escr.

GORILA. Arg. «Perteneciente a una corriente política archiconservadora» [ABAD (1976)]. En especial, el ala antiperonista de las fuerzas armadas, encabezada por el almirante Rojas (q.v.).

GOTTHEIL, JULIO (n.1926). Primer marido de Beatriz Guido.

GOYANARTE, JUAN (1900-67). Escr. español, residente en la Arg.: Lago Argentino (1946). Socio gerente de la editorial Sur hasta mayo de 1956, en que fundó su propia revista, Ficción.

GOYENA, PEDRO (1843-92). Político y periodista.

GOYENECHE, JUAN CARLOS (1913-82). Activista católico nacionalista. Fue director, junto con Mario Amadeo, de Sol y Luna (1938-43). En sus viajes por Europa se entrevistó con Franco, Hitler, Mussolini y Pío XII, entre otros.

GRANATA, MARÍA (n.1921). Escr.

GRIEBEN, CARLOS (1921-72). Escr.

GRINBERG, MIGUEL (n.1937). Escr. y periodista.

GRONDONADE LEGARRETA, MARIANA (m.1995). Escr.

GRONDONA, ADELA (1912-97). Escr. Según recuerda, ella y Mariana conocieron a B. «en casa de Ana Berry, una chilena que tenía un salón frecuentado por escritores e intelectuales», hacia 1937 [MONTENEGRO (1990): 21].

GRONDONA CASARES, ENRIQUE ENRIQUITO. Primo de BC. Hijo de Enrique Grondona y M.ª Ignacia Casares.

GRONDONA, LAS. Hermanas: Adela (q.v.), Mariana (q.v.) y Rosario Rosarito.

GROUSSAC, CORNELIA TAITA (1883-1968). Hija de Paul.

GROUSSAC, PAUL (1848-1929). Escr. arg., n. en Francia.

GRÜNBERG, CARLOS M. (1903-68). Escr.

GUARANGO Arg. Grosero mal educado

GUARDO, RICARDO CÉSAR (1909-84). Presidente de la Cámara de Diputados (1946-8).

GUASTA, EUGENIO (n.1927). Sacerdote.

GUASTAVINO, CARLOS (1914-2000). Compositor.

GUDIÑO KIEFFER, EDUARDO (1935-2002). Escr.

GÜEMES, MIGUEL DE (1785-1821). General salteño. Defendió durante años la frontera Norte contra los españoles, mediante lucha de guerrillas. En 1821 se enfrentó y fue derrotado por el gobernador de Tucumán, Bernabé Aráoz, que se había proclamado Presidente de la República Tucumana.

GUERRA GAUCHA, LA (1942). Film de Lucas Demare.

GUERRERO, JAZMÍN. Personaje de La bahía del silencio (1940), de E. Mallea.

GUERRERO, MARGARITA MARGOT. Amiga de B., al que asistió en El Martín Fierro (1953), en Manual de zoología fantástica (1957) y en El libro de los seres imaginarios (1967).

GUERRERO MARTINHEITZ, HUGO (n.1924). Locutor peruano, residente en la Arg.

GUIDO, BEATRIZ (1922-88). Escr.: La casa del ángel (1954).

GUIDO, JOSÉ M.ª (1910-75). Presidente (1962-3).

GUIDO Y SPANO, CARLOS (1827-1918). Poeta: «Nenia» [Hojas al viento (1871)].

GUIJARRO, JUAN [Augusto Gandolfi Herrero] (1902-?). Escr.

GUILLERMO, v. TORRE, GUILLERMO DE.

GUILLOT MUÑOZ, GERVASIO (1897-1956). Crítico y traductor uruguayo. Colaboró en S entre 1935-6. Según Mastronardi, los hermanos Guillot Muñoz, «cuyas versiones de Laforgue y de Supervielle eran muy celebradas en las dos márgenes del Plata», asistían a las reuniones martinfierristas en el café Tortoni [MASTRONARDI (1967): 227].

GUINDADO, EL. En los bosques de Palermo. «Suerte de confitería, cuyos clientes no bajan de sus automóviles, donde los atiende y sirve el personal.» [BC (2001): 12].

GÜIRALDES, ALBERTO (1897-1961). Dibujante.

GÜIRALDES, JUAN JOSÉ EL CADETE (1917-2003). Comodoro retirado desde la primera presidencia de Perón, se dedicó a la política. Desde la UCRI, propició el acercamiento entre Frondizi y Perón. En tiempos del gobierno de Illia adoptó la línea dura del frentismo, buscó su renuncia, la aplicación de la ley de Acefalía y el llamado a nuevas elecciones. Sobrino de Ricardo, se dedicó a la exaltación de las tradiciones criollas; solía vestir con prendas gauchas, aun con facón, rastra y poncho.

GÜIRALDES, RICARDO (1886-1927). Escr.: «El rescoldo» [Cuentos de muerte y de sangre (1915)], Raucho (1917), Xaimaca (1923), Poemas místicos y sagrados (p. 1927), etc.

GUTIÉRREZ, EDUARDO (1851-89). Escr.

GUTIÉRREZ, JUAN M.ª (1809-78). Crítico.

GUTIÉRREZ, RICARDO (1838-96). Poeta.

HAEDO, LOS. Jacinta Haedo, uruguaya, casó con el coronel Manuel Isidoro Suárez (1799-1846); fueron padres de Leonor Suárez Haedo (1837-1918), abuela materna de B. Cuando niños, B. y su hermana pasaban parte del verano en casa de los primos Haedo, en Paso del Molino (Montevideo). Allí jugaban con su prima, Esther (q.v.).

HAEDO, ESTHER. Prima de B., uruguaya. Estaba casada con Enrique Amorim.

HANSEN, LO DE [Restaurant Tres de Febrero, de Juan Hansen]. En Palermo, en la esquina de Sarmiento y Casares (hoy Figueroa Alcorta) entre 1875 y 1912.

HARRIAGUE CASTEX, MAGDALENA (1924-95). Escr.: La mano y su viaje (1964).

HASLAM, EDWARD YOUNG (1813-78). Pastor metodista, bisabuelo de B.

HASLAM, FRANCÉS ANN (1842-1935). Abuela paterna de B.

HENRÍQUEZ UREÑA, PEDRO (1884-1946). Crítico y profesor dominicano. Se instaló en Bs As en 1924. Hacia 1925 conoció a B.; juntos prepararon una Antología clásica de la literatura argentina (1938). Desde 1940 participó regularmente de las reuniones de los Bioy.

HERNÁNDEZ, FELISBERTO (1902-64). Escr. uruguayo.

HERNÁNDEZ, TOSE (1834-66). Escr.

HERNÁNDEZ, JUAN JOSÉ (n.1930). Escr.

HERNÁNDEZ, RAFAEL (1840-1903). Escr. y periodista: Pehuajó; Nomenclatura de las calles (1896).

HERRERA Y REISSIG, JULIO (1875-1910). Poeta uruguayo: «La sombra dolorosa» [Los parques abandonados (1901)]; «Fiesta popular de ultratumba» [Las pascuas del tiempo (1902)]; «Epitalamio ancestral» [Las clepsidras (1910)].

HERRERO MAYOR, AVELINO (1891-1982). Lingüista y profesor de enseñanza secundaria.

HIDALGO, ALBERTO (1897-1967). Escr. peruano, residente desde 1916 en la Arg.

HIDALGO, BARTOLOMÉ (1788-1823). Poeta uruguayo.

HOGG, RICARDO (1879-1963). Hacendado y escritor: Patricio Lynch (1930) Yerba vieja (1940).

HOMBRE DE LA ESQUINA ROSADA. Film (1962) de Rene Mugica, basado en un libreto de I. Aisenberg, C. Aden y J. Gómez Bas.

HOMBRE MONTAÑA. CATCHER, integrante de una troupe que entrenaba en los treinta y en los cuarenta en el gimnasio del Luna Park. El grupo de luchadores era liderado por «el inmenso Hombre Montaña y el conde polaco Karol Nowina» [INI, L., «Con el cielo como ring, Karadagián aún lucha». LN, 3/5/97].

HORMIGA NEGRA [Guillermo Hoyos]. Delincuente gaucho. Inspiró el folletín Hormiga Negra (1881) de Eduardo Gutiérrez.

HORNOS PAZ, OCTAVIO (1917-2004). Secretario general de redacción (1968-86) del diario La Nación.

HUDSON, WILLIAM H. (1841-1922). Escr. ing, n. en la Arg.

HUECO. Arg. «Espacio desprovisto de edificación, donde luego se trazó una plaza» [GOBELLO (1975)].

HURLINGHAM. Localidad del N. del GBA.

IBARBOUROU, JUANA DE (1895-1979). Escr. uruguaya.

IBARGUREN, CARLOS (1877-1956). Historiador. Fue presidente de la Academia Argentina de Letras en 1935, para completar el período de C. Oyuela; fue reelegido en 1937, 1946, 1949 y 1956. En 1955 publicó La Historia que he vivido, sus memorias.

IBARRA, NÉSTOR (1908-86). Crítico francés de padre arg. En 1925 viajó a Bs As para estudiar Filosofía y Letras. Conoció a B. en 1928 y le dedicó su tesis doctoral. En 1931 publicó una traducción de «Le cimetière marin», prologada por B. Se dedicó a la fotografía. En 1945-6 dirigió obras de teatro de Keith Winter, Jules Romains, etc. Regresó a Francia y, en 1951, con Paul Verdevoye, tradujo Ficciones. Casó con Alicia Astete, cuñada de B.

IBERRA, Los. Juan y Daniel, cuchilleros de Adrogué (pcia. de Bs As). B. los evocó en «El tango» (1958), en «Milonga de dos hermanos» y «¿Dónde se habrán ido?» (1975); a Daniel, en «There are more things» (1975).

IDIARTE BORDA, JUAN (1844-97). Presidente del Uruguay (1894-7).

ILLIA, ARTURO HUMBERTO (1900-83). Presidente (1963-6).

INCHAUSPE, PEDRO (1896-1957). Crítico literario y folklorista: Voces y costumbres del cambo argentino, Allá en el sur, etc.

INGENIEROS, CECILIA. Una de las hijas de José Ingenieros. B. la cortejó durante 1941-4 e incluso llegó a proponerle matrimonio. Por entonces era bailarina; después de casarse con un profesor, se dedicó a la egiptología. Cuando B. dirigía ABA, publicó un artículo de ella sobre «La danza en los Estados Unidos» [n.º 8 (1946)].

INGENIEROS, DELIA (1915-95). Microbióloga, ensayista e ilusionista profesional (con el seudónimo de «Delia Kamia»): Memorias de una maga (1956), Entre Yrigoyen e Ingenieros (1957) y Los microbios útiles (1968). Colaboró con B. en Antiguas literaturas germánicas (1951).

INGENIEROS, JOSÉ (1877-1925). Sociólogo arg., n. en Italia: El hombre mediocre (1913).

INTEGRACIÓN. Postura política que buscaba un acercamiento con el peronismo, después de 1955.

INVENCIBLE, EL. Tango [¿El irresistible (1908), de Lorenzo Logatti?].

IPUCHE, PEDRO LEANDRO (1889-1976). Poeta uruguayo: El yesquero del fantasma (1943), La defensa de Paysandú (1962).

IRAZUSTA, JULIO (1900-82). Historiador.

ITELMAN, ANA (1927-89). Coreógrafa chilena. Tras estudiar en los EE.UU. (1945-6), fundó una escuela de danza en Bs As. A través de su teatro danza, buscó la simbiosis entre ambas artes. En agosto de 1952 se estreno su coreografía para la comedia-ballet Poof de A. Salacrou. En 1953, B. y Betina Edelberg escribieron para ella el ballet La imagen perdida. Según В., «[lo] escribimos para divertirnos un poco porque Betina compartía mi incredulidad. [… ] Quería hacer aquello para una amiga, una bailarina judía que se llamaba Ana Itelman [… ] y debía de ser una bailarina notable puesto que sus colegas la odiaban y la encontraban muy antipática, pero le reconocían un genio que no podían negarle» [MILLERET (1970): 72-3]. En 1960 preparó la coreografía del ballet Hombre de la esquina rosada, con música de Piazzolla. Se estableció en Bs As en 1970. Se suicidó.

ITUZAINGÓ, BATALLA DE (20 de febrero de 1827). Victoria naval arg., durante la Guerra del Brasil (q.v.).

IVANISSEVICH, ÓSCAR (1895-1976). Político y médico. Ministro de Educación del presidente Perón (1948-50 y 1974-5).

IVETTE (1914). Tango de Costa Roca (mus.) y P. Contursi (l.).

IVULICH, ELENA. Secretaria de Silvina Ocampo.

JASCA, ADOLFO (1922-90). Escr.: Los tallos amargos (1955).

JAURETCHE, ARTURO (1901-74). Escr.

JESUALDO Qesualdo Sosa] (1905-83). Pedagogo uruguayo.

JICHLINSKY, SIMÓN. Médico suizo. Condiscípulo (1914-7) de B. en Ginebra.

JORDÁN, LUIS M.ª (1883-1933). Escr.: Cavalcanti (1907), La túnica del sol (1909) La Bambina etc.

JULIÁN (1924). Tango de E. Donato (mus.) y L. Panizza (l.).

JURADO, ALICIA (n.1915). Escr. Estela Canto la presentó a В. a fines de 1954 [JURADO (1990): 26]. Colaboró con B. en Qué es el budismo (1976).

JUSTO, JUAN BAUTISTA (1865-1928). Político, socialista.

JUSTO, ALICIA LISI. Hija de Juan B. Justo y Alicia Moreau. Fue la primera mujer de H. Murena.

KEINS, PAUL. Erudito y librero alemán, discípulo de Karl Vossler. Instalado en España desde principios de los treinta, huyó a Bs As en 1936, «por imperativos de la contienda civil» [N, n.º 14 (1937):106]. Atendía en la Galería Witcomb, de la calle Florida. B. le atribuye la obtención del Informe de David Brodie.

KELLY, GUILLERMO PATRICIO (1921-2005). Jefe de la Alianza Libertadora, grupo de choque del peronismo.

KIRSTEIN, LINCOLN (1907-96). Fundador y director de la Escuela de Ballet nort. Cf. declaración de ВС. en SORRENTINO (1992): 110: «Me acuerdo de que vino acá el musicólogo Kinsky [sic] y nosotros le hacíamos escuchar tangos y él creía que eran blues. Y Borges me decía: "Qué bruto: le pusimos Ivette y no lo oyó…"».

KLAPPENBACH, GUILLERMO (1907-?). Ingeniero, marido de Luisa Mercedes Levinson.

KOCIANCICH, VLADY (n. 1941 ). Escr.

KODAMA, M.ª (n.1942). Escr., segunda esposa de B.

KOREMBLIT, BERNARDO EZEQUIEL (n.1916). Escr.: Nicolás Olivan, poeta unicaule (1957).

KORN, ALEJANDRO (1860-1936). Filósofo.

KORN, FRANCIS (n.1935). Escr. y antropologa.

KOVACCI, Ofelia (1927-2001). Lingüista.

KRAFT. Librería. En Florida 681.

KRUPKIN, ILKA [Elias Jodolovski] (1902-80). Escr.

KUMINSKY RICHTER, MATILDE (1918-98). Esposa de Ernesto Sabato.

LABARDÉN, MANUEL J. DE (1754-1809). Escr. colonial.

LAFERRÈRE, ALFONSO DE (1893-1978). Escr. y periodista.

LAFINUR, JUAN CRISÒSTOMO (1797-1824). Escr.

LAFINUR, LUIS DE (1752-1822). Alférez, padre de Juan Crisóstomo. Participó en 1810 en el intento de contrarrevolución de Liniers, en Córdoba. Fracasado éste, dejó las armas y se pasó a la causa revolucionaria.

LAFLEUR, HÉCTOR RENÉ (n.1916). Escr.: La ventana mágica (1942), Fábulas contra el fragor de los días (1948), etc. Dirigió las revistas Adiáfora (1942) y Contrapunto (1944-5).

LAINEZ, SALÓN. Sala de Conferencias del Jockey Club. En Florida 559.

LA LUCILA. Est. del Ferrocarril Mitre, en la loc. de Vicente López (GBA).

LAMARQUE, NYDIA (1906-82). Poeta: Telarañas (1925, con prólogo de B.).

LANGE, HAYDEE. Hermana de Norah. Hacia fines de los treinta, tue cortejada por B., a quien rechazó. Tradujo tres volúmenes para «El Séptimo Círculo».

LANGE, NORAH (1906-72). Escr.: La calle de la tarde (1925, con prólogo de B.), Cuadernos de infancia (1937), Personas en la sala (1950). En los años veinte, desde su regreso de Europa, a través de un primo común (Guillermo Juan Borges Erfjord), B. entabló amistad con las hermanas Lange y fue asiduo concurrente a los sábados martinfierristas de su casa de la calle Tronador, en Belgrano [NOBILE (1968): 11]. Desde fines de los veinte, la presencia de Oliverio Girando (con quien Norah casaría en 1943) y la disolución del martinfierrismo llevaron al progresivo distanciamiento entre B. y las Lange.

LANTERI, ARTURO (1891-1975). Dibujante. En 1916, publicó en El Hogar «Las aventuras del Negro Raúl».

LANÚS. Pdo. del GBA.

LANUSSE, ALEJANDRO A. (1918-96). Presidente de facto (1971-3).

LANUZA, JOSÉ LUIS EL PEQUE (1901-76). Escr.

LAPRIDA, FRANCISCO NARCISO DE (1786-1829). Político.

LARCO, JORGE (1897-1967). Pintor.

LARRALDE, PEDRO (n.1920). Crítico.

LARRETA, ENRIQUE RODRÍGUEZ (1875-1961). Escr.: «Zogoibty» (1926); «La almohada», «La pampa» [La calle de la vida y de la muerte (1941)], etc.

LASCANO TEGUI, VIZCONDE DE [Emilio Lascano Tegui] (1887-1966). Escr.

LASH, KENNETH (1918-?). Profesor nort. Graduado en Yale (1939) y en la Univ. de New México (1948), viajó a la Arg. con una beca de la fundación Rockefeller.

LASTRA, ALEJANDRO (1902-85). Abogado.

LASTRA, ESTELA GONZÁLEZ DE (m.1980). Amiga de Silvina Ocampo.

LASTRA, FELIPE A. (n. c.1881). Criador de caballos criollos. A instancias de L. Benarós, escribió sus Recuerdos del Novecientos (1965), donde describe, entre otros, los famosos bailes «en lo de Hansen».

LAVALLE, FLORO. Médico. Integró diversas organizaciones derechistas (Liga Patriótica Argentina, Legión Cívica Argentina, etc.).

LAVALLEJA, JUAN ANTONIO (1784-1853). Militar uruguayo.

LA VERDE, BATALLA DE (27 de noviembre de 1874). Librada cerca de Lujan, entre los coroneles José I. Arias y Francisco I. Borges. Eduardo Gutiérrez la describe en sus Croquis y siluetas militares (1886).

LEDESMA, ROBERTO (1901-66). Poeta y periodista: Tiempo sin ceniza (1943).

LEGRAND, MIRTHA [Rosa M.ª Martínez Suárez] (n.1927). Actriz y conductora de programas televisivos.

LEHMANN-NITSCHE, ROBERT (1872-1938). Antropólogo alemán, residente en la Arg.

LELOIR, LUIS FEDERICO (1906-87). Químico.

LEMOS, GUILLERMO. Primo paterno de BC. Peleó por Francia en la Segunda Guerra Mundial y fue gravemente herido.

LENSON, LISA v.

LEVINSON, LUISA MERCEDES.

LETRA Y LÍNEA. Revista literaria dirigida por Aldo Pellegrini. Entre sus colaboradores se contaron A.Vanasco, O. Girondo, M. Brascó, Norah Lange y J. A. Vasco. Aparecieron sólo cuatro números (octubre 1953 a julio 1954).

LEUMANN, CARLOS ALBERTO (1882-1952). Escr.: El empresario del genio (1927).

LEVENE, RICARDO (1885-1959). Historiador.

LEVILLIER, DIANA (1929-75). Subsecretaría de Cultura (1970-1).

LEVILLIER, ROBERTO (1886-1969). Escr. y diplomático, n. en Francia.

LEVINE, SUZANNE JILL. Crítica literaria y traductora nort.

LEVINGSTON, MARCELO (n.1920). Presidente de facto (1970-1).

LEVINSON, LUISA MERCEDES (1914-88). Escr. En 1955 colaboró con B. en «La hermana de Eloísa».

LEZAMA, PARQUE. Delimitado por las avenidas Regimiento de Patricios, Martín García, Paseo Colón y Brasil, en el b. de San Telmo.

LIBERALIS. Revista (1949-61) de orientación masónica progresista, dirigida sucesivamente por Rodolfo Fitte, Agustín J. Álvarez y Justo Prieto.

LIBRES DEL SUR, REVOLUCIÓN DE LOS. Fracasada revolución de los estancieros del S. de la pcia. de Bs As (Chascomús y Dolores) contra Rosas; el 3 noviembre de 1839, la costa cayó en poder de los rebeldes que, sin embargo, fueron derrotados definitivamente el 7, en Chascomús.

LIBRO BRAVO, EL (1936), de R. Güiraldes.

LIDA, Ma ROSA (1910-62). Crítica.

LIDA, RAIMUNDO (1908-79). Crítico.

LIMA, FÉLIX (1880-1943). Escr. costumbrista y periodista. Escribía en lunfardo. Presentó a B. al guapo Paredes. B. lo llama «continuador de Fray Mocho» [«La pampa y el suburbio son dioses» (1926).

LINCOLN. Pdo. de la pcia. de Bs As.

LINIERS, SANTIAGO DE (1753-1810). Militar francés, virrey del Río de la Plata (1807-9).

LIRA ARGENTINA, LA. Antología (1824) de poemas patrióticos escritos desde y en homenaje a la Revolución de Mayo.

LITA [Micaela Cadenas]. Mujer de Xul Solar.

LITERARIA. Revista (1960-1), dirigida por F. P. Alonso, J. E. Field y A. Rezzano.

LITMAN, CASA. Inmobiliaria. En Hipólito Yrigoyen 3033.

LOBOS. Cd. de Bs As, en la cuenca del río Salado.

LOCA (1922). Tango de M. Jovés (mus.) y Antonio Martínez Viergol (l.).

LÓIZAGA, ELVA DE (1916-63). Escr: Oda melancólica a la violencia (1958) y Poesía argentina para los niños (1960). Según M.ª Elena Walsh, «al promediar una discusión de vereda con Elba [sic] de Lóizaga, que todo lo discutía, me [presentó] formalmente y sin ganas a su amigo exclusivo Jorge Luis Borges. Aún sigue siendo un enigma saber por qué él siguió frecuentando a la incipiente escriba» [«Buenos Aires, 1948: Escenas de la vida literaria». LN, 13/12/98]. Se suicidó.

LOMAS DE ZAMORA. Cd. cabecera del pdo. homónimo, del GBA.

LONARDI, EDUARDO (1896-1956). Militar. Presidente de facto (1956).

LONCÁN, ENRIQUE (1892-1942). Escr.

LONGHI, NEGRO (n.c.1900-?). Médico que «cultivó la poesía de modo esporádico» [MASTRONARDI (1967): 184-9].

LÓPEZ, LUCIO. Amigo de los padres de BC.

LÓPEZ, VICENTE FIDEL (1815-1903). Escr. e historiador.

LÓPEZ JORDÁN, RICARDO (1822-89). Militar.

LÓPEZ LLAUSÁS, ANTONIO (1888-1979). Editor español, director de Editorial Sudamericana.

LÓPEZ LLOVET DE RODRIGUÉ, GLORIA (n.1948). Editora.

LÓPEZ MERINO, FRANCISCO (1904-28). Escr. e historiador.

LÓPEZ Y PLANES, VICENTE (1785-1856). Escr. y político.

LORD JIM (1900), de J. Conrad. Emecé («La Puerta de Marfil»), 1947.

LOSADA, GONZALO (1894-1981). Editor arg., n. en España.

LOZZIA, LUIS MARIO (1922-2003). Escr. y periodista.

LUGONES, LEOPOLDO (1874-1938). Escr.: Los mundos (1893); Las montañas del oro (1897); «Emoción aldeana», «Oceánida» [Los crepúsculos del jardín (1905)]; La guerra gaucha (1905); Las fuerzas extrañas (1906), «Luna campestre» [Lunario sentimental (1909)]; El payador (1916); El libro de los paisajes (1917); Mi beligerancia (1917); «El dorado» [Las horas doradas (1922)]; Poemas solariegos (1928); «La visita» [Romances de Río Seco (jb.1938)].

LUGONES, LEOPOLDO (H.) (1898-1971). Comisario de policía, introductor de la picana eléctrica.

LUNA, RICARDO. Director de cine. En 1975, filmó Los orilleros, estrenada en octubre de ese año. Murió poco después.

LUSARRETA, PILAR DE (1907-67) Escr.

LUSSICH, ANTONIO D. (1848-1928). Escr. uruguayo.

LYNCH, BENITO (1885-1951). Escr.: Los caranchos de La florida (1916); «El potrillo roano» [De los campos porteños (1931)]; Romance de un gaucho (1933).

LYNCH, HERSILIA (1861-1946). Abuela materna de BC.

LYNCH, MARTHA (1924-85). Escr.: La alfombra roja (1962).

LYNCH, VENTURA R. (1851-83). Periodista, pintor y músico.

MACANEADOR Arg. Embustero.

MACEDONIO. v. FERNÁNDEZ, MACEDONIO.

MACHETEAR. Lunf. Copular.

MAC KAY, LUIS RAFAEL (1905-63). Ministro de Educación y justicia del presidente Frondizi (1958-62).

MADANES, CECILIO (1921-2000). Director de teatro. Su primo Marcos era director de cine y guionista.

MAFFÉ, GUILLERMO. Odontólogo, amigo de BC.

MAGRINI, CÉSAR (n.1929). Periodista y escr.

MAIDANA. Personaje de BC (1954).

MAIZANI, AZUCENA (1902-70). Cantante de tangos.

MALAMBO, EL. Restaurant y peña. En Manuela Pedraza 5139.

MALBRÁN, JORGE LUIS (1894-1972). Oculista.

MALET, ALBERT (1864-1915). Historiador francés. Durante años, sus libros, algunos adaptados por Narciso Binayán, fueron usados en la Are. como textos de enseñanza secundaria.

MALEVO, MUÑOZ v. PÚA, CARLOS DE LA.

MALINOW, LYDIA INÉS (n.1922). Escr.

MALLEA, EDUARDO (1903-82). Escr.: Cuentos para una inglesa desesperada (1926); Nocturno europeo (1935); La ciudad junto al río inmóvil (1936); La bahía del silencio (1940); Las águilas (1943); Chaves (1953); Notas de un novelista (1954); Simbad (1957); «Los zapatos» [Posesión (1958)]; «Corto es febrero» [La barca de hielo (1967)]; La red (1968); La penúltima puerta (1969). Fue director del Suplemento Literario de La Nación en 1931-55.

MALLEA, HELENA, V. MUÑOZ LARRETA, HELENA.

MALLO, ANA M.ª MARUJA GONZÁLEZ (1902-94). Pintora española, de inspiración surrealista, residente (1937-61) en la Arg.

MAMBORETÁ. Arg. de origen guaraní. Insecto (mantis religiosa).

MANGRULLO, EL. Asociación fundada por el bibliófilo y editor Federico Vogelius. Entre sus miembros se contaban Molinari, B., el vizconde de Lascano Tegui (que oficiaba como cocinero en las reuniones), Santiago Cogorno y Samuel C. Palui, que dirigía su editorial artesanal (imprimía en los talleres de Colombo). De B. publicó en 1955 Nueve poemas, con una ilustración de Cogorno.

MANGUEL, ALBERTO (n.1948). Escr. canadiense, n. en la Arg.

MANGUERO. Lunf. Que pide dinero.

MANNING, HUGO (1913-77). Escr. inglés. Vivió en la Arg. en 1938-42. Colaboró en LN, en Sy en The Buenos Aires Herald. Con P. Gannon (q.v.) preparó una Anthohgy of Argentine Verse.

MANSILLA, LUCIO V. (1831-1913). Escr. y memorialista.

MANTOVANI.JUAN (1898-1961). Profesor universitario.

MANUCHO. v. MUJICA LAINEZ, MANUEL.

MANUELITA [Manuela Rosas] (1817-98). Hija de Juan Manuel.

MARASSO, ARTURO (1890-1970). Escr.: Poemas (1944).

MARCELINO, ANTONIO. Escr.: La voz de las trincheras y En La Pampa no hay un cielo.

MARECHAL, LEOPOLDO (1900-70). Escr.: Adán Buenosayres (1948).

MARÍA, MADRE [M.ª Salomé Loredo de Subiza] (1854-1928). Curandera arg., n. en España, discípula y continuadora del manosanta Pancho Sierra.

MARIANI, ROBERTO (1892-1946). Escr.

MARILÚ. Casa de ropa para muñecas. En Florida 774. Fundada en 1919, vendía la famosa muñeca Marilú y accesorios para la misma. En 1933 amplió el giro de sus negocios y vendió ropa para niñas; cuando esas niñas se hicieron adultas, fabricó también ropa para señoras.

MÁRMOL, JOSÉ (1817-71). Escr. Amalia (1851).

MARONE, GHERARDO (1892-1962) Profesor italiano. Fue director del Instituto de Literaturas Neolatinas de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Bs As durante el peronismo. Se doctoró en Jurisprudencia en la Universidad de Napoles con la tesis «Il plagio é delito?».

MARQUES CASTRO, MATEO (m.1959). Embajador del Uruguay en la Arg.

MÁRQUEZ MIRANDA, FERNANDO (1897-1961). Etnógrafo, arqueólogo y profesor.

MARROCO. Lunf. Pan.

MARTEL, JULIÁN [José Mª Miró] (1867-96). Escr.: La Bolsa (1908).

MARTIN, EGLE [Egle L. Martínez Furque] (n.1939). Bailarina de candombre y actriz. En 1952 fue la primera reina de la televisión arg. Interpretó el papel de Florencia en el film Los orilleros (1975).

MARTÍNEZ DE HOZ, FEDERICO L. (1865-1935). Gobernador de la pcia. de Bs As (1932-5). Debido a enfrentamientos entre facciones internas del partido Demócrata, debió renunciar en marzo de 1935.

MARTÍNEZ DE HOZ, M.ª IGNACIA (1821-93). Bisabuela de BC. Casada con Vicente E. Casares y madre de Vicente L.

MARTÍNEZ ESTRADA, EZEQUIEL (1895-1964). Escr.: Títeres de pies ligeros (1929).

MARTÍNEZ PAZ, ENRIQUE (1908-91). Abogado. Ministro del Interior en 1966. Era hijo de Enrique Martínez Paz y Cecilia del Campillo.

MARTÍNEZ ZUVIRÍA, GUSTAVO (1883-1962). Escr. Director de la Biblioteca Nacional en 1931-55.

MARTONA, LA. Empresa industrial, fundada en 1889 por V. L. Casares, dedicada a la producción, distribución y venta al público de leche y sus derivados.

MÁS Y PÍ, JUAN (1878-1916). Crítico español. Residió en Bs As desde principios del s. XX. Colaboró en N.

MASSUH, VÍCTOR (n.1924). Filósofo. Embajador ante la UNESCO, en París (1976-84).

MASTRONARDI, CARLOS (1900-76). Escr.: «Los bienes de la sombra» [Conocimiento de la noche (1937)]; Formas de la realidad nacional (1961); Siete poemas (1963); «La medalla» [Poesías completas (p. 1982)]. Conoció a B. a mediados de los años veinte, en las reuniones martinfierristas. Se estableció definitivamente en Bs As en 1937, dedicado al periodismo y a la poesía. A su vez, conoció a BC. a través de B., c.1936 [ULLA (1990):133].

«MATADERO, EL» (p.1871), de Esteban Echeverría.

MATE COSIDO. Alias del delincuente tucumano Segundo Prelata. En 1933-40 asaltó a comerciantes y estancieros, con procedimientos à la Robin Hood. Tras un enfrentamiento con gendarmes en el Chaco, desapareció en la selva.

MAULEÓN CASTILLO, RAFAEL. Escritor mendocino. Dirigió los cuadernos Brigadas Líricas (Mendoza, 1944). Mantuvo amistad epistolar con BC. en los años treinta.

MAZO, MARCELINO DEL (1879-1968). Escr.: Los vencidos (1910-2). Fue «el amigo más real de Carriego» [B (1930)].

MAZORCA [Sociedad Popular Restauradora]. Organización terrorista al servicio (1833-46) del gobierno de Rosas.

MEDINA ONRUBIA, SALVADORA (1894-1972). Escr. y activista, mujer de Natalio Botana.

MELIÁN LAFINUR, ALVARO (1889-1958). Poeta y crítico. Primo segundo de B. En 1910, cuando trabajaba en El País hizo publicar la traducción de «El príncipe feliz» de Wilde realizada por el joven B.

MELIÁN LAFINUR, LUIS (1850-1939). Historiador uruguayo.

MELÓ, LEOPOLDO (1869-1931). Político. Director de la Biblioteca Nacional en 1930-1.

MENASCHÉ MARCELO (1911-59) Escr. y traductor.

MENDEZ, EVAR GONZALEZ (1888-1895). Escr.

MENDILAHARZU, EDUARDO.F. (1894-?). Abogado y político.

MERCEDES Pdo. De la pcia. de Bs As.

MERSA. Arg. Montón de gente, en sentido peyorativo.

MEZZERA, BALTASAR. Historiador uruguayo: Blancos y colorados (1952).

MILONGUITA (1920). Tango de Enrique Delfino (mus.) y Samuel Linnig (l.).

MILLERET, JEAN DE (1908-80). Teniente coronel francés. Desde 1957 vivió en Bs As, dedicado a la Historia. En 1967 publicó Entretiens avec Jorge Luis Borges.

MI NOCHE TRISTE (1916). Tango de P. Contursi, sobre la mus. del tango Lita de S. Castriota.

MINETERO. Lunf. Que practica el cunnilingus.

MIRALLA, JOSÉ ANTONIO (1789-1825). Poeta.

MIRAMAR. Cd. balnearia, al S. de Mar del Plata.

MIRI, HÉCTOR (1906-85). Escr.

MISHÉ. Lunf. «Hombre que paga los favores de una mujer» [GOBELLO (1975)].

MITRE, ADOLFO (1910-64). Escr. y periodista.

MITRE, BARTOLOMÉ (1821-1906). Político e historiador.

MITRE, BARTOLOMÉ (1909-82). Director de La Nación (1951-82).

MITRE, DELFINA (n.1926). Periodista, hija de Jorge A. (q.v.). B. solía llamarla «la mística práctica» [CANTO (1989): 168]. En 1970 fundó la revista Diplomacia.

MITRE, JORGE A. (1884-1966). Periodista. Fue director de La Nación (1912-32) y del Museo Mitre.

MOBILI, JORGE ENRIQUE (n.1927). Escr.

MOLAR, BEN [Mauricio Brenner] (n.1915). Empresario, productor discográfico y letrista de tangos, boleros y aun villancicos. Tradujo a J. Prévert. Publicó Allá, arriba en la mesa del feca (1990).

MOLDENHAUER, GERHARD (1900-?). Profesor de literatura alemana en la Universidad de Bs As, n. en Letonia.

MOLINA CAMPOS, FLORENCIO (1891-1959). Pintor.

MOLINA MASSEY, CARLOS (1884-1964). Escr.

MOLINA VEDIA, AMANDA MANDIE Amiga de B. Ilustró números de ABA.

MOLINA Y VEDIA, JULIO (1874-1973). Arquitecto y poeta: Señales (1929). De ideas anarquistas, se aplicó durante años a concebir utopías urbanas. Proponía una organización —descripta en su La nueva Argentina (1929)— basada en tríadas, integradas entre sí para formar comunas. En una isla de la familia, en el Paraguay, procuró poner en práctica sus ideas: «Hacia 1897 [Macedonio] fundó en el Paraguay, con Julio Molina y Vedia y con Arturo Múscari, una colonia anarquista, que duró lo que suelen durar esas utopías» [Prólogo a Macedonio Fernández. ECA, 1961]. También habría sido invitado el padre de B., que desistió porque estaba por casarse [SORRENTINO (1974): 22].

MOLINARI, AQUILES. Personaje de «Bustos Domecq».

MOLINARI, RICARDO EUFEMIO (1898-1996). Escr.: Una rosa para Stefan George (1934), Mundos de la madrugada (1943), Días donde la tarde es un pájaro (1954). Con Sigfrido Radaelli (q.v.), uno de los modelos para Aquiles Molinari (q.v.).

MOLINERO, EL [Adolfo Züñiga]. Personaje del cuento «Deslindando responsabilidades» (1977).

MOLLOY, SYLVIA (n.1941). Escr. y crítica literaria.

MOM, ARTURO S. (1893-1965). Crítico, libretista, director de cine y escr.: La estrella polar (1927). Entre otros films, dirigió Monte criollo (1935), Loco lindo (1936) y El tango en París (1956).

MONNER SANS, JOSÉ M.ª (1896-1987). Escr. y lexicógrafo.

MONTE GRANDE. Est. del Ferrocarril Roca, en el. GBA…

MONTENEGRO, GERVASIO. Personaje de «Bustos Domecq».

MONVOISIN, RAYMOND A.Q. (1790-1870). Pintor arg., n. en Francia.

MOREIRA, JUAN (1819-74). Delincuente gaucho. Inspiró el folletín Juan Moreira (1880) de Eduardo Gutiérrez.

MORENO, MARIANO (1778-1811). Político.

MORÍNIGO, MARCOS A. (1904-87). Decano (1958-61) de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Bs As.

MOROCHA, LA (1905). Tango de Enrique Saborido (mus.) y Ángel Villoldo (l.).

MORÓN. Loc. en el pdo. de Haedo (GBA).

MOR ROIG, ARTURO (1914-74). Político arg., n. en España. Fue presidente de la Cámara de Diputados en 1963-6.

MORTAJA PARA LA ABUELA, UNA [=Shroud for Grandmama, de Gregory Tree (J. Bardin)]. Emecé («Sépt. Círc»), 1954.

MOSCA, ENRIQUE (1880-1950). Político.

MOSQUERA, MARTA (n.1930). Escr. y periodista: Manuscrito en el espejo (1960). Desde 1951 trabajó como corresponsal en París.

MOUCHET, ENRIQUE (1886-1977). Escr.

MOYANO DEL BARCO, SILVIA GOLLY (n.1927). Profesora de enseñanza secundaria y escr.

MUCHNIK, HUGO SANTIAGO (n.1938). Director de cine. Basados en sendos guiones —en que colaboró con B. y BC.— estrenó los films Invasión (1969) y Les autres (1973).

MUERTE TOCA EL GMMÓFONO, LA [=Death Plays the Gramophone (1954), de M. Stafford]. Emecé («Sépt. Círc»), 1954.

MUGICA, RENE (1909-98). Director de cine. En 1961-2 filmó Hombre de la esquina rosada (q.v.).

MUJICA LAINEZ, MANUEL MANUCHO (1910-84). Escr.: Misteriosa Buenos Aires (1950), Los ídolos (1952), Los viajeros (1955), Invitados en El Paraíso (1957), etc.

MÜLLER, MARTÍN (m.1991). Periodista uruguayo.

MÜLLER, MAURICIO. Periodista uruguayo.

MUNDO, EL. Diario (1928-67).

MUÑIZ, CARLOS MANUEL (n.1922). Abogado. Ministro de Relaciones Exteriores del presidente Guido (1962-3). Dirigió la revista Ciudad (1955-6), católica y nacionalista.

MUÑOZ LARRETA, HELENA (m.1991). Escr., esposa de Eduardo Mallea.

MURAÑA, JUAN (Fl. c.1910-20). Carrero y cuchillero a las órdenes de Paredes, «máquina de pelear» [B (1930), III].

MURATURE, FRANCISCO PANCHO (m.1989). Amigo de B. y BC.

MURENA, HÉCTOR A. [Héctor A. Álvarez] (1923-75). Escr.

MURÚA, LAUTARO (1925-95). Actor chileno, residente en la Arg.

MUZZIO SÁENZ PEÑA, CARLOS (1885-1954). Escr.

NALÉ ROXLO, CONRADO (1898-1971). Escr.: El grillo (1922).

NAMUNCURÁ, CEFERINO (1886-1915). Mapuche educado por salesianos, objeto de devoción popular en la Arg.

NARANJAS AL PARAGUAY. «Frase figurada que significa abundar en lo que no es necesario». [ABAD (1976), s.v., «Naranja»]. En el viejo Bs As, la expresión se usaba también como réplica a la pregunta: «¿Qué hay?».

NASON, MARSHALL R. Profesor nort., director del Latin American Institute de la Univ. de New Mexico.

NAVARRO. Pdo. de la pcia. de Bs As.

NAVARRO MONZÓ, JULIO (1882-1943). Escr.

NEGRINI DE ECLI, FRANCESCO (n.1912). Periodista italiano, residente en la Arg. Dirigió la revista Lyra.

NEYRA, JOAQUÍN (1912-90). Escr. y periodista. Director de La Chacra (1944-48) y Mundo Agrario (1949).

NIDO DE CÓNDORES, EL (1877). de O. V. Andrade.

NOE, JULIO (1893-1983). Abogado y crítico.

NOEL, CARLOS M. (1886-1940). Escr.: La boda de don Juan (1927).

NOEL, MARTÍN ALBERTO (191.9-2001)…Escr.

NOVIA DEL HEREJE O LA INQUISICIÓN DE LIMA, LA (1854), de V. F. Lopez.

NOVIÓN DE LOS RÍOS, ALBERTO (1881-1937). Escr. arg., n. en Francia, autor de sainetes: Misia Pancha la brava, ¡Qué suerte la de Bachicha! El vasco de Olavarría, Don Chicho, etc.

NUDELMAN, SANTIAGO (1904-61). Diputado radical. Ferviente opositor al peronismo, denunció en 1953 las torturas que practicaba el régimen. Escribió Los torturados (1956) y El régimen totalitario (1960). Fue director del diario Crítica.

NUEVE DE JULIO. Pdo. de la pcia. de Bs As.

OBLIGADO, CÁRLOS (1890-1949). Escr.

OBLIGADO, PEDRO MIGUEL (1892-1967). Poeta.

OBLIGADO, RAFAEL (1851-1920). Poeta.

OCAMPO, ANGÉLICA (1891-1980). Hermana de Victoria y Silvina.

OCAMPO, MIGUEL (n.1922). Pintor.

OCAMPO, SILVINA (1903-93). Escr.: La furia y otros cuentos (1959); «Primer encuentro» [Los nombres (1962)]; Los días de la noche (1970). Conoció a B. en 1924. Casó con BC. en enero de 1940.

OCAMPO, VICTORIA (1890-1979). Escr.

OCANTOS, CARLOS M.ª (1860-1949). Escr.: León Zaldívar (1888), Quilito (1891), Misia Jeromita (1898), Memorias de un viejo verde (1914), La cola de paja (1923), etc.

OLASO, EZEQUIEL DE (1932-96). Escr. y filósofo.

OLAVARRÍA, JOSÉ DE (180144). Militar.

OLAVARRÍA. Pdo. de la pcia. de Bs As.

OLEJAVESKA, ROBERTO. Abogado, amigo de Leonor Acevedo, con la que se reunía en los años cincuenta «para conversar sobre el más preocupante tema de aquel entonces: la política nacional» [OLEJAVESKA (1987): 97]. En 1955 publicó, en la imprenta de Colombo, Hombre de la esquina rosada y Nueve poemas de B.

OLIVARI, NICOLÁS (1900-66). Poeta y periodista.

OLIVER, M.ª ROSA (1898-1977). Escr.

OLIVERA, MIGUEL ALFREDO (n.1914). Escr.

OLIVETTI [Casa Olivetti Argentina]. En San Martín 550.

OLIVIERI, ANÍBAL O. (n.1903). Contralmirante. Ministro de Marina (195155). Embajador ante la ONU (1955-6).

OLLANTAY, TRAGEDIA DE LOS ANDES (1939), de R. Rojas.

«OMBÚ, EL» (1843), de Luis L. Domínguez.

OMIL, ALBA. Crítica literaria: Frente y perfil de Victoria Ocampo (1980), etc.

ONCE. La Plaza Miserere, conocida como Plaza Once de Septiembre, y la zona aledaña, en el b. de Balvanera.

ONGANÍA, JUAN CARLOS (1914-95). Militar. Presidente de facto (1966-70).

ORFILA REYNAL, ARNALDO (1900-98). En 1947-52, director del FCE en la Arg. En 1952-65, director, en México, de la casa central. En 1966, fundó la Editorial Siglo Veintiuno, que dirigió hasta 1987.

ORÍA, JOSÉ ANTONIO (1896-1970). Crítico.

ORIBE, EMILIO (1893-1975). Poeta uruguayo.

ORIBE, MANUEL (1792-1857). Militar y político uruguayo, jefe del Partido Blanco. Apoyado por Rosas, enfrentó a las tropas del general Rivera y puso sitio a Montevideo entre 1842 y 1851.

ORPHÉE, ELVIRA (n.1930). Escr.

ORTEGA, RAMÓN PALITO (n.1941). Cantautor, actor, director de cine y político.

ORTELLI, ROBERTO A. (1905-78). Escr.

ORTIZ BEHETY, LUIS (1908-?). Escr.

ORURO, CALLE. En el b. de San Cristóbal.

ORTIZ, JUAN L. (1896-1978). Poeta.

OTRO MUNDO EN LA LITERATURA MEDIEVAL, EL [=The Other World According to Descriptions in Medieval Literature (1950), de H. Rollin Patch]. México D.F.: FCE, 1956.

OTRO SEÑOR FAUSTO, EL [=Seconds (EE.UU., 1966)]. Film de J. Frankenheimer.

OYUELA, CALIXTO (1857-1935). Escr.

PACHECO, CARLOS MAURICIO (1881-1924). Escr.

PAGANO, JOSÉ LEÓN (1875-1964). Dramaturgo.

PAGÉS LARRAYA, ANTONIO (1918-2005). Crítico.

PALACIO, ERNESTO (1900-79). Historiador.

PALACIOS, ALFREDO L. (1880-1956). Político. Amigo del padre de B., frecuentó la casa de Palermo, c.1910.

PALERMO, BOSQUE DE [Parque Tres de Febrero]. Entre las calles Ugarteche, Juan B. Justo, Santa Fe y el Río de la Plata, en el b. de Palermo. Llegó a ocupar unas 500 manzanas.

PALERMO, LAGO DE. Estanque en el Parque Tres de Febrero (q.v.). Data de mediados del siglo XIX, cuando el lugar estaba ocupado por la residencia de Rosas.

PALMERAS, AVENIDA DE LAS. Hoy avenida Sarmiento, entre Plaza Italia y Avenida del Libertador. En tiempos de Rosas estaba bordeada por ombúes; el presidente Sarmiento los reemplazó por palmeras, que no prosperaron por la aridez del suelo.

PAQUETE. Arg. «Dícese de la persona bien vestida, acicalada, lujosa» [ABAD (1976)].

PARDO. Pueblo del pdo. de Las Flores, en el centro-sur de Bs As, donde estaba el Rincón Viejo (q.v.).

PARDO, ÓSCAR (m.1984). Administrador del Rincón Viejo (Pardo): «un muchacho muy inteligente de la zona, que llevé a trabajar conmigo y fue mi socio y amigo a lo largo de toda la vida» [BC (1994): 70].

PAREDES, NICOLÁS (m.1929), cuchillero y «patrón de Palermo» c.1910, «criollo rumboso, en entera posesión de su realidad» [B (1930), II]. B. lo conoció a través de Félix Lima; por entonces Paredes trabajaba como empleado de un night club. En 1965 B. le dedicó la «Milonga de don Nicanor [sic] Paredes» (1965).

PARQUE JAPONÉS. Famosa feria de diversiones, ubicada en el Paseo de Julio, entre Callao y la Recoleta, entre 1911 y 1933. Sus atracciones incluían dos lagos artificiales, una réplica del Fujiyama, un Circo Romano, una gran rueda giratoria, un Círculo de la Risa y un Terremoto de Messina. Un segundo Parque Japonés funcionó en Retiro entre 1939 y principios de los sesenta.

PARRAVICINI, FLORENCIO (1876-1942). Comediógrafo, aviador y actor cómico en vaudevilles y films.

PASEO DE JULIO. Murallón, con una verja de hierro, que se extendía desde la Casa de Gobierno hasta las proximidades de la calle Lavalle. B. le dedicó el poema «El paseo de julio» (1929).

PASUCO. Arg. Caballo que avanza al sobrepaso, suerte de trote acompasado.

PATOTA. Arg. A principios del s. XX, grupo de jóvenes de buenas familias que, amparados en su número y en su posición social, cometían desmanes.

PAVÓN, BATALLA DE (17 de septiembre de 1861). Librada entre las tropas de Bs As, al mando de Mitre, y las de la Confederación, al mando de Urquiza.

PAYASA, LA (1920). Tango de E. Alippi (mus.) y C. Schaeffer Gallo (l.).

PAYRÓ, JULIO (1899-1971). Crítico de arte.

PAYRÓ, ROBERTO J. (1867-1928). Escr. y periodista. Murió en Banfield (pdo. de Lomas de Zamora).

PAZ, JOSÉ M.ª (1791-1854). Militar y memorialista.

PAZ, PALACIO. En Santa Fe 750. Construido en 1906, es sede del Círculo Militar desde 1939.

PAZ LESTON, EDUARDO (n.1936). Escr.

PEDEMONTE. Restaurant. En Rivadavia 619 hasta su demolición en 1970; después, en Avenida de Mayo 676. Ernesto Corral, adicionista del restaurant refiere [P, nº. 4 (1963):99] que B. era conocido allí como «el Profesor Borges» y que era «de muy poco comer. Casi siempre pide un solo plato: carne, a veces pastas. Muy rara vez toma vino. Agua natural. Le gusta mucho el postre de la casa, alfajor casero. Habitualmente viene con damas».

PENITENCIARÍA NACIONAL. En Las Heras 3400. Allí, Isidro Parodi ocupa la celda 273.

PEJERREY CON PAPAS. Milonga montevideana (1886) anónima.

PELLEGRINI, CARLOS (1846-1906). Presidente (1890-2).

PEÑA CASARES, GUILLERMO (n.1932). Abogado. Hijo de Guillermo Peña (q.v.). Su escritorio estaba en Corrientes 447. Fue director de La Martona.

PEÑA, GUILLERMO. Marido de Silvia Casares, prima de BC.

PEÑA, M.ª REBECA. Pintora, sobrina de Pepe Bianco.

PEREDA VALDÉS, ILDEFONSO (1899-?). Escr. y antropólogo uruguayo.

PERETTE, CARLOS (1915-92). Abogado. Vicepresidente (1963-6).

PÉREZ, PASCUAL (1926-77). Boxeador.

PÉREZ, SANTOS (m. 1837). Jefe de la partida que asesinó, instigado por los hermanos Reynafé, a Facundo Quiroga en Barranca Yaco (1835).

PÉREZ COMPANC, CARLOS A. (1911-?). Abogado y empresario.

PÉREZ PIERONI, TILDE NANA (1913-85). Escr. y periodista.

PÉREZ RUIZ, CARLOS (1900-?). Abogado y escr., primo segundo de B., quien hizo publicar alguno de sus cuentos en Crítica. En B-BC (1943) se incluye su cuento «A treinta pasos». En la segunda edición (1944), una pequeña noticia biográfica dice que «ha escrito muchas ficciones policiales que, hasta ahora, no quiere reunir en volumen».

PÉREZ ZELASCHI, ADOLFO (1920-2005). Escr.

PERINA, EMILIO [Moisés Konstantinovsky] (1922-98). Periodista e historiador.

PERÓN, JUAN DOMINGO (1895-1974). Presidente (1946-55 y 1973-4).

PERRIAUX, JAIME (1920-81) Abogado. Ministro de Justicia del presidente Levingston (1970-1).

PETIT DE MURAT, ULYSES (1905-83). Escr. y periodista. Conoció a B. en la Revista Oral de Alberto Hidalgo, a mediados de los años veinte [HUBERMAN (1979): 35]. En 1933-4, en colaboración con B., dirigió la Revista Multicolor de los Sábados de Crítica, diario en el que trabajaba desde tiempo atrás como crítico cinematográfico. En 1937, la editorial Destiempo editó su Marea de lágrimas. A principios de los cuarenta, escribió con B. un guión basado «en un tema del suburbio»; después B., a su pedido, «lo amplió con Adolfo Bioy Casares» [PETIT DE MURAT (1979):94]. En 1946, la empresa Alfar, cuyo directorio integraba Petit de Murat, encomendó a B. y BC. la escritura de un guión basado en «Hombre de la esquina rosada». A fines de los cuarenta debió exiliarse en México, donde trabajó como guionista. Regresó en 1955.

PETITINA [Luisa Valenzuela] (n.1938). Escr.

PETRONE, FRANCISCO (1906-67). Actor.

PETTORUTI, EMILIO (1892-1971). Pintor.

PEUSER, SALÓN. En Florida 750.

PEYROU, GRAZIELLA. Hermana de Manuel.

PEYROU, JULIA (1905-84). Pintora, hermana de Manuel.

PEYROU, MANUEL (1902-74). Escr. y periodista: El estruendo de las rosas (1948), La noche repetida (1953), Las leyes del juego (1960), Acto y ceniza (1963), Se vuelven contra nosotros (1966). Conoció a B. en la redacción de Crítica, hacia 1933; a BC, a través de B., hacia 1936. Desde 1940, comió regularmente en casa de los Bioy, generalmente los sábados. Dedicado a la crónica teatral y cinematográfica, además de cuentos y novelas escribió guiones, que no llegaron a filmarse. En 1947 ingresó en la redacción del diario La Prensa; cuando fue confiscado por el peronismo (1951) renunció. Tras la caída de Perón, volvió y trabajó en él hasta su muerte.

PEYROU, ÓSCAR (n.1945). Escr. y periodista, sobrino de Manuel.

PEZZONI, ENRIQUE (1926-89). Critico. Secretario de redacción de Sur (1968-81).

PIANTAR. Lunf. (verbo transitivo). Quitar.

PIAZZOLLA, ÁSTOR (1921-92). Compositor.

PICHÓN RIVIÉRE, MARCELO (n.1944). Periodista.

PIERNA (MOZO PIERNA). Lunf. Diestro, avispado, perspicaz.

PINERA, VIRGILIO (1912-79). Escritor cubano. Vivió en la Arg. en 1946-58.

PINERO, SERGIO (m.1940). Escr.

PINOL, JOSÉ (1908-?). Escr. arg., n. en España.

PIPPIG, ALFREDO. Escr. y traductor.

PIQUER, CONCHITA (1908-90). Cantante española de flamenco. Debutó en la Arg. en 1932.

PIROVANO, IGNACIO (1909-80). Pintor y decorador. Entre 1936-55 dirigió el Museo Nacional de Arte Decorativo. Con su hermano Ricardo era propietario de la casa de decoración Comte.

PIROVANO, RICARDO (m.1957). Decorador.

PISSAVINI, ERNESTO (m.1959). Empleado del doctor Adolfo Bioy, luego también de BC, desde 1929. En 1936-7, B. y BC. le atribuyeron la dirección de la revista Destiempo (q.v.).

PITUCO. Arg. Petimetre, niño bien.

PIZARNIK, ALEJANDRA (1936-72). Escr.

PLATA, ROSITA DE LA. v. BROWN, FRANK.

PLAZA, ANTONIO JOSÉ (1909-87). Obispo de La Plata.

PODESTÁ, LOS. Familia de actores, entre los que se destacan Jerónimo (1851-1933), José (1858-1937) y Pablo (1875-1923), todos hijos del genovés Pedro Podestá, llegado al Río de la Plata en 1840. Desde 1884 interpretaron la pantomima Juan Moreira, basada en el folletín de E. Gutiérrez. En 1886 le agregaron parlamentos e iniciaron largas giras por las ciudades del interior. En 1902 se instalaron en el Teatro Apolo (en Corrientes y Uruguay). Cf. BIOY, ADOLFO (1958): 240-1.

POEMAS CON BASTÓN (1959), de Arnoldo Liberman.

POLETTI, SYRIA (1919-91). Escr. arg., n. en Italia.

POLIGRIYO. Arg. Individuo andrajoso, pelagatos.

PONCHO, A. Arg. Improvisadamente, sin preparación.

PONZIO, ERNESTO (1885-1934). Compositor de tangos.

PORCHIA, ANTONIO (1886-1968). Escr. arg., n. en Italia.

PORTEÑITO, EL (1903). Tango de Ángel Villoldo (mus. y 1.).

POTRERTTO. Arg. Terreno baldío.

PRANDO, ALBERTO (1901-81). Escr. y pintor.

PREBISCH, ALBERTO (1899-1970). Arquitecto. Realizó el célebre obelisco, inaugurado en 1936. Intendente de Bs As (1963).

PRIETO, ADOLFO (n.1928). Crítico.

PRIETO, HERMINIA. Crítica, mujer de Enrique L. Revol. Desde fines de los años cincuenta vivió en los EE. UU.

PRILUTZKYFARNYDE ZINNY. JULIA (1912-2002). Escr. arg., n. en Rusia.

PRIMERA JUNTA. Plaza y zonas aledañas, en el b. de Caballito.

PRINCESA, LA. [Mª Lidia Lloverás, princesa de Faucigny Lucinge]. «Borges tenía una especial debilidad por la princesa […]. [E]ra una mujer más bien baja, algo entrada en carnes, de más de cincuenta años, con el pelo teñido de un tono rojizo. En su juventud había sido famosa por su cabellera roja. La llamaban "la Colorada Lloverás". […] [H]abía sido inmensamente rica […]. Su marido, Bertrand de Faucigny-Lucinge, recuperó al casarse su status principesco y se dedicó a dilapidar las rentas de la princesa. [Después de diversos percances] tuvo que volver sola a la Argentina y, tras perder algunos pleitos, vivía ahora de una modesta pensión y de la ayuda que le prestaban sus amigas. […] [Borges] siempre la llamó "princesa" y nunca se tomó la libertad de tutearla […]» [CANTO (1989): 168-70].

PROGRESO, CLUB DEL. Fundado en 1852, punto de reunión obligado de la oligarquía porteña. De su sede original (Perú 135), pasó en 1856 a Perú y Victoria (hoy Hipólito Yrigoyen); en 1900, a Avenida de Mayo 633. Para una descripción c.1880, véase LÓPEZ, L.V., La gran aldea (1884), XI.

PROPÓSITOS. Periódico fundado (1952) y dirigido por L. Barletta, con base en el Teatro del Pueblo (Diagonal Norte 943).

PÚA, CARLOS DE LA [Carlos Muñoz del Solar] (1898-1950). Escr.

PUCCIARELLI, EUGENIO (1907-95). Filósofo.

PUENTE ALSINA. Puente sobre el Riachuelo, entre la loc. de Avellaneda (pcia. de Bs As) y el b. de Nueva Pompeya. Popularmente, este b. fue conocido como Puente Alsina.

PUENTE ALSINA (1926). Tango de B. Tagle Lara (mus. y 1.).

PUEYRREDON, CARLOS ALBERTO (1887-1962). Abogado e historiador.

PUEYRREDON, PRILIDIANO (1823-70). Pintor.

PUFFENDORF-DUVERNOIS, BARONESA. Personaje de «Bustos Domecq», «dama internacional».

PUGA, RODOLFO DE. Periodista. Fue director de Tit-Bits, semanario folletinesco y de comics, fundado en 1909.

PUIG, MANUEL (1932-90). Escr.: Boquitas pintadas (1969).

PUJATO. Loc. al O. de Rosario (pcia. de Santa Fe). Allí habría nacido Honorio Bustos Domecq.

PULMAN, ALEJANDRO. Lingüista polaco. En los treinta residió en la Arg. y fue profesor de alemán de BC.

QUECO. Lunf. Prostíbulo.

QUEMARSE. Arg. Arruinar la propia reputación. «Vergüenza, algo que afecta el prestigio y el snobismo de una persona» [BC (1971), s.v. «Quemo»].

QUESADA, JOSUÉ (1885-1958). Novelista: Las atormentadas, Almas de mujeres, etc. Según B., era admirado por Macedonio, «claro que sin haberl[o] leído» [Prólogo a Macedonio Fernández. ECA, 1961].

QUESO DE CHANCHO. Arg. Embutido preparado con la cabeza del cerdo, picada y prensada.

QUICA [María González Acha de Tomkinson Alvear]. Amiga de los Borges. En 1948 fue detenida junto con Leonor Acevedo, Mariana Grondona, Norah Borges y otras señoras, por manifestar contra el peronismo por la calle Florida; estuvo presa un mes en el Buen Pastor [Véase GRONDONA, A., El grito sagrado (1957) ]. Para una discusión entre Borges y Macedonio Fernández sobre la Quica, véase B (1970). En «Patrias» (1925), B. pondera «la dicha que la Quica tiene en sus ojos grandes».

QUINQUELA MARTÍN, BENITO (1890-1977). Pintor.

QUINTANA, AVENIDA. En el b. de la Recoleta. En Quintana 174 vivió (191440) BC. con sus padres. B. vivió (1924-38) con los suyos en Quintana 222.

QUIRNO, NORBERTO (1904-72). Médico y estanciero.

QUIROGA, HORACIO (1878-1937). Escr. uruguayo: «El almohadón de pluma», «Los mensú» [Cuentos de amor, de locura y de muerte (1917)]; Anaconda (1921); Los desterrados (1926).

QUIROGA, JUAN FACUNDO (1793-1835). Caudillo.

QUIROGA, MARCIAL (1899-1993). Médico.

QUIROGA, ROSA ROSITA RODRÍGUEZ (1901-84). Cantante y compositora de tangos.

QUIRÓS, CESÁREO BERNALDO DE (1881-1968). Pintor.

RADAELLI, SIGFRIDO A. (1909-82). Escr.: Capítulos de Historia argentina (1932), Tiempos de Buenos Aires (1936), etc. Entre 1930-4 co-dirigió la revista Megáfono, que dedicó a B. un número especial (1933) y en 1935 editó la Historia universal de la infamia. B. y BC. se inspiraron en Sigfrido Radaelli y en Ricardo Molinari, para crear en 1941 a Aquiles Molinari (q.v.).

RADIADO, ESTAR. Arg. Haber sido dejado de lado.

RAFFO, HORTENSIA MARGARITA (1910-?). Poeta.

RAGUCCI, RODOLFO M.ª (1887-1973). Presbítero salesiano y poeta: Tarsicio o El niño mártir de la Eucaristía (1915), Cumbres del idioma (1938), Palabras enfermas y bárbaras (1941), Oda a Don Bosco (1941), ¡Arriba! (1941), etc. Desde 1948 fue miembro de la Academia Argentina de Letras.

RAMÍREZ, CARLOS M.ª (1848-98). Historiador uruguayo.

RAMÍREZ, FRANCISCO (1786-1821). Caudillo. En 1820 tomó el título de Supremo Entrerriano y fundó la República de Entre Ríos, que comprendía Corrientes, Entre Ríos y Misiones.

RAMÍREZ, PEDRO P. (1884-1962). Militar, presidente de facto (1943-4).

RAMÍREZ, SEGUNDO (1852-1936). Gaucho, modelo del personaje de Don Segundo Sombra de R. Güiraldes.

RAMOS MEJÍA, JOSÉ M.ª (1849-1914). Historiador: Rosas y su tiempo (1907).

RAMOS, JUAN P. (1878-1959). Abogado.

RANA (y RANÚN). Arg. Persona astuta y experimentada.

RANADA. Arg. Acción propia del rana (q.v.).

RATTI, HORACIO ESTEBAN (1903-92). Escr.

RAÚL, EL NEGRO [Raúl Grijera (o Grigera)] (1886-C.1955). Bufón de los niños bien del Bs As de principios del siglo XX. Vestido con galera y guantes blancos se paseaba por las calles del centro, sobre todo entre 1916 y mediados de los años veinte. Durante los treinta, abandonado por sus protectores, mendigó. Murió en un manicomio. BC. recuerda que «parado en medio de la calle [Quintana], solía bailar y hacer piruetas para que los chicos le tiraran monedas» [BC (1994): 28] y que «reconociéndolo entre los niños del barrio y habiendo averiguado cómo se llamaba, el Negro Raúl le gritaba su nombre» [VILLORDO (1983): 27].

RAWSON, ARTURO (1885-1952). General de brigada, uno de los jefes de la revolución del 4 de junio de 1943. Fue presidente de jacto del 4 al 7 de junio.

RAZZANO, JOSÉ (1887-1960). Músico e intérprete de tango, uruguayo. Formó dúo con Gardel en 1911-25.

RÉBORA, ELOY (n.1914). Escr.

RÉBORA, JUAN CARLOS (1880-?). Abogado.

RECOLETA, GRUTA DE LA. Construida (1882) por el intendente Torcuato de Alvear. Era «una parquización completa, que incluía una gruta pequeña, un lago, un mirador y varios grupos de rocallas y estalactitas colgando alrededor de los caminos. Se hizo aprovechando parte del desnivel de la barranca hacia el río de la actual plaza Francia, y ocupaba un espacio bastante amplio. Rápidamente se transformó en un paseo concurrido del Barrio Norte» [SCHÁVELZON (1994)].

REGA MOLINA, HORACIO (1899-1957). Poeta y periodista: «Carta a un domingo humilde», «El domingo se ha hecho», «La letanía del domingo» [Domingos dibujados desde una ventana (1928)]; Oda provincial (1940).

REGULES, ELÍAS (1860-1929). Médico y escr. uruguayo.

REID, ALASTAIR. Traductor inglés de la obra de B. Tradujo cuentos [Fictions (1962)], poemas varios [The Gold of the Tigers (1977)], etc. En mayo de 1971, B. estuvo con él en Londres.

REJAS DE HIERRO, LAS [=The Iron Gates (1943), de M. Millar]. Emecé («Sépt. Círc»), 1947.

REMORINO JERÓNIMO (1902-68). Ministro de Relaciones Exteriores (195155) del presidente Perón.

REPETTO, NICOLÁS (1871-1965). Político socialista y médico. Preso bajo el primer peronismo, sufrió torturas.

REPETTO, ROBERTO (1881-1950). Juez de la Suprema Corte en 1932-46.

REPUBLIQUETAS, CALLE. Hoy Crisólogo Larralde, en el b. de Saavedra.

REST, JAIME (1927-79). Crítico.

RESTA, RICARDO. Filósofo arg., n. en Italia, amigo de BC. desde 1936.

RETI, MARIA CHIQUITA LOINAZ DE. Esposa de Ladislao Reti.

RETÍ, LADISLAO (1901-73). Ingeniero químico italiano. Llegado a la Arg. en los años treinta, en 1943 fundó la empresa Atanor, de la cual fue Director General. Dedicado a la Historia de la ciencia, descubrió dos códices de Leonardo en la Biblioteca Nacional de Madrid.

REVOL, ENRIQUE L. (1923-88). Escr.

REYES, ALFONSO (1889-1959). Escr. mexicano. Embajador Extraordinario y Ministro Plenipotenciario en la Arg. en 1927-30 y 1936-7. Entabló amistad con los Bioy y, por otra parte, conoció a B. y publicó en 1929 Cuaderno San Martín en los Cuadernos del Plata, que dirigía. En 1938, Destiempo publicó su Mallarmé entre nosotros.

REYES, CIPRIANO (1906-2001). Dirigente sindical. Miembro del partido Laborista, contribuyó al ascenso de Perón en 1945-6. Perdió el favor del régimen y fue encarcelado en 1948-55, acusado de conspirar.

REYLES (H.), CARLOS M.ª CARLUCHO. Escr. y traductor.

REYNAFÉ, LOS. José Vicente (1782-1837) y su hermano Guillermo (17991837). Acusados por Rosas de ser los principales instigadores del asesinato de Facundo Quiroga (18 de febrero de 1835), fueron ajusticiados en 1837.

RIAL, ARTURO R. (n. 1909). Almirante. Fue presidente del Centro Naval en 1958; en julio se enfrentó a Frondizi y fue dado de baja.

RICCI, FRANCO MARÍA (n.1937). Editor italiano.

RIDDER, MARCELO DE. Presidente del Instituto de Arte Moderno.

RINALDINI, JULIO (1890-1968). Crítico de arte. El tono de sus críticas era «conciliador y comprensivo» [ARTUNDO, R, «Mirada retrospectiva. Los años veinte y el crítico de arte». LN, 23/10/94]. Para la tertulia de los viernes de los Rinaldini, en Ayacucho y Paraguay, véanse OLIVER (1969): 213; BAYÓN (1994): 248-61.

RINCÓN VIEJO. Estancia familiar de los Bioy, en Pardo (q.v.). Desde fines de la década de 1850, Juan Bautista Bioy ocupó la estancia, llamada sucesivamente El Sauce, El Alambrado y Rincón Viejo [BC (1994): 148; BIOY, ADOLFO (1958): 52]. Entregada en arrendamiento por su padre entre c.1920-35 [BC (1994): 48], desde 1935 fue administrada directamente por BC, quien pasó en ella largas temporadas entre 1935-40, acompañado de Silvina Ocampo [BC (1994): 69-74]. Para una descripción c.1950, véase CANTO (1989): 235-6. Otras descripciones en GUZMÁN, Y., El país de las estancias [Tandil: Grafitán, 1983]: 293300; VILLORDO (1983): 43.

RINGUELET. Est. del Ferrocarril Roca, cercana a La Plata.

RÍO DE LA PLATA. Cinematógrafo. En Parral y Gaona.

RÍOS PATRÓN, JOSÉ LUIS (1926-57). Crítico: Jorge Luis Borges (1955). Era el dueño de la librería Juan Cristóbal (en Santa Fe y Uriburu). Se suicidó.

RISSO PLATERO, EMA (m.1981). Diplomática y escr. uruguaya: Arquitecturas del insomnio (1948, con prólogo de B.). Colaboró en ABA.

RIVERA, FRUCTUOSO (1788-1854). Militar uruguayo, jefe del Partido Colorado.

RIVERO HAEDO, ELSA ELSIE KRASTING DE (1912-?). Escritora y periodista francesa, casada con Mariano Rivero Haedo. Dirigió la revista Rosalinda. B. la conoció en 1946, en casa de Elizabeth Wrede, amiga de Pipina Diehl de Moreno Hueyo.

RIVERO, EDMUNDO (1911-86). Cantor de tangos.

ROBIROSA, JOSEFINA (n.1932). Pintora.

ROBIROSA, LUCIO ANTONIO (1900-?). Abogado.

ROBSON, GUILLERMO WILLIE (1903-72). Tenista. Campeón arg. (1922-36). Desde 1938 fue profesor en el Buenos Aires Lawn Tennis Club.

ROCA, JULIO A. (1843-1914). Militar y presidente (1880-6 y 1898-1904).

ROCCA, SANTIAGO HIPÓLITO (1881-1966). Hijo de ricos estancieros, fue director del Banco de la Provincia de Bs As, de la Lotería Nacional y del mercado de Avellaneda. Escribió El sol del 25, cantado por Gardel. Fue presidente de la Federación Gaucha Bonaerense. Solía encabezar desfiles a caballo, el 11 de noviembre, día de la Tradición. Celebraba reuniones criollas en su caserón La Querencia.

RODÓ, JOSÉ ENRIQUE (1872-1917). Escr. uruguayo.

RODRÍGUEZ, VENTURA (1825-1901). Militar y memorialista uruguayo: Memorias militares (1919).

RODRÍGUEZ MENTASTI, MARTÍN. Director, guionista y productor cinematográfico.

RODRÍGUEZ MONEGAL, EMIR (1921-85). Crítico uruguayo, estudioso de la obra de B.

RODRÍGUEZ OCAMPO (H.), MANUEL (1894-?). Abogado, autor de la Marcha de la libertad, uno de los símbolos de la Revolución Libertadora.

ROGGIANO, ALFREDO (1919-91) Poeta.

ROHDE, JORGE MAX (1892-1979). Crítico.

ROJAS, ISAAC FRANCISCO (1906-93). Almirante. Vicepresidente de facto (1956-8).

ROJAS, NERIO (1890-1971). Médico. Decano (1946) de la Facultad de Medicina de la Universidad de Bs As.

ROJAS, RICARDO (1882-1957). Escr.: Historia de la literatura argentina (191721), El santo de la espada (1933), El profeta de la pampa (1945). El frente de su casa —en Charcas 2837—, de estilo neocolonial, reproduce el de la Casa de la Independencia, de Tucumán.

ROJAS PAZ, PABLO EL NEGRO (1896-1956). Escr.

ROLDAN, BELISARIO (1873-1922). Escr. y político.

ROMAGOSA, CARLOS. Escr.: Vibraciones fugaces (1931).

ROMANO, EDUARDO (n.1938). Escr.: Entrada prohibida (1963).

ROMERO BREST, JORGE (1905-89). Crítico de arte.

ROMERO, FRANCISCO (1891-1962). Filósofo y militar.

ROMERO, JOSÉ LUIS (1909-77). Historiador: Argentina: imágenes y perspectivas (1953).

RONCHI MARCH, CARLOS ALBERTO (n.1922). Filólogo.

RONCO, BARTOLOMÉ J. (1881-1952). Abogado, editor y bibliófilo.

ROPA VIEJA. Arg. «Fritada de restos de un puchero con algún agregado para sazonarla» [ABAD (1976)].

ROSARIOS, OTTOCAR (1906-?). Industrial y escr.: China comunista versus Unión Soviética (1963).

ROSAS, CARLOS JORGE CHINO (1915-69). Militar. En 1965-6 fue embajador en Paraguay. En 1966, apoyó al presidente Illia contra el general Onganía.

ROSAS, JUAN MANUEL DE (1793-1877). Dictador (1835-52). Tras su derrota en Caseros (1852), se exilió en Inglaterra. Hasta 1864 vivió en Southampton con su hija. En 1864 se retiró hasta su muerte a una casa de campo en Swathling.

ROSENBLAT, ÁNGEL (1902-84). Filólogo arg., n. en Polonia.

ROSENDO, NEGRO [Rosendo Cayetano Mendizábal] (1868-1913). Compositor de tangos.

ROSENTHAL, MAURICIO (1910-?). Escr. y actor.

ROSENVASSER, ABRAHAM (1896-1983). Abogado y egiptólogo.

ROSIE. v. ARIAS, ROSA

ROSSI, VICENTE (1871-1945). Tipógrafo y crítico uruguayo: Cosas de negros (1926). Residió en Córdoba desde 1898.

ROSSLER, OSVALDO (1927-2004). Escr.

ROTTIN, LUCIANO (1903-?). Escr. y constructor.

ROUQUETTE, AUGUSTO (fl. c.1920-1930). Profesor y autor de manuales de enseñanza secundaria: Elementos de Química inorgánica (1925), Mineralogía (1931), etc.

ROXLO, CARLOS (1861-1926). Crítico uruguayo.

RUIZ DÍAZ, ADOLFO (1920-98). Crítico.

RUIZ GUIÑAZÚ, MAGDALENA (n.1935). Periodista.

RUIZ VILLALBA DE ANGLADA, MARIANA. Personaje de «Bustos Domecq», «señora argentina».

SAAVEDRA LAMAS, CARLOS (1878-1959). Político y abogado. Fue Premio Nobel de la Paz (1936).

SAAVEDRA CORNELIO (1759-1829). Militar.

SABAT ERCASTY, CARLOS (1887-1982). Poeta Uruguayo.

SABATTINI, AMADEO (1892-1960). Político. Tras la caída de Yrigoyen (1930), reorganizó el Partido Radical. En 1936-40 fue gobernador de Córdoba.

SABATO, ERNESTO (n.1911). Escr.: Uno y el Universo (1945), Heterodoxia (1953), Sobre héroes y tumbas (1961). Conoció a B. a través de su amistad con BC, desde 1941. Cf. SABATO (1976): 14; VILLORDO (1987).

SABORIDO, ENRIQUE (1878-1941). Compositor de tangos, uruguayo.

SABSAY, FERNANDO LEÓNIDAS (n 1919). Sociólogo, director de la editorial Losange.

SACAR CORTITO. Arg. Echar sin mayores miramientos.

SADE [Sociedad Argentina de Escritores]. En México 524. Fundada en 1928, hasta 1950 sus presidentes fueron: L. Lugones, A. Capdevila, E. Martínez Estrada, R. Giusti, E. Banchs, E. Mallea, L. Barletta y C. A. Erro. Entre 1950-3 fue presidida por B.

SÁENZ HAYES, RICARDO (1888-1976). Escr.: Blas Pascal y otros ensayos (1924).

SÁENZ PEÑA, LEY. Ley Electoral de 1912, impulsada por el presidente R. Sáenz Peña, que estableció el voto universal, secreto y obligatorio.

SÁENZ PEÑA, ROQUE (1851-1914). Presidente (1910-4).

SÁENZ, DALMIRO (n.1926). Escr.

SAINT, VALERIA. Madre de Edmundo Saint y suegra de Julia Bullrich (q. v.).

SALAS, ACDEEL ERNESTO (1911-81). Abogado. Ministro de Educación y justicia (1956-8) del presidente Aramburu. Era partidario de Balbín.

«SALMO PLUVIAL» [Libro de los paisajes (1917)], de L. Lugones.

SALUSTIANO Y MISS MARGARET [=Rigadin et Miss Margaret (Francia, 1923)]. Film de Charles Seigneur, actor cómico francés, de la compañía Pathé, conocido como Rigadin y, en los países de habla hispana, como Salustiano.

SÁNCHEZ SORONDO, FERNANDO (n.1943). Escr.

SÁNCHEZ SORONDO, MATÍAS (1880-1959). Abogado.

SÁNCHEZ VIAMONTE, CARLOS (1892-1972). Jurisconsulto.

SÁNCHEZ, FLORENCIO (1875-1910). Dramaturgo uruguayo: M’hijo el dotor (1903), La gringa (1904), Barranca abajo (1905).

SÁNCHEZ, MONUMENTO A FLORENCIO. Obra de Agustín Riganelli, fue colocado en 1931 en la esquina de Chiclana y Deán Funes.

SANIEZ, LAURA (n.1926). Actriz. Trabajó en El hombre que debía una muerte (1955) de M. Soffici. En los años sesenta, dictó clases en la Escuela Nacional de Arte Dramático y dirigió obras en el Teatro Municipal General San Martín. Vecina de Mujica Lainez en El Paraíso, lo asistió en sus últimos años.

SAN FRANCISCO. Estancia de Francisco Haedo, tío de B. «Fui concebido en la estancia San Francisco, en el departamento de Río Negro [Uruguay]. […] [M]i padre siempre me decía: "Vos no sos porteño, vos sos oriental"» [En El Día (Montevideo), 28/4/79]. Volviendo de la estancia San Francisco, el narrador conoce a Ireneo Funes el memorioso.

SAN JOSÉ. Palacio, en Concepción del Uruguay (Entre Ríos). Construido en 1848-60, fue residencia de Urquiza.

SAN NICOLÁS [DE LOS ARROYOS]. Cd. al N. de la pcia. de Bs As, a orillas del Paraná.

SAN NICOLÁS DE BARÍ. Iglesia. En Santa Fe 1352 (desde 1931).

SAN PEDRO. Cd. al N. de la pcia. de Bs As., a orillas del Paraná.

SANTIAGO, HUGO. V. MUCHNIK, HUGO SANTIAGO.

SANTOS, MÁXIMO (1847-99). Presidente del Uruguay (1882-6).

SARAVIA, APARICIO (1855-1904). Caudillo uruguayo.

SARAVIA, JOSÉ MANUEL (1903-?). Subsecretario de Instrucción Pública del presidente Lonardi (1955).

SARMIENTO, DOMINGO FAUSTINO (1811-88). Escr., militar y político: Facundo (1845). Presidente (1868-74).

SAVASTANO, TULIO. Personaje de «Bustos Domecq». Compadrito de Bs As.

SCHIAFFINO, EDUARDO (1858-1935). Crítico de arte.

SCHIAVO, HORACIO (1903-?). Escr. Compañero de B. en la Biblioteca Miguel Cañé, en 1937-46.

SCHÓÓ, ERNESTO (n.1925). Escr.

SCHULTZ DE MANTOVANI, FRYDA (1912-78). Escr.

SEMANA TRÁGICA DE BS AS (7 al 13 de enero de 1919). Serie de huelgas y revueltas populares, seguida de pogroms y de violenta represión policial.

SEÑOR BYCULLA, EL [=Mr Byculla (1951), de E. Linklater]. Emecé («Sépt. Cira»), 1954.

SEÑOR DIGWEED Y EL SEÑOR LUMB, EL [=Mr Digweed and Mr Lumb (1933), de Eden Phillpotts]. Emecé («Sépt. Cira»), 1945.

SHAND, WILLIAM (1902-97). Escr. arg., n. en Escocia.

SHAW, GISELE (1895-1974). Socióloga, especialista en estudios sobre cárceles de mujeres.

SICARDI, FRANCISCO A. (1856-1927). Médico y escr.

SIETE AZULES PAPA UNA SONRISA (1945), de Alberto Blasetti.

SIEYEZ, EMMANUEL DE. Banquero y dramaturgo, amigo de Victoria Ocampo.

SILLETERO, CRIMEN DEL. Según BC, «el hecho sucedió a principios de siglo, antes de 1912. […] Carriego había sido condiscípulo […] de alguno o algunos de los asesinos […]; en su época se habló mucho del crimen y […] recuerdo un artículo, con fotografías del Melena, el Campana y el Silletero, leído en algún número viejo de la colección de Caras y Caretas» [En CURIA (1986), II: 71]. B. [«Juan Muraña» (1970)] dice: «Los crímenes eran raros entonces: pensá en lo mucho que dio que hablar el asunto del Melena, del Campana y del Silletero».

SILVA, CLARA (1905-76). Escr. uruguaya.

SILVA VALDÉS, FERNÁN (1887-1975). Escr. uruguayo.

SILVETTI PAZ, NORBERTO (1921-2005). Escr.

SINGERMAN, BERTA (1900-98). Actriz y recitadora.

SIRIO, ALEJANDRO [Nicolás Álvarez Díaz] (1890-1953). Dibujante arg., n. en España.

SOCA, SUSANA (1907-59). Escr. uruguaya. Dirigió la revista La Licornet (1937-53). Murió en un accidente de aviación. B. le dedicó el soneto «Susana Soca» (1960).

SOFOVTCH, LUISA (1905-70). Escr.

SOIZA REILLY, JUAN JOSÉ (1879-1957). Escr. y periodista.

SOLANO LIMA, VICENTE ( 1909-79). Político. Vicepresidente (1973).

SOLAR, XUL [Osear Alejandro Schultz Solari] (1887-1963). Pintor y astrólogo. Para sus vínculos con B., a quien conoció en 1924 en los salones martinfierristas, véase GRADOWCZYK, M. H., Alejandro Xul Solar [Ediciones Alba, 1994: 156-62]. Ilustró, entre otros, El tamaño de mi esperanza y B-BC (1946a).

SOLARI, JUAN ANTONIO (1899-1980). Periodista y político socialista, director de La Vanguardia.

SOLDANO, CARMELO. Mucamo de Adolfo Bioy pére. BC. lo incluye en su «Mito de Orfeo y Eurídice» (1959).

SOLDI, RAÚL (1905-94). Pintor.

SOLER DARÁS, JOSÉ (1899-?). Escr.

SOLER, MIGUEL ESTANISLAO (1783-1849). General y político.

SOLER, SEBASTIÁN (1899-1980). Abogado.

SOLVEYRA CASARES, RAMÓN (1878-1958). Poeta y letrista de tangos.

SOMBRA, SEGUNDO, V. RAMÍREZ, SEGUNDO.

SORRENTINO, FERNANDO (n.1942). Escr.

SOSA LÓPEZ, EMILIO (1921-92). Poeta.

SOTO, NEGRO. Cuarteador, «tal vez, el último de su oficio en Buenos Aires» [PETIT DE MURAT (1980): 105]. B. lo frecuentaba a fines de los años veinte en el almacén La Tapera, de Corrientes y Dorrego.

SOTO Y CALVO, FRANCISCO (C. 1858-1936). Poeta. Vivía con M.ª Obligado, su mujer, en la estancia La Ribera; pasaba los inviernos en Bs As, donde ofrecía una tertulia en el Hotel Majestic. Cf. ESTRELLA GUTIÉRREZ (1966): 70.

SOTO, LUIS EMILIO (1902-70). Crítico.

SOULÈS, MARTÍN. Sombrerero y peinador. Atendía en Maipú 948 (Bs As) y en Entre Ríos 1907 (Mar del Plata). Victoria Ocampo lo evoca en su «Martín peinador» [Testimonios (sexta serie). Sur, 1963: 27].

SOY UN FUGITIVO [=Im a Fugitive from a Georgia Chain Gang! (1932), de R. Burns]. Emecé («Grandes Novelistas»), 1949. Reeditado en «Sépt. Círc», 1955.

SQUIRRU, RAFAEL (n.1925). Crítico de arte.

STAFFA, FRANCISCO PANCHO (fl.c.1930-1940). Actuó en grupos de teatro gauchesco, como Reliquia gaucha. Dirigió la compañía Calandrias y zorzales que, tras largas temporadas en diversas ciudades del país, interpretó exitosos radioteatros.

STOLL, ANTONIO (1906-68). Escr. y escultor.

STORNI, ALFONSINA (1892-1938). Poeta.

SUÁREZ, ERCILIA JACINTA (1838-?). Tía abuela de B.

SUÁREZ, ISIDORO (1799-1846). Coronel.

SUÁREZ CALIMANO, EMILIO (m.1949). Escr.

SUÁREZ DAÑERO, EDUARDO Ma (1897-1979). Escr.

SUSSINI, MIGUEL (1912-97). Ministro de Educación y Justicia del presidente Guido (1962).

SULKY. Arg. Carro de un asiento, tirado por un solo caballo.

TABLADA, LA (c.1915). Tango de Francisco Canaro.

TALLÓN, JOSÉ SEBASTIAN (1904-54). Escr.: Las torres de Nuremberg (1927).

TALLOS AMARGOS, LOS (1956). Film de Fernando Ayala, basado en la novela de A. Jasca.

TAMAYO, MARCIAL. Crítico boliviano.

TARNOPOLSKY, SAMUEL (1908-?). Médico y escr.,

TEATRO DEL BAJO. En Paseo Colón 823.

TEATRO DEL PUEBLO. Teatro independiente, fundado en 1931 por L. Barletta. Funcionó sucesivamente en Corrientes 465, Carlos Pellegrini 1741 y R. Sáenz Peña 943. En 1956, un incendio destruyó sus instalaciones.

TEDÍN URIBURU, VIRGILIO PIQUE (n.1911). Abogado y director general de LSI Radio Municipal de Bs As (1962-7).

TEISAIRE, ALBERTO. Contralmirante. Senador peronista por la Capital. En 1954 fue elegido Vicepresidente de la Nación y Presidente del Consejo Superior del Partido Peronista. Al caer Perón, testimonió en su contra.

TEMAR. Arg. Porfiar con algún asunto.

TEMPERLEY. Loc. del GBA.

TERCERO DEL NORTE. Uno de los tres «terceros» o zanjones de Bs As, formados por las lluvias y que desembocaban en el Río de la Plata. El del Norte, según B., era «un arroyo que corría, con veredas altas a los lados, yo no sé si por la calle Córdoba o por la calle Viamonte: había un puente en la esquina de Florida» [En CARRIZO (1982):151].

TESTA, CLORINDO (n.1923). Arquitecto y pintor, n. en Italia.

THIELE, GUILLERMO (1904-?). Profesor en la Universidad de Bs As, n. en Alemania.

TÍA VICENTA. Revista de humor político (1957-66), fundada y dirigida por Juan Carlos Colombres («Landrú»).

TIERRA DEL FUEGO, BARRIO DE. Zona comprendida entre la penitenciaría de Las Heras y la Recoleta. B. explica [B (1930)] que abarca «el circuito Las Heras, Arenales, Pueyrredon, Coronel [Díaz]». El nombre alude a otra famosa penitenciaría de la época, la de Ushuaia (Tierra del Fuego).

TIGRE. Pdo. del GBA.

TILINGO. Arg. Persona simple, con ínfulas e inconsistente.

TILINGUERÍA. Arg. Acción propia del tilingo: tontería intrascendente, grosería.

TIMERMAN, JACOBO (1923-99). Periodista.

TINAYRE, DANIEL (H.) (1947-99). Amigo de los Bioy Casares.

TINK, LOS. Miss Tink fue institutriz de Jorge Luis y Norah desde 1903. En 1923 —en viaje con los Borges— regresó definitivamente a Inglaterra. Su primo Juan «el inglés» fue un cuchillero de la Parroquia del Pilar: «Juan Tink (hijo de ingleses que acabó inspector de policía en Avellaneda)» [B (1930)]. Fue amigo de infancia de B., en Palermo [MILLERET (1970): 21].

TITEAR. Arg. Burlarse.

TOCO MOCHO. Lunf. «Falso billete de lotería, aparentemente premiado, con el que se estafa a alguien» [GOBELLO (1975)].

TOLOSA. Est. del Ferrocarril Roca, cercana a La Plata.

TÓPATE CON TOPARÍAS, SE ENCONTRARON. Arg. «Expresión gaucha corriente para señalar paridad de recursos en dos personas […]; p. ej.: cuando un rengo se encuentra con otro rengo» [ABAD (1976), s.v. «Tópate con Toparías, se juntaron»].

TORANZO CALDERÓN, SAMUEL. Contraalmirante. Comandó la fallida revolución antiperonista del 16 de junio de 1955.

TORIA [Victoria Francisca García Ocampo (Victorica)] (n. 1922). Hija de Francisca Ocampo y sobrina de Silvina.

TORO Y GUISBERT, MIGUEL (1880-?). Lexicógrafo español, residente en la Arg., adaptador del Petit Larousse.

TORRE, GUILLERMO DE (1900-71). Crítico literario español. Conoció a B. en Madrid en 1920. En 1928 casó con Norah Borges y en 1937 se radicaron en Bs As. Fue miembro fundador de la editorial Losada (1938), donde trabajó como asesor literario.

TORRE, LUIS GUILLERMO DE (n.1937). Sobrino de B.

TORRE, MIGUEL JORGE DE (n.1939). Sobrino de B.

TORRE NILSSON, LEOPOLDO (1924-78). Director de cine.

TORREÓN. Edificio en la playa de Punta Piedras (Mar del Plata), construido en 1904. Ocupado primero por una confitería, acabó por convertirse en la sede del Pigeon Club.

TORRES ZAVALETA, JORGE (n.1951). Escr.

TORRE Y LA MUERTE, LA [=Lament for a Maker (1938), de M. Innes]. Emecé («Sépt. Círc»), 1945.

TOTA AYUCHA v. CUEVAS DE VERA , CONDESA de

TRABAJO, MONUMENTO AL [Canto al Trabajo]. Grupo escultórico (1922) de R. Yrurtia, en la plaza Coronel Olazábal.

13, EL (1913). Tango, de A. Spatola (mus.) y Á. Villoldo (l.).

36 BILLARES, LOS. Café. En Corrientes y Maipú; luego en Avenida de Mayo 1271.

TREINTA Y TRES ORIENTALES, DESEMBARCO DE LOS. La expedición (1825) que, al mando de Lavalleja y de Ribera, sublevó al Uruguay contra el dominio brasileño.

TRENTI ROCAMORA JOSÉ LUIS (1929-2003). Crítico y bibliófilo.

TRES AMIGOS (1944). Tango de Enrique Cadícamo (mus. y 1.)

TRIUNFO DE LOS OTROS, EL (1907), de Roberto J. Payró.

TROILO, ANÍBAL (1914-75). Compositor e intérprete de tangos.

TROPEZÓN, EL. Restaurant. En Callao 248.

TRUCHA. Lunf. «Persona astuta, poco escrupulosa en su proceder» [GOBELLO (1975)].

TUPAMAROS. Miembros del Movimiento de Liberación Nacional uruguayo, fundado en 1962. Desde mayo de 1965 se dedicaron a atacar empresas subsidiarias del capital extranjero, a secuestrar a sus directivos y a representantes de los EE. UU. En vísperas de las elecciones presidenciales de diciembre de 1971, suspendieron sus actividades y apoyaron al Frente Amplio. Ante la derrota electoral, reanudaron sus ataques.

TURDERA, Loc. del pdo. de Lomas de Zamora.

ULLA, NOEMÍ (n.l938) Critica.

UNZUÉ, QUINTA DE. En la calle Agüero, entre Las Heras y Avenida del Libertador. Entre 1946-55 fue la residencia del general Perón.

UREÑA. v. HENRÍQUEZ UREÑA, PEDRO.

URIBURU, JOSÉ FÉLIX (1868-1933). Militar, presidente de facto (1930-2).

URQUIZA, JUSTO JOSÉ DE (1801-70). Militar, presidente (1854-60). Fue asesinado en su palacio de San José (Entre Ríos) por los partidarios de R. López Jordán.

VACAREZZA, ALBERTO (1888-1959). Comediógrafo: El buey corneta, La vida es un sainete, Tu cuna fue un conventillo, etc.

VALERGA, DOCTOR. Personaje de BC (1954).

VALLADARES, LEDA (n.1925). Folklorista.

VALLEJO, ANTONIO (1904-?). Poeta: Pan y la fuente (1925). En 1926 viajó a París con Jacobo Fijman. Allí «fue bailarín de charleston. Al regresar a Buenos Aires abjuró de la bohemia para ingresar en el sacerdocio. Fijman dirá de él: "Era un hombre triste que bailaba"» [BAJARLÍA (1992):68]. Mastronardi recuerda [Cr, n.º 32 (1975)] al «errante Fijman y su amigo Vallejo», entre los martinfierristas.

VALMAGGIA, JUAN SANTOS (1895-?). Abogado y periodista. Fue presidente de la Asociación de Periodistas de la Arg.

VALORACIONES (1923-8). Revista universitaria, editada en La Plata, dirigida por C. A. Amaya y Alejandro Korn.

VANASCO, ALBERTO (1925-93). Escr.

VARGAS, ZAMBA DE. Según la leyenda, zamba ejecutada en la batalla del Pozo de Vargas, en La Rioja, entre las tropas federales de Felipe Várela y las mitristas de Manuel Taboada (10 de abril de 1867). Sus compases habrían llevado milagrosamente a la victoria a la tropa santiagueña de Várela. Según algún testimonio, «todos los soldados comenzaron a bailar arremangándose el chiripá y tomando el fusil por el medio». Tal como se la conoce, fue dictada en 1906 a Andrés Chazarreta por dos veteranos de la batalla, Ambrosio Salvatierra y José María Gauna.

VASCO, JUAN ANTONIO (1924-84). Escr.

VASSALLO, ÁNGEL (1902-78). Filósofo arg., n. en Italia.

VAZ FERREIRA Mª EUGENIA (1875-1924) Poeta Uruguayana.

VAZQUEZ Mª ESTHER (n. 1934) Escr. y periodista Los nombres de la muerte (1964, con prólogo de B.), etc. Asistió a B. en B-V (1965) y en B-V (1966).

VÁZQUEZ, PAULINO R. (n.1918). Dueño de la librería Verbum, de Viamonte 411, en cuyo sótano se reunía la SADE entre 1945-55. Según E. Goldar [Buenos Aires: Vida cotidiana en la década del 60. Plus Ultra, 1980:104], en los años cincuenta «la librería de moda es Verbum. Su dueño es Vázquez, un empleado de Filosofía y Letras que los peronistas echan de su cargo. El ha creado Verbum, decorando el local amplio y antiguo con fotos dedicadas de todos los escritores del elenco estable. Ahí van Victoria Ocampo y Mallea a bucear novedades, Girri y Borges a conversar». Con el traslado de la Facultad a la calle Independencia, Verbum acabó por cerrar, a mediados de 1969 [P, n.º 114 (1969):63]. Vázquez dirigió la revista Buenos Aires Literatura (1952-4).

VÁZQUEZ CEY, ARTURO (1888-1958). Poeta.

VEDIA Y MITRE, MARIANO DE (1881-1958). Historiador.

VEDIA, LEÓNIDAS DE (1901-75). Escr.: Lecturas (1941), Mitre, ciudadano (1943), Estudios franceses (1947), etc.

VEGA, CARLOS (1898-1966). Escr. y musicólogo.

VELA, RUBÉN (n.1928). Escr.

VENTO. Lunf. Dinero.

VERBITSKY, BERNARDO (1907-79) Escr.: Calles de tango (1953).

VICENTE CASARES. Est. del Ferrocarril Roca, en el pdo. de cañuelas pcia de Bs As.

VICTORIA, MARCOS (1902-76). Escr.

VICTORIA, PLAZA DE LA. En San Martín y avenida Rivadavia, en el b. de Monserrat.

VICTORIAS, LAS [Nuestra Señora de las Victorias]. Iglesia. En Paraguay 1204. Allí se casaron (1898) los padres de B.

VICTORICA, BENJAMÍN (1831-1906). Militar y político: Casó con Ana, hija de J. J. de Urquiza y de Cruz López Jordán.

VICTORIA (1929). Tango, de Enrique S. Discepolo (mus. y l.).

VIDAL, JORGE (n.1924). Cantor de tangos.

VIDELA, JORGE R. (n.1925). Presidente de facto (1976-81).

VIEJO PANCHO [José Alonso y Trelles] (1857-1924). Escr. uruguayo, n. en España: Paja brava (1916).

VIEYTES, EL. Denominación popular del Hospicio de las Mercedes (Hospital Nacional de Alienados), en Vieytes 555. Hoy es el Hospital Neuropsiquiátrico Borda.

VIGNALE, PEDRO JUAN (1903-74). Escr. y periodista.

VIGODET, GASPAR DE (m.1823). Gobernador militar de Montevideo (1820-23).

VILA, ALBERTO (1905-?). Cantor de tangos, uruguayo.

VILLALBA WELSH, EMILIO (1906-92). Periodista y guionista: Del arte de escribir para el cine y la televisión (1964, con prólogo de B.).

VILLANUEVA, AMARO (1907-69). Escr.

VILLANUEVA, BENITO (1856-1933). Poderoso caudillo conservador. Fue presidente del Senado en 1906-10 y 1914-16.

VILLAR, AMADO (1899-1954). Escr.

VILLARINO, Ma DE (1905-94). Escr.

VILLEGAS, GUILLERMO, OSIRIS (n.1916). General. Ministro del Interior del presidente Guido (1962-3).

VILLOLDO, ÁNGEL (1864-1914). Compositor y letristade tangos.

VILLORDO, ÓSCAR HERMES (1928-94). Escr.

VIÑAS, DAVID (n.1929). Escr. Entre 1954-9 dirigió la revista Contorno.

VIÑOLY BARRETO, ROMÁN (1914-70). Director de cine, uruguayo."

VIRAZÓN. Arg., de origen quichua. «Viento que revuelve la tierra» [ARAMBURU (1944)].

VIRUTA Y CHICHARRÓN Personajes de una tira cómica publicada en Caras y Caretas desde 1909; dibujada desde 1912 por Octavio Bellver («Juan Sanuy»). Fueron llevados al cine: Viruta y Chicharrón (1914) y Viruta y las mujeres (1915), ambas de Héctor Quiroga.

VLADY. v. KOCIANCICH, VLADY.

VOCOS LESCANO, JORGE (1924-89). Escr.

VOGELMANN, BJ. (1907-76). Traductor del alemán.

WALSH, M.ª ELENA (n.1930). Escr.: Hecho a mano (1967).

WALSH, RODOLFO (1927-77). Escr. y periodista.

WAST, HUGO. v. MARTÍNEZ ZUVIRÍA, GUSTAVO.

WEIBEL-RICHARD, ROBERT (1904-84). Profesor francés, amigo de Adolfo Bioy père. Desde 1937, dio clases de literatura clásica en el Instituto de la Universidad de Paris en Buenos Aires, fundado por Adolfo Bioy père y Georges Dumas en 1920. En 1942, con Roger Caillois, fundó el Institut Français d’Études Supérieures de Buenos Aires, que dirigió hasta 1960.

WEINBERG, GREGORIO (1919-2006). Crítico.

WEISS, ALFREDO J. (m.1958). Periodista y traductor.

WERNICKE, ENRIQUE (1915-68). Escr.

WHITELOW, GUILLERMO BILLY (n.1923). Poeta y crítico de arte.

WILCOCK, JUAN RODOLFO (1919-78). Escr. Su Libro de poemas y canciones (1940) fue premiado por un jurado del que formaba parte B. Dos de sus poemas fueron incluidos en B-SO (1941). Desde entonces, fue huésped habitual en casa de los Bioy. Tradujo varios volúmenes de «Sépt. Circ». En 1951, viajó a Europa con Silvina Ocampo, BC. y Marta Mosquera. En 1955 regresó a Bs As y en 1957 partió definitivamente a Italia, donde continuó su obra, en italiano.

WILDE, EDUARDO (1844-1913). Escr.

WILLIAMS ÁLZAGA, ENRIQUE (1905-90). Historiador.

WOLBERG, ISAAC. Militar y periodista: Jorge Luis Borges (1961).

WREDE, ELIZABETH, CONDESA DE. Artista austríaca, residente en la Arg. Ilustró ABA.

YACARÉ [Felipe H. Fernández] (1889-1929). Poeta lunfardo y periodista: Versos rantifusos (Floresta, s.d.).

YATES, DONALD (n.1930). Crítico nort. Tradujo textos de B. para la antología Labyrinths (1961). Becado por la Fundación Fullbright, visitó la Arg. entre agosto de 1962 y junio de 1963 y, por segunda vez, en 1965.

YRIGOYEN, HIPÓLITO (1852-1933). Presidente (1916-22 y 1928-30).

YRURTIA, ROGELIO (1879-1950). Escultor.

YUPANQUI, ATAHUALPA [Héctor R. Chavero] (1908-92). Folklorista.

ZAMBONINI, ERNESTO EL RENGO (m.1947). Violinista y compositor de tangos.

ZAMORA, ANTONIO (1896-1976). Editor arg., n. en España. Fundó y dirigió la editorial Claridad.

ZANI, GISELDA (1909-75). Escr. uruguaya.

ZAPATA QUESADA, RENÉ CHULO (1891-1952). Escr.

ZAVALÍA, ALBERTO DE (1917-88). Actor y director cinematográfico.

ZAVALÍA, CLODOMIRO (1883-1959). Abogado.

ZEBALLOS, ESTANISLAO (1854-1923). Escr. y político.

ZEMBORAIN DE TORRES DUGGAN, ESTHER (1915-2001). Escr. Asistió a B. en B-EZ (1967).

ZENNER, WALLY (C. 1905-96). Poeta y recitadora: Encuentro en el Allá Seguro (1931, con prólogo de B.), Morada de la pena altiva (1932), Antigua lumbre (1949, con prólogo de B.), etc. Desde 1925 dio recitales de poemas en el salón del diario La Prensa, en el Teatro Colón, etc., y, desde 1927, por todo el país. B. le dedicó el poema «A la doctrina de pasión de tu voz» (1929).

ZIMMERMAN, SILVIA. Cantante, folklorista, compositora y poeta. Según recuerda, «conocí a Borges siendo muy joven, y pasé, junto a él, tres años de mi vida» [En LN, 20/12/87]. En 1969, grabó como milonga criolla, para Ediciones Fermata, el «Poema conjetural».

ZORRAQUÍN BECÚ, HORACIO (1908-88). Historiador y bibliófilo.

ZORRILLA DE SAN MARTÍN, JUAN (1855-1931). Escr. uruguayo: Tabaré (1888).

ZORRO GRIS (1920). Tango de R. Tuegols (mus.) y F. García Jiménez (l.).

ZUM FELDE, ALBERTO (1889-1976). Crítico uruguayo, n. en la Arg.

ZWI MIGDAL. Sociedad de traficantes de blancas, en su mayoría judíos polacos. Fundada en Barracas en 1906, reclutaba sus pupilas entre muchachas de Polonia y Hungría, a las que seducía un «auxiliar» y traía a Bs As, donde eran rematadas. Llegó a controlar 2.000 prostíbulos. Desapareció en 1935, cuando la Ley 12.331 dio lugar a la clausura de todos los prostíbulos del país.


Jorge Luis Borges nació en Buenos Aires el 24 de agosto de 1899. Bilingüe por influencia de su abuela paterna, de origen inglés, aprendió a leer en esa lengua antes que en castellano, un hecho capital en el desarrollo de su escritura.

En 1914 se instaló con su familia en Ginebra, ciudad en la que cursó el bachillerato. Pronto comenzó a publicar poemas y manifiestos ultraístas en la prensa de España, donde vivió entre 1919 y 1921, año en que los Borges regresaron a Argentina.

El redescubrimiento de su ciudad natal lo llevó a urdir versos que reunió en su primer libro. Fervor de Buenos Aires (1923), al tiempo que dio a conocer en castellano a escritores como James Joyce y Thomas Browne. Esa tensión entre lo particular y lo general sería la marca registrada de su estilo. Dentro de su vasta producción cabe citar obras narrativas como Ficciones (1944) y El Aleph (1949); ensayos como Discusión (1932), Historia de la eternidad (1936) y Otras inquisiciones, y doce libros de poemas.

El premio Formentor, otorgado en 1961 por los principales editores europeos, marcó el comienzo de un incesante reconocimiento internacional que le valió asiduas distinciones de universidades y gobiernos extranjeros, además de numerosos premios, entre ellos el Cervantes en 1980. Incontables estudios críticos dan testimonio de este creador extraordinario, celebrado de forma unánime como uno de los grandes escritores del siglo XX.

Borges murió en Ginebra el 14 de junio de 1986.


«Bioy ha sido muy bueno y muy indulgente conmigo.

Él es una persona para la cual mi vida no tiene secretos.

Jorge Luis Borges

Grandísimo narrador y testigo privilegiado de la vida literaria de su tiempo, Adolfo Bioy Casares preparó, poco antes de su muerte, a partir de los exhaustivos diarios que llevó durante más de medio siglo, un libro extraordinario sobre su amistad con Jorge Luis Borges una de las más emblemáticas de la literatura contemporánea. El presente volumen —a cargo de Daniel Martino— recoge en su totalidad esa obra.

Por sus páginas desfilan las ideas más asombrosas de Borges, esenciales para la comprensión de sus escritos, conjugadas con una detallada descripción de su vida cotidiana, sus amores, su angustia ante el progreso de su ceguera o sus apasionadas posiciones en la controversia literaria y política. Casi en cada linea aflora un comentario inesperado, un detalle desconocido, un dato revelador tamizado por la diligente lucidez de Bioy. La mordacidad de los diálogos, verdaderas lecciones de teoría y práctica literaria, no respeta jerarquías, prestigios ni parentescos: aparecen desde señoras de sociedad, políticos, amigos, Victoria Ocampo, Perón o Gardel, hasta Shakespeare, Dante, Cervantes, Victor Hugo, Lorca o Faulkner, ensalzados o destruidos con ironía, inteligencia y humor. De la agudeza del conjunto surge un Borges insospechado en la intimidad, contradictorio, vulnerable, a menudo melancólico, siempre brillante. Como la Vida del Doctor Samuel Johnson de Boswell, el Borges de Bioy constituye un documento fundamental sobre el genial escritor argentino y también la biografía definitiva de una relación que cambió el curso de nuestras letras.


ADOLFO BIOY CASARES nació en Buenos Aires el 15 de septiembre de 1914. Fue un maestro del cuento y de la novela breve. La agudeza de su inteligencia, el tono satírico de su prosa y una suerte de cualidad visionaria de su imaginación le permitieron unir la alta literatura con la aceptación popular, singularmente entre los jóvenes. «La invención de Morel» (1940) anticipó en casi medio siglo la aparición de la realidad virtual; uno de sus primeros cuentos, «Los milagros no se recuperan», sugiere la existencia de clones humanos; «Diario de la guerra del cerdo» (1969) resultó un inesperado precursor de las revueltas estudiantiles. Entre sus novelas también cabe destacar las extraordinarias «El sueño de los héroes» (1954) y «Dormir al sol» (1973). Entre sus cuentos brillan relatos clásicos como «En memoria de Paulina» o «El lado de la sombra».

Amigo entrañable de Jorge Luis Borges, formó con él una sociedad que cambiaría el rumbo de la literatura en castellano. Juntos escribieron varios volúmenes de cuentos bajo el seudónimo H. Bustos Domecq y dirigieron para Emecé la célebre colección de novelas policiales «El séptimo círculo», entre otros trabajos. Su influencia recíproca se reflejó a lo largo del tiempo en sus obras individuales, que tendieron progresivamente hacia una serena perfección. En 1990 fue distinguido con el premio Cervantes de literatura. Murió en Buenos Aires el 8 de marzo de 1999

Notas

  1. [1] Leche Cuajada [la Martona, 1935]. El folleto es un cuadernillo de dieciséis páginas en octavo menor, en cuya cubierta aparece una ilustración de Silvina Ocampo.

    ↩ Volver al texto
  2. [2] «Los ángeles lampiños», soneto aliterado del que sólo sobreviven cuatro versos.

    ↩ Volver al texto
  3. [3] «El doctor Preetorius». [LN, 1/11/90]. La inspiración, según ha descubierto Alfredo Grieco y Bavio, proviene de la comedia de Gurt Goetz, Dr. Med. Hiob Praetorius, estrenada en Stuttgart en diciembre de 1932; Borges habría conocido su argumento a través de la minuciosa descripción de Olaf Anderson —«Apuntes del teatro alemán. El Dr, Job Praetorius»— aparecida en LN, 1/7/34.

    ↩ Volver al texto
  4. [4] Gómez de la Serna, Ramón, Ismos [Madrid; Biblioteca Nueva, 1931]: 14-15.

    ↩ Volver al texto
  5. [5] Borges conocía el argumento de The Sense of the Past (p. 1917) de H. James gracias a The Destructive Element (1935) de S. Spender [VÁZQUEZ (1980):137-8]. Para el de Pasado mortal (1938), véase MARTINO (1996):66-7. El film Berkeley Square, de Frank Lloyd, se estrenó en 1933.

    ↩ Volver al texto
  6. [6] «Pascal: Pernees» (1947).

    ↩ Volver al texto
  7. [7] Terminado el 24 de noviembre de 1947, circuló como samizdat hasta ser publicado en 1955.

    ↩ Volver al texto
  8. [8] De Francesca a Beatrice (1924), de Victoria Ocampo, fue publicado como un epílogo polémico de Ortega y Gasset en 1928. Victoria respondió con una “Contestación” en S, n.º 2 (1931).

    ↩ Volver al texto
  9. [9] Mastronardi también lo dijo (Nota de ABC).

    ↩ Volver al texto
  10. [10] «La fuente “muda”». [S, n.º 157 (1947)].

    ↩ Volver al texto
  11. [11] Cf. GRONDONA, Mariana, El chal violeta y otros relatos [Centro Cultural Corregidor, 1982:92]: «[Susana Soca] tenía un modo de hablar muy particular y la convivencia con la sociedad no era su fuerte. Era demasiado personal, un tanto absurda […]».

    ↩ Volver al texto
  12. [12] «Comedia de Calixto y Melibea». [Realidad, n.º 15 (1949)]. Reseña la edición [Estrada («Clásicos candíanos»), 1949] prologada por Bioy,

    ↩ Volver al texto
  13. [13] Cf. las frases de Mario Bonfanti en «las previsiones de Sangiácomo» (1942) [«en menos que trepa un cerdo», «… que tose un viejo», «… que cuento un dedo»] y en B-BC (1946a). [«En menos que baila un conde»].

    ↩ Volver al texto
  14. [14] «Aniceto el Gallo» fue uno de los seudónimos de Hilario Ascasubi [en su Aniceto el Gallo (1872)]; «Anastasio el Pollo», el de su declarado discípulo Estanislao del Campo. El apócrifo origen se refiere a supuestas cópulas con aves de corral.

    ↩ Volver al texto
  15. [15] Levítico 20:15-16.

    ↩ Volver al texto
  16. [16] Cf. CHESTERTON, G. K., Robet Browning (1903), VIII: «Browning believed that te every man that ever lived upan this earth had been given a definite and peculiar confidente of God. Each one of us [… ] had a peculiar message [Browning creía que a cada hombre que había vivido en este mundo Dios le había hecho una confidencia definitiva y particular. Cada uno de nosotros (…) era portador de un mensaje exclusivo]».

    ↩ Volver al texto
  17. [17] Obras de Francisco Navarro y Ledesma (1905), Gerard Bullett (1923) y André Maurois (1949), respectivamente.

    ↩ Volver al texto
  18. [18] Alusión a la insistencia en referir su historia del protagonista de The Rime of the Ancient Mariner (1798) de S. T. Coleridge.

    ↩ Volver al texto
  19. [19] El 2 de septiembre dio allí una conferencia sobre Leí literatura fantástica, recogida en El País (Montevideo) del día siguiente.

    ↩ Volver al texto
  20. [20] Las informaciones biográficas provienen de LEWES, G. H., The Life of Goethe (1855), en especial caps, III a VI.

    ↩ Volver al texto
  21. [21] «Dämmrung senkte sich von oben, / Sckon ist alle Nähe fern», [ Chinesisch-deutsche Jahresund Tageszeiten (1827), VIII].

    ↩ Volver al texto
  22. [22] I Corintios 9:22.

    ↩ Volver al texto
  23. [23] Cf. el fragmento «Se daba su lugar», atribuido a «Rita Acevedo de Zaldumbide» [libro del cielo y del infierno (1960)].

    ↩ Volver al texto
  24. [24] La isla o Del amor, abandonada en 1953. El crimen de Oribe, de L. Torres Ríos y L. Torre Nilsson, basado en El perjurio de la nieve, se rodó entre fines de 1949 y enero de 1950 en los Estudios Mapol; se estrenó en abril de 1950.

    ↩ Volver al texto
  25. [25] En 1934, Borges y Amorim pasaron diez, días en Rivera y cruzaron la frontera hasta Sant’Anna do Livramento; allí presenciaron la muerte de un hombre, por los guardaespaldas de un capanga [Véanse: Peralta (1964): 413; B (1970)1 - El episodio se incluye en «Tlön, Uqbar, Orbis Tertius», cuento escrito en la estancia Las Nubes de Amorim a principios de 1940,

    ↩ Volver al texto
  26. [26] MORRIS, William, The Roots of the Mountains (1889).

    ↩ Volver al texto
  27. [27] GOTTSCHED, Johann Christoph, Versuch einer Critischen Dichtkunst für die Deutschen (1730).

    ↩ Volver al texto
  28. [28] [ imposibles de olvidar, imposibles de recordar]. The Wrecker (1892), XII.

    ↩ Volver al texto
  29. [29] Kravchenko, Victor. I Choose Freedom (1946),

    ↩ Volver al texto
  30. [30] «El hijo de su amigo», que terminarían el 21 de diciembre y publicarían recién en 1952, en la revista Número (Montevideo), en cierto sentido continuadora de Clinamen (Montevideo), cuyos cinco números aparecieron entre 1947 y 1948,

    ↩ Volver al texto
  31. [31] Basado en el cuento, aparecido en 1948 en S (n.º 164-5, n.º 166 y n.º 167), Una sinopsis de) argumento fue publicada en Lyra, n.º 149-151 (1956). En 1984, con el nombre de El otro y con guión de Manuel Puig, fue filmado en México por Arturo Ripstein.

    ↩ Volver al texto
  32. [32] Alexander Ossipon, apodado el Doctor, es un personaje de Conrad: véase The Secret Agent (1907), in fine, donde Ossipon busca desesperadamente el apoyo del Profesor.

    ↩ Volver al texto
  33. [33] Confessiones, IX, 12..

    ↩ Volver al texto
  34. [34] (Las mujeres (…) conseguirían que un elefante trepara sobre el lomo de una hormiga, y aun serían capaces de lograr que copularan entre sí.) SHEIK NEFZAWÍ, Al Rawd al-Atir (1543), XI, in fine. Borges cita según una versión inglesa publicada en París, hacia 1920, en edición privada (Librairie Astra): The Perfumed Garden; A Manual of Arabian Erotology.

    ↩ Volver al texto
  35. [35] Cf. «La hermana de Eloísa» (1955): «Si mi psiquismo no me engañaba […]»

    ↩ Volver al texto
  36. [36] Uno de los modelos de Isidro Parodi, quien, según Bioy, «era una combinación de un peluquero de Adrogué conocido de Borges, y otro peluquero de la calle Quintana, entre Rodríguez Peña y Callao que compartíamos ambos». [En GN, n.º 1 (1990)]. El de Adrogué se llamaría Faustino Camarotta [CROSS (1988):114], En los años cincuenta, Borges también iba a la peluquería de un tal Moscato, en Viamonte 579, donde lo conocían como «el Profesor». P, n.º 4 (1963):99].

    ↩ Volver al texto
  37. [37] «Homenaje a Francisco Almeyra», escrito en 1952, publicado en plaquette en 1954,

    con el sello Destiempo.

    ↩ Volver al texto
  38. [38] Talos, según Apolonío de Rodas (Argonautica, III, 1] Pausanias [Periégesis, I 21] y Ovidio [Metamorfosis VIII]

    ↩ Volver al texto
  39. [39] «Unir y separar». [S, n.º 150 (1947)].

    ↩ Volver al texto
  40. [40] Juego de palabras: además de filósofo, Francisco Romero era mayor retirado del ejército.

    ↩ Volver al texto
  41. [41] [«(…) ese instrumento mortífero, la muchacha (…)». «Ella estaba enamorada de sí, de su destino (…)». «A medias consciente, él estaba auscultándola, para averiguar si podía entenderlo; para saber si ella era un animal del color de las flores, o si la habitaba un alma (…)»]. STEVENSON, R. L., Weir of Hermiston (1896), VI,

    ↩ Volver al texto
  42. [42] El texto, bajo el título «Cada hombre es un mundo», fue recogido finalmente en B-BC (1973).

    ↩ Volver al texto
  43. [43] Alusión al tango A media luz (1925), de Carlos César Lenzi y Edgardo Donato: «De tarde té con masitas;/ De noche, tango y amor/Los domingos, tés danzantes; / los lunes, desolación…»,

    ↩ Volver al texto
  44. [44] «Algunas páginas inéditas de Ricardo Güiraldes». [LN, 26/10/52].

    ↩ Volver al texto
  45. [45] [¡La Mujer, niño enfermo y doce veces impuro!]. «La colère de Samson». [Les destinées (p. 1864)].

    ↩ Volver al texto
  46. [46] Avowals (1919), I.

    ↩ Volver al texto
  47. [47] Mester de judería (1940).

    ↩ Volver al texto
  48. [48] Cf «la trama» (1960).

    ↩ Volver al texto
  49. [49] En BC (1959): 88, Bioy cita la frase, atribuyéndola a un Diccionario Biográfico. Procede de MICHAUD, Louis G. (ed). Biographie Universelle, Ancienne et Moderne (1821), s.v. Gambetta

    ↩ Volver al texto
  50. [50] «Farrel du Bosc», cuyo nombre juega con el del escritor Charles Du Bos (o el del hispanista Raymond Foulché-Delbosc) y el del presidente E. J. Farrell. En su opinión: «Las novelas de Josephine Tey sobresalen por su educada ironía, por su agudo conocimiento del alma humana y por el acento trágico. El manejo de la expectativa es, en todas ellas, magistral y la trama del enigma, impecable. Ninguna de ellas nos parece mejor que Brat Farrar». La autoridad de «Farrel du Bosc» es invocada también en favor de Midsummer Murder (1937) de Clifford Witting, publicada en 1946 en «El Séptimo Círculo» como Asesinato en pleno verano.

    ↩ Volver al texto
  51. [51] «El río numerable de los años / los ha perdido; eres una palabra en un índice. / Dieron a otros gloria interminable los dioses […]» [«A un poeta menor de la Antología». LN, 12/4/53].

    ↩ Volver al texto
  52. [52] «El descuido» y «El acusado», tomados de su Die Erzählungen der Chassidim (1949).

    ↩ Volver al texto
  53. [53] «El fin» (1953).

    ↩ Volver al texto
  54. [54] Ambos han sido tomados de The Wisdom of China and India (1942) de Lin Yutang.

    ↩ Volver al texto
  55. [55] «La sentencia», tomado de WU CH’ÊNG-ÊN, Hsi Yu Chi (s. XVI). Aunque Bioy cita la obra como Misión al cielo, según la traducción de Timothy Richard [A Mission to Heaven (1913)], el pasaje resume el cap. X de la de Arthur Waley [Monkey (1942)].

    ↩ Volver al texto
  56. [56] De Divinatione, I, 46. La traducción proviene de la de W. A. Falconer [London: Heinemann («Loeb Classical Library»), 1923].

    ↩ Volver al texto
  57. [57] Con el seudónimo de «B, Lynch Davis», Borges y Bioy habían publicado un «Museo» en los números Sai 11 (1946) de ABA.

    ↩ Volver al texto
  58. [58] Betina Edelberg [Canto al humor (1968): 88-90] reproduce varios animosos de Borges.

    ↩ Volver al texto
  59. [59] Basset, Rene, Mille et un contes, recits el légendes arabes (1924).

    ↩ Volver al texto
  60. [60] En 1953, V. Gheorghiu visitó la Argentina, invitado por Perón [Cf. OCAMPO, Victoria, «Así se escribe la Historia… (según Gheorghiu)». In: Testimonios (sexta serie). Sur, 1963]; en 1955 volvió para escribir El general y sus descamisados, su biografía autorizada. «Cuando los militares de la Revolución Libertadora llegaron a la residencia de Olivos, se encontraron con […] Gheorghiu [quien] ignoraba que se estaba desarrollando una revolución y seguía escribiendo». [RUSSO (1994): 80].

    ↩ Volver al texto
  61. [61] Juego de palabras. Gheorghiu habla de «la sala» [salle]; Borges finge oír «la indecente, la sucia» [sale].

    ↩ Volver al texto
  62. [62] Probablemente Armando Bo (1915-81), actor, director y productor cinematográfico. Produjo Días de odio (1953) de L. Torre Nilsson, basado en «Emma Zunz». Según Torre Nilsson: «Un día [Armando Bo] me dice: “Ahí tengo película virgen y una cámara… No sé qué hacer… Si juntáramos tres episodios…”. Yo le cuento Emma Zunz, de Borges. “¡Bárbaro!”, dice. “[…) Así hacemos un largo con poca guita.”» [PP, n.º 407 (1970): 136].

    ↩ Volver al texto
  63. [63] TAMAYO, Marcial y RUIZ DÍAZ, Adolfo, Borges, enigma y dumie (1955), Según Borges, «el único libro que he leído completo sobre mí fue el primero, uno del año 55 escrito por un boliviano». [En MONTENEGRO (1990): 80].

    ↩ Volver al texto
  64. [64] En diciembre de 1953, Emecé lo publicó con el título definitivo de Los nombres.

    ↩ Volver al texto
  65. [65] Cf. «El sur» (1953): «su esgrima no pasaba de una noción de que los golpes deben ir hacia arriba y con el filo para adentro».

    ↩ Volver al texto
  66. [66] BOSWELL, Life of Johnson, «25 de marzo de 1776».

    ↩ Volver al texto
  67. [67] Poética, III, 21.

    ↩ Volver al texto
  68. [68] «La sombra de las jugadas, tomado del episodio “The Dream of Rhonabwy”, según la versión de lady Charlotte Guest (1838-49), y atribuido a Edwin Morgan. En el fragmento, los reyes Arturo y Owain se enfrentan al gwyddbwyll suerte de ajedrez, con “golden pitees and a board of silver”, mientras luchan sus respectivos ejércitos.

    ↩ Volver al texto
  69. [69] «La sombra de las jugadas». El apócrifo autor es un saludo a un abogado que estafó al padre de Bioy. Nótese los octosílabos: «Celestino Palomeque / Cabotaje en Mozambique / Porto Alegre sine data». El texto original proviene de una reseña de A History of Board Games other than Chess (1952), de H. J. R. MURRAY [Times Literary Supplement, 10/10/52].

    ↩ Volver al texto
  70. [70] Cf. «Un retrospectivo», atribuido a Clemente Sosa [B-BC (1955a)],

    ↩ Volver al texto
  71. [71] «Un mito de Alejandro», tomado del poema «The Clipper Stater». [Mock Beggar Hall (1924)].

    ↩ Volver al texto
  72. [72] «Conjunción» [Los crepúsculos del jardín (1905)].

    ↩ Volver al texto
  73. [73] «Delectación morosa». [Ib.].

    ↩ Volver al texto
  74. [74] «Estela Canto y Patricio Canto han escrito una obra de teatro humorística en la cual se bromea a costa de los editores y algunos conocidos escritores, identificables pese a que —como es lógico— se han omitido sus nombres y apellidos». [LEZAMA, H. E., «Gragea». In: Criterio, n.º 1194 (1954): 657].

    ↩ Volver al texto
  75. [75] «Otra versión del Fausto», atribuida a «Fra Diavolo».

    ↩ Volver al texto
  76. [76] Cf. el argumento de la obra de Brissac en El paraíso de los creyentes (1955) y el de The Secret Mirror [en «Examen de la obra de Herbert Quain» (1941)].

    ↩ Volver al texto
  77. [77] Una primera versión había sido preparada para la editorial Claridad, de Antonio Zamora, entre 1946 y 1947.

    ↩ Volver al texto
  78. [78] «Cuatro reflexiones» (n.º 20, 32, 43 y 47), tomadas de Hochzeitsvorbereitungen auf dem Lande und andere Prosa aus dem Nachlass (p. 1953).

    ↩ Volver al texto
  79. [79] La frase de Kafka proviene de hojas sueltas recogidas en op. cit. El fragmento de Chesterton proviene del cuento «The Bottomless Pit». [The Man Who Knew too Much (1922)]; incluido en B-SO (1940) sin título, en B-SO (1965) fue titulado «La pagoda de Babel».

    ↩ Volver al texto
  80. [80] Hochzeitsvorbereitungen auf dem Lande und andere Prosa aus dem Nachlass (p. 1953).

    ↩ Volver al texto
  81. [81] [¡Oh, mi alma profética! ¡Mi tío!]. Hamlet, I, 5

    ↩ Volver al texto
  82. [82] Cuentos breves y extraordinarios fue publicado en noviembre de 1955 en la colección «Panorama», que dirigía E, Sabato, en la editorial Raigal. Ésta había sido fundada en 1952 por el profesor Antonio Sobral, ex diputado radical.

    ↩ Volver al texto
  83. [83] Irse, escrita y reescrita a lo largo de 1953-82, en dos versiones —una de ambiente «rural», otra de ambiente «urbano»—. La versión «rural», reducida a cuento, fue incluida en Una magia modesta (1997). La «urbana» quedó inconclusa.

    ↩ Volver al texto
  84. [84] El Diary (1660-9) de Pepys se publicó en 1825; los diarios (1762-76) de Boswell, en 1950-63: hasta 1953, sólo habían aparecido London Journal (1950) y Boswell in Holland (1952).

    ↩ Volver al texto
  85. [85] La edición inglesa (1930) de Das Schloss (1926), de Kafka, traducida por Edwin y Willa Muir

    ↩ Volver al texto
  86. [86] «Guayaquil» (1970).

    ↩ Volver al texto
  87. [87] La victoria del hombre (1903). La Nación publica precisamente cinco sonetos de este libro.

    ↩ Volver al texto
  88. [88] Bioy, en Coronel Díaz 2730 (en 1940-2); Xul, en Laprida 1212 (desde 1928).

    ↩ Volver al texto
  89. [89] La Revista Multicolor de Crítica publicó cuatro cuentos de S. Dabove: «La muerte y su traje» y «Ser polvo» en 1933, «Finis» y «El experimento de Varinsky» en 1934. «Tren», el cuento incluido en la antología, apareció en ABA, n.º 10 (1946).

    ↩ Volver al texto
  90. [90] «El estudioso», traducido según la versión alemana de Paul Adler y Michael Revlon [Japanische Literatur (1920)].

    ↩ Volver al texto
  91. [91] «Noticia» de ELLIN, S., El crimen de la calle Nicholas [The Key to Nicholas Street (1952)]. Emecé («El Séptimo Círculo»), 1954. De Ellin se dice que «sus hábitos literarios incluyen no menos de un borrador escrito a máquina antes del ne varietur».

    ↩ Volver al texto
  92. [92] RIGONI STERN. Mario, Il sergente nella neve (1953).

    ↩ Volver al texto
  93. [93] Prieto, Adolfo, Borges y la nueva generación [Letras Universitarias, 19541.

    ↩ Volver al texto
  94. [94] «Deslindando responsabilidades (Vida y obras del Molinero)». La versión final, de 1972, fue publicada en 1977.

    ↩ Volver al texto
  95. [95] JUAN DE LA CRUZ, SAN, «Noche oscura del alma» (p.1716).

    ↩ Volver al texto
  96. [96] A Study of History, vol. III [London: Oxford University Press, 1934]: 22-50.

    ↩ Volver al texto
  97. [97] «Diligencias, conversaciones previas a un acuerdo o a una decisión». [BC (1971), s.v. «Tratativas»]. Cf. «Guayaquil» (1970): «Tratativas fue la atroz palabra que usó».

    ↩ Volver al texto
  98. [98] «Clave para un amor» (1954).

    ↩ Volver al texto
  99. [99] «De aporte positivo». [Buenos Aires Literaria, n.º 17 (1954)].

    ↩ Volver al texto
  100. [100] Borges escribió «El tango» (1958); Fernán Silva Valdés, «El tango». [Agua del tiempo (1930)].

    ↩ Volver al texto
  101. [101] Que Bioy acababa de hacer imprimir en los talleres de Colombo, con el sello Destiempo.

    ↩ Volver al texto
  102. [102] Robert Parker, escritor norteamericano, autor de Passport to Peril (1951), incluida en 1954, como Pasaporte para el peligro, en «El Séptimo Círculo».

    ↩ Volver al texto
  103. [103] El argumento definitivo, en el que reaparecían varios personajes de Un modelo para la muerte y de «El hijo de su amigo», fue el siguiente: Urbistondo, encargado de filmar noticiarios, es convocado al aeropuerto de Ezeiza por Manganaro, para registrar la partida hacia Chile del financista Eberman. Cuando Urbistondo llega, Manganaro le explica que Eberman (que es su jefe) ya se ha ido. Aconsejado por Manganaro, Urbistondo filma al propio Manganaro, de espaldas, haciéndolo pasar por Eberman. Vuelven juntos a la capital y, debidamente caracterizados, van a una fiesta de disfraces en el palacete Montenegro. Días después, Urbistondo se entera de que, al partir, Eberman ha desaparecido con el dinero de sus clientes; también, de que en una estancia se ha descubierto un cadáver, con ropa de gaucho, acondicionado en yerba mate. Los estudiosos afirman que el cuerpo pertenece al famoso Santos Vega. Contra el entusiasmo popular, Jacinto Cárdenas, hermano del suicida de «El hijo de su amigo», lo niega; esto desata la ira de los nacionalistas, capitaneados por Frogman. Cárdenas busca refugio en casa de Urbistondo, quien se ve forzado a ocultarlo. Como las provisiones son escasas, Urbistondo intenta darle alimentos de utilería; Cárdenas no sólo los rechaza sino que lo obliga a comérselos. Tras varios días de penosa convivencia, Cárdenas le explica que ha descubierto que en realidad Eberman fue muerto por Manganaro, que es quien se ha quedado con el dinero; como Eberman estaba disfrazado de gaucho para ir a la fiesta de Montenegro, su cadáver fue confundido con el de Santos Vega. La invitación a filmar en Ezeiza fue un ardid de Manganaro para fraguar un testimonio de la supuesta partida. El cuento fue reescrito en 1973 [«Una amistad hasta la muerte»], despojado del asunto de Santos Vega, aunque el título conserva la alusión (Una amistad hasta la muerte de Eduardo Gutiérrez es la continuación de su Santos Vega). Cf. la convivencia forzada con la de los personajes de My Own Murderer (1940) de Richard Hull (novela sobre la que Bioy y Manuel Peyrou emprendieron —y abandonaron— un guión cinematográfico en 1945-6); el tema de los alimentos de utilería, con las costumbres de Heliogábalo —que daría a sus parásitos manjares hechos de cera, madera o marfil, para que compartieran, aunque de sustancia diferente, una imagen de su comida [Aelio Lampridio, Vida de Heliogábalo, XXV]— y con la situación de Saps at Sea (EE. UU., 1940), de Laurel & Hardy.

    ↩ Volver al texto
  104. [104] BASALDÚA, H., Arrabal [Galería Bonino, 1954]. Según Mastronardi, «cierto famoso pintor le pidió [a Borges] un escrito —para prologar su catálogo de obras— a cambio de una fuerte retribución en dinero. Apabullado por la oferta, Borges le sugirió con timidez a su madre: “¿No podrías pedirle una rebaja? Quiere pagarme demasiado”». [MASTRONARDI (1984): 157-8].

    ↩ Volver al texto
  105. [105] En Letra y Línea, n.º 4 (1954), apareció una réplica, anónima: «Borges y Bioy Casares, paladines de la literatura gelatinosa».

    ↩ Volver al texto
  106. [106] Cf. la versión de Carlos Correas: «Recuerdo una vez que estábamos en el Edelweiss […] los de Contorno y en el fondo, había como un comedor muy grande, estaban […] los surrealistas de […] Letra y Línea […]. Le estaban haciendo un homenaje al viejo Girondo, que estaba bastante viejo y que estaba completamente borracho […]. David [Viñas] odiaba a los surrealistas. Estaba Alberto Vanasco, un tal Vasco, después un poeta que se llamaba Juan Carlos Pellegrini que era rengo, y ése se pelea con David. […] [Este] le dice: “Pero Pellegrini eso que usted escribió, esa poesía, ¿a usted mismo no le parece que es buena esa poesía?”. “Sí, cómo no, si yo mismo la escribí, es buena. Es una poesía buena. […]”. “No, no, está bien, está bien”, le dice David, “no se ponga nervioso, Pellegrini”. Entonces Pellegrini le dice: “La nerviosidad es natural en mí”. Entonces David le dice: “No, lo que es natural en usted es la renguera”. Entonces, el tipo se levantó y se le fue encima. Empezaron a volar las mesas, las sillas y el viejo Girondo no se daba cuenta […]» [En El Ojo Mocho, n.º 7/8 (1996)].

    ↩ Volver al texto
  107. [107] En 1943, Borges y Bioy propusieron una colección de Sumas: cada volumen, de 500 a 900 páginas, incluiría lo más importante de un autor clásico. Durante 1944-7, prepararon las de T. Browne, Boswell-Johnson, Quevedo y Gracián, y esbozaron otras [Véanse: GN, n.º 1 (1990);ULLA (1990): 108; Gulliver (Paris), n.º 6 (1991)]. Dificultades económicas frustraron su publicación, así como la de varias series de Los mejores cuentos. En 1948, la de Quevedo [Prosa y verso] apareció en los «Clásicos Emecé».

    ↩ Volver al texto
  108. [108] Alusión a la novela [Mort de quelqu’un (1911)] de Jules Romains. En su edición de la obra [Cuando alguien muere. Emecé («Grandes novelistas»), 1949], Borges y Bioy escribieron: «¿Qué ocurre en el mundo de los vivos cuando alguien muere, alguien cualquiera, salvado apenas de ser nadie y definido por su misma insignificancia? […] La atmósfera toda en que transcurrió su vida se conmueve y conturba por obra de su muerte […]. La casa del duelo, con el portero y los vecinos; el barrio entero […]. En fin, último círculo […], la tarde y el paisaje en los que [alguien] intenta en vano recordar su nombre, un año después».

    ↩ Volver al texto
  109. [109] La argumentación está tomada de LEWES, G. H., A Biographical History of Philosophy (1845-6), VII, 1.

    ↩ Volver al texto
  110. [110] CARROLL, L., Through the Looking-Glass (1871), V. La reina blanca dice a Alicia, que llora: «Consider what a great girl you are. Consider what a long way you’ve come today. Consider what o’clock it is. Consider anything, only don’t cry!».

    ↩ Volver al texto
  111. [111] Su reseña de El sueño de los héroes se publicó en S, n.º 235 (1955).

    ↩ Volver al texto
  112. [112] «Parábola de Cervantes y el Quijote» (1955).

    ↩ Volver al texto
  113. [113] «Página para recordar al coronel Suárez, vencedor en Junín» (1954).

    ↩ Volver al texto
  114. [114] «Inferno, I, 32» (1955).

    ↩ Volver al texto
  115. [115] Labyrinthes [París: Gallimard, 1953]. El volumen reúne traducciones de R. Caillois de cuentos de El Aleph.

    ↩ Volver al texto
  116. [116] Gulliver’s Travels (1726), IV, 3.

    ↩ Volver al texto
  117. [117] «[La pelea] parece un campeonato “de eliminación”; los aspirantes van desfilando a oscuras y en riguroso orden y el gaucho Martín los va despachando jugándole risa». [Rossi, V, Folletos lenguaraces (1945)].

    ↩ Volver al texto
  118. [118] Cf. «Un problema» (1957).

    ↩ Volver al texto
  119. [119] Dedicó veintiún años a preparar una traducción latina del Beowulf; en 1807, perdió el manuscrito en un ataque inglés a Copenhague; lo rehizo y lo publicó en 1815. Hoy, esa obra «casi no tiene otro valor que el de una curiosidad literaria». [B-V (1965)].

    ↩ Volver al texto
  120. [120] Decline and Fall of the Roman Empire (1788), X y XXXI.

    ↩ Volver al texto
  121. [121] «El sueño de los héroes». [Comentario, enero-marzo de 1955].

    ↩ Volver al texto
  122. [122] «Un Destino Fantástico Rioplatense». [M, 25/3/55].

    ↩ Volver al texto
  123. [123] Hamlet,V, 2.

    ↩ Volver al texto
  124. [124] Las más famosas novelas policiales [Santiago de Chile: Compañía Chilena de Ediciones, 1955]. De Borges incluye «La muerte y la brújula»; de H. Bustos Domecq, «Las noches de Goliadkin»; de Bioy y Silvina Ocampo, Los que aman, odian.

    ↩ Volver al texto
  125. [125] Apodo de Huddie Ledbetter (1885-1949), músico negro de Louisiana. Tocaba la guitarra y el acordeón y cantaba. En 1918, acusado de homicidio, fue encarcelado en Dallas: allí lo conoció el musicólogo J. A. Lomax, quien logró su libertad y registró sus interpretaciones.

    ↩ Volver al texto
  126. [126] Copla del fantasma Angoera, quien, según una tradición de Rio Grande do Sul, había sido en vida un indio amigo de los jesuitas, que lo habrían bautizado Generoso. Después de su muerte, recorría la zona, cantando y bailando: «[…] quando se dançava o fandango nas estâncias ricas ou a chimarrita nos ranchos do pobrerio, o Generoso intrometia-se e sapateava também, sem ser visto; mas sentiam-lhe as pisadas, bem compassadas no rugo das violas… e quando o cantador era bom e pegava bem de ouvido, ouvia, e por ordem do Generoso repetía esta copla […], sempre a mesma». [LOPES NETO, J. Simôes, Lendas do Sul (1913)].

    ↩ Volver al texto
  127. [127] Un arquitecto es llamado, para discutir la edificación de un chalet, por don Antonio, padre de tres hijas, misteriosamente próspero. Acude de inmediato ya que Eloísa, una de las hermanas, fue su novia en otros tiempos. Superado el desengaño del reencuentro, va comprendiendo que la nueva abundancia se debe a la velada prostitución de la hija mayor —la hermana de Eloísa—, consentida por todos.

    ↩ Volver al texto
  128. [128] Spinoza (1949).

    ↩ Volver al texto
  129. [129] Essais (1580), II, 4: «A demain les affaires».

    ↩ Volver al texto
  130. [130] «After looking into Carlyle’s Reminiscences», II [A Century of Roundels (1883)].

    ↩ Volver al texto
  131. [131] En Experiment in Autobiography (1934), Wells señala el carácter melodramático de los argumentos de Conrad, carentes de verdadera sensibilidad, propios de la frialdad de su temperamento, incapaz de comprender el significado del humour.

    ↩ Volver al texto
  132. [132] El 16 de junio, tras el bombardeo de Plaza de Mayo por los aviones de la Marina, sublevada contra Perón, y en medio del conflicto entre Estado e Iglesia Católica, fueron asaltadas, saqueadas y quemadas la Curia Eclesiástica y diversas iglesias del centro de Bs As: San Ignacio de Loyola, San Nicolás de Bari, Santo Domingo de Guzmán, Nuestra Señora de la Piedad, etc.

    ↩ Volver al texto
  133. [133] «Aunque muchas imágenes de culto se perdieron, destruidas o quemadas, algunas […] lograron salvarse gracias al esfuerzo de aventurados devotos, que se arriesgaron a sustraerlas de manos de la turba. Fue el caso de Celia Sommer de Balcarce, que logró salvar la imagen de Nuestra Señora de los Desamparados, aunque ya le habían sido robadas sus dos coronas de oro. Un alumno de esta devota profesora la ayudó en el difícil cometido, disfrazando la imagen para sustraerla a la atención de los incendiarios. La imagen permaneció en la residencia de los Balcarce hasta finales de 1955, y fue devuelta a San Nicolás de Bari en una imponente procesión». [FRIGERIO, J. O., «Perón y la Iglesia». TH, n.º 210 (1984):58

    ↩ Volver al texto
  134. [134] El Jockey Club (Florida 559) había sido incendiado el 15 de abril de 1953.

    ↩ Volver al texto
  135. [135] «El epitafio del enemigo». [ABA, n.º 8 (1946):54].

    ↩ Volver al texto
  136. [136] «The Llama is a woolly sort of fleecy hairy goat, with an indolent expression and an undulating throat; like an unsuccessful literary man [La llama es una especie lanuda de cabra de pelo tupido, con expresión indolente y garganta ondulante; como un escritor sin éxito]».

    ↩ Volver al texto
  137. [137] »El sueño de los héroes». [Bibliograma, n.º 9 (1955)].

    ↩ Volver al texto
  138. [138] Laura González Palau, celebrada en La ciudad sin Laura (1938).

    ↩ Volver al texto
  139. [139] En S, n.º 236 (1955) se incluyó, como separata, el texto de la «declaración Einstein»,

    ↩ Volver al texto
  140. [140] En el prólogo de Mon Faust (p. 1945), P. Valéry declara que no puede concluir esa obra y que la publica en estado de esbozo.

    ↩ Volver al texto
  141. [141] Reescrito como «la sierva ajena» (1956).

    ↩ Volver al texto
  142. [142] La librería de Julio Kaplán, en Salta 699. Por entonces, el convento del Buen Pastor funcionaba como cárcel de mujeres.

    ↩ Volver al texto
  143. [143] Segunda conferencia sobre «Cervantes y el Quijote» (1919).

    ↩ Volver al texto
  144. [144] Cf. el relato breve «El etnógrafo» (1960).

    ↩ Volver al texto
  145. [145] El 16 de septiembre, el general Eduardo Lonardi subleva las fuerzas de la Escuela de Artillería de Córdoba, comenzando así la Revolución Libertadora: el 20 de septiembre Perón deja el poder, que asume Lonardi el 23.

    ↩ Volver al texto
  146. [146] V.g., ALBORNOZ, G., Evita (1953); GARCÍA, L. de, Obreritos (1954); GUTIÉRREZ BUENO, Á., Privilegiados (1954), etc.

    ↩ Volver al texto
  147. [147] Veo y leo (1906), de Ernestina López de Nelson. El nene (1892), de Andrés Ferreyra, obra vigente entre 1895 y 1959, con unas 120 reimpresiones. Veo y meo, obra atribuida a Carlos Anglada, en «El dios de los toros» (1942).

    ↩ Volver al texto
  148. [148] Alude al fragmento «Un doble de Mahoma», tomado de E. Swedenborg [Vera Christiana Religio (1771)]: «Ya que en la mente de los musulmanes las ideas de Mahoma y de religión están indisolublemente ligadas, el Señor ha ordenado que en el Cielo siempre los presida un espíritu que hace el papel de Mahoma […]. El verdadero Mahoma […] ya no es visible a sus adeptos». Fue incluido en el «Museo» de ABA, n.º 5 (1946), en B-BC (1955a) y en El hacedor (1960).

    ↩ Volver al texto
  149. [149] Alusión a Gumersindo Saravia (1852-94), caudillo uruguayo, del Partido National, expresión del artiguismo.

    ↩ Volver al texto
  150. [150] Había sido confiscado por el gobierno en 1951.

    ↩ Volver al texto
  151. [151] En febrero de 1948, el estudiante universitario Ernesto Mario Bravo fue secuestrado y torturado brutalmente por funcionarios peronistas. El 15 de febrero, afectado por una conmoción cerebral, fue tratado por el médico Alberto Caride.

    ↩ Volver al texto
  152. [152] «¡Oh, Señor, que no haya tanta belleza en el mundo!». [El divino fracaso (1918)],

    ↩ Volver al texto
  153. [153] «Los personajes de Hartley no tienen la sólida realidad de algunos de Balzac, de Don Quijote, de la Luisa del Primo Basilio, de la Sanseverina de Stendhal, pero siempre son verdaderos». [Reseña de A Perfect Woman (1956). LN, 27/5/56].

    ↩ Volver al texto
  154. [154] «If you tell that to your friends they will say you are mad and put it in the papers. Suppose, now, you prosecute for libel [Si lo cuentas a tus amigos, dirán que estás loco y lo publicarán en los diarios. Supongamos, ahora, que los acuses por calumnia, B-BC]». [KIPLING, «The Finest Story in the World». In: Many Inventions (1893)]. Habla Grish Chunder.

    ↩ Volver al texto
  155. [155] A mediados de los años cuarenta, la Comisión Directiva de la SADE estaba integrada, entre otros, por Borges (vicepresidente), Julio Aramburu (tesorero), Bioy, Prando y Rinaldini (vocales), etc.

    ↩ Volver al texto
  156. [156] Adolfo Bioy escribió dos libros de memorias, Antes del Novecientos (1958) y Años de mocedad (p. 1963). Borges hizo publicar «Fragmento de un cuaderno de memorias» en LB, n.º 1 (1957) y reseñó Antes del Novecientos [5, n.º 257 (1959)].

    ↩ Volver al texto
  157. [157] «Cuando la Revolución Libertadora, Barreiro […] fue nombrado interventor de El Mundo, Horacio [Rega Molina] me llamó para que le hablara para decirle que le faltaban seis meses para jubilarse. [Rega Molina] insistió porque le parecía que el Barreiro con mando era distinto al sin mando, pues no lo había ejercido nunca y era capaz de confundirse. Hablé con José P. [Barreiro] y me aseguró que su amistad era inamovible. Pero tuvo razón Horacio, sus ideales liberales lo sobrepasaron. Así fue que ordenó a los ordenanzas no atenderlo. Lo sacó del escritorio que poseía desde la fundación del diario y ordenó que le dieran tareas inferiores y romper las notas no bien entregaba las que había escrito. Después lo echó del diario y publicó en la sección libros, que redactara Rega por más de veinte años, el más infame ataque acusándolo de venalidad. No le pagó el despido y se negó a darle los certificados de trabajo». [BOTANA (1985): 403].

    ↩ Volver al texto
  158. [158] Valéry o la infinitud del método (1955).

    ↩ Volver al texto
  159. [159] [A este fauno el artista adormeció, pero no esculpió. / Duerme en la plata, y un solo toque lo despertaría]. El poeta se refiere a un Sátiro dormido, esculpido por Diodoro. La versión de Wolfe se halla en su Portraits by Inference (1934).

    ↩ Volver al texto
  160. [160] [Camina en esplendor, como la noche, B] BYRON, «She walks in Beauty». [Hebrew Melodies (1815)].

    ↩ Volver al texto
  161. [161] «La alta mujer dolorosa/venía del sur y estaba muerta». [MASTRONARDI, C, «Últimas tardes». In: Conocimiento de la noche (1937)]. Mastronardi compuso el poema para María de Villarino, que vivía en el Sur (La Plata).

    ↩ Volver al texto
  162. [162] La Alianza Libertadora Nacionalista, grupo de choque del peronismo.

    ↩ Volver al texto
  163. [163] Cf. BIOY CASARES, Reseña de WILSON, E., The Scrolls from the Dead Sea (1956). [LN, 17/6/56]. Para la hipótesis sobre los esenios, véase DE QUINCEY, Thomas, «On the Essenes» (1840).

    ↩ Volver al texto
  164. [164] Cf. la versión de Borges en LOUBET Jr., Enrique, Nueve famas [México D.F.: FCE, 1975]: 81-2.

    ↩ Volver al texto
  165. [165] «Sucesores y albaceas del peronismo». [M, 23/3/56]. Borges respondió con un artículo en Acción (Montevideo), 4/6/56, en que afirma que «Aramburu y Rojas podrán estar a veces equivocados pero nunca serán culpables. Por eso considero mala la actitud de Martínez Estrada, por ejemplo, que ha dado conferencias, y hecho publicaciones que significan un elogio indirecto de Perón».

    ↩ Volver al texto
  166. [166] MARTÍNEZ ESTRADA, Ezequiel, Panorama de las literaturas (1946).

    ↩ Volver al texto
  167. [167] Según Bioy [En Gente, n.º 511 (1975)], «cuando yo empecé a escribir y lo conocí a Borges, habíamos pensado formar una especie de club y someternos los manuscritos unos a otros, pero nunca lo hicimos». Entre los probables miembros estaban también S. Dabove, M. Peyrou, Silvina Ocampo, E. Wernicke, E. Amorim, E. Mallea, H. Eandi y L. Barletta.

    ↩ Volver al texto
  168. [168] En la entrada del 27 de mayo de 1956 de su Diario, explica BIOY: «Beatriz Guido es un sindicato. Varias manos escriben para ella. Cuida todos los lados: mantiene a su Torre Nilsson, porque la introduce en el cinematógrafo; a Drago, porque es La Nación. En su nuevo film, el protagonista es un homosexual que tiene prendados a todos los homosexuales; ese público está asegurado. Ignacio Pirovano […], arbiter del gusto en la sociedad, será un aliado, porque hará las decoraciones; el film se rodará en la casa de una familia de nacionalistas; la simpatía de éstos se descuenta».

    ↩ Volver al texto
  169. [169] Su novela Isla (1946) está bajo el influjo excesivo e increíble de Bioy. Según una reseña anónima: «El recuerdo de La invención de Morel […] planea sobre esta nueva versión del caso clásico de Robinson […]» [LN, 30/6/46].

    ↩ Volver al texto
  170. [170] Reseña de HARTLEY, L. P., A Perfect Woman (1956). [LN, 27/5/56].

    ↩ Volver al texto
  171. [171] «Xul […] dijo que habría que inventar un signo ortográfico para sugerir el carácter irónico de un párrafo. Propuso la diéresis, para sugerir que algo no era auténtico: escritör, pensadör, filösofo». [BC (2001): 428].

    ↩ Volver al texto
  172. [172] Reseña de Encyclopédie de la Pléiade; Histoire des Littératures (1956). [LN, 12/8/56].

    ↩ Volver al texto
  173. [173] Borges [H, n.º 1509 (1938)] sigue a Swinnerton [The Georgian Literary Scene (1938), XVI, 2], según el cual Huxley «is the only man I ever heard of […] who, on setting out to go round the world, caused a special packing case to be made for his Encyclopaedia Britannica». Sin embargo, Huxley dice que en sus viajes solo lleva «a volume (any one of the thirty-two will do) of the twelfth half-size edition of the Encyclopaedia Britannica». [«Books for the journey». In: Along the Road (1925)].

    ↩ Volver al texto
  174. [174] El 9 de junio, el Movimiento de Recuperación Nacional, liderado por los generales retirados Juan José Valle y Raúl Tanco, tomó el Regimiento Siete de Infantería de La Plata y el cuartel general de Santa Rosa (La Pampa). El 10 de junio, sin apoyo, se rindió. Fueron fusilados veintisiete rebeldes, entre ellos el propio Valle.

    ↩ Volver al texto
  175. [175] «Epístola a mis amigos de Santander» (1879).

    ↩ Volver al texto
  176. [176] Miguel Artigas Ferrando (1887-1947) no sostiene sino que ataca esas afirmaciones: «Es muy posible que algún lector […] se sienta defraudado… ¿Dónde está, preguntará, el Menéndez y Pelayo excepcional, el fenómeno, y las anécdotas, que se cuentan y se oyen a cada paso, extraordinarias, sorprendentes, de que sabía el lugar en que estaban todos y cada uno de los volúmenes de la Biblioteca Nacional, de que leía a la vez dos páginas de un libro, cada una con un ojo, conservando, además, memoria fiel de las planas y de la línea en que se hallaba tal o cual sentencia…? Es verdad; acaso las páginas precedentes disipen el nimbo de la leyenda, del prodigio […]» [Menéndez y Pelayo (Santander: Aldus, 1927): 225].

    ↩ Volver al texto
  177. [177] Años después, Borges atribuirá el regalo al padre de BIOY: «Este reloj de bolsillo me lo regaló Adolfo Bioy, el padre de Adolfo Bioy Casares. Me lo dio cuando empecé a dar conferencias; como es grande, podía ver bien los números». [Todo Borges… Gente, 1977:46].

    ↩ Volver al texto
  178. [178] Cf. MASTRONARDI (1967): 189.

    ↩ Volver al texto
  179. [179] Los versos corresponden a la letra de Enrique S. Discepolo, escrita para el film Gran Casino (1946) de Buñuel. Existía una letra previa (1930), de Juan Carlos Marambio Catán. Carancanfunfa se decía del bailarín de tango diestro en cortes y quebradas.

    ↩ Volver al texto
  180. [180] En LN, 26/8/56, Bioy reseñó las Letters (1955) de George Santayana, donde se define el Ketmân como «never saying what you think, but if necessary saying anything else, that may serve lo avoid disputes or ill-feeling».

    ↩ Volver al texto
  181. [181] Entre 1929 y 1939 hizo imprimir diecisiete libros en Colombo; El pez y la manzana (1929), Panegírico (1930), etc.

    ↩ Volver al texto
  182. [182] Génesis 6:5.

    ↩ Volver al texto
  183. [183] «Poema». [Poemas con labradores (1940)].

    ↩ Volver al texto
  184. [184] Don Segundo Sombra (1926), XXV.

    ↩ Volver al texto
  185. [185] Cuerpo del horizonte (1951), III.

    ↩ Volver al texto
  186. [186] Epílogo (1928) a OCAMPO, Victoria, De Francesca a Beatrice (1924).

    ↩ Volver al texto
  187. [187] Olive Eleanor Custance (1874-1944), autora de Opals (1897) y Rainbows (1902).

    ↩ Volver al texto
  188. [188] CARRINGTON, Charles, Rudyard Kipling; His Life and Work (1956). Bioy lo reseñó en LN, 7/10/56.

    ↩ Volver al texto
  189. [189] «Oda al mes de noviembre junto al Río de la Plata». [El huésped y la melancolía (1946)].

    ↩ Volver al texto
  190. [190] Al artículo de Borges en Acción, Martínez Estrada contestó con otro, en forma de diálogo imaginario, en Propósitos [10/7/56], en el que considera a los que opinan como Borges turiferarios a sueldo. Borges escribió en «Una efusión de Ezequiel Martínez Estrada». [S, n.º 242 (1956)]: «Dije en Montevideo y ahora repito que el régimen de Perón era abominable, que la revolución que lo derribó fue un acto de justicia y que el gobierno de esa revolución merece la amistad y la gratitud de todos los argentinos». A lo de turiferario a sueldo, responde que «la injuria no me alcanza porque yo sé que la felicidad que sentí […] cuando triunfó la revolución, fue superior a cuantas me depararon después honras y nombramientos…».

    ↩ Volver al texto
  191. [191] Sabato renunció a la dirección de la revista Mundo Argentino, tras denunciar torturas aplicadas a obreros peronistas.

    ↩ Volver al texto
  192. [192] GUTIÉRREZ, Juan M.ª, «Carta de un porteño al señor secretario de la Academia Española». [Cartas de un porteño (1876)].

    ↩ Volver al texto
  193. [193] «Modesta apología del argumento». [Lyra, n.º 149-151 (1956)].

    ↩ Volver al texto
  194. [194] Alusión a «La costurerita que dio aquel mal paso». [La canción del barrio (p. 1913)] de Evaristo Carriego.

    ↩ Volver al texto
  195. [195] Alusión a «El tren expreso». [Los pequeños poemas (1879)] de R. de Campoamor: «ya recobrados la quietud y el seso,/ volvía de París en tren expreso».

    ↩ Volver al texto
  196. [196] Rimbaud la enuncia en su soneto «Voyelles» (p. 1891), cuya composición refiere en «Alchimie du Verbe». [Une saison en enfer (1873)].

    ↩ Volver al texto
  197. [197] KEATS, J., «On First Looking into Chapman’s Homer». [Sonnets (1817)].

    ↩ Volver al texto
  198. [198] «Remy de Gourmont y la lengua española». [Simpatías y diferencias (1945)].

    ↩ Volver al texto
  199. [199] Los autores de historias desaforadas estimulaban al lector con un gigante y un enano, BC]. Prólogo a The Plays of William Shakespeare (1765).

    ↩ Volver al texto
  200. [200] Porfirio, Vida de Plotino, I.

    ↩ Volver al texto
  201. [201] El general retirado Juan José Uranga (1907-?), que había sido Ministro de Transportes del presidente Lonardi, fue convocado por el general Valle para participar en el Movimiento de Recuperación Nacional, pero no aceptó.

    ↩ Volver al texto
  202. [202] Dramatic Opinions and Essays (1907).

    ↩ Volver al texto
  203. [203] Su reseña del Journal Littéraire 1920-1921 (1956) de Paul Léautaud se publicó en LN, 4/11/56.

    ↩ Volver al texto
  204. [204] Después de su renuncia, Sabato escribió una Carta Abierta al General Aramburu titulada «El caso Sabato. Torturas y libertad de prensa».

    ↩ Volver al texto
  205. [205] Acepción criolla, no española (Nota de ABC). En esa acepción, experimentado.

    ↩ Volver al texto
  206. [206] Periódico nacionalista (Nota de ABC).

    ↩ Volver al texto
  207. [207] Alusión a LÓPEZ VELARDE, R., «La suave patria» (1921): «alzo hoy la voz a la mitad del foro, / a la manera del tenor que imita / la gutural modulación del bajo…».

    ↩ Volver al texto
  208. [208] Alusión a DE QUINCEY, T., Confessions of an English Opium-Eater (1821): «I was kissed, with cancerous kisses, by crocodiles; and laid […] amongst reeds and Nilotic mud [Me besaban, con sus besos cancerosos, los cocodrilos, y yacía […] entre las cañas y el lodo del Nilo».

    ↩ Volver al texto
  209. [209] La frase, usada como estribillo en el Lament for the Makaris (1508) de William Dunbar, proviene del Officium Defunctorum católico: «Peccantem me cotidie et non repenitentem timor mortis conturbat me».

    ↩ Volver al texto
  210. [210] El abogado Bellairs, en The Wrecker (1892), XIX.

    ↩ Volver al texto
  211. [211] [Lo que me agrada en este novelista es el trabajo que se toma con los personajes secundarios, B] Citado por Maisie Ward en su Gilbert Keith Chesterton (1944).

    ↩ Volver al texto
  212. [212] Según Borges, Mastronardi «ha inventado un nuevo modo de censura. […] Es usar para la censura el vocabulario del elogio». [En Cr, n.º 32 (1975)]. Según Bioy, «solía recurrir a palabras que apuntaban al elogio para desembocar en desaprobación». [En CROSS (1988):123]. El propio Mastronardi reconoce: «Respecto de mis notas bibliográficas, diré que abundaban en ellas los elogios aviesos, las censuras que no lo parecían. Las frases habían sido construidas de modo que unas cláusulas anulasen a las otras y los encomios estuviesen atemperados por adjetivos ambiguos y puestos como al descuido». [MASTRONARDI (1967):317-8].

    ↩ Volver al texto
  213. [213] Sic. Alberto G. Padilla (1899-?) fue delegado interventor de la Facultad de Derecho de la Universidad de Bs As entre el 7 de octubre de 1955 y el 1.º de junio de 1956.

    ↩ Volver al texto
  214. [214] Según Andrew Lang [History of English Literature (1912), XXXIII], Richard Edgeworth, padre de la novelista María (1767-1849), era «an energetic and intelligent man, reckoned one of the leading bores of his age [un hombre enérgico e inteligente, al que creían uno de los más aburridos de su época]».

    ↩ Volver al texto
  215. [215] Cf. «Placeres». [BC (1959)].

    ↩ Volver al texto
  216. [216] Maximes morales (1665), n.º 53.

    ↩ Volver al texto
  217. [217] Los intereses creados (1907), I, 2.

    ↩ Volver al texto
  218. [218] Sastrería en que se viste Aquiles Molinari, personaje de «Las doce figuras del mundo» (1942). Parodia el nombre de la famosa sastrería inglesa Spinelli.

    ↩ Volver al texto
  219. [219] Historia de las ideas estéticas en España (1883-91), El romanticismo, III.

    ↩ Volver al texto
  220. [220] Cf. Niebla (1914). En Tres novelas ejemplares y un prólogo (1920), Unamuno las define como «novelas de tesis, filosóficas, símbolos, conceptos personificados, ensayos en forma dialogada».

    ↩ Volver al texto
  221. [221] Como embajador argentino ante la UNESCO.

    ↩ Volver al texto
  222. [222] En la posteridad (Nota de ABC).

    ↩ Volver al texto
  223. [223] Cf. BIANCO (1964): 40: «Infailliblement, au moment departir, Borges avait soif. Alors [Silvina] apportait de l’office un verre et une jarre […]. Borges buvait coup sur coup plusieurs verres d’eau. Alors, lui tapotant l’épaule, Silvina Ocampo prenait congé de lui: “Au reservoir!”». 206

    ↩ Volver al texto
  224. [224] CRONIN, Vincent, The Wise Man from the West (1955), IX. Bioy reseñó el libro en LN, 22/7/56.

    ↩ Volver al texto
  225. [225] [Un balbuceo de campos verdes]. King Henry the Fifth, II, 3.

    ↩ Volver al texto
  226. [226] En su Shakespeare Restored (1728), Lewis Theobald no mejoró el fragmento, sino que lo restituyó a su forma original: «[…] it is interesting that Theobald’s brilliant guess, which, in Mrs Quickly’s account of Falstaff’s death, changed the nonsensical “a table of green fields” into “a babbled of green fields”, is supported by the study of Elizabeth an handwriting and spelling, i.e. “a babld” might well have been mistaken for “a table”». [WELLEK, René y AUSTIN, Warren, Theory of Literature (1943). VI.

    ↩ Volver al texto
  227. [227] Familiar Studies of Men and Books (1882).

    ↩ Volver al texto
  228. [228] «Samuel Pepys» (1933).

    ↩ Volver al texto
  229. [229] Journal (1925-7). En su reseña [LN, 4/11/56] del diario de Léautaud, Bioy dice que «Renard extrae de sus días la esencia epigramática, y más que diario el suyo es un luminoso libro de observaciones y de reflexiones».

    ↩ Volver al texto
  230. [230] Por microcosmos (Nota de ABC).

    ↩ Volver al texto
  231. [231] Capítulos de sus memorias (Nota de ABC).

    ↩ Volver al texto
  232. [232] GROUSSAC, Cornelia, «Paul Groussac, mi padre». [Revista de la Universidad (La Plata), n.º 4 (1958)].

    ↩ Volver al texto
  233. [233] Pseudodoxia Epidemica [Vulgar Errors] (1646), III, 12. Para la referencia original a Heliogábalo, cf. Aelio Lampridio, Vida de Heliogábalo, XXIII

    ↩ Volver al texto
  234. [234] «Life of Thomas Browne», prefacio a su edición de Christian Morals (p. 1716) de 1756.

    ↩ Volver al texto
  235. [235] «Quinto capítulo de la Hydriotaphia (1658)». [S, n.º 111 (1944)]. [Revista de la Universidad (La Plata), n.º 4 (1958)].

    ↩ Volver al texto
  236. [236] «LÓPEZ, José Ariel». [Leónidas Barletta], «Los Incondicionales». [Propósitos, 2/10/56]. En él, Barletta critica un manifiesto de apoyo a la Revolución Libertadora y propone una clasificación de los firmantes en: (a) oligarcas: Bioy Casares, Borges, Carmen Gándara et alii; (b) ayudas de cámara de la oligarquía intelectual Bianco, Peyrou, Wilcock et alii; (c) reflotados por la Revolución Libertadora: Mastronardi, Francisco Romero et alii.

    ↩ Volver al texto
  237. [237] Samuel Johnson (1878), en la serie «English Men of Letters».

    ↩ Volver al texto
  238. [238] [Tan pernicioso como su efecto sería / abolir la esclavitud del negro, / pues tal libertad parcial sería vana, / mientras subsistiera el vigoroso imperio del Amor]. «No Abolition of Slavery, or the Universal Empire of Love» (1791).

    ↩ Volver al texto
  239. [239] En «Deslindando responsabilidades» (1977), Borges y Bioy mencionan a un tal Julio Mir y Baralt, cuyo nombre es una portmanteau word tomada de Julio Cejador y Frauca, Juan Mir y Noguera, y Rafael María Baralt.

    ↩ Volver al texto
  240. [240] TARSIA, P. A. de, Vida de don Francisco de Quevedo y Villegas (1663). Borges y Bioy la incluyeron en su edición de Prosa y verso de Quevedo (1948).

    ↩ Volver al texto
  241. [241] A Writer’s Diary (p. 1953).

    ↩ Volver al texto
  242. [242] En la solicitada, dirigida a Francisco Romero, sus representantes —el capitán de fragata José F. Suárez y el teniente de navio Alberto Newark— le informan que «el señor Leónidas Barletta no solamente ha rehuido entrar al campo del honor para dar explicación o satisfacción por los términos injuriosos usados en la nota que dio origen a este procedimiento, sino que, además, no cumplió su promesa, hecha a nosotros, de designar sus representantes dentro de las 24 horas, para proseguir las actuaciones. Por ello, el señor Barletta ha quedado total y definitivamente descalificado como caballero y nuestra misión, que cumplíamos de acuerdo a los códigos de honor, ha terminado». [El Mundo, 6/10/56].

    ↩ Volver al texto
  243. [243] [Tal como en mí mismo su carta me cambia]. Alusión a MALLARMÉ, S., «Le tombeau de Edgar Poe» (1877): «Tel qu’en Lui-même enfin l’éternité le change!». [Tal como en sí mismo la eternidad lo cambia. BR].

    ↩ Volver al texto
  244. [244] Cf. la poética de Santiago Ginzberg en «Gradus ad Parnassum» (1967).

    ↩ Volver al texto
  245. [245] Gulliver’s Travels (1726), III, 5.

    ↩ Volver al texto
  246. [246] Católicos (Nota de ABC).

    ↩ Volver al texto
  247. [247] Según la nota [B-BC (1955b)] para «Al engaña pichanga». [Aniceto el Gallo (1872)] de H. Ascasubi: «Engañapichanga (o ñangapichanga): engañifa». Para R. Scalabrini Ortiz [El hombre que está solo y espera (1931)], el porteño típico, hijo de inmigrantes, es el «hombre de Corrientes y Esmeralda». [Borges usa la expresión en «Arte de injuriar» (1933)]. En consecuencia, la expresión ñanga-pichanga (propia de criollos viejos, como Ascasubi), asombra un poco en boca de porteños de primera generación (hombres de Corrientes y Esmeralda) o de «cajetillas» del barrio de Belgrano (muchachos de [Ciudad de] La Paz y Guanacache [hoy F. D. Roosevelt]).

    ↩ Volver al texto
  248. [248] Qué, n.º 98 (28/8/56), informó acerca del caso Sabato. En una carta publicada en Qué, n.º 99 (4/9/56), Córdova Iturburu comentó una reunión de la SADE, del 23 de agosto y criticó el artículo. Peyrou respondió con otra carta [Qué, n.º 101 (19/9/56)].

    ↩ Volver al texto
  249. [249] Juego de palabras con el nombre de pila de Córdova Iturburu y la frase popular «Cayetano es buen amigo». («La prudencia aconseja quedarse callado»).

    ↩ Volver al texto
  250. [250] Qué, n.º 105 (16/10/56), publicó una solicitada del 11 de octubre en la que Anacleto Llosa y Eduardo J. Muñiz, padrinos de Córdova Iturburu, transcriben el acta de acuerdo: los respectivos padrinos convienen en que «siendo la carta del señor Peyrou una reacción contra otra carta anónima publicada con anterioridad en la misma revista y [dado] que las expresiones vertidas no importan ofensa personal para el señor Córdova Iturburu, a quien no se menciona, […] no hay lugar a duelo».

    ↩ Volver al texto
  251. [251] [Al joven no le sirve el sonajero del niño ni al viejo la puta del joven]. BOSWELL, Life of Johnson, «Primavera 1766». La cita exacta es: «The lad does not care for the child’s rattle, and the old man does not care for the young man’s whore [Al muchacho no le apetece el sonajero del niño, ni al viejo la puta del muchacho]».

    ↩ Volver al texto
  252. [252] «Samuel Johnson». [Critical and Historical Essays (1843)]. Macaulay plantea la paradoja de que la máxima biografía haya sido escrita por «one of the smallest men that ever lived».

    ↩ Volver al texto
  253. [253] Autobiography (p. 1924), VIII.

    ↩ Volver al texto
  254. [254] De la Terre à la Lune (1865), XXI. Es el duelo entre Barbicane y Nicholl.

    ↩ Volver al texto
  255. [255] S, n.º 241 (1956). Incluye, de Jaime Perriaux, «Nota sobre la sociología de Ortega».

    ↩ Volver al texto
  256. [256] Martín Fierro, vv. 2287-98.

    ↩ Volver al texto
  257. [257] Prefacio a la segunda edición de Lyrical Ballads (1800).

    ↩ Volver al texto
  258. [258] QUEVEDO, F. de, Soneto «Amor constante más allá de la muerte». [El Parnaso Español (1648), Musa IV].

    ↩ Volver al texto
  259. [259] [La antecámara de la capilla donde se alza la estatua / de Newton, con su prisma y su rostro silencioso, / signo en mármol de una mente que durante toda la eternidad / atraviesa sola los extraños mares del pensamiento]. Prelude [1850),III, 1, 60.

    ↩ Volver al texto
  260. [260] «[…] danger which they fear, / And honour which they do not understand». [«November, 1806» (1807)]. Según anota el propio Wordsworth, la frase proviene de la Life of Sir Philip Sydney (1652) de Fulke Greville Brooke.

    ↩ Volver al texto
  261. [261] [El mar estaba salpicado aquí y allá con barcos, / como estrellas en el cielo]. «With Ships the Sea was Sprinkled…». [Poems (1807)].

    ↩ Volver al texto
  262. [262] [Esta nave prefiero a todas las demás: / ¿Cuándo virará, y hacia dónde? No admitirá / demoras; doquiera vaya, los vientos han de impulsarla: / siguió, y su viaje tomó el rumbo debido].

    ↩ Volver al texto
  263. [263] [algunos calabozos sin orejas (i.e. donde no se oye lo que ocurre), en profundas cárceles]. «To Toussaint L’Ouverture». [Ib.].

    ↩ Volver al texto
  264. [264] [Me atreveré a decirlo / pero sólo al oído del enamorado]. «Strange fits of passion have I known». [Lyrical Ballads (1800)].

    ↩ Volver al texto
  265. [265] [¡Qué pensamientos tercos y desviados se deslizan / en la cabeza de un enamorado! / «Oh, misericordia», me grité a mí mismo, / «si Lucy estuviera muerta!»].

    ↩ Volver al texto
  266. [266] Biographia Literaria (1817), IV.

    ↩ Volver al texto
  267. [267] [convencer al lector para que admire mis versos]. «Preface» a la segunda edición (1800) de las Lyrical Ballads.

    ↩ Volver al texto
  268. [268] «Milicia es la vida del hombre contra la malicia del hombre». [Oráculo manual y arte de prudencia (1647)]. Cf. SÉNECA, Epistolas, XCVI, 5: «Vivere, Lucilli, militare est»; Vulgata [Job 7:1]: «Militia est vita hominis».

    ↩ Volver al texto
  269. [269] Bioy reseñó el libro en LN, 8/7/56.

    ↩ Volver al texto
  270. [270] «Pone merum et talos. Pereat qui crastina curat». Versos del poema «Copa», atribuido a Virgilio [Appendix Vergiliana]. Bioy los incluye en su reseña de Aspects of Love (1955), novela en la que aparecen citados.

    ↩ Volver al texto
  271. [271] Alusión al Gaudeamus goliardesco: «Gaudeamus igitur / Juvenes dum sumus!…».

    ↩ Volver al texto
  272. [272] [La insolencia del poder]. Hamlet, III, 1.

    ↩ Volver al texto
  273. [273] «In der Beschränkung zeigt sich erst der Meister / Und das Gesetz nur kann uns Freiheit geben». [«Natur und Kunst» (1800)]. Wilde cita el primer verso en «The Decay of Lying». [Intentions (1891)]; Arnold ambos, en «Amiel». [Essays in Criticism (1888)].

    ↩ Volver al texto
  274. [274] Borges había escrito el prólogo de Ferment (1950) de Shand.

    ↩ Volver al texto
  275. [275] Quizá aluda al episodio «El boyero».

    ↩ Volver al texto
  276. [276] Cf. la opinión de Gervasio Montenegro sobre los méritos de la puesta de sol, a la que «reputó inferior […] a un soneto del mantuano». [«El dios de los toros» (1942)].

    ↩ Volver al texto
  277. [277] Alusión burlesca a los textos publicados por Barletta en Propósitos

    ↩ Volver al texto
  278. [278] Desde el 20 de octubre hubo en Budapest manifestaciones antisoviéticas, hasta que el 27 los soviéticos acordaron retirarse. (Después, ante la intención de Imre Nagy, nuevo presidente del Consejo de Ministros, de abandonar el Pacto de Varsovia, los soviéticos invadirían otra vez Hungría el 1.º de noviembre).

    ↩ Volver al texto
  279. [279] Alusión al ataque de la Marina contra Perón, el 16 de junio de 1955.

    ↩ Volver al texto
  280. [280] Stendhal fue acusado de plagiar, en su Rome, Napoles et Florence (1817), a Giuseppe Carpani y otros; aun parece copiar una reseña de Dichtung und Wahrheit (1811-3) aparecida en la Edimburgh Review (vol. XXVI, n.º 52), apelando a los mismos ejemplos para ridiculizar el narcisismo de Goethe. Sobre los plagios de Coleridge a Fichte y a Schelling en Biographia literaria (1817), XII y XIII, véase DE QUINCEY, T., Samuel Taylor Coleridge [Reminiscences of the Lake Poets (1839)].

    ↩ Volver al texto
  281. [281] OCAMPO, Silvina, Los nombres (1953); WILCOCK, J. R., Sexto (1953).

    ↩ Volver al texto
  282. [282] Alusión a COLERIDGE, S.T., Biographia Literaria (1817), XIV: «That willing suspensión of disbelief for the moment, which constitutes poetic faith [Esa momentánea suspensión voluntaria de la incredulidad, que constituye la fe poética]».

    ↩ Volver al texto
  283. [283] El que escribimos un tiempo atrás, en favor del gobierno (Nota de ABC).

    ↩ Volver al texto
  284. [284] «Después de la traición». [Sexto (1953)].

    ↩ Volver al texto
  285. [285] Inversión burlesca de PASCAL, Pensées (1670), 29 [Edición Brunschvicg]: «… on s’attendait de voir un auteur et on trouve un homme».

    ↩ Volver al texto
  286. [286] HOFFMAN, Calvin, The Murder of the Man who was Shakespeare (1956).

    ↩ Volver al texto
  287. [287] Se refiere a sus declaraciones publicadas el 2/11/56. A la pregunta «¿Qué soluciones propone usted para los problemas del país?», la respuesta general de Borges es: «Apoyar la obra de la Revolución».

    ↩ Volver al texto
  288. [288] OLIVER, Mª Rosa y FRONTINI, Norberto A., Lo que sabemos hablamos… (1955).

    ↩ Volver al texto
  289. [289] Librería Europa, en Corrientes 518. Según Bioy Casares, «recorríamos [con Borges] las librerías de viejo de la calle Corrientes; en una de ellas, en Corrientes y San Martín, en un piso alto, había un librero alemán o suizo alemán que no tenía mayor interés en vender libros y que más de una vez nos maltrató a Borges y a mí». [En GN, n.º 1 (1990)].

    ↩ Volver al texto
  290. [290] The Duel (1908), III.

    ↩ Volver al texto
  291. [291] Los dos retratos (1956).

    ↩ Volver al texto
  292. [292] «Fue allí, en esa Sociedad de Escritores, donde la conocí a ella. […] El lugar y la gente no eran para que yo me luciera con una muchachita de Villa Crespo. […] El mismo Bioy Casares, que en ese instante me sonreía con esa sonrisa nerviosa que se le ha instalado desde que es literato, ¿no ha nacido en cuna de oro, como dicen los pobres del suburbio? Estaba con ella, precisamente. […] Cuando me encaminé hacia ella, para verla de cerca, Bioy Casares se alejó». [El miserable amor (1959), VIII].

    ↩ Volver al texto
  293. [293] Aspects of the Novel (1927), IV.

    ↩ Volver al texto
  294. [294] Jean Valjean, en Les Misérables (1845-62), I, VII, 4.

    ↩ Volver al texto
  295. [295] Aspects of the Novel, III.

    ↩ Volver al texto
  296. [296] El detective Arthur Crook, que aparece en cuarenta y siete novelas de Anthony Gilbert, escritas entre 1936 y 1973.

    ↩ Volver al texto
  297. [297] «Ésta es mi copa y la rompo, / éste mi caballo y lo suelto. / Decid a mis amigos que he muerto…». [«De otro cielo». In: De otro cielo (1952)].

    ↩ Volver al texto
  298. [298] Vuelto de urgencia desde los Estados Unidos el domingo 18, el padre de Bioy Casares fue operado de un cáncer de próstata el viernes 23.

    ↩ Volver al texto
  299. [299] «Luz de provincia». [Conocimiento de la noche (1937].

    ↩ Volver al texto
  300. [300] «A la estrella de Güiraldes». [Ib].

    ↩ Volver al texto
  301. [301] «Romance con lejanías». [Ib.].

    ↩ Volver al texto
  302. [302] [Qué extraño, / de parte de Dios, / elegir / a los judíos]. EWER, W. N. (1885-1976), «The Chosen People».

    ↩ Volver al texto
  303. [303] Tal vez la réplica de Cecil Browne: «But not so odd / As those who choose / A Jewish God, / Yet spurn the Jews [Pero no tan extraño / como quienes eligen / a un Dios hebreo, / pero rechazan a los judíos]».

    ↩ Volver al texto
  304. [304] MF, n.º 1 (1924), «Cementerio».

    ↩ Volver al texto
  305. [305] En su esqueletos divinos (1971), incluyó una traducción de «Cynara». («Non sum qualis eram bonae sub regno Cynarae»).

    ↩ Volver al texto
  306. [306] [Germanos en Griego / dan un triste espectáculo; / todos, salvo Hermann, / y Hermann es un germano]. Epigrama («On the Learning of the Germans») del filólogo Richard Porson (1759-1808) sobre el alemán Gottfried Hermann (1772-1848).

    ↩ Volver al texto
  307. [307] «Pedro Leandro Ipuche». [F, n.º 5 (1957)].

    ↩ Volver al texto
  308. [308] «Julián Quebracho». [Cuentos del fantasma (1946)].

    ↩ Volver al texto
  309. [309] Hugo Marín pensaba poner en escena Los traidores (1956), de Silvina Ocampo y J. R. Wilcock. En enero de 1957, llegaron a realizarse algunos ensayos, con vestuario diseñado por Norah Borges.

    ↩ Volver al texto
  310. [310] Borges creía entonces que Olejaveska era santiagueño. Se enteró después de que es entrerriano («gaucho judío») y los gauchos del coro se volvieron entrerrianos (Nota de ABC).

    ↩ Volver al texto
  311. [311] «Una efusión de Jorge Luis Borges». [F, n.º 4 (1956)].

    ↩ Volver al texto
  312. [312] «Letter to the Right Honourable the Earl of Chesterfield». Para la carta, véase BOSWELL, Life of Johnson, «1754».

    ↩ Volver al texto
  313. [313] The Life of Samuel Johnson [Oxford, 1887], revisada por L. F. Powell (Oxford, 1934-40).

    ↩ Volver al texto
  314. [314] «Dr Johnson and Lord Chesterfield» (1832).

    ↩ Volver al texto
  315. [315] «Lunas: Un trozo de Selenología». [Lunario sentimental (1909) ].

    ↩ Volver al texto
  316. [316] «Cantilena a Pierrot». [Ib.].

    ↩ Volver al texto
  317. [317] «Prefacio» a Los crepúsculos del jardín (1905).

    ↩ Volver al texto
  318. [318] «Endecha». [Ib.].

    ↩ Volver al texto
  319. [319] «Canto de la vida y de la mañana». [Ib.].

    ↩ Volver al texto
  320. [320] La gente del gobierno (Nota de ABC).

    ↩ Volver al texto
  321. [321] KENDRICK, T. D., A History of the Vikings (1930); HOLLANDER, L. M., The Skalds (1947).

    ↩ Volver al texto
  322. [322] Hacia marzo de 1955, Borges, Bioy, Peyrou y el doctor Adolfo Bioy habían compuesto diversas coplas de este tipo, a las que llamaron «estrofas del letrero». [Véase BC (1997): 155-7]. El género ya existía. Robert Lehmann-Nitsche [Texte aus den La Plata - Gebieten in volkstümlichem Spanisch und Rotwelsch (1923)] cita ésta: «En la calle Catamarca / Esquina Ituzaingó, / Hay un letrero que dice: / ¡La puta que te parió!». En su Romancerillo del Plata (1913), Ciro Bayo registra cielitos anónimos de mediados del siglo XIX, que podrían haber sido el modelo inmediato de estas estrofas. Cf., v.g.: «A la puerta de mi casa / tengo una piedra verdosa / con un letrero que dice: / ¡Viva don Juan Manuel Rosas!» y «En la puerta de mi casa / tengo un letreró punzó / con un letrero que dice: / ¡Viva la Federación!».

    ↩ Volver al texto
  323. [323] Quizá el poema «Alusión a una sombra de mil ochocientos noventa y tantos» (1960). Borges, que había escrito varias versiones de la historia —«Leyenda policial» (1927), «Hombre de la esquina rosada» (1935), etc.—, publicó «Juan Muraña» recién en 1970.

    ↩ Volver al texto
  324. [324] Entrevista de Jean Stein en The París Review (New York), 1956 [In: GOWLEY, Malcolm (ed.), Writers at Work (1958)].

    ↩ Volver al texto
  325. [325] Introduction à la Poétique (1938).

    ↩ Volver al texto
  326. [326] Bioy leía entonces el Yuan Mei; Eighteenth Century Chinese Poet (1956), de Arthur Waley.

    ↩ Volver al texto
  327. [327] «Benjamín Taborga». [Mil novecientos veintidós (1922)].

    ↩ Volver al texto
  328. [328] Las ciudades de Azul y Tapalqué, en el centro de la pcia. de Bs As, distan unos 50 km entre sí.

    ↩ Volver al texto
  329. [329] Paradise Regained (1671), IV, passim.

    ↩ Volver al texto
  330. [330] [El jardín de Dios fue por Él al Este / del Edén, plantado]. Paradise Lost (1667), IV, V V.2 09-10.

    ↩ Volver al texto
  331. [331] «El testigo» (1957).

    ↩ Volver al texto
  332. [332] Borges y Bioy pensaban que tonadillera era eufemismo por tortillera, lesbiana. Bioy comenta: «También hay algo medio raro [en “Flor de fango”], porque sigue: “Te hiciste tonadillera” y yo no sé si no iba a decir otra cosa… […] Quién sabe si “tonadillera” no es otra cosa. […] Claro, en una pensión, pasó “ratos extraños”». [ULLA (1990): 116].

    ↩ Volver al texto
  333. [333] Don Segundo Sombra (1926), I.

    ↩ Volver al texto
  334. [334] «Don Segundo Sombra». [LN, 12/11/26].

    ↩ Volver al texto
  335. [335] Tomado del Mabinogion, según la versión de lady Charlotte Guest (1838-49). Esta versión añade «The Tale of Taliesin» (siglo VI), hallado en un manuscrito del s. XVI.

    ↩ Volver al texto
  336. [336] «The Prisoner» (809). [WALEY, A., Translations from the Chinese (1919)]. El prisionero se queja de su destino: «Of all the sorrows of all the prisoners mine is the hardest to bear! […] A Han heart and a Han tongue set in the body of a Turk».

    ↩ Volver al texto
  337. [337] AGOSTI, Héctor P., Ingenieros, ciudadano de la juventud (1945); BAGÚ, Sergio, Vida ejemplar de José Ingenieros (1936).

    ↩ Volver al texto
  338. [338] Rozas; Ensayo histórico-psicológico (1898).

    ↩ Volver al texto
  339. [339] «Un caballo como Dios manda», tomado de HUGHES, Thomas P., A Dictionary of Islam (1886).

    ↩ Volver al texto
  340. [340] Valiant for truth, personaje de The Pilgrim’s Progress (1678) de J. Bunyan.

    ↩ Volver al texto
  341. [341] Sophie ou Le bout du monde, estrenada en París y, poco después, en Bs As, en el Teatro Ateneo.

    ↩ Volver al texto
  342. [342] The Life and Times of Po Chü-i (1949), The Poetry and Career of Li Po (1950), Yuan Mei (1956). 279

    ↩ Volver al texto
  343. [343] José E. Clemente fue designado vicedirector de la Biblioteca Nacional. Julio Gancedo fue Subdirector y Director Nacional de Cultura; luego, en la presidencia de Onganía, Subsecretario de Cultura.

    ↩ Volver al texto
  344. [344] Borges retoma el asunto en «El indigno» (1970), donde aparece un personaje llamado Alt.

    ↩ Volver al texto
  345. [345] ONÍS, F. de, Antología de la poesía española e hispanoamericana, 1862-1932 (1934). N, J., Antología de la poesía argentina moderna, 1900-1925 (1926).

    ↩ Volver al texto
  346. [346] «Su inventor», de la Autobiography (1873) de J. Stuart Mill. «Ne varietur», de las Letters (1955) de G. Santayana.

    ↩ Volver al texto
  347. [347] Cf. UNAMUNO, Miguel de, «La selección de los Fulánez» (1903).

    ↩ Volver al texto
  348. [348] On the Study of Celtic Literature (1866). La polémica (1861-2) consta de: On Translating Homer de M. Arnold, Homeric Translation in Theory and Practice de F. W. Newman y Last Words on Translating Homer de Arnold.

    ↩ Volver al texto
  349. [349] Menéndez y Pelayo dice que en España «el poema de José Hernández, Martín Fierro […] ha tenido por ferviente encomiador a [Unamuno]». [Historia de la poesía hispanoamericana (1913)].

    ↩ Volver al texto
  350. [350] Parodia de Martín Fierro, vv. 25-6: «Mas ande otro criollo pasa / Martín Fierro ha de pasar».

    ↩ Volver al texto
  351. [351] «Entre el espejo y yo». [LN, 9/6/57].

    ↩ Volver al texto
  352. [352] Alusión al «Anglo-Saxon French» de la priora del convento benedictino de St. Leonard, cerca de Stratford-Bow (Middlessex), según CHAUCER, G. [Canterbury Tales, Prólogo, vv. 124-6]: «[…] And French she spake ful fair and fetisly, / after the scole of Stratford atte Bowe, / For French of Parys was to her unknowe».

    ↩ Volver al texto
  353. [353] [De materia semejante están hechos los sueños]. Alusión a Tempest, IV, 1: «We are such stuff as dreams are made on».

    ↩ Volver al texto
  354. [354] APOLLINAIRE, G., «La jolie rousse». [Calligrammes (1918)].

    ↩ Volver al texto
  355. [355] Butler sostuvo, en The Authoress of the Odyssey (1897) y en sus Note-Books (p. 1912), que la Odisea habría sido escrita por una princesa siciliana, que se pintó a sí misma en el poema como Nausícaa.

    ↩ Volver al texto
  356. [356] LAWRENCE, T.E., The Odyssey of Homer (1932), en prosa.

    ↩ Volver al texto
  357. [357] OCHOA, Eugenio de, Obras completas de P. Virgilio Marón (1869). Henríquez Ureña la incluyó en 1940 en «Las Cien Obras Maestras de la Literatura y del Pensamiento Universal», colección que dirigía en la editorial Losada.

    ↩ Volver al texto
  358. [358] [Al hombre famoso por las diversas artes de la sabiduría, / largamente ejercitado en pesares, ¡oh musa resuena!, ¡oh musa canta! Br].

    ↩ Volver al texto
  359. [359] [Asi habló Héctor; los troyanos rugieron su aplauso; / soltaron luego del yugo sus sudados caballos, / y cada uno junto a su propio carro ató el suyo…]. «Specimen of a translation of the Iliad in blank verse». [Enoch Arden and Other Poems (1864)]. Traduce Ilíada, VIII, vv.5 42-61

    ↩ Volver al texto
  360. [360] LUGONES, L., Nuevos estudios helénicos (1928), donde traduce varios fragmentos de la Ilíada, siguiendo la versión (1908) de Luis Segalá y Estalella. REYES, A., Ilíada; Primera Parte. Aquiles agraviado (1951).

    ↩ Volver al texto
  361. [361] «A una dama en viaje para Italia» (c. 1605).

    ↩ Volver al texto
  362. [362] Se refiere a la excursión de Thor, acompañado de Thialfi y Loke, a Utgard. Carlyle narra el episodio en su On Heroes, Hero-Worship and the Heroic in History (1841), I.

    ↩ Volver al texto
  363. [363] [La ruina es una constructora de ventanas]. «The Ballad of St. Barbara». [The Ballad of St. Barbara and Other Poems (1922)].

    ↩ Volver al texto
  364. [364] Notorios comunistas (Nota de ABC).

    ↩ Volver al texto
  365. [365] Jorge Guillén en 1929; N. Ibarra en 1931. La versión de Battistessa se recoge en su El poeta en su poema (1965), XXIV.

    ↩ Volver al texto
  366. [366] Canción muy popular entre la soldadesca sans-culotte, compuesta en 1792 por Gaspard de Chenu en honor de su amigo Jean Baptiste Roussel (1743-1807): «Cadet Roussel a trois maisons, (bis) / qui n’ont ni poutres, ni chevrons, (bis) / C’est pour loger les hirondelles, / que direz-vous d’Cadet Roussel? / Ah! Ah! Ah! Oui, vraiment, / Cadet Roussel est bon enfant!», etc.

    ↩ Volver al texto
  367. [367] GILBERT, Stuart (ed.), Letters of James Joyce (1957).

    ↩ Volver al texto
  368. [368] «Un remate en el campo». [LP, 16/6/57].

    ↩ Volver al texto
  369. [369] [Cómo es de cotidiana la vida]. LAFORGUE, Jules, «Complainte sur certains ennuis». [Complaintes (1885)].

    ↩ Volver al texto
  370. [370] La prison de l’enfant se publicó en 1935; El nene en su corralito, en 1936

    ↩ Volver al texto
  371. [371] [Meredith es un Browning en prosa: y, por supuesto, eso es también Browning (…) Se valió de la poesía como un medio para escribir prosa]. «The Critic as Artist». [Intentions (1891)]. La frase original de Wilde no incluye of course.

    ↩ Volver al texto
  372. [372] En el juicio por alta traición (1916) contra Roger Casement (1864-1916) se dio a conocer la existencia de diarios en los que referiría sus experiencias homosexuales. Estos Black Diaries recién fueron abiertos al público en 1995 y publicados en 1998.

    ↩ Volver al texto
  373. [373] «Oh they’re taking him to prison for the colour of his hair». [Additional Poems (p. 1937), XVIII].

    ↩ Volver al texto
  374. [374] HARDY, T., Jude the Obscure (1895), IV.

    ↩ Volver al texto
  375. [375] Desde 1954, Xul Solar vivía en el Delta del Tigre, en el muelle Los Ciruelos. Debido al accidente, fue operado en el Hospital Fernández el 10 de junio y convaleció hasta el 10 de agosto.

    ↩ Volver al texto
  376. [376] [vergonzoso, retraído Hamlet]. «On the tragedies of Shakspeare, considered with reference to their fitness for stage representation» (1811).

    ↩ Volver al texto
  377. [377] Prefacio a la edición de las obras de Shakespeare (1725).

    ↩ Volver al texto
  378. [378] Cf. la frase de Mario Bonfanti: «Le pregunto con máxima lealtad […]» [«Las previsiones de Sangiácomo» (1942), IV].

    ↩ Volver al texto
  379. [379] «[…] el espejo universal de Merlín, “redondo y hueco y semejante a un mundo de vidrio” (The Faerie Queene, III, 2,19)». [«El Aleph» (1945)]. Los versos originales que cita son: «For thy it [el espejo de Merlín] round and hollow shaped was / Like to the world it selfe, and seem’d a world of glas».

    ↩ Volver al texto
  380. [380] «And threw warm gules on Madeline’s fair breast [Y lanzó cálidos gules sobre el blanco seno de Madeline]». [«The Eve of St. Agnes» (1820), XXV, v. 2].

    ↩ Volver al texto
  381. [381] Seudónimo con el que Nalé Roxlo firmó muchas de sus páginas humorísticas en la prensa. Las reunió en cuentos de Chamico (1941), El muerto profesional (1943), Cuentos de cabecera (1946), etc. 2

    ↩ Volver al texto
  382. [382] «Las puertas del purgatorio». [LN, 26/8/56. In: Las puertas del purgatorio (1956)].

    ↩ Volver al texto
  383. [383] El pasaje sobre el Ming Tang, rebautizado «No exageremos», fue incluido en B-BC (1973).

    ↩ Volver al texto
  384. [384] «Prólogo para una edición de La novia del hereje». [LB, n.º 3 (1958)].

    ↩ Volver al texto
  385. [385] The Secret Agent (1907), caps. III y VI.

    ↩ Volver al texto
  386. [386] «Había una niñez, unos jinetes y árboles, / —también sus cariñosos—» [«La rosa infinita». In: Conocimiento de la noche (1937)].

    ↩ Volver al texto
  387. [387] Proverbios 26:11.

    ↩ Volver al texto
  388. [388] La cita es del cuento «La tarde en que murió Yrigoyen» [17 disparos contra lo porvenir (1933)].

    ↩ Volver al texto
  389. [389] «A los ganados y a las mieses». [Odas seculares (1910)]: «Reclamemos la enmienda pertinente,/ del Código Rural cuya reforma/en la nobleza del derecho agrícola/y en la equidad pecuaria tiene normas».

    ↩ Volver al texto
  390. [390] GÓNGORA, L. de, «A Córdoba» (p. 1633).

    ↩ Volver al texto
  391. [391] «Inscripción en el túmulo de don Pedro Girón, duque de Osuna» (1624).

    ↩ Volver al texto
  392. [392] [Muchos corazones deploraron/el destino de esos árboles venerables; y a menudo con dolor/el viajero, hoy día, se detendrá y contemplará/delitos, en los que la Naturaleza apenas repara]. Soneto «Degenerate Douglas! Oh, the unworthy Lord!». [Poems (1807)].

    ↩ Volver al texto
  393. [393] El fragmento —incluido en el Libro del Cielo y del Infierno como «Por un amor desinteresado»— es de Jeremy Taylor (1613-67), según lo cita Coleridge [Biographia Literaria (1817), V].

    ↩ Volver al texto
  394. [394] Derogada la Constitución peronista de 1949, Aramburu convocó en octubre de 1956 a una Asamblea Constituyente. El 28 de julio de 1957 se eligieron congresales: hubo mayoría de votos en blanco (i.e., peronistas).

    ↩ Volver al texto
  395. [395] Morenada (1946).

    ↩ Volver al texto
  396. [396] «[N]o pierdo la esperanza de comer contigo, a la sombra de un viejo y carcomido algarrobo, o entre las pajas al borde de una laguna, o en la costa de un arroyo, un churrasco de guanaco, o de gama o de yegua, o de gato montés, o una picana de avestruz […]. A propósito de avestruz, después de haber recorrido la Europa y la América, de haber vivido como un marqués en París y como un guaraní en el Paraguay; de haber comido mazamorra en el Río de la Plata, charquicán en Chile, ostras en Nueva York, macarroni en Nápoles, trufas en el Périgord, chipá en la Asunción […]» [Una excursión a los indios ranqueles (1870), 1].

    ↩ Volver al texto
  397. [397] Time and the Conways (1937): el primer acto transcurre durante el cumpleaños de Kay Conway, en 1919; el segundo, en otro cumpleaños, en 1937; el tercero, otra vez en 1919.

    ↩ Volver al texto
  398. [398] «The Balloon-Hoax» (1844).

    ↩ Volver al texto
  399. [399] [La lengua francesa, la única que tiene el mérito de la probidad]. La cita exacta es: «La langue française est la seule au monde qui ait une probité attachée à son génie». [«Discurso ante la Academia de Berlin» (1783)].

    ↩ Volver al texto
  400. [400] Bioy hizo sus estudios secundarios, en 1927-30, en el Instituto Libre de Segunda Enseñanza, en Libertad 555

    ↩ Volver al texto
  401. [401] «Epístola a Emilio Becher». [Los lises del blasón (1913)].

    ↩ Volver al texto
  402. [402] Borges repite las críticas de Jorge M. Furt [Lo gauchesco en «La Literatura Argentina» de Ricardo Rojas (1929)].

    ↩ Volver al texto
  403. [403] Martín Fierro, vv. 151 ss.

    ↩ Volver al texto
  404. [404] Paradise Lost (1667), IV, v. 740.

    ↩ Volver al texto
  405. [405] De Civitate Dei, XIV, 18-24. Agustín Describe el acto sexual, siguiendo a Cicero de Otensius, como un estado epiléptico

    ↩ Volver al texto
  406. [406] Confucius (1956), traducido del japonés por Geoffrey Bownas.

    ↩ Volver al texto
  407. [407] «Miss Harriet». [Miss Harriet (1884).

    ↩ Volver al texto
  408. [408] Mallarmé, S., Divagations (1897).

    ↩ Volver al texto
  409. [409] Otorgado a su libro Por vínculos sutiles (1957).

    ↩ Volver al texto
  410. [410] Milton and his Modern Critics (1940).

    ↩ Volver al texto
  411. [411] [Me acuerdo / de los viejos tiempos / y lloro…]. VERLAINE, «Chanson d’automne». [Poèmes saturniens (1866)], vv.10-12.

    ↩ Volver al texto
  412. [412] [Soñemos, es la hora]. VERLAINE, La bonne chanson (1869), VI, v.12.

    ↩ Volver al texto
  413. [413] [Sofocado / y muy pálido, cuando / suena la hora]. «Chanson d’automne», w.7-9.

    ↩ Volver al texto
  414. [414] Vuelta de Martín Fierro, vv. 925 ss.

    ↩ Volver al texto
  415. [415] LANGFORD, Gerald, Alias O. Henry (1957).

    ↩ Volver al texto
  416. [416] GRONDONA, Adela, El grito sagrado (1957).

    ↩ Volver al texto
  417. [417] Alusión a I Corintios 9:22.

    ↩ Volver al texto
  418. [418] «Sobre el método histórico de Jorge Luis Borges». [F, n.º 7 (1957)].

    ↩ Volver al texto
  419. [419] Según Ricardo Sangiácomo: «Las cosas […] no pueden suceder por casualidad. Y… si no hay orden, por la ventana entra volando una vaca». [«Las previsiones de Sangiácomo» (1942)].

    ↩ Volver al texto
  420. [420] «Pereant qui ante nos nostra dixerunt». Frase del orador Donato, según San Jerónimo [Comentario sobre el Eclesiastés, I].

    ↩ Volver al texto
  421. [421] Madrid: Espasa Calpe («Biblioteca de Filósofos Españoles»), 1929.

    ↩ Volver al texto
  422. [422] La argumentación de Borges está tomada de RUSSELL, B., «What I Believe». [Why I am not a Christian (1957)], aun el ejemplo: «Lao-Tze objects to roads and carriages and boats, all of which were probably unknown in the village where he was born».

    ↩ Volver al texto
  423. [423] GÓNGORA, L. de, «A la embarcación en que se entendió pasaran a Nueva España los marqueses de Ayamonte» (p. 1633).

    ↩ Volver al texto
  424. [424] QUEVEDO, F. de, «Inscripción de la estatua augusta del César Carlos Quinto en Aranjuez» (p. 1648).

    ↩ Volver al texto
  425. [425] El héroe (1637), «Al lector».

    ↩ Volver al texto
  426. [426] Alusión a «una broma famosa de Rabelais»: Questio subtilissima, utrum Chimera, in vacuo bombinans… es uno de los libros de la biblioteca de S. Victor [Pantagruel, VII]. Borges [B-G (1957)] traduce el título como: Si una quimera, bamboleándose en el vacío, puede comer segundas intenciones.

    ↩ Volver al texto
  427. [427] «Life of Cowley». [Lives of the English Poets (1779-81)].

    ↩ Volver al texto
  428. [428] «The Metaphysical Poets». [Selected Essays (1932)].

    ↩ Volver al texto
  429. [429] [Mármol como luz de luna maciza, / oro como un fuego congelado. B] CHESTERTON, G. K., «The Harp of Alfred». [The Ballad of the White Horse (1911)].

    ↩ Volver al texto
  430. [430] LADY MURASAKI, The Tale of Genji (1925-33).

    ↩ Volver al texto
  431. [431] Journal of a Tour to the Hebrides (1786), 25 de octubre.

    ↩ Volver al texto
  432. [432] Bioy cita el párrafo en su reseña [LN, 26/8/56] de las Letters (1955) de Santayana: «Loeser se proponía regalar a William James una estatuilla de Locke. Cuando le hablaron del asunto, James dijo: “Cualquiera puede tener una estatua; una estatuilla, he ahí la inmortalidad […]”».

    ↩ Volver al texto
  433. [433] GÓNGORA, L. de, «A Córdoba» (c. 1585).

    ↩ Volver al texto
  434. [434] «Soneto de Luis de Góngora a D. Cristóbal de Mora, Marqués de Castel-Rodrigo», citado en Discurso IV.

    ↩ Volver al texto
  435. [435] «Va combinando sus empleos con el moral de su patrocinio, cantando ave, o cisne a sus ramas, hilando como gusano de seda (que él dijo, hiló su cárcel) aliméntase de lo moral, y concluye peregrino en sus soledades, votándole su camino». [Agudeza, Discurso IV].

    ↩ Volver al texto
  436. [436] Historia de las ideas estéticas en España (1883-91), I, 10: «en [El Pasajero] lo más interesante de estudiar que yo encuentro es el carácter mismo del autor, público maldiciente, envidioso universal de los aplausos ajenos […]».

    ↩ Volver al texto
  437. [437] En 1936, Borges había considerado el caso «extraño» y «admirable» de Banchs, «aquel hombre que en posesión ilimitada de una maestría, desdeña su ejercicio y prefiere la inacción, el silencio». [H, n.º 1419]. En 1957, en Los ídolos cree ver una poco velada alusión al caso Banchs: Lucio Sansilvestre, homo unius libri, debe su fama a unos poemas de juventud. Pronto se sugiere que su silencio poético obedece a que no es el autor del libro y se sabe incapaz de escribir nada semejante.

    ↩ Volver al texto
  438. [438] «Gracián» (1918).

    ↩ Volver al texto
  439. [439] «Una nox interfuit inter urbem maximam, et nullam [Ad Lucilium, XCI]. Borges y Bioy la recogieron en el “Museo” de ABA [n.º 6 (1946)].

    ↩ Volver al texto
  440. [440] [Así, para la sed, en Blidah la azul, / se ofrece la batata, / o bien el hongo, bajo el musgo, / cuando muy quedamente llueve]. TOULET, Contrerimes (1921), 50. La oronge es un hongo comestible muy apreciado en el mediodía de Francia, con el que suele ser confundida otra variedad, la muy venenosa fausse oronge.

    ↩ Volver al texto
  441. [441] Blidah es un pueblo argelino, al Sur de la fértil llanura de Mitidja, región rica en cítricos y olivos.

    ↩ Volver al texto
  442. [442] El poema describe un encuentro con el demonio: «J’ai vu le Diable, l’autre nuit […]».

    ↩ Volver al texto
  443. [443] PARTRIDGE, E., Dictionary of Slang and Unconventional English (1937), s.v. «Reservoir! au»: «Au revoir!: jocular colloquialism (-1897). Obsolescent.

    ↩ Volver al texto
  444. [444] Sic. Suzanne Tézenas du Montcel, dama francesa, en cuyo famoso salón parisino de la rue Octave Feuillet se reunían, a fines de los años cuarenta y durante los cincuenta, los escritores de la Nouvelle Revue Française, eran célebres sus soirées musicales.

    ↩ Volver al texto
  445. [445] Le grand maître des assassins (1936).

    ↩ Volver al texto
  446. [446] CHATEAUBRIAND, F.-R., Génie du Christianisme (1802), I, 4, v.; GOSSE, Philip H., Omphalos (1857).

    ↩ Volver al texto
  447. [447] «A don José de Salas». [El Parnaso Español (1648), Musa II. 109].

    ↩ Volver al texto
  448. [448] Quizá Adelmo R. Montenegro, periodista del diario Córdoba.

    ↩ Volver al texto
  449. [449] Bell Ville: Localidad del SE de la pcia. de Córdoba. Las siglas «F.C.C.A.» corresponden al Ferro-Carril Central Argentino. La fuente es en realidad el Viaje de Maeldúin (s. XI), tal como se refiere en PATCH, H. R., El otro mundo en la literatura medieval [México D.F.: FCE, 1956]: 44.

    ↩ Volver al texto
  450. [450] El cuento fue incluido en B-SO (1965).

    ↩ Volver al texto
  451. [451] Antonio de Valbuena (1844-1929), crítico español, autor de Des-Trozos literarios (1899), Ripios aristocráticos (1906), Ripios académicos (1912), etc

    ↩ Volver al texto
  452. [452] Enéadas, V, 4.

    ↩ Volver al texto
  453. [453] «Diálogo de muertos», «La trama» y «Un problema».

    ↩ Volver al texto
  454. [454] Fragmento de Antes del Novecientos aparecido en LB, n.º 1 (1957); corresponde a BIOY, ADOLFO (1958): 104-6.

    ↩ Volver al texto
  455. [455] En una «Página sobre la literatura de hoy» (1927), Borges la incluye en una supuesta «Escuela de la indefinida apetencia o de los antiguos barrios del Sur».

    ↩ Volver al texto
  456. [456] El biógrafo de Dickens alude a las palabras del Génesis: «“Let there be light, and there was light” [“Que sea la luz”, y la luz se hizo]».

    ↩ Volver al texto
  457. [457] VOCOS LESCANO, Jorge, El tiempo más hermoso (1959).

    ↩ Volver al texto
  458. [458] La exposición sobre Sherlock Holmes en Londres tuvo lugar en el 221-B de Baker Street en 1951. Gannon explica [«Arthur Conan Doyle». LN, 24/5/59] que allí «en vano busqué alguna referencia de Conan Doyle, creyendo que cabría celebrarlo como creador del personaje, hasta que al fin comprobé que en una vitrina lateral aparecía el escritor como consecuencia del personaje principal, como un erudito que se había dedicado a estudiarlo y a recoger versiones de esa realidad. Se lo señalaba como “el novelista histórico” que utilizó los apuntes y referencias del Dr. James H. Watson».

    ↩ Volver al texto
  459. [459] John Mackinnon Robertson (1856-1933), librepensador escocés, autor de Christianity and Mythology (1900), y de A Short History of Christianity (1902), donde niega la existencia histórica de Jesús.

    ↩ Volver al texto
  460. [460] «Elegy written in a Country Church-Yard» (1751).

    ↩ Volver al texto
  461. [461] Gray tradujo en 1761 el Baldrs Draumar, tomado de la Voluspa.

    ↩ Volver al texto
  462. [462] «El otro lado de la muralla», tomada de Decline and Fall of the Roman Empire (1788), XXXVIII.

    ↩ Volver al texto
  463. [463] Alusión a la zamba Luna tucumana, de Atahualpa Yupanqui: «¡Ay lunita tucumana!, / tamborcito calchaquí…».

    ↩ Volver al texto
  464. [464] Parodia del poema «Eche veinte centavos en la ranura». [El violín del diablo (1915)] de Raúl González Tuñón: «[…] eche veinte centavos en la ranura / si quiere ver la vida color de rosa».

    ↩ Volver al texto
  465. [465] El intruso (p. 1957), con prólogo de Juan Carlos Ghiano.

    ↩ Volver al texto
  466. [466] Alusión a «Las dos linternas». [Doloras (1846)] de Ramón de Campoamor.

    ↩ Volver al texto
  467. [467] «Judezno». [Mester de judería (1940)].

    ↩ Volver al texto
  468. [468] [El plateado y violáceo leopardo de la noche, / salpicado de estrellas y tranquilo con el silencio, dio un salto]. «Nightmare». [The Ballad of St. Barbara and Other Poems (1922)].

    ↩ Volver al texto
  469. [469] «Madre, no vuelvas la cara hacia la vieja quinta. / Todavía el toro joven muge en el alfalfar / cuando cae el sol del mediodía. / […] / Hemos trabajado con el arado los oscuros terrones […]». [«Adiós a la vieja quinta». LN, 22/9/57].

    ↩ Volver al texto
  470. [470] Martín Fierro, vv. 139-50 y 157-62.

    ↩ Volver al texto
  471. [471] Op. cit.,v v.2 47-8.

    ↩ Volver al texto
  472. [472] Martínez Estrada había publicado Muerte y transfiguración de Martín Fierro (1948).

    ↩ Volver al texto
  473. [473] HAZLITT, William, Lectures on the English Poets (1818), I: «He was just like any other man, but that he was like all other men».

    ↩ Volver al texto
  474. [474] Alusión a la obra (1936), de Alexis Carrel.

    ↩ Volver al texto
  475. [475] En Las torres de Nuremberg (1927), Tallón habla de una torre «que está sola y tiene / los muros hechos de caliente lana. / ¡Es una torre tibia! / ¡Es una torre blanda!».

    ↩ Volver al texto
  476. [476] «El sapito Glo Glo Glo». [La garganta del sapo (1925)].

    ↩ Volver al texto
  477. [477] Cf. SCHULTZ DE MANTOVANI, F., «Vida y poesía de José Sebastián Tallón». [Sobre las hadas (1959)], in fine. «Dentro de un siglo se hablará de él como de Andersen, que convidó a su fiesta a las hadas de Dinamarca».

    ↩ Volver al texto
  478. [478] Alusión a los escritores, de orientación peronista, Juan O. Ponferrada (1908-90), José Mª Castiñeira de Dios (n. 1920) y Leopoldo Marechal.

    ↩ Volver al texto
  479. [479] Desde 1926 existían ediciones clandestinas de las Venice Letters (p. 1974) del Barón Corvo.

    ↩ Volver al texto
  480. [480] [retazos de púrpura B] Según recuerda Borges [«Sobre Oscar Wilde» (1946)], la expresión proviene de la Poética de Horacio: «frase cuya invención le atribuyen [a Wilde], pero que ya registra el exordio de la epístola a los Pisones. Esa atribución prueba el hábito de vincular al nombre de Wilde la noción de pasajes decorativos».

    ↩ Volver al texto
  481. [481] Chapman (1598-1611), Pope (1715-20) y Butler (1898) tradujeron la Ilíada; Chapman (1614-6), Pope (1725-6), Morris (1887), Butler (1900) y Lawrence (1932), la Odisea.

    ↩ Volver al texto
  482. [482] THOMAS, Caitlin, Leftover Life to Kill (1957).

    ↩ Volver al texto
  483. [483] «El significado del modernismo». [N, n.º 263 (1931)].

    ↩ Volver al texto
  484. [484] «Carta europea», de agosto de 1925, publicada en S, n.º 233 (1955).

    ↩ Volver al texto
  485. [485] «Después de tus partidas a París […], me escribías: “Te recuerdo como te vi el último momento: pañuelo en mano y sonrisa-faro”». [OCAMPO, V., «Carta a Ricardo Güiraldes». S, n.º 217-218 (1952)].

    ↩ Volver al texto
  486. [486] MISTRAL, G., «Recado a Victoria Ocampo». [S, n.º 43 (1938)]. Ortega y Gasset la llamaba «Gioconda de la Pampa», como Victoria misma atestigua en su Autobiografía III; La rama de Salzburgo [Sur, 1981]: 117.

    ↩ Volver al texto
  487. [487] Bonet publicó un resumen de su conferencia [«La estancia y sus novelistas». LN, 20/4/58].

    ↩ Volver al texto
  488. [488] La Flor y Los Milagros en Santos Vega o Los mellizos de La Flor (1872), LVIII y LIX, respectivamente.

    ↩ Volver al texto
  489. [489] Los últimos Rosales (1939).

    ↩ Volver al texto
  490. [490] «Toomai of the Elephants».

    ↩ Volver al texto
  491. [491] Para los sueños premonitorios de Trigg, véase Martín Chuzzlewit (1843), XLII; para su muerte, XLVII.

    ↩ Volver al texto
  492. [492] Prototipo del judío según lo mostraba el teatro, sobre todo isabelino (Marlowe y Shakespeare), atribuyéndole los peores vicios y defectos.

    ↩ Volver al texto
  493. [493] [cuarto amarillo]. Alusión al cuarto cerrado en que se presume ocurre el crimen de Le mystere de la chambre jaune (1908) de Gastón Leroux.

    ↩ Volver al texto
  494. [494] Groussac [Primera conferencia sobre «Cervantes y el Quijote» (1919)] dice de Menéndez y Pelayo: «Después de una existencia meritoria consagrada toda al estudio, desaparece entero […]».

    ↩ Volver al texto
  495. [495] Odas, III, XXX, 6.

    ↩ Volver al texto
  496. [496] BUCHANAN, R.W., «The Fleshly School of Poetry» (1871). Borges lo conocía a través de DOUGHTY, O., A Victorian Romantic; Dante Gabriel Rossetti [London: Frederick Muller, 1949]: 486-504.

    ↩ Volver al texto
  497. [497] [Un soneto es un monumento a un momento]. «The Sonnet». [The House of Life (1881)].

    ↩ Volver al texto
  498. [498] VEGA, Lope de, Rimas sacras (1614), soneto XVIII.

    ↩ Volver al texto
  499. [499] Alusión a SHAW, G. B., Man and Superman (1903), «Epistle Dedicatory».

    ↩ Volver al texto
  500. [500] «Baudelaire in our Time». [Essays Old and New (1936)].

    ↩ Volver al texto
  501. [501] DARÍO, Rubén, «Revelación». [El canto errante (1907)].

    ↩ Volver al texto
  502. [502] LUGONES, Leopoldo, «A los ganados y las mieses». [Odas seculares (1910)].

    ↩ Volver al texto
  503. [503] DARÍO, Rubén, «Yo soy aquél». [Cantos de vida y esperanza (1905)].

    ↩ Volver al texto
  504. [504] «¡Carne, celeste carne de la mujer!». [Ib.].

    ↩ Volver al texto
  505. [505] «Soneto autumnal al Marqués de Bradomín». [Cantos de vida y esperanza (1905)].

    ↩ Volver al texto
  506. [506] En 1944, Borges y Bioy hicieron traducir por Juan Ángel Cotta —y anotaron— varias obras de Browne. Previamente, Borges había traducido fragmentos de Religio Medici (1642) y de Urn Burial (1658) en «Sir Thomas Browne» (1925); con Bioy, en 1944, un fragmento de Urn Burial. En 1945, Cotta realizó varias traducciones para «El Séptimo Círculo».

    ↩ Volver al texto
  507. [507] Martín Fierro, vv. 601-6.

    ↩ Volver al texto
  508. [508] «Lucan […] takes it for granted that the cause of Caesar had the approbation of the gods. But why? Simply from the event. […] It was the victrix causa; and, as such, simply because it was victrix? it had a right in his eyes to postulate the divine favor as mere matter of necessary inference: whilst, on the other hand, the victa causa, though it seemed to Lucan sanctioned by human virtue in the person of Cato stood unappealably condemned». [«Modern superstition» (1840)].

    ↩ Volver al texto
  509. [509] «Die Weltgeschichte ist das Weltgericht». [«Resignation» (1784)].

    ↩ Volver al texto
  510. [510] [Siempre todo ha sucedido muy mal]. Frase dicha por Jacques Bainville a André Thérive, citada por Jacques Chardonne en su Vivre à Madère (1953).

    ↩ Volver al texto
  511. [511] Se refiere probablemente a la estancia Las Armas, de Magdalena Castro de Ortiz Basualdo, en las cercanías de Mar del Plata.

    ↩ Volver al texto
  512. [512] Esta mujer, vista como ridícula, debe de ser la pobre Inés; que haya dicho que era un honor para ella estar en ese asiento, me parece bastante natural; en cuanto a la leyenda de la gente de Las Armas y de Lezama, hasta este momento he creído en una parecida (¡pero tan distinta, porque está basada en la irrefutable experiencia!): la honesta gente de Pardo, comparada ventajosamente con la de Cacharí, donde hormiguea el vicio (Nota de ABC).

    ↩ Volver al texto
  513. [513] ROUSE, W. H. D., The Story of Ulysses (1937).

    ↩ Volver al texto
  514. [514] Il fu Mattia Pascal (1904).

    ↩ Volver al texto
  515. [515] La cita exacta es: «Te quiero como eres, por tus méritos / y tus defectos ¡ese cigarrillo!, / por tu distinción de damita / y por tus bromas de chiquillo». [«El porqué de mi querer». In: Poemas para la recién llegada (1957)]. Gálvez dedica el libro a su segunda mujer.

    ↩ Volver al texto
  516. [516] «Aeternae Memoriae Patris», cuya versión publicó Güiraldes en Pr2, n.º 5 (1924).

    ↩ Volver al texto
  517. [517] En De Tranquillitate Animi condena la acumulación de libros y su uso decorativo.

    ↩ Volver al texto
  518. [518] V.g., en Los cálices vacíos (1913): «Y era mi deseo una culebra / glisando entre los riscos de la sombra…». («Visión»); «Mi cuerpo es una cinta de delicia /Glisa y ondula como una caricia…». («Serpentina»).

    ↩ Volver al texto
  519. [519] «Color de sueño». [Los parques abandonados (1901) ].

    ↩ Volver al texto
  520. [520] «Génesis». [Las clepsidras (1910)]. Guillermo de Torre lo cita en el «Estudio preliminar» de la edición de Losada (1942).

    ↩ Volver al texto
  521. [521] «Recepción». [El laurel rosa (1908)].

    ↩ Volver al texto
  522. [522] «Amor sádico». [Los parques abandonados (1901)].

    ↩ Volver al texto
  523. [523] «Color de sueño» [76.].

    ↩ Volver al texto
  524. [524] «Desolación absurda». [Los maitines de la noche (1902)].

    ↩ Volver al texto
  525. [525] En 1898 publicó «Canto a Lamartine»; en 1899, «Castelar» y «A Guido Spano».

    ↩ Volver al texto
  526. [526] «En la noche del sábado 14 de diciembre de 1957, se celebró en la Casa del Escritor la Fiesta de la Poesía. El acto fue un homenaje a Banchs. Desde el tradicional “balcón de los poetas”, Fryda Schultz de Mantovani, Marcos Victoria, Fermín Estrella Gutiérrez, Eduardo González Lanuza, Conrado Nalé Roxlo y Jorge Vocos Lescano, leyeron poemas del gran lírico ante una numerosa concurrencia. La fiesta concluyó con una audición de cantos argentinos de tierra adentro a cargo de María Elena Walsh y Leda Valladares. Se bailó hasta la madrugada». [Sociedad Argentina de Escritores; 1957-1959. 10].

    ↩ Volver al texto
  527. [527] «El espejo». [La urna (1911)].

    ↩ Volver al texto
  528. [528] «Cuando nacemos, nos regalas notas, / después, un paraíso de compotas, / y luego te regalas toda entera, / suave Patria, alacena y pajarera. […] Suave Patria, vendedora de chía: / quiero raptarte en la cuaresma opaca, / sobre un garañón, y con matraca, / y entre los tiros de la policía».

    ↩ Volver al texto
  529. [529] «El despertar». [Los éxtasis de la montaña (1904)].

    ↩ Volver al texto
  530. [530] «[…] la sotana / del cura se pasea gravemente en la huerta». [Ib.].

    ↩ Volver al texto
  531. [531] LANDOR, W.S., «Rose Aylmer». [Gebir (1798)]. El verso que comenta Borges es «A night of memories and of sighs». Gannon publicó su traducción en LN, 9/2/58: «¿Qué privilegio la realeza tuvo / y qué esplendor la forma poseyera? / Si no hubo gracia y virtud no hubo / de la que Rosa Aylmer careciera. / Rosa Aylmer, por quien los ojos míos / podrán llorar, mas no verán milagro / igual. ¡Toda una noche de suspiros / y de reminiscencias te consagro!».

    ↩ Volver al texto
  532. [532] «El hacedor» (1958).

    ↩ Volver al texto
  533. [533] V.g., «Gallina», «Pollito», «El gallo», «El pavo», «El pato», «La perdiz», «El faisán», «El tero», «Pavo real», «El cisne», reunidos en Suma y sigue (1960). Algunos de ellos habían aparecido previamente en LN, 26/8/56.

    ↩ Volver al texto
  534. [534] «Carta escrita de Londres a París por un americano a otro» (1827).

    ↩ Volver al texto
  535. [535] Perón estuvo asilado en Caracas entre agosto de 1956 y enero de 1958; tras la caída de Pérez Jiménez, en Ciudad Trujillo, hasta 1960.

    ↩ Volver al texto
  536. [536] PÚA, Carlos de la, La crencha engrasada [Editorial Porteña, 1954], con notas de José Gobello.

    ↩ Volver al texto
  537. [537] Es decir, está cerca de un paseo elegante (la calle Florida), pero también del puerto (calle Leandro Alem).

    ↩ Volver al texto
  538. [538] «Apparent rari nantes in gurgite vasto [Vense algunos pocos nadando por el inmenso piélago. Ochoa]». [Eneida, I, v. 118].

    ↩ Volver al texto
  539. [539] La canción, compuesta por Horst Wessel (1907-30), partidario de Hitler asesinado por comunistas, desde 1933 se convirtió en himno oficial del partido nazi.

    ↩ Volver al texto
  540. [540] «Everything and Nothing» (1958).

    ↩ Volver al texto
  541. [541] «Luz de provincia». [Conocimiento de la noche (1937)].

    ↩ Volver al texto
  542. [542] El tango recibió su nombre por haber sido compuesto en el año 1913.

    ↩ Volver al texto
  543. [543] La UCRI (Frondizi, aliado con Perón) obtuvo más de un millón de votos que la UCRP (Balbín).

    ↩ Volver al texto
  544. [544] «Baltasar Gracián» (1958).

    ↩ Volver al texto
  545. [545] Alusión a la novela [Grapes of Wrath (1939)] de J. Steinbeck.

    ↩ Volver al texto
  546. [546] Dizionario letterario Bompiani delle opere e del personaggi di tutti i tempi e di tutte le letterature (1947-50). Enciclopedia Universal Ilustrada Espasa-Calpe (1908-30). HARVEY, Paul, Oxford Companion to English Literature (1932).

    ↩ Volver al texto
  547. [547] La edición (1896-1900) de Decline and Fall of the Roman Empire, de E. Gibbon, con introducción, notas e índice de John Bagnell Bury.

    ↩ Volver al texto
  548. [548] Las quitanderas (1924) y La carreta, novela de quitanderas y vagabundos (1932).

    ↩ Volver al texto
  549. [549] Las localidades, al O. del Gran Bs As, son vecinas.

    ↩ Volver al texto
  550. [550] Historia del 900 (1949), film de Hugo del Carril (1924-88), en el cual un muchacho trata de vengar a su hermano, muerto a traición.

    ↩ Volver al texto
  551. [551] [Ámame, pero no me ates, y déjame partir]. «The Indifferent» (p. 1633). La lección correcta de los versos es citada por Bioy en la entrada del 7 de mayo.

    ↩ Volver al texto
  552. [552] [Lo importante es que escape, aunque sea desnudo, de entre tus manos]. Journal (1939), 18 de junio de 1929. Gide da esta versión, que prefiere, después de otra: «L’important c’est que je m’échappe / Fût-ce nu, d’entre tes mains».

    ↩ Volver al texto
  553. [553] The Travels of Sir John Mandeville (c. 1360), «The Land of Cathay».

    ↩ Volver al texto
  554. [554] Para el mar de arena, véase op. cit., «The Land of Prester John». Para los grifos y los árboles que dan pájaros, op. cit., «Cathay and beyond».

    ↩ Volver al texto
  555. [555] Journal (1939), 18 de junio de 1929.

    ↩ Volver al texto
  556. [556] Viólame, pero no me ates, y déjame partir.

    ↩ Volver al texto
  557. [557] [Sigue la recta vía, y deja que tu espíritu te guíe]. «Balade de Bon Conseyl» (c. 1400).

    ↩ Volver al texto
  558. [558] Candidato de la Unión Cívica Radical del Pueblo, partido opositor al gobierno de Frondizi.

    ↩ Volver al texto
  559. [559] «Algunos escritores han promovido en distintas épocas una campaña en favor de la modificación del gentilicio santafecino por santafesino. La discusión fue llevada a la Academia Española de la Lengua, que resolvió adoptar la grafía santafesino para la primera edición de su Diccionario. Esta decisión ha promovido polémica ulterior […]» [ABAD (1976), s.v. «Santafecino»].

    ↩ Volver al texto
  560. [560] «A uno le da con el clavo / y a otro con la cantramilla». [Vuelta de Martín Fierro, vv. 2329-30].

    ↩ Volver al texto
  561. [561] Parodia del motto «Para un peronista no hay nada mejor que otro peronista».

    ↩ Volver al texto
  562. [562] Bioy no llegaría a escribirlo.

    ↩ Volver al texto
  563. [563] Canterbury Tales, «The Squire’s Tale», I.

    ↩ Volver al texto
  564. [564] [Era un caballo de buena naturaleza equina]. La cita exacta es: «so horsly, and so quyk of ye [de muy buena naturaleza equina, y de mirada muy aguda]». [Ib., I, v. 194.

    ↩ Volver al texto
  565. [565] «Historia del caballo encantado». [Noches CCCLXV y ss].

    ↩ Volver al texto
  566. [566] Bioy toma la noticia del artículo de Delambre en MICHAUD, Louis-Gabriel (ed.), Biographie Universelle, Ancienne et Moderne (1821), vol. XXX, s.v. «Muller». Allí se consigna la tradición según la cual Regiomontano [Johann Müller de Königsberg (1436-76)] habría construido un águila «qui vint, en volant, au-devant de l’empereur» y una mosca de hierro «qui, prenant son vol, faisait le tour de la table et des convives, après quoi elle revenait dans la main de son maître». Una paloma mecánica es atribuida a Arquitas de Tarento (s. IV a. C.) por Aulo Gelio [Noctes Atticae, X, 12], quien a su vez cita a Favorino (80-150).

    ↩ Volver al texto
  567. [567] Quijote, II, 62.

    ↩ Volver al texto
  568. [568] Según la leyenda, Alberto Magno lo construyó durante treinta años, con metal, madera, cera, vidrio y cuero, para destinarlo a las tareas de sirviente de un monasterio dominicano en Köln.

    ↩ Volver al texto
  569. [569] «[…] if certain ermines and furs be placed in a certain position, we style them a judge». [A Tale of a Tub (1704), Section II].

    ↩ Volver al texto
  570. [570] Santiago Dabove había muerto en 1951; La muerte y su traje se publicó en 1961, con prólogo de Borges.

    ↩ Volver al texto
  571. [571] El restaurant de la estación Retiro del Ferrocarril Mitre.

    ↩ Volver al texto
  572. [572] POST, Melville D., Monsieur Jonquelle, Prefect of Police of Paris (1922).

    ↩ Volver al texto
  573. [573] «France is a necessary Idea to Civilization». [Reflections in a Mirror-II (1946)].

    ↩ Volver al texto
  574. [574] «I want to go home, / (…) I don’t want to go in the trenches no more, / Where whizz-bangs and shrapnel they whistle and roar. / Take me over the sea/Where the Alleyman can’t get at me. / Oh my, / I don’t want to die, / I want to go home [Quiero irme a casa, / (…) no quiero ir más a las trincheras, / donde balas y metralla silban y rugen. / Llévenme más allá del mar, / donde el Alemán no pueda alcanzarme. / Oh Dios, / no quiero morir, / quiero irme a casa]». [I Don’t Want to Die, canción anónima de 1914-8. Véase BROPHY, John y PARTRIDGE, Eric, Songs and Slang of the British Soldier: 1914-1918 (London: Eric Partridge, 1930): 60].

    ↩ Volver al texto
  575. [575] Según Morgan, los pilotos de la RAF, en un vuelo de junio de 1944, cantaron el Horst Wessel Lied porque lo consideraban una suerte de nonsense rhyme, de sonido agradable pero desprovisto de sentido, y, al mismo tiempo, porque al hacerlo herían de muerte a la solemnidad de un símbolo enemigo [«The Horst Wessel Lied». In: MORGAN, op. cit.].

    ↩ Volver al texto
  576. [576] La boda (1957), originariamente llamada Las tetas de Flora.

    ↩ Volver al texto
  577. [577] «Je juge cette longue querelle de la tradition et de la invention/de l’ordre et de l’aventure». [«La jolie rousse». In: Calligrammes (1918)].

    ↩ Volver al texto
  578. [578] Nixon, llegado a la Argentina para asistir a la asunción del mando de Frondizi, fue agredido por opositores a la invasión norteamericana de República Dominicana.

    ↩ Volver al texto
  579. [579] «Mi primer encuentro con Dante». [Quaderni Italiani di Buenos Aires, vol. 1 (1958-61)].

    ↩ Volver al texto
  580. [580] Narración en que un argumento general sirve como justificación y marco para la exposición de cuentos o episodios, integrados tenuemente entre sí.

    ↩ Volver al texto
  581. [581] En una carta a un médico, del 4 de agosto de 1604, Lope dice: «De poetas no digo: buen siglo es éste. Muchos están [en] cierne para el año que viene; pero ninguno hay tan malo como Cervantes ni tan necio que alabe a Don Quijote».

    ↩ Volver al texto
  582. [582] Alusión a Números 32:23: «Your sin will find you out». [Os alcanzará vuestro pecado. c. Valera].

    ↩ Volver al texto
  583. [583] En el sentido de uno (Nota de ABC).

    ↩ Volver al texto
  584. [584] Lo que Dios ha unido (1945).

    ↩ Volver al texto
  585. [585] El film (1950), de J. Delannoy, se basa en la novela Un recteur de l’île de Sein (1945) de Henri Queffélec.

    ↩ Volver al texto
  586. [586] Alusión a Tempest, IV, 1: «We are such stuff/As dreams are made on…».

    ↩ Volver al texto
  587. [587] Poema incluido en el «Museo» de Destiempo [n.º 2 (1936)].

    ↩ Volver al texto
  588. [588] La llave (1958).

    ↩ Volver al texto
  589. [589] El diario Crítica.

    ↩ Volver al texto
  590. [590] La urna (1911).

    ↩ Volver al texto
  591. [591] [Una ciudad de color rosado intenso, la mitad de vieja que el tiempo]. BURGON, John William, «Petra» (1841). Kipling lo cita en «The Legend of Nikko Ford». [From Sea to Sea (1889)].

    ↩ Volver al texto
  592. [592] La pieza de Silvina que estrenan el lunes (Nota de ABC).

    ↩ Volver al texto
  593. [593] Desde 1950, Ronald Richter (n. 1906), físico austríaco a cargo de la Comisión Nacional de Energía Atómica, efectuó ensayos en la isla Huemul, procurando obtener reacciones termonucleares con un elemento más barato que el uranio. En febrero de 1951 afirmó haberlo logrado, lo que llevó a Perón a anunciar que la Argentina estaba en condiciones de producir bombas atómicas. Como Richter no pudo probar sus afirmaciones, los experimentos se suspendieron definitivamente en 1952.

    ↩ Volver al texto
  594. [594] El cuento apareció en S, n.º 251 (1958).

    ↩ Volver al texto
  595. [595] Borges y Bioy incluyeron el cuento [«Peacock House» (1916)] en Los mejores cuentos policiales (1943).

    ↩ Volver al texto
  596. [596] Juego de palabras con la letra apócrifa del tango Entrada prohibida: «Del Abbayé la espiantaron…».

    ↩ Volver al texto
  597. [597] MELIÁN LAFINUR, L., Semblanzas del pasado (1915).

    ↩ Volver al texto
  598. [598] Paradise Lost (1667), II, in fine y XII, passim.

    ↩ Volver al texto
  599. [599] [el ocioso cantor de un día vacío. Br]. Alusión a MORRIS, W., «Apology». [The Earthly Paradise (1868)]: «Remember me a little then, I pray, / The idle singer of an empty day».

    ↩ Volver al texto
  600. [600] «El Golem» y «El tango» (1958).

    ↩ Volver al texto
  601. [601] En The Croquet Player (1936), un inglés metódico, mesurado e indiferente a todo salvo a las opiniones de su tía y a la práctica del croquet, conoce por boca de un desconocido el horror que encierran los pantanos de Cainmarsh: todos los habitantes de la región padecen de insoportables pesadillas. Algunos, le explica, atribuyen el fenómeno a la presencia de antiguos fantasmas, despertados por la labor de arqueólogos y constructores en las viejas tumbas de la zona. Después, el jugador de croquet llega a convencerse de que Cainmarsh es un mito, y de que ante la quiebra del mundo civilizado (por el avance del totalitarismo) el desconocido, demasiado sensible, ha reducido la realidad «a las dimensiones de una alucinación para eliminarla de sus pensamientos». Borges escribió sobre esta novela: en H, n.º 1425 (1937) y n.º 1449 (1937); en S, n.º 34 (1937).

    ↩ Volver al texto
  602. [602] Elsa Astete Millán, cuya hermana Alicia estaba casada con Néstor Ibarra.

    ↩ Volver al texto
  603. [603] En 1912, el hombre de negocios armenio Caluste Gulbenkian alentó la formación de una Compañía turca de petróleo, reservándose el cinco por ciento de los beneficios, base de su inmensa fortuna.

    ↩ Volver al texto
  604. [604] «Casanova secreto» (1958).

    ↩ Volver al texto
  605. [605] Muertes de perro (1958).

    ↩ Volver al texto
  606. [606] Hobbes tradujo la Odisea y la Ilíada en 1672; John Ogilby, la Ilíada en 1660 y la Odisea en 1665.

    ↩ Volver al texto
  607. [607] Essay on Criticism (1711), II: «True Wit is Nature to advantage dressed, / What of twas thought, but ne’er so well expressed».

    ↩ Volver al texto
  608. [608] Alusión a BLOY, Léon, La porte des humbles (1920), 20 de mayo de 1916: “Trouvé dans la correspondance de la Princesse Palatine”. Chacun, ici-bas, est le démon chargé de tourmenter un autre»».

    ↩ Volver al texto
  609. [609] Cf. Fedón, 60 a-c y 118 c.

    ↩ Volver al texto
  610. [610] De Consolatione Philosophiae, V.

    ↩ Volver al texto
  611. [611] Borges analiza la chabacana milonga en «Elementos de preceptiva» (1933): afirma que tras el exordio «se desmoronaba en un cúmulo de incongruencias idiotas». Dice que «su revelación me fue deparada en un almacén de campaña cerca del Arapey, a principios del año 31». Pereda Valdés [Cancionero Popular Uruguayo (1947), n.º 143] la cita de este modo: «Soñé que había dos globos, / sin saber a cual subir, / a un punto que dirigí / en un viaje de dos años. / Me llevó a un país extraño / donde los perros volaban, / y las gallinas hablaban / de un modo muy singular, / los gatos sabían bailar / y los burros se afeitaban […]». También la recogen H. J. Becco [Cancionero tradicional argentino (1960), n.º 191] e Isabel Moya [Romancero (1941), II].

    ↩ Volver al texto
  612. [612] Odisea, XI.

    ↩ Volver al texto
  613. [613] «Tu regere imperio populos, Romane, memento / (hae tibi erunt artes), pacisque imponere morem [Eneida, VI, vv. 851-2].

    ↩ Volver al texto
  614. [614] DOUGLAS, Gawin (1474-1522), Virgil’s Aeneid translated into Scottish Verse (p. 1553). Según Pound [The ABC of Reading (1934)], Douglas contaba sobre Virgilio con la ventaja de que «he had heard the sea».

    ↩ Volver al texto
  615. [615] GÜIRALDES, R., «Luna». [El cencerro de cristal (1915)].

    ↩ Volver al texto
  616. [616] [Mi sitio está hecho (mi posición está tomada)]. La frase es la famosa respuesta con que el historiador Réné Aubert, sieur de Vertot (1655-1735), rechazó información adicional, muy dudosa, sobre el sitio de Rodas, destinada a su Histoire des chevaliers hospitaliers de Saint Jean de Jérusalem, appeliez depuis les chevaliers de Rhodes, et aujourd’hui les chevaliers de Malte (1726).

    ↩ Volver al texto
  617. [617] [Cristóbal Colón, / tu gloria no durará mil años. / Haber hecho mil esclavos, / vendidos a los catalanes]. Derniers poèmes (p. 1945).

    ↩ Volver al texto
  618. [618] [Aprobado por el Cónclave, pero no por el firmamento].

    ↩ Volver al texto
  619. [619] [Blande tu lanza; y yo, mi Durendal, / mi buena espada, que el rey me dio]. Chanson de Roland [versión de Petit de Juleville (1878)], XI. Encyclopaedia Britannica, s.v. «Roland, legend of».

    ↩ Volver al texto
  620. [620] ARBERRY, A. J., Classical Persian Literature (1958).

    ↩ Volver al texto
  621. [621] Probable alusión a Samuel Johnson [Lives of the English Poets (1779-81), «Pope»]: «no man loves to be indebted to his contemporaries».

    ↩ Volver al texto
  622. [622] Para la misma confusión, véase la alusión a la Academia Kierkegaard de Prestidigitación Holandesa en B-BC (1946a), V.

    ↩ Volver al texto
  623. [623] Ronda para un cuerpo (1957).

    ↩ Volver al texto
  624. [624] «Hortus conclusus». S, n.º 253 (1958): 48-55.

    ↩ Volver al texto
  625. [625] Encyclopaedia Britannica, Seventh Edition (1838), s.v. «Shakspeare».

    ↩ Volver al texto
  626. [626] Macbeth, V, 5.

    ↩ Volver al texto
  627. [627] «Segundo Sombra y el gaucho que ve el hijo del patrón» [1927. In: Lugones, el apolítico y otros ensayos (1966)].

    ↩ Volver al texto
  628. [628] El Arroyo del Medio es el límite entre la pda. de Santa Fe y la de Bs As (en la que se encuentra San Pedro).

    ↩ Volver al texto
  629. [629] Cuentos de Nochebuena (1946).

    ↩ Volver al texto
  630. [630] Essays of Elia (1823), «New Year’s Eve». Bioy tradujo el párrafo y lo citó en «Ensayistas ingleses» (1948).

    ↩ Volver al texto
  631. [631] «Dormirás muchas horas todavía/sobre la orilla vieja, / y encontrarás una mañana pura/amarrada tu barca a otra ribera». [Soledades (1903), XXI].

    ↩ Volver al texto
  632. [632] [Yo que he ido a donde he ido,/ yo que he visto lo que he visto,/ ¿cómo puedo volver alguna vez a entenderme/ con la atroz, vieja Inglaterra,/ con sus calles bordeadas de casas,/ con sus senderos bordeados de setos,/ con sus párrocos y sus burgueses,/ y descubriéndome al encontrarlos,/ yo, que he sido lo que he sido?].

    ↩ Volver al texto
  633. [633] Es parodia de la letra —recopilada por Manuel M. López— de la tradicional Jota cordobesa: «Viniendo de Buenos Aires / pasando pa’l Tucumán/vi de bailar esta jota / en el barrio El Abrojal…».

    ↩ Volver al texto
  634. [634] Es parodia de la canción infantil: «José se llamaba el padre, / Josefa la mujer / y al hijo que tuvieron /también le pusieron José…». Juan Draghi Lucero [Cancionero popular cuyano (1938), n.º 80] recoge otra parodia: «José se llamaba el fraile / Catalina la mujer… / Y el fraile la iba corriendo / porque la quería… / José se llamaba el fraile…».

    ↩ Volver al texto
  635. [635] HARAUCOURT, Edmond, «Ronde de l’Adieu» (1891).

    ↩ Volver al texto
  636. [636] [Sí, pero morir es partir demasiado]. El literato es Alphonse Allais.

    ↩ Volver al texto
  637. [637] «Cronicón de Macedonio el Déspota». [LB, vol. I, n.º 2 (1957)].

    ↩ Volver al texto
  638. [638] En «Monologando». [Cuentos de Fray Mocho (1906)], José S. Álvarez transcribe las palabras de un ex policía, celoso por el ascenso de un colega: «[…] pa mí s’hizo la milonga “e Morales: Mi madre se llama Clara, / y mi hermana Claridá;/ yo me llamo Francamente…/ ¡Miren que casualidá!”.

    ↩ Volver al texto
  639. [639] Alusión a SHAKESPEARE, The Merchant of Venice, V, 1: «… in such a night, / Troilus methinks mounted the Troyan walls / And sigh’d his soul towards the Grecian tents, / Where Cressid lay that night».

    ↩ Volver al texto
  640. [640] Troilus and Criseyde, I, v. 22.

    ↩ Volver al texto
  641. [641] [blancos nadadores]. «Le Guignon». [Poésies (1887)].

    ↩ Volver al texto
  642. [642] Tamburlaine (1590), IV, 1.

    ↩ Volver al texto
  643. [643] [era capaz de expresar toda la gama de las emociones humanas, de la A a la B.]. Según Anne Edwards [A Remarkable Woman (1985), IX], Parker la habría dicho a la salida del estreno (1933) de la obra The Lake de D. Mashingham y M. MacDonald, refiriéndose a la interpretación de Katharine Hepburn.

    ↩ Volver al texto
  644. [644] QUEVEDO, F. de, «Epístola satírica y censoria contra las costumbres presentes de los castellanos» (p. 1648

    ↩ Volver al texto
  645. [645] [uno es despreciable y el otro no es excelente]. «Life of Milton». [Lives of the English Poets (1779-81)].

    ↩ Volver al texto
  646. [646] Bhagavad Gita, II, 37.

    ↩ Volver al texto
  647. [647] «Life of Milton». [Lives of the English Poets (1779-81)].

    ↩ Volver al texto
  648. [648] «A la manera de Luis de Góngora. Canción al Tajo en Toledo». [LN, 3/5/59].

    ↩ Volver al texto
  649. [649] En Revista Española (Madrid), n.º 1 (1894).

    ↩ Volver al texto
  650. [650] «Life of Milton». [Lives of the English Poets (1779-81)].

    ↩ Volver al texto
  651. [651] Pseudodoxia Epidemica [Vulgar Errors] (1646), II, 2.

    ↩ Volver al texto
  652. [652] Alusión al titiritero don Pipirigallo, personaje de La pájara pinta (1926), de R. Alberti. 489

    ↩ Volver al texto
  653. [653] «Borges no era sistemático para dictar la materia [Literatura inglesa]; arbitrario en sus preferencias y muy capaz de despachar a Milton en una clase y dedicarle varias a la literatura anglosajona, que lo apasionaba en aquel momento, era, en cambio, un crítico original y, si un tema lo entusiasmaba, podía contagiar su fervor». [JURADO (1990): 29].

    ↩ Volver al texto
  654. [654] Cf. BC (1954), XVI.

    ↩ Volver al texto
  655. [655] Según BOTANA (1985): 158, la escritora Blanca Luz Brum decía de Natalio: «Para unos es un santo, para otros Al Capone, pero para mí será siempre mi emperador».

    ↩ Volver al texto
  656. [656] «En [1934]. Botana resolvió publicar en [Montevideo] un hermano gemelo de Crítica, que se llamó Uruguay […] Pero, advenido un gobierno dictatorial, el de don Gabriel Terra, destruyó a Uruguay». [LLANO (1978): 44-7].

    ↩ Volver al texto
  657. [657] «Retrato». [Campos de Castilla (1917)].

    ↩ Volver al texto
  658. [658] En el «Museo» de ABA [n.º 3 (1946)] se cita el fragmento, tomado del Chuang Tzu (1889) de Herbert A. Giles

    ↩ Volver al texto
  659. [659] [¿Qué haría usted si estuviese encerrado en una torre con un niño recién nacido? Br]. Life of Johnson, «26 de octubre de 1769».

    ↩ Volver al texto
  660. [660] Se refiere a «Los afanes» (1962) y «Un matrimonio» (1959), respectivamente.

    ↩ Volver al texto
  661. [661] «Frase exclamativa en que se formula una censura contra alguien y que es sólo eufemismo de un insulto, pues comúnmente se la pronuncia con énfasis muy intencionado: ¡hijo… “el país, etcétera!”. [ABAD (1976), s.v. “Hijo-a”].

    ↩ Volver al texto
  662. [662] Probablemente se trate de los recitados por «Pepino el 88». [José Podestá (18581937)] en el circo Politeama, donde actuó entre 1882-3. Según J. González Carbalho [Estampas de Buenos Aires. CEAL («La Historia Popular»), 1971: 27-9], por entonces existía en Bs As una fuerte rivalidad entre dos carreros: «el Guapo» (de la tropa «El Cardo», del Barrio Norte) y «el Pesao» (de la tropa «El Batitú», del Barrio Sur), que competían en el cuidado de sus carros y en engalanar a sus caballos. Estas inesperadas prolijidades inspiraron los versos: «Da placer al carrerito / en verle seguir su moda, / puro vulevú con soda, / pura fajita bordada. / Che, hermano, me caigo tieso, / puro corte con quebrada».

    ↩ Volver al texto
  663. [663] Probable juego de palabras con agente de policía y cabo.

    ↩ Volver al texto
  664. [664] BAUDELAIRE, C, «L’invitation au voyage». [Les Fleurs du Mal (1857)].

    ↩ Volver al texto
  665. [665] «Melancolía». [El hilo de oro (1924)].

    ↩ Volver al texto
  666. [666] Sinólogos: Arthur Waley (1889-1966), Marcel Granet (1884-1940), James Legge (1815-97), Stanislas-Aignan Julien (1799-1873).

    ↩ Volver al texto
  667. [667] «their right to “life, liberty, and the pursuit of happiness” [su derecho a “la vida, la libertad y la busca de la felicidad”]», frase de la Declaración de Independencia de los EE. UU. (1776), citada por Lincoln en su discurso de Galesburg (7 de octubre de 1858).

    ↩ Volver al texto
  668. [668] [Ossian, el más sublime e ingenuo de los bardos,/ a quien los infieles ingleses llaman Macpherson]. CHURCHILL, Charles, The Profecy of Famine (1763),v v. 269-70.

    ↩ Volver al texto
  669. [669] Noble (Nota de ABC).

    ↩ Volver al texto
  670. [670] [El aventurero está al margen de la ley; (…) la aventura debe comenzar con la huida de casa]. BOLITHO, William, Twelve against the Gods (1929), «Introduction».

    ↩ Volver al texto
  671. [671] No hay ahora en Buenos Aires zapatos importados (Nota de ABC).

    ↩ Volver al texto
  672. [672] Alusión a un episodio del film El secuestrador (1959), de Torre Nilsson, con guión de Beatriz Guido.

    ↩ Volver al texto
  673. [673] The Unwobbling Pivot and the Great Digest (1947); The Translations of Ezra Pound (1953); The Classic Anthology Defined by Confucius (1954).

    ↩ Volver al texto
  674. [674] La deshumanización del arte (1925).

    ↩ Volver al texto
  675. [675] DALLAS, Eneas S., Poetics; An Essay on Poetry (1852).

    ↩ Volver al texto
  676. [676] Ad Pyrrham; A Polyglot Collection of Translations of Horace’s Ode to Pyrrha (Book 1, Ode 5). [Oxford: OUP 1959], editado por Ronald Storrs.

    ↩ Volver al texto
  677. [677] [una típica cara del siglo XVIII]. History of English Literature (1912). Sobre Meredith, cap. XXXVI; sobre Coleridge, cap. XXXII.

    ↩ Volver al texto
  678. [678] «Omar Jaiyám y Fitzgerald» (1925). La versión de los Rubáiyat es la de su padre, publicada en Pr2, n.º 5 y n.º 6 (1925).

    ↩ Volver al texto
  679. [679] Juan Álvarez Gato (1445-1510), poeta español. Antonio Sánchez Barbudo (191095), periodista y crítico español.

    ↩ Volver al texto
  680. [680] KASSNER, Rudolph, «Thomas de Quincey». [ABA, n.º 13 y n.º 14 (1947)].

    ↩ Volver al texto
  681. [681] Travels in Arabia Deserta (1888).

    ↩ Volver al texto
  682. [682] Rimas sacras (1614), Soneto XIV.

    ↩ Volver al texto
  683. [683] Op. cit., Soneto XVIII.

    ↩ Volver al texto
  684. [684] «Querido manso mío, que viniste…». [Rimas (1609)].

    ↩ Volver al texto
  685. [685] PÚA, Carlos de la, «Barone». [La crencha engrasada (1928)].

    ↩ Volver al texto
  686. [686] «Kipling». [Poetry and Poets (1957)].

    ↩ Volver al texto
  687. [687] Works (Boston, 1851-5), en veinte volúmenes.

    ↩ Volver al texto
  688. [688] A Flame in Sunlight; The Life and Work of Thomas de Quincey (1936).

    ↩ Volver al texto
  689. [689] Cf. BIANCO. J., La pérdida del reino (1978), II: «En la conversación [Wienert] reparaba sus deslices gramaticales, por pequeños que fueran, y no se perdonaba ningún error en una conjunción disyuntiva o copulativa […]: “Respeta los útiles de trabajo o… no… u, sí, digo bien, u objetos cualesquiera de las personas mayores”».

    ↩ Volver al texto
  690. [690] Juego de palabras con la expresión «Tu trembles, carcasse! [¡Tiemblas, cuerpo mío!], atribuida al mariscal Henri de Turenne (1611-75).

    ↩ Volver al texto
  691. [691] Ernest de Selincourt (1870-1943) editó Wordsworth’s Guide to the Lakes (1906), Letters of William and Dorothy Wordsworth (1935-9), George and Sarah Green: A Narrative by Dorothy Wordsworth (1936), Journals of Dorothy Wordsworth (1942) y, con Helen Darbishire, Poetical Works de William Wordsworth (1940-9).

    ↩ Volver al texto
  692. [692] LEAVIS, Frank Raymond, The Great Tradition: George Eliot, James, and Conrad (1948).

    ↩ Volver al texto
  693. [693] The Meaning of Meaning (1923, en colaboración con C. K. Ogden), Principies of Literary Criticism (1924), Science and Poetry (1925), Practical Criticism (1929), The Philosophy of Rhetoric (1936).

    ↩ Volver al texto
  694. [694] Se presentaron finalmente tres listas: la Democrática, que postulaba a Borges (y en la que Bioy aparecía como vocal); la de Acción Gremial, que postulaba a Petit de Murat; la Unión de Escritores Democráticos, que postulaba a Estrella Gutiérrez

    ↩ Volver al texto
  695. [695] «Existe ansiedad en ambas orillas del Plata por la extraña desaparición del embajador del Uruguay en esta capital, señor Mateo Marques Castro, quien el viernes [12] se ausentó en el vapor de la carrera para Montevideo y que visto a medianoche en el comedor de la nave, no desembarcó en aquel puerto, hallándose su equipaje solamente en el camarote». [LN, 13/6/59].

    ↩ Volver al texto
  696. [696] Cf. el relato de Borges de la muerte de Leonor Suárez Haedo (1837-1918), su abuela: «She was a lady of impeccable Victorian decorum. But on dying, she said the first four-letter word in her life: “Carajo, basta de sufrir”». [MONEGAL (1978): 474]. Cf. también «Variación» (1970): «Doy gracias por aquella señora anciana que, con la voz muy tenue, dijo a quienes rodeaban su agonía “Dejenmé morir tranquila” y después la mala palabra, que por única vez le oímos decir».

    ↩ Volver al texto
  697. [697] [inmóvil como una nube] «Resolution and Independence». [Poems (1807)], XI.

    ↩ Volver al texto
  698. [698] [visionarios y profetas] «Intimations of Immortality from Recollections of Early Childhood». [Ib.].

    ↩ Volver al texto
  699. [699] [semejante conocimiento] «Defects of Wordsworth’s Poetry». [Biographia Literaria (1817)].

    ↩ Volver al texto
  700. [700] «Resolution and Independence». [Ib.], VIII.

    ↩ Volver al texto
  701. [701] La Poésie de Stéphane Mallarmé (1921).

    ↩ Volver al texto
  702. [702] Cf. «Los afanes» (1962).

    ↩ Volver al texto
  703. [703] Mulata, nunca pensé, guajira cubana difundida a fines de los años veinte por el cantaor flamenco Manuel Escacena.

    ↩ Volver al texto
  704. [704] «Books». [The Prelude (p. 1850), V].

    ↩ Volver al texto
  705. [705] [La virtud aperitiva de una llave]. Pensées (1670), 56 [Edición Brunschvicg].

    ↩ Volver al texto
  706. [706] A propósito de Morel-Fatio, Groussac dice: «Citaré el siguiente [traspié], en gracia de su brevedad y también porque permite calar la erudición hispánica del “pisa hormigas”». [«El romanticismo francés» (1920), III].

    ↩ Volver al texto
  707. [707] Ilíada, XXII, vv. 263-4.

    ↩ Volver al texto
  708. [708] Op. cit., XXII, V V.5 52-9.

    ↩ Volver al texto
  709. [709] Episodio narrado en la Heimskringla, IX, 91, de Snorri Sturluson. Muy apreciado por Borges, el fragmento reaparece constantemente en sus textos y antologías.

    ↩ Volver al texto
  710. [710] Elijah Fenton (1682-1730) y William Broome (1689-1745) colaboraron en la versión (1725-6) de Pope: Broome tradujo en forma indirecta, según la versión francesa de Mme. Dacier (1708).

    ↩ Volver al texto
  711. [711] Pope, deseoso de publicar sus cartas, pero temeroso de que esto fuera visto como un rasgo de vanidad, fingió que, siéndole sustraídas, alguien las había impreso clandestinamente. De esta forma, justificó esa edición «no autorizada» y una nueva, esta vez en defensa de su buen nombre. Irónicamente, las cartas no suscitaron el menor interés del público: «nor do I remember that it produced either public praise or public censure», concluye Johnson. Nótese que en «El dios de los toros» (1942), dedicado «a la memoria de Alexander Pope», el poeta Anglada, buscando que se hable de sus cartas, alega falsamente que le han sido robadas.

    ↩ Volver al texto
  712. [712] Os Sertôes (1905), «O homem», III. Se refiere al sertanejo.

    ↩ Volver al texto
  713. [713] Ib., «A terra», IV.

    ↩ Volver al texto
  714. [714] Todas destacan lo prudente de callar. «Mum’s the word» fue acuñada por George Colman en su Battle of Hexham (1808), II, 1.

    ↩ Volver al texto
  715. [715] Cf. GROUSSAC, P., Cervantes y el Quijote, II (1919): «Este nombre [Sancho] vino —por lo menos desde el siglo XV— a aplicarse en España al cerdo, de ahí la designación más común del animal en la América española [i.e., chancho]».

    ↩ Volver al texto
  716. [716] «Fue celebrada, en la Sociedad Argentina de Escritores, el 16 de junio de este año, la fundación de la rama argentina de la “Dickens Fellowship” […] Abrió el acto Miguel Alfredo Olivera, secretario-fundador de la nueva entidad, quien —de chaleco rojo y gran flor en el ojal, como usaba Dickens— hizo una evocación del escritor en la época de las lecturas públicas. Hizo oír, entonces, al público, un pasaje cómico del proceso Pickwick-Bardell. Después, la tesorera […], Alicia Jurado, vestida a la manera de las damas de la época de Dickens, sirvió un ponche. Borges, presidente honorario, dio un breve discurso». [Sociedad Argentina de Escritores; 1959-1961: 101-2].

    ↩ Volver al texto
  717. [717] «Samuel Johnson» (Edimburgh review septiembre 1831).

    ↩ Volver al texto
  718. [718] «The Morality of the Profession of Letters» (1881).

    ↩ Volver al texto
  719. [719] «En torno a Arlt». [Casa de las Américas (La Habana), n.º 5 (1961)].

    ↩ Volver al texto
  720. [720] «Mientras Pedro Henríquez Ureña y Amado Alonso mantenían una discusión compuesta de precisiones eruditas, Mastronardi comentaba para sí, pero audiblemente, “Datos, fechas, fechas, datos”». [BIOY CASARES, «Reportajes». In: MARTINO, D., ABC de Adolfo Bioy Casares. Emecé, 1989].

    ↩ Volver al texto
  721. [721] Der Wanderer und sein Schatten (1880), aforismo 109.

    ↩ Volver al texto
  722. [722] «Combate naval». [Los arrecifes de coral (1901)].

    ↩ Volver al texto
  723. [723] My Philosophical Development (1959).

    ↩ Volver al texto
  724. [724] El filósofo austríaco Alexius Meinong (1853-1920) sostuvo la Gegenstandstheorie, según la cual hay dos tipos de objetos, los que tienen existencia propiamente dicha (Existenz) y los que tienen sólo subsistencia (Bestand). Así, objetos contradictorios, como círculos cuadrados, etc., en cuanto concebibles y predicables tienen cierto grado de existencia.

    ↩ Volver al texto
  725. [725] Russell [The Analysis of Mind (1921), I] glosa la Gegenstandstheorie y explica que según ésta el objeto del pensamiento «may be something imaginary, like a golden mountain or it may even be something self-contradictory, like a round square».

    ↩ Volver al texto
  726. [726] [La dama es oscura… La dama es joven… ¡La dama es horrible!]. COLLINS, W. W., The Woman in White (1860), I, 6.

    ↩ Volver al texto
  727. [727] Du BELLAY, Joachim, Les Antiquitez de Rome (1558), Soneto III («Nouveau venu, qui cherches Rome en Rome»), imitado a su vez por Quevedo [«A Roma sepultada en sus ruinas». In: El Parnaso Español (1648), Musa I] y traducido por Edmund Spenser en «The Ruins of Rome». [Complaints (1591)]. Boswell [Life of Johnson, «9 de abril 1778»] cita: «Lo que era Firme huió solamente / Lo Fugitivo permanece y dura»; Johnson, a Vitalis: «immota labescunt; / Et quae perpetuò sunt agitata manent».

    ↩ Volver al texto
  728. [728] [La tierra perdura; / las estrellas permanecen, / brillan sobre el viejo mar; / antiguas son las costas; / pero, ¿dónde están los hombres viejos? / Yo, que tanto he visto, / jamás los vi]. «Hamatreya». [Poems (1847)].

    ↩ Volver al texto
  729. [729] De los libros editados por la Casa Maucci de Barcelona y Bs As.

    ↩ Volver al texto
  730. [730] Obra (1912) atribuida al poeta Carlos Anglada, en «El dios de los toros» (1942).

    ↩ Volver al texto
  731. [731] «Nothing but a sense of duty could carry any European through the Koran». [On Heroes (1841), II].

    ↩ Volver al texto
  732. [732] El Espectador (1916-34).

    ↩ Volver al texto
  733. [733] «Sixteen Dead Men». [Michael Robartes and the Dancer (1921)]. Al fusilamiento de los quince jefes del Sinn Fein, Yeats añade el de Roger Casement.

    ↩ Volver al texto
  734. [734] «The Ghost of Roger Casement». [New Poems (1938)].

    ↩ Volver al texto
  735. [735] The Masterpiece and the Man; Yeats as I knew him (1959).

    ↩ Volver al texto
  736. [736] El 21 de septiembre de 1955, las fuerzas revolucionarias, que habían derrocado a Perón el 16, destruyeron a cañonazos el último foco de resistencia: el local, en San Martín 392, de la Alianza Libertadora Nacionalista.

    ↩ Volver al texto
  737. [737] Ulysses (1922), III.

    ↩ Volver al texto
  738. [738] Groussac fue director de la Biblioteca Nacional entre 1885-1929. Clemenceau visitó la Argentina en 1910.

    ↩ Volver al texto
  739. [739] Borges tradujo el título como Hazañas de Dios ejecutadas por medio de los franceses [Prólogo (1949) a La Cruzada de los niños, de M. Schwob]. Colección (1611) de narraciones de las Cruzadas y del reino franco de Jerusalén. En «Otro poema de los dones» (1964), Borges agradece «por el nombre de un libro que no he leído: Gesta Dei per Francos». Groussac [Del Plata al Niágara (1897), VIII] menciona «esa incomparable epopeya de diez siglos —Gesta Dei per Francos».

    ↩ Volver al texto
  740. [740] ¿Alusión a la Gesta Romanorum (1475)?

    ↩ Volver al texto
  741. [741] MARCO AURELIO, Soliloquios, V, 46. SÉNECA, Epístolas, VII.

    ↩ Volver al texto
  742. [742] La fórmula habitual es «Tullius Terentiae suae salutem plurimam dicit».

    ↩ Volver al texto
  743. [743] PERCY, Thomas, Reliques of Ancient English Poetry (1765). GRAVES, Robert, English and Scottish Ballads (1957), versión revisada de su The English Ballad (1927).

    ↩ Volver al texto
  744. [744] Literalmente, «revuelta de mendigos». La guerra de los Ochenta Años (1568-1648), sublevación de los Países Bajos españoles.

    ↩ Volver al texto
  745. [745] Works. Edición (1857-74) de J. Spedding, R. L. Ellis y D. D. Heath.

    ↩ Volver al texto
  746. [746] Träume eines Geistersehers, er läutert durch Träume der Metaphysik (1766).

    ↩ Volver al texto
  747. [747] Anthropologie in pragmatischer Hinsicht (1798).

    ↩ Volver al texto
  748. [748] «[…] la besada plata de las medallas con santos». [«Espléndida marea de lágrimas». In: Marea de lágrimas (1937)].

    ↩ Volver al texto
  749. [749] Soneto «De la brevedad engañosa de la vida» (p. 1623).

    ↩ Volver al texto
  750. [750] «Servía en Orán al rey» (1587).

    ↩ Volver al texto
  751. [751] Obras completas [Madrid: Aguilar, 1935]. Edición de Isabel y Juan Millé y Jiménez.

    ↩ Volver al texto
  752. [752] Enfrentado con Carlos Toranzo Montero (1902-?), comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, el Secretario de Guerra, general retirado Elbio C. Anaya (1888-1986), decidió removerlo el 2 de septiembre, con el acuerdo de Frondizi. El 3, Toranzo Montero inició un levantamiento. Para evitar el choque, Frondizi y Toranzo Montero pactaron: Anaya fue destituido y Toranzo Montero restituido al cargo de comandante en jefe.

    ↩ Volver al texto
  753. [753] Cf. DE QUINCEY, T. Lake Reminiscences of the english Lake Poets (1839).

    ↩ Volver al texto
  754. [754] «La tropilla». [LN, 6/9/59]: «De pronto en la madrugada/ suelo escuchar un cencerro/ sobre el ladrido de un perro/ furioso en la atropellada…/ (Tras la madrina gateada/ —como en el rumbo de un cuento—/ entre las alas del viento/ se me extravió la tropilla:/ por eso me maravilla/ cuando acercarse la siento.)// ¿Qué tono infunde el desvelo?/ Celeste tiene que ser,/ porque al mirarla volver/ se me levanta del suelo…/ Oscuro era en vez el pelo/ de los caballos del caso:/ un testerilla, un picazo,/ un albo y un taba blanca/ y —medio moro en el anca—/ un zaino de sobrepaso […]/ Algunos salvan las cosas/ que no conocen los otros…/ (El irse haciendo entre potros/ no es corretear en baldosas.)/ Hoy con las formas borrosas/ de los sombrajes de palma/ cruzan muy alto la calma/ del cielo como una nube…/ (A la tropilla que tuve:/ ¿quién me la quita del alma?)».

    ↩ Volver al texto
  755. [755] «Quand un vers est bon, il perd son école. Un bon vers de Boileau est un bon vers d’Hugo» (Carta a Louise Colet, del 25 de junio de 1853).

    ↩ Volver al texto
  756. [756] André Malraux visitó Buenos Aires en septiembre de 1959, en calidad de Ministro de Cultura del gobierno de De Gaulle.

    ↩ Volver al texto
  757. [757] Tres domingos (1957), con prólogo de Borges.

    ↩ Volver al texto
  758. [758] «Romance de la pena negra». [Romancero gitano (1928)].

    ↩ Volver al texto
  759. [759] Borges incluye el «Duelo de Filemón Albornoz y Hormiga Negra» en su antología El matrero (1970).

    ↩ Volver al texto
  760. [760] I.e., en el barrio elegante de Bs As, que contrapone al plebeyo Villa del Parque

    ↩ Volver al texto
  761. [761] GILBERT, Stuart, James Joyce’s Ulysses; A Study (1934). En 1952 publicó una edición revisada.

    ↩ Volver al texto
  762. [762] En 1915, Wells, bajo seudónimo, publicó Boon, con un capítulo contra James: «Of Art, of Literature, of Mr. Henry James».

    ↩ Volver al texto
  763. [763] [Zoroastro el Mago, mi niño muerto, / se encontró con su propia imagen que se paseaba por el jardín (dice la Tierra)]. Prometheus Unbound (1820). En esos versos, Borges celebraba la presencia del doble, señal de la inminente ruina de Babilonia [Reseña de BULLRICH, S., La redoma del primer ángel (1944) ].

    ↩ Volver al texto
  764. [764]Porque allí recogí del brezo/y allí guardé en mi pecho / una pluma caída, una pluma de águila! / Bueno, el resto lo olvidé].

    ↩ Volver al texto
  765. [765] The Cameraman (1928), dirigida por Edward Sedgwick, y Our Hospitality (1923), dirigida por B. Keaton y Jack Blystone.

    ↩ Volver al texto
  766. [766] [bajo las estrellas se burló de mí; por tanto, lo maté].

    ↩ Volver al texto
  767. [767] LUCIANO DE SAMOSATA, Historia verdadera.

    ↩ Volver al texto
  768. [768] La expresión Five Towns, para designar el distrito de Stoke-on-Trent (condado de Staffordshire), fue acuñada por Bennett. 561

    ↩ Volver al texto
  769. [769] Cuando trabajaba en la Biblioteca Real de Estocolmo, Strindberg se interesó en la lengua china tras examinar una colección de libros en ese idioma que fuera de la reina Lovisa Ulrika (1720-82), madre del rey Gustavo III. Durante 1877 se aplicó a estudiar el idioma y posteriormente escribió diversos artículos y estudios sobre la cultura china.

    ↩ Volver al texto
  770. [770] Alusión al personaje de Bustos Domecq, Aquiles Molinari, con el que ignoran desdeñosamente a Ricardo Molinari.

    ↩ Volver al texto
  771. [771] Cf. BIOY, ADOLFO (1962): 15: «[Mariano Molina] a su compañera de mesa que, en una cena, comía vorazmente y decía “Tengo tanta hambre como la pantera de Java”, le repuso “La pantera dejaba, pero usted no me deja nada”».

    ↩ Volver al texto
  772. [772] Valéry o la infinitud del método (1955).

    ↩ Volver al texto
  773. [773] AUGIER, Émile, La Mariage d’Olympe (1855), I, 1. Cf. «1810-1960» (1960): «A esta curiosa nostalgie de la boue corresponden, según es fama, el culto de la voz de Gardel y el hecho cíclico de que cada cien años nuestra ciudad, como si renegara de su destino, impone a la República el mismo dictador cobarde y astuto […]».

    ↩ Volver al texto
  774. [774] BOSWELL, Life of Johnson, «10 de abril de 1778».

    ↩ Volver al texto
  775. [775] The Summing Up (1938), III.

    ↩ Volver al texto
  776. [776] El aventurero inglés Trader Horn [Alfred A. Horn] (1861?-1931) recorrió durante largos años el África occidental como traficante de marfil. En 1925 conoció a la novelista sudafricana Ethelreda Lewis, quien lo instó —y ayudó— a escribir sus memorias [Trader Horn (1927)], que tuvieron éxito inmediato.

    ↩ Volver al texto
  777. [777] El frente de la Biblioteca Nacional (Nota de ABC).

    ↩ Volver al texto
  778. [778] Bomarzo (1962).

    ↩ Volver al texto
  779. [779] «El incivil maestro de ceremonias Kotsuké no Suké» (1933).

    ↩ Volver al texto
  780. [780] «This is the Hour». [The Two Gentlemen of Verona, IV, 3].

    ↩ Volver al texto
  781. [781] MF, n.º 24 (1924), «Parnaso satírico». Juego de palabras con Tono menor (1923), obra de F. López Merino.

    ↩ Volver al texto
  782. [782] «Sabat». [Mester de judería (1940)].

    ↩ Volver al texto
  783. [783] «Salmos del combate». [Las montañas del oro (1897)].

    ↩ Volver al texto
  784. [784] Cf. BIOY, ADOLFO (1958): 278-9.

    ↩ Volver al texto
  785. [785] «Talent does what it can; genius does what it must». Son las últimas palabras de Bulwer Lytton.

    ↩ Volver al texto
  786. [786] The Liberal Imagination; Essays on Literature and Society (1950). Borges se refiere al ensayo «Huckleberry Finn», contenido en el libro.

    ↩ Volver al texto
  787. [787] «[…] the river / Is a strong brown god […] [El río es un fuerte dios moreno (…). B]». [ELIOT, T. S., «The Dry Salvages». In: Four Quartets (1944)]. Eliot alude al Mississippi.

    ↩ Volver al texto
  788. [788] En Passe-temps (1929), Propos d’un jour (1947) y sobre todo en el Journal littéraire (1954-66).

    ↩ Volver al texto
  789. [789] [Únete a mí, abrazándome como en sus brazos el fuego]. «Laus Veneris» (1866).

    ↩ Volver al texto
  790. [790] Silvina Ocampo traducía J.B. (1958) para la editorial Sur, que finalmente confió la tarea a Celia Paschero y Juan Carlos Pellegrini. El libro se publicó en 1960.

    ↩ Volver al texto
  791. [791]Tanto, en verdad, he llorado! Las albas acaban con mi paciencia. / Toda luna es atroz y todo sol amargo].

    ↩ Volver al texto
  792. [792] Cf. BC (1994):28.

    ↩ Volver al texto
  793. [793] En 1945, Baeza planeó y dirigió la «Biblioteca Emecé de Obras Universales».

    ↩ Volver al texto
  794. [794] «Ariosto me enseñó que en la dudosa / Luna moran los sueños, lo inasible». [«La luna». S, n.º 260 (1959)]. Cf. Orlando Furioso, XXXIV, 73-75.

    ↩ Volver al texto
  795. [795] En Rabelais (1910) recopila las conferencias pronunciadas durante su visita a la Argentina.

    ↩ Volver al texto
  796. [796] [Arte honesta de peer en sociedad]. Uno de los libros, atribuido a M. Ortuinum, de la biblioteca de San Victor [Pantagruel (1532), VII].

    ↩ Volver al texto
  797. [797] Op. cit., V, 45.

    ↩ Volver al texto
  798. [798] Op. cit., V, 9. En B-SO (1940) fue incluido el fragmento «Cómo descendimos a la Isla de las Herramientas».

    ↩ Volver al texto
  799. [799] Op. cit., III, 13. Borges se refiere a la traducción (p. 1693) del Livre troisième, realizada por Thomas Urquhart (1653-93). En su versión, Urquhart agrega mas de sesenta ejemplos de voces animales que no están en el original francés.

    ↩ Volver al texto
  800. [800] George Moore (1931).

    ↩ Volver al texto
  801. [801] A Journey to the Western Islands of Scotland (1775).

    ↩ Volver al texto
  802. [802] «Lloran los ríos y los arroyos que él cruzara tantas veces: el Cuareim, el Negro, el Cordobés, el Tararias, cien otros». [Vida de Aparicio Saravia (1942), XXX].

    ↩ Volver al texto
  803. [803] «Easter 1916». [Michael Robartes and the Dancer (1921)].

    ↩ Volver al texto
  804. [804] Juego de palabras con Buffach, insecticida, de los primeros que se vendieron con pulverizador. Cf. REGA MOLINA, H., «Estancias a la vidriera de un café». [Domingos dibujados desde una ventana (1928)]: «a la hora en que el dueño distribuye / sus moscas de buffach en el espejo».

    ↩ Volver al texto
  805. [805] «Luz de provincia». [Conocimiento de la noche (1937)], in fine.

    ↩ Volver al texto
  806. [806] B-BC (1946a), I.

    ↩ Volver al texto
  807. [807] «Últimas tardes». [Conocimiento de la noche (1937)].

    ↩ Volver al texto
  808. [808] «Luz de provincia». [Ib.].

    ↩ Volver al texto
  809. [809] Alusión a BERCEO, Gonzalo de, Vida de Santo Domingo de Silos (c. 1230): «Quiero fer una prosa en román paladino, / En qual suele el pueblo fablar á su vecino […]».

    ↩ Volver al texto
  810. [810] Alusión a la frase de Johnson: «[Fielding] was a barren rascal [era un canalla estéril]». [BOSWELL, Life of Johnson, «6 de abril de 1772»].

    ↩ Volver al texto
  811. [811] The Summing Up (1938), XLIX.

    ↩ Volver al texto
  812. [812] Se refiere a la novela Hatter’s Castle (1931) de Archibald J. Cronin.

    ↩ Volver al texto
  813. [813] Six Dramas of Calderón (1853).

    ↩ Volver al texto
  814. [814] [Pero confía / en tus sanos sentidos que despiertan, / y en estos testigos que los confirman, / hasta que toda la historia, / de la que sólo soy un capítulo, te sea revelada, / seguro de que todo lo que ves y oyes / no es locura ni burla]. Life is a Dream (1853), II, vv.242-7. La muy libre traducción de FitzGerald corresponde a La vida es sueño (1636), II, vv.283-8, en que Clotaldo responde al asombrado Segismundo: «Con la grande confusión / que el nuevo estado te da, / mil dudas padecerá / el discurso y la razón; / pero ya librarte quiero / de todas (si puede ser)».

    ↩ Volver al texto
  815. [815] The Woman in White (1860), II, 20.

    ↩ Volver al texto
  816. [816] [Aquiles, dando pasos de gigante, inmóvil].

    ↩ Volver al texto
  817. [817] Quizá China Villamil de Marcó.

    ↩ Volver al texto
  818. [818] [Fina labor de espuma imperceptible]. Alusión a los versos de «Le cimetière marin»: «Quel pur travail de fins éclairs consume / Maint diamant d’imperceptible écume

    ↩ Volver al texto
  819. [819] GÓMEZ DE HERMOSILLA, José, Ilíada (1831); BÉRARD, Victor, L’Odyssée (1924); SEGALÁ Y ESTALELLA, Luis, La Ilíada (1908).

    ↩ Volver al texto
  820. [820] «A un desconocido». [Ocre (1925)].

    ↩ Volver al texto
  821. [821] BANCHS, Enrique, La urna (1911), Soneto XIII.

    ↩ Volver al texto
  822. [822] “Si Garcilaso volviera, / yo sería su escudero;/ […] Mi traje de marinero/se trocaría en guerrera”. [Si Garcilaso volviera]. In: Marinero en tierra (1924)]. Cf. la descripción del poeta Anglada [«El dios de los toros» (1942)], puerilmente trajeado de marinero y munido de un aro y de un monopatín.

    ↩ Volver al texto
  823. [823] Soneto «A Córdoba» (c. 1585).

    ↩ Volver al texto
  824. [824] «Romance del río Duero». [Soria (1941)].

    ↩ Volver al texto
  825. [825] [¡Esta noche, para mañana ha hilado mi mortaja! / Recúbreme con ella, sombría muerte. No sé vivir en soledad]. «Sa fosse est fermée» (1859).

    ↩ Volver al texto
  826. [826] [¡Yo partiré! ¡Steamer de mástiles trémulos, / leva el ancla hacia exóticos climas! / (…) ¡Mas oye, oh corazón, el canto de los marineros!]. «Brise marine» (1865).

    ↩ Volver al texto
  827. [827] [¿Por qué me acuerdo todavía / de ti, de entre todas las mujeres que conocí, / caminando al azar, que es como se encuentran / los casuales romances de las calles, / la Julieta de una noche? Sé / que tu corazón encierra muchos Romeos]. «Stella Maris». [London Nights (1895)].

    ↩ Volver al texto
  828. [828] [No podemos tolerar demasiada realidad]. La cita exacta es: «Human kind / cannot bear very much reality». [«Burnt Norton», I. In: Four Quartets (1944)].

    ↩ Volver al texto
  829. [829] [Bueno, me atreveré a un durazno]. La cita exacta es: «Do I dare to eat a peach?». [«The love song of J. Alfred Prufrock». In: Prufrock and other Observations (1917)].

    ↩ Volver al texto
  830. [830] Mester de Judería (1940).

    ↩ Volver al texto
  831. [831] «El Libertador». [Los poetas argentinos cantan al Libertador (1950)].

    ↩ Volver al texto
  832. [832] Tennyson (1923).

    ↩ Volver al texto
  833. [833] «La tarde». [Las horas doradas (1922)].

    ↩ Volver al texto
  834. [834] Barracas, barrio de Bs As, linda con Avellaneda, localidad del Gran Bs As. Chascomús y Chivilcoy: partidos de la pcia. de Bs As. Palermo y Almagro: barrios linderos de Bs As. Belgrano y Flores: barrios de Bs As.

    ↩ Volver al texto
  835. [835] Humoradas (1886-8), II.

    ↩ Volver al texto
  836. [836] [Bajo los truenos de la superficie, / en las honduras del mar abismal, / el Kraken duerme su antiguo, no invadido sueño sin sueños. / Pálidos reflejos se agitan / alrededor de su oscura forma […] / Yace ahí desde siglos, y yacerá, / cebándose dormido de inmensos gusanos marinos / hasta que el fuego del Juicio Final caliente el abismo. / Entonces, para ser visto una sola vez por hombres y por ángeles, / rugiendo surgirá y morirá en la superficie. B.] «The Kraken». [Juvenilia (1830)]. Borges lo traduce en Manual de zoología fantástica (1957).

    ↩ Volver al texto
  837. [837] «Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares me invitaron a comer una noche: “¿Así que usted había sido pariente de Macedonio Fernández?”, me preguntó Borges. Le aclaré que si bien mi tío abuelo Benjamín Schóó estuvo, en efecto, casado con una hermana de Macedonio, Gabriela Fernández, ésta había enviudado mucho tiempo antes de mi nacimiento y mi familia no mantenía con ella sino relaciones protocolares. Añadí […] que en mi casa Macedonio era visto como un viejo chiflado, un abogado que no ejercía, un bohemio sin redención. Borges quedó estupefacto […]» [SCHÓÓ, Ernesto, «(Des)encuentros con Borges». In: CÓCARO (1987):65].

    ↩ Volver al texto
  838. [838] Por entonces, Hernández escribía con Silvina la pieza teatral La lluvia de fuego: «Con frecuencia, luego de trabajar en La lluvia de fuego, Silvina Ocampo me invitaba a comer. Además de su marido, eran habitualmente comensales su suegro, Adolfo Bioy, un señor mayor, pulcro y ceremonioso, de pómulos altos y bigote mustio, que vivía en la misma casa y parecía un mandarín; Georgie (así llamaban a Borges sus amigos íntimos), y Manuel Peyrou. En una ocasión, Borges quiso saber de qué trataba la obra de teatro […], pero ella, que era supersticiosa, se negó “por cábala” a revelarle el argumento, no así el título, que a él le pareció demasiado lugoniano. “Te equivocas, Georgie —dijo Silvina Ocampo—. No tiene nada que ver con la destrucción de Sodoma y Gomorra del relato de Lugones. La lluvia de fuego es una inocente begonia que adorna los patios tucumanos”. [HERNÁNDEZ, J. J., “La obra de teatro que escribimos con Silvina Ocampo”. LN, 24/10/99].

    ↩ Volver al texto
  839. [839] Vuelta de Martín Fierro, vv. 131-2.

    ↩ Volver al texto
  840. [840] «[…] por el agua de Granada / sólo reman los suspiros». [«Baladilla de los tres ríos». In: Poema del Cante Jondo (1931)].

    ↩ Volver al texto
  841. [841] Dios o demonio adorado por los patagones, según noticias del viaje de Magallanes. Shakespeare lo presenta en The Tempest, I, 2, como el dios de Sycorax. Browning le dedicó el poema «Calibán upon Setebos; or Natural Theology in the Island». [Dramatis personae (1864)].

    ↩ Volver al texto
  842. [842] Borges tuvo siempre especial interés por la obra de J. W. Dunne (1875-1949): reseñó The New Immortality (1938) y escribió «El tiempo y J. W. Dunne» (1952).

    ↩ Volver al texto
  843. [843] Job 9:11 y Job 7, passim.

    ↩ Volver al texto
  844. [844] El diputado José Emilio Visca, presidente del Concejo Deliberante, citado en LN, 24/1/50. Cf. la parodia de Bioy en BC (1971), s.v. «Incomparencia».

    ↩ Volver al texto
  845. [845] [Su Dios (de los sajones) adorarán; / su lenguaje conservarán (como si fuera propio); / su tierra perderán, / todos excepto la salvaje Gales]. Profecía del bardo Taliesin (s. VI), en la que se predice que los britanos serán vencidos y dominados por los sajones. Quizá Borges recita la versión ofrecida por George Borrow [Wild Wales (1862), V]: «And British men / Shall be captives then / To strangers from Saxonia’s strand; / They shall praise their God, and hold / Their language as of old, / But except wild Wales they shall lose their land».

    ↩ Volver al texto
  846. [846] Santiago de Liniers (1907).

    ↩ Volver al texto
  847. [847] Tres domingos (1957).

    ↩ Volver al texto
  848. [848] En CARRIZO (1982): 285-6, Borges recuerda que Romero sabía de memoria su poema «El tango» (1958). Cf. el testimonio de Gustavo Cobo Borda [MONTENEGRO (1990): 70].

    ↩ Volver al texto
  849. [849] Quijote, I, 38. Sigue a la historia de la Infanta Micomicona.

    ↩ Volver al texto
  850. [850] Según Plinio [Historia naturalis, XXIII y XXXIII] y Vitruvio [De Architectura, VIII], los cartagineses habrían usado fuego y vinagre para desintegrar piedras. Cf. Juvenal (Satirae, X, 152-3): «opposuit natura Alpemque nivemque:/ diducit scopulos et montem rumpit aceto». Thomas Browne [Musaeum Claussum (1683)], entre las obras perdidas que enumera, menciona «A punctual relation of Hannibal’s march out of Spain into Italy […]; [que explique] what Vinegar he used, and where he obtained such quantity to break and calcine the Rocks made hot with Fire».

    ↩ Volver al texto
  851. [851] Pronunciado a la francesa: Sheskspír (Nota de ABC).

    ↩ Volver al texto
  852. [852] La cita exacta es: «O Solitude! If I must with thee dwell, / Let it not be among the jumbled heap / of murky buildings [¡Oh, Soledad! Si debo morar contigo, / que no sea entre el confuso montón / de turbios edificios]».

    ↩ Volver al texto
  853. [853] The Summing Up (1938), XXV.

    ↩ Volver al texto
  854. [854] Poemas (1959), edición de veintitrés páginas, hecha imprimir en Colombo por Federico Vogelius.

    ↩ Volver al texto
  855. [855] Obras completas (Madrid, 1950).

    ↩ Volver al texto
  856. [856] «A la patria en 1960» (1960).

    ↩ Volver al texto
  857. [857] Cf. MASTRONARDI (1967): 274-5.

    ↩ Volver al texto
  858. [858] Desde 1960, el diario La Nación entregó anualmente un Premio Literario, con un jurado integrado por Borges, Bioy Casares, Mallea, Leonidas de Vedia y Carmen Gándara.

    ↩ Volver al texto
  859. [859] [(Athelstan,) Dador de brazaletes (rey) / y barón de barones, / él y su hermano… / (…) / mataron con el filo de sus espadas/en Brunanburh, / quebraron la muralla de escudos, / talaron el bosque de tilos (escudos)… / (…) / La estrella solar que se alza por la mañana, / candela de Dios Nuestro Señor, / Señor imperecedero, / flotó sobre la tierra hasta que la espléndida criatura / se hundió en el ocaso]. «Battle of Brunanburh». [Ballads and Other Poems (1880)].

    ↩ Volver al texto
  860. [860] [Para ti fue hecha la casa, / antes que nacieras. / Para ti fue destinada la tierra / antes que salieras de tu madre. / No la hicieron aún. / Su hondura se ignora… B].

    ↩ Volver al texto
  861. [861] «Luna». [El cencerro de cristal (1915)].

    ↩ Volver al texto
  862. [862] «Borges se divertía mucho comentando con la princesa la pasión desaforada (y no correspondida) que había inspirado a una conocida lesbiana». [CANTO (1989): 170].

    ↩ Volver al texto
  863. [863] [La vida tan breve, el arte tan largo de aprender, B] The Parlement of the Foules (1380), «Proem».

    ↩ Volver al texto
  864. [864] Probablemente cita el prólogo de Schiller a su Wallenstein (1799): «Schwer ist die Kunst, vergänglich ist ihr Preis [Serio y pesado es el arte; / fugaces, sus premios]».

    ↩ Volver al texto
  865. [865] Of Mice and Men (1937), V.

    ↩ Volver al texto
  866. [866] La cita exacta es: «The thing I am / Shall make me live». [Esta cosa que soy me hará vivir. B] All’s Well That Ends Well, IV, 3.

    ↩ Volver al texto
  867. [867] «Ibant obscuri sola sub nocte per umbram». [Eneida, VI, v. 268].

    ↩ Volver al texto
  868. [868] «Il divino del pian silenzio verde». [«Il Bove». In: Rime Nuove (1887)].

    ↩ Volver al texto
  869. [869] BLAIR, H., Lectures on Rhetoric (1783); LITTRÉ, M. P. É., Dictionnaire de la langue française (1863-72).

    ↩ Volver al texto
  870. [870] YELLAND, H. L., JONES, S. C. & EASTON, K. S. W., A Handbook of Literary Terms [New York: The Philosophical Library, 1950].

    ↩ Volver al texto
  871. [871] «[…] peinar el viento, fatigar la selva». [Fábula de Polifemo y Galatea (1613), octava 1ª]. En «Las previsiones de Sangiácomo» (1942), se atribuye a Ricardo Sangiácomo el poemario Peinar el viento.

    ↩ Volver al texto
  872. [872] Se refiere al fragmento «Prestigieux, sans doute», atribuido a Aguirre Acevedo [B-BC (1955a)].

    ↩ Volver al texto
  873. [873] Letrilla popular (c. 1880), cuya música fue anotada y publicada por Francisco Hargreaves en 1900. La letra, anónima (no de Villoldo), dice: «Bartolo quería casarse / por gozar de mil placeres / y entre quinientas mujeres / ninguna buena encontró, / pues siendo tan exigente / no halló ninguna a su gusto / y por evitar disgustos / solterito se quedó. // Bartolo tenía una flauta / con un aujerito solo / y su madre le decía: / Tocá la flauta, Bartolo». Se dice que Bartolo existió: era un negro liberado, que ofrecía golosinas por las calles y se anunciaba con un toque de flauta.

    ↩ Volver al texto
  874. [874] OSBORN, Andreas, Joseph Conrad: A Study in Nonconformity (1959).

    ↩ Volver al texto
  875. [875] En ASCASUBI, Hilario, Santos Vega o «Los Mellizos de La Flor» (1872), LV, se describe una partida de truco «hasta el dos».

    ↩ Volver al texto
  876. [876] The Anger of Achilles (1959), «Introduction».

    ↩ Volver al texto
  877. [877] TOMKINS, J. M. S., The Art of Rudyard Kipling (1959).

    ↩ Volver al texto
  878. [878] «[…] y los dos estaban tostados de gran aire». [Don Segundo Sombra (1926), XIII].

    ↩ Volver al texto
  879. [879] The Murder of the Man who was Shakespeare (1956).

    ↩ Volver al texto
  880. [880] Cf. en Hero and Leander (p. 1598), la descripción de Leander, de quien se dice (v. 84) que «in his looks were all that men desire».

    ↩ Volver al texto
  881. [881] [es una costumbre cuyo incumplimiento es más honroso que su observancia]. Hamlet, I, 4.

    ↩ Volver al texto
  882. [882] «Kipling». [Poetry and Poets (1957)].

    ↩ Volver al texto
  883. [883] Cambaceres era su apellido materno.

    ↩ Volver al texto
  884. [884] GARZÓN, Tobías, Diccionario Argentino (1910). SEGOVIA, Lisandro, Diccionario de argentinismos, neologismos y barbarismos (1911). En la acepción de «niño de corta edad, que tiene vivezas, desplantes o habilidades de una persona grande, o que es presuntuoso y altanero». [ABAD (1976)], el vocablo es un argentinismo.

    ↩ Volver al texto
  885. [885] Cf. BC (1997): 95-6.

    ↩ Volver al texto
  886. [886] I.e., a la zona elegante de Bs As.

    ↩ Volver al texto
  887. [887] OCAMPO, Silvina, «Buenos Aires». [Enumeración de la patria (1942)].

    ↩ Volver al texto
  888. [888] Probablemente se trate de la edición de 1959 [London: The Bodley Head] de la traducción de 1939 hecha por Bernard Miall [Chin Ping Mei: The Adventurous History of Hsi Men and his Six Wives], basada en la versión abreviada [Kin Ping Meh, oder die abenteuerliche Geschichte von Hsi Men und seinen sechs Frauen (1930)] de Franz Kuhn.

    ↩ Volver al texto
  889. [889] Representative Men (1850).

    ↩ Volver al texto
  890. [890] «Lake Reminiscences from 1807 to 1830» (1839).

    ↩ Volver al texto
  891. [891] «Rhyme’s sturdy cripple». [«On Donne’s Poetry». In: Literary Remains (p. 1836)].

    ↩ Volver al texto
  892. [892] Poemas de John Donne (1953).

    ↩ Volver al texto
  893. [893] «Those set our hairs, but these our flesh upright». [«To his Mistress Going to Bed». In: Elegies (p. 1633), n.º 19].

    ↩ Volver al texto
  894. [894] [enjaulado en su silla de mimbre]. «Jealousy». [In: op. cit., n.º 1].

    ↩ Volver al texto
  895. [895] [una novela vacía, escrita con desenvoltura]. MOORE, George, Vale (1914).

    ↩ Volver al texto
  896. [896] Spinoza, Epistolae (p. 1677), LVIII. Cf. la versión de Borges y Bioy en el «Museo» de ABA [n.º 10 (1946)].

    ↩ Volver al texto
  897. [897] Se publicó con el título de A máquina fantástica [Río de Janeiro: Expressâo e Cultura, 1974]. En 1986, la editorial Rocco, de Río de Janeiro, la reimprimió con el título de A invencâo de Morel.

    ↩ Volver al texto
  898. [898] Desde niño, Georgie Cottar convive con el minucioso mundo onírico que se ha construido y que recorre cada noche junto a una imaginaria Brushwood Girl. Ya adulto, oficial del ejército inglés, a su regreso de la India conoce a una viuda de Oxford, que resulta ser la niña soñada y que a su vez lo identifica como el Brushwood Boy de sus propios sueños.

    ↩ Volver al texto
  899. [899] [Pero ese artefacto que requiere de ambas manos, en la puerta / aguarda, listo para herir una vez, y ya no volver a herir]. Lycidas (1637), vv.129-30.

    ↩ Volver al texto
  900. [900] TILLYARD, E. M. W., Milton (1930).

    ↩ Volver al texto
  901. [901] [De la que toda Europa habla, de un extremo al otro]. «To Mr. Cyriack Skinner Upon his Blindness» (1645).

    ↩ Volver al texto
  902. [902] [De la que toda Europa resuena, de un extremo al otro].

    ↩ Volver al texto
  903. [903] Alusión a la teoría de Richard Bentley (1662-1742) acerca del editor de Milton. Bentley sostenía que el manuscrito del Paradise Lost estaba lleno de errores, debido a descuidos del amanuense y a la acción de un supuesto editor. Según Bentley, este editor era el responsable de muchos cambios de palabras y aun de frases. Según Jebb [Bentley (1882)], este editor «owes his existence to Bentley’s vigorous imagination».

    ↩ Volver al texto
  904. [904] De Quincey [«Postscript respecting Johnson’s Life of Milton» (1859)] cita el verso como «Whereof all Europe rang from side to side».

    ↩ Volver al texto
  905. [905] ZINCGREFF-WEIDNER, Apophthegmata (1653), III. Cf. San Jerónimo, Epistolae, LVII, 12.

    ↩ Volver al texto
  906. [906] «Por esa época, mensualmente, los domingos, en el popular restaurante Ferrari, situado en la esquina de Sarmiento y Uruguay, empezó a tenderse una larga mesa en torno de la cual nos sentábamos a almorzar un grupo de colaboradores de Nosotros, casi todos literatos». [GIUSTI (1965): 119]. El término almorzáculo fue «inventado por José Ingenieros, jugando con cenáculo». [En SORRENTINO (1974): 41].

    ↩ Volver al texto
  907. [907] Grammatical proviene del griego grammatiké tekné (arte de escribir). En la Edad Media, cuando la Gramática [Grammar] incluía todo conocimiento, aun la magia, surgió en escocés gramarye, en el sentido de encantador, de allí, glamer y, finalmente, ya en el siglo XIX, el vocablo inglés glamourous (i.e., que tiene dones obtenidos por encantamiento).

    ↩ Volver al texto
  908. [908] Berkeley concibió el proyecto [On the Prospect of Planting Arts and Learning in America (1726)], de fundar una universidad en las Bermudas, viajó a América y permaneció (172831) en Rhode Island. Finalmente regresó a Gran Bretaña.

    ↩ Volver al texto
  909. [909] «Enseña cómo todas las cosas avisan de la muerte». [El Parnaso Español (1648), Musa II].

    ↩ Volver al texto
  910. [910] «Essay Supplementary to the Preface». [Poems (1815)].

    ↩ Volver al texto
  911. [911] Denis Saurat (1890-1958), autor de Blake and Modem Thought (1929) y Milton, Man and Thinker (1944).

    ↩ Volver al texto
  912. [912] [Érase un navío, / mejor que un caballo; / érase un deseo, / mejor que un navío, / érase un caballo, / como no se vio nunca, / cabeza de corcel, / pelaje de locura]. «Plein Ciel». [Ciel et Terre (1942)].

    ↩ Volver al texto
  913. [913] KRUTCH, Joseph Wood, Samuel Johnson (1944).

    ↩ Volver al texto
  914. [914] El año X (1960). Wast sostenía que la Revolución de Mayo no se inspiraba en la Revolución Francesa, «anticristiana y demagógica», sino que fue «un movimiento de militares criollos, católicos y amantes del orden», dirigidos por Cornelio Saavedra.

    ↩ Volver al texto
  915. [915] «Canto a la Patria». [LP, 22/5/60].

    ↩ Volver al texto
  916. [916] Música en verso (1922).

    ↩ Volver al texto
  917. [917] «Milonguita /los hombres te han hecho mal». En el lenguaje de la época, una milonguita era una muchacha que dejaba el barrio por la gran ciudad, que rápidamente la corrompía y degradaba al cabaret y a la prostitución.

    ↩ Volver al texto
  918. [918] Paulino Lucero; Aniceto el Gallo; Santos Vega [EUDEBA («Serie del Siglo y Medio «), 1960].

    ↩ Volver al texto
  919. [919] William Shakespeare (1864), I, 2.

    ↩ Volver al texto
  920. [920] Canto a la Argentina (1960).

    ↩ Volver al texto
  921. [921] La estancia Rincón Viejo de los Bioy está a unos 60 km del pdo. de Saladillo.

    ↩ Volver al texto
  922. [922] Cleon, el poeta, responde una carta de su soberano y mecenas, Protos, quien le pregunta si hay alguna esperanza de inmortalidad. Cleon emprende una larga discusión sobre arte y vida, y sobre la inmortalidad artística y, después de exponer la teoría platónica, concluye con una alusión a las prédicas de un tal Paulus sobre Cristo, que descarta como erróneas: «their doctrines could be held by no sane man». Irónicamente, sugiere Browning, ha estado cerca de la verdad, sin advertirlo.

    ↩ Volver al texto
  923. [923] Ilíada; Primera Parte. Aquiles agraviado (1951).

    ↩ Volver al texto
  924. [924] Trayectoria de Goethe (1954).

    ↩ Volver al texto
  925. [925] T. Browne la cita en Urn Burial (1658), V como «slept with Princes and Counsellors»; en su versión de este capítulo, Borges y Bioy la tradujeron como «con Príncipes y Consejeros». [S, n.º 111 (1944)]. Véase también el final de «Bartleby, the Scrivener» (1853) de Melville, cuando el narrador anuncia la muerte de Bartleby, dormido «with kings and counselors». En la versión de Borges, que lo tradujo en 1943 [Bartleby. Emecé («Cuadernos de la Quimera»)]: «¿Eh?, está dormido, ¿verdad? —Con reyes y consejeros— dije yo».

    ↩ Volver al texto
  926. [926] Unirse a la mayoría; en sentido figurado, morir, «ya que los que vivimos somos una minoría, y una minoría provisoria». [Declaración en FERRARI (1998):280].

    ↩ Volver al texto
  927. [927] «Amo a un joven de insólita pureza, / todo de lumbre cándida investido:/ la vida en él un nuevo dios empieza, / y ella en él cobra número y sentido». [«Elegía platónica». In: Canciones y elegías (1932)].

    ↩ Volver al texto
  928. [928] Cf. la encuesta «¿Quién debe ser el próximo Premio Nobel de Literatura?». [Leoplán, n.º 515 (1955)], en la que Bioy y Peyrou sostienen a Reyes.

    ↩ Volver al texto
  929. [929] Prólogo a HENRÍQUEZ UREÑA, P., Páginas escogidas (1946).

    ↩ Volver al texto
  930. [930] «Alles Denken zum Denken nichts hilft». Citado por Eckermann [Gespräche mit Goethe (1836), 24 de febrero de 1824].

    ↩ Volver al texto
  931. [931] «[…] el Aufklarung». [Trayectoria de Goethe (1954), VI, 5].

    ↩ Volver al texto
  932. [932]El blanco Ammon compartió tu lecho! ¡Tu cámara fue el ardiente Nilo! / Y con tu arcaica y curvada sonrisa, contemplaste su pasión llegar y partir].

    ↩ Volver al texto
  933. [933] [Ya no llevaba su chaqueta roja, / porque sangre y vino son rojos]. «The Ballad of Reading Gaol» (1898), I.

    ↩ Volver al texto
  934. [934] [No teníamos nada que decirnos; / porque no nos encontrábamos en la noche sagrada, / sino en el día ignominioso]. Ib., II.

    ↩ Volver al texto
  935. [935] «Caminaba entre los condenados, con su traje gris raído y su gorro de dril en la cabeza». [«Balada de la cárcel de Reading», I]. La traducción de Baeza fue publicada en Poetas líricos ingleses [Jackson («Clásicos Jackson»), 1946] y reimpresa en la «Biblioteca Emecé», en 1951.

    ↩ Volver al texto
  936. [936] [Bajo el vasto y estrellado cielo, / caven la tumba y déjenme yacer ahí. / Viví con alegría y muero con alegría, / y me he acostado a descansar con ganas. // Sea éste el verso que ustedes graben para mí: / «Aquí yace donde quería yacer; ha vuelto el marinero, ha vuelto del mar, / y el cazador ha vuelto de la colina». Br]. «Requiem». [Underwoods (1887)].

    ↩ Volver al texto
  937. [937] Referencia al hotel que aparece en el cuento «When their Fire is Never Quenched». [Uncanny Stories (1923)] de May Sinclair, incluido en B-SO (1940), con el título de «Donde su fuego nunca se apaga».

    ↩ Volver al texto
  938. [938] Les poèmes de l’humour triste, con prólogo de Paul Fort.

    ↩ Volver al texto
  939. [939] CAMPBELL, Roy, Poems of St. John of the Cross (1951). SYMONS, Arthur, «En una Noche Escura», recogida en sus Collected Poems (1902) e incluida finalmente en su Cities and Seacoasts and Islands (1919); de sus Collected Poems la toma Evelyn Underhill, que la cita en su Mysticism (1911), muy apreciado por Borges.

    ↩ Volver al texto
  940. [940] «La original expresión poética de Silvina Ocampo». [Revista Iberoamericana (Pittsburgh), n.º 38 (1954.

    ↩ Volver al texto
  941. [941] Como delegado argentino ante la reunión del PEN Club Internacional, en Río de Janeiro. Bioy Casares cuenta su viaje, del 23 al 30 de julio de ese año, en Unos días en el Brasil (1991).

    ↩ Volver al texto
  942. [942] «El enigma de Shakespeare». [Revista de estudios de teatro, n.º 8 (1964)].

    ↩ Volver al texto
  943. [943] [Estoy saciado de horrores]. Macbeth, V, 5.

    ↩ Volver al texto
  944. [944] Groussac publicó Une énigme littéraire. Le Don Quichotte d’Avellaneda (1903). Menéndez y Pelayo respondió con el prólogo a su edición del Quijote de Avellaneda (1905). Groussac, a su vez, contestó en su primera conferencia sobre «Cervantes y el Quijote» (1919).

    ↩ Volver al texto
  945. [945] La pintura argentina en el siglo XX (1958).

    ↩ Volver al texto
  946. [946] REVEL, Jean-F., Sur Proust (1960).

    ↩ Volver al texto
  947. [947] Cf. BIOY CASARES, «Ensayistas ingleses» (1948).

    ↩ Volver al texto
  948. [948] De la revista El Hogar (Nota de ABC).

    ↩ Volver al texto
  949. [949] DE QUINCEY, T., «Lake Reminiscences from 1807 to 1830» (1839).

    ↩ Volver al texto
  950. [950] «Perhaps the chief offence in Coleridge is an excess of seriousness, a seriousness arising not from any moral principle, but from a misconception of the perfect manner. […] Plato, whom Coleridge claims as the first of his spiritual ancestors, […] holds his theories lightly, glances with a somewhat blithe and naive inconsequence from one view to another, not anticipating the burden of importance views will one day have for men». [«Coleridge’s Writings» (1866)].

    ↩ Volver al texto
  951. [951] ARRIETA, R. A. (editor), Historia de la literatura argentina (1958-60), seis volúmenes. Entre sus colaboradores se contaban Julio Caillet-Bois, A. J. Battistessa, R. F. Giusti, Luis E. Soto, J. Noé, Carmelo Bonet, etc.

    ↩ Volver al texto
  952. [952] Journals (p. 1941).

    ↩ Volver al texto
  953. [953] VEDIA, Leonidas de, Enrique Banchs [ECA, 1964].

    ↩ Volver al texto
  954. [954] GIBBON, E., Páginas de historia y de autobiografía. Universidad de Bs As, Facultad de Filosofía y Letras, Instituto de Literatura Inglesa y Norteamericana, 1961.

    ↩ Volver al texto
  955. [955] [alrededor de su cuarto]. Alusión al título del ensayo de X. de Maistre, Voyage autour de ma chambre (1794).

    ↩ Volver al texto
  956. [956] El príncipe Prem Purachatra (1915-81), famoso crítico y traductor tailandés, dictó la conferencia «Panorama de la literatura tailandesa» en la SADE el 8 de agosto de 1960.

    ↩ Volver al texto
  957. [957] «Some Gentlemen in Fiction» (1888).

    ↩ Volver al texto
  958. [958] Alusión al poema «Books». [The Prelude (p. 1850), V] de Wordsworth. El poeta sueña que, en medio del desierto, se le acerca un beduino a lomos de un dromedario; trae una piedra y un caracol, símbolos de las ciencias y las artes, que debe preservar: la piedra son los Elementos de Euclides; el caracol, la Poesía que profetiza el diluvio inminente. Cuando las aguas irrumpen, el beduino se transfigura en don Quijote y el poeta waked in terror. Cf. «La pesadilla.» (1977).

    ↩ Volver al texto
  959. [959] Fragmento «El centro del infierno» tomado de MURENA, H.A., El centro del infierno (1957). Fragmento «Debajo del cielo», tomado de GIRRI, A., La penitencia y el mérito (1957).

    ↩ Volver al texto
  960. [960] «Del infierno y del cielo» (1954).

    ↩ Volver al texto
  961. [961] Tomados respectivamente de Taylor (citado por Coleridge), de las Memorias de los santos (s. XII) de Attar y de Major Barbara (1905), III. El párrafo de Shaw dice: «He dejado atrás el soborno del cielo. Cuando yo muera quiero que el deudor sea Dios y no yo».

    ↩ Volver al texto
  962. [962] «El soborno del cielo», en p. 12; «El cielo de un valiente», tomado de Bunyan, en p. 13.

    ↩ Volver al texto
  963. [963] Macbeth, I, 5.

    ↩ Volver al texto
  964. [964] Macbeth, II, 4. La cita exacta es: «Are you a man?».

    ↩ Volver al texto
  965. [965] Bioy lo conoció en París, el 21 de mayo de 1951. Según su Diaria «En la reunión de Madame Tézenas un crítico elogiaba la obra de un escritor irlandés. Su último libro era algo maravilloso: “Una locura. Está en la línea de Joyce, de Kafka, de Faulkner”. ¿Qué línea es común a los tres autores? ¿Estar de moda? ¿Producir discípulos, numerosos y atroces?». Borges y Bioy lo parodiarán en «Homenaje a César Paladión» (1964), atribuyendo la obra La línea Paladión-Pound-Eliot a «Farrel du Bosc».

    ↩ Volver al texto
  966. [966] «[Al arribar a Bs As Nemesio Trejo] en el aire flotaba el recuerdo ya casi mitológico […] del pardo Flores, que una noche tibia del verano había llegado desde la calle Larga de la Recoleta trayendo una milonga: “Parao” en las Cinco Esquinas / Con toda mi contingencia, / Por ver si te rompo el alma / Ando haciendo diligencia. Nemesio Trejo comprendió en seguida que el efecto teatral estaba en hacer una pausa dentro del tercer verso». [ANÓNIMO, «Grandeza y miseria del sainete». Qué, n.º 9 (1947)]. Cf. CARELLA (1966): 109.

    ↩ Volver al texto
  967. [967] Cf. «La víctima de Tadeo Limardo» (1942): «… me manda como por un tubo a Villa María»; «El signo» (1946): «… entré como por un tubo en la fonda de la estación».

    ↩ Volver al texto
  968. [968] [Repase su escandinavo antiguo]. Alusión burlesca a la popular colección para aprendizaje de idiomas «Brush Up Your…», publicada en Inglaterra por la editorial Dent desde los años treinta.

    ↩ Volver al texto
  969. [969] «L. de C», autora de Lettre à un Athée avec Délices (1803). El «Athée avec délices». [Véase LANSON, G., Histoire de la littérature française (1894)] es Charles-Julien de Chênedollé (1769-1833).

    ↩ Volver al texto
  970. [970] «The Truth of Masks». [Intentions (1891)]: «[…] to attack it [Archaeology] for any reason is foolish; one might just as well speak disrespectfully of the equator».

    ↩ Volver al texto
  971. [971] «His eldest brother, Hurrell, who was one of the leaders in the new fashion of taking Christianity seriously […]» [«Froude». In: Portraits in Miniature (1931)].

    ↩ Volver al texto
  972. [972] Véase, supra, entrada de febrero de 1950.

    ↩ Volver al texto
  973. [973] Alusión al Prince Zaleski, protagonista de diversos cuentos policiales de Matthew P. Shiel (1865-1947).

    ↩ Volver al texto
  974. [974] Cf. VALÉRY, P., Autres Rhumbs (1927).

    ↩ Volver al texto
  975. [975] «Samuel Johnson». [Critical and Historical Essays (1843)].

    ↩ Volver al texto
  976. [976] DARÍO, Rubén, «Blasón». [Prosas profanas (1894)].

    ↩ Volver al texto
  977. [977] «A Francisca». [Lira póstuma (p. 1921)].

    ↩ Volver al texto
  978. [978] BROWNING, R., «Memorabilia». [Men and Women (1855)]. Según Borges, Alfonso Reyes «tenía el don de encontrar una cita adecuada para cualquier situación humana. Por ejemplo, estuvimos hablando del poeta mexicano Othón. […] Y Reyes me dijo que él había conocido a Othón […]. Y y o entonces, sorprendido, le dije: “Pero, ¿cómo?, ¿usted lo conoció a Othón?”. Y Reyes, encontrando la cita exacta —un verso de Browning—, me dijo: “Ah, did you once see Shelley plain? [¿Usted lo vio de cerca a Shelley?]”». [SORRENTINO (1974): 100].

    ↩ Volver al texto
  979. [979] [Llévate los votos que has hecho,/ hazlos a un lado y sé libre]. ALLINGTON BARNARD, Charlotte Claribel, «Take Back the Heart» (1864).

    ↩ Volver al texto
  980. [980] «Agua y viento». [Agua y viento (1959)].

    ↩ Volver al texto
  981. [981] Soneto «La voz del ojo, que llamamos pedo» [p. 1943]. La lección correcta de la primera línea es ojo, no culo.

    ↩ Volver al texto
  982. [982] Borges lee sima por cima y altera el sentido de los versos: «el requicio barbado de melenas; / esta cima del vicio y del insulto». [«Contra don Luis de Góngora y su poesía» (p. 1613)]. Todas las traducciones ad impromptu se basan en la idea de sima y no de cima. En la primera ed. de La invención de Morel (1940), el náufrago, en un ataque de furia, llama a Morel «Le cul à barbe».

    ↩ Volver al texto
  983. [983] [Tu voz es un bombón que se chupa con la oreja].

    ↩ Volver al texto
  984. [984] Cf. QUEVEDO, F. de, «Al ruiseñor» (p. 1654): «Flor con voz, volante flor, / silbo alado, voz pintada / lira de pluma animada / y ramillete cantor».

    ↩ Volver al texto
  985. [985] Don Segundo Sombra, XXVII.

    ↩ Volver al texto
  986. [986] [Cada uno para sí mismo]. Alusión a la frase del gramático Donato: «Pereant qui ante nos nostra dixerunt [Mueran quienes dijeron antes que nosotros las mismas cosas]», según San Jerónimo [Comentario sobre el Eclesiastés, I)].

    ↩ Volver al texto
  987. [987] En agosto de 1881, el cadáver de Inés de Dorrego fue robado del cementerio de la Recoleta por un misterioso grupo de «Caballeros de la Noche», que exigió rescate. La banda estaba dirigida por un aristócrata belga, Alfonso Kerchowen de Peñaranda. Fueron atrapados casi de inmediato, pero no se los pudo condenar porque el delito no estaba tipificado en la ley [Cf. CAÑAS, J. E., «Los caballeros de la noche: delincuentes sin castigo». TH, n.º 11 (1968): 84-92].

    ↩ Volver al texto
  988. [988] «La víctima de Tadeo Limardo» (1942).

    ↩ Volver al texto
  989. [989] «Luna crepuscular». [Lunario sentimental (1909)].

    ↩ Volver al texto
  990. [990] «Luz de provincia». [Conocimiento de la noche (1937)].

    ↩ Volver al texto
  991. [991] Die Panne; Eine noch mögliche Geschichte (1956). El automóvil de Alfredo Traps, próspero viajante de comercio, sufre un desperfecto; esto lo obliga a pernoctar en un hotel de provincia. Allí conoce a tres ancianos, juristas retirados, que juegan cada noche a los «procesos»; así, han «procesado» a Sócrates, a Juana de Arco, etc. Lo convencen de participar en el juego de esa noche, en calidad de acusado. El «juicio» va revelando que el bienestar de Traps procede de la muerte de su jefe, al que ha reemplazado; también, que esa muerte —por un paro cardíaco— ha sido inducida por el propio Traps. El juego termina en tragedia: cuando es enviado a otro cuarto a esperar el «veredicto», Traps se ahorca.

    ↩ Volver al texto
  992. [992] Macedonio Fernández [ECA, 1961].

    ↩ Volver al texto
  993. [993] The Golden Ass of Apuleius (1950).

    ↩ Volver al texto
  994. [994] FERNÁNDEZ DE ANDRADA, Andrés [atrib.], «Epístola moral a Fabio» (c. 1626).

    ↩ Volver al texto
  995. [995] MANRIQUE, Jorge, «Coplas por la muerte de su padre» (1476).

    ↩ Volver al texto
  996. [996] A la muerte de Elena de Obieta, en 1920, Macedonio escribió «Elena Bella Muerte», «Muerta mimosa tuya quiero ser Elena Bellamuerte», «Cuando nuestro dolor fíngese ajeno», etc., recogidos en Poemas (p. 1953).

    ↩ Volver al texto
  997. [997] Según explica Borges [Prólogo a Macedonio Fernández (1961)], la frase habría sido dicha a propósito de «las turbulentas elecciones que dieron fama al atrio de Balvanera».

    ↩ Volver al texto
  998. [998] Borges publicó el poema en su selección y comentario de «La lírica argentina contemporánea». [In: Cosmópolis (Madrid), n.º 36 (1921)].

    ↩ Volver al texto
  999. [999] Borges y Bioy lo publicaron en Destiempo, n.º 3 (1937).

    ↩ Volver al texto
  1000. [1000] Poemas del hombre: Libro del mar (1922).

    ↩ Volver al texto
  1001. [1001] «Et tout le reste est littérature». [VERLAINE, «Art Poétique». In: Jadis et Naguerè (1884)].

    ↩ Volver al texto
  1002. [1002] Santa Fe (Nota de ABC).

    ↩ Volver al texto
  1003. [1003] [La castidad es la gran paz que sentimos después de copular]. Lady Chatterley’s Lover (1928),

    ↩ Volver al texto
  1004. [1004] El recorrido de los personajes va desde Tolosa hasta Plaza de Mayo, pasando por Ensenada, Quilmes y Avellaneda. La estación de Ezpeleta, en Quilines, está a mitad camino del trayecto citado.

    ↩ Volver al texto
  1005. [1005] Alusión ala novela The Sound and the Fury (1929) de Faulkner, narrada desde el punto de vista de un retrasado. (El título alude a su vez a Macbeth, V, 5, vv.26-27).

    ↩ Volver al texto
  1006. [1006] «Lejanía», recogido en VIGNALE, P. J. y TIEMPO, C, Exposición de la actual poesía argentina (1922-1927) [Minerva, 1927]: 183-4. El verso original dice: «Todo se fue y mis días no fueron de aventura». Borges vuelve a citarlo con esta variante en una charla publicada en LN, 25/8/85.

    ↩ Volver al texto
  1007. [1007] Según M. Gálvez [Entre la novela y la historia (1962), I]: «Un día [Fijman] se enloqueció. Al cabo de muchos meses, salió del manicomio con relativa salud. Después de ese tiempo, durante años, le vi día por día en la Biblioteca Nacional. […]. Fijman llegaba a las doce, hora en que la puerta se abría, y marchábase a las ocho de la noche. […] Leía a los Santos Padres en latín. […] En eso estaba cuando un día, a poco de haber entrado en la Biblioteca, sufrió otro ataque. Lo llevaron al manicomio en donde actualmente se encuentra […]». El primer ataque ocurrió en 1921; el segundo, definitivo, en 1942 [BAJARLÍA (1992): 12-4 y 37],

    ↩ Volver al texto
  1008. [1008] [La felicidad es la única justificación de la vida]. Little Essays (1920).

    ↩ Volver al texto
  1009. [1009] La revista Vea y Lea, fundada en 1946, organizó tres concursos de cuentos policiales. Del primero (1950) fueron jurados Leónidas Barletta, Borges y Bioy. Del segundo (1961), Peyrou, Borges y Bioy. Del tercero (1964), Adolfo Pérez Zelaschi, Rodolfo Walsh, María Angélica Bosco y Donald Yates.

    ↩ Volver al texto
  1010. [1010] Como consecuencia de su carta publicada en LP el 7 de abril, protestando por la entrega, el 16 de marzo, de la Confederación General del Trabajo, intervenida desde 1955, a dirigentes sindicales.

    ↩ Volver al texto
  1011. [1011] Alusión a las Memorias de un vigilante (1897) de J. S. Álvarez («Fray Mocho»), firmadas «Fabio Carrizo».

    ↩ Volver al texto
  1012. [1012] [Y él hizo de su culo una trompeta]. Inferno, XXI, 139. En el mismo canto se mencionan demonios cuyos nombres fueron dados a personajes de «La fiesta del Monstruo». (Graffiacane, Cagnazzo) y de «El hijo de su amigo». (Rubicante, Farfarello).

    ↩ Volver al texto
  1013. [1013] El Premio Literario La Nación de 1961 ofrecía 100.000 pesos a la «mejor novela corta inédita». El original debía tener unas cien páginas.

    ↩ Volver al texto
  1014. [1014] Cf. «Esse est percipi» (1967).

    ↩ Volver al texto
  1015. [1015] Fedón, 114d.

    ↩ Volver al texto
  1016. [1016] Probablemente haya recordado la existencia del poeta José Formento, personaje de Bustos Domecq.

    ↩ Volver al texto
  1017. [1017] Shaw lo describe como un «cheerful, affable young man who is disabled for ordinary business pursuits by a congenital erroneousness which renders him incapable of describing accurately anything he sees, or understanding or reporting accurately anything he hears».

    ↩ Volver al texto
  1018. [1018] Cf. CARELLA (1966): 26: «Cuentan que Almafuerte, en La Plata, vivía frente a un prostíbulo; y que si veía a las pupilas al pasar, quitándose el sombrero, las saludaba: —¡Buenos días, señoras putas! Y cuentan que para Navidad les mandaba pan dulce y vino francés de regalo».

    ↩ Volver al texto
  1019. [1019] PÉREZ ZELASCHI, Adolfo [con el seudónimo de «Leamon»], «Las señales». El cuento fue incluido en Los mejores cuentos policiales (2). [Madrid: Alianza, 1983].

    ↩ Volver al texto
  1020. [1020] Véase OCAMPO, V., «La Navidad de Tagore en Punta Chica». [LN, 7/5/61]: «Hoy se bautizará con su nombre [de Tagore] una callejuela de Punta Chica (partido de San Isidro). La que hoy es calle formaba parte de Miralrío, quinta que alquilé en 1924 para que [Tagore] pasara allí su convalecencia […]».

    ↩ Volver al texto
  1021. [1021] Fedón, 61 b.

    ↩ Volver al texto
  1022. [1022] «[La obra de Rodin] no es expresión, a pesar de sus artificios de débraillé y de su modelado en “bolsa de nueces”». [«La obra de Rodin». In: El viaje intelectual (1904)].

    ↩ Volver al texto
  1023. [1023] Cf. las esculturas cóncavas de Antártido Garay [«El ojo selectivo» (1967)]. En su reseña de Art in England, de R. S. Lambert [H, n.º 1522 (1938)], Borges destaca el artículo de Henry Moore quien «declara que un agujero puede plásticamente ser tan significativo como una masa, y encara la posible ejecución de “estatuas de aire” o sea de esculturas cóncavas, ahuecadas, que limiten y contengan las formas que se quiere manifestar».

    ↩ Volver al texto
  1024. [1024] «Clásicos del Género Policial», en el ciclo «Obras Maestras Philco», por Canal 13, sobre la base de novelas incluidas en «El Séptimo Círculo». En mayo, con dirección de L. Torre Nilsson, se emitió La cabeza del viajero, según Head of a Traveller (1949) de N. Blake. En junio, con dirección de Eduardo Celasco. ¡Hamlet, venganza!, según Hamlet, Revenge! (1937) de M. Innes. En julio, con dirección de Celasco, Los suicidios constantes, según The Case of the Constant Suicides (1941) de J. Dickson Carr.

    ↩ Volver al texto
  1025. [1025] Cf. la versión de E. Orphée [en MONTENEGRO (1990): 59]: «[Y]o conté una vez en la mesa de Adolfo Bioy Casares […] la frase de una señorita de la clase alta sobre lo que podía ser su único defecto. Y la frase era bastante descarada. […] Pero en Borges despertó la menos previsible de las reacciones. Curiosidad. No por el chisme, sino por cuáles serían los motivos para proclamar, en una época de recato, “mi único defecto es que soy un poco puta”. Quizás esa niña no sabía de qué otro modo podía emplear su valentía, dijo».

    ↩ Volver al texto
  1026. [1026] El pez y la manzana (1929).

    ↩ Volver al texto
  1027. [1027] «Menosprécialo todo, que todo tiene conciencia de su condición menospreciable, y así reinarás». [Evangélicas (1915)].

    ↩ Volver al texto
  1028. [1028] «¿Qué es el género policial?». [Vea y Lea, n.º 366 (1961)], adaptado del Repertorio bibliográfico Emecé (1946).

    ↩ Volver al texto
  1029. [1029] «Joven alemán, busca jovencita», de «Carovius». Fundada en 1917 y dedicada principalmente a la difusión de letras de tango, hacia 1920 El Alma que canta incorporó una sección llamada «Versos de la prisión», que publicaba poemas de presidiarios.

    ↩ Volver al texto
  1030. [1030] JESSE, F. Tennyson, «In Death They Were Divided». [Ellery Queen’s Mystery Magazine (New York), n.º 57(1948)].

    ↩ Volver al texto
  1031. [1031] «La casa de Asterión» (1947).

    ↩ Volver al texto
  1032. [1032] Eduardo González Lanuza publicó Los martinfierristas en 1961.

    ↩ Volver al texto
  1033. [1033] Verso de Lope de Vega [Gatomaquia (1634), Silva IV], paródico del exceso culterano. L.V. Mansilla [Entre-nos, III (1889) y IV (1890)] lo cita como ejemplo de audacias que chocan desagradablemente en el castellano. Obviamente, Borges usa la frase para indicar el empeoramiento de una situación de por sí adversa.

    ↩ Volver al texto
  1034. [1034] Los Stocker, con oficina en Paseo Colón 717, eran distribuidores de Ediciones Centurión. La colección no prosperó; en su lugar, Borges y Bioy dirigieron (1962-3) la «Colección Centuria», que publicó a Lugones: El payador, Lunario sentimental y La guerra gaucha.

    ↩ Volver al texto
  1035. [1035] «La muerte de la luna». [Lunario sentimental (1909)]: «Y reina en el espíritu con subconciencia arcaica, / el miedo de lo demasiado tarde».

    ↩ Volver al texto
  1036. [1036] De Homero, no de Joyce (Nota de ABC).

    ↩ Volver al texto
  1037. [1037] Adjudicaron los siguientes premios: Primero: «Las señales», de «Leamon». Segundo: «El banquero, la muerte y la luna», de «Aldebarán». Tercero, ex aequo, a «Transposición de jugadas» de «N. Klimm» y «Ulyses vuelve a matar» de «Aymilus».

    ↩ Volver al texto
  1038. [1038] Rhetorica (1757), III, XVII, 62. Critica Quijote, II, 32.

    ↩ Volver al texto
  1039. [1039] [Estos traficantes de lo obvio]. Cf. WELLS, H.G., The Shape of Things to Come (1933), «Introduction»: «He called me then a Dealer in the Obvious […]».

    ↩ Volver al texto
  1040. [1040] MIGUEL Y NAVAS, Raimundo de y GÓMEZ DE LA CORTINA, Joaquín, Diccionario Latino-Español Etimológico (1867).

    ↩ Volver al texto
  1041. [1041] Literaria, n.º 2-3 (1960-61).

    ↩ Volver al texto
  1042. [1042] Firmados con dos seudónimos diversos; cuentos diversos: uno apenas policial, otro ortodoxamente policial (Nota de ABC).

    ↩ Volver al texto
  1043. [1043] El discurso, que fue incluido por Victoria Ocampo en la sexta serie (1964) de sus Testimonios con el título de «A Borges», comienza con la frase: «Conocí a Borges hace la friolera de 35 años o más». Victoria estuvo presa entre el 8 de mayo y el 2 de junio de 1953 en la cárcel del Buen Pastor, acusada por el régimen peronista de participar en un atentado. Fue liberada por la intervención de Gabriela Mistral.

    ↩ Volver al texto
  1044. [1044] La muerte y su traje [Alcándara, 1961].

    ↩ Volver al texto
  1045. [1045] [vírgenes cuadradas]. «He shall mate with block-square virgins kings shall seek his like in vain». [«Alnaschar and the Oxen». In: Debits and Credits (1926)].

    ↩ Volver al texto
  1046. [1046] Le Journal de Gibbon à Lausanne, 1763-1764 (p. 1945), edición de de G. A. Bonnard.

    ↩ Volver al texto
  1047. [1047] Alusión a COLERIDGE, «Dejection, an Ode» (1802), VI, in fine. «[…] now afflictions bow me down to earth/[…] Till that which suits a part infects the whole,/ and now is almost grown the habit of my soul». En su prólogo a MELVILLE, Benito Cereno. Billy Budd. Bartleby el escribiente [Madrid: Hyspamérica («Biblioteca personal de J. L. Borges»), 1985], Borges comenta que Coleridge tenía «el hábito de la desesperación». Cf. Pájaro de Fuego, n º6 (1978): 40.

    ↩ Volver al texto
  1048. [1048] Ueber ein vermeintliches Recht, aus Menschenliebe zu lügen (1797). Es probable que Borges haya conocido el texto a través de De Quincey, quien lo resume en «On Murder Considered as One of the Fine Arts» (1822).

    ↩ Volver al texto
  1049. [1049] MOYANO DEL BARCO, Silvia, Luz era su nombre. Esta novela, que resultó la ganadora, fue publicada por entregas en LN desde el 12/11/61; en 1962, en libro, por la editorial Kraft.

    ↩ Volver al texto
  1050. [1050] [Ann luce feliz; pero sólo se siente triunfante, exitosa, victoriosa]. Man and Superman (1901), IV, in fine.

    ↩ Volver al texto
  1051. [1051] «May I for my own self song’s truth reckon / Journey’s jargon…». [«The Seafarer». In: Ripostes of Ezra Pound (1912)], que corresponden, en el original, a: «Mæg ic be me sylfum soðgied wrecan, / siþas secgan…». Para una ponderación del «Seafarer» por Pound, véase su The ABC of Reading (1934), V, 2.

    ↩ Volver al texto
  1052. [1052] Guide to Kulchur (1938).

    ↩ Volver al texto
  1053. [1053] Beiträge zu einer Kritik der Sprache (1901-2), IV. Mauthner se ocupa especialmente de los eufemismos referidos a las necesidades fisiológicas y de los vinculados con la prostitución.

    ↩ Volver al texto
  1054. [1054] «El contrabandista negro». [Cinco poemas uruguayos (1935)].

    ↩ Volver al texto
  1055. [1055] The London Adventure (1924). Borges y Bioy lo incluyen en el «Museo» de ABA [n.º 4 (1946)] y en B-BC (1955a), con el título de «El dibujo del tapiz».

    ↩ Volver al texto
  1056. [1056] [la obra sin fundamentos de esta fantasía]. Tempest, IV, 1.

    ↩ Volver al texto
  1057. [1057] [Esta mi mano teñirá en cambio de encarnado los océanos innumerables, volviendo rojo el verde mar]. Macbeth, II, 2.

    ↩ Volver al texto
  1058. [1058] ELLIN, Stanley, «The Speciality of the House» [1948. In: Mystery Stories (1956)].

    ↩ Volver al texto
  1059. [1059] A donde partirá el sábado, para enseñar en la universidad (Nota de ABC).

    ↩ Volver al texto
  1060. [1060] Trabajos de Persiles y Sigismunda (p. 1617), I, 1.

    ↩ Volver al texto
  1061. [1061] Arturo Capdevila se dedicó al estudio de la lepra. En 1960 publicó La lepra; Aportaciones prandiológicas reveladoras

    ↩ Volver al texto
  1062. [1062] La obra (1934) reúne las biografías —escritas en tono provocativo— de J. Mármol, E. Echeverría, C. Guido y Spano, J. Isaacs, O. V. Andrade, E. Carriego, Almafuerte, Rubén Darío, Amado Nervo, J. Rodó, D. F. Sarmiento y J. B. Alberdi.

    ↩ Volver al texto
  1063. [1063] Manuel Gálvez [ECA, 1961].

    ↩ Volver al texto
  1064. [1064] «Sarmiento» (1961).

    ↩ Volver al texto
  1065. [1065] Discurso de recepción en la Academia Francesa (1753).

    ↩ Volver al texto
  1066. [1066] Storia dell’età barocca in Italia (1929).

    ↩ Volver al texto
  1067. [1067] «Shakspeare shaped his characters out of the nature within; but we cannot so safely say, out of his own nature, as an individual person. No! This latter is itself but a natura naturata an effect, a product, not a power». [COLERIDGE, «A Course of Lectures», VII. In: Literary Remains (p. 1836)].

    ↩ Volver al texto
  1068. [1068] «Song to Myself». [Leaves of Grass (1856)].

    ↩ Volver al texto
  1069. [1069] CHAPMAN, Guy, Beckford (1937).

    ↩ Volver al texto
  1070. [1070] Alusión al cuento «Un viaje» (1840) de Felipe Pardo y Aliaga, que describe los interminables preparativos que rodean el viaje que el niño Goyito, de cincuenta y dos años, debe emprender desde Lima hasta Valparaíso.

    ↩ Volver al texto
  1071. [1071] Jorge Luis Borges [ECA («Argentinos en las letras»), 1961].

    ↩ Volver al texto
  1072. [1072] «El lado de la sombra» (1962).

    ↩ Volver al texto
  1073. [1073] Cf. (a). PEYROU, M., «Actores para obras: no obras para divos». [Qué, n.º 1 (1946)]: «Precursor lejano de la invasión de Normandía, [Ibarra] recorrió en 1930 el arroyo Cildáñez en un bote de goma, intentando irrumpir en el partido de Valentín Alsina por un lugar que nuestros estrategos consideraban inexpugnable. Naufragó antes de la hora D, pero no desmayó», (b). PETIT DE MURAT (1980): 74.

    ↩ Volver al texto
  1074. [1074] [Puedes llamarme tranvía porque te deseo]. Alusión a la pieza teatral [A Street-car Named Desire (1947)] de Tennessee Williams

    ↩ Volver al texto
  1075. [1075] Alusión a «La prolongada busca de Tai An» (1942): «El edificio de la calle Deán Funes es una interesante masure de principios de siglo».

    ↩ Volver al texto
  1076. [1076] TÁCITO, Anales, III: «sed praefulgebant Cassius atque Brutus, eo ipso, quod effigies eorum non videbantur». Marie Joseph Chénier [Tibère (p. 1844), 1, 1] dio expresión moderna a la frase: «Brutus et Cassius brillaient par leur absence».

    ↩ Volver al texto
  1077. [1077] En ocho volúmenes (Madrid, 1911-3).

    ↩ Volver al texto
  1078. [1078] Proverbios 26:11.

    ↩ Volver al texto
  1079. [1079] Biathanatos; A Declaration of that Paradoxe or Thesis that Self-Homicide is not so Naturally Sin that it may never be otherwise (p. 1644).

    ↩ Volver al texto
  1080. [1080] Alusión a la amenaza de un nuevo intento de golpe contra el presidente Frondizi. En las elecciones del 18 de marzo, el peronismo había triunfado en cinco provincias: esto desató el movimiento militar que acabaría por deponer a Frondizi el 29 de marzo.

    ↩ Volver al texto
  1081. [1081] Enterado de la deposición de Frondizi, el presidente provisional del Senado, José Mª Guido, se anticipó a los golpistas y juró como presidente el 29 de marzo ante la Corte Suprema de Justicia. Frente al hecho consumado, los militares, comandados por el general Raúl Poggi, terminaron por reconocerlo.

    ↩ Volver al texto
  1082. [1082] Según Fernández Latour, «renunció a [sus estudios de violín] cuando se hicieron evidentes e insuperables sus dificultades para lograr una buena digitación. De mí sé decir que en los muchos años (de 1916 a 1927) en que visité a los Dabove casi todas las tardes, en la quinta paterna, nunca lo vi abrir la caja en que conservaba su instrumento». [LATOUR (1980): 38].

    ↩ Volver al texto
  1083. [1083] La vida es sueño (1636), I, 2.

    ↩ Volver al texto
  1084. [1084] GÓNGORA, Luis de, «Para el principio de la Historia del señor Rey don Felipe II, de Luis de Cabrera» (c. 1614).

    ↩ Volver al texto
  1085. [1085] WAST, Hugo, Vocación del escritor (1931), III, 6.

    ↩ Volver al texto
  1086. [1086] Parodia de la frase de Apeles: «Nulla dies sine linea».

    ↩ Volver al texto
  1087. [1087] Estrenada el 29 de marzo de 1962 en el Teatro Presidente Alvear, con puesta en escena y dirección de Eduardo Cuitiño.

    ↩ Volver al texto
  1088. [1088] El general Enrique Rauch, comandante de Caballería, intentó oponerse a los golpistas, sublevados en La Tablada y comandados por el general Raúl Poggi. Al enterarse de la renuncia y detención del Secretario de Ejército, desistió de su propósito.

    ↩ Volver al texto
  1089. [1089] Flor de greguerías: 1910-1958 [Losada, 1958]: 136. 2

    ↩ Volver al texto
  1090. [1090] Páginas escogidas de Quevedo [Madrid: Calleja, 1917].

    ↩ Volver al texto
  1091. [1091] Alusión a La gloria de Don Ramiro (1908), cuya acción transcurre principalmente en la ciudad de Ávila.

    ↩ Volver al texto
  1092. [1092] Su verdadero nombre era Margarita Carmen Cansino: «Hace unos años un tío de Rita escribía a Buenos Aires un vehemente alegato en favor de la preeminencia del apellido Cansino para su sobrina. Pero el de Hayworth se impuso y el tío no insistió más». [PEYROU, M., «No es una película de tesis». Qué, n.º 3 (1946)]. Según Cansinos-Assens: «Cuando ella figuraba en los carteles como Margarita Cansinos había la probabilidad de un parentesco, desde luego remoto. ¡Pero con Rita Hayworth no tengo afinidad ninguna, aunque la fantasía de los periodistas la haya hecho hija mía!» [«30 preguntas a Cansinos-Assens». Atlántida, n.º 1087 (1957)].

    ↩ Volver al texto
  1093. [1093] Según Estela Canto, en su reseña de El Aleph [S, n.º 180 (1949)] «me refería yo a un estado de ánimo místico; a él le gustó el comentario. […] [Tiempo después] me dijo: “Has sido la única persona que ha dicho eso”, dando a entender que podía haber cierta verdad en la cosa». [CANTO (1989): 15-16].

    ↩ Volver al texto
  1094. [1094] Labyrinths. Selected Stories and Other Writings [New York: New Directions, 1961]. Los textos fueron traducidos por Donald Yates, James Irby, John Fein, Harriet de Onís, Julian Palley, Dudley Fitts y Anthony Kerrigan.

    ↩ Volver al texto
  1095. [1095] GRAY, T., «Elegy written in a Country Church-Yard» (1751). MIRALLA, José A. (17891825), «El cementerio de aldea». Según Ricardo Rojas [Historia de la Literatura Argentina; Los Coloniales (1918), XIV, 5], «la mejor de sus obras [de Miralla] es traducción de la famosa elegía de Gray: El cementerio de aldea, cuya robusta concisión ha sido justamente elogiada por Menéndez y Pelayo, ratificando un juicio de Gutiérrez».

    ↩ Volver al texto
  1096. [1096] GOLDEN, Harry Lewis, Carl Sandburg (1961).

    ↩ Volver al texto
  1097. [1097] Bernard Shaw (1942).

    ↩ Volver al texto
  1098. [1098] Borges, que admira mucho a Shaw, piensa tal vez en la biografía de Yeats escrita por Hone (Nota de ABC). Bioy se refiere a W. B. Yeats; A Biography (1942), de Joseph Hone.

    ↩ Volver al texto
  1099. [1099] BOSWELL, The Life of Samuel Johnson, LL. D. (1791); MURPHY, Arthur, Essay on the Life and Genius of Samuel Johnson (1792); HAWKINS, John, The Life of Samuel Johnson, LL. D. (1787).

    ↩ Volver al texto
  1100. [1100] KRUTCH, Joseph Wood, Samuel Johnson (1944).

    ↩ Volver al texto
  1101. [1101] LEWIS, Dominic B. Wyndham, The Hooded Hawk or The Case of Mr. Boswell (1947).

    ↩ Volver al texto
  1102. [1102] El dramaturgo de «The Private Life» (1889).

    ↩ Volver al texto
  1103. [1103] En agosto de 1958, el presidente Frondizi decidió reglamentar el decreto de 1955 que permitía la creación de universidades privadas. Para lograrlo debió vencer la fuerte oposición estudiantil, encabezada por su hermano, Risieri, rector de la Universidad de Bs As. Tras un debate parlamentario, la ley 14.557 de Enseñanza Libre permitió las universidades privadas, aunque el Estado se reservaba la habilitación profesional.

    ↩ Volver al texto
  1104. [1104] Un paladín de la Riada (1923).

    ↩ Volver al texto
  1105. [1105] «[Fierro es] un fraile federal-oribista con barba y chiripá». [Folletos lenguaraces (1945)].

    ↩ Volver al texto
  1106. [1106] Así Pitágoras [Diógenes Laercio, VIII], Jenófanes [fragm. 11 Diels], Heráclito [fragm. 42 Diels], etc. No así Demócrito [fragm. 21 Diels].

    ↩ Volver al texto
  1107. [1107] [En expresión y estilo, nadie puede escribir mejor que Shakespeare, porque, más allá de sus descuidos, lo hacía lo mejor posible dentro de los límites de las facultades humanas]. «Credo» (1905).

    ↩ Volver al texto
  1108. [1108] L’enfant prodigue (1738), Prefacio.

    ↩ Volver al texto
  1109. [1109] El Premio Literario La Nación de 1962 ofrecía 100.000 pesos al «mejor ensayo (inédito) literario, histórico o filosófico».

    ↩ Volver al texto
  1110. [1110] The Eye Witness (1911), Milton (1938), The Bad Child’s Book of Beasts (1895).

    ↩ Volver al texto
  1111. [1111] «Sir Patrick Spens» (s. XVII): «To Noroway, to Noroway, / To Noroway o’er the faem;/ The king’s daughter o» Noroway/«Tis thou must bring her hame [A Noruega, a Noruega, / a Noruega por sobre la espuma; / a la hija del rey de Noruega / debéis traerla a casa]».

    ↩ Volver al texto
  1112. [1112] «Locomotoras y vagones». [S, n.º 275 (1962). In: Marea de fervor (1967)].

    ↩ Volver al texto
  1113. [1113] «The quality of heat […] [is] the rarest of literary qualities». [Conversations in Ebury Street (1824)]. La expresión «con toda la voz que uno tiene» alude a Vuelta de Martin Fierro, vv. 131-2.

    ↩ Volver al texto
  1114. [1114] Cf., sin embargo, Quijote, II, 62

    ↩ Volver al texto
  1115. [1115] En 1944, la Comisión Directiva de la SADE, integrada por Borges, Bioy, L. Barletta, E. Martínez Estrada y otros, debió emitir un dictamen —que fue absolutorio— sobre «la acusación de plagio, formulada por la Sra. Rebeca de la Vega, propietaria del libro cinematográfico La vida del gran Sarmiento contra los señores Ulyses Petit de Murat y Homero Manzi, autores del libro cinematográfico Su mejor alumno».

    ↩ Volver al texto
  1116. [1116] Escrito en 1813 por Vicente López y Planes: «Oíd, mortales, el grito sagrado: / ¡Libertad!. ¡Libertad!. ¡Libertad! / ¡Oíd el ruido de rotas cadenas! / ¡Ved en trono a la noble igualdad! / […] San José, San Lorenzo, Suipacha, / ambas Piedras, Salta y Tucumán, / la Colonia y las mismas murallas / del tirano en la banda Oriental, / son letreros eternos que dicen: / “¡Aquí el bravo Argentino triunfó! […] // ¡Ya su trono dignísimo abrieron / las Provincias Unidas del Sud! / Y los libres del mundo responden: / ¡Al gran Pueblo Argentino, Salud! // Sean eternos los laureles / que supimos conseguir: / ¡coronados de gloria vivamos /o juremos con gloria morir! […]”.

    ↩ Volver al texto
  1117. [1117] Cf. Mateo 13:46

    ↩ Volver al texto
  1118. [1118] Paradiso, X, vv. 130-1.

    ↩ Volver al texto
  1119. [1119] La vall de Josafat (1921): «Quisiéramos hablar como Demóstenes, escribir como Boccaccio, pintar como Leonardo, saber lo que Leibniz, tener, como Napoleón, un vasto imperio, o como Ruelbeck, un jardín botánico… Quisiéramos ser Goethe». D’Ors no sólo trataba de escribir y hablar como Goethe: en una mascarada de 1947 llegó a disfrazarse de él. José Bergamín [El Heraldo de Madrid, 24 de marzo de 1932] lo llama «seudo-Goethe catalán».

    ↩ Volver al texto
  1120. [1120] Gespräche mit Goethe (1836), 7 y 14 de marzo de 1830.

    ↩ Volver al texto
  1121. [1121] I.e., el caudillo salteño (Güemes), no es menos que el caudillo entrerriano (Urquiza).

    ↩ Volver al texto
  1122. [1122] «El Misionero». [Poesías (1916)], XVI.

    ↩ Volver al texto
  1123. [1123] Ib., VI.

    ↩ Volver al texto
  1124. [1124] Paradise Lost (1667), VII, passim.

    ↩ Volver al texto
  1125. [1125] Macbeth, III, 4.

    ↩ Volver al texto
  1126. [1126] Adolfo Bioy Casares [ECA («Biblioteca del Sesquicentenario»), 1963].

    ↩ Volver al texto
  1127. [1127] «The Murders in the Rue Morgue». [Tales (1845)].

    ↩ Volver al texto
  1128. [1128] «San Martín» (1878), VI.

    ↩ Volver al texto
  1129. [1129] On the Study of Celtic Literature (1866).

    ↩ Volver al texto
  1130. [1130] «[…] los hórridos cantares /que alegran al Sicambro y al Scita / o al Germano tenaz y nebuloso […]» [MENÉNDEZ Y PELAYO, M., «Epístola a Horacio» (1872)].

    ↩ Volver al texto
  1131. [1131] «Don Segundo Sombra». [LN, 12/11/26].

    ↩ Volver al texto
  1132. [1132] «La cuestión “Shakespeare”» (1919), II.

    ↩ Volver al texto
  1133. [1133] El film (1962), de Goffredo Alessandrini, se tituló Mate Cosido.

    ↩ Volver al texto
  1134. [1134] El único número de la revista, de 1929, dirigido por F. L. Bernárdez y L. Marechal, no incluye ningún texto de ese título.

    ↩ Volver al texto
  1135. [1135] Criticón (1651-7), I.

    ↩ Volver al texto
  1136. [1136] «Ponderaba un varón grave y severo el tiempo que roban en España las comedias, y las llamaba Come día, y Come días». [Agudeza y arte de ingenio (1648), XXXII].

    ↩ Volver al texto
  1137. [1137] Martín Fierro, vv. 1299-1300.

    ↩ Volver al texto
  1138. [1138] Alusión a VEGA, Lope de, Rimas sacras (1614), soneto XVIII.

    ↩ Volver al texto
  1139. [1139] «Vertido Baco el fuerte arnés afea/los vasos y la mesa derribada». [Soneto «Al triunfo de Judit». In: Rimas (1609)]. 3

    ↩ Volver al texto
  1140. [1140] «Yo no espero la flota, ni importuno…». [Rimas (1604)].

    ↩ Volver al texto
  1141. [1141] «Suelta mi manso, mayoral extraño». [Ib.].

    ↩ Volver al texto
  1142. [1142] Rimas sacras (1614), soneto XVIII.

    ↩ Volver al texto
  1143. [1143] «Contra don Luis de Góngora» (p. 1643).

    ↩ Volver al texto
  1144. [1144] Peribáñez y el Comendador de Ocaña (1614), II, 3, esc. VIII.

    ↩ Volver al texto
  1145. [1145] Alusión a la copla «Soy del barrio “e Monserrat, / donde relumbra el acero, / lo que digo con el pico / lo sostengo con el cuero”.

    ↩ Volver al texto
  1146. [1146] «El monumento». [Historia de Sarmiento (1911)].

    ↩ Volver al texto
  1147. [1147] In: Bibliografía Argentina de Artes y Letras, n.º 10/11 (1961).

    ↩ Volver al texto
  1148. [1148] Alusión a BAUDELAIRE, Ch., Les Fleurs du mal (1857): «Hypocrite lecteur, —mon semblable—, mon frère!».

    ↩ Volver al texto
  1149. [1149] The Novels and Tales of Henry James (1962-4).

    ↩ Volver al texto
  1150. [1150] [Avergüénzate de callar y dejar que hablen los bárbaros]. Cf. JEBB, R. C., Bentley (1882), IX: «[Bentley] had a good deal of the feeling expressed by the verse, “Shame to be mute and let barbarians speak”».

    ↩ Volver al texto
  1151. [1151] Essay on Man (1733), IV, v. 237.

    ↩ Volver al texto
  1152. [1152] «Patos de la aguachirle castellana». [«A los apasionados por Lope de Vega» (c. 1621)].

    ↩ Volver al texto
  1153. [1153] Véase «Life of Milton». [Lives of the English Poets (1779-81)], donde ataca el Lycidas.

    ↩ Volver al texto
  1154. [1154] Véase, v.g., la enumeración de pastores en Los embustes de Celauro (1614), III, 11: «Vendrá Peloro, Salicio, / Nemoroso, Alfesibeo, / Felipardo, Bosileo, / Pánfilo, Ergasto y Claricio».

    ↩ Volver al texto
  1155. [1155] Wilhelm Meisters Wanderjahre (1821), II. Wilhelm Meister confía a su hijo Félix la Pädagogische Provinz.

    ↩ Volver al texto
  1156. [1156] Una facción apoyaba al gobierno del presidente Guido; la otra, encabezada por el general Federico Toranzo Montero lo condenaba como prolongación del derrocado Frondizi. El 15 de agosto, Toranzo Montero se sublevó en Jujuy, pero fue reprimido.

    ↩ Volver al texto
  1157. [1157] TORRE, G. de, La aventura y el orden (1948).

    ↩ Volver al texto
  1158. [1158] Cuentos fantásticos argentinos [Emecé, 1960].

    ↩ Volver al texto
  1159. [1159] Gespräche mit Goethe (1836), 24 de septiembre de 1827.

    ↩ Volver al texto
  1160. [1160] Genio y figura de Jorge Luis Borges [EUDEBA, 1964].

    ↩ Volver al texto
  1161. [1161] La cárcel y los hierros (1961).

    ↩ Volver al texto
  1162. [1162] Traducción de José A. Miralla del epigrama de Ugo Foscolo contra Vincenzo Monti: «Nei tempi antichi, barbari e feroci, / i ladri s’appendevano alle croci. / Ed ora che siamo in tempi più leggiadri, / s’appendono le croci in petto ai ladri». Al ser condecorado con la Gran Cruz de la R. F. de Alemania, en agosto de 1979, Borges citó los versos, atribuyéndolos a Bartrina y proponiendo una variante: «Del pecho del chambón cuelgan las cruces». [VÁZQUEZ (1996): 304]. En VÁZQUEZ, M. E., «La memoria de Borges o los caminos equivocados». [LN, 19/8/87], se corrige a Borges apoyándose en la carta de un lector.

    ↩ Volver al texto
  1163. [1163] «Luz de provincia». [Conocimiento de la noche (1937)].

    ↩ Volver al texto
  1164. [1164] Enfrentamiento (18-19 de septiembre) entre dos facciones de las Fuerzas Armadas: la de los Azules, en su mayoría oficiales de caballería, católicos, y nacionalistas, y la de los Colorados, oficiales de marina, infantería y artillería, liberales. Los Azules tomaban su nombre del que en los juegos de Estado Mayor se asigna a las fuerzas propias; a su vez, daban a los rivales el nombre de Colorados, esto es, los enemigos. El conflicto culminó con la victoria de los Azules, que sostenían al presidente Guido.

    ↩ Volver al texto
  1165. [1165] Se refiere a la revolución nacionalista que depuso al presidente Ramón Castillo el 4 de junio de 1943.

    ↩ Volver al texto
  1166. [1166] Don Segundo Sombra (1926), II.

    ↩ Volver al texto
  1167. [1167] Ib., I.

    ↩ Volver al texto
  1168. [1168] Ib., II.

    ↩ Volver al texto
  1169. [1169] [un compañero del que poco podía esperarse]. «Milton». [Lives of the English Poets (1779-81).

    ↩ Volver al texto
  1170. [1170] Creada por el gobierno de la Revolución Libertadora para ocuparse de los hechos de corrupción atribuidos al peronismo.

    ↩ Volver al texto
  1171. [1171] SPILLER, Gustav, The Mind of Man (1902).

    ↩ Volver al texto
  1172. [1172] «¡Cómo se ve a su favor cuánto se parece el moribundo a un muerto!». [«La primera noche de cementerio» (1888)].

    ↩ Volver al texto
  1173. [1173] En 1962, Spender había hecho publicar en la revista Encounter, de Londres, «La lotería en Babilonia» (junio); «Las ruinas circulares» y «La biblioteca de Babel» (julio).

    ↩ Volver al texto
  1174. [1174] Prefacio a Back to Methuselah (1921).

    ↩ Volver al texto
  1175. [1175] [Titila, tilila, estrellita. / ¡Cómo me pregunto quién serás!]. TAYLOR, Ann y Jean, «The Star» (1806).

    ↩ Volver al texto
  1176. [1176] El poema es, quizá, «Evocación gallega». [LP, 28/10/28]: «¡Pinos que he cantado un día!… / Decidme, decidme pinos, / vuestra ancestral sinfonía».

    ↩ Volver al texto
  1177. [1177] En el sexto piso (Nota de ABC).

    ↩ Volver al texto
  1178. [1178] De Celia de Diego: Eli, Eli, Lama Sabactani y El forastero; de Pilar de Lusarreta, El manto de Noé, de Antonio Stoll, Los bebedores de sangre

    ↩ Volver al texto
  1179. [1179] Véase el juicio del jurado en LN, 22/10/62. Una selección de «capítulos representativos» apareció en LN, 25/11/62.

    ↩ Volver al texto
  1180. [1180] [comprenderlo todo es perdonarlo todo]. La lección exacta es: «[…] tout comprendre rend très-indulgent […]» [STAËL, Madame de, Corinne ou l’Italie (1807), XVIII, 5]. Borges cita la frase, atribuyéndola a Mme de Staël, con la misma variante, en «El verdugo piadoso» (1948).

    ↩ Volver al texto
  1181. [1181] La famosa marcha Los muchachos peronistas habría sido compuesta en 1948 por Rafael Lauría, obrero gráfico, basándose en la marcha de la comparsa «El Rosedal» que actuaba por los corsos y fiestas de carnaval de Barracas y La Boca desde 1925. Tras oírla en un acto del gremio de los gráficos, en el Teatro Colón, Perón decidió que fuera la marcha partidaria. Para algunos, la música proviene de la marcha Barracas Juniors, de Juan Streiff; para otros, del vals La calandria ciega (1938) de José Figueroa [TONI, L. P., «Un grito del corazón a ritmo de bombo». PP, n.º 512 (1973): 10-3].

    ↩ Volver al texto
  1182. [1182] Según el dictamen, fueron premiados Los nombres de la muerte, de Mª Esther Vázquez, y las obras de Celia de Diego.

    ↩ Volver al texto
  1183. [1183] Fitzgerald realizó una versión abreviada (p. 1887) del Mantiq al Tayr de Farid al-din Attar. Margaret Smith lo tradujo como The Conference of the Birds [London: John Murray («Wisdom of the East»), 1932].

    ↩ Volver al texto
  1184. [1184] Entre otros: Salámán and Absál de Jami (1856); Agamemnon (1865); Oedipus Tyrannus y Oedipus Coloneus (1880-1).

    ↩ Volver al texto
  1185. [1185] Ulysses (1922), III.

    ↩ Volver al texto
  1186. [1186] Azorín (1923).

    ↩ Volver al texto
  1187. [1187] «Es bajo, impetuoso, nervioso, con una barba primeriza, sedosa, negra, terminada en punta; con los ojos grandes —un tanto ingenuos, un tanto melancólicos—; con el pelo que hace sobre la frente un elevado tupé, que él alisa y atusa de cuando en cuando». [Fantasías y devaneos (1920), «Aniversario»].

    ↩ Volver al texto
  1188. [1188] Ib., «Lo castizo».

    ↩ Volver al texto
  1189. [1189] Ib., «La tierra de Castilla».

    ↩ Volver al texto
  1190. [1190] Alusión a «New Year’s Eve». [Essays of Elia (1823)]. Bioy cita —y traduce— el párrafo en su prólogo a Ensayistas ingleses (1948)]: «El sol y el cielo y la brisa y las caminatas solitarias y las vacaciones veraniegas y el verdor de los campos y la delicia de las comidas y los amigos y la copa que reanima y la luz de las velas y las conversaciones junto al fuego y las inocentes vanidades y las bromas y la ironía misma, ¿todo esto se acaba con la vida?».

    ↩ Volver al texto
  1191. [1191] HORACIO Poética, v. 359.

    ↩ Volver al texto
  1192. [1192] Santos Vega (1885), II.

    ↩ Volver al texto
  1193. [1193] [Yo soy el tenebroso —el viudo—, el desolado / Príncipe de Aquitania del castillo abolido; / mi única estrella ha muerto, —mi laúd constelado / ostenta, melancólico, un sol oscurecido, so]. NERVAL, G. de, «El Desdichado». [Les Chimères (1854)].

    ↩ Volver al texto
  1194. [1194] Alusión a la frase de Macedonio Fernández: «Así será, pero eso lo escribió Cervantes para quedar bien con el comisario» [cit. por Borges en su prólogo a Macedonio Fernández. ECA, 1961].

    ↩ Volver al texto
  1195. [1195] Alusión a la serie de Kai Lung (1900-40) de Ernest Bramah Smith (1869?-1942), libros «de naturaleza paródica: fingen ser traducciones del chino». [«Ernest Bramah». H, n.º 1479 (1938)]. Borges y Bioy escribieron à la Kai Lung «La prolongada busca de Tai An» (1942), que naturalmente dedicaron a Bramah.

    ↩ Volver al texto
  1196. [1196] Segunda conferencia sobre «Cervantes y el Quijote» (1919).

    ↩ Volver al texto
  1197. [1197] Dos estudiantes manchegos, de paso por Salamanca, procuran seducir a Esperanza, muchacha apenas entrevista. Acuden al auxilio de don Félix, quien se informa de que la muchacha, tenida por doncella, en realidad ha sido tres veces vendida por su supuesta tía, doña Claudia. Don Félix visita por la noche a Esperanza e intenta comprar sus favores, sin éxito. En medio de una terrible discusión, todos son llevados presos por un corregidor. Los dos estudiantes, enterados, logran salvar a Esperanza.

    ↩ Volver al texto
  1198. [1198] Martín Fierro (1947). Para su criterio, véase LEUMANN, C. A., «Los Nibelungos y el Martín Fierro». [LP, 21/2/43].

    ↩ Volver al texto
  1199. [1199] Martín Fierro, vv. 1199-1238.

    ↩ Volver al texto
  1200. [1200] Colomba (1840), XV.

    ↩ Volver al texto
  1201. [1201] Ib., XVII.

    ↩ Volver al texto
  1202. [1202] Waldo Frank visitó la Argentina en 1930 y en 1942; durante la segunda visita fue agredido por un grupo de nacionalistas.

    ↩ Volver al texto
  1203. [1203] Cf. «La señora mayor» (1970).

    ↩ Volver al texto
  1204. [1204] Alusión a las epopeyas burlescas La Mosquea (1615) de José de Villaviciosa, y La Gatomaquia (1634) de Lope de Vega.

    ↩ Volver al texto
  1205. [1205] Alusión a la serie de Fu-Man-Chou, creada en 1912 por Sax Rohmer quien, a través del personaje, cultivó el thriller basado en el «Peligro Amarillo».

    ↩ Volver al texto
  1206. [1206] Se refiere a la «Selva de verano» —una de las Selvas del año, obra de un tal Ginovés, incluida erróneamente entre la Obra Completa de Gracián en 1700— y en especial al verso en que se llama «Gallinas de los campos celestiales» a las estrellas.

    ↩ Volver al texto
  1207. [1207] «Evaristo Carriego». [Versos de Carriego. EUDEBA, 1964].

    ↩ Volver al texto
  1208. [1208] DAHL, Roald, «Lamb to the Slaughter». [Someone Like You (1953)].

    ↩ Volver al texto
  1209. [1209] «Gracioso y profundo France, eres tan allanado que el almacenero no cree cambiar de ocupación cuando te lee. Leyéndolo, he tratado de reírme, para no perder el ánimo, en los pasajes profundos y quizá por esto estoy desacreditado […]. Porque […] sus pasajes serios me hacen pensar, que es lo que yo esperaba hiciese él por mí, y los chistosos él no los da a la publicidad, por humorismo». [FERNÁNDEZ, M., «Una novela que comienza». In: Papeles de Recienvenido. EUDEBA, 1966].

    ↩ Volver al texto
  1210. [1210] Voluspa o «Visión de la Sibila». [Edda Mayor o Edda Poética o Edda Saemundi].

    ↩ Volver al texto
  1211. [1211] Alusión al verso «Alas, alas, if all should be in vain», del poema «Wasted Days» (1877) de Oscar Wilde.

    ↩ Volver al texto
  1212. [1212] «L’invitation au voyage». [Les Fleurs du mal (1857)].

    ↩ Volver al texto
  1213. [1213] [¡Feliz quien, como Ulises, ha hecho un bello viaje, / o como aquel otro que conquistó el áureo vellocino, / y luego retomó, prudente y atinado, / para vivir entre los suyos el resto de sus días! (…) / Más me place la morada que edificaron mis ancestros, / que las audaces fachadas de los palacios romanos; / más que el duro mármol la suave pizarra, / más el Loira galo que el Tíber latino, / más mi pequeño Liré que el monte Palatino, / y más que el aire marino la dulzura anjevina]. Les Regrets (1558), XXXI.

    ↩ Volver al texto
  1214. [1214] [aquella que él llamaba su dulzura anjevina]. HEREDIA, José María de, «La belle Viole». [Les Trophées (1893)].

    ↩ Volver al texto
  1215. [1215] «De grands massifs défleuris de lilas, des bosquets touffus de platanes et d’érables, poussés le long des balustres de pierre chargés de lierres et de clématites, faisaient un abri vert et serré où s’abbataient des pigeons, où tournaient des abeilles. [Grandes macizos de lilas sin flor, de bosquecitos espesos de plátanos y arces, crecidos a lo largo de las balaustradas de piedra, cargadas de hiedras y clemátides, formaban un abrigo verde y tupido en el que se abatían las palomas, o zumbaban las abejas]». [L’Immortel (1888), IV].

    ↩ Volver al texto
  1216. [1216] En el barrio de Monserrat, no lejos de la sede de la Biblioteca Nacional (por entonces en México 564).

    ↩ Volver al texto
  1217. [1217] Cecilia Ingenieros.

    ↩ Volver al texto
  1218. [1218] Un viejo capitán de marina, ya retirado, obligado a volver a navegar, comanda una pequeña embarcación que recorre mes a mes el mismo trayecto. Esa misma monotonía le permite disimular, por un tiempo, su progresiva ceguera.

    ↩ Volver al texto
  1219. [1219] En la primera mitad de 1963, la facción legalista de las fuerzas armadas buscó integrar a los peronistas, impulsando un Frente Nacional y Popular y formando el partido Unión Popular. La Marina discutió la incorporación del peronismo. En consecuencia, en la madrugada del 2 de abril, se sublevó, al mando del almirante Rojas et alii, buscando tomar el poder e impedir las elecciones. El Ejército, al mando de Onganía, López Aufranc y Lanusse, reprimió el intento entre el 2 y el 5. El Frente se disolvería por discrepancias internas en torno al candidato común.

    ↩ Volver al texto
  1220. [1220] La futura «estirpe subterránea de proletarios». [B-G (1957)], descripta en The Time Machine (1895), de H. G. Wells.

    ↩ Volver al texto
  1221. [1221] La sublevación de los Colorados tuvo sus centros principales en la costa atlántica de la pcia. de Bs As: Puerto Belgrano, La Plata, Bahía Blanca y Mar del Plata. El 2 de abril, los Azules tomaron City Bell. El 3, el jefe de la Flota de Mar (colorada), contralmirante Eladio M. Vázquez (n. 1916), puso fin a las operaciones de la escuadra y volvió a Puerto Belgrano.

    ↩ Volver al texto
  1222. [1222] Alusión a VOLTAIRE, Candide (1759), XXIII: «… dans ce pays-ci il est bon de tuer de temps en temps un amiral pour encourager les autres».

    ↩ Volver al texto
  1223. [1223] Boswell comenta, con sorpresa, que Johnson pronuncia «poonsh». [Life of Johnson, «23 de marzo de 1776»].

    ↩ Volver al texto
  1224. [1224] Alusión a MALLARMÉ, Stéphane, «Brise marine» (1865): «La chair est triste, hélas! et j’ai lu tous les livres».

    ↩ Volver al texto
  1225. [1225] Reden und Gleichnisse des Tschuang-Tse (1910).

    ↩ Volver al texto
  1226. [1226] Die Erzählungen der Chassidim (1949).

    ↩ Volver al texto
  1227. [1227] «Libros y amistad», traducido al francés [«Lettres et Amitié». In: LH: 12-8] por René Outin.

    ↩ Volver al texto
  1228. [1228] Primera conferencia sobre «Cervantes y el Quijote» (1919), III.

    ↩ Volver al texto
  1229. [1229] «Cuando en 1928 yo apresuraba las páginas de mi Vigilia etcétera […], una visita del exquisito estrellador de cielos, y de idiomas, Xul Solar, púsome en grave zozobra. Yo contaba estar escribiendo el libro menos entendido del mundo, y él venía a anunciarme que su sistema de incomunicación, su ininteligible neo-criollo, estaría listo antes de que concluyera el urgente y forzoso remate indefectible de alhajas que durante cuatro años se ha anticipado en la calle Corrientes y Suipacha. Entonces se iba a decir que una vez proporcionado al mundo el idioma de Xul Solar cualquiera podrá escribir libros ininteligibles. Apresuré el mío y creo haber acreditado que no necesito del idioma de Xul Solar: un pensador puede hacer incomprensible, cualquiera, lo que hasta ahora parecía difícil». [FERNÁNDEZ, Macedonio, «Brindis inasistente». In: Papeles de Recienvenido (1929)].

    ↩ Volver al texto
  1230. [1230] Xul Solar era hijo de Emilio Schultz Riga (1853-1925) y de Agustina Solari (1865-1959). Su padre era de Riga; su madre, de San Pietro di Rovereto. Su padre llegó a Bs As en 1873 y fue ingeniero de máquinas de la Penitenciaría Nacional (inaugurada en 1877). Xul trabajó allí durante 1905 y principios de 1906.

    ↩ Volver al texto
  1231. [1231] VIERA, Jorge y PODESTÁ, Edgar, Fermín Estrella Gutiérrez. ECA («Biblioteca del Sesquicentenario»), 1962.

    ↩ Volver al texto
  1232. [1232] «De las comedias poco sabemos (quedándonos el recurso de pensar que aquellas “mejores” sean las perdidas) […]» [Primera conferencia sobre «Cervantes y el Quijote» (1919), III].

    ↩ Volver al texto
  1233. [1233] Pope, en su prefacio a las obras de Shakespeare (1725), aunque en general lo pondera, habla de sus faltas y defectos. Johnson, en el suyo (1765), dice, v.g., que «as we owe everything to him [Shakespeare], he owes something to us; that, if much of our praise is paid by perception and judgement, much is likewise given by custom and veneration». Según Boswell [Life of Johnson, «19 de octubre de 1769»], Johnson sostuvo que «Shakespeare never had six lines together without a fault. Perhaps you may find seven, but this does not refute my general assertion».

    ↩ Volver al texto
  1234. [1234] El Premio Literario La Nación de 1963, «al mejor poema o la mejor serie de poemas de no menos de 150 líneas inéditos».

    ↩ Volver al texto
  1235. [1235] «El retorno de los persas», que apareció en LB, vol. I, n.º 1 (1957). En 1964 fue incluido en la antología Cuentos de crimen y misterio (1964), de Juan Jacobo Bajarlía, como «Reencuentro con Jerjes II, Rey de Persia».

    ↩ Volver al texto
  1236. [1236] «Siempre». [Castalia bárbara (1899)].

    ↩ Volver al texto
  1237. [1237] Cuentistas y pintores (1963). La antología incluye sendos cuentos de Borges («Hombre de la esquina rosada»), J. C. Dávalos, L. Barletta, Mateo Booz, A. Cancela, R. Arlt, H. Quiroga, B. Lynch, R. J. Payró y R. Güiraldes.

    ↩ Volver al texto
  1238. [1238] LIU, James J. Y, The Art of Chinese Poetry [London: Routledge & Kegan Paul, 1962]: 6-7.

    ↩ Volver al texto
  1239. [1239] [Fue el día bendito de tu primer beso […] Y creí ver al hada con su brillante sombrero.] «Apparition» (1863).

    ↩ Volver al texto
  1240. [1240] [He aquí frutos, flores, hojas y racimos, / Y he aquí también mi corazón que sólo late por ti. / No lo desgarres con tus blancas manos / y a ojos tan hermosos el humilde presente sea grato. // Llego todavía cubierto de rocío / que el viento matinal ha helado en mi frente. / Permite que mi fatiga, que descansa a tus pies/sueñe con dulces instantes que la solazarían. // Sobre tu joven seno, deja que ruede mi cabeza, / donde aún resuenan tus últimos besos; / déjala apaciguarse de la buena tormenta, / y que yo duerma un poco ya que tú reposas].

    ↩ Volver al texto
  1241. [1241] [Todas las rosas eran rojas, / y toda la hiedra negra. / Amada, por poco que muevas / renacen mis angustias. / El cielo era demasiado azul, demasiado tierno, / el mar demasiado verde, el aire demasiado suave. / Yo temo siempre —¡lo que es esperar!— / una huida atroz de ti. / Del acebo de hoja lustrosa / Y del brillante boj estoy harto. / Y del campo infinito / Y de todo salvo de ti, ¡hélas!].

    ↩ Volver al texto
  1242. [1242] El Guadalquivir, a diferencia del Dauro, no llevaba oro. Cf. declaración en FERRARI (1987): 173: «Con Bioy Casares hemos discutido aquello de: “Oh, gran río, gran rey de Andalucía, / de arenas nobles, ya que no doradas” […] y Bioy me dijo que precisamente esa idea de tal cosa, aunque no otra, era lo que le gustaba a Góngora».

    ↩ Volver al texto
  1243. [1243] «Estos parásitos de las aves, diminutos en el medio habitual, llegan a adquirir en ciertas condiciones proporciones enormes. La sangre humana parece serles particularmente favorable, y no es raro hallarlos en los almohadones de pluma».

    ↩ Volver al texto
  1244. [1244] En la selva, un hombre resbala y cae sobre su machete. El cuento describe brevemente su agonía y su muerte.

    ↩ Volver al texto
  1245. [1245] [He aquí mis manos que jamás han trabajado]. «Ô mon Dieu, vous m’avez blessé d’amour». [Sagesse (1880)].

    ↩ Volver al texto
  1246. [1246] Verlaine (1921).

    ↩ Volver al texto
  1247. [1247] Benjamin Constant (1949).

    ↩ Volver al texto
  1248. [1248] [Tengo a menudo este sueño extraño y penetrante/de una mujer desconocida, a la que amo, y que me ama, / y que nunca es totalmente la misma / ni totalmente otra, y que me ama y me comprende. // Porque ella me comprende, y mi corazón, transparente/sólo para ella, ¡hélas! deja de ser un problema / sólo para ella, y el sudor de mi frente pálida / sólo ella sabe refrescarlo con sus lágrimas. // ¿Es morena, rubia o pelirroja? Lo ignoro. / ¿Su nombre? Lo recuerdo dulce y sonoro / como el de los amados que la vida exilia. // Su mirada es como la de las estatuas, / y, su voz, lejana, calma y grave, tiene / la inflexión de las voces queridas que se han callado].

    ↩ Volver al texto
  1249. [1249] «C’est, vers les ramures grises, / Le choeur des petites voix». [«Ariettes oubliées», I. In: Romances sans paroles (1874)].

    ↩ Volver al texto
  1250. [1250]Ah, las oaristys, las primeras amantes! / El oro de los cabellos, el azul de los ojos, la flor de las carnes, / y después, entre el olor de los cuerpos jóvenes y amados, / ¡la tímida espontaneidad de las caricias!].

    ↩ Volver al texto
  1251. [1251] [Tras empujar la estrecha y tambaleante puerta, / me paseé por el pequeño jardín / que iluminaba dulcemente el sol de la mañana, / adornando cada flor con un resplandor húmedo. // Nada ha cambiado. He vuelto a verlo todo: la humilde glorieta / de parra silvestre con sillas de bejuco… / El surtidor siempre con su murmullo argentino / y el viejo álamo temblón con su llanto sempiterno. // Las rosas palpitan como otrora; como antes, / los grandes lirios orgullosos se balancean al viento. / Cada alondra que pasa me es familiar. // Aun he hallado de pie a la (estatua de la) Velléda, / cuyo yeso se escama, al final de la avenida, / su fina silueta, entre el insípido olor de la reseda].

    ↩ Volver al texto
  1252. [1252] «Le bateau ivre» (1871).

    ↩ Volver al texto
  1253. [1253] Victoria Ocampo reunió sus críticas contra este curioso «Essai de traduction en vers français» (1930) del «Cimetière», hecho por el coronel Godchot, en «Shakespeare or, What you will». [S, n.º 289-90 (1964)].

    ↩ Volver al texto
  1254. [1254] Perséphone [Sur, 1936].

    ↩ Volver al texto
  1255. [1255] Traducido por M. Boyer y H. Morland, se publicó con el título de Dreamtigers [Austin: University of Texas Press, 1964].

    ↩ Volver al texto
  1256. [1256] Véanse declaraciones de Bioy en: El Búho, n.º 5 (1963). [«PREGUNTA: ¿En qué consistirá el Arte poética que está escribiendo? BIOY: Mi poética acaso consistirá en una suerte de extracto de mi experiencia de ese arte. Un ABC o cartilla para escritores que empiezan, con listas de lecturas»]; Cl, 16/12/76 [«Pensamos hacer un libro sobre técnicas literarias o, mejor dicho, una suerte de ordenamiento alfabético, un diccionario de temas literarios, libros y autores. Un poco como el ABC de la lectura de Ezra Pound»]; La Opinión, 14/12/77 [«Hace un tiempo entusiasmé a Borges con la idea de escribir un diccionario de procedimientos literarios, algo así como la retórica desde adentro»].

    ↩ Volver al texto
  1257. [1257] [Bajo el lejano telón de las escarpaduras sombrías, / la luz cae como en mareas de espuma; / y las tristes pampas donde las sombras se alargan / tiemblan vagamente ante la frescura de la noche].

    ↩ Volver al texto
  1258. [1258] [Desde los pantanos, erizados de hierbas altas y ásperas, / desde las arenas, macizos de árboles y los roquedales desnudos; / se elevan, rodando en desorden desde el fondo de las soledades, / suspiros siniestros que no conoce el día. // Entre blancos vapores encendida, la luna, / sobre el limo de una corriente que barbotea sordamente, / fría y dura, a través del espeso ramaje, / hace relucir el lomo rugoso de los caimanes. // Unos, estirando morosamente sus patas torcidas a lo largo de la orilla, / chasquean hambrientos sus mandíbulas de hierro; / otros, como troncos cubiertos de ásperas cortezas, / yacen con las fauces entreabiertas a las corrientes de aire].

    ↩ Volver al texto
  1259. [1259] [Pero entonces (el jaguar) se calla, y, como un bloque de piedra, / inmóvil, se hunde en medio del ramaje: / un gran toro de las pampas ha entrado en el claro, / cuernos en alio y dos chorros de humo en los ollares].

    ↩ Volver al texto
  1260. [1260] [el ojo entrecerrado y el hocico hacia adelante].

    ↩ Volver al texto
  1261. [1261] The Song of Hiawatha (1855).

    ↩ Volver al texto
  1262. [1262] POE, Edgar Allan, «A mi madre». [H, n.º 1279 (1934)].

    ↩ Volver al texto
  1263. [1263] «Les premières communions» (c. 1871).

    ↩ Volver al texto
  1264. [1264] «Yo no recuerdo / a qué edad, / ni dónde, / si en el gran Sur mojado / o en la costa / temible, bajo el breve/grito de las gaviotas, / toqué una mano y era / la mano de Walt Whitman: […] Pero no sólo/tierra / sacó a la luz / tu pala: / desenterraste / al hombre / y el / humillado / esclavo, / contigo, balanceando / la negra dignidad de su estatura, / caminó conquistando / la alegría». [«Oda a Walt Whitman». In: Nuevas odas elementales (1956)].

    ↩ Volver al texto
  1265. [1265] «[…] he dejado de ver tu barba llena de mariposas». [«Oda a Walt Whitman». In: Poeta en Nueva York (1929-30)].

    ↩ Volver al texto
  1266. [1266] «Así es la vida, Federico, aquí tienes / las cosas que te puede ofrecer mi amistad / de melancólico varón varonil». [«Oda a Federico García Lorca». In: Residencia en la tierra. Segunda parte (1931-5)].

    ↩ Volver al texto
  1267. [1267] «El crimen fue en Granada». [La guerra (1937)].

    ↩ Volver al texto
  1268. [1268] «Walt Whitman». [Humoresca (1929)].

    ↩ Volver al texto
  1269. [1269] ¿«Rugby Chapel». [New Poems (1867)]?

    ↩ Volver al texto
  1270. [1270] An Account of the Manners and Customs of the Modern Egyptians (1836).

    ↩ Volver al texto
  1271. [1271] Borges y Bioy incluyeron su traducción [«La verdad sobre el caso de M. Valdemar»] en B-SO (1940). Cortázar tradujo el cuento en 1956 [POE, E. A., Obra en prosa. Madrid: Revista de Occidente].

    ↩ Volver al texto
  1272. [1272] Borges tradujo dos veces el poema: con M.ª E. Vázquez [B-V (1966)]; con M.ª Kodama [B-K (1978)].

    ↩ Volver al texto
  1273. [1273] Alusión al poema de Lugones [In: Los crepúsculos del jardín (1905) ].

    ↩ Volver al texto
  1274. [1274] «¡Ah, Rosas! No se puede reverenciar a Mayo / sin arrojarte eterna, terrible maldición». [MÁRMOL J., «A Rosas» (1843), IV].

    ↩ Volver al texto
  1275. [1275] Bioy escribió una reseña [«Presentó el grupo Yenesi tres obras de autores extranjeros». LP, 19/6/63], que firmó «M. P.», saludando a Manuel Peyrou.

    ↩ Volver al texto
  1276. [1276] «Das Ewig-Weibliche / zieht uns hinan». [Faust, II].

    ↩ Volver al texto
  1277. [1277] Decline and Fall of the Roman Empire (1788), LII.

    ↩ Volver al texto
  1278. [1278] Se refiere a la conducta de Olaf el Santo respecto del rey Raerik [Early Kings of Norway (1875), X].

    ↩ Volver al texto
  1279. [1279] [Dulce corazón (Lamb), perdóname en tu propio dulce beneficio,/ tú cuya alma amable y alegre atravesó tales mareas de tristeza,/ y también en beneficio de mi devoción, débil como soy,/ de mi devoción por alabarte, o por estar dispuesto como tú a componer/ músicas gozosas allí donde corazones menos puros habríanse quebrado,/ menos puros que el tuyo, nuestro inmaculado Lamb./ No tuviste corazón para condenar cosas aún más odiosas,/ ni con tu talón habrías pisado esta víbora muerta]. «After looking into Carlyle’s Reminiscences», II [A Century of Roundels (1883)]. En unspotted Lamb hay un juego de palabras entre el apellido Lamb y cordero (lamb): el cordero inmaculado es Jesús [I Pedro 1:19].

    ↩ Volver al texto
  1280. [1280] [Y otro ha nacido,/ que hará que el sol sea olvidado.]

    ↩ Volver al texto
  1281. [1281] [En lo profundo del hombre se asienta firmemente su destino/ para moldear, pequeña o grande, su fortuna (…)./ Porque la previsión se vincula/con el objeto prefigurado;/ o, digámoslo así, la previsión que aguarda/ es el Genio mismo que crea].

    ↩ Volver al texto
  1282. [1282] [(si) dispones que mi pan sea servido y que mi fuego me caliente]. «Destiny». [Poems (1847)].

    ↩ Volver al texto
  1283. [1283] [En mi enmarañado jardín, observé la pompa (con que pasaban, en interminable fila, los Días),/ olvidé mis deseos matutinos, apresuradamente/recogí unas hierbas y algunas manzanas; el Día/ se volvió y partió en silencio. Yo, demasiado tarde,/ bajo su solemne diadema advertí el desprecio].

    ↩ Volver al texto
  1284. [1284]¡Bayona! Un paso bajo tu recova ¿y hace falta algo más para que alguien haga pedazos su herencia o su corazón?» (…) Tales ilusiones se le subían a la cabeza al buen señor Bordaguibus, y él las expresaba en un galimatías, en lo de Guillot, cuando, sombrero en ristre, bebía un chocolate de España]. Contrerimes (1921), 41. Como explica Alfredo Grieco y Bavio [«Desinencias latinas burlescas en las literaturas románicas», In SENDON, Pablo (ed.), Homenaje a Rosario Torres. Lima: San Marcos, 2002], «el phébus, palabra clave para la interpretación del poema, que delata el género al que toda la pieza se adscribe, es una suerte de galimatías donde los términos guardan un sentido aparente, pero dejan de tenerlo si se trata de comprender el conjunto».

    ↩ Volver al texto
  1285. [1285] [Cuando nos sentimos más seguros llega una puesta de sol,/ el encanto de una corola, la muerte de alguien,/ el final de un coro de Eurípides,/ y esto basta para que cincuenta esperanzas y temores,/ a un tiempo tan viejos y tan nuevos como la naturaleza misma,/ den un golpe apenas audible, y después otro más fuerte, y penetren en nuestra alma]. «Bishop Blougram’s Apology». [Men and Women (1855)].

    ↩ Volver al texto
  1286. [1286] El Partido Conservador Popular (con V. Solano Lima) participó en el Frente Nacional y Popular propuesto por el ministerio del Interior, para integrar, sobre todo, a los peronistas. También el general Pedro E. Aramburu, que lo abandonó al fracasar en su propósito de ser el candidato del Frente para la presidencia

    ↩ Volver al texto
  1287. [1287] Martín Fierro [EUDEBA («Serie del Siglo y Medio»), 1960]. Está ilustrado por Juan C. Castagnino.

    ↩ Volver al texto
  1288. [1288] LUGONES, S., Martín Fierro [Librería de García Santos, 1926]; LEUMANN, C. A., Martín Fierro [Estrada, 1947].

    ↩ Volver al texto
  1289. [1289] Martín Fierro, v. 3.

    ↩ Volver al texto
  1290. [1290] Después de su caída, para evitar nombrar a Perón, se lo mencionaba perifrásticamente como «el Tirano Prófugo».

    ↩ Volver al texto
  1291. [1291] «Una tarde con Ramón Bonavena», traducido por R. Outin («Un après-midi avec Ramón Bonavena»), se publicó en LH: 71-4.

    ↩ Volver al texto
  1292. [1292] Según un suelto [PP, n.º 207 (1966): 1]: «Los acomodadores del cine Metropolitan, en Buenos Aires, todavía se acuerdan de “aquella señora con anteojos de aro blanco y pantalones azules que vino a ver Lawrence de Arabia como media docena de veces”».

    ↩ Volver al texto
  1293. [1293] «Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando; / y se quedará mi huerto, con su verde árbol, / y con su pozo blanco». [«El viaje definitivo». In: Poemas agrestes (1911)].

    ↩ Volver al texto
  1294. [1294] [en el medio de la fiesta, B] «Soleils Couchants». [Les feuilles d’automne (1831)].

    ↩ Volver al texto
  1295. [1295] «Dans l’herbe noire / les Kobolds vont». [Por la hierba negra / van los Kobolds]. [«Charleroi». In: Romances sans paroles (1874)]. En la tradición germana, los Kobolds eran espíritus encargados de custodiar los tesoros familiares.

    ↩ Volver al texto
  1296. [1296] Se refiere al triunfo de la Unión Cívica Radical del Pueblo (con Arturo Illia), opuesta a todo entendimiento con el peronismo.

    ↩ Volver al texto
  1297. [1297] «Estamos durmiendo. Despertemos antes que sea tarde». [Despertar, n.º 8 (1963): 3-4]. En su artículo, Bioy alerta sobre la amenaza de un inminente resurgimiento del peronismo.

    ↩ Volver al texto
  1298. [1298] Reseña de La fuga de L. Saslavsky [S, n.º 36 (1937)].

    ↩ Volver al texto
  1299. [1299] Reseña de EVANS, B. I., A Short History of English Literature [S, n.º 71 (1940)].

    ↩ Volver al texto
  1300. [1300] [me entristece no poder entristecerme por ella, B] La frase de Lamb es: «I grieved then that I could not grieve». Lamb la escribió en noviembre de 1834, un mes antes de su propia muerte, en el álbum de un librero londinense.

    ↩ Volver al texto
  1301. [1301] HENRÍQUEZ UREÑA, Pedro, «Los matemáticos españoles del siglo XVI, de Julio Rey Pastor». [In: Valoraciones (La Plata), n.º 11 (1927)].

    ↩ Volver al texto
  1302. [1302] Pagés Larraya editó en 1955 Tradiciones argentinas de Pastor Obligado; en 1957, los Cuentos fantásticos de E. L. Holmberg.

    ↩ Volver al texto
  1303. [1303] Del Plata al Niágara (1897), XIX.

    ↩ Volver al texto
  1304. [1304] Op. cit, loc. cit.

    ↩ Volver al texto
  1305. [1305] Borges habló dentro del ciclo «El Libro y su Autor», dirigido por Mauricio Rosenthal. Véase «Evocó Borges a Adolfo Bioy». [LN, 26/7/64].

    ↩ Volver al texto
  1306. [1306] «El romanticismo francés» (1920), V.

    ↩ Volver al texto
  1307. [1307] «Los restos de Haslam […] descansan […] en un apartado rincón del cementerio “Santísima Trinidad” de la ciudad de Paraná, cuya lápida —que estuvo un tiempo olvidada entre trastos viejos— reza entre otras leyendas Bienaventurados los que mueren en gracia del Señor». [VACCARO (1996): 23].

    ↩ Volver al texto
  1308. [1308] «El lado de la sombra». [S, n.º 283 (1963)].

    ↩ Volver al texto
  1309. [1309] «[…] cuando le pregunté [a Beauvoir] por qué no se habían casado, ella me dijo que no veía motivo para casarse si uno no quiere tener hijos. […] Yo nunca comprendí este razonamiento. Para mí, la unión de un hombre y de una mujer es más cómoda, más íntima, más completa si está refrendada por las leyes». [BULLRICH (1980): 381-2].

    ↩ Volver al texto
  1310. [1310] Cf. OLASO, E. de, «Borges. La poesía del pensamiento». [LN, 29/3/87]: «Cierta noche en casa de Bioy Casares [Borges] dijo que le gustaría saber cómo se representaban los alemanes el sol y la luna puesto que en alemán se llaman “la sol” y “el luna”. Bioy arguyó que eso no tenía ninguna importancia porque el portero de su casa, que era paraguayo, decía “el bicicleta” y no había ninguna diferencia entre lo que entendían él y los demás. Borges desvió su cara hacia nosotros y dijo encantado: “¡Claro!”».

    ↩ Volver al texto
  1311. [1311] SABATO, Ernesto, Tango; Discusión y clave (1963).

    ↩ Volver al texto
  1312. [1312] BATES, Héctor y Luis L., Historia del tango (1936).

    ↩ Volver al texto
  1313. [1313] «Óleo brillante». [Los parques abandonados (1901)].

    ↩ Volver al texto
  1314. [1314] Antonio V. Mendes Maciel, el Conselheiro, fundó en Canudos (Estado de Bahía), una comunidad pietista, que desconocía la autoridad de la Iglesia Católica y del Estado. Tras rechazar varias expediciones, el Conselheiro y sus adeptos fueron masacrados en 1897 por las tropas brasileñas.

    ↩ Volver al texto
  1315. [1315] Se inspiró en Mogreb-el-Acksa (1898) para su comedia Captain Brassbound’s Conversion (1899).

    ↩ Volver al texto
  1316. [1316] Following the Equator (1897).

    ↩ Volver al texto
  1317. [1317] «Ich und die Rose warten», insistente estribillo entre las estrofas del poema «Ich und die Rose warten». [Neue Gedichte (1892)] de Detlev von Liliencron.

    ↩ Volver al texto
  1318. [1318] [No hay método en su locura]. Alusión a Hamlet, II, 2: «Though this be madness, yet there is method in’t [Aunque esto sea locura, en ella sin embargo hay un método]».

    ↩ Volver al texto
  1319. [1319] «Lectores». [Negro sobre Blanco, n.º 29 (1963)].

    ↩ Volver al texto
  1320. [1320] Alusión a «La vuelta al hogar» (1887) de O. V. Andrade.

    ↩ Volver al texto
  1321. [1321] Se refiere probablemente a Walt Whitman, autor de «Song of Myself» (1856), en que se habla de la batalla.

    ↩ Volver al texto
  1322. [1322] En el canto XIV del poema Argentina y conquista del Río de la Plata (1602), Martín del Barco Centenera describe la batalla entre los hombres de Garay y los charrúas; menciona a los caciques Tabobá, Abayubá y Zapicán. J. Zorrilla de San Martín, en Tabaré (1888), cita a Sapicán, «el cacique más anciano». [II, 4], a Abayubá [II, 5], a Tabobá [II, 6].

    ↩ Volver al texto
  1323. [1323] Juego de palabras contra Alberto Z.F. y Ego Sum (1939) de Carlos Reyles.

    ↩ Volver al texto
  1324. [1324] Alusión a «The Birthplace» (1903), en que el nuevo curador de la casa natal del gran escritor comprende que todo es apócrifo, pero se ve obligado a mantener la impostura ante los frecuentes visitantes.

    ↩ Volver al texto
  1325. [1325] Cf. su declaración en Confirmado, n.º 240 (1970): «Capdevila hablaba con puntuación; […] casi hablaba: “Querido amigo coma quiero decirle una cosa dos puntos antes coma me gustaría observar que tal y tal cosa punto seguido sin embargo coma no voy a…”».

    ↩ Volver al texto
  1326. [1326] «Vida retirada» (p. 1631).

    ↩ Volver al texto
  1327. [1327] «Borges». [P, n.º 4 (1963): 96-9].

    ↩ Volver al texto
  1328. [1328] Cf. «El sur» (1953).

    ↩ Volver al texto
  1329. [1329] «[O]bra de un proceso paradójico, ya que el poeta, para significar el odio que le inspiran los federales, ha imaginado el odio que él inspira a un federal». [Prólogo a B-BC (1955b)]. En el poema [In: Paulino Lucero (1872)], un mazorquero describe el tratamiento aplicado a los unitarios, que concluía con el degüello: una vez degollada, la víctima era puesta de pie y se refalaba (resbalaba) en su sangre. Según Borges [«La poesía gauchesca» (1957)], «presenta el pánico normal de los hombres en trance de degüello».

    ↩ Volver al texto
  1330. [1330] Cf. PEYROU, M., «De este lado del Arroyo del Medio». [El árbol de Judas (1961)].

    ↩ Volver al texto
  1331. [1331] El imperio jesuítico (1904), «Prólogo».

    ↩ Volver al texto
  1332. [1332] Negros: los cabecitas negras. Grasas: los trabajadores. Jerga peronista: «Mis queridos grasitas», apostrofaba el orador (Nota de ABC).

    ↩ Volver al texto
  1333. [1333] Cf. GROUSSAC, P., «Entre sueños». [El viaje intelectual (1904)]: «Delirar, según la raíz etimológica, significaría “sembrar fuera del surco”. Esta idea [señala] simplemente el hecho de la impropiedad, de la dirección errada».

    ↩ Volver al texto
  1334. [1334] [Fuego, compañero querido de la sombra, / ardes, te apagas, gracias a mí vuelves a arder. / Desesperado, quemarías el mundo, / en realidad sólo te devoras a ti mismo… so]. «Il fuoco». [Poesie (p. 1980)]. En carta a J. R. Wilcock, del 23 de octubre de 1963, Livio Bacchi Wilcock refiere el episodio: «Questa sera Silvina ha letto a Borges la tua poesia sul fuoco. Borges l’ha trovata bellissima. Ha detto che è “così essenziale” poi ha aggiunto che tutto in essa è vero. A tavola poi me l’hanno fatta leggere tre volte e Borges e Adolfito e Silvina hanno di nuovo detto che è bellissima. E Borges ha detto: “Qué raro que cuando una poesía nos gusta mucho se nos ocurre hacer otra exactamente igual”, e dopo une istante, “con las mismas palabras y en la misma lengua”. E si vedeva che ne era entusiasta. […] A tavola c’era anche Martita. Poi Silvina ha incominciato a tradurla: “Fuego, compañero, querido amigo de la sombra”. Borges ha detto che era certo meglio in italiano ma che comunque “compañero” era meglio di “camerata”. […] “Riprendi” era molto difficile da tradurre in spagnolo. Silvina ha detto chissà se riuscirò a tradurla».

    ↩ Volver al texto
  1335. [1335] «Dayspring Mishandled». [Limits and Renewals (1928)].

    ↩ Volver al texto
  1336. [1336] La poesía di Dante (1921).

    ↩ Volver al texto
  1337. [1337] «Homenaje a César Paladión» (1964).

    ↩ Volver al texto
  1338. [1338] Publicado en S, n.º 4 (1931).

    ↩ Volver al texto
  1339. [1339] On Translating Homer (1861), II.

    ↩ Volver al texto
  1340. [1340] [Dejo la hiel, y voy en busca de los dulces frutos/prometidos a mí por mi guia veraz;/ pero es preciso que primero me dirija hacia el centro]. Inferno, XVI, vv.6 1-3.

    ↩ Volver al texto
  1341. [1341] «Disce, puer, virtutem ex me verumque laborem, / Fortunam ex aliis». [Eneida, XII, vv. 435-6]

    ↩ Volver al texto
  1342. [1342] Véase la entrada del 23/11/1957.

    ↩ Volver al texto
  1343. [1343] RIDING, Laura, A Trojan Ending (1937), «Preface».

    ↩ Volver al texto
  1344. [1344] Webster’s Biographical Dictionary (1943).

    ↩ Volver al texto
  1345. [1345] «Riesgos del matrimonio en los ruines casados» incluye una transcripción de los versos 115-32 de la Sátira Sexta de Juvenal.

    ↩ Volver al texto
  1346. [1346] En Londres, durante la Gran Guerra, una alemana que sobrevive como prostituta fingiéndose rusa, oye unas palabras en alemán a un joven capitán inglés, recién salido del hospital donde ha convalecido unos meses. Lo invita a su cuarto; pronto confiesa ser alemana y su odio por los políticos que urden las guerras. El joven, emocionado, le da unos billetes. Se toman de la mano, y ella siente que es el gesto más afectuoso que ha recibido en años. En ese momento, se oyen voces que anuncian una gran victoria inglesa. En su alegría, el militar corre hacia la puerta y tropieza con la mujer. Enfurecida, ella rompe los billetes; sola y a la luz de la luna, comienza a cantar Die Wacht am Rhein.

    ↩ Volver al texto
  1347. [1347] [Y ahora qué voy a hacer/ de todo este tiempo/ que será mi vida…/ Ahora que has partido/ todas estas noches/por qué por quién / y esta mañana que vuelve/ para nada/este corazón que late/ por quién por qué/que late demasiado fuerte/ me has dejado la tierra entera/ pero la tierra sin ti es pequeña]. BÉCAUD, Gilbert, «Et maintenant» (1961).

    ↩ Volver al texto
  1348. [1348] «El tribunal de sus iras y venganzas es la espada». [Idea de un Principe Político Cristiano (1640), Empresa LXXXI].

    ↩ Volver al texto
  1349. [1349] El Discreto (1645), «Culta repartición de la vida de un discreto».

    ↩ Volver al texto
  1350. [1350] [Dios, dador de aliento y de pan]. «The Wreck of the “Deutschland”» (1876).

    ↩ Volver al texto
  1351. [1351] [Los reyes tenían mejor aspecto en el pasado].

    ↩ Volver al texto
  1352. [1352] «Hwær cwom maþþumgyfa?». [«The Wanderer» (s. IV?), v. 92]. Borges y Mª E. Vázquez [B-V (1966)] lo traducen: «¿Adónde fue el dador de tesoros?».

    ↩ Volver al texto
  1353. [1353] Cf. BURTON, R., Letters from the Battlefields of Paraguay (1870).

    ↩ Volver al texto
  1354. [1354] «Naturalismo al día» (1967).

    ↩ Volver al texto
  1355. [1355] [Recién cuando el fuego va apagándose en la chimenea,/ buscamos algún parentesco con las estrellas]. Modern Love (1862).

    ↩ Volver al texto
  1356. [1356] La traducción (1563-6) se publicó en 1581.

    ↩ Volver al texto
  1357. [1357] «Durante un año o dos [Macedonio] jugó con el vasto y vago proyecto de ser presidente de la República. […] Lo más necesario (nos repetía) era la difusión del nombre. […] Convenía insinuarse en la imaginación de la gente de un modo más sutil y enigmático. Macedonio optó por aprovechar su curioso nombre de pila; mi hermana y algunas amigas suyas escribían el nombre de Macedonio en tiras de papel o en tarjetas, que cuidadosamente olvidaban en las confiterías, en los tranvías, en las veredas, en los zaguanes de las casas y en los cinematógrafos». [Prólogo a Macedonio Fernández (1961)].

    ↩ Volver al texto
  1358. [1358] UNAMUNO, M. de, «Domingo Faustino Sarmiento». Obras Completas, VIII: 367-72. Cf. su «Algunas consideraciones sobre la literatura hispano-americana». [La Lectura (Madrid), noviembre 1905].

    ↩ Volver al texto
  1359. [1359] «La gloria de Don Ramiro». [Por tierras de Portugal y de España (1911)]. La comparación es con The History of Henry Esmond, Esquire (1852), de William Thackeray.

    ↩ Volver al texto
  1360. [1360] Cf. LORD BYRON, Don León (p. 1866),V V.7 53-4: «Come Malthus, and in Ciceronian prose, / Tell how… [Ven Malthus, y, en prosa ciceroniana, / cuenta cómo (…)]».

    ↩ Volver al texto
  1361. [1361] [Dulces son los usos de la adversidad]. As You Like It, II, 1.

    ↩ Volver al texto
  1362. [1362] «La semana última, una disidencia pasajera amenazó frustrar el presunto romance entre el cuentista Jorge Luis Borges […] y su colega […] María Esther Vázquez. A uno de sus íntimos, Borges le confesó: “Nunca me había sentido más lastimado en toda mi vida. De modo que me decidí a ir al dentista”. Ante la azorada expresión de su confidente, […] explicó: “Descubrí que el coraje surge de aquella medida de dolor que el hombre no puede soportar; entonces se arriesga a cualquier acto desesperado”». [«Coraje». PP, n.º 93 (1964)]. Cf. CLEMENTE (1999): 28.

    ↩ Volver al texto
  1363. [1363] «Y todos nos quemamos con carlitos Gardel / pero todos moriremos murmurando una melodía de Irving Berlin».

    ↩ Volver al texto
  1364. [1364] MACAULAY, T. B., «Samuel Johnson». [Encyclopaedia Britannica. Eleventh ed. (1910)].

    ↩ Volver al texto
  1365. [1365] BOSWELL, Life of Johnson, «30 de marzo de 1777».

    ↩ Volver al texto
  1366. [1366] Según Borges, «cuando [Shaw] oía decir que Jesucristo era Dios que había tomado forma humana y se había hecho crucificar, decía: “Un caballero no puede aceptar la salvación que le ofrece otro, tiene que salvarse él mismo”». [Declaración en Cr, 11 (1974): 41].

    ↩ Volver al texto
  1367. [1367] Ruskin no se refiere a la muerte de Dombey [Dombey & Son (1846), XVI], sino a la de Nell, protagonista de Old Curiosity Shop (1841). Cuando la novela estaba siendo publicada por entregas y el público escribía a Dickens, pidiendo —finalmente en vano— por la vida de Nell, Ruskin comentó: «Nell was simply killed for the market, as a butcher kills a lamb [Nell fue simplemente muerta para atender a las necesidades del mercado, asi como el carnicero sacrifica un cordero.]».

    ↩ Volver al texto
  1368. [1368] «En búsqueda del Absoluto» (1967).

    ↩ Volver al texto
  1369. [1369] MENÉNDEZ Y PELAYO, M., «Epístola a Horacio» (1876).

    ↩ Volver al texto
  1370. [1370] «Milonga de dos hermanos» (1965). La partitura fue impresa en 1981 por la Editorial Lagos.

    ↩ Volver al texto
  1371. [1371] «Últimas tardes». [Conocimiento de la noche (1937)].

    ↩ Volver al texto
  1372. [1372] «Elegía» (1964).

    ↩ Volver al texto
  1373. [1373] «El gran serafín» (1967).

    ↩ Volver al texto
  1374. [1374] Cuentos de crimen y misterio (1964).

    ↩ Volver al texto
  1375. [1375] «Spinoza» (1964).

    ↩ Volver al texto
  1376. [1376] «Calles» (1954).

    ↩ Volver al texto
  1377. [1377] PEROWNE, Barry [Philip Atkey], «The Blind Spot». [Ellery Queen’s Mystery Magazine (New York), n.º 25 (1945)].

    ↩ Volver al texto
  1378. [1378] «[…] si los callos originaron los botines, éstos están haciendo nacer tantos callos que pronto volveremos al callo único. Es, pues, un círculo el progreso […]» [FERNÁNDEZ, Macedonio, «Desperezo en blanco». Prl, n.º 1 (1922)]. Al ser recogido en Papeles de Recienvenido (1929), el texto reemplaza callo por dureza plantal.

    ↩ Volver al texto
  1379. [1379] My Life and Times (1926).

    ↩ Volver al texto
  1380. [1380] «El mismo año en que Gombrowicz me honró con su primer saludo […], Bioy Casares me llevó al mar. Señalo este último hecho porque las playas no entraban en mis planes y, habitualmente, no salía de Buenos Aires sino para hablar desde alguna tribuna provinciana». [MASTRONARDI (1967): 317]. Cf. su declaración en PP, n.º 87 (1964): 18: «hace siete años que no veo el mar».

    ↩ Volver al texto
  1381. [1381] La anécdota proviene de DOZY, R., Histoire des Musulmans d’Espagne (711-1110) (1861), III, 11.

    ↩ Volver al texto
  1382. [1382] Cf. IBN BATTUTA, Rihla (1355), I, 4, donde describe su entrada en Constantinopla. Borges conocía la anécdota a través de Les Voyageurs arabes au Moyen Age (1937) de Blanche Trapier, que reseñó [H, n.º 1473 (1938)].

    ↩ Volver al texto
  1383. [1383] «La última noticia que ha sacudido a los círculos literarios de Buenos Aires iba precedida de algunos compases de Mendelssohn; nadie sabe, exactamente, de dónde partió, pero todos la repetían; unos, como verdad inapelable, otros, cómo simple rumor. Se trata del presunto casamiento del escritor Jorge Luis Borges (64 años, soltero) con la periodista María Esther Vázquez (alrededor de 35 años, actual colaboradora de Radio Municipal). […] [E]n la casa del novelista Adolfo Bioy Casares —íntimo amigo de Borges— hubo celebración con champaña. Sin embargo, después que la versión dio la vuelta al mundillo de Buenos Aires, se aseveró que los planes matrimoniales habían quedado anulados». [«Inquisiciones». PP, n.º 77 (1964)].

    ↩ Volver al texto
  1384. [1384] «Are lordships sold to maintain ladyships / For the poor benefite of a bewildering minute? / Why does yon fellow falsify highways, / And put his life between the judge’s lips…? [¿Se venden señoríos para mantener damas / a cambio del pobre beneficio de un minuto de confusión? / ¿Por qué ese hombre falsifica caminos, / y pone su vida entre los labios de un juez…?]» [TOURNEUR, G, The Revenger’s Tragedy (1607)]. T. S. Eliot cita estos versos en «Tradition and the Individual Talent» (1917).

    ↩ Volver al texto
  1385. [1385] Una de estas fotografías ilustró VÁZQUEZ (1996): 232.

    ↩ Volver al texto
  1386. [1386] «Te rappelles-tu les lions sur la route de Sicca?». [Salammbô (1862), XIV].

    ↩ Volver al texto
  1387. [1387] Cf. «El etnógrafo» (1969).

    ↩ Volver al texto
  1388. [1388] [Amor que así desea, de buen grado conservaría inmutable al objeto de su amor; / de buen grado arrojaría la red, y de buen grado lo dejaría libre]. «Love in the Valley». [Poems (1851)].

    ↩ Volver al texto
  1389. [1389] Borges, a su vez, lo respondería para Chabela, n.º 440 (1973). A la pregunta «¿Cuál es la reforma que más admira?», contestó: «Las no acaecidas todavía, las que abolirán el culto del dinero y el de la fama».

    ↩ Volver al texto
  1390. [1390] El presidente Hipólito Yrigoyen fue apodado «el Peludo» (i.e., «el armadillo») por la celosa reclusión en que vivía. Marcelo T. de Alvear, que lo sucedió en la presidencia y lideró una línea adversaria dentro del Radicalismo, fue apodado, por oposición y por su calvicie, «el Pelado».

    ↩ Volver al texto
  1391. [1391] «[…] en Saavedra he escuchado […] por bailar, prenderse en la fogata». [«Invectiva contra el arrabalero» (1926)].

    ↩ Volver al texto
  1392. [1392] «[…] un malevo con voz ronca me espetó: “Joven, la otra mitad es para don yo de Córdoba”». [BC (1954), XXXVI].

    ↩ Volver al texto
  1393. [1393] Cf. «Los inmortales» (1967).

    ↩ Volver al texto
  1394. [1394] [ella recuerda con ira]. Alusión al título de la obra de teatro [Look Back in Anger (1956)], de John Osborne.

    ↩ Volver al texto
  1395. [1395] Ortega y Gasset había escrito «Goethe desde dentro» (1932) donde decía que «Weimar es el mayor mal entendu de la historia literaria alemana». La réplica de Reyes está en Trayectoria de Goethe (1954).

    ↩ Volver al texto
  1396. [1396] HAZLITT, W., Characters of Shakespeare’s Plays (1817), etc.; COLERIDGE, S. T., Biographia Literaria (1817), XV; Table Talk (p. 1835); Literary Remains (p. 1836); BRADLEY, A. C, Shakespearian Tragedy (1904).

    ↩ Volver al texto
  1397. [1397] Cf. «La intrusa» (1966).

    ↩ Volver al texto
  1398. [1398] Leguas de polvo y sueño (1965) está dedicado: «A Adolfo Bioy Casares, mi vecino de campo».

    ↩ Volver al texto
  1399. [1399] El Premio Literario La Nación de 1965 ofrecía 100.000 pesos a la mejor «obra de teatro inédita en un acto».

    ↩ Volver al texto
  1400. [1400] «Dô viel in die bluomen der Kriemhilde man». [Nibelungenlied, XVI, estr. 988].

    ↩ Volver al texto
  1401. [1401] [¿Y es éste el rostro por el cual zarparon mil naves / y que incendió las infinitas torres de Ileón? / ¡Helena, hazme inmortal con un beso! Br]. Doctor Faustus (p. 1604), V, 1

    ↩ Volver al texto
  1402. [1402] «Y hay aquí en este Faust de Marlowe una escena que vale por toda la segunda parte del Faust de Goethe. Le dice a Helena Fausto: “Dulce Helena, hazme inmortal con un beso”». [Del sentimiento trágico de la vida (1913), «Conclusión»].

    ↩ Volver al texto
  1403. [1403] «Nothing could have subdu’d nature / To such a lowness but his un kind daughters». [King Lear, III, 4].

    ↩ Volver al texto
  1404. [1404] «Catálogo y análisis de los diversos libros de Loomis» (1967).

    ↩ Volver al texto
  1405. [1405] «Un jour Borges vous déclare qu’il a été visité par un Italien anthropomorphe […]» [«Borges et Borges». LH: 419].

    ↩ Volver al texto
  1406. [1406] El poeta Rafael Obligado (1851-1920).

    ↩ Volver al texto
  1407. [1407] «Alcancía del cielo». [LN, 24/5/64. In: Todas las llamas (1977)].

    ↩ Volver al texto
  1408. [1408] [Llenas nuevamente el valle frondoso/en silencio, con el brillo de la niebla]. «An den Mond» (1789).

    ↩ Volver al texto
  1409. [1409] «Maxims for Revolutionists». [Man and Superman (1903)].

    ↩ Volver al texto
  1410. [1410] «El filósofo de la celda 273». [PP, n.º 84 (1964)].

    ↩ Volver al texto
  1411. [1411] «M. de Lamotte sees good to […] become […] a Citizen, one who does not live by being killed». [«The Diamond Necklace» (1837)].

    ↩ Volver al texto
  1412. [1412] [la majestad del rey danés, que yace sepultado]. Hamlet, I, 1.

    ↩ Volver al texto
  1413. [1413] Antony and Cleopatra, IV, 14.

    ↩ Volver al texto
  1414. [1414] [Cuando el enigma del Demonio sea resuelto / y un Papa haga crujir su banco de galeote, / veremos a Buonaparte el bastardo / dar patadas al aire con la soga al cuello]. «A Song in Time of Order 1852». [Poems and Ballads (1866)].

    ↩ Volver al texto
  1415. [1415] [No seas el primero en ensayar lo nuevo / ni el último en abandonar lo viejo]. Essay on Criticism (1711), II, vv. 135-6.

    ↩ Volver al texto
  1416. [1416] «Wasted Days» (1877).

    ↩ Volver al texto
  1417. [1417] [¡Ay! ¿Es que en vano la esperanza será tan bien atendida / en el seno todo protector de la vida, / y llevada a tal perfección sólo para matarla después?]. «The Stream’s Secret». [Poems (1870)].

    ↩ Volver al texto
  1418. [1418] [Después de Agésilas, hélas…/ pero, después de Attila, detente ahí].

    ↩ Volver al texto
  1419. [1419] «Coplas por la muerte de su padre» (1476).

    ↩ Volver al texto
  1420. [1420] «Días de ayer que en procesión de olvido / lleváis a las estrellas mi tesoro, / ¿no formaréis en el celeste coro / que ha de cantar sobre mi eterno nido?». [«Mi cielo». In: Rosario de sonetos líricos (1911)].

    ↩ Volver al texto
  1421. [1421] En «El Jardín Botánico» (1923) se leía «su vana lumbrerada de hojas ciegas»: el poema fue suprimido del libro.

    ↩ Volver al texto
  1422. [1422] [Todos los extranjeros son estúpidos]. BOSWELL, Life of Johnson, «1780».

    ↩ Volver al texto
  1423. [1423] [una obligación dolorosa]. «The Decay of Lying». [Intentions (1831)]

    ↩ Volver al texto
  1424. [1424] Die Unschuld des Werdens (p. 1931), fr. 1180.

    ↩ Volver al texto
  1425. [1425] Zur Genealogie der Moral (1887), V.

    ↩ Volver al texto
  1426. [1426] Common Sense about the War (1914).

    ↩ Volver al texto
  1427. [1427] «[…] en los días que comenzaba yo, sin guía y sin maestro aunque digo mal, porque tenía junto a mí los admirables libros de Menéndez y Pelayo […]» [Cuestiones gongorinas (1927)].

    ↩ Volver al texto
  1428. [1428] Le songe des héros [Paris: Robert Laffont, 1964], traducido por Georgette Camille.

    ↩ Volver al texto
  1429. [1429] [el mediodía, justo, compone de fuegos / el mar, ¡el mar que siempre recomienza!].

    ↩ Volver al texto
  1430. [1430] «New Year’s Eve». [Essays of Elia (1823)].

    ↩ Volver al texto
  1431. [1431] El incendio y las vísperas (1964).

    ↩ Volver al texto
  1432. [1432] Cf. los juicios de A. Toynbee, en A Study of History, vol. III [London: Oxford University Press, 1934]: 322: «The destruction which these barbarians [i.e., los asturianos, los francos, los bereberes] had worked was brought home to Ibn Khaldun by his family history as well as by his personal experience».

    ↩ Volver al texto
  1433. [1433] Louis Pauwels estuvo en Bs As en mayo de 1964, para el lanzamiento de la versión local, editada por Sudamericana.

    ↩ Volver al texto
  1434. [1434] Meditaciones del Quijote (1914).

    ↩ Volver al texto
  1435. [1435] MENÉNDEZ Y PELAYO, M., «Epístola a Horacio» (1876).

    ↩ Volver al texto
  1436. [1436] Fedón, 118 c.

    ↩ Volver al texto
  1437. [1437] «Un arte abstracto» (1967).

    ↩ Volver al texto
  1438. [1438] History of England (1926), IV, 1-8.

    ↩ Volver al texto
  1439. [1439] «Al vino» (1966).

    ↩ Volver al texto
  1440. [1440] Se refiere a las ediciones traducidas por Ángel Pumarega (c. 1930).

    ↩ Volver al texto
  1441. [1441] En 1968, Borges y Piazzolla publicaron Cuatro canciones porteñas, que reunía el tango Alguien le dice al tango y las milongas Jacinto Chiclana, El títere y A don Nicanor Paredes.

    ↩ Volver al texto
  1442. [1442] L’Art Poétique (1674), III.

    ↩ Volver al texto
  1443. [1443] «Proposals for Printing the Dramatick Works of William Shakespeare» (1756).

    ↩ Volver al texto
  1444. [1444] I.e., procurando mostrar cómo escribir (dando «consejos útiles») antes que limitándose a censurar lo que está mal escrito. Véase, respectivamente, The Handling of Words (1923) y Comment on devient écrivain (1925).

    ↩ Volver al texto
  1445. [1445] Vidas de muertos (1934), «Rubén Darío», passim.

    ↩ Volver al texto
  1446. [1446] Cf. CASTILLEJO, Cristóbal de, «Reprensión contra los poetas españoles que escriben en verso itálico» (1574).

    ↩ Volver al texto
  1447. [1447] Según Boscán, Andrea Navagiero, embajador veneciano ante Carlos V, le dijo «por qué no probaba en lengua castellana sonetos y otras artes de trovas usadas por los buenos autores de Italia». [«Carta a la duquesa de Soma». In: Obras poéticas de Boscán (p. 1543),II].

    ↩ Volver al texto
  1448. [1448] «Eclosiona un arte» (1967).

    ↩ Volver al texto
  1449. [1449] «Anastasio el Pollo a Aniceto el Gallo» (1867).

    ↩ Volver al texto
  1450. [1450] Historia de la Literatura Argentina, Los Gauchescos (1917), XXI-XXII.

    ↩ Volver al texto
  1451. [1451] «Schlachtfeld bei Hastings». [Romanzero (1851)].

    ↩ Volver al texto
  1452. [1452] [Sobre mi cama crece un árbol, / donde canta un joven ruiseñor; / canta al amor puro, / y lo oigo hasta en sueños]. «Die Heimkehr», 89 [Buch der Lieder (1827)].

    ↩ Volver al texto
  1453. [1453] Heine se refiere a Salomón Gabirol: «Den Gabirol, diesen treuen / Gottgeweihten Minnesänger, / Diese fromme Nachtigall, / Deren Rose Gott gewesen». [Romanzero (1851), «Hebräische Melodieen», IV]. En «Torres Villarroel» (1924), Borges cita el verso como «ese piadoso ruiseñor malagués cuya rosa era Dios».

    ↩ Volver al texto
  1454. [1454] Probablemente se refiera a los versos: «Pienso —la noche es grata— que no vale la pena / dilatar el horario que uno cumple / por triste obligación, cuando la sombra / y la quietud esperan, allá en el barrio amable, / ahora agasajado por la fronda». [«Música nocturna». In: Siete poemas (1963)].

    ↩ Volver al texto
  1455. [1455] Las anécdotas han sido tomadas de Louis Untermeyer [Heinrich Heine (Paradox and Poet) (1937)] y de Gustav Karpeles [Heine und seine Zeitgenossen (1888)].

    ↩ Volver al texto
  1456. [1456] «My life close twice before its close». [Poems (1893)].

    ↩ Volver al texto
  1457. [1457] [Este tranquilo polvo fue caballeros y señoras, B] «This quiet dust was gentlemen and ladies» [op. cit.].

    ↩ Volver al texto
  1458. [1458] [Ésta es mi carta al mundo, / que nunca me ha escrito a mí]. «This is my letter to the world» [op. cit.].

    ↩ Volver al texto
  1459. [1459] CORREAS, Gonzalo (1571-1631), Vocabulario de refranes y frases proverbiales (p. 1906).

    ↩ Volver al texto
  1460. [1460] History of England (1926), I, 3.

    ↩ Volver al texto
  1461. [1461] Memorias de un provinciano (1967).

    ↩ Volver al texto
  1462. [1462] Humoradas (1886). La lección correcta del último verso es: «mano, pie, cabeza y todo».

    ↩ Volver al texto
  1463. [1463] «Al maestro Rubén Darío» (1914) y «A la muerte de Rubén Darío» (1916).

    ↩ Volver al texto
  1464. [1464] «[…] il faut s’énivrer sans trêve. De vin, de poésie ou de vertu [es preciso embriagarse sin tregua. De vino, de poesía o de virtud]». [«Énivrez-vous!». In: Petits poèmes en prose (1869)].

    ↩ Volver al texto
  1465. [1465] Römische Elegien (1788), V.

    ↩ Volver al texto
  1466. [1466] Cf. nota a entrada del 20 de junio de 1960.

    ↩ Volver al texto
  1467. [1467] «Gradus ad Parnassum» (1967).

    ↩ Volver al texto
  1468. [1468] «Vuelva a mi carne humana la eternidad constante». [«La noche cíclica» (1940)].

    ↩ Volver al texto
  1469. [1469] «Pero sé que una oscura rotación pitagórica / noche a noche me deja en un lugar del mundo. / Que es de los arrabales…». [Ib.].

    ↩ Volver al texto
  1470. [1470] Escribieron juntos The Wrong Box (1889), The Wrecker (1892) y The Ebb-Tide (1894).

    ↩ Volver al texto
  1471. [1471] Según «Gradus ad Parnassum» (1967), para el poeta Ginzberg bocamanga sería «la emoción de una melodía que hemos escuchado una vez, que hemos olvidado y que a la vuelta de los años recuperamos».

    ↩ Volver al texto
  1472. [1472] Hudson [A Hind in Richmond Park (1923), XIV] habla del criollo Blas Escobar, que habría matado un buey con un grito: vivía en el temor de dañar al interlocutor si le hablaba en voz alta.

    ↩ Volver al texto
  1473. [1473] El Premio Literario La Nación de 1965 ofrecía 200.000 pesos al mejor «ensayo crítico sobre la obra de Leopoldo Lugones». Se explicaba que la recompensa era doble «por haberse declarado desierto el de 1964». La obra debería tener unas cincuenta páginas.

    ↩ Volver al texto
  1474. [1474] «El hombre en fuga». [N, n.º 26-28 (1938)].

    ↩ Volver al texto
  1475. [1475] «Una noche, la señora de Arredondo, nos mandó llamar a la sala, a tomar chocolate […] y yo me encontré allí en presencia de la señora, de las cuatro hijas del General, Elvira, Laura, Delfina y María y de otras personas de visita. […] Me desempeñé con bastante soltura aparente por un momento, pero el motorcito de mis nervios explotó cuando pusieron en mis manos una taza de chocolate, que yo recibí a medio levantarme de un sillón dorado. Cuando quise recuperar mi asiento, con taza, platillo y cuchara en una mano y dos vainillas en la otra, trastabillé, la taza perdió el equilibrio y el espeso líquido que contenía se derramó sobre la costosa alfombra de fondo blanco que estrenaban esa noche. […] “No es nada, no tiene importancia”, decía sonriente la bondadosa señora de Arredondo, mientras yo adivinaba maldiciones mentales de toda la familia». [BIOY, ADOLFO (1958): 290-1].

    ↩ Volver al texto
  1476. [1476] Cf. WILSON, Edmund, «Who cares who killed Roger Ackroyd?». [Classics and Commercials (1950)].

    ↩ Volver al texto
  1477. [1477] La morocha (1905), con letra de Ángel Villoldo y música de Enrique Saborido.

    ↩ Volver al texto
  1478. [1478] Quizá alude al prólogo de El libro bravo (p. 1936), en que Güiraldes enumera, entre los asuntos que debería cantar, «Mi orgullo. Mi hombría […] Mi coraje».

    ↩ Volver al texto
  1479. [1479] En B (1930), Borges concluye que «lo que a Londres el cockney, es a nuestras ciudades el compadrito».

    ↩ Volver al texto
  1480. [1480] [el mejor artífice, B] ELIOT, T. S., The Waste Land (1922), dedicatoria.

    ↩ Volver al texto
  1481. [1481] En el n.º 27 (1965), dedicado en parte a «La era de Perón».

    ↩ Volver al texto
  1482. [1482] «El ojo selectivo» (1967).

    ↩ Volver al texto
  1483. [1483] «Is it for fear to wet a widow’s eye / That thou consum’st thyself in single life? [¿Es por miedo de humedecer los ojos de una viuda / que te consumes en vida solitaria?]». [Sonnets, IX].

    ↩ Volver al texto
  1484. [1484] «Ese polifacético: Vilaseco» (1967).

    ↩ Volver al texto
  1485. [1485] «Niñez». [La víspera del buen amor (1925)].

    ↩ Volver al texto
  1486. [1486] «Oda al mes de noviembre junto al Río de la Plata». [El huésped y la melancolía (1946)].

    ↩ Volver al texto
  1487. [1487] «Antología poética de Molinari». [Zona Franca (Caracas), n.º 26 (1965)].

    ↩ Volver al texto
  1488. [1488] Papeles de Recienvenido (1929), I.

    ↩ Volver al texto
  1489. [1489] REGA MOLINA, H., Oda provincial (1940); LUGONES, L., «Historia de la Delfina» y «La cabeza de Ramírez». [Romances del Río Seco (p. 1938)].

    ↩ Volver al texto
  1490. [1490] «Delectación morosa». [Los crepúsculos del jardín (1905)].

    ↩ Volver al texto
  1491. [1491] Alusión al verso «Apuntó en su matiz crisoberilo», de «Delectación morosa».

    ↩ Volver al texto
  1492. [1492] Tradujo Anabase (1924) en 1926-30.

    ↩ Volver al texto
  1493. [1493] Una de las cinco tarifas de sacrificio cartaginesas que se conservan, hallada en un templo de Marsella. Enumera los precios de los animales que podían ser comprados en el templo para destinarlos a las ofrendas, así como también los de las prostitutas sagradas.

    ↩ Volver al texto
  1494. [1494] [Marchad siempre a las carcajadas, hermanos míos, por el camino de la verdad]. Carta a D’Alembert, del 6 de enero de 1761. Bioy la cita según MAUROIS, André, Voltaire (1952), XIV.

    ↩ Volver al texto
  1495. [1495] «Timeo Danaos et dona ferentes» [Eneida, II, v. 49].

    ↩ Volver al texto
  1496. [1496] The Knack (1961), de Ann Jellicoe. Traducida como Lo que hay que tener, estuvo en cartel en Bs As entre fines de 1965 y mediados de 1966.

    ↩ Volver al texto
  1497. [1497] Probable parodia de la antigua relación: «En la playa vide el sol; / en el cabildo, la luna; / he visto niñas bonitas, / pero como usté ninguna». Ciro Bayo la recoge en su Romancerillo del Plata (1913). La parodia es más clara en una variante intermedia, recopilada en BC (1997): «En la plaza sale el sol / y en el Cabildo la luna; / te fuistes y me dejastes / la concha como laguna».

    ↩ Volver al texto
  1498. [1498] Texte aus den La Plata-Gebieten in volkstümlichem Spanisch und Rotwelsch [Leipzig: Ethnologischer Verlag, 1923].

    ↩ Volver al texto
  1499. [1499] Oeuvre poétique (1925-1965). [París: Gallimard («Du Monde Entier»), 1970].

    ↩ Volver al texto
  1500. [1500] JÜNGER, Ernest, Strahlungen (1949).

    ↩ Volver al texto
  1501. [1501] «And see, no longer blinded by our eyes [Y veremos, no ya cegados por nuestros ojos, B]” [“Sonnet (Suggested by some of the proceedings of the Society for Psychical Research)” (1913)].

    ↩ Volver al texto
  1502. [1502] «Los afanes» (1962).

    ↩ Volver al texto
  1503. [1503] Fea (1925), tango con letra de Alfredo Navarrine y música de Horacio Pettorosi.

    ↩ Volver al texto
  1504. [1504] 14 con el tango (1966), disco Fermata, LF-2001, monoaural. Además de la Milonga de Albornoz, de Borges, con música de José Basso, reunía tangos de César Tiempo, L. Benarós, C. Mastronardi, Baldomero Fernández Moreno, C. Nalé Roxlo, Nicolás Cócaro, E. Sabato, Ulyses Petit de Murat, M. Mujica Lainez, L. Marechal, Alberto Girri, C. Córdova Iturburu y Florencio Escardó.

    ↩ Volver al texto
  1505. [1505] «The Coxon Fund» (1894), en el que Coleridge aparece retratado como el conferencista Frank Saltram.

    ↩ Volver al texto
  1506. [1506] Miguel de Torre, que trabajaba en la editorial Losada.

    ↩ Volver al texto
  1507. [1507] Treatise Concerning the Principies of Human Knowledge (1710), I, 3.

    ↩ Volver al texto
  1508. [1508] Exposición del libro de Job (p. 1779).

    ↩ Volver al texto
  1509. [1509] «Discurso previo, teológico, ético y político». [La constancia y paciencia del Santo Job en sus pérdidas, enfermedades y persecuciones (1641)].

    ↩ Volver al texto
  1510. [1510] «Ta langue, / le poisson rouge dans le bocal / de ta voix». [«Fusée-signal». In: Il y a (p. 1925)].

    ↩ Volver al texto
  1511. [1511] [aunque abatido por malos días, por malos días abatido y por malas lenguas]. Paradise Lost (1667), VII, vv. 26-7. Johnson comenta [Lives of the English Poets (1779-81)] que Milton, absuelto por la Act of Oblivion, sólo procuraba vivir en paz; sin embargo, se encontró «in danger, fallen on evil days and evil tongues […]». Boswell cita el pasaje en su Life of Johnson, «1781».

    ↩ Volver al texto
  1512. [1512] [Seré bueno con tus viudas]. «The Rhyme of the Three Sealers» (1893).

    ↩ Volver al texto
  1513. [1513] [Y dile a las chicas de Yoshiwara que enciendan una varita en su memoria].

    ↩ Volver al texto
  1514. [1514] La frase —que aparece, v.g., en Quijote, I, 22 y II, 10— es corrupción del refrán «buscar cinco pies al gato».

    ↩ Volver al texto
  1515. [1515] «He [Johnson] seized the expression “come from Scotland”, which I used in the sense of being of that country, and, as if I had said that I had come away from it, or left it, retorted, “That, Sir, I find, is what a very great many of your countrymen cannot help”. [El (Johnson) tomó la expresión “vengo de Escocia”, que usé en el sentido de ser de ese país, y, como si yo hubiera dicho que acababa de llegar de allí, o de salir de allí, replicó: “Eso, señor, me parece, es lo que muchos de sus compatriotas no pueden evitar”]». [BOSWELL, Life of Johnson, «16 de mayo de 1763»].

    ↩ Volver al texto
  1516. [1516] Cf. «Fragmentos de un evangelio apócrifo» (1969).

    ↩ Volver al texto
  1517. [1517] Amalia (1851), VII.

    ↩ Volver al texto
  1518. [1518] BOSWELL, Life of Johnson, «7 de abril de 1775».

    ↩ Volver al texto
  1519. [1519] «[…] todo vive sujeto al hombre; pues cada día vemos alanceado el toro, muerta la sierpe; desquijarrados leones, y domesticado el rinoceronte». [Vida de San Antonio de Padua (1604), I, 4].

    ↩ Volver al texto
  1520. [1520] «[…] I lamented that at the proper age I had not embraced the lucrative pursuits of the law or of trade, […] or even the fat slumbers of the church [Lamenté no haber abrazado a la edad debida los lucrativos afanes de la ley o del comercio, (…) o aun las redituables modorras de la Iglesia]». [Carta a Alexander Pope, del 12 de febrero de 1771. In: Memoirs of my Life and Writings (p. 1796) ].

    ↩ Volver al texto
  1521. [1521] ECKERMANN, Gespräche mit Goethe (1836), II, 9 de febrero de 1831.

    ↩ Volver al texto
  1522. [1522] «Yo lo elegí [al dibujo], primero guiado por propósitos mezquinamente comerciales. Pensé que la ilustración era linda […]. Y luego […] Bioy Casares me dio una explicación. Dijo: “Está bien, porque este gato viene a ser un poco Bustos Domecq que se ríe de todos los personajes del libro”». [En SORRENTINO (1974): 110].

    ↩ Volver al texto
  1523. [1523] El argumento de la comedia policial (El grito y la máscara), inconclusa, es el siguiente: En una cabaña, aislada entre los cerros, no lejos de la frontera, don Martín Cárdenas, reunido con el grupo de comunistas que preside, debate el suceso que lo atormenta: su hijo Ismael ha traicionado al Partido y ahora, al saber que los verdugos están en camino, ha huido en la borrasca. En medio de estas cavilaciones, en plena noche, llega a la cabaña un hombre, herido y amnésico. En una súbita inspiración, para que recaiga en él el castigo, don Martín decide hacerlo pasar por Ismael. Todos se conjuran para convencer al herido de que es el traidor: Don Martín se presenta como su padre; Julio Amaral, como su amigo; el Muchacho, como su hermano; Judith, como su esposa. Tratan de hacerle «recordar» su pasado como «Ismael», y aun su delito. A la mañana siguiente, aparece el Inesperado, «de anteojos negros y rostro inexpresivo», cortado a la Bustos Domecq, emisario del Partido y apologista de la delación, que les permitió saber, por ejemplo, de la traición de Ismael. Don Martín le pide el nombre del delator, pero antes de que el Inesperado pueda decirlo, es muerto por Amaral. Todos comprenden que éste es el delator y lo ejecutan. Por fin, en una charla con el amnésico, don Martín y los demás van disculpándose de su propósito original y acaban por expresar su descreimiento del Partido.

    ↩ Volver al texto
  1524. [1524] Se refiere a su tango En qué esquina te encuentro, Buenos Aires (1966).

    ↩ Volver al texto
  1525. [1525] «En cordial reunión, en el laboratorio musical del pulcro Ben Molar, se encontraron ayer tarde Jorge Luis Borges y Ernesto Sabato. Ambos poetas se saludaron efusivamente, y tras conversar sobre detalles de la producción tanguera que preparan, comenzaron a hablar sobre intelectuales líneas de pintura del momento. En la entrevista también se habló sobre si la producción se ha de llamar “Tango de Ahora” [… ] o “Los de ahora” o “Los jóvenes”. Se trata de la anunciada obra que están haciendo 14 autores de tango (música) y 14 poetas (letra) […]» [La Razón, 4/8/66].

    ↩ Volver al texto
  1526. [1526] «[…] a raíz de absorber sendos volúmenes para acertar con el único rasgo exacto y significativo, [Flaubert] entraba en el infierno de la composición, rehaciendo durante días y noches la comenzada página […]» [GROUSSAC, P., «Alphonse Daudet» (1898)].

    ↩ Volver al texto
  1527. [1527] Cf. «Avelino Arredondo» (1975). Borges recuerda que «[mi tío Luis Melián Lafinur] fue quien defendió a Avelino Arredondo, después de entregarse cuando mató a Idiarte Borda en 1897». [Declaración en El Día (Montevideo), 28/4/79].

    ↩ Volver al texto
  1528. [1528] The House of Life (1881), Soneto XXIX.

    ↩ Volver al texto
  1529. [1529] [¿Qué hombre se ha inclinado sobre el rostro de su hijo para pensar cómo esa cara, / se inclinará sobre él cuando esté muerto? / ¿O pensó, cuando su propia madre le besaba los ojos, / lo que habrá sido su beso cuando su padre la cortejaba? Br].

    ↩ Volver al texto
  1530. [1530] Parodia de «El solterón». [Los crepúsculos del jardín (1905)], poema cuya correcta lección es frac y Balzac.

    ↩ Volver al texto
  1531. [1531] «The Flying Man». [The Stolen Bacillus and Other Incidents (1895)].

    ↩ Volver al texto
  1532. [1532] [Los argumentos son el demonio]. La frase de Shaw [citado en HARRIS, Frank, Bernard Shaw (1931)] es: «I avoid plots as I would the plague [Evito los argumentos como la peste]».

    ↩ Volver al texto
  1533. [1533] Diez poemas sin poesía (1938).

    ↩ Volver al texto
  1534. [1534] A propósito de su programa en Canal 9, U. Petit de Murat se pregunta: «[…] con “La vuelta al mundo” desde hace cinco años, ¿cómo nos hemos salvado Rubén Valdés, el Padre Ismael Quiles y yo, a pesar de dar información seria y llevar a Ernesto Sabato, María Angélica Bosco, Ángel Battistessa, Jorge Luis Borges y otros connotados adictos al incontrolado consumo y producción de la letra impresa?». [En HUBERMAN (1979): 121-2].

    ↩ Volver al texto
  1535. [1535] «Borges habla de Borges». [La Gaceta (México D. F.), n.º 138 (1966):3-4].

    ↩ Volver al texto
  1536. [1536] [Algo se ha empequeñecido en esta gente]. «Chant-Pagan». The Five Nations (1903).

    ↩ Volver al texto
  1537. [1537] La hora de todos (p. 1650), XXVIII: «[Los holandeses] van por oro y plata a nuestras flotas, como nuestras flotas van por él a las Indias. Tienen por ahorro y atajo tomarlo de quien lo trae, y no sacarlo de quien lo cría».

    ↩ Volver al texto
  1538. [1538] Alusión al carácter del protagonista, que sucumbe a la ilusión cómica de una representación de la ópera Fausto de Gounod y «la refiere a su amigo, como si se tratara de hechos reales». [B-BC (1955b)].

    ↩ Volver al texto
  1539. [1539] Oral en el contexto: lo que podría ser dicho en una conversación (Nota de ABC).

    ↩ Volver al texto
  1540. [1540] Bagaje de vivencias (1966), III.

    ↩ Volver al texto
  1541. [1541] Quizá Mario Trejo (n. 1926), periodista, poeta y guionista de cine y televisión. Fue secretario de redacción de Letra y Línea. Según recuerda: «Una vez Bioy Casares al responder para una entrevista sobre los grupos literarios citó a los surrealistas, invencionistas, y… a “Trejo y Vanasco”, que éramos absolutos francotiradores». [Cl, 22/12/88].

    ↩ Volver al texto
  1542. [1542] «L’hydre Univers tordant son corps écaillé d’astres». [«Ce que dit la Bouche d’Ombre». In: Les Contemplations (1856)].

    ↩ Volver al texto
  1543. [1543] «Ebauche d’un serpent». [Charmes (1922)].

    ↩ Volver al texto
  1544. [1544] [Qué pequeño parece]. DE QUINCEY, T., William Wordswoth. [Recollections and the Lake Poets (1834-40).

    ↩ Volver al texto
  1545. [1545] Cf. «Pedro Salvadores» (1969). Según Juan Manuel Berutti (1777-1856). [Memorias curiosas de un vecino de Buenos Aires (p. 1945)], era José María Salvadores, empleado de policía, encerrado en el sótano de su casa entre 1840 y 1852. En una de sus notas a The Aleph and Other Stories [New York: Dutton, 1970: 281]. Borges reconoce que «Eduardo Gutiérrez had already recorded the story —I think in a book called El puñal del tirano— and […] the man’s real name was José Maria Salvadores».

    ↩ Volver al texto
  1546. [1546] Tocar el violin: degollar. Borges y Bioy, en nota a ASCASUBI, H., Paulino Lucero [B-BC (1955b) ], citan a SALDÍAS, A., Historia de la Confederación Argentina (1911), III: el coronel Mariano Maza era llamado «violón», porque, tras degollar seiscientos prisioneros, escribió, en el parte en que refirió el hecho, que había habido «violín y violón».

    ↩ Volver al texto
  1547. [1547] Agregaría cualquiera de estas piezas de Anouilh: Ardèle ou La Marguerite, La Répétition ou L’Amour puni, L’Invitation au Château (Nota, varios días posterior, de ABC).

    ↩ Volver al texto
  1548. [1548] «Dante». [Selected Essays (1932)].

    ↩ Volver al texto
  1549. [1549] «Lepanto». [Poems (1915)]. Borges lo tradujo en 1938 [Sol y Luna, nº. 1].

    ↩ Volver al texto
  1550. [1550] Butler [«Supreme Occasions». In: Note-Books (p. 1912)] observa «men are seldom more commonplace than on supreme occasions». Como ejemplo, cita a un viejo caballero que, en su lecho de muerte, insistía en que tocaran para él «the original polka». Comenta que «it is a mistake to expect people to rise to the occasion unless the occasion is only a little above their ordinary limits».

    ↩ Volver al texto
  1551. [1551] Antigua divinidad china, suerte de providencia que disponía el saludable orden de las cosas. Estuvo de moda en la Europa de principios del siglo XX; tras la Gran Guerra, desapareció. M.ª Rosa Oliver lo describe como una «mezcla de Buda y enano, hecha en USA». [OLIVER(1969):51].

    ↩ Volver al texto
  1552. [1552] Cf. «El estupor» (1972).

    ↩ Volver al texto
  1553. [1553] QUEROL, Vicente W., «En nochebuena, a mis ancianos padres». [Rimas (1891)].

    ↩ Volver al texto
  1554. [1554] CAMPOAMOR, R. de, «El tren expreso». [Los pequeños poemas (1879)].

    ↩ Volver al texto
  1555. [1555] CAMPOAMOR, R. de, «¡Quién supiera escribir!». [Dolaras (1846)].

    ↩ Volver al texto
  1556. [1556] [Ese puñetazo de mármol (…) / que da la belleza al corazón, rápidamente, al pasar].

    ↩ Volver al texto
  1557. [1557] «Artista pintor. [… ] Es Pte. de la Soc. de Acuarelistas, Pastelistas y Grabadores […]» [Quién es Quién en la Argentina. Kraft: 1955, s.v. «González Garaño, Alfredo»].

    ↩ Volver al texto
  1558. [1558] La diosa teutónica Ostera, cuya fiesta era celebrada por los antiguos sajones a principios de la primavera. Cf. BEDA el Venerable (674-735), De Ratione Temporum, I, 5.

    ↩ Volver al texto
  1559. [1559] Quizá el poeta Carlos Spinedi (n. 1928). En los años sesenta, colaboró con Borges en la Biblioteca Nacional.

    ↩ Volver al texto
  1560. [1560] «Canción del alma que se goza de haber llegado al alto estado de la perfección, que es la unión con Dios, por el camino de la negación espiritual» (p. 1618).

    ↩ Volver al texto
  1561. [1561] Los García Victorica: Benjamín (1891-?), su mujer Francisca Ocampo (1894-1967) (hermana de Silvina), y sus hijas Silvia Angélica Genca (1919-86) y Victoria Francisca Tona.

    ↩ Volver al texto
  1562. [1562] [Había una joven dama de Portugal / cuyas ideas eran excesivamente náuticas. / Trepó a un árbol / para examinar el mar, / pero declaró que nunca abandonaría Portugal.] LEAR, Edward, Book of Nonsense (1846).

    ↩ Volver al texto
  1563. [1563] [un cuento, / contado por un idiota, lleno de ruidos y furia, / carente de significado]. Macbeth, V, 5

    ↩ Volver al texto
  1564. [1564] Lettres philosophiques (1734), XVIII.

    ↩ Volver al texto
  1565. [1565] [y sacudir de nuestra carne harta del mundo el yugo de las infaustas estrellas. Br]. Romeo and Juliet, V, 3.

    ↩ Volver al texto
  1566. [1566] «Je veux être Chateaubriand ou rien» (anotación de Hugo, de julio de 1816, en un cuaderno escolar).

    ↩ Volver al texto
  1567. [1567] Eugenio D’Ors, autor de U-turn-it (1923). La paráfrasis, en La vall de Josafat (1921).

    ↩ Volver al texto
  1568. [1568] Al que asistió en 1964 junto a M.ª E. Vázquez [Cf. VÁZQUEZ (1996): 235-50].

    ↩ Volver al texto
  1569. [1569] Forma de juramento equivalente a ¡Por Dios! o ¡Pardiez!, derivada del vasco Jainko (Dios).

    ↩ Volver al texto
  1570. [1570] «Sir Thomas Browne» (1925).

    ↩ Volver al texto
  1571. [1571] Obras propias y tradiciones latinas, griegas y italianas, con la paráfrasis de algunos salmos y capítulos de Job (1631).

    ↩ Volver al texto
  1572. [1572] “Ahora, bajo la máscara de la interpretación artística, del comentario de costumbres, vibra el disparate. El disparate forzado, repetido, para especialistas. Quizás haya que rastrear esta caída en la edad de Bustos Domecq […]” [Los fuegos fatuos]. PP, nº. 213 (1967)]. La reseña supone que el personaje Santiago Ginzberg «acaso sea Oliverio Girondo».

    ↩ Volver al texto
  1573. [1573] «El mar» (1967).

    ↩ Volver al texto
  1574. [1574] «Himno al mar» (1919).

    ↩ Volver al texto
  1575. [1575] Esta segunda edición [Rueda («Colección Mundial»), 1968] añade cinco cuentos.

    ↩ Volver al texto
  1576. [1576] «La que se quedó para vestir santos». [Poemas póstumos (p. 1913) ].

    ↩ Volver al texto
  1577. [1577] «Para una teoría de la novela». [Teorías (p. 1974)]. Belarte —o simplemente el Arte— debe rechazar el realismo como representación, debe oponerse a la identificación con los personajes y suscitar la intervención activa del lector.

    ↩ Volver al texto
  1578. [1578] «El Universo o Realidad y yo nacimos el 1.º de junio de 1874 y es sencillo añadir que ambos nacimientos ocurrieron cerca de aquí y en una ciudad de Buenos Aires». [«Autobiografía». In: Papeles de Recienvenido (1929) ].

    ↩ Volver al texto
  1579. [1579] [Deje de ser terrible y vuélvase encantador]. Alusión a CORNEILLE, P., L’Illusion Comique (1635), II, 2, v. 341: «Cessez d’être charmant, et faites-vous terrible». Gervasio Montenegro la cita con la misma inversión [B-BC (1946a), II].

    ↩ Volver al texto
  1580. [1580] La primera versión de la novela Diario de la guerra del cerdo (1969).

    ↩ Volver al texto
  1581. [1581] PARKMAN, Francis, History of the Conspiracy of Pontiac (1851). La obra «refiere la conspiración de Pontiac, famoso cacique de los Otawas que, al promediar el siglo XVIII, buscó la alianza de los franceses, usó las artes de la guerra y de la hechicería contra el poder británico y murió asesinado». [Introducción a la literatura norteamericana (1967)]. Para una lectura del libro a Borges, que va comentando los pasajes, véase GÁLVEZ (1989): 57-62.

    ↩ Volver al texto
  1582. [1582] Diálogo con Borges (1969).

    ↩ Volver al texto
  1583. [1583] Jorge Luis Borges por él mismo: sus poemas y su voz (J. AMB Discográfica, disco 123-1], editado en mayo de 1967.

    ↩ Volver al texto
  1584. [1584] «Borges y yo», «Milonga de los dos hermanos», «Milonga de Jacinto Chiclana».

    ↩ Volver al texto
  1585. [1585] «Salmos del combate». [Las montañas del oro (1897)].

    ↩ Volver al texto
  1586. [1586] Entretiens avec Jorge Luis Borges (1967).

    ↩ Volver al texto
  1587. [1587] «Uno en dos». [Marea de fervor (1967)].

    ↩ Volver al texto
  1588. [1588] Según Zemborain: «Lo primero que Borges me ofreció fue escribir con él un libro sobre los presocráticos, a los que yo admiraba. Con mi mentalidad universitaria, le pregunté a Borges si él conocía el griego: me dijo que no. Yo no terminaba aún de abarcar el idioma, así que le repliqué que nos iba a resultar imposible componer un libro sobre los presocráticos sin dominar el griego. [… ] Decidimos encontrarnos casi todos los días. Mientras cenábamos, debatíamos los temas que íbamos a escribir. [… ] Borges sugería poner una palabra en lugar de otra. “Pero no significa lo mismo”, protestaba yo. Y él respondía: “No importa, pero queda mejor”». [Declaración en LN, 12/10/97].

    ↩ Volver al texto
  1589. [1589] [El arte ocurre, B] WHISTLER, J. Ten O’Clock Lecture (1888).

    ↩ Volver al texto
  1590. [1590] [Ciego, en Gaza, en la noria, con los esclavos. Br]. MILTON,J., Samson Agonistes (1671), v. 41.

    ↩ Volver al texto
  1591. [1591] Retórica, III.

    ↩ Volver al texto
  1592. [1592] «[…] vivió congestionado por esa inmensa lectura mal digerida». [Primera conferencia sobre «Cervantes y el Quijote» (1919) ].

    ↩ Volver al texto
  1593. [1593] «Admiro esa prosa de casi impecable corrección, dechado de elegancia académica; ella podría competir con la de nuestro célebre y ya tan olvidado Villemain, si, menos reñida con la gracia risueña, lograra desprenderse de cierta exornación escolar y husmo de sacristía o seminario, hasta de materia profana». [Ib.].

    ↩ Volver al texto
  1594. [1594] TARSIA, Pablo A. de, Vida de don Francisco de Quevedo y Villegas (1663).

    ↩ Volver al texto
  1595. [1595] «Siete soñadores» (1968). En Caos (1934), Bioy había incluido su cuento «Un puñal en el sueño».

    ↩ Volver al texto
  1596. [1596] «Milongas clásicas», VI [Poesías (1916)].

    ↩ Volver al texto
  1597. [1597] El argumento del film Invasión, rodado en 1968 y estrenado en Bs As en octubre de 1969.

    ↩ Volver al texto
  1598. [1598] Weir of Hermiston (p. 1894), III.

    ↩ Volver al texto
  1599. [1599] Jorge Luis Borges por él mismo [Polydor, Disco 20.366], editado en 1966. A. Bence participa en «Emma Zunz».

    ↩ Volver al texto
  1600. [1600] [Era estúpido en un modo nuevo]. BOSWELL, Life of Johnson, «28 de marzo de 1775». Johnson se refiere a Gray:

    ↩ Volver al texto
  1601. [1601] «Of Art, of Literature, of Mr. Henry James». [Boon (1915)].

    ↩ Volver al texto
  1602. [1602] Obra poética (1923-1966). Suprime «A Rafael Cansinos Assens», «A la doctrina de pasión de tu voz» y «Al coronel Francisco Borges (1833-1874)».

    ↩ Volver al texto
  1603. [1603] GÜIDA, Pascual, «La última bala». [Critica; Revista Multicolor, nº. 49 (1934)].

    ↩ Volver al texto
  1604. [1604] «Al rey Oscar». [Cantos de vida y esperanza (1905)]; «Oda a Mitre». [El canto errante (1907)]; «Español» (1912).

    ↩ Volver al texto
  1605. [1605] Cantos de vida y esperanza (1905).

    ↩ Volver al texto
  1606. [1606] Probable alusión a la severa reseña de Obra poética 1923-1966 [PP, n.º 215 (1967)], que concluye con este juicio: «Es sólo un escritor, un arriero de palabras sugestivas o dramáticas. No un poeta».

    ↩ Volver al texto
  1607. [1607] Con ese título Wilde reseñó en 1886 un artículo de G. Saintsbury.

    ↩ Volver al texto
  1608. [1608] «[…] naturalistas, parnasianos, psicólogos y decadentes, “niños que se chupan el dedo”. [“Ce sont des enfants qui se sucent le pouce”], según la expresión de Renan». [GROUSSAC, P., «Alphonse Daudet» (1898)].

    ↩ Volver al texto
  1609. [1609] [Todo el horroroso pasado salta, pía, maulla y chilla / en la bruma rosa, amarilla y sucia del Soho / con los indeeds, y los all rights y los hos]. VERLAINE, P., Jadis et Naguère (1884), «Sonnet boiteux».

    ↩ Volver al texto
  1610. [1610] The Lusiads (1880y 1884).

    ↩ Volver al texto
  1611. [1611] La Gaceta de Tucumán (Tucumán), 25/6/67.

    ↩ Volver al texto
  1612. [1612] «The Edge of the Evening». [A Diversity of Creatures (1917)].

    ↩ Volver al texto
  1613. [1613] «[… ] and though in the Bed of Cleopatra, can hardly with any delight raise up the ghost of a Rose» [BROWNE, T., Garden of Cyrus (1658), V].

    ↩ Volver al texto
  1614. [1614] Quizá alude al libreto de Hugo von Hofmannsthal para Der Rosenkavalier, en especial al acto II, en que el barón entrega a la duquesa la rosa de plata.

    ↩ Volver al texto
  1615. [1615] The Concise Cambridge History of English Literature (1941), XV, 5.

    ↩ Volver al texto
  1616. [1616] N. Carter, protagonista de los folletines escritos por F. Van Rensslaer Dey (1865-1922), que aúnan detection y exotismo. N. Winter. seudónimo de Georges Vinter, protagonista de films de aventuras del sello Pathé entre 1906-21: Max Linder contre Nick Winter (1912), Nick Winter et les as de trèfles (1913), etc.

    ↩ Volver al texto
  1617. [1617] Confessions of an English Opium-Eater (1821).

    ↩ Volver al texto
  1618. [1618] El Premio Literario La Nación de 1967 ofrecía 300.000 pesos a la «mejor novela corta inédita de alrededor de 100 páginas».

    ↩ Volver al texto
  1619. [1619] The Horses of the Conquest (1930), III.

    ↩ Volver al texto
  1620. [1620] «The Suicide Club». [New Arabian Nights (1882)].

    ↩ Volver al texto
  1621. [1621] [aplicado imitador]. Alusión a STEVENSON, R. L., Memories and Portraits (1887), IV: «I have thus played the sedulous ape to Hazlitt, to Lamb, to Wordsworth, to sir Thomas Browne, to Defoe, to Hawthorne, to Montaigne, to Baudelaire, and to Obermann [Así he imitado aplicadamente a Hazlitt, etc.]».

    ↩ Volver al texto
  1622. [1622] En la novela tradicional como Wallace en la policial (Nota de ABC).

    ↩ Volver al texto
  1623. [1623] VERLAINE, P., Romances sans paroles (1874), «Green».

    ↩ Volver al texto
  1624. [1624] «Mon rêve familier». [Poèmes Saturniens (1866)].

    ↩ Volver al texto
  1625. [1625] Alusión a la muerte del viejo Antigonus en Winter’s Tale, III, 3: «Antigonus exit pursued by a bear». W. Raleigh observa en su Shakespeare (1907) que «this is the first we hear of the bear».

    ↩ Volver al texto
  1626. [1626] [Tienen su destino los libros]. TERENTIANUS MAURUS (S. II), De litteris, syllabis et metris, v. 258. El verso completo es «Pro captu lectoris habent sua fata libelli [Según la inteligencia del lector, tienen su destino los libros]».

    ↩ Volver al texto
  1627. [1627] «La despedida». [Aniceto el Gallo (1872), ns 10].

    ↩ Volver al texto
  1628. [1628] Del Plata al Niágara (1897), XIX. Groussac toma la cita de la descripción de los Atlantes en Herodoto, IV, 184.

    ↩ Volver al texto
  1629. [1629] Cf. «Episodio del enemigo» (1967).

    ↩ Volver al texto
  1630. [1630] «Harp Song of the Dane Women». [Puck of Pook’s Hill (1906), «The Knights of the Joyous Venture» ].

    ↩ Volver al texto
  1631. [1631]Quienes no son niños ni dioses, sino hombres en un mundo de hombres!].

    ↩ Volver al texto
  1632. [1632] The Invention of Morel, en adaptación de Joseph A. Timko.

    ↩ Volver al texto
  1633. [1633] Bioy había visto, en París, por televisión, el 8 de diciembre de 1967, el film L’invention de Morel (1967), de Claude Jean Bonnardot.

    ↩ Volver al texto
  1634. [1634] Quiz-show emitido (1958-71) por Radio Splendid, producido y conducido por Julio Bringer Ayala.

    ↩ Volver al texto
  1635. [1635] «En el Poema conjetural se advertirá la influencia de los monólogos dramáticos de Roben Browning». [Prólogo a El otro, el mismo (1969)].

    ↩ Volver al texto
  1636. [1636] «El otro» (1972).

    ↩ Volver al texto
  1637. [1637] Sechs Aufgaben für Don Isidro Parodi [Frankfurt am Main: S. Fischer Verlag, 1969].

    ↩ Volver al texto
  1638. [1638] «Las cosas» (1969).

    ↩ Volver al texto
  1639. [1639] The Concise Cambridge History of English Literature (1941), XIV, 3.

    ↩ Volver al texto
  1640. [1640] En su prólogo a La humillación de los Northmore [Emecé («Cuadernos de la Quimera»), 1945], Borges la había traducido: «Ahora, por fin, esa cosa distinguida, la muerte».

    ↩ Volver al texto
  1641. [1641] «[…] sepan que olvidar lo malo / también es tener memoria». [Vuelta de Martín Fierro, vv. 4887-8].

    ↩ Volver al texto
  1642. [1642] [Creo saber a quién pertenecen estos bosques, / Pero su casa está en la aldea; / Él no verá que me he detenido aquí / A contemplar cómo sus árboles se cubren de nieve].

    ↩ Volver al texto
  1643. [1643] [He conocido la noche]. FROST, R., «Acquainted with the night». [West Running Brook (1928)].

    ↩ Volver al texto
  1644. [1644] Poems of St. John of the Cross (1951).

    ↩ Volver al texto
  1645. [1645] Goethe hace escribir a Werther: «Ossian hat in meinem Herzen den Homer verdrängt [Ossian ha desplazado a Homero en mi corazón. Br]». [Die Leiden des Jungen Werthers (1774), 11].

    ↩ Volver al texto
  1646. [1646] G. K. Chesterton (1944) y Return to Chesterton (1952).

    ↩ Volver al texto
  1647. [1647] Milonga de Manuel Flores (1968), con música de Aníbal Troilo y letra de Borges (1965).

    ↩ Volver al texto
  1648. [1648] Alusión al subtítulo de Paulino Lucero (1872) de Ascasubi: «… o los gauchos del Río de la Plata cantando y combatiendo contra los Tiranos de las Repúblicas Argentina y Oriental del Uruguay».

    ↩ Volver al texto
  1649. [1649] Julius Caesar, III, 1.

    ↩ Volver al texto
  1650. [1650] I.e., va a ser oído por el público, no leído (Nota de ABC).

    ↩ Volver al texto
  1651. [1651] Kant declaró haber despertado de su sueño dogmático, tras leer a Hume

    ↩ Volver al texto
  1652. [1652] [Él, que sabe sobre la nada aún más que los muertos]. Alusión a MALLARMÉ, S., «Angoisse». [Poésies (1887)]: «Toi qui sur fe néant en sais plus que les morts».

    ↩ Volver al texto
  1653. [1653] John Dickson Carr (1906-77) firmaba sus obras con su nombre o bien con el seudónimo de «Cárter Dickson».

    ↩ Volver al texto
  1654. [1654] Jorge Romero Brest dirigía desde 1963 el Centro de Artes Visuales (el «Di Telia»), caracterizado por el fomento de las expresiones de vanguardia y los happenings. La broma alude a su calvicie.

    ↩ Volver al texto
  1655. [1655] El Premio Literario La Nación de 1968 ofrecía 300.000 pesos al mejor «ensayo inédito literario, histórico o filosófico».

    ↩ Volver al texto
  1656. [1656] «A un argentino. Año 1968». [La Patria (1978)].

    ↩ Volver al texto
  1657. [1657] Juego de palabras con manflora (afeminado).

    ↩ Volver al texto
  1658. [1658] Autobiography (1968), XIII: «Marx belongs with Nietzsche as an apostle of disruption, and unfortunately Marxism won among socialists».

    ↩ Volver al texto
  1659. [1659] Alusión a la expresión lunfarda fierrazo (coito).

    ↩ Volver al texto
  1660. [1660] Poética, III, 7 (1451b).

    ↩ Volver al texto
  1661. [1661] «Los que imitan a este caballero [i.e. Góngora] producen partos monstruosos que salen de generación, pues piensan que han de llegar a su ingenio por imitar su estilo». [«Respuesta a un papel que escribió un señor de estos reinos en razón de la nueva poesía» (1621)].

    ↩ Volver al texto
  1662. [1662] «Dichoso el árbol que es apenas sensitivo / y más la piedra dura, porque ésa ya no siente […]». [«Lo fatal». In: Cantos de vida y esperanza (1905)].

    ↩ Volver al texto
  1663. [1663] Cf. el argumento del cuento «Reverdecer» (1959) de Bioy.

    ↩ Volver al texto
  1664. [1664] Les autres. Con guión de Borges, Bioy y Hugo Santiago, y dirigido por éste, se estrenó en París el 19 de febrero de 1975. El guión fue editado por Christian Bourgois en 1974.

    ↩ Volver al texto
  1665. [1665] HORACIO, Epodos, II. La observación de Borges reproduce la de Gracián [Agudeza y arte de ingenio (1648), XLIV]: «[…] este artificio contiene aquella oda de Horacio que comienza: Beatus ille qui procul negotiis. Toda ella va ponderando la felicidad de la vida del campo, quieta y sosegada [… ] y luego vuelve la hoja y concluye: “Mientras Alfio, usurero, / esas cosas relata […]”.

    ↩ Volver al texto
  1666. [1666] El árbol de la ciencia (1911), IV, 1.

    ↩ Volver al texto
  1667. [1667] En el epílogo al Romanzero (1851), Heine dice que vuelve a Dios, como el hijo pródigo, «nachdem ich lange Zeit bei mit den Hegelianern die Schweine gehütet».

    ↩ Volver al texto
  1668. [1668] LUGONES, L., «Alma venturosa». [Las horas doradas (1922)].

    ↩ Volver al texto
  1669. [1669] «Luna crepuscular». [Lunario sentimental (1909)].

    ↩ Volver al texto
  1670. [1670] Cf. GARCÍA JIMÉNEZ, F., «La Leyenda del Gaucho Malo». [LP, 2/3/69]: «Llega en ese entonces a San Nicolás un circo que entre otros dramas criollos representa el titulado Hormiga Negra […]. En una escena el protagonista mata alevosamente a un paisano […]. Una voz indignada se alza en la gradería […]. [Es] el propio “Hormiga Negra”, en carne y hueso, de pie, tremante, defendiendo su buen nombre: —¡Mienten, les digo!… Yo les vi a decir cómo jue endeveras!… Se interrumpió el espectáculo en medio de una gran confusión y un posterior alboroto que hizo temblar la carpa y produjo la intervención policial. A los dos días debió reponerse el drama “a pedido general”. […] Pero Hormiga Negra recibió previamente un mensaje en su rancho, por medio de un “zanagoria” del circo, acompañado de un billete de diez pesos—: Dice el empresario que le manda esto y que no pise más el circo, porque si llega a ir lo mandará a la comisaría desde el portón… Hormiga Negra agarró los diez pesos y agachó la cabeza afirmativamente».

    ↩ Volver al texto
  1671. [1671] Cf. «Penumbra y pompa» (1969).

    ↩ Volver al texto
  1672. [1672] La calle Bolívar recorre los barrios de San Telmo y Monserrat; la calle Bustamante, los de Almagro y Balvanera.

    ↩ Volver al texto
  1673. [1673] «And that night, my second full evening in Argentina, he [Borges] took me to dine at the home of Adolfo Bioy Casares, where I was presented to some of Borges’ closest friends. [… ] Manuel Peyrou, the novelist, was also there, and towards the end of the meal Teddy Paz, one of the younger literati, am bled in». [DI GIOVANNI (1988): 21].

    ↩ Volver al texto
  1674. [1674] Según CARELLA (1966): 111, «[a] estos versos se les atribuye un sentido procaz».

    ↩ Volver al texto
  1675. [1675] «Joaquín, el portero de casa, era un español acriollado, un muchacho de Buenos Aires. Se peinaba para atrás, con gomina, tenía buenas camisas, le gustaban las mujeres». [BC (1994): 35].

    ↩ Volver al texto
  1676. [1676] Cf. «Naturalismo al día» (1967).

    ↩ Volver al texto
  1677. [1677] Antología griega, VII, 155. Borges y Bioy lo incluyen en el «Museo» de ABA, n.º 8 (1946).

    ↩ Volver al texto
  1678. [1678] El ensayo, referido a Jung y Martin Buber, fue publicado en 1969 por la editorial Paidós con el título de Un símbolo vivo; Arquetipos, Historia y Sociedad

    ↩ Volver al texto
  1679. [1679] «[Para traducir los textos de “Bustos Domecq”] colabora Bioy. Trabajamos en su casa una o dos noches por semana. Claro que, debido al carácter de estas obras, las dificultades pueden multiplicarse por ciento; traducir estos libros literalmente es imposible y entonces, los tres tenemos que exigir al máximo nuestra capacidad de invención. Nuestro avance es forzosamente muy lento, pero, como recompensa, nos divertimos mucho». [Declaración de Di Giovanni en SORRENTINO (1974): 127].

    ↩ Volver al texto
  1680. [1680] El filántropo inglés William Morris (1864-1932). Llegó a Bs As en 1886; en 1898 se instaló en Palermo, en la zona del Maldonado, donde fundó diversos colegios.

    ↩ Volver al texto
  1681. [1681] [desvanecerse una rosa en aromático dolor]. POPE, A., Essay on Man (1733), I, l, v.200.Edmund Gosse [«Lady Winchilsea’sPoems». In: Gossip in a Library (1891)] señala que Pope habría tomado la expresión aromatic pain de Anne Finch, condesa de Winchilsea, quien escribió en su «The Spleen» (1713): «wefaint beneath the aromatick pain».

    ↩ Volver al texto
  1682. [1682] LEÓN, Fray Luis de, «Vida retirada» (p. 1631).

    ↩ Volver al texto
  1683. [1683] «¡No se rían!». [Paulino Lucero (1872)].

    ↩ Volver al texto
  1684. [1684] [Hubo diversión al concebirlo, y el bastardo debe ser reconocido]. King Lear, I, 1.

    ↩ Volver al texto
  1685. [1685] BOSWELL, Life of Johnson, «31 de julio de 1763».

    ↩ Volver al texto
  1686. [1686] ERVINE, St. John Greer, Bernard Shaw, his Life, Work and Friends (1956).

    ↩ Volver al texto
  1687. [1687] «Mayo 20, 1928» (1969).

    ↩ Volver al texto
  1688. [1688] En un artículo sobre las pesadillas de Onganía, de Borges, de algún futbolista, de alguna actriz (Nota de ABC).

    ↩ Volver al texto
  1689. [1689] Hojas de hierba [Juárez, 1969]. En «Buenos Aires» (1969), Borges evoca «una alta casa en el Sur en la que mi mujer y yo traducimos a Whitman».

    ↩ Volver al texto
  1690. [1690] «La Encarnación de Carrizo estaba situada a unas dos leguas y media de la estancia [Rincón Viejo], hacia el Oeste, en el deslinde del partido de Las Flores con el de Tapalqué. […]. Heredó Osvaldo Carrizo de su padre don Rosario, esa estancia». [BIOY, ADOLFO (1958): 118]. En Los orilleros se habla de «las famosas yegüitas de La Encarnación», cuyo padre era «un Orloff funebrero que se tuteaba, como quien dice, con todo el personal de la Recoleta». Cf. BC (1994): 28: «[…] frente a casa pasaban coches fúnebres tirados por cuatro caballos renegridos y seguidos de renegridos coupés».

    ↩ Volver al texto
  1691. [1691] Alvear y Guido corren paralelas, a uno y otro lado, de la avenida Quintana. El nombre original de ésta se debió a «no estar cortada por ninguna otra en lo que va de Cinco Esquinas a Callao». [LAFUENTE (1962): 25]. Hasta mediados del siglo XIX, la Calle Larga fue una zona de quintas, pantanos y arenales; recién fue empedrada después de 1853. Cf. WILDE, José A., Buenos Aires desde 70 años atrás (1881), XLVI.

    ↩ Volver al texto
  1692. [1692] [la Muerte inclina gigantescamente la mirada]. «The City in the Sea» (1831).

    ↩ Volver al texto
  1693. [1693] Cf. la frase de Francisco Real, respecto de la Lujanera, en «Hombre de la esquina rosada» (1935).

    ↩ Volver al texto
  1694. [1694] «[…] ese admirable primer capítulo, el mejor escrito del libro, y cuyo esmero nos trae involuntariamente a la memoria (el solo recordarlo parece una crueldad) el tiempo y vagar de que gozaba el preso para cuidar su estilo […]» [Segunda conferencia sobre «Cervantes y el Quijote» (1919), II].

    ↩ Volver al texto
  1695. [1695] Alusión de Borges a su «Poema conjetural» (1943): «Al fin me encuentro / con mi destino sudamericano».

    ↩ Volver al texto
  1696. [1696] «The Curfew Tolls» (1935). Con el título de «El toque de queda» fue traducido por Leonor Acevedo [S, nº 213-4 (1952)].

    ↩ Volver al texto
  1697. [1697] «[…] en una entrevista concedida a un semanario, durante el pasado mes de febrero, [Borges] se dedica a plagiar minuciosamente una veintena de líneas del artículo de Bioy, sin omitir otra cosa que los florilegios que Bioy le dedicaba. ¿Distracción del redactor? ¿Curiosidad nemotécnica?». [PP, n.º 324 (1969): 57].

    ↩ Volver al texto
  1698. [1698] «Chant-Pagan». [The Five Nations (1903)].

    ↩ Volver al texto
  1699. [1699] Alusión al diccionario Alemán-Español (1904) de Louis Tolhausen.

    ↩ Volver al texto
  1700. [1700] Cf. «Un hijo de Moreira», atribuido por Borges a «Carlos Moritán» en El matrero (1972).

    ↩ Volver al texto
  1701. [1701] [¿O buscaré tus sonrisas como antaño las buscaron, en las islas de Grecia, los bardos que morían contentos sobre la hierba florida, dejando grandes versos a un pueblo pequeño?]. «Fragment of an Ode to Maia, written on May Day» (1818).

    ↩ Volver al texto
  1702. [1702] Tomado de PEARSON, Hesketh, The Life of Oscar Wilde (1946), XIII. Borges y Bioy incluyeron el fragmento («El imán») en el «Museo» de ABA [na 9 (1946)] y en B-BC (1955a).

    ↩ Volver al texto
  1703. [1703] BIOY, ADOLFO (1958): 43-4. En p. 43 se reproducen los versos, de autor anónimo, que evocan el episodio: «El veintiocho de agosto/ Fue un día tan memorable / Que en el Carmen de Las Flores / Se vieron brillar los sables / Y sin agraviar a naides / Voy a contar un suceso / Quisieron llevarlo preso / Al joven Francisco Sausa / Por lo que ignoro la causa, / Don Antonio Coronel / Conversando como amigo / Se lo trajo hasta el cuartel / Y después de estar en él / Le dijo vos estás preso. / Sausa enderezó a la puerta / Con un revólver en la mano / Se fue en busca del teniente / Fue allí y lo encontró / Y en frente a lo de Cisneros / Se agarraron bala y bala / Pero Sausa le pegó / Y sin quererle hacer nada / A Donato lo mató». Borges incluyó el fragmento en El matrero (1970).

    ↩ Volver al texto
  1704. [1704] Edicom, que publicaría Un modelo para la muerte (1970) y Dos fantasías memorables (1971). Jorge Iaquinandi había diagramado, para Emecé, el formato de la colección «El Séptimo Círculo».

    ↩ Volver al texto
  1705. [1705] [¿Cómo pude embarcarme en esta galera?]. Alusión a la frase de Géronte [MOLIÈRE, Les fourberies de Scapin (1671), II, 7]: «Que diable allait-il faire dans cette galère?».

    ↩ Volver al texto
  1706. [1706] «Más allá del bien y del mal» (1976).

    ↩ Volver al texto
  1707. [1707] ¿H. Ernest Lewald? De este profesor de la Universidad de Tennessee se dice [«Un yanki en la corte de la literatura argentina». In: P, n.º 124 (1969)] que «acaba [en septiembre] de abandonar Buenos Aires, de regreso a la cátedra, después de contactos (renovados) con escritores argentinos». En su Argentina; Análisis y autoanálisis (1969), incluye una «Nota sobre los argentinos», «expresamente redactada para esta selección por Jorge Luis Borges».

    ↩ Volver al texto
  1708. [1708] «Circuncisión». [Mester de judería (1940)].

    ↩ Volver al texto
  1709. [1709] Alusión a «León cautivo». [Los crepúsculos del jardín (1905)]: «Un sordo lumbago lo amilana».

    ↩ Volver al texto
  1710. [1710] «La víctima de Tadeo Limardo» (1942). En los años veinte, en La Perla del Once (Rivadavia y Jujuy), se encontraban, los sábados por la noche, Macedonio Fernández, Fernández Latour, los Dabove, Borges et alii.

    ↩ Volver al texto
  1711. [1711] Alude al dibujo «Blue China (Whistler and Carlyle)». [BEERBOHM, M., The Poet’s Corner (1904)]. Borges y Frías ocuparían el lugar de Carlyle y Whistler, respectivamente.

    ↩ Volver al texto
  1712. [1712] LN, 16/8/69, incluido en Elogio de la sombra.

    ↩ Volver al texto
  1713. [1713] GRINBERG, Miguel, «El punto de ebullición». [P, n.º 123 (1969)].

    ↩ Volver al texto
  1714. [1714] «No es imposible que a Jorge Luis Borges y a Adolfo Bioy Casares las computadoras del futuro les reserven un destino idéntico, que atribuyan a Borges La invención de Morel o La otra aventura, y a Bioy las ficciones y los poemas de Borges. O que los imaginen como un solo personaje adicto a los disfraces y a las mistificaciones, un bibliotecario que aceptaba desdoblarse en las antologías, en los libretos cinematográficos y en la construcción de enigmas policiales». [«La obra donde los autores se bifurcan». PP, n.º 320 (1969)].

    ↩ Volver al texto
  1715. [1715] «Cierta crítica miope, cuando no malintencionada, ha querido ver desde [la publicación de La invención de Morel] una férrea relación de dependencia entre el maestro de Ficciones y el autor de La trama celeste. Parece que es tiempo de despejar el equívoco. Si la influencia de Borges sobre Bioy es notoria —y reconocida por el propio interesado—, sólo un exceso de provincianismo literario puede postergar los méritos originales de una obra profunda y coherente, en nombre de ese trasegado argumento».

    ↩ Volver al texto
  1716. [1716] Marisol (1966), con letra de Cayetano Córdova Iturburu y música de Sebastián Piaña.

    ↩ Volver al texto
  1717. [1717] La frase alude a la largada de los caballos, en una carrera cuadrera. Allí, un jinete se iguala «con municiones para equilibrar el peso con su contrario, en caso de ser éste más pesado, o como ventaja, cuando así conviene». [ABAD (1976), s.v. «Igualar»].

    ↩ Volver al texto
  1718. [1718] «[…] la melancólica sombra / huye besando su alfombra / con el afán de su pena». [Santos Vega (1885), I, vv. 8-10].

    ↩ Volver al texto
  1719. [1719] «[Leonor recordaba a] Dominga, la indiecita que le habían dado para jugar con ella y [que] la dejó desconsolada cuando se la llevaron de pronto, enferma de pulmonía». [JURADO, A., «Leonor Acevedo de Borges». LN, 24/9/95].

    ↩ Volver al texto
  1720. [1720] Macbeth [Sudamericana-Fondo Nacional de las Artes, 1970].

    ↩ Volver al texto
  1721. [1721] Amalia (1851), V.

    ↩ Volver al texto
  1722. [1722] [Véd a la esposa de Héctor, ese capitán grande y preeminente / de los jinetes de Troya, en el día en que pelearon por su Ciudad].

    ↩ Volver al texto
  1723. [1723] La traducción (Ilíada, XXII) no pertenece a las English Hexameter Translations (1847) de Edward C. Hawtrey, sino a Matthew Arnold, que cita los versos como ejemplo en su polémica con Newman [On Translating Homer (1861)]. A propósito del uso de pre-eminent, dice Arnold que «I was a little in doubt whether that was not too bookish an expresión to be used in rendering Homer», pero que, tras encontrar la expresión en la Biblia, «I use “pre-eminent” without scruple».

    ↩ Volver al texto
  1724. [1724] Cf. «Historia de Rosendo Juárez» (1969).

    ↩ Volver al texto
  1725. [1725] RAMÍREZ, Carlos María, Artigas (1884).

    ↩ Volver al texto
  1726. [1726] «Historia de Pedro Moyano». [La provincia de Buenos Aires hasta la cuestión Capital de la república (1883)].

    ↩ Volver al texto
  1727. [1727] «Tu admiración por Borges me parece exagerada […]. Borges tiene aberraciones terribles; detesta a Francia y a España; todo lo inglés le parece bien; mucho de lo yanqui; no le gusta Grecia. Si no las conociera, se podría comprender, pero lo grave es que las conoce. De Inglaterra, sólo detesta lo que se parece a lo latino; Keats y Shelley […]. En literatura, a Borges sólo le interesa el mecanismo […]; el contenido humano le es indiferente. [… ] En resumen, nada de lo humano le atrae; para que una novela o un drama le interesen, se necesita que sean: 1. fantásticos; 2. historias de locos; 3. puzzles de tipo policial. Como idioma, sí, te diré, es estupendo; no se equivoca nunca […]. Como estilo es muy personal; pero es un modelo muy peligroso, porque sólo tiene un tono y no una serie de tonos […]» [Carta del 19 de mayo de 1945. In: HENRÍQUEZ UREÑA, P., Selección de ensayos. La Habana. Casa de las Américas, 1969].

    ↩ Volver al texto
  1728. [1728] El cuento apareció en LP, 11/10/69. Luego fue incluido en Los días de la noche (1970).

    ↩ Volver al texto
  1729. [1729] «Declaración sobre el revisionismo y las montoneras». In: LP, 1/11/69. La firman J. Bianco, ABC, Susana Bombal, JLB, J. E. Clemente, B. Edelberg, Silvina Ocampo, P. Gannon, Adela Grondona, C. Mastronardi, M. Mujica Lainez et alii.

    ↩ Volver al texto
  1730. [1730] La continuación, desde otro punto de vista, de «Hombre de la esquina rosada». (Nota de ABC). Se trata de «Historia de Rosendo Juárez» (1969).

    ↩ Volver al texto
  1731. [1731] Borges (1969), film de André Camp y de José María Berzosa.

    ↩ Volver al texto
  1732. [1732] Pinkie: comunista (Nota de ABC).

    ↩ Volver al texto
  1733. [1733] «El duelo» (1970).

    ↩ Volver al texto
  1734. [1734] Confirmado, n.º 240 (1970).

    ↩ Volver al texto
  1735. [1735] «Homage to César Paladión», «The Sartorial Revolution (I)», «The Sartorial Revolution (II)», «The Brotherhood Movement». [TriQuarterly (Evanston, Northwestern University), nº 16 (1969)].

    ↩ Volver al texto
  1736. [1736] «El otro duelo» (1970).

    ↩ Volver al texto
  1737. [1737] Quizá Borges juegue a confundirlo con «Córdova Iturburu», una de sus bêtes noires

    ↩ Volver al texto
  1738. [1738] Voces (1943). En 1979, Borges prologó la versión francesa: Voix [Paris: Fayard].

    ↩ Volver al texto
  1739. [1739] Jean des Esseintes, protagonista de À rebours (1884) de Joris Karl Huysmans.

    ↩ Volver al texto
  1740. [1740] En una carta a John Murray, del 23 de abril de 1820, Byron le habla de «yourpond poets [sus poetas del estanqué]».

    ↩ Volver al texto
  1741. [1741] «[Pope] is the great moral poet of all times, of all climes, of all feelings, and of áll stages of existence». [BYRON, Carta a John Murray, del 25 de marzo de 1821].

    ↩ Volver al texto
  1742. [1742] Alusión al motto «Que se rompa pero que no se doble», del Partido Radical argentino.

    ↩ Volver al texto
  1743. [1743] «El informe de Brodie» (1970).

    ↩ Volver al texto
  1744. [1744] Zes raadsels voor Parodi [Amsterdam: Van Ditmar, 1968], trad. por H. van Herpen y Tigler de Lange.

    ↩ Volver al texto
  1745. [1745] Pedro E. Aramburu había sido secuestrado el 30 de mayo de 1970 por un comando del grupo Montoneros. El 8 de junio, Onganía renunció y fue reemplazado por el general Roberto M. Levingston. El cadáver de Aramburu apareció el 16 de julio, en una chacra del pueblo de Timóte, en la provincia de Bs As.

    ↩ Volver al texto
  1746. [1746] El 22 de agosto, Borges recibió en San Pablo el Premio Matarazzo Sobrinho; el 25, Bioy y Peyrou recibieron el Primer y Segundo Premio Nacional de Literatura de Ficción 1966-68, respectivamente.

    ↩ Volver al texto
  1747. [1747] Faits divers de la terre et du ciel [París: Gallimard, 1974].

    ↩ Volver al texto
  1748. [1748] «[Accompagné (sic) de la flûte] es un libro bestial, que a una la distrae de la estancia». [«El dios de los toros» (1942)].

    ↩ Volver al texto
  1749. [1749] Cf. «La promesa» (1972).

    ↩ Volver al texto
  1750. [1750] Reportaje en Magazine Littéraire (Paris), n.º 47 (1970).

    ↩ Volver al texto
  1751. [1751] Macedonio Fernández [Carlos Pérez Editor, 1969]. Reúne testimonios de Borges, A. Jauretche, L. Marechal, F. L. Bernárdez, M. Peyrou, Gabriel del Mazo et alii.

    ↩ Volver al texto
  1752. [1752] Historia de Rosendo Juárez, hecho imprimir en Colombo, en 1970, por Gustavo Fillol Day, en edición de veinte ejemplares.

    ↩ Volver al texto
  1753. [1753] Macbeth [Sudamericana-Fondo Nacional de las Artes, 1970].

    ↩ Volver al texto
  1754. [1754] La imprenta López había publicado B-BC (1946a) y B-BC (1946b), con el pie de «Oportet & Haereses», que alude a Corintios 9:19. La referencia podría ser indirecta, ya que: (a) en Liturgies intimes (1892), Verlaine incluye el poema «Oportet haereses esse»; (b) en su conferencia sobre «El romanticismo francés» (1920), Groussac recuerda que «según el Apóstol, hasta las herejías son útiles —oportet et haereses esse— […]».

    ↩ Volver al texto
  1755. [1755] AMALRIK, Andrei A., Involuntary Journey to Siberia (1970).

    ↩ Volver al texto
  1756. [1756] «Catálogo y análisis de los diversos libros de Loomis» (1967).

    ↩ Volver al texto
  1757. [1757] «Cuando Borges está de muy buen humor suele tararear […] una canción cuya letra es: “Cattaneo, dame la mano […]”. Hicimos una pequeña investigación para averiguar quién era Cattaneo y nos enteramos [de] que fue un arriesgado y valiente piloto italiano, Bartolomé Cattaneo, quien [… ] sobrevoló Buenos Aires a dos mil metros de altura y fue el primero que unió en un vuelo directo Buenos Aires y Rosario allá por 1911 […]. “No tenía la menor idea de las proezas de Cattaneo —afirma Borges—, sólo sé que cuando yo era chico, él era célebre y yo cantaba esa estrofa para mí inexplicable, sin mayor erudición”». [VÁZQUEZ, M. E., «Instantáneas». LN, 21/8/83]. Borges recuerda que, hacia 1912, «Cattaneo, en la imaginación popular, había desbancado a Moreira». [B (1930)]. En 1910, Cattaneo había realizado el primer cruce del Río de la Plata en avión.

    ↩ Volver al texto
  1758. [1758] Publicado en 1969 con una nota de Borges que lo define como «un jalón que los historiadores de nuestra literatura no deben olvidar».

    ↩ Volver al texto
  1759. [1759] Macbeth, I, 3 y I, 2, respectivamente.

    ↩ Volver al texto
  1760. [1760] Holinshed’s Chronicle, as used in Shakespeare’s Plays [London: Dent, 1927], editado por Allardyce & Josephine Nicoll.

    ↩ Volver al texto
  1761. [1761] [el deseo declinara]. Eclesiastés 6:9

    ↩ Volver al texto
  1762. [1762] Robert Browning and his World (1967).

    ↩ Volver al texto
  1763. [1763] Autobiography (1936).

    ↩ Volver al texto
  1764. [1764] Robert Browning (1903).

    ↩ Volver al texto
  1765. [1765] Motto de Leonardo, invocado por P. Valéry en su Introduction à la méthode de Léonard de Vinci (1894).

    ↩ Volver al texto
  1766. [1766] «Don Borges». [The New York Review of Books (New York), vol. XVI, n.º 1 (1971)].

    ↩ Volver al texto
  1767. [1767] «Todas las mujeres son iguales» e «Historia romana», traducidos por Françoise-Marie Rosset [Nouvelles d’amour. Paris: Robert Laffont, 1971].

    ↩ Volver al texto
  1768. [1768] «De invierno». [Azul… (1888)].

    ↩ Volver al texto
  1769. [1769] Nostromo (1904), I, 6 y II, 4, respectivamente.

    ↩ Volver al texto
  1770. [1770] LEGGE, J., The Texts of Taoism (1891).

    ↩ Volver al texto
  1771. [1771] Alusión a Macbeth, I, 2: «What he [Cawdor] hath lost, noble Macbeth hath won».

    ↩ Volver al texto
  1772. [1772] El primer libro de Capdevila fue Tambor nuevo (1910).

    ↩ Volver al texto
  1773. [1773] Cf. «El milagro secreto» (1943).

    ↩ Volver al texto
  1774. [1774] They Were Seven (1944). En la contratapa de Eran siete (1947), su traducción incluida en «El Séptimo Círculo», se resume así el asunto: «Siete sobrinos, que juzgan que [la] existencia [de Mr. Knott] se prolonga indebidamente, acuden a la casa de Mr. Knott para acompañarlo en la semana de Navidad. […]. Mutuamente se aborrecen estos canallas, pero se juntan para urdir un plan asombroso y maléfico».

    ↩ Volver al texto
  1775. [1775] Macbeth (1900).

    ↩ Volver al texto
  1776. [1776] [Salteo veinte hojas en busca del final, / y me escapo con esfuerzo a través del jardín]. L’Art Poétique (1674), I, v. 58.

    ↩ Volver al texto
  1777. [1777] [Lo más importante está detrás]. Macbeth, I, 3, v.117.

    ↩ Volver al texto
  1778. [1778] [Caballeros, vuestras fatigas / quedan registradas (en un libro) donde cada día / he de leerlas.] op. cit., I, 3, vv.150-2.

    ↩ Volver al texto
  1779. [1779] [Nada en su vida / lo honró tanto como el modo de dejarla.] op. cit., I, 4, vv.7-8. Se habla de Cawdor, recién ajusticiado.

    ↩ Volver al texto
  1780. [1780] [No hay arte / capaz de descubrir la índole de la mente en el rostro.] op. cit., I, 4, w.l 1-12.

    ↩ Volver al texto
  1781. [1781] [¿Y no debería mediante signos seguros / reconocerse el corazón de los pérfidos hombres?].

    ↩ Volver al texto
  1782. [1782] [Tan lejos has adelantado/que el ala más veloz de la recompensa resulta lenta /para alcanzarte.] op. cit., I, 4, vv.16-8.

    ↩ Volver al texto
  1783. [1783] «Un vaso más de ensueño…» (c. 1920).

    ↩ Volver al texto
  1784. [1784] The Handling of Words (1923), II, 3.

    ↩ Volver al texto
  1785. [1785] [Oh amor, nunca más iremos / a las tierras del verano, más allá del mar]. «The Daisy». [Maud, and Other Poems (1855)].

    ↩ Volver al texto
  1786. [1786] El canónigo Hugh Montefiore, vicario de Great St. Mary, sugirió en una conferencia dada en Oxford en 1967 que Cristo había sido homosexual: «Women were his friends, but it is men he is said to have loved. The striking fact was that he remained unmarried, and men who did not marry usually had one of the three reasons: they could not afford it; there were no girls; or they were homosexual in nature».

    ↩ Volver al texto
  1787. [1787] [No es extraño que la dama llorara: / era la tierra de Francia, BC]. Versos de Henry G. Bell, citados en BREWER, R. F., The Art of Versification and the Technicalities of Poetry (1893).

    ↩ Volver al texto
  1788. [1788] «La noche de los dones» (1975).

    ↩ Volver al texto
  1789. [1789] BRIANTE, M., «Bioy Casares: la trama de vivir». [PP, n.º 420 (1971): 18-24].

    ↩ Volver al texto
  1790. [1790] [escúchenme (literalmente, préstenme sus oídos o sus orejas)]. Shakespeare, Julius Caesar, III, 2.

    ↩ Volver al texto
  1791. [1791] QUEVEDO, F. de, «Epístola satírica y censoria contra las costumbres presentes de los castellanos» (p. 1648).

    ↩ Volver al texto
  1792. [1792] «Leyenda y realidad». [La Razón, 26/5/71 ]. El 28 de mayo apareció en LN.

    ↩ Volver al texto
  1793. [1793] «Parodia de la letra del tango Tiempos viejos (1926), de Manuel Romero: “¿Te acordás, hermano, lo linda que era? / Se formaba rueda pa” verla bailar…».

    ↩ Volver al texto
  1794. [1794] La madriguera o El general o La cueva de vidrio, escrita a principios de 1971. Francisco Urondo resume así su argumento, de un reportaje hecho a Bioy Casares [La Opinión, 4/7/71]: «Un general vive rodeado de su familia. Pero la casa en la que habitan también está rodeada por otra gente, que procura liquidar al general, a su familia, su casa y todo lo que ellos representan. La casa sufre un asedio permanente. […] Promediando la obra, el general llega a la conclusión de que todos pueden vivir bien “aunque nadie pueda vivir tranquilo”. Entonces, oficializa, admite el papel que cada uno de los personajes debe vivir. Su mujer —que lo ha engañado hasta poco antes de caer el telón—, deberá convertirse en una mujer respetable (“que es, a la larga, el destino de casi todas las mujeres”). El revolucionario hará su revolución, y así sucesivamente. Hay destinos indeterminados, o infusos: por ejemplo, el de los tratadistas que seguirán escribiendo obras que alienten a los hombres de acción, pero “no demasiado”».

    ↩ Volver al texto
  1795. [1795] Dormir al sol (1973).

    ↩ Volver al texto
  1796. [1796] Tras la caída del presidente Levingston, en marzo de 1971, su sucesor Lanusse buscó una salida política («constitucional») a la crisis, tratando de negociar con el peronismo. Estas negociaciones se interrumpirían en julio de 1972.

    ↩ Volver al texto
  1797. [1797] Cf. los argumentos de B. Russell [Why I Am Not a Christian (1957)]: «I think I should put Buddha and Sócrates above Him [Cristo] in those respects [i.e., virtud y sabiduría]».

    ↩ Volver al texto
  1798. [1798] Mateo 21:18-19; Marcos 11:13. Cf. Russell, op. cit.: «This is a very curious story, because it was not the right time of year for figs, and you really could not blame the tree».

    ↩ Volver al texto
  1799. [1799] De spectaculis, 30. Borges lo cita según Gibbon [Decline and Fall of the Román Empire (1788), XV].

    ↩ Volver al texto
  1800. [1800] «El soborno» (1975).

    ↩ Volver al texto
  1801. [1801] «Más allá del bien y del mal» (1976).

    ↩ Volver al texto
  1802. [1802] Samuel Johnson (1944), X.

    ↩ Volver al texto
  1803. [1803] WOOLF, V., Orlando (1928), III.

    ↩ Volver al texto
  1804. [1804] Alude a la serie «Alas». («El chingólo», «La cotorra», «El federal», etc.), incluida en El libro de los paisajes (1917).

    ↩ Volver al texto
  1805. [1805] Amarillo celeste (1972) incluye «Hablan las estaciones», serie de cuatro poemas: «Invierno», «Otoño», «Primavera», «Verano».

    ↩ Volver al texto
  1806. [1806] Death to the Rescue (1933). Bioy Casares explica que «[c]uando tratamos de conseguir los derechos, uno de los agentes […] nos comunicó que […] habían sido retirados de la venta por orden judicial. Sospechamos siempre que el protagonista, un comiquísimo Mister Armor, formal, curioso, mezquino y que se ve envuelto en un asunto de asesinatos, debió de ser la nada exagerada caricatura de algún conocido del autor, a quien acusó de difamarlo». [BC (1994): 101-2].

    ↩ Volver al texto
  1807. [1807] El personaje de la historia de Simbad el Marino que, una vez sobre las espaldas de Simbad, no quería bajarse.

    ↩ Volver al texto
  1808. [1808] Alusión a BECQUER, Gustavo, Rimas (1860), XXVII: «Cuando me lo contaron, sentí el frío / de una hoja de acero en las entrañas».

    ↩ Volver al texto
  1809. [1809] En la versión definitiva, el librero Spinoza ofrece al cliente la edición de Ovidio de Tournier en lugar de la que aquél solicita.

    ↩ Volver al texto
  1810. [1810] «Alba triste». [Los maitines de la noche (1902) ].

    ↩ Volver al texto
  1811. [1811] «Delectación morosa». [Los crepúsculos del jardín (1905)].

    ↩ Volver al texto
  1812. [1812] «La vuelta al hogar». [Obraspoéticas (1887)].

    ↩ Volver al texto
  1813. [1813] «Novissima verba». [En voz baja (1909) ].

    ↩ Volver al texto
  1814. [1814] «Les capitaines, portant des cothurnes de bronze, s’étaient placés dans le chemin du milieu, sous un voile de pourpre à franges d’or[…]» [Salammbô (1862), 1].

    ↩ Volver al texto
  1815. [1815] «[…] en otra comida en lo de Bioy, con Borges y yo invitados, se me ocurrió comentar, de vuelta de un viaje a Italia, lo poco que leían los italianos a pesar de la espléndida y floreciente industria editorial. “Cómo es posible —reflexionó [Borges]—, si Italia es la patria de Dante y todo italiano se sabe la Divina Comedia como nosotros el Martín Fierro”. “Eso habrá sido en otro tiempo —le contesté—, hay estadísticas y, a esta altura de las cosas, creo que los italianos recitan tanto la Comedia como nosotros el Fierro”. “¿Y la cantidad de libros, y la calidad de edición, que se ven en las librerías italianas?”, insistió él. Y yo: “Tenga en cuenta que esas maravillosas ediciones son financiadas por las grandes empresas industriales, que de esa manera emplean sus superávits [sic] y esquivan los impuestos”. Pero no hubo caso: ¿quién podía discutir con Borges, maestro del monólogo?». [SCHÓÓ, Ernesto, «(Des)encuentros con Borges». In: CÓCARO (1987): 65-6].

    ↩ Volver al texto
  1816. [1816] En la versión definitiva, los Grandvilliers-Lagrange.

    ↩ Volver al texto
  1817. [1817] Lavalle y Junín: hacia los años veinte, la zona donde se encontraban los principales prostíbulos (Las Natas, Las Perras, Las Esclavas y El Chorizo), en las inmediaciones de la actual Facultad de Medicina de la Universidad de Bs As. En Rosario, la zona de los prostíbulos estaba en la calle Pichincha, entre Salta y Brown.

    ↩ Volver al texto
  1818. [1818] Milonguita (1920), tango con letra de S. Linnig y música de E. Delfino: «¿Te acordás, Milonguita? Vos eras / la pebeta más linda “e Chiclana […]. / Esthercita, / hoy te llaman Milonguita, / flor de noche y de placer, / flor de lujo y cabaret. / Milonguita, / los hombres te han hecho mal […]”.

    ↩ Volver al texto
  1819. [1819] Quizá Günter W. Lorenz, de Waghurst in Baden. En 1974 publicó la antología Lateinamerika Stimmen eines Kontinents, donde incluye y traduce textos de Borges, Bioy et alii. En un curioso artículo [«Es begann im S-Bahn-Zugvon San Isidro». Die Welt (Berlin), 31/5/85] explica que la primera charla de Borges y Bioy habría sido a bordo de un tranvía, el 2 de octubre de 1931. Revela también que Seis problemas para don Isidro Parodi habría sido prohibido en 1946 por el peronismo, al tiempo que Borges perdía su puesto como empleado de la Biblioteca Nacional [Nationalbibliothek].

    ↩ Volver al texto
  1820. [1820] [El arte de hundirse]. Alusión a POPE, A., «Bathos, the Art of Sinking in Poetry». [Miscellanies (1727)].

    ↩ Volver al texto
  1821. [1821] Las de Silvina, tomadas en Mar del Plata en 1942, se reproducen en Adolfo Bioy Casares; Álbum [Madrid: Ministerio de Cultura, 1991]: 88. El impulso original quizá provenga de la descripción que hace Francis Galton, en el «Appendix» de Inquines into Human Faculty (1883), del método de la Composite Portraiture, ideado en 1877 por A. L. Austin. Allí Galton, que aplicó el procedimiento para componer retratos estereoscópicos de criminales, reproduce una xilografía basada en una imagen así obtenida.

    ↩ Volver al texto
  1822. [1822] Alfred MacAdam, autor de «Un cuento olvidado de Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares». [Eco (Bogotá), vol. XXII, n.º 2 (1970)] y de «El espejo y la mentira, dos cuentos de Borges y Bioy Casares». [Revista Iberoamericana (Pittsburgh), n.º 75 (1971)].

    ↩ Volver al texto
  1823. [1823] PROUST, M., Le Balzac de Monsieur de Guermantes (p. 1950).

    ↩ Volver al texto
  1824. [1824] Más allá de mi río (1971), con prólogo de Borges.

    ↩ Volver al texto
  1825. [1825] «Yo le dije a Bioy que él no debía permitir una reimpresión de ese cuento [Un modelo para la muerte], porque el cuento es una serie de bromas sobre bromas sobre otras bromas, de modo que habíamos llegado a una suerte de humorismo ridículo. […] Creo que esa reimpresión nos perjudica, porque me parece que las Crónicas de Bustos Domecq son buenas». [Declaración en SORRENTINO (1974): 101].

    ↩ Volver al texto
  1826. [1826] Alusión al tango Aquel tapado de armiño (1928), de M. Romero y E. Delfino.

    ↩ Volver al texto
  1827. [1827] Prólogo a El informe de Brodie (1970).

    ↩ Volver al texto
  1828. [1828] CHASSAING, Juan, «A mi bandera» (1861).

    ↩ Volver al texto
  1829. [1829] Borges lo usó dos veces de esa forma, aplicándolo a Rosas [Prólogo a GRÜNBERG, C, Mester de judería (1940)] y a Perón [«L’Illusion Comique» (1955)].

    ↩ Volver al texto
  1830. [1830] [Un triunfo sobre semejantes adversarios fue humillación suficiente]. Autobiography (1796). Gibbon se refiere a su triunfo sobre Davies, Chelsum y demás críticos.

    ↩ Volver al texto
  1831. [1831] Versión, algo optimista, de Borges del dicho popular francés: «toutpasse, tout lasse, tout casse [todo pasa, todo harta, todo se rompe]».

    ↩ Volver al texto
  1832. [1832] «El arte de Susana Bombal». [LN, 23/5/71].

    ↩ Volver al texto
  1833. [1833] [¿Son acaso cormoranes, que se sumergen uno después de otro?]. «Clair de lune». [Les Orientales (1829)].

    ↩ Volver al texto
  1834. [1834] Ulysses (1922), I.

    ↩ Volver al texto
  1835. [1835] Es decir, en la zona del arroyo Maldonado, territorio de los orilleros.

    ↩ Volver al texto
  1836. [1836] «La noche de los dones» (1975).

    ↩ Volver al texto
  1837. [1837] «Grau, teurer Freund, ist alie Theorie / Und grün des Lebens goldner Baum». [Urfaust (p. 1887), «Schülerszene»].

    ↩ Volver al texto
  1838. [1838] El Premio Literario La Nación de 1971 ofrecía 1.000.000 pesos ley 18.188 al mejor cuento juvenil inédito.

    ↩ Volver al texto
  1839. [1839] Pedro Miguel Obligado [ECA, 1962].

    ↩ Volver al texto
  1840. [1840] «La belleza es misterio, que tu amor profundiza». [«Ausencia». In: El hilo de oro (1924)].

    ↩ Volver al texto
  1841. [1841] «[Juan] Vidal Martínez, nihilista o nadista pontevedrés, ha conseguido callarse la boca durante siete páginas y ha publicado un libro en blanco. Eso no tiene nada de particular. Es lo que Pedro Miguel Obligado ya hizo con El Ala de Sombra». [Reseña de Evasión. Pr2, nº. 15 (1926)]. Probablemente, el libro de Vidal es confundido con el más reciente Les mémoires d’un amnesique, también en blanco, editado en Bélgica a fines de los años sesenta.

    ↩ Volver al texto
  1842. [1842] Vieja letrilla de tango (c. 1892-93), de autor anónimo. Según otra lección: «No me tires con la tapa de la olla, / porque se abolla, / porque se abolla./ No me tires con la tapa “e la tinaja, / porque se raja, / se va a rajar./ Si se abolla, yo te abollo, / si se raja, yo te rajo, / si se rompe, yo te rompo/de un trompazo la nariz”. En 1926, Alberto Vacarezza compuso No me tires con la tapa de la olla, tango que recoge dos de los versos de la letrilla.

    ↩ Volver al texto
  1843. [1843] Cf. los «humeantes tazones de chocolate con soconusco» que bebe el hispanista Mario Bonfanti [B-BC (1946a), V].

    ↩ Volver al texto
  1844. [1844] SEGOVIA, Lisandro, Diccionario de argentinismos, neologismos y barbarismos (1911). GARZÓN, Tobías, Diccionario argentino (1910).

    ↩ Volver al texto
  1845. [1845] Ángel Bernardo Schiavetta (n. 1948), médico y escritor argentino.

    ↩ Volver al texto
  1846. [1846] «La salvación por las obras» (1977).

    ↩ Volver al texto
  1847. [1847] «Don Leandro Álvarez tenía el campo cerca del canal. [… ] Mi abuelo lo embromaba recordándole la vez que doña Francisca Fredes lo corrió, revoleando una argolla. Álvarez la había llamado “puta”. Doña Francisca le contestó: “Puta, pero no suya”. Álvarez decía que doña Francisca había tenido razón». [BC (1997)]. Cf. BIOY, ADOLFO (1958): 46-50.

    ↩ Volver al texto
  1848. [1848] [apto para formar parte de un club]. Alusión a la expresión de Johnson: «Boswell is a very clubable man». [BOSWELL, Life of Johnson, «4 de diciembre de 1783»].

    ↩ Volver al texto
  1849. [1849] «(Helen) had two breasts of heavenly sheen, / The sun and moon of the heart’s desire [(Helen) tenía dos senos de brillo celestial, / el sol y la luna del deseo amoroso]».

    ↩ Volver al texto
  1850. [1850] La baronesa Helene von Stummer. Borges la menciona en el prólogo a su edición de El cardenal Napellus [antología tomada de Fledermäuse (1917)] de Gustav Meyrink [Librería La Ciudad («La Biblioteca de Babel»), 1979].

    ↩ Volver al texto
  1851. [1851] El coronel Francisco Borges, sublevado contra Sarmiento, acampaba en Junín en noviembre de 1874; su hijo Jorge Guillermo había nacido en febrero. El cacique pampa Carriel (m. 1874) se había aliado a otro sublevado, el general Ignacio Rivas, comandante de fronteras en Azul.

    ↩ Volver al texto
  1852. [1852] «En el año 1874, cuando la revolución, Catriel con mil indios y mil quinientos caballos, acampó a las puertas de la estancia [Rincón Viejo] […] Catriel, al emprender la retirada con su gente, se acercó a mi padre a darle las gracias y le regaló dos magníficos caballos, un lobuno y un cebruno, que fueron, con un tostado, por espacio de veinte años los caballos de su silla». [BIOY, ADOLFO (1958): 21]. Según Bioy: «En el campo, anduve a caballo desde muy chico: primero, sentado delante de mi padre, en su caballo el Cuervo». [BC (1994): 9].

    ↩ Volver al texto
  1853. [1853] «[…] estoy frente a la bobería en mucho bronce de Rodin, procurando adivinar en qué piensan los músculos del “Pensador” ([…] Los pensadores son más friolentos; éste se saca la ropa para poder pensar)». [Papeles de Recienvenido (1929) ].

    ↩ Volver al texto
  1854. [1854] [Les toca empezar a ustedes, señores asesinos]. La frase. —«Si l’on veut abolir la peine de mort en ce cas, que Messieurs les assassins commencent, qu’ils ne tuent pas, on ne les tuera pas [Si se quiere abolir la pena de muerte en este caso, que los señores asesinos comiencen, porque si ellos dejan de matar, no se les matará más]”— fue escrita por Alphonse Karr en su periódico Les Guêpes (París), en un artículo del 3 de enero de 1849.

    ↩ Volver al texto
  1855. [1855] «Enrique Banchs». [BAAL, n.º 137-8 (1970)].

    ↩ Volver al texto
  1856. [1856] Allí, sede del Museo de Arte Decorativo, Mujica Lainez fue secretario del director (I. Pirovano) en 1937-46. Véase, v.g., su discurso de recepción en la Academia de Letras [BAAL, n-117-8 (1965)]: «El Palacio Errázuriz, en el que advierto la magnanimidad de tantas presencias enternecedoras que crean un sumario de mi compleja vida, me ofrece, con el esplendor de su marco, una razón más para impresionarme […]».

    ↩ Volver al texto
  1857. [1857] «Grimm suggests she [la sibila Sif] is the same as the Anglo-Saxon Sib and the Teutonic Sippia». [SYKES, E., Everyman’s Dictionary of Non-Classical Mythology. London: Dent, 1952, s.v. «Sif»].

    ↩ Volver al texto
  1858. [1858] Juego de palabras con Banfield, localidad del Gran Buenos Aires, y con fifar (copular).

    ↩ Volver al texto
  1859. [1859] Alusión a la Introduction à la méthode de Leonard de Vinci (1894) de Paul Valéry.

    ↩ Volver al texto
  1860. [1860] Por contaminatio con El Paulista, por entonces cadena de cafés muy popular de Bs As.

    ↩ Volver al texto
  1861. [1861] Que vinieran a entrevistarnos (Nota de ABC).

    ↩ Volver al texto
  1862. [1862] Alusión a Martín Fierro, vv. 2293: «Y cuando la habían pasao, / una madrugada clara, / le dijo Cruz [a Martín Fierro] que mirara / las últimas poblaciones».

    ↩ Volver al texto
  1863. [1863] «El otro» (1974).

    ↩ Volver al texto
  1864. [1864] Alusión al asunto de la novela Dormir al sol (1973).

    ↩ Volver al texto
  1865. [1865] Alusión a DE QUINCEY, T., «Goethe S. Wilhelm Meister’s Apprenticeship» (1824): «Upon one occasion, when he [John Henderson] was disputing at a dinner party, his opponent being pressed by some argument too strong for his logic or his temper, replied by throwing a glass of wine in his face: upon which Henderson […] coolly wiped his face, and said, —“This, sir, is a digression: now, if you please, for the argument”». Borges traduce la réplica como: «Esto, señor, es una digresión, espero su argumento». [«Arte de injuriar» (1933)].

    ↩ Volver al texto
  1866. [1866] Joseph Conrad; A Critical Biography (1960).

    ↩ Volver al texto
  1867. [1867] Racconti brevi e straordinari [Milano-Parma: Franco María Ricci («La biblioteca blu»), 1973].

    ↩ Volver al texto
  1868. [1868] GRONDONA, M., «Viajar con Borges». [El chal violeta y otros cuentos (1982)].

    ↩ Volver al texto
  1869. [1869] [¿No quiere darle la mano al obispo?]. «Borges era muy delicado si estaba con señoras […] y, cuando tenía que ir al baño, solía disculparse con frases no exentas, sin embargo, de intención, como: “Voy a darle la mano a Monseñor”. Un día una señora muy tonta se alborotó toda ante estas palabras y preguntó dónde estaba que ella también quería saludarlo. Cuando le dijeron que se había marchado, apenada y dulcemente, le recriminó a Borges: “A los monseñores no se les da la mano, se les besa el anillo, Georgie”». [VÁZQUEZ (1996): 91].

    ↩ Volver al texto
  1870. [1870] [Heme aquí sentado, / con el corazón roto: / traté de cagar / pero sólo peé].

    ↩ Volver al texto
  1871. [1871] «El guardagujas». [Confabulario (1952)].

    ↩ Volver al texto
  1872. [1872] «Al coyote» (1972).

    ↩ Volver al texto
  1873. [1873] History of English Literature (1912), XXXII. El verso citado es «The Dalesmen may have aimed the deadly tube [Los hombres del valle pueden haber apuntado el tubo mortífero, B]» [The Recluse (p. 1888)].

    ↩ Volver al texto
  1874. [1874] Sospechado de maniobras delictivas en operaciones navieras, Pedro Gnavi, comandante en jefe de la Armada (1968-71), fue cuestionado e investigado por la Fiscalía Nacional de Investigaciones Administrativas. Por su actitud integracionista se había ganado la oposición de los oficiales colorados. Pasó a retiro a fines de 1971.

    ↩ Volver al texto
  1875. [1875] La protagonista de «La salvación por las obras», cortejada en vano por el Baulito Pérez.

    ↩ Volver al texto
  1876. [1876] La anécdota que refiere Borges es apócrifa: no existe tal texto.

    ↩ Volver al texto
  1877. [1877] CONTURSI, P., Mi noche triste (1915).

    ↩ Volver al texto
  1878. [1878] Prólogo (fechado en abril de 1972) para SYNNESTVEDT, S., Swedenborg, testigo de lo invisible [Marymar, 1982].

    ↩ Volver al texto
  1879. [1879] Chronicles of Bustos Domecq [New York: Dutton, 1976].

    ↩ Volver al texto
  1880. [1880] Leonor Suárez (abuela materna de Borges), su hermana Ercilia y Teresa Ocampo. Leonor y Ercilia eran sobrinas segundas de Vicente López y Planes; Teresa, su nieta. [VACCARO (1996):7].

    ↩ Volver al texto
  1881. [1881] «La cuestión “Shakespeare”» (1919), II.

    ↩ Volver al texto
  1882. [1882] «Destino y obra de Camoens». [Boletín de la Biblioteca del Jockey Club, n.º 51 (1973) ].

    ↩ Volver al texto
  1883. [1883] «Polas argénteas ondas neptuninas». [Os Lusíadas (1572), I, estr. LVIII, v. 2]

    ↩ Volver al texto
  1884. [1884] V.g., la de Richard Burton (1880), la de R. Fanshawe (1940) y la de W. C. Atkinson (1952).

    ↩ Volver al texto
  1885. [1885] I Wouldn’t Be in Your Shoes (1943). La traducción fue publicada por la editorial Hachette en 1953

    ↩ Volver al texto
  1886. [1886] «[…] no es un enemigo que valga la pena… / pues ya una vez lo hizo ca…er de un hachazo». [«El guapo». In: Misas herejes (1908)]. Borges dice que «hay renglón de El alma del suburbio: pues ya una vez lo hizo ca…er de un hachazo en que parece retumbar la voz de Paredes». [B (1930), II].

    ↩ Volver al texto
  1887. [1887] Cf. los versos de Neruda [Las furias y las penas (1939)]: «[…] el terciopelo cagado / por las ratas […]». Borges quizá parodia o recuerda involuntariamente el verso de Yeats [«The Sorrow of Life» (1892)]: «… the starladen sky», que traducirá [«La Divina Comedia» (1977)] como «cielo cargado de estrellas».

    ↩ Volver al texto
  1888. [1888] Letra apócrifa de «El apache argentino» (c. 1910). Borges la pondera como «inefabilísima parodia». [«La pampa y el suburbio son dioses» (1926) ]. Fue incluida en Destiempo, nº. 3 (1937): 6: «Quisiera ser canfinflero / Para tener una mina, / Mandársela con bencina / Y hacerle un hijo aviador, / Para que bata el record / De la aviación argentina».

    ↩ Volver al texto
  1889. [1889] UDAONDO, Enrique, Diccionario biográfico argentino (1938).

    ↩ Volver al texto
  1890. [1890] [Los mejores de su clase no son más que sombras]. A Midsummer’s Night Dream, V, 1.

    ↩ Volver al texto
  1891. [1891] «Las formas de la gloria» (1977).

    ↩ Volver al texto
  1892. [1892] «Pagos juidos, libro de edición modesta y de tapas endebles, sufrió una especie de transfiguración por obra del sol y de la mala tinta del título. Expuesto en algunas vidrieras, se corrieron los colores de las letras hasta el punto de volverse casi indescifrables. Borges advirtió que Pagos juidos se trocó en Pagos judíos, vale decir, en todo lo contrario de lo que intentaba expresar su texto. No más gauchos ni baguales, no más querencias de criollos puros, sino prósperos colonos israelitas más diestros en el manejo del arado que en el uso del facón. La añoranza proyectada hacia el campo antiguo pasaba a convertirse en exaltación del progreso y en rimada gringolatría». [MASTRONARDI (1967): 186-7].

    ↩ Volver al texto
  1893. [1893] Cobra: la historia de un maricón; Borges no aguantaría la lectura (Nota de ABC).

    ↩ Volver al texto
  1894. [1894] Para la discusión, entre Borges y Eduardo Gudiño Kieffer, véase LN, 6/8/72

    ↩ Volver al texto
  1895. [1895] Cf. «El duelo» (1970).

    ↩ Volver al texto
  1896. [1896] Se refiere a las preocupaciones de Yates, en la redacción de la biografía de Borges (Nota de ABC).

    ↩ Volver al texto
  1897. [1897] «Inéditos de Macedonio». [Hispamérica (Maryland), ns 1 (1972)].

    ↩ Volver al texto
  1898. [1898] «Mi nombre es Alejandro Ferri. Ecos marciales hay en él, pero ni los metales de la gloria ni la gran sombra del macedonio [… ] se parece al modesto hombre gris que hilvana estas líneas». [El Congreso (1971) ]

    ↩ Volver al texto
  1899. [1899] Alusión a la letra apócrifa del tango El apache argentino «[…] Para que bata el record / de la aviación argentina».

    ↩ Volver al texto
  1900. [1900] MASPERO, Gastón, Les Contes populaires de l’Égypte Ancienne (1911).

    ↩ Volver al texto
  1901. [1901] El cuento del tigre: probablemente «El héroe de las mujeres» (1978).

    ↩ Volver al texto
  1902. [1902] Cf. (a). REYES, Alfonso, Diario 1911-1930 (1969), donde hay numerosas menciones de Borges; (b). ROBB, J. W., «Borges y Reyes: una relación epistolar». [Humanitas (Monterrey), vol. 8 (1967)].

    ↩ Volver al texto
  1903. [1903] «Una amistad hasta la muerte» (1977).

    ↩ Volver al texto
  1904. [1904] El proyecto no prosperó. Sin embargo, en 1980 fue filmada en Brasil la versión de Hugo Christensen. Borges, poco satisfecho con los resultados, se opuso a su estreno en la Argentina [Véase «Sí a la censura». Somos, n.º 273 (1981)].

    ↩ Volver al texto
  1905. [1905] [Los críticos literarios difícilmente se molestarán en recordar o registrar la existencia de un mal poeta llamado Clough, a quien sus amigos encontraban inútil promover; porque el público, aunque estúpido, no tiene sesera semejante ala de los partidarios de Clough]. Él mismo es citado, como «a contemptuous rhyme», por Chesterton [Robert Browning (1903), III], con variantes: «There was a bad poet named Clough. / Whom his friends all united to puff. / But the public, though dull, / Has not quite such a skull/As belongs to believers in Clough». Bioy había leído el libro en marzo de 1942.

    ↩ Volver al texto
  1906. [1906] [Cubierta de ruinosa basura parece ser la definición que mejor le conviene]. Amours de Voyage (1849), I, v.9

    ↩ Volver al texto
  1907. [1907] Cf. BIOY, «Confidencias de un lobo» (1967).

    ↩ Volver al texto
  1908. [1908] Alusión a MENÉNDEZ Y PELAYO, M., «Epístola a Horacio» (1876).

    ↩ Volver al texto
  1909. [1909] Alusión a las últimas palabras de Harriet Martineau (1802-76): «Isee no reason why the existence of Harriet Martineau should be perpetuated».

    ↩ Volver al texto
  1910. [1910] JAURETCHE, A., El medio pelo en la sociedad argentina (1966), IX: «[C]omo don Hipólito [Yrigoyen] padecía de una dolencia a la vejiga se acomodó el apellido tradicional del Dr. Oscar Meabe convirtiéndolo en el “Doctor Meabene”, cuya habilidad profesional obtenía resultados satisfactorios para el enfermo que se expresaban con el nombre de un correligionario de la tercera: Don Plácido Meo».

    ↩ Volver al texto
  1911. [1911] Las elecciones de marzo, en las que previsiblemente —como ocurrió— triunfaría el peronismo.

    ↩ Volver al texto
  1912. [1912] [Un amigo un poco inexplicable, reconozcámoslo]. Alusión a una expresión de Ema Risso Platero. Cf. entrada del 3 de junio de 1955.

    ↩ Volver al texto
  1913. [1913] Alusión a Una amistad hasta la muerte (1881), de Eduardo Gutiérrez. Para la broma, cf. nota al 11/5/54.

    ↩ Volver al texto
  1914. [1914] Martín Fierro, vv. 1299-1300.

    ↩ Volver al texto
  1915. [1915] El matrero Luciano Santos (1873), vv. 1021-4.

    ↩ Volver al texto
  1916. [1916] Borges se confunde, al creer que cita versos de Los tres gauchos orientales (junio de 1872) y no de El matrero Luciano Santos, su continuación (marzo de 1873), que sí pudo inspirarse en versos de El gaucho Martín Fierro (diciembre de 1872). Sin embargo, el mismo Borges, en «Los tres gauchos orientales» (1932), observa correctamente: «En la segunda parte [de Los tres gauchos orientales], que es de 1873, esas imitaciones alternan con otras facsimilares del Martín Fierro, como si reclamara lo suyo don Antonio Lussich».

    ↩ Volver al texto
  1917. [1917] Para las barbas, véase BC (1997): 95-6.

    ↩ Volver al texto
  1918. [1918] La nueva edición (1973) agrega diecisiete textos.

    ↩ Volver al texto
  1919. [1919] ANTHONY, David, Blood on a Harvest Moon (1972), publicada como Sangre a la luz de la luna [Emecé («El Séptimo Círculo»), 1974].

    ↩ Volver al texto
  1920. [1920] El 8 de octubre, Borges renunciará a su cargo de Director de la Biblioteca Nacional.

    ↩ Volver al texto
  1921. [1921] En el film se canta el «Soneto de Spinoza» de Borges, con música de Hugo Santiago.

    ↩ Volver al texto
  1922. [1922] En Cr, n.º 11 (1974), dice estar escribiéndolo “con una amiga” (se trata de Claude Hornos). No lo publicó. Probablemente se aluda a él en el «Epílogo» de sus Obras completas [Emecé, 1974]: «En lo que se refiere a la metafísica, bástenos recordar cierta Clave de Baruch Spinoza, 1975».

    ↩ Volver al texto
  1923. [1923] «Homenaje a Borges». LN, 30/12/73.

    ↩ Volver al texto
  1924. [1924] [Preferiría estar en cualquier otra parte. ]

    ↩ Volver al texto
  1925. [1925] En el cuento, cuando el tabernero Toine queda paralítico, su mujer lo utiliza para incubar huevos.

    ↩ Volver al texto
  1926. [1926] «La secta de los Treinta» (1975).

    ↩ Volver al texto
  1927. [1927] Cf. entrada del 22 de septiembre de 1971.

    ↩ Volver al texto
  1928. [1928] Recollections of the Lake Reminiscences from to 1830 (1839).

    ↩ Volver al texto
  1929. [1929] BOSWELL, Life of Johnson, «6 de agosto 1763». Según Boswell, la réplica de Johnson fue patear una piedra.

    ↩ Volver al texto
  1930. [1930] Lettres philosophiques (1734), XVIII.

    ↩ Volver al texto
  1931. [1931] Perón había muerto el 1.º de julio.

    ↩ Volver al texto
  1932. [1932] «En silencio». [Misas herejes (1908)].

    ↩ Volver al texto
  1933. [1933] «Mi coronel Marcelino, / valeroso guerrillero, / oriental pecho de acero/y corazón diamantino». [ASCASUBI, H., Paulino Lucero (1853), «Saludo al valeroso coronel don Marcelino Sosa»].

    ↩ Volver al texto
  1934. [1934] Borges preparaba por entonces el prólogo a la edición de las Obras completas de Lewis Carroll publicada por editorial Corregidor en 1976.

    ↩ Volver al texto
  1935. [1935] «El otro duelo» (1970).

    ↩ Volver al texto
  1936. [1936] OBLIGADO, Pedro Miguel, «Melancolía». [El hilo de oro (1924)].

    ↩ Volver al texto
  1937. [1937] Para ella Borges escribió «En memoria de Angélica» (1975).

    ↩ Volver al texto
  1938. [1938] [¿Habrá sido la orgulloso vela desplegada de su esplendido verso, / obligada por el premio de tu preciosa persona, / quien sepultó en mi cerebro los maduros pensamientos, / convirtiendo su tumba el vientre desde el que nacieron?]. Soneto LXXXVI.

    ↩ Volver al texto
  1939. [1939] Il Congresso del Mondo [Milano: Franco María Ricci, 1974]. La edición incluye unas cincuenta miniaturas de cosmogonía tantra. «Cuando Borges recibió el primer ejemplar de esta colección, se lo llevó a casa de los Bioy y se lo mostró a Silvina Ocampo. Ella le comentó que el libro tenía algunos grabados escatológicos. Se trata sólo de un fragmento de la ilustración denominada “la decapitada” de las Maha-vidya o formas del principio de la destrucción, la diosa Kali. Abajo, muy chiquitas, aparecen dos figuras, el amor y el deseo, encarnados en un hombre y una mujer (sólo a ella se la ve desnuda) acostados en el acto de la cópula. Borges decidió que el libro era pornográfico, decidió olvidarlo y le regaló el ejemplar a Silvina». [VÁZQUEZ (1996):280].

    ↩ Volver al texto
  1940. [1940] Johan Huizinga [Homo Ludens (1938)] sostiene precisamente lo contrario: que todos los rasgos fundamentales del juego entre los hombres se hallan presentes en el juego entre los animales.

    ↩ Volver al texto
  1941. [1941] «Texas» (1962).

    ↩ Volver al texto
  1942. [1942] [¡Publiquen y váyanse al demonio!]. La frase original es la respuesta que dio Lord Wellington a una antigua amante, que lo amenazaba con publicar sus intimidades.

    ↩ Volver al texto
  1943. [1943] Cf. Enquiry Concerning Human Understanding (1777), sección X: «Of Miracles».

    ↩ Volver al texto
  1944. [1944] David Hume (1879).

    ↩ Volver al texto
  1945. [1945] M.ª E. Vázquez dice: «Me contó el padre Daniel Zaffaroni (en la noche del velorio fue a rezar un responso) que le asombró oír a Borges y Bioy hablar largamente de literatura por encima del cadáver». [VÁZQUEZ (1996): 287]. El asombro se explica al saber que Bioy estaba en Europa.

    ↩ Volver al texto
  1946. [1946] «De la forma del mundo» (1976).

    ↩ Volver al texto
  1947. [1947] Las respuestas fueron publicadas en La Opinión, 28/9/75; luego, en Ocho escritores por ocho periodistas [Timerman, 1976].

    ↩ Volver al texto
  1948. [1948] «A las 12.20 [del mediodía] llegó Borges, vestido de sobrio azul marino, y casi de inmediato Bioy Casares, con “blazer” también azul y pantalones grises […]. Sentados detrás de una vidriera y rodeados por solícitas militantes en el sexo femenino, los invitados se prestaron muy sonrientes y amables a una masiva solicitud de firmas que quedaron grabadas no sólo sobre Los orilleros sino también sobre casi todo lo que llevan escrito hubo filmación, hubo fotografías, hubo niños, curiosos, preguntas, respuestas y opiniones». [BURONE, C, «Por primera vez Bioy participó de un rito». La Opinión, 26/10/75].

    ↩ Volver al texto
  1949. [1949] Cf. «Las uñas» (1936).

    ↩ Volver al texto
  1950. [1950] Es decir, del otro lado del arroyo Maldonado, territorio de los orilleros.

    ↩ Volver al texto
  1951. [1951] «Otro típico oficio de morenos: el de hormiguerero —destructor de hormigueros—; oficio complicado, lleno de raras erudiciones». [LANUZA, José Luis, Morenada. Schapire, 1967:98].

    ↩ Volver al texto
  1952. [1952] Véase entrada del 2 de junio de 1963.

    ↩ Volver al texto
  1953. [1953] El proyecto se interrumpió: el 15 de abril Jacobo Timerman fue secuestrado por el gobierno militar y su diario La Opinión clausurado. Posteriormente, desde 1979, la editorial Fraterna planeó publicarla con el título de Nuestro De Quincey, como Timerman, en una serie que incluiría otras dos antologías (Nuestro Stevenson y Nuestro Kipling), preparadas por Borges y Bioy en 1968.

    ↩ Volver al texto
  1954. [1954] Como la entrada sí figura, el error quizá proceda de que Bioy ha de haberla buscado, siguiendo un criterio de progresión alfabética completa, inmediatamente antes de «Deor». El Companion (1932), por el contrario, sigue una progresión alfabética basada en los radicales: De Quincey aparece por «DE Quincey», antes, v.g., de «Dead Souls».

    ↩ Volver al texto
  1955. [1955] [como un idiota]. Alusión a «he wrote like an ángel, and talk’d likepoor Poll», verso de David Garrick citado por Boswell en su Life of Johnson, «1763». Johnson aplica el verso a Goldsmith.

    ↩ Volver al texto
  1956. [1956] Gente, n.º 629 (1977).

    ↩ Volver al texto
  1957. [1957] Camille Flammarion resume las doctrinas astronómicas de Louis A. Blanqui en Les mondes imaginaires et les mondes réels (1865).

    ↩ Volver al texto
  1958. [1958] [Rose Aylmer, a quien estos ojos insomnes / podrán lamentar, pero nunca más ver].

    ↩ Volver al texto
  1959. [1959] [Podrán llorar, pero nunca más ver. / Una noche de recuerdos y suspiros / consagro a ti].

    ↩ Volver al texto
  1960. [1960] [una noche de recuerdos y suspiros].

    ↩ Volver al texto
  1961. [1961] [Porque, Aylmer, todas fueron tuyas. / Dulce Aylmer, por quien estos ojos insomnes (…)]

    ↩ Volver al texto
  1962. [1962] [Rose Aylmer, todas fueron tuyas. / Rose Aylmer, a quien estos ojos insomnes (…)]

    ↩ Volver al texto
  1963. [1963] Kroniki Bustoda Domecq a [Kraków: Wydawnictwo Literackie, 1985].

    ↩ Volver al texto
  1964. [1964] «Aquí yace, bien sepulto, / Capdevila, en este osario; / fue niño, joven y adulto, / pero nunca necesario. / Sus restos deben quemarse / para evitar desaciertos. / Murió para presentarse / en un concurso de muertos». [R. M., «Epitafio». In: MF, n.º 2 (1924)]. En «El concurso municipal». [MF, n.º 4 (1924)] se lo llama «campeón de todos los concursos».

    ↩ Volver al texto
  1965. [1965] [Tendremos lechos repletos de leves olores]. BAUDELAIRE, Ch., Les Fleurs du Mal (1857), «La mort», I.

    ↩ Volver al texto
  1966. [1966] Norah [Milano: Il Polifilo, 1977].

    ↩ Volver al texto
  1967. [1967] Alusión a la teoría de Richard Bentley acerca del editor de Milton.

    ↩ Volver al texto
  1968. [1968] «[… ] una pepita de metal nativo, por descomunal que fuera —y tampoco las hay en el quijotesco criadero— nada nos enseñaría sobre la riqueza del placer aurífero […]» [Segunda conferencia sobre «Cervantes y el Quijote» (1919), III].

    ↩ Volver al texto
  1969. [1969] Pedro Antonio Bioy, «se suicidio cuando el Banco del Azul, del que era presidente, se declaró en quiebra, por manejos de algún gerente. Pedro Antonio se consideró responsable y se pegó un tiro […]» [BC (1994): 151-2].

    ↩ Volver al texto
  1970. [1970] Cf. «Nuestra patria ecuestre». (BC (1997): 290-2].

    ↩ Volver al texto
  1971. [1971] Operado de próstata el 25 de junio, Bioy tenía entonces colocada una sonda.

    ↩ Volver al texto
  1972. [1972] [Mi fin es mi comienzo]. ELIOT, T. S., «East Coker» [Four Quartets (1944)].

    ↩ Volver al texto
  1973. [1973] Portmanteau word de saucisse (salchicha) y assassine (asesino): un calor mortífero, caliente como una salchicha.

    ↩ Volver al texto
  1974. [1974] Para este Handbook of Fantastic Literature, Borges y Bioy escribieron un prólogo y prepararon un índice. En marzo de 1980 Manguel les comunicó que el libro sería editado por Lester & Orpen Dennys de Toronto, a principios de 1981. Finalmente, en 1983 Manguel publicó en dicha editorial, bajo su exclusiva autoría, la antología Black Water

    ↩ Volver al texto
  1975. [1975] [Yo soy el hombre. Yo sufrí. Ahí estaba. B] «Song of Myself». [Leaves of Grass (1881)], v. 832

    ↩ Volver al texto
  1976. [1976] Silvina Ocampo y Patricio Canto habían traducido el mismo fragmento con el título «Aflicción de la niñez; muerte de la hermana». Fue publicado en S, n.º 112 (1944).

    ↩ Volver al texto
  1977. [1977] Essais (1580). Véase especialmente I, 19 («Qu’il ne faut juger de nostre heur, qu’après la mort»), I, 20 («Que philosopher c’est apprendre à mourir»), II, 13 («Del juger de la mort d’autruy») y III, 12 («De la phisionomie»).

    ↩ Volver al texto
  1978. [1978] [Un gran hombre en su orgullo /al enfrentar a los sicarios / juzga con desdén / la falta de aliento; / conoce a la muerte a fondo. / El hombre ha creado a la muerte]. «Death». [The Winding Stair and Other Poems (1933)].

    ↩ Volver al texto
  1979. [1979] Cf. «Trece monedas». [El oro de los tigres (1972)].

    ↩ Volver al texto
  1980. [1980] Según recuerda el urólogo L. Montenegro, «la intervención transcurrió sin la menor zozobra. Conté para ello con un paciente dócil que no emitió una sola queja. La anestesia peridural nos permitió, de algún modo, dialogar durante la operación. […]. Recuerdo con especial claridad la impresión que me causó luego oírle recitar espontáneamente y en forma sucesiva el Padre Nuestro en diversas lenguas. Por supuesto no olvidó hacerlo en inglés arcaico». [MONTENEGRO (1990): 222]. Cf. MONTENEGRO, L., «Borges inesperado». [LN, 20/7/2003].

    ↩ Volver al texto
  1981. [1981] «The sweetest thing that ever grew / Beside a human door! [¡La cosa más dulce que jamás creció / junto a una humana puerta!]». [«Lucy Grayor Solitude» (1800)].

    ↩ Volver al texto
  1982. [1982] Vuelta de Martín Fierro, vv. 7-12.

    ↩ Volver al texto
  1983. [1983] BOSWELL, Life of Johnson, «1780».

    ↩ Volver al texto
  1984. [1984] «The Curfew Tolls» (1935).

    ↩ Volver al texto
  1985. [1985] «The Clipper Stater». [Mock Beggar Hall (1924)].

    ↩ Volver al texto
  1986. [1986] «Espacios métricos». [S, n.º 137 (1946)].

    ↩ Volver al texto
  1987. [1987] La versión de Thomas Browne [Religio Medici] es «Defenda me Dios de me»; la de Montaigne [Essais (1580), XIII, 13], «Defienda me Dios de my». «En el campo» —la glosa original de la plegaria de San Agustín—, de Cristóbal de Castillejo (1480-1550), se halla en la edición Rivadeneira de Poetas líricos de los siglos XVI y XVII (1857), vol. II. Borges relata, con igual minuciosidad, esta serendipity, en BURGIN (1969). Según él, el error en que Browne y Montaigne igualmente incurrían no era «Deféndeme…», sino la lección «Defiéndeme Dios de me». Como en el relato de Bioy, en Cristóbal de Castillejo encuentran la correcta. Cf. el poema «Religio Medici, 1643» (1972): «Defiéndeme, Señor […]. / Defiéndeme de mí. Ya lo dijeron / Montaigne y Browne y un español que ignoro […]».

    ↩ Volver al texto
  1988. [1988] Puede verse en TORRE BORGES, M. de, Borges; Fotografías y manuscritos [Renglón, 1987]: 38.

    ↩ Volver al texto
  1989. [1989] «[Xul] llamaba “cuidra” a la cuidadora de su casa, con quien terminó casándose muy prosaicamente». [CANTO (1989): 168].

    ↩ Volver al texto
  1990. [1990] De Civitate Dei, XII, 14.

    ↩ Volver al texto
  1991. [1991] «Groussac, ese mismo año (1883), alude a las japonecedades —japoniaiseries?— que abrumaban el museo de los Goncourt». [«Joyce y los neologismos» (1939)]. Cf. GROUSSAC, El viaje intelectual; 2ª serie (1920), «Vistas parisienses», III.

    ↩ Volver al texto
  1992. [1992] Goethe a Schiller, 17 de diciembre de 1795.

    ↩ Volver al texto
  1993. [1993] Antologia della letteratura fantastica [Roma: Editori Riuniti («Albatros»), 1981].

    ↩ Volver al texto
  1994. [1994] Antología poética 1923-1977. Madrid: Alianza («El Libro de Bolsillo»), 1981.

    ↩ Volver al texto
  1995. [1995] «Cuando Carlyle acabó […] el primer volumen [de History of the French Revolution], confió el manuscrito a Stuart Mill, que lo confió a una dama, que por descuido dejó que una sirvienta lo quemara». [BIOY CASARES, «Ensayistas ingleses» (1948)]. La anécdota fue referida por Carlyle en una carta a su hermano, del 23 de marzo de 1835.

    ↩ Volver al texto
  1996. [1996] «Esa fecha de febrero [el cumpleaños de Pezzoni] lo celebrábamos sus amigos todos los años con una cena que hacía el propio Enrique en su casa. [… ] Mi tarea consistía en recoger a los Bioy, Borges y Pepe Bianco […]. Serían las 10 de la noche, y, con todos en mi auto, mientras bordeábamos la plaza Barrientos para tomar Las Heras y dirigirnos hacia Belgrano, sentí con pánico que algo malo le pasaba al motor. [… ] Los tres del asiento trasero, Silvina, Borges y Pepe, conversaban muy animados sobre un tema absolutamente literario. [… ] No sé cómo logré llevar el auto [… ] hasta una estación de servicio muy precaria que había en Pueyrredon y Vicente López. Allí me dijo el encargado que estaba solo, que no había nadie que pudiese ayudarme […]. El milagro se presentó en la forma física de […] Beatriz Guido, quien con Pancho Murature y Willy Uriburu iban también hacia lo de Enrique. Con ese poder de destruir lo imposible que tenía Beatriz, consiguió un taxi, nos acomodó a todos en los dos vehículos, y […] partimos finalmente para Belgrano». [KORN, E, «Pezzoni». TH, n.º 358 (1997)].

    ↩ Volver al texto
  1997. [1997] FLORES, C, «Corrientes y Esmeralda» (1934).

    ↩ Volver al texto
  1998. [1998] El Círculo Militar (Nota de ABC).

    ↩ Volver al texto
  1999. [1999] Se refiere a las ediciones de Carl Hanser, de Munich: Sechs Aufgaben für Don Isidro Parodi; Zwei denkwürdige Phantasien; Ein Modell für den Tod (1983) y Chroniken und Neue Geschichten von Bustos Domecq (1985).

    ↩ Volver al texto
  2000. [2000] Los mejores cuentos policiales (2). [Madrid: Alianza («El Libro de Bolsillo»), 1983].

    ↩ Volver al texto
  2001. [2001] Publicadas en 1985 [DICKINSON, Emily, Poemas. Barcelona: Jusquets], con prologo de Borges.

    ↩ Volver al texto
  2002. [2002] Para un relato de Rodón de su visita a Borges en 1973 y de la realización del retrato, véase MONTENEGRO (1990): 172-80.

    ↩ Volver al texto
  2003. [2003] [De Horacio aprendamos que «alguna vez Homero duerme». / Sin (necesidad de) él opinamos: alguna vez Wordsworth vela]. Don Juan (1818-24), canto III, 98.

    ↩ Volver al texto
  2004. [2004] Alusión al poema «The Excursión» (1814) de Wordsworth. Andrew Lang [History of English Literature (1912), XXXII] llama «this extremely long poem» a «The Prelude» (1799-1805); planeado por Wordsworth como introducción a «The Excursión».

    ↩ Volver al texto
  2005. [2005] [Ven Malthus, y, en prosa ciceroniana, / cuenta cómo se multiplica una población en celo, / hasta que se agota el producto del suelo, / y los niños mueren por falta de alimento]. LORD BYRON, Don León, vv.753-6. Salvado por Thomas Moore de la destrucción de los papeles privados de Byron realizada por los agentes de su viuda, Annabella, el texto fue publicado en Londres no menos de dos veces: en 1866 por William Dugdale y en 1934 por The Fortune Press. De esta edición probablemente lo haya tomado Bioy a fines de los años treinta. Por su tema (la exaltación de la homosexualidad), el poema no está incluido en las ediciones de la obra completa de su autor

    ↩ Volver al texto
  2006. [2006] «¿Y con esa sola vez [que ha nacido] le ha bastado hasta ahora?». [FERNÁNDEZ, Macedonio, «Inéditos». In: Hispamérica (Maryland), n.º 1 (1972): 56].

    ↩ Volver al texto
  2007. [2007] BURNETT, T.A.J., The Rise and Fall of a Regency Dandy; The Life and Times of Scrope Berdmore Davies (1981).

    ↩ Volver al texto
  2008. [2008] [Ni mis propios temores, ni el alma profética / del mundo todo soñando con el porvenir]. SHAKESPEARE, Soneto CVII.

    ↩ Volver al texto
  2009. [2009] En la lengua inglesa, purple es famosa por no tener rima. Excepcionalmente, en una carta de 1787, Burns la hace rimar con curple, versión escocesa de crupper, i.e., nalga.

    ↩ Volver al texto
  2010. [2010] Pride and Prejudice (1813), LVII.

    ↩ Volver al texto
  2011. [2011] «De cuantas vomitó riquezas grave. / ¿Por las bocas del Nilo el Oriente». [Fábula de Polifemo y Galatea (1613), octava LVI.

    ↩ Volver al texto
  2012. [2012] «Aguja de navegar cultos» (1625). Según algunos, en 1625 Quevedo habría llegado a ser propietario de la casa en que habitaba Góngora; tras expulsarlo, habría escrito los versos que propugnan la purificación del lugar mediante pastillas de Garcilasos.

    ↩ Volver al texto
  2013. [2013] Probable alusión a Góngora, «Para el principio de la Historia del señor Rey don Felipe II, de Luis de Cabrera “En poco mármol mucho Fénix cabe”».

    ↩ Volver al texto
  2014. [2014] «Mi ripigneva là dove 'l sol tace». [Inferno, I, v. 60]. Borges retoma la opinión de Scartazzini, expresada por Giuseppe Vandelli [Milano: Ulrico Hoepli, 1932]: “Nella selva oscura dove il sol tace, cioè non penetra, e pero non fa sentire la sua benefica azione. È un ’ardita ma efficace metafora che si spiega anche senza pensare, come altri fece, che il poeta abbia voluto alludere alla credenza della dolce armonía prodotta dal moto del sole e delle sfere”.

    ↩ Volver al texto
  2015. [2015] Carolina Haslam de Suárez (1838-1915).

    ↩ Volver al texto
  2016. [2016] Alusión a Cryin’for the Carolines (1929), canción de S. Lewis y J. Young: «Where is the gal that I used to meet/down where the palé moon shines? / Anyone can see what’s troublin» me, / cryin «for the Carolines [¿Dónde está la chica con la que solía encontrarme, / abajo a la luz de la pálida luna? / Todos pueden ver por qué estoy conturbado, / llorando por las Carolines]».

    ↩ Volver al texto
  2017. [2017] El reportaje, que apareció en LN, 3/4/83, fue incluido en VILLORDO (1983): 64-8.

    ↩ Volver al texto
  2018. [2018] Afegeseis tou Bustos Domek [Atenas: Erato, 1983]. Nouveaux contes de Bustos Domecq [París: Roben Laffont, 1984].

    ↩ Volver al texto
  2019. [2019] «Bestiario», 4 [La pipa de Kif (1919)].

    ↩ Volver al texto
  2020. [2020] MENÉNDEZ Y PELAYO, M., «Epístola a Horacio» (1872).

    ↩ Volver al texto
  2021. [2021] GARZO, Félix, Fumando espero (1923).

    ↩ Volver al texto
  2022. [2022] El Porteño, n.º 21 (1983): 10-11. Borges, entrevistado a propósito del atentado contra la redacción de la revista, dice de Bioy: «Pero es más bien tímido ese hombre, ¿no?».

    ↩ Volver al texto
  2023. [2023] Cf. «La señora mayor» (1970). En 1910, para la celebración del Centenario de la Revolución de Mayo, fue invitada de honor la Infanta Isabel, hermana de Alfonso XII y tía del reinante Alfonso XIII. Estuvo en Bs As entre el 18 de mayo y el 2 de junio, rodeada de un selecto grupo de damas de la sociedad argentina, a quienes llamaba sus «sirvientas».

    ↩ Volver al texto
  2024. [2024] Evaristo Carriego, a Book about old-time Buenos Aires [New York: Dutton, 1984].

    ↩ Volver al texto
  2025. [2025] «Jorge Luis Borges fit la connaissance d’Adolfo Bioy Casares aux alentours de 1930 par l’intermédiaire de la revue “Sur” dirigée par Silvia Ocampo, une amie de Borges que Bioy Casares épousa en 1940». [Nouveaux contes de Bustos Domecq. Paris: Robert Laffont, 1984, contratapa inferior].

    ↩ Volver al texto
  2026. [2026] Quizá alusión al célebre overo rosaoi.e., tordillo con pintas rosadas— del primer verso del Fausto (1866) de Estanislao del Campo

    ↩ Volver al texto
  2027. [2027] Los afanes [Ediciones de Arte Gaglianone, 1983

    ↩ Volver al texto
  2028. [2028] Poemas de Emily Dickinson [Barcelona: Tusquets, 1985], seleccionados y traducidos por Silvina Ocampo

    ↩ Volver al texto
  2029. [2029] Sicardi [Libro extraño (1894-1902), V, «Ricardo Méndez»] describe una inundación del río Matanzas, al Sur de la ciudad de Bs As, de fines del siglo XIX.

    ↩ Volver al texto
  2030. [2030] [ Tokio: Shobun-sha, 1976].

    ↩ Volver al texto
  2031. [2031] Es traducción de «Les gens que vous tuez se portent assez bien». [CORNEILLE, Pierre, Le menteur (1644), nº, 2, v. 1164]. Habitual y erróneamente, la frase es atribuida a José Zorrilla.

    ↩ Volver al texto
  2032. [2032] Quizá a propósito del verso de Browning: «Do I view the world as a vale of tears?». [«Confessions». In:Dramatis Personae (1864)].

    ↩ Volver al texto
  2033. [2033] BREWER, E. C, Dictionary of Phrase and Fable (1870). CRUDEN, Alexander, Concordance of the Holy Scriptures (1737).

    ↩ Volver al texto
  2034. [2034] Por entonces en Arenales. 1739? Cf. las declaraciones de A. Casares [«La última tarde de Borges en la Argentina». Límites, n.º 1 (1988)]: «Todos podían acercarse a Borges o a Bioy, que también estaba ahí, y preguntarles acerca de un libro, un cuento o lo que fuese, y tanto uno como otro trababan conversación con cualquier interlocutor».

    ↩ Volver al texto
  2035. [2035] Según Ricardo Ragendorfer [«Adolfo Bioy Casares y los que aman, odian». La Primera, n.º 140 (2002)]: «En el atardecer del 14 de junio de 1986 los noticieros comenzaron a informar sobre la muerte de Jorge Luis Borges […]. Poco después llegó Cachi a mi casa; se trataba de un psicólogo algo chiflado, que desde hacía años corregía un ensayo suyo sobre las Eddas. Se lo veía exaltado. Yo, como al pasar, le mencioné con cierta pesadumbre lo de Borges. Y ése era justamente el motivo de su exaltación. “Me lo acabo de cruzar a Bioy Casares y le comenté el asunto —dijo, atragantándose con las letras—. Por la cara que puso, me di cuenta que [sic] el pobre no sabía nada. Fui yo el que le dio la noticia”.

    ↩ Volver al texto

Compartir cita

Citas académicas

APA

MLA

CHICAGO

BIBTEX